Hoy vengo a pregonarte, Señora de la Cabeza, Hoy viene a pregonarte este que canta y reza.

Y te rezo Reina del cielo, te pregono porque te quiero, te proclamo Reina y Señora, de mi jardín redentora. Y mirando atrás en el tiempo, este pregón yo comienzo, y me acuerdo de mi familia, los que nos damos la mano, y en mi memoria y recuerdo también los que nos dejaron. Y me acuerdo de mi tía Patro que está con Ella en el cielo; le hará a la Virgen Morena sus tartas de chocolate y seguramente buñuelos. Y también recuerdo y no olvido a mi primo y amigo Gabriel, que se fue con Ella a la gloria, al que nunca olvidaré. Y me acuerdo de mis amigos, amigos que siempre estáis forjando nuestra amistad, y a todos los que no están porque un día de aquí se fueron, para vivir junto a ti, Señora, con alegría allí en el cielo.

Y ahora miro hacia arriba y los veo allí “sentaos” en esos primeros bancos que han sido “reservaos” para la gente de Rute, porque los siento a mi “lao”. Y serán mis cuatro abuelos con sus sonrisas en los labios los que dirán a la Señora: ese que está pregonando es nuestro nieto Manolo, el que te quiere tanto. Ayúdale a transmitir, A que salgan de sus labios palabras que se hagan versos para hacerle un relicario de oraciones y alabanzas a la Virgen más bonita, más belleza no se alcanza, a la Reina del ruteño, redentora y esperanza. A ti mi Virgen Morena, Madre mía de la Cabeza que te podría yo decir que otros ya no te dijeran, que fueron grandes oradores los que a ti te pregonaron, hombres con don de palabra que tus glorias ensalzaron.

Quisiera decirte tanto pero me faltan palabras, quisiera ser hoy el canto que desde el fondo del alma rememore aquel calero que hace siglos te rezaba. Porque Tú, Señora mía manifiestas paz y calma y es que estando frente a Ti no me salen las palabras. ¿Qué tienes en tu carita? cara de niña gitana que siento un escalofrío solo con ver tu mirada. Cuantas promesas Señora “pa” agradecer tu bondad, cuantos lloros a Ti Morena cuando la vida va mal. Pero ahí estas Morenita, dispuesta siempre a escuchar, a interceder por nosotros ante tu hijo celestial. ¿Qué tienes en tu semblante que calma nuestro penar? y salimos sosegados después de contigo hablar.

Eres la luz que nos guía, el camino por andar, eres estrella del cielo que alumbra la oscuridad, de tantos y tantos ruteños que buscan en tu sonrisa refugio y felicidad. Yo no se lo que Tú tienes que necesito un pañuelo cuando te miro a la cara, eres mi luz y mi consuelo, y el corazón me palpita con tanta fuerza y anhelo, que estando delante tuya ¡parece que estoy en el cielo! Pido la venia para dirigirme en este momento a mi amiga Belén, que con sus palabras ha puesto de manifiesto el cariño y el afecto que me tiene. Si alguien tuviera que hacer una imaginaria tesis doctoral sobre las buenas personas, yo le recomendaría que conociera a Belén; con solo describirla haría un trabajo de matrícula de honor. Sencilla, humilde, honrada, respetuosa, comprensiva, modesta, amiga de sus amigos; virtudes todas estas, de las que os aseguro que puede presumir esta maravilla de persona que atesora un patrimonio humano imposible de detallar. Después de esta hermosa presentación con la que nos has obsequiado, ¡pienso! y me acuerdo de aquella mañana del mes de octubre en la que te pedí que fueras mi presentadora. Jamás me pude imaginar lo que hoy ha acontecido aquí, que dos personas hablaran con una sola voz. Una voz dulce que hablaba a un pueblo, que asistía fascinado a algo que nuca había visto, y otra voz que salía desde el seno materno, que hacía que las palabras que brotaban de tus labios se transformaran en canto de amistad.

Gracias por haber hecho participe de este acto a ese retoño que llevas en tu vientre y que está a punto de nacer y gracias porque sé el enorme sacrificio que has tenido que hacer en el día de hoy, pero creo que el esfuerzo ha merecido la pena. Gracias también a todos los que habéis venido en esta mañana radiante y resplandeciente: Presidente y Junta de Gobierno de la Real Cofradía de María Santísima de la Cabeza Coronada de Rute. Hermanos Mayores. Autoridades civiles y religiosas. Hermanas Mercedarias de la Caridad. Reinas y Damas de Honor. Asociación Cultural Morenita, Reina de Rute. Grupo Joven de esta Real Cofradía. Familiares, amigos y devotos de la Virgen de la Cabeza. Y ahora quiero dar las gracias, porque me sale de dentro, con ternura y sentimiento, pero palabras no encuentro. Por los senderos del cielo caminaba un día María y encontró dos angelillos que al oído le decían: ¡Hola Virgen Morenita, qué alegría de encontrarte, hoy, nuestro corazón palpita, te queremos pedir algo, pero, no queremos agobiarte! Pues qué suerte que tenéis, podéis pedir lo que queráis, que es seguro que ese ruego se concede desde el cielo.

¡Pues mira, Madre del Ruteño es que allí en la tierra hay, una madre y una esposa que por culpa de un achaque, una enfermedad latosa, necesita mucha fuerza, mucha fuerza y gran coraje! Te rogamos Virgen buena que por ella Tú intercedas, que le eches una mano, que la cuides y que la quieras. Id tranquilos angelillos, que a esa dama que decís ya la tengo protegida, porque es buena, porque es noble, bondadosa y comprensiva. Id tranquilos angelillos, que Manuel tendrá su madre y Manolo su mujer, mucho tiempo allí con ellos, fuerte y sin desfallecer. ¡Ah, por cierto, un momento! y vosotros ¿Quiénes sois que queréis a esa mujer y ella siente vuestro aliento? Se miraron los angelillos y con voz serena y tierna le dijeron a la Virgen que mirase “pa” la tierra.

¡Es mi hija! dice uno, otro exclama ¡es mi hermana! ¡Yo soy Olga! ¡Yo soy Braulio! dos luceros que la guardan. Te queremos dar las gracias porque un regalo tan grande ni se da todos los días, ni se agradece bastante. Y ahora habla el pregonero y te da las gracias, Señora, y le digo a mi mujer con cariño y sentimiento que ¡qué suerte tienes, Dios mío! ¡que estés tranquila lucero! que dos querubines te guardan, dos angelillos divinos en lo más alto del cielo. También quiero dar las gracias a mi suegra por haber estado ahí siempre y en todo momento. Gran mujer a la que la vida le debe mucho. !Gracias Mariana! Gracias a mis padres por el regalo impagable de la vida y por haberme transmitido este profundo sentimiento cofrade del cual me siento orgulloso. Bendita herencia que no admite medida porque no se puede medir. Y por último, y para empezar una nueva andadura por este, mi pregón, quiero dar las gracias por enésima vez y hacer una mención muy especial a todos mis amigos y compañeros de Junta de Gobierno de esta Real Cofradía. !Que cuatro años! !Cuantas vivencias, cuanto sufrimiento, cuantas alegrías, cuantos anhelos, cuantas emociones, cuantas inquietudes y cuantos rezos! Recuerdos imborrables grabados a fuego en los corazones de estos compañeros de camino, que a pesar de las turbulencias, defendieron con entereza su lugar y el bendito nombre de la Madre que nos guía.

