Crisis Mundial del Capitalismo y Perspectivas Históricas

Luis R. Delgado J.

Título: Crisis Mundial del Capitalismo y Perspectivas Históricas Autor: Luis R. Delgado J. Primera edición, 2012.

©Centro de Estudios Socialistas Jorge Rodríguez ISBN: 978-980-12-6173-5 Derechos reservados: lf 04120123304167 Hecho el Depósito de Ley

Diseño de Cubierta: Orlando Acosta Diagramación: Orlando Zabaleta Revisión de texto: Orlando Zabaleta Impresión. Cosmográfica, C.A., Valencia, Edo. Carabobo. Impreso en Venezuela Printed in Venezuela

Agradecimientos

Quiero agradecer en mi primer lugar a mi familia por su apoyo incondicional en todo momento y circunstancia. Doy gracias a los camaradas José Miguel Casado, Ricardo Adrián, Luis Delgado Natera, Willey Peñuela y Abraham Carrillo, por sus aportes en la revisión del texto a lo largo de su redacción, por sus valiosas contribuciones para perfeccionar la forma y el contenido de este ensayo. De igual forma, quiero agradecer a Rebeca Madriz por su especial compañía, por su estímulo permanente y porque también dio importantes aportes a la corrección y perfeccionamiento del documento. Finalmente quiero dar las gracias a las compañeras y compañeros del Centro Estudios Socialistas “Jorge Rodríguez”, y en especial al camarada Roger Jiménez por su iniciativa de publicar este trabajo de investigación en pro de fortalecer la lucha teórica y la formación política de la militancia bolivariana y socialista.

Índice

Presentación .................................................................................. A modo de introducción ................................................................ I. El Capital es enemigo de la Humanidad ................................ II. La Crisis Estructural del Capital ............................................ III. La Actual Crisis Cíclica del Capitalismo ............................... IV. El Imperialismo contra los Pueblos (Agudización Mundial de la Lucha de Clases) ................................................................ A) Agresión política-militar del Imperialismo ...................... B) Agresión económica del Imperialismo ............................. C) Agresión político-institucional del Imperialismo ............. D) Agresión cultural-simbólica del Imperialismo ................. V. Los Pueblos del Mundo resisten la Arremetida del Imperialismo ..........................................................................

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VI. ALBA, Integración Latinoamericana-Caribeña y Revolución Continental............................................................................. 97 VII. La Unidad Mundial de la Clase Trabajadora y el Socialismo como Alternativa .................................................................... Una Nueva Política ................................................................ Una Nueva Economía ............................................................ Una Nueva Cultura ................................................................ 105 117 122 127

Bibliografía ................................................................................... 135

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Presentación

Con enormes esfuerzos, pero con igual alegría, entregamos este interesante estudio investigativo: CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALISMO Y PERSPECTIVAS HISTÓRICAS, de nuestro querido y muy apreciado camarada Luis Delgado Jaramillo, joven militante de la Revolución Bolivariana que dio sus primeros y muy importantes pasos en el Partido Comunista de Venezuela, y luego continúa en el Partido Socialista Unido de Venezuela. Este docente de profesión en las áreas de las ciencias sociales y con estudios de post-grado en historia de Venezuela, en la Universidad de Carabobo, forma parte también del Centro de Estudios Socialista “Jorge Rodríguez”, lo que lo ha llevado a diferentes escenarios: Misiones, Batallones del PSUV, Consejos Comunales, Empresas del Estado, por todo el país, a cumplir la tarea de la formación política de los hombres y mujeres de la patria de Bolívar, para avanzar decididamente a construir el socialismo del siglo XXI. El texto que tienen en sus manos es un trabajo acucioso, de búsqueda de la fuente del conocimiento para poder interpretar lo que ocurre en este mundo en profunda crisis. Se trata de una investigación fundamentada en los clásicos del socialismo científico y en nuevas investigaciones sobre el tema. En primer lugar esta investigación nos invita a no confundir los daños causados por el capitalismo a la sociedad humana con la crisis de su funcionamiento sistémico: “Ha quedado clara la enseñanza de la teoría revolucionaria. Fenómenos como la miseria, el desempleo, las guerras, la destrucción del medio ambiente... entre otros elementos, son consustanciales del desarrollo capitalista, no son accidentales, no son problemas que al capital le interesa superar, por el contrario, son parte de la esencia misma de un sistema que es explotador y opresor hasta la médula”. Luis Delgado no pretende maquillar su discurso, muy al contrario,
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es claro en torno a la definición de crisis capitalista mundial: “Producto del desarrollo de la lucha de clases a lo largo del siglo XX y al desarrollo de las fuerzas productivas por medio de la revolución científicotecnológica actualmente vivimos en medio de la crisis estructural del capital”. No forma parte de quienes abandonaron las categorías de la teoría revolucionaria por allá a finales de la década de los 80 e inicios del 90, por lo cual a lo largo del texto ratifica la lucha de clases como la fuerza motora de la historia, como a mediados del siglo XIX nos lo enseñaran Marx y Engels. Y para quienes la actual crisis del Capital es pasajera nos dice: “La actual crisis coyuntural que el capitalismo hoy sufre es parte del desenvolvimiento de la crisis estructural, es consustancial con su lógica de acumulación y expansión”, y más adelante afirma: “…más allá de las buenas intenciones de algunos, el neoliberalismo no pierde utilidad para la gran burguesía transnacional, porque el capitalismo contemporáneo no tiene modelo alterno de gestión que no sea el neoliberalismo, por más que trate de aplicar una que otra medida neokeynesiana que suavice algunas situaciones”. Este ensayo nos muestra lo importante de manejar las categorías históricas, pues ello nos permite no tener dudas en el camino de la estrategia y la táctica política. De igual forma, para nadie es un secreto que la lucha por un mundo mejor ha adquirido una dimensión global, frente a esto las grandes corporaciones mediáticas se unen para tratar de frenar el avance de los pueblos. Luis nos expresa: “El terrorismo mediático oculta las verdaderas intenciones del imperialismo, por medio de la mentira y la apología, las víctimas son transformadas en victimarios, creándose todo un esquema maniqueo donde se enfrentan las fuerzas del “Bien” y del “Mal”, he aquí una de las facetas de la enajenación ideológica”. Es en este contexto donde debemos entender el grave daño que causa Globovisión y todos los medios de la burguesía. Ser ingenuos en este caso nos puede llevar a la conciliación. Así de sencillo. En otro orden, la dialéctica marxista es muy clara, nada es eterno, todo se transforma, y esta crisis capitalista puede tener una salida revolucionaria, la fe y confianza en los pueblos explotados del mundo queda sintetizada de esta manera: “Frente a la agresión imperialista, frente a ese

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proceso salvaje de acumulación capitalista por desposesión, los pueblos del mundo no se han quedado de brazos cruzados, combinan todas las formas de luchan para resistir y vencer”. Tenemos décadas afirmando que el capitalismo tiene tarde o temprano que desaparecer de la faz de la tierra, y que debe darle paso a una nueva sociedad: el socialismo. Que no hay salida en el marco del capital, es por ello que compartimos estas afirmaciones: “El socialismo es imprescindible para liberar la humanidad de las consecuencias nefastas del capitalismo, del desenvolvimiento del capital, no se trata de caprichos o deseos de trasnocho, es una realidad histórica”... “El socialismo es factible y necesario”. Estamos de acuerdo en que: “Los trabajadores y trabajadoras deben apropiarse críticamente del conocimiento de esta realidad para elevar sus niveles de conciencia, para asumir de forma organizada y combativa su papel de actores protagónicos de la revolución. La clase trabajadora debe asumir... la ofensiva revolucionaria que apuntale la construcción de una nueva hegemonía, un nuevo poder, el socialismo auténtico”. He aquí las reflexiones y análisis de un complejo mundo capitalista en crisis que debemos estudiar. Hoy especialmente es vital elevar los niveles de conciencia de los pueblos del mundo para enterrar definitivamente una sociedad explotadora y construir la tan anhelada y soñada sociedad de iguales. En este sentido, desde nuestro país debemos seguir haciendo esfuerzos sustanciales para avanzar en la construcción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI. Con mucho orgullo, podemos decir que el Centro de Estudios Socialista “Jorge Rodríguez” tiene en sus filas a un joven militante de los sueños a favor de los explotados de la talla del camarada Luis Delgado, por lo cual es para nosotros satisfactorio entregar este modesto pero significativo esfuerzo, para continuar el debate y profundizar en la formación de los y las militantes de la Revolución Bolivariana liderizada por nuestro Comandante Hugo Chávez.

Centro de Estudios Socialista “Jorge Rodríguez” Valencia, Estado Carabobo, Venezuela. Noviembre 2012

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A modo de introducción

Para las fuerzas revolucionarias de cualquier país es imprescindible conocer las principales contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales que se desarrollan a nivel mundial, para así comprender con mayor profundidad la situación nacional y local donde se desenvuelve su lucha. De igual manera, la ciudadanía para jugar un papel más activo en los procesos políticos, debe estar más y mejor informada del acontecer histórico internacional. El capitalismo como sistema, como metabolismo social, se encuentra internacionalizado desde su propio origen (Amin, 1999; Wallerstein, 2007), más aun desde que ha entrado en su fase imperialista. Es imposible, en este sentido comprender cualquier realidad nacional, regional y local, si no se toma en consideración la situación internacional. Creemos, tal como lo plantea Boron (2004), que:
… solo un diagnóstico preciso sobre la estructura y funcionamiento del sistema imperialista internacional permitirá a los movimientos sociales, partidos, sindicatos y organizaciones populares de todo tipo que luchan por su derrocamiento encarar las nuevas jornadas de lucha con alguna posibilidad de éxito. No hay lucha emancipatoria posible si no se dispone de una adecuada cartografía social del terreno donde habrán de librarse las batallas. De nada sirve proyectar con esmero los rasgos de una nueva sociedad si no se conoce, de manera realista, la fisonomía de la sociedad actual y la ruta por la cual habrá de transitarse… (p. 152).

De esta manera, por medio de este ensayo pretendemos hacer una humilde contribución a la caracterización de los principales problemas que viene arrastrando la humanidad en los últimos tiempos. Obviamente se trata de una síntesis que seguramente no podrá abarcar a pro13

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fundidad todos los problemas, ya que cada uno por separado pudiese ser desarrollado en cientos de páginas, sin embargo, creemos que por lo menos logramos ilustrar los elementos más esenciales del tema. Este documento se divide en siete segmentos: 1) En primer lugar se exponen las consecuencias más dramáticas de la reproducción ampliada del capital a escala mundial. 2) En segundo lugar se trata de realizar una explicación resumida del fenómeno que ha sido definido por algunos autores como la Crisis Estructural del Capital, ciertamente en este tema se registran muchas polémicas porque algunos autores niegan el desarrollo de ese proceso. 3) Por otro lado, desarrollaremos un análisis sucinto sobre la más reciente crisis cíclica del capitalismo iniciada en 2007-2008 y que aún hoy está en pleno desarrollo. 4) Posteriormente abordaremos de manera concisa las principales iniciativas políticas, militares, económicas y culturales que viene impulsando el Imperialismo para salir lo más pronto posible de la crisis cíclica y postergar los impactos de la crisis estructural. 5) Luego haremos mención de las principales luchas que vienen emprendiendo los pueblos del mundo contra la ofensiva imperialista. 6) Haremos énfasis en el proceso que a nivel continental realizan las fuerzas progresistas y revolucionarias, especialmente en el seno del ALBA TCP, en respuesta a las pretensiones del imperialismo, fundamentalmente estadounidense. 7) Finalmente se plantean los rasgos esenciales para construir una alternativa histórica al dominio del capital, por medio de la unidad mundial de la clase trabajadora y la construcción del socialismo. Esperamos con este ensayo contribuir en la formación política del pueblo y en específico de la militancia revolucionaria. Dejando claro que se trata de una aproximación, la cual debe ser alimentada permanentemente por nuevos análisis y síntesis.

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I. El Capital es enemigo de la Humanidad

A poco más de 200 años de las primeras grandes revoluciones burguesas (Revolución Industrial inglesa, Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa), es obvio que las promesas de libertad, igualdad y fraternidad constituían pura ideología para desmontar el orden social feudal, falsas promesas para movilizar a las masas explotadas contra la nobleza. Una vez que la burguesía se hizo del poder político, construyó una nueva forma de dominación y explotación mucho más sofisticada, que si bien es cierto brindó mejores condiciones de vida a millones, no liberó ni igualó a la humanidad, por el contrario, no ha dejado de ensancharse la brecha entre ricos y pobres, entre naciones metropolitanas y naciones periféricas. La promesa del progreso continuo fue una forma ideológica para encubrir el fin de impulsar una acumulación del capital a escala planetaria, con dramáticas consecuencias sociales y ambientales. No se construyó una sociedad basada en la razón, sino bajo la irracional lógica del capital, que coloca en primer término la satisfacción de necesidades mercantiles de ganancia, sobre la satisfacción de las necesidades de la población humana presente y futura. En este orden de ideas, el investigador español Manuel Martín Serrano (2008) nos ofrece la siguiente reflexión:
El capitalismo industrial concluye sin haber cumplido con la utopía que le dio a las revoluciones burguesas su valor ético y empuje histórico; que era el empeño de instaurar una y la misma racionalidad para entender y explotar la naturaleza, para organizar y dirigir a las sociedades. En los términos que lo proponía el Iluminismo quedaba por conseguir que la difusión y aplicación del conocimiento (“las Luces”) sirviesen al tiempo para liberar de la necesidad, de la opresión y de la infelicidad. Escribía Marx un siglo después de las Luces que, muy por el contrario, las victorias
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de la ciencia se estaban pagando con una pérdida de humanidad. Y los autores de la Escuela de Fráncfort, al tiempo iluministas y marxistas, mostraban que cada vez la razón estaba más disociada entre una racionalidad instrumental que servía para dominar a la naturaleza y los hombres y otro raciocinio humanista, que seguía reclamando esa promesa incumplida de liberación (p. 17).

En este sentido, el capital no es reformable en su esencia, es un sistema económico de destrucción insostenible que no se puede humanizar, esta enseñanza de la historia ha sido sufrida por la clase trabajadora y los pueblos del mundo. El siglo XX demostró que el capital solo cede ante determinadas correlaciones de fuerza y para entregar un derecho parcial éste debe conquistarse con lucha. En esta línea de pensamiento Chomsky (2004) nos explica que:
En el transcurso de la historia moderna ha habido logros significativos en los derechos humanos y el control democrático de algunos sectores de la vida. Estos rara vez han sido obsequio de líderes ilustrados. Por lo común han sido impuestos a los Estados y otros centros de poder a través de la lucha popular (p. 334).

Ha quedado clara una enseñanza de la teoría revolucionaria: fenómenos como la miseria, el desempleo, las guerras, la destrucción del medio ambiente, el subdesarrollo producto de la dependencia, entre otros elementos, son consustanciales al desarrollo capitalista, no son accidentes, no son problemas que al capital le interesa superar, por el contrario, son parte de la esencia misma de un sistema que es explotador y opresor hasta la médula. Esta afirmación hay que tomarla en cuenta, porque en muchos casos se pretenden presentar estos fenómenos que sufre la humanidad como procesos aislados que tienen que ver con la naturaleza o con el azar, la burguesía siempre hace esfuerzos para justificar ideológicamente y a través de sus medios de comunicación estos problemas, propiciando que se desvíe la atención de los pueblos, para que estos acepten de buena manera las principales problemáticas que padecen, para que estos no luchen y subviertan el statu quo.
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Hoy las contradicciones sociales fundamentales son la amenaza de la supervivencia de la vida en el planeta producto de la naturaleza eco-depredadora del capitalismo, y por otro lado la misma descrita hace 160 años por Marx y Engels, la contradicción Capital-Trabajo, que se traduce en la socialización creciente de la producción de la riqueza frente a la apropiación privada de la misma, a su vez al interior de esta contradicción se da una más específica que es la que enfrenta al sistema imperialista mundial contra los pueblos oprimidos, la contradicción Imperio-Nación. Esta última se manifiesta de la siguiente manera; mientras la distribución de la población indica que en el mal llamado Tercer Mundo o naciones dependientes vive el 80% de la población mundial y en las naciones altamente industrializadas vive el 14% de la población humana, en la escala de distribución de la producción de riqueza esta relación se invierte, mientras a los países periféricos le corresponde el 20%, a las naciones imperialistas les corresponde el 78% de la distribución y consumo de la riqueza producida (Bauman, 1999). Otras estadísticas (Boron, 2002; Boron, 2004; Boron, 2010; Giribets, 2011; Millet, Toussaint, 2005; Toussaint, 2011; Ramos, 2009; Seibert, 2009; The economic collapse, 2010; Vega Cantor, 2005), algunas ya envejecidas, nos revelan la ignominiosa situación que vive nuestro mundo producto de las desigualdades y las asimetrías: Hoy en día: • El ingreso anual del 1% más rico de la población mundial equivale al del 57% más pobre del planeta. Se calcula que 1.200 millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar por día. Las 238 personas más ricas del mundo concentran una riqueza superior a los ingresos de las 2.300 millones de personas más pobres del planeta. • De acuerdo a cifras dadas por la OCDE, el 60% de la población activa mundial (900 millones de trabajadores y trabajadoras), realiza su actividad sin contrato de trabajo ni prestaciones sociales. • Bill Gates tiene un patrimonio neto de cerca de 50.000 millones de dólares. Eso significa que hay aproximadamente 140 naciones diferentes con un PIB anual que es menor que la cantidad de dinero que posee Gates.

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• En Francia los gastos anuales para el mantenimiento de 67 millones de mascotas (perros y gatos) alcanza los 4.500 millones de dólares, mientras en la República Democrática del Congo habitada por 65 millones de personas, el presupuesto anual del Estado apenas alcanza 3.900 millones de dólares. • Un estudio del Instituto Mundial de Investigación de la Economía del Desarrollo estableció que la mitad inferior de la población del mundo posee aproximadamente un 1% de toda la riqueza global. En África el consumo per cápita se ha reducido en un 20% con relación a 1980. • El 70% de las inversiones a escala global y el comercio mundial son controlados por las 200 compañías transnacionales más poderosas. • Las doscientas megacorporaciones más grandes del planeta registran anualmente por concepto de ventas, cifras superiores a los ingresos combinados de todos los países del mundo, excepto las nueve economías nacionales más ricas. Sin embargo, estas corporaciones emplean a menos del 1% de la población mundial. • En los espacios de la antigua Unión Soviética y Europa Oriental, producto de la restauración del capitalismo, la pobreza se ha multiplicado por 25, es decir, 2500%. • Unas 1.020 millones de personas sobreviven en la hambruna crónica (una de cada 7 personas); cada 3 segundos muere una persona de hambre; el 70% de los hambrientos en el mundo son mujeres y niñas. • Actualmente hay unos 250 millones de hambrientos más que hace tres años, repartidos en 80 países. Los que están en peor situación son: Burkina Faso, Mali, Mauritania, Níger, Senegal, Chad y Haití. • La FAO estimó que las pérdidas y el desperdicio de alimentos asciende a mil 300 millones de toneladas al año, equivalentes a una tercera parte de la producción mundial para consumo humano.

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• Diariamente mueren en el mundo 30 mil niños por enfermedades curables; anualmente mueren 18 millones de personas con enfermedades curables. • En el Tercer Mundo uno de cada cuatro niños no recibe las vacunas básicas, es por eso que 1 de cada 6 niños muere antes de los 5 años de edad. • Por causa de las hambrunas y enfermedades curables mueren 40 millones de personas en el mundo, sobre todo niños y niñas. Es decir, las inequidades del capitalismo liquidan anualmente un equivalente al 70% de las víctimas totales de la II Guerra Mundial, conflicto que duró más de 5 años. • Anualmente mueren más de 350.000 mujeres en el mundo por complicaciones relacionadas al embarazo o al parto. El 99% son mujeres de los países pobres. • En África Subsahariana el riesgo de mortalidad materna es de 1 a 30, mientras que en los países prósperos es de 1 a 5.600. • 218 millones de niños y niñas, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006). • Más de 2 mil millones de personas no tienen acceso a la electricidad (2 personas de cada 7). • 924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003). • 35% de la población mundial no posee condiciones sanitarias básicas; sin sistemas de drenajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008). • 1.100 millones de personas no tienen fuentes seguras de agua potable (1 persona de cada 7); mientras en Estados Unidos se consumen 400 litros diarios per cápita y en Europa Occidental 200. • Producto de las asimetrías del capitalismo, mientras en los 31
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países más ricos la esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas, en el mismo período ha disminuido en 18 países: 10 africanos y 8 antiguas repúblicas soviéticas. Países como Botsuana, Zimbabwe o Zambia tienen en promedio una esperanza de vida de sus habitantes inferior a los 47 años. • Finalmente existen tragedias sociales tales como la existencia de 854 millones de analfabetas, de los cuales 554 millones son mujeres, además que el 60% de los menores no escolarizados son niñas, lo que demuestra que la realidad de las mujeres sigue siendo más desfavorable que la de los hombres. Se habla de un proceso de feminización de la pobreza. Toda esta realidad es más que lamentable, trágica y tremendamente injusta, si consideramos que el comandante Fidel Castro ha expresado que con sólo 10 mil millones de dólares sería suficiente para reducir a prácticamente cero el analfabetismo a nivel mundial; considerando esta cifra, comparémosla con el grosero presupuesto militar anual de los EEUU que supera los 600 mil millones de dólares, es decir, con menos del 2% de ese presupuesto cerca de mil millones de personas pudiesen aprender a leer y escribir. A lo largo de su historia, el capitalismo ha demostrado de forma contundente su terrible capacidad destructiva de las dos principales fuentes de riquezas: la naturaleza y la humanidad. La economía moderna es totalitaria… Esgrime una pretensión total sobre el mundo natural y social (Kurz, 2002). Por un lado se encuentra en peligro la supervivencia de los diversos ecosistemas y la vida humana en el planeta producto de la lógica ecodepredadora del Capital, obtención de ganancias aquí y ahora, sin pensar en el futuro. Algunos incluso consideran que hoy la contradicción principal es Vida-Muerte (Rauber, 2006). Ya que para el capitalismo imperialista: La premisa básica es que la hegemonía importa más que la supervivencia (Chomsky, 2004; p. 328). Al respecto el economista argentino Jorge Beinstein (2010) nos expresa lo siguiente:
... el desarrollo de la civilización burguesa durante los dos últimos siglos (con raíces en un pasado occidental mucho más prolongado) ha terminado por engendrar un proceso
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irreversible de decadencia, la depredación ambiental y la expansión parasitaria, estrechamente interrelacionadas, están en la base del fenómeno. La dinámica del desarrollo económico del capitalismo marcada por una sucesión de crisis de sobreproducción constituye el motor del proceso depredador-parasitario que conduce inevitablemente a una crisis prolongada de subproducción (el capitalismo obligado a crecer-depredar indefinidamente para no perecer termina por destruir su base material). Existe una interrelación dialéctica perversa entre la expansión de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicación de las estructuras burocráticas civiles y militares de control social, la concentración mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredación del ecosistema. Esto significa que la superación necesaria del capitalismo no aparece como el paso indispensable para proseguir “la marcha del progreso” sino en primer lugar como tentativa de supervivencia humana y de su contexto ambiental.

Por otro lado la humanidad sigue sometida a la más cruel explotación producto de la contradicción Capital-Trabajo; a la opresión sistemática de los Estados gendarmes y policías del Capital; a la opresión patriarcal que condena a las mujeres a una terrible explotación, opresión y subordinación; a la opresión adulto-céntrica que condena a las y los jóvenes a un segundo plano frente a la sociedad adulta; al etnocentrismo occidental que arrolla a las culturas originarias y milenarias de los cinco continentes, por medio de la exportación del pensamiento único, la colonialidad del poder, procesos criminales de etnocidio y memoricidio (Báez 2008); y, en fin, a la ignominiosa exclusión que invisibiliza a millones de personas, a las cuales se les expulsa de los derechos humanos básicos como son los servicios sociales fundamentales: la educación, la salud, la alimentación, la vivienda, entre otros. Con respecto a este último planteamiento, Vega Cantor (2005) nos explica que:
… el perpetuo no-reconocimiento de derechos por parte del capitalismo de todos aquellos que no son solventes en términos mercantiles conduce a identificar como sujetos de
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derecho solamente a quienes están en capacidad de participar directa o indirectamente en el proceso de valorización del capital. Y quienes no lo están, pasan a ser desechos, obstáculos colaterales, que no pueden ser considerados como sujetos de derecho (p. 43). Es decir, para el capitalismo los derechos humanos no son universales como hipócritamente lo sostiene; estos derechos, en el mejor de los casos, son exclusivos de un sector de la sociedad que tal vez involucre a un 60 o 70% de la población planetaria, el resto no reúne para la burguesía mundial la dignidad como seres humanos, ya que no existen para el mercado mundial, no son consumidores. Productor o consumidor, he aquí el destino del ser humano a escala mundial hoy día. Los que no entran en tales estatus devienen multitudes inútiles (Houtart, 2007; p. 17). Tan dramática es la situación que hoy para las potencias imperialistas: … el aumento de la pauperización, la privación de derechos y la violencia extrema son conscientemente aceptados porque se trata cada vez menos de eliminar en forma planificada el “subdesarrollo”, sino principalmente del control de una población “excedente”, a la cual el sistema mundial ya no tiene qué ofrecerle (Seibert, 2009; p. 23).

Por todo lo anterior, el capital es enemigo de la humanidad, en tanto su expansión pone en peligro la supervivencia de la vida humana en el planeta, pone en peligro la sostenibilidad de los ecosistemas naturales, amenazando el mantenimiento de los recursos bióticos y abióticos. Pese a que el capitalismo en un momento dado pudo jugar un papel progresivo, cada vez más implica un sistema societal caduco que sólo genera explotación y sufrimiento de las amplias mayorías.

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II. La Crisis Estructural del Capital

La tempestad no es sinónimo inmediato de revolución, sino solamente portadora potencial de avanzadas revolucionarias. Samir Amin

Producto del desarrollo de la lucha de clases a lo largo del siglo XX y al desarrollo de las fuerzas productivas por medio de la Revolución Científico-Tecnológica (también llamada Tercera Revolución Industrial), actualmente vivimos en medio de la Crisis Estructural del Capital. Algunos autores como Mészáros (2001, 2009) advierten que esta crisis se inicia a comienzos de los años 70 del siglo pasado, momento en el cual se activan los límites absolutos del capital: a) se agudizan las contradicciones entre el desarrollo del capital transnacional y la prevalencia de los Estados nacionales; b) se agrava la destrucción de las condiciones de la reproducción metabólica social, es decir, la lógica del capital es absolutamente antagónica con el mantenimiento sostenible de los recursos naturales (bióticos y abióticos); c) la incorporación plena de la mujer en igualdad de condiciones con el hombre encuentra límites insuperables en el marco de las relaciones sociales de producción patriarcales inherentes al capital; d) el capital no puede incorporar a toda la humanidad a la actividad productiva, por lo tanto, el desempleo crónico reproduce una masa de desocupados (miseria) que cada vez más amenazan la estabilidad sistémica. Gracias al fortalecimiento de la clase trabajadora durante la posguerra (1945-1970) tanto en Europa como en Estados Unidos, que se traducía en un auge del programa histórico socialdemócrata, es decir, programas de asistencia social (Estado de Bienestar) y salarios altos; de la expansión del Sistema Socialista y de las luchas de Liberación Nacional
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en los países periféricos, la tasa de ganancia empieza a disminuir a partir de comienzos de los años 70, momento en el cual está en desarrollo la Revolución Científico-Técnica, ya que resultaba muy costoso para los capitalistas pagar altos salarios, invertir al mismo tiempo en tecnología de punta, y a su vez perder el control de las fuentes de materias primas del mundo producto del auge de proyectos de independencia nacional. Frente a esto, se desarrolla una gran reestructuración productiva del capital a nivel global, un reajuste espacio-temporal del sistema, para frenar la caída tendencial de la tasa de ganancia y evitar la desvalorización masiva. La crisis capitalista nunca es otra cosa que esto: la ruptura de un patrón de dominación de clase relativamente estable (Holloway, 2005; p. 25). Se trató de una contrarrevolución encabezada por los monopolios transnacionales, por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, por el FMI, el Banco Mundial y la OMC. De esta forma, se abrió paso una nueva fase del imperialismo, la metamorfosis del capitalismo monopolista de estado en capitalismo monopolista transnacional (Cervantes, Gil, 2002; pág. 59) o lo que Amin denomina el capitalismo de oligopolios financiados. Al respecto, Engel (2004) señala que:
La organización internacional de la producción que no se detiene ante ninguna frontera nacional significa un salto cualitativo en el desarrollo del imperialismo: Rompe la producción organizada antes principalmente de modo estatal-nacional y la sustituye paso a paso por nuevas relaciones de producción a escala internacional (p. 278).

