1 Texto de Paulo Freire, “La importancia del acto de leer” (en el libro de Paulo Freire La importancia de leer y el proceso de liberación

, México, Siglo XXI Editores, editado en 1991. En ese texto Freire cuenta cómo aprendió a leer y escribir el mundo, y luego a re-leerlo y re-escribirlo.

Material de Trabajo 2. La importancia del acto de leer
Por Paulo Freire

proceso que implicaba una comprensión crítica del acto de leer. después la lectura de la palabra que no siempre. hablé. decir algo del proceso en que me inserté mientras iba escribiendo este texto que ahora leo. La vieja casa. tal era la intimidad entre nosotros. rodeada de árboles. decir algo del momento mismo en que me preparaba para estar aquí hoy. arroyos. inventando lagos. iba yo “tomando distancia” de los diferentes momentos en que el acto de leer se fue dando en mi experiencia existencial. en las nubes del cielo. su terraza –el lugar de las flores de mi madre–. en el texto que escribo. de mi juventud. la amplia quinta donde se hallaba. En él gateé. de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la continuidad de la lectura de aquél. ríos. Los “textos”. sino que se anticipa y se prolonga en la inteligencia del mundo. el del olka-pro-caminho-quemvem. la “lectura” del mundo. de señales. en la danza de las copas de los árboles sopladas por fuertes vientos que anunciaban tempestades. el del sabiá. de los jazmines–. buscando la comprensión de mi acto de “leer” el mundo particular en que me movía –y hasta donde no me está traicionando la memoria– me es absolutamente significativa. en el color del follaje. las “palabras”. truenos. en mis relaciones mis hermanos mayores y con mis padres. relámpagos.2 “Acepté venir aquí para hablar un poco de la importancia del acto de leer. su corredor. Me parece indispensable. todo eso fue mi primer mundo. caminé. Me veo entonces en la casa mediana en que nací en Recife. Primero. las pintas negras del mago ya más que maduro. la experiencia en el momento en que aún no leía la palabra. en que la importancia del acto de leer se vino constituyendo en mí. sus cuartos. las “letras” de aquel contexto –en cuya percepción me probaba. de mi adolescencia. me erguí. re-creo y re-vivo. y por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas. balbuceé. a su sombra jugaba y en sus ramas más dóciles a mi altura me experimentaba en riesgos menores que me preparaban para riesgos y aventuras mayores. guardados en la memoria. . En verdad. que no se agota en la descodificación pura de la palabra escrita o del lenguaje escrito. en el aroma de las hojas –de las rosas. aquel mundo especial se me daba como el mundo de mi actividad perceptiva. desde las experiencias más remotas de mi infancia. en la forma de las hojas. La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. En este esfuerzo al que me voy entregando. las aguas de la lluvia jugando a la geografía. de objetos. me sentí llevado –y hasta con gusto– a “releer” momentos de mi práctica. La relación entre esos colores. Al intentar escribir sobre la importancia del acto de leer. cuya comprensión yo iba aprendiendo en mi trato con ellos. del bem-te-vi. más aumentaba la capacidad de percibir– encarnaban una serie de cosas. La vuelta a la infancia distante. el desarrollo del fruto. Los “textos”. al tratar de hablar de esa importancia. del pequeño mundo en que me movía. y cuanto más lo hacía. las “palabras”. en sus movimientos. La comprensión del texto a ser alcanzada por su lectura crítica implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto. su sótano. islas. Los “textos”. el amarillo verduzco del mismo mango madurando. fue la lectura de la “palabra-mundo”. algunos de ellos como si fueran gente. En la tonalidad diferente de colores de una misma fruta en distintos momentos: el verde del mago-espada hinchado. en sus colores. Al ir escribiendo este texto. Lenguaje y realidad se vinculan dinámicamente. las “letras” de aquel contexto se encarnaban también en el silbo del viento. las “letras” de aquel contexto se encarnaban en el canto de los pájaros: el del sanbaçu. en la cáscara de las frutas. en la densidad de los árboles. las “palabras”. a lo largo de mi escolarización.