Corazones embriagados de amor hacia la Virgen de la Cabeza. !Gracias por todo amigos!, pero sobre todo porque gracias a vuestra firmeza, tenacidad y perseverancia, conseguimos preparar, organizar y ejecutar el merecido homenaje que rendimos a Nuestra Morenita, al cumplirse el cuarto de siglo de su coronación Canónica. Y para conmemorar aquel acto de amor filial, pudimos disfrutar todos y cada uno de nosotros de un sin fin de actos que se prepararon para celebrar tan gloriosa efeméride, actos que ni los más fascinantes versos que pudiesen brotar de la imaginación del más ilustre de los poetas, podrían describir lo que durante aquel año pudimos vivir los ruteños: Veintinueve de octubre, sin par Sabatina; comienza la historia, !Corona Divina! Colgaduras en los balcones, plata y oro en las medallas y revistas anunciando pregoneros que te aclaman. Entre rojo terciopelo y el embrujo del cofrade, se expusieron tus enseres en un marco incomparable. Te pintaron en Sevilla con pinceles celestiales, en cartón, madera y lienzo “pa” elevarte a los altares. Concepción Inmaculada dogma y gracia singular, en diciembre te proclaman sin pecado original. Y vinieron desde Andújar oradores con ponencias, testimonios que proclaman cinco siglos de existencia.

Cofradías que te saludan en encuentros de hermandades, y te rinden homenaje coronadas y filiales. En un libro se resumen cinco siglos de hermandad, del fervor de los ruteños tu “Corona Cincelá” Primavera efervescente de cofrades que te rezan, con incienso pasionario se proclama tu grandeza. Se cumplió el cuarto de siglo que en tus sienes posaron Corona, nueve de mayo glorioso, Parroquia que espera la hora; !Que lluevan cohetes al viento! !Que el tiempo se pare un momento! !Que nunca homenaje más cierto, un pueblo rindió a su Señora! Tiembla mi voz Madre Mía, un nudo se me hace en la garganta cuando vuelvo atrás la mirada, me cautiva tu afable palabra. Gracias Don Carlos Amigo, Príncipe noble y sencillo, fuiste enseñanza y camino, Rute a tus pies cae rendido. 1Que novena aquella!!Que solemnidad! Fueron nueve días que no quiero olvidar. Don Carlos, Don Francisco y el Padre Rafael, respeto a la Señora supieron ofrecer.

Y una tarde luminosa con un sol de primavera, con tu Manto verde y oro pasas por las callejuelas. ¿Qué me pasa Madre y Reina? ¿Qué me pasa Reina y Madre? Cuando escucho tus palabras a la Virgen de la Sangre. Te recibe, la saludas, “Hasta otra, Dios te Salve” y al llegar a la Parroquia un momento inolvidable, oración y sentimiento, reverencia al Nazareno, mil plegarias a la Reina de la tierra y de los cielos. Y te fuiste al “Barribajo” y estuviste siete días, y rindiéndote homenaje te rezaron cofradías. Visitaste a los ancianos, los miraste a los ojos, ¡te dijeron tantas cosas! te ofrecieron cuerpos rotos. Y en el Carmen fiel reflejo de grandeza Inmaculada, un espejo “pa” dos Reinas, una Madre “pa” este pueblo que las quiere y agasaja. Te reciben en su Ermita Abuelito y Soledad, mar de olivos que te envuelve Callejón de la Humildad.

Regresaste a tu casa entre salves, vivas y rezos, entre pétalos de rosas, entre jaras y romero. Noche de Junio exultante, Señora en templete radiante, Reina que espera la hora, brisa con sones de Aurora. Auroras de Rute, de Iznájar, Monturque, de Priego y Lucena, coplillas que embriagan la noche, romanza a la Virgen Morena. Certamen de coros romeros, plegarias que llegan al cielo, canciones que ofrecen consuelo, coplillas en verso sincero. Y los Dogmas de María Don Jesús los proclamaba, con su gran sabiduría nuestra Fe se renovaba. Madre mía de la Cabeza tu grandeza proclamaste, y una noche memorable a este pueblo regalaste. Por la estrechez del dintel ya se asoma la Señora, a ese altar que es un vergel de mil flores que la adornan. !Costaleros: al cielo con Ella! !Despacito, con temple y salero! !Madre mía, ¿estaré soñando? !Me parece que estoy en el cielo!

!Aleluya, Aleluya! !Aleluya, ya ha salido! Entre nardos y azucenas, entre cirios encendidos. Y está el Llano “abarrotao” de devotos que te adoran, sentimientos y emociones que del corazón afloran. Las sagradas escrituras Don Demetrio nos ofrece y una ráfaga de amor en el cielo resplandece. Fuera amor de Dios que se hiciera poesía, fuera amor que germinó y nos dio la Eucaristía. Expiró el Pontifical, se dispone el costalero a iniciar la procesión por la rampa celestial. Costalero ve tranquilo, deja que arrastren tus pasos y que suenen escondidos, que es tu pisar solitario el mejor de los sonidos. Seis banderas “Andujeñas”, seis luceros que la escoltan, seis señoras con “bordaos”, seis pañuelos que son dogmas.

Algo grande está pasando al subir la calle Priego, y al bajar la calle Nueva tus cofrades van rezando. Y ya está en los Cortijuelos, con antorchas encendidas, como auroras boreales por la Virgen escogidas. Y a la tres de la mañana se consuma el día más grande que la mente del ruteño pudo nunca imaginarse. Con disparo de cohetes y repique de campanas, la señora se despide como Reina Coronada. Madre mía de la Merced tiene en Rute su morada, cinco Hermanas con gran fe la veneran con el alma. En septiembre te viniste con tu igual, “La Morenita”, cuatro noches de oraciones a esa Virgen tan bonita. Muere la noche, nace el día, y con él, nace la Aurora, y un Rosario de alegría de oraciones a María de este pueblo redentora.

El primer rayo de sol ilumina tu semblante, y los pinos de la sierra se arrodillan “pa” rezarte. Océano de gente bien nacida en Santa Procesión se arremolina, escarcha mañanera cristalina, ruteños de pro en la amanecida. !Id en paz, contad lo que habéis visto! Todo un pueblo noble y galante, olvidado de sí por un instante, rindiéndose a María: !La de Cristo! Y como todo en esta vida, siempre hay un principio, siempre hay un final, primero solo un sueño, luego, “Realidad”. Fueron actos emotivos que resumo con mil versos, y ahora quiero salmodiar que las frases más bonitas del poema más sincero, solo tienen dos palabras, cuando digo Virgen mía: !Te quiero, te quiero, te quiero! Mi historia con la Virgen de la Cabeza puede ser la historia de muchos de vosotros, ruteños de pura cepa que forjáis la esencia de un pueblo que se incendia de devoción cuando llega Mayo, mes que irrumpe con elegancia en el caminar ruteño y que se convierte en el surtidor inagotable de una fuente de la que bebe la fe de cada uno de sus vecinos. Rute bendita tierra que nos acoge:

