H.

SCIENTIFIC EDITORIAL COMMITTEE
Name Country Institution Area
Dr. UhSung Kim
Chief Director
Republic of
Korea
Busan University of
Foreign Studies
Linguistics
Dr. Oswaldo MéndezRamírez
Chief Coordinator
Republic of
Korea
Busan University of
Foreign Studies
Anthropology.
Social Policy
Dr. ChongWook Park
Associate Counsel
Republic of
Korea
Busan University of
Foreign Studies
Literature. Cultural
Studies
H. INTERNATIONAL EDITORIAL BOARD
Name Country Institution Area
Dr. David L. Robichaux
Haydel
Mexico Universidad
Iberoamericana
Ciudad de México
Social
Anthropology.
Culture
Dr. Adolfo Rogelio Cogco C. Mexico Universidad Autónoma
de Tamaulipas
Economy
Dr. Enrique Valencia Lomelí Mexico Universidad de
Guadalajara
Economy.
Social Policy
Dr. Eduardo Pastrana Colombia Pontificia Universidad
Javeriana
Politics
Dr. Oscar Alfonso
Martínez M.
Mexico Universidad
Iberoamericana
Ciudad de México
Politics.
Social Policy
Dra. Beatriz A. Servín H. Mexico Universidad Autónoma
de Ciudad Juárez
Politics.
Social Policy
Dra. Sandra E. Mancinas
Espinoza
Mexico Universidad Autónoma
de Nuevo León
Politics.
Social Policy
Dr. José Luis Talancón U.S.A. Universidad Nacional
Autónoma de México
(Los Ángeles)
Sociology
Dr. Adolfo Benito
Narváez T.
Mexico Universidad Autónoma
de Nuevo León
Sociology of
Spaces. Urban
Studies
Dr. Sergio Grez Toso Chile Universidad de Chile History.
Dr. Adalberto Santana Mexico Universidad Nacional
Autónoma de México
History of the
ideas
Dr. Pedro P. Rodríguez Cuba Centro de Estudios
Martianos
History of the
ideas
BUSAN UNIVERSITY OF FOREIGN STUDIES
INSTITUTE OF IBEROAMERICAN STUDIES
ISSN 2234-0718
VOL.2・NO.2
JULY-DECEMBER 2012
!n!erna!Iona! !ourna! of
La!In AmerIcan S!udIes
Vol. 2. No. 2 | July-December 2012
ÍNDICE

| Artículos |

001 COMPORTAMIENTO POLÍTICO: UN APORTE A LA
DISCUSIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA TEÓRICA Y
METODOLÓGICA
Armando Duarte M.; Martha C. Jaramillo C.
027 PERSONALIZACIÓN, ORGANIZACIÓN COLEGIADA E
INSTITUCIONALIZACIÓN: PINOCHET, LA JUNTA Y LA
CONSTITUCIÓN DE 1980.
Gustavo H. Fontanals
051 THE BICENTENNIAL STAMP: NATION AND DIFFERENCE IN
2010 ARGENTINIAN CELEBRATIONS
Mario Rufer
085 LA CINEMATOGRAFÍA DURANTE EL PERONISMO:
PROYECTANDO UNA NUEVA ARGENTINA EN LA
PANTALLA
María Cristina Osorio Villegas
109 PERCEPCIONES DE LOS ACADÉMICOS SOBRE LA
TRANSFERENCIA DE CONOCIMIENTOS A LAS EMPRESAS
EN LA ARGENTINA
María Fernanda Arias.
139 LA EXPERIENCIA EN PRISIÓN DE EX POLICÍAS
SENTENCIADOS POR SECUESTRO EN MÉXICO
Miquel Ángel Ruiz Torres; Elena Azaola
171 ALCANCES Y RETOS DE LOS PROGRAMAS DE POLÍTICA
PÚBLICA EN SALUD PARA LA DISCAPACIDAD AUDITIVA
Nancy Fabiola Moreno Zavala; José Manuel Rangel Esquivel
!n!erna!Iona! !ourna! of
La!In AmerIcan S!udIes
¹ulvDcccmhcr zÛTz l pp. TzÛ Vol. 2. No. 2
COMPORTAMIENTO POLÍTICO: UN APORTE A LA
DISCUSIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA TEÓRICA Y
METODOLÓGICA
POLl1lCAL BLHAVlOP. A 1HLOPL1lCAL AN0
VL1HO0OLOClCAL APPPOACH
Armando Duarte M.*
Martha C. Jaramillo C.*
* Uolvercldad AuLóooma de Ba¦a Callforola, 1l¦uaoa |Véxlco|
Resumen. Nuestro planteamiento parte de la consideración de que el
comportamiento político es “una forma específica de comportamiento social,
que está referido a las acciones de los individuos orientadas a incidir en el
campo de la política” (Duarte y Jaramillo, 2009, p. 147). Esta
conceptualización del comportamiento político como una acción social
asume la formulación ya hecha por Max Weber que establece que ésta ocurre
cuando los individuos le atribuyen a la misma un significado subjetivo. En
consecuencia, el interés del investigador en el objeto de estudio así definido,
tiene que ver no solo con lo que hacen los individuos, en este caso en el
campo de la política, sino sobre todo con el por qué lo hacen. En estas
condiciones, el enfoque positivista-cuantitativo que ha dominado los
estudios del comportamiento político desde mediados del siglo pasado y la
utilización de las técnicas de investigación cuantitativa resultan claramente
insuficientes. Se hace necesario pues recurrir a un paradigma alternativo
cuyos principios epistemológicos y la metodología que de él derivan permita
aprehender la subjetividad que subyace al comportamiento político para
lograr un conocimiento más profundo. Este es el paradigma pospositivista
que rescata para la investigación social la tradición interpretativa del
historicismo y la filosofía alemanas de los siglos XVIII y XIX y que tiene en
Max Weber a uno de sus más destacados exponentes.
2 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Abstract. Our approach begins with the consideration that political behavior
refers to “a specific form of social behavior, and of those actions made by
individuals aimed to influence in a political sphere” (Duarte and Jaramillo,
2009, p.147). This concept of political behavior, as social action, takes into
considerations the notions formulated by Max Weber that indicates that this
occurs when individuals ascribe a subjective significance to it. Therefore, our
defined interest deals with not only what actions individuals take, but also
with the reasons for doing it, within a political scheme. Under these
circumstances, it is evident that the quantitative positivist approach that has
dominated political behavior studies, since the last half of the 20th century,
as well as the use of quantitative investigation techniques is clearly
insufficient. It becomes necessary then to resort to an alternative paradigm
with epistemological principles and the methodology necessary that allows
us to grasp the subjectivity that lies behind political behavior in order to
obtain an in depth knowledge. This post-positivist paradigm rescues the
historicism traditional interpretation of social investigation and German
philosophy form the 18th and 19th centuries, highlighted by the theories of
Max Weber.
Palabras clave: Política, comportamiento social, comportamiento político,
paradigma pospositivista, subjetividad.
Key words: Politics, social behavior, political behavior, post-positivist
paradigm, subjectivity.
. Introducción.
La política ha sido objeto de atención por parte de los estudiosos de las
más diversas disciplinas a lo largo de la historia de la humanidad. Ya en la
antigüedad, Platón y Aristóteles, los llamados padres de la filosofía habían
dedicado parte importante de sus reflexiones y estudios a esta actividad a la
que consideraban inherente a la naturaleza humana. En la Roma antigua
destacan las obras de Polibio y en la Edad Media las de San Agustín y Santo
Tomás de Aquino. Hasta entonces, las reflexiones en torno a las relaciones y
los problemas de organización de la sociedad y del poder se encontraban
generalmente vinculadas a creencias religiosas.
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 3
Con el advenimiento del Renacimiento y la Edad Moderna, las
reflexiones y los estudios que tuvieron a la política como objeto de sus
afanes experimentan en occidente un golpe de timón. La obra de Nicolás
Maquiavelo libera a la reflexión sobre la política de sus ataduras teológicas
y filosóficas dando paso al “primer campo secularizado del saber que habrá
de irse constituyendo dentro del orden más vasto de las ciencias sociales”
(Portantiero, 1992). Este impulso en el pensamiento político, resultado de
las profundas transformaciones económicas y sociales de la época, jugó a
su vez un papel fundamental en la configuración del nuevo orden emergente
en el mundo occidental. Basta con señalar, a manera de referencia, el
enorme impacto que tuvieron las ideas políticas de John Locke y
Montesquieu en el desarrollo de la historia de Europa y América a partir del
siglo XVII, en el fin del absolutismo y en el resurgimiento de la república y
la democracia.
Sin embargo, el estudio de la actividad política de los individuos
considerada como un objeto de estudio en sí misma, como un hecho social
que se busca explicar y comprender, no cobra relevancia sino hasta mediados
del siglo XX cuando las ciencias sociales, particularmente la ciencia política,
lo colocan en el primer plano de sus preocupaciones científicas bajo el
concepto de “comportamiento político”. Murillo (1979) refiere que bajo el
influjo del positivismo lógico y la creciente utilización del análisis
estadístico en las ciencias sociales, estos estudios logran un gran desarrollo
particularmente en los Estados Unidos de América.
Este hecho trajo como consecuencia que desde entonces, el estudio del
comportamiento político en occidente haya estado dominado por un enfoque
positivista-cuantitativo que ha dado lugar al desarrollo de diversas teorías o
perspectivas teóricas y a un gran número de trabajos de investigación que
buscan explicar este fenómeno. En el presente artículo se discuten las
perspectivas teóricas que han protagonizado el debate epistemológico y
metodológico en las ciencias sociales y algunos de los enfoques para el
estudio del comportamiento político que han derivado de ellos, para sustentar
la argumentación en favor de desarrollar un nuevo enfoque para abordar el
problema a partir del rescate de los postulados de la teoría crítica
1
, los cuales
1
La Teoría Crítica es una escuela de pensamiento filosófico y social que tuvo asiento en el
Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, y que surgió en el periodo
4 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
ofrecen una solución plausible a la controversia metodológica planteada
entre positivistas y no positivistas.
Nuestro planteamiento parte de la consideración de que el
comportamiento político es “una forma específica de comportamiento social,
que está referido a las acciones de los individuos orientadas a incidir en el
campo de la política” (Duarte y Jaramillo, 2009, p. 147). Esta
conceptualización del comportamiento político como una acción social
asume la formulación hecha por Max Weber que establece que ésta ocurre
cuando los individuos le atribuyen a la misma un significado subjetivo. En
consecuencia, el interés del investigador en el objeto de estudio así definido,
tiene que ver no solo con lo que hacen los individuos, en este caso en el
campo de la política, sino sobre todo con el por qué lo hacen.
En estas condiciones, el enfoque positivista-cuantitativo que ha
dominado los estudios del comportamiento político desde mediados del
siglo pasado y la utilización de las técnicas de investigación cuantitativa
resultan claramente insuficientes. Se hace necesario pues recurrir a un
paradigma alternativo cuyos principios epistemológicos y la metodología
que de él derivan permita aprehender la subjetividad que subyace al
comportamiento político para lograr un conocimiento más profundo. Este es
el paradigma pospositivista que rescata para la investigación social la
tradición interpretativa del historicismo y la filosofía alemanas de los siglos
XVIII y XIX y que tiene en Max Weber a uno de sus más destacados
exponentes. Sin embargo, la tentación que pesa sobre esta perspectiva de
abandonar toda pretensión de objetividad es superada por la teoría crítica
sin renunciar al reconocimiento de la importancia fundamental de la
subjetividad en los fenómenos sociales, por lo que sus postulados
constituyen a nuestro juicio la base para el desarrollo de un enfoque integral
mas adecuado para el estudio de un fenómeno de la complejidad del
comportamiento político.
comprendido entre la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Entre sus exponentes más
destacados se encuentran Max Horkheimer, Theodor Adorno, Walter Benjamín, Erich
Fromm, Herbert Marcuse y Jurgen Habermas.
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 5
. Perspectivas teóricas para el estudio del
comportamiento social.

