LA METAMORFOSIS (Explicación del relato, extraído del prólogo de La metamorfosis y otros relatos, de Ángeles Camargo, Editorial Cátedra

)
(Los cuadros pertenecen al pintor surrealista belga René Magritte. Están inspirados en la obra kafkiana, y todos ellos representan una metamorfosis. Por orden: “Las gracias naturales”, “La invención colectiva” y“El modelo rojo”.)

La idea de escribir esta obra se le ocurrió a Kafka en un momento en que su relación con Felice pasaba por su primera crisis. Al igual que Gregor Samsa, Kafka se encuentra sumido en un estado de tristeza y profunda melancolía. También en estos días Franz lee las cartas de Kleist, y se identifica con él por le hecho de ser considerado como un bicho raro y estar aislado de su familia. Estas circunstancias parecen decisivas para prefigurarla concepción de la obra. Por una parte, la relación con su hermana Ottla sufre altibajos; por otra, el negocio del padre parecía haberse estancado en sus beneficios, y Hermann Kafka, además, padecía de arterioesclerosis, enfermedad que también se dejaba traslucir en el ambiente familiar. Franz, el único de la familia que era económicamente independiente del padre, intuía con miedo, que si su estado de salud empeoraba, sería él quien tendría que ponerse al frente de los negocios y de la familia, poniéndose así en la misma situación anímica que conduce a Samsa a convertirse en un escarabajo. (…) La filología ha visto en La Metamorfosis la obra más significativa de Kafka. Se encuentran contenidos en ella los motivos literarios más frecuentes y la problemática más característica de toda su obra. Es así como, aplicándole los más diversos métodos de análisis literario, y partiendo desde distintos puntos de vista -filosófico, literario, psicoanalítico, religioso, sociológico- se ha originado en torno a esta obra una auténtica avalancha de publicaciones, ante la cual se encuentra desconcertado. (…) Ya desde el principio exige Kafka que el lector asuma la perspectiva del escarabajo y pueda experimentar su estado anímico, que se describe aquí mucho más minuciosamente que su estado físico. El autor no da al lector la posibilidad de distanciarse de lo que lee, de comprenderlo desde fuera. La renuncia a esa distancia es condición indispensable para la comprensión de La Metamorfosis y, en realidad, de toda la obra

de Kafka, si se quiere entender la cuestionabilidad de la existencia humana tal como la sentía él mismo. No existe la causa para la transformación de Gregor en escarabajo, como ocurre en los cuentos. Ni un hada ni un mago le han convertido en animal. Ahí está y así hemos de aceptarlo, absurdo e inexplicable. Como absurda es para Kafka la existencia humana y el escarabajo es su símbolo. Por eso el aspecto externo del insecto en sí no es lo más relevante. Bien es verdad que se describen sus patas, sus antenas, su caparazón y su vientre, pero aún así no podemos hacernos una imagen concreta ni de su aspecto ni de su tamaño. El efecto de horror de lo descrito vagamente es mucho mayor que el de lo concreto, así el miedo a la oscuridad puede ser mayor que el miedo a un monstruo que vemos ante nosotros. La tarea del lector consiste en poder comprender sus procesos anímicos, que son los que realmente evidencian lo terrible de su situación. Todo esto lo confirma el propio Kafka cuando en 1915 su editor le manda unos dibujos de Ottomar Starke para la portada del libro, Kafka reacciona de forma tajante: “No, por favor, ¡eso no! El insecto no se debe dibujar. NI siquiera puede vérsele desde lejos”. (…) Después de esta toma de contacto del lector con Samsa, lo primero que salta a la vista es la reacción del propio Gregor ante su estado. Esa reacción pasa, a lo largo de la primera parte, por tres fases: asombro ante su nuevo estado, represión del mismo y paulatina aceptación. Gregor se pregunta qué es lo que le ha pasado y busca una explicación racional. La más cercana es, naturalmente, “el oficio tan duro” de Gregor y todo lo que le rodea: levantarse pronto, viajar constantemente... así como también el permanecer hoy tanto tiempo en la cama, cavilando tonterías, cuando lo que debería hacer es levantarse de una vez. El cambio de su voz tiene también una explicación racional, y es que se avecina un nuevo catarro, la enfermedad profesional del viajante (…) Poco a poco, a través de la reacción de su entorno, Gregor se convence de que le ocurre algo extraño y se conforma con ese estado de anormalidad. La puerta ya ha sido abierta y todos pueden verle. (…) Está tranquilo, acepta su propia identidad y acepta su papel de anormalidad. En esta primera parte Kafka nos presenta a la familia de Gregor: la madre, la hermana y el padre. Los tres forman una unidad frente a Gregor y los rasgos que les caracterizan al principio serán los mismos que se conserven hasta el final de la obra (…) La madre habla en voz baja, con ternura y preocupación, golpea la puerta con moderación. Ella, bondadosa pero desvalida, es la que peor hace frente a la situación. La hermana es quien emplea el tono de voz más bajo de los tres, pero sus palabras expresan la confianza y la relación especial que existe entre ella y Gregor. Es la única que presta su apoyo a Gregor y gracia a la cual él sigue con vida. El padre, por último, aporrea literalmente la puerta, y el tono alto e impaciente de su voz le presenta ya desde el principio como figura dominante sobre la debilidad de las dos mujeres, dominio y poder que aumentan a lo largo de la narració en la misma proporción en que disminuye la fuerza vital de Gregor. Sin embargo, él es el único que reacciona de forma adecuada a las circunstancias mandando llamar al médico y al cerrajero, y es el único que, cuando ve al hijo convertido en insecto, a pesar del dolor que ello le produce, le obliga a retirarse a su habitación. Aquí se establece ya la enemistad definitiva entre Gregor y su padre, a partir de ahora gigantesco y todopoderoso. Aparece ya e esta primera parte de La Metamorfosis uno de los temas centrales de la narrativa kafkiana: el individuo impotente en manos de una instancia superior, anónima y poderosa. El ejemplo que, en esta ocasión, sirve a Kafka para ilustrar el tema, es la relación de Samsa co su trabajo, con su jefe y con sus compañeros. Años atrás la empresa del padre de Gregor había quebrado y adeudaba una gran cantidad de dinero al que llegaría a ser jefe de Gregor. El joven se obliga a trabajar para él y a pagar la deuda con una parte de su sueldo. Pero este trabajo es para Gregor como una condena porque no le gusta yp orque