“Barribarteños o barribajeños” de Vera Cruz o de San Pedro, de Cortijuelos o los Barrancos, de calle Fresno, Julio Romero, de la Piocha o del Calvario. De Doctor Fleming o calle Herrero, calle Lucena o calle el Hacho, calle Caleros, Calle Granada, Calle Sagasta o el mismo Llano, calle Bonilla, calle del Agua, calle Toledo, Francisco Salto, calle Cervantes, Pepe Jiménez, de calle Alta, !pueblo mariano! Porque los ruteños, si de algo podemos presumir es de eso, de querer como pocos a la Madre de Dios, aquella Bella Doncella de Nazaret, mujer dichosa que creyó y se cumplió en Ella lo que le dijo el Señor. Madre todopoderosa del Mesías pero al mismo tiempo sencilla y entregada a su Dios; mujer de mirada limpia y profunda, que supo ser fuerte, guardando sus palabras y sus gestos en el corazón, convirtiéndolos en su tesoro escondido, envuelto en pobre y sencillo envoltorio, su hijo, el omnipotente profeta de Nazaret. Mujer que supo recorrer como ninguna el duro camino que, atravesada por una espada de dolor, hizo hasta el pie de la Cruz, construyendo así la más maravillosa historia de fe jamás vivida. Pues sí, a esa Madre es a la que queremos los ruteños haciendo acopio de nuestra gran devoción: Inmaculada Flor del Carmelo, Virgen buena y Madre amorosa, lágrimas puras de Sangre tras Cruz de Mayo gloriosa. Barrio castizo, “San Pedro” Soledad de Nuestra Señora, Domingo de Ramos “Estrella” con Palmas de Rute hasta Roma.

Soledad de San Cristóbal con túnicas negras que lloran. Dolores de viernes Santo tras la Cruz que nos transforma, y el Mayor dolor de una Madre San Francisco te lo pregona. Y ahora quisiera contarles con salero y cuatro versos, la infancia de este chiquillo que mirando atrás en el tiempo, queda ya bastante lejos. Son recuerdos que transportan hacia un barrio muy señero, por si alguien no lo sabe yo les digo con orgullo que es el barrio de San Pedro, que aunque está ahí muy cerca, para un pobre chiquillo que corría y que jugaba por sus calles y sus aceras se podía quedar muy lejos. Y las puertas de la Ermita son testigo de esta historia, de unos niños que jugaban y que estaban en la gloria. Balonazos en los portones de chiquillos algo traviesos, que jugaban partidillos donde solo había un portero y una sola portería, y les puedo asegurar que las puertas de la Ermita al llegar Semana Santa las tenían que pintar.

También tengo en la memoria y no la puedo olvidar, aquella vieja corneta, casi me faltaba el aire, para poderla tocar. Un recuerdo a aquel hombre entrañable y muy querido, lo menciono y lo estoy viendo; su particular soplido. Pantalones azul marino y camisas con hombreras, con galones y sin fajín; imposible olvidarse de la banda de Cholín. Cuando entraba la cuaresma a este niño lo atrapaba el embrujo del incienso que ese barrio respiraba. Cuantas tardes ayudando con mi cuerpo pequeñito, no podía hacer gran cosa, “pa” poner sobre los tronos Soledad de Nuestra Madre y a su hijo, El Abuelito. Y ahora traigo a la memoria dos mujeres santo y seña de aquel barrio pintoresco: eran Nieves y Aurelia.

Como todos ya sabéis, aquel barrio me crió, y ahora soy “barribarteño” aunque sea en adopción. Y la Virgen Morenita en su camarín miraba, protegía a ese chiquillo que con el paso del tiempo a sus plantas arrastraba. Y “pa” eso fuiste lista Madre mía de la Cabeza poco a poco me atrapaste, cuando el niño se hizo grande con tu coro de romeros, entre rumbas y sevillanas a la Reina de los Cielos. Y yo perdía la razón porque Tú Reina y Señora no sé cómo te apañaste para hacerme prisionero de tu singular belleza y robarme el corazón. Para eso Tú pusiste, por si había alguna duda, en mi vida una persona rebosante de hermosura. Yo la quise y aún la quiero ¿Cómo no la voy a querer? si es la madre de mi hijo; es Encarny, ¡mi mujer! Y que nadie me pregunte el motivo ni el ¿por qué? el ¿por qué la quiero tanto? es locura, ya lo sé.

Es locura y es pasión, es pasión y es ceguera, no me busques la razón y permite que te quiera, y también quiera a ese hijo que llevaste en la entrañas, que es la joya más valiosa que una madre aquí en la tierra y otra madre allá en el cielo, ofrecieron a este hombre que hace hoy de pregonero. Es mi hijo, es mi sangre y no hay más filosofía, si es que corre por mis venas la razón de mi alegría. Y ahora quiero dar las gracias a mi Virgen Morenita, por ser faro que me guía, por haberme regalado estas dos perlas preciosas que en mi corazón habitan. Y es que en Rute hay una flor que florece en primavera, es fragante y es galana, tiene por nombre María, es Morena y Capitana. Dios te salve a Ti, Señora, llena eres Tú de gracia, eres Reina del ruteño, eres Madre y Esperanza.

Dios te salve a Ti, Señora, tienes nombre de pureza, eres Madre y redentora, Madre mía de la Cabeza. Dios te salve a Ti, Señora, déjame que yo te quiera y que sea mi voz un canto, Dios te salve a Ti, Señora y es que yo te quiero tanto que ahora digo a voz en grito, que la vista se me empaña cuando veo a mi Morenita, la más bonita de España. Pues sí, esta es la Madre ruteña, motivo de unas fiestas que se huelen, se palpan, se contemplan, se sienten, se rezan, se lloran, se cantan, se gustan….. Son la expresión de una religiosidad particular profunda, arraigadas y trasmitidas con el paso de las generaciones, de un pueblo tremendamente peculiar. Para el ruteño de a pie, la Virgen de la Cabeza es vida, es fiesta, es identidad, es pasión. Sus fiestas son sentimientos, son creencias, son vivencias únicas y sobre todo son devoción, devoción a la Reina de los cielos, a la Madre de Dios, a la Virgen de la Cabeza. Y si ahora creen ustedes que esto es interesante, ruego escuchen un momento lo que yo quiero contarles. A esos pocos que aseveran ¡pocos pero ruidosos! que esto solo es una fiesta y pueril la devoción, les dedico estos versos pero sin mala intención.

Por supuesto que hay fiesta, que hay fiesta y alegría, alegría por sentirnos seguidores de María, alegría cuando vamos a los pies de la Señora y miramos esa cara que tiene de “emperaora”, alegría si pegamos nuestro hombro a su varal y besamos la madera de ese trono angelical, alegría cuando sentimos su ternura y protección y te da un escalofrió que hasta pierdes la razón. Y esto hay que celebrarlo con finura y alegría, levantando nuestra copa y brindando por María. Pues claro que es una fiesta y cantamos, y bailamos y cogemos el catavinos y un vinito nos tomamos. Pero yo quiero decirles alto, claro y con certeza, que lo mismo que bailamos, que cantamos y festejamos, a María de la Cabeza todo el año le rezamos. Y rezamos con ternura y rezamos con fervor, es un rezo que nos sale de dentro del corazón.

