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Fan fiction escrita por Alberto Vargas.

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Escape matutino

Harry Potter disfrutaba del sol de un radiante día de verano, una fresca brisa lo protegía del
calor, mientras se alejaba rápidamente del número 4 de Privet Drive, nada podía quitarle la
sonrisa del rostro, para el muchacho había sido una mañana perfecta, estaba invitado por la
familia de su mejor amigo Ron, a presenciar por primera vez nada menos que los mundiales
de quidditch, el deporte favorito de los magos, desde que lo descubrió este era también su
deporte favorito, es más, él era un buen jugador uno de los mejores buscadores de
Hogwarts.
De pronto, su alegre paso se detuvo repentinamente, a unas cuadras de distancia
divisó algo que lo perturbó, un enorme, rosáceo y rechoncho individuo caminaba en su
dirección, ¡Tío Vernon!, pensó el muchacho y se arrojó detrás de un arbusto que estaba al
lado suyo. No es recomendable saltar tras un arbusto si no sabes que hay detrás de el, Harry
se encontró cara a cara con un regalo poco agradable que algún perro había dejado en aquel
jardín, tuvo suerte, de haber aterrizado unos centímetros más adelante habría tenido que
volver a Privet Drive, quitarse la ropa y darse un baño.
Pero su maniobra, digna de un boina verde, estaba justificada, después de todo
prácticamente había escapado de casa. Seguidamente que sus tíos recibieran la carta de la
familia de Ron, Harry tuvo que chantajearlos utilizando el temor que su tío Vernon le tiene
a su padrino Sirius Black, así, logró que le dieran permiso para asistir a los mundiales de
quidditch.
Después de eso el ambiente en la casa era casi irrespirable, así que Harry decidió
alejarse de sus tíos el mayor tiempo posible. ¡Tal vez no había sido tan fácil! , ¡tal vez su tío
había cambiado de opinión!, estaba casi seguro que lo estaban buscando, los hombres de
esa contextura física no eran comunes, aunque pensándolo mejor, tal vez no lo buscaban.
A su tío no le gustaba caminar mucho, si quisiera decirle algo esperaría a que
regrese a casa, después de todo no hay otro lugar a donde podría ir, por lo menos no hasta el
día de mañana, por otro lado, si quería darle una reprimenda su tío Vernon no era de los que
hacían escenas en público, sobretodo si la reprimenda incluía hablar del mundo mágico.
Decidió asomarse por entre las hojas del matorral y luego de observar
detenidamente al sujeto, comprobó que aunque era bastante parecido definitivamente no era
su tío, además descubrió que su forma de vestir era muy peculiar, traía puesto un sombrero
redondo y de color morado (acababa de ponérselo), y usaba una capa, la que a primera vista
le había parecido a Harry un sobretodo, sostenida del pecho por dos broches, la capa era
verde oscuro, bajo ella un terno morado, camisa azul y una vistosa corbata amarilla
completaban el atuendo de este raro espécimen.
En ese momento ocurrió algo más extraño aún, de la nada, apareció un segundo
sujeto, este era alto delgado y vestía de manera similar a la del primer extraño y rechoncho

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individuo. Parecía que se habían puesto a discutir, luego de un rato ambos entraron en un
callejón.
—¡Son magos! —dijo Harry en voz alta hablando con él mismo, no había otra
explicación, ¿pero que hacen por aquí?, pensó.
El muchacho sabía lo que tenía que hacer, echaría un vistazo en el callejón, así lo
hizo, como siempre, no estaba consiente de que ese pequeño talento suyo para meterse en
problemas estaba operando nuevamente.
Cruzo la calle corriendo, luego se asomo en el callejón, este era largo y terminaba
en un pequeño patio, lo único que había en el lugar era una pequeña camioneta de aspecto
antiguo y algo destartalada, los dos sujetos estaban subiendo en ella.
El pequeño armatoste se movió, una serie de explosiones indicaban que el motor
estaba en marcha, Harry no lo pensó dos veces, corrió lo más rápido que pudo y
prácticamente tuvo que saltar a la parte trasera del vehículo, debido al ruido y la forma en
que temblaba todo no hubo manera que los dos ocupantes detectaran la presencia del
muchacho, lo único que Harry pudo encontrar para cubrirse fue un viejo toldo que por
suerte no estaba muy sucio.
El chico se quedo muy quieto y notó que no avanzaban, se elevaban, esa cafetera era
un auto encantado, recordó el ford Anglia del padre de Ron, recordó el terrible viaje en el
hasta Hogwarts, pensó que tal vez había sido un gran error subir de polizonte a ese
transporte. Ya le parecía raro que un par de magos usara un auto muggle para movilizarse,
no tenía ni idea de la altura que ya había alcanzado pero empezó a sentir frío, a pesar del
fuerte sol veraniego, en ese momento más que permanecer oculto, el frío era su principal
preocupación.
Finalmente percibió que perdían altura, era obvio también que este vehículo debía
tener un dispositivo de invisibilidad, finalmente tocaron suelo y se detuvieron, por los
sonidos y los olores, el muchacho se dio cuenta que debían estar en los muelles. No movió
ni un solo músculo, esperó a que ambos sujetos bajaran del camión y que sus voces se
alejaran, pero cuando estaba a punto de salir tras ellos, lo detuvo el susurro de una escoba al
deslizarse por el aire, detectar ese sonido era algo casi automático en él, estaba más que
entrenado en eso, muchas veces mientras jugaba al quidditch había puesto en práctica esa
habilidad, fue capaz de descubrir a jugadores del equipo contrario que se habían colocado
tras él sin siquiera voltear a verlos.
El recién llegado desmontó de su escoba al lado del pequeño armatoste y luego de
asomarse a la cabina dijo:
—¡Ja!, un Jowett 1937, bonita cafetera —. A continuación siguió a los otros dos
magos a quienes Harry ya había apodado el gordo y el flaco.
Sin hacer ruido el muchacho se dispuso a salir del vehículo volador, una vez fuera
pudo ver la espalda del tercer mago, lo único que distinguió fue un sobretodo de cuero
marrón, guantes también de cuero pero en color negro y botas negras.
Estos tres sujetos están demasiado abrigados para el clima que hace, además su ropa
es terriblemente llamativa, deben tener muy buenas razones para andar entre la gente
ordinaria a plena luz del día, pensó Harry, él no acostumbraba a llamar muggles a la gente
no mágica, durante años pensó que era uno de ellos y ahora, que sabía que era un mago,
aún le costaba llamar muggles a las personas que no era como él.
Observó la escoba del ultimo sujeto y por un momento quedo paralizado, en primer
lugar no era de madera, era de metal, la fibra de la cola parecía sintética, además tenía un
pequeño asiento como el de una bicicleta, no se veía elegante, las escobas de madera tenían

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un mejor acabado pero aún así Harry quiso tocarla, sentir su textura, su peso pero se
contuvo, ese mago parecía peligroso y tal vez su escoba podía estar hechizada, de golpe
volvió a la realidad y echo a correr tras el mago del sobretodo.
Pero al voltear la esquina se encontró en medio de una especie de calle, todas las
estructuras que tenía frente a él eran almacenes exactamente iguales y no había señales de
los tres magos, pensó que los había perdido, entonces escuchó estallidos, instintivamente
saco su varita, nunca salía de su casa sin ella, a pesar de tener prohibido hacer magia fuera
de Hogwarts siempre la llevaba consigo.

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Enfrentamiento en el almacén

El joven mago siguió los ruidos y llego a un enorme almacén que tenía la cortina de metal
abierta, del interior de este depósito provenía todo el estrépito, Harry asomó la cabeza y
encontró a los tres magos combatiendo entre sí, es decir el gordo y el flaco contra el tercer
sujeto, este ultimo les gritaba.
— ¡Colfax y Gingold!, ¡si se rinden ahora les garantizo un juicio justo!, ¡incluso
ignoraré que se resistieron al arresto!.
— ¡¿Rendirnos?!, ¡en tus sueños idiota! —.Se escuchó por toda respuesta.
Se oyeron más estallidos, los hechizos iban y venían, Harry volvió a asomar la
cabeza para ver de nuevo y analizar la situación, los dos magos que estaban cerca de él, se
hallaban cubriéndose tras unos cajones, el muchacho observó al mago gordo recogiendo su
sombrero y un peluquín rubio del suelo, al parecer, uno de los hechizos del otro mago le
había rozado y se los había sacado de la cabeza, repentinamente de entre las ropas del mago
flaco una esfera dorada del tamaño de un melón cayó al suelo, a continuación rodó hacia el
mago gordo quien horrorizado dejó caer sus cosas y cogiendo con ambas manos la esfera
dijo:
—¡De... Debes tener mucho cuidado con esto!, ¡Te di un estuche especial para que
este seguro!
—¡Allí estaba idiota!, ¡No sé como se salió! —le replicó el mago flaco.
Mientras tanto, su rival se encontraba al fondo, cubierto entre unas cajas de madera,
algunas de ellas estaban rotas, Harry pudo ver muchos y diversos artefactos mágicos
regados por el suelo.
Tal vez se trata de una operación de contrabandistas, eso debe ser, ¡el gordo y el
flaco son contrabandistas de artículos mágicos!, pensó Harry. —¡Expelliarmus! —gritó y la
varita del mago gordo salió expulsada lejos de él.
—¡¿Pero que?! —gritó Gingold, que irritado se puso de pie mirando en dirección a
Harry perdiendo en ese momento su protección, esto no paso desapercibido para el otro
mago, este le lanzo un encantamiento que lo hizo volar por los aires, el mago gordo tenía
una expresión de sorpresa en el rostro, los ojos y la boca bien abiertos, los brazos
extendidos delante de él, las piernas juntas pero inclinadas hacia el frente, como si estuviera
sentado en el éter, además su rubio peluquín y su ridículo sombrero flotaban frente a él, así,
chocaron contra el muro, primero el sombrero, luego el peluquín y finalmente el robusto
mago que después de rebotar como un balón aterrizó sin sentido en el suelo.
Pero su compañero el flaco, no se quedo quieto, salió veloz como un rayo y le lanzo
una maldición a Harry quien imprudentemente se había quedado parado sin cubrirse, la
maldición del mago no llego a su destino, fue interceptada y neutralizada en el aire por un
encantamiento que lanzó el mago del sobretodo, produciéndose una explosión que arrojo
unos metros por el suelo al muchacho.

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Desgraciadamente el mago llamado Colfax no saltó de su escondite con únicamente
la intención de atacar a Harry, estando rodeado decidió ensayar una maniobra suicida,
atacaría y liquidaría a quien quiera que fuera el que lo atacaba por la retaguardia, luego con
algo de suerte acabaría con el otro mago, así que atacó a Harry, inmediatamente dio un ágil
giro en el aire y acometió contra el mago del sobretodo quien había quedado sin guardia por
proteger al muchacho, por eso, no pudo hacer mucho para evadir la maldición que le cayo
en el hombro derecho haciéndolo caer pesadamente al suelo.
Colfax camino triunfante hacia su malherido rival, se detuvo junto a él y le apuntó
con su varita a la cabeza. —Cadmus Conway, orgulloso auror, hasta aquí llegaste...
—¡Expelliarmus! —el grito de Harry resonó en todo el almacén, pero esta vez el
hechizo no desarmo a Colfax, lo arrojó contra el muro que tenía enfrente, cayendo como un
muñeco de trapo sobre el cuerpo de Conway.
El joven mago se sorprendió de la potencia de su conjuro, tal vez fue su
desesperación al querer salvar a ese sujeto... no tuvo mucho tiempo para pensar en eso,
tenía que ver cómo se encontraba el auror.
—¿Esta usted bien? —preguntó Harry mientras empujaba el cuerpo inerte del flaco
que estaba sobre el agente de la ley.
—Estoy herido, no puedo mover el brazo derecho pero no te preocupes por eso,
verifica que... —Los ojos de Conway se abrieron como platos, lo que él le quería decir a
Harry era que comprobara que los dos sujetos estuvieran sin sentido, pero Colfax no lo
estaba y se arrastraba hacia una esfera plateada que estaba en el suelo, lo único que el auror
pudo hacer fue coger la pierna del villano con su mano izquierda, Harry que sujetaba a
Conway también pudo ver al flaco alcanzar la esfera plateada, después de eso sólo paso una
fracción de segundo, a continuación un resplandor deslumbrante los rodeó y por un
momento no pudieron ver nada, luego todo se aclaro alrededor, los tres se dieron cuenta que
ahora estaban en medio de un desierto.
Colfax se puso rápidamente de pie y apunto a ambos con su varita, Harry hacia lo
mismo, Conway, quien había logrado coger su varita con la mano izquierda también
apuntaba al flaco, este al verse superado en número, se arrojó al suelo gritando un conjuro
que hizo que una cortina de arena se elevara y cayera sobre sus dos rivales quienes
lanzaban hechizos a ciegas tratando de defenderse.
Cuando la arena se disolvió Colfax había desaparecido.

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El Auror

—¡Maldición, el cobarde ha escapado! —masculló Conway con rabia en la voz.


—¿Qué fue lo que nos paso?, ¿Por qué estamos en medio del desierto? —interrogó
Harry.
Conway señaló la esfera plateada que yacía media enterrada en la arena y dijo —Es
por que ha utilizado un saltador mágico.
—¿Un saltador?
—Así es muchacho, ese artefacto te puede transportar de un lugar a otro en
centésimas de segundo, es mucho más rápido y tiene más alcance que un traslador el
problema con estos es que sólo sirven una vez, luego son inútiles, debes tener dos, uno para
ir y otro para volver.
—¡Eso quiere decir que ¿estamos atrapados aquí?! —chilló Harry.
El muchacho estaba muy consiente de que mañana Ron pasaría por él para ir a los
mundiales de quidditch, desesperado cogió la esfera y la examinó, el alto relieve de su
superficie era nada menos que un mapamundi labrado en la esfera, también había una
palanca que servía para seleccionar entre cuatro opciones: País, región, ciudad y finalmente
decía estructura, esta ultima opción permitía escoger el nombre de un lugar especifico, una
casa, un monumento, etcétera, esto se complementaba con un selector como el de una radio
que permitía cambiar la opción que el usuario prefiera, si estabas en país movías el dial y el
país cambiaba, si lo colocabas en región te permita escoger entre las regiones de ese país, y
así seguía con las demás opciones para lograr mayor exactitud, finalmente un botón rojo
activaba el aparato, Harry empezó a presionarlo frenéticamente luego de haber elegido
Inglaterra y como ciudad Londres.
—¡Tranquilo niño!
—¡No soy un niño mi nombre es Harry Potter!
—Mucho gusto Harry, yo soy Cadmus Conway, auror del departamento de
seguridad interna de los Estados Unidos de América.
Harry observó detenidamente al mago del sobretodo, Cadmus Conway medía
aproximadamente un metro ochenta, de contextura atlética, piel blanca, pelo castaño y ojos
color miel, se trataba de un caballero apuesto sin duda, aunque vestido todo en cuero negro
y con la barba a medio crecer, más parecía un rudo motociclista.
—¿Un auror? —finalmente preguntó el muchacho.
—Así es Harry, lamento que ahora estés involucrado en esto, pero no te preocupes
en cuanto pueda te devolveré a tú casa.
—¿Quiénes son esos sujetos?
—Lo siento, no puedo darte esa información, mientras menos sepas será mejor.

