fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano

EL REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA VIDA COTIDIANA: DE LA DESCRIPCIÓN A LA INTIMIDAD Con Pablo Corral Vega

Cartagena, Colombia. Del 28 de enero al 1 de febrero. CONVOCA: Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano – FNPI, Fundación PROA y Fundación Tenaris TuboCaribe. Relator: Augusto Otero Herazo. Maestro: Pablo Corral Vega.

INTRODUCCIÓN El Barrio Nelson Mandela, localizado en el suroccidente de Cartagena de Indias, es un vasto territorio en el que viven aproximadamente 40.000 personas, la mayoría de ellas pobres que se asentaron en la zona luego de ser desplazados forzosamente por grupos armados ilegales que protagonizan el persistente conflicto armado colombiano. Hasta este sector, en el que se mezclan ambientes y costumbres urbanas y rurales, y al que se llega desde el Centro Histórico de Cartagena luego de aproximadamente una hora de recorrido en ‘buseta’ o mototaxi (transporte público ilegal muy popular en la ciudad), se trasladaron 14 fotoperiodistas de América Latina, para trabajar durante una semana (28 de enero al 1 de febrero) de la mano del maestro Pablo Corral Vega, en el taller “El reportaje fotográfico de la vida cotidiana”.

Serían cinco días de trabajo de campo, charlas y jornadas nocturnas de edición, en los que se pondría a prueba lo que el maestro Pablo Corral llamó “nuestra forma de percibir la foto”… una semana para reflexionar sobre el oficio y “darnos la libertad de cometer errores”… unos días para aspirar a la meta que debe buscar todo fotoperiodista: dar el salto de la descripción a la intimidad en la imagen. Para contar con una mejor perspectiva del contexto espacial y social del sector en el que se moverían los fotoperiodistas, dos líderes comunitarios del barrio (Weiler Herrón y Ana Luz García), un cronista del diario EL UNIVERSAL (Rubén Darío Álvarez), y un directivo de la Fundación Tenaris TuboCaribe, Martino Roghi, entregaron, cada uno desde su perspectiva, un panorama sobre Nelson Mandela, que incluyó aspectos históricos, demográficos, indicadores sociales y económicos y testimonios sobre la cotidianidad del barrio. Este encuentro se dio en uno de los salones principales de la Institución Educativa Bertha Suttner, lugar que serviría de base de trabajo para el grupo durante su estancia en el sector. Los encargados de presentar el panorama del barrio coincidieron en señalar la condición de ciudad fragmentada con la que se suele identificar a Cartagena de Indias y en que el poblamiento de Nelson Mandela careció de planeación, ya que fue el resultado de sucesivas invasiones ilegales en las que participaron familias pobres de Cartagena y una oleada de familias desplazadas procedentes de distintas regiones del Colombia. Así mismo, subrayaron que la imagen que proyectan los medios de comunicación sobre Nelson Mandela está asociada casi exclusivamente a fenómenos como la pobreza, la violencia y el desplazamiento, desconociendo importantes procesos de organización y participación, lo mismo que los avances de su población, sus relaciones sociales y su cotidianidad. Tras la presentación del contexto del barrio, el maestro Pablo Corral Vega esbozó algunas de las líneas que se seguirían durante la semana y subrayó que una de sus expectativas era que el taller no fuera un monólogo, sino un diálogo en el que pudieran aprender unos de los otros. "Seré el moderador, pero no la autoridad". “Vamos a trabajar nuestra forma de percibir la foto, a reflexionar sobre el oficio, a darnos la libertad de cometer errores”, dijo, y añadió: “la fotografía es una excusa para explorar el mundo y debemos celebrar ese regalo”. "La poesía y la intimidad" serán el tema del taller. "Es difícil conseguirlo pero debe ser nuestra meta. Vamos a tratar de sentir, de mirar".

