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C U A N D O

H A B L A

E L

C O R A Z Ó N

La oración: fortaleza del hombre y debilidad de Dios

Javier Abad Gómez

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S U M A R I O

INTRODUCCIÓN

I ¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

II DISPOSICIONES PARA HACER ORACIÓN 1ª. Disposición: fe 2ª. Disposición: humildad 3ª. Disposición: confianza y sencillez

4ª. Disposición:

valentía

5ª. Disposición:

generosidad

III SENDEROS DE ORACIÓN

1 Oración de bendición

2 Oración de adoración

3 Oración de petición

4 Oración de desagravio

5 Oración de intercesión

6 Oración de acción de gracias

7 Oración de alabanza

IV EXPRESIONES DE LA ORACIÓN

1 Oración vocal

2 Meditación

3 Oración de contemplación

V CÓMO SE PREPARA LA ORACIÓN

1 Recogimiento de la imaginación y de los sentidos

2 Selección del tema

VI EL ESPÍRITU SANTO, ALMA DE LA ORACIÓN

3

VIII. EL EVANGELIO La “Lectio divina

IX. LA EUCARISTÍA, CENTRO Y RAÍZ DE LA ORACIÓN

X. LA SAGRADA LITURGIA

XI. OTROS LIBROS DE ORACIÓN

XII. CÓMO SE HACE ORACIÓN

1. Ponerse en presencia de Dios

2. No soltar el diálogo con Jesús

3. Dejar que hable el Señor

4. Tratarlo familiarmente, como un hijo a su padre

5. Huir de la retórica

6. Espíritu de lucha

7. Pedir ayuda

8. Dar gracias

XIII. DIFICULTADES AL HACER ORACIÓN

1. La falta de fe

2. La acedía

3. La falta de perseverancia

4. La falta de sentimientos

5. Las distracciones

6. Cuando falla el discurso en la oración

7. Cansancio

9. Los fracasos en la oración

XIV. LOS PROPÓSITOS

XV. EL TRABAJO, CONVERTIDO EN ORACIÓN

XVI. LA ORACIÓN DE LOS NIÑOS

1. Los hijos copian a sus padres

2. Transmitir el sentido de la filiación divina

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3. No enseñar a los hijos a rezar: orar con ellos

4. Tratar a Jesús, amigo verdadero

5. La oración en familia, gratísimo deber: nunca coacción

XVII. LA VIRGEN, PERFECTA ORANTE

BIBLIOGRAFÍA

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INTRODUCCIÓN

Un día en que Jesús estaba en oración, cuando hubo terminado, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a

orar» - (Lc 11,1)

La oración es la vida del corazón. Es el alimento que anima cada instante. Es sentir palpitar la presencia de Dios dentro de nosotros y en torno a las cosas y personas que nos rodean. Es despertar su memoria en el corazón, y vivirla con la misma avidez con que aseguramos el aire. Desde sus orígenes, la Iglesia ha propuesto espacios que sostengan un ritmo de plegaria continua: por la mañana, al levantarnos; al mediodía, en medio del ajetreo del día; por la tarde, cuando llega el cansancio; antes y después de comer; en la noche, al irnos a dormir. Y, cada semana, la oración por excelencia es la Eucaristía dominical, raíz y centro de la vida interior. Todos los meses, hasta completar el año, la liturgia ofrece espacios y ritmos nuevos que dan sentido a la existencia del cristiano al incrustarlo en la sabiduría y estabilidad de la Iglesia.

Los caminos escogidos por Dios para Él comunicarse con los hombres son muy amplios y variados. Cada persona le responde según lo que es y lo que tiene en su interior. Hay tres vías o expresiones principales:

la oración vocal, la meditación y la contemplación. Pero esta enumeración es solo sistemática, porque para hablar con Dios, cualquier forma o rumbo que tome la plegaria siempre tendrá un punto común de partida: el corazón

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humano que sale de sí mismo al encuentro con el Corazón de Dios. Es el momento más bello de la existencia: cuando habla el corazón. Para ello sólo cuenta con lo que posee: su recogimiento, su anhelo, su amor. “Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas” (San Juan Crisóstomo).

Dios nos habla con su Palabra, se posesiona de nuestro ser. Lo escuchamos y tratamos de responderle. A veces, su voz es un susurro oculto en el silencio de la meditación o de la contemplación. Es que no siempre estamos en disposición de atender su reclamo de amor. Fuimos hechos para que su voz divina llegue a través de los sentidos.

“Mirad que perdéis un gran tesoro y que hacéis mucho más con una palabra del Padre nuestro[…]. Estad muy junto a quien pedís, no os dejará de oír; y creed que aquí es el verdadero alabar y santificar de su Nombre”. (Santa Teresa, Camino de perfección, 31, 13).

En varias ocasiones, Jesús dirige el pensamiento a su Padre, su personal oración en voz alta, con expresiones audibles. En cada apóstol fueron quedando grabadas las enseñanzas divinas, y a sus discípulos de éste y de todos los siglos nos llegan muy hondo al buscar su Amor y beber – como cervatillos sedientos 1 – en la fuente vital que es el Evangelio. Igual nosotros, recordamos tantas formas de orar, aprendidas de los labios y del ejemplo de nuestros padres: no olvidamos ese tesoro que fue arraigándose y creciendo en cada uno. El Señor nos pide que le hablemos con sencillez:

hacernos como niños 2 . Así mantendremos muy viva la presencia de Dios, que es el camino necesario para la santidad en la vida corriente.

necesita la

colaboración de sus sentidos para la plegaria interior. No todo lo que

Nuestra naturaleza humana

– espíritu encarnado –

1 Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? (Salmo 41).

2 Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de los cielos (Mateo, 19, 14)

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sucede en nuestra intimidad permanece allí, sino que inconscientemente traducimos en lenguaje perceptible los más profundos sentimientos. La oración nos compromete íntegramente, pone en movimiento el ser entero, no sólo una parte. Al intervenir el cuerpo, se rinde homenaje al Creador en plenitud personal, tal como Él nos diseñó: asociando los sentidos a la disposición interior, trasladando al exterior lo que sentimos. Cuando se reza, es la persona entera la que reza: espíritu y materia; esto da a la súplica la mayor fuerza posible.

¡No dejéis de orar! - ¡Que no pase un día sin que hayáis orado un poco! ¡La oración es un deber, pero también es una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo! ¡Cada domingo, la Santa Misa y, si os es posible, alguna vez durante la semana; cada día, las oraciones de la mañana y de la noche y, en los momentos más oportunos!” (Juan Pablo II).

Son inagotables las maneras de comunicarnos con Dios vivo, y cada

uno debe encontrar el cauce personal por el que va y viene - en doble vía

- el amor del Creador y su criatura: dentro del templo o en el hogar o en

el trabajo o en medio de la calle, o

sería vano intento. No se requieren métodos artificiales para la unión con

Dios; bastan la humildad y la sencillez para comprender la importancia de hablar con Dios y encontrar el sendero que, allá en el fondo, nos hará almas de oración.

Hay muchas razones para orar. Una es que Jesús nos invita a ello. Él refirió al Padre todas sus cosas en coloquio insistente y enamorado, y así nosotros, en frases cortas llenas de fuego o largas oraciones en voz alta; con palabras encendidas y vibrantes; silencios prolongados en medio del día y de la noche; acción de gracias continua; petición de perdón por los pecadores; alabanzas y ruegos. Constante entrecruzarse de necesidades humanas, deudas del amor divino, que el Verbo presenta - hoy, ayer y siempre - en el Espíritu Santo y en nombre nuestro.

No buscamos fórmulas especiales:

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Todas las enseñanzas, nos las dejó Jesús 3 . El camino teologal de nuestra plegaria es, precisamente, su oración. El Evangelio trasmite la lección expresiva del Maestro, que nos toma de la mano en donde estemos, y nos va conduciendo al Padre 4 .

«Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre, entre vosotros, si el hijo le pide un pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?»

(Lc 11,5-13)

«¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aun cuando los haga esperar? Os digo que hará justicia prontamente»

(Lc 18,1-8).

Dirigiéndose a las gentes que le siguen, Jesús comienza por lo que ya ellos conocen de la oración en la Antigua Alianza, y los prepara para el Reino que viene. Les va revelando en parábolas la gran noticia 5 . A sus discípulos, que en su Iglesia serán los pedagogos de la oración, les habla con claridad del Padre y del Espíritu Santo.

En el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en la conversión del

corazón (Lc 6,20-23).

Habla de la necesidad de reconciliación con el hermano antes de llevarle alguna ofrenda:

3 . Cf. Catecismo de la Iglesia Católica - 2607-2615. 4 . Cf. Lucas 18,9-14 5 . Cf. Lucas 11, 5-13; 18,1-8; 9-14

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«Si vas, pues, a presentar una ofrenda ante el altar y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu

ofrenda» - (Mt 23-28).

Recomienda el amor a los enemigos y el requisito de rogar por los perseguidores:

«Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos -

(Mt 5,44-45).

Que oremos al Padre en lo secreto, sin exceso de palabras:

«Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» - (Mt 6, 6).

«Y orando, no seáis habladores, como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. […] Vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes de que se las pidáis - (Mt 6,7- 8).

Que pidamos la pureza del corazón; y, antes que todo, el Reino de

Dios y su Justicia» - (Mt 6,25-33):

« Y todo lo demás se os dará por añadidura» - (Mt 6,33-34).

Esta conversión que Él sugiere, la centra totalmente en el Padre; es lo propio de un hijo.

El corazón, decidido a convertirse, aprende a orar en la fe, como Jesús, que da gracias al Padre antes de recibir sus dones. Esta audacia filial, nos la enseña:

«Todo cuanto, orando, pidiereis, creed que lo recibiréis y se os dará» -

(Mc 11,24).

¡Tal es la fuerza de la oración! Todo es posible para quien cree, con fe que no duda:

«Dijo Jesús: ¡Sí puedes! Todo es posible al que cree» - (Mc 9,23). «Todo cuanto con fe pidiereis en la oración lo recibiréis» - (Mt 21,22).

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Velando y orando, se evita ceder a la tentación:

«Levantaos y orad para que no entréis en tentación» - (Mt 22,40-46).

Cuando Jesús precisa el misterio de su oración al Padre, les revela a sus discípulos como debe ser la de ellos (y la nuestra), cuando Él haya regresado junto al Padre Celestial. Lo que resulta nuevo, ahora, en la Nueva Alianza, es pedir en su Nombre:

«Y lo que pidiereis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo; si pidiereis alguna cosa en mi nombre, yo la haré» -

Fundar nuestra oración en la de Jesucristo, con la certeza de que seremos escuchados; y, mucho más, todavía, será lo que el Padre nos va a dar si sube unida a la del Redentor.

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el Espíritu de

verdad» - (Jn 14,12-14).

Nuestra oración es comunión de amor con el Padre, por medio de Cristo, y, en el Espíritu Santo:

«Hasta ahora nada le habéis pedido en mi Nombre. Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea colmado» - (Jn 16, 24).

AL ESPIRITU SANTO

Cardenal Vredier

Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo:

inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo; lo que debo escribir; cuándo debo callar; cómo debo orar; cómo debo obrar;

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lo que debo hacer para procurar tu mayor gloria, el bien de las almas

y

mi propia santificación. Amén.

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I. — QUÉ ES LA ORACIÓN

«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde adentro de la prueba como dentro de la alegría»

STA. TERESITA DE LISIEUX 6

La oración es conversación con Dios. Conversar exige que haya yo y ; en este caso, Tú, con mayúscula. Aunque el yo pareciera lo más importante, la realidad es muy otra. Aquí va adelante el , (siempre adelante Tú, Señor) porque nuestra oración no nace de nosotros; es iniciativa divina 7 .

Consiste en un diálogo personal, íntimo, profundo - de corazón a

corazón - entre el alma y Dios. «No es otra cosa oración que estar muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama» 8 . Trato que da

valor sobrenatural a nuestra vida cotidiana, en estrecha comunicación con la vida íntima trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo:

«En la oración, el protagonista es Dios. Protagonista es Cristo que constantemente libera la criatura de la esclavitud de la corrupción y la conduce hacia la libertad para la gloria

6 . Manuscrito autobiográfico. c 25 r 7 . Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, c. II, p.43 8 . Santa Teresa de Jesús, Vida 8,2

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de los hijos de Dios. Protagonista es el Espíritu Santo, que “viene en ayuda de nuestra debilidad”. Empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra; pero, al contrario, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros. Es como escribe san Pablo. Esta iniciativa nos reintegra a nuestra verdadera humanidad, nos reintegra a nuestra especial dignidad. Sí, nos introduce en la superior dignidad de los hijos de Dios, hijos de Dios que son lo que toda la creación espera» - JUAN PABLO II 9 .

En el Evangelio Jesús sostiene animadas charlas de amistad, con naturalidad, confianza, sencillez, con personajes que tuvieron la dicha de intercambiar ideas y sentimientos, cara a cara con el Hombre-Dios. ¡Ratos inenarrables! ¿Podremos visualizar, entonces, el significado de la oración? ¿Podremos solazarnos con la presencia de Dios-Encarnado? Él nos recibe, nos mira, nos escucha con el mismo afecto con que atendió a Nicodemo, aquella noche, en su visita subrepticia; y a la Samaritana, en ese mediodía ardiente, junto al pozo; y, cuando con Lázaro y Marta y María, descansaba en los jardines sombreados de Betania; y, la tarde que marcó la vida de Andrés y Juan.

A Nicodemo, el Maestro le despeja horizontes insospechados:

«No te admires de que te haya dicho que es preciso nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere y lo oyes, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va: así acontece con todo el que ha nacido del Espíritu» - Nicodemo respondió: «¿Cómo puede ser esto?» Y, Jesús: «Eres doctor

de Israel, ¿y no lo entiendes?» - (Jn 3,7-10)

Y, a la mujer samaritana:

«Todos los que beben de esta agua tendrán de nuevo sed; más quien beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna».

A lo que responde con emoción la mujer: «¡Señor, dame de esa agua

para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua!» - (Jn 4,

14-16).

9 . o.c. p.43

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Con los de Betania, la intimidad es mayor. La contemplación de María, las atenciones de Marta, la amistad de Lázaro, en provechoso diálogo (que eso es orar) con el Amigo amado. El Señor escucha, y enseña:

«Marta, Marta: tú te afanas y te agitas por muchas cosas. Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le será quitada» - (Lc 10, 41-

42)

Y, Juan y Andrés, cuando compartieron por primera vez con Jesús, antes que los otros:

«Rabí, ¿dónde habitas?» Él respondió: «Venid y veréis». Fueron pues, y vieron dónde moraba y se quedaron con Él ese día. Eran como las cuatro de la tarde - (Jn 1, 38-39).

Pláticas extraordinarias impregnadas de naturalidad, con Dios, que se hizo hombre para hablar con su gente - de a - y atenderlos en sus intereses, en sus cosas (y también las nuestras) de poco valor en sí, pero que para Él tienen toda la importancia del amor; nada nuestro le es indiferente. Para que los discípulos pudieran seguir comunicándose con Él, después de la Ascensión, les envió al Espíritu Santo, a su Espíritu, el que permanecerá con

nosotros hasta la consumación de los siglos.

El fundamento de la oración es la acción del Espíritu Santo; el Espíritu Santo, viene a identificarnos con Cristo en profunda e intensa acción sacramental que une al cristiano con Dios, por Jesucristo - único mediador entre el Padre y nosotros. De ahí la unión íntima que existe entre la oración de Cristo (Cabeza de la Iglesia) y la de su Cuerpo Místico (nosotros) como afirma San Agustín:

«Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros y, al mismo tiempo, es a Él a quien dirigimos nuestra oración. Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como Dios nuestro» - (Comentario sobre los Salmos 85,1).

-

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II. — DISPOSICIONES PARA LA ORACIÓN

La oración supone esfuerzo: en ella interviene entera la persona, con su inteligencia, voluntad y corazón. Requiere un particular empeño, como todo lo que se hace por amor y no por solo sentimiento. Exige una actitud que disponga, prepare, facilite; remueva los obstáculos que, por un motivo u otro, no faltan a la hora de recogerse ante el Señor.

1ª DISPOSICIÓN— FE

Como se trata de un coloquio divino, lo primero es nuestro conocimiento personal del Hijo de Dios con quien vamos a vivir una especial amistad. Pensar que Dios está vivo, siempre, muy cercano; que nos escucha y nos habla en susurro, o más fuerte, a veces. Entonces, lo mejor es un acto de fe que nos ponga en la presencia física, mental y espiritual de Dios: «Creo firmemente que

estás aquí, que me ves, que me oyes

»

Invocar al Espíritu Santo para que nos ilumine el entendimiento, fortalezca la voluntad e inflame nuestro corazón.

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«Si

beber

conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de »

- (Jn 4, 10).

«Quizá tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva. La maravilla de la oración se revela junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y pedirnos de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre. 'Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él».

SAN AGUSTIN - Quaest. 64, 4).

«Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed

»

- (Jn 4, 13)

Nuestra petición es, en verdad, una respuesta a la queja divina:

«Me han abandonado a mí, manantial de aguas vivas, para excavarse cisternas, cisternas agrietadas que no pueden retener el agua» - (Jer 2,13).

Nuestra petición es respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación.

«Sacaréis con regocijo el agua de las fuentes de salvación, y diréis en aquel día: Alabad a Yahvé, invocad su nombre; pregonad sus obras entre los pueblos, proclamad que es excelso su Nombre» - (Is 12,3-4).

«Oídme los que seguís la justicia y buscáis a Yahvé. Mirad la roca de la cual habéis sido cortados, el profundo manantial de donde habéis sido sacados» - (Is 51,1).

Nuestra petición es el amor con que respondemos a la sed del Redentor 10 :

«En aquel día se abrirá una fuente para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de (lavar) el pecado y la inmundicia» - (Zac

13,1)

10 . Cf. Catecismo - 2560-2561

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«Jesús, sabiendo que todo estaba acabado, para que tuviese cumplimiento la Escritura, dijo: Tengo sed» - (Jn 19,28).

