COLECCIÓN INVESTIGACIONES

HISTORIA ES INCONSCIENTE
(LA HISTORIA CULTURAL:
PETER GAY Y ROBERT DARNTON)
BORIS BERENZON GORN
Prefacio de Lourdes Arizpe
· Prólogo de Álvaro Matute
/
• . EL COLEGIO
DE.SANLUIS
1) ESTE LIBRO HA SIDO CARGADO EN INTERNET PARA
DOCUMENTAR LOS PLAGIOS EN QUE INCURRIÓ SU
AUTOR, BORIS BERENZON GORN.
2) LAS OBRAS PLAGIADAS EXTENSAMENTE INCLUYEN:
Pedro Córdoba Montoya, “El secreto de la cultura” en
Antropológicas N9 (México: Instituto de Investigaciones
Antropológicas-UNAM, 1993), p.74-83
Paul Johnson, Tiempos Modernos. (primera ed. 1985).
Emmanuel Lizcano, “Para una arqueología de las matemáticas”
en Letras de Deusto (España: Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Deusto, 1993) V23, p77-84
Mario Elkin Ramírez, “Psicoanálisis e historia de las
mentalidades: una posible aproximación”, en Anuario
Colombiano de Historia Social y de la Cultura, N26. 1999
3) PUEDE ACCEDERSE AL CUADRO COMPARATIVO QUE
DEMUESTRA LOS PLAGIOS SIGUIENTE ESTE VÍNCULO:
http://es.scribd.com/doc/138598091/Cuadros-demostrativos-
de-los-plagios-de-Boris-Berenzon-Gorn-en-la-obra-Historia-es-
inconsciente-1999-docx
ES DE NOTARSE QUE ESTE LIBRO ES LA VERSIÓN
EDITADA DE LA TESIS DE MAESTRÍA DE BORIS
BERENZON GORN, "ROBERT DARNTON PETER GAY: UNA
PERSPECTIVA HISTORIOGRÁFICA DEL INCONSCIENTE
COLECTIVO", DIRIGIDA POR GLORIA VILLEGAS MORENO.
4) TAMBIÉN EL LIBRO DE BERENZON RE/TRATOS DE LA
RE/VUELTA, EDICIÓN DE SU TESIS DOCTORAL "EL
DISCURSO DEL HUMOR EN LOS GOBIERNOS
REVOLUCIONARIOS" (TAMBIÉN DIRIGIDA POR GLORIA
VILLEGAS) PRESENTA EXTENSOS PLAGIOS. REVISA EL
CUADRO DEMOSTRATIVO EN ESTE VÍNCULO:
· Dist;ño: Esparaver/ Pablo Labastida
Fotcgrafías de portad¡¡: Fenia Kacman y Jeannette Gom
' , Primera ed.ición: 1999
.... ......
© Boris Berenzon Gorn
© El Colegio de San Luis
Parque de Macul 155
Colinas del Parque
San Luis fotosí, 78299
ISBN 968-7727-31-4
Impreso y hecho en México
ÍNDICE
509597
Prefacio Lourdes Arizpe .................................................................... 9
Prólogo Áluaro llfatute ...................................................................... 11
Introducción ................... ......................................................•............ 19
Capítulo l. Historia cultural: El inconsciente transindividuaf ........ 23
Capítulo 11. Peter Gay: La reflexión historiográfica y las necedades
colectivas del inconsciente ................................................................ 77
El discurso hist6rico: una lectura freudiana ............................. 79
El tiempo de Peter Gay ............................................................ :.. 80
Pe ter Gay y la burguesía victoriana ·····-··· ' ····-·······-··············· 80
La esencia histórica, la intimidad del psicoanálisis .................. 84
El enlace de la historia y el psicoanálisis ...... _ ......... --···-······· 85
Peter Gay y la historia cultural ····--············-·-······-::.............. 86
Freud para historiadores.·-········-················-··············--··· ······ 89
Historia, historias, pulsiones ......... --·-········--······-- -·········· 9)
La presencia del historicismo ····-·· .. ············-···········-·-····· ······ 98
¿Existe una demanda de la historia a Freud? ··-···-·-· ············ 102
Una teoría controvertida-···· ······--··············-··········-······ ······
Capítulo 111. Robert El discurso de la historia c:u!tural,
leyendas y lenguaje ··············--······-··-.,-.;··- ··········· ······ ···--·········
El tiempo de Robert Darnton ...... :.·-···········-·· ·-······--······ ·····
Historia, ideas y sociedad-···-······················--······--············
Darnton ante la historia de las mentalidades .............. _ .•.......•
Darnton y la Rc;volució: . ···-·-········-· ·-······-·-···-·····
La pulsión de muerte en la historiografía ··--······-·-· ·······-
La historia y la sociología del conocimiento ·--·······--·········
Darnton: el rompecabezas de la historia y la ficción--········
Epílogo .................................................. : ........................... - .... :· .... .
Bibliografía ...................................................
7
.•.•• - .......................... .
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135.
139
PREFACIO
La cultura se hace cada vez más visible hoy en día, como la escenografía
interior en una obra de teatro que aparece ante los ojos SOipFendidos del
público al cambiar el juego de luces. Juegos de consciente e inconsciente y
juegos de la denotación y la connotación que podrían hacer sentir que nos
perdemos en un laberinto solipsista de fm de miknio .. Pero, al contrario,
aclaran lo que siempre ha estado oculto, estoes, el origen del discurso, quiénes
lo formularon, cómo lo difundieron o-impusieron, dónde se iniciaron las r_e-
sisteacias que acabarr;n por hacerio transparente y obligaran al cambio.
Nos encontramos en un punto del presente en el que el discurso decimo-
sobre la cultura se despena de connotación en connotación. No es la
cultura la que está inserta en el desarrollo. indicó la ComisióaMundial para
la Cultura y el Desarrollo en su informe Nuestra diversidad crealiva, sino que
es el desarrollo el que está inserto en la cultura. No es la ódtura ac¡ueHo
que denota el discurso occidental sobre el arte, señala el Informe Mundial de
Cultura, sino todo aquello que permite lainteractividad y la "aotorreflaión"
en y entre las culturas.· ;
Esta creación y reereacióndel discursosobrela cultura, en diversas regio-
nes del mundo, se basa en ios elementos que estudia la historia cultur.d. En
Kaek!!stan hoy se refieren, al renacimientO de Jos Timúridc:s para darle
ba5!'.mento a su nueva identidad por su parte, los árabes realzan el
periodo de tolerancia intelec:.ual de Harun-Ai-Rashid pan contrarrestar
las lecturas fundamentalisi.as actuales sobre ellslam. La culblra que utiliza-
mos. es, parafraseando a Lacan, la cultura historizada en d presente.
Razones todas para interesamos jtor la historia. cultur.al.. Razones de
sobra para conocer la joven que cambiará la historia cultural del pre-
sente, como es este libro de Boris Berenzon. Porque son el talcato y la deter-
minación los que hacen una nueva c:ultura que permeará la teoría 541Cial
cuando sea leída.
Lourdes Arizpe
9
PRÓLOGO
La investigación histórica que se practica en México, de manera dominante,
tiende a ser localista. Pareee que existe una renuncia voluntaria a tratar
temas cuyo origen se remonta más allá de nuestras fronteras, fronteras
móviles--{) nómadas, como querría A,"llilar Camín-que pueden sertas de un
estado, una región o el país entero. El easo es que el predominio de una
heurística vigente hace un siglo ha que el historiador quiera ir a lo
seguro. Si el archivo local es an buen proveetlor, ¿para qué ir más lejos?
El proceso de aeademización de la historiografía mexicana le ha plan-
teado el compromiso de, pt!r lo menos, enterarse de aquel:o que se practica
en otros lares. Muchos programas y planes de estudio reclaman la presencia
de conocimientos teóricos e historiográficos que evidentemente ayudarían a
universalizar el trabajo de investigación practicado en ámltitos locales. ¿No
es la historia una ciencia humana? Si bien su objetivo radica en conocer lo
particular, esa particularidad es una experiencia humana, única e irrepeti-
ble, pero a la vez, por serlo. es uniftl"sal.
Lo universal no es, ciertamente, lo acontecido en el exterior, en lo que
se da en llamar "el resto dd mundo". La adquisición de un conocimiento
que puede llevar al histor¡ador a cotejar lo universal de su práctica particular
proviene de la historiografía. En este a cualquier historiador de
cualquier parte del mundo le puede interesar si la conducta de una mujer
de Nueva Inglaterra va en contra de la moral social aceptada en la era
victoriana o qué lecturas hace la sociedad parisina en las vísperas revolucio-
narias de 1789. No por conocer los hchos en sí, sino por lo que representa
el tratamiento que recibieron por parte dd historiador que los reunió y
analizó en un libro que, si es original en su propuesta, trae consigu de manera
implícita una teoría de la historia.
La teoría de la historia no es nceesariamente el producto de la reflexión
de un historiador o de un filósofo. Hace muchos años propuse que un buen
libro de historia debe tomarsecomoqernplo 'de teoría implícita de la historia.
11
Misión riel análisis historiográfico es exponerla, hacerla explícita. La historia
de la historiografía tiene, entre otras, esa misión, esto es, la de dar a conocer
lo que cada libro de historia, cada obra historiográfica cuyo nivel sea real"
mente elevado, propone en cuanto novedad metodológica, interpretativa,
expresiva. El análisis historiográfico debe r-esponder, entre otras preguntas,
a las relativas a la metodología empleada por el autor, si ésta es original u
ortodoxa, si propone novedades, si resuelve problemas de interés, si sus
fuentes le dan lo que busca, etcétera. Asimismo, debe indagar acerca de las
interpretaciones históricas que elabora en su diálogo con los hechos. En fin,
la relación entre la historiografía y la tcoria es íntima, estrecha.
Todo este circuloquio es pertinente para presentar la presente obra
debida a la pluma y preocupaciones de Boris Berenzon Gorn, quien ha
elaborado un análisis de la obra de dos grandes figuras de la historiografía
internacional contemporánea, Peter Gay y Robert Darnton. Asimisme,
expresa sus intereses en torno a lo que se ha ido de!iniendo como historia
cultura 1, que tiene raíces, así como diferencias, con los antiguos enfoques de
la antropología cultural, pero enriquecidas con nuevas perspectivas meto-
dológicas que destacan la presencia del inconsciente humano en la historia.
Este tipo de enfoque propicia que la lectura di: este libro sea de interés para
historiadores de muy diversa índole, especializados en aspectos muy disímbolos
entre sí. Finalmente, en la obra de Berenzon se plantea un principio
historiográfico que pretende tener validez universal, ·asf como el análisis de
dos propuestas concretas planteadas por dos historiadores cuya obra ha
trascendido la inmediatez. Libros como La matanza tkgatos yLaexperieru:ia
bwgl!esa.. De Victoria a Freud, como se dice de manera coloquial. le han dado
la vuelta al mundo.
- Berenzon, a su vez, propone una lectura analítica y cuidadosa de esos
libros, y de los principios teórico-metodológicos que animan a Gay y a Dam-
ton, para ofrecer su propia contribución al campo de la historia cultural, que
refuerza con las reflexiones que encuentra en su lectura leyendo a estos dos
autores.
Destacar e' papel del inconsciente en la historia da lugar a reabrir
discusiones sobre aspectos que parecían haber quedado atrás hace mucho
tiempo y que ahora, con la presencia más de los ·legados del
psicoanálisis, se puede replantear a partir de donde se abre la zanja lo
humano y lo natural. Desde luego, donde se establece un parteaguas oon la
histOJ;iografía cultural, digámosle antigua, es en que ésta partía de la atribu-
.ción de conscientes a quienes desarrollaban tal o cual
12
aspecto. La intcncionalidad en muchos casos parece replegarse haciafactores
que no derivan de la voluntad, sino que obran por fuerzas intangibles.
La comprensión de la experiencia humana en la historia se abre. Nuevas
respuestas a antiguos y nuevos problemas. De ahí que el binomio historiografía-
teoría siempre sea necesario para los historiadores de todas las latitudes, aunque
se ocupen de cuestiones muy particulares. Si no se abren al mundo, al com·
promiso de mantener la unÍ\•ersalidad de su disciplina, corren directamente
al solipsismo.
Álvaro Matute
13
a Álvaro Matute,
Gloria Villegas,
Marcelo Pasternac,
Juliar.a Gonzálcz,
Helena Beristáin
y María Luisa Flores,
mis grandes maestros e interlocutores
El mo del historiador es hucn inteligibl<-s con fa íma-
ginaci6n las ;wnas irracionales del pasado.
Edmund'o O'Gorman, •
Esa historia, la nuer-a, la Twr€ mía.
Jugaré a crear, a a rein t·entanlle.
Safdr€ Jd CUO$..
Puedo ju¡;ar con las letras, y.
en esa medida me puedo regalar ww T.istoria.
No quiero la mía.
Jeannette Com. Lilit
Esc:rilliT ado _,ejm;te al Je tejer y des-
kjerllflri<>s lailos aarratit:osardrmmettle lrnr..ados don-
. de...,_.se citna :J todo resulta ronjetural; seni el lector
quila Ültente anurias, resolrer el misterio planteutlo,
o¡ur por af&'-as opciones d sueño, el tleli-
ño, la vigilia. Lo demás COIJIO siemp,., son palabms.
Pitol, Soiiar la realidaJ
,.
l!l.rUCJlTSP es IUl acero
que .;,., por o111bos cabos:
de dar JlC' !r: ;mnta;
por d pomo de -.,.,ardo.
Si-. $abiendo d peligrO,
qaerm por la usarlo.
¿-Qft culpa d acero
del-l uso de la mano?
Sor Juana Inés de la Cruz, Romana no. 2. OC
.
INTRODUCCIÓN
El notable desarrollo de la historiografía cultural anglosajona y la primacía
en ella del contemporancísmo, el boom de la historia local y regional de
calidad muy la ampliación de la tcmátii::! de estudio, la
autonomía Je la historia económica, el surgimiento de una nueva historia
social, la renovación de la historia política y de las relaciones internacionales,
y el crecimiento de la investigaci<>nes sobre d siglo x:o: nos plantean una fuerte
revisión teórica a la que procura incorporarse este trabajo.
La diversifica,ción de las posiciones histórii:as, particularmente notable
en el último medio siglo, ha provOi:ado que con cierta frecuencia las co-
rrientes interpretativas y los "modos" de hacer historia se confundan. Esto
ocurre en el caso de la historia de las mentalidades y la hisúJ!ia cultural, que
de algún modo están inmersas en el mismo horizonte historiográfico aunque
tienen significados distintos.
Para la historia de las mentalidades la baseteórii:aes la propuesta jungia-
na del inconsciente colectivo, planteado el)mo un arquetipo; por- el contrario,
la historia cultural combina las propuestas de Freud y de Lacan a partir de
las cuales se reconstruye inconsciente transindividual, como lo resume la
frase de Lacan: "La historia no es el pasado. La historia es el pasado histo-
rizado en el presente".' 1 ·
Sin duda, la historia de las mentalidades abrió un nuevo espacio para el
quehacer histórico al incorporar los "modos de pensar" como una fuente para
interpretar el pasado; a la larga, sin ha una propuesta
limitante, en tanto su ;noción de inconsciente colectivo, y por tanto
indiferenciado, contradice sus supuestos fundamentales. Es en este sentido
en el que la historia cultural aborda el problema en una dimensión más
profunda por sus raíces teóricas; de tal manera, que mientras en la primera
1
J. La can, Semi11ario los escritos técllicos de Frevll (1953-1954), sesión dell3 de enero
de 1954. · .
19
el sujeto queda atrapado en el imaginario de la escuela delas mentalidades,
y algunos trabajos no trascienden lo anecdótico de un periodo histórico
perdiéndose el análisis del significante; en la segunda, éste es el objeto central
de la investigación.
Un análisis cuidadoso de las obras que se adscriben a la historia cultural
muestra que ésta se sustenta en el concepto del inconsciente transindivi-
dual, que implica la dialéctica del sujeto y del Otro; de ahí la feracidad de la
historia cultural.
Por lo anterior, esta investigación aborda a dos de los representantes
más connotados de esta última corriente, a fin de identificar sus })fopuestas
teórico-metodológicas.
Varios historiadores, sociólogos, antropólogos y filósofos, como Le Goff,
Lefebvrc, Duby, Aries y Godelier, nos han brindado sus respec-
tivas posiciones teóricas acerca del estado de las problemáücas relativas a la
noción -nociones- de mentalidad e inconsciente colectivo, a su breve his-
toria y a !a di) sus prl)cedentes, sus cor¡Jorcizaciones y sus directrices actuales,
posiciones que van desde la psicohistoria a la ctnohistoria.
Sin embargo, en la aplicación práctica nos muestran que en sus esfuerzos
y sus logros responden más a objetivos ("actitudes mentales'" más o
menos ocasionales en cuanto a lugar, sujeto y tiempo), que a actores propia-
mente considerados como portadores o encarnaciones de tales mentalidades.
Robert Darnton y Pe ter Gay plantearon un camino distinto de aproxima-
ción. a los acontecimientos históricos, al que bautizaron aJtural history, en
la decada de los setenta.
Son posibles todas las posturas entre cultura e historia, una de las cuales
es la representada, tan brillantemente, por Roland Barthes- ¿Es que de ver-
dad existe un tipo de textos que funcionen de un modo peculiar, totalmente
distinto no sólo al discurso cotidiano de un idioma sino distinto incluso a
los demás textos (míticos, religiosos, históricos, didácticos o simplemente los
diálogos callejeros)?
La historia cultural es la descripción de los sistemas de signos y de
( prácticas significantes que son fuentes . naturales. ya que éstas, con el
\ lenguaje, constituyen el objeto de la historia. Ejemplo de ello son los sistemas
de comunicación utilizados por los distintos grupos y clases sociales, las
señales olfativas, la comunicación táctil, los códigos-cid los códigos
musicales, la pintura, la literatura, los sueños, así como el rumor, d chiste,
las leyendas. La historia cultural se nutre del conjunto de textos presente en
una" determinada sincronía social política y, sobre todo, cultural_
20
1
Por otra parte, la noción de sincronía social y cultural elimina las
dificultades planteadas por las variaciones observadas de una a otra época,
en los juicios formulados sobre la literalidad de los textos y el valor de las
fuentes.
El texto histórico, unidad de análisis de la historia cultural, es concebido
p(Jr ésta como el conjunto constituido por el discurso, la narración y las
relaciones que a su vez se establecen entre el la narración. El perfil
amplio de estos conceptos de acuerdo con el distintd uso que le han dado
varios autores podría ser el siguiente: el discurso es el encadenamiento de las
unidades verdaderamente lingüísticas (desde el fonema hasta la oración) que
manifiestan el texto. Esta noción del discurso subraya, por ejemplo, la
existencia de referenlfls ficticios y reales_
El texto histórico -según Darnton- tiene y no tiene referente, ya que
po¡¡ee por un lado un simulacro de referentes y por otro lado su propia
realidad. Como indica Mi che! Foucault, a p10pós!to cielos textos de Ph!lippe
Sollers, las cosas se disimulan; es decir, de acuerdo con el dic.cionario, son
la imagen (la vana imagen) de sí mismas, el inconsistente espectro, el falaz
pensamiento; se representan fuera. de su preseneia divina, pero haciéndole
señas como objetos de una piedad quf? se clirigc a lo remoto- Esta situación
respecto al referente, restringida, en el discurso de una al número
limitado de los grupos de palabras introducidos por específicos, se Cldiende
a todo el texto, cualquiera que sea su carácter más o menos "verosímil" o
.. arbitrario"- Vemos entonces qué es lo que une al discurso histórico, más
cerca de la realidad, con el que más se.aleja en el camino del
Pretender establecer una tipología de los discursos como lo hace la historia
de las mentalidades resultaría ya que implicaría atribuirle a todos
los textos una misma lógica- Esto no sería más que una perogrullada: todo
dis<-•
1
rso humano, por el hecho de serihumano, necesariamente tiene nn
comienzo y un fin, y nada, ea realidad, quiere decirse cuando se articula,
pties la historia es un i.cxio continuo, finito,, chusuracio, enee::-rado entre l;;
mayús_cula que inicia su primera y el punto final de su última página.
El texto hlstórü::o cultural, en tanto que discurso de un de
connotación, se considera un objeto semiótico que_ por lo meuos implica dos
"planos" de contenido: el real y el imaginario_
En efecto, si el texto se derme romo discurso de un lenguaje de oonnota"
ción, hay que reconocer que las unidades del oontenido de corinotacion no
son isomorfas con las del lenguaje no se delimitan nea:saria-
mente de la misma manera.
21
Lo mismo pasa con todos los contenidos connotados de un texto: un
contenido connotado de una dimensión indiferente puede deslizarse de una
capa del lenguaje de denotación de dimensión igualmente indiferente. Esto
es lo que explica las dificultades heurísticas con que tropiezan los teóricos de
la connotación: sea que silencien púdicamente las modalidades de sus inves-
tigaciones, sea que ei.:plícita o implícitamente, limiten de manera excesiva
-y arbitraria- el campo de actuación del concepto: es lo que hace Darnton,
que sólo excepcionalmente hace intervenir el concepto en sus investiga-
ciones, y tiene gran cuidado de limitar su extensión a unos contenidos
socializados del tipo de la vu1garidad.
Así, para la historia cultural, un "texto histórico" es un sistema de
relaciones instituidas entre los planos de denotación v connotación. Las
nociones de in ter· texto y de pre-texto permiten resolver los principales
·problemas de la historia cultural: el uso de las fuentes no establecidas en la
llamada historia tradicional.
Vemos, por lo tantc, que uno de los problemas centrales IJUC debe
plantearse la metodología de la historia cultural es precisamente d de la
identificación y delimitación de los temas del plano historiognífu:o.
El presente análisis se propone contribuir a la discusión teórica. de la
historia, al hacer expreso, a partir del estudio de la obra de los dos autores
abordados, el concepto fundamental de la historia cultural, el inconsciente
transindividual, pues en la medida en que se descifra el supuesto último
de una propuesta interpretativa se posibilita trascender una visión esquemá-
tica, y por tanto estéril, que trascienda la dimensión fáctica y penetre a la
conceptual.
Agradezco la revisión critica y erudita de Álvaro Matute y Gloria Ville-
gas; los sólidos come!!tarios de Luis Tamayo, Valentina Cantón. Carlos A.
Aguirre Rojas y Evelia Trejo; el apoyo intelectual de Juliana Conzález,
Paulette Dieterlen, Lourdes Arizpe, Jeannette Corn y Helena Bcristáin. A
todos ellos, mi gratitud y mi ;il;:;cto.
Finalmente, expreso mi agradecimiento a El Colegio de San Luis por
aventurarse en la publicación de este libro, especialmente a Tomás Calvillo,
Ma. Isabel Monroy, Lydia Torre y Luis Cortés Bargalló.
22
1
CAPÍTULO l. HISTORIA CULTURAL:
EL INCONSCIENTE TRANSINDIVIDUAL
El gnosticismo siempre atrajo a los intelectuales. Freud ofreció una variedad
sobremanera suculenta. Tenía un talento brillante para la ilusión y la
imaginería clásicas en un periodo en que todas las personas educadas se
enorgullecían del conocimiento del griego y el latín. Percibió prontamente
la importancia atribuida al mito por la nueva generación de antropólogos
sociales como James Frazer, cuya obra The Golden Bough (La rama dorada)
apareció en I890. Else.ltido de los sueaos, la función del mitc,; Freud agregó
a este poderoso brebaje una porción ubicua del sexo, el cual a su juicio estaba
en la raíz de casi todas las formas de conducta humana. La guerra había
aflojado las lenguas en relación con el sexo; el periodo de la posguerra
inmediata presenció la aparición de la costumbre de la discusión del intelecto
y las sensaciones del hombre. Había llegado el momento Además
de sus dotes literarias, poseía algunas de las cualidades de un escritor
sensacionalista. Era aficionado a acuñar neologismos; incorporaba palabras
y frases al idioma: "lo inconsciente", "la sexualidad infantil", "el complejo
de Edipo", "complejo de culpa", "el ego y elsuperego" o "la sublimación";
sus propuestas tocaron casi todos los conocimientos.
Parecía la voz de la nueva época. No por primera vez, un profeta en la
cincuentena, durante mucho tiempo de pronto hallaba un público
entusiasta en la juventud varada. Lo i)Úe era tan notable en el freudis-
mo provenía de su condición proteica y su ubicuidad. Parecía tener una
explicación nueva y sugestiva para todo. Y gracias a la habilidad de Freud
para etiglobar las nuevas tendencias'que se maniféstaban en una amplia
gama de disciplinas aéadémicas, parecía presentar, con brillante desenvoltu-
ra y una confianza magistral, ideas que ya estaban parcialmente formuladas
en la mente de la elite. "Esto es lo que siempre pcnse,., observó en su diario
el admirado André Cid e. A principios de la década de los veiq.te, muchos
intelectuales descubrieron que durante años habían sido freudianos sin
saberlo. Thomas i'liann decía que "Freud !!ra 'casi un oráculo". La semilla se
23
desarrolló para bien y para mal y se incrustó en la historia a' lo largo de
cincuenta años, sobre todo en lo que al inconsciente se refiere.
En los años setenta, la historia intelectual presentó una desemejanza de
las formas' y, si aceptamos que forma es fondo, tendríamos que advertir que,
entre otras cosas, cambió la manera de interpretar a la cultura. Por un lado,
los estudiosos, a qui enes atraía la historia social, hicieron hincapié en temas
como la difusión de la ideología, la cultura popular y las mentalidades
colectivas.
2
Por el otro, los académicos que se inclinaron hacia la filosofía se
concentraron en el análisis de textos, la intcrtcxtualidad, la intersubjeti\'idad
y los sistemas lingüísticos inherentes a diversas escuelas del pensamiento.
3
Dicha bifurcación y sus ramificaciones produjeron una infinidad de campos
de especialización, aunque sólo fueran tres las principales tendencias que
emcrgicror, de L: divi8i6n principaL La primera se puede clasificar como
"cs.tuclios.-de ... di_(IJ,§ión" y se centró principalmente en la investigación de
la pal abra impresa, como una fortaleza dentro de la historia; su hogar
intelectuaL París, donde Hcnri-Jean Martín, Roger Chartier, Daniel Roche,
Frcderic Barbicr y otros, elevaron la "historia del libro" al rango de disciplina
específica. La segunda tendencia llegó a como "análisis del
Su interés se centró en la historia del pensamiento político y social
que floreció en Cambridge, Inglaterra. Ahí, John Pocoek (un neozelandés,
1
Hobert Darnton, "Diffusion vs. discourse: conceptual shifts ia intelledual historyaad
thc historiography of the French en Historia a debatr,Cados 8aiTOS(ed.), tomo
2, Coruiia, España, 1995.
' Val e la pena serialar, como un antecedente importante, las reflexiones de la Escuela
de Frankfurt sobre la crisis de la cultura ante una vida colectiva y estereotipada. La paradoja
entre la ideología de la transformación del mundo y la melancolía, nutrida por la desespe-
ración y el pesimismo porque la vida no cambiaba, presentan a un sujeto escindido por la
automatización de la cultura administrada y el desencanto de la teadencia histórica. La visión
de la Escuel a de Frankfurt incorpora la teoría psicoanalítica de Freud a la inteJpretación de
la historia política y económica formulada por Marx para cornpn:ader lo oc:alk>,lo Iatcate
escondido bajo la superficie de lo manifiesto y aparente, y de estos elementos surgieroa las
fu entes para entender el drama de una existencia parali7.ada, sin libertad. Ver Cilda
Waldman, Melancolía y utopía, México, 1997, p.56.
3
Lévi-Strauss, Antropología estructural, México, Siglo XXJ E.litores, 1976, p. 306. Léri-
Strauss asignaba como objeto de estudio. de las ciencias estnic:turales ··un "carácter de
es decir, todo conjunto en el cual ninguno de los elementospuedesertnnsformado
sm provocar una modificación de todos los demás. Proponía como su instrumento la
de modelos y, como ley de su inteligibilidad, los grupos de transformacióa qae
gobi ernan la equivalencia de las ciencias del discurso.
24
.J

que posteriormente emigró a Estados Unidos). Qucntin Skinner,
4
John
Dunn,
5
Richard Tuck, Peter Burke, Robcrt Damton y Peter Gay, modifica·
ron la comprensión de la cultura intelectual, política y social en el mundo
\ · angloparlantc.
6
La tercera buscó la fátilica,
Cada una de estas tendencias poseíasuspropiosatributos.Losdifusionistas
se opusieron al punto de vista que predominaba en la historia literaria bajo el
axioma: gran libro, gran hombre; trataron de reconstruir la cultura literaria
en su totalidad, en aquellos aspectos estatutarios en que se habían centrado
los primeros estudiosos; rastrearon cambios en toda la producción de libros;
estudiaron los géneros literarios populares, como son las novclillas y los
almanaques; examinaron el papel de los editores y vendedores de libros, al
igual que el de los autores; y empezaron a hacer investigaciones acerca de la
recepción y la lectura. Para concebir su proyecto. se apoyaron en el trabajo de
los sociólogos, en especial Pierre Norbert Elías y lürgcn
Al hacer su trabajo, se mostraron a favor del análisis cuantitativo y la meto-
dología de la historia social que se fomentó en la Escuela de los Annalcs.
Su objetivo, al igual f!UC el de sus colegas, los annalistas, y en una apa-
rente contradicción con los estructuralistas,
7
fue preparar una _
completa" del libro, que fuera a la vez social. económica, intelectual y
política. Y, de lograron ese objetivo de muy diversas maneras. Si su
éxito se puede medir por la influencia de las inYCStigacionéique desarrolla-
ron, debe dárseles crédito por haber implanbdo las normas que se han
emulado en todo el Occidente, desde la publieaeión de pbro._y_
• • Los historiadores de la vida intelectual suelen acusar a los lilósofos de escnDir histo-
rias de la filosofía anacrónica..«; por otra part.:.los filósofos suelen acusar a los
historiadores intelectuales de historias de la filoso&. obsoletas, propias de aficiona·
dos a las antigüedades. Skinner y Dunn, con un c::: foque :>::.::ncialmente teorético y metodo-
lógico, analizan cuestiones como la de saber si existen prohlemas filosól"ICOS intemporales, si
los problemas de una época son los de otra distinta., y cuál es el estiio
adecuado para la historiografía t!eltema. ·
'Véase Rorty eraL, "'' !!! l!isk,-!a, Ban:dona, !!!81, p. !28.
t-r El eje conductor del análisis historiográftro de•Rot-t Darnton y Peter Gay, tema de
esta investigación, es la búsqueda del inconseieute colediwo._)
7
Tenemos que tomar en cueatz que para la Escuda de los Annaks el estructnralismo
era ahistórico. Lo que los distanciaJ.ade entrada con cualqaittposturade los mismo!;. Lacao,
por sus trabajos relacionados DOD. el y la semiélica, fue cbsilicado dnttro del
estructuralismo;sicomosabemd!;laprincipalrdecturadeFRU<lenei.XXIahaa:Lacan,
esto podría explicar el porqué de la c:xelusión .. psicoaaálisis en la escooela l,;stoñográfica
francesa a pesar que Bloch y FeW.:e sí realiuran. acotacioao:s importaates en este sentido;
y del uso de algunos ténninos, como el en la de las mentalida-
des en contraposición a la escuda '
25
editado por Fran<;ois Furct en 1965, hasta la aparición de de la
__ edición francesa, editado por Henri"Jcan Martín y Roger Chartier,
8
en 1986.
Pero los historiadores del libro parisino también tuvieron problemas, varios
de los cuales heredaron de los estudios sobre la difusión. El modelo funcionó
como una percoladora francesa para hacer café: asumía que las ideas desccn-
d ía n, gota a gota, desde una elite intelectual hasta el público en genera 1 y, una
vez que las absorbía el cuerpo político, gestaban un espíritu revolucionario,
es decir, funcionaban como la causa necesaria, si no es que sufreiente, de la
Revolución francesa. La elección detemáticasrelacionadas con las revolucio-
nes burguesas francesa e inglesa por parte de los historiadores de la cultura
no es casual, sino sintomática con todo y lo que esto signific:a temporal y
socialmente. Para Robert Darnton
9
esta fascinación consistió en que todo el
mundo fue capturado por ellas. Las revoluciones alcanzaban todo, re:creaoon
el tiempo y el espacio. El fenómeno revolucionario iba tan lejos que lo público
se extendió a una esfera privada, insertándose en Jo más íntimo de las
relaciones sociales.
El gotear de la historia intelectual produjo un rico cuadm viviente de la
vida cultural bajo los antiguos regímenes. El libro Oñgenes intelectutrles #k
la Revolución francesa (1933) sirvió como eje de plaDOS para que, después
de la segunda guerra mundial, los historiadores de los. Ann.ales hicieran
mucha de la investigación sobre las academias de provincia,
libre masonería, ·los intelectuales, el periodismo, las hibliotecas, la descris-
tianización y la opinión pública, lo mismo que la publicación y el
intercambio de libros; pero comprimió todo este mateñaldentrode un m.an:o
muy estrecho. Todo estuvo sujeto al mismo patrón, mostrando un movimiento
unilincal, desde la Ilustración hasta l.¡; revoluciones. Pw tauW. a la postre.
los argumentos se volvieron tautológicos. Se asumió i.il causa en razón del
efecto, haciendo un razonamiento retrospectivo desde 1789 hasta Voltairey
los otros librepensadon;s de principios de siglo.,A pesar del énfasis puesto
en los intermediarios cultmales y las instituciones soc:iales, la versión de la
historia intelectual pudo, finalmente, reducirse a la fónnula que debía cri-
ticar. En el último análisis se manejó la Ilustración romo: grandes hombres,
' Ver Charticr, El mundo corno represento,ci6n. Historia cultural: ralre práctica
y repnjsentación, 2a. ed., Barcelona, Gedisa, J 995, 276 PP1 j Espacio p861ico, cñtica y
desacmli:.ación en el siglo XVIll. Los origenes culturares de fra- Barcelona,
Gedisa, 1995, 262 pp.
9
; R. Darnton, 111e Kiss of IArnourette reflections in culturallüstmy, Vl.'fl. Norton, New
York, 1990, p. XX.
26
grandes libros; y el hecho que la Revolución se haya inspirado en la
Ilustración fue "culpa de Voltaire, la culpa de Rousscau". \
TLo que se intenta definir aquí es el objeto de la historia cul-
tural: la relación del inconsciente transindividual y la historia. En principio,
esta historia parecería contrapuesta a la historia material. Sin embargo, a
pesar de la presunta claridad del término, según las tradiciones de cada país
o las diferentes escuelas, se llama a esta búsqueda de distintas maneras:
algunos dicen historia del pensamiento, otros historia cultural, historia social
v cultural; o bien, las diferentes propuestas antropológicas: etnobistoria, o
No existe pues una precisión cabal o un acuerdo en términos
conceptuales acerca de los métodos y el propio objeto de
la presente investig'lción resulta plantear algunos pu:1tos én
torno a la historia cultural.
La tradición oral, el lenguaje o el discurso,
10
enfrentado a la simple
o de los primeros campos de investigación en ia historia
cultural. Desde esta' línea es claro que el mundo del lenguaje no es el objeto
de investigación en sí, sino que se bacía necesario un
oral, y desechar el menosprecio que impera sobre el discurso y algunas otras
literarias, consideradas menores, como el cuento, u el romance, las
_,.
10
Véase en Fogelin y Sinnott, UnJerstmttlingArgruaet•t .•. , los capítUlos "The
analysis of argument", "Speeeh acls" y "''lte· art of dose analysis".
11 Véase Helena Beristáin, Dü:cú>Ratio de retóritJa y poética, 2a. ed., Pomia, Méñco,
1997,520 pp. F.l cuento es la nmd:adddrebto,discursoquc integraaaasucesióo de. eventos
de interés humano en la unidad de una misla:a ac¡:ión,señala Rré........L El cueDtose realiza
mediante la intervención de un narradoryClDnpreponderancia de laa:arraciónsoLre las otras
estrategias discursivas como son: la de.;;eripeión, el monólogo y el dialogo, las cuales, si se
utilizan, pueden aparecer subordinadas a!'" narración y ser introduc:iolas por ella.. Puede
en verso, aunque generalmente es en prosa.. El origen del cuento es auy responde
a la necesidad del hombre de conocerse a sí mis111o y tiene su raíz.,.. el subcoosciente y _en
los mitos. La relación y acontecimientospuedeseroraloescrita y hechos
reales o fantásticos, pero es importante la coasideración de que, en d caso del evento literaño
estamos ante un acto ficcional dellenguajo: cuyo emisor no es el sujeto social (d de carne y
hueso, el y u del autor que es padre de votante, o propietario. por ejemplo). sino un
yo que se coloca en una situación convencioaal de ficcionalidad, misla:a que genera el rela<u
literario que es un artístico. .
El cuento se caracteriza porque .,.. a; mediante el desarrollo de una sucesión de
acciones interrelacionadas lógica y temporalmente, la situación en queioíciai-teaparecen
los protagonistas es objeto de una transfon.ación. ·
En general, el cuento admite, por su bñvedad, una intriga p>eO elallonda. pocos
personajes, cuyo carácter se revela eoquemálic:amente, unidad en un tema. estructura
episótlica; un solo efecto global de scntidoy,_sobre todd, el cuento raodr:mo rec¡uiereun final
sorpresivo. Por op"•ición al cuento, la nMda,demayoresdimensi-. puede contener más
27
adivinanzas, los rumores, los corridos, las leyendas o el albur,
11
es decir, lo
que dice en la tradición popular. -
\La forma primaria más frecuentada de la tradición de la historia cultural
es el chismc.'
3
¡Por supuesto no es la única forma de tradición ni la más noble
-·· ,
pero es la más extendida y, sobre todo, es la forma a través de la cual todas
las demás circulan, es la forma -tradición- sensación.
de una in,triga o una de caníctcr complejo y ramificado, muchos personajes ...,!desarrollo de
cuy_o puede ser observado-, varios temas importantes, diferentes efectos y uno o
vanos cl•max antes del desenlace, y más de un dcsenla4:c. Tanto el cuento como la novela,
la epopeya, la fábula, la leyenda o el mito son rcfatos narrados. El drama es relato
representado. Lo que estos géneros tienen en común es que todos dan cuenta de una histaria.
El relato la argumentación, la descripción, son estructuras discursivas que pueden
aparecer en dtfcrentes tipos de di<cursos tales conw cartas,.sc;n.-tos, diarios., comedias donde
se articulan con otras tsiructuras discursivas, pp. 126-127.
12
Véase Helena Beristáin, op. cit., "Juego de pala1>ras de doble sentido acostumbrado
en llléxico Y en Puerto Rico. Por lo común, lo que se expresa está velando otro significado
zafio, impertinente-, que forma parte de una o ñiaif!Cto soclal•;ue no todo!:
comprenden, cuya especificidad radica en <¡u e, generalmente, se refiere a aspectos y zonas
del euerpo humano o a cuestiones sexuales. Con mayor frecuencia se utiliza romo arma en
una contienda donde triunfan el ingenio y la rapidez de respuesta mientras queda
derrotado el pnmcro que calla. Suele consistir en uruo eita. tomada por un interlocutor del
parlamento que stf oponente acaba de pronunciar, misma que es <k inmediato recontel<luali
7
.ada
Y resignificada de modo contrario o contradictorio. También sude utilizarse en parodias.,
pues ser burlesca de algo que los demás tornan er. serio tt.gr. en
l a pohhca; un eJemplo de este cariz son las sátiras que dedica José Juan Tablada
a FranCisco l. Madero, candidato a la presidencia de la república en l9IO •. Se trata de una
obra de teatro popular versificado que imita sarcásticamente una de Edmond Rostand, en
cu.atro actos personajes son animales de gallinero- que acababa de estrenarse ese
mtsmo año. La de Tablada resulta un libelo que nuncaserepresenló,dondeAiaderoeselgallo
! los otros animales, son sus colabomdores y seguidores _
an llrreelecc10mstas Chantecler !\ladero: (repitiendo el gesto cabalístico) ·Puedo sentarme
en ella, silla presidencial! Tengo con qué, ¡lo siento!" Otro una novela
de ?e.atnz Escalan te, Amor en aerosol, en el diálogo entre dos amantes parran<kms:: la bella
estup1da y el hermoso rufián ebrio: "ella: -¡ay! no, Fer, no seas así, vente conmigo -di('.e
tratando de hacerlo regresar al casino- él: -sí, eso es lo que quiero -responde aludiendo al
orgasmo, pues hace esfuerzos para llevarla a la cama", p. 24.
" . daremos una serie de acepciones y significados que tiene la palabra
: '1'-' : exphcan el porqué se ha utilizado este términ.- como punto de partida de
las de la historia culturiliPara el Diccio1iario de la lengua española. de la
Real de la Lengua, chisme tiene el siguiente signifiCado: "(De chismar} Noticia
verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas
personas con otras o se mm·mura de alguna. 2. De vecindad. Figura y familia. El que versa
cosas de poca importancia." 1\iás adelante el mismo diccionario señala dossi,-nificados
tomar en cuenta: "chismear": introducir, traer y lle\"archismesy"'.ismografía.
(De cln>me y grafía) O " d 1 • 2 " ·
. . ,. • . . e e nsmear. . Relac1on de los clnsmes y cuentos que
COII en. Para amp!.•ar los mulhples significados de la palabra "cltisme", y cómo ésta inicia
28
Jj_
1

