Miradas y visiones sobre la Pobreza.

Un estudio de la pobreza en la Provincia de Salta en la década del noventa.

2do Premio del Concurso Nacional, Programa la “Deuda Social”, Universidad Católica Argentina. 2002

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Equipo de Trabajo: María Angela Aguilar María Eugenia Sbrocco Estela Vázquez Sonia Alvarez Leguizamón Mónica Sacchi Mónica Moons Juan Carlos Cid

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INDICE Presentación - Algunas anotaciones en torno de la pobreza. Categorías y representaciones de la pobreza - La “vulnerabilidad” de los 90, concepto teórico, categoría de análisis y experiencia vital. - La organización de este trabajo - Consideraciones metodológicas Capítulo I - La pobreza en Salta - Consideraciones Generales - Regiones productivo-ambientales - Indice de Pobreza Humana - Vínculos entre regiones productivo-ambientales y grados de pobreza Capítulo II - Cuestiones relativas a la heterogeneidad de la pobreza - Distinciones en el universo de la pobreza - Características generales de la población y hogares encuestados - Niveles de vulnerabilidad de los hogares Capítulo III – Percepciones sobre pobres y pobreza - Mecanismos que explican el surgimiento y reproducción de la pobreza - Autoidentificación. Percepciones sobre pobres y pobreza Capítulo IV – Necesidades y problemáticas - Necesidades asociadas a la pobreza - Problemáticas Capítulo V - Estrategias Estrategias. Diferentes modalidades - Estrategias de resolución de la vida cotidiana - Modelos de arreglárselas mejor - Búsqueda de caminos de salida Capítulo VI - La población aborigen - Reproducción de la pobreza - Percepciones acerca de la pobreza - Necesidades y problemáticas - Estrategias - Demandas - Cómo estructuran sus demandas - Expectativas de salidas Capítulo VII - Programas Sociales - Jerarquización de necesidades - Programas alimentarios - Programas de trabajo - Políticas habitacionales - Programas de desarrollo comunitario - Políticas de educación - Políticas de salud - Los programas y los beneficiarios - Las políticas sociales y la población aborigen - Principales problemas detectados en políticas y programas sociales Conclusiones Bibliografía

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PRESENTACIÓN En este trabajo se reflejan los resultados de una investigación realizada sobre la pobreza, en la provincia de Salta en la segunda mitad de la década del noventa. Contiene un abordaje teórico y metodológico que parte de la premisa de comprender a la pobreza en su complejidad y en sus múltiples dimensiones. A su vez la ubica como un tema de crucial importancia en la agenda social, económica y política de la Argentina actual, a la luz de las consecuencias de la implementación de las políticas de ajuste en el marco del modelo de acumulación vigente. Algunas anotaciones en torno de la pobreza. Categorías y representaciones de la pobreza La pobreza es una categoría relativa e histórica. Las definiciones sobre la pobreza, el modo en que se la percibe y la identificación de quienes son pobres han sido aspectos variables a lo largo de la historia de la humanidad. No siempre estuvo asociada a las carencias materiales. Ha dependido, entre otros aspectos, de las formas de producción, sobrevivencia y protección social de las comunidades, de los constructos de conocimiento vigentes, de los sistemas de poder y de los valores y las representaciones dominantes sobre la dignidad humana. La pobreza tiene diferentes acepciones. Ser pobre y despojarse de las cosas materiales que dan poder y prestigio, para algunas creencias, comunidades y religiones, era y es una virtud. Para el poder, sin embargo, la pobreza siempre ha sido vivida como amenaza. Los pobres ponen en tela de juicio los valores dominantes de la distribución del prestigio, de la riqueza y del poder. A través del tiempo se han desarrollado diversas formas para mitigarla: la solidaridad comunitaria, la caridad basada en una “economía de la salvación” (Castel, 1997) 1, la beneficencia, la filantropía y las diversas políticas sociales que surgieron a principios del siglo XIX en Europa y a principios del XX en América Latina. Cuando en occidente la pobreza configuró un fenómeno social masivo fue conocido con el nombre de pauperismo. Su surgimiento se lo relaciona con la destrucción de las economías de subsistencia rural. Una concurrencia de factores pero que acontecen sucesivamente, como la expansión del comercio internacional por el descubrimiento de América, la revolución industrial en el siglo XVII y la posterior extensión del capitalismo (Polanyi, 1997 [1944]:175-186), conforman ese proceso. La destrucción de los lazos comunitarios -por la extensión de la economía de mercado y los procesos de acumulación originaria- privaron a millones de personas del acceso a la tierra y a otros medios de subsistencia. Esta sería la primera ruptura en las concepciones y los modos de administración de la pobreza en el antiguo régimen, según Rahnema (1996). Hasta entonces, la caridad religiosa había sido la institución de control sobre los pobres que eran sujetos legítimos de asistencia; es decir aquellos imposibilitados de trabajar e inscriptos en las comunidades locales como el convento, primero, y la parroquia más tarde (Castel, 1997). En la etapa de transición al capitalismo surgen otras formas de control de las poblaciones, orientadas al disciplinamiento de los cuerpos, como los hospitales generales, los hospicios o los conventos del antiguo régimen (Foucault, 1981 [1975]), las regulaciones para fijar a los “vagos” o las leyes de pobres 2 (Polanyi, 1997) y con posterioridad, la educación y el ahorro de la filantropía (Donzelot, 1980). A esta última forma de control e intervención social, Foucault la denomina biopolítica y aparece en Europa central a finales del siglo XVIII. En América Latina, la pobreza como fenómeno colectivo sucede en la primera mitad del siglo XX. Hasta ese entonces, la provisión de medios de subsistencia reposaba en las relaciones serviles, semi asalariadas vinculadas a economías de subsistencia campesina. A mediados del Siglo XX se rompen esas estructuras semi-serviles, se establecen los mercados internos y tiene lugar una incipiente industrialización. Este momento coincide con lo que Rahnema denomina la segunda ruptura en las formas de intervención y administración de la pobreza, y
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“Economía de la salvación: desdichado, quejumbroso incluso despreciado, el pobre puede no obstante ser un medio privilegiado para que el rico ejerza la virtud cristiana suprema; la caridad, y de tal modo le permita también llegar a salvarse” (Castel, 1997: 46) 2 Las leyes de pobres que describe Polanyi son típicas de la transición en Inglaterra y no se aplicaron en el caso de Francia. 4

marca el advenimiento del desarrollo en el “tercer mundo”. En cada país, estos procesos asumen rasgos particulares, dependiendo de la manera e intensidad en que se producen los mismos. Desde una arqueología de la pobreza, siguiendo a Foucault (1966; 9-10), la historia de las representaciones sobre la pobreza es la historia del otro. Aquello que es a la vez interior y extraño a una cultura y, por ello, debe ser excluido. Surge así la necesidad de la distinción mediante identidades, nominaciones y clasificaciones de la pobreza. La pobreza es la alteridad de los poderosos, es la alteridad de la utopías de la modernidad, su espejo deformado. Es también expresión de un “desorden”, de algún tipo de “anomalía” de la modernidad o una “extrañeza” al equilibrio de la razón, la libertad y los derechos de igualdad entre los hombres que la Revolución francesa propiciara como proyecto para la humanidad. Será, más adelante y ya en el siglo XX, el efecto “no querido” del crecimiento desarrollista de los años cincuenta y de su escaso rebalse a los países “subdesarrollados” que se incorporan al mercado capitalista dominado por los Estados Unidos triunfantes de la posguerra. En América Latina y a partir de la segunda mitad del siglo XX, la historia de la pobreza se asocia a la construcción de una alteridad radical a la modernidad, diferente a la del “indio” que había primado durante la colonia, aunque el color racista atraviesa a la pobreza hasta en la actualidad. A partir de la segunda mitad del siglo XX, los distintos protagonistas vinculados a lo “social” como los técnicos, los científicos sociales y los militantes de base han funcionado como "agentes especializados", encargados de la producción de categorías de esta población y de la construcción de conceptos para nominarlos (Bourdieu, 1996). Decir que una persona es un marginal, un informal o un pobre estructural no sólo asigna “atributos”, también construye identidades. Estos mecanismos de nombramiento, de conocimiento, de identificación, incorporan estructuras cognitivas a los propios sujetos. Los sujetos, sin embargo, se resisten a estas nominaciones o desplazan su carga estigmatizante, “ somos pobres, pero dignos..”; o las utilizan para constituirse en sujetos válidos de asistencia: “ahora que somos pobres con NBI, nos dieron...” 3. Las Ciencias Sociales han jugado un rol fundamental en la construcción del saber sobre la pobreza, así como en los procesos de institucionalización de las categorías para identificarlos y nombrarlos. También los organismos internacionales ,que a mediados del siglo XX han sido los promotores del “desarrollo”, se van consolidando como voces autorizadas para caracterizarlos y medirlos. Las articulaciones entre el mundo académico y estas agencias ha ido cambiando. En los últimos tiempos su influencia sobre la investigación académica es cada vez mayor. Para abordar la pobreza como un fenómeno colectivo tomamos como base algunas de las dimensiones sugeridas por Rahnema (1996: 253-255). La primera dimensión alude a las “cosas” cuya falta es percibida como pobreza en un momento histórico dado. Las “cosas” pueden ser tangibles (bienes físicos) o intangibles como los derechos de acceso (Amartya Sen, 1995) o los capitales culturales, sociales y simbólicos (Bourdieu, 1980 y 1988). La segunda dimensión refiere a la propia percepción del sujeto de su condición, directamente asociada a factores personales, subjetivos y socioculturales. Cómo ven los otros, cómo otros se representan e identifican a los pobres es la t ercera dimensión. Estos dos últimos aspectos están estrechamente vinculados, sin embargo ambas percepciones raramente son idénticas. Rahnema señala que las tres dimensiones interactúan , y a su vez están afectadas por los espacios y tiempos a los que pertenecen. La “vulnerabilidad” de los 90, concepto teórico, categoría de análisis y experiencia vital. Los discursos sobre la pobreza en los últimos años - provengan de organismos internacionales, de estudiosos del tema, de técnicos o políticos - presentan un desplazamiento de su tratamiento en términos de marginalidad, informalidad o exclusión al de vulnerabilidad. Su uso extensivo le otorga cierto carácter polisémico e invita a retomar la reflexión sobre los orígenes de su construcción desde un prisma teórico y de su incorporación en las agendas de políticas sociales. Respecto a este último nivel ”la definición de las áreas de vulnerabilidad que una sociedad identifica, prioriza y eleva al nivel de política debería entenderse como una
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Esto es desarrollado en el capítulo 3 donde veremos las percepciones y opiniones de los propios sujetos. 5

construcción social y política” (Filgueiras, 1999). Las preocupaciones ya no se colocan en el eje desarrollo versus subdesarrollo sino en el de integración versus exclusión, aunque no a la manera de décadas pasadas. El foco se desplaza de los excluidos hacia aquellos que están en riesgo de serlo, los que transitan en las márgenes. Hablar de vulnerabilidad traslada entonces la atención hacia aquellos sectores de población que están en riesgo social. Pero el riesgo lleva necesariamente a pensar en términos de relación, pues se está en situación de riego frente a algo o frente a alguien. La vulnerabilidad supone una relación. La mayor parte de los estudios sobre el tema establecen esa relación con el mercado de trabajo. Castel (1997) quizás sea el referente teórico principal, a partir de que se presenta como el ámbito de inclusión más debilitado y que acarrea consecuencias sobre otros ámbitos (familiar, personal, etc.). Por consiguiente el riesgo por excelencia es frente a la pérdida de trabajo, particularmente del trabajo asalariado estable, o al deterioro de sus condiciones. Este corrimiento del análisis en cuanto al foco centro del problema y la generalización del tratamiento del tema de la pobreza en términos de vulnerabilidad, se vincula con transformaciones en la organización capitalista y que coloca a muchos anteriormente “incluidos” o “integrados” -por efecto del predominio de los Estados de Bienestar combinados con políticas keynesianas- en riesgo de exclusión o desafiliación 4. La preocupación principal es por los efectos de las políticas de ajuste a través de la flexibilización de las relaciones laborales y la precarización de sus condiciones debido a la crisis de la denominada sociedad salarial. La crisis de la sociedad basada en el trabajo asalariado es en realidad producto del reposicionamiento del poder económico con relación al poder político, en el que el capitalismo se emancipa del estado, se desterritorializa (Gorz, 1998) y se concentra, fijando nuevas reglas de juego económicas y en consecuencia, políticas. Crisis de crecimiento para pocos, crisis de retracción para muchos. Sus efectos vinculados con el deterioro de las condiciones de trabajo, la reducción de los salarios, la desocupación, etc. se los plantea como inevitables. En ese sentido el discurso se ha tornado hegemónico, los espacios de un pensamiento alternativo a la inevitabilidadad se encuentran opacados, como así también el abanico de reclamos y reivindicaciones de los sectores trabajadores, fuertemente reducido a estrategias defensivas, en lo que respecta al espacio público. Frente a este panorama vale la pena destacar la importancia de no caer en la simplificación de naturalizar esta relación concibiéndola como inevitable, reificando al mercado como un actor neutral y autónomo. Debe entendérselo como una relación social construida (producto de relaciones de poder y subordinación) en contextos de fuerte desigualdad. En el marco del modelo económico dominante se refuerza la naturalización, de allí que los lineamientos de las políticas diseñadas por los organismos internacionales se orienten a paliar sus consecuencias también “inevitables”. Desde esta perspectiva, frente al debilitamiento del mercado de trabajo como factor de integración, se concentran los esfuerzos en la recuperación de las redes primarias de proximidad en cuanto a sus funciones históricas de control del riesgo social. En este caso, la vulnerabilidad que preocupa y a la cual se dirigen las políticas no es ya la que se vincula con el mercado de trabajo sino con la que dificulta hacer frente a sus consecuencias. Se dirige a personas y familias con determinados atributos o estructura de oportunidades que limitan sus posibilidades de enfrentar el riesgo. En este punto se torna dominante el “reforzamiento” de las redes primarias familiares y comunitarias que podrían paliar los efectos “no deseados”. Complementariamente, puede entendérselo como un concepto que prioriza las condiciones frente a las posiciones. Más importante que el lugar ocupado en la estructura social es la firmeza del mismo, la solidez de la inserción. En este sentido Castel hace una diferencia entre su propuesta de zonas de cohesión social y aquellas de estratificación social. Las teorías que analizaban la pobreza décadas pasadas pensaban que con mayor desarrollo, progreso y crecimiento económico era posible disminuir la brecha entre los de abajo y los de arriba, entre los pobres y los ricos. Hoy esa no es la preocupación dominante sino la de contener dentro del todo social a los que están en riesgo de caer, de quedar fuera, no importa en que posición se
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Concepto acuñado por Castel R. (1997) para establecer una diferencia con el más extendido de exclusión. 6

encuentren sino cuan anclados estén, cuan firme sea esa posición, prestando especial atención a aquello que pone en riesgo la estabilidad, que desestabiliza a los estables. En términos de diseño de políticas sociales el desplazamiento se produce de aquellos que buscaban la inclusión social (del ciudadano o del trabajador) -imposible de mantener debido al fracaso de la “teoría del derrame”-, a estos centrados en la focalización de las poblaciones en riesgo que, en términos de transcripción oculta (Scott) del discurso hegemónico, pueden interpretarse como fuertemente orientadas al control social. En última instancia el riesgo primario a evitar es el conflicto y la violencia social que la inestabilidad de las posiciones de los que están en riesgo de exclusión puede generar sobre los que están incluidos. Se necesita evitar las consecuencias perjudiciales que los primeros pueden ocasionar a los segundos. Aquí entonces frente a las posiciones ocupadas, se prioriza el fortalecimiento de las condiciones que hacen posible disminuir el riesgo. Finalmente agregamos otro elemento a la mirada que permite pensar en un corte transversal. Más importante que las posiciones en la estructura social son las situaciones, atributos y recursos que colocan a las personas en situación de riesgo social (Filgueiras, 1999). Ello permite centrar la atención en los triplemente vulnerables: por la posición ocupada en la estructura social (pobres); por la inestabilidad de su posición (particularmente frente al mercado de trabajo) y por la atribución de ciertas características que los coloca socialmente en situación de mayor vulnerabilidad. Esta complejización del enfoque abre el espectro de las formas de dominación. A la forma primordial se agregan otras, no siempre construidas en esos términos y que tienden a naturalizarse, opacando la discriminación que torna particularmente vulnerables a los que la sufren. Se vinculan con situaciones de género (mujeres frente a hombres); diferencias etarias (jóvenes, y también ancianos, frente a adultos) y de etnia (aborígenes frente a blancos). La apropiación del concepto de vulnerabilidad como herramienta importante para la focalización de políticas no le quita validez como categoría de estudio. La categoría de vulnerabilidad en este trabajo se utiliza para realizar un análisis cualitativo. Se dialoga, por un lado, con los voces de los propios afectados: mujeres, jóvenes y aborígenes. Al mismo tiempo se incluye un índice de vulnerabilidad de los hogares, identificando un conjunto de indicadores de riesgo social, que nos ha permitido establecer niveles de vulnerabilidad. El uso de la técnica de clúster nos ha permitido realizar un ejercicio analítico marcadamente diferente pero complementario. Nos introduce en el discurso técnico y se propone una aproximación a la identificación de niveles de vulnerabilidad. En este caso, el carácter de vulnerable está colocado en el hogar como unidad de análisis, en una propuesta que incorpora diferentes indicadores particularmente vinculados con el mercado de trabajo. El análisis cualitativo de la vulnerabilidad de los hogares pobres está centrado en experiencias y vivencias de aquellos vulnerables diferencialmente posicionados en la estructura social, con atributos y recursos distintos para enfrentar dicha situación. Seleccionamos categorías de personas cuyas posiciones y atributos (género, edad y etnia) los coloca en la triple condición de vulnerabilidad a la que hicimos referencia. Pero nuestro foco se desplaza, no sólo interesa detectar ciertas capacidades socialmente reconocidas para hacer frente al riesgo (que por cierto son importantes pues les otorga margen de maniobra) sino aquellas otras más informales y creativas, menos visibles y más condenadas socialmente, al estilo de las tácticas o astucias que de Certeau (1996) atribuye a los débiles, o el ocultamiento, la simulación, los rumores, eufemismos o el uso de la transcripción pública de Scott (1990). Formas de resistencia de bajo perfil (Scott), maneras de hacer de los que no cuentan con espacios propios (de Certeau) mínimos gestos de rebeldía que buscan dar significado diferente y a veces contrario al establecido por quienes diseñan las políticas y programas sociales. Ello permite detectar otras capacidades, distintas a las valoradas por el discurso hegemónico, pero que hacen posible la creación de espacios de acción, aunque pequeños y fugaces. Así por ejemplo: la apropiación de ciertas categorías para definir la pobreza utilizadas por los técnicos como NBI o LP para autodefinirse; el resaltar las condiciones o “incapacidades” necesarias para ser elegidos como beneficiarios; la “valoración” positiva de los programas para mantenerse en ellos; el “zafar” de los límites de edad impuestos en los comedores

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comunitarios; la reapropiación de los empleos públicos para obtener recursos comunitarios; las risas; las denominaciones jocosas, entre otras. Con esta presentación, pretendemos referenciar este trabajo e introducir algunos elementos de reflexión a nuestra tarea de investigación, ya que si bien las categorías y formas de acercarnos al tema de la pobreza están presentes en nuestro abordaje, también somos conscientes estas construcciones tienen un efecto de verdad que hay que recordar para no caer, nosotros mismos, en la naturalización de lo que pretendemos comprender. La organización de este trabajo En el presente trabajo abordamos la pobreza desde las tres dimensiones señaladas. La primera refiere a aquellas “cosas” cuya falta es percibida como pobreza, y se analiza teniendo en cuenta tanto los factores materiales como los intangibles. Los aspectos materiales se estudian a partir de diversas construcciones estadísticas que miden el grado de carencia y pobreza de los hogares: ingresos a través de líneas de pobreza, acceso a educación, salud, provisión de infraestructura y servicios por medio de indicadores de necesidades básicas; su expresión en el espacio provincial: tipo de desarrollo capitalista, características de las relaciones de producción, tipo de producción predominante o expectativas de vida, falta de educación básica, carencia de medios materiales considerados imprescindibles como la educación o el agua o la falta de alimentación mínima, según lo que se considera población o regiones pobres, en el momento histórico en el que se realizó el estudio. Estas cuestiones se encuentran reflejadas en los Capítulos 1 y 2. La carencia de aspectos intangibles y las percepciones y opiniones de los pobres acerca de su situación, conforman la segunda dimensión puntualizada por Rahnema. A ésta se accede a partir de abordajes cualitativos que permiten conocer las vivencias, percepciones y expectativas de la gente. Estas se relevaron por medio de grupos focales y talleres con personas que por sus características particulares, son significativas para analizar situaciones de pobreza. En el Capítulo 3 se presentan las principales percepciones asociadas a la pobreza y en el Capítulo 4 se reflejan las necesidades y problemáticas. En ambos se trabaja con dos grupos con problemáticas específicas: las mujeres jefas de hogar y los jóvenes. En el Capítulo 5 se abordan las estrategias que desarrolla la gente pobre de Salta, según sus vivencias y particularidades. Veremos, como dice Rahnema, que la percepción de la gente no siempre coincide con los constructos que definen e identifican la pobreza. Se pretende entender las percepciones, categorías analíticas y técnicas sobre la pobreza desde el abordaje de las ciencias sociales en América Latina y particularmente la Argentina, en la última mitad del siglo XX, que explicarían las categorías usadas en esta investigación. En el Capítulo 6 se analiza la problemática de la pobreza asociada a un grupo de escasa visibilidad teórica y política en Argentina como es la de las poblaciones aborígenes. En el Capítulo 7 se analizan los programas sociales implementados en la provincia hacia la segunda mitad de la década del noventa, además del relevamiento de programas se introducen aspectos sobre la percepción de los propios beneficiarios. Consideraciones metodológicas El trabajo se desarrolló en dos etapas. La primera se basó en el análisis de indicadores socioeconómicos y demográficos a partir de fuentes secundarias (Censos de Población y viviendas, EPH, etc.). En la segunda etapa se realizó un relevamiento de información a partir de técnicas cualitativas y cuantitativas. Tomando como referencia el contexto provincial, la indagación se centró en cinco localidades previamente seleccionadas: Salta Capital, Tartagal, Pichanal, Morillo y Guachipas y dentro de ellas, en los grupos de población definidos como pobres y en función de las técnicas de relevamiento utilizadas. En el caso de las técnicas cualitativas se trabajó con grupos de población según características demográficas y condición socioeconómica. Las estrategias cualitativas utilizadas fueron: grupos focales con mujeres jefas de hogar, jóvenes, beneficiarios de políticas sociales, mayores de 60 años y varones activos. Talleres con organizaciones comunitarias y con
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gestores y beneficiarios de programas sociales. Entrevistas a informantes clave con funcionarios municipales y de otros organismos de las localidades seleccionadas y referentes comunitarios de las mismas. Y entrevistas en profundidad con hombres, mujeres y jóvenes de comunidades aborígenes wichí y guaraní. Se aplicó una encuesta a 300 hogares de las localidades seleccionadas para el estudio. Se diseñó una muestra que permitiera captar hogares pobres estructurales y hogares empobrecidos. La encuesta tuvo como finalidad relevar condiciones objetivas de los hogares pobres así como la visión de los propios afectados sobre las políticas y programas sociales. Se realizaron distintas instancias de análisis. La primera implicó una evaluación de los resultados de cada técnica cualitativa. Luego se realizó una triangulación entre las diferentes técnicas cualitativas. La última fase fue el análisis integrado de los resultados de las diferentes técnica utilizadas.

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CAPITULO I : LA POBREZA EN SALTA Consideraciones Generales La provincia de Salta presenta algunos indicadores que la sitúan entre las más pobres del país. Ocupa el primer lugar entre las provincias en cuanto a hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI) y el 37,1% de su población tiene NBI, duplicando prácticamente la media nacional (19,9)%). En el norte, la población aborigen si bien no es significativa cuantitativamente, (18.000 según el Censo Aborigen de 1983) presenta una doble condición de vulnerabilidad por exclusión y por discriminación. Los valores correspondientes al ingreso per cápita ($ 5396, puesto 16) la colocan en una posición intermedia, pero no alcanza el valor de la media nacional ($8350). La relación del ingreso con la proporción de población con NBI, estaría indicando una desigual distribución de la riqueza que produce situaciones de fuerte disparidad, unas regiones muy ricas y otras muy pobres. Ello está vinculado principalmente a su estructura productiva básicamente ligada al sector primario y a una industria manufacturera poco significativa relacionada con el consumo interno, con alto grado de terciarización económica. La concentración en centros urbanos -como en muchas provincias argentinas - es muy alta (78,9%), si bien en relación al resto del país se encuentra en una posición media. En el departamento Capital se localiza cerca de la mitad de la población de la provincia, debido a que es un polo de atracción para los movimientos migratorios del interior, que esperan encontrar fuentes de trabajo en la capital provincial . En lo que sigue, para contextualizar la pobreza en Salta, se abordan algunas cuestiones generales sobre la provincia a partir de estudios previos realizados y de la información obtenida sobre la Provincia en el Informe sobre Desarrollo Humano (1997). En primer lugar, se analizan las características socioeconómicas y demográficas a partir de una propuesta de regionalización del territorio5. Luego se presenta un agrupamiento de los departamentos provinciales según tipos de pobreza, elaborado en base al Índice de Pobreza Humana para Salta. Por último, se analiza de manera combinada el agrupamiento a partir de criterios de desarrollo con el segundo en base a indicadores de privación. Regiones productivo-ambientales La primer región de Desarrollo y Expansión Relativa se caracteriza por concentrar las actividades económicas más importantes y avanzadas en términos capitalistas. La división en dos subregiones atiende a que tuvieron momentos diferentes de crecimiento. La Subregión de Desarrollo Relativo es la más antigua, tiene un mayor auge entre 1940 y 1970, durante este período las actividades principales son las de servicios, que se expanden para atender a la articulación con el mercado nacional. En estos departamentos se asientan los procesos más modernos, comercio, finanzas, transporte, que junto al estado provincial son los que motorizan una transformación capitalista. Como estas ramas se desarrollan en una sociedad atrasada, tradicional, cuyas actividades principales eran la subsistencia y un intercambio comercial sostenido durante el siglo pasado pero en descenso, el resultado es una superposición de prácticas tradicionales con algunas nuevas, capitalistas, por ello, la capacidad de generar excedentes es totalmente distinta, y esto da lugar a enormes diferencias sociales y económicas, que también repercuten en las formas de hacer política. Los departamentos de esta Subregión concentran más del 70% de la población provincial -en donde se destaca Capital con más del 40%- son los de mayor grado de urbanización y crecimiento intercensal. Este grupo contiene los departamentos más heterogéneos y diversificados productivamente - Orán y San Martín - que reúnen las situaciones más variadas,
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Para dividir la provincia en regiones se consideraron previamente algunos agrupamientos elaborados por distintos estudios El primero, de la Secretaría de Planeamiento de la Provincia , divide la provincia en seis zonas, en donde se mezclan criterios de nivel de desarrollo económico con otros geográficoambientales. El segundo , del Ing. Alberto Bianchi utiliza criterios ambientales y agrarios para dividirla en nueve regiones productivas. 10

mayor riqueza y mayor pobreza, que de alguna manera repercute en los indicadores estadísticos. Güemes, sufre una crisis general, mientras que Orán y San Martín tienen actividades que están sorteando de diferente forma la reconversión (el ingenio y la destilería de petróleo), junto a otras en franco crecimiento: soja, algodón, citrus, etc. Por este motivo, las transformaciones en las formas del trabajo son enormes, la desocupación, la flexibilización, la informalidad son crecientes, aunque los indicadores censales (1991) 6 no reflejan la profundidad de estos cambios. La Subregión de Expansión Relativa tiene un crecimiento acelerado a partir de los sesenta / setenta, y se debe en principio al cultivo del poroto, y luego de la soja. La expansión de estos cultivos es muy acelerada, por ejemplo, entre 1960 y 1990 la superficie sembrada crece trece veces. Entre los productores grandes hay locales, aunque cada vez menos, y extraprovinciales, ya que la rentabilidad atrajo muchos capitales. El tipo de explotación dominante es la moderna empresa, con gran extensión de tierras, de capital intensivo y moderna tecnología, inversión que se recupera muy rápido dados los rendimientos de los cultivos. Ocupan poca mano de obra permanente y poca más de manera estacional, es por ello que a esta expansión la llamamos relativa, dado que los efectos locales de la misma son negativos, tanto para el recurso natural como para los trabajadores, mientras que el movimiento económico que se genera en el lugar es muy reducido. Esta Subregión está formada por los departamentos de: Rosario de la Frontera, La Candelaria Metán y Anta, este último es en el que más tierras se han incorporado a la producción. Ello no se vio reflejado en el asentamiento poblacional, aunque sigue a la anterior en cantidad de habitantes, con el 12%, a la vez que el grado de urbanización y el crecimiento intercensal, son menores. El tipo de actividad agrícola de la zona, extensiva y con poca mano de obra, no favoreció un crecimiento poblacional acorde con el productivo. La segunda región de Cultivos Tradicionales, fue clasificada a partir de las actividades dominantes, esto es, la vitivinicultura y el tabaco, que a la vez permean otras prácticas sociales. Hablar de cultivos tradicionales es referirse a la historia de los mismos -que no cabe en este análisis- pero se puede señalar que se mantienen hasta hoy y que en estos últimos años están en proceso de transformación. La actividad tabacalera, sumida en periódicas crisis, es de larga data en la provincia. Las explotaciones son principalmente medianas, y algunas grandes. La característica principal es que ocupa mucha mano de obra, tanto para el cultivo como para parte de la elaboración industrial que se hace en la provincia. La Subregión de departamentos tabacaleros, se agrupa porque las características de la actividad principal influye en algunos indicadores como la cobertura en salud, ya que los empleados están afiliados a la obra social, y también se refleja en una alta asalarización en actividades privadas. Sin embargo, las condiciones de vida en las fincas siguen siendo extremadamente precarias y periódicamente se denuncian las malas instalaciones para los obreros. Se trata de poblaciones más antiguas, con pocos habitantes en centros urbanos pequeños. Dada las recurrentes crisis del tabaco por los bajos precios y la disputa provincia-nación sobre si se debe levantar o no el Fondo Especial del Tabaco, los productores han empezado a diversificarse hacia el poroto y la ganadería orientada a productos lácteos. Los departamentos de Guachipas y La Caldera son los más pobres dentro de la Subregión, tienen muy pocas hectáreas sembradas, ello se refleja en un mayor porcentaje de cuentapropistas y menor cobertura en salud, principalmente el primero. En ambos los índices de masculinidad permiten indicar la existencia de una importante migración de mujeres seguramente a la ciudad de Salta, dada su proximidad, que en gran parte se incorporan como trabajadoras domésticas. En Guachipas también llama la atención la proporción de mayores, la más alta de todos los departamentos de la provincia 7. La Subregión de departamentos Vitivinícolas y Especieros, se asienta sobre sociedades en donde el peso del pasado colonial es más fuerte. Debe distinguirse en este agrupamiento a
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Son los únicos desagregados a nivel departamental. El 9,2% de mayores se podría explicar parcialmente por la migración de los adultos en edad de trabajar.