“SOMOS PERIODISTAS QUE USAMOS UNA CÁMARA” “Los fotoperiodistas somos periodistas que usamos una cámara". Esta fue la primera reflexión sobre el oficio a la que invitó el maestro Pablo Corral, para indicar que el fotoperiodista debe seguir técnicas propias de los reporteros, entre ellas investigar, entrevistar, conocer el contexto del proyecto en el que se trabaja. “En general, si no hay un trabajo previo, quedarán muchos cabos sueltos”, indicó, y a renglón seguido invitó a hacer un ejercicio básico antes de salir a la calle: elaborar un listado de temas ‘fotografiables’. “Es importante porque así podemos entender qué puede funcionar, y qué no, desde el punto de vista visual. Así sabremos qué se puede fotografiar y qué no", insistió. Para comenzar el ejercicio de reportear en Nelson Mandela el maestro elaboró una lista de temas con la ayuda de los talleristas. El grupo deliberó sobre cuáles eran fotografiables, teniendo como criterio no solo las temáticas si no el tiempo y las condiciones en las que se desarrollaría el taller, y se hizo una selección. Los temas planteados fueron: • Invasión (poblamiento del barrio y problemática actual) Sí: (x) No ( ) • Desplazamiento / Desplazados. Sí: (x) No ( ) • Identidad / diversidad. Sí: ( ) No (x) • Presencia y participación de la mujer. Si: ( ) No (x) (Liderazgo, organización, prostitución y explotación sexual infantil, mundo laboral). • Nueva vida de los desplazados / apropiación del espacio / Costumbres. Sí: (x) No ( ) • Religión. Sí: ( ) No (x) • Gastronomía Sí: ( ) No (x) • Entretenimiento (Se consideró como una temática horizontal) • Pobreza: (Sí, pero alejada de los estereotipos) No ( ) • Violencia Sí: ( ) No (x) • Drogas / microtráfico. Sí: ( ) No (x) • Educación. Sí: ( ) No (x) Sobre esta base se planteó que los talleristas podían tratar historias individuales, un grupo o un tema. La invitación fue a encontrar personajes que pudieran ser narrados en su cotidianidad. Esa sería la meta de la primera salida de campo.

Posteriormente se haría un listado de posibles historias con ese personaje, y si se hallaba un buen filón, se examinarían los matices del personaje. Reportería pura y dura antes de intentar la primera imagen. El fotoperiodista que no está bien informado no sabrá qué fotografiar. Se parte de la historia, después se busca la belleza. “Graben, tomen nota, hagan el trabajo de reportería y empiecen a tomar fotos cuando haya algo para fotografiar”, recomendó. DE LA DESCRIPCIÓN A LA INTIMIDAD. LA BÚSQUEDA DE LA POESÍA

Intimidad   /  poesía  

Sensación   Estética   Descripción  

¿Es posible encontrar la intimidad y la poesía en lo cotidiano? El reto propuesto al grupo no solo indicaba que es posible, sino que debe ser la aspiración del fotoperiodista. Para abordar teóricamente esta búsqueda, el maestro propuso un esquema básico en pirámide que ubica la descripción en la base para luego ascender a la estética, enseguida subir al peldaño de las sensaciones y finalmente conquistar la cima donde están la intimidad y la poesía. Así caracteriza Pablo Corral cada uno de estos estadios. Sus conceptos fueron recogidos en las charlas con los talleristas y entrevistas con el relator: La descripción: “Toda fotografía tiene un elemento descriptivo, de conexión con la realidad, y ese es su objetivo básico. La descripción es útil y necesaria para investigadores forenses, para quienes publicamos imágenes en las redes sociales. Aquí la intención no es construir discursos, ni hacer arte… luego, la gran diferencia con los otros niveles de imagen es la intención”.

La estética: “Hay fotógrafos aficionados que no saben que están haciendo cosas estéticas, intimas. El profesional quiere ir más allá, transmitir algo más y el primer paso es abordar la estética de la imagen: la luz, la composición, la disposición de los elementos, los planos. En síntesis, la estética es el paso esencial para apropiares del lenguaje de la fotografía, o el primer paso. Aquí podemos ver varias capas de esa misma realidad, vamos más allá de lo literal”. Hay un nivel superior que es el de la sensación: “Si además de ser descriptivas y bellas, las fotos nos provocan sensaciones, entramos a un nivel superior. Ya podemos hablar del poder que tiene la fotografía para evocar. Para pensar en la sensación hay que pensar en la experiencia del sujeto y del fotógrafo, en el encuentro de esos dos mundos. Eso es lo que te lleva a una sensación. ¿Cuáles son esas imágenes? Las que se comunican con algo dentro de uno, que están relacionadas con la memoria, la experiencia cotidiana, las sensaciones humanas (el miedo, los deseos, la angustia). Las que resuenan en nuestra condición humana. Los seres humanos compartimos experiencias similares y en esa universalidad está la posibilidad de sentir empatía con lo que los otros sienten. En suma, es una ventana que te permite viajar a otro mundo, a un mundo que no es el propio, que hace sentir a quien la observa lo que no ha sentido y que lo lleva a conocer lo que no conoce. Es como un caleidoscopio que nos mete en mundos mágicos y extraños. Una buena foto, más allá de describir y ser bella, logra inspirarnos… conmovernos. La intimidad / la poesía: “A veces la intimidad y la poesía son la misma cosa. Una fotografía íntima es la que describe, es bella, con intención artística, da una sensación y entra al espacio más interior, más personal, íntimo de una persona o una situación. Un ejemplo de este tipo de imagen es la “Madre migrante", de Dorothea Lange. Es una de las fotografías más duras, descriptivas, bellas, y de una intimidad y profundidad que lleva al desamparo, al abandono. El lugar más precioso es el interior, y ese interior se revela muy pocas veces. Requiere que el sujeto esté muy abierto y que el fotógrafo esté cerca en todo sentido. Un fotógrafo difícilmente puede transmitir lo que no siente o no conoce. Un cronista tiene que sentir empatía y un fotógrafo tiene que estar metido en el

