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Bases de un Nuevo Feminismo comprometido con los Derechos Humanos en el siglo XXI

Documento constituyente de la asociación. Septiembre de 2011

Declaración Universal de Derechos Humanos
Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y de conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Artículo 2. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. El derecho a la vida surge de la dignidad intrínseca e igualdad inviolable de todos los seres humanos reconocida en el preámbulo. La Declaración es el fundamento político de los Derechos Humanos.

Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea
Artículo 1. La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida.

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INDICE

Un Nuevo Feminismo para el siglo XXI Los cambios producidos por el feminismo. La ideología en el siglo XXI La legalización del aborto y su promoción a nivel mundial Necesidad de corregir el rumbo actual El Foro Cultura21, Nuevo Feminismo y Derechos Humanos 1. Nuestra identidad: el compromiso con la causa de la mujer y los derechos humanos 2. El Nuevo Feminismo que promovemos

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UN NUEVO FEMINISMO PARA EL SIGLO XXI

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n el inicio del siglo XXI, el movimiento feminista está

fundamentado mayoritariamente en ideologías que niegan la naturaleza e identidad de la mujer, combaten la maternidad y promueven el aborto. Ante esta deriva destructiva las mujeres se han distanciado del feminismo, que ignora y no está comprometido con los verdaderos problemas de la mujer y, es por ello, incapaz de plantear nuevas metas de avance en la igualdad de hombres y mujeres en las distintas realidades sociales.
LOS CAMBIOS PRODUCIDOS POR EL FEMINISMO. LA IDEOLOGIA EN EL SIGLO XXI

El feminismo ha tenido una influencia decisiva en la configuración de la familia, de la sociedad y la cultura en los dos últimos siglos de nuestra historia, con aportaciones positivas y cambios negativos. Han sido positivas en igualdad y justicia social, pero también ha promovido y promueve cambios perjudiciales para la mujer y la sociedad. Los cambios se corresponden con el desarrollo de las ideas, en las que se distinguen tres etapas: la lucha por la igualdad de derechos jurídico-políticos, la ideología de la igualdad funcional de los sexos, la ideología de género. El pensamiento feminista ha pasado de reivindicar la igualdad de derechos entre los sexos a propugnar la superación de los sexos. A mediados del siglo XX, en los países occidentales el balance de esa primera etapa del activismo feminista era positivo en las metas de igualdad jurídico-política. En una segunda etapa, bajo la influencia del marxismo y sustentado en la obra de la filósofa Simone de Beauvoir (El segundo sexo, 1949), el feminismo pasa a defender la igualdad funcional de los sexos, que implica eliminar los roles hombre y mujer, y el rechazo de la naturaleza femenina y la maternidad; en esta etapa, se consolida una ideología anti-familia y anti-maternidad, con el aborto libre como reivindicación central.

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Tercera etapa, influido por el post-estructuralismo francés de final de los años sesenta el feminismo ha producido la ideología de género, que entronca con las ideas de Simone de Beauvoir y cuya principal aportación es la sustitución del concepto sexo (determinación biológica) por el de género (construcción cultural). Para la ideología de género la meta ya no está en acabar con el predominio masculino ni en liberarse de la maternidad, sino en eliminar la naturaleza propia en la construcción de la identidad de la mujer y del varón, que sin relación con el sexo ha de ser de elección personal. Se trata de una ideología destructiva del individuo y de la sociedad, pues al negar la realidad natural dificulta la formación y desarrollo de la persona, y la percepción de valores morales fundamentales, además, de acentuar la beligerancia hacia la maternidad y la familia.
LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO Y SU PROMOCIÓN A NIVEL MUNDIAL

