Está en la página 1de 8

Lo importante es pensar sobre evaluación y esto es pensar sobre

educación. Se trata de redescubrir el sentido / valor de la evaluación


en el contexto pedagógico.

Una red laxa de evaluación solo me permite apreciar algunas cosas,


algo numérico y sin matices.
Una red más intrincada o densa, me permite matizar y utilizar el
lenguaje para hacer las apreciaciones que sean necesarias.
La educación es un territorio complejo y si lo simplifico,
sencillamente lo estoy desvirtuando (Mito de la Caverna de Platón).
No puedo utilizar redes inadecuadas para “atrapar” cosas complejas

Necesitamos tener claro el modelo evaluador y éste debe tener


siempre una mirada global y responder a una mejora de nuestra
práctica
¿Por qué se hace sólo evaluación al final?
•Epistemología o costumbre
•Infravaloración / no comprender su esencia
•Miedo
Lo técnico ha de estar mediatizado por lo ético
Bajo lo legal hay otra capa más importante, que es la pedagógica
¿Miramos a un solo sitio o a un todo?
Lo que miramos, ¿lo hacemos de una forma integrada o fragmentada?

El concepto de transversalidad en educación son hoy las competencias.


Hay que tener una perspectiva de gran angular de cara a la labor
pedagógica.
Sí no hago “porosa” la escuela, no puedo trabajar las competencias. La
enseñanza ha de transcender el espacio aula / centro, dejando salir y
dejando entrar.

El modelo educativo genera un modelo didáctico y un modelo


evaluador, por lo que han de estar integrados.
Modelo educativo: ¿a qué tipo de niño veo?, ¿qué me planteo?.
Plano axiológico: ¿con qué valores me comprometo y trabajo?
Modelo didáctico: puede ser tradicional (que es asimétrico y
vertical) o constructivista ( que es bidireccional y horizontal).
Modelo evaluador: es exigible la coherencia, a veces se dan
modelos evaluadores tradicionales con modelos didácticos más
innovadores.

Hay que delimitar lo que se quiere evaluar y por qué ¿para mejorar
mi práctica?, ¿para desarrollar competencias?, ¿para calificar
alumnos? (esto último no es evaluar).

La calificación es la parte visible del “iceberg”, lo que hay debajo de


la línea de flotación es lo que, en su caso, le puede dar valor (por
qué, cómo, etc.).

Evaluar no es algo neutro. Implica profesionalidad en la práctica y en


el compromiso.

Los ciudadanos competentes exigen tratamientos holísticos.

La evaluación tiene una dimensión ética, axiológica.


Dimensión de poder: en este sentido la evaluación no puede
desarrollar competencias.

Dimensión pedagógica: solo puede aspirar a atisbar la estimación


de las competencias.

Bibliografía: el profesor intuitivo de Ferry Atkinson.

Los macro-referentes son el referente último de la acción


educativa. Los objetivos están vinculados con las capacidades y éstas
están integradas en algo más global, que son las competencias.

Los meso – referentes debo mirar los para qués (competencias y


objetivos o macro – referentes), pero lo más mediato y “prensible”
son los CC.EE., que están en consonancia con las competencias y los
objetivos, con los macro – referentes. El criterio de evaluación es un
indicador de aquello que se quiere conseguir en la enseñanza.

Los micro – referentes los CC.EE. no son exhaustivos y, por lo


tanto, los objetivos didácticos me sirven para relacionar la realidad
con aquellos.
Los criterios de evaluación no se refieren a una sola competencia,
aunque una de ellas pueda ser primordial, pero se pueden incluir o
desarrollar muchas otras (máxime si tenemos en cuanta el proceso
didáctico / tareas que hayamos diseñado y seguido).

El criterio “bebe” de para qués y de qués (objetivos y contenidos).

Es necesario conocer la contribución del área al desarrollo de las


competencias básicas y, también, la explicación del criterio. Ambas
cuestiones nos darán muchas pautas para desarrollar las tareas
didácticas.

Antes de hacer / iniciar una unidad didáctica, me tengo que plantear


para qué lo hago, qué objetivos tengo, para plasmarlos en el
proceso. Además, los objetivos pueden y deben estar vinculados
entre sí.

Los objetivos y los contenidos tienen que estar relacionados, si no


alguno sobra. Todo para qué tiene sentido en el qué (y al revés).

Se puede hacer un análisis de nuestra labor con una simple plantilla


en la que constatemos lo que hacemos en una serie de campos y con
unos criterios para realizar dicho análisis.

Sí las competencias están enraizadas en la experiencia vital del


alumno, tiempo y espacio adquieren una nueva dimensión, ya que se
globalizan. Por ejemplo, el territorio educativo ha de ser poroso
(escuela, familia, entorno) y todo tiempo es educativo eyt
pasan a ser E. y T.

La escuela tiene que ser un contexto vital, y no artificialmente.


El rol como docente tiene que cambiar. Como profesor tengo que
“andamiar”, acompañar, generar otras miradas con ojos nuevos,
hacer una participación guiada teniendo en cuenta la zona de
desarrollo próximo (Vigotsky). Buscar un rol provocador que me
permita abrir nuevos interrogantes.

El profesor ha de ser un ciudadano comprometido con la mejora de


la enseñanza ¿tiene que ser el filósofo del Mito de la Caverna?

Hay que desarrollar procesos de metaevaluación y llegar a evaluar la


práctica y, por tanto, la propia evaluación.

Debo evaluar cuando pueda y cuando merezca la pena evaluar, no


solo al final en clave cronológica.
La observación puede tener tres dimensiones:

•Instrumento: valoras una escala numérica, en sí o no, en


verdadero / falso, anécdotas, etc.

•Método: dos tipos, sistemática o informal.

•Actitud: solo si miro de forma atenta, sensible y empática al


otro y a lo otro, puedo ayudar a crecer a mis alumnos, así podré
valorar a otras personas y sus acciones. No podré entender la
realidad si no tengo esta actitud.

La evaluación ha de estar implícita en todo lo que hagamos.

La evaluación, por esencia, es matizadora, no certificadora, o


cogemos redes de las finas, que nos permitan matizar, o perdemos la
perspectiva.

¿Dónde están ahora los contenidos procedimentales y actitudinales?


Son los elementos que integran las competencias. En la escena
pedagógica, los diferentes tipos de contenidos han de seguir
presentes.

Evaluar hechos o conceptos no es lo mismo, a veces somos muy


simples en la formulación de las cosas y creemos que estamos
evaluando una cosa y, en realidad, estamos evaluando otra.
¿Qué evalúo de los procedimientos?

Las formas de enseñar tienen que ser potentes en relación con que
sean transferibles a otros contenidos.

Las competencias son los nuevos ejes transdisciplinares.

Trabajar desde posturas de ignorancia es heurístico, motivador, y,


además, se ubica en el ámbito del planteamiento de preguntas. Por
ej. No sé si en todos los sitios es lo mismo