Así, {ñacen y circulan chistes, bromas, anécdotas, calumnias, IJIIC no se
sabe de dónde vienen, y serpentean, proliferan, se escinden, se recomponen,
y siempre van echando nuevas raíces un poco más lcjo:J es el rumor,
15
el
la cadena de la construcción de la cultura o de la propuesta de la historia cultural, a
continuación mueslro un breve histórico de aq.ucllos diccionañOs y nhr.as en las
()OC es mencionado el término. Según Juan Corominas en su Breve diccúmario fft.imol6gico
7
chisme viene del latín (schisma), y éste del griego (scl•isnui) o bien del latín (t:iml!x, -icis,
niñería, cosa despreciable).
Desde el siglo XV, chisme contiene la idea de ser una noticia con la que se pretende
indisponer a unas personas con otras, ya Antonio de Nebrija lo menciona asl ( 1492) en el
Vocabulario del roma11ce ""[,afín, Alonso de Malina lo recoge en el Jlocabulario(/e la k11gua
costelltma y mexica11a, edita·do en Aléxico en 1571 y reeditado en Madrid en 19-M; por su
Farte, Francisco Sobrino, en el más extenso y copioso diccionario de principios del siglo XVIll,
titulado Diccionario 11uevo de la lengua es¡xliiole y francesa, Bruse:as., 1705, hace esta miom;¡
referencia. En cuanto a la palabra chismear l"'}'una clarísima relación cultural que seutilir.a
desde el siglo XVI hasta nuestros días, con el significado: "Traer y llevar chismes,
noticias verdaderas o falsas con que se prrt.,...Je indisponer a unas personas ron otras." Así
lo .nuestra Francisco de Quevedo en su libro Tira la piedra (1726). Com., su nambre lo
anuncia, se trata de arrojar un mensaje, de cumplir con un circuito de comunicación social,
que Quevedo muestra graciosa pero tendenciosamente para ilustrar el significado de
chismear, más allá de un simple ju<'gl> de l"'laLras que trasciende a la sociedad y a la cultura.
En la provincia de Navarra, España, se utiliza la palabrá •c:hismendeo como sinónimo de
chismorreo o murmuración.
" Así se cumple la cadena del discurse lfiC estudia la historia c:uhufl!ll.a cadena del
discurso, entendiendo discurSo en su sentido más amplio -«euencia (sonora) lar¡:a. de dos
o más unidades; palabra o unidades que fonoan un mensaje-, designa en el acto del habla
a la sucesión de unidades lingüísticas unidas romo eslabones unas a otnts, de manera que
este encadenamiento es lo que se llama openoción de coocateaación. Esta línea ficticia, al ser
estutlia.Ja históricamentt-, se llama. cadena deldiscúrso histórico, como lo muestra llfichael
Foucault a lo largo de su obra; baste señalar solamente F.gilOr y ca .... ElnaciatWnto 1le
laprisién, México, Siglo XXI, 1984, r· 314. Delaoon.-... teaación de los elementos en la cadena
resultan los sintagmas o combinaciones dedaso más unidades 'l''e que
a su vez se pue.Jen descomponer en signos simples. FJ estudio de los fenómenos-de la cadena
(concordancía, asimilación, combinaei&u) 'i...., eon:es{>Onden a un l'roblema sinta¡;mático, es
más de los lingüistas que de los historiadon:o; de la cultan, pero lo que sí nos interesa es
observar cómo las del !•mguaje se medi:tnte la in.."CC"ciún "'" la ""'ien:o
Dado que las unidades se encuentran unas c::on otras cadena dd diScurso. es posible
estudiar sus-posicione!; o su entorno distn'bucional. Per&este estudio no debe hacer olvidar
que las unidades presentes ..,.. la cadena perleneccn a dos ejes: .al eje sinta.,-mátim (eje de la
contigüidad, de la combinación) y al eje la selea:ióa,de las or-iciones)
y que la cadena del discurso procede de la Ütlcraceión dos ejes. De todas maneras,
en el análisis de la cadena del discurso el pouoto de vista combinatorio es parte del análisis
historiográfico. Ver B. Pottier. •Jntrodadion ¡¡ l'étade· de stl"Ud11n:s grammaticales
fonda mentales", en Unguistique applú¡uer et otomatüp.e. ftiF; Paris. 1962.
15
Rumor: Desde el siglo XVI la palabra rumor ha sidoutilizadacomoW7iqueaMTe entre
el público o la sociedad; como un niido 4l0Dfuso como un mido sordo y
29
rumor de los mil rostros,
16
anónimo, confuso, lo que los griegos llamaban con
el verbo que significa decirpheéme.
Devez en cuando, algunos chismes se ciernen sobre sí mismos, y
entonces, sólo entonces, se estabilizan en géneros más o menosdefinidos;
pero géneros que siempre tienen fronteras algo movedizas, como cuentos,
leyendas, refranes e incluso PLWRV
Probablementeel mito es la forma última y definitiva del chisme; cuando
escapa a lo efímero, se separa de su origen y cae en el olvido. Entonces,
pretende decir el origen de todo, entrando en un circuito distinto de difusión
y transmisión, pero al fin y al cabo es chisme también. Eso es lo que plan.
tearon los filósofos griegos cuando el lagos fue adquiriendo su autonomía
frente a la pheéme, ya que al principio estas palabras eran sinónimos. Cuian
el lagos se independiza en la filosafía, entonces los filósofos reprochan a bs
·mitos el ir contando chismes sobre los dioses; ése es el ataque de Platón hacía
el mito. Podríamos decir que el mito es chisme que ya no se reconoce. un poco
desfigurado, chisme coagulado, solidificado. Un chisme se acaba muy pronto
si no, se ancla en un mito flotant!:j
Este es el sustrato de la propuesta que asumen los académicos que
trabajan sobre el rumor y las leyendas contemporáneas. Estos rumores
realmente se moldean sobre mitos flotantes. Tal es el caso de la mujer que
pide aventón y que desaparece del coche cuando aun cruce; entonces
se denuncia a la policía y se percatan de que aquella mujer murió en· un
accidente en ese mismo crucell;:sto es un rumor, una leyenda contemporánea
· que va circulando por todas partes, pero que tiene un signifreado Es
el encuentro con un vehículo fantasma, es también el mito de) buque
fantasma, el mito deljinetcsin cabeza, o el de la Llorona.odela Xt.ahay: mujer
.oontinuadu, y Jan cuenta de ello las obras de Leando-o Fernández de J.ruratín. Asimismo,
puede observarse ei significado cultunl que le da Miguel de Ccn-antes y Saavedra en El
Quijote. En Colombia, r.uh•. México, p,rú, Pner1o Ri,.. y • nnnorarse
o' rumorearse significa correr el rumor o la VQZ; ser de voz públiea.
· M Cfr. Córdoba Montoya, "El rumor de los mil rostros", Nuenepóca,
número 9, UNA.\!, México, 1994.
I; 1\fito: Del griego llfitos. Desde el siglo XIX ha sido utiliZ..da esta palaltra
a !a alegórica, especialmente aquélla de asunto religioso, .romo se. obsena en el
en su edición de 1844. La palabra mito tamltién esusadaoomoprefijo
Y sufiJO que mterviene en la formación de los helenismos mitos. Hilo casi,. romo se ohserva
en la cadena del discurso histórico, por asociación de ideas es fácil llegar del mito al rumor,
cuento: leyenda, narración, chisme. El mito es el hilo que teje, d.e la manera más. fina, la
creencia de lo cotidiano.
30
que atrapaba a los hombres incapaces de resistirse ante su belleza para
devorarlos; también el mundo urbano tiene significados femeninos según .
el contexto; ok1 mito del encuentro con extraterrestres, de acuerdo con el_';:-
folclore: si es camioneros, marineros, aviadores, campesinos o
Pongamos un ejemplo: cuentan en México que la Virgen del Carmen. se
paseaba en las noches por la ciudad que hoy lleva su nombre, en tiempos en
que los piratas querían invadir la isla; el pavor que imponía la silueta
femenina hacía que ningún pirata se acercara al puerto, hasta que un
bucanero tiró un cañonazo, el cual [uc detenido por la Virgen con el dedo
índice, razón por la cual la imagen carece de este dedo, y aun cuando se ha
intentado pegarlo ha sido imposible: es el mismo mito que se reencarna en
rumores de este tipo.
fEs preciso pm tir de allí. De esta masa confusa de chismes y burlas que
es la trama de cualquier cultura y que la transforma en. una inmensa empresa,
Hay que partir de esta hipótesis de lo que pam!.Q.n llama exaltación epis-
temológi;.;a.j Muchos pensadores ha u denunciado el poder anónimo que ci
lenguaje ejerce sobre nosotros: Freud, Nietzsche. Austin, Foucault, Lacan,
Ortega y muchos más. Sus escritos están llenos de ocurrencias agudas a las
que les comprobaciones dctalladas.W.S indudable que la 'historia
de la humanidad está enterrada en ellengilaje. Si llamamos psicoanálisis al
estudio de las motivaciones ocultas que rigen nuestro actuar, hemos de
reclamar para la historia cultural un psicoanálisis lingüístico que, partiendo
de los usos reales del lenguaje, de5vclc las conexiones implícitas, las creencias
profundas, las valoraciones que los configur.m, la textura oculta que
reanifiesta el texto superficial. Sobre el diván de la historia cultural está
plasmada la palabra ingenio:J
Pero se impone entonces una distinción. El chisme tiene una reláción
directa wn el secreto. Las cosas que se dice,.n de los demás se apoyan sobre
algo que "no se dice", sobre ur. "no dicho", y tahez existan dos modalidades
del secreto. En su acepción más corriente, el chisme consiste en trilllsmitir
los secretos de los demás, secretes que por lo general son significantes, lo que
llamamos ·"secreto a voces".
1
--v
Ia Marina señala en su· audaz. ensayo Elogio del ingenio, PP. 14-15: "La
historia es pudorosa respecto de los grandes ac:ontecimieales., como un_a quisiera A. -....
parir sus más preclaros hijos en la oscuridad.., y no memona de los (__\
creadores que inventaron la pretiOSición, el subjuntivo, !a-pasiva(.-] El hotnbréesanimal
etimológico, que conserva sus orí¡:enes y recibe con palabra su historia cifnda,"
19
Ibid, p. 17.
31
Ésta es la primera categoría del secreto:
20
su secreto es que no existe
secreto; son secretos que todo el mundo sabe. Y cuando se conoce el secreto
d 1 t · ·r·
e secre o, sus s1gm Icantes, este secreto debería desvanecerse, debería no
existir el chisme. Sin embargo, no es eso lo que ocurre, en ''cz de desaparecer,
el chisme tiene raíces tan fuertes en el tejido social, que se va extendiendo.
Eso es lo que ocurre cuando uno dice: "esto no es importante, pero es un
secreto, te lo digo a ti, porque sé que no lo vas a repetir". Entonces el secreto se
propaga elevado al cuadrado: secreto de secreto. Y esta operación, que debía
protegerlo, le da una nueva vida y ahora es cuando se gesta el chisme. Escomo
si tuviera una sorprendente facultad de nutrirse de su propia insistencia. El
chisme emite raíces, renace aliado de sí mismo, como estas plantas que se
llaman rizomas, y termina por atraparnos a todos, cómplices y víctimas al
mismo tiempo de un secreto inexistente. Este primer tipo de secreto se halla
en donde está la raíz del chisme, es el caso bien conocido del cuento infantil
"el traje del emperador".
h:y otros secretos, pero tan bien atados que cada cual ignora sus
propias mcogmtas. En un primer enfoque, desde una lectura muy tradicional
de Freud, la oposición entre los dos secretos remite a la diferencia entre el
secreto confesional y el analítico.
_el primer caso, el creyente se limita a decir al sacerdote lo que sahc
de SI miSmo -tlus pecados capitales, veniales, malos pensamientos, tentacio-
nes diversas-, mientras que el analizan te de un analista está vinculado por
un contrato cuyos términos son aún más locos que la proJ)Ía locura, que a
veces lo llevan a sufrir las sesiones. El contrato es que tiene que deci
1
·1o que
no sabe de sí mismo.
Los secretos de confesión son las pequeñas cosas de la vida de cada cual,
son esa parte de mí mismo que quiero disimular a fa curiosidad de los demás.
eso sólo se lo digo al sacerdote, pero por eso también son los que
alimentan el circuito rizomático del chisme. Estos chismes que se refieren a

20
Secreto: del latín secretum. Desde el siglo XIII secreto significa lo 'fUe cuidadosamrnte
se re..:ervado y oculto. Ya lo atestigua Santa Teresa en la obra Cami
110
rle peiferxiólr,
0
IS. de en Obras, II-325 ( 1627), quien lo utili:r.a como reserva y sigilo. En el
D1cczonano académico, en su primera edición ( 1726), asienta romo ace¡1ei6n el despacho
d.e las causas de fe, en las cuales entendía secretamente el Tn"bunal d la 1 · • · •
. . · · e · · nqutstclon.
que alguno posee de la virtud o de una cosa
0
de
un procedimiento uhl en alguna ciencia, arte u oficio. Un ejemplo claro de lo anterior es El
sec;eto,. examen que, presenciado sólo por los doctores de la Fac:Uitad., se bada en
para tomar el grado de licenciado. Otro significado de seereto se li¡;a al
misteriO, aquella arcana o muy recóndita que no se puede romprender
0
explicar.
32
mí (al yo), lo que hacen es revelar a los demás la parte vergonzosa de mí
mismo, la que no quiero que se conozca.
ftos secretos de diván son algo muy distinto. Son secretos que yo mismo
ignoro pero que digo sin saber que los digo. No forman parte del ego sino del
ello, y sólo el oído del analista está profesionalmente ejercitado para esta
operación, pues es capaz de encontrar en lo que digo algo que no digo, es
decir, el discurso latente en el discurso secreto del inconseien·
te donde el sujeto del inconsciente no sabe que dice lo que no sabe es algo
muy diferente del secreto confesional. Y apara ilustrar este segundo tipo de
secreto utilizaré otro motivo folclórico que es el cuento del leñador.
\Dé momento, tenemos doscategoríasde secretos. Los secretos inexistentes,
que son la materia del chisme, y los secretos incol).:;_cientes..' que son la materia
del psicoanálisis. El chisme se nutre de los primeros, el psicoanáli&:S de !os

El problema, que por ahora no podemos plantear ni solucionar y que
intentaremos resolver al final, es el saber si esta distinción sigue siendo válida
cuando se pasa del nivel individual al nivel colectivo" Es decir, si sigue siendo
válido para un historiador indagar si existen colectivamente secretos
rales inconscientes y cómo se analizan, Jo cuál sería un problema central para.
el historiador cultural y no para el analista;
Pasemos a un cuento: érase una vez un estafador que la corte y
pidió ser recibido por el emperador. Decía que era pintor o, según otras
versiones, sastre; y decía contar coil un maravilloso secreto -porque era un
gran especialista en su arte-, y que si le pagaban bien, con moneda fuerte,
iha a hacer un retrato o bien un traje al emperador que tendría una propiedad
maravillosa: sería invisible para cualquier persona quee300ndieraunseeret0
vergonzoso. Una vez realizada la obra, si una peFSOila confesara ver nada, el
espectadQr reconocería, automáticamcute, esa persona era, o bastardo,
o engañado. El emperador está muy interesado porque, como cualquier
tirano, es un hombre al acecho, y no quiere dejar escapar la oportunidad de
conocer los secretos mejor guardados de sus súbditos. Por supuesto, contrata
al pintor o al sastre, y éste se pone a trabajhr. Como es mi estafador, no hace
nada, vive en el palacio hasta que el emperador- se cansa y le pregunta por
el trabajo. Un día presenta su obra. Nadie ve nada, puesto que no hay nad:l
que ver. Pero nadie quiere confesar que no ve nada y el propio emperador
se calla, porque este hombre acaba de revelarle que él no sabía: que su
mamá o su esposa ... no se sabe muy bien qué es preferible, no eran tan santas
como se imaginaba. Luego todo se arregla': lle.ga dtio. personaje y dice que el
33
.J,-_
?
.
lienzo está blanco -Q que el emperador está desnudo-, que no lleva traje, y
todos quedan contentos, pues no había nada.
Volvamos al punto de partida: la experiencia ha sido inútil, el objeto
mágico no existe. No se ha visto nada; en apariencia no ha pasado nada. Éste
es un motivo costumbrista bien conocido. Los literatos lo habrán reconocido
también en el motivo del retablo de las maravillas de Cervantes, el cual
cambia un poco, añadiendo el tema tan hispánico que en su momento era la
limpieza de sangre. Incluso el cuento de Andcrsen modifica algo el motivo
para que su cuento sea más aceptado por los nii1os, según la idea que tenían
en su época de "la inocencia infantil". Éste es el cuento. ln&:ntemos anali-
zarlo. Primero, el objeto mágico. El mistificador pretende tener un secreto
muy valioso. Es el invento del sabio Tontonelo, dice Cervantes, que tiene el
curioso poder de revelar los secrt!tos inconfesables de los demás. El rey
se lo compra y así se vuelve poseedor de un secreto que contienelos secretos,
el objeto mágico, que es como un secreto al cuadrado, es e} secreto de
los secretoB ajenos.
{lrodemos comprender así el mecanismo del chisme. El chisme no
existiría si no se .dieran dos condiciones previas. La convicción, primero, de
que el secreto propio es extremadamente valioso, qqe es un t'!SOro. Y aquí el
objeto mágico cumple esa función. La segunda convicción es 41Ue los secretos
ajenoe son indecorosos y que, por ello, han de salir a la luz pública, quedando
así establecida nuestra superioridad ante los dem!5Éste es el mundo en que
vivimos. Un mundo en el que necesitamos rebajar a los otrospua afirmamos
nosotros mismos. Así son las cosas en esta guerra discursiva de la historia de
objetividad contra subjetividad que constituye el entramado básico de las
relaciones sociales, que da origen al chisme y que es el núcleo fundamental
de la tradición historiográfica y cultural anglosajona que proponen Robert
Darnton y Peter Gay.
protegerlos de la codicia de los demás; y que los secretos a,jenos son ver-

La idea es que los secretos son valiosos, por eso hay que
gonzosos, por lo que conviene denunciarlos o saberlos. Yo creo
· __f cuento, en su moraleja implícita,
""V son tan exeepcionalesy ni
puesto que; en verdad, compartimos los mismos secretos. El rey que quería
saber cuáles de sus súbditos lucían en el cabello algÜna desigualdad con
la que tropezaba el sombrero, ha de reconocer, atribulado y confuso, que él
también forma parte de esa gran cofradía de los siervos, de la que el propio
Cervantes, por su apellido, era miembro de honor; los refranes españoles de
34
aquella época dicen "Cervantes: nombre con que se moteja de engañado
o cabrón".
El segundo punto que quiero subrayar es el de los criterios de exclusión.
Objeto mágico primero, criterio de exclusión después, de exclusión de los
demás. Regresamos al tema de los cuernos, este socorrido tema tan im-
portante en la tradición oral occidental. La burla consiste en convencer al
público de que las personas no podrán ver el prodigio, debido a circunstan-
cias particulares que pueden llamarse "criterio? suspensivos de visibilidad".
Estos últimos son la bastardía o la cornamenta. En ciertas versiones del
motivo aparece un tema, en otras. aparece otro, y en otras aparecen los dos.
En realidad, esos dos criterios son únicos, bajo el criterio de filiación.
Reflexionemos un momento. El bastardo es la muestra de la cornudez del
padre y es, lógicamente, también un hijo de su "santa madre", por lo que
a ella se refiere. Así pues, los dos mayores insultos que se le pueden decir a
una persona en nuestra rancia tradición occidental se encuentran condensa-
dos en estos criterios suspensivos de visibilidad: hijo de puta y cabrón son las
últimas palabras del chisme cuando éste se convierte en agresión; forman
parte de nuestra tradición oral, la estructuran"tf;l chisme es una forma de:rt ,· _
agresión, y el insulto es la forma última más directa de la agresión, cuando \ , \
ésta se transforma en desafío, en duelo, en guerra. Yo no hay
diferencia entre el chisme y el insulto más que de pero no de natu"
raleza. Conviene tomar en serio algo que puede parecer una trivialidad o
un insulto de mi parte, al traer a noble espacio unas palabras soeces que
desvisten del más mínimo refinamiento y de cualquier buena crianza; las tres
cuartas partes de la tradición oral europea descansan sobre esos dos insultos,
implícitamente, de forma latente.
Todos estos rumores, chismes, cotilleos, cuentos, leyendas, refranes, se
1
/ l
• a partir de e.ste la estructura
mas íntima de cualqmer orgamzac10n social. es deeiT, su sistema de paren- l
tcscofEi cuento del traje del emperador funciona en nuestra cultura porque
en ella se da un determinado sistema de P.arentesco, y no funcionaría en una
cultura con otro .
Estas convenciones son las que nuestro cuento europeo pone de reheve
y no sólo al sistema político. ¿Qué ocurre cuando el rey se ha de tragar el
amargo cáliz de su bastardía? O bien se da cuenta, en las otras versiones, que
el humor casquivano de la primera dama ha omamentadosu frente con las
patentes insignias de un magno infortunio conyugal. Nos encontramos en
una sociedad aristocrática en clonde la pertenencia a la casta se define por
3.5
+
¡
-,e.
1
+
la filiación. Si el rey no es hijo de su padre, entonces no tiene derecho a
ser rey; Y si es cornudo, sería su hijo el que deberá renunciar a cualquier
succderlo en el trono.ftn ambos casos, la ilegitimidad del
twctmtcnto mtcrrumpe la continuación del poder; el traje del emperador es
un cuento de contenido profundamente subversivo puesto que viene a decir,
en resumidas cuentas, que los poderosos están usurpando el poder. En esto
consiste la moraleja política del cuento. Allí radica, también, la agresividad
del chisme. Éste es el secreto a voces que denuncia el El emperador
va desnudo o el rey Midas tiene orejas de burro.
Si el objeto invisible carece de existencia real, si el traje del rey no existe,
lo que está diciendo el cuento es que el secreto del poder, el secreto del
prestigio tampoco existe, que no existen los secretos, "que\fodos los secretos
lo so:; a voces. El secreto no es nada, todo el mundo lo sabe. pero sólo el niño
inocente del final de la historia se atreve a decirlo. Mantener ese secreto vacío
sólo sirve para mantener el pode!;\ Si el verdadero secreto es que no hay
secreto, :-evclar el secreto del secreto para elimina1· a los poderosos
del poder. Para hacer la revolución es necesario extender las luces de
la razón, revelar el secreto del poder. Éste es el programa político de la
Ilustración. Luchar contra el oscurar.tismo es luchar oontra el poder. La
pública ha sido disolver los secretos del despotismo, porque éste
no tiene más sustento que la ignorancia del pueblo'[se puede decir que, en
el marco de la filosofía política ilustrada moderna, tiene una
1 ¡ profunda función política: es una denuncia de las apariencias sociales.- un
arma revolucionaria en manos de los Este cuento, oomo la mayoría
de los cuentos folclóricos, se origina en un deseo de revancha social En otras
palahras,iJ.o que dice este cuento es ¿en nombre de qué eres rey, si eres tan
bastardo, tan cornudo o tan judío, dirá Cervantes, si el secreto de tu poder
es que no hay ningún secreto.!\
Éste sería el tema ilustrado. Permítaseme completarlo oon
anécdota que cuenta un antiguo miembro del gobierno mexicano.l::l secreto
del poder es lo que hoy llamamos, en nuestro vocabulario polítioo, dsecre·
to de Estad2lY e! hombre político al que me refiero tuvo unabFcve trayectc ·ia
en la histor;a contemporánea. Cuando por fin tomó posesión de la presiden·
cia, un guardia presidencial le enseñó una caja fuerte que había en la pared,
la cual sólo el presidente podía abrir y que guárdaba mayor "secreto de
Estado". Inútilmente pidió la combinación de la caja, puesto que sólo
el presidente la conocía, y el anterior jefe de Estado se había tomado unos
días le vacaciones, bien merecidos. Consiguió, sin embargo, que alguien le
36
abriera la caja, y el presidente esperó a que lo dejaran solo. Miró lo que había
dentro de la caja, un poco extrañado de que sólo hubiera un sobre, locual
indicaba que los secretos de Estado no eran pero por ello mismo
debía ser muy importante. Abrió el sobre y vio el número de combinación de
(
· la caja fuerte. El único secreto, a notado en un papel, era el secreto del secreto.
Esta anécdota reconfirma el contenido del cuento. El secreto del secreto es
que no hay secreto. El secreto del poder es que no existe y por eso está tan
bien guardado.
Hasta aquí sólo hemos hablado de secretos sociales inexistentes que todo
el mundo sabe. Veamos ahora los secretos de diván, o los secretos culturales
inconscientes, que son de naturaleza muy distinta, ejemplificado enclcucnto
de los tres deseos delleiiador, que también se podría llamar "las aventuras dfl
una moreilla".
21
Pues bien, érase una vez un pobre lcñador .. Un día aparece un hada en
-u choza y, compasiva, le concede tres deseos. Como el hombre varios
días sin comer, lo primero que se le ocurre pedir es una carne. Dicho y hecho:
aparece una carne encima de la mesa. La esposa se enoja ¡,mchísimo: "¡Dios
mío! ¡Qué habré hecho yo para merecer un marido tan inútil! ¡Pedir una
morcilla!" El leñador 5e enoja oon ella y, sin darse cuenta, pronuncia el
segundo deseo: "Ojalá que esa morcilla te cuelgue de la n!""iz." Dicho y
hecho: la señora con el apéndice nasal pronunciado por la morcilla. El
marido, arrepentido al ver la terrible desgracia de su mujer,. reeurre a su
tercer deseo. Lo único que puede ooncebir es volver a la situación inicial: que
desaparezca la morcilla. Los tres deseos se cumplieron, yelleñadorysu mujer
siguieron tan pobres como antes, y nunca más los visitó un hada.
Tanto el cuento del traje del emperador oomo el de los tres deseos
plantean el problema del lenguaje: en el primer caso, las palabras del niño
inocente revelan un secreto compartido poi todos, es d s::creto a voces del
chisme universal. En el segundo caso, las palabras del leñado• tienen el poder
de realizar los deseos, tienen un valor pero estos ueseos se
anulan,yal final no cambia nada. •
Digamos que uno ¡. otro cuento son un reflexión sobre el poder de las
palabras; frente al poder político, en un caso, y frente al deseo, en el otro. El
primer cuento es políticamente progresista, las palabras sirven para denun-
21
Palabra típica del castellano y el portu,-ués inci.erto.. Parece baber
parentesco con el castellano morocón, 1599, que designa un embutido semejante. Otra
importa,te acepción para este trabajo e>' la un abultado y disforme donde se
los sueños, la paciencia y los rituales. ·
37
1
{
ciar el poder, revelando el secreto del poder, su vacío, su El
segundo cuento es reaccionario en tanto plantea que hablando no se consigue
.J_,_ nada, lo mejor que le puede ocurrir a uno es quedarse como
"'o/ se encuentra frente a dos secretos muy diferentes: secretos inexistentes del
poder y secretos inconscientes del dcsegj
Para terminar este punto, volvamos a la triste aventura del leñador. La
situación inicial es la posibilidad milagrosa de expresar los deseos y, además,
al expresarlos, conseguirlos. Así pues, este cuento contesta negativamente a
una pregunta: ¿puede el lenguaje expresar el deseo? Hay dos lecturas
posibles de esta imposibilidad. Primero, desde la perspectiva psiooanalítiea
clásica, se dirá que el deseo sólo se expresa de forma disfrazada. Cualquier
discípulo de Freud fácilmente descubrirá bajo el hambre del leñador otro
apetito que rebasa el plan alimentario. Descubrirá también en la morcilla un
objeto cuya forma voluminosa merece un destino más glorioso que la simple
ingestión, descubrirá en la metamorfosis sufrida por la esposa la imagen
terrible de la mujer fálica, tanto más cuanto que la morcilla le cuelga de la
nariz, que ya de por sí es asimilable al órgano viril. Se añade además que,
según la vulgata psicoanalítiea,la esposa no es más que un sustituto de la
Ya hemos descifrado el cuento. Y qué hemos encontrado, pues
Siempre lo mismo: e.!_triángulo edípico. Por esoTas interpretaciones freudianas
__ regresan a buscar en la infancia, encuentra la estructura
f fundamental del sujeto, porque cualquiera que sea la trama, el motivo, la
complicación de la historia, llegamos a lo mismo: Papá. mamá, y yo. y lo que
me falta a mí para ser. Aunque sin salir del marco psicoanalítico, una lectura
puede descubrir otra dimensión. No se trata simpleiDCDte de
traducir la morcilla utilizando un vademécum de símbolos -Ja carne es esto
Y ya está claro-, sino de el deseo se en
_E )!;!lgl!ªJll Al expresar 3U deseo -y la carne era en esos moiDCDtos el
significante de su deseo-fJiría Laean, el leñador ha supñmido del lenguaje
+ deseos posibles, tal vez más interesantes, que es ló que le repuwha la
muJer. Lo que ha quedado suprimido del lenguaje, ya defmitivamente inalcan-
zable, se convierte en el verdadero objeto de deseo, lo que Lacan Dama el
objeto_ A, un objeto más misterioso que la morcili.:Jmucho más misterioso
1 la Interpretación fálica de la morcillalfl lema que
+
digo cuando expreso un deseo no es mi deseo, el simple hecho de expresar
un lo El deseo siempre es deseo de otra cosa que es imposible
decu::, ,que es 1m posible formulwEs no decible, es el secreto del inconsciente
más allá de no dicho, es el secreto inexistente del chisme. '
3& _, • • • oto \e,
· L; (o:,o}
\contrariamente a los secretos confesionales, los secretos de diván sí
existen. El problema es que no se pueden el.]lres'!Ei Cuando digo A, suprimo
B, y es B el que se convierte, en esta operación, en verdadero objeto de deseo,
en oscuro objeto del deseo, como mostraba Buiiuel. Y por eso dice Lacan, de
manera muy enigmática -como todo lo que él dice-, lo que el hombre desea
se le presenta como lo que no quiere ver. La aventura del leñador ejemplifica
esta ley- Quiere la morcilla, pero en realidad desea otra cosa,¿ que le cuelgue
a su mujer en ... ? no, tampoco. Pero ya es tarde, la morcilla nunca estani
donde debía estar, siempre le faltar:i algo para ser lo que debería ser, o sea
otra cosa.
La moraleja de este cuento es que no puedo expresar mi deseo. Porque
fcl acto del habla conlleva la pérdida definitiva de una parte de lo decible.
Digamos que es la misma situaciór. el asno del cuento. burro qw;
tenía que elegir y cebada. Si elige uno, siempre le falta el otro, y
si no se hambre y de sed. Entonces, uno no dice lo que
quiere lo que hn dicho: morcilla. Y as! sacrificar& io que desea.
Lo sacrifica, esto ya no se puede decir; lo que desea se convierte en el secreto
inconsciente de su discurs!].j
Vemos que la situación del rey y del leñador son muy distintas. Cuando
se da cuenta de que no ve nada., el rey se·caiJá, se guarda su secreto, porque
si lo dice pierde el poder. El leñador dice su secreto, pero ál expresarlo lo
pierde. Pierde el secreto de su secreto, que ya nunca Sólo el
psicoanalista, tal vez, escucha este signifiCillte dando cuenta de .un deseo.
Pero incluso esta pretensión, más lacaniana que freudiana, me parece
excesiva. La interpretación lacaniana rebasa el tñángulo edípieo. La inter-
pretación analítica clásica propondría que detrás de la demanda se esoonde
el deseo. La interpretación del deseo son conceptos diferenciados; en Lacan,
demanda "es la forma ordinaña que expresión de una aspiración, en
ei caso en que se trara de obtener algo de a partir de la cual el deseo
se distingue de la necesidad para pertenecer al campo de la necedad". Es
decir, que no se pued., ,;xpresar en el diwán, debe interpretar
hiªtóricame_nte. El lenguaje como no expresión o como expresión imposible
del Creo que .. hay muchos más recorridos posibles. Por ejemplo,
se puede ir de la carne al cerdo, del cerdo a la fiesta de la población, a la
matanza, a la matanza de los gatos que trabaja Darnton, de la sangre a
la menstruación, de la menstruación a la luna,. de la luna a las malás cosechas,
de las malas cosechas al hambre y del hambre a la carne otra vez. Tenemos
Uf! circuito posible. También cuando a una ''x" población pode-
,39
m os bifurcar e ir de San "x" a las fiestas de invierno en general, de las fiestas
de invierno al árbol de navidad, del árbol de navidad a papá Nocl, de papá
No el al ogro, por inversión, porque se lleva a los niños inocentes en infames
banquctesP\V·'cmos que es un laberinto, un verdadero laberinto, quién sabe
dónde estaba el deseo • un laberinto propiamente histórico,
cultural, y no basta para interpretarlo el punto de vista, a veces reducido, del
psicoanálisis.,
El tiene una referencia metafórica, que me interesa resaltar
por la noción de fenómenos simbólicos inconscientes. El psicoanálisis como
tal, al triangular el deseo, lo hace depender de una estructura de parentesco
muy particular, que es la familia monogámíca europea moderna. Si se
extiende este modelo que es muy nuestro, muy reciente, al conjunto de la
humanidad, se llega a las propuestas de F.reud en J'óte;uytabü, por citar un
ejemplo, o a los arquetipos de Jung,
23
¿Y si Freud, al hablar de la evolución
22
El repmche del crimen ritual '{t.C los cristianos hicieron" los judíos, sin recordar qae
eso mismo les era reprochado por los romanos: que se comían a un niño en la eucaristía.

23
: ' éase Cad Jung, Arqrwtipos e íucouscieute colectim (\'arias ediciones). Jungdivide al
mconsctente en un aspecto personal y otro colectivo. El inconsciente personal oonsta de las
e'?'eriencias han sido tan tlolorosas o traumáticas que no se intq;ran a la de uno
mtsmo; mecamsmos de tipo represivo impiden su acceso a la conciencia. Los estratos más
profundos, que contienen el material universal y primigenio Jung- sin el cual no se
los últimos de la personalidad, se concibea romo pettcnecientes
al mconsctente colectivo, concepto propio de la psicología jungiana. Ésta ooasidera a la
ca?az de imágenes anteriores e independientes con n:specto a la experien-
cia consciente, y stmtlares en su forma en todos los seres humanos, es decir, de índole pro-
totípica o arquetípica.
sí mismos son como materiales en bruto, que a menudo aparecen en sueños,
fantastas, o en el vuelo de la imaginación, generalmente -de acuerdo ron ]un¡:-propiciados
por los desequilibrios o las demandas de la experiencia ronsciente. Reflejarían ;así Jos temas
centrales con que el ser humano se ha debatido a lo largo de la historia: el bien y el mal, el
sexo, el poder, la mortalidad y muchos otros.
Jung estas imágenes complejas poniéndoles diversos nombres. Los arquetipos
sexual a ruma Y ammus, se refieren a los aspectos opuestos y ocultos del hombre y la mujer,
respectivamente.
. mago Y (;ran Madre son nombres asignados a f¡guras de autoridad c¡ue aparecen
en Imagen es denvadas del inconsciente. Las figuras o estructuras arquetípicas-de a.cuerdo
con esta teoría- todas colectivas, pero no necesariamente inconscientes. El yo y la
son en estructura, pero en buena medida conscientes por su c:ontenido.
El de la vtda pstcológica se concibe de esta manera romo-una· especie de COIDJ>romiso
entre lo consciente y lo inconsciente. El desarrollo de la personalida.d. aunque
m flUido por el mundo externo, es descrito como una lucha intestina.
Nú, obstan k, al concebir la individuación como un proceso universal humano Jung
señaló también que el camino subjetivo no se resueh·e necesariamente en una lucha ¡ndivi-
40
colectiva de la humanidad, hubiera establecido un diagnóstico de su época?
Los textos "filogenéticos", los que Freud consagró a la llamada "psicología
colectiva", han padecido por mucho tiempo por su estatuto incierto con los
psicoanalistas. Muchos prefieren limitarla cientificidad del corpus freudiano
a los análisis concernientes al yo individual. Ohras como Tótem y tabú, Moisés
y In religión monoteísta, Psicología de las masas y análisis del yo, El malestar
en la cultura, o los artículos sobre la guerra, no constituirán, en primera
instancia, más que curiosidades especulativas, ensayos brillantes en que no
faltaría captar de paso algunas verdades psicoanalíticas, pero que sería
necesario tomar en serio.rA la "psicología política" freudiana no se la sospe-
cha, a veces justamente, vinculada con teorías caducagor ejemplo, la teoría
lamarkineana de la herencia de los caracteres adquiridos.
\Ca psicología colectiva no tiene huena fama. ¿Por los regímenes tota-
litarios que abusaron de psicología social está, por otro lado,
infinitamente menos desarrollada en Francia que en Estados Unidos, donde
en bogi!Estos hechos han podido contribuir igualmente
a la desconfianza frente al Freud "filogenista".
El trabajo de Hcrmann Glaser, histoñador y filósofo alemán,rompe con
este descrédito. Para él, los textos "polítiCos" de Freud son a la vez una
historiografía y una expresión de su época; con el mismo título que las obras
de Stefan Zwe'ig, de Heidegger o de Alfred Dobliu. Con un e&1ilo científico
neutro, Freud habría, en realidad:, establecido el psicodrama de una época
agitada. Atrás del universalismo de los conceptos, atrás de las '"cseenas
primitivas", proliferarían algunas de las crisis polític:as y espiritua-
les de nuestro siglo: la obsesión sexual en la Viena de la belleipoque, la guerra
de 1914-1918, la "americanización dd modo de vida", y la subida del
nazismo. A cada escansión dé una historia de la que experimentó de frente,
en ciertos momentos, la violencia. F rcud ha,bría, en sus text95 de psicología
colectiva, establecido su discreto
dual. Para ello -dice- han svrgido en el desarrolb de la cultar.a formas iaslitucionalizadas,
simbólicas, no conscientes. Los sistenaas religiosos. por con sus prieticas rituales,
pueden contribuir directamente a la fonnacióa de la persollalidad. .
Porotraparte,comolungdescriheel.procesodeindividuxiónensaaspectoconsaente
como la tendencia a la realización llel sí mis.o. la personal del
autoconocimiento, aunque fuese a la....,.. una lleeilición y- afliccióa. pues··el
de la humanidad, visto como la paulatiaa expaasióft de la coac:iencia. trae eensigo dfrersas
penas, angustias y dolores, como parte del praio·de/ sus'sapuestos
41
Así T6tem y tabú, a pesar de haber sido publicado antes del primer
conflicto mundial, anticiparía la "estructura anímica" de la guerra de 1914-
1918. ¿Acaso no es con la evidencia de un asesino, la del "padre primitivo",
como Freud pretender revelar el origen de la religión? Ahora bien, el llamado
al debate del patriarcado y del padre se produce más bien a continuación de
la Gran Guerra, y no en las brumas de una prehistoria reconstituida, un eco
de las angustias de esa generación de hijos, inmolada en la primera masacre
tecnológica de la historia, y de su deseo casi explícito de posguerra. Ejemplo
de esta antología parricida: La Carta a mi padre, de Kafka. por supuesto, pero
también Crepúsculo de la lnwumidad, de Kurt Pinthus, que reúne en 1919
las voces de la nueva generación y del expresionismo; o aun los artículos de
Paul Federn publicados por la revista Ausfstieg (El ascenso), que preconizan
explícitamente el cambio al patriarcado, el paso a una sociedad de hermanos
(tema que sigue siendo de actualidad en las teorías feministas).
Confusa y fuera de moda, ésta se obstina en descubrir a fuerza una
compatibilidad entre Frcud y un Marx a colores de Herbcrt Marcuse. La
problemática "freudo-marxista", tan pop•dar hace veinte años, ba envejeci-
do. Tiene además el defecto de incitar a Hermano Glascr2
4
a adoptar una
perspectiva exageradamente teológica. Para Glaser,zs efectivamente, el
"absoluto está con nosotros desde el principio". La modernidad vienesa no
es entonces, si se le cree, más que un periodo "puberir. Vemos histórica,
infaliblemente, los derrumbamientos futuros producidos por una pensante
necesidad burguesa, entre otros muchos procesos históricos que se observan
en el pensamiento. Si este atributo teórico singularmente ventilado impide
con frecuencia la demostración de ser convincente, las ideas colectivas de
Freud siguen siendo uno de los panoramas más preciosos y completos de la
24
Glaser, :reU<l ... Traducido cerca de una •-..intena de años despu& de
su apancmn en Alemama, el hbro de Hermano Glaser da así una panor:ímic:a, con Freud,
d_el de movimientos literarios y y .a.ustña('{)S dd
s1glo. Las son tan numerosas en ·el género antología como en el de ensayo. Sin embargo,
la exhumac10n de textos ya olvidados y de autores menores de la literatura ale1112na no es ei
placer que podemos encontrar en este Sigrnwrd Freud ••. ¿En dónde, si no en Glaser,
en francés la prosa del pedagogo Weneken, fundador de los JITantkn-ügel
(Pa¡aros mmrgrantes), movimiento que dispersó por los caminos de la Alemania deGuillenno
a una juventud en rebelión precoz en contra de la tirania la de las
c.mdades; o una admirable reseña de los Enrploy€5 (Empleados), de Siegfried Kracaver,
por Ernest Bloch. Podemos evitarnos la lectura de la introducción de este precioso
hbro consulta.
"lbid., p. 90.
42
·1:_ •
. , ,.
'
historia cultural alemana de los tres primeros decenios del siglo. Su efer-
vescencia alimenta en algunos una fuerte nostalgia. mezclada con el temor
de que la riqueza de la que se forma esté perdida para siempre. Incluso para
una Alemania de la que Berlín se volvió capital.
Para Carl J ung el inconsciente comprende todos los fenómenos psíquicos
que carecen de la cualidad consciente. El inconsciente es la fuente de
las fuerzas "instintivas" de la psique y de las formas o categorías que las
regulan, es decir, los arquetipos. Para él, el concepto del inconsciente es un
concepto exclusivamente psicológico y no un concepto filosófico de natura·
leza metafísica. Jung señala que el inconsciente es un concepto psicológico
limítrofe, que cubre todos los contenidos o procesos psíquicos inconscientes,
es decir, no relacionados con el ego en forma pcrceptiblc.\La justificación de
Jung para hablar de la existencia de se deriva simple
y exclusivamente de la
\E¡ inconsciente es vasto e inagotable. No es simplemente lo desconoci-
do o el depositario de y emociones conscicnto.:s que han 5ido
reprimidos, sino que incluye contenidos que se puetlen hacer o se harán