El cambio social más negativo producido por el feminismo ha sido la legalización del aborto como un derecho de la mujer en el siglo XX, que ha sido convertido en paradigma de la emancipación femenina. La legalización del aborto, asumida por la izquierda política y sustentada actualmente por la gran mayoría de los partidos de todo el espectro político, se inicia en la ex Unión Soviética en 1920. Le siguen a partir de los años treinta, en forma restrictiva o libre, los países escandinavos, y en los setenta y ochenta, el resto de la Europa occidental. En 1982, el 10% de la población mundial vivía en países con el aborto prohibido; el 26%, donde se permitía para salvar la vida de la mujer o por bases médicas y el 64%, en países donde se consideraba legal por razones sociales o a petición propia, en general dentro del primer trimestre. El aborto es defendido hoy como un ejercicio de autodeterminación personal. Se presenta como “derecho reproductivo” - un nuevo concepto jurídico procedente del mundo anglosajón -; se enmascara también con otro nuevo concepto de salud femenina, la “salud sexual y reproductiva”; y se promueve a todos los niveles (institucionales y sociales), en especial ante organismos e instituciones mundiales influyentes, apoyado y fomentado por poderosos intereses económicos. Se trata, finalmente, de introducir y consolidar una ideología abortista con el seudónimo derechos reproductivos de la mujer, como la doctrina oficial de la ONU en los asuntos demográficos y sexuales.

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La legalización del aborto se llevó a cabo en contradicción con las constituciones democráticas, que recogen el derecho a la vida como primero y fundamental, aunque debe reconocerse que en el pasado siglo no se disponía suficientemente de los conocimientos científicos de hoy que ponen de manifiesto la realidad del ser humano desde su concepción. Esto significa una nueva situación que exige superar dicha contradicción jurídica y un cambio en la actual aceptación social del aborto.
NECESIDAD DE CORREGIR EL RUMBO ACTUAL

El rumbo actual del movimiento feminista exige un cambio drástico hacia un nuevo feminismo comprometido con los problemas reales de la mujer y los retos planteados en este nuevo siglo XXI. La evolución en las últimas décadas hacia metas destructivas de la naturaleza de la mujer y con graves repercusiones para la sociedad, hace necesaria una reflexión sobre el proyecto social que defiende y sus consecuencias. Es un proyecto con el que las mujeres mayoritariamente no se identifican, tan sólo unas minorías fuertemente ideologizadas que actúan como grupos de presión y pretenden imponerlo en las leyes y la cultura mediante las denominadas políticas antidiscriminatorias. Las mujeres no pueden sentirse representadas por un proyecto dirigido fundamentalmente a ellas que se asienta en la negación de la realidad de lo específicamente femenino, del don más grande del que disponen, de lo que constituye su fuerza autónoma: la maternidad. Un proyecto que impulsa como una meta esencial que la autonomía personal se cimente sobre la negación de la existencia de otro ser humano, el propio hijo, algo tan destructivo para el hijo como para la madre, y que supone un modelo de sociedad asentado sobre el más fuerte y el derecho a eliminar al más débil. En cuanto a las consecuencias de promover la deconstrucción del matrimonio y la familia, afecta a la propia viabilidad de la sociedad, conlleva la caída de la natalidad como observamos en Europa y conduce al envejecimiento, la decadencia y a un horizonte de insostenibilidad de los sistemas de bienestar. Mientras el movimiento feminista se afana en esos objetivos, las dificultades de las mujeres para conseguir la igualdad o hacerla efectiva sigue siendo una realidad en las diferentes sociedades.

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Incluso en los países occidentales existe discriminación, la conciliación familia-vida laboral es aún un gran reto y se encuentran en las etapas iniciales en la participación política. Ha llegado, por tanto, el momento de una reformulación del pensamiento feminista, que ha de estar basado en la aceptación de la realidad de la mujer y dirigido hacia metas que signifiquen un nuevo avance en la igualdad de sexos respetado su propia identidad y la diferencia.

Para dar respuesta a esta necesidad surge el Foro CULTURA21, Nuevo Feminismo y Derechos Humanos.