«NO HAY QUE DESESTIMAR EL PODER DE LA ORACIÓN»

En febrero de 1998 estaba a punto de desencadenarse una nueva guerra

Golfo Pérsico. Como último intento para evitarla, la ONU envió a su Secretario General, Koffi Annan. El Papa Juan Pablo II, a través de su representante, Mons. Renato Martini, lo alentó a ir. Koffi Annan respondió:

«Está bien, voy; pero ustedes recen por mí.» Poco después del histórico acuerdo con Saddan Hussein, Koffi Annan en Nueva York, habló: «Eran millones las personas que en el mundo oraban por la paz». Y, tras un sonoro aplauso, añadió: «Por esto quiero pedirles que nunca desestimen el poder de la oración».

en el

2ª DISPOSICIÓN— HUMILDAD.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la humildad es necesaria para la oración 11 , porque ésta es don de Dios, y el hombre -nosotros- sólo puede responder con su pobreza. El Creador inició el diálogo, desde su eternidad; se hizo uno de nosotros, en el tiempo; entonces, ¿desde dónde oramos?, ¿Desde la cima endeble de nuestro orgullo, o desde el fondo de un corazón humilde y contrito?

«Desde lo más profundo clamo a Ti, Yahvé. Señor, estén tus oídos atentos al grito de mi súplica» - (Ps 129,1).

No sabemos pedir como conviene, dice San Pablo a los Romanos.

No sabemos pedir como conviene, repite dos milenios después. Pero nos consuela:

«El Espíritu Santo ayuda a nuestra flaqueza, porque no sabemos qué orar según conviene, pero el Espíritu está intercediendo Él mismo por nosotros con gemidos inexpresables» - (Rom 8,26).

11 . Cf. Catecismo - 2559

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Humildad, para recibir el don gratuito de la oración: el hombre es un mendigo de Dios 12 . Pero, Jesús nos conforta:

«El que se humilla será ensalzado» - (Lc 18,14)

Ora mejor el que descubre la grandeza de Dios, y se sabe indigente de su amor y necesitado de sus dones. La oración es el camino de la humildad, porque frente al Maestro nos conocemos tal como somos, como nos ve Él.

Iban los discípulos, al Maestro, en su ignorancia de todo, y de

sí mismos: «Señor, enséñanos a orar» - (Lc 11,1)

«La oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria y la grandeza de Dios, a quien se dirige y adora, de manera que todo lo espera de Él y nada de sí mismo» - (Beato Josemaría Escrivá, Surco, 259).

3ª DISPOSICIÓN — CONFIANZA Y SENCILLEZ.

Moisés hablaba cara a cara con Yahvé, como suele hablar un hombre

con su amigo (Ex 33,11). Eso es la vida interior. Naturalidad. Igual sencillez al tratar a los semejantes y al hablar con Dios. No inventar

complicaciones: «que no sé orar, que no sé qué decir, que no me salen

las palabras. Dios no me oye». Él siempre está allí, a la escucha, con solicitud de amigo, con amor de padre; con ternura de madre que nunca se cansa.

Es buena idea dar a la oración el tono transparente de charla espontánea y sincera de niños. Contémosle nuestras cosas, aunque ya las conozca, pues le gusta oírlas de nuevo, como buen papá, que oye una y otra vez los acaeceres del hijo en el juego, en el colegio,

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en el regreso a casa, con sus diversos progresos, enseñanzas, variaciones.

Un niño podrá decirle a Dios:

- Hoy estuve 'peleando' con Jorgito.

- No supe hacer la tarea, y no te la ofrecí.

- En toda la mañana no me acordé casi de hablarte.

- Estoy contento, porque no volví a echarle agua a mi hermanita.

- Ayudé a mi papá a lavar el carro 13 .

van

creciendo a través de los años; que siempre sería posible contarlas al

Amigo a los ocho, trece, veintiséis, cincuenta, ochenta años (con la

y

comprensivo, o al compañero predilecto.

Una

de

persona

la

mayor

dirá

lo

suyo:

que

cosas

al

sencillas

que

simplicidad

primera

infancia)

mejor

papá más

dedicado

4ª DISPOSICIÓN — VALENTÍA.

Ser valerosos, porque Jesús nos repite como, tantas veces, a los apóstoles:

«Tened buen ánimo; soy yo, no temáis» - (Mc 6,50)

Y, porque cuesta colocarse ante Dios, frente a frente, sin esconder en palabrerías la verdad de nuestro carácter y comportamiento.

5ª DISPOSICÓN — GENEROSIDAD.

Porque la oración pide resoluciones concretas entre las que sobresale el propósito de aceptar y amar la voluntad de Dios.

Y, para no oír a Jesús que nos reclama:

13 . Cf. F.Luca de Tena, Cómo hacer oración. Folletos MC, Madrid 1994, p.11

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«No todo el que repite ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» - (Mt

7,21).

más deseado de la oración: ser capaces de

conocer, amar y cumplir la voluntad de Dios; con toda nuestra disponibilidad, con todo nuestro ardor:

Este es

el fruto

«No se haga mi voluntad sino la tuya» - (Mt 26,44) «Hágase en mí, según tu palabra» - (Lc 1,38) «En la meditación se enciende el fuego» - (Sal 39,4)

III. — SENDEROS DE ORACIÓN

La Liturgia es participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente, su término 14 . La oración cristiana debe hacerse, en unión con la Madre-Iglesia, de acuerdo con las formas que nos enseña, sugiere y ofrece la Liturgia. El orante las irá acogiendo en su diario vivir, según su urgencia personal:

14 . Catecismo - 1073

Oración de bendición, de adoración, de petición, de desagravio, de intercesión, de acción de gracias, de alabanza.

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1 — ORACION DE BENDICIÓN

La oración de bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana. Es el encuentro del Padre con el hijo. En ella el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen 15 . Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don (bene-dictio). Toda acción divina es, en realidad, una bendición, comenzando por la Creación hasta la Redención y la entrega del Espíritu Santo. Lo mismo la promesa de la vida eterna y todos los bienes que, con la redención y santificación, se nos dan: todo es bendición de Dios. Muchos salmos recuerdan tantas bendiciones que el Pueblo elegido recibió de Dios en su espera del Mesías; a las cuales los mismos poemas responden con expresiones de alabanza y acción de gracias.

La oración de bendición es la respuesta a los dones divinos:

porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición. Se puede comprender en la expresión: ¡Dios te bendiga!, que implora al Espíritu Santo que venga sobre una persona, desde el Padre, o en aquella otra: ¡Bendito sea Dios!, en la que la oración asciende, llevada por el Espíritu Santo, al Padre.

En la liturgia, la Iglesia continuamente nos invita a bendecir al Padre, con agradecimiento por sus dones inefables y a presentar nuestras ofrendas en Cristo, por el Espíritu Santo. Nosotros le bendecimos por habernos bendecido:

«Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los cielos, por cuanto que en Él nos eligió antes de la constitución del mundo, para que fuésemos santos e inmaculados ante Él, por el amor»

(Ef 1,3-4)

15 . Cf. Catecismo - 2626-2627

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Por consolarnos:

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por

Dios» - (II Cor 1,3-7)

Por la esperanza:

«Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos reengendró a una viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos

-

(I Pd 1,3-4)

HIMNO DE LOS TRES JÓVENES

(Daniel 3,52-90)

- Bendito eres Tú, Señor, Dios de nuestros padres, y digno de ser alabado y glorificado y ensalzado por todos los siglos.

- Bendito sea tu santo y glorioso Nombre, y digno de ser alabado y ensalzado por todos los siglos.

- Bendito eres Tú en el Templo santo de tu gloria, y sobre todo loor y sobre toda gloria por los siglos.

- Bendito eres Tú en el trono de tu reino

- Bendito eres Tú que penetras los abismos y te sientas sobre querubines, y eres digno de loor y de ser ensalzado por los siglos.

- Bendito eres en el firmamento del cielo

- Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle con himnos por los siglos. - Angeles del Señor, bendecid al Señor; loadle y ensalzadle por los siglos.

- Cielos, bendecid al Señor…

- Aguas todas que estáis sobre los cielos, bendecid al Señor…

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- Ejércitos todos del Señor, bendecid al Señor…

- Sol y luna, bendecid al Señor…

- Estrellas del cielo, bendecid al Señor…

- Lluvias todas y rocíos, bendecid al Señor…

- Espíritus todos de Dios, bendecid al Señor…

- Vientos, bendecid al Señor…

- Fuego y calor, bendecid al Señor…

- Frío y calor, bendecid al Señor…

- Rocíos y escarchas, bendecid al Señor…

- Hielo y frío, bendecid al Señor…

- Heladas y nieves, bendecid al Señor…

- Noches y días, bendecid al Señor

- Luz y tinieblas, bendecid al Señor…

- Relámpagos y nubes, bendecid al Señor.

- Bendiga la tierra al Señor, ensálcele con himnos por los siglos.

- Montes y collados, bendecid al Señor…

- Plantas todas que nacéis de la tierra, bendecid al Señor…

- Manantiales, bendecid al Señor…

- Mares y ríos, bendecid al Señor…

- Monstruos del mar y cuanto se mueve en las aguas, bendecid al Señor…

- Aves todas del cielo, bendecid al Señor…

- Fieras todas y ganados, bendecid al Señor…

- Hijos de los hombres, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por los siglos.

- Bendiga Israel al Señor, alábele y ensálcele por los siglos.

- Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor…

- Siervos del Señor, bendecid al Señor.

- Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor…

- Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor…

- Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; loadle y ensalzadle por los siglos. Porque Él nos sacó del infierno y nos libró de la mano de la muerte; nos salvó de en medio de las ardientes llamas, sacándonos del fuego.

24

- Tributad gloria al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

- Todos los que dais culto a Dios, bendecid al Señor, al Dios de los dioses, loadle y celebradle, porque su misericordia permanece por todos los siglos.

También rogamos al Paráclito que venga sobre nuestras ofrendas y les dé todo su valor e imploramos la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre: es él quien nos bendice.

«Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegría y paz en la fe, para que abundéis en la esperanza por la virtud del Espíritu Santo» - (Rom 15,13)

2 — ORACIÓN DE ADORACIÓN

Es la actitud del hombre que se sabe criatura pequeñita y dependiente. Exalta la grandeza y omnipotencia del Señor y Salvador que nos libra del mal. Es silencio respetuoso. Es humildad expresa. Da seguridad a nuestras súplicas 16 .

Ante los desprecios y las desatenciones de que es objeto Dios en el mundo actual, nada mejor que rendirle un tributo de adoración con el fin de darle la gloria que merece. Es la oración de quien acepta el señorío de Dios y le tributa el honor que merece como Señor de toda la creación. Es verdad que se hizo Niño para que nos fuese fácil acercarnos: pero no podemos olvidar que en las pajas de una pesebrera y en los brazos delicados de una Madre o en los fuertes y protectores de José se halla el Rey de la historia, el Señor de los señores: y a Él hemos de rendirle honor y gloria y adorarlo reverentes. El mejor lugar, la Santa Misa, en la que nos postramos ante Dios para rendirle el mayor tributo de nuestra adoración.

16 . Cf. Catecismo - 2628

25

ADORO TE DEVOTE

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo y se rinde al contemplarte. No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios:

Haz que yo crea más y más en Ti. Que en Ti espere, que te ame.

S. TOMÁS DE AQUINO

3 — ORACIÓN DE PETICIÓN

Es dirigir la mirada a Dios, desde nuestra absoluta miseria. Muchos matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, incluso «luchar en la oración» 17 . Cualquier necesidad humana puede convertirse en petición. Jesús nos la recomienda:

«Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, al que llama se la abre» - (Lc 6,9-10).

La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda del Reino que viene; y la sostiene la esperanza.

Cuenta Bernard Nathanson en su autobiografía 18 , hablando de su conversión al cristianismo, que fueron la oración y el ejemplo de muchos de sus amigos y colegas pro-vida los que terminaron por vencer la resistencia del ateo endurecido, que pudo así comprender

17 . Cf. Catecismo - 2629-2633 18 . The Hand of God

26

que puede haber un sitio en el corazón de Dios incluso para gente

como él. Cuenta de una manifestación pro-vida ante una clínica abortista en que los participantes «rezaban, se apoyaban y animaban mutuamente, cantaban himnos de júbilo y se recordaban unos a otros la prohibición absoluta de emplear violencia. Rezaban por los

no nacidos, por las pobres mujeres que acudían a abortar, por los

médicos y enfermeras de la clínica; incluso rezaban por los policías

y los periodistas. Y yo me preguntaba: ¿Cómo puede esta gente entregarse por un público que es - y será siempre - mudo, invisible y que nada podrá agradecerles? Por primera vez en toda mi vida de adulto, empecé a abrigar la noción de Dios, un Dios que

paradójicamente me había llevado a través de los proverbiales círculos del infierno, sólo para mostrarme el camino de la redención y el perdón por medio de su gracia […]. Milagrosamente me ofreció una reluciente chispa de esperanza por la creencia, cada vez más firme, de que hace dos milenios Alguien murió por mis pecados y

mi maldad».

Una madre, entre lágrimas, le decía a San Francisco de Sales, obispo de Ginebra: «Hablo con mi hijo de Dios, pero cada día está peor». San Francisco le respondió: «Bueno es

hablar con el hijo de las cosas de Dios. Pero aseguro que se salvará».

háblele mucho a Dios, de su hijo. Le

4 — ORACIÓN DE DESAGRAVIO 19

Oración de reparación y desagravio, muy amada por Jesús. Es pedir perdón, disponerse a reparar los daños que produjeron nuestros pecados. Es la oración del publicano que se acerca al templo para manifestar su dolor:

«Oh, Dios mío, ten compasión de mí que soy un pecador» - (Lc 18,13)

19 . Cf. Catecismo - 2631

27

Jesús lo alaba:

«Os digo que éste bajó a su casa justificado, mas no el otro; porque el que se ensalza será humillado; y el que se humilla, será ensalzado» - (Lc

18,13).

Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad que nos devuelve a la comunión con el Padre, con el Hijo, en el Espíritu Santo 20 ; y a la reconciliación con los hermanos, de los unos con los otros

«Si dijéramos que no tenemos pecado nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros» - (I Jn 1,7)

La santa Misa y la oración personal se inician con un «mea culpa». La liturgia comienza sus actos principales con actos de reparación o desagravio:

«Reconozcamos nuestros pecados para poder participar dignamente en esta celebración».

Así debe comenzar también la oración personal:

«Te pido perdón de mis pecados».

SALMO 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi

20 . «Recibid el Espíritu Santo

A quienes perdonareis los pecados

(Lucas)

28

pecado. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo Espíritu; devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.

Son muchas las razones que encontraremos para desagraviar a Dios por nuestras faltas personales, que pueden ser numerosas:

indiferencia religiosa, abandono de los medios de santificación, incumplimiento del precepto dominical, irresponsabilidad familiar, odios o resentimientos, indiferencia ante el mal y ante las miserias ajenas; difamaciones y calumnias; faltas de lealtad profesional; ambiciones desaforadas; omisiones culpables: El que

puede hacer el bien y no lo hace, se le imputa a pecado 21 . Y tantas

otras razones que cada uno lleva en su propio corazón de su vida pasada, y de lo que, antes de orar, quiere ser liberado: tanto tiempo perdido, tanto desamor a Quien tanto nos ama.

«Dame, Señor, el don de la contrición por tanta torpeza actual en mi trato y amor hacia Ti, aumenta la aversión a todo pecado venial deliberado, enséñame a ofrecerte como expiación las contrariedades físicas y morales de cada día, el cansancio en el trabajo, el esfuerzo para dejar las labores terminadas, como tú quieres» 22 .

También por las ofensas que se le hacen diariamente, cuando se lesionan los derechos humanos; la profanación de los sacramentos o el mal uso que se hace de ellos; las infidelidades y el quebrantamiento de compromisos sagrados al matrimonio, a la vocación de entrega a Dios, a las exigencias de la paternidad, a la

21 . Santiago 4,17 22 . Francisco Fernández-Carvajal, Hablar con Dios, tomo VI, n. 50

29

lealtad profesional, la inmoralidad rampante en tantos medios de comunicación, literatura, música o teatro, injusticias y discriminaciones por motivos de raza, posición social, ideologías y celotipias; violencia política, odios por pretendidas razones religiosas o de etnias.

«No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas; no le ames con tu corazón solamente Desagráviale por todas las ofensas que le han

ámale con toda la

hecho, le hacen y le harán

fuerza de todos los corazones de todos los

hombres que más le hayan querido

,

»

- CAMINO 402

5. — ORACIÓN DE INTERCESIÓN

Otra forma de petición, muy cercana a la oración de Jesús, que es puente entre Dios y los hombres, nuestro intercesor ante el Padre,

que «salva a los que por Él se acercan a Dios ya que está vivo siempre para interceder por ellos» - (Heb 7,25).

Pasó una madre con su hijito frente a una iglesia. Era de noche. - Mamá, ¿qué hace Jesús, ahora, en el sagrario? ¿Duerme? - Jesús no duerme, hijo; siempre, día y noche ora por nosotros

También el Espíritu Santo intercede por nosotros:

«Viene en ayuda de nuestra flaqueza» - (Rom 8,26).

Interceder es pedir favor para otros, es -desde Abraham - lo propio de un corazón que conoce la misericordia de Dios; es una muestra de la comunión de los santos. El que ora así, no mira su propia

ventaja, sino la de los demás - (Filip. 2,4).

Es rogar hasta por los que te hacen daño, como Esteban, el primer mártir de Cristo, quien:

30

Puesto de rodillas, clamó a gran voz: «Señor. no les imputes este

pecado» - (Hch 7, 60).

Jesucristo,

con

su

cuerpo

destrozado

por

el

pecado

de

los

hombres, camino del Gólgota, dice a las mujeres de Jerusalén:

«Hijas, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y por vuestros

hijos

»

- (Lc 23, 28).

No hay fronteras para el cristiano que intercede:

«Exhorto a que se hagan súplicas, oraciones, rogativas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todas las autoridades para que llevemos una vida tranquila y quieta en toda piedad y honestidad - (I Tim 2,1).

La intercesión se extiende a los enemigos:

«Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis» - (Rom

12,14).

Y, a los que rechazan el Evangelio:

«Hermanos, a ellos va el afecto de mi corazón y por ellos se dirigen a Dios mis súplicas, para que sean salvos» - (Rom 10,1).

ORACION DE SAN FRANCISCO

Señor, Tú lo eres todo y yo soy nada. Tú eres el creador de todas las cosas, Tú el que conservas todo el universo, y yo soy nada.

Señor, hazme un instrumento de tu paz:

donde haya odio, siembre yo amor; donde haya injuria, perdón; donde haya duda, fe; donde haya tristeza, alegría; donde haya desaliento, esperanza;

31

donde haya oscuridad, luz.

Oh, Divino Maestro, haz que no busque ser consolado, sino consolar; que no busque ser amado, sino amar;

que no busque ser comprendido, sino comprender; porque dando, recibimos; perdonando, nos perdonas; muriendo en Ti, nacemos a la vida eterna

6. — ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS

Toda la Iglesia, alrededor de la tierra, da continuas gracias al Padre 23 por la creación, por la redención, por la santificación. Cualquier cosa que sucede, cualquier aptitud, cualquier necesidad, todo es motivo de acción de gracias 24 .