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Cafayate de los otros departamentos, dado que si bien comparten un pasado común, en esta localidad se concentraron las bodegas y un mayor turismo, lo que transformó las prácticas sociales más rápidamente en capitalistas y produjo una mayor urbanización. En los otros departamentos son dominantes las actividades de subsistencia, y toda la población es rural, las cabeceras de departamento son localidades que no llegan a 2000 habitantes. Esta diferencia se observa en los indicadores de categoría ocupacional 8, ya que la proporción de cuentapropistas, es muy elevada en San Carlos, Molinos y Cachi, al igual que la escasa cobertura en salud. Esta zona se caracteriza en general por un predominio del latifundio combinado con minifundio. Las relaciones sociales son tradicionales, la dependencia del peón rural respecto del latifundista tiene formas muy antiguas, pese a que se mezclan con relaciones salariales. Por ello, las condiciones de vida en la mayoría de estos lugares son muy precarias, aún predomina una forma rural y el intercambio con dinero es reducido, los latifundistas y los comerciantes de la zona todavía utilizan sistemas de vales o libretas. La región de Economías de Subsistencia, fue dividida en tres subregiones - Ganadería de altura, Pastoril y Ganadería de Llanura - atendiendo principalmente a una distinción cultural, ya que en todos esos departamentos dominan las actividades de subsistencia. Sin embargo, es necesario diferenciar una cultura de puna con otra chaqueña, por ejemplo. La Región está conformada por los departamentos : Los Andes, Santa Victoria, Iruya y Rivadavia,. Se caracteriza por poblaciones rurales, asentadas antiguamente, con predominio de grupos criollos y aborígenes, su economía de subsistencia es de cría de animales y cultivos de altura como papa, habas, maíz, aunque no se registren siempre estadísticamente. En el caso de los grupos aborígenes la subsistencia es por recolección, caza, pesca y un reducido intercambio. Por ello, la cobertura en salud es la más baja de las regiones y más alto el cuentapropismo. En relación con lo anterior, los asalariados del sector público son proporcionalmente más importantes, dado que es escasa la asalarización en el sector privado. De igual manera, el servicio doméstico es menor, salvo en Rivadavia y Santa Victoria 9. Observando los registros de las tasas de actividad que en general tienden a ser altas, se visualiza la dificultad de generalizar la interpretación que asocia tasas elevadas con ingresos per cápita más altos. En La Poma por ejemplo, las tasas elevadas están indicando que, por razones asociadas a la pobreza y a las formas de producción, en gran parte para el autoconsumo, la incorporación de la mano de obra al mercado es más temprana. Por su parte los ancianos, que en escasa proporción reciben beneficios jubilatorios, permanecen por un período más prolongado en el mercado. No debe olvidarse también el trabajo infantil. Puede decirse que el período de actividad a lo largo de la vida de una persona es más largo en este tipo de regiones. Como era de esperarse los departamentos que integran esta región presentan una estructura demográfica con una base muy amplia. Ello está indicando, no solamente elevadas tasas de natalidad sino un proceso migratorio rural-urbano entre los grupos en edad de trabajar, de allí que el peso relativo de los adultos en todos estos casos es menor al de las otras regiones y el de los mayores es más bien elevado. Comportamiento similar se observa en la Subregión vitivinícola a excepción de Cafayate. En el caso de Los Andes y La Poma, departamentos puneños en medio de la cordillera, las poblaciones locales desarrollan actividades de subsistencia, como cría de animales y escasos cultivos propios del lugar, con reducido intercambio. En Los Andes, el peso de población no nativa debido a la presencia de gendarmería y a un cierto desarrollo minero, es importante en los datos censales. La explotación de minas y canteras en este extenso departamento se ha intensificado en los últimos años, con la participación de capitales extra-provinciales. Iruya y Santa Victoria son lugares de asentamientos antiguos, que conservan algunos rasgos de culturas indígenas ahora con penetración de formas occidentales. La subsistencia se vincula
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El problema de la medición censal de los que realizan actividades de subsistencia está en que depende del criterio del censista. A veces aparece como ayuda familiar, a veces como cuenta propia. 9 Esto puede deberse a una confusión de las categorías de ayuda familiar con servicio doméstico. 12

a prácticas pastoriles y a pocas tareas agrícolas, dadas las condiciones naturales desfavorables. Estas pequeñas localidades son proveedoras de mano de obra del ingenio Tabacal y otras actividades agrícolas de la zona, por ello gran parte del año emigran los adultos varones. En los últimos años, sin embargo, por la tecnificación de estas actividades ha disminuido la incorporación de estos trabajadores temporarios. En el departamento de Rivadavia - parte de la región natural del chaco salteño- los pobladores son mayoritariamente grupos indígenas y criollos, que practican caza, pesca y recolección los primeros, y ganadería extensiva los segundos, con problemas de superposición espacial en muchos casos. La precariedad en las condiciones de vida de estos grupos se traduce en indicadores de pobreza altamente desfavorables. Toda esta región está formada por localidades que se caracterizan por el difícil acceso -malos o inexistentes caminos, cortes en épocas de lluvia, etc.- lo que acentúa y mantiene las prácticas de subsistencia, y el reducido intercambio, como así también repercute negativamente en las perspectivas futuras de mejoramiento de las condiciones de vida. Como breve síntesis se puede observar que en la primera región se encuentran las actividades más dinámicas y rentables, sin embargo, dado el tipo de sociedades donde éstas se asentaron y las propias características de las ramas, el resultado fue una enorme heterogeneidad, algunos ricos, muchos pobres y actualmente, clase media en acelerado empobrecimiento. La segunda región puede caracterizarse por una polarización entre los propietarios de los recursos (viñateros y bodegueros, tabacaleros) y el resto de la población, mayoritariamente rural y muy pobre, salvo Cafayate donde hay una mayor heterogeneidad. La tercera región es de precariedad y pobreza rural generalizada, con escasa proporción de clase media. El cuadro que sigue sintetiza la regionalización propuesta. Luego, para profundizar en el análisis de la pobreza se presenta el Índice de Pobreza Humana (IPH) por departamento a fin de comparar ambas clasificaciones de la provincia.

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REGIÓN: DESARROLLO Y EXPANSIÓN RELATIVA Subregión: Desarrollo Relativo Departamentos Actividades Principales Capital Servicios - Comercio - Azúcar - Poroto. Soja Orán Frutihortícolas - Petróleo- Gas. Tabaco - Industria San Martín manufacturera. Electricidad - Construcción Güemes Extracción de madera Subregión: Expansión Relativa
Departamentos Anta Rosario de la Frontera Metán La Candelaria Actividades Principales Poroto - Soja - Empresas Ganaderas. Frutales

REGIÓN: CULTIVOS TRADICIONALES Subregión: Tabacalera Departamentos Actividades Principales Cerrillos Cultivo e Industria Tabacalera - Ganado Criollo. Rosario de Lerma Industria de Bórax. Chicoana La Viña La Caldera Guachipas Subregión: Vitivinícola y Especieros Departamentos Actividades Principales Cafayate Vitivinicultura - Turismo - Especies. San Carlos Subsistencia Molinos Cachi REGIÓN: ECONOMÍAS DE SUBSISTENCIA Subregión: Ganadería de altura Departamentos Actividades Principales Los Andes Ganadería de altura - Minería - Subsistencia La Poma Subregión: Pastoril Departamentos Iruya Santa Victoria Actividades Principales Pastoreo - Subsistencia

Subregión: Ganadería de Llanura Departamento Actividades Principales Rivadavia Ganadería de llanura - Extracción de madera Subsistencia

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Índice de Pobreza Humana para Salta En 1997 se empieza a calcular el Índice de Pobreza Humana (IPH) que mide la privación en cuanto al desarrollo humano básico10. Para el caso del IPH, las cuatro variables utilizadas se basan en la denegación de opciones y oportunidades básicas de desarrollo humano, reflejadas en: una vida breve (porcentaje de la población que se estima morirá antes de los 40 años), falta de educación básica (porcentaje de adultos que son analfabetos), falta de medios materiales (en términos del porcentaje de la población sin acceso a servicios de salud y agua potable) y exclusión (en base a los niños menores de 5 años con peso insuficiente). El IPH calculado para Salta (Ver Anexo) permite medir estas privaciones en los departamentos de la provincia. A partir de los valores de dicho índice se dividió a la provincia en seis grupos de departamentos, que van desde el tipo I de mayor pobreza al tipo VI de menor pobreza11. Los agrupamientos se realizaron por la similitud de los valores entre los departamentos, siendo la variación de valores al interior de cada grupo inferior a tres puntos. La media del IPH en la provincia es de 36,3 la que se encuentra en los departamentos del tipo IV, la máxima de 53,85 en Iruya y la mínima con 27,37 en Capital. Los departamentos agrupados en los tipos I y II -los más pobres- son: Iruya, Santa Victoria, Rivadavia, La Poma, Molinos y los Andes. En todos ellos predominan economías de subsistencia y tienen un escaso grado de urbanización. En la mayoría de estos departamentos, la disminución relativa de los hogares con NBI es poco significativa en el período intercensal 80-91 (SIEMPRO, Ceidea, 1997), acompañada de un escaso crecimiento del total de hogares y de la población, lo que da como resultado un incremento en términos absolutos del número de hogares NBI. El caso de Rivadavia es el más ejemplificador pues siendo uno de los más pobres es el único que ha aumentado el porcentaje de hogares con NBI, creciendo en términos absolutos en 717 hogares en el 91. En el grupo de departamentos del tipo III están Cachi, Anta, Orán y San Martín. Los tres últimos son los de mayor crecimiento intercensal en el período y las localidades más pobladas después de la ciudad de Salta; San Martín de la Nueva Orán, en Orán, y Tartagal en San Martín. Anta merece un comentario aparte, si bien no tiene ciudades muy pobladas ha tenido un crecimiento urbano y poblacional importante, en estos últimos años, debido a la fuerte expansión de la actividad agrícola. El tipo IV, incluye a los departamentos Guachipas, La Viña, La Caldera y San Carlos. A excepción de este último, todos pertenecen a la Subregión de cultivos tradicionales tabacaleros. Salvo La Viña, ninguno tiene localidades con más de 2.000 habitantes. Los departamentos del tipo V son: Cerrillos, Rosario de Lerma, Cafayate, Chicoana, Rosario de la Frontera, La Candelaria y Metán. Estos tienen una menor incidencia de población rural. En casi todos, salvo La Candelaria, la población urbana significa más de la mitad de sus habitantes. Los cuatro primeros son de cultivos tradicionales, básicamente tabacaleros, salvo Cafayate (vitivinícola) pero con menor incidencia de economías de subsistencia. Los tres últimos son los de expansión relativa. En los menos pobres (tipo VI) se encuentran Capital y Gral. Güemes, ambos con la mayor proporción de población urbana de la provincia y con características diversas. El caso de Güemes es distinto, a pesar de encontrarse entre los que tienen indicadores que muestran
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En las mismas dimensiones que el Índice de Desarrollo Humano (PNUD; 1997). Se tiene en cuenta: longevidad; nivel de conocimientos y nivel de vida digno. 11 La construcción del índice a partir del conjunto de indicadores utilizados, compensa el sesgo del indicador de NBI, que por su fuerte connotación asociada al aprovisionamiento de infraestructura y servicios habitacionales, deja fuera otras manifestaciones importantes de las restricciones para alcanzar una vida digna. Un ejemplo es el del departamento Los Andes. Este se encontraba en el puesto decimotercero en porcentaje de hogares con NBI, por la fuerte incidencia de los planes de vivienda del Estado, pero al poseer el porcentaje más alto de desnutrición de los niños de hasta dos años en la provincia (41%) y uno de los valores más alarmantes de mortalidad infantil en el quinquenio, lo coloca entre los departamentos con un IPH más alto, en el sexto lugar de entre los más pobres. En otros departamentos también se ha producido este cambio de posición. 15

menor pobreza, está pasando por una reconversión profunda, lo que tendrá un impacto significativo a más largo plazo en la privación de calidad de vida de su población aunque en la actualidad ya se observa un aumento de la pobreza, sin que se registre todavía . En síntesis, la alta correlación encontrada entre mayores índices de pobreza humana y departamentos con mayoría de población rural muestra una gran disparidad entre zonas rurales y urbanas en relación a las capacidades para desarrollar una vida digna. Los departamentos más pobres son aquellos en los cuales predominan actividades de subsistencia, no crecen demográficamente y expulsan población por su pobreza estructural e histórica, sin visos de modificación , lo que trae como consecuencia un aumento absoluto de la población pobre. El grupo de los menos pobres -localizados en la región de desarrollo y expansión relativa-, tiene un crecimiento demográfico significativo y mayor dinamismo económico, por lo que atraen población. La pobreza se reproduce con mayor intensidad en los departamentos más pobres, como el caso de los de subsistencia y en los departamentos mejor posicionados, como Orán, San Martín y Capital se expande la pobreza en términos absolutos, lo que estaría mostrando una mayor concentración de la riqueza en estos últimos.

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Vínculos entre regiones productivas y grados de pobreza A modo de síntesis, se ha propuesto establecer un vínculo entre las regiones productivoambientales y la tipología elaborada a partir del índice de pobreza para Salta. Las regiones en que se dividió la provincia surgen de un análisis de dimensiones cualitativamente definidas, entre ellas se le ha dado importancia central al desarrollo capitalista alcanzado. Los tipos según grados de pobreza, en cambio, surgen de la combinación de varios indicadores cuantitativos. Sin embargo ambos enfoques pueden ser asociados por ser una expresión de jerarquías relativas del desarrollo o de su contraparte, las privaciones humanas, para complementar y complejizar estos aspectos. El gráfico es ilustrativo de la forma en que se combinan la pobreza con el desarrollo en los diferentes departamentos de la provincia. En una primera mirada se observa que los departamentos se distribuyen configurando un eje que correlaciona economía de subsistencia con mayor pobreza y desarrollo relativo con menor pobreza. Una mirada más exhaustiva permite diferenciar cuatro tipos de situaciones que ponen de manifiesto que el tipo de actividades generan cierto desarrollo, pero no necesariamente mejora la calidad de vida y el bienestar de la población. Regiones Productivo-ambientales
Mayor Desarrollo San Martín Orán R. Frontera Candelaria Metán La Caldera Guachipas La Viña Molinos Iruya Rivadavia Sta. Victoria I Mayor Pobreza La Poma Los Andes Cachi San Carlos Cerrillos Chicoana R. Lerma Cafayate Capital Güemes

5 4 3

Anta

2 1 Menor Desarrollo

II

III

IV

V

VI Menor Pobreza

Tipología según Índice de Pobreza Humana Por una parte se encuentran los departamentos más homogéneos en términos de menor desarrollo con mayor grado de pobreza, éstos son: Iruya, Santa Victoria, Rivadavia, La Poma, Los Andes y Molinos. Esta homogeneidad refleja condiciones ambientales y productivas que limitan su desarrollo y consecuentemente generan y reproducen la pobreza. La exclusión de estos departamentos es tan marcada que un análisis sobre las características y calidad de sus vías de comunicación permitiría graficar y expresar figurativamente esta situación, ya que el conocimiento empírico nos dice de su aislamiento. En contraste con esto y en el otro extremo -sin olvidar que la provincia, en general, muestra altos niveles de pobreza- se encuentra el grupo de departamentos de mayor desarrollo relativo y menores niveles de pobreza, éstos son: Salta Capital, General Güemes, Rosario de la Frontera, Metán y La Candelaria. En este caso, se asocia a la existencia de actividades de cierta magnitud - productivas o de servicios según los casos - y un importante grado de urbanización, que inciden en una mejora sustantiva de los niveles de vida de su población si se los compara con las condiciones de los departamentos del primer grupo en los que predominan las economías de subsistencia y los grados y rasgos de la urbanización son escasos.

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Por otra parte se distinguen dos grupos de departamentos que expresan condiciones heterogéneas. El primero incluye a San Carlos, Cafayate, Guachipas, La Caldera, La Viña, Chicoana, Cerrillos y Rosario de Lerma. Estos se caracterizan por expresar un grado limitado de desarrollo productivo en combinación con niveles relativamente menores de pobreza. Las características de las actividades productivas (cultivos tradicionales) han contribuido a mejorar parcialmente las condiciones de vida -la cobertura en salud entre los empleados del tabaco es importante- sin embargo resultan insuficientes para producir una mejora sustantiva. El último grupo está conformado por San Martín, Orán y Anta. Marcadamente heterogéneo, se destaca por su distancia en relación al eje de distribución del resto de los departamentos. La diversificación y modernización de sus actividades es importante, particularmente en las últimas décadas, los capitales invertidos son mayoritariamente extra-regionales e incorporan escasa mano de obra. Se caracterizan por una combinación entre una considerable generación de riqueza en términos de desarrollo productivo -que en gran parte no permanece en la zona- y una proporción importante de población en situación de extrema pobreza - principalmente los aborígenes en los dos primeros departamentos- junto a una escasa proporción de población con niveles de vida más o menos buenos. En síntesis, el crecimiento económico a partir de la incorporación de nuevas tecnologías, con criterios empresariales modernos, con capitales concentrados en unos pocos y provenientes de fuera de la región parece ser la característica dominante de la economía en las últimas décadas. Esta modalidad, sin una acción concreta del Estado orientada a la regulación económica, al mejoramiento de la distribución de recursos en sentido amplio y a favorecer una mayor participación ciudadana, seguramente no logrará revertir las situaciones de extrema pobreza de amplios sectores de la población. Por el contrario el escenario probable es el de crecimiento sin equidad: pocos ricos cada vez más ricos y muchos pobres cada vez más pobres.

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CAPÍTULO II : CUESTIONES RELATIVAS A LA HETEROGENEIDAD DE LA POBREZA Distinciones en el universo de la pobreza Puede entenderse a la pobreza como la manifestación de privaciones de consumo y servicios básicos para llevar una vida digna. Desde esta perspectiva, aspectos como la vivienda, la educación, la alimentación, el vestido, la salud, la recreación, la negación de opciones y oportunidades, tienen que ser considerados para determinar los niveles de pobreza de los hogares. En los últimos años, la mayor parte de la población en Argentina sufrió un proceso de empobrecimiento. En la provincia de Salta el impacto de este proceso fue sobre una población en términos generales más pobre que la media nacional, por lo que agudizó la situación previa. Ahora bien, hay coincidencia entre distintos autores en que este empobrecimiento generalizado ha producido a la vez una heterogeneidad de la pobreza en términos de los distintos sectores sociales que afectó y por la localización de los mismos, y una especificidad en los distintos grupos, según condiciones de sexo y edad. Aunque también se puede decir que estas cuestiones en los últimos tiempos se empezaron a estudiar estas cuestiones con mayor detenimiento12. En el trabajo se utilizará, en principio, la clasificación de pobreza que está asociada a las formas de medición consagradas. La pobreza estructural, extrema y de siempre que se mide principalmente con el índice de NBI, también combinado con el indicador de ingresos, y la pobreza por ingresos que se refiere a empobrecidos, pauperizados o nuevos pobres , que son aquellos cuyos ingresos se encuentran por debajo de la Línea de Pobreza. Si bien esta es una clasificación que sirve de base y punto de partida para el estudio, en su desarrollo esta se complejiza y especifica para atender a las particularidades del caso de Salta. Como lo advierten distintos autores, hay ahora consenso en hablar de “franjas de pobreza”, para distinguir situaciones diferentes. Un resultado del análisis fue confirmar que el corte principal que marca tanto la diferencia de percepción como las prácticas sociales heterogéneas, está dado por la posición socioeconómica de los integrantes y sus hogares, de acuerdo a la clasificación antes mencionada, y dentro de este corte, es relevante también la situación previa y la trayectoria reciente. Como dice Minujín respecto de los nuevos pobres, “la ubicación final de este proceso, cuyo fin todavía no se vislumbra, dependerá no sólo de cuánto sino también desde dónde se cae” 13. Entre los pobres estructurales, hay suficientes elementos diferenciales relacionados con la heterogeneidad, entre pobreza que tiene que ver con condiciones de localización, asociada a la vida en ciudades, alrededor de las mismas, en localidades pequeñas y en el ámbito rural. También se puede considerar que determinadas condiciones étnicas, el caso de los grupos de aborígenes, define otra forma de heterogeneidad, y así son tratados en el estudio. En este trabajo se encontraron aspectos distintivos entre la pobreza estructural de los habitantes urbanos de Capital y Tartagal, la de los pobladores de localidades urbano-rurales como Guachipas y Morillo, y la de los aborígenes, situados tanto en localidades más urbanas, Tartagal y Pichanal, como en la más rural, Morillo. En el grupo de empobrecidos, las diferencias encontradas están relacionadas principalmente, con el punto de partida anterior a la caída, no es lo mismo el empobrecido de clase media, el conocido “nuevo pobre”, que el pobre de nuevo14.
12 13

González, Horacio en Cuesta Abajo, pp. 293 y ss. Cuesta abajo, p.15. 14 La población empobrecida de la encuesta no coincide estrictamente con la de grupos y talleres. En las encuestas la población fue, en general más homogénea ya que el tipo de empobrecidos que en ella se encuentran son los “pobres de nuevo”, mayoritariamente aquellos que pudieron mejorar sus condiciones habitacionales - por el Estado o por capacidad de ahorro -, mientras que los “nuevos pobres” están escasamente representados. Estos últimos se seleccionaron con especial atención para las técnicas cualitativas, particularmente en los grupos focales de mujeres y jóvenes convocados a tal efecto. 19

Entre los primeros, los “nuevos pobres”, se encuentran los afectados que provienen de una clase media más acomodada, con una trayectoria estabilizada por efectos de políticas propias del estado de bienestar. Por ejemplo, los empleados que ahora están afectados o desocupados por la Reforma del Estado Provincial o por las privatizaciones de YPF, Gas del Estado, Ferrocarriles Argentinos, etc., o por reducción de personal que por distintos motivos encararon las grandes y medianas empresas privadas. Entre los que aquí llamamos “pobres de nuevo”, se encuentran los más vulnerables integrantes de la clase media con trayectoria de mayor inestabilidad o de reciente incorporación a la misma. Estos pueden ser aquellos que con un pequeña mejora de sus ingresos, por aumento o estabilidad, pudieron acceder a una vivienda del estado o mejorar su propia vivienda localizada en loteos económicos15, y ahora vuelven a caer por una nueva baja en los ingresos. Dados los mayores niveles de pobreza que se registran en Salta, este grupo de los “pobres de nuevo” son particularmente importantes y extendidos, y es una parte significativa de la población registrada por el estudio cuyos resultados presentamos en este capítulo. De todas maneras la distinción por localización realizada anteriormente, también es válida. En cuanto a la especificidad que adquiere la pobreza en los distintos grupos, para este trabajo se focalizaron mujeres jefas de hogar, hombres activos, mayores de 60 años, jóvenes, y aborígenes, a fin de analizar con detenimiento como afecta el empobrecimiento en particular a cada uno de ellos. El caso de los aborígenes es especialmente complejo para el estudio. Por una parte, puede caracterizarse como heterogéneo dentro de la pobreza estructural, desde el punto de vista de las diferentes etnias, por la mayor o menor relación que establecen con otros grupos, casos de los guaraníes o los wichís. Por otra parte, también es pertinente hablar de una doble especificidad, por ser aborígenes y tener una cosmovisión diferente, que define necesidades y valores distintos, y por los grupos de sexo y edad, como en el resto de los casos, como mujeres, hombres, ancianos o jóvenes. Por ejemplo, hubo señalamientos de que la mujer está especialmente afectada y que los jóvenes que acceden a la educación aparecen como un camino esperanzado de mayor comunicación con otros grupos de la sociedad. Es conveniente resaltar que una especificidad para el caso de Salta lo constituye lo que algunos autores han tratado como problemas referentes a la ciudadanía 16, que se puede caracterizar como un comportamiento social bastante generalizado de escasa defensa de los derechos individuales y sociales. Si bien es más notable en los sectores pobres estructurales que en los nuevos pobres, en términos relativos a otras provincias, puede considerarse bastante débil. Las prácticas sociales de la población pobre están atravesadas por “la baja intensidad de ciudadanía”. El trato tradicional de los grupos dirigentes del noroeste, combinación de paternalismo y autoritarismo, que marca grandes distancias sociales y que se apoya en un fuerte control social, plantean para los sectores populares el problema de la construcción de ciudadanía. A continuación se presentan los principales resultados de la encuesta realizada, que tuvo por objeto relevar condiciones objetivas de los hogares pobres de las localidades seleccionadas para el estudio (Capital; Pichanal; Tartagal; Guachipas y Morillo). La unidad de relevamiento de las encuestas fue la vivienda y la unidad de análisis, el hogar. 17

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Loteos económicos son los barrios que surgieron a partir de la subdivisión masiva de tierra de uso rural para el uso urbano. Estas se subdividieron y se vendieron en cuotas (periodos de 2 y 5 años), permitieron el acceso a un lote urbano a un amplio sector de la población, entre ellos, los sectores populares. 16 Por ejemplo, Guillermo O’Donnell en distintos trabajos. 17 En la encuesta se relevaron características sociodemográficas de la población; condiciones socioeconómicas; nivel educativo; situación habitacional; salud y alimentación; identificación de los programas sociales y un conjunto de preguntas que permitieran obtener la visión de los propios afectados, sobre las problemáticas relevadas (salud, educación, trabajo, etc.) 20

Características generales de la población y hogares encuestados 18 La mayoría de los resultados de la encuesta, referidos a las características sociodemográficas de la población y los hogares, guardan relación con la información censal de 1991 y las diferencias respecto de ésta son coherentes con el universo abordado, el de la pobreza. Población La población total en las 300 viviendas es de 1671 personas, lo que implica un promedio de 5,6 personas por vivienda, casi un punto más que la media provincial del CNVP 91 -4,76 personas por vivienda- . La composición de la población por grupos etáreos es similar a la estructura provincial. El 62% son niños y jóvenes, con una mayor proporción de niños. Población encuestada por edad según sexo
Tramos de edad (años) Total 0 a 13 14 a 24 25 a 44 45 a 64 65 y más C 1671 628 411 374 189 69 TOTAL % 100 37,6 24,6 22,4 11,3 4,1 Varón C 838 336 198 179 92 33 Mujer C 833 292 213 195 97 36

El 26% de los jefes de hogar son mujeres, proporción mayor al porcentaje provincial del CNPV 91 (22,9%). Población encuestada por rol en hogar según sexo
Sexo Rol en el hogar TOTAL Jefe Cónyuge Hijo/a Otro fliar. Otro no fliar. TOTAL C % 1671 100 300 221 897 249 4 18 13,2 53,7 14,9 0,2 Varón % 50,1 74 8,1 52,8 48,2 100 Mujer % 49,9 26 91,9 47,2 51,8

Hogares Con respecto a la composición de los hogares, dos tercios de éstos son nucleares y casi un tercio son hogares extendidos (el 15% de la población encuestada según rol en hogar, es otro familiar). Los hogares unipersonales son muy pocos y la proporción es menor que la mitad de los del total provincial. Los hogares compuestos son sólo el 1%. Lo que es interesante observar es que si bien la proporción de hogares extendidos es significativa, en sólo el 8% de las viviendas se detectó la existencia de más de un hogar (los que no comparten los gastos de comida), aunque también en este aspecto los resultados son comparables al promedio provincial, 7,3% de viviendas con 2 y más hogares.

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Se realizaron 300 encuestas (200 en ciudad de Salta y 100 en cuatro localidades del interior :20 en Pichanal, 60 en Tartagal, 10 en Guachipas y 10 en Morillo) a hogares seleccionados según diferentes características asociadas a condiciones de pobreza. Para la selección se tuvieron en cuenta los indicadores de pobreza estructural relacionados con la vivienda (tipo de vivienda, hacinamiento, y falta de retrete) e indicadores relacionados con el empobrecimiento de los hogares (pérdida de empleo en los últimos dos años, pérdida de cobertura en salud y/o previsional e ingresos familiares mensuales). 21

Composición de los hogares
Tipo y composición TOTAL Hogar unipersonal Núcleo familiar Hogar extendido Hogar compuesto TOTAL C % 300 100 10 198 89 3 3,3 66 29,7 1

Una importante proporción de los hogares encuestados (41,7%), sufrieron modificaciones en la estructura familiar en los dos últimos años, por aumento y disminución de los miembros del hogar. La cantidad de personas en uno y otro caso son similares. La mayor parte de los que se integraron al hogar (71%) lo hicieron por causas naturales (nacimiento) y el resto, por diferentes causas que se pueden sintetizar jerárquicamente en razones de trabajo y estudio, razones familiares y razones económicas. En el caso de las personas que se fueron, un 14 % lo hizo por razones de trabajo y el resto por causas naturales (fallecimiento), por causas familiares (casamiento, etc.) y por compra o acceso a otra vivienda. En relación a la situación de pobreza de los hogares encuestados hay dos lecturas posibles. Por una parte hay una distribución de hogares relacionada con la intencionalidad de la muestra - hogares pobres estructurales y hogares empobrecidos - y por otra, una distribución de hogares en función de los ingresos 19, relacionando ingresos totales y composición del hogar. Según el primer criterio el 53% de los hogares son pobres estructurales y en su mayoría combinan las carencias de vivienda con problemas de ingreso, de empleo o de cobertura en salud y/o previsional. El 47% restante son hogares empobrecidos por todos o algunos de los tres indicadores. Tomando el criterio de ingresos, los hogares se distribuyen en tres grupos, El primero es el de los que se considera indigentes (33,7%), el segundo es el de los hogares pobres no indigentes (46%) y el tercero es el de los hogares no pobres ( 20,3%). Tramos de ingresos según tipos de hogares
Tramos de ingresos C 300 101 138 61 TOTAL % 100 33,7 46 20,3 Tipos de hogares Empobrecidos Estructurales C % C % 141 47 159 53 23 85 33 22,8 61,6 54,1 78 53 28 77,2 38,4 45,9

TOTAL 1. Indigentes 2. Pobres no indig. 3. No pobres

La relación entre ambos criterios es interesante. Los hogares que se encuentran en el tramo de los denominados indigentes, en su mayoría (77,2%) son hogares que han ingresado a la encuesta como hogares pobres estructurales. El 62% de hogares pobres no indigentes - que representan la mayor proporción de hogares - son hogares empobrecidos. En el caso de los hogares no pobres por ingresos (20,3%), un poco más de la mitad son hogares empobrecidos y el resto son hogares pobres estructurales. Esto indicaría que el conjunto de estos hogares ingresó a la encuesta por alguno de los otros dos criterios de selección de los hogares encuestables por su situación de vulnerabilidad, la pérdida de empleo en los últimos dos años o la pérdida de cobertura en salud y/o previsional de algún miembro del hogar. Aquí es importante comentar que los ingresos promedio de los hogares que están sobre la línea de pobreza no guardan una distancia significativa respecto de ésta 20, lo que indica la gran magnitud que tienen las transformaciones laborales en la provincia, en relación a la vulnerabilidad.
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- En el segundo criterio se procesó la información. Sobre el total de ingresos reales del hogar, se calculó el ingreso per capita de cada hogar por el l coeficiente de adulto equivalente (composición del hogar por edad y sexo). 20 - Ver punto 3 de este capítulo : Niveles de vulnerabilidad de los hogares. 22

Hábitat En cuanto a las características del hábitat de los hogares encuestados, la mayoría de las viviendas (55%) se localiza en barrios de loteos económicos y el resto se distribuye entre villas y asentamientos, barrios del estado, misiones aborígenes de las areas periurbanas de Tartagal y Pichanal y el casco antiguo de Guachipas. Teniendo en cuenta la distribución de hogares según la clasificación de empobrecidos y pobres estructurales, los primeros se localizan fundamentalmente en barrios del estado y en loteos en segundo lugar. Los hogares pobres estructurales se localizan también en barrios de loteos y en una proporción similar, en villas y asentamientos. La mayor parte de los hogares localizados en las misiones aborígenes y en Guachipas (85%) también corresponde a hogares pobres estructurales. Tipo de barrio según tipo de vivienda
Tipo de barrio TOTAL Estado Villas y asentam. Loteos Otros (*) TOTAL C 300 41 74 165 20 % 100 13,7 24,7 55,0 6,6 Viv. tipo A (**) % 51,3 26 3,2 68,8 2 Viv. tipo B (**) % 24,7 1,3 37,8 51,4 9,5 Viv.Precaria (***) % 24 56,9 29,2 13,9

(*) Incluye las Misiones de Tartagal, Pichanal y el casco antiguo de Guachipas (**) Para la distinción entre viviendas tipos A y B se ha considerado solamente el indicador de condiciones sanitarias. Las viviendas tipo A incluyen los departamentos (5 casos) (***) Incluye rancho e inquilinato (el último sólo 6 casos)

La mayor parte de las viviendas encuestadas pertenece a la categoría casa (74,3%) y en una proporción muy baja a departamento (1,7%). El resto a vivienda precaria (rancho o casilla e inquilinato, 24%). El primer grupo permite una distinción en función de las condiciones sanitarias de la vivienda, entre las buenas viviendas (tipo A) y las viviendas con déficit sanitario pero recuperables (tipo B). Con esto se puede decir que sólo algo más de la mitad de los hogares tienen una situación habitacional adecuada. El resto se reparte, en partes más o menos iguales, entre viviendas que pueden ser mejoradas y viviendas con déficit absoluto. El 45% del conjunto de viviendas presenta deficiencias sanitarias (retretes sin descarga de agua y sin retrete) y una cuarta parte tiene hacinamiento por cuarto (más de tres personas por cuarto, según el corte que realiza el estudio sobre Necesidades Básicas Insatisfechas). Un dato interesante de la situación habitacional se relaciona con la condición de tenencia de las viviendas, el 82% son propietarios y una gran mayoría lo son por construcción (74,5%) y en segundo lugar por compra (19,8%). Una proporción de los propietarios de vivienda se encuentra en situación de tenencia precaria del lote (20%). Los propietarios de la vivienda por construcción, en su mayoría (69,6%) lo hicieron por autoconstrucción, el resto lo hizo a través de contratación de mano de obra (22,8%) y por empresa sólo una proporción muy baja (4,3%). La mayoría de los que autoconstruyeron su vivienda se corresponden a su vez con los hogares más pobres. Los hogares empobrecidos que autoconstruyeron son los que habitan en loteos. El acceso a la vivienda a través de la compra tiene dos fuentes de financiamiento, el principal, el de los programas del Estado y el segundo, por ahorros propios. En ningún caso la vivienda se financió con préstamos bancarios.

