De la cuenta de FaceBook de Javier Lizarzaburu Montani Lamento la decisión de El Comercio de no publicar mi columna de hoy, pero entiendo que es su prerrogativa

como empresa. En todo caso, aquí la comparto porque es un tema, como digo en el texto, que me interesa y porque siento que forma parte de un debate necesario si creemos en una Lima mejor. ¿Y LAS MAMÁS QUE NO SON RUBIAS? Todo empezó con una tarjeta. El otro día, por ser suscriptor de El Comercio, me llegó a casa una publicidad de una conocida casa comercial ofreciendo una serie de descuentos por el Día de la Madre. Bacán, pensé. Hay precios reducidos hasta en un 30%. Eso de un lado de la tarjeta. Del otro lado había una foto de una hermosa mujer, delgadísima, blanquísima, rubísima, de ojos azulísimos, cargando a una niña igual a ella. No voy a exagerar diciendo que tiré la tarjeta. Pero sí debo decir que es un tema que me interesa. Como me interesa insisto. E insisto no porque sea un acomplejado, que es la etiqueta que se suele poner cuando uno habla de estos temas, sino porque me interesa mi ciudad. Porque una ciudad que crece y avanza, necesita de todos sus ciudadanos. Ciudadanos empoderados, incluidos, validados. Y la publicidad de estas tiendas no ayuda en nada a construir ciudadanía. Será que no me junto con la gente adecuada, pero de todas las madres que conozco ninguna corresponde a la señora guapísima del aviso. Cuando pregunté a la oficina de este Diario por qué avalamos una representación tan falsa de las madres peruanas, me respondieron que “nosotros solo somos un medio para su publicidad”. Pero ¿saben? Soy de los que piensa que hay posiciones que se deben asumir más allá de lo comercial. Ya basta de este racismo solapado. Algo así jamás se vería en ninguna ciudad seria. Por el contrario, hay un marcado esfuerzo por mostrar su diversidad. ¿Por qué permitimos lo opuesto acá? Esas imágenes no solo promueven la exclusión. Legitiman conductas que no conducen al mutuo respeto y entendimiento entre sus ciudadanos. En ese escenario ¿quién es el acomplejado? El que reclama imágenes normales de su ciudad, o el que se empeña en creer y hacer creer que vive en otra realidad. Conozco el caso de una joven estudiante de Estados Unidos que hace unos meses vino a pasar una temporada en el Perú. Al poco de llegar, una de estas grandes tiendas por departamentos la contrató de modelo. Hoy, esta joven representa a los peruanos en el catálogo de esa tienda. ¿Qué dice eso de la actitud imperante? Este fin de semana en una entrevista la escritora colombiana Laura Restrepo decía en una de sus respuestas: “las grandes gestas de los pueblos siempre han sido historias de gente nómada, desterrada. ¿Qué son ‘La Odisea’, ‘La Ilíada’, ‘La Eneida’, el Libro del Éxodo sino personajes que no pueden vivir

donde están porque los saca la guerra y el hambre?”. Y esa es la gran gesta de Lima. Además de nuestra población de origen indígena, ¿cuántos de origen europeo, árabe, judío, chino o japonés no llegaron también huyendo del hambre o la guerra? Lima es hoy una ciudad diferente. Es una ciudad que empieza a levantarse con dignidad, a mirarse al espejo con orgullo. No le neguemos ese derecho. Y para las mamás que no son rubias, que por lo menos en sus casas el homenaje sea el merecido. Muchas felicidades.

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