«Estad siempre gozosos y orad sin cesar. En todo dad gracias a Dios, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros» - (Tes 5,16-

18).

«Sed perseverantes en la oración, velad en ella con hacimiento de gracias» - (Col 4,2)

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUES DE COMULGAR

Te doy gracias, Jesús mío, de todo corazón, porque has venido a mi alma. Virgen santísima, ángel de mi guarda, ángeles y santos del cielo, dad, por mí, gracias a Dios.

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA MEDITACIÓN

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José mi padre y señor, ángel de mi guarda, interceded por mí.

23 . Cf. Catecismo - 2637-26-38 24 . En Cristo, siempre en Cristo; La Iglesia todo lo hace en Cristo, con Cristo y por Cristo.

32

Al salir de la misa, el papá preguntó a su hijito el porqué de su prolongada acción de gracias. El niño contestó que le contaba a Jesús su programa del primer día de

vacaciones: «Hoy iremos al mar, ya verás qué bueno

vendrás conmigo y nos divertiremos, porque iremos juntos como en submarino».

Estoy aprendiendo a bucear

7. — ORACIÓN DE ALABANZA 25

Es el modo de oración que reconoce, la divinidad de Dios. Le da gloria, por Él mismo, no por lo que hace, sino por ser quien es. La alabanza integra, en el Espíritu Santo, todas las otras formas de oración y las lleva a Dios que es fuente y término.

«Mediante la alabanza el mismo Espíritu de Dios da testimonio, junto

con el espíritu nuestro, de que somos hijos de Dios, y si hijos, también

herederos

Desde el Antiguo Testamento hay grandes exultaciones y alabanzas. En el nuevo, los ángeles en Belén, los reyes magos, los pobres, los enfermos del Evangelio, cantan las maravillas del Señor.

»

- (Rom 8-17).

Los Hechos de los Apóstoles relatan que:

«Diariamente acudían al templo, partían el pan en las casas y tomaban su alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios en medio del general favor del pueblo» - (Hch 2,46-47).

«Se alegraron (los gentiles de Pisidia) y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor»

Los primeros cristianos escribían en las cartas:

«Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor» - (Hch 13-48).

25 . Cf. Catecismo - 2639-2643

33

Los Salmos rebosan de alabanzas a Yahvé:

SALMO 95

Cantad al Señor un cántico nuevo; Cantad al Señor toda la tierra; Cantad al Señor, bendecid su nombre Proclamad, día tras día, su victoria.

IV. — EXPRESIONES DE LA ORACIÓN

La oración es la vida del cristiano, es la respiración del alma. Que cada circunstancia de la vida despierte la memoria hacia la omnipresencia de Dios:

«Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar» 26 .

Pero no es posible orar en todo tiempo, si no se ora con especial dedicación, intensidad y duración en los momentos más decisivos de la vida cristiana: que son los ritmos destinados a fortalecer la oración continua.

Tres maneras de orar: oración vocal; meditación; contemplación. Tres formas tradicionales de dirigirse al Señor. Tres etapas hacia la unión con Dios. Tres impulsos que han de brotar del corazón para que no suceda lo que contestó una niña, en clase de catecismo: «La oración mental es la que se hace pensando, y la vocal la que se hace sin pensar».

34

1. — ORACIÓN VOCAL 27

Dios habla al hombre por medio de su Palabra. Así mismo, con palabras - que Él nos dio - dichas o silenciosas 28 , toma cuerpo la oración; pero, en fin, lo importante es nuestra presencia ante Dios:

«Que nuestra oración se oiga, no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas» 29 .

La oración vocal es imprescindible. Cuando los discípulos se fascinaron con la oración mental de Jesús («!Señor, enséñanos a orar!»), Él pronunció la oración vocal del Padre Nuestro:

«Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal» - (Mt 6, 9-13).

La naturaleza humana exige que asociemos los sentidos a la disposición interior. Somos espíritu encarnado, necesitamos traducir al exterior lo que sentimos. Hay que rezar con todo el ser (con el ser íntegro), para darle a nuestra súplica la mayor fuerza posible. La expresión exterior asocia el cuerpo a la plegaria interior, y esta actitud corporal es reflejo del homenaje que el hombre debe a Dios, y al que Dios, nuestro dueño, tiene derecho.

25. Sobre este tema se trata extensamente en el libro Oraciones para todo momento, el cual es complemento de éste y contiene un buen número de plegarias para diversas ocasiones y circunstancias, y puede ser de mucha utilidad para hacer de la oración vocal un camino hacia la contemplación

28 . Cf. Catecismo - 2700-2704 29 . San Juan Crisóstomo, ecl. 2

35

Cuanta Adriana, universitaria, luego de más de cinco meses de estar secuestrada por un grupo guerrillero:

era una necesidad diaria.

Vivíamos el Padre Nuestro. Nos tomábamos de las manos y repetíamos despacio cada una de sus plegarias. Una nos estremecía especialmente; más a unos que a otros: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Aún hoy, ya libre, al pensar en los que aún no han regresado a sus hogares, cuesta repetirla. Sin embargo, gracias a Dios, hoy no guardo rencor en el corazón por mis secuestradores.

La

oración

Pueden ser también breves jaculatorias, que son frases cortas de amor, alabanza, desagravio:

«Corazón Sacratísimo de Jesús, danos la paz» «Aquí estoy , Señor, porque me has llamado» «Corazón Dulcísimo de María, prepáranos el camino» «Corazón de Jesús, en Vos confío» «Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo» «Señor, haz que yo vea» «Señor, si quieres, puedes limpiarme» «Jesús, Hijo de Dios, ten compasión de mí, pecador» «Haz que yo crea más en Ti, que en Ti espere, que te ame» «Todo es para bien cuando se ama al Señor» «Jesús, te amo con locura» «Dios mío, te amo, pero enséñame a amar» «Jesús, sé para mí siempre Jesús»

«Señor, yo creo, espero y te amo. Pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman».

«Dulce Corazón de María, sed la salvación mía» «Madre Admirable remedio para todas las heridas» «Corazón Dulcísimo de María, consérvanos el camino» «Santa María esclava del Señor, ruega por nosotros» «Angel de mi guarda, amable compañía»

36

Oraciones tantas veces oídas en la infancia, de los labios maternos, quizá; imborrables palabras a Jesús, a María, al Ángel; frases espontáneas que aún ahora, años después, saltan para dar gracias, pedir perdón, alabar; y tal vez otras, recién aprendidas, o que apenas estamos leyendo en algún libro. Desde ellas (desde su forma vocal) dichas con amor sincero, la voz se va haciendo interior a medida que tomamos conciencia de quién es el que nos escucha 30 ; y, así - poco a poco - la oración vocal nos irá acercando a la puerta que lleva a la meditación y, luego, a la oración contemplativa.

EL ROSARIO, EJEMPLO DE ORACIÓN VOCAL

JUAN PABLO II nos dice: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. Nos pone en comunión vital con Jesús a través del corazón de su Madre. Al mismo tiempo, nuestro corazón puede incluir en esas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, de la familia, de la nación, de la Iglesia, de la humanidad. Experiencias personales y del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas, que llevamos en el corazón. De este modo, la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana» - (En el Angelus 29-10-78)

ALGUNAS MANERAS DE REZAR EL ROSARIO Llevar la imaginación, con todas sus distracciones, a la Virgen. Convertirlas en súplica, en tema de conversación con ella; en oportunidad de rectificar, de perdonar, de pedir ayuda o consuelo. Así, la oración que sale por la boca manifestará inquietudes nacidas del corazón, ansiedades que perturbaban la mente, y que María puede aclarar: entonces, la madre equilibra el contraste entre lo que se dice y lo que se siente; y pone orden en la casa, como toda buena señora.

— Entretenernos con las palabras del Padre Nuestro y del Avemaría.

La oración dominical [el Padre nuestro], aprendida del Señor, profunda y ponderada, nos pone en presencia del Padre, para llamarlo Papá. Se estremece el ánimo al considerar lo que significa ser hijo de Dios, que nos ama y nos atiende con tierno cuidado. Las avemarías dichas con

37

elegancia, son la melodía de una bonita canción que conmueve a la Virgen. Y, esa breve adoración trinitaria, con la que el corazón aclama al tres veces Santo: «Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo»

— Otro recurso: recorrer por instantes la vida de Cristo y de María. Antes de cada decena se indica el misterio que se va a contemplar

Pregunto con el Beato Josemaría: ¿Has contemplado alguna vez estos misterios? 31

2. — MEDITACIÓN

Es, ante todo, una búsqueda. El espíritu intenta captar el porqué y el cómo de su vida cristiana, para adherirse a la voluntad del Señor y responder a lo que Él pide 32 . Estar atentos, porque la imaginación es muy esquiva y no se deja encauzar. Se puede meditar con la ayuda de un libro, que en el hogar cristiano nunca falta: la Sagrada Escritura y, en particular, el Evangelio. También las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, los escritos de los Padres de la Iglesia y otros autores espirituales; y, el gran libro de la historia de la creación, con la página del «hoy» de Dios. Más que todo, profundizar en los misterios de Cristo, como en la lectio divina, el Vía crucis o el Rosario. Esta reflexión orante es de gran valor, pero hay que avanzar hacia el conocimiento de Jesús, hacia el amor - locura de amor - unión con Él.

«El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima. — ¿Quieres amar a la Virgen?, ¡pues trátala! — ¿Cómo? — Rezando bien el Rosario de

nuestra Señora — Pero, en el Rosario

— ¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se

¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de

pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? — Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar, ¿tú has contemplado alguna vez estos misterios? 33 Hazte pequeño. Ven conmigo

¡decimos siempre lo mismo!

aman?

31 . Santo Rosario, proemio 32 . Cf. Catecismo - 2705-2708 33 . Sin la contemplación, el Rosario sería un cuerpo sin alma y podría convertirse en mecánica

38

y - este es el nervio de mi confidencia - viviremos la vida de Jesús, María y José. Cada día les prestaremos un nuevo servicio. Oiremos sus

pláticas de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta

años de oscuridad

Nos

y En una palabra,

a pasmaremos ante la gloria de su Resurrección

contemplaremos, locos de Amor (no hay mas amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús» - Beato JOSEMARÍA ESCRIVÁ,

«El Santo Rosario» -

Asistiremos

su

Pasión

Muerte

Meditar la lectura es asimilarla, apropiársela, confrontarla consigo mismo. Es abrir otro libro: el de la propia vida, pasar del pensamiento a la realidad. Según su humildad personal y su fe, cada uno descubre la agitación de su corazón y puede discernir. Se trata de seguir la luz, para llegar a la verdad - (Señor, ¿qué quieres que haga?) - Meditar con regularidad; si no, parecería que no hemos pasado de los tres primeros terrenos que recorrió el Sembrador de la parábola:

«Al sembrar, parte de la simiente cayó cerca del camino; vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra, cayó sobre pedregales, en donde había poca tierra; nació pronto porque no había profundidad de tierra, pero en cuanto el sol salió, la abrasó y, como no tenía raíz, se secó.

Otra, cayó entre las espinas; crecieron las espinas, la ahogaron y no dio

fruto. Otra, cayó en buena tierra

»

- (Mc 4,4-7)

«Lo que cayó cerca del camino son aquellos en quienes la palabra es sembrada y apenas la han oído viene Satanás y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones. Lo que cayó sobre las piedras indica a los que oyen la palabra, la reciben con gozo, pero como no tienen raíces en sí, es temporal su duración, y cuando les viene la tribulación y la persecución por la palabra, se escandalizan. Lo que cayó sobre las espinas significa a los que la oyen, pero los afanes del siglo, la ilusión de las riquezas y otras pasiones, ahogan la palabra y no da fruto. Lo que cayó en la buen tierra significa a los que oyen la palabra, la reciben y dan fruto: uno, treinta; otro, sesenta; y otro, ciento» - (Mc 4,15-20)

Los métodos de meditación son tan numerosos como maestros y orantes hay; pero, estos son sólo ayuda. El guía verdadero, único es el Espíritu Santo. Él nos conduce por el único camino de la oración,

39

que es Cristo Jesús. La meditación involucra el pensamiento, la imaginación, la emoción. Aumenta la capacidad de profundizar en lo que nos muestra la fe. Suscita conversión del corazón y fortalece la voluntad de seguir a Cristo.

«La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar. La oración interioriza y asimila la liturgia durante su celebración y después de la misma. Incluso, cuando la oración se vive «en lo secreto (Mt 6,6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Santísima Trinidad» 34 .

VIVIENDO EL «VÍA CRUCIS»

«Jesús, va a empezar tu Pasión, la última etapa de tu entrega a los hombres; el máximo de tu amor por cada uno de nosotros. Después de la Cena, sales del Cenáculo. Te ha llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, y, de nuevo, le dices que sí. Vas hacia el huerto de los olivos con los tres que más quieres. Aquí arranca mi petición:

¿Me dejas ir contigo a donde vayas? ¿Puedo, Jesús, aunque a veces te deje solo, tener la ilusión de acompañarte? Si ves que me duermo, si descubres que me asusta el dolor, si notas que me paro al ver más de cerca la Cruz, ¡no me dejes! Dime como a Pedro, como a Santiago, como a Juan, que necesitas mi compañía, mi correspondencia, mi amor. Dime que para seguirte, para no volver a dejarte abandonado con los que traman tu muerte, tengo que pasar por encima del sueño, de mis pasiones, de la comodidad. Voy contigo, Señor, a recorrer el camino que te lleva al Calvario. Dame la gracia especial de entender lo que me dices en cada escena. Y dame la fortaleza para ir, como la Virgen, hasta el pie de la Cruz. Voy a pedirte una locura: quiero imitarte, Señor. Quiero entregarme de una vez, de verdad, y estar dispuesto a llegar hasta donde tú me lleves. Sé que es una petición muy por

34 . Cf. Catecismo - 2655

40

encima de mis fuerzas. Pero sé, Jesús, que te quiero» - MARÍA

MONTENEGRO 35

3. — ORACIÓN DE CONTEMPLACIÓN

«No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama» 36

Buscamos al Amado de mi alma 37 ; a Jesús; y, en Jesús, al Padre. Queremos encontrarlo, porque desearlo es el comienzo del amor, es buscarlo en la fe pura: en la fe que nos hace nacer de Él, vivir en Él. En la contemplación es posible meditar, pero la mirada está centrada, por completo, en el Señor.

La sola elección de la hora y del tiempo que dure la contemplación ya demuestra una voluntad decidida, que sabe de los secretos del corazón. No se hace contemplación cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo - el que sea, como sea - para estar con el Señor, con la firme resolución de no soltarlo y de volver a buscarlo al día siguiente, sin tener en cuenta las dificultades y la sequedad del encuentro. No es posible meditar a toda hora, pero sí es posible estar en ininterrumpida contemplación, a pesar de los obstáculos de salud, trabajo, sentimientos de afecto. El corazón humano es el lugar de la búsqueda y del encuentro divinos, en la pobreza, en la aridez, en la fe.

Entrar en contemplación es, como recomienda la Liturgia: recoger el corazón. Recogernos bajo la moción del Espíritu Santo. Habitar la morada del Señor - que habita en cada uno de nosotros -. Despertar la fe que poseemos, para penetrar en el Amor, que nos espera. Arrancar

35 . Del Vía crucis, Ed. Palabra, Madrid, 1973.

36 Santa Teresa de Jesús, Vida, c. 8

41

nuestras máscaras. Dirigir el corazón al que amamos y nos ama. Ponernos en sus manos, como ofrenda enamorada, imperfecta, que quiere dejarse purificar y transformar.

«Contemplar», es fundirse en el Padre; es el pecador perdonado, que abraza el amor con que Dios lo ama, y quiere corresponder amándolo aún más, todavía, como María, la hermana de Lázaro 38 . El pecador que sabe que su amor no es otro que el que el Espíritu derrama sobre él, porque todo, hasta la alegría de amarLo, es regalo generoso del Creador. «Contemplación» es la entrega humilde y pobre de la pequeña criatura, en cada vez más honda y más profunda unión con su Hijo muy amado.

LA ORACIÓN VOCAL, CAMINO HACIA LA CONTEMPLACIÓN

En el ámbito de la fe cristiana, se engarzan como joyas las

oraciones vocales. Son fórmulas divinas: Padre nuestro

salve, María

,

, Dios te

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Esa corona

de alabanzas a Dios y a nuestra Madre que es el Santo Rosario, y

Unas más largas

que otras. Se puede comenzar con las más breves, las llamadas jaculatorias, saetas de amor lanzadas desde el corazón.

«Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra

parece insuficiente ese fervor, porque las palabras

resultan pobres

un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros, mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio. El alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto» 39 .

y se deja paso a la intimidad divina, en

, hasta que

tantas, tantas otras aclamaciones llenas de piedad

:

Luego viene, mansamente, la contemplación:

38 . Cf. Lc 7,36-50; 19,1-10

39 Beato Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 296

42

“Habíamos empezado con plegarias vocales, sencillas, encantadoras, que aprendimos en nuestra niñez, y que no nos gustaría abandonar nunca. La oración, que comenzó con esa ingenuidad pueril, se desarrolla ahora en cauce ancho, manso y seguro, porque sigue el paso de la amistad con Aquel que afirmó: «Yo soy el camino» (Jn 14, 6). Si amamos a Cristo así, si con divino atrevimiento nos refugiamos en la abertura que la lanza dejó en su Costado, se cumplirá la promesa del Maestro:

«cualquiera que me ama, observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él»

- (Jn 14,23).

«El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!».

«Hemos corrido como el ciervo, que ansía las fuentes de las

aguas (Ps 41,2); con sed, rota la boca, con sequedad. Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna 40 . Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas» 41 .

«Contemplación» es la más simple expresión del misterio de la oración. Es el momento más intenso, el summum de la oración. Gracia que sólo puede ser acogida en la humildad y la pobreza. En la contemplación, el Padre nos concede que seamos vigorosamente

fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo

40 . Cf. Jn 4,14. 41 . Beato Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 306-308

43

habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el amor - (Ef 3,16-17).

Contemplar es ver con los ojos de la fe, fijos en Jesús. «Yo le miro y él me mira», decía a su santo cura un campesino de Ars. Esta atención a Él es renuncia a . Sus ojos purifican. Su mirada ilumina los ojos que Lo miran; nos enseña a ver todo a la luz de Su verdad y de Su amor.