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Condición de tenencia de las viviendas
Condición tenencia TOTAL Propietarios  por compra  por construcción  otros Inquilinos Otros NS/NC TOTAL C % 300 100 49 184 14 14 25 14 16,3 61,3 4,7 4,7 8,3 4,7

Educación En la población encuestada de 5 años y más (1432 personas) el 40% asiste a algún establecimiento educativo, el 55% asistió y el 4,5% nunca asistió . En este último grupo el 60% son mujeres. Si bien la proporción de población que asistió a algún establecimiento educativo es importante (783 personas), cuando se analiza el nivel alcanzado por grupos de edad, se observa que más de una cuarta parte de esta población (28%) no completó el nivel primario (tomando el grupo de 13 años y más) y el 32,6% completó solamente el nivel primario. Sólo un 3% alcanzó el nivel universitario completo. Población por tramo de edad según asistencia escolar
Tramo de edad (años) TOTAL 5 a 12 13 a 18 19 a 25 26 y más TOTAL 1432 355 250 222 605 100 24,8 17,5 15,5 42,2 Asiste % 40 55,5 33,6 8,6 2,2 Asistió % 55 0,8 7,0 21,6 70,6 Nunca asistió % 4,5 42,2 4,7 53,1 100 NS/NC % 0,5

El 69% de los jefes de hogar tiene un bajo nivel educativo (primario incompleto y hasta primario completo), y el 6,7% nunca asistió. Sólo el 1% alcanzó el nivel universitario completo. Nivel de instrucción del jefe del hogar según tipo de hogar
Nivel de Instrucción TOTAL S/instruc -P.Incompleto P.completo- S.Incompl. S.completo-U.incompl. Univ. Completo NS/NC TOTAL C % 300 100 119 156 21 3 1 39,7 52 7 1 0,3 LP C 141 40 84 16 1 % 47 28,4 59,6 11,3 0,7 NBI + (NBI + LP) C % 159 53 79 72 5 2 1 49,7 45,3 3,1 1,3 0,6

La población encuestada asiste en su gran mayoría (95%) a establecimientos educativos públicos. Los que asisten a establecimientos privados cursan principalmente los niveles secundario y terciario.

24

Trabajo La condición de actividad de las personas de 14 años y más 21 (1043 personas) indica un 60% de activos y un 40% de inactivos, entre estos últimos una proporción importante corresponde a jóvenes de entre 14 y 24 años.22 Población encuestada por tramo de edad según condición de actividad
Tramo de edad (en años) TOTAL 14 a 24 25 a 44 45 a 64 65 y más C 1043 411 374 189 69 TOTAL % 100 39,4 35,8 18,1 6,7 Condición de actividad Activo ocupado % 47,4 34,3 64,4 53,4 21,7 Desocupado % 12,2 16,5 11,5 7,4 2,9 Inactivo % 40,4 49,2 25,2 39,2 75,4

Entre la población activa se detectó un 20% de desocupados (el 60% son mujeres) con una alta proporción entre los jóvenes (39,4%) en el rango entre 25 y 44 años (35,9%). La población desocupada además corresponde a los hogares pobres indigentes en un 49% y a los hogares pobres no indigentes en un 46%. Los jefes de hogar desocupados son alrededor del 4% y los inactivos el 22%. Un poco más de la mitad (55,7%) de la población ocupada lo hace como empleado de los sectores público (en mayor proporción) y privado, le siguen los trabajadores por cuenta propia (26,7%), y el servicio doméstico (9,5%). Sólo un 4% son beneficiarios de programas de empleo y los patrones no llegan al 1% de los ocupados. Entre las personas ocupadas es importante señalar que un 46% son demandantes de empleo y en su mayoría tienen una sola ocupación, el 42% de ellos trabaja más de 45 horas. Las personas ocupadas que demandan empleo pertenecen mayoritariamente (84%) a hogares que están por debajo de la línea de pobreza (indigentes y no indigentes). Desocupados y ocupados demandantes de empleo según tramos de ingreso
Condición actividad TOTAL Desocupados Ocupados Demandantes TOTAL C 355 127 228 % 100 35,8 64,2 Tramos de Ingreso 1 2 3 % % % 44,4 43,8 11,8 49,3 41,4 45,6 42,7 5,1 15,8

Tramos de ingresos. Tramo 1 : Indigentes; Tramo 2 : Pobres no indigentes; Tramo 3 : No pobres La proporción de personas que trabajan y tienen cobertura en salud es significativamente más baja (23,9%) que la media provincial (47,8%) y la cobertura previsional es aún menor (22%) 23. Ambos indicadores muestran una importante precariedad del empleo y de las condiciones

21

-Si bien la condición de actividad se preguntaba para todas las personas sin límite edad, a los fines de detectar el trabajo de niños, en el tramo de 0 a 13 años se detectó menos del 1% de niños que trabajan, según las respuestas de los encuestados. 22 -Las tasas de actividad, empleo y demanda de empleo se comentan en relación a los niveles de vulnerabilidad de los hogares (apartado 3 de este capítulo). 23 -En Salta Capital la población en la categoría empleados, sin cobertura previsional, eran el 34% en 1991(CNPV). 25

laborales en general. Esto es coincidente con la importancia que asume el trabajo para el conjunto de la población consultada en este estudio. Personas ocupadas (*)con cobertura en salud y previsional Cobertura Total Tienen No tienen NS/NC % % % % Salud 100 23,9 73,3 Previsional 100 22,5 72,5 (*) el total de personas ocupadas mayores de 14 años son 4 9 4 Salud Asociado al punto anterior la mayor parte de los hogares atiende su salud en el hospital público o en centros de salud barriales. Considerando la atención por grupos de edad (niños, jóvenes y adultos), entre el 84% y el 89% lo hacen en los sectores de la salud pública, entre el 10% y el 16% en consultorios o sanatorios privados y menos del 1% reconoce la automedicación o la consulta de curanderos y están representados solamente por los hogares más pobres. Más de la mitad de los que acuden al hospital o salita corresponden a los hogares pobres estructurales y por lo tanto los que asisten a la consulta privada son mayoritariamente hogares empobrecidos. Lugar de atención de la salud por tramos de edad Tramos de edad TOTAL(*) Lugar de atención TOTAL 702 100 Pública Privada C % % % Niños (0 a 14) 222 1001 88,7 Jóvenes (14 a 24) 185 00 89,7 Adultos (25 y más) 295 100 83,7 (*) El total consigna la cantidad de respuestas. Para cada hogar se atención por tramo de edad. 2,8 5,0

Otro %

10,8 0,5 10,3 15,6 0,7 debía consignar el lugar de

A partir de la encuesta se construyeron, mediante la técnica de clustering, distintos agrupamientos para establecer grupos de hogares, distinguir tipos de hogares y determinar sus niveles de vulnerabilidad. A continuación se analizan los resultados obtenidos con las técnicas de análisis mencionadas.

26

Niveles de vulnerabilidad de los hogares En principio, todos los hogares incluidos en la muestra debían ser pobres, al menos teniendo en cuenta la batería de preguntas de la primera página del cuestionario. Como se recordará, esos 6 interrogantes del comienzo servían para caracterizar a un hogar como pobre “estructural” o “por Necesidades Básicas Insatisfechas” y como pobre “coyuntural” o “por un proceso de empobrecimiento”. De acuerdo con la consigna dada al encuestador, si no caía en alguna de esas categorías el hogar no debía ser entrevistado. La hipótesis fue que resultaría posible analizar ciertas características dentro de los hogares, que sirvieran en primera instancia para diferenciar situaciones relacionadas con el bienestar material y establecer por otra parte distintos niveles de vulnerabilidad. De esta manera, se podrían establecer grupos de hogares y tipologías. Para este análisis se seleccionaron 7 variables originales contenidas en la base de datos 24: INGCAPIT Ingreso total del hogar por adulto equivalente 25. MIEMBROS Cantidad de miembros que integran el hogar. TASAACTI Tasa de actividad expresada en tanto por uno: activos / miembros. TASAEMPL Tasa de empleo en tanto por uno: ocupados / miembros. TASADEMA Tasa de demandantes de empleo en tanto por uno: (desocupados+ocupados demandantes) / activos. EDUCACIO Variable que mide el logro educativo de los miembros, tomando como meta haber completado el nivel secundario -12 años de educación- y expresando la instrucción formal alcanzada por los integrantes de 25 años y más como porcentaje de esa meta. ADULTEZ Proporción de personas de 25 años de edad y más sobre el total de miembros en tanto por uno. El análisis de componentes principales 26 nos permitió resumir la información respecto a las características de los hogares en solamente un par de variables, PRIN1 y PRIN2 (como se puede observar en el Anexo Metodológico, las dos componentes principales explicaban aproximadamente el 57% de la varianza). En primer lugar, se puede observar que la matriz de correlaciones muestra los signos “esperados” para las asociaciones entre pares de variables. Por ejemplo, el nivel del ingreso hogareño está positivamente correlacionado con las tasas de actividad y de empleo, con la educación formal alcanzada por los mayores de 25 años y con el indicador de adultez. Por el contrario, se mueve en sentido inverso con la cantidad de integrantes y con la tasa de demandantes de empleo. Es evidente entonces que las variables pueden clasificarse en dos grupos según que influyan directa o inversamente sobre la vulnerabilidad de un hogar y la probabilidad de que resulte pobre. Así, dicha vulnerabilidad resultará mayor cuanto menores sean el ingreso por adulto equivalente, las tasas de actividad y de empleo, los años de instrucción y la proporción de personas en edad potencialmente activa; y cuanto mayores sean la cantidad de miembros de la familia y la tasa de demandantes de empleo (esta última, porque responde a situaciones de desocupación y empleo precario). Siguiendo con esa idea, es importante señalar que la variable PRIN1 combina linealmente las originales tomando con signo positivo las asociadas inversamente con la pobreza y con signo negativo las otras. Esto significará que una observación u hogar con un valor de PRIN1 más alto -a igualdad de otras condiciones- es muy probablemente menos pobre que otro con un valor menor.
24

Para la mayoría de las variables utilizadas se disponía de los valores que asumían en los 300 hogares. Las únicas excepciones las constituyeron TASADEMA, con 10 hogares sin miembros activos (por lo que lógicamente resultaba imposible calcular la tasa), y EDUCACIO, para la que existían 7 hogares en una situación similar porque no tenían ningún componente con 25 años cumplidos. En este último caso, se decidió reemplazarla por una variable próxima, calculada con el nivel de estudios que estaban cursando los miembros comprendidos entre 20 y 24 años de edad. 25 El ingreso por adulto equivalente es una medida más ajustada que el ingreso per capita, al tomar en consideración el sexo y la edad de cada uno de los componentes del hogar. 26 Recordemos que las componentes principales son variables definidas como combinaciones lineales de las originales y que cumplen la condición de ser ortogonales entre sí. 27

Primer agrupamiento El primero de los procedimientos de agrupamiento aplicados consistió en formar 3 clústers disjuntos. El clustering es una técnica de análisis multivariado que posibilita agrupar cierto número de observaciones de acuerdo con la semejanza que tengan en los valores de las variables seleccionadas para caracterizar aquéllas. El hecho de que los clústers fueran disjuntos significa que los 300 hogares se clasificaron en grupos mutuamente excluyentes, sin que se estableciera una jerarquía o posible partición del agrupamiento. Cada observación se clasifica en uno y sólo uno de los grupos, no admitiéndose ningún tipo de superposición. Para ello se recurrió a un programa denominado Fastclus incluido en el paquete SAS. Una vez que se decidió que la cantidad de grupos a formar fueran tres, el programa de encarga de elegir, de entre todas las combinaciones posibles, aquélla que minimiza la varianza interna de los grupos (es decir, que forma los tres grupos más homogéneos posibles). Las variables para el procedimiento fueron las dos componentes principales. En un paso preliminar se conformaron 10 clústers omitiendo los outliers, es decir las observaciones con valores demasiado alejados del resto. Este recurso intentaba evitar que esos casos extremos distorsionaran el proceso al tornar demasiado difusa la nube de puntos. Luego se seleccionaron como orígenes o puntos de partida a los clústers con frecuencia más alta y se asignaron los outliers (que fueron 6) a los clústers ya formados. Se observaron estos tres grupos de hogares: El clúster denominado 1 estaba integrado por 108 hogares pobres. Esos hogares se situaban en una posición intermedia respecto a los restantes grupos. En efecto, el ingreso por adulto equivalente rondaba los 119 pesos, la tasa de actividad promediaba en ellos un 54% y la de empleo un 44%. En lo que hace al tamaño de los hogares, los de este grupo estaban compuestos en promedio por 4,4 miembros, un valor similar al promedio provincial -huelga decirlo, integrado por hogares pobres y no pobres- en el Censo de 1991 (también fue 4,4) y al de la ciudad capital (en este caso, la estimación de la EPH fluctúa en las sucesivas ondas en alrededor de 4,3 integrantes). La proporción de adultos era de 0,54 personas en esa condición por cada miembro y el indicador construido para medir el logro educativo ascendía a 55 %. Resulta importante contrastar estos índices con el Censo de 1991, que para una población global que incluía obviamente a la rural, arrojó una proporción de 0,44 mayores de 25 y más y un indicador de educación de 54%27. Si alternativamente se considera la población de hogares particulares de la capital, la EPH de abril de 1997 mostraba un índice de adultez igual a 0,49 mientras que el de educación valía 80%. La conclusión es que estos hogares pobres que conforman el primer grupo tienen una proporción de adultos un poco superior a la del promedio de las familias de la ciudad de Salta (con lo que estarían en mejores condiciones para acceder a cierto bienestar material), adicionalmente sus miembros registran mayor participación en el mercado laboral (tasa de actividad de 54% contra 38% en la capital, tasa de empleo de 44% versus 32-33%), agudizando su problemática por el bajo nivel de educación formal que alcanzaron sus activos. En el grupo 2 quedaron comprendidos los hogares en la situación más crítica. Se trataba de 172 familias que percibían los ingresos más bajos de la muestra, apenas 74 pesos mensuales por adulto equivalente. Todos sus indicadores demográficos estuvieron en contra: 6,7 miembros por hogar, apenas 0,34 adultos por integrante, tasas de actividad y de empleo extremadamente reducidas: 28 y 21% respectivamente. Sin embargo, obsérvese que el nivel educativo no muestra una brecha significativa con respecto al anterior grupo analizado; la media en este segundo cluster fue 52% y existieron inclusive hogares con índices de logro educativo por arriba de la meta de 12 años de instrucción que habíamos establecido. La conclusión es que la situación de carencia extrema se halla causada por el número de bocas a alimentar, antes que por un nivel educativo más bajo que el resto. El tercer grupo quedó conformado por 20 hogares, a los que correspondían los ingresos más altos. En efecto, el promedio del ingreso por adulto equivalente ascendía a 161 pesos mensuales, de manera que superaba la línea de pobreza. En estos hogares el número de miembros era muy bajo -la media fue de 2,4 personas-; la tasa de actividad altísima -90%27

La fuente para el cálculo fueron los Cuadros P2 y P7 de la publicación con resultados definitivos de características seleccionadas referida a la provincia de Salta. 28

como así también el nivel de empleo -casi 80%-. El elevado indicador de población adulta -0,84 mayores de 25 años por cada integrante- indica su capacidad potencial para participar del mercado laboral y generar consecuentemente ingresos adecuados. Pero llamativamente, este grupo de familias fue el que tuvo el promedio más bajo de todos en el índice construido para medir el nivel educativo de los adultos. Otro indicador que debería valorarse adecuadamente es la tasa de demandantes de empleo, que en este clúster promedió 51%, valor muy próximo al 49% de los más pobres y relativamente alejado del 43% de los hogares en la situación intermedia. Es decir que el reducido grupo de los hogares “menos pobres” seguía siendo vulnerable por el escaso capital de conocimientos de sus miembros y compensaba ese hándicap con una alta participación en el mercado laboral, en el que accedía probablemente a empleos precarios y poco estables28. En el gráfico 129los hogares del clúster 1 están en una posición intermedia, los del clúster 2 pertenecen inequívocamente al grupo más pobre -la variable PRIN1 asume en todos ellos valores negativos- y los hogares del clúster 3 que están en la mejor posición relativa aunque sigan siendo vulnerables, forman una nube bastante menos densa que el resto, con tendencia a valores más altos de PRIN1. Hasta aquí, la caracterización de los 300 hogares encuestados, tomando como base la clasificación arrojada por el procedimiento de clustering no jerárquico y haciendo referencia exclusivamente a los valores que asumían las variables empleadas precisamente en el agrupamiento. Pero era interesante comparar la composición de los clústers con la clasificación de los hogares según condición de pobreza. Como los casos de pobreza “sólo NBI” fueron poco frecuentes, hemos optado en este tramo del análisis por considerar únicamente dos categorías: los hogares empobrecidos (141 en total) y los hogares con pobreza estructural (159, que englobaron a los “sólo NBI” y a los pobres “por ambas condiciones”). Al cruzar estas dos informaciones, se pudo observar que el denominado clúster 1, integrado por 108 hogares, tuvo casi un 60% de familias empobrecidas. Algo similar ocurría en el clúster 3, donde 65% de los 20 hogares se incluyeron en la escuesta por su característica de empobrecidos. En cambio, en el clúster 2 la proporción se invierte, puesto que 62,8% de los 172 hogares tenían necesidades básicas insatisfechas.
HOGARES POBRES TOTAL Empobrecidos Estructurales TOTAL casos % 300 100,0 141 47,0 159 53,0 CLUSTER 1 casos % 108 100,0 64 59,3 44 40,7 CLUSTER 2 casos % 172 100,0 64 37,2 108 62,8 CLUSTER 3 casos % 20 100,0 13 65,0 7 35,0

Segundo agrupamiento En un segundo análisis de las condiciones de vulnerabilidad de los hogares encuestados, se aplicó un método de clustering jerárquico. Este es un proceso de tipo aglomerativo donde el agrupamiento es paulatino, de manera que se puede seguir la secuencia desde que se inicia, con todos los individuos separados, formando cada uno un grupo individual, hasta que finaliza con un solo clúster -obviamente muy heterogéneo- que los engloba a todos ellos. El esquema que se forma se llama dendograma, asemejándose a un árbol invertido, donde las ramas se van uniendo sucesivamente hasta conformar un tronco único. Una diferencia esencial con el método anterior la constituye que el proceso de agrupamiento puede detenerse a voluntad en un cierto nivel. En primera instancia, se decidió conformar 3 clústers y se vuelve a recurrir a las dos componentes principales. Los resultados se incluyen en el anexo metodológico y se discuten a continuación30.
28

Hay que notar que esto se relaciona también con la alta tasa de demandantes de empleo entre los ocupados. 29 En el gráfico se volcaron todos los hogares pero en vez de identificarlos separadamente, cada uno de ellos está representado por el número del clúster a que pertenece. Como sería imposible graficarlos en un espacio de 7 dimensiones, en los dos semiejes se midieron los valores de las componentes principales. 29

El estadístico denominado coeficiente de correlación semiparcial es una medida del aumento de la varianza interna a los clústers que se verifica en cada unión, se calcula como la diferencia entre la varianza del clúster “madre” y los dos que se reunieron para formarlo. El fuerte aumento que se verifica en el anteúltimo agrupamiento podría indicar que no correspondería juntar los clústers CL3 y CL6 porque son muy disímiles. Es decir que existirían 3 grupos “naturales”. Observando el gráfico de los hogares con los valores de las componentes principales, se comprueba que los grupos denominados 1 y 3 no muestran significativas diferencias en su nivel de ingreso. Es evidente que los hogares en peor situación son los que cayeron en el clúster 2. Allí figuraron 113 familias, con un promedio de ingresos por adulto equivalente muy bajo (el promedio no llega a la línea de indigencia a pesar que algunos casos aislados la sobrepasan); alto número de componentes, la mayoría de ellos en el primer tramo de sus vidas; tasas de actividad y de empleo lógicamente bajas. A esta situación desfavorable se sumó un corto número de años de educación formal en los adultos y una elevada tasa de demandantes de empleo, lo que hace pensar en la presencia de empleos que, además de escasos, resultaban precarios. Volviendo ahora a los grupos 1 y 3, si bien se parecen en el nivel de ingresos que alcanzaban, conforman grupos vulnerables por diferentes motivos. En el caso del clúster 1 hay 152 hogares con tasas de actividad y de empleo reducidas, con una proporción de adultos intermedia entre los otros dos tipos y con un nivel educativo que, aunque bajo en comparación con las cifras mencionadas para Salta capital, es el más elevado de los 3. En comparación, los 35 hogares del grupo 3 tienen un ingreso medio un poco inferior, menor número de integrantes, más bajo nivel educativo pero mayor participación en el mercado laboral. Como una paradoja que se repite, en este clustering se vuelve a hallar la tasa de demandantes de empleo más alta en el grupo que más empleo tenía. A modo de resumen, el grupo 2 era el más carenciado y todos los indicadores utilizados apuntaban en su dirección. En cuanto a los otros dos, aunque en una mejor posición relativa, el clúster 1 resultaba vulnerable por su composición demográfica, que derivaba en una escasa potencialidad para generar ingresos, mientras que al 3 lo conformaban hogares más “maduros”, con predominio de integrantes en edad activa, la razón de su vulnerabilidad radicaba en este caso en el nivel educativo. Nuevamente se procedió a cruzar esta clasificación con la condición de pobreza de los hogares y una vez más se pudo corroborar una asociación: los hogares del clúster 2, el más carenciado, correspondían nada menos que en un 73% a familias con necesidades básicas insatisfechas. En cambio, los casos de empobrecimiento reciente eran mayoría en los otros dos clústers.
HOGARES POBRES TOTAL Empobrecidos Estructurales casos 300 141 159 % 100,0 47,0 53,0 CLUSTER 1 casos 152 90 62 CLUSTER 2 % 100, 27,4 72,6 CLUSTER 3 casos 35 20 15 % 100,0 57,1 42,9

% casos 100,0 113 59,2 31 40,8 82

Tercer agrupamiento Por último, se ensayó nuevamente un agrupamiento jerárquico, esta vez utilizando tres componentes principales y no dos. Como es obvio, al incorporar una nueva variable aumenta la explicación del comportamiento de las variables originales. Conviene remarcar que la introducción de una combinación lineal adicional no modifica nunca los coeficientes de las anteriores. Es decir que PRIN1 y PRIN2 continuaron obteniéndose con la misma fórmula y PRIN1 siguió reflejando específicamente la situación de menor vulnerabilidad relativa.
30

En el Anexo se incluye la historia de los últimos veinte agrupamientos hasta llegar al clúster que incluye los 300 hogares. 30

La historia del agrupamiento sugería la posibilidad de trabajar con 7 clústers 31 pero habría resultado muy engorroso y probablemente artificial dado el nivel de detalle que permitía el tamaño de la muestra. Se optó entonces por analizar cuatro grupos y los resultados fueron interesantes. Lógicamente que al definir 4 tipos y no 3, no debía constituir una sorpresa que fueran más homogéneos internamente. Dado su interés, se consignan en esta oportunidad los valores mínimo y máximo que asume cada variable original dentro de cada grupo. La partición se estableció en los grupos menos carenciados. Al clúster en peor situación le correspondió el número 2 y lo integraron 123 hogares. No valdrá la pena detenerse mucho en ellos porque todos los indicadores, parejamente , mostraron su grave situación. El clúster 3 estaba un poco mejor: si bien en los 60 hogares que lo integraban la media del ingreso por adulto equivalente superaba apenas la línea de indigencia, tenían menor número de miembros, mayor proporción de adultos y activos que los hogares más pobres y mejor nivel educativo. Los clústers numerados 1 y 4 eran los menos perjudicados de toda la muestra. Se corroboró en el gráfico pues formaban las dos nubes superiores de puntos. La diferencia entre ellos fue que los 32 hogares del clúster 4 -en comparación con los 85 del 1- tuvieron menos integrantes y de mayor edad, más participación en la actividad económica y más empleo. En contraposición, en el grupo 4 había más precariedad laboral (si se acepta que la tasa de demandantes de empleo puede resultar una buena señal en tal sentido) y -siempre en términos relativos- un nivel educativo más deficiente. Una acotación con respecto a la variable ingreso. Como su distribución suele ser asimétrica, la media puede estar sesgada por los valores extremos. A los hogares del clúster 4 les correspondió un promedio de ingresos un poco inferior, pero tenían un rango de variación más acotado y arrancaban desde un valor mínimo más alto. El grupo 1 registró más variabilidad en el ingreso y sus hogares formaron una nube menos densa. Como no podía ser de otra manera, nuevamente el cruzamiento de este agrupamiento con la condición de pobreza arrojó una correlación entre la gravedad de la situación y la presencia de NBI. Se dijo más arriba que el clúster 2 era el que se encontraba en peor situación. Pues bien, en él hay casi 70% de hogares pobres estructurales. El clúster 3, que se ubicaba en una posición relativa un poco mejor, tiene proporciones prácticamente balanceadas de las dos categorías, mientras que los restantes grupos presentan 59% de empobrecidos el clúster 1 y 66% el clúster 4.
HOGARES POBRES TOTAL Empobrecidos Estructurales TOTAL casos 300 141 159 % 100,0 47,0 53,0 CLUSTER 1 casos 85 50 35 % 100,0 58,8 41,2 CLUSTER 2 casos 123 38 85 % 100,0 30,9 69,1 CLUSTER 3 casos 60 32 28 % 100,0 53,3 46,7 CLUSTER 4 casos 32 21 11 % 100,0 65,6 34,4

31

Obsérvese que el R2 semiparcial aumenta de 0,029 hasta 0,050 al conformarse el clúster 6 juntando los clústers 12 y26. 31

GRAFICO 1. Primer agrupamiento

PRIN1|

|
6+ | 3 | | | 3 5+ | 3 3 | | | 3 4+ | 3 3 | 3 3 | 3 3 | 3 3 3+ 3 | 3 3 | 1 3 | 1 1 11 11 3 3 | 3 2+ 1 11 1 1 111 1 | 1 1 1 1 1 | 1 1 1 1 1 | 1 1 1 1 11 1 | 1 11 1 1 1 1 11 1 11 1 1+ 22 11 1 1 1 1 11 1 | 2 2 1 1 1 1 1 11 1 1 | 2 2 2 1 1 11 1 1 1 1 | 2 222 11 1 1 1 1 | 2 22 21 1 11 1 111 1 0+ 2 2 2 2 2 22 22 2 111 1 1 1 | 2 2 2 222 2 2 2 1 11 1 | 2 2 2 2 22 2 2 2 2 | 2 2 2 2 2 22 2 2 2 2 1 | 22 22 2 222 2 2 2 -1 + 2 22 2 2 222 2 22 | 2 2 2 222 2 22 22 22 22 2 | 22 22 22 22 2 2 | 2 2 22 22 2 2 2 2 2 | 22 2 2 22 2 2 2 2 -2 + 2 2 22 22 22 | 2 2 2 2 2 2 | 22 2 2 | 2 2 2 | 2 22 -3 + 2 2 | 22 | 2 | | -4 + | ---+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+--5 -4 -3 -2 -1 0 1 2 3 4 PRIN2

PRIN 1 Y PRIN2 : componentes principales. Cada punto representa a un hogar y el símbolo corresponde al número de clúster. NOTE: 29 obs hidden

32

GRAFICO 2. Segundo agrupamiento

PRIN1 | 6+ | 3 | | | 3 5+ | 3 3 | | | 3 4+ | 3 3 | 1 3 | 1 1 | 3 3 3+ 3 | 3 3 | 3 3 | 1 1 11 33 3 3 | 3 2+ 1 11 1 3 333 3 | 1 1 1 1 3 | 1 1 3 3 3 | 1 1 1 1 11 1 | 1 11 1 1 1 1 11 1 11 3 1+ 11 11 1 1 1 1 11 1 | 1 1 1 1 1 1 1 11 1 1 | 1 1 1 1 1 11 1 1 1 1 | 1 111 11 1 1 1 3 | 1 11 11 1 11 1 111 3 0+ 1 1 1 1 1 11 11 1 111 1 2 2 | 1 1 1 111 1 1 1 1 22 2 | 1 1 1 2 11 1 1 1 1 | 1 1 1 2 2 22 1 1 1 2 2 | 11 11 2 222 1 2 2 -1 + 1 11 2 2 222 2 22 | 1 2 2 222 2 22 22 22 22 2 | 11 22 22 22 2 2 | 1 2 22 22 2 2 2 2 2 | 22 2 2 22 2 2 2 2 -2 + 2 2 22 22 22 | 2 2 2 2 2 2 | 22 2 2 | 2 2 2 | 2 22 -3 + 2 2 | 22 | 2 | | -4 + ---+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+--------------+ -5 -4 -3 -2 -1 0 1 2 3 4 PRIN2

PRIN1Y PRIN2 : componentes principales. Cada punto representa a un hogar y el símbolo corresponde al número de clúster. NOTE: 29 obs hidden.

33

GRAFICO 3. Tercer agrupamiento

PRIN1 | | 6+ | 4 | | | 4 5+ | 4 4 | | | 4 4+ | 4 4 | 1 4 | 1 4 | 4 4 3+ 4 | 4 4 | 4 1 | 1 1 11 44 4 4 | 4 2+ 1 11 1 4 444 4 | 1 1 1 1 4 | 4 1 4 4 4 | 1 1 1 1 11 1 | 1 11 1 1 1 1 13 3 33 3 1+ 11 11 1 3 3 3 33 3 | 1 1 1 1 1 3 3 33 3 3 | 1 1 1 1 1 11 1 3 3 3 | 1 111 31 2 3 3 3 | 1 11 11 1 32 2 333 3 0+ 1 1 1 1 2 22 22 2 333 3 3 3 | 1 1 1 222 3 3 3 3 33 3 | 1 1 2 2 23 3 3 3 3 | 1 1 1 2 2 22 3 3 3 3 3 | 11 21 2 222 3 2 2 -1 + 2 22 2 2 222 2 32 | 1 2 2 222 2 22 22 22 22 2 | 11 22 22 22 2 2 | 1 2 22 22 2 2 2 2 2 | 22 2 2 22 2 2 2 2 -2 + 2 2 22 22 22 | 2 2 2 2 2 2 | 22 2 2 | 2 2 2 | 2 22 -3 + 2 2 | 22 | 2 | | -4 + | ---+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+------------+--5 -4 -3 -2 -1 0 1 2 3 4 5 PRIN2

PRIN1 Y PRIN2 : componentes principales. Cada punto representa a un hogar y el símbolo corresponde al número de clúster. NOTE: 29 obs hidden.