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—¿Cómo esta su herida? —preguntó Harry tratando de calmarse, manejando la
situación lo mejor que podía..
—Esta maldita, pero no es incurable, debo ser curado con magia —contestó
Conway.
—¡Perfecto!, en medio del desierto y usted requiere atención especializada.
El auror levanto su sobretodo y dejo ver un cinturón lleno de cartucheras, de una de
ellas extrajo una cajita y se la entregó a Harry.
Mirando detenidamente la cajita el muchacho la abrió y extrajo un pergamino, al extenderlo
pudo ver un detallado mapa indicando su posición exacta, el pequeño atlas mostraba
también una brújula que se movía al mover el pergamino.
—¡Estamos en Perú! —gritó horrorizado.
—Tranquilízate, el pergamino brújula también puede indicarnos si algún mago vive
cerca.
—Indica... ¡indica un colegio de Magos!
—Muy bien Harry, ¿qué tan lejos esta?.
—No lejos, pasando esa duna deberíamos verlo.
—Ahora abre esta caja—. Le dijo Conway entregándole otro pequeño estuche.
Harry abrió la cajita, a continuación esta empezó a moverse sola abriendo y
extendiendo todos los pequeños compartimentos y cajoncitos que tenía, dejando ver un bien
equipado mini botiquín mágico, lleno de frascos con polvos y pastillas de colores, incluso
le pareció que algo se movía dentro de uno de los pequeños recipientes.
—El pomo de tapa amarilla, cogelo y esparce ese polvo sobre mi herida—. Indicó
Conway.
Al retirar la ropa del auror, el muchacho encontró una herida bastante fea, a continuación
esparció el polvo sobre ella, los quejidos de Conway confirmaron las sospechas de Harry.
Si echas un polvo amarillo sobre una herida abierta y sale humo... pues duele.
—¿Podrá caminar señor Conway? —preguntó un preocupado Harry a quien no le
hacía mucha gracia tener que arrastrar por el desierto a un hombre del tamaño del auror
norteamericano.
—No, tengo todo el lado izquierdo paralizado, el polvo amarillo retarda en algo la
maldición pero no me curará, si sabes el hechizo levitador no habrá problema.
Harry recordó el hechizo que realizó el profesor Lupín para movilizar el cuerpo
inerte del profesor Snape, de eso no había pasado mucho tiempo.
—¡Mobilicorpus!
El cuerpo de Conway se elevó por el aire, pero fue como si estuviera colgado de uno
de sus tobillos, de cabeza, el auror se encontraba en una posición mas que incómoda.
—No era precisamente lo que tenía en mente —. Dijo entre quejidos Conway.
—¡Lo siento mucho!, ¡No era así como debía funcionar el hechizo! —se disculpó
Harry.
—¡Mobilicorpus! —volvió a intentar.
Esta vez el cuerpo de Conway se levanto en posición vertical como si estuviera
sostenido de las muñecas, los tobillos y el cuello por cuerdas como una marioneta.
—¿No tiene aquí algo para el dolor? —preguntó Harry.
—Si, busca el frasco con las pastillas mitad rojas y mitad verdes.
Harry buscó en el mini botiquín y encontró un frasco con pastillas que encajaban
con la descripción del auror, la etiqueta decía “Alegrus pastillas para el dolor”, sacó una, se
la puso a Conway en la mano, este se la llevo a la boca de inmediato y se la tragó. Por

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curiosidad el muchacho ojeo el resto de los frascos y uno de ellos tenía pastillas
exactamente iguales a las que le acababa de suministrar al auror, lo cogió para verlo mejor
y la etiqueta de este decía “Calmo, las pastillas para el dolor rojo y verde”, rápidamente
volvió a revisar la etiqueta del otro frasco y leyéndola más detenidamente descubrió que en
el frasco de las pastillas “Alegrus” en la contraportada decía: “pastillas verde con rojo”.
—¿Cómo se llaman las pastillas que pediste? —interrogó el joven mago perdiendo
el color de la cara.
—¿Qué?, o bueno se llaman “Calmo” y ¡son muuuyyy buenas chico!
La cara del Conway exhibía una estúpida sonrisa y una mirada perdida.
¡Oh cielos!, pensó Harry, a continuación sacó una pastilla de cada frasco y las
comparó, eran exactamente iguales, salvo por el pequeño detalle que una era rojo con verde
y la otra era verde con rojo.
—¡¿Cómo rayos lo iba a saber?! —se lamentó el muchacho.
Harry escuchó que el auror empezaba a reír, sin voltear a mirarlo se puso a leer el
frasco de “Alegrus”, cualquier información que sacará de allí era importante, finalmente se
encontró con las letras pequeñas que decían: “precaución, en algunos casos puede causar un
estado similar a la embriaguez”. El chico levantó la vista y miró a Conway cara a cara.
—Je, je, chico, ¿Qué pasa?, ¿Tengo Grindylows en la cara?.
El muchacho no respondió, se puso a buscar desesperadamente entre los frascos sin
saber que estaba buscando exactamente, encontró unas pastillas blancas que decían
“antídoto universal”, leyó las instrucciones, en un capitulo decía “bloquea los efectos
secundarios de:” y a continuación, ante sus ojos una lista de medicamentos empezó a
correr, Harry rogaba por que el nombre de “Alegro” apareciera, de pronto allí estaba,
“Alegro 10 minutos”.
—¡Sí! —gritó jubiloso el muchacho, sin perder tiempo saco una pastilla y la arrojó
en la boca del auror gritando —¡Atrápala!.
Conway abrió la boca de par en par y la pastilla entró sin problemas, sin dejar de
masticar dijo en tono divertido —¡En el blanco chico!
—10 minutos decía el frasco, espero que ese sea el tiempo que tarda en actuar la
medicina —dijo Harry en voz muy baja como hablando para si mismo.

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Conversación en el desierto

La duna parecía estar más lejos de lo que Harry pensaba, los pies se le hundían en la arena,
y su compañero de viaje estaba totalmente ebrio, además una voz en su cabeza no cesaba de
recordarle “mañana Ron ira por ti para ir al mundial de quidditch”, pero ahora no sabía si
eso sería posible, así que para tratar de alejar de su mente ese pensamiento hizo
conversación con el mareado auror.
—¿Quiénes eran los sujetos del Almacén?
—Esos tipos... son dos delincuentes conocidos, Ray Gingold es un traficante de
artefactos mágicos sin licencia, el otro es el más peligroso, Edie Colfax, es un terrorista,
pero no persigue ni defiende ninguna ideología, solamente quiere el poder a toda costa, es
un mago siniestro muy peligroso. No te metas con ellos, no te conviene para nada...
La información que ahora Conway le proporcionaba de buena gana era un síntoma
de su estado, los niños y los borrachos dicen siempre la verdad, pensó Harry y concluyó
que si deseaba saber todo acerca del caso, esta era su oportunidad.
—¿Por qué los seguiste hasta Londres? —Harry había iniciado su interrogatorio.
—Teníamos información, lo que sabíamos era que Colfax estaba recolectando los
ingredientes de una especie de arma mágica, algo muy, muy malo... al parecer Gingold le
vendería el ultimo ingrediente.
El muchacho recordó la esfera dorada que Colfax guardó entre sus ropas. —¿Qué
cosa exactamente sería capaz de hacer esta arma? —volvió a preguntar.
—No estamos seguros, sólo hemos identificado algunos de los ingredientes, pero
suponemos que sería algo así como una enfermedad que atacaría solo a los magos.
—¿Una enfermedad?
—O tal vez una bomba que mataría solo magos dejando todo intacto, te lo dije y te
lo repito chico, el desgraciado es un terrorista sin escrúpulos. Su único objetivo es lograr el
poder por la fuerza, el dominio total del mundo mágico, imagina que alguien domine el
mundo de los magos, su segundo paso sería dominar el mundo muggle, finalmente así,
conquistaría todo el planeta.
Harry recordó a Voldemort, es exactamente lo que él haría, definitivamente ese tal
Colfax merecía ir a prisión —una persona así no debe estar libre —dijo, nuevamente pensó
en Voldemort y el terrible daño que causo, pensó que por desgracia en todo el mundo
existen personas malvadas, pero, por suerte también existen individuos como Conway, en
ese momento el joven mago decidió que ayudaría al auror con su misión.
—Tienes razón Harry, ¡y yo lo deje escapar! —gruesas lagrimas empezaron a caer
por el rostro del auror, el muchacho cambio rápidamente el tema de conversación.

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—Vi tú escoba.
—¿Llama la atención verdad? —el llanto del hombre se transformó en una sonrisa
— es un modelo experimental la llamamos “Destello Lunar”...
—Es una pena que la halla perdido.
—No te preocupes por eso, más que una escoba con aspecto raro, es un artilugio
encantado, si yo muero esa escoba llegará sola al cuartel general y si me alejo mas de 100
millas vendrá a buscarme no importa donde yo me encuentre.
—¿Quieres decir que?...
—Sí, viene hacia aquí, pero a pesar de ser rapidísima y elevarse hasta casi llegar al
espacio para ahorrar distancia, tardará un poco en llegar. Hablando de la escoba...
muchacho creo que te debo una disculpa.
—No, yo debo darle las gracias, si usted no hubiera intervenido, la maldición de ese
mago me hubiera alcanzado directamente en toda la cara.
—Y luego tú salvaste mi pellejo.
—Si bueno, entonces estamos a mano podría decirse... ¡OH RAYOS! —gritó Harry,
el muchacho quedo congelado cuando recién cayo en cuenta de que es lo que había echo, al
ayudar al auror uso la magia fuera de Hogwarts y sabía que eso tenía serias consecuencias,
podía imaginar la lechuza llegando con la carta, su tío Vernon la leería lleno de júbilo: “El
señor Harry Potter a sido expulsado de Hogwarts”, verdaderamente estaba en problemas.
—¿Qué pasa Harry? —preguntó Conway extrañado por el grito que aún resonaba
en sus oídos.
—Cuando intervine en su pelea usé hechizos... y tengo prohibido usarlos fuera de
las instalaciones de mi colegio.
—¡Ah!, tienes un detector, no te preocupes los jóvenes en América también tienen
uno.
—Entonces sabe lo que me pasará al volver a casa.
—Harry, esta es una misión secreta.
—Creo que ya no lo es.
—Tengo un escudo de bloqueo mágico.
—¿Un qué?
—Un artilugio mágico, impide que se pueda detectar la realización de un hechizo
cerca de mí, su rango de acción es de trescientos metros de distancia en cualquier dirección,
naturalmente puede bloquear tú detector, despreocúpate, nadie en Londres sabe que hiciste
magia.
—¿Seguro que funciona?.
—Bueno, este escudo no sólo trabaja contra los detectores, también impide que
ciertos hechizos puedan realizarse cerca de mí, por ejemplo nadie puede desaparecer
cuando yo estoy cerca, Colfax tuvo que usar el saltador para tratar de huir por que
simplemente no podía desaparecer, eso impide que los criminales escapen de nosotros
usando ese hechizo, esa es la prueba que indica que mi escudo esta funcionando.
—Debería comprarme uno de esos —interrumpió Harry.
—Este invento es relativamente nuevo, —prosiguió el auror — pero muy efectivo
nos permite pasar totalmente desapercibidos si entramos a un país extranjero sin permiso.
—Pero no evitó que Colfax usara el saltador —. Dudó el muchacho.
—La magia echa por un mago y la magia echa por un artefacto mágico son
diferentes.

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—¿Entonces quieres decir que puede detectarse cuando un mago hace magia?, ¿así
no tenga un detector?.
—Mira, de eso no estoy muy enterado pero si inventaron el escudo debe ser por
algo.
—Eso es inquietante, volviendo a su escoba... ahora que lo pienso ¿Por qué
relacionó su escoba con pedirme disculpas?.
—¿Yo hice eso?
—Si usted dijo: “hablando de la escoba... muchacho creo que te debo una disculpa”
—. Harry dijo esto imitando la voz del auror.
—Lo que sucede es que siempre supe que estabas allí.
—¿A que se refiere?.
—A que sabía que estabas escondido en el auto de esos dos, pero sabía también que
no tenías nada que ver con ellos.
—¿Por qué no me dijo nada cuando aterrizó cerca de mí?
—Lo que estabas haciendo era algo muy imprudente, así que quise darte una
lección.
—¿Cómo?
—Los jóvenes como tú no pueden resistir la tentación de tocar la “Destello Lunar”
cuando la ven, lo que no saben es que la escoba tiene un hechizo de protección que deja sin
sentido en el acto a cualquiera que la toque, excepto yo claro esta. Pensé que quedarías
inconsciente y cuando yo regresara con los dos villanos atrapados te daría una reprimenda
acerca de los peligros de la imprudencia.
Harry se felicito de no haber tocado esa escoba y dijo —¿Se disculpa por que cree
que si me hubiera descubierto y me hubiera dicho que me fuera a mi casa yo le habría
obedecido?, discúlpeme pero me temo que no habría servido de nada.
—Ja, ja , ja, ese es el espíritu muchacho, Harry Potter te llamas ¿eh?, ahora que lo
pienso... me parece haber leído tú nombre en algún reporte... la verdad y no lo tomes a mal,
pero a mí me importa muy poco lo que pasa en Inglaterra, sin embargo me parece que tú
nombre a sido nombrado en algunos reportes... ya lo recordaré.
—¿Cómo sabía que yo estaba escondido allí, tiene algún “detector de magos”?
—No, abre la tercera cartuchera a la derecha de la hebilla de mi cinturón —Harry
encontró la cartuchera que le indicaba el auror y saco de ella un extraño aparato, era un
rectángulo negro con una esfera incrustada al frente, esa esfera también era negra pero tenía
un punto verde brillante al centro, por la forma y los dos pares de elásticos que tenía a los
lados Harry dedujo que era para ponerla sobre los ojos, le recordaba la escafandra de un
hombre rana, se puso el artefacto en la cara y quedo sorprendido, a pesar que el artilugio
era negro y sólido se podía ver todo como si fuera totalmente transparente.
—Concéntrate en ver la escuela Harry —escuchó el muchacho. Así lo hizo y de
pronto, la duna que tenia en frente se hizo transparente, ante él aparecieron los muros de la
escuela.
Pintados de un tono rojo indio y bordes en pintura blanca, también había un gran
enrejado, estaba abierto dejando ver un bello y verde jardín que tenía al centro una pileta
echa de piedra blanca, la estatua de la pileta era una bruja sosteniendo en alto su varita
rodeada por pequeñas estatuas de duendes que sostenían cuencos de los cuales salía agua,
como adorno extra en el suelo había macetas que tenían flores rojas rodeando la pileta,
como si fuera la orilla del océano, el jardín verde terminaba en un piso de piedra blanca
labrada de unos tres metros de ancho, a continuación empezaba una escalera flanqueada por

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dos faroles negros y dos muros de concreto, a ambos lados de la escalera, dos pequeños
jardines bordeados por flores amarillas se extendían cubriendo el frontis de la escuela,
sobre cada jardín un enorme cuenco fungía de adorno, unas tupidas enredaderas subían por
los muros pero solo hasta cierta altura, la escalera se topaba con un muro que dividía la
misma en dos pequeñas escaleras circulares que convergían en lo que era la puerta principal
de la estructura que al estar al final de las escaleras estaba ya en el segundo piso, al lado
izquierdo se alzaba una torre de cuatro pisos de altura cuyos lados formaban un octógono
que en el primer piso únicamente tenía una puerta, en el segundo una enorme ventana al
centro, el tercer piso tenía un pequeño pero elegante balcón y el cuarto piso estaba lleno de
ventanas para terminar en un techo cubierto de tejas. Al lado derecho una estructura de tres
pisos que terminaba en un a especie de campanario, una serie de columnas y arcos
formaban la parte central del frontis de la escuela, allí al centro se podía apreciar un escudo,
dibujado en el se podían distinguir, primero, unas iniciales, las letras escritas en mayúscula
eran “C. E. M.”, debajo un sol y una luna juntos, el sol miraba al frente y la luna miraba al
sol, al centro de ellos dentro de un circulo negro se podía distinguir la letra “c”, debajo de
todo esto una pluma y una varita completaban el emblema, finalmente fuera del escudo
Harry pudo leer una inscripción en latín “QUOD NATURA NON DAT, CACHICHE NON
PRAESTAT”, el chico no sabía latín así que no podía saber que significaba eso, de pronto,
un grupo de muchachos que salió de la puerta principal llamo su atención. Se concentró en
ellos, acto seguido el aparato le proporcionó un acercamiento inmediato, eran dos
muchachos y una chica todos como de su edad, sus túnicas eran distintas a las que él usaba
en Hogwarts, sus colores eran claros, uno de los chicos además usaba sombrero
Con el sol que brillaba sobre su cabeza Harry también quería un sombrero.
—¿Qué tal? —preguntó el auror.
—¡Esta cosa es genial! —gritó eufórico el chico, mientras se quitaba el visor de la
cara.
—Lo llamamos “visor cíclope”.
—Bueno ya estamos cerca del colegio, espero que tengan algún medio de enviarme
a Inglaterra de inmediato ó al menos pedir ayuda, un momento, con tantos aparatos
fantásticos que cargas, ¿no tienes por allí algo para pedir ayuda?.
—Lo tenía, la maldición que me aqueja lo atravesó antes de darme en el hombro y
lo dejó inservible, era un “Elmerofono”, permite una comunicación instantánea de un auror
con la central desde cualquier parte del mundo.
—¿Elmerofono?, es un nombre horrible.
—El mago que lo inventó se llamaba Elmer—. Dijo Cadmus encogiéndose de
hombros (bueno del único hombro que podía mover).
—Ese tal Colfax, ¿usted cree que podría tratar de refugiarse en ese colegio?.
—No creo que lo intente, sabe que nosotros vamos para allá. Harry cuando
lleguemos yo pediré ayuda médica y le explicaré todo al director el seguramente te ayudará.
—¿Sospecho que tratas de deshacerte de mí?
El semblante de Conway se torno serio y dijo— Harry Potter, ya hiciste suficiente
esta es una misión secreta, así que te advierto, por la cláusula internacional 8, no debes y no
puedes contarle nada de lo sucedido a nadie en esa escuela, esto es clasificado, si lo haces,
ahora si estarás en graves problemas.
—Espera, tú me contaste todo...
—Soy un mago que esta bajo los efectos de una maldición, incluso esto podría
interpretarse como que tú te aprovechaste de mi situación para sacarme información.

