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Grandes doctrinas bíblicas

Los peligros del premilenarismo

El título de esta lección da a entender claramente que, a mi parecer, el premilenarismo es una doctrina peligrosa. Tengo razones para pensar así. Veo en- tre los diversos principios de esta doctrina algunas enseñanzas que trastornan el evangelio verdadero, y que constituyen un ataque al corazón mismo de la enseñanza neotestamentaria. También, he visto algunos de los frutos del premilenarismo en las vidas de sus partidarios. He visto hombres que se entusiasmaron tanto con la doctrina que parecieron olvidar las grandes verdades del evangelio, por las cuales una vez combatieron. No hablan, ni predican, ni escriben sobre otra cosa que no sea el premilenarismo. Tienden a ser fanáticos de este. El premilenarismo se convierte para ellos en el importante mensaje que debe predicarse. Evitan las iglesias que rehúsan proveerle refugio a este, y buscan a otros que acepten esta enseñanza, sin importarles otros puntos de diferencia doctrinal que puedan existir.

LA DOCTRINA DEL PREMILENARISMO El premilenarismo es la enseñanza en el sentido de que en el futuro habrá un período de mil años de justicia universal sobre la tierra. Según esta enseñanza, Cristo ha de volver a la tierra antes de este período y ha de reinar sobre ella durante mil años. Hay otros puntos relacionados; sin em- bargo, la anterior es una breve reseña. Por supuesto, hay varias maneras como la Biblia rebate la doctrina. Ella revela que el reino de la profecía ya fue establecido. Revela que Cristo está reinando ahora sobre el trono de David. Estos puntos rebaten la teoría, y son puntos que enseñan claramente pasajes de las Escrituras. Una regla de estudio bíblico que por lo general se ha reconocido, es que los pasajes figurados y de difícil comprensión, deben interpretarse a la luz de pasajes claros. No obstante, el premilenarista tiene el hábito de interpretar primero los pasajes

figurados, y después torcer los pasajes claros, con el fin de hacerlos ceder, o los pasa por alto completamente. Los premilenaristas se jactan en gran manera de creer en la Biblia, y acusan a los demás de no creer en ella. Parecen pensar que cuando uno cree que una figura de lenguaje tiene significado figurado, uno no cree en la Biblia. La práctica de interpretar los pasajes figurados primero, y después tratar de hacer ceder los pasajes claros, no es manera de arribar a la verdad. Más bien es un intento por mantener una teoría errónea a toda costa. La doctrina del premilenarismo se afianza tan firmemente en sus creyentes, que ella llega a ser más clara que todo lo demás, más clara que el plan de salvación, más querida que la iglesia que fue comprada con sangre. La teoría hace que sus partidarios pongan en una categoría secundaria la «era de la iglesia» y las doctrinas relacionadas con la iglesia del Señor. Veamos como hacen esto.

PROCEDIMIENTOS Y TÁCTICAS DE LOS PREMILENARISTAS Los premilenaristas leen los pasajes vetero- testamentarios que anuncian el reino, y están conscientes de que Juan y Jesús anunciaron que ese reino se había «acercado». No obstante, llegan a la conclusión de que no fue establecido, sino que se pospuso. ¿Hay algún pasaje que enseñe que Jesús lo pospusiera, o que por lo menos lo insinúe? No lo hay. ¿De dónde sacaron, entonces, esa idea? Leen los pasajes veterotestamentarios acerca de un reino y de un trono, y llegan a la conclusión de que es un régimen terrenal y material el que se anuncia. Creen lo mismo acerca del reino que anunciaron Juan y Jesús. No les parece que Jesús alguna vez estableciera esta clase de reino, de modo que concluyen que lo pospuso. No parece ocurrírseles a los premilenaristas que la muy particular idea que tienen ellos de la

naturaleza del reino que predijeron los profetas y que anunciaron Juan y Jesús, puede estar errada. Dicen que Daniel 2.44 profetizó el reino, y que este había de ser establecido en los tiempos del Imperio Romano. Están de acuerdo con que Jesús vino con toda la intención de establecer ese reino. No obs- tante, afirman que como los judíos no estaban preparados para el reino, y no lo aceptarían, entonces a Jesús le fue necesario posponerlo. Según los premilenaristas, Roma será reani- mada y una vez más tendrá dominio de toda la tierra. Sostienen esto con el fin de proveer para el cumplimiento de Daniel 2.44. Cuando parecía, durante la Segunda Guerra Mundial, que Italia podría ponerse en marcha otra vez, las plumas de los premilenaristas fluyeron copiosamente; pero cuando las potencias del Eje fueron aplastadas, las plumas guardaron silencio. ¿Habrá sido que los ejércitos de los Aliados, al igual que los judíos que se negaron a aceptar el reino en los tiempos de Jesús, frustraron los planes de Dios? Los premilenaristas dicen que ellos no en- tienden las demoras de Dios en estos asuntos. Parece que cuando atribuyen planes al Señor, y un evento no sucede, ellos concluyen que el Señor lo pospuso, o que cambió de planes. En lugar de lo anterior, ¿por qué mejor no llegar a la conclusión de que sus ideas acerca de los planes de Dios están erradas?