\Definido así, el inconsciente describe unestadode cosas extremadamen-
te fluido: todo aquello que conozel:) pero en cual no estoy pensando en este
momento; todo aquello de lo que otron estuve oonscientc!pero que he
olvidado-; todo lo que mis sentidos perciben pero que mi mente consciente
no capta; todo lo que involuntaria e inadwcrtidameotesiento, pienso, recuer-
do, quiero y hago; todas las cosas futuras que están tomando forma en mí y
que en algún momento llegarán a la concieru:ia: todo esto es el contenido del

El inconsciente también contiene funciones "psicoides" que no son
capaces de llegar a la conciencia y de b.s eual95 sólo tenemos unconocimiento
indirecto, como la utópica· relación entre materia y espíritu.
Cuando el inconsciente se toma hiperactivo, ello se percibe en síntomas
que paralizan la acción conscieutil . Esto tiende a ocurrir cuando se ignoran
o reprimen factores conscientes.
(l:ntonces, las exig;:ncias del inconsciente pn:sion11n imperiosamente
sobre la conciencia,\ provocando un desastroso splitting (desdoblamiento)
que se manifiesta de estas formas: o el sujeto ya no sabe lo que real-
mente quiere y nada le interesa, o desea demasiadas cosas al mismo tiempo
y tiene demasiados intereses pero en cosas imposibles: En general, la actitud
compensatoria del inconsciente opera.parap,a'Otener el equilibr;o pacífico.
43
'
-'f--
\
+
Los procesos inconscientes que compensan al ego consciente contienen
todos aquellos elementos necesarios para la autorrcgulación de la psique en
conjunto¡· K nivel personal, son las personales no reconocidas
conscientemente que aparecen en lossucrios, o los significados de situaciones
coti dianas que hemos pasado por alto, o conclusiones que no hemos podido
sar;ar, o afectos que no hemos permitido, o críticas que Iremos evitado.\
En términos tipo lógicos, el inconsciente se manifiesta a través la
actitud opuesta y de las funciones menos desarrolladas. En el extrovertido,
el inconsciente tiene un matiz subjetivo y una predisposición egocéntrica;
en el introvertido, puede aparecer como un vínculo compulsivo con personas
y cosas del mundo externo.
Uung atribuyó al inconsciente una función creativa, ya que presenta a la
conciencia contenidos necesarios para la salud Sin embargo,
no es superior a la conciencia; sus mensajes (en sueños, impulsos, lapsus)
siempre deben ser comunicados por el ego.
fLa conciencia deLe defender sus razones y protegerse, y a la vida caótica
del inconsciente también se Je debe dar la oportunidad de hacer lo que desea
-tanto como podamos soportarlo-. Esto significa al mismo tiempo abierto
y Evidentemente, así debe ser la vida
Es el VIeJO juego del martillo y el yunque: entre ambos, el paciente-hierro es
forjado convirtiéndose en un todo indestructible, en un individuo.
-f'Ilara Jung, el i3s.onscicntc colectivo es la capa estructural de la psique
humana que contiene .clemcntos heredados; difiere del inconsciente indivi-
dual. El c?!<:<:ti,·o contiene toda la de la
hi storia de la humanidad, que nace nuevamente en la estructura cerebral de
cada individu!?JEn el concepto de inconscientclransindividualestácompren-
dida la herencia filogcnética y como el $ es sustentado desde el otro en ella.
Jung derivó su teoría del inconsciente colectivo de la ubicuidad de los
fenómenos psicológicos que no podían explicarse con base en la experiencia
personal. La actividad de la fantasía inconsciente, por ejemplo, cae en dos
categoría,;.
Primero, fantasías (incluyendo sueños) de carácter personal, que vuelven
indiscutiblemente a experiencias personales, cosas olvidadas o reprimidas, y
por eso se pueden explicar totalmente a través de la anamnesis individual.
colectivas; sin duda ti enen sus análogos más cercanos en
los tiP?s Y a que estos son numerosos, estamos obligados
a supoper la existencia de un sustrato psíquico colectivo, que Jung llama
inconsciente
44
:,i

fE¡ inconsciente colectivo -i!nles de entrar en detalles- parece estar
constituido por motivos mitológicos o imágenes primordiales, razón por la
cual los mitos de todas las naciones son sus verdaderos hecho,
toda la mitología puede considerarse una especie de proyección del incons-
ciente r:olcctivo. Por lo tanto. podemos estudiar el inconsciente colectivo de 1
dos maneras: en la mitología o en el análisis del individuo.
:\licntras mejor percibamos los contenidos del inconsciente personal,,
mayor será la revelación del rico estrato de motivos que \
el inconsciente colectivo. Esto produce una cxpans10n de la personalrdad. 1
\De este modo surge una conciencia que ya no está aprisionada en el pequeño
y extremadamente sensible mundo personal del ego, sino que participa libre-
mente en el mundo más no es ese quisquilloso y egoísta conjunto
de deseos, miedos, esperanzas y ambiciones personales que siempre debe ser
compensado o corregido por las contra tendencias inconscientes; más bien es
una función de relación con el mundo de los objetos, que conduce al indi·
viduo a una comunión absoluta, valeder& e indisoluble con el mundo en
general. El "inconsciente personal" es un estrato personal del inconsciente
y difiere del inconsciente colectivo. El "inconsciente personal" contiene re-
cuerdos perdidos, ideas dolorosas que están reprimidas(es decir, olvidadas con
intención), percepciones que no fueron lo bastante fuertes como para llegar
a la conciencia y, finalmente, contenidos que aún no están listos para la
conciencia.
fSin embargo, las conclusiones j.ungianas sobre ei pensamiento humano
nos llevan a grandes madres primitivas,. a enroscadas, a padres
solares, explicaciones que ningún historiador puede admitir de semejante
mi __ de la . nocióll_de
inconsciente individual o personal, sinoalcontrario, de asum•rque cualqu•er
. indivfduo en. una cultura es un mundo, qu.e .el incluso e!. indi-
vidual, es se trata de generalizar. la idea consciente. individua}
al conjunto de la humanidad, lo cual hace Jung, smo al contrano, ver que
el inconsciente de cada cual es en sí mismo colectiYo, en sí mismo cultura_!!
fPor ejemplo, la carne no es un símbdlo. fálico unive"rsa.!} no tiene ningún
sentido, es un producto y' un símbolo cultural que se relaciona con otros símbo-
los o productos culturales, conscientes o inconscicnks,materiales o simbólicos.
Llamaría a la conclusión sobre los cuentos relatados, la inutilidad de la
cultura. En el secreto confesional, o secreto social, la separación de Jo dicho
y lo no dicho obedece a motivos externos. Se trata de guardar o de perder
el poder, la fama, el prestigio, el deseo,· y ti circuito del chisme. En-el
1
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secreto de diván hay cosas excluidas del discurso por exclusión interna, por
7
motivos que dependen de la propia ley del lenguaje como fenómeno cultural.
'1 El cuento del cuadro o del traje invisible nos da el secreto de los secretos
sociales. El cuento dclleíiador nos da el secreto de los secretos culturales. Es
la contradicción entre lo social y lo cultural.\
La divulgación de secretos sociales el chisme, que es una
manifestación de la rivalidad entre personas y grupos, para afirmar su
superioridad ante los demás. Ésa es la trama de la sociedad: rivalidad entre
grupos. el principal asunto del
p.orque es la de lo social. Pero la verdad es que nadie des.ea el poder,
smo que lo qmere; todo el mundo quiere ser gobernante. Per_<? ..
es objeto de deseo, no es un Qbjetg.c.-ótie(I,_Si se habla tanto -del erotismo del
poder, _es p.ara consuelo .de los
que el secreto del poder es que no existe, pero
el poder es deseable. Pero ese secreto es tan falso, tan como el
primero. NG hay erotismc en el poder. Las relacior.essocialcs son reiado!les
de poder, relaciones de interés. El utilitarismo es la ley de la sociedades
dernas. Pero el deseo escapa a esta ley de maximizaeión de los beneficios y
se somete a otra ley: la de exclusión interna. la que la producción
simbólica. De alguna manera se puede IJlle no hay nada más inútil que
el deseo. El poder es útil, es la ley de la sociedad, el utilitarismo. El deseo es
completamente inútil y nunca consigue su satisfacción, por supuesto, si ni
siquiera puede expresarse. Creo que tiene en común esta caracteristica con
todas las manifestaciones culturales: un cuento, un refrán, una procesión de
semana santa, una romería; pero también uoa ópera, una película. un con-
cierto de rocko de música clásica son profundamentein.ütiles, no sirven para
nada. Pero por eso son son t.-stimonio Yivo de una cu1tura.
Cualquier teoría de la cultura que se fundamente en su utilidad social
es vaga Y pragmática; por ello i'Otundamente al funcionalismo. A
partir de un enfoque funcionalista se limil2 el anális!s del fuiaore, de las
fiestas, de la tradición oral, su capacidad de integración social, de afirmación
de la idlmtidad: las fiestas sirven para esto. las leyendas para esto. Se están
afinnando cosas que son verdad, pero verdades no se está
dando un paso, ni siquiera mínimo, en el análisis de sus significados cultura-
les. Esto también es aplicable a la cultura La
por la sociedad en su inconsciente. No se puede conceb¡;..la·;.;¡tura como una
suma de procesos·sociales, en ténninos funcionalistas, sino al
contrario, como_ una resta, quitar cosas en vez de aíiadir. La cultura es lo que
46
1. ,
(t.·

' '
..
queda de la sociedad cuando se le ha quitado todo lo social. Por ejemplo, es
la tradición oral, pero cuando se le ha quitado el chisme. En la sociedad todo
es chisme, el chisme es todo. Pero cuando se quita todo aún queda algo: este
algo es el inconsciente. De ahí la ambigüedad de la tarea histórica que aquí
se pretende ;mal izar: rescatarlo olvida.d.o. Pero cuando se ha rescatado lo
olvidado, aún nos queda todo por hacer: hay que volver a olvidar todo, pan1
poder interpretarlo.;La historia cultural obedece a esta
tan do el inconsciente colectivo de_l pasadoi reparar en los bajos fondos, eq_cl
.. y las pasiones.
a lo que pasa desapercibido ... dPspr.ecia!;se
lq.pSf!S) e!l.los rec:oll§tr.ug:i4n_dc la verdad
para percibir la singularidad de los sucesos (objetos, C!J!JCeptq§.,
procedimientos) frcnteaest..1 teleología monótona que disuelve • •
en favor de un reconocimiento tan rcconfort:mtc como iJtJ.sQ.r..iQ:.J:econocer·.
.. -a la identidad que proporciona
el habitual de lo meta-hist.irico, captar las diicrcn!es escenas/
coril.extos en los diferentes papeles jugados por lo "mismo" lo revelan como
realmente "otro".
Perfilar las siluetas de las ausencias y apreciar el modo de mirar que no
puede verlas o las ve como sinsentido, en lugar de despacharlo, desde un
desdeñoso fin de la historia. romo mera ignoraneia, superstiéión o error.
La verdad histórica en la historia cultural no está menos necesitada de
explicación del error. Es en esos intei'Slicios de sentido, en las fronteras
de cada racionalidad. donde brotan las soluciones a esta historia que
hace patente la proliferación de sucesos a través de los cuales, gracias a los
cuales, conira los cuales, se ha formado la historia cultural, el inconsciente
transindividual.
\t posible :::proximación entre el psico:¡nálisis y la historia formarían
parte de una cartografía que apenas se en las ciencias
cuya potencia explicativa comenzamos a vislumbrar.
F'úología de la denlro de la lüstoria cultural
"Mental" es un adjetivo que, según Le Goff,
26
se refiere a espíritu y viene del
latín m.ens; sin embargo, el epíteto latino mentalis no viene naturalmente
"' Jacques Le Gofr, "Les mentalités, une histoire en FaiTe l'Histuire, París,
Gallimard, p. 82.
47
de mental, pues fue ignorado por el latín clásico y pertenece al vocabulario
escolástico medieval. Los cinco siglos que separan la aparición de mental
(mitad del siglo xiv) de mentalidad (mitad del siglo XIX} indican (¡ue vienen
de contextos diferentes.
Si en francés, menta lité no deriva directamente de "mental", en cambio
en inglés, desde el siglo XVII, mentality sí viene de "mental". Esta precisión
tiene su importancia, ya que en la filosofía inglesa de esta época, mentalidad
designa: una "coloración colectiva del psiquismo, la manera particular de
pensar y de sentir de un pueblo, de un cierto número de personas".
27
Desde esta perspectiva, se puede vincular a esta significación. de manera
extemporánea, la polémica que F:rcud en su texto Psicología de las masas y
análisis del yo
28
desarrolla con Gustavo Le Don, sobre un fondo de descifra-
miento de las .. Freud se entusiasma por el reco-
nocimiento que hace Le Bon, en Psychologie de Joules,
29
del pensar, del obrar
y del sentir de las masas, como productos del inconsciente, bien que el autor
no dcsa:-rolla este puutv. Por esta razón, Frcud retoma el planteamiento clc
Le Bon e introduce como explicación de la transformación del comporta·
miento del individuo al hallarse en colectividad el levantamiento de la
represión que permite la emergencia, en la multitud, de las pulsiones de
manera desenfrenada.
'fES a polémica recae también sobre la cr.;,ncias y las creaciones
, lo cuales ya interesante para la aproximación que se pretende: reconocer que
mecanismos
e ... a ta fitología del término, se encuentra que 1a noción de
mentalidad, en inglés, permanece confinado a un lenguaje técnico de la
filosofía, mientras que el francés lo toma del inglés para volverlo de uso
corriente. Es así que a comienzos del siglo XVIII la noción de mentalidad
aparece en el dominio científico; inspirando, por ejemplo, a VoJtaire, el libro
Y la idea del Essai sur les moeurs et /'esprit des nations (1754). ensayo sobre
las costumbres y el espíritu de las naciones.. Moeurs podría traducirse como
costumbres, y en ese sentido se puede considerar, en primer lugar, que'll;ffio de
los objt:tos de la historia de las mentalidades son las costumbres y. lo que
de inconsciente entrañan; en esa dirección, puede concebirse la c:rítica de las
27
!bid., p. 82.
28
Freud, Psicología de las masas y análisis del yo (1920), en 0Lns Completas,
P.morrortu.
29
.Gustave Le Bon, Psicología ele las multitudes, Argt)ntina. Albatros.
48
1

costumbres de Kantoomo ensayos sobre las mentalidades; lo que conduce a
un nuevo campo: la entre mentalidad, moral; terreno en el
que se encuentra pertinente el aporte del Pero, igualmente,
moeurs puede traducirse por hábitos cotidianos y, en ese sentido, estaría por
hacersl! la psicopatologíaquc subyace a dichos hábitos, tal como en su ensayo
de 1905 Freud reflexionó acerca de la psicopatología de la vida cotidiana a
nivel individual. El asunto será, además, encontrar la ruta para que expli·
caciones equivalentes puedan aplicarse a comportamientos colectivos.
\En 1877, "mentalidad" aparece en el clásico diccionario francés Littré,
ilustrada por una frase prestada de la filosofía positivista de Stupuy, donde
el sentido de esta noción es extendido a "forma del espíritu"- Dice: "cambio
de mentalidad inaugurado por los enciclopedistas". Lo que nos remite a una
polémica al interior de la disciplina de la historia de a saber,
su diferencia con la las pero que abre desde el psico-
análisis la histoña de el proyecto de una
· , "
\En efecto, hacia 1900, el término mentalidad es, segun Le Goff, el
sucedáneo popular de la visión del mundo de
cada uno, un universo mental estereotipado y caótico a la w:z.'" j
Si ]a historia es la historia de las concepciones del mundo, esto
señala una aproximación al psicoanálisis; una de las NueVas lecrior!es
de introducci6n al psicoanálisis es titulada por Freud, justamente, sobre las
Weltanscliauung,"(T:ís oosmovisione8 o concepciones del mundo. Allí, Freud
las define como constnu:ciones intelectuales sobre la base de una
hipótesis superior, la existencia de dioses o espíritus sobrenaturales, y qu!l
cumplen la función desaciarelapetito de saber humano, darle una ilusión de
protección frente a las la existencia, aportarle un código moral
de relación frente a los semejantes; y le promc¡.te, :.demás, un descnb:.:;e feliz
más allá de la muerte.. Es una de6nición riguiósa, a la que sólo puede ajustarse
la religión, pues la ciencia, la fdosofía y el psicoanálisis SP. qnl':flnn r.ortos en
el cumplimiento de estas En ese sentido, la de la cultura
sería la hisb;ria de lasreli¡;iones;y, en efectO, la es uno de sus objetos.
El desde esa óptica, puede aportar a la historia intelectual
una explicación de la psicología de la creencia, pero también de la incredu-
lidad, lo mismo que de los resortes psíquicos de los rituales religiosos,
31
de
30
lbid., p. 83. ,
31 Freud, Los actos obsesit'Os y las JWácticas RligiOSQS,- Obras Completas. Amorrortu,
49
+
la concepción de lo sagrado,
32
de la función de lo dcmoniaco,
33
delos orígenes
del monoteísmo
34
o de la estructura de las iglesias,
35
entre otras.
Lo sorprendente en esta acepción de mentalidad, que señala Le Goff
como sucedáneo de TVelta11Schawmg, es que se vuelve "una visión pervertida
del mundo, el abandono a la inclinación de los malos instintos psíquicos. Hay
en el término una especie de fatalidad peyorativa" de horrible mentalidad.
Pues bien, el psicoanálisis tiene una explicación del nacimiento de la realidad
para el sujeto, justamente a partir de la acción de sus pulsiones y la incidencia
de los principios del placer y del pñncipio de la realidad; es la génesis del yQ-
realidad-del-comienzo, el yo-placer-purificado, y el yo-realidad-de-final.
36
Hay
que añadir el aporte de Jacques Lacan a este mismo punto, con sus conceptos
de real,
La pulsión de muerte atraviesa a la historia, su fatalidao determinante
en los juicios, pensamientos y actos del hombre. El quehacer histórico es una
manera de contestar a la muerte.
Por otra parte, el inglés retuvo una tendencia de la· pa!ahta •·especlo al
adjetivo "mental" ligado a deficiencia, como retardado mental, retardo
moderado, leve, profundo.
La utilización del término en ellcl\,auaje corriente,. sea como deficiencia,
o sea como de horrible mentalidad, nutrió dos ·corrientes científicas: la .
primera en la etnología, donde a finales rlcl siglo XIX y comienzos del XX
el término comienza a designar "el psiquismo de los primitivos", que al
observador aparece como un fenómeno colectivo indiscernible del psiquis-
me individual. En ese sentido, Le Goff cita, de Lucicn Lévy-RruhJ, l...a
mentalidad plimitiva (Í920). La otra corriente aparece en b psicología del
niño, donde· se hace del niño un adulto pequeño, mentalmente menor; se
habla entonces de mentalidad infantil, incluso en obras relativamente
recientes como el Voca.bulaire de psydwpéáagogie et psyd.iatri.e de l'enfant
(1970). Pero Le Goff cita un artículo de 1928 que es la fecha aproximada
de este uso y·que retiene nuestro interés, se trata de "La menta!ité primitive
et celle de l'enfant", del psicólogo Hcnñ Wallon. aparecido en ia Revue
Philosophi.que.
32
Freud, T6tem y tabú, en Obras Completas., Amorrortu.
33
Freud, Una neurosis demoniaca del siglo en Obras Completas, Amorrortu.
Freud, "El hombre", en llfoisés y la rrligi6n _,eisla, en Obras Cot.pletas,Amorrortu.
3
' Freud, "Dos masas artificiales, la iglesia y e! .ejército". en de las -• y
análisis del yo, Obras Completas, Amorrortu.
36
Freud, Lo: dos principios del suceder psú¡uico, en. Obras Completas, Amorrortu.
50
En este punto, vale la pena intercalar dos glosas: la primera es que la
aproximación del psiquismo del hombre "primitivo", del niño, e incluso del
pensamiento del neurótico, es una reflexión que, con una lógica bastante
consistente, hace Freud; aunque no utiliza el término de mentalidad. Es
cierto que sus fuentes etnológicas son bastante ctnocentristas: Frazcr, por
ejemplo. Pero, su competencia a nivel del psicoanálisis justifica el estudio de
los presupuestos psicológicos de esa aproximación en diversos ensayos.
37
Se
basa, esencialmente, en el reconocimiento de la tendencia de la fantasía y el
sueño al principio del placer, y a la huida del displacer de la realidad; esto,
mediante la construcción de imaginarios colectivos o individuales, donde el
sujeto tiene la idea de poderlo todo; en especial, la realización de sus deseos
ambiciosos. agresivos y sexuales, a partir del solo desearlo o pensarlo. Esta
actividad psíquica se refiere a los otros que rodean :::1 üiño -figur.JS a ;:nadas
y odiadas como los padres-, y se realiza, por ejemplo, en el juego. En el adulto
encontramos el corolario de esta actividad el! la fantasía, y a nivel colectivo,·
en los rituales, ios mitos, las creencias popubres y, hoy se dirá, en la historia
cultural.
Es entonces cuando el sujelo puede., en los tres casos, tomar una conexión
psicológica pcr una conexión en la realidad exterior, darle crédito a ese error,
y conducirse en consecuencia. La aproximación se valida aún más cuando el
psicoanálisis se ocupa del niño no coro? un objelo particular
deficitaria, o como un enano o adulto empequeñeeid?, sino como sujeto del
·inconsciente, al igual que el adulto occidental, oriental, o perteneciente a
culturas sin escritura.
La segunda glosa es el espacio de reflexión que abre la alusión a los
trabajos de ya que son éstos los que inspiraron a su
concepción del Estadio del eSpejo en la Jonnaeión del yo (le); escrito que
constituye una re lectura de la lnlroduccióual !rarcisismo de Freud, y de donde
se desprende una noción nucYa en psicoanálisis: el noción que
curiosamente encontramos ele nuevo en historia de las mentalidades como
un;;. de sus designa::!:::r.es: historia de los im!!ginarios colectivos, o de los
imaginarios sociales.
El término "mentalidad,. no forma parte hoy del vocabulario técnico de
la psicología; ha caído en desuso, pero la historia salva la noción y la retoma
para las ciencias humanas. FJ otro destino que no señala Le Goff es que el
37
Freud, "El retomo infantil del totemismo. magia y omnipotencia del. pensamiento",
en Tótem. y tabú ( 1914), Obras Completas, A1119rrortu.
51
.. t
término es elaborado por Lacan en Francia bajo la forma de "imaginario".
Podría, desde el psicoanálisis, repatriarse ci término a la historia de las
mentalidades, y en un diálogo trans-disciplinario, confrontar sus alcances,
límites y ventajas posibles, a partir de la nueva significación que en el
psicoanálisis ha logrl!.4o. \ta historia de las mentalidades ha quedado
atrapada en el imaginario. La historia cultural se puede pensar desde el RS1_\
La nueva escuela histórica francesa retoma el término mentalité en el
dominio científico bajo el nombre de Historia de las Mentalidades, y to trans-
mite a otras lenguas: mentality, Alehtalitiit, mentalidad, menta/ita. Y corno
género encuentra sus teóricos más importantes en Lucien Febvre (1938),
Georges Duby (1961), Robert 1\Iandrou (1968), Jacques Le Goff (1970).
Finalmente, al alejarse de la significación peyorativa del término que
to,na por en Lévy-13ruhl, cuando reflexiona sobre las Fonctions
mentales dans les societés infériettres (l9ll), lo que creó un mal clima para
el término "mentalidad", se encuentra otra aproximación interesante entre
psicoanálisis e histeria de la cultura:p;s objetos de los que se ha ocupado la
historia de las mentalidades son atrayentes para el psicoanálisis, porque
forman parte de aquello que en general el paradigma cartesiano, de ideas
claras y distintas rechaza como formas del pensamiento desestimadas. Así,
se ha aplicado a pensar objetos hundidos en las aguas de la marginalidad, la
anormalidad y la patología social. Se ha· ocupado con preferencia de
lo irracional y extravagante: la brujería,
38
ia hcrejía,
39
las posesiones,40
el milenarismo,
41
la muerte/
2
la sexualidad;
43
la locura;'"' la la
'" Caro Baroja, Julio, Les Sorcieres el lenr monde, 1961, París, 1972;
Mandrou, Magistmts et Sorciers en Frcma au XV/le siecle, Plon. París, 1968; Besancm./..e
premier lil:re de la Sorciere (Annales E.S.C.), 1971, pp. 1186-204.
39
Le Goff, Foucalt, Héresies el societés dans l'Europe p.-iincf¡¡sfrielk, XI'Ile-XV/1/e
siecles, La Haye, París, Mouton, 1968.
40
Michel de Ccrteau, Lo Possessio11 de Loudm11 (coll. "Arehi,·es", #37). Juliard, Pañs,
1970.
41
G. Duby, El 0110 Mil, 4a. ed., Gedisa, Barcelona, 1992, 160 pp •.
42
Lebrun, P., Les Hommes el la mort en Anjou XVlle el Xl'IIIe si«les. Essai de
démographieet de psychologie historique, Mouton, Pañs, 1971; M. Vovelle, "V !Sien de la mort
el de l'au de la en d'apres les autels des ames du purgatoire, XVe-XXe Siectes•, in
Cahiers des Annales, #29, París, 1970.
43
Van Gulik, La vida sexual en la antigua CI.ina (1974), Monte Ávila. Caracas, 1995
(primera edición en castellano).
44
Foucault, Historia ele la locura, Siglo XXI, México, 3 t., 1983.
45
Aries, El11il1o )' la t·iclafamiliaren el anlig!w régimen(l 973). Tauros, Madñd,
1987.
52
,, ..
. '
' .
i ·
1
t
1
creencia,
46
los mitos,
47
los sucñosdohjetos residuales del- pensamiento
racional imperante pero valiosos al psicoanálisis, desde sus orígenes, y de los
que Freud se ocupó en distintas obras en una perspectiva que se intuye
compatible con estos desarrollos, pero cuya confrontación prolífica apenas
comienza, esencialmente, con los trabajos de

Pertinencia del psicoanálisis e1J la historia cultural
Tanto desde su desi!'llación como desde sus primeras investigaciones, la
D
historia de las mentalidades se quiso psicológica,
50
aplicándose a pensar
fenómenos explicados por los hombres como intervenciones mágicas o de
dioses y .demiurgos; lo que está en cuestión son los deseos, destinos y pasiones
de los hombres que la protagonizan, tanto en la historia de los héroes o de
los modelos -ideales del yo d. e las masas- interrogando sus virtudes y defectos
individuales, como en la historia de comportamientos y actitudes mentales
de las masas anónimas.
\El

puede intervenir en el campo de la historia de las
mentalidades un elemento explicativo que aporta una interpretación
de los componentes subjetivos que en un personaje histórico, en
<6 Febvre, Le probliiate de l'incroyeece av XJ'le siidr. l.a religi011 de Rabelais. Albin
1\{ichel, París, 1942; Belmont, Mytlres el CIOJ1Inces dans l'ancierrne Fronce, "Questions
d'histoire•, 135, F1ammañon, París,
" LériStrauss, llytlrologiqltes. Pton, París, 1964-; Vernant, Alythe et Pensée chez les
Grea, Études de historique, Maspero. Pañ$; 1965; Dumezil, ltf)11re el Epopée,
Gallimard, París, 1968. ·
.. E. R. Dodds, "Stnleture oniriqueet structure capítulo 2, in Les Grecs et
l'úmtiomrel (1959), trad. 1965; l..e Golf. Les ren!S clan5 la_ et_la
psychologie de l'Occident Soolies 1,)971, pp. 123-nO; Cmllo15, Le ret-e
et les societés luunaines. Callimard, París, 1967. /
49
Certeau, Ce que Freud fait de l'hisloin:. Un" nértDM! démoniaque
pp. 29l-3H; "La Ficticn de l'histoire. de Moised k 'lonot.:isme , er.!. Err:!,re
de l'Histoire, París, pp. 312-358. · ' •
"' Duby, "Hystoire des mentalités•, in L'lrislitire et ses nrf!tlrodes, Encyclopedie de la
Pléiade, París. · ' ·
sr Como un síntoma de lo difícil que es para .105 hi5toriadores entender el papel del
psicoanálisis para interpretar la cultura Eñe Hobsb:owm. en .su libro, Sobre la
1ristoria, prefiere mantener una posición ortodoxa. y .poco
tiene que aportar a la historia. Sin embargo. en esta pugna su propra es
• ·L•·- • 1 __ _, _ _. _ _. sin nlorar el
contradictoria porque reconoce que es 1mposum: en,.,.....,. a a -
· ideo!' • • J.ü.t" o e inconsciente. y por ello
pensamiento que no es necesanamente smo su-..- rv .
se acerca nuevamente a las posturas psicoanalític:as. , ·
53

1
que realiza una acción, un comportamiento, un sentir, un
Elmtcres para un historiador de mentalidades en el psicoanálisis radica en
las conjeturas que puede ofrecerle respecto a. los desc.os l:.csortes subjetivos
q_ue en los hombres del pasado que estud1a. VJecir "del pasado"
sigmfica que el psicoanálisis, como petición de principio, deberá admitir en
colaboración que !o_s __ h_i_stórieos, que no es lo
mismo el amor cortés que el amor en nuestros días,: que no es igual la con-
la muerte de un del. medioevo que de un hombre de hf!J}
'· Esto hace que cuando un htstonador, apoyado por el psicoanálisis,
atnbuye un determinado deseo a su personaje, un movimiento de su humor,
pueda hacerlo desde lo que a él le parece natural, sino desde lo que en la
epoca: a partir de la literatura, el arte, la iconografía, etcétera, deduzca que
se por natural respecto a la culpa, la vergüenza, el amor, la rivalidad,
la ptedad, es posible partir entonces de un anacronismo psicológico
que presta a_ los hombres del pasado los prejuicios y pasiones personales del
de hotJEse anacronismo psicológico era vivamente criticaoo por
Luc1en Febvre como "el peor de todo!", el más insidioso" de Jos errores del
historiador de mentalidades. Se ve, pues, CJUe el tiempo es una noción clave
en este recorrido, así como la historicidad de los sentimientos, la sensibilidad,
e incluso caminos del razonamiento. El tiempo
hl!co es un tiempo en apres-coup, que podrla utilizarse en la historia.sz
En punto los historiadores de la cultura han introducido tiempos de
corta, mediana y larga duración, justamente de las creencias., fenómenos
religiosos Y dominios de la vida interior, lo queJa"nuncia un soberbio
debate a partir de lo que el psicoanálisis, la antropología y la hisloria conciben
permanente o cambiante en la "naturoleza humana ... y para. lo cuai ia
nocwn lac::niana de tiempo lógico también puede apór1ar h•ce5' .•. o
Se trata entonces de buscar la causa profund:o de lns actos de hombres
del pasado, Y en ese punto, el psicoanálisi& puede ser un auxiliar potente, en
u
52
dice de la dimensión de la temporalidad ycausalid:ad específica de la vida psí<¡uica,
q e constste_en el hecho de que hay impresiones o huellas mnémicas que pueden no adquirir
su _senttdo, toda su eficacia, sino en un tiempo posteñor al de su prüaera inscñpción.
puede tener tanto valor de sustantivo c:omo de adjetivo o de adverbio·
:nvtene como un concepto nada Ya que, efec:Ím.mente,
de una mgenua del psiconálisis según la cual siempre lo históñatmenteanterior
1
etermma lo que es ulterior, problema que también se plantea la histoña.. Fenómenos como
os recuerdos precoc · · .
1
es, stempre remterpretados a partir del fantasma o la rancasía. mue5tran
e aramente que no es así.
54
,,,,·, ··. ·.··· i: :
-·-!f;

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1
1
tanto va más allá de la "conciencia colectiva" que ha sido la noción más
avanzada que al respecto ha a historia cultural psicología,
apoyando la sociología de Durkheim.
El psicoanálisis reconoce, además, otras causas inconscientes esclareci-
das a partir del paradigma indiciario que orienta tanto al historiador como
al analista, y donde a partir de los "divinos detalles", como diría Nabokov,
53
pueden deducir resortes inconscientes inéditos hasta hoy en la interrogación
de algunos personajes o acontecimientos históricos.
Pero en ese más all<í de la conciencia colectiva hay que señalar otro
impase metodológico, y es que si el pensamiento nombra "la manera general
de pensar que prevalece en una sociedad" (del texto citado del Littré).\cf
estudio de las actitudes mentales, ya no consideradas como individua fes sino
comunes a ona requio!rf! debatir del lado t'
concepto jungiano de uc es el unto de
una tendencia histórica contra la que Charles on el llamaba con justeza
la atención respecto a la obstinación de "determinar de plano h:s maneras
universales de sentir, de pensar y de actuar'] y, por otro lªdo, en h_istoria, 1
esa misma tendencia habrá que en su contcxt_o, ¡>or ejemplo, en las \
respuestas que a esta objeción hacía Lucien Febvrc respecto a la necesidad Í
de la estrecha colaboración de los historiadores con otros observadores de los \
fenómenos humanos; especialmente la psicología por la de sus
investigaciones hac:ia una historia de las creencias y de las ideas y que
en su slogan: "no el hombre, jamás el hombre, las sociedades
Si a esa búsque<!a se añade el psico-
análisis, seguramente dicha historia de la ideas y de las creencias puede
enriquecerse. Mas psicoanálisis reconoce en la creación de con-
cepciones del mundo la tendencia a huir del desamparo en que nace el
hurnbrc, esas cosmovisiones ilusoria mente alejan al hombre de su condición
de inermidad frente a la naturaleza, frct'Ítc a su fragilidad corporal y su
indefensión frente a sus semejantes; pero en esa misma tendencia a ignorar
ei hombre puede crear mcnt:olidadcs diferentes según las épocas, lugares y
53
Vladimir Nabokov (1899-1977). Esc:rilor estadounidense r!e origen ruso. Su mundo
novelesco es de gran atractivo para el análisis históriCo. d literario y d psicoanalilico; lanto
por su calidad intelectual como por su hábil trasfondo fantástico: The Defense (1930); l.olita
(1955), su mejor obra; Pule Fire (1962)y Ada or Ardor (196&), novelas.
"Blondel, lntrodru:tio" a la coUectire (1928), citado po•· Dul¡y.
"' La Terre et l'ir:ol.ttion lturaaine. [Rtn:dllction grogrnplliq11e ii l'lustoire, 1922,
citado por Duby.
55
grupos que tiene todo su interés estudiar y señafar cómo para algunos
individuos el pensar ha tenido que hacerse contra la mentalidad en que se
hallaba inscrito y contra sí mismos. Los cambios de mentalidades acontecen
en un tiempo en el que tanto los psicólogos sociales corno el psicoanálisis
seüalan una inercia que confunde lo que historiadores de mentalidades
nombran como long durée, con la estructura.
La colaboración del psicoanálisis con la historia cultur.al encontrará un
buen punto de partida en los presupuestos del historiador Lucicn Febvre,
quien gracias a su amistad con los psicólogos ya citados, Charles Blondel
Y Henri Wallon, escribió dos artículos metodológicos aparecidos en Com-
bates por la historia, bajo el título: "Una visión de· conjunto. Historia y
Psicología" y"¿ Cómo reconstruir la vida afectiva de antes? La sensibilidad
y la histeria". - - - - ... . . ..
El aporte del psicoanálisis aplicado a lo wcial
La historia progresa cuando se enriquece con los aportes de otras disciplinas,
estableciendo en esa colaboración un debate. Una de esas disciplinas sobre
las que puede, de manera particular, detener su mirada es el psicoanálisis,
sobre _cuando éste se aplica a reflexionar la cultura y el vínculo social
entre los hombres. ·
Freud, ocupado en pensar la frontera entre psicología· individual y
social, postula que desde el psicoanálisis es inconcebible el sujeto
aislado, y reconoce la importancia del otro, del semejante, para la constitu-
ción del ser humano; un otro como auxiliar, como modelo, como objeto
0
como enemigo. Esto es, que en el análisis histórico de un sujeto es imposible
pensarlo sin su medio social, sin los grupos en que participa; familia, escuela,
ejército, correligionarios, pandilla, partido político, grupo literario o cientí-
fico, etc. El psicoanálisis demuestra que la psicología individual es. en el
fondo, psicología social, y viceversa.
lo expresa de otro modo: dice que el disc:Qr.so
quiere decir que un sujeto estructura su incunscicnte a par-
tir de los significantes que recibe de los que lo rodeai!JPor tanto, una historia
de mentalidades es el análisis de las formas discursivas del Otro en una épo-
ca determinada y las maneras como esto configura los sujetos que estudia.
. La sobre un hombre en el seno de un grupo sería el aporte del
psiCoanallSls a la historia de las mentalidades. Pero no sólo eso también
desde. el punto de 'lista metodol6gico podr!a aportarle un apara taJe concep-
56
tual y herramientas de interpretación de los testimonios, en lo que ellos
revelan de inconsciente; la manera en que un sujeto se comunica con otros,
1
.. 1 "' " •t .,.,
pero también la manera en que se construyen as nove as o m• os
familiares de forma individual en los sujetos, a partir de la constelación social
donde se hallan insertos, y pomo se transmiten de generación en generación
los significantes privilegiailos de un grupo social, configurando de modo
particular el pensar, actuar y sentir de sus integranteB
El psicoanálisis, con ese aporte, puede igualmente señalar los prejuicios
y paradigmas del historiador al estudiar su objeto. En ese sentido muestra
cómo la forma de preguntar puede orientar inconscientemente las respuestas
del testigo o.del documento, sea por la situación que encuadra la entrevista
0
por la idea preconcebida que el investigador quiere demostrar, igual que
en la situación analítica el analista puede señalar que su deseo, el "deseo del
investigador", ha de estar claro en él para no crear una transferencia negativa
que obstaculice su investigación, haciendo sugestión. el
testi¡;o
0
privilegiando i<>s datos que confirman Sll hipotcSI3 a costa de chsimu-
Jar,
0
no ver, los que la niegan, en la interpretación de un documento. En este
sentido, puede servir para interrogar, tanto al historiador de mentalidades
como a su objeto, sobre. los contenidos latentes que subyacen en la mirada
del investigádor y en el material que examina.·
No obstante, ese aporte metodoiOgico exige mucha prudencia, ya que
no es lo mismo. escuchar en la sesión analítica a un sujeto que emite signi-
ficantes y cuya interpretación tendrá consecuencias en su vida, de manera
más
0
menos mediata, que interpretar un material del pasado cuyos sujetos
enunciantes ya no están, tiempo ha, entre nOsotros. La prueba delo exacto
o verdadero de la interpretación no es -verifiCable. en este caso con· la
transferencia, sino en la cohérencia de la construcción histórica en relación
a los datos. tNo se trata de hacer un a ultranza de personajes +
muertos, sino de afinar la interpretación de los datos históricos, tic su
discufS2!
rr=a interpretación de la lógica del rito, del mito, de ia ereem;ia, de la
ceremonia-, puede-ser ampliada en esta colaboración· cutre psicoanálisis e
historia cultural, que nuevas vertientes o filones de trabajo
condición, claro está. de ir más_allá la
colectiva", hasta la elucidación de b determmaciOn de actos mconscientes
en los sujetos que estudia a partir de la psicopatología de la vida .cotidiana
de la que los sujetos dejaron algún sutil rastro, retornando que el inconsciente
es, pues, una construcción teórica..
57
El análisis de la decisiva influencia en la fonnaeión de un sujeto de un
grupo social con el que inter-actúa, se complementa con el análisis de las
respuestas singulares del sujeto frente al grupo sociaL Esto dialectiza el
determinismo social, discursivo, de la mentalidad de una época, con la
elección del sujeto a acomodarse en ella o a combatirla, innovarla, ponerla
en cuestión, inventarla de nuevo y modificar su medio culturaL
Para ello, el psicoanálisis dispone de puntos de vista sobre la estructura
de una masa espontánea, artificial, los lazos libidinales que en ella se anudan
al líder, a sus semejan tes, ellugardcllíder como ideal del yo de un sujeto, "mo-
delo" y amo de sus comportamientos, así como de las formas de alienación
Y separación posibles de un sujeto respecto a ellos v en última instancia de
la relación entre "las civilizaciones y los destinos