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El FORO CULTURA21, NUEVO FEMINISMO Y DERECHOS HUMANOS

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l Foro CULTURA21, Nuevo Feminismo y Derechos Humanos,

es una asociación configurada como foro de pensamiento y acción, que nace con el objetivo de sentar las bases de un nuevo feminismo que dé respuesta a los problemas reales de la mujer y efectúe nuevamente contribuciones de gran alcance a la sociedad del siglo XXI. El Foro CULTURA21 impulsa un nuevo feminismo que considerándose heredero de los movimientos que históricamente encabezaron la lucha de la mujer por la igualdad de derechos jurídico-políticos y la participación social, reflexione sobre la realidad actual de la mujer en las distintas sociedades del mundo y comprenda y asuma los principales desafíos que de ella surgen. Teniendo presente que la realidad es desigual en los países occidentales y en los países en vías de desarrollo, pero sabiendo que los primeros son un modelo para los demás.
1. NUESTRA IDENTIDAD: COMPROMISO CON LA CAUSA DE LA MUJER Y LOS DERECHOS HUMANOS

El Foro CULTURA21 define su identidad con un doble compromiso: la causa de la igualdad de la mujer y el compromiso con los derechos humanos. Este doble compromiso constituye realmente y mirando en especial a Europa una nueva cultura del siglo XXI, pues aúna dos realidades que hoy aparecen contrapuestas: los derechos de la mujer y el derecho a la vida de todo individuo, el primero de los derechos humanos fundamentales y punto de referencia para todos los demás. Caminar hacia esta nueva cultura implica cambios profundos en el feminismo y en el pensamiento contemporáneo, en las legislaciones y las políticas públicas, cambios que promoveremos activamente.

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Impulsamos de forma prioritaria:

A. Un cambio en los paradigmas sobre la emancipación femenina. Las premisas del nuevo feminismo que proponemos difieren radicalmente de las que han cimentado el movimiento en las últimas décadas. No niega ni es hostil a la naturaleza y la identidad femenina, lo que implica nuevos paradigmas sobre la emancipación de la mujer y exige replantear los asumidos en base a aquellas por el pensamiento contemporáneo, y plasmados en leyes y políticas públicas de países occidentales. Conlleva corregir errores cometidos en el siglo XX que han significado graves perjuicios para las mujeres y la sociedad, en especial la legalización del aborto.
Es necesaria una reflexión en el conjunto de la sociedad en cuestiones esenciales para la mujer y la propia sociedad, como la conciliación familia-vida laboral y la consideración de la maternidad, cuya trascendencia es ignorada en los países occidentales. Es preciso un cambio social y político en la forma como ésta se afronta, reconociendo adecuadamente su valor personal y social, y remover las trabas que se oponen a ella, apoyar a la mujer embarazada en toda circunstancia e introducir la cultura de la conciliación trabajo-familia para los dos sexos. Promovemos un modelo social que adecúe sus estructuras para posibilitar la conciliación y en el que el horizonte de realización personal no se sitúe exclusivamente en valores de eficiencia o productividad, y hombres y mujeres concedan un lugar prioritario a la familia, la maternidad/paternidad para lograr una vida plena e integrada.

B. Un cambio en la concepción de los derechos.
En primer lugar, cabe devolver a la ideología de los Derechos Humanos su genuino significado, y rechazar su apropiación por minorías que la utilizan para hacer avanzar todo tipo de reivindicaciones. Sin embargo, no todas ellas pueden ser consideradas una ampliación de derechos, ni aceptarse su adición al catálogo de los fundamentales -cuya fuerza moral reside precisamente en su concisión, su clausura y su taxatividad-, especialmente, cuando contradicen la Declaración Universal de Derechos Humanos, pues los pretendidos nuevos derechos son en buena parte una negación de los antiguos y verdaderos. Es el caso del “derecho al aborto”, que niega el derecho de todo individuo a la vida reconocido en el artículo 3. de la Declaración.

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En este sentido, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Sentencia de 16-12-2010), ha afirmado que no hay un derecho humano al aborto. En segundo lugar, el pretendido “derecho al aborto”, se asienta en la premisa del derecho al propio cuerpo, un argumento insostenible cuando está claro científicamente que el hijo en gestación es otro ser humano desde la concepción. En tercer lugar, la ética actual asume la autonomía personal, pero los derechos individuales que la expresan no pueden ser absolutos: el derecho individual debe confrontarse siempre con la responsabilidad social. En suma, el aborto no puede configurarse como un derecho que niega el más fundamental de los derechos, y, la autonomía y la igualdad de la mujer no pueden construirse sobre una práctica tan negativa. El derecho femenino a su sexualidad no puede implicar el derecho sobre la vida de otro ser humano, el hijo en gestación.