LAS CONSECUENCIAS DEL PREMILENARISMO El reino de la profecía veterotestamentaria ha sido establecido. De esto hay indicios indudables en pasajes tales como Hebreos 12.28, Colosenses 1.13 y Apocalipsis 1.9. Estos pasajes no solamente insinúan la existencia del reino; la declaran. Hebreos 12.28 dice: «Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible…». La afirmación de Pablo en Colosenses 1.13 fue en el sentido de que Dios nos ha «trasladado al reino de su amado Hijo». Juan declaró en Apocalipsis 1.9 que él era un hermano «en el reino». Dios levantó a Cristo para que se sentara en el trono de David (Hechos 2.30–31), y lo hizo «resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales» (Efesios 1.20). Cristo, «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados […] se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1.3). El taber- náculo de David (Hechos 15.14–17) ha sido reconstruido de una manera espiritual; por lo tanto, ahora los gentiles pueden gozar el privilegio de ser conciudadanos con los santos. Además, una

comparación de diferentes pasajes de la Escrituras indica que el reino de Cristo es la iglesia. Puesto que solo tiene un cuerpo, y puesto que Él gobierna sobre Su reino y es cabeza de la iglesia, se deduce que tienen que ser el mismo cuerpo (Efesios 4.4). Los premilenaristas no creen que el reino haya

sido establecido, pero sí creen que la iglesia ha sido establecida. Esto significa, por supuesto, que ellos no creen que el reino es la iglesia. Por lo tanto, según ellos, ¿qué papel juega la iglesia en el plan de Dios? La doctrina premilenarista dice que cuando se tomó la decisión de posponer el reino, la iglesia fue dada como sustituto de este. Según esta teoría, después que Jesús vio que el reino no podría ser establecido, Él anunció Su intención de establecer

la iglesia. Si esta enseñanza fuera correcta, entonces,

después que Jesús prometió edificar la iglesia, no

esperaríamos que hiciera más anuncios en cuanto a que el reino se había acercado. Por el contrario, esto es exactamente lo que encontramos. Solo este hecho debería aniquilar la teoría del premilenarismo. En Lucas 10.9, a los setenta

discípulos se les ordenó predicar: «Se ha acercado

a vosotros el reino de Dios». Esta afirmación fue

hecha después que Jesús prometió edificar Su iglesia (Mateo 16.18). ¿Cómo lo sabemos? La comisión limitada que se recoge en Lucas 10 fue dada a los setenta después de la transfiguración que se recoge en Lucas 9. No obstante, la promesa de Jesús en el sentido de edificar Su iglesia, recogida

en Mateo 16, fue hecha antes de la transfiguración,

la cual se recoge también en Mateo 17. Por lo tanto,

las afirmaciones de Jesús acerca de la cercanía del reino, recogidas en Lucas 10, fueron hechas después que Él prometió edificar Su iglesia, en Mateo 16. En otras palabras, Jesús proclamó que el reino se había «acercado» aun después que anunció Su propósito de edificar la iglesia. El anuncio que hizo Jesús acerca de la iglesia, no significó que él estuviera abandonando Sus promesas en relación con el reino. La verdad es que Dios había estado pensando en la iglesia todo el tiempo. Refiriéndose a ella y a su diseño, en Efesios 3, Pablo dijo que esto fue «conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor» (vers. o 11). En ese mismo capítulo, en una de sus maravillosas doxologías, dijo Pablo: «… a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos» (vers. o 21). Note la expresión «por todas las edades». Así es, la iglesia estaba incluida en el propósito eterno de Dios, y Él ha de ser glorificado por ella «por los siglos de los siglos». Pablo enseñaba que la

