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Leslie Crawford 
   
LESLIE CRAWFORD 

 
URUGUAY ATLANTICENSE  

 
 
 
 
Y LOS DERECHOS  
A LA ANTÁRTIDA 
 
 
 
 
 

Versión digitalizada y corregida 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Edición original de 1974 
Libreros‐Editores:   A.   MONTEVERDE  &  CÍA.   S.  A. —  "Palacio   del   Libro” 
25 de Mayo 577 — Montevideo – Uruguay 
CMLXXIV 


Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
 

URUGUAY ATLANTICENSE 
Y LOS DERECHOS 
 A LA ANTÁRTIDA 

Digitalizado por Tte. Cnel Waldemar Fontes


Email: wfontes@montevideo.com.uy
Nota: se incluyeron las correcciones que figuran en la fe de erratas de la edición original.

Con el objeto de difundir la historia del Uruguay en la Antártida


Año Polar Internacional 2007 - 2008

Edición original en papel, 1974


Libreros‐Editores:   A.   MONTEVERDE   &   CÍA.   S.   A.  —  "Palacio   del   Libro" 
25 de Mayo 577 — Montevideo ‐ Uruguay 
MCMLXXIV 


Leslie Crawford 
   
 

 
Leslie T. Crawford
Docente, escritor e historiador, trabajaba en la Administración
Nacional de Puertos como gerente.
Participó en la Primera Convención Nacional Antártica (1970)
Integró el Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo
desde 1970 hasta 1976.
Fallecido en Montevideo, el 22 de febrero de 1994.
 
 


Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
 
 
 
 
 

Contenido 
PROLOGO ..................................................................................................... 7 
INTRODUCCIÓN ............................................................................................ 8 
CAPITULO I .................................................................................................. 12 
EL EJERCICIO EFECTIVO DE SOBERANÍA ..................................................... 12 
CAPITULO II ................................................................................................. 26 
LA JEFATURA SUPREMA DEL ATLÁNTICO SUR ........................................... 26 
CAPITULO III ................................................................................................ 32 
LA AUTONOMÍA DEL APOSTADERO DEL PARALELO 32 AL POLO ANTARTICO32 
CAPITULO IV ............................................................................................... 37 
EL DISPOSITIVO OFENSIVO‐DEFENSIVO.......................................................... 37 
CAPITULO V ................................................................................................ 47 
"LA ÉPOCA MAS FELIZ PARA MONTEVIDEO" .................................................. 47 
CAPITULO VI ............................................................................................... 56 
MONTEVIDEO Y LA INTEGRIDAD HISPÁNICA LOS TEATROS BÉLICOS ........ 56 
CAPITULO VII .............................................................................................. 69 
RULE OF SEA ‐ EL MAYOR INCITADOR DE RESPUESTAS ............................. 69 
CAPITULO VIII ............................................................................................. 83 
FACTORES ECONÓMICOS Y FENÓMENOS BIOGEOLOGICOS ...................... 83 
Índice Bibliográfico ................................................................................... 100 
 
 


Leslie Crawford 
   

Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
PROLOGO 
A  mediados  de  1973,  el  Instituto  Antártico  Uruguayo  ha,  constituido  los 
Grupos de Trabajo Científico, conforme él ordenamiento del S. C. A. R. (Comité 
Científico de Búsqueda Antártica) y entre los cuales se destaca hoy el Grupo de 
Trabajo Arqueológico‐Histórico a cargo del Prof. Leslie T. Crawford. 
Es  con  honor  para  nosotros  presentar  URUGUAY  ATLANTICENSE,  a  la 
consideración  de  los  lectores  de  habla  española,  así  como  a  la  comunidad  de 
investigadores de las disciplinas históricas, fundamentalmente universales. 
Esta obra puede considerarse primera en su clase, por cuanto pone vivísima 
luz sobre' todo el proceso histórico de descubrimiento geográfico, radicación de 
poblaciones y esfuerzo de navegación exploratoria en la inmensa área marítima 
soberana de España, cuyo centro de operaciones, radicado en el Montevideo del 
siglo  XVIII,  consolidó  los  incipientes  accesos  marítimos  a  la  Tierra  Austral 
Incógnita  o  Antártida,  poniendo  vigencia  en  las  rutas  por  el  Cabo  de  Hornos  y 
Estrechos  Magallánicos,  hasta  la  época‐misma  de  la  apertura  del  Canal  de 
Panamá en 1913 y fin histórico de la navegación vélica. 
URUGUAY  ATLANTICENSE  es  pues,  una  obra  de  base  y  consulta  para 
especialistas,  cuales  para  docentes,  así  como  texto  importante  para  la 
Enseñanza Media y Superior en los niveles universitarios del país. 
Importa destacar que el Instituto Polar Scott, de Cambridge, Reino Unido, 
que al celebrar la creación del Grupo de Trabajo Arqueológico del I. A. U., dice: 
"En  la  actualidad,  los  estudios  en  este  campo  presentan  grandes  lagunas  y  no 
habrá oportunidad de avanzar en nuestros conocimientos del primer período de 
la  historia  de  la  Antártida,  si  no  existe  mayor  conciencia  de  la  evidencia  y 
testimonios  que  deben  ser  documentados.  Por  intermedio  del  S.C.A.R. 
esperamos que se pueda lograr algún adelanto en este campo ‐ H. G. R. King". 
Por nuestro intermedio, el Instituto Antártico Uruguayo felicita cálidamente 
al Prof. Leslie T. Crawford por el acierto, oportunidad y vigencia de estos 
extraordinarios testimonios, que ayudan a las más amplias formulaciones del 
Derecho Internacional Contemporáneo. 
Prof.  Julio  C.   Musso 

 
 


Leslie Crawford 
   
INTRODUCCIÓN 

El origen y desarrollo de URUGUAY ATLANTICENSE constituye una relación


viva de derecho histórico, ejercido en nombre del ecúmene hispano (Comunidad
de Reinos Españoles Europeos y Americanos) Primero, como un asiento de poder
de ejercicio de ocupación adquisitiva de áreas terrestres continentales, insularias
y marítimas, homologadas por cesión Imperial Papal: luego, como único
causahabiente de los títulos de España, que omitimos ejercer, transmitidos de
conformidad al Decreto de las Cortes Españolas de 4 de diciembre de 18 3 6 y,
mediante el cual S. M. la Reina Isabel II firmó el reconocimiento y cesión
soberana a la República O. del Uruguay en sucesivos tratados, el primero de los
cuales es del 9 de octubre de 1842, posterior de 26 de marzo de 1846, etc.
Las tierras emergidas, aguas continentales y oceánicas, de la Corona de Castilla,
originarias del Tratado de Tordesillas, reconocidas con vigencia legal en la
transacción de Utrecht, Tratados de Paris 1763, de El Escorial 1790, San Lorenzo
El Real 1795, Paris 1814 y Viena 1815 no fueron bienes ab-intestato que
quedaron discrecionalmente a disposición de los buscadores de espacios res-
nullius. Estos títulos dejados en depósito en la Capitulación del Mariscal Vigodet
(Montevideo 1814), revirtieron por acto de cesión española, en las áreas
pertinentes, a la República O. del Uruguay,
Los impulsos históricos determinantes del Montevideo histórico, eje del poder
neptúneo, abarcan períodos de las dos corrientes del Derecho de Gentes que
privaron en la distribución de dominio del mundo que Occidente descubriera,
explorara, poblara y configurara a su manera, fuere bajo impronta española,
lusitana, danesa, inglesa, francesa, etc.
Dichas corrientes del Derecho de Gentes se individualizan:
I — Derecho Internacional Medioeval Europeo
Tierras y mares bajo soberanía otorgada por el Papado, en su condición de
"órgano central de la comunidad internacional medioeval" (Verdross),
comprendían el centro montevideano, antes de 17*24, como clave en el período
de las líneas meridianas de proyección imaginarias, operadas por el Tribunal
Arbitral Europeo (Papado). Corresponde en España al período de los Trastamara
y Austria y pertenece a la consideración iusnaturalista.
II — Derecho Internacional Público Europeo
Tierras y mares ya no son donados o sometidos a soberanía. La ocupación de las
áreas libres se hace por determinaciones del principio del equilibrio político-
europeo y en base de reivindicación de descubrimiento geográfico, basándose en
pruebas de señalización cartográfica. La transacción de Utrecht legaliza las
penetraciones inglesas, holandesas y francesas, así como danesas, sobre
espacios de dominio soberano español, particularmente en el Mar Caribe y
extremo norte-este del Continente Sudamericano (Guayanas inglesa, holandesa
y francesa).
En el extremo sur de la Banda Oriental Montevideo, en su carácter de llave naval-
militar por sus fortificaciones, puerto y bahía del Río de la Plata y Atlántico Sur
occidental de la línea de Tordesillas, constituyó centro fundamental y de


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maniobra, en el período en que las latitudes se establecían con mayor precisión
cartográfica. En España corresponde al período de los Borbones y pertenece a la
consideración positivista del Derecho de Gentes.
La densidad y heterogeneidad de los servicios de apoyo brindados por
Montevideo desde el día mismo de su fundación, militares, navales y mercantiles,
es difícil de concebir en nuestra contemporaneidad, fundamentalmente civil y
mediterránea nacional. No obstante, aquélla fue su función primera y quebrada a
la fecha de la apertura del Canal de Panamá en 1913/14. Uruguay Atlanticense
evoca e ilumina ese período que, si bien perdido por irrevocable decisión
histórica, apunta hacia el futuro, particularmente al momento de la radicación
humana permanente en el Continente Antártico.
El primer evo responde a la atracción peruana-mexicana, llevando el plano de la
imaginación mercantilista (producción oro-plata) a la línea Guadalajara-Potosí.
Montevideo representó, desde los viajes de Magallanes - Elcano y Martín Alfonso
de Souza, el hito que contenía y rechazara penetraciones extra-hispanas. Es
importante establecer que no había aparecido en campos de la Banda Oriental,
indeterminada aún, la riqueza que en el siglo XVIII atraería más que la minería,
cuando Hernandarias escogió esta Bahía como puerto ideal de futuro. La
proposición del "gran criollo" quedó en "conserva" esperando el hecho que la
plasmara en realidad. La fundación de la Colonia del Sacramento no representó
un motivo actualizador, porque todavía privaba el recurso del arbitraje papal, de
fracasar negociaciones directas entre las Cortes. La Colonia y la Recopilación de
Leyes de Indias son coetáneas (1680). España se sentía segura de ser asistida
en su derecho y no imaginaba recurrir a la invención de una fortaleza para
sustituir la decisión pontificia. No apostó tropas ni emplazó cañones en ese
período, ya de transición. Su delegación (Autoridad) en tierras uruguayas de hoy
y, riograndenses, estuvo representada por la comunidad de pueblos de la
Missionalia jesuítica denominada Provincia Uruguaya del Tape, con encargo
cumplido acabadamente, con gloria y martirio por la sociedad india aculturada en
la fe y en el saber hacer de los jesuitas.
En el segundo evo Montevideo es más inmediato. Una realidad de carácter
geopolítico económico. Un punto de estrategia militar y naval que debía hablar
con reciadura, porque la voz de Roma ya no tenía arte y ni parte. La cuestión se
dilucidaba entre Reinos Nacionales Católicos y Reinos Nacionales Protestantes.
La Guerra de Sucesión española, a su vez, esfuminaba la misión ecuménica
tridentina que cumplieran España y Portugal.
El tratado de Methuen (1703) subordinó la corte Católica de Lisboa a la Inglaterra
antipapista. La ascensión de un Borbón al trono de la Austria colocó a España
dentro de la órbita espiritual francesa y en función del galicanismo (regalismo).
Otra es la óptica del Derecho Internacional Público. No son decisorias bulas ni
breves. La última bula con efecto en América fue la de Inocencio XI Romanis
Pontífices, del 22 de noviembre de 1676.
Campea la fuerza dentro del "principio del equilibrio político". El mundo se
redistribuye de acuerdo con conceptos económicos y capacidades de explotación
(ocupación adquisitiva) de áreas aún inexplotadas por España y Portugal.
El Mar Inglés que había comprendido las rutas tradicionales de los vikingos (la
carrera a Islandia, Groenlandia, Vinlandia, más transitadas en tiempos de Colón
que lo que se puede imaginar); mar que respetara la decisión de Tordesillas

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admitiéndolo desde la línea baja del Atlántico Norte ( viajes de descubrimientos,
de conquista y colonización en dirección horizontal, iniciadas en 149 6 por Juan
Cabot) rompió en el XVII esa línea de contención invadiendo el paralelo del
Atlántico Medio (o carrera de las Indias). La jurisdicción de ese Mar Inglés no
perforó el Atlántico Sur, que permaneció núbil durante los siglos XVI - XVII. Pero
desde el momento que Inglaterra se puso de protectora de Portugal, desechó
meridianos, líneas preferidas del medioevo: bajó a saltos de paralelos, círculos
equidistantes del Ecuador. La Era Filibustera había dejado paso a la Era Corsaria.
Los mares adquirieron dimensiones, atrajeron, despertaron y desarrollaron el
interés científico (entonces ligado a la fuerza expansionista de las talasocracias).
Los portulanos y cartas planas se volvieron arcaicos, porque la posesión de los
mares concede títulos sobre las costas. Las gobierna quien gobierna los mares,
Tal el axioma político del XVIII al XX inclusive.
Pero el Atlántico Sur, incluido el Mar Epicontinental, ofreció resistencia a los
desbordamientos Ingleses, holandeses, daneses y franceses. Montevideo y su
área marítima de influencia comenzó a formar coraza, frenando las pretensiones
de los imperios marítimos. En el XVIII impidió el establecimiento de un "segunda
Jamaica" y la conversión del Río de la Plata en otra Tierra de Peregrinos. La
violencia armada repetida en 1806-1807 y en el período llamado Guerra Grande
reveló al poder económico inglés, que lo que se necesitaban eran medios sutiles.
Conocida es la historia de esa penetración suave y por retaguardia.
La creación en la Bahía de Montevideo de un puerto-fortaleza anunció en el siglo
XVIII el surgimiento de la gran fuerza político-económica de la Cuenca del Plata,
con manifestaciones unitivas, por más de tres cuartos de siglo.
En el período de auge del Derecho Internacional Público-Europeo con sus
hermeneutas de la civilización industrial, Montevideo fue el eje diamantino sobre
el que descansó y giró el mundo hispánico occidental. Mientras caían India,
Indonesia, Melanesia y por último África y China, la Nueva Cristiandad o ecúmene
hispano territorial conservó su integridad rodeada de un halo de aguas patrulladas
por una flota que resurgía del pasado, más potente que la Invencible de Felipe II.
Flota también más venturosa, porque era vencedora en el Mediterráneo, en las
Antillas, e imponía su presencia en el archipiélago filipino asegurando la ruta del
Pacífico Medio y Norte (Acapulco - Manila - Nootka - Marianas). El océano Austral
(Antártico) no podía tener mejor cancerbero que Montevideo. Como dijera Alta-
mira, el XVIII es la época de confianza en las fuerzas nacionales.
El milagro marítimo español de la segunda mitad del siglo XVIII se logró gracias a
la posición estratégica de Montevideo para defender el Atlántico Sur. Primero
como tapón del Río de la Plata y basamento del nacionalismo económico, que
existió aunque se niegan reconocerlo los historiógrafos de líneas clásicas
(interpretación del liberalismo) como el materialismo histórico (interpretación
marxista), ambos desacomodados por los insólitos de la formación uruguaya.
Luego como puerto de concentración o surtidero de las naves que aseguraban las
rutas del comercio libre regulado por España, que tuvo por resultado el "boom"
económico de fines del XVIII.
Montevideo es anterior a la creación del Virreinato del Río de la Plata. Su
Apostadero, como base naval precede a esa división política. Buenos Aires no
tenía aún virreyes y desde la rada de Montevideo partía la flota que recuperó las
Malvinas de los franceses, empresa repetida frente a los ingleses. Dominado el

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Atlántico Sur, y lanzando por los mares naves de registro armadas que
hostigaban a los ingleses, Montevideo garantizó la libertad de acción de las flotas
española y francesa aliadas de los revolucionarios de las Trece Colonias.
Debilitando el poder marítimo inglés frente a los puertos del Atlántico Norte, la
Declaración de Filadelfia pudo ser una realidad.
Ese Montevideo de la verticalidad, hechura política del Meridiano de Tordesillas, y
consecuencia económico-militar del Tratado de Utrecht, fue la yusera donde giró
el eje del desarrollismo de la Cuenca del Plata, ligándola directamente al proceso
de la civilización industrial, como proveedora de las materias primas más
importantes.
Habló fuerte en los hechos y participó de empresas transoceánicas, anexando a
Fernando Poo y Annobón a la comunidad de reinos hispánicos. Lo hizo en
tiempos antes de la Constitución de Cádiz de 1812, que proclamara el Estado
Español como sucesor de una conjunción de reinos hispánicos, motivando el
debilitamiento y luego la rotura del juramento de fidelidad al monarca por parte de
la naciente burguesía mercantil criolla americana. A través de esta quiebra invadió
paulatinamente el incipiente régimen republicano de gobierno, originalmente
desdeñoso del origen y transmisión de los títulos territoriales soberanos donde se
asentaron, de hecho, los Estados esbozados, hoy conjunto de Repúblicas
Hispano-Americanas, soberanas por pleno reconocimiento internacional.
Este proceso, que reabre Uruguay Atlanticense, constituye un sector de historia
universal, por los actores intervinientes, así como por la utilización de espacios
que soportaron trascendentales episodios que desbordan los marcos de la historia
nacional.
Por otra parte, tenemos presente el juicio de Toynbee quien con referencia a la
Unificación del Mundo y el cambio en la perspectiva Histórica, decía: "Sugeriría,
primero, que debemos reajustar nuestra propia perspectiva histórica en la manera
en que lo que han hecho los representantes cultos de nuestras sociedades
hermanas durante estas generaciones últimas. Nuestros contemporáneos no-
occidentales han visto el hecho de que, por consecuencia de la reciente
unificación del mundo, nuestra historia pasada se ha vuelto parte vital de la suya.
Recíprocamente, nosotros los occidentales, intelectualmente dormidos todavía,
hemos de caer en la cuenta, por nuestra parte, de que en virtud de la misma
revolución —una revolución al fin y al cabo, producida por nosotros mismos— el
pasado de nuestros vecinos llegará a ser una parte vital de nuestro propio futuro
occidental". Nuestra historia nacional, de territorios inclusive, no es de generación
espontánea como han pretendido los historiógrafos de moda en cada generación.
Responde al proceso histórico universal en sus raíces, orígenes y desarrollo, el
cual y en cierto nivel de decisión, es ya historia nacional uruguaya.

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CAPITULO I 

EL EJERCICIO EFECTIVO DE SOBERANÍA 

El ejercicio efectivo de soberanía española, en lo que posteriormente fue América


del Sur, sigue de norte a sur, el trazado del Meridiano de Tordesillas, a cuyo
occidente se estableció.
Los continuos corrimientos del meridiano, provocaron fricciones permanentes
hispano - lusitanas y ulteriormente divergencias con los sucesores de una u otra
corona, en esta parte geográfica del otrora mundo hispánico, así como lusitano.
Importe saber que en el extremo norte del meridiano de Tordesillas la línea
también se proyectó hasta el Ártico, cayendo en otro teatro de operaciones
históricas de gran envergadura.
Sin embargo, consideraremos este Meridiano desde el extremo norte de la hoy
América del Sur hasta su proyección sobre el Polo Sur Geográfico Antártico,
observando en primer término la división territorial trazada sobre territorio de
Brasil hasta las playas oceánicas del Atlántico Sur Occidental.
Se entiende que al oriente de dicho meridiano se hallaba territorio continental
lusitano y a occidente, territorio continental castellano, omitiendo, por razones
obvias, los desplazamientos lusitanos continuos.
El Meridiano de Tordesillas que se inserta en playa atlántica sur y hasta su
proyección Antártica, constituyó el área oceánica bajo soberanía española, cuyo
centro de poder naval se asentó en el Montevideo fortificado, luego de 1724. Las
áreas del Pacífico, así como las del Mar Caribe o Antillas, corresponden a otro
teatro de operaciones, que si bien se señalan, no se consideran en extensión, en
esta obra, sino los Estrechos y proyección hasta Chiloé.
ÁREA OCEÁNICA
El espacio que comprendió esta área oceánica bajo responsabilidad de
Montevideo tuvo su vértice en las costas del hoy Uruguay proyectándose hasta el
sur (la culata Antártica). Caen pues, en esta inmensa área, el occidente Antártico,
las aguas del Estrecho de Drake al sur del Cabo de Hornos y todas sus islas, el
Estrecho de Magallanes en su totalidad, Islas Malvinas y costas Patagónicas,
plataforma continental y alta-mar océano. Tal es, en breve, el área de soberanía
española ejercida y detentada efectivamente hasta 1814.
Este magno territorio marítimo, ignorado por los historiógrafos nativos, salvo
excepciones, ocultado por los historiadores nacionales de otros países, como por
la historia universal, tenía como centro de poder y maniobra a Montevideo en su
versión de Apostadero Naval y asiento de autoridad legítima, nominalmente
Almirantes de Flota o alter ego navales del rey español.
Este Mar Interior Hispánico, fue resistido por Inglaterra, Francia y Holanda. No
obstante, la penetración legal de esos pabellones en el área, fue posible
únicamente a través de estipulaciones en Tratados, cuyas cláusulas limitaban la
acción.
Luego de 1814, esta área marítima fue muy disputada internacionalmente.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
ÁREA FLUVIAL
Los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay dependían, por ser cursos interiores,
directamente del virrey con asiento en Buenos Aires, quien tenía facultad de pedir
asistencia y cooperación del Apostadero Naval de Montevideo. Todo el Río de la
Plata y resto del área oceánica, con la sola excepción del puerto de Buenos Aires
y desembarcadero de La Ensenada, estaba bajo directa supervisión, vigilancia,
contralor y responsabilidad del Apostadero de Montevideo.
Ese territorio marítimo inmenso, es el que vitalizó históricamente a Montevideo.
Importa consignar, que el desarrollo del comercio marítimo convirtió Buenos Aires
en puerto seco de gran envergadura, por cuanto en el mismo se concentraban las
producciones mediterráneas de todo el Virreinato, desde el Alto Perú hacia el Sur
y con destino hacia otros dominios españoles de Hispano América, así como
hacia España y Europa, según lo permitían las Ordenanzas bajo vigilancia del
Consulado, o, inversamente, transformó tempranamente a Buenos Aires en
Aduana obligada para todas las importaciones requeridas por las poblaciones
bajo su contralor y que llegaban hasta el norte de la actual Bolivia. El enlace de
este comercio requería de adecuado cabotaje hacía o desde Montevideo, que
operaba como escala terminal de los navíos de alto bordo.
Es por ello, que Montevideo resultaba el puerto único de ultramar para los
servicios de carga y descarga.
La distinción entre Puerto Seco de concentración de caravanas de carreteras y
otros vehículos de transporte y Puerto Ultramarino, surgido desde el primer
momento de la; fundación 'de Montevideo, no ha sido suficientemente investigado
por los historiógrafos, preocupados en estigmas y enojosas diferenciaciones.
Por otra parte, no se puede silenciar que Montevideo también operó por
muchísimo tiempo como Puerto Seco para las producciones de la Banda Oriental,
así como de poblaciones lusitanas y aborígenes situadas al filo terrestre del
Meridiano de Tordesillas.
ÁREA LACUSTRE
Desde la firma del Tratado de San Idelfonso, las Lagunas de los Patos, y Merím
habían dejado de ser lagos interiores del territorio español. La primera y su
cuenca pasó a jurisdicción de Portugal y la segunda quedó en zona neutralizada,
por más que sus aguas y costas de poniente cayeron bajo dominio español. Si
bien la región señalada de esta laguna estaba comprendida en la jurisdicción de
la Banda Oriental, a partir de 1777 la parte estrictamente defensiva-ofensiva del
sureste, dependió militarmente de Montevideo (Fortificaciones de Santa Teresa y
San Miguel,) así como la fortificación de Santa Tecla y, por ende, a partir de 1796,
del Jefe del Apostadero que reunió, además, el título de Gobernador de San
Felipe y Santiago de Montevideo.
La soberanía lacustre era sostenida con embarcaciones menores artilladas. En
1791 patrullaba la Laguna Merím una lancha corsaria tripulada por indios al
mando del patrón Vicente Suárez. (1).
1 — El dominio del Río de la Plata.
A) UBICACIÓN ESTRATÉGICA Y CONDICIONES DEL PUERTO DE
MONTEVIDEO
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Leslie Crawford 
   
I— Pedro de Ceballos a Julián de Arriaga, el 26 de enero de 1765 decía:
"regularmente en Montevideo alijan los navíos que van a España para subir al
surgidero (Buenos Aires) y cuando regresan, toman una gran parte de su carga
en aquella ciudad". (2)
II— La Guía de Forasteros del Virreynato de Buenos Aires para el año de 1803,
en el capitulo Apostadero del Río de la Plata, al hacer mención de los bergantines
de la plaza de Montevideo:
"Estos buques se emplean en las atenciones de la costa patagónica e Islas
Malvinas y en las ocurrencias del servicio dentro del río, como asimismo en otros:
y dos faluchos y tres místicos (3) en conducir la correspondencia entre Buenos
Aires y la Colonia".
III— Carlos Creus, encargado de negocios de España en Montevideo, el 22 de
noviembre de 18 46: "El puerto de Montevideo ofrece un cómodo y seguro abrigo,
al paso que en la ciudad de Buenos Aires ocurren desastres en casi todos los
años". (4)
B) TESTIMONIOS HISTORICOS DE EJERCICIO DE DOMINIO
I — Período Hispano.
a) El 14 de junio de 1806 el Gobernador de Montevideo y jefe del Apostadero hizo
salir un falucho al mando del práctico mayor José de la Peña para reconocer el
mar desde Maldonado a la Bahía de San Borombón y Cabo San Antonio. Esta
embarcación avistó la flota inglesa de invasión. El práctico cumplió la orden y se
refugió en Ensenada después de tocar el Cabo San Antonio.
A fines de ese año correspondió al ayudante del Apostadero teniente de navío
Andrés de Oyarvide, vigilar los movimientos de la flota inglesa de la segunda
invasión, desde las proximidades del Banco Inglés. Conocido es el trágico fin del
marino y de su barco, vencidos por el pampero, insuceso que permitió a los
atacantes presentarse súbitamente delante de los puntos marítimos fortificados.
El 15 de setiembre de 1811 Juan Manuel Berruti decía que embarcaciones de
Montevideo, al mando de Michelena, aparecieron súbitamente en las balizas de
Buenos Aires (5) estrechando el bloqueo naval de la ciudad. Este bloqueo había
sido reconocido formalmente en 1810 por Inglaterra, a pesar que la medida
afectaba los intereses de sus súbditos, Mitre admitió que Montevideo tuvo el
"dominio absoluto de las aguas que le aseguraban sus buques mayores en el Río
de la Plata y su escuadrilla sutil en los ríos superiores". (Historia de Belgrano,
tomo I). Hasta 1813 Buenos Aires sólo podía oponer a las fuerzas navales de
Montevideo "una balandra y una lancha de la Capitanía del Puerto". (6)
El 3 de noviembre de 1813 en convoy con fuerzas de desembarco de Montevideo,
custodiado por cuatro navíos de guerra, ocupó Martín García levantando
construcciones y fortificaciones. (7)
El 17 de febrero de 1814 la escuadrilla fluvial comandada por Romarate sube el
Uruguay, ocupa la localidad de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y
luego se aposta en la desembocadura del Río Negro. Desde allí entorpeció los
esfuerzos bélicos porteños. (8)
Es a fines de 1813 que por iniciativa de Larrea con la influencia de Alvear y el
apoyo financiero de varias logias masónicas que Buenos Aires reorganizó una

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
flota para disputar el dominio español de las aguas que cesó con el triunfo de
Brown en el combate del Buceo. (Mayo 1814) (9)
II — Período Independiente.
De 1815 a 1820 el dominio fluvial y marítimo es ejercido por el Artiguismo,
situación reconocida por Inglaterra al signar convenios de comercio y navegación
con el prócer (1817). En el área marítima los corsarios, y en la fluvial, (ríos
interiores), las flotillas artiguistas, garantizaron la unión de las provincias interiores
y frustraron agresiones de aliados del unitarismo.
"Si los portugueses logran posesionarse de la Banda Oriental, con Montevideo y
la Colonia tendrán en sus manos los puntos llaves del Río de la Plata, Río Paraná
y Río Paraguay, y este territorio (Buenos Aires) quedará expuesto
constantemente a la invasión y bloqueo de los canales del Plata y las
desembocaduras de los demás ríos".
(Thomas Lloyd Halsey, cónsul de los EE. UU. de N. A. en Buenos Aires, a John
Quincy Adams, el 26 de agosto de 1818). Posesionados los portugueses de
Montevideo logran con él, lo que no consiguieron en 1680 con la fundación de la
Colonia del Sacramento. Obtienen a través de Montevideo:
Aislar Artigas de las provincias y estorbar todo apoyo que se le pudiera prestar
para realizar con éxito la campaña en suelo misionero oriental (Río Negro al
Ibicuy).
Efectuar expediciones punitivas sobre las Misiones Occidentales, proveedoras de
soldados artiguistas.
Retener el esfuerzo bélico de las provincias para recuperar la Banda Oriental y
Montevideo. La decisión argentina de una guerra contra Brasil surgió después que
la expedición de los 33 Orientales burlara el bloqueo del Paraná y del Uruguay
impuesto por el Brasil, y consiguiera en Sarandí y Rincón de las Gallinas, dos
victorias terrestres decisivas, neutralizando la superioridad naval brasileña. Por
vez primera, la política rioplatense se decide en áreas mediterráneas (Ituzaingó).
Asegurar e) gobierno de la Provincia Cisplatina porque su sede en Montevideo, es
amparada por la flota brasileña dueña del estuario.
En 1827 Brasil y Argentina se dirigen a Inglaterra para que se "dignase
garantirles" el uso y la libre navegación de las aguas del Río de la Plata, de
convertirse Uruguay en Estado libre (Convención García del 24 de Mayo de 1827.
Aspiración consagrada en Artículo adicional de la Convención de 1828).
Los temores revelaban, entonces, el derecho de Montevideo de imponer, por lo
menos hasta la línea media su soberanía. Debemos a Salgado la afirmación que
el Uruguay nacía como Estado con propiedad sobre las aguas del Plata quedando
para Argentina y Brasil el uso libre de las mismas (Historia Diplomática de la
Independencia Oriental p. 358-359).
Inglaterra aquietó esos temores con la verdad que ha jugado papel contrario al
Uruguay. "Por algún tiempo los Orientales no tendrán marina y no podrán copar,
aunque quisieran, el comercio libre en el Plata" (Ponsomby. comunicación del 18
de enero de 1828).
c) El bloqueo naval anglo-francés del Rio de la Plata se apoyó en Montevideo.
Mantuvo Buenos Aires en un encierro de varios años, comprometiendo su
15 
Leslie Crawford 
   
comercio y debilitando económicamente la influencia de Rosas sobre las
provincias con ríos interiores navegables.
La Vuelta de Obligado es un episodio épico de los rioplatenses, pero no destruye
el hecho de que quien tuviera flota con punto de apoyo en Montevideo poseía la
llave del Plata y de sus afluentes navegables. Así se facilitaron las incursiones
corsarias de Garibaldi en los Ríos Uruguay y Paraná. El 15 de julio de 1842, con
una barca, un bergantín y una goleta remontó el Paraná, llegando a la Bajada
(frente a Santa Fe).
Ni Buenos Aires (Estado) ni la Confederación (reunión de 13 provincias con
capital Paraná) tuvieron fuerza suficiente para mantener la vieja teoría de la
soberanía nacional sobre los ríos navegables, (tratado con Brasil (1851), con
Inglaterra, Francia y Estados Unidos (1853) sobre libre navegación ni para impedir
la entrada de Paraná de una flota de 23 buques de guerra yanquis para amenazar
al Paraguay (1859),
Hasta pasado 1870 la Argentina no adquirió seguridad de dominio del Río de la
Plata, excediéndose en los planteamientos, con el principio de la "costa seca". En
1831, cuando la cuestión se situaba en la Aduana (asunto fiscal), ni Buenos Aires
tenía títulos de dominio marítimo, ni las provincias interiores se lo reconocían.
En los documentos publicados por el Gobierno de Corrientes para refutar los del
gobierno y prensa periódica de Buenos Aires, expresaba Manuel Leiva delegado
de Pedro Feré: "No se cual (dominio) pueda tener (Buenos Aires sobre los ríos de
la Plata y Paraná".
Refutaba la tesis bonaerense sobre derechos exclusivos de "costas de mar,
puertos, ensenadas, radas y balizas". (10)
Más a fondo. El tratado de Paz, Amistad y Cesión signado por España en 1857
con la Confederación Argentina se hizo en estas condiciones:
1) Sólo pudo ser válido para trece provincias sin costas sobre el Río de la
Plata y aguas oceánicas:
2) Fue rechazado por el Estado de Buenos Aires, con la enmienda incluida en
el Art. 31 de la Constitución de Mayo de 18 53 reformada en 1860. El aditivo
establecía que Buenos Aires no estaba obligado por ningún tratado firmado antes
del 11 de noviembre de 1859 (Pacto de San José de Flores, firmado el 10 y
ratificado el 11).
Buenos Aires no se consideraba heredera de España y sus títulos soberanos,
sino poseedora de facto pero todavía sin ejercicio de dominio, de las aguas del
Río de la Plata y del Mar Epicontinental.
Los títulos saneados sobre áreas marítimas tordesilleranas o más reducidas
sanildefonsinas los posee el Uruguay desde 1842.
Bastó que el 5 de Mayo de 1972 naufragara un buque en el Canal del Indio para
que Buenos Aires quedase aislada del Atlántico Sur por el paralelo 35 (colisión
entre el Royston Grange, inglés y el liberiano Tien Chee en área donde sólo pudo
operar con eficiencia la marina uruguaya).
C) COMO SE DIVIDIERON ENTONCES LAS ÁREAS DE PODER EN EL RIO DE
LA PLATA

16 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Ya no es un río indiviso, regido por aquel status impuesto progresivamente polla
Argentina para hacer valer el principio del uti possidetis. No es este el lugar y
momento para analizar las doctrinas manejadas por los argentinos después de
1852, ni las impugnaciones uruguayas también centenarias, con punto final en el
acta de Noviembre de 1973. Interesa saber aquí que el 30 de Enero de 1961 las
dos naciones acordaron con protesta universal de las talasocracias, que el límite
extremo del Río de la Plata es "la línea imaginaria que une Punta del Este con
Punta Rasa del Cabo de San Antonio". De esa fecha hay que mirar atrás y
comprender el por qué del valor, histórico de la tesis del Contralmirante Aguiar
que establecía el límite fluvial por una recta tirada de Punta Yeguas (Montevideo)
hasta Punta Piedras (comienzo de la bahía de San Borombón). (11) Es una forma
de ir empujando las cosas a sus reales expresiones históricas. Porque, si nos
ceñimos al criterio privante en el período hispano, que no concebía en el Río de la
Plata y aguas oceánicas superposición de poderes (fallas comunes en la
administración territorial pero desconocidas en materia de aguas) sino facultades
de soberanía impuestas a determinados órganos de poder delegados, la
jurisdicción del Apostadero de Montevideo en el Rio de la Plata sería la siguiente:
I— Resultante de situaciones hidrográficas. Buenos Aires sólo podía aspirar a una
costa seca sobre el Río de la Plata y a las aguas de los ríos interiores, cuya
defensa delegaba en las fuerzas sutiles de Montevideo ("ocurrencias del servicio
dentro del Río de la Plata, como asimismo en otros".) Con criterio más elástico: la
responsabilidad de poder del Apostadero, a partir de su institución en 1776,
llegaba hasta donde sus naves podían maniobrar frente a la costa de Buenos
Aires sin riesgos de varadura. No menos de una legua de la costa. Fray Pedro
José de Parras decía en 1753 que las fragatas apenas podían acercarse hasta
esa distancia, por ser el puerto de Buenos Aires malísimo para los navíos.
Aguirre, en su Diario de 1793, estableció los lugares de descarga a una legua de
la costa. En 179 9 Francisco Xavier Curado decía que sólo se podía operar a una
legua o dos de la costa (Misión Secreta).
II— Resultante de jurisdicciones administrativas. La región de Montevideo
terminaba por el Oeste en el arroyo Cufré. La imaginaria de responsabilidad de
poder correría desde la desembocadura del Cufré en el Río de la Plata hasta la
Ensenada.
Aquí nos referimos pura y exclusivamente a aguas y no territorios; porque la
jurisdicción costera del Apostadero en la región pampero-patagónica comenzaba
de hecho donde se tendía la línea de los fortines del sud de Buenos Aires.
Esta línea iba de Chascomús (paralelo a Punta Piedras) en dirección noroeste
buscando los apoyos de San Luis y Mendoza hasta la cordillera.
De Punta Piedras hasta Tierra de Fuego y Adyacencias, la costa continental
estaba de hecho bajo jurisdicción de Montevideo.
III— Resultante del tardío empuje elástico bonaerense. Las aguas desde Buenos
Aires hasta la línea Cufré - Ensenada pudieron quedar bajo responsabilidad de
poder de la ciudad virreinal a partir de la creación del Apostadero de la Ensenada
de Barragán (1805) con embarcaciones tripuladas por granaderos y dragones.
Ese Apostadero se mostró estático en el momento que los ingleses desembarcan
en Quilmes, pocos kilómetros al norte. Su inoperancia originó el gravísimo error
de 1806-1807 de hacer permanecer frente a Buenos Aires los navíos de
Montevideo, necesarios para frustrar la segunda operación invasora inglesa.
17 
Leslie Crawford 
   
Aunque en asuntos del Río de la Plata finalmente se ha jugado con buena
voluntad, no creemos un exceso, Ordenanzas Navales por medio, establecer la
línea que marcaba hacia el este la responsabilidad de Montevideo sobre el Río de
la Plata y hacia el Oeste la de Buenos Aires con su Apostadero de la Ensenada.
Entiéndase bien que estamos hablando de áreas de responsabilidad establecidas
en el período histórico, muy válidas para el momento que Buenos Aires se auto-
anula en su condición de sede virreinal.
2 — El dominio del Atlántico Sur.
Se ejerció por el Apostadero en aguas y costas oceánicas, islas y canales
interoceánicas, asentándose sobre costas e islas donde funcionaba un dispositivo
defensivo-ofensivo muy vasto y poderoso para la época y tiempo de formación del
Apostadero. En un lustro alcanzó sus dimensiones proclamando los títulos que
anulaban toda mención de tierra no poseída.
En el Uruguay.
La función de Prefectura se cumplió sobre los puertos de Maldonado y Colonia,
uno oceánico y el otro fluvial. El Apostadero no gobernaba la región de
Montevideo: tampoco la Banda Oriental y, mucho menos, la provincia misionera
uruguaya (Río Negro hasta el Ibicuy según la rectificación de fronteras hecha en
1777).
La indeterminación de funciones de las jerarquías oficiales, militares o navales en
las provincias, intendencias, gobernaciones, con costas marítimas provocó
confusiones, en otras regiones americanas entreverándose actos de clara
autonomía naval, con los que respondían a disposiciones virreinales o bandos de
gobernadores civiles o militares.
En el caso de Montevideo, la cuestión intrincada se clarificó con la reunión de los
cargos de gobernador de la región de Montevideo y la de jefe del Apostadero.
Pivel Devoto dice que un lustro antes del siglo XIX el Gobernador de Montevideo
era la segunda jerarquía del Río de la Plata. (12). Agreguemos que la primera del
Atlántico Sur,
En territorio Argentino.
1) Costa bonaerense. Simplemente soberanía oceánica desde el Sur de
Ensenada, pasando por Punta Piedras y la Bahía de San Borombón, hasta la
desembocadura del Río Negro, sin perjuicio de ejercer funciones de prefectura en
los puntos de la costa comprendida entre los paralelos 35° a 4 0° si lo exigieran
las necesidades. El gobierno interno quedaba de cargo de la Intendencia de
Buenos Aires, contenido por las presiones de sur a norte de los nómades ancáes,
tehuelches, ranqueles, puelches y patagones, a su vez reprimidos por la línea
interior de fortines que marcaban la verdadera frontera humanal, desde
Chascomús y Monte (1779), Ranchos (1781) en la parte oriental: Loreto, San
Fernando (1783) en el centro: San Carlos (1772) sobre el contrafuerte andino,
dependientes los tres últimos de la Intendencia de Córdoba. Importa señalar la
coetaneidad de esta línea defensiva (frontera del desierto) con la institución del
Apostadero de Montevideo para la defensa de las aguas, de los avances ingleses,
holandeses y franceses y, las fundaciones patagónicas bajo el amparo de
Montevideo: Carmen de Patagones (1779) San José (1779), Puerto Deseado
(1780) y San Julián (1780).

18 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
2) Costa patagónica. En las poblaciones levantadas con colonización dirigida
(luego fracasada, en parte, por imprevisión surgida de la urgencia de responder
con población la pretensión de potencias europeas de ocupar térra militas), la
jurisdicción se extendía tanto sobre el puerto y poblado como sobre el interior
hasta una distancia de 30 leguas de la costa (interpretación de la cédula de 1684).
(13) Carmen de Patagones es una población interior, a casi medio centenar de
kilómetros de la costa; San José estuvo a más de 70 Kms. del extremo oriental de
la Península de Valdez. No hubo fracaso poblador absoluto, porque a las
excepciones señaladas debemos agregar Puerto Soledad (Malvinas). Los actos
de dominio no dejaron de ser permanentes hasta en la austral Isla de los Estados.
Puerto Deseado, que cesó como colonia en 1784, era en 1795 un puerto militar
(14) y establecimiento ballenero y pesquero (con barracones) bajo dominio del
Apostadero y administración y explotación de la Real Compañía de Pesca, con
sede en Maldonado.
Entre una u otra población o puerto, duradero o no, la jurisdicción se extendía
"desde lo más interior de el de su destino, hasta las puntas salientes a la mar, con
todas sus conchas, calas o ensenadas que hubiere en el intermedio, haya o no
población (Art. 17. Tratado 5º título VII de las Ordenanzas Navales de 1793,
recopilación de las varias generales de la Armada Naval Española).
Ligada directamente a la línea de costas y a la profundidad de las poblaciones, la
soberanía terrestre ejercida desde el mar era configurativa.
Esta posesión y dominio de las costas patagónicas es anterior, casi un siglo, a la
ocupación oficial de su interior por la República Argentina. En efecto, aunque
dependiendo teóricamente de la Intendencia de Buenos Aires, el interior
patagónico quedó en reserva, opción que no obligó a España ejercer soberanía
posesional (excepción hecha de las costas) salvo expediciones punitivas, (Guerra
Justa) no muy profundas, sin determinación de quedar en las zonas penetradas.
La expulsión de los iñiguistas frustró la misionología en la Tebaida sudamericana
(las dos tentativas de formación de la reducción de Poyas 1670 y 1767 a la altura
del paralelo 46°), por otra parte, sin perspectivas favorables por la creciente
invasión de indios araucanos en la Pampa y la Patagonia, ínterin esa frustrada
missionalia mediterránea aparecen los intentos de 1764 de los jesuitas y de
dominicos en 1768 por levantar misión en costas patagónicas. La empresa
ocupacional de ese hinterland comenzó en 1833 con la expedición argentino-
chilena que empujó las fronteras argentinas interiores del Salado al Colorado
(muy arriba aún de la ubicación de la montevideana Carmen de Patagones) y que
en el lado chileno fracturó la histórica línea del Bío-Bío, término del verdadero
Chile Nuevo continental.
En 1867, catorce años después de la Constitución de 1853 y siete de su reforma
de 1860, que fijaba el espacio organizado argentino, el Congreso sancionó la ley
que trasladaba la frontera sur hasta los ríos Negro y Neuquén. Sólo se haría
efectiva en 1878 (4 de agosto y 5 de octubre) con la concesión de recursos para
realizar la Campaña del desierto, acción militar de Roca contra los sobrevivientes
de las razas australoides, con un decenio de miles de años de permanencia en la
Patagonia: fuéguidos y pámpidos.)
La Argentina no habla perforado la línea del Salado, y Sarmiento se encargaba de
justificar los derechos de Chile sobre el Estrecho de Magallanes con los mismos

19 
Leslie Crawford 
   
argumentos que podían concurrir en favor del Apostadero de Montevideo por su
función marítima de 1776 a 1811.
3) Territorios insulares. La marina de Montevideo, con base en las Malvinas,
(15) ejercía dominio sobre éstas y las islas y tierras del Sur, sobre todo en las diez
leguas de aguas que las rodearon.
Buenos Aires no recibió de España a título de cesión ni la Patagonia ni las
Malvinas el islario antártico y todos sus territorios y aguas adyacentes
(Capitulación de Vigodet). En ningún momento la Metrópoli cedió esos derechos a
la Argentina. Menos podía hacerlo en 1857 porque en 1842 lo había hecho en
favor del Uruguay.
El convenio del 21 de Junio de 1814, que consta de 24 artículos, dejaba la plaza
de Montevideo en "calidad de depósito", no pudiendo entregarse a ningún otro
poder. El convenio se extendía a los establecimientos de la costa patagónica.
Depósito no es cesión. Ni renuncia. No se dieron en 1814 las circunstancias que
suponía el traslado legal de soberanía en favor del gobierno de Buenos Aires (Cf.
VERDROSS Alfred. Derecho Internacional Público, págs. 224-227).

3 — El ejercicio pendular de soberanía. Patagonia, región de dos océanos.


A) DEL CABO VÍRGENES O DEL ESTRECHO DE LE MAIRE A CHILOE
En estas áreas el ejercicio responsabilidad era pendular, compartida por el
Apostadero da Montevideo y el Apostadero del Callao con su base en Chiloé,
según dirección seguida por las naves que utilizaban los pasos del Sur y
precisaban ser convoyadas. Es lógico que por esa responsabilidad compartida al
solo efecto de la navegación comercial española, la acción de custodia de las
naves de Montevideo y la apostada en Malvinas fuera más frecuente, en razón
que los peligros marítimos acechaban desde el Atlántico Sur y que resultara más
intenso el tráfico de naves por los pasos en dirección ESTE/OESTE. (19)
El Diario de Viaje de Francisco Xavier de Viana pone de evidencia la combinación
de naves. Partiendo de Montevideo con las que patrullaban el Pacífico Sur,
extendían la asistencia, alternando la misión científica, a las aguas de los
hipoglosos (Halibut).
Por mayor frecuencia de patrullaje, equivalente a mayor lapso de ejercicio de
responsabilidad, nos inclinamos por Montevideo.
El Apostadero de El Callao (Virreinato del Perú) y no la Capitanía General de
Chile (ligada al virreinato del Río de la Plata) compartió, repetimos, esa
responsabilidad pendular con el de Montevideo. Para ambos, el ejercicio de
soberanía era configurativo (prefectura). El Montevideo oceánico se prolongaba
desde el Estrecho de Drake hasta el Golfo Corcovado.
Motivaciones estratégicas, concentración de fuerzas navales y cuestiones
políticas internas poco tenidas en cuenta por la historiografía clásica (la paz
necesaria con los araucanos posesionados del interior patagónico, que podían
extender su irritación hasta la frontera sur de Buenos Aires, Córdoba del Tucumán
y Mendoza) "agregaron" esas costas chilenas a la responsabilidad de poder del
Apostadero Naval de Montevideo. Concluía en Chiloé, desde donde la armada del
Callao, en virtud de un régimen especial, contraloreaba el Pacífico Sur, (17) con

20 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
bases insulares en Juan Fernández (las Malvinas del Pacífico Sur occidental).
Teórica y prácticamente, las aguas de y costas chilenas desde el Estrecho de
Drake al paralelo 44º (entrada del golfo Corcovado), caían dentro de la
imaginarias de responsabilidad del Apostadero Naval de Montevideo.
Sobre esa particularidad pendular entendemos sugestiva la afirmación de títulos
hasta la Península de San José (península Valdés) hecha por O'Higgins el 20 de
Agosto de 1831, en nota dirigida al capitán de la Marina real inglesa Coghlan.
Invocando para Chile funciones que había ejercido alternativamente el
Apostadero de Chiloé, dependiente del Callao, sostuvo que los derechos chilenos
sobre el Pacífico Sur, se extendían de la Bahía de Mejillones (paralelo 21) hasta
Shetland del Sur; por el Atlántico desde Shetland del Sur hasta la península de
San José, en paralelo 42°. Proclamaba una soberanía de 3.900 millas
geográficas, que abarcaban prácticamente el área patagónica del Apostadero de
Montevideo, las Islas Malvinas, la Isla de los Estados y otras tierras insulares.
Incluía el sector Antártico hasta el polo sur. "Chile posee evidentemente la llave
del Atlántico desde el grado 30 de latitud sur (Puerto de Río Grande) hasta el Polo
Antártico y la de todo el gran Pacífico". (18)
Muévase el péndulo con impulso desde Montevideo y la argumentación
respaldará funciones históricas del Apostadero rioplatense.
Retrocedamos aún más en el tiempo. Para explicar por qué el Apostadero, por
división de funciones, podía extender su responsabilidad hasta el Pacífico (parte
de las costas meridionales de Chile) damos estos otros testimonios de rancio
pasado.
I— Capitulación del 21 de mayo de 1534 con Pedro de Mendoza. Se le daba
licencia y facultaba extender su jurisdicción desde el Río de Solís "que llaman de
la Plata hasta el Mar del Sur donde tengáis doscientos leguas de luengo de costa
de gobernación, que comience desde donde se acaba la gobernación que
tenemos encomendada al mariscal don Diego de Almagro hasta el Estrecho de
Magallanes".
Pedro de Mendoza recibía la costa Chilena comprendida entre los paralelos 25°
31' y 36° 35' de altitud sur, versión actualizada de GREENWICH. La cédula del 19
de Julio de 1535 determinaba que las 200 leguas se hallaban al sur del límite de
la gobernación de Almagro. Hay errores descomunales respecto de las
mediciones, pero el hecho incuestionable es que la costa chilena, en una
distancia extensa, caía bajo jurisdicción de Pedro de Mendoza.
II— En las Capitulaciones con Alvar Núñez Cabeza de Vaca del 18 de marzo de
1540 se reiteraba: "Desde el dicho Río de la Plata hasta el Mar del Sur, con más
doscientas leguas de luengo de la costa en la dicha mar del Sur".
— La R. C. de 1548 fijó el límite de la Gobernación de Chile del grado 26º al 41º
latitud meridional. En 1778, la Capitanía General de Chile, tuvo por límite sur el
paralelo 41º.
— Azara resumió esa cuestión, con gran claridad en Descripción e Historia del
Paraguay y del Río de la Plata: comenzaba en Santa Catalina "siguiendo la costa
del mar, dando vuelta el Cabo de Hornos y doscientas leguas más en el Mar
Pacífico" (pág. 442).

