ENCUENTRO  con la

M I N I S T E R I O
BOLETÍN #7/12

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Música
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Desarrollo

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Hay inquietudes en relación a los instrumentos que deben o no acompañar la alabanza en los cultos de adoración. Comenzaré, en este boletín, abordando las primeras tres preguntas y en el próximo trataré de contestar algunas otras más. Las preguntas dicen: ¿Por qué si la Biblia menciona en los Salmos que se pueden usar múltiples instrumentos de percusión no se permite el uso de algunos de ellos? ¿Por qué en la UM el acompañamiento instrumental se limita al uso de instrumentos de la orquesta…? ¿es la batería un instrumento adecuado en la música de adoración? Cuando la Biblia habla de instrumentos de percusión, se refiere básicamente a tres: al pandero , traducción de la palabra hebrea tof, y que a veces se traduce también como tamboril o tamborín (estos instrumentos tenían la forma de un tamborcito de mano); al címbalo, de la palabra griega kúmbala y que en hebreo viene de un verbo que significa batir, golpear, sonar y que eran una clase de platillos pequeños que se percutían en forma vertical y horizontal con el fin de variar la intensidad de su sonido; y al sistro, palabra que se deriva del verbo hebreo nua´ que significa sacudir y que era un tipo de sonaja metálica (CBA, T 3:31-44). Las diversas familias de instrumentos han ido evolucionando con el paso de los años y hoy tenemos, como instrumentos de percusión que usan las agrupaciones instrumentales en la iglesia, los timbales, los tambores militares, el bombo, los platillos, las campanas tubulares, el xilófono, el triángulo y quizá algunos más. El acompañamiento instrumental a los cantos congregacionales en nuestra iglesia lo ofrecen instrumentos como el piano, el órgano y agrupaciones como el Ensamble de Metales, la Banda y la Orquesta. Esta última es la agrupación instrumental más completa que existe, ya que están representadas en ella todas las familias de instrumentos: cuerdas, aliento, metales y percusión. Así, pues, si en nuestra iglesia se cuenta con una orquesta para acompañar la alabanza en los cultos, debiéramos sentirnos

Norka H. de Castillo
Es maestra normalista y tiene una Maestría en Música por la Universidad Andrews. Actualmente se desempeña como Directora General del Conservatorio de Música de la Universidad de Montemorelos, en Montemorelos, N.L.

por:

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Boletín #7/12 “Encuentro con la Música”
privilegiados ya que estamos siendo acompañados por una significativa variedad instrumental. Quizá la inquietud mayor sea el saber las razones por las que no se ha permitido en nuestra iglesia, la introducción de agrupaciones constituidas básicamente por instrumentos de percusión para el acompañamiento de los himnos. Un manejo equilibrado de los tres elementos constitutivos de la música, podría aplicar el siguiente orden de importancia: en primer lugar debe estar la melodía como vehículo de un mensaje que apele al espíritu. En segundo lugar, la armonía, consonante en general y que acompañe correctamente, apelando a la mente. En tercer lugar, el ritmo, que por apelar al cuerpo, a la naturaleza física, basta su presencia dentro de la melodía y dentro de la armonía. Los instrumentos de percusión, tienen su lugar dentro de los ensambles instrumentales que son llamados a acompañar la música en la iglesia, pero su aporte sonoro no debe ocupar el lugar preponderante en la música. Como tradicionalmente estos instrumentos se han usado para marcar, enfatizando el ritmo, instrumentos como la batería, han sido creados primariamente con el fin de acompañar la música bailable. Los instrumentos y agrupaciones instrumentales que se usan para acompañar la música en la iglesia, deben tener como objetivo primordial el enriquecer la alabanza de los adoradores y esto se logra mejor a través del uso de instrumentos que doblan y por lo tanto refuerzan la melodía, que es el elemento musical que todos entonamos. Es nuestro privilegio adorar a Dios, con alegre reverencia (Salmos 2.11), elevando nuestras voces en alabanza perpetua por lo que Él es, por lo que ha hecho y continúa haciendo en nuestras vidas. ¡Así sea!