34

CAPITULO III: PERCEPCIONES SOBRE POBRES Y POBREZA Las definiciones técnicas objetivan problemas como también hacen posible la medición y la determinación de tipos y grados de pobreza. Tienen una gran utilidad como herramientas para diagnosticar, para la comparación y para la implementación de políticas tendientes a disminuir las marcadas desigualdades sociales existentes. Sin embargo nada dicen de la perspectiva de los propios involucrados, de sus apreciaciones y experiencias. Para poder abordar la pobreza desde su complejidad, este capítulo presenta la percepción de los sujetos sobre su propia condición que, como veremos, no es equivalente a las carencias materiales. La percepción sobre su pobreza como de la pobreza no es uniforme ni homogénea; la información brindada por los propios sujetos nos ha permitido acceder a un mundo social que reconoce sus propios sistemas de categorización. Hemos podido conocer, también, en que medida el discurso técnico sobre la pobreza contribuye en la fijación de las propias identidades u, otras veces, en el uso estratégico de los indicadores de pobreza como también en la reproducción del estigma social sobre la pobreza. El análisis reconoce la distinción de dos grupos diferenciados los nuevos pobres y los pobres estructurales. Pero dentro de estas categorías fue posible detectar una heterogeneidad interna que habla de distintos niveles de vulnerabilidad percibida por los propios sujetos. A su vez se destaca, en este capítulo y los siguientes, la perspectiva de dos grupos específicos como el de las mujeres jefas de hogar y el de jóvenes. Por último, se incluye las percepciones sobre el acceso a servicios públicos, teóricamente universales, como un modo de introducir cuestiones referida a construcción diferenciada de la ciudadanía en estos sectores. Las técnicas empleadas han sido las de grupos motivacionales, talleres y entrevistas que complementado con las encuestas, han permitido acceder a una realidad compleja, valiosa y relevante para la comprensión de este problemática tan actual. Pensamos que este tipo de abordaje contribuye a comprender el problema de la pobreza de un modo más integral. Mecanismos que explican el surgimiento y la reproducción de la pobreza El empleo de los abordajes cualitativos ha permitido ahondar en la identificación de ciertas diferencias al interior de los dos tipos de pobreza analizados. En especial, el análisis permitió comprender como se llega a esta situación, como se inicia el proceso de empobrecimiento y cuales son los mecanismos que hacen posible la reproducción de la pobreza. Entre los llamados pobres estructurales no hay referencias a mecanismos que expliquen el como y cuando se inicia esta condición. En alguna medida es consistente con la percepción de que su pobreza nació con ellos, forma parte de sus existencias, por ello sus esfuerzos están concentrados en cómo hacer frente día a día a los problemas ocasionados por la misma. Pueden identificarse momentos en que “se está mejor” o “ se está peor” pero la pobreza no se instala en un tiempo determinado ni se buscan muchas explicaciones de su por qué, más bien surge con frecuencia una cierta aceptación de la condición de tal. Las situaciones que favorecen la reproducción de la pobreza se vinculan a dos tipos de factores: por un lado factores internos asociados a historias personales - haberse separado del marido o haber conseguido un terreno propio para vivir 32 - y a características individuales en cierta medida culpabilizadoras como el conformismo o la vagancia 33. Estos se combinan con factores estructurales externos relacionados con el deterioro de la situación económica o la discriminación de la que son objeto. Entre los participantes de los talleres las explicaciones fueron principalmente de este tipo, pasando a ocupar un lugar secundario aquellas basadas en cuestiones individuales o familiares. Los empobrecidos identifican con claridad un “antes mejor” y un “ahora peor”, las excepciones se relacionan con historias personales o, en el caso de las mujeres, con la etapa del ciclo de vida34. El proceso de empobrecimiento - en la mayor parte de los casos brusco, en
32 33

Más frecuente entre las mujeres jefas de hogar. Particularmente referidos en el grupo de jóvenes pobres. 34 Una mujer jefa con los hijos ya casados y que pudieron independizarse económicamente. 35

otros más paulatino - se lo asocia a factores externos, colocados fuera y ajenos a su responsabilidad. Estos son principalmente la crisis económica, el cierre de YPF y la reforma del estado provincial, aproximadamente a partir de 1992, que produjeron desempleo masivo y reducción de los ingresos. La corrupción que parece masiva y el “acomodo” político - producto de lazos clientelares que favorecen a los del propio entorno - refuerzan los efectos. Puede haber situaciones personales que agraven este proceso, como la enfermedad de algún miembro de la familia, o que por el contrario lo suavicen, pero estas no explican las causas del empobrecimiento. Un comentario especial merece el grupo de los jóvenes empobrecidos para quienes los mecanismos que explican el surgimiento y reproducción de la pobreza – colocado fuera y de neto corte económico estructural – pueden resumirse en la percepción de un círculo vicioso que transita entre la falta de trabajo, la falta de dinero y la falta de educación sin que pueda identificarse en cual de ellas se encuentra la punta del ovillo. Auto identificación. Percepciones sobre pobres y pobreza La percepción sobre quiénes son pobres estuvo permeada, en la mayoría de los grupos, por cierta ambivalencia que entraba en juego cuando se giraba alrededor del tema de la auto identificación. Ello tiene que ver con la coexistencia de varias dimensiones que se entrecruzan y median la propia percepción sobre sí mismos y sobre los otros. Estas pueden identificarse como sigue: - un imaginario social en el cual la pobreza es un estigma y el pobre, por ende, está estigmatizado, - otro imaginario, de fuerte raigambre religiosa, donde el concepto se reserva para los pobres de espíritu y, por lo tanto, también es necesario distanciarse, - la introducción en el discurso cotidiano de un lenguaje técnico, principalmente a través de los programas sociales, que define a la pobres a partir de la medición de determinados indicadores, principalmente NBI e ingresos, - las propias experiencias vitales de privación, de empobrecimiento, de sacrificio, - la mirada sobre sí mismos y su posición en términos relativos a un contexto más amplio, donde siempre es posible encontrar alguien peor posicionado. El identificarse con los pobres o el sentirse pobre, en parte depende del peso asignado a cada una de estas mediaciones. La pobreza como estigma y el imaginario religioso La pobreza asociada a un estigma social tuvo directa o indirectamente, de forma explícita o no un peso significativo. Cuando ésta era la imagen dominante y los participantes hablaban desde ese imaginario, colocaban en los pobres la escoria social, la pobreza asociada a faltas, a carencias, a aspectos socialmente condenados. En general, son los pobres estructurales, los que, al sentir colocada en ellos esta pobreza que condena, hacen más esfuerzos por diferenciarse:
“Somos pobres, pero limpios” “Somos pobres, pero honrados” “Somos pobres pero no mendigos” “Somos pobres con dignidad”.

En el grupo de Guachipas, donde resultó claro desde el comienzo que ellos son pobres, la aclaración también apareció:
“En Guachipas no hay miseria, no hay mendigos.”

Son pobres y se reconocen como tales pero no es equivalente a ser miserables. Este separarse de la miseria aparece como una forma de demarcación. La pobreza es una cosa y la miseria es otra. La primera puede ser digna, la segunda en cambio es indigna. Además la asocian a desorden social, a situaciones anómicas que desestructuran la vida cotidiana de la comunidad.
36

Es en estos casos cuando claramente los pobres son los otros, o se reconocen pobres, pero cuando se aclara debidamente de qué pobreza se habla. La pobreza como estigma, colocada en general desde fuera y desde arriba, afecta la construcción de las identidades sociales, disocia y desvaloriza la imagen de sí. De allí que puedan desarrollarse cierto tipo de estrategias de diferenciación y de revalorización a través de producir una resignificación de la idea de pobreza, se la acepta sólo si se la reconoce resignificada o, por otro lado, se realiza un desplazamiento de la posición. Si se reconoce a la pobreza como vinculada a características negativas que estigmatizan al que la sufre, entonces es necesario diferenciarse rechazando la condición de pobre y reconociéndose, en cambio, humilde. La humildad se presenta como un concepto más unívoco asociado a la virtud, a un valor positivo. En este sentido también es una estrategia de revalorización de la propia condición. Por otro lado, se puede poner de manifiesto la propia jerarquización/estratificación al interior de un mismo barrio, como resultó visible en algunos talleres, entre los habitantes más antiguos, que tienen su terreno en propiedad y de a poco fueron mejorando sus condiciones habitacionales y los nuevos ocupantes de terrenos aledaños en los denominados asentamientos, que no son propietarios del terreno y sus viviendas son mucho más precarias. En estos casos son los primeros los que colocaron en los segundos la pobreza como estigma. Se escucharon comentarios como:

“Entre ellos están los patoteros”, “...desde que ellos llegaron aumentó la “delincuencia” en el barrio”

Las estrategias de diferenciación se orientan a revertir la desvalorización de la que son objeto negando la condición de pobreza en tanto estigma o colocándola en otros más o menos próximos. Es también entre los más pobres donde el imaginario religioso interviene en el discurso vinculado a la pobreza, en dos direcciones 35. En tanto estigma es posible diferenciar los buenos y los malos pobres a través de identificar a la pobreza que merece ser condenada con la pobreza interior, aquella de los espíritus mezquinos, separándola de la pobreza material que es la que a ellos afecta. Por otro lado, en algunos casos la religión se presenta como un recurso que permite aceptar la situación actual postergando el bienestar para un futuro de salvación divina. Con relación al primer aspecto, es oportuno hacer una referencia al contenido ambivalente del discurso relativo a la pobreza que ha sostenido la Iglesia, en tanto institución, dando lugar a la distinción entre los pobres dignos de asistencia y caridad de aquellos que no lo eran (Castel, 1997) como así también, entre los ricos dignos de salvación de aquellos que no lo eran. Hay un par de citas bíblicas que han sido objeto de lecturas contrapuestas. Una de ellas dice: “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”. Y una de las bienaventuranzas reza: “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos”. Las principales lecturas fueron realizadas por aquellos que disponían de riquezas materiales, de allí que la interpretación dominante combinada de ambas citas es que la riqueza que se condena no es la material, lo importante es la pobreza de espíritu que se manifiesta en la caridad y entrega voluntaria. Se valoriza la pobreza como opción pero sobre todo en el plano espiritual36. Castel también señala la ambivalencia de la repressención cristiana con respeto a la pobreza en la Edad Media, una cita de San Francisco de Sales apoya las interpretaciones en términos desculpabilizadores de los que poseen riqueza material: “Ser rico en efecto y pobre por los afectos es la gran dicha del cristiano, que por este medio tiene las comodidades de la riqueza para este mundo, y el mérito de la pobreza para el otro” (Castel, 1997, pag. 47).
35

Sobre este punto el trabajo realizado nos ofrece algunos indicios en dirección a la interpretación que se realiza pero no permite profundizar. 36 Conviene aclarar que dentro de la misma Iglesia hay diferentes lecturas de estos textos. Ciertos sectores más progresistas valorizan también el desprendimiento material. 37

En la interpretación de los pobres estructurales, cuando el tema estuvo presente, la pobreza de espíritu no se asocia a la virtud, por el contrario el sentido atribuido parece exactamente el opuesto. Es la grandeza de espíritu la que se valora, la que se conjuga con la humildad. La pobreza preocupante es la de espíritu, entendida en tanto pobreza interior:
“Nosotros no somos pobres, somos humildes” “A veces hay pobrezas más lamentables, no?, pobreza de espíritu, de mezquindades...”

Si aceptamos con Castel que el imaginario social vinculado a la Iglesia que llevó a distinguir entre pobres buenos y pobres malos, entre los que deben ser asistidos y los que no, aún mantiene cierta actualidad, el esfuerzo realizado es para separarse de la imagen dominante de mal pobre. Se acepta la pobreza si se reconoce que también hay pobres buenos. La Iglesia ha producido un doble mensaje con relación a este tema y según a quien esté destinado, el discurso varía. Si a los ricos, lo importante no es desprenderse de bienes materiales, la pobreza de espíritu es la que habilita la entrada al reino de los cielos; si a los pobres, hay pobrezas peores que las materiales, los que no creen en Dios, los miserables, los que no son humildes, por ende los pobres de espíritu. En la segunda dirección señalada la religión se presentó – en algunos casos – como estrategia de salida o tabla de salvación a largo plazo, en la otra vida. Esta estrategia tiene como telón de fondo la interpretación literal de la primera cita bíblica, no importa la pobreza en esta vida pues se tendrá la riqueza en la otra. La pobreza entonces se desvincula de la carencia de bienestar en este mundo y se la articula con la falta de religiosidad. Así lo entiende Hilario:
“Pobre es el que no es religioso...” “pobreza yo entiendo que es...para nosotros que practicamos la actividad religiosa...pobre es aquel que ha perdido la fe en Dios...ahora hay gente...para el gobierno...es...NBI y después está línea de pobreza... la gente que está por debajo de esa línea es pobre... eso por el curso que yo recibí la semana pasada...”.

En algunos casos, en la religión católica pero de forma más visible entre los evangélicos, la inserción en grupos que desarrollan actividades religiosas funciona como contención frente a los riesgos de caer en la pobreza miserable: “Los que practican la religión no están descarriados”, ayuda a mantenerse dentro de límites fijados. En este sentido también puede interpretársela como estrategia identitaria y de demarcación de esa pobreza que estigmatiza porque la religión da dignidad, es garantía de orden y de salvación. En el caso de los nuevos pobres el imaginario religioso no permeó los discursos, y, en general realizaron un proceso inverso en cuanto al imaginario social. Antes, cuando la pobreza estaba colocada en otros diferentes, cuando les era ajena, la pobreza estigma no sólo no los afectaba sino que incluso con frecuencia ellos mismos la asociaban a escoria o carencia. Ellos podían encontrarse entre los que estigmatizaban. Ahora que sus experiencias los aproximan, que la pobreza ya no les resulta totalmente ajena, que los desocupados están entre ellos o pueden ser ellos y no sólo los vagos o los que no quieren trabajar, se vuelve necesario establecer diferencias y revisar posturas. Empobrecimiento y desocupación pueden llegar, incluso, a convertirse en estandarte de lucha, como fue el caso de los cortes de ruta en Tartagal. En el grupo de hombres activos de Tartagal se observó algo similar en relación al sentimiento de vergüenza experimentado por no poder trabajar, o por tener que realizar tareas anteriormente consideradas como denigrantes. Hay un juego discursivo permanente entre lo que es vergonzoso y lo que no lo es y que surge a partir de lo que era considerado vergonzoso individual y socialmente, como por ejemplo, barrer las calles, hacer changas o recurrir al trueque y que ahora se ven obligados a realizar debido al “bajón”. En el transcurso de la reunión necesitaron revertir el circuito de la vergüenza, cambiarle el contenido y además descubrieron que fue bueno verbalizar, tanto para sí mismos como para los otros, lo que habitualmente ocultaban. En este proceso la vergüenza se fue transformando en dignidad:
“no me avergüenzo de lo que hago” 38

“ningún trabajo es denigrante” “todo trabajo es digno”.

Los empobrecidos no se identifican con los pobres de siempre, pero no porque coloquen en ellos la pobreza estigmatizada, ya que hay una reconceptualización tanto del pobre como del desocupado, sino porque en términos comparativos se reconocen, debido a sus trayectorias, como mejor posicionados en cuanto a diversos “capitales”: educativo, social etc. y por lo tanto mejor provistos para enfrentar la nueva situación. El reconocimiento entre ellos se produce cuando razonan, cuando intelectualizan sobre su situación actual. Si ser pobre es “no cubrir las necesidades básicas”, o “el deterioro de nuestras condiciones de vida”, entonces somos pobres. De la pobreza como experiencia de vida a las definiciones técnicas Cuando estos tipos de imaginarios son desplazados por las experiencias de vida, las intervenciones cobran el carácter de relatos, con tonos marcadamente diferentes según que hablen los estructurales o los nuevos pobres. En el caso de los primeros lo más frecuente es que comiencen a partir de sus propias vivencias de una manera espontanea y naturalizada, con ejemplos de su cotidiano donde el sufrimiento se acepta con resignación, más mimetizados con la pobreza.
“..ser pobre es...uno tiene que ver todos los días qué le va a faltar mañana, qué le va faltar pasado, cómo va a hacer para comprarle algo para los chicos cuando le piden en la escuela, no alcanza, lo que uno gana, no alcanza... ”

Luego van interviniendo las otras mediaciones entre las cuales también aparecen definiciones técnicas, menos hechas carne y más tomadas de prestado, parcialmente apropiadas. Ello es frecuente en los casos de participantes beneficiarios o gestores de programas sociales. La referencia a estas explicaciones técnicas parece más bien un recurso usado para complacer a los organizadores de grupos y talleres, pensando que eso es lo que quieren escuchar. El relato de Hilario (supra) es suficientemente gráfico. Los jóvenes pobres estructurales plantearon la existencia de dos tipos de pobreza, en cierto sentido más allá y más acá de las definiciones técnicas, más propias espontáneas y vividas. Distinguieron entre pobreza económica - falta o escasez de dinero - y pobreza social - asociada a la discriminación racial y geográfico-espacial 37 -. Esta última es vista más claramente como un estigma socialmente colocado en ellos que como una autoestigmatización. Los nuevos pobres en general se inician muy seguros con una definición técnica: “no cubrir necesidades básicas”, “tener ingresos insuficientes”, etc., después van complejizando en mayor o menor medida la cuestión y, según el caso, incluyéndose o excluyéndose de la categoría de pobres. Sin embargo, cuando llegan al relato de sus experiencias de caída o de empobrecimiento, este cobra un carácter marcadamente dramático y pesimista con respecto a las posibilidades de reposicionamiento futuro. En el caso de los jóvenes nuevos pobres, el escepticismo reemplaza al drama pero con igual o mayor grado de pesimismo. La pobreza relativa Una constante observada en el análisis - en encuestas, grupos focales y talleres - es que la pobreza siempre se percibe en términos relativos a un contexto en el cual hay posicionamientos diferenciales. Cuando la mirada es abierta, siempre se puede encontrar alguien que está peor. Todos pueden decir en algún momento “pobres son los otros”. En este punto el autoposicionamiento en una escala de 0 a 10 en términos de pobres-ricos - registrado en las encuestas - presenta concordancia con los otros relevamientos ya que sólo el 4 % de los entrevistados se colocó en el punto 0 de la escala y la mayor parte (55%) se posicionó entre 3 y 5, nadie se ubica en los valores 9 y 10 pero una cuarta parte se considera no pobre. O sea que la tendencia dominante es a ubicarse en una zona intermedia próxima al límite entre ser y no ser pobre.
37

En particular por el color de la piel y por el barrio donde viven.

39

Posicionamiento de la población encuestada en una escala de mayor a menor pobreza
TOTAL

Muy Pobres 0 1 21 7% 2 22 7,3% 3 47 15,7% 4 39 13% 5 80 26,7% 6 67

No Pobres 7 10 3,3% 8 2 0,7% 9 0

Ricos 10 0 0%

Escala Cant. %
300 100%

12 4%

22,3%

0%

Ahora, en algunos, ese posicionamiento es producto de una autoidentificación ambivalente: por un lado siempre hay alguien que está peor pero, a su vez, implica colocar la pobreza fuera: “pobres son los otros no nosotros”. Esto se observa entre los pobres estructurales principalmente cuando están mediando las representaciones estigmatizadas pero es muy frecuente entre los nuevos pobres. En este sentido, en el grupo de mujeres y de jóvenes nuevos pobres pudo detectarse que para éstos se trata de un posicionamiento complejo. Para las primeras, pobres son los otros, los de siempre, con relación a los cuales se perciben muy diferentes en cuanto a recursos y capitales acumulados de diferente tipo: educación, contactos, información y reconocimiento de derechos.
“El pobre está acostumbrado a que lo traten mal, siempre agachó la cabeza y siguió, peronosotras o, teníamos obra social...”

Aceptan la pobreza propia en cuanto deterioro económico pero se sienten mejor posicionadas para enfrentarla en términos relativos38, a pesar de que la caída impactó fuertemente en sus vidas personales y familiares. El contraste más marcado se observó entre los jóvenes nuevos pobres y los estructurales en cuanto al diferente umbral de necesidades e ingresos aceptados como razonables. Entre estos últimos el umbral de necesidades es muy bajo: tener un techo, alimentación y si se puede, vestimenta. Para los primeros es mucho más elevado: incluye recreación, salud, vestimenta y también el cuidado del cuerpo para lo cual es imortante el ejercicio físico, el deporte y la gimnasia. Conforme a ello, para los estructurales un ingreso de $ 300 no parece despreciable. Para los nuevos pobres, en cambio, las discusiones sobre el umbral mínimo de ingresos aceptable para considerarse de clase media giraban alrededor de $2000 a $ 3000. Estos contrastes detectados en el trabajo con grupos motivacionales son mucho menos marcados en los resultados de la encuesta. La mayor homogeneidad del universo de ésta última se refleja al comparar los tipos de pobreza de la población con el autoposicionamiento en relación a la escala de pobreza - riqueza. Las diferencias son menos nítidas que las presentadas en el ejemplo anterior de los jóvenes. Sin embargo hay un desplazamiento de las opiniones entre los estructurales (por NBI y NBI más LP) y los empobrecidos (LP) que indica la tendencia esperable: entre los primeros aumentan los que se consideran muy pobres y disminuyen los que se consideran no pobres. Con los empobrecidos pasa lo contrario. A pesar de ello siempre hay quienes estando mal posicionados desde lo que puede considerarse necesidades objetivas, no se consideran pobres y, por el contrario, otros que las tienen cubiertas se consideran muy pobres.

Tipos de hogares pobres según su posicionamiento entre los más pobres y menos pobres
TIPOS DE
38

0a2

ESCALA Más pobres – menos pobres 3a5 6a8

TOTAL

La excepción fue el caso de una mujer que había perdido el trabajo, la respuesta fue tajante : “Yo soy pobre porque no tengo trabajo”. 40

HOGARES LP NBI +( LP + NBI) TOTAL 10 45 55

C

% 7,1% 28,3% 18,3% 77 89

C

% 54,6% 56% 55,3% 54 25 79

C

% 38,3% 15,7% 26,3%

C 141 159 300

% 47% 53% 100%

166

Si en lugar de diferenciar tipos de pobreza según NBI y LP se lo hace en función de ingresos por adulto equivalente (indigentes, pobres no indigentes y no pobres), lo más interesante de observar resulta la percepción de los que se consideran no pobres. Por un lado un comportamiento esperado: a medida que aumentan los ingresos aumenta la proporción de los que no se consideran pobres. A pesar de ello se trata de porcentajes elevados si se tiene en cuenta la población con la cual se está trabajando 39. Si en lugar de analizar la percepción en la coyuntura se lo hace sobre la modificación de la situación del hogar en perspectiva en los últimos años, los datos mantienen coherencia con lo esperado ya que entre los empobrecidos (LP) el porcentaje de los que consideran que la misma ha empeorado es más elevado y es más bajo el de los que creen que han mejorado, comparado con los pobres estructurales (NBI y NBI mas LP). Sin embargo las diferencias no son muy marcadas si se parte del supuesto, por otra parte bastante estudiado, que los empobrecidos son los que más se sienten afectados con el deterioro económico, en términos relativos a su situación anterior40. Seguramente, si se pudieran agregar los Nuevos Pobres, el porcentaje de los que consideran que empeoraron aumentaría significativamente. Por último, lo más interesante que se rescata de la encuesta en cuanto a la relatividad de la percepción, surge de las preguntas abiertas que indagan sobre los por qué de la opción a respuestas que establecen orden jerárquico: bueno, regular o malo o ha mejorado, sigue igual, ha empeorado. De su análisis resulta evidente la importancia que tienen el contexto y la trayectoria para interpretar las percepciones. Es desde allí de donde parten, desde sus propios términos de referencia. Es por ello que en algunos ítems (alimentación, situación laboral) hay que reinterpretar las categorías de respuesta en función de los por qué. Así resulta que lo bueno lo es en términos relativos a sus propias posibilidades, a su propia historia o en términos comparativos a otros peor posicionados. Lo bueno entonces se parece mas a sobrevivir, a lograr resolver temporariamente el día a día. Con respecto a las respuestas regular, en general las explicaciones tienen una carga negativa que más se parecen a malo. El horizonte de bienestar conocido en general es muy limitado en términos de experiencia y de información. Si no se tiene en cuenta lo anterior difícilmente pueda entenderse que alguien considere buena su situación laboral “porque no le falta lo esencial para comer” o que consideren que la alimentación es buena “porque los chicos tienen lo necesario para vivir y los grandes pueden sobrevivir”. De allí que las respuestas a este tipo de preguntas son escasamente valiosas si no se acompañan de las debidas aclaraciones. Del relevamiento cualitativo puede identificarse quienes son los que están peor. Para los pobres estructurales se encuentran en esta posición las familias con muchos hijos pequeños, las madres solteras, los que no tienen trabajo, los que viven en asentamientos, los que tienen hijos discapacitados, los que tienen que mendigar. Los nuevos pobres consideran que están en peor situación los desocupados, los que tienen menores ingresos, los pobres de siempre y los que tienen hijos jóvenes que están estudiando41. Es importante comentar que el relevamiento cualitativo tiene una relación estrecha con los resultados del análisis a través de las técnicas de clustering, en el que los hogares más vulnerables son aquellos que presentan las características manifestadas en los talleres y grupos focales.
39

Se consideran no pobres: el 13,9 % de los indigentes; el 26,8% de los pobres no indigentes y el 46% de los no pobres (ver cuadro en el Anexo Estadístico). 40 Posiblemente debido a la mayor homogeneidad del universo de la encuesta ya comentado. 41 Como podrá verse, esto esta relacionado con los indicadores seleccionados para la elaboración de los clusters que agrupan a los hogares según niveles de vulnerabilidad. 41

Si la mirada se orienta hacia el interior del hogar hay un acuerdo casi generalizado -observado tanto como resultado de la encuesta como de las restantes técnicas - que los más perjudicados por la situación de carencia o necesidad son los niños, porque se considera que tienen más necesidades que atender ya sea porque las de ellos son impostergables o porque la privación de los niños resulta insoportable para los adultos:
“uno es grande para aguantar, ellos no entienden” “ellos no deberían sufrir hambre” “no hay nada pero que el hambre de los hijos” “ellos padecen la pena que uno tiene”

Los jóvenes es el otro grupo que produce preocupación. En este caso las necesidades más preocupantes se relacionan con la dificultad de conseguir trabajo y con la educación. Son también visualizados como un grupo especialmente vulnerable o de mayor riesgo frente a las drogas y al alcohol. Las respuestas de la encuesta señalan a los adultos en tercer lugar. Sin embargo gran parte de las explicaciones al por qué ellos están peor, se relacionan con la prioridad otorgada a los niños:
“preferimos proteger a los más chicos” “nosotros podemos arreglarnos con mate”

El segundo tipo de argumentos usados para explicar por qué los adultos están peor, gira alrededor de la problemática laboral, son los que sufren la desocupación o los que tienen que trabajar más horas para compensar los bajos ingresos del hogar. En los grupos motivacionales y en los talleres se ha detectado que, entre los adultos, son las mujeres particularmente afectas por el deterioro de la situación económica dentro del hogar por el aumento de la violencia - el marido descarga en ellas o los niños su impotencia y frustración- y por la sobrecarga al continuar al frente de las tareas del hogar y la búsqueda de inserción en el mercado de trabajo. Por último también hay referencias a los ancianos. Pobreza de energías Hay una última acepción, que se observó en algunos casos, es la identificación del pobre con el que está vencido, o se dejó vencer, con el que perdió las fuerzas para continuar luchando o el que directamente no tiene energías para hacerlo. Por ejemplo, una empobrecida dijo : “Mientras pueda luchar, no soy pobre”, que se complementa con la distinción de una joven pobre: “Hay dos tipos de pobres: los que se conforman y los que no”, en el sentido de que este último es menos pobre o seguramente dejará de serlo, el otro se eterniza en la pobreza. Estas afirmaciones tienen que ver con la contrapartida: los hombres activos de Tartagal cuyo sentimiento es de haber sido vencidos, a pesar de luchar y pelearle a “la pobreza”, esta partida está perdida. En estos casos la identificación actual se proyecta sobre los posibles caminos de salida. Para las primeras este camino está abierto, para los segundos, en cambio, se cerró. En síntesis, se presentaron diferentes dimensiones para analizar las percepciones sobre pobres y pobreza. Sin embargo, el lugar desde donde cada uno habla y la autoidentificación no responde a una única mirada. Hay diferentes posicionamientos y en ellos, el tránsito de una a otra perspectiva no es claramente definido ni percibido. Como telón de fondo, hay una representación dominante, en términos del imaginario colectivo que asocia la pobreza a falencias, carencias de cosas que no son necesariamente materiales: falta de honestidad, falta de limpieza, escaso desarrollo del espíritu. Así, los pobres son los vagos, los sucios, los mendigos, los ladrones o los pobres de espíritu. En este sentido, es un estigma social del que necesitan separarse para aceptarse como tales. Si la pobreza es de cosas materiales y hay ganas de superarse, no hay pobreza o ésta puede aceptarse.
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La otra dimensión fuertemente presente es la de pobreza relativa al contexto dentro del cual se encuentran y de la propia trayectoria. Lo que confronta con las definiciones técnicas que en general se presentan como objetivas y externas. Sobre este tema hay una pregunta de fondo que parece atravesar todas las discusiones y los discursos ¿De qué pobreza estamos hablando?

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Síntesis comparativa entre percepciones de pobres estructurales y nuevos pobres 42

Percepciones sobre pobres y pobreza

Grupos de población Pobres Estructurales Nuevos Pobres

Mecanismos que explican el Se los vincula a factores : Se los vincula principalmente a surgimiento y reproducción de  internos : historias de vida o factores externos : la pobreza personales  crisis económica y reforma del estado que produjeron  externos : discriminación, desempleo y reducción de deterioro económico ingresos Autoidentificación : • Vivencia sobre pobreza Se sufre resignadamente : Dramática : es de no de

Necesidad de diferenciarse del “como nuestra pobreza no estigma social asociado a la visible, no somos objeto pobreza : atención”. “somos pobres pero dignos” “estamos empobrecidos pero “siempre alguien está peor” somos iguales a los pobres siempre” • Definiciones Desde la propia práctica Pobreza material (aceptada) Pobreza estigmatizante (rechazada) Definiciones técnicas utilizadas sólo por algunos beneficiarios de programas sociales • Quiénes son más pobres  Las madres solteras  Familias con muchos hijos pequeños  Los que tienen que mendigar  Los que no tienen trabajo  Los que viven en asentamientos  Los que tienen hijos discapacitados A partir de definiciones técnicas

Por la nueva situación, hay ambivalencia en cuanto al grado de autopercepción

 Los desempleados  Los que tienen ingresos insuficientes  Los pobres de siempre  Los que tienen hijos jóvenes que estudian

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A partir de grupos motivacionales, talleres y entrevistas.

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Percepciones sobre pobres y pobreza: mujeres jefas de hogar

Percepción sobre pobres y pobreza Autoidentificación vivencia sobre pobreza

Mujeres PE

Mujeres NP

-naturalizada -pobres somos nosotros pero siempre hay alguien peor -desde la propia práctica -técnicas escasamente apropiadas (en especial las que participan de programas sociales)

-entre el drama y la tragedia -compleja: antes pobres eran los otros, ahora también nosotros pero somos diferentes - inician con def. técnicas (seguras y externas) -luego involucramiento que oscila entre la racionalización y lo sentido los desocupados

definiciones

quienes son más pobres

madres solteras flias c/muchos hijos pequeños los que ganan aún menos flias c/padres borrachos los que tienen hijos pequeños los desocupados los que agachan la cabeza -no se identifican referencias temporales externas -prioritariamente internos: historias personales de vida

mecanismos que explican surgimiento y reproducción de pobreza

-principalmente colocado fuera: crisis económica después 90, reforma estado provincial -El divorcio.