En este nuevo contexto histórico del Imperialismo, los EstadosNacionales son cada vez más subordinados por los monopolios internacionales, lo que no implica que el Estado haya prácticamente desaparecido como afirman algunos apologistas de la Globalización. Lo que se viene dando en todo caso, son redefiniciones sustanciales de las tareas del Estado burgués contemporáneo. En este orden de ideas Engel (op. cit.) expresa que:
… el rol tradicional del Estado burgués, como regulador central de la economía nacional, cede cada vez más frente a un sistema de la competencia mundial entre los Estados
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nacionales por prestar los mejores servicios a los monopolios internacionales, para la óptima valorización de sus capitales y condiciones políticas favorables. El núcleo de la nueva organización de la producción internacional es la tendencia a la disolución relativa de la organización estatal-nacional de las relaciones de producción y de intercambio. En su lugar se establece un entrelazamiento, que abarca a varios países, de los modos de producción y de intercambio más avanzados bajo el dominio del capital financiero internacional (p. 15).

Lo anterior tiene que ver con el hecho de que el capital en los últimos tiempos ha alcanzado niveles tan grandes de concentración y centralización, que ya el marco de los Estados nacionales le queda estrecho, tal como sucedió en la transición histórica de la organización territorial feudal a la organización estatal-nacional creada por la burguesía y las monarquías europeas entre los siglos XVI-XIX. En relación a la época actual, Samir Amin (2011) nos informa:
La financialización ha transferido la responsabilidad principal en el control de la reproducción del sistema de acumulación a 30 grandes bancos que son parte de la Triada (Estados Unidos, Europa y Japón). Los eufemísticamente llamados “mercados” no son otra cosa más que los lugares donde son desplegadas las estrategias de los actores que dominan la escena económica.

Es decir, los Estados nacionales cada vez son más incapaces de ser el órgano por excelencia para controlar el metabolismo del mercado capitalista, sus dimensiones en muchos casos son inferiores al poderío financiero de las grandes corporaciones transnacionales, las cuales en conjunto a los pocos Estados imperialistas establecen y tratan de imponer las reglas funcionales de la economía mundial. Para el economista argentino Claudio Katz (2011), la contradicción contemporánea entre los Estados nacionales y la mundialización del capital es sensible debido a que:
El avance de la internacionalización económica no tiene co25

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rrespondencia directa en el plano estatal. El soporte de este proceso son los viejos estados nacionales, puesto que ninguna entidad global cuenta con sistemas legales, tradiciones sociales y legitimidad política suficiente, para asegurar la reproducción del capital. Esta contradicción genera múltiples desequilibrios. El surgimiento del capitalismo se sostuvo en el estado burgués nacional y no es fácil reemplazarlo por otro organismo, más adaptado a la internacionalización. Esta falta de sincronía genera permanentes tensiones en la coordinación económica, la asociación política y la coerción militar del imperialismo colectivo.

Por lo tanto, tal como se expresó en líneas anteriores, se agudizan las contradicciones entre el desarrollo del capital transnacional y la prevalencia de los Estados nacionales, no se vislumbra en el corto plazo la emergencia de un Estado mundial plenamente estructurado, aunque pueden percibirse algunos síntomas o tendencias, tales como la expansión de la OTAN, la instrumentalización de la ONU o el uso discrecional de las Cortes Penales internacionales por parte del Imperialismo. Estos rasgos del capitalismo mundial se han desarrollado bajo el influjo ideológico neoliberal. El neoliberalismo ha sido el planteamiento construido para apuntalar la ofensiva mundial de los monopolios contra la clase trabajadora y los pueblos del mundo, para recuperar y aumentar la tasa de ganancia, para promover la expansión geográfica y sectorial del capitalismo… la globalización es en realidad una guerra librada desde los centros imperiales contra los trabajadores, campesinos y pobres del mundo (Vega Cantor, 2005; p. 35). Al respecto Harvey (2008) nos expresa que:
Podemos… examinar la historia del neoliberalismo sea como un proyecto utopista que provee un patrón teórico para la reorganización del capitalismo internacional o como un ardid político que apunta a restablecer las condiciones para la acumulación de capital y la restauración del poder de clase.

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Por lo tanto, la era neoliberal ha sido un mecanismo que utilizó el capitalismo mundial para gestionar su crisis sistémica y para iniciar una nueva fase histórica, se trata, en definitiva, de la liberación (del capitalismo) respecto de los corsés del trabajo y el Estado tal y como han existido en los siglos XIX y XX (Beck, 1998; p. 16). Veamos algunos aspectos de este proceso: El capitalismo persiste mediante la acumulación constante y ampliada de capitales, para que esto suceda debe maximizar permanentemente su tasa de ganancia mediante la explotación creciente de los trabajadores y las trabajadoras, en un ambiente competitivo que lo obliga a innovar constantemente la tecnología… La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción (Marx, Engels 2009, p. 31). Entre otros factores, la tecnología de punta permite al capitalista hacer más productivo el trabajo, por lo tanto puede maximizar la ganancia, derrotando a su vez a otros capitalistas, lo cual se traduce en la capacidad de ir conquistando mercados y convertirse en monopolio. Pero la inversión en tecnología de punta tiene sus consecuencias, por un lado desplaza al trabajador asalariado, fuente única de la plusvalía y por otro lado el coste de su reposición es costoso, es decir, cuesta mucho dinero mantener la innovación tecnológica a un ritmo acelerado, por lo cual empieza a reducirse progresivamente la demanda de medios de producción. Si los costos para la innovación tecnológica crecen con la misma velocidad que la reducción del costo por concepto de salario, por el incremento de la productividad del trabajo, el resultado final es un aparente estancamiento de la productividad. Pero si el costo de la innovación tecnológica va aun más rápido, la tasa de beneficio o ganancia tiende de manera definitiva a la baja, perdiendo atracción para el capital invertir en el sector productivo (Tablada, Dierckxsens, 2006). Esta situación es peor para los capitalistas, si la clase trabajadora esta férreamente organizada en sindicatos y partidos políticos que luchan por mejorar de manera sostenida las condiciones de vida. He aquí el punto del cual parte la caída tendencial de la tasa de ganancia, a mayor inversión en tecnología de punta, el capitalista se
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ahorra capitales por concepto de pago de salarios, aumentando a su vez la productividad del trabajo y la explotación a razón de una creciente apropiación de plusvalía relativa. Pero hay un límite, en la medida que más se invierte en tecnología y se prescinde de trabajo asalariado, la tasa de ganancia baja, porque como ya dijimos el trabajo asalariado es la fuente exclusiva de plusvalía. En este sentido, Mészáros (2001) nos expone que:
… para zafarse de las dificultades de la expansión y acumulación rentables, el capital en competencia global tiende a reducir el “tiempo de trabajo necesario” (o el “costo laboral de la producción”) a un mínimo rentable, con lo que a su vez tiende inevitablemente a transformar a los trabajadores en una fuerza de trabajo cada vez más superflua. Pero al hacerlo así el capital socava simultáneamente también las condiciones vitales de su propia reproducción ampliada (p. 173).

De esta forma, desde finales de los años 60 y comienzos de los 70 del siglo pasado, el capital mundial cada vez más ha perdido interés en la inversión productiva, a favor de la inversión en el ámbito especulativo, financiero, redistributivo e improductivo, desarrollando una nueva organización de la producción internacional. Es así como buena parte de la acumulación del capital ya no se realiza por el desarrollo de las fuerzas productivas, de la productividad del trabajo, el capital especulativo no promueve la producción de nueva ganancia, sino que parasita sobre la ganancia y el capital existente (Cervantes, Gil 2002, p. 209).
El capitalismo de los monopolios generalizados y globalizados es un sistema que garantiza que estos monopolios graven impuestos sobre la masa de plusvalía (transformada en ganancias) que el capital extrae de la explotación del trabajo. En la medida en que estos monopolios están operando en las periferias del sistema global, la renta monopólica es renta imperialista. El proceso de acumulación capitalista –que define el capitalismo en todas sus sucesivas formas históricas– está determinado por la maximización de la renta monopólica/imperialista que persigue. Este desplazamiento del centro de gravedad de la acumu28

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lación del capital es la fuente de la continua concentración del ingreso y la riqueza en beneficio de los monopolios, ampliamente controlada por las oligarquías (plutocracias) que gobiernan los grupos oligopólicos a expensas de la remuneración del trabajo e incluso de la remuneración del capital no monopólico (Amin, 2011).

Lo anterior no significa que la contradicción capital-trabajo haya desaparecido, sino que los capitales especulativos, para reproducirse, explotan al trabajo asalariado de forma mediatizada por el capital productivo. El capital especulativo parasita sobre el trabajo asalariado y el capital productivo. En este orden de ideas:
Los datos muestran que por cada dólar invertido en la producción, entre 20 y 50 dólares se invierten en el dominio de las “finanzas puras”. La regla consiste en asegurar todos los beneficios de estos 20 o 50 dólares para esta economía productiva en la cual solamente se ha invertido solamente un dólar, y garantizar el crecimiento del capital financiero parasitario como usurpador de la industria, de la agricultura y de toda la sociedad… (CIPOML 2007, pp. 64-65).

Uno de los elementos que ha utilizado el capital financiero para subordinar al capital productivo es convertir el crédito de estímulo para la producción en instrumento de extorsión de riqueza ya producida. Esta situación en la cual la mayoría de la inversión social de capitales se destina a la especulación de valores y no a la producción de plusvalía, implica una crisis de la ley fundamental del capitalismo, la ley de la plusvalía, lo cual abre las puertas a la crisis estructural, ya que el capital financiero entorpece la reproducción ampliada del capital, estrangulando la producción en favor de la especulación. Para que la burguesía transnacional vuelva a interesarse en la inversión productiva, esta última debe generarle rentabilidad, por lo cual, sin un incremento de la tasa de ganancia en el ámbito productivo, es improbable que se invierta en creación de nueva riqueza. La burguesía mundial está de alguna manera entrampada por la propia lógica del

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sistema. Este modelo parasitario conlleva necesariamente a una contracción de la riqueza existente. Frente a esto, los capitalistas y sus Estados hacen esfuerzos por incrementar la tasa de explotación (aumentando la apropiación de plusvalía absoluta y relativa) de varias maneras: a) precarizan las condiciones de trabajo para de esta forma socializar los costos de la innovación tecnológica; b) prolongan la vida media de la tecnología, represando las innovaciones por medio del uso de patentes; c) prolongan continuamente el tiempo de trabajo pese a que la tecnología puede permitir más tiempo de ocio creativo; d) promueven la inversión financiera global; e) utilizan en los países periféricos tecnologías obsoletas; f) relocalizan las industrias que se encontraban en los países imperialistas, a los países periféricos donde la mano de obra es mucho más barata; g) abaratan los costos por concepto de salarios en los Estados metropolitanos, feminizando la fuerza de trabajo; h) de igual forma se han abaratado los costos de la reproducción de nuevos asalariados, porque estos nacen, son criados y educados en países dependientes, para luego ser importados de manera controlada por los países ricos vía migración selectiva o la fuga de cerebros; i) sin embargo, pese a que la globalización ha impulsado el libre flujo de mercancías y capitales, no ha liberalizado el flujo de personas, porque precisamente al dejarlas atadas a sus Estados nacionales mantiene nichos de mercados laborales baratos para el capital; j) se estimula la inversión extranjera en los países pobres por medio de la disminución significativa de impuestos; k) finalmente, abaratan los costos de las materias primas. Lo cierto es que al final de este proceso estamos frente a una crisis de superproducción y subconsumo, crisis de realización a causa de una demanda efectiva insuficiente, ya que existe una tasa decreciente de los salarios, un aumento de desempleo que se torna crónico y la creciente producción de mercancías no se consume… superabundancia, aquí de medios de producción y de productos, y allá de obreros sin trabajo y sin medios de vida (Engels, 2006; p. 87). En este orden de ideas, Robert Kurz (2003) explica lo siguiente:
Al mismo tiempo que la crisis estructural crea desempleo en masa y/o grandes sectores de bajos salarios, desmantela
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el Estado social, se desvanece el poder de compra en los mercados internos nacionales y el capital está obligado a expandirse de forma empresarial en el mercado mundial, con una dinámica inaudita, para optimizar la caída de los costos y, por otro lado, atraer el poder de compra hacia sí mismo, en cualquier parte del mundo donde todavía exista.

El neoliberalismo (sobre todo bajo el influjo del imperialismo norteamericano) en las últimas décadas logró atenuar los efectos de la caída tendencial de la tasa de ganancia en los países imperialistas, por medio de un gigantesco aumento de la explotación de los trabajadores y las trabajadoras del mundo. En este orden de ideas, Caputo (2010), gracias a una serie de investigaciones, concluye:
El incremento de la tasa de explotación, junto a la disminución del valor de la maquinaria y equipo de alta tecnología –disminución del valor del capital constante fijo– y de la apropiación de parte significativa de la renta de recursos naturales, ha significado en las últimas décadas un incremento de las ganancias globales y de la tasa de ganancia. En estas categorías económicas se expresa en forma concentrada el éxito del capitalismo con la implementación del neoliberalismo y de la globalización en las últimas décadas.

De igual forma, el neoliberalismo se ha valido de políticas tales como: la liberalización de los mercados financieros; la desvinculación del dólar con el oro; el inicio de las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas de circulación internacional (Dos Santos, 2006). Así como también de otras medidas para disminuir las trabas que impidan el despliegue global del capital: reducción mundial de barreras institucionales a la circulación internacional de mercancías y capitales; promoción de la libre competencia; cambios en la legislación internacional y nacional previamente existente sobre la inversión extranjera; el otorgamiento de “trato nacional” a la inversión extranjera, entre otros (Estay, 2001). Samir Amin (2001) nos explica que:
Detrás del discurso neoliberal mundializado se esconden, pues, políticas perfectamente coherentes de gestión de la

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crisis cuyo único objetivo es el de crear salidas financieras al surplus de capitales, como manera de evitar lo que más teme el capital: la desvalorización masiva. La “financiarización” es la expresión de esta gestión, tanto a nivel nacional como a escala mundial. Las elevadas tasas de interés, los cambios fluctuantes y la libertad para realizar transferencias especulativas, las privatizaciones, al igual que el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos y la deuda externa de los países del Sur y del Este, cumplen estas funciones.

Todo lo anterior, propiciando una creciente transferencia de valores de los países pobres a los países ricos, a través de mecanismos tales como: el pago de la deuda externa, la dependencia tecnológica y la liberalización de los débiles mercados (financieros, monetarios, mercancías, laborales, etc.) del Tercer Mundo, se ha tratado de un proceso de transnacionalización desnacionalizadora del capitalismo monopolista. El geógrafo David Harvey (2004) afirma que la expansión continuada de la reproducción ha sido compensada con un incremento de los intentos de acumular mediante la desposesión. Al respecto Isa Conde (2012) agrega que el despojo, el crimen, el saqueo –propios del periodo de la acumulación originaria– reaparecen en dimensiones colosales y con nuevas modalidades (p. 12). De los 70 a los 90 del siglo pasado la transferencia de riqueza de los países dependientes a los países imperialistas, sólo por concepto de pago de intereses de la deuda externa, ascendió a 4.5 billones de dólares, por cada dólar adeudado en 1980, los Países Pobres han reembolsado 7,5 dólares y deben aun 4 dólares (Millet, Toussaint, 2005). A esto se le agrega lo siguiente: mientras que a comienzo de los años sesenta la distancia que separaba el 20% más rico del 20% más pobre era de 30 a 1, esta relación pasó a ser de 75 a 1 a finales del siglo XX (Boron, 2002). A su vez, en el interior de los países imperialistas también se ha dado una redistribución concentrada del ingreso, es decir, cada día los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Por ejemplo, en los Estados Unidos el 10% de los más pobres vio retroceder

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sus ingresos en un 40%, mientras que el 10% más rico aumentó sus ingresos en un 25%, esto en el transcurso de 20 años –1973/1993– (Tablada, Dierckxsens, 2006). Por lo cual, la mayor libertad de acción del capital global ha implicado un aumento de la polarización económica y social, tanto a nivel internacional como en el interior de la mayoría de los países, lo que niega de manera absoluta uno de los argumentos fundamentales de la apologética neoliberal sintetizada en la tesis del goteo. Lo cierto es que la pobreza se elevó de 1.183 millones personas en 1987 a casi 3 mil millones de personas en el año 2005 (Pérez García, 2007). Estos datos que nos brinda Beck (1998), plasmados en una investigación publicada a finales del siglo XX, son muy ilustrativos de la profunda ofensiva que desató la burguesía contra los trabajadores y las trabajadoras:
En Alemania, los beneficios de las empresas han aumentado desde 1979 en un 90%, mientras que los salarios sólo lo han hecho en un 6%. Pero los ingresos fiscales procedentes de los salarios se han duplicado en los últimos diez años, mientras que los ingresos fiscales por actividades empresariales se han reducido a la mitad: solo representan un 13% de los ingresos fiscales globales. En 1980 representaban aún el 25%; en 1960, hasta el 35% (p. 21).

Ahora bien, un mecanismo relevante usado en los últimos 70 años por el capital mundial, es el estado permanente de guerra, ya que por medio de éste se mantiene un dinamismo perpetuo del Complejo Militar Industrial, el cual es un sector económico vital para los países imperialistas. Sin embargo, Beinstein (2011) explica los límites económicos e históricos de este mecanismo:
Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano (en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares, contribuye de manera creciente al déficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho déficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupción
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ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras épocas, el desarrollo de la tecnología industrial-militar ha reducido significativamente esa función. La época del keynesianismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado (p. 34).

Otro de los mecanismos más importantes que viene utilizando el capital en las últimas décadas para impulsar su proceso de acumulación, es la tendencia decreciente del valor de uso, la cual acorta la vida útil de las mercancías, aumentando los ciclos de valorización del capital. Hay que advertir que esta aberración que subordina la satisfacción de las necesidades humanas a la satisfacción del ansia creciente de ganancia está causando un proceso creciente de precarización estructural del trabajo y la destrucción creciente de la naturaleza, producto de la explotación abusiva de sus recursos. De hecho esta tendencia es uno de los principales fenómenos que demuestra que es improbable la aparición de un capitalismo verde o ecológico, si la humanidad asumiese el modelo consumista estadounidense se necesitarían varios planetas Tierra. En este sentido, Wim Dierckxsens (2011) nos explica lo siguiente:
Al acortar la vida útil de todo, el capital fomenta la capacidad de reemplazo en vez de garantizar la reproducción. El capital al agotar un recurso natural lo sustituye por otro en vez de garantizar la sostenibilidad de los mismos a través de las generaciones. El capital procura acortar la vida útil de la fuerza de trabajo desgastada o más cara por otra nueva y más barata antes de garantizar la reproducción de la misma durante la vida de los trabajadores y a través de las generaciones. El capital acorta la vida media útil de los productos que se hacen cada vez más desechables y declara de esta manera la muerte prematura a todo lo que se produce y declara con ello la muerte a los recursos naturales y el medio ambiente.

Vemos entonces que el capital atenta contra la preservación del planeta y por ende de la humanidad, ya que afecta profundamente el metabolismo de la naturaleza que ha venido evolucionando a los largo de millones de años. Esto último lo realiza malgastando recursos na34

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turales (renovables y no renovables) y contaminando de manera permanente diversos espacios del planeta (océanos, mares, ríos, campos, bosques, atmósfera, entre otros). De igual manera, el capital cuando promueve la disminución de la vida útil de la fuerza de trabajo más costosa, amenaza la capacidad de reemplazo generacional porque las personas adultas en edad reproductiva están teniendo pocos hijos, bien sea por el costo de su manutención o bien sea por falta de tiempo, este hecho implica que algunas sociedades (europeas, norteamericanas, algunas asiáticas sobre todo las más desarrolladas) están envejeciendo, sus tasas de mortalidad superarán las tasas de natalidad, y la migración no puede contener este proceso, sólo lo atenúa, lo cual amenazará a la larga la supervivencia de dichas sociedades. Por si esto fuera poco, la ofensiva neoliberal ha tenido consecuencias políticas profundas, ya que a mayor concentración del poder económico mundial y nacional, existe una mayor concentración del poder político de la burguesía transnacionalizada. Las democracias en este sentido, cada vez son más tuteladas y restringidas por el poder burgués internacional imperialista. Chomsky (2004) explica que:
En cuanto a las consecuencias económicas de las medidas neoliberales… es claro que estas medidas socavan la democracia. Esencialmente, la hacen imposible… hay una muy buena motivación política: la privatización reduce la arena pública por definición y transfiere decisiones de la arena pública a las manos de tiranías privadas que no rinden cuenta a nadie. Las corporaciones no son otra cosa (p. 23).

Es así como el capital, al encontrarse en medio de su crisis estructural, ha venido desarrollando un conjunto de estrategias apuntaladas por el neoliberalismo para frenar los impactos de dicha crisis. El aumento de la tasa de explotación de los trabajadores y las trabajadoras, la explotación intensiva de los recursos naturales, las privatizaciones, el estado de guerra permanente, la flexibilización de los mercados financieros, el acortamiento de la vida útil de las mercancías y la fuerza de trabajo, la destrucción de derechos democráticos, entre otros, han sido buena parte de las medidas que ha tomado el sistema imperialista mundial para tratar de superar su crisis.

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Una buena síntesis de las ideas que venimos desarrollando hasta el momento nos la ofrece Kurz (2002) con esta reflexión:
En esencia, se trata de una crisis del propio capital, que, bajo las condiciones de la tercera revolución industrial, tropieza con los límites absolutos del proceso real de valorización. Aunque tenga que expandirse eternamente, por su propia lógica, se encuentra cada vez menos en condiciones para ello, sobre sus propias bases. De ahí resulta un doble acto de desesperación, una fuga hacia adelante: por un lado, surge una presión aterradora para ocupar todavía los últimos recursos gratuitos de la naturaleza, de hacer incluso de la “naturaleza interna” del ser humano, de su alma, de su sexualidad, de su sueño, el terreno directo de la valorización del capital y, con ello, de la propiedad privada. Por otro, las infraestructuras públicas administradas por el Estado deben ser administradas, también a vida o muerte, por sectores del capitalismo privado.

Hace más de 90 años, Lenin (2011) afirmaba que con la aparición del Imperialismo (1880-1900) se iniciaba la fase superior del capitalismo (Al Imperialismo, hay que calificarlo de capitalismo de transición o, más propiamente agonizante/capitalismo parasitario o en estado de descomposición) en tanto las contradicciones inherentes a este sistema se mundializaban y agudizaban cada vez más. Debemos tener presente que cuando nos referimos a crisis estructural del capital, definimos una situación histórica en la cual este sistema ya ha demostrado de forma fehaciente que no es capaz de superar sus contradicciones inherentes. Lo anterior tiene que ver con este fenómeno descrito por Mészáros (2001) de la siguiente manera:
… la fase progresista de la ascensión histórica del capital llega a su conclusión precisamente porque el sistema del capital global en sí alcanza los límites absolutos más allá de los cuales la ley del valor ya no puede ser alojada dentro de sus confines estructurales (p. 173).

Hoy las enormes asimetrías existentes entre la economía financie-

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ra especulativa y la economía productiva, el desarrollo de tendencias de endeudamiento, sobreconsumo y parasitismo, dificultan cada vez más las condiciones propicias para valorizar y acumular capital (Pérez García, 2010). A diferencia de las crisis cíclicas que afectan particularidades del sistema como la esfera financiera, comercial o a un determinado ramo de la producción (los hidrocarburos, la agricultura, etc.), la crisis estructural es universal, es multidimensional, es decir, afecta todos los ámbitos del sistema. En otro orden, mientras que las crisis cíclicas han afectado a lo largo de la historia un conjunto parcial de países o de regiones cada vez más extensas, la crisis estructural tiene un impacto global que abarca los diversos rincones del planeta inmersos en el sistema del capital. Por otro lado, la escala temporal de la crisis estructural en las últimas décadas ha demostrado ser continua, permanente, a diferencia de las crisis que por su duración parcial se han denominado cíclicas. En este orden, la crisis estructural implica que las crisis cíclicas se harán más frecuentes y aunque se superen momentáneamente mediante reformas superficiales y medidas remediales, la crisis estructural estará ahí minando la estabilidad del sistema. Mészáros (2009) afirma que la crisis estructural está marcada por un continuum depresivo. En esta línea Stefan Engel (2009) nos expresa que en las últimas décadas se ha incrementado la tendencia al acortamiento del ciclo de crisis y a la prolongación de las mismas. La crisis estructural afecta íntegramente la totalidad de fenómenos y procesos de un sistema social, mientras las crisis cíclicas, al afectar algunas partes del sistema, no ponen en peligro la supervivencia del mismo, tan sólo bastan algunas maniobras internas para que se supere la situación crítica. En contraste, la crisis estructural pone en cuestión la supervivencia del sistema, y por más maniobras que se apliquen, lo que se logra es ganar tiempo, pero no se frena el desarrollo de esta situación crítica. De esta forma:
El capitalismo ya casi no tiene horizonte positivo de referencia, su “futuro” visible se retrae a una velocidad inesperada, la crisis psicológica de sus élites centrales aumenta
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en progresión geométrica (y también su peligrosidad, su irracionalidad). Si llevamos hasta las últimas consecuencias las tendencias decisivas del sistema (destrucción ambiental, concentración de ingresos, militarización, parasitismo, etc.) su posible supervivencia aparece bajo la forma de escenarios monstruosos marcados por grandes genocidios y desastres ecológicos cuya magnitud no tiene precedentes en la historia humana (Beinstein, 2011; p. 13).

Por otro lado, las dos experiencias más importantes de aplicación de sistemas estatales de control y regulación del capital, como lo fueron el keynesianismo y la experiencia soviética, fracasaron en el siglo XX, demostrando que el metabolismo del capital es incontrolable, por lo cual para superar las crisis del capital debe construirse una alternativa radical al sistema imperante, es decir, el capital debe ser superado por un nuevo metabolismo social. Debemos dejar claro que hablar de crisis estructural del capital no es afirmar que éste se encuentra a punto de desaparecer, que le faltan pocos años para desmoronarse, ya que parece que muchos intelectuales y políticos han caído en conclusiones economicistas, deterministas y apocalípticas. Pareciera que olvidaran que la Revolución Socialista no es un destino manifiesto, predeterminado, al cual podemos esperar sentados en un sofá, se trata de una opción histórica que debe ser elegida y construida por millones de hombres y mujeres, el dilema “Socialismo o Barbarie” sintetiza este problema civilizatorio.
¿Cuál es el límite, entonces, que hace finito al capital? No es el que el capital se canse o se ponga senil, que llegue a cierto punto en el que sea incapaz de sobrepasar más barreras. La respuesta que a lo largo de sus vidas ofrecieron Marx y Engels fue coherente: el límite del capital es la clase obrera… los trabajadores ponen el punto final a la historia del capital. (Lebowitz, 2006; p. 69)

Frente a esta realidad histórica, lamentablemente algunos sectores dogmáticos del movimiento socialista y comunista tienen más de 100 años pronosticando el inminente fin del capitalismo, lo cual ha llenado de esperanza y frustración a muchas personas. Se ha olvidado
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muchas veces una enseñanza fundamental de los teóricos y principales dirigentes revolucionarios (Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Fidel, Mao, etc.): para que el capitalismo se caiga hay que tumbarlo y enterrarlo (Chávez dixit), es decir, debe darse una revolución que transforme los fundamentos estructurales de la sociedad existente, en el plano político, económico, cultural, moral, etc. Lenin, el gran revolucionario ruso, dijo que el capitalismo nunca estará en una situación absolutamente desesperada mientras las personas trabajadoras le permitan sobrevivir (Callinicos, 2011). Este régimen social está afectado por crecientes contradicciones y no por un destino de desplome terminal. No se disolverá por envejecimiento y su erradicación depende de la construcción de una alternativa socialista (Katz, 2011). En este orden, de acuerdo al contexto actual, la crisis no desencadenará revoluciones profundas en lo inmediato, porque todo indica que no hay una situación revolucionaria en los países imperialistas. Para que se diese una revolución socialista de impacto mundial sería necesario una subversión del orden en países metropolitanos como Estados Unidos, Alemania y Japón, sin embargo, no se avizora en estos países una crisis política y social, una situación de insurrección contra el orden estatal, y, peor aún, no existen fuerzas sociales capaces de ponerse al frente de una revolución en esas zonas del planeta. Finalmente debemos distinguir lo siguiente, una cosa es la crisis estructural del capital y otra cosa es la crisis humanitaria producto del orden metabólico del capital. Como dijimos en líneas anteriores, el capitalismo funciona bien con millones de desempleados, millones de hambrientos, enfermos, destrucción ambiental o guerras, estos fenómenos son inherentes a su sano desenvolvimiento sistémico. Por lo tanto, que un gran segmento de la humanidad sufra una crisis permanente no implica que el capitalismo no esté funcionando, precisamente es todo lo contrario, los problemas que sufren buena parte de los seres humanos es consecuencia de la acumulación ampliada del capital a escala mundial. Sin embargo, esta crisis ambiental y humanitaria presiona sobre la permanencia del orden metabólico del capital, porque por un lado afecta las condiciones necesarias para la reproducción ampliada sistémica y por otro lado cada día lo deslegitima más.