está obligado a ello. Gregor se encuentra impotente en manso de su jefe, como lo demuestra la intromisión intransigente del apoderado, representante de la instancia superior, en la vida privada de Gregor. El tono de reproche con que el apoderado habla a Gregor es impropio de la situación, así como injusta la sospecha de que Gregor no haya acudido al trabajo por malversación de fondos. Esa desproporción entre la reacción de la instancia superior y el aparente delito del protagonista es también un motivo literario característico de la obra de Kafka. La desproporció entre castigo y culpa alcanza su grado máximo, casi grotesco, en el relato En la colonia penitenciaria. Al comenzar la segunda parte Gregor ya se ha acostumbrado a su estado animal. En una “escudilla” o “sobre periódicos extendidos” recibe su comida diaria. Los restos de la misma son barridos con una escoba y tirados a un cubo. Kafka utiliza en este y otros pasajes conscientemente el asco como medio literario. La familia le evita como si se tratase de un leproso, y solo la hermana, con evidentes muestras de asco, cuida de la continuidad de su existencia física. Gregor acepta todo esto porque su primer mandamiento es tener consideración con su familia, aunque esto conlleve la renuncia de su propia existencia y, en última instancia, la transformación. (…) Gregor considera su deber moral alimentar y cuidar de su familia, al igual que pagar la deuda del padre con el jefe. Todos los miembros de la familia se han acostumbrado y no muestran gratitud alguna hacia él. Parece claro que la madre, por padecer de asma, y la hermana, por su juventud, no trabajen. El padre, sin embargo, disfruta de vacaciones desde hace cinco años y no existen motivos para que no sea él, en lugar de Gregor, quien pague su propia deuda. El señor Samsa permite que sea su hijo quien se haga cargo de la situación y esto, con ser malo, no es lo peor de todo. El padre, sin que el resto de la familia se entere, ha ido ahorrando una parte del sueldo que Gregor entregaba en casa. Gregor se entera de esto y, en lugar de sentirse engañado, se alegra ahora de que su padre haya sido tan previsor y ahorrativo. Si el padre, en lugar de ahorrar ese dinero, hubiese pagado con él la deuda, habría ahorrado a su hijo no pocos sacrificios, habría acortado el tiempo que Gregor estaba obligado a trabajar con el jefe, y con todo ello quizá hubiese incluso podido evitar la transformación. Pero el hijo no piensa así, todo esto no viene más que a aumentar su sentimiento de culpa y, de esta forma, a la vista de que, de ahora en adelante, no sea él quien mantenga a su familia, “se muere de tristeza y de vergüenza”. Toda la injusticia y el egoísmo de los demás los carga Gregor sobre sí mismo. Su complejo de inferioridad llega hasta la negación de sí mismo y a la subordinación patológica al poder del padre.