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Percepciones sobre pobres y pobreza: jóvenes

Percepciones sobre pobres y pobreza Autoidentificación vivencia sobre pobreza

Jóvenes pobres

Jóvenes NP

Desde una aceptación natural Nosotros no: escaso involucra miento. Se reconocen como de pobreza media a partir de bajo umbral de necesidades. Pobreza económica (escasos recursos materiales) Pobreza social (estigma social que coloca sobre ellos la discriminación) Respuesta ambivalente entre: - los que quieren serlo: vagos, borrachos - los que: no tienen trabajo, no tienen vivienda, tienen flia. numerosa con hijos pequeños No hay referencias para surgimiento. Para reproduc. 1º factores individuales (conformismo) 2º indirectamente factores estructurales asociados a discriminación

De empobrecimiento marcado: entre el sarcasmo y la comedia Nosotros empobrecidos pero no pobres: a medio camino entre polos de pobres y ricos, a partir de un umbral elevado de necesidades. Técnicas: determinada por variable económica: tener o no dinero hace la diferencia Aunque tener “relaciones” favorece el acceso a una vida mejor Los que tienen menos dinero Los pobres de siempre

definiciones

quienes son más pobres

mecanismos que explican surgimiento y reproducción pobreza

Se resume en un círculo vicioso entre falta de dinero, de trabajo, de educación La reproducción podría explicarse por factores estructurales: económicos (explotación) y políticos (corrupción)

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Percepción de los servicios públicos con relación a la ciudadanía En los casos estudiados, el papel que juegan los derechos y la ciudadanía en la utilización de los servicios públicos diferencian los comportamientos de los empobrecidos y de los pobres estructurales. Los primeros, con mayor práctica en hacer valer los derechos, llegan a los servicios públicos por una rápida caída, con una opinión formada de los mismos. Atenderse en el hospital público o en la salita no es producto de una elección personal, por el contrario, es consecuencia de no tener mejores alternativas. Si bien puede generalizarse a los diferentes servicios, aquí se tratará el caso de salud, sector sobre el cual los ejemplos resultaron más interesantes. Una mujer jefa de hogar empobrecida, dice al respecto:
“Yo soy de imponerme. Muchas veces pasa eso, cuando ven el carácter de una persona, que vos empezás a interrogar y a preguntar, muchas veces tiene que ver eso en la atención”

Otros relatos giran alrededor de este tema :
“Es así la cosa, incluso tenés que pelearte. Una vez salió la jefa y me dijo : estamos de paro, y a mí que me importa. Si ven que yo me achico, te prepean, te basurean. Ellos ven como vas vestida, si contestás o no...” “Se supone que si no podés acceder a una medicina paga sos un cacho de carne, con esas palabras se lo dije, me salí del otro lado del mostrador y en medio del escándalo se levanta el médico de guardia y me dice : “señora, que pasa”, entonces, le pregunto porqué yo de este lado soy señora y de allá soy un pedazo de carne, “no, señora”, entonces...si a mí me toman la temperatura, ¿de quién es la temperatura ?, y entonces por qué yo no la puedo saber, si a mí me toman la presión, ¿de quién es ?, es mía, y entonces ¿por qué ?, “suya señora”.

Dentro de esta percepción generalizada en los nuevos pobres de que solamente son mejor atendidos si reclaman, preguntan o se quejan, es decir, si marcan la diferencia con el pobre estructural, tradicional demandante de estos servicios, también hay lugar para distinguir a los prestadores.
“Depende de qué medico te toque porque, por ejemplo, si yo me pongo a comparar en la salita, el odontólogo de la mañana es un desastre, un vago ; nunca he podido probarlo como profesional porque siempre encontró una excusa para mandar los chicos de vuelta : que el nene es discapacitado, que no le entiende. En cambio el de la tarde, aparte de ser excelente no le hace falta que vaya la mamá ni el hermano mayor”.

Para los nuevos pobres, el recurso de hacer valer los derechos les sirve para lograr atención, o bien, mejor atención. En opinión de algunos de ellos, una parte de los problemas que se presentan a la hora de usar los servicios públicos tiene que ver con que los pobres estructurales son mal tratados y conviven con ese maltrato, no se quejan, no reclaman, mientras que ellos exigen los que les corresponde y logran que los atiendan como quieren. Cabe aclarar aquí que Salta comparte con otras provincias de la región, las características del modelo denominado por Bustelo “caudillo-patrón” o se identifica por lo que O’Donnell llama zonas marrones, caracterizadas por una ciudadanía de baja intensidad. Sin embargo, el mapa al interior de la provincia no es uniforme. Es posible, por lo tanto, encontrar diferencias entre sectores sociales respecto de la actitud frente a la ciudadanía. La conciencia de ser ciudadanos con derechos diferencia a los empobrecidos de los pobres estructurales a la hora de evaluar la calidad de los servicios públicos y de utilizarlos. A pesar de que a partir de este estudio no se avanza sobre los problemas vinculados a la construcción de ciudadanía, hay indicios para suponer que entre los empobrecidos la modalidad de reclamo frente a lo que consideran pésima atención de servicios públicos, no siempre se vincula a lo que podría considerarse derechos violados o no respetados, en algunos casos43, lo que hacen es desarrollar estrategias de diferenciación social para demostrar que el que reclama y el que atiende ocupan diferentes posiciones y es por ello que están obligados a
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Los empobrecidos de los sectores tradicionales vinculados al poder local, por ejemplo.

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atenderlos como se merecen. En estos casos no sería infrecuente, si se entrevistara a personal de servicio de los servicios públicos, encontrar frases, gestos o posturas intercambiables con el “¿Sabe Ud. con quien está hablando?”, analizado por Roberto da Matta, cuya respuesta seguramente no será el : “Y a mí, ¿que mierda me importa ?”, que O’Donnell identifica con ciertos sectores de clase media porteña. En el caso de Salta en términos generales, pero entre los pobres estructurales y pobres de nuevo en particular, puede plantearse que el camino recorrido hacia la constitución de una ciudadanía que traiga consigo disminución de desigualdades sociales, es breve y precario.

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CAPITULO IV: NECESIDADES Y PROBLEMÁTICAS. En este capítulo se analizarán las necesidades y problemáticas asociadas a la pobreza manteniendo las opciones metodológicas y analíticas presentadas en el capítulo anterior. Por consiguiente los resultados obtenidos son producto de la combinación de técnicas cualitativas y cuantitativas. Se han separado para su tratamiento necesidades de problemáticas. Entre las primeras se agruparon las consideradas necesidades básicas presentadas según un orden de prioridad estimado a partir de cuan sentidas y reiteradas se expresaban. Luego se presenta un conjunto de problemáticas derivadas de las anteriores, y al parecer inevitables: la imposibilidad de conseguir trabajo, alimentos, etc. Así por ejemplo, cuando la falta de alimentos es muy grave se llega a la problemática del hambre.

Necesidades asociadas a la Pobreza Trabajo La carencia por excelencia reiteradamente señalada, es la falta de trabajo. Hay consenso, es reconocida por todos, estructurales y nuevos pobres, y los grupos específicos por edad y sexo. En este punto, hay una coincidencia total entre las distintas técnicas utilizadas. En general, esta falta ya no es identificada como problema propio, individual sino externo, social, la desocupación es un problema de muchos. Esta, quizás sea la carencia que hoy en día está menos estigmatizada, comparativamente a años atrás cuando la desocupación estaba menos extendida, pero es la que más frustración y destrucción personal, familiar y social causa. Además es una carencia que afecta a todos los grupos estudiados, hombres, mujeres y jóvenes, e incluso algunos mayores que ahora también buscan trabajo. En todos los grupos en donde había mujeres pobres de áreas urbanas 44, principalmente las que trabajan en servicio doméstico, el problema no es tanto la falta de trabajo, como el que antes pagaban mejor y ahora pagan menos, o peor aún, las hacen trabajar y luego no les pagan . Esto puede transformarse en una cadena, algunas familias cambian de empleadas domésticas y nunca pagan. Los resultados de la encuesta son coherentes con estas apreciaciones. Si bien, el 15% de las respuestas sobre la valoración de su situación laboral fue “buena”, analizando los motivos aducidos se puede, desde otra perspectiva, considerarla “regular” si se atiende al contenido de las mismas: - que no les falta lo esencial para comer; les alcanza para vivir (porque pagan luz, alquiler, comida; pueden sobrevivir mientras que otros no; tienen dinero para llevar a casa. - que el trabajo es efectivo, estable. Que son buenas las condiciones de pago (puntual, bien). - por que hay trabajo, por lo menos siempre tiene trabajito para hacer. Responden “regular” el 49% de los hogares y “mala” el 33%, que totalizan un 82%. Los motivos son: - los ingresos, el sueldo, es bajo, es una miseria ; no hay compensación por todo el tiempo que se dedica. No alcanza para cubrir lo mínimo. Malas condiciones de pago. - la cobertura social es mala o deficiente, no tienen aportes jubilatorios, los patrones no realizan los aportes. - los cuentapropistas no tienen ventas, hay mucha competencia, no se cobra. - en el campo, el encañado no da como antes ; los animales se han muerto ; no alcanza porque son muchos, no alcanza para el estudio.

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Estos fueron tres.

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- hay explotación, si se consigue trabajo nos explotan mucho. Abusan del empleado, no pagan horas extras, se trabaja más horas con el mismo sueldo. Se trabaja más, el sueldo es poco, muy sacrificado y cansador. - el trabajo es precario, inestable, inseguro, “cuando se termina comienza la preocupación”. - los programas sociales de empleo son lo único que tienen y lo ven como una solución temporaria. Alimentación Las diferencias que pueden apreciarse entre los pobres estructurales y los nuevos pobres es importante. Entre los primeros se trata de cubrir las necesidades alimenticias de la familia, a veces no se logra, y para hacerlo se debe recurrir a la asistencia social, los comedores barriales, escolares o de ancianos son imprescindibles. El hambre y la desnutrición aparecen en los relatos como experiencias dolorosas y sentidas. Los nuevos pobres no tienen experiencias tan extremas, sin embargo, la dificultad para resolver ahora la alimentación ocupa gran parte de sus vidas. En general, hubo consenso entre los distintos grupos en que habían bajado la calidad de la alimentación, en cuanto a marcas, pero fundamentalmente referido a los componentes de la dieta 45, ahora se consumen guisos y fideos, ya no más carne, frutas y verduras. El obtener la comida por solidaridad familiar y ya no más por sus propios medios, constituye una situación muy dramática para estos grupos, en los momentos más agudos de la caída. Los resultados de la encuesta muestran, como en otros casos, que la evaluación “buena” que corresponde a la mitad de los hogares (50%), incluye una buena parte de respuestas que pueden considerarse, desde la perspectiva del análisis, como “regular”. Estas son las que contestan “alcanza justo”46, el resto, que contesta “alcanza bien”, puede aceptarse como buena alimentación, aunque siempre dentro de un horizonte limitado, por ejemplo: “puede darles lo mejor aunque le cueste”. Inclusive hay respuestas coincidentes entre “buena” y “regular”, y entre “regular” o “mala”. Los que contestan regular son el 41% de los hogares y mala el 8,7%. Entre las respuestas más reiteradas se encuentran: 1. Evaluación relacionada a la situación económica :
“los chicos reciben lo que necesitan, a fin de mes tienen que privarse”, “se privan de cosas para llegar a mediados de mes”, “no llegan a fin de mes, los afectados son los mayores”, “no les alcanza para comprar lo que necesitan para los chicos”.

2. Evaluación relacionada con la calidad, que en definitiva también pasa por la situación económica:
“no siempre se como algo que alimente bien, sino lo que se puede”, “no se satisface todos los principios nutritivos”, “comemos comida que llena pero no alimentan bien”, “casi nunca falta nada, pero no tenemos todo”, “a veces cocinamos guiso todos los días”, “consumimos mucha carne y pocas verduras”, “no tienen alimentación completa, no conocen la fruta”.

3. Cantidad y frecuencia de la alimentación y/o comida :
“muchas veces comemos lo justo y necesario y nos quedamos con hambre”, “no comen mucho y no cenan”, “comen lo poco que tienen”, ”comen poco, a veces no comemos”, etc.

Los que consideran que la alimentación es “mala”, dicen:
“lo que gana mi marido no abastece para comprar alimentos necesarios”, “no comemos casi nada”, “se debería consumir leche, verduras”, “faltan muchas cosas para comer”, “los chicos que van a la escuela almuerzan, a la noche toman mate cocido”.
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Sobre este tema se vuelve en el título “Estrategias” , comparación entre los grupos de mujeres. Entre estas respuestas tenemos, por ejemplo : “se privan de otras cosas pero no de alimentación”, “se come todos los días”, “con lo poco que tenemos lo hacemos alcanzar”, “trabajo y la mayor inversión es para que coman los chicos”, “todos se ayudan para contribuir en los alimentos”, etc. 50

Educación Puede decirse que la educación y/o la capacitación es visualizada como la única vía para salir de la pobreza, aunque no puedan acceder a ellas o les resulte muy difícil y sacrificado y aunque en el discurso y en el análisis de la realidad, reconozcan que ya no es como antes, ahora no garantiza nada. El “acomodo” y la “política” aparecen como contrapartida, ellos garantizan trabajo, buenos sueldos, etc. y provocan el desaliento de los que eligen el camino del esfuerzo o de los que no les queda otra opción, es decir, del estudio/capacitación y del trabajo. Si bien hay diferencias de contenido cuando se trata de pobres estructurales o nuevos pobres, la afirmación anterior es válida para los dos grupos. Para los nuevos pobres el papel de la educación/capacitación es variada y puede incluir carreras universitarias y especializaciones, mientras que para los estructurales la educación que se esfuerzan en concluir es el nivel medio, a la universidad sólo van con mucho sacrificio aquellos que se destacaron. En caso de empobrecidos hacen especial hincapié en adquirir capacidades en idiomas y en computación, para poder acceder al mundo del trabajo, aunque tampoco son garantía, el ejemplo recurrente es el médico que debe ocuparse ahora de taxista 47. En los pobres, la educación formal aparece como importante como medio de promoción social y acceso al trabajo. También se puede apreciar una permanente tensión en los jóvenes, entre educación-trabajo, en el sentido de que si se consigue trabajo, se dejan los estudios ya que éste es prioritario. En la encuesta se preguntó por la calidad de la educación, y las opciones de respuesta, también eran: buena, regular o mala. Es de resaltar que se trata particularmente de una evaluación de la educación pública, ya que el 94,7% de las personas asistían a establecimientos públicos. La opinión, en la mayoría de los casos es buena (80,8%) y los motivos tienen que ver con la evaluación de enseñanza y aprendizaje, contenidos, disciplina, los profesores y el ambiente estudiantil. Las respuestas por regular, tienen que ver, también con el establecimiento, la indisciplina, la inseguridad, la falta de espacio, el ambiente estudiantil, los contenidos, los profesores. Educación y movilidad social El nivel educativo en las generaciones adultas es por lo general un factor casi determinante del tipo de pobreza. Sin embargo, en las generaciones jóvenes de los pobres estructurales el haber completado los estudios primarios y accedido o terminado los del nivel medio, los posiciona en situación de ventaja al interior de su propio grupo (capital social), pero no necesariamente les permite salir de la pobreza debido a que, ante el achicamiento del empleo aumenta la demanda educativa para acceder aunque más no sea a situaciones de “subempleo” – en términos de ingresos y habilidades adquiridas -. La valoración de la educación para alcanzar otro nivel de vida es muy fuerte en el deseo para sus hijos en este sector, sin embargo se reconoce que no alcanza por si sola para garantizarla. Apareciendo, por lo que mencionamos en el párrafo anterior, con mucha más fuerza y fe en la educación como factor de movilidad en las generaciones adultas. Los jóvenes en general son más pesimistas con relación a las posibilidades reales. En el caso de las mujeres pobres estructurales gestoras de proyectos, activas militantes que han accedido a la capacitación de diversos programas surge la fuerte valoración y demanda de más capacitación, puesto que su acceso a la información sobre los programas sociales y sus experiencias en los mismos les han ido demostrando el valor de uso para crecimiento personal
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Es muy fuerte el impacto observado en los grupos focales alrededor de la figura del médico devenido taxista, y a la vez, tan interesante que podría ser tema de un estudio aparte. Aquí podríamos avanzar que posiblemente se trate de la figura paradigmática del “nuevo pobre”, aunque seguramente reúne otros aspectos importantes del imaginario social actual. Es un ejemplo recurrente, no sólo de los nuevos pobres, sino también de los estructurales. 51

y de su grupo, que se refleja no sólo en acceso a algunos beneficios materiales sino también amplía su “capital social”. Sin embargo, el acceso a esa capacitación está mediado por ser alfabetas y el mayor o menor dominio de la lectoescritura que posean. Para los jóvenes las posibilidades de progreso se condicionan con las posibilidades reales de mantenerse en el sistema educativo. Estas no sólo se vincula con el desempeño escolar y sus dificultades debido a las características de su capital cultural, sino también con la necesidad de trabajar y las mayores o menores oportunidades que al respecto les surjan. En el caso de los hombres adultos de este sector, el tipo de trabajos a los que acceden no parece estar mediado por factores educativos. Los trabajos que ocupan históricamente y en los programas sociales no requieren, por lo general, capacidades de lectoescritura, por ello en los registros aparece principalmente la educación como factor de movilidad para sus hijos, ya no para ellos. En el caso de los empobrecidos, la educación primaria y la secundaria están casi naturalizadas con relación a su identidad como grupo social y como necesidad para mantener al menos su nivel de vida. Las posibilidades de mejora o el “estar mejor” estarían dadas por los estudios universitarios. En estos últimos, quizás habría que diferenciar entre las posibilidades que el título profesional genera respecto del empleo - frente a lo que son bastante pesimistas y el prestigio y capital social que otorga el vestir un título universitario. La pérdida de la educación privada para muchos de ellos, sin embargo, pone en riesgo la calidad de los resultados y las opciones de futuro. La educación es vista hoy fundamentalmente como algo importante para recuperar o mantener la posición inicial. En los jóvenes hay una ambivalencia entre la importancia de la educación para progresar y la real utilidad de la misma frente a la crisis del empleo o los factores “no idóneos” por los que se accede a los trabajos. De hecho, entre estos jóvenes, su capital social y su capital cultural, les permite acceder a diferentes trabajos que a los jóvenes pobres estructurales, aún cuando esos trabajos sean poco valorados en relación a la protección social que ofrecen. Salud Respecto de la salud, se observan diferencias destacables entre pobres y empobrecidos con relación a la percepción de lo que es o no estar sano y sobre la apreciación de los servicios de salud, diferencia que fue más acentuada entre las mujeres. Para los pobres, enfermedades son las que los doblegan, las que ponen en riesgo la vida, o las crónicas que requieren atención continua, por ejemplo, el asma. La atención que reciben es evaluada como buena, son escasamente críticos de ella, están habituados al mal trato y a la baja calidad del servicio. En los relatos surge que hacen largas colas, que a veces no llegan a atenderse, los derivan mal, no se dan cuenta de la gravedad de la enfermedad, e innumerables problemas más, pero así es. Los segundos se refieren a enfermedades mucho más variadas y requieren de la atención de especialistas: problemas odontológicos, visuales, traumatológicos, alérgicos, etc. Son fuertemente críticos con la atención de la salud pública, a la que se vieron obligados a recurrir, son exigentes y reclaman derechos. Ellos notan que los pacientes que siempre acostumbraron asistir al hospital, los pobres estructurales, no se quejan y se someten a todo tipo de malos tratos que ellos no están dispuestos a tolerar. La encuesta es coherente también con los resultados de las otras técnicas. Relativamente pocos encontraron problemas en la atención de la salud, el 22,7%. En la mayoría de los casos que realizan críticas, son aquellos que no tienen obra social, por lo que puede inferirse que acuden al hospital o salita. Las críticas se refieren a los siguientes aspectos: Los tiempos de espera, la falta de turnos, las largas colas: “ hay que madrugar para conseguir turno y a veces no hay médico”, “nos retacean la atención y los turnos”, “la espera cansa”. Los referidos a la calidad de la atención : “mala atención”, “no valoran al paciente como persona” y por último los relacionados con el personal y los servicios : “faltan médicos”, “no hay ambulancias”, etc.
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Vivienda Según las técnicas cualitativas, la vivienda tiene un principio de solución para los pobres estructurales cuando se consigue un terreno, sea por asentamiento ilegal o por compra en cuotas; a partir de aquí comienzan a construir, de a poco, una vivienda precaria. Si logran la adjudicación de alguna a través de planes estatales, el pagar la cuota se vuelve el gasto principal del presupuesto, que les impide atender otras necesidades. Es de resaltar que en las mujeres pobres estructurales, la vivienda es un problema que aparece en los testimonios cargado de ambivalencia. Por un lado, resolver la vivienda es central, sin embargo, están acostumbradas a vivir sin resolverla. Los nuevos pobres, o bien son propietarios desde antes, hecho que les soluciona un problema; o bien deben pagar una cuota que tiene el mismo peso que el señalado para los estructurales. En ambos casos, el pago de los servicios asociados a la vivienda es un gasto altísimo que administran mes por mes, pagando unos u otros, priorizando los que cortan. Tanto los unos como los otros, recurren a los familiares ante situaciones problemáticas como desempleo, divorcio, etc. La pregunta sobre vivienda en la encuesta se refería a problemas que tuviera alguna persona del hogar sobre este punto, y fue respondida por el 100% los encuestados. Estas se pueden agrupar como sigue: - hacinamiento por cantidad de familiares y cuartos. - problemas de construcción por obsolescencia y/o precariedad. - problemas de localización: inundaciones, asentado en las márgenes del río. - problemas de precariedad en la tenencia del terreno. - mantenimiento, imposibilidad de pago de impuestos y servicios. A continuación se presenta un cuadro resumen de lo expuesto.

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Necesidades asociadas a la pobreza
Grupos de Población Necesidades Trabajo Pobres Estructurales Nuevos Pobres

No hay. No hay Cuando hay, no pagan (empleo Bajaron la calidad doméstico). Bajaron los salarios Se trabaja por mercadería o por Hay que trabajar más, cuando se salarios menores. consigue Confiere dignidad Confiere dignidad Tratan de cubrir Tratan de cubrir Enfermedad : grave Atención buena Los niños se enferman más Bajaron la calidad Bajaron la calidad Atención amplia Bajaron la calidad

Alimentación Educación Salud

Vivienda

Lote : principio de solución Dificultad para pagar la cuota Dificultad para pagar la cuota Dificultad o imposibilidad de pagar Dificultad o imposibilidad de pagar los servicios asociados lo servicios asociados

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Problemáticas Hambre El problema del hambre, en aquellos grupos donde hubo testimonios personales, salió en relatos muy conmovidos, pero a la vez sin dramatismo, con dolor y con dignidad. Hubo coincidencias en distintos grupos en que el hambre de los niños es lo más insoportable que hay. Por ello fue vinculado a situaciones de violencia familiar, cuando el niño tiene hambre y llora, el padre que no tiene para darle de comer le pega, porque no soporta la situación. En otro caso, se mencionó que el adulto se aguanta el hambre, pero que el llanto de los niños por hambre es insoportable. Una joven madre dijo :
“A mi changuito de tres años yo le digo... . Mami, me dice, quiero pan. No hay, papá, -le digo- mañana va a tener plata la mamá para comprar pan. Está bien, dice, y se da la media vuelta, toma la mamadera y se duerme. Es así, cuestión de hablar con los chicos... ”.

Los pobres estructurales generalmente tienen relatos de hambre, recientes o no, y comentan que en esos momentos tratan de priorizar la poca comida que tienen para los niños o para los que trabajan. Los altos índices de desnutrición en el Provincia corroboran estas afirmaciones, como los resultados de la encuesta, por ejemplo : “no comemos casi nada”. Discriminación La discriminación por distintos motivos, por ejemplo, por la ropa, el aspecto físico, por el barrio donde viven, por ser bolivianos, fue una problemática señalada en reiteradas oportunidades por los pobres estructurales. Es considerada injusta, es percibida como un prejuicio de los que ejercen la discriminación que no tiene que ver con lo que realmente son ellos, y que los perjudica mucho, especialmente cuando buscan trabajo, ya que les cierra la posibilidad de demostrar que son capaces y honestos. Entre los nuevos pobres no es un tema recurrente como en los estructurales, pero de todas formas se sienten discriminados. En situaciones determinadas, señalan por ejemplo, a la hora de buscar trabajo o de demandar servicios (salud y otros), puesto que se evidencia su mala situación económica y debido a ello reciben mala atención. Creen además, que son discriminados por las políticas sociales ya que al tener, por ejemplo, casa y educación se piensa que están en mejor situación. Sin embargo, tienen problemas económicos serios que no pueden resolver y que deberían ser atendidos por programas especiales. Descreimiento Existe un descreimiento generalizado en los políticos, tanto para uno como para otro tipo de pobres. Las opiniones giran alrededor de:
“Los políticos prometen y no cumplen... los políticos se acuerdan de la gente y de sus problemas sólo cuando se acercan las elecciones... a los políticos no les interesa solucionar los problemas de la gente sino sólo que la gente los vote...”

Este descreimiento se extiende hacia el estado y las organizaciones intermedias, ya no visualizan los canales que “radicionalmente” podían servir para solucionar problemas, pero tampoco ven nuevas propuestas. Crisis familiares/personales La caída de los nuevos pobres les plantea un problema que es abarcador de todos los ámbitos de la vida. La falta de trabajo acarrea falta de ingresos, pero adquiere un significado profundo de fracaso, de inutilidad. La crisis personal, el quiebre y la depresión profunda acompañan el
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drama del desempleo. En muchos casos ello implica la destrucción no sólo personal sino del grupo familiar. El divorcio, el suicidio, el alcoholismo o la droga están asociados a los casos de aquellos que no consiguen lidiar con el desempleo. En los pobres extremos los problemas familiares siempre están vinculados a la falta de recursos para mantener el grupo, es coincidente la opinión de que en muchos casos la violencia familiar se desata con el llanto de los niños por hambre. Jóvenes como grupo de riesgo En el caso de los pobres estructurales, los jóvenes hablaron de sí mismos, con cierta naturalidad, de situaciones de violencia a la que están expuestos, por parte de la policía o por el barrio, o por otros motivos. Entre los adultos o ancianos se notó una especial preocupación por los jóvenes, ya sea por la falta de expectativas de futuro y/o por hábitos consumistas que advierten en ellos. En el caso de los nuevos pobres, se advierte preocupación por la falta de perspectivas que visualizan para los jóvenes y por los riesgos a que consideran están expuestos: violencia, droga, alcoholismo, etc. En ambos casos, los jóvenes son afectados por la necesidad de los padres de trabajar más horas fuera de casa, lo que implica menor contención. Atención de los niños La atención de los niños y el problema que crea el no poder satisfacer las necesidades más elementales, es un aspecto fundamental que preocupa a todos los adultos hombres y a los mayores, pero es de interés central en las mujeres. Esto surge claramente en la información recogida a partir de la técnicas cualitativas, pero con abrumadora contundencia en una pregunta abierta de la encuesta. Esta interrogaba sobre quienes son los más perjudicados por la situación económica, y la respuesta más frecuente fue : “los niños porque no se les puede dar lo que necesitan”, o su complementaria : “los adultos porque sacrifican todo para atender a los niños”. Actitudes infantiles y juveniles Asociado a lo anterior, en diferentes ocasiones se pudo apreciar una preocupación de los adultos por lo que consideran actitudes consumistas de los jóvenes, así como también por la exigencia actual de los niños o jóvenes respecto de sus padres, en relación al respeto de sus derechos. Esto último lo sienten como una exigencia más que se agrega a las de siempre, y creen que a ellos les toca la peor parte : fueron exigidos como hijos y ahora son exigidos como padres. Entre los mayores de Guachipas y en el grupo de beneficiarios, apareció el tema del derechos de los niños o de los hijos como algo conflictivo. La enseñanza de ese tipo de derechos hace que los jóvenes les falten el respeto, no obedezcan, y los amenacen con denunciarlos. El derechos de los hijos aparece confrontado con el derecho de los padres a educar a los hijos :
“un chirlo bien dado cuando corresponde no atenta contra el derecho de los hijos y es un recurso para educar”.

Es posible que, estas apreciaciones de molestia por el reclamo de los niños esté relacionada con la prioridad que en su atención ponen los mayores y su impotencia para resolverla. Es totalmente coincidente la respuesta de que los que más atención requieren son los niños y consideran además que son los más perjudicados por la situación económica, por lo tanto, en general los mayores se muestran dispuestos a hacer sacrificios para darles lo mejor que pueden.

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Autoritarismo Entre los pobres estructurales que habitan zonas urbanas el autoritarismo lo aprecian claramente con relación a la policía, no así en las localidades urbano-rurales estudiadas. La policía los grita y los maltrata. En algún caso se hizo referencia a la actitud autoritaria de algunos políticos. Entre los nuevos pobres se siente el autoritarismo en las relaciones laborales. Luego de reformas y privatizaciones, con el aumento del desempleo, el autoritarismo en la relación de trabajo ha crecido hasta límites insoportables, se siente con humillación y violencia esta nueva situación. Puede decirse que el autoritarismo y las nuevas situaciones creadas en el mercado de trabajo crean las condiciones para un disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Se verá en lo que sigue la percepción sobre este problema. “Disciplinamiento” de la fuerza de trabajo De las distintas fuentes de información se desprenden percepciones en este sentido. La que permite analizarla con mayor detenimiento, es en la historia común que se fue armando en un grupo motivacional de mujeres jefas empobrecidas, en donde se trató el cierre del Consejo de Educación, ya que había varias ex-empleadas del mismo. Se puede considerar a éste un caso paradigmático. En el grupo, fueron tejiendo el relato de una situación que vivieron de manera muy traumática. La voz que emergió de manera más destacada fue la de humillación por el deterioro de la condición laboral : el haber sido desjerarquizadas, rebajadas, ignoradas, desconociendo sus méritos o valores. El desempleo o el maltrato en sus empleo luego de la reforma del Estado Provincial, junto a la estrechez económica actual que hizo replantear todos los gastos, hasta los más elementales, inimaginables un tiempo atrás, dio un tono general a la reunión de humillación, de manoseo, lo que se expresaba como : “nos sentimos de lo peor”. Ello se vuelca luego en una mirada escéptica hacia el futuro : “seguramente todo será peor”. Entre las ex-empleadas del Consejo, hubo reiteradas referencias a un militar que tuvo papel central en el cierre del mismo, y actual jefe de alguna de ellas en el Ministerio de Educación, que además de humillarlas parecía volverlas invisibles. Comentaron que la forma de tratarlas es:
“que hablás vos si no existís, si sos un fantasma” “la estabilidad laboral no existe, acá se hace lo que yo digo, y si no te gusta te vas, si vos sos nadie”

lo que hace que concluyan :
“tuvieron que traer un militar para desaparecernos”

El vínculo que establecen entre la dictadura militar y el autoritario proceso de reforma laboral resume la experiencia reciente de disciplinamiento en la relación laboral. Entre las preguntas abiertas realizadas en la encuesta, abundan las referencias a la inestabilidad, precariedad y mal pago de los trabajos, cuando los realizan, así como la dificultad para emplearse. Otro elemento que surge en este sentido es que aceptan condiciones desventajosas como atraso en los pagos y trabajar más horas con el mismo sueldo. Todos estos testimonios fortalecen la caracterización de las relaciones laborales en donde se ha reforzado el disciplinamiento, en muchos casos con componentes autoritarios. Para el caso de los pobres estructurales, tal vez se puede ejemplificar con el empleo doméstico los cambios relacionados con el fantasma del desempleo. Ahora no se consigue fácilmente
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trabajo, sólo piden las familias que necesitan empleadas “cama adentro”, que son las que realmente necesitan. Al respecto, los testimonios dicen :
-“trabajo sí se consigue, pero rara vez la persona paga”,

lo que hace concluir a otra :
-“o te paga poco o no te pagan nada. Por eso con la que trabajo ahora no la quiero dejar por nada del mundo, porque a ella no le gusta deber... digamos”.

La escasez de trabajo redunda en mantener el que tienen a costa de un disciplinamiento. Violencia Existe un malestar asociado a la percepción de vulnerabilidad de los jóvenes, tal como se expresó anteriormente. En algunos casos fue muy explícito, algunos pobres estructurales sienten que se prende una “luz roja” de la violencia (social), por la situación de injusticia que actualmente viven. En el caso de los nuevos pobres, el sentimiento de violencia es absorbido individualmente, la caída los violenta interiormente. Provoca destrucción individual y familiar.

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Problemáticas asociadas a la pobreza
GRUPOS DE POBLACION Problemáticas Hambre Discriminación Pobres estructurales Relatos de hambre. Desnutrición. ------Provoca violencia familiar Por el barrio, ropa, aspecto físico, etc. Por ser bolivianos Por el aspecto físico Porque no son “aparentemente” pobres no reciben ayuda del Estado u org. Intermedias y Nuevos Pobres

Descreimiento Crisis Familiar Jóvenes : grupo de riesgo

Política, estado y organizaciones Idem : Política, estado intermedias organizaciones intermedias Afecta más a la mujer que se queda Destrucción personal y familiar en la casa, el hombre sale Están expuestos a diferentes Por la falta de perspectivas situaciones de riesgos. Descuidados porque los No están cubiertos por programas deben trabajar más horas sociales (por ej. comedores) No se puede atender necesidades básicas a

padres

Atención de los niños Actitudes infantiles y juveniles

las Los niños se perjudican por los problemas económicos padres

Jóvenes consumistas Descuidados porque los Niños exigen por sus derechos deben trabajar más horas Preocupa la necesidad de que mendiguen Policía Relaciones laborales

Autoritarismo Violencia

Sufren el maltrato de la policía, Se Sentimiento de haber sido sienten vulnerables a violentados por la caída, en todos enfrentamientos de grupos los aspectos de la vida. juveniles, drogas, prostitución, alcoholismo. Temen que afecte a sus hijos

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CAPITULO V: ESTRATEGIAS Estrategias. Diferentes modalidades La inclusión de este capítulo se encuentra en estrecha relación con los capítulos III y IV precedentes. En esa dirección el análisis de las estrategias se incorpora permitiendo una mirada ampliada de la pobreza. Por lo general, el estigma que recorre las visiones naturalizadas de lo social y que muchas veces la ciencias sociales reproducen, está fundado en un desconocimiento de esta dimensión de la vida social de la pobreza. En ese sentido, nos pareció interesante incluir este apartado como una aporte a la comprensión de la propia complejidad de la pobreza y el conocimiento sobre las capacidades de los propios actores. A partir de la información recogida y como resultado del análisis, nos proponemos plantear algunas tipologías para organizar las modalidades de estrategias detectadas entre los sectores con los cuales se trabajó. Una primera distinción es en función del objetivo, y se pueden diferenciar las desarrolladas para resolver la vida cotidiana, de corto o mediano plazo -entre las cuales se prestó especial atención a las estrategias de generación de ingresos y de reducción de gastos -, de aquellas otras que pueden visualizarse como valiosas en tanto permitirían una modificación positiva, más radical de la situación presente y por lo tanto son consideradas como caminos de salida. La educación/capacitación quizás sea percibida, con mayor o menor escepticismo, como la estrategia de salida paradigmática. Se trata más bien de una meta, en general difícil de alcanzar y está acompañada de una cuota importante de aceptación/imposición social, estos son los caminos de salida socialmente aceptados, legítimos. Hay un tercer tipo, situado entre las anteriores que identificamos como modelos de arreglárselas mejor, son aquellas estrategias que resuelven algo más que lo cotidiano, que permiten alcanzar un mejor pasar, se asocian a la obtención de una posición relativamente mejor, de manera fácil, al alcance de la mano, mediada en alguna medida por el azar o un golpe de suerte, combinada con una circunstancia especial de vida. En algunos casos, cargan una connotación negativa, no siempre son socialmente bien vistas. Entre ellas se encuentran por ejemplo: el modelo del joven independiente que tiene vivienda, trabaja y no tiene familia; convertirse en gestor de programas sociales; la obtención de un puesto por acomodo, ganarse el quini, etc. En función del ámbito de resolución, las estrategias pueden clasificarse en individuales; familiares o amistosas y comunitarias . Estas últimas, a su vez, pueden ser cooperativas, barriales, etc. Si se tiene en cuenta el resultado alcanzado las estrategias pueden dividirse entre exitosas y fracasadas. En muchos casos la educación o capacitación aparece como una estrategia fracasada, sin embargo las más visibles entre ellas resultaron las de formación de cooperativas de trabajo por parte de ex-empleados de YPF que originalmente fueron visualizadas como caminos de salida. También puede referirse entre ellas a algunas estrategias comunitarias de mejora barrial que fracasan por conflictos o por escasa participación de los involucrados. Otra diferencia a tener en cuenta, en función de la situación, es entre estrategias históricas y novedosas de resolución, las primeras en general están mas naturalizadas más incorporadas en las prácticas sociales, más hechas cuerpo. Las segundas requieren alguna dosis de innovación que pone en funcionamiento la creatividad, no siempre racionalizada, cuando se enfrentan a situaciones a las cuales no se estaba habituado. En términos generales los pobres estructurales desarrollaron ciertas estrategias históricas para la resolución de la vida cotidiana, relacionadas principalmente con reducción de gastos y generación de ingresos. Sin embargos la crisis de los últimos años los ha llevado a desarrollar otras novedosas. Los nuevos pobres tuvieron que cambiar, en general abruptamente, sus estrategias históricas de resolución de lo cotidiano, encarando estrategias de reducción de gastos y generación de ingresos que antes resultaban impensadas.

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La última diferencia a tener en cuenta es en función de la fuente de los recursos, tanto materiales como simbólicos. Las estrategias pueden diferenciarse también según estos recursos provengan del trabajo doméstico de las familias, del mercado de trabajo o del de bienes y servicios, de las políticas sociales o de las redes de capital social 48que poseen los individuos o sus familias. El análisis se hará tomando como eje central las diferentes estrategias que surgen en función del objetivo, las restantes van surgiendo de manera articulada. Estrategias de resolución de la vida cotidiana Hay dos categorías fundamentales que deben analizarse vinculadas a la resolución de la vida cotidiana y que hacen a las diferentes posibilidades de resolución entre los pobres estructurales y los nuevos pobres, estas son las de espacio y tiempo. El ámbito espacial de los pobres estructurales, se reduce por lo general al barrio. En él satisfacen gran parte de sus necesidades de consumo, educación, recreación, etc. por medio de redes de vecindad y del capital social que ello implica. Al punto que los niños a veces no conocen otras zonas de la ciudad (ni las céntricas) y las mujeres, que salen de ese espacio lo hacen por razones laborales o esporádicamente para alguna actividad puntual. Por el contrario, para los nuevos pobres, cuya trayectoria se vincula a los hábitos cotidianos de la clase media tradicional, el ámbito barrial es un espacio de radicación domiciliaria, pero la resolución de las actividades se dispersa en el mapa urbano. Las relaciones de vecindad, para este grupo, comienzan a ser importantes actualmente, como se verá más adelante cuando se analice el uso del capital social como estrategia. Respecto de la dimensión temporal, la necesidad inmediata, el hoy, es lo prioritario a resolver para los pobres estructurales. Esto está asociado a un ingreso históricamente discontinuo, inestable e insuficiente, lo que se relaciona con la imposibilidad de proyectar “en el tiempo largo”, que es lógica característica de la clase media que ahorra, planifica, invierte a largo plazo, se arriesga al crédito cuando las condiciones estructurales le dan cierta seguridad. Es por ello que el ámbito de resolución barrial y comunitario cobra espacial importancia entre los pobres estructurales y por lo tanto es generador de una fuerte identificación. Como contraparte se observa la dificultad de los nuevos pobres para articular acciones de orden barrial. En relación a esto, los centros vecinales son espacios importantes para los pobres estructurales, no solamente para gestionar el acceso o mejora de cierta infraestructura urbana como agua, luz, transporte, etc. sino también en la mediación con distintos programas sociales a través de los cuales se resuelven parcialmente algunas cuestiones - FOPAR, Pan Comunitario, Animadores Comunitarios - (ver capítulo VI). Este ámbito de resolución funciona a pesar de los conflictos que lo atraviesan, vinculados con intereses creados de grupos mayoritariamente relacionados con cuestiones partidarias, con el nivel desparejo de participación de los vecinos y con la "apropiación" por parte de algunos dirigentes comunitarios de ciertos programas sociales. En relación a ello es que los comedores comunitarios en la mayor parte de los barrios funcionan de manera independiente al centro vecinal, liderados en su mayoría por grupos de mujeres. Estos grupos paralelos a los centros vecinales adquieren capacidad de gestión propia que refuerza en las mujeres autoestima, autonomía y la posibilidad de acceder directamente a nuevos programas sociales49. Entre las actividades que convocan e integran la comunidad barrial, muchas se vinculan a festividades religiosas, patrias o comerciales, pero las que han asumido como propias, tales
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El capital social sería el “...conjunto de los recursos actuales o potenciales que están ligados a la posesión de una red durable de relaciones más o menos institucionalizadas de inter-conocimiento ...o, en otros términos, a la pertenencia a un grupo, como conjunto de agentes que no sólo están dotados de propiedades comunes (....), sino que también están unidos por lazos permanentes y útiles” ( Bourdieu, P, 1980a: p. 2). El uso del capital social como estrategia ha sido aplicado en distintos estudios sobre estrategias de los nuevos pobres en la Argentina (ver Kessler, 1997b, Minujin y Kessler, 1995; entre otros). 49 La participación de mujeres y jóvenes en los programas posibilita también la “salida del barrio” para capacitación. No solo les amplía “marcos espaciales de referencia”, contactos con otros grupos similares y diferentes, sino también experiencias de prácticas nuevas, tales como formulación de proyectos, compras comunitarias, etc. a las que no accedían previamente. 61

como el día del niño, de la madre, etc. y que se transforman en las principales actividades recreativas50. Generalmente son organizadas por los centros vecinales o por alguna de estas organizaciones paralelas, pero también pueden transversalizar estas escisiones barriales. Hay programas como el de huertas comunitarias o familiares en general resultaron experiencias escasamente exitosas. La factibilidad de realizarlas pareciera estar mediada por la disponibilidad de agua y tierra pero también el mayor trabajo doméstico que implican, sobre todo cuando no hay una cultura familiar previa o cuando la producción no se adecua a los hábitos alimentarios de la población destinataria. En la encuesta por ejemplo, sólo el 2,6% dice participar de alguno de estos programas. Los programas que se implementan principalmente en el ámbito institucional escolar, sin ninguna participación de los beneficiarios, a través de los cuales se resuelven algunas necesidades de lo cotidiano, (como la copa de leche o la entrega de delantal y útiles), no son visualizados como tales, lo que se refleja tanto en talleres como en grupos motivacionales. Otros modos de acceder a recursos a veces de forma no sistemática ni generalizada son el clientelismo político/partidario y las lealtades personales (paternalistas), si bien se manifiestan voces emergentes que muestran que estos modos de relación clientelística actualmente se rigen menos por lealtades históricas y más por una mercantilización al mejor oferente. El esfuerzo personal y familiar también es importante, combinado con lo anterior, para la resolución de la vida cotidiana y allí las mujeres ocupan un lugar destacado. Cuando éstas son jefas de hogar los hijos mayores, aún pequeños en muchos casos, que aún no pueden incorporarse al mercado de trabajo, son los que se hacen cargo del cuidado de los menores, con la situación de riesgo que eso implica. Los ancianos, u otros adultos que comparten la unidad doméstica, son un soporte importante para estas mujeres. Entre los nuevos pobres priman las estrategias personales, familiares y de relaciones amistosas. Aquí juega un papel importante el uso del capital social, es decir, las vinculaciones que les permiten resolver parcialmente problemas de salud, de educación, de inserción en el mercado de trabajo, etc. excediendo generalmente el ámbito barrial, por lo señalado anteriormente. Entre las mujeres jefas de hogar se observó una tensión entre respuestas egoístas y respuestas solidarias frente a la nueva situación. En la reunión de grupo motivacional se reflexionó sobre ese dilema:
"alguien pide prestado dinero, le presto o no? me devolverá? y si yo necesito mañana?".

Más acotado al grupo de amigos, surgió también la referencia al trueque o a la contraprestación valorizados positivamente, tanto para conseguir servicios que de otra forma se dificultan o no se cubren, como para conseguir bienes como intercambio de algún alimento o vestidos. La particularidad de los jóvenes nuevos pobres en cuanto a las formas de respuesta a la situación de empobrecimiento que padecen está asociada a restricciones y recortes (vestimenta, estudios, salidas al cien y hasta la pérdida de las vacaciones).Otras formas más activas pero menos presentes, tienen que ver con la necesidad de búsqueda de trabajo antes de terminar los estudios -principalmente universitarios-. La incorporación temprana al mercado de trabajo es una consecuencia no deseada del empobrecimiento, en cambio para los jóvenes de pobreza estructural es una necesidad no cuestionada. 51 A continuación se identifican las estrategias de generación de ingresos detectadas con más frecuencia. Las diferencias observadas responden no solamente a tipos de pobreza, sino también a género y edad, entrecruzándose o adquiriendo modalidades específicas.

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Chocolates, rifas, campeonatos deportivos, concursos, etc. La mayoría de los participantes en el grupo motivacional de jóvenes de este sector se iniciaron en experiencias laborales a partir de los 13 años. 62

En términos generales hay dos formas prioritarias a través de las cuales se busca generar ingresos para el grupo familiar. La primera a través del mercado laboral, ya sea por la incorporación de nuevos miembros (mujeres, jóvenes, niños) o por sobreocupación de los que ya están trabajando. La segunda, en el caso de los pobres estructurales particularmente, es la canalización de demandas al estado, vía alguna de las modalidades de programas sociales. Un tercer modo que cobra importancia comparativa es la fabricación casera en sus más variados matices, principalmente de productos alimenticios para la venta, la que pretende suplir la incorporación al mercado de trabajo. Pobres estructurales Las diferencias al interior del estrato se podrían detallar del siguiente modo: - Para todos los grupos de edad y sexo : elaboración de comida y venta a domicilio. - Específica de los hombres, "ir a buscar trabajo por ahí" trabajo temporario, en quintas, en programas sociales. (Trabajar, FOPAR, etc.). - Entre las mujeres, empleo doméstico y venta de cosméticos como los más frecuentes. Otras formas son: costura, lavado de ropa, trabajo en comedores 52. En el interior de la provincia, además: venta de leña y cría de gallinas. - En general los ingresos de los mayores, ya bajo forma de jubilaciones o pensiones se revalorizan en los hogares, por ser ingreso ”monetario” que permite satisfacer necesidades de pago en efectivo - En relación a los menores, que salgan a mendigar, con una visualización conflictiva, para algunos como necesidad para otros sancionada por la vagancia de los padres. Cuando no consiguen ingresos, finalmente deben recurrir al endeudamiento. A partir de la encuesta se observa que el 40 % de los entrevistados se endeuda y sólo el 3% puede ahorrar. Es importante señalar que los que más se endeudan son los indigentes. Nuevos Pobres Las diferencias al interior del estrato se podrían detallar del siguiente modo: - Para todos los grupos de edad y sexo : elaboración de comida y venta a domicilio. - Para ambos géneros : microemprendimientos. - Específica de los hombres, surge la formación de cooperativas53 de trabajo. - Entre las mujeres, venta de cosméticos, costura, búsqueda de trabajos temporarios. - Valorización de los ingresos de los mayores, bajo la forma de jubilaciones o pensiones. - En relación a los jóvenes incorporación al mercado laboral, generalmente en empleo temporario. Se puede observar una tendencia al desplazamiento de los pobres estructurales por los nuevos pobres en determinado tipo de actividades -jóvenes empobrecidos que se ofrecen como jardineros con un mínimo equipamiento que desplaza a los pobres estructurales en esa tarea-. En el caso de las empleadas domésticas de sectores pobres históricos, pierden su trabajo en unidades domésticas de sectores empobrecidos y en estos se redistribuyen las tareas al interior del grupo familiar. También la caza y la pesca, antes realizada por los nuevos pobres como deporte o placer, ha pasado a ser una estrategia para abastecimiento alimentario (se detectó en la zona norte de la provincia).

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No rentado para alimentar a los hijos. La formación de las mismas está mediada por factores tales como la existencia de un capital inicial cuyo origen son indemnizaciones por despido laboral, cierta experiencia en el ámbito productivo o comercial y capacidad de gestión para acceder al crédito. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se observan experiencias exitosas. Por ejemplo de las 25 cooperativas de trabajo surgidas a partir de la privatización de YPF, en la actualidad sólo sobreviven 5. 63

El trabajo estable es el que permite el acceso al crédito, al fiado, de allí la dificultad para acceder al mismo. En cuanto a créditos formales otorgados por bancos o algunos programas para microemprendimientos, manifiestan temor al riesgo que genera el endeudarse. El otro tipo de estrategias señaladas es la de reducción de gastos. La mayor parte de estas estrategias involucran al grupo familiar aunque sean desarrolladas principalmente por uno de sus integrantes. Las mujeres ocupan un lugar destacado en esta tarea de reducir gastos, tanto entre las jefas de hogar como entre las que no lo son. Es por ello que fue un tema que ocupó un espacio destacado en los grupos integrados por ellas. En el siguiente cuadro pueden verse cuales fueron los rubros en los que se vieron obligados a suprimir gastos, entre los hogares de la encuesta, que por otra parte son coincidentes con las manifestaciones surgidas de los grupos motivacionales y talleres. Tipo de gastos que suprimieron los hogares Tipo de gastos que Total(*) suprimieron C % TOTAL 652 100 Vestimenta Alimentación Recreación Salud Educación Transporte Vivienda Otros Ninguno NS/NC 221 142 109 57 47 37 31 4 3 1 33,9 21,8 16,7 8,7 7,2 5,7 4,7 0,6 0,5 0,2

( *) El Total de respuestas se refiere al 33,7% de los hogares que consideraron que su situación empeoró en los últimos dos años. Cada hogar podía elegir más de una alternativa.

Las formas que asumen estas estrategias serían principalmente: Pobres estructurales - Profundizar la baja de la calidad y la cantidad de la alimentación. - Buscar ofertas. - Comprar en el barrio para ahorrar transporte. - Arreglar ropa vieja, usar la de familia y vecinos y recibir de patrones. - Cuidado de los hijos por familiares y vecinos, por los hijos mayores aunque sean niños. - Caminar para ahorrar transporte. - Engancharse en luz, principalmente pobres estructurales, o también agua de otros vecinos o de canal de cable. - En el marco de programas sociales: - Mandar hijos al comedor. - Hacer pan comunitario. - En el caso de la población de la zona norte comprar en Bolivia o en el mercado negro. Nuevos pobres - Bajar la calidad de la alimentación. - Bajar los gastos de educación, salud, a través del paso de lo privado a lo público. - Eliminación o disminución de gastos asociados a capacitación extra curricular (inglés, gimnasia, computación) y recreación (cine, vacaciones, etc.). - Caminar antes de comprar buscando mejores precios. - Arreglar ropa vieja, usar la de familia y amigos. - Cuidado de los hijos por familiares, amigos y vecinos.
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- Caminar para ahorrar transporte. - Engancharse en el canal de cable o suprimirlo. - No tomar empleada doméstica y redistribuir tareas al interior del hogar. - Comprar en Bolivia o en el mercado negro, principalmente la población de la zona norte. Modelos de arreglárselas mejor Se trata en general de estrategias de orden mas bien personal, que de orden familiar o colectivas. Se observaron frecuentemente entre los jóvenes. Así por ejemplo, entre los jóvenes nuevos pobres el modelo más reiterado, pero siempre puesto fuera de ellos, es el acomodo político. Quienes cuentan con capital social que los habilite, pueden hacerlo por esta vía, ellos no, pero si se presenta... Ganar el Quini 6 o la lotería sería la forma de “zafar” ideal. Uno de los casos señalados entre los jóvenes pobres estructurales era el del “independiente”, refiriéndose a uno de los integrantes del grupo que vivía sólo en una casa que le dejó el padre luego de divorciarse, que trabajaba y cubría sus gastos, como aquel que había zafado. Es decir: joven con trabajo y vivienda, sin obligaciones familiares. Tal vez como contrapartida de ello, las familias numerosas cuando los hijos han crecido y trabajan, pueden arreglárselas mejor porque entran varios ingresos en el hogar, siempre y cuando ello sea así, como estrategia de la familia. Es de destacar que cuando las familias numerosas tienen los hijos chicos son caracterizadas como las que peor situación de pobreza afrontan. En general, la apreciación es que cuando los hijos crecen y trabajan, o se independizan o casan, la situación económica se hace más desahogada, esto podría decirse que es en los momentos de hijos de veinte, padres de cuarenta. La contracara de esto es cuando ha pasado mucho tiempo, con hijos mayores y padres ancianos, si el anciano no tiene cubiertos sus gastos, los hijos, por lo general no pueden ayudarlos porque tienen sus propias obligaciones. La figura del padrinazgo, protector, si bien no está generalizado, es uno de los modos que permite la permanencia en el sistema educativo de los jóvenes pobres estructurales, padrinazgos generalmente vinculados al trabajo de los padres y en algunos casos a grupos religiosos. Ese acompañamiento supone ayuda en útiles, vestimenta, estímulos al estudio, Estos casos excepcionales se encuentran entre los pocos que logran egresar del sistema medio, situación que les coloca en ventaja comparativa respecto a su sector de pertenencia en relación al trabajo. Entre los aborígenes estos padrinazgos aparecen en todos los casos de estudiantes en el nivel medio detectados. Los gestores de programas sociales o los dirigentes barriales a veces son vistos como los que logran arreglárselas por esta vía. Hay una serie de prebendas o beneficios que estos posicionamientos ofrecen al que los ocupa, que le permite resolución de problemas por lo menos a mediano plazo. El uso del capital social como estrategia El uso del capital social como estrategia es un recurso general de los distintos sectores sociales, aunque se pueden señalar diferencias entre pobres estructurales y nuevos pobres. Las redes de capital social pueden flexibilizar las condiciones de acceso a bienes, servicios o trabajo en el mercado o en el estado, o también pueden generar recursos por fuera de ambos ámbitos de resolución, en el espacio más informal y primario de las propias redes de reciprocidad e intercambio. Kessler (1998) considera típicas de las estrategias de los sectores empobrecidos a las primeras formas o sea a la flexibilización de las condiciones normales de contratación en el mercado o del estado y a las segundas, reglas de intercambio diferentes a las del mercado, a los sistemas de ayuda mutua propios de relaciones de parentesco, vecindad o amistad de los pobres de siempre (pp. 36 a 41). Un tipo de red muy especial es el de relaciones de clientela o patronazgo cuya característica particular sería la diferencia de status o riqueza, en el marco de relaciones de poder, entre los
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agentes que la constituyen 54. Tradicionalmente los estudios sobre clientela fueron de tipo asistencialista, entre los intermediarios y los sectores más pobres, por lo que la aplicación de este concepto a los favores entre sectores medios con "desigualdad de situación" pero no de "condición social", presenta dificultades. Por ello, para los sectores medios, sería más conveniente hablar de redes inscriptas en un cierto "capital social" o relaciones de "compadrazgo" como señala Lomnitz55, más que de relaciones de clientela o neoclientela. Sin embargo, es conveniente señalar que esta categoría de "compadrazgo" que señala Lomnitz no es equivalente a las relaciones de "compadrazgo" asociadas al padrinazgo católico, típicas de los estudios más antropológicos y de los padrinazgos de sectores medios o altos de niños de familias pobres. Pobres Estructurales En los pobres estructurales las redes son de vecindad, amistad, parentesco ampliado y las relaciones de clientela y compadrazgo clásicas. El clientelismo político/partidario y las lealtades personales (paternalistas) permiten acceder a recursos a veces de forma no sistemática ni generalizada, si bien actualmente las lealtades históricas tienen un peso relativo. El "compadrazgo" clásico, pauta cultural arraigada en las zonas rurales, aunque también se encuentra en las zonas urbanas, si bien no está generalizado, es una práctica que permite acceder a ciertos bienes. Por ejemplo es uno de los modos que permite la permanencia en el sistema educativo de los jóvenes pobres estructurales, padrinazgos generalmente vinculados al trabajo de los padres y en algunos casos a grupos religiosos. Ese acompañamiento supone ayuda en útiles, vestimenta, estímulos al estudio. Estos casos excepcionales se encuentran entre los pocos que logran egresar del sistema medio, situación que les coloca en ventaja comparativa respecto a su sector de pertenencia en relación al trabajo. Entre los aborígenes estos padrinazgos aparecen en todos los casos de estudiantes en el nivel medio, detectados. Los gestores de programas sociales o los dirigentes barriales, los brokers, a veces son vistos como los que logran arreglárselas por esta vía. Hay una serie de prebendas o beneficios que estos posicionamientos ofrecen al que los ocupa, que le permite resolución de problemas por lo menos a mediano plazo.

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Para Auyero las redes clientelares implican intercambios fruto de los habitus, dentro del marco de relaciones de poder que siguen una línea parcialmente autónoma de la dominación de clase. Sin embargo los clientes no siempre siguen a sus mediadores, la relación es siempre negociada y disputada. Los agentes llegan a ser clientes y mediadores cuando una relación regular - un lazo- de intercambio de favores, bienes, lealtades y apoyo político queda establecida (1996, ps. 50 y 51). Habría según Robert Gay (1997) distintos tipos de clientelismo, "el intercambio explícito de votos por favores .. es lo que constituye la esencia de lo que podríamos llamar clientelismo "denso". El clientelismo "fino" o "institucional" es una categoría útil para describir las estrategias políticas que, aun cuando son universales en su discurso, abusan de la miseria e incertidumbre de la vida cotidiana de las mayorías (p. 83 y 84). En base a esta diferenciación Auyero (1997) plantea que "los patrones y los mediadores no intercambian explícitamente votos por favores" o sea "clientelismo denso, o grueso". "Por el contrario ellos se erigen a sí mismo como sinónimos de las cosas y sinónimos de la gente: implícitamente se vinculan con la continuación de la distribución de favores o de un programa de asistencia social específica, dando lugar a lo que Gay llama clientelismo fino o institucional (...) Es por esto que las prácticas clientelares deben ser entendidas no simplemente como "intercambio de bienes por votos" sino como conteniendo cosas y palabras, acciones distributivas y perfomances." (ps. 183 y 184). 55 Lomnitz afirma que se puede realizar una distinción entre las relaciones patrón-cliente y lo que ella refiere como "reciprocidad informal". La reciprocidad informal caracteriza a las relaciones de intercambio informal entre actores relativamente iguales en status o riqueza que controlan el acceso a mercancías no libremente disponibles en el mercado formal. Lomnitz sugiere que dichos intercambios son abiertos, en el sentido de que los favores son otorgados con la expectativa de que serán reciprocados en algún punto en el futuro, involucrando un elemento de "cercanía psicológica" o lo que podríamos denominar confianza "densa", y representan, al menos en Chile, un sistema casi universal de "solidaridad mutua esencial para la sobrevivencia de las redes que abarcan a la clase media", (citado por Gay, 1997, p. 88). También en un estudio sobre redes en sectores medios en Chile caracteriza como "compadrazgo", una forma de intercambio de favores, un contrato diádico informal entre parientes y amigos que implica un intercambio recíproco de favores entre individuos que se consideran en el mismo nivel social (citado por Kessler, 1998, p. 37).

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Las relaciones de ayuda mutua basadas en el capital social que otorga la vecindad, como ya se dijo, es muy fuerte entre los pobres estructurales en el ámbito del barrio, como espacio vital para la sobreviviencia. Además de las ya señaladas, se destaca la autoconstrucción por ayuda mutua entre parientes, amigos o vecinos. Junto a las relaciones de vecindad, la amistad y el parentesco ampliado, las redes de reciprocidad son un capital social básico para estos pobres, como una estrategia histórica. El cuidado de niños, trueque de ropa por servicios u otros bienes, intercambio de enseres domésticos, la neolocalidad ante situaciones de falta de vivienda, entre otras. Estas formas de resolución de problemas básicos son utilizados por Programas Sociales que institucionalizan estas prácticas a través, por ejemplo, de programas como huertas comunitarias, la autoconstrucción por ayuda mutua, las compras comunitarias, entre otras. Nuevos Pobres Las formas de intercambio por fuera del mercado o la flexibilización de las condiciones normales de contratación dentro de los sectores medios y altos empobrecidos, no es un aspecto nuevo en Salta. Esta fue y es una práctica vieja de los sectores oligárquicos empobrecidos que mantienen su status social a pesar de sus condiciones económicas. En Salta, por su carácter en cierto sentido tradicional, y porque se mantienen prácticas de relaciones primarias y cara a cara, se ha utilizado desde hace mucho tiempo el acceso a bienes servicios por medio de la flexibilización de las condiciones de contratación “normales”. La prebenda para acceder a trabajos en la administración pública, fuente tradicional de empleo de estos sectores previa a la reciente reforma del estado, por medio de favores fue muy común. Otra práctica común es el otorgamiento de favores con relación a los servicios públicos de distinto tipo, acelerando y facilitando los trámites sin pasar por los vericuetos de la burocracia, desde conseguir un préstamo personal hasta un subsidio para un emprendimiento colectivo, como clubes de fútbol o fundaciones, conexiones de agua, pavimentación de calles, eximición de multas por infracción de tránsito, plazas en colegios públicos, adjudicación directa de viviendas sociales o de pensiones. A partir de los últimos veinte años se ha producido un crecimiento de los sectores medios y un progresivo control de estos sobre la burocracia estatal, los que han mantenido este tipo de practica de reclutamiento y de aceleración de tramites y concesión de prebendas. En este sentido el caso de Salta se podría homologar al encontrado por Lomnitz (citado por Kessler, 1998, p. 37) para el caso de las redes en sectores medios en Chile y que ella estudia como relaciones de “compadrazgo”, una forma de intercambio de favores que permite obtener algo con más facilidad y en menos tiempo y que se controlan por la posición laboral ocupada en la Administración Pública56. Ante el empobrecimiento de los “pobres de nuevo” y del surgimiento de los nuevos pobres estas formas de compadrazgo se intensifican. Las redes de los empobrecidos sirven para intensificar estrategias históricas como las relacionadas con la flexibilización de las condiciones de acceso a bienes o servicios en la administración pública, por ejemplo maestras para ubicar el hijo en la escuela pública, médicos para que las atienda en el hospital público en condiciones similares a las de la atención privada. Una mujer jefa de hogar se refirió a estas estrategias como "métodos alternativos" para poder dar respuesta a los problemas que se les presentan. Las estrategias que si se intensifican son aquellas tendientes a obtener bienes en el mercado en condiciones "especiales" o servicios médicos fuera de las formalidades que exigen las obras sociales. Con respecto a las primeras son comunes las encontradas por Kessler, conseguir lugares adonde se obtienen créditos informales o "fiado", o préstamos de tarjetas de crédito que permiten financiar la compra o hacerla con precios especiales. Estas últimas son típicas de los nuevos pobres, no de los empobrecidos donde su capital social en este ambito es mas restringido. La práctica de los sectores medios empobrecidos, de utilizar servicios médicos en los hospitales públicos con los beneficios y trato del sector privado, es bastante general, aunque la progresiva mercantilización de la medicina ha ido disminuyendo estas posibilidades. Dentro de la lógica de la mercantilización se flexibilizan los servicios, por ejemplo ciertas redes permiten recibir atención médica utilizando la obra social de otra persona que la “presta”. Para ello tiene
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Es necesario señalar que estas son prácticas bastante generalizadas en el país.

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que haber "condescendencia" de parte del médico. El diagnóstico médico y la receta telefónica por un médico amigo también es muy común, lo que evita el pago de coseguro o la demanda al hospital público. Un aspecto nuevo según lo mencionado por informantes claves 57es la demanda de subsidios "asistenciales" - antes utilizados principalmente por los pobres estructurales - y que requieren una serie de trámites y requisitos que generan una actitud de "vergüenza", por lo que se utilizan los "contactos" para evadirlos. En este caso se han detectado demandas de dinero o becas, para pagar deudas en colegios privados, mandar los hijos a universidades privadas, o mantenerlos si estudian fuera de la provincia. De esta manera, ante las necesidades que genera la reducción de los ingresos, se recurre a nuevas prácticas para resolver el problema y a su vez resguardar un status anterior al cambio de la situación socio económica familiar. A diferencia de lo señalado por Kessler (1998) se ha encontrado entre los hogares empobrecidos la presencia de redes de ayuda mutua para obtener bienes por fuera del mercado, similares a los de los sectores populares 58. Por ejemplo redes de vecindad y amistad para el cuidado de los niños como así también el trueque de alimentos. El incremento de la solidaridad, particularmente entre vecinos y amigos, lo destacaron la mayor parte de las participantes al grupo focal de mujeres jefas de hogar empobrecidas, como un resultado de la nueva situación. Sin embargo, esto que se presentaba como la construcción de un consenso sobre algo benéfico, fue quebrado por la campana de otra de ellas asociada a la mezquindad incrementada por la necesidad.
".... por ejemplo, si alguien te pide 20 centavos para el colectivo, vos terminas pensando: Ah, me pido ahora, que hago mañana si yo no tengo?. Hoy mejor no le doy"

La solidaridad se presenta entonces con aspectos contradictorios, por una parte, se reconoce como un mecanismo de sobrellevar mejor la crisis, pero la otra cara tampoco está ausente, la falta de solidaridad puede presentarse como el camino inevitable de tanta necesidad.
"...se despierta la solidaridad de la supervivencia, espero que no se despierte la supervivencia sin solidaridad porque ahí ya morimos todos"

Búsqueda de caminos de salida En términos generales, la posibilidad de salir de una manera más definitiva y digna de la situación de pobreza o remontar la caída, gira alrededor de una cuestión básica: el acceso a un trabajo estable. La educación formal y la capacitación son aún visualizadas como las herramientas que posibilitarían un aumento de la posibilidad de acceder al trabajo y la calidad del mismo. Sin embargo se diferencian las expectativas y tipos de capacitación valorizados según los dos grandes grupos que nos ocupan de pobres estructurales y empobrecidos.
“ Esa es la sensación que tengo yo continuamente, que uno tiene la idea, tuvo la idea en alguna época que si vos estudiabas, trabajabas, se supone que vas a estar un poquito mejor. Pero ahora esa tendencia cambió..., ya no es lo mismo. Ya no podés vos decirle (a los hijos) que el futuro va a ser mejor; estás viendo que la realidad va a ser peor”.