'
El psicoanálisis, entonces, encuentra en la historia cultural la ohscrva-
ción de ritmos, relaciones entre sujetos, situaeioncs.grupos, y la interrelación
del sujeto con el Otro. Otro como tesoro de los significantes. como sede
institucional, cultural y social, como lug;:.r descante donde el sujeto huscn
inscribirse, como realidad que el sujeto construye y hace existir. En este
punto, una mentalidad sería una de las caras del Otro, ya que el Otro es
innombrable, una "prisión de larga duración", como diría Braudel, 57 marcos
que durante siglos determinan, generación tras generación, las actitudes
profundas y las conductas de los individuos, herencia cultural, sistemas de
visión del mundo, representaciones religiosas, modelos de comportamiento,
virtudes o vicios tolerados, periodos de vida intelectual predominantes,
periodos de vida afectiva singularmente desarrollada, que dan en una
civilización su tono particular.
La historia del imaginario
Otro de los nombres bajo el cual aparece la historia de las mentalidadt!s es
"historia de los imaginarios colectivos o sociales". Para algunos historiado-
res, el dominio del imaginario como objeto de la historia lo constituye un
conjunto de -representaciones que desbordan el límite planteado por las
constataciones de la experiencia y los encadenamientos deductivos que éstas
autorizan. Se trata entonces de una disciplina que se ocupa de objetos no
pensables desde procedimientos artistotélicos, tales como la deducción o la
56
I¡.id., p. 945.
57
Citado por Duby, ibid., p. 951.
58
-._,.-• . _. · .•.•.
:-.;; .
:¡.: '
'
\./
'
1
·- _
¡
' '
inducción, ¿tal vez la abducción introducida por _Peircc les convenga? En
todo caso, nacen como una dimensión de umbr-al, de agotamiento de una
lógica y de los procedimientos de constatación d: ,la que llevan
consigo; exige, en consecuencia, otra construccwn de _rcahdad, de sus
experiencias, de la lógica de su reflexión y de los c_onsta-
tación de sus imaginario p1dc un
método científico diferente al cartesiano. En psrcoanahsrs se ¡Jermrtc pensar _ '\ .
aquello que desborda los límites, por ejemplo, de lo simbólico, y allí se encuen-
tra una categoría para desarrollar más adelante: lo . .
Desde la definición inicial, el psicoanálisis puede aportarle a la hrslona
de los imaginarios algunos puntos de reflexión, pues la "conjunto de
representaciones" exige primero acordar aquello que se en hende por repre-
sentación, concepto que Freud ioma del asociar:ionísmo y al hablar
de representaciones de cosas y representaciones de palabra, mrsmo en
época de su enseñanza La can aproxima a "significante", elabora mio
ticamenlc un concepto procedente de la lingüísticaestn;ctural. Pero. tamhten,
para nombrar el conjunto de representaciones eulturales,\}üng mtroduce __ \.
1 ' • " 1-• , , que Freud adopta y reconoce como estructural en 1 e termmo comp ejo ,
complejos como el de Edipo -mito, tragedia, creación que
tiene su corolario en la estructuración psicoló,crica del SUjeto neurollco.
Freud eligió a Jung como su sucesor por varias razones y si el
acuerdo no llegó a feliz término esto no debe que no
apreciar el alcance de las genuinas ambiciones de Jung de
sus intuiciones psicológicas.{iiistóricamcntc es de gran rmportancm una
figura como la de Jung._ Me parece que debemos rCC:OnOC:r su peso dentro
del psicwnálisis, incluidas sus aportaciones a la hiS_torm, a pesar de sus --\-
lamentables inclinaciones políticas de los años tremta que mancharan
su lugar, de ahí entre ota:os el mal uso de inconsciente
colectivo, por ejemplqJ -· - .
De otro lado, actualmente es un térmmo relanzado espc·
· 1 t l•...t-- lt.--'nnn"n como una "'"'Va desi,...ación de un horizonte
c1a m en e por "-""&"L!!.a."'-' - •• -- .,-- •
epistemológico; es algo, entonces, que puede tener su modermdad (o posmo-
dernidad) y su . . .
bien, ¿de qué realidad se trata en el terreno de •magma nos )f.- .
si no es la realidad llamada objetiva y F reud senala como el
más importante de sus errores iniciales la teoría de la de las
neurosis- el desconocimiento de otra realidad diferente a la reahdad de
los Descubre entonces la realidad psíquica, una realidad
59
que sólo posee el deseo y la fantasía -en Frcud- o fantasma -en Lacan-
y que tiene para el sujeto tanta veracidad, espesor y creencia como la real
cxte.rior, ya q_uc la fantasía no es una realidad de scgunda.\SC trata de una
reah.dad. :u e en los sueños, en las fantasías diurnas, el juego, la
alucmacwn, e! dclmo y en fantasmas inconscientes.¿ Porc¡ué no pensar que
es de esta reahdad de la que se trata en los imaginarios colectivos? Al hablar
de realidad no se la opone a la realidad "objetiva", exterior.:\ Es otra
rcahdad, otra escena, que tiene su eficacia, podría hablarse de una eficacia
de lo imaginario que posee realidad psíquica, al igual que Lévi-Strauss
constataba la eficacia de lo simbólico.58
bien, la definición inicial de imaginario, en historia, se comple-
menta diCiendo que cada cultura, cada sociedad, e incluso cada nivel de una
-fl- sociedad compleja, p•)scc su imaginario. En este sentido, f'cl iímite entre lo
real Y lo imaginario se revela que el territorio atravesado
por él, permanece al contrario siempre y en todo lugar idéntico ya que no es
otro que el campo entero de la experiencia humana, cle lo más colectivamente
a lo más íntimamente personal". 59
!La historia de los imaginarios reclama, entonces, la construcción de un
método científico que tenga en cuenta esa realidad psíquica .. Una realidad
que se del dato canstatable y sólo puede verificarse a partir de
de su construcción con el conjunto del discurso en el que está
mscnt* ese sentido, habrá que recorrer el carnina inverso a la definición
e ir, por ejemplo, del sujeto al grupo, del grupo al sector social y de éste a la
cultura, fo_rrnaciones imaginarias en cada
La defmicwn de Irnagmario para estos historiadores la hace funcionar
de lo más a lo más íntimamente personal, y atraviesa las concepcio-
nes de I_os _angen.cs hombre y de las naciones, del tiempo, del cuerpo, de
los movimientos mvomntarios del alma, de los sueñas, de la muerte. del desea
Y su de las sociales y la evasión a rechazo que genera,
de las narraewnes utapiCas y de la utopía misma, de la iconografía, el juega,
reelaboración lacaniana del concepto freudiano fantasía pasa por la elucidación
de su Y no por la acuñación de un nuevo vocablo. Como sabemos La can nunea realizó
contentandose con el término francés ja11tasme, común a todos los psicoanalistas de
franeesa La argumenta · • , d • . . - •
· cwn que nos parece mas CCISiva: SI el témuno en españ<Jl, cuando
se de freud es "fantasía" no podría haber un térmiuo distinto cuando se trata de La can.
As• de claro Y de contundente. Si hay dos, uno para F'reud y pa..., tacan, uno de los dos
sobra. parecer sobra "fantasma".
59
Patlagean, op. cit.
60
1
1
las artes, la fiesta y el espectáculo. Ternas a partir de los cuales el historiador
quiere conocer los imaginarios que subyacen en ellos, sociedades incluso
alejadas de nosotros en tiempo y en espacio. Está en cuestión el límite entre
un imaginario !'"educido a una imaginería sin consecuencias y una realidad
verificable que existe con independencia del sujeto.
Se encuentra de gran interés la variabilidad del umbral entre imaginario
y real. Es algo a lo que el psicoanálisis nos habitúa cuando se ocupa de la
realidad psíquica, la omnipotencia del pensamiento, los sueños, las alucina-
ciones, los de liños, como de los mismos fenómenos que ocupan al historiador
cultural, esto es, artes, juego, espectáculo, utopías, mentiras, etcétera.
Pero es preciso afinar lo que en esta dcfini ·' ·
ginario por rea . can aporta elaboraciones sobre estos conceptos acom-
pañ¡:dos de un tercero con el que hacen a tríada: el de simbólico. Esas tns
dimensiones forman parte de la realidad. La imagen reina en la realidad, en
el cine, la publicidad, la televisión, pero también en los fenómenos que la
fíoiCa estudia, como la óptica, riesde el espejismo que se explica a partir de
reflexiones de la luz, pasando por la deformación de las imágenes de los
objetos cuando la luz pasa de un medio a otro más denso, llamado refracción,
y cuyo ejemplo clásico es la cuchara introducida en el vaso de agua, pero
también en el arco iris que no corresponde a nada objetivo sino a gotas de
lluvia suspendidas en el aire que descomponen como un prismtf la luz en su
colorido espectro; son fenómenosimaginaños pero no opuestos a la realidad,
sino al contraño, forman parte de la realidad de los aconteciiDientos. A través
de El estadio del espejo,. Lacan demuestra que también la dimensión ima-
ginaria constituye al sujeta. _
p:ó imaginario reina entonces en nuestra concepción· científica. del
mundo, por ero se cita a la fíSica; pero también en la cultura, a los mitos,
creencias, filosofías y religiones. Ahora cómo construye ese imagina-
rio al ·· .
A partir de los trabajos de Henri Wallon, Lacan encuentr:! que las no-
ciones freudianas de imagen, imago. ideatificaeión, encuentran un orcie-
que demuestra que la realidad es una construcción imaginaña y
simbólica. Esto presupÓne un yo imaginario, no equivalente al sujeto del
eogito que conoce un objeto que existe con independencia del sujeto, punto
de partida del psicoanálisis, sino un yo tpiC esencialmente desconoce, crea
imaginarios y se engaña, en el movimiento en que se coloca como "yo
pienso"fienso, existe FJ un giro
que diría: donde pienso no ensto. donde exiSto no me p1ensoj
61
Wallon demuestra que, respecto a los animales, el ser humano tiene un
retardo instrumental biológico pero, a diferencia de éstos,aecedca su imagen
especular en el semejante, en el espejo, y a esta condición anuda el desarrollo
precoz de la inteligencia humana. Allí se ve la importancia de los imagina-
rios en el pensamiento e inteligencia humanas.
En consecuencia, \L:i"can establece una diferencia entre el reconoci-
miento y la percepción. El animal y el hombre perciben por estar dotados de
órganos de los sentidos, pero además el hombre puede reconocer que en este
punto se introduce otra dimensión, lo simbólico, gracias a la cual puede no
sólo percibi!jNo hay, entonces, complemento entre el desarrollo biológico
y el desarrollo de la inteligencia.
fFray, pues, una inteligencia instrumental, imaginaria, compartida por
el hombre y algunos animales -<londe existe del lado instintivo-, y una
inteligencia del discernimiento, simbólica, que está en relación con juicio
Y que se anuda al símboi!!J Son estos símbolos los que varían con el tiempo.
En el animai, la intdigcncia instrumental se agota en la inanidad de la
imagen: ve la imagen pero no le significa; mientras que en el humano sí tiene
un significado. El niño nace sin imagen de sí mismo, entonces cuetpo des-
pedazado, similar a las grillas que hermosamente representa El Bosco en su
Jardín de las delicias, estado que corresponde a lo que Freud llama el dominio
de las pulsiones parciales. Pero al percibir la imagen del otro. del semejante, JI'!
la madre, algo le rebota; es capaz relacionar el movimiento de la imagen con
su propio cuerpo y con su entorno; es un discernimiento IJUC le causa júbilo;
hay en el sujeto una fascinación, en tanto en el otro ''e la anticipación de su
propio dominio, cuerpo articulado en la imagen del otro, momento de
alienación a esa imagen del otro que -el sujeto tomará pon;í mismo, en
adelante se reconocerá en la imagen en el espejo. tomándose por la imagen:
"ése soy yo".
Pero ese reconocimiento causa júbilo, es decir, es una relación imagina-
ria que causa felicidad, el encuentro ccn lo simbólico, ya que esa imagen lo
simboliza, lo hace feliz, y en eso el animai queda afuera_ Los imaginarios
también tienen una función en el hombre que concierne a la relación con
el placer o displacer, la felicidad o la desgracia.
Este movimiento es el corolario del concepto freudiano de identificación
como mecanismo inconsciente, mediante el cuaf se toma del otro
Y el sujeto (yo) se transforma conforme a ese modelo_ Desde este punto de
vista, yo es un conjunto singular de identificaciones investido por el
narcisismo. Qué figuras rodearon a un sujeto en la infancia, cuáles eran los
62
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1
valores, defectos y virtudes transmitidos inconscientemente para formar su
estructura en cierta época, es un dáto importante para pensar un personaje
histórico; un líder, por ejemplo, es algo que cst<í además en la base de la
formación de multitudes, de grupos. sociales y, por supuesto, de imágenes.
fJ\hora bien, la fase del espejo como introducción de la dimensión ima-
ginaria en un sujeto no sólo le causa júbilo, sino que se complementa con otro
momento en que esa imagen introduce al sujeto en en la
rivalidad con la imagen y, por ende, con sus semejantes; lo introduce en
la dimensión de la muerte, bien que creará_!.!!tl!ginarios .. wleetivos -por
ejemplo, del alma, el más allá,-;;ielo, infierno. Hades, rueda del samsara-,
para sostener la inmQJ:tali®_d. imaginarios que pueden dar ordenamientos
simbólicos que determinan las rclac.iones sociales -leyes, ritos, refranes-,
que determinan las relaciones con la que, por supuesto, son
historizables como la relación entre lo virtual (imaginario) y la idea (sim-
bólico), IJUC de la realidad el sujeto construye en una época precisa.
Este proceso se constituye en el sujeto como fascinación de su Íillagen con
la que se identifica, pero con la que además rivaliza; es una matriz de relación
con todo semejante, imaginaria e interpuesta entre todo sujeto y la cultura,
la sociedad y el lenguaje, que es aquello que la historia piensa.
Entre los hombres y sus institóciones eéonómicas, políticas, jurídicas,
religiosas, ideativas, de conducta.c:otidiana -familia, escuela, ejército, iglesia,
cofradía, institución-, reinará un imaginaño a dilucidar, interrogar e
historizar. Ello explica la oscilación de los límites de lo real y lo imaginario,
de la definición de la cual se ha partido.. Pues en relación al otro se encontrará
siempre la preocupación por la imagen, los semblantes, la imagen que del
otro se tiene o se quiere, y aquella que d otro tiene del sujeto, quien se
es[ucrza por de.;cifrarla o acomÓdarse a la misma, o da:- otro semblante para
engañar al otro la rivalidad. en el etcétera,.-; pero, además, los
fantasmas inconscientes, las formas del goce en el hoñ:rontc de una época que
se esconden tras esos imaginaños y que constituyen lo que se llama en
psicoanálisis lo "real".
Esto es lo que tienen de idéntico todos 105 hombres, ya que es el territorio
de la y no tuvo que esperar al psicoanálisis para ser
eficaz..'JEt __ de Sun Tzu, uno de los primeros textos de
la histoña de Oriente y más ant\,"llo que La Iliada y La es una
teoría de lo imaginario para engañar al otro y ganarle la guerra; e_s la man_¡;_ra
de utilizar transformar la realidad simhófu:a_y d r_eal de

63
Ahora bien, un concepto próximo al imaginario en psicoanálisis, y en
cierto sentido su predecesor, es el término "'imago", cJ cual sirve para pensar
los anudamientos entre imaginario y simbólico, bien al ser pensado como
imagen fija o como igual a simbólico, al Otro, al lenguaje.
Es imposible asumir una imagen para un sujeto sin la intervención del
lenguaje que le preexiste. En ese sentido, no se entenderá la historia de los
imaginarios si al mismo tiempo no hacemos una historia de los simbólicos,
historia de los discursos que se articulan con ese imaginario y lo determinan.
La imago es una estructura que sirve de matriz simbólica de la forma y
tono afectivo con que el sujeto se relaciona con los demás; esas imagos las
constituye el sujeto en sus primeros años a partir de las figuras que rodean
su infancia y sirven de "plantillas" a partir de las cuales todas las relaciones
ultc;iores :,on calcadas; contienen entonces la precipitacicn de imagiaa-
rios antes de que el lenguaje le restituya una función e!l la colectividad.
Lo que se forma por la vía imaginaria de la identificación es el yo, pero
dicho yo (moi) es restituido por el lenguaje, aportá.1dole la dimensión
propiamente subjetiva: el lenguaje restituye un sujeto je en el moi.
La imago, entonces, puede en cierto modo considerarse como sinónimo
del ideal del yo, pues define el tronco de las identificaciones simbólicas donde
el sujeto puede decir "yo otro". Y no hay que olvidar la función social
esencial de las identificaciones y del ideal del yo en la constitución de los
grupos. Además de que la determinación y restitución del sujeto en un yo
imaginario es una función eminentemente social.
Las imagos simbolizan la permanencia del yo, su estabilidad, su perso-
nalidad; en ese sentido, prefiguran su destino de enajenación.
Pero la imago no es la imagen especular del cuerpo propio; esta última
es, en cierto sentido, el umbral visible de la imago y en ello se instaura una
dimensión de engaño: "lo que creo que soy". "lo que veo de mí" es algo visible
Y modificable por efectos de lenguaje. Cuando :m personaje es investido
socialmente por un título o una insignia social, algo se transforma en él
haciendo que su imag;:r:. cambie; no es ya el mism:>.
Pero la importancia de la- imago en nuestro asunto es que permite hallar
una causalidad psíquica y social de las conductas humanas, no instintivas
0
biológicas; en ese sentido se reconoce una eficacia simbólica de la imago. Es
decir, hay efectos formativos de la imago más allá de lo imaginado. Las
mentalidades o imaginarios forman los sujetos y las colectividades.
estadio del espejo es un caso particular de la imago y da cuenta de una
discordancia básica, estructural, entre el hombre y la naturaleza, en virtud
64
del lenguaje. Entre el desamparo fundamental, la prematuridad, la insufi-
ciencia motriz y la anticipación intelectual simbólica, intervino el lenguaje.
Hubo un paso de la imagen fr:1oomentada a la forma ortopédica de la unidad
del yo. El yo es, en consecuencia, una. entidad enajenan te, pero cuya aliena-
ción estructura de manera rígida lo mental.
frl cuerpo fragmentado del origen 1lel yo es correlativo a la agresividad;
no es gratuito que en las formas de tortura, muerte u horror correspondan
en el imaginario colectivo a la desintegración, a la fragmentación del cuerpo.
Lo que explica, además, que en el fundamento de toda utopía está la aspi·
ración a la unidad, a la totalidad, oponiéndose a la tendencia de la pulsión,
a la
La cultura, la civilización, puede definirse como el acervo de las
modalidades de regulación de la pulsión en '!na época. En consecuencia,
las mentalidades son las construcciones imaginarias y simbólicas que tratan
de formar las mQdalidades del goce de una época.fÉicn que hay algo
indomable, no homogeneizable, reducto de la operación, irreductible, que es
lo que ha hecho fracasar todas las tentativas de la cultura por regular la
muerte y la sexualidad. Es lo "rca!J
La "fase del espejo", dice Lacan, vincula el yo imaginario con situaciones
socialmente elaboradas., lo cual es crucial para la reRcxión CI'!e se intenta
porque es lo que da la historicidad de las situaciones, la manera en que las
situaciones socialmente elaboradas por las instituciones que rodean al sujeto
se vinculan a través del estadio del espejo con el yo imaginario de cada sujeto.
Por allí pasan los celos., la rivalidad. el amor, el odio. el poder. el. tener, el ser.
En ese sentido, los complejos familiares destete, de intrusión,
el complejo de Edipo- vienen _a ser los cqxdientes culturales, simbólicos,
con los que el sujeto transita y sale de la espccularidad, de la determinación
imaginaria, son los momentos culturales qulJ' SC cñsblizan en instantes de
asunción del símbolo, en un bautizo, registro, iniciación a lo que es ser un
hombre o una mujer, el matrimonio, la entrada al mundo del guerrero o
del hombre público, la asunción de una jefatura, etc. El. Edipo es el soporte
la estrucluf!ición del munm: imaginario en el que el yo se va a
desenvolver en todas las situaciones sociales.
Es así que los imaginarios sobre el origen del universo, por ejemplo, se
construyen sobre la base del propio origen edípieo del sujeto. 'fUe piensa la
relación entre los padres., sale ele la unión dd Sol y de la Luna, o de la unión
del Yin y del Yan, etc. El amor es .igualmente desde Aristófanes en
Ellxuu¡uete de Platón, como la búsqueda de la otra mitad, del complemento,
65
-+-
de la parte que falta para hacer uno, totalidad, completud, frente al real del
malentendido' radical de los sexos.
Otras definiciones psicoanalíticas de lo imaginariopodrían venir a nutrir
el debate, contrastadas con el procedimiento preciso de los historiadores de
mentalidades en la aplicación de sus inYestigaciones a objetos. pero eviden-
temente ese ejerci cio desborda los umbrales de este trabajo; no obstante, es
la tarea por lwccr.
Historia de lo simb6lico
En el siglo XVIII se establece con claridad la idea la cual una lengua
podría, por su vocabulario y estructura, reflejar las fonnas del pensar de los
sujetos hablantes de dicha leqgua.
64
Dcsdecntonces aparece el imaginario de
que existe un "genio" propio delaslenguas,genio comopcqueñodcmiurgo que
aunque no se crea en él como espíritu, designa un no conocido, incons-
que actúa en las lenguas. En todo caso un genio a través del que se
mtcnta poner en correlación la lengua con el pensamiento de sus hablantes.
Sin embargo, es a comienzos del siglo XIX cuando en los pensadores
alemanes esta tesis se desarrolla desafortunadamente en relación con el
nacionalismo, desembocando en la idea de que superiores son la
prueba de las razas superiores. _
Es en Humboldt en quien esta tendencia encuentra su
cúlmen: según él, la lengua no sólo los modas de pensar del pueblo
que la habla, sino que la lengua predetermina y condiciona la manera en que
ese pueblo ve el mundo y analiza la realidad: "pensamos sólo lo que nuestra
lengua nos deja pcnsar".
61
· Debido a que estas tesis sirvieron de base a un pangermanismo, anterior
al nazismo, fueron combatidas con virulencia. Y por su tendenciosa utiliza·
ción política e ideológica, los lingüistas, durante un siglo, fueron prudentes
cada vez que la idea de una correlación entre lengua y mentalidad estaba en
cuestión, relación, por su origen, siempre mirada con sospecha.
· Hubo que esperar a que un lingüista germano-americano,
retomara en Estados Unidos lo menos excesivo de_ las ideas de Humboldt,
entre l945-1960:j{rn discípulo de Sapir, Lec Wolrf,_pudo dar muchos ejem-
plos en las lenguas amerindias'de cómo la lengua condiciona la cosmovisión

60
Mounin, "Les langues el les Afentalités•. ea Rente L ':An: 1172 Aix-en-Provence
"Jbid. ' . .
66
de un pueblo, siendo responsable por su estructura de aquello que se ve y de
lo que no se ve de la realidaif
La lengua, según W...!!!r_f, oonstituye una prisión epistemológica de la cual
es imposible salir, pero de nHeYo estas ideas fueron sepultadas justo en
el momento en que surgía en Francia la posibilidad científica de la historia
cultural. Noobstante,pPortó pruebas lingüísticasdela existencia de maneras
de pensar
\Es una idea según Mounin, pone de nuevo en cuestión las relaciones
entre lengua y pensamiento, y que exige romper con fa tradición que desde
Aristóteles a Port-Royal hace de la lengua sencillamente la expresión directa
del pensamient2.:1
Ferdinand de Saussure, el fundador de la lingüística estructural, explica
que un signo lingiHstico se compmte ele elementos: u!l significante y un
significado. El significante es lo material de la voz, las corrientes de aire
moduladas en la garganta, que hacen vibrar las cuerdas vocales y que a través
de ondas llegan al oído dd oyente. El significado esb :.:lea, la imagen mental,
el concepto que el oyente liga a ese significante. Esto se ilustraría así:
Significante Hoja
N
significad&
En este punto se refuerza la estructura delleugpajc remitiéndose
a entidades que no son las cosas, signifu:antes remiten a significados. Bien
que a Saussure las cosas comoc:atidad terrera se le fdlran cuando pretende que
el significado se remite a ella.
f'ílero al representar el con un dibujo, como en las cartillas
escolares, Lacan intr"duce uaa nuCYa. toma de conciencia, de que dicho
pictograma también es un y que la hoja pudiera haber sido
una hoja de papel, UP.a hoja de metal, hoja de un árbol, o una hoja
de 1•na planta submarina, uaa hoja de un árbol genealógico, entonces
no se puede, en rigor, decir qilC tiü a un significado, sino
que un ·significante remite a otro J& alto a bajo, entre otr<!:0
Luego entonces, el de la remisión de un significante
a otro significante,{let_significa<!o se encerrado, contenido, en la
remisión de los significantes. 1 es la suma de los significant__es lo que cons-
tituye el como del oodigo, como el tesoro de los
tes que aporta al mensaje el de lo que el sujeto enuncia: "•íu ¡.,r•:
decir fuera".
61
+
En consecuencia,¿ qué es lo que representa un-significante para otro sig-
nifi cante?,¿ acaso las cosas? Tampoco, ya que se está sumergido en cllenuua-
je, no es posible salirse de él, e impide acceder directamente a las
un divorcio entre las palabras y las cosas, de las cosas que se saben a través
del eso no se necesita de las cosas para hablar de ellas, no es pre-
ciso traer un mamífero de trescientos kilos, con colmillos de marfil , una larga
trompa Y grandes orejas, para hablar, tratar de describir un elefante y, por
lo demás: "trescientos kilos, grandes orejas", etc. son también significantes.
. Pero, en cambio, sí se puede decir queJirn significante representa al
que lo a un hombr!( El nombre propio, por ejemplo, es un
· s1gmf1cante que distingue entre todos los significantes a un sujeto de otros,
Y cuando se trata de varios que se nombran del mismo modo, entonces se
recurre a utm signiGcante, al apellido o al apodo, o a la ciudad donde nació,
etc. Es decir, que siguen siendo los significantes los que representan los
sujetos, pero ante otros significantes.
Antes de Champolióri no se sabía qué quería decir un j;;rogl ífico egipcio;
eran pictogramas, como los dibujos de las actuales cartillas escolares que
acompañan los significantes, pero algo era seguro, y es que había sido escrito
por un hombre. Entonces esos significantes representaban a un sujeto, hasta
descubrió que, además, representaban algo para otros
Significantes, para egipcio: cuentas de propiedades y riquezasJ'Sc
con Lacan modificar nuestros conceptos diciendo entonces que un
sigmhcante representa un e: para otros
Significante uno (SI) Significante dos (52)
Sujeto($)
En cuanto a la lengua, Lacan escribe "la lengua", designando en esa
holofrase una idea similar a esa determinación de la cultura particular de un
sujeto, a partir del uso de la lengua.
Ahora bien, antes de que u::1 ir. dividuo nazca es habladc por los padres;
generalmente ellos ya tienen un nombre para él. un apellido, una historia
familiar, un¡¡ clase social, una lengua "materna", una nacionalidad: en suma,
un lenguaje lo espera. Esto nos hace decir que así un individuo real no haya
nacido ya existe como simbólico, como sujeto del lenguaje en el discurso
de los padres.{E:l sujeto está en el lenguaje aun a!ltes de nacer; clle"t,auaje
lo y él está inserto en el lenguaje así no haya aprendido a hacer
uso de éS
68
· ·.··1 .' . ·.·
, - ;

1

Estos significantes, el sujeto podrá luego, perfeccionando su pronuncia-
ción, de acuerdo con su lengua materna, utilizarlos para demandar a otros los
objetos de su satisfacción. Es lo que se llama, en psicoanálisis, lo simbólico.
¿Cómo apremie el sujeto a decir yo? El "yo" es un término verbal que
es aprendido en una referencia hablada al otro; nace de una referencia
al "tú". El niño puede repetir la frase que se le ha dicho con el tú, en lugar
de invertirla y hacer uso del yo. Esto enseña que son lugares en el discurso
y que para entenderse hay que saber situarse en ellos .
Esto basta para darse cuenta de que el yo se constituye, en primer lugar,
en una experiencia de lenguaje en referencia al tú, pasando por una relación
donde el otro manifiesta órdenes y deseos a reconocer; órdenes Y deseos que
vienen de su padre, de su madre, de sus maestros, de sus camaradas.
ID lenguaje, fundamentalmente está compuesto de oposiciones: alto,
bajo, grueso, delgado. lejos, cerca, entre otros. Lo importante no es que el
niño pronuncie las palabras que en su lengua materna equivalen a fuera,
aquí; él ias pronuncia de manera aproximativa y una vez más es el Otro quien
les da un significado. es decir, que el significado viene del Otr.2:}
Lo que de m:mera radical al hombre del animal no son las
expericMias imaginarias, la esencialmente es que d hombre
habla. El lenguaje humaniza al hombre. · ·
Lo simbólico forma parte de la realidad,. se soporta en una materialidad,
pero se ve también que es una realidad esencialmente humana. Las
de tránsito, los símbolos patrios, las palabras, son asuntos humanos, .. bten
que están puestos en la "realidad". Esto hace que, como lO imaginario, lo
simbólico también haya invadido al sujeto, haciendo que la delimitación
entre una realidad exterior y un aparato psíquico sea cada vez·más frágil. El
sujeto se nos ha reducido a un yo lingüístico, opuesto a un otro, nombrado
como tú, pero son lugares móviles. :
La oposición fonemática es la puerta de entrada allen.,auaje, ya que los
fonemas son los componentes de una lengua. Ahora bien, esa constitución
del sujeto por el lenguaje que le viene del Otro cultura,
instituciones'-, lll'"r a consigo las ideas, lós valore;, los modos de comporta-
miento, la percepción; suma, los pensamientos. .
Sin embargo, llounin pide prudencia en esta interpretación que encon-
tramos de nuevo por la vía psicoanalítica, al señalar por lo menos dos trampas
a evitar en esta concepción: en primer lugar, lo que llama las palabras fósi-
les y las estructuras fósiles, donde se cristalizan dimensiones de antiguos
conocimientos o, podría añadirse: dimensiones' poéticas, "'el sol se levanta"
69
de la rotación de la tierra alrededor del sol, es erróneo deducir que
es ammista el que así se exprese-, o decir "tiene ganas de llover" -bien
que si es un destello de animismo cristalizado en la lengua que humanizaba
las potencias de la naturaleza, no quiere decir que creamos efectivamente en
animismo-; la segunda trampa es concluir que hay pensamien-
tos (hferentcs porque en la lengua de un pueblo no hay palabras específicas
para designar ciertos conceptos, pero se nombran de otra manera.
Las interacciones probables entre lengua, mentalidad y cultura están,
para 1\Iounin, en los tabúcs lingüísticos, que tienen por efecto atenuar el
contacto con realidades desagradables a los que hacen pantalla; un muerto,
una muerte, una desaparición que desencadena las mismas asociaciones
lo que lo lleva a postular que los tabúcs lingüísticos revelan
mentales. En este punto el psicoanálisis es de gran utilidad para
dilucidarlas; un ejemplo notable es el capítulo sobre el tabú de los jefes, de
los y del incesto de Tótem y tabú de Freud.
t,{d ' . '
·-+··· • emas, temen a o en cuenta
sino que la denotan, no son verdaderos conocimientos de la
realidad. Mounin salva la idea de Wolrf según la cual "Nuestra lengua piensa
nuestro Esto puede llevarse lejos con los trab¡¡jos cuando
--.t,,. dice quefel Inconsciente está estructurado como un una de sus
radicales no sería la denotación de la realidad, sino que
la reahdad para los hombres no puede ser sino una realidad simbólica. Así,
para nuestro tema, resulta que hacer una historia cultural es hacer una
historia de los simbólicos.
Mounin, por esta segunda vía, quiere mostrar que la aceptación de una
denominación (fósil) engañadora puede disimular el conocimiento de
la realidad. Pero en relación a actitudes humanas como la avaricia,la usura,
retornando a Planto, Balzac y Moliere, deduce que si son tratadas como
caracteres comunes a tres pcrson¡¡jes pueden ocultarnos las diferencias
psicológicas, económicas y sociales entre ellos; demuestra que, como decía
nuestro lenguaje puede, más frecuentemente de lo que pensamos,
_, · dingir, construir, inflexionar o incluso falsear nuestra manera de ver
la realida\!:¡
Mounin encuentra una de las pruebas contundentes de la correlación
ler.gua y mentalidad, con la prudencia que aconseja, en la manipula-
Cion que pretende cambiar la percepción de la realidad'il partir
--:<f· de Con nuestros ejemplos diremos que "tres
suena distinto :ue "tres terroristas
70
., ..,'-:
'¡ .·
'
l
.
¡.
1
Duby señala, igualmente, que en la reconstrucción histórica de las
herramientas o utilcría mental de las que un sujeto dispone, en una época,
para configurar su pensamiento, se encuentra en primer lugar cllenguaje,
62
es decir, los diferentes medios de expresión que un sujeto recibe del medio
social en el cual vive y que enmarcan su vida mental; en particular, su
vocabulario y las mutaciones lingüísticas que en él se operan -un ejemplo
freudiano, a pesar de que sus fuentes lingüísticas han sido cuestionadas por
Benveniste- es el paralelo en la construcción de palabras antitéticas en
su significación, y que siguen siendo nombradas de igual manera, y los
conceptos antitéticos que coexisten a nivel inconsciente. Freud reflexiona,
por ejemplo, sobre el vocablo Umlzaimlich, que de familiar pasó a designar lo
inquietantemente extraño, lo siniestro, y compara este mecanismo lingüísti-
co con el mecanismo de la construcción de las feLiao. Otro Gnsayo consagrado
a observación es Sobre el doble sentido de las palabras antitéticas.
Duby piensa que para la historia de mentalidades puede: sacarse partido
de los progresos de la lingüística moderna, en particulH dé su acción de
campo semántico, para analizar no ya términos aislados sino agrupamientos
significantes, capturando sus nociones claves y aquello c¡ue las circunda,
para hacer emerger constelaciones verbales, sociolectos, a los que pensa-
mos que las articulaciones del psicoanálisis aplicado a lo colectivo puede
reflexionar. '' ·
En esa dirección puede interrogarse sobre la renovación. las adquisicio-
nes, el olvido, la emergencia de ciertos términos o expresiones, y ayudar a la
historia cultural a situar los momentos de introducción brutal de términos
nuevos en grupos sociales, traídos de otros o frapdos lentamente
en su uso. Duby relaciona esos momentos de mutación lingüística con las
!mlndes oscilaciones del imagir.:trio colectivo.
Finalmente, otra batería potente c¡;;.e perspediw puede aportar
e! psicoanálisis a la historia cultural es la de los cuatro discursos. E!lo consiste
en u !la organi:>:ación del sujeto. el poder, el saber y el goce, en una estructura
que fija un lugar al agente, al otro, al producro y a !a verdad. En la r0tación
de los primeros por lossegundosencuentr.rcuatroagenciamientos discursivos,
el del amo, el universitário, el histérico y el an.-lista, siendo cada discurso
históricamente analizable, encontrando efectos inespcraclos en su lectura.
Es algo que merece desarrollos extensos, pero que de nncvo desborda el
propósito de este libro.
62
Duby, ibid., p. 953.
71
Lacan anuda lo imaginario,losimbólicoy lo real-esta última una noción
inédita en ciencias humanas-, en una topología llamada nudo borromco;
queda también por ensayar esa estructura para el análisis de los fenómenos
de la historia cultural, de las mentalidades o intelectual.
Historia de lo real
Philippe Aries presenta varios ejemplos de lo que es el concepto de mentali-
dad en el dominio de la historia.
63
Entre ellos elige el caso del tiempo, y en
su argumentación dice que para el nacimiento de la economía moderna y
sus _condiciones -la preocupación por el ahorro, por la voluntad de aplazar
hacia el futuro un goce (en adelante moderado), el guardar las ganancias, la
acumulación capitalista, la división del trabajo- fue nece&ario t¡uc antes de
la tecnología, de las fuerzas de producción, cambiara primero la actitud
mental de los hombres ante la riqueza y el goce.
En otra parte había citado a Duhy, quien ocupado del impuestl', decía
que a la luz de nuestra mentalidad aparece como desconcertante el gusto
del gasto inútil y loco, que era común a ricos y pobres, los días de fiesta
Y carnaval en el medioevo. Duby precisa: "En ese mundo tan pobre, los
trabajadores más humildes no ignoraban las fiestas cuya finalidad, por
destrucción colectiva, breve y gozosa, de las riquezas en el seno de una uni-
versal privación, es periódicamente hacer renacer la fraternidad, forzar la
bienaventuranza de las fuerzas invisibles'\
Son dos actitudes frente al goce que representan posiciones historizables
frente a la realidad y a lo real, tal como se pretende argumcntarlo.
La hisforia cultural surge de una reacción contra una forma de hacer la
historia que se había centrado en la descripción de la historia económica.
Pero, en el fondo, tanto una como otra se encargan, en cierto sentido, de des-
cribir _!a forma como los hombres gozar., y cómo, a través de los tiempos, han
orgamzado la realidad, y las relaciones sociales para garantizar dicho goce.
Por su parte, el psicoanálisis plantea U!'!:! teorización, sobre las relaciones
del su con la realidad, que se quiere hacer coincidir en algunos puntos
con el objeto de la historia cultural y la historia económica que se h:o descrito.
muy temprano, Freudse preocupó porlasrelacionesdcl sujeto con
la realidad. En su episteme positivista describe, ·en el Proyecto de psicología
..
63
.Ar:es, "L'histoire des mentalités", en /..a 11ot1relk hisroüe, diri;ida por J. Le Goff,
Retz, Pans.
72