Solo se da una ocasión en la que Gregor se rebela ante este estado de cosas. Grete desea proporcionar al hermano suficiente espacio para que corra por la habitación, de ello se deduce que ya solo ve al animal en él. La hermana decide retirar de allí todos los muebles. Gregor (su naturaleza de animal) se alegra por un lado, pero las palabras de la madre le hacen dudar de su decisión, los muebles son el único vínculo que le liga a la existencia humana. Gregor vacila así entre una inexistente existencia humana y una existencia animal que todavía conserva rasgos humanos. Entonces decide salvar sus muebles, su cuadro. Grete malinterpreta los actos de su hermano, que solo ha salido de la habitación para ayudar. La muchacha no se ha dado cuenta de ello y acusa al hermano ante el padre de haber escapado. Con estas palabras ella abandona definitivametne el partido de Gregor y se acerca al del padre. Esto significa, sin duda, la muerte de Gregor, ya que la hermana es quien se ocupaba de su cuidado. De este modo, el único intento de Gregor de salvar su existencia humana tiene para él una consecuencia funesta que es su destrucción. Gregor se convierte en culpable de su propio fin. La tercera parte del relato se ocupa de la inevitable caída de Gregor hacia su final. La manzana que se ha quedado incrustada en su cuerpo equivale a una ejecución que se produce paulatinamente. Mediante la escena final de la segunda parte se prepara para el fin de Gregor porque aquí se rompe la comunicación entre los hermanos: muestra clara de esta ruptura es el descuido cada vez mayor de la habitación de Gregor. Es más, Grete ya está harta de desempeñar esta función en favor de alguien a quien niega todo rasgo humano. La indiferencia cada vez mayor de la familia se exterioriza también en la transformación paulatina de la habitación de Gregor en un basurero, como corresponde a un escarabajo pelotero. La indiferencia se convierte, con el tiempo, en animadversión. Gregor pierde poco a poco las ganas de vivir, ya no come casi nada y su decadencia física es cada vez mayor. Finalmente es la hermana quien, a modo de condena, pronuncia el final de la sentencia de muerte: “tenemos que quitárnoslo de encima”. El animal ya no es Gregor, porque si lo fuese habría comprendido hace tiempo la imposibilidad de semejante convivencia. Gregor escucha todo esto, lo entiende y acepta su final. Esa misma noche exhala su último suspiro. Gregor Samsa, condenado a una vida de sacrificio y esfuerzo con la que no se identifica, se rebela contra su destino mediante la transformación en escarabajo, que significa al mismo tiempo la salida a la luz de sus agresiones, el distanciamiento de su existencia humana y el autocastigo hasta la muerte. (…) Hay ciertos elementos biográficos en la obra (…) Una relación especial une a Gregor con Grete, del mismo modo que intensa y especial era la relación de Franz con su hermana Ottla. Ottla hacía con frecuencia el papel de mediadora entre Franz y el resto de familia, se interesa por sus trabajos literarios y siente, como el hermano, la necesidad de independizarse del padre. Franz la apoya en sus deseos de estudiar en una escuela de agronomía e incluso le ofrece su apoyo financiero, igual que Gregor desea pagar las clases de música de su hermana. (…) El cambio repentino de Grete con respecto a Gregor tiene un paralelo autobiográfico. Precisamente en octubre de 1912 el padre reprocha a Franz que no se ocupe de una fábrica de la familia en la que aquel ha invertido parte de su dinero. El deseo del padre sería que el hijo dedicase sus tardes libre a esta fábrica y en esa discusión Ottla toma, por primera vez, el partido del padre y se pone en contra del hermano. Además no solo le reprocha este descuido, sino también su modo de vida en general. En más de una ocasión el escritor piensa en el suicidio como única salida ante la oposición de toda su familia en bloque. (...)

Le Modele Rouge, de René Magritte es un ejemplo de hibridación, una de las técnicas con las que jugaba el artista. En la obra, unos pies humanos se convierten en zapatos. “El problema de los zapatos demuestra cómo lo más primitivo pasa a aceptarse a base del hábito”, dijo el artista durante

una charla en 1938. La unión del pie con la bota de cuero se presenta en la realidad como una monstruosa combinación y sin embargo en ambos casos se trata de piel.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful