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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

La Vida Más Allá


de la Sepultura

Ramatís y Atanagildo
Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

EDITORIAL KIER S. A.
Av. Santa Fe 1260 - Buenos Aires
Título original de! portugués A VIDA ALEM DA SEPULTURA
1a edición argentina. Editorial Kier, S.A. Buenos Aires 1966
2a edición argentina. Editorial Kier, S A. Buenos Aires 1971
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 © 1971, by Editorial Kier, S.A. Buenos Aires
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
Tapa BALDESSARI
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

A mi esposa Lola, a mis hijos Zelia, Mauro y Yara,


cuyos sentimientos sellaron nuestra comunión
espiritual en esta existencia, ayudándome a
realizar esta sencilla tarea en el seno del
hogar amigo, saturado de paz benefactora.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

EXPLICACIONES

Estimado lector:

Cumplo con la tarea inicial de aclararos lo concerniente a la confección de este libro, que difiere
un poco de las obras anteriormente dictadas por Ramatís, ya sea por el motivo de relacionarse
particularmente con la vida de los espíritus desencarnados, del mundo astral, o por el hecho de
intervenir otro espíritu, que también se encuentra perfectamente encuadrado en el plano general de la
obra.
Ese espíritu se llama Atanagildo, y conforme a la promesa hecha anteriormente por el propio
Ramatís, no sólo participó en esta obra, relatando minuciosamente los fenómenos ocurridos durante
su desencarnación, en su última existencia física, en Brasil, sino que también se colocó a nuestra
disposición, a fin de responder a todas las preguntas útiles que tuvieran relación con su vida en el
Más Allá.
Mientras tanto, Ramatís es el idealizador y coordinador v también el responsable de este libro.
Hace tiempo que le habíamos pedido que nos dictase algún trabajo descriptivo, sobre los fenómenos
que generalmente se verifican al producirse la llamada desencarnación de los terrestres, y asimismo
nos relatase algunos acontecimientos peculiares a la vida de los espíritus en el mundo astral.
Aunque ya existan muchas obras de este género, recibidas por sensitivos de excelente capacidad
mediúmnica y elevado criterio moral, conviene recordar que cada espíritu significa siempre un mundo
de pruebas completamente diferente al de otro ser espiritual, por ese motivo, juzgué de interés e
importancia que a través de mi sencilla mediumnidad se pudiese conocer algún aspecto más sobre
este asunto.
Al principio pensábamos que Ramatís nos relataría las impresiones y acontecimientos que
acompañaron la desencarnación, de su última existencia en la Indochina; mientras tanto, más ade-
lante, comprendimos que eso era impropio y de poco provecho para nosotros, por tratarse de un
espíritu que no vive habitual-mente en colonia alguna que esté situada en el astral de Brasil, y porque
su proceso desencarnatorio, ocurrido hace casi mil años, en Oriente, no nos ofrecería un asunto
apropiado a nuestras costumbres y reflexiones occidentales.
Ramatís actúa al mismo tiempo en varios sectores del ambiente astral, y su desapego a las
ideologías o agrupaciones aislacionistas, religiosas o filosóficas, no sólo lo coloca en el seno de los
más variados movimientos ascensionales de los espíritus desencarnados, sino que aun le favorece el
contacto afectivo que realiza, durante sus actividades espirituales, con el planeta Marte. Considera
inoportuna la idea de rememorar los detalles de su lejana desencarnación, ocurrida en la Indochina, a
la vez que no reviste situaciones dogmáticas o dignas de mención para nuestras indagaciones. Se
excusó de esa tarea, pero nos prometió presentarnos oportunamente a otro espíritu amigo,
desencarnado en Brasil, para que nos describiera lo que deseáramos y que fuera también bastante
capacitado para narrarnos algunos acontecimientos importantes registrados en su morada astral.
Ramatís, mientras tanto, nos propuso la cooperación máxima en la obra, a la vez que asumiría la
responsabilidad por los comentarios que le fuesen solicitados con referencia al asunto expuesto por la
otra entidad. Pasado un tiempo, se nos presentó la oportunidad y recibimos la visita de Atanagildo,
espíritu íntimamente ligado al grupo dirigido por Ramatís, del cual fue su discípulo algunas veces,
principalmente en Grecia, en donde también vivieron algunos de los hermanos que actualmente han
cooperado en la revisión y divulgación de estas obras.
En su última encarnación, Atanagildo habitó en Brasil en una región que prefiere guardar en el
anonimato, a fin de evitar cualquier indiscreción alrededor de su familia terrena.
Conforme el lector podrá observar, el texto de esta obra fue elaborado en la misma forma de las
obras anteriores, es decir que los asuntos se desdoblan por efecto de la secuencia de las propias
preguntas. La forma arbitraria de formular preguntas rápidas, después de una duda o por el interés
de ampliar la respuesta anterior, aunque favorezca al lector, nos perjudica con respecto a la
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

organización clara de los capítulos, pues la mayor partes de las preguntas provoca el retorno a los
asuntos ya enfocados, obligando al espíritu manifestante a dar nuevas explicaciones. Ese sistema,
que adoptamos para nuestras tareas espirituales y también para la composición de estas obras, fue
aprobado por el espíritu de Ramatís, que consideró el sistema de preguntas y respuestas como el
medio más accesible a los lectores y, a su vez, causa menos cansancio en la prosecución de la
lectura.
Después que Ramatís nos dice cuál es el asunto principal de la obra que nos va a dictar,
organizamos un cuestionario de las preguntas que nos parecen de mayor importancia, dentro del
tema general; después preparamos las preguntas que deben dar comienzo a los capítulos previstos
en la obra, las cuales se completan gradualmente con nuevas preguntas destinadas a aclarar las
dudas, las que son hechas intercaladamente al espíritu comunicante. Mientras tanto, la mayoría de
las preguntas accesorias son hechas por el propio médium, que ya está habituado a ese proceso
familiar e interesante, en donde los comunicantes no sólo le responden a las preguntas previamente
preparadas, sino que aun le aclaran las dudas que probablemente podrán tener los lectores de la
obra. De ahí que inspiran al médium para que haga las preguntas suplementarias, así quedan
disipadas las dudas planteadas.
Atanagildo, al iniciar esta obra con la narración de su última desencarnación terrena, nos
favoreció muchísimo, pues la descripción de su muerte nos dio motivos para que le formulásemos
interesantes preguntas a Él y a Ramatís. Creemos que en esta obra el lector conseguirá distinguir con
facilidad el estilo de Atanagildo, unas veces en tono de sorpresa, otras rodeado de cierto humorismo,
difiriendo en relación a la argumentación filosófica y el poder de síntesis propio de Ramatís.
No hay que olvidar tampoco que yo no soy un médium sonambúlico sino perfectamente
consciente de lo que me pasa por el cerebro durante el trabajo de recepción mediúmnica, debiendo
vestir con la palabra el pensamiento de los comunicantes, cosa que no siempre consigo realizar con
éxito, para lograr una perfecta identificación de las personalidades, y asimismo se me escapan
ciertas sutilezas inherentes a la psicología espiritual de cada comunicante.
En virtud de que ambos espíritus trabajan íntimamente ligados para la confección de esta obra,
innumerables veces verifiqué que algunas respuestas eran dadas por Atanagildo, a la vez que me
fluían a la mente innumerables consideraciones y comparaciones filosóficas que ampliaban y
explicaban detalladamente las respuestas, en donde se observa perfectamente la intromisión de
Ramatís, al que identificaba friccionándome a la altura del cerebelo. Luego pude comprobar mejor
que el trabajo era ejecutado en conexión de ambos espíritus, pues delante de cualquier vacilación y
demora en la respuesta de Atanagildo, característica por su exposición más descriptiva, comprobaba
la inmediata interferencia de Ramatís, que explicaba mejor el asunto a través de su forma peculiar,
con la cual ya estamos bastante familiarizados. A pesar de eso, las respuestas de Ramatís quedaban
siempre como si fueran de Atanagildo, a quien cabía el mérito de todo. Ese fenómeno constituyó para
mí un beneficioso aprendizaje, porque pude comprobar la rapidez y la seguridad del raciocinio de
Ramatís, al comparar sus respuestas con el demorado y a veces dificultoso modo con que Atanagildo
llegaba a sus conclusiones. Mientras tanto, es el contenido espiritual de la obra el que realmente
debe ser considerado de mayor importancia para el lector. Debe agradecer la preocupación por parte
de los espíritus comunicantes al transmitirle un mensaje de aclaraciones, esperanza y advertencia
cristiana, ayudándonos para que nos preparemos un destino mejor después de nuestra
desencarnación.
Atanagildo es afecto a la misma índole universalista de su mentor y amigo. Se ligó a Ramatís
desde mucho antes del éxodo de los hebreos en Egipto, habiéndolo acompañado en varias exis-
tencias y aprendiendo de Él los conocimientos y la técnica espiritual de servicio en el Más Allá. En su
última encarnación, en Brasil, era devoto a los trabajos espiritualistas, había participado en algunos
movimientos esotéricos y espiritistas, en donde exponía siempre la trayectoria de su espíritu y la
dedicación al socorro del prójimo, pero sin dejarse dominar por exclusivismos o segregaciones
asociativas. Se reveló siempre como una criatura jubilosa y en el esfuerzo por servir en los
experimentos y doctrinas ajenos a todos los que trabajaban devotamente para el bien del espíritu
humano.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Desde los primeros contactos que tuvimos con su espíritu, se nos reveló jovial y a veces jocoso
en sus apreciaciones sobre los dogmas religiosos ya envejecidos, siendo de notar el sentido cons-
tructivo de sus respuestas, las cuales están exceptuadas de dramaticidad y recogimiento espirituales.
Además de su propensión liberal, nunca tuvo exigencias de orden personal, ni pretendió trazar
fórmulas para nuestros trabajos, evitando entorpecimientos en las indagaciones que le hicimos. Su
modo ecléctico es común a todos los discípulos, admiradores y a la mayoría de los lectores de
Ramatís, que en número de algunos millares permanecieron mayor espacio de tiempo reencarnados
en Oriente, bajo la visión protectora de la "Fraternidad del Triángulo".
No tenemos dudas de que esa modalidad ecléctica puede sufrir censuras por parte de algunos
espiritualistas muy severos, que alegarán que la mezcla siempre sacrifica la cualidad iniciática de
cada doctrina o credo. Sin embargo, no se trata de contrariar las ideas de cada sistema doctrinario
religioso. El espíritu de esa "mezcla" supera los celos en materia de religión o de espiritualidad,
manteniéndose dentro de sus expresiones elevadas de amor, respeto y tolerancia, que en esencia
son las bases elevadas de todas las doctrinas y religiones que trabajan por el bien humano.
Indudablemente, demostraríamos una profunda falta de comprensión si censuráramos a nuestros
hermanos por el hecho de no adherirse incondicionalmente al círculo de aquello que nosotros
gustamos y amamos con exclusividad.
Es muy probable que, en virtud de la franqueza, sin graduaciones psicológicas, con que
Atanagildo hace sus revelaciones sobre el mundo astral o que a su fantasía religiosa, pueda con-
trariar algunas concepciones restringidas del lector. Mientras tanto, es mucho mejor que Él nos relate
aquello que pueda ser negado por nosotros, que esperar las informaciones que nos ayuden a
descubrir el misterio del Más Allá de la tumba. Nos cabe alabar el esfuerzo de los espíritus
bienintencionados que intentan por todos los medios y formas describirnos el panorama astral que
habitan, deseosos que regulemos la brújula humana hacia el norte de la seguridad espiritual.
Atanagildo recomienda, en ciertas respuestas, que aceptemos sus comunicaciones como una
consecuencia de su experiencia personal, antes que darles forma de postulados doctrinarios defini-
tivos, considerando que otros espíritus superiores pueden describirnos los mismos hechos bajo
perspectivas diferentes y más lógicas, tal vez de mayor comprensión para nuestra actual psicología.
Afirma que está desligado de toda preocupación doctrinaria y pide que lo interpreten como un simple
informante de acontecimientos vislumbrados en el Espacio, sin pretensión de abrir debates sobre
aquello que nos puede parecer inverosímil o que podemos considerar fantasías de una fértil
imaginación.
Cuando Atanagildo se refirió a la expedición que realizó en son de aprendizaje en las regiones del
astral inferior, se hizo difícil admitir las descripciones de ciertos cuadros tenebrosos, porque parecían
contrariar toda lógica y sensatez, en el plano aun verdadero de los desencarnados. Sin embargo, a
través de mi desprendimiento espiritual, que sucede durante las noches de sueño favorable y de poca
alimentación, me fui facultando para presenciar ciertos hechos y escenas tan horribles, que me daba
la sensación de tener un cerebro excesivamente mórbido intentando plagiar los relatos de Dante en
su visita al Infierno.
A nosotros nos cuesta creer en esas descripciones tan escalofriantes porque aún estamos
fuertemente adaptados a las fantasías de los dogmas religiosos, que a través de los siglos pasados, y
aun en la actual existencia, ejercieron y ejercen una presión esclavizante sobre nuestro raciocinio
inmaduro. Casi todos nosotros hemos vivido en contacto demorado con las instituciones sacerdotales
del pasado; confiábamos en un cielo administrado por ángeles y un infierno exclusivamente dirigido
por los diablos. Sufrimos desencantos al verificar que en el astral inferior son los hombres los que
mantienen el infierno, y lo que es peor aún, lo hicieron más patético en relación al tradicional
escenario impuesto por la religión. El acontecimiento se vuelve más grave aun para nuestras
concepciones más avanzadas, porque se termina también la vieja idea espiritualista de que después
de la muerte deberíamos vivir sumergidos en un estado íntimo de completa introspección espiritual,
gozando en un cielo o en un infierno adaptado a nuestras mentes de desencarnados. Por eso
conviene repetir lo que otros espíritus manifestaron anteriormente con mucha sabiduría: "La muerte
del cuerpo es apenas el cambio de lugar por parte del espíritu".
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Conforme ya hemos explicado, Atanagildo es un espíritu que vivió varias veces en Grecia, y no
estamos autorizados a dar detalles de su pasado, pero está influenciado por las encarnaciones
griegas, de las cuales sabemos que la más importante fue entre los años 411 y 384 antes de Cristo.
En esa época se encontraban en ebullición los principios y tesis manifestados por Sócrates,
Platón, Diógenes, y más adelante cultivados por Antístenes, en cuya época también vivía Ramatís
bajo la figura de un conocido mentor helénico, que enseñaba entre discípulos ligados por una gran
afinidad espiritual. He aquí el por qué al lector no le han de extrañar cierto humorismo y dichos
satíricos por parte de Atanagildo, en alguna de sus respuestas, lo que podría considerarse como
cierta irrespetuosidad hacia algunos credos dogmáticos, cuando eso es aún el producto psicológico
de la vieja irreverencia de los griegos de su época, acostumbrados a ironizar a las instituciones
demasiado sensatas y dramáticas. Cuando se refiere al infierno y a los perjuicios ocasionados por la
estrechez religiosa oficial, intercalados en sus respuestas hacia ciertas conclusiones de tono
humorístico, no lo hace con finalidad graciosa y espontánea, sino para agudizar en el lector su interés
y raciocinio sobre la procedencia y el ridículo que se oculta en ciertas ideas y prácticas absolutas e
impropias, con respecto a nuestra evolución mental en el siglo XX.
A nuestro modo de pensar, basta a veces la emisión de un concepto divertido, pero inteligente,
para que ocasione el misterioso "estallido" que elimina de nuestro cerebro el polvo dejado por los
dogmas, tradiciones y principios anacrónicos que nos asfixian y reducen la libertad de pensar.
A consecuencia de haber recibido muchísimas cartas solicitando aclaraciones del modo en que
Ramatís se comunica y, a su vez, sobre mi desenvolvimiento mediúmnico, expongo algunos nuevos
detalles que me parecen de utilidad para el lector.
A fin de lograr mayor éxito e influencia comunicativa con Ramatís, procuro siempre elevarme en
intensidad posible hacia una alta frecuencia vibratoria de naturaleza psíquica no común, para poder
alcanzar el plano mental o "plano búdico", como lo llaman los de Oriente, en donde la conciencia de
mi mentor actúa con toda facilidad. Consideraría una falta de sinceridad hacia el lector si le afirmara
que no recuerdo aquello que me transmitió Ramatís, pues quedo consciente en medio del torrente
inspirativo que me fluye del cerebro durante la recepción mediúmnica. El mecanismo de ese
fenómeno se produce, más o menos, de acuerdo con los conocimientos que al respecto expone
Pietro Ubaldi en su obra Las Noures, cuando ese renombrado espiritualista confiesa que escribe de
modo poco usual luego de relacionarse con una conciencia superior, la llama "Su Voz". La diferencia
particular, en este caso, es que Ramatís se me presenta con rica vestimenta indochina y se identifica
personalmente a través de su inolvidable mirar, y su fisonomía joven, llena de bondad y júbilo,
mientras que Pietro Ubaldi considera su caso como un fenómeno de "ultrafania" y alude a la
recepción de las "corrientes de los pensamientos que circundan el ambiente humano e intervienen,
activas y dinámicas, para guiar e iluminar" (Las Noures, Pág. 37, Edición Lake).
Por otro lado, lo que sucede conmigo difiere un poco de la mediumnidad común, porque, en lugar
de sufrir una actuación impuesta por la voluntad imperiosa del comunicante, me veo inducido a
sintonizarme con la esfera mental del mismo espíritu y participar activamente del intercambio de las
ideas en situación. Entonces quedo en la modesta condición de un mensajero que, después de haber
oído las instrucciones verbales, debe transmitirlas con la pobreza de su lenguaje y la precariedad de
su entendimiento.
El fenómeno, a través de mi mediumnidad, consigue el éxito deseado gracias a la facultad
psicométrica que algo he desarrollado y que permite mantener el cerebro en actividad simultánea y
consciente en el cerebro de mi propio periespíritu, de cuya sintonización resultan las evocaciones de
los cuadros que entreveo en el astral. De este modo, y con la ayuda de Ramatís, puedo abarcar
directamente algunos fenómenos del Más Allá, y luego, esas identificaciones me ayudan en la
psicografía y en la composición más nítida de estas obras.
Atendiendo al consejo de Ramatís y para la mayor eficiencia de mi trabajo, evité siempre
esclavizarme a fórmulas, rituales o adaptaciones psicológicas que pudiesen ayudarse para la recep-
ción mediúmnica, ni sujetarse a las influencias o condiciones exteriores. Así consigo trabajar con
bastante éxito, pues logro armonizarme con la conciencia espiritual de Ramatís, librándome de
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sugestiones ajenas. Me sirve tanto el ambiente calmo como el ruidoso; tanto el efecto sedante de la
música selectiva para el alma, como el ritmo regional de las melodías populares; recibo los mensajes
en medio de las corrientes mediúmnicas simpáticas, así como alejado de ellas, consiguiendo también
grafiar el pensamiento de mi orientador, en medio de las personas preocupadas por asuntos
comunes. Debido a ese esfuerzo hercúleo para aislarme del medio, hago propicias las condiciones
espirituales y eludo los recursos extemporáneos, así que puedo recibir a Ramatís entre las
actividades del hogar, junto a mis familiares, mientras ellos prosiguen en sus ocupaciones de rutina.
Puedo escribir durante la mañana, por la noche o la madrugada, ajeno por completo a los rigores del
invierno o del verano; en las noches de luna o las tormentosas, en días apropiados para los
fenómenos psíquicos y aun en aquellos que los más experimentados aconsejan no dedicarse.
Me sometí a su heroica disciplina en el sentido de encontrarme siempre dispuesto para cuando la
voluntad superior me indicase el servicio a realizar; procuré superar siempre las vicisitudes naturales
de la vida humana y me sobrepuse a las complejidades sentimentales del mundo, objetivando sólo el
propósito de vibrar intensamente en espíritu, a fin de poder efectuar mejor el perfecto enlace con la
amplia conciencia de Ramatís.
El éxito de mediumnidad, evidentemente, no puede ser fruto de un pase mágico o de una
eclosión milagrosa; exige cariñoso tratamiento, mucha disciplina, superación de las influencias del
medio y absoluta renuncia a los intereses personales. Además de la conducta moral y exigida a todo
médium bienintencionado, el estudio se revela como uno de los factores más importantes, para
alcanzar el éxito en las realizaciones mediúmnicas, así como un instrumento musical bien afinado
representa la mitad del éxito, del ejecutante.
Al encontrarnos en un planeta tan heterogéneo como es la Tierra en la cual vivimos ligados a
tantas vicisitudes, tropelías, ruidos, decepciones, desajustes y conflictos emotivos, no se puede ,
servir bien a lo alto con sólo un progreso calculado para los momentos especiales, como nos sería
dificilísimo aliar lo "útil" de la espiritualidad con lo "agradable" de los placeres humanos. No debemos
olvidar que Jesús no se dejó condicionar por lo favorable del medio para salvar a la humanidad
terráquea, sino que se alió en espíritu a las esferas del padrón espiritual superior y ejerció su
mandato alejado de cualquier limitación exterior. El médium que se vuelve tolerante, desinteresado y
afectuoso, y también respetuoso para todas las convicciones religiosas y filosóficas de sus hermanos
terrenos, sin duda se vuelve el intermediario de mayor autoridad del planeta, como lo fue Jesús, que
dirigió sus mensajes a todos los hombres, sin distinción de creencias o modos de pensar.
Llegando al término de estas explicaciones, que son indispensables como prólogo de esta obra,
recuerdo a los lectores que Ramatís y Atanagildo no se entregaron a un relato aventurero y sin
finalidad constructiva a través del presente trabajo, sin intentar demostrar cuánta compensación
realiza en su favor aquel que realmente sigue los pasos de Jesús, en lugar de aferrarse a las
impurezas astrales, viviendo exclusivamente en función de "puerta amplia" de las conquistas fáciles
por la ilusión de los placeres materiales.
Pido a Jesús que inspire a todos en la lectura del trabajo que hemos efectuado, con el sentido de
contribuir con nuestra "copa de agua" para aplacar a aquellos que tienen sed de conocimientos de la
Vida del Más Allá y aumentar el ánimo y la esperanza de aquellos que se atemorizan delante de la
muerte del cuerpo y dudan de la magnanimidad de nuestro Padre Celestial. ¡Ojalá puedan estos
mensajes mediúmnicos beneficiar a los corazones abatidos por la inseguridad del día de mañana!

HERCILIO MAES
Curitiba, 27 de octubre de 1957.

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PREFACIO DE RAMATÍS

Estimados lectores.

Paz y Amor.

Al presentaros al hermano Atanagildo, quien desea transmitiros sus impresiones recogidas en el


tránsito común de la vida física y espiritual, con respecto al plano educativo, que es la Tierra y el
panorama que la circunda, reconocemos que otros espíritus, en forma eficiente, os transmitieron sus
experiencias realizadas en el Más Allá. Mientras tanto, os recordamos que cualquier esfuerzo nuevo y
bienintencionado en ese sentido siempre contiene lecciones de utilidad común.
El torbellino de vida, aún ignorado por la mayoría de los habitantes de vuestro mundo, que palpita
en las esferas ocultas a la visión de los ojos del cuerpo, requiere que se divulguen las experiencias de
los espíritus desencarnados, para que sirvan de derrotero y estímulo a los que siguen en la
retaguardia. De la misma forma, es conveniente que se registren los dolores, las decepciones y las
desilusiones de las almas imprudentes, para que esos hechos sirvan de advertencia severa a los
incautos y despiertan a los que aún subestiman la pedagogía espiritual, a través de los mundos
materiales.
Es conveniente saber que el éxito espiritual reside, por encima de todo, en el buen
aprovechamiento de las lecciones vividas en «ambas regiones, o sea en el mundo astral y en la
superficie física de la Tierra. Es obvio que ese mayor o menor aprovechamiento del espíritu varía de
acuerdo con los innumerables factores que imperan en el seno de cada alma en educación.
Consecuentemente, en cada experiencia vivida, avalada y descrita por su propio agente espiritual,
existen situaciones, enseñanzas y soluciones desconocidas, que bien podrían servir de orientación y
activación para el término del curso de nuestra ascensión espiritual.
Considerando que después de la liberación del cuerpo carnal el alma está obligada a ir al
encuentro de sí misma y vivir el contenido de su propia conciencia inmortal, dependiendo de su modo
de vida, inmaculada o corrupta en la Tierra, con sus goces inefables o los padecimientos infernales,
creemos que los relatos mediúmnicos hechos por el hermano Atanagildo se volverán beneficiosos
para muchos lectores, que así podrán conocer mejor el fenómeno de la muerte carnal y algunos de
los hechos ocurridos en el mundo astral, a través de la experiencia personal citada por más de un
espíritu amigo.
El espíritu verdaderamente sabio no se aparta del entrenamiento de la alta espiritualidad, porque
de ese modo consigue liberarse más rápidamente de las cadenas pesadas de la vida física y
aproximarse a las condiciones sublimes que ya son características de las humanidades felices de
planos espirituales superiores. No cambia la ventura prevista en el campo de la inspiración superior
por los encantos decepcionantes de los fenómenos digestivos y sexuales del mundo de las formas, al
igual que el buen alumno, estudioso de la espiritualidad, prefiere huir de las distracciones transitorias
que lo rodean, para conseguir la promoción definitiva en las escuelas más excelsas.
Mientras tanto, no aludimos a la fuga deliberada del mundo material, como acostumbra hacer el
espíritu inmaduro, aislándose egocéntricamente para poder alcanzar cuanto antes las regiones
celestiales. Nos referimos a la habitual negligencia de las almas que, al descender a la Tierra, se
dejan subyugar placenteramente por las pasiones animales y terminan dominadas por las fuerzas de
la vida inferior. Entonces pasan a golpearse en la carne, como esclavos subyugados a la Ley del
Karma, sin realización alguna que los impulse más allá del límite trazado por el determinismo de la
"causa y el efecto". No realizan esfuerzos para avanzar sin el aguijón punzante del dolor, y no se
proveen de cursos apropiados para acrecentar el círculo de la sabiduría espiritual. Revolotean
atontados, cual mariposas indefensas, alrededor de las lámparas mortíferas, y se ven espiritualmente
embrutecidos sobre los tapetes lujosos, en los vehículos carísimo o en los palacios suntuosos; se
regocijan dilatando el abdomen por los excesos pantagruélicos de las mesas opíparas o aturdiéndose
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con la ingestión incesante de corrosivos con rótulos dorados.


Esas criaturas, cuando frecuentan los templos religiosos, lo hacen apresuradamente a la hora de
la ceremonia aristocrática, rodándose con agua bendita o manoseando Biblia de lujosas tapas; la
devoción les sirve de motivo para hacer admirables exposiciones de trajes elegantes, joyas y adornos
perecederos. Nos recuerdan a una hermosa bandada de pájaros policromos haciendo algazara en las
escalinatas de las basílicas suntuosas. Cuando fallecen, un cortejo fastuoso conduce sus huesos y
carnes pútridas hacia el riquísimo túmulo de mármol con puertas de bronce. Les sucede lo que a la
alegre cigarra de la fábula, cuando acaba la risa abundante y el vocerío ruidoso; la expectativa
misteriosa y la indagación dolorosa fluctúan alrededor de sus lujosos mausoleos. Mientras que, a la
distancia, el silencio es perturbado por el gemido triste del tuberculoso, por el lloro de la criatura ham-
brienta o por la queja de la vejez desamparada, que al no tener pan suficiente, techo que la cobije o
medicamento que la cure, Se transforma en terrible alegato contra las riquezas malgastadas.
Normalmente, las criaturas desinteresadas de los bienes eternos del espíritu aseguran que después
de la muerte sus variados representantes religiosos, les han de conseguir el deseado ingreso en el
País de la Felicidad, así como sus asesores les regularizarán las cuentas prosaicas del mundo
profano. Desgraciadamente bien distinta se torna la realidad cuando la sepultura recibe sus carnes
abatidas por el exceso de placeres materiales y viciadas por el confort epicúreo. El tenebroso cortejo
de sombras que los espera en el reino invisible de la visión física, acostumbra substituir el caviar de
los banquetes, por el vómito insoportable y la prodigalidad del whisky, por el valor de las llagas de las
comparsas del infortunio.
Esos espíritus se sitúan, por Ley contenida en el Código Moral Evangelio, en la región
correspondiente a sus propios delitos, pues "a cada uno le será dado conforme a sus obras" y dentro
del libre albedrío de sembrar a voluntad, creándose, por lo tanto, determinismo de la cosecha
obligatoria.
Es por eso que se vuelven oportunas las páginas que el hermano Atanagildo os transmite desde
el Más Allá, pues así como él os ayuda a vislumbrar algunos detalles del panorama edénico, que sirve
de modelo esplendoroso para las almas dedicadas al servicio de Jesús, también os hará conocer
algunas impresiones dolorosas de aquellos que violentan los dictámenes de la vida digna y que son
atraídos hacia las regiones dantescas, donde vive el "espíritu inmundo" y se hace patético el "crujir de
dientes".
No dudamos que la mordacidad humana ha de querer ventilar a viva voz los esfuerzos exóticos
de algunos espíritus que, al igual que el hermano Atanagildo, desean alertar a sus hermanos, aún
prisioneros en la cárcel de la carne. El hombre común no se conforma con su trabajo prosaico de
amontonar monedas y cubrir el cuerpo con adornos rosados, sino que evita ser perturbado, para no
pensar seriamente en el asunto, temeroso de que la seguridad sobre la muerte pueda debilitarle el
espíritu de codicia, vanidad, avaricia y lujo desmedido. Ya tiene presente que esa insistencia, por
parte de los desencarnados, en advertirle sobre la responsabilidad de la vida espiritual, irá a
despertar el remordimiento ocasionado por sus insanias animales y le revelará el exacto valor de los
tesoros que la "polilla roe y la herrumbre consume".
Loamos, pues, el esfuerzo comunicativo del hermano Atanagildo, que se resume en una
insistente invitación hacia el reino del Cristo y para la soñada ventura espiritual, demostrando, ade-
más, lo tenebrosa que es la cosecha producida por el abuso y por la tonta dilapidación de los bienes
que el Creador entrega a sus hijos para que los administren provisionalmente en el mundo de la
carne.
RAMATÍS
Curitiba, 27 de diciembre de 1957.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

PREÁMBULO

Mis hermanos:

A través de estas páginas deseo registrar los principales acontecimientos de mi vida, desde el
último momento de mi desencarnación hasta el ingreso en el Más Allá, en la región que gené-
ricamente conocéis como mundo astral. Sé lo difícil que se me hace daros una idea nítida y sensata
de la esfera en donde me sitúo en el presente, después que se rompieron los lazos que me ataban,
por medio del periespíritu, al organismo de la carne. Las dificultades son muchas y traban gran parte
de mis posibilidades para daros al respecto un relato fiel e irrefutable. Si os hablase de la futura
probabilidad del contacto planetario entre criaturas reencarnadas en planetas diferentes, serían me-
nores esas dificultades y también favorecidas por la naturaleza de los entendimientos, porque se
trataría de la vida en mundos que vibran en las mismas características físicas.
Pero en mi caso y en el de otros espíritus desencarnados, que intentan describiros desde aquí el
panorama de la vida astral, todo se les vuelve dificilísimo para hacerse comprender en el ambiente
exterior de la superficie del orbe terráqueo, porque debemos usar ejemplos de "afuera" para poder
revelaros la esencia que interpenetra la forma de "adentro". Por eso debo valerme de la práctica
común de las comparaciones y simbolismos a fin de compensar la deficiencia que me es muy natural
en la preocupación de describiros mi morada invisible a los ojos humanos, que es muy diferente a la
morada terrena conocida por el hombre físico. A veces me parece que intento describir a un ciego,
el funcionamiento y la estructura completa de un piano, en la creencia de que bastaría ponerle las
manos sobre la tapa barnizada para que conozca toda la estructura del instrumento.
Asimismo, aun a aquellos que "sienten" la realidad del mundo invisible o gozan de la videncia que
les permite observar a los espíritus en sus trajes astralinos, también se les presentan innumerables
dificultades que deforman la realidad espiritual vivida por nosotros.
En virtud de la precariedad de las comparaciones materiales para poder configurar las formas
exactas de los espíritus en libertad, en el mundo que denomináis de "cuarta dimensión", la mayoría
de los hombres, para conceptuarlo, se ven obligados a guiarse por la fe interior, aceptando una
realidad que el intelecto aún no consigue asimilar satisfactoriamente.
En la seguridad de que aun los acontecimientos más comunes de nuestra esfera astral son
bastante difíciles de comprender ahí, en el mundo físico, procuraré transmitiros un breve relato de mi
visión y existencia en el Más Allá, apelando a la mayor sencillez posible para objetivar el máximo
entendimiento común. No tengo la presunción de proporcionaros la visión de las cosas inéditas o de
naturaleza superior con respecto a las comunicaciones que forman parte de la extensa literatura
mediúmnica y existen en las bibliotecas espirituales de la Tierra, dictadas por otros espíritus sensatos
y sabios. Reconozco que muchas de esas exposiciones o relatos son más minuciosos y presentan
enseñanzas muy superiores a las de mis comunicaciones, trazando derroteros seguros para el
esclarecimiento educativo del lector, siempre ávido de aclaraciones sobre la naturaleza del espíritu
inmortal. Estas páginas, mientras tanto, se refieren a una experiencia personal de un desencarnado, y
os aseguro que os puede interesar bastante, porque no existen dos experiencias iguales en el mismo
género. Siempre ocurre algo nuevo para ser transmitido cerca de la experiencia personal de cada
alma que se interese en descubrir su propio misterio de "ser" y "evolucionar". Me sirvo de la opor-
tunidad fraterna que me ofrece el comprensivo espíritu de Ramatís, al colocar a su sensitivo a mi
disposición, para que recepcione mis pensamientos y tome nota de estos relatos, que pueden ser un
incentivo que lleve a nuevas indagaciones espirituales de utilidad para la vida humana. Me daría por
muy satisfecho si de mis relatos mediúmnicos pudierais extraer motivos para indagaciones justas,
que puedan solicitarse a otras entidades de mayor competencia y de mejor sentimiento espiritual.
Encontré muy apropiado daros la descripción de mis últimos momentos vividos en la Tierra,
desde la agonía hasta el desligamiento final, para que tengáis algunas nociones aproximadas de ese
instante atemorizante y tétrico para muchas criaturas, que depende exclusivamene de nuestro modo

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

de vida y de la naturaleza de nuestros sentimientos, puesto de manifiesto en las relaciones con


nuestros hermanos de jornada evolutiva. Todos los que han ingresado serenamente en nuestra esfera
espiritual son los que provienen de las existencias laboriosas, afectos al servicio sacrificial y
amorosos con el prójimo, y que vivieron respetuosamente las sublimes enseñanzas de Jesús.
De este modo, sin que me sea atribuida la función de "guía" o "mentor espiritual", no puedo dejar
de advertiros que el éxito principal del alma, en la fase de su desencarnación e ingreso en el Más
Allá, depende exactamente de la mayor o menor realización evangélica efectuada en el mundo físico.
Cuando aún nos encontramos ligados a la vida física, difícilmente comprendemos los mensajes de
alta espiritualidad que reposan en la sencillez del Evangelio, que luego reconocemos como el
verdadero Código Moral de la vida del espíritu en cualquier situación humana.
A pesar de toda la resistencia intelectual que hacemos a las enseñanzas de Jesús, aquí
comprendemos y comprobamos que sólo la integración definitiva en el "amaos los unos a los otros" y
la práctica indiscutible del "haced a los otros lo que queréis que os hagan" es lo que nos libra
realmente de las terribles consecuencias purgativas que comúnmente ligan a los desencarnados
torturados en el mundo astral.
Hay hombres que parten desde la Tierra hacia aquí como si fueran fieras embravecidas por las
propias pasiones, mientras que otros se despiden de vosotros a semejanza de lo que sucede con los
pajaritos, que emprenden su vuelo feliz, liberándose de su nido sin ningún atractivo particular. Para
ser feliz aquí, no basta la sabiduría, aunque ésta sea el producto de enormes esfuerzos intelectuales;
los espasmos y las angustiosas perturbaciones que acometen a los periespíritus de aquellos que aún
se torturan delante de la muerte son el resultado particular de la naturaleza y el desequilibrio de las
pasiones que fueron cultivadas por el alma en su trato con el mundo. Las pasiones humanas son
como los caballos salvajes: necesitan ser amansados y domesticados para que después nos sirvan
como fuerzas disciplinadas y de ayuda benéfica para la marcha del espíritu a través de la vida carnal.
Y para conseguir esa importante domesticación de las pasiones salvajes, el ejercicio evangélico
es el recurso más eficiente, pues lo hace a través de la ternura, del amor y de la renuncia pregonada
por el Maestro Jesús. El periespíritu, en la hora de la desencarnación, es como la cabalgadura briosa,
de energías contenidas, que tanto se semejan a la monta dócil, disciplinada y de absoluto control por
parte de su dueño, como también se iguala al potro desenfrenado que arremete y hasta puede
arrastrar peligrosamente a su caballero despavorido.
Los consagrados filósofos griegos, cuando preconizaban “mente sana en cuerpo sano” exponían
conceptos de excelente auxilio para el momento de la desencarnación. La serenidad y la armonía, en
la hora de la “muerte”, son estados que requieren completo equilibrio en el binomio “razón y
sentimiento”, pues aquel que “sabe qué es, de dónde viene y hacia dónde va”, también sabe lo que
necesita, lo que quiere y por qué se vuelve un espíritu venturoso. El cerebro que piensa y dirige exige
también que el corazón se purifique y obedezca.
Ojalá que estas comunicaciones de “este lado”, aunque a muchos les parezcan un puñado de
fantasías sin sentido, logren atraer el interés de los lectores bien intencionados, que deseen liberarse
de las ilusiones inherentes a las formas provisionales de la materia y quieran centrar su visión
espiritual en el curso de la vida del Espacio, lo cual depende en sumo grado de la naturaleza y la
existencia que fuera vivida en la Tierra.