Contemplar es dirigir la vista al paso de Cristo por la tierra, y escuchar. Lejos de ser pasiva, es obediencia de la fe, es acogida incondicional del siervo, es adhesión amorosa del hijo. Participa en el de Jesús, hecho siervo, y en el fiat de María, la humilde esclava.

La contemplación es amor silencioso 42 . En ella las palabras no son discursos, sino pequeñas brasas que alimentan el fuego. Silencio inalcanzable para el hombre exterior, en el que el Padre nos da a conocer al Verbo sufriente, muerto y glorioso; el Espíritu nos hace partícipes de su oración.

«Contemplar» es unirnos a la oración del Redentor, en la medida en que Él nos deje participar de su misterio; del misterio de Cristo, celebrado - cada día - por la Iglesia en la Eucaristía. El Espíritu Santo nos lo hace vivir en la contemplación, para que se manifieste por medio de la caridad en acto. La contemplación es portadora de vida.

V. — CÓMO SE PREPARA LA ORACIÓN

Veamos, ¿quién ora?

«Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras) el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la

42 . San Juan de la Cruz

44

oración es vana. El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica: donde yo me adentro). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza» 43 .

A la oración no se llega de improviso, se requiere una disposición habitual; un ambiente pleno de Dios. Decirle al Señor, durante el

día: más tarde te lo contaré; luego lo conversamos, como con los

amigos terrenos. Al acercarse a la oración, hay que prepararse para lograr el punto más cercano al recogimiento interior. Es lo primero y fundamental.

1. — RECOGIMIENTO DE LA IMAGINACIÓN Y DE LOS SENTIDOS EXTERNOS

Aquí tropezamos con cierta dificultad por la tendencia que nos lleva a dispersarnos, a tener los ojos abiertos a lo exterior. Puede resultar difícil, pero es necesario acostumbrarse si uno quiere el aislamiento suficiente para que el diálogo con Dios se establezca. Como cuando movemos el dial del radio para sintonizar mejor la emisora.

Los sentidos en calma; la mente centrada en Dios; el espíritu recogido, sereno, abierto al susurro divino. Sin silencio, no podremos escucharlo, porque, por respeto a nuestra libertad, Dios habla en voz tan baja que sólo puede captar quien de verdad lo quiere oír.

43 . Catecismo - 2562-2564

«María conservaba todas estas cosas,

meditándolas en su corazón» -

2,51)

(Lc

45

Podemos decir que el silencio es una disposición imprescindible para ser almas de oración. Si a la Virgen María se le ha dado el título de la ‘perfecta orante’ es, en gran parte, porque supo callar. Mucho de su grandeza se debe a su silencio, a la forma pausada en que contempla los acontecimientos, con profundidad, sin palabras inútiles o inoficiosas que perturban la esencia de las cosas.

Nos la representan recogida, sencilla, con ojos humildes. Es

criatura a la escucha del Creador; que hace silencio para oír mejor.

A Dios sólo lo entienden quienes abren su corazón a la palabra

divina: He aquí que estoy a la puerta y llamo 44 . Espera el Señor que se

le abra al menos una ventana para entender Su Voluntad. Sin

silencio, el ruido de un mundo vertido al exterior no nos permite escucharlo, Dios quizá no pase de largo porque nos quiere con amor

de Padre y de Madre, pero su amor no llegará a nosotros.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí, que extraño desvarío, que de mi ingratitud, el hielo frío, secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana, verás con cuanto amor llamar porfía!».

¡Y cuántas, Hermosura soberana, «mañana le abriremos», respondía, para lo mismo responder mañana! 45 .

Hemos permitido que el ruido exterior penetre en nuestros sentidos e invada el alma arrancándonos el recogimiento. Por eso, se

44 Cf. Apoc. III, 20 45 .Hora media del Lunes de la semana II)

46

hace difícil la oración. Porque ésta que viene del Espíritu Santo, sólo encuentra acogida en la persona que sabe guardar silencio. Para orar, es necesario recogerse, cerrar los espacios exteriores de la persona, con el fin de llegar al corazón, adentrarse hasta ese centro escondido al que sólo Dios puede llegar, sondear, remover. Entra en

tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará - (Mt 6,6)

Hacemos todo lo contrario: encender la radio, el televisor o el equipo de sonido; abrir las ventanas, para captar el ruido de la calle; el mundo que habla a gritos, filtra sus sensaciones, de las que entonces resulta muy difícil escapar. La publicidad agresiva, la violencia de mil caras, el miedo a la soledad, la urgencia de compañía, de hablar, de comunicarse con los demás, hacen difícil, muy difícil, tomar la decisión de recogerse en oración.

«Hay que saber estar en silencio, crear espacios de soledad o, mejor, de encuentro reservado a una intimidad con el Señor. Hay que saber contemplar. El hombre de hoy siente la necesidad de no limitarse a las meras preocupaciones materiales e integrar, en cambio, su propia cultura técnica con superiores y desintoxicantes aportaciones procedentes del mundo del espíritu. Desgraciadamente, nuestra vida diaria corre el riesgo o incluso experimenta casos, más o menos

difundidos,

el

contacto de fe con la Palabra del Señor nos purifica, nos eleva y nos vuelve a dar energía 46 » -

JUAN PABLO II

de

contaminación

interior.

Pero

Vivir la fe es saber permanecer en silencio, a la expectativa de

Dios. El ejemplo de la Virgen - que pondera las cosas en su corazón -

nos ayuda a vislumbrar al Maestro en el silencio y en la paz del interior.

47

«Sólo a quien pondera con espíritu cristiano las cosas en su corazón le es dado descubrir la enorme riqueza del mundo interior, del mundo de la gracia: de ese tesoro escondido que está dentro de nosotros. Fue la ponderación de las cosas en el corazón lo que hizo que, al compás del tiempo, fuera creciendo la Virgen María en la comprensión del misterio, en santidad, en unión con Dios» - FEDERICO SUÁREZ 47

Eso mismo necesita quien pretende orar: recogimiento, preservar el corazón de miradas indiscretas, con el fin de «tratar a solas con quien sabemos nos ama». Es imprescindible el silencio, ámbito propio donde el pensamiento se explaya con comodidad, la mente se detiene en la contemplación de Dios y el corazón se abre con la confiada sencillez del amor. La oración no acepta la palabrería que ensordece el espíritu y le impide manifestarse. Se queda el alma

«como un frasco de esencia que, por estar destapado, pierde el perfume, quedando en él sólo agua y apenas un tenue aroma que recuerda el precioso contenido que alguna vez tuvo» 48 .

Jesús tiene muchas maneras de dirigirse a nosotros, pero sólo en el recogimiento, cuando los sentidos se guardan, se oye su voz y despierta el cariño filial. La impaciencia y la precipitación, acallan los sonidos celestiales. Hace falta estar en calma, lograr lo que algunos denominan vacío interior, entendido no como ausencia de contenido, sino como actitud de amorosa atención a Dios y de renuncia al propio egoísmo, desprenderse del mundo exterior para entrar en uno mismo. Pero no para quedarse en sí mismo sino para buscar a Dios 49 .

47 . La Virgen nuestra Señora, Rialp, 17ª edición, Madrid 1984, p.198 48 . Loc. cit. 49 . No se trata aquí de caer en la técnica de la soledad preconizada por algunas filosofías orientales. La meditación cristiana quiere llegar a la profundidad de Dios a través de las palabras y los hechos del Verbo Encarnado. En cambio, otros métodos de meditación buscan prescindir lo más posible de lo terreno, sensible y conceptualmente limitado, para subir o sumergirse en la esfera de lo divino. Los cristianos no prescinden de Cristo a favor del vacío mental. La oración es mucho más que pasar de lo exterior y sensorial a lo más profundo del yo personal para vivir en armonía con uno mismo, con los demás y con el cosmos, como pretende, por ejemplo el Yoga. Tampoco es la vivencia íntima de la identidad de todo ser, del yo con el todo y con la naturaleza, del Zen («meditar sentado»). Ni la técnica mental de la llamada «Meditación trascendental» hindú, en la que se deja que la concentración, el gozo y la calma broten por sí mismos en el interior de la persona, a través del sonido de unas palabras («mantra») que se van repitiendo lentamente en sincronía con el ritmo de la respiración. Estas formas de lograr la paz y la armonía interior han conducido a muchos cristianos a intentar fundir la meditación cristiana con la no-cristiana: lo cual debe hacerse con mucho discernimiento de contenidos y de método, con el fin de no caer en un sincretismo peligroso para la fe. No se trata de despreciar

48

«Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos:

personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura» - FORJA 738

Cuando se vive en un ambiente de frivolidad, superficial y seco, no se puede encontrar ese espacio profundo, en el que se logra el encuentro consigo mismo y se entra en contacto con Dios. Es lo que significa recogerse: volver uno lo que está separado, restituir la unidad interior, restablecer el orden y la serenidad en los sentidos y potencias. Entonces, aparece Dios, que está más dentro de nosotros que nosotros mismos. San Agustín lo reconoce en sus Confesiones:

«En vano buscaba fuera lo que estaba dentro».

Entonces, en el silencio, el corazón descubre la verdad de las cosas, el sentido escondido de las realidades humanas en su diario acontecer. El recogimiento, con ayuda de la gracia, brinda la oportunidad de oír la voz de Dios, nítida y clara, ya sea en un rincón de la casa, o en la suave penumbra de la iglesia, o en la soledad de un pequeño oratorio, o en medio del tumulto de la calle y de los acontecimientos. No importa el lugar, sino la voluntaria actitud de la mente y del corazón. Entonces, nos llega, sosegada y fácil, sin ruido de cascada, la oración. Por eso, nos dicen:

«Procura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior» 50 - CAMINO 304

estas técnicas por no ser cristianas, pues la Iglesia Católica nada rechaza de lo que en otras religiones hay de verdadero y santo. «Se puede tomar de ellas lo que tiene de útil, a condición de no perder nunca de vista la concepción cristiana de la oración», pues sólo dentro de esta totalidad tales fragmentos podrán ser reformados e incluidos. En la realidad cristiana se cumplen, por encima de cualquier medida, todas las aspiraciones presentes en la oración de las otras religiones, sin que, como consecuencia, el yo personal y su condición de criatura se anulen y desaparezcan en el mar del Absoluto - (Cf. Congregación para la Doctrina de la fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana - 15-X-1989)

50 Josemaría Escrivá, Camino, n. 304

49

En este mundo, en donde los atractivos exteriores son tan frecuentes y poderosos, si queremos llegar a ser personas de vida interior, almas de oración, hemos de cultivar la estima del callar, que nos permite oír a Dios.

«Aprecio por el silencio, esa admirable e indispensable condición de nuestro espíritu asaltado por tantos clamores. Oh, silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento, la interioridad, la disponibilidad para escuchar las buenas inspiraciones y las palabras de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de la preparación del estudio, de la meditación, de la vida personal e interior, de la plegaria secreta que sólo Dios ve» 51 .

Con el fin de lograr un espacio para estar recogidos, puede ser adecuado el templo o un oratorio: la presencia de Jesús en el Sagrario será el mejor estímulo para hablar con Él, para acompañar «al que se quedó por amor». Pero, en realidad, cualquier sitio es bueno, porque Dios está siempre, de modo inefable, con nuestra alma en gracia.

2. — SELECCIÓN DEL TEMA

Encontrar un tema que dé la trama apropiada. Algo vivo, relacionado con el diario vivir, con la lucha personal, con el tiempo litúrgico. Las indicaciones recibidas en la dirección espiritual facilitan el curso del diálogo. Y los propósitos. Cuanto somos y hacemos debe ser meditado en Su presencia, para conformarlo a Él. Si no, ¿cómo afinar con perfección la labor de la jornada?

«Me has escrito: Orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué? - ¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles,

50

Al Papa Juan

¡flaquezas!, y

hacimientos de gracias y peticiones; y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerse: ¡tratarse!» - CAMINO 91

Pablo II le preguntaron cuál es el tema de su

preocupaciones diarias

oración: Él respondió:

«¿Con qué se llena el espacio interior de su oración? Alegrías y esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de hoy son el objeto de la oración del Papa […] Sí, el Papa, como todo cristiano, debe tener una conciencia particularmente clara de los peligros a los que está sujeta la vida del hombre en el mundo y en su futuro a lo largo del tiempo, como también en su futuro final, eterno, escatológico. La conciencia de tales peligros, sin embargo, no genera pesimismo, sino que lleva a la lucha por la victoria del bien en cualquier campo. Y esta lucha por la victoria del bien, en el hombre y en el mundo, provoca la necesidad de rezar. La oración del Papa tiene una dimensión especial. La solicitud por todas las Iglesias impone cada día al Pontífice peregrinar por el mundo entero, rezando con el pensamiento y con el corazón. Queda perfilada así una especie de geografía de la oración del Papa. Es la geografía de las comunidades, de las Iglesias, de las sociedades y también de los problemas que angustian al mundo contemporáneo. En este sentido, el Papa es llamado a una oración universal en la que la preocupación por todas las Iglesias le permite exponer ante Dios todas las alegrías y las esperanzas y, al mismo tiempo, las tristezas y las preocupaciones que la Iglesia comparte con la humanidad contemporánea» 52 .

Como la del Santo Padre, nuestra oración será misionera. Por las vocaciones, los que sufren, los difuntos, los desplazados por la violencia, los humillados y ofendidos, los que carecen de hogar, los ancianos y los niños abandonados, los que viven en condiciones

miserables, los que se quedaron solos; los que no tienen fe, los que

Y, quienes nos han hecho bien o nos

han maltratado; los amigos y los que se declaran nuestros

odian, los que matan, los

enemigos.

51

«El entrenador del equipo de fútbol Manchester United, años después del accidente aéreo que le costó la vida a la mayoría de sus jugadores en 1958, acerca de los momentos vividos por los sobrevivientes, decía:

«La oración ha sido siempre una ayuda maravillosa para mí. Pero cuando se sabe que hay millares de personas que están rezando por uno, se siente en el corazón el calor y lo bueno que es esto; se advierte un consuelo que no se puede describir. Lo sé: me pasó a mí y a todos los que estuvimos implicados en la tragedia».

¡La oración debe abarcar a tantas personas -incontables- que

necesitan de nuestras plegarias! La Iglesia, el Papa, los Pastores, la familia, los amigos, las necesidades de la Patria; las intenciones del

Y la oración

universal, la que nos lleva por el mundo entero, con sus anhelos,

ansiedades y preocupaciones.

Si queremos tratar con el Señor de nuestros asuntos personales, nos será muy útil tomar notas a lo largo del día.

«No sabes qué decir al Señor en la oración. No te acuerdas de nada y, sin embargo, querrías consultarle muchas cosas. - Mira: toma algunas notas durante el día de las cuestiones que deseas considerar en la presencia de Dios. Y ve con esas notas luego a orar» - CAMINO 97

prójimo; esos muchos que esperan nuestra ayuda

por si acaso.

Leer algunas consideraciones y meditarlas. La lectura espiritual es

una ayuda invaluable.

«En la lectura - me escribes - formo el depósito de combustible. - Parece un montón inerte, pero es de allí de donde muchas veces mi memoria saca espontáneamente material, que llena de vida mi oración y enciende mi hacimiento de gracias después de comulgar» - CAMINO 117

El Evangelio es el texto irreemplazable. La Palabra de Dios habla en cada página, y suscita respuestas 53 .

Llevar un libro. No es necesario siempre, pero

53 . Más adelante trataremos sobre la importancia del Evangelio en la oración.

52

«Tratar con el Señor de lo que nos preocupa. El trabajo; la familia, los amigos, la gente; los agobios económicos: eso que llaman lucha por la vida. Pretender apartar estas cosas de la oración, es un esfuerzo negativo, inútil: una madre no puede aislarse de los hijos en problemas; las contrariedades, los tropiezos diarios, lo que sea, no es posible rehuirlos mientras se habla con Dios. Cuanto llena la vida, ocupa su espacio en nuestra mente y, por lo tanto, en todo pensamiento. Le contamos qué nos pasa, qué nos inquieta; Él nos muestra, con su luz, lo que desea de nosotros en tal o cual asunto. Así, nos levantaremos con mejor ánimo de cumplir su voluntad» 54 .

VI. — EL ESPÍRITU SANTO, ALMA DE LA ORACION

53

«El soplo de la vida divina, el Espíritu Santo 55 , en

su manera más simple y común, se manifiesta y se

hace sentir en la oración. Es hermoso y saludable

pensar que, en cualquier lugar del mundo donde se ora, allí está el Espíritu Santo, soplo vital de la oración. Es hermoso y saludable reconocer que si la oración está difundida en todo el orbe, en el pasado, en el presente y en el futuro, de igual modo queda extendida la presencia y la acción del Espíritu Santo, que alienta la oración en el corazón del hombre, en toda la inmensa gama de las más diversas situaciones y de las condiciones, ya favorables, ya adversas, a la vida espiritual y religiosa. Muchas veces, bajo la acción del Espíritu Santo, la oración brota del corazón del hombre no obstante las prohibiciones y persecuciones, e incluso las proclamaciones oficiales sobre el carácter arreligioso o incluso ateo de la vida pública» 56 .

La oración es la primera y la más excelente forma de vida interior, hasta el punto de que muchos identifican la una con la otra. El Espíritu Santo fue el autor principal de la vida interior de Cristo; también ahora sigue, y siempre seguirá siendo el autor principal de la vida interior del hombre y de la mujer.

Bajo su influjo el ser espiritual madura y se refuerza. Gracias a la comunicación divina, el espíritu humano que conoce los secretos del hombre, se encuentra con el Espíritu, «que todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios» (Cf Cor 2,10ss). Por este Espíritu, que es Don eterno, Dios uno y trino se abre al hombre, al espíritu humano. El soplo oculto del Espíritu divino hace que la criatura se abra, a su vez, a la acción salvífica y santificante de Dios. El hombre entra en una existencia nueva, es introducido en la realidad de la propia vida divina; llega a ser santuario del Espíritu Santo y templo de Dios vivo. Por el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo vienen al hombre y en

55 Cf. Catecismo - 2652; 2670-2672 - Juan Pablo II, Audiencia General, 17-IV-1991 (Del libro Creo en el Espíritu Santo, Ed. Palabra, Madrid 1996, pp.376 ss. 56 . Juan Pablo II, Enc. Dominum et vivificantem (sobre el Espíritu Santo), n.65

54

él hacen su morada. Entonces, en nuestra vida, como en la de Jesús, el Espíritu Santo se manifiesta como Espíritu de oración:

«La prueba de que sois hijos, es que Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá, Padre!» - (Gal 4,6).