mundo del otro para poder contar algo. Eso significa un riesgo, que es el de la vulnerabilidad. Es tanto un riesgo como un poder. La poesía tiene una característica que no tiene el periodismo y es la libertad. Cuando hablamos de poesía podemos alejarnos de la gente y acercarnos a la luz. Podemos alejarnos del documentalismo para transmitir una sensación íntima. Corral Vega cierra esta reflexión indicando que uno de los problemas más frecuentes en los fotoperiodistas es que no ven la foto interesante porque están ocupados tratando de describir, y en ese sentido la pirámide es algo que debe acompañarnos siempre como referencia para entender qué significa la imagen. NARRAR LA VIDA COTIDIANA Fotografiar la vida cotidiana puede ser un ejercicio azaroso, lleno de acción, color y vitalidad, pero también abundante en personajes, espacios o hechos aparentemente monótonos que ponen a prueba el olfato, la paciencia y el oficio del fotoperiodista. “Cuando se fotografía la vida cotidiana los ritmos cambian,”, comparte Pablo Corral con los talleristas. Hay muchos momentos en los que no hay acción, sin embargo, la relación con el sujeto es la que hace que las cosas cambien. Corral argumenta que entre más contacto e intimidad haya, más se puede contar sobre situaciones o personajes aparentemente anodinos. Una condición inapelable: la búsqueda y la curiosidad del fotoperiodista deben ser genuinas. Acercarse es un esfuerzo enorme, ya que al comienzo las personas suelen tener máscaras, sin embargo, el tiempo, la curiosidad y la confianza ayudan a ver más allá. “Cuando llegamos a ver a los sujetos como personas se nos abre un mundo distinto, cosas pequeñitas nos abren el horizonte”, opina Corral, para quien el sentido de la fotografía es que es “una excusa para conocer el mundo, para justificar la curiosidad”. Un ejercicio recomendado a los fotoperiodistas durante el taller fue la búsqueda de una distancia a la que él no está habituado. “Alejarse o acercarse un paso más de lo que normalmente nos situamos”. Si se quiere, una mirada nueva. “Es importante ir revelando detalles. Cuando se hace cine o video, se muestra el todo a través de detalles. Pequeñas cosas que revelan como un todo la vida del personaje”.