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El joven mago comprendió que el efecto del “Alegrus“ estaba pasando.
—No te preocupes no se lo diré a nadie —dijo un incómodo Harry.
—No te molestes muchacho, pero estas fuera, ya hiciste suficiente y te lo agradezco,
disfruta de tú estadía en este colegio y si tienen algún medio para enviarte de inmediato a tu
casa, pues úsalo, el mundial de quidditch te espera.
Cuando Conway dijo esto ya habían pasado la duna y estaban bajando de ella, el
último tramo lo recorrieron en silencio, Harry estaba algo molesto, la repentina rudeza con
la que el auror lo trató lo incomodó, aunque comprendía un poco eso, él era un auror en
misión oficial, y se le escaparon los hombres que tenía que capturar, además había
involucrado a un civil y menor de edad en esto, cuando sus superiores se enteren él tendrá
problemas.

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5

La escuela de magos

El extraño espectáculo de un de un joven delgaducho y despeinado caminando al lado de un


hombre que flotaba en el aire, llamo la atención de los muchachos que estaban en la entrada
quienes corrieron al encuentro de los recién llegados.
—¡¿Qué les pasó?! —preguntó uno de los chicos que fue a su encuentro, Harry no
entendió nada, por que la pregunta fue echa en Español. Así que, el aturdido muchacho se
quedo moviendo la cabeza en forma negativa y moviendo los labios como tratando de decir
palabras que no llegaban a salir de su boca, los muchachos intuyeron que no les había
entendido.
—¡Oratio Español! —la muchacha le lanzo un hechizo y preguntó.
—¿Están bien?
Esta vez Harry entendió perfectamente y automáticamente respondió —¡Yo estoy
bien pero él necesita ayuda urgente! —su cara de asombro divirtió a los muchachos, había
hablado en perfecto español.
Uno de ellos le dijo —este hechizo te permitirá hablar en español, si quieres
también podrás hablar en Inglés, lo usamos mucho con alumnos extranjeros, pero es
temporal —el chico volteó la cabeza y mirando a la chica dijo —¡bien pensado Anita!.
Harry miro a la muchacha, era de piel oscura y pelo negro, su inteligente hechizo
por un momento le hizo recordar su amiga Hermione la lista, cuyos conocimientos siempre
le permitían hacer el hechizo apropiado en el momento justo, comprobó que efectivamente
hablaba Ingles si quería, y hablo con el auror en ese idioma.
—¿Quieres que te apliquen el hechizo de idiomas?
—No es necesario, yo sé hablar Español —Le contesto Conway en claro Español.
Harry le entendió, estaba encantado con este hechizo y le apenaba que fuera
temporal.
Una mujer salió a su encuentro, era de piel blanca, pelo negro y ojos azules, traía en
la mano una pequeña sombrilla pero también se protegía del sol usando un elegante
sombrero púrpura, una blusa con encajes serrada hasta el cuello, faldón negro con adornos
de encaje blanco y botines negros completaban su atuendo. Estaba acompañada de un
sujeto delgado completamente vestido de blanco que usaba un sombrero, este individuo
además empujaba una camilla que parecía estar encantada ya que mantenía su posición
vertical a pesar de estar sostenida sólo de un lado, la mujer realizó un hechizo que hizo que
Conway lentamente se acueste suavemente sobre la camilla.
—Señor Temoche, lleve a este hombre al tópico de inmediato —. Ordenó.
—Si señora —respondió el sujeto y se puso en marcha, Conway trató de hablar con
ella pero fue interrumpido.

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—Señor esta usted mal herido y requiere atención inmediata, hablaremos luego—
dijo de manera autoritaria la mujer, Conway no replicó nada, se dejo caer en la camilla pero
dirigió una mirada penetrante a Harry, luego se lo llevo el camillero, el muchacho los siguió
con la mirada y advirtió que además había un hombre enorme de espesa barba negra y
hombros de jugador de Rugby que acompañó al camillero y al herido al interior de la
escuela.
—No te preocupes por tú amigo, ese era el profesor Candio de Defensa contra las
artes oscuras, seguro podrá ayudar con la herida de tú camarada. Yo soy la Directora
Dalestra Thompson y tú estas en la escuela de Brujas y Magos de Cachiche.
Harry estaba sorprendido, los alumnos con los que se encontró no tuvieron tiempo
de avisarle, ¿cómo sabía que habían llegado? y ¿cómo sabía que Conway estaba herido?, el
joven mago dedujo que la presencia del profesor de defensa contra las artes oscuras se
debía a motivos de seguridad, era obvio que su misión consistía en vigilar al herido y no a
ayudarlo, la directora no dejaba nada al azar, recordó a Dumbledore, y como el también
llegaba a enterarse de todo lo que pasaba en Hogwarts de manera inexplicable.
Finalmente el muchacho dijo—Mucho Gusto profesora Thompson, yo soy... — una
mano en alto de la directora lo hizo callar.
—Sé quien eres, prefiero continuar la conversación en mi oficina, allí además
estaremos más frescos, ¿No crees?.
—Sí claro —. Contestó el chico aturdido.
Harry siguió a la mujer, al caminar junto a ella percibió su aroma, era un perfume de
agradable olor a jazmín, no se sentía como los perfumes muggles, más parecía que el aroma
emanaba de ella, sin duda se trataba de algún tipo de hechizo aromático, subieron la
escalera ingresando a la escuela, lo primero que llamó la atención del muchacho fue que
por dentro, la escuela era enorme, recorrían un largo y ancho pasillo que se perdía hasta
donde llegaba la vista, indudablemente un poderoso hechizo estaba operando allí, a ambos
lados de esta especie de calle principal estaban conectados una serie de solares cuadrados,
algunos de dos pisos de alto otros de un piso, todos muy similares entre si, tenían un patio
principal al centro bien adornado rodeado de estas elegantes estructuras de arcos y
columnas, allí, las puertas echas en madera labrada conducían a las aulas ó a diversos
ambientes, el piso estaba enchapado en madera muy bien lustrado, cada cierto tramo
cómodos muebles de madera y tela estaban dispuestos al rededor de pequeñas mesas, todo
sobre coloridas alfombras, las paredes lucían diversos adornos, desde repisas repletas de
muestras de cerámica antigua hasta armaduras y armas de la época de la conquista
española, además eran bastante familiares los cuadros que también formaban parte de toda
la decoración, como en Hogwarts, se movían y saludaban al paso de la directora, un antiguo
guerrero ataviado para la guerra perteneciente a alguna cultura que el muchacho desconocía
les gritó, saludando en un idioma incomprensible, Harry estuvo a punto de saltar del susto.
Al levantar la vista vio complejas arañas que sostenían velas derretidas flotando cerca de
las vigas del techo, las cuales le daban un ambiente rustico a la escuela.
La profesora volteo a la derecha y de pronto se encontraron caminando por un
pasillo que terminaba en una enorme puerta de madera labrada con figuras esculpidas de
brujas, magos, plantas y animales mágicos. Harry dedujo que habían llegado a la oficina de
la directora y no se equivocó.
El único cuadro que estaba allí era el de un elegante ángel, era un ángel por que
tenía alas, pero nada más lo hacia similar a los que Harry conocía, el excéntrico ángel con
rostro de belleza casi femenina, sombrero de ala ancha y traje de brocado bordado en oro

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muy al estilo del siglo XVII, tenía como detalle final un gran arcabuz que portaba al
hombro.
La imagen preguntó:
—¿Santo y seña?
—¡Algarrobina! —contestó la profesora Thompson.
Se escuchó el sonido metálico de varios cerrojos abriéndose al mismo tiempo,
debido a aquel ruido, Harry esperaba que esa enorme puerta se abriría ante ellos
espectacularmente por la mitad, pero únicamente una pequeña puerta en un costado se
abrió, la mujer entró y el chico la siguió.
Lo primero que vio al entrar fue un par de penetrantes ojos verdes que lo
observaban, se trataba de un enorme gato negro.
—Es mi gato se llama Qantrish —. Dijo la directora mientras se sacaba el sombrero
y dejaba su sombrilla colgada de uno de los muchos brazos que tenía un espejo de cuerpo
entero que a la vez servía de perchero.
—¿Qantrish?, ¿tiene algún significado? —preguntó Harry.
—Sí, significa siete en idioma quechua.
—¿Siete?, ¿algo así como el número siete?.
—Sí, es un nombre original, el siete es un número muy recurrente en la cultura. Son
siete los días de la semana, son siete los mares, siete maravillas del mundo muggle, los siete
cursos en tú colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, siete los colores del arco iris, en el
pueblo muggle cercano encontrarás una palmera de siete cabezas que tiene una maldición,
aquí en Sudamérica se dice que los gatos tienen siete vidas y no nueve como se cree en los
países anglosajones, podría darte miles de ejemplos más, como verás el siete es el número
más importante de la magia, ¿no te parece un buen nombre para una mascota?, si quieres
saber más, en nuestra biblioteca tenemos muchos libros que hablan del número siete.
Harry se sintió incómodo, lo ultimo que quería hacer al estar en un nuevo lugar era
conocer su biblioteca, estaba arrepentido de haber dicho algo sobre el nombre del gato, por
ultimo dijo— tiene razón, es un buen nombre, muy original—. Luego desvió la mirada y
siguió observando la habitación buscando otro tema de conversación.
La oficina de la directora Thompson no era tan espectacular como la de Dumbledore
en Hogwarts, un enorme y estilizado escritorio de madera labrada era la pieza principal, tras
el, un cómodo sillón era un buen complemento, ambos daban la espalda a un vitral de
cristal cortado, los vidrios formaban las figuras de un antiguo curandero y una bruja vestida
a la usanza europea, ambos cruzaban armas, la bruja occidental sostenía una varita, lo que
el curandero sostenía en su mano fue irreconocible para Harry , debajo de ellos una leyenda
decía: “Sincretismo mágico: brujas europeas, curanderos de origen andino, Cachiche, tierra
de hechizos, artilugios y sortilegios”. El piso tenía una enorme alfombra con diseños
geométricos evidentemente pertenecientes a alguna cultura precolombina, un enorme
estante repleto de libros cubría totalmente una de las paredes de la oficina, al centro de ese
estante estaba empotrado el espejo perchero en el que ahora colgaban el sombrero y la
sombrilla de la directora, al reparar en la otra pared quedó pasmado, al lado de una
pequeña puerta que conducía a otro ambiente de la oficina había un enorme mapa detallado
de la escuela, que cubría totalmente el resto de la pared, sobre el mapa había un letrero que
decía: “Mapa Rastreador”, era exactamente igual al mapa del merodeador que el mismo
poseía.

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—¿Te gusta?, aquí puedo ver a todos los alumnos y profesores de la escuela, es una
herramienta muy útil, inventada hace tiempo por dos brillantes profesores de esta
institución.
Al ver como ese mapa era un orgullo para la profesora Thompson, Harry sintió
mucha más admiración por su padre y sus amigos que siendo apenas unos estudiantes
crearon un mapa igual, incluso hasta mejor, por que el suyo era portátil.
—Harry Potter, ¿Qué te trae a la escuela de Magos y Brujas de Cachiche?.
El muchacho la miro sorprendido —¿Sabe quien soy? —. Dijo.
—¡Claro que sé quien eres!, ¿Mi apellido Thompson no te dice nada?, tengo familia
británica y me gusta estar bien enterada de lo que sucede en la vieja Inglaterra—. La
directora señalo un par de diarios que estaban sobre el escritorio uno de ellos era “El
Profeta”.
—¿Usted lee “El Profeta”?.
—Sí y tú has aparecido más de una vez allí, ¿no es cierto?
—Sí —. Admitió Harry.
—Además conozco a Dumbledore, a nivel internacional los directores nos
conocemos sabes, hacemos congresos y todo eso, es un hombre encantador y aunque es
muy reservado, cuando le pregunté por ti solamente tenía cosas buenas que decir, tiene un
excelente concepto tuyo.
—Pues no sé que decir.
—No te apenes Harry, ¿puedo llamarte Harry verdad?
—Sí, claro.
—Bueno Harry, ahora dime ¿Quién es tú amigo?.
—No... no puedo decirle, la cláusula 8 me lo prohíbe.
—¿Cláusula qué?
—La cláusula internacional 8, el es un auror en misión secreta, más no puedo
decirle.
—¿Cláusula internacional 8?, hasta donde yo sé eso no existe, querido te han
engañado.
Harry estaba terriblemente confundido, no sabía si creer en el auror o confiar en la
directora.
—Harry si no puedes ó no quieres contarme, no te obligaré, ya hablaré yo con el
auror ahora, ¿puedo ayudarte en algo?.
—Eh sí, quisiera volver a Gran Bretaña si fuera posible antes de mañana.
—Ja, no hay problema, espérame un segundo —la mujer se levantó de su escritorio
y desapareció por la pequeña puerta del costado, Harry escuchó como si revolviera un
montón de cachivaches, finalmente apareció con una foto del puente de Londres en sus
manos. —Listo Harry, ahora sígueme.
Nuevamente el muchacho siguió a la directora por los ambientes de la enorme
hacienda escuela, un importante detalle que el joven no había notado antes y que ahora si le
llamaba la atención era que la escuela estaba aparentemente vacía.
—¿Dónde están los alumnos, en clases? —finalmente preguntó.
—No, en este momento estamos en medio de lo que llamamos “Las mini
Olimpiadas de Cachiche”, son una serie de competencias deportivas y académicas, al final
de las cuales el equipo que acumule más medallas será el campeón.
—¿Qué equipos compiten?

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—Aquí no estamos agrupados en casas como en Hogwarts, aquí simplemente los
alumnos están agrupados en salones por edades y letras, desde la “a” hasta la “e”, cada letra
tiene seis años así que los equipos están formados por todos los alumnos que pertenecen a
determinada letra, osea todos los de la letra “a” por ejemplo desde el primero al sexto año
son un equipo.
—Comprendo —dijo Harry.
—Para darle mayor colorido a cada equipo —prosiguió la profesora hablando sin
detenerse —en una asamblea los alumnos pueden escoger por votación, el nombre de su
equipo y los colores que usarán durante toda la competencia. Por ejemplo, durante tres años
los alumnos de la letra “a” se han hecho llamar los Cráneos Rojos, su símbolo es una
calavera roja y su vestimenta es totalmente roja, mientras que la letra “c”, de la que soy
madrina por cierto, este año escogió llamarse Samheim, su emblema es la calabaza y sus
colores son los del Hallowen, naranja con negro, debo decirte que este año están peleando
el título con los Cráneos Rojos.
—¿Cuánto tiempo duran los juegos?.
—Dos semanas, ¿suena divertido verdad? —la directora se detuvo frente a una
puerta doble de madera, adornada con símbolos geométricos, un letrero sobre la puerta
decía “Salón del Portal”, empujo las puertas y se abrieron, ambos entraron en el salón.