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III. La Actual Crisis Cíclica del Capitalismo

Ahora bien, con respecto a las más recientes manifestaciones del fenómeno, o lo que pudiésemos denominar como lo coyuntural, la crisis mundial del capitalismo ha mostrado sus primeros síntomas en las economías de los centros del imperialismo. De acuerdo a Katz (2010):
La crisis actual irrumpió en la órbita financiera estadounidense a mitad del 2007, cuando se verificaron grandes dificultades de pago de los créditos subprime. Los préstamos otorgados a los deudores poco solventes engrosaron primero la lista de operaciones de alto riesgo y desataron posteriormente una bola de nieve de alta morosidad. Los agujeros que aparecieron en los pequeños bancos norteamericanos pasaron a las grandes entidades y finalmente hicieron temblar a todo el sistema internacional.

La crisis financiera tuvo su precedente inmediato en la crisis inmobiliaria estadounidense de 2007, crisis que fue preparada con las políticas destinadas a reactivar la economía norteamericana luego de la crisis de 2000-2002, y que tuvo entre sus consecuencias que un millón de familias perdieran sus viviendas, cinco millones de familias no pudieron pagar créditos, por lo cual en 2008 la venta de viviendas sufrió una caída del 65% con respecto al año 2005, quedando más de cinco millones de viviendas sin vender. Esta crisis inmobiliaria cada vez más fue acompañada por una crisis del crédito, que repercutió sin lugar a dudas en las esferas productivas del capitalismo. En este sentido, los 500 supermonopolios internacionales han sido golpeados de forma contundente y unos, que incluso constituían modelos del capitalismo monopolista transnacionalizado, han caído espectacularmente. General Motors es el caso más dramático porque era considerada la joya de la industria automovilística nor41

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teamericana. De igual forma, Citigroup (para 2007 entonces la mayor corporación bancaria del mundo) y el Bank of America tuvieron que recibir, para ser rescatados, una inyección directa de 45 mil millones de dólares y 20 mil millones de dólares respectivamente, con unas garantías estatales para respaldo de activos de casi 400 mil millones de dólares. Las crisis crediticias afectan la esfera de la producción capitalista porque, además de golpear la inversión productiva estimulada por el crédito, golpea también el consumo masivo de mercancías, es decir, contrae el mercado. Esta coyuntura pone en cuestión la cultura de las tarjetas de crédito, esencial para el modo de vida americano. Y dado que el consumo privado implica más del 70% de la demanda agregada de Estados Unidos, la caída en el gasto doméstico agrava la recesión económica (Cobarrubia, James, Tablada, 2009). En términos generales, deben resaltarse algunas estadísticas (Engel, 2009), tan sólo en el último trimestre de 2008 cayó en un 20% el comercio y la producción industrial mundial. La producción de acero cayó más de 50%. La producción de automóviles en 2009 descendió un 23,3%. La navegación comercial bajó en más de un 50%, y registró luego una lenta recuperación, lo que ha implicado la mayor caída del comercio mundial en los últimos 80 años. La OIT estima que para 2009 la cifra del desempleo se elevó en más de 50 millones personas, y considera optimistamente que con un reimpulso de la producción a nivel mundial el desempleo podrá disminuir a partir de 2013. En 2009 la economía mundial se contrajo por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial (Callinicos, 2011). Es así como Mészáros (2009) ha expresado que la crisis se volverá –en su debido momento– más profunda, en el sentido de invadir no sólo el mundo de las más o menos parasitarias finanzas globales sino cada una de las esferas de nuestra vida social, económica y cultural (p. 23). Está claro para muchos que la crisis actual del capitalismo no tiene precedentes, ya que afecta de forma simultánea diversos aspectos; a la profunda crisis financiera se le suman crisis energéticas, alimentarias y, la más grave, una crisis ambiental creciente. Eso sin contar el conjunto de crisis y contradicciones políticas, sociales, urbanísticas,

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humanitarias que afectan a diversos pueblos: agresiones imperialistas, los genocidios, las guerras civiles, el narcotráfico, el comercio sexual, son sólo algunos de los fenómenos degradantes inherentes al capitalismo existente. El presidente Hugo Chávez ha hablado en este sentido de una profunda crisis moral, e Isa Conde (2012) nos expresa que estamos presenciando el desarrollo de una multi-crisis crónica del capitalismo mundial. La crisis coyuntural que el capitalismo hoy sufre es parte del desenvolvimiento de su crisis estructural, es consustancial con su lógica de acumulación y expansión. Muestra las fragilidades de la etapa más avanzada de la mundialización de las relaciones de explotación capitalista, caracterizadas por un predominio del capital financiero especulativo sobre los capitales productivos, lo que se denomina como economía de casino es lo que ha provocado el descalabro financiero internacional. Los sectores especulativos financieros han crecido cinco veces más rápido que el sector productivo, es de destacar que para 2007 el volumen del capital financiero mundial ascendía a 2.300 billones de dólares, el equivalente a 65 veces el producto bruto mundial. En realidad nos encontramos ante una sobreacumulación de capitales que no se han traducido en aumento de la productividad social. Esto debe tenerse claro para no caer en el simplismo de echarle la culpa sólo a un grupo de banqueros o políticos mafiosos, la causa de la crisis es la lógica de funcionamiento del capitalismo. Miguel Giribets (2011) nos brinda estos datos reveladores del predominio de la especulación financiera:
Mientras que el PIB mundial es de 70 billones de dólares, el mercado de obligaciones es de 95.000 billones de dólares (más de 1.000 veces más), las bolsas “valen” 50.000 billones de dólares (casi 1.000 veces más) y los derivados “valen” 466.000 billones de dólares (más de 6.500 veces). Una situación insostenible. Lo que hay detrás de las cifras de obligaciones, valores de bolsa y derivados es un capital especulativo que es varios miles de veces superior a la economía real. Ante esta masa de capitales, la tasa de beneficio tiende a cero de forma imparable, pues los beneficios salen –a fin de cuentas– de la economía real. El sistema capitalista
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va hacia el colapso. Cada 2,4 horas se mueve un monto de dinero en el mundo ¡equivalente a todo el PIB de un año!

En este contexto destaca el papel que juegan las bolsas de valores, ya que son estas los espacios de lucha del capital financiero y especulativo, el terreno donde se expresan sus contradicciones, Alvarado Santana (2008) define las bolsas de valores de la siguiente manera:
… son, en esencia, mercados a través de los cuales opera el proceso de sustracción de fortunas, el arruinamiento de unos cuantos, el crecimiento fraudulento y especulativo de los capitales de unos pocos, este también es un mecanismo para el impulsar el proceso de concentración y acumulación de capitales y la riqueza en manos de la oligarquía financiera internacional (p. 24).

Hoy se expresa de forma aguda la profunda contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas, sorprendentes en la actualidad y que servirían para satisfacer las necesidades básicas humanas en todo el planeta, con las relaciones de producción que hoy impiden que la riqueza sea equitativamente repartida porque la apropiación de la producción es privada. El capitalismo no logra superar la anarquía de la economía privada, con todo el avanzado proceso de monopolización hoy presente. El proceso de acumulación competitiva es responsable de la tendencia crónica del capitalismo a desembocar en crisis de sobreinversión y rendimiento: la especulación alimenta esta tendencia pero no es su causa primaria (Callinicos, 2003; p. 84). No olvidemos que las crisis cíclicas se originan por el fenómeno de la superproducción de mercancías, como mecanismo errático que utiliza el capitalismo para frenar la caída tendencial de la tasa de ganancia, pero producto de la financiarización de la economía cada vez más las crisis son financieras, son crisis de superespeculación.
La crisis es… una racionalización irracional de un sistema irracional. La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, de costa a costa, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La

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racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional (Harvey, 2010).

Sin embargo, hay que ser cautos con las evaluaciones que se hagan al respecto, ya Marx hace más de 150 años nos precavía que las crisis coyunturales o cíclicas que sufre el capitalismo sirven para sofisticarlo y reiniciar un nuevo ciclo expansivo, las crisis destruyen los capitales individuales más débiles, lo cual acentúa la concentración y la monopolización de capitales. Un ejemplo de ello es que entre 2008 y 2010, el número de nuevos multimillonarios (con más de 1.000 millones de dólares) pasó de 793 a 1210; otro dato es que el patrimonio acumulado de los multimillonarios se incrementó en un 18,9% en el momento más agudo de la crisis. En el caso de la clase trabajadora, es ésta la que paga los platos rotos con mayor intensidad, porque las crisis económicas generan desempleo, deterioro de las condiciones de trabajo, baja abrupta del poder adquisitivo, eso sin contar que buscan destruir con represión la voluntad de lucha de los trabajadores y las trabajadoras, entre otros efectos perniciosos. Por otro lado, el Estado Capitalista cumple durante las crisis un papel preponderante en el auxilio a los sectores burgueses económicos afectados, no olvidemos que el Estado junto al Mercado son instituciones históricas al servicio del buen funcionamiento sistémico… la forma moderna “Estado” representa solamente el reverso, la condición estructural y la garantía de lo “privado” capitalista (Kurz 2002). El Estado burgués condensa las relaciones de producción capitalista. El Estado es una forma del capital (Holloway, 2005). El capitalismo privatiza la riqueza y socializa las pérdidas, los Estados burgueses lo que están haciendo es nacionalizar la bancarrota capitalista. Hasta ahora (en 4 años aproximadamente) los Estados capitalistas han entregado más de 23 billones de dólares para tratar de salvar al
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sistema bancario e industrial, mucho más que el costo de las guerras de Irak y Afganistán juntas. Debe tomarse en cuenta que con tan sólo una inversión anual de cien mil millones de dólares (menos del 2% de lo que han gastado los Estados para salvar a la burguesía financiera mundial) se pudiese superar la pobreza a nivel mundial. Por lo tanto, es risible observar cómo algunos consideran las nacionalizaciones que se están llevando en las principales economías capitalistas del mundo como concesiones al Socialismo, nada más descabellado. El Estado capitalista con su naturaleza de clase siempre está presto para mantener a flote a las burguesías a costa de los sectores trabajadores y pequeños burgueses, olvidar esto es considerar al Estado como una institución neutra que expresa los intereses de la sociedad en general, cuando históricamente está confirmado que el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa (Marx, Engels, 2009; p. 30). Un elemento a destacar es que esta política de salvataje, de estímulos a las instituciones financieras ha creado un nivel inaudito de endeudamiento de los Estados de las principales potencias capitalistas, es decir, los ha aproximado más a una bancarrota generalizada. En este sentido, Beinstein (2010) nos señala que:
... la relación entre deuda pública y Producto Bruto Interno pasará en Alemania del 64% al 84%, en Francia del 64% al 94%, en los Estados Unidos del 63% al 100%, en Inglaterra de 44% al 90%... Sus deudas públicas y privadas han venido creciendo hasta acercarse ahora a su punto de saturación, en 1990 las deudas totales del G7 (públicas + privadas) representaban cerca del 160% de la suma de sus Productos Brutos Internos, en el 2000 habían subido al 180% y en el 2010 superarán el 380 % (110% las deudas públicas y 270% las deudas privadas).

En relación a estas escandalosas cifras de endeudamiento por parte de los principales estados imperiales, el hecho más relevante es que la economía estadounidense estuvo a punto de declararse en default a principios del mes de agosto de 2011, debido a que ya en mayo de este año el país había superado el techo del endeudamiento federal,
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pautado en 14,3 billones de dólares. Después de intensos debates en las cámaras del congreso norteamericano, se decidió elevar el techo de la deuda en 2,3 billones de dólares, estableciendo el límite de endeudamiento público en 16,7 billones de dólares. Debe resaltarse que estas decisiones pudieron tomarse en cuenta en perjuicio de los derechos de los pensionados y los programas de salud, ya que presupuestos como el militar quedaron intactos. En otro orden de ideas, un elemento actual de suma importancia es que las nacionalizaciones e intervenciones estatales llevadas a cabo en los últimos tiempos tanto en EEUU como en Europa, desmontan de forma estrepitosa el mito neoliberal de la no intervención del Estado en cuestiones económicas. De acuerdo a algunos autores (Ramonet, 2008) esta crisis desacredita sustancialmente al paradigma monetarista dominante durante las últimas tres décadas, planteamiento que fue impulsado tanto por liberales como por socialdemócratas. Empero, hay que aclarar que dicho dogma de la cartilla neoliberal nunca se aplicó hasta sus últimas consecuencias en los países metropolitanos (cosa distinta ocurrió en algunos países dependientes donde el neoliberalismo se aplicó de forma ortodoxa, con las conocidas consecuencias patéticas), basta tan sólo recordar los subsidios que los Estados de los países desarrollados dan a sus productores agropecuarios o la importancia de mecanismos extraeconómicos como las guerras de invasión, para asegurar los mercados de materias primas, fuentes de energía, entre otros. En torno a esto, son muy esclarecedores los siguientes planteamientos de Dos Santos (2006):
Desde 1960 hasta nuestros días, el gasto público de varios Estados nacionales aumentó grandemente de 20 o 30 por ciento a 40 por ciento del Producto Interno Bruto, particularmente al amparo del neoliberalismo de Thatcher, Reagan, etc... Así pues, se trata del neoliberalismo, del capitalismo monopolista de Estado, que consiste en aumentar la intervención estatal para garantizar la permanencia del capital, sobre todo del capital de los grandes monopolios y del capital financiero. Cuando se trata de defender esos intereses, la

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economía de mercado queda olvidada, pues no es compatible con el mundo de los monopolios, oligopolios y corporaciones multinacionales que dominan la vida económica de nuestros días (pp. 168-169).

De esta manera, hay que ser cuidadosos con tomar al pie de la letra la prédica neoliberal del achicamiento del Estado, o de su progresiva extinción a favor de un Nuevo Orden Mundial, una Aldea Global, en la cual la política iba a estar dirigida por espacios multilaterales, que coordinan la voluntad de la comunidad internacional; lo que se ha dado es un proceso de desmontaje de la soberanía de los Estados periféricos a favor de las corporaciones internacionales, pero los Estados imperialistas han reforzado su dominio como nunca antes. Esta reflexión de Héctor Castaño Salas (2006) es sumamente pertinente:
No hay que confundir, por tanto, la retirada del estado neoliberal de sus funciones del bienestar y redistribuidor social, de las funciones socio-políticas, administrativas y coercitivas que sostienen al sistema de propiedad y ofrecen el tipo de regularidad y orden legal requerido por las condiciones básicas de acumulación del capital. Resultando que la forma política de la globalización no es un estado global, su esencia es una economía global administrada por un sistema global de múltiples estados dentro de una compleja relación de dominio y subordinación, lo que ha requerido en última instancia la hegemonía de un solo poder hegemónico, en donde adquiere un papel específico el uso de la fuerza militar bajo el marco de una ideología sistemática de guerra sin fin.

En otro orden, pudiésemos encontrarnos en el campo de la teoría económica burguesa, o bien en el reacomodo de tesis neo-keynesianas (mezcladas con neoliberalismo) o en la estructuración de tesis neo-fascistas, que pretenden reestructurar la acumulación capitalista a escala global. Por un lado, los neoliberales afirman que la crisis no es más que un accidente pasajero, y siendo las instituciones financieras suministradoras de dinero a la sociedad es menester que sean preservadas por fondos públicos. Por otro lado, los keynesianos argumentan que la
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crisis es responsabilidad de unos especuladores inescrupulosos, por lo cual son necesarios más estrictos controles para contrarrestar la imprudencia de los financistas. En esta línea argumentativa Stiglitz (2002) viene insistiendo, desde hace más de 10 años, que la globalización tal cual como la vienen impulsando los neoliberales ortodoxos, no funciona, por lo cual es menester reformar las instituciones económicas internacionales tales como la OMC, el FMI y el BM, para que se dé un rediseño de la globalización, que debería tener un rostro más humano. Sin embargo, más allá de las buenas intenciones de algunos, el neoliberalismo no pierde utilidad para la gran burguesía transnacional, porque el capitalismo contemporáneo no tiene modelo alterno de gestión que no sea el neoliberalismo, por más que trate de aplicar una que otra medida neo-keynesiana que suavice algunas situaciones. En este sentido, es relevante la activación del G20, que agrupa los principales países industriales que generan el 90% del producto mundial bruto, como espacio para buscar salidas consensuales a la crisis. En estos foros se ha defendido la perfectibilidad del capitalismo, el uso de controles para poner coto a la especulación financiera, la participación oportuna de los Estados burgueses para salvar al sistema, entre otras excrecencias que no desmontan el programa neoliberal sino tan sólo lo matizan. Hay que estar alertas y combatir a aquellos planteamientos que pretenden afirmar que el capitalismo funciona de maravilla para todos, que solo hay que hacer unos retoques y maniobras para que el sistema supere los actuales “contratiempos”. Frente a esto, es importante los nuevos debates que en materia económica se han venido dando desde la izquierda revolucionaria, Katz (2010) expresa que en los últimos años:
Resurgen las lecturas de “El Capital” y reaparecen los seguidores contemporáneos de ese texto. Si esta tendencia prospera, la concepción marxista recuperará autoridad política e intelectual. Esa recomposición es indispensable para desafiar la hegemonía intelectual que comparten los neoliberales con los keynesianos.

Otro elemento importante es la discusión sobre el alcance de la crisis. Para la mayoría no hay duda que la presente crisis tendrá un impacto
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global, pero lo que se discute es el grado de intensidad del impacto en las economías periféricas, para algunos será catastrófico y para otros será leve, sobre todo para aquellos que hablan del desenganche o desacople de las economías emergentes del sistema financiero internacional. Ciertamente aquellos países que hayan ganado mayores niveles de independencia económica serán los menos afectados por la crisis, sin embargo, no dejarán de ser afectados, porque hoy la economía capitalista global se encuentra interconectada de forma profunda, tan sólo basta recordar el impacto que tuvo a nivel mundial en los años precedentes las crisis que afectaron las economías del Sudeste Asiático, Rusia o Brasil. Si estas economías afectaron el desenvolvimiento económico internacional, es obvio que un descalabro de la principal economía del Sistema Capitalista Mundial tendrá unos efectos impredecibles. En el caso de nuestro continente, Claudio Katz (2010) expresa lo siguiente: El impacto de la eclosión global en América Latina ha sido inferior a los países desarrollados y más agudo que en las economías ascendentes de Asia. Afectó en mayor grado a Centroamérica que al hemisferio sur. Un aspecto que debe destacarse es que esta crisis acelera la descomposición del papel dirigente de los Estados Unidos en la cadena imperialista (sin obviar que aun hoy es el factor central que garantiza la reproducción global del capital), el cual se sostiene fundamentalmente gracias al poderío militar. Dato importante es que este país pasó de ser el mayor acreedor mundial ha convertirse en el mayor deudor, y en vez de descollar como productor cada vez resalta más como consumidor. De igual manera, actualmente las familias estadounidenses por concepto de tarjetas de crédito tienen una deuda superior al millón de millones de dólares, a la cual se le suma una deuda de 10,5 millones de millones de dólares debido a los créditos hipotecarios, esta dramática situación va a impactar la capacidad de consumo del pueblo estadounidense. Uno de los fenómenos más perversos de la crisis en Estados Unidos es que, aunque se han observado ciertos síntomas de recuperación económica en los últimos dos años, no se ha registrado un proceso paralelo de creación de empleo (Goldstein, 2011). Para pensadores como Dos Santos (2006), EEUU está confrontado el hecho de su transformación en una potencia regional (p. 291). En este sentido, Sención Villalona (2010) explica que:
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La economía de Estados Unidos pierde competitividad a escala planetaria y tiene crisis de sobreproducción cada vez más frecuentes. Retrocede en el PIB y el comercio mundial, su moneda tiende a ser desplazada por otras divisas fuertes, se le cierran los mercados y carece de las materias primas estratégicas, cuyo agotamiento se acelera por el crecimiento de otras economías y por la propia acumulación de capital a escala mundial (p. 179).

De igual forma Europa hoy está sufriendo los embates de la crisis (quiebra de los Estados más débiles, debilitamiento del euro, etc.) amenazando la integridad de la Eurozona y la Unión Europea, en este sentido, las posibilidades de resquebrajamiento de este espacio de integración capitalista son factibles.
En particular la economía de la eurozona atraviesa un momento histórico sin precedentes, marcado por la primera caída de su crecimiento desde que la Unión Monetaria nació en 1999. Esta rompió, en agosto de 2008, con nueve años de tasas de crecimiento positivas. La crisis financiera internacional avanza a tal velocidad que ha puesto al desnudo los problemas económicos, sociales y políticos internos de la Unión Europea (Cobarrubia, James, Tablada, 2009; p. 7).

Hoy resulta interesante observar y analizar los acontecimientos que se vienen desarrollando en los últimos años en algunos países de la Unión Europea como Grecia, España, Portugal, Irlanda, Letonia, entre otros países. Acontecimientos que expresan dramáticos efectos de la actual crisis cíclica internacional del Capitalismo en las economías más débiles de la Eurozona. Muchas de estas naciones que se asumían del Primer Mundo están hoy sufriendo una serie de estragos que las coloca hoy al borde de la quiebra. En la actual coyuntura de la crisis, han empezado aflorar una serie de contradicciones inherentes a la composición de la Unión Europea, el desarrollo desigual salta a la vista y se devela el carácter imperialista de este organismo de integración supranacional. Hoy está en clara evidencia que a lo interno de este organismo prevalece la hegemonía de los capitales norteamericanos, alemanes, franceses e ingle51

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ses, estos capitales subordinan al resto de los componentes de la Unión, por lo cual países como Portugal, República Checa, España, los países bálticos y balcánicos, antiguas repúblicas soviéticas, entre otros, no son más que neocolonias que participan como socios subalternos en el reparto de la riqueza planetaria, son naciones dependientes del gran capital financiero e industrial mundial. Los capitales financieros globales, con el pretexto de reducir las deudas públicas y el déficit de las naciones más débiles de Europa, están exigiendo que estas apliquen medidas de liberalización de sus economías, de reducción del gasto público, y de los derechos sociales-laborales de la clase trabajadora, nada más y nada menos que una ofensiva neoliberal sin precedentes en la región. Con respecto al tema del endeudamiento público veamos estas cifras dadas por Hedelberto López Blanch (2010):
… en 2010, la deuda pública de Grecia se cifra en 125 %; Portugal, 85%; Irlanda, 83%, y España, 66%. No obstante, las potencias pueden darse el lujo de tener cifras rojas parecidas como las de Estados Unidos, 85 %; Francia, 76 %; Reino Unido, 75%; sin que nadie las obligue a tomar medidas extremas de austeridad. Este sobreendeudamiento representa un grave problema para cualquier nación pues al no cumplir con los pagos, el Estado no recauda, las personas se limitan en sus gastos en una sociedad puramente de consumo, las producciones bajan, el desempleo crece.

En primer lugar, revisemos el caso de Grecia que ocupó en su momento una amplia cobertura mediática. De acuerdo a algunas opiniones, las potencias capitalistas, fundamentalmente Alemania y los Estados Unidos, plantean que la economía helena pase a control del Fondo Monetario Internacional y de gobiernos como el de la propia Alemania y Francia, para que los inversionistas y los acreedores ganen mayor confianza, se trata de una maniobra colonial. Un dato interesante es que el endeudamiento (330 mil millones de euros, 125% de su PIB) y el déficit (40 mil millones de dólares) de la economía griega es producto de su desproporcionado gasto militar anual (4,5%) con respecto a su PIB, mientras que países como Alemania y Reino Unido gastan
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1,5% y 2,6% respectivamente. Más del 50% del gasto militar griego va dirigido a la compra de equipamientos del complejo militar industrial franco-alemán, precisamente los países que exigen políticas de ajuste estructural, de austeridad extrema. La UE exigió a Grecia que en 2010 redujera el déficit cuatro puntos porcentuales, del 12,75% del PBI hasta el 8,7%, y situarlo por debajo del 3% como muy tarde en 2012. Es decir, estamos en presencia de toda una política antipopular que ha calentado las calles de las principales ciudades helénicas, donde cada vez más trabajadores y trabajadoras se han movilizado, por lo cual se han iniciado huelgas generales y paros. Y cuyo último hecho revelador han sido las elecciones durante el primer semestre de 2012, que implicó la ruptura del bipartidismo Nueva Democracia o PASOK, y la irrupción de SYRIZA como fuerza alternativa. En este contexto, también destacó el triunfo de François Hollande en respuesta a los desmanes antipopulares del gobierno Sarkozy, lo cual coloca a Francia ante el reto de frenar la ofensiva neoliberal o por lo menos matizarla. Lamentablemente hasta ahora este gobierno socialdemócrata no ha sido lo suficientemente consecuente en su gestión por frenar las políticas ultra-liberales. Otro caso importante son las manifestaciones de la crisis en España, este país sufre hoy un desempleo masivo que supera el 20%, y un desempleo juvenil que ronda en un 50%. A partir de diciembre de 2007 la crisis de la economía española ha quebrado un total de 125.421 empresas, es decir, el 10% del tejido empresarial ha desaparecido. Por otro lado, el 32% de las empresas españolas sufrió un descenso de sus beneficios en 2009, frente al 28% de las empresas del resto del mundo y, en la misma línea, el 28% de ellas tuvo una reducción en sus ingresos, frente a la media mundial del 26%. Frente a esto el gobierno burgués de Zapatero se planteó la aplicación de una serie de políticas antipopulares entre las que destacan: disminución del gasto social, disminución de salarios, desmejoramiento de las pensiones, entre otros, políticas que han sido profundizadas por el gobierno del PP. Es tan grave la situación que se han convocado huelgas generales que han paralizado a más de 10 millones de trabajadores y trabajadoras en todo el país, a lo cual se le suma el movimiento de los indignados que ha movilizado cientos de miles de jóvenes en ese país.
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Otro caso patético, es la dura situación por la cual está atravesando Letonia. En menos de dos años su PIB se derrumbó en un 30% de acuerdo a estimaciones del FMI. Actualmente el déficit de este país supera los 5 mil millones de euros (más del 9% del PIB), un exabrupto teniendo en cuenta el tamaño de su economía. En menos de dos años ha acumulado una deuda pública que asciende al 74% del PIB, que en el mejor de los casos se incrementará en un 89% en los próximos cuatro años, estos altos niveles de la deuda pública impiden que Letonia pueda ingresar a la Eurozona. Un último dato a destacar es que la producción industrial letona registró una caída del 38% durante el último trimestre del año 2009. La grave crisis que vive este país lo está despoblando, la juventud está emigrando de forma masiva a otros países en busca de oportunidades. Debe destacarse que todo este panorama ha venido debilitando en estos últimos tiempos la posición del euro frente al dólar. Los capitales financieros especulativos, atemorizados por síntomas de una insolvencia de pago generalizada, están buscando refugio en la golpeada economía estadounidense. Esta crisis puede resquebrajar a la Unión Europea, producto de las asimetrías y la actitud mafiosa de las principales potencias. Igualmente hay que resaltar que la crisis profunda de estos países europeos abren las puertas a un escenario de aguda lucha de clases en esta parte del planeta. Los sectores trabajadores tendrán que combatir férreamente para no dejarse arrebatar los derechos conquistados en más de un siglo de intensa lucha social y política. Por ejemplo, en Europa el desempleo juvenil es del 21%... Se habla de una generación “ni-ni” (jóvenes que ni estudian ni trabajan), a la que la OIT y el FMI han calificado como una “generación perdida” (Giribets, 2011). También es grotesco el hecho que:
En Europa el poder de los “bancos de negocio” se ha sentido con tal fuerza, que siendo la firma Goldman Sachs causante y beneficiaria de la crisis griega, portuguesa, italiana... tecnócratas de esa firma encabezan ahora dos gobiernos (Grecia e Italia) y el Banco Central Europeo, después de las recientes destituciones en medio de sucesivas crisis de

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gobernabilidad acompañadas de movilizaciones populares multitudinarias (Isa Conde, 2012; p. 15).