Para los pobres estructurales la educación formal aún se ve como un recurso válido que merece la pena aunque, hoy en día, no necesariamente asegura el futuro. En este caso, para los jóvenes, lo que está en debate es la necesidad y posibilidad de cursar o no el nivel medio, en el caso de los adultos es aún el nivel primario una meta importante a lograr. Acceder a y/o egresar de la universidad es una frontera lejana para los jóvenes, especialmente en el interior de la provincia.
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Asistentes sociales que trabajan en organismos públicos que otorgan subsidios asistenciales. Kessler señala que entre las redes personales de los nuevos pobres circula una amplia gama de bienes y servicios, "pero se excluyen aquellos más ligados a la superviviencia (comida, ropa, autoconstrucción, ayuda hogareña) habituales en las redes de los sectores populares" (1998, p. 38) 68

La migración es una búsqueda de camino de salida, especialmente en el interior y casi obligadamente para los jóvenes. Si bien es una estrategia permanente de los hombres, también alcanza a las mujeres. Esos procesos migratorios pueden plantearse como definitivos o transitorios, especialmente mediados por el éxito o fracaso de las primeras experiencias. Se pueden detectar redes migratorias, los que se van detrás del camino del hermano, del tío, etc. o la partida contenedora en grupo de algunos jóvenes. El pariente/amigo que migró primero aloja en su vivienda a los que siguen. Las estrategias que resolverían la salida, a nivel comunitario o barrial, suponen el disponer de buena información y capacitación (lo que no siempre llega) y la participación mas generalizada (de compleja resolución). En este caso la demanda de capacitación se refiere, por ejemplo, a formulación de proyectos sociales, desarrollo de actividades comunitarias, salud, etc. Entre las mujeres pobres la reflexión sobre el futuro tuvo escasa presencia. Más que búsqueda de caminos de salida de la situación de pobreza, el esfuerzo se concentra en resolver lo cotidiano (capacidad de respuesta del día a día a la pobreza). Arreglárselas diariamente ya es un pequeño triunfo. Para ellas el esfuerzo personal, naturalizado, juega un papel importante, combinado con el apoyo familiar y comunitario. A más largo plazo, también entre ellas la esperanza está puesta en la educación formal, de los hijos o de ellas mismas, vista como la forma aún vigente para mejorar. El tono dominante con los jóvenes pobres fue el conformismo y la escasa proyección hacia el futuro, de allí que poco se reflexionó sobre los posibles caminos para salir de la situación actual. El reconocimiento de la educación está presente, aunque no con la centralidad "naturalizada" que se observa en los jóvenes empobrecidos. Abandonar la escuela secundaria para trabajar o porque el estudio no les gusta, no es vivido por todos como una gran pérdida. El esfuerzo personal y el trabajo son los que garantizan no caer, mas que salir. Las relaciones familiares juegan un rol destacado como una forma de dar respuesta a la situación vivida (comenzar a trabajar con el padre o el tío, ayudar económicamente a padres o hermanos, etc.), pero el ámbito barrial parece el privilegiado para la resolución de problemas en este grupo, todo esfuerzo de mejora está también colocado allí.59 Para los nuevos pobres la educación formal universitaria ya no es una salida asegurada que pueda garantizar un futuro confortable. El ejemplo reiterado fue el del médico o el ingeniero que trabajan como taxistas dadas las crecientes dificultades de inserción laboral. La capacitación, en este caso en informática y en idiomas, se considera imprescindible para poder ingresar el mundo del trabajo. Sin ello es imposible (a excepción de los casos de acomodos que son frecuentes) pero con ellos tampoco es garantía. Las expectativas con relación a desandar el proceso de empobrecimiento son escasas, más bien domina una visión pesimista. Entre los jóvenes empobrecidos se observa que, junto al fuerte espíritu crítico a la sociedad capitalista y consumista, los caminos de salida, si los hay, se visualizan como marcadamente individuales y personales.

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Si bien el grupo focal de jóvenes pobres puede o no considerarse representativo de otros grupos en situación parecida. 69

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CAPITULO VII: PROGRAMAS SOCIALES El análisis de los programas sociales se refiere a aquellos que se implementaron en la provincia aproximadamente a partir del año 1994 60 y que tienen su origen en los ámbitos nacional, provincial y municipal, de acuerdo al relevamiento realizado en la primera etapa de este trabajo (ver Anexo de Programas Sociales). En función de este insumo se realizó la convocatoria a los beneficiarios para los talleres, los grupos motivacionales y las entrevistas en profundidad. Asimismo se tuvieron en cuenta para el relevamiento a través de la encuesta. Teniendo en cuenta una clasificación más general que diferencia a las políticas sociales entre universales y focalizadas, se consideran entre las primeras a las de educación y salud, y en las segundas entran los programas que atienden necesidades de alimentación, trabajo y desarrollo comunitario. Las políticas referidas a vivienda, si bien no son universales, su focalización está determinada fundamentalmente por la capacidad de pago de los potenciales beneficiarios. La mayor parte de la población estudiada hace uso de los servicios públicos de educación y salud. Dentro de la política educativa, en el marco de la encuesta, se releva la aplicación del Plan Social Educativo referido a la mejora de la calidad, detectándose algunas críticas que tienen que ver con la gestión del Programa61. Sin embargo, hay que señalar que, los programas educativos no son, en general, percibidos como programas especiales sino mas bien como un derecho incorporado (naturalizado) al sistema educativo público. En relación a salud y en el marco del sistema público, hay que destacar el Programa de Atención Primaria de la Salud (APS), de fuerte presencia en el interior de la provincia y en los barrios pobres de capital. Su cobertura marca una utilización amplia tanto de los servicios de asistencia, como de los preventivos. El trabajo de los agentes sanitarios permite una labor domiciliaria y por lo tanto fuera de la institución, posibilitando acciones que tienen un importante impacto en la comunidad. Dentro de los programas focalizados, los alimentarios atienden a niños a través de: distribución de leche en centros de salud para niños desnutridos o con riesgo nutricional de 0 a 2 años, cajas PRANI, bolsones mensuales como suplemento nutricional para niños desnutridos de 0 a 6 años, comedores infantiles para niños de hogares NBI de 2 a 5 años y comedores escolares para niños de 6 a 14 años. Para la población carenciada mayor de 60 años se distribuyen los bolsones mensuales con alimentos (ASOMA y PAMI). Como complemento alimentario de los hogares más pobres, las huertas comunitarias y familiares (PROHUERTA) y el programa pan casero, implementado este último sólo en Salta capital. Los programas de empleo se diferencian en dos tipos. Uno de ellos integrado por los programas Trabajar, Salta trabaja y Salta solidaria que están destinados a población desocupada vulnerable -sin límite de edad- que ocupan puestos de trabajo transitorios (hasta 6 meses) para obras y servicios a nivel municipal. El otro se refiere al Proyecto joven, destinado a jóvenes desocupados cuya modalidad de implementación incluye una etapa de capacitación y una de práctica en alguna empresa del medio dependiendo del proyecto. Los programas que atienden la problemática habitacional han diversificado la oferta a los sectores más carenciados respecto del tradicional programa conocido como FONAVI, aunque los montos que se financian son mucho menores que éste. En particular en la provincia, ha tenido mayor difusión el Programa Nuevo Hogar destinado a familias con lote propio o para relocalización de familias ubicadas en asentamientos. Este programa se implementa a través de municipios y supone una cierta participación de las familias beneficiarias en la etapa de la construcción. Otro programa para población pobre es el plan Arraigo, que en Salta aún no ha tenido suficiente desarrollo.

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El relevamiento de los Programas sociales y de la opinión sobre los mismos, se llevó a cabo entre los años 1997 y 1998, por tal motivo, actualmente (2002) muchos de los comentarios y observaciones han perdido vigencia por el cambio o desaparición de los programas. 61 Retrasos en la entrega de útiles, bibliografía y equipamiento. 71

Dentro de los programas de desarrollo comunitario, cabe mencionar al Fondo Participativo de Inversión Social (FOPAR), destinado a barrios y localidades con población NBI, para capacitación y mejora de infraestructura, teniendo como base la participación comunitaria. El Programa de Fortalecimiento de la Sociedad Civil está destinado a comunidades carenciadas para la capacitación de animadores comunitarios y para la producción de bienes y servicios que mejoren la calidad de vida de esta población. El Programa de Fortalecimiento del Desarrollo Juvenil está destinado a jóvenes entre 15 y 28 años, para la implementación de proyectos que tengan un importante impacto comunitario en diversas áreas (culturales, recreativas, de infraestructura, etc.). Jerarquización de las necesidades Antes de comenzar con el análisis de los Programas Sociales, y de acuerdo a las necesidades relevadas a partir de las distintas técnicas utilizadas, es importante señalar brevemente la jerarquización y posicionamiento de las mismas. Existen dos componentes de distintas características que surgen reiteradamente como las necesidades más jerarquizadas: comer y trabajar. La alimentación es lo primero que debe cubrirse, cuando ello no es posible se jerarquizan los miembros de la familia; los niños, los que trabajan, los ancianos. Queda claro que la alimentación es la primera necesidad física, pero aparece unida a trabajar porque el trabajo es la condición de satisfacción de ésa y de todas las otras necesidades que tienen. Se visualizan dos tipos de "soluciones" para enfrentar el problema de la alimentación, de naturaleza diferente. Por un lado la demanda de trabajo como medio básico y fundamental para poder cubrir esta necesidad primaria. Trabajo que permita su satisfacción para todo el grupo familiar y no sólo de alguno de sus miembros. Por el otro la utilización de los programas sociales antes mencionados. La primera vía de solución es digna y más permanente, mientras que la segunda es precaria y paliativa. Vivienda, educación y salud siguen en jerarquía. Vivienda y educación son priorizadas, son problemas que generan todo tipo de esfuerzos y sacrificios para resolverlos. La salud tiene diferencias según se trate de pobres estructurales o nuevos pobres. Los primeros la ponen en este segundo escalón de necesidades cuando tienen un problema de enfermedad agudo o crónico que les impide realizar tareas productivas, y/o reproductivas en el caso de la mujer. En los NP en cambio, la salud es entendida más ampliamente, incluyendo el cuidado y la prevención, y considerando el deterioro de la misma como algo importante de atender, independientemente de que sea o no una limitación para el desarrollo de la vida cotidiana. Para este grupo, la salud está claramente en este segundo nivel de necesidades. La capacitación entendida de diversas maneras, es una necesidad que se vincula estrechamente a la educación formal. Para los nuevos pobres, básicamente se trata de aprender computación e idiomas, para los pobres estructurales de adquirir conocimientos instrumentales para trabajar. La necesidad actual de saber cómo hacer un proyecto, cómo gestionarlo, cómo llevarlo a buen término es compartida por los dos grupos. El transporte es una necesidad vinculada a la satisfacción de otras, por lo tanto debe ser atendida. Esto resulta difícil para la familia ya que su costo es alto y resulta un componente importante entre los gastos en que ésta debe incurrir. A continuación se realiza un análisis de los programas según cada sector de atención: alimentación, trabajo, hábitat, desarrollo comunitario, educación, salud y grupos vulnerables.

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Programas Alimentarios La alimentación como se dijo, es la necesidad a cubrir que se manifiesta como primaria y fundamental. Su satisfacción está vinculada a las demandas de trabajo para poder cubrirla, y al acceso a los Programas Alimentarios, a través de los Comedores y de los productos alimenticios de las Cajas PRANI y de los bolsones ASOMA. Aunque la utilización de estos programas es fundamental para aliviar el hambre, especialmente de los niños, se advierte su carácter asistencialista. Por un lado, son programas necesarios, imprescindibles, no podrían arreglárselas sin usarlos. Por otro lado, están cargados de significados negativos, son humillantes. Son los padres los que deben llevar el alimento a la casa, para ello deben poder acceder al trabajo, esa es una situación digna, mandar a los hijos al comedor es indigno... pero inevitable. El discurso no es uniforme, y da lugar a la emergencia de distintos niveles de conflicto. La mayoría de los usuarios y no usuarios de estos programas, los valoran por su importancia como paliativo para resolver el problema alimentario, y demandan la necesidad de que "se estire la edad" de los que concurren para dar posibilidad a la inclusión de otros miembros de la familia (hermanos mayores, jóvenes, ancianos, etc). Paralelamente es percibido como un recurso que desvaloriza y separa a la familia, produciendo tensiones al interior del hogar, ya que solo algunos de sus miembros tienen posibilidad de ser beneficiarios del Comedor. Otro nivel de conflicto es el que se produce en las comunidades barriales por la accesibilidad a estos programas. Los que no usan los programas alimentarios (los de "afuera") consideran que no todos los que son beneficiarios deberían serlo. La percepción de que son producto de "acomodos" o "vinculaciones" políticas y/o vecinales, e incluso de una velada comodidad o falta de responsabilidad de sus padres está presente, por ejemplo cuando dicen: "...porque los chicos van, y creen que la madre se ha quedado dormida, a donde se habrá ido la madre, porque cómo no va a tener para darle de comer a esos chicos..." Aunque el acceso al Comedor y las Cajas PRANI "oficialmente" es determinada desde los controles nutricionales en el Centro de Salud del barrio, en la práctica esta modalidad está mediada por las encargadas o por las Organizaciones vecinales y religiosas de la comunidad. Se produce así una fuerte discusión acerca de los criterios a partir de los cuales se resuelve quienes son o no son beneficiarios, delegándose en los "técnicos" (asistentes sociales, nutricionistas, entre otros) o en la propia comunidad barrial, la capacidad para resolverlo. El problema de la inclusión / exclusión atraviesa tanto el seno del hogar como la propia comunidad, remitiendo a la necesidad de árbitros externos o internos pero con criterios claros y objetivos, para dirimir este problema. Un tercer tipo de conflicto se da con relación a las madres que trabajan en el Comedor, trabajo que resulta una estrategia de resolución de los problemas de alimentación de todo el grupo familiar. La comunidad e incluso la propia familia (el marido fundamentalmente), no lo considera un "trabajo" sino un "beneficio" obtenido gratuitamente. Esto reproduce la no valoración del trabajo femenino doméstico, que en este caso se extiende incluso fuera del hogar. En muchos casos se valora más la obtención de mercadería por las Cajas PRANI, ya que permite que sea toda la familia la que puede alimentarse, no solo los niños. Como recurso alternativo en el caso de los Comedores, los chicos se llevan la mitad de la ración a sus casas, para que el aprovechamiento se amplíe al grupo familiar. Estas valoraciones y comportamientos ponen de manifiesto el hecho de que la alimentación es un problema de toda la familia y ella en su conjunto debe lograr satisfacerla. Esto lleva a que la estrategia de resolución sea aplicada para el conjunto de los miembros del hogar, aunque se prioricen los niños y en algunos casos los ancianos.

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En relación a la asistencia alimentaria de estos últimos, el programa ASOMA otorga solución a un número acotado de ancianos, quedando fuera una cantidad considerable de potenciales beneficiarios. El resultado de la focalización deviene en un manejo discrecional de los bolsones, en la intermediación de los dirigentes barriales, políticos o la Iglesia, y en la falta de difusión del programa. Su implementación brinda solución a la familia, ya que la mercadería que reciben es aprovechada por el hogar en su conjunto. Esto convierte al anciano de ser un sujeto "pasivo y dependiente" a uno que "indirectamente genera recursos", lo que implica alguna modificación de su rol en el hogar. De acuerdo a los resultados de la encuesta, el 30% de los hogares de pobreza estructural obtiene leche de los Centros de Salud y un 8% de los empobrecidos. Un 18% de los primeros recibe las cajas PRANI (1,5% de los empobrecidos). Solamente en un 7% de los hogares de pobreza estructural los niños participan en los Comedores infantiles. De la población escolar relevada un 20% almuerzan en Comedores escolares y la mitad recibe la copa de leche. Los jóvenes quedan nuevamente fuera de estos programas, dirigidos únicamente a la población de escolaridad primaria. Los hogares que reciben los Bolsones PAMI (2,3%) se distribuyen entre los dos grupos de pobreza, mientras que los bolsones ASOMA destinados a ancianos sin ningún tipo de cobertura llega apenas a un 3% de los hogares, salvo un caso, en su totalidad a sectores de pobreza estructural. La totalidad de beneficiarios de huertas familiares y comunitarias (3%), se concentra, tal como lo plantea el Programa, en los hogares de pobreza estructural, siendo su implementación muy acotada, a pesar de la difusión de los programas. De acuerdo a los resultados de la encuesta, del total de hogares beneficiarios de programas sociales, la mayoría (53%) son beneficiarios de programas alimentarios, lo que es coherente con la necesidad más sentida y percibida como primaria y fundamental por los grupos de población que se estudian. Programas de Trabajo Junto con la alimentación, el trabajo, es la necesidad más importante y directamente vinculada a ésta. "Si hubiera trabajo para todos no se necesitaría de los programas alimentarios", es la expresión que resume esta idea. El trabajo dignifica. El poder tenerlo resuelve mucho más que las necesidades materiales. El no tenerlo produce baja en la autoestima, depresión, violencia, desintegración familiar. "Creo que lo mejor que puede hacer el gobierno, las autoridades, es crear fuentes de trabajo, porque el asistencialismo es pan para hoy y hambre para mañana... Yo creo que la mejor solución es darle trabajo al padre.” “... porque de lo contrario estamos denigrándolo al ser humano como persona, estamos obligándolo a que se transforme en mendigo." El acceso a los Programas TRABAJAR y SERVICIOS COMUNITARIOS, tiene una clara mediación política, fuertemente señalada y criticada. Son los programas donde más se hizo hincapié en la crítica por su utilización y manejo político. Los beneficiarios de estos programas le otorgan una gran importancia, a pesar de ser temporarios y con un salario bajo. Las razones de no accesibilidad, visualizadas como injustas y discriminatorias, se deben tanto a la ausencia de filiación política o de "contactos", como al hecho de ser aborígenes en la zona norte de la provincia. La intervención de las Organizaciones Vecinales para la obtención de puestos de trabajo en estos programas, con relevamiento de las familias que más lo necesitan, suelen terminar en iniciativas que no prosperan. Esto produce frustración en los dirigentes, cuyo rol en su comunidad no es tomado en cuenta, produciéndose un consiguiente desprestigio.

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La edad del adulto activo y la falta de trabajo resulta una problemática no abordada desde los programas sociales. Para ese grupo poblacional surge la demanda de crédito o subsidios y asesoramiento para su utilización, tanto de sectores estructurales como empobrecidos, ya que representa una necesidad importante ligada al trabajo y no satisfecha. "Con respecto a los desocupados mayores, que haya sido empleado una vez y quedó desempleado. Esa gente que sea mayor de 40 años, el gobierno debería darle un crédito, un préstamo, pero con asesoramiento, para lo que él tenga en mente hacer no se le venga abajo, o no fracase... Porque hay mucha gente mayor de 40 años que es difícil que lo vengan a tomar." Se destaca una incoherencia en las políticas de empleo o de generación de ingresos a través de la capacitación para microemprendimientos. Cuando se llevan a la práctica surge una serie de obstáculos para su implementación, tales como las exigencias sanitarias, impositivas, de infraestructura o de capacitación específica. "O sea que en realidad, yo no sé si las políticas son coherentes en realidad, si están favoreciendo esos microemprendimientos, cuando la gente quiere lanzarse a hacer algo, frácate...Todo se cae..." Beneficiarios del PROYECTO JOVEN (Tartagal), manifiestan su frustración al haber sido capacitados y no poder desarrollar laboralmente la capacitación recibida. Si bien este programa (ver anexo) está orientado fundamentalmente a la capacitación para puestos de trabajo, cuando esto no se materializa permanece la inquietud de poder plasmar esa formación en alguna iniciativa de generación de ingresos, para la cual no reciben ningún tipo de estímulo ni apoyo. Se visualiza una desarticulación entre estos programas de trabajo. No brindan una solución más permanente e incluso producen mayores niveles de frustración y fracaso al no contemplar el problema de manera integral. La encuesta muestra que el 7,3% de los hogares son beneficiarios de programas específicos de empleo (Trabajar; Salta Solidaria y Salta Trabaja), y que la mayoría son de los sectores de pobreza estructural (82%). Considerando al Proyecto Joven como un programa de capacitación para la generación de ingresos, menos del 2% de los hogares tiene algún joven como beneficiario, y se concentra -al contrario que en los otros programas- en los hogares empobrecidos. La relación entre tipos de hogares pobres y programas guarda relación con la naturaleza de la oferta de trabajo. Los empleos de los Programas Trabajar; Salta Solidaria y Salta Trabaja requieren baja calificación, y están orientados fundamentalmente a sectores de pobreza histórica ya que se aplican generalmente para la construcción o mejoramiento de obras públicas de los municipios. El Proyecto Joven en cambio, tiene un espectro más amplio, que sumado a la oferta de capacitación, es más utilizado por los sectores que se han empobrecido. Políticas Habitacionales La vivienda es percibida como una necesidad central, que genera todo tipo de esfuerzos y sacrificios para resolverla. El acceso a programas de vivienda está mediado por la posibilidad de tener un ingreso permanente que permita afrontar las cuotas mensuales. El cumplimiento de este compromiso lleva a sacrificar la satisfacción de otras necesidades como el transporte, el vestido e incluso la alimentación. La oferta de planes para algunos barrios en detrimento de otros, o para algunos grupos sociales como los aborígenes, produce conflictos y tensiones, como por ejemplo los criollos de la localidad de Morillo que manifiestan "querer ser aborígenes" para poder ser beneficiarios de estos programas. La posesión del lote es prioritaria, y condiciona el mejoramiento de la unidad habitacional por la inseguridad de estar en un terreno que no les pertenece. La ubicación de los hogares que habitan en terrenos fiscales, en viviendas precarias y sin infraestructura barrial, produce una diferenciación
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social percibida y señalada reiteradamente en los Grupos Motivacionales y en los Talleres. Como se señalara anteriormente (Capítulo III ) acceder al lote y a programas de vivienda, tiene una connotación que trasciende el beneficio concreto de una mejor calidad de vida, ya que posibilita el ser considerado por los "otros" (pobladores de los barrios y la sociedad en general) como ciudadanos despojados del estereotipo de "patoteros" o "delincuentes”. La demanda de ayuda en materiales para la construcción como chapas, ladrillos, etc. está vinculada a los contactos en los ámbitos municipales. Beneficiarios de Plan Nuevo Hogar, familias con lote para la construcción de vivienda, demandan mejores terminaciones en las viviendas a las que han accedido. "...Si uno va y pregunta a todos (los beneficiarios de Nuevo Hogar), de seguro no va a haber uno que no tenga problemas. Va a tener quejas". De la población encuestada, un 13% habita en Barrios FONAVI, sin embargo menos del 2% ha manifestado ser beneficiario de programas de vivienda. Esto puede deberse a una falta de identificación como beneficiarios de estos programas, o a un desconocimiento de parte del encuestado acerca del origen de la vivienda ya que la mayoría fueron barrios adjudicados hace más de quince años. Programas de desarrollo comunitario La mayoría de las iniciativas de desarrollo comunitario están vinculadas a la mejora en la infraestructura barrial. La percepción de los pobladores en relación a este tipo de actividades, tiene un carácter inversamente proporcional ya que a medida que un barrio o comunidad va obteniendo diversos beneficios en infraestructura y servicios, va disminuyendo su capacidad de organización. La lucha por la obtención de infraestructura barrial (agua, luz, cloacas, etc.) es un factor que favorece la organización vecinal. La consolidación de muchos Centros Vecinales tuvo como antecedente la demanda y la consiguiente oferta de estos servicios básicos. La valoración de los mismos es relativa a su obtención. Los barrios que ya consiguieron aquellos más elementales como el agua y la luz, reclaman espacios de deporte/recreación y control de fuentes de contaminación, necesidades presentes pero secundarias para los pobladores de los asentamientos. En este marco, los programas orientados a reforzar la organización comunitaria, así como a dar satisfacción a necesidades del barrio o comunidad tiene una alta valoración, especialmente si van acompañados de capacitación y si promueven la participación. Los programas como el FOPAR, que requirieron en muchos casos de asistencia de Organismos no Gubernamentales y técnicos para su formulación, son valorados porque el aprendizaje adquirido representa un capital para la organización y la gestión. Lo mismo sucede con programas como Animadores Comunitarios y Desarrollo Juvenil (ver Anexo). Si bien en la encuesta no fueron relevados en cantidades significativas por el número acotado de proyectos financiados, los beneficiarios de estos programas integrantes de los Talleres y Grupos Motivacionales hicieron particular hincapié en estos aspectos. En localidades como Morillo, la expectativa de los proyectos FOPAR (principalmente para construcción), llevó a la participación de la gente por la posibilidad de obtener un ingreso a través de un trabajo. Sin embargo, el resultado en organización, no percibido originalmente como importante, resultó un efecto primario. La consideración del destinatario de los programas sociales no solo como un "depositario" de los mismos, sino como un agente que participa desde la detección de la necesidad hasta la formulación y ejecución del proyecto contribuye, según la percepción de los propios actores, al pasaje de ser objeto a sujeto de los programas sociales.

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Políticas de educación La accesibilidad al sistema educativo formal es considerada como un derecho incorporado. Su permanencia dentro del sistema es el eje del problema, especialmente en los jóvenes que abandonan por necesidad de trabajar, por fracaso escolar ligado a problemas de índole psicosocial y en menor medida pero también importante, a la dificultad de seguimiento por falta de recursos para material educativo y desplazamiento. El sistema en sí no es puesto en cuestión. El paso por él es necesario para disminuir las desigualdades a la hora de competir en el mercado laboral, aunque son conscientes que no es suficiente. La permanencia en el sistema educativo tiene distintos momentos críticos, para los aborígenes el poder culminar los estudios primarios, para los pobres estructurales es el paso al nivel secundario, para los nuevos pobres es el acceso al nivel terciario y universitario, y poder permanecer en él. La accesibilidad al sistema educativo por grupo etáreo y tipo de hogar ya ha sido analizada. Nos referiremos aquí únicamente a los programas de ayuda escolar en útiles y transporte, ya que los que brindan almuerzo y copa de leche ya han sido considerados en el rubro de alimentación. Respecto a los usuarios de escuelas-albergue, se presentó solo un caso de alojamiento del total de la población que asiste a algún establecimiento educativo (585 personas). La ayuda en útiles proporcionada por el Plan Social Educativo -por su carácter universal ya que son beneficiarias todas las escuelas públicas del nivel primario- tiene lógicamente una amplia cobertura (ver cuadro). Los alumnos de nivel secundario, no tienen ninguna cobertura para útiles, lo que ha sido manifestado como una de las causas de abandono. La falta de dinero para las fotocopias y otros insumos que requieren afecta el proceso de aprendizaje, produce deserción y fracaso escolar. Tanto los mismos jóvenes como los padres manifiestan una seria limitación en este sentido. Podría hacerse una analogía entre la relación que se establece entre la reparación de la salud-medicamentos y la educación-material de aprendizaje. En ambos casos la ausencia o escasez del segundo elemento (medicamentos y material de aprendizaje) limita e incluso imposibilita la realización del primero. El boleto escolar gratuito para el nivel primario, vigente en el momento en que se realizó la encuesta62, no es percibido en los hogares como una ayuda escolar. La privación de este beneficio para los alumnos de nivel medio sí es manifestada como una dificultad para asistir a los centros educativos, especialmente en las localidades del interior donde la oferta es más reducida y por lo tanto más alejada de los hogares. En relación a la capacitación, indagada a través de las técnicas cualitativas, como se desarrolla en el capítulo de necesidades, ha sido una demanda muy presente. La realización de distintos cursos de capacitación es requerida, pero sólo de aquellos que son percibidos como "útiles": inglés e informática para los nuevos pobres; carpintería y electricidad o distintos oficios para los pobres históricos, y todos aquellos que les sirve para su vida cotidiana familiar (estimulación temprana; crianza de los niños) y comunitaria (gestión y organización). Paralelamente son críticos de la capacitación que no les sirve, de aquella que no pueden desarrollar. Se visualiza un desperdicio de recursos por parte del Estado en cursos de capacitación que no les resultan provechosos, y una dilapidación de fondos para el pago de docentes y técnicos. Políticas de salud Como se señaló anteriormente, se produce una utilización diferencial de los servicios de salud según sean hogares de pobreza estructural u hogares nuevos pobres. En los primeros se priorizan los problemas de salud de los niños, mientras que la utilización del sistema por parte de los adultos se produce recién cuando los problemas llegan a estadios que impiden realizar tareas productivas y/o domésticas. Los sectores empobrecidos, en cambio, estructuran sus demandas de asistencia hacia mayores niveles de complejidad y especificidad (capítulo IV).
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Desde marzo de 1998 se suspende el boleto primario gratuito, siendo reemplazado por un abono escolar primario por valor de $ 0,20. 77

En relación a las demandas de prestaciones preventivas, de acuerdo a los resultados de la encuesta, existe un comportamiento similar entre ambos grupos, siendo incluso levemente mayor la utilización de la oferta preventiva (vacunación, control de embarazadas y del niño hasta los dos años) en el grupo de pobres estructurales. Este comportamiento diferencial no fue manifiesto en las técnicas cualitativas. El Programa de Atención Primaria de la Salud (APS), de larga data en la provincia, ha jugado un rol protagónico en la ampliación de la demanda de los sectores más pobres a los servicios de cuidado de la salud. En el caso del control del niño, junto a este servicio de prevención se entrega leche en polvo, lo que estimula su utilización. Haciendo una comparación, el servicio preventivo más utilizado, en ambos grupos de hogares, es el de vacunación de carácter universal. Analizando la participación en campañas de prevención, son coherentes los resultados en relación a la naturaleza de las campañas que están muy directamente vinculadas a enfermedades ligadas a condiciones del barrio y la vivienda, sumado a situaciones de pobreza más extrema, como son la diarrea, la potabilización del agua y la desnutrición. Solo un cuarto de la población de pobreza estructural manifiesta no haber participado en ninguna campaña de prevención. Por el contrario, en la población empobrecida este porcentaje llega a la mitad, aunque ésta no es la población-meta de estas actividades de prevención y educación. En los Talleres estos grupos manifestaban interés particular en ser beneficiarios de actividades de promoción y educación de la salud, poniendo nuevamente de manifiesto su carácter de "invisibles" frente a los que decidían políticas y programas sociales. Considerando los lugares de atención: público, privado, y curandero o automedicación, en ambos grupos es insignificante la utilización de este último (solo 3 casos) 63. Aproximadamente un 80% de los empobrecidos acude al sector público, disminuyendo levemente cuando se trata de asistencia a adultos de mas de 25 años. El mismo comportamiento, aunque más acentuado se presenta entre los pobres estructurales, que asciende al 10% en la utilización del sector privado cuando se analiza el grupo de adultos, siendo menor al 5% en los otros dos grupos etáreos (menores de 14 y 14 a 25 años). Es posible que al ser la oferta de los Centros de Salud, fundamentalmente de atención pediátrica y ginecológica, brinda respuesta principalmente a estos dos grupos, llevando a que los adultos, salvo los que tienen un Hospital cercano, acudan a la oferta privada. También podría considerarse la posibilidad de que en el grupo de adultos se concentra la población económicamente activa, para quienes resulta más rápida la asistencia en el sector privado, para no sacrificar horas de trabajo. Los beneficiarios y los programas Haciendo un análisis comparativo en relación a los dos grupos (PE y NP) que conforman el total de hogares que manifestaron ser beneficiarios de algún programa social, el 84% pertenece a población con pobreza estructural. Tomando la totalidad de los hogares empobrecidos beneficiarios de programas, la tercera parte de los mismos es de carácter universal como la vacunación, y el resto son programas focalizados (66%). Estos se distribuyen, la mitad entre los alimentarios (principalmente distribución de leche en los Centros de Salud) y el resto entre programas de empleo y otros. Al analizar el acceso a los programas en función del nivel de ingresos, los hogares beneficiarios pertenecen en un 52% al Tramo 1 (indigentes), en un 38% del Tramo 2 (ingresos entre 69 y 140 pesos per cápita) y el 10% a aquellos hogares con más de $140 por adulto equivalente. En cuanto a la cantidad de programas según ingreso, el 48% de los indigentes recibe más de dos programas. El reclamo de los nuevos pobres, que surgió principalmente de las técnicas cualitativas tanto en hogares de Capital como en las localidades del interior, es el de considerarse "invisibles" como sujetos de programas sociales. Ellos se consideran percibidos por los otros (la sociedad en general y el Estado en particular) como no destinatarios de las políticas sociales blandas focalizadas.