21 
Leslie Crawford 
   
Tómese una patrón y esas 200 leguas del cabo de Hornos al Norte llegan,
prácticamente, a Chiloé.
B) RAZONES PARA LA AGREGACIÓN DE CAMPOS DE RESPONSABILIDAD:
No es cosa dejar el asunto así no más. Se imponen interpretaciones, marginadas
hasta el momento de consideraciones por olvido de las grandes tradiciones
marineras. No están escritas expresamente, pero emergen de delimitaciones de
jurisdicciones de puertos en el Pacífico Sur, y de estimaciones políticas
(Mantenimiento de la paz con los araucanos y disminución de obligaciones bélicas
en tierras sureñas. ¿Por qué no tener en cuenta el cansancio guerrero del chileno
del final del período hispano?).
I — Jurisdiccionales
En defensa de títulos argentinos sobre la Antártida, Diego Luis Molinari aporta lo
que es fundamental para establecer la proyección pacifícense del Uruguay
Atlanticense, y dice que las dos Intendencias de Chile tenían esta jurisdicción:
Intendencias de Santiago, desde el Salado hasta el Maule (Chile Viejo:),
Intendencia de Concepción, desde el Maule hasta el Blo-Bío (Chile nuevo). En la
línea del Bío-Bío, con función defensiva, resguardaban Concepción los fortines
de Arauco y Tucapel. El puerto de Valdivia, más al sur, era una enclavadura
neutralizada en Arauco, sin conexiones terrestres con Concepción (19).
La Araucania era región desmilitarizada. Llamábasele "tierra de misión". Iba
desde el Bío-Bío hasta lo que es hoy Puerto Montt y también algo más al sur por
suelo continental.
Para Chiloé había un régimen especial, que comprendía las Islas Juan Fernández
(20). Francisco Xavier de Viana relató que ese gobierno peruano de Chiloé era
militar y político, dependiente del virrey del Perú y de la Audiencia de Lima.
La aduana del Callao costeaba los gastos de la tropa regular. El comercio de
Chiloé con Europa se hacía vía Callao (21).
Allí Malaspina y los comandantes de la Descubierta y Atrevida, recibieron los
mapas de la isla y sus costas, entregadas por orden del Virrey del Perú. (22).
La tesis de Molinari y el relato de Viana coinciden con la descripción de Jorge
Juan y Antonio de Ulloa (1735-41), hecha antes de la creación del Virreinato del
Río de la Plata y de las Intendencias. Los autores de Noticias Secretas de
América pusieron Concepción último punto de la región hispana de Chile, y
Valdivia enclavadura en Arauco; saltan a Chiloé, cuyo puerto español era Chacao
(población trasladada luego a tierra firme con el nombre de San Carlos). Chiloé
tenía comunicaciones marítimas directas con el puerto de Juan Fernández, cuyo
comercio exterior se hacía vía Callao (23).
II — Políticas
La frontera con Arauco estaba marcada por el Bío-Bío. Toda presencia de
españoles chilenos al sur despertaba prevenciones y resentimientos, cuando no
réplicas violentas, de los belicosos araucanos.
No hubo una Guerra de Arauco sino varias. La primera duró de 1553 a 1641, y la
paz que le siguió dio origen a un capítulo particularísimo de la Recopilación de
1680 (Leyes de Indias).

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
El tratado de paz de 1641 fijó la frontera en el Bío-Bío. De éste al sur
comprometía al pueblo araucano no permitir en sus costas el desembarco de
hombres de ninguna nación extranjera. Violaciones de parte de españoles
chilenos (españoles se denominaban todos los americanos blancos, mestizos de
alcurnia o indios altamente aculturados) renovaron guerras. La última finalizó con
el Tratado de 1773, roto en 1833 por el gobierno republicano.
Esa mentalidad anti araucana, adquirida en el exilio, se reflejó en el pensamiento
de Sarmiento. En Conflicto y Armonía de las Razas, llamó a los araucanos
"animales más recios, menos aptos para la civilización", burlándose del respeto
español por la línea del Bío-Bío como frontera aceptada por el miedo.
El "régimen peruano" sobre Chiloé se asentaba en el orden interno, en la actitud
pacífica frente al "español" y hostil al araucano de la población isleña india
(cazadora-mariscadora) (24).
4 — Fundamentos de la talasocracia montevideana
a) Comienzan por estratégicos (elección como puerto ideal);
b) Se afirman en triunfos terrestres y marítimos (expulsión del lusitano de la
Colonia y de las aguas del Río de la Plata y desplazamiento de franceses e
ingleses de las Islas Malvinas);
c) Se desarrollan con el fomento del intercambio comercial de Montevideo y
Buenos Aires con puertos del ecúmene hispano y de países neutrales (libre
comercio de 1778), fortalecido con la colocación de excedentes de producción por
vías del contrabando;
d) se respaldan en el relleno demográfico leucoderma (ex colonizadores de la
Patagonia establecidos en pueblos dentro de la Cuenca del Santa Lucía,
inmigración calificada), y
e) se consagran jurídicamente con la transferencia de facultades virreinales a los
jefes del Apostadero.
De hecho Montevideo ejerció almirantazgo del Atlántico Sur (25) con facultades
vedadas a los tribunales de derecho común (Audiencias y Consulados) para
intervenir en conflictos suscitados en alta mar. De derecho fue Capitanía General
Marítima no nominada (aplicación por analogía de las Ordenanzas sobre
Departamentos Navales) en el período de choque de intereses económicos entre
Buenos Aires y Montevideo y los actos formales de posesión en tierras y aguas
patagónicas, fueguinas y malvinenses. Nominada en el tránsito de sede virreinal
(Elío) a Capitanía General (Vigodet) encarnando la representación directa de la
autoridad central reconocida (26).
Hizo posible esa proyección marítima real no adventicia, el enorme desarrollo de
la marina mercante y de guerra de la comunidad de reinos hispanos, al punto de
recuperar, en el último tercio del siglo XVIII, el dominio de los mares obliterando la
agresiva Rule Brittania.
Con Montevideo como cancerbera del Atlántico sur, el mundo hispano estableció
prioridades frente a la doctrina de Monroe impidiendo que potencias ajenas
establecieran nuevas Guayanas, Jamaicas y Belices en el Hemisferio Occidental.
¿Por qué no decir que la doctrina del cinturón de las 200 millas (zócalo o aguas
continentales) y el área de seguridad adyacente de las Repúblicas americanas

23 
Leslie Crawford 
   
fijada en la declaración de Panamá de Octubre de 1939) están añejadas por
hechos enraizados en el evo hispano y de lo que fue principal ejecutor el
Apostadero Naval de Montevideo?
Los momentos de grandeza del Uruguay Atlanticense se siluetan en los períodos
más trascendentales del Derecho Internacional Marítimo. Se adunan con
episodios de excepción en la lucha por el dominio de los mares, como las dos
Neutralidades Armadas, el Bombardeo de Copenhague, destrucción de la flota
danesa heredera de la hostilidad holandesa, y la acción de Trafalgar que borró de
las aguas europeas la marina de guerra española. Aún habrían de pasar uno y
dos años (1806-1807), y Montevideo, Buenos Aires y los rioplatenses dieron una
lección soberana al imperialismo inglés, postergando su pretensión de privar a
todas las naciones del uso de la superficie del mar (hipertrofia de la Navigation
Act de 1651 con el rótulo Dominion and Sovereignty of the Seas: el mar universal
como propiedad pública de la corona de Inglaterra).

NOTAS DEL  CAPITULO I 

(1) En  1777  las  milicias  indias  auxiliares  se  dividían  en  tres  cuerpos:  1º)  milicias  indias  de  Maldonado;  2 º )  
milicias indias del Río Grande y 3º) milicias indias del Real de San Carlos. 
(2) PASTELLS, Pablo, S. J. — Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de Paraguay, tomo VIII, 2ª parte, 
p. 102. Desde su segunda fundación hasta la aparición de grandes navíos en mitad del siglo XVIII, Buenos Aires había 
sido puerto único y cimero del Río de la Plata y del Atlántico Sur. Determinantes de navegación lo arrinconaron. Sobre 
la  importancia  menos  que  secundaria  de  Buenos  Aires  y  la  Ensenada  de  Barragán  para  operaciones  de  la  marina 
mercante y de guerra Cf. SCHURMANN PACHECO Y COOLIGHAN SANGUINETTI, Historia del Uruguay,  p. 81. 
Lobo y Ruidavets explican que habilitados los puntos de Montevideo y Maldonado se abandonó completamente 
la navegación de la costa meridional del Río de la Plata. Manual de navegación del Río do la Plata y de sus principales 
afluentes,  pp.  12‐13.  El  Cabo  San  Antonio  fue  poco  conocido  de  los  navegantes  que  llegaron  a  tener  una  idea  muy 
confusa de su configuración y situación geográfica, Ibid., p. 132. En tanto eran conocidas y frecuentadas  las costas  al 
sur    del  paralelo    40;      las  de  San  Borombón  fueron  exploradas  satisfactoriamente  por  Oyarvide.  Otro  navegante 
español del siglo XIX, Manuel Sánchez Núñez, dijo que en un principio la Ensenada había sido "surgidero habitual de la 
marina mercante española", pero que en el XVIII el comercio ultramarino tenía por centro Montevideo y del comercio 
de cabotaje éralo Buenos Aires. Ojeada sobre la parte argentina de la región hidrográfica del Río de la Plata, pp.  84 y 8 
5. 
(3) Embarcaciones de cabotaje con velas  latinas. 
(5) RH.  T.  XXXIX p.   189. 
(6) PIVEL DEVOTO, Juan E. — Martín García, p. 81. En el período de bloqueo (1810/12) el C/F José Primo de 
Rivera efectuó los sondajes y rectificó bancos del R. de la Plata. Las notas se guardan en el Archivo General de Marina 
Don Álvaro Bazán   (España). 
(7) BOSGH,  Felipe.  — Historia Naval Argentina  p.   85. 
(8) PIVEL DEVOTO.  —  Op.   cit.  p.   31. 
(9) Allí le sorprende la Capitulación de Vigodet, (junio de 1814). Flavio A. García opina que el dominio de los 
ríos  ejercido  por  Montevideo  retrasó  el  triunfo  revolucionario.  La  reacción  contrarrevolucionaria  ante  el  Armisticio 
Rademaker ‐Herrera "Los realistas quedaron dominando totalmente el Río de la Plata y los ríos  interiores".  BOSCH, 
Felipe, Historia Naval Argentina,  pp.   36‐37. 
(10) MARTÍNEZ  MONTERO,  Homero.  —  El  Río  Uruguay,  RH,  T.  XXI  ü.  295,  Sin  quitar  méritos  a  la  victoria  de 
Brown, creemos que la ausencia de combatividad de la flota española se debió en parte al impacto espiritual sufrido 
por su oficialidad ante el conocimiento de la apertura de un abismo entre las ideas liberales de las Cortes del 12 y la 
posición de Fernando VII tendientes a la imposición del absolutismo, maniobra en la que recibió apoyo singular de Elio. 
La  constitución  gaditana  fue  muy  cara  a  la  marina  española.  Lo  que  no  habría  logrado  la  derrota  de  Las  Piedras  lo 
conseguiría  la  variante  política  peninsular.  Cosas  de  la  "historia  interna"  del  régimen  hispano  en      la  América  del 
 
período juntista. 
(10) Documentos liara la Historia Argentina. T. XVII p.  241. 
(11) El Río de la Plata y el Mar Territorial, pp. 103 ‐ 10 7. José Serrato defendió   esta  posición.  Jurisdicción  
sobre el Río de la Plata, p. 14. 
(12) Raíces  históricas  de  nuestro  sentimiento  nacionalista.  Revista  Militar  y  Naval  Nos.  321‐3  23, p.  9.  En  la 
persona del comandante del Apostadero se hicieron coincidir la autoridad marítima y el gobierno político y militar de 
la ciudad.   Gobernador y Comandante fueron una misma persona. 
El  Director  General  de  la  Armada  (equivalente  a  Lord  del  Almirantazgo  inglés),  aconsejó  la  bivalencia  el  1º  de 
setiembre de 1796. La Real Orden del 13 de ese mes designó para ambas funciones a Bustamante y Guerra, marino 
eminente. Esta determinación señala la autoridad emanada de la dirección naval española en asuntos relacionados con 
la  mayor  eficiencia  del  Apostadero  de  Montevideo,  superponiéndose  el  Director  General  de  la  Armada  al  virrey  de 
Buenos Aires, no consultado en esta materia para previo asentimiento. 
(13) La cédula del 21 de mayo de 1684 prohibió levantar poblaciones de indios patagónicos a no menos de 30 
leguas de la costa "por ser conveniente esté despoblada dicha costa, para nunca hallen abrigo extranjeros enemigos, 

24 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
ya  3  le  no  es  posible  fortificarlas  con  Armas  Reales".  La  evolución  del  Derecho  Internacional  Marítimo  como  del 
Derecho Internacional Público modificaron esas concepciones ligadas al sentido de mediterraneidad que privaba en la 
organización  del  Nuevo  Mundo  entre  los  siglos  XVI  y  XVII.  En  el  período  del  Apostadero  de  Montevideo  las  Armas 
Reales  estaban  en  condiciones  de  cumplir  sus  cometidos.  "La  ocupación  de  aquel  territorio  es  un  gravamen  de  la 
corona, como lo son otros, a trueque de que no los tengan nuestros enemigos" (Gálvez a Vertiz el 26 de junio de 1780). 
(14) "Sirven  actualmente  de  barreras,  atalayas  y  observatorios,  así  para  los  indios  infieles  de  aquellas 
cercanías,  con  quienes  a  las  veces  se  logra  una  regular  correspondencia,  como  para  los  ingleses,  que  de  cuando  en 
cuando no dejan de hacer sus tentativas". Memoria de Virreyes, citada por Juan A. Apolant en Operativo Patagonia,  p. 
193. 
(15) En 1766 se creó el gobierno de las Malvinas, subordinado a Buenos Aires. Al ser instituido el Apostadero 
diez años después, la prerrogativa recayó en el Jefe de la Marina Española apostada en Montevideo. Gobernador de 
Malvinas pasó a ser entonces todo comandante de la   nave principal apostada en la isla y destacada especialmente 
desde Montevideo. 
(16)  No  sólo  se  realizaron  cruceros  a  la  costa  patagónica  sino  patrullajes  y  convoyes  de  embarcaciones 
mercantes  que  hacían  el  tráfico  con  el  Perú,  vía  Callao.  GARCÍA,    Flavio  A.  José  de  Posadas  y  Castillo.  Apuntes  
biográficos,  p. 67. 
Estaba  explícitamente   determinado  por  las  Ordenanzas  Navales.   La de 1793 imponía a los comandantes de 
Apostaderos, de escuadras o de navíos, la obligación "de proteger por todos los términos la seguridad de las 
navegaciones de los del comercio".   (Art.   85 títulos VII tratado 6 º ) .  
(17) Humboldt fijó el límite extremo sur chileno. Viaje a las regiones equinocciales, p, 1089. M. Sánchez Núñez 
llamó injustificada la fundación chilena de Punta Arenas, op. cit.  p.  22. 
(18) PINOCHET  DE DA BARRA, Oscar. — La Antártica  Chilena, pp. 88‐89. Parker y Fitzroy llegaron a extender 
esas  posibilidades  chilenas  hasta  3  0  millas  del  Rio  Negro,  situándolas  en  el  entonces  denominado  puerto  de  San 
Antonio. "Está llamado a ser el término de las comunicaciones que un día se establezcan entre la República de Chile y la 
hoy estéril costa de Patagonia". Derrotero de las costas de la América Meridional,  p. 36. 
(19) Orígenes de la frontera austral Argentino ‐ chilena, Patagonia, Islas Malvinas  y  Antártida,   p. 25. 
(20) JUAN. Jorge y ULLOA, Antonio de. — Noticias Secretas de América. Página   126. 
(21) Diario de Viaje.  T.  I  pp.   123,   124,  y  133. 
(22) IBID,  pp.  114‐115.  Se  dio  importancia  a  las  observaciones  de  Malaspina  en  el  trayecto  Montevideo  ‐ 
Puerto Deseado ‐ Cabo de Hornos ‐ Chiloé. Las cartas marinas fueron publicadas por Pedro Novo en Madrid   ( 1 8 8 5 ) .  
(23) Op.  cit. pp. 45 a 53. 
(24) IBID, pp.  48. 
(25) Aunque el cargo fue proyectado por las Ordenanzas Navales del XVIII, en particular las de 179 3, nunca se 
consagró por ellas persona alguna. La dignidad existió en Castilla desde tiempos de San Fernando y Alfonso X el Sabio. 
Sobre el Almirantazgo Mayor de Castilla, sus prerrogativas y jurisdicciones, véase FERNANDEZ NAVAREETE, M., TI p. 47» 
a  543.  Es  uno  de  los  antecedentes  más  antiguos,  aparte  de  los  romanos,  de  la  organización  naval  occidental.  El 
juramento  del  Almirante  Mayor  establecía  la  latitud  de  poderes  y  autonomía  de  acción:  ".  .  .guardando  Dios  de 
tormenta presurosa la Mar y de enemigos adversarios de mi Señor el Rey". 
El primer almirantazgo español, como corporación consultiva de asuntos de la marina fue creado por Felipe V en 
1737 para el infante heredero. En 1748 se le suprimió y en su lugar se creó la Dirección General de la Armada. 
En 1836 el Ministerio Calatrava, de la Regencia Espartero, restableció por ley el Almirantazgo de la Marina ( 2 4  de 
octubre). De 1868 a 1912 se denominó Almirante al Capitán General de la Armada. 
(26)  Vigodet se dio por insatisfecho con el cargo de Capitán General. Apuntes históricos de Larrañaga y Guerra. 
BHEME. Nº  96‐97, p.  137. 

25 
Leslie Crawford 
   
CAPITULO II 

LA JEFATURA SUPREMA DEL ATLÁNTICO SUR 

I. El Apostadero con personería REAL.


Las facultades y potestades del Apostadero Naval de Montevideo, analizadas con óptica
bonaerense —carriles seguidos por nuestra historiografía clásica— parecen cosa muy batallona.
Precisamente, por bocetarse en documentaciones contradictorias y asincrónicas, la cuestión se
hizo ambagiosa. Sin embargo, entreveros y sutilezas, son dispersados por interpretaciones
basadas en elementos no tenidos en Cuenta. Abregos y no pamperos, despejan el cielo histórico.
La cuestión de las áreas de responsabilidad del Apostadero se debe basar en otra clase de
documentos —los que otorgaron las herramientas de poder con libertad de acción necesaria en
una época en que ni siquiera se preanunciaban los telemandos— y engarzarse con los
acontecimientos más trascendentes del siglo XVIII, que cambiaron el estilo de vida del hombre de
cultura occidental y modificaron la geografía política mundial.
Aunque corridos de los océanos los "perros del mar", no se ofreció para el esfuerzo naval español
ninguna intermisión. Las jaurías fueron sucedidas por manadas de corsarios, "guerrilleros del
mar", como avanzadas del poder naval inglés y francés, sucesores de Portugal y Holanda.
España, potencia de primer orden, debió extremar esfuerzos para mantener su superioridad en los
mares. Del afán participaron los reinos unidos de la península y de ultramar (Europa - América)
para no quedar atrás en la carrera armamentista de las naciones enemigas, perfeccionar la
agonística naval y reactivar la dinámica guerrera de sus marinos.
La comunidad hispana que, desde el período de la conquista y población no había conocido más
que milicias nacionales, comenzó a pensar en ejércitos regulares y en naves de gran poder
ofensivo-defensivo. Aplicó en la jurisdicción marítima el orden de división que habría de imponer
en tierra con el sistema de Intendencias. Descentralizó el poder marítimo creando centros de
autonomía para las respuestas elásticas inmediatas. Sin ostentar en la documentación rango de
virreyes, los comandantes de armadas fueron de hecho alter egos del rey, procediendo en su
nombre con encargo de rendir cuenta de las acciones espontáneas provocadas. La lejanía del
comando central determinaba esa libertad de decisión, como las que evidenciaron en el XIX los
almirantes ingleses y franceses, cuyos actos precedieron a las intervenciones diplomáticas. No en
vano la Home Fleet copió la organización naval hispana.
Donde el mar era ancho y propio del ecúmene hispano, las decisiones las tomaban los jefes de
escuadra, con menos ataduras cuanto más lejos se hallaban de los departamentos navales
(almirantazgos). Se podrá cuestionar la afirmación que, allí donde los actos soberanos debían
ejercerse en áreas oceánicas, ninguna autoridad terrestre podía coartarlas o anularlas. En este
orden Montevideo se empinó a la condición del otro-yo real, sobre todo en las aguas atlánticas
meridionales. Diego Luis Molinari sostiene que la parte austral del continente "caía por sus costas
e islas bajo la jurisdicción de la Metrópoli". (1)
Homero Martínez Montero afirma que, al crear el virreinato del Río de la Plata por razones
administrativas, la metrópoli "no delegó en él ni se despojó en su beneficio, voluntaria e
involuntariamente, de la más mínima porción de jerarquía". (2).
La afirmación debe ser tenida en cuenta para la interpretación de la cláusula clave del Art. 1 del
Tratado Hispano Uruguayo de 1842, que hace referencia de "todos los derechos de soberanía y
de dominio que los monarcas españoles han tenido anteriormente sobre el mencionado territorio".
Una opinión argentina y otra uruguaya. Equivale decir que no había intermediario, virrey o
intendente, en acciones de exclusiva materia naval. La Capitulación de 1814 es de una evidencia
mayúscula. Se dejaba en Depósito lo que no era dominio de Buenos Aires.
II. El Teatro del Mar.
Acostumbramos medir el esfuerzo español por los hechos memorables realizados en tierra. Sin
embargo, la comparación de esfuerzos sobre dimensiones donde jamás se ponía el sol, hace

26 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
meditar acerca de lo que pudo suceder si España no hubiese contado con bases estratégicas, con
naves bien marineras, con armamento potente y con oficialidad y tripulación avezadas y valientes.
Sin incluir las áreas de los mares secundarios, la superficie de los océanos es de 313.068.170
Kms2. (3) Se distribuye así:
Océano Pacífico 126.872.590 Kms2.
Océano Austral 85.564.580 Kms2.
Océano Atlántico 58.251.700 Kms2.
Océano Indico 42.379.000 Kms2.
La distancia de las bases metropolitanas y la mayor vastedad de los océanos determinó que la
libertad de acción de los jefes navales estuviera en razón directa con lejanía e inmensidad. (4)
El área marítima que interesa es la que caía bajo la responsabilidad de poder de Montevideo. No
tan solo vastísima sino también llena de asechanzas meteóricas, terror de los navegantes, que
hicieron que el Océano Austral, tocado en sus bordes por Magallanes, quedase prácticamente en
desuso por tres siglos. Montevideo rompió con ese misterio oceánico al asegurar a la navegación
que no tendría otros peligros que los fenómenos de la naturaleza. Barridos los piratas y contenidos
los corsarios, el Escila-Caribdis se representaba por los roaring forties (los rugientes cuarenta), por
ocurrir estos vientos O/E tipo ciclónico, y por las lluvias de 270 días con 70 de nieve que
caracterizan al Cabo de Hornos o de las Tormentas.
Escenarios de tal dimensión, en que los improvisos son la regla, tenían que imponer con toda
razón elasticidad en las decisiones y respuestas. Los jefes navales españoles eran expertos de
todas las aguas donde el pabellón rojigualda apellidara títulos históricos. (5)
Los gobernadores - comandantes de Montevideo fueron navegantes fogueados en campañas
navales europeas y asiáticas y adiestrados en cuestiones de política internacional. Hacedores de
historia y no intérpretes ciegos de mandos distantes. (6)
III. La Conciencia marítima del ecúmene hispano.
El XVIII fue el siglo de los grandes marinos españoles. Contrariamente a lo divulgado la carrera no
fue exclusiva de los nativos de la península. Estuvo abierta a todos los indianos que tenían
vocación y reunían los mismos atributos sociales que se exigían a los conciudadanos de Europa.
Muchos alcanzaron los más altos grados, como José Pareja, limeño, que llegó a Teniente General
de la Armada; Álvarez de Toledo, de la Habana, Jefe del Apostadero de Veracruz; Juan
Michelena, nativo de Maracaibo, de preponderante actuación en Montevideo y en los episodios
juntistas, fue jefe de escuadra. Otros ocuparon las más altas dignidades del gobierno español:
Pedro Agar, de Santa Fe (Colombia), integró en 1810 el Consejo de Regencia. Varios alcanzaron
honores de héroes de Trafalgar, como José Padilla, (colombiano), Matías Irigoyen y Benito Lynch
(porteños), Francisco de Gurruchaga (Salta), Cándido Lasala (porteño), atravesó el Estrecho de Le
Maire en bote y murió como teniente de fragata en la segunda invasión inglesa, después de
participar en la primera Reconquista de Buenos Aires.
Las escuelas de guardiamarinas de Cádiz y del Ferrol no crearon instrumentos ciegos, sino que
formaron oficiales con nociones plenas de política, historia y sentimientos autonómicos. Lo revela
la participación de ex cadetes de esas escuelas en la organización de las marinas de las nuevas
Repúblicas. En Argentina: Francisco de Gurruchaga, miembro de la Junta de 1810 tuvo por misión
organizar la primera escuadrilla de Buenos Aires; Matías de Irigoyen, compañero de armas de
Cisneros en Trafalgar cuya destitución votó en mayo de 1810, fue comandante general de la
Marina de Buenos Aires en 1815 y redactor del reglamento de corsarios al servicio de Buenos
Aires (1817); Francisco Seguí, Martín Thompson y Benito Lynch, de relevante actuación luego de
los sucesos de Mayo. En Chile, Manuel Blanco Encalada, (porteño) almirante, hecho en la escuela
de Cádiz; en Venezuela, Lino de Clemente, alumno gaditano, vice almirante en su patria; como
capitán de navío, otro condiscípulo y coterráneo, Felipe Estévez. En la marina mercante española
se formó el contralmirante venezolano Matías Padrón: en Colombia jefe de la escuadra
revolucionaria fue José Padilla, otro de los héroes de Trafalgar, etc., etc. En nuestro país basta la
mención de Francisco Xavier de Viana, marino insigne de la armada española y probado patriota,
hombre que conoció y vivió la grandeza del Apostadero Naval de Montevideo.
Existió en la dimensión hispana del XVIII y principios del XIX una clara conciencia marítima. La de
raigambre castrense se completó con la de función comercial.
27 
Leslie Crawford 
   
IV. El Código Naval Hispano.
Una minuciosa reglamentación estableció las pautas para la marina española. Se le conoce por
Ordenanzas Navales. Las primeras dictadas por Patino en 1717, son coetáneas del resurgimiento
naval español y de la preparación de la nueva oficialidad. Las siguen las de 1748, consideradas en
su época, superiores a las que regían las marinas de todas las naciones, "incluso a las de
Inglaterra de 1749, tenidas por muy buenas": las de 1793, redactadas por Mazarredo y Escaño,
son las más completas. "En ellas están recogidos todos los principios básicos de la organización
militar de la Armada y su organización y su espíritu son aplicables al de una Marina de Guerra
moderna". (7)
Por ese código se comprende cómo y por qué el Apostadero de Montevideo ejerció el señorío del
Atlántico Sur y del Glacial Antártico y tuvo la llave de acceso al Pacífico; por qué los jefes de la
Marina de Montevideo, sin ser administrativamente pares de virreyes, procedieron con facultades
soberanas ajustadas a normas legales estrictas; por qué en áreas marítimas el Apostadero
resolvió como delegado real y por qué, en el instante de definición juntista, la oficialidad de
Montevideo ajustó su conducta a las Ordenanzas Navales y a la Constitución Marítima, que llenó
en el ámbito oceánico el vacío de poder y legalidad producido por la abdicación de Bayona (la
mayor transgresión a la legislación indiana, que prohibía, desde tiempos de Isabel la Católica,
Carlos I y Felipe II, toda cesión renuncia o transferencia de soberanía terrestre y marítima).
En el análisis del por qué de las acciones autonómicas y del ejercicio de soberanía a título real,
nos ceñiremos, porque son inmediatas de los hechos culminantes del Uruguay Atlanticense, a las
disposiciones navales de 1793. (8)
V. Grados equivalentes de la Marina y del Ejército.
Capitán General de la Armada Capitán General de los Ejércitos
Teniente General Teniente General
Jefe de Escuadra Mariscal de Campo
Brigadier Brigadier
Capitán de Navío Coronel
Capitán de Fragata Teniente Coronel
Teniente de Navío Capitán
Teniente de Fragata Ultimo Capitán en Ejercicio
Alférez de Navío Teniente
Alférez de Fragata Alférez
El Art. 1 del Título I, Tratado 1º estableció la sucesión de mandos por correspondencia de grados.
El Capitán General de la Armada (o Director General) tenía bajo su autoridad todas las fuerzas
navales, extendiéndose a cualquier paraje, en que se hallaran escuadras, bajeles, cuerpos o
individuos de la marina (Art. 1 título II tratado 2º)
En los casos no previstos por las Ordenanzas resolvía por sí, pero sus decisiones quedaban
pendientes hasta la aprobación del Rey, al que debía consultar. (Art. 5 título II tratado 2º).
Es de evidencia la autonomía con que operaba la marina española en las postrimerías del XVIII. Si
la elasticidad era menor para el Capitán General de la Armada comparada con la de los jefes de
escuadra en mares lejanos, se debió a la proximidad de su "oficina" con la Corte, de la que podía
recibir respuesta inmediata. El lapso de la proposición y resolución de reunir en un cargo la
gobernación de Montevideo y la Comandancia del Apostadero va del 1 al 13 de setiembre de
1796).
VI. División de Flotas.
El Art. 1 del título III tratado 2º dividía las fuerzas navales en tres departamentos peninsulares:
Cádiz, Ferrol y Cartagena. No se mencionan departamentos de Ultramar, aunque se reconocía la
existencia de Comandantes de Estación en La Habana, Callao, Buenos Aires y Cartagena, (el de
Buenos Aires con asiento en Montevideo).

28 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Los departamentos navales de la península no tenían jurisdicción sobre ningún Apostadero de
América. Esto surge de la delimitación de términos: Ferrol: toda la costa norte y occidental de
España desde la desembocadura del Bidasoa, hasta la del Miño: Cádiz costa meridional hasta el
Cabo Gata; Cartagena: la costa oriental, del Cabo Gata hasta Francia, con las islas del
Mediterráneo (Baleares).
Hágase esta observación: con Felipe V habían desaparecido de España los virreinatos
tradicionales del evo de los Habsburgos, con costas marítimas; sólo duraba como reliquia el
virreinato interior de Navarra. En consecuencia, ninguna otra autoridad delegada interfería las
facultades decisorias de los departamentos navales de la península. Esta es otra evidencia de la
independencia de la marina española frente a poderes políticos y judiciales delegados.
VII. Institución del Apostadero.
En 1766 se creó en La Habana el primer Apostadero Ultramarino con las mismas facultades que
los Departamentos de la Península.
Entre las causas internacionales que motivaron su institución deben ser citadas las necesidades
defensivas del Golfo de México y del Mar de las Antillas, afectadas por la cesión a Inglaterra de la
Florida y del otorgamiento a súbditos de ese país, del derecho de corte de palo campeche en
Belice (Tratado de París de 1763). La Habana era el punto ideal logístico para acudir en defensa
de todo el sector hispano del Atlántico Norte. No sorprende que la política norteamericana, desde
temprano, buscara poseer Cuba, y que en Guantánamo hallara finalmente el punto ideal para su
gran Apostadero de la Cuenca Norteamericana del Atlántico.
En 1776 España prepara una gran campaña naval y terrestre, la mayor de cuantas se conocen en
América del Sur. Los mejores marinos y las naves más potentes participan de la ofensiva que llegó
frente a la Isla Santa Catalina: 97 transportes escoltados por 19 naves de guerra con 632 cañones
y 8.500 hombres de tropa. El punto ideal para el apoyo naval fue Montevideo y no Buenos Aires.
Era natural que la dirección marítima española lo escogiera para eje de las acciones y reacciones
en el Atlántico Sur. No es el azar el que fija en Montevideo el otro departamento naval de ultramar.
Se instituye por Real Orden dada en San Ildefonso el 9 de Agosto de 1776.
"Surgió, dice Homero Martínez Montero, respondiendo a un plan estratégico general; su
organización fue el resultado de una planificación local. Se reguló por las Ordenanzas Generales y
en 1793 era toda una institución orgánica".
Nació como dependencia directa del Rey a través de la dirección General de la Marina para
eliminar la "marinita particular" que tenía cada virrey formada sin principios, regida sin preceptos
oportunos". MARTÍNEZ MONTERO, H. El Apostadero de Montevideo, Anexo 1.
La Real Ordenanza de Intendentes de 1782 no afectó su autonomía. La base territorial, económica
y humanal, quedó en condición de Gobernación de la misma forma que las Repúblicas Indias de
Misiones, Moxos y Chiquitos (organizaciones misioneras autónomas).
VIII. Montevideo, Departamento Naval de Ultramar.
El Apostadero de Montevideo venía ser el departamento Naval del Río de la Plata, la Patagonia,
Islas Malvinas, Aguas Atlánticas, Tierra del Fuego y tierras con sus islas por descubrir, y del
Estrecho de Magallanes, incluyendo la ruta del Cabo de Hornos. Si se le mira del punto de vista
político, estaban dados todos los elementos para ser considerado provincia marítima española.
Los sucesos del período liminar del Uruguay Atlanticense dijeron claramente que se actuó con
visión de Departamento Naval. Además, por analogía dispuesta en las Ordenanzas: "Prescrito en
el Art. 98 que en La Habana ha de observarse todo lo que se practica en los Arsenales de Europa,
se entiende que las reglas de este título son propiamente para otros Apostaderos y para los
puertos de mansión occidental de las escuadras o bajeles en las ocurrencias de sus
expediciones". (Art. 125 título VII tratado 6º).
En otras materias las normas disponían que no se haría "diferencia alguna de puertos de Indias a
los que Europa en cuanto se ordena en el título de Comandantes de Escuadra desde el Artículo lio
hasta el 127 del título V tratado 2º (art. 78 título VII tratado 6º).
A partir de 1796, fecha de reunión del poder naval y del político y militar de la ciudad en una
persona, el Apostadero fue de facto Departamento Naval con todos los derechos y obligaciones.

29 
Leslie Crawford 
   
Tal unidad duró hasta 1809. El capitán de Navío Salazar no aceptó el cargo de gobernador. La
Institución del Apostadero entonces estaba desmembrada y anarquizada por las diferencias
juntistas entre Montevideo y Buenos Aires. La intención de Salazar era reintegrarla a las funciones
específicas y poner la oficialidad al margen de la lucha civil.
AZARA. "En Montevideo residía el jefe de la Marina del Río de la Plata": (9) LUCAS OBES:
"Departamento muy respetable en Montevideo". (10) Los dos poderes en uno diéronle capacidad
de iniciativa que logró acreditar el título Reconquistador.
IX. La Jefatura suprema del Río de la Plata.
El gobernador y jefe del Apostadero dispuso la reconquista de Buenos Aires (1806). Sin dilaciones
ni papeleos. Cual mandaban las leyes de Indias en materia de soberanía. Con la velocidad de
respuesta exigida por la ofensa inglesa. Sin sufrir desautorizaciones "para la galería" que en 1770
se impusieran al gobernador de Buenos Aires para aplacar a Inglaterra por la cuestión de
Malvinas.
En ausencia del virrey o cese de su autoridad, el Comandante del Apostadero y Gobernador de
Montevideo, asumía la jefatura Suprema del Río de la Plata hasta tanto el rey designara nuevo
virrey. (Poder Territorial). Llegada la ocasión de manifestarlo se hizo con notable identificación con
la soberanía popular radicada en el Cabildo. Ruiz Huidobro decidió la expulsión de los ingleses de
Buenos Aires. Aprestó una expedición que será gloria para Liniers. La junta de Guerra aprueba la
decisión y el Cabildo también apoya el 18 de Julio de 1806, con elocuencia de revelación
innegable:
"En virtud de haberse retirado el virrey para el interior del país, de hallarse en suspenso el Tribunal
de la Real Audiencia y juramentado el Cabildo de Buenos Aires, era y debía respetarse en todas
circunstancias al precitado gobernador D. Pascual Huidobro como JEFE SUPREMO DE ESTE
CONTINENTE". (11)
En Mayo de 1810 no se dieron en Buenos Aires las mismas condiciones con la deposición del
virrey Cisneros, la neutralización de la Real Audiencia y la decisión del Cabildo juramentándose no
reconocer otra autoridad legítima que la emanada de la Junta del 2 5.
X. La otra base del orgullo autonómico
La victoria sobre los ingleses reavivó el orgullo de los hombres de la región de Montevideo
(cuenca del Santa Lucía) nacido de la fuerza económica creciente que les hacía disputar con
Buenos Aires.
Con la convicción que en el mar el Apostadero era centro de soberanía, quisieron obtener mayor
dominio territorial mediante la transformación en Intendencia de los dos gobiernos de Montevideo
y Misiones, con un consulado independiente de Buenos Aires. Se procuraba obtener para los
hombres dedicados al aprovechamiento agrícola-ganadero la autonomía de acción que sólo se
observaba en las fuerzas navales. Pero, se pretendía en el momento que la ciudad con visión
mediterránea inmediata busca, ¡craso error!, separar la región de las facultades y dimensiones del
Apostadero. Como si el aeróstato pudiera desprenderse de la barquilla de comando.
"En premio de haber sido la reconquistadora de Buenos Aires" los diputados-hacendados
proponían una unidad administrativa territorial con estos límites: "la parte oriental del Río de la
Plata desde Montevideo a Santa Teresa por el Este; por el Oeste hasta el Paraná, Uruguay, barra
del Ibicuy grande; y desde la laguna Merím por los ríos Yaguarón y Santa María hasta su
confluencia con el mismo Ibicuy, con sus costas y puertos, cuya circunferencia no sirve a Buenos
Aires" "...la extensión de su gobierno hasta los límites del territorio portugués e Intendencia del
Paraguay y la independencia del de Buenos Aires será un medio seguro de aumentar su población
riqueza y defensa". (12)
Las pretensiones se reavivan en 1813. El Cabildo Montevideano instruyó al diputado a Cortes
Rafael Zufriategui, reclamar título de Provincia o Capitanía General, con los territorios tradicionales
más la Banda Oriental, el Entre Ríos y "los pueblos de Misiones que no están sujetos al gobierno
del Paraguay". (13) El hecho de tener diputados en Cortes ya habla de otra arista de autonomía.
Representaban a Montevideo y no a un virreinato, como se dio en el caso del resto de
Hispanoamérica.
 
NOTAS DEL CAPITULO II 

30 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
(1)     Op. Cit. p. 28. 
(2)     El Río Uruguay, op. cit., p. 392. Recuerda, apoyándose en Un po piu di luce de Lorenzo Barbagelata, que desde la 
Edad Media hasta la Revolución de 1789 los ríos y mares eran propiedad exclusiva de los reyes y no de los Estados. 
(3)     VALLAUX,  Camile. — Geografía General de los Mares, p. 34. 
(4)     Las Ordenanzas de 1793 establecieron que las escuadras tenían libertad de acción en "dominios remotos"  (Art. 
54, tit. VII tratado 6º). 
(5)     Las Ordenanzas imponían: a) la gratificación para mesas de oficiales: 6 meses para los Mares del Sur y Oriente, 4 
para el Río de la Plata y 3 para la América Septentrional (Art. 48); b) la alternativa también se hacía para evitar el arraigo 
y el efecto de influencias locales. Este cuidado de apartar la autoridad suprema de los intereses locales se evidenció 
desde los primeros años de la formación de América española. Vid en Recopilación de Leyes de Indias las prohibiciones 
impuestas a virreyes, oidores, alcaldes, gobernadores, etc. 
(6)     La marina mantuvo esta tradición, aún en el período más opaco del siglo XIX. El Encargado de Negocios en el 
Uruguay Carlos Creus recomendaba a su gobierno la independencia de criterio y la acción del comandante de la 
estación naval española en el Río de la Plata, frente a las presiones del gobierno de Montevideo por impedir el 
desembarco de Rivera (Oficio del 4 de abril de 1846). RH, T. XXXVIII p. 310. 
(7)     Enciclopedia General del Mar T. V pp. 91‐92. 
(8)     Ordenanzas Generales de la Armada Real, dos tomos. Madrid 179 3. Impreso en la Imprenta de la Viuda de 
Joachim Ybarra. Recopilación de las varias adiciones de las Ordenanzas con el añadido de "otros preceptos que no 
comprendía y  son  ahora  necesarios para su acertado gobierno y dirección". 
(9)     Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata. 
(10)     Apuntes. BHEME Nos. 96‐97 p. 31. 
(11)     La identificación se manifestó nuevamente con la formación de la Junta de Setiembre de 1808 y acuerdo del 21 
de agosto de 1810, al rechazar las proposiciones de la Princesa Carlota. 
(12)     Nota 17 de la Introducción de Rogelio Brito Stéfano a Noticias sobre los campos de la Banda Oriental. RH, T. XXIII 
pp. 307‐313. 
(13)     RH. T. XXIV p. 164. CF. La Diplomacia de la Patria Vieja, p. 68 (Montevideo 1943). 
También viejos sueños anteriores al Apostadero. El 1 de noviembre de 1738, con la noticia que los portugueses 
perforaban el límite NE de la región tape ocupando Vacaría, el Cabildo de Montevideo pretendió extender su 
jurisdicción sobre la Banda Oriental que entonces se prolongaba hasta más allá de la Laguna de los Patos.   (La Vanda 
del Norte del Río de la Plata)  RH. T. XVIII p. 307. 

31 
Leslie Crawford 
   
CAPITULO III 

LA AUTONOMÍA DEL APOSTADERO DEL PARALELO 32 AL 
POLO ANTARTICO 

Se dejó sentado que cuanto más remoto el punto donde se hallara la flota, el jefe, asistido de una
junta de guerra tenía potestades para resolver según aconsejaran las circunstancias, pero ad
referéndum (bajo condición de informar). La comandancia se basaba, además de las Ordenanzas
Navales, en las Recopilaciones y en códigos y principios de Derecho Internacional Marítimo
aprendidos en las Academias Navales. Es preciso tener presente que, a partir de 1717, España se
esmeró en formar oficiales competentes para no encomendar los mandados a improvisados o
jefes que tenían experiencia militar únicamente en tierra. Sólo marinos de escuela podían
comandar las flotas y apostaderos. Bustamante y Guerra, gobernador de Montevideo y jefe del
Apostadero de 1797 a 1804, fue segundo comandante de la Atrevida en la famosísima expedición
científica de Malaspina que tocó Montevideo en viaje de ida (1789) y de vuelta (1793). De ese
gobernador y de Ruiz Huidobro, ha dicho Bauza: como "hombres de mar tenían una noción más
exacta de las necesidades" y "costumbres del mando en gran escala".
Autoridades únicas del mar.
En el mar nadie era más que el jefe de escuadra y comandante de barco. Ante él, cedían otras
preeminencias. Las tropas embarcadas quedaban bajo su autoridad si se navegaba en convoy.
Aunque la nave transportara un virrey el mando correspondía al comandante (Art. 77 título VII,
tratado 6º). Un episodio notable en el Río de la Plata revela esta supeditación. En 1777 Casa-Tilly
negó el saludo a Ceballos por ser privativo del jefe de la escuadra hacerlo, rechazando también la
satisfacción pedida, porque consideraba las naves separadas de las provincias gobernadas por el
virrey. "Si alguna vez se hizo el saludo fue contrariando las ordenanzas". (RAVIGNANI, El
Virreinato del Río de la Plata, pág. 69).
En los apostaderos la autoridad militar, o política debía prestar toda ayuda que pidiera el
comandante general o jefe de escuadra: menos impedir que fuera del recinto de las plazas
obraran "según su inteligencia", aún cuando se tratara de establecer baterías en tierra con artillería
(Art. 114 título V tratado 2º). En el caso montevideano esta situación correspondió al período
1776-1796, obviada a partir de la reunión de mandos.
Otras disposiciones —entre muchas— otorgaban amplia autoridad para decisiones inmediatas,
aun cuando no mediara la gran lejanía que nos hemos referido. No había, por tanto, reacciones
ciegas (tactismo agonístico), inconsultas, como respuesta de incitaciones (amagos o agresiones)".
Si se avistasen enemigos, o con noticia de haberlos en las cercanías del puerto, podrá (la
comandancia de departamento) hacer salir las divisiones o bajeles sueltos, armados, que hubiere
en el o en la parte necesaria... y habiendo escuadra lo acordará con el comandante de ella..." (Art.
38 título III tratado 2º). En peligro de ataque contra el puerto, tomaría las medidas defensivas
"pidiendo al gobernador el auxilio que necesitare, quien le deberá dar todo lo que pidiere y no
embarazar sus providencias" (Art. 39 título III tratado 2º). Debemos recordar aquí, que la
autonomía es una de las condiciones del Derecho Marítimo.
En plazas o puertos secundarios
También los mandos inferiores tenían facultades de decisión. Cualquier puerto o simple puerto
(continental o insular) se regía por autoridades navales dependientes de apostaderos. En el caso
de Montevideo, los de Malvinas y Patagonia respondían directamente del Jefe del Apostadero. Las
obligaciones relativas a defensa del punto, como también la extensión territorial de su .jurisdicción
y, potestad de designar sustitutos interinos en casos de muerte, son detalladas en el tratado 5º
título VII de las Ordenanzas Navales.
También el puerto de Maldonado y otros que pudieran establecerse del paralelo 35 al Norte. Es
claro lo que establece el Art. 31 del Reglamento del Resguardo del Río de la Plata, citado por
Ravignani: "El comandante de todo el Resguardo del Río de la Plata residirá permanentemente en
Montevideo y desde allí cuidará y vigilará no sólo el mar sino también el casco de la ciudad, los
puertos de la costa norte del Río de la Plata y frontera con los portugueses" (op. cit. pág. 111).