Otro reto complejo, subrayado durante varios diálogos del maestro con los fotoperiodistas, es cuando no hay acción, cuando no pasa nada. Haciendo un paralelo, indica el maestro, en una circunstancia como esta un escritor puede hablar de lo sicológico, de los recuerdos; pero para el fotógrafo, si no ocurre nada, aparantemente no tiene nada que fotografiar. De eso se tratan estas búsquedas: “aprender a fotografiar cuando no pasa nada… aprender a fotografiar donde no pasa nada”, subraya el maestro, y agrega que cuando es así hay que ir a espacios más privados, “ir a lo sicológico”. El gran reto —continúa— es que debemos vencer el aburrimiento como fotógrafos. “Eso de que no pasa nada es una ilusión, siempre pasa algo”. “El 30% de la fotografía es la parte técnica, y el resto es la manera en que nos relacionamos con los otros. Los reporteros que son cálidos, que no esconden la cámara, logran mejores fotos. La cámara es una oportunidad para acercarse a los otros, la cámara es un puente”, finaliza diciendo Corral Vega. LA ÉTICA A lo largo de varias conversaciones con los talleristas, Pablo Corral enfatizaba en lo que considera una máxima del fotoperiodismo y una postura ética esencial: “Un pedazo de película no significa nada, comparado con lo que vale el ser humano que tengo frente a mi". Y agregaba: “Es la única forma de dignificar la cámara”. A su juicio, se trata de ponerse en los zapatos de otro. “Si inventas una situación no estás respetando al otro, al lector, y tampoco a nosotros mismos”. Desde el punto de vista de la fotografía, agrega, eso significa que si algo no está ocurriendo no hay que armarlo, organizarlo… en general, manipular la situación para que las cosas ocurran como el fotoperiodista quiere. La conexión mecánica con la realidad es el gran poder de la fotografía, pero también su gran debilidad, agrega el maestro, quien enfatiza en que no hay manera de fotografiar lo que no está ocurriendo. “Un artista plástico puede inventarse una escena, un escritor puede reconstruir un espacio, pero el fotógrafo solo puede fotografiar lo que existe, y si uno es periodista y tiene un sentido de la ética, no construye escenas para fotografiar”. “No podemos ser ingenuos”, agrega: el solo hecho de estar presentes en una escena significa que se está interviniendo una situación, las personas actúan para

la cámara. “No estoy hablando de una objetividad imposible de conseguir, si no de una honestidad y de una sencillez”. Corral también resaltó que en muchos casos el fotoperiodista establece una relación de poder con el sujeto y esto es especialmente crítico cuando se trabaja con comunidades vulnerables. “El fotoperiodismo está lleno de pobres, frágiles y marginados. Es muy fácil entrar en su vida, una persona pobre no sabe cómo proteger su intimidad. Y muchas veces pensamos que por ser periodistas tenemos derecho a entrar en el espacio de otra persona; no, el acceso a ese espacio nos lo ganamos”, afirma. Las relaciones con el sujeto —sugirió— hay que aprovecharlas como experiencia, no como oportunidades fotográficas. Un ejercicio propuesto a todos los fotógrafos es fotografiar su vida, fotografiar la vida de la gente cercana, no siempre fotografiar la pobreza. LA EDICIÓN Las jornadas de edición, realizadas en horas de noche, eran el mejor recurso para evaluar el rumbo que llevaba la reportería y las posibilidades de éxito de los proyectos individuales. El primer día (28 de enero), dado que el nivel de exploración del barrio era todavía muy superficial, el maestro acordó con los talleristas que se exploraran personajes o historias a partir del listado que se elaboró en la primera jornada de reflexión. Cada uno de los participantes llevó a la mesa un personaje, una historia o un tema, que sometió a discusión con el ánimo de enriquecerlo o desecharlo. Los personajes y temas giraron alrededor de algunos oficios (peluqueros, cocineras, mototaxistas, músicos), problemas sociales (desplazamiento forzado, embarazo adolescente), la lucha por sobrevivir en un entorno adverso (expandilleros, jóvenes con aspiraciones académicas) o espacios de socialización del barrio (gimnasio). Uno a uno, los talleristas resumieron sus historias: Pedro Mendoza, colombiano, colaborador de la agencia AP, apuntó a explorar la cotidianidad de los peluqueros aficionados que pululan en cualquier esquina de Nelson Mandela. A su juicio, los personajes y espacios donde trabajan (que van