de lejos. de farol en farol. andar cadencioso. al caer la noche. en el tiempo de mi infancia. sin que esa comprensión significara animadversión por lo que tenía encantadoramente misterioso. El desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la “lectura” del mundo particular. Me acuerdo de las noches en que. Yo acostumbraba acompañar. el viejo perro negro de mi padre. la percepción de un sinnúmero de ruidos que se perdía en la claridad y en la algaraza de los días y resultaban misteriosamente subrayados en el silencio profundo de las noches. permítanme repetirlo. Faroles elegantes que. su maullido de súplica o de rabia. desde el portón de mi casa. Todo eso ligado a contextos más amplios que el del mi mundo inmediato y cuya existencia yo no podía ni siquiera sospechar. No era algo que se estuviera dando supuesto a él. buscando la comprensión de mi acto de leer el mundo particular en que me movía. Las almas en pena necesitaban de la oscuridad o la semioscuridad para aparecer. el universo del lenguaje de los mayores. Me refiero a mi miedo de las almas en pena cuya presencia entre nosotros era permanente objeto de las conversaciones de los mayores. trayendo con ella el canto de los pajarillos “amanecedores”. Con todo. en cierto momento de esa rica experiencia de comprensión de mi mundo inmediato. en que lo percibía mejor y lo “entendía” en la lectura que de él iba haciendo. vara iluminadora al hombro. que siempre fundamental para mí. Mis temores nocturnos terminaron por aguzarme. es importante decirlo. haciendo y viendo hacer. Pero. por otro lado. posiblemente. Y fue con ellos. emerge ahora insinuando su presencia en el cuerpo general de estas reflexiones. su mal humor cada vez que uno de los gatos incautamente se aproximaba demasiado al lugar donde estaba comiendo y que era suyo. La curiosidad del niño no se iba a distorsionar por el simple hecho de ser ejercida. esperaba que el tiempo pasara. con las formas más diversas: gimiendo el dolor de sus culpas. Y algo que me parece importante.3 su resistencia a nuestra manipulación y su sabor. expresando sus creencias. que comencé a ser introducido en la lectura de la palabra. De aquel contexto formaban parte además los animales: los gatos de la familia. el de Joli en tales momentos. sus valores. más precaria que la que teníamos dentro de la casa. mis temores iban disminuyendo. re-vivo. De aquel contexto –el del mi mundo inmediato– formaba parte. se “daban” a la vara mágica de quienes los encendían. Joli. En el esfuerzo por retomar la infancia distante. que venía viniendo. su manera mañosa de enroscarse en nuestras piernas. que la madrugada semiclareada fuera llegando. la figura flaca del “farolero” de mi calle. un racionalista de pantalón corto. sus gustos. que la noche se fuera. Fui alfabetizado en el suelo de la quinta de mi casa. la experiencia vivida en el momento en que todavía no leía la palabra. en el contexto general de que vengo hablando. que yo. la “lectura” de mi mundo. “estado de espíritu”. No había mejor clima para travesuras de las almas que aquél. envuelto en mi propio miedo. precisamente. posiblemente hasta mis siete años en el barrio de Recife en que nací iluminado por faroles que se perfilaban con cierta dignidad por las calles. Pero en la medida en que fui penetrando en la intimidad de mi mundo. acorralaba y mataba a uno de los zorros responsables de la desaparición de las gordas gallinas de mi abuela. lanzando carcajadas burlonas. Fue en esa época. completamente diferente del de cuando casi deportivamente perseguía. sus recelos. a que ya he hecho referencia. re-creo. Una luz mucho más tomada por las sombras que iluminadora de ellas. a la sombra de los . pidiendo oraciones o indicando el escondite de ollas. Una luz precaria. no hizo de mí sino un niño anticipado en hombre. en las mañanas abiertas. dando luz a la calle. en lo cual fui más ayudado que estorbado por mis padres. aprendí la significación del acto de palpar.

