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¡El Rey ha muerto!

Episodio I: El origen
Por: Patricia Díaz Terés
El ajedrez es un juego sin par, regio e imperial.
Napoleón Bonaparte
Invariablemente con estas palabras concluye una partida del complejo juego del
ajedrez, ya que al pronunciar el famoso “jaque mate”, además de anunciar la derrota
incontestable de nuestro adversario, estamos haciendo alusión -si bien con una deformación-, a
las palabras persas “shat mat” cuyo significado en nuestra lengua es el título que encabeza la
página.
Habiendo atravesado por una gran cantidad de transformaciones y modificaciones a lo
largo del tiempo, y en su viaje alrededor del mundo, el ajedrez se nos presenta actualmente
como el rey de los juegos que podríamos denominar como “intelectuales”, ya que en él deben
conjugarse la capacidad intelectual del jugador con su pericia para plantear estrategias, aplicar
sus conocimientos y analizar al contrincante todo esto agregando, como dijo el Gran Maestro
David Bronstein, “una pizca de fantasía”.
El tema del origen real del ajedrez ha sido controversial y ampliamente discutido por
autores como H.J.R. Murray, Fred Wilson y H.J. Raverty, entre otros; todos ellos coinciden en
que los primeros en practicarlo –aunque en forma un tanto rudimentaria- fueron los habitantes
de la India; sin embargo, historiadores como Pavel Bidev y Joseph Needham en sus
respectivas investigaciones o el experto en ajedrez Samuel Sloan haciendo un análisis de
textos del Lejano Oriente, ha podido ubicar el surgimiento del juego en el antiguo Imperio
Chino.
Siendo un hecho que la idea de Sloan no es la comúnmente reconocida o aceptada,
este autor sostiene que es en la literatura de dicho país en donde se localizan las referencias
más antiguas al tablero de los escaques, llegando hasta el 2000 A.C aproximadamente. De
esta manera lo encontramos mencionado en los poemas que conforman la colección “Chu
Chi” del escritor Chii Yuan de la dinastía Chou; al mismo tiempo que aparecen en un libro de
filosofía titulado “Shuo Yuan”, durante el reinado de la dinastía Han.
Por otro lado, si tomamos en cuenta la hipótesis del origen hindú del ajedrez, se puede
referir que el inventor del mismo fue un sabio conocido como Shashi in Sind, quien radicaba
en el reino de King Ra Bhali, al noroeste de la India; así se dice fue el nombre del hijo de aquél
el que dio origen a la palabra ajedrez derivando de Shah a Shak y finalmente a chess
(ajedrez).
Según esta historia, la cual tiene otra versión prácticamente idéntica pero situada en
Arabia, existió un rey (para los árabes de nombre Selam) que muy disgustado por el tedio que
le generaba su vida en la corte, prometió una gran recompensa a quien fuera capaz de librarlo
del aburrimiento. Fue así como un sabio acudió una mañana ante el soberano y, sentándose
frente a él, le ofreció un reto colocando un tablero dividido en casillas de dos colores diferentes
y sobre el cual dispuso piezas de marfil. Después de explicar las reglas del juego, ambos se
enfrascaron en una partida de ajedrez; tras dos exhaustivos y largos intentos el soberano no
podía vencer a su anciano rival, lográndolo únicamente al caer la noche.
Tan complacido resultó el estadista que ofreció al visitante cualquier tesoro que sobre
su dominio encontrase. Muy simple resultó a sus reales ojos la petición del ilustrado: un grano
de trigo por el primer cuadro, dos por el segundo, cuatro por el tercero y así se seguiría
duplicando la cantidad hasta abarcar el tablero completo. El gobernante, sin saber a lo que
accedía, ordenó a sus sirvientes cumplir el deseo del visitante; mas después de varias horas,
centenares de criados continuaban contando granos hasta que el Gran Visir después de
calcular la cantidad final, se acercó a su señor para indicarle que en todo el reino no existía
suficiente de trigo para cumplir la promesa. Se dice que el erudito marchó de palacio sin exigir
su pago y nadie volvió a saber de él.
A quien le haya generado curiosidad la suma total puedo facilitarle, si bien no la cifra
exacta, sí el hecho de que sobrepasa los 18 trillones de granos.
Pero dejando a un lado el origen – real o tradicional- del ajedrez, se ha especificado
que de hecho existen diversas variantes de este juego, de manera que se tiene el ajedrez chino
o Shaing Chi –también denominado Xiangqi-, el japonés o Shogi, coreano, birmano,
camboyano, tailandés, turco y aún hasta etíope, siendo la nuestra el llamado ajedrez
occidental.
Entre todos ellos existen algunas constantes como el hecho de que la captura del rey
lleva a la conclusión inmediata de la partida, también las torres (o similares) se encuentran
ubicados en las esquinas y los peones al frente. Algunas variantes sin embargo son, por
ejemplo, la ausencia de la reina, la inclusión entre las piezas de elefantes o cañones, el
establecimiento de un límite físico –un río en el ajedrez chino- entre los bandos opuestos o la
utilización de puntos en lugar de cuadros en el tablero.
Continuando con lo referente a la forma estética del juego, el número y estilo de piezas
también se modificaron dependiendo del lugar y la época en que se practicara el ajedrez; de
este modo mientras que los chinos y japoneses utilizaban fichas con su respectivo nombre
grabado en la superficie; los europeos prefirieron jugar con pequeñas esculturas de forma
definida.
Así, desde Oriente, y probablemente en una caravana a través del desierto de Gobi
(entre Mongolia y China), el ajedrez llegó a Europa en donde comenzó a practicarse surgiendo
así su versión moderna hasta el siglo XV, momento en que se incluyó la figura de la Dama,
además del alfil y la posibilidad de capturar a los peones.
Entre los soberanos europeos, el ajedrez despertó gran interés a lo largo de la historia,
así por ejemplo el monarca español Alfonso X “El Sabio”, habiéndolo conocido gracias a los
árabes, decidió mandar a elaborar en 1321 un tratado al respecto intitulado “Libro del
Acedrex”; mientras que Ruy López de Segura, confesor del rey Felipe II en 1561 publicó su
manuscrito “Libro de la invención liberal y el arte del ajedrez”.
Como se puede ver muchas son las hipótesis que existen acerca del origen del juego
intelectual por excelencia, pero una realidad es que esta práctica ha logrado trascender en el
tiempo y extenderse allende las fronteras de su país de origen sea cual sea, tomando en esta
forma características de cada una de las culturas en las cuales se introduce, lo que nos
muestra que se trata de un juego tan versátil como desafiante.
FUENTES:
“A través de l Ancho Mundo”. Tomo I. Aut. Oriol Galí Forés, Jaime Ministral Masiá y Arturo
Raúl Martínez. Ed. Manuel Marín y Cía. Editores. Barcelona 1956.
Artículo: “El origen del Ajedrez”. Aut. Samuel Sloan. Berkeley, 1985.
Artículo: “La verdadera historia sobre el origen del Ajedrez”. Aut. Mariano Víctor Piñeyro.
Buenos Aires, Arg.