ATANAGILDO
Curitiba, 1º de Enero de 1958

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

EL CAMINO DEL MÁS ALLÁ

Pregunta: Valiéndonos de vuestra promesa, hecha la reunión pasada, por la cual deseamos
recibir impresiones sobre vuestra desencarnación y sobre los acontecimientos que se verificaron
después del desligamiento de vuestro cuerpo físico. ¿Os será posible informarnos?
Atanagildo: Yo había completado los veintiocho años de edad, estaba en cama acometido por
una complicación de los riñones, mientras el médico de la familia agotaba los recursos para disminuir
la cuota de urea que me envenenaba el cuerpo, causándome una terrible opresión que parecía
aplastarme el pecho. Presa de terrible angustia, que aumentaba por momentos, procuré explicar al
médico lo que sentía, ansioso de un alivio, aunque fuese por breves instantes. Al mismo tiempo me
extrañaba que a medida que bajaba mi temperatura, se pe agudizaban los sentidos; algunas veces
tenía la impresión de que era el centro consciente, absoluto, el responsable de toda la agitación que
había alrededor de mi lecho, porque captaba el más sutil murmullo de los presentes. De modo alguno
podía comprender la naturaleza del extraño fenómeno que me dominaba, pues a medida que crecía
mi facultad de oír y sentir, conjuntamente en mi alma emergía un misterioso murmullo, como si una
exquisita voz sin sonido me gritara en un tono desesperado.
Era una terrible asociación psicológica, un algo desconocido que se imponía y me indicaba un
cercano peligro, rogándome una urgente coordinación y rápido ajuste mental. De las fibras más
íntimas de mí ser partía un violento pedido que me exigía inmediata atención, a fin de que yo apelase
a los medios necesarios para eliminar un inmediato peligro invisible. De adentro la voz del médico se
hizo oír, con inusitada vehemencia.
-¡Rápido! El aceite alcanforado.
Entonces, un invisible sopor ya no me dejaba actuar, y de lo íntimo de mi alma comenzaba a
surgir el impacto invasor, que comenzaba a actuar sobre mi conciencia en vigilia; después, en un
implacable crescendo, percibía en mí ser manifestarse un angustioso esfuerzo de sobrevivencia,
producido por el instinto de conservación. Intenté reunir las últimas fuerzas que se me iban, a fin de
solicitar los buenos oficios del médico y avisarle que necesitaba de su inmediata intervención.
Mientras, estaba bajo una fuerte emoción e instintivamente atemorizado oí decir:
—No se puede hacer nada más. Confórmese, porque el señor Atanagildo ya dejó de existir.
Mi cuerpo ya debía de estar paralizado; pero, por el choque vivísimo que recibió la mente,
comprendí perfectamente aquel aviso misterioso que antes me llegara de lo profundo del alma y que
el desesperado esfuerzo del instinto animal realizara, para que yo dirigiera el psiquismo sustentador
de las células cansadas. La comunicación del médico me heló definitivamente las entrañas, si es que
aún existía en ellas algún calor de vida animal. Aunque yo siempre había sido un devoto estudioso del
Espiritismo filosófico y científico del mundo terreno, es inútil intentar describiros el terrible sentimiento
de abandono y aflicción que me embargaba el alma en aquel momento. No temía a la muerte, pero
partía de la Tierra exactamente en el momento que más deseaba vivir, porque principiaba a realizar
proyectos que venía madurando desde la infancia y, además, estaba próximo a constituir mi hogar, lo
que también formaba parte de mi programa de actividades futuras.
Quise abrir los ojos, pero los párpados me pesaban como plomo; realicé hercúleos esfuerzos
para efectuar algún movimiento, por débil que fuese, con la esperanza de que los presentes descu-
briesen que yo aún no había "muerto", cosa que de modo alguno podía saber, debido a mi conflicto
interior. Entonces repercutió violentamente ese esfuerzo por la red "psico-mental" y se avivaron aún
más los sentidos agudizados del alma, los cuales me trasmitían las noticias del mundo físico a través
del extraño sistema telefónico que yo ignoraba poseer. Me sentía pegado a la piel o a las carnes cada
vez más heladas, como si estuviera apoyado sobre frígidas paredes de cemento en una mañana in-
vernal. A pesar de ese extraño frío, que yo suponía recibir exclusivamente en el sistema nervioso,
podía oír todas las voces de los "vivos", sus sollozos, clamores y descontroles emotivos junto a mi
cuerpo.
A través de ese delicadísimo sentido oculto y predominante en otro plano vibratorio, presentí
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

cuando mi madre se inclinó sobre mí y le oí exclamar:


— ¡Atanagildo, hijo mío! Tú no puedes morir, ¡eres tan joven!...
Sentí el dolor inmenso y atroz que le corría por el alma, pero yo me encontraba ligado a la
materia rígida, sin poder transmitirle la más débil señal para aliviarla con la sedativa comunicación de
que aún me encontraba vivo. En seguida llegaron vecinos, amigos y tal vez algún curioso, pues lo
presentía y les captaba el diálogo, aunque todo me ocurría bajo extrañas condiciones comunes del
cuerpo físico. Me sentía a veces suspendido entre las márgenes limítrofes de dos mundos
misteriosamente conocidos, pero terriblemente ausentes. En ocasiones, como si el olfato se me
agudizase nuevamente, presentía el vaho del alcohol que se usaba para la jeringa hipodérmica, algo
parecido al fuerte olor del aceite alcanforado. Todo eso sucedía en el silencio grave de mi alma,
porque identificaba los cuadros exteriores, así como no conseguía comprender con exactitud lo que
me estaba sucediendo; permanecía oscilando continuamente, como si estuviera padeciendo una
mórbida pesadilla. De vez en cuando, por fuerza de esa agudeza psíquica, el fenómeno se invertía.
Entonces me veía centuplicado en todas las reflexiones espirituales, y paradójicamente me reconocía
mucho más vivo de lo que era antes de la enfermedad de que fuera víctima.
Durante mi existencia terrena, desde la edad de 18 años, había desarrollado bastante mis
poderes mentales a través de los ejercicios de índole esotérica. Por eso, en aquella hora neurálgica
de la desencarnación, conseguía mantenerme en actitud positiva, sin dejarme esclavizar
completamente por el fenómeno de la muerte física; podía examinarlo atentamente, porque era un es-
píritu dominado por la idea de la inmortalidad. Apostado entre dos mundos tan antagónicos,
sintiéndome en el límite de la vida y de la muerte, guardaba un vago recuerdo de todo aquello que me
había ocurrido anteriormente, y, por lo tanto, ese acontecimiento me parecía algo familiar. El
raciocinio espiritual fluía con rapidez, y la íntima sensación de existir en forma independiente del
pasado o del futuro llegaba a vencer las impresiones agudísimas que a veces me acometían en
indomable torbellino de energías, que se ponían en conflicto de la intimidad de mi periespíritu.
De pronto, otro sentimiento angustioso se me presentó y logró dominarme con inesperado temor
y violencia; fue algo apocalíptico que, a pesar de mi experiencia mental positiva y control emotivo, me
hizo estremecer ante su fuerte evidencia. Me reconocía vivo, con la plenitud de mis facultades
psíquicas. En consecuencia, no estaba muerto ni vivo o libre del cuerpo material. Sin duda alguna,
me hallaba sujeto al organismo carnal, pues esas sensaciones tan nítidas sólo podían ser
transmitidas a través de mi sistema nervioso. Mientras que el sistema nervioso estuviera cumpliendo
su admirable función de relacionarme con el ambiente exterior, yo me consideraba vivo en el mundo
físico, aunque sin poder actuar, por haber sido víctima de algún acontecimiento grave. No tuve más
ilusiones; supuse que había sido víctima de un violento ataque cataléptico, y si no me despertaba a
tiempo sería enterrado vivo. Ya imaginaba el horror del túmulo helado, los movimientos de las ratas,
la filtración de la humedad de la tierra en mi cuerpo y el olor repugnante de los cadáveres en
descomposición. Pegado a aquel fardo inerte, que ya no atendía a los llamados aflictivos de mi
dirección mental y que amenazaba no despertarse a tiempo, preveía la tétrica posibilidad de asistir
impasible a mi propio entierro.
En seguida, una nueva y extraña impresión comenzó a inundarme el alma; primeramente se
manifestaba como un aflojamiento inesperado de aquella rigidez cadavérica; después, un reflujo
coordinado hacia adentro de mí mismo, que me dejó más inquieto y que me señalaba como culpable
de algo. Sí, no exagero, al considerar el fenómeno que me ocurría, tenía la impresión de estar
volviendo a la inversa, pues la memoria retrocedía paulatinamente a través de mi última existencia y
me llenaba de asombro por la claridad con que veía todos los pasos de mi existencia. Los
acontecimientos se desenvolvían en la tela mental de mi espíritu, a semejanza de una vivísima
proyección cinematográfica. Se trataba de un increíble fenómeno, donde eran proyectados todos los
movimientos más intensos de mi vida mental; los cuadros se superponían, retrocediendo, para
después esfumarse, como en las películas, cuando determinadas escenas son substituidas por otras
más nítidas. Yo decrecía en edad, rejuvenecía, y mis sueños fluían hacia atrás, alcanzando los
orígenes y los primeros bullicios de la mente inquieta. Me perdía en aquel ondular de cuadros
continuos y gozaba de euforia espiritual cuando veía actitudes y hechos dignos, lo que podía
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

comprobar cuando actuaba con ánimo heroico e inspirado por sentimientos altruistas. Sólo entonces
pude avalar la grandeza del bien; me espantaba que una sublime sonrisa de agradecimiento, en esa
evocación interior y personal, o la minúscula dádiva que había hecho en fraternal descuido, pudiesen
despertar en mi espíritu esas alegrías tan infantiles. Me olvidaba de la situación funesta en que me
encontraba para acompañar con incontenido júbilo los pequeños sucesos proyectados en mi cerebro
etérico; identificaba la moneda donada con ternura, la palabra dicha con amor, la preocupación
sincera para resolver el problema del prójimo o el esfuerzo realizado para suavizar la maledicencia
dirigida hacia el hermano descarriado. Aun pude rever, con cierto éxtasis, algunos actos que
practicara con sacrificial renuncia, no porque perdiera en la competición del mundo material, sino
porque sabía humillarme a favor del adversario necesitado de comprensión espiritual.
Si en aquel instante me hubiera sido dado retomar el cuerpo físico y llevarlo nuevamente al tráfico
del mundo terreno, aquellas emociones y estímulos divinos habrían ejercido tal influencia sobre mi
alma, que mis actos futuros justificarían mi canonización después de la muerte física. Pero, en
contraposición, no faltaron tampoco los actos poco delicados y las estupideces del mozo ardiendo en
deseos carnales. Sentí de pronto que las escenas se me tornaban acusadoras, refiriéndose a las
actitudes egocéntricas de la juventud avara de sus bienes materiales, aun cuando me dominaba la
voluptuosidad de poseer lo "mejor" y superar el ambiente, por la figura ridícula de la superioridad
humana. También sufrí por mi descuido espiritual de la juventud liviana: fui estigmatizado por las
escenas evocativas de los ambientes deletéreos, cuando el animal se despoja de su indumentaria, en
las sensaciones lúbricas. No era una acusación dirigida propiamente a mi naturaleza inquisidora,
cosa que felizmente nunca ocurrió conmigo, ni aun en la fase de la experiencia sexual, y que com-
probaba en aquel momento retrospectivo, en donde el alma realmente interesada en los valores
angélicos debe siempre repudiar el ambiente lodoso de la prostitución de la carne. En el cuadro de mi
mente super excitada, identificaba los momentos en que la fiera del sexo, como fuerza indomable, me
atraía hacia la orilla del charco en donde se debaten las infelices hermanas desheredadas de la
ventura doméstica.
La proyección cinematográfica continuaba fluyendo en mi tela mental, cuando reconocía la fase
del aprendizaje escolar, y después, los holgorios de la infancia, cuyos cuadros, por ser de menor
importancia en la responsabilidad de la conciencia espiritual, tuvieron fugaz duración. Espantadísimo,
debido a la disciplina y a los éxitos de mis estudios esotéricos, pude identificar una cuna adornada de
encajes, reconociéndome en la figura de un rosado bebé, cuyas manos tiernas e inquietas eran
motivo de júbilo y agasajos por parte de dos seres que se inclinaban sobre mí. ¡Eran mis padres!
Pero lo que me dejó intrigado y confuso fue que en el seno de esa figura tan diminuta, de recién
nacido, me sentía con la conciencia algo despierta y dueña de impresiones vividas en un pasado
remoto. Me parecía realizar tremendos esfuerzos para vencer a aquel cuerpecito delicado y romper
las ligaduras de la carne, con la intención de transmitir palabras inteligentes y pensamientos maduros.
Detrás de la figura del bebé inquieto, con profundo espanto, reconocía la "otra" realidad de mí mismo.
Atento al fenómeno de esa evocación psíquica, tal como si viviese el papel del principal actor en
un film cinematográfico, llegaba a extrañar el motivo de aquellas imágenes retroactivas que pasaban
sin interrupción, para finalizar en aquella cuna adornada, cuando "algo" en mí se obstinaba en
decirme que yo me prolongaba más allá, mucho más allá de aquella forma infantil.
Percibí de pronto que la voluntad, bastante desarrollada con la práctica ocultista, se me agotaba
ante el esfuerzo de proseguir hacia atrás, pero estaba seguro que bajo mi desenvolvimiento mental
terminaría desprendiéndome del bebé regordete que trazaba el límite de mi última existencia, para
entonces alcanzar lo que debería "existir" mucho antes de la conciencia configurada por la
personalidad de Atanagildo. Confiado en mis propias energías mentales, a semejanza del piloto que
tiene fe absoluta en su aeronave, no temí los resultados posteriores, pues osadamente, gracias a un
esfuerzo heroico, me dejé ir más allá y logré transponer aquella cuna adornada de encajes, que
significaba la barrera de mi saber pero no el límite de mi existir. Había un mundo desconocido más
allá de aquel diminuto cuerpecito focalizado en mi retina espiritual, cuyo mundo intenté penetrar, aun-
que parecía estar maniatado por el terrible trance que suponía de orden cataléptico.
Bajo la poderosa concentración de mi voluntad, coordiné todas mis fuerzas mentales,
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

activándolas en un haz altamente energético, y decididamente, como si empuñara un poderoso


estilete, arremetí el más allá del misterioso velo que debería esconder mi prolongación espiritual. Me
entregué incondicionalmente a la extraña aventura de buscarme a mí mismo, consiguiendo desatar
los lazos frágiles que ligaban a mi memoria etérica, la figura de aquel atrayente bebé rosado.
Entonces conseguí comprobar el maravilloso poder de la voluntad al servicio del alma decidida; bajo
ese esfuerzo tenaz, perseverante y casi prodigioso, se rompió la cortina que me separaba del
pasado. Sorprendido y confuso, me sentí envuelto en un festivo sonar de campanas poderosas, al
mismo tiempo que oía el rumor de grandes clamores que provenían de cierta distancia de donde yo
me encontraba.
Mientras los sones del bronce se perdían en el aire, me sentí envuelto por una brisa agreste,
impregnada de un perfume de lirio o de flores muy familiares, que suelen crecer a las márgenes de
los lagos o de los ríos, al mismo tiempo que vislumbré sobre mí un retazo de cielo azul blanquecino,
común en los días de invierno. Al mismo tiempo pude comprender que me encontraba suspendido en
el aire, pues fui empujado por un vigoroso balanceo, mientras forcejeaba para romper las cuerdas
que me inmovilizaban. La presión de una mano callosa que me tapaba la boca me impedía gritar,
mientras un violento dolor me hacía arder el pecho y la garganta. Me afirmé un poco en el suelo, y
súbitamente, por un impulso muy fuerte, fui arrojado a las profundas y pantanosas aguas, en donde el
perfume de los lirios se confundía con la fetidez del lodo del río. Cuando me sumergí, aún oía el
repicar de las campanas de bronce y las voces humanas de tonos festivos. Poco a poco eso se fue
perdiendo en un eco lejano, mientras mis pulmones se sofocaban con el agua sucia y fría.
Ese rápido entreacto de la cesación de mi conciencia, al sumergirme en las aguas heladas, me
hizo perder la ilación de las imágenes que se reproducían en mi memoria periespiritual, y como si
despertase de una profunda pesadilla, me sentí nuevamente en la personalidad de Atanagildo, vivo
mental y astralmente, pero adherido a un cuerpo yerto.
Más adelante, cuando tomé posesión de la memoria de mi última existencia, pude identificar
aquella escena ocurrida en Francia a mediados del siglo XVIII, cuando fui sorprendido en una embos-
cada por rivales que estaban celosos por el afecto que tenía hacia una determinada joven, los cuales,
después de herirme en la garganta y el pecho, me arrojaron al río Sena, por detrás de la iglesia de
Nótre Dame, justamente en la mañana que se realizaban importantes celebraciones religiosas. Por
eso, en mi trance psico-métrico de retorno al pasado, ocurrido durante la última desencarnación,
sentía revivir la sensación del agua helada en donde fui arrojado, pues la escena se reavivó
fuertemente en mi periespíritu en cuanto se conjugaron las fuerzas vitales, en efervescencias, para
evitar mi desenlace.
Después de aquella reproducción del crimen en el Sena, cuando aún pensaba en el trágico
acontecimiento, recrudecieron dentro de mí las voces y los sollozos más ardientes: la imagen del
pasado se esfumó rápidamente y me reconocí ligado de nuevo al cuerpo yerto. No tardé en adivinar
que Cidalia, mi novia, había llegado a mi casa y se inclinaba desesperadamente sobre mi cadáver,
golpeada por el dolor de tan fatal separación. Entonces se avivó con más fuerza la terrible idea de
que había sido víctima del sueño cataléptico.
Inmensamente sorprendido, pude notar las reminiscencias cinematográficas que habían
reproducido en mi cerebro toda la existencia transcurrida desde la cuna, y, además, revelado un
detalle de la escena ocurrida en Francia y que había durado, a lo sumo, uno o dos minutos. Era el
tiempo exacto que debió de haber invertido mi novia para llegar desde su casa hasta la mía, ni bien le
avisaron de mi supuesta muerte, pues residía a una cuadra de distancia. Luego pude comprender
mejor ese hecho, cuando estuve más poseído de mi conciencia espiritual, desligada de la materia.
En tan corto espacio de tiempo pude revivir los principales acontecimientos de mi última
existencia, en el Brasil, y aun con- templar el último cuadro de la encarnación anterior.
Al poco tiempo se reconfortó mi ánimo y me volví algo indiferente con respecto a la situación
grave en que me encontraba, pues había comprobado en mí mismo la inmortalidad o la sobrevivencia
indiscutible del espíritu, lo que disipó un tanto el temor de sucumbir, aun frente a la horrorosa
probabilidad de ser enterrado vivo. Gracias al poder de mi voluntad disciplinada, impuse cierta
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

tranquilidad a mi psiquismo inquieto, controlando las emociones y preparándome para no perder ni un


detalle de los acontecimientos, pues allí mismo, en el límite de la "muerte", mi espíritu no perdía su
precioso tiempo e intentaba engrandecer aún más su bagaje inmortal. Obediente a los fuertes
imperativos del instinto de conservación reuní nuevamente las fuerzas dispersas e intenté provocar
un nuevo influjo de vitalidad a mi organismo inerte, a fin de despertarlo, si era posible, de su trance
cataléptico, para volver a la vida humana enriquecido y convencido espiritualmente, gracias a la
comprobación que obtuviera en la inmersión de la memoria periespiritual.
Justo en ese instante de afluencia vital, los sentidos se me agudizaron nuevamente, haciéndome
presentir algo más grave, que me profetizaba una indomable violencia. No podía precisar la
naturaleza exacta del presentimiento, pero reconocía la procedencia, la que partía de mi alma,
poniéndome sobre aviso: una lejana tempestad se dibujaba en el horizonte de mi mente, y el instinto
de conservación arrojaba el temor hacia lo íntimo de mi espíritu. Poco a poco, identificaba el retumbar
del trueno a la distancia, mientras vivía la sensación de encontrarme ligado al crisol de energías tan
poderosas, que parecían las fuerzas de nutrición del propio Universo. La tempestad que se
acentuaba en mí no parecía venir de afuera, pero sí que emanaba lenta e implacablemente desde el
interior de mi propia alma. Acompañé el crescendo implacable y percibí, desconcertado, que era en
mí mismo, en el escenario vivo de mi morada interior, en donde la tormenta se desarrollaba y en
camino al tremendo "clímax" de violencia.
Como si estuviera acurrucado en mí mismo, oí al tremendo trueno retumbar en las entrañas de mi
espíritu, lográndome sacudir todas las fibras de mi ser, a semejanza de una frágil vara de junco
chicoteada por el viento indomable. El choque fue poderoso y quedé sumergido en un extraño
torbellino de luces y chispas eléctricas, para desaparecer al poco rato, tragado por ese vórtice
flameante. En seguida perdí la conciencia.
El fenómeno era realmente el temido momento de la verdadera muerte o desencarnación, común
a todos los seres cuando se rompe el último lazo entre el espíritu y el cuerpo físico, el que se
encuentra situado a la altura del cerebelo y por el cual aún se hacen los cambios de energías entre el
periespíritu sobreviviente y el cuerpo rígido. Después de ese choque violento, quedé liberado
definitivamente del cuerpo carnal y todo mi periespíritu pareció recogerse en sí mismo, bajo una
extraña modificación, dificultándome el entendimiento y la claridad psíquica y haciéndome perder la
conciencia de mí mismo.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta mi despertar en el mundo astral, después que mis
despojos mortales habían sido entregados a una humilde sepultura. Recordaba que sentía aún la
temperatura algo fría y, sin embargo, mi cuerpo gozaba de una indescriptible sensación de alivio y
bienestar, habiendo desaparecido todas las angustias mentales, aunque persistía cierta fatiga y una
ansiedad expectante. Mi esfuerzo estaba centrado en el problema de reunir todos los pensamientos
dispersos, para ajustarlos en el campo de la memoria, a fin de entender lo que podía haberme
sucedido, porque aún perduraba la sensación física de haber retornado del violento choque producido
en el cráneo por un instrumento de goma dura. Ese sopor era perturbado por una extraña invitación
interior, con relación al ambiente donde yo me encontraba, llena de exceptativa y de un silencio
misterioso. Me sentía bien con respecto al estado mental, gozando de una sensación sedativa, como
si hubiera sido sometido a un lavaje purificador, cuyos residuos incómodos se hubiesen depositado
en el fondo de mi vaso mental, permaneciendo a tono con un líquido refrescante y balsámico. Tenía
que intentar hacer algún esfuerzo de memoria muy pronunciado, a fin de no mezclar la escoria
depositada en el fondo del vaso cerebral con la limpidez agradable y cristalina de la superficie.
La sensación era de paz y confort espiritual; no tenía tendencia hacia las evocaciones dramáticas
o asuntos dolorosos, ni tampoco me encontraba posesionado por las indagaciones aflictivas, a fin de
recomponer la situación que todavía me era confusa, pues las ideas que se me asociaban poco a
poco eran de naturaleza optimista. En oposición a lo que anteriormente consideraba como una
pesadilla, en la cual había vivido la sensación de la "muerte", aquel segundo estado de mi espíritu se
parecía a un suave sueño que no deseaba interrumpir.
Después de un breve esfuerzo, pude abrir los ojos, y, para sorpresa mía, reparé en un techo alto,

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azulado, con reflejos y polarizaciones plateadas, semejante a una cúpula refulgente, la que se
apoyaba sobre delgadas paredes impregnadas de un color azulado, con suaves tonos luminosos;
parecía que largas cortinas de seda rodeaban mi lecho blanco y confortable, dándome la impresión
de que reposaba sobre una genuina espuma de mar. Una claridad balsámica transformaba los
colores en matices refrescantes, y a veces parecía que la propia luz de la luna se filtraba por
delgados cristales de atrayente colorido liláceo. Pero no vislumbraba lámparas o instalación alguna
que pudiese identificar el origen de aquella luz tan agradable. Otras veces eran fragmentos de pétalos
de flores o una especie de confites de color carmesí rosado que se posaban sobre mí y se
desvanecían en mi frente, en las manos y en los hombros, provocándome la sensación de ser un
baño de magnetismo reconfortante que nutría al cuerpo exhausto, pero contento.
Estaba totalmente extrañado por el ambiente en donde me había despertado, que era
completamente diferente al modesto cuarto que constituía mi aposento de enfermo resignado. Hasta
creí que había sido transportado con toda rapidez a un hospital lujoso, de instalaciones
modernísimas. Conseguí entonces distinguir algunos rostros desdibujados que me rodeaban en el
lecho; uno de ellos guardaba una notable semejanza con el de mi Madre, y logré identificarlo como un
hombre de mediana edad. Una señora anciana, sonriente y extremadamente afable, se inclinó sobre
mí y me llamó con insistencia. Pronunció mi nombre con profundo recogimiento y vehemencia,
consiguiendo sacarme una exhaustiva y balbuceante respuesta de asentimiento.
Ella sonrió con visible satisfacción y llamó a otra persona de aspecto pálido, de ojos profundos,
vestida de blanco inmaculado, que me hizo evocar la figura de los magos de Oriente, y cuya
fisonomía era serena pero enérgica. Había cierta dulzura en sus gestos e inconfundible seguridad en
el obrar; me miró con tal firmeza, que un flujo de energía extraña y de suave calor se proyectó de su
mirar, que alcanzó mi médula, adormeciéndome poco a poco el bulbo y el sistema nervioso, como si
una poderosa sustancia gaseosa, hipnótica, se derramase por mis plexos nerviosos, provocándome
un incontrolable relajamiento de músculos.
Luché, moví las piernas, por así decir, intentando resistirme a aquella voluntad poderosa, pero
una orden incisiva se fijó en el cerebro: ¡Duerma! Entonces se me aflojaron los músculos y fui
introduciéndome en un misterioso y dulce bienestar que se transformó en la pérdida gradual de la
conciencia, terminando en un reconfortante reposo. En un resto de conciencia final, aún pude oír la
voz cristalina de aquella señora afable, que así se expresaba:
—¿No le había dicho, hermano Crisóstomo, que sólo el hermano Navarana podía provocarle el
reposo compensador a su nieto y evitarle la excesiva autocrítica, tan perjudicial, y la confusión
psíquica y natural producida por la desencarnación? Convengamos en que su nieto Atanagildo es
portador de una mente muy vigorosa.
En el centelleo final de la conciencia en vigilia, logré comprenderlo todo: Crisóstomo era mi
abuelo materno, a quien sólo había conocido en la infancia. Realmente, no había ningún motivo más
para luchar o temer. Yo era un "muerto", en el exacto sentido de la palabra, o con más propiedad, ¡un
desencarnado!

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

PRIMERAS IMPRESIONES

Pregunta: ¿Cuáles fueron las impresiones que tuvisteis al despertar en el Más Allá, después de
haberos sometido al sueño, por el hermano Navarana?
Atanagildo: Al comienzo no pude comprender bien en qué ambiente me encontraba, pues no
conseguía vislumbrar nada fuera de aquel cuarto silencioso que estaba envuelto por una agradable
luminosidad y un balsámico fluido. Me sentía en un estado de profunda auscultación espiritual, pero
reconocía que me encontraba impedido para realizar cualquier esfuerzo directivo. Me hallaba
sumergido en un dulce sopor, como si fuera la figura silenciosa del peregrino que mira el horizonte
oscuro aguardando el advenimiento de la madrugada para comenzar su largo viaje, interrumpido por
la noche.
Me mantenía en una curiosa expectativa, pero interiormente estaba seguro de que más adelante
descubriría el misterio que me rodeaba. No demoré en notar un extraño fenómeno de luces que
surgieron inesperadamente, como si innumerables cantidades de pétalos luminosos fuesen arrojados
por los faros de un vehículo distante que estuviera envuelto en una densa cerrazón. Mentalmente
despierto, observaba aquella sucesión de luces que iban desde un azul claro hasta los tonos del
zafiro, para terminar en matices de agradables violetas, que al tocarme se transformaban en un frío
balsámico. No podía precisar de dónde provenía, y a veces el fenómeno se tornaba hasta audible,
pues suponía oír algunas voces distantes, cuya pronunciación era de agradable entonación y
simpatía.
Ya no tenía más dudas con respecto a la naturaleza y a la fuerza de aquellas luces que me
visitaban seguido, pues siempre se desvanecían en mí, después de dejarme una suave sensación de
alivio, al mismo tiempo que parecía nutrirme espiritualmente. Hubo un momento en que me sentí
como si fuera chocado, algo así, por un chorro de agua fría que cayera sobre mi periespíritu. En
seguida fui envuelto en una sensación de tedio, de pesar y después de angustia, y finalmente sentía
la sensación de haber cometido una acción mala o precipitada. En lo íntimo de mi alma permanecía
ese clamor aflictivo, provocado por una imprevista emoción de amargura, cuando un nuevo chorro de
aquellas luces azules-violetas vino a mi encuentro y disolvió milagrosamente aquella opresión,
restableciendo mis fuerzas, devolviéndome el bienestar anterior.
Entonces agradecí en profunda oración a Jesús el inesperado alivio traído en alas de aquellos
confites luminosos y coloridos, que penetraban por mi organización periespiritual, dejándome un
delicioso alimento energético.
Pregunta: ¿Durante esas extraordinarias emociones os encontrabais despierto y consciente de
que habíais desencarnado?
Atanagildo: Ya había despertado del sueño hipnótico provocado por el hermano Navarana, que
actuó en compañía de mi abuelo Crisóstomo y de la hermana Natalina, aquella señora bondadosa y
afable que me atendió antes de mi inmersión en el reposo reparador. Todo aquello que recordaba por
primera vez fue en un rápido estado de vigilia astral, en donde me sentía agotado y con el cuerpo
dolorido, además de sentir un frío molesto, realmente estaba cansado de la travesía que debía de
haber hecho desde la superficie de la Tierra hasta la región donde me encontraba. El reposo era
necesario, porque la enfermedad que me había hecho desencarnar era del tipo de las que exigían
grandes cuotas de energías espirituales, que son muy necesarias para el tránsito hacia el Más Allá.
Pregunta: ¿Podemos considerar que los mismos fenómenos y el modo de vuestra
desencarnación pueden servir de base para avalar los acontecimientos sucedidos a otros
desencarnados?
Atanagildo: De modo alguno debéis pensar en la igualdad de sensaciones y acontecimientos para
todos aquellos que desencarnan; no hay, probablemente, una desencarnación exactamente igual a
otra. La situación en la hora de la "muerte", para cada criatura, depende fundamentalmente de su
edad sideral y de los hábitos psíquicos que haya adquirido a través de los milenios vividos en
contacto con la materia; influye en cada uno su naturaleza moral y aun el tipo de energía que
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

predominan en estado de reserva en su periespíritu, las cuales varían de conformidad con los climas
o regiones de la Tierra o de otros planetas en donde el espíritu haya reencarnado. Mientras tanto,
existen ciertos hechos y acontecimientos que son comunes a casi todos los casos de desencarnación
y que hacen parte del proceso de desligamiento del cuerpo, como ser la recordación inmediata y
regresiva de toda la existencia que se acaba, la agudización de los sentidos en los primeros
momentos de la agonía, la suposición de tratarse de un sueño o pesadilla, y también el choque
interior, que se verifica con el rompimiento del cordón que une a la vida carnal. Fuera de tales
fenómenos y el tiempo de su duración, la desencarnación varía de espíritu a espíritu, difiriendo
también los demás acontecimientos que suceden al despertar en el Más Allá de la sepultura.
Pregunta: ¿Cuál es el origen de las luces de colores que se deshacían junto a vuestro
periespíritu?
Atanagildo: Durante mi última reencarnación pude mantenerme en un cierto nivel espiritual
equilibrado, conforme ya os dije, gracias al desenvolvimiento de la voluntad, que había empleado
satisfactoriamente bajo la inspiración al servicio de Jesús. Aunque no fuese portador de credenciales
santificantes, siempre fui compasivo, pacífico y tolerante; me esforcé por vivir alejado de las
sensaciones pervertidas, de las conversaciones licenciosas o de las anécdotas indecentes, que son
comunes a la mayoría de los humanos. Los ejercicios esotéricos, las prácticas elevadas y las
reflexiones superiores, a que me sometía frecuentemente, me sublimaban la carga de magnetismo
super excitante en el metabolismo del sexo. Indagué deliberadamente en la lectura filosófica de alta
estirpe espiritual, y buscaba vivir de manera sensata, midiendo mis pensamientos y controlando mis
palabras. Era comunicativo y alegre, desechaba los prejuicios y era afable con todos; nunca me
rebelaba delante de los acontecimientos desagradables de la existencia humana, aunque yo también
fui provocado en el transcurso del sufrimiento y en lo más íntimo del ser. Tampoco me interesaban las
glorias políticas ni me afligía por la ambición de poseer tesoros que "la polilla roe y la herrumbre
consume".
Desde la infancia sentía una inexplicable ansiedad por saber lo que yo era, de dónde venía y
hacia dónde iba. Comprendía que ese conocimiento era de capital importancia para mi vida y que
todo lo demás era de insignificante valor. Bajo esa íntima e incesante preocupación, conseguía ser
feliz con muy poca cosa, porque eran raras las seducciones del mundo que conseguían despertarme
interés o alentar el deseo de poseer riquezas. Me agradaba emplear una parte de mis haberes en
favor de los desheredados y socorrer a los pobres de mi suburbio. Cuando me ponía a solucionar los
problemas ajenos, nunca lo hacía por interés alguno; beneficiaba al prójimo sin la más remota idea de
querer ganarme con ello los favores del cielo. De modo alguno vivía con la fanática preocupación de
"hacer caridad" a fin de cumplir con un deber espiritual; siempre actuaba con espontaneidad, y los
problemas difíciles y aflictivos del prójimo no eran sino mis propios problemas, los cuales necesitaban
urgente solución.
Mi activo espíritu se presentaba con cierto fondo de reserva con respecto a mi desencarnación
hacia el Más Allá, pues aquellos que supieron de mi "muerte" no sólo lo demostraron con ardientes
votos de ventura celestial, sino que los más afectivos y reconocidos me dedicaban sus oraciones en
horas tradicionales, evocándome con ternura y pasividad espiritual.
Esas oraciones y ofrecimientos de paz, dedicados a mi espíritu desencarnado, eran los que se
transformaban en aquellas luces azules, liláceas y violetas que, en forma de pétalos coloridos y
luminosos, se esfumaban en mi cuerpo astral, inundándolo de vibraciones balsámicas y vitalizantes.
El ruego en el sentido del bien es siempre una dádiva celeste, y mal podéis valorar cuánto auxilia
al espíritu en sus primeros días de desencarnación. Es una energía reconfortante, que a veces se
asemeja a la brisa suave y otras veces se transforma en flujos energéticos, vivos, que reaniman y dan
actividad al periespíritu. El hecho de haberme desligado rápidamente de los despojos cadavéricos —
pues esa liberación depende fundamentalmente del estado moral del desencarnado— lo debo sobre
todo a las oraciones que no cesaron de posarse afectuosamente en mi alma.
Pregunta: ¿Por qué motivo quedasteis súbitamente en un estado de angustia y arrepentimiento,
en el momento que os pareció recibir un chorro de agua fría y que sólo fuisteis reanimado pos-
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

teriormente por la incidencia de esos pétalos de luces coloridas?