De esta forma, la crisis económica en Estados Unidos y Europa es muy significativa, si tomamos en consideración los datos de que ambas regiones aportan más del 50% de PIB mundial, concentran casi el 60% del comercio mundial, generan más del 75% de las inversiones directas extranjeras globales y poseen las dos principales monedas de reservas internacionales (Cobarrubia, James, Tablada, 2009). Es en este contexto de deterioro de la situación económica de Estados Unidos y Europa, en el cual se están abriendo perspectivas en las próximas décadas a la emergencia de China como potencia en la disputa por la supremacía mundial. En este sentido, ya en 2006 China y el Medio Oriente financiaron el 86% del déficit de los países industrializados. Para nadie es un secreto que el dólar en los últimos años ha retrocedido en fortaleza producto del debilitamiento de la economía estadounidense; países como China y Rusia, además del ALBA, plantean la creación de nuevas monedas para las transacciones comerciales internacionales; algunos países están convirtiendo sus reservas internacionales en otras monedas; se han creado monedas como el ACU, el SUCRE o la que están conformando los países de la península arábiga, aunque todavía las distintas monedas (incluyendo el euro) están lejos de la preponderancia del dólar. Con respecto al gigante asiático, Giribets (2011) expresa que:
China tenía una reserva en divisas de 3.197 billones de dólares en junio de 2011. Los chinos utilizan sus dólares para comprar empresas occidentales o penetrar en los mercados africanos y latinoamericanos. En estos momentos se están planteando comprar deuda pública europea y norteamericana, con lo cual la dependencia de las economías de los países capitalistas más desarrollados respecto a la de China sería muy alta. Hay que recalcar que los países que más crecen en todo el mundo, China e India, no siguen los dictados del FMI. China tiene el 44% de sus empresas nacionalizadas (en los sectores con un valor estratégico el porcentaje llega al 100%). El crédito pertenece en un 100% al Estado.
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En el año 2009 China se convirtió en el líder mundial en producción de automóviles. De igual forma el gigante asiático es el principal receptor de inversión extranjera directa tanto en Asia como a nivel de los países periféricos. China superó a Alemania en 2009 al convertirse en el primer exportador mundial, tuvo ventas por 1,07 billones de dólares, mientras que las de Alemania, hasta ahora campeón exportador, sumaron 1,05 billones de dólares. En los últimos cinco años China logró superar a Alemania y a Japón, convirtiéndose en la segunda economía del mundo. Esta información es muy ilustrativa:
La producción industrial de China representó 19,8% de la producción manufacturera mundial en 2010, mientras que la parte de Estados Unidos se situó en 19,4%, lo cual se traduce en que el valor agregado de la producción industrial china alcanzó 1,995 billones (millón de millones) de dólares (corrientes) en 2010, contra 1,952 billones de dólares para Estados Unidos, sin embargo, la productividad sigue siendo netamente superior en Estados Unidos: “con 11,5 millones de asalariados, el sector manufacturero estadounidense produce casi el mismo valor que produce el sector industrial chino con 100 millones de trabajadores” (El Tiempo, 2011).

Datos como este indican que el centro de gravedad de la economía mundial pudiese estarse desplazando de Occidente al continente asiático. En esta línea de ideas, Petras (2010) afirma que:
Los países de Asia, encabezados por China, están alcanzando el estatus de potencias mundiales, a base de grandes inversiones nacionales y extranjeras en la industria manufacturera, el transporte, la tecnología, la minería y el procesamiento de minerales. En contraste, EE.UU. es una potencia mundial en declive, con un deterioro de la sociedad resultado de su construcción del imperio por medios militares y de su economía financiera especulativa.

Para concluir este segmento del análisis de la actual crisis cíclica del capitalismo, dejamos al lector este fragmento del Manifiesto del Partido Comunista (Marx, Engels, 2009), que pese haber sido redactado hace más de 160 años no pierde vigencia en esta época:
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¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas (p. 34).

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IV. El Imperialismo contra los Pueblos (Agudización Mundial de la Lucha de Clases)

La crisis actual del capitalismo, que de lejos será la más grave de su existencia, sigue confirmando que las supuestas teorías del fin de la historia o del estadio permanente neoliberal fueron unas de las muchas patrañas que ha inventado la burguesía durante siglos para eternizar su supremacía sobre el resto de la sociedad, sobre los trabajadores y las trabajadoras. Lo que se conoce como globalización es la internacionalización agresiva y sin precedentes del capital, no hay país del mundo que se encuentre hoy aislado de esta realidad que beneficia a los capitales presentes en unas pocas naciones súper-industrializadas y condena a otras a la dependencia, el atraso y la miseria. De acuerdo a Samir Amin (2001):
… las tendencias de la evolución del capitalismo contemporáneo se articulan en torno al refuerzo de lo que he llamado los “cinco monopolios” que caracterizan a la mundialización polarizante del imperialismo contemporáneo: (i) el monopolio de las nuevas tecnologías; (ii) el del control de los flujos financieros a escala mundial; (iii) el control del acceso a los recursos naturales del planeta; (iv) el control de los medios de comunicación; (v) el monopolio de las armas de destrucción masiva.

El Imperialismo para mantener su supremacía sobre los pueblos, sobre la clase trabajadora, debe asegurar los cinco monopolios antes nombrados. Mantener el control de estos recursos económicos, políticos, militares y culturales, permite al imperialismo reproducir de manera ampliada y permanente la dominación, la explotación, la opresión y la subordinación, sobre los países dependientes, sobre los trabajadores y trabajadoras de todo el planeta. El término globalización ha
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sido acuñado para encubrir la universalización del poder totalitario del capital, cuya dialéctica imbrica necesariamente crisis económica y guerra, como tendencias inherentes a su propia naturaleza (Camilo Valqui Cachi y otros, 2002). Para salir lo más pronto posible de la crisis cíclica y postergar los impactos de la crisis estructural, el Imperialismo intensifica sus agresiones a los pueblos del mundo, a la clase trabajadora, a las vanguardias revolucionarias, se trata de mantener un nivel de acumulación de capitales “óptimo” sin importar las dramáticas consecuencias sociales que ello acarree. En este sentido, el Imperialismo se vale de múltiples tácticas o formas de lucha para acentuar la explotación y el sometimiento, las cuales incluyen guerras de agresión, despliegue de bases militares, instigación de guerras civiles, separatismo, terrorismo, asesinatos selectivos a dirigentes y figuras relevantes, golpes de Estado, bloqueos económicos, embargos, cobro de la deuda externa, promoción del oportunismo, destrucción por varias vías de los aparatos productivos de las naciones dependientes, privatizaciones, expoliación de los recursos naturales, alienación ideológica, entre otras medidas. El capitalismo contemporáneo, manejado por mega-capitales de alcance planetario, se asemeja más a una estructura mafiosa, corrupta y delincuencial que al espíritu empresarial que lo puso en marcha hace ya algunos siglos (Colussi, 2012). En este orden de ideas, Harvey (2005) ha explicado que el proceso histórico que Marx denominó acumulación primitiva no se trata de un proceso primigenio del capital desarrollado hace siglos, sino que se trata de una parte de su funcionamiento permanente, por lo cual, en vez de hablar de acumulación primitiva u originaria es más correcto hablar de acumulación por desposesión, que consiste en el desarrollo de una amplia gama de procesos que:
…incluyen la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión por la fuerza de las poblaciones campesinas, la conversión de varias formas de derechos de propiedad (común, colectiva, estatal) exclusivamente en propiedad privada, la supresión del derecho a usar los bienes comu-

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nes, la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo, formas coloniales, neo-coloniales e imperialistas de apropiación de activos (incluyendo recursos naturales), la monetarización de los intercambios y de la fiscalización (especialmente de la tierra), la usura, la deuda nacional y, por último, el sistema crediticio, como formas radicales de acumulación.

Este proceso de acumulación por desposesión, de acumulación permanente por vías violentas o no-económicas, se ha desarrollado de manera más intensa desde los años 70 del siglo XX, momento en el cual se empieza a desarrollar la crisis estructural del capital. Por esta razón hoy el capitalismo, en esta nueva crisis, se muestra amenazante y agresivo ante los pueblos, ante la clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía, las mujeres, los jóvenes, las minorías, los pueblos originarios; ya que para los burgueses son los de abajo los que deben pagar los costos. Se trata socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. La burguesía mundial está presta a avanzar contra las conquistas de los trabajadores y las trabajadoras para restituir sus tasas de ganancia. La burguesía mundial está decidida a utilizar las guerras como mecanismo para reflotar sus economías activando sus complejos militares-industriales, y para conquistar nuevos territorios destinados a la explotación capitalista. Para el Imperialismo, la agenda neoliberal no es negociable, y a los pueblos trabajadores, incluyendo sectores no monopólicos de la burguesía, se les exige una rendición incondicional. El Imperialismo, en su insaciable búsqueda de control geopolítico, de materias primas (sobre todo recursos energéticos), mercados para la venta de sus mercancías y mercados de mano de obra barata, cada día procura controlar con mayor efectividad e intensidad diversas zonas del planeta. Este proceso se ha agudizado especialmente luego de la implosión de la URSS, estado que significó un muro de contención contra las pretensiones del imperialismo durante buena parte del siglo XX. Para 1992, una comisión asesora del gobierno de Bush padre, redactó el Proyecto para un nuevo siglo americano que:
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… define los ámbitos fundamentales de la supremacía imperial estadounidense en los siguientes tópicos: a) un poder militar de alcance global; b) ser la locomotora del crecimiento global; c) tener el liderazgo tecnológico y de innovación en áreas centrales del desarrollo militar; y d) significar un telos normativo para las diversas sociedades del sistema histórico capitalista (Contreras Natera, 2011; p. 245).

A partir de los años 90 del siglo pasado, el Imperialismo ha insistido en crear una dominación de espectro total, un Nuevo Orden Mundial, en el cual la hegemonía estadounidense no esté en discusión, mediante el recurso de la fuerza dondequiera que sea necesario (Chomsky, 2004). En este sentido, el unilateralismo norteamericano se ha convertido en la cuestión predominante de la política mundial (Callinicos, 2002). Se trata de afianzar un modelo unipolar de dominación planetaria, de cumplir ese planteamiento de la postguerra mundial de extender en todo el mundo la Doctrina Monroe (Amin, 1999), que garantice la expansión de la acumulación del capital a nivel universal. En este orden de ideas, Roberto Regalado (2008) señala:
El fin de la bipolaridad dejaba el terreno libre al imperialismo, en particular, al imperialismo norteamericano, para ampliar y profundizar su dominación hasta los más remotos confines del planeta. El capitalismo proyectaba de sí una imagen omnipotente, engalanada con toda una mitología construida en torno a la “globalización” y a la “Revolución Científico-Técnica”. La globalización, supuestamente, era una fuerza incontrolable que obligaba a la humanidad a subordinarse a un “Nuevo Orden Mundial” regido por el neoliberalismo. Como complemento a esa seudo teoría, se le atribuía a la llamada Revolución Científico-Técnica el don de garantizarle al capitalismo vida y prosperidad eternas en el Norte y, quizás, también en aquellos países del Sur que cumplieran, a cabalidad y con premura, el recetario neoliberal (p. 26).

Por otro lado, refiriéndose al contexto postsoviético, el historiador Perry Anderson (2004) nos explica lo siguiente:
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… se puede decir que en el campo de las ideas la nueva hegemonía mundial está basada en dos transformaciones fundamentales respecto del discurso dominante durante la Guerra Fría: a) la autoafirmación del capitalismo, declarado como tal y no simplemente como un mero sistema socioeconómico preferible al socialismo, sino como el único modo de organizar la vida moderna concebible para la humanidad de aquí a la eternidad; b) la abierta anulación de la soberanía nacional como clave de las relaciones internacionales entre los estados en nombre de los derechos humanos (p. 40).

A) Agresión política-militar del Imperialismo
La guerra permanente ha sido una de las principales medidas que ha tomado el capitalismo imperialista en los últimos 70 años para tratar de mantener su reproducción por medio del dinamismo de sus complejos militares industriales, se ha tratado de un keynesianismo militar, por el cual los Estados imperiales pretenden generar ganancias duraderas y fuentes de empleo permanente. En este orden, debe recordarse que el reimpulso que saca al capitalismo de la profunda crisis de los años 30 del siglo XX no fue el New Deal impulsado por Roosevelt sino la II Guerra Mundial. Por otro lado, el analista Thomas Seibert (2009) nos recuerda que:
Ya Marx hacía referencia al hecho de que la función de la guerra en el capitalismo no sólo se reduce a la conquista o a la usurpación de territorios extranjeros y de sus mercados, sus materias primas y su fuerza laboral, sino también a la destrucción sistémica y a menudo involuntaria de capital, con la cual de hecho se resolvieron las crisis de sobreproducción (p. 13).

En las últimas décadas, la Guerra Fría ha sido sustituida por la Guerra contra el Terrorismo, esta es la nueva excusa para justificar el militarismo y las agresiones a los pueblos, a la clase trabajadora mundial, e incluso contra los monopolios capitalistas de potencias menores (China, Rusia, entre otras), que se han posicionado en algunos espacios
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apetecibles por los monopolios occidentales (estadounidenses, ingleses, franceses, entre otros), se trata de guerras de ordenamiento mundial (Kurz 2003). Con respecto a los sucesos del 11 de septiembre de 2001, Engel (2005) afirma que:
Por primera vez, todos los Estados imperialistas acordaron una “política interior mundial” conjunta. Pero en realidad aquello no fue una reacción al atentado del 11 de septiembre, sino una estrategia preparada con mucha antelación para organizar la contrarrevolución internacional contra todas las aspiraciones a liberarse de la explotación y opresión. Las masas deben apoyar, o por lo menos aceptar, el recurso abierto a la violencia estatal. Por esta razón, los dominantes pasan al desmontaje de los derechos y libertades democrático-burgueses, a la fascistización del aparato de Estado y la represión abierta como “legítima defensa” contra el “terrorismo internacional” (p. 555).

Evidentemente, la Lucha de Clases no se detuvo, de hecho en muchas partes se ha agudizado. La oligarquía mundial arreció su ataque sobre los pueblos con la excusa de llevar a cabo misiones civilizatorias, democráticas, profundamente defensoras de los derechos humanos, portadoras de un supuesto “Progreso”. En los últimos años con el aval de la lucha contra el “Terrorismo” y el “Narcotráfico”. No es la primera vez que esto sucede, siempre los poderosos buscan razones éticas para justificar sus atropellos a los explotados y oprimidos. Y cuentan con instituciones que dan un marco de legitimidad a sus agresiones, por ejemplo, Naciones Unidas proveen una superestructura imprescindible de las nuevas formas de dominación que impulsa el imperialismo. En este orden de ideas el intelectual y político venezolano Luis Bigott (2010) nos explica que la más reciente doctrina de política exterior de los Estados Unidos comprende los siguientes principios:
… (a) la elección popular no constituye la base de legitimación de un gobierno, sino sus acciones en el ejercicio del poder. La declaratoria o calificación de gobierno demo64

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crático es de la exclusividad del Departamento de Estado (este concepto constituye la puesta en práctica del componente político en la conformación de la hegemonía); (b) en el desarrollo de una estructura socio-política pueden surgir golpes constitucionales, golpes “benévolos” o golpes democráticos (el caso de Honduras sería uno de ellos); y (c) la política correcta es la aplicación de la combinatoria del poder duro (hard power) con el poder suave (soft power); esa capacidad de combinar ambos poderes (la fuerza militar y la diplomacia) es lo que vendría a constituir el poder inteligente (smart power) (p. 19).

Históricamente el Imperialismo nunca descarta medidas de fuerza, como las intervenciones armadas a países que sean rebeldes a sus dictámenes y busquen la construcción de un proyecto soberano, más aún cuando el Complejo Militar Industrial a partir de la II Guerra Mundial se ha convertido en una pieza clave para el funcionamiento, reproducción y expansión del capitalismo. Muchas de estas intervenciones armadas, que pueden ser el financiamiento de grupos paramilitares internos o incluso una invasión directa, se hacen entonces bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos y la democracia, sin embargo, son muchos los casos en las cuales fuertes gobiernos despóticos y dictatoriales, sumamente opresivos, son aliados de los Estados imperialistas. En este sentido, el Imperialismo esencialmente desde los 90 con la agresión a Yugoslavia, ha apelado a las intervenciones humanitarias (Chomsky, 2004; Contreras Natera, 2011), al humanismo militar (Anderson, 2004), que no es otra cosa que acciones de violación de las soberanías nacionales de los países periféricos con el pretexto de la defensa de los DDHH. En este contexto, González Casanova (2011) advierte que cuando no se logre una cobertura con Naciones Unidas:
Se violarán cada vez que sea necesario tanto el orden jurídico mundial y los acuerdos que tome el Consejo de Seguridad, así como la legislación constitucional y el derecho positivo de cada país, hechos que abrirán el paso a la toma de decisiones que quedará al arbitrio de los más fuertes.
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Por otro lado, entre el accionar del Imperialismo, debemos también destacar el despliegue militar planetario de los Estados Unidos a través de comandos estratégicos, al respecto Sención Villalona (2010) explica que:
Las fuerzas militares de Estados Unidos responden a cinco Comandos Estratégicos a través de los cuales vigila a todos los países del mundo: el Comando Central en Medio Oriente; el Comando Europeo en Alemania; el Comando Pacífico en Hawai; el Comando Sur situado en Miami; el Comando Norte, que vigila el propio territorio nacional. También cuenta con cuatro comandos de combate sin ubicaciones específicas (p. 129).

Además de las propias fuerzas armadas estadounidenses, el Imperialismo cuenta con las fuerzas de la OTAN, organización que nace en el marco de la Guerra Fría para enfrentar una hipotética agresión del campo socialista a Europa Occidental. Pero una vez que se ha derrumbado la URSS, la OTAN (liderada por Estados Unidos) ha redefinido sus objetivos y se ha convertido en un instrumento más para que el imperialismo agreda a cualquier país del mundo. La antigua Yugoslavia, Afganistán y Libia han sido las primeras víctimas de esta organización multilateral de los imperialismos europeos y norteamericanos. Otra acción que ha llevado a cabo el Imperialismo es la ubicación de bases militares (4.500 en territorio estadounidense y más de ochocientas fuera de él), bien sean de la OTAN o de EEUU, en más de 100 países del mundo: en América Latina y el Caribe, África, en Asia Central, en Oceanía o en Europa. En esta última, han sido escandalosos los casos de las cárceles clandestinas de la CIA o los vuelos secretos que ésta ha realizado en los últimos años. Las bases militares norteamericanas constituyen la infraestructura estratégica fundamental de la potencia hegemónica (Anderson, 2004; p. 50). Hoy, una de las bases militares más cuestionadas es la que está ubicada en Guantánamo, Cuba, donde hay múltiples presos de diversas nacionalidades, a los cuales se les aplican torturas y otros procedimientos inhumanos. También destacan las bases militares que el imperialismo está instalando en Colombia, sin lugar a dudas, para el control de Suramérica y la agresión a los avances populares en la región.
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Actualmente las agresiones más importantes que en el plano militar está ejecutando el Imperialismo, fundamentalmente norteamericano, son la agresión a Irak, Afganistán-Pakistán, Libia y Siria, bajo el pretexto de la lucha infinita contra el terrorismo y la defensa de la democracia, de los Derechos Humanos. En realidad, la ofensiva en Medio Oriente y Asia Central tiene entre sus fines el control del 70% de las fuentes planetarias de hidrocarburos y el cerco geopolítico a potencias emergentes como Rusia y China, rivales estratégicos para el imperialismo anglo-estadounidense, debe tenerse presente que de acuerdo a los ideólogos geopolíticos McKinder y Brzezinski el control de Eurasia garantiza el control mundial. Nos explica Dierckxsens que:
La proyección china de un oleoducto de Asia Central hacia el Océano Índico atravesaría Afganistán o, en su defecto, Irán. Las invasiones en Afganistán, Irak y posiblemente en Irán adquieren con ello un significado geopolítico. EE.UU. procura controlar los corredores energéticos que abastecerían a China. Otros megaproyectos estadounidenses buscan trazar un camino de transporte de petróleo desde las antiguas repúblicas soviéticas hacia el Sur para así romper el monopolio ruso sobre dichas fuentes a favor de intereses estadounidenses (Tablada, Hernández, 2004; pp. 18-19).

Estas guerras más recientes en Medio Oriente y Asia Central han costado la destrucción de cuatro países, más de dos millones de muertos, fundamentalmente civiles, más de dos billones de dólares en gastos militares e inestabilidad en toda la región. En estos días se están preparando acciones más directas contra Siria e Irán para acentuar la estrategia de dominación global en esa zona del planeta. Otras zonas siguen siendo agredidas bajo el consentimiento y financiamiento del Imperialismo, tales como Palestina por las políticas genocidas del sionismo, las cuales han implementado un verdadero apartheid. El sionismo con su arsenal nuclear funge como gendarme del capital global en la región, amenazando permanentemente a sus vecinos, principalmente Siria, Líbano e Irán. El control de fuentes energéticas y las rutas de comercialización de las mismas tienen implicaciones en el accionar del Estado terrorista de Israel.

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En América Latina, una zona muy golpeada es Colombia, con la implementación del Plan Patriota bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, lo cual ha originado numerosas pérdidas humanas y millones de desplazados por una guerra interna que ya lleva más de 50 años. Hay que destacar que el Plan Colombia, ahora Plan Patriota, la Seguridad Democrática, tiene entre sus fines garantizar al Imperialismo norteamericano el control geopolítico del norte de Suramérica (la Amazonía y el Arco Andino) rico en recursos minerales, energéticos, hídricos y biológicos, lo cual amenaza la estabilidad de procesos de cambio como los que se vienen desarrollando en Ecuador y Venezuela. El Imperialismo, a su vez, financia movimientos separatistas y guerras civiles en diversos países de Europa Oriental, América Latina, África y Asia. En África, ha sido devastador lo ocurrido, basta recordar la guerra civil en el Congo, que ha liquidado en los últimos años a más de 4 millones de personas por la disputa de corporaciones transnacionales interesadas en controlar recursos como el coltan o los diamantes; o también masacres como la de Ruanda o las matanzas en Darfur-Sudan, con respecto a este último país el imperialismo logró la separación de la parte sur de Sudan. A esto se le suman los sangrientos conflictos en Somalia y Burundi. También destaca una práctica subversiva reciente, lo que se conoce como golpes suaves o subversión política no violenta impulsada por el Pentágono para el derrocamiento de gobiernos “insubordinados”. Tales experiencias se han llevado a cabo exitosamente en Serbia, Kirguistán, Georgia y Ucrania, fallando a su vez en Bielorrusia y Venezuela. La modalidad del Golpe Militar no ha perdido actualidad, basta ver lo ocurrido en junio de 2009 en Honduras, golpe por lo demás dirigido a socavar el avance del ALBA-TCP en la región; el caso de Paraguay también es destacado porque implicó una modalidad de golpe usando mecanismos institucionales (mayoría parlamentaria) de manera fraudulenta. Por otro lado, la militarización del espacio sobre todo por parte de los Estados Unidos, como continuidad del proyecto Guerra de las Galaxias, es uno de los temas que más preocupa a los gobiernos del mundo, ya que a través de esta proyección de su poderío, Estados Unidos estaría en capacidad de atacar a partir de 2020 a cualquier punto del planeta en cuestión de pocos minutos.
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En este orden, destaca la problemática de la actual propuesta de escudo anti-misilístico estadounidense ubicado en países de la Europa Oriental, que ponen en riesgo la soberanía de Rusia. Hay que aclarar que este sistema “defensivo” está destinado a frenar un supuesto (muy improbable) ataque de Irán o Corea del Norte, sin embargo, analistas geopolíticos tienen claro que los escudos antimisiles son también sistemas ofensivos que amenazan países como Rusia y China fundamentalmente. Debe resaltarse que hoy ocho Estados poseen un arsenal superior a las 23.000 armas nucleares, la mayoría concentradas por EEUU y Rusia. La inestabilidad en el mar Meridional de China también abre un escenario de tensión en el sudeste asiático impredecible. Poco a poco se ha venido tejiendo un cerco militar contra China, por medio del liderazgo estadounidense con la presencia de países como Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas, etc. También debemos resaltar un fenómeno que se viene desarrollando aceleradamente en los últimos años, producto de la mercantilización creciente que ha impulsado la gestión neoliberal del capitalismo. Dicho fenómeno implica lo siguiente:
Las formas de conducción de las guerras están cambiando. Al lado de los ejércitos estatales surgen cada vez más compañías militares privadas (CMP), compañías de seguridad privadas (CSP), paramilitares, “Señores de la Guerra”, ejércitos privados y mercenarios como nuevos actores de guerra. Actualmente, las guerras se llevan a cabo con menor frecuencia entre estados nacionales, y con mayor frecuencia en el interior de estos entre tropas regulares e irregulares y, en todos los casos, contra la población civil (Azzelini, 2009; p. 1).

Con todo lo anteriormente expuesto, podemos decir que las diversas agresiones militares y bases desplegadas por los Estados Unidos pretenden controlar lo que se conoce como los comunes globales (Contreras Natera, 2011), espacios que no pertenecen a ningún Estado, donde destacan los mares, espacios aéreos y el espacio ultraterrestre, para proyectar el poderío estadounidense en cualquier lugar del
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planeta. La agresión y expansión militar, tienen entre sus objetivos los siguientes (Ceceña, 2005): 1) Proteger la soberanía (para el imperialismo global), el territorio y la población de los EEUU y demás potencias imperiales. 2) Prevenir la emergencia de nuevas potencias o de coaliciones regionales hostiles a los designios del imperialismo. 3) Asegurar el acceso incondicional a los mercados decisivos, a los suministros de energía y a los recursos estratégicos. 4) Disuadir y, si es necesario, derrotar cualquier agresión contra los planes de los EEUU o sus aliados. 5) Garantizar la libertad de los mares, de las vías de tráfico aéreo y espacial, y la seguridad de las líneas vitales de comunicación. En el 2008 algunas cifras muestran que el gasto militar de los EEUU supera al gasto en conjunto de los 20 países con más inversión en el sector militar, todo un monopolio destructivo. De las diez principales corporaciones productoras de armamento, seis son estadounidenses.
Se estima que el gasto militar global en 2008 totalizó 1.46 billones de dólares. Esto representa un incremento del 4 por ciento en términos reales a comparación de 2007, y del 45 por ciento desde 1999. El gasto militar representó aproximadamente el 2.4 por ciento del producto interno bruto (PIB) global en 2008 (www.sipri.org).

Posteriormente en 2011 el gasto militar planetario se elevó a 1,73 billones dólares, representando el 2,5% del PIB planetario. EEUU hoy es el gendarme que garantiza las relaciones internacionales que mantiene el Imperialismo a través de sus centros de poder para el sometimiento y explotación de los países pobres. EEUU es responsable del 41% del gasto militar mundial, es decir, más de 711 mil millones de dólares. Esto se demuestra en las recientes agresiones imperialistas y en los escenarios de conflictos donde, en su mayoría, los gringos están profundamente comprometidos. Katz (2011) nos explica al respecto que:
El imperialismo contemporáneo se sostiene en la protección internacional que brinda el gendarme norteamericano

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a todas las clases dominantes. Estados Unidos actúa como un sheriff global para confrontar con la insurgencia popular y la inestabilidad geopolítica. Como la primera potencia garantiza la reproducción mundial del capital, obtiene un gran financiamiento externo acumulando desequilibrios, que serían inadmisibles para cualquier otro país. La supremacía del Pentágono determina la gravitación de Wall Street, el dólar y los Bonos del Tesoro.