En el desarrollo de las ciencias sociales pueden observarse dos grandes
perspectivas teóricas para alcanzar el conocimiento de la sociedad y la
comprensión de sus procesos. A cada una de ellas subyacen determinados
paradigmas epistemológicos de los que derivan distintas metodologías para
acercarse a la realidad y aprehenderla. En el desarrollo de la sociología este
hecho es particularmente claro.
2
En los inicios de esta disciplina prevaleció
el paradigma positivista en virtud de que durante el siglo XIX, la sociología
libraba una dura batalla para lograr ser reconocida como ciencia. Para los
fundadores de la sociología, éste reconocimiento sería posible sólo en la
medida en que se deslindara de la tradición filosófica que dominaba en ese
entonces los trabajos de investigación social e incorporara los principios y
las metodologías de este paradigma, dominante a la sazón en las ciencias
naturales.
El paradigma positivista.
El positivismo se forjó en el periodo histórico en el que, en medio de
profundas transformaciones políticas y sociales, surge y se consolida la
burguesía como clase social hegemónica en occidente y, con ella, el
desarrollo de sistemas de contabilidad y cálculo que admiten, adoptando el
sistema numérico arábigo, la utilización del cero. Este hecho tuvo una
importancia decisiva en el desarrollo de la ciencia.
Con la admisión del cero por parte del occidente europeo se
consolida el pensamiento lógico formal y se abre la puerta a la
matematización del mundo; la naturaleza puede entonces concebirse
en términos de reglas y leyes formales, es decir, puede ser
2
Delgado y Gutiérrez (1995), realizan una excelente reseña del desarrollo de estas
perspectivas en el contexto de la historia de las ciencias sociales, en el primer capítulo de
Métodos y técnicas cualitativas de investigación de editorial Síntesis, España. Asimismo,
Portantiero (1992) sostiene que en la sociología clásica, las perspectivas desarrolladas por
Durkheim y Weber constituyen las aportaciones teóricas más relevantes hasta la actualidad;
que después de ellos, “poco se avanzará teóricamente”.
6 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
idealizada, y por tanto puede dejarse de lado todo aquello que es
consustancial a su diversidad para permitir la creación de modelos
simplificados de la realidad susceptibles de la manipulación
matemática. (Delgado y Gutiérrez, 1995, p. 53).
La nueva forma de ver el universo se sustenta en la convicción de que
éste es un “flujo de acontecimientos que suceden según leyes” por lo que la
cuestión a desentrañar no es ya “el por qué” o el “para qué” de las cosas,
sino “el cómo”. Es un “interés pragmático, mecánico-causalista”.
(Mardones, 2001, p. 23). A la sombra de este paradigma, las ciencias
naturales alcanzan en esta etapa histórica un espectacular desarrollo, en
particular la física, gracias a las investigaciones de Newton. Este hecho
ejerció una gran influencia en la naciente sociología. No es casual que el
llamado fundador de ésta, Augusto Comte desarrollara en su obra los
conceptos de física social, dinámica social y estática social para explicar la
sociedad y sus fenómenos.
En el núcleo del paradigma positivista se encuentra la noción de que la
realidad existe fuera de los individuos, “totalmente hecha, acabada y
plenamente externa y objetiva, y que nuestro aparato cognoscitivo es como
un espejo que la refleja dentro de sí, como una cámara fotográfica que copia
pequeñas imágenes de esa realidad exterior” (Rodríguez et. Al., 1999, p. 14).
En consecuencia, lo verdadero, lo objetivo, es aquello que refleja esa
realidad sin deformaciones y la ciencia social debe proporcionar al
investigador las herramientas teóricas y metodológicas que aunadas a sus
sentidos le permitan llegar a la verdad y conocer la realidad. “Sólo lo
verificable empíricamente sería aceptado en el cuerpo de la ciencia; la única
y verdadera relación sería la de causa y efecto, los términos fundamentales
de la ciencia debían representar entidades concretas, tangibles, mensurables,
verificables; de lo contrario serían desechados como palabras sin sentido”
(Rodríguez, Gil y García, 1999, p. 14).
Dado que la realidad, de acuerdo a este paradigma, es aquello que está
comprendido en las coordenadas tiempo, espacio y masa, el conocimiento
científico solo puede resultar de estudiar los hechos, los fenómenos, el dato
experimentable, lo observable, lo verificable (Hurtado y Toro, 2007). La
explicación científica de los hechos entonces será aquella que pueda ser
formulada en términos de leyes que expresan numéricamente las relaciones
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 7
existentes entre los fenómenos de la realidad (Mardones, 2001). La esencia
de la ciencia en el paradigma positivista son los procedimientos matemáticos
y cuantitativos. Edgar Morin (2007) ha escrito al respecto:
el ideal del conocimiento científico clásico era descubrir, detrás de
la complejidad aparente de los fenómenos, un Orden perfecto
legislador de una máquina perfecta (el cosmos), hecha ella misma de
microelementos (los átomos) diversamente reunidos en objetos y
sistemas. Tal conocimiento fundaría su rigor y su operacionalidad,
necesariamente, sobre la medida y el cálculo(p. 30)
En el campo de las ciencias sociales, particularmente en la sociología, es
la obra de Emile Durkheim la que inició el vuelco hacia la objetividad
mediante su teoría de los hechos sociales, la comprobación empírica de sus
planteamientos y el uso de las herramientas matemáticas, particularmente la
estadística. En efecto, Durkheim sostuvo que lo que caracterizaba a la
sociología, distinguiéndola de la filosofía y la sicología, era que su objeto de
estudio son lo hechos sociales, los cuales son externos al individuo y ejercen
coerción sobre él. Estos hechos sociales deben ser tratados por lo tanto como
cosas, es decir, de la misma manera como las ciencias naturales tratan a sus
objetos de estudio, y deben, en consecuencia, ser estudiados empíricamente
para determinar la relación causal entre ellos y el comportamiento social
(Durkheim, 1986).
Para Durkheim estos hechos no son otra cosa que las estructuras
sociales, tales como el Estado, la iglesia, el derecho y la cultura (Ritzer,
1993). En su afán de dotar a la investigación sociológica de una sólida base
empírica acorde al paradigma positivista, Durkheim sobreestimó la
influencia, sin duda existente, de las estructuras sociales sobre el
pensamiento y el comportamiento social del individuo y dedicó escasa
atención en su obra al papel de la voluntad y la acción de éstos en tanto
actores de la vida social. La subjetividad del hombre en el enfoque positivista
de Durkheim, es sólo la variable dependiente. El pensamiento de Durkheim
tuvo una enorme influencia en la teoría social del siglo XX, la que se expresó
en escuelas tan influyentes como el funcionalismo y el estructuralismo, las
cuales abordan el comportamiento social a partir de la noción del actor como
un ser constreñido por fuerzas sociales y culturales por lo que centran su
8 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
estudio en estos elementos normativos para explicarlo.
El paradigma alternativo.
Frente al positivismo en las ciencias sociales surge, desde el siglo XIX y
alimentada por la tradición filosófica y el historicismo alemanes, una vía
alternativa sustentada en la convicción de la unidad entre sujeto y objeto en
virtud de que, tanto el investigador como la realidad investigada, pertenecen
“al mismo universo histórico: el mundo cultural e histórico del hombre”
(Mardones, 2001, p. 31). Este hecho abre la posibilidad de que el
investigador comprenda desde dentro los fenómenos sociales. En
consecuencia, el comportamiento social de los individuos puede ser
comprendido a partir del conocimiento de su subjetividad, la cual el
investigador hasta cierto punto comparte y que se manifiesta precisamente a
través de la conducta, de los hechos sociales e históricos. Es así que esta
perspectiva plantea la existencia de una distinción entre las ciencias naturales
y las ciencias sociales
3
que determina que éstas demanden una metodología
propia.
Este es el camino que Max Weber inauguraría en el campo de la
sociología, ciertamente uno muy distinto al de su contemporáneo Emile
Durkheim. Para Weber, el interés de la sociología no se agota en lo que
hacen los hombres, lo que puede observarse, medirse y cuantificarse, sino
que se extiende a comprender el por qué lo hacen, lo que implica conocer la
intencionalidad de la acción que se encuentra en el campo de lo subjetivo.
Su planteamiento parte de la distinción entre dos tipos de comportamiento en
los individuos: uno es aquél en el que entre el estímulo y la respuesta no
media un proceso de reflexión. A este tipo de comportamiento humano
Weber lo llama conducta, y establece que el mismo no tiene interés alguno
para la sociología. El otro tipo de comportamiento humano es aquel en el que
sí existe un proceso de reflexión; a éste Weber lo define como acción social,
de tal manera que ésta solo ocurre cuando el individuo le atribuye un
significado subjetivo a su acción. Es este tipo de comportamiento el que se
constituye, en la perspectiva de Weber, en el objeto de estudio de la
3
Diferencia que suele expresarse en con la frase “ciencias de la naturaleza y ciencias del
espíritu”.
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 9
sociología. Esto es lo que lo distingue de Durkheim, ya que rescata la
importancia de la subjetividad en la acción y las motivaciones del individuo
en tanto que actor social
4
.
Consecuente con el rescate del papel del individuo como actor social,
Weber fue un decidido opositor del dogmatismo en las ciencias sociales y
rechazó las concepciones mecanicistas y deterministas de la realidad social.
Asimismo advirtió acerca del abuso en la utilización de los métodos
cuantitativos en la investigación social en el sentido de usarlos como garantía
de cientificidad o de objetividad. Para Weber, poder encontrar el sentido, la
intencionalidad, el para qué y no sólo el cómo de la acción de los individuos
es fundamental para comprender los fenómenos sociales. Si se desconoce la
intencionalidad de una acción social, su conexión de sentido, ésta no puede
ser comprendida “aún incluso cuando tuviéramos a la vista estadísticas que
expresaran la regularidad del hecho con precisión cuantitativa” (Quiroz,
2009, p. 35). El científico social según Weber, no sólo debe explicar la
acción social, sino comprenderla. La obra de Weber es considerada como el
punto de partida de una tradición dentro de la sociología que hace énfasis en
la subjetividad del individuo.
. Un debate abierto.
Ambas perspectivas han protagonizado un debate que perdura hasta la
actualidad y el que por momentos ha alcanzado momentos de álgida
confrontación.
5
En esta polémica ha estado presente, desde sus inicios, el
desarrollo de las ciencias naturales. Así como la física newtoniana constituyó
uno de los referentes principales del positivismo en las ciencias sociales
durante el siglo XIX, así también la revolución producida en la física a
principios del siglo XX terminó por cuestionar y echar por tierra sus
principios epistemológicos, abonando en favor del paradigma alternativo en
4
Para Weber el objeto de la sociología es precisamente la acción social, y busca
comprenderla, “interpretándola, para de esa manera, explicarla causalmente en su
desarrollo y efectos” Weber (1964) Economía y Sociedad. Esbozo de Sociología
Comprensiva. México. FCE.
5
Para una síntesis de esta polémica, ver Mardones (2001). Filosofía de las Ciencias
Sociales. Materiales para una fundamentación científica. Barcelona. Anthropos Editorial.
10 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
las ciencias sociales. El físico Julius Robert Oppenheimer, quien dirigiera el
proyecto Manhattan que produjo la primera bomba atómica, hizo una
advertencia muy reveladora a los científicos sociales en general al intervenir,
en 1956, en la Conferencia Anual de la American Psycological Association:
“el peor error de todos los posibles errores que puedan cometer es imitar una
física que ya no existe, que desde hace mucho tiempo ha quedado
completamente superada y ellos (los físicos) han abandonado” (citado por
Rodríguez et. al., 1999, p. 18).
En efecto, la noción de la materia como una sustancia fija y en reposo,
dio paso a la idea de la materia en movimiento, como un proceso que se
sucede en el tiempo e introdujo una nueva dimensión de la realidad: la
extensión temporal. La realidad ya no puede ser simbolizada como una
fotografía, como algo estático en virtud de que está en constante
movimiento. La idea de causalidad lineal, asociada a la idea del reposo como
estado natural de la materia, ya no puede sostenerse ni en la física, y es
reemplazada por la idea de multicausalidad. Al derrumbarse el principio de
causalidad lineal, el determinismo social de Durkheim, de Comte y de la
ciencia social positivista perdió su asidero principal. El indeterminismo
social abrió la puerta para dar entrada a la libertad y la creatividad humana y
el individuo se revela no sólo como el ser constreñido por las estructuras
sociales sino también como poseedor de voluntad, como actor social, como
sujeto y no solo como objeto. El paradigma pospositivista, que surge como
alternativa al paradigma científico dominante, rescata la importancia del
sujeto, relegado por Durkheim en aras de la importancia de los hechos
sociales o estructuras y ya reconocida por Weber.
En el paradigma alternativo, la percepción de la realidad no es un
simple reflejo, pues “lo que se percibe y su significado dependerán de
nuestra formación previa, de nuestras expectativas teóricas actuales, de
nuestros valores, actitudes, creencias, necesidades, intereses, miedos,
ideales, etc.” (Rodríguez et. al., 1999, p. 22). Y es que el hombre, tal como
sostiene Gramsci, “es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica y no
naturaleza” (Gramsci, 1978, p. 15). Así, “la observación no sería pura e
inmaculada (como si fuera percibida “por el ojo de Dios”) sino que
implicaría una inserción de lo observado en un marco referencial o fondo,
que es lo que le daría el sentido que tiene para nosotros” (Rodríguez et. al.,
1999, p. 22). La regla para la investigación sociológica acuñada por
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 11
Durkheim de que el investigador debe despojarse de sus prenociones en aras
de la objetividad, resulta pues imposible de practicar. La ciencia se
convierte, en palabras de Polyani “en un sistema de creencias con las cuales
estamos comprometidos”.
6
El reconocimiento de la imposibilidad de lograr la pretendida
objetividad del positivismo tiene claras implicaciones metodológicas. Para el
investigador social que adopta el paradigma científico pospositivista,
comprender el comportamiento social implica el conocimiento de lo que el
individuo percibe como su realidad social, de la forma como define su
situación y, de manera muy destacada, de los significados que le otorga a los
acontecimientos sociales percibidos, ya que es precisamente esa percepción
y son esos significados lo que se encuentran detrás de su comportamiento
social y cuyo conocimiento nos permite comprenderlo. Para ello, el
investigador social debe ser capaz de colocarse “en los zapatos” del actor
social y de ver el mundo como él lo ve, y comprender qué significado tienen
para él los acontecimientos sociales y el comportamiento de los demás, y el
investigador puede hacerlo porque comparte con él “los valores que
atribuyen el significado” que priva en su subjetividad en virtud de que forma
parte de “la realidad investigada, el mismo universo histórico” (Mardones,
2001). Pero para ello no bastan los procedimientos cuantitativos y formales
del paradigma positivista, sino que es menester recurrir, además, a los
métodos y las técnicas cualitativas. “Un objeto de conocimiento que es a su
vez sujeto consciente y libre, no puede someterse a los esquemas de un
paradigma científico determinista, mecánico y, además, matemático”
(Rodríguez et al, 1999, p. 18)
El reduccionismo característico del paradigma positivista resulta
entonces un procedimiento inadecuado, desde esta perspectiva, para lograr la
explicación y comprensión de un objeto de estudio de naturaleza compleja
como lo es el comportamiento o la acción social. Es por ello que es
cuestionado en el paradigma científico alternativo.
la matematización y la formalización han desintegrado, más y
más, a los seres y a los existentes por considerar realidades nada más
6
Citado por Rodríguez et al. (1999), en Metodología de la investigación cualitativa.
España. Editorial Aljibe.
12 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
que a las fórmulas y a las ecuaciones que gobiernan a las entidades
cuantificadas. Finalmente, el pensamiento simplificante es incapaz
de concebir la conjunción de lo uno y lo múltiple (unitas multiplex).
O unifica abstractamente anulando la diversidad o, por el contrario,
yuxtapone la diversidad sin concebir la unidad. (Morin, 2007, p. 30)
. El Estudio del comportamiento político desde el
positivismo.
Ambas tradiciones han inspirado diversas investigaciones acerca del
comportamiento político, aunque como sostiene Murillo (1979), el
paradigma positivista fue dominante en la ciencia política durante la segunda
mitad del silo XX. En 1963 Almond y Verba publican The Civic Culture,
obra considerada un clásico de la ciencia política moderna (García, 2006).
En este trabajo, Almond y Verba buscan demostrar que la democracia en un
país no sólo depende de las instituciones democráticas que ha creado, sino
sobre todo “de las actitudes políticas y no políticas de la población”, las
cuales a su vez, en un razonamiento que puede identificarse fácilmente con
Durkheim, están determinadas por el grado de desarrollo y complejidad de
las estructuras sociales y de la cultura política que les corresponde. En su
investigación, Almond y Verba establecen, después de un análisis
comparativo de la cultura política en varios países, la existencia de una
correspondencia entre grado de complejidad social, cultura política y
comportamiento político. Concluyen que a las sociedades simples, no
diferenciadas, donde las funciones y las instituciones específicamente
políticas no existen o coinciden y se confunden con funciones o estructuras
económicas o religiosas, corresponde un tipo de cultura política a la que
llamaron parroquial y que determina un comportamiento político
caracterizado por una escasa diferenciación respecto de las actividades
económicas y religiosas.
Por otra parte, en sociedades con estructuras políticas bien definidas
pero que poseen un régimen político autoritario, predomina una cultura
política de tipo pasivo a la que corresponde un comportamiento político que
no trasciende hacia la acción política, por el contrario, el individuo tiende a
apartarse de ella. Por último, Almond y Verba sostienen que a una sociedad
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 13
con un régimen democrático corresponde una cultura política de tipo
participativo, en la que los individuos están mejor dispuestos para una
participación activa en los asuntos políticos.
Así, las actitudes “políticas y no políticas” de los británicos y los
estadounidenses, que son producto de una cultura política participativa
correspondiente a sociedades altamente industrializadas, resultan
“determinantes en la estabilidad de la democracia en sus respectivos países,
en tanto que la carencia de ese tipo de actitudes políticas correspondiente en
otras sociedades hacía inestable e inseguro su régimen democrático”, como
sería el caso de las sociedades poco desarrolladas. (García, 2006, p. 138).
Como podemos observar, en esta perspectiva, los factores subjetivos que
subyacen al comportamiento político son la variable dependiente de
estructuras sociales tales como la economía y la cultura.
Una vertiente distinta dentro de la ciencia política es el enfoque
conductista. La particularidad de este enfoque es que se alinea con el
individualismo metodológico, es decir, con la perspectiva metodológica que
rechaza la explicación causal del comportamiento humano sólo en función
de las estructuras sociales y busca encontrarla en el individuo
7
, lo cual la
acerca al planteamiento de Weber. Sin embargo, a pesar de que para el
conductismo la unidad central de análisis es el individuo, cabe aclarar que lo
que le interesa de éste es su comportamiento en sí, su conducta, lo que puede
observarse y cuantificarse, no sus representaciones acerca de la realidad
política ni los significados que confiere a ésta y que pertenecen al campo de
la subjetividad. En esto, el conductismo toma distancia de Weber y se alinea
con el positivimo de Durkheim.
De acuerdo con Ritzer (2002), para la sociología conductista lo que
importa es la relación entre los efectos de una conducta determinada en el
entorno que rodea al actor y su influencia sobre la conducta posterior de éste,
de tal manera que la conducta en el futuro puede predecirse en función de
esta relación. Así, el individuo aprende de las consecuencias de sus acciones
en su entorno social y las repite o evita según los beneficios o costes que
tales conductas le han producido, una especie de aprendizaje condicionado.
7
El individualismo metodológico sostiene que todos los fenómenos sociales pueden ser
estudiados en términos de los individuos, tanto de sus propiedades tales como sus
creencias, deseos y acciones, como de sus relaciones entre ellos.
14 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Lo que importa es la historia de las consecuencias de su conducta en su
ambiente social.
Dentro de las perspectivas basadas en el individualismo metodológico
para explicar el comportamiento social merece especial atención la teoría
de la elección racional, en virtud de que, a diferencia del conductismo,
aquella sí concede importancia a las preferencias subjetivas del individuo,
aunque éstas quedan circunscritas a una conducta maximizadora. En efecto,
esta teoría, inspirada en los principios de la economía neoclásica sostiene
que la acción de los individuos o actores está determinada por el propósito
de alcanzar determinados objetivos organizados jerárquicamente, esto es,
los actores actúan con base en una intencionalidad: la de obtener el
máximo beneficio al menor coste. Sin embargo, no solo la intencionalidad
cuenta a la hora de decidir el curso de la acción, sino que también
intervienen al menos dos factores más: la escasez de recursos y las
instituciones sociales. Estos factores ejercen sobre la acción del individuo
un efecto de constricción. Así, la escasez de recursos incide en la decisión
de si la acción debe estar orientada al logro del objetivo colocado en la
parte más alta de sus preferencias, o debe renunciar a él debido a que los
recursos de que dispone no son suficientes para alcanzarlo y que de persistir
en ese propósito pone además en riesgo las oportunidades de obtener el
objetivo colocado en segundo lugar de su escala de preferencias. De esta
manera, el actor tiende a elegir un curso de acción que resulte más
coherente con su disponibilidad de recursos y los objetivos jerárquicamente
organizados en su escala de preferencias. En el caso de las instituciones
sociales, el actor se enfrenta a la realidad social, en la que las normas
familiares, escolares y religiosas, las leyes y reglamentos e incluso las
costumbres sociales, restringen sus posibilidades de acción y constituyen un
elemento que influye, a final de cuentas, en su elección respecto del curso
de su acción. (Ritzer, 2002).
En esta teoría, Martínez (2004) advierte el carácter sintético del enfoque
toda vez que confluyen los elementos objetivos/estructurales y subjetivos/
individuales en la acción social, lo que la coloca en un punto intermedio
entre el enfoque predominantemente determinista de la sociología de
Durkheim y el enfoque comprensivo de la sociología de Weber. Los recursos
y las instituciones sociales constituyen el elemento objetivo/estructural, y las
preferencias del actor el elemento subjetivo/individual, aunque éste, como
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 15
hemos apuntado, se circunscribe al logro del beneficio máximo al menor
costo.
En relación con el comportamiento político en particular, dentro de este
enfoque hay que mencionar la teoría económica de la democracia
desarrollada por Anthony Downs
8
. En esta obra el autor parte del supuesto,
inspirado en la economía neoclásica, de que el individuo es un ser racional
que asume, frente a la realidad, una conducta maximizadora, basada en el
cálculo del coste-beneficio para determinar el curso de su acción. En el caso
de la economía, el espacio de interacción es el mercado de bienes y servicios,
el cual por efecto de la ley de la oferta y la demanda realiza una óptima
distribución de los recursos en la sociedad, de tal suerte que la acción del
individuo o agente por lograr el máximo beneficio propio tiene como
consecuencia no planeada el bien común.
Para el comportamiento político, y específicamente el electoral, Downs
sostiene que el individuo actúa en las elecciones como lo haría un
consumidor en el mercado, sopesando los costes y beneficios de su
participación. Este cálculo racional permite definir no sólo si se acude a votar
o no, sino el mismo sentido del voto. Así, en un escenario en el que su voto
puede ser significativo en razón de los resultados esperados, existe una fuerte
motivación para asistir a sufragar. De lo contrario, si percibe que en ese
escenario su voto poco o nada puede incidir en el logro de sus expectativas, y
que por tanto el coste de acudir a las urnas a depositar su voto es superior al
beneficio que obtendría al hacerlo, entonces la motivación desaparece. De
igual manera, si en una elección, el candidato y la propuesta electoral que
más se apega a sus intereses, o dicho en los términos de la economía
neoclásica, cuya victoria maximice su función de utilidad, tiene a su parecer
escasas posibilidades de alzarse con el triunfo, el elector puede optar por
apoyar a otro candidato que sí tenga posibilidades de hacerlo y que, además,
su triunfo signifique la obtención de un objetivo colocado en segundo lugar
en el ordenamiento de sus preferencias, como puede ser, por ejemplo, la
derrota de aquél candidato o partido con el que no se tiene coincidencia
alguna o sencillamente que no desearía ver en el poder. Una conducta
electoral de esta naturaleza es maximizadora, o racional en un sentido
8
El libro de Downs, publicado en 1957 en New York por Harper and Row lleva por título
An Economic Theory of Democracy.
16 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
instrumental, toda vez que proporciona al elector el mayor beneficio posible
en una situación dada. Esta conducta podría identificarse como aquella que
se encuentra detrás del llamado voto útil. La propuesta de Downs permite el
análisis de las situaciones planteadas en términos de las variables que el
elector tiene en cuenta a la hora de decidir su voto (su escala de
preferencias), contrastadas contra las propuestas que los candidatos o
partidos sostienen en sus plataformas electorales.
. El empirismo abstracto.
El individualismo metodológico cobró auge en el estudio del
comportamiento político alrededor de mediados del siglo XX. De manera
particular, en Estados Unidos proliferaron en ese entonces investigaciones a
partir de sus supuestos y es en ese contexto en el que aparece, en 1959, The
Sociological Imagination de C. Wright Mills, un texto que advierte del error
en que incurren con frecuencia quienes hacen investigación acerca del
comportamiento político al dejar de lado la consideración del contexto
estructural en la investigación social, error al que denominó “empirismo
abstracto” (Mills, 2003, p. 68). Este autor destaca que uno de los campos
donde efectivamente adquirió mayor influencia este enfoque es en el del
estudio del comportamiento político, ya que “parece muy a propósito para la
investigación estadística”. Como ejemplo de esta desviación refiere un
estudio, famoso en la década de los 40 en el siglo XX, realizado en Ohio,
Estados Unidos, llamado The People’s Choice y del cual afirma: “Por este
libro aprendemos que las gentes ricas, campesinos y protestantes tienden a
votar a los republicanos, que las gentes de tipo contrario se inclinan hacia
los demócratas, y así sucesivamente. Pero aprendemos poco de la dinámica
política norteamericana”. (Mills, 2003, p. 70. Cursivas añadidas).
La preocupación de Mills consistía en que los entonces nuevos trabajos
de investigación social basados en el enfoque emergente en la ciencia
política norteamericana dejaban de lado toda consideración sobre lo que él
llama “ambiente estructural”. Esto trae como consecuencia que los
problemas en estas investigaciones “no pueden ser adecuadamente
planteados” en términos de una ciencia social, sino meramente en términos
“administrativos”. Con relación a la investigación antes citada se pregunta
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 17
“¿Puede ser interesante para los investigadores en ciencias políticas
examinar un estudio en gran escala del sufragio que no contiene ninguna
referencia a la maquinaria del partido para ‘sacar votos’, ni en realidad para
alguna institución política?” (Mills, 2003, p. 70). Para Mills, el extremo en el
que se incurre frecuentemente en la investigación social consistente en hacer
abstracción del fenómeno en estudio en relación al contexto histórico social
en que el éste se produce, conduce a un conocimiento superficial del mismo,
y advertía:
Por lo que respecta a las ideas, rara vez podemos sacar de una
investigación verdaderamente detallada más de lo que hayamos
puesto en ella. Lo que saquemos de una información empírica como
tal, es información, y lo que podamos hacer con esa información
depende en gran parte de que en el curso de nuestro trabajo
hayamos o no seleccionado nuestros estudios empíricos específicos
como puntos de comprobación de construcciones más amplias.
(Mills, 2003, p. 84. Cursivas añadidas)
Para Mills, el análisis de la conducta individual requiere de un
“empirismo más amplio” que incluya el conocimiento del ambiente
estructural a partir de la convicción de que éste posee poderosas propiedades
explicativas. Dado que su crítica está enfocada a la investigación social que
se realizaba en su época en Estados Unidos, sus referencias a estos trabajos
son abrumadoras, como se observa en la siguiente cita:
dentro de la estructura de la misma sociedad norteamericanay
especialmente de una ciudad norteamericana en un momento dado,
que es lo que suele tomarse como ‘campo de muestra’ hay tantos
denominadores comunes, sociales y psicológicos, que la variedad de
conducta que el investigador social debe tomar en cuenta no se
ofrece fácilmente de buenas a primeras. Esa variedad, y, por ende,
la formulación misma de los problemas, sólo se ofrece a nuestra
disposición cuando nuestra visión se ensancha hasta abarcar
estructuras sociales relativas e históricas. Pero, a causa del dogma
epistemológico, los empiristas abstractos son sistemáticamente
ahistóricos y antirrelativistas; estudian campos en pequeña escala y
18 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
se inclinan al psicologismo. Ni para definir sus problemas ni para
explicar sus propios hallazgos microscópicos hacen ningún uso
efectivo de la idea básica de estructura social histórica. (Mills, 2003,
p. 84.Cursivas añadidas).
La postura crítica de Mills respecto del empirismo abstracto en las
investigaciones sociales en Estados Unidos a mediados del siglo XX tiene su
equivalente en el desarrollo de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt en
Europa. Uno de sus exponentes, Adorno (2001), realiza una crítica a los
principios epistemológicos y metodológicos de la investigación social que
desde mediados del siglo XX venía convirtiéndose en dominante en Europa,
al igual que en Estados Unidos en América. Lo interesante de su crítica es
que no solo pone de relieve las limitaciones del empirismo cuantitativo, sino
que también pone sobre la mesa los excesos del empirismo cualitativo y
argumenta sólidamente sobre la validez de la complementariedad entre los
métodos cuantitativos y cualitativos en la investigación social.
Al referirse al paradigma cuantitativo señala que, ciertamente, su
metodología es eficaz para dar cuenta de una situación en la que el libre
albedrío de los hombres, su capacidad de razonar, tiende a ser sustituido por
la mera reacción a estímulos en la moderna sociedad consumista:
Allí donde, bajo la presión de la sociedad, los hombres son
efectivamente degradados a las «formas de reacción de los
batracios» convirtiéndolos en consumidores forzosos de los medios
de comunicación de masas y de otros placeres reglamentados, los
sondeos de opinión, que provocan la indignación de un humanismo
desfalleciente, son más adecuados a la cosa que pueda serlo, por
ejemplo, una sociología «comprensiva»: el substrato de la
comprensión, el comportamiento humano coherente y dotado de
sentido, ha sido sustituido en los sujetos por la mera reacción. Una
ciencia social atomística y que a la vez, mediante la clasificación,
asciende de los átomos a las generalidades, es el espejo de Medusa
de una sociedad a la vez atomizada y organizada conforme a
conceptos clasificatorios abstractos, los de la administración.
(Adorno, 2001, p. 25).
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 19
Adorno, no solo cuestiona la superficialidad en que incurre el
empirismo cuantitativo, sino que de paso critica el fundamentalismo
metodológico que anida con frecuencia en la perspectiva comprensiva (al
que llama “humanismo desfalleciente”) y que desestima apresuradamente
los métodos cuantitativos porque atentan contra “la dignidad humana” sin
percatarse de que dada la naturaleza de la sociedad capitalista, que tiende a
convertir en objetos a los individuos, a imponerles una condición
homogenizante mediante patrones estandarizados de consumo material y
cultural, los métodos que captan la regularidad en los fenómenos sociales
resultan, paradójicamente, eficaces para poner de manifiesto ciertos aspectos
a través de los cuales se manifiesta la realidad objetiva.
Sin embargo, Adorno critica que esta perspectiva positivista cuantitativa
no vaya mas allá de exponer la forma como el hecho se manifiesta y que por
tanto, convierta dicha apariencia en la realidad misma, por lo que el
conocimiento generado queda en ese nivel, en el nivel de la apariencia. Los
datos obtenidos por los procedimientos propios de la metodología
cuantitativa (cuestionarios, encuestas, etc.) acerca de la percepción de los
individuos sobre los fenómenos sociales son tratados de acuerdo a las leyes
del cálculo de probabilidades y generalizados por encima de las
particularidades individuales, pero su interpretación deja generalmente de
lado la consideración del contexto histórico social, ese “mundo histórico y
cultural del hombre” en que los individuos actúan y en el que se forman sus
opiniones, acciones y opiniones que constituyen los datos recogidos por las
técnicas de investigación. Lo así obtenido es elevado al rango de criterio de
validez, de constatación de una realidad o de un enunciado con pretensiones
científicas, mientras que los mecanismos que operan e influyen en las
percepciones de los individuos y que construyen su realidad, mecanismos
que constituyen, estos sí, la realidad objetiva, permanecen ocultos. El
desprecio por lo que Mills llamó el ambiente estructural y que Adorno llama
la totalidad social, lleva al empirismo abstracto a poner la apariencia en el
lugar de la realidad objetiva.
Algo similar ocurre con el empirismo cualitativo que en aras de evitar la
grosera generalización y la eliminación de las cualidades individuales,
práctica consustancial al positivismo cuantitativo, incurre con mucha
frecuencia en el exceso de rechazar el papel que juega la totalidad social,
esto es, el ambiente estructural sobre la percepción y la acción del individuo
20 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
y reduce “ciegamente el todo a sus correlatos individuales” (Adorno, 2001,
p. 37). Su pretensión de evitar los prejuicios en la observación de los
fenómenos sociales en aras de la objetividad, los lleva a cometer el error de
ignorar teorías, de aislar los fenómenos de la totalidad social, de cerrar los
ojos frente a ella y a caer, irremediablemente, en la falta de objetividad.
Para la teoría crítica, lo mismo que para el positivismo, la aprehensión
de la realidad objetiva es posible, pero, y aquí toma distancia de él, ello no
depende ni de la simple observación directa de los hechos ni de la
comprensión de la forma como los individuos los perciben, sino de asumir
que la totalidad social media tanto entre los hechos y la percepción que de
ellos se forman los individuos, como entre ellos y el investigador que los
observa. Esto es, tal como Kant sostuvo en la Crítica de la razón pura, la
información que recibimos a través de la experiencia se configura de acuerdo
a nuestra forma de conocer, y para Adorno y la teoría crítica, esta forma de
conocer, la estructura mental que nos permite organizar de determinada
manera los estímulos de la realidad, está influida, si no es que determinada,
por la totalidad social
9
.
En consecuencia, la objetividad en la investigación social se alcanza
cuando se asume una posición crítica no solo frente a la percepción del
fenómeno observado, que es lo que se hace cuando esa percepción o, dicho
mas precisamente, cuando el enunciado que deriva de la percepción sobre el
hecho, la hipótesis, se contrasta con la realidad, sino que es necesario asumir
una posición crítica también respecto de la totalidad social, del universo
histórico concreto en el que el hecho social acontece y que le da sentido, esto
es, en el que está estructurado.
10
En este sentido, esta discusión teórica deja abierta la noción de
complementariedad metodológica, la selección de la metodología para el
estudio de un fenómeno social estaría determinada por la naturaleza del
9
Tal como sostienen Rodríguez et al. (1999, p.21) “La mente construye la percepción o el
objeto conocido, informando o moldeando la materia amorfa que le proporcionan los
sentidos por medio de formas propias o categorías, como si inyectaran sus propias leyes a la
materia”.
10
Esta noción fue expresada por Marx en los siguientes términos: “Los hombres hacen su
propia historia, pero no la hacen como ellos quieren, bajo circunstancias elegidas por ellos
mismos, sino bajo las circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado”.
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 21
objeto de conocimiento. Si dicha naturaleza involucra facetas en las que su
descripción y comprensión permite una combinación de metodologías
cualitativas y cuantitativas, el investigador no debería renunciar a alguna de
ellas en aras de una adhesión incondicional o al paradigma positivista-
cuantitativo o al paradigma pospositivista-cualitativo, pues tal renuncia iría
claramente en detrimento de la profundidad y totalidad del conocimiento
que puede y debe obtenerse. Beltrán (1993) señala que:
los métodos empíricos cuantitativo y cualitativo son, cada uno de
ellos, necesarios in sua esfera, in suo ordine, para dar razón de
aspectos, componentes o planos específicos del objeto de
conocimiento. No solo no se excluyen mutuamente, sino que se
requieren y se complementan, tanto más cuanto que el propósito de
abarcar la totalidad del objeto sea más decidido. (p. 40).
En efecto, un fenómeno social puede tener diferentes aspectos, cada uno
de los cuales puede demandar la utilización de una determinada metodología
para lograr su conocimiento, aquella que mejor se corresponda con su
naturaleza. Así, habrá aspectos de un fenómeno social que para ser
comprendidos requerirán de la aplicación de metodologías cualitativas. Es el
caso de aquella investigación que busca determinar lo que Weber llamó la
conexión de sentido del comportamiento humano, es decir, develar los
significados subjetivos que subyacen a la acción social y cuyo conocimiento
nos permite comprender el porqué de la misma. Por otra parte, habrá otros
aspectos del fenómeno social en los que la cantidad y sus variaciones
constituyen el objeto de su descripción o contribuyen a la explicación del
problema; en estos casos, el investigador debería recurrir a las metodologías
cuantitativas para complementar el conocimiento. Para algunos autores,
como Delgado y Gutiérrez (1995), existe actualmente un proceso en las
ciencias sociales en el que los paradigmas antes abordados tienden a
complementarse.
Frente a los cuantitativistas/discretos defensores de los corpúsculos,
y frente a los cualitativistas/continuos defensores de las ondas, el
principio de complementariedad desarrollado por Planck, Bohr,
Einstein y otros, plantea y defiende la dualidad y la
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complementariedad de ambos. “La luz es ambas cosas a la vez”. De
esta forma, y si la relación onda/corpúsculo es, () homóloga a la
relación cualitativo/cuantitativo, quizás el citado principio de
complementariedad obligue a realizar una reflexión más profunda a
las ciencias/científicos/investigadores sociales, sobre cómo se han
entendido y abordado hasta el momento las relaciones de
complementariedad cualitativo/cuantitativo en las Ciencias
Sociales. (p. 67).
Lo hasta aquí discutido sugiere pues la existencia de un proceso en el
que los enfoques en el estudio de los fenómenos sociales parecen converger
en el campo de la metodología en la medida en que se avanza en la
reformulación de los términos en que se ha planteado la controversia entre el
paradigma positivista y el paradigma comprensivo, particularmente con los
aportes realizados a las ciencias sociales por parte de la escuela de
Frankfurt. Este hecho ha abierto una vía de acceso hacia una forma de
abordar los fenómenos sociales, concebidos como poseedores de una
naturaleza objetiva y subjetiva a la vez, que hace posible generar un
conocimiento que va más allá de las apariencias, esto es, que permite
captarlos en su objetividad.
Conclusión.
La naturaleza del objeto de estudio así concebido, en este caso el
comportamiento político, rebasa la capacidad de los métodos cuantitativos
para aprehenderlo en profundidad, tal como queda demostrado con las
críticas de Mills y Adorno, muy a pesar de ser un fenómeno que se presta a
la cuantificación. En efecto, el asumir que la subjetividad que subyace al
comportamiento político constituye uno de los elementos principales que nos
permitirá comprender el fenómeno, obliga a que la metodología que
adoptemos debe proporcionarnos las herramientas o los instrumentos para
acceder a esa subjetividad de los individuos, que nos permita a su vez
comprender las representaciones que éstos construyen en relación con la
política y los significados que a ella le atribuyen, elementos que constituyen
las motivaciones de su comportamiento político.
Armando Duarte M Martha C. Jaramillo C 23
Es por ello que es preciso recurrir a la sociología cualitativa, ya que ella
nos proporciona las estrategias e instrumentos metodológicos idóneos para
lograr este acercamiento con la subjetividad de los individuos pues parte del
principio de que “para poder comprender los fenómenos sociales, el
investigador necesita descubrir la definición de la situación del actor, esto
es, su percepción e interpretación de la realidad y la forma en que éstas se
relacionan con su comportamiento” (Schwartz y Jacobs, 2003, p. 25). Para
la investigación cualitativa es fundamental pues conocer el modo en que la
gente define su mundo, su realidad social, ya que esta definición es lo que
está detrás de lo que la gente dice y hace, lo que produce su comportamiento,
su conducta (Taylor y Bodgan, 1986). En ese sentido, esta metodología es la
más adecuada a la naturaleza de este aspecto de nuestro objeto de
conocimiento, entendida como aquella metodología “que produce datos
descriptivos: las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la
conducta observable” (Taylor y Bodgan, 1986, p. 20)
Por otra parte, la concepción del individuo como producto histórico y
socio-cultural determina que el estudio de su subjetividad, en este caso su
forma de interpretar la realidad política y los significados que a ella le
atribuye, debe realizarse a partir del estudio crítico de la totalidad social, es
decir, de su circunstancia histórica y socio-cultural, de esas estructuras
objetivas que, como sostiene la Teoría Crítica, conforman la base para sus
representaciones subjetivas, para la construcción de esas estructuras
mentales con las cuales se conducirán en el mundo social, esto es, el todo
social que enmarca y que le da sentido a su comportamiento político. En la
actualidad, en un mundo globalizado y dominado por el modo de producción
capitalista, es preciso determinar, en cada caso, las formas como esta
totalidad social, con las particularidades de su expresión concreta y de su
desarrollo, influye en los individuos y moldea el comportamiento político de
grupos sociales y sociedades enteras en virtud de que las estructuras
mentales propias de las subjetividades de individuos que se desarrollan en el
marco de un contexto socio histórico determinado, tienden a ser
esencialmente las mismas,
11
y aquí es donde los procedimientos propios de
11
Pierre Bourdieu sostiene que estas estructuras mentales, a las que denominó con el
nombre de habitus, se adquieren como resultado de la ocupación duradera de una posición
determinada en el mundo social (Ritzer, 2002). Así, un grupo de individuos que ocupan una
24 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
la metodología cuantitativa nos pueden aportar valiosos elementos a partir de
los cuales descubrir tal influencia. Un abordaje del problema desde esta
perspectiva nos permitirá realizar una adecuada interpretación de sus
subjetividades y evitar caer en el error de colocar la apariencia en el lugar de
la realidad objetiva. Es en esta relación entre subjetividad y contexto
sociocultural/totalidad social inherente a la noción de sujeto concreto en la
que sustentamos nuestra propuesta para el estudio del comportamiento
político. Esto es asumir que las formas de percibir el comportamiento
político, están y estarán siempre presentes, pero no se puede asegurar aun
hoy, la existencia de una metodología idónea que nos lleve abordar de una
manera precisa este tema, por que la sociedad es dinámica y genera hechos
nuevos que nos obligan a explorar metodologías, retomar teorías y
replantearnos técnicas, con el fin de acercarnos a una construcción
conceptual y metodológica más precisa que nos lleve a interpretar mejor el
comportamiento político de la sociedad.
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26 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Recibido el 29 de Febrero del 2012.
Aceptado el 30 de Mayo del 2012.
Armando Duarte. Doctor en Estudios del Desarrollo Global por la
Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Tijuana, México. Es
profesor en la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la
UABC. En Tijuana. Correo: duartemoller1956@hotmail.com
Martha C. Jaramillo. Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en
desarrollo regional, del Colegio de la Frontera Norte, Tijuana. México.
Es profesora Investigadora de la Facultad de Economía y Relaciones
Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California, Tijuana,
México. Correo: martha.jaramillo@uabc.edu.mx o mcjaramu06@hotmail.com
!n!erna!Iona! !ourna! of
La!In AmerIcan S!udIes
¹ulvDcccmhcr zÛTz l pp. z749 Vol. 2. No. 2
PERSONALIZACIÓN, ORGANIZACIÓN COLEGIADA E
INSTITUCIONALIZACIÓN: PINOCHET, LA JUNTA Y LA
CONSTITUCIÓN DE 1980.
PLP6ONALlZA1lON, COLLLClAL OPCANlZA1lON AN0
lN61l1U1lONALlZA1lON. PlNOCHL1, 1HL VlLl1APY JUN1A AN0
1HL 198O CON61l1U1lON.
Gustavo H. Fontanals
Uolvercldad de Bueooc Alrec |ArgeoLloa|
Resumen. Se estudia el régimen autoritario imperante en Chile luego del
golpe de Estado de 1973, centrándose en su estructura político institucional.
Al respecto, se aborda una problemática en discusión a nivel académico: la
naturaleza personalizada o colegiada de la conducción del régimen y su
relación con el proceso de institucionalización que lo caracteriza, que
comprendió la aprobación electoral de la Constitución de 1980. Se
consideran críticamente los aportes de autores con perspectivas enfrentadas,
con la intención de avanzar en la conformación de una conceptualización
comprehensiva. El régimen contó con una conformación original colegiada
por parte de las “Fuerzas de Defensa Nacional”, pero prontamente, en un
proceso paralelo a la ampliación de sus objetivos rectores, quedó sujeto a los
vaivenes de una puja entre dos fuerzas: Pinochet emprendió un esfuerzo por
concentrar y personalizar la conducción, mientras que los mandos de los
restantes cuerpos buscaron preservar cuanto fuera posible la conformación
plural original, desarrollando mecanismos de distribución de poder que les
permitieran ejercer cierto control sobre la toma de decisiones. La resolución
progresiva de esta puja estuvo, a su vez, estrechamente vinculada con el
proceso de institucionalización, resultando en una estructura compleja que
fue consolidada en la Constitución de 1980.
Abstract. This paper examines the institutional and political structure of the
28 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Chilean military regime (1973-1990), with particular focus on an issue still
under discussion within the academic community: the personalized or
collegial nature of its decision-making and its relationship with the
institutionalization process which involved the electoral approval of the 1980
Constitution.
Palabras Clave: Régimen militar de Chile, Augusto Pinochet, Junta militar
de gobierno, institucionalización, Constitución de 1980.
Key words: Chilean military regime, Augusto Pinochet, Military junta,
institutionalization, 1980’s constitution.
. Introducción.
En este trabajo se estudia el régimen autoritario imperante en Chile
luego de la intervención militar de 1973, focalizando particularmente en su
estructura político institucional. En este sentido, se propone tratar una
problemática que aún se encuentra en discusión a nivel académico: la
naturaleza personalizada o colegiada de la conducción del régimen (la toma
de decisiones de gobierno) y su relación con el proceso de
institucionalización que tanto lo caracteriza, que convirtió al caso en el más
próximo de los regímenes autocráticos de América Latina en establecer una
legitimidad autoritaria duradera, a través de la aprobación electoral de su
propio proyecto institucional (la Constitución Nacional de 1980). Para ello,
se consideran críticamente los aportes de investigadores con perspectivas
analíticas enfrentadas, con la intención de avanzar en la conformación de una
conceptualización comprehensiva.
Si bien el régimen contó con una conformación original colegiada por
parte de todas las “Fuerzas de Defensa Nacional”, quedó prontamente sujeto
a los vaivenes de una puja interna, en un proceso que corrió paralelo a la
ampliación de sus objetivos rectores: Pinochet emprendió por un lado un
esfuerzo por personalizar y concentrar la conducción del gobierno, mientras
que los mandos de los restantes cuerpos buscaron preservar cuanto fuera
posible la conformación plural original, desarrollando mecanismos de
distribución de poder que les permitieran ejercer cierto control sobre el
proceso de toma de decisiones. La resolución progresiva de esta puja estuvo,
Gustavo H. Fontanals 29
a su vez, estrechamente vinculada con el proceso de institucionalización
emprendido, resultando en una estructura compleja que fue consolidada en la
Constitución de 1980.
. Antecedentes. La conceptualización original del régimen
militar: de la intervención ordenancista a los planes
refundacionales.
Del golpe de Estado que el 11 de septiembre de 1973 puso fin al
gobierno de Salvador Allende emergió un régimen autoritario militar que
gradualmente fue adquiriendo una estructura institucional compleja, que se
fue consolidando en un proceso paralelo a la modificación de sus objetivos
rectores. Las intenciones iniciales fueron básicamente ordenancistas,
moderadoras y temporales; sin embargo, a poco de andar se ampliaron
enormemente, al punto de definir un ambicioso programa de reformas de
largo aliento, que dio lugar tanto a una consolidación institucional como al
fortalecimiento del poder personal de quien pronto se convirtió en su jefe
indiscutido, el general Agusto Pinochet (Novaro y Palermo, 2004, p. 16;
Fontanals, 2004, pp. 431 y 432).
El golpe resultó de una decisión conjunta de las “Fuerzas de Defensa
Nacional”, lo que comprendía tanto a las tres ramas de las Fuerzas Armadas
(el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea) como al cuerpo policial de
Carabineros. Estos actores intervinieron qua institución (como el conjunto de
“las Fuerzas de Defensa Nacional”, sin ninguna clase de liderazgos o
representaciones particulares) con la intención declarada de operar como un
poder moderador que permitiera resolver la grave situación de conflicto
social, político y económico registrada en los últimos meses del gobierno de
Allende. Éste fue señalado como el responsable de haber conducido a esa
situación: “[...] el Gobierno de Allende ha incurrido en grave ilegitimidad
demostrada al quebrantar los derechos fundamentales de libertad de
expresión, libertad de enseñanza, derechos de reunión, derecho de huelga,
derecho de petición, derecho de propiedad y derecho, en general, a un digna
y segura subsistencia.” (Bando de la Junta Militar Nº 5). Es frente a eso que
“[...] las FFAA han asumido el deber moral que la Patria les impone de
destituir al gobierno que, aunque inicialmente legítimo, ha caído en la
30 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
ilegitimidad flagrante, asumiendo el Poder por el sólo lapso en que las
circunstancias lo exijan [...].” (Bando Nº 5). Para ello “[...] se constituyen en
Junta de Gobierno y asumen el Mando Supremo de la Nación, con el
patriótico compromiso de restaurar la chilenidad, la justicia y la
institucionalidad quebrantadas, conscientes de que ésta es la única forma de
ser fieles a las tradiciones nacionales [...].” (Decreto Ley Nº 1 de la Junta
Militar).
Esto evidencia la intención correctiva o reparadora con que el régimen
se puso en marcha. Los militares no se plantearon al momento de tomar el
poder la tarea de implantar un orden político y/o socioeconómico nuevo, sino
la de revertir las reformas estatistas y socialistas encaradas por el gobierno de
Allende. Las FFAA qua institución se presentaron a sí mismas como
“moralmente obligadas” a realizar una intervención que parecía inevitable,
como la última instancia que podía resolver el conflicto planteado, en tanto
constituyen “[...] la última salvaguardia del Estado y representan la
organización que éste se ha dado para el resguardo y la defensa de su
integridad física y moral y de su identidad histórico-cultural.” (D.L. Nº 1).
Ese tono inicial moderado se explica en parte por una búsqueda de
legitimación en el contexto de crisis y polarización imperante. Los principios
invocados por la oposición al gobierno de Allende eran justamente los
mismos que enunciaban los bandos militares: libertad, democracia,
autonomía de los organismos sociales intermedios, respeto a la ley y la
Constitución, defensa de las conquistas políticas, económicas y sociales de la
población.
La búsqueda de legitimidad se combinó con la situación de
incertidumbre en que la institución militar accedió al gobierno, que dio
origen a una primera etapa en que el régimen se abocó a la dilucidación de
sus objetivos y a la conformación de la estructura necesaria para llevarlos a
cabo. En medio de esa incertidumbre inicial, los diversos sectores del frente
militar tendieron a aglutinarse en torno a dos puntos básicos de consenso:
encarar una guerra contra la “subversión comunista” (que implicaba la
represión y eliminación de los grupos políticos y sociales de izquierda) y
controlar la grave crisis económica (apuntando a revertir los efectos de las
políticas de cambio económico y social emprendidas por Allende,
implementando políticas de liberalización económica). Más allá de ese
núcleo común, que no obstante fue lo suficientemente importante como para
Gustavo H. Fontanals 31
sostener la idea de que era necesaria una intervención de las Fuerzas
Armadas, los diversos sectores militares no contaron en un principio con
otros puntos de acuerdo.
El Golpe consistió primeramente en una iniciativa de la Armada y de
la Fuerza Aérea; y la coordinación entre las diferentes armas sólo
comenzó luego del fracaso del intento de golpe concretado el 29 de
junio de 1973 por un batallón de Santiago. Las principales
preocupaciones de los conspiradores eran la seguridad interna, el
control de las telecomunicaciones y el aseguramiento de que todos
los oficiales comandantes de tropas adhiriesen al movimiento, dado
que los mandos involucrados temían que cualquier división vertical
u horizontal de las Fuerzas Armadas podría conducir en forma
directa a una guerra civil. Incluso hasta pocos días antes del golpe,
los mandos de la Armada y de la Fuerza Aérea no estaban seguros
acerca de las intenciones del general Pinochet. En este contexto, la
primera prioridad era asegurar el éxito del golpe, y no anticipar la
organización práctica del nuevo poder militar. [] más allá del
acuerdo sobre la urgencia de poner un fin al gobierno de Allende, las
Fuerzas Armadas llegaron al poder con, como mucho, concepciones
rudimentarias acerca de cómo estructurar un gobierno militar. Esta
limitada preparación militar para gobernar fue el lado pernicioso de
la excepcional tradición chilena de estabilidad institucional,
constitucionalismo y legalismo” (Barros, 2002, pp. 40 y 43)
1
.
Como consecuencia, se conformó inicialmente una estructura
institucional que rigió hasta la puesta en marcha de la etapa “fundacional”
del régimen: ella no registraba ni una fuerte personalización del poder en el
Ejecutivo ni mecanismos de control en manos de la Junta de Gobierno que
permitieran la participación de las distintas ramas militares, los dos
elementos que luego se convirtieron en rasgos fundamentales y permanentes
1
Al respecto, existe una clara diferencia con el denominado Proceso de Reconstrucción
Nacional instaurado en Argentina en 1976, donde a partir de la larga tradición de
intervención de las FFAA se procedió a acordar el diseño del nuevo régimen antes del
golpe.
32 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
del régimen (Garretón, 1994; Huneeus, 2000; Barros, 2002).
En un comienzo, el poder de decisión quedó en manos de la Junta
Militar de Gobierno en su conjunto, conformada a tal efecto por cuatro
miembros pares: los Comandantes de las tres fuerzas y el Director General de
Carabineros
2
. Fue la propia Junta la que asumió “el Mando Supremo de la
Nación”, sin ninguna preeminencia dentro de ella. Es “la Junta de Gobierno
en su conjunto la que ha asumido los poderes constituyentes, legislativos y
ejecutivos” (D.L. Nº 128). Sus miembros estaban facultados para nombrar a
un Presidente de la Junta, elección que recayó en Pinochet, debido
principalmente a su cargo de comandante de la rama más importante y
poderosa de las FFAA (Garretón, 1997, p. 6; Huneeus, 2000, p. 52).
Normalmente, regía dentro de las FFAA chilenas una tradición según la
cual el Comandante de mayor edad de entre las tres ramas era elegido en
caso de que fuera necesario designar a un representante común. En este caso,
le hubiera correspondido al General Leigh (de la Fuerza Aérea), pero se
decidió utilizar el criterio de mayor antigüedad entre las armas, debido
fundamentalmente a la mayor importancia del Ejército. La intención de
establecer una regla igualitaria en la Junta se observa también en un “acuerdo
de caballeros” suscrito por los Comandantes en Jefe en los primeros días del
régimen, por el cual la presidencia sería ejercida en forma rotativa por lapsos
relativamente breves. Este acuerdo llegó a considerarse como un proyecto
por la propia Junta, pero fue dejado de lado de la mano del creciente poder de
Pinochet. En esa primera etapa, el Poder Ejecutivo era claramente una
función colegiada de la Junta militar, más allá de la existencia de un
presidente.
La designación inicial de Pinochet como presidente de la Junta fue
meramente nominal y no tuvo importancia práctica o jurídica, dado
que los poderes y prerrogativas de este órgano no estaban
especificados y todos sus miembros estaban simultáneamente
2
Incluso, Pinochet se encontraba en esos días en una posición de relativa debilidad frente a
los Comandantes de la Armada y la Fuerza Aérea, quienes se presentaban como los
impulsores del golpe. Para importantes sectores de la fuerza, Pinochet era un hombre de
confianza de Allende, a quien se le reprochaba su tardío pronunciamiento a favor de la
intervención militar (que se dio recién después de que en una reunión mantenida con
Allende éste le informara su decisión de recurrir a un plebiscito).
Gustavo H. Fontanals 33
involucrados en las funciones ejecutivas y legislativas (Barros,
2002, p. 49).
Esa despersonalización del poder se observa también en esta etapa al
interior de los cuarteles, donde se generó una situación de abierta
deliberación, contraria a la tradición de disciplina, jerarquía y unidad de
mando. Esto también se debió, en parte, al mencionado desprestigio inicial
de Pinochet dentro de la fuerza. La intención original de restaurar la
institucionalidad quebrantada y restablecer la democracia en cuanto fuera
posible perdió consenso muy rápidamente, y fue abandonada apenas dos o
tres meses después del golpe. En realidad, el régimen registraba ya en sus
comienzos una contradicción muy fuerte en su interior, producto de la
oposición de dos tendencias que terminaron conformando dos bandos
enfrentados. Por un lado, la postura “constitucionalista”, que entendía que la
participación militar debía restringirse a restaurar la tradicional democracia
perdida. Por otro lado, una postura “intervencionista”, que sostenía que debía
terminarse con la institucionalidad preexistente (que había conducido a la
polarización y a graves conflictos sociales, políticos y económicos) y
conformarse un nuevo orden político, social, económico y militar. La
segunda tendencia comenzó a ganar posiciones rápidamente, hasta hacer casi
desaparecer toda influencia de la postura “constitucionalista” para mediados
de 1974, en un proceso paralelo al de fortalecimiento del poder personal de
Pinochet.
Consecuentemente, a lo largo de 1974 y 1975 se dio un rápido proceso
de cambio en la estructura del régimen, conformando una nueva
institucionalidad que se mantuvo relativamente estable hasta la salida de
Pinochet del poder en 1989. Este proceso fue consecuencia de la
combinación de dos fuerzas opuestas al interior del régimen, que buscaban
tanto consolidar su posición de poder como establecer límites una a la otra.
Por un lado, Pinochet (que rápidamente fortaleció su control sobre el
Ejército) emprendió un esfuerzo por concentrar y personalizar la conducción
del régimen en sus manos, lo que implicaba promover el debilitamiento de la
Junta colegiada. En contrapartida, los mandos de los restantes cuerpos
(principalmente la Armada y la Fuerza Aérea, con un papel más subordinado
de Carabineros) buscaron preservar cuanto fuera posible la conformación
plural original, desarrollando mecanismos de “distribución de poder” que les
34 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
permitieran ejercer cierto control sobre la toma de decisiones. Este proceso,
que supuso múltiples pujas al interior de la Junta, tendió a estabilizarse a
mediados de 1978, momento en que se consolidó un régimen autoritario
inédito en la historia de Chile. Éste fue decisivo para permitir que durante
más de 16 años rigiera el principio de unidad del mando y la autoridad del
Comandante en Jefe y Presidente de la Nación, el general Pinochet,
contrastados y a la vez respaldados en una estructura institucional compleja,
que permitiría a las otras fuerzas ejercer una suerte de contrapeso a ese fuerte
poder presidencial.
Esta conceptualización del régimen resulta de la combinación de las dos
principales aproximaciones explicativas disponibles en el ámbito académico.
La explicación más difundida (inaugurada por Garretón -1985, 1993, 1994-,
seguida por Remmer -1989-, Drake y Jaksic -1993- y Valenzuela -1993,
1997- y sistematizada por Arraigada -1998-) sostiene que poco después de
participar de la toma colegiada del poder, Pinochet logró hacerse del control
pleno del Ejecutivo, relegando a los comandantes de las otras armas a una
posición subordinada como miembros de una Junta debilitada, con meras
funciones legislativas y constituyentes, que a su vez eran depreciadas por los
actos de gobierno. Además, Pinochet también habría logrado manipular
exitosamente las promociones y retiros dentro de las Fuerzas Armadas,
terminando con las pretensiones de sus rivales y consolidando de este modo
una posición de poder prácticamente ilimitado. Desde esta perspectiva, la
personalización del poder en Pinochet permitiría explicar tanto la extensión
del régimen como la instauración de la Constitución de 1980, que es vista
básicamente como un instrumento para perpetuar su poder, para luego pasar
a un régimen de democracia tutelada (Valenzuela, 1997, pp. 7 y 8). La línea
interpretativa opuesta (presentada por Huneeus, 2000 y reforzada por Barros,
2002) sostiene que:
La dictadura militar chilena fue no personalista. La cohesión y
longevidad del régimen no descansaron sobre la concentración del
poder en una sola persona o partido, sino sobre una organización
colegiada del poder que fue institucionalizada a través de reglas y
procedimientos que protegieron y reforzaron la fundación plural
original del gobierno militar. Esta organización plural de las Fuerzas
Armadas chilenas [...] dio lugar a una inmediata necesidad por reglas
Gustavo H. Fontanals 35
y eventualmente proveyó un fundamento en favor de una
Constitución, aún cuando ésta limitara a la dictadura. En Chile, la
autolimitación autocrática institucional fue posible porque la
organización colectiva de la dictadura negó a un solo actor la
autoridad para conformar las reglas a propia discreción (Barros,
2002, p. 4).
Según esta perspectiva, a pesar del evidente crecimiento del poder
personal de Pinochet en el gobierno (Poder Ejecutivo), las otras ramas de la
Defensa Nacional lograron conservar su posición de autonomía y de poder
relativo, lo que les permitió mantener cierta injerencia o control sobre el
régimen. Ese control derivaría principalmente del mantenimiento de las
funciones legislativas y constituyentes en la Junta, a través de un mecanismo
de unanimidad que otorgaba poder de veto a cada sector. A su vez, el
gobierno debía manejarse estrictamente bajo las disposiciones legislativas (o
constituyentes) de ese órgano.
. Discusiones en torno al tema.
El proceso de concentración del poder.
El proceso de concentración del poder encarado por Pinochet tuvo como
primer y más importante paso la sanción del “Estatuto Jurídico de la Junta de
Gobierno” a mediados de 1974. Allí se reiteraba que el Poder Ejecutivo
correspondía a la Junta en su conjunto, pero se aclaraba que su ejercicio era
prerrogativa de su presidente. A su vez, no se reconocía el derecho de la
Junta a designar al presidente, dado que ese cargo pasaba a corresponder
directamente “al integrante titular de ella que ocupe el primer lugar de
precedencia”, es decir, al Comandante en Jefe de las FFAA, que ya había
sido nombrado: Pinochet. Esa situación sólo podía ser modificada en caso de
que éste dejara de ser miembro pleno de la Junta, para lo cual se requería la
“muerte, renuncia o cualquier clase de imposibilidad absoluta del titular”
(Estatuto de la Junta y D.L. Nº 527). Esto significó la concentración del
manejo del Ejecutivo en manos de Pinochet, sin ningún plazo de terminación
y sin que ello pudiera ser revocado por los demás miembros de la Junta.
36 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Además, el Estatuto designaba al presidente de la Junta como “Jefe Supremo
de la Nación”, denominación que habían utilizado las primeras
constituciones nacionales para designar a los titulares del Ejecutivo, lo que le
otorgaba a Pinochet una clara preeminencia frente a los otros comandantes.
Es pertinente remarcar que los acuerdos internos de la Junta que habrían
llevado a la aprobación del Estatuto también comprendieron el
mantenimiento de algunas prerrogativas ejecutivas para los demás
integrantes de la Junta, incluyendo la de “[...] colaborar con el Presidente en
el ejercicio de las funciones ejecutivas que a éste le corresponden, al asumir
la dirección superior de las actividades, áreas y funciones que él les
encomiende.” (Art. 8 del Estatuto). Estos acuerdos preveían transferir el
manejo de toda el área económica (tres ministerios) al Comandante de la
Armada y de toda el área social (otros tres ministerios) al de la Fuerza Aérea.
Sin embargo, esas delegaciones mostrarían ser más aparentes que reales y
sobre todo efímeras, dado que rápidamente se comprobó que Pinochet
detentaba de facto la plenitud del Ejecutivo.
La concentración y personalización se reforzó seis meses más tarde
(diciembre de 1974), cuando se aprobó un nuevo decreto de rango
constitucional que introducía al Estatuto una breve pero significativa
modificación: a la denominación de “Jefe Supremo de la Nación” se
agregaba la de “Presidente de la República”, rango con que habían sido
reconocidos tradicionalmente los Jefes de Estado chilenos. De este modo, se
apuntaba a lograr una distancia aún mayor entre el Presidente y el resto de
los miembros de la Junta; pero además, “[...] se buscaba despojar al poder
autoritario y de facto de su dudosa legitimidad y de su carácter transitorio,
rodeándolo de la solemnidad y de la estabilidad con que el cargo de
Presidente de la República siempre había contado” (Arraigada, 1998, p. 47).
Otro importante componente del poder personal de Pinochet sería su
posición de privilegio al interior de las FFAA, comenzando por el férreo
control que pronto logró imponer sobre el Ejército, el arma más poderosa. En
este punto, encontramos una fuerte contradicción entre las dos perspectivas
analíticas antes mencionadas: mientras que Arraigada (1998) sostiene que
Pinochet logró tomar un poder absoluto sobre las FFAA en su conjunto,
convirtiéndolas en un instrumento obediente sobre el que apoyar
coactivamente su gobierno, Barros (2002) considera que cada arma logró
mantener una posición de autonomía y de poder relativo. El argumento de
Gustavo H. Fontanals 37
Barros se basa en una importante limitación que el Estatuto de la Junta
impuso a las atribuciones que tradicionalmente habían tenido los presidentes
de la República, producto de un compromiso entre Pinochet y los
comandantes de las otras ramas. Según Barros,
Pinochet no contó con la autoridad como para interferir
unilateralmente en la cadena de mando de las diferentes ramas de las
Fuerzas Armadas. La restricción más significativa sobre la autoridad
del Presidente de la Junta concierne a su posición de Comandante en
Jefe. En contraste con los Presidentes constitucionales, el Presidente
militar no tenía autoridad para nombrar o pasar a retiro a los
Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. La única forma de
remover a un miembro de la Junta era en el caso de ‘muerte,
renuncia o algún tipo de impedimento absoluto’ (art. 18). En estos
casos, el nuevo Comandante en Jefe debía ser designado por los
restantes miembros de la Junta. De esta forma, contra lo sostenido
habitualmente, los poderes discrecionales de Pinochet sobre la
fuerza no se extendían sobre las otras ramas. Estas modificaciones a
los poderes tradicionales del Presidente sugerirían que los
comandantes de la Armada y de la Fuerza Aérea lograron defender
la autonomía de sus respectivas ramas [] limitando la intervención
externa [...], lo que a su vez permitía consolidar su propia posición
de mando. Como resultado, en contraste con las prácticas militares
de la dictadura argentina de 1976-1983, los comandantes chilenos se
liberaron a sí mismos de normas que impusieran retiros y cambios en
la composición de la Junta. Los miembros de la Junta transformaron
así sus posiciones en cargos sin ningún límite temporal. (2002, pp.
60 y 61).
Por su parte, Arraigada sostiene que más allá de esas limitaciones
formales Pinochet operó hábilmente al interior de la institución, de modo de
lograr que entre 1974 y 1977 pasaran a retiro los principales organizadores
del golpe. Muchos de ellos eran oficiales de alto rango, pero al no ser
integrantes de la Junta no estaban protegidos por ese “acuerdo” de
inamovilidad. Además, Pinochet logró el desplazamiento del General Leigh
(Comandante de la Fuerza Aérea y principal rival personal dentro de la
38 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Junta), quien fue declarado “incapacitado” por todos los demás miembros
3
.
Para Arraigada, “[] la salida de Leigh significó un nuevo y decisivo paso
en la concentración del poder en manos del Comandante en Jefe del Ejército
y en el proceso de autodestrucción de la influencia de la Junta militar” (1998,
p. 96). Según el autor, a partir de ese momento, Pinochet no volvió a tener
ningún par en el cuerpo de oficiales, concentrando el poder sobre las
decisiones fundamentales dentro de la institución y también dentro del
gobierno, gracias a sus cargos de Comandante en Jefe del Ejército, Jefe
Supremo de la Nación y Presidente de la República.
La imposición de su autoridad sobre las FFAA habría comprendido
otros dos pasos fundamentales: la eliminación de su participación
institucional en la toma de decisiones de gobierno y, a partir de ello, su
transformación en “[...] un instrumento, obediente y no deliberante, de las
políticas coyunturales impulsadas por su Comandante en Jefe” (p. 119). Para
ello, Pinochet promovió desde un principio la tradición histórica del
profesionalismo militar, con lo cual “[...] de un modo a primera vista
sorprendente, aparecen revalidados los principios tradicionales de las
Fuerzas Armadas, característicos del período democrático de gobierno:
apoliticismo, no deliberación, subordinación al poder político,
profesionalismo” (p. 98).
No obstante, como bien contrapone Barros, el avance logrado por
Pinochet en esta área fue importante pero parcial. Pinochet logró
efectivamente desplazar a las FFAA del manejo directo del gobierno (que
quedó concentrado en sus manos), pero no de toda intervención en las
3
“La pugna entre los dos miembros de la Junta fue resuelta mediante un golpe de fuerza,
pues era imposible solucionarla de acuerdo a derecho, [pues] el general Leigh no quería
renunciar y gozaba de buena salud. [] Sin embargo, la ‘imposibilidad absoluta’ fue la
base de una triquiñuela legal para expulsar, por diferencias políticas, a un miembro de la
Junta. Para ello se utilizó un artículo del estatuto de la Junta de Gobierno que señalaba que
‘en caso de duda acerca de si la imposibilidad que priva a un miembro de la Junta de
Gobierno del ejercicio de sus funciones es de tal naturaleza que debe hacerse efectivo su
reemplazo [] corresponderá a los miembros titulares de la Junta resolver sobre la duda
planteada’. La mañana del día 24 de julio de 1978, los restantes miembros de la Junta
Militar, exceptuando al general Leigh, declararon que éste se encontraba ‘absolutamente
imposibilitado para seguir ejerciendo sus funciones’. Esta declaración está contenida en un
acta reservada que hasta hoy el país no conoce ni tampoco el afectado” (Arraigada, 1998,
pp. 95 y 96).
Gustavo H. Fontanals 39
decisiones políticas. Las otras ramas lograron conservar una posición de
poder relativo que les permitió participar en el proceso legislativo y
constituyente, lo que a su vez implicaba cierto control sobre el gobierno, que
debía ajustarse a sus disposiciones. Por otra parte, las limitaciones al
Presidente sobre los nombramientos y retiros dentro de cada arma se
mantuvieron en la Constitución de 1980 (aunque con algunos cambios), e
incluso en el articulado transitorio, lo que afectaba al propio Pinochet. Podría
entenderse que esta limitación estaba destinada a crear un poder militar
semiautonómo, restringiendo las atribuciones presidenciales en el nuevo
régimen de democracia tutelada que se buscaba instaurar.
No obstante, más allá de estas controversias, debe remarcarse la
existencia de una fuerte preeminencia de Pinochet dentro de las FFAA,
aunque sólo fuera como consecuencia de su carácter de conductor del
régimen. En este sentido, parece válida la apreciación de Huneeus:
Las FFAA eran profesionales y autónomas y Pinochet no tenía
autoridad sobre las otras ramas, que en general mantuvieron las
normas históricas de ascensos y retiros según criterios burocráticos
que evaluaban objetivamente el desempeño profesional. Sin
embargo, la unidad de las FFAA fue objeto prioritario de los
Comandantes en Jefe, lo que se constituyó en un poderoso soporte
para la estabilidad del régimen y la continuidad del general Pinochet
como jefe de Estado (2000, p. 178).
El poder de Pinochet se vio reforzado a su vez por el control directo
sobre la poderosa Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y su sucesora
Central Nacional de Informaciones (CNI), que operaron más como una
extensión del poder personal del Presidente que como una parte permanente
del aparato estatal (Stepan, 1988, p. 41)
4
. La DINA, creada en junio de 1974
para coordinar las acciones de los servicios de inteligencia de cada arma y de
Carabineros, también fue la expresión y resolución de una puja al interior de
4
Al respecto, Stepan marca la diferencia con lo ocurrido en otros regímenes autoritarios de
la región, donde estos organismos de inteligencia operaron más bien como enclaves
autónomos de poder o como expresión de las pujas internas del régimen o de la institución
militar (1988).
40 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
las fuerzas: cada sector buscó desde el principio controlar o al menos
asegurar su influencia sobre la evidentemente necesaria central de
inteligencia, que pusiera fin a la proliferación de unidades crecientemente
autónomas y difíciles de controlar (lo que abría paso al peligro de abuso e
irresponsabilidad por parte de cada sección y división particular). Esta lucha
fue resuelta por la intervención directa de Pinochet, quien decidió la creación
de la DINA y designó como jefe al Coronel Manuel Contreras, miembro del
Ejército con quien tenía una relación personal muy firme, que se reforzaría
de allí en adelante
5
. Según el estatuto que le dio origen, la DINA debía
concentrar el poder de inteligencia del Estado y su manejo por parte de las
fuerzas de Defensa Nacional, por lo que informaría y respondería ante la
Junta. Sin embargo, Contreras respondía en forma directa a Pinochet. Ese
organismo contaba con poderes y recursos prácticamente ilimitados, por lo
que controlarlo le otorgó a Pinochet otro importante bastión de poder
personal.
El proceso de institucionalización.
La institucionalización del régimen fue avanzando en forma paralela al
proceso de concentración del poder en manos de Pinochet y a los esfuerzos
de las otras ramas por mantener su influencia. En una primera etapa, el
régimen contó con una institucionalización débil, establecida a través de
diversos Decretos-Ley, que tenían una función tanto legislativa como
constituyente. A medida que Pinochet fue concentrando el manejo político,
esa morfología y funcionamiento cambiantes pasaron a estar cada vez más
atados a sus conveniencias personales. Esto generó una serie de conflictos al
interior de la Junta, dado que los comandantes de las otras armas intentaron
frenar ese poder creciente a través de mecanismos de control. Los conflictos
condujeron al proceso de cambios institucionales de 1974 y 1975, que
comprendieron una suerte de compromiso entre los sectores militares para
establecer una institucionalidad definitiva:
5
Pinochet y Contreras mantuvieron encuentros diarios, cada mañana, desde 1974 hasta la
disolución de la DINA en 1977. En ellos el presidente recibía un informe completo sobre la
“seguridad nacional”.
Gustavo H. Fontanals 41
Los comandantes militares diseñaron e instituyeron diversas reglas y
procedimientos organizacionales con el objetivo deliberado de
asegurar el carácter colegiado original de la Junta militar y prevenir
que una sola arma centralizara los poderes ejecutivos y legislativos y
dominara a las demás. [...] En Chile, el diseño institucional
dictatorial fue producto de un proceso conflictivo en el cual los
Comandantes de la Armada y de la Fuerza Aérea repetidamente
hicieron valer sus derechos para bloquear los intentos de Pinochet de
centralizar los poderes ejecutivos y legislativos. En este contexto, las
reglas para estructurar los poderes y los procedimientos permitieron
codificar los términos de resolución de estas confrontaciones.
(Barros, 2002, p. 39).
De este modo, se pretende aquí resaltar la relación que el proceso de
resolución de la puja de poder al interior de la Junta tuvo con el proceso de
institucionalización del régimen, característica que lo diferencia de la
mayoría de los autoritarismos contemporáneos de América Latina.
Para mediados de 1975, un sistema legal que claramente
diferenciaba los poderes (en funciones, competencias y personal) y
un procedimiento específico para la elaboración de leyes habían sido
instituidos. Los acuerdos, traducidos en Decretos-Ley, introdujeron
una separación de poderes en la cima del altamente concentrado
sistema de poder del régimen. Pinochet logró retener la Presidencia
en sus manos, pero los otros Comandantes en Jefe defendieron e
institucionalizaron su rol en el proceso legislativo [y constituyente]
estableciendo un contrapeso institucional [interno]. Este contrapeso
fue decisivo en todos los cambios institucionales posteriores,
particularmente en el dictado de la Constitución de 1980 y en
posibilitar que esa Constitución operase como un límite sobre el
Ejecutivo y la Junta entre 1981 y 1990 (Barros, 2002, pp. 68 y 69).
Se alcanzó entonces una configuración institucional que impedía a
Pinochet (o a cualquier otro de los altos mandos) alzarse con el control total
del régimen.
42 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
A pesar de que Pinochet logró consolidar su control sobre el
Ejecutivo, [...] nunca obtuvo la dominación absoluta que usualmente
se le atribuye. [...] Los poderes ejecutivos fueron claramente
separados de los poderes legislativos y se instituyó un proceso
legislativo que quitó al Ejecutivo el manejo de la elaboración de
leyes. Bajo este sistema, Pinochet no podía legislar unilateralmente
ni manejar la Junta a su antojo. Pinochet retuvo un voto personal en
la Junta, pero el sistema legislativo fue estructurado sobre el
principio de unanimidad y había sido diseñado intencionalmente
para proveer a cada comandante de una vía institucionalmente
protegida para expresar su voz y veto en el proceso de elaboración
de leyes. Como resultado, aún cuando la Junta como cuerpo no
estuviera sujeta a ninguna restricción institucional externa que fuera
efectiva, internamente, entre los comandantes militares, el poder era
limitado: ningún actor particular podía imponerse unilateralmente
sobre los otros dentro de ese bloque conjunto de poder. (Barros,
2002, p. 38).
A pesar de esta configuración institucional, Pinochet seguiría contando
con una clara posición de preeminencia, derivada del manejo directo del
gobierno, que utilizó para realizar repetidos intentos por profundizar la
centralización del poder, lo que implicaba básicamente nuevos intentos de
debilitamiento de la Junta. Eso condujo a nuevos conflictos al interior de ese
cuerpo entre 1976 y 1978, que además de la limitación de sus poderes,
trataron sobre la duración del gobierno militar y el tipo de régimen que lo
sucedería. Se llegó finalmente a un nuevo compromiso, entre 1977 y 1978,
en cuanto a que los comandantes no intentarían instituir un régimen
autoritario permanente (Barros, 2002, p. 179).
En cumplimiento de este pacto, durante 1979 se suscribiría un nuevo
acuerdo entre los mandos militares para instaurar una nueva Constitución,
que establecería un “proceso de transición” durante el cual se mantendría el
ordenamiento impuesto en 1974 y 1975, para luego pasar a un régimen de
democracia tutelada. Justamente, los renovados intentos de Pinochet por
extender su poder sugieren “[...] una razón para reconstituir la organización
previa del orden militar en los artículos transitorios: excluir cualquier futura
renovación del enfrentamiento acerca de ese tema. Por eso, el dualismo de
Gustavo H. Fontanals 43
artículos transitorios y permanentes que integraron la nueva Constitución”
(Barros, 2002, p. 179).
El cuerpo de disposiciones transitorias reinstalaba el statu quo de la
dictadura: “[...] el General Pinochet permanecería en su puesto durante un
primer término presidencial de 8 años, y la Junta de cuatro miembros
continuaría ejerciendo los poderes legislativos y constituyentes, como
siempre en conformidad con el principio de unanimidad” (Barros, 2002, p.
170). Las modificaciones más importantes al esquema previo eran la
inmediata instauración del Tribunal Constitucional y, por primera vez, el
establecimiento formal de un límite temporal para la dictadura. Por un lado, a
pesar de que se dejaba abierta la posibilidad para un segundo mandato
presidencial de Pinochet (si éste era nominado por la Junta y ratificado en un
plebiscito popular), se establecía que tras un plazo de un año se instauraría un
nuevo Parlamento electo y la Junta dejaría de existir. Por su parte, la
reinstauración del Tribunal Constitucional (que era integrado por
designación) se convirtió pronto en un elemento central de la nueva
institucionalidad, porque limitó la capacidad previa de la Junta de modificar
unilateralmente la Constitución. A partir de ese momento, operó un freno
institucional externo a la Junta, con capacidad efectiva. “De esta forma, la
Constitución de 1980 comenzó a separarse de sus creadores y a limitarlos,
con consecuencias fundamentales en el plebiscito de 1988 para reafirmar la
designación del candidato de la Junta para un nuevo mandato presidencial”
(Barros, 2002, p. 9). La derrota en este plebiscito, que fue fiscalizado por el
propio Tribunal Constitucional, permitiría iniciar el proceso de transición a
la democracia.
Discusión crítica.
Resulta certero el argumento de Barros de que el mantenimiento de la
posición de autonomía y poder relativo de los otros Comandantes condujo al
desarrollo de un esquema institucional autoritario que incluía una división de
poderes y ubicaba al personalizado Ejecutivo bajo cierto control de la Junta.
Ese poder relativo parece haber sido lo suficientemente fuerte como para
imponer al régimen autoritario cierta limitación institucional, negando “a
cualquier actor particular la autoridad para conformar las leyes a discreción”
(Barros, 2002, p. 4). Sin embargo, también habría que considerar aquí la
44 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
influencia que podría haber tenido la larga tradición chilena de legalismo e
institucionalismo. Como sea, el mantenimiento de esos poderes relativos y
los enfrentamientos resultantes parecen haber conducido a asegurar la
estabilidad del ordenamiento surgido de los primeros “compromisos”,
confirmado a través de la nueva Constitución (mejor dicho, de su articulado
transitorio, que permitiría conservar el statu quo “acordado”, pero a la vez
imponía un plazo de finalización y abría el camino para el cambio de
régimen). Aquí, de nuevo, deberíamos considerar el peso de la tradición
legalista, que habría impulsado al régimen en la búsqueda de una legalidad y
una legitimidad propias, que recibieran la aprobación popular.
Más allá de esto, no debería sobrevalorarse la posición de poder de la
Junta ni de sus miembros (principalmente, de los enfrentados a Pinochet). Si
bien es cierto que la Junta logró convertirse en un freno relativo al poder
presidencial, que le impidió moldear a discreción las leyes del régimen, no
pudo participar ni controlar sus actos de gobierno, a los que no se les podía
aplicar el principio de unanimidad fijado para las decisiones de la Junta.
Como sostiene Arraigada,
En el marco de esta exigencia, ningún control o fiscalización por
parte de la Junta Militar sobre el Ejecutivo era posible, a menos,
claro está, que resultare de una concesión graciosa del Jefe de Estado
y de su reemplazante en la Junta. Sin embargo y he aquí la
asimetría en la estructura de poder no podía haber ningún acto
legislativo que no contara con la aprobación del general Pinochet. Se
puede argumentar que todo miembro de la Junta Militar, y no sólo el
general Pinochet, tenía el derecho a obstruir de modo absoluto el
proceso de toma de decisión del órgano legislativo, lo que es cierto.
Pero en ese caso estamos en presencia de un poder puramente
negativo que termina destruyendo al organismo del que forma parte
(1998, p. 118).
Es así que, más allá de esa capacidad (negativa o positiva) para forzar el
acuerdo en la elaboración de leyes, Pinochet concentraba el poder para
determinar el manejo político del gobierno, imponiéndole su rumbo. De este
modo, las atribuciones legislativas y constituyentes de la Junta tenderían a
depreciarse frente al creciente poder de su contraparte ejecutiva (Valenzuela,
Gustavo H. Fontanals 45
1997, p. 8). En este sentido, debemos remarcar otro rasgo central del
régimen que hasta el momento no hemos considerado, que también operó a
favor de la concentración de la conducción del régimen en manos de
Pinochet. A pesar de que se trató de un régimen en el que los militares
desempeñaron un papel fundamental, contó con una importante presencia de
civiles aliados. De hecho, como acertadamente remarca Huneeus,
El análisis desde los militares oscurece el relevante protagonismo
que tuvieron los civiles, que fue decisivo no sólo en el campo
económico, sino también en el diseño e instauración de la
arquitectura institucional. Los militares fueron acompañados en el
poder por decenas de profesionales de alto nivel y por centenares de
colaboradores y asesores civiles en múltiples posiciones de
autoridad, desde los Chicago Boys hasta los ‘gremialistas’, políticos
del Partido Nacional e independientes (2002, p. 59).
En este marco, considerado como eje de una coalición política, se ve
reforzado el papel de liderazgo de Pinochet.
El régimen autoritario no se explica sin tomar en cuenta el rol
desempeñado por el general Pinochet. Su importancia se basa en el
hecho de que cumplió una doble función de carácter institucional y
político. Fue jefe de Estado, de Gobierno y del Ejército, ejerciendo
cada uno de sus cargos con celosa simultaneidad [...]. Pero a su vez,
fue el líder indiscutido de la coalición gobernante, cumpliendo un rol
de integración de los distintos grupos de poder que participaron en
cargos de Gobierno o lo apoyaron desde fuera de la administración.
(Huneeus, 2002, p. 52).
De este modo, Pinochet desempeñó también una hábil labor política,
que le permitió concitar el apoyo de los grupos civiles que respaldaron al
proyecto militar, a los que siempre procuró mantener cohesionados detrás de
un liderazgo integrador y arbitral, y que en general tuvieron una sólida
lealtad hacia él (sin que se produjeran las deserciones o fluctuaciones hacia
la oposición que caracterizaron a muchos de los regímenes autoritarios de la
región). A su vez, Pinochet también contó con el respaldo de una parte
46 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
significativa de la población.
Esta adhesión se ha mantenido incluso después de la entrega del
mando, disfrutando de la admiración y respeto de un porcentaje
importante de la ciudadanía, de los políticos de derecha y de la
inmensa mayoría del empresariado. Pinochet es visto por ellos como
el salvador del país, por derrocar al Gobierno socialista de Salvador
Allende en 1973, y como padre del milagro económico (Huneeus,
2002, p. 132).
Conclusión.
El régimen autoritario chileno se presentó inicialmente como correctivo
y transitorio, pero tomó prontamente un carácter refundacional y prolongado,
justificado en la necesidad de crear un nuevo orden político, económico y
social (Garretón, 1985, pp. 389 y 395; Novaro y Palermo, 2004, p. 16;
Fontanals, 2004, p. 431).
En lo político, el régimen se fue convirtiendo en una dictadura personal
fuertemente institucionalizada, en la que Pinochet logró reforzar y preservar
su base de apoyo militar, pero separando a las FFAA del ejercicio del
gobierno (acentuando las tradiciones de profesionalismo -respecto a la
institucionalidad- y de no politización o deliberación interna -disciplina,
respeto a la autoridad- en los cuarteles). Pinochet contaba con un amplio
poder personal, pero respaldado en las FFAA, que a la vez disponían de una
serie de mecanismos institucionalizados (centrados en la Junta de Gobierno)
que les permitían mantener cierta injerencia o control. Este arreglo se vio
reforzado por el articulado transitorio de la Constitución de 1980, que fijaba
un “período de transición” de ocho años en el que se mantendría ese mismo
esquema institucional. Dicha Constitución preveía la posterior instauración
de un régimen autoritario permanente, con autoridades civiles electas pero
con fuerte participación militar a través de instituciones burocrático-
autoritarias. Sin embargo, ese régimen no llegó a instaurarse debido a la
derrota de Pinochet en 1988, con lo que se puso en marcha un proceso de
negociaciones que condujo a la moderación de las imposiciones militares, lo
que era considerado como imprescindible por la oposición democrática para
Gustavo H. Fontanals 47
que fuera viable un “auténtico” proceso de transición.
En lo económico y lo social, el régimen tomó una orientación
neoconservadora radical (Fontanals, 2004, p. 432). Por un lado, aspiraba a
desactivar el sindicalismo y otras formas de organización de la izquierda
social y política y de otros amplios sectores sociales considerados
“opositores”; a su vez, apuntaba a implementar un programa de reformas
regresivas, las cuales no sólo buscaban revertir los cambios realizados por
Allende, sino también un amplio conjunto de regulaciones de corte
asistencial y garantista preexistentes (Garretón, 1985, pp. 389 y 395; 1993,
pp. 25 y 26). En este marco, Pinochet se convirtió progresivamente en el
líder de una coalición política cívico-militar, lo que incrementó su poder
relativo ante las Fuerzas Armadas qua institución y, principalmente, frente al
resto de los líderes militares que habían comandado el Golpe. A partir de
1975, Pinochet reforzó su alianza con los Chicago Boys, quienes tomaron a
su cargo la implementación del programa económico del régimen, con el
respaldo de la fuerza coactiva que le brindaba la institución militar.
Éste fue el programa medular del régimen de Pinochet: autoritarismo
político más neoliberalismo económico y social. A su vez, ese grupo
tecno-burócrata y este programa de gobierno, de fuerte orientación neoliberal
y monetarista, expresaba los intereses de los grupos más concentrados de la
burguesía nacional e internacional, lo que dotó al caso chileno de una
importante similitud con otros regímenes neoconservadores de la región.
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4,_aprueba_estatuto_de_la_junta_de_gobierno
Recibido el 28 de Febrero del 2012.
Aceptado el 8 de Junio del 2012.
Gustavo H. Fontanals. Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales de la UBA. Investigador del Programa de Historia Política del
Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA. Temas de
investigación: Historia Política; Procesos, instituciones y actores
políticos; Política económica. gustavofontanals@gmail.com
!n!erna!Iona! !ourna! of
La!In AmerIcan S!udIes
¹ulvDcccmhcr zÛTz l pp. 5TS4 Vol. 2. No. 2
THE BICENTENNIAL STAMP: NATION AND
DIFFERENCE IN 2010 ARGENTINIAN
CELEBRATIONS
LL 6LLLO 0LL BlCLN1ANAPlO. NACl0N Y 0lFLPLNClA LN LA6
CLLLBPAClONL6 APCLN1lNA6 0LL 2O1O.
What lies outside the text that is nonetheless visible?
Michel de Certeau
Mario Rufer
Uolvercldad AuLóooma VeLropollLaoa XocHlmllco |Véxlco|
Abstract. This article deals with the social and historical nature of the
Bicentennial celebrations in Argentina in May 2010. It tries to stress the new
perceptions of national history after the politic and economic crisis of 2002.
That crisis changed the historical imaginary about Argentina: auto-perceived
as European, white country, totally different from the latino “ideal type”,
from 2002 this plot started to be undermined. To stress these changes, the
article focuses in two performances during the bicentennial celebrations: the
official march prepared by the state, of nineteen “allegorical floats”
representing national history in Buenos Aires streets in May 25 2010; and the
so called (by media and civil society) “The Other Demonstration”: the march
by Original People’s Organizations (indigenous communities) from different
regions of the country to the capital city. What kind of public imagination of
national history was projected in 2010 in Buenos Aires? What sort of
productions, silences and sub-texts dealing with hegemonic and subaltern
memories were colliding there? ¿What are their implications in the political
nature of the uses of the past?
Resumen. Este artículo aborda la naturaleza histórico-social de las
celebraciones del Bicentenario en Argentina en mayo de 2010. Trabaja con
52 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
las percepciones recientes sobre la historia nacional que emergen después de
la crisis económica y política de 2002. Esta crisis obligó a cambiar el
imaginario histórico excepcional de la Argentina: el que la pintaba como
europea, blanca, con una formación social diferente al resto del tipo-ideal
latino. El artículo se focaliza en dos representaciones: la marcha oficial de las
diecinueve “carrozas alegóricas” que representaban la historia nacional en
las calles de Buenos Aires el 25 de Mayo de 2010, y la llamada “Otra
marcha”, la de los pueblos indígenas desde diferentes regiones del país hacia
la capital. ¿Qué tipo de imaginación pública de la historia nacional fue
proyectada en 2010 en Buenos Aires? ¿Qué tipo de producciones, silencios y
subtextos sobre las memorias hegemónicas y subalternas estaban
disputándose allí? ¿Qué implica esto en la naturaleza política de los usos del
pasado en el presente?
Keywords: Bicentennial Argentina National History Hegemonic and
Subaltern Memories.
Palabras Clave: Bicentenario Argentina Historia Nacional Memorias
hegemónicas y subalternas.
. Introduction.
In Latin American countries national commemorations are necessarily
problematic. In part due to the nature of official discourse which is largely
repetitive; it takes the form of a heroic deed which conceals contingencies,
eventfulness and violence. The paradox of our national commemorations lies
in the act of celebratingeither one or two hundred yearswhile aware of its
fallaciousness. No one expects official discourse to lead towards a new
horizon. We know it is part of the ‘aesthetics of vulgarity’ staged by the state
(Mbembe, 2001). And yet we keep on commemorating. This paper
examines some aspects of the Argentinean Bicentennial celebrations by
following four principles:
1. I do not believe that Bicentennial celebrations can be analysed in
postcolonial contexts by adhering to Pierre Nora’s theory. Nora has
identified a balkanisation of memory in the identity configuration of
Mario Rufer 53
contemporary nation-states (Nora, 1993). This balkanisation, I will argue,
can be attributed to the nation-state itself that not only acknowledges and
enunciates difference in its ‘national memory’, but also produces it. In the
production of alterities (Segato, 1998) there is an open doorway which
risks the attempt of hegemonic articulation. In the state’s ‘production’ of
diversity which domesticates the indigenous or the Negro, lays a residue
which exceeds the hegemonic intention; it strikes back as a mark of
exclusion that cannot be tamed so easily.
2. The state stages an unfinished production which provokes responses such
as alternative bicentenaries which take an assault on the official
celebrations. In Latin America, these are orchestrated by various
organisations such as ‘Los otros doscientos años de México’ (Mexico’s
counter 200 years), in Mexico or ‘El bicentenario de los pueblos’ (the
Peoples’ Bicentenary), in Argentina. Both having a certain degree of
influence in the media. I will work with the latter. These attempts of
sign-usurpation cannot be properly analysed as counter-memories.
Enunciation based on memory is an excuse to appear on stage, yet these
demonstrations take the shape of rhetoric of complaint and take
citizenship as the core of discourse. I’m suggesting that commemorations
are a ground for dispute, political complaints and the demand of citizens’
rights. The governing body of the Argentinean state acts mainly by
default in its relationship with indigenous populations (when the latter
seek support). The peoples’ bicentenary is not so much an alternative
history but rather a political strategy during a moment in time in which
the public space is particularly sensitive. A Wichi woman in Buenos Aires
claimed she had assisted because of the reigning permissibility which
allow them to address every possible issue publicly
1
. These statements
lead by common sense are full of ambiguities that I will hopefully clarify.
3. Memory and commemoration have little relationship with each other.
According to Eelco Runia (2007), commemoration rather than memory
acts as history’s antithesis because it buries the past under the logic of
closure. Similarly, commemoration belongs to the realm of affection
1
“Marcha de los Pueblos del Bicentenario: caminando por la verdad hacia un estado
plurinacional”, Alba Comunicación, May 18th, 2010, http://www.albatv.org/Marcha-de-los
-Pueblos-Originarios.html (Accessed 27/05/2010).
54 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
production rather than to that of past configuration. Producing symbols
food, costume, songdoes not only result in the coda of the configuration
of the past. Commemoration functions (repetitively and in a hegemonic
manner) through the theatricality of daily life and by dealing with
acquired and learned structures. Commemoration acts less as an
ideological dispute about the past than as an appeal to familiarity: to the
private, domestic and regulated spheres.
4. A key element in the conformation of commemoration is the temporality
of its exhibition. I have previously identified temporality as a politics of
both historical discourse and ‘snapshots’ of memory in indigenous
communities (Rufer, 2010b). I analysed what lies at the outskirt of history
in indigenous communities and its entry in the ‘culture of time’. In the
Argentinean bicentennial commemoration we must study the entry of a
counter timethe time of loss and not the time of tradition or sub-national
communityas an attempt to question the rhythm and repetition of
‘national history’s’. The latter understood in the context of
commemoration as ‘homeland history’. The entry of counter time does
not produce a new discourse but an alteration, a questioning of the stone
pillars of ‘national culture’.
I will attempt to problematise these principles by taking the official
Argentinean celebrations of May 2010 as a starting point. On the 25
th
May
2010 Argentina celebrated 200 years of “liberation” from the Spanish rule. I
mean liberation but not independence because officially independence was
declared in 1816. But as a “national habitus” in the calendar, 25
th
May 1810
is the icon of the beginning of “the Argentine nation” as a kind of collective
conscience. As an iterative discourse, children learn at school from the first
grade that “under a rainy day, a selected group of criollos (not-Spanish
people but the already born at Rio de la Plata) met at the cabildo and created
a new local government rejecting the vice-king authority. Outside the
cabildo building, the people (el pueblo) were waiting under umbrellas
screaming: el pueblo quiere saber de qué se trata (the people want to know
what’s happening there).” Even when that is not a precise narrative in
historical terms, in a highly ritualized society as Argentina this plot is
repeated in public celebrations, school celebratory plays, media recreations
and so on.
Mario Rufer 55
In this article I will analyse specifically the meaning of the ‘Integration
of collectivities’ parade prepared by the state in 2010 and most importantly,
the allegorical float representing national history. They were two sides of the
official celebrations, and both paraded on May 23
rd
and 25
th
respectively
through Buenos Aires’ main streets. Similarly, I will analyse a kind of
counter commemoration: the demonstration (not the parade), Marcha de los
Pueblos Originarios por el Bicentenario de los Pueblos (Native Peoples
Marching in favour of the Peoples’ Bicentenary), who started from different
points in the country on May 12
th
and arrived at Buenos Aires on the 20
th
.
The latter was an extemporaneous and dissident commemoration days ahead
of the official festivities.
. The discursive turn: disclosing history
At a moment when the discourse of memory is more open, two
historical subjects make their entry into the public Argentinean space from
2003 onwards: the desaparecidos from the late dictatorship and the
indigenous population from the native communities, the so called
“originary people”. Since Néstor Kirchner’s administration in 2003, the
Argentinean state established a clear politics of memory. This is, it became
not only acceptable to talk about the desaparecidos between 1976-1983, it
became nearly mandatory.
2
The administrations which preceded Kirchner
had a stance of ‘amnesty, reconciliation and forgiveness’. Some of the
differentiating strategies put into practice by Kirchner’s administration
were the following: the reopening of the proceedings against former
oppressors which had been pardoned; the government’s direct support to
human rights organisations such as ‘Madres y abuelas de Plaza de mayo’
(Plaza de Mayo’s Mothers and Grandmothers); the transformation of the
2
From 1976 to 1983 a cruel dictatorship was implanted in Argentina, with the result of
30,000 people disappeared. From the state, they were just “subversivos”, “comunistas”
(communists, outcast people). They were illegally kidnapped by the forces of the terrorist
state, were put in clandestine jails, tortured and killed (we know now through survivors’
and perpetrators’ declarations). Many of them were thrown to the Rio de la Plata waters
from airplanes. But their bodies were never recovered. For that reason even today the word
“desaparecidos” (disappeared persons) is used as a political claim.
56 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
former Army School of Mechanics (ESMA) which functioned as a
clandestine torture centre into the Museum of Memory (afterwards renamed
site for memory and the promotion of human rights). What is the role of
native peoples?
In a recent paper I analysed the transformation of the former Army
School of Mechanics into the Museum of Memory. The Argentinean
Indigenous Movement demanded to be allocated to the school claiming that
if the government seeked to exhibit historical violence in the country, they
considered themselves the main victims concerning state terrorism. To them
this form of terrorism dated back to the 1879 Desert Campaigns
3
rather than
to the 1996 Doctrine of National Security or to the 1974 death of Perón and
the foundation of the Anticommunist Argentinean Alliance (AAA) or even to
the most conventional date of 1976, the year of the coup d’état. We sense
here a both strategic and political use of an anachronism
4
. The Indigenous
Movement demanded: ‘if we are exposing memory, let us unveil history
genuinely and revise all silences and omissions, even from the genesis of the
nation state on.’ This clearly did not happen. Neither did everything was
subject to this process of memory. Native peoples continued making
3
I dwell extensively on the Indigenous Movement’s temporal redefinition of violence in
the chapter ‘Nation subjects, demanding history: Sites for memory and mending of time in
Argentina’ (Rufer, 2010a, 255-304). The Conquest of the Desert is the name given to a
series of military campaigns directed by the Argentinean state against the indigenous
population which inhabited southern Buenos Aires, Córdoba and Cuyo (what is known as
the Oriental Patagonian region). The coinage of the term ‘desert’ is a reminder of old
colonial practices of natural right on terra nullius (no man’s land) which were however
historically inhabited. The campaigns reached their highest point between 1879 and 1880
under the command of General Julio A. Roca, who was to become the modernizing
president of the nation from 1880 to 1886. Law No. 947 allowed the State to assign part of
its budget to the campaign at the frontier of Río Negro and Río Neuquén. The Conquest of
the Dessert is considered by liberal historiography the consolidation of modern
Argentinean state. One must not ignore the long battles and negotiations between the
Creole government and indigenous people.
4
Following Rancière, I believe there is no such thing as an anachronism but rather a set of
‘anachronies’ or notions which deal with time violently and advance meanings which seem
foreign to contemporary reality. Understood as an error, an anachronism means conceiving
time as discourse (not an actual flaw regarding objective time). Ranciere, (1996). The
experience of temporality as a politics of enunciation is key. The latter is advanced in Rufer
(2010b).
Mario Rufer 57
appearances in the public space. They managed to reappear as stamps of a
different age. Native peoples were exploited by the state to advance an image
of a heterogeneous Latin American Argentina
5
and they themselves took
advantage of it
6
.
The Bicentenary augured to bring a different state discourse on
Argentinean history. The white, homogeneous, European nation was
evidently beginning to revise its own historical discourse. Its founding myth
was neither a revolution nor a war but an intrusion, what is known as the
European migratory flood. The nation erased any element which altered its
pristine past if only superficially. The government that took possession after
the 2001 crisis was willing to untie the nodes of history, expressly; the
vacuum of representativeness caused by the crisis is lasting to this day in
both civil and political society. The pillars of national culture fractured
(Farred, 2003).
Together with the implementation of politics on human rights and the
openness to discuss the nation’s recent memory, Néstor Kirchner was forced
to take a stance regarding the image of the nation’s past. When the former
president of the National Academy of History and director of the Museum
5
This image meant an irreversible change within Argentinean society’s own self-
conception which has an effect to this day. The 2001 crisis ‘served as a Latin American
reflection’ to Argentina, a country engrossed in its Menemist neo-liberal discourse which
pointed towards its illusory entrance into the First World. Following its downfall and for
the first time in the country’s history, the indigenous population was depicted in the
Ministry of Tourism’s publicity which announced: ‘We too are Argentinean’; hardened
faces were erected across Buenos Aires’ (known as Latin American Paris) most important
shopping centers. Their image did not take a critical stance but rather it was part of a whole,
an atavistic other finally recognized and conceptualized. Rufer, 2010a:289. This could have
been a new form of prepacked tradition for sale, to quote Rita Segato (1998). But more
importantly, it caused an alteration to the homogeneous discourse. The little known fact that
Argentina’s indigenous population is relatively larger than Brasil’s (according to the 2001
census) was forwarded, although problematically. The latter was linked to the demands of a
state-nation which was starting to open to the international tourism market and had to