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6

Sobre el salón del portal y otras cosas

La habitación era enorme, tenía paredes de piedra y piso de arena, al centro una puerta de
madera adornada con los mismos símbolos geométricos de la entrada con la diferencia que
al centro de esta puerta había un ave tallada en madera, esta puerta no conducía a ningún
lado, pues solamente estaba allí al centro del gran salón.
—¿Qué es esto? —preguntó curioso el muchacho.
—El portal.
—¿El portal?
—Así es Harry, esta escuela esta construida sobre un lugar que concentra una
energía mágica muy poderosa, esto nos permite realizar hechizos y conjuros de gran poder
y duración, como el portal por ejemplo, esta puerta encantada nos facilita ir de un lugar a
otro del Perú ó el mundo de forma instantánea. Lo usamos para enviar a los estudiantes de
excursión a diversas partes del país, yo misma lo e usado para viajar a varios sitios del
mundo, llevarte a Gran Bretaña no será problema.
—Quiere decir que además del portal esta escuela tiene más... más...
—¿Más habitaciones interesantes?
—Si, bueno esto es algo que no había visto antes.
—En Hogwarts debe haber muchas maravillas mágicas, que seguramente tú mismo
aún no conoces, cada lugar tiene sus cosas por así decirlo, ¿sabes como nos escondemos de
los muggles?
—Hogwarts usa un hechizo que hace que los muggles lo vean como un castillo en
ruinas y no les dé gana de acercarse a el, supongo que aquí es igual.
—No, aquí usamos un hechizo que modifica el espacio tiempo.
—¿Cómo?
—Si tú fueras un muggle no hubieras visto la escuela, verías una hacienda en ruinas,
pero si quisieras acercarte habrías podido hacerlo, ya que la escuela y las ruinas existen en
el mismo lugar pero no en el mismo plano existencial.
—¿Estamos en otra dimensión?
—Algo así, los muggles de los alrededores que visitan las ruinas, en determinados
momentos han visto fugazmente alguno que otro alumno, piensan que son fantasmas, eso
los desanima de querer vivir aquí.
—Pero, ¿si quisieran construir algo entre las ruinas?.
—Podrían hacerlo sin problema para nosotros, el hechizo es así de poderoso.
—Y este portal ¿cómo funciona?
Por toda respuesta, la profesora Thompson colocó el cuadro de Londres que tenía en
las manos entre las patas del ave que de inmediato lo cogieron firmemente. Un zumbido se

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escucho por toda la habitación, luego un resplandor se filtró por debajo de la puerta y esta
se abrió por si sola, tras una capa de niebla podía verse una calle del otro lado de la puerta.
—Eso es Londres Harry, cruza esta puerta y estarás en Gran Bretaña.
En vez de avanzar hacia el portal el muchacho se quedo parado y siguió
preguntando.
—Cuando salga del otro lado ¿saldré por una puerta similar?
—No, del otro lado el hechizo es imperceptible, sería como si salieras de una pared,
además el portal se mantendrá abierto hasta que se retire la foto de las patas del cóndor de
madera.
—Algo así cómo en la estación 9 ¾. —Comparó Harry.
—Sí, aunque funcionan de manera distinta, la idea es la misma, conozco la estación
de la que hablas, hace cinco años visité Hogwarts y usé ese el famoso tren rojo. Bueno
Harry, ya es hora, cruza el portal y estarás en casa.
Harry vaciló, regresar con los Dursley no era ir a casa, la verdad aún no quería
volver a Privet Drive.
—Me hubiera gustado conocer más este lugar —dijo apesadumbrado.
—Bueno si quieres podrías quedarte toda la mañana, son las nueve y la mayoría de
alumnos se prepara para las competencias ó esta tomando desayuno.
—¡¿Las nueve de la mañana?!, pero en Gran Bretaña...
—En Gran Bretaña están adelantados unas horas Harry —. Interrumpió la directora.
Era perfecto, podría quedarse algunas horas allí y regresaría a tiempo para la cena.
Finalmente el muchacho dijo —¿podría quedarme algunas horas?
—Cambiaste de opinión, podrás quedarte, pero con una condición.
—¿Una condición?
—Tendrás que jugar quidditch.
—¡Quidditch!, ¿aquí juegan quidditch?
—Jovencito, aunque soy descendiente de ingleses, soy tan peruana como el pisco, y
déjame decirte que aquí sí jugamos quidditch y muy bien, tan bien que Perú llegó a las
semifinales del mundial que se esta jugando ahora.
—No fue mi intención ofenderla —. Se disculpó Harry contrariado, estaba claro que
la directora era una fanática y para ella era una cuestión de honor.
—No te preocupes—. Dijo la directora, cuya furia se había apaciguado y ahora lucia
una tranquilizadora sonrisa en el rostro.
Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos Harry desvió la mirada, era obvio que
quien tenía que hablar ahora era él, tenía que tomar una decisión, finalmente alzó la vista y
habló.
—Jugaré.
—¡Perfecto!, estarás en el equipo Samheim, nos hace falta un buscador y sé que tú
eres uno muy bueno.
Harry no preguntó como la profesora Thompson estaba enterada de sus habilidades
como jugador de quidditch, seguro sabía mucho sobre él, esto lo molesto un poco, ni a
medio mundo de distancia de su país podía huir de su fama.
Se pusieron en marcha nuevamente con rumbo a la oficina de la directora, mientras
caminaban Harry preguntó —¿qué le pasó a su buscador?.
—Digamos que ya esta fuera de peligro, dentro de dos meses estará totalmente
recuperado.
—¡Dos meses!

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—Un transplante de cabeza no es un procedimiento fácil Harry.
—¡Tra... transplante de cabeza! —dijo casi gritando el muchacho dejando de
caminar.
—¡Ja, Ja, Ja!, ¡es una broma!, eres muy ingenuo Potter —. La directora le dio una
palmada en la espalda tan fuerte que lo hizo inclinarse hacia delante, el chico no estaba
realmente seguro si esto del transplante de cabeza era una broma ó era verdad.
Una vez más en la oficina de la directora Harry esperaba sentado frente al
escritorio, la profesora Thompson apareció con un enorme libro entre sus manos y lo dejó
caer sobre la mesa provocando un gran estruendo.
—Muy bien, ahora te inscribiré en la escuela para que todo sea legal, sin embargo
será mejor que uses un alias, aunque lo que pasa en Gran Bretaña tiene sin cuidado a la
mayoría de alumnos, tenemos muchos estudiantes europeos, no me arriesgaré a que alguno
haya escuchado hablar de ti, sobretodo que sepan de tu habilidad en el quidditch.
—Entonces usaré otro nombre.
—Sí, serás Henry, ¿qué te parece?, Henry...
—¡Weasley! —propuso el joven.
—Bien Henry Weasley serás, un alumno temporal —. A continuación la directora
escribió el nombre en el cuaderno y Harry pudo ver en el mapa del muro, como aparecía en
color rojo, su nombre decía: “Harry Potter, Alias Henry Weasley”, poco a poco la tinta roja
con la que estaba escrito el nombre se volvió color negro como los demás nombres del
mapa.
Un duende ingresó intempestivamente en la oficina, Harry lo observó
detenidamente, era similar a los duendes que él conocía, pero este era más bajo y de piel
oscura, además su colorida vestimenta no se parecía en nada a los trajes que usaban los
duendes en Gringotts, traía un papel en la mano y se lo dio a la mujer.
—Esto es todo lo que ha dicho ese auror, que hombre mas desconfiado, Cadmus
Conway auror norteamericano en misión secreta —dijo la directora.
—¿Eso es todo lo que dijo? —preguntó Harry.
—Sí.
Perfecto, dijo que lo primero que haría es aclarar todo el asunto y pedir que me
regresen a mi casa y no a hecho nada de eso, pensó muy molesto el muchacho.
—También dice que no dirá nada más, a menos que yo le pregunte personalmente
—prosiguió la directora.
—Entonces sólo hablará con usted.
—Así parece, pero por el momento no tengo tiempo para él, inscribiré su nombre en
la lista de visitantes —. El nombre de Cadmus Conway apareció en el mapa sobre una cama
de la enfermería.
—Oshta ve con el profesor Candio y dile que no pierda de vista a ese auror, luego te
vas a la puerta principal con tres reemplazos para los brigadieres y los traes aquí.
—Enseguida señora —dijo el duende que en el acto salió corriendo de la oficina,
Harry no dejo de verlo hasta que se fue.
—Oshta es mi duende sirviente Harry, los duendes de aquí son distintos a los
europeos, aquí son algo así como los elfos domésticos. Los duendes de Europa no
aceptarían ser sirvientes, en cambio aquí en Perú han servido a los magos desde tiempos
inmemoriales, hubo una época en la que quedaron en libertad, cuando están libres tienden a
ser malévolos y abusivos con los muggles, créeme están mejor así —.Le explicó la
directora a Harry al ver como este miraba al duende.

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—¿Puedo hacerle una pregunta personal?
—Claro Harry, pregunta.
—¿Cómo llegó su familia al Perú?
—Uno de mis antepasados, formó parte del grupo de exterminadores que en el siglo
XIX, llegó para reducir el número de Vipertooths peruanos que atacaban y mataban
muggles, como dato extra debo decir con orgullo que ellos trajeron el quidditch al Perú.
—Entonces usted de pequeña estudió aquí.
—No, yo estudie en la escuela de “el Dorado”.
—¿El dorado?.
—Aquí en el Perú hay dos grandes escuelas de magos, la de Cachiche y la escuela
de “El Dorado”, ubicada en la ciudad de magos de el Dorado, los muggles la conocen como
la leyenda del dorado, ¿has oído hablar de la leyenda de el Dorado?.
Harry escarbo en su mente, ¿por qué no prestó atención a las aburridas clases del
profesor fantasma Binns?, la expresión en la cara del muchacho reflejaba una total
ignorancia sobre el tema.
—Para alguien que usa esos anteojos eres muy poco intelectual Harry. Te informo
rápidamente, durante la conquista española las historias sobre una cuidad perdida echa de
oro puro hicieron que los muggles la buscaran incansablemente, nunca la encontraron y se
convirtió en leyenda, pero la ciudad si existe, escondida mediante la magia se convirtió en
una ciudad exclusiva para magos, allí esta la escuela de oro de magos de “El Dorado”, la
ciudad es en la actualidad un lugar muy popular entre los magos y brujas de todo el mundo
que la visitan en plan vacacional.
—Pero si estudió en otra escuela, ¿cómo se volvió directora de esta? —interrogó
Harry.
—Bueno enseñé algún tiempo aquí y fui asistente del director, cuando este se retiró,
pues, la junta de padres decidió nombrarme directora, nada del otro mundo.
En eso entraron el duende y los tres chicos que Harry encontró en la puerta.
—Chicos, él es Henry Weasley, estará un tiempito con nosotros y ¿qué creen?, ¡será
parte del equipo Samheim! —anunció la directora.
Los tres chicos se miraron entre ellos sorprendidos.
—Henry, ella es Ana Mallma, nuestra campeona de pociones —Harry reparó en un
pequeño detalle que no había notado cuando se encontró con ella en la entrada, la joven
lucía una medalla dorada que le colgaba del cuello. La directora continuaba con las
presentaciones— el apuesto joven del sombrero es Carlos Valuarte, nuestro mejor duelista y
el atlético joven es Crisolo Ardenas, el capitán de nuestro equipo de quidittch.
—Hola —Dijo Harry.
—Hola —contestaron los tres al unísono cada uno con una cálida sonrisa en el
rostro.
—Les tengo que pedir que no digan nada sobre la forma en la que Henry llegó a esta
escuela, discreción total por favor, sobretodo nadie debe saber sobre el herido de la
enfermería.
—No se preocupe profesora Thompson —dijo Carlos.
—Además, les anuncio que Henry será nuestro nuevo buscador —la directora
sacudió alegremente la cabeza de Harry y un poco de arena voló por los aires, detalle que
no paso desapercibido para nadie, incluso Qantrish levanto la cabeza sorprendido. Era
obvio que el recién llegado necesitaba un baño.

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—Henry, tienes arena hasta en las orejas, será mejor que te des un baño—. Dijo
Ana.
—No hay tiempo para eso, ¡fregotego! —dijo la directora y Harry quedó limpio en
un instante. —Él debe ir primero con Ña Dominga para que le haga un uniforme de
quidittch a su medida y después debe asistir a la charla técnica, ¿No es cierto señor
Ardenas?
—Jugamos en dos horas, creo que tiene tiempo para tomar desayuno —contestó
Crisolo.
—¡Oh!, ¡que descuido el mío!, Henry muchacho ¿quieres tomar desayuno?
Esa mañana Harry apenas había probado bocado y estaba algo famélico, esta era una
escuela y recordó los desayunos de Hogwarts, entonces contestó —La verdad un ligero
refrigerio no me caería nada mal.
—Entonces así será, ¿quién quiere ser el guía de Henry? —interrogó la profesora
Thompson.
—Yo tengo que prepararme para el torneo de duelos —. Dijo Carlos.
—Y usted mi querido señor Ardenas, debe preparar todo para la final de quidittch de
hoy, ¿no es así?.
—Usted lo ha dicho profesora Thompson —acotó Crisolo.
—Entonces Henry, Anita será tu guía.
La chica miro a Harry y le dirigió una amable sonrisa, este le devolvió el gesto, pero
luego se arrepintió de eso, ya que también se dio cuenta que Carlos el duelista estaba algo
incomodo con eso.
—Muy bien Anita lleva a Henry con Ña Dominga, luego lo llevas a desayunar y
después lo llevas a la “guarida”.
—¿La guarida? —interrogó Harry.
—Así le decimos al cuartel General del equipo Samheim —. Contestó Ana.
—Bien, ahora que cada quien tiene su itinerario pónganse en marcha y nos vemos
en los juegos chicos —dijo la directora levantando la mano y haciendo el ademán de
despedirse.
Todos salieron de la oficina de la profesora Thompson.
—Henry, aunque nunca hemos jugado contigo, no te preocupes, el puesto de
buscador muchas veces no requiere mayor compenetración con el resto del equipo —le dijo
Crisolo a Harry.
—No quiero sonar como un malagradecido, pero me vas a recibir en el equipo para
jugar una final sin conocerme, sin saber como juego y ¿no protestarás? —dijo Harry.
—Sí, la directora Thompson confía en ti, ella sabe por que lo hace y yo no dudaré
nunca de su buen juicio, ahora debo decirle a nuestro buscador que ya no jugará —. Replicó
Crisolo.
—¿Quieres decir que por mi causa hay alguien que se perderá la final?
—Henry, en mi equipo los jugadores aceptan mis indicaciones sin dudas ni
murmuraciones, no te preocupes por eso. Nos vemos en la guarida de Samheim —después
de decir esto Crisolo se dio media vuelta y se alejó.
Harry estaba incómodo, la idea de desplazar a alguien de un equipo de quidditch y
para colmo dejarlo sin jugar una final le molestaba.
—Debo prepararme para el torneo, ¿no me deseas buena suerte Ana? —dijo Carlos.
—Tú no la necesitas Carlos eres el mejor duelista de la escuela —dijo Ana
sonriendo —sin embargo esto te dará buena suerte —. Ana le puso un pañuelo de encaje en

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la mano a Carlos, él se lo acerco a la cara y olfateó el agradable aroma que salía de el, con
una inmensa sonrisa en el rostro dijo:
—Con esto será más que suficiente, suerte Henry, te veré en el juego —después de
esto también se dio media vuelta y se alejó.
Harry no pudo decir palabra alguna, pero notó que, así como la profesora
Thompson, Ana también emanaba un agradable aroma diferente al de la directora pero igual
de agradable.
—¡Vamos Henry sígueme! —dijo Ana cogiendo del brazo al muchacho.
Ambos empezaron a caminar y Harry comentó.
—La directora Thompson es una mujer bonita, amable pero...
—¿Pero esta medio loca? —interrumpió Ana.
—No, no quería decir eso —. Dijo Harry.
—Esa es la impresión que a primera vista nos causa a todos pero es una mujer
brillante Henry a pesar de su relativa juventud es una gran bruja y hechicera, los que
estuvieron de acuerdo en nombrarla directora no pudieron tomar una mejor decisión.
—Harry recordó a Dumbledore, recordó su primer día en Hogwarts, la impresión
que le causo el gran mago fue similar, también pensó que él estaba un poquito loco.
Un chico regordete con cara de pícaro se acercó a ellos.
—Hola Mallma, ¿quién es el nuevo?
—Hola, él es Henry Weasley viene de Inglaterra, Henry él es Sileno Atvincula.
—Hola Henry vienes de Inglaterra ¿eh?, entonces tendrás que superar la broma
internacional.
—No empieces con eso Sileno —. Dijo incomoda Ana.
—Henry, jálame la varita —dijo Sileno extendiendo la varita en dirección a Harry.
—Vamos, en Gran Bretaña conocemos esa broma, los muggles la hacen, pero ellos
te piden que les jales el dedo —le contestó Harry.
—Y dime Henry, ¿los muggles pueden pintarlos de colores?
—¡OH NO! Eso es asqueroso, ¡ya basta!, ¡vamonos Henry! —gritó la chica.
Nuevamente Ana jalo del brazo a Harry y ambos se alejaron de Sileno, que,
divertido les gritaba —¡Vamos Ana!, ¡a que nunca has visto una pequeña nube rosada!,
¡Henry vuelve aquí y jala mi varita!.
A pesar del peligro potencial que representaba Sileno, le cayó bien a Harry, le
recordó a los hermanos de Ron y pensó que bromistas los había en todas las escuelas y
seguramente sin ellos las escuelas no serían las mismas.
Finalmente se detuvieron frente a una puerta —Henry este es el almacén, espérame
aquí un momento —la chica entró sola, Harry se quedo esperando afuera, detrás de él había
una maqueta de lo que parecía ser una ciudadela antigua, le llamo la atención y se acerco a
ella para verla mejor, colgado en una cercana pared el retrato de un guía se acomodo el
sombrero, carraspeó y empezó a recitar el discurso que siempre repetía a los visitantes:
—Lo que voy a contarles lo sabemos gracias a la tradición oral que los amautas se
encargaron de transmitir, generación tras generación... —la narración del retrato contaba la
historia de la zona de Cachiche, de cómo ya en el año 1245 los naturales de la zona eran ya
muy conocidos y temidos por sus poderes mágicos, tanto que hasta el más pequeño de ellos
era venerado por los habitantes de los pueblos circunvecinos, de cómo vivieron durante dos
siglos dominando la zona, de cómo ni el inca Pachacutec con toda su grandeza y ferocidad
pudo someter a los cachichanos, pese a que éstos no usaban ningún tipo de armamento,

25
pues cada vez que el inca amenazaba con su poderoso ejército sobre las llanuras que
rodeaban la aldea, la misma se esfumaba ante la atónita mirada de los invasores.
Siete veces intentaron tomar el poblado y pedir a sus habitantes que jurasen
fidelidad al soberano y tantas fueron las veces que se vieron burlados por arte de magia.
Finalmente, el Inca desistió de sus propósitos y por consejo de sus amautas nunca más
volvió.
Contaba también de cómo ese orgulloso pueblo de magos se extinguió poco a poco
al negarse a mezclar su sangre con la de los muggles, de cómo al extinguirse los magos y
dejar la zona cargada con su inmenso poder, los talentos mágicos eran heredados por los
futuros pobladores, quienes no sabían explicarse de dónde les provenían tales facultades, de
cómo en pleno dominio español siete brujas europeas huyendo de las persecuciones
religiosas y atraídas por la energía del lugar se instalaron en Cachiche y de cómo, al
encontrar a muchos magos que necesitaban comprender y aprender a usar sus poderes
fundaron la escuela, a medida que el relato proseguía la maqueta cambiaba hasta
convertirse finalmente en la hacienda que Harry conocía.
Increíblemente Harry se había quedado concentrado viendo la maqueta y
escuchando la historia, de pronto sintió un tirón en el brazo y volvió a la realidad, cuando
se dio vuelta se encontró con Ana, la chica sostenía un paquete en sus brazos.
—Este es tu uniforme, solo falta que Ña Dominga lo adapte a tú talla.
Harry cogió el paquete y quiso abrirlo para ver el uniforme, pero Ana empezó a
andar y no le quedo hacer otra cosa más que seguirla.
—¿Te gustó la maqueta verdad? —interrogó Ana.
—Sí, increíblemente entretenida —contestó Harry.
la historia de ese pueblo extinto por negarse a mezclar su sangre con la de los
muggles, le recordó al muchacho la estúpida manera de pensar que tenían algunos magos
en Gran Bretaña, llamaban sangre sucia a los magos que no eran puros, si los magos puros
no se mezclaban con los impuros lo más probable sería que tarde o temprano terminarían
extintos como ese pueblo de la antigüedad, de los errores del pasado se debe aprender
pensó.