Verdaderas “lecciones de lectura” en el sentido más tradicional de esta expresión. el conocimiento de que habla el texto. tomado como pura descripción de un objeto y hecha en el sentido de memorizarla. la sintaxis de concordancia. El mismo mundo. sin embargo. Casi abracé los gruesos troncos – aquellos jóvenes troncos de mi infancia. viví intensamente la importancia del acto de leer y de escribir. un sinnúmero de capítulos de libros. La conjugación. con alumnos de los primeros años del entonces llamado curso secundario. ni es real lectura ni resulta de ella. me ejercité en la percepción crítica de los textos que leía en clase. Sólo aprendiéndola serían capaces de saber. Todo eso. incluyendo la del entonces joven profesor José Pessoa. en el cuerpo mismo de textos.4 mangos. Dejé la casa contento. de fijarla. por eso. por lo tanto. con la alegría de quien reencuentra personas queridas. corrí. se proponía a la curiosidad de los alumnos de manera dinámica y viva. Los alumnos no tenían que memorizar mecánicamente la descripción del objeto. hablé y aprendí a leer. me envolvió cuidadosamente. Pisé el mismo suelo en que me erguí. visité la casa donde nací. por el contrario. como objetos a desvelar y no como algo parado cuyo perfil yo describiese. no fueron pocas las veces en que los jóvenes estudiantes me hablaron de su lucha con extensas bibliografías que eran mucho más para ser “devoradas” que para ser leídas o estudiadas. El suelo mi pizarrón y las ramitas fueron mis gis. de la casa. Continuando en ese esfuerzo de “releer” momentos fundamentales de experiencias de mi infancia. en que los estudiantes “lean”. con profundo emoción. de la frase. con palabras de mi mundo y no del mundo mayor de mis padres. En mis andanzas por el mundo. el primer mundo que se dio a mi comprensión por la “lectura” que de él fui haciendo. ya estaba alfabetizado. la lectura de la palabra fue la lectura de la “palabra-mundo”. ya de ellos mismos. Eunice continuó y profundizó el trabajo de mis padres. Hace poco tiempo. Los reconocí sin dificultad. retomo el tiempo en que. La memorización mecánica de la descripción del objeto no se constituye en conocimiento del objeto. en que la comprensión crítica de la importancia del acto de leer se fue constituyendo en mí a través de su práctica. en mis veinte años. mecánica y fastidiosamente “deletreada” en lugar de realmente leída. la enciclisis pronominal. en un semestre. Algún tiempo después. aquellos momentos puros ejercicios de los que resultase un simple darnos cuenta de la existencia de una página escrita delante de nosotros que debía ser cadenciada. de memorizarla. reside en la comprensión errónea que a veces tenemos del acto de leer. anduve. la lectura de la palabra. en cuanto profesores y profesoras. Entonces. Eran momentos en que los textos se ofrecían a nuestra búsqueda inquieta. una nostalgia que suelo llamar mansa o bien educada. jamás significó una ruptura con la “lectura” del mundo. cuya desaparición reciente me hirió y me dolió. Por eso es que la lectura de un texto. de mi entonces profesor de lengua portuguesa. Con ella. ya de autores que estudiábamos. que hasta hoy recuerdo. de mi adolescencia. como alumno del llamado curso secundario. de los árboles. al llegar a la escuelita particular de Eunice Vasconcelos. en el fondo imposibles de dicotomizar. como profesor también de portugués. yo no reducía nada de eso a tabletas de conocimientos que los estudiantes debían engullir. de mi juventud. a que se hallaban sometidos en nombre de su formación científica y de las que . Con ella. saliendo del suelo. No eran. Es por eso por lo que. con la colaboración. de la oración. Creo que mucho de nuestra insistencia. sino aprender su significación profunda. No eran aquellos momentos “lecciones de lectura” en el sentido tradicional esa expresión. Allí reencontré algunos de los árboles de mi infancia. el problema de la contradicción. y a quien rindo ahora un homenaje sentido.