Atanagildo: Sólo después de desencarnar es cuando realmente comprendemos el espíritu de
advertencia constante que anunció Jesús en aquella frase inolvidable: que la criatura deberá pagar
hasta la "última moneda". En aquellos benditos momentos en los cuales se depositaba sobre mí el
reconfortante maná traído por las oraciones en alas de aquellas chispas luminosas, alguien
interceptaba el flujo de esas preces, perturbándome la recepción del precioso alimento del alma. Sólo
luego descubrí la razón de aquellos cortes vibratorios, repentinos, aunque de breve duración, que
lograban angustiarme; poniéndome en situación de culpable por cosas que no sabía explicar.
Indudablemente, arrojaban en contra de mí alguna carga nociva, de tal vibración negativa, que me
recorría el cuerpo como un desapacible viento, completamente opuesto al efecto de las luces
sedativas.
Se trataba de Anastasio, un infeliz delincuente al que yo había conocido en la Tierra, en la última
encarnación, el que se ligó a mí por los imperativos de la Ley Kármica, como consecuencia de los
descuidos en que incurrí en el pasado. Era la cobranza justa de la "última moneda" que le debía.
Aunque yo había realizado los mayores esfuerzos para saldar mi deuda kármica con el planeta y
reajustarme en la contabilidad divina y con casi todos mis acreedores de mayor importancia,
Anastasio fue la criatura que continuó revoloteando a mi sombra, poniendo a prueba el máximo de
tolerancia de mi espíritu. Y haciendo uso y abuso de ese último derecho que le confería la Ley
Kármica, por la cobranza justa de mi deuda, actuaba de modo implacable, a pesar de todo el socorro
y la protección que le había dispensado en la última encarnación.
Espíritu inmaduro e insatisfecho, demostró hostilidad ante los indiscutibles bienes que le
proporcionaba en mi último peregrinaje físico, y como no pudo vengarse totalmente, lo hizo después
de mi desencarnación., vibrando rencoroso contra mí e intentando manchar mi memoria en la Tierra,
con el fin de desvalorizar los favores recibidos.
El hecho era natural y también propio de su estado evolutivo, pues mientras el espíritu elevado
perdona las mayores ofensas recibidas, el poco evolucionado no pasa por alto ni siquiera un
insignificante encontrón con su persona. Las almas pequeñitas e infelices vierten toneles de odio
contra aquellos que les ofrecen algunas gotas de agua para saciar su sed.
Pregunta: Para que nosotros comprendamos mejor vuestra situación espiritual después de la
desencarnación, ¿podríais explicarnos algo sobre vuestras relaciones en la Tierra con el hermano
Anastasio?
Atanagildo: Anastasio era un hombre profundamente inadaptado y ocioso en el medio humano;
usaba toda la capciosidad posible contra aquellos que lo socorrían, como sucedió conmigo. Es
evidente que, bajo el imperativo kármico, se cruzó en mi camino en la juventud, y me indujo a que lo
ayudara a intimar con cierta joven pobre, hija de un ferroviario, a quien él abandonó después de tres
años de casados, dejándola con dos hijos y en completo desamparo. Compadecido de tal situación,
fui en ayuda de los tres infelices y los asistí normalmente, valiéndome de las ganancias conseguidas
a través de trabajos honestos. Luego la esposa de Anastasio se unió a otro hombre, laborioso pero
pobre, en cuyo caso tampoco mi ayuda les faltó; pero Anastasio se irritó ante ese proceder y me
culpó de su infelicidad, llegando al punto de emitir conceptos calumniosos hacia mi persona, tal como
el de acusarme de falta de honestidad para con su ex esposa.
Felizmente, dado mi conocimiento espiritual, el que en gran parte me ayuda a entender el origen
enfermizo de la mayoría de las perfidias humanas, desistí de formular justificaciones ante la opinión
pública o de perturbarme en el ambiente del mundo transitorio. No sólo perdoné la calumnia de
Anastasio, la que me causó serios sinsabores y perjuicios morales, sino que preferí hasta olvidarme
de la ofensa recibida, tratándolo como antes, sin que notase siquiera cambio alguno en mí mirar.
Más adelante, el infeliz se trabó en conflicto con el nuevo compañero de su ex esposa, el cual, a
pesar de ser delgado, era hombre curtido en trabajos pesados y hábil en la lucha, así que éste lo
vapuleó a voluntad, al extremo que Anastasio tuvo que ser hospitalizado por largo tiempo, pues había
sufrido serias fracturas en las costillas y en la frente. Traté de ayudarlo; lo saqué de ese hospital para
indigentes y lo llevé a un excelente sanatorio, que contaba con todos los recursos médicos a su
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

alcance. En fin, lo ayudé durante más de cuatro meses cual un abnegado hermano.
Cuando Anastasio fue dado de alta, tuvo el coraje de andar diciendo que mi ayuda y dedicación
provenían de la necesidad que yo tenía de superar mi propio remordimiento por haberlo separado de
su esposa. Subestimaba todo esfuerzo hecho a su favor y confundía mi humildad con servilismo.
Movido por su espíritu malvado, pasó a explotarme de todas maneras, en el más flagrante acto de
chantajismo.
En la seguridad de que yo quedaría afectado por su calumnia, al propalar que lo socorría tan
solícito sólo para evitar el escándalo, procuró encontrarme nuevamente. Como yo me encontraba
decidido a superar todas mis pasiones y limpiar de mi alma las malezas del pasado, decidí servirme
de la venganza de Anastasio como un ejercicio cotidiano de renuncia, resignación e iniciación
espiritual, en forma de una intensa práctica superior.
Es verdad que yo presentía mi desencarnación más o menos próxima, pues estaba dotado de
una gran sensibilidad psíquica, que se afirmaba cada vez más por la cuidadosa alimentación
vegetariana y por la higiene psíquica y mental. Además, vivía en acentuada relación interior con el
mundo invisible y sostenía verdaderos diálogos mentales con mis mentores y demás amigos
desencarnados.
Pregunta: De acuerdo con la Ley Kármica, ¿tuvisteis que pagar los males que le habíais
ocasionado a Anastasio en otras encarnaciones o fuisteis víctima de sufrimientos injustos por parte de
él?
Atanagildo: La Ley del Karma no es la ley del "ojo por ojo y diente por diente", como
generalmente entendéis, por la cual un hecho delictuoso tendría que generar otro hecho idéntico en
pago del ocasionado. Aparentemente, parece que hubo exageración por parte de Anastasio, en
contraposición con mi tolerancia, por tratarse de un alma demasiado malévola y vengativa. La
solución del problema moral de cada alma es para consigo mismo y no con la Ley, pues ésta no crea
acontecimientos iguales a los anteriores, para que a través de ellos se cumpla la punición. No sería
justo que el delito de un hombre, en cierta existencia, obligase a la Ley a crear acontecimientos
criminales en lo futuro, para que el culpable se ajuste por medio de un hecho similar, en la próxima
encarnación.
El Cristo debe ser el barómetro, a fin de saber con más exactitud cuál es la "presión" de nuestro
espíritu a través de todos nuestros actos, a semejanza de la aguja de la brújula, que nos guíe al norte
de la bienaventuranza eterna. Existe sólo un camino para la liberación de las cadenas kármicas en
los mundos físicos: la renuncia y el sacrificio absoluto para nuestros verdugos y detractores. Y si "tu
adversario te obligase a caminar una milla, anda una más con él, y si te quitara la capa, dale también
la túnica", es el concepto que mejor nos indica la solución de esos problemas adversos del pasado.
En la abundante siembra de perfidias e ingratitudes recibidas de Anastasio, yo recogía los frutos
de la simiente plantada anteriormente, en momentos de imprudencia espiritual. No había exigencia
absoluta por parte de la Ley, para que pagase a Anastasio moneda por moneda; pero tenía que
soportarlo junto a mí en la última encarnación y sufrir las reacciones naturales de su espíritu perverso,
porque en el pasado lo atraje hacia mi órbita de destino espiritual. Cuando mi alma aún se aferraba
brutalmente a las ilusiones de la vida material, yo me servía de él para usarlo como fiel segundo, que
sabía cumplir a la perfección todas mis órdenes imprudentes y que materializaba fielmente toda mi
voluntad egocéntrica. Las malezas y equivocaciones de Anastasio fueron en el pasado excelentes
recursos de los cuales me servía para usos y fines deshonestos que perjudicaban al prójimo. En lugar
de orientar a Anastasio para que adquiriese mejores estímulos hacia el Bien, no sólo le exalté los
propios defectos, sino que aun alimenté la naturaleza insidiosa de su espíritu vengativo, sacando de
él todo el provecho posible con el fin de solucionar mis problemas de riqueza, fama y poderío.
Entonces se volvió mi servidor incondicional y colocó todo su bagaje inferior a mi disposición, así
como el enfermo muestra al médico las llagas de su cuerpo. Es obvio que un médico no se aprovecha
de las llagas del doliente para aumentar su renta. En tanto, yo procedí al contrario; mi inteligencia
supo aliar a mis maquinaciones, muy hábilmente, las llagas morales de Anastasio, en vez de curarlo,
como me ordenaba el más simple de los deberes fraternos.
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En consecuencia, la Ley Kármica me ligó a él a través de los siglos, pues si se mantenía falso,
capcioso e ingrato para dar soluciones a mis planes maquiavélicos, era muy justo que yo tuviera que
sufrir las consecuencias de mi propia imprudencia, cuando la técnica sideral resolvió conducirlo hacia
mí, refirmándose entonces el viejo concepto evangélico: "lo que el hombre siembre, cosechará". Si yo
hubiera sublimado a esa alma aún informe, es lógico que lo hubiera tenido en esta última encarnación
como un excelente compañero, afinado a mis ideales y también influido por mis nuevos sentimientos.
En existencias anteriores fue mi muñeco fiel, que reproducía en el ambiente del mundo material el
contenido equivocado que yo sustentaba y quería; últimamente, a pesar de mi mejoría espiritual y de
haberme alejado grandemente de su campo vibratorio interior, se apostó junto a mí como un terrible
barómetro que yo mismo confeccionara para medir la temperatura emotiva de mi corazón.
A causa de la gran disparidad espiritual que se suscitó entre Anastasio y yo —pues realmente
efectué hercúleos esfuerzos para elevarme por encima de mis propias miserias morales del pasado
—, sólo podía liberarme de su presencia en la forma de absoluta renuncia, debiendo entregarme
atado de pies y manos a su villanía e increíbles ingratitudes. Para eso tenía que sujetarme a las más
acerbas humillaciones e infamias, sufriendo en mí mismo lo que por mis propios medios provoqué a
otros seres, en vidas pasadas. Y de conformidad con la ley tradicional de que "el que con hierro hiere,
con hierro será herido", Anastasio significaba el instrumento rectificador de mis viejos errores,
sometiéndome a terribles "tests" de tolerancia, paciencia, perdón y humillación. La Ley no se sirvió de
él para castigarme, lo que sería incompatible con la bondad de Dios; pero lo transformó en el recurso
terapéutico para mi alma, efectuándose la cura a través del proceso "similia similibus curantur".
He ahí por qué siempre se me presentó como un individuo exigente que desoía mis ruegos y
subestimaba mis auxilios. Se me presentaba en forma provocativa, como alguien a quien yo explo-
tara, diferenciándose ostensiblemente del que pide por necesidad; exigía con arrogancia, dándome a
entender que no pedía favores, que sólo quería devolución. Era incapaz de reaccionar delante de las
criaturas de su propio nivel moral, pero a mí se me transformaba en un verdadero inquisidor, cuya
fuerza debería prevenirle de la terrible acusación subjetiva que su espíritu me formulaba, como si
fuera un reproche por el progreso que yo había alcanzado y por haberlo abandonado en medio de la
delincuencia del mundo, después de su adhesión incondicional hacia mí, en el pasado.
Felizmente, presentí la fuerza y la justicia de la Ley, que me obligaba al debido reajuste: reconocí
en Anastasio al alma creadora de ese pasado y me volví entonces más dócil, tolerante y hasta
jubiloso delante de sus ingratitudes, en la convicción de que con esa "autopunición" cancelaba en
público el saldo que adeudaba por las equivocaciones espirituales cometidas en el pasado.
Pregunta: Pero, según las leyes divinas, ¿el sufrimiento y la humillación que sufristeis no eran
suficientes para evitarse los impactos de las vibraciones perjudiciales provenientes de Anastasio,
después de vuestra desencarnación? ¿Por ventura no habíais expiado en la Tierra la deuda que
teníais con él? Creemos que en tal disposición, vuestro sufrimiento moral debería haber cesado
exactamente en la hora de vuestra desencarnación; ¿no es así?
Atanagildo: Os repito una vez más: la ecuanimidad de la Ley Kármica es la que marca el pago de
la "última moneda", de la que tanto habló Jesús. Esa última moneda, en mi caso, aún figuraba como
débito en las últimas vibraciones antagónicas y opresivas que sufrí al desencarnar. Sólo así la Ley se
dio por satisfecha con el reajuste, porque esa Ley y yo mismo la había invocado en contra de mí. Mi
pasivo, con respecto a las relaciones con Anastasio, sumaba la determinada cantidad de
humillaciones o perfidias y también cierto tiempo de vulnerabilidad magnética receptiva a sus
pensamientos y actos contra mi espíritu. Cuando yo desencarné, recibí, debido al servicio fraterno y
humilde prestado a él y a otros, cierta ayuda que me auxilió en la condición de desencarnado; pero
aún existía un pequeño saldo a favor de Anastasio, que de esa manera me colocaba bajo su
dependencia, en materia de venganza. Y como ya manifesté, su reacción fue contundente, pero no
sufrí mayores consecuencias por su vibración tóxica, porque en el fondo de su alma empezaba a
sentir remordimientos por su actitud tan insana para conmigo. Así, os será más fácil comprender que
nosotros mismos aumentamos o disminuimos nuestras desdichas, porque si yo hubiese rechazado a
Anastasio bajo reacciones antifraternas, aun en este momento en que os dicto esta comunicación
estaría sufriendo las consecuencias de su rencor hacia mí. Por eso, días después cesó su
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

obstinación, y más adelante llegué a recibir sus pensamientos de arrepentimiento y deseos de


perdón.
La Ley Kármica exige que paguéis "moneda por moneda" el total de todas las perturbaciones que
ocasionéis a los otros Con vuestra naturaleza animal inferior; pero la Bondad Divina permite que
disminuyamos la cantidad o la intensidad del mal practicado, desde el momento que trabajéis en favor
de los miserables o que os sacrifiquéis heroicamente para la mejoría del mismo mundo a cuya
perturbación habéis contribuido. Tenéis la oportunidad de pagar continuamente la deuda kármica y
también poseéis un hermoso crédito que puede provenir de los servicios espontáneos por el amor y la
abnegación desinteresada. Hay miles de recursos ofrecidos por la vida humana que permiten al alma
laboriosa y decidida reparar sus delitos cometidos en el pasado.
Pregunta: Entonces, ¿os podéis considerar exceptuado de las deudas con el hermano Anastasio,
pudiendo de ahora en adelante proseguir por otros caminos distantes de su evolución?
Atanagildo: Realmente, ésa es la concepción exacta delante de la Ley de Causa y Efecto, a la
que me sometí para liquidar mi débito con Anastasio. Se cumplió aquello que nos manifestara Jesús,
cuando nos previno: "lo que desligáreis en la Tierra también será desligado en el cielo". Ahora me
encuentro desligado kármica-mente del espíritu del que yo me sirviera en el pasado, de modo tan
irregular, pues él mismo se cobró en parte su crédito, haciéndome soportar la inversión de los actos
cometidos en el pasado. Por lo tanto, la Ley permite que yo continúe mi camino evolutivo sin que
Anastasio me perturbe.
Pregunta: No comprendimos bien vuestra explicación. ¿Por qué motivo decís que Anastasio se
cobró "en parte" su crédito y nos afirmáis, al mismo tiempo, que él ya se encuentra compensado por
la Ley?
Atanagildo: Explico: en virtud de mi incesante actividad benefactora, por la cual socorrí a muchos
necesitados, aun en perjuicio de mi propio presupuesto económico y también de mi salud, el total de
mi deuda obligatoria con Anastasio se redujo en gran parte por haber sido un servicio espontáneo que
presté al prójimo y que la Ley Sideral registró como crédito de mi compensación kármica. La cantidad
de abusos que cometí en el pasado, por intermedio de la precaria moral de Anastasio, quedó
bastante reducida en mi última existencia gracias a la cooperación prestada a otros espíritus que se
encontraban sometidos a pruebas dolorosas en el mundo material. De ahí se deduce que la Ley es
rigurosa, pero también es justa; el Padre es fundamental Amor y no simplemente Justicia.
Comprenderéis ahora por qué motivo Anastasio se cobró "en parte" su crédito, pues lo que yo le
debía no fue pagando integralmente; una parte fue llevada a cuenta de los auxilios que presté a los
necesitados que a mí se acercaban, quedando de ese modo totalmente cancelada mi deuda.
Pregunta: ¿El espíritu de Anastasio aún se encuentra reencarnando en la Tierra?
Atanagildo: Hace más de tres años que regresó al Más Allá, pies debido a su karma delictuoso,
terminó su vida material bajo e puñal de un asesino, porque, debido a sus homicidios del pasado, \Í
Ley Kármica lo colocó en la situación y posibilidad de morir violentamente. Es obvio que si se hubiese
dedicado a recuperarse pira su renovación interior, ejerciendo un amoroso servicio al prójimo o
renunciando a sus deseos de venganza, esa misma Ley sivera no sólo lo hubiera apartado hacia
zonas de mayor protección en el mundo físico, sino que también lo hubiera favorecido con una vida
más duradera. La Tierra, como divina escuela de educación espiritual, no se vuelve contra el alumno
que intenta recuperar el curso perdido, aunque para eso tenga que repetir las materias que no pudo
aprobar.
Es lógico que Anastasio no se reencarnó para morir ex profeso en manos del implacable asesino,
porque eso nos haría suponer, sin lugar a dudas, que alguien tendría que transformarse fatalmente en
homicida para que se cumpliese su trágico destino. En verdad, la Ley Kármica lo situó en un medio
en donde había más probabilidades de ser víctima de violencias, ya por encontrarse entre mayor
número de homicidas en potencia o por estar ligado a dos adversarios vengativos, que habían sido
víctimas suyas en e pasado.
No nos enfrentamos con un destino irreparable que prepara homicidas para que se vuelvan
instrumentos kármicos punitivos por las infracciones del pasado; la Ley solamente aproxima a los
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adversarios que se atraen por sus propias afinidades y tendencias espirituales, por cuyo motivo
terminan castigándose entre sí, bajo la ley de "los semejantes curan a los semejantes".
Pregunta: Después de la desencarnación de Anastasio, ¿lo habéis encontrado en el Más Allá?
Atanagildo: Ya os dije que la Ley Kármica me desligó de la contingencia de encontrarme en los
futuros ciclos reencarnatorios de Anastasio, porque pagué el total de mi deuda con él. Pero eso no
me priva de proseguir espiritualmente en su auxilio, pues mi actual conocimiento espiritual lo identifica
como un hermano ignorante que necesita urgente socorro.
Anastasio no es más un adversario que me exige confrontación de derechos; pero de ahora en
adelante será mi pupilo, el alma a la que debo proteger con sincera dedicación, ya sea en el Espacio
o en las reencarnaciones futuras. El grado de entendimiento o el júbilo indestructible que la bondad
del Creador concedió a mi espíritu me inspira para que esa ventura mía la emplee en aliviar las
angustias de otros necesitados, principalmente al hermano Anastasio es un objetivo de importancia al
que me consagraré por largo tiempo, en la senda de mi propia evolución, hasta conseguir que se
transforme en un amigo leal, afectuoso y bueno.
En verdad, esta norma de acción es un proceso común y extensivo a todos los espíritus bien
intencionados, pues aquellos que progresan a través de nuevos ideales y propósitos superiores reco-
nocen que su libertad definitiva de la cárcel de la carne ha de ser más breve si también se dedican a
proteger a sus verdugos del pasado. No se trata de sentimentalismos de almas privilegiadas entre la
humanidad sideral; son apenas condiciones naturales y comprobadas por aquellos que ya os
antecedieron en el viaje hacia aquí. ¡Cuántas víctimas de nuestra incuria del pasado se fatigan
afanosamente, aun en estos momentos, con la finalidad de hacernos ingresar en los ambientes
felices de Paz y Amor! En verdad, cambia el diapasón de nuestra ventura cuando nos volvemos
creadores de venturas ajenas. Esta es la exacta comprobación de las enseñanzas del divino Jesús,
cuando aconsejaba que "se caminara una milla más a favor del adversario" o que después de
"exigido el manto, se le diera también la túnica".
Cuando eso ocurre con divina espontaneidad, sin manchas de vanidad o de intereses espiritual,
es porque Dios fluye por nuestro intermedio, ya que reflejamos parte de su Amor Incondicional.

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LA METRÓPOLI DEL GRAN CORAZÓN

Pregunta: ¿Cómo se denomina la comunidad o colonial espiritual en donde moráis actualmente,


en el mundo astral?
Atanagildo: El gran número de espíritus que habitan en la región donde yo me encuentro y de los
múltiples trabajos y objetivos de educación espiritual que se realizan me hacen recordar a ciertas
actividades terrenas, por las cuales la iluminada ciudad astral en donde reside merece ser conocida,
en el pintoresco lenguaje del Más Allá, como la metrópoli del "Gran Corazón". Cuando nosotros la
observamos desde lejos y nos acordamos de los amorosos servicios que presta a las almas fatigadas
y que ya están desencarnadas, en realidad significa la magnánima y verdadera figura de un corazón
que se destaca en el seno de la infinita masa astral, de un color azul esmeralda. Es uno de los más
encantadores "oasis" situado en la esfera astral, dedicado al socorro del viajero que atravesó el
desierto de la vida física, componiéndose de una sublime comunidad de almas caritativas que
trabajan en zonas que inciden sobre cierta parte del Brasil. Sus ocupaciones son de paz y progreso,
relacionándose con aquellos que procuran hacer de la vida un motivo de elevada educación
espiritual.
Pregunta: ¿Se trata de una agrupación astral que, por su forma, nos haría recordar a las
organizaciones del tipo terreno, en ese género?
Atanagildo: La metrópoli en donde me encuentro me hace recordar aproximadamente a una de
las más bellas ciudades terrenas, constituida por edificios con sus respectivas ornamentaciones y
recursos de vida común, pero se distingue de un modo muy particular por su padrón moral superior,
gracias a sus realizaciones exclusivamente destinadas a la ventura del alma. Allí todo fue realizado
exclusivamente en favor del bien común, sin preocupaciones de clases, jerarquías u organizaciones
que se destaquen. La metrópoli del Gran Corazón es un hermoso laboratorio de alquima espiritual, en
donde se forman los moldes de los futuros ángeles del Señor de los Mundos. Imperan costumbres
brasileñas, pero la mayor parte de su dirección y el mayor número de habitantes con almas que
habitaron anteriormente y por largo tiempo en la India y en Grecia, motivo por el cual aún se
conservan algunas características del espíritu filosófico, artístico, devocional y un tanto irreverente de
los espíritus bulliciosos de la patria de Sócrates, Platón y Alcibíades.
Pregunta: ¿Qué diferencia tiene esa metrópoli en relación al modo de vida de nuestras ciudades
terrenas?
Atanagildo: Me veo en la imposibilidad de haceros una descripción exacta y satisfactoria con
respecto a vuestras indagaciones minuciosas, en ese sentido, aunque se trate de una ciudad vaga-
mente parecida a alguna metrópoli terrena. Su constitución escapa a la regla común de la Tierra, y su
modo de vida se desenvuelve en diferentes campos vibratorios; aparte de eso, se rige por una
dinámica aún desconocida por los reencarnados. Esas colonias o metrópolis astrales se agrupan
concéntricamente alrededor del globo terrestre y están edificadas en el "mundo interior". Comparadas
con las ciudades terrestres, éstas parecen cáscaras groseras de aquéllas.
Hay cierto sentido de transitoriedad en las edificaciones de la región astral en donde resido,
porque su principal objetivo no se limita a agrupar a las almas, sino que está dirigido a proporcionar la
tan deseada modificación en el carácter de sus moradores. A medida que se logran las
transformaciones íntimas en los espíritus de los moradores de la metrópoli, sus administradores
sustituyen las cosas que están en relación con los habitantes, renovando así los padrones familiares
y modificando el ambiente, con el propósito de atender perfectamente a las reacciones psíquicas más
avanzadas que puedan manifestar.
Pregunta: ¿Nos podríais dar un ejemplo de esas modificaciones en vuestra metrópoli, destinadas
al desarrollo espiritual de sus habitantes?
Atanagildo: Conforme al padrón espiritual alcanzado, los espíritus de nuestra metrópoli, a través
de sus consecutivas reencarnaciones, van modificando el ambiente de su morada astral. La
transitoriedad de las edificaciones de nuestra metrópoli se explica por la facilidad con que pueden ser
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

sustituidas y adaptadas rápidamente por nuevos proyectos, porque en el mundo astral las
configuraciones sirven sólo como ornamento y amparo estético para las realizaciones "íntimas" de
sus moradores, en vez de exhibiciones públicas con derechos de propiedad. A medida que el espíritu
evoluciona, demuestra gradualmente su desinterés por el imperativo severo de las formas, a la vez
que despierta el deseo de mayor ventura espiritual, saturándose fácilmente con el contacto exterior.
Por eso las ciudades astrales, de orden más elevado, modifican continuamente los panoramas y
formas, que se han vuelto monótonos o imponentes, para crear nuevos estímulos evolutivos en sus
moradores.
Pregunta: ¿Cuál es la diferencia fundamental de esa transitoriedad en el mundo astral, con
relación a la naturaleza definitiva de las cosas terrenas?
Atanagildo: Las construcciones terrenas, como bien lo decís, son hechas obedeciendo a la
constante preocupación de que sean definitivas. Como siempre existe entre vosotros la preocupación
de las cosas transferibles en el concepto de herencia hacia los hijos, nietos, etc., es evidente que los
hombres desean hacer las cosas con solidez granítica, a fin de que puedan resistir largo tiempo y que
sirvan a las generaciones futuras. Los planos y cálculos son elaborados de modo que el dinero es
aprovechado en obras que tengan la mayor duración posible, porque el deseo de lucro y el miedo a
los prejuicios es realmente lo que domina a la vida humana. Y como se vuelve dificultoso prever con
éxito las transformaciones estéticas y psicológicas que han de producirse en lo futuro en vuestros
descendientes, construís entonces cosas que más atienden al sentido utilitarista del mundo que a las
necesidades espirituales de sus moradores.
Debido a eso, los padrones del mundo material están casi siempre en desacuerdo con la realidad
espiritual del hombre; algunas veces se adelantan siglos en proporción a la evolución de ese
momento o se mantienen graníticos, eternos, por así decir, como en la mayoría de las ciudades
europeas. No hay duda que es dificilísimo acomodar con exactitud el grado interior del hombre con su
prolongación exacta exterior, porque las comunidades terrenas son compuestas de almas que están
situadas en todos los extremos de la escala espiritual.
Mientras tanto, en una colectividad como la de la metrópoli del Gran Corazón existe esa armonía
selectiva en las almas que tienden regularmente hacia un gusto y una evolución espiritual bastante
semejantes, lo que posibilita el medio para efectuar reformas en el conjunto y que a su vez satisfaga
a todos. Es verdad que en la Tierra ya se esboza una nueva índole creadora, en donde las
edificaciones se presentan más livianas y menos graníticas; por lo tanto, más fáciles de ser
substituidas de conformidad con el incesante progreso estético y espiritual de las criaturas. En cuanto
a esa transitoriedad en nuestra metrópoli astral, cabe manifestar que es como una admirable
plasticidad del medio, que se modifica en perfecta correspondencia con las alteraciones que también
se producen en la intimidad de sus propios moradores.
Pregunta: Os agradeceríamos que nos dieseis algún ejemplo para que se nos aclare mejor el
aspecto de esa substitución de las cosas o edificaciones del mundo astral y nos dijeseis por qué se
vuelven impotentes para crear nuevos estímulos al espíritu. ¿Podríais hacerlo?
Atanagildo: Os daré un ejemplo que tal vez os sirva de paradigma y del que, a la vez, podáis
extraer conclusiones más amplias con respecto a cuanto os he dicho. Los bellos jardines que rodean
a los edificios destinados a la preparación científica y artística de los candidatos a las futuras
reencarnaciones en la Tierra son uno de los lugares en que más se siente "en el aire" esa impresión
de transitoriedad a que me he referido; es como si aquellas flores y ornamentaciones permaneciesen
constantemente a la espera del jardinero, para modificar las configuraciones comunes continuamente.
Los canteros de flores que decoran los caminos de entrada a esos edificios, por más bellos, raros e
impresionantes que se presenten a la visión, son inmediatamente substituidos por otros tipos nuevos
y desconocidos, ni bien los mentores y técnicos de la metrópoli verifican que los estudiantes ya se
están volviendo indiferentes a su color, forma y belleza.
Eso sucede porque las cosas que existen en nuestra metrópoli, en cualquier sentido y bajo
cualquier aspecto, sirven como "propulsores' que activan la dinámica de pensar en los moradores;
excitan, despiertan reflexiones nuevas y parecen rejuvenecerlos siempre, porque en sus mutaciones
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

continuas no sólo evitan la saturación espiritual, sino que apresuran el sentido creador del alma. No
hay duda que el panorama de nuestra esfera nos recuerda a un modesto rincón del Paraíso bíblico,
pero no se incentiva aquí la contemplación exclusiva, que aún es el sueño de muchas almas
egoístas, ociosas y convencidas de que Dios creó el mundo y después se quedó embelesado al
contemplarlo...
Pregunta: En cuanto al aspecto general de la metrópoli del Gran Corazón, ¿podemos suponerla
semejante a la topografía de una ciudad terrena?
Atanagildo: Todo lo que se edifica en nuestra ciudad tiene un sentido estético mucho más
perfeccionado que lo cultivado en la Tierra, aunque se trate de realizaciones transitorias. La metrópoli
del Gran Corazón alberga cerca de tres millones de espíritus desencarnados, y todas las
edificaciones destinadas a sus principales actividades se sitúan en los extremos de la comunidad, for-
mando grupos encantadores. Si os fuese posible tener una visión panorámica del conjunto
metropolitano, verificaríais cierta semejanza con algunas ciudades terrenas, puesto que se extiende
sobre una inmensurable meseta astralina, perfectamente dividida por siete gigantescas avenidas que
parten del centro principal y penetran en los suburbios, cuyas edificaciones, observadas a la dis-
tancia, nos recuerdan las encantadoras miniaturas de paisajes que sólo se entrevén en los poéticos
sueños orientales.
El Corazón de la metrópoli está formado por un gigantesco y magnífico paseo público, en forma
de heptágono, y conforme a las medidas terrenas alcanza algunos kilómetros cuadrados. Se trata de
un vastísimo parque decorado con bosques, cuyos árboles, de escasa altura, permiten que los rayos
solares iluminen todos los rincones y caminos, creando seductores claros recamados de arena de
centelleante color. El césped de tonos esmeraldinos, nos recuerda a un maravilloso tapiz de trama
refulgente, matizado totalmente por florecillas pequeñas, semejantes a rubíes, amatistas, topacios,
las que, realzadas por compactos cordones vegetales, forman caprichosos dibujos que parecen
expresar elocuentes frases de agradecimiento al Creador. De las ramas pequeñas, de suave tono
malva luminoso, cuelgan ramos de color verde claro cristalino, recortados de flores iguales a las
glicinas y especies de campanillas que se mueven fácilmente al suave impulso de la brisa,
produciendo una deliciosa fragancia, por lo que en mí siempre evocaron a las orquídeas de la selva
brasileña.
Todos los jardines, bosques, avenidas y claros fueron construidos con genial simetría, dentro de
un plano general, anticipado, que abarca toda la belleza geométrica y panorámica de la metrópoli.
Ese paseo público, que forma el corazón de la verde ciudad astral de mi morada, presenta el máximo
de capacidad, belleza y armonía jamás producidas por ningún sabio, ingeniero o artista terrenos.
Pequeños riachos, como cordones líquidos, bordean las avenidas principales y zigzagueando en la
fronda perfumada, como si fuesen maravillosas serpientes plateadas, terminan en siete lagos
artificiales. Cinco de esos lagos están rodeados por espaciosos pabellones multicolores, construidos
en un elemento vítreo, desconocido para vosotros, y a la distancia resaltan como si hubiesen sido
tallados directamente en bloques de piedras preciosas. Además, están cubiertos por vistosas cúpulas
translúcidas, de tonos dorados, liliáceos, esmeraldinos y de una verde clarísimo, que rodea a los
lagos, como si fuera una prolija y brillante moldura, que se caracteriza por su pintoresca policromía.
En esos atrayentes pabellones se encuentran distribuidos los salones de conciertos, teatros
educativos sobre los historiales de la reencarnación, exposiciones de flores, casa de música que, en
los períodos de conmemoraciones especiales, ejecutan desde los temas folklóricos de los
predominantes espirituales de la metrópoli hasta las majestuosas sinfonías que fluyen de lo alto, en
las de la inspiración angélica.
Pregunta: Habéis dicho que cinco de esos lagos están rodeados de pabellones multicolores. ¿Por
qué causa? ¿No sucede lo mismo con los otros dos lagos artificiales?
Atanagildo: En el centro exacto de ese gran paseo, que podría parecerse a una gigantesca
plaza pública terrena y que constituye el corazón de nuestra metrópoli, se encuentra edificado el
magnífico templo destinado a las oraciones colectivas, cuya entrada principal mira hacia Oriente. Los
dos lagos a que os referisteis quedan en dirección noroeste y sudeste con respecto a la puerta

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principal del templo; no están rodeados de pabellones como los otros, pero cada uno posee en el
centro un espacioso tablado hecho de un material blanquecino, decorado en una tonalidad esfumada
entre el rosa y el lila, que tiene la propiedad de absorber la luz. En esos majestuosos escenarios es
donde se ejecutan los más fascinantes bailes sidéreos, donde la gracia y la emotividad espiritual
alcanzan niveles tan altos, que todo el ambiente se sensibiliza y adquiere un contacto más directo con
las esferas superiores. Se denomina "Fiesta del Cielo" y es tradicionalmente conocida en la metrópoli,
pues durante ella se dan espectáculos de belleza inenarrable. En verdad, son las legiones angélicas
de los planos superiores que se encargan de transformar el ambiente en profunda alegría, a la vez
que en la superficie de las aguas se celebra la más indescriptible orgía de colores, perfumes, luces y
melodías.
Pregunta: Nos agradan muchísimo los cuadros que intentáis describirnos para la mejor
comprensión de nuestra mente, aún encadenada a la materia terrena, pero nos parece que muchos
han de considerar vuestras descripciones sólo como un loable esfuerzo literario.
Atanagildo: No desconozco cuan fundadas son vuestras desconfianzas, porque sé muy bien que
esos relatos os pueden parecer demasiado poéticos y estar viciados de exageradas descripciones,
como las debidas al esfuerzo imaginativo que realizan los poetas románticos. Sin duda que para
algunos lo que describo será tomado como ingenuo o una especie de cuento de las "Mil y una
noches" para adultos; para otros, no pasará de simples sofismas bien intencionados, pero
improductivos, porque creen que los espíritus desencarnados viven sumergidos en un sueño
abstracto.
La verdad es que el más extenso repertorio de las palabras humanas es insuficiente para lograr
transmitiros la realidad de aquello que me absorbe el espíritu, delante de la maravillosa visión de la
metrópoli del Gran Corazón, frente a la cual compruebo que las más tiernas historias de hadas no
dejan de ser relatos de una imaginación paupérrima y despojada de toda importancia sensata.
Cuando intento delinearos la naturaleza de la esfera donde vivo, se me hace la idea de que estoy
depositando un puñado de escamas de pescado en las manos de un ciego de nacimiento, y en
seguida le exijo que, conforme a ellas, me detalle con exactitud el extraño mundo de los peces y su
vida en lo profundo de los mares.
Mientras tanto, me resta la esperanza de que llegará la oportunidad en que los descreídos
también aportarán sus experiencias a estas realidades astrales, comprobando personalmente la
realidad que brilla mucho más allá de la capacidad imaginativa de un cerebro humano e imposible de
ser configurada a través de la mediumnidad precaria de un hombre.
Pregunta: Nos gustaría tener una concepción más real de la vida en el Más Allá, por cuyo motivo
desearíamos que nos dieseis algunos detalles de esos bosques, lagos, edificios, avenidas, etc. ¿Os
será posible?
Atanagildo: Además de los dos lagos que poseen los espaciosos escenarios en forma de palcos
circulares, en el centro de sus aguas, los otros cinco también poseen una pequeña y hermosa isla,
semejante a un trozo de esmeralda pulida, sorprendentemente receptiva de los colores que se
irradian por la noche tanto desde las al margen de los mismos. Del centro de cada una de esas cinco
islas se levanta una torre construida del mismo material luminiscente de las islas, pero de un tono
rosado-salmón. Su base está rodeada de una exuberante vegetación, semejante a los cedros
terrenos, podados en forma simétrica, que además de formar una pintoresca escala alrededor de la
torre, parece un perfecto y fuerte puño de vegetación verde oscura que asegura a la torre hasta la
tercera parte de su altura. Más arriba se forman vistosos pasillos de flores entremezcladas,
conformando una hermosa red de pétalos, ramos y corolas, cuyos colores van desde el amarillo
fuerte hasta el carmín aureolado de un rosa pálido. Por entre los canteros recortados en forma de
corazones, de una tonalidad verde seda, hay hermosos grupos de flores erguidas, bellísimas, pareci-
das a las espigas del trigo nuevo, que nos hace recordar los dibujos policromos de la cola del pavo
real, las que, al balancear sus extremos bajos el reflejo rosado, liláceo y azul sidéreo, exhalan un per-
fume de jazmín o clavel terrenos.
Cuando la brisa mueve con suavidad aquellos mantos de flores que fluctúan alrededor de las
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

torres, por encima de las escaleras verdosas, se recuerda fácilmente a las riquísimas mantillas de las
jóvenes sevillanas, cuyos tonos coloridos se diluyen como niebla de armiño, al contacto con el sol,
transformándose en revoloterantes partículas luminosas. Observadas a la distancia, esas torres que
surgen de las islas pequeñitas, con sus características luminosidades, nos recuerdan a finísimas
agujas de color azul verdoso, como si estuvieran tallados directamente en un bloque de luz colorida.
Mientras tanto, todas las poseen espaciosas salas circulares en sus cúpulas con asientos
circunscritos en torno de los estrados centrales, instalados acústicamente. Desde esas salas
proceden las músicas que continuamente se escuchan por le bosque y la metrópoli, activando el
sentimiento espiritual de las criaturas y reajustando las emociones angélicas. Por un determinado
tiempo funciona un conjunto musical en cada isla, complementándose todos sinfónicamente en la
ejecución, gracias a la feliz distribución de los distintos grupos instrumentales, que actúan en cada
una de las cinco torres situadas en las islas. En las épocas festivas, como en la llamada "Fiesta del
Cielo", las composiciones de lo Alto se unen a la orquestación de la metrópoli, en la más paradisíaca
simbiosis de sonidos, revelando a sus moradores nuevas combinaciones de melodías y conjuntos
sinfónicos tan excelsos, capaces de extasiar a los espíritus más rudos. Determinados aparatos, que a
falta de vocablo apropiado prefiero denominar aparatos de proyección, que envuelven la atmósfera
astral que circunda a las islas con inexplicables reflejos musicales, para luego incidir sobre los
escenarios luminosos de las dos islas restantes, los cuadros emotivos v las inspiraciones angélicas
que se afinan con los padrones melodiosos, ejecutados en ese momento.
En el seno de los bosques encantados, liberados de residuos peligrosos, hav diseminadas
innumerables fuentes de agua colorida, las que se hallan entre hermosos árboles, y a su vez éstos
brotan en los prados de hierbas tan suaves que parecen hilos de "nylon" luminoso. Esas fuentes se
destacan por la combinación de chorros de agua mezclados con luces y sonidos, produciendo ciertas
frases melodiosas en períodos determinados. Algunas veces, la melodía nos recuerda la fuerza
apasionada que sólo puede ser transmitida por la armonía y sonoridad grave del violoncello terreno;
en otros momentos, la ansiedad y la ternura espiritual que manifiestan se alcanza por las sensibles
cuerdas del violín. Hay momentos en que, por la disposición de algún mecanismo interior, se
sincroniza de tal modo el color, la luz, el líquido y el sonido, produciéndose algunos trechos
bulliciosos, recordándome la expresión melodiosa de los órganos de las catedrales, en apresuradas
músicas de ritmos breves y sincopados.
Pregunta: Suponiendo que nosotros pudiésemos contemplar la metrópoli del Gran Corazón
usando una aeronave terrestre, ¿cuál sería, hipotéticamente, el panorama que vislumbraríamos
desde lo alto?
Atanagildo: Cuando me sirvo de la facultad de volición para ingresar en la atmósfera terrestre o
para visitar otras comunidades astrales, la metrópoli surge ante mi visión, como si fuera un precioso
trabajo de joyería, tallado en un bloque diamantífero, pues, las edificaciones parecen delicados
adornos de cristal y porcelana, envueltas en un azul celeste de suave luminosidad. Entonces, me dejo
llevar por la imaginación, describiendo a la metrópoli, como si fuera un estuche diáfano, luminoso,
como esas cajas de "celofán" que usan las florerías de la Tierra, cuya transparencia permite observar
las flores a través de ese delicado papel.
Aunque los contornos geométricos son de forma heptagonal, la metrópoli en su conjunto, se
conjuga como un amoroso corazón de luz esfumada, suspendido en la masa astralina. Se trata de un
maravilloso espectáculo, imposible de describir con los recursos limitados del lenguaje humano; es
un paisaje de badas suspendido en el Espacio y atado por setecientas luces de colores, que salen de
las siete torres de los templos, para terminar enlazado en lo Alto, alrededor de un foco de luz amarillo
dorado, que se abre en el cielo a la altura del templo religioso. El conjunto de la ciudad astral del
Gran Corazón, además de estar envuelta por un aura que va desde el azul claro hasta el suave lila,
tiene un haz luminoso que resalta y tiene por función avivar los tonos superpuestos, conforme a la
mayor o menor intensidad de las corrientes magnéticas, que se intercambian en sorprendente
vivacidad al descender de las zonas superiores de aquella región.
Pregunta: ¿La denominación de metrópoli del Gran Corazón le fue impuesta por la semejanza a
un corazón, cuando es observada a la distancia?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: La denominación proviene de la idea de fundar una colonia de socorro espiritual en


el seno del astral salvático, en sentido perpendicular al Brasil y que significara, un corazón situado en
las tinieblas del sufrimiento espiritual. Mientras tanto, Su configuración geográfica, si así me puedo
explicar, se basa en la forma de un heptágono, como dijera anteriormente, o sea, un polígono de siete
lados, cuya forma geométrica, rige la armonía y la edificación de toda la metrópoli. El propio templo,
que es la parte y forma central de la comunidad, fue edificado con la exigencia de siete torres, que
también se aúnan a las medidas heptagonales de la ciudad.
De la antigua denominación de "Pequeño Corazón", que fue popular entre los primeros
pobladores, pasó a conocerse como la metrópoli del "Gran Corazón", a medida que fue creciendo en
agrupaciones y se volvió una colectividad de mayores responsabilidades espirituales. Más tarde,
debido a la capacidad y al espíritu de superación de sus moradores, mereció la inspección de
elevados espíritus, residentes en los planos superiores, los cuales elogiaron los trabajos de la
comunidad y la ligaron directamente al departamento angélico responsable por la evolución espiritual
del Brasil, que se acredita por consecuencia, la jerarquía directora de la América del Sur. Después fue
trazado el templo augusto con sus siete torres, sustituyendo definitivamente a la vieja "Casa de
Oraciones", que sólo enviaba vibraciones cordiales hacia el astral inferior. Bajo la inspiración de esos
elevados arquitectos de lo Alto, que conocemos como "los señores del pensamiento disciplinado", los
edificadores mentales de nuestra metrópoli, sometieron la sustancia destinada al templo, a ciertos
procesos que no estoy autorizado a revelaros, principalmente, en la construcción de la torre principal
que mira hacia Oriente, sede del elemento divino, representando el "canal" de unión de nuestro plano
con la fuente generosa de las comunidades angélicas de la séptima esfera.
Es por eso, que a la noche, cuando observo la metrópoli a distancia, me parece un prodigioso
mundo de hadas, suspendido en la región superior, como si el cielo se abriese para dejar pasar una
encantadora pirámide de luz, cuyo ápice centellea intermitentemente como delicado hilo de luz
colorida, sostenido por la dadivosa mano de un ángel. Es entonces, cuando más se puede verificar el
efecto divino del magnetismo angélico que fluye desde lo Alto, pues, cada una de las torres
resplandece en matices diferentes, que después convergen hacia la cúpula del santuario, trans-
formándose en un blanco inmaculado, que revitaliza y sublima las energías de las criaturas que se
hallen presentes en el interior del templo.
Pregunta: Aunque nos encontramos muy a gusto con las descripciones sobre vuestra morada
astral, gustaríamos que nos explicaseis mejor, esas relaciones que existen entre los espíritus y las
cosas del mundo astral, a que os referisteis anteriormente.
Atanagildo: Como ejemplo de esa vivísima relación entre los seres y las cosas de aquí, os narraré
lo que sucedió en uno de los extensos pabellones, destinados a los niños, el que está situado entre
hermosos canteros de flores y en el centro de uno de los bosques destinados al efecto. ¿Cuál creéis
vosotros que debiera ser la relación fundamental psíquica, entre los cantos y las danzas infantiles de
esas agrupaciones de niños, con relación al bosque y a las flores de los jardines adyacentes? Para
los técnicos de aquí, lo interesante era encontrar el diapasón que fuera capaz de identificar la alegría
común, el dinamismo festivo, la inocencia y la espontaneidad de los pequeños. Para establecer ese
lazo psíquico o diapasón espiritual, los responsables crearon un ambiente que estuviera de acuerdo a
las manifestaciones psicológicas de las criaturas, que no se deben confundir con los tradicionales
ambientes "infantiles", muy comunes en la Tierra, atentos sólo al nivel mental. Aquí todo se ajusta a la
identificación emotiva mental y espiritual de los pequeñitos; las flores de los canteros son pequeñas,
dinámicas y elegantes, y se mueven fácilmente al contacto de la brisa suave; los arbustos que las
rodean, también son pequeños y al balancearse suavemente, exhalan un perfume que recuerda la
fragancia característica de las ropas de las criaturas, sanas, limpias y perfumadas. Para que los niños
se diviertan junto a los lagos, y no les resulte monótono, y que a su vez no tenga el aspecto grave de
ocupaciones adultas, que en nada se asemejan a los toques maravillosos de sus manifestaciones,
existen alrededor de los lagos, pequeños, que lanzan sonidos agudos y cristalinos, uniéndose
admirablemente a la expresión infantil.
Los edificios en donde viven los niños, son pabellones que parecen bosquejados con inquietos y
ricos colores, que parecen asociarse a los movimientos infantiles, pues, en base a la naturaleza
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