redefine the typically Argentinean (Cejas, 2005).
6
I should note that the 1994 constitutional reform (Chapter four, Article 75, inciso 17.
Constitución de la Nación Argentina, Honorable Senado de la Nación, República
Argentina, http://www.senado.gov.ar/web/interes/constitucion/cuerpo1.php) acknowledged
the indigenous population as native inhabitants of the land and established the state’s
commitment to warrantee their reproduction and survival (Carrasco, 1997).
58 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
of National History, José Luis Cresto, claimed that the Desert Campaign
against the indigenous population was no more than a myth, Kirchner
removed him from office
7
. The Museum’s headship passed on to José Pérez
Gollán, a renowned archaeologist who exiled during the dictatorship. The
change within the conception of the museum and in the public image of the
country’s history was significant. From this point on, different events were
related to the official positioning of historical events, at least in
circumstantial discourse. Under Cristina Fernández de Kirchner’s
administration, the xix
th
century war against Paraguayknown as one of the
border wars prior to the state-nation’s strengtheningwas referred to as a
‘war of treason lead by imperialistic interests’ which Argentina had to
recant from
8
.
During the renowned conflict with the rural areas of the country which
took place on 2008without a doubt the most relevant social conflict of
Kirchner’s administrationFernández de Kirchner pronounced a
long-awaited speech. She deemed it necessary to redefine the rural
socio-historical map as well as achieving historical justice. She focused on
the ‘rural labourer: half indigenous, half gaucho, half invisible who
7
Cresto’s statements were published in the newspaper La Nación on November 23
rd
2004
under the headline ‘Roca and the myth of genocide’ which aroused a public debate
nationwide. (Rufer, 2010ª, p. 278-279). Cresto stood for arguments such as: terra nullius,
‘the land was not inhabited’, uncivilised peoples, ‘indigenous populations were nomads,
hence, they settled in the land only temporarily’, territorial supremacy: ‘the indigenous
occupation took place after the Spaniards arrived in America’. Cresto’s removal from his
post brought a profound change in the Museum of National History’s museography. The
native peoples’ history has a preponderant place. Similarly, the definition of the interactive
museum exhibits a more democratic narrative. And yet there are very few studies on this
museum. A wider explanation on this is found in Rufer. (2010a: 276-277).
8
The war against Paraguay, the Triple Alliance War (1860-1874), brought together
Uruguay, Brazil and Argentina against Paraguay on different grounds. It was a long-lasting
war which reduced the Paraguayean male population. Children aged eleven fought on the
war. Historians agree that its effects can be felt to this day. The then Paraguayean president,
Francisco Solano López, went down in history as a a polemic character who stood for the
local interests; he was an uncompromising and authoritarian leader little inclined to liberal
politics that were already being adopted in the Southern Cone. In 2007, Cristina Kirchner
made a public mea culpa when she named one of the Argentinean army’s Marine Corps
after him. The latter caused indignation amongst liberal intellectuals (Agüero Wagner,
2007).
Mario Rufer 59
embodies a dark figure, unrecognised’. Did not go down in the Argentinean
history but nonetheless is responsible the country’s prosperity in the
beginning of the xix
th
century
9
.
In the brink of such a discursive turn, the Bicentenary seemed
promising. Firstly it looked as if it would represent a rupture with the 1910
celebrations which took place in the apex of the agrarian and exportation
boom; Argentina’s period of greater economic prosperity. The 1910
commemorations focused on material dimensions: construct monuments
and ostentatious buildings; the point was to highlight the country’s
economic and political independence as well as the diplomatic relations
with European countries. The nation’s modernity was to be stamped on the
oligarchic splendour staged by the ‘conservative order’
10
. The state turned
to the intangible dimension of Argentinean identity: peoples, chants, food,
and costume, among others. Yet the Bicentenary promised to bring changes
in the idea of national history: those who had never been taken into account
would be narrated this time. Diversity acquired performing sense. The
latter did take place for the Bicentenary’s historical narrative focused on
fragmented presences. The question laid on the African descendants and the
native peoples who had just been made visible: would they be recognised in
what was presented as the celebrations for ‘a greater country, a great one
’?
11
Everyone had its place and was represented in the bicentenary.
Nonetheless, it was not a celebration of memory as I will discuss in the next
chapter.
9
Cristina Fernández de Kirchner. Speech pronounced in Plaza de Mayo, Buenos Aires,
June 18
th
2008.
10
The Centenary had a splendid chronicler, Joaquín V. González, an influential statesman
and writer. He chronicled the centenary in El juicio del siglo en 1910 in which he gave an
account on the celebrations as well as on the country’s progress. This chronicle was later
used as a high school textbook.
11
The Bicentenary’s slogan was: ‘Argentina, 200 years: a greater country; a
great one’.
60 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
. ‘Wave for Facebook’: the commemoration as stamp’
“The problem is not the banalisation of history or the transformation of the
past into goods but the saturation of the signified in time.”
M. Taussig
Two decades ago Pierre Nora (1993) expressed his dissatisfaction with
his Les Lieux de mémoire. The expression ‘sites of memory’ was meant to be
a critique to the era of commemorations, he claimed: ‘but the
commemoration phenomenon surpassed it. The bulimics of commemoration
devoured the attempt to dissect the phenomenon’ (p. 612). On the other hand,
Nora seeked to expose how modern nations had placed commemorations
against the interests of the practice of memory: the sites of memory replaced
the settings of memory and balcanisation fractured the sense of unity
required to refound the practice of communitas.
Nora’s propositions can be met. It seems unnecessary to point out that
commemoration ossify the practice of memory. To commemorate is by no
means the same as to reminiscence. Commemoration’s memorial mark has
been effectively erased by the performative dimension of political
celebration (Huyssen, 2000; Witz, 2003). This manoeuvre tore apart the
reticular fulfillment of events in order to produce with each repetition a
fictitious ‘only version of history’ which has already been replaced by
multiplicity. In Argentina, the Bicentenary spread officially under the
premise: ‘Let us build the Bicentenary from multiple voices’. The aporia
emerges almost instantly for the hope of attaining ‘multiple pasts’ which
exceed and adhere to a monolithic narrative of national history is different
from displaying an event’s multiple voicesnullified in turn by the will to
attain truth in history and by the state’s political will in commemoration
(Ricoeur, 1990, p. 146; Rufer, 2009, p. 21). That is, episodically adding
‘not-yet-narrated’ fragments differs from pretending to‘re-narrate’ the
founding event of the nation-state from an altern site of enunciation.
The argument on the recognition of difference (Comaroff and Comaroff,
2002) or the production of alterities (Segato, 1998) in behalf of the
postcolonial nation-state is made perfectly clear at the ‘moment’ of
commemoration. This refutes the assumption that the state tried to produce
communitarian homogeneities based in a more or less stable idea of a
Mario Rufer 61
projected horizontal fraternity- The Bicentenary of Independence as an
articulation of political reference or as mark of colonial inheritance is
publicly remembered as a debt with diversity.
Argentina, May 2010: History repeats itself: the powerful combination
of a shared referent and the effective dissociation of history and deeds;
women, men and heroes. The observer and participant gets ready from a
distance: through the radio and the internet; not truly there. As Jean Luc
Nancy argues, being absent from the events is a deficiency but to refer to
them from a distance is a form of intrusion; altering events while being
completely alien to them (Nancy, 2007). It is raining in Argentina as
reproduced in the anonymous painting which founded the country’s pictorial
tradition: it too rained 200 years ago
12
. The parade of ‘Argentina’s founding
collectivities’ beginsnot cultures but collectivities. Two rainy days later the
Bicentennial celebrations in Buenos Aires would reach a climax with the
procession of the allegorical float representing the country’s past
13
.
The morning of May 23
rd
after the traditional military paradefor the
nation is still in need of public demonstrations of sovereignityfollowed the
rather predictable Integration of collectivities’ parade which displayed
Lebanese, Korean, Armenian, Italian, German, and Spanish costumes
12
I’m referring to Luis Sánchez de la Peña’s 1938 painting 25 de mayo y los paraguas
(25th May and the Umbrellas) which is considered one of the inaugural works of national
identity. It depicts the people gathered around the city council in Buenos Aires on May 25th
1810. There are a number of men and women standing at the square dressed in frock coats
or crinoline under the rain holding their umbrellas. The painting is considered a pictorial
allegory of the following phrase: ‘The people want to know what this is all about’ at a
moment when the board was disowning the Spanish king. During a conversation with
anthropologist Rita Segato, she pointed out that the characters in the painting are all turning
backwards because they are staring at the city council. Not a single face is shown:
uniformed heads stand under the rain hidden under the shadows produced by the umbrellas:
grey and all alike. Uniformity, an ever present topic when discussing contemporary
Argentina is present at this early stage.
13
I’ll refer to the central celebrations that took place in Buenos Aires for strategical
purposes only. There were however festivities in the provinces which replicated the main
events of the May 1810 Revolution. These were not counter celebrationsas Jujuy
suggested during the 500 year commemorations of 1992 which differed importantly from
the official celebrations that took place in Buenos Aires. They were small scale
reproductions of Buenos Aires in 1810 (town council, First Meeting, etcetera).
62 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
without any structure. It may seem natural for a country which thinks of itself
as heir of the migratory flood. Yet this parade is full of meaning. Firstly,
there was no allusion to the historical context of their arrival into Argentina
except for the generalising: ‘This parade features everyone...we welcome all
collectivities who descended from ships and who were embraced as our own
peoples in Argentinean land’ which was simultaneously transmitted by the
media
14
. I’ve suggested that the statement ‘we have all descended from a
ship’ is very much likely the most effective to condense Argentinean
identity. It functions as a school-level, familiar, state and historical discourse.
If according to this statement we all descended from a ship in order to settle
Argentina, then Argentina existed before this arrival therefore we were able
to ‘adopt them as our own’.
This might as well be wordplay but I believe it has a deeper meaning. In
2010 collectivities are visible, they have a name: the Lebanese, Armenian
and Italian are identified as such. This differs significantly from the
conformation of modern Argentina. If the so-called melting potCreole,
Italian, German, Spanish (aboriginal and Negroes)was indeed influential in
the formation of the Argentinean nation, it was due to what Rita Segato calls
a neutral horizon: ‘nobody’s land is everyone’s land’ (Segato 2007, p.
261-266). Unlike the discourse of mestizaje (mixed Spanish-indigenous
race), the Argentinean discourse neutralised the melting pot referents. During
the xxth century, the state did not allow ethnic or sub-nationalist identity
policies: the immigrant population had to renounce to their identities. The
uniformity which characterised public policies along with secular education
demanded that any trace of a subject’s origins, be it Italian, Spanish or
German, and be erased (p. 245). This project of standarization was so
successful that if we were to perform a study on the surviving German, Swiss
or Piedmontese dialects, holidays or endogamic practices, we would notice
its extinction from the second or third generation onwards. According to
Alain Rouquié:
The Argentinean melting pot produced a social and cultural
homogenization like no other in America. Except for minor cases,
Argentina never met, like Brazil did, vigorous foreign colonies who
14
Collectivities’ parade in 9 de julio St., Buenos Aires. May 23
rd
2010.
Mario Rufer 63
defended their hard to assimilate language and traditions.
First-generation Argentineans have forgotten their parents’ language
(qtd. in Segato, 2007, p. 245)
No one fully belongs. The only allusion to origins is a boat: a journey
not a territory. An arrival without an origin, like the myth itself
15
. Identified
collectivities can only be adopted by a pre-existing order.
To state that collectivities exist today is a purposeful strategy. How to
acknowledge diversity while maintaining a balanced sense of a neutral
nation without clear-cut origins? Enunciation here has the purpose of
differentiating. During this parade, the Afro collectivity displayed an INADI
(National Institute Against Discrimination) ad: ‘Argentina is also Afro’.
Firstly, Negritude as a collectivity constitutes an aporia. If ‘Argentina is also
Afro’ it is clearly due to the legacy of slavery. An episode which incidentally
has been erased from national history. Hence, the Afro component is not part
of a collectivity; similarly it’s an invisible sign. The statement makes sense
within the context of recent migratory collectivities such as the Caboverdean.
The latter reinforces the strangeness of the allegedly hybrid horizon
which is represented in the parade. Caboverdean Afros are presented in the
same level as Bolivians and Peruvians. They are all part of an integrated
collectivity. When ambiguously alluding to ‘embracing’ immigrants a form
of hospitality with foreigners is at play; an attitude of tolerance towards
alienness which has little to do with a nation’s unity. Diversity is thus
produced for the Bicentenary; Lebanese, Italians, Lithuanians, and Afros are
exploited as such. But those who are part of the procession bear no relation
with the observers: contemporary Argentineans uniformly gathered under
the same umbrellas. Distance is established by theatricality. At times it is a
temporal distance: there paraded Italians, Armenians, Germans; at others it is
a cultural distance: Caboverdeans, Bolivians, Paraguayans may live in
15
Although I’ve attempted to locate academic papers on the anxiety of Argentineans to
trace down the origins of families of Spanish or Italian ascendancy, I have found none.
Over a century later, the attempt to design family trees, is part of the ethos of Argentinean
population. After the 2001 crisis, this was exploited to prove European backgrounds in
order to obtain European Community passports. Thousands of Argentineans scraped files,
registry offices, churches and lastly embassies. Furthermore I sense the need to emphasize
one’s origins and find something besides the journey.
64 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Argentina but they are not Argentinean. AfroArgentina ambiguously
synthesizes both forms of distance: at the atavistic past there stood Negritude
while at the exotic present there stands African collectivity. Argentinean
presumed neutrality is reinforced by publicly naming alterity in front of an
audience who acknowledges what it sees as completely alien and who
celebrates an event which through naming establishes a distance.
The morning of May 25
th
the historical parade was greatly expected; the
past would be displayed on floats
16
. Diqui James produced the parade,
artistic director of Fuerza Bruta. It was under the supervision of the National
Bicentenary Comission. The slogan was ‘to retell history’. As revealed by
the commemoration’s official site, the floats would progress through the
main streets ‘without following a chronological order but rather they would
do so like stamps of crucial events in the nation’s history’
17
.
According to the Spanish Royal Academy
18
, a stamp is: a) a
reproduction of a drawing or painting impressed on paper or a different
material from a previous source where it was engraved (either a lithography
or a stone); b) a religious figure par excellence; c) an animal or a human
figure; d) a mark or a trace of something. The notion of commemoration as a
stamp had been alien to me until that moment. I would like to bring it
forward due to its both descriptive and contradictory dimensionnot unlike
commemoration itself. Acting as a reproduction/transfer, a stamp establishes
an inverted and analogical sign in a new site. By transferring an image from a
previous to a new source, a stamp reaffirms an anachronic image similar to
the sign’s double entity. A stamp is a sign of a different era. It is however a
sign of sovereignty: there is an entitythe statewhich de-signates its
function. The state does not simply reiterate patriotic symbols but rather puts
16
The word carriage ceased to refer to a colonial vehicle but it kept its meaning as a
carnival float. The carnival, that rite of reversal, the ceremony of an inverted world.
Nothing so distanced from history understood as the staging of power by the state. Both
power and the carnival have been analyzed by Georges Balandier (1993, 1998). He
suggests they share a dramaturgy: what he refers to as the theatrocracy of power and the
theatricalisation of disorder. However, both dramatic genres observe their specificities.
There might be parades, floats, travelling exhibitions but there are not any floats in the
dramatic politics of history.
17
http://www.bicentenario.argentina.ar/comunidad/ [Accessed 28/05/2010]
18
http://buscon.rae.es/draeI/, [Accesed 20/05/2010]
Mario Rufer 65
them into perspective. These then acquire a different meaning depending on
how they are utilised or stamped; their meaning depends on the distance
from where they are observed rather than on memory.
The ribbons, the raining May day, and the painting which acting as a
stamp portrays umbrellas facing the town council (there are those who claim
it did not actually rain during that scene and that umbrellas were not brought
to Argentina until past 1810
19
) come to mind. Similarly, the Negroe pastry
vendor’s vague litany. Argentina claims to have lost its Negroe population
during the independence and the war against Paraguay. However, in each
school act commemorating May 25
th
, its most distinguished Negroe
character is necessarily exhibited
20
: an illiterate and ill-mannered Negroe
woman. Any girl who plays that role in a school play would have a one-lined
dialogue: “empanadas calientes para las viejas sin dientes” (hot pastries for
old teeth-less women). When this character is represented, its player,
necessarily a girl, must then dress-up as Negroe and wear a costume which
like any other costume is completely alien to her. Similarly, she’ll have to
emulate a black-skinned face, for that purpose she will have to employ
burned corks for no one bears Negroe traits in Argentina any longer. Her
performance will represent not an identity icon but the image of anachronism
itself: that which was lost in history without any explanation. As a reminder
of progress, this anachronism was not lost because it faded but because it was
exceeded by something else. The young girl interpreting a Negro woman
attests the chiasm of the nation’s novelty/modernity (Bhabha, 2002a). Its
presence as a stamp prevents any actual reference to negritude. It establishes
difference.
When it acts as a religious figure, a stamp has a sacred value. It ceases to
be used in a quotidian and profane fashion and in turn it acquires a
transcendental and unquestionable place. Questioning a stamp would imply
19
Parasols were naturally used but it is doubtful whether actual umbrellas made-up of
waterproof material were used during that time.
20
According to traditional historiography in Argentina, African slave’s descents were
exterminated during the Independence and the Paraguayan Wars (1864-1870). Many joined
the campaign under false promises of freedom. However these arguments to be untenable.
Early mestizaje was consolidated in Argentina as well as cultural whitening as a strategy
to conceal African and indigenous features in census (Endrek, 1966) I have worked against
these myths from a socio-historical stance (Rufer 2005).
66 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
desecrating it (Agamben, 2005, p. 98-99). In its religious dimension a stamp
is apolitical. The objective of patriotic commemorations is to elevate the
foundational myth and its negated (symbolised) dimension of violence to the
sacred realm of the immovable stamp; a venerable apolitical dogma.
Commemoration and memory have very little to do with each other. Unlike
mark-stamps, religious stamps do not rely on the function-state which
sovereignly designates but on worshippers. One needs to believe in the
stamp, in the bond created by re-ligio. There is a risk in this which for the
sake of dogma must be constantly re-established. Affection results from this.
As a totalising figure, a stamp runs the risk of pretending to embrace the
unity and the totality of the narrated event. As a trace of something, which is
the role I’m most interested in, a stamp alludes to a sort of index (in a
Peircian manner): it becomes a mark of second placeness. A stamp alludes to
a previous form without which it could have never been. It does not
reproduce it directly or analogically but deferredly. In this manner, unlike
mark or religious stamps, trace stamps are a form of indexical sign which is
open to interpretation. It is a trace of a previous form but which one? To
whom? According to our official site, allegorical floats of May 25
th
2010
Argentinean commemoration are stamps. Can they be conceived as a
deferred trace of national history? Not as memory, nor repetition nor
historical reconstruction but something different, unclosed, open still.
Before May 25
th
, President Fernández de Kirchner confirmed that she
sensed Argentinean history had a different and fascinating appearance
21
. She
encouraged citizens to take the streets to find out for themselves,
‘commemorating means celebrating’, she claimed. Similarly, she urged those
who preferred to stay home to follow the celebrations on the media
22
. She
argued that redefining sites and episodes in Argentinean memory was no
minor task. The parade started rather late while a crowd of people awaited in
the cold streets. There were several screens installed across the parade route
all the way to the Buenos Aires obelisk. The parade started on Plaza de Mayo
and ended at 9 de julio Avenue
23
. The distribution of the allegorical float
21
“Los preparativos para el festejo”, Cronista Digital, 17/05/2010.
22
Ibid.
23
A reversed path for the starting point of most public demonstrations in Buenos Aires is 9
de julio.
Mario Rufer 67
followed the customary chronological order: precolonial and colonial times,
nation-formation
24
. The official Bicentenary (as opposed to the Centenary)
puts forward a proliferation of vignette-like stamps which suggest there is
more to Argentina than we might have been taught. The parade’s succession
of time remained intact but the narrative coherence suffered various
alterations. The first two floats represented indigenous peoples and Andean
music followed by dancing Creoles. The Patrician Regiment was followed
by Saint Martin crossing the Alps under fake snow. A ship transporting
immigrants bringing festive music along followed. People were in the
meantime guessing what each float stood for. To differentiate from an actual
carnival, the procession had to be interpreted as a representation of history
not like an overturn of reality.
The first two floats represented the native peoples. They did not carry
indigenous people but professional dancers in costumes. They wore
loincloths as those of American Farwest or animal skin like in Dances with
Wolves. Similarly, they wore colourful feathered head-bands. This was the
image of the indigenous which we inherited from the cultural conceptions of
the north. Dancing over loud electro-Andean music, the euphoric crowd
recognised them: ‘there come the natives’. In their customary role as
intruders, the indigenous population make a fully-attired and late
appearance. Both floats crossed a path of artificial lighting through a set of
mobile spectrum, as if dragging time. Silence followed the floats. A
harnessed-held woman flew across the street dancing along a well-known
contemporary Argentinean rock song. She flew over time, behind the
silenced indigenous peoples who were now miles away. The woman
represented the nation. She was dressed in pale blue and white, through full
strokes, she led the way for the next float which carried the Creoles and
Gauchos.
The synecdoche staged in the native float was a stamp which suggested
absoluteness rather than a trace of something. It reinforced the image which
24
Sergio Berensztein working at consultancy firm, Poliarquía, stated: ‘the style of the
celebrations resembled [FIFA] worldcup in that they were staged as a carnaval. They could
be the equivalent of Serrat’s song ‘Fiesta’. There was a moment in which everyone was one
and the same, north and south of the obelisk. The public space was seized for non-political
reasons’ (in Cibeira, 2010).
68 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
the indigenous population is constantly defined by: a heteronomous group
whose identity is necessarily ambiguous. They are incorporated, dragged,
adapted, thrown or expelled from national history. They are de-signated even
outside of time to the extent that the representation of the nation comes after
them. Unlike the Negroe woman who is decidedly a stamp (though not a
subject of language), natives here are not a stamp or an anachronism; they
are outside the order of time, like the spectres their float crossed by.
The Creoles come after them. Natives parade but no conquest is staged
nor colony. Natives are accommodated in two floats which they do not share
with the characters that would precede them in history. The conquest and
subsequent colony are neatly erased from the commemorative allegory. The
habitual floats which we all learned to identify as trace stamps in school,
continue the procession: creoles, charangos, telluric music, gauchos and
mate. The ‘campaign’ (the xixth century campaign across the countryside) is
a prelude to what divides Argentina since 1880: the binaries relationship
between the capital city and the countryside which is represented through
such immovable structures as civilization and savagery
25
. Before the
Patrician Regiment responsible of the May Revolution, the British continued
the procession. They represented the British invasions of 1806 and 1807.
Their defeat was caricatured in history as the awakening of Creole
consciousness as well as the defence of common interest. Unlike the natives’
first floats, the British marched through the streets, closer to the spectators.
This was not a war scene but a familiar one. The spectators took pictures and
simulated an anachronic dialogue: ‘let’s throw them boiling oil and see how
they feel’
26
, ‘are you English?’, ‘nonsense, you are Argentinean’, ‘che flaco,
25
This structure was detailed in Facundo by Domingo F. Sarmiento, the famed educator,
politician and president from 1868 to 1874. He wrote Facundo o civilización y barbarie in
1845. The story’s central character is a provincial caudillo, Facundo Quiroga. Through him,
Sarmiento offers a sociological explanation of Argentina and the evils of its political
culture: caudillism, the underdevelopment of the provinces in contrast with the urban areas
as well as the structural problem caused by the indigenous legacy.
26
The too familiar scene which is used for pedagogical purposes across the nation,
represented in figurines, school books and children’s magazines invariably portrays a group
of united Creoles, Buenos Aires inhabitants, who unable to use weapons to defend
themselves, pour boiling oil, hot water, stones and sticks down their roofs and windows,
thus defeating the recently disembarked British army.
Mario Rufer 69
give us back the Falkland Islands’. All of a sudden, a member of the
audience positions himself in the scene which is transmitted nationwide
through the media. He then raises his mobile phone to photograph a few
marching British and warns them to ‘wave for you’ll be on Facebook!’
This is a too familiar scene which breaks the autonomous order of the
Bicentennial celebrations. The indigenous scene is too alien and the scenes to
come are too solemn to break the binary theatrical order. According to this
order of things spectators cheer or applaud but are no part of what goes on.
After the float passed by, one of the spectators who started marching with the
British was heard saying : ‘let us now walk with the British, we should have
done it a hundred years ago but instead we defended the hispanucas’
27
a
contradiction which is part of the affections produced by nationalism. The
reaction to the British float will differ greatly from the audience’s reaction
when the Falklands 1982 War float passes by. ‘Milicos de mierda’
28
,
enveloped in fire the float makes its way through the cheering crowd: ‘y ya lo
ves, y ya lo ves, el que no salta es un inglés’
29
. Running the risk of
over-interpreting the scenes described above, I believe they are a prime
example of national culture. Argentinean culture tends to act as a stamp, that
is, as an encapsulated reproduction translated from a different source which
parasites history. And by history I’m referring to that which is learned
through vignettes, distanced from the events, within the pedagogical realm of
the function-state. These sequences have little relation to the past. They are
related to familiarity, to the stories learned, grasped and memorized after
continuous repetition by ideological apparatuses such as school. In the
process of defining subjectivity, repetition produces affectivity rather than an
abstract sense of ‘historical belonging’. Thus, repetition produces the
national self.
Stamps like these have a sense of permanence. They are willing to
restore themselves in the context of an affection game which has little to do
with history or memory. Even if duty is demonstrated in pursuit of symbols,
27
‘Why did the Creole resist the British so vehemently if the latter were better than the
Spaniards?’ is a rather familiar affirmation. These paradoxical historical topics of popular
knowledge are compiled in a work by Marcos Aguinis (2003).
28
Fucking squaddies.
29
Defying anyone on the British side (“And we can seeand we can see... if you don’t
jump you’re a British”)
70 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
like the respectful attitude one most show towards the national flagas pure
signifiers their meaning is multiple and null at the same time
30
.
Commemorations advance an idea of sharing and being together. Different
media constantly announced the motto: ‘the Bicentenary brought people
together exceeding its initial goal’
31
. What brought people together was not
history but a representation of familiar elements learned, and repeated
continuously. It seems irrelevant that for twenty minutes the British invasion
is condemned and its representatives assaulted.
Under this scheme, one must then be loyal to the learned format not to
the past, what is important is to activate that bond. As a result,
commemorations are dangerous and conservative. On the one side, there is
the non-critical display of those ‘images and symbols which we are tied to’
(González, 2007, p. 31). We are aware that in a performative dimension
symbols can generate a third site for enunciation and appropriation: flags,
ribbons, satirized hymns in public demonstrations (Bhabha, 2002b). On the
other, this type of commemoration displaying floats as stamps successfully
stages an affection game restored by national culture.
The commemoration repeated what was forwarded as a mark beyond
the symbolic dimension of culture. ‘We grew up with the image of the May
soldiers, it’s a familiar story’, claimed a journalist
32
.This affirmation is more
than a mere anecdote. It expresses the commemoration’s normative order.
The familiar has neither logic nor chronology. What has been expressed by
the journalist reiterates an ideology: there is a site inhabited by native
peoples, strangers, and adopted individuals alike. I’m referring to the type of
30
Alejandro Grimson and Mirta Amati (2005) suggest that until the 2001 crisis when
national symbols adopted different meanings, notions such as nation, nationalism, national
suggested an association with authoritarianism and repression. Grimson and Amati
analyzed how members of the Argentinean militaryspecifically from 1976 to 1983
thought of themselves as actually incarnating the nation. Similarly, they opposed concepts
of state and nation and utilized them as a ‘moral’ metaphor to justify neoliberal politics. (p.
222-223). The 2001 crisis displaced these associations. During civil demonstrations, young
participants handed out pennants and ribbons engraved with ‘go away’ (alluding to
politicians). This is an example of the split between democracy and nation, moreover the
split between nation and politics. Young citizens seize national symbols from the state for it
no longer bears the authority to incarnate them.
31
Battista, 2010.
32
“Pueblos indígenas y el bicentenario”, Indymedia Pueblos Originarios, 23/05/2010.
Mario Rufer 71
ideology utilized by Zizek whose functioning depends on whether people
believe in it or not. It appears to have better results if one does not, when it is
taken as common knowledge, innocuous children’s story, when it is forced
during school time, in public acts, commemorations; when it is not
rationalised, unconscious and above all, when it lies outside the
epistemological order of truth and lie. Hence, when it’s unquestionable
(Zizek, 2003).
Following the epic of creation staged by the state (the May Revolution,
the British invasions, and the Jujuy Exodus) the float of the migratory flood
makes its entrance in the midst of a pale light which grew brighter as a
gigantic ship went through. People danced and waved on board: ‘We are
here’, announced a group of women dressed in black and wearing scarves
which covered their hair
33
. The ship metaphor is made both stamp and
synecdoche: the ship from which we all descended from. The audience
cheers: ‘Welcome! You are here to make history! We owe our existence to
you!’ The ship makes its slow way through and it’s followed by a puzzling
scene: a group of walking dragons parade through the streets. The
television transmission captures a random comment: ‘Dragons? I’m at a
loss this time’.
Chronologically and historically the Conquest of the Desert
(1879-1885) came after the migratory flood and before the economic boom.
A recurrent though unnamed event which has been described as the
cleansing of the land, the extermination of the indigenous population, the
plowing of the Argentinean pampas and anything which might have impeded
the construction of the nation’s future ‘natural subject’ (Bertoni, 2001;
Segato, 2007). This Argentinean neutral subject traces back its identity to the
countryside. The problem is the emergence of the natural subject was made
possible after the extermination of a social subject.
During commemorations, the occupation of the land, genocide, the
tensions between the foundation and preservation of the state of law through
violence, to quote Benjamin, is silenced and replaced by an episode with no
referent: dragons. There is no float of conquest, not out of political
correctnessduring the military dictatorship of 1979 the state issued coins
that homage the extermination campaignsbut because there is no
33
A faceless voice of an excited spectator utters: ‘Here comes the Titanic!’
72 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
familiarity to back it up. The native peoples have already entered the national
scene, produced as such, attired, homogenized under their colonial name:
‘there come the natives’, the audience exclaimed. It does not matter. They
put a strain on the hegemonic discourse of repetition. In their place there
were dragons. ‘When it becomes necessary to utter the unpronounceable, it is
better to talk nonsense’ (Prakash, 1999). The indigenous populations
appeared in floats 1 and 2 without any temporal queue. The moment which
established the contemporary relationship with the indigenous populations
was erased. Both these decisions imply the indigenous populations were
named but their history was not, they were thus given one and only possible
place in the commemorations. By attiring the other it is similarly being
exoticized and left out of temporal order. There is no established bond and as
a consequence, no relationship with it.
What followed is part of an unalterable and predictable story: tango, the
countryside and its kindness, the 29 crisis, Peronism, industrialization, floats
carrying women dancing on refrigerators and men driving Siams (the
Argentinean car par excellence during the 1950s). The dictatorships
represented with a burning Constitution, the mothers of Plaza de Mayo
(possibly the most aesthetically accomplished float, it was adorned by
luminescent bodies which only made the white handkerchiefs), democracy,
and the end of the story. Regarding Taussig’s quote which serves as
epigraph to this chapterthe problem is not the banalisation of history nor
the transformation of the past into goods but the saturation of the signified in
time, I interpret it as the incapacity to articulate a hegemony-
counter-hegemony logic. There is not a staging of hegemonic history nor a
banalisation of national memory in the commemoration described above.
Anachronism is affectively used through cartoonish images which equates
normative production. Neither lineal chronology nor official time has the
power to restore stamps. Floats are restored by a pre-existing pedagogy of
national culture: commemoration time is a familiar time.
The Other Bicentennial: From Floats to Marchers.
The indigenous are used to walk: transit was their tactic, but they were
still denied their territory. On May 12, several Argentines indigenous
marched to celebrate “the Bicentennial of the Peoples.”
34
The march was
Mario Rufer 73
called “Marcha Nacional de Pueblos Originarios” and their motto was
“walking the truth for a multicultural state”. Contingents departed to Buenos
Aires from Jujuy, Chaco, Mendoza, and Neuquén, all heavily indigenous
provinces
35
. The goal was to reach Plaza de Mayo, Buenos Aires’s central
square, and lay a flag there, as well as to establish both presence and distance
with regards to the official celebrations. More than 400 people arrived in
Buenos Aires on May 20th. They demanded the acknowledgement of the
“historical neglect” of these peoples, and their “genocide”
36
.
They vowed for a “refounding” of an Argentine state that considers their
centrality in politics and processes of national identity formation (Aranda,
2010). Chanting “La tierra robada será recuperada” (the stolen land will be
recovered), protesters asked for the implementation of the Law of Territorial
Revision (Ley de Relevamiento Territorial), a law sanctioned by Congress
four years ago guaranteeing the availability of land and living spaces for
these people but that has not been enacted as of now
37
. Before the press,
they demanded that compensation be made due to damages by huge
34
“This was the most emotional Bicentenial Parade”, Nova Digital, 2 Jun, 2010.
35
These movements were sponsored by the Confederación Mapuche de Neuquén, the
Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita (UPND de Tucumán), the Coordinadora de
Organizaciones Kollas Autónomas (Kollamarka de Salta) and the Consejo de Autoridades
Indígenas de Formosa. Túpac Amaru, an important indigenous organization, was equally
germane in the formation of these movements.
36
Public usage of this term is well-rooted. However, in order to minimize its historical
implication in the so-called Desert Campaigns, two arguments have been set forth: a)
indigenous extermination was seen as a necessity if the country was to be freed of
“nomadic” and “barbaric”. Indeed several politicians of the time, most notably Sarmiento,
articulated questions like “will the indigenous ever be done with? I feel an exceedingly
disgusting hatred for these American savages” groups; b) there were concentration camps
in the southern Patagonia in the late nineteenth century. A 2006 interview led by two UBA
professors, Diana Lenton and Walter del Río, discussed the brutality and conditions of these
concentration camps (no food, wired fences, etc.) as seen by Welsh immigrants’ memoirs.
See Herreros, Leonardo: “Estudio sobre Campaña del Desierto confirma genocidio contra
mapuches”, Pagina Digital, 04/08/06, http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2006/2006
prim/educacion5/estudio-desierto-viernes-040806.asp
37
Current research shows that nearly 8 million hectares have been taken away from the
indigenous to favor multinational companies, particularly mining industries and foreign
investment funds. There is ongoing litigation between federal and provincial governments,
and these corporate interests. Cf. Bayer, 2006.
74 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
corporations such as Benneton and Monsanto, to which they have lost their
lands. They ordered that October 12, “Race Day”, no longer be recognized as
a national holiday
38
. Similarly, they asked that indigenous languages be
recognized as official languages, and demanded affirmative action policies;
intercultural educational centres nationwide.
Here I would like to highlight two things: 1) the use of memory to speak
of a projection, as opposed to the past. Indigenous protests turn celebrations
into a form of complaint; they subvert and transgress the language in what
Partha Chatterjee calls a “politics of the governed” (Chatterje, 2004,
p.125-131); 2) The place that these protests occupy in relation to national
history is in reality, ambiguous. As much as they take the streets of the
capital to say “we are present”, they also destabilize the nation’s relation
with the indigenous peoples. For the onlookers, they come from afar, they
march towards the center, they inhabit history but not the present; they
occupy a perennial otherness that, when looked at from a modern
anthropological perspective, amounts to something that never was (Fabian,
1983, p. 31-36). Their discourse, however, seems to state otherwise.
David Sarapura, Head of Kollas Autonomous Organisations
(Kollamarka, de Salta), argues ‘we are not marching to celebrate but to prove
we are alive’
39
.
‘There is nothing much to say. Our history is that of lost dreams,
confrontations and lack of things. We made up our future out of our own will
to stay alive and be what we have constantly been denied: our own selves’
40
.
Through loss memory can be articulated. Paradoxically future as an
aspiratione.g. environmental rights, tax, land regulationis the substance of
‘historical commemoration’. The future is mentioned in the National
38
It is possible to speak of the “ petty complaint policy” of subalterns who no longer
aspire to power (echoed by Chatterjee), but who instead conceive an alternative political
subjectivity (community vs. capital). Similarly, we can think of this issue by invoking De
Certeau (1980, p. 14-18): because the state is the place of political enunciation (rights,
citizenship, civil society), the indigenous take advantage of these celebrations to project
themselves, they transform the language of power to signify something else; a matter of
tactics.
39
“La plaza de los pueblos originarios”, cit.
40
“Los pueblos originarios ya tienen una bandera en Buenos Aires”, Crónica Digital,
24/05/2010.
Mario Rufer 75
Constitution’s preface. Argentina is described as a promise of a great nation.
The promise is guaranteed, in Austin’s terms, by a performative law.
Indigenous populations have a different future. Firstly it is uttered from loss
history and secondly stricto sensu it is not a speech act, it is not authorized to
be so. According to the formulating contract advanced by the law they don’t
speak. And yet their future is like a text’si.e. national history
uncomfortable alteration. It will be cancelled by the difference it seeks to
obscure (Spivak, 1988; De Certeau, 1993).
Native towns entered Buenos Aires in ‘colourful’ and ‘traditional’
manner, that is, as stamps. Within the structure of inhabited spaces and
places of memory, indigenous populations necessarily inhabit an alternative
space, a place with no name. Generally they are present in postal stamps,
official postcards or in monuments dedicated to the ‘charrúas’ or ‘Quilmes’
(Masotta, 2007). However, they do not belong to any proper place. When
they reached Buenos Aires a militant exclaimed: ‘This is beautiful,
unprecedented. They have printed Buenos Aires with colour and taken it to a
different dimension’
41
. One can take this literally: the indigenous population
has managed to break with Argentinean homogeneity which Creole elites set
with considerable effort via their national normative project. The latter had to
be repeated and reassured constantly. Though it seems they have come from
that place of memory to remind us something.
The instability of commemorations lies in the fact that when indigenous
populations put in an appearance and actually spoke, the words they uttered
destabilized the stamp. They did not expose what was expected of them as
inhabitants of an alternative space: their myths, their ‘ancestral knowledge’.
The language employed by power makes use of these elements in order to
seize diversity, to domesticate it as culture and place it in the realm of
difference. The group’s spokesmen held a meeting with the president where
they debated on the ‘history of lost dreams’ and on ‘what has been negated to
them’. During their procession of memory they talked of loss and of the
event that successively returns and cannot be fully discussed: the conquest.
They broke the frontiers of allochronic time, in Fabian’s terms. Allochronic
time constantly nullifies the other’s contemporaneity. When indigenous
populations are defined as such or classified as traditional, they are
41
“La plaza de los pueblos”, cit.
76 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
simultaneously acknowledged and segregated. Indigenous populations
positioned themselves in a shared present where there are neither natives nor
‘traditional’ or common citizens, neither floats nor spectators but rather
empowered and excluded individuals, language experts and individuals
dispossessed of it, landowners and nomads with no territory. By doing so
they fractured the logic of commemoration and proved that under the idea of
diversity and incorporation, the binomial established by ‘civilisation and
barbarity’ determines Argentina’s hegemonic structure.
There’s an unsettling side to this demand: territory. I’ve previously
studied how Indigenous Movement leaders acknowledge that any past time
is subject to being revised in Argentina lest it should correspond to
patrimonial violence, pillage, and land usurpation (Rufer, 2010b). the
Conquest of the Desert, hardly mentioned, seals the frontier of the modern
construction of the state. In Argentina, the concept ‘land’ is not only a
connotation of inhabited territory, vital sustenance and sovereign
jurisdiction. Land became ‘country’, history’s natural resource. ‘We owe it
all to the land’, ‘through land modern history was built’, ‘the Pampas created
the strong Argentinean economy’
42
. As a discursive unity turned actor, the
land displaced identitarian modes of ‘national self’. Italian, Spanish, and
German individuals were known as ‘country people’, gringos
43
.
Following the migratory flood (and the dragon flood for that matter), the
float procession on May 25
th
displayed a series of stamps alluding to the
agro-export boom: chakra, cereal, cattle, estates, the Pampas. When in 2008
president Fernández de Kirchner increased taxes on cereal exports, she
encountered furious reactions amongst landowners (heirs to the migratory
42
The site of ‘geographical determinacy’ set in common sense narratives which construct
national Argentinean identity is detailed in the anthology edited by Luis Alberto Romero,
La nación argentina en los libros. Geography as a discipline had little impact in the
intellectual formation of national projects. It was however highly influential to military and
educational discourses (incorporated to common sense). (Romero, 2004).
43
In Latin America ‘gringo’ is used to refer to Americans yet in Argentina it refers to
individuals of immigrant descend who work the land and display specific features. Its
ambiguous use, at times positive at other deceptive, seems interesting. Viewed as a sing,
gringo is a flexible construct: an individual can be defined as such by being blond, by being
from the countryside and by working in the land. And yet none of these elements is
‘enough’ to be defined as gringo. Its use depends on the context where it’s used. The word
güero in Mexican Spanish might be its equivalent.
Mario Rufer 77
flood). They coined the phrase ‘we are the land’ and took the streets in cities
and rural areas. They never referred to a specific subject (they never claimed
they were all ‘peasants’). They referred to a territory which has an active role
in history. Or rather, it has ‘the’ role in history if understood as the central
cause of progress or as an agent which activated the fleche du temps towards
the future of the nation
44
. When assigning territory with a determined
identity, the land erased ethnic distinctions made by the modern nation-state.
At the same time, when it refuses to name an individual (that is, the peasant),
it erases structural distinctions of class: we are the land no matter where are
we positioned within the productive organization.
If we are the land, if the phrase makes its way through the floats starting
from the migratory flood to the lived recent history structuring the sense of
belonging, how to claim that those origins are an usurpation? How can one
symbolize such claim?
Indigenous discourses on the restitution of the land are the most
frequent and yet the least listened to. They are fully aware of this. As a result,
they constituted one of the main demands during the Bicentenary. However,
it might seem they are constantly referring to a non-existent event or to a
robbery that never took place. One of the Huarpe leaders told the press ‘we
don’t expect much from the meeting with the president. We are aware the
government is in the midst of commemorations; they are celebrating, they
won’t listen to our demands at the moment because this is not a history
related issue but one related to the land’
45
although they marched in favour
of the Bicentenary and they were represented on the floats, they are not the
ones celebrating. The word ‘indigenous’ appears incomprehensible in a
context in which the land took the place of history as a factual construct (‘we
are the land’). In ‘national culture’, narratives of indigenous struggle for the
land and for the preservation of natural resources are understood as an epic
44
Juan Carlos Garavaglia (1983) details how peasants are the absent structure in agrarian
Argentinean sociologyanother exception in the Latin American context. The reasons are
countless: the structure of the estate, the specificity of occupation, production under
international division of labor. However, in Argentina there are no peasants but land. Both
concepts cannot serve the same subject-function but they are rather the uniting function of a
site of collective acknowledgment.
45
“La marcha de los caminantes. Pueblos originarios y el Bicentenario”, La Gaceta,
27/05/2010
78 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
rather than history.
The narrative of the legendary cacique whose fierce fights earned him a
statue in his hometown is a pertinent example. Founding violence is thus
omitted from historical order. The territory inhabited by the other
(motherland, pachamama) takes the shape of the usurper’s language. We all
proceeded from a journey with no origin; we all descended from the ships;
we are the land. I’d like to reveal two hidden elements in this triad. Firstly, it
omits its founding synecdoche. Firstly, it is the part which refers to the
whole. Then, it eludes the fact that what it refers to was built from the
usurpation of the land. From that moment on, it became something different:
an actant code. When the land became the country, it stopped functioning
discursively as a material good which can be transferred, seized or
possessed.
Through that apparently innocent operation, a productive and extensive
exploitation social structure became a narrative, identitary and ideological
structure which erased any trace of conquest, social violence and territorial
displacement. The country was no longer defined by the land. It became a
codified synthesis of elements such as European immigration, the ethics of
work, land and its generosity. The latter can be used to interpret the code
map of progress. Codes are passed on by experts and elude historicity. Codes
are a grammar uttered according to a specific context; moreover, they are an
authority: the Argentinean map is codified by the country and read by its
proprietors. In an operation which displays a notable performative
efficiency, as an actant in a children’s fable, the ‘country’ decides (not its
proprietors), it takes the streets (not its exploited labourers) it reduces roads
(not those implied in the structure of territorial and socio-economic
influence).
The Alternative Bicentenary attempts to break this logic of authority and
the nucleus of its signs. To this end, indigenous peoples marched to the
capital city in order to take the history of transgression to the site where the
legendary disembarking story evolved and where the actant code structures
History. They were moved not by tradition buy by their loss, in an attempt to
establish a dialogue with the nation-state. And yet theirs is not a tragic loss. It
breeds an effective non-sectorial memory. The stolen land will be
recuperated: this is not exclusively an indigenous claim it can be applied
nationally. Following the agro-export boom, the midtwentieth century
Mario Rufer 79
five-year plans and the 2008 agrarian conflict, indigenous populations argue
the land should not be a code which structures an unalterable identity and
hides the violence of its foundation. They suggest it should be a material and
symbolic resource marked by events and history in the repetition of its
silence.
Conclusions
The importance of the Bicentenary lies in the public exposition of
language techniques. Quite close to being vulgar, the parades incorporated
domesticated stamps to the procession of history during the so-called
‘festival of diversity’. Stamps need to establish bonds. They need to inspire
affection at all costs. They run the risk of causing a fissure in the state’s
language. The indigenous populations marched. They walked silently
towards the capital city in a reversive act of history. They had ‘something
to say’ about those celebrated 200 years, and they did. Though they
returned with no escort and no results. They took the road of history, going
back to their memories with no clear solution nor any fulfilled promise. For
the first time, the quotidian discourse might have been significantly altered
by the presence of the other. The Bicentenary provoked this situation.
There was no significant alteration (nothing is more alien to
commemorations than revolt) but the ‘symbols to which we are attached to’
were importantly questioned.
The presence of the native peoples in the capital city is not exactly an
instance of counter-memory; it is not a different discursive order. However,
it caused a fissure, a threshold between emptiness and enunciation which
causes memory to be questioned. ‘We are certainly not Bolivia but we are
not Switzerland either. Who are we is the main question of my Bicentenary’
(Russo, 2010). After the peoples’ march, this question is placed at the
horizon of any national history. I’m referring to history in a literal sense: the
question that cannot be erased but cannot be answered fully. It will remain in
a space of resistance, altering writing and impeding its cancelation.
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Recibido el 30 de Octubre del 2011.
Aceptado el 30 de Mayo del 2012.
84 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Mario Rufer. Profesor investigador en la Universidad Autónoma
Metropolitana platel Xochimilco. mariorufer@gmail.com
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LA CINEMATOGRAFÍA DURANTE EL PERONISMO:
PROYECTANDO UNA NUEVA ARGENTINA EN LA
PANTALLA.
ClNLVA1OCPAPHY 0UPlNC PLPONl6VO. PPOJLC1lNC A NLw
APCLN1lNA ON 1HL 6CPLLN.
María Cristina Osorio Villegas.
Uolvercldad 1orcuaLo 0l 1ella |ArgeoLloa|
Resumen. El siguiente ensayo pretende dar cuenta de la forma en que la
política y la cinematografía se relacionaron durante el primer gobierno de
Juan Domingo Perón en la Argentina, con el fin de entender la importancia
que tuvo la función simbólica en la construcción de una identidad política
que le permitiera al peronismo instalarse en la sociedad. El objetivo es
analizar cómo las imágenes proyectadas en los filmes producidos durante
este periodo contribuyeron al sistema simbólico que proyectó construir el
peronismo para organizar las relaciones sociales, tomando como caso
puntual la construcción de la idea de mujer durante estos años a partir de
algunos de los personajes más importantes recreados en el cine de ficción de
la época.
Abstract. The purpose of this essay is to give account of the manner in which
politics and cinematography were related during the first presidency of Juan
Domingo Perón, in order to understand the function of symbolism in the
construction of a new political identity that enabled Peronism to be
embedded in Argentine society. The objective of this work is to analyze how
the images portrayed in the films during this period contributed to this
system of symbolism which facilitated the creation of Peronism and the
organization of social reform. A specific example was the creation of the
idea of the woman as a one of the most important figures in fictional
86 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
cinematography during this period.
Palabras clave: Peronismo, Industria Cinematográfica, Historia Política,
Función simbólica, Mujer.
Key words: Peronism, Film Industry, Political History, Symbolic function;
Woman.
. Introducción.
La reciente revalorización de las imágenes como fuentes para la historia
ha despertado el interés en el análisis de éstas durante los años del primer
peronismo, también conocido como el peronismo clásico (19461955),
ampliando de este modo la mirada sobre este fenómeno que impactó la
historia política argentina. Trabajos como el de Alberto Ciria Política y
cultura popular: la Argentina peronista, y Mariano Plotkin Mañana es San
Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista,
19431955), renovaron la investigación sobre el peronismo al alejarse de los
temas tradicionales anclados en la ideología, la política o la economía, y
enfocarse en el análisis del campo simbólicocultural, poniendo en evidencia
los intercambios simbólicos operados entre Perón y sus seguidores
(imaginarios sociales del poder político). A partir de estos trabajos se
comenzó entonces a perfilar una línea de estudios que, centrada en la historia
simbólica cultural del peronismo, se preocupó por temas como la publicidad
política, las artes, la cinematografía y la arquitectura; la propuesta de
Mariano Plotkin en su trabajo respecto a analizar las continuidades y
rupturas de este periodo fue el eje desde el que estas investigaciones se
articularon
1
.
Ahora bien, respecto a la literatura especializada en la historia del cine,
trabajos recientes como Cine y Peronismo. El estado en escena (Kriger,
2009) se han concentrado en analizar detalladamente la manera en que
1
Se pueden contar entre estos trabajos la investigación de Eliseo Verón y Silvia Sigal,
Perón o muerte: los fundamentos discursivos del fenómeno peronista; y el trabajo de Lila
Caimari Perón y la Iglesia católica. Religión, Estado y sociedad en la Argentina. 1943
1955.
María Cristina Osorio Villegas 87
confluyeron cinematografía y política bajo el peronismo, proponiendo un
interesante debate con los trabajos pioneros sobre el tema como la Historia
del cine argentino de Domingo Di Nubila, al que se critica por reducir a la
emotividad política sus análisis del cine durante los años del primer
peronismo, considerando este periodo como un fracaso para el cine
argentino dada la excesiva intervención estatal. En este sentido, sostiene
Kriger, tanto la obra de Di Nubila como los textos inspirados en ella
limitaron el análisis de la relación entre el cine y el Estado durante estos
años a descripciones lineales en las que se mencionan sin ningún rigor
nombres de actores o películas, y la investigación sobre la producción
fílmica del periodo no va más allá de la mención de los argumentos o las
técnicas usadas.
La discusión sobre el contexto en que fueron creados los filmes y su
posible influencia en las producciones fue supeditada a preconceptos que
restaron validez a sus aportes, al omitir en sus trabajos argumentaciones
sobre la forma en que se tejió un entramado de relaciones que, contrario a
ser una relación de sometimiento, fue el resultado de negociaciones en las
que los sectores interesados pusieron en juego sus intereses (Kriger, 2009).
En la década de 1990, cuando la historia cultural del peronismo comenzó a
perfilarse como un tema de creciente interés, sumado a la línea interpretativa
que veía al peronismo como una amalgama de rupturas y continuidades con
las tradiciones que lo precedieron, se comenzaron a desarrollar
investigaciones que ofrecieron una lectura más compleja de lo sucedido en
la industria cinematográfica durante el primer peronismo. Así entonces, la
cinematografía pasó a ser parte de las líneas de investigación que se
propusieron releer las producciones culturales de este periodo a partir del
análisis de las complejidades que las marcaron tanto al interior del gobierno
como en su proyección a la sociedad, entendiendo estos productos como una
suma de las tradiciones locales y las tendencias de la época adaptadas a las
necesidades del momento en particular
2
.
Vale resaltar los aportes que en los últimos años han hecho a los
estudios sobre el peronismo trabajos como Las huellas de la política.
Vivienda, ciudad y peronismo en Buenos Aires, 19431955 (Ballent, 2005),
2
Un buen ejemplo es el ensayo de Cesar Maranghello “Cine y Estado” en Claudio España
(Dir.) Cine argentino: industria y clasicismo, 19321956.
88 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Un mundo feliz: Imágenes de los trabajadores en el primer peronismo,
19461955 (Gené, 2005), y el ya mencionado trabajo de Kriger sobre el cine
(2009), al abordar desde una mirada estética y simbólica las imágenes, los
cortos y largometrajes cinematográficos, la arquitectura y las decoraciones
para algunas celebraciones oficiales. A partir de una mirada estética sobre
las imágenes y obras decorativas y arquitectónicas durante el peronismo, las
autoras se preocupan tanto por contextualizar las dinámicas que rodearon la
producción de éstas como las influencias que en ellas convergieron, razón
por la que dan especial importancia a la intencionalidad política que se
escondió detrás de las decisiones tomadas en este campo, desarrollando un
completo análisis del aparato de propaganda y comunicación creado durante
el peronismo.
Se da entonces una nueva mirada que propone entender la importancia
de la función simbólica en la construcción de una identidad política que
permitiera al peronismo instalarse en la sociedad y competir con las
tradiciones instaladas desde tiempo atrás en los imaginarios locales. La
noción de “continuidades y rupturas” continúa siendo el eje desde el cual
explicar cómo en la elaboración de los discursos visuales operó una serie
de decisiones políticas que llevaron a la innovación o la reelaboración de
las tradiciones de representación disponibles
3
. En esta línea, propongo a lo
largo del presente ensayo analizar la manera en que las imágenes
proyectadas en los filmes producidos durante este periodo contribuyeron a
ese sistema simbólico pretendido por el peronismo para organizar las
relaciones sociales, tomando como caso puntual el análisis de la
construcción de la idea de mujer durante estos años a partir de diversos
personajes recreados en el cine de ficción del periodo.
3
La idea de trabajar el peronismo desde sus rupturas y continuidades se fundamenta en el
trabajo de Mariano Plotkin, quien en su estudio sobre los festejos del 1º de Mayo y el 17 de
Octubre propone esta línea.
María Cristina Osorio Villegas 89
. Marco Institucional.
Acercamiento entre el Estado y la cinematografía: construyendo una
relación.
Si bien desde su llegada a la Argentina la cinematografía despertó gran
interés entre los dirigentes políticos al ser vista como un medio privilegiado
para la difusión de ideas y cultura entre un público masivo, fue bajo el
peronismo que ésta comenzó a perfilarse como una de las principales
herramientas para exhibir, de manera espectacular, los cambios sociales y
culturales introducidos por las acciones del gobierno, idea que se afianzó
bajo la dirección de Raúl Alejandro Apold en la Subsecretaría de
Informaciones y Prensa en el año 1949, dada su cercanía con el medio
4
.
Aunque el interés especifico en diseñar normas e instituciones que
promovieran y controlaran la producción nacional de cine tenia importantes
antecedentes en la década de 1930
5
, la convergencia durante el gobierno
militar instaurado en 1943 de dicho interés con la escasez de película virgen
para la producción nacional, y el conflicto desatado entre productores y
exhibidores por las pocas ganancias del sector, consecuencia del bloqueo
impuesto a la Argentina durante la II Guerra Mundial, operaron como el
marco adecuado para dar paso a proyectos de control estatal sobre la
cinematografía, siendo el decreto que impuso la obligatoriedad de exhibición
del cine nacional en las salas de cine el punto de encuentro de los distintos
intereses en la industria cinematográfica, y la base sobre la que
posteriormente el peronismo construyó su propia relación con este sector
6
.
4
Raúl Alejandro Apold provenía del mundo de la cinematografía local donde se
desempeñó en la empresa productora Argentina Sono Film, estando a cargo de su noticiario
cinematográfico Noticiero Panamericano. Apold tenía un profundo conocimiento del medio
además de importantes contactos.
5
En la década de 1930 el senador Matías Sánchez Sorondo dio los primeros pasos para
regular desde el Estado el campo cinematográfico, presidiendo en Instituto
Cinematográfico Argentino, creado en 1933, y posteriormente, en 1938, proponiendo el
proyecto de Ley de Cine, que si bien no fue aprobada, introdujo en el debate público el rol
que podría tener el cine en la sociedad.
6
Perón, en su calidad de secretario de trabajo y previsión social, intervino activamente en
la mediación de este conflicto, siendo fundamental su intervención para la promulgación
90 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
El gobierno de Perón profundizó las medidas de protección y estimulo a
la industria cinematográfica con medidas como la Ley de Cine, debatida a lo
largo de 1947 en el Congreso y finalmente aprobada en diciembre del mismo
año. La Ley del Cine contó con un apoyo general en el Congreso gracias a la
favorabilidad con que opositores y peronistas veían la injerencia estatal en
las producciones audiovisuales como forma de promover la “elevación
cultural del pueblo”. La idea de garantizar el cumplimiento de un mínimo de
calidad artística y cultural por parte de los productores y realizadores a través
de la posibilidad de incidir sobre los argumentos y el lenguaje a utilizarse en
las distintas producciones audiovisuales, fueron las razones que llevaron al
apoyo general de esta medida sin importar la filiación partidista.
El proceso que llevó a la promulgación de la Ley del Cine estuvo
marcado por las negociaciones y conflictos entre el Estado y el sector
cinematográfico, especialmente el ramo de la producción, el cual veía en la
protección estatal una forma de recuperarse de la reciente crisis que había
atravesado, y una oportunidad ideal para su desarrollo y retorno al mercado
internacional
7
. Por su parte, el gobierno no sólo obtuvo la capacidad de
intervenir en el universo de la producción y exhibición de los filmes con el
fin de proteger tanto a la industria cinematográfica como al público, sino que
vio ampliada su base de apoyo en momentos en que buscaba la consolidación
de su capital político. Valga aclarar que a pesar de haber diseñado una serie
de herramientas que le permitían al Estado ejercer un importante control de
censura sobre las producciones cinematográficas, éste no fue aplicado tan
estrictamente como sí sucedió por ejemplo con otros medios de
comunicación como la prensa y la radio, de este modo, la censura a las
películas no sufrió modificaciones importantes respecto a cómo se había
ejercido desde la llegada del cine al país
8
.
del decreto de obligatoriedad de la exhibición de producciones nacionales en las salas de
cine. (Kriger, 2009, p. 35 y ss.)
7
El bloqueo impuesto a la Argentina durante la II Guerra Mundial a causa de su posición
neutral hasta casi el final de la guerra, no sólo dificultó el acceso a materias primas
fundamentales para esta industria, sino que también restringió la circulación de sus
películas en el mercado latinoamericano, ya que se favoreció por parte de los Estados
Unidos la circulación del cine mexicano, el otro gran productor de filmes en habla hispana
durante este periodo.
8
A pesar de las medidas de control dispuestas en la Ley de Cine, la censura continuó
María Cristina Osorio Villegas 91
Complementario a los avances legislativos, la política crediticia que
caracterizó al gobierno peronista en su plan de promover el desarrollo de la
industria nacional, cobijó igualmente a la industria cinematográfica al
diseñarse en el Banco de Crédito Industrial una línea exclusiva de préstamos
de fomento a los productores cinematográficos. Así entonces, a través del
diseño de canales de acceso a créditos oficiales para las empresas
productoras, se garantizaron los recursos económicos para que éstas pudieran
adelantar sus proyectos sin inconvenientes, dando de este modo respuesta a
las demandas del gremio en pro de la mejora en las condiciones de
producción para cumplir con las exigencias contempladas en la Ley del Cine
(Kriger, 2009, p. 4750). De este modo, la industria cinematográfica se
encontró en una situación privilegiada que le permitió superar la crisis
precedente, llevando al cine argentino del periodo a un momento de auge que
se expresó en el crecimiento de las empresas productoras y el incremento del
número de estrenos en las salas de cine.
Profundización de la relación CineEstado.
El año 1949 marcó un importante cambio en la manera en que el
gobierno de Perón se relacionaba con la sociedad. La consolidación del
poder del gobierno peronista y su afianzamiento como fuerza política fue
palpable tras su contundente triunfo en la elección de constituyentes y la
reforma a la Constitución realizada ese mismo año
9
. El fortalecimiento del
ejecutivo a través de la centralización del poder, el control de la información
emitida en los diversos medios de comunicación y la cada vez más enconada
operando el diseño de separar lo nacional de lo local, así, durante los primeros años del
gobierno peronista, la Dirección General de Espectáculos Públicos se encargaba de
controlar los aspectos políticos e ideológicos, mientras las comisiones municipales
vigilaban los contenidos morales de las películas, pudiéndose entonces censurar de acuerdo
a criterios locales películas autorizadas por la Dirección de Espectáculos. (Kriger, 2009, p.
5152.)
9
La Constitución de 1949, conocida como Constitución Peronista, reforzó el poder del
Ejecutivo e incorporó el concepto de Justicia Social a los derechos contemplados,
incluyendo normas específicas sobre los derechos relativos a la vivienda, la seguridad
social, la ancianidad y la igualdad de las mujeres. Quedó derogada tras el golpe de estado
que derrocó el gobierno de Perón en 1955.
92 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
condena a las críticas de la oposición, dan cuenta del sesgo cada vez más
personalista que iban adquiriendo las relaciones entre el Presidente y la
sociedad en medio de una creciente crisis económica que debilitó las
políticas redistributivas que caracterizaron en un primer momento al
peronismo, obligando al gobierno a tomar medidas para limitar los créditos
oficiales.
El nuevo panorama político y económico afectó notablemente la
relación construida con la industria cinematográfica, situación manifestada
en las modificaciones que sufrió la Ley de Cine en este momento y que
permitieron al gobierno ejercer un control más estricto sobre las
producciones. Bajo la tutela de Raúl Alejandro Apold, recién posesionado en
1949 al frente de la Subsecretaría de Informaciones, la Ley del Cine fue
modificada, otorgando al ejecutivo la facultad exclusiva de la censura al
arrogarse la capacidad de determinar quiénes podrían acceder a los
beneficios ofrecidos por el Estado de acuerdo a la “calidad artística y
cultural” de sus contenidos.
A partir de la nueva Ley, la censura fue unificada en una instancia única
nacional y determinada sobre la base de que “cualquier película que de
alguna manera exhiba costumbres, problemas sociales o alguna
manifestación que pueda afectar el elevado nivel moral y cultural alcanzado
por el pueblo argentino, no debe ser incluida dentro de lo prescripto en las
disposiciones de las leyes mencionadas” (Kriger, 2009, p. 62). Por otra parte,
la Dirección de Espectáculos Públicos de la Subsecretaría de Informaciones
fue facultada para determinar, de acuerdo a la calidad de las propuestas,
quienes podrían ser beneficiarios de las ayudas contempladas en la ley,
necesitándose de su aprobación previa para acceder a los créditos otorgados
por el Estado.
Así entonces, resulta evidente el incremento de la intervención estatal
sobre la industria cinematográfica, el cual fue justificado en las importantes
ayudas recibidas por el sector, aunque como ocurrió durante la vigencia de la
primera Ley del Cine, la censura política, si bien fue reforzada en el papel, no
fue aplicada de manera implacable, limitándose la mayor parte del tiempo a
la inclusión de carteles introductorios que contextualizaran “adecuadamente”
la trama, y a la mutilación de escenas consideradas no pertinentes (Kriger, p.
70). Por su parte, las críticas de los sectores de la industria cinematográfica,
especialmente los más beneficiados con el proteccionismo estatal como fue
María Cristina Osorio Villegas 93
el caso de los productores, no fueron muy fuertes ni cuestionaron de manera
frontal las medidas tomadas por el gobierno, situación que puede ser
explicada en el escaso interés que tenían en perder los beneficios adquiridos
en los últimos años, dando paso a una suerte de autocensura previa de sus
contenidos como forma de asegurar el acceso a los recursos facilitados por el
Estado.
Resulta pertinente mencionar el Festival Internacional de Mar del Plata
en 1954, festival que buscó insertar en el circuito internacional al cine
argentino sirviéndose de la realización de un gran evento que estuviera al
nivel de los mejores festivales del mundo. Las expectativas frente a la
llegada de importantes estrellas del momento como Gina Lollobrigida, y el
glamur que un evento de estas características despertaba, sirvieron de marco
para promover las relaciones internacionales de la industria cinematográfica
local y promocionar el cine argentino en el extranjero, logrando de esta
manera actualizar los saberes técnicos y artísticos del país, y más importante,
la concreción de negocios que permitieron exhibir en diferentes ciudades del
mundo las producciones nacionales. De este modo, la industria
cinematográfica local se adecuaba a las nuevas políticas económicas
planteadas por el gobierno y ofrecía una imagen modernizada de Argentina
en diferentes salas de cine del mundo
10
.
Al mismo tiempo, el Festival de Mar del Plata fue una suerte de
herramienta de propaganda política para el peronismo al realizarse en el
lugar durante estas mismas fechas el lanzamiento de la campaña política del
Partido Justicialista para las elecciones nacionales próximas a realizarse. De
este modo, el peronismo refinó en un momento delicado su estrategia
comunicacional con el fin fortalecer su imagen a partir del impacto que un
evento de la magnitud del Festival le pudiera brindar. Para cerrar, se puede
apreciar entonces cómo a lo largo de su gobierno el peronismo moldeó el
10
El Festival coincidió con el momento en el cual el gobierno no sólo había dado un giro
importante frente a sus políticas de productividad, contemplando como una de sus
principales estrategias la invitación a las inversiones extranjeras en la industria nacional,
sino que también buscaba impulsar las relaciones internacionales de Argentina,
especialmente con los Estados Unidos. El Festival de Mar del Plata sirvió de ventana para
el gobierno de Perón, quien se encargó personalmente de presentar a los invitados
internacionales los avances logrados en la Nueva Argentina que bajo su mandato se había
estado construyendo (Kriger, 2009, p. 77).
94 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
sistema y las prácticas institucionales con respecto a la regulación de la
cinematografía nacional, tanto en la producción como en la distribución de
las películas, hecho que le permitió, en medio de las tensiones, acuerdos y
resistencias propios de toda negociación, no sólo acercarse al sector
cinematográfico y construir una interesante relación con él, sino también la
posibilidad de contar con herramientas de control que le permitieran moldear
una estética que diera cuenta en la pantalla de la Nueva Argentina que se
estaba construyendo, aunque el uso de dichas herramientas no haya sido tan
escrupuloso como se contemplaba en la Ley.
. Las imágenes cinematográficas del peronismo.
Proyectando la realidad.
La representación del gobierno y los cambios que éste estaba
introduciendo en la sociedad se valió del uso de imágenes en movimiento
para reforzar su mensaje. Desde las imágenes emitidas en los noticiarios y
documentales que copiaban fielmente los hechos del gobierno, hasta los
“docudramas”
11
y las alusiones hechas al Estado en filmes de ficción, la
cinematografía fue parte fundamental de la estrategia de comunicación y
propaganda del peronismo, razón que explica la paulatina aparición del
Estado en la pantalla grande. En un primer momento la atención del
gobierno se centró en las producciones que tenían por objeto divulgar sus
actividades y políticas a través de los noticiarios cinematográficos y los
documentales. En este caso el interés fue mostrar de manera “objetiva” la
realidad que se construía desde el Estado a partir de la articulación de
imágenes tomadas del mundo real con guiones que indicaban claramente
como avanzaban las tareas del gobierno. Aunque el apoyo brindado a los
noticiarios cinematográficos y los documentales estatales no fue exclusivo
11
Los cortos argumentales, conocidos comúnmente como “docudramas”, fueron
producciones logradas a partir de la combinación de imágenes tomadas de la realidad con
dramatizaciones hechas por reconocidos actores del medio. Su auge se dio durante la
gestión de Apold en la Subsecretaría de Informaciones, y autores como Marcela Gené
consideran que fueron éstos la innovación más importante en propaganda política en la
Argentina de esos años.
María Cristina Osorio Villegas 95
del peronismo, sí fue durante este gobierno que se desarrolló la producción
sistemática de propaganda política masiva en formato cine.
A lo largo del primer gobierno peronista los noticiarios fueron los
principales encargados de difundir la obra de gobierno y dar a conocer la
cara de sus funcionarios. El apoyo oficial dado a diferentes empresas
productoras de noticiarios garantizó la difusión de las obras del gobierno y
reforzó el naciente discurso peronista de la Nueva Argentina, al exhibir
imágenes que cautivaran al espectador al hacerle partícipe de la
modernización del país, o acercarlo a las bellezas naturales donde podría
viajar en sus días de descanso (Marrone, Moyano, Allegretti, 2006,
Introducción).
El ascenso de Raúl Alejandro Apold a la Subsecretaría de
Informaciones, quien como se mencionó anteriormente, tenía una estrecha
relación con el sector cinematográfico, implicó el desarrollo de formatos
novedosos como el documental y los cortometrajes dado que en su
opinión, eran más eficaces a la hora de llevar el mensaje a un público
masivo y diverso en su composición. La producción de documentales tuvo
por fin publicitar los actos del gobierno, para lo que se valió del uso de
imágenes tomadas de la realidad que se acompañaban de gráficos, mapas
y explicaciones que le aportaban un importante nivel de objetividad y
brindaban al espectador la claridad suficiente sobre lo que estaba
aconteciendo en el país. Al igual que en el caso de los noticiarios
cinematográficos, la producción de documentales ya se había dado en la
Argentina, pero fue durante el peronismo que su uso de potenció y paso a
ser parte formal de la estrategia de oficial de comunicaciones del Estado.
Por otra parte, la introducción del lenguaje cinematográfico en la
política favoreció la creación de una nueva dimensión estética en la que el
impacto emocional primó sobre el razonamiento del espectador frente a las
imágenes proyectadas en la pantalla. Es así como se dio paso a un nuevo
lenguaje que constituyó la base de los cortos argumentales o “docudramas”,
y que permitió al espectador identificarse con el argumento al ofrecerle la
posibilidad de “compartir” con la historia y los personajes de la ficción los
beneficios otorgados por el gobierno, además de identificarse con las
estrellas que los interpretaban, al ser éstas elevadas al nivel de iconos para
imitar en la moda (Gené, 2005, p. 52).
El “docudrama” se alejó de la objetividad que identificó a los noticiarios
96 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
y los documentales tradicionales al incluir elementos de ficción que
recreaban la realidad. Con una finalidad propiamente didáctica, esta
modalidad de producción no buscó tanto presentar “la realidad”, sino incitar
en el espectador formas adecuadas de entender y desenvolverse en ese nuevo
mundo que se le estaba presentando como verdadero, por tanto, más que
informar al espectador, su objetivo fue instruirlo sobre la manera en que
debía desenvolverse en la nueva sociedad que se le presentaba (Gené, 2005).
En este sentido, los argumentos giraron sobre temáticas que claramente
aludían a los programas del Peronismo, ya fuera para difundir las políticas de
Estado y sus beneficios, como por ejemplo Turismo Social de Enrique Cahen
Salaberry, 1953; o para proponer reflexiones políticas sobre los temas
promovidos por el gobierno a fin de explicitarlos, como el caso de Cuando la
plata se hizo argentina de Alberto Soria, 1952 o Payadas del tiempo nuevo
de Ralph Pappier, (1953).
Al igual que los documentales tradicionales, los docudramas se
sostuvieron sobre una estructura narrativa basada en la dicotomía temporal
“ayer/hoy” que enfrentaba un “antes” connotado de manera negativa y
representaba la vieja Argentina, con un “ahora” positivo y esperanzador que
simbolizaba la construcción de la Nueva Argentina.
La realidad en la pantalla: Mujeres modernas pero hogareñas.
Los largometrajes de ficción producidos durante el periodo 19461955
reflejan en sus argumentos los cambios sociales, políticos, culturales y
económicos del momento. A través de sus historias, el cine ofreció modelos
y patrones de comportamiento que contribuyeron a la creación de ciertos
estereotipos en los que los personajes fueron enmarcados, convirtiéndolos en
imágenes para imitar por parte de los espectadores. La aparición en los
distintos filmes de instituciones que intervenían en la sociedad con el
propósito de solucionar los conflictos existentes; las denuncias sobre
problemas sociales que contraponían un pasado connotado negativo con un
presente positivo y liberador; o personajes que en sus historias de vida
aludían a los discursos oficiales, dan cuenta de la manera en que el cine
retrató a la sociedad propuesta por el peronismo (Kriger, 2009).
De este modo, gran parte de la filmografía desarrollada durante la
década peronista no sólo contribuyó a popularizar modas y estilos de vida,
María Cristina Osorio Villegas 97
sino que con sus historias hizo eco de las escalas de valores, ideas y puntos
de vista propuestos desde el gobierno, contribuyendo, como ya se había
mencionado, a la conformación del universo simbólico pretendido por el
peronismo. El caso de las representaciones femeninas en la filmografía
nacional del periodo resulta ilustrativo en este sentido, al condensar en sus
personajes las formas en que los discursos oficiales y las políticas
adelantadas por el gobierno afectaron su condición en la sociedad durante
este periodo. La persistencia de personajes determinados por el esquema
clásico dominante que representaba a las mujeres como seres pasivos al
margen de los cambios sociales de la época, interesadas únicamente en
disfrutar su posición y concretar el ideal del matrimonio como en el filme
Esposa último modelo (1950), que compartían ahora la pantalla con mujeres
modernas en sus ideas y vidas cotidianas, conscientes de los cambios que
sufría la sociedad que habitan, como en la historia de Cosas de mujeres, dan
cuenta de la complejidad que supuso la definición de la mujer y sus roles
durante los años peronistas
12
.
Bajo el peronismo la mujer continuó siendo asociada a la figura clásica
de esposa y madre encargada de cuidar a los suyos, y con la tarea primordial
de mantener la armonía en el hogar. Fuera de casa, el trabajo femenino fue
idealizado en la asistencia social, actividad que de alguna manera le permitía
extender su rol como de ama de casa al cuidado de los más débiles. Como
sostiene Marcela Gené, la prioridad que tuvo la figura de esta mujer
hogareña ubicó en un discreto lugar los retratos y escenas que daban cuenta
de una mujer moderna, independiente e insertada en el mundo político,
12
La representación femenina clásica en la cinematografía previa al peronismo se
construyó sobre la base de dos modelos antagónicos que abarcaban el universo femenino.
Por un lado se encontraban personajes dulces e ingenuos, cuya vida transcurría en
escenarios ostentosos alejados de la realidad. Dependientes de la figura masculina para
desempeñarse en la sociedad, su conflicto era concretar su destino como esposa y madre en
el marco del hogar. Películas como Los martes orquídeas (1941) y Su primer baile (1942)
son ejemplos perfectos de estas mujeres. Su contraparte fue la artista o cantante, atravesada
por la estigmatizada vida del arrabal, a quien la sociedad castiga por no llenar el molde
diseñado para las mujeres. En estas películas, de marcado acento popular, el tango no sólo
se convirtió en eje de la estructura dramática de la historia, sino que aportó sus divas a la
pantalla. Libertad Lamarque es la estrella quien mejor da cuenta de esta situación, con
grandes éxitos como Besos brujos (1937) o Madreselva (1937).
98 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
modelo que aunque también fue parte de este periodo, no contó en las
representaciones visuales, ya fuera en la grafica publicitaria o en el cine, con
la misma fuerza que tuvo en los discursos políticos.
Por otra parte, la inspiración que brindó la figura de Eva Perón,
considerada de alguna forma “la mujer” que encarnaba en su ser y sus
actividades los valores de la mujer argentina, influyó de manera notable en la
construcción del ideal femenino del periodo, constituyéndose de esta manera
en el icono a emular. El papel desempeñado por Evita, enmarcado tanto en el
cuidado de los más débiles al frente de la Fundación Eva Perón, como en el
manejo de los aspectos políticos relacionados con el mundo femenino
gracias a la presidencia del Partido Peronista Femenino, la llevaron a
constituirse en una suerte de guía y protectora de las mujeres, determinando
en gran medida la construcción del imaginario femenino de la época.
Así entonces, el espacio femenino no fue transformado de manera
importante durante este periodo, si bien hubo cambios fundamentales como
el derecho al voto, esto no implicó necesariamente cambios ni
cuestionamientos al modelo social establecido desde tiempo atrás. La mujer
continuó ocupando un rol secundario y dependiente del varón en la sociedad,
manteniéndose su participación en ésta subordinada en gran medida a la guía
masculina, tal como la misma Eva Perón lo proclamaba al definirse un
instrumento de la misión de Perón
13
.
De este modo, fue común ver en la pantalla personajes femeninos que
afrontaban en sus historias el desafío de conciliar las demandas que envolvía
el ser una mujer moderna y profesional, con el cuidado del hogar. Fueron
estos personajes mujeres que, aunque respetaban las normas morales
extendidas de la época y las lógicas de su destino, transgredían en pequeños
detalles el orden social establecido para buscar su realización personal como
mujeres modernas. La película Cosas de mujer (Carlos Schlieper, 1951)
protagonizada por los actores Zully Moreno y Ángel Magaña, construye su
argumento sobre esta problemática.
13
En su autobiografía La razón de mi vida, Eva Perón aclara de manera insistente el lugar
que las mujeres deben ocupar en la construcción de una nueva sociedad, apoyando y
complementando el trabajo de los varones. Es clara al definir a la mujer a partir de sus roles
más clásicos, haciendo énfasis en las diferencias con las feministas de la época, de quienes
piensa, han perdido toda femineidad al querer conquistar un lugar en el mundo
comportándose como hombres.
María Cristina Osorio Villegas 99
Siguiendo los detalles de la vida de Cecilia Valdés, una brillante
abogada conocida como “el doctor Valdés”, se narran en clave de comedia
los problemas que enfrenta el matrimonio de la protagonista como
consecuencia de su entrega al trabajo, lo que lleva a que su esposo, a pesar de
ser un profesional igualmente notable, tenga que hacerse cargo del cuidado
del hogar, invirtiéndose los roles de los géneros. A lo largo de la historia se
representa de manera absurda el caos que reina en este hogar a causa del
descuido del “doctor Valdés” frente a la manejo de la casa y el cuidado de
sus hijos, llevando a que el personal renuncie ante lo que consideran una
situación insoportable, y a que el esposo abandonado, denominado
irónicamente “el señor Valdés”, busque en otra mujer, caracterizada por su
deseo de atender y acompañar al hombre, la posibilidad de llenar el vacío
dejado por su esposa.
Descubierta la infidelidad, “el doctor Valdés” entiende las
consecuencias de su entrega al trabajo y hace caso a los reclamos de su
esposo que constantemente le hace saber que sólo quiere que ella sea una
esposa “normal”, lo que lleva a la brillante “doctor Valdés” a dedicarse a la
vida propia de las mujeres casadas de la clase alta, marcada por la asistencia
a fiestas y eventos sociales de toda índole. Sin embargo, esto no soluciona
los problemas del hogar que continúa abandonado por la mujer, y la
insatisfacción del esposo quien siente una importante distancia de su pareja y
no sabe cómo hacer de Cecilia la esposa ideal. En medio de esta crisis del
esposo, quien aún no logra entender que le pasa a su mujer, aparece un
taxista que le comenta, en medio del viaje para buscar a su esposa, que su
mujer no sólo cuida la casa y los hijos, sino que también trabaja afuera, pues
entiende que a las mujeres de ahora les gusta saber que son útiles más allá de
la cocina, haciendo reaccionar al protagonista masculino quien
inmediatamente entiende la nueva conciencia de las mujeres sobre su vida y
participación en el mundo, autodefiniéndose como un tonto que no había
percibido los nuevos sentimientos femeninos.
El final de la película nos presenta una Cecilia que cuenta a los
espectadores cómo finalmente pudo solucionar sus problemas y conciliar su
trabajo con su hogar, haciendo del matrimonio “una extensión del noviazgo”,
frase con la que alude a la felicidad del hogar y al amor de su marido como
su máxima realización, abandonando la escena para acudir al llamado de su
esposo, jefe indiscutible del hogar. De este modo, la película sugiere la
100 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
existencia de una mujer moderna y capaz de desarrollar un lado profesional
exitoso, pero sujeta a las demandas del hogar. A pesar de ser Cecilia una
mujer activa y participe de las nuevas dinámicas sociales, características que
la alejan de aquellas protagonistas ingenuas y ociosas, finalmente no propone
transgresiones al orden preestablecido, aceptando de manera pasiva que su
felicidad como mujer se encuentra enmarcada en el hogar.
Por su parte, las mujeres marginales, ya fueran madres solteras,
trabajadoras o mujeres de los arrabales de la ciudad, fueron redimidas
durante este periodo a través de historias en las que gracias a sus valores y
lucha diaria se acercaban a destinos felices en los que mejores condiciones
de vida y el amor eran su recompensa. Aunque las problemáticas de las
mujeres trabajadoras son abordadas de manera subsidiaria en los argumentos
de la época, es cierto que en las alusiones a éstas se propone una lectura de
clase en la que se hace evidente la incidencia del discurso político que ha
abogado por la reivindicación de la clase obrera, ahora parte activa en el
proceso de construcción de la Nueva Argentina, y base de apoyo
fundamental para el movimiento peronista. Es así como la película Para
vestir santos (Leopoldo Torres Nilsson, 1955) protagonizada por Tita
Merello, da cuenta de una obrera que hace respetar su posición de
trabajadora frente a los desprecios que personas de niveles sociales más altos
hacen a los de su extracción popular, apropiándose del discurso que
reclamaba la inclusión en la sociedad de los grupos sociales populares,
especialmente el obrero.
Por otro lado, las madres solteras son quienes mejor representan la
reivindicación de las mujeres marginales en la filmografía de la época, donde
hay abundante material sobre el tema. Las madres solteras, otrora rechazadas
por la sociedad y castigadas por su inmoralidad, fueron objeto de especial
cuidado bajo la tutela de Eva Perón, quien a través de la Fundación Eva
Perón procuró la mejora de los Hogares de Transito donde éstas eran
atendidas, acercándolas con sus lujosos equipamientos al estilo de vida de las
clases altas, en lo que fue definido bajo el concepto “el lujo como
reivindicación” (Gené, 2005, p. 133). En este sentido, las madres solteras o
abandonadas que luchan por criar a sus hijos con dignidad también
encontraron en la filmografía un nuevo destino, lejos de la marca social que
antaño suponía su condición.
Así por ejemplo, la misma Tita Merello encarnó en Mercado de Abasto
María Cristina Osorio Villegas 101
(Lucas Demare, 1955), a Paulina, una joven puestera que fue engañada al
casarse sin saberlo con un estafador bígamo, el que, ante la aparición de su
esposa legal, huye abandonando a Paulina con el hijo que estaba esperando.
En medio del drama, Don Lorenzo (Pepe Arias), enamorado en secreto de
Paulina, y enfrentando su posible muerte debido a una afección cardiaca, le
propone a Paulina casarse con el fin de protegerla y darle un apellido a su
hijo. Si bien Paulina acepta esta propuesta por el bien de su hijo y realiza un
“matrimonio reparador”, ante la recuperación de la salud de Don Lorenzo,
pone de manifiesto en sus diálogos el interés de asumir su situación de madre
soltera y trabajadora con la dignidad suficiente para hacer de su hijo un buen
hombre.
Finalmente, el matrimonio de Paulina y Don Lorenzo no se rompe, y por
el contrario, da a Paulina la oportunidad de mejorar su situación económica
al hacerse cargo de la dirección del negocio comercial de su esposo,
permitiéndole acceder a un nivel de vida que le proporciona las condiciones
económicas para asegurar un buen futuro a su hijo. Ante el regreso del padre
del niño, quien no duda en sacar ventaja de la nueva condición económica de
Paulina, el matrimonio le dio a Paulina la protección necesaria para mantener
alejado a su hijo del peligro que representaba el padre, y de paso, la
posibilidad de defender a su familia de los riesgos propios de la calle,
representados en la escena final por la agitada persecución policial que se
escucha desde el interior seguro de la casa.
Otra madre soltera que encuentra en el matrimonio la redención es
Marta (Irma Córdoba), la protagonista de Navidad de los pobres (Manuel
Romero, 1947). A través de la combinación entre comedia y melodrama, se
narra la historia de una pareja conformada por Marta, una madre soltera y
pobre, y Don Alfredo (Osvaldo Miranda), un joven y moderno empresario
que tiene a su cargo la dirección de los almacenes de su padre, el señor
Suarez (Orestes Soriano), dirigiéndolos bajo parámetros que se identifican
claramente con los discursos oficiales que alientan las relaciones amistosas
entre patrones y trabajadores y la actualización de los pagos de salarios
dignos y extras como las recién normadas vacaciones pagas.
La trama inicia con el robo de un juguete por parte de Marta para
dárselo a su hijo en navidad, pero descubierta y en medio del escrutinio
público, es perdonada por Don Alfredo, quien la considera más que una
ladrona, una madre pobre. Marta, quien se ha presentado como una madre
102 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
viuda con el fin de evitar la condena social, es acogida por las trabajadoras
del Almacén, quienes la llevan a su hogar, una pensión para señoritas, y la
ayudan a ingresar a trabajar en los almacenes del señor Suarez, donde a
medida que va ascendiendo irá construyendo un romance con su jefe, Don
Alfredo. El acercamiento entre la pareja es despreciado por el señor Suarez,
quien aún defiende un modelo de sociedad elitista en el que las clases
sociales deben mantenerse distantes, cada una ocupando el lugar que les
corresponde, haciendo de su anticuado discurso un elemento de contraste
frente a los nuevos tiempos de garantías sociales y legales para los
trabajadores y la movilidad social que se está viviendo gracias a la
distribución de la riqueza.
La parte cómica de la película corre por cuenta de Catita, personaje
recreado por Niní Marshall, y que con una gran espontaneidad alude en sus
diálogos cambios sociales tan importantes como las nuevas condiciones
laborales favorables a los trabajadores al referir por ejemplo el derecho a las
vacaciones pagas, la posibilidad de acercar las clases sociales al animar el
romance entre Marta y su jefe, Don Alfredo, o la reivindicación de la
dignidad de las personas más débiles al defender a Marta aun después de
saber que es madre soltera. Finalmente, la aparición del padre del hijo de
Marta, un personaje del bajo mundo delincuencial que busca obtener
beneficios de la situación de su antigua pareja, ahora novia de un empresario,
da al Señor Suarez la excusa perfecta para hacer romper la pareja y
desenmascarar a Marta, a quien considera una arribista oportunista.
Con la intensión de obligar a Marta a tomar el dinero de la caja fuerte
del almacén de los Suarez, el padre secuestra a su hijo, obligando a Marta a
llevarlo hasta donde se encuentra el dinero del almacén, pero gracias a la
intervención de Catita y su novio, el robo es frustrado, devolviendo a Marta
su hijo y revelando ante el señor Suarez como ella sólo fue víctima de la
extorsión de su ex. La impecable actuación de Marta, quien sólo busca
preservar la integridad de su hijo, la lleva a ser vista por todos como una
mujer impecable moralmente, premiada con el amor de un hombre y el
ascenso social a través de su matrimonio, dejando en evidencia la maldad de
un ex que justificó la decisión de Marta de criar a su hijo sola.
En el desarrollo de Navidad de los pobres se puede apreciar de manera
paralela a la trama central, como transcurre la vida de las mujeres que deben
vivir fuera del hogar familiar por su trabajo. Las escenas que recrean la vida
María Cristina Osorio Villegas 103
de Marta, Catita y sus compañeras en la pensión de Doña Clara, muestran
como estas jóvenes emplean su tiempo libre en actividades propias del
mundo femenino como la lectura o los bordados, omitiendo cualquier tipo de
alusión a situaciones inapropiadas, reforzando de este modo la idea de una
mujer casera que sin importar su condición, se prepara para el cuidado de su
propio hogar. Este tópico de mujeres jóvenes viviendo fuera del hogar
paterno había sido trabajado tiempo atrás en filmes como Mujeres que
trabajan (Manuel Romero, 1938), donde se da cuenta de los espacios y las
relaciones que crean las mujeres que salen de sus hogares con el fin de
mejorar su situación social, mientras esperan a que sean concretados el
matrimonio y la maternidad, persistiendo de este modo la idea de una mujer
definida como esposa y madre (Aboy, 2010)
Por último, el filme Deshonra (Daniel Tinayre, 1952), uno de los más
emblemáticos de este periodo, cuenta trágicamente la débil situación de las
mujeres más vulnerables a través de la historia de Flora María Peralta,
interpretada por Fanny Navarro, actriz de reconocida vinculación peronista.
Flora es una joven proveniente del campo que culminó sus estudios de
enfermería y cristalizó la aspiración de trabajo en el hogar de una acaudalada
familia. En su trabajo debía cuidar a Isabel (Tita Merello), esposa del
arquitecto Carlos Dumond (Jorge Rigaud), invalida tras un accidente de
tránsito con su esposo, y abatida por el dolor de una vida vacía y sin sentido
debido a la creciente distancia entre ella y su esposo, y al rechazo que le
causaba tener que permanecer encerrada en una mansión que considera fría y
húmeda.
La trama de este melodrama se origina en la muerte de Isabel,
desencadenada ante el descubrimiento por parte de ésta de la infidelidad de
su esposo con la enfermera, quien fue seducida por la galantería y promesas
del arquitecto. Ante el hecho, Isabel desea el divorcio, a lo que el arquitecto
Dumond reacciona de forma exasperada, dado que podría perder la inmensa
fortuna de su esposa, decidiendo entonces la muerte de ésta en un plan
diseñado perfectamente para inculpar a la inocente enfermera, quien es
condenada y encarcelada, pero que embarazada del arquitecto, hará todo por
evitar que su hijo nazca en la cárcel. La trama de la película pone de
manifiesto no sólo la vida de las mujeres en la cárcel y su lucha por
desmarcarse de la condena social que esto implica, sino que es uno de los
filmes que mejor representa la dinámica del lenguaje peronista al mostrar
104 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
claramente a través de la historia de Flora y de su vida en la cárcel, los
cambios operados entre el pasado y un presente reparador en el que se
construye un mejor porvenir.
Así entonces, la vida en la cárcel está determinada en un primer
momento por la rigidez de una directora de viejo cuño, quien piensa que el
castigo debe ser ejercido con la mayor severidad sobre quienes considera,
desechos de la sociedad. El clima de tensión se pone de manifiesto en la
violencia que sufren las presas, llegando al extremo cuando un grupo de
mujeres es castigado con un baño con mangueras que lleva a la muerte de
una de ellas. El médico de la cárcel, encargado de realizar el levantamiento
del cadáver, condena enérgicamente la manera de proceder de la directora,
cerrando el momento con una frase contundente dirigida a la directora en la
que le hace saber que “pasó el tiempo en que la justicia no se detenía en la
puerta de las prisiones”. A partir de ahí se da un gran cambio en la cárcel ante
la llegada de una nueva directora, cuya mentalidad renovada se basa en el
trato respetuoso y delicado con las presas para hacer de ellas personas de
bien, llevando a la transformación física del lugar por el orden, la limpieza y
el confort reinante en la prisión
14
.
Por su parte, Flora representa la aspiración laboral femenina más
engrandecida durante el peronismo, al ser una enfermera, consideradas
durante este periodo el símbolo del trabajo femenino fuera del hogar y el
icono por excelencia de la Fundación Eva Perón (Gené, p. 134). Su drama
personal se basa en la búsqueda de su realización personal, la cual es
truncada en las manos de un oligarca que solo piensa en su bienestar y no
tiene escrúpulos a la hora de pisotear a los más débiles para disfrutar de su
vida y sus riquezas, correspondiéndose de este modo el papel del arquitecto
Dumond con las alusiones hechas en los discursos de Eva y Perón a esta
clase social de la cual se declararon abiertamente enemigos.
Sin embargo, el deseo de Flora de que su hijo nazca en libertad y de
buscar esclarecer la verdad de lo ocurrido, la llevan a huir a pesar de las
notables mejoras en el presidio y de los consejos de la directora, quien se
encuentra gestionando su pronta libertad. Tras una muy bien lograda escena
14
Los cambios que se presentan en la cárcel a lo largo del filme, aluden claramente a los
proyectos de reformas introducidos por el Director de Institutos Penales Roberto Pettinato
durante este periodo.
María Cristina Osorio Villegas 105
en la que Flora huye y es perseguida por la policía a través de las cloacas en
medio de una noche lluviosa, finalmente puede llegar hasta la casa del
arquitecto Dumond, ahora comprometido con una señorita de la alta
sociedad, con la idea de enfrentarlo y hallar respuestas al porqué de lo que
pasó, encontrándose con un personaje que no sólo justificó lo sucedido, sino
que ante la amenaza que representaba Flora, armada en este momento, no
vacila en disparar a la joven enfermera.
El empeño y la lucha de la enfermera Flora María son compensados al
descubrirse el plan trazado por el arquitecto, finalmente condenado, y al
poder concretar su sueño de dar a luz fuera de la prisión, a pesar de
encontrarse herida de muerte. El parto, ocurrido en la mejor maternidad del
país al decir de la directora de la cárcel, que en estos momentos finales
acompaña a Flora como una madre protectora, es la reivindicación de los
maltratos y humillaciones sufridos por la enfermera injustamente condenada,
y aunque Flora paga con su vida su ingenuidad, su hija recién nacida
representa su reivindicación en un futuro simbolizado en la escena final
como un lugar donde se ha superado el decadente orden precedente.
Conclusiones.
Uno de los principales intereses del peronismo tras su ascenso al poder
fue la creación y consolidación de una importante base de apoyo en la que
sostener su proyecto político. Consciente de su debilidad relativa frente a los
partidos políticos tradicionales, que ya gozaban de un importante arraigo a lo
largo del país, el peronismo debía construir un sistema que permitiera a las
personas identificarse con sus ideas, políticas y proyectos. En este sentido,
resultó fundamental el desarrollo de un aparato de publicidad que difundiera
su obra y diera a conocer a las personas que hacían parte del gobierno, siendo
las imágenes parte fundamental de dicho propósito, y el cine en particular, un
elemento innovador y adecuado dada su repercusión en la sociedad. De este
modo, el cine sirvió para poner al alcance del público masivo una
representación de los cambios que se estaban dando en la sociedad,
sugiriendo una nueva realidad marcada por finales de características
conciliatorias en los que los protagonistas son reivindicados e insertados en
la sociedad. El caso de los personajes femeninos representó uno de los
106 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
cambios más notables, al presentar en sus historias la posibilidad de llevar
una vida sin las recriminaciones sociales frente a situaciones particulares
como ser madre soltera o trabajar fuera del hogar. A lo largo de las historias
mencionadas emergen entre los diálogos líneas que permiten identificar en la
pantalla los discursos oficiales sobre el papel de las mujeres, consideradas
parte fundamental del proceso de construcción de la Nueva Argentina al
tener bajo su cuidado el hogar, base de la sociedad. Así entonces, las mujeres
se vieron estimuladas a llevar una vida moderna en la que su realización
personal combinaba las tareas en el hogar con el desarrollo de ocupaciones
fuera de éste, o en el caso de las madres abandonadas o solteras, fueron
reivindicadas, adquiriendo una nueva legitimidad social basada en sus
valores como personas deseosas de salir adelante.
En este sentido, la figura de Eva Perón resulta fundamental gracias a su
incidencia en la escena sociopolítica del país dada su importante actividad al
frente de la Fundación Eva Perón y del Partido Peronista Femenino. Su
historia de vida y su origen humilde pudieron ejercer interesantes
influencias en el imaginario popular al facilitar relaciones entre sus propias
vivencias y las situaciones melodramáticas que atravesaban las
protagonistas de estas películas. Para cerrar, se puede decir entonces que el
apoyo brindado a la industria cinematográfica en medio del propósito de
construir un sistema de publicidad que permitiera consolidar y aumentar el
apoyo logrado en las urnas en 1946, posibilitó la emergencia de un
repertorio filmográfico con la capacidad de ejercer como mediador
simbólico entre la naciente fuerza política y la sociedad. En este sentido, la
cinematografía contribuyó a recrear a través de sus historias a la Nueva
Argentina que el gobierno proponía, por ello, la “armonía social” ostentada
en los filmes puede entenderse como una coincidencia de los objetivos del
peronismo y la intencionalidad propia del cine de retratar en la pantalla un
ideal de la realidad en la que se desenvuelve.
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Recibido el 23 de Febrero del 2012.
Aceptado el 30 de Mayo del 2012.
María Cristina Osorio Villegas. Historiadora de la Universidad Nacional
de Colombia sede Medellín y Magister en Estudios Latinoamericanos de
la Universidad Andina Simón Bolívar sede Quito. Actualmente adelanta
estudios de Doctorado en Historia en la Universidad Torcuato Di Tella
en la ciudad de Buenos Aires. Sus intereses investigativos actuales son la
historia política latinoamericana, las relaciones simbólicas entre el poder
y la sociedad, la historia de las imágenes y la propaganda política. Mail
de contacto: verde199@hotmail.com
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La!In AmerIcan S!udIes
¹ulvDcccmhcr zÛTz l pp. TÛ9T´S Vol. 2. No. 2
PERCEPCIONES DE LOS ACADÉMICOS SOBRE LA
TRANSFERENCIA DE CONOCIMIENTOS A LAS
EMPRESAS EN LA ARGENTINA.
ACA0LVlC PLPCP1lON6 ON 1PAN6FLP OF KNOwLL0CL 1O
lN0U61PY lN APCLN1lNA
María Fernanda Arias.
CONlCL1/ Uolvercldad Naclooal de 6ao VarLio |ArgeoLloa|
Resumen. El presente estudio trata de develar las representaciones sociales
1