en este trabajo en torno a la importancia del acto de leer –y no es demasiado repetirlo ahora–. A aquellos análisis añadía comentarios sobre las necesarias diferencias entre el portugués de Portugal y el portugués de Brasil. en consecuencia. sin embargo. un objeto. perciben el objeto sentido y son capaces de expresar verbalmente el objeto sentido y percibido. La misma. con el buen gusto de su lenguaje. Como yo.como ocurre en cualquier acción pedagógica. de Graciliano Ramos. leer pluma. uno de los documentos filosóficos más importantes que disponemos. de manera alguna. para evitar una comprensión errónea de lo que estoy afirmando. En algunas ocasiones llegué incluso a ver. sin la cual es posible nuestra práctica en cuanto profesores o estudiantes. Parece importante. Por el contrario. subrayar que mi crítica al hacer mágica la palabra no significa. La insistencia en la cantidad de lecturas sin el adentramiento debido en los textos a ser comprendidos. Todavía dentro del momento bastante rico de mi experiencia como profesor de lengua portuguesa. y por eso mismo un acto creador. y no mecánicamente memorizados. De ahí que tampoco pudiera reducir la alfabetización a la pura enseñanza de la palabra. de adentrarnos en los textos. Para mí sería imposible de comprometerme en un trabajo de memorización mecánica de babe-bi-bo-bu. revela una visión mágica de la palabra escrita. La alfabetización . recuerdo. el proceso de la alfabetización tiene. de los comienzos de mi juventud. subrayando aspectos de su sintaxis estrechamiento ligados.. Sin embargo. una posición poco responsable de mi parte con relación a la necesidad que tenemos educadores y educandos de leer. y termine ahora reviendo. de Jorge Amado. en el alfabetizando. como lo hago ahora con el que tengo entre los dedos.. no significa que la ayuda del educador deba anular su creatividad y su responsabilidad en la creación de su lenguaje escrito y en la lectura de su lenguaje. Es como si estuviera haciendo la “arqueología” de mi comprensión del complejo acto de leer. las Tesis sobre Feuerbach de Marx. en quien escribe. de leer los clásicos en tal o cual campo del saber. De ahí que haya hablado de momentos de mi infancia. las veces en que me demoraba en el análisis de un texto de Gilberto Freyre. su sujeto. Textos que yo llevaba de mi casa y que iba leyendo con los estudiantes. que mi esfuerzo fundamental viene siendo el de explicar cómo. siempre y seriamente. de decir la pluma. Visión que es urgente superar. ocupan apenas dos páginas y media. de percibir la pluma. al tomar. cuando identifica la posible calidad o falta de calidad de su trabajo con la cantidad páginas escritas. algunos de los aspectos centrales de la proposición que hice hace algunos años en el campo de la alfabetización de adultos. en mí. tanto el alfabetizador como el alfabetizando. en relaciones bibliográficas. por ejemplo. sin embargo. a lo largo de mi experiencia existencial. indicaciones sobre las páginas de este o aquel capítulo de tal o cual libro que debían leer: “De la página 15 a la 37”. sienten el objeto. En realidad. de mi adolescencia. Enseñanza en cuyo proceso el alfabetizador iría “llenando” con sus palabras las cabezas supuestamente “vacías” de los alfabetizandos. El hecho de que éste necesite de la ayuda del educador. de las sílabas o de las letras. en rasgos generales. tan vivamente como si fuese de ahora y no de un ayer ya remoto. de Lins do Rego. que se encuentra. aunque encarnada desde otro ángulo. sino además de escribir pluma y. en cuanto acto de conocimiento y acto creador. de la-le-li-lo-lu. se ha venido destacando esa importancia. Yo.5 debían rendir cuenta a través del famoso control de lectura. el analfabeto es capaz de sentir la pluma. Vengo tratando de dejar claro. por ejemplo. Inicialmente me parece interesante reafirmar que siempre vi la alfabetización de adultos como un acto político y como un acto de conocimiento. soy capaz de no sólo sentir la pluma. de crear una disciplina intelectual.