cristalina o etérea de la sustancia astral de nuestra morada, se forma una amalgama policrómica que
fertiliza todas las cosas y las anima, bajo el toque sensitivo de las disposiciones festivas. La
irradiación de los riachos se une al aire de travesura de los árboles bulliciosos y la policromía de las
flores; entonces, se aviva la figura central del pabellón y los chorros de luz colorido convergen hacia
el pecho de los pequeñitos, que al saturarse de esos colores luminosos, se entregan a los más
encantadores cantos, del mundo espiritual.
Pregunta: ¿Queréis decir, que las cosas que rodean a las criaturas, en ese ambiente astral, son
dotadas de vida propia; no es así?
Atanagildo: Es lógico que no se comprenda ese fenómeno, que es apropiado a nuestras
condiciones vibratorias. Los paisajes y las cosas que lo componen, se identifican con los brincos y el
júbilo de las criaturas, pues, los colores se avivan o se apagan, los sonidos se agudizan o calman,
reflejando en la magia de los fluidos astrales, las emociones del bullicio de los chicuelos. Yo mismo,
no tardé en aprender a leer, en aquel lenguaje de colores, luces y sonidos que se manifestaba en
admirable efervescencia, toda la gama de emociones que recorre el alma infantil.
Bajo esa misma disposición vibratoria, se encuentran otros tijos de relaciones psíquicas o
psicología espiritual, en perfecta sintonía con los distintos sectores de educación, trabajo, diversión y
devoción en la metrópoli del Gran Corazón.
En nuestra esfera, como ya os relaté, todas las cosas son profundamente afectadas por el
pensamiento de las criaturas que reaccionan entre sí, como verdadera prolongación viva de las
mismas. Insisto en deciros, una vez más, que nuestro modo astral no es ilusorio y que es mucho más
real, que el mundo físico. Es perfectamente tangible a pesar de su altísimo diapasón vibratorio que
está más allá de los sentidos físicos y del raciocinio humano. El medio astral siempre reacciona con
vehemencia y prontitud ante cualquier gama vibratoria de nuestro periespíritu. Podemos ajustamos a
las vibraciones elevadas, en la medida del impulso de la voluntad y capacidad de nuestra mente,
purificada por la influencia benéfica del corazón.
Afirma la ciencia terrena, que el sonido, la luz, el color y el perfume, son apenas, modificaciones
vibratorias de un mismo elemento fundamental, el éter cósmico; pues el problema está, entonces, en
poder captar el tipo de modulación apropiada a la capacidad receptiva del cuerpo humano y por eso,
las criaturas son obligadas a sintonizar en cada faja vibratoria, un sentido físico correspondiente. Por
lo tanto, el sonido no será escuchado si faltara la perfección de los oídos y, luz y color, no tendrían
significación alguna, si faltara la vista. Es necesario que haya un órgano dotado de posibilidades
sensoriales, para que la criatura pueda darse cuenta de los fenómenos, pues, según explica vuestra
propia ciencia, aunque todos tengan oídos y ojos carnales, no todos ven y oyen con la misma
intensidad, porque la receptividad varía de acuerdo al estado de salud y perfección de esos sentidos.
Mientras tanto, el sonido, la luz y el color continúan en la misma modulación natural, en sus fajas
vibratorias originales, aunque se alteren los sentidos que los reciben para uso del conocimiento
humano.
He ahí pues, la gran diferencia de esos fenómenos en el plano astral, en donde los
desencarnados captan directamente en su campo original vibratorio, a través de la delicadísima
sensibilidad del periespíritu, haciéndolo sumergir directamente en el océano de las vibraciones puras
de fenómenos de luz, color, perfume y sonido.
Pregunta: ¿Qué cualidades le son exigidas a los espíritus para que puedan habitar las colonias o
metrópolis, semejantes al Gran Corazón?
Atanagildo: El tipo espiritual electo para integrar las agrupaciones semejantes a la metrópoli del
Gran Corazón, debe en primer lugar, tener desarrollado regularmente en sí, las características
"universalistas", en todos los sentidos y relaciones de la vida humana. Es preciso, por lo tanto, que
haya anulado el sentimiento ultra-sectario en materia de doctrinas religiosas, fijadas por fronteras
dogmáticas y aislacionistas; debe sentir en su intimidad espiritual, la esencia que palpita en el seno
de todas las cosas, que hermana en ideal todos los seres, en lugar de poseer os accesorios
engañadores del mundo provisorio de la carne. La verdadera base de la ventura de los moradores de
nuestra metrópoli, reside en el entendimiento y en la serenidad espiritual, que sólo se obtiene,
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

manteniéndose distante de las castas sociales, de los favoritismos religiosos o preferencias


nacionalistas, que perturban la alegría colectiva.
Sin duda, nuestra metrópoli no alberga criaturas, que creen tener posesión exclusiva de la
verdad, y piensan que sus hermanos se encuentran completamente equivocados en sus postulados
doctrinarios. Lo que importa aquí, es la realidad del sentimiento puro y afectuoso, unido a la felicidad
y sincera alegría del prójimo, sea éste esquimal, zulú, francés o hindú. Nos interesa fun-
damentalmente, el júbilo ajeno y también mantener la plenitud íntima entre todos, antes que poseer
cualquier interés personal. Esa armonía e integración, representa nuestra "conciencia espiritual", sin
barreras emotivas o choques mentales; así sucede permanentemente con la comunidad del Gran
Corazón, y la que nos transforma en una sola alma, y representa a todos sus moradores en la misma
ventura espiritual.
Pregunta: ¿Cuando os encontrabais encarnado, ya gozabais algo de vuestro bienestar espiritual?
Atanagildo: Sólo después de mi desencarnación, pude comprobar los motivos exactos de la
felicidad del alma, la que se elabora lentamente, a través de días dolorosos por caminos
zigzagueantes de la vida material. No tengáis dudas; esa felicidad sólo se consigue por la total
libertad de las formas y pasiones del mundo transitorio. Da profunda pena, que la mayoría de las
criaturas humanas, no hayan conseguido, liberarse tan sólo, de sectas o de feroces nacionalismos
patrióticos.
En mi última existencia, en Brasil, era contrario a los conflictos emotivos y a las discusiones
estériles, que surgen por distintas creencias religiosas o doctrinarias políticas y filosóficas. No trataba
de imponer a nadie mis convicciones, por el solo hecho de considerarlos "mejores" o "más
verdaderos". Cuidaba de servir sin intereses o indagaciones susceptibles de desconfianza; trataba de
aumentar el área de mis sentimientos y afinar mi conciencia, para captar mejor los pensamientos
ajenos. Algunas veces, llegué alcanzar un estado de ventura indescriptible, inundándome una
maravillosa sensación de Paz y belleza Espiritual, que algunos denominan éxtasis y que los hindúes
acostumbraban llamar "samadhi", en cuyo estado, la conciencia individual, se une beatíficamente a la
Conciencia Cósmica del Padre.
Pregunta: ¿Cómo podremos avalar el verdadero y necesario estado espiritual, para poder habitar
la metrópoli, en donde residís?
Atanagildo: Los tres millones de espíritus que permanecen bajo la jurisdicción de nuestra
comunidad, ya se encuentren en el plano astral o en la Tierra, no manifiestan el estado espiritual
estrictamente exigido, para su integración en la misma, el que se revela en su tendencia a liberarse
de formulismos, convenciones, preconceptos o sectas del mundo, como manifesté anteriormente.
Esa es la razón, por la cual, las almas terrenas demasiado conservadoras o sentimentales,
apasionadas por los melodramas de las convenciones humanas, que se afligen por una mancha en
su árbol genealógico, viciados fanáticamente por los objetos y cosas materiales, apegados
fuertemente a las tradiciones, a las etiquetas o preconceptos ridículos del mundo material aún, no
pueden mantenerse en equilibrio y armonía en una agrupación de cualidades liberadoras, como la
metrópoli del Gran Corazón. En nuestra morada astral no consiguen permanecer aquellos, que visten
"traje de rigor" hasta para recoger huevos de gallina... Tales espíritus, no tardarían en quebrar el
ritmo, la espontaneidad, la simplicidad y el encanto espiritual que domina plácidamente a sus
moradores, en base a su esclavitud del pasado en el recuerdo de las tradiciones y el brillo efímero de
la vida terrena. El estado de quebranto de esas almas, que se preocupan exageradamente por sus
propios enredos del pasado, terminarían mezclando a nuestro ambiente, los viejos sufrimientos e
insatisfacciones de la vida terrena, pues, el espíritu refleja en el medio astral en que vive, la
naturaleza exacta de sus pensamientos, tristes u optimistas.
Aquí, en la metrópoli del Gran Corazón, el "tono espiritual" es enemigo de aquellos que rinden
demasiado culto a las futilidades terrenas, que pasan por el mundo, devorando compendios de
etiqueta, sometidos a exhaustivos rituales y reglas estrictas, hasta para limpiarse los dientes. Es
contraproducente, también, para aquéllos que en vez de dedicarse a la lectura espiritual y a la
investigación de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, prefieren entregarse por
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

completo a la indigestión cerebral de la lectura voluminosa, romances y aventuras que distraen y


"matan el tiempo", pero que no solucionan los problemas fundamentales del espíritu.
Mientras tanto, las criaturas idealistas y trabajadoras, que se interesan por su propia felicidad, en
la adquisición de los bienes definitivos del espíritu superior, discrepan con las criaturas con-
servadoras, que se afirman en el clasicismo del mundo provisorio de la materia, que reavivan las
tradiciones muertas del "tiempo pasado", retardándose en el ajuste espiritual, necesario para su
evolución. Estos seres terminan engrosando la caravana triste y enmalezca de aquéllos, cuyas
realizaciones más elevadas, se resumen en el culto a las tradiciones y bienes de la Tierra, sintiéndose
incapaces de limpiarse el lastre tradicional que aún les oscurece el concepto de la inmortalidad del
alma.
Pregunta: ¿Las condiciones de vida en las colonias o ciudades del Más Allá, pueden considerarse
como estados celestiales, tal como los desea el ser humano?
Atanagildo: A mi manera de ver, hay varios cielos, pues, los lugares que yo pude visitar después
de la desencarnación, varían entre sí, tanto en la belleza panorámica, en intensidad de luz y
expresión musical, como en la gran diferencia de sistemas de vida. Sin embargo, no encontraré el
tradicional paraíso bíblico, en donde las criaturas ociosas habrían de vivir en eterna contemplación,
como enseñan ciertas religiones oficiales de la Tierra. En las altas esferas, observé el trabajo
incesante, de los espíritus de alta jerarquía, que se mueven afanosamente con la divina intención de
mejorar las condiciones espirituales de los desencarnados o reencarnados. Noté un gozo santificado
en todo lo que hacían por nosotros y observé, que su mayor ventura espiritual proviene de usar el
poder creador del espíritu, con el fin de proyectar energías hacia los planos inferiores, bajo la
inspiración interior de Dios.
No hallé aquí, aquel tradicional cielo de las antiguas pinturas hebraicas, en donde los santos y los
ángeles entonaban cantos tradicionales y hosannas a Dios, glorificándolo a través de la música
ejecutada por instrumentos rudimentarios y anacrónicos, cuyos acordes desafinados estaría por
debajo del más simple saxófono moderno. Esos cielos que circundan a los globos físicos, cuanto más
se distancian de la superficie de los planetas, más se extienden interiormente en todos los sentidos, y
se revelan también más pletóricos de alegría, paz y amor. El maestro Jesús tenía razón, cuando
concibió el cielo de los mansos y humildes de corazón, pues, a medida que el espíritu se eleva en
sabiduría cósmica y bondad angélica, se vuelve más jovial, espontáneo y libre de formulismos, y a
quienes el maestro comparó con la manifiesta alegría de los niños.
Pregunta: ¿Esas colonias y metrópolis que describía, substituyen la vieja idea que teníamos del
cielo, la que nos era inculcada por las religiones ortodoxas?
Atanagildo: Hasta el momento presente, las religiones dogmáticas terrenas, no dejan de ser
improductivas fábricas de "criaturas mentales", que parten de la superficie terrestre completamente
aterrorizadas por la idea de un infierno dantesco o que suspiran por un cielo, en donde presumen que
han de vivir en eterna pereza mental. El reino divino y el cielo que tanto deseamos, lo encontraremos
dentro de nuestros propios espíritus, aunque las religiones formalísticas insistan en perturbar los
raciocinios humanos, inculcándoles falsos conceptos de Dios y de la vida espiritual en el Más Allá.
Después que entregamos el cuerpo carnal al prosaico guardarropa del cementerio, nos
espantamos, al comprobar las incesantes actividades creadoras que existen en todos los lugares del
Cosmos, bajo la égida directa de los más avanzados propuestos jerárquicos de Dios, con el fin de
esparcir el bien y la felicidad para el espíritu humano.
Nos angustia demasiado, la vanidad y lo ridículo del hombre al osar, sacerdotalmente, establecer
dogmas e imponer decisiones infalibles, pretendiendo asfixiar la realidad cósmica, en las reducidas
prisiones de los raciocinios dogmáticos. No podéis avalar los enormes perjuicios que esos dogmas
sectaristas, causan en la mente de los religiosos infantilizados, después de la desencarnación, con
respecto a la realidad del espíritu, sumiéndolos en una total desorientación. Reflejan la más terrible
decepción, cuando se enfrentan con los escenarios de trabajo y responsabilidad común de los
espíritus, en lugar del paraíso con música suave de violines y procesiones kilométricas. Muchos se
desorientan, pensando, que se encuentran en el umbral del terrible infierno, que se les había narrado
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

en la Tierra, con voz sentenciosa y de amplia convicción, por los sacerdotes asimilados a leyendas
del viejo paganismo. La imprudente concepción de que el panorama celestial es absolutamente
distinto de lo que atañe a la vida humana, o que pueda ser un lugar de exclusiva beatitud y ociosidad
espiritual, crea indescriptibles desilusiones para las almas recién desencarnadas. Se asombran ante
las sublimes figuras, que sin pretensión de "santos" acuden en ayuda de los espíritus infelices y
atontados, que pululas en los pantanos del astral inferior; se desilusionan al comprobar, que en el
Más Allá, se repite el servicio acostumbrado de la Tierra, dudando aún, que los desencarnados deban
luchar por su incesante renovación espiritual. Bajo la demostración irrefutable de la realidad, en el
Más Allá de la sepultura, se terminan entonces, todos los falsos razonamientos tomados de la
enseñanza de los lujosos templos de la Tierra, a través de la palabra elocuente de los instructores
religiosos, que se mantienen tan ignorantes del destino de las almas, como sus propios fieles.
Pregunta: ¿Analizando vuestras consideraciones, se podría pensar, que estáis censurando los
postulados religiosos del Catolicismo y del Protestantismo, aunque hayáis afirmado, que debemos
acatar todas las experiencias ajenas; no es verdad?
Atanagildo: Evidentemente, el amor es el que debe predominar por encima de toda discusión
religiosa o crítica, por el cual debemos sacrificar nuestros caprichos y vanidades, en lugar de
considerarnos supremos portadores de la "exclusiva verdad" de nuestra creencia, para no herir al
prójimo y amargarle el corazón. Mientras tanto, el esclarecimiento sensato y libertador, en el que el
alma alcanza más pronto su propia ventura espiritual, de modo alguno, debe considerarse como
censura religiosa. Además nosotros estamos de "este lado" y por eso, no estamos censurando a
quienes se sientan afectados, sino, que demostramos la realidad de lo que sucede aquí y alertamos a
la humanidad terrena, sobre la mala interpretación que se tiene de la llamada "vida después de la
muerte". Sin lugar a dudas, que Krisna, Sócrates, Buda, Jesús y el mismo Allan Kardec, fueron
verdaderos revolucionarios religiosos, con el objeto de poder acelerar el progreso espíritu de los
hombres, sin que por eso, se los considerase intolerantes y doctrinarios. Ellos, no exaltaron secta
alguna, ni atacaban postulados religiosos, solamente aclaraban principios superiores que habían sido
tergiversados por los hombres. Las sectas y sus divisiones, son consecuencias directas de la
ignorancia humana, adherida a la enfermiza idea, que existe separación en la esencia espiritual del
Creador.
La Iglesia Romana y el Protestantismo en general, serían movimientos de alta educación
espiritual en los que podríais confiar incondicionalmente, si solamente no repudiaran la Ley de la Re-
encarnación, el proceso justiciero de la Ley del Karma y la revelación progresiva de los
desencarnados. Si en lugar de defender la infalibidad del génesis bíblico, la idea del paraíso, como si
fuera una sucursal de las religiones oficiales, el Infierno o el Diablo eterno, ya que tanto desmienten la
finalidad inteligente de la Creación Divina. Mediante ese nuevo capítulo que garantizaría la lógica
doctrinaria, desafiaría el sarcasmo del mundo; los postulados católicos-romanos o protestantes,
nunca serían perturbados o ironizados, volviendo invulnerables las críticas, censuras materialistas,
como hoy sucede. Sólo así, esos credos, podrían satisfacer completamente a los fieles del siglo
atómico, exponiéndoles las realidades exactas e inteligentes del Más Allá, en lugar de historietas
precarias y hoy rechazadas hasta por los niños.
Ya es tiempo, que el hombre terreno, despierte hacia la realidad espiritual, a fin de asumir la
responsabilidad de su propio destino y que comprenda de una vez, que otros hombres, por más que
representen altas jerarquías religiosas en el mundo, no les podrán proporcionar la ventura, que
solamente han de encontrar por sí solos en la intimidad de su ser.
Lo importante, entonces, es terminar para siempre con esa tergiversación sobre la verdadera vida
que vivimos en el Más Allá y que la obstinación sacerdotal aún aflige a las inconsciencias inmaduras
de los hombres terrenos, llevándolos a creer en un panorama infantilizado, a la vez que ridículo, con
respecto al buen sentido del Creador. El mundo astral es lugar de trabajo digno, en donde las almas
laboriosas y sensatas, trabajan y organizan su ventura eterna, pero sin privilegios religiosos que tanto
desfiguran, la Justicia y la Sabiduría Divina. Sin la esperanza de la renovación espiritual y con la
seguridad que Dios concede nuevos ciclos reencarnatorios para que el alma lave su mancha del
pecado, no valdría la pena intentar una virtud tardía, sellada por credos religiosos, que de manera
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

alguna confirman, que os salvarán después de la muerte física.


En la situación de desencarnados, es donde apreciamos personalmente los efectos dañinos de
esas concepciones infantiles. Seríamos culpables, si calláramos estas verdades. El concepto actual
de la vida humana, adquirido por el ciudadano electrónico del siglo XX, se vuelve un absurdo, si se
dejara impresionar por la carencia y la somera argumentación del "pecado original", sustentado por la
figura esquizofrénica de Satanás, con sus ridículos calderos de agua hirviendo.
La inteligencia terrena debiera comprender claramente que es más lógico y sensato, pensar que
la evolución del espíritu a través de sus propias experiencias y actividades espirituales, forma parte
de un plan creado por Dios, antes de creer en absurdos y ridículos privilegios, prometidos en la Tierra,
por una corte de hombres, aislados de la vida común.
Los abismos y charcos infernales que he visitado, son en realidad, los caldos de cultura astral, en
donde las almas ennegrecidas, purgan y decantan las impurezas absorbidas a través de la in-
vigilancia de la vida terrena. Allí, ejercen su propia profilaxia, para poder vestir, más tarde, la "túnica
nupcial" de la tradición evangélica, participar, también, del eterno banquete, presidido por el Señor de
los Mundos.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

NOCIONES PRELIMINARES SOBRE EL MÁS ALLÁ

Pregunta: ¿Se impresionan agradablemente los desencarnados al enfrentarse con el panorama


del mundo astral?
Atanagildo: Voy a usar los términos más comunes para que podáis interpretar, puedo deciros que
hasta las cosas más insignificantes del mundo astral, son motivos agradabilísimos y de profunda
sorpresa para los desencarnados que logran la ventura de ingresar, en el seno confortador de las
colonias espirituales. En virtud del gran placer conque la mayoría de las criaturas se entregan a la
adoración de las formas del mundo material y de la habitual despreocupación que poseen por la
verdadera vida interior, incide para que demoren bastante tiempo en adaptarse definitivamente al
panorama del mundo astral. La existencia física, aunque sea de corta duración, es suficiente para
hacer olvidar al alma la realidad de su divina morada espiritual.
Pregunta: ¿Todos los desencarnados se encuentran sorprendidos al regresar al Más Allá?
Atanagildo: No todos, porque esas sorpresas varían. Para aquéllos que merecen la esfera
venturosa, porque llevaron una existencia digna y de abnegación hacia el prójimo, su sorpresa se
produce al integrarse al astral superior. Hay desencarnados, que no se sorprenden, ni aún delante de
los panoramas más bellos del Más Allá, porque son entidades evolucionadísimas, que ya cultivaban
en sus espíritus, los valores propios de los planos celestiales, aunque se hallaran reencarnados.
Mientras tanto a los delincuentes de vuestro mundo, de modo alguno, imagináis que temor terrible
engendrarán las escenas que les aguardan en el astral inferior, en donde horribles cuadros
dantescos, sobrepasan a todo cuanto se pueda imaginar de pavoroso en el mundo terreno.
Pregunta: ¿Esa diferencia de vida, verificada por el recién desencarnado, en distinta al concepto
terreno?
Atanagildo: Las diferencias son notables, cuando avalamos el mundo astral exclusivamente por
su panorama exterior, algo parecido al escenario terreno o cuando lo hacemos, bajo nuestro exclusivo
juicio. No debéis olvidar, que os estoy entregando mi opinión, que puede no ser la más exacta y que
además, se basa en mi visión espiritual sobre aquellos que me simpatiza y que supongo es lo más
real. Sin duda, que ha de haber grandes diferencias en las descripciones hechas por varios individuos
de diversas profesiones, sobre un determinado aspecto de una ciudad terrena, las que han de variar
conforme al padrón espiritual y psicológico de sus relatores. Es evidente que esas descripciones
presentarán ilustraciones completamente opuestas entre sí, variando completamente lo dicho por un
ingeniero, un poeta un deportista o un simple materialista. Cada relato denunciará los gustos y
preferencias de su autor, revelando su simpatía por el aspecto que más le interesó; el ingeniero se
preocupará por edificios v los detalles urbanísticos de la ciudad; el poeta, describirá la belleza de sus
colinas, jardines, lagos y ensenadas; el deportista, se entusiasmará por los estadios o asociaciones
deportivas, mientras que el materialista y gozador del mundo, se ocupará únicamente, por los lugares
de vicio, las aventuras y los ambientes de la vida nocturna.
Esa es la causa de las variantes ofrecidas por los relatos mediúmnicos, transmitidos desde este
"lado", que enriquecen la enorme bibliografía espiritualista del mundo material, mientras que algunos
desencarnados se preocupan exclusivamente por el sentido "interior" y la poesía contemplativa, de
nuestra vida en el Más Allá, asimismo hallamos los que prefieren dedicarse particularmente de los
aspectos de actividades más "exteriores", como ser la múltiple tarea de los servicios realizados por
los departamentos educativos, para la renovación del espíritu. En mi modesto pensar, la Tierra es una
empobrecida prolongación de nuestras esferas astrales, por donde converge la vida, como una pobre
imitación de la realidad espiritual, que usufructuamos lejos del cuerpo carnal. Aquí, se nota cierta
semejanza entre las actividades sociales, artísticas, arquitectónicas o psicológicas, nuestras y
terrenas, pero no debéis considerar que lo sucedido aquí, en el astral, sea una copia mejorada de
vuestra vida material. Ese es uno de los motivos porque en los comienzos a muchos desencarnados
les cuesta convencerse que han abandonado el cuerpo físico, por el hecho de continuar con sus
costumbres y tareas, en un panorama algo semejante al que dejaron al desencarnar.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Aunque existan esas semejanzas con la Tierra, como podríamos tener una idea
aproximada de la superioridad del mundo astral sobre el mundo físico?
Atanagildo: Confrontando la materia que constituye el panorama del mundo terreno, con la
sustancia astral, que compone la vida en nuestra esfera, ésta ofrece siempre, particularidades
avanzadas y diferenciales, ya sea por su tratamiento o movilidad, para la conservación de las cosas.
En el mundo astral, son los pensamientos de sus habitantes, los que actúan con más fuerza en sus
creaciones y cuanto más elevadas son esas regiones en el Más Allá, con más efectividad e
independencia actúan las fuerzas mentales. A medida que se desciende en el astral inferior, se
debilita la posibilidad de aplicar esa energía producida por la mente del espíritu, es entonces, cuando
se necesita echar mano a recursos y operaciones, que mucho se asemejan a los utilizados en la
Tierra.
Pregunta: ¿Existe en vuestro plano, alguna atmósfera específica que limite la visión de las cosas
o bien se trata de un panorama uniforme y sin límites?
Atanagildo: Las cosas que observo en este plano, cuando son observadas desde lejos, no se
oscurecen, tal como sucede en la Tierra, por lo menos para mí, no se deshacen ni se oscurecen. Las
flores, aunque se corten por sus tallos no se marchitan v los frutos no se pudren, como sucede en la
Tierra, pues los árboles se perpetúan y sólo dejan de existir, cuando las vigorosas inteligencias
superiores, intervienen con la fuerza de su poder mental, para modificarlas o disolverlas, por ser
conveniente al medio o con finalidad educativa. Cuando se realiza lo manifestado, las especies
destruidas no quedan amontonadas, ni entorpecen los caminos, como sucede en el mundo terráqueo,
se deshacen en la atmósfera astral, que actúa a través de su extraordinario magnetismo. Para
nuestra visión astral, esa atmósfera es de una tonalidad dorada y clara, sobre un fondo blanquecino,
a veces, entremezclados con suaves matices de colores desconocidos para los seres de la Tierra.
Cuando la atmósfera baña las cosas y los seres, produce un bellísimo efecto de iluminación.
Aunque reconozco la dificultad que tenéis para comprenderme, quiero dejar bien claro, que la
vida aquí, en este plano, es singularmente más tangible o real, con respecto a la materia terrestre,
debido a la indestructible cualidad de la sustancia astral, que la hace más plástica, móvil y sutil. El
fenómeno, no es por causa de la intimidad de la materia, sino, porque está sujeta a nuestra influencia
espiritual y sensibilidad agudizada, y esto hace reaccionar el ambiente, al menor centelleo de nuestro
pensamiento.
A través del tiempo, nos vamos acostumbrando a dirigir nuestra mente y a disciplinar nuestra
excesiva emotividad, pues el medio que nos rodea, se asemeja a una "pantalla" cinematográfica, que
refleja toda nuestra actividad interior. Nuestro sistema nervioso tiene tal transparencial sensibilidad,
que a veces, creemos ser portadores de un maravilloso aparato cuyo poder milagroso nos relaciona
íntimamente con las cosas más bellas, creadas por Dios. A los primeros días, nos espantamos,
cuando verificamos el asombroso poder de nuestra voluntad al actuar sobre la materia astral,
produciendo indescriptibles fenómenos, que se plasmaban ante nuestra visión exterior y sobre todo,
aquello que suponíamos irreal.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

EL TEMPLO DEL GRAN CORAZÓN

Pregunta: A través de diversas comunicaciones mediúmnicas, hemos obtenido informaciones, las


cuales dicen que en las ciudades astrales existen templos, en donde se rinde culto a la divinidad.
¿Por ventura, en ambientes tan espiritualizados como el de la metrópoli que nos describís, aún se
sirven de las liturgias u oficios religiosos, en lugar del elevado entendimiento espiritual que debe
predominar entre sus habitantes?
Atanagildo: Os repito; aquí cultivamos el producto de nuestras creaciones y condiciones
adquiridos en la Tierra, sin violentar el gradual progreso espiritual, que sólo se efectúa por la
liberación paulatina de los convencionalismos de los mundos materiales. Aunque en nuestra esfera se
note cierta analogía con las costumbres terrenas, éstas, son de orden más sublimado en la sustancia,
pero más íntimamente ligado al santuario de nuestro espíritu. En realidad, nuestro medio, si lo
comparamos con el de la Tierra, muestra en su armonía "exterior" el exacto equivalente de nuestra
evolucionada voluntad "interior". Nuestro ambiente astral es el resultado exacto, de nuestra capacidad
espiritual. En el Más Allá, vivimos el fruto de nuestras idealizaciones terrenas, pero en sentido más
sublimado, buscando apoyo en expresiones cada vez más elevadas, que corresponden perfec-
tamente a los ideales superiores, adquiridos a través de la vida material. He ahí porqué los verdugos,
los avaros, los egocéntricos o los malhechores, si sitúan específicamente en las zonas abismales y
en los pantanos fétidos del astral inferior, pues, la naturaleza repugnante, del plano en donde se
colocan, también les agudiza su versión exterior. Lo contrario sucede con los espíritus más
evolucionados, que al despedir su envoltorio carnal, alcanzan en un vuelo rápido, las esferas
luminosas en procura de luz, para los cuales significa, el alimento apropiado a su naturaleza angélica.
No os debe extrañar, por lo tanto, la existencia de esos templos, que son verdaderos "oasis" de luces
y bendiciones en las regiones del astral, renovados por los pensamientos superiores. En nuestra
metrópoli del Gran Corazón, el templo es un envoltorio emotivo del corazón del pueblo, que
permanece en incesante actividad, para alcanzar el Supremo Bien Espiritual. La estructura
alabastrina de ese templo, que se eleva como la más bella configuración de la ciudad, es la Fuente
Imperecedera que capta y absorbe los rayos de luz, ofrecida por las regiones celestiales.
Pregunta: ¿Existe alguna semejanza entre ese templo y los santuarios edificados en la Tierra?
Atanagildo: Aunque vuelva a repetir lo que algunas veces mencioné, aquí es donde realmente se
planean las formas, los edificios y demás actividades del mundo terreno, en perfecta concordancia
con los espíritus superiores que operan en el límite del plano mental y de la sustancia astral. Vuestra
pregunta, si hay semejanza entre las nuestras y las edificaciones del mundo terreno debiera
formularse así: "¿Hay semejanza entre nuestros edificios y templos, y las edificaciones originales de
la metrópoli en donde vivís?"
Pregunta: ¿El templo de vuestra metrópoli fue construido en una zona de fluidos superiores, con
relación al medio astral?
Atanagildo: El magnífico santuario fue edificado exactamente, en el centro del gigantesco y
hermoso jardín, que ya describí anteriormente y que forma el corazón florido de nuestra metrópoli.
Aunque pueda describirse con relación a los templos terrenos, eso no implica, que se trate de una
construcción absolutamente idéntica a las formas y condiciones materiales. Aunque la quisierais
comparar a la más bella catedral de la Tierra aún así, no conseguiríais formar una pálida idea de su
magnífica belleza y sublimidad.
Se trata de un hermoso edificio, construido con la sustancia de nuestra esfera, que nos recuerda
a un indescriptible trabajo de joyería, tallado en cristal purísimo y luminoso, en forma de filigrana que
forma admirables relieves en el interior de sus paredes alabastrinas. Durante la noche, cuando el
cielo se inunda de suave luz eterizada, el santuario se ilumina, como si estuviera envuelto en la tierna
claridad de la luna; ningún cuento de hadas os podría ofrecer un espectáculo de mayor fascinación y
belleza, en su prodigiosa tonalidad plateada, que por momentos se esfuma en un suave halo de color,
poseedora de una gran luminosidad. Su aura está remarcada por una hermosa franja de matices
liliáceos, que rápidamente se polariza en un rosado claro y dulcísimo, recordándonos un amplio
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

manto de armiño, revoloteando en la atmósfera balsámica que nutre incesantemente por medio de las
flores del inmenso jardín. De día, el santuario parece una preciosa joya de alabastro, rodeado por las
siete torres, que la luz solar hace resplandecer bajo reflejos azul y rosa, adornados por facetas color
amarillo dorado y de un topacio fascinante.
El templo descansa en el seno de un esplendoroso manto de vegetación verde brillante, que en
forma de un extenso cinturón aterciopelado, abraza a la base en forma amorosa. Se trata de un
césped olorífero, salpicado de ramos de flores azules con matices plateados, que se forman en
delicados grupos, entremezclados por cordones de florcitas, parecidas a los frutos maduros de la
morera, como si fueran rubíes chispeando a la luz del Sol.
Pregunta: ¿Podríais darnos algunos detalles más, sobre ese templo?
Atanagildo: Aunque su disposición arquitectónica lo asemeja a la figura suntuosa de una catedral
terrena, por sus líneas maravillosas, se identifican el poder y la sabiduría del espíritu genial, en feliz
combinación con la ternura y la bondad del santo. Gracias a la naturaleza elevada de la esencia
espiritual que interpenetra a todos los seres y el ambiente de la metrópoli, ese templo, además de
representar la síntesis de todas las expresiones arquitectónicas de la ciudad, simboliza también, la
fuente principal de la vida emotiva de sus habitantes. Vibra con nosotros y parece promover la
combinación de todos los fluidos del ambiente, en comunión con el aura de todos los seres,
dejándonos la impresión de la misteriosa y divina generosidad espiritual. Siempre que observo un
grandioso aspecto sidéreo, sumergido en el seno de la prodigiosa vegetación del parque central de la
metrópoli, siento que allí, se funden en tierna amalgama, los sentimientos de varios pueblos y razas,
que contribuyeron grandemente al perfeccionamiento de la vestimenta carnal del actual tipo brasileño.
En la configuración general del templo del Gran Corazón, hay siempre, un relieve, una
disposición estilística o un motivo aparente, que identifica gustos, preferencias y tradiciones emotivas
de razas terrenas, que accedieron en ofrecer su sangre para la formación etnológica de la Nación
Brasileña.
Se trata de un edificio amplio y elevado, de porte fino y pulido, envuelto en un aire poético, como
la augusta apariencia de los seculares pinos que lo rodean, atenuado por el aspecto exterior y que a
primera vista resalta en su grandiosidad vegetal. Es un santuario construido en perfecta simetría con
el gigantesco heptágono, que limita el centro principal de la metrópoli; posee siete puertas
espaciosas, que se abren exactamente al frente y en dirección de las siete avenidas principales que
convergen hacia el grandioso paseo público. Su cúpula, construida con una sustancia iridiscente,
forma un gigantesco arco de suave inclinación, que termina apoyándose en las extremidades de las
altas parees, semejante a los portentosos techos de las modernas estaciones ferroviarias de la Tierra.
Quiero dejaros bien claro, una vez más, que, a pesar del aspecto grandioso y de la forma agigantada
de ese templo, nos despierta una sensación de bienestar y ternura, porque refleja el elevado
psiquismo de nuestra colectividad en la metrópoli del Gran Corazón.
La entrada principal del templo está ornamentada por un magnífico portal, al viejo estilo hindú,
que a su vez posee diversos relieves, cuyo dinamismo y belleza son de la inspiración griega de algún
nuevo "Fidias" desencarnado. Sin embargo, allí no se verifica la preocupación por un estilo resumido,
que podría abastardar la pureza iniciática del conjunto del santuario; ni existe la falta de imaginación,
muy común en la Tierra, cuando se pretende introducir la ostensible mezcla, que sacrifica la cualidad
estilística.
Se observa un divino sentimiento de equilibrio y armonía, sin extremismos arquitectónicos o
predominio de un estilo sobre otro. Se trata de una genial fusión de líneas geométricas y diferentes
enlazamientos heterogéneos, pero tan sutiles, que se desvanecen en el conjunto, como expresiones
representativas de todas las razas del mundo terreno, perfectamente enlazadas por un común
espíritu creador.
Delante de esa preciosidad arquitectónica, que es el templo de la metrópoli, ningún alma dejará
de sentir y reconocer, que materializa en el ambiente astral, el cariñoso mensaje de muchas razas
que contribuyeron a su formación actual. La fusión de los variados símbolos, relieves y filigranas, se
disuelven en una sola expresión espiritual, que permanece constante e íntegra a pesar de las
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

variedades estilísticas de sus formas externas.


