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DILEMAS ÉTICOS

Por: Melania Muñoz

El presente ensayo, trata acerca de las contradicciones que vivo y he vivido a lo largo de mi vida, me refiero el querer ser y el deber ser, a la coherencia entre el decir y el hacer, lo cual muchas veces me resulta difícil, quizás porque generalmente, como todo ser humano, por costumbre, habitualmente se me hace más fácil juzgar, apreciar, en fin, valorar las cosas, eventos y personas de mi entorno, en vez de analizar primero, mi propio actuar, pensar y hacer.

Es muy conocido que constantemente los seres humanos nos colocamos o colocamos a otras personas en alguna balanza que nos permita ponderar atributos como la belleza, la bondad, la utilidad, la inteligencia o cualquiera otra cualidad. De esa forma, con el resultado obtenido nos formamos algún juicio sobre lo que creemos haber encontrado. Creo que en este proceso reside una de las claves para la revisión, la reflexión y el mejoramiento permanente del propio ser. Sin embargo, al no contar con la sabiduría infinita, ni la verdad irrebatible de nuestro lado, muchos de estos juicios tienen como punto de partida las propias limitaciones y subjetividades inherentes a cada individuo.

Efectivamente no soy dueña de la verdad, aunque quizás sí, de un poco de sabiduría, la que se aprende con el vivir cada día la experiencia en la vida, porque tal como lo proponen los autores del libro Las siete leyes de caos,: “la palabra verdad, no significa algo absoluto”, y es que, según explican, existe mi verdad y la de los demás, es decir mi realidad, lo que yo creo, y lo que otras personas piensan y consideran que es su propia verdad, de acuerdo a su realidad, es que como afirman Briggs y Peat, la verdad se encuentra en cada individuo y se debe partir de las condiciones de la propia y única vida. (Briggs y Peat, 1999, pág 28). Por tanto, en estas líneas trato de reflejar lo que pienso y siento al hacer unas reflexiones de vida de mis propios conflictos.

Formarse un juicio acerca de las personas que me rodean y con quienes comparto mi cotidianidad es más sencillo, es lo que ocurre comúnmente y en este punto, considero importante exponer las reflexiones de algunos colegas participantes del Cuarto Congreso

Virtual Iberoamericano de Calidad en Educación a Distancia, EduQ@2012 y del cual también estoy tomando parte.

Resulta que uno de los debates del pre congreso, se centró en la búsqueda de la ética, el compañero Armando Barraza, exponía su tristeza y desesperación porque no encuentra la preciada ética en ninguna parte, la busca en todos lados, en el mercado, en las aulas de clase, en las tiendas, pero, lamentablemente no la encuentra en ninguna parte. El se refería a que en el presente, sus estudiantes no conocen ni siquiera esta palabra.

El debate fue intenso, y una de las colegas opinó que: “los alumnos ahora sólo les interesa

el número que obtienen al final del curso… y continuaban argumentando que la ética se ha

perdido, porque se han perdido los valores y que este es el gran problema de nuestros días”. (Villar, 2012)

El interesante debate llevo al profesor Barraza, a preguntarse “…¿qué estamos haciendo con nuestra ética: estamos fungiendo o fingiendo como profesores?, la docencia, ¿la estamos viendo como un arte, como un engaño, como qué?”

Al analizar las inquietantes reflexiones del colega Barraza, creo oportuno tomar en cuenta la propuesta del autor de los métodos, Edgard Morín, en su obra Método 6: Ética, al referirse al hecho de que la fuente ética nace en el interior de cada individuo, como un deber y que intervienen también la cultura, las creencias, las normas de una comunidad, menciona el autor, que además hay una fuente anterior que surge de la organización viviente, transmitida genéticamente. (Morin, 2006)

Esta interesante reflexión, me hace volver la mirada hacia el camino recorrido y me doy cuenta que en todas las culturas, a pesar de contar con conocimientos y experiencias de vida, aún no existe coherencia entre lo que se dice y lo que hace, me pregunto: ¿Por qué buscar en otros, lo que me falta a mí misma?

Estamos fingiendo o fungiendo como profesores, se pregunta el profesor Barraza, y vienen

a mi mente recuerdos de mi infancia, cuando en mi hogar y en la escuela me hablaban a

favor de la No violencia, y sin embargo tanto a mí como a mi hermana y demás congéneres, recibíamos castigos físicos o psicológicos cuando no nos aprendíamos unos contenidos de

memoria, aprendí a tener miedo, a creer lo que creían las personas adultas con quienes convivía. En mi hogar había amor y rigor, como decían mi Madre y mi abuelita, pero muchas veces me sentí dominada más por el rigor que por el amor y la comprensión.

Aquellas conductas inapropiadas, son las que por costumbre, he repetido en muchas ocasiones con mis hijos en mi hogar, con los estudiantes en el aula, y es ahora, después de mis 40 años de peregrinación por este mundo, cuando ya estoy recogiendo los frutos de mis acciones, que me doy cuenta de los errores cometidos, me refiero a que algunas veces transmití enseñanzas a mis hijos de la misma manera, con castigos físicos o psicológicos, como lo hicieron conmigo, en vez der persuadir o razonar con ellos del por qué y para qué aprender.