Es en este sentido que la lectura crítica de la realidad. ese conjunto de representaciones de situaciones concretas posibilitaba a los grupos populares una “lectura” de la “lectura” anterior del mundo. Ese montaje no lo puede hacer el educador para los educandos. interpretación y “reescritura” de lo leído. Esta “lectura” más crítica de la “lectura” anterior menos crítica del mundo permitía a los grupos populares. en consonancia con mi forma de ser y con lo que puedo hacer. antes de la devolución. este movimiento del mundo a la palabra y de la palabra al mundo está siempre presente. podemos ir más lejos y decir que la lectura de la palabra no es sólo precedida por la lectura del mundo sino por cierta forma de “escribirlo” o de “rescribirlo”. para mí. por ejemplo. del proceso de alfabetización. grávidas de mundo. insertas en lo que llamaba y llamo codificaciones. una comprensión diferente de su indigencia. transformador del mundo. construyendo una casa. que implica siempre percepción crítica. posiblemente. a propósito de la complejidad de este proceso. Este movimiento dinámico es uno de los aspectos centrales. Finalmente. Ahí tiene él un momento de su tarea creadora. por la significación que tiene para la comprensión crítica del acto de leer y. sus anhelos. De ahí que siempre haya insistido en que las palabras con que organizar el programa de alfabetización debían provenir del universo vocabular de los grupos populares. sobre lo que he desarrollado. Pero. aludido varias veces en este texto. para la propuesta de alfabetización a que me he consagrado. hemos necesitado tanto de encuentros como éste. sus inquietudes. antes de la lectura de la palabra. a ellos. y asociada sobre todo a ciertas prácticas claramente políticas de movilización y de organización. a veces en posición fatalista frente a las injusticias. A un punto. quiero felicitar a quienes idearon y organizaron este congreso. Movimiento en que la palabra dicha fluye del mundo mismo a través de la lectura que de él hacemos. se insertaría en una representación pictórica. Después volvían a ellos. puede constituirse en un instrumento para lo que Gramsci llamaría acción contrahegemónica. sin embargo. En el fondo. en diferentes momentos. o sobre ellos. La palabra ladrillo. De alguna manera. aquí y ahora. Nos llegaban a través de la lectura del mundo que hacían los grupos populares. la de un grupo de albañiles. quisiera decir que. expresando su verdadero lenguaje. es decir de transformarlo a través de nuestra práctica consciente. por consiguiente. como ahora. Debían venir cargadas de la significación de su experiencia existencial y no de la experiencia del educador. Nunca. resolví adoptar el procedimiento que he utilizado en el tratamiento del tema. por ejemplo. . me gustaría volver. dándose en un proceso de alfabetización o no. Me refiero a que la lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra y la lectura de ésta implica la continuidad de la lectura de aquél. por la comprensión de la práctica o del trabajo humano. de la palabra oral de los grupos populares. sin embargo. que son representaciones de la realidad. para el proceso de su aprehensión y no de su memorización mecánica.6 es la creación o el montaje de la expresión escrita de la expresión oral. Me parece innecesario extenderme más. después de vacilar un poco. Concluyendo estas reflexiones en torno a la importancia del acto de leer. solíamos desafiar a los alfabetizandos con un conjunto de situaciones codificadas de cuya descodificación o “lectura” resultaba la percepción crítica de lo que es la cultura. sus reivindicaciones. En la propuesta a que hacía referencia hace poco. La investigación de lo que llamaba el universo vocabular nos daba así las palabras del Pueblo. en forma escrita. sus sueños.

7 12 de noviembre de 1981 .

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