Y los ojos se enrojecen cuando estamos ante Ella y las lágrimas florecen como lluvia en primavera, se hace un nudo en la garganta y la boca queda seca y no salen las palabras y se “trapulea” la lengua. ¡Que sí señores, que sí! que esto es una droga buena que te corre por las venas que no te deja vivir, que te invade y te condena a querer a la Señora, a querer a la más bella, a querer a mi Serrana, a María de la Cabeza. Y no piensen estos señores que por esto que les digo estoy loco o estoy enfermo, ¡que no señores, que no! que esto es más que devoción, que es pasión, que es nuestro aliento. Y si después de todo esto siguen pensando lo mismo, para ustedes será un tormento; quédense con sus ideas y yo con mis sentimientos. Se puede decir de muchas formas pero el fondo siempre será el mismo. ¡Gracias Señor por habernos hecho así, por dejarnos querer a nuestra manera a la Madre de Dios!

A Ti mi Virgen Morena dedico mis versos rezando, a Ti que eres luz y guía, a Ti que te quiero tanto. A Ti Pastora Divina, Señora de Tierra y Cielo, te pido con toda el alma que seas luz de este pueblo. Bendita seas Señora, Bendito tu Santo Nombre, enséñanos el camino para la paz de los hombres. Quisiera ser tu corona, quisiera ser tu rostrillo quisiera ser tu mantilla y estar siempre contigo. A ninguna hora del día Tú te quitas de mi mente, Madre mía de la Cabeza siempre te tengo presente. Gracias te doy Señora, Virgencita de mi amor, gracias te doy Morenita por llenar mi corazón. Porque es de justicia y así lo proclamo, porque es sentimiento y a sangre lo grabo, que si alguien te ignora con vil menoscabo, que no es buena persona, son malos reaños.

Señor, tenlo en cuenta, que no es buen cristiano quien burla y desprecia al ser más hermoso que en cielos y tierra tus manos crearon. Y aquí tendrás siempre a tu fiel pregonero, que anunciar tu grandeza por tierra y por cielo llevará por bandera como un buen Higuero; Y serás ensalzada porque yo así lo quiero, y diré a todo el mundo con firmeza y salero que eres grande, muy grande, que eres Madre del Cielo, que eres Reina de Rute, mi alegría y mi anhelo. Y en la tierra del Machaco nunca habrá dicha mas grande, que quererte Morenita, que rezarte, que adorarte, que mirarte a la cara y gritar con alegría ¡Viva siempre Nuestra Reina! de este pueblo luz y guía. Y eres flor de Andalucía, Capitana y Coronada y eres fuente de algaraza, y alegría desbordada.

Y eres fiesta y eres vida, devoción, vivencia y rezo, y eres Reina venerada desde Rute hasta el Cabezo. Y si a Ti la gente grita y un piropo se le escapa, no es que esté la gente loca, es que de llamarte guapa le está doliendo la boca. Y para esta tierra gloriosa, cuando Dios hizo el cielo, con paciencia y con desvelo, te hizo la más hermosa y después ¡rompió el modelo!

Pues sí, esta Virgen hermosa y Serrana es aquella mujer sencilla y humilde de Nazaret que se derramaba sobre el mundo en su respuesta entregada; Quiero imaginarme un Rute en tiempos pretéritos, sin haber descubierto aún a su Reina y se me hace imposible. Porque el Espíritu de Dios, cuya semilla habita en el interior de cada hombre, nos revela con dulce voz de silencio, que antes de su llegada esto no podía ser Rute. Ella es sol y claridad en este bendito pueblo, y por eso la Virgen de la Cabeza es para el buen ruteño, la primera en la frente de unas bienaventuranzas no escritas, que yo, circunstancial pregonero, me atrevo a fantasear y proclamar: Bienaventurado tú, ruteño, que la eliges y la proclamas, tus palabras serán siempre atendidas y escuchadas. Bienaventurado tú, ruteño, que percibes su ternura, es cariño verdadero de una Madre tierna y pura.

Bienaventurado tú, ruteño, que su dulce rostro admiras, pues verás en su semblante su carita de aceituna y la luz de Dios plasmada, como Ella no hay ninguna. Bienaventurado tú, ruteño, que la imploras y le rezas, pues no habrá mejor manera de que emplees tus palabras si son puras y verdaderas. Bienaventurado tú, ruteño, que contagias su devoción, pues serás un torbellino, un tornado, un ciclón, de ese amor tan desmedido a la Madre del Creador. Bienaventurado tú, ruteño, que confías en su grandeza pues verás el resplandor, claridad , gloria y pureza de la Reina de este pueblo que es María de la Cabeza. Bienaventurado tú, ruteño, que la loas y piropeas, porque en Rute entero, amigo, su finura y elegancia gritas, clamas y canturreas. Bienaventurado tú, ruteño, que disfrutas de sus fiestas y las vives con amor, pues no hay dicha más grande, más alegre y más loable, festejar con alegría a la que es Madre de Dios.

Pues eso es lo que sabemos hacer como nadie los devotos de la Virgen de la Cabeza, festejarla y quererla. Y aunque la festejemos durante todo el año, en abril y mayo rompemos el molde. Rute se convierte en un pueblo que festeja y reza o reza festejando. Y todo comienza ese viernes abrileño, cuando aún se tienen frescos los recuerdos del aroma del incienso pasionario y la cera derretida, incrustada sobre el alquitrán de nuestras calles. Ese viernes en el que Rute se hace Andújar.

Ese viernes en el que los romeros descuelgan su vieja medalla del cabecero de la cama, para hacerla descansar sobre su pecho durante unos días indescriptibles, en los que nos sentimos, un año más, pueblo peregrino. Ese viernes en el que Nuestra Señora Ruteña se viste con su traje de viaje, señal inequívoca de que un caudal de sensaciones, emociones y sentimientos se apodera de los ruteños, porque con Ella, con nuestra Sin Par Morenita, nos preparamos en la misa de Romeros y le pedimos a la Señora, nos dé la gracia suficiente para festejar, aclamar y rezar a la Reina de Sierra Morena y a su Divino hijo. Ese viernes en el que los primeros cohetes suben al cielo, como preludio de una nueva primavera romera, que encenderá la llama de ese pebetero en que se convierte el corazón de los ruteños. Ese viernes en el que el Hacho y San Ginés, se dan la mano para conformar ese camino imaginario, por el que habrán de discurrir gloriosas las carretas ruteñas, impregnadas de ese profundo fervor mariano.

Ya se marchan las carretas, en la sierra , mil veleros que seducen los pinares, que engalanan los senderos. Ya se van los carreteros, caminantes peregrinos, corazones que embriagan, navegantes en la sierra, sentimientos cristalinos. Ya navegan las carretas, los ruteños ya se acercan con sus carretas de oro, con carreteros que sueñan. El aire hasta se ha “parao”, la corriente está serena cuando Rute le ha “rezao” a su Virgen que es Morena. ¡Que viva ese carretero “arremangao” en el río que la carreta “a traío” con arte, finura y “tronío”! ¡Que viva mi Virgen Serrana! ¡y que viva mi pueblo entero! ¡que cuando Rute llega hasta el río! ¡hasta la sierra se quita el sombrero! Ese viernes, como iba diciendo, en el que Rute y Andújar, Andújar y Rute, se transforman en un solo sentimiento de amor hacia la mejor de las Madres, a la Virgen María, a la Santísima Virgen de la Cabeza.