C. El reconocimiento como persona del ser humano no nacido y la abolición del aborto.
Urge la reflexión y un cambio social y jurídico sobre el trato que se da al ser humano no nacido. Hay que mirar desde la verdad la realidad del aborto, que se sostiene en el engaño de la humanidad del feto, soslayando las evidencias científicas. La ciencia muestra que el ser humano es siempre el mismo en su proceso de génesis, desarrollo y fin, pues desde su concepción tiene una estructura biológica que así lo constituye. Esta realidad exige consecuencias: debe ser respetado y considerado como persona, y avanzar hacia un concepto inclusivo que supere la separación actual ser humano-persona, una separación que ya no es sostenible y que da lugar a una discriminación ética y jurídica. Por ello, la protección de los embriones humanos y la abolición del aborto se plantea como una exigencia de progreso de los derechos humanos fundamentales y de avance de la civilización. Debe reconocerse plenamente el derecho a la vida contenido en la Declaración Universal al primer estadio de la vida del hombre y protegerlo legalmente desde la concepción hasta la muerte. Resulta una prioridad la derogación de las leyes que contemplan el aborto libre en las primeras semanas de gestación y la reforma de otras regulaciones, a fin de que la legislación se dirija hacia una regulación que contemple esencialmente la incompatibilidad vital entre la madre y el hijo, y que signifique una auténtica abolición del aborto.

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Así mismo, desde las instituciones ha de promoverse la prevención de las causas que lo originan dentro un nuevo respeto y protección de la maternidad. En síntesis, el objetivo del Foro CULTURA21 es contribuir al logro de una sociedad éticamente digna y plenamente humana, respetuosa de la dignidad de hombres y mujeres, que haga posible una auténtica igualdad de la mujer respetando su identidad y la diferencia. Una sociedad en la que no tenga cabida la “ley del más fuerte”, que valore por igual toda vida humana y firmemente comprometida con la aplicación efectiva y el progreso de los derechos humanos. 2. EL NUEVO FEMINISMO QUE PROMOVEMOS El nuevo feminismo que promovemos está fundamentado en el respeto y aprecio por la naturaleza, identidad y valores propios de la mujer. A la vez, es consciente de que la maternidad es la piedra angular del análisis de los problemas femeninos en la actualidad y, por ello, ha de ser el auténtico punto central del feminismo. Incorpora cinco elementos centrales:

1. Afirma la igualdad de la mujer y reconoce la diferencia entre los sexos centrada en la maternidad.
La premisa principal del nuevo feminismo parte de reconocer la existencia de una diferencia entre los sexos centrada en la maternidad, y que la maternidad define de forma esencial el ser femenino. Por ello, de acuerdo con la tesis de la politóloga J. Haaland Matláry (Il tempo de la fiorituri o “tiempo de las mujeres”,1999), con la que nos identificamos, la liberación de la mujer y el logro de la igualdad con el varón sólo será real cuando se alcance respetando la condición femenina. El viejo feminismo igualitario de los setenta, carente de una visión antropológica que fundamentase el reconocimiento de la diferencia entre los sexos, intentaba igualarlos promoviendo la imitación del varón, y el actual feminismo de género se basa en la proposición ontológica de que la feminidad y la masculinidad son concepciones culturales, lo que significa negar la existencia de la autenticidad de ser hombres y mujeres, una teoría alejada de la realidad y de los verdaderos problemas de la mujer.

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El nuevo feminismo, defiende la causa de la igualdad de la mujer asumiendo la diferencia, rechaza la imitación de los hombres pero exige disfrutar de los mismos derechos, incluido el de participar en la vida pública, política y laboral, y el acceso a la formación para garantizar su presencia en los ámbitos de la toma de decisiones. Reconoce y sostiene el papel de la mujer en la familia y en la sociedad de cualquier latitud, religión y cultura.

