Vista aérea

Vista aérea parcial de Ávila. Foto: T. A. F. 1947.

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n la vista aérea de la página anterior, se ve como en 1947 la ciudad estaba todavía dividida en las dos zonas de población medieval. En la del fondo, la más próxima al río, vivía la gente llana, con las casas y oficios más humildes: tejedores, molineros, tintoreros, herreros, alfareros, etc. En la más alta y más cercana en la fotografía, se construyeron los palacios nobles y las iglesias más solemnes. Los palacios, convertidos a su vez en fortalezas interiores, tenían el doble fin de defender cada tramo de muralla que colindaba con su mansión y poner a salvo a sus señores en caso de que el enemigo consiguiese entrar en la ciudad; de ahí que algunos de ellos estén almenados, si bien esa medida se debía más a una pretensión señorial, que a un peligro real. Es una suerte que se hayan conservado buena parte de los monumentos que caracterizan la ciudad, quizá por ello parece que todo se conserva siempre de igual forma; una ojeada más atenta de esta vista aérea nos hará apreciar, sin embargo, que no siempre es así. Enseguida se habrán dado cuenta de que no hay jardines alrededor de la muralla; esos senderos de tierra que suben a la ciudad, estaban plantados de árboles que crecían para dar sombra al caminante y cobijar a las caravanas de la lluvia y el temporal en invierno. Cedros y olmos sobresalen por encima de los muros. Esos patios del barrio de San Esteban, eran semejantes a sus predecesoras árabes o judíos que guardaban en su interior la tranquilidad de un oasis. Los que sí se conservan todavía, son los jardines de ciertos palacios, no todos bien preservados, pero al menos ahí siguen. Estos jardines generalmente diseñados en el XIX, tienen un trazado geométrico de setos recortados, sin un criterio definido en la vegetación, con una concepción propia del jardín conventual entre tapiales. Los dos patios palaciegos más próximos en la fotografía son los de Sofraga. Uno de ellos, el que está colindando con el arco de San Vicente, tiene previsto hacerlo público el Ayuntamiento; este derecho está recogido en documentos, en los que los antiguos dueños se comprometieron a ceder su uso, cuando el consistorio acometió la traída de aguas hasta el palacio. Contiguo a este Sofraga, está el que fuera de la Duquesa de Valencia; un estanque y una pequeña fuente, adornan el jardín señorial levantado en la parte trasera. Este palacio del XVI, podremos verlo al fin, cuando se consiga abrir el museo de cerámica y las obras de arte, que Doña Luisa donó a la ciudad de Ávila hace

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Portada del palacio de los Águila. Foto: h. 1910.

ya lustros. También se guardan en él las colecciones del Marqués de Piedras Albas, una de los más admirables protectores de esta ciudad, más conocido por su otro marquesado de Benavites1.
Desde la publicación de este artículo en la revista en 1995, este Palacio de los Águila ha sido designado como sede accesoria del Museo del Prado, reservando algunas de sus salas para exposiciones y dependencias. Esta es una grata noticia sin duda, aunque el proyecto no esté dotado económicamente como debiera por el Ministerio de Cultura. Tampoco sabemos qué vendrá aquí, aunque es seguro que ninguna de las famosas obras con las que se identifica a la pinacoteca madrileña. Alguien debería aclarar, por ello, que no es precisamente «El Prado lo que podrá verse en Ávila», aunque sí muestras temporales con su acreditada marca. Y ya que Las Meninas no van a venir, lo que sí es cierto es que de este mismo palacio salieron hace tiempo algunos cuadros de grandes maestros, entre ellos del Greco, que deberían regresar a Ávila cuanto antes. Si El Prado tuviese que restituir a esta ciudad las obras que antes estuvieron aquí ya nos podíamos dar por contentos.
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«El Expolio» El Greco. Foto: Mas. Antigua colección de la Duquesa de Valencia.

Enfrente de este palacio de los Águila y rodeado por un muro que aún subsiste, está un espacio discretamente arbolado que perteneció al palacio de los Verdugo. En los años cuarenta era el patio de recreo de un colegio de enseñanza media. Luego pasaría a ser una fábrica de caramelos que acabó incendiándose; hoy es ese tortuoso aparcamiento de la calle Esteban Domingo, que será edifica-

do cualquier día de éstos y que bien podría ser mejor utilizado para los mismos fines o para otros de bien común. Otra pequeña franja de vegetación rodea el palacio de Bracamonte en la plaza Fuente del Sol. Más allá, siguiendo por la muralla, está el del Marqués de Benavites, hoy Parador Nacional. Por entonces, la calle Brieva, atravesaba hasta el Arco del Carmen, guardando la disposición romana de calles paralelas al «decumanum», o eje principal de la ciudad, que era la calle Vallespín. Después de convertirse en Parador, se cortó este callejón para ampliar los jardines que hoy dan acceso directo a la muralla. Ya al final del recinto amurallado, en la esquina donde convergen los lienzos del norte y el oeste, está la villa del Marqués de Santo Domingo, o de «San Segundo», que alberga en su interior «casas de verano y un jardín hispanoárabe. El trazado es obra de Javier Winthuysen, por encargo del vizconde de Güel (1921). El Marqués de Santo Domingo, propietario desde los años treinta a los ochenta, añadió algunos elementos, como la portada renacentista que cierra el jardín»2. Antonio Ponz, refiriéndose a las zonas ajardinadas que había en Ávila en el siglo XIX, comentaba que: «Si quisieran más árboles o más paseos en los recintos y en los demás contornos de la ciudad, tendrían los que quisiesen, porque es tierra adaptadísima para ello, como lo manifiestan los que hay en varias partes sin tener riego ni cuidado de ellos». No suponía este autor cuán escaso espacio verde se acondicionaría después en esa campiña que circundaba esta villa. Algunos entornos que estaban intactos hasta hace unos años están siendo transformados y rectificados aceleradamente. Espacios arbolados, riveras e incluso algunas cañadas de ganado que pasan por la ciudad, están siendo cedidas y ocupadas,
Datos facilitados por el Marqués de Pozo Blanco, actual propietario.
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Jardines de la casa «San Segundo». Tarjeta postal. h. 1965.

Jardines de la casa «San Segundo». Tarjeta postal. h. 1965.

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argumentando justificaciones que no compensan su pérdida o permuta. Segovia ha sido recientemente seleccionada para representar a España en la segunda edición del Concurso Internacional de Buenas Prácticas de la ONU, por su Plan de recuperación y gestión del Entorno de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Al igual que se ha hecho en otras ciudades, Ávila puede expandirse sin dañar esos entornos de protección. Otra curiosidad que se ve en la fotografía, es el antiguo mercado cubierto de abastos, diseñado por Enrique Repullés en 1893. Su estructura de hierro colado estaba cubierta por mampostería de piedra y ladrillo visto. Amplios ventanales en la parte superior y

una marquesina rodeando el edificio configuraban las fachadas exteriores. En el interior, tres naves con columnas albergaban los puestos que dejaban una coqueta fuente en medio de la diáfana nave. Este mercado desapareció en los años cincuenta porque, según creyeron los responsables, se había quedado «obsoleto». Observando la fotografía aérea encontrarán mas referencias por su cuenta, o si lo prefieren imaginen por un momento que están placenteramente sentados en uno de aquellos patios arbolados, contemplando esos vistosos vergeles que difícilmente encontrarían hoy entre lindos bloques y chalets adosados tenazmente.

Dibujo de proyecto del antiguo mercado cubierto para Avila. E. M. Repullés. 1893. Archivo Ayuntamiento.

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