32 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Autonomía religiosa de Apostaderos y Dependencias
En el alta mar cada flota tenía su parroquia independiente de obispados terrestres. Esta
autonomía no perdía intensidad de manifestación hallándose los barcos en puerto cuyo territorio
interior estuviese bajo obispalía. La máxima autoridad religiosa naval era el Vicario General
Castrense, con dignidad arzobispal, y sede en la península. La Patrona de la Marina era la Virgen
del Carmelo, consagrada en 1768.
Establecía el Art. 112, título IV, tratado 5º que cada escuadra o bajel constituía una parroquia a
cargo del capellán; sujeto a jurisdicción gubernativa del comandante (Art. 16).
La cuestión podía tener apariencia intrincada en el caso de Montevideo. En el orden religioso, la
región de Montevideo dependía de la obispalía bonaerense, no así el Apostadero y sus
dependencias. El tema aparenta no tener importancia, pero si se analiza minuciosamente surge la
evidencia que el gobierno español liberó a la marina de las trabas que en tierra oponía el poder
judicial (Audiencia) y el religioso, a los movimientos de ejércitos (privanza del principio vitoriano de
la Guerra Justa que no había logrado eliminar el regalismo borbónico) Zabala no fue autorizado en
173 0 declararla contra los charrúas-minuanos porque el Consejo de Indias reconoció que la causa
de la sublevación india fue provocada por un portugués vecino de Montevideo. La marina no
luchaba contra indios. Por consiguiente, los famosos descargos de conciencia (complejo inhibitorio
manteista-complutense) no participaban de los hechos de mar frente a potencias europeas.
Si había barco de estación en las Malvinas el capellán era el párroco insular. Así sucedió de 1776
a 1810 (BRUNET, José. La Iglesia en las islas Malvinas durante el período hispano. MISSIONALIA
HISPÁNICA Nº 77). Párrocos de las transitorias poblaciones patagónicas fueron los capellanes de
barcos que transportaron inmigrantes y no curas dependientes del obispo de Buenos Aires. Que
estos capellanes actuaban con facultades que entendían no ser trabadas por la autoridad religiosa
virreinal, se pone de evidencia por actos de comercio de cosas espirituales. Los de la Real
Armada del Río de la Plata fueron acusados de simonía en 1795. El expedientillo se encuentra en
el Museo de Historia Nacional (Montevideo).
La "provincia marítima o Departamento Naval ultramarino constituida por el Apostadero, Malvinas
y Patagonia y aguas atlánticas no dependió del obispado de Buenos Aires. Un argumento menos
para la teoría americana de derechos sucesorios sobre áreas marítimas del evo hispano,
invocando diócesis como base de la reorganización administrativa. No hace al caso que el obispo
Lúe se titulara en 1804 Teniente Vicario General Castrense de los Ejércitos y Armadas
(ARREDONDO. El fuerte de San Miguel (pág. 264).
Competencia judicial independiente de Buenos Aires
La Armada gozó de fueros de guerra que la ponían al margen de interferencias. Las inmunidades
llegaron alcanzar a familiares y criados de los oficiales. El Comandante de Apostadero, como
justicia Mayor del mar, conocía en primera instancia en todas las demandas civiles y criminales
(MARTIRE, Eduardo. La organización judicial indiana pág. 63) y podía determinar qué fueros
habrían de juzgar finalmente a los reos.
Los fueros civiles o contenciosos figuran en los Arts. 78 a 92 del título VII, Tratado 6º. En 1776 el
jefe del Apostadero Capitán de navío Juan A. Camino sentenció a dos marineros a trabajos
forzados en la Ciudadela. En 18 05 la jefatura los arrestaba en el fuerte San José.
La facultad judicial se imponía también, sobre los navíos mercantes surtos en puertos (causas
civiles y criminales, Art. 83).
Independencia administrativa
En materia de gastos de mantenimiento el Apostadero y sus dependencias no estuvo trabado por
el tentaculado consulado de Buenos Aires, contumaz resistidor de la autonomía "hacendística" de
la región montevideana (no en vano los unitarios fueron los hombres del Consulado de Buenos
Aires).
De acuerdo con las Ordenanzas de 1793 y, en particular, el "Reglamento para el manejo de
fondos y contabilidad de los Apostaderos de Cartagena de Indias, Montevideo y San Blas de
California", dictado en Aranjuez el 20 de marzo de 1793 (MARTÍNEZ MONTERO, op. cit. Anexo 5)
los gastos eran manejados por la Marina, con la única condición de rendir cuentas anualmente a
los Tribunales de Cuentas virreinales, previo análisis y aprobación por la Junta de Marina. Cada
Apostadero tenía su tesorería formada con fondos para urgencias y necesidades de las
33 
Leslie Crawford 
   
escuadras. Los virreyes "sin excusa ni pretexto alguno" podían negarse entregar los fondos
solicitados por el Apostadero.
Algo más. En materia hacendística las facultades de los virreyes estaban aminoradas porque los
Intendentes dependían de la Junta de Guerra y Hacienda subordinada a la Secretaria de Indias,
con Sede en la Metrópoli (GARBINO GUERRA, Eduardo. Introducción al Estudio del Derecho,
Tomo II pág. 227). Recordar que Montevideo - Gobernación no dependía de Intendente alguno.
El presupuesto del Apostadero de Montevideo ascendió en 1795 a 674.377 reales de plata; en
1798 subió a 3.349.253; en 1800 a 2.081.064. La misma libertad en la materia tenía el gobierno
naval de las Malvinas.
En tanto Liniers, como virrey de Buenos Aires, no ha quedado libre de culpa por retención de
fondos de ayuda a España para sostener la guerra contra Napoleón, los directores marinos de
Montevideo brillaron por su diligencia en el apoyo, por la honestidad del manejo de dineros
públicos y por el desinterés material. Bustamante y Guerra envió desde Montevideo a España en
1797 las fragatas Medea, Fama, Mercedes y Clara con un millón y medio de pesos y un rico
cargamento, que constituían el auxilio de los montevideanos y orientales a la guerra que en ese
momento España, juntamente con Francia, libraba contra Inglaterra (1) José M. de Salazar decía
el 11 de 1810 que los oficiales del Apostadero hacía 14 meses no recibían sueldos y que otros los
habían cedido al tesoro público por el tiempo que durara la guerra. (2) "Algunos de los ejércitos
españoles que peleaban contra Napoleón, debieron su alimento al tasajo uruguayo, y los
armamentos navales de la Península recibieron el modesto refuerzo de nuestros buques" (3).
Los Arts. 163 a 112 título V, tratado 2º determinaron que los arsenales y pertrechos estuvieron en
los Apostaderos como también los almacenes de aprovisionamientos de naves. La gran atarazana
del Río de la Plata estuvo en Montevideo, de forma que, por ningún concepto, la flota española
tenía que acercarse a Buenos Aires para completar preparativos.
Con símbolos propios
La marina española tuvo bandera propia, la de colores rojo y amarillo. El ejército la blanca con la
cruz de Borgoña (decreto de Carlos III de 1785 (4).
A la Marina, casi invicta en los teatros de guerra americanos, le pertenece la honra de fijar los
colores de la bandera nacional española (decreto de 18 4 3 del gobierno provisional).
La enseña naval fue otra representación de autonomía de los poderes territoriales (virreyes),
diferenciación que alcanzó a los barcos de corso y de comercio. Conclusión: el Uruguay
Atlanticense tuvo un único pabellón, con excepción del utilizado territorialmente por las milicias
nacionales y las tropas de guarnición (5).
El Art. 1, título I, tratado 4º estableció, por bandera de guerra y de las fuerzas marítimas y
bastiones costeros, la de tres listas, en el medio amarilla y alta y baja encarnadas, con los
escudos de Castilla y León y la corona imperial en la franja amarilla.
El mismo pabellón tuvieron los correos marítimos orlando el escudo una palma y un ramo de olivo
entrelazados con una cinta con los colores de la Banda Real Orden Española de Carlos II (azul
y blanco).
El Art. 4 dispuso que en tiempo de guerra los corsarios usaron la misma bandera que la Armada.
El Art. 5 fijó la de la marina mercante: cinco fajas. La del medio amarilla ocupando un tercio, la de
los extremos también amarillas, de un sexto cada una y encarnadas las intermedias de igual
anchura, No llevaban escudo de armas. Los buques de las Reales Compañías tenían pabellón
rojigualda que penetró el islario antártico.
La bandera izada en la puerta de entrada de Montevideo, en el momento de cruzarla Alvear con
sus fuerzas, fue la de la Marina de guerra. La misma que flameara en las Malvinas y que en los
establecimientos de la Patagonia indicaron a Inglaterra y Francia que allí era otra la
soberanía.
Independencia frente al virrey
Las oposiciones de la ciudad de Montevideo a las acciones bonaerenses de 1808 a 1810 no
fueron ilegales. Déjase de lado al debatido derecho popular histórico de formar Juntas para tomar
las razones establecidas en las Ordenanzas Navales de 1793. No quitamos del platillo los enconos

34 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
por rivalidades económicas. Pero la actitud del Montevideo Marítimo (no el interior fluvial,
santalucense) surge de un ejercicio de autonomía practicado por los jefes de Apostadero.
Analicemos la escasa o nula influencia de los virreyes de Buenos Aires sobre la Marina de guerra
y su área de dominio sobre el Atlántico sur.
1º) Aunque las escuadras debían ponerse a las órdenes de los virreyes (acción protocolar) para
guardar las costas o realizar otras operaciones, aquéllos no podían inmiscuirse en el engranaje
naval, que sería siempre privativo de los comandantes (art .93, tít. V tratado 2º) (6).
2º) Los comandantes obedecerían a los virreyes "en todo lo que mire a los destinos en que se
hayan de emplear sin que los sea facultativo despachar embarcación con fin alguno fuera del
puerto en que hagan su residencia ordinaria, sin su orden o consentimiento ni variar sin preciso y
urgente motivo las instrucciones que hubiesen recibido de ellos para las expediciones a que se
destinaren" (Art. 94). Pero "a fin de que las órdenes y disposiciones de los virreyes para
expediciones o destinos de escuadras o bajeles que se hubieren puesto a su orden, no
contravengan a las instrucciones particulares expedidas a sus comandantes, se les remitirán
copias de éstas: y por acaso no prevenido pareciere conveniente a mi servicio alterarlas, podrán
los virreyes determinarlo con parecer del Comandante de Marina, quedando responsable por las
razones con que se tomase semejante deliberación" (Art. 95)
3º) Las responsabilidades por impericia política (el "engranaje naval" era de competencia exclusiva
de los mandos marinos) tenían su agravante si las decisiones, aun con el parecer del comandante,
contrariaban opiniones de la Junta de Oficiales. El Art. 99 había establecido que en cada
Apostadero hubiera una Junta compuesta, a más del comandante, de los tres oficiales de guerra
más antiguos y del oficial real encargado de las cuentas de la marina, "como está establecido en
Cartagena, Buenos Aires y Lima, debiendo residir los de estos dos últimos dominios en los puertos
de Montevideo y El Callao". Aunque hubiera un solo bajel en el Apostadero, la formación de junta
era obligatorio. La integrarían el Capitán con los dos oficiales más antiguos y el Contador
(Art. 100).
Es de toda lógica que ningún virrey hubiera procedido contrariando la opinión de marinos
avezados en guerra y cosas políticas.
La defensa del Rio de la Plata fue estudiada por las Juntas de Guerra reunidas en Montevideo el 6
de setiembre de 1794, 7 de diciembre de 179 6 y 17 de julio de 17 97 (MONFERINI, La Historia
Militar durante los siglos XVII y XVIII, pág. 260).
La eliminación más absoluta de cualquier vestigio de subordinación de Buenos Aires desapareció
con la destitución de Cisneros. Esa independencia marítima se afianzó con el traslado de la sede
virreinal a Montevideo en 1811 (consubstanciación de poderes).
Fue la dirección marina la que condujo la guerra de Montevideo contra Buenos Aires hasta la
Capitulación de Vigodet. La marina española en Montevideo la que dirigió la acción diplomática de
1810 a 1814, en el Atlántico Sur.
El por qué de la libertad de acción política
La óptica porteña ha condenado como acto de censura inconsulta la retención por Montevideo, de
noticias provenientes de Europa, en el momento más comprometido de la soberanía española.
Otro error. La autoridad naval de Montevideo estaba facultada para proceder así. Lo preceptuaba
el Art. 81, título III, tratado 2º: debían ser leídas ante la oficialidad las "gacetas extranjeras que se
remiten de mi cuenta a los departamentos (navales) haciéndolas circular por las Brigadas para la
instrucción que facilitan muchas de sus noticias". Como se dijera, la oficialidad española estaba al
día en política hispana internacional y podía desenvolverse sin contrariar posiciones y causar
conflictos innecesarios. Las contingencias de tales resoluciones estaban ligadas a la mala fe con
que se manejaran las naciones ofendidas por actos de auto-defensa de la soberanía española (V.
gr. La Guerra de la Oreja de Jenkins y la reocupación de las Malvinas de los ingleses en 1770).
El Art. 87 facultaba a todo oficial hacer sus reflexiones sobre materias no comprendidas en la
logística naval, pero ante su jefe. El Art. 83 alentaba las reflexiones útiles al servicio. Era clarísima
la facultad de análisis y autocrítica que eliminaba la automatización de los mandos.
El Art. 121 tit. V tratado, 2º decía: "En tiempo de guerra podían incomunicar embarcaciones
portadoras de noticias que pudieran perturbar el orden, acordando lo conveniente con la autoridad
militar de la plaza".
35 
Leslie Crawford 
   
El siguiente no exceptuaba los correos marítimos reales con nuevas de importancia (caso del
bergantín Filipino). El capitán del barco correo pasaba a bordo de la nave insignia para considerar
la incomunicación.
Por otra parte no incurría en algo nuevo. La Real Orden del 7 de diciembre de 1770, aún antes de
la institución del Apostadero, dispuso que el arribo y expedición de la correspondencia se hiciera
por los únicos puertos entonces habilitados para la entrada y salida de los correos; Montevideo,
en el Río de la Plata. La Coruña, en España. Montevideo conservaba su situación de privilegio
postal y no la habría de variar la creación del Virreinato.
La retención de informaciones, su análisis en junta de oficiales y su "procesamiento" respondió a
rutina naval y no a una posición arbitraria. También respondió al derecho y obligación de
interpretaciones y decisiones políticas, pecado que habría de inficionar más tarde las fuerzas
armadas españolas a partir del movimiento de Riego (1820), pero que ya había dominado
totalmente en las milicias nacionales americanas, en camino de convertirse en ejércitos
profesionales (Militarismo del XIX de trasfondo popular).
Otros efectos de esa autonomía sobre reacciones populares.
Álvaro Teixeira Soares afirma que Montevideo fue "una especie de ciudad libre hanseática.
Independiente de tutelas, pudiendo dedicarse enteramente al florecimiento de su comercio". (La
significación internacional del Río de la Plata en los siglos XVIII y XIX).
Para Martínez Montero los episodios de 1808 - 1810 tal vez tengan el germen de la nacionalidad
Uruguaya (8). En nuestra manera de ver el nacionalismo surgido en torno de la explotación-
exportación ganadera, halló en la autonomía de acción del Apostadero los elementos combinables
para las representaciones económico-políticas que marcaron la disyunción de Buenos Aires y
determinaron el lanzamiento de Montevideo y los Pueblos de la Banda Oriental hacia las
realizaciones autonómicas. El ejercicio de decisión sin trabaduras, el "entrenamiento" en la réplica
inmediata a las incitaciones que la distinguió de la reacción tórpida de Buenos Aires ante las
maniobras previas de los invasores ingleses, el peso naval y militar en los actos de soberanía
marítima y terrestre, dieron a Montevideo y su zona mediterránea de influencia, el ethos y el
pathos de la autonomía que habría de llegar a las manifestaciones más empinadas con el
Artiguismo que, aunque terrestre en su reflejo popular, no ignoró que la Provincia de la Cuenca del
Plata tenía por diestra el tenante marítimo (flotillas fluviales provinciales, concesión de patentes de
corso, apertura de los puertos del Río de la Plata y del Uruguay) y por tenante izquierdo al
comercio internacional regido por leyes locales (hispanas).

NOTAS DEL CAPITULO III.

(1)  Estas naves en convoy fueron sorprendidas por los ingleses en Cabo San Vicente (SO de Portugal), el 14 de 
febrero de 1797. 
Otros  auxilios  prestados  por  Montevideo  y  la  Banda  Oriental  en  1809  CP.  BAUZA,  Francisco.  Historia  de  la 
dominación española en el Uruguay, T. III Doc. de prueba 15. 
(2) Vindicación de Salazar ante el libelo de Cavia publicado en la Gazeta de Buenos Aires el 5 de julio de 1810. 
BAUZA,  Op.  Clt.  T.  III  Doc.  de  prueba  1.  El  panfleto  fue  quemado  por  el  verdugo  según  disposición  del  Cabildo  de 
Montevideo. 
(3) IBID, T. II, p. 614. "Alimento saludable y sustancioso a los defensores de la patria", declaró  reconocida la 
Junta Central de España e Indias, el 29 de julio de 1809. 
(4) En tiempos de Carlos I la bandera de la infantería era blanca con el águila negra austríaca en el centro, y en 
el  reinado  de  Felipe  II  amarilla  con  la  cruz  de Borgoña  encarnada  al  centro.  En  16  68  roja  con el  aspa  de  San Andrés 
blanca 
(5) Sin  embargo,  en  la  expedición  reconquistadora  de  Buenos  Aires  la  marinería  de  desembarco  de 
Montevideo, al mando del C/F Gutiérrez de la Concha, se habría distinguido de las otras fuerzas por el pabellón tricolor: 
azul, blanco y encarnado. NUÑEZ, Ignacio. Noticias Históricas, T. I. pág. 90. 
(6) No siempre los virreyes aceptaron esa independencia de los jefes navales. Por ese rodeo Liniers interfirió 
los actos de Ruiz Huidobro, quien se apresuró denunciar al gobierno central, recibiendo más tarde toda la razón. "Ni en 
el ramo de la navegación, ni en matrículas de buques mercantes, ni en el respectivo de guardacostas, se me ha dejado 
libre  ejercicio  de  mi  jurisdicción  por  el  Virreynato  de  Buenos  Aires  desde  que  me  posesioné  del  mando  de  este 
Apostadero". MARTÍNEZ MONTERO, H. El Apostadero, etc. Anexo 4. 
El tono de la queja revela la ilegalidad de la interferencia. Elío tuvo conflicto con Salazar por impartir órdenes a 
capitanes de barcos, ignorando al Jefe del Apostadero. 
 
 

36 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
CAPITULO IV 

 EL DISPOSITIVO OFENSIVO­DEFENSIVO 
"El dispositivo ofensivo-defensivo de este Apostadero poseía apoyo de tierra mediante fortalezas y
ciudades amuralladas, tal los casos de Santa Teresa, San Miguel, Isla de Lobos, Gorriti y Flores,
puertos de Maldonado y Montevideo, asiento en el Real de San Carlos, Colonia del Sacramento,
Isla Martín García, Puerto de Buenos Aires, Puerto Deseado y Puerto Egmont en las Islas
Malvinas y fortificaciones en los Estrechos Fueguinos, cual el malogrado Puerto Hambre. Este
dispositivo probó su eficacia a la época de las invasiones inglesas de 1806 y se mantuvo hasta
1814, fecha en la cual el Mariscal Vigodet hizo entrega de la ciudad de Montevideo" — Julio C.
Musso ANTÁRTIDA URUGUAYA.
"Faluchos y barcos con asiento en Maldonado que recorrían las costas hasta Rio de Janeiro, con
diversos pretextos" (MONFERINI, op. cit., pág. 261).
Santa Teresa, una de las más principales fortalezas de América del Sur. (ARREDONDO, op. cit.,
pág. 3 23).
Esa logística ofensiva-defensiva, enraizada en las experiencias bélicas, fue provocada. Es decir,
resultó de las incitaciones de potencias que pugnaban perforar el Atlántico Sur más allá del
paralelo 35, con títulos válidos expedidos en Tratados o por la insistencia de la teoría geográfica
lusitana de empujar la línea divisoria entre España y Portugal en América hasta la Colonia del
Sacramento. Verdad es que si entre los años 1775/76 las expediciones portuguesas a la costa
atlántica no arribaron a resultados positivos, refijando la frontera en el linde de cesión de 1750 se
debió en gran parte a la falta de asistencia militar inglesa, comprometida en la Guerra de
Independencia de las Trece Colonias. El Tratado de San Idelfonso de 1777, que restituía parte de
los límites verdaderos de la región hispana del Plata, denotó un aflojamiento de posiciones
lusitanas y también, porque no, hispanas hasta entonces irreductibles. Pombal justificó la nueva
actitud portuguesa en la distancia que separaba el Plata de los puertos meridionales del Brasil, y
en la potencia militar alcanzada por las posesiones españolas de la Banda Oriental. También es
cierto que el debilitamiento de la ayuda inglesa no fue la única causa del retroceso lusitano. En el
año de 1777 Montevideo había alcanzado jerarquía como Apostadero y Aduana (creada la última
por cédula del 12 de octubre) y la marina española alcanzado su potencial que la ponía a tono con
la inglesa, y quizás superior momentáneamente. El estado de indefensión en que se hallaban las
plazas fuertes americanas, según denunciaran los autores de Noticias Secretas de América, había
provocado la reacción de los directores de guerra hispanas, adecuando el sistema defensivo de
costas oceánicas a las últimas exigencias de las guerras marítimas. No obstante deficiencias y
críticas formuladas por entendidos en fortificaciones, Montevideo, El Callao, Acapulco, etc., fueron
los últimos bastidores españoles en la América del Sur en el siglo XIX.
La visión hernandariana reservada para ocasión oportuna, la que creyó conveniente el Virrey del
Perú para imponer a Buenos Aires la creación de fortaleza-poblado en la Bahía de Montevideo,
alcanzaba otra dimensión. No sólo era punto defensivo, sino también agresivo de pedírsele
repuestas. V. gr., la conversión en fortalezas hispanas de las construcciones iniciadas por los
portugueses en San Miguel, Santa Teresa y también Santa Tecla y las tres reocupaciones de las
Islas Malvinas.
La historiografía rioplatense ha omitido ligar el destino de la ciudad de Zabala a los procesos
militares y navales europeos. Se limitó considerarla una fundación. Sin embargo, repetimos,
fue una consecuencia, un efecto del cambio radical de la mentalidad política hispana que tiró por
la borda el entusiasmo evangelizador de la Casa de Austria. Cambio que, si tuvo sus interludios
(Tratado de Madrid de 1750 y Guerra contra la Provincia Uruguaya del Tape 1754-57), varió
sustancial-mente la representación de soberanía en costas y aguas oceánicas. Aquellas Indias
limitadas en los siglos XVI y XVII a defenderse con medios precarios de los golpes piratescos,
empeñolándose en la mediterraneidad, se trocaron en la América respondona, que defendía con
tesón la encomendadura civilizadora.
Proyectado oficialmente en 1717 (1) Montevideo es coetáneo: 1) de la reforma de la marina de
guerra española; 2) de la creación de los Cuerpos de Guardiamarinas, de Ingenieros de la Armada
y de Infantería de Marina, y 3) de la fundación del Observatorio de Astronomía de la Marina, que

37 
Leslie Crawford 
   
tanto influyó en el perfeccionamiento de la navegación ultramarina y de la estrategia naval,
sustituyendo los marinos portulanos y de cartas planas por los navegantes de cartas esféricas.
En el campo continental sudamericano aparece otro paralelismo en torno de Montevideo. El año
de 1724 es clave para la definición de la "doctrina geográfica" lusitana. En tanto las primeras
baterías terrestres de la península proclamaban que el Río de la Plata y sus costas pertenecían a
la soberanía hispana, se "creaban los ejércitos de mojos y mosquitos para formar la línea
defensiva india, con apoyo en las Misiones de la Provincia Uruguaya del Tape, para cerrar el
camino a Potosí. Hay simultaneidad de rotura de esa línea, al caer en 1737, las dos Vacarías, la
de Matto Grosso y la de Río Grande. Trácese la vertical desde ese campo misionero y la línea
llegará a Montevideo luego de pasar por el centro de resistencia militar de las Misiones Orientales.
También es coetáneo de la implantación del sistema de corso, que en 1718 era casi la única
fuerza naval española (2) después de los desastres de la Guerra de Sucesión y la paralización de
las construcciones navales. Igualmente de la atlantización de la Casa de Contratación que, en
1717, dejara su ubicación fluvial (Guadalquivir) para trasladarse de Sevilla a Cádiz. Con ella el
Consulado y otros Departamentos relacionados con las Indias Occidentales.
Por ser los Reinos peninsulares y americanos "pares entre sí", correspondía a cada parte la carga
de responsabilidad. Primero comenzó en el Atlántico Sur por decisión del Perú pacifícense, que
envió dineros de la ceca potosina hasta tanto Montevideo pudiera sostenerse por si misma. Los
beneficios del comercio de cueros (Tratado de Utrecht y Asiento de las Vacas) hicieron de
Montevideo zona autosuficiente. Un tercio de la corambre vendido a la South Sea Company se
invertía en el mejoramiento de defensas y pago de la tropa regular de guarnición.
El desarrollo del comercio, con sus manifestaciones de incuestionable nacionalismo económico y
la combinación de plaza fuerte con puerto de salida de la producción de la Cuenca del Plata y del
interior argentino (la variadísima industria revelada por Levene en Investigaciones acerca de la
Historia Económica del Virreinato del Plata y hábilmente manejada por José María Rosa (h) en
Defensa y pérdida de nuestra independencia económica para demostrar la caída vertical de
aquella potencia económica al solo canto de sirena del liberalismo inglés), hicieron de Montevideo
la única puerta de entrada y salida. Condición derivada de su posición geo-oceánica. Importancia
reconocida por las autoridades con asiento en Buenos Aires (ya no era dependencia perulera) que
sin celos ni egoísmos sino atendiendo realidades irrebatibles, orientaron la corriente comercial
hacia y desde Montevideo. (3) Un efecto, también, aunque de tardanza secular, del
establecimiento de la Aduana Seca de Córdoba (1622), que impuso la disyunción económica
argentino-peruana.
En capítulo siguiente se analizará el fenómeno económico que elevó a Montevideo a condición de
puerto más importante del Océano Atlántico al Sur de la línea ecuatorial, palideciendo en el este la
visión afrohenriqueña.
La concentración demográfica calificada de la Cuenca del Santa Lucía con colonizadores
europeos (resultado feliz del fracasado Operativo Patagonia apodado por Apolant, ensayado con
imprevisión Olavideña) dio potencial humano en retaguardia de Montevideo, unido a la
inauguración de la civilización agrícola complementaria de la ganadera de la Banda Oriental y
territorio misionero.
Ambas se desarrollaron oportunamente coincidiendo la ganadería con el nacimiento de la
Revolución Industrial, y la agricultura con el gran desenvolvimiento maquinista, que dieron a las
poblaciones europeas alto poder adquisitivo.
Montevideo nunca brilló más que entre 1776 y 1806, dejando a Buenos Aires en condición de
puerto seco de maniobra - cabotaje estricto. (4) El flan de barro que forma el arrastre de las aguas
del Paraná intensificado por la deforestación (erosión) de las áreas de alimentación de ese río, ya
había dictado su sentencia que se opila, desde el esfuerzo de Madero, con los recursos
mecánicos de un dragado a la desesperada y costosísimo. Buenos Aires se trocaba en puerto de
balizas mientras Montevideo se revelaba como puerto de faro, anunciado en 1802, y de muelle.
Con protesta de Aguirre en 1783 Buenos Aires no tuvo muelles en el XVIII, pese al ensayo de
Ceballos en 1777.
La previsión española cuidó de Montevideo, haciéndole el más popular en Europa y Norteamérica.
Punto de reabastecimiento favoreció la navegación por el Cabo de Hornos, con ahorro de fletes.
Las naves que cobraban por cargamento el 70% de anticipo y los aseguradores el 20%, bajaron

38 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
sus exigencias al 35% y 15% respectivamente, cuando Montevideo comenzó a prestar total
seguridad a la navegación abierta en 1740.
Una tragedia de 1785 revela la importancia de Montevideo para la seguridad de la navegación
marítima. La Limeña zarpó de Cádiz en marzo de 1784 en viaje a El Callao y al cruzar el Cabo de
Hornos sufrió graves daños en su arboladura. En lugar de refugiarse en la costa patagónica o en
las Malvinas cercanas, tanto el mando como la tripulación y el pasaje se obsesionaron por retornar
a Montevideo. Lo lograron después de peripecias y muerte de numerosas personas víctimas del
escorbuto. En junio de 1785 reemprendía viaje a Lima después de armar su arboladura y jarcias
en el Apostadero, al costo de 85.000 pesos.
Otro caso de retorno directo desde el Cabo de Hornos había ocurrido en 1781 a la fragata de
guerra Santa Balbina, en viaje de Cádiz a El Callao. Un mejor conocimiento de la navegación por
el Atlántico Sus y el posterior establecimiento de hospital y astilleros en las Malvinas, desde luego
rudimentarios, hicieron de estas islas punto de refugio y reabastecimiento indispensable. En la
medida que se hacían progresos náuticos, científicos, comerciales y militares, Montevideo
acompasaba su adelanto representándose una realidad. La bahía comenzó por llenarse de naves
del tráfico entre puertos españoles y los de América del Sur incluidos los del Pacífico (apertura en
1740 de la navegación directa por la ruta del Cabo de Hornos y concesión de libre comercio de
puertos del Pacífico en 1788), rutas que se hacían seguras, además con la solución del problema
de las longitudes que fue "durante tres siglos el escollo de la navegación de altura". (5)
El ardor de la cacería de focas y ballenas fue empinándolo todavía más, aunque compartiendo con
Maldonado los beneficios de la actividad. Llega a su clímax naval-militar-económico-político con la
reinauguración del canal de Magallanes para las comunicaciones interoceánicas (6) activando la
formación de marinas mercantes americanas para el transporte de productos que no caían bajo el
monopolio de las compañías estatutarias. Tadeo Haenke en Descripción del Reino del Perú
escribió sobre el tráfico marítimo intenso de los puertos americanos del sur conectados por rutas
interoceánicas. En 179 0 Xavier de Viana halló en El Callao 6 embarcaciones del comercio de
Cádiz y 17 del país. Constituían su número mayor barcos de gran porte. (Diario de Viaje, T.I. pág.
200.
Por raro signo el Río de la Plata creció en importancia al reactivarse la producción de plata y cobre
del Perú y Chile (segunda mitad del siglo XVIII). La región sin minas de plata se transformó en
"exportadora" de moneda acuñada en las cecas transandinas a impulsos de un tráfico comercial
entre el Continente americano y africano facilitado por la corriente de Benguela (corriente de
enlace) y los vientos alisios del sudeste (VALLAUX, Op. cit. pp. 258/66) ('). Es de lamentar que la
ocupación de Fernando Poo por una flota española salida de Montevideo maculara al empresario
montevideano. Sustituto de los traficantes negreros ingleses, franceses y holandeses, estableció
un "nacionalismo" de explotación de la mano de obra esclava. (8) La incorporación de Fernando
Poo y Annobón incluyó ese sector africano en el área económica política del Río de la Plata. Tal la
disposición real al encomendar a una empresa preparada en Montevideo y puesta al mando del
Brigadier Conde de Argelejo: "Y le manda que aplique las leyes de Indias en lo referente a la
administración de justicia en lo criminal, civil y político, y que el valor de las monedas de oro y
plata sea el mismo que tiene la ciudad y provincia de Buenos Aires". (9)
Tal concesión lusitana en África se hizo en el momento que la flota inglesa estaba comprometida
en guerra con sus colonias americanas.
El Atlántico Sur encoge su área.
No era lo mismo controlar el Atlántico Sur desde el Departamento Naval de Cádiz, que desde un
punto estratégico del hemisferio austral. Mucho menos en un periodo en que la marina inglesa era
la primera en número de naves y se sentía cómoda en el nec plus ultra fijado en el artículo VIII del
Tratado de Utrecht. Los principismos, fuertes en unas naciones y débiles en otras, iban dejando
paso a las prioridades económicas y con éstas no se caía en remilgos. Hacía treinta años que
Inglaterra llamara al orden a Rusia por invadir las aguas australes hispanas, cuando Lord North
declaraba en la Cámara de los Comunes (13 de febrero de 1771) que su país necesitaba un lugar
en el Atlántico Sur para aprovisionamiento de sus naves y seguridad de su comercio. La
afirmación tajante anunció la determinación de quedarse en ese sitio ocupado un año antes. Pero
en 1753 el Parlamento inglés había aprobado un mapa en el que aparecían las Malvinas, la
Patagonia y Tierra del Fuego como adscritas a la soberanía de SMB.

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Leslie Crawford 
   
Surgió así la "Cuestión del Pacífico", retenida por espacio de tres siglos en razón de que hasta
entonces "el poder marítimo, capaz de decidir en las políticas oceánicas, no existía fuera del
Atlántico. (KOSSOK, Manfred. El virreinato del Río de la Plata, p. 52 y PANIKKAR, K.M., Asia y la
Dominación Occidental, pág. XIV).
El Atlántico Sur empezó a ser área disputada. Apenas alterado por las incursiones clandestinas
holandesas en el siglo XVII, dejaba lugar a una navegación intensa de descubrimiento, comercio y
explotación de riquezas marinas. Hoy otra vez despoblado por la apertura del Canal de Panamá y
de la desaparición de los veleros. "Sólo queda el lánguido cabotaje de su punta meridional de
América del Sur". (VALLAUX, Op. cit., pp. 127 y 561). En 1935 navegaban por el mundo
únicamente diez grandes veleros.
La institución del Apostadero Naval de Montevideo acortó esa área. Se achicó más con los
establecimientos patagónicos. La ubicación estratégica de Malvinas impidió que se hicieran
efectivos desembarcos ingleses en las costas patagónicas, so pretexto de actividades de pesca y
caza de focas y ballenas. Las batallas navales se librarían en el Río de la Plata y siempre con
resultado adverso para las Potencias agresoras de las naciones americanas. La Home Fleet había
recibido serias advertencias en todos los mares y el Almirantazgo se cuidaba no reincidir en
errores tácticos, sobre todo en puntos tan remotos. Hay que pensar que la única batalla en el
Atlántico Sur Occidental se libraría entre las flotas británica y alemana en las proximidades de las
Malvinas, el 8 de diciembre de 1914.
La cercanía de un centro de abastecimiento determinó que la Armada española apostada en
Montevideo representara garantía de integridad de costas y mares australes. Y también un
antemural del Perú. La ciudad-puerto impuso su presencia con fama de inexpugnable y no extraña
que las invasiones inglesas imaginadas en 1790 por Pitt el Joven y proyectadas en 1803, se
postergaran hasta 1806. Inglaterra se hizo dueña de los mares después de Trafalgar (1805). La
marina española pasaba por el momento más crítico de su historia, peor aún que en el día que los
elementos y las naves inglesas en el Canal de la Mancha destruyeron la Invencible de Felipe II.
Los informantes de las cosas americanas (los espías de la City) decían darse las condiciones
favorables para el cambio de soberanía, sin pasar por el gran chasco sufrido en Venezuela con la
expedición de Francisco de Miranda.
La estructura montevideana en el período de gloria.
Asistida por el contrafuerte de Maldonado, puerto ideal para las naves ultramarinas (no se debe
olvidar ni empequeñecer la función de ese puerto altamente fortificado y tan apetecido por
Inglaterra (10) en el decurso del siglo XIX y comienzos del XX). Desde 1778 Montevideo
representaba una "estructura" que reunía las tres condiciones que Pablo de Rousiers establece
como sine qua non para los grandes centros de comercio marítimo: a) función regional de
abastecimiento, b) función comercial o de redistribución y c) función industrial. (VALLAUX, Op. cit.
p.560)
Efectivamente, tenía arsenales y almacenes de aprovisionamiento de las naves de guerra; su
bahía ofrecía amparo a las naves comerciales y los accesos para la navegación y las instalaciones
portuenses de la época eran las apropiadas para la carga y descarga de mercancías.
"Convencido al fin de que Montevideo era la llave de la navegación del Plata (la Corte de Madrid)
dispuso la creación de un faro en la Isla de Flores y en ese concepto envió un ingeniero de la
Coruña" (BAUZA, tomo II, pp. 331/32). Este acto oficial levantó protestas en Buenos Aires. Aunque
desestimadas se resolvió, por razones económicas, instalar la luz en el cerro de Montevideo.
También contó con el primer muelle comercial del Río de la Plata construido por particulares a
instancias de Bustamante y Guerra, fácilmente reconocible en el plano de Montevideo de la
Expedición Malaspina (1794), que tuvo un precursor en el precario instalado por la sociedad de
Alzaibar, por la altura de la calle Misiones. Grandes flotas fueron abastecidas sin pedir mayor
complementación de Buenos Aires.
En Montevideo se descargaba en tránsito para el Virreinato del Río de la Plata (incluida la
Capitanía General de Chile) y se recibía en tránsito la producción de la Cuenca del Plata para su
reembarco a puertos españoles. La sólida economía ganadera de la región montevideana, de la
Banda Oriental y también de las Misiones Orientales, que aún destellaban, reforzaban la textura
de gran puerto.
El sentido logístico, que no pudo opugnar la óptica bonaerense por más que lo intentara, impuso
Montevideo sobre Buenos Aires, y está determinado por estos otros testimonios: los cálculos para

40 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
la navegación de altura se hacían desde el puerto y en la ciudad existía el hospital de marina más
importante del Atlántico Sur.
Si bien las murallas de la ciudad no tenían la perfección deseada y la ubicación de los cañones no
facilitaba el fuego, Montevideo con su testera roquera y las naves que defendían las costas,
adquiría fuerza ofensiva. Señoreó en el Atlántico Sur como puerto único de guerra y de comercio.
Escogido para esto por la visión mercantil de los Borbones y la ligazón de los asuntos americanos
con la política europea (efectos del Pacto de Familia, entre otros). Claramente se vio con la
elección de marinos como últimos virreyes y principalmente de gobernadores de Montevideo,
unificadores de mando político-naval.
Pedro de Abarca y Bolea, Conde de Aranda, equivocó sus temores sobre la integridad americana.
Lector, quizás sin actualización, no obstante su Enciclopedismo, de Noticias Secretas de América
propuso el abandono, por estorboso, del sector Atlántico hasta el Cabo de Hornos (carta de París
del 18 de marzo de 1786), lo que motivó la respuesta terminante de Floridablanca: "Nuestras
Indias están mejor ahora que nunca". (Carta desde El Pardo del 6 de abril de 1786). El hombre
que dio su nombre a la última ciudad española fundada en la Cuenca del Santa Lucía, reconocía
la inexpugnabilidad del Río de la Plata y la eficiencia del Apostadero de Montevideo.
En efecto, en 17 88 se presentaba con todo su esplendor económico y militar, que mantuvo hasta
1805 (batalla de Trafalgar) no sin dejar de compartir con Buenos Aires la gloria de vencer a los
invasores de 1806-1807.
Coincide con esta apreciación de inexpugnabilidad el informe de la Misión Secreta de Joaquín
Xavier Curado. En 1799 analizó el estado de las fuerzas navales y terrestres del Río de la Plata y
su excelente preparación. Por mar se corría riesgo del fracaso de la empresa portuguesa que se
estaba gestando contra las posiciones hispanas del Plata. (12) Los datos desviaron el esfuerzo
bélico lusobrasileño sobre las Misiones Orientales (1800) entonces indefensas e incapaces de
responder como en la gesta gloriosa de Mbororé (16 41).
Por paradoja política pero bien lógico desde el punto de vista militar, la ocupación de Montevideo
en 1816 permitió al portugués defender sus costas del Río Grande del Sur y bloquear las
desembocaduras de los Ríos Paraná y Uruguay, actos consentidos por los políticos rivadavianos.
Duele decirlo, pero el centralismo bonaerense con sus resistencias al establecimiento de un
Consulado en Montevideo, su oposición a Artigas y la adhesión a una política contraria al
nacionalismo económico, fue el ablandador de la coraza montevideana a la segunda invasión
lusitana. No en vano el Consulado porteño dio la clase dirigente del unitarismo. Finalmente, no en
vano se disputaban este Apostadero de Montevideo Inglaterra y Francia, provocando bloqueos y
guerras contra Rosas y Oribe.
La flota española en resurrección.
Priva como idea generalizadora que España careció de fuerzas navales para defender en el mar la
soberanía de Indias. Se toman por base dos hechos que forman punta: 1) la desaparición de la
Armada al servicio de España, con la guerra de Sucesión (1702-1711) y el consiguiente
aislamiento de América por años, 2) el desastre de Trafalgar que dejó inerme a España en el mar.
Son los paréntesis de un período que superó esas situaciones deplorables.
No se tiene en cuenta que en ese siglo Inglaterra experimentó caídas y derrotas que por lapsos,
ciertamente no muy breves, la pusieron a la zaga de España y sus aliados.
Lo cierto es que el mundo hispano del XVIII procuró acompasar sus fuerzas navales a la inglesa.
Cuando se excedió en los planes constructores la ocasional influencia británica en la Corte de
Madrid provocó la caída del Ministro Ensenada, imaginador de una nueva Invencible.
Todo comenzó con el año de 1717 que transmitió otros ímpetus, esta vez mejor orientados desde
la creación en 1714 de un Departamento Ministerial para la Marina e Indias, que si no quedó
entonces bien configurado abrió caminos para la organización naval. La transacción de Utrecht
forzó a España a dotar de defensas móviles sus áreas en el hemisferio austral, reconocidas por el
ya mencionado artículo VIII de la Paz con Inglaterra. La actitud expectante de ésta, su "celo"
porque otras naciones no violasen el espacio marítimo español más allá del paralelo 35, política de
espera que mantuvo hasta pasado 1740, hicieron que España no se apurase por llevar su flota a
las proporciones que exigían sus obligaciones defensivas y ofensivas. Las guerras con Inglaterra y
los ataques de esta contra territorios indianos, la sacaron del dejarse estar para ponerse
nerviosamente a la tarea casi olvidada.
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Leslie Crawford 
   
Ensenada decía en su Memoria de 1751 que frente a los 100 navíos y 188 embarcaciones
menores que contaba Inglaterra, España sólo podía oponer 18 navíos y 15 embarcaciones
menores. Propuso elevar la flota española a 60 navíos de línea y 75 fragatas y embarcaciones
menores. En eso estaba cuando el proyecto sufrió las pruebas y trabas conocidas (oposición
Inglesa y destitución del ministro). Pero poco a poco España fue desprendiéndose de aquellas
inhibiciones anglófilas, y de la adinamia constructora pasó a la febril actividad de sus astilleros,
concebidos con amplia visión en 1717.
ASTILLEROS AMERICANOS: No quedaron detrás de los peninsulares en el número de naves
botadas y potencial ofensivo. El más conocido fue el de La Habana, que dio el mayor número de
barcos, entre ellos el más grande del mundo, el Santísima Trinidad, perdido en Trafalgar, con
cuatro puentes y 140 cañones. También los hubo en Puerto Rico, Guayaquil, El Callao y Acapulco.
Debemos incluir en el área americana, por depender del Virreinato de México, el de Cavite
(Filipinas). En Lima llegó a funcionar en 1790 una Escuela Náutica, preparadora de marinos y
grandes carpinteros de ribera y arquitectos navales americanos.
TÉCNICA NAVAL AVANZADA: No solamente la cantidad sino calidad caracterizó las
construcciones. España fue la primera en utilizar fragatas veloces, de fáciles maniobras y fuerza
ofensiva excepcional para la época. Hubo una verdadera revolución en la arquitectura naval
provocada por España, quizás de las primeras potencias en construir barcos de guerra en serie y
de tonelaje desconocido en el siglo XVII. Ningún barco inglés logró superar El Salvador del Mundo,
con 112 cañones y 2.398 toneladas, y mucho menos el "superdreagnougt" Santísima Trinidad.
Esta técnica respondía a una rancia tradición naval. Castilla fue la primera en usar artillería en el
mar (Combate de la Rochela en 1371), como también en utilizar barcos forrados de metal y usar
bombas de metal para achicar las naves y emplear alambiques para desalar el agua en alta mar.
Estos hechos, como la invención del primer barco impulsado por motor, La Trinidad, en 1543, cuyo
inventor fue el español Garay, son recordados por Martín Fernández de Navarrete en el tomo I de
su conocida obra sobre la navegación española.
AÑOS DE SUPERIORIDAD NAVAL ESPAÑOLA: En 1761 España contó con 3 7 navíos de línea y
30 fragatas, en 17 70, 51 navíos, 22 fragatas y 29 buques menores; en 1774 con 64 navíos, 26
fragatas y 31 buques menores; en 1778 con 67 navios, 32 fragatas y 62 buques menores; en
1783 con 62 navíos, 40 fragatas, 14 paquebotes, 25 bergantines, 12 urcas, 13 balandras y gran
cantidad de buques menores. En 1783, año de gloria montevideana, España tenia una flota
superior a la Armada Invencible.
POTENCIAL HUMANO: España no padeció problemas de tripulaciones que, aunque parezca
absurdo, afectaron el esfuerzo inglés. La novela Peter Simple es reveladora de esas dificultades y
de la brutalidad de las levas en ciudades portuenses inglesas.
La oficialidad española peninsular como la española americana, fue preparada en las escuelas de
guardiamarinas, y la tripulación se formaba de voluntarios de regiones marítimas. El voluntariado
fue el contingente que mejor se prestó en la primera hora de la marina española (BENEYTO, pág.
480) y además se cumplían quintas y levas. Anualmente se efectuaban redadas en las ciudades
principales, en cumplimiento de la Ordenanza de Vagos 1770-1775. Escogían los que tenían edad
y aptitud para el servicio de las armas. La abundancia de marinería permitió rebajar el límite de
edad para el servicio activo, de 60 a 40 años. Se debe tener presente que España, en el último
tercio del siglo XVIII fue una de las naciones más pobladas de Europa, con once millones y medio
de habitantes y que en América, tanto Cuba como México y el Perú, contaban con población de
gran tradición marinera y descubridora, y que Montevideo, después de 1784 tuvo como reserva
humana una colonización escogida.
EL APOYO TERRESTRE: Las fuerzas navales españolas fueron asistidas por un ejército regular
de cien mil hombres, sin contar con las leales milicias nacionales de América y Filipinas.
A fines del XVIII la Armada Española representaba en conjunto más de 300 buques, 7.162
cañones y una tripulación de cien mil hombres en mar. ¡Qué absurdo creer, como se ha pretendido
acuñar, que España en el período finisecular, era una nación postrada — la Gotosa de Feijoo—
viviendo por la conmiseración ajena! En materia naval, frente a las Potencias del XVIII, no fue cero
a la izquierda.
Hasta en literatura naval de ese siglo, España formó escuela, seguida al pie de la letra por
Inglaterra y luego por la Confederación Americana surgida de las Trece Colonias. Todos
aprendieron a navegar en libros y cartas españolas. Basta mencionar un personaje, Martín

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Fernández de Navarrete, cuya Colección de los Viajes y Descubrimientos desde fines del siglo XV,
fue juzgada por Humboldt "uno de los monumentos más importantes de los tiempos modernos".
Esta marina española, distribuida en flotas, recibió respaldo hacendístico, es decir, acomodado a
las posibilidades, tanto de recursos originarios de la península, como de América. En 1772
destinábase para las Capitanías Generales de El Ferrol, Cádiz y Cartagena 78:035,809 reales.
Conocemos el aporte del Virreinato del Río de la Plata para la expedición del Conde de Argelejo.
Sabemos, también que las tesorerías de los Apostaderos enviaron auxilios a la Península durante
la Guerra contra Napoleón. Se cuidaban todos los aspectos para que no ocurrieran las inquietudes
experimentadas en tierra con el retraso de pago a los tercios, penurias harto repetidas aún en el
reinado de Felipe II.
La alta preparación técnica de la oficialidad y las buenas relaciones humanas con la tripulación,
hicieron imposible episodios que conmovieron a la opinión pública inglesa (caso Bounty, y el
motín de la flota en 1797).
Fue de evidencia que ese potencial marítimo resultó de planificaciones. Nada quedó librado en el
XVIII a la improvisación. Lo dijo Carlos III en la Instrucción Reservada para la Junta de Estado:
"Siendo como es, y debe ser España Potencia Marítima por su situación, por la de sus dominios
ultramarinos y por los intereses generales de sus habitantes y comercio activo y pasivo, nada
conviene tanto y en nada debe ponerse mayor cuidado que en adelantar y mejorar nuestra
marina".
Entonces asistió el mundo a la primera gran carrera naval armamentista, que sólo ha tenido su
réplica en el siglo actual, forzando ensayos de desarme tan hipotéticos, que el año de 1939
presentó a los beligerantes preparados para la más destructora guerra naval de todos los tiempos.
Es de rigor señalar, que ese período de grandeza enlaza con el momento que España deja de
tener primeros ministros extranjeros (Esquiladle, Grimaldi, etc.), y pone españoles al frente
(1766) de la dirección política, diplomática y militar; y coincide por algunos años, con la eficiencia
que pudo proporcionar la unificación de la Secretaría de Indias en la Marina, con poderes
semejantes a la que luego se llamó de Ultramar. (BENEYTO, op. cit. „ pág. 461).
Liniers destacaba en 179 0 (plan de defensa del Río de la Plata) que España había llegado al
punto deseable en potencia marinera, pero que era preciso completarla en el Atlántico Sur: "es
axioma conocido, que siendo dueños del mar, lo somos de la tierra".
Montevideo fue hija de un plan político (1717-1724) y del esfuerzo de la España bélica (1766-
1778). En nada emparentada con la obra de la España Misional.
El apostadero y su potencial.
Con relación a la flota, su distribución y extensión de los mares, las naves de estación en
Montevideo fueron las necesarias para ejercer el dominio de las aguas del Río de la Plata y Mar
Epicontinental y realizar el avituallamiento de los puertos militares de Malvinas, y Patagonia.
Comencemos con esta presentación que evalúa, por método inductivo, la importancia naval de
Montevideo desde la institución del Apostadero, a estación inglesa del Río de la Plata, sucesora
de la española, contaba en 1819 con la fragata Oreóle de 40 cañones, la corbeta Tain y un aviso
goleta. Sólo tres naves al mando del comodoro Bowles. Aunque esta flotilla tenía su punto de
apoyo en Rio de Janeiro, su cometido se extendía hasta las costas de Chile, dependientes del
mando de Bowles. (13) Se subraya esta prolongación de funciones en el Pacífico porque coincide
con las que indicamos como ejercicio de soberanía configurativa de Montevideo.
Si con tan pocas naves Gran Bretaña regía el Atlántico Sur y el Estrecho de Drake (ruta del Cabo
de Hornos), es aceptable que los navíos del Apostadero de Montevideo alcanzaran para el
cometido asignado. Fueron aumentando de acuerdo con las necesidades bélicas. No tomamos por
base de juicio las concentraciones excepcionales de naves para las reocupaciones de Malvinas,
reconquista del Río Grande del Sur y expedición a las islas africanas. En 1787 decía Pérez
Castellano: "Hay habitualmente en este puerto una armadilla compuesta de una fragata grande de
guerra y de dos corbetas que son como fragatas pequeñas. Estas dos últimas se alternan todos
los años en ir a las Malvinas con guarnición, víveres y dinero para las pagas. El comandante de la
que se va y se mantiene allí un año es de algún tiempo el gobernador (de la Isla)". (14) A estas
naves se sumaban las embarcaciones mercantes, a las que en caso de guerra se armaba con
cañones del Arsenal del Apostadero.