Hace más de cuatro siglos comenzó una bella historia; es la de un pueblo mariano con una Virgen hermosa. Una historia de caleros, peregrinos y romeros, de caminos empedrados, de yeseros y Cortijuelos. Romeros de sentimiento que se aferran con el tiempo, y que forjan su leyenda como losa de los templos. Rute se hace Andújar, Rute se hace sierra, Rute va de Romería, a su Reina se encomienda. Con la aurora mañanera se despierta un pueblo entero, sin cansancio ni soñera, como dice el cancionero. La medalla ya descansa sobre el pecho del romero, y este pueblo peregrino ya se va para el Cabezo. A lo lejos se divisa, en la loma de aquel cerro, Santuario que es morada de la Reina de los cielos.

Ya llega mi cofradía, ya llega con alegría, se presenta a la Señora con donaire y gallardía. Y en lo alto de ese Cerro, cuatro puntos cardinales; San Ginés y Lugar Nuevo, una sierra que es un cielo entre pinos y jarales. Y un piropo “pa” esa sierra, mujer guapa entre las guapas, presumida y muy coqueta, es morena y muy gitana, y es que luce un gran tesoro si de fiesta se engalana y se pone su “vestío” de color verde esmeralda. Y se adorna con las flores del jardín que Dios cuidara, margaritas amarillas con romero y con jaras. Por mantilla ella se pone los albores de la aurora, por peineta, sol y estrellas y senderos que enamoran. Es la Sierra que Dios Padre desde el cielo bendecía, la que Rute hace suya cuando va de romería. Un rosario en la calzada del que Rute es bandera, letanías y oraciones a la Reina de la Sierra.

Ve ruteño con el alba a rezarle a la Señora, que el Pastor de Colomera nos espera allí en la Lonja. Y el rector del Santuario acompaña a mi Hermandad, y proclama Reina y damas, jovencitas señaladas por las manos de la Virgen, para ser sus elegidas, para hacer su voluntad. Y la noche va pasando como leños que se abrasan al fragor de la candela esperando la mañana. Con los cuerpos ya” cansaos” los ruteños se despiertan en las mantas “arrebujaos”. Y amanece un nuevo día y en la sierra un campanario, despabilan al ruteño las campanas del Santuario. !Ay! Divino Santuario no es hacienda, ni es cortijo, ni dehesa o palomar, es Morada de una Reina que se vino con su hijo, por los siglos de los siglos a la sierra a descansar.

Y un aroma que se palpa, es la magia del ruteño, un traguito de aguardiente “pa” empezar haciendo cuerpo, y subir por la calzada con ventura y alegría para ver a la Señora y celebrar la Eucaristía. Y la Patrona de Andújar en su camarín espera que andujareños la cojan, que la paseen por la sierra. Porque es hechizo de amor de millones de romeros, y un constante clamor de oraciones temblorosas a la Reina de los cielos. Fila humana interminable que camina pausada con banderas y estandartes y alegría desbordada. Ya se escuchan los cantares, ya se escuchan las plegarias, ya se escuchan los tambores, ya se escuchan sevillanas. Y si el cielo está cerrado es seguro que se abre, que hasta el sol radiante y puro, a la Virgen Morenita, su oración quiere rezarle.

Todo lo descrito se convierte en antesala del culmen de la Romería, la procesión por las calles del poblado. Procesión donde todo un pueblo cristiano recibe a la Santísima Virgen de la Cabeza, como el mayor tesoro que existe en tierra y cielos, porque Ella sale para ver a sus hijos y agradecerles que hayan ido un año más a verla. Procesión donde todas las cofradías rinden pleitesía a la Reina de Sierra Morena en un cortejo interminable de fervor y devoción. Procesión que culminará con cientos de banderas y estandartes inclinados en divina genuflexión a los pies de la Señora, y un repicar de campanas anunciará que la Romería de la Virgen de la Cabeza está cerca de expirar un año más. Y Rute, ese pueblo que quiere la Romería de la Virgen de la Cabeza como algo suyo, se despide dejando en la sierra ese sabor añejo de una Cofradía centenaria, y ese olor reminiscente a matalahúva y ajonjolí, que aún perdura en las postrimerías abrileñas. Y aun siendo tristes las despedidas, el ruteño se marcha de la sierra sabiendo que aunque algo grande se acaba, algo más grande, si cabe, está por venir. Y es que si decimos adiós a la Reina y Señora de Sierra Morena, en Rute nos espera Nuestra Madre, Nuestra Esperanza, Nuestro Consuelo, Nuestra Morenita, Nuestra Virgen de la Cabeza, Nuestra Reina; la Virgen más bonita, más humilde, más soberana y más deslumbrante que ojos humanos jamás hayan podido percibir. !Y si no miradla! !y ahora decidme que es mentira lo que he dicho! Y es que la llegada de los Hermanos de Andújar, da el pistoletazo de salida a las fiestas ruteñas. Fiestas que se convierten en el cuadro con mayor fuerza expresiva y encendido entusiasmo que hace que Rute y el ruteño, rindan ese tan maravilloso como indescriptible homenaje a la Madre de Dios.

A las piedras y los Villares han llegado los romeros, cargaditos de estadales y de pitos cestos llenos. Y el gentío que se agolpa a las puertas de mi pueblo, La Molina se alborota, los cohetes van al cielo. Se divisan las banderas a lo lejos, entre la gente escoltando al “simpecao” Rute entero está presente. Que ya están aquí, que vienen con pasión, cantando a la Señora con ternura y devoción. Ramilletes de Gayomba por la calle Fresno bajan, la Parroquia alborotada, los ruteños la agasajan. Ya te vemos Madre mía con los ojos iluminados, porque tienes a tus hijos otra vez aquí a tu lado. Y te cantan tus canciones, y el fervor se hace rezo, Himno Grande que se entona a la Reina de este pueblo.

Y todos te siguen cantando esa preciosa canción que solo rompe ese grito con el que te grito yo: !Viva la Reina de Rute y Viva la Madre de Dios! Van pasando los días y se van sucediendo los acontecimientos. Atrás quedó la primera aurora que nace esa noche luminosa del sábado de gloria. Noche en que la muerte da paso a la vida, noche en que la negrura se deshace en día, noche en que la pena agoniza y espera la inmensa alegría que traerá la madrugada, noche perfecta para rezar cantando a la Madre del que muere por nosotros y precisamente, ese día resucita. Miro hacia atrás y parece que fue ayer. Jamás olvidaré esa primera noche de Aurora, en la que, tras la última llamada de los cohetes que la anuncian, coincidíamos a los pies de la Cruz de piedra de la puerta de la parroquia, y frotándose las manos y mirándome a los ojos, y con los suyos enrojecidos; embargado por la emoción del momento me decía: !Ya huele, ya huele! Era el comentario que año tras año me hacía mi buen amigo Rafa Molina, y que siempre tendré en el recuerdo. !Va por ti Rafa Molina! Que morirse aquí, en El Llano, y además de costalero de tu Virgen Morenita, !no es morirse en esta tierra! !que es subir derecho al cielo! !Ya huele! !Es verdad! Un aroma distinto se respira cuando llega mayo, mes de las flores, mes de María, mes del ruteño; y como en un carrusel, van atracando uno tras uno todos los actos que conforman y armonizan estas semanas de esplendor y sentimiento festivo en torno a Nuestra Madre de la Cabeza.