El Espíritu Santo traslada a nuestros corazones la oración del Hijo, que lanza ese grito. La oración nos permite vivir la realidad de que somos sus hermanos, hijos de Su Padre.

«Hijos, herederos de Dios, coherederos de Cristo, gracias a la acción del Espíritu Santo que se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios» - (Rom 8,16).

El Espíritu Santo es el agua viva que, en el corazón orante, «brota para la vida eterna» (Jn 4,14). Él nos enseña a recogerla en la Fuente misma, que es Cristo. Pues bien, en la vida cristiana hay manantiales donde Cristo nos espera para darnos a beber Su Espíritu: uno de ellos es la oración, de la cual el Espíritu Santo es el alma:

«Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor!, si no es por influjo del Espíritu

Santo» - (Cor 12,3).

Cada vez que nos dirigimos a Jesús, es el Espíritu Santo quien, con su gracia, nos atrae a la oración.

«El Espíritu Santo es el don que viene al corazón del hombre junto con la oración. En ella se manifiesta, ante todo y sobre todo, como el don que viene en auxilio de nuestra debilidad. [ El Espíritu Santo no sólo hace que oremos, sino que nos guía interiormente en la oración, supliendo nuestra insuficiencia y remediando nuestra incapacidad de orar. Está presente en nuestra oración y le da cierta dimensión divina. […] La oración, por obra del Espíritu Santo, llega a ser la expresión cada vez más madura del hombre nuevo que, por medio de ella, participa de la vida divina» 57 .

El Espíritu Santo nos incita a acercarnos a Cristo, provoca la necesidad y el deseo de obedecerle, especialmente en la tentación:

]

55

«Velad y orad

26, 41)

;

que el espíritu está pronto, pero la carne es débil» - (Mt

En la Carta a los Romanos, San Pablo asegura que:

«El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; más el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» - (Rom 8,26)

Nos encontramos en la raíz más íntima y profunda de la oración; ahí entendemos que, además de impulsarnos a la oración el Espíritu Santo ora con nosotros, en nosotros.

El Espíritu Santo, cuya unción impregna todo nuestro ser, es el Maestro interior de la oración cristiana; es el artífice de su tradición viva. En la oración hay tantos caminos como orantes, pero es el Espíritu el que actúa en todos y con todos. En la comunión en el Espíritu Santo, la oración cristiana es oración de la Iglesia. Por eso, la Iglesia nos invita a invocar todos los días al Espíritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar una acción importante.

Esta oración sencilla, muy directa, es también la más tradicional.

«Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

HIMNO AL ESPIRITU SANTO 58

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones, espléndido; Luz que iluminas las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestros esfuerzos, tregua del duro trabajo,

58 . El himno más antiguo al Espíritu Santo. Misa de Pentecostés.

56

brisa en las horas de fuego. Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos.

Llega hasta el fondo del alma, divina Luz y enriquécenos. Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro. Mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo. Lava las manchas, infunde calor de vida en mi hielo. Doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale tu éxito. Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

ORACION AL ESPIRITU SANTO

en el año a Él dedicado

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos el sentido profundo del gran Jubileo, y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa.

R/ ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret al Señor de la gloria, al Salvador del mundo, la culminación de la historia.

R/ ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

57

Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente

y el corazón, orienta el camino de la ciencia y de la técnica, al servicio

de la vida de la justicia y de la paz.

R/ Ven, Espíritu de amor y de paz!

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor.

R/ Ven, Espíritu de amor y de paz!

A Ti, Espíritu de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo

unigénito, alabanza, honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

R/ Ven, Espíritu de amor y de paz

AL ESPIRITU SANTO

JUAN PABLO II - 1998

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y nos darás nueva vida, y renovarás la faz de la tierra.

Oremos:

Oh Dios, que ilustraste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por este mismo Espíritu hallemos gusto en las cosas santas y gocemos siempre de los consuelos divinos. Por Jesucristo Nuestro Señor.

A LA SANTISIMA TRINIDAD

58

Santísimo Espíritu de Amor, don del Altísimo, Huésped de las almas, óptimo y eficaz Consolador; consuelo en el llanto, descanso en el trabajo, plácida sombra en el tenaz calor.

VII. EL LIBRO DE LOS SALMOS

la lectura

asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo(Flp 3,8). Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el

«La Iglesia recomienda insistentemente a todos sus fieles

hombre, pues "a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando

leemos sus palabras" (S. Ambrosio, off.1, 88). Los Padres espirituales, parafraseando a Mateo 7,7, resumen las disposiciones de un corazón alimentado por la palabra de Dios en la oración: Buscad leyendo y

encontraréis

la

contemplación» 59 .

meditando;

llamad

orando,

y

se

os

abrirá

por

El Santo Evangelio y los Salmos, son irreemplazables en la oración individual y en la comunitaria. También la Liturgia de la Iglesia brinda hermosos textos, que llevan a la meditación. Y otros, innumerables, libros de piedad.

El Libro de los Salmos o Salterio, es la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento 60 . Alimenta la expresión del pueblo de Dios como Asamblea; o individualmente. Concierne tanto al que ora

59 . Cf. Catecismo - 2653-2654 60 . Cf. Catecismo - 2585-2589

59

como a los demás hombres. Brota de La Tierra Santa y de la Diáspora, pero abarca todo el universo. Recuerda los acontecimientos salvadores del pasado y se extiende hasta la consumación de los siglos. Menciona las promesas de Dios ya realizadas y espera al Mesías que les dará cumplimiento definitivo. Los salmos eran empleados por Cristo y por la Virgen María y San José, en su oración diaria 61 .

«Los salmos eran el libro oficial de oración y de canto en el pueblo de Israel. Muchísimos corrían entre el pueblo sencillo como corren y se heredan entre nosotros - de padres a hijos - ciertas oraciones. Es de suponer que María conocía los salmos. […] Los salmos son oraciones

llenas de misterio. Secos y esqueléticos cuando se los reza con frialdad de corazón, se desbordan y dan lugar a los pensamientos más excelsos cuando el alma de sentimientos elevados los toma como incentivo. Representémonos a María rezándolos en el recogimiento de su casita de

Nazaret o siguiéndolos en el Templo

Las palabras se hacen diáfanas;

se esclarece el misterio y nos parece que los comprendemos mejor, tan pronto como los ponemos en boca de María» 62 .

Los Salmos siguen siendo insustituibles en la oración de la Iglesia. En ellos, la palabra de Dios se vuelve oración del hombre. Los salmos no cesan de enseñar a orar. En otros libros del Antiguo

Testamento, «las palabras proclaman las obras y explican su misterio»

(DV 2). En el Salterio, el salmista proclama, ante el Creador mismo, las obras divinas de la salvación del mundo. El Espíritu inspira la obra de Dios y la respuesta del hombre; Cristo será la unión de ambas. Las múltiples expresiones de los salmos se hacen realidad viva en la liturgia del templo o en el corazón del hombre, tanto si se trata de un himno de júbilo, un gemir desamparado, una acción de gracias exultante, una súplica individual o comunitaria, un canto real o de peregrinación o de meditación sapiencial. Los salmos son el espejo de las maravillas de Dios en la historia de su pueblo y en las situaciones humanas, vividas por el salmista. Cualquier salmo

61 . «Para todos seguían siendo estas oraciones lo único que conocían sobre la venida del Mesías Para María, el centro al que se referían todas las palabras, suspiros anhelantes y predicciones de los

Todos los fragmentos sagrados, que había llevado en la memoria y en el

profetas, era su Hijo Jesús

corazón como la cosecha de toda su vida, habían cobrado una relación personal con ella.» - (Cf. Franz Michel Willam, Vida de María, Barcelona, Herder, 1982 p.182).

62 . Franz Michel Willam, o.c p.54

60

puede reflejar un acontecimiento pretérito, pero es de tal sobriedad, de tal encanto que se extiende en el tiempo y en el espacio, y los hombres de todos los siglos, de todas las razas y condiciones, pueden hacerlos suyos.

Rasgos constantes en los salmos son la simplicidad, la espontaneidad; los planes y deseos de Dios mismo a través de su creación, con todo lo que hay bueno en ella; la angustia del creyente se enfrenta a infinidad de enemigos de su fe y su fidelidad. Entrega a la voluntad divina. Espera en el Dios Fiel, con la certeza de su amor. Y los llantos, que se convierten en gozo. ¿Qué hay mejor que un salmo?

“Dice David: ‘Alabad al Señor, porque es bueno salmodiar: ¡A nuestro Dios alabanza dulce y bella!’ Y es verdad. Porque el salmo es bendición pronunciada por el pueblo, alabanza de Dios por la Asamblea, aclamación de todos, palabra dicha por el universo, voz de la Iglesia, melodiosa profesión de fe» 63 .

SALMO 2

Tú eres mi hijo, Yo te he engendrado hoy,

Pídeme y te daré en herencia las naciones, y en posesión tuya los confines

de la tierra

SALMO 4

Escúchame cuando te invoco, Dios defensor mío,

Tú que en la angustia me diste alivio, Ten piedad de mí y escucha

mi oración.

SALMO 9

Te doy gracias de todo corazón, proclamando todas tus maravillas; Me alegro y grito de alegría, Quiero cantar himnos a tu nombre, oh, Altísimo.

SALMO 15

61

Bendeciré al Señor que me guía y me aconseja, Hasta de noche me instruye interiormente. Tengo siempre presente al Señor, Con Él a mi derecha no vacilaré.

SALMO 21

¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Los gritos de mis pecados alejan de mí el socorro. ¡Dios mío! Clamo de día y no respondes, de noche también, y no te cuidas de mí. Y Tú, sin embargo, estás en tu santa morada, ¡oh gloria de Israel! En Ti esperaron nuestros padres; esperaron y los salvaste. A Ti clamaron, y fueron salvados En Ti confiaron

y no los defraudaste.

SALMO 22

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas,

me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por valles oscuros, nada temo, porque Tú vas conmigo

y tu vara y tu cayado me sostienen.

62

VIII. — EL EVANGELIO

No existe un libro más importante. Es el primero y el último libro que deba estar en nuestras manos para recorrer toda una vida de oración, hacia nuestro Señor Jesús:

«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama diciendo: ‘Este es aquel de quien yo hablé: el que ha de venir en pos de mí, ha sido engendrado antes que yo, porque era antes que yo’ De su plenitud recibimos todos nosotros gracia tras gracia. Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad fueron dadas por Jesucristo. A Dios nadie le vio

63

jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, éste le ha dado

a conocer» - (Jn 1,14-18).

Para acercarse a Dios, emprender el sendero justo que es Jesucristo, único camino. Buscarlo, encontrarlo, tratarlo, amarlo. Localizarnos, en los episodios del libro, como un habitante más del Evangelio; intervenir en las escenas; situarnos. No somos ajenos a Jesús: por cada uno de nosotros se encarnó. Imaginarlo dentro del alma; ver sus rasgos, su actitud; meditar en las virtudes en algún momento determinado. Contarle de nuestras dificultades; lo que nos sucede en situaciones análogas. Exponerle nuestras ansias. Estar atentos a lo que quiera decirnos. Brotarán en el corazón movimientos de amor y de fidelidad, de renovación personal, de entrega, de caridad

64

«Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra - obras y dichos de Cristo - no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto

relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia. El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y en este Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús: pero, además, debes encontrar tu propia vida. Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de

amor: Señor, ¿qué quieres que haga?

¡La

voluntad de Dios!, oyes en tu alma de un modo terminante. Pues, toma el Evangelio a diario y léelo y vívelo como norma concreta. - Así han procedido los santos» - FORJA 754

Acudir, pues, al Evangelio, para impregnarnos de las palabras y gestos del Señor, sin considerarnos extraños a nada suyo. Reaccionar como si hace veinte siglos hubiéramos estado muy

64 . Cf. Beato Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 253

64

cerca; y estuvimos

es para todo ser que llega a este mundo. Es tan vital el Evangelio, que cada pasaje, cada instante transcurrido podemos vivirlo en presente, incorporarnos a él.

y aquí estamos aún, ahora, porque la redención

Creo, Señor Sacramentado, que sois el mismo Jesús que

dijo en su Evangelio: Yo soy el Pan del Cielo

Yo soy la Luz

Tomad y comed: éste es mi

del mundo

Yo soy el Camino

cuerpo

Si alguno tiene sed, venga a Mí

Estoy a la puerta y

llamo

Levántate y ven

Yo soy: no temas

Pedid y se os

dará

Venid a Mí todos los que sufrís y que estáis oprimidos

por el

dolor y yo os aliviaré

Permaneced siempre en mi

amor

Con la fe de Tomás, de Marta y del soldado, yo te adoro:

Señor mío y Dios mío

Dios vivo que ha venido a este mundo

Hijo de Dios; creo Señor, pero ayuda mi incredulidad y fortifica

Verdaderamente eres el

Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de

mi fe. -

Con la confianza del leproso, de las hermanas de Betania, de los ciegos de Jericó y de tus apóstoles combatidos por

las olas, yo te aclamo: Maestro, si Tú quieres, puedes

sanarme

Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros

yo vea

Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo

Maestro, haz que

Sálvanos, Señor, que perecemos

Con la humildad del Centurión romano y de tu Madre Inmaculada, yo te ruego y te bendigo: Señor, yo no soy digno

de que Tú entres en mi pobre morada; pero di una palabra y

quedará sana mi alma

está transportado en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu

- Con el amor de tu Apóstol Pedro, quiero amarte: Aunque

todos se escandalizaren por tu causa y tuviera que morir

contigo, yo jamás te negaré

sabes que te amo

Señor, Tú sabes que te amo

Tú lo sabes todo: Tú bien sabes que te amo

- Con las ansias de la Samaritana, los deseos de tu apóstol Juan y los suspiros de los discípulos de Emaús, yo te

suplico: Dame, Señor de esa agua para que se sacie mi sed

Ven, Señor, Jesús

Quédate con nosotros, Señor

65

Con las palabras que Tú mismo nos enseñaste en el Sermón

de la montaña, yo te aclamo: Padre Nuestro que estás en los

cielos

Santificado sea Tu Nombre

Venga a nosotros tu

Reino

Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy

LA “LECTIO DIVINA” 65

Para hacer oración nos acercamos a la Sagrada Escritura, con el fin de conocer la verdadera identidad de Jesucristo, ya que «en el

texto revelado el mismo Padre sale amorosamente a nuestro encuentro y dialoga con nosotros manifestándonos la naturaleza del Hijo unigénito y su proyecto de salvación para la humanidad» 66 .

Una forma apropiada es la práctica conocida como la Lectio Divina: es decir, la lectura orante de la Biblia, método concreto, sencillo y posible para vivir de cada palabra que sale de la boca del Señor (Mateo 4,4). Se define como «la lectura, individual o comunitaria, de un pasaje de la Escritura, acogida como Palabra de Dios, que se desarrolla bajo la moción del Espíritu Santo en oración, meditación y contemplación» 67 . Tiene una larga tradición: desde el Antiguo Testamento, pasando por los Padres de la Iglesia y muchos autores espirituales; y fue conservado en algunos monasterios hasta que el Concilio Vaticano II lo recomendó vivamente 68 .

Aún las personas más sencillas, de corazón simple, comprenden la Palabra de Dios, tal como salió de los labios de Cristo: Yo te

alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños (Lucas

10,21).

65 . Para un mejor entendimiento de esta práctica de oración basada en la Sagrada Escritura, puede consultarse el ensayo A la escucha del maestro, del Padre Fidel Oñoro, publicado por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), con ocasión del Año de Jesucristo (1997) en la preparación del Jubileo del año 2.000. Es un texto que recomendamos positivamente a quien quiera profundizar en este valioso ejercicio espiritual de la oración basada en las palabras de la sagrada Escritura. 66 . Juan Pablo II, Tertio millenio adveniente, n.40 67 .Pontificia Comisión Bíblica, 1993 68 . Cf. Constitución Dei Verbum, n.25

66

Jesús nos da su Espíritu y nosotros ofrecemos el oído y el corazón atentos a su Palabra. La Lectio Divina es ejercicio de un corazón dispuesto al encuentro con Dios a través de la palabra santa. Es lectura, pero es también oración inspirada por el Espíritu Santo a Quien se ha de invocar siempre. Puede ayudar la siguiente oración inspirada en textos bíblicos:

Dios nuestro, Padre de la luz, Tú has enviado al mundo tu Palabra, Sabiduría que sale de tu boca y que ha reinado sobre todos los pueblos de la tierra (Eclo.24, 6-8).

Tú has querido que ella haga su morada en Israel y que, a través de Moisés, los profetas y los Salmos (Lc 24,44) ella manifieste tu Voluntad y hable a tu Pueblo de Jesús, el Mesías esperado.

Finalmente, has querido que tu propio Hijo, Palabra eterna que de Ti procede (Juan 1,1-14), se hiciese carne y plantase su tienda en medio de nosotros. Él nació de la Virgen María y fue concebido por el Espíritu

Santo (Luc 1,35)

Envía ahora tu Espíritu sobre mí: que Él me dé un corazón capaz de escuchar (I Reyes 3,9) me permita encontrarte en tus Santas Escrituras y engendre tu Verbo en mí.

Que tu Espíritu Santo levante el velo de mis ojos (II Cor. 3, 12-16), que Él me conduzca a la Verdad completa (Jn 16,13) y me dé inteligencia y perseverancia.

Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor, que sea bendito por los siglos de los siglos. Amén. (E. Bianchi) 69 .

La práctica de la Lectio Divina tiene una estructura propia que puede llevarse a cabo individual o colectivamente, y forma una escalera ascendente, en cuatro grados espirituales: lectura, meditación, oración y contemplación: estudiar atentamente el texto en lectura reposada; encontrar la verdad escondida en él, por medio de la meditación; abrir el corazón a Dios en la oración; saborear contemplar las alegrías del amor de Dios. Puede reducirse a dos momentos: lectura-meditación y oración-contemplación 70 ,

69 . Tomado del texto A la escucha del Maestro, 29 70 . «Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abríos contemplando» (San Juan de la Cruz,

67

entendiendo cada momento, no como un paso sino más bien como una dimensión, un movimiento, una etapa en el camino; pasos que presuponen la fe en la acción del Espíritu Santo, quien conduce el proceso. Ea una respuesta a la advertencia de Cristo:

Mirad, pues, cómo oís. - (Lc 8,18)

Todo lo que, a lo largo de este libro hemos visto con respecto a la oración, tanto en su preparación como en su desarrollo, vale para el ejercicio espiritual de la Lectio Divina. Particularmente, la necesidad de «hacer silencio», de pacificar el corazón: El maestro

está allí y te llama; y la necesaria presencia del Espíritu Santo. Todo con el fin de aprehender - de captar en su verdadero sentido- el poder de la Palabra, de lograr la «intuición espiritual» del mensaje que contiene el Evangelio. A partir de la contemplación, último movimiento de la Lectio Divina, se comienza a vislumbrar - en la vida espiritual - horizontes que impulsan por caminos de madurez cristiana, y se consigue lo que quiere el apóstol: que tengamos los

(Fil 2,50) para sentir, decidir y

mismos sentimientos de Cristo Jesús

actuar según su Corazón y dejarse guiar por los dictados del Espíritu del Señor.