iglesia era el cumplimiento de lo que Dios se había propuesto, de lo que los profetas habían profetizado, y de lo que Cristo había anunciado. Si el premilenarismo fuera verdadero, ¿cómo podría haber sido incluida la iglesia en el propó- sito de Dios? No podría haberlo sido. ¿Cómo podría haberse referido a ella una sola profecía veterotesmentaria? Ninguna podría haberlo hecho. Según esa doctrina, el propósito y el plan originales eran para el reino, pero la iglesia sirvió de sustituto después que el reino fue desechado. ¿Es la era cristiana el resultado de una ca- sualidad? ¿Es una desilusión? ¿Es un sustituto para mientras viene el reino? ¿Existe como una anticipación del reino, preparando una clase gober- nante para ese reino? Ninguna de las anteriores. Por lo tanto, no es difícil entender cómo la iglesia, el plan de salvación, y otros elementos propios de esta era, llegan a ocupar una posición poco importante en el pensamiento del premilenarista. La doctrina en sí les asigna tal posición a ellos. El gran evento, la culminación, está todavía en el futuro, y viven en constante espera de él. ¿En qué consiste esa culminación? ¡En un reino terrenal en el cual los ritos y formas terrenales del judaísmo reviven! ¡Cuán trastornante del verdadero espíritu cristiano es esta doctrina! ¡Es un volver a las sombras! Es peligrosa.

CONCLUSIÓN La iglesia es el único reino que Dios tiene sobre la tierra hoy día, y el único que alguna vez tendrá. Fue parte de Su propósito eterno. El Nuevo Testamento le atribuye una posición de sublime importancia. Es grandioso; en comparación con él, todas las demás instituciones se empequeñecen. Jesús reina sobre él. Él reina como Rey desde el trono de David en lo alto de los cielos. Él debe reinar hasta que todos los enemigos sean puestos por estrado de Sus pies. «El postrer enemigo» en ser destruido es «la muerte» (1 era Corintios 15.25– 26). Será destruido por la resurrección de los inicuos y de los justos el día postrero (Juan 5.28–29; 6.44;

12.48).

Habrá una «resurrección», tal como se afirma en Hechos 24.15. No habrá dos resurrecciones, una de los justos y otra de los inicuos, separadas por un período literal de mil años. Cuando los muertos

sean resucitados en el día postrero y sea destruido el postrer enemigo, Cristo entregará el reino a Dios Padre. Este es el reino contra el cual las puertas del Hades no prevalecerán —el reino inconmovible, el reino que permanecerá para siempre. Los cristianos creen que hay un hogar para el alma, y ellos lo esperan con ilusión. No es una esperanza de una habitación terrenal, sino de «una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos» para ellos

(1 era Pedro 1.4).

en los cielos» para ellos (1 e r a Pedro 1.4). ■ El significado de la

El significado de la paciencia

La palabra «paciencia» es rica, pues significa resistencia, perseverancia y longanimidad. Ser paciente es resistir la adversidad sin quejarse. La paciencia incluye la capacidad de resistir, la capacidad de sufrir y la capacidad de esperar. Se menciona como una de las siete virtudes que hemos de añadir a nuestras vidas (2 a Pedro 1.6; vea Hebreos 12.1–2). Puesto que Jesús es nuestro modelo perfecto, observemos cómo demostró Él paciencia. Paciencia con la gente. Vemos la paciencia de Jesús en Sus esfuerzos por ganar a la gente. Aunque multitudes le oprimieran, él andaba haciendo el bien. Era paciente cuando Sus discípulos no eran capaces de entender. También era paciente con sus enemigos. Estuvo dispuesto a perdonar, y pidió a Dios que los perdonara. Paciencia con las circunstancias. Al seguir a Jesús en Su vida terrenal, al verlo durante las tribulaciones, y al contemplarlo en el Calvario, se nos da a conocer que tenía perfecto dominio de las circunstancias. También podemos aprender de Job (vea Santiago 5.11) y de Pablo (vea Filipenses 4.11). Un cristiano no está exento de pruebas y tribulaciones, pero tiene tranquilidad de espíritu en medio de ellas. Santiago enseñó que las pruebas producen paciencia (Santiago 1.1–3). Paciencia con Dios. Jesús fue siempre sumiso a la voluntad de Su Padre. Esto fue lo que pidió en oración: «… pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22.42). Debemos tener paciencia mientras Dios realiza Sus planes. Debemos per- severar en oración y jamás pensar que Dios ha olvidado Sus promesas.

Autor: Raymond C. Kelcy Nombre de la serie: Grandes doctrinas bíblicas ©Copyright 2004, por LA VERDAD PARA HOY Todos los derechos reservados

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