Comienza la Novena, nueve días de oraciones y plegarias a la Virgen Santísima y a su Divino Hijo, nueve días de peticiones y ofrendas que desembocan en ese último día en el que se rinde homenaje a Cristo Sacramentado poniendo de manifiesto el carácter sacramental que atesora esta Real Cofradía, que ya quedaba reflejado en los primitivos estatutos de Isabel II a mediados del siglo XIX, carácter sacramental marcado también por la organización del Domingo Octavo en esta parroquia en la festividad del Corpus en fechas no tan lejanas. Y como caído del cielo, en mitad del novenario, impacta en el mes de mayo este primer domingo en el que se coronan e imponen las bandas a esas jóvenes risueñas, alegres e inocentes, que hacen más grandes, si caben, nuestras fiestas. Un domingo muy especial en el que cada año, y ya son muchos, se exalta, se agasaja, se engrandece, se realza, en definitiva, se proclama el nombre y la grandeza de nuestra Reina Soberana: la Virgen de la Cabeza. Insignes pregoneros que me precedieron, oradores todos ellos y orfebres de la palabra que supieron expresar su sentimiento mariano, imprimiendo ese sabor romero impregnado del aroma de azahar del mar de olivos que nos rodea, envuelto con el inmenso amor que profesan a la Santísima Virgen de la Cabeza. Domingo también en el que festejamos el día de Nuestra Madre Celestial y de todas las madres terrenales. Permitidme ahora que me salga un poco del guión y rinda este pequeño homenaje a ese tesoro que Dios creó, fuente de la vida y que es capaz de entregarlo todo por amor, por su hogar, por sus hijos y nietos. Dios bendice las madres, maravilla de la creación, ellas fuente de vida, de ternura y perfección. Ellas que pierden su vida, al ver sufrir a los hijos y ofrecen con fuerza y firmeza, entre sus brazos cobijos.

Dios bendice las madres, mujeres tiernas y hermosas, las reinas de sus hogares por dulces y por cariñosas. Ellas centros hermosos de rosas de mil rosales, que solo dicen piropos, que solo cuentan verdades. Dios bendice las madres que dan amor y consejos, que quieren siempre a sus hijos aún cuando llegan a viejos. Ellas que muestran la calma en el revuelo y la tempestad, que convierten en cariño lo que empieza en amistad. Dios bendice las madres, las que todo lo dan por sus hijos, las que a cambio no esperan nada, las que enseñan con gran regocijo. Ellas que en la vida son entereza y superación, cual barco con un rumbo fijo, siempre llevando el timón. Dios bendice las madres, las que dan vida a la vida y que llevan con fuerza y con garra, en su seno la luz encendida. Dios bendice las madres, las que santas, puras y tiernas, por su amor y bondad se merecen, ¡ser por siempre queridas y eternas!

¡Silencio! Llega la media noche y se abren las puertas de San Francisco anunciando el gran momento que se va a vivir, revelando que el Llano se va a convertir en el lugar más hermoso que el ruteño pueda soñar: El Rosario de las Antorchas. Sale el Sin Pecado iluminado por cientos de antorchas y cirios encendidos. Esa noche, hasta la naturaleza, ávida de hablar con Dios, se une a la voz humana, haciéndose una sola. Todos en un mismo lenguaje de cantares a Ella y todos extasiados en una misma visión. Esta es la noche del Rosario ruteño, en donde la luna y las estrellas se asoman hacia las calles “Barribarteñas” y ponen sus destellos en ese punto luminoso del Llano, en donde hasta el olivo y el pino de la sierra se alzan como dardos de amor para acariciar el rezo del Ave María, envolviéndolo con su aroma y haciéndolo ramilletes a los pies de la Señora. Hace de la noche día ese Bendito Rosario, y surge una letanía que pone miel en los labios sobre cada Ave María. Que pone en los labios miel y acaricia la memoria, y va dejando también sobre cada nuevo gloria rosas benditas de fe. Se percibe el nerviosismo en el nuevo día que amanece, sábado vísperas del día más hermoso que pueda vivir el ruteño, sábado de Ofrenda de Flores. Da igual la ermita, una Salve a la Madre de Dios y se pone en marcha el cortejo que supone el acto más multitudinario que alumbramos los ruteños; y lo digo sin temor a equivocarme. Multitud de personas, colorido y fiesta, vestidos de volantes, trajes de corto, sombreros de ala ancha, mantoncillos y peinetas; y ese perfume embriagador de los miles de ramos que convierten la subida hacia el Llano, en un largo riachuelo que desemboca en ese mar donde nos recibirá la sonrisa y la mirada de la que es consuelo de esta bendita tierra.

Y se va apagando la tarde, tarde que se torna mágica, en la que casi sin darnos cuenta el sol ha bajado rápidamente del cielo y así, entre un sol que lucha por no perderse el momento, y una luna que impaciente sale en nuestra busca, el cortejo se va adentrando lentamente en la Parroquia, y los miles de ramos de multicolores flores, en que se han convertido los corazones ruteños, van ocupando ese sitio privilegiado junto a la Señora, llenando de colorido, luz, alegría y sentimiento ese bendito altar tan elegantemente presidido. Mes de mayo, mes de flores y entre todas la más bella eres Tú, Virgen Morena de rayos arrobadores, que llegan sembrando amores y nos llenan de alegría por ser Tú, Virgen María de este pueblo luz y guía. Calle Priego, Del Señor y en el Llano multitud, de personas que te ofrecen con su ofrenda gratitud. Azucenas y azaleas, jaras blancas y gladiolos, rosas rojas, rosas blancas. amapolas y gordolobos; y narcisos amarillos, con orquídeas y margaritas y claveles y jacintos “pa” la Reina más bonita. Larga hilera de plegarias convertidas en ramilletes, que se cuelgan en los varales de promesas bien cumplidas, de medallas y estadales.

Estadales que son voces que pregonan lo que sientes y que expresas ofreciendo un manojo de emociones. Un manojo de romero y mil ramos de colores y millares de racimos de favores y oraciones. Es la ofrenda del ruteño, es la ofrenda que embelesa, es la ofrenda que se entrega a María de la Cabeza. María es flor de azahar, Cabeza es flor de romero, Morena es rosa encendida, La Virgen es puerta del cielo. Y es blanca como la azucena, sonrosada cual fina rosa, tal como el clavel hermosa, es María de gracia plena; dulce miel de la colmena que arriba en el cielo vive y Su Majestad exhibe por mostrarnos su grandeza, y humildemente le reza ¡quien estos versos escribe!