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Leslie Crawford 
   
Surge la pregunta: ¿cómo con tales fuerzas Montevideo cayó por empuje inglés desde tierra? Se
tendrá en cuenta que primero se cometió un grave error de no cumplir la orden de Sobremonte
que las fuerzas navales retornaran al Apostadero después de la reconquista de Buenos Aires. Por
presión del Cabildo de Buenos Aires quedaron en las balizas del puerto asistiendo impotentes a
los desembarcos ingleses en Ensenada y Conchillas, por no poder maniobrar en esas aguas
pocos profundas. Ese error sirvió de experiencia para hechos posteriores, pero ha valido para
demostrar que el Río de la Plata no se defendía embotellando barcos en Buenos Aires sino
concentrándolos en Montevideo y su área inmediata. Las pocas naves (cañoneras) que quedaron
en Montevideo, resistieron la flota inglesa de cien barcos, optando los marinos de Montevideo,
después de hundir dos barcos enemigos, incendiarlas junto con la goleta La Atrevida. La histórica
frase sobre honor sin barcos se pergeñó en sus primeras palabras en nuestra bahía. Las
aventuras corsarias del artiguismo, seguidas de similares porteñas después de 1811, mostraron
que el Río de la Plata debe tener sus avanzadillas en la verdadera costa Atlántica. Esta visión
había sido la que determinara la creación del Apostadero después que los marinos de la flota más
poderosa enviada por España fuera de Europa, comprendieran la ubicación ideal y la función de
Montevideo para señorear aguas fluviales, del estuario y oceánicas.
En 179 8 las naves ascendían a once, siete bergantines del rey y cuatro de plaza: Fragata
Magdalena, bergantín N. S. del Belén, IV. S. del Carmen y San Antonio, San Julián el Gálvez y
corbetas Descubierta y Atrevida. Las cuatro de plaza eran: fragata Santa Leocadia, Santa Clara y
Astrea y Corbeta Santa Escolástica.
En 1805 la flotilla se componía de una fragata, dos corbetas, un bergantín y una goleta, con 104
cañones.
Además, el falucho Paraná y 25 cañoneras y obuseras, cuya construcción dispusiera Bustamante
y Guerra en 1789. Estas embarcaciones se llamaban: Aragonesa, Asturiana, Atrevida, Canaria,
Castellana, Catalana, Extremeña, Granadilla, Invencible, Reina Luisa, Murciana, Montañesa,
Navarra, Paraguaya, Paraná, Por-teña, Valenciana y Valerosa. Son los 18 nombres de las 2 5 que
proporcionara Martínez Montero. Una flotilla de 4 de esas cañoneras asistía a Montevideo desde
Mal-donado.
El último destello de poderío naval montevideano se presentó de 1808 a 1810. La alianza anglo-
española contra Napoleón permitió a España concentrar una gran flota para bloquear el Río de la
Plata luego de los sucesos de mayo en Buenos Aires. Felipe Bosch presenta un cuadro completo
que sirve para imaginar las concentraciones en períodos expedicionarios: 23 naves, con 237
cañones y más de 2.000 tripulantes. (15)
El ocaso de ese poderío naval se consumó en 1814 con la Capitulación de Vigodet, procedido por
la nueva adinamia marítima experimentada por España durante la guerra de Independencia.
NOTAS DEL CAPITULO IV

(1) En 1609 Hernandarias proponía levantar poblado en Montevideo; en 16 26 el gobernador de Buenos Aires 
resucitaba  la  iniciativa  que  volvió  a  morir  con  la  lápida  puesta  por  el  Consejo  de  Indias:  "Sobre  lo  del  puerto  de 
Montevideo no se le responda"; en 1717 Felipe V urgía a Zabala fortificar y poblar Montevideo y Maldonado. En 1719 
recibió los planos españoles de la costa y ensenadas montevideanas. Esto y la decisión de considerarlo punto ideal para 
atraques de galeones indica una premeditación española. RH Nº 36, págs. 978, 982, 984, 986, 989, 1001, 1005, 1007 y 
1009. 
(2) ATAMIRA, Rafael. Historia de España, T. IV l>.  18. 
Por  la  importancia  enorme  que  el  corso  ha  tenido  en  la  función  montevideana  consideramos  imprescindible 
aportar  otros  detalles  sobre  su  evolución.  Su  aparición  fue  acompañada  de  la  extinción  de  la  piratería  y  del 
filibusterismo. Dura siglo y medio largo. Se le extingue teóricamente por la Declaración de París del 16 de abril de 1856, 
aunque muchas naciones, entre ellas España, siguieron dando patentes para actuar en guerra hasta principios del siglo 
XX. No es del caso tratar aquí la guerra corsaria de 1914‐1918 y de 1939‐1943. 
La  piratería  antillana  desapareció  prácticamente  aplastada  por  la  escuadra  combinada  anglo‐española  que  la 
atacó en Cartagena en 169 7. 
El corso, instituido por España, se define así: "Campaña que hacen por la mar los buques mercantes con patente 
de gobierno para perseguir a los piratas o a  las embarcaciones enemigas" (Real Academia). Se le reglamentó por las 
Ordenanzas  de  la  Real  Armada  de  1748,  1751  y  1801.  La  tripulación  de  los  buques  corsarios  gozaba  del  fuero  de  la 
marina. 
(3) Un bando virreinal del 7 de marzo de 1792  revela que los cueros almacenados en el puerto de Barracas 
eran  traídos  a  Montevideo  y  de  aquí  a  España.  Otro  del  19  de  mayo  de  1795  indicaba  que  la  producción  cuereña 
misionera y entrerriana también era reembarcada por Montevideo. 
(4) Montevideo "venía a ser el centro de contratación para la navegación de Ultramar; Buenos Aires éralo de la 
circulación por los ríos". SÁNCHEZ NUÑEZ, Manuel, op. cit. 
(5)  VALLAUX, Op. Cit. p. 9. Añádase la invención de cronómetros marinos (John Harrison en 1736) que, unidos 
al sextante permitieron fijar la situación del buque con la precisión necesaria para la buena navegación. Consideramos 

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
a Newton uno de los precursores del perfeccionamiento de la ciencia náutica. La oceanografía se convirtió en ese siglo 
en una disciplina avanzada, como también la cartografía náutica. 
Episodios aparentemente paradojales de la expedición científica de Malaspina en 1789, consistían: a) elección de 
Montevideo  para  mediciones  astronómicas;  b)  el  viaje  por  tierra  a  Buenos  Aires,  con  traslado  en  barcos  de  cabotaje 
desde  Colonia,  del  segundo  comandante  de  la  Atrevida,  por  impedir  los  vientos  contrarios  el  viaje  por  agua  desde 
Montevideo. 
(6)  Hasta  entonces  los  puertos  del  Pacífico  (Callao  y  Acapulco)  habían  sustituido  la  ruta  Magallanes  como 
punto de entrada en ese océano para empresas de descubrimiento y colonización insulares. El Callao para la frustrada 
colonización de las Islas Salomón y Acapulco para el gobierno y comercio del archipiélago filipino. 
En el siglo XVII Inglaterra se había desentendido oficialmente de toda empresa seria en el Atlántico Sur y Pacífico 
Sur, obsesionada por hallar un  camino de E a  O en el Ártico (Martín Frosbisher) vanamente buscado de O a E por la 
Compañía Moscovita. La paz de Utrecht vedó a Inglaterra navegar el Pacífico. 
Influían,  también,  las  cuestiones  religiosas  que  obligaban  considerar  la  América  del  Norte  como  depósito  de 
disidentes  que,  por  su  excesivo  número,  pudieran  afectar  el  dominio  de  la  religión  oficial  (anglicana).  Atraíanle, 
asimismo, los humos del tabaco virginiano y el sabor de la melaza de la reglón antillana. Distraían su atención por los 
mares australes las ventajas que iba obteniendo en Asia. CF. MORRISON y COMMAGER. Historia de los Estados Unidos 
de Norteamérica, T. I p. 68‐69. 
Reminiscencia de la vieja afección inglesa por las rutas árticas O a E es el convenio de pesquerías anglosoviético de 
1930, modificado en 1956 y en vigor en 1957. Por él se permite a los barcos matriculados en Gran Bretaña pescar en el 
Mar de Barentz a lo largo de la península de Kola. 
La  rivalidad  marítima  con  Holanda  y  Dinamarca  fijó  aún  más  el  interés  inglés  por  el  Atlántico  Norte.  La  nación 
bátava  fue  Infeliz  en  sus  pretensiones  sobre  la  parte  continental  del  Nuevo  Mundo.  Era  el  castigo  por  la  osadía  de 
disputar  supremacías  en  el  Mar  Inglés  y  establecer  una  enclavadura  en  territorio  continental    (Nueva  Amsterdam 
rebautizada Nueva York). 
Por esos motivos la ruta magallánica quedó "hibernada" por casi todo el siglo XVII para despertar en el XVIII, con el 
desarrollo de una nueva "conciencia marítima". 
La apertura del Canal de Panamá cambió la orientación geográfica de la navegación mercante y redujo el tráfico 
marítimo por Montevideo, Los proyectos cumplidos de Lesseps fueron de consecuencias desastrosas para los puertos 
estratégicos del Atlántico Sur (Montevideo y Ciudad del Cabo). La última revive con el bloqueo del Canal de Suez. 
(7)  Comercio con antecedentes seculares. En agosto de 160 2 Felipe III autorizó a los de Buenos Aires exportar 
a Guinea y Brasil hasta 2.000 fanegas de granos, 500 arrobas de sebo y 25 toneladas de tasajo, en barcos con matrícula 
en aquél puerto. 
( 8 ) L a   cédula  de  noviembre  de  1791  habilitó  a  los  rioplatenses  ejercer  el  comercio  de  esclavos  negros.  En  tres 
años Montevideo recibió casi tres mil que vendió gran parte en Buenos Aires, con ganancias enormes. 
(9) CENCILLO DE PINEDA, Manuel. El brigadier Conde de Argelejo y su expedición militar a Fernando Poo en 1788, 
publicación del Instituto de Estudios Africanos (Madrid 1948). Héctor Ratto considera que con esta expedición las islas 
africanas fueron anexadas al virreinato del Río de la Plata. La expedición de Malaspina, p. 9. 
El  arsenal  montevideano  entregó  cuatro  cañones,  la  plaza  varios  tripulantes  (levas)  y  soldados  y  los  asentistas 
alimentos  para  15  meses.  De  los  547  hombres  de  tropa  y  marina  que  salieron  de  Montevideo  241  fallecieron  en  las 
islas. Parte de la flota regresó a Montevideo en 1783. 
Se sostiene que entre 1778 y 1779 se produjo un gran contrabando de monedas de plata y oro vía Buenos Aires. 
ROMANO, Ruggiero. Una economía colonial. Chile en el siglo XVIII. La expedición de Argelejo rectifica esa suposición. 
Hubo una salida estrictamente legal. Se han hallado en Fernando Poo monedas de curso legal en el Río de la Plata. La 
ocupación de las islas fue el determinante de la "evasión de divisas". Romano considera que las monedas de acuñación 
reciente y buena aleación eran necesarias para el comercio con España. Agregamos que también tenían que serlo para 
transacciones con los proveedores de esclavos (ingleses y portugueses instalados en la costa africana). El mismo autor 
se encarga de ofrecer los datos reveladores que el contrabando presunto de monedas coincidió con la expedición de 
1788. 
La ceca chilena acuñó entre 1776 y 1779  los siguientes volúmenes: 
Año  Monedas de OroMonedas de Plata                              Total 
1776 6 9 2 . 1 0 4   pesos  2 4 . 0 8 0   pesos  716.184  pesos 
1777 6 9 8 . 0 8 8   pesos  3 3 . 3 2 8   pesos  731.416  pesos 
1778 7 1 3 . 7 2 8  pesos  1 2 0 . 0 2 8   pesos  833.756  pesos 
1779 7 3 8 . 3 4 4   pesos  1 2 4 . 0 0 6   pesos  8 6 2 . 3 5 0   pesos 
(Op. Cit. Cuadro III de la pág. 15). 
(10) Ceballos dio en 1765 el espaldarazo a Maldonado sin parar en los intereses de Buenos Aires: "A la entrada 
del Rio de la Plata se halla la ensenada del Río Maldonado, con una aguada admirable, con bastante fondo para entrar 
navíos gruesos y sirve de escala para los que van a remontar el Cabo de Hornos, como ha sucedido en estos tiempos a 
los  señores  Pizarro  y  Orozco,  de  suerte  que  siendo  imposible  subir  los  navíos  de  guerra  a  Buenos  Aires  por  el  Banco 
Ortiz, etc." Comunicación a Julián de Arriaga del 2 6 de enero de 17 65. PASTELLS, Op. Cit. T. VIII, 2» parte pp. 1052‐
1053. 
(11) Decía Pérez Castellano en su carta de 1787: "Hay un hospital de más de cien camas de largo con las piezas 
y  oficinas  necesarias,  en  que  se  curan  los  enfermos  de  marina".  El  establecimiento  respondía  a  la  vieja  tradición 
hospitalaria iniciada por los Reyes Católicos e impulsada en América por los monarcas de la Casa de Austria. 
Los  marinos  formados  en  la  alta  escuela  de  matemáticas  realizaron  observaciones  astronómicas  desde 
Montevideo. El observatorio de la expedición Malaspina fue instalado en una casa próxima del fuerte San José. Entre 
los  marinos  científicos  de  ese  año  se  encontraba  Dionisio  Alcalá  Galiano,  quien  escribió  su  Diario  Astronómico  de 
Montevideo. La fuente neptúnea de poder montevideano tiene su simbolismo en las observaciones de Alcalá Galiano. 
Permitieron  al  astrónomo  francés  Leverrier  descubrir  el  planeta  Neptuno.  Vicente  de  Doz  observó  desde  California 
( 1 7 6 9 )  el paso de Venus por el disco solar; Ciscar representó España en el Congreso de París  (1800)  que eligió la 
unidad del nuevo sistema de pesas y medidas. 
Durante mucho tiempo la marina internacional para hacer la derrota de Europa al Río de la Plata se guió por las 
instrucciones del Jefe del Apostadero de Montevideo José Salazar, citado permanentemente por Lobo y Riudavets. 

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Leslie Crawford 
   
Lo  dicho  no  va  en  detrimento  de  los  marinos  y  militares  del  evo  austríaco.  En  el  "año  científico"  de  1581 
participaron todos los españoles en América, sin exceptuar los de la recién fundada Buenos Aires. Por cédula del 3 de 
junio de 1580 Felipe II ordenaba al gobernador observar "las cantidades de sombras y el tiempo y hora del eclipse de 
luna que ha de haber por el mes de julio del año que viene". 
(12) Advirtió que la flota del Apostadero contaba con una fragata de 3 6 piezas calibre 18, con 200 hombres de 
tripulación y 100 plazas de desembarco. BHEMEN  100‐103 PP. 43‐44. 
(13) MOLINARI, Op. Cit., p. 86. Cítase el informe del marino francés Druault, del 15 de junio de 1819. 
(14) En Noticias relativas a Montevideo (1781) el teniente de navío José de Espinosa y Telles, de la expedición 
Malaspina, decía haber hallado veinte embarcaciones, incluidos dos correos marítimos y los buques de la armadilla. El 
dibujo hecho por Branvilla al regreso de la expedición Malaspina muestra numerosos barcos en la bahía, varios de gran 
porte. 
(15) Historia  Naval  Argentina,  p.  18.  Para  los  datos  de  Montevideo  entre  1798  y  1805  Vid.  MARTÍNEZ 
MONTERO, H. El Apostadero, etc., pp. 78 a 80. 
 
 
 

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
CAPITULO V 

"LA ÉPOCA MAS FELIZ PARA MONTEVIDEO" 

El "dispositivo" económico que aseguró el desarrollo de Montevideo, haciéndole eje de los


movimientos comerciales, tuvo sus piezas en la Cuenca del Plata y en las zonas centrales andinas
de la hoy Argentina. Un aflojamiento o liberación de las trabas impuestas para el tráfico de
mercancías entre Buenos Aires y el Alto Perú había volcado el interés de exportar por el Río de la
Plata, salida menos trabajosa que la de la ruta Lima-Portobelo (1). El empuje productor, derivado
del cambio producido en Europa y América como consecuencia de la aplicación de los tratados de
Utrecht (2) dio por tierra con los tabúes históricos, aceptándose como ineluctables las salidas o
entradas naturales por el área occidental. La presión era tan fuerte que sólo el contrabando pudo
impedir fracturas legales mayores. Los volúmenes cada vez superiores del movimiento intérlope
indicaron cambios futuros (3). Las "rutas prohibidas" iban siendo obliteradas por las aceptaciones
de la Corte de Madrid, que echaba por la borda el aparente dogmatismo de la Casa de Austria,
más preocupada de las cosas espirituales de América que de sus simulacros materiales (4)•
Este "nacer" del Río de la Plata a la economía mundial no fue prematuro ni tardío. Ocurrió en su
hora, cuando aconteceres de Europa aconsejaron variaciones de pautas de política comercial y
determinaron fenómenos de crecimiento demográfico con alza de la demanda de alimentos y
materias primas.
Aunque Montevideo se empinara con el libre comercio entre el ecúmene hispano (5), es de justicia
decir que su valorización es anterior. Teóricamente comenzó con Utrecht y cristalizó en el
momento que los opimos resultados del comercio de trueque con la South Sea Co. (Asiento de las
Vacas) abriera grandes posibilidades para las actividades comerciales de americanos y españoles.
La nacionalización del comercio de cueros y carnes secas —los ingleses y franceses fueron
apartados de las operaciones— el auge de la actividad ganadera y la posición geográfica de
Montevideo, que facilitaba embarques en naves de gran tonelaje (ahorro de tiempo y de fletes)
lanzaron la ciudad-puerto a las grandes proporciones. El otro impulso excepcional, casi medio
siglo después, fue dado por la Cédula de 177 8, abriendo los puertos del Río de la Plata al
comercio con todos los mercados de la Península. Coincidentemente se completaron los sistemas
viales que harían afluir hacia Montevideo las producciones tradicionales no competitivas de todo el
Virreinato del Río de la Plata (6). Según el informe de Francisco Ortega y Monroi de 1784,
Montevideo habla exportado el año anterior 1.400.000 cueros, con precios en alza. A su vez, el
autor de Noticias sobre los campos de la Banda Oriental exaltaba el potencial exportador de
Montevideo, colocando la riqueza agrícola-ganadera por encima de los frutos de la explotación
minera. Montevideo llevó su mejor parte de aquel gran despertar económico. "Se multiplicó la
navegación entre España y su Imperio. Afirmase que el intercambio global con toda la América
Hispana incrementóse en un 700%" (7).
Montevideo fue hijo de los tiempos. No con mayéutica sino con la naturalidad de un ser asistido
por buena gestación.
No debemos dejarnos llevar por la idea que el comercio ultramarino entre España y América sólo
alcanzó volúmenes importantes con el libre comercio dentro del área hispana. En el XVII, siglo de
dinámica hispanoamericana, el intercambio entre los virreinatos llegó a proporciones que hacen
que las relaciones de cambio mutuo en este tercio del siglo XX sean relativamente inferiores,
comparadas las épocas y poderes adquisitivos de las poblaciones respectivas.
Es preciso mostrar la realidad histórica del continente durante el evo hispano trisecular, para
desvanecer el prejuicio que Montevideo fuera resultado ajeno de las reacciones naturales de la
sociedad hispana. Aún cuando se señalará que, como ciudad fue respuesta a las pretensiones
lusitanas (terrestres) y como Apostadero a las incitaciones inglesas (marítimas), como también, un
pretexto de soberanía en su condición de punto distribuidor-receptor, resultó reflejo de lo que en
los siglos XVI y XVII fueron los puertos de El Callao, Guayaquil y Acapulco en el Pacífico y
Portobelo, Cartagena de Indias, La Habana, Santo Domingo y Veracruz en las Antillas y en el
Atlántico.

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En el período de la popularidad de México y Perú (siglo XVI) y de la utilización frecuente de las
rutas colombinas del Atlántico Medio, se registró un incremento en el intercambio comercial muy
importante entre los reinos peninsulares y los reinos americanos. La escuela historiográfica, en
especial la rioplatense, todavía se empecina por afirmar que no hubo tal cosa, debido al monopolio
en favor de la Península. Haring es de la idea que los Habsburgos afirmaron el principio del
exclusivismo colonial. Si esto fuera critica contraria, se respondería que no hicieron otra cosa que
aplicar las ideas de la época, defendidas ferozmente, y en su favor, por los Estados alineados en
la Protesta.
Si el grave pecado español consistió en imponer el monopolio comercial sobre América,
convengamos de antemano, que la culpa cubrió a todas las talasocracias europeas,
principalmente inglesa y holandesa. Si alguna región del Nuevo Mundo sufrió los efectos más
severos de la política monopolista esa fue la América Inglesa, aherrojada en su cinturón costero
por la Navigation Act. (8)
La primera área comercial transoceánica
Los Austria fueron campeones del exclusivismo. No en favor de un sector reducido heredero del
Nuevo Mundo (Castilla) sino en beneficio del campo imperial (Carlos V) o de la asociación de
pueblos en torno de la persona real (Felipe II). Antes de producirse el fenómeno de la América
autósita, la corona castellana, por grados, fue dando sentido europeo al exclusivismo comercial.
No sólo pudieron gozar del privilegio de comerciar todos los reinos españoles, sino aquellos que
tenían por soberano al monarca español. Fue así como, en el reinado de Carlos de Habsburgo
participó de ese comercio el gran cuerpo vertebrado del Rin y que hoy constituye el núcleo más
sólido del Mercado Común Europeo. Extendiendo el mapa de Europa con el Imperio de Austria a
la vista se advertirá que el área de mercados de intercambio era mayor que el de los que ahora
conforman los llamados mercados tradicionales de muchas Repúblicas Hispanoamericanas.
En 1526 se dio un edicto abriendo el comercio americano a todos los súbditos comprendidos en el
imperio Habsburgo. Tenía por antecedente las Capitulaciones de 1522 en favor de Jacobo Fugger
para que buques alemanes interviniesen en el comercio de Especiería por la ruta magallánica y de
1525 con los Welser para establecer factorías en Santo Domingo y Sevilla. En 1528 se autorizó a
los Ehinger colonizar Venezuela (9).
En 1526 abdica Carlos V; Felipe II recibe la Corona de España y otros reinos europeos, sin la
dignidad imperial. En ese año Venezuela revierte a la corona castellana y se prohíbe a los
alemanes tener contactos comerciales con Indias.
Con Carlos V la Europa industrial del siglo XVI comerció con América; con Felipe II lo hizo la parte
aquella que se mantenía unida al soberano español abarcando una vasta extensión del Viejo
Mundo. A partir de 1580 se dio entrada a los portugueses, aunque se mantuviera en las posiciones
ganadas antes por Portugal la prohibición de comerciar quien no fuera portugués. Sin perjuicio de
esas exclusivas, hombres de otras naciones participaron del comercio entre América y España. V.
gr., griegos, ingleses y franceses. (10)
El nacimiento de las industrias americanas que funcionaron con obreros americanos - voluntarios
o de servicios personales compulsivos - transformó el prohibicionismo oficial, ley teórica hasta
1765, en proteccionismo, que tuvo por arista la libertad de comercio interamericano como hecho
anterior a la libertad de comercio con los puertos españoles.
El intercambio interamericano o la autarquía del Nuevo Mundo.
El traslado de técnicas de trabajo y cultivos produjo en el siglo XVI una actividad económica
repentina e intensísima. Aumentó en el XVII con la recuperación demográfica india (adquisición de
defensas biológicas contra enfermedades transmitidas por el europeo y el africano) y la elevada
tasa de natalidad registrada en la sociedad hispana y mestiza. A mediados del XVI se podía hablar
de una autosuficiencia. El Nuevo Mundo producía casi todos sus suministros, satisfaciendo hasta
necesidades de lujo y gustos artísticos (11). La simbiosis económica indiana fue completa y hasta
el XVIII, inclusive, los intereses de las regiones americanos estuvieron tan entrelazados, afirma
Arcila Farias, que el comercio entre virreinatos resultó más importante que con Europa. Los
volúmenes no pueden ser medidos por la mayor o menor frecuencia de las comunicaciones entre
España e Indias sino por la actividad constructora de naves en astilleros americanos para atender
un intenso cabotaje y un tráfico de relativa importancia entre los sub-continentes del Nuevo
Mundo.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Es imposible negar que, juntamente con las vías de comunicaciones terrestres y fluviales, las
flotas americanas hicieron posible la vertebración económica de Hispanoamérica del XVI al XVIII.
Adquirieron fama los astilleros cubanos (los primeros del Nuevo Mundo), peruanos y mexicanos,
que botaron naves de comercio y de guerra. Rechácese la creencia que las armadillas defensoras
de las Antillas, Golfo de México, costas de Chile a Panamá y de ahí a California, se constituyeron
de naves llegadas expresamente de España. Se les construyó en América y se les aparejó con
velamen y cabos fabricados con producción americana. La tripulación se formó, su mayor parte,
de americanos (hispanos, indios, mestizos, negros y mulatos). Los mayores descubrimientos en
Oceanía se hicieron con naves construidas en puertos del Pacífico. Con las de la costa mexicana
se descubrió las Marianas y se colonizó las Filipinas (expediciones de 1564 a 1595), incorporada
con su Audiencia como territorio americano al Virreinato de México y, sostenida por
comunicaciones marítimas con Acapulco. Barcos construidos en Perú y Ecuador partieron de
descubierta revelando la existencia de las Islas Marquesas, Nuevas Hébridas, Salomón, etc.
Llegan a reconocer Nueva Guinea y, posiblemente, la costa norte australiana al cruzar el estrecho
de Torres en 1595. Las expediciones de Pedro Hernández de Quirós y Vaez de Torres les valieron
virtualmente los títulos de descubridores de la legendaria Antártida, Vizcaíno reconoció la costa
californiana en los inicios del XVII. En mitad del XVIII naves botadas en Acapulco descubrieron y
recorrieron Alaska luego de hacer conocer al mundo las islas Reina Carlota y Príncipe de Gales.
Esas naves de guerra y exploración abrieron horizontes económicos y aseguraron el tráfico
comercial por rutas indefendidas por las flotas que sólo navegaban los itinerarios colombinos.
Cuando se habla de la existencia de un intercambio interamericano tan voluminoso entre los siglos
XVI y XVII, (12) no se debe presuponer que de él participaron capitalistas peninsulares como
aquellos fundadores de Compañías del siglo XVIII. Los armadores dedicados al comercio
interamericano fueron nativos en su mayoría de los Virreinatos de Indias. Con esa actividad
hicieron grandes fortunas como las que lograron americanos descendientes de españoles con la
exportación de minas de oro y plata.
Un egoísmo que benefició a América
La política comercial española del XVI-XVII dirigida por los intereses estrechos de la burguesía
urbana, a la que la Casa de Austria siempre contempló en Cortes, como transacción de Villalar a
cambio de tener libertad de acción en la política europea, resultó en beneficio de América. El
temor de escaseces por exportaciones abundantes a Indias empujó a los procuradores de Cortes
reclamar y obtener la prohibición de enviar productos elaborados o materias primas. Aducían que
las Indias ya producían como para satisfacer las necesidades más elementales, y que era preciso
defender al consumidor de la Península, de los males del encarecimiento por insuficiencia de
oferta. Creyeron alejar así el peligro de la inflación, sin apreciar que el exceso de importaciones
procedentes de otros países europeos era lo que hacía desaparecer el oro y la plata indianas,
para reaparecer en las arcas de los negociantes ingleses, flamencos, alemanes y holandeses, y
también en las del Gran Turco. Esta política económica llevada con miopía de burgueses
contenidos por la moral católica que condenaba la usura, terminó empobreciendo a España,
porque no se equilibraba el nivel de la balanza comercial con el aumento de la producción
manufacturera española y su exportación. Esa errada economía política española de los siglos
XVI-XVII hizo el milagro indiano. Transformó la expresión económica de precolombina en europea,
cambiándola con la velocidad de mutación que sólo tiene un símil: la occidentalización del Japón
en la última mitad del siglo XIX.
América se enriqueció porque produjo, industrializó, consumió, exportó y, lo que es más
importante, retuvo dentro de fronteras la mayor parte de la riqueza metálica extraída, que volcó en
la construcción de grandes templos, hospitales, asilos, escuelas, asistencia técnica y económica
de comunidades indígenas, etc. Economías pobres no podían hacer aquel milagro americano que
revelara al mundo que en el XVII México y Lima eran más importantes que las capitales de varios
Estados Europeos, cediendo solo en importancia a Londres, París y Roma. Y que un centro
misionero del XVIII, Yapeyú, llegase a tener más población que muchas de las ciudades
industriales de la costa americana poblada por las XIII Colonias Inglesas.
Se va viendo, paso a paso, que Montevideo no resultó de episodios exteriores. Que no hubo entre
su fundación y creación a puerto mayor del Atlántico Sur, un vacío de realidades americanas, sino
un continuum de creación, que en mediados del XVIII, muestra una variante de dirección de
reflejos de potencial económico. Al emitir Montevideo sus destellos fuertes, palidece Perú. La
Ciudad de los Reyes quedó retenida empezando a dormir su larga siesta sobre colchón de
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Leslie Crawford 
   
laureles después de haber dado fama a América y creando con el esfuerzo de sus hijos
emprendedores -—los del mestizaje cimero— las otras ciudades importantes de Sud América. Por
otra parte, ¿olvidaremos que Maldonado y Montevideo fueron hechura del Virreinato del Perú?
La tiranía comercial española, un mito
Durante siglo y medio largos, América ha pensado en inglés y hablado en español y creído que la
falta de liberalidad en el comercio fue causa de estagnación y decadencia del siglo XVIII. El
argumento es simplista, avaro de fundamentos. Las causas que América no se acompasara a la
revolución industrial tuvieron otros motivos que sólo se pueden explicar con la interpretación
católica de la vida. Pero de ninguna manera dependió de la no adopción prematura del libre
comercio. No nos equivocamos si decimos la contraria. La doctrina sugerida desde las columnas
de la Estrella del Sur, llevó al Nuevo Mundo a retener su fuerza creadora interior, cayendo a
simple exportadora de materias primas. El comercio interamericano se derrumbó.
Considérense estos hechos:
I — Política común de todos los imperios comerciales del XVI al XVIII,
II — Antes de las invasiones inglesas y la apertura de los puertos americanos al comercio con
todos los países industrializados, Hispano-América tuvo su libertad comercial y sostuvo con su
esfuerzo la condición de España como potencia mundial de primer orden hasta 1805.
III — Inglaterra negó libertad de comercio a sus XIII Colonias de América hasta el mismo instante
de su independencia. Portugal la concedió a Brasil en 1808 por la razón del traslado de la Corte a
Río de Janeiro. (13)
Planteadas las cosas en estos términos, podemos llamar mito la tiranía comercial española.
El régimen comercial desarrollado en el ecúmene hispano en nada se diferenciaría de los que se
aplican en nuestros días, estableciendo áreas de comercio de monedas permitidas y áreas de
comercio y monedas prohibidas. El comercio se limita más aún dentro de cada área y no sale del
principio de reciprocidad (comprar a quien compra).
Inglaterra levantó banderas de libre comercio introduciendo en el ámbito de la historiografía clásica
y de la política afrancesada un paralogismo que engañó a las sociedades del Nuevo Mundo. Sin
embargo, mientras inducía a posesiones ajenas reclamar libertades, mantenía en un puño sus
Colonias (.carne y espíritu netamente inglesas) Impidió celosamente que traficaran con otras
regiones, que no fueran la propia Inglaterra.
Tal era el concepto privante. Se le aplicó como norma legal, sin que significara transgredir el
Derecho Internacional Público. Cada cual guardaba lo suyo. La norma era penetrar en terreno
ajeno e incorporar el área conquistada. En ese sentido España siempre estuvo a la defensiva,
limitándose a mantener la integridad de la concesión papal. Y cuando poseyó el imperio portugués
(1580-1640) no se aprovechó de él.
Ni Francia con la política de Colbert, ni Holanda hasta la transferencia de sus Indias Orientales a la
soberanía Indonésica, toleraron que otros participasen de lo que entendían su exclusiva. En este
sentido el "pecado" inglés no fue mayor que el de sus rivales en el siglo XVIII.
El Acta de Navegación inglés de 1651 (Navigation Act) establecía el monopolio de transporte de
mercancías de y para las colonias, en naves matriculadas en puertos de la isla. Suspendida
durante la restauración fue renovada por otras varias entre 1660 y 1672. Por restrictivas que tales
normas suenen a los oídos modernos, estaban de completo acuerdo con las ideas económicas de
entonces, y en los cien primeros años de su aplicación resultaron económicamente beneficiosas
para las colonias inglesas. Gran Bretaña derogó todas sus antiguas leyes de Navegación a
mediados del siglo pasado. (COLOMBOS, op. cit., 260-26l).
Estados Unidos de Norteamérica procuró heredar derechos marítimos limitando el comercio a
barcos norteamericanos (Leyes del Congreso de 1789-1817).
Eliminación de trabas aduaneras
El libre comercio español tiene, dentro del área hispana, una antigüedad de dos siglos. El inglés
apenas llega al siglo.
A partir de 1763 (16 de octubre), el prohibicionismo comercial empezaba a ser derogado por
sectores geográficos. En 17 89 alcanzaba a todo el ecúmene hispano. En 179 5 se llegó a permitir

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que América hispana comerciara con las colonias inglesas y francesas de las Antillas, según
variaciones de la política comercial internacional. En años de alianza anglo-española, era
intensísimo entre puertos colombianos y Jamaica y otros puertos bajo dominio británico. (14)
Esa libertad fue completada con la eliminación o rebaja de aranceles aduaneros en la Península.
Fueron beneficiados el añil, algodón, azúcar, madera, pimienta, cera, carey, etc., procedentes de
América. (15) Se aplicaban sobre producciones no tradicionales de la península, que no
provocaban competencia desfavorable para productores e industriales españoles. Ese
levantamiento de trabas tuvo otra expresión notable para una época en que privaba el más
cerrado egoísmo. Hemos de referirnos al trigo, cuya importación en España se declaró libre de
derechos acallando protestas de los agricultores peninsulares. No fue una apertura a la manera de
la tardía escuela de Manchester, puesto que se dio en 1765 con la exigencia de no almacenar los
cereales ni acapararlos, ni realizar maniobras agiotistas. Esta política con los granos de América
tenia precedentes. Se dictaron pragmáticas en 1669, 1707, 1756 y 1757 facilitando importaciones.
La posterior de 1765 es la de 1790. (16) Estas medidas se tomaron frente a fenómenos de
superproducción de cultivos americanos.
¿Cuándo levantó Gran Bretaña las barreras infranqueables que prohibían la entrada de trigo de
sus colonias de América o de las regiones colonizadas o libres que entraban en el área de su
influencia económica? Después de enconada lucha entre proteccionistas (tories) y librecambistas
(wighs). estos últimos portavoces de los intereses del industrialismo concentrado en las nuevas
ciudades fabriles. La oposición dividió al país al punto de transformar su vida política. Una medida
habilísima, dirigida a mantener los tories en el poder a costa de quemar banderas principistas en el
altar utilitario de la política, pudo hacer que la campeona del liberalismo aboliese las tarifas sobre
el trigo. Se trata del famoso viraje de Sir Robert Peel. Las últimas medidas librecambistas se
sucedieron entre 1850 y 1875. Desde entonces, dice Maurois, "la libertad económica fue, pues, en
Inglaterra, un artículo de fe". (17)
Los resultados del libre comercio hispanoamericano fueron espectaculares, fijados por Lynch en
un 700% en el decenio 1778-1788. Como efecto correspondiente se produjo en América la mayor
acuñación de monedas de plata y oro de su historia, y apareció abundante la moneda fraccionada
para agilitar las compras que se hacían en mayor cantidad por el crecimiento del poder adquisitivo
de la población de las ciudades americanas, fenómeno no extendido a la población campesina que
siguió teniendo su moneda imaginaria para el trueque de bienes y mercancías.
Ese desarrollo espectacular de la economía se refleja en las ciudades portuarias sobre rutas
marítimas naturales. "¿Qué eran Buenos Aires y Montevideo? Dos pueblos miserables y sin
nombre que, por el reglamento de comercio libre, empezaron a hacer papel en el Teatro del
Mundo". (18) Antes de establecerse el Virreinato del Rio de la Plata, el comercio peruano advirtió
el fenómeno de desarrollo que se produciría en el antemural atlántico y buscó neutralizar los
efectos negativos para su economía. En 1774 el Consulado limeño envió una consulta y
representación a Carlos III pidiendo la suspensión total de los permisos de entradas de
mercaderías de Buenos Aires y Chile al Alto Perú.
Tales resultados palpables, señalados por las estadísticas, robustecieron la tesis del Virrey de
México Revillagigedo, de que las Indias redituarían más a España con el libre comercio que con
los aumentos de nuevas gabelas.
Volvemos al punto clave. Mientras América Hispánica se liberaliza económicamente, Inglaterra
aprieta más las tuercas del exclusivismo económico imponiendo a las XIII Colonias condiciones
que pronto derivaron en la guerra de independencia.
Como las Indias no eran colonias, la política iniciada en 1765 conduciría a un reparto igualitario de
oportunidades para todos los reinos hispanos. Tal resultado debía conformar a los hombres de
empresa del Nuevo Mundo con intereses establecidos en los puertos. En el fondo fue una
afirmación de nacionalismo económico, porque el comercio debía hacerse dentro del mundo
hispánico. (19)
Afirmación de nacionalismo económico:
Cancelación de los privilegios acordados a los comerciantes ingleses establecidos en Cádiz para
comerciar con las Indias (Apertura conseguida como consecuencia de Utrecht). Imposición de
trabas a los comerciantes franceses, entonces numerosos en los puertos de la Península
(accesión gala al comercio de Indias con el advenimiento de la dinastía Borbón y posteriormente
con el Pacto de Familia);
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Leslie Crawford 
   
establecimiento del monopolio hispano de fletes, idea impuesta rápidamente con la comprobación
del extraordinario movimiento de intercambio. Los beneficios redituados por el transporte se
reflejaron en el nacimiento de grandes fortunas, ajenas a la propiedad de la tierra, y por el
desarrollo de la marina mercante americana y española en las postrimerías del siglo; (20)
determinación del área española para el comercio internacional: I) puertos americanos con puertos
españoles, II) puertos americanos con puertos americanos, (21) y d) imposición de la unidad
monetaria española para las transacciones comerciales, estimándose monedas blandas las
corrientes de Inglaterra, Francia y Holanda. (22)
América halla sus Indias en España
Analizados fríamente los números se concluirá que el empuje económico finisecular significó
prosperidad general. No fue así. América se empobreció en el orden interno (nacional) al
producirse las concentraciones de riquezas en pocas manos, por lo que se debe hablar de un
retroceso en el uso social de las riquezas del Nuevo Mundo, hasta entonces mejor repartidas.
Pero, de cualquier manera hubo concentración de riquezas en manos americanas.
En el orden del trato comercial entre los dos continentes la situación se invirtió al extremo que, a
fines del siglo XVIII, los comerciantes indianos encontraban en España el campo de
aprovechamiento. (23) Los documentos registran lamentaciones por esta inversión de situaciones
y pintan elocuentemente los resultados materiales de la libertad de comercio. "No parece sino que
se lleva por objeto hacer mejor la suerte del americano y aniquilar al europeo. El hacendado y el
vecino de América vinieron a hallar sus Indias en España y el español se vio reducido a un
sirviente del hacendado y del vecino". (24)
El Río de la Plata, que no tuvo círculo de potentados mineros, formó una clase plutócrata mediante
la combinación de las funciones comerciales, industriales y marítimas con las de productores
ganaderos. En 1760, según una relación, "por lo común, los ciudadanos son ricos". (25) En esa
época el imperio económico de los Alzáibar se había esfumado, cediendo paso a los nativos del
Uruguay, que constituyeron un poder económico rivalizador con ventaja del que tenían los
europeos. En Buenos Aires se apellidaban Basavilbaso, Lezica, Matorras, Escalada, Azcuénaga,
Sarratea, (26) en Montevideo, Berro, Carrió, Medina. (27) También eran americanos nativos los
señores del Gran Cacao que tenían buena parte de las acciones de las Compañías de Guipúzcoa
y Barcelona. Peruanos y ecuatorianos, con varias generaciones americanas, poseedores de minas
y haciendas, estaban en gran número ostentando títulos de Condes y Marqueses. También eran
de rancio abolengo mexicano la mayoría de los dueños de las minas de plata, galardonados con
condados y marquesados.
El período de 1763 a 1810 fue el más brillante para el comercio de los hispanoamericanos.
También el de Hispanoamérica en materia económica, poderío que perdió de 1810 a 1825, con la
transmisión del poder director de la economía a manos de ingleses, franceses, alemanes y los
recientes ciudadanos de la Confederación de los Estados Unidos de América. La minería
americana se desnacionalizó. (28)
"Es casi vengarse de la Metrópoli exagerar el estancamiento del comercio, en la paz exterior que
precedió en doce o quince años a la revolución española. Era entonces cuando el comercio de La
Guaira estaba en su más grande esplendor. (HUMBOLDT. Viaje a las regiones equinocciales del
Nuevo Continente, pp. 1072 y 1099)".
"Al final del período colonial las provincias españolas de América gozaban de mayor prosperidad y
bienestar que nunca. Las colonias españolas poseían riquezas mucho mayores que las colonias
inglesas del norte de América y adquirieron todos los símbolos exteriores de opulencia, como
importantes edificios públicos, universidades, catedrales y hospitales, en ciudades bien pobladas
que eran centro de lujo, de enseñanza y de cultura. (HARING. El Comercio y la navegación entre
España y las Indias, en época de los Habsburgo).
De exportadores de oro a importadores de monedas de oro.
El potencial económico manejado por los americanos era el arbotante que sostenía el
empinamiento continental americano y, por ende, determinaba la importancia de las ciudades
portuenses mejor situadas para el tráfico de importación y exportación. Montevideo había de ligar
su importancia a ese período. Las causas de su decadencia derivaron del proceso ocurrido luego
de la formación de Juntas y del estallido de las guerras civiles y de independencia. Montevideo
cayó junto con España. ¿Qué era en 1814 a la Capitulación de Vigodet? Una ciudad vegetante, sin

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
espíritu nacional, dada a las intrigas y a los odios. Una sombra de lo que fuera un lustro antes,
alegre, vigorosa, empeñada en prosperar.
El proceso descendente español se produjo primero por el impacto espiritual de la derrota de
Trafalgar, la conmoción causada por la invasión napoleónica, la desarticulación de la economía
por la ocupación y la resistencia y, finalmente, por los tremendos gastos de guerra que no llegaron
a equilibrar las generosas ayudas de dinero y especies enviadas por los distintos virreinatos
americanos (aportaciones populares espontáneas). Tanto la invasión como la respuesta popular
hicieron hondo el desequilibrio entre importaciones y exportaciones, acrecentó los impuestos, quitó
mano de obra a las manufacturas. A todo esto, como efectos imponderables para un
estancamiento y caída, se adunaron la subordinación militar a Gran Bretaña que hizo perder al
español autonomía de decisiones, luego transmitida al campo económico financiero con la
"importación" de Mendizábal, y el afrancesamiento de los intelectuales que torcieron el alma
llevándola a bizantinismos políticos. Liberales y absolutistas, contradiciéndose, se
complementaron para ayudar a acabar con el prestigio español. La Generación del 9 8, con casi
un siglo de retraso, trató de rescatar aquel pasado glorioso, que su fuente ideológica había
destrozado.
Se cumplía con España el destino de todos los imperios, aunque su curva descendente se
diferenciara de la línea casi vertical que marca el ocaso británico al término de la última guerra
mundial. Supremacías de más de un siglo han desaparecido en menos de un lustro.
América fue el reflejo. Las mismas causas con iguales efectos. La teoría inglesa de libre comercio
hizo tantos estragos como las guerras entre virreinatos, con el agravante que impidió restañar las
heridas sufridas por las industrias americanas que complementaban los altos beneficios obtenidos
con las exportaciones de minerales, carnes, cueros, trigo, maderas, fármacos, azúcares, cacao,
tabacos, etc. La guerra y los empréstitos y los déficit de la balanza de pagos hiciéronle perder las
reservas metálicas. En 1825 el Río de la Plata importaba monedas de oro. (29).
La importancia de Montevideo resbaló por esa curva descendente convirtiéndose en simple ciudad
portuaria. La que fuera rectora y conservadora de soberanía de áreas marítimas y terrestres del
levante hispanoamericano se reducía a la condición de receptora de tutorías europeas, callando,
tantas veces, ante desplantes verbales de simples agentes consulares. El ocaso del Apostadero
no pasó por la etapa senescente. Llegó de improviso, empujado por los vientos solanos, que
soplaban en favor de las potencias industriales europeas.
El ritornelo: Montevideo se empinó por impulso americano, por efectos naturales y no prestados
por una asistencia foránea. Decayó acompañando las declinaciones del continente de habla
hispánica. Llegaba "la época más infeliz de Montevideo".

NOTAS DEL CAPITULO V

(1) El gobernador de Buenos Aires Rodríguez Valdés de la Banda señalaba el acortamiento de distancias y la 
disminución  de  fletes  de  llegar  a  utilizar  el  Río  de  la  Plata  como  punto  comercial.  Hernandarias,  el  "hombre  muy 
platico", contradijo y retardó la apertura. 
(2) E]  Tratado  también  ejerció  influencia  sobre  colonias  francesas  e  inglesas  de  América  del  Norte.  La 
Compañía  del  Misisipí,  con  monopolio  de  compra  de  pieles  en  1717,  alcanzó  gran  prosperidad,  derivando  en  la 
fundación  de  Nueva  Orleans.  "La  industria  y  el  comercio  coloniales  prosperaron  como  no  habían  prosperado  nunca 
durante  el  medio  siglo  que  siguió  al  tratado  de  Utrecht.  La  razón  fue  un  aumento  en  los  precios  de  los  productos 
coloniales  en  las  Islas  Británicas  y  en  Europa  continental.  Esa  elevación  trajo  consigo  el  aumento  de  producción. 
MORRISON y COM‐MAGER, op. cit. I pág. 104 ‐ 105. Promovieron ese desarrollo las leyes proteccionistas‐monopolistas 
de 1733; ley de azúcar y las melazas; el crecimiento de la cultura agrícola (exportación de granos y harina), el aumento 
de  la  pesca  y  la  suba  de  precios  del  tabaco  (que  habían  bajado  en  el  XVII)  por  la  difusión  alcanzada  por  el  vicio  de 
fumar.  Los  beneficios  tocaron  a  la  República  India  (Las  Seis  Naciones  del  Oeste),  cuyas  arcas  comunitarias  se 
engrosaron con los resultados de la exportación de pieles por Nueva York. 
Pareciera  que  el  mundo  occidental  hubiese  estado  retenido  hasta  Utrecht,  y  que  entonces  se  le  abriesen  las 
puertas del progreso. Señala claramente el ocaso del mercantilismo que se basó exclusivamente en la riqueza metálica. 
Después de Utrecht la mejor moneda fue la fundada en el trabajo, la producción y la venta. 
(3) Cf. VILLALOBOS, Sergio. Comercio y contrabando en el Río de la Plata y Chile (1700 ‐ 1811); SIERRA, Vicente 
D. Historia de la Argentina T. II; MARTÍNEZ MONTERO. Geopolítica del Plata. 
(4) Una de estas rutas partía de Buenos Aires, pasaba por Tucumán y Potosí y concluía en Lima. Avanzado el 
siglo XVII fue abierto en cierto modo con la creación de la Aduana Seca de Córdoba, con restricciones suficientes para 
desanimar  a  los  traficantes.  Fue  usada  por  los  peruleiros,  comerciantes  que  procedían  del  Brasil  (bandeirantes  del 
comercio).  Cf.  PARRY.  J.  H.  El  imperio  español  de  Ultramar  p.  104.  En  el  siglo  XVIII  las  trabas  desaparecieron  y  el 
obstáculo cordobés apenas incidió en el encarecimiento de las mercancías importadas. A partir de la segunda mitad del 
dieciocho Buenos Aires se convirtió en la Aduana Seca o puerto seco de toda esa vasta región interior sudamericana. 
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(5) El Cap. de Navío Diego de Albear decía en su Diario ( 1 7 8 4 )  que la ciudad había adelantado sensiblemente 
con el repunte del libre comercio. "Esta es la época más feliz para Montevideo". 
(6) Las  largas  columnas  de  muías  que  habían  servido  para  difundir  por  Sudamérica  las  mercancías 
desembarcadas  en  Panamá  y  distribuidas  desde  Lima,  invirtieron  la  corriente  en  el  siglo  XVIII.  Transportaron  del 
interior  o  del  Pacífico  cruzando  la  cordillera,  hacia  Buenos  Aires  y  Montevideo  para  la  exportación,  las  producciones 
locales. Y llevaron al interior del virreinato peruano las mercancías descargadas en Montevideo y reembarcadas para 
Buenos Aires. Tal desviación de dirección de fuerza ejercida por el comercio rioplatense hizo de Salta (centro argentino) 
el  mayor  mercado  de  muías  del  mundo.  JOHN  MAWE  dijo  que  por  Montevideo  se  exportó  cobre  chileno  en  bruto. 
BHEME, N* 912‐95, pág.  66. 
(7) LYNCH, John. La Administración colonial española, p. 28. El 5 de marzo de 1781 salió de este río una flota 
de 24 naves cargadas hasta el tope, con un desplazamiento total de 6.89 7 tns., y conduciendo principalmente 4 09.8 
23  cueros.  De  1792  a  1796  el  promedio  anual  de  exportaciones  fue  de  dos  millones  y  medio  de  pesos.  En  180  2 
entraron en Montevideo procedentes de España 188 buques de alto bordo; salieron para allá 166. El movimiento de 
cabotaje  dio  estas  cifras:  entrados  648,  salidos  640.  El  fenómeno  se  espejó  en  España.  V.  gr.  en  1774  entraron  en 
Alicante  714  naves,  de  las  cuales  164  españolas,  249  inglesas,  147  francesas,  118  holandesas  y  el  resto  de  banderas 
varias, H.H. Tomo XXVI, pág. 935. 
(8) En  el  área  marítima  del  medioevo  la  expresión  más  egoísta  correspondió  a  Génova  y  Venecia,  rivales 
empeñadas  de  hacer  del  Mediterráneo  un  mar  cerrado.  Esto  coadyuvó  al  debilitamiento  de  los  reinos  cristianos  de 
Oriente y del Imperio Bizantino y a la ascensión de Turquía al rango de potencia terrestre y naval al alborear la Edad 
Moderna. 
(9) Aunque estas concesiones se dieron a particulares en pago de deudas contraídas por la compra de votos de 
electores del Imperio Germánico, empezaron a ser negadas secretamente (Carta de Carlos I al Consejo de Indias del 3 0 
de junio de 1549), a fin de no levantar resistencias entre los príncipes protestantes que, vencidos en Mulberg ( 1 5 4 7 )  
debían en 1548 aceptar el ínterin que los ponía nuevamente dentro de la Iglesia Romana con ciertas condiciones. Así se 
explica  que  hubieran  alemanes  en  México  gozando  de  privilegios  industriales,  como  Micer  Enrique  y  Alberto  Cuen,  
autorizados para plantar y exportar azafrán. 
Había en toda Nueva España muchos ingleses, alemanes, genoveses, franceses, flamencos, griegos y portugueses, 
dueños de imprenta, mercería, quincallería y lienzos preciosos. Vino también desde el XVI una colonia de chinos, muy 
numerosa  (Hispano  filipinos).  CUEVAS.  Historia  de  la  Iglesia  en  México.  T.  III  pp.  27  y  sig.  En  1603  muchos  de  estos 
chinos  estaban  ocupados  como  trabajadores  (artesanos)  en  la  industria  textil  fina.  ZAVALA,  Silvio  y  CASTELO,  María. 
Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España, T. V p. 81. 
(10) ALTAMIRA,  T.  III  p.  481.  El  porcentaje  de  franceses  se  elevó  en  tiempo  de  los  Borbones.  En  Cuyo 
(Argentina) llegaron a ser numerosos, alistándose en las banderas españolas para escapar del destierro. ESPEJO, Juan L. 
La Provincia de Cuyo del Reino de Chile. T. II pp. «46, 630 a 601. 
(11) "La  corona  fomentó  en  Indias  la  agricultura  y  la  producción  de  metales  y  materias  primas  (1500‐
1550)". LARRAZ, José. La época del mercantilismo en Castilla (1500‐1700). pp. 21‐212. 
(12) Sólo de 1563 a 1584 de 56 naves que llegaron a La Guaira, Coro, Burburata y Caraballeda 33 procedían de 
La Española, 3 de España y 8 de las Canarias. El volumen de exportaciones de cacao venezolano a México era superior 
al enviado a España. ARCILA FARIAS, Eduardo. Comercio entre España y Venezuela en los Siglos XVII y XVIII. pp. 65, 358, 
2»~>9, 370, 439 y 445. 
M. Prezier viajero francés que visitó Sudamérica de 1712 a 1714 dijo que el intercambio entre virreinatos era muy 
intenso. ZAVALA, Silvio. América en el espíritu francés del siglo XVIII, p.  1 (17. 
(13) Juan  VI  decretó  la  apertura  de  los  puertos  brasileños  el  2  8  de  enero  de    1808,  aunque  fijando  en  un   
2 4 %    los  derechos  de  importación. 
(14) OTS y CAPDEQUI, J. M. Las Instituciones de Nueva Granada al tiempo de la Independencia, p. 178. 
(15) ARCILA  FARIAS,  pp.  273 ‐273. 
(16) ALTAMIRA,  T.  IV  pp.  281  a 283. 
(171     Historia de Inglaterra y los Ingleses. Lib. VII Cap. III. 
(18) Informe de Liniers del 16 de marzo de 1809. Archivo General de Indias. Buenos Aires legajo 96. 
(19) También  se  había  robustecido  el  comercio  interamericano.  En  180  2  entraron en  Veracruz  291 buques; 
148  de  España y  143  de  distintos  puntos  de  América.  Salieron  267,  de  ellos  112  para  España y  153  para  puertos  del 
continente americano. En 1803 entraron 214: de España 103 y de América 111. Salieron 205: 8 2 para España y 123  
para puertos americanos. 
Cualquier  amago  de  trabar  ese  comercio  interamericano  fue  frustrado  por  la  Corona.  La  cédula  del  18  de 
setiembre de 1803 dispuso que en los reinos de Nueva España, Nueva Granada, Perú y Guatemala se observaran "las 
Reales Ordenes sobre fomento del comercio y navegación recíprocos entre los puertos del Mar del Sur". Se estaba a 
tres años de las invasiones inglesas al Río de la Plata, con su novedosa bandera de libertad comercial... 
(20) El  flete  anual  del  transporte  de  cueros  desde  Montevideo  rendía  en  1795  alrededor  de  un  millón  de 
pesos.  Noticias  sobre  los  campos  de  la  Banda  Oriental,  p.  369.  "Un  comercio  pacífico  que  nadie  venga  de  afuera  a 
disfrutar". IBID, 395. 
(21) No  alteraron  estos  principios  las  concesiones  aisladas  para  dar  salida  de  producciones  americanas  que 
corrían riesgos de estancamiento. V.Gr. la venta de tabaco venezolano en puertos holandeses y el comercio ocasional 
(períodos de paz o de neutralidad)  con las colonias inglesas, francesas, danesas y holandesas. 
(22) Las  restricciones  inglesas  para  el  uso  de  moneda  acuñada  en  Londres  hizo  que  el  signo  español  de  las 
cecas americanas fuera usado para todo tipo de transacciones. El siglo XVIII presenta una Norteamérica incrustada en el 
área de los pesos y doblones. 
(23  Antes  de  1765  el  comercio  ultramarino  se  hallaba  en  buena  parte  en  manos  americanas.  Los  autores  de 
Noticias Secretas de América escribían: "Si volvemos los ojos a los puertos del mar veremos que tanto comercio hacen 
ellos (los criollos) como los europeos..., que no hay duda que ahora lo hacen en parte, mayormente cuando siéndoles 
entonces más considerables las ganancias por ser menos, su atractivo  inclinaría toda su atracción más a ellas",  pag. 
328. 
(24)  Noticias sobre los campos, etc. pp. 420 ‐ 421. "Podemos decir, con verdad, que los Americanos tienen sus 
Indias en Europa". IBID, 430 ‐ 431. 

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
En México hubo de producirse un fenómeno similar, extendiéndose sus efectos al interior. En Saltillo, "entre los 
comerciantes de la villa se han hecho dos partidos: criollos y gachupines, que perturbaban la paz pública, y como los 
primeros  en  mayor  número  y  de  mejores  caudales  tienen  oprimidos  a  los  últimos,  los  mortifican  cuanto  pueden". 
MORFI, Juan A. Viaje de Indias y Diario del Nuevo Mundo, p. 391. (Visita pastoral de 1777 a 1778). 
(25)  Breve relación Geográfica y Política de la Gobernación del Río de la Plata, que envió en 1760 a pedido del 
Rey  de  España.  Archivo  del  Museo  Mitre,  Armario  BC  18  p.  2  Buenos  Aires.  Estos  comerciantes  opulentos  habían 
introducido "mucho número de coches y calesas". Sus fortunas se multiplicaron con el libre comercio al punto que la 
plutocracia porteña de principios del siglo XIX, casi su totalidad, se formaba de nativos de América. 
(26) LAFUENTE  MACHAIN,  R.  Buenos  Aires en el siglo XVIII,  T.  II  p.7. 
(27) Las naves de Medina atendieron el tráfico con Malvinas y la Patagonia. 
(28) El editor de Noticias Secretas de América en la nota de la pag. 459 da la lista de las compañías inglesas 
que remplazaron a los dueños de minas de México, Perú y Río de la Plata, formadas en Londres "en el espacio de poco 
más de un año". En total eran veinticuatro. 
Otro  autor  mexicano  se  ocupa  de  ese  traspaso  de  explotación  metalífera  que  habían  monopolizado  condes  y 
marqueses mexicanos del XVIII. ZAVALA. Silvio, LA Revolución, la Independencia, la Constitución de  1824. 
(29) Ese año los bergantines ingleses Julie y Wevel Par desembarcaron en Buenos Aires 10.9 91 onzas de oro 
de los empréstitos contraidos en Gran Bretaña. 
 