26
7

El duelo

Nuevamente Harry se encontraba caminando por los pasillos de la escuela hacienda,


observó nuevos detalles que hacían distinto ese lugar a Hogwarts, al pasar cerca de un salón
cuya puerta estaba entre abierta tuvo que detenerse por unos segundos, nunca había visto
algo parecido, un grupo de magos armados con pinturas y pinceles estaban restaurando
cuadros antiguos, vio como uno de los restauradores le rogaba a una niña en la pintura que
se quede quieta para poder trabajar en ella, Ana le explicó que la restauración mágica de
cuadros era un curso opcional que se impartía en esa escuela.
Finalmente se detuvieron frente a una puerta.
—¡Ña Dominga la necesito urgente! —gritó la chica.
La puerta se abrió por si sola, en el interior de la habitación una mujer negra y obesa
sentada en un enorme sillón leía un libro que flotaba en el aire.
—Ya, ya niña, no tienes que gritar, ¿cual es el problema? —dijo la mujer mientras
se levantaba pesadamente.
—Henry es el nuevo Buscador del equipo Samheim, debes hacer que su uniforme
le quede a la medida para que pueda jugar—. Explicó Ana.
—No hay problema, alumno nuevo ¿eh?, a ver Henry quédate quieto —después de
decir eso Ña Dominga chasqueo los dedos, un centímetro voló por los aires y se lanzó sobre
Harry tomándole las medidas, el aturdido muchacho fue zarandeado durante unos segundos
por el diligente centímetro, para alivio de Harry el trabajo fue cumplido y el centímetro
volvió a las manos de la costurera.
—Bien chico, saca tú uniforme del paquete y extiéndelo sobre esa mesa —dijo Ña
Dominga, así lo hizo Harry, sacó su nueva túnica de quidditch y por fin pudo ver como era,
salvo por los colores (naranja con negro) y la insignia del equipo Samheim (una Cabeza de
calabaza dentro de una llamarada de fuego), no había diferencia alguna con la túnica que él
usaba en Hogwarts, a continuación la costurera pronuncio el hechizo correspondiente y ante
los ojos del muchacho, la túnica y sus accesorios incluyendo las botas cambiaron de
tamaño.
—Listo Henry —dijo satisfecha, toco con su varita la mesa y la túnica con los
accesorios se acomodaron volviéndose a empaquetar por si solos.
—¿Eso es todo? —preguntó Harry.
—Así es, póntelo y verás que te quedará exacto, ahora váyanse que tengo mucho
que hacer —dijo Ña Dominga y se volvió a sentar en el enorme sillón, el libro volvió a
flotar frente a ella y la mujer continuó su lectura.
—Vamos Henry, te llevaré a tomar desayuno —dijo Ana.

27
Otra vez Harry seguía a la chica por los pasillos de la escuela, subieron una escalera
y al muchacho le pareció estar en algún elegante restaurante en vez del comedor de una
escuela, había mesas para cuatro personas cada una, cada mesa estaba cubierta de un mantel
blanco y tenía una flor en el centro, el recinto era bastante amplio, un bien surtido bufete
invitaba a servirse lo que se desee, Harry se encontraba frente a el sin saber exactamente
que escoger ya que aunque había alimentos que él conocía, la gran mayoría no le eran
familiares, Ana se ofreció a ayudarle y le dijo que sentara en una mesa y la esperara, el
muchacho así lo hizo, escogió una mesa al borde del solar que tenia vista al pequeño patio,
el aire que corría allí era refrescante, aunque el comedor no estaba lleno había una buena
cantidad de alumnos desayunando, observándolos se dio cuenta que el número de
estudiantes extranjeros era bastante amplio, otra cosa que dedujo fue que tenían que haber
varios comedores ya que este, aunque era bastante grande no podría albergar a todo el
alumnado.
Harry quedo boquiabierto al ver llegar a Ana con dos platos en las manos seguida de
dos duendes que impecablemente vestidos de blanco colocaban mas platos sobre la mesa.
—No creo que pueda comer todo esto —comentó intimidado el muchacho.
—No seas tonto, al final no me decidí por nada, así que te traje un poco de cada
cosa para que puedas probar —le dijo Ana.
—Parece que esos duendes te ayudaron —comentó Harry.
—La verdad les dije que tú eres nuevo y que querías elegir cual sería tú platillo
preferido aquí en sudamérica.
Los duendes ofrecían amablemente y con sonrisas en el rostro sus paltillos a Harry,
pero por debajo de la mesa se lanzaban patadas y codazos, al parecer estos pequeños chefs
estaban muy orgullosos de sus artes culinarias y la competencia entre ellos era muy dura, el
joven mago se quedó paralizado al ver a un tercer duende que también con una sonrisa en el
rostro, se estacionaba a su lado con un carrito repleto de comida.
Harry probo un poco de cada cosa, las “humitas”, las cuales había de varios colores
desde las azules hasta las rosadas le llamaron la atención, estuvo a punto de quemarse el
paladar cuando probó un poco de tamal de rocoto luminoso, tuvo que tomar un vaso
completo de chicha plateada para calmar el ardor, cuando probó los postres dulces, decidió
que la “Leche azada” era su favorita, uno de los duendes que al parecer era el maestro
pastelero, inflando el pecho orgullosamente le dio un apretón de manos, los otros dos
estaban con las caras largas y sólo se retiraron apesadumbrados, aunque la mayoría de
cosas que probó le encantaron, lo que mas le gustó fue esa sensación de anonimato, de ser
uno mas, aunque era nuevo en esa escuela, nadie se le quedaba mirando con curiosidad,
siempre había deseado que su fama como “el niño que vivió” desapareciera y aquí, en estas
tierras, tanto Voldemort como él mismo no causaban mayor revuelo, él era simplemente
Henry Weasley estudiante de intercambio, un estudiante extranjero más, si no fuera por los
amigos que tenía en Hogwarts y por Dumbledore, realmente estaría tentado a pedir su
transferencia a este colegio.
Mientras Harry desayunaba conversando con Ana, confirmó sus sospechas sobre las
múltiples nacionalidades del alumnado, incluso se enteró que en el equipo de quidditch
habían dos alemanes y una finlandesa, de pronto, bajo ellos una pequeña procesión de
estudiantes cruzo el patio y todos los chicos que desayunaban se levantaron de sus mesas
para verlos mejor, en el centro del grupo que cruzaba el patio se podía distinguir a un
alumno vestido de rojo, no llevaba túnica, su traje más parecía una armadura ligera parecida
a la de los esgrimistas muggles, el chico era mayor que Harry, fornido y malencarado a

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pesar de que sabía que era observado no desviaba su mirada ni saludaba, definitivamente el
joven inspiraba respeto.
—¿Quién es? —finalmente preguntó Harry.
—Él es Dacio Sereika, el duelista de los cráneos rojos, es el rival de Carlos —.
Contesto la chica, el tono de su voz delataba su preocupación.
—Entonces el torneo de duelos ya esta por empezar.
—Así es Henry, dentro de cinco minutos.
—Creo que ya e comido demasiado —dijo Harry.
—Sí, será mejor que no comas más, recuerda que estas a punto de jugar la final de
quidditch.
—Sí, no es bueno jugar con el estómago pesado —convino Harry.
—Bueno Henry, ven conmigo, conozco un buen lugar para ver el torneo—. Dijo
Ana levantándose de la mesa.
Caminaron cruzando pasillos y solares, finalmente subieron otra escalera que daba a
un pasillo y llegaron a una puerta que era la entrada de una pequeña habitación de madera.
Una vez en el interior Ana empezó a abrir las ventanas, estaban en un balcón de la época de
la colonia que tenía un espléndida vista del patio principal.
—¿Aquí es donde se llevan a cabo los juegos? —preguntó Harry.
—Es el patio principal, aquí es donde toda la escuela se reúne para celebrar algo ó
cuando la directora debe hacer algún anuncio importante, esta vez lo han acondicionado
para ser el escenario del torneo de duelos —explicó Ana.
El amplio patio estaba repleto de gente, estudiantes y varios magos mayores, tal vez
profesores y los padres de los estudiantes, al centro una plataforma larga y rectangular de
unos dos metros de ancho y sesenta de largo era el escenario donde se batirían a duelo los
dos finalistas, tras la plataforma, exactamente en el lado opuesto de donde se encontraba
Harry se alzaba un estrado, en el que estaban instalados los invitados de honor, allí Harry
pudo distinguir a la profesora Thompson.
—¡Damas y caballeros! —anunciaba la directora —bienvenidos a la final del torneo
de duelos de “Las mini Olimpiadas de Cachiche”, los finalistas son: ¡Dasio Sereika de los
Cráneos Rojos! —una salva de aplausos y gritos apoyando al muchacho estalló de pronto
—. Y ¡Carlos Valuarte del equipo Samheim! —los aplausos y gritos de apoyo a Carlos no
se hicieron esperar, ambos duelistas subieron por el centro de la plataforma.
—Recuerden las reglas —, prosiguió la profesora Thompson— el duelo no
terminará hasta que uno de los contrincantes caiga fuera de la plataforma, pierda su varita,
quede sin sentido ó se rinda. No están permitidos los hechizos explosivos, además
recuerden, una vez realizado un ataque si el rival no ha caído, el mago atacante tendrá que
esperar a que su rival ataque para poder lanzar otro ataque. caballeros tomen sus posiciones,
¡y que gane el mejor!—. Dijo la directora con una entonación digna de un presentador de
peleas de boxeo.
Los duelistas se saludaron, luego pegaron las espaldas y se alejaron veinte pasos,
un silencio sepulcral reinaba en el lugar, cuando los contrincantes estaban en posición se
miraron por un segundo y luego empezaron su ataque, se lanzaron hechizos al mismo
tiempo los cuales chocaron en el aire y se desviaron, rozando a ambos contendientes, a
Carlos el hechizo de Dacio le rozó el hombro mientras que a Dacio el hechizo de Carlos le
rozó el brazo.
Nuevamente volvieron a la carga, el ataque fue simultaneo, pero esta vez los
conjuros chocaron directamente en el aire produciendo una violenta pirotecnia, Dacio logró

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recuperarse antes que Carlos, realizó un rápido y complicado movimiento con su varita, sin
decir palabra alguna lanzó una corriente de vapor que estuvo a punto de sacar a su rival de
la plataforma, a duras penas Carlos logró recuperarse, estaba sucio magullado y con un
hombro humeante pero ahora era su turno.
—¡Expelliarmus! —grito Carlos.
Dacio cogió su varita con ambas manos y se hizo un ovillo, el hechizo lo golpeó,
incluso lo derribó aparatosamente pero no logró quitarle la varita de las manos.
Carlos pudo haber atacado pero caballerosamente esperó a que Dacio se ponga de
pie, tan pronto estuvo en posición el duelista rojo ataco.
—¡Senimenta! —gritó Dacio y una luz azul intenso salió de su varita directo al
pecho de su rival.
—¡Espectiom Bumenemicus! —gritó a su vez Carlos y el hechizo de Dacio rebotó
en una especie de escudo invisible y se desvió trazando una curva en el aire con dirección
hacia el pecho del asombrado duelista rojo.
Dacio no atinó a hacer nada, la luz azul lo golpeó de lleno, los ojos se le pusieron en
blanco y calló al suelo sin sentido. Nuevamente se hizo un silencio total, Harry vio a Oshta
el duende correr hacia el cuerpo del caído, le dio un par de bofetones, luego se levantó y le
hizo una señal a la directora que jubilosa anuncio:
—¡El ganador es Carlos Valuarte del equipó Samheim!.
Estallaron los aplausos y los gritos de júbilo, un grupo de compañeros levantó en
hombros a Carlos, mientras lo paseaban por el enorme patio, el joven levanto la vista y su
mirada se cruzó con la de Ana en el balcón, rápidamente sacó de entre sus ropas el pañuelo
que la chica le había dado, lo sostuvo en el aire sonriendo sin dejar de mirar a Ana, ella
aplaudía rabiosamente mientras sus ojos se llenaban de lagrimas, Harry no le pregunto
nada, pero al parecer entre su nueva amiga y el duelista había algo mas que amistad,
además por los comentarios que escuchaba este era un momento histórico, Carlos Valuarte
un chico de su edad, era la medalla de oro de este año, se había proclamado como el
campeón de duelos más joven en la historia de la escuela de Cachiche, Harry también
aplaudía, después de todo él era parte del equipo Samheim.

30
8

¡Quidditch!

Fue un momento emocionante, Harry estaba muy contento, esta vez había sido el
espectador no el protagonista, y experimentar esa sensación también era muy agradable,
aunque debió reconocer que se sufre mas en las tribunas, Ana estaba ahora muy tranquila.
Harry aprovechó para preguntarle sobre el hechizo que usó Carlos para ganar.
—¿Qué hechizo fue ese? —interrogó.
—El espejo bumerang, si te lanzan un hechizo, este rebota y regresa directo a su
punto de partida volviéndose en contra de quien te lo mandó, no es efectivo contra las
maldiciones imperdonables y depende del poder del mago que lo realiza.
—¿Qué quieres decir?
—Que si un mago más poderoso que tú te ataca, no podrás defenderte con este
hechizo, ya que la potencia que el otro mago le dará a su ataque será tal, que atravesará sin
problemas tú defensa.
Harry no estaba desilusionado al oír eso, después de todo Malfoy no era más
poderoso que él.
Una vez mas recorrían los pasillos de la escuela, esta vez con rumbo a la “guarida”
del equipo Samheim, se encontraron con un nutrido grupo de estudiantes, varios de los
cuales saludaron a Ana.
—Hola Anita, ¿qué te pareció el triunfo de Carlos? —le preguntó uno de los chicos.
—Que te puedo decir, estoy feliz ¿cómo vamos con el puntaje? —preguntó a su vez
Ana.
—Estamos empatados con los Cráneos Rojos, si ganamos en el quidditch seremos
los campeones—. Respondió otro muchacho.
—¿Quién es tu amigo? —interrogó otro.
—Oh si, él es Henry Weasley de Gran Bretaña, es el nuevo buscador del equipo.
Al oír esto dos chicos flanquearon a Harry y lo obligaron a acelerar el paso.
—Mucho gusto Henry, Crisolo nos hablo de ti, debemos llevarte de inmediato a la
sala de reuniones del equipo —dijo un chico que parecía ser el líder.
Anita se quedo parada y no siguió con ellos, al darse cuenta de eso Harry se detuvo
y le preguntó—. ¿Qué pasa Ana, no vienes?.
—No, Henry ahora ellos serán tus guías, yo iré a la enfermería a ver como esta
Carlos.
Harry se acerco a la chica con la intención de darle la mano y despedirse pero
cuando estuvo cerca de ella esta le paso los brazos por el cuello lo abrazó y le dio un beso,
Harry estaba algo incomodo, no por la calidez del carácter de la chica, si no por que no le

