ENCUENTRO  con la

M I N I S T E R I O
BOLETÍN #4/12

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Música
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Desarrollo

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Nos hicieron llegar tres preguntas en torno a la alegría en la música de alabanza. La primera: ¿Por qué no se canta música que inspira mayor alegría?; la segunda es una declaración, y dice: “deberíamos tener cantos más alegres… el pueblo de Dios cantaba cosas alegres a Dios, y no cantos de funeral” (aunque en una de las Lecciones de Escuela Sabática se nos enseñaba que a veces nos

Norka H. de Castillo
Es maestra normalista y tiene una Maestría en Música por la Universidad Andrews. Actualmente se desempeña como Directora General del Conservatorio de Música de la Universidad de Montemorelos, en Montemorelos, N.L.

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tocará alabar a Dios aún en medio de la tristeza); y la tercera: ¿Por qué la música dentro de la iglesia debe ser toda con un mismo ritmo y no se utiliza mayor alegría?

La música es un lenguaje en sí misma y cuando se la usa para acompañar a una buena poesía, se convierte en un canto. Un buen canto, como forma de alabanza, es poderoso: “Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas; para avivar el pensamiento y despertar simpatía; para promover la armonía de acción y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo”. (La Educación, capítulo “Poesía y Canto, pág. 163)

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La música está cargada de emociones; puede ser alegre o triste, dulce o agresiva, puede ser espiritual, sentimental o explosiva. Los diferentes elementos musicales (melodía, ritmo, armonía, tempo), deben combinarse artísticamente para lograr que un canto denote cualquiera de estas emociones. El tempo o aire, explicado

Boletín #4/12 “Encuentro con la Música”
de una manera sencilla, es la rapidez o lentitud con la que es ejecutada una obra musical. Cuando éste no está especificado, como en el caso de los himnos, el texto lo dicta de manera muy adecuada. Por ejemplo, la mayoría de los himnos que tenemos en nuestro himnario invitan a la alabanza, hablan de gratitud, de victoria, de entrega, sumisión o relatan momentos de vivencia espiritual; debemos entonarlos con alegría ya que Dios, a través de su trato hacia nosotros y la forma en que se nos revela, nos da sobrados motivos de gozo. Será, entonces, la alegría genuina del corazón la que se traducirá en una alabanza gozosa.

A veces me parece que decimos que buscamos alegría en la música religiosa cuando lo que probablemente buscamos en realidad es que tenga alguna semejanza con la música secular. ¿No será que nos hemos acostumbrado tanto a escuchar géneros seculares que hemos desarrollado un gusto especial por ellos? Yo les invito a que nos demos un tiempo, hoy, para analizar nuestro himnario y tratar de familiarizarnos con la gran riqueza musical (melódica, rítmica, armónica y literaria) que tenemos en él. Hace unos años nos visitaba periódicamente un respetado maestro jubilado de la Universidad Veracruzana de Jalapa, que estaba ayudándonos a elevar el nivel de desarrollo auditivo y lectura musical de nuestros alumnos. Nos insistió mucho en que le regaláramos un himnario y en repetidas ocasiones me habló de la gran riqueza musical que teníamos los adventistas en él.

Creo que volvemos a lo que decíamos en nuestra primera plática: aunque fuimos creados para vivir en completa armonía con la Santa Ley de Dios, con la entrada del pecado nuestros gustos se pervirtieron dejándonos desde entonces en total armonía con el mundo (Génesis 8:21) y alejados de Dios. En lugar de tratar de alinear la música de la iglesia a nuestros gustos, lo que debemos procurar, si es que en realidad queremos agradar a Dios, es que Él transforme nuestros gustos musicales para que estén en armonía con la música que a Él le agrada (Ezequiel 36: 26,27). Si dejamos que nuestros gustos no santificados rijan la selección que hacemos de la música que ofrecemos a Dios, seguramente ofreceremos lo que apela a nuestra naturaleza carnal no santificada (Romanos 8: 5-8), por lo que no agradaremos a Dios. Querido joven o hermano, ¿puedes decir con sinceridad que el oír o ejecutar la música cristiana contemporánea ha ido acrecentando cada vez más en ti, el anhelo por la presencia continua de Dios en tu vida? Contesta para ti mismo, y ora. El Señor te invita a no conformarte a las prácticas de este mundo (Romanos 12:2), pero para ello, necesitarás que el Espíritu Santo lleve a cabo el milagro de una transformación completa en todos los aspectos de tu vida. No olvides que sólo la música que procede de Dios, te conducirá a Dios.