1
cientifica, que luego de la primera experiencia de satisfacción el sujeto tien-
de a la alucinación, por medio de la cual pretende, en ausencia del objeto
que la produjo -por ejemplo la madre-, reproducir las condiciones de la
satisfacción inicial. Pero rápidamente Frcud se encuentra con el problema
de que el sujeto no posee un dispositivo para diferenciar la percepción del
objeto real y la reproducción alucinatoria del mismo, que tiene para clsujeto
las mismas condiciones de la percepción. ¿Cómo diferenciar interior y exte-
rior? Es el mismo problema que se encontró Descartes, y por eso duda de la
percepción al colocarle ésta ante los ojos la misma sensación de realidad en
una percepción del mundo exterior que ante un sueño, y por ello prescinde
del inconsciente, al que llama genio maligno engañador, y toma partido por
la conciencia que puede conducirlo a ideas claras y distintas.
Freud describe que la satisfa<;ción aludn;,toria no es, en rigor, una
satisfacción, y lo que le devuelve al sujeto es más bien la privación y la
frustración, en todo caso el displacer; esto hace que en el yo se instale un
mcca::üsmo que ir.hiba la ter.dcncia a b ulu<;inación, y un dispositivo que,
en la época, Freud llama "prueba de realidad". Sin embargo, hoy sabemos
que no hay prueba de realidad, que éste era un concepto q.uc exigía el
paradigma cartesiano subyacente a este modelo del pensar que coloca, de un
lado, el sujeto cognoscente y, del otro, en la realidad. exterior, un por
conocer que existe con independencia del objeto. ·
No obstante, hemos reflexionado que la dimensión imaginaria quiebra
ese paradigma, porque la imagen·reina tanto en el "mundo exterior., como
en el "mundo interior", como sueño. o como cine, como espejismo produ-
cido por la refracción o reflexión de la luz en distintos medios, o
alucinación. Igualmente está en ruptura con ese paradig-
ma, porque el lenguaje es exterior como materialidad significante, onda
sonora, vibración en la garganta, voz, sistemas de comunicación social,
señales, escritura, símbolos; pero también -Cs interior: significados, ideas,
pensamientos, palabras que nos colocan en una estructura de borde.
\Ambas dimensiones nos constituyen y constituyen la realidad en una es- .¿_t
tructura que se puede nombrar En efecto, una banda de)tq_ebius
es la manera de revolúcionar el espacio de derecho y revés, de afuera y
adentro, y mediante una torsión crea una superfiCie que liga en un solo plano
las antes supuestas oposiciones. \Es así como Lacan piensa la realidad: una +
estructura moebiana compuesta por lo y lo que la
atraviesa, y que en su curso atraviesa igualmente al sujeto. En consc'cuencia;
no hay prueba de realidad que no sea, o simbólica. Por eso la
73
surge porque el consenso de la humanidad, de una
cierta en una cultura precisa, ha creado la conciencia de que la
realidad es ésta o desde la imagen -por eso imaginario social-, pero
también desde lo simbólico, esto es, desde las palabras que constituyen esa
realidad (WirklichlreitlfCa prueba de realidad es simbólica. Es la convención
significante de que la realidad es ésta. Desde ese punto de vista, no hay una
realidad ni La realidad; podríamos decir que La realidad parafra-
seando al Lacan de otro contexto, decir que es un "La" tachado. En cambio,
hay realidades imaginarias y/o simbólicas.
Cuando, desde otra perspectiva, Freud se ocupa del problema llega al
mismo impase. La descripción del sistema percepción-eonciencia encuentra
que la percepción de la realidad es intermitente y además está detcrmi-
:;¡ada por lo simbólico. En Los dos principios del suceder anímico describe el
nacimiento del sujeto a la realidad, o mejor, al principio de realidad, a partir
paso por fases anteriores regidas por el principio del placer. El yo rea-
lidad delcomienzo, al que ya se ha aludido y que se encontrará en la base de
las Weltanschauung, y el yo placer purificado que, como se ha descrito en la
del espejo, hace del yo una imagen o una relación imaginaria que se
Interpone entre el sujeto y los otros, entre el sujeto y la realidad exterior, y
que hace que todo conocimiento sea auto-rc.ferenciador." pasa por el nar-
cisismo, por el no querer saber, por parte del yo, de a4fllellos contenidos
susceptibles de suscitarle displacer. A esto habrá que añadirle que la fun-
ción del juicio se ha instalado en el sujeto, tal como Freud lo describe ma-
gistralmente en su breve texto de La denegación. haciendo que el juicio
existencia y de atribución de las cosas del mundo estén no sólo a licuados por
su imagen sino por su relación fundamental a la tendencia del -placer: "esto
lo reconozco como existente, aquello no", "a esto le reconozco tal atributo,
a aquél no" será el estilo de razonar, combinado con un .. esto lo tragaré, esto
lo escupiré". .
No obstante, no se puede reducir toda la realidad a imaginarios
o simbólicos. Sobre todo, porque Freud encuentra en este mismo recorrido
nn límite. Para Frcud la realidad no es homogénea y por ello se refiere a ella
con dos términos: Realitat y Wirkliclrlreit. Pero además, refiriéndose a las
cosas en el mismo Proyecto de psi.cologfu científica, habla de die Sache y en
otras de das Ding. . · · ·· · · .
. encuentra en su práctica analítica que en los sujetos aparece una
del discurso a nombrar ciertos contenidos. Dicha resistencia,
claro está, no nombra una mala voluntad de los ·sujetos a nombrar sino una
74
, 1
i
'
1
' i
1
función de límite de lo simbólico. Lo encuentra en La interpretación de los
sueños cuando dice que la interpretación al avanzar por el material de
ocurrencias del sujeto se encuentra con un límite: "el ombligo del sueño";
un lugar donde la interpretación encuentra un límite, el tejido reticular de
las asociaciones se hace denso, hay un agujero negro desde donde se eleva el
deseo, allí está su causa, pero la palabra se agota y el sujeto lo expresa diciendo
que se le han acabado las palabras, que no tiene palabras para nombrar
"'eso", la cosa, el das Di11g.
De otro lado, esa misma imposibilidad del discurso a nombrar la
encontró Freud en la primera etiología de las neurosis, en cuya base encon-
traba un traumaindecible. Asimismo, en otro lugar de su obra y en el análisis
de ciertas conductas de los sujetos encontró que había un más allá del:imperio
del prinrip;o del placer, que hasta c!atonccs había dilucid3dc como d rcFurte
elemental empujaba el deseo de los hombres. Ese más a,llá es la pulsión
de muerte que empuja al hombre al límite de su placer en el horror; se nos
ve compelidos a la propll: destrucción como tcndencb elemental¡,. Y CI ' ese
movimiento también tendemos a destruir a los otros; es algo que también
es difícil de hacer pasar por lo simbólico. Y la angustia es la única mani,
[estación emergente en el sujeto.
F.n su dimensión antropológica, Freud encuentra ese límite de lo
simbólico en el mito del padre primordial, sin límites en goce; pero
también en el encuentro del sujeto con manifestaciones límites como la
perversión o la muerte.
Lacan anuda todas estas pistas en su teoñzación del concepto de "real":
aquello que se encuentra más allá del placer, más aJl:í o más acá de lo
simbólico; causa del deseo, condensador de goce, ya no entendido como
r.er sino como horror; y que en su propone nombrar objeto A, pues
su existencia sólo es inferible desde la lógica.
[Lo real no es la realidad puesto que la_r';.alidad es imaginarid !.simbóli-
ca. No obstante, lo im:oginario y lo simbóhco son creados en funcron de un
recubrimiento dejo real, innombrable, inasim:lablc. ,'..;í, los ritos(uncrarios, '
lo mitos, los tabúes, el saber,la ciencia, todas ellas son 4'.
formas de rodear lo innómbrable. un real que es esquivo pero que está en el
centro del sujeto, a la vez íntimo y exterior- Ex-timo, lo Dama Laca!!J
¿Cómo anudar estos presupuestos a la historia cultural? Pues bien,
Lacao es un lector de Marx, y éste describe, en la historia que la
historia de la humanidad es la historia de los modos de producción de
mercancías, y que un proceso de descrito aquí de ma-
75
76
nera s:mplista, en la transformación de una materia prima en una mercancía,
traves de una fuerza de trabajo y de unos medios de producción; pero IoJ'i
mteresante es que en la ecuación, que resta el valor final de la mercancía de 1
los medios de producción y de la materia prima invertida, resulta \
plusvalía. Un más-de-valor, que constituye, en su acumulación o derroche, el .
usufructo del que se apropia el dueño de los medios de producción. Es en
última insta · 1 d · · · • d · '
nc1a, a a qmsJCJOn e esa plusvalía lo que garantiza su bienestar,
su placer, su goce. Y es la privación de esa plusvalía la que está en la base de
la lucha de clases, motor de la historia. desde esta con'cepción.
Ahora bien, La can llama al objeto A plus-de-goce, en una paráfrasis de f
la plus-valía de Marx. Esto se justifica por cuanto el objeto A es también el ¡
resultante de una ecuación subjetiva que sería muy extenso desarrollar aquí, ¡
pero que se anuda a nnestro propósito en el pun<o en (jile lo cr.comramos en
la base del horror social, de la muerte. de la guerra, de la lucha de clases y
las formas de goce de los sujetos y de las colectividades, lo cual (;S,
fmalmentc, otro de los objetos de estudio de la histor!a de la cultura. Las
del placer y goce en el horizonte de las épocas.
. -------- - -·---···--- - ----·
CAPÍTULO Il.
PETER GAY: LA REFLEXIÓN HISTORIOGRÁFICA
Y LAS NECEDADES COLECTIVAS DEL INCONSCIENTE
Peter Gay es, indiscutiblemente. uno de los mejares comentaristas de Freud.
Con la coquetería de un cantante de ópera en el ocaso de su carrera, anuncia
su adiós: he decidido -i:SCribe en su última colección de ensayos titulada
ReaJir.g Fre!Ld. Explomtions aud Euseriaúmze11ts-
1
dejar" otros el cuidado
de hacer avanzar los estudios biográficos sobre Frcud y la historia.
2
Tanto
destaca haciendo compartir con humor sus búsquedas. que hasta ha mis-
tificado a sus cnlegas publicando una dcsconccrt11nte crítica de F rcud, hecha
por él. Confiesa, por otro lado, no tener ninguna simpatía J>Or el mundo
universitario, obtuso y solemne. y lamenta que Freud, "ese estilista lleno de
espíritu, no tenga sucesores".
La palabra espíritu ocupa un lugar central en estos artículos reunidos
por Pe ter Gay.
3
Otras temáticas abordadas por él son la extraña C?bstinación
que puso Frcud en sostener que Edward de V ere, condedeOxford, era, según
todos los indicios, el veroadero autor de las obras atribuidas a Shakcspcarc;
o aun. la paradoja del determinismo absoluto de Freud que desemboca en
una psicología de la libertad. Ignorando lascoritroversiassobrc la naturaleza
del libre albedrío -una verdadera tortura para los filósofos-, F rcud siguió
tranquilamente su línea de pensamiento sin preocuparse por sus pasajes
oscuros ni por su naturaleza altamente problemática. Ser libre era, para él,
blandir el arma de la razón en contra de lasióelinaciones- de la ilusión y los
señuelos del desconocimiento.
La capacidad de juego. el humor, la risa, son otras tantas formas d.:
libertad. A""pesar de .todas las aportaciones asombrosas -al mundo sobre la
naturaleza humana. anolá PeterGay, Freud no cedió nunca a la afectación
o a la solemnidad. Evocando el fenómeno del egoísmo fll\,arante de los
1
P. Gay, En lisant Frru.d explonrtioas et di..müsemmts. París. PUF, 1996.
z lbid.
l lbid., p. 38.
77
humanos -Ja como ejemplo sus propios deseos-, recuerda la historia
del marido enamorado que le dice a su mujer. "Si uno de nosotros dos
mucre, iré a vivir a París." Incfusivc en El malestar de la cultura, el
humor encuentra su lugar o, por lo menos, el sarcasmo. Está íntimamente
convencido de que el observador desengañado debe considerar la vida
humana como una tragicomedia más bien desoladora y de un absurdo
irremediable.
No resulta entonces asombroso que haya atiborrado sus escritos de citas
de críticos del humor como GcorgChristoph Liehtenberg o Heinrich I-leine,
a quien le apreciaba muy particularmente sus palabras: "Hay que perdonar a
los pero no antes de que hayan sido colgados." Nada asombroso
es tampoco el que Twain fuera uno de sus autores predilectos. En 1898,
cuando reeditaba La interpretación de los s11ezios, se permitió un lujo:
una conferencia "de nuestro viejo amigo Twain", en Viena. Gustaba muy
particularmente de la apología "de los pequeños vicios oonviviales" como el
café, el cigarro o ei Lillar; y cuando Fliess, especialista de la nariz y garganta,
le prohibió fumar sus queridos puros, le contestó con el espíritu de Twain:
"No obedezco tus prohibiciones de fumar. ¿Encuentras verdadcrame!lte
que valga la pena llevar una larga y miserable vida?"
A propósito de la muerte y del Juicio Final, a Freud le gustaba recordar
la nota blasfematoria de Hcine agonizante que, encadenado a su cama desde
algunos años atrás, le respondió al cura que a la gracia divina y
guardaba la esperanza de que Dios, en su infmita misericordia, le perdonara
sus pecados: "Claro que me. perdonará; es su oficio." Lo cual significaba
para Freud que Reine era consciente, por Jo menos de manera oscura, de
que él, la presunta creatura, era en realidad el creador de Dios. La palabra
espíritu, en el momento de la muerte, se vuelve un acto de supremo desafío.
Aquí, después de haber seguido a Peter Gay, hay, sin embargo, eon·
textualizar a Freud por un exceso de idealización al cual, por otro lado, todos
sus seguidores han sucumbido. No, Freud nunca añadió alao sobre la decla-
ración de la Gestapo que certificaba que había sido tratado bien: "Puede
cordialm.-nte recomendar a la Gcstapo para todos." EsAbin de Mijolda, uno
de los más finos espías de la historia del pskoanálisis quien, en una nota
publicada a continuación del estudio de PeterGay (es su editor francés), nos
hace saber que la sentencia célebre de Freud es apckrifa. Sólo firmó la
declaración sin acompaiiarla del menor comentario. Sin duda, la escena,
mucho tiempo, acompañará a su leyenda: los mitos tienen una vida
más reacia a su desaparición que Jos hechos mismos.
78
1
Algunos recordarán la formación: si esencia y apariencia coincidieran,
no haría falta la ciencia. La función de la ciencia, y acaso del conocimiento en
general, sería según esto la desocultación, el desvelamiento o, cuando menos,
el acuerdo entre esas dos dimensiones de lo rcalquca menudo parecen actuar
de acuerdo con lógicas diferenciadas. Siendo así, el ideal del saber, para
Peter Gay, sería la visibilidad, por consiguiente la reivindicación del psit:o-
análisis en oposición a la psicobistoria, de un individuo interior, plegado
sobre sí mismo y que deja como punto nodal el dominio de relaciones cons-
tituyentes del sujeto, en tanto el yo: las aparentes relaciones en público.
El discurso hist6rico: una lecturafreudiana•
Con frecuencia imagino el trabajo de Pctcr Gay La experil!!lcia biag.tes!l de
Victoria a Freud como el dcsplic¡;-.Je de un a reo cuyo punto de partida podría
situarse en la Inglaterra de principios del siglo XIX, y su fin en 1914, cuando
Sigmund Freud se encontraba a m mitad de su carrera como psicoana:ista.
En su despliegue temporal comprendería cerca de doscientos años de
lenta y, muchas veces, convulsa maduración; en su proceso teórico aparecen
claramente dos segmentos: los iclcales de una burguesía cuyo punto más ,,
álgido organización de_ la Tictoriana, y el nacimiento d:el ·.
como una explrcaclOn íntima del hombre, que Freud hace ¡
brillar en la sociedad para interpretar la cultura. 1
Tiempo y estructuras sociales; sin embargo. se funden para crear
espacio en que gran número de- teóricos,. los mejores del siglo que no?
antecede, dieron al psicoanálisis el papel de educador informal de unt
sociedad, y un símbolo cultur-h!c nuestro siglo. ¡·
Ganar f'l juicio histórico hábría sido, en sus :.rígencs, el objetivo met<¡-
dológico de la alianza de la historia y el que sella Peter Ga*
pero pronto la burguesía victoriana -eomo t;Orgi;;.s, e! Leontini- abrió e[
reducido espectro del análisis En sus manos, el d1scurso se transfonny
en arma del agitador y del dirpte; también en instrumento para d dogit
y la crítica-y; por ello, para la interpretación histórica eomo una
metodología histórica. l.
Completos estaban, así, los tres géneros del discurso. Nuevos problemaS¡
asaltaban, sin embargo, a la teoría hasta entonces empleada. No bastaba, porl
ejemplo, dirigir la argumentación al · entendimiento; también había que
• Gay, La experiencia 478 PP·
79
mover las pasiones de los oyentes. De ahí el especial interés que los psico-
analistas pusieron en las palabras y en los recursos del discurso del que Pe ter
Gay se apropia para elaborar su amplio análisis histórico.
El tiempo de Peter Gay
1
Pe ter Gay nació en Berlín en l923. En l94lllegó a Estados Unidos, huyendo
del nazismo. Estudió primero filosofía y luego historia; actualmente es profe-
sor de esta última materia en la Universidad de Y ale. También se graduó por
Instituto de Psicoanálisis de Nueva Inglaterra desde donde empezó a
mteresarse por la relación entre psicoanálisis e historia y ha sido merecedor
de numerosos reconocimientos como el de la Fundación Rockefellcr, el del
Churchill Coliege (en Cambridge), y la Guggenheim. Sus preocupaci;mcs
sobre la historia lo han hecho incursionar en múltiples épocas, tal es el caso
del siglo XVIII, época en la que surgió todo el entramado racionalista que
Freuci acabaría por dinamitar; pero también de los años que precedieron al
nazismo, y a inmensa obra sobre Frcud y su historia.
1
1
1
Durante los años cincuenta, Pcter Gay perteneció a uno. de los primeros
grupos revisionistas del psicoanálisis en el que participaba, entre otros, Erich
Fromm. La intención era sintetizar a Marx y a Freud, las dos más grandes ·
transferencias epistemológicas de este siglo y cuyas coordenadas, sin duda
alguna, marcan espacios de la historia. Ahora se reconoce que cualquier
esfuerzo por unificarlos lleva a un matrimonio violento, con consecuencias
desastrosas para ambos, por lo complejo de sus propuestas y lo irreconciliable
de sus interpretaciones del mundo.
Peter Gay y la burguesía t>ictoriana
Hermosas selvas de letras y enmarañadas agudezas poblaron el mundo de la
reiüa Victoria por sus cuatro costados. Este abuso suele cargarse a la cuenta
de la riqueza de material bibliográfico, hemerográfico y el vasto material de
que ilustra la teñida historia que nos presenta el historiador, de la
m1sma manera que los sofistas en la Grecia clásica; pero ellos, producto
de una sociedad urbana. La sociedad inglesa supo colocar al discurso en el
centro del ideal educativo -5Ímbolo, ciertamente, de minorías dirigentes;
pero en el cual, dice Gay, tiene su origen el ideal burgués occidental-, para
como eje central de la obra la negación de la historia plena vía
la erudic"' "M" · t " '
10n. .. I m enc10n -ilscgun- para con los nombres·que he usado
80
en mi subtítulo no es más que hacerlos emblemas de estos cambios. Los
historiadores sagaces han notado más de una vez 1¡ue la reina Victoria no era
victoriana; en el mismo sentido Freud no era freudiano: no son ellos los
responsables de los mitos que se han entrelazado a sus nombres. "
5
El trono de la reina Victoria en 1837 y la burguesía del mundo que
emanaba de la monarquía hiciemn florecer el discurso escrito de la misma
manera que el Ágora y la democracia del mundo griego dieron vida a la re-
tórica. Freud, al unir partes del psicoanálisis con la filosofía, supeditándola
a la dialéctica y a la ética, se refirió al discurso. En adelante, los contenidos
y las formas discursivas salidas de la estructura cultural victoriana alimen-
tarán y normarán la vida burguesa. La tradición freudiana será la piedra
de toque en este campo de la cultura occidental. Frcud, en efecto, en sus
principales Lrahajos atJnr¡ue a vcc(;S los géneros de
análisis del inconsciente en los cuales Peter Gay se basará para estructurar
su trabajo. Gay codifica, pues, los principales temas y materias de la historia
de la burguesía ingle.:>a: los cimientos fuudami!r.t.'llcs dt la P.xperier.cia
humana -ilmor, agresión y conflicto- y nos coloca frente al estudio del
carácter del orador y dé las pasiones, de la sociedad y sus paradigmas.
De alguna manera, con ello subraya el estudio del discurso como
elemento sustancial de análisis para entender la historia. Peter Gay señala,
más allá del discurso, en el libro Estilo e histori-a, que la relación estilo
y contenido es crucial para la historia.' No señala ninguna diferencia entre
forma y contenido/ y dice que el estilo da forma y a su ve;r; es limitado por
el contenido. Según Peter Gay, el historiador encuentra el estilo en muchas
dimensiones: "para crear elegancia, para explórar las ambigüedades verba-
les, para afirmar un punto y en muchas otras dimensiones"! Afirma que el
historiador es a la vez un escritor y un lector profesional y que su obligación
es la de "proporcionar placer sin la verdad", en lo cual vemos
una clara coincidencia con las posiciones histoñcistas, que es el caso de la
obra de Edmundo O'Gorman.'
5
Gay, La-experiencia burguesa •.• , op. cit., p. 1,1.
6
P. Gay, Style in lristory, Ji. W. Norton. New Yo •. ;, 1974,241 pp-
' P. Gay, ibi<lcrrr, p. 89.
1
P. Gay, Sty/e in lristory, op. cit., 1'· 78.
9
Véase O'Gorman, Crisis y pon"f!llir •• p. 73: "En efecto, el 'sujetarse a los hechos', que
es la fórmula básica del método, permite mostrar 'lo que Wll'lladeramente ocurrió', que es
la definición científica tradicional de la historia. Péro ......., ese 'sujetarse a los·-hechos'
implica, primero, a título de error, la existencia del hedlo en sí de la contradicción
en la historia, r segU.ndo, neg&r, a título de inv-.. el de los autores 'de segunda
81
1
1
Sin embargo, Gay va más allá de plantear la importancia del estilo
literario, al concebirlo como un instrumento para transmitir conocimiento,
al mismo tiempo que un instrumento de diagnosis. Según Gay, el estilo tiene
"valor evidencia)" y trata de encontrar mridcncias de la d.ifcrencia de pers-
pectiva entre autor e historiador de la escritura misma. Aparte de los autores
de la escuela de la historia cultural, Umbcrto Eco.
111
Gcorge Steincr,n y Waltcr
M ignolo,
12
serían una buena muestra de ello. El estilo proporciona un signi-
ficado, transmite un propósito.
Pe ter Gay puede concluir con plena confianza y seguro de sí mismo que
la historia es un arte la mayor parte del tiempo, porque tiene la virtud de ser
una rama de la literatura.
La dicotomía existente entre el arte y la ciencia es actualmente insoste-
nible. Desde la de la profesión histórica moderna en general, el
arte y la ciencia no están segregados el uno Jcl otro, comparten una larga y
tortuosa frontera.
Tácito, Guiccianliniy Voltai¡·cqucríanserhistoriadoresprecisoso exactos,
pero tambicn querían ser literarios y reconocían que el caminodela objetividad
se oponía, aparentemente, al territorio del arte. Entonces la presentación no
literaria del material histórico tiene detrás una tradición larga y respetable,
casi tan larga como la tradición que empezó con Herodoto y Tueídides.
Se puede leer la historia de la historia de varias maneras, pero una
manera útil o ventajosa es leerla como un debate inconcluso entre los que
plantean la belleza con verdad y los que plantean la verdad sin belleza.
mano', o sea negar el hecho en sí de la historia.- hay en tal sujeción a la reulidad,
de donde ' lo que verdaderamente ocurrió' o sea d objeto de la no es sino la
triste resultante de esas violentas y arbitrarias mutibciones, una pura aparicneia del pasado
hu. mano, a costa, ni más ni menos, de la de la historia, o sea de aquello
que la constituye esencialmenteH.
.
10
Véase U. Eco, "El lector modelo" en Lectormfabula.. Lo interpretatim
en el texto IIOTTativo, Barcelona, Lumen, 1981, pp. 73-95.
.
11
Véase G. Steiner, úmguaje y silencio. &s..yos sobre la litemtum. el lenguaje y lo
mhuma11o, México, Gedisa, 1990. "Y es 'la objetividad', ia neutralidad moral
en_ que las se , •-'gocijan y con que logran sus brillantes esfuerzos c:omuncs, lo que las
pnva de serdeflmt1vamentepertinentes. La cicnciapuecle b;abersuministrado instntmentos y
dementes pretensiones de racionalidad a los•JIICconcibieron losasesinatosen masa. En c-.Jrnbio
nada nos dice sobre sus motivos. Tema del cual ,.,.Jdña la pena trallajar. Ésb. es la distinción
concreta entre el crítico literario y el historiador. La historia traerá a la luz y promoverá
aquello que habla al presente de un modo especialmente dirceto y apremiante", pp. 27-28.
".Véase W. Mignolo, Teoña el el texto e intet¡JR!fación Je le.ttos, ·lllérloo, 1986
276 pp. . • ,
82
Una realidad política que ha hecho de este debate algo particularmente
confuso es la curiosa alianza entre los científicos y los esdpticos. Lo que
tenemos hoy día es un espectro de puntos de vista que van desde la certeza
de que la historia es una ciencia estricta hasta la certeza incompatible de que
es literatura sagrada.
El estudio del estilo sugiere que el historiador no ha terminado su trabajo
una vez entendidas las causas y el curso de los eventos. La narración histórica
sin análisis es trivial y el análisis histórico sin narración es incompleto.
Pero si la historia es a veces un arte,¿ qué tipo de arte eS! La afirmación
de que la principal lealtad del historiador es a la verdad no es exclusiva de
los historiadores. Las técnicas estilísticas utilizadas por el historiador para
aseverar sus verdades se parecen a las técnicas que utilizan los novelistas y
los poetas para presentar sus ficciones. Según Aristóteles la poesía es más
verdadera que la historia.
Sigmund Freud decía que envidiaba a !os novelistas y a los poetas por su
comprensión instintiva de los procesos psicológiCOS> pero nllnca confundió
la ciencia de la psicología con el arte de la poesía.
. Debido a que la ficción y la histoña tienen un estilo en común resulta
difícil especificar en qué· consiste la vcnlad de la ficción y aclarar que la
verdad es un instrumento opcional de la fiecióri, no su esencial.
Más aún, lo que es propill de la ficción, a diferencia de la historiá, no son sus
límites sino sus licencias. Sin embargo bayocaswnes en que fu ficción asume
algunas de las cargas de la historia.
Establecer la distinción entre las verdades: de la ficción y las verdades de
la historia ayuda a especificar el tipo de arte que es la historia o que puede
llegar a ser, pero no nos da luz acerca de si ei compromiso con
la verdad acerca a l;a histori« al terreoo científiCO, o de si la historia puede
al tipo de objetividad sin la cual ningum• -;iencia vivir.
Las investigaciones histórieas, al todas las investigaciones, son
siempr(' ll' • • a una necesidad; !ienen algún propósito, Y es
irrefutable el hecho de que hay diferentes reportes sobre realidades iguales
y de que hay diversas inte!pretaciones de "s mismos eventos y por supuesto,
como siempre, hay varios estilos. El historiador aspira a contar historias
verdaderas pero hay tantas maneras de contar la misma historia que el
si.,anificado de la misma queda amcnaudo. Todas las estrategias de exposi-
ción del historiador son, consciente o inconscientemente, estrategias de
persuasión. El estilo, al ser la marca distintiva dd, historiador, es tambien la
prueba de su subjetividad insuperable.
83
Al reconocer a la palabra como velúculo esencial del conocimiento
histórico, Gay retoma el sentido de la interpretación histórica, es decir,
rcinterpreta el papel de los símbolos y los signos. Debe anotarse que la
posibilidad específica de interpretación sólo tiene sentido dentro de un
contexto simbólico, es decir, en relación con otros hechos, que a su vez
son una selección y, por lo tanto, su significado deriva del hecho de que
aparecen dentro de ese contexto subjetivo.
La esencia histórica, la intimidad del psicoanálisis
Pe ter Gay analiza a la cultura burguesa del siglo XX desde una perspectiva
psicoanalítica. En el caso de la sexualidad, muchos críticos han afirmado que
F1·eud trata los instintos sexuales como algo mcainhiable de individuo a
individuo, de clase a clase, de edad a edad. Si esto fuera cierto, entonces las
teorías psicoanalíticas serían irrelevantes para el historiador. Sin embargo,
Y corr:o bien apunta Gay, Frt!ud tenía perfectameate claro que los. ira pulsos
sexuales varían enormemente de un individuo a otro. Los mecanismos de
defensa dentro del esquema psicoanalítico son flexibles, plásticos y altera·
bies. Freud no era historiador, pero sabía que la humana, incluyendo
al inconsciente, cambia a lo largo del tiempo y difiere según las clases, y
nos dice por ejemplo que: "La represión es un mecanismo que actúa de
manera individual, lo mismo sucede con Jos otros mecanismos de defensa· y
con los impulsos."
Faltarían sólo algunas precisiones de la época victoriana a cargo. de Pctcr
Gay. Cuando la cultura burguesa cautivó -alas elites Ü\,orlesas, ya la monarquía
casi había desaparecido como csenci:1 bjo las nor.m'as del parlamento y los
mismos ingleses. Sólo algunas c:udades la mantenían viva.
El discurso, por tanto, se había modificado. El genio inglés produjo
grandes juristas, filósofos y literatos; de ahí que el discurso se secularice,
se reconquiste el espacio público, y es altí donde el psicoanálisis aborda
la intimidad como elemento individuai de ia histm·ia, que l'eter Gay hace
colectivo -de ahí su trascendencia-, ¡•ara reconquistar la alcoba y el
parlamento, fieles espejos de la triunfante. burguesía. La tradición freu-
diana la había evidenciado con el aporte del psicoanálisis. Inglaterra dará
la belleza externa y la perfección del periodo que e5tudia La e:rperienci.a
burguesa.
el fondo, este estudio de la burguesía victoriana plantea una nueva
visión del resultado de las nacientes relaciones de producción que
84
.1 .
. ··,·· ..
¡'
'
se han establecido en las ciudades. De ahí su carácter urbano, su clase
dirigente: los burgueses; sus profundas tendencias democráticas que se bi-
furcan en múltiples sentidos en el campo de la literatura.
La experienci.a burguesa es el registro de la transformación de la
conciencia y la sensibilidad del hombre. En la historia se hace patente una
nueva visión del mundo cuyo origen está en las nuevas relaciones sociales y
de producción aparecidas en las ciudades.
La lucha, pues, estaba entre lo tradicional (nobleza y clero) y los habi-
tantes de las villas y sus intereses. Las fuerzas democratiza doras alimentadas
en su interior se disparan en diferentes direcciones. Al tomar nuevamente el
hombre en las manos su destino, y luchar por gobernar y dirigir el acaecer
social, vuelve con su discurso a ocupar el papel que había perdido desde los
inicios de ia conciencia. Por dlo, F reud y sus produjeron
una de las concepciones más sólidas del discurso y del símbolo; pero habría
que matizar. No todos los procesos son lineales. La historia se construye de
ia ambivalencia de las sociales, sometidas a lo que hemos Ha maJo
temporalidad.
En lnglaterr3, ciertamente, la sociedad burguesa logró paganizar con
frecuencia a la Iglesia; en España, Italia y Francia, en cambio, la burguesía
logró mantener un tinte-marcadamente religiOso que cambiaba la concep-
ción de su cotidianidad, haciendo también, como lo explica Gáy, un discurso
de la apariencia donde la vida tiene que ser reinventada desde otros valores
sociales; proceso que pesó fuertemente para marear este curso de la historia.
El enlace de la historia y el psicoanálisis
Peter Gay se preocupó poco por los problemas del discurso formal. En ello
seguía el trabajo de Freud c:entrando su at9nción en problemas más inme-
diatos: depurar lo que el autor llama "la educación de los sentidos". La tarea
primera es pugnar por "un encuentro de la mente con el mundo". La
creatividad de Gay radica en darle múltiples sentidos a las pocas explicaciones
de sus sujetos históricos; la tarea no es busca encuen-
tro del pasado con el p;csente. ¿Será acaso éste el matrimonio de la historia
y el psicoanálisis? Creo que no. En este sentido me parece que los preparati-
vos de la boda aún se están iniciando, como el propio Gay lo advierte; sin
embargo, se da la posibilidad de establecer uno de los más importantes
puentes entre la historia y el psicoanálisis de nuestro siglo, que nace de
la lucha y de la colaboración entre la consciente y las necedades
85
inconscientes, "mezcla el recuerdo y el deseo, ninguno de los cuales es
inalterable y prefabricado".
Decía Peter Gay: "Durante mis años de entrenamiento psicoanalítico
a.dquirí un sano respeto por los instrumentos de diagnóstico que un histo-
puede tomar prestados del psicoanálisis, pero también aprendí que
estos Instrumentos tienen ciertas limitaciones". En muchos de sus traba-
jos Gay analiza un tipo de psicohistoria que todavía no ha sido explorada y
menos aún practicada, un tipo de historia, que nocomprometela orientación
biológica de Freud, las explicaciones genéticas o las propuestas radicales
sobre la sexualidad infantil y las estrategias psicológicas. Se trata de entender
la' r: lación entre psicoanálisis e historia a partir de la tríada imaginario sim-
bohco-rcal, Y no como lo propone la psicohistoria tradicional, un solo análisis
del yo.
Pcter Gay incluye la idea del deseo en la historia: el historiador desea,
la es parte del deseo y los sujetos históricos viven entre el goce y el
dese.u. S1 .Freud señaló que mfaucia es destino, Peter Gay dirá: pulsión es
d:stmo lustórico. La historia se compone de pasiones, arrogancias, eviden-
Cias, desgarres, emociones, e historiar es un goce.
. Las experiencias de la corriente que presenta Peter Gay rebasan,_ por
eJemplo, la pregJ.mta cotidiana del quehacer histórico: la verdad. Y su trabajo
queda marcado por ambos lados de horquilla: la verdad y la verosimili-
tud. Así, el historiador parte de una e\•idencia, a diferencia del literato o del
psicólogo o del antropólogo, para interpretar de múltiples maneras lo mismo,
a la manera. e.n que Darnton explica la historia y la narración. La propuesta
de Gay clanfica el charco que tanto ha entorpecido el reencuentro con el
pasado en busca del cáiiz sagrado, el sitio de la evidencia, a partir del texto,
el discurso y el lenguaje; "las palabras y las cosas"', dirá FoucauiL Thmo el
nombre del objeto es la parte del discurso más directamente vinculada
al exterior, siempre lleva una sigpificaeión compleja, en evolución,
a una función gramatical Un estado de lengua empieza a
por el nombre, y este paso consiste en dar al empleo de la
un en la historia de los saberes y de las
orgamzacwnes discursivas.
Peter Gay y la historia. cultural
El del exterminio es liberado en la obra de Peter Gay para mostrar un
complejo de la historia cultural de las burguesías inglesa y fr.mcesa
86
que reúne las principales ideas, las conductas familiares, los cambios intclec-
tua les, políticos y religiosos que se ligan a los fundamentos de la experiencia
humana: la vida sexual burguesa, el amor, la agresión y el conllicto, y las
formas en que se manifiestan lus instintos libidinales bajo la camisa de fuerza
de la moral.
El trabajo histórico de Peter Gay tiene un esqueleto teórico fascinante:
los fundamentos del psicoanálisis y de la corriente que Darnton bautizó como
cultural hist01y,
13
cuya traducción -o mejor dicho trasliteraeióu-al espafiol
no representa fielmente el concepto usado por el autor, sino que es adaptado.
La historia cultural no es aquella que se interesa por la cultura superior sino,
por el contrario, busca mostrar cómo los hombres organizan la realidad en ¿¡--·
su mente y cómo la expresan en su conducta; presentando una alternativa
distinta a lo que en Franeio. se llamó la "histori:! de las ment:Jiirla;lcs", con ,
otras La tradición ora_l, el lenguaje o el l
a la simple difusiOn es uno de los pnmeros campos de mvesligac1on en la
historia cultural. . ·
Desde esta perspectiva, el historiador tarda mucho tiempo en darse
cuenta que el mundo del lenguaje no es el objeto de investigación en sí, sino
que aquello que habría de estudiarse es la tradición oral, el discurso, porque
cuando el historiador viene de horiwntes .teóricos muy planos, lejos de
incorporarlos en el análisis temporal, tiene la tendencia a
las formas literarias: el cuento y los chismes, el romance, las adivinanzas, los
rumores, los corridos o las leyendas. Pero esto no es lo más importante.
Lo más importante es lo t¡ne se dice y lo que se oculta en la tradición.
Gay señala t¡ne no se trata de encontrar un filósofo en el homb.re dq 1/t-
la calle., sino descubrir ·por qué la \'ida callejera requiere una \
propuesta de Gay pretende mostrar cómo la común, a la de los
aporta invaluables conceptos, no en f?""a de proposiciones lógicas.
sino utilizando todo lo t¡ne el murnh le proporciona; t¡nedauJo como !lre-
¿qué usa la gente para pensar y a partir de qué elementos elabora su
vida cotidiana? A esto podríamos responder. el inconsciente
La historia incluye lo permanente, dosbonla los caminos de la intransi-
gencia de métodos de añálisis anteriores que ao entendían cómo abordar
la vida común de las sociedades. La búsqueda del entendimiento histórico del
estereotipo de la burguesía tiene un sazón permanente, porque incluye la
13 R. Darnton. .l..tz gmn Jll(llanza de goiDs y otros de la riJa cotidimi<1 francesa,
México., Fondo de Cultura Económica,. 1987, 27;0 PP- 1 ,
87
propia introspección del que analiza, de la misma manera que el espectador
de cinc se ve reflejado en las películas de Luis Bui'iucl, Jgmar Bergman,
Woddy Allcn, Piere Paolo Pasolini o Pedro Almodóvar, según su generación
y sus connotaciones culturales y existenciales.••
Lo anterior muestra claramente lo apasionante del trabajo de Peter
Gay. se trata pues, sólo de rcenconlrnr el pasado, sino de un trabajo que
permite descifrar la intimidad y su trascendencia histórica. Pero esto tam·
bién es parte del presente que nos invade; de aquí que la propuesta me-
todológica requiere de fundamentos muy sólidos, ya que pueden ser tantos
como se requieran. La heterodoxia del análisis da paso al encuentro del
tiempo y el espacio.
. Habría que señalar que el trabajo de Gay es un trabajo de análisis muy
nguroso, basado en fuentes amplias y eruditas, ya que todos sus trabajos ti<;ncn
un corpus bibliográfico comentado, analizado y criticado desde tres modali-
dades: la hermenéutica, el psicoanálisis y fa semiótica. Es decir que incluye
problemas como el "lapsus" o la "crra!a" como parte tlcl anáhsis esiratégieo
de la temporalidad. Valga como ejemplo de esto la hiografíadeSigmund freud,
donde el propio Gay da cuenta del papel de la "transferencia"
15
en la historia.
14
El cine muestra también de una manen generosa. el mismo inconsciente colectivo
(tran;i'ldividual) que la historia cultural intenta presentar. Por ejemplo, en los casos de
A JI Y Pedro Almodóvar se pueden id...tificar tres aspectos: humor, intelectualidad
esta_última realizada a través de lo primero. Y en los casos de y
Lms Bunuel, los cmeastas muestran la situación de desventaja de los sujetos fnmte a los
poderes, develando con lo las maneras sutiles .k socialización autoritaria·, en épocas en que
los seres reacciOnan con furia y docilidad. Es oomo el famoso caso de Groucho
qmen fue aclamado púr los surrealistas como un valor artíst.ieo de lo absurdo, un
lumno a la y a la revuelta, ejemplo de
1
-'l. cual es el señalamiento de que Groucho
hace d placer decir despropósitos, ironía'! sarcasmo: "simplemeute digo lo
que p._nso , Groucho, no ha¡;.:> !;romas, digo ld verdad r¡ue a \ecessu<;na
Por parte Pter _Paolo en una entrevista concedida· a Juarr Carlos de Brasi, y
pubhcada en la revtsta Umversidad de Mbico(ml. 3.j,, núm. 12, agosto, 1980). al preguntarle
sobre el papel de la _reflexión psicoanalítica eu su obra, respondía: M _ .te ase:;uro que los
tc':'as freudtanos rondan mis films, y concretamente los teiWIS que atr .. ,¡"-"""· f..a
Utlerpretact6n de los suelios, Psicología de lcts masas y auálisisdel yo, El••Ilestarftt la cultum.
De, parte T6tem y tab!í, en la cual la nost3lgia se vuelve infancia su1terada y donde el
omnipotencia de todo lo que deseamos adquiere la fuet'Za de una realidad
tdthca, eqmhbrada Y poli forme, dejando que la magia rompa las explicaciones
de para convertirse en relaciones de y positivas,negati·
vas, d1spersas, multicolores", p. 9.
15
palabra dtransferencia" no pertenece exclusivamente al vocabulario psieoanalíti·
co. En efecto, posee un sentido muy general, parecido al de transporte, pero que implica un
88
En mi opinión Peter Gay adoptó como lema de su obra la húsqucdade
un inconsciente que podríamos llamar transindividual; muchos otros histo-
riadores han dedicado también sus esfuerzos a recoger los restos de ese
general naufragio que sufren las colectividades ante las historias monumen-
tales. Empresa, ciertamente, por la constancia con que nos mutilamos, muy
semejante a la de la Penélope de Homero; pareciera que una parte de nuestro
ser social quisiera,_por ignorancia o por considerarlo inútil, horrar todo
vestigio del pasado individual. En este caso la tela que en la noche es destruida
ha sido restaurada, con mayor constancia. El trabajo de Peter Gay muestra
cómo la historia cultural, en este caso labrando un camino en el que se
entrelazan la historia y el psicoanálisis, es otra vía para entender el pasado,
pero una vía que no puede ser recorrida en forma aislada, de
manera súbita. Es, m:ls bien, UI' proceso de sucesivas apwx:macwncs. No
podemosdecir,sinembargo,quesehayallegadoaconclusionescomúnmcnte
aceptadas por los estudiosos de la historia. Más bien se ha oscilado, sobre todo
en lo que al discurso como fecurso dd análisis histórico se rcfie:·c, entre la
idealización y el rechazo absoluto; ambas posiciones de la semiótica, nacidas
de mejores herramientas históricas, buscan ubicarse en terreno más firme.
Casi todos, sin embargo, parten de una visión unilateral, pues se empei'ían
sólo en ver una de las dos partes, ya sea el análisis psieoanalitico o la historia
aislada. La historia cultural en sus diversos géneros es casi pero
sin su estudio y conocimiento, el pasado queda incompleto. Quizá su olvido
y vacío se deba al tremendo descrédito. o por lo menos desconfianza y temor,
que suscitaron algunos ejercicios intcrdísciplinarios en décadas pasadas.
Freud para histmiadores
Si fijamos como la fecha de inicio del psicoanálisis el24 de julio de 1895, no
sería exagerado decir que el siglo XX es la del psicoanálisis. Sin
embargo, habría que preguntarnos por qué existe una fuerte resistencia -en
las dos acepciones de este término-, por parle de los historiadores, a
incorporar 'el legado fundacional de este siglo.
1
'
desplazamiento de valores, de derechos, de entidades, más un mate-
rial de objetos (ejemplos: transferencia de fondos, transferellCGI de •. Pero para
el caso de la historia nos interesa destacar el sentido de la transferencia sensortal, traduc-
ción de una pen:epción de un campo sen.orial a otro, y también la transferencia de
aprendizaje y de hábitos.
16 Véase P.:ier Gay, Freudfor Mstoñcms. p.
89
Cierto es que el historiador no puede ni debe psicoanalizar a los muer-
tos. Los individuos históricos, grupos, clases, procesos y naciones no son
pacientes de diván, ni siquiera de un diván imaginanoY
Los estudiantes del pasado informados por el psicoanálisis violan el
sentido común, fuerzan la credulidad, desatienden el peso de la evidencia,
pisotean las demandas del estilo. Éstas y otras acusaciones agrcsi,•as contra
el psicoanálisis son las que Pcter Gay,l
8
Emili.o Rodrigué,l
9
y Hermann
Glasser, analizan en una secuencia lógica y lúcida.
Asumiendo que el psicoanálisis no es tan ahistórico y que la historia no
es tan hostil a la idea de la naturaleza humana como suponíamos, el
psicoanálisis, superado en sus preocupaciones clínicas, puede iluminar
un angosto segmento de la experiencia histórica, para convertirse en una
cxpiicaciún de la cultura, vía el lenguaje (en el caso de la historia, el discurso
histórico).
Cuando el historiador reconoce que el psicoanálisis tiene un potencial
para explicar el comportamiento social y su continua interacción entre
el mundo y la mente es que está listo para incorporar el psicoanálisis como
una herramienta de investigación e integrarlo en su visiGn acerca del pasado.
Una de las responsabilidades más difíciles· e interesantes del historiador
es explicar la génesis ideológica de los eventos históricos. El estudio de la
religión, la política, la cultura, la tecnología, la y d.e todos los demás
criterios de las explicaciones históricas, invaden y dan,forma a la mente
humana.
20
Se trata de entender la entre psicoanálisis e historia a
partir de las relaciones entre el imaginario, el simbólico y el real. y no, como
lo propone la psicohistoria tradicional, desde la psicología clásica. Por ello
es indispensable comprender el psicoanálisis como una disciplina de bú!r
queda, y no como un cuerpo de doctrinas fijas con un recetario para cada
síntoma, o un catálogo de categorías aplicables a la historia; es necesario
17
lbicL, p. 80.
:: Gay, Freuel: ele rmestm tiempo, México, Paidós, 1989, p. 14.
\ ease E. Rodrrgue, Srgmrmd Freua, el siglo del p>imanúlüis, 2\'V., Buenos Aires, F.<l.
Sudamericana, 1996, 1122 I'P-