31
gustaría que alguno de los chicos le pudiera contar a Carlos el Campeón de duelos, lo
cariñosa que ella fue con él.
—¡Buena suerte Henry, sé que lo harás muy bien!
—¿No hay pañuelo para mí? —bromeo Harry.
Ella simulo darle una cachetada y sonriendo le dijo —no seas bandido, tendrás que
conformarte con el abrazo.
Harry se dio vuelta y se dirigió al grupo de chicos que lo esperaba, ni bien estuvo
con ellos los muchachos volvieron a formar una especie de anillo de seguridad alrededor de
él.
Cuando Harry y su escolta entraron al recinto que era la guarida del equipo
Samheim, se dio cuenta del por que los chicos se comportaban así con él, a pesar que la
mayoría de los estudiantes estaban volviendo de haber espectado la final del torneo de
duelo, el movimiento de gente era frenético, incluso había un chico pidiendo los últimos
reportes de inteligencia sobre los movimientos de cada miembro del equipo de quidditch de
los Cráneos Rojos, al parecer había alumnos que fungían de espías y mandaban informes
sobre los demás equipos, en esta ocasión todo era sobre los Cráneos Rojos ya que ellos eran
el último rival a derrotar. Harry nunca había visto algo como eso.
Fue conducido hasta una pequeña puerta, el chico que lideraba el grupo la toco tres
veces, Crisolo asomó la cabeza y al ver a Harry dijo:
—¡Henry!, ¿qué haces vestido así?, ponte la túnica de quidditch y vuelve aquí lo
más rápido que puedas—. Luego cerró la puerta.
Dos de los chicos guiaron a Harry hasta los vestidores, se cambio de ropa
rápidamente y quedo sorprendido de lo bien que le quedaba su túnica, sin duda Ña
Dominga era una experta en su trabajo.
Al salir, notó que el frenético movimiento había cesado, ahora todos estaban sin
hacer nada, formados en grupos habían estado conversando pero cuando él salió de los
vestidores todos lo quedaron mirando, un joven con una pierna enyesada se le acercó y
apoyándose sobre una muleta le dio un apretón de manos y dijo:
—Buena suerte buscador, no te preocupes demasiado, simplemente has tú mejor
esfuerzo y disfrutá el juego —aunque habló en Español su acento era distinto al de los otros
chicos.
—Muchas gracias —respondió Harry, luego caminó hasta la puerta de la sala de
reuniones y toco tres veces, en esta ocasión la puerta se abrió sola y el muchacho escuchó.
—Entra Henry—. Era la voz de Crisolo que estaba al fondo del pequeño salón
parado frente a una pizarra, la sala de reuniones del equipo de quidditch, era pequeña, tenía
únicamente seis carpetas y una pizarra, los únicos adornos que había en las paredes eran el
emblema del equipo y un cuadro en el que cinco individuos bebían celebrando quien sabe
que.
—Equipo él es Henry Weasley y como ya sabían es nuestro nuevo buscador, Henry,
los dos rubios son nuestros golpeadores, son alemanes, como los dos se llaman Helmut los
llamamos Helmut primero y Helmut segundo —dijo Crisolo.
—No hay parentesco entre nosotros —le dijo Helmut segundo a Harry.
—Él es Gael— Crisolo continuó con las presentaciones —es nuestro guardián —
dijo señalando a un atlético joven que a su vez levantó la mano saludando a Harry.
—Él es Justo Villalobos —es nuestro cazador estrella —un bajito y delgado
muchacho asintió con la cabeza.
—Y la única dama del equipo llego desde Finlandia, es la cazadora Tarja Gronholm.

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Después que Crisolo hizo esta presentación, una hermosa chica de cabello castaño,
piel blanca y penetrantes ojos azules volteo para ver al recién llegado, Harry quedó
sorprendido por la belleza de Tarja, sin embargo su mirada y las facciones de su rostro
indicaban que se trataba sin duda alguna de una joven ruda.
—Este es el estudiante de ultimo minuto, tiene ojos verdes —dijo la cazadora sin
dejar de mirar a Harry, quien bajo la mirada avergonzado.
—Los otros profesores podrían hacer reclamos —advirtió Gael.
—Ese es problema de la directora, ya hablamos sobre el asunto, si ella lo ha
colocado en el equipo es por que puede hacerse—. Manifestó el capitán.
—No sabemos como juega —dijo Helmut primero.
—Yo confío ciegamente en la directora, si ella quiere que juegue es por que sin
duda se trata de un gran buscador—. Dijo Crisolo.
Por unos minutos todos se quedaron en silencio, Harry se sentía muy incomodo con
esa situación, quería decirles que lo sentía, que no quería ser un problema y que podían
traer al antiguo buscador, él le explicaría a la profesora Thompson, estaba apunto de abrir la
boca cuando Helmut segundo dijo:
—Además Pedro no hubiera podido hacerlo, desde que amaneció estaba de color
verde y tenía las piernas de mantequilla.
—¿No crees que lo hechizaron? —preguntó Gael.
—¿Hechizado?, ¡Ja!, estaba tan nervioso que cuando se enteró que tenía reemplazo
y no jugaría no podía creerlo, ahora esta feliz preparando la barra para animar al equipo.
—Entonces no se vuelva a hablar más del asunto, toma asiento Henry —le indicó
Crisolo a Harry, al sentarse se dio cuenta que frente a el en la carpeta, había 8 pergaminos,
cada uno era una ficha personal de cada miembro del equipo de quidditch de los Cráneos
Rojos, todos los datos necesarios e innecesarios de esos chicos estaban allí, desde sus
fortalezas y debilidades como jugadores, hasta su comida favorita y el nombre de sus
mascotas, Harry se quedó asombrado de semejante trabajo de espionaje.
Crisolo inició su charla técnica, en su esquema el capitán, es decir él, era un cazador
retrasado, en Perú ese tipo de jugador se llamaba medio, él repartiría la Quafle a los
cazadores, en caso de ser bloqueado los golpeadores asumirían esa función, yéndose al
ataque los dos Helmut era muy eficaces, habían aprendido a volar sin usar las manos,
podían llevar la quaffle con una mano mientras sostenían su bat con la otra, cuando esto
pasaba no era muy común que perdieran la quaffle, quitarle el balón a alguien armado con
un bat no era recomendable.
De cuando en cuando Crisolo tenía que hacer callar a los bebedores del cuadro que
lo interrumpían criticando sus estrategias y dándole disparatadas sugerencias. Harry estaba
empezando a preocuparse, el último de los pergaminos era un informe, no del rival si no de
las propias debilidades del equipo Samheim, allí se detallaba la campaña del equipo, cómo
perdieron a tres de sus miembros titulares, al ver las fotos de los lesionados reconoció al
chico de la muleta que le deseo suerte antes de entrar, se llamaba Antonio Artime era de
nacionalidad Argentina, originalmente él era el capitán, al quedar fuera por lesión, a Crisolo
se le dio el puesto, Harry no estaba sorprendido por las lesiones, cada vez que él jugaba en
Hogwarts con el equipo de Gryffindor, las lesiones eran frecuentes, en Gran Bretaña los
torneos eran largos y había tiempo para recuperarse de sufrir alguna lesión seria, si los
torneos fueran cortos como estas mini olimpiadas, sin duda alguna se tendría que recurrir a
nuevos alumnos para cubrir los puestos vacantes que dejarían los lesionados.

33
Lo que realmente preocupaba a Harry era el nivel de juego, no por nada Perú había
llegado a las semifinales del mundial de quidditch, estos chicos tenían que ser buenos, por
si fuera poco las estrellas del equipo rival, el colombiano Jesid Lorgia quien era cazador y
Jeremías Candela quien era el buscador, tenían contratos firmados para ir a jugar a clubes
europeos cuando terminaran la escuela, es decir, estos tipos eran nada menos que
semiprofesionales y por si fuera poco Harry tendría que sostener un duelo con uno de ellos.
Observó a sus compañeros de equipo, todos eran mayores que él, salvo el capitán
Crisolo, que era de su edad, el chico era un gran líder sin duda, los dos golpeadores daban
la impresión de ser fríos como témpanos de hielo, Gael el guardián estaba en plena forma,
aunque era un suplente al comenzar el campeonato, ahora era el titular indiscutible, Justo
era bajo y delgado pero eso no impedía que fuera el mejor cazador de todos, Tarja era
también una suplente que ahora era titular, era una buena cazadora, en el partido de
semifinales sus anotaciones le dieron el pase a la final al equipo Samheim, por que, aunque
los rivales cogieron la Snitch, estaban tan abajo en el marcador que esto no les sirvió de
nada, y estaba él, Harry Potter, buscador, campeón de la última copa de quiddditch de
Hogwarts jugando por Gryffindor, eso no era poca cosa, si pudiera decirles eso a sus
nuevos compañeros de equipo, seguro lo mirarían con otros ojos.
Crisolo culminó su charla técnica, y dijo:
—Equipo ya es hora, solo me queda pedirles que dejen la piel en el campo de juego,
recuerden que con este evento se decide todo, si ganamos la copa Quidditch, ganaremos las
mini Olimpiadas, les deseo buena suerte a todos.
Alguien toco la puerta y del otro lado gritó —¡Ya es hora Crisolo!
—¡Ya vamos! —contestó el capitán de Samheim.
Todos se pusieron de pie al mismo tiempo y salieron ordenadamente de la pequeña
aula.
—¡Buena suerte chicos! —gritaban despidiéndose los bebedores del cuadro.
Harry fue el primero en salir, nuevamente el equipo de seguridad de Samheim
empezó a actuar, esta vez en mayor número los chicos escoltaban a todos los jugadores.
¿Qué pensarán?, ¿que alguien va a tratar de lesionarnos para que no juguemos?,
pensó Harry bastante incomodo ante este despliegue de seguridad que él consideraba
ridículo.
Como leyendo su mente Crisolo se acercó a él y susurrándole al oído le dijo:
—Hace 40 años un alumno desquiciado atacó y mato a dos jugadores del equipo de
quidditch rival al suyo, desde entonces los equipos de seguridad son una costumbre durante
todo el tiempo que duran las mini olimpiadas.
Harry recordó al duelista de los Cráneos Rojos que él vio desfilar, también tenía un
séquito de alumnos que lo rodeaban, sin duda eran su escolta.
Al salir por la puerta principal se vieron rodeados por una nutrida procesión,
compuesta por alumnos, padres de familia y personal de la escuela, a juzgar por el número
Harry dedujo que toda la escuela debía estar allí, al volver a ver el frontis de la escuela
el joven mago quiso saber el significado de esa frase en latín.
—Esa inscripción en latín, ¿qué significa?
—“Lo que la naturaleza no da, Cachiche no lo pone”, le damos dos significados,
uno es que si la naturaleza no te hizo mago, pues no tienes nada que hacer aquí, el otro
significado es que si naciste bruto, esta escuela no te arreglará —Le dijo Crisolo.

34
Pasaron junto a una entrada que el muchacho no había notado cuando llegó a la
hacienda, esa entrada conducía a un enorme viñedo y flotando sobre el, pudo ver a una
mujer fantasma.
Justo, el cazador, también la había visto y tocando en el hombro a Harry dijo:
—Desde sus inicios uno de los ingresos económicos más importantes de la escuela
es la venta de vinos, por eso tenemos ese enorme viñedo, a esa fantasma le decimos la
Llorona, ahora no hace escándalo, pero en las noches puede ser insoportable, sin embargo
que ande de paseo en la huerta significa que la cosecha será buena, incluso los muggles del
pueblo cercano saben eso y se alegran cuando se pasea por sus sembríos.
Harry escuchó esto sin dejar de ver la aparición, ya le parecía raro que en esta
escuela no hubiera fantasmas, volteo la mirada al frente y notó que la procesión empezaba a
salir de la escuela con dirección al desierto.
—¿Vamos al desierto? —preguntó Harry.
—Así es ojos verdes, el estadio esta allí—. Le contestó Tarja.
Desfilando hacia el estadio todos miraban al nuevo integrante del equipo Samheim,
Harry trató de cubrirse la cicatriz con el cabello, sentía que todos lo miraban y era lógico
por que el nuevo y desconocido buscador llamaba toda la atención, se sentía nuevamente
como Harry, no como el anónimo Henry, había vuelto a ser “el niño que vivió”, el que
todos querían ver, el que a donde fuera llamaba la atención.
—¡Massimo Gravium! —grito un alumno apuntando a otro con su varita, cuando el
hechizo golpeo a su victima, esta se hundió en la arena hasta la cintura, un profesor que
andaba cerca reprendió al alumno agresor y dijo— ¡Finite Incantatem!—liberando al chico
atrapado.
Aunque Harry estaba lejos, este incidente no paso desapercibido para él, Tarja se le
acerco por la espalda y le dijo:
—¿Qué pasa ojos verdes nunca habías visto ese hechizo?
—La verdad no, que son, ¿arenas movedizas? —preguntó Harry volteando para
mirar el rostro de la chica.
—No, eso podría parecer a primera vista, en realidad la victima aumenta
tremendamente su peso y se hunde en la arena. Este hechizo podría ser mortal si se lo haces
a alguien que esta nadando, ¿no lo crees ojos verdes? —dijo Tarja con una sonrisa
maliciosa en el rostro.
—Harry no la había visto sonreír, se veía más hermosa aún, el chico tuvo que cerrar
la boca y tragar saliva por que estuvo a punto de babear.
Finalmente se detuvieron, la profesora Thompson que guiaba a la masa humana,
hizo unos pases mágicos y recitó un largo hechizo, todos estaban en silencio, de pronto un
ruido sordo empezó a escucharse, poco a poco se hizo mas fuerte, hasta que de la arena
emergieron los seis aros del campo de quidditch, luego empezaron a surgir los muros del
enorme estadio, frente a los ojos de Harry apareció, echo totalmente de barro fundido al
sol, un hermoso estadio en medio del desierto.
El recinto deportivo no era muy grande, tal vez tendría capacidad para 2500
espectadores, pero sus muros estaban tan elevados que sin duda los asistentes no se
perderían ningún detalle del juego, las graderías estaban orientadas hacia los cuatro puntos
cardinales y de ellos recibían sus nombres, es decir, las tribunas se llamaban tribuna sur,
tribuna norte, tribuna oriente y tribuna de occidente, en esta última estaba ubicado el palco
de honor, allí la directora y sus invitados se instalaban para ver los partidos.

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También de la tribuna de occidente emergía una alta y delgada torre, la misma que
estaba destinada al uso de los comentaristas y el narrador del partido que como es lógico
necesitaban estar ubicados lo más alto posible.
Un grupo de alumnos previamente escogidos tomaron posiciones en las entradas y
empezaron a controlar que el ingreso al estadio se haga en orden, una tropa de duendes
empezó a colocar adornos e izar banderas con los colores de los equipos finalistas.
Harry y su equipo fueron llevados a un recinto especial dentro del coliseo, allí los
esperaba Oshta el duende, quien tenía listas las escobas y demás implementos que usarían
durante el partido.
Harry no había pensado en ese detalle, ¿qué escoba usaría?, ¿podría acostumbrarse a
ella en segundos?, sin embargo sus temores desaparecieron cuando Oshta le entregó la
escoba que usaría.
—¡Una Saeta de Fuego! —gritó gratamente sorprendido el muchacho.
—La directora ordenó que usted usara esta señor —. Le dijo Oshta.
—Dile que se lo agradezco —contestó alegre Harry, mientras sostenía la escoba
comprobando su peso.
La estancia en la que se encontraban únicamente tenía dos entradas, la puerta por la
que entraron y una especie de tragaluz a un metro y medio del suelo, era evidente que la
única forma de salir por allí, era trepado en una escoba, Oshta les indico el orden en el que
debían estar para salir, el capitán Crisolo saldría primero, luego el guardián, los
golpeadores, los cazadores y finalmente el buscador.
El tragaluz estaba cubierto por una enorme pancarta de papel que tenía impreso el
emblema del equipo Samheim, el sol se filtraba a través de la pancarta y traslucía el dibujo
hacia el interior del recinto, Harry miró el símbolo de su equipo, por un momento no podía
creer lo que estaba pasando, estaba a punto de jugar la final de un torneo de quidditch en el
Perú y pensar que esa mañana se escapo de Privet Drive únicamente con la intención de
vagar unas horas por las calles de su barrio.
—¡Monten en sus escobas! —ordenó Crisolo.
Todos lo hicieron y empezaron a elevarse hasta quedar a la altura del tragaluz,
Oshta, que no separaba la mirada de un enorme reloj que sostenía en la mano, le dio la
orden de salir al capitán, Crisolo avanzó a toda velocidad y atravesó la pancarta de papel, al
mismo tiempo se escuchaba que se anunciaba su nombre, los aplausos, gritos y cánticos
retumbaron por todo el estadio, la pancarta que estaba rota se regeneró quedando como
nueva, así que cada vez que un jugador salía la tenía que romper nuevamente, a medida
que salían sus compañeros Harry sentía un poco de nerviosismo, recordaba su primer
partido, recordaba como todos esos nervios desaparecían apenas estaba en el aire, desde esa
primera experiencia cada vez que jugaba quidditch era así, siempre había nervios, pero se
esfumaban cuando salía al campo de juego, finalmente llegó el turno de Harry.
—Buena suerte señor, ¡salga ahora! —indicó Oshta.
Harry salió disparado rompiendo la pancarta, ante sus ojos, un repleto estadio
temblaba producto de la efervescencia de los emocionados espectadores, el nombre de
Henry Weasley había sido tan aplaudido como los nombres de los demás jugadores.
Harry se reunió en el aire con sus compañeros, Crisolo le dio una ultima indicación:
—Henry, tú preocúpate solamente por la snitch.
Nuevamente los recuerdos de su primer juego asaltaron su mente, recordó a Wood
su primer capitán, las indicaciones que él le dio en su primer partido fueron las mismas y
este era también su primer partido jugando para otra escuadra.