desde un garaje, la terraza de su casa o debajo de un árbol) tenían color, atmósfera y una estética particular que los hacía atractivos. Atilio Orellano, argentino, fotógrafo independiente y colaborador del diario Clarín, fue atraído por el oficio de las cocineras que en Nelson Mandela se ganan la vida haciendo sopas que luego venden en el comedor o la terraza de su propia casa. María, madre soltera de tres hijos, su personaje. El peruano José Adrián Portugal, fotoperiodista de Vice Magazine, tropezó con Ineiro, un joven músico que integra un grupo profesional y que dedica parte de su tiempo a entrenar a jóvenes del barrio en ‘músicas urbanas’. Mientras tanto, Joaquín Sarmiento, colombiano, fotoperiodista independiente y colaborador de la agencia Reuters, propuso un perfil de Kissinger, un músico de champeta (género musical urbano originario de Cartagena, con influencias caribeñas y africanas) que se posiciona como una de las nuevas estrellas del género. Rodrigo Cruz, mexicano, colaborador de The New York Times, se subió al transporte informal más popular de Nelson Mandela: la mototaxi, y también a la cotidianidad de una pareja que vive de esta actividad. Fernando Brito Lizárraga, mexicano, editor de fotografía del diario El Debate de Culiacán, centró su mirada en varios casos de mujeres desplazadas que llegaron a Nelson Mandela hace más de una década, con las que propuso hacer una serie de retratos. Por su parte, el uruguayo Pablo La Rosa, fotoperiodista independiente que colabora con la Agencia Reuters en Montevideo, también exploraría la cotidianidad de una familia desplazada en diferentes espacios y contextos. A partir de las historias de cuatro jóvenes madres, Oscar Castillo, venezolano, miembro del colectivo Fractures, se propuso abordar un tema crítico en Nelson Mandela: el embarazo adolescente. Algo que también haría Ricardo Maldonado, colaborador de la Agencia EFE para el Caribe colombiano, quien se apuntó a narrar la vida de una joven madre. Vanessa Romero Estrada, del diario El Heraldo, de Barranquilla, Colombia, encontró en su recorrido a Nora Salcedo González, una de las fundadoras del barrio. Con 45 años, 5 hijos y 10 nietos, además de líder comunitaria, Nora es entrenadora de fútbol y ‘kitbol’ y comerciante emprendedora.

Christian Escobar Mora, colombiano, corresponsal de la Agencia EFE en el oriente del país, recogió tres historias de jóvenes y le apostó a la de uno de 21 años, integrante desde muy joven de una pandilla del barrio, pero que en la actualidad lidera una fundación cultural en la que es coreógrafo de danza urbana. Vive en una invasión, tiene una hija de 4 años e intenta llevar una vida digna con su nuevo oficio. Luis Castro Macea, colombiano, integrante del colectivo Canal Cultura, se propuso acompañar en su día a día a un joven estudiante de historia y cantante de hip hop, presentado por el fotoperiodista como un ejemplo de superación en un barrio donde muy pocos jóvenes alcanzan los estudios superiores. El salvadoreño José Cabezas, vinculado a la Agencia France Presse, propuso narrar lo que ocurre en un gimnasio desvencijado del barrio, un lugar estrecho y caluroso donde muchos jóvenes buscan mantenerse en forma física. Por último, Sandra Sebastián Pedro, fotoperiodista del periódico digital Plaza Pública en El salvador, asumió la tarea de seguir a un campesino del Sur del departamento de Bolívar (región Caribe colombiana) que debió trasladarse a Cartagena para atender un tratamiento médico. Un personaje al que acompaña su esposa, en los tortuosos recorridos de su rancho a la clínica donde es mal atendido. Tras la exposición de las historias, vendrían las salidas de campo, cuyo producido acabaría en los computadores y los programas de edición. Maestro y talleristas listos para revisar imágenes, discutir algunos criterios, suprimir, pulir, hasta darle estructura visual a una idea. ¿Dónde comienza y dónde termina la edición? A juicio del maestro todo parte de la investigación del tema, que es lo que lleva al fotoperiodista al lugar, al espacio. Una vez allí debe tomar todas las fotos que se le ocurran (y más), con cierta obsesión. “En esto hay que ser absolutamente obsesivos, porque el momento de la toma no es el momento de la edición, esto último empieza a ocurrir después que uno regresa a su casa o a la oficina”, explica Corral. El maestro sintetiza este proceso en tres pasos básicos:

Simplificar: se trata de reducir el universo de imágenes con las que se trabajará. “Si tenemos mil debemos bajar a un universo de 100, las 100 mejores. Cada uno ve sus imágenes y debe ser generoso en la preselección”. El siguiente paso es agrupar: De las fotos preseleccionadas hay muchas que son parecidas y se debe escoger una. La manera de hacerlo es comparándolas, agrupándolas (no todas son tomadas en la misma situación o en el mismo lugar, por lo tanto hay que agruparlas). Siempre se encontrarán imágenes que dan una sensación parecida, una idea parecida. Finalmente, cuando se haya simplificado hasta el límite posible, se deben ordenar las imágenes. Aquí se trata de encontrar una secuencia que nos indique qué nos falta. Ese es el momento en que se sabe qué queda por hacer. Si es posible regresar al campo a llenar ese vacío, nuevamente hay que fotografiar lo que más se pueda (y más). ¿Por qué se falla tanto en el proceso de edición? Fue una pregunta recurrente en las jornadas. “El fotoperiodista se enamora de su trabajo, esa suele ser una de las razones”, contesta el maestro y cierra el capítulo con la siguiente reflexión: “El gran problema de nosotros los fotógrafos es que pensamos que nuestro trabajo es mejor o peor de lo que en realidad es. Nosotros recordamos la experiencia y pensamos que ésta se reproduce a través de la imagen, pero eso no es cierto, no existe una relación mágica entre la fotografía y lo que vivimos. Un buen fotógrafo es capaz de transmitir de manera extraordinaria lo que está viviendo, a los que nos falta mucho, no. Los fotoperiodistas nos enamoramos de las fotos… no tenemos capacidad para ver más allá de nuestro propio recuerdo”.