La torre principal se destaca entre las otras existentes, que miran hacia oriente, como un
impresionante monumento de belleza espiritual, esculpido internamente con caprichosos trabajos en
bajo relieve, que durante el día, se tornan brillantes por la claridad astralina del Sol, mientras que a la
noche, se transforman en verdaderos bordados de hilos luminosos, que adornan el alabastro
eterizado de las paredes transparentes. Esa torre principal, se eleva indefinidamente, alargándose
hasta parecer una finísima aguja, cuya punta se inunda en suaves fulguraciones esmeraldinas y
resplandores dorados, para penetrar dulcemente en el seno de la atmósfera de armiño, del astral
superior. Justamente, de esa torre principal, descienden las luces de lo Alto, las que se acentúan
durante las oraciones colectivas de la metrópoli.
Pregunta: ¿Cuál es la función primordial del templo, en la metrópoli del Gran Corazón?
Atanagildo: Allí se ejerce el más elevado trabajo espiritual en dirección a la vida superior y se nos
ayuda a tomar contacto con las almas angélicas, que nos traen nuevas orientaciones e inspiran a los
administradores y a los habitantes, para que en conjunto, colaboren en la recuperación de los
espíritus infelices, que aún se debaten en los círculos infernales del astral inferior. En determinados
períodos, la dirección del templo organiza las llamadas "oraciones colectivas" y es entonces, cuando
los moradores de la metrópoli procuran sintonizarse con las vibraciones elevadas, que son presididas
por nuestros mentores elevados, en divina conexión con las cuotas de energías angélicas que
descienden de las Esferas Superiores. En esas noches festivas, las torres del santuario se
transforman en antorchas de luz fulgurante, cual antenas vivas que absorben las sublimes energías
de la divina oferta del Señor de los Mundos.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

NOCIONES GENERALES SOBRE EL PANORAMA ASTRAL

Pregunta: ¿Qué panorama vislumbraríamos si pudiésemos penetrar en el plano astral en donde


vivís actualmente?
Atanagildo: Sin duda alguna, llegará el instante en que enfrentaréis la realidad del mundo astral,
cumpliéndose la Ley, que "a cada uno se les dará conforme a sus obras" y que, en el Más Allá, os
conducirá exactamente al ambiente afín con vuestro estado espiritual; y, como la muerte del cuerpo
físico no significa un violento salto sobre el vasto abismo, como si lanzara el espíritu en una región
completamente desconocida y rara; según vuestro particular modo de pensar y sentir, descubriréis un
panorama, que os recordará a la propia tierra, aunque un poco más perfeccionada. La liberación de la
materia no da una mayor sensibilidad para el entendimiento espiritual, sin violentar la visión acos-
tumbrada y basada en las formas materiales.
Al llegar aquí, observaréis al principio, la acentuada luminosidad que existe en todas las cosas del
mundo astral, como así mismo os sorprenderá el pronunciado desenvolvimiento que poseemos en
nuestros movimientos y la agradable sensación de liviandad interior. Cuando permanecemos en la
Tierra, tenemos la impresión que la materia no nos pertenece, pues nuestros pensamientos
encuentran serias dificultades para actuar con éxito, en sustancia tan "pesada". Mientras tanto, aquí,
en el plano astral todo aquello que nos rodea es como una prolongación viva y plástica de nosotros
mismos, que vibra y sintoniza vigorosamente con la naturaleza de nuestros pensamientos, influyendo
extraordinariamente en la organización de nuestro periespíritu. Es evidente, que de a poco vamos
tomando posesión gradual de tales secuencias, pero, siempre auxiliados en ese sentido, porque aquí,
existen departamentos y recursos que nos ejercitan para alcanzan el dominio razonable del medio en
que debemos actuar.
Pregunta: ¿Nos podríais dar un ejemplo vivo de lo que se siente al penetrar al plano astral?
Atanagildo: Aquí, nuestro ambiente parece que se oscurece o se ilumina, conforme al estado
emotivo de nuestro espíritu, y éste, se regocija con la armonía vibratoria que pueda mantenerse
habitualmente. El pensamiento es un asombroso potencial que interviene en nuestros mínimos
gestos; su intervención ambiental, se asemeja a los vidrios de los anteojos, que a veces se empañan
con el vapor de agua, y luego ofrecen una clara visión si los limpiáis rápidamente. El hecho siguiente
explica mejor mi pensamiento.
Cierta vez, conversaba con el hermano Navarana, haciendo alusión a ciertos espíritus, que en la
Tierra, se entregan excesivamente a las pasiones desordenadas, cuando de pronto, me invadió cierta
melancolía y a pesar de mis esfuerzos por dominarlas, noté que todo el ambiente que me rodeaba,
perdió inmediatamente su belleza acostumbrada, para envolverme en un manto de tristeza.
Inmediatamente desapareció de mí el característico estado de liviandad y la sensación de la suave
brisa, que me dominaba hasta ese momento, para sentirme oprimido por un chorro de fluidos
desagradables, quedándome la impresión, como si hubiera sido mojado con agua helada y que la
ropa se me pegaba al cuerpo. Más tarde descubrí la causa de ese hecho insólito; es que había
recordado la figura de mi novia Cidalia, que había quedado en la Tierra entre pesares y lloros, y me
dejé embargar por su tristeza.
El hermano Navarana, captando mi pensamiento aflictivo, me advirtió a tiempo, diciéndome en
tono afectivo: "—Atanagildo; evita desnivelar tus vibraciones con esas evocaciones terrenas, de
recuerdos indeseables y portadores de tristezas que abaten al espíritu. Es razonable que el hombre
terreno se perturbe emotivamente, porque aun le es difícil comprender, que todas las criaturas son
emisoras vivas, de rayos conforme a la onda espiritual en que se colocan por efecto de sus antiguas
alegrías. Cuando nosotros sintonizamos ideales elevados y creadores, asociamos energías que nos
fortifican bajo un sano optimismo, pero, obtenemos el medio afín, ni bien vacilamos, al recordar la
evolución triste que llevamos en la Tierra, por lo cual, somos torturados por la carga energética de su
baja vibración, que nos incomoda bajo la reacción aflictiva correspondiente. En base a la
comprobación de la inmortalidad y que ya comprendes perfectamente que la Ley de Karma siempre
beneficia para el futuro, no es razonable que todavía te dejes dominar por las vibraciones de tus
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propias evocaciones aflictivas. A medida que nos encaminamos hacia regiones más altas e
ingresamos en un campo de materia más sutil, percibimos que nuestro espíritu también influye con
más vigor en el medio y en la sustancia astral que lo rodea. Nuestras acciones también producen
reacciones más vivas, porque pensamos, sentimos y modificamos rápidamente el ambiente que os
rodea. Después de la desencarnación, es cuando percibimos, bastante sorprendidos, el maravilloso
mecanismo del espíritu, que crea las formas y las modifica en el medio natural en que habita."
Basándome en argumentos presentados por el hermano Navarana, traté de armonizarme y
limpiar los vidrios de mis anteojos... verificando con asombro, que el ambiente, retornaba hacia mí, en
su primitiva y encantadora expresión y mi peri-espíritu vibraba nuevamente en un éxtasis de
magnetismo sedativo.
Creo que así podréis valorar la importancia de nuestros pensamientos en relación con el medio
astral en que vivimos, porque somos los instrumentos que producen las modificaciones, que tanto
embriagan el alma o nos abate.
Pregunta: ¿El mundo que os rodea, es análogo al escenario del mundo terreno, conforme lo
manifiestan algunas literaturas mediúmnicas, cuándo se refieren a las colonias, ciudades, vehículos,
árboles, ríos, etc.? ¿No será un esfuerzo comparativo o el producto de la imaginación del médium
que recibió tales comunicaciones?
Atanagildo: Si pensáis así, tendréis que suponer que el médium que me sirve en este momento,
puede estar componiendo, también, un pintoresco relato emanado de su propia imaginación. Y si
continuáis pensando de ese modo, muy grande será vuestra desilusión cuando lleguéis aquí, pues,
se comprende fácilmente, que "la naturaleza no da saltos". Contrariando vuestras dudas y las
dificultades que se nos presentan para haceros esta descripción, aproximadamente el panorama
astral que existe más allá de la tumba, os aseguro, que tiene montañas, ríos, árboles, pájaros,
animales, jardines, casas, edificios, templos, vehículos y ornamentaciones, todo esto, ajustado a las
secuencias y a las más variadas formas, que fundamenta la vida astral de los pueblos y
conglomerados de los desencarnados.
Pregunta: Por lo que manifestáis, parece que esas ciudades o colonias astrales, son duplicados
del panorama terrestre. ¿No sería decepcionante que después de abandonar el cuerpo físico
contáramos con una especie de paraíso celestial y tuviésemos que penetrar en un medio de vida, que
hasta podría ser más pobre, en comparación a ciertas metrópolis de la Tierra?...
Atanagildo: Otro equívoco se hace evidente en vuestro modo de pensar, pues son los
reencarnados que de un modo bastante grosero, plagian aquello que existe en el Espacio. En el
mundo astral tomamos contacto íntimo con las cosas, ideas y proyectos que podéis considerar, como
si fueran matrices u orígenes de las empobrecidas realizaciones que efectuáis en la materia densa y
pesada. Vuestros científicos afirman que la materia es energía condensada y que no existe
propiamente, la materia rígida o absoluta, en la forma de pasta nuclear indivisible. Entonces, está
claro, que cuanto más libre se encuentra esa energía poderosa —que se acumula para formar el
mundo físico y que en verdad, es la sustancia del origen de las formas materiales— tanto más viva y
poderosa ha de ser, ya que es elaborada directamente en el mundo astral, que es su fuente natural.
Los técnicos siderales operan primero aquí, o sea, en el campo de la energía libre, que más tarde
alimentará y sustentará los aspectos exteriores en el mundo material, esperando que los científicos
terrenos se den cuenta de ese fenómeno y lo tornen tangible a la visibilidad de los sentidos humanos.
Vuestra conciencia pronuncia conceptos graves y sentenciosos, pero apenas investiga y después
clasifica en el plano de las energías libres. En realidad, las configuraciones que surgen en el
panorama físico, son eventos primeramente pensados y experimentados en el mundo astral, por
admirables genios que actúan en lo imponderable, en cuya sustancia crean, elaboran y modifican los
fenómenos de la vida terrena.
¡Cuántas veces son captados al mismo tiempo, por varios cerebros estudiosos de la Tierra, los
proyectos elaborados en el astral o de los planos más altos, para ser materializados en la superficie
física, por las técnicas humanas! ¡No es raro, que algunos sabios científicos terrenos, a través de
sorprendentes coincidencias, han ejecutado descubrimientos y completado investigaciones
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

simultáneas, en varios puntos geográficos, por cuyo motivo se han registrado mutuas acusaciones de
plagio y robos de proyectos y documentos ajenos!
En realidad, esos cerebros sensibles —que se colocan en la faja vibratoria de la misma
investigación científica, para beneficio de la vida humana— logran identificar fórmulas iguales y
soluciones idénticas, porque interceptaron psíquicamente, ciertas cosas que se revelan en su
descenso desde lo Alto, en forma de inspiración. Cuántos descubrimientos y soluciones científicas,
principalmente en el campo astronómico, aun hoy, os sirven de motivo de discusión, debido a las
mutuas reivindicaciones de paternidad, atribuidas a varios sabios, que lograron éxito y solución al
mismo tiempo.
Desde el mundo Causal descienden hacia la Tierra, las ideas, que los sabios adquieren conforme
a su capacidad técnica, a su poder mental y a su armonía espiritual. Cuántas veces los artistas y
religiosos, consiguen sintonizarse con esas fajas vibratorias tan sutiles, gozando de los divinos
éxtasis y de las inspiraciones, que muchas veces los subliman.
Por lo expuesto, no penséis que nuestro mundo astral plagia la estructura de vuestro orbe físico;
éste es para nosotros, bastante inmóvil y petrificado en su vida lenta y rudimentaria. Nosotros
actuamos en el "origen", o directamente en la "idea", mientras que vuestra humanidad trabaja en la
cáscara, en el exterior, lo que representa la energía en su última etapa de elaboración.
Pregunta: Lo que nos deja algo confusa en las comunicaciones de los espíritus, es la necesidad
de comprender "al pie de la letra" la existencia de montes, ríos, casas, árboles, animales, vehículos y
pájaros, que forman parte del mundo del Más Allá, pero que éstos están conformados en otra
sustancia más sutil o de otra especie. Nos sorprenden esas configuraciones tan terrenas, cuyos
relatos son bastante insuficientes, para satisfacer a nuestra exigencia mental. ¿Qué podéis decirnos
sobre esa dificultad de comprensión que padecemos?
Atanagildo: Es muy natural que así sucede con vuestra mente, pues, no tenéis en cuenta, al
razonar, la diferencia que hay entre el plano vibratorio de los dos mundos. Al proceder así, imitáis al
pez, que por basarse exclusivamente en su modo de vida acuático, de donde extrae el oxígeno,
resolviese descartar la posibilidad de que otros seres pudiesen vivir fuera del agua... Entonces
estarían equivocados tanto los peces que no creen en la vida fuera del agua, no regida por la ley del
medio líquido, como la de los pájaros que no admitiesen la vida en el océano, basándose solamente
en las leyes habituales del aire libre. Mientras tanto, desde el momento que se cambien las agallas de
los peces y se les coloquen plumas y alas, lógicamente podría volar en la atmósfera; substitúyanse
las plumas de los pájaros por escamas y el aparato respiratorio de las agallas de los peces y ellos
también se moverán libremente en el medio acuático.
La equivocación proviene, sin duda, porque os afirmáis en las leyes de un plano conocido, para
después intentar comprender los fenómenos correspondientes a los planos opuestos. Sería tan
absurdo intentar golpear el vapor de agua con un martillo de hierro, como doblegar el hierro con un
martillo de humo. He ahí el motivo del porqué no debéis imaginar a los espíritus —de naturaleza
etérea-astral e invisibles a los ojos humanos— moviéndose en un escenario material como el de la
Tierra, porque estaréis equivocados. En realidad, nos servimos del periespíritu para movernos,
lógicamente, en el medio astral así como el reencarnado se desliza con toda naturalidad en el mundo
material, porque en ambos casos está constituido de la misma sustancia del medio en que actúa.
Pregunta: ¿Nos podríais ofrecer algún ejemplo más concreto, para poder conceptuar este asunto
tan complejo?
Atanagildo: Razonad así: Si un hombre fuese hecho de humo, no tendría necesidad de sentarse
en una silla de madera; mientras tanto, bajo la ley común de la reacción entre sustancias iguales, se
sentaría con más facilidad en otra silla que fuera construida de humo. Por esa causa, si el suelo, las
cosas, los seres y todo lo que constituye nuestro mundo, son hechos de la misma sustancia, su vida
de relación, también transcurre, lógicamente, como la vida de la Tierra. Es conveniente que sepáis,
que la vida astral es mucho más intensa y dinámica que la vida en la Tierra, porque nosotros
actuamos en la materia quintaesenciada, que además de ser más rica en reproducción vibratoria
emotiva, nos ofrece un elevado padrón de belleza, dotado de pintoresca y encantadora luminosidad
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

interior.
Es preciso que imaginéis al espíritu desencarnado como si se moviera en un ambiente material
sutil, del mismo modo, que veis al hombre carnal moviéndose dentro del pesado ambiente del mundo
terreno. El hombre, por ser portador de un cuerpo material, toca, palpa, o manosea perfectamente su
vestido, su zapato o su alimento, que son hechos de sustancias materiales. Del mismo modo, pero
bajo otra modalidad vibratoria, el espíritu desencarnado, con su cuerpo hecho de sustancia
magnética, puede sentarse en una silla etérica, vestir ropa etérica o ingerir frutas etéricas.
Pregunta: Nos cuesta creer en esas diferencias de percepciones después de la muerte del
cuerpo carnal, porque el mundo físico nos parece más consistente y positivo, lo que probamos por
ruidos, fenómenos de la naturaleza y tantas cosas, que en su agitación, forman la realidad, percibida
por los sentidos humanos.
Atanagildo: Nosotros, luego de desencarnar, actuamos por el periespíritu, que es nuestro
verdadero organismo que preexiste al nacimiento y sobrevive después a la muerte del cuerpo físico. Y
como es nuestro delicado instrumento de relación con el ambiente astral y es muy sensible a las
percepciones del espíritu, gozamos, por lo tanto, de mucha sensibilidad psíquica. Como la llama
espiritual es en realidad el centro de nuestra conciencia individual, en el seno del Todo, el cuerpo
físico y el periespíritu simbolizan los respectivos vehículos, ¿cuál de los dos es el más valioso e
importante para nuestra estructura espiritual? Sin duda, que ha de ser el periespíritu, porque además
de ser un organismo definitivo, es el que más lo liga íntimamente a la conciencia inmortal.
Mientras el cuerpo de carne es un organismo pesado y denso, que atiende con dificultad las
intenciones y necesidades del espíritu reencarnado; el periespíritu, debido a su contextura sutilísima y
quintaesenciada, es un maravilloso instrumento de acción, en el seno de las vivísimas energías del
mundo astral. Su liviandad y dinámica permite atender rápidamente, la más insignificante voluntad del
espíritu desencarnado. Os recordamos la comparación que hicimos en otra oportunidad, en donde el
cuerpo físico se asemeja a una escafandra, que oprime los movimientos de aquel que se sumerge en
el fondo del mar, restringiéndole los sentidos físicos, en el ambiente modificado por el agua. Ni bien el
buzo se despoja de su escafandra, se reintegra a las condiciones naturales de sus movimientos,
gozando del panorama de la vida al aire libre.
Pregunta: Nosotros estamos condicionados al mundo terreno que nos parece la realidad sólida y
positiva de la vida— tenemos gran dificultad para concebir otro tipo de ambiente, que posea moradas
semejantes a las terrenas, y que a su vez, estén habitadas por espíritus desprovistos del cuerpo
carnal. ¿Qué nos decís al respecto?
Atanagildo: Es que aún desconocéis la verdadera contextura del periespíritu, que es el vehículo
más evolucionado del alma, cuyo grandioso potencial de energías, no sólo sobrevive a la destrucción
del cuerpo carnal, sino, que se revigoriza continuamente, a fin de servir a las futuras reencarnaciones.
Es el más importante instrumento, para que el espíritu pueda descender nuevamente a la Tierra y
viva en vuestro medio, tanto tiempo, como al nuevo cuerpo físico. Durante las innumerables
existencias reencarnatorias, va cosechando experiencias a través del dolor, el sufrimiento y
vicisitudes humanas y luego de pasada, se torna el preciso instrumento que el alma en los planos
sutiles del astral, pone en relación directa con todas las energías originarias del propio medio.
A medida que el periespíritu se vuelve más sensible, debido al sufrimiento —que le favorece por
las continuas expurgaciones de la escoria agregada a las vidas materiales— también su alma
consigue mayor expansión en al vida espiritual y un mejor favorecimiento para un intercambio de
realizaciones. Sólo después, en el plano de los desencarnados, es cuando aprendemos y com-
prendemos la ilusoria realidad de la existencia carnal, comparándola con la vida de sensaciones
maravillosas y positivas, que podemos gozar después de la muerte física, gracias a la cooperación
del periespíritu sobreviviente.
Comprendo perfectamente, que no podáis evaluar como reencarnados, los fenómenos que
suceden a nuestros espíritus liberados en el plano astral, pero, es preciso, que os ajustéis
mentalmente a las manifestaciones exactas, que la vida ofrece en cada uno de sus planos vibratorios,
recordándoos, de las leyes correspondientes que disciplinan las relaciones de los espíritus conforme
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al medio en que ellos actúan. Si pensáis en la vida que se manifiesta en el seno del agua, como si
estuviera regida por las mismas leyes del aire libre, o consideráis la vida del mundo astral de igual
forma es lógico, que en cualquiera de los casos, os encontréis siempre en confusión.
Pregunta: Conocemos a muchos espiritualistas de renombre que niegan la existencia de un
mundo "exterior", propio de los espíritus desencarnados, asegurando que éstos viven en un mundo
"virtual", dentro de sí mismos, como producto abstracto de sus íntimas creaciones. Dicen más, que el
cielo y el infierno están exclusivamente identificados en la entidad de cada ser y que no constituye
una felicidad que pueda tener relación con los fenómenos de un ambiente externo. ¿No podéis
aclarar algo a ese respecto?
Atanagildo: Indudablemente, nosotros mismos creamos nuestro mundo exterior, y eso, tanto lo
hacemos en el plano astral como estando reencarnado en el plano físico. Pero, debéis convenir que
esa creación al ser un producto de nuestra voluntad, tanto se manifiesta en el mundo exterior como
en cualquier ambiente que quisiéramos vivir. ¡Sin duda que edificamos el cielo nosotros mismos,
cuando nuestros sentimientos superiores reaccionan placenteramente, como también construimos el
infierno como consecuencia de las creaciones bárbaras que mantenemos peligrosamente en nuestro
campo mental! Pero, todo lo que se produce en la intimidad de nuestro espíritu y que sucede en un
campo vibratorio diferente al de la materia, es un fenómeno que se relaciona con el mundo astral que
nos rodea, es un proceso de relaciones, algo semejante al que se realiza en los mundos materiales,
variando solamente los recursos, que en las regiones más delicadas se obtiene fundamentalmente a
través de nuestras fuerzas mentales. Por lo tanto, no usamos guadañas, trituradoras, excavadoras en
los ambientes de fluidos sutilísimos, pues el extraordinario poder de la mente actúa con éxito y se
vuelve capaz de aglutinar las energías del medio para construir las formas deseadas.
Cuando alcanzamos a armonizar en nuestro actual curso educativo, mantenemos contactos con
las formas y de ellas nos servimos para extraer enseñanzas más avanzadas, mientras que en las
zonas inferiores, en donde la sustancia astral es agresiva, rígida, pútrida y letárgica, se anulan los
heroicos esfuerzos mentales de sus edificadores. Hay regiones astrales inferiores al plano de la
superficie terrestre, que debido a su vigorosa densidad nos obliga a construir poderosos
instrumentos, que confeccionamos con la misma sustancia repulsiva del medio en donde
pretendemos actuar. Entonces, nuestros esfuerzos se centuplican dinámicamente, ultrapasando las
aflicciones y las fatigas de los rudos operarios que, al igual que en el mundo terreno, trabajan en el
interior de las minas de plomo, sofocados por la emanación de gases opresivos. Si nosotros
viviésemos una exclusiva vida de abstracción mental, si nos apoyáramos en relieves exteriores que
nos sirviesen de sustentación personal, entonces nuestros queridos entes desencarnados no dejarían
de ser imágenes "virtuales" o falsas creaciones, para terminar siendo materializadas por nosotros, en
un amoroso coloquio íntimo con nuestras almas.
Pregunta: Los citados hermanos espiritualistas insisten en afirmar que las formas o figuras que
nos son transmitidas mediúmnicamente son el producto de los acondicionamientos psicológicos de la
Tierra, como las colonias espirituales y sus departamentos tan disciplinados no dejan de ser sueños
fantasiosos, pues la vida de los desencarnados es exclusivamente "interior". ¿Cuál es vuestra
opinión?
Atanagildo: Nosotros no somos bandadas de mariposas o enjambres de abejas que volamos sin
rumbo de aquí para allá, dispensando del apoyo, muy natural, que podemos encontrar con el contacto
con las formas. Mantenemos relación de simpatía o antipatía con las formas exteriores, que
producimos y sintonizamos con las relaciones ajenas.
La ausencia de montañas, edificaciones, florestas, pájaros, trabajo, diversiones y cuidados para
nuestro periespíritu, en el mundo astral, implicaría considerar que nuestros amigos guías y
simpatizantes que están en el astral, no pasan de ser fantasmas que ambulan por un mundo irreal,
constituido por el "éter-interior" de nuestra alma!... También deberíais considerarme a mí en la misma
forma, suponiendo que en lugar de ser un espíritu que se comunica con vosotros estáis oyendo una
producción alucinatoria del médium que os escribe, la que luego de ser una imagen fugaz, pasaría a
desvanecerse una vez que se dejara de pensar en mí.

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Pregunta: Los espíritus que viven en planos más elevados, ¿se congregan en la misma forma en
colonias o ciudades semejantes a la que nos describisteis?
Atanagildo: Sin duda. Aunque ellos se encuentren más íntimamente ligados a la causa de la vida
cósmica y traten con energías más sutiles, se relacionan con las formas, inconcebibles para vosotros,
pero tan reales para ello como la piedra lo es para vosotros en la Tierra.
Nuestras metrópolis os parecen fantasías y aún tenéis dudas por sus configuraciones; mientras
tanto, los espíritus más elevados, cuando nos visitan, se quejan de que aún estamos demasiado
materializados y por eso sufren la opresión de nuestro medio astral. Se angustian con las
reminiscencias subjetivas de sus propios moradores cuando éstos se dejan envolver por los
recuerdos terrenos. Nuestras agrupaciones son más sensatas y más dinámicas que las de la Tierra,
porque no estamos sujetos a las incesantes destrucciones causadas por catástrofes, ocasionadas por
los elementos físicos y, además, estamos alejados del espíritu belicoso de las guerras fratricidas.
En vez de encontrarnos en un mundo virtual, sin relaciones exteriores, actuamos exactamente en
las "causas" de nuestra vida material. Ésta, en verdad, es bastante ilusoria, porque segundo a
segundo se transforma y envejece, modificándose y perdiendo su razón de existir. Cada colectividad
espiritual que se intercala entre la Tierra y las regiones superiores divinas, que se sitúa en la corona
sutilísima de los fluidos astrales, significa una nueva compuerta que se abre hacia la verdadera vida
del espíritu, a fin de liberarlo con más facilidad de las pasiones animales que separan al hombre del
ángel.
Pregunta! En vuestro modo de vida astral, ¿existe el metabolismo apropiado, que garantice la
vida del periespíritu en el medio que se encuentra a semejanza de lo que sucede con nosotros, cuya
vida es sustentada por el aire atmosférico a través de nuestros pulmones?
Atanagildo: Sin duda alguna, aunque estamos situados en planos de sustancias
quintaesenciadas del astral, vivimos relacionados con el mundo exterior, a pesar de todas vuestras
dudas. Así como respiráis el aire, que es un producto químico del oxígeno, hidrógeno y ázoe,
nosotros también respiramos un elemento nutritivo, en afinidad con nuestro estado de almas
desencarnadas. Vivimos en un ambiente de magnetismo sutilísimo, de una vitalidad distinta a la
atmósfera terrestre, que fluye principalmente de la cuota de amor y simpatía que se intercambia entre
los moradores de esta región. Aquí todo se influencia recíprocamente; seres y cosas están
impregnados de la sustancia en que habitamos, por cuyo motivo insisto en afirmaros que nuestro
ambiente parece una prolongación viva de nosotros mismos.
Se trata de una influencia muy vigorosa del medio, en un intercambio armónico con nosotros,
apropiada a nuestra sensibilidad espiritual y fácil de ser modificada por la acción vigorosa del
pensamiento. Cuando estamos mentalmente entrenados para realizar conclusiones técnicas en el
medio en que vivimos, podemos hasta valorizar la emotividad y percibir los raciocinios de los espíritus
situados en las esferas más bajas, cuando visitan nuestra comunidad. Casi todo en el astral exhala
un olor áurico, característico, producido por las emociones espirituales y por las ideas de las criaturas,
a causa de su intercambio constante con las emanaciones del magnetismo nutritivo del medio.
¡Aquí se hace difícil pretender esconder algo, hasta el propio pensamiento de los espíritus
superiores! Esa influencia magnética que reina en nuestro medio se asemeja a un poderoso revelador
fotográfico, imponderable, derramado sobre el fluido mental, que expone a los más entendidos todos
nuestros pensamientos íntimos.
Pregunta: ¿Nos podríais dar algún ejemplo tipo terreno para poder comprender la naturaleza de
esa influencia que mencionasteis?
Atanagildo: Cuando los faros de los automóviles enfocan sobre los carteles comerciales pintados
con tintas fosforescentes y que se encuentran colocados a lo largo de las calles, su luz actúa
vigorosamente en la tinta mencionada, volviéndolos luminosos durante algún tiempo. Esa ocurrencia
me hace memorizar que el medio o la atmósfera astral en que vivimos se aviva o languidece acorde a
nuestros pensamientos y sentimientos. Influyen en los vegetales, en los animales, en los seres, en los
objetos y hasta en las edificaciones de la ciudad; algunas flores, por ejemplo, se reavivan, dinamizan
sus colores y se vuelven bulliciosas cuando se aproximan a ellas espíritus de sentimientos elevados y
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particularmente aficionados a las expresiones de la vida angélica. Un halo misterioso, que emana del
magnetismo delicado de nuestro medio astral, amplía el campo de nuestras emociones, afinándolo
inmediatamente a todo lo que vibra en sintonía con nuestros pensamientos.
Pregunta: Creo que se justifican nuestras dificultades para valorar el panorama del Más Allá, pues
estamos habituados a la visión exterior que nos proporciona el mundo material a través de los ojos de
la carne, de ahí que nos parece imposible concebir una idea sobre ese plano "etéreo-astral", por
carecer de la vista adecuada que nos permita observar lo que pasa en otros planos de vida. ¿No es
verdad?
Atanagildo: Vosotros depositáis toda vuestra confianza en aquello que vuestros ojos físicos ven,
pero olvidáis que hay una gran diferencia entre las miradas del hombre normal y las del miope. Por
eso, el miope precisa ayudarse con lentes apropiados para aclarar imágenes distantes, mientras que
el hombre de vista normal observa con claridad las configuraciones exactas. En vuestro propio
mundo, ningún científico se arriesgaría a afirmar que los colores y formas percibidos por vuestros ojos
son exactamente como los justipreciáis. Desconfían de la realidad, a pesar de la visión ofrecida por
los ojos físicos, porque puede ser muy diferente a los padrones comunes que han sido consagrados
por la visión humana.
Los antiguos chinos pintaban el cielo de color amarillo opaco, porque su visión rudimentaria aún
no percibía el azul, que hoy es común para la humanidad. ¿Ese azul será, por casualidad, el color
exacto y perfecto del cielo? ¿O será una consecuencia de la deficiencia visual del hombre del siglo
XX? Para el campesino inculto es una verdadera provocación decirle que en la punta de un alfiler
existen vidas microbianas, tan agitadas como las de algunos millares de rebaños de carneros sueltos
por la campiña verde.
En base a la precariedad de vuestra visión física, no debéis imaginar a nuestro mundo semejante
a vuestra morada, pues los ojos físicos sólo pueden fotografiar aquello que se sitúa en el exterior.
Por eso falláis lamentablemente cuando deseáis basaros en lo que ellos ven, con relación a la visión
del mundo interno del espíritu, que es el origen y no el efecto de la vida material.
Pregunta: Jesús, cuando nos visitó, recomendó la necesidad que teníamos de renunciar al
mundo de las formas, cuando afirmó: "Mi reino no es de este mundo". Por eso quedamos confusos
cuando los espíritus dicen que en los planos de elevación espiritual, como la esfera astral en que
habitáis, se cultivan las costumbres y formas terrenas. ¿En donde reside el motivo de esa
contradicción?
Atanagildo: No hay contradicción alguna. Lo que pasa es que al hombre le falta crecimiento
espiritual para poder liberarse completamente de las formas tradicionales de los mundos sub-
angélicos. Ese aspecto terreno de nuestro mundo, a que os referisteis, es el resultado de las
necesidades psicológicas de nuestras almas, pues las formas que mencionáis van desapareciendo
gradualmente a medida que ascendemos hacia las regiones superiores. Por eso, en nuestra
metrópoli austral, aunque tenga semejanza a las terrenas, ya se relaciona con cosas más elevadas y
que en su estado de transitoriedad nos prepara para las regiones de exclusiva abstracción mental, es
decir, en la esfera que los ocultistas de vuestro mundo denominan "plano mental abstracto".
Esa liberación del mundo de las formas, a que se refirió Jesús, no se debe interpretar para el
mundo que habitáis, pero sí para vosotros mismos. ¿De qué modo podréis alcanzar las esferas del
espíritu puro, en donde "pensar es vivir", si partís de la Tierra, fuertemente esclavizados por vuestras
propias creaciones materiales? Normalmente, en vuestro mundo, cuando el cortejo fúnebre conduce
al difunto hacia el cementerio, su espíritu se encuentra terriblemente embarazado en los hilos de su
propia tela, cual mosca que cae de improviso. A través de su exagerado sentimentalismo queda preso
vigorosamente a los consanguíneos, recordando a los amigos leales y desencantado con sus
detractores; en su mente angustiada se diseña la figura del hogar que había creado y que en ese
momento debe abandonar obligatoriamente, en donde se destacan los sillones agradables, los libros
encuadernados al "gusto personal", sus queridos trajes, el jardín con sus flores predilectas, el
automóvil de la marca y línea preferidas, la pipa importada, la tradicional caña de pescar o la parrilla
eléctrica en donde disfrutaba del churrasco epicurístico!
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Todo eso recuerda el panorama amigable, dócil y servil, un entretenimiento tan agradable para el
desencarnado, que aun se estremece al recordar la costosa vivienda que edificara para "disfrutar en
la vejez" en el ambiente de la ciudad natal, entre los rostros amigos y lisonjeros, los ambientes
nocturnos tan acogedores, las risas fingidas de las mujeres... No se había preparado para ese "otro
mundo" que le parecía inexistente, fantasmagórico e ingenuo; la forma era su reino, su gloria y su
motivo de ser y vivir.
¿Encontráis por ventura que un hombre terreno, como el que cité por ejemplo, podría ser lanzado
intempestivamente en un ambiente saturado del más augusto silencio, en donde vibra una vida
puramente introspectiva y para la cual no se preparó? Dios, infinitamente bueno, cuando solicita al
hombre su liberación de las cosas materiales, lo hace de modo suave, bondadoso y persuasivo.
Realmente, Jesús nos advirtió que "su reino no era de este mundo; pero, ¿cuántos de vosotros
estáis en condiciones de desencarnar sin que os encontréis fuertemente adheridos a las cosas
prosaicas de la Tierra? Si aún no podéis abandonar la influencia que ejerce sobre vosotros el beber,
el fumar, el comer el excitante bife con cebolla, entonces es obvio que será más difícil vivir en la
esencia más pura del Espíritu y apartaos definitivamente de las formas.
También es verdad que en nuestra metrópoli no habitan almas del quilate de un Buda, Francisco
de Asís, Krisna o Jesús, pues sería paradójico que tales almas habitaran un plano de vida espiritual
semejante al de la Tierra, pues ya se habían desprendido de las cosas materiales cuando vivían en el
cuerpo carnal.
Al contacto gradual con las formas planetarias, cada vez más sublimadas, el espíritu va
desarrollando el sentido psicológico y el entendimiento mental, haciéndolo pasar de las formas rudi-
mentarias a las más elevadas, y cambiar las expresiones groseras por otras superiores. Aunque sean
formas, ellas siempre tienden hacia el sentido estético, que varía de un alma con otra, pues, como
sabéis, entre dos hombres de la misma edad material, uno se deleitará oyendo música agitada,
mientras que el otro sentirá verdadero placer ante la ejecución de la "Pastoral" de Beethoven o los
"Preludios" de Liszt.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

EL "SENTIDO" DE LA VISTA EN EL MÁS ALLÁ

Pregunta: De los cinco sentidos que nosotros poseemos, ¿cuál de ellos impera más en el plano
en que vivís?
Atanagildo: En el mundo astral se modifican todas las medidas y terminologías terrestres. No
podemos, por ejemplo, valorar las distancias por el método que empleáis en la Tierra, porque no
tenemos apoyo geográfico en donde basarnos, porque vivimos en otras dimensiones, que están
sometidas a una acción más energética, incalculable aún para los más altos padrones vibratorios del
mundo físico. Nuestra acción se ejerce directamente en el mundo "interno", en la causa que conforma
las cosas del mundo terreno. Tenemos la impresión de haber sido transportados hacia "adentro" del
mundo físico en que vivíamos.
Nosotros actuamos en la energía libre, en esa energía que "desciende" vibratoriamente y se
transforma en materia, o sea, energía condensada, como la denominan los científicos modernos.
Nuestro ambiente es interpenetrado por un elemento superdinámico tan acentuado, que escapa a
cualquier captación de los cinco sentidos físicos, así como la luz no podéis tomarla con vuestras
manos, el sol no podéis embotellarlo y los rayos X no son visibles; sin embargo, atraviesan los tejidos,
y hasta las paredes de gran espesor.
Pregunta: Sirviéndose de ese elemento astral, ¿cualquier espíritu consigue obtener esos poderes
espirituales para actuar sobre la energía libre?
Atanagildo: La principal facultad propulsora en nuestra vida astral es el poder mental que, aliado
al sentimiento crítico bien desarrollado, descubre los más deslumbrantes panoramas para nuestras
almas y encanta con los trabajos creadores que puede realizar. La voluntad disciplinada se nos
vuelve el más poderoso instrumento, que usamos como si fuera una prolongación viva de nuestros
sentidos astrales, pudiendo penetrar cada vez más en los misterios de nuestro origen y destino.
Principalmente, cuando nos encontramos en ambientes gratos, como lo es el de la metrópoli del Gran
Corazón, nuestra mayor o menos capacidad de visión depende fundamentalmente de la capacidad de
poder de nuestra voluntad. Por eso, no todos los espíritus de nuestra morada consiguen obtener la
misma visión de las cosas y de los seres; muchas veces, cuando somos agraciados con la presencia
de notables visitantes que provienen de planos más elevados, cierta parte de nuestros compañeros,
recién llegados de la Tierra, no consiguen verlos a gusto por no poder colocarse en la misma faja
vibratoria. El mismo fenómeno sucede en las zonas inferiores, cuando descendemos para socorrer a
los espíritus sufrientes, pues no todos consiguen vernos, a pesar de manifestarnos que sienten
nuestra presencia en los momentos en que los socorremos. Se trata de un hecho lógico y
comprensible; las frecuencias vibratorias espirituales muy bajas no pueden sintonizarse con las vibra-
ciones mucho más altas, de la misma forma que las emisiones de ondas cortas en la radiofonía
terrena no pueden captarse por los aparatos de onda larga.
En este preciso momento en que estoy dictando estas comunicaciones, no podéis registrar en
vuestra visión mi presencia, pues estáis rodeados por una faja vibratoria demasiado baja y letárgica,
como es la de la carne. Si se trate de un médium vidente, es decir, de alguien que tuviese su
periespíritu más hacia "este lado" o que consiguiese elevar su frecuencia vibratoria común hasta el
nivel del plano en donde actuamos nosotros, ese médium podría identificarnos pálidamente,
quedándole la impresión de entrar en una atmósfera de sueños. Todos los espíritus desencarnados
no consiguen vernos con las mismas disposiciones astrales —porque varían sus poderes mentales y
cualidades morales—, los propios videntes terrestres no entrevén con exactitud los mismos
fenómenos, porque varían su capacidad vibratoria, y eso dificulta la visualización de las escenas en el
plano astral.
Pregunta: La visión del espíritu desencarnado en vuestra metrópoli, ¿es semejante a la visión de
nuestros ojos físicos en la Tierra?
Atanagildo: En la superficie terrena la visión de las criaturas humanas podría ser más o menos
buena si no se redujese a causa de las enfermedades, defectos o cansancio de los ojos. Mientras la

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visión humana capta exclusivamente los contornos de las formas físicas y realizables solamente bajo
la luz solar o artificial, en el mundo astral nosotros podemos ver las cosas, exceptuados de la luz,
tanto en su exterior como en el interior, teniendo la impresión de que miramos por el reverso. Lo más
importante es que podemos proyectar la vista en todos los sentidos, tomar conocimientos amplios,
hasta los menores detalles y sometidos todos a un examen, que bien podríamos designar de "visión
de profundidad". Los ojos de la carne exigen una dirección, obtenida por los nervios ópticos para
poder tener conocimiento de todo aquello que puedan ver, transmitiendo al cerebro imágenes
focalizadas directamente; nuestra voluntad reacciona de tal forma al ambiente, que mejor "sentimos"
que "vemos". En ciertas ocasiones hipersensibles he observado que toda la organización de mi
periespíritu se transforma en un maravilloso campo visual, y que las cosas me llegan de todas las
direcciones. Me vuelvo, por así decir, un centro de visión en sentido esférico y capto todos los fenó-
menos situados a mi alrededor, bajo la extraña impresión de que veo todo con el poder de mis ojos.
La necesidad de ver en la Tierra exige la inmediata focalización de los ojos sobre los objetos
deseados; además, para que el espíritu pueda tener conocimiento de lo que es focalizado, está
pendiente de las transformaciones vibratorias que el aparato visual debe efectuar para la debida
sensibilidad del espíritu; aún más, esas vibraciones precisan alcanzar toda el área del periespíritu
para que el alma tome conocimiento de las cosas que los ojos ven, pues ellos en realidad, significan
un accesorio, o sea, un transformador de visión exterior para las vibraciones de alta frecuencia, que
son receptivas a la organización etéreo-astral del periespíritu.
Nuestro poder visual está en la superficie de todo el periespíritu, tornándose captador de
imágenes en todas direcciones. En vez de precisar un par de ojos para captar imágenes y transmi-
tirlas en una frecuencia vibratoria accesible a nuestro espíritu en el Más Allá, captamos directamente
en su fuente natural vibratoria, portándolas hacia la contextura de nuestro periespíritu,
dispensándonos de las funciones complicadas de la visión física.
Pregunta: Suponiendo que vuestra metrópolis sea un punto astronómico en el espacio, ¿como
veis el firmamento o nuestro Sol? ¿La sensación es la misma que teníais cuando estabais encarnado
en nuestro planeta?
Atanagildo: Desde nuestra metrópoli vemos el firmamento de la misma forma que lo observáis
vosotros desde la Tierra, con la diferencia que es más luminoso y tan lleno de vida como nuestra
posibilidad de penetración interior en nuestra vida espiritual. Es obvio que su color difiere
profundamente al observarlo a través de la atmósfera física que envuelve al globo terráqueo, porque
estamos situados en la intimidad de esa visión, limitada para vosotros, por los ojos físicos. Nosotros
sentimos las cosas de otro modo y penetramos con más eficiencia en toda su realidad exterior.
Pregunta: Dadnos un ejemplo, para poder asimilar por qué las cosas vistas por nuestros ojos
físicos son alcanzadas en toda su extensión y realidad por la visión de los espíritus desencarnado.
¿Podéis hacerlo?
Atanagildo: Esa mayor o menor visual interior depende mucho del espíritu, pues a medida que
nos elevamos hacia estados más sublimes el mundo oculto se nos revela con más intensidad, porque
contiene energías que antes escapaban a nuestras observaciones de carácter inferior.
Suponed que estáis observando un vaso que contiene agua dulce, caliente, perfumada y
electromagnetizada ¿Qué veis vosotros en ese vaso con vuestros ojos físicos? Lógicamente que sólo
veréis agua y apenas notáis su forma incolora, pues si quisierais sentir la temperatura, el perfume y el
magnetismo o el sabor os tendríais que valer del tacto, del olfato y del paladar. Mientras tanto, si mi
espíritu desencarnado estuviera presente haría uso de la facultad que os describí a través de mi
periespíritu, captando simultáneamente las diversas sensaciones contenidas en el vaso de agua,
usando mi voluntad para la percepción de los variados fenómenos allí existentes. Existe esa
diferencia, porque los cinco sentidos del hombre no dejan de ser ventanas vivas, o aparatos
accesorios, que deben transformar los diversos fenómenos del mundo exterior en una vibración que
el espíritu desencarnado puede recibir directamente, mientras que el hombre no lo puede hacer. Por
lo tanto, es evidente que en posesión del cuerpo físico o librado de él, el verdadero receptor de todas
las sensaciones y fenómenos del mundo físico o astral es el periespíritu. De ese modo, aquello que