Aquella conducta mal aprendida e implementada por mí, también de forma equivocada, es lo que identifico ahora como “el querer ser y el deber ser”. Dentro de mi he librado una lucha interna de contradicciones entre lo que debía ser y lo que quería ser, es decir se trata de un conflicto representado en querer que en este caso, mis hijos o todas las personas que me rodean, sean como les digo que sean, como yo en mi esquema mental lo he concebido.

Estas reflexiones, las veo cristalizadas en la propuesta de Morín, expuesta en su Obra Método 6. Ética, acerca de que: “…el acto moral es un acto de religación: religación con el prójimo, religación con una comunidad, religación con una sociedad y, en el límite religación con la especie humana” (Morin, 2006, pág. 32).

Se trata entonces, como menciona Morin, “de la necesidad vital, social y ética de la amistad, del afecto, del amor para el desarrollo de los seres” (Morin, 2006, pág. 40), según entiendo, para enfrentar mis dilemas, es necesario primero encontrar mi propia unidad, mi propio espacio dentro de esta sociedad, para poder aportarlo a mi prójimo, sólo así sería posible lograr la reunión de la trinidad indivisible entre: individuo-especie-sociedad.

La religación de esta trinidad, según yo, debería partir, del encuentro de un sentido crítico de mi vida y de vencer la dificultad para adquirir un conocimiento pertinente (Morin, 1999, pág. 60). Dominar esta insuficiencia y dificultad favorece la débil ilusión de la ética interna, y logra beneficiar los procesos de la autoceguera o autoengaño.

Ser autocrítico, representa muchas dificultades, encontrar en mi actuar los errores comunes que han marcado no sólo mi propia vida sino la de las personas con las que convivo, no es sencillo, porque al no existir un verdadero autoconocimiento crítico, ocurre la dificultad de la lucidez ética.

La falta de lucidez ética se traduce en lo que el autor de la Obra El Método 6: Ética, llama moralina de la indignación (Morin, 1999, pág. 61), y que en lo particular me ha llevado en ocasiones a descalificar a mi prójimo, me refiero al caso de un estudiante que me solicitó ayuda con su trabajo monográfico, y directamente me ofreció dinero para que yo hiciera todo y él me pagaría. Yo sentí cólera, y lo comente con mis colegas, una de ellas me contestó, posiblemente hay profesores que si lo hacen, es decir si aceptan dinero.

Yo me pregunto aún ahora, ¿será que aquel estudiante no se siente bien asesorado, y con la capacidad suficiente para desarrollar un trabajo de investigación, qué está fallando en el aprendizaje que estoy proponiendo? ¿Qué debo mejorar para qué el aprendizaje sea óptimo?

Encuentro oportuno acudir, entonces, a examinar el contexto donde me estoy desarrollando, reconocer mis ilusiones éticas, las incertidumbres, la elección reflexionada de las decisiones que debo asumir. La posible respuesta al por qué de esta inaplazable tarea, esta expresada claramente en la propuesta de Leonardo Boff, cuando apunta que: “Tenemos que cambiar de rumbo o nos enfrentaremos a lo imponderable” y continua diciendo que “la quiebra de la religación del ser humano consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el sentido trascendente de la vida” (Boff, 2004, pág. 4); queda expresada aquí la coherencia de pensamiento con Morin.

Aunque sea visto como un sueño, pienso que la religación debe empezar por mí misma, porque esto permitirá integrar mi personalidad, y creo imperativo retomar la propuesta que nos hace Leonardo Boff, al expresar: La ternura es el cuidado para con el otro, el gesto amoroso que protege y da paz. El vigor abre caminos, supera obstáculos y transforma los sueños en realidad. Es la rivalidad sin la dominación, la dirección sin la intolerancia.(Boff, 2004, pág. 12).

Tomando en cuenta estos planteamientos, el reto para mí, hoy es: No continuar repitiendo las conductas inapropiadas aprendidas, es decir desaprender, es lograr integrar mi personalidad teniendo como base la ternura y el vigor, para intentar mantener unidas mis contradicciones, vencer el temor a la autocrítica, al autoexamen, y por esta razón, todos los amaneceres comienzo y recomienzo cada día, con el ideal de conseguir la ética que alcance la inclusión de todos los seres humanos que me rodean.

BIBLIOGRAFÍA

Boff, L. (2004). Ética moral. Lla búsqueda de los fundamentos. Madrid: Gafo, S.A. - Bilbao.

Briggs, J., & Peat, F. D. (1999). Las siete leyes del caos. Las ventajas de una vida caótica. Barcelona:

GRIJALBO (Grijalbo Mondadori, S.A.).

Morin, E. (2006). El método 6: Ética. Madrid: Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A.).

Villar, G. (2 de Junio de 2012). Cuarto Congreso Virtual Iberoamericano de Calidad en Educación a Distancia. EduQ@2012. Obtenido de e2012.eduqa.net/mod/forum/discuss.php?d=179