 

55 
Leslie Crawford 
   
CAPITULO VI 

MONTEVIDEO Y LA INTEGRIDAD HISPÁNICA LOS TEATROS 
BÉLICOS 
La trascendencia del Apostadero como pieza decisoria en el juego militar y diplomático del siglo
XVIII, se comprende mejor con una relación de hechos de guerra y acuerdos internacionales.
Muestran un mundo hispánico en permanente milicia, enfrentándose, a menudo con desigualdad
de fuerzas, a la conjunción enemiga. No siempre vencedor ni siempre vencido, cantó muchos
péanes. Los celos forjados por supremacía de los siglos XVI y XVII lo llevaron a soportar
combinaciones de antagonistas que fueron escomiendo su potencial tanto sustancial como de
sobrefaz. No perdió vertiginosamente su condición de superpotencia. Consideramos un error, en el
cual hemos caído tantos, alucinados por el esplendor de la obra misional de los siglos XVI y XVII.
sin parangón en la historia de la humanidad, colocar la asociación hispana en plano de inferioridad
en el siglo XVIII. Perdió parte, si, de su alma, viniendo a menos en la tarea misional por
trabazones políticas y doctrinarias importadas. Pero en los padrones de la mecánica militar y
económica de ese siglo no cedió lugar a los que en el XIX serian sus sucesores. Tuvo grandes
horas que coincidieron con las grandes derrotas inglesas. Con reciedura enfrentó golpes
combinados. Su pavés defensivo no sufrió daños que tantos diagnosticaran, ni se ablandó la
cascara ferreña del pueblo para las reacciones de soberanía. Recién entrado el siglo XIX manos
inexpertas y mentes mediocres la desvistieron de poder y enturbiaron su visión política. Influencias
imponderables reñidas con el espíritu hispano diluyeron la fuerza acumulada en tradición
multisecular. Mas que las armadas y los ejércitos enemigos hicieron las tendencias ideológicas
reimportadas con rótulo liberal desnaturalizador. La francofilia primero y la anglofilia después,
prefiguraron la "España de Pandereta" que, por paradoja la generación liberal del 98 ha tratado de
borrar para lograr la emersión del pasado glorioso.
La exposición cronológica de hechos bélicos y diplomáticos, dividida por teatros, presenta el mejor
diagrama, tanto de una América del Sur como un Montevideo proyectados sobre Europa.

TEATRO BELICO MARÍTIMO


A) En Europa (Atlántico y Mediterráneo)
1702-1711 Guerra de Sucesión Española.
1702 Fracasa ataque inglés a Cádiz. Incendio en la Bahía de Vigo, de la flota española
procedente de América. Expedición Española a Nápoles.
1704 Frustrado desembarco anglo-holandés en Barcelona. Los ingleses se apoderan de Gibraltar,
pero no de Ceuta.
1705 Sitio español de Gibraltar y bloqueo inglés de Cádiz. Ocupación de Barcelona por los
ejércitos del Pretendiente austríaco.
1708 España pierde la plaza marítima de Oran.
1709 Cerdeña y Menorca ocupada por los ingleses.
1714 Los españoles reconquistaron Barcelona, abandonada por los ingleses y holandeses
(compromiso de Utrecht).
1717 España reconquista Cerdeña. Felipe V organiza la marina española.
1718 Reconquista de Sicilia. La flota inglesa vence la española en Cabo Passaro. Cuádruple
alianza (Austria, Francia, Inglaterra y Saboya) contra España.
1719 Un temporal destruye la flota española en Cabo Finisterre. Fracaso de la expedición
española sobre Escocia y Bretaña francesa. Ataques combinados anglo-franceses en el
Cantábrico. Una flota inglesa ataca, ocupa y saquea Vigo.
1720 España evacúa Sicilia y Cerdeña. Expedición punitiva española contra Marruecos.
 

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1724 Fundación de Montevideo.
1727 Sitio español de Gibraltar.
1731 Expedición anglo-española a Liorna. Revierten a la Corona española los Ducados de Parma
y Toscana.
1732 Grande Armada española contra Marruecos (600 embarcaciones y 26.000 hombres al
desembarco). Oran reconquistada y España neutraliza el dominio inglés sobre el estrecho de
Gibraltar y el Oeste del Mediterráneo C1).
1734 Expedición española a Nápoles. Reconquista de Sicilia. Los Borbones españoles en el trono
del sur de Italia.
1738 Guerra naval anglo-española. Corsarios españoles acosan la navegación inglesa. La flota de
Indias burla el bloqueo de las aguas de la Península. Se amplía a América el teatro de guerra.
1740 Sitio español de Gibraltar. Amagos españoles de desembarco en Menorca e Irlanda.
Fracasado ataque inglés contra El Ferrol.
1741-1742 Campaña de los tres Borbones en Italia. Una flota española apoya las operaciones
terrestres.
1749 Fin de la campaña naval española en Italia.
1750-1760 Decenio de Paz. La inquietud seria tiene por escenario América. Ejércitos Hispano-
lusitanos libran la Guerra contra la Provincia Uruguaya del Tape (1754-1757) en aplicación del
Tratado de Madrid (1750). (2) Hostilidades corsarias inglesas contra naves españolas neutrales.
Recrudece la represión española de la actividad corsaria argelina. De 1752 a 1769 José de
Córdoba y Ramos y de 1760 a 1764 Antonio de Córdoba y Laso, como jefes corsarios españoles
barren las aguas mediterráneas de corsarios argelinos.
1761 Pacto de Familia. Alianza defensivo ofensiva naval entre los Borbones de Francia (Luis XV),
de España (Carlos III) y de Nápoles (Fernando IV) para combatir el creciente poderío inglés.
1774-1775 Fracaso de la expedición española contra plazas fuertes de Marruecos (Meli-11a,
Ceuta, Oran, Gomera y Alhucemas). (3)
1776-1777 Guerra marítima contra Portugal. Principales acciones en el Atlántico Sur de la, más
poderosa flota enviada por España a ultramar. Institución del Apostadero Naval de Montevideo
1778 La escuadra combinada franco-española, de 68 navios, al mando de Luis de Córdoba,
domina el Canal de la Mancha.
1779-1783 Guerra marítima de Francia y España contra Inglaterra en favor de las XIII Colonias;
1780, triunfo de la española sobre la inglesa en las Azores; rechazo de ataques ingleses en
Antillas y América Septentrional; en Cabo Santa María la escuadra española vence a la inglesa
apresándole 55 naves del convoy; 1781 nueva derrota naval inglesa en el Canal de la Mancha con
pérdida de 24 velas; 1783 combate favorable a España en Cabo Espartel y reconquista de
Menorca. La flota inglesa barrida del Mediterráneo. Paz con Turquía y compromiso de la Sublime
Puerta de no auxiliar a los berberiscos; 1788: bombardeo español de Argel y neutralización de
los corsarios argelinos.
1780-1781 Primera neutralidad Armada. Rusia, Suecia, Austria, Dos Sicilias, Holanda, Dinamarca
y Prusia unidas contra los abusos del Almirantazgo inglés sobre los buques neutrales. (4) Dominio
franco-español del Mediterráneo, Atlántico y Pacífico.

1780-1790 Decenio del apogeo marítimo español.


1784 Piratas berberiscos derrotan una escuadra española.
1785 Alianza familiar hispano-lusitana. (5)
1787 Se formaliza la creación del Ministerio de Marina Español.
1783-1793 La marina española orienta su actividad en la paz a la investigación oceánica y
astronómica y a exploraciones de costas e islas en los océanos Atlántico, Pacífico e Indico.
1792-1795 Guerra Franco-Española. Desembarco anglo-español en Tolón.
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Leslie Crawford 
   
1795 España rompe sorpresivamente su alianza con Inglaterra y retorna al compromiso con
Francia, en respuesta a las violaciones inglesas del derecho de navegación comercial español.
España y la Confederación Americana de los EE. UU. de N. A., unen esfuerzos para frustrar las
"visitas" inglesas en alta mar.
1796-1797 Se intensifica la guerra marítima. Derrota de la flota española en Cabo San Vicente,
Mazarredo vence a Nelson frente a Cádiz. Nuevo fracaso de Nelson en Tenerife (Canarias).
1798 Nápoles conquistada por Napoleón. Menorca otra vez en manos inglesas. Presión rusa
sobre España para que rompa su alianza con Francia. Una armada española rechaza la inglesa en
la cesta Atlántica peninsular. Nelson aniquila la flota francesa en Abukir, una de las más completas
de la historia naval. Recae sobre España el peso de la resistencia en el mar.
1799 Grave crisis económica española detiene el esfuerzo armamentista naval. Napoleón impone
mando único a la flota combinada hispano-francesa. Resistencia de los mandos españoles
encabezada por Mazarredo.
1800 Los ingleses son rechazados en Ferrol y Cádiz. El bloqueo inglés inmoviliza fuerzas navales
hispano-francesas en puertos atlánticos y mediterráneos. Segunda Neutralidad Armada: Rusia,
Suecia, Dinamarca y Prusia combinan sus esfuerzos. Ocupación inglesa de Malta. La Home Fleet
señora del mar del Norte Océano Atlántico del Norte y Mar Mediterráneo.
1801: España y Portugal en guerra. Inglaterra recobra influencia en la Corte de Lisboa, a la que
asiste en sus operaciones contra España. Batalla de Algeciras y derrota naval franco-
española. Sorpresa de Copenhague y destrucción de la flota danesa por Nelson. Inglaterra
neutraliza el Báltico y el Mar del Norte.
1804 Inglaterra intensifica el bloqueo continental de Europa.
1805 Batallas de Finisterre y Trafalgar. destrucción de las flotas española y francesa. Inglaterra
dueña de los mares.
1806-1807 Bloqueo continental impuesto por Napoleón con el apoyo español. Primera invasión
inglesa al Plata. Ocupación de .Maldonado y Gorriti. Desembarco en Buenos Aires, reconquista de
Buenos Aires por fuerzas combinadas de Montevideo y Buenos Aires.
1807 Segunda Invasión Inglesa. Asalto y ocupación de Montevideo. Fracaso del ataque a Buenos
Aires. Rendición incondicional Inglesa y retirada militar conforme los términos de capitulación con
cláusula de restitución de todo lo alzado. Omisión inglesa de restituir archivos, documentos y
materiales de la Real Compañía Marítima de Maldonado.
1808 Junta de Montevideo.
1810 Junta de Buenos Aires.
1811 Alzamiento de la Banda Oriental y población de la región de Montevideo. Sitio de la plaza.
1812 Montevideo jura la Constitución Española de Cádiz.
1813 Artigas reclama los límites de 1777 (sector mediterráneo) y rompe formalmente vínculo
político con España.
1814 Derrota de Napoleón. Capitulación de Vigodet en Montevideo y Tratado de París.
1815 Congreso de Viena. La Santa Alianza. Los territorios hispánicos de ultramar en reserva.
1816 Invasión militar de Portugal a la Banda Oriental y territorios misioneros. Reclamación
española en el Congreso de Viena.

B) ATLÁNTICO NORTE
1702-1711 Guerra de Sucesión Española. Ataques ingleses contra Florida. Ocupación de San
Agustín y destrucción de Panzacola.
1724 Fundación de Montevideo
1742 Una flota de 32 barcos españoles fracasa en su intento de conquistar Georgia (América.
Inglesa).

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
1750-1760 Corsarios ingleses infestan el Atlántico Norte atacando naves españolas, exigiendo
esfuerzos navales de consideración a los mandos hispanos.
1766 Institución del Apostadero Naval de Montevideo (6)
1779-1780 España e Inglaterra en guerra (7) Gálvez invade Florida occidental y ocupa Mobile.
Colapso naval inglés en la bahía de Chesapeake.
1781-1782 España reconquista Florida Oriental y las plazas de San Agustín y Panzacola.
1796 Disuelta la alianza naval anglo-española de 1792 a 1795, una flota hispana destruye más de
cien naves mercantes inglesas en aguas de las XIII Colonias y Canadá.

C) MAR ANTILLANO — GOLFO DE MEXICO


1702-1711 Guerra de Sucesión Española.
1707-1708 Ataque inglés a La Habana y golpe sobre la flota de Tierra Firme. Operaciones contra
Tabasco (México), Puerto Rico y Trinidad. Ocupación inglesa de Bahamas. Corsarios ingleses
bloquean puertos españoles de México y Antillas.
1724 Fundación de Montevideo
1739 Ataque Inglés a Portobelo y La Guaira. Ocupación y retirada. Fracaso de Vernon frente a
Cartagena. Anson acomete las costas occidentales sudamericanas y fracasa ante Panamá y
Acapulco.
1762 Guerra contra Inglaterra. Ocupación inglesa de La Habana.
1766 Institución del Apostadero de Montevideo
1781-1782 Expulsión de los ingleses de Belice, Providencia y las Bahamas. Ataques ingleses
frustrados contra Puerto Rico y victoriosos en Trinidad.
1783-1785 Gestiones de Miranda por sublevar Venezuela y Colombia con apoyo inglés.
1805 La armada franco-española frustra una operación de Nelson contra posesiones antillanas.
(Ultima acción favorable frente a Inglaterra). Batalla de Trafalgar,
1806-1807 Doble fracaso y capitulación inglesa en el Río de la Plata.

D) OCÉANO PACIFICO
1702-1711 Guerra de Sucesión Española.
1709 Los ingleses atacan Guayaquil, saqueándola. Apresan naves de la carrera Acapulco-
Filipinas. Recrudece la actividad corsaria en el Pacifico e Indico.
1723-1730 Blas de Lezo limpia de corsarios las aguas de Chile y Perú y captura seis navios de
línea ingleses.
1724 Fundación de Montevideo
1740 Anson cruza el Cabo de Hornos y se presenta ante las Islas de Juan Fernández. Fracasa
ante Valparaíso. Saquea Paita y es rechazado en Panamá y Acapulco.
1743 Armadilla inglesa derrotada en Cabo de Hornos.
1762 Ocupación inglesa de Manila. Resistencia española en el interior. La piratería musulmana se
asocia a los corsarios ingleses. Por años distrae fuerzas navales españolas en el área de la región
marítima Filipinas Maluco y Célebes.
1776 Institución del Apostadero de Montevideo.
1781 Fracaso inglés de apoyo a Tupac Amaru.
1784 Desembarcos rusos en la costa norte de Alaska.
1789 Naves españolas desalojan ingleses de Nootka Sound (Vancouver).

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Leslie Crawford 
   
1790-1796 Expediciones pesqueras inglesas con apoyo naval a las costas occidentales de
América del Norte. (8) Se extienden a Sudamérica Occidental.

E) ATLÁNTICO SUR
1702-1711 Guerra de Sucesión Española. Conflictos con Portugal e Inglaterra en el Río de la
Plata. (Colonia del Sacramento).
1713 Tratados de Utrecht y devolución de la Colonia a Portugal. Apertura del Atlántico Sur,
hasta el paralelo 35, para Inglaterra.
1720 batalla de Maldonado y derrota de la piratería francesa.
1723, Los portugueses que desembarcan en la Bahía de Montevideo son expulsados de
inmediato.
1724 Fundación de Montevideo
1737 Comienzo de la ocupación portuguesa de la costa atlántica. Rotura de la línea de Vacaría y
avance hacia la región de las Lagunas.
1739 Anson recorre la costa atlántica, cruza el Río de la Plata, invade el Mar Epicontinental y pasa
por el Estrecho de Drake (Ruta del Cabo de Hornos) hacia el Pacífico. La presencia inglesa alienta
operaciones marítimas portuguesas. Una flotilla lusitana apoya la operación de penetración
terrestre realizada por Silva Paes pero fracasa ante Maldonado.
1762 Ceballos ocupa la Colonia del Sacramento y apresa 26 naves inglesas. Primera, liquidación
de planes ingleses de ocupación militar del Río de la plata. (La aventura de penetración comercial
liquidada en 1750).
1764 Francia desembarca en una de las Malvinas.
1766 Inglaterra ocupa otra de las Malvinas.
1767 Expedición Ruiz Puente. Recuperación española de las Malvinas, con partida desde
Montevideo.
1770 Los ingleses son expulsados de las Malvinas por otra acción naval dirigida desde
Montevideo. Retornan al poco tiempo.
1774 Inglaterra abandona las Malvinas.
1776 La flota portuguesa ataca la española en el Río San Pedro. Guerra contra Portugal. La más
brillante expedición naval española llega a Montevideo al mando de Casa-Tilly. Nueva conquista
de la Colonia. Paseo militar y naval hasta Santa Catalina. Institución del Apostadero de
Montevideo. Tratado de San Ildefonso. Fijación de la frontera marítima y lacustre hispano-
lusitana en la América del Sur, entre Chuy y la margen oriental de las lagunas. Montevideo base
de operaciones futuras sobre la costa africana. (Incorporación de Fernando Poo y Annobon al área
del Río de la Plata). La definición de San Ildefonso representa un trueque de uti possidetis. El de la
región filipina, por el reciente de la zona oriental de la Provincia Uruguaya del Tape.
1780-1784 Fundaciones de pueblos portuarios en la Patagonia por el Apostadero de
Montevideo.
1787 Tensión hispano-holandesa por la navegación por el Cabo de Buena Esperanza y
revalorización de la ruta del Cabo de Hornos y Estrecho de Magallanes.
1790 Naves del Apostadero de Montevideo al mando de Antonio de Córdoba y Laso
rechazan incursiones navales francesas. Protección de las comunicaciones del Río de la
Plata hacia el Perú por la vía marítima del Cabo de Hornos y Estrechos.
1801 Guerra hispano-lusitana. Naves del Apostadero alejan corsarios ingleses y hacen muchas
presas. Corsarios montevideanos extienden operaciones al Océano Indico. Fuerzas irregulares
portuguesas invaden las Misiones Orientales, ocupando los Siete Pueblos. Portugal desiste atacar
Montevideo y Maldonado por el lado del mar, reconociendo su poderío y artillería.
1805 Batalla de Trafalgar.
1806-1807 Doble fracaso inglés de ocupar el Río de la Plata.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
1S08 La marina española de Montevideo mantiene su lealtad a la Junta Peninsular y rechaza
incitaciones de la Princesa Carlota.
1810-1814 El Apostadero de Montevideo y el Gobierno Militar asumen la responsabilidad de
mantener la ciudad, fuerzas navales y Banda Oriental dentro del Estado Español. El
pronunciamiento artiguista reduce el área de poder Territorial del N. del Río de la Plata a la ciudad
amurallada. En junio de 1814 por Pacto con Buenos Aires, el Apostadero, las Malvinas y la
Patagonia pasan en depósito a Buenos Aires, con compromiso de su reintegración.

A) TEATRO BÉLICO TERRESTRE EN EUROPA


1702-1711 Guerra de Sucesión Española. Inglaterra, Austria. Holanda firman en La Haya una
alianza en 1702 para sostener al pretendiente austríaco. Se unen en 1703 en Ratisbona, Portugal,
Saboya y la Dieta Imperial.
1702 Felipe V desembarca en Nápoles y aplasta la rebelión contra el Virrey español. Asistido por
un ejército francés derrota en el Po las fuerzas imperiales y asegura el Milanesado para España.
1703 Tropas españolas en Italia expulsan a los alemanes de Vercelli. Derrotan un ejército anglo-
holandés en los Países Bajos.
1704 Desembarco de 8.000 ingleses y 6.000 holandeses en Lisboa, para apoyar el frente lusitano
pro austríaco. Un ejército español opera en el Rin. Se extiende la guerra en suelo español. Tropas
españolas invaden Portugal y ocupan Alentejo, Castelho Branco y otras localidades.
1705 Rebelión en varias provincias españolas contra Felipe V. Valencia y Cataluña ocupadas por
ingleses y holandeses. Aragón se pronuncia por el Austríaco.
1706 Fracasa ataque de Felipe V contra Barcelona. Otro ejército anglo-portugués invade España,
Caen Alcántara y Ciudad Rodrigo. Ocupación momentánea de Madrid.
1707 Inglaterra vence en Ramilliers y rinde Malinas, Bruselas y el Brabante Español. España
pierde Flandes. Triunfos parciales españoles en Italia. Los imperiales ocupan el Milanesado.
Nápoles reconoce al Pretendiente. Batalla decisiva de Almansa en España y reconquista de
Valencia Zaragoza y Ciudad Rodrigo. Retirada anglo-lusitana hacia la frontera.
1708 Éxitos favorables de Felipe V, neutralizados por la caída de Oran en poder de los argelinos
asistidos por ingleses, alemanes y holandeses.
1709 Continúa la guerra en los Países Bajos, Italia, Alemania y España.
1710 Derrota castellana en Zaragoza. El austríaco entra en Madrid que abandonó bajo presión
popular. Victorias de Brihuega y Villaviciosa.
1711 Paz de Urtrecht. Felipe V reconocido Rey de España por las Potencias enemigas. Sumisión
de Barcelona y fin del conflicto.
1718 España recupera Sicilia.
1719 Francia declara la guerra a España, se apodera de las provincias vascongadas e invade
Cataluña,
1724 Fundación de Montevideo
1733 España en guerra con Austria expulsa los imperiales de Nápoles y Sicilia. (establece la línea
de reyes borbónicos de las Dos Sicilias.
1740-1748 Guerra de España (contra Austria e Inglaterra. Escenario: Italia. Paz de Aquisgrán.
1750-1760 Diez años de paz y neutralidad.
1761 Pacto de Familia. España asume responsabilidad en guerras de Francia.
1762 Guerra contra Inglaterra. España. invade Portugal aliado de Inglaterra y ocupa Almeida. Las
acciones con Inglaterra se libran en el mar.
1766 Motines de Madrid, Zaragoza, Guipúzcoa, Andalucía, Aragón y Navarra debilitan el esfuerzo
bélico español.

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Leslie Crawford 
   
1767 Expulsión de los Jesuitas. Campaña publicitaria contra España. Recrudece la Leyenda
Negra. Inglaterra inicia en 1767 la política de atracción de los detractores hispanos católicos.
1774-1775 Guerra contra Argel.
1792-1795 Alianza con Inglaterra y guerra contra Francia. Invasión del Rosellón, toma de Hendaya
y otras poblaciones francesas. Derrota francesa en Aragón. Cambia la suerte de las armas y
Francia se apodera de Rosas y Figueiras, en Cataluña, San Sebastián y Tolosa, en las
Vascongadas. Reacción española en 1795. Avance en Cataluña y derrota en Vasconia. Nueva
alianza con Francia.
1801 España invade Portugal. Triunfos limitados (Guerra de las Naranjas).
1802-1807 España unida a Francia se compromete en guerras terrestres.
1808 Los ejércitos napoleónicos en marcha sobre Portugal ocupan España. Motín de Aranjuez.
Murat entra en Madrid. Abdicación de Carlos IV. José Napoleón, Rey de España. Levantamiento
del pueblo madrileño. La revolución independentista incendia toda España y contagia los reinos
ultramarinos.

II) EN AMERICA
1702-1711 Guerra de Sucesión Española.
1701-1708 Conflictos con Portugal motivan el traslado de Santo Domingo Soriano como
bastión de sitio de la Colonia del Sacramento, tomada en 1705 y devuelta en 1716.
1715 Agentes comerciales ingleses se establecen en el Río de la Plata. (Las Vacas).
1723 Fugaz ocupación portuguesa de la Bahía y accesos de Montevideo.
1724 Fundación de Montevideo
1730-1731 Indios minuanos y charrúas instigados por Portugal hacen la guerra a los pobladores
montevideanos.
1735-1737 Invasión portuguesa del Río Grande del Sur. Llega hasta la región lacustre y campos
misioneros. Fortificaciones portuguesas en el oeste de la Laguna Merín. Paes Leme llega hasta
Maldonado y se retira.
1739-1740 Ataques ingleses contra puertos y costas americanas movilizan lis milicias nacionales
de todo el Nuevo Mundo.
1754-1757 Guerra hispano lusitana contra los pueblos Tapes.
1762-1763 España retoma la Colonia del Sacramento.
1776-1777 Guerra contra Portugal. Conquista definitiva de la Colonia. Un gran ejército y una
poderosa flota española vencen las fuerzas invasoras lusitanas y avanzan hasta Santa Catalina.
Institución del Apostadero Naval de Montevideo Paz de 1777.
1778-1784 Fundación de poblaciones en la Patagonia y posterior abandono con excepción de
Carmen de Patagones y San José. Conversión de Puerto Deseado en establecimiento de pesca y
caza pelágica. Pragmática de Libre Comercio en favor de Buenos Aires y de Montevideo (1778).
1781-1782 España expulsa los ingleses de Belice y reconquista la Florida.
1801-1804 Guerra contra Portugal. Ocupación lusitana de las Misiones Orientales y del territorio
neutralizado, por bandas irregulares.
1806-1807 Doble derrota inglesa en el Río de la Plata.
1811 Invasión portuguesa de territorio uruguayo para expulsar fuerzas bonaerenses y orientales
que sitiaban Montevideo. Armisticio de 1811.
1814 Por Pacto (Capitulación) con Alvear, Vigodet entrega Montevideo, así como los
establecimientos patagónicos, en depósito al Gobierno Bonaerense insurgente.

TEATRO DIPLOMATICO (10)

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
1709 Conflicto de la Corte de Felipe V eos Roma. En represalia por el reconocimiento del
pretendiente austríaco, es cerrada la Nunciatura en Madrid. Expulsión del represéntame del Papa.
Ruptura de relaciones. Triunfo del regalismo y fin del poder político universal del Papado. (11)
1711 Inglaterra abandona la alianza con el austríaco el 8 de octubre y firma en Londres la Paz con
Francia el 29 de enero de 1712. Se inician en Utrecht negociaciones a las que se adhieren
Holanda, Portugal, Saboya y Prusia.
1712 Tratado de tregua y armisticio franco-español con Inglaterra (19 de agosto) Felipe V
renuncia la Corona de Francia (5/XI).
1713 Inglaterra y España negocian Tratado por el que se concederá a la primera el Asiento de
Negros. Otro tratado provisional de paz se firma el 19 de mayo. Tratado entre Inglaterra y Saboya
con España (11 abril). Se firman con Inglaterra tres actas en Madrid, 26 de marzo sobre asiento de
negros en el Río de la Plata, 27 de marzo sobre paz y amistad y 1 de julio, preliminar de Comercio.
1714 Tratado entre España y Holanda (26 de junio).
1715 Tratado entre España y Portugal (6 de febrero). Se establece en las Vacas el Asiento inglés.
1717 Se proyecta la fundación de Montevideo. Reapertura de la nunciatura en Madrid y nuevo
cierre.
1718 Inglaterra declara la guerra a España (28 de diciembre). Traslado del Asiento inglés a
Buenos Aires.
1719 Francia en guerra con España (9 de enero).
1720 En La Haya España firma la paz con Inglaterra y Francia.
1723 Intento portugués de ocupar la península de Montevideo.
1724 Fundación de Montevideo,
1725 Tratado de paz entre España y Austria. El emperador renuncia sus derechos sobre el trono
español (10 de abril). Tratado de comercio y navegación hispanoaustríaco (1 de mayo).
1727 Tratado de París. Alianza franco española y paz con Inglaterra (31 de mayo). Confiscación
del Asiento en el Plata.
1729 Tratado de Sevilla de paz, unión, amistad y alianza defensiva entre Francia, España e
Inglaterra. Restitución del Asiento.
1730 Extinción del Asiento.
1731 Tratado hispano inglés con Austria.
1733 Primer Pacto de Familia (7 de noviembre). Instauración de la dinastía borbónica en las Dos
Sicilias.
1737 Concordato con Roma.
1738 Tratado de Paz de Viena (18 de noviembre).
1739 Inglaterra declara la guerra a España (30 de octubre).
1748 Tratado de Aquisgrán. Fin de la guerra continental (Guerra de los Siete Años) España y
Francia contra Inglaterra y Austria (1740-1748).
1750 Tratado anglo español complementario del de Aquisgrán. España paga reparaciones por la
anulación del Asiento y otorga ventajas comerciales. (12) Tratado de Madrid por el cual se ceden a
Portugal territorio de Río Grande del Sur y las Misiones Orientales.
1756 Nuevo concordato con Roma.
1761 Anulación del Tratado de Madrid. Revierten a la corona española las tierras cedidas en 1750.
Reconocimiento del uti possedetis precario y tardío de Portugal en tierras de la Provincia
Uruguaya del Tape de 1735 en adelante. Renovación del Pacto de Familia. (13) El bloque
borbónico representa la alianza ofensiva-defensiva más poderosa del siglo, agregando prestigio a
la posición española.
1762 Inglaterra aliada de Portugal declara la guerra a España y Francia (2 de enero).
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Leslie Crawford 
   
1763 Tratado de Paz de París (10 de febrero). Inglaterra se obliga destruir instalaciones en Belice
conservando el derecho de tala de palo campeche. Desocupa Cuba y Filipinas. España renuncia
derechos de pesca en Terranova, cede a Inglaterra la Florida y Bahía de Panzacola. Retorna la
Colonia a Portugal, Francia compensa a España cediéndole la Luisiana.
1767 Tratado Hispano marroquí (28 de Mayo). (14) Expulsión de los jesuitas de España, América
y Filipinas. Recrudecimiento de la literatura antiespañola (leyenda negra de fuente católica que
completa la de inspiración protestante).
1776 Institución del Apostadero de Montevideo. Declaración de Filadelfia. Independencia de
Norteamérica.
1777 Tratado de San Ildefonso. Portugal y España fijan los límites de sus posesiones en América.
1778 Tratado de amistad, garantía y comercio hispanoportugués. La Colonia entregada a España.
Portugal cede, además, Annobón y Fernando Poo y renuncia títulos sobre Filipinas, Marianas y
otros archipiélagos de Oceanía
1779 Guerra contra Inglaterra en apoyo de la Revolución americana por cuestiones de
navegación (23 de junio).
 

1782 Tratado de Paz con Turquía.


1783 Tratado de Paz de Versalles entre Francia y España con Inglaterra.
1784 Tratado de España con el rey de Trípoli.
1786 Tratado con Marruecos. Cese del corso y la esclavitud de prisioneros cristianos; apertura de
un consulado español en Argel y libertad do culto para católicos.
1787 Alianza anglo-española contra la pretensión holandesa de estorbar la navegación por el
Cabo de Buena Esperanza.
1790 Tratado de El Escorial, del 28 de octubre. Inglaterra y España acuerdan que sus súbditos no
fueran perturbados ni molestados en los mares del Sur y Pacífico y en desembarcos en tierras no
ocupadas. Inglaterra se compromete no navegar ni pescar a distancia de 10 leguas de las tierras
ocupadas por España, ni forzar establecimientos en ellas (Renuncia inglesa de títulos sobre
Malvinas y Patagonia basados en ocupaciones temporales).
1791 La Convención francesa declara la guerra a España (7 de marzo). España declara la guerra
a Francia (23 de marzo). Alianza anglo española (29 de diciembre.
1794 Convenio anglo español declarando puerto libre a Nootka. Compromiso conjunto de no
establecer allí bases permanentes.
1795 Paz de Basilea (22 de julio). Francia devuelve a España todos los territorios ocupados y esta
entrega a Francia la parte occidental de Santo Domingo. La paz se extiende a Holanda. España re
separa de la alianza con Inglaterra y se asocia ofensiva y defensivamente con Francia.
Tratado de San Lorenzo el Real entre España y los Estados Unidos de América. Facilidades de
navegación y asiento de consulados norteamericanos en ciudades y puertos de Hispanoamérica.
1796 Tratado de San Ildefonso. Ratificación de la paz de Basilea. España y Francia se garantizan
mutuamente los territorios, plazas e islas que poseyeran.
1800 Tratado de San Ildefonso. Francia cede Luisiana a cambio de ayuda naval. Tensión entre los
mandos francés y español. Napoleón exige apoyo para socorrer Malta y ocupar Egipto. Masarredo
reclama prioridades para la reconquista de Menorca.
1801 Francia presenta ultimátum a España para que declare la guerra a Inglaterra (29 de enero).
Tratado de Luneville (9 de febrero). Acuerdo sobre los ducados de Parma y Toscana. España y
Francia convienen formar cuatro escuadras combinadas (13 de febrero). Una para operar en
costas brasileñas y las restantes en Irlanda, Trinidad-Bahamas y bloqueo del Mediterráneo.
Tratado de Londres (1 de octubre) España cede Trinidad a cambio de Menorca.
1802 Tratado de Amiens. Ratificación del de Londres (27 de marzo).
1803 Ruptura de los tratados de Amiens y Londres.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
1805 Ratificación de la alianza franco española (4 de enero). Desastre de Trafalgar. Las logias
masónicas instaladas en puertos americanos se entienden directamente con Inglaterra (rito
escocés) separándose de la línea pro francesa del Gran Oriente de España y de las Indias.
1806 Napoleón establece el bloqueo continental para neutralizar el bloqueo marítimo de Inglaterra.
Tratado de Fontaneibleau. Invasión de Portugal.
1807 Convenio entre Francia y España para la partición de Portugal. La corte de Lisboa se
traslada a Río de Janeiro.
1808 Un ejército francés de 100.000 hombres entrados bajo pretexto de la alianza contra Portugal
ocupa España. Abdica Carlos IV en favor de Fernando VII. Este a su vez lo hace en Bayona en
favor de Napoleón. Alzamiento popular del pueblo español. Formación de Juntas. La primera en
América es la de Montevideo (20 de setiembre).
1809 Se instala la Junta Suprema que en 1810 pasa a Cádiz.
1810 Consejo de Regencia.
1811 Alzamiento de Artigas. Es retirada la guarnición española de Malvinas, permaneciendo el
grupo poblador.
1812 Constitución de Cádiz. Se jura en toda América.
1814 Derrota napoleónica en España. Retorno de Fernando VIl Abolición de la Constitución de
1812. instauración del absolutismo. Vigodet entrega Montevideo a Buenos Aires en condición de
Depósito. Tratado de París. Congreso de Viena. (1815)

CONSIDERACIONES BÁSICAS
La intercalación de la fecha de fundación de Montevideo e Institución del Apostadero en cada
Teatro es revelación que el punto geográfico y la jurisdicción oceánica constituyen piezas
fundamentales del juego diplomático y de la mecánica bélica de España. Pertenecen a ese
engranaje. Si engazan con procesos del Virreinato posteriores a la creación de este, será por
necesidades de reacciones sincrónicas y armónicas. Es equivocación mayúscula confundir como
una sola expresión Gobernación de Montevideo (jurisdicción territorial bajo dependencia judicial y
administrativa del virrey de Buenos Aires) y Apostadero Naval de Montevideo, Patagonia e Islas
Malvinas (jurisdicción ligada directamente al rey español a través de la jerarquía naval). Los
acontecimientos marítimos, terrestres y diplomáticos muestran el Apostadero en función de esos
procesos. No así Buenos Aires erigida en virreinato por necesidad administrativa y
reestructuración militar territorial. Un acto real indicado por el desarrollo de la sociedad hispana del
interior argentino, al que se llegaba con o sin el proceso internacional que fue la razón de ser del
Apostadero Naval de Montevideo.
II
El Apostadero respondió a una logística superior. Se le indicó como institución permanente por las
planas más selectas de la dirección militar y naval española, participantes de la más memorable
expedición que España enviara al Nuevo Mundo en toda su historia. La precariedad de creación
del virreinato del Río de la Plata por cédula del 1? de agosto de 1776 precisó la confirmación para
su estructura permanente de la cédula del 27 de octubre de 1777. La institución del Apostadero es
del 9 de agosto de 1776. El verdadero primer virrey fue Vertiz, nombrado en junio de 1778. Sobre
provisionalidad del virreinato, cf. RAVIGNANI, op. cit. págs. 5 9 a 6 2.
III
Buenos Aires era bisecular en el año de la creación del Virreinato. La plaza marítima de
Montevideo contaba medio siglo en el momento de la institución del Apostadero, con sus
facultades absolutas para proceder en la alta mar del área hispana: como Virreina del océano.
IV

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Leslie Crawford 
   
De 1766 a 1776 las Malvinas dependieron del virreinato del Perú a través del gobierno del Río de
la Plata. No hubo una tradición añejada de virreinato rioplatense en el ejercicio del dominio
insular.
De 1766 a 1776 transcurren diez años; de 1776, año del Apostadero, a 1814 año de la
Capitulación de Vigodet, pasaron 3 8 años.

LAS FECHAS CLAVES PARA MONTEVIDEO


1766 Institución del Apostadero de La Habana como departamento naval ultramarino.
1776 Concentración naval en el Río de la Plata; campaña marítima contra la Colonia e Isla Santa
Catalina. Institución del Apostadero Naval de Montevideo, Patagonia e Islas Malvinas, con todas
las manifestaciones de un departamento naval ultramarino. Creación del virreinato del Río de la
Plata.
1778 Ordenanzas del Libre Comercio.
1778—1798 Cuatro lustros luminosos de poderío de Montevideo. Montevideo centro director de
poblamiento de la costa patagónica.
1796 Reunión en una sola persona de las potestades de gobernador y jefe de Apostadero.
Momento culminante de la guerra entre España e Inglaterra.
1810-1814 Depositaría de los últimos títulos españoles en el Atlántico Sur.

LAS FECHAS CLAVES DEL DESCUBRIMIENTO ANTARTICO


Tomamos de MUSSO, Antártida Uruguaya, pág. 74, las fechas decisivas de la penetración
antártica. Revelan que Montevideo fue punto de partida de las más profundas y que marinos
españoles precedieron a Cook.

FORMACIÓN TETRARQUINA SINÓPTICA


De Viana de Madariaga Kerguelen Cook
1757 1770 1771 1772
De Molina Metcalf Oyarbide Malaspina
1784 1786 1786 1789
Bustamante Huidobro Bristol Vigodet
1797 1804 1805 1807
Beresford Auchmuty Browne Hasselbourgh
1806 1806 1807 1810
De Courey Romarate Brown Campbell
1810 1812 1813 1814
Jewit Smith Bellinghausen Palmer
1837 1819 1819 1820

EL, MONTEVIDEO TEMIBLE DEL SIGLO XVIII


Todos estos acontecimientos son libro abierto para demostrar que la sociedad de reinos hispanos
desarrolló una estrategia naval perfeccionada en todos los océanos. En lo particular de
Montevideo ejerció el Poder Naval (Sea Power) sustentado, de acuerdo con la concepción
marítima privante en el XVIII-XIX, en esta fórmula de sumandos: Marina de Guerra + Marina
Mercante + Bases + Posición geográfica + Aptitud social = Producción + Tráfico Marítimo +
Mercados + Función pobladora + Tarea de descubrimiento.
Todo bajo el impulso y dirección de una oficialidad calificada, con alta preparación y experiencia
en todos los mares. El Apostadero conoció los mejores marinos de la época que alcanzaran las
más altas jerarquías de la Armada Real Española.
PUNTO DE APOYO PARA LA EXPERIENCIA NAVAL MAS GRANDE DEL XVIII
En 1776 llegó la más brillante expedición española que sentó bases en el Apostadero.
Presentamos algunos de los más altos jefes que comandaron o sirvieron en las naves de la

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
escuadra del marqués de Casa-Tilly (Francisco Xavier Everardo Tilly y García de Paredes), que
llegó a Capitán General de la Armada:
Ignacio de Olaeta, que más tarde mandó el Ardilla, de servicio entre Montevideo y Patagonia.
Héroe de Trafalgar y Jefe de Escuadra; Pedro Pablo Sanguinete, en 1796 viajó al Cabo de Hornos
y Patagonia. Comandante de las Malvinas; Federico de Gravina, su fragata Clara naufragó en el
Banco Inglés, Héroe de Trafalgar; Ramón Topete, en 1778 tuvo comando en la expedición a
Fernando Poo, Jefe de Escuadra ; Diego Albear, gobernador de las Malvinas, miembro de la
comisión de límites de 1777, realizó trabajos cartográficos y observaciones astronómicas en el
Plata; Domingo de la Nava; gobernador de Malvinas, Jefe de Escuadra; Francisco Xavier de
Melgarejo, reocupó Malvinas en 1766; en 1763 frente a Colonia había combatido heroicamente
con su nave Victoria contra un navío inglés y una fragata portuguesa, Teniente General de la
Armada; Juan A. Gutiérrez de la Concha, combatiente en distintos mares, integró la Expedición
Malaspina, volvió a Montevideo como integrante de la comisión demarcadora de límites en 1804,
condujo tropas de infantería para la reconquista de Buenos Aires, Intendente de Tucumán, fusilado
junto con Liniers; Julián de Retamoso, Teniente General de la Armada; José Rodríguez de Arias,
héroe de Trafalgar, Capitán General de la Armada; Sebastián Ruiz de Apodaca, Teniente General
de la Armada; Antonio Osorno y Herrera, Teniente General de la Armada.
Tales algunos de los marinos testigos del nacimiento oficial del Apostadero de Montevideo.
TEATRO DE EXPERIENCIA NAVAL
Ofrecemos otra lista de marinos de significación que actuaron en Montevideo: Antonio Rodríguez
Valcárcel, viajó al Plata en el África, Teniente General de la Armada; José Rojas y Recaño,
teniente General de la Armada; Jacinto de Romarate, Jefe de Escuadra; Juan de Dios Topete,
Teniente General; José Primo de Rivera, dirigió el bloqueo de Buenos Aires de 1810 a 1812,
Teniente General; Francisco de Paula Osorio, mandó en Montevideo la urca Amalia, Jefe de
Escuadra; Andrés Reggio, siciliano, Teniente General; Joaquín Ibáñez de la Corbera, sirvió en
Malvinas, realizó trabajos hidrográficos en el Plata, Héroe de Trafalgar; Antonio de Escaño,
desempeñó en Montevideo destino en tierra (1774-1777), Teniente General, Ministro de Marina y
miembro del Consejo de Regencia de 1810; Fernando de Bustillo, comandó en Montevideo la urca
Amalia y posteriormente la fragata Cabeza, cuyo último destino fue El Callao; Alejo Berlinguiero de
la Marca, viajó a Patagonia con Perlier, profesor de pilotos de El Ferrol.
Hubo otras figuras de primerísimo orden. Los Jefes-Gobernadores Bustamante y Guerra (en 1770
en Filipinas, en 1783 en México y en 1789 al comando de la Atrevida) y Ruiz Huidobro. Es singular
que los virreyes clave de la base terrestre occidental del Plata (puerto seco de Buenos Aires)
fueran Liniers y Cisneros en el siglo XIX. Y que los responsables del cinturón oceánico Pacifico del
Sud en el período de fuerza montevideana, Manuel de Guirior, virrey de Nueva Granada (1771) y
de Perú (1775); Gil de Taboada y Lemos, en el Perú (1796) fueron todos marinos.
Antecedentes más que sobrados para demostrar que la creación de Montevideo, su estructuración
naval, las funciones de sus mandos, etc., no fueron fruto de improvisaciones ni proyectos basados
en referencias (datos de segunda mano).
Ese mando con sentido de poder temible transmitió un espíritu a nuestra marina incipiente, con
pivot en la escuela gaditana. Trascendió al período de la Independencia. Las mediciones se
hacían en 182 8 por el meridiano de Cádiz. El de Greenwich lo anulará en el momento que en
materia marítima y política naval se comience a pensar en inglés en el ecúmene hispano.

NOTAS DEL CAPITULO VI

(1) España  había  tenido  libres  las  aguas  mediterráneas  desde  Gibraltar  hasta  Italia,  apoyada  por  Génova. 
Dominio marítimo iniciado en el siglo XIII con la conquista aragonesa de las Baleares y en el XV por la ocupación de 
Italia.  Con  los  navegantes  catalanes  y  almogáraves  había  extendido  en  el  XIII  su  dominio  sobre  el  Mediterráneo 
levantino,  ocupando  Grecia  y  el  Mar  Egeo  (Roger  de  Flor).  Con  la  asistencia  de  la  Orden  de  Malta  dominó,  con 
intervalos cortos, la cuenca occidental hasta 18 00, año en que los ingleses se apoderan de la isla. 
(2) Influencia  anglo  portuguesa  en  la  corte  matritense.  Se  inicia  la  recuperación  naval  a  instancias  del 
marqués de Ensenada, cuya máxima fue: a flota inglesa igual flota española. Advertida Inglaterra obligó su renuncia 
paralizando el proyecto en mitad de ejecución. 
(3) Tentativa  española  para  dominar  la  costa  noroccidental  de  África  explotando  la  concentración  naval 
inglesa en los puertos de América del Norte. 
(4) El  principio  fundamental  que  inspiró  esta  Primera  Neutralidad  Armada:  "Ningún  barco  neutral  será 
detenido, salvo por causa justa y en virtud de claras pruebas". Estados Unidos de Norteamérica y España reconocieron 
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estos  principios  pero  no  se  alinearon  con  la  alianza.  Inglaterra  quedó  desprovista  de  amigos  y  auxiliares.  Gran 
conmoción  causó en las Islas Británicas la pérdida de prestigio y la gran crisis económica y financiera derivada de la 
 
exclusión de aquella fuente de materias primas. 
(5) La infanta Doña Carlota casó con el infante Juan de Portugal, y el infante Gabriel de España con la infanta 
Ana María Victoria. Eclipse de la influencia británica sobre Portugal, iniciada en 1703. 
(6) El Apostadero de La Habana fue el primero que hubo con las mismas atribuciones que los Departamentos 
de la Península. 
(7) Inglaterra retiró en 1774 sus naves del Atlántico Sur y Norte para concentrarlos frente a Nueva Inglaterra 
en rebeldía fiscal. Es el período de la frase de Jorge III en respuesta de la petición cuáquera de Filadelfia (Setiembre de 
1774).  "La  suerte  está  echada;  las  colonias  deben  someterse;  no  deseo  apelar  a  medidas  más  severas,  pero  no 
podemos retroceder". 
(8) Conducta enjuiciada por cédula del 7 de octubre de 179 6, conocida por Manifiesto contra la Inglaterra. 
"No  me  dejaron  duda  de  la  mala  fe  con  que  procedió  la  Inglaterra,  las  frecuentes  y  fingidas  arribadas  de  buques 
ingleses a las costas del Perú y Chile para hacer el contrabando y reconocer aquéllos terrenos bajo la apariencia de la 
pesca de la ballena". 
(9) Las  guerras  hispanoamericanas  tan  frecuentes  en  el  mar  en  la  península  ibérica  no  tuvieron  siempre  su 
reflejo en América. Fuera de las acciones bélicas sobre la Colonia del Sacramento y la gran expedición de Ceballos no 
hubo  otras  de  importancia.  Los  avances  portugueses  se  hicieron  por  translimitación,  convertida  en  principio  de  uti 
possidetis. 
(10)  La imposibilidad de España de ejercer una ocupación efectiva de vastos territorios y la liquidación de la 
línea de Tordesillas como principio de garantía determinaron que los convenios internacionales fueron en su mayoría 
colusorios  para  España.  Hubo,  en  efecto,  una  democión  de  derechos  que  produjo  una  crasis  territorial  y  un 
angostamiento  oceánico.  En  el  campo  continental  americano  cedió  posiciones  ante  Portugal  y  en  la  constelación 
insular antillana lo hizo en provecho de Inglaterra, Francia y Holanda. 
En  el  campo  europeo  el  principio  del  equilibrio  que  hemos  referido  determinó  que  España  cediera  regiones 
vasallas. 
(11) "Que nadie vaya a Roma" comenzaba el punto 5 del Memorial de Macanaz del 19 de diciembre de 1713; 
"que nadie sea osado alegar la autoridad de las bulas La Coena Domini y Unam Sanctam, en el punto 4. 
(12) Resultó un acto de debilidad española por cuanto el escándalo financiero de 17 20 con la South Sea Co. 
fue  provocado  por  la  locura  especulativa.  Millares  de  ahorristas  ingleses  se  arruinaron  y  hubo  que  indemnizarlos. 
España pagó 100.000 libras esterlinas. 
(13) Este pacto no fue propicio para España. Años de aplicación abrieron los ojos de dirigentes peninsulares. 
En  la  Instrucción  Reservada  de  1787  Floridablanca  decía  que  Francia  se  consideraba  "el  mejor  vecino  y  aliado  de 
España", pero también "más grande, más temible y más poderoso enemigo", porque trataba de debilitar o frustrar los 
esfuerzos marítimos y comerciales españoles. 
(14) Los  tratados  de  Marruecos,  Turquía  y  Trípoli  aliviaron  las  presiones  piráticas  que  retenían  fuerzas 
españolas en aguas mediterráneas y costas del NO Africano. 
 