Ahora bien, un proceso que debemos destacar, es el siguiente: desde 2008 el imperialismo norteamericano ha desplegado una contraofensiva en el continente latinoamericano y caribeño para frenar el movimiento popular que ha dado golpes contundentes durante la última década contra el neoliberalismo, contra las pretensiones del imperialismo sintetizadas en propuestas recolonizadoras como el ALCA. Este movimiento popular, que en algunos países se constituyó en gobiernos que avanzan en la construcción de espacios integradores como el ALBA-TCP, sufrió un duro revés con el Golpe de Estado al gobierno democrático de Honduras en junio del 2009. Este Golpe de Estado, el ataque por parte del estado terrorista colombiano a territorio ecuatoriano, el asesinato de algunos comandantes del secretariado de las FARC-EP; la destitución de la senadora Piedad Córdoba; la reactivación de la IV Flota (despliegue naval y aéreo estratégico con capacidad nuclear); la ocupación militar a Haití (20 mil soldados); la presencia de una flota en Costa Rica (46 buques de guerra de la Armada de los Estados Unidos, 200 helicópteros y aviones de combate, y 7.000 marines); el intento de Golpe de Estado al gobierno ecuatoriano; las victorias electorales en Chile, Costa Rica y Panamá, la creación de la Alianza del Pacífico, la destitución del presidente paraguayo Fernando Lugo, son las acciones más relevantes de la contraofensiva imperialista en la región. Se trata sin duda de un despliegue de fuerzas para contener el avance de la revolución en el continente, para cercar los procesos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua fundamentalmente. Bajo la excusa de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, el imperialismo norteamericano se presta a agredir los pueblos latinoamericanos y caribeños; se prepara a dar al traste con los gobiernos

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revolucionarios, progresistas y democráticos de la región para restituir el proyecto del ALCA y perpetuar su dominación en lo que ellos denominan su patio trasero; se trata de un capítulo más en la lucha de clases mundial que enfrenta a la burguesía monopólica contra los trabajadores y trabajadoras de todo el planeta. Los imperialistas impulsados por la lógica de acumulación del capital no toleran ningún rastro de soberanía nacional, no aceptan la autodeterminación de los pueblos porque esta va en contra de los intereses de los monopolios; es decir, que la tendencia del imperialismo en su actual estado de crisis es a la desnacionalización forzosa, aunque estos gobiernos independientes sean de derecha. Ya lo viene advirtiendo el Comandante Hugo Chávez (2011):
Hay un plan, una verdadera estrategia continental de la derecha y la extrema derecha para tratar de frenar por todas las vías posibles esta corriente revolucionaria, socialista, popular, que se desató en América Latina y que nos ha convertido en el epicentro de los grandes cambios que están ocurriendo en el mundo (p. 15).

B) Agresión económica del Imperialismo
¿Hasta dónde deberá llegar la eliminación de rigideces para que el capital se sienta satisfecho? Osvaldo Martínez

El Imperialismo, en su lógica de impulsar cada vez más a escala planetaria la producción y reproducción ampliada del capital, se apoya en la instrumentalización de una serie de armas económicas de destrucción masiva (Vega Cantor, 2005), entre las cuales podemos destacar las siguientes: La Deuda Externa es otro mecanismo más que utiliza el Imperialismo para perpetuar el sometimiento de los países pobres y maximizar el grado de plusvalía que fluye de estas naciones a los centros del poder económico mundial.
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Actualmente, el monto de la Deuda Externa del Tercer Mundo se eleva por encima de los 2,5 billones de dólares, habiéndose multiplicado por 50 en los últimos 40 años (la deuda total en 1968 era 50.000 millones dólares), y por 4 en los últimos 28 años (la deuda en 1980 ascendió a 600.000 millones de dólares). Esta deuda grotesca se divide en una fracción con bancos privados (62 %), otra con organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial (20%), y con otros Estados fundamentalmente potencias imperiales (18%). Hay que resaltar que mientras los países endeudados enfrentan sus pagos de forma individual y aislada, ya que nunca se han logrado organizar en un frente de deudores (planteamiento promovido por Fidel Castro en los años 80), los acreedores actúan muy coordinadamente. Por un lado las instituciones de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), por el otro el Club de París (que agrupa a los Estados Acreedores) y el Club de Londres (que reúne a los principales bancos privados acreedores), de esta forma se desarrolla una lucha desigual en la cual los países pobres tienen todas las de perder, debido a su dispersión y descoordinación en sus negociaciones. El mecanismo de la Deuda es verdaderamente perverso, porque ha permitido, al FMI fundamentalmente, implementar los Programas de Ajuste Estructural (PAE), punta de lanza de las políticas neoliberales en los pueblos periféricos, todo con el fin de que los países del Tercer Mundo reúnan las divisas necesarias para el cumplimiento exhaustivo de sus pagos a los acreedores. En un primer momento los PAE impulsaron unas políticas de choque a los países pobres como: el abandono de las subvenciones a los productos y servicios de primera necesidad; una reducción drástica del gasto público a fin de alcanzar el equilibrio presupuestario; la devaluación de la moneda; tipos de interés elevados para atraer capitales extranjeros con una alta remuneración (Millet, Toussaint, 2005). Todas estas medidas de choque afectan en primer lugar, y enormemente, a los sectores más empobrecidos, ya que el poder adquisitivo disminuye mientras aumentan los precios de los alimentos, la vivienda, el combustible, la energía eléctrica, etc. Implican la privatización de la salud y la educación, despidos del sector público, aumento desmedido

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de las exportaciones, con lo cual se contrae la diversificación económica, en este sentido es ridículo pensar que en un país en crisis van invertir los grandes capitales productivos, en tal caso se acercarán los capitales especulativos (llamados golondrinas) para desangrar al país en crisis y luego irse. De hecho, el 70% de la inversión de los grandes capitales mundiales en los países dependientes, se destina sólo a China y un pequeño grupo de naciones de sudeste asiático, mientras que África solo capta entre 2% y 4% de la inversión de estos monopolios. Luego, se aplican las políticas estructurales del PAE, que son: el desarrollo de las exportaciones principalmente de materias primas; la apertura total de los mercados por la supresión de las barreras aduaneras; supresión del control de cambio y movimiento de capitales; incremento de los impuestos internos y preservación de los beneficios del capital; privatizaciones masivas de las empresas públicas (Millet, Toussaint, 2005). Estás políticas, sin lugar a dudas, han agravado más la situación de los países del Tercer Mundo. Por ejemplo, con el aumento irracional de las exportaciones lo que ha ocurrido es que además de obviarse la necesaria diversificación económica, condición sine qua non para el desarrollo, como todos los países pobres han aplicado esta política simultáneamente, se han inundado los mercados internacionales de materias primas, lo cual ha provocado el desplome de los precios de las mismas. El remedio es peor que la enfermedad, y, de paso, por el desespero de aumentar las exportaciones para pagar la deuda, se explotan con más intensidad ecosistemas vírgenes, lo que crea un grave problema ecológico que puede llegar a ser irreparable. Por otro lado el Libre Comercio, el cual es una ficción en la era del Capitalismo Monopolista Transnacionalizado, profundiza la destrucción de los aparatos productivos del Tercer Mundo, demoliendo indiscriminadamente la pequeña y la mediana producción (producto de la competencia desigual y desleal), lo cual redunda en más desempleo, eso sin contar con que las transnacionales no respetan el medio ambiente donde anidan. Beck (1998) nos expresa que:
Mientras que las multinacionales pueden eludir al fisco del Estado nacional, las pequeñas y medianas empresas, que
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son las que generan la mayor parte de los puestos de trabajo, se ven atosigadas y asfixiadas por las infinitas trabas y gravámenes de la burocracia fiscal (pp. 21-22).

El libre comercio es una falacia, cuando las principales potencias económicas subvencionan a sus productores, cuando las potencias económicas aplican políticas proteccionistas estrictas. La política comercial de las potencias imperialistas se sintetiza en proteccionismo a lo interno y promoción del libre comercio a lo externo. Aunado a lo anterior, existen dos organismos internacionales, como son el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) y el MIGA (Agencia Multilateral de Garantías para las Inversiones), que obligan a las naciones que se adhieren a tratados de libre comercio a someterse a tribunales internacionales en igualdad de condiciones con las corporaciones transnacionales. Martínez Peinado (2001) nos señala lo siguiente en relación al Acuerdo Multilateral de Inversiones:
… si lo que se discutía en los años sesenta era la necesidad de exigir que la inversión extranjera fuera útil o beneficiosa para la economía nacional, ahora, en el AMI, lo que se diseña es la inversa: cómo la economía nacional puede ser útil a la inversión extranjera (Caputo y otros, 2001).

En otro orden, la supresión de los controles de cambio y movimientos de capitales lo que ha creado es un clima donde se profundiza día a día la fuga de capitales debido a que las economías nacionales periféricas obviamente se encuentran en crisis permanente, producto de lo explicado anteriormente. Por último, la privatización de importantes empresas estatales para el pago de la deuda ha implicado el abandono de importantes fuentes de recursos que pudiesen ser utilizados para solventar la situación económica. La entrada de recursos al país por vía de las privatizaciones tiene una vida limitada, ya que en buena medida el dinero resultante se gasta y no se invierte productivamente. Esta política de desnacionalización constituye una pesada carga sobre los países que no pueden controlar ni siquiera sus principales recursos.

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La política neoliberal organizó la transición del control indirecto al control directo de las materias primas por los monopolios internacionales. Estos ya no se contentaron con el control de los mercados, sino que tomaron la producción y el comercio de las materias primas en sus propias manos. Esto significó en cierta manera un regreso al antiguo método del colonialismo – pero sobre una base nueva. El poder de disposición sobre las fuentes de materias primas y sitios de producción está directamente en las manos de los poderes imperialistas y de sus monopolios. Lo nuevo sólo es que las neocolonias tienen independencia política, por lo menos formalmente. Hacia fuera los gobiernos asumen la responsabilidad política; detrás de esta fachada, sin embargo, dominan los monopolios internacionales. Es decir, lo nuevo es un amplio sistema de engaño y de manipulación. Se está ocultando el hecho de que, en realidad, los monopolios internacionales determinan la política de los países neocoloniales a fin de esquivar una confrontación abierta con la clase obrera y las amplias masas y obstaculizar la lucha de liberación antiimperialista. (Engel, 2004; pp. 412-413).

En otro orden, hay que resaltar que la Deuda Externa ya ha sido pagada por el Tercer Mundo, ya que por cada dólar adeudado en 1980, los Países Pobres han rembolsado 7,5 dólares y deben aun 4 dólares (Millet, Toussaint, 2005). En este sentido, la deuda actual sobrepasa los 2,5 billones de dólares, sin embargo, en los últimos 28 años los Países Explotados han reembolsado más de 4,5 billones de dólares, toda una verdadera sangría. Eso sin contar que los ricos del Tercer Mundo tienen depósitos en los bancos del norte que sobrepasan 1,3 billones de dólares, dinero que luego estos bancos prestan a los países pobres. Un hecho lamentable es que muchos de los préstamos que da el FMI y el BM sólo se utilizan para el pago de la Deuda Externa con los bancos privados y no se invierten en ningún plan productivo o servicio social, es decir, la Burguesía Transnacional se paga y se da el vuelto. Mientras otros préstamos los dilapidan y se los roban muchas veces las oligarquías locales, para su enriquecimiento.
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Otro hecho no menos dramático es que los pueblos del Tercer Mundo pagan anualmente más de 350.000 millones de dólares en concepto de pago de intereses de la Deuda Externa, mientras organismos de la ONU han evaluado que con tan sólo 80.000 millones de dólares de inversión social anual eficiente, pudiesen satisfacerse las necesidades básicas de la población pobre del planeta. En este sentido, países del África Subsahariana gastan entre 35% y 45% de su PIB en el pago de la Deuda, mientras invierten menos del 5% de su PIB en servicios sociales básicos. Frente a esto, los países industrializados donan a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), una suma ridícula de 50.000 millones de dólares anuales (poco menos del 0,3% de su PIB cuando la cifra estipulada es del 0,7 % del PIB) que se dilapidan en gastos burocráticos e indirectos con lo cual la suma real dada directamente a los pobres es más ínfima. En fin, la deuda externa puede considerarse como una estrategia de la guerra de baja intensidad que el imperialismo contemporáneo, a la cabeza del cual se encuentran los Estados Unidos, libra de manera criminal contra los pobres del mundo (Vega Cantor, 2005; p. 63).

C) Agresión político-institucional del Imperialismo
Pretenden, en definitiva, desmantelar el aparato y las tareas estatales con vistas a la realización de la utopía del anarquismo mercantil del Estado mínimo. Ulrich Beck

En el orden político e institucional, el proceso más relevante que ha caracterizado la ofensiva capitalista en las últimas décadas son las redefiniciones que ha venido sufriendo el Estado. Al igual que el conjunto del sistema capitalista, el Estado burgués ha entrado en una nueva fase, funcional a las nuevas formas de acumulación del capital, a las directrices neoliberales. Lo anterior es pertinente decirlo porque muchos estudiosos han exagerado la profundidad de tendencias como el desmoronamiento de los Estados-Nacionales, cuando lo que se han dado es reestructuraciones en su funcionamiento.
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Veamos algunos elementos: el Estado, en tanto estructura clasista destinada a proteger e impulsar la reproducción ampliada del capital, se mantiene incólume. Procesos como la mundialización sin precedentes de capitales no se han hecho contra los estados, por el contrario, dicha internacionalización ha sido apuntalada por los estados, sobre todo por los estados imperialistas. En este orden de ideas, Vasapollo… (2004) nos explica lo siguiente:
El poder del Estado imperial se extiende a las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (WB), el Banco Asiático (AB), la Organización Mundial del Comercio (WTO), etc. Los Estados imperiales proveen la mayoría de los fondos, nombran a los líderes de las IFI, y les consideran responsables para promover acciones políticas que favorezcan a las empresas multinacionales (MNC) de sus respectivos países. Los defensores de la tesis de un mundo sin naciones, o los teóricos de la globalización (GT), no llegan a comprender que las IFI no son una nueva o más alta forma de gobierno superadora del Estado-nación, no comprenden que ellas son instituciones que obtienen su poder de los Estados imperiales (p. 24).

El Estado sigue siendo un actor económico esencial, ya que interviene para afianzar el sano desenvolvimiento del capitalismo, a través de: a) políticas fiscales y presupuestarias; b) políticas comerciales; c) intervenciones militares; d) financiamiento de buena parte de la investigación científica y la innovación tecnológica; e) la formación académica de la fuerza laboral; entre otras acciones. Por otro lado, el profundo retroceso de los derechos sociales y políticos que han sido dirigidos por las políticas neoliberales en buena parte de los países del mundo ha sido ejecutado por los estados. En este sentido, el Estado sigue siendo el aparato represivo por excelencia de las clases dominantes, ya que estos derechos han mermado en la medida que la clase trabajadora y su vanguardia han sido derrotadas por medio del uso de la represión sistemática. Un hecho histórico muy ilustrativo es que la dictadura chilena encabezada por Pinochet fue la que implementó por primera vez a nivel
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mundial el recetario neoliberal, y esto lo hizo a costa del exterminio y encarcelamiento de la dirigencia y buena parte de la militancia de la Unidad Popular (socialistas, comunistas, etc.). Por lo tanto, y esto vale para todos los países donde se ha aplicado plenamente el paquete del FMI y el Banco Mundial, quien habla de un régimen neoliberal habla de un Estado poderoso que impone y pone en acto sus propias políticas (Vasapollo…, 2004; p. 53). Otro elemento importante en la reestructuración de los estados es que el fenómeno de la disminución del gasto social no es igual a un retroceso del gasto público. Por ejemplo, cada vez los estados gastan más dinero en potenciar las policías y otras políticas de control social. De hecho, el gasto público se ha incrementado en las últimas décadas, lo que sucedió es que la parte del gasto público que se transformaba en salario social (gasto social) ha sido desmontada, progresivamente en algunos casos y absolutamente en otros, por las políticas neoliberales. Hoy son tan importantes las inversiones públicas que hacen los Estados para fortalecer sus aparatos coercitivos y de control social, bajo el pretexto de lucha contra el terrorismo o contra el narcotráfico, que se viene hablando en las últimas décadas de la consolidación de un Estado policía o gendarme, como cancerbero de las inversiones de las corporaciones transnacionales y por consiguiente de la acumulación ampliada de capitales. La ofensiva neoliberal se ha dirigido con mucha fuerza a transformar uno de los papeles esenciales del Estado, la regulación económica; se ha tratado de todo un rediseño de las políticas económicas como: la reglamentación del comercio internacional, la política monetaria, a flexibilización del mercado laboral, eliminación de los controles de precios y cambio, entre otras (Vidal Villa, 2001). En todo caso, la tesis de la extinción de los Estados-nacionales ha sido una treta usada por los Estados más poderosos para atacar y disgregar la soberanía nacional de los Estado débiles, para invitarlos a subordinarse a las Instituciones Financieras Internacionales, desmontar sus barreras arancelarias, privatizar sus empresas y recursos naturales, desmontar sus ejércitos, entre otros. La fragmentación de algunos Estados contemporáneos, como Yugoslavia o la Unión Soviética, ha tenido

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como fin crear pequeños estados, muy debilitados, que facilitan el flujo de capitales y permiten el asentamiento de bases del imperialismo.
En todo caso para el sistema el problema principal no es dominar con partidos o sin partidos. El problema es que los gobiernos obedezcan los dictados del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, y de las organizaciones regionales de la banca y las corporaciones (González Casanova, 2011).

Con respecto al ataque sistemático del imperialismo a los Estados insubordinados a la mundialización del capital, a la globalización neoliberal, es interesante esta información que nos brinda Contreras Natera (2011):
Los analistas del Institute for National Strategic Studies, dependiente del Pentágono, clasifican los Estados según su grado de aproximación a una tipología creada por el instituto. Estos son: Estados de núcleo (core states), Estados en vías de transición (transition estates), Estados canallas (rouge states), y Estados fracasados (failed states). La clasificación y calificación varía en función de las afinidades que presenten los Estados con respecto al modelo de Washington (p. 262).

Para el imperialismo tanto los “Estados Canallas” (Irak, Siria, etc.) como los “Estados Fallidos” (Haití, algunos países del África subsahariana, etc.), son susceptibles de ser intervenidos militarmente para “proteger los derechos humanos”, “constituir regímenes democráticos”. Es decir, esta tipología se ha convertido en un argumento más para justificar la agresión a los pueblos. Hay en particular una política que da un marco legal a las “intervenciones humanitarias”: en estos momentos crece la monstruosa institucionalización de un tribunal político internacional comandado por el imperialismo para juzgar y condenar hasta a prisión perpetua a destacados defensores de sus pueblos y países (Cunhal, 2006; p. 63). Otro fenómeno que han instrumentalizado los Estados imperialistas son las justas luchas por su reconocimiento de las cientos de etnias,

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pueblos y naciones contra los Estados Nacionales, que han negado la pluriculturalidad de sus poblaciones. El imperialismo, para afianzar áreas de influencia y desplazar obstáculos, se ha valido de esas contradicciones para fragmentar países enteros en función de la mundialización capitalista. Por lo tanto, si un Estado ha entrado en crisis, no es el Estado como tal, sino los Estados de bienestar, los Estados nacionalistas-desarrollistas, los Estados centralistas-monoculturales, los Estados que intentaron construir socialismo durante el siglo XX, en fin, los Estados periféricos que ven cercenada cada vez más su soberanía. Estas redefiniciones del Estado han tenido entre sus objetivos fundamentales la ruptura del bloque social gobernante durante buena parte del siglo pasado, la destrucción de las alianzas clasistas y en particular del poder social construido y conquistado por la clase trabajadora. Por esta razón, algunos sectores burgueses y pequeñoburgueses locales, pero más aun la clase asalariada y el campesinado, han sido atacados de manera radical por el poder del capital apuntalado por las políticas neoliberales. En el caso de la clase trabajadora, la política de desregularización laboral ha significado la persecución y destrucción parcial, y total en algunos casos, de los derechos sindicales, del sindicalismo como forma organizativa. Ni hablar de los partidos clasistas del trabajo (socialistas o comunistas), los cuales vienen siendo ilegalizados en muchos países bajo el pretexto de la lucha antiterrorista, estamos hablando incluso de partidos cuya forma de lucha es exclusivamente electoral. Por ejemplo, en Europa Oriental es alarmante el nivel de criminalización del movimiento comunista, llegando incluso al extremo de equiparar los regímenes criminales nazi-fascistas con los gobiernos populares de la postguerra que reconstruyeron estos países de la ruina. Hoy Estados burgueses tanto metropolitanos como periféricos, también han aplicado en menor o mayor medida –como resultado de campañas agresivas de criminalización de la lucha popular–, acciones de encarcelamiento y exterminio de la militancia anticapitalista. Los casos de Colombia y Filipinas son ejemplares por el grado de violencia que ha alcanzado el accionar de sus estados (patrocinados por las po-

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tencias), tienen record en asesinatos de dirigentes sindicales y políticos del movimiento obrero y campesino. La Guerra contra el Terrorismo es hoy el pretexto más usado para deslegitimar la lucha nacionalista y revolucionaria de los pueblos. No hay pueblo en el mundo que resista los embates del Imperialismo y de las políticas neoliberales que no sea tildado de terrorista, aunque su forma de lucha sea pacífica. Aunado a lo anterior, el contexto histórico que surge tras la contrarrevolución en la URSS fue de desconcierto y desorientación en buena parte de las fuerzas de izquierda a nivel mundial. De hecho, muchas de estas fuerzas claudicaron y se pasaron al campo de la socialdemocracia, algunas incluso al campo de la derecha. Esta situación, sin duda, marcó un reflujo de las luchas populares en un primer momento, sobre todo en buena parte de la década de los 90. En medio de este escenario, el pensamiento conservador, el posmodernismo, el nuevo programa socialdemócrata y planteamientos como la Tercera Vía, todos matizados por la impronta neoliberal, tuvieron las condiciones para expandirse como discursos legítimos, como argumentos irrefutables para la promoción de las tesis del Pensamiento Único o del Fin de la Historia. La Izquierda en muchos países se desarmó teóricamente y no pudo dar respuesta a las nuevas circunstancias planteadas. Solo a partir de finales de los años 90 empiezan a registrarse signos de recuperación del pensamiento progresista y revolucionario. Sin duda lo anterior facilitó la política neoliberal de desmontaje sistemático de las organizaciones del movimiento popular, sindicatos, partidos, movimiento estudiantil, movimiento feminista, entre otros. La ONGización fue un proceso (un intento) de cooptación de los partidos y movimientos sociales, en función de intentar domesticarlos y hacerlos más inocuos e inofensivos frente al statu quo. Uno de los elementos más perniciosos de la ofensiva neoliberal ha sido la profunda campaña de despolitización de las masas que ha implicado un progresivo aumento de la apatía y de fenómenos como el abstencionismo, la tendencia de los ciudadanos a retirarse de la vida política... es una de las tendencias más perturbadoras de las demo82

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cracias liberales contemporáneas (Callinicos, 2003, p. 156). Esto es producto de que las democracias restringidas (burguesas) brindan poco espacio de participación a la ciudadanía, de hecho se está desarrollando en los últimos años un proceso de erosión de los cimientos democráticos conquistados por las luchas populares durante los siglos XIX y XX (Berman, 2007). El ataque a la democracia es una de las premisas más importantes de la ofensiva imperialista. Cada vez la democracia tiene menos contenido y es más formal. La democracia está sufriendo un proceso de mercantilización tan aguda que se han creado disciplinas tales como el marketing político. Cada vez se desnacionalizan más las decisiones políticas que marcan el rumbo de los Estados, recayendo la soberanía más en el sistema financiero mundial que en los pueblos. De ahí que el concepto de gobernancia o gobernanza (categoría tecnócrata) sea hoy más defendido por los poderes fácticos que el concepto de gobernabilidad (categoría más política). En este sentido, Houtart (2007) nos informa que: el estadio en el que las ETN (empresas transnacionales) desembocan hoy día es el de una burocracia privada globalizada que trasciende todo control democrático, y ejerce un poder de decisión que afecta a todas las regiones del planeta (p. 95). Estos procesos ponen en cuestión la legitimidad de las formas más preponderantes de dominación del capital en los últimos 150 años, ya que el vaciamiento de las instituciones democráticas implica una decadencia de este modelo político, hasta ahora el más hegemónico. Hay un deterioro del sistema de partidos políticos en buena parte del mundo.

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D) Agresión cultural-simbólica del Imperialismo
… gigantesca desigualdad existente entre las aspiraciones creadas en la mente de la mayor parte del pueblo (clases medias y bajas) y su nivel real de posibilidades materiales... los medios de comunicación, y particularmente la televisión, son actualmente la expresión más intensa de alienación ideológica... Ludovico Silva

El capitalismo en su última y actual etapa imperialista ha perfeccionado, como nunca antes lo hizo ningún otro sistema de explotación y dominación, su capacidad de enajenación cultural e ideológica, utilizando las más eficaces herramientas tecnológicas de la comunicación (sistemas satelitales, fibra óptica, desarrollo de la electrónica, entre otros), y una inversión anual en publicidad que supera los 500 mil millones de dólares, ha logrado una suerte de vaciado de la subjetividad de los dominados, debido a que además de facilitar la dominación, la destrucción moral de la clase obrera y de los pueblos representa un “sector de inversiones rentable” (CIPOML, 2007, p. 139), lo cual es un gran desafío para todos los revolucionarios y revolucionarias, quienes pretenden transformar radicalmente el mundo sacándolo de la barbarie que implica el capitalismo. Nunca debemos olvidar el siguiente planteamiento expresado por Marx y Engels (1982) en su obra La ideología alemana:
Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente (pp. 48-49).
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En varias ocasiones uno ha leído o escuchado que los medios de comunicación privados son instrumentos o responden a los intereses del Imperialismo, pero lo cierto es que esta parte fundamental de la industria cultural capitalista no es títere ni instrumento, es parte misma del actual orden capitalista mundial. Si entendemos al Imperialismo como un sistema mundial caracterizado por la monopolización transnacionalizada de capitales, nos damos cuenta de que la industria mediática mundial no escapa de esta realidad. CNN o FOX son monopolios capitalistas de las mismas proporciones que una Nestlé, General Motors o Microsoft. Esto es bueno tenerlo presente para no caer en el error de considerar la industria mediática como un conglomerado empresarial de segunda, ubicado por detrás de los complejos industriales, bancarios, energéticos, alimentarios, tecnológicos, armamentistas o farmacéuticos. No es así, la burguesía dueña de los medios de comunicación es tan poderosa como las otras fracciones burguesas transnacionales (comerciales, bancarias, financieras, industriales, etc.), y comparten con ellas la mayoría de los intereses globales burgueses, por lo cual está muy bien alineada en el campo de la lucha de clases mundial. Los grandes medios de comunicación privados son, sin lugar a dudas, expresiones del poder delIimperialismo, utilizando el concepto de Althusser (1974), son los principales aparatos ideológicos del sistema, imprescindibles para su reproducción ampliada, para imponer la cosmovisión, el marco axiológico de las clases dominantes en el seno de las subjetividades de los explotados y las explotadas.
La producción industrial de pensamiento sistémico, la industrialización de la ideología y la enajenación mediática han definido un complejo industrial-ideológico-político imperialista que produce y desarrolla falsa conciencia en correspondencia con los cambiantes patrones de acumulación, crisis cíclicas y las nuevas formas de seguridad y dominio imperialista (Valqui Cachi - Pastor Bazán, 2009, p. 20).

Los principales medios corporativos de comunicación en las últimas décadas son instrumentos y parte consustancial del Imperialismo. Su papel esencial en la producción capitalista es apuntalar la producción
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y reproducción de las relaciones de producción capitalista, mediante la industrialización ideológica (promoción en masa de falsa conciencia) y la enajenación mediática, al servicio de la explotación y la dominación del capital trasnacional. Por esta razón, es un lugar común insistir hoy en la importancia estratégica que tienen los medios de comunicación. El desarrollo de estos últimos en la historia reciente demuestra su profunda incidencia en el desarrollo de las contradicciones sociales y políticas, no sólo culturales. El orden burgués hoy se sostiene en buena medida por el control que este ejerce sobre las industrias culturales, porque estas últimas juegan un papel fundamental en la producción y reproducción ideológica que sostiene la dominación del capital. En este sentido Stefan Engel (2005) afirma que: Para organizar la base social de la dictadura de los monopolios, amortiguar las contradicciones de clase y descomponer la conciencia de clase proletaria es preciso manipular todos los aspectos de la opinión pública (p. 59). Y más adelante agrega lo siguiente: la esencia de la manipulación de la opinión pública es: ¡el enraizamiento sistemático del modo de pensar pequeñoburgués en el seno de las masas! (p. 72). El imperialismo, sobre todo a partir de la Guerra Fría, viene perfeccionando mecanismos propagandísticos, cuya efectividad viene dada porque son imperceptibles ante las masas. Los dominantes tienen claro que la manera de lograr una eficiente labor de propaganda, es que parezca que no hay labor de propaganda alguna (Stonor Saunders, 2006, p. 42). Por lo cual, en las últimas décadas vienen logrando que los individuos cada vez más actúen en función de los intereses de los poderosos creyendo que actúan en función de sus propios intereses. Entre los elementos fundamentales que caracterizan la ideologización capitalista se encuentran la naturalización de las relaciones sociales e históricas de explotación, es decir, presentar la lucha de clases, la presencia de ricos y pobres, la opresión a la mujer, al joven, al “diferente” o la extracción de plusvalía (trabajo cristalizado no retribuido) como elementos naturales, eternos, siempre existentes y presentes a lo largo de la historia de la humanidad, elementos inherentes a nuestra especie. No debe olvidarse que para los poderosos: La destrucción de la esperanza es un proyecto de importancia crucial (Chomsky, 2004, p. 20). Lo anterior es evidente tan solo prestando un poco de atención a los diversos contenidos, inclu86

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so los aparentemente “inocentes” de las industrias culturales (televisión, cine, radio, editoriales, etc.). Esto es preocupante si tenemos en cuenta que la industria cultural estadounidense goza de una hegemonía apabullante. Houtart (2001) nos indica que:
La ola neoliberal que prevalece actualmente tiene por efecto no solamente la acentuación de las diferencias sociales, tanto dentro de las sociedades como entre el Norte y el Sur, sino también una serie de consecuencias socioculturales. En el universo entero, las nuevas situaciones creadas provocan un repliegue sobre sí mismo, una necesidad de responder a los problemas inmediatos y cotidianos, un individualismo promovido como valor fundamental de una sociedad o como obligación de supervivencia. El resultado es cierto cinismo con respecto a las solidaridades (p. 149).