Parece mentira, que rápido pasa el tiempo cuando uno quiere que se detenga, pero no se detiene. Segundo Domingo de Mayo, ¡que ganas de que llegue y al mismo tiempo de que no pase! Cuatro majestuosas columnas de flores arropan a la Señora que se levanta más Reina, más Madre, más Virgen, más llena de gracia que nunca. Las nueve y media en punto y una procesión sacerdotal se dirige hacia el altar a concelebrar la función principal. Es casi una misa cualquiera pero distinta a la vez, gozosa y popular, sencilla y solemne, con la solemnidad que aporta el eco de la Eucaristía, que cada uno vive en la intimidad de sus corazones palpitantes de inquietudes entrañables, en la caricia de las medallas sobre las que campea el santo y seña, la razón y el motivo de la devoción mariana de nuestro pueblo, llevar alzada sobre la oración y el piropo, nada más y nada menos que a la Virgen de la Cabeza. ¡Podéis ir en paz! Y es aquí cuando las musas abandonan al pregonero, porque quisiera describir un momento indescriptible, un momento que solo puede sentir el que está ahí, un momento donde no se sabe muy bien donde acaba la tierra y donde comienza el cielo, un momento que no creo que haya nacido poeta capaz de expresar, ni pintor de plasmar, ni músico de cantar, un momento en el que de un viva “desgarrao” se hace un rezo, un momento en el que los ojos de los presentes se enrojecen convirtiéndose en continuos surtidores de lágrimas que dicen mucho y que el corazón y los labios no pueden decir, un momento en el que la oración y la plegaria se hacen temblorosas y torpes porque la voz no puede salir y reza el corazón. Momento en el que los costaleros se meten bajo las andas de la Virgen, porque meterse bajo las andas de la Virgen de la Cabeza, es embriagarse de amor hacia la mejor de las Madres, es hacerse filigrana en su pecho y “bordao” en su manto, es rezar en silencio al ritmo que marca el embrujo del paso de palio que florece en una orquestal sinfonía de ritmos y contrapuntos, es ofrecer un servicio acompasado de sutileza y belleza a la Madre de Dios, es elevar al cielo las llamas vivas de los corazones que flamean transformados en sentimientos de amor, es llevar sobre los hombros el peso de la gloria.

Llega el momento en el que los vivas y sevillanas se mezclan con el atronar de la pandereta y el sonar de las palmas, mostrando el sentimiento de un pueblo, su alegría. Es la Virgen de la Cabeza la causa de esta alegría. Ella, que baja de su altar para unirse con su pueblo, para darle su amor, su mirada, su consuelo, su fortaleza, su sonrisa y sus consejos. Ese pueblo que la quiere, que la arropa cuando baja hasta el suelo y se mezcla entre el gentío, convirtiéndose en una de nosotros. Ya está en ese vetusto dintel, que se transforma en cielo iluminando el oro de su manto. Los naranjos del llano empinan sus ramas y alargan sus hojas para verla asomarse a la puerta. Suena el Himno, cohetes al cielo; a los pies del campanario los rayos del sol iluminan su cara bendita y un firmamento de pétalos de rosas cae sobre sus plantas, cual oasis de sombra en un desierto de luces. La Señora siempre cumple su compromiso anual y se presenta en las calles “Barribarteñas” con la alegría de la madre que visita a sus hijos. Calles engalanadas, balcones adornados con las mejores galas y las más delicadas colgaduras, balcones que parecen durante todo el recorrido púlpitos en el cielo, desde donde se lanzan las más bellas flores desglosadas en pétalos coloristas. Y la Morenita llega a los Cortijuelos. Las Hermanas Mercedarias, como cada año, la esperan en su palco de honor, arropadas por la sombra de ese naranjo impregnado del alma de un pueblo, vibrante a la llamada de un mes de mayo que es nuestro porque es de nuestra Virgen. Y es ahí donde el pueblo reza cantando. Todo un pueblo que se agolpa en treinta metros de una calle que es cielo, que es gloria, que es sentimiento, que es historia. Una calle que reza y clama a la Virgen de la Cabeza con cánticos que se hacen plegarias que salen de lo más profundo del corazón con los sones del Himno Grande, Himno que es leyenda viva de nuestra devoción, Himno que hace que hasta el ruiseñor se salga de su fábula, para cantarle a la Virgen con su dulce trinar esas notas celestiales que los ruteños convertimos en piropos a la Madre de Dios.

Lentamente se van consumiendo esos treinta metros celestiales y se acerca el momento de dejar a la Reina ruteña en la iglesia entre el cansancio, el sudor, la fatiga, el agotamiento, pero también la alegría, la felicidad, la satisfacción y la dicha de haber compartido unas horas indescriptibles junto a la Madre de Dios, que ahora se prepara para visitar a sus hijos “barribajeños” en su itinerario de noche. ¡Noche seductora y hechizante! ¿Qué tiene la noche ruteña cuando pasa por sus calles la Morenita? ¿Qué aroma, qué perfume se respira para que todo sea distinto? ¿O es que quizás sea diferente porque lo soñamos antes de que ocurra? Si la noche aparece tras la madurez del día, cada calle por donde pasa la Virgen de la Cabeza, tiene su regusto en cuanto a las obras divinas que sus benditas manos irradian: • Por la Calle del Señor y la Calle Priego, junto con su hijo, abriendo los brazos para cubrir con su gracia divina a todos los vecinos. • Por el Callejón de la Salera, con figura esbelta y elegante, casi rozando las fachadas iluminadas por los guardabrisas de su trono, componiendo una sinfonía de sombras y colores. • La noche se hace más romántica por la Calle del Pilar y Juan Carlos Iº, por donde Nuestra Capitana pasa derrochando la alegría de la primavera. • Desde la Calle Andalucía hasta el Cerro, su luz ilumina el cielo nocturno “Barribajeño”, dejando una estela de amor sobre el sabor añejo del barrio castizo de San Pedro. • Dando vida a nuestros ojos en la rampa empinada del Cerro, arropada por el rezo de su Himno Grande. • Y cuando el itinerario procesional está a punto de acabar, convirtiendo en oro las hojas de los arboles del Llano, acariciadas por la plata de su Trono Carroza, que con lenta mecida caen al suelo, tejiendo una bella alfombra primaveral mariana.

Y entre verdes campos llega mayo, azahar de olivo que te envuelve, eres luz de luna,! manto blanco!, pueblo luminoso que te quiere. Hechizo mañanero, costalero que se aferra al varal de tu trono firme y fuerte, balada armoniosa, plegaria romera, túnica blanca, fajín oro y verde. Que suene la campana quiere la Señora, con Ella hasta los cielos dice el capataz, caudal de sensaciones entre los ruteños, Virgen Morenita, baja de tu altar. Y el gentío que te arropa canta rezando oraciones y salves, plegarias y coplas, las banderas te abrazan, se inclinan llorando entre vivas rasgados y gargantas rotas. No hay más que mirar sus caras, no hay más que escuchar sus rezos, se acuerdan de sus mayores, de nombres que se perdieron, de los que no volverán porque borraron los vientos. Y una explosión de luz y de armonía, la Reina que sale tranquila y serena enseña su cara al ruteño día, ya está en la calle mi Virgen Morena. Pétalos de rosas dibujan su rostro, baile de ternura, mece el costalero, se agolpa el gentío, ruteño gozoso, calle Priego, Nueva, Fresno y Cortijuelos.

La gente sale a la calle a pedirle, la gente sale a darle las gracias, la gente sale a lanzarle piropos, la gente le reza hermosas plegarias. Dios te salve Señora Morena, oración y rezo se hace el cante cuando baja bailando la calle Nueva, angelillos la llevan coqueta y radiante. Y camina la Señora paso firme, de regreso hasta su Ermita que la espera, doblan las campanas, la reciben; muere la mañana, Rute la venera. Mañana cristalina, tarde serena, manto blanco y oro, divino tesoro, palio de plata, flor de azucena, llega la noche, silencio sonoro. Te alumbra la luna Virgen Morena, te escoltan luceros del alba y estrellas, el sol se adormece al ver la más bella que baja del cielo y se hace terrena. Y la noche se ilumina cuando sale la Señora, cuando inicia el recorrido por la calle del Señor, cuando baja calle Priego elegante y altanera, cuando mira a sus vecinos con ternura y con amor. Callejón de la Salera que cautiva los sentidos, que seduce al costalero y que alivia su dolor, armonioso movimiento de los cirios encendidos, bella estampa que hipnotiza al ruteño soñador.