 
 

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
CAPITULO VII 

RULE OF SEA ­ EL MAYOR INCITADOR DE RESPUESTAS 

En capítulo anterior ofrecimos los cuadros de las guerras marítimas y terrestres libradas por la
comunidad hispana en el siglo XVIII. Es difícil presentar un parangón para la duración del
esfuerzo, que sólo tuvo un respiro de diez años frente a noventa de continuo batallar. Más,
todavía, si se tiene presente que al tocar el noveno decenio su potencia alcanzaba una intensidad
que no cedía preeminencias en cualquier campo de fuerzas. Déjese de lado la opinión vulgarizada
que el ecúmene hispano había entrado en decadencia aún antes de la apertura del siglo XVIII.
El espíritu militante, cuya andadura se iniciara en Covadonga no había colgado las armas al
consumar la hazaña del Descubrimiento, conquista, poblamiento y transculturación del Nuevo
Mundo. Poco o ningún descanso gozó por tres siglos. Lo que ocurrió en el XVIII marcó una
variante fundamental en la dirección u orientación del esfuerzo y propósitos. La política de América
reservada a la tarea encomendada por el Papado dejaba de tener su representación particular
aislada de las cuestiones europeas del XV y XVII, para entrar de lleno en los compromisos
europeos extendidos por toda la superficie del globo. No es ese momento que aparece la imagen
equivocada de España, que irritara soberanamente a Menéndez Pelayo (Heterodoxos Españoles)
apostrofando al siglo XVIII, " el más perverso y amotinado contra Dios" y al Regalismo borbónico
"herejía administrativa".
Ocurría en el dieciocho que otras naciones habían crecido y le disputaban por igualdades a la
sociedad hispánica. Después de Portugal Francia, luego Holanda, finalmente Inglaterra.
De todas, la que obligó a más respuestas y determinó mayores y profundas transformaciones fue
Inglaterra, apuntalada por la Revolución Industrial. Para enfrentarla España tuvo que dejar
quijoterías para andar sanchopancesca fueron cuales fuesen los campos de choque.
MEMENTO
Antes de penetrar en este capítulo, a modo de Momento para comprender las variantes de las
ideas europeas sobre división de los mares y ejercicios de soberanía, exponemos los principales
períodos de la política internacional.
I. Tratado de Tordesillas (1494). Fija la línea divisoria vertical del "polo ártico al polo antártico" a
370 leguas, al Oeste de las Islas de Cabo Verde, perteneciendo las aguas del oeste de la raya a
España y del este a Portugal.
II. Tratado de Madrid (1670). Establece en el Art. 7 que España conserva en el Nuevo Mundo
todos sus derechos, e Inglaterra aquellos puntos que poseía a la firma del tratado. Se acordaba
una no interferencia de las áreas de statu quo reconocidas por el anterior Tratado de Madrid
(1667).
III. Tratado de Madrid (1713). ligado a los de Utrecht Art. 14: "Su Majestad Británica ha convenido
en promulgar las más fuertes prohibiciones y debajo de las más rigurosas penas a todos sus
súbditos, a fin de que ningún navío de la marina inglesa se atreva a pasar a la -Mar del Sur ni a
traficar en otro paraje alguno de las Indias españolas".
IV. Tratado de Utrecht (1713). Recoge el principio del de Madrid, reconociendo como español el
Atlántico Sur, de la línea de Tordesillas al Oeste. Francia admite esa exclusiva en el Tratado de
Sevilla (1729) y acto seguido lo hacen los Países Bajos.
V. Tratado de Madrid (1750). El reconocimiento del uti possidetis lusitano de tierras del Río
Grande del Sur, iniciado en 1735, empuja la divisoria marítima hacia el oeste, línea oscilante que
se detendrá en el Chuy en 1777. Paralela con Portugal avanza por mar Inglaterra.
VI. Pacto de Familia (1761). Alianza hispano francesa. Defensa solidaria de áreas terrestres y
marítimas amenazadas por enemigos de España y de Francia.
VII. Tratado de Versalles (1783). España concede con carácter de usufructo la explotación de
madera de Belice a Ingleses. En esta área centroamericana o, mejor dicho antillana, gran número
de islas habían pasado a dominio efectivo de Inglaterra, Holanda y Francia, dejando de ser el
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Leslie Crawford 
   
Caribe mar español exclusivamente. Esta elasticidad frente a hechos consumados no se
advierte en el Atlántico Sur.
VIII. Tratado de El Escorial (1790). Los ingleses se comprometen respetar no menos de 10
leguas marinos de las costas ya ocupadas por España en el Pacífico y en el Atlántico. También
admiten no levantar establecimientos en las islas y costas de soberanía española en esos
océanos
LAS DOS TRADICIONES
España dividió sus esfuerzos desde el momento mismo del Descubrimiento de América.
I - En el teatro europeo la vieja política barcino aragonesa siguió contemplando las cuestiones
europeas, con Italia por la niña de los ojos, manteniendo el compromiso bélico frente a la corona
francesa. La obligación se amplió al suceder la Casa de Austria a la nacional castellana de los
Trastamara. Los asuntos italianos ya eran asuntos españoles y los asuntos del Imperio Romano-
Germánico incluían regiones inimaginadas jamás por ningún rey de España antes del
advenimiento de Carlos V.
Inglaterra, entonces isla convulsionada, sin proyección continental ni ultramarina peligrosas, poco
o nada importaba. La exigencia venía del Turco, de Francia reclamando la herencia germánica de
Carlomagno, de los príncipes-mercaderes de Flandes y Países Bajos que buscaban áreas
mercantiles en los mares hispano lusitanos, y de los electores imperiales metidos en los asuntos
políticos de Italia, Borgoña y región flamenca. Esta política tenía su credo; el de Maquiavelo. El
juego diplomático valía tanto como la fuerza de los tercios invictos en los siglos XVI y XVII.
Provocadora de soberanía-fe la Protesta le exigió respuestas espirituales (religiosas) que tuvo que
hacerlas oír con ruidos de armas. Tributos de vasallaje (estados satélites) y necesidades de
mantener la unidad de credo (encomendadura tridentina) abrieron frentes diversos en el continente
y motivaron la recreación de ejércitos profesionales dirigidos por jefes de excepción y de flotas
mandadas por los más notables guerreros de la época. Las campañas de Italia, Francia, Flandes
e Imperio Germánico constituyeron los episodios más trascendentales del teatro terrestre. Lepanto
y la malograda aventura de la Invencible fueron los hechos más notables de la supremacía naval
de la España Bélica de los siglos XVI-XVII.
II - La continuación ultramarina de la mística de Reconquista determinó que la tarea de Indias se
nutriese de la tradición castellanoleonesa desentendida de lo europeo. Miró las tierras de
Descubrimiento como campo misional donde ganar más almas para la Cristiandad. Los primeros
años fueron de pasmo descubridor, pero, poco a poco y después, se convirtieron en años de
fábrica espiritual. Vertebró la Nueva Cristiandad con los padrones culturales de Occidente,
asociándola a la comunidad de reinos españoles de la península. La integridad del conjunto
determinó un traspaso de respuestas. Las Indias se auto defendieron con sus milicias nacionales,
tropas auxiliares indias y flotas construidas en los astilleros del Pacífico, Atlántico y Antillas. Sus
réplicas fueron haciéndose cada vez más duras en la medida que aumentaban las penetraciones
holandesas, francesas e inglesas en aguas del Atlántico Occidental y Pacífico Oriental. Y en la
proporción en que se desvanecían sus escrúpulos de conciencia frente a la duda de la donación
papal. (1) Este proceso interno (autocrítica) trajo más peligro a la integridad de las Indias que los
ataques de la piratería combinada. Llegó a superarlos con las Leyes Nuevas de 1542, recortadas
sobre el Derecho de Gentes surgido de la discusión teologal de dominicos salmantinos y
complutenses, con doctores y administradores laicos de igual formación universitaria. Ese período
creador que se expresa con sociedades europeizadas, universidades creadas a semejanza de las
de Salamanca y Repúblicas Indias aculturadas, exigió más sacerdotes mártires que soldados
muertos en expediciones conquistadoras. Esta fase corresponde a la España Apostólica.
Con tal que la dejaran tranquila en su tarea misional el sector de España proyectado hacia
occidente aceptó del sector anglo francés la división horizontal (sin arbitraje pontificio) del Atlántico
Norte y la ocupación de sus costas occidentales. (La América Inglesa con sus Trece Colonias y la
América Francesa con el Canadá y la proyectada Luisiana).
La verticalidad de Tordesillas quedaba para la disputa con Portugal Atlántico abajo. (2) Nacía el
sur.
No queremos dejar la impresión, como si fuera un absoluto, de una Castilla medioeval
talasofóbica. Magnífica tradición lucía. En 1279 Alfonso X el Sabio creó la Orden de Santa María
de España para premiar "hechos de mar" y dictó las primeras Ordenanzas Navales Castellanas.
En el XIV se consideraba a Castilla la potencia naval de Europa Occidental, dominadora del

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Estrecho de Gibraltar después de su victoria en 1342, y también del Mar Cantábrico hasta el Canal
de la Mancha.
Fuera de las incursiones piráticas inglesas, holandesas y francesas el Nuevo Mundo vivió casi
ajeno a los conflictos europeos, excepción hecha de la empresa frustrada de crear el Brasil Bátavo
en el XVII como venganza ultramarina de los excesos del Duque de Alba (religiosos), y de la
dimensión (comercial) alcanzada por el ecúmene hispano con la incorporación del Imperio de
Portugal a la corona castellana (1580-1640). Y a principios del XVIII con la frustrada repetición de
una France Antarctique en el paralelo 35º con el asiento concebido por Felipe V a Francia y
anulado por los compromisos de Utrecht.
En el XVI la amenaza mayor la constituyó la piratería inglesa que atacó sin finalidades posesorias,
terrenos continentales, excepción hecha de Raleigh con su ensayo en Venezuela. En el XVII el
enemigo mayor fue el holandés empegado en tener sus Indias Occidentales, sueño que tras
repetidos fracasos, se hizo realidad en las Indias Orientales a expensas de Portugal. Pero todos
los esfuerzos de ingleses y bátavos apenas si mellaron la integridad de la América Hispana. A
veces un grupo de españoles o comunidades indias se encargaban de castigar ejemplarmente a
los agresores europeos. La historia habla de naves españolas repletas de oro, plata y productos
americanos tomados como rico botín por los piratas. Es una verdad a medias si esos episodios del
mar se tomaran como expresión absoluta (bloqueos y presas), porque lo irrebatible es que
causaron más daño a la navegación hispana los peligros del Atlántico (asechanzas meteóricas y
oceánicas) que las correrías filibusteras. Más víctimas cobraron las aguas (naufragios) que las
guerras de conquista, las rebeliones indias y los ataques esporádicos de los gangsters del Mar. (3)
Y más que estos, también, los terremotos y los ciclones.
Ese no-peligro fue la razón de la innecesaridad de un Montevideo ofensivo-defensivo en el Plata
entre los siglos XVI y XVII, inclusive.
SURGE LA AMERICA BÉLICA
El siglo XVIII se anuncia con exigencias de cambio. América se vuelve respondona. Primero con
manifestaciones navales y, finalmente, con determinaciones militares. Hasta el último tercio de ese
siglo el continente no conoció ejércitos regulares trasladados de España europea. Se defendió con
sus milicias nacionales. Ejércitos indios que, en 1680 tomaron la Colonia del Sacramento, vuelven
a reconquistarla en la primera mitad secular y participan de la instalación del aparato bélico
defensivo-ofensivo del Río de la Plata y costa oceánica uruguaya.
La guerra de Sucesión introdujo la primera variante que relegó al pasado a la España Apostólica
(sector occidental del ecúmene). El mundo hispánico poseedor de océanos tuvo que dar
contraseña a otras marinas comerciales para pasar las puertas del Atlántico Sur (Paralelos 34º y
35º) que indican el primero el Asiento de las Vacas y el segundo las rutas de acceso al Río de la
Plata y desembocadura del Uruguay y Paraná. (4)
Por cuestión de familia recibieron permiso los franceses para su asiento negrero (1701-1712); por
imposición de Utrecht los ingleses a partir de 1715. Si estos no presionaron más en el primer tercio
del XVIII sin dudas se debió a la atracción de la India, coeva del Asiento de las Vacas (la pedrería
alucinaba más que el trueque de cueros por esclavos negros) y al contrabando que era otra
válvula de escape. Esta última actividad facilitó que Inglaterra tolerase la exclusiva de España
sobre el Atlántico Sur, irritándose sólo en el momento que se le traba el tráfico intérlope y que la
South Sea Co., entra en bancarrota llevándose los ahorros de los accionistas. Aliviaron presiones
las existencias de cardúmenes de cetáceos en las aguas árticas, atrayendo más el paralelo de
Spitzbergen hasta que se produjo el fenómeno de desaparición casi súbita de la población
pelágica de esas regiones.
Las primeras estrofas del himno talasocrático Rule, Britania (Gobierna Bretaña), comenzaron
entonarse como respuesta a la bajada de cortina contra los excesos del contrabando inglés en el
Río de la lata (1736). La Cámara de los Comunes declaró en 1738 "derecho inalienable de los
súbditos ingleses enviar sus barcos a cualquier parte de los mares de América".
Se pretendía abrir camino a la iniciativa privada sin que el Estado se viese obligado gestionar
patentes como sucediera en Utrecht y con las distintas renovaciones del permiso para el asiento
de la South Sea. Fue este el preludio de la Guerra de la Oreja de Jenkins, apodo ridiculizador que
en realidad ocultó un plan perfectamente preparado por hombres de la City, verdaderos directores
del esfuerzo naval y militar inglés desde la proclamación de la Navigation Act.

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Leslie Crawford 
   
Fortalecido económicamente por compensaciones comerciales, por las primicias de la Revolución
industrial (adelanto de la técnica de fundición) (1708) aprovechamiento del coque metalúrgico
(1709), nacimiento de la industria textil con la lanzadera volante (1733) y la mecanización del
hilado (1738) y empujada por la mística protestante de la ganancia material sin limitaciones
morales (abandono de la ley cristiana contra la usura), Inglaterra sintió el llamado de señorear en
los océanos sin reconocer divisorias. Francia, por su parte, dejando de lado la mentalidad
transcontinental de Colbert redujo su impulso imperial a la obsesionante divisoria renana sin
desprenderse de las complicaciones itálicas. Preanuncio de la política europeísta de Napoleón,
que tanto habría de dañar el poderío ultramarino español.
Con el pretexto de la negativa española de "compartir" mares y ayudaba por la pérdida de empuje
transatlántico francés, Inglaterra volcó sus esfuerzos más allá de la línea prohibida (el Nec Plus
Ultra hispánico) enviando en son de guerra grandes flotas asistidas en todas partes por corsarios
que ennobleció por sus éxitos favorables. (5) Disputó áreas marinas en nombre de la libertad de
los mares (Groccio), ocupó islas y tentó sentar establecimientos en tierra continental con el
principio de térra nullius. Cuando Anson, perseguido vanamente por Pizarro, traspuso el paralelo
35º en 1739 y luego cruzó el Estrecho de Drake, no lo hizo con el convencimiento de que realizaba
una operación ajustada al Derecho Internacional vigente. Dos siglos de escrúpulos contenidos
(digamos más bien una necesidad de mantener el statu quo oceánico que la favorecía en el Norte)
todavía hacían privar en el espíritu inglés el derecho de España sobre los mares australes. (6) Y
esta no se metía en los mares árticos, fuera de los ya declinantes operaciones bacaladeras de los
marinos vascuenses, a título particular. Lo cierto es que, después de la iniciación de la guerra de
los Siete Años, debieron pasar dos decenios (de 1750 a 1760 España vivió su década de paz, en
alegre y confiada anglofilia deformadora de la teoría geográfica hispana, V. Gr. Tratado de 1750),
para que Inglaterra echara a un lado obstáculos jurídicos sobrevivientes del Derecho Internacional
Medioeval y se pusiera cortar todo el espacio marítimo meridional. El factor decisorio fue el Pacto
de Familia que Pit el Viejo, director del esfuerzo comercial y bélico inglés, considerara una
mojadura de oreja. Aceptó el reto. Desde ese momento el Board of Trade, órgano rector de la
política marítima y comercial, y el Almirantazgo, como Ministerio de Marina de guerra conjuntaron
su acción al punto que, en las decisiones del último tercio del XVIII y primera mitad del XIX, no se
pudo deslindar competencias muy particulares. Era cuanto se precisaba para alcanzar la
talasarquía.
Inglaterra se sintió segura para andar firme sobre las aguas y para comprimir a los viejos imperios
marítimos a tierras con bordes de "aguas territoriales", impuestos por la razón de los cañones,
"sistema métrico" que privó durante siglo y medio para definir los límites de los mares territoriales.
Tenía en ese momento, 1760 los elementos fundamentales para iniciar la carrera final hacia el Sea
Power: bases en el Mediterráneo, en el Atlántico Norte, en las Antillas, en el Indico, en África, en
Asia, Oceanía, poseía Canadá, Australia y la India. Sólo le faltaban para completar el dispositivo
ofensivo-defensivo bases en los puntos de comercio oceánico; Malvinas para garantizar el dominio
del paso S. E. O. y el Cabo de Buena Esperanza para señorear la ruta S. O. E. Una vez poseídos
desaparecerían los antiguos señores feudales de los océanos. Así fue. Pero para llegar a este
término hubo que librar guerra de colosos en el mar.
El primer Annus Mirabilis inglés fue el de 1759, que señaló el momento en que podía disputar a
España y su aliada las áreas marítimas occidentales de tradición tordesillerana. (7) Las Orientales
ya las poseía como personero de Portugal después del brindis con oporto en Methuen
(1703).Anuncio de ese poderío fue la institución de la Medalla de Oro Naval, en recuerdo del
Glorious First Of June (1794).
El segundo Annus Mirabilis inglés que inicia el oficio del XIX sin soluciones de continuidad, fue
1805, el de la victoria de Trafalgar que barrió de los mares a España y Francia. Dueña de las
aguas era señora de las tierras. Per Mare et Terram lucía como lema el Glasgow Reglament que
en 1806 ocupó la Isla de Gorriti. (8) Dueña de los mares y asistida por Eolo según la expresión de
Canning en 1826, mantuvo su despotismo marítimo (expresión de Hautefeuille T. I pág. XIII) hasta
1850, fecha de resurgimiento de las marinas comerciales europeas que luego impusieron las
normas del derecho marítimo internacional en el Congreso de París el 16 de abril de 1856.
EL CONTINUUM NAVAL INGLES
El esfuerzo inglés por señorear los mares no fue una manifestación expansionista exclusiva del
siglo XVIII. Su condición insular le imponía el mar como espacio vital, sobre todo después de las
invasiones de anglos, jutos y daneses y la conquista definitiva por el grupo vikingo (varego) de

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Guillermo de Normandía. Quedó en el alma de la clase directora (política y comercial) la vista
tradición aventurera por las aguas, pacto entre caballeros y los burgueses. Inclinación de clase
dominadora que se trasmitió a la raza dominada mediante el pacto idiomático: la vocación
mercantilista anunciada con el idioma único, el de los vencidos, dejando para los actos jurídicos la
lengua de los romanos. Raza definida por Oswald Spengler, no pudo reprimirse a la insularidad y
se lanzó con Ricardo Corazón de León a la empresa popularísima de reconquista del Santo
Sepulcro, siguiendo itinerarios normandos del Mediterráneo. Comerció con el área Escania y nutrió
los telares flamencos con vellón de su ganadería ovina. Necesitó, por cierto, de una flota comercial
numerosa. Rumbeó también para el norte buscando la lejana Islandia y en la ruta incluyó las
Oreadas y Shetland, de recuerdo indeleble en la tradición marinera para apellidar ínsulas
antárticas. Tanto andar y rolar le hicieron sentir el Mar Inglés, que defendió con fuerza nacional
instintiva. Ese Mar Inglés que en la tradición de la Navigation Sancti Brandam llegara hasta la
legendaria Isla Brazil.
Tres siglos de ejercicio de soberanía sobre esos mares afirmaron su conciencia marítima. La
empresa colombina la despegó del imán continental donde se iban cerrando puertas finalizada la
guerra de los Cien Años. Esta y la Guerra de las Dos Rosas deseitropeizaron el esfuerzo inglés.
En 1497 el rey inglés lanza a Juan Cabot (Gaboto) en busca de las Indias Occidentales sin
traspasar la paralela austral del Mar Inglés. Isabel antipapista ardorosa, fue la primera en romper
el compromiso centenario patrocinando las aventuras de Raleigh sobre tierra firme en Sudamérica
(Guayana) y de Drake en los mares del Sur (Sector Magallánico). Fue el primer soberano que se
negó a admitir otro principio que el de Cambden (1580): "el uso del mar como el del aire es común
a todos" (Primera Declaración de libertad de los mares). Tuvo por instrumento para la protesta la
Royal Navy cuyos cimientos fueron puestos por Enrique VIII al organizar el primer ministerio de
marina, y por doctrinario a Selden en 1636, con su consejo que los cuatro mares que rodean las
Islas forman mare clausum, teoría impugnada por Groccio.
La mentada libertad de los mares exigió sin embargo, un tributo de vasallaje en favor del soberano
de las islas. Se impuso para el uso de los mares el saludo del pabellón inglés, ceremonia que
comenzara mucho antes en el Mar del Norte. Los Estuardos llevaron a extremos la exigencia,
como forma de establecer soberanía oceánica. La Navigation Act. (1651) la intensificó
particularmente con Holanda los tratados de 1654, 1662, 1667, 1674 y 1684 provocando la
reacción de las demás potencias marítimas. En 16 89 Luis XIV promulgó una ordenanza exigiendo
la prioridad de saludo aunque ya le precedían las ordenanzas de Enrique II (1543) y Enrique III
(1584). España la sigue en las primeras Ordenanzas Navales del siglo XVIII.
A partir de 1805 el Reglamento del Almirantazgo facultó a todos los barcos ingleses tomar
represalias si no recibían el saludo. Se aprovechaba de los shocks sufridos por las grandes
marinas enemigas tanto en el Báltico (bombardeo de Copenhague), como en el Mediterráneo
(Abukir) y en el Atlántico (Trafalgar).
Después de 1805 Gran Bretaña era incuestionablemente la dueña de los mares, no sin creer
razonable hacer partícipe de su poderío a la Providencia (El Consejo Británico, el 10 de noviembre
de 1807).
Quedó en sus manos una incomparable cadena de puertos marítimos, que ella aumentó
considerablemente durante los años de paz europea que siguieron a las guerras napoleónicas.
Abandonó en silencio su pretensión de jurisdicción sobre los mares que rodean sus costas" y se
convirtió en "paladín de la emancipación de todos los océanos, de toda reclamación de dominio
por cualquier Estado". (COLOMBOS, op. cit. pp. 37-40).
Así llegó a campear sobre mares y a dominar continentes y sus ríos interiores, con indiscutible
dominio en el siglo XIX. Tuvo en Guillermo IV (1830-1837) la expresión soberana del segundo
período de supremacía naval inglesa: el Key Marino. Pero llegó a esta situación no sin pasar por
vicisitudes, sufrir derrotas y reservar aspiraciones para tiempos mejores.
PERIODOS DE GRANDEZA Y DECADENCIA
De 1712 a 1776 Inglaterra logró equilibrar y hasta superar el dominio de los mares enfrentando
con variado éxito las flotas de Francia y España. El período 1778-1790 marca un colapso del que
se recuperó en 1795 para no decaer hasta la Segunda Guerra Mundial que la rebajó a potencia
naval de segundo orden.
La Guerra de Independencia de sus colonias americanas asestó un duro golpe a la hegemonía
alcanzada en 1770. Sólo cuatro años pudo invocar soberanía neptúnea. Las manifestaciones
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Leslie Crawford 
   
inquietantes de los súbditos de las Trece Colonias (1764-1774) la obligaron concentrar todas sus
fuerzas navales en las costas norteamericanas. Simultáneamente movilizó grandes efectivos
navales afectando las levas para la formación de marinería. Recurrió al enganche de tropas
alemanas que tuvo que pagar con gran sacrificio económico. Su comercio ultramarino sufrió grave
deterioro. Cundió el desánimo nacional con la quiebra de empresas y la elevación brusca de la
deuda nacional. La impopularidad de la guerra contra los colonos sublevados y la porfía de Jorge
III de dirigir como soberano absoluto la política interior y exterior (1761-1783), se hizo mayor por
las derrotas en tierra y en la región de los lagos.
Manadas de corsarios yanquis con base de operaciones en Baltimore acosaron las naves de
transporte y comerciales inglesas y cortaron la línea de abastecimiento de la flota bloqueadora de
los puertos norteamericanos. El escocés John Paul Jones lavó en el océano ofensas contra su
nación cometidas a la debelación del alzamiento de los clanes en 1745. La participación naval
francesa apoyada luego por la española consumó la virtual liquidación de la Home Fleet en el
Atlántico. El desastre de Chesapeacke fue para Inglaterra lo que más tarde habría de ser para
España y Francia el desastre de Trafalgar. Las Islas Británicas quedaron prácticamente
bloqueadas. Y en el campo neutral europeo se debilitaron las ayudas que pudieron asistirle en la
resistencia contra los nuevos golpes navales de Francia, de España y de los norteamericanos. La
situación exterior e interior se tornó insostenible, al punto que la Paz de Versalles de 178 3 fue en
los hechos un acto de rendición incondicional. La paz humilló a Inglaterra. Tuvo que reconocer
formalmente la independencia de las colonias de América aunque se reservara para la revancha
frustrada en 1812; devolver Menorca a España perdiendo el dominio del Mediterráneo Occidental;
entregar a Francia las islas de San Pedro y Miquelón frente a la costa canadiense "El sol do la
Gloria inglesa a su ocaso" lamentábase Pitt. El Atlántico Sur quedó libre de la armada de guerra
inglesa, que no retornó a las Malvinas hasta 1833. El área oceánica fue en ese lapso de dominio
absoluto de la marina española. La corriente de Benguela fue ruta española y los vientos alisios
aire español. Entre 1778 y 1790 el dispositivo ofensivo-defensivo de Montevideo y del Atlántico
Sur lo constituyeron estos puntos geográficos estratégicos: Montevideo -Malvinas - Fernando Poo.
La humillada de 1783 cooperó en el mantenimiento prestándose al deseo español de neutralizar la
pretensión holandesa de estorbar la navegación por el Cabo de Buena Esperanza (Tratado de
1787). No imposible, entonces, porque la marina holandesa era una sombra apenas de aquella
que un siglo antes alcanzara la mitad del tonelaje de toda la marina de Europa. Un aspecto naval
que tenía por "simulacro" el Holandés Errante, que la superstición hacía ver en días de mal tiempo
en aguas del Cabo de Buena Esperanza.
Ese período de decadencia inglesa corresponde al de mayor hegemonía naval española no sólo
en el Atlántico sino también en el Pacífico, Índico y Mediterráneo Occidental. Mayor densidad de
gloria, imposible.
Inglaterra no se dio por vencida. El impacto espiritual de 1783 no la llevó al colapso espiritual. Por
lo contrario. Tocada hondamente empezó a recrear fuerzas. La City y la burguesía de las nuevas
ciudades industriales se juntaron al deseo popular de reivindicación. Todos se pusieron a trabajar
intensamente "calafateando" la gran nave para lanzarla de nuevo a la revancha. Pitt el Joven es el
hombre de este período. Primero reparó la economía tremendamente afectada. La deuda pública
que en 1739 había llegado a 54 millones de libras esterlinas, ascendía a 146 millones al término
de la Guerra de los Siete Años y a 237 millones en 1803. Todas las rentas estaban absorbidas por
el pago de los intereses de los empréstitos, sufriendo además el crédito público. Se produce el
milagro levantándose el país de la postración económica. La deuda pública se consolidó. Por Bill
del 7 de febrero de 1792 se estableció un fondo especial de amortización del 1 % para cada nuevo
empréstito. Renació la confianza y con ella el crédito. Pitt introdujo otros factores imponderables
que aseguraron el concurso de un pueblo aguerrido y que habría, de entonces, pelear en primera
fila. Obtuvo la ayuda de los escoceses devolviéndoles las leyes municipales y los privilegios de
clanes (entre ellos el uso del traje nacional) quitados como castigo por la rebelión de 1746, El
paralelismo de estos aportes humanos invalorables se puede establecer en España en el
momento que la corona de título de hidalguía, con carácter universal, a los nativos de las
provincias vascongadas, en remedio de la anulación general de fueros en 17 07 y en
reconocimiento del esfuerzo iniciado en 174 6 por la Sociedad Vascongada Amigos del País que
cambió la ruta a Bayona (Francia) por el camino matritense. Así como Inglaterra consiguió con los
escoceses los mejores soldados y arrojados marinos, España recibió de toda Vasconia magníficos
marinos y valientes soldados.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
El comercio inglés se recuperó y las industrias volvieron a ocupar más brazos aplacando la
irritación de sectores populares sin ocupación. El proletariado inglés se acompasó con el espíritu
revanchista de los grupos industriales directores de la política nacional. Uno para todos y todos
para uno en favor de la Rule Britania. Las exportaciones subieron vertiginosamente de 1784 a
1793.
Durante tres años y medio (de diciembre de 1791 a julio de 1795) Inglaterra recibió protección
naval de España. A su sombra renació la Home Fleet. De 1795 a 1805 pudo equilibrar el dominio
de los mares, a pesar de la conmoción provocada en 1797 por la sublevación de la marinería
inglesa en Plymouth y Portsmouth que neutralizó por un momento los efectos de la victoria naval
de Cabo San Vicente. La afección napoleónica por las resultancias bélicas y políticas en canino
continental vinieron a fortalecer la posición inglesa. Napoleón no creía en la eficiencia de un poder
marítimo como decisorio, desoyendo el axioma válido hasta la Segunda Guerra Mundial, de que
quien domina las aguas domina las costas y gana las batallas finales en el campo continental.
Dejó caer sobre España el peso del esfuerzo naval, cediéndole en compensación la Luisiana
(1796).
En este momento España con misión decisoria en el mar, empezó a desarrollar un complejo de
inferioridad diplomático ante Francia. Descuidó gran parte del esfuerzo político por asegurar el
dominio del mar obsesionado por el brillo de los acontecimientos en los históricos campos del
Occidente europeo.
Entretanto Inglaterra, con habilidad y sin trabas espirituales (finis coronat opus) se dedicó ganar
por amigo en tierra enemigo de Napoleón y destruir gradualmente en el mar la fuerza resistente de
naciones de segundo orden que pudieran respaldar los planes napoleónicos. Primero quitó del
medio Holanda, que en 1780 había logrado recuperarse de los tremendos golpes que afectaron su
potencial, postrándola por varios lustros. En 1730 ocurrió la quiebra de grandes compañías a
causa de los daños en puertos e inundaciones (invasión del mar por brechas abiertas por el teredo
traído de las Indias Orientales, que destruyó las estacas de madera de los diques). En 1781 la
marina inglesa aplastó la holandesa en las acciones de Dogger Bank, Eustace, Malabar y
Coromandel. Luego eliminó la danesa (1800) en acción similar a la aplicada contra la flota
francesa de Vichy en la Segunda Guerra Mundial. El tratado de Looz con Prusia y Holanda le
aseguró no ser agredida desde el Báltico.
El vulcanisnio que hizo su parte en Holanda había actuado en 1755 también en favor de Inglaterra,
postrando a su aliada Portugal e impidiéndole un resurgimiento que aliviara la pesada carga
impuesta por el Tratado de Methuen. El impacto producido por ese fenómeno sísmico remató la
obra destructora del poder lusitano por Holanda a principios del siglo XVII. Causó tal
desmoralización que Pombal proyectó trasladar la corte de Lisboa a América. El fenómeno
geológico incidió en la historia interna del afrancesamiento administrativo (regalismo) de Portugal.
Acaso la expulsión de los Jesuitas de ese país estuviera ligada a la necesidad de distraer la
atención pública de los problemas espirituales, sociales y económicos derivados del descuaderna
miento nacional por el sismo.
En áreas continentales las cosas se presentaron favorables por reacción contra la Revolución
francesa primero, y contra la agresividad napoleónica después. Más no sólo por esto sino por
respuestas de otro orden (transformaciones) ocurridas en las grandes potencias terrestres. Sobre
todo en el espacio alemán, el Deutschtum (comunidad de los que sienten y hablan como
alemanes, expresión más espiritual que territorial) donde la Enciclopedia había ejercido, desde
tiempos de Voltaire, efectos corrosivos para la formación espiritual militar. Opina La Fue, que
Federico Guillermo III abandonó la concepción tradicional del Deutschtum sustituyéndolo por el
significativo de Aufklarung (Filosofía de las luces) que resultaba en un evidente proceso de
desnacionalización, cuyo centro de influencia estaba en Francia e Inglaterra. En el área católica
del Deutschtum (Imperio Austríaco) José II dejaba de lado la política anti-francesa y agresiva de
María Teresa, para ponerse a filosofar, imaginando reformas: "Desde el momento en que he
subido al trono he convertido la filosofía en legisladora de mi Imperio" (1781). Este debilitamiento
de la conciencia nacional germana y del Imperio Central facilitó los paseos militares napoleónicos
y a la postre resultó el mejor elemento para la posición inglesa, porque los vencidos buscaron en
su poderío naval el apoyo que ya no les daba la sólida formación que habían presentado antes de
la Revolución Francesa y la Primera Neutralidad Armada.
El Enciclopedismo fue el bumerang que golpeó el esfuerzo bélico francés por neutralizar
Inglaterra, cuyo precepto priman vivere no contradijo la filosofía del entendimiento humano (Locke)
75 
Leslie Crawford 
   
¿Por qué no añadir que el quietismo que invadiera a España a partir de 1795 (año de reencuentro
con Francia) fue la única ganancia espiritual de la Enciclopedia como centro del pensamiento, que
ya avergonzara al alma hispana con la traicionera imagen del "salvaje bueno" (Rousseau). España
quedó paralítica y en perjuicio de los intereses napoleónicos antes del violento despertar del 2 de
mayo de 1808.
Poco valor se ha dado al desarme espiritual de los enemigos de Inglaterra para mostrarlo como de
los factores decisorios del resurgimiento inglés. Francia hizo la revolución, Napoleón la proyectó
sobre Europa, pero Inglaterra la aprovechó. La disquisición no es excéntrica. Sirve para aclarar
mejor en qué período Montevideo contó con todos los elementos materiales y espirituales de
apoyo para ser señora absoluta del Atlántico Sur Occidental.
EL AVANCE EXTRA HISPANO POR EL SUR
Señalamos los avances sobre el Atlántico sur entre 1715 y 1739. Son paralelos de la marcha
(roteiros) portuguesa a lo largo de la costa atlántica de la Provincia Uruguaya del Tape (Río
Grande del Sur) iniciada en 1735 frente a Vacaría y culminada en 1737 con el establecimiento
lusitano en la Laguna de los Patos. El tratado de Methuen garantizaba a Inglaterra bases
terrestres en territorios portugueses. Importó, en cierto modo, una de las causas de la retención
inglesa de buscar puntos geográficos más al sur del paralelo 35º. Tanto los puertos atlánticos del
Brasil como la Colonia del Sacramento sirvieron de bases a la navegación inglesa. ¿Para qué
sumar complicaciones si se iba cumpliendo ineluctablemente la teoría geográfica portuguesa de
fijar el límite sur occidental en los Ríos de la Plata y Uruguay?
La expedición Anson de 1739 tuvo el carácter de una razzia marítima para neutralizar la asistencia
económica de América a España. La presencia en la Colonia (1762) de una armada inglesa
protegiendo una flota comercial de esa bandera respondió a compromisos contraídos con Portugal
con la alianza defensivo-ofensiva de ese año contra Francia y España como respuesta al Pacto de
Familia (1761). Cruzar la raya del 35" al sur era como atravesar el Rubicón. Tirada la suerte todos
los escrúpulos se desvanecieron como por arte de encantamiento.
El acto francés de 1763 de establecerse en las Malvinas precipitó la decisión inglesa de ubicarse
favorablemente en las aguas australes. En 1764 se realizó el primer acto planificado de
penetración (Expedición marítima de Byron) dando por invalidado el Art. VIII del tratado anglo
español de Utrecht.
El statu 1750-1760 había dependido de la neutralidad estática española, decenio que Inglaterra
aprovechó para evaluar la importancia de España en el mantenimiento del equilibrio europeo.
Anteriormente y a titulo de proyecto realizable en el instante oportuno, se trazaron en el
parlamento inglés las áreas de "ocupación ideal. Aranda se refirió a denuncias, sobre todo a la
proposición que en 1753 los Comunes prohijaron: un mapa señalando con encarnado lo que se
entendía pertenencia inglesa (Las tierras despobladas de la Patagonia del Atlántico al Pacífico
incluyendo las Malvinas).
El Pacto de Familia desató los elementos contenidos. Inglaterra dejó de tener inhibiciones. La Paz
de París (1763) fue violada por primera vez en el Atlántico Sur con la expedición de Byron (1764).
En 1766 los ingleses ocuparon la Segunda Malvina y asistieron, espectadores, al abandono
francés de la otra Malvina (1767). En 1770 España respondió expulsando a los ingleses. La
dualidad francesa la colocó en posición difícil y se obligó admitir (subterfugio) que la acción de
Bucarelli no había respondido a una decisión de la corona. Retornan los ingleses y en 1771 Lord
North afirma en los comunes el derecho de su país a la posesión de un puesto en el Mar del Sur
(Malvinas) para aprovechamiento y escala de sus buques. Anunció asimismo la iniciación de una
nueva era de descubrimientos e investigaciones científicas en el Atlántico Sur y Pacífico Sur,
concretada con expediciones navales que reanunciaron la existencia de nuevas tierras oceánicas
y la posible presencia del continente antártico. Nada nuevo si se consideran las exploraciones
españolas de Salomón, Nuevas Hébridas, Australia y la presencia de la Antártida (Tierra
Incógnita) en las primeras cartas planas.
Podemos decir que la posibilidad de un continente helado al sur no estaba descartado, sobre todo
porque los icebergs desprendidos de la Antártida avanzaban frecuentemente hasta el Cabo de
Hornos. Esto indicaba a los marinos, que también conocían los mares del norte, la existencia de
algo compacto al sur (tierras o aguas cubiertas de hielo) cuyos desprendimientos perturbaban la
navegación como los témpanos del Ártico. Es posible que esas montañas de hielo verdoso

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
brillante fueron las que intimidaron a los navegantes, junto con los violentos vientos, realizar
penetraciones en aguas más tenebrosas que las del Ártico.
Si en 1774 Inglaterra dejó Malvinas, se debió a la situación que se creaba en las Trece Colonias.
El colapso naval inglés de 1780 a 1790 devolvió a España el dominio absoluto del Atlántico Sur,
supremacía que se mantuvo hasta 1806-1807, fechas en que se producen las invasiones del Plata
(9). Hasta la reocupación de Malvinas en 1833 las expediciones inglesas corrieron de cuenta de
particulares; balleneros y foqueros que, con establecimientos sumamente precarios, pretendieron
imponer un uti possidetis en favor de la nación cuya bandera registraran. Se sumaban a esa
frecuencia de navegación los barcos ingleses dedicados al comercio del opio (droga que "cura
pero mata como un sable", al decir de un médico chino del XVI) en virtud del Privilegio concedido
en 1767 por el emperador chino. Fueron esas naves las iniciadoras de las rutas que luego harían
más famosas los clippers del opio, descritos tan crudamente por Basil Lubbock en The Oppium
Clippers.
La alianza naval anglo española de 1792 a 1795, la nueva asociación contra Napoleón iniciada en
1808 y la expectativa por la dilucidación del proceso revolucionario de la América hispana
postergaron las acciones oficiales inglesas de ocupación territorial, excepción hecha de las
fracasadas invasiones de 1806 y 1807. Una vez reconocidas por el gobierno inglés las nuevas
naciones americanas, a Inglaterra bastóle mantener su estación naval en el Río de la Plata, con
bases móviles en Montevideo y Maldonado, dejando de lado la aspiración de ocupar las costas de
Argentina y Chile en Patagonia. Sus balleneros y loberos tenían nuevas bases insulares (Shetland
y Oreadas del Sur) donde operaban sin llamar demasiado la atención de las naciones reunidas
frecuentemente en Viena. La agresión contra la soberanía rioplatense de las Malvinas se produjo
en 183 3 y esto obvió la cuestión patagónica. La estación naval Inglesa con apoyo logístico en las
bahías de Montevideo y Maldonado (bases móviles) y Malvinas (base fija insular) proclamó que
Gran Bretaña se consideraba y actuaba como soberana de las aguas australes. No necesitaba
más para imponerse en pleno desarrollo de la Civilización Industrial. Por paradoja el interior
patagónico comenzó a poblarse con súbditos de S. M. B. (galeses, escoceses e irlandeses)
dedicados a la cría de ganado lanar.
FRANCIA ESTELA LOS MARES DEL SUR
Se ha expuesto con grandes rasgos la política de penetración inglesa del Mar del Sur. Para
completar el cuadro lo haremos con la abortada aspiración francesa nacida de la transferencia de
un Borbón a los reinos españoles. La guerra de Sucesión hizo renacer las esperanzas de una
France Antarctique, pero esta vez del paralelo 35º al sur. Comenzó con el Asiento francés que
precedió al inglés y las penetraciones con permiso hasta las Islas Malvinas, con el compromiso de
llevar pabellón español (autorizaciones de Felipe). Fueron las primeras expediciones legales
científicas, comerciales y de experiencia ictiológica realizadas por país extrahispano. La historia
del Río de la Plata recuerda, con noción clara, la penetración gala, como anticipo de accesiones
prefiguradas en el Pacto de Familia de 1761. El proyecto Ceballos de fortificar Maldonado en 1758
obedeció a la necesidad de rechazar expediciones francesas al Atlántico Sur (R. H. Tomo XXXVI,
doc. 28 y 32). Manuel Moreno en la protesta del 17 de junio de 1833 dirigida a Palmerston por la
ocupación inglesa de las Malvinas trajo a la memoria las visitas a las islas realizadas entre 1700 y
1708 por varios buques que salieron de Saint Malo. De ahí nació el objetivo de esos pescadores -
corsarios, conocedores del valor de las islas estratégicas - su razón de sobrevivencia - de
establecer en aquellas bases de descanso para los buques mandados al Pacífico. Fue
Bougainville el primero en levantar barracas en 1764, al término de la expedición partida de Saint
Malo el 15 de setiembre de 1763.
La más notoria de las expediciones francesas al Plata anteriores a Utrecht (1713) fue la que partió
en el Saint - Jean Baptiste de Marsella en 1707 al mando de Jean Doublet y llegó a estas latitudes
en 170 8 para realizar, como pretexto principal, observaciones marítimas y astronómicas por el P.
Luis Feuillée. En el estuario se cruza con varias naves inglesas que tenían su base en la Colonia
del Sacramento, y otras francesas que realizaban la trata de negros.
En 1717 Jean David, marino bretón, sube el río Uruguay hasta Santo Domingo Soriano obteniendo
una visión clara de lo que representaba la explotación de la ganadería. (Asiento inglés de las
Vacas y exportación por Buenos Aires).
El apogeo del corambre atrajo la piratería gala en gran escala. En 1720 Etienne Moreau cayó
vencido en Maldonado.

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Leslie Crawford 
   
Numerosos barcos corsarios bretones con base en Saint Malo, siguieron recorriendo las aguas del
Atlántico Sur, vulgarizando el nombre de las Malvinas. Completaban así la información brindada
por los navegantes ingleses y holandeses sobre las existencias de peces, cetáceos y pinnípedos
en las aguas australes (la gran reserva que comenzó a ser explotada a mediados del XVIII y
alcanzó su punto culminante en el último decenio del siglo). Se debe tener presente la
especialización de los marinos bretones en la pesca del bacalao y la caza de cetáceos en el
Atlántico Norte y Círculo Polar Ártico.
El Pacto de Familia reavivó el interés francés por las bases insulares (instalación de las barracas
por Boungainville). España recordó a la Corte de París que el pacto no le daba derechos para
ocupar regiones en las que tenía títulos de descubrimiento, Las islas fueron devueltas en 1760
bajo presión naval española, ejercida desde Montevideo.
No es exacto que Francia volcara todo su interés por las islas de Oceanía, rodeadas más de
romanticismo que de realidades económicas. En 1800 Bougainville instaba al gobierno francés
ocupar las Malvinas y ubicar una colonia de 3 0.000 franceses, estableciendo allí una Terranova
ballenera. Napoleón pretendió jugar las Malvinas en los preliminares de la Paz de Amiens (1802).
Como también La Corte de París durante la guerra contra Rosas, prometiendo a España
reconquistar el Virreinato del Plata a cambio de "los derechos a colonizar el país de los
patagones". (Proyecto de visconde de Venancourt, comandante de la flota del Atlántico).
Es de evidencia que Francia mantenía pretensiones sobre áreas españolas, donde podía penetrar
sin entrar en choque frontal con Inglaterra, y que pasada la mitad del siglo XIX aún privada el
interés comercial de los centros bretones de explotación ballenera y pesquera. En 18 61 el
bergantín de guerra Beaumanoir cumplía la doble misión que habla recibido del contralmirante Du
Bouzet de visitar los puntos de la costa patagónica donde se hacía la casa de animales marinos.
En 1860 un bergantín francés al mando del capitán Luís C. Bertín, que se hallaba pescando frente
a la Isla Nueva (Malvinas) fue apresado por el bergantín inglés Tigre. En descargo Bertín declaró
"que no habla creído que el grupo de las Malvinas pertenecía legítimamente a Inglaterra"
(Informaciones Comerciales del Representante de Francia en el Uruguay) M. MAILLEFER (1861 -
1864). R. H. T. XXXVIII pp. 370 a 382).
Tan fofos eran los títulos de Inglaterra a las Malvinas, y entonces de Argentina a la costa de la
Patagonia....
LAS FUERZAS INTERIORES QUE EMPUJARON
Inglaterra (el Reino Unido fue proclamado en 1801 con la incorporación de Irlanda) no procedió
únicamente por motivos diplomáticos y estratégicos. Otras fuerzas interiores la empujaron
derramarse por el Octano español. Buscó puntos de apoyo en áreas ajenas por no nacer su
condición imperial de cesiones gratuitas y pacíficas, como Castilla y Portugal. El desarrollo
industrial y el vertiginoso aumento del producto bruto nacional creaba fortunas competidoras de las
amasadas con los frutos coloniales (América inglesa e India). La flota mercante crecía con igual
ritmo exigiendo su presencia en estas regiones las materias primas que el standard de vida del
ciudadano medio inglés iba adoptando. Los británicos abandonaron los zuecos de madera por los
zapatos y botas de cuero, prefirieron las velas de cebo de focas y ballenas que tenían más poder
lumínico que los candiles "accionados" con aceite, gustaron de los abrigos de piel de foca más
baratos y más "térmicos" que las pieles finas que aportaban los cazadores de la frontera
norteamericana (canadienses, norteamericanos y pieles rojas). Por otra parte, la urgente
colocación de capitales en industrias extractivas y producciones de consumo creciente en el Viejo
Mundo fortalecieron la "mecánica" de expansión inglesa. Estos factores materiales fueron
apuntalados más tarde por factores imponderables cuales el espíritu de revancha por la pérdida de
América inglesa y el temor de una victoria total de Napoleón en el continente que revirtiera la
Unión Jack a una etapa de sub desarrollo y dependencia económica. Se sumó otro elemento que
siempre aparece en períodos cruciales de las grandes revoluciones: el hombre providencial, los
Pitts padre e hijo, verdaderos directores de la política internacional inglesa orientada al dominio de
los mares y continentes, aprovechada con la fórmula posterior de Disraelí.
Hubo una conciencia nacional detrás de la política oficial inglesa de la última mitad del siglo XVIII.
Ya no era arte de pocos ni manejada en salones palaciegos. Era una empresa de todos, sentida
hasta por el más explotado de los obreros industriales. En esas causas radicó gran parte de la
fuerza expansiva representada por los Clives (India siglo XVIII) y Rodhes (África siglo XIX) más
felices que las cooperativas burguesas de la City, especuladoras con papeles (acciones).
Inglaterra cerró el siglo XVIII e inició el XIX con un catecismo económico nutrido por la esencia

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
luterano calvinista: La Riqueza de las Naciones de Adam Smith que ganó más adeptos en el
mundo occidental que la missionalia wesleyana (Metodismo) en África y Asia.
LAS RESPUESTAS DE ESPAÑA (MONTEVIDEO)
La política española ha sido estudiada a través de las conclusiones de sus críticos más negativos.
Sin embargo, todo fue diferente de la presentación historio-gráfica. Nunca fue ciega, o, por lo
menos, jamás dejó de mirar y accionar. En el proceso del plan de penetración de los mares
australes avisoró bien lo que estaban estelando las naves inglesas. En 1739 envió la flota de
Pizarro, con apoyo logístico en Maldonado y Montevideo para las operaciones en el Atlántico Sur
contra el almirante Anson. En 1766 ocupó las Malvinas quitándole todo matiz de inocupada. En
ese año, 29 de julio, Arriaga anunció que el propósito español de posesión efectiva de las
Malvinas era precaver que ni ingleses, ni ninguna otra nación, se apropiaron de esos parajes
australes. Era una afirmación de soberanía que comprendía aguas del sur y tierras por descubrir.
La R. Orden del 9 de agosto de 1776 creó el apostadero de Montevideo, Patagonia y Malvinas
para terminar con la costumbre de extranjeros de "dirigirse a las muchas calas y puertos de ellas
(Malvinas) para hacer acopio de grasa y pieles de lobos marinos".
El Tratado de San Ildefonso (1777) proclamó como línea inviolable e inamovible el paralelo 34º y
aguas vedadas las que de allí al sur quedaban bajo la custodia del Apostadero de Montevideo.
En 1796 (24 de agosto) año de unificación de mandos naval y político de Montevideo el Ministro
de Guerra e Indias Pedro Várela, llamó la atención que la potencia comercial inglesa habíase
convertido en el verdadero peligro de estas latitudes: "Los inmensos gastos hechos por esos (los
ingleses) en Puerto Egmont, Bahía Botánica, Jackson, Nootka, Isla Sandwich y otras partes, no
han tenido por objeto las utilidades del terreno ni las glorias de su conquista: todos sus conatos se
han dirigido siempre a extender y abrir nuevos canales a su comercio marítimo, reputándole y con
razón, el manantial de su poder y opulencia". (10)
Tal visión política clara no se cegó por la fraseología de la España de Pandereta. Consciente de
que el principio del uti possidetis podía acarrearle restricciones soberanas oceánicas, no aguardó
que el derecho histórico amparara las áreas reservadas para evangelización (poblamiento). El
principio de terca nullius apuntaba peligrosamente en el área marítima. Entonces dirigió sus
fuerzas a la ocupación efectiva de las áreas australes tenidas en reserva. En 1746 recurrió a la
"técnica" misionera sobre costas. Este primer operativo patagónico no se plasmó en realidad por la
imposibilidad de reducir a población fija los indios nómadas (cazadores) con ilimitado campo de
retroceso a regiones de refugio.
Consideramos de importancia establecer una cronología de expediciones de poblamiento y
estudio de costas patagónicas e insulares, que tuvieron su base de operaciones casi
exclusivamente en Montevideo y Maldonado. También participó la estación naval de Malvinas
dependiente del Apostadero de Montevideo.
1746 La fragata San Cristóbal con los padres Cardiel, Quiroga y Strobel parte de Montevideo
para establecer una Misión Jesuítica en la Costa Patagónica. Se busca lugar adecuado en San
Julián y Bahía de Camarones. Se desiste por estimar inapropiada la naturaleza del suelo y faltar
indios suficientes que justificasen el esfuerzo evangelizador.
1752 Un bergantín propiedad de Domingo de Basavilbaso parte de Buenos Aires y establece en
San Julián una base pesquera. Regresa en 1753 dejando tres voluntarios que sólo soportan tres
meses. Dos perecen y uno regresa a Buenos Aires.
1700 España ocupa las Islas Malvinas. Expedición de Ruiz Puente que parte de Montevideo.
1767 Perlier en el chambequín Andaluz sale de Montevideo, recorre la Patagonia y Tierra de
Fuego, llega al Cabo de Espíritu Santo. Toca las Malvinas para reabastecerse y retornar a
Montevideo.
1768 Manuel Pando parte de Maldonado con el bergantín San Francisco de Paula con cuatro
dominicos para formar una reducción patagónica. Llega hasta el Estrecho de Lemaire, Retorna por
las mismas causas que frustraron el intento de 1746.
1768 Otra vez Pando con su bergantín acompañado de la goleta San Rafael parte de
Montevideo. Explora la costa patagónica hasta Puerto Deseado.