En este sentido, Amin (2012) agrega:
El virus liberal ejerce sus efectos devastadores. Produjo un “ajuste ideológico” que se ajusta perfectamente a la prosecución de la expansión capitalista, que a su vez lleva cada vez más hacia la barbarie. Convenció a grandes mayorías –incluyendo a las jóvenes generaciones– que es necesario contentarse con “vivir el presente”, tomar lo que se les ofrece en el instante, olvidar el pasado, no preocuparse por el futuro, bajo el pretexto de que la imaginación utópica puede producir monstruos. Llegó a convencer que el sistema actual era compatible con el “florecimiento del individuo” (lo que no es realmente cierto).

La ofensiva imperialista se ha abocado a promover el individualismo egoísta y la carencia del compromiso social y político de las personas, como rasgos dominantes de la cultura neoliberal (Anaya Gutiérrez, 2004). De esta forma, ha promovido el conformismo, la desesperanza, la despolitización, la idiotización de sectores sociales que se caracterizaron en el pasado como combativos, nos referimos fundamentalmente a los jóvenes, los estudiantes, las mujeres, la clase trabajadora en general.

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Por si fuera poco, algunos críticos culturales como Berman (2007) observan que en algunos ámbitos occidentales se está dando el triunfo de la religión sobre la razón; la atrofia de la educación y del pensamiento crítico (p. 14)… la Ilustración está siendo minada de manera constante (p. 17). Las religiones al servicio de los dominantes propagan el fanatismo y el fundamentalismo como herramientas para alienar a las masas y direccionarlas en función de intereses ajenos a ellas. Las religiones promueven la resignación como valor fundamental, como contención de las aspiraciones de los oprimidos ofreciéndoles bienestar en el más allá. En síntesis, compartimos el planteamiento de Ricardo Adrián (2009):
El imperialismo ha socializado la información pero a su vez reproduce ignorancia, pudiera resultar polémica o contradictoria esta afirmación, sin embargo, los potentes medios y la política comunicacional del imperialismo ha masificado una política de distracción que conduce a las sociedades a la ignorancia, a la desorganización, a ser presas de un consumo movido por los instintos animales, por el desplazamiento de la razón como posibilidad argumentativa; esa es la visión capitalista del uso de las tecnologías de la información: para sustentar la superproducción es necesario estimular un superconsumo, para sostener el orden capitalista mundial es necesario educar a la humanidad bajo las ideas de la burguesía.

En este contexto destaca el accionar del Terrorismo Mediático, el cual es la primera fase de agresión en las denominadas Guerras de IV Generación. Por ejemplo, antes de darse las invasiones tanto a Afganistán como a Irak, o la reciente agresión a Libia, fue desatada toda una campaña de desinformación, mentiras y calumnias para crear miedo en la opinión internacional, que posteriormente avalase la intervención bélica a estos pueblos. Esta campaña de desinformación y manipulación es impulsada por el imperialismo contra todo factor social que se oponga a sus intereses. En este orden, Adrián (Op. Cit.) nos advierte que:

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En los últimos años es perceptible las formas insurreccionales que ha tomado el imperialismo contra gobiernos progresistas en el mundo, en la mayoría de estas conspiraciones se han utilizado los medios de manera similar (Golpe de Estado y sabotaje petrolero en Venezuela, 2002-2003, Estrategia de la media luna en Bolivia 2008, Desestabilización post-electoral en Irán 2009, Golpe de estado en Honduras 2009). Por simple observación podemos deducir la hipótesis de la existencia de un programa y un Estado Mayor mundial para las comunicaciones; y que tal organismo es, además, como capital concentrado a escala internacional, parte integrante del imperialismo.

El Terrorismo Mediático oculta los verdaderos intereses del Imperialismo, por medio de la mentira y la apología, las víctimas son transformadas en victimarios, creándose todo un esquema maniqueo donde se enfrentan las fuerzas del “Bien” y del “Mal”, he aquí una de las facetas de la enajenación ideológica. Ciertamente, esta forma de terrorismo no es novedosa, desde hace siglos las ideologías y otras expresiones culturales se han usado para el mantenimiento de una Sociedad Opresora. Sin embargo, la expansión inusitada de los Medios de Información burgueses es un hecho bastante reciente, gracias a la aparición del satélite y la fibra óptica. Fidel Castro (2004) hace unos años expresó esta reflexión:
En la época de las tribus la gente pensaba, aunque sabía muy poco; hoy la gente es sometida a niveles de propaganda que anulan el pensamiento. ¿Para qué si no se gastan un millón de millones de dólares en publicidad comercial? ¡Vean que civilización tan democrática!, ¡vean que libertad tan absoluta! Se suprime el ejercicio de la inteligencia, porque pueden dominar por la ignorancia (p. 181).

Que 1.200 millones de personas se informen diariamente por medio de los servicios de CNN y 800 millones se informen gracias a la cadena FOX, nos indica que estamos en presencia de una férrea dictadura mediática imperial, capaz de hacer muchísimo daño en perjuicio de los pueblos. En este sentido, para Stolowicz (2009), si bien el capitalismo
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tiene poco margen para reformas que absorban las contradicciones que genera, todavía conserva una desproporcionada capacidad de dirección ideológica (p. 97). Camilo Valqui Cachi y Cutberto Pastor Bazán (2009) nos indican que:
Desde esta racionalidad sistémica, los medios corporativos de comunicación masiva son instrumentos claves del capital transnacional para explotar, dominar, silenciar, ocultar, caricaturizar, mistificar, deificar, domesticar, manipular, engañar, desinformar, frivolizar, trivializar, asimilar, fanatizar, “civilizar”, colonizar, dividir, aterrorizar, torturar, violentar, envilecer, estupidizar, criminalizar, corromper, cosificar, destruir, matar, fomentar y justificar el genocidio, el etnocidio y el ecocidio sistémicos (p. 22).

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V. Los Pueblos del Mundo resisten la Arremetida del Imperialismo

Por “suerte” la indignación está en marcha y habrá de estallar en mayores dimensiones. Narciso Isa Conde

Afortunadamente en las últimas décadas, frente a la agresión imperialista, frente a ese proceso salvaje de acumulación capitalista por desposesión, los pueblos no se han quedado con los brazos cruzados, combinan todas las formas de lucha para resistir y vencer. En Irak, Afganistán, Pakistán, Palestina, Colombia, Libia, Siria y algunas partes del África combaten las agresiones militares. En Asia luchan por construir sociedades prósperas e independientes. En buena parte de África se lucha por sobrevivir y construir un futuro mejor. En los centros del Capitalismo Mundial, los trabajadores y las trabajadoras luchan por la defensa de sus conquistas logradas en décadas de combate (resaltan las acciones en Islandia y Grecia). En América Latina y el Caribe, los pueblos están empeñados en construir una alternativa viable a la sociedad capitalista, buscan romper las cadenas del imperialismo norteamericano. En todo el planeta se lucha porque otro mundo es posible y necesario. Pese a la enorme superioridad tecnológica-militar del imperialismo frente a los pueblos del mundo, que le permite destruir las infraestructuras de cualquier país, los últimos conflictos demuestran que esta superioridad bélica no logra someter la voluntad de los pueblos a ser libres, no logra el control territorial y la “normalización” de la sociedad derrotada, lo que al fin y cabo determina si una guerra fue ganada o no (Boron, 2004). Podrá destruir buena parte de las infraestructuras e instituciones, pero el imperialismo no es capaz de doblegar la moral
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de lucha de los agredidos. La dignidad de los pueblos de Irak, Afganistán, Palestina y Colombia son una prueba de ello. El comandante Fidel Castro (2004) ha dicho al respecto lo siguiente, cuando se habla de tecnología militar, la gran potencia cuenta con una tecnología inmensamente superior. Cuando llega, invade y conquista el territorio. Pero no puede administrarlo (p. 182). Por otro lado, esta superioridad militar no logra contener el declive de los Estados Unidos como potencia mundial. La política agresiva del imperialismo en todas sus dimensiones lo han venido deslegitimando cada vez más. Pese a la industria cultural monopólica, los pueblos creen menos en la “bondad” de los gobiernos de las potencias imperiales, e incluso (en algunos casos) en el capitalismo como sistema social. Hoy el imperialismo domina sin lugar a dudas, pero su hegemonía se está resquebrajando, cada vez más tiene que valerse de acciones unilaterales y de fuerza, su capacidad de crear consenso está cuestionada. Con respecto a lo anterior, Katz (2011) no expresa:
La efectividad de la superioridad militar estadounidense es dudosa. Existen crecientes contradicciones entre la voluntad, la tentación y la capacidad hegemónica, en un contexto de segmentación económica y fractura social. Cada acción desestabiliza, además, las relaciones de competencia y cooperación con los socios. El imperialismo contemporáneo afronta fuertes desfasajes. La superioridad militar coexiste con gran diversidad de competidores económicos y creciente dispersión del poder político.

En el seno de los países industrializados, sobre todo europeos (Inglaterra, España, Grecia, Italia, Islandia, etc.), se está desarrollando una creciente movilización popular, donde destaca la combatividad de la clase trabajadora y el ímpetu de la juventud. Lo anterior se ha traducido en un número importante de huelgas generales, grandes movilizaciones y concentraciones de indignados (as), luchas callejeras, entre otros. Sin bien es cierto que muchas de estas acciones son para mantener los derechos consagrados por los Estados de bienestar, son luchas que atacan la ofensiva neoliberal del capitalismo, agudizando su crisis, deslegitimándolo cada vez más.

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Mención especial queremos hacer sobre la situación de las movilizaciones populares en el Norte de África y Medio Oriente, específicamente de las movilizaciones multitudinarias contra los gobiernos despóticos de Túnez, Egipto, Yemen y Libia, acciones que han contado con el apoyo de los pueblos de la región y buena parte de la opinión pública mundial. Debe resaltarse que aunque todavía no están muy claro los resultados históricos de estos acontecimientos, ya destacan algunos aspectos: el presidente tunecino Ben Alí, huyó; se consumó la caída de Mubarak en Egipto; en Jordania hubo un cambio de Primer Ministro; el dictador yemení se ha comprometido a abandonar el gobierno en las próximas elecciones; en Marruecos se está planteando un cambio de Constitución; y finalmente tanto Libia como Siria se encuentran sufriendo una guerra civil y la intervención imperialista. Lo más resaltante en la percepción de muchos medios informativos es que afirman que se trata de una crisis de la región en su conjunto, invisibilizando que el contexto de la crisis mundial del capitalismo es el factor externo que ha causado el malestar social general en esa zona del planeta. Este descontento popular es producto del aumento del desempleo, de la baja creciente del poder adquisitivo, del deterioro de la seguridad social, en síntesis, del empobrecimiento acelerado de estas sociedades como consecuencia del impacto de la crisis capitalista y las políticas estatales antipopulares para enfrentarla, esto último, detonante fundamental de las revueltas. Para enfrentar los efectos de la crisis, la burguesía mundial hace recaer sobre el pueblo trabajador los costos de la misma, en cada país donde esta clase social domina, aplica medidas antipopulares para así socializar los efectos de su bancarrota. En el caso de estos países árabes, a lo anterior se le suma que han sido gobernados durante décadas por gobiernos antidemocráticos, despóticos, corruptos, en la mayoría de los casos aliados del imperialismo norteamericano y el sionismo, por lo cual, su legitimidad en el seno de las masas se ha desmoronado en el transcurso de años, es decir, estos estallidos sociales de ninguna manera eran inesperados, sólo era cuestión de tiempo que estos pueblos empezasen a movilizarse.

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Rasgo común de Egipto, Túnez y Yemen es que han sido gobernadas por militares derechistas que accedieron al poder por la vía de Golpes de Estado y luego se han mantenido en el poder gracias a la celebración de elecciones fraudulentas. Abdulá Saleh gobierna Yemen desde 1978, Hosni Mubarak gobernó Egipto a partir de 1981 hasta 2011 y Ben Alí gobernó Túnez desde 1987 hasta enero de 2011. Es repugnante la hipocresía del Imperialismo, quien definía hasta hace poco a estos gobiernos como moderados (por ser sus aliados) y ahora los califica de dictaduras, término sólo reservado a sus adversarios en la región cómo los regímenes de Siria e Irán. En el caso de Libia, Muamar Gadafi gobierna desde 1969. Hasta finales de los 80 el proceso libio era una referencia en las luchas antiimperialistas, sin embargo, a finales de los 90 el régimen de Gadafi cada vez mantuvo posiciones más alineadas con el imperialismo. Otro aspecto que comparten los procesos desarrollados en la región es el carácter masivo y espontáneo de las movilizaciones populares, también ha sido evidente la participación de organismos infiltrados por el imperialismo (el caso sirio es más particular porque se ha tratado sin duda de la agresión de bandas terroristas armadas por el imperialismo). Estas manifestaciones populares han dado muestras valiosas de determinación y coraje en la lucha por sus objetivos. Esta espontaneidad ha sido una fortaleza pero también una debilidad, porque las fuerzas del orden siendo minoritarias, al contar con mayor organización y armamento, han logrado contener el avance popular. En este orden, se destaca que la ausencia de una potente vanguardia revolucionaria, de una sólida organización popular, son debilidades determinantes en el empuje de la movilización social. De hecho, lo más probable es que esta debilidad permita a las clases dominantes restituir el orden a través de algunas reformas, que en algunos casos constituirán un avance y en otros un retroceso (la islamización e imposición de la Sharia al Islamiya), pero no se lograrán los objetivos de una transformación profunda de esas sociedades. El imperialismo, fundamentalmente norteamericano, y el sionismo buscan aprovechar esa situación para contener el avance popular, que pudiese traducirse en un retroceso en la geopolítica de Washington, París, Londres, Berlín y Tel Aviv.
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Sin embargo, prevalece en las aspiraciones de las masas (en Egipto, Túnez, Yemen y Bahrein) una intención de impulsar transformaciones que, sin ser anticapitalistas (aunque debe resaltarse que en el caso de Túnez se están desarrollando prácticas de Poder Popular y Control de los Trabajadores en algunos lugares), apuntan a construir un orden democrático, con una ampliación de los derechos ciudadanos, y abocado a destruir la condición neocolonial de esas sociedades, esto último de suma importancia, porque implicaría todo un cambio geopolítico de repercusiones mundiales (hidrocarburos, redes comerciales, cuestión Palestina, entre otros), siendo este cambio lo que más temen potencias como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Israel. El caso particular de Libia es más dramático porque se está consumando una agresión por parte de la OTAN para asegurar el control de los recursos petroleros e hidrológicos de la zona. Lo cierto es que estos eventos están impactando a toda la región, sobre todo a aquellos gobiernos corruptos más alineados al imperialismo. Analistas estiman que esta crisis está afectando la estabilidad en Marruecos, Arabia Saudita, Argelia, Bahrein, Jordania y Sudán (en este caso el imperialismo ha logrado fracturar este país en dos partes). Una observación que creemos pertinente para concluir este apartado es que muchas de estas luchas, más que anticapitalistas, son luchas justas antineoliberales, luchas nacionales y étnicas, que debe reconocerse que en algunos países (Siria y Libia) están siendo instrumentalizadas por el Imperialismo, el cual se vale de organizaciones terroristas vinculadas a las estructuras de Al Qaeda, la intervención directa de fuerzas, entre otras. Concluimos este apartado con esta interesante síntesis hecha por James Petras (2012) sobre la situación en el Magreb y el Medio Oriente:
En la primera fase, Washington y sus aliados de la UE fueron tomados por sorpresa y seriamente desafiados por los movimientos populares pro democratización que derrocaron o amenazaron a sus gobernantes clientes en Túnez, Egipto, Somalia, Yemen, Bahrein y otros lugares; lo que se denominó como “Primavera Árabe”. La segunda fase fue la reacción occidental para contraor95

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denar, detener y revertir el movimiento popular pro-democratizador a través de alianzas con dirigentes islamistas maleables (Egipto, Túnez y Yemen) y el lanzamiento y la intensificación de la lucha armada con extremistas islamistas en Libia y Siria. También reforzó a los despóticos regímenes monárquicos del Golfo. Apenas unos meses más tarde, los clientes neo-coloniales impuestos por estadounidenses y europeos, han dejado ver sus frágiles cimientos: las fraudulentas “transiciones” han producido gobernantes serviles, incapaces y sin voluntad para hacer frente a las reivindicaciones socio-económicas de los movimientos pro-democratizadores. En la actualidad, la tercera fase de la lucha enfrenta un escenario más complejo que el anterior “conflicto binario” de dictadura versus democracia. Hoy en día somos testigos de conflictos entre islamistas neo-liberales en el poder contra sindicalistas laicos y musulmanes; musulmanes fundamentalistas empobrecidos combatiendo por Estados Unidos (en Siria) y en su contra (en Libia), mientras regímenes laicos (Siria) e islamistas (Irán) unen sus fuerzas para hacer frente a mercenarios islamistas respaldados por Occidente y a las amenazas israelíes con armas nucleares.

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VI. ALBA, Integración LatinoamericanaCaribeña y Revolución Continental

Lo que ha pasado en América Latina es la invasión, la emergencia, desde abajo, desde lo popular, desde lo plebeyo, desde lo indígena, desde lo campesino, desde lo barrial, que rebasa, toma y transforma… Álvaro García Linera

Debemos insistir que el capitalismo histórico o realmente existente, el imperialismo, no lo van a destruir las crisis económicas o energéticas o financieras, sólo lo pueden derribar revoluciones socialistas profundas, estructurales, políticas, económicas, culturales; que afecten las relaciones de explotación, de propiedad, que rompan toda forma de fetichismo y enajenación. Estas revoluciones, sin embargo, no pueden circunscribirse solamente a los espacios nacionales, ya el Comandante Raúl Castro ha insistido en que si bien es cierto que un pueblo aislado no puede cambiar todo un sistema económico de carácter internacional, la unidad de muchos pueblos, como en el caso del ALBA TCP, puede abrir perspectivas para profundizar cambios estructurales. El ALBA TCP es de alguna forma la cristalización de un nuevo proyecto estratégico alternativo para Latinoamérica y el Caribe. Es el resultado de la recomposición del campo popular derrotado a finales de los 80, producto del avance agresivo del neoliberalismo, del Consenso de Washington. Esta ofensiva popular fue una respuesta al deterioro de las condiciones económicas, políticas y sociales que sufrieron los países de la región. Por ejemplo, en los años noventa el PIB per cápita real se mantuvo bien por debajo de lo que la región alcanzó durante
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las décadas de 1960 y 1970 (Martínez, 2008; p. 234). Este avance del campo popular se ha traducido en grandes movimientos de masas, estallidos insurreccionales (Figueroa, 2011) y en la emergencia de diversos gobiernos en la región, cuyo rasgo esencial fue la promoción de un programa democrático y antineoliberal. Entre los rasgos generales que han caracterizados estos procesos progresistas y revolucionarios en el continente destacan: a) desarrollo de nuevos ordenamientos jurídicos o procesos constituyentes para reformular la política y el Estado en función de desmontar las líneas políticas neoliberales; b) formulación soberana de las principales políticas macroeconómicas; c) freno a la transnacionalización de la economía en función de procesos de desarrollo endógeno; d) distribución de la riqueza de manera más equitativa; e) expansión del gasto social para paliar las profundas asimetrías sociales; f) perfeccionamiento de las instituciones democráticas, emergencia de la democracia participativa como nuevo modelo político, se ha dado la democratización de lo político, democratización de lo social, democratización de las decisiones… (García Linera, 2012, p. 46); g) diversificación de las relaciones internacionales en función de la promoción de un mundo multipolar, más allá del Consenso de Washington y su pretensión de construir un Nuevo Orden Mundial (Pérez García, 2007). En este sentido, el primer gobierno en asumir en esta línea fue el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela a partir de 1998, a este gobierno se han sumado las victorias electorales en Bolivia, Nicaragua y Ecuador fundamentalmente, y la permanencia de la Revolución Cubana, también destaca una nueva orientación de los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay. Debe destacarse que esta nueva correlación de fuerzas en la región, tuvo como logro cumbre la derrota de la aplicación del plan neocolonial del ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas). El ALBA TCP tiene por objetivo la transformación de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, haciéndolas más justas, cultas, participativas y solidarias; y por tanto está concebida como un proceso integral destinado a asegurar la eliminación de las desigualdades sociales y fomentar la calidad de vida y una participación efectiva de los

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pueblos en la conformación de su propio destino. Este proceso pasa por ser en primer lugar una integración de gobierno y pueblos, más allá de una simple integración de capitales. La Alternativa Bolivariana para las Américas responde a la concepción integracionista que promueve un nuevo orden internacional basado en la multipolaridad, impulsa el diálogo Sur-Sur y se expresa en una dimensión política, económica, cultural y militar (Bigott, 2010; p. 25). Es, por lo tanto, un proceso de integración que trasciende lo económico y lo comercial, lo cual ha sido el eje central en procesos anteriores. Para alcanzar estos objetivos, el Alba se guía por los siguientes principios y bases cardinales de acuerdo a sus documentos programáticos (http://www.pdvsa.com): 1. El comercio y la inversión no deben ser fines en sí mismos, sino instrumentos para alcanzar un desarrollo justo y sustentable, pues la verdadera integración latinoamericana y caribeña no puede ser hija ciega del mercado, ni tampoco una simple estrategia para ampliar los mercados externos o estimular el comercio. Para lograrlo se requiere una efectiva participación del Estado como regulador y coordinador de la actividad económica. 2. Trato especial y diferenciado, que tenga en cuenta el nivel de desarrollo de los diversos países y la dimensión de sus economías, y que garantice el acceso de todas las naciones que participen en los beneficios derivados del proceso de integración. 3. La complementariedad económica y la cooperación entre los países participantes y no la competencia entre países y producciones, de tal modo que se promueva una especialización productiva, eficiente y competitiva que sea compatible con el desarrollo económico equilibrado de cada país, con las estrategias de lucha contra la pobreza y con la preservación de la identidad cultural de los pueblos. 4. Cooperación y solidaridad que se exprese en planes especiales para los países menos desarrollados en la región, que incluya un Plan Continental contra el Analfabetismo, utilizando modernas tecnologías que ya fueron probadas en Venezuela; un plan latinoamericano de tratamiento gratuito de salud a ciuda99

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danos que carecen de tales servicios y un plan de becas de carácter regional en las áreas de mayor interés para el desarrollo económico y social. 5. Creación del Fondo de Emergencia Social y el Banco del ALBA. 6. Desarrollo integrador de las comunicaciones y el transporte entre los países latinoamericanos y caribeños, que incluya planes conjuntos de carreteras, ferrocarriles, líneas marítimas y aéreas, telecomunicaciones y otras. 7. Acciones para propiciar la sostenibilidad del desarrollo mediante normas que protejan el medio ambiente, estimulen un uso racional de los recursos e impidan la proliferación de patrones de consumo derrochador y ajeno a las realidades de nuestros pueblos. 8. Integración energética entre los países de la región, que asegure el suministro estable de productos energéticos en beneficio de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, como promueve la República Bolivariana de Venezuela con la creación de Petrocaribe. 9. Fomento de las inversiones de capitales latinoamericanos en la propia América Latina y el Caribe, con el objetivo de reducir la dependencia de los países de la región de los inversionistas foráneos. Para ello se crearían, entre otros, un Fondo Latinoamericano de Inversiones, un Banco de Desarrollo del Sur, y la Sociedad de Garantías Recíprocas Latinoamericanas. 10. Defensa de la cultura latinoamericana y caribeña y de la identidad de los pueblos de la región, con particular respeto y fomento de las culturas autóctonas e indígenas. Creación de la Televisora del Sur (TELESUR) como instrumento alternativo al servicio de la difusión de nuestras realidades. 11. Medidas para que las normas de propiedad intelectual, al tiempo que protejan el patrimonio de los países latinoamericanos y caribeños frente a la voracidad de las empresas transnacionales, no se conviertan en un freno a la necesaria cooperación en todos los terrenos entre nuestros países.

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12. Concertación de posiciones en la esfera multilateral y en los procesos de negociación de todo tipo con países y bloques de otras regiones, incluida la lucha por la democratización y la transparencia en los organismos internacionales, particularmente en las Naciones Unidas y sus órganos. Actualmente, debe resaltarse la importancia estratégica de la incorporación de Ecuador y los países caribeños de San Vicente y Las Granadinas, y de Antigua y Barbuda, al ALBA TCP, que pasa de ser Alternativa para convertirse en Alianza Bolivariana para las Américas. Esta incorporación de nuevos países eleva la cifra de gobiernos alineados a 9 (hoy Honduras producto del golpe militar, se ha desincorporado de la Alianza) y le da mayor profundidad al accionar de este espacio de integración, con la creación de una coordinación política, una coordinación social y una coordinación económica. Por otro lado el Sucre, un sistema de compensación monetaria alternativo, cada día está más cerca de entrar en acción, a lo cual debemos agregar el arranque del Banco del ALBA.
… si el ALBA y el TCP continúan consolidándose estaríamos asistiendo... al inicio de un proceso cuyo desenlace, siempre pendiente de la forma como se cristalicen determinadas correlaciones de fuerzas, podría abrir las puertas para la construcción del socialismo en la región (Boron, 2008, p. 130).

De esta manera… aquí y solamente aquí, encontramos coaliciones de gobiernos y de movimientos en un frente de resistencia a la nueva hegemonía mundial (Anderson, 2004; pp. 45-46). De igual forma, estamos de acuerdo con Pérez García (2007) cuando afirma que:
No hay dudas de que en Latinoamérica es donde más se ha desarrollado la lucha contra el neoliberalismo en los últimos años y que es hoy la región del mundo que está alcanzando resultados destacados en el combate a la hegemonía del imperialismo (p. 47).

Hoy, además del ALBA TCP, se han desarrollado una serie de instancias que, sin ser revolucionarias, están jugando un papel esencial
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para profundizar la integración de los gobiernos y los pueblos de esta parte del planeta. Nos referimos principalmente a MERCOSUR, que pese a su origen neoliberal, producto del cambio de correlación de fuerzas en el continente, se ha hecho más integracionista, tendencia que se profundizará con el ingreso de Venezuela a este espacio; UNASUR como proyecto para la unidad suramericana y la CELAC como instancia para la integración de todos los países de América Latina y el Caribe. El Imperialismo estadounidense ve en estas tres instancias un estorbo para la expansión de su dominación continental, por lo cual hace todos los esfuerzos para fracturarlas. Empero, no debemos ser ingenuos, la orientación política de las instituciones supranacionales viene dada por las correlaciones de fuerzas políticas, militares y económicas que se expresan en un momento dado, estas instancias tienen un contenido de clase. Lo cierto es que el carácter progresivo de estas instancias de articulación regional vendrá dado por la cantidad de países de la región que sean gobernados por fuerzas antiimperialistas y de izquierda, vendrá dado por el desarrollo continental del Proceso Bolivariano, y la actitud que asuman gobiernos de grandes países como Brasil y Argentina. De lo contrario, si lo que impera en la CELAC, MERCOSUR O UNASUR son gobiernos de derecha, este organismo se convertirá plenamente en un órgano político instrumentalizado por el Imperialismo para agredir a gobiernos que luchan por la liberación nacional y el socialismo. La Liga Árabe nos muestra el papel que pueden jugar estas organizaciones cuando las fuerzas contrarrevolucionarias son plenamente hegemónicas. Por esta razón, estamos de acuerdo con Arruda Sampaio Jr. (2008) cuando plantea que:
… el proceso de integración latinoamericana supone no solo una ruptura radical con el imperialismo –la nacionalización de la economía y la superación de todos los lazos de dependencia externa–, sino también el enfrentamiento del poder oligárquico regional que le da sustentación, e implica cambios de gran envergadura que abarquen todas las dimensiones de la sociedad –reforma agraria, reforma ur-

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bana, reforma educacional, garantías de empleo, etc. Hay, por tanto, una necesaria primacía de los condicionantes políticos, sociales y culturales, sobre los condicionantes administrativos, institucionales y económicos como resortes propulsores del proceso de integración (pp. 41-42).