Pongan por obra la Palabra y no se contenten sólo con oírla. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ése se parece al que contempla su imagen en un espejo:

se contempla, pero, al irse, se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, al practicarla, será feliz - (SANTIAGO,

1,22-25)

Los maestros de la Lectio Divina aconsejan, sobre todo a los que comienzan a ejercitarse en esta forma de oración, escoger los textos -p.ej.- que ofrece la Iglesia en la Liturgia para cada día, comenzando por los del domingo. Coinciden en afirmar que lo más importante no es tanto la cantidad de tiempo como su continuidad (¡es una disciplina!); y la importancia de buscarse un apoyo, que bien puede ser una persona que acompañe con su experiencia, o un ambiente

68

propicio como un curso de retiro espiritual, una jornada de oración, algunos encuentros especiales alrededor de la Palabra, que se constituyen en verdaderas experiencias formativas.

IX.

LA

EUCARISTÍA,

CENTRO

Y

RAÍZ

DE

LA

ORACIÓN

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica 71 :

«La Eucaristía es ‘fuente y cima de toda la vida cristiana’ - (LG 11). Contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» - (PO 5)

«La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que, en el Espíritu Santo, los hombres dan a Cristo y por él al Padre» 72 .

71 . Cf. Catecismo - 1324-25-26 72 . CdR, inst. Eucharisticum mysterium, 6

69

«Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos» 73 .

La Santa Misa es el Sacrificio de Cristo, que con el sacerdote ofrecemos al Padre por el Espíritu Santo. Nos sitúa ante los misterios de la fe, es el meollo de la vida de oración. Vivir bien la Misa es la más bella y elevada forma de dirigirnos a Dios; el más intenso y profundo encuentro - de persona a persona - con Jesucristo, en cada uno de los asistentes. Podemos adorar, alabar, reparar por los pecados, dar gracias, pedir por nuestras necesidades espirituales y temporales, purificarnos y unirnos de la mejor manera, en Cristo y por el Espíritu Santo, con todos los cristianos. No existe un modo más excelente de corresponder al Amor de Dios, que asistir a la Misa y participar en ella con recogimiento, porque en este Sacrificio hallamos a Cristo mismo, y lo que quiere de nosotros 74 .

PLEGARIA EUCARÍSTICA

Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda; acéptala como aceptaste el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de su sumo sacerdote Melquisedec

[…]

Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre Omnipotente, en unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos 75 .

73 . «Por la Liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote - único ‘Liturgo’ (cf. Hb 8,2) - continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención» - Catecismo - 1069 74 . Cf. Beato Josemaría Escrivá Es Cristo que pasa, n. 87, Homilía: La Eucaristía, misterio de fe y de amor 75 . Misal Romano, Plegaria Eucarística I

70

El fundador de un célebre asilo de huérfanos consultó al santo Cura de Ars sobre la oportunidad de atraer la atención y favor de la gente a través de la prensa. Él respondió: “En vez de hacer ruido en los diarios, hazlo a la puerta del Tabernáculo”.

En la Santa Misa ofrecemos con el sacerdote la hostia pura inmaculada, santa. Es acción de gracias; desagravio; alabanza; petición. Como es de infinito valor, en ella colmamos lo que nuestra insuficiencia no alcanza.

ACCIÓN DE GRACIAS

(de los niños, el día de su 1ª Comunión)

Señor, gracias, porque has bajado a mi corazón. Es muy pobre y muy pequeño pero es todo lo que tengo. A ti te lo doy. Yo no soy digno de que vengas a mí, pero sé que tú con tu cuerpo, con tu sangre, con tu alma, con tu divinidad, estás dentro de mí. Tú que naciste en Belén y de niño huiste a Egipto con tus padres. Tú que trabajaste en Nazaret, y me enseñaste el valor santificador del estudio y del trabajo. Que moriste en la cruz para borrar mis pecados y salvarme. Tú a quien tanto amaba y sigue amando tu Madre y madre mía, la Virgen Nuestra Señora. Tú, amable Jesús, vienes hoy a mí para llenarme de tu Amor. Madre mía, San José, Ángel de mi guarda, ayudadme a dar gracias a Jesús por esta comunión. Señor, pon efectos en mi corazón, pensamientos en mi mente y palabras en mi boca, para que pueda decirte sin ruido, con cariño, en la intimidad, lo que te quiero. Jesús, hazme buen hijo y hermano, buen amigo y compañero. Llena de gracias y virtudes a mis padres, hermanos, maestros y compañeros, para que sigamos el camino que nos llevará junto a Ti, eternamente en el Cielo. Amén. 76 .

76 . La Santa Misa explicada, Liceo Tacurí, Cali.

71

Santo Tomás Moro, prisionero en la Torre de Londres: «No despreciemos este tiempo especial de oración, pues no sabemos si lo volveremos a tener. Esforcémonos por retener a Jesús con nosotros y digámosle, con los discípulos de Emaús: Quédate con nosotros, Señor. Podemos estar seguros de que no se irá».

QUÉDATE, JESÚS, CONMIGO

— Quédate, Jesús, conmigo, porque necesito tu presencia para no olvidarte, pues ya sabes con cuanta frecuencia te abandono.

— Quédate, Señor, conmigo, porque soy muy débil y necesito de tu Fortaleza para no caer tantas veces.

— Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi vida y sin Ti, con frecuencia, decaigo en el fervor.

— Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.

— Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y vivir siempre en tu compañía.

— Quédate, Señor, conmigo, porque te estoy consagrado y Tú me perteneces.

— Quédate, Señor, conmigo, si quieres que te sea fiel.

— Quédate, Jesús, conmigo, y haz de mi corazón una celda de amor de la cual nunca te alejes.

— Quédate, Jesús, conmigo, porque aunque mi alma es muy pobre, deseo que sea para Ti un lugar de consuelo, un huerto cerrado, un nido de amor.

— Quédate, Señor, conmigo, y haz que tu amor me inflame tanto que me consuman sus amorosas llamas.

— Quédate, Señor, conmigo, porque pasa la vida, se acerca la cuenta, la

eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que no me

detenga en el camino y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene la noche, me amenazan las tinieblas, las oscuridades, tentaciones,

sequedades, penas, cruces

alentarme en esta noche del destierro.

y Tú me eres preciso, Jesús mío, para

¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

— Quédate, Señor, conmigo, porque en esta noche de la vida y de los peligros deseo ver tu claridad.

— Muéstrateme, y haz que te conozca como tus discípulos en el partir

del pan, es decir, que la Unión Eucarística sea la luz que aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única dicha que embriague mi corazón.

72

Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte quiero estar junto a Ti y, si no realmente por medio de la Sagrada Comunión, al menos quiero estar unido a Ti por la gracia y por un abrazado amor.

Quédate, Señor, conmigo. No te pido el sentir de tu adorable presencia, ni tus regalos divinos que no los merezco, pero tu residencia en mí por la gracia. ¡Oh, sí que te la pido!

Quédate, Jesús, conmigo, pues a Ti sólo te busco: tu amor, tu intimidad, tu Corazón, tu Espíritu y tu gracia.

Te busco por Ti mismo, porque te amo; y no te pido más

recompensa que amarte, amarte con solidez, prácticamente, amarte únicamente, amarte cuanto puedo amarte con todo mi corazón, para seguir amándote por toda la eternidad. AMÉN 77

Una niña, tardaba en dar gracias después de su Primera Comunión. Su mamá le preguntó el motivo, y ella contestó: — Es que, como no quería que Jesús se me fuera, me puse a contarle el cuento de Caperucita Roja.

La Eucaristía es el Centro y la Raíz de toda la vida interior, por tanto también de la oración. Además de la Santa Misa hay muchos otros momentos en los que podemos acercarnos a Jesús, presente en el Tabernáculo, donde nos espera para darnos su Amor y recibir el nuestro. Cuidemos, pues, la Visita al Santísimo que es cortesía delicada que responde a la que Él nos hace cada día en la Sagrada Comunión. El saludo al pasar delante de una iglesia, o al divisar desde lejos su torre. Y el recuerdo de los “Primeros Viernes del mes”, tradición que merece conservarse. Y la fiesta del Corpus Christi. Y tantas otras ocasiones para rendir ese tributo de amor a Quien nos lo dio todo al permanecer en esa cárcel de amor que es el Sagrario.

77 Autor desconocido

73

«Jesús se esconde en el Santísimo Sacramento del altar, para que nos atrevamos a tratarle, para ser el sustento nuestro, con el fin de que nos hagamos una sola cosa con Él».

«Perseveraban todos en la doctrina de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan, y en las oraciones - (Hch II,

42). Así nos describen las Escrituras la conducta de los primeros cristianos: congregados por la fe de los Apóstoles en perfecta unidad, al participar de la Eucaristía, unánimes en la oración».

«Ante todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el centro de nuestro día. Si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y amar como Él amaba? Aprendemos entonces a agradecer al Señor esa otra delicadeza suya: que no haya querido limitar su presencia al momento del Sacrificio del Altar, sino que haya decidido permanecer en la Hostia Santa que se reserva en el Tabernáculo, en el Sagrario. Os diré que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro» 78 .

X. —LA SAGRADA LITURGIA

78 . Beato Josemaría Escrivá, En la fiesta del Corpus Christi, de ‘Es Cristo que pasa’, 153-154

74

«Tu oración ha de ser litúrgica. - Ojalá te aficiones a recitar los salmos, y las oraciones del misal, en lugar de oraciones privadas o particulares» -

CAMINO 86

La Liturgia de la Iglesia es otra gran fuente de oración. En ella y por ella, el cristiano toma parte en la obra de Dios 79 y colabora en la misión de Cristo y del Espíritu Santo. Lo que la Iglesia, por medio de la liturgia anuncia, actualiza y comunica (el Misterio de la salvación), se continúa en el corazón del que ora. Algunos Padres espirituales comparan el corazón a un altar. La liturgia es participación en la plegaria de Cristo. La oración interioriza y asimila la liturgia y, en ésta, toda oración tiene su fuente y su término. Por medio de ella, echamos raíces y apoyamos 80 en el amor con que Dios Padre nos amó enviándonos a su Hijo para hacernos más fácil, asequible y amable, nuestra relación con Él.

La palabra liturgia se emplea en el Nuevo Testamento para designar no sólo la celebración del culto divino, sino también el anuncio del Evangelio y la caridad en acto. A través de ella, cada creyente se une a Cristo y vive al alma sacerdotal que es propia de todos los bautizados. Incluso cuando la oración se vive «en lo secreto» (Mt 6,6) siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Santísima Trinidad 81

«¡Valor de la piedad en la Santa Liturgia! Nada me extrañó lo que, hace unos días, me comentaba una persona hablando de un sacerdote

ejemplar, fallecido recientemente: ¡qué santo era!

- Le trató usted, mucho? le pregunté.

- No, pero le vi una vez celebrar la Santa Misa» -

FORJA 645

79 . Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar (Juan

17,4)

que, según las riquezas de su gloria (de Dios-Padre), os conceda ser poderosamente

fortalecidos en el hombre interior por su Espíritu, que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, y arraigados y fundados en la caridad, podáis comprender, en unión de todos los santos cual es la anchura la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios» - (Ef 3,14-19)

80 .

«

para

81 . Cf. Catecismo 2655 y 1073

75

Cada sacramento tiene - en sus palabras y en sus gestos - un valor innegable del que puede nutrirse nuestra oración. Es bueno utilizar los textos de la liturgia sacramental, con el fin de recrearnos, en la presencia de Dios, del significado y de la gracia que se nos dio cuando los recibimos: robustecer la fe, meditando en el rito bautismal; fortalecer la esperanza y recibir impulsos de afán apostólico, renovando el compromiso de la confirmación de ser soldados de Cristo; llenarnos de amor agradecido, al meditar las palabras con las que Cristo, - por medio del sacerdote - nos perdona en la confesión; anonadarnos ante la humildad de Jesús que se hace carne y luego pan vivo, con el fin de que nos alimentemos de su propia vida. Para los esposos, volver con emoción a las palabras con las que se entregaron sus vidas y se administraron mutuamente el sacramento del matrimonio: renovando así la fidelidad ofrecida y aceptada. Como para los sacerdotes, revivir el proceso sacramental por el que fueron constituidos ‘ministros de Cristo y dispensadores de sus misterios’.

Se hará más fácil también vivir la ‘urbanidad de la piedad’, convirtiendo en oración - recogida y devota - nuestra participación en la Santa Misa: la genuflexión bien hecha, la forma de darnos la bendición al entrar al templo o al acercarnos a algún lugar sagrado. Al meditar sobre cada sacramento, viviremos mejor los que con mayor frecuencia recibimos; especialmente la Eucaristía, con sus variantes:

Santa Misa, Comunión, acción de gracias, visita al Santísimo; la costumbre de acercarnos al sagrario, así sea sólo con el corazón, si nos hallamos lejos.

«No seas tan ciego o tan atolondrado que dejes de meterte dentro de cada sagrario cuando divises los muros o torres de las casas del Señor. - Él te espera» - CAMINO 269

76

XI. — OTROS LIBROS DE ORACIÓN

Hay excelentes libros de oración, actuales o de siglos pasados. pueden ser muy útiles (sobre todo al principio) para dirigir el pensamiento, mover la voluntad, encender el amor, suscitar los afectos, orientar los propósitos. Hay en ellos textos bellísimos, palabras escritas por quienes han tenido experiencias especiales en su trato con Dios. Podemos tenerlos a mano para que nos ayuden a orar, a expresar lo que queremos y no sabemos cómo.

Son conocidas las historias de algunos que, impulsados por una buena lectura espiritual, se convirtieron a la fe o se entregaron a Dios, llegando a ser santos. Un ejemplo es San Ignacio de Loyola, quien cuenta cómo, después de haber estado al borde de la muerte, en su convalecencia pidió algún libro para entretenerse: «mas en aquella casa no se halló ninguno de los que él solía leer (libros de caballería), y así le dieron un Vita Christi y un libro con vidas de los santos en romance». Estas páginas leídas y meditadas con serenidad en presencia de Dios, le cambiaron el rumbo: «leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, se paraba a pensar, razonando consigo mismo: -«¿Qué sería si yo hiciese esto que hizo San Francisco, y esto que hizo Santo Domingo?» Y así discurría por muchas cosas que hallaba buenas. Y cobrada no poca lumbre de aquesta lección comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en cuánta necesidad tenía de hacer penitencia de ella» 82 . El Señor se valió de la lectura para convertirlo de soldado en fundador de una de las instituciones más valiosas de la Iglesia.

«No dejes tu lección espiritual. La lectura ha

hecho muchos santos. «En la lectura - me escribes

- formo el depósito de combustible. - Parece un

montón inerte, pero es de allí de donde muchas

77

veces mi memoria saca espontáneamente material, que llena de vida mi oración y enciende mi hacimiento de gracias después de comulgar» -

CAMINO 116-117

Sin embargo, hay que evitar que leer se confunda con hacer oración; que el texto de la lectura no domine el pensamiento ni absorba todo el rato reservado a la oración. La lectura espiritual es buena e incluso necesaria en la vida interior, pero es diferente de la meditación y no puede reemplazarla. El libro que empleamos para alimentar la oración, debe servir para estimular nuestros afectos, pensamientos e inspiraciones sobrenaturales; aunque alguna vez, el pasaje leído sea aquello que le expresemos al Señor, o a Dios Padre, o a la Virgen cuando estamos secos e incapaces de decir algo por nosotros mismos.

El autor no resiste la tentación de traer a estas páginas, una leída hace algunos años 83 sobre la benéfica influencia de un libro que ha ayudado a millones de almas a aprender y a hacer oración. El testimonio de un ex prisionero político que cumplió 15 años de condena y se encontraba entonces exiliado 84 .

Cuando llegamos a la prisión, ya Monseñor estaba allí. Lo conocí en una emborronada libreta: por medio de los garrapateados, apiñados montoncitos de luz, que alguien había copiado febrilmente. Nos lo ofrecieron como un enorme tesoro de fuerza, desde el primer momento de nuestro cautiverio.

El primer año de prisión es el más duro. Alguien trepó sobre mí, entre un montón de harapos y de hombres, hasta el increíble equilibrio de una cama que se encaramaba sobre otras dos, para mostrarme la rotunda claridad de aquel libro: Camino. No imaginaba entonces que pasaría quince años en la cárcel, pero el autor, desde este momento me gritaba:

Te quiero feliz… porque mientras caminamos, en el dolor está

83 Revista PALABRA, n. 260, marzo de 1987

84 Testimonio llegado a la Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Escrivá de Balaguer.

78

precisamente la felicidad 85 . Nos lo diría miríadas de veces, porque quiso permanecer con nosotros, y sólo nosotros sabemos que fue un milagro. ¡El más hermoso de todos los milagros! Lo sentíamos allí, a nuestro lado, también vejado y humillado, pero nunca tan radiante como entonces, alzando a Cristo entre el hacinamiento de tantas soledades. El buen Padre estaba allí, como uno más, casi físicamente como otro prisionero. Después nos sería familiar. Y de tan familiar, el milagro se hurtaba, calladamente, inadvertidamente: como el Cristo que él dice que pasa. Sólo hoy, después de tantos años, cuando ya no estoy entre los otros, me fascina la suavidad de aquella presencia suya que se nos hacía cotidiana.

Cada noche nos sentábamos en torno a Monseñor Escrivá. Nueve sentencias leíamos jornada tras jornada. Y cada una de las nueve, como se desgranan las cuentas de un rosario: paladeándolas. Las comentábamos, las fraccionábamos, las volvíamos a unir. De cada una de ellas hacíamos un jalón, un aferrarnos desesperadamente a Jesús, un trozo de esperanzas y de oraciones… Una; y luego la siguiente. Despacio, con fruición, como montones de ensueños para acallar las crudezas que, en Cristo, no fueron amargas. Así, hasta agotar la nueve. Y como menudeaban los días y los años, volvíamos una y otra vez a caminar sobre Camino, a caminar con Camino.

fue nuestra

verdad y nuestra vida. En cien ocasiones – y todas clandestinamente -, con terquedad, entró en la prisión; y otras cien veces nos lo arrebataban los guardianes. Un día me lo sacaron de encima en una requisa. Aquel guardián no lo conocía.