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1701 Llega a Puerto Deseado la fragata Santa Rosa comandada por Francisco Gil Lemes.
Había partido de Buenos Aires, en viaje al Estrecho de Magallanes. Le acompañan en esta
expedición la balandra San Carlos y la goleta San Fernando. Tocan Puerto Deseado, continúan
viaje hasta el Estrecho, pero llegando al Cabo Barreras la Junta de Oficiales de la expedición
aconsejó el retorno por las condiciones precarias de navegabilidad de las naves.
1770 José Goicochea parte de Montevideo con el bergantín San Francisco de Paula. Reconoce
Punta Valdez, Golfo Nuevo, Punta Ninfas, Puerto Deseado, San Julián y toma rumbo a las
Malvinas para unirse a la expedición de Rubalcaba que intimó el retiro de los ingleses.
1778 Real Cédula del 24 de marzo, Carlos III dispone fundaciones en la Patagonia para evitar
"que se adelanten los ingleses". Se escogen Bahía Sin Pondo, Puerto Deseado y San Julián. El
1'5 de diciembre parte de Montevideo la escuadrilla compuesta del paquete Santa Teresa, la
zuniacá San Antonio la Olivera y el bergantín Nuestra Señora del Carmen. El 7 de enero de 1779
desembarcan colonos en San José. Es abandonada el 1 de agosto retornando la fracasada
colonia a Montevideo.
1780 Parte de Montevideo la expedición de Antonio Viedma. El 13 de enero se funda Puerto
Deseado. En octubre parte de Montevideo la expedición que fundó San Julián. Poco después se le
traslada a Puerto Deseado, que a su vez es abandonada como población, no como
establecimiento, el 24 de enero de 1784. Parte de Montevideo otro grupo de inmigrantes
peninsulares, en los bergantines Nuestra Señora de la Piedad, Nuestra Señora del Rosario y
Gálvez, para hacer población en torno del fuerte. Carmen de Patagones.
1786 Entre este año y 1784 se realiza intensísimo tráfico marítimo y patrullaje naval entre
Montevideo, Patagonia y Malvinas.
1783 Las fragatas Venus y Santa Balbina realizan un crucero por el Atlántico Sur operando
contra cuatro fragatas inglesas y tres francesas dedicadas a la pesca de ballenas. Apresan una
nave inglesa y ahuyentan las restantes. Ambas partieron de Montevideo.
Expedición de Malaspina. Exploración de la costa patagónica y de las Malvinas. Partió de
Montevideo, Ramón Clairac desde Malvinas, desaloja dos naves inglesas que operaban en la
zona de Puerto Deseado.
Expedición de Juan Elizalde a la costa oriental de Tierra de Fuego. Parten dos naves desde
Montevideo. Expulsión de la fragata inglesa Teen Brothers de las cercanías de Puerto Deseado y
varias embarcaciones balleneras y foqueras en cumplimiento de lo acordado con Inglaterra sobre
pesquerías (Tratado de El Escorial). También es expulsada de la bahía oeste de Malvinas la
goleta norteamericana Peregrina, señalando las primeras apariciones marítimas de la ahora
Confederación de los Estados Unidos de América.
1791 Parten de Montevideo la corbeta Santa Eulalia y el bergantín Nuestra Señora del Rosarlo.
Expulsión de ingleses de la Isla de los Estados. El Gobernador de Malvinas Ramón de Clairac
había escrito al virrey Loreto que en 1788 los ingleses habían ocupado la isla y fundado en las
inmediaciones de Cabo de Hornos la base llamada Nueva Irlanda.
1793 El 29 de julio el gobernador de las Malvinas, Sanguinete reunió Junta de Oficiales para
proceder contra loqueros norteamericanos. Se acordó armar en guerra el bergantín San Julián de
Gálvez. En el Puerto de los Desvelos se procedió a destruir las instalaciones levantadas por
aquéllos. En esa expedición son expulsados siete bergantines norteamericanos y uno francés. Lo
mismo se hizo con los bergantines Ark y Governor Brown, operando en las inmediaciones de
Puerto Deseado. Ante reclamaciones y consultas Godoy declara en 1797 que los buques de
guerra de la Confederación Americana también caían, como todos los de las demás naciones, en
las prohibiciones impuestas por el Tratado de 1790.
1794 Sale de Montevideo la expedición de Juan Gutiérrez de la Concha. Releva-miento de la
costa patagónica. En febrero de 1795 regresa a Montevideo.
1802 Se expulsa desde las Malvinas la fragata norteamericana, de la Confederación, Juno que
por allí operaba y de la desembocadura del Río Negro la balandra Diana, del mismo pabellón.
1803. Son decomisadas en Puerto Deseado pieles de lobo faenadas por un bergantín inglés
capturado.
1804-1808 Convoyes por el Atlántico Sur y Cabo de Hornos, destacándose la corbeta Fuerte.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Refiriéndose a los episodios de 1791 a 1803 el Gobierno Argentino dijo que de esa manera se
anularon los "derechos usuales de pesca en los Mares del Sur". Tales episodios fueron
presentados para refutar títulos aducidos por Inglaterra y los Estados Unidos de América sobre las
Islas Malvinas (Cambios de notas de 1886-1887 entre el Ministro argentino en Washington Vicente
G. Quesada y el Secretario de Estado F. J. Bayard).
Los actos de posesión hispana son irrefutables. "Creemos que a principios del siglo XIX España
había satisfecho con creces el requisito de la efectividad de ocupación según el Derecho de
Gentes de la época". (PUIG, Juan Carlos). La Antártida Argentina ante el Derecho Internacional,
pp. 122.
Antes de la institución del Apostadero partían de Montevideo las expediciones reafirmadoras de
soberanía marítima asignada. También es significativo que la operación de poblamiento de la
Patagonia sea contemporánea de la expedición a Fernando Poo y Annobon. Trácese el triángulo
Montevideo-Tierra del Fuego-Fernando Poo y se tendrá la idea del área de responsabilidad del
Apostadero de Montevideo. Decimos responsabilidad y no de soberanía porque las aguas
oceánicas al este de la línea de Tordesillas (y luego al este de la fijada por el tratado de San
Idelfonso, que tiene el Chuy por eje) eran de la exclusiva portuguesa. Pero se puede hacer
referencia a un Montevideo Ecuatorial, lamentablemente maculado por la esclavitud. Puerto único
para la introducción de esclavos negros que se distribuían para Chile, Perú y todo el Río de la
Plata, piezas adquiridas en el Golfo de Guinea (Cédula del 24 de noviembre de 1791).
A las expediciones y poblamientos orientadas a eliminar todo pretexto de térra nullius se deben
agregar, como elementos de ejercicio de soberanía efectiva de aguas y tierras emergidas:
a) La ocupación y posesión efectiva de las Malvinas con gobernador-residente-miembro de la
Armada Española y dependiente del Apostadero de Montevideo;
b) Los viajes semestrales de naves de guerra entre Montevideo y las Malvinas (rutina naval y de
patrullaje) y las comunicaciones con naves mercantes tanto desde Montevideo como de
Maldonado con las Malvinas y Puerto Deseado;
c) El patrullaje periódico en aguas australes por la nave apostada en Puerto Soledad;
d) La frecuencia de uso de la ruta Callao-Valparaíso con puertos españoles por la ruta del Cabo
de Hornos y Estrechos y viceversa con recalada obligada en Montevideo. El 16 de noviembre
de 1776 se hacía obligatorio a los capitanes de buques en viaje de El Callao a puertos
españoles, recalar en Montevideo para recibir órdenes e instrucciones;
e) Las operaciones de balleneros y foqueros españoles tanto desde bases chilenas como de
Montevideo y Patagonia antes de la fundación de la Real Compañía Marítima; (12)
f) La actividad de las embarcaciones de la Real Compañía Marítima que desde 1790 a 1806, con
bases en Maldonado, Islas Gorriti y Lobos, tenía por punto de apoyo en las costas patagónicas
el Establecimiento de Puerto Deseado, sin perjuicio de operar circunstancialmente en islas más
cercanas del círculo polar Antártico; y
g). Hasta 1800 los foqueros de pabellón extranjero no habían traspasado en operaciones
planificadas la línea meridional alcanzada por los foqueros y balleneros españoles de la Real
Compañía Marítima, cuyas cartas de navegación, rutas y marcaciones fueron incautadas por
los ingleses al tiempo de la invasión y saqueo de Maldonado.

NOTAS DEL CAPITULO VII

(1) No hay en la historia de la humanidad proceso de autocrítica más profundo que el que conmovió reyes, 
juristas  y  teólogos  sobre  derechos  de  la  corona  castellana  a  poseer  y  evangelizar  el  Nuevo  Mundo.  El  tema  es  de 
enorme  vastedad  para  ser  tratado  en  pocas  líneas.  Las  dudas  legales  y  los  actos  de  contrición  que  enzarzaron  por 
medio siglo largo a los hombres de pensamiento españoles. Cf. VITORIA, Francisco, AVALA, Baltasar, SOTO, Domingo 
de, SUAREZ, Francisco, BAEZ Domingo, MOLINA, Luis de, LAS CASAS, Bartolomé. También las Leyes Nuevas de 1542, 
Política Indiana de Juan de Solórzano Pereira y la Recopilación de las Leyes de Indias, de 16 8 0. 
(2) Tratado de Madrid (18 de Julio de 167 0 ) :  Inglaterra y España se reconocieron mutuamente: a) el derecho 
inglés a las tierras "que tienen y poseen al presente", b) el derecho español a las posesiones del continente americano 
australes. 
No, alteró esta transacción la ocupación inoficial de Puerto Deseado (1680) por Sir John Narbrough, que apenas 
duró cinco meses. 
(3) Cf.  PARRY,  J.  H.  El  Imperio  Español  de  Ultramar,  Cap.  13,  HARING,  C.  H.  Comercio  y  Navegación  entre 
España e Indias en tiempo de los Habsburgos. 
81 
Leslie Crawford 
   
(4) La transacción de Utrecht, debe ser considerada un triunfo inglés y una victoria de la Reforma. Inglaterra 
entraba con navicert en zonas hasta entonces vedadas. Todo era comenzar. Los hechos sucesivos son clarificadores. 
Pitt el Joven se equivocó al negarse a acuerdos que no significaran total imposición inglesa: "Ningún nuevo tratado de 
Utrecht manchará nuestra historia". 
(5) Willians Phips, corsario nacido en Maine, fue elevado al rango de caballero (Sir) en mérito de apoderarse 
de un galeón cargado de oro y plata al norte de La Española. No se debe enfatizar en el carácter "corsario" porque la 
actividad  respondía  a  reglas  del  Derecho  Internacional  Marítimo.  Una  nave  corsaria  equivalía  a  buque  de  guerra 
privado. 
El corso comenzó en el Mediterráneo en el siglo XIII. Las más antiguas letters of marque son las de Pisa  ( 1 2 9 8 )   
y Genova  (1313). 
No se le consideraba negocio desdoroso   (COLOMBOS, Op.  cit.,  p.   3 52). 
(6)  En 1740 los ingleses se cruzan a los rusos que hacían su aparición en los Mares del Sur, explicándoles que 
violaban el derecho español reconocido en el Art. VIII del Tratado de Utrecht entre Inglaterra y España. MOLINARI, op. 
cit. 17. 
Se  agrega  como  factores  de  respeto  por  esa  área  tabú:  a)  las  ventajas  concedidas  por  España  en  Utrecht  b)  la 
política de equilibrio mantenida por el ministro Walpole (a) El Dr. Equilibrio, quien procuró la amistad con Francia y la 
paz  con  España  de  1712  a  1739,  período  alterado  de  1718  (28  de  diciembre)  a  1720  (20  de  mayo)  por  la  guerra 
anglofrancesa contra España. 
(7) La presciencia que se lograrían los propósitos de reinar sobre las aguas, se anunció en las leyes contra la 
piratería, cuando esta se volvió contra los intereses ingleses en 1700. 
(8) Distintivo de bronce hallado en la isla. Se conserva en el Museo Histórico Nacional  (Montevideo). 
(9) Esa operación combinada sobre el Río de la Plata estaba en los grandes proyectos expansionistas  (1790)   
de Pitt el Joven. MOLINARI, op. cit. p.  48. 
 

(10) MARTÍNEZ  MONTERO. El Apostadero etc.   (Anexo  9). 
(11) Continúa  siendo  escala  ideal  de  exploraciones  a  la  Antártida.  Shackleton  partió  de  Montevideo  en  el 
Erebus, primero, y en el Quest, después, V. Fuchs en el Theron deja Montevideo en 1955 rumbo a Georgia del Sur; en 
1960 el Kista Dan, nave polar inglesa sale de Montevideo rumbo a Malvinas y Georgias, etc. 
(12) Gritwiken,  puerto  de  la  bahía  de  Cumberland  (Georgias  del  Sur)  y  centro  de  la  industria  ballenera, 
significa  en  noruego  "bahía  de  las  ollas",  por  la  gran  cantidad  abandonadas  en  la  costa,  seguramente  usadas  por 
balleneros españoles de la Compañía de Maldonado. Las Islas fueron descubiertas en 1756 por el buque español León 
de  Lima  rumbo  a  Cádiz.  En  aguas  próximas  fue  sepultado  el  Conde  de  Poblaciones  Domingo  Ortiz  de  Rozas.  Fueron 
conocidas de los españoles por Islas de San Pedro. SAN MARTIN, C. Argentinos en la Antártida, p. 31. No es razonable 
que  el  nombre  Bahía  de  las  Ollas  parta  de  ese  acontecimiento,  porque  el  León  no  estaba  destinado  a  la  caza  de 
ballenas.  Es  de  lógica  suponer  que  los  útiles  perteneciesen  a  naves  de  la  Compañía  Marítima  con  bases  en  Puerto 
Deseado. Y que fueran de larga data en el momento de su hallazgo. Otro detalle de interés. En 1790 el Principessa visitó 
las Georgias del Sur para realizar una temporada de caza mayor. 
Los vestigios de establecimientos en la Isla Gorriti y los grandes caudales que llegó atesorar, despertando la avidez 
de Popham, indican que la actividad alcanzó dimensiones extraordinarias. 
Era de vieja la actividad ballenera desde estas regiones. El montevideano Francisco de Medina se dedicó a la caza 
en 1776‐1783 hasta que la desaprobación virreinal orientó su actividad al campo saladeril. También importa mucho la 
opinión  científica.  Charcot  dijo  de  las  Shetland  y  Decepción  situadas  frente  a  la  Península  Antartica  y  rodeada  de  los 
mares Bellinghausen y Weddell: "No estoy lejos de creer que eran conocidas de los españoles". Vallaux cita la opinión 
de  Douglas  Mawson:  "Los  mares  australes  fueron  antaño  más  frecuentados  que  ahora.  En  los  tiempos  de  la  caza  de 
focas se hicieron numerosos viajes en secreto, en busca de nuevas islas de focas, y de estos no quedan relación alguna". 
Op.  Cit.  121.  Esta  afirmación  sobre  omisiones  puede  ser  terminante  considerando  que  los  ingleses  no  devolvieron  la 
documentación incautada en la isla de Gorriti. Ahí están muchas revelaciones relativas a la progresión de vinculaciones 
entre  el  Uruguay  y  la  Antártida  (Operaciones  pesqueras).  Es  válido  el  concepto  siguiente:  "los  foqueros  y  balleneros 
españoles  fueron  omisos  de  información  de  sus  travesías  por  aguas  australes  y  antárticas.  FITTE,  Ernesto.  El 
Descubrimiento de la Antártida, p. 291. Como también la protesta de mentalidad ganaderil (mediterránea) del autor de 
Dos noticias sobre el estado de los campos de la Banda Oriental, quitando importancia a la pesquería en la región de 
Cabo de Hornos, donde "una banca de nieve ha hecho zozobrar más de un buque español", p. 5 01. 
 
 
 

82 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
CAPITULO VIII 

FACTORES ECONÓMICOS Y FENÓMENOS BIOGEOLOGICOS 

Parte de estos factores fueron presentados desperdigadamente en capítulos anteriores. Es


conveniente reagruparlos, para formar conciencia clara del por qué y lo que fue el Uruguay
Atlanticense, porque son las otras concausas que tuvieron desarrollo en tierra y agua.
La punta del ovillo vuelve a aparecer en Utrecht (1) al abrir camino a la participación inglesa en los
provechos de la ganadería y al convertir posteriormente al gremio de los hacendados (fuerza
económico-política mediterránea con proyección marítima: armadores-exportadores), en
porcioneros de las grandes utilidades de la riqueza pecuaria.
El proceso de desarrollo económico está bien marcado por tipos de producción:
a) Comienza con la exportación corambrera; b) se afirma con las carnes saladas o secas y la
producción triguera, y c) se consuma con la explotación pelágica.
Concurren a la evolución: I. La moda masculina, cada vez más exigente de productos exóticos; II.
el aumento demográfico europeo y la elevación del standard de vida de las clases burguesa y
media por su participación creciente en la Revolución industrial, que también aumenta las
posibilidades de la clase proletaria "adscrita" a ese proceso; III. cambios de la dieta alimentaria del
Viejo Mundo, y IV. libre comercio entre puertos españoles y americanos.
1. La Era del Cuero-Carne
Son sus figuras, por orden cronológico, la South Sea Co o South Sea Bubble (bubble, en inglés
engañifa, por la burla que significó a los pequeños accionistas), los faeneros porteños y
santafecinos, las comunidades misioneras, Alzaibar, sus socios y descendientes, el primer grupo
de hacendados de la región de Montevideo y parte de la Banda Oriental; y, finalmente, el
neocapitalismo uruguayo de origen corambrero orientado a la exportación unida a la función
armadora (marina mercante).
+ EL CUERO
La gran demanda internacional (de otra manera no se explican los enormes sacrificios de
empresarios-corsarios ingleses, franceses y holandeses de participar del corambre de los campos
uruguayos) estuvo bajo el signo de la Civilización Industrial, el cambio de la representación
exterior de la población de las ciudades europeas y la complementación de hábitos alimentarios.
La ganadería del Río de la Plata se valorizó por causas aparentemente simples, pero que
constituyeron la base de una gran demanda (colocación sin el esfuerzo que significa buscar
mercados para lograr compradores), abandono de los zuecos de madera y uso de zapatos y botas
de cuero, empleo acrecentado con la formación de ejércitos profesionales y predominio de la
infantería adiestrada para las grandes Paradas y maniobras que gastaban el calzado, amén de los
hechos para la guerra.
La abundancia de oferta fue acompañada por la existencia de mercados de colocación, donde se
desarrollaba la técnica del cuero; la guarnicionería (talabartería) que lo usaba en "cantidades
industriales". Se superó la etapa de la guardamacilería (artesanía de cueros estampados,
labrados, dorados y plateados). El desarrollo de esta industria motivó en España la cédula del 18
de marzo de 1783, incluyendo los oficios de curtidor, zapatero, herrero y carpintero en calidad de
"honestos y honrados". Para romper esa barrera era preciso un añejamiento de oficio, y a la vez
única forma de romper la tradición de las Corporaciones.
Se agregan al uso el impulso de la industria editorial y el gusto por la encuadernación con cuero
de libros; el desarrollo del sistema de diligencias (2) como consecuencia de la política carretera
europea del siglo XVIII (3) y la sustitución de los viejos arcones de madera por arcones de cuero.
La Revolución Industrial exigió mayores cantidades de cuero para la construcción de partes
móviles de máquinas, amortiguadores de coches, envases, etc. (4)
Las "materias primas" del Río de la Plata eran las adecuadas para la tecnología del siglo XVIII, y
España, a partir de las reformas impuestas por la administración francesa, culminadas con la
83 
Leslie Crawford 
   
política de Carlos III, estaba en la misma edad tecnológica que la Europa protestante (industrial).
(r) Desde mediados del siglo XVIIT era el Río de la Plata el mejor proveedor de cueros para el
mercado peninsular por la declinación sufrida por la Mesta (Institución de la crianza de ganado
transhumante que feneció en España, —como en América la cría cimarrona con la aparición de las
zanjas, cercas y alambradas— con la afirmación del principio de. propiedad inviolable: términos
intraspasables).
El fenómeno interior uruguayo es descrito por el autor de Noticias sobre los Campos de la Banda
Oriental diciendo que la demanda de cueros fue enorme a partir de 1778: "Hoy se ocupan muchos
de recorrer la campaña buscando cueros con plata en mano de Estancia en Estancia; y de cien mil
que salían para España cada año (cuando habían buques que los condujesen) hoy salen un
millón" (P. 360).
+ LAS CARNES
La región, exportadora de cueros y sebos hasta 1750, se eleva a la condición de proveedora de
carnes saladas o secas. Inciden en este proceso fenómenos alimentarios, laborales y de
explotación ganadera. Las carnes saladas o secas se vendían a distintos mercados americanos y
españoles. Se unió a esto el constituir la carne así preparada el alimento de la población negra
esclava o empleada en plantaciones, en aumento creciente en el siglo XVIII. Concurrió a la
cuestión de la dieta alimentaria el desarrollo de la estancia,, donde el ganado, hasta entonces
cimarrón, de carnes durísimas y magras, comenzó tenerlas más blandas y gordas (aceptables
para la comida que reemplazaría regímenes en base de peces y vegetales: el europeo agregó un
plato más a su lista). Favoreció la actividad saladeril la importación de sal venezolana.
(HUMBOLDT, Viaje a las regiones equinocciales pág. 699) y el descubrimiento de las grandes
salinas del sur de Buenos Aires.
En el año de la Institución del Apostadero (1776) se instalaron en el Río de la Plata los primeros
establecimientos. Comienzo de una gran exportación de carne salada llevada en barriles con
salmuera. Saladerista y armador llegaron ser funciones inseparables, como lo había sido antes el
corambrero. Un sucesor industrial-ganaderil de Alzáibar, el opulento Francisco de Medina, nacido
en el Uruguay, armó una flotilla de seis barcos con los que en cierto momento abasteció la
Patagonia, Malvinas y las plantaciones cubanas. Sus continuadores fueron los asentistas,
proveedores de la armada española de los departamentos navales europeos, como también de las
naves mercantes y de guerra que hacían escala en Montevideo.
Así comenzó la exportación tradicional que se afamó con el descubrimiento de la conservación por
el frío (transporte marítimo y establecimientos frigoríficos elaboradores). El consumo de la carne
seca o salada dio el golpe de gracia a las especies (los adobos que hacían ingeribles los alimentos
perecederos), y también un nuevo sentido al Asia.
No obsta decir que la marina mercante española reemplazó las bodegas del Asiento inglés (South
Sea Co), y que Montevideo montó guardia conservando para la comunidad de reinos españoles la
fabulosa dehesa del ulterior Uruguay y Argentina.
+ EL TRIGO
El cambio dietético europeo y la mayor capacidad adquisitiva de las poblaciones con rápido
crecimiento impusieron la civilización agrícola próxima de los centros de elaboración y exportación.
El Río de la Plata (el Uruguay después de la fracasada colonización de la Patagonia tuvo su
granero en la cuenca del Santa Lucía), se inició, aunque tardíamente, en la exportación de granos
y harina, completando la carga de naves que llevaban cueros y carnes elaboradas.
El Río de la Plata (Argentina, Chile y región de Montevideo) tuvo su parte en la problemática
europea del siglo XVIII.
Los volúmenes crecientes de importación de trigo ultramarino impulsaron a los capitales europeos
crear en el área del Viejo Mundo los centros occidentales de producción similar y participar de los
frutos de ese comercio. Los capitales formados con las ganancias en las industrias se volcaron a
la tierra. Los ricos, fisiócratas aparte, colocaban su dinero en tierras (nevvlandlords o burguesía
rural con intereses manufactureros). Junto con los campos trigueros se desarrollaron las cabañas
(crianza de ganado de raza). Sin llegar a proveedora de carnes Inglaterra se convirtió en la
campeona de la preparación de las mejores especies (pedigree), que luego habría de importar el
Río de la Plata pagando precios increíbles por los ejemplares más hermosos. Ese interés de los
industriales ingleses (historia interna del capitalismo industrial) derivó en la formación de una

84 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
conciencia nacional proteccionista, luego bisecada y convertido un sector en opositor de leyes
arancelarias sobre el trigo para atender reclamos de la clientela nacida de la reforma de las leyes
elementales. Mientras existieron "burgos podridos" (Rottenborgs) el proteccionismo fue axioma
económico inglés, con doctrinarios en el landlordismo. Tuvo su arista positiva en el período del
gran endeudamiento nacional. La cultura agrícola de la Isla frenó la "evasión de divisas" y evitó
que los neoterratenientes sufrieran tan severamente los golpes de los cracs fabriles. Al punto que
en tiempos de Jorge III la isla fue el granero de Europa. En ese lapso desaparecieron las tierras
comunales y se acentuó la emigración campesina (landless) hacia los grandes centros fabriles
como asalariados, o como emigrantes a las colonias o ex posesiones ultramarinas. Antes que
Italia, Inglaterra exportó masas de emigrantes pobres. El estanciero inglés del Río de la Plata no
pertenece al período hispano. Se presentó como el segundón de grandes cabañeros o industriales
que no pudieron adquirir en la Isla el espacio adecuado para continuar la actividad de sus
mayores.
El lector extrañará la relación de este proceso inglés de introversión de la actividad económica con
el desarrollo y grandeza de Montevideo como punto de salida de una economía agrícola y
ganadera pujantes. Pertenece a una de las tantas aristas que hicieron de Montevideo - Puerto
parte íntima de la Revolución Industrial, en su aspecto positivo: aplicación de la ciencia al proceso
productivo.
2. Las Nuevas Compañías Comerciales
Son sus figuras el Estado (la corona), los capitalistas españoles (burguesía enriquecida y reunida
en gremios poderosos) y accionistas americanos luego ennoblecidos por su actividad comercial. Al
fin y al cabo todos integrantes del ecúmene hispano (nacionalización del comercio y la
exportación).
El cambio estructural del comercio europeo post Utrecht determinó el florecimiento de las
corporaciones (compañías) comerciales, con otros estatutos. El neocapitalismo no gozó de la
libertad de acción de la burguesía de raigambre medioeval para actuar en áreas apartadas del
ámbito nacional (centro de concentración del dinero o circulante o ciudad-metrópoli). (6) En
cambio recibió el respaldo nacional que lo colocó al socaire de los grandes quebrantos
económicos, como aquellos del siglo XVII hicieran peligrar las economías locales y conmovieron
los cimientos del sistema colonial de Inglaterra, Holanda y Francia. El interés nacional engazó
perfectamente con el del grupo económico rector, sirviéndose mutuamente. (7)
Se amplió el campo de actividades. Participaron juntamente con los países de compañías clásicas
(Inglaterra, Holanda y Francia) países de mares interiores (Suecia, Alemania, Austria y Dinamarca)
y las ciudades Hanseáticas, aunque en período más tardío y cuando el "equilibrio europeo"
necesitaba agregar pesas en cada platillo para ponerlos a nivel. Sólo más tarde inquietarían a
Inglaterra al pretender la formación de un "tercer mundo marítimo". (Neutralidad Armada). La
preocupación se desvaneció con el bombardeo de Copenhague y la destrucción de la flota danesa
en 1801 por los mismos ingleses.
El mundo occidental comenzó a crecer dibujando en corto lapso el armazón de la Civilización
Industrial. El globo se estrechó en el área marítima por la concurrencia de naves comerciales que
iniciaban rutas apartadas de las de larga tradición. La habilitación del Cabo de Hornos para la
navegación entre el Atlántico y el Pacífico impulsó la actividad de la marina mercante española (no
necesariamente peninsular). Alcanzó tal volumen que en el último tercio del siglo XVIII no cedió la
derecha a la afamada inglesa, regida por cartabones más utilitarios. En el período finisecular el
Atlántico Sur se convirtió en caldera hirviente de los intereses internacionales de accesiones a las
fuentes alimentarias oceánicas y concentración de materias primas pelágicas. Por consecuencia
lógica Montevideo había de ser el centro de todas las actividades marítimas y eje de todas las
acciones represivas de intentos extranjeros de explotar las riquezas de las aguas australes
invadiendo u ocupando territorios hispanos. Sobre todo, cuando la línea tordesillerana con eje en
la Cananea se traslada en 1777 a la sanildefonsina con eje en el Chuy, con compensación asiática
en 1778.
La cronología de formación de compañías estatutarias españolas monopolizado-ras de áreas o
tipos de producción (combinación de esfuerzo de los armadores marítimos) es otro de los más
claros informes de cómo creció Montevideo en importancia internacional de todo orden.
1728. Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. En ella se asentó el poder del neocapitalismo
venezolano (aristocracia del Gran Cacao revolucionaria de 1810). Se constituyó con 300 acciones
85 
Leslie Crawford 
   
200 que tomó la Corona y 100 los comerciantes de esa región indiana, de 7.500 reales cada una.
Altamira dijo de esta sociedad mixta: "La historia de esa compañía es, durante casi todo el siglo, la
historia de Venezuela, donde dominó como ama y señora" (8).
Primera Real Compañía de Filipinas. Fracasó por mala administración y competencia extranjera
en las Indias Orientales.
Real Compañía de Galicia. Dedicada al comercio con Campeche para neutralizar el de madera
preciosa realizada por Inglaterra desde Belice.
(1740). Habilitación del Cabo de Hornos para la navegación interoceánica. La actividad comercial
marítima se proyectó al sur. Montevideo convertido de hecho en puerto único de escala de la ruta
magallánica y del Cabo de Hornos.
1740. Real Compañía de La Habana. Con flota de gran tonelaje. Atendió el comercio entre puertos
españoles y americanos y sobrevivió a la revolución hispanoamericana (9).
1751. Real Compañía de Barcelona. Tuvo de su cargo el comercio con Puerto Rico, Cumaná y
Margarita. Empresistas catalanes comenzaron a participar de la actividad pesquera en el Atlántico
Sur y Pacífico Sur. Llegaron tener bases en Patagonia y Chiloé, aunque efímeras. Entre 1770 y
1780 abastecieron de pescado seco y salado a los mercados del Alto Perú.
(1778). Apertura de los puertos del Río de la Plata al libre comercio con los puertos españoles.
1785. Segunda Real Compañía de Filipinas. La de mayor capital. Tuvo el privilegio, por veinticinco
años, de "todas las expediciones que hiciese a Filipinas y otras partes de Asia y para el retorno de
esos frutos y efectos a los puertos habilitados de la península, donde podría introducirse
libremente todos los frutos y mercaderías de la Asia".
"Merced a los trabajos de esta Compañía se desarrollo notablemente el comercio del Archipiélago
y aumentó mucho el cultivo del índigo, caña de azúcar, algodón, pimienta y otras plantas" (10). En
1818, como sucesora de la Compañía de Caracas participaba del comercio en las Antillas e
introducía allí "géneros de algodón asiáticos y europeos" (11). No obstante conectarse con el
Atlántico por la ruta Acapulco - Veracruz, fatigoso camino terrestre para la distribución de
mercancías filipinas en los mercados locales americanos, y exportación a la Península, empleó
con más frecuencia la ruta del Cabo de Hornos. Los tesoros de esta Compañía acumulados en el
Río de la Plata fueron codiciados por Pitt el Joven (12).
1789. Real Compañía Marítima. Con base en la Bahía de Maldonado e instalaciones en las Islas
Gorriti, Lobos, Malvinas, Pengüin (De los Reyes), puerto Deseado (Patagonia) y con toda
seguridad en las Georgias del Sur (Bahía de las Ollas) y Shetlands del Sur. Duró hasta la
ocupación de los ingleses de la Isla Gorriti y la destrucción de sus instalaciones (1806).
(1795). Apertura de los puertos hispanoamericanos a los yanquis, conforme el Tratado de San
Lorenzo el Real, de ese año.
(1797). Apertura de los puertos americanos a los barcos neutrales. Se agregaran las naves de
simples armadores o de sociedades menores que intervinieron en el tráfico comercial. En otro
capitulo hemos presentado la marina mercante americana y la actividad naviera rioplatense.
Diremos, también, que a partir de 1763 surcaron con gran frecuencia las aguas australes, tocando
Montevideo, barcos de la Compañía General de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, cuyo
capital en 1777 llegaba a los 210 millones de reales.
Las Reales Compañías fueron sociedades anónimas mixtas con estas funciones: a) fomento del
tráfico comercial; b) introducción del comercio español en los principales mercados del mundo; c)
construcción de naves mercantes (armadores). Constituían sociedades dinámicas, agresivas en
cuanto a asegurar la expansión comercial. Pese a la extensión de las áreas asignadas, las
Compañías sólo tuvieron finalidad comercial. En la Instrucción de 1787 Floridablanca recordaba
que la de Filipinas era de "comercio y no de dominación y conquista".
Razones que abundan para elevar la función de Montevideo en el ejercicio del uso comercial del
océano español.
3. Valorización del pasaje del Sur
Las exigencias cada vez mayores de la navegación, cuyas unidades aumentaban de tonelaje y
superficie para acortar tiempo, aumentaron de importancia los pasos del Sur (13). En 1740
entraron en estado auroral y en 1780 tocaron su albedo, respondiendo así la pregunta formulada

86 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
por Jorge Juan y Antonio de Ulloa antes de la mitad del siglo XVIII, de si convenía más la vía
regular de Porto-Belo o la del Mar del Sur, pasando por el Cabo de Hornos (14). Agregó valor a
este pasaje austral el empeño holandés por estorbar la navegación a las Indias Orientales desde
el Cabo de Buena Esperanza, obstáculo recién naturalizado en 1802 (Paz de Amiens, Art. 6).
Con el intenso ir y venir de naves de uno a otro océano Montevideo se fue asegurando la
condición de porcionero mayor, como decíamos, de las posibilidades del comercio de exportación
y la actividad de proveedora marítima. Esa posición estratégica (geopolítica) le impuso la
obligación de patrullar las costas patagónicas y los pasos del Sur, convoyar las naves mercantes
en períodos de conflictos armados. Así fue insistimos, como proclamó y ejerció soberanía efectiva
sin declinaciones hasta mucho después de Trafalgar. Después de 1811, año de retiro de la
estación naval de las Malvinas, aunque no de la población malvinense en su mayoría oriunda de la
región montevideana y de la Banda Oriental, el comercio inglés y tras él el de otras naciones,
comenzó a realizarse por los pasos del sur sin otros problemas que los creados por fenómenos
meteorológicos y oceánicos al hundirse el dominio soberano de España en el Atlántico Sur en
1814 (15).
La frecuencia de navegación, la presencia más al sur de barcos dedicados a la caza pelágica fue
acercando los nautas a las regiones antárticas. 1819 es el año del descubrimiento público del
continente austral realizado por el carguero inglés Williams al mando del capitán John Smith en
viaje desde Montevideo. Sin embargo, no se puede rechazar la hipótesis de que balleneros y
foqueros, entre ellos españoles, traspasaran antes las Orcadas del Sur y navegaran por el hoy
llamado Mar de Weddell (16). Tampoco la de viajes formales anteriores a 1819, pero mantenidos
en secreto, porque hasta 1818 España contó con el asentimiento de las grandes naciones
continentales para defender su derecho al Atlántico Sur (desde luego también sobre todas las
"colonias" en rebeldía). Política de la Santa Alianza.
Lo cierto es que en el período de gloria de Montevideo cada milla más navegada hacia el sur
ampliaba el campo de responsabilidad de Montevideo, en lo que se refiere a acciones definitorias.
El desarrollo del tráfico marítimo por el sur constituyó uno de los sucesos más notables de la Edad
Contemporánea, porque abrió de par en par el libro de los descubrimientos que faltaban hacer.
Los españoles iniciaron ese camino en el XVIII, sirviendo Montevideo de apoyo en escala obligada
hasta 1913/1914, fecha de apertura del Canal de Panamá.
El despertar en el XIX por las viejas ideas españolas de los siglos XVI y XVII de hender
Centroamérica para unir el Atlántico con el Pacífico, respondió a la necesidad de acortar distancias
y ahorrar gastos. Es el momento de la revalorización de Panamá y de la declinación de
Montevideo. También caerá la ruta Cabo de Buena Esperanza con la apertura del Canal de Suez.
Estados Unidos de Norteamérica se benefició con el Canal de Panamá, acortando de más de
11.000 kilómetros en la navegación de Nueva York a San Francisco (17).
Las costas patagónicas volvieron estar tan solitarias como en el XVI y XVII, visitadas solamente
por barcos de cabotaje. El ferrocarril, la carretera y el avión aceleraron el despoblamiento del Mar
Epicontinental. Hasta la navegación Montevideo-Malvinas se debilita después de dos siglos largos
de comunicaciones (18).
"Estas grandes navegaciones australes parecen terminadas... el Océano Austral escapa a la
influencia del hombre, que allí nunca fue grande. El Océano se despuebla, no sólo porque los
barcos mucho más grandes son menos numerosos —lo que puede verse en todos los mares—
sino porque las derrotas quedan abandonadas o retroceden hacia el Norte". VALLAUX. p. 128).
Véase la importancia adquirida por los puertos panameños en las puntas del Canal y evóquese el
Montevideo del Dieciocho para comprender, considerando épocas, la trascendencia alcanzada
como centro de la marina mercante y eje de poder naval hispánico.
¿Decirle ¡Adiós! a ese pasado? Lo creemos prematuro. Montevideo emergerá otra vez no sólo por
ser puerto clave de la Cuenca del Plata sino por fenómenos que ya atraen la atención de un
mundo angustiado por la contaminación destructora del aire y de las aguas, (19) la explosión
demográfica y el déficit alimentario, sobre las incalculables posibilidades de la Antártida como
región de reserva de la humanidad. La clausura de los programas espaciales en 1972, que no
volverán a poner hombre en la luna hasta pasado el siglo XXI, y la intensificación de las
investigaciones científicas en la Antártida realizadas por naciones de tecnología más avanzada,
reabren oportunidades para Montevideo. El tiempo dirá. Por ahora se deben eliminar retrasos en
declarar el interés uruguayo por la Antártida y evitar que se nos saque de la Troya por omisión de
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Leslie Crawford 
   
refirmar títulos asistidos por una tradición histórica de ejercicio efectivo sobre las aguas del Sur y
una posición geográfica (20).
4- Acontecimientos biológicos que incidieron en Atlántico Sur en el XVIII
El tema no es excéntrico. Pertenece a la serie de determinantes que hicieron de Montevideo y su
área marítima el centro de atención desde la mitad del siglo XVIII. El lector los aplicará a los
puntos relacionados con la explotación de los recursos vivientes de aguas australes. Un estado
semejante ocurre en esta década con la aparición en las aguas del Atlántico Sur de naves
europeas y asiáticas para dedicarse a la pesca legal o clandestina. Cambios de dieta alimentaria o
insuficiencia de las reservas pesqueras en el Atlántico Norte motivan la revalorización de las
carnes del Río de la Plata y la reactualización de la gran fama de la fauna pelágica del Atlántico
Sur.
Se representa fundamentalmente, por fenómenos de desglaciación o modificación del clima polar,
y emigraciones, fugas y exterminaciones de especies, tanto por causas climáticas o por actos
humanos.
A) VARIACIONES CLIMÁTICAS. RECALENTAMIEXTO.
El área tradicional de pesca y caza del Mundo Occidental fue el Atlántico Norte donde, desde los
siglos VIII al XIII se asistió a un proceso de colonización de las tierras insulares en torno del círculo
polar ártico. El Lartnamabok, compuesto hacia 120 0 refiere que, según la tradición islandesa de
fines del siglo VIII, con más precisión hacia el 765 de nuestra era, Islandia se hallaba cubierta de
bosques entre las costas y las montañas, habitada por irlandeses (erígenas). Es un indicio de que
la isla tenía un clima favorable y que a ella llegaban aguas tibias. El período templado facilitó los
desplazamientos de noruegos c islandeses casi paralelamente al círculo polar ártico (P. Ej. desde
Trondheim-Thule a Reikiavik, desde ahí a Groenlandia y desde esta a Vinland (América del Norte)
.El fenómeno climático representado por el retroceso de los hielos y el avance de los bosques
hacia el norte pueden ser explicación del período de descubrimientos, población y evangelización
tan ligados al desprendimiento de excedentes demográficos (empresa noruega) y a la leyenda de
San Brandan (empresa irlandesa). Sobre todo cómo en Groenlandia, que significa tierra verde,
que conocemos por suelo climático agresivo, se desarrolló una civilización agrícola-ganadera
viquinga (sistema de explotación granjera) que duró del XI al XV, proceso sólo explicable con un
clima propicio.
En ese Ínterin aparecen en las aguas nórdicas los pescadores de Saint-Malo (bretones)
especializados en la pesca del bacalao, la merluza y el salmón. Luego de ellos los vascos,
especializados en la pesca del bacalao y caza de cetáceos. Audaces los últimos no es imposible
que llegaran levantar establecimientos en la costa de Terranova, en el período final de las aguas
tibias. (Sobre la actividad vasca Vid. IRIART, Michel. Corsarios y Colonizadores vascos, Cap. II).
Tanto más si se considera que ese pueblo fue uno de los más capacitados en la explotación
pesquera de la Edad Media, obteniendo por ese concepto reconocimiento de privilegios. Por ej. el
Fuero de San Sebastián dado por Sancho VI de Navarra a mediados del siglo XII, referido a esa
actividad. De los bretones Juan Gaboto habría recogido la tradición de que viajando por el Paso
del NO se llegaba a la Isla de los Bacalaos. Sebastián Gaboto en 1497 habría llegado hasta los 67
½º de latitud rechazándolo los fríos intensos y en 1500 el portugués Gaspar de Cortezar no pudo
pasar los 56º. Período el primero que indicaría que no existían en aquellas aguas heladas las
barreras o represas de hielo que levantaría la glaciación del XIV al XVI, clausurando todos los
pasos y cambiando áreas de concentración o rutas de emigración de los peces.
Fue indudable que los bretones precedieron a los vascos. Claro testimonio resulta de que la
expedición descubridora que partiera en 1511 al mando de Juan de Agramonte llevara
obligatoriamente (sobre-carta de Doña Juana como reina) "pilotos bretones o de otra nación que
allá hayan estado" (Terranova). El pleito de la ciudad de San Sebastián en 1561 con los capitanes
de los barcos pesqueros permite establecer la tardía presencia vasca en Terranova, "hallada y
usada de pocos años y tiempo a esta parte", por lo que "han dejado (los pescadores y barcos
mercantes de la región) y dejan de hacer y seguir otros viajes de Flandes, Inglaterra, Andalucía y
Levante". Navegaban por el Canal de la Mancha y Mar del Norte con salvoconductos expedidos
por los reyes de Inglaterra (Concesión iniciada en tiempos de Eduardo III).
En el siglo XIV se habría producido el primer avance de los hielos (glaciares en Groenlandia,
Islandia y Escandinavia con repetición de efectos en los Alpes y pack en el interior ártico tocando
las costas continentales) empujando al sur las líneas de circulación del salmón, arenque y bacalao

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
y hábitat (aguas libres frías) de cetáceos, acortando las distancias a las zonas de pesquería y
haciendo más económica su explotación.
Lamentablemente estas fluctuaciones no fueron analizadas en sus momentos (las observaciones
más antiguas se habrían iniciado en Utrecht en 1706), pero no hay dudas que incidieron en la
ampliación del horizonte geográfico (descubrimientos colombinos) al acercarse a los trópicos la
línea de corrientes favorables marinas (Gulf Stream, Antillas y Ecuador) aéreas (vientos alisios).
Se iluminaron los trópicos y se entenebrecieron las áreas polares árticas. Vinlandia, Groenlandia y
la avanzada Spitsbergen (o Svalbard) entre los mares de Groenlandia y Barentz fueron rutas
menos recorridas y las dos primeras cayeron en el olvido por paralización de operaciones de
explotación. (21) Entre el Mar de Barentz y la isla de Nueva Zembla los hielos se tocaron en la
costa formando muro infranqueable. Así queda cerrado el avance de la navegación por el norte de
Rusia iniciada por los viquingos (rusyi) en el período de las aguas tibias. Allí habrían de estrellarse
también los esfuerzos ingleses del XVI-XVII por abrirse paso hacia el Este. También fracasó un
intento español de 1525 (expedición de Sebastián Gómez) en esa dirección. Las "espaldas de
Castilla del Oro" no pudieron ser halladas por la vía norteña; pero es lógico suponer que el intento,
posterior a la empresa magallánica, se originara en la creencia que por ese lugar podía haber
paso abierto entre los hielos.
El lapso comprendido entre los siglos XIV y XVII registra el enfriamiento del clima que impuso las
variantes en la actividad humana en los mares del Norte. En ese período la explotación pelágica
encuentra las líneas de peces y cetáceos a la altura de los paralelos 40 y 41, cuando entre el IX y
el XIII debieron hallarse entre el 50 y el 60. Estabilizada la temperatura en el XVI o por lo menos
producida una disminución de intensidad de enfriamiento, y sin cambios de posición de las rutas
de desplazamientos de la fauna marina, el Atlántico Sur todavía no podía ser área de atención de
las sociedades pescadoras de la costa atlántica europea. El siglo XVII es el siglo de los rindes
magníficos de pesca y caza entre los paralelos 40 y 41. En 1697. 121 barcos holandeses, 50
hamburgueses, 15 de Bremen y 2 de Einden cazaron en poco tiempo 1950 ballenas. (CANTU,
César. Historia Universal, T. XXVI, pp. 155-156).
En principios del XVIII se inicia el fenómeno observado en forma dispersa, de recalentamiento de
la tierra. Sobre ese cambio climático cabalgará la nueva popularidad del Atlántico Sur, no tanto por
la evocación magallánica como por la explotación de riquezas semejantes a las que en el Atlántico
Norte parecieron desaparecer sin explicación aparente.
El lector ya estará sacando conclusiones: MONTEVIDEO LIGADO CON FENÓMENOS
POLARES, TANTO DEL NORTE COMO DEL SUR.
Paul Hermann en “La aventura do los primeros descubrimientos” dice que el verano de 1721 fue
ardiente y seco; los hielos se habían retirado hacia el norte y con ellos las focas, mucho más que
de costumbre. Desaparecieron los campos de hielo que frenaran en el siglo XVII a los capitanes
ingleses Davis y Baffin. La retirada en Groenlandia dejó a la vista las áreas de colonización
viquinga, revelando lo dicho antes, que entre el XI y el XIV se había realizado una civilización
agrícola-ganadera donde ya en el XVII sólo podía corresponder un estilo de vida esquimal. La
montaña helada (casquete glacial) en su retroceso iba dejando visibles las ruinas de Eystribyggd
(colonia oriental) y de Vestribyggd (colonia occidental) cubiertas en el XVI por los hielos. Las
tumbas que allí se han encontrado revelan que no se excavaron en suelo permanentemente
helado (pp. 268 a 306).
Raymond Puron reúne estos otros testimonios:
a) durante el siglo XX en Groenlandia, Islandia, Spitsbergen. Noruega y Alaska, los glaciares se
han alejado en forma marcada. Este alejamiento debió comenzar incluso antes de haber sido
observado, aunque entiende que hay autores que lo citan a mediados del siglo XVIII;
b) en la isla de Kodiak (Alaska) un bosque progresó 4.500 metros hacia el norte en tres siglos;
c) en la URSS el límite meridional de los suelos permanentemente helados se desplazó 4 0 Kms.
hacia el norte en un siglo;
d) el Océano Glacial Ártico que era prácticamente infranqueable es ahora accesible. En el Mar de
Barentz el límite sur de los hielos flotantes se desplazó 120 Kms. hacia, el norte y el Mar de Kara
se libera de los hielos a finales de verano. (La distribución de los seres, pp. 155-156).
Sólo así se explicaría la cierta facilidad del viaje por el Ártico desde el Mar de Noruega hasta el
Estrecho de Behring realizado por Nordenskyold en 1878-18 79. Y que la comentada "rotura" del
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Leslie Crawford 
   
Estrecho de Behring en el XVIII se produjera no sólo por causa de un fenómeno volcánico sino
muy posiblemente por la quiebra de la gran barrera helada, provocando la circulación tumultuosa
de aguas contenidas del Atlántico y Pacífico alimentadoras del Océano Glacial Ártico.
Las más audaces ideas de la tecnología actual confirmarían que hubo rotura de un dique de hielo
cimentado sobre el rosario Insular entre Siberia y Alaska. Hoy día se proyecta la construcción de
una presa en el Estrecho de Behring, con un costo no diferente del que exigieran muchas
levantadas en tierra, para contener el agua derivada de la fusión del hielo ártico y humedecer las
regiones esteparias de Canadá y Siberia. (SKOLNIKOPF, Eugene B. Science, Technology and
American Foreign Policy).
B) CONSECUENCIAS BIOLÓGICAS DEL RECALENTAMIENTO
Ocurrieron desplazamientos voluntarios al norte de las líneas de especies. Los peces y plancton
fueron en busca de las aguas nuevas con iguales índices térmicos. Los cetáceos y las focas los
siguieron, con retornos incompletos. La fauna pelágica fue la primera en "redescubrir" el paso por
el norte de Asia y el norte de América, rellenando la depresión norte del Pacífico, donde halló un
hábitat menos batido por la acción humana.
En el XVIII se notó en el Mar de Behring y Pacífico Norte una existencia abundantísima de
cetáceos y pinnípedos, favorecidos por una fauna numerosa y abundante vegetación marina.
(VALLAUX p. 1S8). Respecto de la cuenca interior del Ártico, nueva ruta de éxodo o emigración de
cetáceos y pinnípedos, no sería exacta la afirmación de Nansen de que se le debe considerar un
desierto en el Océano. Vallaux sostiene que allí hay gran riqueza de plancton costero.
Habla de un desbordamiento de vida, que ha hecho posible la abundancia de ballenas y focas en
Behring y Nueva Zembla, (op. cit. 404).
El retiro de los hielos de la costa y la apertura natural de la senda oceánica actuó de bomba de
succión sobre el Atlántico Norte determinando el desplazamiento de la fauna pelágica. (22) La
atracción por las rutas colombinas (ya de rutina náutica) impidió que los cosechadores del mar
conocieran hacia dónde se retiraban las especies (fugas al Pacífico o ascenso de paralelos de las
líneas de emigración) enfrentándose, quizás por esa inercia en renovar rutas boreales, con el
misterio insoldable de la disminución de las existencias de peces, cetáceos y pinnípedos.
Si el siglo XVIII hubiera estado asistido por la ciencia oceanográfica no se habría convertido en
caldera hirviente la región de las islas Peroer, Spitsbergen y Osos. Se hubiera ida más arriba,
encontrando la región de refugio (hábitat nuevo) de los cetáceos y focas o las rutas de sus
desplazamientos por el Océano Glacial Ártico, adelantándose al hallazgo de las concentraciones
entre Alaska y Siberia realizadas por navegantes del Pacífico. Pero se había estado confundiendo
el fenómeno cierto de disminución de existencias con el de extinción de especies preferidas.
Spitsbergen, en el límite mismo donde se refugiaran las ballenas y las focas o donde comenzara
su itinerario por aguas árticas libres durante los procesos de emigración con retorno, cayó como
centro ballenero. Todo por no descubrir la razón geológica que hacía variar el paradero y la línea
de emigración de la fauna pelágica. Ya muy avanzado el siglo XVIII los establecimientos de
Spitsbergen, principalmente los de Smereemburgo o Nueva Amsterdam, fueron demolidos por
antieconómicos después de haber dado prosperidad. Entonces otras ballenas y focas se hacían
ver por los mares del sur, juntamente con peces de la familia de los bacalaos. El ocaso de
Spitsbergen, como centro ballenero, corresponde cronológicamente al ascenso de Gorriti
(Maldonado) a la categoría de centro más importante de la caza pelágica, respaldada en sus
avanzadas (establecimientos) de Puerto Deseado y Georgias del Sur. El estado auroral de Nootka
(caza pelágica en el Pacífico Norte) es sincrónico del apogeo de Montevideo y Maldonado.
Retomemos el hilo. "Este recalentamiento ha tenido consecuencias biológicas. En 1917 se
pescaba el bacalao hasta los 60º de latitud norte en las costas de Groenlandia. En 1941 se
pescaba en los 72º latitud norte de la costa occidental. En la costa oriental se observa con el
arenque, salmón, capellán, una medusa y una estrella de mar. En el Pacífico las caballas, que no
pasaban de los 48º, se aventuran hasta las costas de Alaska". (PURON p. 157).
Aparece otro fenómeno relacionado con ese desplazamiento de la flora y fauna hacia el norte, y
éste es el incremento de los grupos humanos en el litoral ártico, con boom demográfico. El empuje
humano hacia el norte desde la tundra, el avance de la línea del reno, derivan del recalentamiento
del clima y de la repoblación o poblamiento del Mar Glacial Ártico con fauna pelágica.
C) EXPLOTACIÓN IRRACIONAL DE LA FAUNA MARINA