Gay menciona en su artículo "Ar:e y Acto" (en Style in Hisl.ory, op. cif.)'lue "toda la
lustona es en alguna medida psic.ohistoria" e inmediatamente aiiade que ·;.la psicohistoña
no pu,ede ser toda la historia". En "Arte y Acto" Gay anaiÍ7J! un tipo de psioohistoria que
lodav.'" no sido explorada y menos aún practic.ada, un tipo de hi..<toria que no compromete
la or1 t ' b' 1' ·
acwn IO og1ca de Freud, las explicaciones genétic:IS o las propuestas radicales
sobre la sexualidad infantil y las estrategias psicológicas.
90
.. '
entender que el psicoanálisis es un sistema de ideas que sigue
una forma de entender la eultura."
1
La historia psicoanalítica de las ideas no es la contraparte de la historia
social de las ideas, sino su complemento. De hecho las dos son un mismo tipo
de historia, vislumbrada desde diferentes puntos estratégicos, pasos dados
en la ruta total de la historia, la ciencia del no olvido. Sin embargo, la gran
diferencia está en que la psieohistoria se sustenta, como ya se mencionó,
en el análisis del yo, mientras que la historia psicoanalítica se sustenta en el
inconsciente.
Valga la pena señalar que hacia mediados del siglo, cuando. Jacques
Lacan se convierte en el principal exégeta de Freud y se le asoc1a con el ;:o..
estructuralismo, la corriente francesa de las mentalidades., al tomar partido '¡
contra el cstructuralismo por considerurio ahistórico, dejó de lado la !!xpli- 1
cación del inconsciente freudiano., y convirtió al ej!!rcicio de la historia de las
mentalidades también en una lectura yoíca.
Historia, historias, pulsiones
El historiador, sabiéndolo o no, opera con una teoria de la naturaleza huma-
na, atribuye los motivos, estudia las pasiones, analiza la llamada
nalidad, la racionalidad, lo y lo real, y construye su en la
convicción tácita de que los seres humanos exhiben ciertos rasgos o carac-
terísticas estables, dísc:emihies, predecibles, que pueden ser descubiertos
gracias a la interpretación analítica.!:!
El historiador descubre causas y estos déscubrimicntos, normalmente,
incluyen actos de la psique; !nclliSO Marx, quien •
están sometidos a las ineluctabies presiones de las cond•c•ones h1stoncas, da
cabida al rol del pensamiento, profesando su éste es e! papel
de la ideología. · ,
Para la mayoría de los historiadores, la emergencia de Freud como
una posible guía para resolver los misterios de las mentes pasad:ls, se ha
convertidoen una ocasión de razonado escepticismo.
En 1940, Marc Bloéh:!l subr:ay6 la obligación de los historiadores de
explorar lo que llamó "las necesidades secretas del corazón del hombre", y
21 S. Freud, El malestar ele la aJtrrm, en Obras Com¡•lelas. Buenos Aires, Amorrortu,
1990, 288 pp- . • .
"Véase P. Cay, Freadfor lüstoriGM, Oxford, Oxford_ • • 1985, P· 93.
23 M. Bloch,latroducxión a la historia, Fon!o de P,ltura F.conomiCa, 1995, p. 75.
91
aseguraba: " .. .la conciencia humana es el sujeto de la historia. Las in-
con.fusiones e infecciones de la conciencia humana, son para
la lustona, la reahdad en sí." Sin embargo, historiadores como E. H.
han descrito el trabajo de Freud como "un logro negativo de cierta
. . "25 p
. or su parte, otros autores concluyen que no hay nada
que dccu acerca de la psicohistoria, pues no hay nada que decir sobre el
psicoanálisis.
26
La psicohistoria ha llamado la atención principalmente como un
"blanco". Mucha de su notoriedad, sin duda, se debe a los nada bienvenidos
resultados de los defectos que comprometen parte de su trabajo. Las críti-
cas a lo que pasa con el método freudiano de escribir historia encuentran
amplio material de soporte en la manera en que la historia ha sido escrita.
pesar de esto, los conceptos psicoa11alíticos han pasado a ser parte
del d1scurso educ,Jdo ordinario; un ejemplo muy claro de esto es cuando el
historiador Richard Cobb
27
habla del "deseo de muerte de Robespierrc" sin
la preocupación de que exista la necesidad de explicar dicho dt:seo.
Randolph Trumbach
28
hizo un estudio sobre el parentesco y las relacio-
nes de la aristocracia inglesa del siglo ::\'VIII, y en su intento por
decodificar sus materiales más íntimos, decide ignorar a Frcud y a sus
modelos psicoanalíticos. Desde su punto de vista la aproximación de Freud
a la histo<ia de la infancia resulta inútil, e inapropiada, pues es demasiado
condescendiente en su actitud hacia los niños: "para Freud la infancia es una
enfermedad por naturaleza".
Trumbach prefiere la "teoría del vínculo" de John Bowlby,!!l que está en
completo desacuerdo con la noción freudiana q_ue aflJ"Rla que ta intimidad
con -otros-seres humanos surt;e como una consecuencia secundaria de la
:: K_H. Carr, ¿Qué es la historia?, Barceiona !\léxico, 1985, p. 50.
lbid., p. 15. '
26
críticos del trabajo históriro-psicoanálitico acusan a los historiado...,. de se
" 1 d "" r
vo a ores , susceptibles a novedades o- modas dentro de las I(Ue el psicoar.<ilisisessólo
la ultima. Alguna vez íue la antropología. después la sociología y ahora el psicoanálisis, pero
esta moda En poco ha cambiado, Kenneth S. lynn escribía
en 1978 I(Ue la pstcolustona es un c:ancer que se ha ido expandiendo a lo lar•o. dd cuerpo
de la profesión histórica. "
27
R. Cobb, Reactions To 111e French Revolution, Oxforil, Oxford University Press, 1972
p. 104. '
'.'R. 111e Rise oftlre Fomily: Arislocmrü: Kindsltip and Domestü:
• m &glrteen Century in England, Londres, 1978, p. 170.
• Bowlby, Attaclzment, 1982, p. 70.
92
satisfacción de los impulsos orales, anales y sexuales; es decir, et proceso que
Freud llamó infantil. Aún mejor, Bowlhy nunca asume que un "estado
de desorden del adulto" es el reflejo de un estadio previo: la infancia.
Según Trumbach, Freud estaba interesado en impulsos instin.tivos
internos e inobservables; Bowlby, en cambio, observa el comportamiento
externo, que es el que finalmente el historiador encontrará en s_us
"Para Frcud la fisiología está primero, para Bowlby el comportamwnto socwl
es lo primero; y después de todo el historiador es sociólogo, no biólogo."
Según Gay, todo esto es absurdo. Frcud,lejos de ser condescendiente con
la niñez, descubre y celebra la rica diversidad, agitada, y algunas veces dolo-
rosa, de su vida anterior. Más que ningún otro psicólogo en la historia, Freud
demuestra científicamente que el niño es el padre del hombre, que la infancia
e3 un tránsito que si SI! elude iwpi<lc el rlehllrrvlle pleno del adulto.
Lawrence Stone, en un estudio monumental sobre la vida famitiar
inglesa del siglo XVI al siglo XIX,
30
cuando afirma que la de
que "las expcric;Jcias orales, anales y s<;xualcs de mfancw
el carácter de los individuos, el cual una vez establec1do es muy dJfJctl de
modificar", lo único que hace es bloquear el estudio del crecimiento personal
y de la evolución a lo largo de la vida de los individuos como respuesta a las
influencias culturales, familiares y sociales.
31
,
Si S tone tuviera razón al sostener que Frcud trata los
como algo incambiahle de individuo a individuo, de clase a clase, de a
edad; entonces las teorías psicoanalíticas serían irrelevantes para el hJStona-
dor. Desde el punto de vista de Gay, Stone se equivoca, pues Freud tenía
perfectamente claro que los impulsos sexuales 'Varían d.e un
individuo a otro. Los mecanismos de defensa dentro del esquema psiCoana-
lítico son flexibles, plásticos y alterables.
Sin embargo, Stone retoma del vocabulario psieoanálitieo categorías que
utiliza disimuladamente para explicar, por ejemplo, los hechos inquisitoriales
del pueblo de Salem en 1692:
En al!!llrios de los casos más extraordinarios, es evidente que el papel
t ' .
predominante estuvo desempeñado por una epidemia local de histcna,
superpuesta a una creencia general en la magia. La histeria es extrema-
damente contagiosa, y como resultado de ello, como ocurrió en Salcm en
30 L Stone, 11ze Fanzily, Sex arrd Jllariage in &gland Londres., 1977,.pp. 52-53.
31
lbidem, pp. 572-599.
93
1692 o en algunos conventos franceses, comunidades enteras sucumbían
a una epidemia de histeria de brujería, en cuya vorágine eran arrastra-
dos tanto los acusados como los acusadores, y en la que las autoridades
padecían una ceguera temporal que les impedía discernir la sutil
naturaleza de las pruebas. IA1 literatura sobre la psicología normal,
señaladamente los escritos de Charcol y de Janct, de Bruucr y de Freud,
nos proporciona ejemplos de comportamiento, habla y contorsiones
físicas que se asemejan con exactitud a los exhibidos por las mucha-
chas de Salcm víctimas. de este tipo de
:reud no era historiador, pero sabía que la mente humana, incluyendo al
cambia a lo largo del tiempo y difiere según las clases. "La rc-
prcswn es ur. mecD.nismo que actúa de manet·a individual, Jo mismo sucede
con los otros mecanismos de defensa· y con los impulsos".
. Para Freud, los individuos son justamente eso: individuales, únicos, indu-
pbcablcs Y por lo tanto, en su manera muy pat·Licnla:- de ver las cosas, inte-
En El malestar en la cultura
33
Frcud dice que cualqui'er gcncra-
hzacwn pone al investigador en riesgo de olvidar la variedad del colorido
existente en el mundo humano y en su vida mental.
. El psicoanálisis no es una droga milagrosa ni una clave mágica, es un estilo
mformado de investigación, que da respuestas que nunca antes nadie había
pensado posibles; más aún, sugiere preguntas que nadie se había hecho
Es interesante, y desalentador, ver lo poco que los historiadores han
hecho con Freud. Las explicaciones psicolóaieas cruciales emergen como
• b
un tipo de solución última cuando las otras parecen ser decepcionantes.
Eugen Weber, en un estudio sobre las actitudes públicas hacia la pobreza
que tenían los campesinos franceses del siglo XIX, nos dice:
En un mundo donde los ricos y la pobreza estar preescritos por
un orden predeterminado e inalterable, la cuestión central para todos ha
sido sobrevivir, y la injusticia económica en el sentido moderno no afectó
la conciencia colectiva. Una vez que las necesidades elementales son
satisfechas, hay tiempo para reclamar por más: mejores condiciones de
trabajo, mejores condiciones en
:: L. S tone, El pasado y el pre.ente, lliélrico, Fondo de Cultura F.conómit'a, 1986, 188 pp.
S. Freud, El malestar en la ctdtum, p. 72.
, ".E. Weber, Peasants buo French lllen: 11te ¡1foJemi:.ntimtofRuml Frunce(1870-l9l4)
LOOdt·es, 1976, p. 74. '
94



il:".:.
l
}l<:
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:' .
Estas generalizaciones parecen lo suficientemente plausibles, pero los pro-
cesos psicológicos implícitos en la apreciación de Weber no son para nada
evidentes. Parece asumir que los seres humanos pueden invertir en sus
fantasías cierta cantidad de energía sólo si las circunstancias se lo permiten.
El sir.lo acerca del cual escribe Webe¡-l5 vio un marcado incremento en
b , .,
el ensayo público de los sentimientos de culpa, en lo que despucs se conocto
como conciencia social, ambos con una formación religiosa y secular, un
superego cultural trasladado a criticismo cultural, investigación sociológica
y legislación terapéutica. La movilización de la esperanza que Weber describe
era parte de un fenómeno más amplio: una mezcla de un nuevo sentido
de la responsabilidad y expectativas sólidamente fundadas. Un punto de
vista psicoanalíticamente informado de este fenómeno, seguramente no
habría alterado las conclusiones de Wehcr, pero huhiera afilado sus percep-
ciones y complicado debidamente su argumento.
Pero no todos los historiadores son insensibles a los motivos y sentimien-
tos de sus actores históricos. Un ejemplo clocucnle es el libro de M m l.
Thomis
3
6 en respuesta a la revolución industrial. Al discutir !a convicción
popular entre los manufactureros ingleses de que los problemas generados
por el sistema industrialpodríanserresueltos por un humanismo paterna lista,
opina: "Esto era una idea o ideal que continuó obsesionando la imaginación
y sugiere una salida posible al dilema de la disputa Los em-
pleados pueden establecer relaciones armoniosas de trabajo con ios patrones,
de esta manera los problemas serian resueltos a nivel local e informalmente
y el Estado no tendría necesidad de intervenir nunca."
Según el análisis de Thomis, ésta· era una noción que se atenía a un
punto de vista. demasiado optimista dcJa_naturaleza humana, a la espon-
taneidad y al altruismo de los individuos para actuar generosamente sin
la coacción o coerción de la ley. Este punto de vista, según Thomis, no estaba
, ·
justifica do. . · ·
Sin duda, la psicología es un instrumento inseguro, tan peligroso para
el historiador que lo maneja como para cl desventurado objeto hist.Orico en el
que se apHca. Este doble filo es muy claro en la apreciación de Dónald
. J. Olsen sobre los sulmrbibs londinenses del siglo XIX: "Lo que los victorianos
era privacidad para la clase media, publicidad para la clase tra-
bajado m y segregación para ambas. El ambiente ideal pam la intimidad
35
lbid., p. 78.
36
Thomis, Respuestas a la P·:O· • .
95
individual y familiar eran los suburbios y donde la respetabilidad de la
burguesía realmente prosperaría".3
7
Los suburbios más seductores eran aquellos que estaban más aislados,
los más insípidos, los más uniformes, con el menor número de instituciones
culturales y sociales. La conclusión de Olscn es previsible: "El aburrimiento
e.ra el precio que de buena gana se pagaba para tener un respiro de las tcn-
swnes urbanas. La segregación social simplificaba los problemas de compor-
tamiento, los gastos y las creencias; uno simplemente hacía lo que los vecinos
estaban haeiendo".
38
Olsen percibe un contraste entre la agitación eitadina y la quietud de
los suburbios, un conflicto entre las demandas culturales y la relajación
doméstica, lo que genera una disposición a pagar el precio del conformismo
para asegurar uaa recompensa de seguridad.
Gcorgcs Lcfcbvre
39
conju nla su percepción de los motivos humanos v la
conducta desde el punto de vista de sociólogos como Emile

y
Maurice Halbwachs, y desde un¡¡ lectura diligente e introspectiva de las
masas, de testimonios que los campesinos, las multitudes y los líderes de la
Revolución francesa dejaron tras de sí, testimonios que Lefebvrc conoce
mejor que nadie. Construye una secuencia inYariable de incentivos.de acción
se parecen al esquema de rango de frustración familiar. Estn le sirve muy
b1en para sus análisis sobre los motivos que llevaron a los parisinos a tomar
la Bastilla, a los campesinos a saquear los castillos, y alos provincianos nerviosos
a esparcir los rumores sobre la amenazante invasión de los bandidos.. Le-
febvre realmente "vio" a estos actores de una manera más viva. más dentro
del escenario que cualquiera de sus precursores cuyo trabajo, frecuente-
mente, era una réplica de sobresimplificaeiones y caricaturas a bs que el pe-
riodo revolucionario invitaba. A pesar de que su visión nc estaba totalmente
desligada de su posición política, la ganancia para la psicologfa histórica,
inherente a su visión enfática e informada, Fue considerable, au;oque limitada.
Esta sucesión de impulsos que Lefebvre ffcscubrió era una simple progresión
fatal de actitudes mentales, es decir, había empezado como un miedo que
generó una reacción defensiva, la cual, llegado un cierto momento, se con-
virtió en una irresistible necesidad de tomar venganza sobre los "otros"_
37
Olsen, 17•e Growth of Victorinn l..ondOII-
31 Olsen, 17re Growth of Victorian ... , p. 89.
39
G. Lefebvre, "Foules Revolutionnairesft, PP- 271-287-
E. Durkheim, TI1e Rules of the Sociological Aft"thod, The Free Press. New York, 1964,
246 pp. .
96
;, ..
En el mismo artículo, Lefebvrc refina su secuencia e introduce observa-
ciones con matices más agudos; su artículo repercute aquí y allá con ecos que
se desvanecen y que seguramente se originaron a partir de designios frcu-
dianos. En busca de lo que él llama "la mentalidad colectiva revolucionaria"
apunta que ésta se formó primero por actos mentales de generalización, de
abstracción, y luego simplificó la experiencia. El producto necesario era el
"tipo humano" (the human t)pt'), una figura abstracta que, especialmente
en tiempos de efervescencia, sirviera como un sustituto de la percepción
misma. Los revolucionarios construyeron héroes y villanos, idealizando a
unns y asignándoles todas las virtudes, villanizando a los otros y convirtién-
dolos en explotadores desvergonzados. Los psicoanalistas llaman a estas
simplificaciones, drásticas pero eonvcnientes, "desdoblamiento", y las ven
coma Ui! retroceso de modos más adultos de pcr.:;ibir d fue lo
que pasó aquí: el ánimo que Lcfebvrc detectó era una mezcla de deseo,
idealismo e inquietud, !o que dio como resultado un comportamiento que
parecía inconsistente, pen> GUeobedccia a su propia empresa y lógic;; interna.
Si las cosas algún día pasaban de ser deseos a realidades, el enemigo estaría
destruido: "para realizar el bienestar social y garantizar la felicidad del género
humano se necesita únicamente suprimir a la clase oponente". Sin convertir
o interpretar la mentalidad de las multitudes·como actos emotivos, Lefcbvre
reconoce que este impetuoso optimismo y este idealismo producen "el deseo
de castigar con el cual el odio y la sed de venganza eran amalgamados". Así,
los grupos, sin importar lo justo de su causa. son víctimas de sus pasiones-
Los historiadores que utilizan a Freud no siempre han hecho interpre-
taciones erróneas. Uno de ellns, E. R. Dodds, produjo una pieza maestra:
Los griegos y lo un modelo de lo que la historia psicoanalítica
puede llegar a ser. La emergtncia de Freud. romo una posible guía en
el p:¡sado ha generado diferentes tipos de inves!igación histórica: la psicobio-
grafía altamente concentrada, el análisis de situaciones y personajes excep-
cionales y las devastaciones tumultuosas, plagas y psicosis históricas mundia·
l::s_ Pero, como Dodds demuestra de manera confidencial, el psicoanálisis
tambien genera información sobre imperativos moralmente dominantes, per·
suasivas convicciones reTigiosas, estilos culturales cambiantes: en pocas
palabras, una mirada distinta sobre el pasado. u
41 Dodds, 17
1
e Greeks amf the lrmtional. y "TTre l\tisunderstandinr¡ of 'Oedipils Rexft,
PP· 64-77.
"' lbid., pp. 70-78..
97
El uso que Dodds hace de Freud es coyuntural. Haciendo a un lado su
sugestivo análisis de cómo la cultura griega se movió de la pena a la culpa,
Doods se declara independiente del psicoanálisis: "Yo no espero que esta
llave en particular me abra todas las puertas.

"La evolución de una cultura
-<:ontinúa Doods- es un proceso demasiado complejo como para intentar
analizarla desde una perspectiva única, sea ésta marxista o freudiana.
Debemos resistir la tentación de querer simplificar lo que no es simple [ ... ]
A mí Freud me ayudó a entenderme un poco mejor a mí mismo y a los demás,
pero éste es un beneficio que comparto con millones de personas más." Es
un beneficio que los historiadores han rechazado y evitado hasta ahora.
La presencia del historicismo
Cuando William James
44
descubrió a Freud, al final de su vida, pensó de él
que era un hombre obsesionado con ideas fijas, con una teoría incompren-
sible a::;erca de los sueños, nocioilcs peligrosas el simbolismo y una
incomprensión intolerante de la religión. Pero después, con mucha benevo-
lencia, escribió en 1909: "Espero que Freud y sus discípulos lleven sus ideas
hasta sus últimos límites para que nosotros podamos aprender lo que son. No
pueden dejar de esparcir la luz sobre la naturaleza humana."
Muchos historiadores seguramente estarían de acuerdo en que Freud era
un obseso, pero sólo unos cuantos han dudado que el psicoanálisis pueda
esparcir mucha luz en lo que respecta a la naturaleza humana.
El psicoanálisis que surgió y se desarrolló en Viena les ha parecido
quirtaesencialmente vienés; irrelevante fuera de su esfera definida y alta-
mente constreñida; sus teorías, válidas únicamente para el an¡uetipo del
paciente psiconeurótico, el aburrido, aOuente y reprimido judío vienés.
Otros historiadores opinan que el lazo entre el tiempo en que vivió Freud y
sus ideas ha sido subestimado. El discurso científico de Freud dibujó
agudamente los problemas específicos de la burguesía austriaca de fin de
siglo. El primero deJos defectos sustanciales de la teoría de Freud es que
desde su condición original tiene un lazo cultural muy r.strecho.
45
" lbid., pp. 80-82.
"Véase James, 17Ie Letters •.• , p. 22.
"J. Forester, Seducciones del psicoanálisis. Frevd, l.aam y Derridtt, México, Fondo de
Cultura Económica, 1987, 418 pp. Forester, haciendo también una fectura anglosajona,
encuertra esclarecimientos decisivos para la historia de la ciencia y para la histori• del
pensamiento de nuestra civilización en general, en la intuición del psicoanálisis, en donde
98
':-1'.'
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. _;g
t