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percibimos con dificultad cuando estamos encarnados, lo podemos captar directamente y sin los
sentidos físicos intermediarios cuando estamos desencarnados.
Pregunta: ¿Tenéis, por ventura, otra concepción del Sol, debido a que poseéis una visión más
perfecta que la nuestra?
Atanagildo: El Sol que veis en el firmamento y que os calienta con sus rayos caloríferos, es el
mismo que baña a las colonias y ciudades astrales existentes alrededor del globo terráqueo; mientras
tanto, para vosotros es un astro de acción más física, mientras que nosotros lo sentimos
interiormente, esto es, en su plenitud astral. Nuestro ambiente, por ser totalmente de sustancia astral,
dispensa de la acción física del Sol, pero recibe sus energías astralinas, a fin de poder cumplir con los
objetivos de renovación espiritual de los desencarnados.
Pregunta: ¿Cómo debemos entender esa diferencia que existe en la acción del Sol en vuestra
metrópoli, en base a nuestros conocimientos?
Atanagildo: Creo que no es extraño a vosotros que todo el Cosmos se encuentra interpenetrado
por una energía que se condensa alrededor de los planetas, en forma de sustancia astral.
Comenzando por el Sol de nuestro sistema, cada planeta o asteroide posee una atmósfera de fluido
astral que lo envuelve en conformidad a volumen, rotación y edad sideral. De ese modo, la Tierra
requiere del Sol las energías que le nutren la vida física, al mismo tiempo que su esfera astral e
invisible, bajo un considerable dinamismo, exige a su vez las energías que precisa para su vida
interior.
En los cursos educativos de nuestra metrópoli he aprendido que los espíritus que finalizan sus
reencarnaciones en la Tierra y terminan su educación en el mundo astral, pasan hacia otro plano aún
más interior, denominado "mundo mental concreto", en donde existe una materia mental de tal
sutileza, que responde instantáneamente a aquello que piensan y desean. Nos explican entonces que
ese mundo mental concreto está más allá de la naturaleza vibratoria del mundo astral, así como
nuestra esfera astral también se encuentra mucho más allá de los fenómenos de la Tierra. El Sol,
como centro de vida y sustentáculo de nuestro sistema, continúa alimentando a todos los mundos
"interiores" de la vida espiritual, así como da vida a la superficie terrestre, pero a cada uno conforme a
las energías correspondientes a sus medios de vida. Aunque el Sol sea uno solo, hay un Sol físico
para la Tierra física, un Sol astral para el mundo astral y un Sol mental para ese mundo mental
concreto que os cité.
Pienso que el ejemplo del agua caliente, perfumada y magnetizada os puede dar la idea de tres
estados diferentes en un solo cuerpo: calor, perfume y electricidad en el elemento agua en una
graduación cada vez más delicada, así como la manifestación del Sol físico es más grosera que la del
Sol astral y éste a su vez más rudimentario que el Sol mental concreto.
Es por eso que en la metrópoli del Gran Corazón nosotros absorbemos la luz del Sol en su
manifestación más pura y dinámica, porque también nos movemos en un mundo de energías
semejantes, como es el mundo astral. Os aseguro que la ciencia terrena ya no tiene más duda de que
el Sol es un foco de luz antes que de calor; esa luz es la que se transforma en calor ni bien encuentra
resistencia en el "biombo" de la atmósfera terrestre, llegando hasta vosotros en forma de rayos
caloríferos. Así, la energía pura y dinámica del Sol es la luz y no el calor, pues éste ya es energía
degradada. Si queréis saber por qué motivo en nuestro mundo astral aprovechamos las energías más
puras del Sol, lo comprenderéis fácilmente, porque mientras vosotros recibís los rayos caloríferos que
se filtran a través del "biombo" atmosférico de la Tierra, nosotros recibimos directamente del Sol su
dinámica luz, es decir, en su fuente más natural.
Pregunta: ¿Podría considerarse que los ojos de la carne son para el mundo espiritual lo que las
antiparras tienen por función para la luz material?
Atanagildo: Vuestros ojos, propiamente dicho, no son antiparras de la realidad espiritual; muy al
contrario, significan apreciados órganos que os permiten la visión grosera del plano de la materia. No
debemos olvidar que los ojos carnales no son los reductores de la verdadera visión del espíritu, ni
causan perjuicios al entendimiento de los mundos interiores, pero son, en realidad, el resultado de los
más avanzados esfuerzos de la naturaleza terrena a fin de que podáis tener nociones sobre el mundo
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físico, que es tan necesario para el aprendizaje sideral.


Cuando yo poseía los ojos materiales y actuaba en el mundo de la materia, me servían de
escuela para mi alma reencarnada; sólo podía ver a los seres y a las cosas desde el momento que
estuvieran iluminadas por la luz exterior del Sol o la creada por el hombre. Como hombre físico no
conseguía ver en la oscuridad, no tenía siquiera el privilegio de que gozan los gatos y otros animales
e insectos... Es por eso que los ojos del hombre necesitan de la luz exterior en la medida que le fue
dado para poder cumplir con su función vital. Pero ni bien dejé el cuerpo físico quedé sorprendido por
la precariedad de los ojos carnales y con la maravillosa capacidad visual del espíritu desencarnado,
que se sirve especialmente de su voluntad entrenada para satisfacer sus anhelos. Si vosotros
utilizaseis los anteojos con vidrios muy oscuros para contemplar los paisajes pintorescos y llenos de
sol de la ensenada de Nápoles, Guanabara o Florida, es lógico que tuvierais una impresión oscura y
pobre de la realidad; mientras tanto, si os quitáis los anteojos oscuros quedaréis sorprendidos delante
de las indescriptibles bellezas que os ofrecería la visión más clara.
También me sentí deslumbrado delante del soberbio y celestial panorama que me deparó la
desencarnación al quitarme los ojos físicos, pues aunque éstos presten un excelente servicio en el
transcurso de la vida material, no consiguen revelar la belleza del astral superior, que se sitúa en un
campo vibratorio mucho más sutil.
Muchas almas de muy buena reputación espiritual confiesan que después de la desencarnación
les parecía vivir en un cuarto oscuro, para recibir más tarde una prodigiosa luz que les descubrió un
magnífico panorama principesco, lleno de las más deslumbrantes dádivas celestiales.
Nosotros aquí tenemos inmensa piedad para los científicos, filósofos y sabios terrenos, que
afirman enfáticamente que no existe nada después de la muerte del cuerpo. Ellos encuentran que la
vida real es aquella en donde se notan las formas pasajeras del mundo terreno. Pero, cuando
retornan al astral muy grande ha de ser su humillación al comprobar la falsedad de esa concepción
tan infantil.
Pregunta: ¿Cómo véis al sensitivo en este momento, que recibe vuestro pensamiento y lo pasa al
papel? ¿Qué tipo de visión tenéis en este momento?
Atanagildo: Os repito, mis ojos no están adheridos a la visión limitada del mundo material, que
ésta, a su vez, está sujeta a la luz artificial o solar. La luz que me rodea es muy diferente e ilumina
todo desde su interior, por cuyo motivo puedo penetrar hasta lo más recóndito de vuestras almas,
inclusive a la del médium que me sirve en este momento. Cuando miráis a un hombre en vuestro
mundo físico, sólo lo veis en su configuración exterior, porque la luz solar o artificial se derrama sobre
sus contornos. Es suficiente que se haga la noche para que no lo veáis más, salvo si usáis la luz
artificial. Así, como vuestros ojos sólo pueden observar lo que la luz material ilumina, nosotros vemos
todo gracias a la luz interior que hay en todas las cosas y también en nuestra propia organización
periespiritual.
Yo veo al médium en este momento no como él es para vosotros, sino como era antes de
reencarnar y cómo será después que abandone su cuerpo en una sepultara ahí en la Tierra. Lo veo
en su figura propiamente espiritual, en su vehículo etéreo-astral que sirve de intermediario entre su
espíritu y su cuerpo de carne. A mí, que ya estoy desencarnado y distanciado vibratoriamente de
vuestro mundo material, el cuerpo físico no me sirve más de relación, porque tengo contacto con el
médium a través de su periespíritu, que actúa en el mismo plano en que yo me encuentro liberado.

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RESIDENCIAS Y EDIFICACIONES

Pregunta: ¿Residís en alguna casa semejante a las que tenernos en nuestro mundo material?
Atanagildo: Sí, para mí esa casa es tan consistente como las que construís con cal, ladrillos y
cemento armado. La extraordinaria superioridad de las construcciones del mundo astral sobre las
edificaciones terrenas consiste en que las primeras son hechas con la sustancia luminosa absorbida
de nuestra esfera, que tiene la propiedad de condensar los fluidos mentales de sus moradores y
después devolverlos balsámica o agresivamente, conforme a emociones y pensamientos producidos
en el ambiente. Después que fui hospedado en la metrópoli astral del Gran Corazón, aprendí que
toda irradiación proveniente de nuestras emociones descontroladas causa desarmonía en el
ambiente en que residimos, por cuyo motivo debemos mantener nuestra mente vigilante, cooperando
para que permanezca el aura de tranquilidad, que es natural en las almas equilibradas. Debemos
evitar el predominio de las vibraciones nocivas que se forman en el campo íntimo de nuestras
inquietudes e insatisfacciones psíquicas, para lograr mantener la alegría de nuestra propia ventura en
el mundo astral.
Debido a esas providencias saludables, que son una profilaxis mental realizada placenteramente
por los moradores de nuestra comunidad astral, adquirimos hábitos mejores que los cultivados
desordenadamente en el mundo físico. Nosotros nos adaptamos, poco a poco, a un padrón de vida,
en donde sólo existen las actividades y pensamientos elevados, que nos ayudan a dominar el
psiquismo inferior y repeler las antiguas sugestiones de las pasiones animales, substituyéndolas por
hábitos nuevos, que en el futuro nos ayudarán a conseguir el equilibrio y la cohesión psico física en
las encarnaciones terrenas. Ese entrenamiento de vigilancia mental sobre la naturaleza de nuestros
instintos peligrosos facilita la eclosión de los elevados principios espirituales sobre la vieja animalidad
terrena.
Pregunta: ¿La construcción de las casas en donde residís obedece a procesos y padrones
conocidos en la Tierra?
Atanagildo: La construcción de los edificios, casas o cualquier departamento de nuestra
comunidad astral difiere mucho de los que se hacen habitualmente en la Tierra. Aunque la sustancia
del medio astral en que resido sea de propiedad común, dependemos del permiso de nuestros
mayores para obtenerla, y con ella edificamos nuestro hogar, que deberá quedar en perfecta armonía
con nuestra psicología y con los naturales sentimientos ya desarrollados.
Es un derecho que se adquiere, principalmente, por la prestación de servicios útiles y de amor en
favor de la humanidad, ya sea con nuestra colaboración cuando estamos encarnados en los mundos
físicos o en las metrópolis y colonias del astral. La autorización para que podamos servirnos de la
sustancia astral — que es el principal elemento de relación y vida exterior en nuestra esfera— puede
hasta centuplicarse, en base a créditos suplementarios conseguidos en tareas de superación
ejercidas en los abismos del astral inferior, en donde gimen los infelices delincuentes de la
espiritualidad. Del mismo modo, ciertos trabajos confieren mejores oportunidades para colocarnos en
programas de vida más elevada en el astral.
Pregunta: Una vez que los moradores de vuestra metrópoli constituyen sus hogares, ¿se
preocupan como los terrenos para mantener el aseo y promover la mejoría estética de sus habita-
ciones?
Atanagildo: En cualquier plano de vida el espíritu es el verdadero agente que crea las
modificaciones del medio en donde se encuentra. En el mundo material cada residencia revela a
través de su higiene, de sus objetivos o decoraciones, el sentido estético, el capricho, el gusto y la
inteligencia de sus moradores. Es verdad que entre los hombres detentores de grandes fortunas
terrenas existen grandes diferencias en al comprensión de la armonía, la utilidad y el sentido práctico
e inteligente de su patrimonio material. Existe, por ejemplo, el nuevo rico, que al no poseer aún el
sentido hidalgo de las residencias aristocráticas, acostumbra a obstruir su palacio con los más tontos
caprichos y llenarlo de adornos ridículos. Entonces, en vez de ser una vivienda agradable y útil,

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recuerda a los museos históricos llenos de cosas y objetos anacrónicos, que de ningún modo pueden
vibrar con la emotividad del alma.
Son raros los hombres que saben combinar los matices y colores de sus aposentos con la
disposición de las luces o el tipo de muebles con la armonía de la decoración, con el fin de ajustar la
función útil de cada aposento al sentido estético de su ornamentación. En nuestra morada astral, que
está formada por espíritus más comprensivos y desligados de las exageraciones de las vanidades
humanas, ese sentido de aseo y mejoría estética a que os referisteis es cultivado con mucho cariño y
sabiduría. Saben proporcionar una armoniosa combinación en todos sus hogares, en donde la
sencillez es tan espontánea y agradable, que da un tono sublimado a todo lo que les rodea. Aunque
algunas metrópolis astrales, como la del Gran Corazón, son de naturaleza transitoria y sólo
signifiquen divinos "oasis" para descanso y aprendizaje espiritual, al servicio de las almas que
ascienden hacia las esferas superiores, poseen indescriptibles encantos y bellezas en el interior de
sus residencias, demostrando siempre el gusto exigente de sus moradores.
No se observa en esas edificaciones el lujo desmedido ni el amontonamiento de cosas
inexpresivas, tan comunes en las viviendas terrenas; aquí todo obedece a un sentido de armonía que
nace de nuestros espíritus, como si nuestras emociones contagiasen a las cosas que gustamos. Hay
intenso júbilo de nuestra parte cuando comprobamos que nuestra conciencia se extiende sobre todas
las cosas que nos rodean, como si fuese un delicado manto magnetizado, pues se encuentra
completamente liberado de los intereses egoístas o de las vanidades tontas de la carne, viviendo
solamente en razón de la paz y la ternura que fundamenta nuestro ambiente de relación.
Reconozco que no podríais valorar nuestra alegría espiritual, en donde nuestra alma se
transforma en un pequeñito sol que sustenta los diversos mundículos que crea e influencia con su
vida, emociones y pensamientos simpáticos.
Pregunta: Tomando por base nuestra vida física, ¿no podéis explicarme mejor esa relación entre
el alma y los objetos que la rodean?
Atanagildo: En la Tierra, comúnmente basáis vuestras alegrías y ventura en poseer objetos y
cosas útiles, en forma indiscriminada, cuya adquisición es hábilmente sugerida por la propaganda
comercial, que muchas veces consigue despertar en vosotros deseos e insatisfacciones que de modo
alguno sospechabais que existían. Entonces invertís el trabajo real del espíritu, pues en vez de
orientar vuestra ventura con la adquisición de los valores definitivos, cuida de amontonar objetos
materiales y cosas atractivas de un mundo provisorio, olvidándoos que el diamante más apreciado no
consigue superar el valor de la Bondad y el Amor que el espíritu inteligente puede despertar en su
corazón. Creáis falsos deseos de bienestar y os apartáis de los altos ideales del espíritu, ante la
imperiosa esclavitud a que os sometéis con las cosas terrenas. Además sucede que nuestras
insatisfacciones e inconstancias comunes, cuando estamos en la Tierra, no tardan en hacernos
quebrar los eslabones de la simpatía que manteníamos con nuestros muebles, adornos y objetos de
uso personal, que nos servían agradablemente, porque después nos viene el deseo de substituirlos
por otras cosas más "modernas". Entonces pasamos la vida terrena en constante insatisfacción,
porque dedicamos toda la fuerza de nuestra alegría y pasión a las cosas a que sólo reaccionan la
mediocridad de los sentidos físicos y que son impotentes para desarrollar en nosotros los valores
eternos del alma. Nos dejamos dominar por las emociones infantiles de las cosas "nuevas y
modernas", olvidando que muy pronto esas cosas también han de volverse viejas y antipáticas.
Influye en nosotros la opinión ajena con respecto a los objetos y cosas a que nos ligamos
egocéntricamente en el mundo; cuando esa opinión es agradable para nosotros, nos hace subir la
columna de nuestro termómetro emotivo; si es desagradable, enfriamos el entusiasmo y la alegría de
poseerlo. Mientras las cosas materiales son demasiado inertes y no se relacionan en su patrón vibra-
torio con nuestro espíritu, las cosas astrales se estremecen a nuestra simple presencia, ya que están
dotadas de una vida que fluye de nosotros mismos. La materia densa permanece aislada de vosotros
mismos, pues no refleja vuestras alegrías ni puede participar de vuestras emociones espirituales,
porque sólo las percibe el espíritu a través de los cinco sentidos. En la Tierra nos podemos apasionar
fuertemente por un lujoso vehículo, pero lo hacemos debido a su belleza, utilidad y confort; sin

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

embargo, no participa con nosotros de esa emoción interior, es un objeto inerte que se deprecia y
también envejece a cada instante después que se considera construido. Y con su envejecimiento y
depreciación se va también la intensidad de nuestra alegría y el placer que nos proporcionaba cuando
era nuevo.
Al desencarnar, cuando entramos en contacto directo con el ambiente de cierta superioridad
espiritual, se aumenta la sensación de "sentir" y "vivir", porque la sustancia astral se vuelve un
eslabón con las cosas exteriores. Ella refleja con exactitud la gama psicológica y el sentimiento de
nuestra alma; derrama sobre los elementos con que nos relacionamos la esencia coloreante que
proyecta nuestra aura, aumentándoles la vivacidad vibratoria. También es cierto que ese material
astral es capaz de retener los más variados matices emotivos de nuestro espíritu, como también
puede coagularlos en forma de materia oscura y repulsiva cuando nos descontrolamos dominados
por las bajas pasiones.
Pregunta: Por vuestra explicación anterior deducimos que esa sensibilidad del espíritu con el
medio y con los objetos se refiere únicamente a los reflejos de sus estados emotivos, ¿no es así?
Atanagildo: Nuestro mundo es el reflejo de nuestro propio estado interior espiritual, no hay duda
alguna; pero él es el que nos proyecta y no nosotros. No se trata de una creación mental
introspectiva, pero sí una creación que se reproduce fenoménicamente en el ambiente como
resultante positiva de aquello que creamos en la intimidad del alma. Lo podéis suponer como un
vivísimo proyector cinematográfico que fija en la tela exterior del astral la suma de nuestros sueños y
deseos, los que a su vez se entrelazan a los de los de otros compañeros.
Pregunta: ¿Desde el momento que las cosas materiales del mundo terreno pueden producir
modificaciones interiores y fundamentales en el alma, no sería ingenuo de nuestra parte suponer que
cosas semejantes puedan ejercer influencia en los desencarnados por el sólo hecho de ser sustancia
astral?
Atanagildo: A medida que el espíritu asciende hacia regiones superiores, también ingresa en un
campo de energías más sensibles, que reaccionan con prodigiosa eficacia a las más débiles
irradiaciones mentales. Es lógico que el pensamiento no pueda levantar una piedra del mundo físico,
porque se requiere el empleo de las manos o de una palanca; en el plano en donde el ambiente es
constituido exclusivamente de materia mental, el pensamiento actúa directamente en ese medio,
produciendo o creando inmediatamente aquello que desea. A pesar de ser el pensamiento energía
mental concreta, no puede actuar directamente sobre la piedra, que es materia, porque, de acuerdo a
la ley vibratoria, tampoco la piedra consigue cambiar la naturaleza esencial del pensamiento.
En nuestra esfera vivimos entre la materia mental del plano superior y la materia física del plano
inferior; todo lo que creamos o pensamos se encuentra vigorosamente impregnado de la sustancia
mental de nuestros pensamientos. Tanto es así, que nuestras emociones y alegrías se asocian y
reflejan en las cosas que creamos, porque poseen un poco de nuestra sustancia mental. Gracias a
esa vivísima reacción del ambiente sobre nuestro pensar y sentir —el medio astral que nos rodea
también se encuentra impregnado de nuestros pensamientos o energía mental— gozamos de la
impresión de estar ligados a las cosas que nos rodean y que sólo aparentemente están fuera de
nuestra alma.
Pregunta: ¿Nos podéis dar un ejemplo más sencillo para poder concebir mejor ese asunto, que
es un poco complejo para nosotros?
Atanagildo: Cuando nuestras almas están dominadas por el júbilo y la ternura de las cosas
sublimes, las cosas que nos rodean en la morada astral se impregnan del toque poético y emotivo de
nosotros mismos, ligándose afectivamente a la intimidad de nuestro mundo espiritual. Nuestra
ventura aquí no depende de los elogios o de las opiniones agradables, consecuentes de la admi-
ración por aquello que nos es simpático; nuestra euforia espiritual no aumenta ante la comprobación,
porque ciertas cosas u objetos a que mucho nos apegamos sean de mucha utilidad. Todo nuestro
bienestar se fundamenta en las realizaciones íntimas de nuestro espíritu, aunque las cosas y los
objetos que nos rodean sirvan para comprobar la exacta naturaleza de nuestras disposiciones
espirituales.
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Pregunta: ¿Qué superioridad ostentan los edificios y decoraciones de esa metrópoli astral en
comparación con las tradicionales edificaciones terrenas?
Atanagildo: Lo más importante en nuestra morada astral, con relación a la Tierra, es la genial
combinación entre su arquitectura y las fascinantes decoraciones proporcionadas por las riquezas de
los colores luminosos y por los maravillosos recursos que la prodigalidad de flores les ofrecen.
Después del gran paseo público, en forma de heptágono, situado en el centro principal de la
metrópoli, se encuentran los edificios residenciales, que son más numerosos a medida que se
distancian del perímetro central. Los edificios ocupan toda la zona norte, sur y este, que conforman el
principal agrupamiento residencial de la ciudad, mientras que los departamentos e instituciones
educativas, científicas o artísticas se encuentran por toda el área de la zona oeste, formando un
extenso triángulo que se confunde con el horizonte astralino.
Esos predios, palacios o instituciones no se agrupan bajo una misma rigidez geométrica, ni
forman interminables hileras de fachada que marcan apretadas calles, como suele suceder en la
Tierra; son construidos en grupos aparte, en forma caprichosa, intercalados entre un grupo y otro de
hermosos y frondosos bosques. Cada conjunto de edificios se encuentra en medio de bellos jardines
de alfombras coloridas, que además poseen pequeños lagos y canales de agua cristalina, cuyos
lechos se encuentran incrustados por láminas transparentes y de colores.
Esas fuentes, semejantes a espejos líquidos y de reflejos poli-crómicos, adornan sus márgenes
con delicados conjuntos de arbustos pequeños y de suave fragancia, que embalsaman la brisa con
sus excelsos perfumes, haciéndome recordar la fragancia del sándalo, de las rosas o el jazmín. Los
árboles en forma de tiernos abrazos de vegetación florida, se intercalan entre espacio y espacio,
formando graciosos bosques de sombras refrescantes, remarcados por un halo de suave luz solar
astralina.
Hay lugares maravillosos de sueños principescos, en donde delicados bancos de porcelana
transparente despiden reflejos de color eterizado y se balancean, suspendidos entre columnas de una
sustancia rosada, muy inquieta, parecida a la espuma del mar. Alrededor de esos bancos se
entrelazan las trepadoras, saturadas de cantidades de flores aromáticas, que forman parte de los fes-
tivos banquetes de luz eterizada del plano astral. Cuando vislumbré esos aspectos paradisíacos en el
Más Allá, creía haber despertado en el seno de aquellos jardines hermosos de la antigua Grecia, que
parecían mantos de flores, en donde los poetas, filósofos, músicos y cantores, en sus fiestas,
sublimaban la vida humana y la misteriosa recordación de los mundos celestiales.
Pregunta: ¿Esos edificios son construidos bajo la misma línea arquitectónica conocida en la
Tierra?
Atanagildo: Las edificaciones revelan a primera vista las líneas arquitectónicas y los estilos
propios de las razas civilizadas del mundo terreno; hay conjuntos del tipo griego, cuyos palacios, de
base y capital jónico, tiene sus extremidades redondeadas y marmóreas, en donde las volutas se
elevan en forma de espirales delgadas; el estilo hindú se revela en las inconfundibles construcciones
remarcadas con tejados cónicos y cubiertos de hojas doradas por la sustancia astral; las pagodas
chinas tienen su equivalente en nuestra metrópoli, aunque bajo un sentido de alta espiritualidad. Hay
edificios semejantes al viejo estilo árabe, que recuerda bases cuadradas, encimadas por cúpulas
rodeadas por altos minaretes, tradicionales mezquitas de oraciones para Alá y Mahoma. El viejo
Egipto es reverenciado por los edificios de área abierta y espaciosa, que se confunden con los
frondosos plátanos y cántaros cubiertos por las cautivantes margaritas, que en forma de prodigioso
tapete floreado cantaba las glorias del Nilo legendario.
Los restantes predios y edificaciones de la metrópoli astral también están rodeados de vastos
jardines llenos de flores, en donde se destacan, principalmente, los tipos exóticos de cálices y tazas
de color yema de huevo centelleante y cuyo centro rubí parece una gota de sangre refulgente. El
aroma que emana de esas flores me hace recordar el perfume de las azucenas, aunque no les puedo
describir la misteriosa fragancia que invade la sensibilidad magnética de nuestro periespíritu cuando
las rozamos ligeramente.
Casi todas las residencias son espaciosas, teniendo conexión los aposentos con los jardines, en
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donde la brisa olorosa renueva la atmósfera interior. La mayoría de los amplios portales tiene relieves
delicados que expresan y simbolizan a la comunidad del Gran Corazón.
Pregunta: Tratándose de una metrópoli astral con características predominantemente brasileñas,
¿no deberían poseer edificaciones similares a nuestro ambiente y estilo nacional?
Atanagildo: Ya os manifesté cuál es el concepto que nosotros tenemos del nacionalismo. Los
espíritus desencarnados que actualmente viven en la ciudad del Gran Corazón, aunque provengan
del Brasil, son egresados de algunas civilizaciones milenarias, que existían mucho antes que se
descubriera el Brasil. La comunidad brasileña aún no alcanzó medio milenio de existencia; muchos
espíritus que se encontraban y otros que se encuentran encarnados en Brasil proceden de
colectividades persas, egipcias, griegas, hindúes y hebraicas. La mayoría de los habitantes de nues-
tra metrópoli no posee más de dos o tres encarnaciones en Brasil, pero han vivido decenas de veces
en otras civilizaciones orientales. Eso quiere decir que el contenido espiritual de la mayoría propende
hacia la psicología de Oriente.
Pregunta: ¿Esa propensión hacia estilos cultivados por las civilizaciones antiguas, no representa
cierto conservadorismo por parte de los espíritus desencarnados de vuestra metrópoli? ¿No se
contradice con el grado de evolución alcanzado en el dominio de los sentimientos regionalistas de la
Tierra?
Atanagildo: No hay duda que muchos de vuestros edificios considerados modernos y progresistas
no dejan de ser estilos o arquitecturas deformantes, que son llevadas a cuenta, con la intención de
liberarse de las formas viejas. El espíritu sabio y artista puede extraer de las cosas del pasado
aquello que realmente es genial, estético y sensato, si al mismo tiempo no destruye la idea
fundamental sobre lo sublime y verdadero que contenía. En nuestra metrópoli nunca desapareció la
preocupación básica de unir la belleza del color a la magia de la luz, atendiendo siempre las líneas
constructivas capaces de evocar las bases del organismo carnal brasileño. Aunque esos
desencarnados no son sentimentalistas del mundo terreno, se identifican con los climas geográficos
en donde apresuraron el sentimiento y desarrollaron la razón, reverenciando en sus estilos y en las
delicadezas de sus ornamentaciones aquello que sin tener forma definida habla tiernamente a la
naturaleza afectiva de sus almas.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

CONSIDERACIONES SOBRE LA DESENCARNACIÓN

Pregunta: Después que abandonasteis el cuerpo físico, ¿cuáles fueron las primeras impresiones
que acudieron a vuestra mente?
Atanagildo: Muy poca diferencia encontré al cambiar de estado, pues en mi vida me dediqué
profundamente a mejorar la vibración de mi espíritu, resultándome una desencarnación bastante feliz.
Aunque nos encontremos en el cuerpo carnal, podemos vivir en parte, el ambiente del astral
superior o inferior, al cual iremos a morar después de desencarnados. Los hábitos elevados y culti-
vados durante la vida física son ejercicios que nos desarrollan la sensibilidad psíquica para que
podamos sintonizarnos más tarde con la esfera del Más Allá, como también es el resultado del
entrenamiento de las bajas pasiones, que representan la medida exacta del afincamiento que
tengamos en los charcos tenebrosos del astral inferior. Todo impulso de ascensión espiritual es
consecuencia del esfuerzo que se ha realizado para liberarse de la materia esclavizante, así como la
negligencia y el desinterés por la vida se transforman en una peligrosa invitación hacia las regiones
infernales citadas. Nuestros deseos de progreso se reducen por la habitual negligencia espiritual que
existe sobre el sentido educativo de la vida humana, como también se eleva cuando son accionados
por el combustible de nuestra aspiración superior y mantenidos heroicamente a distancia del
sensualismo peligroso de las formas.
No importa que permanezcamos en el mundo de la carne, si cultivamos las iniciativas dignas, que
nos permiten usufructuar el padrón vibratorio del astral superior, porque en verdad, la entidad
angélica que vive en nosotros cuando es sintonizada con los mundos elevados, se esfuerza por
sobrepujar a la organización milenaria del animal instintivo. Bajo ese entrenamiento, mantenido por
el continuo ejercicio de la ternura, la simplicidad, la simpatía, el estudio y la renuncia a las
seducciones de la materia transitoria, la desencarnación resulta para nosotros un suave desahogo y
el ingreso positivo en el ambiente delicado que ya entreveíamos en nuestra intimidad espiritual aún
reencarnada. La vida humana en vez de ser el tan nombrado "valle de lágrimas", se vuelve una
rápida promesa de felicidad, así como en el cielo grisáceo y tempestuoso observamos a las nubes
entrecortadas que han de permitir el pasaje de los primeros rayos de sol vivificantes.
Cuando sentimos vibrar en lo íntimo de nuestra alma los primeros reflejos del futuro ciudadano
celestial, se modifica también nuestra visión de la vida humana y el esfuerzo creador de la naturaleza,
para sentirnos poco a poco unidos a las florcitas silvestres perdidas en la inmensa campiña, al pájaro
en su vuelo tranquilo bajo el cielo resplandeciente y al propio océano que ruge amenazadoramente.
Es el mensaje directo de la vida cósmica que se expresa en nosotros, invitándonos a realizar altos
vuelos que nos conducirán a la liberación definitiva de las formas inferiores, para integrarnos
definitivamente al espíritu inmortal que vivifica las cosas.
Cuando me sentí completamente desembarazado del cuerpo físico, en mi espíritu aún latían los
deseos y las pasiones del mundo que acababa de dejar, pero no me dejé perturbar espiritualmente,
porque había comprendido el sentido de la vida material. Los mundos planetarios como la Tierra no
es más que sublimes laboratorios dotados de energías, que el alma ignorante precisa para formar su
individualidad en la divina conciencia de "ser y existir".
Pregunta: ¿Cómo habéis sentido la separación de la familia terrena?
Atanagildo: La desencarnación fue para mí la revelación positiva del mundo que ya palpitaba en
mí ser, pues en mi vida terrena me había liberado de las ilusiones provisorias de la vida material.
Aunque continuase viviendo en el cuerpo carnal, mi espíritu participaba bastante de la vida astral,
porque hacía mucho tiempo que había desistido en la competencia de los embates aflictivos del
personalismo de la materia, para ser solamente el hermano de buena voluntad al servicio del prójimo.
Tenía cerca de los veintiocho años de edad y vivía solo, pues mi padre había fallecido a los
cuarenta y ocho años, dejándome pequeño, en compañía de mi hermana de quince años. Yo había
noviado pocas semanas antes de mi desencarnación y me dejaba esclavizar por una idea fija, que
era la de alcanzar la felicidad constituyendo un hogar material. Consideraba el casamiento como una
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

grave responsabilidad espiritual y estaba seguro que en la vida prosaica del hogar doméstico tendría
que poner a prueba mi bajage de afecto o aversiones que pudiera traer de otras vidas. A medida que
nos vamos liberando de los preconceptos, pasiones y caprichos humanos, también nos
desinteresamos por la garantía que ofrece nuestra identidad personal, a través de las formas en el
mundo de la materia. Comprendemos entonces que todos los seres son hermanos nuestros y que el
exclusivismo por la familia consanguínea no representa la realidad sobre la verdadera familia, que es
la espiritual. Aunque los hombres se diferencien por sus organismos físicos y razas, todos provienen
de una sola esencia original, que los creó y los hace hermanos entre sí, por más que se quiera
contradecir esta afirmación.
El hogar tanto puede ser oficina de trabajo para las almas afinadas desde un pasado remoto,
como una oportuna escuela correctiva de caminos espirituales, que se renueva entre adversarios al
encontrarse encadenados a través de muchos siglos. Sin duda alguna, el nido doméstico es la
generosa oportunidad para la procreación digna de nuevos cuerpos físicos, que tanto auxilia a los
espíritus desajustados del Más Allá, afligidos por conseguir olvidar en el organismo de la carne los
remordimientos torturantes de su pasado tenebroso.
Es evidente que cuando hay capacidad en el espíritu para amor a todos los seres, acobarda la
idea fundamental de constituir familia consanguínea y normalmente egocéntrica, sin que esta actitud
represente un aislamiento condenable. Jesús se mantuvo soltero y fue el más sublime amigo,
hermano y guía de toda la humanidad. Durante su desencarnación no sufrió por la separación de la
familia carnal, porque en su vida su corazón estaba liberado de la parentela física. Manifestó muy
bien ese gran amor hacia todos, cuando formuló la sibilina indagación a su madre de esta forma:
"¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?"
De este modo, os será fácil comprender por qué no pasé por la desesperación y angustias
perturbadoras en el momento de la separación de la familia consanguínea, porque en la vida física
me había identificado con la confraternización sincera hacia todos los seres que se cruzaban en mi
camino, resultando que mi afecto abarcaba a una familia bastante numerosa y paradojalmente
desligada de la ilusión consanguínea.
Pregunta: ¿Por ventura no dejasteis a vuestros deudos íntimos algunas cargas o problemas
aflictivos, como ser morales o económicos que podrían haceros sufrir en el astral?
Atanagildo: Mi madre continuó con cierta parte de los negocios de artefactos de madera dejado
por mi padre, cuya fábrica vendió después para poder costear nuestros estudios. Olivia, mi hermana,
obtuvo buenas notas en los estudios de piano y terminó el ciclo completo, convirtiéndose en una
eximia pianista y competente profesora. Cuando yo terminé el curso de Ingeniero Agrimensor y
Topógrafo en una reconocida escuela politécnica brasileña, pude garantizarme el sustento. Dejé a mi
progenitura en la Tierra viviendo con mi hermana Olivia, que se había casado con un renombrado
médico paulista, en cuya casa quedó desde que falleciera mi padre. Debido a las imposiciones de la
profesión que me obligaba a recorrer el interior del país, vivía muy distanciado de mi familia y llegué a
ausentarme de ellos hasta algunos meses seguidos que, por lógica, contribuyeron a atenuar el dolor
en mi futura separación.
Pregunta: ¿Podríais exponernos las conclusiones filosóficas que os ayudaron a tener serenidad
en la hora amarga de la separación de la familia, a fin de que nos sirva de orientación espiritual?
Atanagildo: Cuando nuestra madurez espiritual nos permite entrever las existencias pasadas,
como si fueran hermosas perlas de color unidas por el cordón de la verdadera conciencia espiritual,
verificamos que nuestro tradicional sentimentalismo humano está en contradicción evidente con las
cualidades del heroísmo y liberación del espíritu divino que nos rige por los destinos y caminos del
mundo planetario.
La evocación de nuestras vidas pasadas, con el consecuente avivamiento de nuestra memoria
espiritual, nos sorprende profundamente, ante los dramas exagerados que representamos delante de
los cuerpos físicos que nos sirvieron en el pasado a consecuencia de la rutinaria separación de las
familias consanguíneas que habíamos constituido en al Tierra. Verificamos entonces que la muerte
física es el fin de un período de aprendizaje del espíritu en la carne, como sucede con las criaturas
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