Y en lo Alto de la Plaza cuando llega mi Serrana, entre Alpaca Plateada, “chicotá” de soberana, tintineo de campanitas, ¡ya quisieran en Triana” pasear con tanto garbo a esta Reina tan cercana. ¡Ole que vamos “pa” bajo con finura costalera! ¡que está el parque “abarrotao” de un gentío que la espera! ¡Ole que llega María! ¡Ole Divina Doncella! ¡Ole que llega la Madre! ¡Ole que llega la Reina! ¡Que nos vamos capataces, va señores que nos vamos! La Placeta y San Pedro y en el Cerro la bailamos. La bailamos con salero, le cantamos con ardor, sufrimiento costalero, sufrimiento por amor. Por amor a la Señora, por amor a una princesa, por amor a la que dicen es la Reina de esta tierra, que de pila tiene un nombre de pureza y de grandeza, ponle luego el apellido, es María de la Cabeza. Ya llegamos a la parroquia, San Francisco allí te espera, no te tardes Reina y Madre que en el Llano es primavera, te reciben en tu templo las estrellas y los luceros “pa” que salgas otro año ¡ya nos queda un día menos!

Y aún nos queda ese día último del mes más hermoso que pare el año. Es un día como otro cualquiera pero con una luz distinta y radiante, es el día en que la Virgen Morena nos muestra tranquila su alegre semblante. Treinta y uno de Mayo, tarde gloriosa, María visita a su prima gozosa, le muestra el verbo encarnado en su vientre se postra ante Ella Isabel Sonriente. Y en Rute la Virgen protege a los niños que rozan su manto, les presta su auxilio, canciones de cuna les canta al oído y el niño de Dios se queda dormido. Ruteño no grites y pasa sereno, aguarda tu turno tranquilo y paciente, que un beso a la Reina de Rute y del Cielo de gracia y ventura te colma por siempre. Porque un beso a la Virgen es oración, porque un beso a la Virgen es sentimiento, un beso a la Virgen se hace canción, embrujo de Madre que se hace silencio. Hechizo de mayo, ruteños del alma, traed a los niños, que ellos la miren, que en las manos sagradas de la Virgen, las que purifican la tarde y la mañana, solo veréis queridos paisanos, que para tocar el cielo con las manos nos falta muy poco, ¡ya no falta nada!

Y el pregón llega a su fin. De repente, casi sin querer, aquí estoy, asomado a este balcón celestial en que se convierte la iglesia de San Francisco de Asís en estos días. Apoyo las manos en este atril de madera divina, y te veo Rute, con los ojos de la alegría y la felicidad, vestido de Domingo de Pregón. No sé, Rute querido, lo que esperabas hoy de mí, pero si sé lo que he traído para darte, escrito con tintas de sentimiento. Hoy he venido a hablar con la Virgen de mis adentros, con la Madre en la que creo, con la que tanta conversación me da en las horas de soledad y abatimiento, con la Virgen que yo quiero, con la Virgen de la Cabeza. Por ello, ese amor sincero que hoy he proclamado, lo he traído volcado en palabras escritas con el corazón, aparatosamente sinceras, como las palabras de un inocente chiquillo. Y en estos momentos quiero despedirme de ti, Virgen Morena, como un ruteño que quiere seguir amándote cada vez más, como un cofrade que dio todo lo que tenía dentro para que lucieras la más hermosa, y que ha pretendido hoy, que tu grandeza sea proclamada. No sé, mi Reina, si lo habré conseguido. No sé, Madre mía, si mi voz habrá llegado a todos los corazones a los que esperaba llegar. No sé, Virgen Santísima, si habré acertado en el tono y modo de mi expresión, para que tu verdadera dimensión haya sido realmente comprendida. Solo me queda, ya en la agonía de este pregón, pedir perdón a todo aquel que no haya entendido la realidad de mis sentimientos hacia la Virgen de la Cabeza. En ningún momento ha sido mi intención ofender ni molestar a nadie. Solo he dicho lo que habéis escuchado.

Y ahora que ya termino, déjame que yo te cuente lo mucho que a ti te quiero; te quiero porque eres Virgen, te quiero por ser lucero, te quiero porque eres Madre, porque eres Reina del Cielo, porque eres Madre del Padre, porque eres gracia y consuelo, porque eres Reina de Rute, por eso también te quiero. Y te quiero por Capitana y te quiero por Soberana y por ser Princesa Serrana y Estrella de la Mañana. Y cuando Tú estás de Pastora, hasta las flores del campo se posan en tu sombrero, para mirarte a la cara, para decirte te quiero, para adornar con dulzura tus suaves mechones de pelo. Y yo que no soy flor, ni angelillo, ni ruiseñor, te quiero porque eres grande y te quiero por tu sonrisa, y por ese niño que meces y refresca la suave brisa del mes de mayo que alumbra tu sobrehumana sonrisa.

Y te quiero por tu mirada y te quiero por tus mejillas de suave color rosado y te quiero por tu alegría, y te quiero por esa cara que te duele de ser bonita, te quiero Reina y Sultana por Grande y por Pequeñita. Te quiero Señora mía porque eres Joya del Universo, Morena de Luz de Luna y morada del Santo Verbo. Y te quiero Morena mía de Rute Reina y Señora, María de la Cabeza, Abogada y Redentora. Te quiero por tu dulce nombre ¿quién te lo puso? !dí! ¿acaso vino del cielo? ¿te lo trajo un querubín? Y es que tu nombre me sabe a cielo, y es que tu nombre me sabe a amor, tu nombre, María, tu nombre ensancha mi alma y mi corazón. Porque en tu nombre se une y concentra la más sublime y grandiosa belleza; y es que hasta el mes de mayo te quiere cuando pronuncia tu Santo Nombre, !Virgen María de la Cabeza!

Queriéndote habré de cantar, Queriéndote habré de decir con el alma ilusionada, Madre Reina y abogada de mi continuo vivir, que te quiero para hasta Ti llegar, que te quiero para poderte decir, que Tú iluminas mi vida, que siempre, mi Reina querida, mi voz te ha de bendecir. Mas de quererte tengo tiempo, mas el tiempo se me acaba, que te quiero y no me encuentro, un querer que se me clava. Y ahora digo y no lo callo porque merece la pena, que yo tuve a mi Morenita sostenida por el talle, “pa” bautizarme “Barribarteño”, !me faltaba ese detalle! Mirad aquí a este ruteño al que su amor dejó huella, después de tocarla a Ella, mi corazón la siguió queriendo. Y de tanto quererla, un día, hablando con Ella, al oído le pregunté, sin mucho sentido; ¿quién eres Tú Madre mía? Y escuché con gran amor, cual canto de ruiseñor: Yo soy La Morenita, Madre, Señora y Virgen Bendita, ¡Reina de Rute y Madre de Dios! ¡HE DICHO!

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