Fue nuestra manera de agarrarnos a la luz. Camino

- ¿Qué es esto?

- Más o menos, un libro de oraciones.

- ¡¿Todavía cree usted en Dios y reza?!

- ¿Y todavía usted no?

Se optó por disfrazarlo en los cuadernos. En la libreta poníamos, por fuera: GRAMÁTICA. Y en la primera página (los guardias siempre

85 N. 217

79

revisaban la primera página) comenzaba a leerse: “Lenguaje es el modo que un pueblo toma para expresar sus ideas, es decir, sus modos, su historia, sus costumbres…” Y, a los pocos párrafos irrumpía: “Carácter. Que tu vida no sea una vida estéril. –Sé útil. - Deja poso. – Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor…” 86 .

Su voz fue la que clamó en la aridez de aquel desierto nuestro. Y cuando yo salí, quedó con los que allí quedaron: Monseñor está todavía preso. También está exiliado: al menos no renunciamos a él aquellos de nosotros para quienes todo ha pasado, y quienes ¡con él! rezamos por los que todavía, allá, se sientan cada noche en torno al amado Padre para escucharle, incansable, esperanzadamente, repetir: “Te quiero feliz…”

¡Y vaya si lo logra!

80

XII. — CÓMO SE HACE ORACIÓN

Depende de un sin fin de circunstancias personales y del ambiente. No hay pautas rígidas ni premeditadas para un corto rato, o para una vida entera de oración. Cada persona ha de encontrar su estilo de dirigirse al Amado, con su propia voz y la de nadie más, porque ninguna otra le sirve; lo mismo sucede en el amor o en la amistad. Aunque sí nos resulta conveniente aprovechar la experiencia de aquellos hombres y mujeres cuyas horas de oración suman días y meses y años a solas con el Señor.

1. — PONERSE EN PRESENCIA DE DIOS

Saber empezar. Tener “a mano”, una oración preparatoria que nos ponga corporal, espiritual y mentalmente en la presencia de Dios:

AL COMENZAR:

«Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes; te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí».

Entonces hacer composición de lugar. Podemos situarnos en algún lugar del Evangelio y, como si fuésemos un personaje de la escena, con la imaginación podemos mirar a Jesús, situarnos ante Él, escucharlo, hablarle. Contarle lo que nos preocupa, atender a sus consejos, desahogar nuestras ansiedades.

81

2. — NO SOLTAR EL DIÁLOGO CON JESÚS

«Si, al iniciar vuestra meditación no lográis concentrar vuestra atención para conversar con Dios, os encontráis secos y la cabeza parece que no es capaz de expresar ni una idea, o vuestros afectos permanecen insensibles, os aconsejo lo que yo he procurado practicar siempre en esas circunstancias: poneos en presencia de vuestro Padre, y manifestadle al menos: ¡Señor, que no sé rezar, que no se me ocurre

y estad seguros de que en ese mismo instante

habéis comenzado a hacer oración» 87 .

nada para contarte!

Así, la dificultad puede ser materia de oración.

3. — DEJAR QUE HABLE EL SEÑOR

En toda conversación se debe oír al interlocutor. Se necesita silencio para abrir espacio, para que fluya un trato estable natural con el Jesús que deseamos descubrir en el Evangelio. Conocerlo, junto a Sus apóstoles; mirarlo y admirarlo en compañía de Sus seguidores por entre la hierba y las piedras bajo sus pies. Buscar al Amigo; quizá podamos escuchar la pregunta clásica: «¿Me amas?» A

lo que responderemos: «Señor, ¡Tú lo sabes todo, Tú bien sabes que te

amo»! (Jn 21, 15). Y, contemplar los pasos de Su vida; escuchar Sus palabras, que entrarán hasta el fondo y nos transformaremos.

4. — TRATARLO FAMILIARMENTE, COMO UN HIJO A SU PADRE

87 . Beato Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 145

82

Que la oración sea la reunión de un hijo necesitado con su Padre

poderoso y bueno. Nos lo sugiere Cristo: «Cuando oréis, decid

» - (Lc 11, 1-2). Hablar confiados; entretenernos con Él; sabroso.

Aunque pensemos que no merecemos ser escuchados, siempre cabe

decirle: ¡Si tú quieres! - ¡Porque Tú eres bueno! - ¡Porque me amas!

Padre

Oh,

Al término de una difícil escalada, un niño comentó al profesor que los acompañaba: «Hoy tengo varias cosas que contarle a Dios, y he podido ofrecerle muchas caídas».

5. — HUIR DE LA RETÓRICA

Lo mejor es la charla sencilla. No importa qué decimos ni cómo hablamos, sino con Quién. A ese Quien, le estorban las frases bonitas y complicadas, los discursos que convierten la oración en un monólogo en que el orante se complace oyéndose a sí mismo.

«Cuando oréis, no habléis mucho, como los gentiles; que piensan que por mucho hablar, serán oídos» - (Mt 6,7).

6. — ESPÍRITU DE LUCHA

Si «milicia es la vida del hombre sobre la tierra» (Jb 7,1), no se podrá

prescindir de la lucha cuando se está en oración. Algunas veces, orar bien será dura tarea. Entonces, habrá que trabajar la oración:

educar la voluntad; desterrar las distracciones; doblegar los obstáculos; domar la pereza y la fatiga. Se necesita una fuerte voluntad y una mortificación bien entrenada como las dos ruedas que nos deslizan a la vida interior.

«Si no eres mortificado, nunca serás alma de

oración» - CAMINO 172

83

7. — PEDIR AYUDA

Dios mismo, conociéndonos, decidió que fuéramos sostenidos por algunos enviados suyos que nos asistirán en su Nombre. La Virgen María, madre de Dios, especialista en el trato con su Hijo. San José, maestro de la vida interior. Los ángeles custodios, compañeros y asesores del camino siempre dispuestos a allanarnos las dificultades, y, con particular gusto, si es para acercarnos a la intimidad con Dios. Y, la intercesión de santos ejemplares que perseveraron en la oración. Nuestros patronos; o el santo amigo, cuyo nombre llevamos desde el bautizo; en fin

SALMO 101

Señor, escucha mi oración. Que mi grito llegue hasta Ti; no me escondas tu rostro Inclina tu oído hacia mí. Cuando te invoco, escúchame enseguida.

8. — DAR GRACIAS

Y, siempre terminar la oración con una expresiva acción de gracias. Como enseña la sabiduría popular: «Es de bien nacidos, ser agradecidos». ¡Cómo no reconocer que los frutos y la eficacia de la oración vienen de Dios! ¡Cómo no darle las gracias por habernos escuchado, por suscitar sentimientos de afecto o de reforma personal, por encender nuestro amor y movernos a la conversión! Es lógico que no podamos marcharnos, sin decirle al Espíritu Santo, alma de la oración, que reconocemos como suyos todos los bienes que en la meditación nos han llegado.

84

«Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, san José mi padre y Señor, Angel de mi guarda, interceded por mí».

XIII. — DIFICULTADES AL HACER ORACIÓN

La oración es un don gratuito, como gratuitos son los dones de Dios. Oración es la respuesta agradecida de la criatura; y significa un esfuerzo. ¿Un esfuerzo, acercarnos a Dios? Quienes saben de oración, nos hablan de que en no pocos momentos de la vida, orar es un combate. ¿Contra quién?, ¿contra qué? Hay trabas que impiden al alma elevarse a Dios. «Las obras de la carne que pugnan contra las obras del espíritu». Debemos defendernos de las mañas del tentador que se empeña en impedirnos la unión divina y, cerrarnos el camino a ella. Ese camino es la oración.

Se ora como se vive, porque se vive como se ora. Quien no vive según el espíritu de Cristo, tampoco podrá orar en su Nombre. El combate espiritual de la vida nueva es inseparable del combate de la oración 88 .

La oración exige esfuerzo, no sólo al principio, sino cuando se entra en contacto personal con Dios, y más adelante; y al llegar a la contemplación. El que pocos se apeguen a la meditación diaria indica que, si no hay mucho amor, no resultará atractiva. Sin embargo, la oración es, para toda hora. Lo dice Jesucristo: «Es

necesario orar en todo tiempo y no desfallecer» (Cf. Lc 18,1ss).

Para ello, hay que afrontar las objeciones y dificultades, y superarlas:

88 . Catecismo. - 2725

85

1. — LA FALTA DE FE

Nuestra falta de fe, es la falla más frecuente, la tentación más callada y más oculta. Se la disculpa con un «No tengo tiempo»; y se aducen como prioritarios intereses y tareas que aparentan ser más urgentes. Es hora de la verdad del corazón, de clarificar preferencias, de movilizarnos hacia Dios.

«Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te

presenta el enemigo, para que dejes la oración:

'Me falta tiempo' - cuando lo estás perdiendo

continuamente

»

- SURCO 464

ha

alcanzado todavía la disposición de un corazón convencido y

enamorado, porque no es cuestión de tiempo, es cuestión de amor.

Sea

por lo

que

sea, la

falta de fe demuestra que no

se

Otra disculpa, como una protesta: «Dios no me oye; Dios no responde». Porque tal vez exigimos señales inmediatas, sensibles, aparatosas. Pero el Señor no nos escatima sus respuestas. De continuo nos habla por dentro a través de los ministros, o de una lectura aparentemente casual, o en un momento de oración, cuando brinca un pensamiento inesperado en el que se nos despeja alguna incógnita.

«Dios habla siempre al alma que se esfuerza en orar. Si no, ¿de dónde esos deseos de cambiar de vida o de ser más generosos? ¿De dónde nace la repugnancia que nos produce nuestra vida vacía? ¿Acaso se puede pensar que somos nosotros solos quienes producimos esas reacciones virtuosas? Sería un enorme error creer que esos pensamientos, deseos, propósitos, etc., son fruto de un esfuerzo personal, porque no es así. Es Dios mismo que, con su gracia, hace que nazcan en nuestro interior. Así, que, con toda sencillez, Dios va poniendo en el alma la semilla de una vida superior. Y un día vemos en la oración que hay que cambiar -ésta es respuesta de Dios-, o que somos egoístas y que las cosas no pueden seguir así - esa es respuesta

86

de Dios -, o que ha de haber más generosidad. Todos esos pensamientos y deseos son pruebas de que se está en el camino de la verdadera oración y de que Dios nos contesta» 89 .

2.

— LA ACEDÍA 90

 

Es

cierta

aridez

o

desabrimiento debidos a la pereza, al

relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia o a la

negligencia del corazón. El espíritu está pronto pero la carne es débil 91 .

Es hora, decíamos, de poner en marcha la voluntad, y de luchar, con el convencimiento de que siempre que hay oración Dios la oye, la acepta y contesta; aunque sus respuestas no sean sensibles ni muevan siempre el sentimiento, de algún modo nos las dejará saber; nos mostrará que acepta nuestra plegaria aunque suba de un espíritu cansado, frío, áspero, que, sin embargo, persevera.

3. — LA FALTA DE PERSEVERANCIA

Se disfraza de cansancio, aburrimiento, sensación de inutilidad. Contra ella, sólo hay que amar y luchar; comenzar y recomenzar; aún sin ganas. No soltar la oración, aunque parezca que «el Señor no

habla, no oye; ni se me ocurre qué decirle»; así, y todo, seguir orando y

meditando. Esas quejas que nos incitan a desistir, comunicárselas a Él, en la oración. Seguir adelante, aunque no logremos pasar de la

misma jaculatoria: «Jesús, te amo. Jesús, enséñame a amarte. Enséñame

a querer a los demás, y mi trabajo, y mis dolores

»

89 . Francisco Luna Luca de Tena, Cómo hacer oración , p.21

90 Acedía: la define el diccionario como “acidez”, fig. “Aspereza de trato”

91 Mateo 26, 41

87

Un día y otro, y un mes y un año. No importa. Llegaremos a comprender que el Señor nos dirá, algún día, sonriendo: «¡Siempre

he estado contigo, desde el principio de tu oración! ¡Siempre a tu lado, viéndote perseverar y amándote, y agradeciendo tu constancia !»

4. — LA FALTA DE SENTIMIENTOS

Cuántas veces nos negamos a la oración, anteponiendo la

disculpa: !Es que no siento nada! Pero, es que

depende del sentimiento

más que un mero sentimiento. Orar es buscar la unión con Dios. Un corazón enamorado o que busca enamorarse, utiliza la voluntad para querer. No es asunto de hablar o de sentir; es cuestión de amar. Hay amor, si hay esfuerzo para decirle algo al Señor, aunque nada se le

la oración no

Es cuestión de amor y el amor es mucho

diga. A veces se ama con la inteligencia, otras con el corazón o con

la voluntad o con los afectos

aunque nos parezca que no se siente nada, que estamos yertos. Pues allí, en la aridez, está Dios y escucha y habla.

Lo importante es querer amar; amar lo que Dios quiere. Buscarlo por encima de los gustos o disgustos que Él permite. Quienes así obran, lo encuentran y, con Él llega la paz, y la alegría 92 .

o con los defectos. Insistir siempre,

5. — LAS DISTRACCIONES

Es inútil pretender borrar las distracciones. Son consecuencia del

vivir: por tantas circunstancias físicas, afectivas, espirituales; preocupaciones en la familia, en el trabajo, en la amistad; cansancio,

Las

agotamiento; pequeños o grandes trastornos de salud

distracciones permanecen; tienen qué estar allí, omnipresentes,

agresivas, continuas

No importa; allí, también está Dios.

88

«Te distraes en la oración. — Procura evitar las distracciones, pero no te preocupes si, a pesar de todo, sigues distraído. ¿No ves cómo, en la vida natural, hasta los niños más discretos se entretienen y divierten con lo que les rodea, sin atender muchas veces los razonamientos de sus padres? Eso no implica falta de amor, ni de respeto: es la miseria y pequeñez propia del hijo. Pues, mira: tú eres un niño delante de Dios» -

CAMINO, n. 890

Si se está en presencia de Dios, las distracciones pueden transformarse en tema de oración. Si nos vienen a la mente personas o cosas buenas, decirle al Señor que nos conceda sus virtudes y cualidades; si se trata de asuntos indiferentes, ponerlos en las manos de Dios y seguir adelante; si nos llegan cosas o situaciones negativas, o gente que hace mal, pedirle a Jesús que les ayude, que no los abandone, que los corrija y convierta, por el amor que les tiene. Eso es aprovechar el tiempo de oración; eso es caridad.

«Cuando hagas oración haz circular las ideas

inoportunas, como si fueras un guardia de tráfico:

para eso tienes la voluntad enérgica que te corresponde por tu vida de niño. - Detén, a veces, aquel pensamiento para encomendar a los protagonistas del recuerdo inoportuno. ¡Hala!,

así hasta que dé la hora. — Cuando tu

adelante

oración por este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que has sabido agradar a Jesús» - CAMINO, n.

891

Santa Teresita del Niño Jesús, con encantadora sencillez, cuenta de su lucha contra el sueño, en la oración. «Estoy muy lejos de ser santa y esta disposición de ánimo es prueba de ello. No debería quejarme de mi sequedad, sino atribuirla a mi poco fervor y fidelidad; debería estar desolada de dormirme muy a menudo durante mis oraciones y mi acción de gracias. ¡A pesar de ello no me aflijo! Pienso que los niños agradan a sus padres lo mismo dormidos que despiertos; pienso que los médicos adormecen a sus enfermos para hacerles las

89

operaciones; pienso que el Señor ve nuestra fragilidad y se acuerda de que no somos más que polvo»

En su última enfermedad, su enfermera la encontró un día en actitud de oración: - «¿Qué hace, así? Debería intentar dormir». «No puedo, hermana; padezco demasiado». «¡Qué he de hacer sino orar!». «Y, ¿qué le dice a Jesús?» «No le digo nada. ¡Lo amo!» — HISTORIA DE UN ALMA

6. — CUANDO FALLA EL DISCURSO EN LA ORACION

Cuando se nos agota el tema, o el ánimo, es el momento de soltar lo que nos salga: es hora de ponerle al frente tantas cosas que nos alegran o entristecen. De sacar frente a Él a esas personas que llevamos dentro; las necesidades de la casa, del barrio, de la ciudad, del departamento, del país, del continente y del mundo y de todos los continentes, todos los países, todos los departamentos, todas las ciudades, todos los barrios, todas las casas y sus moradores. La sola enumeración de tantos afectos y temores llenaría horas enteras. La oración no es pronunciar un discurso bonito; es explayarse a sus pies, con el alma abierta de par en par. Es una mirada, un ruego, un ¡gracias! Un desagravio. Es adoración, recogimiento, alabanza. ¿Qué más? Es, hasta lo que no es; porque no es huir, no es callar por

no hablar, no dejarse llevar de entusiasmos o desesperos

Es estar

con Dios en la catedral o en un oratorio pequeñito; o en un lugar sosegado de la casa, o en el parque, o en el bus. Es poner en Sus manos el trabajo y los problemas, el estudio y el amor humano. La

alegría, si la ofrecemos, es oración y, también las penas se vuelven oración. Comprender y entender a los demás, ayudar y consolar y -

y etcétera. Un

curar

- interminable etcétera desmenuzado, es como flor deshojada cuyos pétalos perfuman nuestra oración.

enfermedades

o

desilusiones,

etcétera

«Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para coordinar las ideas en

90

la presencia del Señor: ¡un verdadero atontamiento! No te esfuerces, ni te preocupes. Óyeme bien:

es la hora del corazón» - CAMINO, n. 102

7. — CANSANCIO

Es la consecuencia de una jornada intensa, o de mala salud; de

Eso mismo se le presenta al Señor, se le

explica, se le lamenta uno, con confianza. Callar y mirar. Fijar los ojos en el sagrario como si pudiéramos abrirlo con el solo deseo, en donde sabemos que Él nos sostiene la mirada, que está feliz, contemplándonos, ahí de rodillas sin pensar ni decir nada. Descansando, tal vez del ajetreo, del bullicio, o de haber hecho nada.

muchas cosas, o de nada

«El trabajo rinde tu cuerpo y no puedes hacer oración. Estás siempre en la

presencia de tu Padre. — Si no le hablas, mírale de cuando en cuando, como un niño

y Él te sonreirá» - CAMINO, n.

chiquitín

895

8. — LOS FRACASOS EN LA ORACION

En esta batalla del amor, hay que hacer frente a lo que nos parece fracaso en la oración. Desaliento por la sequedad, tristeza de no ser capaces de entregarnos totalmente al Señor, por estar apegados a bienes y caprichos, como anclas, en el mar abierto de la propia voluntad. Desánimo por creer que no somos escuchados según nuestros deseos; falsa humildad por sentirnos demasiado pecadores para ser aceptados, lo cual es orgullo, engaño del peor. Contra esto,

91

y lo otro, hay que bregar con sencillez, confianza y perseverancia; si es así, saldremos adelante, siempre se sale adelante, junto a Él, aunque nos parezca que vamos marcha atrás.