de los funcionarios de las universidades argentinas acerca de su contribución
con el mundo productivo a través de la transferencia de conocimientos. La
revolución científica y tecnológica que comenzó hacia los años 50 del siglo
pasado se profundizó en el tiempo y el conocimiento pasó a reemplazar al
capital como generador de riqueza. Consecuentemente, las universidades
contribuyeron cada vez más en el mundo desarrollado a avanzar en la
producción de nuevos bienes y servicios. Sin embargo, la producción
científico-tecnológica continúa concentrada en los países desarrollados y
América Latina y en ella, la Argentina, contribuye muy escasamente en la
generación de conocimientos innovativos. La respuesta a esta problemática
es generar una relación estrecha entre la universidad, la empresa y el estado
para coordinar conjuntamente la política científico-tecnológica de los países.
Sin embargo, de acuerdo a los consultados, esta receta que ha tenido buena
acogida dentro de los países desarrollados, no se ha implantado de la misma
1
Las representaciones sociales son esquemas de pensamiento constituidos en parte por
elementos cognitivos y emocionales que forman parte de lo que se denomina sentido
común, o sea de lo que es compartido por personas que se interrelacionan entre sí por
motivos de proximidad física, social, geográfica etc. Consideramos que los funcionarios
universitarios constituyen un grupo social bastante homogéneo que posee sus propias
representaciones sociales.
110 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
manera en Argentina.
Abstract. The present study tries to unveil social representations of argentine
universities’ officials about their contribution to the productive world
through transfer of knowledge. The scientific and technological revolution
that began around the middle of last century deepened over time and
knowledge replaced capital as a generator of wealth. As a result, universities
contributed increasingly in the developed world to make progress in the
production of new goods and services. However, the scientific-technological
production remains concentrated in developed countries and Latin America
and in it, Argentina, contributes very sparsely in the generation of innovative
knowledge. The solution to this problem is to create a close relationship
between University, Companies and State to jointly coordinate the
scientific-technological policy of countries. However, according to
respondents, this recipe which has been successfully installed in developed
world has not yet been adopted in Argentina.
Palabras claves: percepciones sociales, academia, industria, conocimiento,
Argentina.
Key words: social perceptions, academy, industry, knowledge, Argentina.
. Introducción
En nuestros días, la sociedad planetaria se ha convertido en la sociedad
del conocimiento en la cual el principal anhelo es dirigir la inteligencia
humana hacia la generación de más y mejores bienes y servicios. La
sociedad del conocimiento es descripta por algunos autores como aquella
basada en el saber y la especialización, cuya importancia es creciente en
cuanto logra la prosperidad económica y la mejora de la calidad de vida. La
enseñanza, la investigación, el desarrollo y la innovación serían los pilares de
esta nueva sociedad (Mateo, 2006, p.1). Otros, en cambio, se concentran en
el desarrollo de las ciencias de la información, para ellos la sociedad del
conocimiento sería aquella en la que los países y las regiones compiten por
una mayor información, por un “capital cognitivo” mayor, lo que supone un
poder superior en el concierto mundial (Boisier, 2001, p.1). Mientras en la
María Fernanda Arias 111
Edad Antigua y en el Medioevo, el trabajo se basaba fundamentalmente en la
fuerza física del hombre, con la irrupción de la revolución industrial, la
anatomía humana fue sustituida por la máquina como factor de energía y
producción.
Pero, es en nuestra era cuando cobra mayor importancia el pensamiento
humano orientado a la producción de ciencia y tecnología tanto en el campo
de la robótica, cibernética, las energías alternativas, tecnologías aplicadas al
mejoramiento de las especies vegetales, animales y aún humanas.
Paulatinamente, en todos los campos, aún en los productos agroindustriales,
las mercancías, han ido incorporando un fuerte componente de
conocimiento. Es decir, el valor agregado que sería el componente cognitivo,
ha aumentado aún en la producción agroalimenticia.
2