2. Aprecia la maternidad y exige el reconocimiento de su trascendencia social y de los derechos que esto genera, y valora la paternidad.
El nuevo feminismo no reniega de la naturaleza de la mujer y asume la maternidad como un don y una gran tarea, en la que la educación de los hijos constituye una labor esencial de formación de la persona y tiene una evidente repercusión en el bienestar de la sociedad. Valora el sentido de la paternidad tradicionalmente anulado por el feminismo y hace a los padres cada vez más conscientes de su importancia para los hijos y para la sociedad. La maternidad define de forma esencial el ser femenino, pero así mismo, el ser padre es compendio del ser masculino. Las mujeres deben recuperar su natural comprensión de la trascendencia que la maternidad tiene para ellas y reafirmar su importancia en sus propias vidas y en el conjunto de la sociedad, pues la condición de madre es casi ignorada en las sociedades occidentales, así, tampoco se valora el papel de la mujer que trabaja para su familia y sus hijos. La cuestión de la maternidad es de carácter antropológico pero también de tipo práctico, pues ha de tener su reflejo en la organización social para que sea compatible ser madre y trabajar fuera de casa. La maternidad es esencial para la mujer pero también para el futuro de la sociedad, por ello, genera unos derechos que deben ser reconocidos: el derecho a tener el apoyo de la sociedad; a la no interferencia del Estado en la vida reproductiva; el derecho a una vida laboral sin discriminaciones; y el derecho a educar a los propios hijos, a través de la libre elección de los centros escolares y de la educación en cuestiones básicas de moral y sexualidad.

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3. Rechaza el aborto como paradigma de la emancipación.
En primer lugar, la emancipación y la plena realización de la mujer no pueden construirse sobre la negación de la existencia del propio hijo, lo que es también profundamente destructivo para la madre. La auténtica emancipación femenina consiste en la libertad de la mujer de ser ella misma, de ser una persona realizada con su condición de mujer, lo que incluye la posibilidad de ser madre. Esta realidad personal debe ser reconocida y apreciada, y no exigirle a la mujer que para ser respetada sea como el varón, lo que la lleva al extremo de renunciar a la maternidad y recurrir al aborto para superar las barreras que se le presentan en la vida laboral y política. Es hora de liberarse de estas servidumbres y de corregir una realidad que objetivamente es un mal para la mujer y la sociedad. Segundo. La trivialización de la sexualidad en los países occidentales, como actividad desvinculada de los fundamentos del amor y del compromiso, ha llevado a una relación directa entre la falta de respeto hacia la maternidad y la aceptación social del aborto, que es contemplado como un efecto colateral de la actividad sexual y un método anticonceptivo más. Frente a esta trivialización que menosprecia la realidad del aborto, hace falta una nueva cultura en la que una educación sexual integral de los jóvenes contemple la dimensión procreadora y el valor de la responsabilidad ante la maternidad y la paternidad. El ejercicio de la libertad sexual y la renuncia responsable de la mujer a ser madre, debe ir acompañado de la responsabilidad de acoger y proteger al nuevo ser que pueda ser concebido, no puede implicar el derecho sobre su vida. Tercero. El aborto se impulsa como ampliación de derechos, sin embargo, no puede ser considerado una conquista de la libertad personal o un progreso de la sociedad, sino un auténtico retroceso en la condición humana, al aceptarse moral y jurídicamente una acción que consiste en acabar con la vida del ser humano en el seno materno, en su estadio de mayor vulnerabilidad y en el que se encuentra totalmente inerme. La legalización del aborto libre en las primeras semanas de gestación en las regulaciones de plazos, ha instaurado en los ordenamientos jurídicos de buena parte de países occidentales la supresión del derecho a la vida del ser humano en la primera fase de su vida, en clara contradicción con sus propias constituciones.