que terminan cada año de su curso primario, para más tarde prepararse sobre lecciones de más
alcance. La pérdida del cuerpo material no destruye el lazo de amistad ni los odios milenarios del
espíritu, porque éste es el eterno sobreviviente de todas las muertes.
Cuando comprendemos la realidad de la vida espiritual, nos reímos por las veces que hemos
llorado sobre los cuerpos de carne de nuestros familiares terrenos, comprendiendo que sólo fueron
vestimentas provisorias, que tuvieron que devolver periódicamente al guardarropa prosaico del
cementerio. Y no dejamos de sonreír cuando observamos que nuestros parientes también lloraron
desconsoladamente durante nuestra entrega del traje de nervios, músculos y huesos a la sepultura
de la Tierra. Es un llanto milenario que las criaturas de todas las razas entregaron junto a los lechos
de los enfermos y sobre los sepulcros carcomidos, en la crasa ignorancia de la realidad espiritual. La
muerte es la liberación, y la tumba, el laboratorio químico que devuelve a la circulación a las
moléculas cansadas por el uso. Cuando mayor es la ignorancia del alma, en lo tocante a la muerte
física, tanto más crítica y dramática se volverá la hora en donde la criatura debe devolver el cuerpo
prestado v reclamado por el almacén de aprovisionamiento de la madre Tierra.
Es por eso que los reencarnacionistas —que son conscientes de la realidad espiritual— casi no
lloran por los que parten hacia este lado, y tampoco temen a la muerte, porque reconocen en ella a la
intervención amiga que liberará al espíritu, auxiliándolo para volver a iniciar un camino nuevo en el
verdadero mundo, que es el Más Allá. La mayor parte de los religiosos dogmáticos y las criaturas
descreídas de la inmortalidad del alma, se estremecen en la hora del "fallecimiento"; los primeros
porque temen a la "eternidad" del infierno, pues no están todavía seguros de sus virtudes; los
segundos, porque se enfrentan con la idea horrorosa de la "nada". Sin lugar a dudas que para esas
criaturas la muerte será una cosa lúgubre, indeseable y desesperante.
Nuestra parentela física, a medida que va desencarnando, prosigue en el Más Allá con las tareas
a que todos nosotros estamos ligados para la felicidad en común. Los que parten con antecedencia,
preparan el ambiente feliz para aquellos que se demoran más tiempo en la carne. Delante de esta
verdad no hay justificación alguna para los desmayos histéricos, los gritos desgarradores y las
clásicas acusaciones escandalosas contra Dios, por el solo hecho de llevar a nuestros entes queridos
y hacerlos pudir en la triste cueva de barro.
He ahí porqué necesitamos hacer despertar en vuestro mundo la verdadera idea de la
inmortalidad, que es el fundamento de nuestra propia estructura espiritual, trabajando para que os
distanciéis de la ingenua presunción que se ha formado sobre la muerte del cuerpo físico y lo
necesario de ella para lograr sobrevivir en espíritu. Ese espíritu está con vosotros en todo momento,
en cualquier plano de vida constituye el "plano de fondo" de nuestra individualidad y en él se
encuentra siempre el Magnánimo Padre que nos sustenta siempre toda la eternidad.
Pregunta: ¿Consideráis entonces que nosotros por ser demasiado sentimentales nos olvidamos
de las cualidades superiores del espíritu? ¿No es verdad?
Atanagildo: Debéis saber, que las manifestaciones de dolor, a través de los exagerados gritos y
clamores aflictivos sobre el cuerpo "inerte", no revelan siempre el sufrimiento real y sincero, sobre
aquéllos predomina la serenidad y el silencio ante la separación del ser querido. Cuántas veces,
aquellos que se desesperan teatralmente, inclinados sobre los cajones de sus familiares, no se
avergüenzan luego al marcar al finado, con censuras graves y despechos maliciosos, habiendo
comprobado que no fueron beneficiados pródigamente en el reparto codiciado de al herencia.
Cuántos esposos, que al retirar el cuerpo del cónyuge llegan hasta pedir la intervención de un médico
o ensayan suicidios espectaculares, no soportan el plazo tradicional del luto terreno para entregarse
rápidamente, con incontenida avidez, a una pasión violenta, seguida de un apresurado enlace
matrimonial.
Durante los días de honra a los "muertos", los cementerios se vuelven bulliciosos centros de
actividades humanas; las criaturas que durante el transcurso del año no tuvieron tiempo para pensar
en sus seres queridos, hacen la tradicional limpieza de la tumba, para terminar haciendo un lloriqueo
controlado y bastante tímido, en la santa ignorancia, que nosotros, los desencarnados, no precisamos
reverencias sobre nuestros cadáveres putrefactos. Existen en vuestro mundo, tanto jardines de flores
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

y tantos lugares que invitan a la meditación y a la oración, ¿por qué motivo escogéis los lugares en
donde se amontonan huesos y carnes mal olientes, para homenajear a nuestros espíritus inmortales?
¡Cuántos de vosotros nos olvidáis en vuestros pedidos y vibraciones amigas y ese día corréis
apresurados a festejarnos bajo programas compungidos, marcados por el calendario humano, llenos
de llanto y controlados por el cronómetro de oro!...
Evidentemente, que eso no deja de ser un sentimentalismo discordante con la lógica y contrario a
los sentimientos del alma inmortal. Aquellos que mantuvieron relaciones dignas y amistosas con sus
familiares, cuando se encontraban encarnados en la Tierra, sin duda que no precisaron llorarlos
después de "muertos". Cuando la mayoría proceda así, quedará abolido el llanto en la hora fijada
para la desencarnación, en los cementerios o en los catafalcos de las iglesias, porque muchas veces,
ese lloro sólo encubre el remordimiento de las viejas hostilidades terrenas, que son comunes en el
drama de la familia humana. Esas hostilidades se registran, porque el parentesco en la Tierra, apenas
esconde a las almas adversarias que la Ley del Karma ligó a la misma sangre y carne, por no haber
aprendido todavía, a comprenderse mutuamente. ¿De qué vale entonces, llorar al cuerpo que se
pudre en el seno de la Tierra, cuando aún no se aprendió a amarse en espíritu?
Pregunta: ¿En el caso de vuestra desencarnación, no podéis dejar de reconocer, que vuestros
familiares sufrieron sinceramente la desesperación; no es así?
Atanagildo: Sin lugar a dudas, pues mis familiares aún no poseían los conocimientos espirituales
conque yo me beneficiaba y que con toda honestidad, no creían en la posibilidad de volver a ver.
Pero, ¿con vosotros sucede lo mismo? Aunque seáis espiritas —que quiere decir reencarnacionistas
— y acompañéis mis pensamientos a través del escrito del médium, tened la seguridad absoluta que
sois inmortales y que estaréis vivos, en el Más Allá, ni bien os separéis de vuestra familia terrena.
¿No es verdad? Auscultad bien en lo íntimo de vuestras almas y llegaréis a la conclusión que aún
guardáis cierta incertidumbre sobre este aspecto si algo os manifestase al oído, que todo eso, no
deja de ser una fantasía creada por la imaginación de un médium y no hecha por la comunicación de
un espíritu que se dice desencarnado e inmortal.
¿Cuáles serán vuestras reacciones emotivas delante de vuestros seres más queridos, cuando se
hallen inertes en un cajón mortuorio, dependiendo de las agujas de un reloj para ser entregado a la
definitiva y triste cueva de la Tierra? ¿Creéis por ventura, que partió hacia un mundo conocido, hacia
donde deberéis ir también vosotros, después de algunos años, meses o días para volver a tener un
reencuentro feliz?
En realidad, sucede, que aún creyendo en la inmortalidad del alma v sabiendo que la muerte del
cuerpo es una transformación natural para el espíritu, aún quedáis con la duda, si volveréis a
encontrarlos felices v bellos en el mundo astral superior y que también puede darse el caso, de
encontrarlos horrorizados y despavoridos en el astral inferior. De acuerdo con el método de vida que
habían llevado en la Tierra. Por eso, el humano acostumbra a pensar sobre la muerte, como si ésta
no existiera. Consideran como insensibles v sádicos a todos aquellos que consideran a la muerte
como una cosa rutinaria y normal. Sin embargo, por pensar en esa forma no será eliminada de
vuestros destinos, porque vuestros días también están contados. El ser humano no debe copiar la
estulticia del avestruz, que delante del peligro, cava un pozo y entierra su cabeza, creyendo así, que
está a salvo del peligro que lo amenaza.
Mientras tanto, hay espíritus de tan buen humor, que no temen imaginar a su propio funeral y
hasta llegan a encarnarlo en forma jocosa; también existen aquellos que ironizan el convencionalismo
de las flores que transforman el cortejo fúnebre en verdaderos jardines colgantes, haciendo revolotear
al viento las cintas de color violeta, cual verdadero y "último adiós".
Lo que os parece un acontecimiento tétrico y que en la vida material provoca ríos de lágrimas
compungidas, es una benéfica liberación de aquel que cumplió en la Tierra el programa trazado antes
del último renacimiento carnal... ¿Preguntadle a la libélula, si se satura con la luz del Sol y el aroma
de las flores, si le parece feo liberarse del desagradable y esclavizante capullo? Vosotros teméis esa
transformación, vivís aterrorizados delante de la muerte corporal, lucháis para que se ignore esa
probabilidad en el seno de vuestra familia y sin embargo, os parece muy natural que le suceda a los
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

seres ajenos a vuestra familia.


Entre los encarnados, la muerte se considera como una cosa muy lejana, porque se la teme y de
ese modo contribuís a que no se resuelva este problema, que en su exacta realidad, os llena de
angustia y desesperación.
Esa deliberada fuga mental al explicable fenómeno de la muerte terrena, no os auxiliará en las
primeras horas de vida astral, porque el miedo, es el mayor adversario cósmico para los que no se
preparan para morir.
Pregunta: ¿Volviendo a nuestras indagaciones, debemos creer que el sufrimiento de vuestros
familiares, fue el resultado de un excesivo sentimentalismo?
Atanagildo: No tengo razones para atribuir a mis familiares un exagerado sentimentalismo, pero
tampoco tengo dudas, que se arrojaron desesperadamente sobre mi cajón mortuorio, porque aún
ignoraban la realidad de mi sobrevivencia espiritual. Casi todos mis parientes y amigos eran adeptos
a la religión católica romana, por cuyo motivo, pensaban por sugerencia de sus sacerdotes,
faltándoles una infinidad de detalles sobre la inmortalidad del alma. Guardaban celosamente el
debido respeto por el "tabú" sagrado, impuesto por un credo, el cual, les prohibía hacer in-
vestigaciones sobre toda filosofía condenada por la iglesia romana.
No sabían nada de las reencarnaciones de los espíritus o de la Ley Kármica y sobre las
comunicaciones de los llamados "muertos" con los hombres de la tierra, obedecían al mal
interpretado precepto de Moisés sobre este asunto, aunque ninguno de ellos fuera hebreo. Os
aseguro, que en otras existencias vivieron mucho tiempo a la sombra de los templos religiosos
dogmáticos, y aunque fueran adultos de sentimientos, me parecían criaturas de 10 años de edad,
atemorizados con el Diablo o compungiéndose con las complicaciones de Adán y Eva en el Paraíso.
En mi casa, la familia atendía a los preceptos religiosos con loable criterio, pero ni bien las cosas
ultrapasaban el entendimiento rutinario, lo atribuían al misterio, cuando no podía ser resuelto por los
hombres.
Creían en Dios como si fuera el tradicional viejito de barba blanca, descansando en un
confortable trono de nubes blancas, que distribuye "gracias" a sus súbditos portadores de buena
intenciones. Aceptaban sumisamente el dogma de los castigos eternos, que tienen por función,
desagraviar las ofensas hechas a Dios por aquellos que aún no habían solicitado su cartera de
religiosidad oficial. Confiaban en un cielo generoso, conquistado a cambio de apresuradas
conversiones, reforzadas por algunos rezos y oraciones, mientras que se reservaba el infierno para
los obstinados que no se adherían a los estatutos seculares de la religión oficial.
Mi familia estaba compuesta de tíos, tías, hermana, primos, madre y abuelos, que por veces me
dirigían sentenciosos retos, advirtiéndome fraternalmente del pecado que era, el ser un "libre
pensador" o un "renegado de la verdadera religión". Lamentaban mi obstinación por los consejos que
mis amistades me hacían llegar y a la fuerza me querían inculcar ideas restrictivas para mis
movimientos fraternos y limitar mi libre facultad de pensar. Las consideraba como inofensivas
criaturas, apegadas a las deliciosas historietas para niños y que en mi niñez me habían embelesado.
Esa es la causa por la cual no podía considerar a mis parientes dotados de sentimentalismos
falsos en la hora de mi muerte corporal, pues eran víctimas de su propia ociosidad mental y de la
ignorancia espiritual por haber abdicado a su sagrado raciocinio de almas libres, por sólo pensar por
indicación de sacerdotes que aún viven en confusión consigo mismo.
Pregunta: ¿Por qué motivo manifestasteis que "los sacerdotes viven en confusión consigo
mismos"?
Atanagildo: Porque los hombres que realmente llegan a conocer la verdad, nunca procuran
imponer sus postulados a nadie ni restringir la libertad de pensamiento a sus hermanos. Mientras
tanto, mi familia era asediada constantemente por ellos, intentando crear dificultades alrededor de mis
actividades espiritualistas, realizadas sin compromisos y sin condiciones de creencias o sectas. Es
obvio, que sólo una confusión entre esos religiosos y sus propios postulados, podrían llevarlos al
absurdo de procurar aumentar prosélitos, en la presunción que aumentando la cantidad, se pueda

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

mejorar la calidad... Cuando yo vivía en la India, apreciaba muchísimo un proverbio oriental, que
traducido para vuestra comprensión occidental es así: "Me basta la Paz que desde el Creador hacia
mí desciende, para que los otros, también beban de la Paz que en ellos ha de descender". Cuando
no tenemos Paz, generalmente, preocupamos a los que realmente la poseen. Muchas veces, la
preocupación aflictiva por "salvar" al prójimo, no deja de ser una disfrazada decepción que anida en el
alma fracasada.
Pregunta: ¿Vuestra familia terrena era un conjunto de espíritus afines, unidos desde el pasado?
Atanagildo: Conforme ya os aclaré, la mayor parte de mi última existencia terrena la dediqué al
aprendizaje espiritual, porque la existencia más severa de mi karma se resumía en la deuda que tenía
con Anastasio. De ese modo, me ligué a un conjunto de espíritus acordes a mi índole afectiva, sin
grandes débitos en el pasado, pero que poseían grandes dotes de inteligencia o raciocinios de alto
vuelo espiritual. Yo reencarné en un ambiente medio, de realizaciones comunes, que no guardaba la
tónica para las almas angélicas; pero era gente incapaz de someterse a las maquinaciones diabólicas
de los espíritus inferiores.
Mi madre fue en Francia mi ama de cría, cuando asumió la responsabilidad de auxiliarme en mi
niñez, después que mi padre se casó por segunda vez con una criatura ociosa, que sólo era un objeto
decorativo en nuestro hogar. Mi hermana Olivia era un espíritu que había encontrado en Grecia por
dos veces consecutivas al cual estuve ligado en los períodos de instrucción espiritual en los planos
del Más Allá. La amistad de los demás parientes variaba según su mayor o menor afinidad hacia mí y
nunca me hostilizaron, salvo un primo errante que era considerado la "oveja negra" de la familia, pues
vivía del chantaje en la capital Paulista. Este primo debería ser un espíritu de excelente memoria
etérica, pues le dedicaba afecto y él no escondía cierta prevención y una deliberada vigilancia hacia
mi persona.
Tal vez su subconsciente lo hacía temer que yo le devolviera la puñalada que con ayuda de los
otros, me había aplicado en París, en los fondos del Nótre Dame, en la última encarnación, cuando
pasé ese duro trance.
De todos los compañeros de mi última encarnación, resta Cidalia, mi novia, que en realidad es el
espíritu más afín de todo el grupo familiar, al que me aproximé últimamente en Brasil, pues fueron
muchas las reencarnaciones que tuvimos juntos. Desgraciadamente, se dejó seducir, en el pasado,
por las facilidades que le dio el poder y el prestigio de Felipe el Católico, en España, resultando tres
existencias consecutivas de rectificaciones espirituales, por haberse desviado de la ruta que
seguíamos hacia el definitivo aprendizaje espiritual; de ahí, que nuestra ligazón en la carne tuviera
carácter tan fraterno y mutua avidez por los estudios de la misma esfera mental, pues, reactivamos
nuestros experimentos esotéricos de Egipto, Persia, India y la Edad Media.
Pregunta: ¿Podría suponerse que fuisteis más beneficiado por vuestros estudios y contactos con
los espiritualistas, que con vuestra familia? En el pasado, vuestra familia soportó pobrezas, ¿no sería
esa la causa que les impidió conquistar mayores conocimientos espirituales?
Atanagildo: Vosotros sabéis muy bien, que los mejores cerebros de vuestro mundo, salieron de la
conmovedora pobreza y algunos, paradojalmente, sobrevivieron en el seno de las enfermedades más
dañinas. Hace milenios que en la Tierra, el principal motivo del sufrimiento, reside en la gran
ignorancia espiritual y lo que menos hace la humanidad, es procurar tan apreciado conocimiento. Los
siglos se acumulan constantemente y los hombres continúan repitiendo las cosas que hace siglos
hicieron, prefieren expoliar en nuevas pruebas carnales, por la ociosidad de pensar y la indiferencia
que prestan al saber. En su mayor parte, las almas terrenas suben y bajan constantemente en el
mismo grado de evolución a través de innumerables encarnaciones, alternándose con el lloro sobre
los ataúdes cubiertos de flores y suspiros temerosos, delante de las bóvedas marmóreas o las cuevas
desheredadas.
Pregunta: ¿Queréis decir que hay un acentuado desinterés por parte de la humanidad con
respecto a su felicidad espiritual?
Atanagildo: Sí, hay un desinterés por la propia ventura espiritual y no falta la oportunidad de
educarse, porque los mismos teosóficos, espiritas y esoteristas en su mayoría, raramente han leído
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

más de una decena de libros educativos. ¿Qué puede decirse entonces, de aquellos que marchan
asfixiados dentro del rebaño humano, rozados por los hombres que dicen ser representantes e
instructores religiosos y pregonan la más tonta fantasía, como la del pecado de Adán y Eva? Las
almas que ya pueden mirar por encima de sus realizaciones espirituales y abarcar el largo camino
recorrido por los pies ensangrentados, se sienten invadidas de gran tristeza al comprobar lo lenta que
asciende esa gran multitud humana, que se mueve tan prejuiciosamente por los caminos espinosos
de la vida física.
Cualquier alma valerosa, que se destaque entre esa multitud negligente y animalizada e
hipnotizada por los sentidos de la carne, por ser una criatura que investiga, estudia y desata con
asombro las ataduras dogmáticas que aíslan del mundo y de los seres, resulta casi siempre, un héroe
que surge de la pobreza, en ambientes atrasados y hasta enfermos, para volverse un alma
calumniada, perseguida e incomprendida. No es extraño que así suceda, pues, es un alma liberada
de los dogmas, tabúes sagrados o explotaciones religiosas, que produce, trabaja, renuncia, estudia y
sacrifica en la seguridad de que "cuando el discípulo está pronto, el Maestro siempre aparece".
La riqueza del mundo, muy valiosa para ayudar a aquellos que procuran la seguridad y el confort
material, se vuelve innecesaria en el lugar que predomine la sabiduría del espíritu. En busca de la
Verdad, Buda abandona los tesoros de la tierra para encontrarlos bajo un árbol de higuera; Pablo de
Tarso cambia el diploma académico por el rudo trabajo de tejedor; el Bautista surge del bosque y viste
la piel rústica del animal salvaje; Francisco de Asís ilumina el siglo XIII, cubierto de un sencillo hábito
y finalmente, Jesús nace en un establo de animales malolientes.
Pregunta: ¿Cuáles fueron los principales factores que contribuyeron a vuestra tranquilidad
espiritual y eliminaron el medio en vuestra última encarnación?
Atanagildo: Conforme os informé anteriormente, todo lo ocurrido durante mi última
desencarnación no duró más de cinco minutos, en cuyo tiempo se produjo mi completa liberación de
la carne y sumergí la conciencia en el provisorio olvido individual.
En realidad, fueron mis racionicios sensatos, confortadores y provenientes del conocimiento de
una alta espiritualidad, los que me evitaron el miedo y el pesimismo, muy común a los espíritus que
atraviesan la vida material, indiferentes de su propia suerte. También es cierto, que durante mi
desencarnación fui atendido afectuosamente, pero no gocé de protecciones indebidas como se
acostumbra en el mundo material, en los medios políticos y de interés humano.
Recibí el cariño y la protección de un grupo de almas tiernas y pacíficas, que deseaban
tributarme su reconocimiento por haber socorrido espontáneamente y en forma desinteresada a todos
aquellos que había ayudado en la vida material.
Pregunta: ¿Debemos creer que el estudio incesante del espiritualismo nos puede favorecer lo
suficiente en nuestra desencarnación?
Atanagildo: Os aseguro, por lo mucho que he observado, que solamente la incesante liberación y
renuncia valerosa a las ilusiones de la carne, es realmente la que nos desata de las cadenas de la
vida planetaria, y que nos ayuda muchísimo en las más variadas desencarnaciones en los ciclos
reencarnatorios.
Recuerdo el heroico esfuerzo que realicé para poder ajustarme a la técnica y a la ciencia
espiritualista del mundo físico, inspirado por el código moral del sublime Evangelio de Jesús, de-
jándome explotar, combatir, insultar y humillar, al mismo tiempo que se debilitaban los grillos que me
aprisionaban a los intereses egoístas y a las pasiones ilusorias de la materia.
Sucede a semejanza de la libélula, que para liberarse, rompe el grosero capullo. Así, yo también
me esforcé por liberarme del capullo de la carne. La diferencia, en mi caso, era que los lazos
vigorosos que me ataban a la carne provenían del orgullo, el amor propio, la vanidad, la codicia, la
avaricia, la glotonería y la pasión sensual. Sólo hoy puedo dar el exacto valor al esfuerzo terrible que
no sólo me proporcionó la paz y la alegría en la vida espiritual, sino, que me inspira para efectuar
sacrificios futuros en bien del prójimo. El amor a Dios, que es inagotable, es una donación espiritual
para todos, conforme nos afirmó Jesús en estas sencillas palabras: "Golpead y se os abrirá".

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: No tenemos intención de preguntaros detalles mínimos sobre vuestra última existencia,
pero, deseamos con finalidad puramente educativa, que nos expliquéis esa coincidencia de haber
quedado como novio, cuando vuestra desencarnación prematura os tomó en medio de vuestros
planes creativos con respecto al hogar. Ese período de novio, ¿fue un accidente común en la vida
humana o representó alguna prueba kármica para ambos?
Atariagildo: Nos hicimos novios debido a la gran afinidad espiritual que cultivábamos desde el
Egipto, hace más de tres milenios. Cidalia había alcanzado los veinticinco años y yo los veintisiete
cuando nos encontramos y Cidalia, hasta esa época había decidido mantenerse soltera, a fin de
aprovechar su celibato para sublimarse en el incesante aprovechamiento de los estudios esotéricos,
teosóficos o espiritualistas, profundamente interesada, como estaba, en solucionar los más
importantes problemas de su alma. En ese afán, la encontré en un "tatwa" esotérico en una ciudad
próxima a la que vivíamos, en donde decidimos en el futuro unirnos por el casamiento para realizar
un alto estudio de la espiritualidad, liberándonos de cualquier tipo de dogma o compromiso asociativo.
Entonces, procuré transmitirle gran parte de mi bagaje espiritual y combinamos en base a
nuestras convicciones elevadas sobre la razón de la vida humana, liberarnos de las violencias
pasionales y de los conflictos comunes a la mayoría de los noviazgos que estriban esencialmente en
la dramaticidad de las pasiones humanas. Nos esforzamos para realizar una labor ca-
racterísticamente espiritual, procurando huir de las inevitables desilusiones que siempre dejan a las
emociones prematuras insatisfechas. A pesar de todo eso, nuestro casamiento no constaba como una
realización indispensable o kármica en nuestra vida terrena, pues no existía decisión alguna desde el
Más Allá al respecto. Sólo había un determinismo, una necesaria y afectuosa aproximación entre
Cidalia y yo, cuyos lazos afectivos precisaban fortificarse antes de mi próxima desencarnación.
Habíamos hecho importantes proyectos y programas que combinamos en el Espacio, pero se referían
únicamente a las existencias futuras.
En realidad, mi enfermedad comenzó a acentuarse a medida que se aproximaba la fecha del
casamiento. Me recuerdo, que algunas veces Cidalia se dejaba dominar por una extraña melancolía,
haciéndome entrever cierto pesimismo con respecto a lo nuestro, sin que pudiese descubrir a esa
"voz oculta" que le predecía la imposibilidad de nuestro matrimonio en aquella existencia.
Por lo tanto, en base a nuestro libre albedrío, nosotros podemos aumentar como reducir en la
Tierra, los encuentros y las determinadas ligazones que hayamos proyectado desde el Más Allá,
aliviando o agravando nuestro destino kármico. La Administración Espiritual se interesa por
cualquier acontecimiento que pueda beneficiar a sus tutelados, así como los padres se interesan por
los hijos que demuestran indicios de renovación moral. Nuestro libre albedrío es el que crea las
situaciones buenas o malas, que más tarde se transforman con implacable determinismo y en el
efecto de la causa que generamos antes. Somos libres en el sembrar y actuar, pero implacablemente
obligados a recoger el resultado de la siembra.
Pregunta: A nosotros nos parece, que la vida humana es un ritmo inflexible de acción y reacción,
que debido a la severidad de la Ley Kármica, en la que no conseguimos realizar o alcanzar objetivos
bajo el impulso de nuestra sola voluntad ¿qué os parece estamos equivocados?
Atanagildo: Cuando nos encontramos encarnados, normalmente ignoramos el mecanismo de los
planes seculares y hasta milenarios, a los cuales, nos ajustamos de acuerdo a las sugestiones de
nuestros Mentores Espirituales. No siempre la vida humana es una secuencia implacable de acción y
reacción, bajo el dominio absoluto de un karma intransigente y severo, muchas veces, los
acontecimientos que en el mundo material parecen contrarios a nuestros deseos y placeres comunes,
constituyen y forman parte de un "Gran Plan" que elaboramos en el pretérito y al cual nos sometemos
voluntariamente.
En mi caso, por ejemplo, estoy ligado al plano de apresuramiento kármico combinado con
Ramatís, hace algunos milenios, juntamente con otros millares de espíritus exilados de otros orbes,
con la finalidad de adquirir las cualidades y el padrón vibratorio al que tanto precisamos reajustarnos,
a fin de poder retornar a nuestro planeta de origen. Delineamos un plan de trabajo severo, de estudio
y cooperación para los terrenos, cuando nos encontrábamos en Egipto, conjeturando, sobre el tipo de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

actividades sacrificiales que nos podrían auxiliar con más éxito, para alcanzar en más breve tiempo,
nuestra ventura espiritual. Si se desenvuelve con todo éxito la sucesión y ejecución colectiva de ese
plano, os aseguro que para alrededor del año 2300 ó 2400 nos podremos liberar de las
encarnaciones en la Tierra y regresar a nuestro mundo planetario del cual fuimos exilados cuando flo-
recía en la Tierra la civilización Atlántida.
Ese plan de apresuramiento espiritual, combinado por un conjunto de almas que desean
apresurar su camino, también significa un plan kármico, dentro del propio karma del planeta Tierra.
En virtud de haber sido exilados de otros orbes físicos por nuestro desequilibrio espiritual, la Ley
Kármica nos colocó en la tierra, que es de civilización primitiva y de clima geográfico mucho más
grosero que el del mundo que perdimos.
Pregunta: ¿Todos los sufrimientos, dolores o vicisitudes futuras ya están debidamente previstos
en ese plan kármico que mencionasteis? En caso afirmativo, decidnos si podría ocurrir algún
acontecimiento imprevisto que perturbara la concretización de ese planeamiento colectivo.
Atanagildo: No podemos prever éxitos absolutos, pero sí, la esperanza de una liberación más
breve para la mayoría de los exilados de nuestro planeta. Se trata de un conjunto de espíritus, que
hace mucho tiempo emigraron obligatoriamente hacia el orbe terráqueo y ya poseen una buena
preparación espiritual para habitar en un mundo mejor, al principio del tercer milenio. En el presente,
ellos se emancipan y desprenden de las sectas, doctrinas o filosofías restrictivas y cada vez se
vuelven más indiferentes a los preconceptos y convenciones esclavizantes del mundo material. Se
diferencian de los espíritus terrenos, porque éstos están ferozmente ligados a sus intereses
materiales, a sus postulados religiosos, espiritualistas o filosóficos, defendiendo siempre, verdades
"particulares" y preocupados con el trabajo doctrinario ajeno, pero muy olvidados de los suyos
propios.
No se puede garantizar, que en ese apresuramiento kármico, todos sus componentes venzan las
últimas seducciones tontas de la vida física, para vestir la nueva túnica del "hijo pródigo" y retornar a
su patria de origen.
Nuestro plan de acción y reacción no altera el karma terreno; cuanto más severo es, tanto más
pronto aliviaremos el fardo kármico engendrado hace tantos milenios, y conseguiremos la deseada
liberación del plano terrestre. De ese modo, nuestras reencarnaciones futuras representarán un
estudio incesante y el empleo de todas nuestras energías en un servicio heroico y sacrificial en favor
de los espíritus de la Tierra. Aumentamos la responsabilidad del aprendizaje terreno y agravamos
nuestras vidas carnales futuras, pero en compensación, podemos reducir el número de
encarnaciones que aún nos falta para completar las últimas rectificaciones kármicas.
En vez de imitar al peregrino que viaja lentamente, deteniéndose por los caminos para admirar
los hermosos paisajes o a descansar bajo la sombra del árbol amigo, preferimos transformarnos en
atletas, que en fatigante carrera, renuncian al encanto del paisaje, a fin de alcanzar lo más pronto
posible el punto de llegada y recibir el premio. Somos muchos en esa empresa heroica, decidida y
llena de esperanza, procurando alcanzar brevemente nuestra ventura espiritual y retornar al emotivo
paisaje de nuestro mundo de origen; nos parecemos a los infinitos hilos de agua, que intentan
converger en un determinado cauce a fin de formar un caudaloso río que ha de ser de utilidad común.
Entre esos exiliados que sienten nostalgia de un orbe más evolucionado que la Tierra existe un
eslabón íntimo, desconocido por los terrenos y que conforme nos advierte Ramatís, se hace notar su
verdadera identidad extraterrena al sentir la extraña melancolía espiritual, que le es común.
Pregunta: Pensamos, que el karma es de un determinismo absoluto, sin posibilidades de
modificación en los efectos, después que se practica una mala acción; ¿no es así?
Atanagildo: Hay un solo determinismo, absoluto, creado por Dios, que es: ¡el fatalismo del animal
humano de transformarse en ángel!
La Ley del Karma, es la Ley del Progreso Espiritual, se puede ajustar y conciliar en ella las
deliberaciones buenas de los espíritus, teniendo el derecho de crear destinos agradables en su vida
terrena, porque el Padre es magnánimo y concede algunos bienes anticipados a sus hijos, siempre

67
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

que éstos manifiesten fidelidad con sus deberes espirituales.


La voluntad de Dios, jamás se debe comparar a un mecanismo inquisidor de rectificación
espiritual; esa rectificación acaece porque sus hijos titubean en el camino y necesitan retomar obli-
gatoriamente al punto de partida de la ascensión espiritual. Si en la humanidad que se agita en la
superficie de todos los orbes suspendidos del Cosmos, realízanse movimientos absolutamente
armoniosos y de un elevado padrón de amor y sabiduría, sin duda alguna, el Karma o la Ley de
Causa y Efecto (acción y reacción) sería de un determinismo eternamente venturoso. Por lo tanto, no
se justifica la excesiva dramaticidad conque encaráis el Karma, pues, no deja de ser un proceso
normal y sin interrupción, que conduce a la centella espiritual a desarrollar la conciencia de sí mismo.
A través de las peripecias dolorosas, exilios planetarios y retornos felices, los espíritus terminan
encuadrándose dentro de ese determinismo venturoso, que es el mecanismo que nos despierta hacia
la Felicidad Eterna.
La naturaleza esencial del Karma, es el determinismo absoluto creado por Dios, como un medio
de proporcionar la Ventura Eterna de los hombres.
Pregunta: La serie de sufrimientos, dolores y vicisitudes no podemos considerarla como
"momentos venturosos", pues la Ley Kármica es aplicable durante el reajustamiento espiritual. ¿No lo
creéis así?
Atanagildo: Las rectificaciones individuales o colectivas son consecuencia de la infracción
cometida ante la Ley y esta Ley es el bendecido determinismo del Bien creado por Dios. Cuando
nuestras acciones comienzan a generar discordias y a dificultar el "determinismo feliz" que es nuestro
karma Cósmico, surgen las reacciones rectificadoras a fin de que la maquinaria sideral prosiga en su
pulsación rítmica de Armonía y Felicidad Angélica. Sois vosotros mismos los que perturbáis esa
venturosa pulsación de equilibrio espiritual, porque no podéis intervenir en él y elaborar nuevos
planes que mejoren vuestros destinos kármico en el seno del karma del propio planeta. El karma del
individuo está sometido al karma colectivo de la familia, éste al de su raza o al de su planeta y por
último, todo esto está engranado en la pulsación kármica del sistema solar.
Si perturbáis el ritmo normal venturoso y espontáneo establecido por Dios, seréis rectificados por
otro ritmo severo y opresivo o si mejor queréis, lo podréis denominar como el anticipo del "efecto" o la
reacción que vosotros mismos generásteis en el pasado. Todo eso, ¿qué importancia tiene para el
determinismo absoluto de Dios, que siempre es Ventura Eterna? Os importa a vosotros mismos; ¿no
es verdad?
Pregunta: Sabéis perfectamente, que tenemos dificultad para distinguir con éxito lo que es el bien
y lo que es el mal. ¿Por eso, seremos castigados?
Atanagildo: Vuestras vidas, a pesar de regirse por el mecanismo del dolor y del sufrimiento físico
aumentado por las vicisitudes morales y económicas, también tienen expresiones de alegría, de paz y
de ventura plasmadas en diversiones y goces comunes. Transcurrido el tiempo necesario para que el
espíritu se libere de la materia y acepte el vuelo definitivo hacia las regiones excelsas, debe tener
presente que todos los sufrimientos y tropiezos registrados en sus jornadas en los mundos físicos,
significan etapas educativas del proceso que demanda el crecimiento angélico.
Entonces, el mal es comprendido por el alma, como un estado de resistencia espiritual que se
opone a su ascensión y deja de considerarlo como castigo en base a los pecados cometidos en
contra de la moral divina.
De ese modo se justifica el dicho tan popular, que dice: "Dios escribe derecho por medio de
líneas torcidas". Cada hecho o cada acto que se registra en la trayectoria de la vida del espíritu, por
más inocente o errada que parezca a la moral humana, siempre ha de ser una experiencia saludable,
en donde participa la conciencia del espíritu eterno.
Pregunta: ¿Podríamos saber, cuál fue el motivo principal de vuestro acercamiento con Cidalia del
cual resultó vuestro noviazgo, interrumpido más tarde por vuestra desencarnación? Si había un
determinismo en ese encuentro en la Tierra, seguro que existiría también algún objetivo secundario;
¿no es así?
68
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Indudablemente, mi encuentro con Cidalia en mi última existencia fue solamente una
coincidencia fortuita. Actuábamos en la misma faja vibratoria de sentimientos e ideales, pero, con
cierta diferencia. En el Espacio habíamos combinado la conjugación de nuestros destinos desde la
época egipcia, a fin de que unidos pudiéramos apresurar nuestra evolución espiritual en la Tierra. De
acuerdo a su propio karma, Cidalia debía casarse en su existencia material, pero no conmigo, pues,
más tarde se casó con otro hombre de profundo ascendiente moral desde un pasado remoto. Se trata
de un antiguo adversario, de vidas anteriores, pero que en la realidad estaba en vías de renovación
espiritual a quien Cidalia, con provecho para sí misma, debería favorecerlo en sus últimos esfuerzos
de redención.
Los ascendientes biológicos de la familia de Cidalia atienden muy bien a las disposiciones
orgánicas de sensibilidad nerviosa y al tipo de sistema endocrino que precisaré en la próxima
reencarnación en Brasil; espero ser su nieto aproximadamente por el año 1970. El esposo de Cidalia
desciende de la vieja estirpe griega, que tantos esclavos entregaron a la orgullosa Roma de los
Césares, como preceptores, y la figura de mi futuro abuelo materno, me auxiliará en el contacto
regresivo con el linaje psíquico de la Grecia, la que se afina a mi actual psicología. También favorece,
la presencia del acentuado linaje romano en la sangre y en el psiquismo del esposo de Cidalia, el que
me despertará ciertos impulsos de comunicabilidad en el sentido artístico y en el gusto por la música,
tan característico en la raza italiana. Ese plan de acción deberá dirigirlo el Departamento "Bio-
psíquico" de la metrópoli astral donde yo resido y que comenzó a concretarse en el momento de mi
aproximación con Cidalia en los contactos terrenos que tuvimos.
Pregunta: Al haber desencarnado por molestias graves, conforme nos manifestasteis, tuvisteis
que guardar mucho tiempo en cama, soportando sufrimientos físicos. ¿No indica eso, que también
debisteis liquidar algún débito que teníais con el pasado, de acuerdo a como lo señala la Ley del
Karma?
Atanagildo: El dolor no debe interpretarse así, tan radicalmente, pues, no siempre es pago por
faltas cometidas por medio de la técnica rectificadora v puede ser, el efecto de la acción sobre el
medio en que el espíritu actúa. Si consideramos el dolor exclusivamente, como medio de pago por
delitos cometidos en el pasado, tendríamos que investigar el origen del sufrimiento de los animales,
como así también, el de los misioneros e instructores religiosos que soportaron al máximo para
indicarnos la senda de la Verdad.
El perro no expía culpas del pasado y sin embargo muere bajo las ruedas de los vehículos; el
buey tanto muere en los mataderos, como a causa de sus males, v los ratones, mueren acosados por
la peste o cazados impíamente en lugares sombríos de los viejos caserones. ¡Si se admite el Karma
como si fuera la Ley del "ojo por ojo y diente por diente", es evidente que tendríamos que suponer,
que Jesús al ser sacrificado, estaba pagando delitos que cometió en el pasado!...
El pianista que desea alcanzar éxitos en su carrera artística o el cantante que pretende alcanzar
la gloria con páginas líricas, sin duda, deberá entregarse completamente a su práctica y cultura
musical, ha de fatigarse innumerables veces viviendo entre la angustia del fracaso y la alegría del
éxito, sin que ese proceso sea la causa de liquidar faltas cometidas. Hay un determinismo, en ese
caso, pero es el efecto por el arte, al cual el individuo se dedicó, que para ser más evolucionado,
exige más sacrificio, aflicciones y un aprovechamiento justo del tiempo.
El sentido de la vida material, es un disciplinado experimento para que el animal sea domesticado
en sus pasiones groseras, dando lugar al ángel glorioso de los planos edénicos. A través del dolor,
que tanto atemoriza a los seres humanos, ofrece un perfeccionamiento, en donde, las formas
inferiores terminan adquiriendo cualidades superiores. En el dolor "mineral", el carbón bruto se
transforma en un codiciado brillante: en el dolor "vegetal" la parra podada se cubre más tarde, de
frutos sazonados; en el dolor "animal" las especies inferiores alcanzan la figura vertical del hombre y
en el dolor "humano", el hombre se transforma en ángel eterno. En verdad, todo eso, es un proceso
benéfico y sublime, disciplinado por la técnica que transforma lo inferior en superior.
Pregunta: ¿Sabíais que en la Tierra, sufriríais consecuencias que sobrepasarían a las
determinadas por vuestro propio compromiso kármico?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Conforme supe en el Espacio, mi desencarnación debería verificarse entre los 28 y