XIV. — LOS PROPÓSITOS

DIRÉ QUE SÍ - Voy a decir sí, a todas horas aún cuando el cielo de mis días llore. Voy, Señor, a decirte sí, en mis dichas. Voy a decirte sí, en mis dolores. Si me muestras un cielo que sonríe, yo te diré que sí, e iré a tu cielo. Mas si me das un árido camino, diciendo sí, procuraré tu encuentro. Si me das tus consuelos, sí los quiero. Si me niegas tu luz, mi sí lo acepta; si con tu cruz me esperas, sí la abrazo; y si tu amor me das, sí, yo lo anhelo. Si quieres para mí todo el olvido, toma este sí, y que me olviden todos. Si quieres que viva entre tinieblas, sí, tras de ellas buscaré tus ojos. Voy, Señor, a decirte sí en mis dichas; voy a decirte sí, en mis trabajos; quiero decirte sí, mientras yo viva; y decirte que sí, cuando me muera (Mons. Octavio Betancur).

La oración no es un juego de palabras. Debe producir manifestaciones prácticas, mejoramiento personal, corrección de rumbo, supresión de obstáculos que frenan nuestra buena relación con Dios, con los demás y con el trabajo. Por eso, como fruto, saldrán propósitos claros de ánimo, de conducta. Caridad con los demás, suavizar roces, emplearse a fondo, con el afán de los buenos deportistas, en esta lucha que lleva al amor y a la paz 93 .

92

No es necesario hacer propósitos explícitos; pero si estuvo bien hecha la oración, pueden surgir solos e influir en la conducta. Si no, parecería que no es la oración de un hijo de Dios: se quedaría en afectos huecos, en palabrería y vagas aspiraciones. Es bueno revisar si nuestra meditación influye en el diario vivir, en el servir; en el estudio, en el trabajo; en la esperanza, en la fe, en la caridad, en la alegría.

En la oración descubrimos con más facilidad qué quiere Dios de nosotros. Es la ayuda divina que nos empuja a ser cristianos coherentes, día por día. Y aunque nos equivoquemos, nos será más fácil corregir el error con la oración. No podemos desmentir con pereza, abandono, caprichos, trabajo descuidado, desamor, injusticia, deslealtad, lo que poco antes vimos frente a Él, que es la justicia, la verdad, el amor.

La oración debe ser operativa, y mover, y entusiasmar; si no nos va cambiando la vida, si no nos empuja a mejorar, tal vez no la hemos hecho bien. Y, si hay propósitos, es oportuno anotarlos. Puntualizar. Acentuar. Así será fácil comprobar si estamos caminando por la vía que el Espíritu Santo nos marcaba en la oración.

«Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día» - CAMINO, n. 103

93

XV. — EL TRABAJO, CONVERTIDO EN ORACION

Para un cristiano, el trabajo y la oración se funden en armónica unidad. Decía el beato Josemaría, que cuando se trabaja en presencia de Dios llega un momento en que no se puede aclarar:

ahora es rezo; ahora es trabajo, porque desaparece el límite entre el trabajo y la oración, cuando la vida transcurre de frente a Dios. Así el actuar se convierte en medio de santificación, sin que sea un medio diverso de la oración, sino que las mismas obras son oración. Orar con las obras, significa orar a través de las obras. Personas de acción en apariencia, y contemplativas en realidad, en comunicación con Dios, que es la alegría, la inteligencia, la fortaleza, la razón de toda actividad y silencio. Dios nos conduce a donde fueron a parar

los místicos más altos: «Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza

alcance» 94 , hasta el corazón de Dios.

Pero lograrlo no es fácil. Hace falta el ejercicio diario y constante que - con el paso del tiempo - vaya abriendo espacio a esa presencia amorosa de Dios que el Espíritu Santo establece en el alma del bautizado. Para ello hay que dedicarle unos minutos a Él en exclusiva, a solas, prescindiendo de toda ocupación.

94 San Juan de la Cruz

94

De «

viviréis metidos en el Señor, a través de ese trabajo personal y esforzado, continuo, que habréis sabido convertir en oración, porque lo habréis comenzado y concluido en la presencia de Dios Padre, de Dios

Hijo y de Dios Espíritu Santo »

esta manera estamos unidos a Dios en todo momento […],

95

-

«Procura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior» - CAMINO, n. 304.

«Me has escrito y te entiendo: «hago todos los días

mi ratito de oración»: ¡si no fuera por eso!» -

CAMINO, n. 106

Quien se esfuerza por hacer bien su labor diaria, y cada mañana y cada tarde la ofrece a Dios; quien aprovecha las incidencias del día para elevar la vista hacia el Señor y hacia la Virgen María, y

A

mortifica un poco los sentidos, y vive la caridad con los demás ése, Dios le transformará su trabajo en oración.

« Trabajar,

oración. No salimos nunca de lo mismo: todo es oración, todo puede y debe llevarnos a Dios, alimentar este trato continuo con Él, de la mañana a la noche. Todo trabajo honrado puede ser oración; y todo

así, es oración. Estudiar, así, es oración. Investigar así es

trabajo, que es oración, es apostolado. De este modo el alma se enrecia

en una unidad de vida sencilla y fuerte

»

96

.

«¡Cualquier trabajo, aún el más escondido, aún el más insignificante, ofrecido al Señor, ¡lleva la fuerza de la vida de Dios!» - FORJA, n. 49

«Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es

una hora de oración» - CAMINO, n. 335

Lograr la unidad de vida, es la meta personal y el camino necesario para alcanzar la vida eterna. Por eso es importante unir el trabajo a

95 . Cf. Beato Josemaría Escrivá, El trabajo de Dios; en «Amigos de Dios» 64-66 96 . Beato Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa 10

95

la oración. Mediante el trabajo el hombre se hace hombre; mediante el trabajo convertido en oración, el hombre se hace santo. No hablamos de una mera compaginación entre trabajo y oración, sino de una fusión de estas dos realidades: el trabajo alimenta la oración y la oración impregna el trabajo. Mejor aún: el trabajo se convierte en oración, sin dejar de ser, en sí misma, una labor bien hecha.

“Quien diga que Dios ha muerto, que salga a la luz y vea

si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto.

Ya no es su sitio el desierto, ni en la montaña se esconde;

Decid, si preguntan, dónde, que Dios está – sin mortaja -

En donde un hombre trabaja y un corazón le responde” 97

Son muy expresivas las continuas palabras que, el beato Josemaría dedica al trabajo en todos sus escritos.

Año 1952 - «Estando plenamente metido en su trabajo ordinario, atareado, ocupado, en tensión, el cristiano ha de estar al mismo tiempo metido totalmente en Dios» - ES CRISTO QUE PASA, 65

Año 1955 - «Debéis procurar que, en medio de las ocupaciones ordinarias, vuestra vida entera se convierta en una continua alabanza a Dios» - De una tertulia con estudiantes en Roma.

Año 1967 - «La vida cristiana debe ser vida de oración constante, procurando estar en la presencia del Señor de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. El cristiano no es nunca un hombre solitario, puesto que vive en un trato continuo con Dios, que está junto a nosotros

y en los cielos» - ES CRISTO QUE PASA, 116

Trabajo y oración se unen de tal modo que penetran en esa cúspide que es la vida contemplativa, la cual no es exclusiva de religiosos o religiosas de clausura, sino que es posible para cualquiera que mantenga la presencia de Dios a lo largo de su labor

97 Himno de la Hora Sexta

96

diaria, puesto que, como afirma San Pablo: En Él vivimos, nos

movemos y existimos 98 .

Al convertir el trabajo en oración se llega a ser contemplativos en el mundo. En cada instante de una jornada habitual se puede clamar

como el Profeta: ¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!. Dondequiera

que estemos, en el bus, el metro, la calle, la casa, la oficina, el campo, en el estadio, el laboratorio, entre el humo de las chimeneas o en la serena paz de un riachuelo, a toda hora es posible mantenerse en activa contemplación, en diálogo permanente de un hijo que necesita y ama a su Padre.

«Hace falta el esfuerzo interior del espíritu humano, guiado por la fe, la esperanza y la caridad, con el fin de dar al trabajo del hombre concreto, aquel significado que el trabajo tiene ante los ojos de Dios y mediante el cual entra en la obra de la salvación […] La iglesia ve como un deber particular suyo formar en una espiritualidad del trabajo que ayude a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvíficos respecto al hombre y al mundo, y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su triple misión de Sacerdote, Profeta y Rey, tal como lo enseña con expresiones admirables el Concilio Vaticano II»

JUAN PABLO II 99

No se trata de aislarse del mundo, del trabajo o la familia, sino de vivir con especial intensidad esa actitud de presencia divina que necesita su espacio para el amor como cuando dos esposos requieren la intimidad de una habitación para intercambiar impresiones sobre la marcha del hogar, la educación de los hijos, o expresarse el amor. La oración no se edifica de espaldas a la vida ni al margen de ella. Más bien es el recurso sobrenatural para encontrarle a la existencia su sentido a los ojos de Dios.

«Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos en los momentos de trabajo, descanso y oración. Si está ante el hornillo de barro o amasando la harina, o con el cántaro en las manos, lista para ir a la

98 . Hch 17,28 99 . Enc. Laborem excercens, n.24

97

fuente, y vuelve a casa con él sobre los hombros y da de beber al Niño, siempre hay en la Virgen ese espíritu contemplativo que comunica a sus acciones una unidad de vida indestructible, apoyada en su profundo vínculo con Dios. Cuando pasa de la oración al trabajo o del trabajo a la oración, no refleja un cambio sustancial. Jamás hubo madre que mirase a su hijo con más fe y ternura. Cada caricia de la madre es un gesto de adoración, y cada roce del Hijo con la Madre, una nueva gracia para ella» 100 .

Basta una breve jaculatoria o una mirada a la imagen de María; un acto de amor o desagravio, al ver o al enterarte de algo inconveniente; una acción de gracias por un buen suceso; una comunión espiritual frente a una iglesia; unas breves palabras al ángel de la guarda por ti o por quien te encuentras en el camino. Y esto, al comenzar o terminar la tarea: mientras atiendes a tus obligaciones de rutina, al descolgar el teléfono, subir a un vehículo, cerrar una puerta, recoger un papel. Todo se puede referir a Dios. Y así el trabajo se convierte en oración individual, en intimidad con Nuestro Padre del Cielo, en trabajo de Dios: una labor humana con entrañas y perfiles divinos, comenzada y concluida en la presencia de Dios.

de que Dios se encuentra en todas partes, nosotros

cultivamos los campos alabando al Señor, surcamos los mares y

ejercitamos

todos los demás oficios nuestros cantando sus

Convencidos «

misericordias

»

101

.

Hay que aprender a rezar en la calle, para lo cual es necesario descubrir en cada uno de quienes encontremos la huella de Dios, que es la filiación divina. No son sólo personas. Son hijos de Dios. Rezar en la calle es experimentar que en todas las cosas se percibe la presencia de Dios, que todo tiene un orden trascendente. Que en todas las cosas de algún modo, hay una relación [positiva o negativa] con el Creador. Siempre podemos preguntarnos: ¿Qué me querrá Dios decir con esto, con aquello?

100 . Franz Michel Willam, La vida de María, Barcelona Herder 1979, p.158 101 . Clemente de Alejandría, Stromata, 7,7, (PG 9, 451)

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Especialmente los pobres a nuestro paso, son un encuentro con Dios. Aunque a veces estemos ciegos, por falta de recogimiento. En ellos, particularmente, está el Señor: Cualquier cosa, por pequeña que

sea, que hayas hecho a uno de mis hermanos más pequeños, a mí lo has

hecho 102 . Dios está en el pobre, se hace pobre con él; está en el enfermo de SIDA, en el drogadicto; en el mendigo y en el raponero; en la madre que no tiene cómo alimentar a su hijo; en el que carece de pan, de techo o de trabajo. Siempre, de algún modo en alguien que reclama nuestra oración está Jesús. Sólo quien va por la calle en oración, alcanza a contemplar a Dios en toda persona, a comprender que en todo camino Dios nos sale al encuentro, aunque no lo distingamos.

XVI. — LA ORACION DE LOS NIÑOS 103

«No enseñéis a vuestros hijos a rezar, que no aprenderán: rezad vosotros».

JUAN PABLO II

La oración no se enseña; se comunica; se transmite por contacto, como el lenguaje. Los pequeños hablan porque oyen a sus padres, utilizan sus términos, se impregnan de su acento; se les pegan sus ademanes. Tal sucede con las virtudes y hasta con los defectos que hallan en el hogar desde que nacen: se les prenden como el color, como el aroma, como el polvo del ambiente. No son las cualidades que los padres tratan de inculcar, ni los conflictos que quieren evitar: es lo que realmente los niños tocan y viven y aspiran mientras crecen.

102 Mateo 25, 40

103 . La educación continúa la generación, engendra cada día vida nueva en los hijos; y, cuando se trata de educación cristiana, por su medio el Espíritu Santo da vida sobrenatural. Los educadores complementan en el colegio la labor paterna y materna. Por eso, las páginas que siguen, aunque dirigidas a los padres, son igualmente válidas para los maestros de sus hijos.

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Si encuentran en la casa 104 que el espíritu de oración llena el ambiente con naturalidad, orarán sin que nadie tenga que enseñarles. En la familia reciben el tesoro de la oración, el secreto de ese lenguaje expresivo de los hijos de Dios. Allí encuentran el enfoque sobrenatural de los sucesos corrientes; allí aprenden a responder con coherencia a cada situación fácil o complicada. Allí respiran la fe para practicar con equilibrio ‘innato’ una conducta cristiana en medio del diario vivir con todas sus vicisitudes.

Los hijos reciben como por contagio las convicciones religiosas de los progenitores, si están auténticamente arraigadas y encarnadas. Así se afincará en ellos la actitud de los padres. Así madurarán en la fe, en la piedad y en la vida de oración. Los niños captan, como por ósmosis, lo que viven sus mayores. El ejemplo de los padres y primeros maestros, es definitivo, con su testimonio vivo, sus actos acordes con el pensamiento. Para poder hablar de Dios a los niños, se necesita una íntima unión con Él que irradie a los demás; que el niño la perciba tan real como las cosas que lo rodean, sin extrañezas, sin afectación, sin aspavientos; entonces sí, ahí sí, los niños orarán con espontaneidad como caminan, como comen,

1. LOS HIJOS COPIAN A SUS PADRES

Vivirán como sus padres viven, y esto han de tener en cuenta si quieren despertar en los hijos la vida de la gracia 105 , otorgada a cada uno con el bautismo, para que siga creciendo hasta la vida eterna.

«En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha al calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre, aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, para poder transmitir - más que enseñar - esa piedad a los hijos 106 » - Beato JOSEMARÍA ESCRIVÁ

104 . Y en el colegio, que es su complemento 105 . Junto con la fe y la humildad, que son requisitos previos a la oración. 106 . Conversaciones 103

100

Es, lo que suscita el Espíritu Santo en la Sagrada Escritura, a todo hombre y mujer. Transmitir a los descendientes la fe que, a su vez, ellos recibieron de los mayores. En labios de los padres de aquella época, pone el Espíritu Santo el Salmo 77:

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; presta oído a las palabras de mis labios. Voy a abrir mi boca en un poema, y evocaré escondidas lecciones del pasado

Lo que hemos oído y aprendido lo que nos han contado nuestros padres, no lo ocultaremos a nuestros hijos. Relataremos a la generación venidera las glorias de Yahvé y su poderío, las maravillas que Él hizo; los preceptos que dio a Jacob y la ley que puso a Israel.

Él había mandado a nuestros padres que lo entregaran todo a sus hijos, que la generación siguiente lo supiera, los niños que habían de nacer, y a su vez los hijos nacidos de ésta. Y que estos lo contasen a sus hijos para que pusieran en Dios su confianza y no olvidaran las maravillas de Dios, y observaran sus mandamientos.

Es un privilegio y no sólo un gratísimo deber, este encargo de transmitir de padres a hijos la herencia inagotable del Evangelio; poder convertir nuestra vida - desde hace dos mil años - en una amistad entrañable con Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Y es, también, una gran responsabilidad de los padres y educadores, que viene ligada a la dignidad de su misión y de cuyo fiel cumplimiento tal vez dependen la salvación propia y la de los hijos.

101

«El hogar es la primera escuela de la fe, donde la gracia bautismal se abre al conocimiento y amor de Dios, de Jesucristo, de la Virgen». J.

PABLO II 107 .

2. TRANSMITIR EL SENTIDO DE LA FILIACION DIVINA

«¡Mirad qué amor hacia nosotros ha tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios! Y no sólo que nos llamemos, sino ¡que lo seamos!» - (Jn 3,1).

Un padre de familia cristiano hace conscientes a sus hijos de esta realidad. El muchacho no es sólo su hijo, ni la niña su hija. Más que todo son hijos de Dios. Si el papá ha sabido proyectar con su propia vida una imagen auténtica del Padre del Cielo, este convencimiento de su filiación divina despertará en los niños el anhelo de tenerlo muy presente, muy cercano, y confianza en su Providencia. Y la espontánea sencillez de niños pequeñitos frente al Padre (Abbá, papito) a cuyo lado nada malo puede suceder. Si captan lo que

significa ser hijo de Dios - ser, de verdad, hijos en el Hijo, en Cristo -

podrán sentir la necesidad de un conversar continuo con Jesús.

«Los hijos, ¡cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres! Y los hijos de reyes, delante de su padre el rey,

¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza!

Y tú

gran Rey, tu Padre-Dios?» - CAMINO 265

¿No sabes que estás siempre delante del

Les será fácil, entonces, vivir en oración íntima, cordial, plenificante; en una charla abierta, ininterrumpida como con los papás terrenos que se hacen presentes en la vida de sus hijos y les cuentan lo que sucede en el estudio, en el juego, en las dificultades, en las penas y alegrías. Así mismo sabrán hacerlo con el Señor:

Jesús, me pasó esto

preocupa tal o cual cosa

Voy a ganar el partido

etc.

aquello

lo demás

No estudié

Me caí

Estoy enfadado

Me

Me duele un dedo

102

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