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Tomo posición elevándose mas alto que los otros miembros de su equipo. Sus
rivales estaban frente a ellos, pudo ver al buscador de los contrarios, era un joven de piel
color chocolate, alto, delgado, sus brazos eran largos y sus manos enormes, sin duda eso le
daba una gran ventaja sobre Harry, de pronto, sus miradas se encontraron y el chico le
sonrió, pero lejos de ser una sonrisa amistosa esta era desafiante y venía acompañada de un
protector bucal.
¿Un protector bucal?, este sujeto va a jugar quidditch ó a boxear, pensó Harry.
—¡Buenos días damas y caballeros!, ¡les saluda Rodo Ross! —la voz del narrador
se escuchó por todo el estadio. —¡Y estamos aquí nada menos que, para presenciar la final
del campeonato anual de quidditch!
Los aplausos y gritos de la multitud le devolvieron el saludo.
—Me acompaña un invitado muy especial, el señor Gonzalo Kajat, ex seleccionado
nacional, quien tendrá a su cargo los comentarios de este encuentro.
—Saludos Rodo y saludos a toda la afición reunida aquí, esperamos ver un gran
juego hoy.
—Así es Gonzalo, antes de empezar debemos agradecer a los mukys, nuestros
amigos los duendes mineros, quienes han donado una hermosa copa de oro para el campeón
de este año.
Un hombrecito que usaba unas gafas que más parecían binoculares vestido todo de
negro se elevó con la quaffle en las manos, al parecer él sería el arbitro de este encuentro,
acto seguido lanzó el orbe por los aires iniciando el partido.
Los cánticos y los gritos de aliento que provenían de las tribunas eran imparables.
—¡Y comenzó el partido! —gritó Rodo Ross, su narración tenía una velocidad de
cien kilómetros por hora y por momentos hablaba tan rápido que era difícil entenderle.
Harry, desde su elevada posición era un espectador privilegiado, comprobó casi de
inmediato que el estilo de Crisolo era súper agresivo, todo el equipo atacaba en conjunto,
incluso Gael el guardián llego a subir hasta el medio campo en dos ocasiones sumándose al
ataque.
Una espectacular maniobra de Crisolo arranco aplausos del publico, eludiendo dos
bludgers y a dos rivales se coloco en posición de tiro, pero el guardián del equipo rival
adelantándose le salió al encuentro bloqueando su disparo, sin embargo el capitán del
equipo Samheim no se inmutó, y sin voltear para ver quien venia tras él, lanzó la quaffle
sobre su cabeza, prácticamente de la nada apareció Tarja veloz como un rayo, la chica venia
montada en su escoba como un cosaco ruso apunto de hacer alguna acrobacia, todo su
cuerpo estaba del lado derecho, usando el pie izquierdo como si fuera un gancho se
mantenía sobre la escoba y su pierna derecha tomaba impulso para lanzar un golpe, logró
así conectar una furibunda patada, enviando la quaffle a través del tercer aro sin problema.
—¡Un cañonazo!, ¡Diez puntos para el equipo Samheim! —gritó el narrador.
—¡Crisolo hizo el pase sin mirar a su compañera!, ¡Increíble!, sin duda ensayaron
mucho esta jugada —comentó Gonzalo Kajat.
Harry descubrió que la técnica llamada cañonazo, consistía en lanzar la quaffle a los
pies del compañero para que este pueda conectar una fuerte y precisa patada, de esta
manera la quaffle se convertía en un proyectil casi imparable por la potencia con la que
salía disparada. Se requería practica, por que la maniobra corporal usada para la patada era
una verdadera acrobacia aérea.

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Por desgracia los cañonazos eran usados por ambos bandos y para desventaja del
equipo Samheim, entre los Cráneos Rojos había un jugador que tenía como apodo “El
Mulo”, quien era capaz de anotar desde el medio campo.
Se jugaba con mucha rudeza y velocidad, pero el arbitro estuvo a la altura, al
parecer los anteojos que usaba y que lo hacían verse como un topo, estaban encantados y le
permitían observar todo con una agudeza digna de un halcón.
Harry se mantenía a la expectativa, de pronto allí estaba, a diez metros de distancia
a las dos en punto, un brillo dorado le indicaba la presencia de la snitch.
Como un rayo el chico se dirigió hacia aquel fulgor, al percibir que era perseguida la
pequeña esfera dorada inició maniobras evasivas, Harry no le quitaba la vista de encima,
estaba concentrado en coger esa esferita, sin embargo pudo oír ese ruido, el ruido de una
escoba deslizándose cerca de él, volteo la cabeza para ver si lo seguían pero no había nadie,
ni atrás, ni a su derecha, ni a su izquierda.
—¡Hey Weasley! —Harry escucho que lo llamaban, lentamente bajo la mirada y se
encontró cara a cara con Jeremías Candela, el buscador de los Cráneos Rojos, quien volaba
debajo de él, pero de cabeza, si Harry hubiera estado volando sobre el agua Jeremías habría
sido su reflejo.
El buscador rojo volvió a colocarse su protector bucal, nuevamente le dedicó una
sonrisa a Harry y aceleró cruzándose frente a él, el chico tuvo que maniobrar para no
chocar, ahora estaba tras Jeremías quien se acercaba peligrosamente a la snitch, apretó los
dientes y también aceleró, llegó a colocarse al costado de su rival, la caprichosa esfera
dorada cambió de curso y se acercó peligrosamente a la tribuna muy cerca del público
espectador, sus dos perseguidores no le perdían el rastro, ambos pasaron tan cerca que
Harry pudo ver el azul de los ojos de la profesora Thompson.
Una bludger salió de la nada y golpeo la escoba de Jeremías, estuvo a punto de
hacerlo caer pero pudo sostenerse, sin embrago tuvo que parar en seco dejando al buscador
de Samheim como único perseguidor de la snitch, Harry pudo ver a Helmut segundo
levantando triunfante su bat
La alada esfera dorada siguió volando en línea recta, el joven mago que la seguía
estaba cerca, concentrado en atraparla, Harry no advirtió que uno de los golpeadores del
equipo rival se había tomado la revancha, lanzando una bludger contra él, cuando se
percato de la pelota ya era muy tarde, recibiría el impacto en la cabeza, lo único que atinó a
hacer fue levantar un brazo para tratar de cubrirse el rostro.
Cuando el chico solamente esperaba sentir el impacto, alguien apareció de la nada y
se interpuso entre la el y la bludger, recibiendo el fuerte golpe. Harry horrorizado descubrió
que su salvadora había sido Tarja que ahora se desplomaba en caída libre sin su escoba.
—¡Henry tú concéntrate en la snitch! —gritó Crisolo con todas sus fuerzas.
El primer impulso de Harry fue ir en ayuda de Tarja, pero al ver a Helmut Primero
bajar en picada para rescatar a la chica, se limitó a seguir al Alemán con la mirada, faltando
seis metros para tocar el suelo, Tarja fue rescatada.
Harry volvió a concentrarse en su persecución de la snitch pero ya no estaba solo,
Jeremías había vuelto a la carga, otra vez los dos buscadores estaban codo a codo tras la
esfera dorada.
Esta vez la pelotita inició un asenso de noventa grados, los dos buscadores no la
perdían de vista, de pronto la caprichosa snitch se detuvo en el aire y arremetió contra sus
dos perseguidores pasando entre ellos, ambos trataron de cogerla pero, se estorbaron
mutuamente (Harry sintió que la rozaba con la punta de los dedos).

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Ahora la snitch se dirigió hacia la torre del estadio, su curso era de colisión,
Jeremías y Harry se mantenían a tres metros de distancia tras ella, se acercaban
peligrosamente a la torre, la pequeña esfera alada no daba señales de querer alterar su
curso, sin embargo, lejos de disminuir su velocidad Harry pego el cuerpo al palo de la
escoba y aceleró aún más.
¡Atrapa la snitch ó muere en el intento!, la frase que una vez le dijera Wood, su
antiguo capitán, resonaba en la cabeza del joven mago, quien en ese momento no tenía ojos
para ninguna otra cosa que la dorada pelotita.
En el último segundo la snitch evitó el choque contra la torre, elevándose y entrando
por una de las pequeñas ventanas que servían de iluminación para la estrecha escalera que
la estructura tenía en su interior, Jeremías decidió esquivar la torre desviándose hacia un
costado, a duras penas lo logró, pero Harry se decidió por una maniobra suicida, sin
disminuir su velocidad entró por la pequeña ventana, lo que paso a continuación sucedió en
fracciones de segundo, el temerario mago esquivó por centímetros la escalera y se encontró
con la snitch que no había podido salir por la ventana del otro lado ya que esta no estaba
abierta, el chico estiro la mano y la cogió, luego se hizo un ovillo sobre su escoba y
atravesó la ventana rompiendo el cristal, su salida de la torre en medió de cristales rotos fue
espectacular, los espectadores quedaron tan asombrados por esto que todo el estadio fue
invadido por un repentino silencio.
Harry se detuvo, se toco la cara buscando algún corte, pero nada, entre su alborotada
cabellera un cristal había quedado atrapado, el chico lo saco y sintió que su textura era rara,
se lo llevo a la boca y comprobó que era de caramelo, dirigió su mirada al estrado de honor
y llego a ver como la profesora Thompson se guardaba la varita entre sus ropas, ambos se
miraron mutuamente, luego Harry con un sonrisa en el rostro, levantó la mano derecha
mostrando la snitch entre sus dedos.
—¡Henry Weasley tiene la snitch!, ¡El equipo Samheim Gana! —. Gritó el narrador.
El estadio casi se viene abajo, los gritos de triunfo, los cánticos, los abrazos, los
brincos, todo se mezclo en un frenesí de algarabía indescriptible, Harry empezó a
descender, Crisolo se colocó a su costado, con lagrimas en los ojos le dio la mano y le dijo:
—¡Eres el más grande buscador que e conocido en toda mi vida!, ¡somos
campeones Henry!.
Harry no contestó nada, solamente pudo sonreír, estaba emocionado, a pesar que ya
sabía lo que era ser campeón, saborear esos momentos era genial, tocaron tierra
reuniéndose con los demás miembros del equipo, los dos Helmuts sostenían a Tarja que aún
estaba algo mareada, Harry se acercó a ella y le dijo:
—Gracias por salvarme allá arriba.
—De nada ojos verdes, ¡bien valió la pena ese golpe!, ¡ven acá! —la chica abrazó a
Harry y le dio un sonoro beso en la mejilla, las hormonas del chico burbujearon como el
agua al hervir.
Gael y Justo se abrazaban y saltaban, un pequeño estrado emergió de la arena al
centro del campo de juego, unos duendes lo decoraron rápidamente con los colores del
equipo Samheim, a continuación la directora subió al estrado seguida por Oshta que
sostenía la copa.
Los jugadores del equipo campeón empezaron a subir para recibir sus medallas,
primero lo hicieron los suplentes y los lesionados, allí estaba Artime, el argentino que fue el
primer capitán, los chicos lesionados incluso Pedro el buscador, el chico al que Harry dejó
sin jugar estaba allí recibiendo su medalla dorada, llego el turno de los héroes de ese día

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primero fue Tarja, quien prefirió recibir su medalla primero y luego ir a la enfermería, la
siguieron los Helmuts, el pequeño Justo y Gael el guardián, cuando llego el turno de Harry
y estuvo frente a la directora le dijo:
—Gracias por el caramelo.
—No hay por que, te felicito por tu valor y te doy las gracias por ganar el
campeonato.
—Yo no lo hice solo.
—Claro que no, pero eres el héroe del día.
Harry no pudo decir más, tenía que salir para que Crisolo recibiera su medalla y la
copa, cuando el capitán de Samheim levantó la copa, una lluvia de papel picado empezó a
caer sobre el estadio, se escucharon fuegos artificiales, nuevamente todos se abrazaban y se
felicitaban, el equipo Samheim era el campeón, no sólo del quidditch, sino también de las
mini olimpiadas mágicas de Cachiche.

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9

La plaga antimagia

Harry y sus compañeros de equipo volvían a la escuela hacienda, la alegre procesión que
ahora los acompañaba ya no incomodaba al muchacho, se sentía parte de ellos, y aunque
apenas lo conocían, todos se comportaban con él como si fueran amigos de años.
Una vez en la hacienda enrumbaron hacia su guarida, en el camino Harry vio que
Oshta lo esperaba en una esquina, el duende le hizo señas para que se acercara a él, el
muchacho les dijo a los demás que siguieran, que el se encontraría con ellos luego, se
separó del grupo y fue al encuentro de Oshta.
—Señor Harry Potter, la directora solicita su presencia en el salón de los portales
inmediatamente —. Dijo el duende.
—¡Soy Henry Weasley!, ¡¿qué no te acuerdas?!
—Eso ya lo sé, pero como estamos solos aquí lo llame por su verdadero nombre
para asegurarme que comprendiera que el mensaje era para usted —explicó Oshta.
—Ajá, para la próxima vez no me subestimes tanto, ahora vamos con la profesora
Thompson.
—Muy bien, sígame señor Pot... quiero decir señor Weasley.
Al llegar a la sala del portal Oshta deja solo a Harry frente a la puerta y se retira, el
muchacho decidió tocar la puerta antes de entrar.
—Pasa Harry —le dijo la directora desde adentro, al mismo tiempo la puerta se
habría por si sola.
—¿Qué ocurre profesora Thompson? —interrogó Harry entrando en la habitación.
—Debes volver de inmediato a Gran Bretaña —dijo la directora cuyo semblante era
sombrío.
—¿Por qué?, ¿qué a pasado?
—Hay un intruso en la escuela, encontramos su ropa y se la enseñamos a tú amigo
el Auror, dijo que pertenece al hombre que ustedes perseguían.
—¿Encontró su ropa?, entonces esta disfrazado —razonó Harry.
—Y muy bien disfrazado, también descubrimos que los ingredientes exactos para
preparar la poción multijugos desaparecieron del almacén.
—Eso quiere decir que...
—Que puede ser cualquiera.
—Por eso quiere que me valla, pero, puedo ayudar.
—No Harry, es muy arriesgado.
—¿Los alumnos ya fueron informados?
—No, dentro de diez minutos todos se reunirán en sus guaridas designadas, e
instruido a los profesores para que los pongan sobre aviso.

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—Si hace eso el intruso sabrá que fue descubierto.
—Harry no puedo arriesgar la vida de mis alumnos.
—Si, eso lo comprendo, entonces solo tengo diez minutos.
—Espera, ¿qué pretendes? —interrogó la profesora.
Por toda respuesta Harry echo a correr gritando —¡Ya lo vera!.
—Qantrish ve con él—. Le ordenó la profesora a su gato.
El impulsivo muchacho corría por las instalaciones de la escuela, su intención era
llegar a la enfermería, pero como no conocía el camino tenía que llegar a la guarida del
equipo Samheim y pedirle a alguien que lo guíe, desgraciadamente no recordó el camino a
la guarida, estaba perdido.
—¡Que idiota! —se recriminó así mismo —¡No hay tiempo, y yo aquí sin saber a
donde ir!
Un maullido llamó su atención, al bajar la mirada se encontró con que Qantrish el
gato de la directora lo había seguido.
Desesperado le dijo —¿Tú conoces el camino a la enfermería?.
El gato se dio media vuelta y empezó a correr, Harry lo siguió. ¡Espero que no este
persiguiendo a algún ratón!, pensó.
Para buena suerte del muchacho, el gato de verdad lo estaba guiando a la
enfermería, pasaron por solares, subieron escaleras y finalmente llegaron a la enfermería,
Harry se detuvo en seco y se escondió tras unos sillones, al ver salir del tópico a la bella
Tarja, acompañada por Carlos y Ana, no quería preocuparlos ni perder tiempo en dar
explicaciones, esperó a que se perdieran de vista y entró.
La enfermería de esa escuela era tan amplia como la de Hogwarts, en una de las
camas estaba Cadmus Conway, que en ese momento discutía con las enfermeras.
—¡Les digo que ya estoy recuperado! —exclamaba airado el auror.
—Todavía esta algo débil, descanse un poco más —le decía con suficiencia la
enfermara mas baja de las dos que parecía ser la jefa, la otra era una fornida morena que
sostenía una bandeja con medicamentos.
Harry se acercó corriendo a ellos y sin decir palabra alguna se abalanzó sobre las
ropas de Cadmus que estaban acomodadas sobre una silla.
El auror y las dos enfermeras se quedaron en silencio mirando a Harry, quien más
rápido que un ladrón profesional saco dos objetos, el visor para ver a través de las cosas y
una pequeña y plana mochila, se trataba de nada menos que el escudo de bloqueo mágico,
el muchacho sabía que era eso, por que pomposamente unas letras doradas sobre el
anunciaban: “Escudo de bloqueo mágico”.
—¡Oye no puedes llevarte esas cosas! —gritó Conway, mientras trataba de
levantarse de la cama, cosa que la fornida morena le impidió hacer arrojándose sobre él.
Harry salió de la enfermería dejando al auror enfrascado en una especie de lucha
grecorromana, se topó con un grupo de alumnos, se colocó el visor y se concentró en ver
que traían bajo la túnica, buscaba la esfera que Colfax tenía en el almacén, cuando revisó a
las chicas terminó viendo mas de la cuenta y perdió la concentración.
Los alumnos se fueron y no había más gente, Harry se dio cuenta de lo disparatado
que fue su plan.
—¡Así tardaré años en encontrar al intruso y solo tengo minutos!.
Desesperado el muchacho se apoyo contra un muro el sudor corría por su frente,
intentó serenarse, el tiempo se acababa, pensaba en Ron y Hermione, sin su ayuda muchas
veces le costaba mucho ordenar sus ideas.