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También, otras regulaciones basadas en indicaciones, con un criterio central de equilibrio entre el derecho del ser no nacido y el derecho de la madre a preservar su salud, no protegen de forma adecuada la vida del nasciturus, reconocida en ellas como vida humana digna de tutela jurídica. Es hora de reaccionar, Europa debe mirar desde la verdad la realidad del aborto y avanzar en un gran consenso ético sobre el derecho a la vida y su protección, y afrontar los problemas que están dificultando la maternidad y la igualdad efectiva de la mujer.

4. Sitúa como objetivo prioritario de su programa de reformas la conciliación de la maternidad y vida familiar con la vida pública, laboral o política.
Cabe rechazar los planteamientos que contemplan la maternidad como un obstáculo en el progreso de las mujeres. Por el contrario, debe reconocerse su importancia primordial y a partir de ahí situar en primer plano la cuestión de la calidad de vida en los planos familiar, profesional y político. Es esencial un cambio que ha de plasmarse en leyes y en políticas públicas que reconozca y apoye la gran tarea de la maternidad y posibilite la conciliación. Desde la política y la sociedad debe darse respuesta a las cuestiones prácticas de cómo compaginar la maternidad y una actividad retribuida, cómo lograr que la labor de la madre sea reconocida, cómo superar las discriminaciones de tipo cultural y las derivadas de las estructuras sociales, y cómo mejorar las responsabilidades del padre. Es una cuestión clave para lograr un nuevo avance en la igualdad efectiva de la mujer, y supone un gran reto para el nuevo feminismo contribuir al cambio del estado de la cuestión. Si en el feminismo de los setenta la paridad funcional fue el objetivo fundamental del programa de reformas, para el nuevo feminismo lo es la conciliación.

5. Impulsa el liderazgo de la mujer en la defensa y progreso de los derechos humanos, y en su contribución a una sociedad más justa.
El siglo XXI se configura como el siglo de la dignidad humana. Esta meta plantea necesariamente el reconocimiento efectivo de los derechos inherentes a la misma, el primero de los cuales es el derecho a la vida que surge de la dignidad humana, expresada como dignidad intrínseca e igualdad inviolable de todos los seres humanos.

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Esta es la concepción recogida en la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948, fundamento político de los derechos humanos. No obstante, la realidad muestra la contradicción entre el carácter incuestionable de los derechos fundamentales recogidos en las constituciones democráticas y los textos internacionales, y la relativización de ellos por el voto de las mayorías y razones de tipo político, ideológico o pragmático. Sin embargo, desde el momento de la concepción la vida merece estar protegida como un derecho fundamental, puesto que la vida y la dignidad humana son inviolables, así lo afirma también el art.1 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. Y el reto que se plantea en esta dirección es la protección legal de todo individuo desde el inicio de su vida, lo que implica afrontar todas las vulneraciones de este derecho. Si realmente el siglo XXI debe suponer un avance en la dignidad y los derechos fundamentales universalmente, los países occidentales han de ser un modelo ya que no puede exigirse a otros que los respeten cuando en Occidente se vulneran de forma evidente. Es necesario un cambio drástico, y situar el derecho a la vida como un derecho efectivamente inviolable, por ello, el Estatuto del Embrión y la abolición del aborto constituyen una exigencia ineludible. El nuevo feminismo promueve el liderazgo de la mujer en el respeto del derecho a la vida, ya que al tener un papel primordial en la transmisión de la vida ha de situarse en vanguardia en la defensa de este derecho de todo ser humano. Promueve, así mismo, la erradicación de las nuevas esclavitudes derivadas de la prostitución y la pornografía, centradas habitualmente en la mujer, que es tratada como un objeto de consumo, que son perjudiciales en sí mismas para la mujer, y para el hombre, la infancia y la sociedad en general. El Nuevo Feminismo, en la línea de las mejores contribuciones del pasado, recupera la meta de una sociedad más justa e impulsa un cambio social y político que haga efectiva la igualdad de la mujer. El movimiento feminista tiene un papel crucial en promover los derechos humanos, recuperar valores positivos para toda la sociedad y lograr un avance en la igualdad de sexos, en la paridad en las tareas sociales y políticas y la eliminación de todo lo que sitúa a la mujer en una situación de inferioridad.

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