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Juntamente con la emigración o éxodo de especies incidió otro factor para ralear las existencias
con rindes redituables. Nos referimos a la caza irracional, a la carnicería indiscriminada de
ballenas y focas, que impidió el repoblamiento de especies en la proporción que exigía la
demanda.
Esta acción humana jugó su papel importante. No sólo redujo las manadas sino que ahuyentó los
cetáceos por el empleo de proyectiles arponeros (el estampido del cañón ballenero es factor de
excitación y huida) o de las armas de caza de loberos. Más razones para que se debilitara la
"adhesión" de esas especies al hábitat tradicional correspondiente al período de las aguas tibias
del VIII al XV, y las invitara participar de las aguas nuevas que se ofrecían en los extremos árticos.
Natural, entonces, que razones económicas hallaran su fundamento (cálculo de rendimientos) en
las aguas australes, reproduciendo en estas regiones las escenas de siglos antes en el Ártico, con
Montevideo, Maldonado, Malvinas, Georgias y Patagonia centros de defensa, dirección y
explotación de la riqueza pelágica.
Si en el siglo XX renació el interés por los recursos vivientes de nuestras aguas continentales, el
Uruguay debe poner énfasis en la defensa de existencias, juntamente con Brasil y Argentina, por
si llegara a convertirse en verdad la previsión de que en la década de 1980 se alcanzaría el punto
crítico. El alerta de Cousteau de febrero de 1973 sobre el estado del hígado de los pingüinos es
indicio de que el envenenamiento de las aguas se aliará con los cazadores sin medida. Cuídese
esta ecología de la manera celosa con que el Montevideo histórico defendió derechos del mar.
5. Montevideo y la caza pelágica
I. LOS CETÁCEOS
La gran demanda europea de grasas, aceites y pieles en el XVIII impulsó la gran actividad
ballenera y lobera. Como en la Era del Cuero también fueron las modas, pero esta vez las
femeninas, la comodidad hogareña y el adelanto edilicio (iluminación de las calles) los factores
fundamentales del impetuoso desarrollo de la actividad pelágica. Las barbas de los cetáceos
sirvieron para la corsetería y la botonería: el aceite o esperma para la fabricación de velas y
trabajos aplicados a las artes y al funcionamiento de las maquinarias (la función de lubricantes); el
ámbar gris (secreción de los cachalotes) en sustitución del ámbar vegetal agotado en las costas
bálticas, era requerido por la perfumería.
La demanda extraordinaria impulsó la actividad de explotación de la riqueza viviente oceánica a
niveles internacionales. Las operaciones se activaron en las regiones tradicionales, pero a
mediados del XVIII se empezó a notar la disminución sensible de ballenas en todo el Atlántico
Norte. (23) Exterminio y emigración eran sus causas.
De 1754 a 1776 las ballenas dejaron de pasar por las aguas entre Peroer e Islandia. Lógicamente
las miradas debían ser dirigidas hacia donde habían manadas anfibias que hicieron económica la
explotación. Las operaciones clandestinas o legales del Atlántico Sur señalaban que más abajo de
la línea ecuatorial las manadas de cetáceos eran abundantes y las concentraciones de lobos en
las islas de número incontable. Los holandeses se acostumbraron hallar ballenas nadando en
aguas frente a Brasil y casi en la divisoria ecuatorial. Los mapas del XVI y XVII, sobre todo
holandeses, incluyen ballenas desde el paralelo 0º hasta La Cananea. Desde ahí al Cabo de
Hornos la existencia tenía que ser excepcional pues se acercaban a las aguas frías. Las
dificultades de caza en el norte y la oferta abundante en el sur impusieron el cambio de ruta de la
navegación pesquera. El alargamiento de las distancias y el cálculo de rendimiento introdujeron
otros cambios revolucionarios en la arquitectura naval. La conciencia marítima amplía sus
horizontes. Las aguas debajo del paralelo 34º sur fueron entonces el escenario de un vasto campo
de explotación que no ha tenido hasta ahora períodos de detención, excepto las pausas de las dos
Guerras Mundiales. Al punto que, amenazadas las especies, se ha limitado el número de piezas a
obtener cada nación. Otras han desistido temporalmente de la caza. Así han podido tener respiro
estos gigantes habitantes del Océano Austral, aun cuando siga pendiente la espada del deterioro
de las aguas, por la persistencia ruso-japonesa en continuar la caza.
En mitad del siglo XVIII ya no son barcos transportadores de esclavos negros y conducidores de
cueros, sebos y carnes secas o saladas, los que navegan hacia el sur. Son flotillas balleneras que
atraviesan el paralelo 35º, porque la reactualización del Atlántico Sur empieza a codificar las leyes
internacionales. Los cazadores y pescadores se aventuran más y más hacia el sur en dirección del
mar o continente ignoto, al modo de batidores de las empresas de navegación científica
(Bougainville, Malaspina, Cook). Los foqueros y balleneros fueron los apellidadores de la geografía
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Leslie Crawford 
   
Antártica. También ellos los popularizadores de las aguas del sur y ensanchadores del
conocimiento geográfico y oceanográfico del Pacífico S. E. (21) La región magallánica dejó de ser
punto de discusión de círculos reducidos para plebeyizarse con la rudísima actividad,
convirtiéndose en tema de conversación de los pueblos pescadores.
A las actividades balleneras inglesas, holandesas, francesas, yanquis y escandinavas se unieron
las españolas. La actividad hispana se cumplió bajo protección directa de la marina de Montevideo
y de los mercantes artillados de Maldonado. Lógicamente fue la más intensa y productiva por
contar con bases terrestres e insulares permanentes y cercanas de las áreas de concentración o
líneas de circulación de las especies. En capítulo precedente se expuso cómo Montevideo
dispersó las flotillas extra hispanas que operaban ilegalmente en aguas y costas prohibidas.
Así el área de poder marítimo montevideano tuvo otra expresión publicitada en Europa, que
siguiera a la de la riqueza pecuaria de la Banda Oriental y campos misioneros.
Inglaterra halló en las aguas australes y en sector lusitano (la ocupación de las Malvinas y su
posterior abandono, como las penetraciones clandestinas de 1776 a 1819 apenas tuvieron
duración) las bases firmes para desarrollar su industria pelágica, al punto que en 1786 el complejo
de fábricas inglesas se independizaba de la importación de aceites y esperma (25).
Los balleneros de Bretaña (Saint Malo) encontraron en el Atlántico Sur recursos que habían
empezado a faltarles en el Atlántico Norte en mitad del XVIII (26); como ellos, los de Escania
(Noruega) (27).
Los balleneros yanquis, aunque no tuvieron en el XVIII la participación excepcional que en el XIX
los pondría a la cabeza de todas las naciones (28) también frecuentaron las aguas antárticas y
epicontinentales. En buen número llegaban que en 1778 despertaron los temores de España. La
R. O. de 24 de febrero de ese año, dictada por Carlos III, con destino a la fundación del pueblo
San Julián, bajo patrocinio montevideano decía que se debía hacer "con el fin de impedir que los
ingleses o sus colonos insurgentes piensen establecerse en la Bahía de San Julián o sobre la
misma costa para hacer la pesca de ballenas en aquellos mares, a que se han dedicado con
mucho empeño". En 1792 habían translimitado el Pacífico llegando hasta los parajes de Nueva
Amsterdam (al oeste de Australia). Entre 1788 y 1796, 26 veleros con bases en Boston
recorrieron la costa chilena, entre 1797 y 1804 llegaron a 206.
Maldonado fue el gran puerto ballenero de Sudamérica. En la isla de Gorriti funcionaron las
instalaciones permanentes más importantes del mundo cazador de cetáceos y pinnípedos. Ahí los
cimientos de su fábrica y almacenes proclaman grandeza incuestionable para la época. Las otras
bases de explotación permanente estaban en Malvinas y Patagonia sin excluir las otras en tierras
insulares más australes. El escudo protector de esta industria (su equivalente actual sería la de los
derivados del petróleo), entonces la mayor del Atlántico Sur, era Montevideo.
Si la historia y las novelas de caza de ballenas refieren la participación de gran número de
embarcaciones, piénsese en la cantidad de naves españolas de escaso porte afectadas al
arponado, transmitiendo provechos .económicos para Montevideo, que complementarían los
brindados por la producción de la Cuenca del Plata. En la revelación de hechos cumbres no hay
comparaciones odiosas. Tantas veces la esencia de las cosas debe ser mirada con otros cristales.
II. — LOS PINNIPEDOS
Juntamente con los cetáceos las focas y elefantes marinos fueron el otro objetivo de la actividad
cazadora pelágica. El aceite de foca tenía gran colocación en los mercados europeos, y las pieles
eran disputadas en el momento que había insuficiencia de oferta de pieles finas (mamíferos
carniceros del Canadá, Norteamérica y Rusia, determinada no sólo por la retirada de la línea de
las especies sino también por la guerra de Independencia de los Estados Unidos que puso en pie
de guerra a los tramperos). También focas y elefantes marinos fueron víctimas de carnicerías sin
medida. Los ingleses las habían intensificado en 1766, persiguiendo las especies que tenían
estación en Malvinas. (29)
Cazadores norteamericanos abrieron los mercados de Oriente revendiendo las pieles en Cantón,
donde su uso en las casas comenzó a ser signo de distinción entre la numerosa clase mandarina.
Las primeras partidas colocadas en el mercado asiático procedían de las Malvinas y Juan
Fernández; habían seguido la vieja ruta sur del comercio chileno con los mercados chinos durante
la era colonial (también siglo XVIII). Es hecho conocido que la moneda de intercambio (divisa) fue
la acuñada en la ceca chilena y sobremarcada con caracteres chinos. Más tarde entraron en esa

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competencia las pieles obtenidas por norteamericanos, rusos e ingleses en las costas de
Alaska.
La Real Compañía Marítima con asiento en Maldonado tuvo grandes beneficios con la actividad
lobera en la costa e islas uruguayas, en Malvinas y en la Patagonia.
EL DERECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO Y SU RELACIÓN CON LOBERÍAS
Más que la cacería y explotación de ballenas que podía realizarse en alta mar, fuera de las aguas
jurisdiccionales (soberanía oceánica anterior de la libertad de los mares) fue la cacería de focas
que tuvo más trascendencia en el Derecho Internacional Marítimo, por tener lugar en islas o costas
de territorios con ocupación efectiva. Por ende, puntos estratégicos como Montevideo fueron
llamados a ejercer funciones de custodia de soberanía afectada por los cazadores de focas, lobos
y elefantes marinos. El choque más grande ocurrió en el Pacífico Noroccidental cuando barcos
españoles, salidos de puertos mexicanos, realizaron operaciones represivas que afectaron
embarcaciones inglesas en aguas del canal de Nootka (Isla de Vancouver, frente a la Columbia
Británica) y en Alaska ya exploradas por españoles en 1767 (30). La increíble acumulación de
focas en esa región apenas descubierta atrajo la atención de los empresistas ingleses y rusos. La
zona se convirtió en punto de discordia internacional (31).
Un fenómeno inverso tenía los mismos efectos. La escasez de especies en la otra punta del Ártico
enconaba los cazadores de Escandinavia, Inglaterra y Holanda. Los ingleses que encontraban
seria resistencia en sus vecinos del Mar del Norte trasladaron gran parte de su interés por las
existencia del Pacífico Noroccidental. En 17 84 alejan a los rusos de la región de Alaska
instalándose como dueños. Los rusos retornan más tarde a las islas adyacentes de Alaska,
reincidiendo en la cacería excesiva y por tanto inútil, perjudicial (32). Lo hacen justamente en el
momento que España tenía que desentenderse de esa zona al volver a la alianza ofensivo-
defensiva con Francia (Tratados de Basilea, 1795 y Luneville, 1801).
En 1790 Inglaterra pidió reparaciones y en Tratado de El Escorial se llega a un acuerdo; con
aflojamiento español en el Pacífico Norte por inexistencia de una posición geográfica-militar ideal
para ejercer la defensa de soberanía; con endurecimiento español en el Atlántico Sur por contar
con Montevideo y su dispositivo ofensivo-defensivo. Un cambio se produce en aguas atlánticas
debido a la obliteración de la decisión tordesillerana (Papal-Imperial) y a la consagración del
principio de libre navegación por los océanos, excepción hecha del Mar Epicontinental.
La caza de la ballena está ligada a la libre navegación por ser posible su aprovechamiento en alta
mar; el lobeo está ligado al ejercicio de posesión de islas y costas con su halo de aguas
territoriales. Las áreas marítimas se estrechan comparándoseles con el principio hasta entonces
prevaleciente. En consecuencia e) oficio naval de Montevideo estará regido, fundamentalmente,
por el Tratado de 1790. Resulta de evidencia que el último tercio del XVIII fue el período de mayor
densidad de tratados de derechos marítimos convenidos entre países europeos, estos con
Norteamérica y los reinos islámicos.
Las delimitaciones de 1790
A partir de 1790 no se puede hablar de exclusiva compacta de soberanía oceánica. Se debe
hablar, si, de reconocimiento formal de derechos originados en el Descubrimiento y cesiones
papales de tierras continentales e insulares, protegidas por un escudo de aguas jurisdiccionales
con un alcance de 10 millas. La "transacción" de 1790 se aproxima a la situación de tacto
reconocida por el Tratado de Madrid de 1670, por el que España e Inglaterra se garantizaban las
posesiones, ya históricas, logradas con los primeros descubrimientos. Ahora se reconocen las
obtenidas entre la Paz de Versalles (1783) y la Convención de Londres (1786) referidas al
usufructo de la tala de palo campeche o caoba en Belice. Los principios de 1790 son aplicados
enérgicamente por Inglaterra en el Atlántico Norte. En tiempos de Jorge III y Jorge IV prohíbe a
otras naciones pescar en aguas de Terranova y en tierras de esquimales, como Labrador y
Hudson, que todavía no conocían el dominio efectivo británico (33).
Debe ser opinión general que el Tratado de 1790 fue causa del aplazamiento, entre otras, de una
invasión inglesa del Río de la Plata, proyectada en tiempos de Pitt el joven.
El tratado contiene dos cláusulas VI. Una es pública y la otra secreta.
CLAUSULA PUBLICA: "Se ha convenido, también, por lo que hace a las costas tanto orientales
como occidentales de la América Meridional y las islas adyacentes, que los súbditos respectivos
no formarán en lo venidero ningún establecimiento en las partes de esas costas situadas al sur de
93 
Leslie Crawford 
   
las partes de las mismas costas y de las islas adyacentes ya ocupadas por España. Bien
entendido que los dichos súbditos respectivos conservarán la facultad de desembarcar en las
costas e islas así situadas, para los efectos de su pesca, y de levantar cabañas y otras obras
temporales que sirvan solamente a esos objetos".
Era una cláusula para "consumo exterior" (dar la sensación de que Inglaterra no cedía ante
España en el Atlántico Sur) y de "consumo interior" (garantizar a la opinión pública inglesa que
España no levantaría establecimientos en el Pacífico Norte, donde los ingleses ya estaban
explotando loberías).
En el fondo era el reconocimiento de un nuevo statu quo de uti possidetis (sajón en el norte,
hispano en el sur.
CLAUSULA SECRETA: "Como por el Art. 6 del presente convenio se ha estipulado por lo que
mira a las costas así orientales como occidentales de la América Meridional e islas adyacentes,
que los súbditos no formarán en adelante ningún establecimiento en las partes de estas costas
situadas al sur de las partes de las mismas costas ya ocupadas por España (34), se ha convenido
y determinado por el presente artículo, que dicha estipulación no entrará en vigor más que
entretanto no se forme algún establecimiento en los lugares en cuestión por súbditos de otra
potencia."
El tratado obligaba a una y otra nación no navegar ni pescar a distancia de 10 leguas de las tierras
ocupadas por las signatarias. (35) Correspondió al Apostadero Naval de Montevideo la aplicación
del principio en el Atlántico Sur (sostener los establecimientos existentes a 1790 y redistribuir la
población retirada en la Patagonia en la Región de Montevideo, formando nuevas poblaciones en
área descartada del tratado). Tocó al Apostadero de San Blas su observancia en el Pacífico Norte.
(36)
Para esa fecha España favorecía su posesión austral con la Real Compañía Marítima.
El 23 de marzo de 1849 Lord Palmerston inquiría al Foreign Office qué documentos existían para
fijar el límite sur del antiguo virreinato del Río de la Plata. Los asesores respondieron que además
del Descubrimiento nadie, salvo España, fundó establecimientos en la costa de Patagonia. Aún
cuando omitía el caso Malvinas, la Reina de los Mares, que actuaba en función de una conciencia
marítima, todavía sentía la fuerza histórica de aquel ejercicio de dominio de cargo del Apostadero
de Montevideo, incrustado hasta lo más hondo en el Tratado de 1790.
Montevideo y la aplicación del Tratado de 1790:
Testimonios: a) período hispano: I.- 1790: Expedición de Elizalde y expulsión de foqueros ingleses
de Tierra del Fuego; II. - 1791: expulsión de foqueros ingleses de la Isla de los Estados; III.- 1783:
expulsión de foqueros norteamericanos y destrucción de instalaciones levantadas en la costa
patagónica; IV.-: 1802: expulsión de las Malvinas de corsarios pesqueros norteamericanos; V. -
1803: decomiso en Puerto Deseado de pieles de focas cazadas por ingleses;
b) período independiente: I. - 1820: Daniel Jewit marino norteamericano al servicio de Entre Ríos y
Buenos Aires expulsa de Puerto Soledad barcos balleneros y foqueros norteamericanos e
ingleses; II.- 1829: el gobernador civil y militar de las Malvinas Luis "Vernet, en cumplimiento del
Art. 3 del decreto del 10 de junio de ese año dictado por el gobernador Martín Rodríguez, cuidó de
"la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios", apresando 4 naves foqueras
norteamericanas. (37)
El más claro testimonio de la memoria rioplatense de los principios de 1790 que con tanta
rigurosidad había hecho cumplir el Apostadero de Montevideo, ocurre en el período de la Provincia
Cisplatina, cuando Francisco Aguilar reclama contra la faena de lobos realizada por ingleses en
costas e islas del territorio uruguayo sin permiso de las autoridades cisplatinas. (38)
IV. — LOS PALMIPEDOS
Las bandadas incontables de pingüinos sirvieron de complemento de la actividad lobera y
ballenera. Estas aves también proporcionaron el aceite codiciado por el mercado europeo, no
obstante lo caro que salía su obtención. Eran presas perseguidas fracasando la zafra lobera o
ballenera. Fue de evidencia que la abundancia de avifauna antártica facilitó las operaciones, pero
no las provocó. Más, entran en la lista de atractivos económicos. En 1860 se produjo un
entredicho anglo francés en las Malvinas por la caza de pingüinos.
V. — LA PESCA

94 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
Europa no estaba toda hecha para la dieta de carne. Marginaban sus costas poblaciones que
tenían el pescado de base alimentaria. El crecimiento demográfico, sobre todo en las ciudades
próximas de las costas marítimas, exigió del mar más alimento, sobre todo en el momento que se
producía el fenómeno ya estudiado de cambio de líneas de emigración de las especies. Se
alejaban de las áreas tradicionales. Y así como hubo en la segunda mitad del siglo XVIII una
aparente disminución de cetáceos en el Atlántico Norte, período que se fija entre 17 54 a 1776, se
habría producido un desplazamiento de peces cuya nueva línea no se localizó hasta pasados tres
lustros. Nos referimos al bacalao, arenque y merluza, las especies preferidas para conservar
saladas (39). Es importante señalar que entre 1760 y 1776 ocurrió la intensificación de
operaciones pesqueras de corsarios de Saint Maló. (40) En parte por la reducción de especies
motivada por los fenómenos climáticos ya analizados, y en parte por la creciente rivalidad anglo-
francesa en el Atlántico Norte que llegó a su punto culminante en 1760 (Guerra de los Siete Años
1756-63) y 1763 con la ocupación inglesa de Canadá y limitación de los derechos de pesca
franceses en Terranova (41). Tras los pescadores bretones aparecerán los pesqueros españoles,
principalmente catalanes, persiguiendo los besugos del Atlántico Sur (42). De 1770 a 1780 esas
empresas pesqueras españolas, operando en Chiloé, enviaban a mercados peruanos los
excedentes resultantes de las bodegas llenas por exportación a Europa. La participación de
"españoles europeos" en la pesquería del Pacífico provocó en 1777 un conflicto con los
pescadores indios proveedores tradicionales de los mercados peruanos. La Audiencia de Lima
falló en favor de los pescadores indios.
El fenómeno se está repitiendo. A partir de 1950 las aguas continentales sudamericanas están
siendo invadidas por flotas pesqueras europeas y asiáticas en busca de lo que no se les da con
tanta generosidad en las aguas del Atlántico Norte o Pacífico Norte. Conflictos y más conflictos se
suscitan con las naciones soberanas de las aguas oceánicas extendidas hasta las 200 millas,
tanto porque las del Atlántico Sur y Océano Antártico son todavía muy ricas en especies y
apropiadas para la mayor duración de las mismas, lo que determina una notable variedad de
coexistencia (43).
El ciudadano rioplatense se podrá hacer una idea de lo que ocurría en estas aguas en el período
de las mayores incitaciones del XVIII. Pesada carga de responsabilidad para el Apostadero de
Montevideo, llevada con eficiencia y sentido de poder soberano. El crecimiento demográfico
europeo revuelve su interés por el Río de la Plata y sus praderas, pagando más por sus carnes,
porque la insuficiencia de oferta de pescado de las aguas árticas y noratlánticas se repite. Obliga
un cambio de dieta alimentaria de gran parte de la sociedad europea. Pero también se revuelve,
como en el XVIII, el interés por la riqueza pesquera concentrada entre los paralelos 35º y 37º,
zona de exclusiva soberanía oceánica uruguaya.
El libro Nuestra Política Pesquera del SOYP marca esos puntos como los más ricos en
rendimiento de merluza por hora de pesca en todo el Atlántico Sur. Y lo que se dice de la merluza
se debe decir de la anchoíta, el gran rubro de la economía peruana. También entre los paralelos
35º y 37º —sector uruguayo el rendimiento de pesca es excepcional. Estos datos coinciden con
los aportados por Argentina. (Cf. Derrotero de pesca, Servicio de Hidrografía Naval Argentino H.
210 Público, p. 88, fig. 22).
6. La Real Compañía Marítima
Sería incompleto el trabajo si no lo cerráramos con consideraciones sobre la Real Compañía
Marítima, que de 1790 a 1806 fue el puntal marítimo de la economía de la región montevideana y
auxiliar bélico de la defensa de soberanía hispana sobre costas y aguas del Atlántico Sur y Glacial
Antártico.
Fue creada por Carlos IV, (R. Cédula del 24 de marzo de 1778) con un capital de 6.000.000 de
reales para explotar la caza de la ballena y focas y pesca de gádidos. La instalación de
Maldonado es coetánea del Tratado de 1790. (44) Las primeras naves llegaron a Maldonado en
aquel año, siguiendo a Puerto Deseado a fundar un establecimiento pesquero donde ya había
población y que en 1829 aún mostraba vestigio de su antigua importancia. (45)
La Compañía exportó grandes volúmenes de aceite, esperma y grasa de cetáceos y pinnípedos,
testimoniándolo sus grandes almacenes en la Isla de Gorriti. También surtió el Río de la Plata de
cebo para fabricación de velas y cirios y aceite para las maquinarias (aparejos) de la marina del
Apostadero, como de "bacalao nacional". Alcanzó su esplendor en el quinquenio 1790-1795 (el
lustro de la alianza anglo española) pero como consecuencia del acercamiento con Francia perdió
empuje por insuficiencia de personal idóneo. En efecto, en 1795 se exigió de los tripulantes y
95 
Leslie Crawford 
   
arponeros extranjeros, en su mayor parte ingleses, noruegos, islandeses y yanquis, hacer
profesión de fe católica y juramento de vasallaje a España. Los rudos marinos protestantes se
negaron, abandonando de inmediato la región. (40) En 1800 continuaba su actividad utilizando la
isla Gorriti (BHEME, Nº 33, pág. 23).
El simbolismo del rubro más importante de su actividad comercial se ha reflejado en el escudo de
Maldonado. En el período que las loberías eran explotación Real (oficial) el escudo dado en 1784
tenía un lobo marino. Alcanzados los más altos rendimientos con la caza de cetáceos, la ballena
nadante fue el símbolo (1803), "como caracteres propios de la ciudad donde tiene V. M. la famosa
pesca del aceite de Ballena, que faena la Real Compañía Marítima". (47)
Los aconteceres del siglo XIX dirán de la importancia de Gorriti en la logística inglesa de señorío
del Atlántico Sur, como sucesora de la talasocracia española. Los ingleses no se lanzaron a la
ocupación última de las Malvinas (1833) sin antes neutralizar y luego poseer, por vías indirectas,
como estación naval, (48) aquel bastión del Uruguay Atlanticense, luego de secuestrar toda la
documentación, cartas náuticas e informes de Pilotos, al efectuar el bombardeo de Maldonado,
desartillada la isla Gorriti. (49)
NOTAS DEL CAPITULO VIII

(1) No  es  fatigoso  insistir  en  Utrecht  como  colección  de  tratados  particulares  o  contratos  mercantiles  entre 
naciones.  "Los  plenipotenciarios  parecían  representantes  de  grandes  casas  de  comercio,  encargados  de  hacer 
transacciones para repartirse las ganancias del mercado del mundo". LAFUENTE, Modesto. Historia de España T. XIV p.  
71. 
(2) En 1771 se concedió el privilegio a una compañía catalana de un servicio de coches diligencias de Barcelona 
a Madrid y de Madrid a Cádiz. Luego a otra entre Vitoria y Bayona. Las ventajas de viajes interiores desarrolló la pasión 
por visitas de ciudades y excursiones campestres a largas distancias (turismo interior) motivando un creciente empleo 
de valijas y maletas de cuero. Con ellas los postillones, grandes gastadores de botas de campana. 
(3) Floridablanca  mejoró  mucho  las  carreteras  españolas.  En  nueve  años  invirtió  90.000.000  de  reales  en  la 
construcción de 195 leguas de carreteras, mejoramiento de caminos, 3 22 puentes y 1.049 alcantarillas. Paralelamente 
creció la arriería,  gran consumidora  de cueros. 
(4) PARRY, Op. Cit. p. 281. El XVIII fue el siglo de los carruajes como el  XX  lo  es  de  los  automóviles. 
(6)  Todavía  se  sigue  con  la  cantilena  del  atraso  de  España  en  el  comienzo  de  la  Revolución  industrial.  Las 
estadísticas destruyen las afirmaciones caprichosamente repetidas  por la leyenda negra contemporánea: 
1787 1797 
Fabricantes ‐ artesanos ........................  310.739 533.769 
Militares    ............................................  77.884 149.340  
Eclesiásticos    ......................................  182.425 168.248 
Criados     .............................................  280.029 174.095 
(ALTAMIRA Op. Cit. T. IV pág. 255)  Se trata de censos efectuados con intensificación de las guerras internacionales, 
pero de ello surge: disminución de religiosos en 14.177 individuos y de criados en  105.997 y aumento de la mano de 
obra en la industria y el número de industriales y comerciantes en 223.030 individuos en sólo diez años. ¿Dónde la 
España de pandereta? Por más chorizos y polacos, toros y cafés, que tanto escandalizaron a los más avinagrados de la 
mojigatería, España era en el último tercio del XVIII una verdadera colmena y los dulces resultados eran compartidos 
por América. Y aquel país en despoblamiento, que en tiempos de Felipe V contaba siete millones y medio de almas, 
tenía once millones al finalizar el siglo. 
En 1800 Gran Bretaña tenía 9.200.000 frente a 11.500.000 de España, 2 6 . 90 0 . 0 0 0  de Francia, 24.500.000 
de Alemania, 2.100.000 de Holanda y 3.100.000  de Portugal. (FRIEDLANDER ‐ OSER. Historia Económica de Europa, 
cuadro de la pág. 35). A partir de 1802 Gran Bretaña logra alcanzar a España en cantidad de marinería.  En ese  año 
pudo contar con  100.000  hombres. 
(6) Como excepción "sublimada" del liberalismo inglés se halla la East India Co., con dimensión y expresiones 
insólitas. Representó por sí el "Estado inglés", conquistó la India, realizó tratados diplomáticos y comerciales con los 
soberanos hindúes y sostuvo ejércitos hasta la Guerra de los Cipayos (1858).  Tuvo su propia administración postal. 
Disraelí colocó la East India Co. bajo la protección económica de Victoria  Emperatriz. 
(7) Prueba  cabal  de  esa  asistencia  mutua  se  halla  en  el  Tratado  de  1750  por  el  cual  España,  a  modo  de 
reparaciones,  indemnizó  a  la  South  Sea  Co.  de  las  pérdidas  sufridas  por  mala  administración,  primero,  y  por  la 
nacionalización  del  comercio  con  la  riqueza  pecuaria  del  Río  de  la  Plata.  Entendemos  aquí  por  nacionalización  la 
exclusiva concedida a los comerciantes de la comunidad de reinos hispanos. 
(8) Op.  Cit.  T.  IV  p.  297.  Cf.  ARCILA  FARIAS,  op.  cit. 
(9) Cf. Catálogo de los Pondos Cubanos del Archivo General de Indias (Colección de Documentos Inéditos para 
la Historia de Hispanoamérica) tomos XI y XII. 
 

(10) ALTAMIRA, T. IV p. 297. Cf.  PARRY,  pp.  260‐201. 
(11) Catálogo de Fondos Cubanos, etc. T. XII doc. 2345. El 6 de octubre de 1818 el gobierno español declaró 
que la prohibición no se aplicaba a los privilegios de la  Compañía  de  Filipinas. 
(12) ASTOLFI, José C. Las invasiones inglesas en el cuadro de la política británica. Suplemento de  La Nación, 
Buenos Aires,  5  de agosto de  1956. 
(13) A  medida  que  se  descubrían  los  secretos  de  las  longitudes  se  alargaron  y  afinaron  los  vélidos, 
desarrollando velocidades inimaginables en el XVII, a impulso de los vientos recogidos en muchos cientos de metros 
más  de  paño.  La  perfección  se  alcanzó  en  el  XIX  con  clippers.  Así  se  obtuvo  la  velocidad  económica,  que  permite 
equilibrar en menos los gastos de una travesía. VALLAUX p. 558. 
Téngase  presente  que  esta  velocidad  económica  incidió  en  la  baja  de  precios  de  los  artículos  europeos 
importados  por  las  provincias  de  América  del  Sur,  hasta  entonces    encarecidos    por    el    empleo    de    la    ruta    de  
Panamá. 

96 
Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
(14) Noticias  Secretas,  pp.  174  a  177.  Sin  embargo,  adelantaron  la  opinión  que  la  ruta  del  Cabo  de  Hornos 
habría  de  ser  "la  más  acertada"  si  se  escogía  marinería  de  costa    cantábrica    y    gallega,    acostumbrada    a  
incomodidades  marítimas   (p.   178). 
(15) Constituyó  una  simple  declaración  teórica  el  tratado  argentino‐chileno  del  23  de  junio  de  1881, 
estableciendo  el  pasaje  de  Magallanes  abierto  a  la  "libre  navegación  de  los  pabellones  de  todas  las  naciones".  Los 
imperios  marítimos  se  habían  tomado  la  libertad  de  cruzarlo  y  recruzarlo  sin  preocuparse  de  soberanías  ajenas.  Es 
importante  tener  presente  este  hecho  y  esa  fecha,  porque  son  reveladores  de  la  despreocupación  tanto  argentina 
como chilena, de opositar el libre uso del pase. Sarmiento fue el primero en desarrollar la tesis de los derechos de Chile 
sobre  toda  la  costa  del  norte  y  sur  del  Estrecho.  (Editoriales  del  11  al  2  8  de  noviembre  de  184  2,  publicados  en  El 
Progreso de Santiago de Chile, Ricardo Font Ezcurra los reprodujo textualmente en el Apéndice de la Unidad Nacional, 
a los 99 años (1941). Refutó la tesis de Sarmiento el publicista italiano Pedro de Angelis, en Memoria Histórica (1852)  
acreditando para la Argentina los derechos "al Estrecho de Magallanes en toda su extensión". 
Inglaterra y Francia prefirieron, para evitar choques, que el canal quedara, aunque neutralizado, bajo dominio de 
país  sudamericano.  Con  gran  visión  Maillefer  advertía  en  1858  que  si  los  EE.UU.  de  Norteamérica  se  adueñaran  del 
Cabo  de  Hornos    y  del    istmo    de    Panamá,    sería      "el  fin    de    la  raza  latina,    y    no    habrá    más  que  una  potencia 
americana  que  realizará  así  el  ambicioso  pronóstico  de  su  nombre".    Contribuciones  Documentales.    R.    H.    T.   XVIII  
pág.  254. 
(16) Ya  en  el  siglo  XV  la  Antártida  era  presentida.  Se  le  menciona  como  polo  antártico  en  el  Tratado  de 
Tordesillas. Antonio de Herrera en Descripción de las Indias Occidentales (1601‐lfil5) refiere que en el Mar del Sur, al 
poniente  de  la  raya,  Mar  de  Castilla  y  de  León  "todo  lo  demás  que  está  por  descubrir  en  este  mar,  desde  la  línea 
equinoccial hasta el polo Antártico, que es el del polo sur, asimismo pertenece a la Corona de Castilla". Esa Antártida, 
como  tierra  firme  helada aparece  con  el  nombre  de  Terra  Incógnita  ‐  Terra  Australis,  en  los  mapas  confeccionados  a 
partir del cruce interoceánico de Magallanes en 1520, por Pinne (1531), Mercater (1538), Descelliers (1546), Ortelius 
(1570),   Sgrothenus  (1588).  Para  completar  este  presentimiento  de  la  existencia  de  un  continente  helado  véase 
Monumenta Cartografica. 
(17) Humboldt  estimó  que  canalizando  el  istmo  de  Tehuantepec  (México  ‐Guatemala)  la  ruta  Filadelfia  ‐ 
Nootka Sound a través del Cabo de Hornos se acortaba en tres mil leguas náuticas. Viaje, etc. op. cit. pág.  1105. 
(18) Las comunicaciones con los isleños se hacen a partir de 19 7 2 vía aérea. Así acabó el tránsito comercial 
entre Montevideo y Port Stanley en naves regulares, sustituyéndose  por viajes  especiales. 
(19) En la Conferencia de la O.N.U. realizada en 1972 en Estocolmo, y en el Club de Roma y en la Universidad 
de Massachusetts (1973), se abordó seriamente este problema que será la mayor amenaza para la humanidad hacia el 
año  2.000.  Sobre  las  agresiones  contra  el  mundo  oceánico  cf.  AUBERT.  M.  El  Cultivo  del  Océano,  pp.  20‐21  dice:  "El 
medio océano se ha convertido en receptáculo de las aguas residuales de la civilización, que destruyen la fauna y flora 
en  las  proximidades  de  las  cloacas,  o  la  ahuyentan..."  ..."creado  una  verdadera zona  azoica  en  torno  a  los  puntos  de 
contaminación". 
La Humanidad deberá reconocer a Jacques Cousteau y a la investigación oceanográfica del Museo de Mónaco la 
seria advertencia lanzada sobre la explotación irracional (saqueo y destrucción de las reservas en vez de capturar sin 
despoblar) de los océanos y la acción letal del petróleo y residuos químicos lanzados al mar. 
Principalmente, si se considera que la vida pelágica está representada por el 75% de las formas vivientes, de las 
cuales tan sólo un 25% se adaptan al agua dulce  o a la vida terrestre. 
En febrero de 1973 Cousteau ha declarado, después de realizar investigaciones de la Antártida, que allí todavía se 
puede descubrir la clara atmósfera de nuestra infancia, con visibilidad hasta distancias de más de 300 kilómetros, pero 
que la contaminación de las aguas era un fenómeno que estaba acercándoseles. 
(20)  La  opinión  pública  nacional  debe  acreditar  al  Instituto  Antártico  Uruguayo  el  título  de  pionero  de  los 
derechos históricos al aprovechamiento científico de la Antártida y de Accesión  al  Tratado Antártico de 1959. 
(21) A principios del siglo XV estaba anulada prácticamente la vinculación entre Islandia y Groenlandia y también 
la  'línea  oficial  de  navegación  a  Groenlandia"  explotada  por  el  Hansa  y  no  ocupaban  la  diócesis  de  Groenlandia  los 
últimos   obispos  nombrados   por   Alejandro   VI   y  León  X   ( 1 4 9 2 ‐ 1 5 2 0 ) .  
(22) La creación de pasos es fundamental para el desplazamiento de especies. Obsérvase que los canales de 
Panamá y Suez fueron distribuidores de existencias de océanos aislados desde el pleistoceno.  PURON.  Op. cit.  pp.  32 
‐ 33. 
(23) Habría  empezado  por  la  desaparición  del  golfo  de  Vizcaya  de  la  especie  Bizcayensis,  de  generoso 
rendimiento  del  IX  al  XVI;  luego  de  la  zona  de  las  Peroer,  Islandia  y  Groenlandia  y,  finalmente,  de  las  aguas  de 
Spitsbergen.  Las  existencias  en  las  aguas  árticas  apenas  alcanzaron  para  ser  compartidas  entre  balleneros  ingleses, 
daneses, holandeses y noruegos. 
España fue de las primeras en explotar la ballena. El Fuero de Guipúzcoa, ya mencionado, indica la antigüedad. En 1550 
Carlos I y Doña Juana dispusieron que los balleneros vascos fueran protegidos en operaciones de alta mar por buques 
de guerra castellanos. Holanda presentó más decisión en el XVII en las penetraciones balleneras. Fue muy adentro del 
Ártico. Empujó esa actividad la quiebra de las Compañías Comerciales por sus fracasos en Molucas, Brasil y América del 
Norte. Las flotas para las especies y el azúcar dejaron paso a las que debían almacenar toneles (toneladas) de productos 
extraídos de los cetáceos. En 16 70 salieron con destino al Ártico 139 buques de esa bandera. 
Entre 1676 y 1782 los Países Bajos armaron 5.886 embarcaciones para la actividad cazadora. 
(24) La persecución de la ballena y de la foca levantó el telón del Pacífico. Los grandes resultados obtenidos 
en 1788 por James Swan con la fragata Amelia, operando en aguas de Iquique a Arica develó la riqueza marítima de 
esas  costas  e  incluyó  las  Galápagos  en  el  destino  manifiesto  norteamericano  marítimo.  Bougainville,  años  antes, 
exploraba más al sur, encontrando en la Bahía de Tejada o Puerto Jack maderas en tierra y focas en la costa. PARKER 
KING, Phillip y FITZROY, Robert. Derrotero de las costas de la América Meridional, etc. p.  179. 
(25) En 178 8 sus foqueros obtuvieron en aguas australes 4 0.000 pieles de foca y 2.800 toneladas de aceite 
de  elefante  de  mar.  En  1791,  a  un  año  del  Tratado  de  San  Lorenzo  que  los  apartaba  10  millas  de  los  rockerys,  el 
objetivo pareció ser la ballena. No menos de 102 veleros de 200 tns. promedio, operaban ese año en el Atlántico Sur. 
(26) Fueron los primeros en dedicarse a la actividad en las aguas de Malvinas. Retornarían al Océano Austral 
después de la Paz de 17 83. Entre 1784 y 1789 salieron 17 expediciones balleneras. 
(27) Los pioneros de la participación noruega que tuvo su estación invernal en Montevideo hasta que ese país 
se retrajo de la caza en la tercera década del XX. Noruega no opera actualmente. 
(28) De  1835  a  1872  (lapso  de  37  años)  se  alistaron  en  puertos  del  Atlántico  19.943  naves  balleneras. 
Obtuvieron un rendimiento de 3.671.772 Tns. de esperma y 6.553.014 de aceite. 
(29) En 1812 estaba casi extinguido el Arctocephalus Australis. Luego se le persigue por las Georgias del Sur y 
las  Shetland,  más  tarde  por  las  Oreadas  del  Sur,  Chile  e  Islas  de  Juan  Fernández.  Medidas  especiales  de  protección 
permiten la recuperación de la especie. VAZ FERREIRA, Raúl. Observaciones sobre la isla de Lobos. 
 

97 
Leslie Crawford 
   
(30) La  región  costera  y  las  islas  fueron  bautizadas  con  nombres  españoles  de  los  que  sobreviven  a  la 
apellidación posterior anglorrusa Juan de Fuca, Valdéz,, Zeballos, Vargas y Tofino, en Vancouver y Columbia; Lángara, 
Laredo, Revillagigedo, Camaño, etc. en Alaska. No solamente la toponimia ha revelado la posesión efectiva de esa zona 
por  España  sino  también  el  valioso  testimonio  lingüístico  revelado  en  180  5  por  Lewis  y  Clark.  Al  llegar  al  mar, 
siguiendo el Río Columbia, "oyeron en boca de los indios de la costa ciertas expresiones tan elegantes como "izar el 
escándalo"  e  "hijo  de  puta".  MORRISON  Y  COMMAGER.  Op.  CSt.  T.  I  pág.  381.  El  bilingüismo  o  comunicación  sin 
intérprete con indios patagones fue otra prueba de posesión efectiva con fondo de aculturación. 
(31) En 1785 salieron de Inglaterra los capitanes Portlock y Dixon en los paquebotes de comercio Rey Jorge y 
Reina Carlota. "Su objetivo principal era el comercio de la peletería en la costa N. O. de la América". VIANA, T. II, p. 31 
Cf. MORRISON Y COMMAGER, T. I. p. 337. 
(32) En  las  islas  Pribyloff  y  Unalaska  los  rusos  llegaron  a  recoger  en  1803  unas  80  0.000  pieles.  Unas  siete 
octavas partes hubo que destruir para mantener los precios internacionales. Demasiadas para la demanda industrial. 
(33) En  1818  Inglaterra  lo  llevó  a  extremos  obligando  a  EE.  UU.  por  tratado  de  20  de  octubre,  no  pescar 
dentro de tres millas de las costas o puertos de la América Inglesa. 
(34) Era  una  reserva  de  derechos  ingleses  reconocidos  en  el  Art.  VI  de  la  Paz  de  Versalles  de  178  3  y 
Convención  de  Londres  de  1789  (Ampliación,  explicación  o  modo  de  hacer  efectivo  el  Art.  VI).  Se  prohibía  en  Belice 
toda actividad de súbditos ingleses que no fuera la tala del campeche (se impedían los cultivos de café, cacao o azúcar) 
y  el  establecimiento  de  aserraderos  que  pudieran  originar  población.  Tampoco  apostar  naves  de  guerra  o  tropas 
inglesas  en  la  región  y  establecer  el  menor  asomo  de  gobierno  civil  o  militar.  En  1786  Pitt  declaró  Belice  "fuera  de 
territorio  y  dominio  de  Su  Majestad  Británica".  Este  usufructuó,  sin  derecho  a  derivar  en  posesión  definitiva,  fue 
reconocido nuevamente por Inglaterra en el Tratado de Madrid de 1814. Para subsistencia de los hacheros ingleses se 
permitió la pesca con la condición de no establecerse en ninguna de las islas. No es extemporáneo traer al tapete el 
asunto  Belice  pues  guarda  relación  con  las  Malvinas.  Allí  ni  a  título  de  usufructo  pudieron  operar  los  foqueros  y 
balleneros ingleses entre 1790 y 1814 ni se reconocieron como válidas las instalaciones dejadas por ellos en su retirada 
(1774). 
(35)  Rusia se excedió en 1821. Por úcases del 4 y 16 de setiembre el zar Nicolás I impidió toda pesca que no 
fuera rusa en aguas de  Alaska a  menos de 100 millas italianas, so pena de confiscación. 
(36) La oficialidad de San Blas (California) fue la apellidadora de la región de la Columbia británica y de Alaska 
e  hizo  efectiva  la  posesión.  De  1790  a  1791  el  teniente  de  navío  Francisco  Elisa  "sistematizó"  en  Nootka  un  uti 
possidetis hispano levantando establecimiento permanente y principiando la aculturación de los indígenas de la región. 
En  1791  se  hallaba  de  estación  una  escuadrilla  formada  de  la  fragata  Concepción,  paquebote  San  Carlos  y  la  goleta 
Saturna. Malaspina halló una compañía suelta de voluntarios de Cataluña. "Veíamos —refiere Viana— en el fondo del 
puerto los edificios de madera construidos para los diferentes usos de la vida y abrigo de la tropa y otros individuos que 
habitaban en tierra". Había panadería, se cultivaban huertas y funcionaban herrerías" que hacían ver la actividad y buen 
orden  de  nuestros  oficiales".  Mantenían  comunicación  pacífica  con  los  naturales  que  habían  aprendido  algunas 
palabras españolas. El comercio de intercambio se hacía con el pueblo de Tasis que servía de intermediario con otras 
tribus Diario etc. T. II. pág.19 y 86 a 89. 
(37) En  represalia  el  gobierno  norteamericano  ordena  a  la  corbeta  Lexington  atacar  las  Malvinas,  lo  que  así 
hace bombardeando la base tomando prisionera la guarnición. 
(38) El  cónsul  inglés  Hood  respondió  que  ignoraba  que  las  islas  del  lado  norte  de  Punta  del  Este  estuvieran 
bajo  restricciones.  Adjuntó  las cláusulas  públicas  VI  y  VII de  la  Convención  de 1790,  aduciendo  que  nunca había  sido 
renovada. SEIJO Carlos. Maldonado y su región p.419. 
(39) De 1921 a 1925 la pesca total en el Mar del Norte disminuyó el 23% con relación al periodo 1909 ‐ 1913, 
sobre todo de arenques. VALLAUX p. 484. 
(40) Recuérdese que las aguas del Atlántico Sur fueron navegadas frecuentemente de 1700 a 1713 por naves 
francesas dedicadas al comercio y la esclavatura. Por esas incursiones que traspasaron el paralelo 35º y llegaron hasta 
el  Estrecho  de  Drake  cruzándolo,  adquirieron  nociones  de  toda  la  riqueza  contenida  en  esas  aguas.  También  del 
riquísimo  lugar  de  encuentro  de  especies  en  el  Paralelo  35º  y  Meridiano  54º,  de  aguas  uruguayas  oceánicas.  Este 
puchero ictiológico que tantos han estado mirando con sumo interés. 
(41) Las  aguas  de  Terranova  son  las  más  pobladas  de  bacalao.  Por  el  tratado  de  Utrecht  Francia  cedió  esa 
"costa francesa" a Inglaterra. Posteriormente se reservaron para los pescadores de Saint‐Maló y Paimpol las bases de 
las islas de San Pedro y Miquelón. Se colige que, para compensar los obstáculos opuestos por Inglaterra, los pescadores 
malvinos pusieron su interés también en la riqueza del Atlántico Sur. No escapará tampoco el fenómeno de mudanza de 
la  línea  de  emigración,  que  confundió  a  los  grupos  de  pescadores  del  Atlántico  norte.  En  el  siglo  XVIII  en  las  costas 
noruegas no se recogían más que 600 piezas de bacalao cuando en el mismo lugar y en el XVII se sacaban hasta 6.000. 
(42) Determinante de esta ampliación de horizontes pesqueros españoles además de los fenómenos biológicos 
anotados fue la presión inglesa sobre la pesca en Terranova. Por el Tratado de París (1763) España renunció derechos 
de pesca en Terranova. Para operar en esas aguas debió pagar a Inglaterra un tributo de 48.000.000 de reales. En 1783 
Antonio Romero y Alberto Capdevila obtuvieron permiso para pescar bacalao y sardinas en las costas patagónicas. Acto 
seguido el virrey Loreto declaró libre esa actividad a todos los nacionales. 
(43) VALLAUX,   Op.  Cit.   p.   95. 
(44) De 1774 a 1791 la caza de lobos se efectuó por cuenta de la corona. De 1792 a 1806 por la Real Compañía 
y  de  180  8  por  cuenta  de  particulares  hasta  la  estatización  de  la  actividad  (SOYP)  Cf.  SEIJO,  Carlos  op.  cit.  FAJARDO 
TERAN, Florencia. Historia de San Carlos,  pp.   1121  a  125. 
(45) PARKER Y FITZROY: "Puerto Deseado... Hace tiempo se fundó en este puerto una colonia española. . . Las 
ruinas  de  los  edificios,  que  son  de  piedra,  y  los  restos  de  un  jardín  de  árboles  frutales  que  aún  en  18  29  producían 
membrillos y cerezos, indican distintamente la localidad". Op. Cit. p 59. En el plan de 1790 de fortificar Gorriti, Lobos y 
Punta del Este, decía Liniers que la Compañía debía hacer de la isla punto de mantenimiento de Puerto Deseado. "A el 
pasarían en el verano un cierto número de buques a seguir la pesca". En ese establecimiento la Compañía realizó una 
obra  de  aculturación  y  pacificación  de  las  tribus  patagónicas.  Viana  visitó  el  establecimiento  a  dos  años  de  hacerse 
cargo  de  la  ex  colonia  Puerto  Deseado  dicha  Compañía,  observando  que  había  comercio  con  los  indios  que  trocaban 
pieles de guanaco y leopardos (pumas) por arreos de caballos, armas y vestidos, y que los naturales habían adquirido 
rudimentos de idioma español en el trato armónico con los pobladores y pescadores de Puerto Deseado. Op. Cit. T. I. pp 
71  a  84.  Contrasta  esta  actitud  pacífica  del  patagón  araucano  en  sus  relaciones  con  el  español  de  Montevideo  y 
Maldonado con sus violencias contra los pobladores de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y San Luis. Quizás el sentido 
defensivo transmitido por el mando naval del Apostadero hubiera despertado, desde las primeras poblaciones del perfil 
patagónico, la hostilidad india hacia el inglés. La misma actitud pacífica del araucano frente al español del Mar. 
(46) Hubiera tenido otro desenlace si España aplicara entonces el principio del Art. 2 8 del Tratado de Utrecht 
que prohibía molestar por motivos religiosos personas dedicadas al comercio. La resolución de tolerancia tuvo carácter 

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida 
universal  el  28  de  julio  de  1798.  La  actitud  española  no  fue  extraña  de  una  línea  de  reacción:  la  que  no  admitía 
protestantes en los Países Bajos y judíos en la Península, pero dejaba pasear hebreos por toda América con ciudadanía 
portuguesa, a disidentes en los períodos de alianza de España con naciones protestantes, y vivir en gentilidad los grupos 
indios que no aceptaran voluntariamente la doctrina cristiana. Consúltese para este último aspecto la Recopilación de 
Leyes de Indias de 1680. 
(47) En el ecúmene hispano sólo la villa de Lequeitio ostenta una ballena, que aparece tirada por  una lancha. 
Extinguida la Real Compañía de Pesca en 180 8 se concedió permiso para lobear a José Braña y Juan Fernández. 
Un tercio de las ganancias era para la iglesia de Maldonado, otro para las familias pobres de la ciudad y el restante para 
los cazadores. 
(48) Los portugueses que la ocuparon en la Segunda Invasión (1816), la evacuaron en octubre de 1825. Hasta 
1841 quedó de cargo de Francisco Aguilar. De 1858 a 1895 fue explotada por Enrique Burnett, inglés. La renovación de 
la  concesión  provocó  en  1860  encendidos  clamores  populares,  por  no  haber  sido  sometida  la  decisión  del  Poder 
Ejecutivo a ratificación parlamentaria. Vid. Actas de la Cámara de Diputados  (1860). 
También  la  pretendieron  en  1858  Francia  y  Norteamérica,  como  depósito  naval  para  dominar  la  desembocadura  del 
Plata. MAILLEFER, Contribuciones documentales. RH. t. XVIII, pp. 227 y 237‐238. 
A fines del siglo XIX las naves inglesas efectuaban ejercicios de tiro sobre la isla y baterías. SEIJO, p. 387. 
Como estación naval inglesa la Bahía de Maldonado e Isla de Gorriti terminaron de hecho en 1921. 
(49) Antártida Uruguaya. Visión de la Isla Gorriti en su relevamiento arqueológico y notas conexas. 
 
 
 

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Leslie Crawford 
   
 
 

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