A partir del siglo XX y con especial intensificación en los años
posteriores a la II guerra mundial, se produjo en el mundo una revolución
científica y tecnológica que renovó la faz de la tierra. El mundo se convirtió
en una aldea global como gustaba llamar a Marshall McLuhan (1998, p.21).
Las distancias se acortaron gracias al desarrollo de las comunicaciones y de
la tecnología. Este fenómeno que actuó sobre la economía ampliando los
mercados y facilitando la adquisición de mano de obra, materias primas y
productos industrializados, también produjo una tecnología más sofisticada.
Sin embargo, Manuel Castells considera que la maravillosa expansión de la
revolución científica tecnológica en el mundo produjo una brecha mucho
más profunda entre las poblaciones del mundo y dentro de los mismos países
sobre todo en los menos desarrollados. (Castells, 2001, p.101-110). Este
fenómeno se muestra claramente en el caso de Latinoamérica.
América Latina y el Caribe (ALC) experimentaron un período de
bonanza económica a partir de 2002, consecuentemente con el ciclo
expansivo que se manifestaba en el resto del mundo. En líneas generales,
esta bonanza mejoró los índices de inversión en investigación y desarrollo de
la región. En ALC, Brasil fue el país que manifestó un mayor aumento en
I+D. De cualquier manera, ALC seguía invirtiendo en 2008 una proporción
2
Véase Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (2010). “La
Investigación en Ciencia y Tecnología de Alimentos en Iberoamérica. Situación actual y
Tendencias”. El estado de la ciencia 2010. Buenos Aires: Red Iberoamericana de
Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT).
112 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
muy escasa de la inversión mundial en I +D (3%) comparada con la que
invertían Estados Unidos y Canadá (35,3%) y Europa 25% (RICYT, 2010,
p.4). También es un dato importante destacar que mientras en los países
desarrollados, la inversión privada en I+D es mayor que la pública con
respecto al total de la inversión en investigación y desarrollo, en ALC oscila
entre el 30 % y el 40%. Existen diferencias entre países: mientras en Brasil,
las empresas privadas invierten cerca de 50% del total de la inversión en I
+D, en Argentina, este porcentaje es aproximadamente 30%. (RICYT, 2010,
p, 8).
Existen explicaciones para que Latinoamérica soslaye las inversiones en
I + D. Su patrón de especialización productiva está muy vinculado a las
llamadas ventajas comparativas estáticas (VCE) caracterizadas por la
industrialización de materias primas o de bienes intensivos en trabajo. En
cambio, las economías de alto desarrollo, inclusive los nuevos países
desarrollados del Sudeste Asiático, han incrementado las ventajas
comparativas dinámicas (VCD), es decir, la transformación de los productos
a través del incremento de los avances científicos y tecnológicos.
(Lemarchand, 2010, p.82-83). Otras mediciones como la brecha de
productividad laboral
3
entre países desarrollados y nuevos países
industrializados y ALC demuestran este fenómeno de estructuras de
producción diferentes: los primeros incrementando la utilización de
tecnología más sofisticada y los segundos, manteniendo un patrón de
producción más tradicional. Los países asiáticos disminuyeron su brecha de
productividad laboral con los Estados Unidos. En cambio, la brecha aumentó
en el caso de los países de ALC. O sea que el valor agregado de los países
asiáticos aumentó y se emparejó con el de Estados Unidos, considerado uno
de los países que se encuentra en la frontera de los avances tecnológicos.
(Lemarchand, 2010, p.82-83).
La sociedad del conocimiento implicó cambios en el área educativa. La
universidad como la conocimos en el siglo XX, que dictaba sus propias
normas, dedicada a la búsqueda de la verdad por la verdad misma fue
cambiando sus aspiraciones. Se hizo evidente la intención de que los altos
3
La productividad laboral mide el valor agregado de conocimiento que poseen los
productos manufacturados de los países. Es un dato importante para comprobar el avance
científico-tecnológico de los mismos.
María Fernanda Arias 113
estudios siguieran el curso de lo que sucedía en la sociedad: la búsqueda de
conocimiento que se relacionara con las necesidades prácticas del individuo
en una sociedad global: un individuo que estaba acostumbrado y aspiraba a
consumir más y mejores bienes materiales, especialmente bienes suntuarios,
que viajaba y se comunicaba más y que además deseaba que su comunidad
produjera en mayor cantidad y calidad. Más específicamente, las
investigaciones llevadas a cabo por las universidades y los centros científicos
tecnológicos trataron de orientarse hacia aquellas disciplinas que tuvieran en
cuenta el desarrollo económico de los países como las llamadas ciencias
duras: la biotecnología, la farmacología, la cibernética, la física, la robótica.
Una de las claves para solucionar el aparente divorcio de las
instituciones educativas de la realidad global era alentar la relación entre el
aparato productivo y la universidad a través de vínculos desde el sistema de
pasantías para que los alumnos universitarios se relacionaran con las
empresas, pasando por las consultorías, los cursos de capacitación hasta la
cooperación de las empresas en las actividades de investigación de las
universidades. Ahora bien, este fenómeno se produjo con mayor profundidad
en los países desarrollados y en los nuevos países desarrollados como los del
Sudeste Asiático. No sucedió lo mismo en Latinoamérica, con excepción de
Chile y Brasil en donde se fomentó la vinculación con la industria privada
aunque, sobre todo, en el caso de Brasil con una fuerte inversión del aparato
estatal, lo que en principio garantizó el beneficio para el país.
La vinculación universidad, empresa y estado dio lugar a posiciones
muy disímiles. Por un lado, existe una literatura que promueve la relación
entre las universidades, las empresas y el estado. En la Argentina, existió un
movimiento científico llamado del Pensamiento Latinoamericano en
Ciencia, Tecnología y Desarrollo que sostenía que ningún desarrollo
científico era ideológicamente neutral y que mientras en los comienzos de la
ciencia en nuestro país se pretendía que fuera independiente de las decisiones
políticas, los nuevos planteamientos debían tener en cuenta que el desarrollo
socio-económico de un país dependería de las investigaciones que los
políticos estimaran como relevantes (Martínez Vidal, 2002). Es decir, la
ciencia no podía ser un fenómeno independiente que produjera conocimiento
sin relación con las necesidades del medio ambiente y social. Si bien, en
algunos autores, las posiciones caían en un extremo ideológico exacerbado
como lo es en el caso de Varsavsky para quién el estilo científico debería ser
114 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
afín con una sociedad socialista, (Vasen, 2011, p.11), el planteamiento era
razonable: la ciencia por la ciencia misma no iba a resolver los problemas
locales y comunitarios del lugar en el que se desarrollaba. Debían
establecerse prioridades políticas a fin de satisfacer las necesidades más
urgentes.
La decisión política debía imponer prioridades o relevancias. Ahora
bien, con el correr de los años y, especialmente, entre fines de los 60 y 90, un
nuevo paradigma se impuso: la ciencia y la tecnología debían ir
acompañadas de dos vértices nuevos, el estado y la empresa (Sabato, Jorge y
Natalio Botana, 1968; Etzkowitz, h., y Leydesdorff, L. 1998 y 2000). Era
ineludible que los tres vértices conjugaran sus intereses para bien del
desarrollo del país y para que su competitividad internacional aumentara. Si
bien algunos de los autores no se fijaban mayormente en los valores e ideales
que debían congeniar tanto los empresarios como los universitarios y el
estado (podía ser sólo la rentabilidad o el desarrollo económico y social del
país), muchos de ellos apoyaban el desarrollo paralelo de los tres sectores.
Parte del mundo académico respondió negativamente a estas
vinculaciones por diferentes motivos: algunos consideraron que se trataba
de perseguir a la universidad como fuente de libertad así como el comunismo
o el nazismo habían perseguido a la educación en su momento aunque de
forma más sutil. (Robert Cowen, 1996, p.246); o porque las investigaciones
pagadas por las empresas estarían dirigidas a resolver problemas puntuales y
no siempre necesarios para la sociedad en su totalidad; porque se produciría
la privatización del conocimiento al servicio del sector económico (Naidorf,
2005, p.103); porque los objetivos de las empresas no siempre tendrían que
ver con las necesidades de la sociedad en la que se hallaran sino con el
beneficio de la compañía etc. Por otro lado, más recientemente, salieron a la
luz algunas publicaciones que consideran que la relación entre la ciencia y la
sociedad no debe ser enfocada ni desde un punto de vista lineal, como
sostenía el paradigma de la preguerra, ni únicamente basado en lo
económico. Además el tema de la relevancia de las ciencias debería cobrar
una mayor dimensión y debería ser tema de discusión de varios grupos
societarios: las empresas, universidades, el trabajo, los partidos políticos etc.
(Vasen, 2011, p.22-24)
Este artículo tiene como objetivo analizar las opiniones de los
funcionarios de universidades públicas y privadas de la Ciudad Autónoma de
María Fernanda Arias 115
Buenos Aires y del Conurbano Bonaerense acerca de la relación
universidad-empresa-estado en la sociedad del conocimiento actual. En este
caso, se analizarán las percepciones acerca de la transferencia de
conocimientos científicos y tecnológicos entre los centros de altos estudios
universitarios y las empresas nacionales y extranjeras del país y la
intervención del estado. Nuestra intención no es abordar la discusión sobre la
oportunidad ética de la relación, que sería objetivo de otro artículo, sino
sobre el pensamiento de los funcionarios universitarios argentinos sobre tal
vinculación en el área de la transferencia de conocimientos.
Como hipótesis de trabajo y teniendo en cuenta la situación de la
Argentina dentro de los países periféricos en cuanto a la producción de alta
tecnología y por ende de posibles vinculaciones entre las universidades, las
empresas y el estado, consideramos que las percepciones generales serán que
las relaciones entre estos ámbitos son problemáticas. Lo que cabría
preguntarse es si los científicos o miembros de las universidades apoyan o no
este acercamiento, cuáles son las dificultades que se presentan, cómo ven el
futuro de la relación etc. Estos son los puntos que abordaremos en la
investigación.
. Metodología.
Se utilizó una metodología de tipo cualitativo. Se trató de interpretar las
percepciones de los académicos acerca de la vinculación mencionada a
través de entrevistas en profundidad. En total se realizaron 24 entrevistas en
profundidad a funcionarios académicos de universidades públicas y privadas
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Conurbano Bonaerense. Es en
esta área donde está concentrada más de un 30% de la matrícula universitaria
nacional. Además, cuenta con variedad de universidades de distinto tipo de
gestión y distinta antigüedad desde la más antigua, la Universidad Nacional
de Buenos Aires que concentra más de 400.000 alumnos, hasta universidades
privadas con poco alumnado como la Universidad de San Andrés en el
partido de San Isidro en el Gran Buenos Aires.
Los entrevistados fueron elegidos principalmente por su relación con el
tema. Es decir, se eligieron académicos de las facultades o universidades que
son más proclives a actuar con las empresas y también con el estado. Por
116 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
ello, los entrevistados proceden, casi enteramente, de las facultades de
economía, administración de empresas, negocios, ingenierías, ciencias
exactas y naturales y funcionarios dedicados exclusivamente a la
vinculación. Excluimos a las humanidades y a representantes de las ciencias
sociales y de otras ciencias porque privilegiamos a los entrevistados que
poseían una relación más estrecha con las vinculaciones efectivas a través
transferencia de conocimientos que son más propias de esas carreras.
Comenzamos ubicando a aquellos funcionarios que tenían a su cargo el
desempeño de la vinculación como secretarios de extensión y de vinculación
a nivel rectoral. Y luego a autoridades y profesores de las disciplinas antes
mencionadas.
Como resultado, se obtuvieron 24 entrevistas en las siguientes
universidades o institutos universitarios: públicos: Universidad Nacional de
Quilmes (UNQUI)(1), Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) (4),
Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) (1), Universidad
Nacional de Buenos Aires (UBA) (2), Universidad Nacional de La Matanza
(UNLAM) (1), Universidad Nacional de Lanús (UNLA) (1), Universidad
Tecnológica Nacional (UTN) (3), y privados: Universidad Católica
Argentina (UCA) (5), Instituto Universitario ESEADE (1), Universidad de
San Andrés (UdeSA)(1), Instituto Tecnológico Buenos Aires ( ITBA) (3),
Universidad Austral (1).
Las preguntas fueron semi-estructuradas y funcionaron como especies
de disparadores para que el entrevistado pudiera decir abiertamente lo que
pensaba del tema pero que también pudiera libremente relacionarlo con otros
asuntos que le interesaban. Para la realización de este artículo, hemos
seleccionado las respuestas que tienen que ver con las transferencias
científicas y tecnológicas y hemos dejado de lado los otros temas que serán
material de futuros trabajos y artículos.
El artículo ha sido dividido en dos partes. En la primera se analizan las
respuestas de los académicos de las universidades públicas y en la segunda,
las de las universidades privadas. Si bien las opiniones son convergentes, la
división se realiza por varias cuestiones. En primer lugar, el sector público
universitario concentra una cantidad de alumnado y profesores mucho más
significativa que el sector privado; en segundo lugar la importancia de la
investigación en el sector público es significativamente superior a la del
sector privado,
4
Las universidades públicas son mucho más antiguas que las
María Fernanda Arias 117
privadas, por lo cual las actividades de investigación cuentan con muchos
más años y son más prestigiosas a escala nacional y mundial. En tercer
lugar, los incentivos públicos se dirigen especialmente hacia la actividad
científica pública que se realiza en universidades o centros de investigación
del sector estatal. Sólo en los últimos años, se abrieron canales de
financiamiento público para el sector de enseñanza superior de gestión
privada que está tratando de desarrollar investigación en diferentes campos.
Aunque algunas universidades privadas tienen fuertes conexiones con el
medio empresarial como la Universidad de San Andrés, la Universidad
Argentina de la Empresa (UADE), La Pontificia Universidad Católica
Argentina (UCA) y el Instituto Tecnológico, Buenos Aires (ITBA), su
relación con la empresa en el área de la transferencia de tecnología es
mínima. Ello se debe a que la presencia de la inversión privada en I+D en el
sistema científico tecnológico es muy reducido. Se prestigia la relación de las
universidades y la empresa en el régimen de pasantías de alumnos, como
fuentes de reclutamiento de recursos humanos pero no se percibe interés en
las actividades de investigación de las universidades privadas. Por ello, y
porque las universidades privadas se mantienen gracias, principalmente, a su
matrícula estudiantil y con pocas inversiones de los organismos públicos de
ciencia, la investigación es escasa y concentrada en proyectos de pequeño y
mediano plazo y además, muchas de ellas, en desarrollos de ciencias
humanísticas y sociales.
. Las opiniones de los académicos en las universidades
públicas.
En líneas generales, los académicos aprueban la relación entre
universidad, empresa y estado. Consideran que dado el desarrollo de las
nuevas aplicaciones de la ciencia y la tecnología, la relación debe
estrecharse. También ven con complacencia los avances que ha producido el
estado a través de la creación de unidades de vinculación en las
universidades y del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCYT) a nivel
nacional. Además, favorecen el cambio en el perfil de los nuevos
4
Alrededor de un 90% de la actividad de I +D se concentra en las universidades públicas.
118 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
investigadores que han adquirido otras calificaciones inherentes a este
avance de la ciencia y de la técnica para solucionar problemas sociales y
avanzar en el desarrollo económico.
Es decir, los científicos se diferencian sustancialmente de lo que la
comunidad científica argentina consideran que son sus padres fundadores
como los Premio Nobel, Bernardo Houssey, Federico Leloir y César
Milstein quienes se caracterizaron por realizar investigación pura sin
detenerse en pensar las implicancias prácticas de sus hallazgos. Por ejemplo,
Houssey fue el fundador del Consejo de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET) que sigue teniendo un sesgo eminentemente teórico y
poco tecnológico. Sin embargo, notamos cómo las nuevas generaciones han
sido formadas en otros contextos, más acordes con las prácticas de
aplicabilidad del conocimiento.
Ahora bien, ¿hasta qué punto, la ciencia y la tecnología se relacionan
con la actividad productiva y el investigador pasa a convertirse en un
productor de innovaciones? Esta nueva faceta de la ciencia que nació hace
pocas décadas parece haberse internalizado en los planes de estudio, en los
graduados más jóvenes y en las instituciones relacionadas con la
investigación. Pero los entrevistados consideran que debería ser promovida
desde las instituciones en mayor medida.
Un investigador de Quilmes
5
considera que en pocos años los nuevos
científicos han despertado su interés por la transferencia científica y
tecnológica hacia las empresas. Por otro lado, su formación en las
universidades es distinta y tiende a que se estimulen esas competencias que
tienen que ver con la gestión en proyectos científicos y tecnológicos
financiados por entes estatales y privados. Dentro de las nuevas
competencias de los científicos se encuentran las habilidades para generar
dinero para las universidades y centros de investigación a las cuales
pertenecen y además para ellos mismos, ya que el sueldo de los
investigadores es bajo en relación al promedio de los profesionales.
5
La Universidad Nacional de Quilmes (UNQUI) es una de las nuevas universidades del
Conurbano Bonaerense, creadas en los años 90 con una cierta ideología: por un lado,
desconcentrar a la Universidad de Buenos Aires, llegar a las poblaciones menos favorecidas
de la Pcia. De Buenos Aires y realizar una mayor interrelación con el medio social, por
ejemplo, con las empresas productivas locales a través de la transferencia del conocimiento.
María Fernanda Arias 119
“Pero es bastante nueva esta idea de que los científicos y los
tecnólogos deben pensar un poco en cómo aplicar sus conocimientos
a problemas sociales entre otras cosas porque hay que ayudar a la
sociedad pero, también, porque se puede ganar plata. Y esto es lo
nuevo. Que un científico piense que esto que está en el laboratorio
en vez de publicarlo así nomás en una revista o simplemente hacer
una tesis, también lo patente. Si guardo algo de información
confidencial, por ahí una empresa le interesa, lo licencia, gana un
montón de plata, mi institución gana un montón de plata y es una
forma también de contribuir.” (Diego de UNQUI).
Diego de UNQUI, comprueba que la mentalidad de los nuevos
graduados esta mucho más orientada hacia la aplicabilidad de las ciencias.
Si bien no saben tanto de ciencia clásica, son más diestros en la parte
técnica y en la aplicación de las operaciones de los productos de
laboratorios. Puede ser un peligro dejar de lado la parte teórica pero
también la inclinación hacia la practicidad de la ciencia puede resultar muy
provechosa, comenta Diego.
“Yo veo que hay un cambio entre los más jóvenes. Yo
particularmente veo que hay una diferencia muy importante entre un
graduado en biotecnología que es lo que formamos acá y biología
que es en lo que me formé yo. Un graduado en tecnología no maneja
evolución o genética clásica pero tiene un manejo del mundo de
laboratorio y de las aplicabilidades del mundo del laboratorio que
nosotros no tenemos. Si eso se sigue fomentando y va creciendo creo
que puede ser bastante exitosa la ecuación que plantea el ministerio.
Por ahora, hay poco margen para aprovecharlo pero creo que
insistiendo va a ser el mejor camino siempre y cuando no se caiga
en la miopía extrema contraria que es desdeñar la llamada ciencia
básica. Bueno, ahora, muchachos es todo para aplicaciones, sí. Es
una tentación decir eso porque además para el gran público, para los
que trabajan en esto,siempre y cuando se deje una parte
importante del presupuesto y de la planificación para los temas
líderes y la llamada ciencia básica, me parece que las vinculaciones
van ganando adeptos y recursos.” (Diego de UNQUI).
120 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
En muchos casos, la posibilidad de patentamiento de los inventos o
descubrimientos y el licenciamiento es un proceso lento, muy largo y muy
costoso y los centros de investigación no están preparados para realizar esta
tarea que los propios investigadores desconocen. El patentamiento
significaría un paso importante en la transferencia de los productos de la
investigación científica y tecnológica a la sociedad y, lamentablemente, es
un ejercicio que muy pocos conocen.
“Hay un mundo de la aplicabilidad que es camino de ida,
básicamente porque es un mundo de papeleo, un mundo de
burocracia, que podía facilitarse. Hay intenciones de que se facilite.
El CONICET de pronto, ha mejorado mucho, tiene un montón de
patentes. Pero es complicado. Nosotros no sabemos hacerlo. Yo no
sé escribir una patente. Menos que menos sé sentarme en una
negociación con una empresa para licenciarla, no sé dónde mandarla
afuera, son cosas muy caras. Requiere una inversión del estado
bastante fuerte y es un riesgo. Así que todo ese camino burocrático
administrativo podría facilitarse mucho más para los investigadores.
Que cada institución tuviera una oficina fuerte de vinculación.
Muchas no tienen. Esta no tiene, por ejemplo. Pero que supieran
bien de qué se trata. Que hubiera gente entrenada en el tema de
patentamiento, de licencias etc. eso sin duda que ayudaría mucho. Y
después insistir con las herramientas de apoyo y de financiamiento.
Que sean muy seductoras que valgan la pena torcer un poco el
rumbo desde ese lugar.” (Diego de UNQUI).
Diego es muy sincero con respecto a la transferencia de los
conocimientos: no sólo trae provechos a la sociedad sino también al bolsillo
del investigador. Esto que parecería muy brutalmente planteado debe
comprenderse en el contexto de lo que sucedió en la ciencia argentina
durante muchos años pero, en especial, en la década del 90. La política del
Presidente Carlos Saúl Menem (1989-1999) no sólo tuvo como consecuencia
la desindustrialización del país sino también el retroceso del sistema
científico tecnológico. Durante toda esa década no sólo se invirtieron
exiguos dineros en I+D sino que también los salarios de los investigadores se
minimizaron por lo cual muchos de ellos decidieron emigrar del país.
María Fernanda Arias 121
Consecuencia de ello fue la fuga de cerebros, la descapitalización del
conocimiento y la ciencia, el fracaso de proyectos científicos etc. Diego ve
con preocupación que esto vuelva a suceder y es su intención asegurar la
tranquilidad moral y familiar del investigador que es un trabajador más. Por
otro lado, percibe que sin financiamiento es imposible que el sistema
científico tecnológico funcione en el país y las fuentes estatales son
agotables por lo cual hay que pensar en el apoyo privado.
Un profesor de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN)
6

consideraba que la universidad debía afianzar estas vinculaciones con la
empresa. Ponía el ejemplo de otros países como España en donde
Universidades técnicas como la Politécnica de Valencia poseía mecanismos
a través de los cuales los profesores podían libremente crear proyectos y
ofrecerlos a las empresas ganando un porcentaje de lo obtenido por esos
proyectos y dejando importantes ganancias para la universidad. De ninguna
manera, este tipo de actividades se veía mal. Al contrario, se consideraba que
ayudaba a la sociedad, a la empresa, al profesor y a la universidad.
“Por ejemplo, en España, yo me acuerdo haber hablado con gente de
la Politécnica de Valencia, gente de la oficina de transferencia
tecnológica. Hoy un investigador de la Politécnica de Valencia
publica un paper y bueno, por supuesto, depende del impacto, pero
el máximo puntaje que recibe es 12 puntos que no sé cuánto
significará en su carrera. Pero si en lugar de un paper generó un spin
off.
7
Un spin off, con su conocimiento, se larga una empresa para
explotar esa tecnología. Si llega a haber generado un spin off de la
cual la politécnica participa, ese investigador en vez de 12 recibe 14
puntos, se le dan 6 meses de gracia para que pueda ir a esa empresa
para hacer el start up
8
de esa empresa, el lanzamiento y puede volver
6
La Universidad Tecnológica Nacional fue creada durante el Primer Gobierno de Perón en
los años 50. Fue llamada la Universidad Obrera porque fue primeramente dirigida a los
obreros y luego se abrió hacia otros sectores. Es particularmente, una universidad de
carreras tecnológicas y de mediana investigación.
7
Un spin off es un proyecto innovador y productivo que es fuente de otros proyectos y
generador de negocios.
8
U n start up es el comienzo de una producción innovadora o innovativa y generalmente es
una pymes.
122 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
y le cuidan su asiento de investigador durante seis mesesY si
después se quiere quedar trabajando, pierde su puestopero si
quiere puede volver y le dan hasta un 10% de acciones de esa
empresa. Y la universidad se queda con otro tanto de acciones de esa
empresa. Con lo cual cuando la rueda empieza a mover, a mover, a
mover, es una empresa más.” (Sebastián de UTN)
El profesor de la universidad UTN, defiende la transferencia entre la
academia y las empresas. Por otro lado, menciona que esta abre
posibilidades de crecimiento profesional y económico del investigador.
También, el docente menciona que muchas veces en estas universidades
donde es frecuente la transferencia, se dejan de realizar algunos estudios y
se potencian otros que son más seductores desde el punto de vista
económico.
“O sea estoy apostando al proyecto de transferencia pero estoy
recibiendo también. Y los investigadores también y es una
retroalimentación positiva y como se diceun círculo virtuoso para
el investigador que está al lado de éste. Este empezó a recibir su
sueldo de investigador más un 10% de las utilidades de una empresa.
Si la empresa va bien, este investigador ya está pensando cuándo es
su próximo spin off, este investigador se cambia el auto y se va de
vacaciones a Cancún. Y el que está al lado dice, ¿cómo haces con tu
sueldo de investigador? y le dice: dejá de investigar estas cosas que
estas investigando de la Politécnica de Valencia. Eso hacelo en
biología. Pero dejá de investigar eso e investigá a ver lo qué necesita
la sociedad, la empresa, el mercado. Es un círculo virtuoso.”
(Sebastián de UTN).
Si bien Sebastián defiende la relación entre la universidad y la empresa
en la transferencia de conocimientos aclara que muchas veces se dejan de
realizar estudios porque otros en los que se puede percibir más dinero
resultan más seductores. Además deja abierta a la reflexión sobre la elección
de algunos académicos de investigar aquellos temas que son más atractivos
para el mercado. Ello genera un problema ético. Es decir, si bien por un
lado, es positivo que la investigación se dirija hacia lo que sociedad necesite
María Fernanda Arias 123
en un momento determinado, no es lo mismo que se oriente a lo que a lo
que la empresa privada le convenga por un puro interés pecuniario. Y en
esto, al parecer, caen muchos científicos, al menos en otros países. Ello
representa un tema que tanto la institución como el investigador y el estado
deberán plantear en el momento de lanzar políticas de vinculación de gran
alcance.
También, la relación entre universidad, empresa y estado en el sector
público refleja algunas problemáticas relacionadas con las posturas
ideológicas. Existen dos posiciones desde las cuales se critica la relación de
la ciencia con la sociedad y especialmente, con el mundo productivo. La
política científica de la universidad se basó tradicionalmente en lo que
nombramos como el modelo lineal o clásico. Es decir, que las ciencias se
debían desarrollar por sí mismas sin intervención de la política. O sea, la
política científica se desarrollaba en el ámbito de las ciencias mismas que se
concentraban en las universidades y a partir de la creación del Consejo de
Investigaciones Científicas y técnicas de la Argentina (CONICET) en 1958,
en este organismo donde las directivas y las evaluaciones eran dictadas por
los mismos científicos.
A pesar de la influencia de las nuevas teorías sobre la ciencia politizada
en los años 60 y luego, las premisas sobre la relación triangular entre las
empresas, las universidades y el estado en la constitución de una política
científica nacional a partir de los años 70, muchos sectores de la ciencia se
opusieron terminantemente al claudicar de las investigaciones en ciencia
básica frente al avance de una ciencia más relacionada con su aplicabilidad
en el campo económico y social. Por ello, aunque encontramos que la
mayoría de los entrevistados de las universidades públicas considera que la
relación entre la ciencia y la sociedad cuyo fin es el bien público se debe
estrechar, continúan pensando que la teoría lineal de la ciencia sigue vigente
en ciertos sectores de la producción científica. Por otro lado, también existe
una posición contraria a la relación universidad-sociedad-empresa por parte
de sectores de izquierda quienes se reúsan a someter la ciencia y la
tecnología a las órdenes de las empresas. Diego pone en duda la idea de una
ciencia pura, absolutamente neutral y disociada de las necesidades prácticas.
Insiste en esta realidad: la ciencia no puede generar beneficios por sí sola.
Necesita de las empresas para poder expandir sus conocimientos y llevar sus
productos a los que más lo necesiten.
124 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
“Aunque las aplicaciones de los trabajos de Milstein son
tremendamente millonarios: el uso de anticuerpos monoclonales
como diagnóstico, Milstein no los quiso patentar. Y ahí es donde voy
a la cuestión de cultura. Nuestros próceres de la ciencia, Leloir,
Houssay, consideraban a la ciencia una actividad neutra, ¿Si? alejada
de intereses particulares, comerciales lo que importa es investigar y
conocer el mundo. Eso se plasmó mucho en las generaciones que
siguieron. Todos somos hijos de esos Premios Nobel en las áreas
biomédicas, particularmente. Y cuesta mucho cambiar esa
mentalidad de encontrar aplicaciones. Patentar, licenciar no es una
mala palabra. No es algo que va en contra de los preceptos del buen
científico.” (Diego de UNQUI).
Pero también se nota la influencia de posiciones de izquierda en ciertas
universidades. La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, por ejemplo, es
una institución clásica de investigación. Un 80% los docentes son
investigadores del CONICET y se encuentran limitados para realizar
convenios con empresas. La posición ideológica de alumnos, graduados y
algunos docentes es contraria a la relación con el mundo productivo ya que
no se concibe la practicidad de la investigación que debería ser neutral. Pero
las autoridades piensan diferente. El decano de Exactas de UBA expresaba:
“Por otro lado, desde la facultad, tenemos una idea de lo que
nosotros deberíamos impulsar que obviamente genera tensiones
porque dentro de la facultad tenemos grupos estudiantiles, que son
los que más se expresan, quienes consideran que el modelo social
no debería ser capitalista. Entonces cualquier cosa que tenga la
palabra empresa, está mal. Y la universidad no debe tener ningún
vínculo con ninguna empresa de ningún tipo.” (Jorge de UBA).
Sin embargo, de acuerdo a Jorge, la mayoría de los profesores-
investigadores son conscientes que la idea no es venderse al mejor postor o a
la empresa que pague mejor sino a una empresa que tenga mejor relación con
la sociedad y que contribuya de mejor manera a lo que la sociedad necesite.
También defiende la generación de empresas de base tecnológica para poder
estrechar la brecha de productividad laboral argentina con los otros países.
María Fernanda Arias 125
“... O sea la posición que nosotros impulsamos es que no es lo
mismo cualquier empresa. No es lo mismo una multinacional que a
lo mejor le interesa comprar una patente para que no se pueda
producir en el país porque quiere defender su mercado global o su
negocio en otro país o decir, bueno, está bien, vamos a lograr
resolver problemas que sean de interés para el país y que después lo
pueda llevar a la práctica el país, el estado o una pequeña y mediana
empresa argentina. Nosotros tenemos en la facultad una incubadora
de empresas. Que no es fácil. Una incubadora de empresas, de base
tecnológica. No es que se generan empresas de cualquier cosa. Se
basa en una idea de base científica tecnológica una empresa que
produzca algo que se venda, que genere algo y nuestra idea es que en
la medida en que esa empresa se genere desde nuestros graduados y
alumnos, o sea, que sea una empresa que se radique en el país, que
produzca en el país, que de trabajo en el país, que exporte productos
de mayor valor agregado del país, nos parece que está bien”. (Jorge
de UBA).
La crítica del decano a la orientación ideológica de los centros de
alumnos no se hizo esperar y se basó fundamentalmente en que sostienen
posiciones maoístas en un país cuyo sistema continúa siendo capitalista. Por
lo tanto es inútil tratar de resolver el problema trabando decisiones a través
de debates en el seno de las asambleas universitarias.
“Bueno, esas cosas generan tensiones reales. Digo. Hay intereses.
Pero uno lo que debería hacer es tener autonomía para decidir lo que
le conviene al país. La realidad es que algunos sectores no están
pensando en lo que le conviene al país. Están pensando en lo que su
ideología les dice lo que deberían hacer. Yo ahí creo que si hay
alguien que considera que el país debería ser comunista, debería
tomar el control del estado ya sea por las urnas o por una revolución
y entonces imponer un modelo comunista a la sociedad. Entonces va
a tener un modelo acorde con ese modelo. Si la sociedad por los
votos, es capitalista. Una universidad comunista en una sociedad
capitalista, no funciona. No hay manera de hacerlo funcionar, genera
tensiones, genera problemas”. (Jorge de UBA).
126 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
De acuerdo a otro investigador consultado en la Universidad de
Quilmes, el motivo de esa posición tan anti-empresarial proviene de la
ideología maoísta que se genera en las aulas y que anula toda posibilidad de
vinculación con el medio productivo aunque sí, con el sector estatal.
Considera que esto es ridículo y da el ejemplo actual de China que está
abierta a toda vinculación con el mundo exterior.
“Que lo curioso tomado como un partido Trotskista o Maoísta en
todo caso, es que no miran a China. Que está pasando totalmente lo
contrario. Por supuesto, que tiene su régimen militar. Es difícil de
comparar pero es un régimen marxista, Maoísta ortodoxo, en lo cual
están apostando mucho a lo que acá se llama economía de mercado.
Empresas de capitales mixtos, patentes por todos lados, inversiones
extranjeras, con lo cual hay una cierta contradicción ahí. Parte de esa
contradicción es trivial. Es poner palos en la rueda porque ellos
quieren molestar al decano. Yo no soy el decano y entonces, lo
hincho
9
todo lo que pueda. Y parte responde a una base ideológica
que me parece un poco miope porque cuando vos tenés una
implementación ideológica para que llegue realmente a los usuarios
necesitás sí o sí una empresa privada. Por ejemplo, desarrollas una
vacuna en tu laboratorio. No la podés fabricar vos. No la podés
fabricar vos sino, no las podés mandar a todas las provincias y eso
requiere de la colaboración con la industria.” (Diego de Universidad
Nacional de Quilmes, UNQUI).
Es curioso que ni Jorge ni Diego procedan de posiciones de derecha,
pero ambos critican severamente la extemporaneidad de los grupos
izquierdistas de la universidad que ponen piedras a las ruedas de las
actividades de la facultad de ciencias exactas. Evidentemente, las trabas que
operan en algunas de las facultades de la Universidad de Buenos Aires quitan
poder de decisión a las autoridades elegidas democráticamente de acuerdo a
las reglamentaciones y entorpecen las políticas y los proyectos. Tanto Jorge
como Diego no están aseverando que las empresas son buenas por sí mismas
pero tampoco se deben demonizar. Es decir existen muchas que a través de
9
Argentinismo que se traduce como lo molesto.
María Fernanda Arias 127
sus negocios u orientaciones crean riqueza, son productores de bienes cada
vez más innovativos, más competitivos a escala mundial y que además dan
más trabajo. Es a ese tipo de empresas a las que conviene vincularse.
En suma, existe un abanico de posiciones en las ciencias argentinas con
respecto a la transferencia de conocimientos científicos y técnicos a las
empresas y al estado pero sobre todo a las primeras desde el punto de vista
ético. Desde la posición más principista que es la históricamente reconocida
de los grandes maestros de la ciencias médicas y las ciencias exactas según
los cuales los conocimientos no eran negociables, pasando por los ideólogos
anti-empresariales como los comunistas o maoístas de la actual Facultad de
Ciencias Exactas y Naturales de la UBA que se niegan a colaborar con ellas
hasta llegar a los que encuentran positiva la relación con las empresas si esto
significa el traspaso del conocimiento a la sociedad. Lo interesante en las
respuestas de los académicos de instituciones públicas es su apertura, en
general, a la vinculación a las relaciones con las empresas y el estado y su
divergencia con las posiciones neutrales tradicionales de la ciencia argentina
que creía en una ciencia totalmente pura sin una aplicabilidad directa
inmediata y con las posiciones ideológicas anticapitalistas que no conciben
la relación con ningún tipo de empresa. También resulta llamativo cómo se
percibe el cambio en la formación de los nuevos graduados quienes parecen
más proclives a la transferencia tecnológica y la búsqueda de resultados que
puedan ser utilizados por la comunidad.
. La respuesta de los académicos de las universidades
privadas.
Existe un gran interés por la transferencia de conocimientos entre los
académicos de las universidades privadas. En todas las áreas de estudio la
preocupación por financiar investigaciones se hace evidente. Uno de los
obstáculos es que dependen casi exclusivamente de fondos privados y estos
son prácticamente inexistentes
10
. Las causas son varias y deben buscarse en
10
Esto se debe a que tradicionalmente los fondos públicos se encauzaron hacia el sector
público universitario ya que antes de los años 50, las universidades privadas no existían y
luego, tardaron en adquirir un perfil de investigación. En los últimos años, el MINCYT ha
128 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
la tradicional actitud de los empresarios argentinos por no acercarse a las
universidades más que a reclutar empleados y capacitarlos. En segundo
lugar, la ausencia de una estructura universitaria que facilite la investigación
en las instituciones de gestión privada y en tercer lugar, la falta de
previsibilidad que existe en el país y que ahuyenta la inversión privada, sobre
todo en materia de ciencia y técnica. Aún en las épocas en que las empresas
multinacionales fueron beneficiadas por las políticas del gobierno de Menem
durante la década del 90, las inversiones en I+D no existían. En primer lugar
porque es sabido que las transnacionales importan las tecnologías y los
nuevos conocimientos de sus casas matrices, sobre todo en esas épocas, y
también porque las únicas conexiones que se tienen con el sistema científico
se relacionan con procesos de adaptación de la tecnología importada a las
necesidades locales.
Los economistas consultados provienen de la Pontificia Universidad
Católica Argentina.
11
Ellos consideran que existen oportunidades de realizar
investigaciones sobre temas que interesen a las empresas como los
movimientos en el sector financiero, el mercado de capitales, pero los
empresarios no tienen “cultura” en este campo de relación con la
universidad. Generalmente, se conectan con consultores pero no ven que la
universidad les pueda ofrecer un servicio en ese aspecto. Por falta de
“cultura” se entiende que no comprenden la necesidad de acercarse a los
académicos para que estudien más detenidamente y en profundidad los temas
que aquejan al mundo productivo. El entrevistado considera que hay más
posibilidades en el campo de las ciencias duras como la química, la física, la
biología. Sin embargo, en otros países, la relación existe y ponen como
ejemplo lo que ocurre en el campus de la Universidad Pontificia de San
Pablo y la empresa Microsoft Brasil.
abierto varios canales de financiación sin distinción de origen de los proyectos. Pero la
universidad pública posee un reconocimiento y una historia más larga de proyectos de
ciencia y técnica. Las universidades privadas podrían buscar financiamiento privado en las
empresas pero éstas son muy reticentes a otorgarlo.
11
La UCA es una de las universidades privadas más antiguas, nacida en los años 50 al
amparo de la Ley Domingorena Es una universidad prestigiosa y su Facultad de Economía
es particularmente importante en el medio. En ella se graduaron ministros de economía y
altos funcionarios gubernamentales y también ejecutivos de grandes empresas y bancos.
María Fernanda Arias 129
“las universidades se desarrollan en ese sentido. O sea, en un
campus, en una hectárea. Es un polo tecnológico. O sea es una
simbiosis que le sirve a los dos. Si la universidad se desarrolla en esa
línea, la empresa crea relaciones de largo plazo.” (Fernando de
UCA.)
Si bien, otros profesores, consideran que el contacto aumentó en los
últimos años y se han realizado buenas transferencias de conocimiento entre
laboratorios de la UCA y las empresas, no hay un desarrollo sistemático y
sobre todo, el interés está puesto en estudios de ciencias biotecnológicas,
ambientales y de software y no en cuestiones económicas. Un proyecto
sobre el sector vitivinícola de la UCA recibe algunos subsidios de la Agencia
de Investigaciones de la Secretaria de Ciencia y Técnica del MINCYT y de
empresas vitivinícolas argentinas. Pero la crítica del científico, Pablo de
UCA, encargado del equipo que estudia el Cambio global del Medio
Ambiente se dirigió básicamente hacia los empresarios del sector. Ellos que
se han enriquecido en los últimos años y teniendo en cuenta que muchos de
ellos han estudiado en los Estados Unidos donde la relación con la academia
es moneda corriente, no sólo no saben nada de Responsabilidad Social
Empresaria sino tampoco de la importancia del conocimiento para su
mercado. Se les ofreció asesoramiento a cambio de información que
retacearon. Por otro lado se les pidió una suma ínfima para instalar un
pequeño laboratorio para que pudiera monitorearse el proceso de estudio in
situ. Los dueños consideraron que para ellos era muy caro y que no podían
hacerlo pero los invitaron a celebrar el convenio con champán importado del
mejor ante los ojos maravillados del científico.
En otras universidades con un fuerte perfil tecnológico como es ITBA
12
,
los académicos consideran que existe actividad en este sentido y
especialmente en el campo de la robótica. Sin embargo, para el directivo el
sector de transferencias, es escasa. Pero esto sucede en toda la sociedad
argentina: el nivel de patentamientos de invenciones argentinas es muy baja
en comparación con la que sacan las empresas extranjeras en el país.
12
ITBA es otra prestigiosa universidad en el campo de las ingenierías. Es muy rigurosa en
sus estudios y sus graduados son disputados por las grandes empresas. Comenzó siendo una
universidad creada por la Armada (Fuerza Naval) argentina.
130 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
“Tenemos, sí, empresas que financian proyectos de conversión de
motores a hidrógeno, por ejemplo, que han encargado servicios
tecnológicos como la colada continua en Siderar o el decapado
pero son servicios específicos que nos contratan a nosotros para que
le resolvamos el problema.” (Ana de ITBA)
Además de que se tratan de proyectos de corto plazo, la estructura
universitaria privilegia que los profesores full time tengan una fuerte carga
horaria pero poco tiempo para dedicarse a la investigación. La misma
entrevistada advierte que la cantidad de profesores y alumnos que puedan
realizar investigaciones es muy pequeña dada la población estudiantil que no
pasa de los 2000 alumnos. Si bien, están pensando en crear un departamento
de propiedad intelectual para trabajar seriamente sobre patentamientos, esa
actividad no está desarrollada como en una universidad en los países
desarrollados o en algunos latinoamericanos. En suma, no parecería que la
transferencia de conocimientos de esta universidad hacia las empresas sea un
objetivo primordial de la casa. Por un lado, las transferencias que ha referido
la entrevistada suponen un campo muy limitado y no demasiado innovador.
Se tratan de tareas de adaptación más que investigaciones a largo plazo. Por
otro, la universidad exige una carga docente muy fuerte y el tiempo para
investigar es escaso.
Los académicos anteriormente citados ponen directa o indirectamente
en el banquillo de los acusados a los empresarios, por no tener cultura, o más
directamente como en el caso de Pablo de la UCA por ser “miserables” en el
momento de invertir dinero en un recurso científico que les puede quitar más
de un dolor de cabeza. Por otro lado, Ana de ITBA manifiesta que tampoco
la universidad alienta la investigación ya que a los profesores full time les
exige una carga docente muy pesada en lugar de permitirles investigar más
tiempo. Creo que el financiamiento de la universidad privada basado sólo en
la matrícula de los alumnos es el principal motivo del estancamiento de la
investigación científica. Por un lado, no puede competir con la tradición,
prestigio e infraestructura de laboratorios con que cuenta la universidad
pública, por otro, la universidad privada necesita que el docente esté más
tiempo frente a los alumnos que en sus habitáculos de investigación. Los
porcentajes de profesores full time son mínimos con respecto a las públicas y
en casi todos los casos sus cargas docentes son mucho más elevadas que en
María Fernanda Arias 131
el sector público. Otra dificultad proviene de la inestabilidad política y
económica de la Argentina que invita poco al desarrollo científico y
tecnológico de las empresas. Un docente e investigador de área económica se
refiere a la innovación en el campo empresarial y productivo. De acuerdo a
su opinión, los innovadores en la Argentina son héroes porque ni la situación
macroeconómica ni la microeconómica les favorecen.
“Lo que el Banco Mundial llama el doing business
13
, ¿Cuántos
pasos se necesitan para abrir un nuevo negocioo por ejempl
o.para crear un nuevo producto?es mucho más lento y más
burocrático aquí que en muchos países, incluso que en América
Latina. Chile está mucho mejor que nosotros. Para dar un ejemplo;
entonces” (Martín de UCA)
Para el entrevistado, el estado debe actuar más concienzudamente
creando planes a largo plazo como los que proyecta Brasil.
“La innovación no es un tema de agenda de los argentinos, como lo
es en Brasil donde existe un polo tecnológico como Campinas. La
problemática llega un poco del factor rentabilidad y la incertidumbre
macroeconómica y por otro lado, por las escasas políticas públicas
que fomentan el lanzamiento de industrias innovativas”. (Martín de
UCA)
Insistiendo en el problema macroeconómico y político el entrevistado
de la Universidad Católica refuerza la idea que las leyes argentinas no
promueven la relación universidad-empresa a través de marcos que
favorezcan la sustentabilidad de las inversiones en la Argentina y su interés
por beneficiar los avances científico-tecnológicos.
“El incentivo depende del entorno. Si le das una política de largo
plazo y le das una inflación baja, un crecimiento estable y un marco
adecuado para innovar, van a innovar. Por eso hace innovaciones
Noruega, hace innovaciones Japón hace 70 años, y hay que tener en
13
Hacer negocios, en realidad, todos los pasos para comenzar a hacer negocios.
132 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
cuenta que en la Argentina, en los últimos 80 años los derechos de
propiedad fueron muy vapuleados.” (Martín de UCA).
El entrevistado considera que el marco regulatorio es un elemento
esencial que permite la innovación. En los últimos años, no existieron leyes
que beneficiaran la innovación. Sobre todo, hubo una afrenta al derecho de
propiedad cuando muchas empresas que tenían sus depósitos en moneda
extranjera vieron sus recursos licuados cuando se produjo la devaluación y la
nacionalización de los depósitos durante la crisis del 2001.
“Recién se ha creado un ministerio desde 2007.
14
Hay una serie de
políticas en marcha. Creo que hay algunas señales auspiciosas, que
hay sectores estratégicos que hay que ir a apoyar pero esto no puede
ir de una mano suelta, digo. Tiene que ir de la mano de una política
más general y de un contexto más propicio, de estabilidades y
acompañadas de procesos. Si no, habremos invertido muchos
recursos y como decían los oradores en esa jornada integración
universidad, estado, empresa, innovación, no te sirve. O sea alta
inflación, no respeto al derecho de propiedad, inestabilidad
institucional, cambio de funcionarios, cambios de líneas de trabajo,
digo, ojalá que esto continúe y no se quiebre.” (Martín, UCA)
La UCA cuenta con un instituto reconocido a nivel nacional que es el
Observatorio de la Deuda Social que recibe fondos públicos y privados. La
opinión del Director de la Deuda Social es bastante negativa con respecto al
desarrollo de las vinculaciones tanto en el sector privado como público.
“En mi opinión, en la Argentina (La vinculación) no deja de ser
superficial. No deja de ser basada en conveniencias vinculadas a los
actores o agentes que están involucrados, careciendo esto de un
marco estratégico, de una política estratégica que yo he visto en
Chile o en Brasil donde hay mucha más decisión. O en México
pero mucho más en Chile o Brasil donde hay más decisión que los
centros universitarios tengan un papel más protagónico alrededor de
14
Se refiere al MINCYT, Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Argentina.
María Fernanda Arias 133
políticas de estado que favorecen esa articulación. Ya sea
universidades públicas o privadas. “Los grandes monstruos (las
empresas) lo hacen en algunas facultades con algún perfil particular,
pero no logran administrar una política de integración. Pero de todas
maneras, incluso donde existe, yo insisto con una idea de que
también está faltando una plataforma más integrada” (Agustín,
UCA).
Agustín recalca la imposibilidad de proyectar en el futuro nuevas
relaciones entre la universidad y la empresa sin un plan consensuado entre
todos los sectores sociales. Al contrario, esta relación debería convertirse en
política de estado. Agustín agrega otros inconvenientes a la falta de
vinculaciones. Cuando ocurren, no se realizan en base a una planificación a
largo plazo que logre incentivar la relación y en que los actores se
comprometan a ayudarse mutuamente porque le encuentren el sentido a tal
cooperación. Por el contrario, se realizan por un tiempo determinado y para
lograr resultados en el corto plazo.
Las opiniones de los funcionarios, investigadores y profesores de
universidades privadas son bastante pesimistas con respecto a la vinculación
entre la universidad, las empresas y el estado en lo que concierne a
transferencia tecnológica. Si bien admiten que hay comunicación de
conocimientos en algunas áreas, estas son muy específicas y tampoco
cuentan con una masa suficiente de científicos para hacer frente a las
demandas de las empresas. En el caso de las conexiones de los centros de
investigación de UCA como el Instituto de la Deuda Social y del Medio
Ambiente, se efectuaron críticas al sector privado porque no terminan de
aceptar las relaciones cambiantes y la importancia del conocimiento en el
mundo de hoy. Sin embargo contemplan con beneplácito la llegada del
Ministerio de Ciencia y Tecnología aunque no auguran un rápido progreso
en sus gestiones. Tampoco hay reconocimiento por parte de la Universidad
de la necesidad de encarar proyectos de investigación que demanden
profesores de tiempo full time dedicados a las actividades puramente
científicas.
En casi todos los casos, se critica severamente la falta de una política
estatal a largo plazo para que estas vinculaciones entre empresas y
universidades públicas y privadas se fomenten y la sociedad del
134 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
conocimiento se convierta en una realidad. También es interesante notar que
sus críticas se dirigen hacia la ausencia de un empresariado dispuesto a
desarrollar innovaciones, hacia las políticas universitarias que se resisten a
financiar actividades de investigación pero también hacia el estado ya que un
país que cambia sus normas jurídicas constantemente no fomenta la
inversión en el mercado empresario. Por otro lado, la falta de estrategias en el
desarrollo científico tampoco aporta mucho al mejoramiento del I +D
argentino.
Conclusiones.
Contestando las preguntas que nos hicimos al principio respecto a si los
científicos apoyan el acercamiento entre la universidad, la empresa y el
estado en la transferencia de conocimiento, deducimos que los entrevistados
están cada vez más orientados a que la vinculación exista y lo ven como
positivo. Son conscientes del cambio producido en el mundo, de la necesidad
de que los científicos argentinos se adapten a él. Además, también, piensan
que la profundización en el conocimiento puede modificar las estructuras del
país y acercarlo al tipo de producción altamente tecnificada de los países
centrales. Sin embargo, conciben que existan serias dificultades. Por un
lado, hay cierta reticencia en el medio académico, cierto ideologismo a favor
de la ciencia pura, por parte de los que prosiguen las enseñanzas de los
Premios Nobel argentinos quienes no percibían la necesidad de proyectar la
aplicación de sus descubrimientos como línea fundamental de sus trabajos o
bien posiciones anticapitalistas que desechan todo lo que tenga que ver con
el sector productivo.
En líneas generales, los nuevos científicos rechazan esta tesitura
basándose en un fundamento que a nuestro parecer parece lógico: todo
descubrimiento debe volcarse a la sociedad de la mejor manera posible. Es
decir, no está falto de ética aquel científico que piensa en las consecuencias
prácticas que pueda tener su descubrimiento. Si como consecuencia de ello,
mejoran sus recursos económicos y los de su institución universitaria, mucho
mejor, ya que de esa manera, habrá mayor disposición para crear centros con
mayor infraestructura, mayor calidad de técnicos y científicos y mayor
producción de alto nivel. Esto no implica, que necesariamente, la
María Fernanda Arias 135
investigación tenga que venderse al mejor postor. Deberán crearse comités
dentro de la institución que estudie las ofertas que provengan tanto del sector
público como del privado. Allí se tendrán en cuenta la significación del
proyecto, el nivel de sofisticación del mismo, los resultados finales, la
viabilidad y el impacto social.
La segunda dificultad proviene de la carencia de tradición entre los
grupos empresarios acerca de los beneficios del contacto con la universidad
y de la inversión en investigación científica y tecnológica. Los empresarios
no tienen, en general, cultura histórica ni social para embarcarse en
proyectos de tal envergadura que los beneficiaría a ellos mismos con
innovaciones de productos, comerciales y de tecnología. No han adquirido
suficiente conciencia de que sus productos serán más competitivos
internacionalmente en la medida que se les agregue mayor valor tecnológico
y científico. Pero también, es verdad que la historia política argentina con su
falta de estabilidad económica y financiera no ha favorecido la posibilidad de
que las empresas produzcan excedentes para invertir en innovación de
productos y procesos.
La tercera dificultad se relaciona con las universidades privadas donde
se nota un marcado desentendimiento de la actividad de investigación. Las
dedicaciones exclusivas de los profesores son escasas, salvo raras
excepciones,
15
y los profesores son cargados con muchas horas de clase y de
gestión con lo cual se minimizan sus horas de investigación. La causa
generalmente mencionada es que las universidades privadas se mantienen
gracias a la matrícula de sus alumnos lo cual es poco para desarrollar otras
actividades que tienen visibilidad a largo plazo. Y eso es cierto en algún
sentido. Las universidades públicas tardaron mucho en concretar avances
significativos en el campo científico. Sin embargo, con la ligereza con que se
van desarrollando los conocimientos, los resultados científicos se obtienen
cada día más rápido. La disculpa de las altas casas de estudio privadas ya no
es válida en nuestros tiempos y es por ello que han tratado en los últimos de
ponerse a tono con las demandas de la ley universitaria que exige mejor nivel
15
En todo el sistema universitario las dedicaciones de profesores de dedicación exclusiva
son muy reducidas. En el estado alcanzan sólo a un 13% y en las privadas son mucho
menores. Salvo en algunas universidades de gestión privada como la Universidad Torcuato
Di Tella o San Andrés, este sistema soslaya la investigación.
136 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
de calidad.
16
En tercer lugar, se denota un vacío en la acción del estado. Es
urgente que las instituciones políticas tengan en cuenta que para que el
mercado nacional crezca y sus empresas sean competitivas se deben
establecer regulaciones jurídicas que aseguren las inversiones y que
fomenten la producción. Por otro lado, si bien la creación del Ministerio de
Ciencia y Tecnología ha sido un hallazgo, las actividades del mismo no son
abarcativas. Se concentran en ciertas innovaciones como el software, la
biotecnología y la nanotecnología pero no en otras como el cambio
climático, la pobreza, las enfermedades endémicas.
Pero lo más crítico es que el estado no ha establecido planes estratégicos
suficientemente firmes para mejorar las vinculaciones universidad, empresa,
estado. Por otro lado, no hay un plan a largo plazo para facilitar la inversión
privada en empresas de productos de alta tecnología, con mayor
conocimiento concentrado. Por otro lado, se aprecia la concepción instalada
por el MINCYT y sus políticas vinculadoras. Las iniciativas han sido
reconocidas por todos los científicos y a pesar de que el camino es largo y
sinuoso, pareciera haber una voluntad política de activar la vinculación
universidad, empresa y estado en lo que cabe a transferencia tecnológica. En
este sentido es verdad que la ciencia, a nuestro parecer, no es neutral, no esta
falta de politicidad. Pero politicidad no en el sentido de ideologías partidarias
sino en el sentido de que deben responder a un determinado proyecto político
sustentable en el tiempo. ¿Qué se quiere hacer de éste país: un simple
productor de commodities agropecuarias, o un exportador de agroalimentos
con alto valor agregado, o de biotecnología? Una vez que se acuerden estos
asuntos, deben tomarse las políticas necesarias para dirigir las actividades
públicas y alentar las privadas para llegar a tal fin.
Podemos concluir que en líneas generales los entrevistados coinciden en
afirmar que las relaciones entre estos tres vértices no sólo son aceptables sino
que son deseables y deben incentivarse. En segundo lugar afirman que no
están suficientemente desarrolladas en el país a diferencia de lo que ocurre
en países desarrollados y no solamente en ellos sino que también en sus pares
en Latinoamérica poniendo como ejemplo a México, Chile y Brasil. En
16
La ley de Educación Superior de 1995 exige la acreditación y evaluación de carreras y
universidades de gestión pública y privada a través de la organización del Consejo Nacional
de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU).
María Fernanda Arias 137
tercer lugar, se esgrimen otros valores en la actividad científica: la
aplicabilidad de la ciencia, la demanda de la sociedad, la competencia del
país en producción estratégica de alta tecnología, la posibilidad de
recuperación salarial de los investigadores y la incorporación de nuevas
competencias entre ellos mismos como la gestión, la negociación, la
generación de proyectos que sean “vendibles”.
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Recibido el 23 de Febrero del 2012.
Aceptado el 30 de Mayo del 2012.
María Fernanda Arias. Doctora en Ciencias Políticas. Investigadora del
Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina
(CONICET) y profesora de la Universidad Nacional de San Martín
(UNSAM). fernanda.h2o@hotmail.com; marias@unsam.edu.ar
!n!erna!Iona! !ourna! of
La!In AmerIcan S!udIes
¹ulvDcccmhcr zÛTz l pp. T´9TÛ9 Vol. 2. No. 2
LA EXPERIENCIA EN PRISIÓN DE EXPOLICÍAS
SENTENCIADOS POR SECUESTRO EN MÉXICO.
1HL LXPLPlLNCL lN PPl6ON OF LX POLlCL OFFlClAL6
6LN1LNCL0 FOP Kl0NAPPlNC lN VLXlCO.
Miquel Ángel Ruiz Torres
Uolvercldad de Valeocla |Lcpaõa|
Elena Azaola
ClL6A6- Cludad de Véxlco |Véxlco|
Resumen. Durante el primer mes de la presidencia de Felipe Calderón en
2006, los reclusos condenados por el delito de secuestro fueron concentrados
en módulos de alta seguridad en algunas cárceles mexicanas. Esta política de
agrupación de tales internos se dijo obedecer a la necesidad de incrementar la
seguridad y vigilancia alrededor de los delincuentes más peligrosos. Entre
ellos había ex policías encarcelados como consecuencia de varias sentencias
en su contra por delitos de privación ilegal de libertad (además de otros
delitos) cometidos durante el ejercicio de su labor profesional. En general,
estos ex policías expresaron la creencia de que con su encarcelamiento se
había cometido una enorme injusticia contra ellos. Basándose en diferentes
entrevistas etnográficas llevadas a cabo a finales de 2006 en la penitenciaría
de Santa Martha Acatitla, ubicada en la Ciudad de México, a un total de 35
reclusos varones ex policías (que constituían el total de los mismos en dicho
módulo), este artículo trata de comprender por qué estos hombres
continuaban sintiéndose inocentes a pesar de reconocer en muchos casos
haber cometido el crimen por el que se les condenaba. El objetivo principal
de este texto es evaluar hasta qué punto la experiencia carcelaria precarizada
y subordinada que viven estos presos viene marcada por los requerimientos
de las reglas informales que asumieron y de la identidad social que pactaron
cuando fueron policías. Teniendo en cuenta el itinerario interrumpido de los
140 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
ex policías que los ha llevado a estar encerrados, este artículo pretende
aportar conocimiento sobre el alcance de la relación y los elementos
compartidos entre la cultura policial y la cultura carcelaria. Buscando estos
nexos en común se harán algunas aportaciones a la discusión teórica sobre
qué rasgos comparten y cómo se construyen aquellas culturas locales que
surgen del dispositivo institucional jurídico punitivo del Estado y de sus
efectos de poder sobre individuos y cuerpos especialmente en relación a los
modos de vida generados como consecuencia de las prácticas informales e
ilegales.
Abstract. During the first months of President Felipe Calderon in 2006
prisoners convicted of kidnapping were concentrated in high-security
modules in some Mexican prisons. This policy of grouping prisoners
obeyed, as the rulers, the need for increased security and safety on the
most dangerous criminals. Among them were ex police officers jailed as a
result of judgments against him for crimes of kidnapping (and other
crimes) committed in the exercise of their professional work. Between the
ex police officers there was a common belief that they have been unfairly
treated. Based on different ethnographic interviews conducted in late 2006
in the prison of Santa Martha Acatitla, located in Mexico City, to a total of
35 male ex police officers inmates (being all the ex police in prison
module), this article tries to explain in part why these men kept feeling
innocents regardless of the fact that they didn’t deny having been
committed the crime they have been charged with. The main purpose of
this paper is to evaluate to which extends the precarious existence these
inmates have in prison has to do with the requirements and informal rules
they learned and the social identity they agree while they were police
officers. Taking into account the interrupted itinerary they had as police
officers, this article tries to yield some knowledge between the share
elements of the police and the prison subcultures. Trying to identify those
common elements, we participate in the theoretical debate about those
common features and about how those subcultures are built as a result of
the punitive State power and of its effects in individuals and their bodies,
especially in relation to a way of life that is a consequence of informal and
illegal practices.
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 141
Palabras Clave: Policía, prisión, secuestro, cultura policial, cultura
carcelaria
Key Words: Police, prison, kidnapping, police culture, prison culture
. Introducción.
Durante el primer mes de la presidencia de Felipe Calderón en 2006, los
reclusos condenados por el delito de secuestro fueron concentrados en
módulos de alta seguridad en algunas cárceles mexicanas. Esta política de
agrupación de los tales internos se dijo obedecer a la necesidad de
incrementar la seguridad y vigilancia alrededor de los delincuentes más
peligrosos. No obstante, al mismo tiempo, esta medida trataba de dar
respuesta a la presión que algunos grupos ejercían para que hubiera una
persecución más eficaz y un castigo más severo hacia los responsables de
este ilícito, ciertamente relacionado con el incremento objetivo de la
delincuencia pero también con la conformación de imágenes del miedo al
crimen (Benítez, 2004; CESOP, 2010; Garland, 2005; ICESI, 2006; Ikv Pax
Christi, 2006). No extraña que en este contexto el Gobierno Federal señalara
que el secuestro, junto con el narcotráfico, son algunos de los principales
problemas que amenazan la seguridad nacional (Poder Ejecutivo Federal,
2006; Arellano, 2009).
Este proceso en el que diversos interlocutores sociales exigieron a los
gobiernos y legisladores cada vez más “mano dura” y “tolerancia cero”
contra la criminalidad, es conocido entre los especialistas como “populismo
punitivo” (Arteaga, 2004; Pastor, 2005). Como consecuencia del mismo, ha
habido en los últimos años diversas iniciativas legislativas y políticas, tanto
por parte del gobierno federal como de los estatales, encaminadas a
promover la progresiva militarización de la seguridad pública, el aumento de
las penas y la cancelación de beneficios de libertad anticipada para los
responsables de delitos como el secuestro. Fue en este contexto que surgió
también la política de aislar y replegar en áreas de mayor seguridad en ciertas
prisiones a los sentenciados por secuestro. Tal fue el caso de la prisión de
Santa Martha Acatitla, en la Ciudad de México, lugar donde se llevaron a
cabo las entrevistas para este estudio a ex agentes que habían pertenecido a
alguna institución policial.
142 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Estos ex policías habían llegado a ser encarcelados como consecuencia
de varios procesos penales abiertos en su contra por delitos cometidos
durante el ejercicio de su labor profesional, y aprovechando la situación de
superioridad que les había proporcionado su condición de autoridad. Esta
posición de poder, originada en ser legítimos representantes del Estado y
gozar de información y habilidades sobre actividades criminales, les había
hecho tomar ventaja de las víctimas mediante diferentes formas de abuso de
autoridad, además de la detención arbitraria, tales como: la coacción para la
confesión, la intimidación, la extorsión, la tortura, y diferentes violaciones al
debido proceso judicial, y en algunos casos incluso el homicidio.
La manera en que podría entenderse la situación de los ex policías
presos es la de aquellos que han tenido que enfrentarse a una carrera
interrumpida dentro de las instituciones policiales mexicanas. Dicha carrera
debe concebirse tanto en el sentido de su desempeño profesional formal,
como de la realización de actividades corruptas como fuente de obtención de
recursos económicos y de estatus. El hecho de que estos policías tuvieran que
defenderse de unos cargos graves en su contra fue debido a procesos de
“caída en desgracia” en su entorno laboral institucional. En estos casos se
vieron inmersos en circunstancias en las que se confrontaron con jefes
policiales y otros compañeros de sus grupos, por lo que fueron censurados,
coaccionados y sometidos.
Pero una evidencia registrada en las cárceles mexicanas es que su
abarrotada población está compuesta mayoritariamente por personas con
pocos recursos que no tuvieron la oportunidad de sobornar a las autoridades
durante el proceso de detención para librarse del enjuiciamiento, ni de
contratar con abogados privados que los defendieran de sus cargos (Azaola y
Bergman, 2009). Los ex policías encarcelados, si bien habían sido acusados
de delitos graves y no por infracciones menores, formaban parte de esa
mayoría de reclusos que el sistema de procuración de justicia mexicana
captura entre los pobres, marginados y con posiciones de poder más débiles.
Es esta una tendencia que coincide con ese fenómeno identificado
globalmente como “Estado penitencia” y que actúa criminalizando la miseria
como mecanismo de control punitivo de la población, una reacción defensiva
bajo la retórica de la seguridad que trata de lidiar con los efectos provocados
por el retroceso de las protecciones sociales en un contexto de economía
neoliberal (Wacquant, 2000).
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 143
La pertenencia de estos reclusos a una categoría estigmatizada dentro de
la prisión, la de ex policías, condiciona que estas prácticas que ejecutan para
negociar su posición en la estructura social carcelaria sean más costosas que
las que son habitualmente adoptadas por los recién encarcelados. Según los
datos con los que se cuentan sobre las condiciones de vida dentro de la
cárceles mexicanas, los presos en general deben afrontar cotidianamente
situaciones de abuso de todo tipo, desde la escasez endémica de los
productos y servicios básicos como la alimentación y la salud, hasta la
extorsión que deben sufrir sus familiares para poder proporcionarles apoyo,
además de las imposiciones de líderes y bandas entre los reclusos (Azaola y
Bergman, 2009; Bergman y Azaola, 2006; Payá, 2007). Debido a su posición
subalterna es de suponer que los ex policías presos afronten condiciones
redobladas de precariedad y exclusión en el espacio carcelario.
En general, estos ex policías expresaron en sus relatos emociones de
indefensión para denunciar que con su encarcelamiento se había cometido
una enorme injusticia contra ellos. Parte del interés en este artículo se centra
en comprender por qué estos hombres continuaban sintiéndose inocentes a
pesar de reconocer en muchos casos haber cometido el crimen por el que se
les condenaba. En consecuencia, el objetivo principal de este texto es evaluar
hasta qué punto la experiencia carcelaria precarizada y subordinada que
viven estos presos viene marcada por los requerimientos de las reglas
informales que asumieron y de la identidad social que pactaron cuando
fueron policías, y que se les extienden al interior de la prisión. Esta
proyección comporta la formación de una identidad estigmatizada que deben
de negociar en un entorno hostil y que es inteligible en referencia a la
anterior situación en la corporación. Habrá que indagar en cuáles son los
recursos que ponen a circular para crearse un entorno social, afectiva y
moralmente habitable.
Antecedentes sobre cultura policial y (sub)cultura carcelaria.
La comprensión de la situación vital de los policías presos ha de partir y
asumir la carga de dos tradiciones de investigación que tratan de explicar las
peculiaridades de dos microsociedades: la policial y la carcelaria. La
literatura al respecto ha abundado en el recurso al concepto de cultura para
describir los rasgos particulares de estas dos sociedades, aunque este
144 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
concepto ha sido muy problematizado dentro de la tradición de la
antropología social (Kuper, 2001). Cabría preguntarse si la existencia de las
culturas policial y carcelaria tendrían carácter transcultural, en el sentido de
que sus características fueran compartidas globalmente en virtud de su
pertenencia a una institución coercitiva y punitiva del Estado nación; o si,
por el contrario, tendrían más peso las particularidades étnico-nacionales,
regionales, los procesos políticos propios o los contextos urbanos locales. En
conexión con esto, debería aclararse el tipo de nexos y de elementos
compartidos que las culturas particulares generadas en estas microsociedades
tienen con la sociedad en general de la que forman parte.
La tendencia predominante en la literatura ha sido la de señalar e incidir
en la importancia de tales rasgos distintivos e idiosincráticos de ambas
culturas policial y carcelaria. Así, muchos académicos continúan afirmando
la existencia de una cultura policial con una larga continuidad y
permanencia a causa de las similares presiones a las que enfrentan en un
entorno peculiar muy diferenciado de la sociedad en general (Cancino y
Enriquez, 2004; Crank, 1998; McNulty, 1994; Wood, 2004). Esta cultura
policial, cristalizada mediante intensos procesos de socialización
ocupacional (Bennet, y Shmitt, 2002; Ford, 2003; Loftus, 2010;), se
estructuraría en base a jerarquías formales e informales (King, 2005; Rowe,
2006); estaría arraigada en la lealtad interna y la creación de códigos de
silencio (Benoit y Dubra, 2004; Lumb y Breazeale, 2002; Skolnick, 2002;
Trostle, 2005; Westmarland, 2005), conllevaría el surgimiento de corpus
morales locales (Frewin, Stephens y Tuffin, 2006; Liebling, 2004),
coadyuvando con ello a la formación de una fuerte identidad social y
cohesión interna (Innes, 2002). Además, la cultura policial alojaría y
permitiría el desarrollo de prácticas informales, engañosas y deshonestas
(Alpert y Noble, 2009; Goldschmitdt, 2008; Warburton, 2004), el abuso de
poder y la corrupción (Arteaga y López, 2000; Azaola y Ruiz, 2009, 2010;
Garcia, 2005; Ivkovic, 2005; López, 2007; Naval, 2006; Punch, 2009; Sain,
2008; Silva, 2003; Suárez, 2005).
Para el caso de México las características más específicas de la cultura
policial son la desconfianza generalizada, el autoritarismo entendido como
obediencia desleal y la discrecionalidad en la aplicación de la ley mediante
prácticas paralegales (Azaola y Ruiz, 2009, 2010). La suma de los anteriores
rasgos nos daría un contexto institucional donde se normalizan unas
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 145
prácticas corruptas que utilizan la legalidad como coartada para abusos de
poder tales como el secuestro. Otros estudios en México han encontrado que
la implicación de los agentes en el entramado delictivo nos describe un
cultura policial marcada por la vivencia de la subalternidad, la desigualdad,
la discriminación y la marginación (Suárez, 2005). Con todo ello cabe
problematizar la asunción de que los policías siempre ocupan posiciones
dominantes en sus relaciones de poder, especialmente aquellas que se dan al
interior de la institución entre compañeros, entre grados jerárquicos, y con
otros funcionarios de justicia.
Por el contrario, también hay algunos autores que inciden en la
fragmentación y diversificación de la cultura policial denominada
“tradicional”, y su creciente apertura y convergencia con los valores y
procesos de la sociedad en general (Paoline, 2003; Paoline, Myers y Worden,
2000; Terrill, Paoline y Manning, 2003). Esto se afirma especialmente en
base a la idea de que muchos agentes actúan cada vez más de acuerdo a los
requerimientos institucionales formales de servicio al ciudadano y no en
defensa de sus intereses corporativos (Cochran y Bromley, 2003; Kiely y
Peek, 2002). No obstante, es de señalar que no se ha localizado ningún
estudio llevado a cabo en México que haya apuntado este resquebrajamiento
del corporativismo policial en aras del servicio a la comunidad, ni de la
disminución de prácticas informales y corruptas, que siguen siendo
localizadas ampliamente en la investigación regional (Arteaga y López,
2004; Azaola y Bergman, 2009; Azaola y Ruiz, 2009, 2010; Davis, 2006;
Larose y Maddan, 2009; López, 2007; López Portillo, 2000; Naval, 2006;
Silva, 2003; Suárez, 2005).
Por otra parte, con respecto a la noción de la cultura o subcultura
carcelaria, es verdad que gran parte de la literatura al respecto, en
convergencia con el concepto de institución total desarrollado por Goffman
(1995), ha confirmado la existencia de una microsociedad con sus propias
reglas y valores idiosincráticos diferentes de la cultura general dirigidos a la
adaptación a un entorno extraño altamente restrictivo (Boyle, 1985; Sykes,
1958; Wheeler, 1961). No obstante, también ha habido teóricos que,
inspirándose en el “modelo de importación” (Irving y Cressey, 1962;
Thomas, 1977) han querido ver que dicha subcultura es reflejo de actitudes y
creencias existentes en la sociedad externa incluyendo la subcultura de
bandas y las carreras criminales de sus miembrosque han sido trasladadas
146 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
al mundo carcelario, con lo cual reproducirían su estructura social y sus
conductas (DeLisi, Berg y Hochstetler, 2004; Griffin y Hepburn, 2006;
Silberman 1995). Por lo que concluyen que las conductas violentas que se
dan en prisión no son originarias de la misma sino que son traídas desde el
exterior a una institución cada vez más permeable (Cheeseman, 2003;
Sorensen y Davis, 2011).
Teniendo en cuenta el itinerario interrumpido de los ex policías que los
ha llevado a estar entre rejas, este artículo pretende aportar conocimiento
sobre el alcance de la relación y los elementos compartidos entre la cultura
policial y la cultura carcelaria. De este modo, se analizará el sentido de la
continuidad que los policías condenados por secuestro experimentan en un
entorno donde igualmente imperan reglas restrictivas, rigen códigos morales
locales muy intolerantes, se reproducen esquemas de relación jerarquizada, y
se vive la marginación, el aislamiento y la estigmatización. Buscando estos
nexos en común se harán algunas aportaciones a la discusión teórica sobre
qué rasgos comparten y cómo se construyen aquellas culturas locales que
surgen del dispositivo institucional jurídico punitivo del Estado y de sus
efectos de poder sobre individuos y cuerpos (Foucault, 1992, 1995),
especialmente en relación a los modos de vida generados como consecuencia
de las prácticas informales e ilegales.
. Metodología.
Para llevar a cabo esta investigación se realizaron a finales de 2006
diferentes entrevistas etnográficas a un total de 35 reclusos varones. Estos
presos habían pertenecido a alguna institución policial y se encontraban
cumpliendo una sentencia por privación ilegal de la libertad en la
Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, ubicada en la Delegación Iztapalapa
de la Ciudad de México. Los ex policías representaban 14% del total de las
259 personas sentenciadas por este delito en dicha Penitenciara, y
constituían el total de los policías presos por secuestro en esta prisión. Para
el momento de las entrevistas, estos 35 internos habían sido recientemente
trasladados a esta prisión provenientes de cárceles con un régimen más
suave como parte de un grupo de 120 secuestradores considerados de “alta
peligrosidad”.
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 147
Algunos de los datos más relevantes para caracterizar a la población
entrevistada son que la edad promedio en la que fueron apresados fue de 30.6
años, mientras que la sentencia media que estaban cumpliendo era de 31.2
años, con un mínimo de 12 y un máximo de 90 años. Además, el 33% de los
entrevistados perteneció a la Policía Judicial del Distrito Federal, 32% a la
Policía Preventiva de la misma entidad, y 26% a la Policía Judicial Federal o
A.F.I.
1
De todos ellos, 72% eran originarios del Distrito Federal mientras que
28% había nacido en diferentes Estados de la República Mexicana. Por lo
que se refiere al nivel de escolaridad, 16% sólo contaba con la primaria; 41%
con secundaria; 25% con la preparatoria o alguna carrera técnica, mientras
que 18% había iniciado algunos cursos en la universidad sin haberse
graduado. En cuanto al nivel socioeconómico percibido de la familia en la
que crecieron, 67% dijo que provenía de un estrato social bajo; 30% de
sectores medios y 3% de origen social alto. El 40% de los entrevistados
describió situaciones de violencia, negligencia, abandono o alcoholismo en
su familia de procedencia. Es importante destacar que 33% de los ex policías
entrevistados contaban con familiares que también habían sido policías y
habían participado en el mismo delito.
El análisis de las entrevistas no se ha hecho mediante la exposición de
biografías individualizadas. Los relatos que aparecen han sido desmenuzados
como parte del análisis con la intención de reconstruir el itinerario de los
sujetos al interior del marco institucional policial y carcelario. Por
consiguiente, la relación biográfica cobra aquí sentido dentro de la
institucionalización de las conductas y de la sujeción de los individuos a
estructuras de dominación.
. La sujeción policial
Decir que los policías se encuentran “sujetos” dentro de la institución
donde laboran significa que se hallan inmersos en un mundo social de
obligaciones que les otorga opciones restringidas de libre decisión y
actuación. Existen relaciones fuertemente jerarquizadas y con compromisos
de reciprocidad con respecto a jefes y compañeros, mediante los cuales se
1
Agencia Federal de Investigación, ya desmantelada.
148 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
hallan sometidos a ajustes con reglas de conducta muy estrictas y códigos
morales muy corporativos. Es con estos medios con los que se logra afianzar
un ambiente protegido para garantizar las mínimas condiciones de seguridad
frente a un entorno inestable que los percibe como una amenaza, y con cuyos
ciudadanos se establecen relaciones abusivas.
Según cuentan los entrevistados, desde un primer momento las
actividades delictivas llevadas a cabo por los grupos policiales logran
vincular a unos miembros con otros en relaciones de dependencia mutua
tales que los obligan a la lealtad mediante códigos de silencio. Pero esta
reciprocidad también incorpora relaciones fuertemente jerárquicas y repletas
de desconfianza mutua, ya que es con el acatamiento de órdenes que no son
de acuerdo a derecho como se logra la inmersión en los clanes policiales
orientados al delito y la sujeción de sus miembros a las órdenes arbitrarias.
Por ejemplo, en nuestro estudio, la mitad de los entrevistados señalaron
abiertamente haber sido involucrados en el delito por sus mandos superiores;
así como la mayoría también reconoció que, de no haber ingresado a la
policía, lo más probable es que tampoco hubieran tenido una participación
relevante en actividades delictivas.
Este involucramiento criminal, y el goce de los beneficios obtenidos,
genera indefensión en los policías y promueve una lealtad forzada, pues es
con tal desamparo percibido como se logra garantizar la impunidad, tanto de
los abusos cometidos al interior de la corporación, como de aquellos que se
ejecutan contra los ciudadanos. Como también lo han apuntado otras
investigaciones, los policías se hallan enrejados a las normas del grupo
policial y a la “complicidad forzada” aún antes de ser encerrados en la cárcel
(Suárez, 2005: 99).
En el momento decisivo en el que un policía cae en desgracia empiezan
a activarse en su contra un conjunto de amenazas latentes que constituyen en
realidad los ingredientes de la sujeción policial. Como en el caso de este ex
Policía Judicial de 43 años, el conflicto se precipita al ganarse la enemistad
de algún jefe durante la realización de actividades criminales: “yo cometí tres
delitos, de éste por el que vengo fue porque tuve broncas con el comandante
con el que trabajaba y quien nos involucraba, yo estuve cometiendo
fechorías y tuve problemas con él y por eso nos involucraron en este delito”
(PJEM, 2)
2
. En otras ocasiones, como la de este Judicial condenado a 42
años, la acusación es consecuencia de haber participado en algún operativo,
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 149
por ingenuidad, desconocimiento o por una celada, contra personas que
cuentan con protección en la institución:
“Me mandaron a una investigación de una bodega de autopartes en
Iztapalapa y en las bodegas había dos personas, los detuvimos, pero
resultó que los señores estaban apadrinados por gente de la
institución () es la misma Procuraduría la que me juzga y me
hostiga, pues yo no tenía elementos para comprobar por qué había
ido a las bodegas a detenerlo sin orden de presentación”. (PJDF, 7)
Como la mayoría de estos operativos se ordenan sin seguir los
procedimientos formales de detención cualquier agente que no cuente con
algún estatus está expuesto a ser acusado si da un mal paso. Es en este
sentido que cabe afirmar que la mayor parte de los policías son
potencialmente criminalizables. Una vez activados, estos conflictos
terminaron en contra de los policías gracias a la extendida práctica de
“cuadrar el delito”. Se trata de mecanismos utilizados habitualmente en el
sistema judicial mexicano contra cualquier detenido mediante los cuales el
código penal es aplicado discrecionalmente apelando a tipos penales cuyas
pruebas han sido expresamente seleccionadas y preparadas para que puedan
prosperar en las causas. En este sentido, incluso es relativamente sencillo
“fabricar” los cargos desde cero; es decir, conseguir autoinculpaciones
cuando en un inicio no existe cargo alguno: “una vez que ya te tienen, ellos
la manejan la averiguación previa a su manera” (PJDF, 22).
Cuando los delitos se cuadran hacia el interior de la corporación se
logran reajustes en las relaciones de poder para confirmar las jerarquías
dominantes, cancelar amenazas al estatus quo de los mandos, o en algún
caso, para hundir a éstos cuando están debilitados. Un ex Judicial de 34 años
condenado a 28, dice:
2
Se ha aplicado un código de identificación para el total de las entrevistas de acuerdo a la
corporación policial a la que pertenecieron los presos (letras) y el número de informante y
de entrevista (de 0 a 35). Así, PJF: Policía Judicial Federal de la Procuraduría General de la
República; PJEM, Policía Judicial de Estado de México; PJDF, Policía Judicial del Distrito
Federal, SSPDF, Policía Preventivo de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito
Federal; y SSPDF-E, el mismo que el anterior pero perteneciente a cuerpos especiales.
150 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
“Yo desfundé mi arma y () el chavo fallecióPosteriormente,
como yo traía problemas con el comandante de esa brigada, ya que
yo lo había agarrado en varias movidas, por eso me acusó hasta de 6
secuestros y, aunque ya con el tiempo me fueron quitando algunos,
de todos modos me quedé con un homicidio y un secuestro”. (PJF,
16)
Como vemos, las acusaciones se van sumando y restando según el
interés en neutralizar a un rival, y según la capacidad de éste de desprenderse
de los cargos. No obstante, es evidente que las jerarquías formales marcan
fuertemente la capacidad de defensa de los acusados. Un ex mando medio de
64 años, condenado a 41 años, nos da un buen ejemplo del nivel de
encarnizamiento al que pueden llegar los pulsos de poder:
“A mí me mandaron a ejecutar una orden de aprehensión pero la
persona que detuve () era amigo del jefe de la Policía () y me
ordenó que lo dejara ir () Tenía orden de aprehensión girada por
un juez, por fraude, y me negué a soltarlo () Mi jefe primero me
arrestó 36 horas por insubordinación, luego me dijo que me iba a
chingar y yo le dije que no me asustaba y me dijo: “vas a ver si no te
lo cuadro”. Pasó el tiempo y me acusó de extorsión, de “bailar” al
detenido, pero no me lo pudo comprobar () Llegaron a mi casa,
por órdenes de arriba, y () nos hicieron firmar después de 5 días de
tormento”. (PJF, 31)
Pero quizás lo más interesante es que, incluso cuando se encuentran ya
retenidos y sometidos a un proceso judicial, a los ex policías se les continúa
exigiendo obediencia y lealtad, y seguir respetando el código de silencio, so
pena de recibir mayores represalias:
Cuando nos consignan dicen que tenemos que acatar órdenes () y
tuvimos que callar que el comandante que estaba ahí no era el que teníamos
realmente, y también que las listas de servicio fueron alteradas para poner al
nuevo comandante (SSPDF, 10). En realidad, la amenaza pende sobre el reo
para toda su existencia, incluso cuando ya hayan sido excarcelados: “y si
saliera, pues me iría a otro lado, porque aquí luego sale uno y te vuelven a
cuadrar el delito porque ya te tienen fichado” (SSPDF, 33). Es en este
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 151
sentido como los policías viven una condición de sujeción ya sea antes,
durante o después de su encarcelamiento.
. Los relatos de inocencia: entendiendo la sentencia y lo
arbitrario
La sentencia y la condena es rememorada en las entrevistas cómo
inesperada, catastrófica e irreversible. La aceptación de este hecho es un
proceso paulatino que se prolonga en el tiempo, pero que no necesariamente
implica la asimilación del estigma simbólico que recae sobre ellos: el del
estar presos por el delito de secuestro. Lo que no se acepta es nombrar esta
palabra tabú para referirse a sus propios procesos, aunque no haya mayor
problema en vincularse explícitamente con otro crimen: “Del delito principal
me dieron 14 años y 6 meses de sentencia pero luego me acusaron por
violación y ahora estoy en juicio por esa acusación” (PJEM, 9).
Para evitar nombrar la palabra “secuestro” los entrevistados usan
diferentes estrategias discursivas, tales como eufemismos, perífrasis verbales
y tecnicismos legales, como la reiterada distinción entre extorsión y
secuestro o la definición exacta que establece el Código Penal: “Por lo que
yo vengo, es por privación ilegal de la libertad agravada” (SSPDF-E, 12). En
todo caso, aun cuando no se pronuncie la palabra connotada, la mayoría sí
reconoce haber participado en este delito así como no suelen identificarse
como ex policías sino como ex servidores públicos. Podemos decir que estas
evitaciones son fórmulas con las que los presos intentan no esconder sino
renegociar su identidad estigmatizada, con la que ya estaban familiarizados
anteriormente en sus relaciones con los ciudadanos, pero ahora en un
contexto más hostil.
La idea de la inocencia, en cambio, de una u otra forma sí está presente
en la mayoría de los entrevistados. Los ex policías presos se sienten
abrumadoramente victimizados por agentes que los desbordan y superan en
capacidad y poder, sean personales o impersonales. Parece evidente que
dichas narraciones sobre su situación pueden entenderse como técnicas de
neutralización (Sykes y Matza, 1988): al construir estos relatos, donde
afloran sentimientos de impotencia, de inseguridad y de indefensión, los
presos se ubican a sí mismos como víctimas pasivas instrumentalizadas por
152 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
sus jefes, de los que se ha abusado de su lealtad, y niegan su responsabilidad
en unos hechos que les arrojan a una etiqueta deteriorada de sí mismos.
Llamaremos “relatos de inocencia” a las narraciones donde exponen estas
creencias.
Pero la inocencia que se expresa en estos relatos no es tanto una historia
de reivindicación de no culpabilidad, que también aparece, sino una
expresión de la injusticia que los reclusos perciben que se ha cometido contra
ellos por haber sido seleccionados arbitrariamente por el dispositivo
punitivo. La fuerza intuitiva de la comprensión de su situación emana del
hecho que los ex policías entrevistados saben que la lógica de la arbitrariedad
que sufren es análoga a la que ellos mismos ejercieron cuando eran policías;
es decir, cuando detenían, sometían y acusaban a personas pasando por alto
los procedimientos y garantías. Un ex policía preventivo, que en el momento
de su captura ya había dejado el servicio, nos relata su experiencia:
“El Ministerio Público me puso a leer mi declaración que yo no hice,
y yo empecé a decir que no () yo sabía que eran amenazas que no
iban a cumplir porque yo fui policía y lo viví todo del otro lado ()
Y me pusieron frente al grupo GERI, rodeándome para intimidarme
y que no me retractara, y no me convenía decir que yo era policía
porque sabían que yo sabía lo que es cuadrar el delito” (SSPDF, 28)
La inocencia, y por tanto la culpabilidad, es para los ex policías presos
contextual y relativa, y de carácter comparativa con respecto a los diferentes
grados de la misma en función de las adecuaciones llevadas a cabo con las
reglas informales y con el corpus moral institucional. No es, por tanto,
objetiva según el cumplimiento o no de la legalidad del Código Penal. A este
respecto, un ex comandante de la Policía Judicial relata el agravio
comparativo que sufrió frente a sus compinches de delito:
“Venía yo con 5 coacusados y yo fui el único que me quedé. Ellos ya
no han venido, siguen trabajando en la policía () Uno no tiene por
qué decir: si cuatro salieron absueltos ¿por qué yo no? () He visto
muchos que se van () Todos cometemos errores y unos pagan,
otros no, eso siempre ha sido así” (PJEM, 9)
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 153
Como ya vimos, los ex policías parten de la creencia de que todas sus
sentencias por secuestro han sido “cuadradas” por sus enemigos internos. Si
a esto se le añade la actitud frente al carácter azaroso y casual de la
aprehensión, y la constatación de la impunidad reinante, que la hace muy
improbable para los delincuentes, se entiende la presencia en los
entrevistados de emociones de indefensión. La impresión predominante es
que una fuerza superior a ellos los arrastró hacia la desgracia, por lo que
sienten que no controlan sus propias vidas y los itinerarios que los
condujeron hasta la prisión: “me digo que por qué me estará pasando todo
esto y le digo a Dios que por qué me castigó tan feo si a mí no me gusta hacer
el mal” (PJEM, 2).
El sentimiento de impotencia llega al extremo de declarar que es
imposible entablar una batalla legal para defender sus causas, ya que todo
está decidido de antemano por unos arreglos arbitrarios que no pueden ser
contrarrestados. Dentro de esta misma línea se explica el por qué se articulan
una serie de mini teorías de la conspiración mediante las cuales los reclusos
pueden encajar el sentido de sus biografías accidentadas. Por ejemplo,
sirviéndose de otra técnica de neutralización (Sykes y Matza, 1988), se
puede atacar a quien juzga para resaltar la lógica de los pactos informales y
lamentar haber quedado excluidos de los mismos: “inclusive mi acusador
tiene antecedentes penales y, aun así, demostrando que ellos eran
delincuentes, nos sentenciaron” (AFI, 17).
Podemos detectar aquí una constante. A medida que aumenta la creencia
en fuerzas que los rebasan crece la percepción de la propia inocencia, no en
el sentido de no haber cometido crimen alguno, sino de no ser tan
responsables de los mismos y de merecer tener la oportunidad de un nuevo
acuerdo. En realidad se trata de un problema de falta de correspondencia, del
incumplimiento de una expectativa de reciprocidad. Los policías que
ejecutaron una conducta criminal esperaban ser rescatados o resarcidos por
los propios mandos que se la ordenaron o, en todo caso, apoyados por sus
compañeros de los grupos donde actuaban, por lo que al comprobar la
ruptura de esta lealtad tienen la certeza de haber sido traicionados. Un
condenado a 21 años cuenta: “los mandos también tuvieron culpa porque no
nos apoyaron, no nos daban documentos que respaldaran que nos habían
mandado detener a tal persona y nosotros lo detuvimos portando droga”
(PJF, 26). Parece predominar la idea de que la mayor infracción no es el
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delito en sí sino el haber sido traicionados por agentes que no cumplieron
con un acuerdo de impunidad confabulada del que se esperaba protección.
Incluso en el caso de percibir que ellos han podido forzar o
sobreexplotar las reglas informales internas, se lamentan de que no se haya
solucionado igualmente con un arreglo arbitrario. Es decir, que no se hayan
negociado unas nuevas condiciones para reubicarlos en la jerarquía y en el
goce de los beneficios, y que se haya usado el recurso extremo del aparato
punitivo del Estado, entendido como castigo excesivo e irreversible para
solucionar diferencias internas. Nos encontramos, en definitiva, con otro
argumento sobre la sujeción: los policías obedecen a un poder arbitrario,
despótico, caprichoso e imprevisible que se puede volver fácilmente en
contra.
Como consecuencia de estas creencias, los entrevistados concluyen que
su improbable liberación no depende de la demostración de su inocencia en
una revisión de sus casos, sino de la posibilidad de reunir dinero para
comprar abogados y jueces. Algunos confían en esta posibilidad de
renegociar los pactos arbitrarios: “lo que necesito es que vean nuestros
expedientes y que nos digan claramente si nuestra situación la podríamos
arreglar con dinero o cómo le podríamos hacer” (PJF, 19). Hay que subrayar
este punto: no se refieren solamente a la injusticia de un sistema penal
corrupto, sino también al hecho de no poder encajar dentro de él y obtener
una ventaja de su discrecionalidad y su arbitrariedad: “yo quisiera tener un
amigo abogado porque aquí con dinero uno sale es lo bueno de que
México sea corrupto, que uno sabe que con dinero sale de aquí” (PJF, 27).
. El castigo: sufriendo el estigma y aceptando la vivencia.
Ha sido descrito que en este rito de paso que constituye el
encarcelamiento (Van Gennep, 1986) existe un etapa liminal durante la cual
los prisioneros recién llegados cruzan la frontera social y simbólica del
exterior al mundo interior carcelario (Harvey, 2007). En este estado de
liminalidad, los reos experimentan una vivencia de separación, una
preocupación por su seguridad, y un sentimiento de incertidumbre y de
pérdida de control. Esta fase es la primera de las tres etapas que, junto con la
aceptación y el equilibrio, formarían parte de la adaptación al nuevo entorno.
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 155
En el caso de los ex policías acabados de ingresar, esta fase liminar de la
llegada a prisión fue marcada por la inmersión en un mundo donde son el
principal objetivo de los abusos: “se encajan contigo, las lacras se encajan
con quien no ha estado en prisión, yo siempre digo que ya he estado antes,
así no se meten contigo” (PJF, 32). Si bien es conocido que los reos
veteranos suelen recibir a los recién llegados con métodos violentos para
imponer su dominación, es evidente que los ex policías inician una carrera
moral de doble adscripción estigmatizada (secuestradores y policías), la
“doble cárcel”, por la que deben aprender su nueva condición social y
modificar su concepción del yo (Goffman, 1993:45). Un sentenciado a 22
años cuenta: “uno lo trata de ocultar porque le ponen más sentencia a los
policías, y si uno lo dice, lo pueden matar a uno; aquí no hay un dormitorio
para policías, allá en el reclusorio sí” (SSPDF, 28).
Las relaciones que se establecen con otros policías presos proveen de
escasas oportunidades de encontrar protección, ya que es precisamente esa
identificación con sus pares la que se convierte en factor de riesgo. Frente al
acoso a su categoría de pertenencia, los ex policías deben ser desleales y huir
del peligro de tal identificación: “Hay otros que hablan de los secuestros que
cometieron, de las bandas a las que pertenecían, y cuentan todo lo que hacían
() por ejemplo, de los que mataban policías” (SSPDF-E, 12).
Son estos esfuerzos por ocultar la identidad estigmatizada los que se
convierten en parte de la identidad personal de los ex policías (Ibídem, 83).
Los intentos por evitar el reconocimiento pueden llegar a ser exitosos: “aquí
no se dan cuenta que somos servidores públicos () aquí intento no
hacernos doble cárcel, no meterme en problemas y no decir que era policía”
(PJF, 26). No obstante, al mismo tiempo que los presos experimentan la
condición de su estigma social, también se enfrentan a la dolorosa evidencia
de la dificultad del ocultamiento de su etiqueta de policías, algo que también
les ocurría en su vida en libertad. Recordando su época de servicio, un
preventivo condenado a 52 años dice: “todo eso se detiene en el punto en que
llegas a tu casa y todos ya saben que eres policía y te ven ahora con coraje y
puede ser peligroso, uno puede perder la vida en un problema de esos”
(SSPDF, 10).
Al ser personas desacreditadas, no tienen mucho control sobre la
información que los demás poseen acerca de su deficiencia, y aunque el
estigma no sea en principio visible, circulan conocimientos y rumores, y
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existen inevitables marcadores conductuales de adscripción: “cuando
llegamos al reclusorio fuimos extorsionados, golpeados, y te dicen que ya
saben quién eres, que te van a violar, a matar y que tienes que dar 50 mil, y
allí o das el dinero o te matan” (SSPDF, 18).
Hemos podido constatar que esta etapa liminal de los recién llegados, en
el caso de los policías presos se prolonga durante años debido a la intensidad
del doble estigma. Para ellos resulta difícil estabilizar un entorno seguro, y a
duras penas logran aceptar una nueva condición que se prolongará buena
parte del resto de sus vidas. En realidad viven una fase liminal con
adaptación detenida o ralentizada. A veces la no asunción de culpa incide en
esta incapacidad de pertenecer al mundo carcelario: “aquí uno trata de
esquivar problemas para que no haya ningún castigo, como uno no fue
responsable no está uno preparado para caer aquí” (SSPDF-E, 5). Otro ex
judicial afirma: “yo sopesé el riesgo de llegar a perder la vida, pero nunca de
llegar a un lugar como éste” (PJF, 1).
Pero lo que resulta más significativo es que en los relatos de inocencia
aparece un bloqueo emocional estacionado en esta fase liminal y en las fases
anteriores de la aprehensión y la sentencia. Así, en etapas posteriores del
encarcelamiento se rememora dicha época como algo muy vívido, aunque
hayan transcurrido muchos años. Se vuelve una y otra vez sobre el problema
original: “me he hecho una y mil preguntas, pero es muy sencillo todo lo que
pasó” (PJF, 4). Se reviven las experiencias del juicio y de la entrada en
prisión en tiempo presente, y se lamentan de lo que salió mal. Un condenado
a 50 años nos habla así de su caso, ocurrido en 1989:
“Después de que a nosotros nos detienen, se pierden evidencias ()
no hay huellas del delito y hay dos grupos que estamos sentenciados
por el mismo delito () vuelven a confirmarme 50 años por
secuestro. Lo más grave es que me inician juicio de amparo directo y
nunca promoví ese amparo, hay una ilegalidad total” (PJF, 1)
Son varios los afectos que emergen en el discurso que permiten
identificar esta regresión: un sentimiento de opresión, de persecución injusta,
de separación y aislamiento, la incertidumbre, la certeza de vivir un
infortunio, la debilidad, la indefensión y la impotencia, la tristeza, el rencor y
el ansia de venganza. Pero a pesar de todo, este conglomerado emocional a
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 157
muchos los conduce a la esperanza. En realidad, este bloqueo se enraíza al no
haber aceptado el castigo y mantener la esperanza de una futura liberación
cuando la revisión de sus casos permita comprobar la inocencia. El relato de
inocencia y la nostalgia de enmendar el error original suelen aparecer
conjuntamente en la mayoría de los entrevistados.
Por ejemplo, después de transcurrido el tiempo, los presos se siguen
considerando víctimas de una injusticia que debería ser redimida
retrocediendo y arreglando el problema: “por lo menos no lograron
desaparecerme, y algún día se puede probar que no fui yo el responsable”
(SSPDF-E, 5). Pero en la mayor parte de los casos no existe tal posibilidad,
este discurso se da en un horizonte de autoengaño, un recurso exiguo para
poder sobrellevar la realidad del castigo con algún tipo de expectativa. Los
propios relatos expresan la futilidad de la empresa: “A lo mejor el
licenciado no manejó bien las cosassólo espero un milagro; que alguien
se dé cuenta de todas las irregularidades () no me queda otra más que
esperar” (PJEM, 2).
. La tregua: estableciendo acuerdos y adoptando papeles
Una vez que se percatan de que la identidad desacreditada es difícil
ocultarla, los ex policías presos se ocupan en negociar su posición social.
Bien escojan exhibir o disimular su estigma, ello siempre conlleva un
proceso de adopción de papeles. Sin embargo, aquí negociar no implica
necesariamente un acuerdo entre iguales, sino un esfuerzo por acceder a los
recursos de significado que los roles le otorgan a la identidad social. Lo que
en realidad está en juego son los símbolos de dicha identidad. Como ya
vimos, en los relatos de inocencia se intenta revertir lo sucedido, volver atrás
y enmendar el error; pero este recurso también marca los límites de la
aceptación de que la condena existe y que tienen que lidiar con todo lo que
implica el encarcelamiento. Entonces, si no es posible retroceder hay que
establecer una tregua en las condiciones del encierro mientras éste dure. Pero
se trata de una tregua, no de una verdadera fase de “equilibrio”, la cual
implicaría menos riesgos de experimentar una adversidad (Harvey, 2007).
Los acuerdos de rol tienen a la inestabilidad: logran cristalizarse mediante
negociaciones continuas bajo amenazas de disolución, especialmente con el
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recurso de la violencia, que es predominante. En entonces cuando de manera
precaria se marcan los límites del propio sujeto respecto a sus compañeros y
se buscan alianzas para mejorar el entorno hostil.
Existen diversas estrategias de relacionarse con el entorno carcelario
mediante la apropiación de roles sociales, algunas de los cuales se dan
conjuntamente. Una de las formas más eficaces de adaptación es aprender a
estar a disposición del otro. Se trata de la asunción de un rol subordinado.
Cuando ingresan en prisión los recién llegados aprenden a estar a disposición
de los jefes de bandas carcelarias o de custodios. A veces es tan simple como
encontrar un líder y someterse a la jerarquía: “Yo aquí trabajo para uno que
() ahora se convirtió a la religión () Este señor con el que trabajo me ha
aceptado en su religión y me dice lo que hay que hacer. Ellos me dan un
consejo” (PJF, 4). También se respetan los roles jerárquicos en espacios
propios originados en la veteranía: “los más antiguos en la celda son como la
mamá de todos, son los que mandan y dicen cómo hay que hacer las cosas”
(PJF, 27).
Pero los policías ya provienen de un entorno donde tuvieron que hacer
un esfuerzo de adaptación a los códigos propios de la sumisión jerárquica.
Con ello, ya conocen qué lenguaje es el más apropiado para relacionarse con
los que abusan de la autoridad. Así, por ejemplo, el equivalente de la
extorsión que policías sufrieron o los que infligieron a los ciudadanos, es la
extorsión de custodios sobre presos: “la familia tiene que traer siempre
dinero hasta para que le dejen pasar la comida. Los custodios son los que
venden la droga, y todos lo saben, y hasta botellas de vino, de cervezas. No
se puede hacer nada contra ellos” (SSPDF, 18).
Una segunda práctica de negociación de estatus consiste en enfrentarse
abiertamente para contrarrestar la reputación de ser vulnerable. Nos
encontramos con el rol temerario. Ha sido dicho que la violencia es inherente
a la cultura institucional porque proporciona recursos y prestigio, inmunidad
y protección, y además lo permiten las normas informales (Toch, 1985). En
este sentido, existen razones para que los presos se resistan a las demandas
de los otros y aumenten el riesgo de ser atacados. Se trata de disputas por los
recursos simbólicos para esquivar la indefensión y el aislamiento (Edgar y
O’Donnell, 1998: 648). Este ex preventivo intenta aplacar mediante el
desafío:
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 159
“Cuando uno llega aquí, te tratan de extorsionar porque uno es
policía y dicen: vele pensando, ¿quieres que te maten o quieres
protección?, y yo les dije: pues yo no tengo dinero, si me vas a
matar, pues mátame, estoy en tus manos, no tengo dinero, y si lo
tuviera, no se los daría” (SSPDF, 10)
No hay que considerarla como una estrategia suicida, ya que se ejecuta
para ganar estatus. Aunque en el contexto del módulo para secuestradores, su
peligro consiste en la falta de límites que puede imperar entre sentenciados
de por vida: “como hay gente que trae 100, 200 años de sentencia ya ni
trabajan, sólo ven a quién le sacan provecho () todo lo quieren arreglar
matándose” (PJDF, 23).
La tercera modalidad de negociación del papel social consiste en la
búsqueda de aliados estratégicos. Es éste el rol diplomático. Frente a la
identidad deteriorada hay que reconstruir lazos y alianzas: “Siendo uno
servidor público aquí te dan menos comida porque eres “tira”, y entonces
hay que pelearse para conseguir las cosas; te haces de amistades” (SSPDF,
18). Los recién llegados ofrecen más oportunidades de encontrar aliados:
“aquí mejor veo cómo llevarme mejor con la nueva juventud que ingresa
aquí” (PJDF, 15). Mientras que los líderes son más amenazantes: “aquí lo
más difícil es que nos mezclen con los más canijos, los que andan robando
en el reclusorio, extorsionando, picando, y que nos mezclen con ellos a los
que somos tranquilos” (SSPDF, 33). En ocasiones conseguir el apoyo de
aliados se revela crucial frente a la extorsión: “uno tiene que ser amable con
la gente y hasta bromear () O le da uno la vuelta a esa gente. Hubo un
muchacho que me quería extorsionar, todo el tiempo me pedía dinero ()
hasta que otro compañero lo golpeó y le dijo que no se pasara de listo
conmigo” (PJDF, 23).
Se ha revelado que la posesión de un espacio de control en la prisión
contribuye a la percepción de seguridad y apoyo y define el logro de la
adaptación (Harvey, 2007). La creación de este espacio simbólicamente
habitable está en función de la búsqueda de aliados, como el que se logra con
una reputación de neutralidad: “yo me he ganado el respeto con la gente, no
me drogo, no soy chismoso” (PJF, 16); aunque los entrevistados lo
experimentan con mucha precariedad, ya que nuevas alianzas cuestionan a
cada momento este equilibrio: “tienes que dormir siempre con tus fierros,
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con el miedo de que te van a matar todo el tiempo, y aquí no sabes si tendrás
consecuencias. La cárcel es así: alguien más le puede dar cuerda a otro para
que maten al que uno quiera” (PJDF, 15).
Finalmente, una cuarta forma de establecer un papel social frente a los
otros es con la pretensión de acceder a la posición dominante, lograda
mediante alianzas con los hombres fuertes, aunque también a través de
luchas abiertas. Se trata del rol dominante. Los internos aprenden
rápidamente las ventajas de ostentar este papel al observar como son
avasallados por los veteranos: “apenas llegas y ya te piden 2 mil pesos () el
que ya lleva 2 o 3 caídas ya se siente que la cárcel es de él y nos ve como
pinche chamaco que vienes llegando y lo quieren a uno hacer a su modo”
(SSPDF-E, 12). Debido a la condición estigmatizada que padece cuando
ingresa en prisión, el aspirante a la jerarquía puede negociar su rol renegando
de su grupo de ex policías: “me salí del ambiente de mis compañeros de
causa y me empecé a llevar con las banditas de aquí adentro, a traficar con
alcohol, a extorsionar a los nuevos que llegaban, a cobrar por protección”
(PJDF, 15). Aunque con la reagrupación, aquellos que como este ex judicial
pierden su estatus en su espacio de control, deben empezar desde cero a
labrarse su reputación: “Luego me trasladaron aquí a Santa Marta y mientras
yo era allá como el padrino, aquí pues no era nadie” (PJDF, 15).
A veces convertirse en delator también es un método de ascenso que
logra debilitar a la competencia: “aquí se da mucho lo de las extorsiones
telefónicas. El director me ayudó mucho porque yo le avisaba de los que
extorsionaban” (SSPDF, 18). Esto nos indica que la estructura social de los
reos depende fuertemente de los cargos, prebendas y privilegios que la
jerarquía institucional formal otorga, como parte de los mecanismos de
reciprocidad esperados para beneficiar a ambas partes: “aquí yo soy
repartidor de alimentos, me he ganado respeto () al repartir el rancho voy
sacando también un poco de dinero” (PJF, 16). El hecho de ascender en la
jerarquía informal carcelaria trabajando en grupos de extorsión a las órdenes
de jefes, y bajo la cobertura de la legalidad, es un mecanismo similar al que
existe en los clanes policiales orientados al delito, donde hay jefes que
controlan negocios y otros que obedecen: “yo aquí trabajo para un señor que
está bien parado con el director general de reclusorios y por eso nos permiten
vender, aunque hay que sobornar a los custodios para que nos quiten las
cosas” (AFI, 17).
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 161
Conclusiones.
A lo largo de este texto se han mostrado indicios de que cuando los
policías son apresados y encarcelados no dejan de experimentar cierta
continuidad y familiaridad entre el modo de vida anterior y su nueva
situación de encerrados. Parece ser que, con la caída en desgracia, la
condición de sujeción que los policías ya viven con su adscripción
institucional, es radicalizada en términos de encierro corporal, una condición
previa que Suárez (2006) también ha identificado como su situación de
“enrejados”. Se trata de una exacerbación de la condición subyugada,
discriminada y desigual que hallan en la institución, pero sin las ventajas de
aprovechar la coartada de la ley, y sin el apoyo de su grupo de pertenencia.
En la cultura policial existen unas relaciones de dominación que obligan a la
lealtad y el sometimiento dentro de los clanes (Azaola y Ruiz, 2009). Es esta
misma falta de control que tienen de sus decisiones en la estructura informal
policial la que se extiende al contexto carcelario. Pero al mismo tiempo, su
problemático trato con el mundo exterior donde extorsionan y abusan de los
ciudadanos, los orillan a vivir un estigma social y un aislamiento fuera del
ámbito de sus compañeros, algo que después de la carrera interrumpida se
traducirá en el doble estigma de ser ex policías y secuestradores.
Además, la lealtad que reciben de sus iguales es condicional y sujeta a
erosión si colisionan con los mandos y sus ambiciones. A pesar de las
apariencias, el corporativismo policial no es tan fuerte y se limita a intereses
comunes locales y coyunturales. Por ejemplo, el hecho de que durante los
procesos de detención, los antes compañeros los sometan y torturen para
lograr cuadrarles los delitos, no es sino un síntoma de la debilidad de la
identidad policial y sus códigos morales, prestos a volatilizarse frente a las
presiones de la jerarquía y que mantienen un horizonte muy apegado a
grupos locales particulares. También se ha dicho que con la aprehensión, el
repertorio de saberes no escritos que les orientan en la práctica policial es
redireccionado en su contra (Suárez, 2005). Pero en realidad esto ocurre en
forma paradójica. Si bien esos mismos conocimientos que exhiben tics y
formas de hacer policiales pasan a ser elementos desacreditables dentro de la
prisión, también constituyen un corpus de habilidades ya aprendidas para
arreglárselas en un entorno hostil, sobre todo para hacerse con recursos de
negociación de los roles sociales que les permitan afianzar un espacio
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habitable.
No obstante, el aprendizaje de estrategias policiales no es fielmente
trasplantable a la prisión, por lo menos no en el sentido de estrategias
grupales. Los policías viven situaciones de abuso de poder que aprendieron a
enfrentar y negociar cuando aceptaban la autoridad arbitraria de mandos y
ejercían la dominación contra los ciudadanos. Pero en la prisión son
mayormente victimizados porque no poseen los instrumentos simbólicos de
poder asociados a la acción colectiva. Entonces sí, el abuso de poder se
vuelve contra ellos. Los clanes policiales están desarmados y su capacidad de
proporcionar recursos de poder es casi nula, por lo que los individuos tienen
que tener la suficiente autonomía para negociar desde cero unos roles
sociales diversificados que les proporcionen estatus y les mejoren la
identidad estigmatizada. Esta puede ser la razón de esa tendencia que hemos
encontrado en los ex policías a tener una menor actividad delictiva en la
prisión.
Pero hay un aspecto que ambas culturas policial y carcelaria comparten:
el sentido de los relatos de inocencia. No es casual que los ex policías se
sientan víctimas de las mismas prácticas de abuso y extorsión de las que han
sido acusados y sentenciados. Este sentimiento de agravio enraíza en una
constatación: los policías encarcelados son víctimas semejantes a las que
llenan las cárceles, porque como la mayoría de ellos, han sido seleccionados
arbitrariamente por el sistema punitivo como individuos criminalizables bajo
los criterios de ser accesibles y no contar con medios de defensa, lo cual no
implica que no hayan cometido delito alguno (Azaola y Ruiz, 2009, 2010).
Es obvio que las élites criminales casi nunca ocupan el espacio carcelario. La
inocencia, por tanto, es relativa a la percepción de indefensión e impotencia
debido a la exclusión de una lógica institucional que beneficia a los más
poderosos y que ya no les permite aprovecharse de los acuerdos de
impunidad que la arbitrariedad del sistema otorga.
A este respecto, también es muy significativo que los relatos de
inocencia y la esperanza en una revisión liberadora de sus causas convivan
con relatos de desesperanza bajo un agobiante desengaño. Parecen tener la
convicción de que por mucho que se esfuercen la mejora en su situación no
está en sus manos, que portarse bien no sirve de nada y que su rehabilitación
no depende de cumplir con las reglas; incluso que ésta no es posible. La
única capacidad que reconocen viable para poder controlar cómo salir de allí
Miquel Ángel Ruiz Torres Elena Azaola 163
es el recurso económico para negociar con el sistema. Incluso llegan a
afirmar que salir tampoco es del todo una solución, ya que podrían continuar
marginados por el estigma y sometidos a relaciones de dominación. Lo que
parece desprenderse de los relatos de inocencia es la fuerte comprensión
intuitiva de la relación subordinada que tienen los individuos con respecto a
las estructuras de dominación que los sujetan, como si fueran una expresión
de la frustración frente a estas fuerzas. En este sentido, las técnicas de
neutralización, las negociaciones de rol y los discursos sobre inocencia y
desesperanza serían intentos de adecuación a un entorno restrictivo que es
similar en la policía y la cárcel.
No obstante, hay otra dimensión por la que los policías se sienten
victimizados, y que le da a los relatos de inocencia y las emociones de
indefensión un encaje en la teoría de la importación (Irving y Cressey, 1962;
Silberman, 1995; Thomas, 1977). La penitenciaría de Santa Martha es una
institución total permeable cuyos acontecimientos cobran sentido en función
de los requerimientos externos para cumplir con expectativas políticas. El
aumento de condenas para secuestradores y la no aplicación de reducción de
la pena, son escenificaciones de legalidad, legimitidad y punición que
necesitan eventualmente la presencia de personajes catalizadores. Una vez
recabados, son aprovechados en una representación simbólica de castigo
interpretada por policías caídos en desgracia, demasiado ambiciosos,
incautos o desafortunados. Los criterios para este castigo se basan en
aprovechar los reajustes locales en los grupos de poder policiales para poner
a circular otro tipo de reajustes: los que llevan a cabo políticos y funcionarios
para reinventar la legitimidad del Estado en situación de cuestionamiento
frente a la pujanza del crimen organizado. Pero aun habría una segunda
manera de aplicar la teoría de la importación. Usualmente se dice que los
daños del encierro no se comparten con nadie ajeno al medio, y que sólo los
que compurgan la pena pueden comprender esta situación vital. Pero los
relatos de inocencia también pueden extenderse al exterior, en el sentido que
la denuncia que expresan comparte un mismo lenguaje que entiende toda la
ciudadanía, y es el mensaje de que la arbitrariedad y el abuso de poder es una
amenaza potencial para todos.
Los problemas sobre la sujeción carcelaria han sido señalados como un
campo de interés en la investigación de la antropología de las prisiones
(Rhodes, 2001). Una tarea que la disciplina podría acometer al respecto en el
164 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
caso de México, es ayudar a deconstruir y desarticular las imágenes que a
través de los discursos sobre el crimen se lanzan sobre aquellos que son
criminalizados (Schneider y Schneider, 2008), y que en realidad son víctimas
que han sido seleccionadas entre los criminalizables (Azaola y Ruiz, 2009).
En México, la cultura informal orientada al abuso que se forma en las
tesituras del entramado institucional jurídico punitivo del Estado, no debería
verse como un epifenómeno o efecto secundario, sino como constituyente y
estructural al mismo y analizarse como tal. La pregunta que cabría hacerse es
qué pasa con los efectos de poder del dispositivo del Estado cuando las
disciplinas y las legalidades que pretenden normalizar (Foucault, 1995)
logran crear y sustentar un mundo de paralegalidad y de abuso.
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Recibido el 28 de Febrero del 2012.
Aceptado el 30 de Mayo del 2012.
Miquel A. Ruiz Torres. Profesor investigador en la Universidad de
Valencia España. E-mail: miquel.ruiz@uv.es
Elena Azaola. Profesora Investigadora en el Centro de Investigaciones y
Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en la ciudad de
México. E-mail: eazaola@ciesas.edu.mx
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ALCANCES Y RETOS DE LOS PROGRAMAS DE
POLÍTICA PÚBLICA EN SALUD PARA LA
DISCAPACIDAD AUDITIVA
6COPL AN0 CHALLLNCL6 OF 1HL PPOCPAVVL6 OF PUBLlC
POLlCY lN HLAL1H FOP HLAPlNC 0l6ABlLl1Y
Nancy Fabiola Moreno Zavala*
José Manuel Rangel Esquivel*
* Uolvercldad AuLóooma de Nuevo Leóo |Véxlco|
Creo que la "curación" más eficaz de la sordera no es la medicina ni los
aparatos mecánicos o electrónicos... sino la comprensión. Pero antes de
poder desarrollar la comprensión, hay que crear la conciencia.
Jack Cannon.
Resumen. En este trabajo se presenta la evolución que ha tenido la política
pública en materia de atención a la salud de las personas con discapacidad
auditiva en México. Se hace una reconstrucción socio-histórica de dichas
políticas, en las cuales se pone de manifiesto el rezago generado con respecto
a su integración a la sociedad dentro del marco de las leyes, artículos, planes
y programas de desarrollo social. Asimismo, se hace mención de los
hallazgos detectados a partir de la implementación de un proyecto de
intervención social enfocado a este grupo poblacional, lo cual sienta las
bases para el planteamiento de propuestas y líneas de investigación a futuro.
Finalmente, se presenta a manera de conclusión, algunas directrices que
articulan las propuestas de política pública con los retos para la intervención
social con grupos de población con discapacidad auditiva.
172 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Abstract. This paper presents the evolution the public policy on the health
attention of hearing impaired people in Mexico has had. A socio-historical
reconstruction has been made from those policies in which the backlog
generated from its society integration within the field of the laws, plans and
programs of social development is stated. Likewise, there is a mention of the
findings detected from the execution of a social action project focused on
that group; those findings set the basis for further proposals or lines of
investigation. As a conclusion, there are given guidelines to link the public
policy proposals with the challenges for the social action with that specific
population.
Palabras clave: Política pública, discapacidad auditiva, salud, intervención,
bienestar social.
Key words: Public policy, auditory disability, health, intervention, social
welfare.
. Introducción.
A través de la historia, la discapacidad ha sido abordada desde
diferentes modelos de atención con la intención de darle una explicación:
tradicionalmente se ha visto desde la óptica del "Modelo médico", en el cual
la discapacidad es vista como un problema ocasionado por una enfermedad,
trauma o condición de salud que requiere tratamiento médico;
posteriormente se retomó el “Modelo social”, mismo que considera la
discapacidad como un problema social, involucrando la integración de la
persona con discapacidad a la sociedad (Vázquez, 2008).
Los modelos antes mencionados pueden ser interpretados desde un
punto de vista en el cual se complementen, y es precisamente esta visión
integrada la que sostiene el "Modelo biopsicosocial", el cual permite explicar
satisfactoriamente este hecho multidimensional y establecer un lazo entre los
distintos niveles que lo sustentan: biológico, personal, y social (Olivera,
2008). De esta manera, la clasificación y definición de la discapacidad se ha
modificado de acuerdo a la época social en que se desarrolla, debido a que
las percepciones y actitudes hacia ésta han estado sujetas a interpretaciones
culturales que dependen de valores, contexto cultural, lugar y tiempo, así
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 173
como de la perspectiva social del observador. Es preciso mencionar, que esta
connotación del modelo bio-psicosocial, ha sido retomada por la OMS para
plantear el Modelo de Atención Primaria a la Salud (APS), el cual considera
aspectos de carácter normativo-legal, la certificación de la discapacidad y la
rehabilitación como parte de la estrategia APS (Olivera, 2008).
Actualmente la definición de discapacidad aceptada está establecida en
la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la
Salud (CIF), publicada en 2001 por la Organización Mundial de la Salud
(OMS), la cual retoma una postura más humanitaria a través de un modelo
interactivo, mismo que venía concertándose desde hacía dos décadas al
pronunciarse por el enfoque bio-psicosocial mencionado anteriormente,
tratando de ver al individuo como persona y no como portador de una
determinada situación limitante, por lo que resulta relevante hacer uso de una
concepción de integralidad individual al hablar de una persona con
discapacidad y no como discapacitado o minusválido (Centro Mexicano
para la Clasificación de Enfermedades, 2007). Con base en esta definición de
discapacidad, es importante mencionar que, de acuerdo con López y Blanco
(2001) las personas con discapacidad constituyen la minoría más numerosa
y más desfavorecida del mundo, ya que datos proporcionados por la OMS
muestran que de la población mundial, las personas que presentan algún tipo
de discapacidad están representadas por el 10%, esto es aproximadamente
650 millones (Secretaría de Salud, 2009c).
Recientemente, la OMS (2011) menciona que existen dos encuestas que
permiten analizar la magnitud de la discapacidad a nivel mundial; por un
lado, en la Encuesta Mundial de Salud se señala que alrededor de 785
millones de personas de 15 años y más son portadoras de discapacidad, por
otro lado, en el reporte del proyecto Carga Mundial de Morbilidad, se
estiman 975 millones, dentro de esta cifra se considera la población infantil
de cero a catorce años de edad, la cual representa el 5.1 por ciento de dicha
cantidad. Otro dato importante emitido por el Organismo, alude al aumento
de los años vividos con la discapacidad (66.5%) en países de ingresos bajos y
medios como el nuestro, asociado a enfermedades crónico-degenerativas,
como diabetes, enfermedades cardiovasculares y mentales (OMS, 2011).
Esto, representa un reto en materia de política pública en salud, pues no sólo
se requiere tomar en cuenta a la discapacidad como tal, sino también los
distintos tipos de enfermedades crónicas prevalentes en los discapacitados,
174 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
pues más allá de tratamientos y prescripciones médicas alópatas, es necesario
recurrir a esquemas integrales de pro de la salud, como más adelante se
presenta.
En el caso mexicano, el Consejo Nacional de Discapacidad (CONADIS,
2011), estima que alrededor de 10 millones de personas tienen algún
problema auditivo, de las cuales entre 200 y 400 mil presentan sordera total;
aunado a esto, se estima que en México tres de cada 1,000 recién nacidos
presentarán discapacidad por hipoacusia
1
si no se detecta y atiende con
oportunidad. Como ha podido observarse, la discapacidad auditiva es más
frecuente de lo que pudiera parecer, sin embargo, en muchas ocasiones pasa
desapercibida; esto contribuye a que gran parte de las personas oyentes
tengan una noción parcial de lo que representa realmente la condición de las
personas con problemas en el área auditiva, ya que la situación que viven
diariamente es difícil de imaginar para quienes no han tenido contacto con
ellas.
En general, la sociedad está inmersa en un contexto que no está pensado
para las personas la mencionada discapacidad, donde los sonidos tienen una
gran importancia para el desarrollo personal y social (INP, 2009). El
problema radica en la situación de que, debido a la falta de conocimiento del
mundo de las personas con discapacidad auditiva, es difícil llegar a
comprender cuáles son las necesidades de atención de este grupo
poblacional, ocasionando que la atención se centre en mayor medida en
esfuerzos por normalizarlos al conseguir que escuchen a través de costosas
operaciones y aparatos auditivos, dejando de lado la posibilidad real de una
atención que abarque todos los aspectos del ser bio-psicosocial que
constituye a cada individuo y que se encamine a la consecución de su
bienestar. Se trata de un problema que ocasiona graves efectos psicológicos y
sociales; produce problemas de comunicación de la persona con
discapacidad auditiva para con su entorno, lo que conlleva a una
desconexión del medio y poca o nula participación social (auto-exclusión).
En algunas ocasiones hasta puede presentarse depresión, lo cual impacta de
manera negativa en su salud mental, entendida en este contexto como “un
estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias
1
La hipoacusia se define como la disminución de la percepción auditiva (Recuperado el 25
de noviembre de 2011 en http://www.sitiodesordos.com.ar/hipoacus.htm)
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 175
capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar
de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su
comunidad” (OMS, 2011b).
Si bien la discapacidad es un término conocido internacionalmente, la
atención que ha recibido referente a acciones o proyectos que mitiguen o den
solución a dicha problemática tal vez no ha sido suficiente, lo cual conduce
al surgimiento de varias interrogantes, la primera de ellas se refiere a ¿cuál es
el papel de las políticas públicas en la atención de las personas con
discapacidad? La segunda pregunta que surge, parte de la afirmación que
realiza la OMS (2011b) al definir la salud como “un estado de completo
bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o
enfermedades”, ¿existen políticas sociales enfocadas específicamente a la
obtención de condiciones de bienestar para la población con discapacidad
auditiva? Al concretizar políticas en acciones específicas, ¿realmente se
están generando intervenciones desde el enfoque bio-psicosocial para la
atención a la salud de las personas con discapacidad auditiva, desde una
visión integral (APS)?, si no es así, ¿cuáles son algunas alternativas para
lograr dicha integración en la atención de este grupo poblacional?
A partir de estas interrogantes, el objetivo principal de este documento
es hacer una reconstrucción socio-histórica de la evolución que ha tenido la
política pública en materia de atención a la salud, específicamente a la
discapacidad auditiva, así como poner de manifiesto el rezago que se ha
generado en la atención a su integridad como un ser social. En este sentido,
se presenta un recuento de la trayectoria registrada con relación a la política
pública de salud a través de la historia, tanto en el ámbito internacional como
en el caso de México, para después hacer un análisis de las leyes y programas
de atención a las personas con discapacidad auditiva que se están
implementando actualmente. En un posterior apartado, se incluyen algunos
hallazgos como parte de la implementación de un proyecto social enfocado a
un grupo poblacional con este tipo de discapacidad, ubicado en Monterrey,
N.L., México. Finalmente, en las conclusiones se presenta algunas
propuestas, las cuales se articulan con la política pública en salud, a partir de
la experiencia que se obtuvo con el trabajo directo con el grupo de jóvenes y
adultos con discapacidad auditiva, Dichas propuestas, constituyen posibles
líneas de intervención en la temática abordada.
176 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
. Metodología.
Este escrito se sustenta en una revisión de literatura respecto a las
políticas públicas en materia de salud y las implicaciones que éstas han
registrado, tanto a nivel nacional como internacional en lo referente al
alcance del bienestar físico, mental y social de las personas con
discapacidad. Asimismo, este trabajo tiene como base el análisis de otros
documentos oficiales de carácter federal, leyes específicas, así como de los
programas de carácter nacional existentes relacionadas con la temática de
estudio. Este trabajo parte de la investigación de las problemáticas sociales
asociadas a la discapacidad auditiva, así como en la realización de un
diagnóstico que muestra las implicaciones y consecuencias, ausencias y retos
que presentan los esquemas de atención integral para la discapacidad
auditiva. Si bien, la intervención social con el grupo de población se realizó
en la fase de intervención del trabajo de campo durante 2011, año en que se
culminaron los estudios de Maestría, dicho proyecto no se presenta en este
escrito, ya que su enfoque se basó en el área de desarrollo humano. Dicho
estudio tuvo como base el análisis del contexto social de un grupo de jóvenes
y adultos con discapacidad auditiva, quienes estudiaban la secundaria abiert
a
2
en el Centro de Atención Múltiple Abel Sauza Aranda.
3
No obstante, al
identificar a la discapacidad auditiva como parte integrante de los
componentes de salud y al cursar dentro de la Maestría la materia de Políticas
de salud en México, se pudo articular el tema de intervención con la política
y programas sociales implantados en nuestro país
4
.
2
El Gobierno del Estado de Nuevo León ofrece servicios de educación secundaria a
personas mayores de quince años para certificar sus estudios inconclusos de educación
básica. Los estudios de secundaria se dividen en los tres grados básicos, con cuatro
asignaturas cada uno, a excepción del tercer grado que contiene cinco, dichas asignaturas
son español, matemáticas, ciencias naturales y ciencias sociales. Se ofrece en horarios
acordes a la dinámica social de los jóvenes y adultos. Al terminar la educación secundaria
se obtiene un certificado de validez oficial de estudios emitido por la Secretaría de
Educación (Recuperado en abril de 2012 de http://www.nl.gob.mx/?P=se_adultos_abierta).
3
El Centro de Atención Múltiple Abel Sauza Aranda es una dependencia del gobierno de
Nuevo León encargada de escolarizar a alumnos que presentan necesidades educativas
especiales asociadas con la discapacidad auditiva o que por lo mismo requieren apoyo para
continuar con su proceso de aprendizaje y/o adecuaciones curriculares altamente
significativas (Recuperado en mayo de 2010 de http://www.nl.gob.mx)
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 177
Por lo anterior, a partir de la revisión de literatura y documentos, se
pudo construir el presente documento, para articular cómo ha sido el proceso
de la política pública en salud y la discapacidad, el cual se ve reflejado en el
esquema propuesto como “Deconstrucción en la operatividad de las políticas
y programas sociales para a la atención de la discapacidad auditiva”, el cual
plantea una visión integral de intervención social para con la población con
discapacidad auditiva.
. Análisis de la evolución de la política pública enfocada a
la atención de la discapacidad auditiva.
En este apartado se presenta un análisis de las instituciones, organismos
internacionales y particularmente del caso mexicano, acerca del contexto
socio-histórico de la política de salud en vinculación con los programas
sociales que han sido formulados para brindar atención a las personas con
discapacidad auditiva. Primeramente, en los antecedentes se aborda el
desarrollo histórico de políticas específicas referentes a la educación, salud,
bienestar social, entre otros; posteriormente se hace referencia al momento
actual, en el que se ve reflejada la vinculación de la política pública con
relación a la discapacidad auditiva; finalmente los retos a futuro,
mencionando los posibles campos de acción y ventanas de oportunidades
que se abren para la intervención social con el mencionado grupo
poblacional.
Antecedentes.
La trayectoria histórica de la salud en el marco internacional se remonta
a las tradiciones de las primeras culturas en la historia de la humanidad, sin
embargo, no viene a formalizarse e institucionalizarse sino hasta que se
convocó a la Primera Conferencia Sanitaria Internacional, misma que tuvo
4
Los autores agradecen los comentarios y sugerencias realizadas a este escrito, por parte
del Dr. David De Jesús Reyes, titular del curso Políticas de salud en México, materia
cursada en el semestre agosto-diciembre 2011, como parte del plan curricular de la
Maestría en Trabajo Social con orientación en Proyectos Sociales.
178 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
lugar en el año de 1815 acudiendo representantes de doce países europeos.
Después de once conferencias similares y casi 100 años después, se decidió
crear la Oficina Internacional de Higiene Pública (OIHP), la cual se
responsabilizaba de los casos de enfermedades epidémicas y de los acuerdos
tomados en las conferencias sanitarias internacionales (Gómez y Khoshnood,
1991). Es a partir de 1978 cuando inicia el diseño de programas de salud
integral a partir de algunas aportaciones de la declaración Alma Ata, la cual
según Soberón (1992) “constituye un hito primordial en la historia de la
salud mundial”. Dicha declaración destaca que los problemas de salud que
imperaban en ese entonces no podrían resolverse solamente mediante una
reforma al sistema de atención, sino que propone que “los servicios de salud
debían formar parte del desarrollo económico y social de una nación”
(Gómez, 1991, p. 325).
De igual manera, en dicha declaración se aborda el tema del alcance de
los servicios de salud, ya que afirma que la salud es un derecho fundamental
de todas las personas y que “la obtención del más alto nivel de salud es el
más importante propósito a escala mundial cuya realización requiere de la
acción coordinada de muchos otros sectores sociales y económicos, además
del Sector Salud” (OMS, citada por Gómez, 1991, p. 135).
Este avance, en materia de salud, contribuye en gran medida al bienestar
humano, no sólo en este rubro, sino también desde la perspectiva económica,
ya que “una mejor salud contribuye por sí misma al crecimiento económico”
(Jamison, 2006, p. 9), cuestión que puede considerarse como otro motivo
para que la salud sea una prioridad en la atención de las necesidades básicas
de la humanidad. Sin embargo, a pesar de los avances logrados, la atención a
la salud de las personas con discapacidad auditiva aún se veía rezagada,
puesto que en la antigüedad las diversas actitudes sociales hacia las personas
con deficiencias y/o discapacidades observadas a lo largo de la historia,
forman parte de la cultura de atención y trato hacia este grupo de población
(INEGI, 2004).
Cabe destacar que es en las culturas antiguas donde se inicia el
reconocimiento de la necesidad de ofrecer un trato más humano hacia las
personas con discapacidad (Aguado, 1993). En nuestro país, el ejemplo más
notable de esto se dio en la época independiente, cuando el presidente Juárez
emitió en noviembre de 1867 el decreto definitivo para la fundación de la
Escuela Nacional de Sordomudos y en 1868 se fundó la Escuela Normal para
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 179
Maestros Especializados, en donde se llevaba a cabo la enseñanza a niños
sordos (Secretaría de Salud, 2009c).
Por otra parte, desde el marco nacional de la política pública en materia
de salud, en México se han registrado acontecimientos importantes que han
marcado la pauta para la atención básica de la salud y la extensión de este
servicio a todo el territorio nacional, con la idea de abarcar a la totalidad de
la población siguiendo el planteamiento de salud para todos establecido por
la declaración Alma Ata, propuesta que sigue siendo una utopía en la
actualidad. Al respecto, Soberón (1992, p. 71) señala que “el más
importante de dichos acontecimientos tuvo lugar en el año de 1943, cuando
se estableció el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cual
siguieron las creaciones de diversos institutos que llegaron a constituir los
institutos nacionales de salud pertenecientes al Sistema Nacional de Salud
de México”.
A su vez, en lo que respecta a la salud de las personas con discapacidad
auditiva, en 1945 Carhart y Canfield acuñaron la palabra “audiología”,
marcando el nacimiento de la ciencia moderna de la audición, y pasados
ocho años, en 1953 se dio paso a la fundación del Instituto Nacional de
Audiología (Secretaría de Salud, 2009b). Años más tarde, durante el sexenio
de Miguel de la Madrid (1982-1988) se plantea una Reforma del Estado,
donde uno de los puntos de partida es la modificación realizada al artículo
4o. donde se le concedió categoría constitucional al derecho a la protección a
la salud y se aprobó la Ley General de Salud, misma que entró en vigor en
julio de 1984 (López y Blanco, 2001). Dicha reforma al campo sanitario
iniciada en 1982 es impulsada por Salinas de Gortari y en el periodo
presidencial de Ernesto Zedillo es continuada y profundizada a través de dos
vertientes: por una parte, se realizaron cambios a la Ley del Instituto
Mexicano del Seguro Social y por otra, contemplando a la población no
derechohabiente, se realizó una propuesta de reforma del sector salud
1995-2000 (López y Blanco, 2001).
En este mismo periodo presidencial (1994-2000) se constituyó un
paquete de servicios básicos en cuestión de atención sanitaria, el cual estaba
compuesto por doce acciones fundamentales, las cuales acorde con López y
Blanco (2001) incluían:
Saneamiento básico a nivel familiar; manejo de casos de diarrea en
180 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
el hogar; tratamientos antiparasitarios a las familias; identificación
de signos de alarma de infecciones respiratorias agudas y referencia
a unidades de atención médica; prevención y control de tuberculosis
pulmonar; prevención y control de hipertensión arterial y diabetes
mellitus; inmunizaciones; vigilancia de la nutrición y crecimiento
del niño; servicios de planificación familiar; atención prenatal, del
parto y puerperio; prevención de accidentes y manejo inicial de
lesiones, así como participación social. (p.50)
A la par de estos acontecimientos, se comenzó a incursionar más en la
ciencia de la audiología, las experiencias iniciales surgieron en el año de
1987, cuando se colocó un implante coclear
5
en el Hospital General Dr.
Manuel Gea González. Asimismo, se tiene conocimiento de la realización de
implantes monocanal y posteriormente multicanal, en Guadalajara y
Monterrey iniciados entre los años de 1996 y 1998 (Secretaría de Salud,
2009b).
Como se mencionó con anterioridad, “las personas con discapacidad
constituyen la minoría más numerosa y más desfavorecida del mundo”
(López y Blanco, 2001, p. 52); un ejemplo de ello es que en México,
alrededor de 400 mil personas presentan sordera total. Sin embargo, un dato
preocupante para las autoridades mexicanas es la estimación de que tres de
cada 1,000 recién nacidos presentarán discapacidad por hipoacusia si no se
realiza una detección oportuna. Balcázar y Antúnez (2005), con base en
datos del INEGI, reportan para el año 2000, una población de discapacitados
para nuestro país de alrededor de 1,795, 300 personas, distribuidas en
943,717 hombres y 851,538 mujeres; del total 15.7 por ciento representan la
discapacidad auditiva. Además, es necesario destacar que 35.5 por ciento se
encontraba sin instrucción escolar y 27.8 por ciento con primaria incompleta,
asimismo, la población ocupada en alguna actividad remunerada, se ubicaba
en 397,183 personas, de los cuales 23.4 por ciento se dedicaban a actividades
5
Un implante coclear es un transductor que transforma las señales acústicas en señales
eléctricas que estimulan el nervio auditivo. Estas señales son procesadas a través de las
diferentes partes del implante y pasan a través del nervio auditivo al cerebro, que los
reconoce como sonidos, teniendo como consecuencia la sensación de “oír” (Federación de
Asociaciones de Implantados Cocleares de España, 2011).
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 181
agropecuarias y 17.1 por ciento eran artesanos u obreros (Balcázar y
Antúnez, 2005), los datos anteriores reflejan las condiciones precarias en que
se encuentra este grupo poblacional.
Por otro lado, un intento de detectar este tipo de discapacidad es a través
del Tamiz Auditivo Neonatal, según la Secretaría de Salud (2009b) se realiza
en algunos hospitales del país, entre los que se incluye el Hospital Infantil
Dr. Federico Gómez, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y
el Hospital General de México. Sin embargo, una limitante es la carencia de
información relacionada con la cobertura de este servicio sanitario, lo que
ocasiona que la gran mayoría de los casos de hipoacusia y sordera que
ocurren en el país se detecten tardíamente. Además de estas acciones, se han
realizado dotaciones de prótesis auditivas e implantes cocleares, no obstante,
el problema sigue persistiendo ya que solamente un porcentaje mínimo de las
personas que los necesitan se benefician de ellos (Secretaría de Salud,
2009b).
Las personas con discapacidad auditiva han quedado al margen de las
propuestas de los regímenes de bienestar social, debido a su situación de
desventaja social, educativa, laboral, económica, entre otras, por lo que es
común su exclusión de la sociedad oyente que los rodea, entendiéndose aquí
por exclusión el “proceso social de separación de un individuo o grupo
respecto a las posibilidades laborales, económicas, políticas y culturales a
las que otros sí tienen acceso y disfrutan” (Giner, Espinosa y Torres, 1998,
p. 21).
De esta manera, de acuerdo con Gil (2002), los grupos poblacionales
pueden ser agrupados dentro de una clasificación que consta de tres grados o
niveles de exclusión:
- Exclusión de primer grado: pobreza extrema, sin techo, infancia
desprotegida.
- Exclusión de segundo grado: desempleados, personas mayores, habitantes
de pueblos rurales, emigrantes, enfermos del Sida, discapacitados,
hemafroditismo, deformes corporales, personas maltratadas, minorías
étnicas.
- Exclusión de tercer grado: homosexualidad, prostitución, drogodependientes,
alcohólicos, reclusos.
182 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Esta situación de exclusión se ha visto reflejada en diversas áreas de la
vida de las personas con discapacidad auditiva. Por ejemplo, en el área
educativa existen pocos programas de educación inclusiva que permitan el
desarrollo académico de estas personas, lo cual solamente les permite
realizar estudios de primaria y en algunos casos cursar la secundaria, dejando
de lado las posibilidades de cursar la preparatoria o estudios universitarios,
ya que el Censo General de Población y Vivienda realizado en el año 2000
(INEGI, 2000) muestra que 35.5% de las personas con discapacidad
manifestó no tener escolaridad alguna y 27.8% tenía primaria incompleta.
Según la Secretaría de Salud (2009c), estos datos revelan la inequidad y el
rezago que prevalece en nuestro país en el acceso a servicios educativos para
personas con discapacidad.
Por otra parte, en el ámbito de la salud, como ya se describió
anteriormente, los esfuerzos se concentran en la detección temprana de la
discapacidad auditiva en los niños recién nacidos mediante el Tamiz
Auditivo Neonatal, así como en los implantes cocleares para lograr que el
discapacitado auditivo escuche, ya que se considera que el mayor problema
de este grupo poblacional es el hecho de estar incomunicados a través del
canal del habla-escucha (Secretaría de Salud, 2009b).
Lo anterior propicia que exista poco interés por parte de la mayoría de
los oyentes en disminuir esta brecha de comunicación, por lo que
comúnmente se pierde el ánimo de convivir con este grupo poblacional y se
desiste del intento de comprenderlos o de aprender sus medios de
comunicación (exclusión), como afirma Infante (2005:123) “sin ánimo de
comprender sus problemas y frustraciones internas, se les sigue obligando a
convivir y a utilizar recursos como el método oral o los audífonos para que
lleguen a ser semejantes a los oyentes y para que se comuniquen sobre la
base que ellos fijan”. No se respeta su individualidad ni sus características
especiales, sino que se les quiere amoldar al resto de la población. Por las
razones antes mencionadas y aún otros problemas derivados de las mismas,
se sienten excluidos de esta sociedad construida con base en un mundo con
sonido, la cual parece no tener conciencia de la importancia de alentar la
superación personal del no oyente (Infante, 2005).
Dada la problemática anteriormente descrita, la cual está presente en el
andar diario de las personas que poseen discapacidad auditiva, es necesario
revisar los avances registrados en el ámbito de la política social enfocados en
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 183
la consecución de los propósitos del Estado de Bienestar para todos los
individuos de este grupo poblacional, pues de acuerdo con Mishra (citado
por Montoro, 1998), dicho Estado de Bienestar institucionalizó el papel del
gobierno en la prevención y alivio de la pobreza y en el mantenimiento de un
adecuado nivel de vida mínimo para todos los ciudadanos.
Este Estado de Bienestar o Welfare State “se refiere capitalmente a
una dimensión de la política estatal, es decir, de las finalidades del
bienestar social” (García Pelayo citado por Montoro, 1998), tomando en
cuenta que uno de sus objetivos principales es disponer de servicios
sociales de carácter universal (incluyendo la atención sanitaria) a
disposición de toda la población, y es precisamente en este escenario
donde interviene la política social
6
, la cual “incluye todos los planes
gubernamentales, así como programas de educación, salud, prevención de
crimen y corrección, seguridad económica y bienestar social” (Baker,
1988). Otra definición es la que proporciona Guendel (2007) quien afirma
que la política social:
Se visualizó como una actividad complementaria y compensatoria
del mercado, dirigida a contribuir con el proceso de integración
social. Este enfoque produjo una perspectiva asistencial orientada a
generar una integración desde el Estado y centrada principalmente
en propiciar el acceso a ciertos bienes y servicios de consumo
colectivo entendido como derechos sociales y colectivos de
observancia universal. (p. 2)
Con el paso de los años, las políticas sociales se han visto reflejadas en
México a través de algunas acciones e iniciativas realizadas para la atención
a personas con discapacidad, marcando en nuestro país el inicio de las
políticas públicas de tipo asistencialista dirigidas a esta población, mismas
que se describen en el siguiente segmento de este documento.
6
Una política social es una estrategia del gobierno encaminada a lograr un cambio positivo
en la consecución del bienestar social de los ciudadanos y orientada por los derechos
sociales y las necesidades humanas básicas (Baker,1988 y Guendel, 2007).
184 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
Alcances de las políticas públicas actuales para la discapacidad.
La transición epidemiológica y demográfica del país en las últimas
décadas, ha determinado una tendencia ascendente en materia de
discapacidad. Hoy en día la prevención y atención de la discapacidad
representan retos en salud pública que deben atenderse de manera prioritaria
(Secretaría de Salud, 2009a). El Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012
correspondiente al gobierno del Presidente de la República Felipe Calderón,
está estructurado en cinco ejes rectores: 1. Estado de derecho y seguridad; 2.
Economía competitiva y generadora de empleos; 3. Igualdad de
oportunidades; 4. Sustentabilidad ambiental; y 5. Democracia efectiva y
política exterior responsable. En cada uno de los apartados, primeramente se
muestra un panorama general de la situación del país en la temática
abordada, para posteriormente y con base en dicha información, establecer
los objetivos y estrategias a implementar para lograr las metas propuestas en
cada eje rector (PND, 2007). En este plan se integra a las personas con todo
tipo de discapacidad dentro de la categoría de grupos vulnerables en lo
concerniente al tercer eje rector referente a la Igualdad de Oportunidades,
como se plantea en el PND (2007):
Es obligación del Estado propiciar igualdad de oportunidades para
todas las personas, y especialmente para quienes conforman los
grupos más vulnerables de la sociedad, como los adultos mayores,
niños y adolescentes en riesgo de calle, así como a las personas con
discapacidad. La igualdad de oportunidades debe permitir tanto la
superación como el desarrollo del nivel de vida de las personas y
grupos más vulnerables. (p. 214)
Se hace mención de este grupo poblacional en el objetivo número 17 del
mismo eje rector, dentro de la estrategia 17.6, la cual se propone apoyar
integralmente a las personas con discapacidad para que logren incorporarse a
las actividades productivas y culturales, en pleno gozo de sus derechos y en
un ambiente de independencia. Asimismo, la estrategia 17.7 de este mismo
Plan busca garantizar la disponibilidad de los instrumentos y el personal
necesarios para realizar un diagnóstico temprano y canalizar oportunamente
a las personas con discapacidad a los servicios de estimulación temprana y
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 185
rehabilitación. En el caso de los niños, define la pertinencia de establecer
protocolos en las instituciones de salud con el objetivo de que el personal
pueda detectar oportunamente las discapacidades para su atención y
rehabilitación temprana (PND, 2007).
Por otra parte, el Gobierno Federal publicó el Programa Sectorial de
Salud 2007-2012, el cual enfatiza en su línea de acción 5.4 la necesidad de
fortalecer las acciones de prevención, atención y rehabilitación integral de
las personas con discapacidad. El programa incluye también una serie de
estrategias y líneas de acción para contribuir a que las personas con
discapacidad disfruten del derecho al más alto nivel posible de salud, sin
discriminación, con particular atención en neonatos y adultos mayores. En
este sentido, la prevención de la discapacidad y la atención integral a la
salud de las personas con discapacidad, desde la perspectiva oficial de la
Secretaría de Salud (2009a), tienen carácter prioritario e inmediato, ya que
contribuyen a que la población mexicana no sólo tenga una esperanza de
vida más alta, sino que sea de calidad disfrutando una vida saludable y
activa. Lo anterior favorecería su inclusión a la sociedad mediante la
igualdad de oportunidades.
Además del Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Sectorial de
Salud del sexenio 2007-2012, existen algunos documentos fundamentales
que resguardan la integridad y bienestar de los discapacitados auditivos
como parte de la población con discapacidad. Dichos documentos se
resumen en los siguientes: 1) la Ley General de las Personas con
Discapacidad; 2) La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la
Discriminación; 3) la Ley General de Salud, 4) la Ley General de
Educación, 5) la Ley General de Desarrollo Social, 6) la Ley de Asistencia
Social, así como algunos acuerdos realizados en la Cámara de Diputados del
H. Consejo de la Unión. Sus propuestas, estrategias y aportaciones más
importantes se detallan a continuación.
Ley General de las Personas con Discapacidad publicada el 10 de junio
de 2005, atribuye al Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad
(CONADIS) el establecimiento de una política de Estado en la materia, así
como promover, apoyar, fomentar, vigilar y evaluar las acciones, estrategias
y programas derivados de la Ley. Asimismo, establece que los principios
que deberán observar las políticas públicas respecto a la discapacidad son: la
equidad, la justicia social, la igualdad (incluida la igualdad de
186 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
oportunidades), el respeto a la dignidad y a la autonomía individual, la
integración a través de la participación e inclusión plenas y efectivas en la
sociedad, el reconocimiento y la aceptación de la discapacidad como parte
de la diversidad y condición humanas, la accesibilidad y la no
discriminación (Secretaría de Salud, 2009c).
El objeto de esta ley es establecer las bases que permitan la plena
inclusión de las personas con discapacidad, dentro de un marco de igualdad
en todos los ámbitos de la vida. De manera enunciativa y no limitativa, esta
ley reconoce a las personas con discapacidad sus derechos humanos y ordena
el establecimiento de las políticas públicas necesarias para su ejercicio. En el
Artículo 29 se menciona que el Consejo Nacional para las Personas con
Discapacidad es el instrumento permanente de coordinación intersecretarial e
interinstitucional que tiene por objeto contribuir al establecimiento de una
política de Estado en la materia, así como promover, apoyar, fomentar,
vigilar y evaluar las acciones, estrategias y programas derivados de esta ley
(Secretaría de Salud, 2009c).
Dentro de los Derechos y Garantías para las Personas con Discapacidad
que se manejan en el Título Segundo de esta misma ley, se mencionan el
derecho a la salud, al trabajo y la capacitación, a la educación, a las
facilidades arquitectónicas de desarrollo urbano y de vivienda; el derecho al
transporte público y las telecomunicaciones, al desarrollo y a la asistencia
social, al deporte y la cultura, a la seguridad jurídica y el derecho a la
concurrencia. Sin embargo, a pesar de los aspectos considerados
anteriormente, que en su conjunto pudieran lograr el desarrollo humano de
las personas con discapacidad visto desde una perspectiva integral, la
realidad es que a seis años de haber sido publicada esta ley, aun se observa
un gran rezago entre lo propuesto dentro de sus objetivos primordiales y el
avance que se ha logrado y/o reflejado en las condiciones de vida de su
población objetivo, especialmente en aquellos que aunado a su condición de
discapacidad, se encuentran en situaciones de pobreza, marginalidad y
discriminación, puesto que las personas discapacitadas se ven excluidas de la
vida social y económica, por lo que suelen quedar al margen de las medidas
destinadas a combatir la pobreza (Banco Mundial, 2005).
Respecto a este último punto, también se han registrado acciones para
atender la discriminación; la más importante de éstas, tuvo lugar el 11 de
junio de 2003, ya que en cumplimiento de lo dispuesto por la fracción I del
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 187
Artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se
decretó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (DOF,
2007). En concordancia con el Artículo 1 de la Constitución el cual prohíbe
toda discriminación que se ejerza contra cualquier persona, esta ley tiene por
objetivo prevenirla y eliminarla sin importar el motivo que la origine, así
como promover la igualdad de oportunidades y de trato, teniendo como
característica que sus disposiciones son de carácter público y de interés
social.
En los artículos 11 y 13 de esta misma ley, se mencionan algunas
acciones descritas como “medidas positivas y compensatorias” a favor de la
igualdad de oportunidades de niños y niñas con discapacidad y de las
personas con discapacidad en general (PRONADDIS 2009:37). Dichas
disposiciones se centran en: diseñar programas de atención médica y
sanitaria para combatir la mortalidad y la desnutrición infantiles; impartir
educación para la preservación de la salud y el respeto a los derechos
humanos; promover el otorgamiento en los niveles de educación obligatoria
de las ayudas técnicas necesarias para cada discapacidad; promover que en
las unidades del sistema nacional de salud y de seguridad social reciban
regularmente el tratamiento y medicamentos necesarios para mantener y
aumentar su capacidad funcional y su calidad de vida; entre otras acciones.
De igual manera, al ser la salud uno de los objetivos primordiales para
lograr la calidad de vida antes mencionada, México cuenta con la Ley
General de Salud (DOF, 1984) la cual reglamenta el derecho a la protección
de la salud que tiene toda persona en los términos del artículo cuarto de
nuestra Carta Magna; asimismo establece las bases y modalidades para el
acceso a los servicios de salud y la concurrencia de la Federación y las
entidades federativas en materia de salubridad general. Esta ley es de
aplicación en toda la República y sus disposiciones son de orden público e
interés social. En su artículo tercero se señala que la atención médica es
materia de salubridad general, preferentemente en beneficio de los grupos
vulnerables (en su última reforma publicada en agosto de 2011). Como se
mencionó en apartados anteriores, las personas con discapacidad se ubican
dentro de esta categoría, sin embargo, la atención a la salud se centra en otros
tipos de discapacidades como la motriz, la visual, la mental, dejando
rezagada a la discapacidad auditiva.
Por otra parte, en el artículo 25 de la Convención sobre los Derechos de
188 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
las Personas con Discapacidad, aprobada por la ONU el 13 de diciembre de
2006 (misma que entró en vigor el 3 de mayo de 2008), los Estados Partes
reconocen que las personas con discapacidad tienen derecho a gozar del más
alto nivel posible de salud sin discriminación por motivos de discapacidad, y
se comprometen a adoptar las medidas pertinentes para asegurar el acceso de
las personas con discapacidad a servicios de salud que tengan en cuenta las
cuestiones de género, incluida la rehabilitación. Al respecto, en México los
hallazgos detectados en la investigación sobre la atención en materia de
salud dirigida a la población con discapacidad auditiva, se resumen en
acciones que se concentran en proporcionar los auxiliares auditivos,
implantes cocleares y en el momento del nacimiento de los niños al
implementar el Programa de Acción Específico 2007-2012 Tamiz auditivo
neonatal e intervención temprana, el cual, según la Secretaría de Salud
(2009), propone garantizar una atención integral a los niños recién nacidos a
través del diagnóstico temprano y oportuno de la hipoacusia y la sordera.
Dichas acciones tienen como objetivo disminuir la presencia de la
discapacidad auditiva, ya que, como se mencionó anteriormente, la misma
Secretaría de Salud (2009) estima que en México tres de cada 1,000 neonatos
presentará discapacidad por hipoacusia si no se detecta a tiempo.
Sin embargo, las personas jóvenes y adultas sordas también requieren de
una atención especializada en materia de salud, no enfocada específicamente
a la prevención, sino a la obtención de un nivel de vida favorable para su
desarrollo humano y social integral. Esta cara de la realidad no es atendida
desde esta visión, debido a que no se le da la importancia adecuada, ya que la
ausencia o pérdida de la audición no sólo representa un problema sanitario,
sino que en la mayoría de las ocasiones “implica la reclusión en el mundo del
aislamiento” (Secretaría de Salud, 2009b, p. 15).
Lo anterior se debe a que generalmente en la vida de las personas con
discapacidad auditiva, se presenta un desequilibrio psico-emocional
ocasionado por la falta de contacto con el resto de la población oyente, en
gran medida porque el comprender las ideas de los demás y transmitir y
hacer comprender las propias representa todo un reto para las personas
sordas. Aunado a esto, se hace presente la problemática relacionada con la
dificultad de aprender y/o desarrollar su propio lenguaje, por ejemplo, la
Lengua de Señas Mexicana (LSM), la cual puede estar acompañada de
mímica y gestos propios de cada persona. Esto representa asimismo un
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 189
rezago en su nivel educativo y desarrollo profesional, ya que en los planteles
de educación regular no se tiene a los maestros capacitados en la LSM ni
intérpretes de la misma, provocando que los niños sordos se vean obligados a
incorporarse a escuelas especiales, o bien, a abandonar sus estudios (Cruz,
2009).
Al respecto, la Ley General de Educación (DOF, 1993) es la encargada
de regular la educación que imparte el Estado (federación, entidades
federativas y municipios), sus organismos descentralizados y los particulares
con autorización o con reconocimiento de validez oficial de estudios. En su
artículo 39, esta ley señala que en el Sistema Educativo Nacional queda
comprendida la educación inicial, la educación para adultos y la educación
especial, ésta última destinada (según el artículo 41) a individuos con
discapacidades transitorias o definitivas, atendiendo a los educandos de
manera adecuada a sus propias condiciones, con equidad social incluyente y
con perspectiva de género (Secretaría de Salud, 2009c).
Esta educación especial, en teoría, propicia la integración de las
personas con discapacidad auditiva al contexto educativo y social a través de
su inclusión a los planteles regulares de educación, en los cuales se deben
utilizar (de acuerdo a dicha ley) métodos, técnicas y materiales
especializados. Sin embargo, al observar la dinámica de interacción en la
escuela de nivel secundaria a donde acuden a estudiar las personas con
discapacidad auditiva en la ciudad de Monterrey, realizada durante el 2011,
se hace palpable una realidad diferente, ya que existe una necesidad
imperante de disponer de profesores de enseñanza básica capacitados en la
lengua de señas mexicana, para que de esta manera, no sólo se garantice la
comprensión del material y contenido educativo de los programas, sino que
se contribuya al desarrollo personal y social de este grupo de la población.
Es en este contexto donde tiene su campo de acción la Ley General de
Desarrollo Social (DOF, 2004b), cuyo objetivo, entre otros, es garantizar el
pleno ejercicio de los derechos sociales consagrados en la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, asegurando el acceso a toda la
población al desarrollo social, que de acuerdo con Midgley (citado por el
Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, 2006), es entendido
como “un proceso de bienestar de las personas en conjunción con un
proceso dinámico de desarrollo económico”. En otras palabras, el desarrollo
social es un proceso que finalmente conduce a una mejoría en las
190 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
condiciones de vida de la población, incluyendo los aspectos de salud y
educación mencionados en párrafos anteriores, así como la seguridad social,
la equidad, entre otros.
Esta misma ley señala en su artículo octavo que toda persona o grupo
social en situación de desventaja tiene derecho a recibir acciones y apoyos
tendientes a disminuir dicha desventaja. Esto, refleja una utopía si se
analizan las condiciones de vida de las personas discapacitadas auditivas, ya
que a pesar de las acciones realizadas a favor de las mismas, actualmente se
observa una marcada diferencia en las oportunidades de que disponen, en
comparación con el resto de los oyentes (Secretaría de Salud, 2009c).
Al respecto, la Ley de Asistencia Social (DOF, 2004a), la cual fue
publicada en el Diario Oficial de la Federación del 9 de enero de 1986,
plantea que “el Sistema Nacional de Salud en materia de asistencia social
debería establecer y llevar a cabo programas interinstitucionales para
asegurar la atención integral de grupos sociales en situación de
vulnerabilidad” (Secretaría de Salud, 2009c, p.26), categoría en la cual se
encuentran las personas con discapacidad auditiva, además, en su artículo
cuarto, establece que tienen derecho a la asistencia social los individuos y
familias que por sus condiciones físicas, mentales, jurídicas o sociales
requieran de servicios especializados para su protección y plena integración
al bienestar. Asimismo, refiere en su artículo doceavo que los servicios
básicos de salud en materia de asistencia social serán entre otros, la
prevención de invalidez y la rehabilitación e integración a la vida productiva
o activa de personas con algún tipo de discapacidad.
Con respecto a lo anterior, es importante señalar que en la
aproximación a los jóvenes y adultos con discapacidad auditiva del estudio
de intervención mencionado, se detectaron casos en los que se les negó
algún servicio de salud o de educación debido a su condición de
discapacidad. Este aspecto, contrasta con las propuestas realizadas por la
Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados
(2003), la cual ha desarrollado algunos acuerdos y trabajos con relación a la
protección y atención de las personas con discapacidad auditiva, entre los
cuales destacan:
La aprobación del Punto de Acuerdo para solicitar a la Secretaría de
Educación Pública la reapertura de la Escuela Nacional de Sordos.
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 191
Punto de acuerdo para exhortar al Ejecutivo para cumplir con los
compromisos derivados del Convenio 159 de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT). Dicho convenio regula los derechos
laborales para las personas con discapacidad estipulando que los gobiernos
que los adopten deberán generar empleos para este sector de la población,
garantizando su desarrollo en el mismo y la seguridad social.
Dichas cuestiones resultan de suma importancia, ya que los jóvenes y
adultos con discapacidad auditiva refieren a un escaso conocimiento de sus
derechos humanos, asimismo, expresan diferentes situaciones de abuso por
parte de las personas oyentes, tales como la negación de servicio médico y de
oportunidades educativas o laborales por su condición de discapacidad,
maltrato físico ó psicológico, abuso en situaciones legales (herencias, patria
potestad, posesión de bienes) por no saber leer ni escribir, entre otras.
Además, impera la escasa información sobre las oportunidades laborales,
pues la mayoría de ellos se encuentran subempleados o desempeñan
actividades precarias con salarios mínimos.
Esta situación ha sido documentada, ya que a pesar de las acciones que
se han venido desarrollando a través de la historia a favor de las personas con
discapacidad auditiva, manifiestas tanto en el PND, como en los programas
nacionales de carácter social, llevados a cabo por los diversos organismos
nacionales especializados en la atención de la discapacidad (figura 1.1), los
mismos beneficiarios aún tienen la necesidad de una atención más integral.
De esta manera, el trabajo con las personas con discapacidad constituye una
tarea mancomunada de todos los actores y sectores de la sociedad para hacer
de esta integración una realidad (Pérez, 2008).
Al analizar la situación en que se encuentra este grupo poblacional en
comparación directa con el estado ideal que plantean las políticas sociales, se
puede denotar la importancia del papel que realiza la profesión del Trabajo
Social, puesto que “la política social, en cuanto a un conjunto de medidas
que pretenden responder al bienestar social, precisa de disciplinas y
profesiones que faciliten la concreción de las respuestas a las poliédricas
dimensiones de las necesidades. El trabajo social responde a esta exigencia”
(Alemán y Garcés, 1997, p.534).
Como señala Matus (2008), una de las tareas fundamentales del trabajo
social es la prestación de servicios sociales concretos, siendo el desempeño
192 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
adecuado de la labor asignada a esta profesión un elemento indispensable y
de suma importancia en la organización de los grupos desposeídos (entre
ellos las personas con discapacidad auditiva), lo anterior enfocándose en la
búsqueda de nuevas y mejores formas de atención de los problemas
sociales.
Por lo anterior, para una mejor comprensión y en consonancia con el
modelo de Atención Prioritaria a la Salud (APS), propuesto por la OMS
(2008), el siguiente esquema tiene como objetivo principal retomar y
explicar lo mencionado anteriormente, referente a la relevancia que adquiere
la intervención social desde un proyecto con enfoque integral, en articulación
con la política pública encaminada a la atención del grupo poblacional de
estudio (figura 1.1). Su construcción está basada en la información
documental referente a la noción del Estado de Bienestar Social, en el que se
incluyen el Plan Nacional de Desarrollo así como las Leyes que garantizan
los derechos sociales de las personas con discapacidad auditiva, documentos
descritos en los párrafos anteriores y que se ven reflejados en la sección
derecha del esquema.
En la misma sección se pueden apreciar tres organismos nacionales
relacionados con la atención a las personas con discapacidad: el Consejo
Nacional para las Personas con Discapacidad (CONADIS), el consejo
Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) y la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos, todos ellos encargados de velar y actuar
con el objetivo de “coadyuvar a mejores condiciones de bienestar social”
para las personas con discapacidad, a través de la ejecución de los programas
nacionales de carácter social, destacando entre ellos el Programa Nacional
para el Desarrollo de las Personas con Discapacidad y el Programa de
Acción para la Prevención y Rehabilitación de Discapacidades.
Por otro lado, en la sección superior izquierda se hace referencia a las
cuestiones de exclusión social asociadas a la problemática que representa la
discapacidad auditiva, incluyendo como aspectos sobresalientes los
conflictos relativos a la comunicación con la sociedad oyente y los conflictos
emocionales (depresión, baja autoestima, etcétera) que surgen en la persona
sorda como respuesta a su situación de discapacidad y al entorno, al
compararse con el resto de la población oyente, esto indiscutiblemente,
merma sus condiciones de bienestar afectando como consecuencia su salud
mental. Cabe mencionar que existen algunas excepciones al respecto, puesto
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 193
que el desarrollo personal de cada individuo depende del contexto social en
que se desenvuelve y de otros factores sociales, principalmente de la familia,
considerada como un pilar fundamental en la atención primaria de la salud, la
educación e integración de los hijos, ya que todas aquellas acciones a realizar
bajo este encuadre apoyarán el logro de la autonomía de las personas con
discapacidad (Cajal y Castillo, 2008). En la sección central del esquema se
incluye la intervención desde el trabajo social, partiendo de la concepción de
integralidad mencionada al inicio de este documento, el proyecto social
implementado titulado como Mano con manoRompiendo silencios se
propone como alternativa de atención a los casos específicos de discapacidad
auditiva, para lo cual es necesario contextualizar con base en la visión
holística expuesta en el esquema.
Con relación al proyecto, el objetivo general consistió en contribuir al
incremento del nivel de desarrollo humano de la población joven y adulta
con discapacidad auditiva, que acudían al Centro de Atención Múltiple
(CAM), así como su integración como miembro activo de la sociedad a
través de tres ejes: 1) un “Taller Vivencial de Desarrollo Humano para
Sordos”, con el objetivo de sensibilizar a los participantes sobre su
importancia como individuos, así como contribuir a su integración a la
sociedad que los rodea; 2) un “Taller de integración y empoderamiento”, el
cual proporcionaría al participante estrategias de acción para el manejo de
conflictos a fin de que puedan aplicarlas en las diferentes situaciones
familiares, grupales y sociales a las que se enfrentan diariamente; y por
último, 3) un Foro informativo, con la finalidad de capacitar al participante
en materia de derechos humanos y derechos específicos del sordo, así como
de las opciones laborales y educativas disponibles, con el propósito de
facilitar su integración a la sociedad.
El proyecto se dirigió a la atención del desarrollo individual y social de
las personas con discapacidad auditiva, por medio del desarrollo humano,
entendido este último por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD, 2010) como aquel que facilita la promoción del
desarrollo potencial de las personas, aumentando sus posibilidades de tal
manera que puedan disfrutar de la libertad para vivir la vida que valoran.
Esto surgió de la necesidad de atender a las personas con este tipo de
discapacidad desde una perspectiva integral, apoyada en la concepción de
salud mental y emocional (enfoque bio-psicosocial). Asimismo se
194 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
contribuyó al rompimiento del silencio en el que se ha visto sumergida a la
población sorda, no sólo por su incapacidad de escuchar, sino porque en la
sociedad ellos no tienen voz ni voto, incapacitándolos socialmente a expresar
sus ideas y a ser escuchados. A partir de la revisión realizada en este
apartado y de la propuesta de deconstrucción presentada en el esquema, es
que en el siguiente apartado se enuncian algunos retos de la política pública
para con la discapacidad, particularmente con la auditiva.
Figura 1.1 Deconstrucción en la operatividad de las políticas y programas
sociales para la atención de la discapacidad auditiva.
Fuente: Elaboración propia
Retos de las políticas públicas para la atención de la discapacidad.
Hasta ahora, la atención en materia de salud para las personas con
discapacidad auditiva se había enfocado prioritariamente a la prevención de
la misma, así como a su atención paliativa y, en cierto sentido, a remediarla.
En México existen algunos programas o proyectos encaminados a la
atención de este grupo poblacional, dentro de los cuales destacan el
Programa Nacional para el Desarrollo de las Personas con Discapacidad, el
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 195
Programa de Integración Laboral para Personas con Discapacidad, el
Programa de Acción para la Prevención y Rehabilitación de Discapacidades
y el Programa Nacional para el Fortalecimiento de la Educación Especial y la
Investigación Educativa (figura 1.1). Sin embargo, aun queda un largo
camino por recorrer para alcanzar las metas propuestas en los programas
antes mencionados.
Respecto a lo anterior, se han encontrado antecedentes de acciones
nacionales y locales cuyo objetivo ha sido el apoyo en las revisiones médicas
y algunas becas económicas para realizarles implantes cocleares a aquellas
personas que resultasen candidatas para tal operación, es decir, aquellas que
bajo cierto tratamiento médico (incluyendo el implante) puedan recuperar la
audición en mayor o menor medida, dependiendo de las condiciones físicas
de la persona y del grado de pérdida auditiva. No obstante, el resto de la
población con este tipo de discapacidad (quienes no son candidatos o
presentan pérdida total de la audición o sordera) queda fuera de estos
programas y no recibe algún otro tipo de atención a su persona, a excepción
de aquellos que perciben algún apoyo económico para su manutención,
dejando de lado las otras áreas del ser humano como la emocional, la
psicológica y el desarrollo personal, así como los demás derechos del ser
humano, esto es, el derecho a la educación, al empleo, a la accesibilidad y
movilidad, a la información, entre otros.
En consecuencia, el logro de la independencia y autonomía de las
personas con discapacidad auditiva, visto desde el contexto físico,
psicológico, emocional y social, se consigue a través de una búsqueda de la
inclusión de dichas personas en todo el quehacer de la comunidad; de igual
manera, es imperante trabajar en la eliminación de las barreras físicas,
ambientales, culturales y sociales, buscando la solidaridad de la comunidad
con las personas con discapacidad e incluyéndolas en todo el accionar del
sector salud (Pérez, 2008).
Por las razones anteriormente mencionadas, se considera pertinente que
las intervenciones futuras en esta problemática se desarrollen desde lo social
a través de propuestas integrales que incluyan las áreas que están siendo
segregadas, las cuales posean un enfoque primordial en la atención del
desarrollo humano de las personas con discapacidad auditiva. Este manejo
integral de las discapacidades implica tener criterio preventivo de la misma y
actuar tomando en cuenta todos los problemas causantes, predisponentes y
196 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
agravantes de la situación, los cuales limitan las funciones y actividades, y al
mismo tiempo restringen la participación de la persona que padece la
discapacidad (Pérez, 2008), siguiendo el enfoque de integralidad, en el cual
influyen los aspectos biológico, psicológico y social del individuo.
De esta manera, el manejo del problema requiere la actuación social y
es responsabilidad colectiva de la sociedad hacer las modificaciones
ambientales necesarias, para propiciar una participación plena de las
personas con discapacidad en todas las áreas de la vida social (Vázquez,
2008). Por lo tanto, se ha estimado conveniente integrar activamente a la
población objetivo en el estudio e intervención de su problemática, ya que
se considera que tienen un papel fundamental en la interpretación y
priorización de los problemas que los aquejan, pues son ellos mismos
quienes los padecen y pueden proponer alternativas de solución de acuerdo
a sus necesidades.
Con respecto a la política social, uno de los ámbitos en el que las
propuestas de política pública han estado presentes, es en el sector educativo.
Pese a las leyes, planes y acciones implantadas en el PND (2007-2012), aún
dista muchos de su aplicación certera, para la creación de los servicios e
infraestructura adecuada a las necesidades de los discapacitados. Al
respecto, la OMS (2011) señala que sólo 18 países de los 28 que han
proporcionado información de las estrategias realizadas. Un punto que
representa un gran reto es la protección social de los portadores de
discapacidad y los integrantes de sus familias.
No sólo en el ámbito educativo se aprecia la insuficiencia en la
cobertura de servicios. En el sector salud, la atención médica, la
rehabilitación y la asistencia son los servicios que acentúan la vulnerabilidad
de los discapacitados (OMS, 2011). Aunado a esto, los cuidadores
principales no disponen de la capacitación necesaria para afrontar las
necesidades de atención. Este es un aspecto en que el Estado no ha centrado
la atención desde las políticas públicas, pues finalmente, los cuidadores de
los discapacitados y/o enfermos crónicos son uno o dos integrantes de sus
hogares (Rangel, 2011). En este sentido, la desfamiliarización
(Esping-Andersen, 2000) ha sido el soporte de las estrategias de Estado para
que la estructura en materia de salud haya adquirido sentido dentro de los
procesos salud/enfermedad/atención.
Lo anterior, va de la mano con la inaccesibilidad latente para los
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 197
discapacitados. La OMS (2011) menciona como ejemplo la falta de
infraestructura en edificios públicos y en el sistema de transporte, pese a que
países desarrollados han propuestos líneas de acción y leyes, no se aprecian
los resultados. Con relación a la discapacidad auditiva, el lenguaje de señas
es una prioridad para el desarrollo individual de las personas portadoras. El
organismo reporta que en una encuesta aplicada a noventa y tres países,
reflejó que treinta y uno no tenían ningún servicio de intérprete, en tanto,
treinta países disponían de menos de veinte intérpretes cualificados (OMS,
2011). Lo anterior da cuenta de otro de los retos, no sólo para el Estado, sino
también para el sector privado organizaciones de la sociedad civil, pues es
menester la participación de estos dos componentes en pro del bienestar
social.
Como se observa, la OMS (2011) alude a la cualificación, lo cual
vislumbra nuevos abordajes que identifiquen aspectos de desarrollo
comunitario y desarrollo humano, lo cual permitiría identificar en forma
precisa a los sujetos portadores de discapacidad, para este caso la auditiva, de
acuerdo con la propuesta presentada en este estudio en el esquema de
deconstrucción. La OMS (2011) establece la prioridad en la rehabilitación en
y desde la comunidad. Esto, permitiría articular las acciones preventivas y de
cuidado desde el entorno en el cual se desenvuelve el discapacitado auditivo,
pero atendiendo a necesidades específicas que re signifiquen su papel en la
sociedad con quienes conviven o realizan sus actividades cotidianas.
La inversión en salud para la discapacidad, no sólo la auditiva, sino en
general, representa dar un giro a los estudios sobre desigualdad social, y por
tanto, centrar la mirada en la igualdad y en la inclusión de los actores
sociales, no sólo los portadores de algún tipo de discapacidad, sino de todos
los que forman parte de los servicios de rehabilitación, cuidado, prevención y
asistencia. Sólo así el mundo del discapacitado podrá ser parte del mundo de
los “capacitados”.
Conclusiones.
A lo largo de este documento, se han estado tratando los temas de la
salud pública, la prevención de discapacidades, así como la complejidad del
problema antes mencionado, de manera que se puede concluir que al hablar
198 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
de la discapacidad auditiva, no solamente se habla de una situación de salud,
sino que se trata de una compleja problemática social, la cual tiene múltiples
facetas. Por otro lado, se puede afirmar que los enfoques de la política
pública en materia de salud hacia la discapacidad auditiva, como se
mencionó en anteriores apartados de este documento, se concentran
primordialmente en cuestiones de atención temprana e implantes cocleares,
dejando de lado la atención integral enfocada al desarrollo humano de las
personas con este tipo de discapacidad.
Una observación realizada al respecto es que hasta el momento no se
han encontrado registros o antecedentes de proyectos similares a Mano con
mano rompiendo silencios donde, a partir de la propuesta de
“Deconstrucción en la operatividad de las políticas y programas sociales para
la atención de la discapacidad auditiva”, se proponga el desarrollo integral de
los discapacitados auditivos, lo cual representa una gran área de oportunidad
para el campo del trabajo social. Es mediante intervenciones como la
realizada con el proyecto antes mencionado, que se pretende abrir campo
para que sean desarrolladas nuevas iniciativas y se tome en cuenta a los
discapacitados auditivos como parte activa de la sociedad mexicana, quienes
están dispuestos a vivir y compartir en el mundo de los oyentes, mostrando
una apertura cuando un oyente tiene intensiones de incursionar en el mundo
de la lengua de señas, ya que este acto es considerado como una actitud
empática, donde el oyente se sitúa en la misma posición que ellos,
suprimiendo, de cierta manera, su canal auditivo.
Cabe mencionar como información complementaria a lo anterior, que
algunas observaciones realizadas durante la implementación del proyecto,
dejan entrever un panorama en el que la persona sorda, tiene un ávido deseo
de relacionarse con el mundo oyente y no solamente con la comunidad sorda;
además, tienen los mismos deseos de superación personal, metas y retos que
el resto de la sociedad. Por lo tanto, se puede concluir que representa un gran
trabajo el construir una conciencia social, cambiar la percepción que aún
prevalece y contribuir a la integración social de los discapacitados auditivos,
no solamente con las personas en sí, sino en el acceso a los servicios en
instituciones, comercios, organizaciones, gobierno y sociedad en general. Es
imperante enfocarse con más esmero en la consecución de ese término tan
ambicioso y necesario a la vez, pero al mismo tiempo casi inalcanzable: la
igualdad de oportunidades para todos los seres humanos.
Nancy Fabiola Moreno Zavala José Manuel Rangel Esquivel 199
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Recibido el 1 de Abril del 2012.
Aceptado el 10 de Junio del 2012.
Nancy Fabiola Moreno Zavala. Profesora en la Facultad de Trabajo
Social y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, México. Línea de investigación: intervención social con grupos
vulnerables. Correo electrónico: nancyfmz@hotmail.com
José Manuel Rangel Esquivel. Profesor-investigador en la Facultad de
Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de
Nuevo León, México. Doctor en Estudios Científico-Sociales por el
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).
Líneas de investigación: salud y familia, política pública en salud e
investigación cualitativa en salud. Correo electrónico: josemre@gmail.com
INTERNATIONAL JOURNAL OF LATIN AMERICAN
STUDIES
Journal of the Institute of Iberoamerican Studies
CRITERIOS PARA LA PRESENTACIÓN DE
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El Instituto de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Pusan de
Estudios Extranjeros, en conformidad con su agenda de publicaciones, pone
a disposición de la comunidad académica internacional y científicos
interesados en el área de las ciencias sociales, especialmente investigadores
de asuntos sobre América Latina, la Revista International Journal of Latin
American Studies. El propósito de la revista es crear un espacio de análisis,
discusión y reflexión en el área de las ciencias sociales; además de difundir
la producción que realizan especialistas en esta área geográfica y los aportes
que se produzcan desde otras disciplinas afines. Por ello convoca a la
presentación de investigaciones originales e inéditas, no publicadas
previamente, de calidad, en forma individual o en colaboración, de acuerdo a
los siguientes criterios:
a) Contenido:
Los trabajos de investigación, ensayos y reseñas deben referirse a temas
de las ciencias sociales destinados al análisis de la realidad
latinoamericana (desde la antropología, la sociología, la ciencia política y
la historia), a la divulgación científica de los resultados de
investigaciones tanto empíricas como teóricas. Los números pueden ser
temáticos.
La estructura de los artículos [trabajos de investigación] debe
corresponder a la de un trabajo académico: Incluir una introducción
(sección en la que se plantea el problema y se presenta el propósito),
metodología, resultados y discusión en la cual se interpretan los resultados
y se discuten las implicaciones. Los artículos teóricos y metodológicos
obedecen a la siguiente estructura: introducción, antecedentes, desarrollo
y conclusión. Las afirmaciones deben respaldarse en datos objetivos o en
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revisión de autores. Se recomienda utilizar notas a pie para el caso de
aclaraciones necesarias.
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publicación para ser sometidos a dictamen.
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resumen en castellano o en el idioma de la investigación y un abstract en
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corresponda.
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incorporación de cambios o no publicables. En caso de que surjan
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4. Debajo del artículo se incorporará el resumen y el abstract de menos de
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breve reseña curricular del o de los autores indicando máximo grado
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7. La extensión máxima de los artículos dependerá de la sección a la que
vayan destinados: Trabajos de Investigación (30 cuartillas), Ensayos (25
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8. Los artículos destinados para las secciones: Trabajos de Investigación y
Ensayos deberán ajustarse a las características necesarias de un trabajo
académico de calidad; tales como contar con un aparato crítico bien
desarrollado, con afirmaciones sustentadas suficientemente por estudios
de otros autores o por datos propios obtenidos según criterios científicos
de objetividad.
9. Las notas al pie de página serán enumeradas correlativamente y deben ser
aclaratorias o explicativas del texto principal. La bibliografía se indicará
al finalizar el texto incluyendo información completa sobre los autores
citados a lo largo del texto.
10. Todas las formas de citar e integrar referencias deben obedecer al
formato de la American Psychological Association [Se recomienda
revisar la 5ta edición del Manual de Publicación de la APA].
11. Cuando se cita textualmente un fragmento de más de 40 palabras, el
bloque se debe presentar en cuerpo pequeño, a doble espacio, sin
entrecomillado, comenzando en otra línea y dejando cinco espacios del
margen izquierdo (1,3 cm.). Siempre se debe indicar autor, año y la
página; además se debe incluir la referencia completa en la lista de
referencias. Ejemplo:
Al referirse al cultivo de la lengua, Lledó (1994) sostiene lo siguiente:
La creación de un lenguaje interior del que emerge la literatura, la
consolidación de una estructura mental, el cultivo del pensamiento
INTERNATIONAL JOURNAL OF LATIN AMERICAN STUDIES 207
abstracto que es esencialmente lenguaje, la lucha por recrear
continuamente en torno a los principios de verdad, justicia, libertad,
belleza, generosidad, todo eso marca el camino del progreso y de
convivencia. Y esto es, a su vez, cultivo y cultura de las palabras,
revisión del inmenso legado escrito, que no es otra cosa que pensar con lo
pensado, desear con lo deseado, amar con lo amado; en definitiva, soñar
los sueños de las palabras, que duermen en el legado de la tradición
escrita, de la tradición real, y que al soñarlas las despertamos y, al tiempo
que las despertamos, nos despertamos nosotros con ellas. (p. 11)
12. En los casos en los que la cita textual no excede las 40 palabras, se
incluye en la misma línea, señalándola entre comillas e indicando la
página junto con el autor y el año, o al final de la cita. Ejemplos:
Colomer (2002, p. 5) sostiene que “De la capacidad de la literatura para
llevar a descubrir el sentido de la realidad en la formulación del lenguaje
se derivan unas cualidades formativas para el individuoestéticas,
cognitivas, afectivas, lingüísticas”
“Con el concepto de cultura escrita, uno se refiere a todo el conjunto de
investigaciones interdisciplinarias que toman la escritura, sus efectos, sus
causas en el individuo, en la sociedad, en el aprendizaje, en todas las
dimensiones” (Cassany, 2000, p. 1); por lo tanto, su estudio debe
involucrar dichas dimensiones.
Solé (2002) define las estrategias de aprendizaje “como secuencia de
procedimientos o actividades que se realizan con el fin de de facilitar la
adquisición de información” (p. 42).
13. Los cuadros, tablas y gráficos deben estar integrados en el cuerpo del
texto.
14. Las siglas citadas por primera vez deben indicar la referencia completa y
las siglas entre paréntesis. Por ejemplo: Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática (INEGI). La sigla puede utilizarse sin aclaración
desde su segunda invocación.
208 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
f) Referencias Bibliográficas:
La bibliografía se organizará en forma ordenada y alfabética; de acuerdo al
modelo APA.
a. Libros:
Autor, A. A. (2003). Título de la obra o publicación (# ed.). Lugar de
Publicación: Editorial.
b. Capítulos en libro:
Autor, A. A. (2003). Título del capítulo. En A. Aaaa y B. Bbbbb (Edits.),
Título de la obra o publicación (pp. 111222). Lugar de Publicación:
Editorial.
c. Revistas o artículos:
Autor, A. A. (2003). Título del artículo. Título de la revista, volumen o año
(número de la revista), páginas.
d. Internet:
Autor, A. A., Autor, B. B., Autor, C. C., Autor, D. D. y Autor, E. E. (2003).
Título del artículo. Título de la publicación en línea. Recuperado el
día, mes y año en http://www.aaaa.bbb./ccc
La lista de referencias debe realizarse en orden alfabético tomando como
referencia el apellido del primer autor. El orden debe ser de letra por letra.
Algunos prefijos como Mac, M’, Mc, O’, presentes en algunos apellidos se
deben tomar en cuenta al momento de ordenarlos. Apellidos con artículos y
preposiciones (de, la, du, van, von, entre otras) se tomarán en cuenta de
acuerdo con la lengua de origen. En caso de publicaciones realizadas por un
mismo autor, se elaborará de la siguiente manera:
Cuando hay referencias con un mismo autor, con diferente fecha de
publicación, se colocará primero la más antigua. Ejemplo:
Uzcátegui, L. I. (1990)
Uzcátegui, L. I. (1993)
INTERNATIONAL JOURNAL OF LATIN AMERICAN STUDIES 209
La referencia de un autor precede a una con varios autores, aunque esta
última haya sido publicada primero. Ejemplo:
González, J. L. (2001)
González, J. L. y Fernández, O. F. (1999)
Las referencias con el mismo autor principal y diferente segundo o tercer
autor, se siguen ordenando alfabéticamente, siguiendo por el apellido del
segundo o el tercero y así sucesivamente. Ejemplo:
Tagliaferro, R. L. y Beltrán, S. F. (1969)
Tagliaferro, R. L., Pérez, O. L. y Beltrán, S. F. (1999)
En aquellos casos en los cuales las referencias sean de un mismo año de
publicación, de un mismo autor, se ordenarán según el título de la obra. Se
exceptúan las publicaciones por partes (o por entregas) o en serie de una
misma revista, las cuales se ordenarán cronológicamente.
Las referencias de autores principales con apellidos similares, se ordenan
según las iniciales del nombre de los mismos. Ejemplo:
Tejada, A. J. y Morales, J. C. (1998)
Tejada, J. L. y Álvarez P. L. (1993)
Las referencias de publicaciones de grupos de autores se presentan
también en orden alfabético, utilizando siempre el nombre completo de la
institución (Ej. Universidad de Los Andes y no ULA; American
Psychological Association, y no APA; Departamento de Investigación, y
no Dpto. de Investigación).
Las colaboraciones deben ser enviadas a:
toscanitx@yahoo.com.mx & mramirez@bufs.ac.kr & journal@bufs.ac.kr
Para mayor información comunicarse
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INTERNATIONAL JOURNAL OF LATIN AMERICAN
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The Institute of Iberoamerican Studies at Pusan University of Foreign
Studies, in accordance with its agenda of publications, invites the
international academic community and scientists interested in the field of
social sciences, especially research on Latin American affairs, to submit
papers. The purpose of the journal is to create a forum for analysis,
discussion and reflection in the area of social sciences in addition to
broadcasting the production performed by specialists in this geographical
area and the contributions that arise from other disciplines. The Institute
therefore calls for the submission of original and unpublished research, not
previously published, high quality, individually or together, according to the
following criteria:
a) Contents:
The research, testing and review should address issues of social sciences
devoted to the analysis of Latin American reality (from anthropology,
sociology, political science and history), to scientific research results, both
empirical and theoretical. The numbers may be thematic.
The structure of the articles [research] should correspond to that of an
academic work: Include an introduction (section that outlines the problem
and presents the purpose), methodology, results and discussion in which
the results are interpreted and implications are addressed. Theoretical and
methodological articles should adhere to the following structure:
introduction, background, development and conclusion. Claims must be
supported by objective data or review authors. We recommend using
footnotes for clarification if necessary.
212 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
b) Requirements:
All articles, essays and reviews must be original and unpublished, must
not have been previously published or submitted simultaneously to
another publication to be evaluated.
Papers may be submitted in Spanish, English or Portuguese.
Along with articles and essays, it is necessary to produce a summary in
Spanish or in the language of research and an abstract in English of less
than 200 words. It is necessary to attach five keywords.
With submission, the authors grant permission to the International Journal
of Latin American Studies for their material to be published in printed
form.
c) Paper Evaluation:
All papers will undergo a review process, transparent and objective. Each
item is first evaluated by the Editorial Coordination Committee and then
submitted to external evaluation by blind peer review (the referees do not
know each other nor know the author). The selection of reviewers will be
effected according to the portfolio of the journal referees, chosen based
upon their appropriate area of specialization.
The papers can be published unchanged, published subject to
incorporation of changes or not publishable. In the case in which any
opinions arrived at by the adjudicators confront each other, the article will
be sent to a third party for a ruling. The results will be final.
In the case in which the article is accepted for publication, the author(s)
must sign a nonexclusive license to use the work, in order to utilize the
original language of the document for: dissemination, disclosure,
publication, public communication, distribution, editing, copublishing,
marketing, reproduction and transmission, individually and / or in
combination, partial or total, present and future, through any print, digital,
electronic, audiovisual, sound, mixed or any mode of communication.
Also the license gives rights to the International Journal of Latin
American Studies; the material is original, unpublished and not previously
published.
INTERNATIONAL JOURNAL OF LATIN AMERICAN STUDIES 213
The coordination of the review authors will report progress in the process
of refereeing and regarding the results.
d) Edition:
The issue is semiannual and will address the approved articles according
to the chronological order of receipt. However for the establishment of the
numerical order, the International Journal of Latin American Studies
reserves the right to advance or postpone items accepted.
Editorial coordination can make corrections in style that it considers
necessary respecting at all times, the contents stated by the authors
therein.
e) Format Requirements:
Articles shall be subject to the following characteristics:
1. Being original, unpublished work, written individually or collaboratively.
2. Articles should be submitted in electronic format to the contact addresses
of the journal in "Word for Windows" file format using Times Roman 12,
spaced to 1.5 lines. The header and footer margins will be 2.5 cm, and left
and right margins should be 3 cm.
3. The title must not contain more than 15 words, entered in capital letters,
centered and in bold. The author's name should be provided in full, in bold
and right aligned. Indicate below the English title the original language of
the article.
4. The article must be incorporated below a summary and abstract of less
than 200 characters, as well as five key words.
5. After the abstract and abstract key words, the article will include a brief
CV of the author mentioning highest academic degree earned, institutional
affiliation, accurate and correct references from 2 recent publications,
research topics of interest and contact email.
6. Secondary headings or captions should be highlighted in bold and
italicized, left aligned.
214 lnlcrnalional ¹ournal oí |alin Amcrican Sludics
7. The maximum length of articles depends on the section they are intended
for: Research Papers (30 pages), Essays (25 pages), Reviews (4 pages),
Proceedings of Seminars (3 pages).
8. Items intended for sections: Research Papers and Essays must conform to
the characteristics required of a quality academic work, such as having a
critical discussion well developed, with claims sufficiently supported by
studies of other authors or by data obtained in accordance with the
scientific criteria of objectivity.
9. Footnotes should be numbered consecutively and should be clarifying or
explanatory text. The bibliography will appear at the end of the text,
including full details of the authors cited throughout the text.
10. All forms and integrate citing references must follow the format of the
American Psychological Association [It is recommended that they
follow the format of the 5th edition of the Publication Manual of the
APA].
11. Charts, tables and figures should be integrated into the main text.
12. Acronyms occurring first full reference must identify and thereafter
should appear in parentheses. For example: National Aeronautics and
Space Administration (NASA). The letters can be used without
clarification from the second invocation.
Contributions should be sent to:
toscanitx@yahoo.com.mx & mramirez@bufs.ac.kr & journal@bufs.ac.kr
For further information,
Busan University of Foreign Studies:
Edition of the International Journal of Latin American Studies.
Valoración de la estructura
El título se corresponde con el contenido
Incluye un resumen coherente y comprensible que refleja el tema tratado
El estilo de escritura es académico
La argumentación es lógica, entendible y articulada
Cumple con las convenciones de un trabajo académico
Valoración del contenido
La forma de introducir el tema refleja un panorama claro y preciso del
problema de estudio.

Ofrece una discusión teórica y/o conceptual suficiente, clara y pertinente.
Investigaciones. La metodología usada es pertinente al fenómeno u
objeto de estudio (cualitativo o cuantitativo). Ensayos (deductivo,
hermenéutico, otro)

Se expone de manera clara y lógica cómo se llevó a cabo el proceso de
investigación y cómo se llegó a los resultados.

La forma de analizar e interpretar los resultados es pertinente con la
argumentación inicial referente al objetivo y pertinente con las
conclusiones.

Incluye un ejercicio analítico o conclusiones que reflejen la importancia
de los resultados y el valor de ellos en torno al fenómeno u objeto de
estudio.

La bibliografía es suficiente, relevante y pertinente con el tema.
En general, el aporte al campo de las ciencias sociales es relevante.
Hoja de evaluación.

Título del trabajo
Nombre del
archivo

Tomando como base los criterios editoriales establecidos por el
Journal, indique si el trabajo cumple: totalmente (3), parcialmente (2), o
deficientemente (1), con cada una de las siguientes afirmaciones:


Señale su recomendación con una
Publicar sin cambios (o con simple revisión de estilo)
Publicar sujeto a la incorporación de cambios sobre las observaciones
señaladas

No publicar
Observaciones
¿Cuáles serían las aportaciones más importantes a los estudios en ciencias
sociales?



¿Cuáles serían las limitaciones más fuertes?



Comentarios generales y sugerencias para mejorar el manuscrito.






Se le suplica resolver dictaminación antes del (fecha).
Nombre del dictaminador.
Institución.

Lugar y Fecha.




Firma.



Title of Paper

File Name

Rating Structure
The title corresponds to the content
Includes coherent and understandable abstract that reflects the topic
Was written according to proper academic style
The argument is logical, understandable and articulate
Complies with the conventions of academic work
Rating Content
The way to introduce the subject reflects a clear and detailed picture of
the problem being studied

It offers a theoretical discussion and / or is conceptually sufficient, clear
and relevant

Research. The methodology is relevant to the phenomenon or object of
study (qualitative or quantitative). Essays (deductive, hermeneutic,
other)

It shows clearly and logically how they conducted the research process
and how they arrived at the results

The way of analyzing and interpreting the results is relevant to the initial
argument concerning the objective and relevant to the conclusions

Includes an analytical exercise or conclusions that reflect the importance
of the results and the value of them on the phenomenon or object of
study

The bibliography is adequate, relevant and pertinent to the topic.
In general, the contribution to the field of social science is relevant
Evaluation Sheet.

Considering the criteria for authors to submit papers, mark the following
sentences according to the quality of the paper. Totally (3), partially(2) or
inefficiently(1):

Point your recommendation with
Publish unchanged (or simple style review)
Publish conditioned to the incorporation of changes on observations
made

Not to be published
Observation
What would be the most important contributions of this paper to studies in
social sciences?



What would be the most important limitations?



General comments and suggestions to improve the manuscript.



Referee Sign.



Please make your evaluation before (date).
Referee name.
Institution.

Place and Date.

!n!erna!Iona! !ourna! of La!In AmerIcan S!udIes
Vo!.2, No.2 !SSN 2234~0T18
Publication date 3O-6-2O12
Publisher Chung, Hae-Lin
Chief 0irector Kim, UhSung
Chief Coordinator Oswaldo MéndezRamírez
^ssociate Counsel Park, Chong-Wook
Fditorial ^ssistant Lee, In-suk
Office ^ddress Busan University of Foreign Studies
W107, 15 Seokporo, Nam-Gu, Busan, 608-738, Korea
F-mail ^ddress journal@bufs.ac.kr
Printiners Seojoung Press
Tel. + 82. 51.463.5898
Fax. + 82. 51.248.4880
List of ^uthors
Armando Duarte M., Martha C. Jaramillo C. (Universidad Autónoma de Baja
California, Tijuana México)
Gustavo H. Fontanals (Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Mario Rufer (Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, México)
María Cristina Osorio Villegas (Universidad Torcuato Di Tella, Argentina)
María Fernanda Arias (Universidad Nacional de San Martín, Argentina)
Miquel Ángel Ruiz Torres, Elena Azaola (Universidad de Valencia: España,
CIESAS- Ciudad de México: México)
Nancy Fabiola Moreno Zavala, José Manuel Rangel Esquivel (Universidad
Autónoma de Nuevo León, México)
International Journal of Latin American Studies is
supported by the National Research Foundation of Korea
Grant funded by the Korean Government
(NRF-2008-362-A00003).

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