l
.}li :
.
.
.
: ...... :·
.
Lawrence Stone" es, en apariencia, menos severo: "Nada puede ser más
falso que afirmar que las experiencias sexuales y las respuestas de los euro-
peos clasemedieros del siglo XIX eran típicas de cualquier tipo de hombre del
pasado, o inclusive de los tres siglos anteñores o del de todas las clases de la
sociedad tardía." Para estos y otros historiadores, Freud presidía
una teoría reducida.
No hay razón para tolerar, consentir, o ser cómplices en la liquidación
del imperio freudiano; tampoco para convertirlo en el oráculo del siglo XX.
Ávidamente, los historiadores han la leyenda de que el paciente
característico de Freud era el típico judío 'Vienés; sin embargo, esto está muy
alejado de la realidad. Necesariamente Freud, sobre todo durante sus pri-
meros años de práctica, alimentó sus pensamientos y sus teorías con las
revelaciones de los pacientes quelo consultaban. Podía agranJar SlJS eviden-
cias únicamente si su reputación se esparcía y adquiría seguidores, colectan-
do material de los casos que de alguna manera contribuirían a la poza del
conocimiento psicoanalítico.
Pero a la distancia se advierte que los pacientes de Frcud fueron mucho
más diversos de lo que la leyenda les permite. Los pacientes que Freud trató
después representan una sección perfedamente mezclada de los estratos
medios y altos de las ciVilizaciones occidadaies: adultos y jóvenes; hombres y
mujeres, judíos y no judíos; después de la primera guerr.& múndial Freud
trató a muchos más ingleses que alemanes. .-z
Incluso, aunque la información que tenemos acerca de la práctica de
Freud es fragmentaria, sabemos lo suficiente como para decir que pudo
inferir sus ideas de un repertorio dado que uno de los grandes
aportes de fyeud es-que siendo un homlnedesu tiempo, lo trasciende. Esto,
por sí solo no garantiza la apliCabilidad del reparto o las leyes psicoanalíticas
a lo largo de todas las culturas y épocas- Freud estaba seguro de que
razonablemente podía hacer inferencias remotas en tiempo y espacio a partir
de su experiencia clínica.
.
las metáforas de fiaes del siglo XIX ....,bocaroo en. una ciencia del bombrt", Y
Freud mismo como maestro del símLolo.. Tal pau:pción dice compartirla con I.ac:an en una
renuente intimidad. Por otra parte. el con Foueault marcó el eamino P"ra la
elaboración del libro; sin coincide CGII Pder Gayen ver a Freud como fundador de
una nueva teoría de la eultura, una nueva visiia tlef m11ndo C[Ue compn:nde las
entre el destino individual y las Jeres sociales.
.. IbüL, p. 75.
" E. Rodrigué, Sigmand Fmul, op. p. .75.
99
Obviamente, una psicología que sólo es válida para algunos vieneses al
final del siglo pasado, sólo tendrá significado para aquellos pocos especialis-
tas que estén escribiendo historias de una ciudad en 1900. Una psicología que
proclama esparcir la luz sobre la naturaleza. humana tendrá relevancia para
toda la profesión histórica. Pero la idea de una naturaleza humana no resulta
confortable para todos los historiadores.
Desde hace mucho se ha considerado necesario ponderar la prc;,aunta
sobre cómo debe definirse o si es que realmente existe la naturaleza humana.
El asunto puede parecer abstracto, pero ha sido más que tratado detenida-
mente en la profesión histórica. Mencioné al principio que los historiadores
operan con ·una teoría sobre la naturaleza humana, pero este operar es un
"no dicho", incluso para ellos.
La cuestión sobre si la naturaleza humana existe o no se la piante.-. ron
Ranké
8
y sus seguidores durante el siglo XIX, pero s1.1rgió más como una
pregunta inocente que como un acto de agresión polémica hacia los filósofos
que los precedieron durante el siglo XVIII.
En sus escritos históricos, los rankeanos argumentan que los filósofos
han detallado o vendido la suprema ficción llamada "naturaleza humana":
una serie de pasiones y motivos fijos que dicen haber observado en el trabajo
a lo largo de las épocas y las civilizaciones. Esta inveución ha hecho de los
escritos históricos una señal perjudicial que frustra toda percepción histórica
verdadera del pasado.
49
Sucede entonces que aqueDos escritos de Gibbon,
Voltaire y Hume, como Ocasoycaídadel imperioroffltllW,ElsiglotleLuisXW
o La historia de Inglaterra, resultan para ellos. ejercicios de sociología retros-
pectiva y no historia.
Esta acusación a los historiadores de la Ilustracroa prueba ser
más que una plataforma para un nuevo despegue en una vieja disciplina.
Era un acto necesario de parricidio intelectual, que ha sobrevivido, como
crítica y suposición, dentro de nuestro siglo. Collinwood
50
en Inglaterra,
48
Véase Ranke, 71le 71leory and Practice ..• , y la afortunada traducción de Wenceslao
Roces: Grandes figuras de la historia.
. :• J. A. Ortega y Medina señala en su libro Tft>lia critiauklt. historiO&"Xfia cientifiro-
• ... ; "Rnnke no quiere que se entienda por histoña uniftrsal una colección de
• nacionales, porque en la simple yuxtaposición, la COM"Xi6n de Jos acon-
y no puede hallarse. La tarea dd historiador, en su empresa de· escribir
una historia consiste en reconocer esta conexión, trazarla secuencia· de los grandes
hgan a las naciones entre sí y controlar sus destinos", p. 19.
Vease G. W. Colhngood, Idea de la histori4.
lOO
.
.
.
j
,t l
Bénedetto Crocéi en Italia, Orteg:t y Gassct
52
en España, y Lucicn Fevbré
3
en Francia, han esparcido la misma buena noticia: "El hombre -para
- 1 1 . 1 . . "
54
recordar a Ortega- no tiene natura cza, o que llene es ustona .
Lucien Fcbvrc escribió, sarcásticamente, en 1925: "que la naturaleza
esencial del hombre no cambia a través del tiempo y el espacio. Conozco esa
vieja tonada, pero eso es sólo una suposición, y dcho agregar, una suposición
que no tiene validez para el historiador. Para él, al igual que para el geógrafo,
el hombre no existe, sólo existen los hombres".
Los dos principios dinámicos que Meinecke
55
celebra de la visión histo-
ricista y cuya ausencia encuentra fatal en las historias que operan con una
teoría de. la naturaleza humana, eran la individualidad y el desarrollo.
Según Meinecke, "el meollo de la verdad"
56
de los que él llamó Los
Filósofus "es 'lue generalizan el punto. de vista de las fu!;rzas hiEéÓricas
humanas".
57
Pero él cree que esa visión falla al no entender las profun-
das transformaciones y la multiplicidad de formas por las que han pasado
la meÍ:.te y la vida espiritual de los imlil'iduos y Ias comunidades para que
pudieran persistir las cualidades humanas básicas.
La esencia de este dilema surge de un comentario de Ranke: "cada época
es inmediata a Dios". Lo que quería decir es que el historiador
debe tratar cada evento y cada época como algo induplicablc, dándole a cada
cosa su propio valor; juzgando, no desde el punto de ventaja superior
que da la percepción tardía de lo que se debió hacer o decir, ya pasada la
ocasión. Meinecke mira a "los filósofos" desde arriba, literalmente desde
el "alto estado del entendimiento". el eual de manera placentera confiesa
haber alcanzado: la época de "los filósofos" no estaba tan cerca de Dios como
la suya.
En contraste, "los filósofos", a pesar de ser hombres con una misión, se
dieron cuenta de este principio. Voltaire "debemos estar en guardia
en contra del hábito de juzgarlo todo según Ímestras propias costumbres".
Gibbon pensó que "'el estilo filosófico", que en realidad era el espíritu
"' B. Croce, La ltistoria como harerla .•• , passim.
"]. Ortega y Gasset, Historia COIDO siSI<WG, passim. ·
53
L. Fevbre, La en la Francia p. 2.7.
"'L. Fevbre, ibídem, p. 28.
:;; F. Meinecke, Elltistoricisma y .su génesis; México, Fondo de Cultur:a Económica, 1982,
524 pp.
56
Ibídem, p. 23.
;¡ /bid., p. 157.
101
histórico: "puede ser cultivado mediante el hábito de convertirse en griego
o romano, en discípulo de Zcno o Epicurco". Y David Hume, el filósofo,
inquiría: "¿Tratarían a un griego o a un romano bajo las leyes inglesas?"
y respondió: "Dejadlo defenderse con sus propios axiomas y sólo entonces
emitid un juicio". Una lectura de los escritos históricos de estos filóso-
fos muestra que sus afirmaciones no eran simples habladurías piadosas ni
sólo buenas intenciones.
Los historicistas avanzaron sustancialmente en la teoría y la práctica
histórica sobre el método y la práctica histórica de la Ilustración. Su pasión
por los archivos se enriquece porque la compartían los filósofos.
Sin embargo, la naturaleza humana tiene su propia el cambio
implica una serie de variaciones sutiles que se suceden en el mundo pcrsis-
tentemente, frecuentemente de temus ciu5ivos.
Si es entonces el cambio lo que hace la historia posible, es la persistencia
lo que le da fundamentación a la comprensión histórica. Como en el juego
de ajedrez, la sociedad muestra una variedad de combinaciones a partir de
unos cuantos elementos y reglas. Todavía las discriminaciones pueden hacerse
y son posibles.
La afirmación de David Hume:
58
"la historia no nos informa nada
nuevo ni diferente'-';. por lo que respecta a las pasiones y conductas humanas
parece indebidamente pesimista, tanto para el humanista o el científico
social como para el psicoanalista. La moda de las historias de la vida cotidiana
retienen su capacidad para generar lo nuevo y lo diferente; pero se ocupa de
trayectorias sociales que en estudios de larga duración son parcialmente
predecibles. Es por esto que la historia, al igual que el psicoanálisis, es
en parte predecible e invariablemente fascinante. La naturaleza humana
hace mucho de muy poco.
¿Existe una demanda de la historia a Freutf7>9
El considera o juzga en términos de su analizante como
regresión o represión, proyección o negación, ambivalencia y
Y el resto de su vocabulario profesional como descripciones precisas de actos
mentales muy reales. De aquí que tenga la tentación de tratar a los escépti-
cos como ignorantes u obtusos, seguramente coino defensa. Sus exigenéias
102
58
IJ;id., pp. 318-323.
s9 v· P
ease eter Gay, Freud for historic11s, op. cit., pp. 116-143.
para obtener más pruebas de loqne ya ha sido probado lo hacen quedar como
perverso, obsesivo, ansioso.
El historiador, para el desaliento y sorpresa del psicoanalista, no está
totalmente preparado para conc:edcr estas demandas de búsqueda. Es muy
propenso a considerar las técnicas psicoanalíticas como esotéricas, su len-
guaje como algo deplorable, y sus propuestas, para decirlo de una manera
generosa, ajenas a sus búsquedas sobre el pasado.
Los historiadores leen literatura psicoanalítica, cuando la con la
creciente sospecha de que los freudianos no son mejores que los fanáticos
religiosos: una tribu de verdaderos creyentes. El historiador Saúl Friedlander,
favorablemente dispuesto a la aplicación del psicoanálisis a la historia, ha
observado que "una gran cantidad de psicoanalistas -sin importar la escuela
a la que pe.rter,ecen- consideran su interpretación sobre el pensamiento
freudiano como un todo impenetrable y monolítico, y cualquier intento de
ser selectivo es visto con una oposición feroz, más apropiada en miembros
de una secta religiosa que en representantes de una disciplina científica que
continúa evolucionando".
60
Pero ¿por qué Freud?, ¿por qué no Jung que propuso explicar las
fantasías colectivas y los mitos universales? o ¿por qué no el batallón de
revisionistas -Karen Horney. Erich Fromm,
61
Harry Stack Sullivan- quie-
nes con su psiquiatría social, apoyada en la proximidad casi
tranquilizadora para el mundo en el que el historiador cree que vive?, Y
• por qué no los conductistas o aprendices de acóricos, cuya psicologías se
tan de la experimentación y generan el tipo de información cuantificable
que muchos historiadores aprecian? · ·
Éstas no son preguntasneutrales ni inocentes.. Todas las disciplinas a las
que los historiadores modernos sociología, econo-
60
Friedlander, History a11d •••. passüa..
61
Fromm trata de demostrar tpe la• lip de le historia y el psiroanálisis SOR de ínuole
defensiva y que buscan garantizar b.supervi...,,cia de! h<>!!lbre vía ia agresión, sin
a pesar de que !re apoya en deseubñaüentos de la la por
en su IibroAnatomfa de"la destrvclirlitlad .•• hay un d1stana:tm1enlo eatre la busqueda soc1al
del historiador y la explicaci6n iadividual dd psicólot;e- Así la· ol>n de ':"ideneia
el comportamiento a,"'"eSivo del hombre, manifestado ea la ¡;uena. la cnmmahdad, los
dtoques personales y todo género de comportamiento desUuctivo y sádico, ¿S.: '".un
instinto innato programado filo,oenéticamente! ¿O· es bl .e& el de
tos de nuestra conducta? A partir de estas pn:guntas F10111m realJZa un anahSJs,c:rtllco de
las interpretaciones que sobre la a,-resividad humana hacen los instintivistas, Freud, Y los
conductistas.
103
mía-se han atascado en controversias; todas obligan al historiador a escoger
una escuela en vez de otra. El historiador que estudia la industrialización
el siglo XIX se compromete consigo mismo a utilizar un tipo de explica•
cwn actual en economía y a rechazar otras alternativas; su colega, investi-
gando el levantamiento del protestantismo, seguramente podría basarse
en la sociología de la religión de Max Webcr.6! Pero la duda histórica
sobre la psicología es mucho más tensa que la indecisión normal de un
estudiante al confrontar una disciplina que no le es familiar; su elección está
cargada de emoción.
· El psicoanálisis ha sido víctima de los más severos reproches, dentro de
los cuales el dogmatismo y la incoherencia son los más reiterativos. Pero
el primero de éstos es injusto y el segundo, pasado de moda. La literatura
psicoanalítica nunca podrá sustituir a la cxptríencia íntima del psicoanálisis
sin embargo puede acercar al historiador al rango c!e reconocimiento de
que Freud y sus seguidores percibían del trabajo de la mente humana.
· La historia del psicoanálisis es, en sus primeras cuatro décadas por lo
menos, prácticamente la historia del cambio en el punto de vista de Frcud
sobre la estructura de la mente, la acción terapéutica, la naturaleza de los
instintos, la sexualidad femenina y la ansiedad.
Una teoría controvertida
Por más de medio siglo se le ha negado al sistema de ideas de Freud el esta tus
de ciencia. Según sus detractores, la teoría no es más que
un grupo de reforzamiento mutuo. de nociones, tan corrupto y
corno una máquina política con nepotismo;·c! psicoanáli-
SIS asevera proposiciones que se autovalidan y que son difíciles de poner a
6
'V' W b L - ·
. e cr, a e/u:a pro/est<:::te .•• , ll6 pp. En el oñ,-en del peasomiento dialéctico
ue y en la idea de la creciente racioaai:Z:.ción y bu.ocratiueión de
la soctedad et senttuo ae no-libertad, se encuentra la f"'"n de llfax Weber ( 1864-192:0),
cuyos sobre economía y religióa. c:specialmentc sobre el espíritu
del movtmtento reformtsta,"Constituyen una marca definitiva en el desarrollo
de las mvesttgactones sociológicas modcrnas.l..a ética prot-llle y el espíritu delmpitafismo
recorre va de la tt·aducción luterana de la Biblia, al c:oojunto ole percep-
que BenJamm _recomen<laba para la formaéión del hombre
estruyendo de paso las opmtones de los marxistasdoamátieasoue relega la "
1
m· ....... • d
la _, ID 1----cta e
Sus páginas descubren los móviles ínti,_deaquellosqueendR,-to XVI
comen.z:'ron a construir u na sociedad y un nue\'0 tipo de economía dentro de una atlllÓsfera
predominantemente religiosa.
104
prueba, proclama sus descubrimientos en un lenguaje tan vago, tan impre-
ciso y nebuloso, que sirve para explicar cualquier experiencia humana.
La historia del psicoanálisis freudiano ha pasado por lo menos por
tres fases en los últimos ochenta aiios, para ramificarse finalmente en tantos
grupos
0
escuelas como teóricos y practicantes existen. Estas divisiones se
remontan a la época de la primera guerra mundial, cuando el filósofo Karl
Popper
63
colocó al psicoanálisis dentro de las pscudociencias, retando a la
Viena revolucionaria.
El colapso del imperio austro-húngaro generó una atmósfera colmada
de innovación intelectuaL "El ambiente [subrayaba Popper} estaba lleno de
slogans.e ideas y de teorías nuevas y salvajes." .
La construcción intelectual más impresionante que se encontraba baJO
ur.a a rita dora o era la teoría de la rdatividad d!' Eir.stcin{.t
no oh:tante, otras tres teorías dentro de las humanidades creaban también
gran controversia: el marxismo, la psicología individual de A<llcr y el
análisis. Ahora, estas tres últimas no carecían de argumentos, al contra no,
según Popper, tenían un remarcado "poder de explicación". El psicoanálisis
parecía tener respuesta prácticamente para cualqu icr cosa. que pasara. Una
vez que uno se convertía, veía "la confirmación en todos lados; el mundo
estaba lleno de verificaciones de la t.:oría". Pero esta feliz condición des-
calificaba sus pretensiones científicas. "Las confirmaciones cuentan si
son el resultado de arriesgadas predicciones. Una teoría que no es refutable
por ningún evento concebible no es científica. La irrefutabilirlad no es, como
mucha gente piensa, una virtud de la teoría sino un defecto."
El psicoanálisis violaba el principio científico fundamental de la
falseabilidad. Popper estaba feliz de admitir que f reud había visto correcta-
mente varias materias importantes; pensaba que las verdaderas ciencias se
originaban precisamente en mitos como de Frcud. Hoy día muchos
" K. Popper, LtJ Jifosofia de la ciencüz. passim. . •
·" Marx, Freud, Einstein, todos [ormularon el mismo ntensaJC durante b decada de
1920: el mtmdo ::a en lo que parecia. Los "'"tidos, cups percepcionc:s empíricas plasmaban
nuestras ideas del tiempo y la distancia (el ), del hien y el mal del dereelto Y la justicia,
y la naturaleza del dCI hombreen S<'ciedad, no -n:cian confianza. aún
el análisis marxista y el freudiano parecían minar, cada uno a su modo, el s<!nhdo _muy
desarrollado de res¡JC>nsabiJitlad IJCr>Oil<ll )"de deber hac:ia Un· "morar' estabJectdO Y
objetivamente ve:1:liltkro, <¡uc [ue el centro ele la c.ivilixación ... ropea del siglo La
expresión que la gente extraía de F.insteia.la tle un universo en que todas las
de valor eran relati•.,.s. vino a cota visión de anar<¡uía moral que desalento Y al
mismo tiempo exaltó.
105
historiadores que buscan argumentos en contra de Freud continúan apoyán-
dose en las devastadoras argumentaciones de Poppcr.65
El psicoanálisis, sabemos, es la ciencia del recelo o la sospecha; se basa
en la convicción de que las cosas no son lo que aparentan ser, aunque con
frecuencia reconoce que las cosas son verdaderamente lo que aparentan. Al
igual que el historiador, el psicoanalista debe conceder que la vida de la
mente es compleja e intrincada.
Todo esto quiere decir que el psicoanalista, al igual que el historiador,
nunca debe apresurarse al emitir un juicio. Tanto el analista como el anali-
zan te deben leer las pistas elusivas y mantenerse cautelosos sobre su ínter·
pretación y significado.
Los sentimientos y las acciones humanas están altamente
terminados, unidos por el inconsciente cuya expresión es el deseo. Como
descubridores y documcntadores de la sobredetcrminación, los psicoanalis-
tas Y los historiadores, cada uno a su manera, son aliados en la lucha contra
el reduccionismo y cont;·a las explicaciones ingenuas y mcnocausales.
Pctcr Gay, por ejemplo, sostiene que la búsqueda de la )ó.,.icapsicoanalí-
• b
tica Y su exploración de los estilos de pensar psicoanalíticos apuntan más allá
de la necesidad de corregir las caricaturas de las teorías freudianas y
Nada puede estar menos en juego que el punto de vista
psiCoanahtico sobre la experiencia humana; y he aquí su relevancia para
el trabajo del historiador. Es precisamente lo aparentemente ilógico de
las psicoanalíticas y la preeminencia que le asignan a las
tenswnes no resueltas, lo que convirtieron a Frcud en el geógrafo supremo
de _la El hombre, para Freud, es una crcatura de contradicciones y
reticencias. El amor y el odio, la urgencia de destruir y la ·necesidad de amor
están presentes en todos nosotros. .
Don Juan tiene miedo a la impotencia, tal vez por la existencia de la
homosexualidad reprimida. La antítesis, según Frcud, está siempre conecta-
da. cada y uno piensa que es consciente; su contcaparte está
pnm1da Y es mconscicnte. Es justamente esta contrariedad irreconciliable
lo que hace de Edipo un paradigma complejo de la existencia humana. El
pequeño odia y ama a su padre al mismo tiempo, y la pequeña abraza
tiernamente durante la tarde a la madre que quisiera ver muerta en la noche.
65
Para el joven filósofo Karl Pooper y sus y amiros de la Universiad de V..,..a
la pro t d E" · "F "' •
< • pues a e u e • gran que ejerció duradCrc& influencia sohre
nn intelectuaL Era una actitud completamente distinta del dogmatismo de 1\larx
Freud y Adl ' • •
er y aun mas de sus adeptos."
106
Todos estos atributos de la complejidad humana desafían la nitidez
y parecen ofender al principio de parsimonia; son singularmente apropiados
para los historiadores que deben de lidiar con la gente-individuos y grupos en
acción de su vida intelectual.
Frcud, mensajero de las malas noticias, ha sido tratado como se trata a
este tipo de "apóstoles", como si él hubiera inventado las cosas. Pero esto es
sólo una argucia para no enfrentarse con el sutil entrelazamiento de los mo-
tivos y las represiones, los deseos conscientes y las obstrucciones inconscicn·
tes, las realidades objetivas y las representaciones mentales que constituyen
la vida mental de aquellos que el historiador tiene como negocio entender.
Lo que el psicoanálisis puede aportar al conocimiento de las experiencias
del pasado es una serie de descubrimientos y una metodología falible, no
probada del todo, difícil de aplicar aún, pero sin duda la mejor que existe
actualmente para registrar las superficies rotas y sonorizar las profundidades
de la mente humana.
Las experiencias del. historiador y del psicoanalista convergen y se
traslapan, aun cuando la percepción psicoanalítica de la naturaleza humana
aparentemente no sea útil en lo que al historiador concierne. El fundamento
al c:ual recurre la teoría psicoanalítica para establecer la continuidad de la
experiencia es la pretensión de que todos los humanos comparten ciertas
precondiciones universales ineludibles. ·
Cuando un hombre viene al mundo es el ser más desprotegido e
in terminado, necesita del cuidado y la protección de otros; nace con muy
pocos impulsos instintivos, los males son para bien o para mal.
El inconsciente, escribió Freud en 1915, "está vivo y es capaz de desa-
rrollarse"; aprende y sustituye a los instintos exactamente codificados que.
tienenotrosseresconscientesycsporestoc¡ucelhombreespreeminentemente
un animal cultural. Mucha de la información que otros animales llevan en
los genes, el hombre la tiene que absorber dci ambiente.
Todos sabemos que las maneras de alimentar y éducar difieren drás-
ticamente entre las culturas, las regiones, las clases e incluso, aunque de
forma menos mareada, entre las familias. Pero el ticmpti necesario de cui-
dado y enseñanza es comúrt para todos los humanos; es lo que Freud llamó
"la larga dependencia del niño para surgir como hombre", que
no es otra cosa que una inasible realidad biológica con consecuenctas
psicológicas variables.
Pero, aun cuando lejos de estar más libre que otros animales en las
adaptaciones que debe construir y las defensas que tiene que desarrollar, el
107
hombre no está totalmente desprovisto de impulsos instintivos, y éstos,
maleabl es como son, subrayan las semejanzas familiares que se le han
impuesto cl ebido al prolongado tutelaje familiar. Dentro de estos impulsos,
la sexualidad Y la agresión ocupan el lugar central para el psicoanalista.
Y estos dos impulsos madurados, combinados y disfrazados sirven como
combustible para la acción humana; hacen la historia.
Sería ocioso afirmar que la teoría del instinto de frcud está absolutamen-
te de oscuridades. Freud mismo nunca estuvo satisfecho con ella y
algunas de sus limitaciones a la precaria posición que ocupan los
i_nstintivos en la biología y la psicología contemporáneas. La región
de los mstmtos, escribiría en 1932, es aquélla .. en la cual estamos luchando
laboriosamente por discernimientos y por nuestras conexiones". Para él, la
teoría de los instintos era " nuestra mitología".
En sus años pioneros, Frcud postuló dos tipos de insttntos: sexuales y
egoístas; el primero servía para la perpetuación de la raza humana y el
segundo para la perpetuación individual. En ia :lécada de los con·
las poderosas energías constructivas de eros con las igualmente
VIgorosas cnergíns de destrucción, el tánatos, la pulsión de muerte.
. en la línea que divide lo mental de lo somático, los impulsos
mstmtivos difieren en su origen, su presión, su finalidad o propósito y,
sobre todo, en sus objetos. De hecho, el objeto, según Freud, es la zona más
va:iable de un impulso; no está asociado a él en su origen, sino únicamente
asignado pa,·a hacer posible la satisfacción. Y en el curso de su historia
cambiar frecuentemente. Por lo tanto, la asignación de objetos eró-
ticos, como sus vicisitudes, es en gran medida el resultado de la cultura
a representaciones mentales en d individuo. I..os impulsos también
tienen su historia.
En este punto la teoría psicoanalítica y la experiencia del historiador
sobre la naturaleza humana pueden probablemente encontrarse. El punto de
vista psicoanalítico, acerca de que los impulsos son una varicd11d de eslabones
unidos en una cadena de puisioncs hacia la satisfacción, ofrece buenas raw-
nes para que el historiador pueda reconocer y analizar los motitos hu-
manos dentro de los individuos y sociedades, sin necesidad de reducirlos a
copias de sus propios rasgos culturales. El grupo de impulsos co-
colectivamente como agresión despliega un -repertorio aún más
ampho de posibles campos de acción que el impulso sexual, sin conciliar
totalmente su or· ' L · • ¡ · · - ·
. . rgcn comun. a llllsma mezcta e e plasbcrdad y sunrlitud
caractenza los mecanismos de defensa.
108
Es una constante en· la vida humana que un niño vea algunos de sus
deseos como amenazas a su buena opinión de sí mismo, como suministro de
amor y aprobación de los otros para su propia supervivencia. El ejemplo más
revelador (y más problemático) de la naturaleza humana en acción es pro-
bablemente el complejo de Edipo. F reud creía que la manera de resolverlo
0
reprimirlo dependía considerablemente de "la influencia de la autoridad,
la enseñanza religiosa, la educación y la lectura".
Esto es lo que la gente ha oído sobre el complejo de Edipo: "en el curso
de su desarrollo psicosexual, el infante descubre sus deseos pasionales por su
madre y su igualmente pasional sentido de rivalidad con su padre". Asustado
por la vehemencia de sus deseos y amenazado por sus fantasías de revan-
cha adulta, se retira de la búsqueda de su madre, internaliza el enojo y
las prohibiciones paternas y, al crecf':r, s¡ tiene snertc, busca objetos no
incestuosos y más adecuados para gratificar sus necesidades eróticas.
Para el pensamientofreudiano esta versión del complejo de Edipo es sólo
el princiJ>io; no es de los niños, las niñas también atraviesan por
esta fase de adoración al padre y rechazo a la madre. Según Frcud, el
complejo es experimentado de diferente manera dependiendo de las clases
y las culturas. Para él, este complejo es la más clara la
ambivalencia fundamentale inextirpable del hombre: la cocxJstencJa aun no
resuelta del amor y el odio. · ··
El infante ama y odia al mismo tiempo a su rival sexual, y es esta lucha
tan difícil de manejar la que da al complejo de Edipo esa acerbidad. El
complejo de Edipo es una fase de desarrollo que sirve no únicamente para
generar neurosis. sino también para suavizar emociones y canalizarlas en
formas legítimas; expone alniño a sus pasiones y le enseña a lidiar con ellas,
y se ramifica a través del rango mental de la infancia, dejando su rastro en
!a ambición y la resignación, y en los tabúes culturales más enérgicamente
defendidos.
No es fácil sentir la presencia de la maligna asociación, vehemente de
deseo;; erót;cos y destmctivos. Su energía, al igual que sus blancos, exponen
al niño a las dificultades de la suerte bum¡ma en un punto muy temprano de
la vida, cuando aún no está preparado para esta arremetida. Si sus deseos
fueran gratificados. las consecuencias serían catastróficas, si fueran detecta-
dos, el castigo sería. de temer, y si fueran frustrados, que es lo que general·
mente ocurre, la decepción sería aguda. .
Para un niño. desear y hacer es lo mismo, y cometer asesinato o iPccsto
con el pensamiento es tan imperdonable como. cometerlos en el lecho pa-
109
renta l. La fase edípica puede ser una escuela, pero es una escuela tan dura
que sus lecciones nunca serán total o felizmente absorbidas.
U_no de los aspectos más prominentes y menos considerados del complejo
de Ed1po es su tráfico continuo con la cultura: desde los primeros años de sus
descubrimientos, Frcud subrayó su variabilidad con su fértil comparación
acerca de su operación en Edipo Rey y Hamlet. Antes de 1900 él diría al
respecto: "en estas dos obras se revela la absoluta diferencia en la vida mental
de estas dos épocas culturales tan distantes: el avance secular de la represión
en la vida emocional del género humano".
Mientras que en Edipo Rey"el deseo-fantas!afundamental del niño surge
a la luz del día y se realiza como en un sueño", en "'Hamlet se mantiene
reprimido; Y nosotros nos enteramos de su existencia únicamente por las
0peraciones que se o penen a él". !c::tums realizó F'rcud
sobre Sófocles y Shakcspeare continúan en disputa. Pero el punto aquí es que
Freud.' a pesar de insistir en la persistencia y preeminencia del complejo
de Ed1po a 11) largo de la CX)Iericncia humana, nunca di!Spreció su r.wgo de
expresión o sus dimensiones sociales.
Este episodio, de uno de los argumentos más controvertidos de Frcud,
debe corregir las malinterprctaciones familiares; debe de acabar de una vez
__ todas con el mito popular que se encarnó en el tardío siglo XIX vienés.
Pero. el recuento de respuesta de los historiadores es poco alentador.
Considerando la prominencia que Freud le asignó al complejo de Edipo,
no es de extrañar que haya generado un vehemente debate, además de
sofisticadas investigacionc5.
El historiador Page Smith asegura que si el complejo de Edipoes tomado
seriamente "destruiría la historia"; para "!a historia escrita, es en esencia,
el esfuerzo de pasar a los hijos la sabiduría de los padres. y por lo tanto de
preservar, más que destruir, la continuidad entre las generaciones".
De aquí que Freud ofrece "nada más que el final de un proceso agonizante
de rechazo o repudio". De hecho, la experiencia edípica hace exactamente lo
q_ue parece desear: genera el tabú del incesto y la angustia de con-
Ciencia en el niño, y es entonces cuando pasa a los niños · la sabiduría
de los padres.
. complejo de Edipo ha dejado sus sedimentos en la política y en la
rehgwn, en la educación y en la literatura, incluso en los mercados. El
impacto del amor ilícito y del odio íntimo en el tabú dd incesto ha sido un
p_rominente en los mitos pasados y las novelas modernas, y testifica la
VItahdad de las pasiones infantiles medio enterradas por los padres. .El debate
!lO
sobre la ubicuidad y centralidad del complejo de Edipo es, por lo tanto, para
el historiador, un mero asunto académico.
Una razón poderosa por la cual los historiadores se han resistido a la
tentación de la versión psieoanalítica de la naturaleza humana es su compro·
miso con el egoísmo. Los historiadores saben que los políticos quieren poder,
los ejecutivos de negocios quieren ganar dinero, y los generales hacer guerras.
Si para el psicoanálisis el hombre es el animal que desea, es para el historia·
dor el animal egoísta. Los dos no son idénticos: el primero lucha por reducir
sus tensiones y el segundo vive bajo la flaqueza del egoísmo
A pesar de la fascinación que ejerce el egoísmo entre los historiadores,
éstos se han preocupado muy poco analizar su estatus psicológico o en
trazar su incidencia actual en la vida humana.
En t.:ste nsunto crucial, los psiwanalistas han sido de poca ayuda. En uno
de los artículos de Heinz Hartmann
66
sobre la psicología del ego, el autor
enumera las tendencias de lo que es inútil, egoísta y agresivo dentro de las
del egc, y sugie!'c que son actividades importantes, especialmente
relevantes para los científicos sociales. Él está hablando de la práctica del
interés particular, pero mientras reconoce que la importancia de estas
tendencias ha sido de alguna manera abandonada, no aporta nada; sólo
repara en ese abandono.
En alguno de sus artículos métapsico-Mgicos Freud se al interés
y lo identifica con la libido. El egoísmo no ha sido, como Hartmann lo
plantea, de alguna manera abandonado, sino totalmente abandonado. Pero
lo que el hombre ha pensado que son sus intereses, sabia o locamente, es la
información histórica que no puede permitit-se ignorar.
Inevitablemente, el ego juega un papel dominante en la formación y
formulación del interés, pero incluso la lujuria por el oro está lejos de lo
simple. Una obsesión es absoluta, debe ser funcional: un medio para facilitar
la adquisición de poder; debe ser derivativa de las fijaciones anales retentivas,
un emblema de. potencia sexual, un triunfo edípico retrasado. Se manifie5ta
a sí misma indirectamente: la pasión por el poder debe ser instrumentai en
la adquisición que, llegada su tumo, watificará una gran variedad de
necesidades incluyendo el mitigamiento de la ansiedad .
Una vez analizado, el egoísmo se vuelve muy complicado, y una de las
razones de esta complejidad son las maneras especiales en que funciona el
ego como adversario de los impulsos instintivos.
66
Hartmann, "Con,ments on the Psychoanlyti<: Theory-.", pp. 1 13-Ml.
111
El ego trabaja contra sus excesivas demandas para la descarga instantánea
de tensión, en contra de su incapacidad para tolerar el retraso. El egoísmo,
para ponerlo en el lenguaje psicoanalítico, es un producto del principio de
realidad que sirve, mientras lo afronta, al principio del placer.
Los psicoanalistas pueden decir aún más. Los dCSC1lS que se suceden
en el interés personal deben ser de origen instintivo o defensivo. Deben ema-
nar de impulsos eróticos o agresivos en busca de blancos amorosos o de
víctimas desventuradas, deben constituir un esfuerzo para mantener acorra"
lada la ansiedad o deben en proporciones evasivas, emanar de una mezcla de
ambos. Según Otto Fenichel
67
"ciertas actitudes del ego que aparentan ser
instintivas tienen una función defensiva. Las expresiones instinto y defensa
son relativas".
Una defensa, en una palahra, «;s tambicn ua deseo .. La práctica del
egoísmo incluye el conseguir y el mantener las gratificaciones. Esta visión
del interés propio implica una continua acción recíproca entre la necesidad
y el control.
Al igual que el síntoma neurótico, el egoísmo es una formación de
compromiso; y al igual que el ego, un interés debe lidiar con tres fuerzas
generalmente hostiles: el mundo externo (que es el depositario de los intere-
ses de la competencia), el super ego, y el id (que genera deseos inccsanlemen·
te). Es por estoque la idea delcgoísmoesen realidad unaabstracción.aunque
no una ficción.
Jeremy Bentham
68
vio al hombre como un animal gobernado por el
principio del placer, que podía ser educado para obedceer los sobrios
datos del principio de realidad. Una demostración notable de los conflictos
endémicos del interés son los reclamos incompatibles del amor •• AJ igual
que el apetito por el dinero, la del amor no supone una ;;antidad
predeterminada. Hay algo que es clarísimo; es imposible amar todas las cos¡¡¡¡
y a todos con el mismo fervor.
El narcisista se ama a sí mismo a e"Pensas d!' los otros; el marido ama
a su mujer a expensas de sus hijos, el chauvinista ama a su país a expensas
de los demás países. Pero en estos casos, los conflictos ya haa sido resueltos:
el marido que ama tanto a su esposa que desatiende a sus hijos ha hecho
u na elección entre los objetos en los cuales invertir su libido, Estas elecciones
67
Véase Fenichel, La teoñ<t psicomwlílic:tl-., passirR.
68
JereiJly Bentham señala en su "Introducción a los principios sobre l• moral y la
legislación", el papel que se juega en este teneno entre el psicoanálisis y la historia.
112
no pueden generar más que remordimientos ocasionales o celos mane-
jables, o pueden producir severas pugnas dentro de la mente y dentro de
la familia.
El psicoanálisis, en suma, tiene mucho más que contribuir a la a na lo mía
del egoísmo de lo que los psicoanalistas han supuesto hasta ahora. Éste es un
buen ejemplo donde los historiadores podrían pedir más explicaciones de los
analistas de las que hasta ahora han dado.
Podríamos decir entonces que existe, sin duda alguna, un Freud para
historiadores, que encontramos en cuatro elementos fundamentales según
las propuestas historiográficas de Peter Gay:
l. Las tesis freudianas en torno a la historia invalidan la ruptura
entre psicología individual y psicología colectiva para mostrarnos cómo
es posible pasar del puro análisis biográfico a la revisión de procesos
históricos amplios.
2. Una lectura histórica freudiana nos llevaría a desaparecer el plan-
teamiento psiquiátrico de enfermedad contra normalidad que de r.Iguna
manera conduce nuevamente al sujeto en contraposición al objeto, es decir,
resurge el sujeto histórico ante el objeto histórico. Aquí se inserta la posi-
bilidad de perder miedo a una subjetividad vergonzante suele obrar en
contra del historiador.
3. La metodología freudiana permite formular estructuras psíquicas
históricas y dar al historiador la posibilidad de tener un lugar afectivo-
imaginario y simbólico, es decir, el lugar de la transferencia histórica.
4. El descubrimiento del inconsciente posibilita al historiador encontrar
símbolos y significantes detrás de los fenómenos.
Finalmente quisiera hacer énfasis en que una lectura freudiana de la
historia dista mucho de lo que ha producido la psicohistoria en sus aplica-
ciones más cl:ísicas: la biografía, y la psicología y cuyos alcances
se hau limitado a los problemas "patológicos ... mostrando exclusivamente la
veta clínica freudiana. Por ejemplo, la absurda explicación del antisemi-
tismo de Hitler se apoya en la ficha médica de la madre de éste, quien era
atendida de un cancer terminal por un médico judío, y de ahí se concluye en
el surgimiento del nacional-socidismo alemán.
69
Para terminar la visión del sujeto histórico que el psicoanálisis, vía Gay,
nos plantea entre el principio del placer, eros, y la ley del otro, tá1ratos,
fractura insuperable que en la obra de Freud desde más allá de El principio
"Véase Binion,.Introduccióll <t la psiculñstona, 74 pp.
ll3
del placer (1920) hasta El malestar en la cultura (1930}, tJUC tiene la forma
de una alineación de la necesidad por la sociedad y de una frustración
constitutiva del deseo, ha sido olvidado por las historias terapéuticas tJUe
aspiran a integrar al yo en la sociedad, por lo tanto historiar es renunciar al
goce para ser invadido por el deseo.
114.
CAPÍTULO III
ROBERT DARNTON: EL DISCURSO DE LA HISTORIA
CULTURAL, LEYENDAS Y LENGUAJE
En años recientes, el desarrollo de la historia intelectual ha modificado
paradigmas importantes de la historiografía contemporánea. Los historiado-
res sociales se han hecho preguntas imposibles de responder a través de las
propuestas tradicionales par ... narrar o analizar ideas. Estas preguntas se
sostienen sobre la naturaleza de las mentalidades colectivas y la génesis o el
impacto de las ideas.
1
En algunas ocasiones, el ímpetu de los historiadores
sociales res•1lta incluso totalitario, ya q11e reducen la historia intelectual en
función de la historia social y elevan los problemas sociales al nivel de lo
único realmente significativo de la problemática histórica.
2
Es evidente tJUe existe una crisis dentro de la historia cultural, y tal
parece tJUe la solución o la salida se entreteje en las relaciones que establecen
1a historia intelectual y la hisioria social; es decir, el tránsito dda vida íntima ·
a la vida sociaJ.l
1
Descreelclásico libro Laadlruapopulacdelsi,ali> XJillalsigwXI'III, de lllandrou, basta
la penúltima revisión de la misma materia, O.artier, en 1992, en su libro fl
IRIUido COIRO cepresentaci6n; lüstoña ct4ÜBml entre práctica y C"Jlreselltación, existe una
interesante batalla epistemológica jtara la terminología de la construcción soCial
de los mundos mentales, termin.,. que es múltiple a partir del sobreentendido que afecta
a todos. ·
• Peter define "cultu;.;_" en su libro La wlmro populare11 la época nwdema, como
nn sistema de significados, actiwdes y niores compartidos así como de fonnas simb6lieas
a través de las cuales se expresa o se encarna, p. 29.
3
Elias dedicó el primer capitnlo de su libro El proceso de la cirili::aci611. a io que llamó
la "socio¡:éncsisft de los concep&os de civilización y cultura. Elias, El proceso fle la
civilizacWn..... pp. 57-96. La propuesta prudente y escéptica que nos da Elias es la siguiente:
"Estos dos c:oJÚ:eptos son como esas palabras que a veces, se utili7.an en algún grupo, en una
familia o una secta, en unas clases o una fiv y que. si tienen mucho significado para los
iniciados tienen muy poco. para los profanos. Son términos que se acuñan la base de
vivencias comunes y crecen y cambian con el propio grupo del que son expresión, forman
parte de un lenguaje de 5eres humanos a seres humanos con una misma tradición
y en una misma sitnación." · 1 ,
JIS
Los europeos no hablan de la historia intelectual a la manera de los
anglosajones, sino más bien de la historia de las ideas. Éstas pueden ser vistas
• :omo ideologías o mentalidades: es decir, actitudes colectivas que necesitan ser
;studiadas con los métodos de las ciencias sociales y las humanidades plenas.
La historia intelectual protagoniza una disputa por la hegemonía: sus
practicantes no comparten un denominador común de temas, métodos y
estrategias conceptuales. En un extremo analizan los sistemas de los filó-
sofos y en el otro los rituales de los iletrados, pasando a través de cuatro
categorías principales:
la historia de las ideas (el estudio del pensamiento sistemático).
la historia intelectual propiamente (el estudio del pensamiento
informal, los climas de opinión y ios movimientos literarios).
la historia social de las ideas (el estudio de lasideologíasy la difusión
de las ideas).
ia historia cultural (el estudio de la cultura en :Jn5enlidoantropológico,
incluyendo los puntos de vista mundiales y las mentalidades colectivas,
o bien, lo que aquí hemos llamado el inconsciente transindividual).
Desde la segunda guerra mundial, los fdósofos y los críticos literarios
abandonaron gradualmente el estuJio histórico de los grandes libros, y han
preferido estudiar las dimensiones lingüísticas del significado y el significante
estructural de los textos. Los historiadores han sustituido el análisis filosófico
Y literario en la función de estudiar la de la filosofÍa y la historia de
la literatura.
La historia interna de la ciencia se ha extendido· más que nunca en
muchas direcciones diferentes lig111las al mundo de las ideas. Con esta ex-
tensión, las r:!mas del conocimiento histórico se han vuelto más rigurosas
pero, al mismo tiempo, más complejas, dacia la interdisciplinañedad concep-
tual que enriquece a la historia tradicional y erudita.
La historia de la ciencia parece ser un campo estratégico para asesorar
la acción recíproca de la historia social y la historia de las ideas, ya que ha
expresado claramente la tensión entre los acercamientos externos e internos
del pensamiento formal. Parece ser que esta tensión. continuará y, segura-
mente, hasta la actividad científica más recóndita será-interp.:Ctada dentro
de un contexto cultural. La contextualización es la característica más fuerte
_el de la historia de las ideas y la que ha tenido mayor progreso en la
ultima dccada: __ la historia del pensamiento político.
116
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En una serie de artículos, que después se convirtieron en libros, Qucntin
Skinner, Jolm Dunn y John Pocock han argumentada que para capturar
el significado de un tratado político hay que recrear el idioma de la política
del momento en el cual fue escrito; han cambiado el énfasis del texto al
contexto, y defienden la idea de la autonomía del pensamiento como pos-
tulados o discursos que conllevan signifi cados particulares. Lo anterior se
explica debido a que el significado, atado al tiempo y al lenguaje, no puede
ser inherente a la "unificación de ideas", las cuales se han movido dentro y
fuera de las mentes a lo largo de los siglos, y no puede ser entendido leyendo
los trabajos de los grandes teóricos políticos como si pudieran dialogar
directamente con nosotros, los historiadores que interpretamos dicho }en-
guaje desde la cultura.
La fifosofí:: mcderna h:. liberado a los hi&toriadcres de. con una
formalidad histórica, de revalidar el pasado atrapado en el pensamiento en
la manera prescrita por Armados con este procedimiento,
SkinMr, Dunn y Pocock han refo rzad() la hislor!a social de las ideas t'n la
coyuntura crucial donde las ideas se fusionan en pensamientos.
5
de los trabajos de algunos historiadores anglosajones la historia
ha ido más allá de las preocupaciones historiográficas, y hanempezado
a considerar la conciencia tempóral y la naturaleza lingüística del pensamien-
to en el pásado.' ., -
Los europeos parecen ser más sensibles a las corrientes filosóficás de
su continente (la filosofía analltica en Inglaterra y el pensamiento
postestructuralista en Francia), mientras que los norteamericanos rcspon·
den primorosamente al esfuerzo anglosajon en la sociología del conoci-
miento y la antropología.
7
•Lamtica a este modelo que en tiende el fenómeno de mentalidad <'.Omoobra consciente
de un pensamiento individual, seguro de sí mismo, aparece por doquier en los escñtos
en la tradición de Annales.
• Véase Skinner, "Meaning and Understanding ... pp. 3-53.
' Véase "Foundations on Modero HistoriaL", pp. 4246.
7
A. pesar de todo, fundiendo ambos ténninop tal como los presentan e ingleses,
civilización para éstos y cult11ra ¡>ar.1los alemanes, me P"rece que nos quedaríamos muy lejos
de las definiciones anteriores, sobre todo pur lo que respecta a Roger Chartiery el término de
cultura'J'le le"parece" tan arriesgado como el objeto intelectual. F.o efecto, Olartiersubraya
lo siguiente: "De hecho lo que hay que pensar es cómo todas las relaciones económicas o
sociales se organizan según lógicas <¡ue ponen en juego los esquemas de percepción y de
apreciación de los distintos objetos sociales, así pues las representaciones ci>nstilulivas
de aquello que poden.os denoMinar una cultura sea romún a una sociedad o propia a un
grupo determinado, lo más grave en la habitual acepci.inilc la palabra cuitura no es que ésta
117
Hay, sin embargo, una tendencia que unifica las ramas de la historia
intelectual norteamericana y europea, que al mismo tiempo muestra la
continuidad entre las nuevas y las viejas generaciones; esta tendencia es el
énfasis en el pensamiento social Las nuevas propuestas de los pensadores
sociales también se centran en la biografía intelectual, un género que floreció
en Estados Unidos y en Francia principalmente, en la cual la Escuela de los
Annalcs pone especial interés en Jos individuos y los eventos en vez de en
los cambios a largo plazo de las estructuras.
Los historiadores sociales han demostrado que el estudio de la ideología
8
puede servir como base para probar los problemas y métodos dentro de la
historia social
9
de las ideas como un todo.
10
"
Por el contrario la historia cultural articula dentro del territorio
diferentes niveles jur..mn la historia, la antropología, la lingüística
Y el psicoanálisis. Estos encuentros generalmente suceden cuando convergen
en objetos clasificados de una manera muy laxa, como la cultura popular. Los
histcriadoi:es parece;l estar cómodos teóricamente con d término. La c.:om·
plejidad y la profundidad de la literatura existente sobre el tema puede
apreciarse en el reciente estudio de Peter Burke.
11
El entusiasmo por la cultura popular es un síntoma del cambio, un giro
que. se ha dado dentro de la misma historia social. Historiadores como
Emmanuel Leroy Ladurie y Lawrcnce Stone;que llenaban sus libros con
gráficas, estadísticas demográficas y modelos cuantitativos de estructu-
ras sociales, se han basado absolutamente en la evidencia cualitativa en sus
últimos trabajos, puliendo o disculpando las referencias literarias con
llamadas a la antropología y el psicoanálisis.
1
2
Uno de los libros más antropológicos y que mayor influencia ha
tenido en la última década, Religion and the Decli11e of Magic. de Keith
Thomas, ha sido criticado por no ser lo suficientemente antropológico sino
historiógrafico. .
generalmente las únicas producciones intelectuales o artísticas de una elite, sino que
deJa suponer que lo cultural sólo se emplea en un campo particular de 11rácticas o
producciones." Véase Charticr, El ltlhmlo •.• , p. 43..
1
Véase Marx, El 18 Bnmwrio .. pp. 272-273.

9
• La teoría de la ideología de Thernbom ha sido anali7.ada y aplicada por los
lustonadores de la cultura despoliti:rando su contenido. · · ·