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Probablemente se produzca un subregistro de ésta información, por tratarse de prácticas médicas no legitimadas. 78

Las políticas sociales y la población aborigen Los aborígenes muestran una actitud de plena demanda y espera hacia el Estado, que tiene que ver con la larga historia de políticas asistencialistas a ellos dirigidas y con un sentimiento de reparación al haber sido expropiados de su medio de subsistencia y acotados espacialmente por el criollo. La demanda incluye provisión de alimentos, vestido , trabajo, apoyo para educación, vivienda y salud. Las políticas actuales solo cubren a grupos minoritarios, la demanda los supera totalmente. Solicitan así, mayor cobertura de bolsones, mayor cupo de comedores, que a los mismos puedan entrar los ancianos solos, etc. Se sienten excluidos, en relación al blanco, de algunos programas especialmente los orientados al trabajo. Una de las dificultades más serias para que el aborigen wichi se vincule al mundo del trabajo, con un criterio occidental, es una lógica de “trabajar cuando lo necesita”. Esa lógica es “reconocida” por el criollo que lo excluye por lo general de la oferta de trabajo. Valoran todos los programas que les llegan y demandan para los que no lo tienen, pues reconocen sus coberturas parciales. En esta valoración cobra importancia la recepción de ropa y zapatillas, los programas de comedores, los centros de salud con agentes sanitarios de sus etnias y escuelas en las comunidades con auxiliares bilingües La práctica de los proyectos de educación bilingüe se ha desvirtuado, según señalan los gestores. Los miembros de las comunidades no coinciden con esta mirada ya que además lo ven como una salida laboral para aquellos jóvenes que puedan mantenerse en el sistema educativo. La crítica general de los maestros bilingües es que no hay capacitación ni apoyo institucional para cumplir la función estratégica que se les asigna, la de mediador cultural y facilitador del aprendizaje de los niños más pequeños, principalmente. Con lo que su rol se limita a la de traductor de la lengua. La educación es requerida y valorada, marca nuevas diferencia entre los jóvenes y sus padres. En general la mayoría accede y algunos egresan del nivel primario. Pocos pueden permanecer en otros niveles de educación. Incide fuertemente el problema de la estacionalidad productiva y la falta de adecuación del sistema educativo a la misma. Ciertos hábitos culturales influyen fuertemente para que las niñas encuentren dificultades de permanencia en cierto tipo de modalidades educativas. Por otro lado, el hábito de formación de familia en edad temprana atenta contra su permanencia en el sistema, sumado al ingreso en edad tardía y a la alta repitencia que les caracteriza, por sus dificultades lingüísticas y culturales.

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CONCLUSIONES Este trabajo constituyó un esfuerzo a fin de aportar al conocimiento de las condiciones de vida, las capacidades y las estrategias que desarrolla la población pobre de la Provincia de Salta, para enfrentar la situación de pobreza, desde la perspectiva de los propios afectados y atendiendo a las especificidades relevantes del contexto más amplio. En particular, mediante el estudio se buscó caracterizar las condiciones de vida de los pobres, sus necesidades, la jerarquización de éstas y problemáticas específicas; explorar los distintos tipos de pobreza y las especificidades de los grupos vulnerables en función de edad, sexo, etnia y formas de composición de las unidades domésticas; detenerse en las percepciones de los propios afectados acerca de la pobreza y los problemas que enfrentan; identificar las estrategias y capacidades -domésticas y comunitarias- que desarrollan los diferentes grupos vulnerables para afrontar la vida cotidiana; y registrar las condiciones de acceso y utilización de los programas sociales y su incidencia en el mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares. Tomando como referencia el contexto provincial, la indagación se centró en cinco localidades previamente seleccionadas: Salta Capital, Tartagal, Pichanal, Morillo y Guachipas y dentro de ellas, en los grupos de población definidos como pobres y en función de las técnicas de relevamiento utilizadas. En el caso de las técnicas cualitativas se trabajó con grupos de población según características demográficas y condición socioeconómica. Para la aplicación de la encuesta, se diseñó una muestra que permitiera captar hogares pobres estructurales y hogares empobrecidos. En la primera parte del trabajo y en función de una propuesta de regionalización de la provincia, se analizaron indicadores socioeconómicos y demográficos, introduciéndose la problemática de la pobreza a partir de la elaboración de un Índice de Pobreza Humana que permite agrupar a los departamentos de la provincia64. La relación entre los niveles de pobreza y las regiones ha permitido agrupar los diferentes departamentos de la provincia: 1. Los departamentos más homogéneos en términos de menor desarrollo capitalista, con predominancia de actividades de subsistencia y con mayor grado de pobreza 65 : Iruya, Santa Victoria, Rivadavia, La Poma, Los Andes y Molinos, reflejan condiciones ambientales y productivas que limitan su desarrollo y generan y reproducen la pobreza. 2. En el otro extremo se encuentra un grupo de departamentos de mayor desarrollo capitalista y con menores niveles relativos de pobreza : Capital, General Güemes, Rosario de la Frontera, Metán y La Candelaria. En ellos se encuentran las actividades productivas y de servicios más importantes y modernas, una mayor urbanización y menores índices de pobreza. 3. Un tercer grupo de departamentos muestra un limitado desarrollo de las actividades productivas y menor grado de pobreza, pero mayor que en el agrupamiento anterior: San Carlos, Cafayate, Guachipas, La Caldera, La Viña, Chicoana, Cerrillos y Rosario de Lerma. 4. El cuarto grupo, marcadamente heterogéneo por ubicarse en ellos actividades capitalistas importantes que incorporan tecnología de punta y producen para exportación, presenta una proporción importante de la población que permanece en situación de extrema pobreza. En él se encuentran las ramas productivas más excedentarias, y los índices de pobreza más extremos. En síntesis, el crecimiento económico de determinadas actividades (en este caso, petróleo, gas, soja, poroto, algodón, etc.) a partir de la incorporación de nuevas tecnologías y con criterios empresariales modernos, que pueden ser altamente rentables, no promueven alivio de la situación de pobreza, por el contrario, la agudizan dadas las formas de inserción local. En Tartagal por ejemplo, es clara la diferencia de inserción de una empresa como lo era YPF, respecto de las nuevas que se instalaron luego de la privatización, como Repsol –YPF, Pluspetrol, Tecpetrol, etc. y el impacto que tienen sobre la pobreza.
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Se toma como unidad geográfica para el análisis de indicadores el nivel departamental. En términos de los indicadores disponibles. Aquí no entraremos en la discusión de los indicadores de pobreza en poblaciones rurales, si bien no puede olvidarse que las formas de pobreza urbanas y rurales difieren de manera importante. 80

Luego, se analizaron los resultados obtenidos en el trabajo de campo66. Tipos de pobreza Se ha trabajado con las categorías habituales de pobreza -empobrecidos o nuevos pobres y pobres estructurales- y se ha precisado una distinción dentro de la primera. Se considera necesario distinguir, por lo menos, dentro del heterogéneo grupo de empobrecidos a los que caen de una estabilizada clase media, desde más arriba, los nuevos pobres, de aquellos que hace poco tiempo dejaron la pobreza estructural para volver a ella nuevamente, a los que llamamos pobres de nuevo, de alguna manera, aquellos que fluctúan dentro de una franja de vulnerabilidad67. A partir de la encuesta y mediante la técnica de clustering 68, se realizaron tres formas distintas de agrupamientos de hogares para determinar niveles de vulnerabilidad. La principal comprobación que surgió de esta técnica reside en que la combinación de indicadores que sirvieron para configurar tipos de hogares (número de miembros y adultez) y/o nivel educativo, indican a su vez la posibilidad de buscar más o mejores empleos y por tanto, son determinantes en la superación de la condición de pobreza. Se pudo observar que hogares con numerosos integrantes, con muchos niños pequeños y por lo tanto baja adultez o baja actividad, son vulnerables aunque tengan mejores niveles de educación69, mientras que, menores niveles de educación con hogares reducidos, alta adultez y alta actividad y empleo, que a la vez son demandantes de más empleo, están relativamente mejor. Sin embargo, en los otros casos, se pudo ver que es en hogares con mayor pobreza que se verifican los menores niveles educativos. Perspectiva de los pobres En términos generales la percepción sobre quienes son pobres está teñida de una cierta ambivalencia, vinculada con la coexistencia de varias dimensiones que entran en juego y con el tema de la auto identificación. El imaginario social que surge con más fuerza es el de la pobreza como estigma, asociada a faltas, carencias, escoria. Cuando esta imagen es la dominante, aparece muy marcada la necesidad de diferenciarse: “pobres son los otros y no nosotros”. Las otras dimensiones presentes son: una perspectiva más técnica asociándola a los indicadores de NBI que muchos ya dominan; otra más vivencial asociada a la propia experiencia vital de privaciones y sufrimientos y el posicionamiento en términos relativos a un contexto más amplio, donde siempre hay alguien que está peor. El inicio del proceso de empobrecimiento no es un tema señalado por los pobres estructurales, la pobreza nació con ellos, forma parte de sus trayectorias personales; sus preocupaciones se centran en el cómo hacer frente, día a día, a los problemas que esta les ocasiona. Las situaciones que favorecen la reproducción de la pobreza son de dos tipos: factores personales o individuales, asociados a sus propias historias, que siente de formas más o menos culpabilizadoras, y factores sociales o contextuales, relacionados con el deterioro de la situación económica en general y con actos discriminatorios hacia los pobres. Los empobrecidos identifican, en cambio, un “antes mejor” y un “ahora peor” y en general, consideran que las causas están en la sociedad, son externas; las colocan afuera y las perciben ajenas a su responsabilidad: la crisis económica y la reforma del estado, por la reducción de los empleos y de los ingresos, fueron las causas que se adujeron.
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En el cual se trabajó con: entrevistas a informantes clave, grupos focales , talleres;,entrevistas a aborígenes wichís y guaraníes y 300 encuestas a hogares pobres. 67 Es conveniente resaltar una particularidad para el caso de Salta, lo constituye lo que algunos autores han tratado como problemas referentes a la ciudadanía, que se puede caracterizar como un comportamiento social bastante generalizado de escasa defensa de los derechos individuales y sociales. Si bien es más notable en los sectores pobres estructurales que en los empobrecidos, en términos relativos a otras provincias puede considerarse bastante débil. 68 Se han seleccionado siete variables originales contenidas en la base de datos y mediante el análisis de principales se resume la información, respecto a las características de los hogares, en un par de variables. Luego se realizan tres agrupamientos diferentes para comparar. 69 En el caso del primer agrupamiento. 81

En relación a la auto identificación de la pobreza, los pobres estructurales parecen experimentar cierta resignación. Definen su situación desde sus prácticas, carencias y vida cotidiana. Para este sector, son las madres solteras con hijos y los que tienen muchos hijos pequeños los que están peor, incluyen también a quienes no tienen trabajo, los que viven en asentamientos y los que tienen hijos discapacitados. Los empobrecidos viven su situación como un drama, les preocupa la invisibilidad de sus necesidades y tratan de resaltar las distancias que los separan de los pobres estructurales, los pobres “de siempre”, presentando ambivalencias en cuanto a la percepción de su situación. En la definición de la pobreza apelan a términos técnicos. Los que están peor, para ellos, son los desempleados, los que tienen ingresos insuficientes, los pobres de siempre y los que tienen hijos jóvenes estudiando. La carencia por excelencia, reiteradamente señalada, es la falta de trabajo. También el trabajo que no alcanza para vivir y el que se realiza y no se paga 70. Es muy fuerte y generalizada la asociación entre trabajo y dignidad. Se observa una caída en cadena, la pérdida o deterioro laboral de los empobrecidos arrastra a los estructurales, puesto que achica y les desplaza de las oportunidades de trabajo habituales71. Señalan además, muy fuertemente, el aumento del autoritarismo y la discriminación debido al exceso de demanda de trabajo, esto es percibido especialmente por los empobrecidos. La necesidad de alimentación, es fundamentalmente sentida por los pobres estructurales, tratan de cubrir las necesidades, les preocupa la posibilidad de tenerla o de que alcance. Esta observación se da especialmente en las mujeres y lo focalizan en el “hambre de los niños”. 72 A los empobrecidos les afecta el cambio en la dieta 73. Acudir a la solidaridad familiar para lograr satisfacer la alimentación es vivido de forma dramática. El hambre es un problema sentido por los pobres estructurales, se prioriza cuando esto sucede la alimentación para los niños y los que trabajan. Pero, a veces, la violencia de sufrir hambre se canaliza como violencia familiar 74, lo que significa visualizarla también como violencia social. La falta de trabajo, a pesar de ubicar las causas en la sociedad y no en la persona, lleva en el caso de los empobrecidos, especialmente en los hombres, a sensaciones de fracaso y de inutilidad. Divorcio y abandono, alcoholismo y droga en los jóvenes, se asocian a la no superación del desempleo. En el caso de los estructurales, estos problemas se agravan porque causan la mendicidad infantil. La educación y la capacitación son vividas por todos como necesidad para poder salir de la pobreza, si bien hay conciencia de que no es como antes, que no garantiza nada, se entiende que los coloca en una situación de relativamente ventajosa. Una preocupación recurrente en los pobres estructurales es que sus hijos terminen la primaria; el deseo es que ingresen y permanezcan en el nivel medio, aunque tienen suma dificultad puesto que requiere de un esfuerzo económico75 al que habitualmente no pueden responder; los adolescentes manifiestan encontrarse en la disyuntiva entre estudio y trabajo. En el caso de los empobrecidos el esfuerzo está puesto en el acceso a estudios terciarios y universitarios, y la baja de calidad por no poder permanecer en el sector privado. En cuanto a la educación no formal se diversifica la necesidad según sectores: de oficios para los estructurales y focalizada en idiomas y computación para los empobrecidos. Para los estructurales el problema de la salud se dirime entre estar o no estar sano. La enfermedad es lo que doblega, pone en riesgo la vida o los somete, además, a las enfermedades crónicas. Les preocupa prioritariamente la salud de los chicos. Evalúan la situación en este ámbito como buena, son escasamente críticos. Su demanda central es acceder a los medicamentos. La enfermedad, para los empobrecidos incluye un espectro
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A pesar de que se hubiera convenido que era pago. Muy marcada en Tartagal. 72 Fuertes testimonios surgieron en las técnicas cualitativas en relación a este problema. 73 Actualmente se basa en el consumo de guisos y la disminución de verdura, lácteos y carne. 74 ”cuando el niño tiene hambre, llora y .. el padre que ni tiene para darle le pega” 75 Para alimentación, vestimenta, bibliografía y fotocopias, pero también es “otro que no trabaja”. 82

mucho más amplio, su solución requiere de especialistas. Son críticos con respecto a la atención de la salud pública, son exigentes y reclaman sus derechos. La vivienda, para los estructurales, alcanza su primer grado de satisfacción al acceder a un terreno, por asentamiento ilegal o cuotas, lo que permite la autoconstrucción de una vivienda precaria, que viven como logro. El acceso a la adjudicación de una vivienda de planes estatales requiere de una redistribución del gasto a nivel doméstico con gran deterioro de otras necesidades. Este problema es común a los empobrecidos, así como también el pago de los servicios asociados a la vivienda76. La atención de los niños preocupa a todos, especialmente a las mujeres ya no sólo por la alimentación sino en todo un repertorio de necesidades. Complementariamente se sienten agobiados en la problemática propia, la de los adultos, porque sacrifican por atender a los niños. Consideran a los jóvenes como grupo de riesgo, los ven sometidos a la violencia por parte de la policía, tanto en el barrio como en lugares de recreación. La discriminación preocupa a los pobres estructurales, por nacionalidad o etnia, por el aspecto físico, o la ropa, etc. La sufren como injusticia y, además, los perjudica ante oportunidades de empleo, porque el prejuicio no les permite demostrar su capacidad y honestidad77. A todo esto, se suma un descreimiento generalizado. Esta sociedad no ofrece caminos de salida, no confían en los políticos ni en las organizaciones intermedias, todavía demandan al Estado, en muchos casos, aunque con pocas esperanzas. Las estrategias Se distinguieron tres modalidades prioritarias de estrategias: las orientadas a la resolución de la vida cotidiana -de corto y mediano plazo-, entre ellas se prestó especial atención a las de generación de ingresos y reducción de gastos, los caminos de salida que permitirían una modificación positiva de la situación presente a más largo plazo y, un tercer tipo, situado a mitad de camino entre los dos anteriores que permite alcanzar una posición relativamente mejor, más vinculadas con el azar, identificada como modelos de arreglárselas mejor. En la resolución de la vida cotidiana tanto lo espacial como lo temporal cobran importancia significativa. Para los pobres estructurales la necesidad inmediata, el hoy, es lo prioritario a resolver. Las soluciones se encaran a partir del ámbito barrial y comunitario. Los Centros Vecinales y/o los comedores comunitarios son las organizaciones a través de las que se gestiona la resolución de los problemas de infraestructura urbana y abastecimientos, así como las mediadoras en el acceso a los programas sociales78. Las vinculaciones, el clientelismo político partidario, las lealtades personales, paternalistas son un medio para acceder a recursos, aunque a veces de modo no sistemático. Se puede señalar, además, la variabilidad desde lealtades históricas hacia mejores postores. El esfuerzo familiar y personal es muy importante y valorado para la resolución de la vida cotidiana ocupando el de las mujeres un papel preeminente. La migración, estrategia histórica para los sectores pobres y especialmente para los jóvenes, como modo de acceso al trabajo, si bien continúa, especialmente en las localidades del interior, es vista con cierto pesimismo, porque según las más recientes experiencias, no suelen encontrar trabajo o si lo encuentran, muchas veces no les pagan. Entre los nuevos pobres priman las estrategias personales, familiares y de relaciones amistosas. Juegan un papel importante las vinculaciones que les permiten resolver
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Pagan unos, especialmente los que les cortan mas rápido, postergan otros y van rotando mes a mes. En algunos casos los empobrecidos señalaron discriminación por la invisibilidad de su pobreza. 78 Este ámbito de resolución funciona a pesar de los conflictos que lo atraviesan. 83

parcialmente problemas de salud, educación, de inserción en el mercado de trabajo, etc. Excediendo generalmente el ámbito barrial, la resolución de sus necesidades se dispersa en el mapa urbano. Las estrategias de reducción de gastos involucran al grupo familiar, aunque las mujeres ocupan un lugar destacado en esta tarea 79. Mientras entre los nuevos pobres estas estrategias se asocian a restricciones y recortes (vestimenta, estudio, recreación), y a baja de la calidad de sus consumos habituales, los pobres estructurales disminuyen fundamentalmente la cantidad y hacen uso de ciertos programas sociales, como por ejemplo, comedores comunitarios. Las estrategias de generación de ingresos se diferencian no sólo por tipos de pobreza sino también por género y edad. En términos generales hay dos formas prioritarias a través de las cuales se busca generar ingresos. La primera es el mercado laboral, ya sea por la incorporación de nuevos miembros (mujeres, jóvenes, niños) o por la sobreocupación de los que ya están trabajando. La segunda, particularmente en el caso de los pobres estructurales es la canalización de demandas al estado, vía alguna de las modalidades de programas sociales. Pudo detectarse una tercera: la fabricación casera en sus más variados matices (principalmente de productos alimentarios) y la prestación de servicios personales. Entre los nuevos pobres, además, los microemprendimientos y la formación de cooperativas, muchas veces fracasados, fueron estrategias más frecuentes entre los hombres. Merece una mención especial el papel destacado que pasaron a ocupar como proveedores de ingresos los integrantes del hogar de la tercera edad, ya sea por jubilaciones y pensiones o bien por beneficios de programas sociales (bolsones ASOMA). Los modelos de arreglárselas mejor, como estrategias de orden personal o colectivas, frecuentemente mencionadas por los jóvenes, son los acomodos políticos, ganar el kini o la lotería, como salidas ideales; el ser independientes -para los jóvenes- aquel que cuenta con trabajo, vivienda y no tiene obligaciones familiares. Las familias numerosas con hijos ya crecidos que trabajan. Y una ayuda importante para emerger de situaciones de pobreza son los padrinazgos que ayudan en los estudios y vestimenta, que dan oportunidades de trabajo. Otros que se ven como beneficiados son los dirigentes barriales o gestores de programas sociales, a quienes se les atribuyen prebendas y beneficios. Los caminos de salida giran prioritariamente alrededor de un trabajo estable y digno. La educación y la capacitación, posiciona ventajosamente para conseguir trabajo, si bien no lo garantiza. Se aprecian diferentes expectativas entre los estructurales y empobrecidos, siendo mayores entre los primeros. Para los pobres estructurales la organización comunitaria es una forma de resolver problemas, pero para lo cual requieren de formación y capacitación. Para las mujeres la esperanza está puesta en la educación formal de sus hijos, especialmente, pero también para ellas. Los jóvenes pobres presentan una actitud conformista y de escasa proyección para el futuro, mientras que los jóvenes empobrecidos presentan fuerte espíritu crítico hacia la sociedad consumista. La problemática aborigen En Morillo, Tartagal y Pichanal adquiere importancia numérica la población aborigen, con pobreza estructural. Dos etnias predominan en la zona, la wichí y la guaraní, con características diferenciales. La pérdida de las tierras ha supuesto para las comunidades aborígenes un cambio en su forma ancestral de vida. Su recuperación es la necesidad más sentida y demandada. Los wichís, de hábitos nómades y que viven del monte, han sufrido especialmente el deterioro ecológico de la zona y sufren restricciones legales para la caza, la pesca y la venta de pieles, que eran sus recursos tradicionales. Se ven afectados también por reducción de la venta de sus artesanías y, en general, les repercute la pérdida de poder adquisitivo de los criollos. La población guaraní, radicada en zonas próximas a los centros urbanos y por lo tanto, habiendo
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Es por eso que este tema ocupo un lugar destacado en los grupos focales de mujeres.

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perdido en mayor grado la cultura propia, presenta mejores condiciones relativas de vida. La pobreza es vivida con cierta resignación y aceptación, parece estar naturalizada, y de sus dichos parecen considera que el blanco debe proveerles de lo necesario para subsistir. Se sienten afectados por la discriminación, si bien reconocen un mejoramiento de las relaciones con el criollo, y quizás un “acortamiento de las distancias sociales” con el reciente empobrecimiento de los criollos. Los aborígenes tienen hábitos de familia extensa y continente, lo que, sumado al prolongado amamantamiento, sitúa a los hijos en mejor situación comparativa frente a la deterioro social de los criollos pobres80, si bien sus condiciones de vivienda, higiene y, su acceso y permanencia en el sistema educativo son claramente desventajosos . La dieta alimentaria se ha modificado en la medida en que se incorporan a la vida semiurbana y para acceder a ésta necesitan ingreso en dinero, lo que les es difícil. Los niños asisten en su mayoría, en ambas comunidades, a comedores. Se come lo que hay y cuando hay. Existe gran diferencia de nivel educativo entre adultos y jóvenes. Los niños ingresan tardíamente al sistema escolar. Pocos jóvenes han accedido al nivel secundario, lo que valoran tanto los propios jóvenes como la comunidad. Manejar la lengua criolla les da la posiblidad de defender sus derechos, por ello, es la educación una perspectiva de futuro. Su organización está imbricada con los grupos religiosos. La religión actúa de “control” frente al alcoholismo y otros problemas sociales. Las salidas las visualizan a nivel comunitario y fundamentalmente por medio de la educación y la capacitación que les permite gestionar ante el blanco, demandar por sus derechos, defenderse y quizás, conseguir algún trabajo. La expropiación de sus tierras y la discriminación, que significó haberles quitado posibilidad de la subsistencia independiente, los ha llevado a una situación de vulnerabilidad extrema, que en muchos casos los hizo víctimas de la relación clientelística que los políticos y el Estado buscan reproducir. Todas sus demandas están canalizadas entonces hacia el Estado, con la mediación de ONGs para el asesoramiento y apoyo. Los programas sociales a los que han accedido se vinculan a comedores infantiles, distribución de útiles y guardapolvos, y comedores escolares, los menos, han accedido a vivienda, se sienten discriminados en relación a los planes de trabajo. Respecto de la educación, consideran necesario contar con mayor cantidad de auxiliares bilingües. Evaluación de los programas sociales vigentes y su cobertura Los programas, en general, tienen una cobertura restringida, focalizan la población en forma discriminada y así son percibidos. Los planes alimentarios se visualizan como dádivas denigrantes pero necesarias. Aunque se prefieren los programas que atienden directamente a la familia y no aquellos que se “reparten” en comedores diferentes, al mismo tiempo que existe un fuerte reclamo por su escasez. 81 Los programas de trabajo, muy demandados, se visualizan como especialmente escasos y como parches coyunturales. Son criticados por el manejo arbitrario en la selección, por la implementación como trabajos que no son ni efectivos ni reales, aparecen como subsidios a empresas y lo que es más grave, porque sustituyen fuentes genuinas de trabajo, y por el bajo monto en ingresos. En el caso de educación, la escasez es de útiles y libros, que además no llegan en tiempo y forma, excluyendo a estudiantes secundarios. La población aborigen demanda y valora los auxiliares bilingües (política provincial de grandes discontinuidades) para quienes se requiere capacitación específica. Los programas de capacitación son permanentemente demandados. Pero también se los critica por vérselos como mercado de trabajo para técnicos y docentes absorbiendo recursos que deberían llegar a los beneficiarios.
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Los agentes sanitarios de Morillo comentan que hay mas niños desnutridos urbanos entre los criollos pobres que entre los aborígenes. 81 Los comedores suelen abastecer el doble de chicos del cupo otorgado. En algunos casos se realizan filas, fuera del comedor, para acceder al excedente –“si lo hay”-. 85

En relación a la salud, las diferencias de opinión son marcadas entre nuevos pobres y pobres estructurales. Los primeros tienen una actitud mucho más crítica -largas colas, falta de medicamentos, calidad de la atención- a pesar de que son los segundos los que más sufren el deterioro de los servicios, por una larga historia de discriminación y recursos limitados. La discriminación es especialmente sentida por los grupos aborígenes. La demanda de acceso a la tierra y su posterior regularización es prioritaria para los indígenas y para los pobres estructurales en asentamientos. Se demanda mayor cobertura en general para los jóvenes, tanto educativa, de capacitación, como recreativa o laboral. Se le otorga, entre otros, valor preventivo. Los niños preocupan por su alimentación, abandono, explotación y por tener que quedar a cargo de otros menores – hermanos-. Se considera que es necesaria una mayor oferta de educación preescolar. Las mujeres jefas de hogar, con hijos, en general, sufren sobrecarga de responsabilidades y trabajo además de la imposibilidad de satisfacer sus necesidades. Los que tienen muchos hijos requieren de apoyos específicos. Según los empobrecidos, a ellos no se los considera en los programas sociales, su pobreza es invisible. Los pobladores rurales, excluidos en su mayoría de las ayudas sistemáticas de todo orden y los aborígenes, muchos indocumentados por lo que no tienen “existencia civil”, requieren de programas específicos y de una política que realmente se oriente a otorgarles la propiedad de sus tierras y poder así formalizar su tenencia, o que se les restituya las que reclaman. Principales problemas detectados en las políticas y programas sociales Educación - Educación primaria: La cobertura del plan social educativo no es muy eficiente. Útiles y libros no llegan en tiempo y forma. - Educación secundaria: La falta de apoyo en programas para esta etapa de la educación genera una ausencia de cobertura en bibliografía y fotocopias a estudiantes secundarios. Entre los más vulnerables es motivo de abandono. - Programas especiales: Entre la población aborígen. Hay una fuerte crítica al papel atribuido al auxiliar aborigen en el programa de educación bilingüe, se reduce a un simple traductor entre el docente blanco y los alumnos aborígenes. Salud -Personal médico y de enfermería de hospitales y salitas de barrio no cubren debidamente las necesidades y son insuficientes (sacar número, largas colas, horarios muy reducidos en salitas). - Marcada discriminación entre los que concurren a los servicios públicos (particularmente percibido por la población aborigen). Escasa conciencia entre los profesionales sobre los derechos de los pacientes. - Aunque no surge como una demanda explícita, hay una insuficiente cobertura de programas que atiendan problemas de salud mental y de violencia familiar y juvenil. Vivienda Tierra: - Fuerte demanda con respecto al acceso a la tierra urbana y a su posterior regularización, cuando el acceso fue producto de un asentamiento. -Entre la población aborigen la demanda de tierra es central. Unidad habitacional: - Necesidad de financiamiento y apoyo para la autoconstrucción y mantenimiento. - Falta de asesoramiento técnico para la instalación o mejora de servicios sanitarios.
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- Para los nuevos pobres uno de los problemas principales es la dificultad para realizar el mantenimiento de la vivienda. Trabajo - fuerte critica a los programas de empleo82 del Ministerio de Trabajo por: - manejo arbitrario a través de clientelismo político (esa crítica es una constante). - no se implementa en trabajos efectivos. - el período de duración 2 a 6 meses no atiende verdaderas necesidades - algunos de ellos aparecen como subsidios a las empresas - sustituyen fuentes genuinas de trabajo (ver más Shopping) Microemprendimientos: - Reclamo de los que fueron indemnizados de escaso o nulo asesoramiento para enfrentar la nueva situación, de allí que muchas cooperativas fracasaron. - Dificultad que funcione cooperativas y micro emprendimientos sin adecuada información y capacitación sobre organización, gestión y o manejo de nuevas habilidades. - Ausencia de orientación para producir bienes y servicios en función de los requerimientos del mercado. Capacitación - en caso de población aborigen, reclaman falta de capacitación (en oficios). Tanto la capacitación como la educación es vista como un medio para compensar desigualdades. - la capacitación en algunos programas sociales crea un mercado de trabajo para docentes y técnicos que absorben un monto importante de los recursos. - Inadecuada la capacitación para cuidado de ancianos, está orientada a la inserción en el mercado y luego nadie los emplea. En Salta escasa o nula demanda en este sentido entre los que podrían pagar este tipo de servicios. Alimentación En general visualizados como dádivas, a veces denigrantes pero igualmente necesarios. - principal crítica: marcadamente insuficientes en general. - críticas a los comedores porque dividen a la familia a la hora en que podrían compartir. - serios problemas tanto para las responsables de los comedores como para las familias por el tope de edad para la asistencia. Se resisten a dejar fuera hermanos mayores, pero con hambre. - huertas familiares o comunitarias no funcionaron: falta de tiempo e interés de la gente; los insumos no llegan a tiempo, o hay problemas de agua o hábitos culturales no compatibles. - problemas en los barrios con relación a cual debe ser el criterio de selección y quien debe decidir cuando la familia está en condiciones o no de ser beneficiaria. - problemas de localización de los comedores, en zonas rurales con población muy dispersa, son inaccesibles a todos los que necesitan sus beneficios. -críticas al manejo clientelar de los bolsones ASOMA Especifidades por grupos: -jóvenes: insuficiencia de programas para ese grupo etáreo, acceso a la educación, en salud (prevención de riesgos como adicciones, violencia, etc.) en el apoyo al desarrollo de intereses específicos de los jóvenes, en capacitación, en actividades de recreación, necesidad de mayor acceso a fuentes de trabajo (las opciones son muy precarias y temporarias. -niños: abandono, violencia, explotación, a cargo de hermanos menores. -aborígenes: serios problemas por ser indocumentados. - para los mayores de zonas rurales en particular se percibe la falta de programas que incluyan actividades de convivencia e intercambio, de encuentro. - los nuevos pobres: no se consideran sujetos de atención, no se sienten incluidos en los programas sociales. -mujeres: jefas de hogar y/o con muchos hijos chicos, sobrecarga de trabajo y responsabilidades.

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Programas TRABAJAR y similares.

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