Por otro lado, en el resto de los países del continente donde la izquierda no es gobierno, la misma combate contra el Estado burgués por diversas vías, algunas organizaciones combinando todas las formas de lucha, otras por vías electorales, otras por la lucha clandestina y armada. Lo cierto es que el torrente de todas estas luchas se configura con las distintas manifestaciones revolucionarias en nuestro continente (partidos políticos, organizaciones guerrilleras, movimientos sociales), las cuales no están exentas de contradicciones internas, como definir bien la disyuntiva de reforma-revolución, la construcción de una estrategia para el nuevo poder, definición de las alianzas, entre otras. Como movimientos que, no siendo gobiernos, están jugando un papel destacado en la lucha antiimperialista a nivel continental, destacamos el movimiento político y social que se encuentra en lucha en Colombia contra el terrorismo de Estado, contra la ofensiva del capital, por la construcción de la paz con justicia social. De igual forma resaltamos las luchas que están librando en Chile el movimiento estudiantil, la clase trabajadora y los mapuches. Otra lucha que también nos parece estelar es la que libran las fuerzas sociales y políticas progresistas y revolucionarias en México contra la guerra interna, las privatizaciones y en favor de los Derechos Humanos. Mención especial hacemos del combate que libra el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil contra el latifundio, contra la destrucción del medio ambiente, sin duda, este es uno de los movimientos políticos más ejemplares no sólo del continente si no del mundo, por su lucha contra la lógica del capital. En este sentido, la revolución en el continente se está adelantando, desde el gobierno y fuera de él, desde el Estado y fuera de éste. La impulsan diversos actores sociales e institucionales: movimientos sociales (sindicatos, estudiantes, mujeres, indígenas, campesinos, etc.); partidos políticos; gobiernos nacionales, regionales y locales; grupos parlamentarios; organizaciones clandestinas; organizaciones guerrille-

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ras; intelectuales. Esto no debe olvidarse, para no pensar que los cambios históricos sólo se impulsan desde el Estado y menos aun desde un gobierno. Con lo anterior queda claro que el ALBA TCP se constituye a nivel continental en la principal arma organizativa que se han dado los gobiernos populares y revolucionarios para superar la crisis del capitalismo. El ALBA TCP pasó a ser, en poco tiempo, de una retórica alternativa al neoliberalismo, a una alianza política sobre principios revolucionarios. Sin embargo, faltan por avanzar los espacios de integración de los distintos movimientos sociales, porque a pesar de que es importante la unidad de gobiernos de avanzada, también es cierto que sin una sólida unidad nacional e internacional, orgánica y programática de los trabajadores y las trabajadoras, superar la crisis del capitalismo, y más aun quebrar el metabolismo del capital, se torna una tarea imposible. Ciertamente existe un Consejo de Movimientos Sociales del ALBA TCP, pero consideramos que le hace falta mayor organicidad, mayor capacidad de coordinación de acciones que den respuestas a los retos que se le plantean a los pueblos, a los trabajadores y trabajadoras del continente. Este consejo no debería ir a la cola de los gobiernos, por el contrario, debería orientar las acciones de dichos gobiernos, si realmente estamos convencidos de que los pueblos trabajadores son el sujeto histórico. Por otro lado, es menester que los gobiernos de izquierda definan con más claridad sus proyectos estratégicos, para que logren trascender el neodesarrollismo, la redistribución progresiva del ingreso, y ciertos controles a las formas de gestión neoliberal, planteándose de esa manera un proyecto más sólido de reforma y transformación social. En este sentido, es imprescindible el desarrollo de una teoría revolucionaria adecuada para impulsar la praxis transformadora en la América Latina y el Caribe del siglo XXI (Regalado, 2012).

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VII. La Unidad Mundial de la Clase Trabajadora y el Socialismo como Alternativa

Hablando de las utopías, recordemos que no se trata de una ilusión, sino de un proyecto movilizador. Este último no puede ser una pura construcción del espíritu; debe estar enraizado en lo real, a sabiendas de que este último se inscribe en un espacio y en un tiempo que forman una red de condicionamientos para los actores sociales que lo ponen en marcha. François Houtart No podemos crear un mundo mejor a través de las formas capitalistas. Éstas son formas que han sido desarrolladas a lo largo de siglos y que son recreadas cada día como medio de reconciliación de la humanidad con su propia destrucción. John Holloway

La realidad dantesca que provoca la expansión del capital a nivel mundial nos coloca en el dilema planteado por Marx y popularizado por Rosa Luxemburgo de Socialismo o Barbarie. Es decir, frente al capital que ha mostrado su característica per se bárbara y mortal (explotadora, opresiva, alienante, fetichista) debemos oponer la construcción del Socialismo en estos nuevos tiempos, el socialismo para este siglo XXI, teniendo siempre presente las nuevas condiciones históricas y valorando en todo momento las enseñanzas (positivas y negativas) del

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pasado. Para Regalado (2009): … la izquierda latinoamericana tiene que desentrañar la nueva relación dialéctica entre reforma y revolución, encontrar los medios y métodos adecuados para emprender la transformación social revolucionaria y construir los paradigmas del socialismo latinoamericano del siglo XXI (p. 36). La izquierda, en este sentido, debe definir correctamente sus objetivos: o sujeta a la hegemonía neoliberal o construyendo una contra-hegemonía popular; o posneoliberalismo o anticapitalismo consecuente; o se plantea sustituir un sistema por otro más justo o administra un sistema en crisis. La izquierda, si quiere ser consecuente, debe plantearse la superación del capitalismo y esto sólo es posible con una revolución de carácter socialista. Si las fuerzas revolucionarias solo se plantean medidas defensivas o reformistas, renuncian a lo estratégico y condenan a los pueblos a seguir sufriendo las explotaciones y opresiones de la expansión capitalista. El socialismo es imprescindible para liberar a la humanidad de las consecuencias nefastas del capitalismo, del desenvolvimiento de la lógica del capital; no se trata de caprichos o deseos de trasnocho, es una necesidad histórica, millones de personas, culturas y ecosistemas tienen su existencia amenazada de no transformarse de forma radical y oportuna la situación presente. El socialismo es factible y necesario, porque en el seno del capitalismo se desarrollan dos tendencias complementarias y contradictorias, por un lado el poder social del trabajo está desarrollándose permanentemente, porque cada vez más sectores sociales son proletarizados o por lo menos explotados en diversas formas (la producción cada vez más es social); y por otro lado, el capitalismo no puede satisfacer las necesidades básicas de todo el conjunto de la sociedad, reproduciendo la miseria de manera constante (la apropiación de la riqueza social es cada vez más privada). Esta contradicción estructural, por un lado socava la capacidad de apropiación burguesa de los beneficios de la producción y por otro lado socava la legitimidad del orden burgués, en un contexto en el cual las masas oprimidas cuentan con una acumulación de experiencias democráticas sin precedentes en la historia. El marxista italiano Lucio Colletti (1975) afirmaba que:

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… con el capitalismo se preparan, según Marx, las condiciones de la liberación del hombre: aumento gigantesco de la productividad del trabajo (aunque sea en la forma de la “intensificación” de la explotación de la fuerza de trabajo); destrucción de los límites localistas y nacionales, y unificación del mundo (aunque sea en la forma del “mercado” mundial); socialización del hombre, o sea, su unificación con el género (aunque sea a través de la formación del proletariado industrial) (p. 197).

En este sentido, los trabajadores y las trabajadoras deben apropiarse críticamente del conocimiento de esta realidad para elevar sus niveles de conciencia, para asumir de forma organizada y combativa su papel de actores protagónicos de la revolución. La clase trabajadora debe asumir que es ella quien mueve el mundo contemporáneo. Absolutamente todo lo que vemos, todo lo que nos rodea es producto del trabajo colectivo o de la naturaleza. La clase obrera debe fortalecer su conciencia y su organización para aplicar la mejor defensa contra las oligarquías, la ofensiva revolucionaria que apuntale la construcción de una nueva hegemonía, un nuevo poder, el socialismo auténtico. Apostamos entonces por la más amplia unidad que agrupe a los trabajadores y las trabajadoras a nivel nacional, continental y mundial, ya que es la competencia entre los miembros individuales de la clase trabajadora, la que asegura y facilita que los beneficios de la producción social sean apropiados por la burguesía. Realmente es lamentable que en el momento histórico en el cual el capitalismo se ha mundializado como nunca antes, hoy en esta coyuntura de profunda crisis estructural del status quo, no exista una potente internacional obrera, como las que jugaron un papel importante en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX. En este orden, Orlando Caputo (2010) identifica que esta crisis se da en condiciones de una gran debilidad de las organizaciones sindicales y de los movimientos sociales, y sobre ellos recae fundamentalmente el peso de la crisis actual. Por esta razón, Samir Amin plantea que es menester la reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad, con el fin

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de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad e informalidad) (Cobarrubia, James, Tablada, 2009; pp. 314-315). Es por ello, que hoy se hace muy pertinente que la propuesta de constituir una Nueva Internacional no se quede en retórica o en un aparato disfuncional. Ésta debe agrupar a la mayor cantidad de organizaciones revolucionarias del mundo, para poder unir y coordinar cada vez más las luchas contra el capital. La nueva Internacional debe ser revolucionaria, debe agrupar a todas las formas de lucha que hoy se expresan contra el Imperialismo. Debe consolidar la unidad del pueblo trabajador en el mundo, organizado en partido para el socialismo, en poder para los trabajadores y las trabajadoras. Debe evitar los atajos del reformismo, que al fin y al cabo lo que hacen es correr la arruga pero no dan solución definitiva a las contradicciones inherentes al capitalismo. ¡No debe repetirse una vez más que las fuerzas revolucionarias, las insurrecciones revolucionarias y los movimientos de liberación heroicos pueden ser ahogados debido a su aislamiento nacional, a la falta de la solidaridad internacional y una contrarrevolución internacional! (ICOR, 2010). Para Samir Amin (2012) esta coordinación de luchas internacionales de los trabajadores y las trabajadoras tiene que cumplir con una tarea política muy importante, amplitud y diversidad, tal como fue de alguna forma la experiencia de la I Internacional, donde participaron diversas corrientes socialistas y diversas formas organizativas de los trabajadores y las trabajadoras:
La Quinta Internacional deberá hacer de la diversidad su ventaja. Me imagino que no puede “eliminar”, pero debe reunir: los marxistas, ellos mismos de distintas escuelas (incluso algunas pasablemente “dogmáticas”), los auténticos reformadores radicales que sin embargo prefieren hacer hincapié en los objetivos posibles más cercanos antes que sobre las perspectivas más alejadas, los teólogos de la liberación, los pensadores y militantes que se proponen inscribir los renacimientos nacionales que promueven en la perspectiva de la emancipación universal, las feministas y los ecologistas quienes también se inscriben en esta pers108

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pectiva. La condición fundamental que permite a esta reagrupación de combatientes trabajar realmente en la misma causa es la toma de conciencia lúcida del carácter imperialista del sistema existente. La 5ª Internacional no puede ser sino claramente antiimperialista. No puede satisfacerse sobre este plan de las intervenciones “humanitarias” con las que los poderes dominantes quieren substituir a la solidaridad y al apoyo de luchas de liberación de los pueblos, de las naciones y Estados de la periferia. Más allá incluso de esta reagrupación, alianzas amplias deben buscarse con todas las fuerzas y los movimientos democráticos que luchan contra las desviaciones de la farsa democrática.

En otro orden, la nueva Internacional es importante que integre en su seno, en diversos niveles de articulación, tanto a partidos políticos como organizaciones sociales. Es necesario que esta articulación se haga bajo principios democráticos que propendan a la construcción de amplios consensos por la transformación social, que globalice las resistencias y construya alternativas.
El internacionalismo se hará fuerte allá donde los movimientos políticos nacionales sean poderosos, donde las clases oprimidas conquisten el poder del estado y puedan intervenir para apoyar a sus camaradas en el extranjero. Movimientos nacionales fuertes construyen una solidaridad internacional poderosa (Petras, 2001).

De igual forma, el internacionalismo debe contemplar un programa mínimo, factible en el corto plazo, que implique e imponga con la fuerza de los sectores populares organizados, un conjunto de regulaciones al capitalismo, al respecto Houtart (2007) señala algunas propuestas de carácter internacional surgidas al calor de las luchas de los pueblos: • Regulaciones económicas: tasación de las operaciones financieras internacionales (tasa Tobin), fiscalidad regional e internacional, supresión de los paraísos fiscales, anulación de la deuda externa de los países pobres, reagrupamientos regionales bajo la forma de mercados comunes o de zonas de cooperación económica, reestructuración de las instituciones financieras, etc.
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• Regulaciones ecológicas: protección de los recursos no renovables, protección de las riquezas biológicas, establecimiento de reglas internacionales sobre la contaminación ambiental, aplicación efectiva de la Agenda 21, el Protocolo de Kyoto, etc. • Regulaciones sociales: legislación internacional del trabajo, código de conducta de las inversiones internacionales, participación de los organismos representativos de los trabajadores en las instancias regionales e internacionales, etcétera. • Regulaciones políticas: constitución de poderes regionales con competencia reguladora en materias económicas y sociales, reorganización de los órganos de la ONU, gestión mundial del patrimonio ecológico y cultural, parlamento mundial, etc. • Regulaciones culturales: protección de las producciones culturales nacionales y locales (p. 182). Sin embargo, debemos dejar claro que estas medidas tendrán una estabilidad precaria si no se avanza en la construcción de un mundo más allá del capital. Por esta razón, reafirmamos lo siguiente: al capitalismo no lo van a liquidar las crisis financieras, bancarias, industriales o de cualquier tipo, estas crisis sólo abren las posibilidades concretas para iniciar una potente movilización de las masas explotadas y oprimidas descontentas, que pueden desencadenar revoluciones. El capitalismo no se morirá de un infarto, al capitalismo hay que liquidarlo de forma consciente para sustituirlo por la nueva sociedad socialista. Para llevar a feliz término esta lucha, es imprescindible la construcción de espacios de integración internacional como el ALBA TCP, una nueva Internacional y otras iniciativas que agrupen de manera efectiva a los trabajadores y trabajadoras de los diversos pueblos del mundo. No perdamos de vista que a un sistema de carácter internacional, debemos oponerle un nuevo sistema de relaciones sociales de producción que trasciendan las fronteras nacionales, lo otro es condenarnos al aislamiento, a la derrota y al retroceso. Si la consigna del imperio es dividir para vencer, la consigna de los pueblos debe ser unidad para la victoria, para la liberación. De esta manera, en un mundo amenazado cada vez más por desastres humanitarios y naturales, donde la principal responsable es la
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mundialización del modelo de explotación capitalista, que se ha exacerbado en los últimos años bajo el influjo de la implosión de los distintos experimentos de construcción socialista en Europa Oriental y la URSS, se plantea la necesidad de construcción de una alternativa real al capitalismo, y más aun del capital como sistema metabólico social predominante. La pertinencia del socialismo en el siglo XXI parte de los agudos problemas que ha conllevado la última fase del capitalismo y de la autocrítica superadora de los errores del socialismo en el siglo XX. En este orden, la renovación y reactualización del debate sobre el socialismo, pasa por una valoración histórica crítica de las diversas experiencias concretas desarrolladas durante el siglo XX, unas fallidas y otras hoy existentes (con lo problemático y polémico que esto implica). Por otro lado, debe profundizarse el estudio de diversos autores contemporáneos, que han teorizado sobre el socialismo desde una óptica revolucionaria. De esta forma, compartimos el siguiente planteamiento de Rauber (2010):
El socialismo que se busca construir en el siglo XXI no renuncia a la recuperación crítica de los valores y aportes positivos de las experiencias socialistas del siglo XX, pero hay que buscar alternativas concretas para superar sus deficiencias en el terreno de la democracia revolucionaria, de participación social e individual, abriendo siempre las compuertas del pensamiento y la acción y creación de los pueblos, a su diversidad de cosmovisiones, identidades y propuestas (pp. 32-33).

Cuatro enseñanzas sobre los errores de las experiencias pasadas nos parecen de suma importancia estratégica: 1) El socialismo sin democracia, a largo término no puede mantenerse (Houtart 2001, p. 104). Por el contrario, el socialismo debe profundizar la democracia en todos los sentidos (en lo económico, lo político, lo cultural, etc.), Lenin decía que el socialismo es más democracia para los trabajadores y las trabajadoras, para las mayorías, por esta razón es menester la construcción de poder político cultural popular desde abajo. Marx y Engels (2009) nos explican que: Todos los
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movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría (p. 39). Para el académico Roberto Regalado (2006):
… no hay socialismo sin democracia socialista, entendida como sistema político que no copie o trasplante de la democracia burguesa, sino basado en mecanismos de participación y representación popular, capaces de conformar consensos que garanticen la unidad de pensamiento y acción en los puntos cardinales de la edificación socialista, y de retroalimentar esa unidad mediante el flujo libre y constructivo de todas las ideas y propuestas que reflejen la diversidad de intereses de los grupos humanos para cuyo beneficio se construye (p. 214).

2) El desarrollo del socialismo no debe ser contradictorio con la protección del Medio Ambiente, premisa necesaria para la existencia de la vida, por lo cual, la propuesta socialista debe ser sostenible en el tiempo, debe ser un modo de producción, reproducción y acumulación que procure equilibrios para la vida entre la sociedad y la naturaleza. El proceso de metabolismo con la naturaleza tiene que ser organizado de una manera cualitativamente diferente, asegurando el acceso de los recursos naturales esenciales a las generaciones futuras. No es solo socializar las fuerzas productivas, se trata de crear nuevas fuerzas productivas más amigables con el medio ambiente. 3) Las revoluciones actuales, deben cuidarse de construir socialismo sólo desde el Estado. Los proyectos anticapitalistas tempranos, por estar impregnados ideológicamente de modernidad burguesa, sufrieron por ello deformaciones burocráticas y autoritarias. Por lo tanto, es necesario romper con toda forma de Estadolatría, de fetichización de las instituciones y aparatos partidarios (Beinstein, 2011; Dussel, 2011). El socialismo ha sido pisoteado, tanto por los que han querido imponerlo desde arriba, como por los que lo han diluido en el mercado capitalista (Houtart, 2007; p. 221). 4) El socialismo no puede construirse de manera dogmática, copiando recetas, ni por medio de decretos o voluntarismos, la experiencia teórico112

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práctica del siglo XX nos enseña que la nueva sociedad debe constituirse tomando en consideración las condiciones históricas, étnicas y políticas de los pueblos, asumiendo la máxima leninista análisis concreto de la realidad concreta. Siendo entonces el socialismo, creación heroica tal como expresó Mariátegui. Coincidimos con López Castellano (2012) cuando señala:
Pueden existir ideologías comunes, estructuras organizativas y actores semejantes, pero habrá que hablar de los socialismos, porque necesariamente serán diferentes, independientes y parte necesaria de un sistema mundial que garantice la continuidad de la vida (p. 108).

Ahora bien, para desarrollar el tema del socialismo, deben definirse a su vez ciertos puntos: En primer lugar, el tema del socialismo debe abordarse diferenciando dos procesos distintos pero íntimamente relacionados como son: la transición hacia el socialismo y el socialismo como transición hacia la sociedad sin clases (Katz, 2006; Isa Conde, 2006). La revolución proletaria es a la vez constitución del proletariado en clase dominante y revolución que busca abolir todas las formas de sometimiento de clase, y por lo tanto, la supresión de todo Estado (Balibar, 1976; p. 25). La no distinción de estos dos momentos o procesos que deben desarrollarse simultáneamente trae como consecuencia errores graves en la táctica y la estrategia de la revolución. En segundo lugar, el socialismo es una nueva sociedad que construye la humanidad de forma consciente, es decir, no es producto de ningún determinismo o mecanicismo histórico, no es un destino manifiesto. Hombres y mujeres del pueblo pasan de ser sujetos pasivos y dirigidos a convertirse en sujetos transformadores y constructores de la historia. No hay socialismo si los pueblos no luchan por construirlo, no habrá socialismo si la clase trabajadora no asume consciente y organizadamente su construcción. Al respecto Acanda (2008) afirma lo siguiente:
Para los fundadores del marxismo, la superación de las relaciones capitalistas de producción no sería el resultado automático de transformaciones ocurridas en la economía, sino el resultado de la lucha de clases manifestada en todas las esferas de la vida social.
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A lo cual el comandante Hugo Chávez (2006) agrega lo siguiente:
El socialismo no será un estadio superior y futuro al que llegaremos (siempre lo he dicho) algún día, en el futuro, como por arte de magia. No, el socialismo tenemos que construirlo todos los días en espacios concretos, en [el] territorio, con gente de carne y hueso, en la praxis… (pp. 20-21).

En tercer lugar, deben identificarse el sujeto o los sujetos históricos que pueden acometer la tarea titánica de construcción del socialismo, ya que el problema de la revolución no es sólo un tema de vanguardias esclarecidas y liderazgos mesiánicos, sino que compete a enormes sectores de la sociedad; la Revolución Socialista no es, parafraseando a Rosa Luxemburgo, un problema de cuchillo y tenedor, sino que implica ante todo un radical (de raíz, y la raíz del hombre es el hombre mismo, nos recordará Marx) cambio de civilización, se trata de crear un nuevo modo de vida. Lo que la teoría revolucionaria definió como la Clase Obrera, junto a las demás clases y sectores trabajadores (Campesinos, Empleados, Profesionales y Técnicos, Militares Patriotas, Artistas, etc.) siguen siendo el sujeto histórico fundamental de transformación, pero además se le suman factores sociales transversales tales como: las mujeres oprimidas y doblemente explotadas por el capitalismo y el patriarcado, los jóvenes marginados por la sociedad adulto-céntrica, las minorías étnicas subordinadas a las culturas oficiales fundamentalmente prooccidentales, los defensores consecuentes del medio ambiente, los excluidos y marginados, entre otros actores sociales. En cuarto lugar, en el caso de los países periféricos debe tomarse en consideración las necesarias luchas de liberación nacional para avanzar en la construcción socialista. Al respecto Amin (2001) nos brinda la siguiente reflexión:
El rattrapage [recuperación] de los atrasos requiere siempre la implementación de políticas voluntaristas que entran en conflicto con las lógicas unilaterales de la expansión capitalista; políticas que, en función de esto, deben ser calificadas de “políticas antisistémicas de desconexión”. Este último término que he propuesto no es sinónimo de autarquía o un
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absurdo intento de “salir de la historia”. Desconectar significa someter los vínculos con el exterior a las prioridades del desarrollo interno. Por lo tanto, este concepto es antagónico al que es preconizado y que llama a “ajustarse” a las tendencias mundialmente dominantes, ya que este ajuste unilateral se traduce para los más débiles en una acentuación de su “periferización”. Desconectar significa transformarse en un agente activo que contribuye a moldear la mundialización, obligando a ésta a ajustarse a las exigencias del desarrollo propio.

Para el caso de las luchas latinoamericanas y caribeñas, el camarada Amílcar Figueroa (2011) nos brinda este aporte a la discusión:
Es evidente entonces que en la actual etapa histórica de decadencia del sistema capitalista global, cuando la humanidad no conseguirá salida con el “modo de vida imperante”, la propuesta de unidad continental de Bolívar amerita estar ligada indisolublemente a la lucha por la instauración de una sociedad post capitalista; que las tareas antiimperialistas no pueden verse separadas de las tareas socialistas y que por tanto, las burguesías no pueden acaudillar el proceso de unidad del continente, máxime luego de haberse operado el proceso de transnacionalización del capital. Sólo la unidad construida desde la perspectiva del mundo del trabajo se enfrentaría con éxito a un imperialismo que, atendiendo a las dificultades por las cuales atraviesa, se tornará cada vez más agresivo y violento (p. 13).

Este proceso descrito en la cita anterior es de suma importancia, ya que trae a colación el debate intenso que se ha dado en el seno de la izquierda en torno a las relaciones entre las luchas de liberación nacional y las luchas por el socialismo. Después de un siglo de lucha revolucionaria, está claro que no hay socialismo sin liberación nacional, pero de igual manera no es posible alcanzar la liberación nacional sin socialismo. No se trata de dos etapas, sino de dos procesos que de manera simultánea deben desarrollarse en los países dependientes. En quinto lugar, este debate debe definir y delinear algunas propuestas programáticas en los distintos planos donde se desarrolla de
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forma desigual y combinada la Lucha de Clases; el plano económico, político, cultural y moral, todos necesarios para la construcción del socialismo para este nuevo siglo. Deben definirse, un conjunto de cambios estructurales en la tecnología, la relación con la naturaleza, las relaciones sociales y las representaciones mentales (Harvey, 2010). Se trata de otro modo de producir la vida material y espiritual de la gente. El Socialismo es ante todo una asociación en que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos (Marx, Engels, 2009; p. 50). Para Callinicos (2003) la igualdad no es simplemente un principio normativo que toda sociedad socialista deba intentar poner en práctica sino un requisito funcional de esa sociedad (p. 154). El socialismo es el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad (Engels, 2006; p. 86). Al respecto, también compartimos el planteamiento del dirigente sandinista Carlos Fonseca (2009):
Las tres que podrían considerarse como características definitorias del socialismo como sistema, son: la socialización de la propiedad, el poder en manos de las clases populares y la despatriarcalización social como condiciones indispensables –aunque no suficientes– para considerar que el socialismo está instaurado (pp. 106-107).

El debate del Socialismo es por tanto complejo, ya que requiere la atención de diversos puntos de interés, por esto, la temática no debe ser abordada con una óptica unilateral y reduccionista.

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Una Nueva Política
Acá Marx resalta dos de los desafíos fundamentales de cualquier proceso revolucionario: 1. El fortalecimiento de la potencia del pueblo mediante su movilización y organización políticas; y 2. la transformación de las estructuras del Estado, para que sea un verdadero potenciador del poder popular. Juan Barreto

Entre los aspectos políticos en la construcción del socialismo, resaltaremos sintéticamente un conjunto de ellos (sin pretender abarcarlo todo, ni agotar la discusión): Toda revolución es un proceso de agudización de la Lucha de Clases, que se desarrolla simultáneamente pero con desigualdad de ritmos en el plano político, económico y cultural. La lucha de clases en las puertas del socialismo, en su clímax, es una guerra entre una clase dominante y explotadora que arrastra otros sectores privilegiados, contra las clases trabajadoras que buscan erradicar toda forma de explotación, dominación y subordinación. En un primer momento las fuerzas revolucionarias y populares deben convertirse en un Contra-Poder, y simultáneamente trabajar por conquistar el Poder del viejo Estado, para iniciar su proceso de extinción (desmontaje de la vieja burocracia y los viejos aparatos coercitivos) y transformación en uno nuevo. Debe quedar claro que la lucha de clases no desaparece bajo la construcción socialista de manera automática, lo único que hace es adoptar otras formas. Para que esta lucha cese deben desaparecer las clases, objetivo último del socialismo. Dichas fuerzas revolucionarias, que conforman al sujeto o los sujetos históricos que pueden acometer la tarea de construcción del socialismo, deben organizarse en torno a un partido o partidos políticos que expresen sus intereses de clase y sectoriales, a su vez deben estar organizadas en poderosos movimientos sociales sectoriales (femeninos, estudiantiles, juveniles, obreros, campesinos, indígenas, etc.). Se trata
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de la necesaria existencia de una vanguardia organizada no desligada de las masas, un estado mayor que dirija las acciones revolucionarias, una dirección colectiva del proceso de transformación social. Recordemos que Lenin afirmaba que la principal arma de los explotados y explotadas es la organización. En relación al tema de la vanguardia revolucionaria, Isa Conde (2012) se refiere a:
… una fuerza conductora que les imprima cohesión, sentido político y vocación de construcción de poder a los movimientos y a las luchas de las clases explotadas, sectores oprimidos, fuerzas sociales excluidas, discriminadas, pueblo empobrecido y a otros sectores sociales dominados (p. 30).

Y más adelante agrega lo siguiente:
… como se trata de una vanguardia que debe contribuir a establecer una nueva democracia, protagonizada por el pueblo, participativa, económica, política, social, multicultural, de género, multi-étnica... debe ser una vanguardia profundamente democrática, regida por una democracia interna que prefigure el nuevo régimen democrático (p. 33).