10
Una frase de Durkheim, casi un aforismo, abre la puerta a este esquema •-anal¡1ero
•mpre..<cindihle: "No podemos considerar como a1f:o reallo.c¡ue·se opone a nosostros."
11
Yéase Burke, La cullura populor... ·
12
Véase Ari es, "L' Histoire des Afentalites", pp. 402-423.
118
.. ,
Pero, ¿a dónde lleva todo el trabajo realizado sobre la magia, la venta de
esposas, las hogueras y las ejecuciones en público, por ejemplo? La manera
más común de dibujarlo y uni[icarlo ha sid.o incluirlo dentro de la cate-
goría "mentalidad", un galicismo conveniente que se ha esparcido en
Inglaterra y en Alemania después de haber hecho fortuna en Francia. Sin
embargo, a pesar de una serie de prolegómenos y discursos en el método,
los franceses no han desarrollado una concepción coherente de las menta-
lidades como campo de estudio;
13
tienden a cargar el término con nociones
como el inconsciente colectivo y de outillage mental que Lucien Febvre
recogió de la psicología de sus días.H
• Si el término "mentalidad" soportará o no la carga es algo que todavía
permanece como incógnita y tendrá que verse en el futuro. Pero lo que sí es
muy probable es que no sobrevivirá la propuesta conductista de la psicohistcriü,
sino que será rebasado por la de psicoanálisis e historia.
Los historiadores dedicados a los estudios sobre el trabajo, la religión y
la familia han estratcgia5 de búsqueda uniendo la histori::
cultural y la historia sotial.
15
Esta unión se llevó a cabo hace años en estudios
realizados sobre el "tercer mundo", en los que los historiadores han tenido
que aprender todo lo que han podido de los antropólogos, y han trabajado,
algunas veces, en una dimensión diacrónica-
16
·
Esta unión de antropología coa la historia ha benefie:iado·a ambas
disciplinas, porque provee caminos complementarios para alcanzar la
misma meta: la interpretación de la cultura.. Más aún, la antropología y
el psicoanálisis han ofrecido a los historiadores lo que el estudio de las
mentalidades no ha podido proveer: una conb:pción coherente de la cultura,
u Mi hipótesis es c¡ue la au..<encia de las propuestas de Freud y de Jung a este. respecto
limitó la interpretación de la cultura. A pes:&rde queJ11ng es rescatado, casi dogmá¡;.,mer>te,
por auto...,; franceses. ·
•• Véase Aries. ML'Histoire des Afenta!:tes", PP- 102-423.
6
Este problema, por reiterativo y unwers.,¡l, c¡ue<!:: b;en aludido, por ejemplo, en el
debate sobre .1:: presión de los modelos elitistas, o populares de del m un<! o
(Mandrou, Da,-ies, Bolle¡;;'e.. Ginzburg) o en los estudios sobre tr.msmisión de mateñales
cultunles(Elias, Oaartier, Ljteia, Burke); si tratáramos de sintetizarlo, podriamos decirc¡ue
estos entrelazamientos no deben ser entendidos c:omo relaciones de exterioridad entre dos
conjuntos dados de antemano y yuxtapuestos (uno erudito, d otro popular) sino c:omo
productores de mezdas culturales cuyos elementos se incorporan en fonnas sólidas entre
unos y oi1'0s como en las mettlas me!álic:as.
16
Véase Spalding, "The Colonial ludian._", PP- 47-76, y Scheiner, "Benevolent Lord
and Honorable. .. "- ; i
119
que Clifford Gccrtz ha definido oomo "un patrón de significados sintetizados
en símbolos transmitidos históricamentc".l
7
El tiempo de Robert Darnton
Robcrt Darnton nació en los Estados Unidos en 1939; inició su carrcracomo
reportero policial en The NegaT Xtm Leude y en el New York Times, diario
en el que también trabajaba como periodista su hermano John; a esa época
pertenecen sus primeros artículos sobre la Historia del libro y la ideolcgía ele
la Revoluci6n francesa. De esos años datan también las dos pasiones que lo
acompañarán en el futuro: La historia cultwalde iletrados y pobres, y su amor
historiográfico y transferencia!: la Francia del siglo xvm.
Hacia mcdi11dos de !os mios S4:tenta Darnton publicó "Writfing Nefas
and a Telina Stopes", una pieza que ganó renombre en las antologías de
los clásicos contemporáneos del ensayo en lengua inglesa. Una de sus ideas
centrales es la siguiente: las nui!Qs de todcs los dí2s son repeticiones cídi·
cas de antiguos argumentos literarios que fueron en otro tiempo noticias
que ahora nos devuelve la pluma de un escñtor como argumento literario que
mañana será noticia.
Darnton se .educó como historiador en las universidades de Harvard y
Oxford; actualmente es titular de la cátedra ''Shclby Culloom Davies" de
Historia moderna de Europa enb Universidad de Princcnton. Una autoridad
en historia cultural de Europa Odsiglo XVID, Darnton ha publicado también ·
M esmerism and the End of dzc &dightenment: A Publislüng llistory of the
Encyclopedie,l775-1800(Cambñclge,Mass.,l979);ThelitemryUnderground
of the Old Regime (Harvard UniYc:rsity Press, 1982); La gran matanza de los
gatos y otros episodios de lzistoriaadturalfrancesa (México, Fondo de Cultura
Económica, traducción de Carlos Baladí, 1987). En con Daniel
Roche preparó la edición de ReDOlution in.Print: the press in Fr.1nce, 1'7775-
1880 { 1990t Su libro más recienteesBerlin]oumal, 1989-1990 (Norton, 1991 ).
Darnton pertenece :1 b de los sesenta marcada 110r el hito
cultural de 1968,
18
que cambió la forma de oonccpiualizar el pasado; ésos
eran los años de la revolución intelcctual
19
que dieron una vuelta de timón
17
Véase Geertz, "Religion as· a C.hural Systemw, p. 89.·.
18
Véase Michael de Ccrtcau,fr.-Kty psicoanálisis .•• , p. 75.
19
Julia Kristeva hace una inlcresaDie crítica a esta generación en dos de sus libros l.os
samurais y Extranjeros para nosotros •Ü.OS, donde explica la frustración· y elél<ito cultural
de ésta su generación.
120
alas propuestas teóricas de todo el mundo. El concepto de temporalidad y
de colectividad se vio sumergido ilusión lírica, como dijo Malraux,
el líder menos marxista y considerado uno de los más puros. Para Europa, el
68 fue una aventura amorosa como lo muestra el libro de Daniel Cohn Bcndit
Quisimos tanto la revolución. Siguiendo la metáfora de Cohn diremos que,
como todo amor, fue una mezcla de entusiasmos y decepciones, un fabuloso
enriquecimiento intelectual, conceptual y ético, una apertura al otro y a lo
otro, al. mundo, a la vida y al pasado.
Esa generación descombró lugares y gente, formas de pensar y de vivir,
20
de entender de otra manera el tiempo y el espacio; todo lo cual hizo que se
agudizara la inteligencia. El fin de la ilusión dejó a muchos destrozados,
como suele ocurrir en una historia de cambios conceptuales, y algunos se
perdie!"on en un discurso dc!Ohilv:mado de favtasma3 teóricos tambdcantcs
que produjeron el eco metodológico que alg!Ín día existió y que hoy ya. no
tiene Es interesante señalar que así como la·. Escuela de los Annalcs,
la Escuela de y las pro¡mcstas de la historia cultural supieron,
como bien dijo Foucault,
21
despedirse alegre y serena mente de su pasado para
liquidar algunas lecturas dogmáticas de las corrientes que los antcdecían. Y
en ese proceso de liquidación se planteó el problema de la cultura. Tanto los
estructuralismos como la Escuela de los Annales apuntaban a. que una de las
posibles claves del fracaso del marxismo dogmático se en el olvi-
do de la cultura- Se hablaba de dctenninacíón, en última instancia por la
economía, se estudiaban los procesos sociales, pero parecía que la cultura era
solamente ideología.!!:! A pesar de aJ.,ounos esfuerzos como los trabajos de
Gramsci y deAlthollSSer, la teoría de las ideologías fue uno de los puntos más
débiles de la historiografía marxista. ¿Cómo pensar que el cubismo o el rock
eran algo más que manifestaciones de la ideología burguesa, o que la pro-
liferante mitología de los cazadores-recolectores era un reflejo de su modo de
producción? AJ.,'"tlllos historiadores que incorporaron el marxismo se die-
ron cuenta de que había que explorar nuevos caminos; hacer una historia
-- . . .
:o Julia Kri;.CQ., en Los samurois: •.• , señala la duración no es más que_ una recaída
del arte de amar, esa magia el espacio de •.ma percepción, de un malestar o
de una alegría en el instante de un don. IJc¡n de palabra, gesto., mirada ••• el amor por la
muerte, el anheb de muerte, fue el secreto ante el cerramos los ojos para ser capaces
de mirarsin ver, dedormiry de soñar. Si no ttrraramos los ojos, no veríamos más que vacío,
negro, blanco y ronnas p. 8.
•• Véase Foueaalt, La arqueologfa ..• , pp-
:u Véase el texto de Bobio, Gramsci y lA cont:epció" deJa sociedad cir-il, PI'· 65-67.
121
inventiva y rebelde, teniendo presente que no podía existir una actuación
política coherente y audaz sin un profundo conocimiento histórico de la
cultura que fuera más allá de las inacabadas y poco fecundas propuestas de
la posmodernidad, un intento de buscar raíces, pero desde lejos, desde fuera,
con esa mirada, por fuerza distante, que caracteriza el trabajo histórico.
La historia cultural que propone Rohcrt Darnton tiene como bases el
amor, la pasión, la seducción, la política, y el deseo; es decir, las pulsioncs,
pilares del inconsciente intrasubjctivo y el pasado. En los últimos años, esta
propuesta pasó a ser una teoría sólida en la enseñanza académica. A con-
tinuación haremos un recuento historiográfico de las principales aportacio-
nes de Robcrt Darnton.
Leer a los clásicos --<licc Darnton-csconfrontarcl misterio de la lectura
en sí Se puede disfruwr la iiusÍÓ!l Jc csfar pv:·:1dos fuera dclticm-
po haciendo contacto con autores que vivieron hace varios siglos.
23
Pero,
incluso si sus textos han llegado a nuestras manos sin ningún cambio o
inalterados, nuestra relación con c!los no puede sr;r_iguul a la que tuvieron
sus lectores en el pasado. El leer tiene una historia. ¿Cómo podemos reco-
brarla? A esta pregunta responde Rohert Darnton: a partir de las señales que
dejan los autores, los editores, los lapsus. los crrorcs,
24
los rumores,
25
los
escondites del rumor histórico. Se puede empezar, por ejemplo, buscando el
recuento de los libros más leídos.
Así tenemos que Cario Ginzburg, en El queso una
de estas evidencias del siglo XVI en papeles de la Inquisición. Para probar la
herejía, el inquisidor interrogaba a su víctima acerca de sus lecturas.
Menocchio, la figura principal de este proceso, respondió con una infinidad
de títulos y elaboró comentarios sobre cada uno de ellos. Al comparar los
textos y los comentarios, Ginzburg descubrió que Menocchio había leído u na
gran cantidad de historias bíblicas, crónicas y libros de viaje del tipo de los
23
Véase idea de transferencia en el primer capítulo.
,. De aquí la importancia que tienen el psicoanálisis, la semiótica y la lingüística como
ejes fundamentales de la historia que propone Damton. Entendiendo d prohlelllll t!e la
inserción social percibida como indispensable con el advenimiento t!d pensamiento mítico,
es decir, del pensamiento humano, los puntos dejan de ser imprecisos y el grupo se vuelve
capaz de orientarse en el mundo, moldeándolo según las exígencias lle un proyecto que él
mismo se ha fijado.
" Para Darnton el rumor es un ruido sordo, monótono y continuo que se percibe de
es uaa noticia que circula de boca en boca pero que no tiene confirmación alguna
mas que en !a interpretación históri;;a.
122
que existían en las bibliotecas patriarcas. Alenocchio leía de una manera
agresiva, transformando los contenidos del material a su disposición en
puntos de vista sobre el mundo radicalmente no cristianos. Con este trabajo,
Ginzburg demuestra la posibilidad de estudiar las lecturas como una acti-
vidad común entre la población de hace cuatro siglos.
El ejemplo deMenocchio sugiere que leer, vivir y construir textos estaban
mucho más cercanamente relacionados al sentido de la vida a principios
del periodo moderno de lo que están hoy en día. Pero antes de llegar a
conclusiones es necesario trabajar en más archivos, comparar bitácoras de
lectores en su experiencia con el protocolo de leer sus propios libros y, cuando
sea posible, con su comportamiento. Por ejemplo, se cree que Las tribulacitr
nes del jcwen Wertlzer provocaron una ola de suicidios en Alemania.
En resumen, es posible desarrollar una historia, así como una teoría de
la respuesta del lector. Los historiadores del libro han obtenido mucha
información sobre la historia externa de leer. Habiendo estudiado la lectura
como un fenómeno social pueden resJX>nder las de quién, qué,
dónde y cuándo, que son de gran ayuda para responder a las más difíciles
que son por qué y cómo se lee, y esto qué significados históricos tiene.
Los estudios de quién leyó qué en cuáles épocas se catalogan dentro de
dos categorías: macro y microanalíticas. El microanálisis floreció en Francia
en donde se alimentó de la poderosa tradición de la historia cuantita-
tiva. Aquelloslíistoriadores que prefieren la precisión utilizan el micro análisis
a pesar de que este método peca de detallista.
En Francia y en Inglaterra crecieron durante la época de las revolucio-
nes burguesas las publicaciones por suscñpeiones, las listas de suscriptores
son una buena fuente para.conoccr los hábitos. de lectura de esa época. Sin·
embargo. hay información sesgada, pues los nombres de algunos suscriptores
fueron quitados de la lista mientras que otros fueron incluidos; estos últi-
mos más bien corresponden a los y no a los verdaderos
lectores.. Además, las listas francesas favorecen a los lt>etores más ricos y a
los libros más elegantes, que Damtorr señala como uovedusas interpretacio-
nes, incorporándolas a ia trascendencia del libro-objeto como fuente.
Las listas de préstamOS bibliotecarios ofrecen mejores oportunidades
para hacer conexiones entre los géneros literarios y las clases sociales; sin
embargo, son pocas las listas que persisten actualmente. La lista más notable
es la de la" Ducal Lihrary ofWolfcnb Y ttel" que, al ser analizada; una
significativa "democratización" en la lectura durante 1760: la _cantidad de
libros prestado:; se duplica y las personas cwe provenían de estratos
123
sociales bajos; además, los temas de lectura se volvieron más ligeros, pasando
de libros de enseñanza a novelas sentimentales. •
Los microanalistas han hecho descubrimientos de
que no saben cómo aaruparlos; además, hay que agregar que la •
de la documentación la que se cuenta hace más difícil la tarea. Las dife-
rencias en las conclusiones se pueden atribuir a la peculiaridad de las fuentes
más que al comportamiento de los lectores. .
d
.• "evolu
Rolf Engelsing argumenta que en el siglo XVIII se succ 10 r ·
ción en la lectura". Durante la Edad Media y hasta 1750,
te la gente leía "intensamente", poseía sólo algunos libros, una B1bha
0
un
, , 1 " t
almanaque, y lo leía una y otra vez. En 1800 la gente comcnzo ,ee_r ex en·
sivamente" diferentes clases de material, generalmente penódH:Os, que
se leían una sola vez y luego la gente leía otra cosa distinta. Sin embargo.' la
l d
. · • · e se hizc> enens1va,
lectura no evolucionó en una so a ueccwn, smo qu •
es decir, asumió diferentes formas, entre distintos grupos sociales en vanas
periodos. ,
Los hombres y las mujeres han leído con el propósito de salvar sus a.mas,
· · d • antes,aprendcr
mejorar sus modales, reparar su maqumana, se uetr a sus a m
. · d" . E el casos, especialmente entre el
sobre cosas diversas y tverbrsc. n mu lOS ,
'bl" d R" 1. · d Rou....-·u y Gocthe la lectura se convirtió en algo mas
pu 1co e IC 1ar son, .,.,.,.. •
intenso pero de ninauna manera disminuyó.
Los cambios del siglo XIX -desarrollo de la maquina de
"b"l"dad · ba"ar la mtcnstdad
y la prensa de vapor- abrieron nuevas post l I es: stn
se incrementó la variedad.
Para la gente común, al principio de la Europa moderna, era una ·
• u· b los trosdetrahaio.venlastahernas.
actividad soCial que se dcsarro a a en cen . · - · :;
Incluso hoy la gente se entera de las noticias por algún las lee
en la televisión. Para muchas personas, a lo largo de la histona, los liuros han
tenido audiencias más que lectores.
-Leer era una actividad más bien privada, para las minorías educadas que
podían comprarse los librvs, perG incluso varias de estas personas se
en clubes de lectura, en donde podían leer casi cualquier cosa en una atmos-
fera social por un pequeño pago mensual. . . .
Todos estos datosnos dan elementos para suponer las bases mstituciona·
les de la lectura. No obstante, hace falta idear o inventar·una·estrategia para
entender el proceso interno mediante el cual los lectores dan sentido a las
palabras. Todavía ni siquiera. entendemos la manera en que nos
· · · d 1 fu de los psicólo!Ws y los neuro-
mos a nosotros mtsmos, a pesar e es erzo t>
124
logos. Leer no es únicamente una herramienta, es una manera de darle
significado a las cosas, y esto varía de cultura a cultura.
Finahnente, podemos preguntarnos: ¿qué tan seguido la lectura ha
cambiado el curso de la historia? Si podemos entender cómo ha leído el
. hombre a lo largo de la historia podemos acercarnos a entender cómo es que
le ha dado sentido a la vida y, de esta manera, de esta histórica manera, po-
demos incluso satisfacer en parte nuestra sed de significado.
26
K A HIStoryofRcading úaModL'm Frcmce, 1800-1940, Allen, J.S., Princeton University
Press, 1991,382 pp. Los beslsellers prohibidos de la R,,•obciór. Frao1cesa. ,:Cuáles fueron los
orígenes ideoHgiccs t:!e ia revolución francesa? ¿Cuáles fueron las conexiones entre este
acontecimiento de época y la re\·olución en el pen;;amiento del siglo XVIII? Para referirse a
esta importante westión de la historia del mundo moderno, Rohcrt Darntvn formula una
pregunta más modest::: ¿Qué hizo la lectura francesa en el siglo XVIII?
U. respuesta ata pregunta anterior recae, aunque sól'!pareialmentc, en el canon de ló>s
grandes filó.ofos del siglo :\."VIII: Voltaire, Diderot, Rousseau. No obstante la popularidad de
los trabajos de es!os autores., los bestsellers de ese tiempo fueron, tic he.:ho, otros libros,
igualmente censurados por el régimen, eseritos y ..-endidos en forma encubierta. Sedicio-
sos, blasfemos, traicioneros, estos libros conformaban una literatura libertina que socavaba
todos los valores ortodoxos del viejo régimen. ., ·
En esta obra, Darnton presenta una completa del corpus de los.libros
prohibidos en la Francia pre-rerolucieearia; analiza, ademti,la distribución geográfica y la
deimnda de cada unode los títulos. Como.resultadooleveinticinc:o años de anlua investigación
en los archivos, esta obra hace signifiC3tiwas contn1meiones a la historia cultural de los
albores de la modernidad en Francia, y abre una nueva y emocionante á.-..a de estudio: la
historia del libro.
Robert Damton, Roger O.artier y otros autores han escrito mucho de la historia
de la ieetura en el Anti,"llo Régimen, sin embugo, é5tt es el primer libro droicado a estudiar
el pe:iodo posterior a 1800. ¿Por qué la de la Francia moderna leyó y entendió los
textos de la fnrma en que lo hizo? James Allen se mue\'C fácilmente de una estructura
interpreüva a ot;a y establere un ancho ma¡-gen de fuentes= novelas, diarios, rc1)()rtes de
censura, reseñas aiticas, imágenes artísticas, <:uentas (financieras) de los leetorcs, así como
las cartas que los lectores enviaron a los autores de los libros. t:n la medida en t¡ue el autor
anaii.za la lectura desde un punto de vista !Júblico, oplora la formación de
interpretativasft en la época en que la lectura solitaria y privada.., volvió, gratlualmente, una
práctica más común que la lectura en ..-ofalta y en vapo. En "Pnblic Eyeft d au ;or se dedica
a aspectos deetfJC:ión, publicidad, aJfabetismo, esmlaridad. aitica y censura, que
utiliza para estudiar las fuerzas sociales, wlturales y económicas que dieron forma a la
práctit:a interpretativa francesa.
Examinando el arte y el acto de leer de diferentes audiencias, la obra revela la menta- ·
lidad de la gente culta, labor para la que existen es:a.<as fuentes. !':) libro es una le.:tura
indispensable para todos dedicados a la crítit:a literaria, a la• historia mótlema de
Francia y a la historia cultur.ale intelectual en gener.ol. ·
125

Historia, ideas y sociedad
La necesidad de localizar a la Ilustración de manera precisa en un contexto
social, ha producido un nuevo trabajo muy importante en un género que ha
empezado a ser llamado "Historia social de las ideas".
Pe ter Gay, autor del término, ha intentado satisfacer esta necesidad con
un segundo volumen del libro The Enlightenment An lnte1pretation. Gay
comenzó a tratar la historia social de las ideas en un intento por redefinir la
Ilustración; él quería que su definición incorporara la dimensión social ele
la experiencia de los filósofos en una interpretación de sus ideas a la manera
de Cassirer.
A pesar de que el Enlightenmenl, de Peter Gay, es un libro delicioso y
puede instruir a cua !quiera que dese;: 1 efrescar su del paoado, merece
ser leído como un intento de establecer un nuevo género histórico. Gay
necesitaba desarrollar una historia social de las ideas para conjuntar la
. altamente refinad?. filosofía ue y les altamente específicos descubrí·
mientos de la historia social. Las combinaciones de especies históricas tan
diferentes traían enormes problemas, pues Cassirer lidiaba con un modo de
pensar como el surgimiento del pensamiento "critico" en oposición al pensa·
miento "creador de mitos"; mientras que los historiadores estaban preocu-
pados por un fenómeno distinto como el surgimiento de la burguesía. Con
el propósito de reconciliar estos puntos de vista tan opuestos, Gay adopta una
posición hegeliana: define a la Ilustración como una lucha dialéctica por
autonomía.
Gay explica que él trata a la Ilustración en un sentido angosto: la filosofía
de los filósofos, y no con todo el clima de opinión que comprende "la edad de
la Ilustración". Argumenta de manera persuasiva que la filosofía de los filó-
sofos puer\e ser tratada como un fenómeno histórico coherente a pesar de sus
disputas y contradicciones., porque comprende una unidad coherente, una
familia; y su crítica debe ser entendida como el resultado de la experiencia
actu:::! de la familia en el ambiente reinante del siglo XVIII en Europa y
América. Conforme a esto, los filósofos respondieron desmitificando el men-
saje de los clásicos, volvieron el mensaje en contra de la mitología cristiana
y se liberaron de sus liberadores rechazando el neoclasicismo y abrazando
la modernidad. Modernidad, autonomía o "la ciencia de la libertad" significa
un liberalismo humano, crítico, tolerante y real.
Esta definición dialéctica causa el problema de determinar qué hace de
la un fenómeno distintú. Gay revela una afinidad entre los
126
fllósofos ilustrados y los antiguos, pero no prueba que los. filósofos leyeran
a los clásicos de manera diferente a como lo hacían los escritores clásicos del
siglo XVII.
De acuerdo con la fórmula de Gay, la "modernidad" y la "autonomía"
tomaron forma al final del siglo li.'VII cuando los filósofos se sentían tan
liberados de los clásicos como lo estaban de los cristianos.
. cuando todos hacían reverencias a Voltaire, la última gcne-
racwn de f¡.Josofos se había convertido en pensionada, y se encontraba
cómodamente integrada a las clases altas. Diez años después, hombres como
Morellet y Dupont trabajaron valientemente para prevenir el colapso del
Viejo Régimen, que era para la alta Dustración uno de sus más importantes
apoyos potenciales.
Quesnay, Turg!ite incluso Voltairc, ofrecieron un programa de reforma
liberal, una posibilidad de perpetuar el orden social desafiando sus conflic-
tos. Ellos pensaban que el Viejo Régimen debía permanecer y conservar su
jerarquía. A ex.::epción de Rousseau, los filósofos eran elitistas .
En su artículo. "Cultura", de Düxumario Jifusóf!Cll, Voltaire observa:
"El gusto por la f:losofía pertenece a un número muy reducido de almas
privilegiadas ( ..• ) no es eo.noeido en las familias burguesas que están cons-
tantemente ocupadas en el cuidado de su propia fortU:na".
Para Gay, la modernidad filosófica a partir de una eri'sis de
identidad colectiva entre los filósofos, la lucha. en contra del cristianismo
produce una crisis de identidad dentro de su familia, la cual pudieron
resolver gracias al crecimiento del super ego en la o;:ultura occidental, que
permitió una mayor libertad intelectual.
Entonces la dialéctica de cristianos y filósoros, aparentemente
corresponde a la lucha triangular enfi.e el real, d. simbólico y el imaginario;
Y la llustraeión es la gran rebelión del ego contra irracional.
Ahora, abandonando la dialéctica de Gay y Darnton, ¿qué queda de su
historia social de las ideas? ·
Damton anJe la liistoria de las me1úalidades
La sociología es el villano en los últimos tres lihf05 escritos por Richard Cobb,
profesor de historia de Oxford y uno de los historiadores más controvertidos,
originales y talentosos que existen actualmente. Él argumenta c¡ue para
entender la Revolución francesa hay que partir de la mentalidad revolucio-
naria. La frontera historiográfica no se encuenh tablas estadísticas
127
-sciiala Darnton-, los modelos económicos o en los sistemas sociales, sino
en el oscuro mundo mcnta.f de las personas que vivieron la experiencia en
carne propia.
Cobb es la única persona que ha e:\.-plorado este territorio. Durante
25 años ha rastreado a los revolucionarios salvajes (y dogmáticos), a los con-
trarrcvolucionarios, a los militantes de los barrios, a los anarquistas primi-
tivos y a todas las demás variedades de la excéntrica humanidad que ha
podido encontrar en el laberinto de los archivos franceses. Sus reportes
proveen una visión de la naturaleza humana que trasciende los límites con-
vencionales de la historia escrita y, además, ilustra las posibilidades y los
problemas involucrados en el estudio de las mentalidades.
Darnton y la Revolución francesa
Los estudios convencionales sobre la Revolución francesa se han vuelto cada
vez más sociológicos y por ello confusos, anodinosy parciales. Esta coniusión
proviene de un estallido de las viejas disputas sobre el significado de 1789 y
1793. Los periódicos de derecha han escogido la historiografía revoluciona-
ria como un medio para recortar a los de W¡uierda. y éstos han respoJ!dido
con una cortina encendida de artículos sobre el verdadero carácter de "la
madre de todos como es conocida la revolución por :;us legítimos
herederos. La pelea tiene algunas características de dans la cimetire;
parecería que los protagonistas están colgados sobre sus tumbas defendiendo
sus herencias intelectuales; Marx vers11s Tocqueville, Ma.thiez versus Aulard,
Lefebvre versus Febvre. Freud ven;us Lacan, Darnton vers11S Aries. Sin em-
bargo, ezresto hay mucho más que una adoración.am:estral y una filiación
ideológica tribal; que nos conduce a la pulsión de muerte de la historia.
En su afán por deslruir el andamiajt" político de la sociedad francesa y
probar su anatomía social, los historiadores franceses han sido proclives a
usar los filosos instrumentos del marxismo dogmático. Pero los historiadores
ingleses y norteamericanos l1an producido datos cada vez más difíciles de
encasillar en las categorías marxistas, sin perder por ello la capacidad
de retomar algunos valiosos conceptos del materialismo histórico. Por ejem-
plo, George Taylor ha expuesto el carácter no capitalista de la del
Viejo Régimen. Roger Foster .ha qüe es inexacto identificar al
feudalismo con nobleza. David Bien y Vivian Grudcr han medido la movi-
lidad dentro del ejército y las intendencias, encontrando que la
oposición entre la burguesía y la aristocracia tenía poca relevancia.
128
La idea fundamental marxista de que la revolución es el resu Ita do de una
contradicción entre la naciente burguesía capitalista y la nobleza feudal ha
sido refutada por Alfred Cobhan, el cual robó la mayoría de sus municiones
del campo ideológico de sus enemigos.
Para Cobhan, el interés por la gente común lleva al estudio de las
mentalidades; esto es, el examen de la percepción común del hombre sobre
los eventos, más que d análisis de los eventos en sí. La exploración de Cobban
sobre la mentalidad de la Revolución francesa enfatizó los aspectos insti-
tucional, político y económico del movimiento sans-culotte, y comunicó la
atmósfera de terror existente en los barrios, donde el deseo por pan barato
y por una igualdad primitiva dejouissances era más poderoso que la propues-
ta rousseoniana, y donde la creencia en la conspiración contrarrevolucionaria
era más import:.nt.; (JUe la conspiraci<Jn en si misma. La intclcct:.Ial
que presenta Darnton, más que buscar víctimas en los hombres, busca
significados y significantes en los textos.
La pulsión de muerte en la lüstorüJgrafia
Cuando lassociedades
21
se mw:ven a un estado comercial y urbanizado pasan
por un patrón de criminalidad instintiva a uno de criminalidad calculada, de
los crímenes en contra de las personas a los crímenes en de la pro-
piedad. Cobban trata el crimen rural, urbano y organizado como expresion
de la misma mentalidad desviada, pero en criminología estos crímenes per-
tenecen a diferentes especies y estas diferencias emergen únicamente en
análisis comparativos del pensamiento. '
La muerte es un tema que ha sido t.ratado por sociólogos, antropólogos,
pir.tores y poetas, pero no por los historiadores como concepto que entienda
el duelo y !a melancolía, de las que hablaba Freud y retoma Darnton; a pesar
de 'iUe !a muerte es inexcusablemente lo que sigue a la vida, los historiadores
han asumido que no tiene historia ¿Será ésta una denegación? Damton y los
historiariores ae ia cultura aeepian com<>•m síntoma la ausencia del concepto
y del senfidQ de la muerte. • ·
Consideremos d contraste entre el arte del bien morir de la Edad Media
y el anr.erican way of death. En la Edad Media el moribundo jugaba un papel
central dentro de un drama sobrenatural, manejando su muerte de acuerdo
con un rito prescrito y consciente dd hecho de que había alcanzado el
21
Véase Allouch. Conferencias sobre la m-rte ..• , pa>'sim.
129
momento climático de su vida, de que el cielo y el infierno colgaban de una
balanza y de que la única manera de salvar su alma era teniendo una buena
muerte. El arte del bien morir se convirtió en uno de los temas más populares
y más difundidos dentro de la literatura y la iconografía del siglo XV.
La clásica representación de la muerte muestra a un hombre en su lecho
rodeado de santos y demonios que están luchando por la posesión de su alma.
Los diablos le recordaban sus pecados y lo querían llevar al infierno; si
resistía las tentaciones del orgullo y la desesperación, y se arrepentía sincera-
mente, moría bien.
El hombre medieval y el hombre moderno sentían horror por la muerte
repentina porque los privaba de su parte crítica en el momento metafísico. En
casos peligrosos, el deber del médico era conseguir un cura; tenía la solemne
obligació11 de prevenir a llls pacientes sobre su muerte, 1mcs aun en los c;.sos
más remotos el paciente necesitaba tiempo para preparase, para encarar la
muerte de acuerdo con la ceremonia tradicional: en el lecho de muerte. Este
acto sucedería ante un púhlico, es decir, no C!"a un acto privado. El mori-
bundo llamaba a sus enemigos para perdonarlos, a sus hijos para bcndccirlos,
se arrepentía de sus pecados y recibía la extremaunción; la concepción de la
muerte era un evento familiar, incluso un objeto de chiste y de comentario
social como en la literatura popular-de la "Danza de la muerte".
En la actualidad, el hombre moderno no preside su propia muerte. El
80 por ciento de las muertes en los. países del llamado "primer mundo"
ocurre ahora en hospitales y asilos; la mayoría . de los norteamericanos
mueren rodeados de extraños y de técnicasmédicasenvezdeconsus familias.
El cura ha sido reemplazado por el doctor, cuyo entrenamiento no le per-
mite satisfacer las necesidades emotivas del moribundo al cual oculta su
muerte. El tratamiento actual de la muerte es absolutamente represivo y
poco ceremonial; las viudas de los presidentes, por ejemplo, deben aparentar
una fortaleza extrema cuando, anteriormente, el sufrimiento era obligatorio,
es decir real.
Lo3 hombm8 del medievo veían la muerte como un destino colectivo,
ordinario e inevitable, era como dormir un rato para despertar después en
el paraíso.
Durante el siglo XIX el ritual se carga de un nuevo sentido afectivo: la
muerte representa principalmente la separación de los-seres queridos y se
convierte en una ruptura catastrófica en vez de ser vista como un acto vital.
Temas como los anteriores son los que la obra de Robert Darnton revelan
como un nuevo paradigma de análisis.
130
La historia y la sociología del conocimiento
La Revolución francesa estableció un sistema de escuelas primarias en 1793,
pero tuvieron que pasar dos repúblicas antes de que la escuela primaria
comenzara a producir una masa crítica de lectores en el mundo de las letras.
Esta tercera república significó un punto de partida en otros aspectos. Según
Darnton: finalmente liberó a la prensa de la censl)ra y los escritores se
vieron beneficiados indirectamente debido a un incremento en el número
de publicistas después de 1880. El número de libros impresos se incre-
mentó durante la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo este paraíso duró
hasta que la primera guerra mundial rompió el encanto de la belle époque
en la fortuna literaria.
El estatus del f'.Scritor se elevó junto con sus ingresos; habiendo sido
tratados como payasos durante la Edad Media, como principiantes durante
el Renacimiento y como un elemento de curiosidad en los salones de la
Tlustraciún, finalmente los escritores adquirieron respeto e incluso adora-
ción durante el siglo XIX.
Para Darnton !a prensa escrita es el principio de un largo proceso que
llevó a la independencia financiera de los escritores, incluyendo dentro de
"escritores" tanto a los trovadores como a los novelistas. Elizabeth Eisenstein
desarrolla la línea de análisis de que los medios impresos sot\ un agente de
cambio que transformó la literatura e·n un modo de comunicación de la
que los historiadores no se habían dado cuenta, señala Darnton.
Las preguntas sobre la comunicación ~ c r e c e n un espacio aparte en la
historia del conocimiento, donde la historiacultural ha aportado mucho. _Los
textos pueden ser interpretados como una forma de discurso desde la historia
cultural, en el rual tanto cl ·autor como el auditorio juegan un rol preesta-
blecido; por ejemplo, señala Darnton: Ro!JS!ieau manipula al lector hasta
convertirlo en un confidente que entiende y perdona; Flaubert pretende·
negar su propia existencia y la del lector; las posturas varían er.ormemt:nte a
lo largo de la historia francesa y necesitan de un historiador que les dé ias
pistas soñre·los caminos que ha experimentado la litératura en el pasado.
Uno de estos caminos fue el discurso político, el cual sosticne' el rol
más importante jugado por los escritores en la historiografía. ~ s escritores
franceses se .convirtieron entonces, señala nuestro autor, en-críticos socia-
les a principios del siglo XVIII, esto es,¿ en "intelectuales"? El surgi!tliento de
los intelectuales modernos data de cuando Voltaire y D'Aiambert esclarecie-
ron la ruta de los filósofos, identificándolos50o{o la categoría más respetable
131
de los "genios de las letras". Darnton se da cuenta de que esta estrategia tuvo
tal éxito que en las generaciones posteriores los hombres de letras se
establecieron en los cafés y desde ahí apuntaron su dedo acusador hacia el
orden social, tal como lo demuestran los intelectuales orgánicos.
Los franceses, indica Darnton, l1an estado cuantificando y cualificando
la cultura por generaciones. La mitad de los académicos existentes desde el
final del siglo XVII hasta la Revolución francesa eran nobles; la Iglesia proveía
una quinta parte de los académiCOli y la burguesía estaba compuesta casi
totalmente por clérigos, por oficiales de gobierno y previsionistas (doctores
y abogados). Los mercaderes y los manuFactureros difícilmente tenían
académicos entre sus filas. A partir de estas Darnton concluye
que "la clase cultural" tenía muy poca conexión con el capitalismo moderno.
Esta conclusión cue;,tiona entonces la idea de que la Ilustración podría
identificarse con la burguesía.
Por supuesto que es posible contar algunos fenómenos culturales como
ventas de libros, número de teatrales, etc.; pero las estadí!>-
ticas sólo pueden ser usadas como síntomas, y una vez hecho el conteo, el
historiador debe enfrentar el reto de diagnosticar algo incontable: el cambio
o la desviación en los sistemas de 5\,crnificado.
En vez de trabajar en diagnósticos, los cuantificadores franceses argu-
mentan directamente de los patrones estadísticos por encima de los patrones
culturales: Michel Volle mide la piedad a partir de las libras de cera quemadas
en las ceremonias religiosas, y Jean Toussaert mide la laxitud de acuerdo con
los litros de vino consumidos en la comunión. Este patJÓn resulta éontradic-
torio si uno asume que la cultura deriva directamente de la estructura social.
Darnton: el rompecabezas de la historia y la ficción.
¿Qué pasa cuando un libro se convierte en un clásico?,¿ cuál es el proceso
que hace que se reedite y sobreviva años después?
Consideremos el caso de Jean.-]acques Rousseüu; Trousparencia y obs-
trucci6n, de Jean Starobinski, que apareció por primera vez en 1.957 corno
una tesis doctoral de la Universidad de Geneve y que,. siendo un ejerci-
cio académico, se convirtió en una lectura para el público en general en
diferentes países. ·
Experimentando la injusticia se aprendió a medir la disparidad de las
cosas entre lo que realmente son y lo que parecen ser. En el momento en el
cual la cándidez infantil se derrumba, empieza la historia de la humanidad
132
que él, más tarde, entendería. ta tragedia ocurrida en la cocina de los Lam-
bercier, por cjempl(}, es el equivalente "a la caída del hombre del estado de
la naturaleza". Darnton trasciende la imagen histórica en un concepto social
clave de la historia cultural. Como más tarde lo definió el propio Rousseau
en el discurso del origen de la intelectualidad: "cualquier experiencia del
individuo o de la humanidad como un todo, representa un esfuerzo de lidiar
con la pérdida de la transparencia y de vivir en un mundo de mediación
(a través del lenguaje, la propiedad y de las instituciones que mantienen a la
sociedad unida apartando la concepción de las almas)".
Por lo tanto, según algunos autores, fue un hecho biográfico lo que
impulsó. a Rousseau a escribir desde el principio: Rousseau deseaba comu-
nicación y transparencia en el corazón, pero después de otra desilusión, optó
por el camino opuesto, ac!!ptaildo las le cual le permitió
transformar parte de su inocencia en resignación pasi\'a, según Darnton.
Interpretaciones de este tipo son uno de los núcleos donde confluyen el
para!ligm!l de la historia cultural.
Vertiendo su propia .vida en el lenguaje, Rousseau define la condición de
un escritor, no sólo aplicable al siglo XVll sino incluso vigente en pleno siglo
XX, como lo acota Damt()n en varias de sus obras.
·Rousseau,. realmente inventó una nueva. actitud, la cual se convirtió
en la literatUra moderna (a pesar del romanticismo scntimental:dcl cual fue
acusado). Fue el primero en experimentar la peligrosa compactación entre
el ego y el lenguaje. como lo descubre la bis toña cultural, tópico que sirve a
la nueva alianza. gracias a la cual el hombre hacía suyo el mundo.
El análisis de Darnton sobre la concientización en el trabajo al crear
literatura. no es lo mismo que la biografía !iteraría, ni siquiera es simple
exégesis textt•al donde se combinan elementos del viejo género francés "el
hombre y su obra o d hombre es su obra", haciendo una diferencia entre la
intelectualidad de un hombre y su propia vid::. el estudio de un autor y su
trabajo con algo nuevo, el estudio del autor en el trabajo, esto es, la con-
cienti:t.ación urdenaua imp1ícill1 en los tcxios, ec h palabra, es valorar las
múltiples datos e im:í.,aenes que da el discwso para la interpretación histórica.
Transparencia y obstfución no tienen nada que decir sobre los conflictos
sociales y políticos que marearon la infancia de Rousscau y provocaron que
se involucrara en las agitaciones revolucionarias al ser adulto; no discute su
lucha para sobrevivir como escritor, lo cual tuvo una influencia fortís,ima no
sólo en su entendimiento de la escritura, sino en su confrontación existencial
con el lenguaje; ni siquiera menciona a alguna de las institucio:tcs del Viejo

Régimen que dieron a Rousscau el material crudo para sus reflexiones
generales sobre sociedad y política.
Frente al escepticismo de algunos, pienso que el historiador sí puede
tener cierto grado de certeza de acceder a la hi storia. Para ello, ha de de ser
algo prudente en sus planteamientos, no querer abarcar amplios campos
históricos, y tener mecanismos dcautorrigor: la nueva corriente -Darnton-
ticnen de positivos que ponen en guardia contra la creencia ingenua de que
se puede ser totalmente objetivo, de que uno se puede liberar de todos sus
prejuicios al comenzar la investigación. Pero también se puede considerar
mecanismo de autorrigor investigar históricamente el contexto en el que un
texto se generó, relacionarlo con las posibles intenciones de su autor, entre
otras múltiples interpretaciones. Lógicamente, es aceptable que el historia-
dor intelectual tiene que trabajar con contenidos y no sólo ccn • a
sistemas; si esto no puede ser así, la investigación no tendría mucho sentido,
al menos como investigación histórica; pero si aporta nuevas luces sobre
códigos, significarles y signifi ca:atcs, formas discursivas,
como lo muestra la historiografía de Damton, habría que pensar que efec-
tivamente la historia cultural, entendida como el inconsciente transindividual,
será una vía regia para incorporar las aportaciones sobre el estudio de la
cultura al paradigma histórico del nuevo milenio.
134
EPÍLOGO
Evocando a León Felipe diré que al sueño no se baja por peldaños. A pesar
de ello,. hay que cribar para encontrarle al sueño la pepita, y hay que escarbar
en el pajar para saber dónde y cuándo puso su huevo la locura. En los datos
inconexos y «esquiciados de la historia no se cuenta la verdad; el historiador
debe descubrir el momento cazar la señal que obligue a los hechos
a cobrar significación, a ampliar su destino, a existir de modo absoluto en un
iicmpo que no transcurre: el de la interpretación, ya que en la vida todo
desaparece antes de que lo hayamos mirado bien. ¿Cómo producen los seres
humanos una histOria propia?, ¿ cómo elaboran un sentimiento de continui"
dad de existir, que. después sustenten, consoliden y remodclen? En esta
producción del sujeto, ¿qué papel ocupa el imaginario, la fantasía, la
identidad de género, las formas de poder social? ¿Cómo entender las
relaciones complejas entre sujeto, sociedad y modos contemporáneos de
dominación? ¿Cómo se enlazan psique y campo social?
En nuestros días, diversas tcoria sociales muestran gran interés por
el psicoanálisis, la recuperación de los mitas, los sueños, las uto¡Jías, las
leyendas, el chisme, el rumor, con la expectativa de-que sirvan de base finite
para compulsar, examinar y teformular esas preguntas.
La historia cultural se ha inspirado en la teoría social como una trans-
formación radical para bordar las euestiones que plantea el enlace entre
las formas de dominación y explotación poütica y la constitución del sujeto.
Pero silos especialistas en teoría social coinciden hoy en que esos nexos entre
deseo y dominación son muchísimo más complejos de lo que se creía, existen
notables discrepancias aéerca del mejor modo de considerar la cuestiones del
yo y, en general, el plano de la suhjeliYidad humana. Los debates actuales de la
historia intelectual que abarcan desde la historia deJa mentalidades hasta
la psioohistoria discurren por un espectro de posturas e intereses t®ricos; se
trata de discursos que influyen, en aspectos precisos, sobre la crítica social
y emancipadora, y generan diversas sobre el nexo entre
135
pensamiento, psique y mundo social contemporáneo, que se traduce en
novedosas estrategias compresivas de la teoría de la historia y acerca de la
identidad propia y la subjetividad. .
Ante la abundante producción histórica de los úhimos tiempos, la
diversidad de caminos acreditados para reconstruir el pasado, la ampliación
casi ilimitada de lo "histórico", se hace imprescindible un trabajo teórico que
entraña la reconceptualizaeión de las diversas vertientes del mundo llamado
ampliamente intelectual. Llevar esa tarea a buen término exige, como punto
de partida, una evaluación precisa de la obra de aquellos autores que crearon
los primeros términos de referencia para expresar las conexiones entre la
teoría social y la realidad social. En este sentido, los abordajes teóricos de
la Escuela de Frankfurt, por un lado, los de Lacan, por el otro, las posiciones
estructuralistas y, recientemente, autores como Michel de Certcau, Robert
Darnton, Peter Gay, Rogcr Chartier, Peter Burke, que encabezan una larga
lista de autores y de temas que -con diferente vocabulario político de crítica
moral y emancipadora- inciden en un punto nodal: la exploración de las
relaciones entre sujeto y sociedad
El problema de la subjetividad humana en la perspectiva de su constitu-
ción reflexiva (no en tanto una sustancia p dada) se planteó como una
cuestión fundamental a oo.mienzos del siglo XX. Recientes acontecimientos
mundiales han quitado toda justificación política a la celebración posmoderna
de "la muerte del sujeto", y al advenimiento de una condición "postideológica",
tan en boga durante tanto tiempo en algunas partes. Diversos críticos con-
temporáneos han sostenido que la deconstrucción posmodcrnista de la
subjetividad, en tanto mera diferencia y heterogeneidad, fue en muchos
aspectos una astucia ideológica de la propia-economía del capitalismo iardío,
que enmascaró los intentoscomplejosyeontradictariosdemujeresy hombres
por apropiarse de las condiciones de su y por gobernarla, por lo me-
nos intelectualmente. En contra de la destrucción posmodema del principio
de la subjetividad, hoy se perfila un afán, quizá más intenso que nunca, por
elaborar una concepción más realista de la persona y de la experiencia
histórica social contemporánea, por obtener un mejor relato, más riguroso
Y específico, de la subjetividad humana, y porapreeiar, en nosotros mismos,
los aspectos habilitantes que posean valor político dentro de las estructuras
sociales e institucionales. La historia cultUral lia sido una de las prime-
ras expresiones de estos afanes. .
_Las teorías del sujeto humano en las que se fundamenta la historia
cultural propuesta, entre otras, por las teorías del inconsciente, la semiótica
136
y la lingüística demuestran que la psique, el lenguaje y sus imaginarios están
siempre descentrados consigo mismos por su inserción traumática en el
orden socio-simbólico de las sociedades modernas. Pero este descentra miento
del sujeto tiene valor, visto desde un ángulo social y político, porque deja sitio
a un compromiso reflexivo con el propio ser :y con otros. Las relaciones
sociales son la fuente del sujeto descante, pero al mismo tiempo, la dinámica
creadora como tal la replasma de manera activa. Por eso sostengo que la
historia cultural, al trazar un puente entre la imaginación y la realidad, tiene
señalada importancia para el pensamiento social. En los debates contempo-
ráneos sobre la índole creadora de la acción humana, sobre las posibilidades
de una transformación social y política y la modernidad y el posmodcrnismo,
es esencial la cuestión de la naturaleza de la psiq11e para analizar y com-
prender la subjetividad hu!r.ana.
Contra la idea hoy en boga de que el imaginario colectivo en el que se
basa la historia cultural es un mero sistema lingüístico que puede ser dccons-
truido por una légica. formal sostengv q.ue t&na cdtica del de¡¡eo
reprimido de la historia debe volver a ciertas sendas y tesis tradicionales que
esboza la teoría freU.diana de la psiqzte. El inconsciente es más una cuestión
de representación individual y colectiva que de lenguaje; es más efecto pro-
ductivo de formas de representación, de impulsos., y de afectos, que signi-
ficación. En tanto en la otra cara del lenguaje, el inconscienté actúa como eje
organizador en la historia, en la constítución y reproducción de una subje-
tividad dentro de las relacioneS de poder y de los intereses sociales contem-
poráneos, lo cual no significa que sea un subproducto pasivo del campo
social Las relaciones entre el imaginario y los intereses sociales en la historia
son. rompkjas, contradictorias; una dinámica inconsciente labora en ellas
para procesar y tra.•sformar relaciones ideológicas del campo social a través
de condensación, desplazamiento, trastornos del afecto.
& preciso repensa¡ la intersección de este orden inconsciente de repre-
se!ltación con los procesos sociales modernos, pero a través de un esquema
que no sea el de una ley monolítica que someta a los individuos por los
artifici()sfonnales de un lenguaje o por lbs efectos de un mundo administrado.
Por lo tanto, del 7tnálisis de Damton y Gay se puede concluir que los .
supuestos teóricos y argumentales de la historia cultural son:
l} El inconsciente es una dimensión imaginaria que parte de la vida
psíquica y de la subjetividad; una dimensión por la cual el sujeto se abre a
sí mismo, a otros, a la razón y a la sociedad.
2) Que en un plano individual y .cOlectivÓ, ·los sujetos humanos nunca
137
son plasmados pasivamente podas formas simbólicas de la sociedad, sino que
ellos reciben esas significaciORcs activamente y las replasman de manera
creadora a través de una representación.
3) Que la recepción de las formas simbólicas ocurre en el interior de
relaciones sociales e ideológicas específicas de dominación y poder.
La propuesta de la historia cultural es, así, mucho más que una recu·
pcración del pensamiento de Freud y Lacan: una afortunada combina·
ción de rigor histórico, impuesto por el redescubrimiento de fu.cntes, y la
dimensión interpretativa que encontró uno de sus más fcrtil es caminos en
el psicoanálisis.
La historia cultural, en la medida, que fortalezca e identirique sus cate·
gorías conceptuales, por la vía del análisis historiográfico, puede ser el
correlato del del st!jeto. En este sentido, se encuentra profun·
da mente vinculada con la tradición libcraldccimonónicay sus raíces ilustradas;
de ahí la fascinación que ejercen ambas épocas en nuestros autores. Es por
ello que la historia cultur.1l ubicada en una perspectiva muy amplia del
desarrollo del pensamiento occidental es una de las estaciones que responde
a la razón del ser del individuo, por lo cual es claro que est11 manera de accr·
carse a la historia, en el fondo, significa la ruptura del paradigma que pre-
conizó el fin de la historia, y una vía de recuperación posible del individuo
después de aquellas que intentaron explicarlo solamente en ruzón de la
religión, del medio geográfico, de los modos de producción, de los estadios
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