La experiencia de algunos fotoperiodistas ¿Cómo abordaron los fotoperiodistas dilemas éticos en el trabajo de campo, como la exposición de la intimidad de sus personajes ante un desconocido que está muchas veces en condiciones de superioridad? Esto respondieron algunos de ellos: Ricardo Maldonado, corresponsal de la Agencia EFE para el Caribe colombiano.

Cuando trabajo en comunidades que viven en extrema pobreza, como es el caso de Nelson Mandela, antes de obturar la primera foto hablo con las personas, les explico sobre qué es el trabajo y por qué se realiza, y si mi personaje me pide no publicar alguna fotografía, simplemente no lo hago. Tengo una norma: si en el primer acercamiento la persona me dice que no quiere ser fotografiada, no le insisto. Sin embargo, me ha ocurrido muchas veces que no he salido del lugar cuando el personaje me llama y me pide que le tome las fotos. Si la persona acepta le explico qué busco con las imágenes, sin esconder ni disfrazar con palabras lo que se verá al final. Luego de tomadas, se las muestro y converso sobre ellas y nuevamente le explico de qué se trata el trabajo y les insisto en si está de acuerdo en que se publiquen. Muchas veces uno termina siendo una válvula de escape a través de la cual la persona que vive en un eterno y absoluto silencio, saca y expone cosas de su vida. Muchas veces ese fotógrafo es la única persona que se ha interesado por el personaje y por eso le permite entrar en su vida.

Luis Castro, reportero gráfico independiente, colaborador del colectivo Canal Cultura. El propósito del maestro Pablo Coral era que nuestras historias superaran el plano descriptivo y se contaran en un lenguaje mucho más íntimo y poético. Sin duda fue un reto tocar a la puerta de los habitantes del barrio Nelson Mandela y entrar en la intimidad de sus vidas. Lo primero era explicarles la razón de nuestra presencia en su cotidianidad, que ellos tuvieran muy claro el objetivo de nuestros proyectos. Ayudar a nuestros personajes a sentir comodidad frente a la cámara fue una tarea que se logró con el pasar de los días. Una vez lograda esa relación, no se trataba de obturar de manera desmedida, sino esperar ese momento justo que como bien lo dice el maestro Steve McCurry, "Si sabes esperar, la gente se olvidará de tu cámara y entonces su alma saldrá a la luz". Mi historia se desarrolla dentro de los buses de transporte público en los que se movilizan miles de sus habitantes, y por obvias razones no hay tiempo para explicarles a todos el motivo de nuestra presencia, lo que hace que tome mucho más de tiempo desarrollar una historia de esta magnitud.

Vanessa Romero Estrada, diario EL HERALDO Intenté conectarme con el personaje, la señora Nora Salcedo, una maravillosa persona. Antes de empezar hablé mucho con ella para establecer esa conexión, le conté mucho de mí para demostrarle que la intención del ejercicio no solo era tomar fotos sino entablar amistades, cosa que sucedió. La observaba mucho, logrando captar ciertas costumbres, con el fin de entender su mundo antes de disparar la cámara. Sin embargo, por lo corto del taller ‘tiraba’ fotos mientras aprendía en el camino. La mayor dificultad surgió por la confianza establecida y el carácter sobre protector de mi personaje. Muchas veces sentí que no encontraba la imagen buscada, llevándome a tomar decisiones como hacer largas pausas en el día para volver a comenzar. Pero el mayor obstáculo fue conmigo misma, descubrí que existen miles de posibilidades dentro de un encuadre, no sólo la mirada periodística, de la cual traté de desligarme un poco para ajustarme a la intención del trabajo. Con toda certeza puedo decir que este taller fue un reencuentro con mi mirada, y por ende, conmigo misma.

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