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—¿Qué haría Ron? —se preguntó así mismo.
—Ron le preguntaría a Hermione —se respondió.
—¿Qué haría Hermione? —se volvió a preguntar.
De pronto, como si se tratara de una visión, el rostro de Hermione apareció ante él,
flotando en el aire, la visión le dijo:
—¡Es obvio Harry!, ¡Usa el mapa rastreador que esta en la oficina de la directora!,
¡UUFFFF!.
—¡Es cierto!, ¡gracias amiga!, rápido Qantrish llévame a la oficina de tú ama.
Nuevamente el gato lo condució por los pasillos, solares y escaleras de la escuela,
hasta que llegaron a la oficina de la profesora Thompson, el Ángel arcabucero preguntó:
—¡Santo y seña!
—¡Algarrobina! —gritó Harry, rogando por que la directora no haya cambiado la
contraseña, para alegría suya la puerta se abrió.
El enorme libro de registro seguía sobre el escritorio, Harry lo abrió, cogió la pluma
del tintero y en la sección de visitantes escribió: Edie Colfax, el muchacho levantó la
mirada y allí en el mapa rastreador aparecía con letras rojas el nombre del criminal, estaba
caminando por uno de los pasillos, Harry analizó el mapa, ¿cuál sería su posible destino?,
¿estaría buscando un lugar dónde esconderse?, de pronto descubrió a donde se dirigía
Colfax.
—¡El salón del portal!, ¡va a tratar de escapar usando el portal! —exclamó
triunfante el muchacho —Qantrish tú quédate aquí esto va a ser peligroso —. Le ordeno al
gato.
Harry salió como alma que lleva el diablo, volteo para asegurarse que Qantrish no lo
siguiera, el gato estaba quieto allí observándolo mientras la puerta se cerraba lentamente...
Encontrar el salón del portal no sería difícil, hace apenas un par de horas había
recorrido esa ruta dos veces, llegó a la puerta que estaba cerrada, usó el visor para ver el
interior antes de entrar, el sujeto que estaba en el interior no era Edie Colfax, era el
conserje que trajo la camilla cuando él y el auror llegaron a la escuela.
La poción multijugos, espero que no haya matado al pobre conserje, pensó Harry.
Colfax traía puesta una capa gris, el chico se concentro en ella para ver que había
debajo y allí estaba, la esfera, estaba seguro que esa era el arma mortal de la que le había
hablado el auror, era un poco más grande que una bludger, el sujeto estaba a punto de
colocar un cuadro en la puerta, no había mucho tiempo. Harry irrumpió en la habitación y
gritó:
—¡Expelliarmus! —el grabado saltó de las manos de Colfax y aterrizó en el suelo.
Lejos de violentarse, el villano volteo lentamente.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó.
—¡No finja, sé que usted es Edie Colfax! —le gritó Harry, sin dejar de apuntar al
sujeto con su varita recogió el cuadro del suelo, reconoció la imagen de inmediato, ¡era la
casa blanca!, era Washington en estados unidos.
—Devuélveme eso niño.
—Quédese quieto, ahora vendrá conmigo y lo entregaré a la directora de la escuela.
—¿Y si no quiero ir contigo?, ¿qué harás?
—Tendré que usar mi varita, no me obligue —respondió Harry, sin dejar de
apuntarlo con su arma. —ya lo hice una vez y lo haré de nuevo.
—¡Oh sí!, ya recuerdo, eres el muchacho entrometido del almacén en Londres, allí
me tomaste por sorpresa, pero eso no volverá a pasar.

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Desgraciadamente para Harry el piso del salón del portal era de arena, así que
Colfax repitió el hechizo que utilizó en el desierto para escapar, se arrojo al suelo y una
nube de arena invadió todo el lugar, el chico lanzó hechizos a ciegas, en eso una maldición
lanzada por Colfax destrozó el cuadro que el muchacho tenía en una mano.
Harry se arrojó al suelo y se colocó el visor para proteger sus ojos, luego se
concentró en traspasar con la mirada la capa de arena, lo primero que notó, fue que el
portal estaba al lado suyo, se arrastro tras el para cubrirse, de pronto la arena se disipó,
Colfax estaba parado cerca de la puerta.
—¿Te gustó el hechizo de cortina de arena?, ¿sabes dónde lo aprendí?, ¿sabes cómo
logré entrar aquí?, ¿sabes cómo sé lo que hace este portal?, ¡yo estudié un año aquí cuando
tenía tú edad! —exclamó el villano.
—Si estudiaste aquí, sabrás que la directora tiene un mapa en su oficina, que la
mantiene al tanto de los movimientos de todos dentro de la escuela —. Le dijo Harry.
—Ese mapa sólo funciona cuando uno esta inscrito en el libro de registro, además
no es cien por cien efectivo, la entrada secreta que yo usaba de niño para escaparme al
pueblo y aterrorizar a los estúpidos muggles aún no ha sido descubierta, por allí pude
entrar.
—Te informo que antes de venir aquí escribí tú nombre en la sección de visitantes,
¡la directora puede saber que estas aquí!, ¡además no podrás usar el portal!, ¡acabas de
destrozar el cuadro! —le gritó Harry.
—No será lo único que voy a destrozar aquí, voy a matarte niño, para que ya no me
fastidies más—. Anunció Colfax.
De pronto la puerta se abrió y Oshta el duende entró con una masa en las manos (se
trataba de una especie de porra de la época de los incas), trató de golpear Colfax, pero
este paró el golpe con una mano, Harry salió de su escondite apuntando con la varita, pero
no pudo atacar por temor de dañar al duende, el villano aprovechando su mayor tamaño y
fuerza arrojó la porra contra Harry, Oshta no soltó el arma incaica, así que duende y su
masa cayeron sobre el chico.
Harry llego a lanzar un hechizo, pero Colfax lo esquivó y se arrojó fuera del salón
por la puerta que estaba abierta.
—¿Estás bien Oshta? —le preguntó el chico al duende mientras se levantaban.
—Solamente mi orgullo esta herido señor Potter —. Contestó Oshta.
Harry se asomó fuera del salón y llegó a ver la espalda de Colfax que corría
alejándose.
—¡Tengo que seguirlo!, lo más seguro es que intente escapar por algún pasaje
secreto al desierto, entonces no podremos capturarlo. ¡Oshta, ve con la profesora Thompson
y dile que el intruso tiene la apariencia del conserje!
—Ya lo sabe señor Potter, encontramos inconsciente al verdadero señor Temoche
oculto en un armario.
—Entonces dile que busque el nombre de Edie Colfax en su mapa rastreador, ¡yo
debo seguirlo! —después de decir esto Harry echo a correr tras Colfax dejando solo al
duende.
Corrió a toda velocidad siguiendo al intruso, cruzaron pasillos y solares, subieron y
bajaron escaleras, no se encontraron con ningún otro estudiante en el camino. Seguro todos
están en sus guaridas, pensó Harry, estaba cansado a duras penas trataba de mantener el
paso, el sujeto corría sin parar y no daba señales de querer detenerse, de pronto, Colfax dio
vuelta en una esquina entrando a un solar, Harry estaba por doblar la misma esquina cuando

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un destello rojo pasó frente a él y lo obligó a detenerse, muy despacio asomó la cabeza y
vio a Cadmus Conway parado frente a Colfax.
—Esta vez no escaparas —. Dijo calmadamente el auror.
—¿Te sientes con suerte?, ¡ahora te enseña... AAGGG! —Colfax empezó a sufrir de
espasmos, se retorció de dolor y su rostro poco a poco se transformó, la poción multijugos
había perdido su efecto y el malvado mago volvía a la normalidad.
—¡Expelliarmus! —gritó Harry , y la varita de Colfax voló por los aires. Sin dejar
de apuntarle con su varita el chico paso junto a él y se colocó al lado de Conway.
—Que momento para quedarme sin mi disfraz ¿verdad? —dijo el villano.
—Estas arrestado Colfax, será mejor que no intentes nada —advirtió Conway.
Ante la mirada horrorizada de Harry el malvado mago finalmente sacó la esfera de
entre sus ropas.
—¿Sabes que es esto Conway? —preguntó maliciosamente Colfax.
—¡Sea lo que sea será mejor que lo dejes caer ahora mismo! —ordenó el auror.
—Le llamo a esto la plaga antimagia, cuando esta bola llegue a los 3000 metros de
altura estallará, y la maldición que contiene afectará una zona de 10 kilómetros a la
redonda, todos los magos que se encuentren a esa distancia perderán su magia, ¡para
siempre!.
—¡Lo mismo pasará contigo demente! —exclamó Conway.
—Tú preocúpate por ti, que yo me preocupo por mi —acto seguido Colfax retiro su
mano y la esfera quedo suspendida en el aire—.Tienes que escoger entre dos opciones
auror, capturarme ó detener la esfera.
Un zumbido distrajo la atención de los tres magos, la “Destello Lunar“, la escoba de
Conway entro volando y se detuvo suspendida en el aire junto a su dueño.
—Muy conveniente Cadmus, así podrás tratar de alcanzar la esfera mientras yo
escapo, ¡confió en ti Auror! —exclamó Colfax y echo a correr, al mismo tiempo la esfera
salió disparada hacia el cielo.
—¡Yo voy por ella! —se ofreció Harry—.Tú debes detenerlo.
—Esta bien chico —Conway tocó la escoba con su varita, se produjo un chispazo
amarillo —¡ahora puedes usarla! —exclamó el auror mientras empezaba a perseguir a
Colfax.
Harry montó la escoba y despegó como un cohete, la velocidad que alcanzó era algo
que él nunca había experimentado, se aferró lo mas fuerte que pudo a la vara de la escoba,
La enorme bola dorada brillaba como una snitch gigante en el celeste cielo. Se estaba
acercando, no podía fallar, si no lograba parar esa esfera antes de los 3000 metros, él y
todos los magos de la escuela perderían su magia.
—¡Quisiera saber a que altura estoy! —gritó el chico y de la punta de la escoba salto
un pequeño medidor de altitud, atónito Harry leyó el aparato, 2000 metros decía.
¡No queda mucho tiempo!, pensó, ya estaba como a tres metros del artilugio
maldito, el indicador marcaba 2200 metros, estiró la mano y aceleró más, la escoba
respondió, finalmente tocó la esfera pero su fuerza era tal que no podía ni siquiera
desviarla, tuvo que usar las dos manos, ¡2600 metros!, la cuenta en el medidor continuaba
aumentando, entonces, en un desesperado intento abandonó la escoba y se colgó de la
esfera, como veterano jugador de quidditch, Harry conocía el hechizo para sujetar, este
hechizo era usado mayormente por los Cazadores para sujetar mejor la quaffle, si el joven
mago no lo hubiera usado para aferrarse a la esfera de seguro habría caído al vacío.

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Pero nada cambiaba, Harry, un delgaducho muchacho que máximo pesaría 45 kilos
mojado, no representaba mayor obstáculo para la esfera que seguía ascendiendo, ¿cómo
podría detener esta bomba mágica?, probablemente quedaban segundos, entonces recordó
el hechizo de aumento de peso, se toco asimismo con su varita y gritó:
—¡Massimo Gravium! —casi de inmediato se detuvieron y poco a poco empezaron
a caer, para alegría de Harry iniciaban la caída libre.
—¡Funciono! —gritó el muchacho, pero poco le duro la felicidad, se dio cuenta que
ahora nada podría parar su caída.
El suelo se acercaba cada vez más y la hacienda escuela se hacía más grande, se dio
cuenta que caería justo en ella, al menos trataría de desviar su curso, si impactaba las
instalaciones del colegio, podría matar a alguien, trato de planear, pero al intentar abrir los
brazos la esfera trato de escapar, no podía soltarla, cerró los ojos y esperó no lastimar a
nadie al chocar contra escuela.
¡Todo ese desierto alrededor y chocaré justo con la escuela!, pensó con amargura,
pensó en sus amigos, en Ron y Hermione, en Dumbledore, le hubiera gustado poder
despedirse de ellos, se preparó para el impacto, tal vez no sentiría nada, seguro sería rápido.
De pronto, todo se detuvo, el aire que golpeaba su cara no lo hacia mas, la sensación
de vértigo de la caída libre ya no estaba, y podía sentir un aroma agradable.
¿Estoy muerto?, pensó. Lentamente abrió los ojos y se encontró cara a cara con la
profesora Thompson quien varita en mano y usando quien sabe que hechizo lo había
detenido en el aire, su rostro denotaba que estaba haciendo un gran esfuerzo, debió haber
sido como parar un meteoro en antes del impacto, sin embargo la mujer lucía una sonrisa de
oreja a oreja.

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Epílogo

La amenaza fue conjurada y el villano capturado, hubieron muchas felicitaciones, muchos


agradecimientos y aunque Harry quería quedarse algo más, y los demás querían que se
quede, ya era hora de volver.
Cadmus Conway y Harry Potter ahora estaban en Londres, el auror insistió en
acompañar al muchacho de regreso a Gran Bretaña, a pesar que la directora le dijo que ella
podía hacerse cargo de Harry, Cadmus arguyó que esa era su responsabilidad. Harry trajo
recuerdos consigo, en una colorida bolsa de tela llevaba el uniforme de quidditch del
equipo Samheim y la medalla de oro del campeonato.
—Bien Harry, ya estas nuevamente en casa, debo decirte que tu vocación es
indudablemente la de auror, cuando termines la escuela esa es la carrera que debes seguir
—dijo Conway.
—No lo había pensado, es una profesión muy interesante —. Acotó el muchacho.
—Bueno vamos, te llevaré a tú casa.
—No es necesario.
—Debo explicarle a tú familia lo que ha pasado.
—No lo entenderían, son Muggles que no quieren saber nada del mundo mágico.
—Bueno, al menos me aseguraré que llegaste sano y salvo a casa.
—Quería hacerle una pregunta sobre Colfax.
—¿Si?
—El arma esa, la plaga antimagia, debe ser destruida, es un gran peligro para el
mundo mágico.
—¿Qué pasa Harry?, ¿No confías en el buen juicio de los Estados Unidos de Norte
América?.
—Bueno yo... — Harry miró al cielo.
—Ja, ja, ja, no te preocupes, la directora Thompson se encargó de ella, destruyó la
esfera, todo lo que ocurra en la escuela es su jurisdicción, aunque uno de los objetivos de
mi misión era confiscar el arma, ella decidió que debía borrarla del mapa no pude hacer
nada para evitarlo.
—Que bueno —. Se tranquilizó Harry, y siguió caminado sin darse cuenta que el
auror se había detenido detrás de él, cuando el chico se percató de eso, quiso voltear para
ver que pasaba pero no pudo, sintió como si de golpe cayera la noche, como si todo se
apagara.

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El auror cogió el cuerpo exánime del joven mago antes que tocara el suelo, sacó su
varita y la colocó en la sien derecha de Harry, acto seguido extrajo de la cabeza del
muchacho una especie de gusanillo plateado, luego lo introdujo en un pequeño frasco que
retiró de su cinturón.
—Lo siento mucho Harry, como te dije desde un principio, esta era una misión
secreta, pero te juro que algún día te devolveré esta bolsa de tela con tus pertenencias y tus
recuerdos, mañana al despertar tú y tu familia pensarán que volviste a la hora del almuerzo
y pasaste el resto del día en tu habitación, de eso me encargo yo.
A la mañana siguiente Harry despertó emocionado y empezó a preparar sus cosas
para el viaje que haría, ya que ese día su amigo Ron pasaría por él y juntos irían a ver los
mundiales de quidditch.

FIN

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