Ortiz-Echagüe

Tipo de Ávila. Foto: Ortiz-Echagüe. «Tipos y Trajes». h. 1916.

Gredos. Niña de San Esteban. Foto: Ortiz-Echagüe. «Tipos y Trajes». h. 1916.

Las imágenes que ven en estas páginas, pertenecen a
Ortiz-Echagüe (1896-1980), uno de los fotógrafos que retrataron nuestro país desde primeros del siglo XX. Ingeniero, piloto, constructor de aviones, de automóviles y fotógrafo, Ortiz-Echagüe fue un caso insólito en el panorama fotográfico europeo y sin duda en el español, según cuenta Lavenfeld. Incansable viajero, recorrió toda España, en ocasiones a la búsqueda de arriesgados episodios, como la Guerra del Norte de África. «Quiso ser un protagonista de un período de la historia de España convulsionado y febril». Para otros, sin embargo, Echagüe es un fotógrafo «interesa-

do ante todo en la exaltación nacional, racial o espiritual de las tradiciones, entendidas como un pintoresquismo trasnochado. Este espíritu "español" puesto al servicio de la fotografía llevó a aquellos fotógrafos a inventariar el alma española, enfatizando sus símbolos más definidores, como los trajes, las tradiciones, los ritos, los castillos y alcázares y lo que en la retórica de la época era definido como los "restos indígenas e incontaminados de la Patria". Y cuando esos símbolos ya no existían sencillamente se recreaban». (Publio López). Autor de una tetralogía monumental, sus grandes álbumes fotográficos: «España Tipos y Trajes» (1933),

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Escopeta, Vinazo y Centeno. Foto: Ortiz-Echagüe. «Tipos y Trajes». h. 1916.

Grupo en las murallas. Foto: Ortiz-Echagüe. «Tipos y Trajes». h. 1916.

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Ávila. Foto: Ortiz-Echagüe. «Castillos y Alcázares». h. 1955.

«España Pueblos y Paisajes» (1938), «España Mística» (1943) y «Castillos y Alcázares» (1956) tienen algo de recuerdo atávico. Como Ortega y Gasset advirtió en uno de los prólogos de Tipos y Paisajes: «tienen también estos trajes extemporáneos, al acercarse a quien contempla las fotografías de Ortiz-Echagüe, algo de animales exóticos, que en el zoo, tras los barrotes, se aproximan al visitante con la esperanza de que les echen algo». Las constantes reediciones de sus libros fueron agotadas una tras otra. Manteniéndose «en activo durante más de sesenta años, su figura gigantesca, según López Mondejar, ensombreció el trabajo los miembros de su generación». Las fotografías de estos personajes con las típicas indumentarias abulenses, aunque pertenecen al prime-

ro de los álbumes, fueron realizadas con anterioridad en 1916. Los tres tipos masculinos, con sus oscuras capas serranas, tenían apodos propios; se les conocía como Escopeta, Vinazo y Centeno. En el conjunto de estas fotografías de ordenada composición, se ve claramente la influencia de ese pictorialismo, esencialmente tomado de artistas como Zuloaga o Sorolla; sus imágenes son efectivamente como cuadros, con esos mismos personajes que posaron para los artistas del pincel utilizando la muralla de fondo; al igual que ellos OrtizEchagüe los presenta con una sobriedad que les hace parecer, más que pastores y aldeanas, figuras dignas de la épica. Por último la vista de Ávila, obtenida décadas después, es una de las imágenes más espléndidas que se han hecho de la ciudad.

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