La discusión sobre la vanguardia revolucionaria debe contemplar el debate y la vigilancia de fenómenos tales como el culto a la personalidad o el caudillismo, el tema del sistema unipartidista y la identidad del partido con el Estado. Cada uno son temas polémicos que deben ser abordados de manera creativa y crítica por los movimientos revolucionarios para no repetir errores del pasado. Una vez que se conquista no solo el Gobierno sino también el Poder del Estado, es decir, que se ha iniciado el proceso de destrucción de la máquina burocrático-militar del Estado burgués, es imprescindible seguir desarrollando la Democracia Participativa Revolucionaria y la construcción del Poder Popular, proceso que debe partir de la propia lucha de los pueblos aun antes de la toma del Estado burgués. El poder popular busca fundamentalmente acercar y fusionar de nuevo la esfera social de la esfera política, lo anterior se traduce en que
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el pueblo que ha sido oprimido, asuma el poder de decisión y el poder de control en la ejecución de las decisiones o ejercicio directo de la gestión. Se trata, de acuerdo a Lenin (2009), de un proceso en el cual:
… la democracia, llevada a la práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial de represión de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho (p. 65).

En este sentido, desde un primer momento de construcción del poder popular, se debe combatir de forma especial y contundente la corrupción, el burocratismo, el nepotismo, el clientelismo, vicios peligrosos incrustados en las entrañas de la burocracia de los Estados capitalistas, responsables del desangramiento de recursos necesarios para erigir la nueva sociedad, de la desorganización y desmoralización de las masas populares. Sobre lo anterior, es pertinente esta reflexión de Guanche (2008):
La burocracia es la detentadora de esa libertad del Estado, el caballo de batalla del programa de la perpetuación –del fortalecimiento centralizado– del Estado. Aunque el Socialismo de Estado no planifique su existencia, e incluso organice cruzadas contra ella, la burocracia es su “baluarte y su ejército más firme”. Es la serpiente de las siete cabezas, la condición de su existencia.

Es recurrente que la burocracia degenere en burocratismo, ya que ella en muchos casos asume intereses propios. Sin ser una clase social propiamente dicha cuenta con intereses particulares que se oponen al colectivo. Esto explica por qué muchas veces la burocracia en vez de actuar como personal técnico al servicio de la sociedad, se convierte en un sector que actúa en función de sí mismo, convirtiéndose de esta forma en un estamento, cuyos intereses están alejados del resto de la sociedad. En otro orden, el poder popular tiene a su vez entre sus principales objetivos reconstruir la geografía interna con el fin de adaptarla a las nuevas realidades socio-políticas, en este sentido, debe desarrollar un

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plan de disminución de las asimetrías del Campo y la Ciudad, elemento que contribuye a disminuir las diferencias producidas por la División Social del Trabajo. Otro elemento importante en el caso de los países periféricos es la erradicación progresiva de los cinturones de miserias, sustituyéndolas por urbanismos acordes al desarrollo pleno del ser humano y el medio ambiente. Una profunda transformación social siempre implica una profunda transformación del espacio. Este poder popular debe garantizar en todo momento de manera eficiente los servicios básicos (Salud, Educación, Seguridad, Vivienda, etc.) necesarios para el desarrollo de la sociedad en general, ya que en la medida que se desarrolla el tránsito al Socialismo la sociedad poco a poco va aumentando sus niveles de auto-administración y autogestión de sus propios recursos. Hay que aclarar que la gratuidad (absolutamente necesaria) de estos servicios básicos no es garantía de existencia del Socialismo, porque muchos Estados capitalistas han facilitado dichos servicios, el socialismo requiere una profunda transformación de las relaciones de producción y jerárquicas de la sociedad. Por otro lado, el poder popular debe desarrollar una nueva doctrina militar que se basa fundamentalmente en el concepto del Pueblo en Armas, como máxima garantía del mantenimiento de la revolución y la protección de las conquistas sociales alcanzadas. Esto se debe a que los ejércitos profesionales son propensos a convertirse en élites y al monopolizar el poder de la violencia de una sociedad pueden en cualquier momento erigirse sobre ella. El Pueblo en Armas, como sostén de la defensa integral de la patria socialista, debe proteger a la revolución tanto de los enemigos internos, es decir, la oligarquía o gran burguesía local y todos los sectores sociales que la siguen, como de los enemigos externos, expresados fundamentalmente en los Estados imperialistas (sostenedores y sostenidos por las Corporaciones Transnacionales) y en los Estados títeres en la región. Por otro lado, la construcción del nuevo poder debe tener entre sus tareas esenciales incorporar de manera masiva a las mujeres en la actividad política, en las actividades legislativas, ejecutivas y judiciales. No se trata solamente de lograr la igualdad formal entre los géneros,

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sino la igualdad real, en el acceso de los bienes materiales y espirituales. En este sentido, deben subvertirse las estructuras de dominación patriarcal, la división interesada, entre la esfera pública y privada. Las mujeres deben convertirse en sujetos políticos transformadores, porque estamos hablando de la mitad de los miembros de la sociedad, sería hipócrita hablar de democratización de la vida de una sociedad, si esta no incorpora a las mujeres. De ahí parte la necesidad de que el socialismo sea feminista, deben corregirse esos errores históricos de la izquierda, en la cual se posponían la conquista de los derechos de las mujeres, porque estos se darían de manera “automática” con el “progreso” de la historia. El poder popular, para desarrollarse, debe estar presente en todos los ámbitos de la sociedad, en las comunidades, en los centros de trabajo, en los espacios culturales, en los centros de estudio, en los medios de comunicación, en las instituciones, en el campo y en la ciudad, es el poder de la sociedad para organizarse a sí misma, es la nueva hegemonía. El Estado socialista debe ser de nuevo tipo, porque por primera vez en la historia va a estar en favor de las grandes mayorías, debe ser flexible y abierto a la participación social para no perder su carácter provisional, recordemos que el socialismo tiene como objetivo estratégico la desaparición del Estado, como institución histórica que se encuentra sobre la sociedad, que la controla y organiza desde “arriba”. Engels (2006) nos explica que: Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad será por sí mismo superfluo (p. 82), y más adelante agrega que: El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es “abolido”; se extingue (p. 83). En este orden de ideas, para Guanche (2008):
El Estado proletario “abole” al Estado burgués, cuando encarna en formas que adoptan los explotados-representadosorganizados a través de su organización autónoma. El perfil de una revolución socialista no se define siquiera por la politización de “abajo hacia arriba”, sino por la forma en que la política es construida en términos de igualdad polí-

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tica entre los actores sociales. Su intensidad se localiza en la explosión de la asociatividad que es capaz de potenciar, integrar y articular.

Una Nueva Economía
Por otro lado, entre los aspectos económicos en la construcción del socialismo destaca lo siguiente: El desarrollo del socialismo debe partir de un proceso continuo de socialización de los medios de producción, este hecho histórico es la premisa para el reencuentro de los productores directos con los instrumentos de producción y es la base de la democracia económica entendida esta como la participación de todos en la producción social y el disfrute de todos de la riqueza socialmente producida… la socialización equivale a construir desde la organización obrera en cada instancia productiva la imposibilidad de la explotación (Guanche 2008). La socialización pasa por el ejercicio de la acción directa de la clase trabajadora en posesión de la propiedad, del control y decisión sobre la producción. Con respecto a este proceso, Engels (2006) explica que con la socialización se:
… redime los medios de producción de la condición de capital que hasta allí tenían y da a su carácter social plena libertad para imponerse. A partir de ahora es ya posible una producción social con arreglo a un plan trazado de antemano (p. 88).

Este hecho jurídico-político que transforma las relaciones sociales de propiedad legitima una transformación profunda de las relaciones sociales de producción presentes en el capitalismo, tiende a la abolición de fenómenos tales como la extracción de plusvalía, la mercantilización del hombre y la mujer, el mercado y toda forma de fetichismo mercantil, sin embargo, este es un proceso paulatino en el cual no se pueden dar saltos inconscientes, ya que estamos en presencia de instituciones históricas que no son abolidas por decreto sino que se extinguen con el surgimiento de la nueva sociedad. La distinción entre

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Capital y Capitalismo es bastante esclarecedora (Mészáros 2001) para tener presente la complejidad de la trasformación histórica que caracteriza el socialismo. En este contexto reafirmamos lo propuesto por el Comandante Hugo Chávez, sobre todo para los países periféricos: la transición al socialismo puede albergar en su seno diversas formas de propiedad (Estatal, Socialista, Cooperativa, pequeña-privada agraria e industrial, etc.) por un lapso histórico determinado, sin embargo, no debe darse cabida a los monopolios privados en el control de los sectores económicos estratégicos (recursos naturales, gestión monetaria, tecnologías modernas, entre otros). Pero en este orden de ideas, debemos hacer mención de esta aclaratoria que nos brinda Acanda (2008), para no caer en la tentación de impulsar de manera inconsciente y descontrolada un capitalismo de Estado o un socialismo con deformaciones burocráticas:
…la estatalización de la propiedad no implica la superación de las condiciones de existencia de la clase obrera, sino su perpetuación. Se extiende y perpetúa la condición del proletariado a toda la sociedad, cuando el objetivo establecido por los fundadores del marxismo no es la universalización de esa condición, sino la superación de la misma, la eliminación de todas las clases. La clase obrera es la única que quiere alcanzar el poder no para mantener y extender a toda la sociedad sus condiciones de existencia, sino para eliminarlas. Para eliminarse como clase, a la vez que elimina toda diferenciación de clases. Ello solo es posible si los sectores productivos de la sociedad establecen otra relación con los medios de producción a través de la socialización real y efectiva de la propiedad.

De igual forma, uno de los rasgos que debe caracterizar la economía socialista es que está basada en el principio de la planificación, a diferencia de la anarquía que genera el interés privado capitalista. Pero no se trata de impulsar una planificación centralizada burocrática, sino una planificación centralizada democrática, en la cual participen todos los sectores de la clase trabajadora que se embarcan en la construcción
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del socialismo. La esperanza de una alternativa viable al capitalismo reside en una economía planificada basada, no en las imposiciones verticales del centro, sino en relaciones descentralizadas y horizontales entre productores y consumidores (Callinicos, 2003; pp. 150-151). Se trata de una planificación que atiende a la satisfacción de las necesidades humanas y al respeto de las fragilidades del medio ambiente. Grosso modo esta planificación a nivel macro deberá atender las siguientes áreas: La planificación de la estructura industrial; consideraciones ambientales; la planificación de inversión y el dimensionamiento del tiempo de producción; la planificación de la forma de distribución de bienes y servicios; la planificación de la producción agrícola; entre otras áreas fundamentales.
… la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano… (Guevara, 1964).

Con respecto al tema de la sostenibilidad ambiental que deberá prever las nuevas formas de planificación de la producción social, Callinicos (2003) hace mención a un conjunto de condiciones establecidas por el investigador John Bellamy Foster:
… (1) la tasa de utilización de los recursos renovables debe deducirse hasta igualar su tasa de regeneración; (2) la tasa de utilización de los recursos no renovables no puede superar la tasa de desarrollo de recursos sostenibles alternativos; y (3) la contaminación y las destrucción de hábitats no pueden superar la “capacidad asimiladora del ambiente” (pp. 134-135).

En el caso de los países más industrializados, se habla incluso del impulso de propuestas de decrecimiento, ya que en esas economías hay un excesivo despilfarro de recursos humanos y naturales. Es así como deben combinarse diversas líneas estratégicas tales como el desarrollo de la agroecología, fuentes alternativas de energía limpia, el reciclaje a gran escala, usos de nuevos componentes quí124

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micos menos dañinos, sostenibilidad de la biodiversidad, entre otros, pero lo más importante y esencial es superar al capital, al capitalismo, porque su lógica productivista es ecodepredadora. Otro punto que debemos destacar es el siguiente: la unidad de la clase trabajadora más que una consigna es una necesidad estratégica para el triunfo de la revolución socialista, en otras palabras, la unidad de los trabajadores y las trabajadoras es la premisa histórica para la construcción de la sociedad de los productores directos libremente asociados. Sin unidad de los trabajadores y las trabajadoras en su lucha contra el capitalismo, no hay transformaciones estructurales profundas, porque la separación de los mismos genera la necesidad de mediadores sociales llámense capitalistas o burocracia estatal. En cualquier sociedad la separación y división en relaciones sociales entre los productores permite que quienes median entre los productores se apropien de la cooperación productiva (Lebowitz, 2006; p. 164). Otro elemento que es importante destacar en el período de transición en un país dependiente es la necesaria diversificación económica, o lo que algunos especialistas denominan el desarrollo vertical y horizontal del aparato productivo, que no es otra cosa que la capacidad de producir desde una zanahoria hasta un ferrocarril de alta velocidad y a su vez con un desarrollo equilibrado a lo largo y ancho de un territorio determinado. Esto es una premisa para la concreción de la Liberación Nacional y la construcción del Socialismo, la cual es la ruptura con la división internacional del trabajo impuesta por el imperialismo condenando a los pueblos dependientes a la monoproducción de materias primas para abastecer las necesidades de las naciones imperialistas industrializadas. El desarrollo diversificado de la economía es lo que permite acelerar los procesos de socialización, porque en las economías periféricas es difícil prescindir del mercado si contamos con una deficitaria producción de riqueza social, no se olvide que el Mercado en general, no solo circunscrito al capitalismo, es una institución para administrar la escasez relativa, es decir, estamos al frente de la tarea histórica de desarrollar de forma acelerada las fuerzas productivas. Nunca debemos olvidar que:

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… el mercado es un mecanismo económico que está lejos de ser indiferente a los objetivos sociales; constituye un sistema particular de relaciones sociales en mucho contrario a los valores socialistas (la competencia, el aislamiento y la “privatización” del hombre, el fetichismo de la mercancía y del dinero, la diferenciación social, etc.) y en sí mismo orgánicamente, debido a sus leyes internas, generador de capitalismo (Buzgalin, 2000).

Es así cómo progresivamente la nueva economía debe producir más valores de uso y menos mercancías. No se hará de la noche a la mañana, pero romper con el fetichismo mercantil es un requisito fundamental para la emancipación humana. Por otro lado, las nuevas relaciones económicas socialistas pasan por incorporar masivamente a las mujeres al mundo del trabajo. En las primeras etapas debe regir el principio según el cual las mujeres deben recibir igual salario por igual trabajo. Y progresivamente, deben irse socializando las labores domésticas (cocina, limpieza, entre otros) y de cuidado (crianza, atención a las y los enfermos y ancianos, entre otros), única forma para liberar a las mujeres de la doble explotación a la cual la ha condenado el capitalismo y el patriarcado. Durante la construcción socialista una de las prácticas que deben promoverse con fuerza es el ejercicio del Trabajo Voluntario, como nueva forma de concebir el esfuerzo de creación colectiva totalmente opuesto a la mercantilización, en el cual el trabajador se sienta identificado con su creación. El trabajo voluntario es una experiencia que aumenta el sentido de pertenencia de las masas hacia la Revolución, siendo a su vez una medida antiburocrática para movilizar espontáneamente las fuerzas creativas del pueblo. En fin, la construcción socialista debe pasar del principio de cada cual según sus capacidades, a cada cual según su trabajo, en una primera etapa histórica, al principio de una sociedad sin explotación, donde, de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades (Marx, 2008). El proceso de transición al Socialismo debe sentar las bases jurídicas, políticas, técnicas y socio-culturales de una economía socialista o lo que algunos denominan la economía del tra126

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bajo, entendida ésta como un sistema de producción, transformación y circulación de bienes y servicios dirigidos a satisfacer las necesidades humanas (frente a la economía capitalista que satisface necesidades de mercado y tiene ansias de ganancia), caracterizado por ser socialmente justo en sus relaciones de producción y de intercambio, económicamente eficiente en el uso de los recursos, ecológicamente sustentable y respetuosa de la diversidad cultural (papeles de trabajo de la Campaña Juvenil-Estudiantil Bolivariana por el Socialismo, 2007).

Una Nueva Cultura
El trabajo es arduo, enorme. Es transformar toda una cultura que lleva hoy un peso ancestral en sus espaldas con una importancia definitoria, y que con las nuevas tecnologías que generó el capitalismo (léase: guerra psicológico-mediática, guerra de cuarta generación, como la llamaron los estrategas militares estadounidenses) se impuso por todo el globo, y en muchos casos, haciéndose atractiva. Marcelo Colussi Pues la verdad es que las llamadas “condiciones subjetivas”, esto es, la ideología de la gente, son condiciones realmente objetivas, obstáculos efectivos y concretos con que se tropiezan los revolucionarios. Ludovico Silva

En otro orden de ideas, deben tomarse en consideración algunos aspectos culturales en la construcción del socialismo. Una de las dimensiones fundamentales que debemos transformar radicalmente es la subjetividad de los pueblos y fundamentalmente de las clases explotadas. No hay que olvidar que para diversos autores, la dominación
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capitalista la ejerce la burguesía no sólo a través de la violencia monopolizada del Estado, sino también gracias a la dominación ideológica de las conciencias (incluyendo el inconsciente; Silva, 2008). Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (MarxEngels, 1982). En este sentido, Gramsci explicaba que la sola coacción violenta era insuficiente para garantizar la dominación, por lo cual las clases dominantes también utilizaban los consensos por medio del ejercicio de su hegemonía, concepto que para el comunista italiano era predominantemente cultural (Hegemonía es = consenso acorazado de coerción). Recordemos a Bolívar: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”, a lo cual pudiésemos agregar: dominación o explotación. Es decir, además de aparatos coercitivos las burguesías ejercen su dominación por medio del uso de aparatos ideológicos, productores en gran escala de falsa conciencia, de alienación espiritual que desmoviliza los impulsos libertarios presentes en las masas explotadas y oprimidas. De acuerdo a esto, es imprescindible que las clases dominadas además de tomar el viejo Estado y destruirlo para formar uno nuevo provisional, o de socializar la propiedad de los medios de producción y el uso del excedente, deba ante todo construir una contra-cultura que se vuelva hegemónica, es decir, a la hegemonía burguesa se le debe combatir construyendo una nueva hegemonía. Que tenga como resultado la formación de un nuevo sujeto histórico, el hombre nuevo y la mujer nueva que tanto nos remachaba el Che, frente a esos paradigmas mercantiles que pretendían reconciliar planteamientos consumistas con la construcción del socialismo. No es posible avanzar en la construcción de una sociedad más allá del capital si los sectores populares no están convencidos de la pertinencia de la revolución social, si los sectores históricamente explotados no empiezan a construir nuevas relaciones sociales aquí y ahora, una nueva cultura. Acanda (2008) nos explica que:
A diferencia de las formaciones hegemónicas anteriores, la transición socialista ha de aspirar a liberar las capacidades creadoras contenidas en los grupos sociales hasta ahora
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mantenidos en la explotación y a los que se les negaba la posibilidad de constituirse como sujetos. La desaparición de los elementos enajenantes de la vieja sociedad y la construcción ininterrumpida de un sistema de relaciones emancipadoras, implican la construcción de una hegemonía de tipo inédito, que abra cauces que permitan a esos grupos construirse su propia subjetividad desalienante, para que la hegemonía pueda afianzarse. La nueva hegemonía liberadora ha de tener pues como objetivo potenciar una sociedad civil que sea escenario de la acción creadora de los sujetos que la componen.

Para acometer este difícil cambio histórico es imprescindible la Revolución Cultural, que en todo momento debe ser acompañada de la Revolución Política y la Revolución Económica, hay que decirlo de forma reiterada, todas estas transformaciones se entrecruzan e interrelacionan, en un juego dialéctico lleno de contradicciones, donde se expresa claramente la ley del desarrollo desigual y combinado, algunas veces los logros económicos pueden llevar la delantera y la conciencia social estar rezagada o viceversa, lo cierto es que ninguna de estas dimensiones debe ser descuidada ni subestimada. Recordemos, que muchos procesos retrogradaron porque, entre otros factores, no superaron diversas formas de alienación ideológica. La Revolución Cultural pasa por el combate encarnizado contra la ideología liberal, ideología propia del orden del capital que ha sido hegemónica a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. En este sentido, debe impulsarse la transformación de la moralidad burguesa de la sociedad, entendida esta como el conjunto de usos y costumbres que regulan la vida colectiva de los seres humanos en el marco del capitalismo. Por esto, son imprescindibles cambios en el accionar de la familia, el sistema educativo, los medios de comunicación y la sociedad en general. Entre los cambios morales que debe registrar la sociedad socialista se encuentra el modificar el marco axiológico que orienta la praxis social en general. Al individualismo, el egocentrismo y la competitividad exacerbada que promueve el liberalismo, deben oponerse valores que reivindiquen la solidaridad, la cooperación, la inclusión y el respeto a la dignidad del Otro.
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Para Carlo Frabetti (2008):
A la vieja moral cristiano-burguesa adoptada (y adaptada) por el capitalismo, basada en la sumisión, la esperanza en otra vida y la aceptación de la jerarquía social, el marxismo opone una nueva moral basada en la solidaridad, la resistencia, el cuestionamiento de lo establecido, la confianza en las propias fuerzas, la decisión de cambiar la sociedad.

Lo anterior implica que debe promoverse una concepción materialista-humanista que trascienda todo idealismo abstracto, todo fetichismo que frene las aspiraciones emancipatorias. A la moral sumisa debe oponerse el desarrollo de una moral crítica y transformadora, que rompa el miedo mitológico a la autoridad, a las estructuras jerárquicas opresivas. Por otro lado, la sociedad socialista debe potenciar la igualdad y equidad de género, la participación y respeto a las mujeres en todos los ámbitos, el Socialismo con patriarcado es un proyecto incompleto. Por lo tanto, la misoginia, el lenguaje sexista, la publicidad sexista, las distintas formas de violencia simbólica contra las mujeres, es decir, las diversas expresiones ideológicas machistas justificadoras del orden patriarcal, deben ser superadas por nuevas relaciones sociales, por nuevas formas de conciencia social. De acuerdo a lo anterior, para Carosio (2011), el socialismo feminista:
… perfila una sociedad en la cual no haya más categorías sociales definidas por el sexo; esto es, que nadie pueda ser incorporado o excluido, que nadie sea sometido a sistema alguno de clasificación vital por su sexo, que este no sea más impedimento o privilegio, que nadie esté obligado a pensar, a sentir, a hacer, o a dejar de hacer, en una palabra a vivir, de forma estereotipada por ser mujer o por ser hombre (p. 92).

En la sociedad socialista no debe haber ningún signo de discriminación por el origen étnico, racial, la orientación sexual, por discapacidad física, entre otros. Las discriminaciones y clasificaciones son formas de cómo el orden del capital jerarquiza la sociedad y administra diversas

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formas de opresión, por lo tanto, las luchas contra el racismo, el patriarcado, son también parte de las luchas por la emancipación social. Tal como plantea Houtart (Cobarrubia, James, Tablada, 2009), la nueva sociedad debe reconocer la multiculturalidad:
… con el fin de darle posibilidad a todos los saberes, a todas las culturas, a todas las tradiciones filosóficas y religiosas de participar en la definición del Bien común de la humanidad y en la elaboración de su ética (p. XI).

El socialismo no debe imponer el Pensamiento Único, no debe cometer actos etnocidas, en todo caso dando prioridad a los derechos humanos, debe respetar las diversas expresiones culturales que no atenten contra la vida de las personas. Imponer la occidentalización es un proyecto ajeno a la liberación de los pueblos oprimidos, obviamente, sin caer tampoco en desviaciones autárquicas. Otro aspecto imprescindible en la revolución cultural es la transformación profunda del sistema educativo (sus contenidos curriculares, filosóficos, epistemológicos, unir el estudio y el trabajo, etc.), y la democratización plena al acceso a todos los niveles educativos, desde la educación inicial hasta la educación universitaria. Esto a su vez debe venir acompañado de un acceso democrático al aprendizaje de las ciencias y las artes. Solo así se logra una independencia plena del espíritu, y se construye al ser humano plenamente desarrollado, un ser humano que vaya superando la división del trabajo intelectual y manual. En este sentido, el revolucionario vasco Iñaki Gil de San Vicente (2010) afirma que es necesario construir una nueva pedagogía, la cual tenga las siguientes características:
Primero: una pedagogía basada en la comunidad, en lo común y lo colectivo, lo horizontal, abierto y consejista, que muestre lo inhumano en todos los sentidos de la propiedad privada de las fuerzas productivas, de las grandes fábricas y bancos, de las extensas tierras, de lo vertical, cerrado y burocrático, etc. Segundo, una pedagogía que no anule las diferencias enriquecedoras y las aportaciones de la creatividad individual, sino que las potencie desde una perspectiva

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opuesta al egoísta individualismo burgués y que, por tanto, no quede encadenada a las modas de consumo ideológico individualista que lanza la industria burguesa al mercado de la alienación de masas. Tercero, una pedagogía que contextualice, enmarque y explique históricamente las causas y el devenir de los problemas sociales, de la explotación, de las luchas en su pasado y su presente, enseñando una realidad ausente en la “comunicación” burguesa pero sin la cual no se comprende nada de lo que sucede en el presente y de lo que puede suceder en el futuro. Cuarto, una pedagogía que busque el debate colectivo, la reflexión abierta y amplia basada en el contraste riguroso de las interpretaciones de los hechos históricos, que no admite el secretismo burocráticoestatal ni empresarial, que rechace el secreto de Estado y que imponga la transparencia de y en la vida socioeconómica. Y quinto, una pedagogía que acabe con la pasiva y miedosa obediencia fetichista al poder caprichoso de dios-dinero facilitando la (re)construcción de la independencia creativa humana dentro de la colectividad social que le encuadra, de modo que el libre desarrollo de cada cual sea el requisito para el libre desarrollo de toda la comunidad.

Finalmente, en la actual era de la información, es imprescindible la socialización de la propiedad de los medios de comunicación, ya que es una falacia la afirmación de que los medios de comunicación privados actuales reflejan la opinión pública, los mass media, por el contrario, son los que prefiguran la opinión pública. Frente a esto, la sociedad en general debe tener acceso al uso y disfrute de los medios de comunicación como medida para erradicar la enajenación cultural. Las fuerzas revolucionarias han insistido en la construcción de sus propios aparatos ideológicos y específicamente sus propios medios de comunicación, para vencer en la lucha de clases cultural-ideológica, para construir una nueva hegemonía. Así como Althusser (1974) distinguía unos aparatos ideológicos de Estado, que no formaban parte de la institucionalidad estatal en sentido estricto, también podemos hablar de la necesidad de construir unos aparatos ideológicos del Poder Popular, que no sean estrictamente partidarios o
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estatales, pero que sí estén a tono con las aspiraciones de las clases explotadas en sus luchas por el socialismo y contra el imperialismo. La lógica fetichista y embrutecedora de los grandes monopolios privados mediáticos, es decir, toda forma de terrorismo mediático, se erradicará cuando los pueblos, los trabajadores y las trabajadoras, se adueñen de la propiedad de los medios de comunicación, solo así estos responderán a los intereses colectivos y pasarán de ser herramientas para la opresión a constituirse en instrumentos para la liberación, la emancipación plena de la Humanidad. Ahora bien, aun cuando hemos delineado algunos rasgos que deberán tomarse en consideración en el proceso de erigir la nueva sociedad socialista, lo cierto es que estos rasgos y caracteres vendrán dadas las circunstancias históricas concretas, dadas las formas en que se construirá el nuevo poder. Por esto compartimos el planteamiento de Regalado (2006), para quien:
No basta con afirmar el compromiso de construir un proyecto socialista que, además de erradicar la dominación y la explotación clasista, se caracterice por la sustentabilidad ecológica, el enfoque de género, el respeto a la preferencia sexual de cada ser humano, el aprovechamiento de la diversidad cultural de todos los pueblos y otros problemas teóricos y prácticos incorporados al marxismo contemporáneo. No basta porque el cumplimiento de los objetivos de la construcción socialista, tanto los objetivos considerados “clásicos” como los recientemente asumidos, está determinado por dónde, cuándo, cómo y en qué condiciones se produzca la conquista del poder político, factor que constituye su premisa indispensable. Esas son interrogantes aun no resueltas en las condiciones del mundo unipolar (pp. 214-215).

Finalmente, concluimos este ensayo con dos reflexiones de los fundadores del socialismo científico:
…la revolución no solo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la
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clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases (Marx, Engels, 1982; p. 78).

En la construcción socialista:
… se da de un modo efectivo, la posibilidad de asegurar a todos los miembros de la sociedad, por medio de un sistema de producción social, una existencia que, además de satisfacer plenamente y cada día con mayor holgura sus necesidades materiales, les garantiza el libre y completo desarrollo y ejercicio de sus capacidades físicas y espirituales (Engels, 2006; p. 85).

En fin, la discusión sobre el Socialismo debe seguirse profundizando, pero debe tenerse cuidado con la charlatanería socialdemócrata y utopista porque puede desviar la atención de los más agudos problemas que debe resolver la Humanidad para salir del bárbaro mundo donde impera la lógica del capital.

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