30 años de edad, así después, podría realizar el rápido estudio que en estos momentos realizo, en el
mundo astral, a fin de obtener mayores conocimientos que tan necesarios son para controlar mi
retorno a la Tierra, que probablemente sucederá entre 1965 y 1970. En base a las modificaciones que
ya se efectúan en vuestro planeta, determinadas por el karma del propio orbe, el próximo milenio me
ofrecerá un excelente camino para que pueda consolidar las últimas "rectificaciones mentales" a fin
de que pueda retornar, más tarde, hacia el mundo de donde fui exiliado hace milenios, cuando hubo
una selección espiritual, semejante a la que se inicia ahora en la Tierra.
Enfrenté a la muerte física muchas veces y tendré que enfrentarla dos o tres veces más, en
futuras reencarnaciones. El modo en que se produjo mi deceso en mi última existencia, fue
determinado por los ascendientes biológicos de la familia consanguínea en la cual me reencarné y
por eso adquirí aquella enfermedad de los riñones, que era el fruto de las tendencias hereditarias de
la misma.
A través de un proceso desconocido por vosotros, procuré durante el período de mi enfermedad,
drenar un resto de toxinas de mi vestido periespiritual. El lecho de sufrimiento me hizo demorar el
tiempo suficiente, para reflexionar sobre mi vida en agotamiento, auxiliándome en el reajuste de mis
emociones, y a su vez, me favorecía el diapasón vibratorio para realizar un retorno más equilibrado
hacia el hogar espiritual en el Más Allá.
Felizmente, no desencarné por accidente o un colapso cardíaco, pues la muerte por
desprendimiento fulminante y violento, siempre causa al periespíritu, sensaciones muy dolorosas para
el alma desencarnada, a causa del cambio brusco hacia el plano astral. Solo las almas muy elevadas,
que en la materia viven completamente afinadas con el plano astral superior, con raciocinios
poderosos y voluntad bastante disciplinada, consiguen desencarnar rápidamente sin sufrimientos o
atemorizamientos ante cambio tan brusco. Por eso, la forma en que desencarnó Jesús o Sócrates,
resultaría para muchos un suceso penoso, lleno de angustia y desesperación en el plano astral,
mientras que para Jesús, cuya conciencia vivía en contacto permanente con el reino espiritual o para
Sócrates, que aceptó la taza de cicuta como un inofensivo brindis de aniversario, es lógico que la
desencarnación les resultó una simple operación para liberarse del vestuario denso, así el espíritu se
reintegraba a los planos superiores comunes.
Pregunta: Es muy común decir en la Tierra, que los grandes sufrimientos o agonías lentas, son el
resultado de las grandes culpas del pasado. ¿Hay fundamento en ese dicho?
Atanagildo: Durante el proceso lento de la enfermedad, el desencarnante tiene tiempo de
ajustarse mejor a su padrón espiritual, examinando sus hechos, buenos o malos, ocurridos en el
mundo material y puede enfrentarlos con calma y tiempo, extraer de ellos, las mejores ilaciones sobre
culpas y méritos. Esto, no sería tan fácil de realizar, después de las primeras horas de la
desencarnación, en base a la gran sensibilidad del periespíritu, que reacciona violentamente al menor
pensamiento de angustia o miedo. El lecho del moribundo, no es el detestado "lecho de dolor" como
lo denominan los materialistas o los religiosos saturados por los dogmas infantiles; realmente,
significa la "antecámara" del gran viaje, que le ofrece la última oportunidad para drenar las toxinas del
psiquismo enfermo, pudiendo el espíritu librarse del remordimiento y aflicción, en el Espacio, por
haberlo corregido a su tiempo hallándose aún en la Tierra.
En la misma esfera de los negocios humanos —cuando se recapacita sobre las obligaciones
financieras para con la familia que queda y se enfrenta sobre la conducta espiritual que compete a los
descendientes— el alma, tiene tiempo de resolverlas satisfactoriamente en el transcurso de
prolongadas enfermedades. Eso también sucede, para que se eviten las vibraciones desordenadas
que la familia confusa y desprevenida emite delante de una desencarnación prematura,
manifestándolas por medio de súplicas o quejas hacia aquél que partió sin haberse armonizado con
la responsabilidad del mundo.
Pregunta: ¿En base a las consideraciones favorables que gozáis en la metrópoli del Gran
Corazón, estáis colocado en la escala de los espíritus adelantados, libre de los problemas
angustiosos del Más Allá?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Evidentemente, mi graduación espiritual es buena en relación a las situaciones


angustiosas que soportan millares de espíritus infelices, que aún viven despavoridos y desamparados
en el astral inferior. Sin embargo, la considero bastante precaria cuando la comparo a la situación de
las almas superiores que viven más allá de mi presente morada astral. La condición del espíritu
adelantado, para mí, es muy relativa, pues, aun estamos en grados bastante bajos si la consideramos
con la infinita jerarquía de ángeles v arcángeles que nos preceden en la inmensurable escala sideral.
Represento un modesto grado de conciencia en esa escala espiritual, así como entre vosotros,
unos representan grados más adelantados y otros más atrasados de vuestro actual padrón evolutivo.
También es cierto, que pude alcanzar un estado de paz y de comprensión espiritual que me coloca en
una posición algo venturosa, comparándolo con la mayor parte de la humanidad terrena, que aun
lucha ferozmente por la posesión de los tesoros precarios, de los galardones dorados o los poderes
provisorios, que inevitablemente tendrán que dejar a un costado de la tumba.
En mi última existencia terráquea no me seducían las atracciones terrenas, que pesan tanto en
nuestra economía angélica. Esa paz y comprensión de que os hablé, es de naturaleza exclusiva-
mente interior, y representa una incesante sustentación vigorosa, que equilibra nuestro espíritu, cuyo
valor indiscutible, no lo cambiamos por ningún tesoro o placer seductor del mundo físico.
La comunidad astral del Gran Corazón, a la que estoy afiliado en este momento, corresponde a
los ideales y propósitos que ya poseía en la Tierra, como preámbulo de mi definitiva meta en el
misterio del espíritu. El ambiente exterior de la agrupación espiritual en donde vivo y las relaciones
que existen entre sus moradores, son de una tónica que me causan mucha alegría y estímulos para
las nuevas jornadas evolutivas que me esperan.
Pregunta: Nos agradaría saber cuál fue vuestro modo de vida en la Tierra, con la finalidad de
inspirarnos en vuestro ejemplo de actividades, pues debido a él, alcanzasteis una posición espiritual
bastante agradable en el Más Allá.
Atanagildo: No tengáis esa ilusión; no creo que mi modo de vida en la Tierra, pueda serviros
como derrotero, pues el verdadero, es aquél que nos donó el insigne Maestro Jesús. A través de su
vida tan sencilla y grandiosa en amor y bondad, nos ofreció la definitiva llave, que nos abrirá las
puertas del cielo. Nuestro júbilo en el Más Allá depende exclusivamente de nuestro modo de pensar,
sentir y actuar en el mundo material, pero bajo cualquier hipótesis, el éxito se consigue por la mayor o
menor integración viva que tengáis con el Evangelio de Jesús. Mi relativa ventura, en el espacio,
dependió exactamente de la aplicación íntima que tenía y hacía de los postulados evangélicos,
durante mi vida terráquea. Lo más aconsejable y sabio, no es seguir mis pasos, pero sí que procuréis
resuelta e incondicionalmente la fuente original en la cual me inspiré, que es el admirable Evangelio,
el verdadero Código Moral de nuestra evolución espiritual, en la época que vivís.
Pregunta: Cuando fue realizado el funeral, ¿sentisteis alguna irradiación nociva que proviniese de
la mente de vuestros compañeros?
Atanagildo: No tuve conocimiento de mi funeral; porque perdí la conciencia rápidamente después
de mi desencarnación; cuando desperté, me encontraba en aquel agradable refugio astral, que
describí anteriormente. En el trabajo sidéreo desempeñado por los Mentores Espirituales, evitan los
acontecimientos que nos producen malas influencias o modificaciones en lo íntimo de nuestra alma.
Mi presencia en espíritu al funeral de mi cuerpo, sólo hubiera sido provechosa si necesitaba evaluar
la reacción psíquica de aquellos que me rodeaban en el mundo material o si necesitaba saber la
posición mental que tenía para conmigo algún adversario dejado en la Tierra. Yo partía de la Tierra sin
disgustos y sin tener diferencias vibratorias con ninguno, exceptuando la indiferencia que sentía hacia
mí Anastasio.
Poseía un gran entrenamiento psicológico en el contacto humano y terminé con paciencia la
deuda kármica que tenía con mi último adversario del pasado. Aquello que yo podría avalar y concluir
durante la realización de mi entierro corporal, lo había conseguido mucho antes de desencarnar.
Pregunta: Aún creemos, que sería bueno saber algo del tenor de vida terrena, que os proporcionó
algunos beneficios en el Más Allá, por eso, nos agradaría que nos dieseis una idea sobre vuestros
propósitos generales cultivados en la Tierra. ¿No seremos indiscretos o descorteses con el hermano?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Yo sólo soy una centella espiritual, cuya vida está íntimamente ligada a vuestros
destinos; en consecuencia, no hay descortesía al pedirme que relate aquello que es de mutuo interés
y que puede servir de aprendizaje educativo. Desde muy joven fui bastante devoto a la filosofía
ocultista y profundamente interesado en saber el origen y el destino del alma, por cuyo motivo
comparaba con bastante frecuencia, todas las enseñanzas oriundas de la tradición mística hindú o de
los viejos conocimientos egipcios. Cuando fui recibiendo un poco de luz espiritual, comencé a vigilar
todos mis pensamientos y a controlar mis juicios sobre los ajenos, así como el domador vigila a las
fieras que pretende domesticar.
Me esforcé muchísimo para destruir el germen dañino de la maledicencia, tan común en las
relaciones humanas, que constituye un hábito tan malo y disfrazado, y se apodera de nosotros, aún
inconscientemente. Aunque tuviese razones suficientes para juzgar a alguien, prefería dejar de lado el
asunto, para, no emitir pareceres antifraternos; vivía despreocupado de las historias pecaminosas y
apartado del comentario sobre las imperfecciones ajenas. Solía apartarme de las anécdotas
indecentes evitando rebajar el lenguaje, el pensamiento hacia nuestra compañera de existencia, que
es la mujer, a la que tuve sumo cuidado de tratar con elevado respeto, viendo en ella, a la hija, la her-
mana, la esposa o a la Madre. Ese respeto lo extendía también, a las infelices hermanas que
ambulaban en medio de las torpezas de la prostitución de la carne.
Era particularmente simpático y entusiasta con todos aquellos que se interesasen por el sentido
universalista y educativo, respetando el fondo espiritual de todas las religiones y doctrinas sectaristas,
aunque muchas veces, no podía sustraerme a la necesidad de aclarar mis principios a los religiosos
aún encadenados a su dogma. Me esforzaba por derrumbar la extensa maleza religiosa creada por la
ignorancia humana, sin que tuviera necesidad de disgustar a sus fieles adeptos. No me preocupaba
en saber quiénes eran mejores, si el pastor protestante, el sacerdote católico, el adoctrinador espirita
o el instructor esotérico o teosofista, reconocía en todos el esfuerzo que realizaban para enseñar a la
humanidad, el camino hacia Dios.
Sin duda alguna, no podía olvidar de traer al mundo mis nuevos propósitos, ni aquello que me
beneficiara tanto con la paz y la comprensión íntima, por cuyo motivo pregonaba la Ley de la
Reencarnación y la Lev del Karma de un modo positivo e insistente, transmitiendo al hombre
moderno, nuevos concentos eme aclaraban y valorizaban la Bondad, el Amor y la Sabiduría de Dios.
Tampoco alentaba la ingenua ilusión de salvarme espiritualmente, por el solo hecho de manosear
compendios de alta enseñanza espiritualista, en forma de conocimientos esotéricos, teosofistas,
espiritistas, rosacruces, etc., pues, consideraba todo aquello como si fueran linternas que sólo podían
auxiliarme en el encuentro conmigo mismo.
Antes que nada, me preocupaba el estado de armonía espiritual que tenía para todos mis
hermanos, sin hacerlo directamente por sus doctrinas. Nunca tuve pretensiones o vocación para
"salvar" a profesantes de credos, sectas o religiones, como nunca me importó defender principios
religiosos entre adversarios, en la tonta vanidad de querer demostrar mayor conocimiento por la
verdad. Tenía la firme convicción, que al discutir con el hermano de otra creencia, lo disgustaría, cosa
que me parecía bastante anti-evangélica y que por otro lado, podía ser derrotado ante mi poca
capacidad para exponer mis argumentaciones en defensa de mi sistema religioso simpático y hacer el
papel de ridículo.
Entendía y entiendo, que "sólo el amor salva al hombre" y no los credos o filosofías, por geniales
que éstas sean. Aunque era insaciable en el conocimiento y fuerte para buscar nuevos bienes para el
espíritu, acostumbraba a realizar consultas íntimas con Jesús, cada vez que me enfrentaba con
problemas de orden fraterno, religioso, moral o desfavorable para mis hermanos. Para mí, fue fácil
vivir con todos y sentía el placer de esa afectividad incondicional, porque evité siempre, hacerme un
sectarista o intolerante, algo así como la prolongación enferma de una doctrina o religión.
Pregunta: ¿Por lo que nos decís, deducimos que preferís ser un cristiano antes de ligars
específicamente a un credo religioso, ¿no es así?
Atanagildo: Exactamente; muchas veces, inspirándome en el Cristo, llegaba a tener recelo de
afirmar que era un cristiano y tenía el digno propósito de no querer diferenciarme de mis hermanos
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

budistas, musulmanes, taoístas, judíos, hinduistas o confucionistas, que por su índole psicológica
particular y atendiendo a su clima emotivo, siguen doctrinas antiquísimas en las cuales se inspiraron
los postulados dejados por Jesús. Si los occidentalistas eran cristianos por seguir a Cristo-Jesús, me
decía la "voz divina", para estar con todos, debéis de ser antes "crístico" y no cristiano, pues el ser
cristiano debe integrarse exclusivamente al conjunto de los seguidores del Rabí de Galilea y ser "crís-
tico", fundirse en el principio del Amor, que es la esencia de todos los seres creados por Dios. Siendo
el Cristo la segunda manifestación cósmica e indisoluble del propio Amor de Dios, aquel que se dice
crístico, está siempre listo para comunicarse amorosamente con todos los seres sin fijarse en la
procedencia de los postulados que sustenta cada uno de ellos. Gracias a mi incesante disposición de
afecto incondicional y acentuada despreocupación por los bienes materiales o preconceptos de
moda, mi desencarnación no me produjo choques excesivos en la estructura de mi periespíritu, pues
había logrado cierto "afinamiento" vibratorio que me ayudó mucho en la ascensión hacia el lugar
donde tuve reposo reconfortante. Ésta fue una de las razones por la cual me libré de las situaciones
incómodas del ceremonial fúnebre.
Pregunta: ¿No es mejor seguir el camino religioso, doctrinario o filosófico que más se afine con
nuestra psicología espiritual? Decimos esto, porque aún sentimos cierta resistencia para tomar parte
en una fusión general de religiosos, en la cual, perderíamos nuestra característica de simpatizantes
hacia determinado credo. ¿Qué nos decís al respecto?
Atanagildo: No debéis olvidar, que os estoy dando noticias de mi experiencia particular y que
además, es el caso personal de un espíritu. Fue mi índole la que me hizo incapaz psicológicamente
de aislarme en un círculo religioso o doctrina particular, aunque yo siempre guardaba simpatía por las
corrientes espiritualistas yogas de la India, en cuya región me reencarné mayor número de veces.
De modo alguno defiendo la maleza de los conjuntos religiosos, pues es obvio, que con eso se
ganaría en cantidad, pero se perdería en cualidad. Dentro de la ética avanzada del Espiritismo,
basado en el Código Moral del Evangelio, la orden a cumplir, es de amor incondicional y de respeto
absoluto hacia cualquier doctrina o secta, se encuentre más aquí o más allá de los postulados
espiritistas. Cuando me dediqué al estudio sobre la codificación de Kardec, mi coeficiente de ternura,
afecto, tolerancia y fraternidad, se amplió más, así como la lluvia beneficia al terreno resecado y
renueva la savia de la planta marchitada. Todo depende, por lo tanto, del sentido en que toméis
vuestro camino, porque si los credos son de los hombres, el Amor de Jesús es doctrina de Dios.

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COLONIAS DEL ASTRAL


Aspecto General

Pregunta: Al producirse constantes desencarnaciones hay una continua emigración de espíritus


desde la Tierra hacia el Astral en donde deberán agruparse conforme a su carácter o adelanto
espiritual; creemos que eso influirá en la creación o fundación de nuevas colonias, para que esos
espíritus puedan ser recibidos y educados. ¿No es verdad?
Atanagildo: Sin duda alguna, así como en la Tierra se multiplican las tareas educacionales y de
asistencia social, ya sea por el crecimiento continuo de su población o en base a su progreso,
también es necesaria la fundación de nuevos núcleos en el plano astral adyacente a la Tierra, para
atender a los desencarnados recién llegados. El problema en el Astral es un poco complejo, porque al
formar las comunidades espirituales, las almas deben agruparse teniendo especial atención a sus
condiciones morales, mientras que en la Tierra se agrupan por tipos raciales, formando países o
naciones, hermanadas por las mismas costumbres y tradiciones.
Por eso, el trabajo de los espíritus es intenso en las regiones que circundan al globo terráqueo,
pues, las condiciones de las comunidades de los espíritus desencarnados, tienen por finalidad
ajustarse al medio más apropiado, conforme a sus procederes en el plano material.
Pregunta: ¿Por qué motivo en la Tierra se hace más fácil resolver el problema de la fundación de
nuevos núcleos de seres humanos, cuando nos parece, que en el Espacio debiera resolverse con
más facilidad?
Atanagildo: La metrópoli del Gran Corazón supervisiona cerca de tres millones de espíritus,
dispersos en el mundo astral, necesitando mantener un mismo tipo de padrón vibratorio psíquico
entre criaturas tan heterogéneas, mientras que en área del Brasil, solamente, se puede agrupar a un
billón de seres de las más diversas condiciones, necesitando solamente, resolver el problema
fundamental de la ropa, el alimento y el techo. Mientras tanto, las comunidades benefactores del
plano astral encuentran las mayores dificultades para realizar una organización similar, porque la
armonía psíquica es garantía de equilibrio y éxito en la colonia de los desencarnados, oriundos de las
más contradictorias posiciones del orbe material. En vez de atender las posiciones efímeras y las
necesidades provisorias del hombre, el problema fundamental, es desarrollar la esencia íntima de los
espíritus.
Esa es la causa, por la cual, los espíritus benefactores continúan organizando nuevos "oasis" de
socorro, para poder atender tanta heterogeneidad de padrones psíquicos en el astral inhóspito que
rodea a la Tierra. Cuántas veces, espíritus que provienen de la misma familia conanguínea terrena,
deben separarse hacia zonas diametralmente opuestas, ni bien atraviesan la frontera de la sepultura.
¿Cómo equilibrar tantos matices psíquicos en el Más Allá, si no se ofrecen nuevas oportunidades de
socorro y renovación espiritual?
Pregunta: ¿Esas colonias recién fundadas se desenvuelven naturalmente o son frutos de planos
previamente establecidos?
Atariagildo: En la esfera o plano astral (como se dice comúnmente) la voluntad disciplinada de los
espíritus superiores interviene periódicamente en el medio, ordenando las voluntades menores de sus
moradores, logrando renovar el paisaje y las instituciones existentes, conforme al progreso de las
comunidades. Así es, como la metrópoli del Gran Corazón es el fruto de estudios, sugestiones, planes
e inspiraciones que sus fundadores buscaron en colectividades de esferas más altas, que existen
entre la Tierra y nuestras moradas astrales. Otras colonias y agrupaciones intermediarias, que fueron
edificadas más tarde tomaron como ejemplo, los moldes y planos de nuestra comunidad. En la misma
medida que aumenta el coeficiente mental, científico y artístico del hombre encarnado, también se
multiplican las exigencias para la "modernización" de sus ciudades y de igual modo sucede con las
ciudades astrales, y a su vez, forman otras, que servirán para los futuros desencarnados.
Pregunta: ¿La metrópoli del Gran Corazón fue fundada por espíritus que desencarnaron en
Brasil?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Cuando la fundaron yo me encontraba en la India y después que desencarné, fui


llevado hacia la colonia astral hindú, que supervisaba aquella región. Mientras tanto, como la
metrópoli del Gran Corazón ya tenía su historia, tuve la oportunidad de conocer su pasado y también
la de sus fundadores. La idea de su formación partió de los espíritus desencarnados en Brasil, para la
cual habían emigrado después de su descubrimiento. El descubridor fue Pedro Álvarez Cabral, quien
antes de encarnar había aceptado la misión de habitar la tierra brasileña y luego de su
desencarnación, debía fundar una colonia de desencarnados en la zona astral correspondiente, la
que hoy es la metrópoli del Gran Corazón.
El progreso fue incesante en esta comunidad joven, gracias al ingreso continuo de nuevos
espíritus que desencarnaban en Brasil; sin embargo, muchos de esos espíritus no eran brasileños,
pues procedían de Francia, Portugal, España y Holanda, los cuales, obedientes a los planes de lo
Alto, desencarnaron a causa de las invasiones extranjeras o encuentros belicosos. Así, se desligaron
astralmente de sus países de origen, situados en Europa, volviendo más tarde, a encarnarse
nuevamente en su patria, cosa que también sucedió conmigo. Esos espíritus "exiliados" de su medio
geográfico preferido, renunciaron, a su viejo temperamento racial europeo, para incorporarse al
patrimonio espiritual de la comunidad brasileña, que estaba constituida por espíritus incipientes.
Pregunta: ¿La metrópoli del Gran Corazón fue fundada en el seno de los fluidos agresivos?
Atanagildo: Sí, su fundación nos recuerda a lo sucedido con las grandes metrópolis terrenas, con
sus edificios modernos, su iluminación y jardines atrayentes y que también se originaron en medio de
las regiones salvajes y peligrosas.
Hoy, los moradores de la metrópoli y los que nos visitan se deslumbran ante la belleza de la
vegetación, creada como por manos de hadas, pero ignoran el inmenso sacrificio y abnegación que
costó a sus fundadores crear un núcleo de ese tono de educación y socorro espiritual.
Pregunta: ¿La metrópoli del Gran Corazón es una comunidad elevada con relación a otras
colonias de espíritus, de las cuales tenemos conocimientos a través de diversas obras mediúmnicas y
en donde se recogen almas perturbadas?
Atanagildo: En base al progreso incesante del espíritu humano, las comunidades transitorias del
mundo astral, también evolucionan después que se dedican a los servicios aflictivos y de auxilio. En
verdad que nuestra metrópoli, en la actualidad, es una agrupación venturosa y con características
educativas, que se ocupa de los espíritus más seleccionados, provenientes de la Tierra, y además
tiene una perfecta atención para los espíritus que se encuentran con problemas particulares en sus
almas afligidas y perturbadas en el astral, después de la travesía emprendida al desencarnar.
Nuestra colonia posee departamentos correctivos y de ayuda espiritual que están situados en las
zonas abismales, lejos de la comunidad y sin relaciones que la liguen, que pueda perturbar su padrón
vibratorio. Innumerables equipos de trabajadores, encargados de la renovación de esos espíritus
infelices, trabajan allí en dispensarios y hospedajes supervisados por la metrópoli, impulsándolos,
para que encuentren el camino de su transformación y logren su elevación y progreso en nuevas
comunidades astrales.
Como todas las metrópolis, se iniciaron con un simple núcleo de espíritus que atendían las
actividades de ayuda hacia los espíritus sufrientes del astral inferior, sufriendo el terrible bombardeo
mental de las almas delincuentes y la degradación aportada por los encarnados; mientras tanto por el
servicio sacrificial de amor al prójimo, fue elevado el padrón vibratorio espiritual de la ciudad,
volviéndose una antecámara de panoramas angélicos, característico en las colectividades de los
planos superiores. La metrópoli es el fruto natural de un trabajo digno y persistente, inspirado por el
amor al prójimo, pues nunca faltarán elevadas e incesantes sugestiones de los mentores siderales,
para que tanto encarnados como desencarnados transformen el lugar en donde habitan. Bajo la
disciplina heroica y la voluntad bien dirigida, los desperdicios de vuestro mundo se pueden transfor-
mar en hermosos rosedales, y las rocas macizas en confortables habitaciones de reposo para el
cuerpo y alegría para el alma.
Pregunta: ¿Existen equipos de espíritus especializados encargados de fundar las colonias en el
mundo astral?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: No hay un determinismo para fundar una determinada ciudad en el astral, ésta puede
nacer, naturalmente, alrededor de un estacionamiento, de un puesto de socorro o de una institución
avanzada que actúe en medio de los fluidos densos. Las fundaciones determinadas, obedecen a una
orientación más o menos parecida a la de la Tierra; ellas progresan y evolucionan a medida que
aumenta su población. Tampoco se precisan equipos adiestrados para tales realizaciones, se cuentan
con abnegados pioneros que enfrentan heroicamente a los fluidos nocivos, emanados de los charcos
pestilentes y por los coágulos de sustancia mental deletérea, que se forman por la desviación cons-
tante de la humanidad allí existente. Esos espíritus abnegados y valerosos, no vacilan delante de las
exigencias de sacrificio que lograrían desanimar a los más intrépidos hombres terrenos.
Pregunta: ¿No se producen accidentes o surgen enfermedades comunes, en relación a los
trabajos sacrificiales que se llevan a cabo en medio de fluidos tan agresivos del astral inferior?
Atanagildo: Sin duda alguna, ocurren fracasos, enfermedades, agotamientos y lesiones
periespirituales en los más osados; tal como suele suceder con los héroes vuestros, que se sacrifican
por el bien de la humanidad. Muchas almas valerosas, que se dedican a fundar núcleos de
actividades espirituales en medio de la sustancia adversa y agresiva por su tenor magnético,
producido por la humanidad desordenada, restringen su vuelo más alto, prefiriendo acatar el
sufrimiento en esos pantanos, con el fin de servir a los espíritus infelices. Después de cumplir esas
abnegadas tareas, precisan tratamientos especiales para drenar los tóxicos saturados por la
organización delicada del periespíritu, tal como hacéis vosotros para eliminar de vuestra ropa, las
manchas de sustancias deletéreas.
Pregunta: Pensamos, que el espíritu cuando es evolucionado podría inmunizarse mejor contra las
agresiones del medio ambiente. ¿Esos heroicos desencarnados no podrían actuar en esos charcos
agresivos, sin que les afectara su envoltura superior?
Atanagildo: La inmunidad contra el medio, proviene de la evolución espiritual, y debe entenderse
en la esfera moral, pues, en la material no se puede eliminar las reacciones naturales y disciplinadas
por las leyes correspondientes a cada plano de vida. Debéis saber, que las almas superiores, que
actúan en regiones tan agresivas "descienden" vibratoriamente hasta el nivel de las reacciones
energéticas del medio inferior, por cuyo motivo, quedan sujetas a los impactos de las fuerzas que
manosean. Así como no podéis encerrar el rayo de luna en una vasija de barro, ningún espíritu
superior podrá actuar directamente sobre los planos astral y material, más bajo de su vibración tónica,
si no reduce esa misma vibración.
Es evidente, que después de ese "descenso" vibratorio el espíritu ha de quedar a merced del
medio en que le toca actuar, a semejanza de aquel que "cae" magnéticamente en un plano inferior
por efecto de su peso específico y simpático al ambiente vibratorio. Es lógico entonces, que por más
delicado que sea el traje del caballero, no se librará de los rasguños que han de provocarle las
espinas de las plantas salvajes, cosa que podrá evitar, si lleva un saco de cuero. ¿No es la mariposa,
una manifestación más delicada que la del sapo? ¿Qué podría hacer esa mariposa sumergida en el
charco putrefacto de los pantanos, en donde el batracio vive tan alegremente?
Pregunta: ¿Cómo pueden esas colonias volverse agradables, si fueron edificadas en la sustancia
deletérea y agresiva? ¿No debiera predominar en ellas el medio corrompido? ¿Acaso en las ciudades
edificadas en los polos pueden aislarse del frío o cualquier ciudad del Ecuador, no está supeditada al
calor intenso?
Atanagildo: Entráis en confusión cuando tomáis al mundo terreno, con su materia grosera, como
base para evaluar la naturaleza sutilísima del mundo espiritual, que es regido por leyes desconocidas
en el mundo físico. Es lo mismo pensar, que alguien podría eliminar el rayo del Sol, como se quita la
tierra de una vidriera empolvada.
Una ciudad terrena edificada sobre el deserto de Sahara podría muy bien modificar su clima y
transformarse en un "oasis", en el momento en que la ciencia humana canalice hasta allí el agua,
fertilice el suelo, elabore sistemas de lluvias artificiales e irrigaciones, y construya refractores de
electricidad que pueden atenuar el clima cáustico. En los polos podéis introducir muchas
modificaciones loables, gracias a la electricidad que muy pronto emplearéis.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

En nuestro caso el procedimiento es otro; nos hallamos en el mundo interior del espíritu, donde la
fuerza motriz principal es de otra naturaleza dinámica de acción, predominando la fuerza del
sentimiento y del pensamiento. Éstas son las principales herramientas e instrumentos para nuestro
uso, aunque en las regiones más densas del astral inferior, se requieren para actuar, otras energías y
procesos más rudos, que a veces semejan al de los terrenos. Los espíritus actúan con fluidos densos,
viscosos y enfermizos adheridos vigorosamente a los poros del periespíritu, como el aceite se infiltra
en el blanco paño de lino.
No podéis imaginar los extensos lagos de sustancia repugnante y agresiva que llega hasta ciertas
regiones de la Tierra, que nos recuerdan enormes desiertos o pantanos sofocantes que hay en la
Tierra, que por cierto son muy impresionantes.
Pregunta: ¿Cómo debemos interpretar el heroísmo de los espíritus que trabajan en esas regiones
astrales?
Atanagildo: Hay espíritus que poseen el sello característico de la renuncia personal y se ofrecen
para trabajar en esos ambientes repulsivos, para lo cual no los guía ningún interés o vanidad a no ser
el gran amor que sustentan por aquellos que se debaten y procuran la ayuda del "oasis" benefactor.
Pregunta: Nos agradaría que nos explicaseis el mecanismo del proceso de la citada "sustitución"
de los fluidos, capaz de mejorar el astral agresivo y salvaje, durante la fundación de nuevas colonias,
y si se hace el proceso similar al de la Tierra.
Atanagildo: En otras oportunidades expliqué, que en las agrupaciones humanas de moral
subvertida, se registra un verdadero cúmulo de fluidos pesados e inferiores, lo mismo sucede en las
colonias o ciudades tenebrosas, que existen en el seno del astral inferior, pobladas por espíritus
irregulares, que se convierten en verdaderos depósitos de sustancias mentales degeneradas. El
fenómeno se invierte cuando se trata de agrupaciones integradas por almas benefactoras y de alto
poder energético, porque los fluidos nocivos del medio se sustituyen por otros más benignos, atraídos
por los buenos pensamientos, en un proceso que se podría denominar de "decantación fluídica".
Esos núcleos, aunque sean fundados en regiones astrales inhóspitas, son integrados por
espíritus, cuyo psiquismo es superior al medio y pasan a habitarlo en función de "filtros espirituales"
que purifican el ambiente a través de la saludable substitución fluida. Su dinamismo sublime termina
disociando y purificando el ambiente nefasto; poco a poco la región se transforma en un bendecido
lugar, situado en el desierto de las fuerzas astrales que eran primitivamente agresivas. Entonces, los
fluidos dañinos tienden a apartarse hacia sus zonas electivas, situadas en los charcos bajo la corteza
terrestre.
Así como la higienización e iluminación de las ciudades terrenas obliga a retirarse a las fieras y
reptiles hacia la selva, también la substitución de los fluidos deletéreos, en las regiones astrales,
obliga a cambiar de plano a las entidades que se sentían cómodas hasta entonces, por estar en
afinidad con el ambiente.
Pregunta: ¿Podríais darnos una idea aproximada de esa "afinidad con el ambiente" a que os
referisteis?
Atanagildo: Los fluidos astrales son de una asombrosa plasticidad ya sea bajo la acción del
pensamiento o debido a las emociones del espíritu. Esas regiones inferiores, en donde se crean nue-
vas poblaciones y que todavía son impropias para una vida más evolucionada, suelen estar llenas de
edificaciones pequeñas, groseras y a veces repulsivas, porque fueron delineadas por mentes incultas
de espíritus primitivos o por los salvajes que vivían en su mundo rudimentario, en sus 'campos de
caza". De vez en cuando se nota en la atmósfera de esos lugares, el olor nauseabundo de la vida
primitiva y por las prácticas impuras de sus antiguos habitantes, sus costumbres repugnantes y sus
condicionamientos, resultantes de la topografía del mundo físico, dan lugar a que se formen ciertos
panoramas que son desagradabilísimos para las almas de naturaleza más elevada.
Los espíritus nómades de los salvajes, quedan impregnados por sus estigmas inferiores y
elementos nocivos, que imprimen en el astral un escenario perfectamente idéntico al de su tosca vida
terrena. Viven desencarnados en el Más Allá, ignorando que se encuentran fuera de su cuerpo carnal,

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

porque aún son incapaces de percibir que cambiaron de plano vibratorio. Al desencarnar se
encuentran en un mundo salvaje, preparado adrede por la mente de sus compañeros que le
precedieron en el viaje al Más Allá y confunden los panoramas del astral con los paisajes que dejaron
en su vida terrena.
Como desconocen el calendario del hombre civilizado y son débiles de raciocinio, no tienen al
noción del tiempo y no saben cuándo desencarnaron y como sucedió. Así prosiguen alegremente en
sus relaciones comunes, convencidas de que aún se encuentran actuando en medio de la selva del
mundo material.
Por la ley de "los semejantes atraen a los semejantes", los salvajes son atraídos hacia las zonas
inhóspitas del astral, en donde se ajustan perfectamente y unen la rudeza de su periespíritu a la
acción de las energías inferiores del medio. De ahí parte la tan divulgada leyenda, que los salvajes
transmiten de generación en generación, que sus muertos pasan a vivir en los "campos de caza" y
que sus sepulturas deben adornarse con armas y utensilios que han de precisar en la otra vida.
Muchas agrupaciones, colonias y ciudades de ayuda para los desencarnados que fueron
edificadas en antiguas zonas, llenas de estigmas de los salvajes, en la actualidad, son sublimes
comarcas de luz, como la metrópoli del Gran Corazón, cuyo padrón vibratorio superior disolvió la
sustancia deprimente que se había acumulado por la rudeza psíquica de los salvajes.
Pregunta: ¿No sería conveniente higienizar el Astral, de tal modo, que todas esas colonias o
agrupaciones se transformaran en núcleos civilizados, para poder influir en las almas primitivas y
lograr conducirlas hacia un mejor entendimiento espiritual?
Atanagildo: No sería conveniente que se extinguiesen, en el Astral, los "campos de caza" de los
salvajes, porque le sirven de verdadero "caldo de cultura" psíquica y del ambiente adecuado para la
expansión de sus conciencias inmaduras. Lo mismo sucede en la Tierra, en la que a pesar del
considerable progreso conseguido por sus ciudades, aún existen agrupaciones de indios salvajes que
no pueden situarse en la faja vibratoria del hombre civilizado. Esos seres primitivos no deben ser
violentados en su línea psicológica, ni ser expulsados de sus lugares de forma y condiciones fami-
liares, que son su "punto de apoyo" muy necesario para lograr madurar su entendimiento
rudimentario y elevarlo hasta la ética alcanzada por los civilizados. Ellos también, son centros de
atención por parte de los preceptores más elevados, que les proporcionan recursos graduados, para
ayudarlos a comprender la espiritualidad.
Dios tanto asiste a sus Arcángeles Constelatorios, que gobiernan y sustentan a los sistemas
solares, como atiende a las conciencias embrionarias de sus hijos primitivos de la selva, cuya razón
aun no puede desarrollarse, alejada de los ruidos belicosos practicados en medio de sus chozas
primitivas. Entonces, es lógico, que ese tratamiento y asistencia espiritual debe hacerse de modo
suave, sin violentar el entendimiento rudimentario del salvaje. Mientras tanto, los "campos de caza"
del mundo astral sirven a los imperativos de la razón salvaje, y las altas esferas, auxilian al espíritu
del hombre evolucionado a liberarse de las formas ilusorias de los mundos planetarios.
Pregunta: ¿Entonces, según vuestra afirmación, quiere decir que es de suma importancia la
existencia de esas colonias astrales, de variados aspectos y condiciones evolutivas, a fin de poder
realizar con éxito las reencarnaciones de esos espíritus en la Tierra?
Atanagildo: En el Cosmos, por ley de correspondencia vibratoria, los salvajes también necesitan
su previo ajuste energético en el seno de sus zonas astrales, a fin de encaminarlos con más facilidad
para la reencarnación en las selvas terrenas. Esas agrupaciones, colonias y metrópolis astrales, que
están situadas en el interior del aura que circunda al globo terráqueo, sirven para controlar las
reencarnaciones y desencarnaciones de los espíritus y también atiende a una gran cantidad de
conciencias nuevas que ascienden continuamente hacia una razón más elevada.
Pregunta: ¿Por qué motivo esos salvajes no se dan cuenta de esa diferencia tan grande, que hay
entre las leyes del mundo material y el astral, hasta el punto, que siguen creyendo que aún viven en
la materia?
Atanagildo: Las leyes que regulan las relaciones el Cosmos son siempre las mismas, pero su

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

aplicación varía conforme al plano de actividad espiritual. El hombre que tironee de su oreja de
"carne" con su mano de "carne", seguro que ha de sentir una reacción tan dolorosa como la fuerza
que emplea en ese acto; el espíritu desencarnado, que tironee de su oreja "etérica", con su mano
"etérica", ha de sentir la sensación dolorosa de modo más intenso y vivo. Eso es debido a la ley de
correspondencia vibratoria, porque el acto etérico es más sensible por realizarse en un plano más
sutil.
Esto es lógico y sensato. Lo contrario sería, que un espíritu encarnado resolviera tironear con su
mano de "carne", su oreja "etérica" o que pretenda mover su oreja de "carne con su mano "etérica",
pues entraría en conflicto con las leyes que regulan la "acción" y la "reacción" en cada plano
vibratorio. No hay ilogismo en el caso del rayo de luna que se refleja en un frasco de cristal; lo
insensato sería pretender aprisionarlo en el citado frasco, pues sería contradecir la lógica de la ley,
que regula la manifestación de cada fenómeno en su campo vibratorio simpático. He ahí porque no
hay que extrañarse en el caso de los salvajes desencarnados, que continúan su vida turbulenta en los
campos etéricos de "caza", que también existen más allá de la sepultura. Ya que existe una perfecta
correspondencia vibratoria entre sus cuerpos etéricos y las selvas también etéricas, no hay
contradicción entre los actos de los salvajes y las leyes del medio ambiente, causa ésta, por la cual
no se dan cuenta de la diferencia de esas leyes a que os referisteis.
Sucede, que las reacciones son mucho más vivas y positivas de "este lado", porque se registran
en un plano vibratorio más propicio y receptivo para la sensibilidad agudizada del espíritu libre del
cuerpo carnal. Además, esos salvajes desencarnados actúan a través de un cuerpo más liviano,
como es el periespíritu y su inmadurez espiritual aún no les permite efectuar raciocinios y
comparaciones que les puedan hacer comprender el fenómeno de su muerte en el plano físico.
Para ellos, la vida continúa de la misma forma que en la materia, porque tanto en la Tierra como
en el astral, eran y continúan siendo orientados por la "mente instintiva", principal responsable de sus
conciencias infantiles. Lo que ellos piensan es que fueron transferidos hacia otras chozas o tribus, sin
poder razonar inteligentemente respecto de las mutaciones de la vida espiritual. Es verdad también,
que algunas veces se sienten sorprendidos y otras veces, hasta melancólicos, cuando intentan
intervenir en la vida de sus descendientes aún encarnados, sin llegar a comprender los motivos,
porque no hacen caso de sus gesticulaciones y tradicionales ritos guerreros.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

COLONIAS ASTRALES DE COSTUMBRES ANTIGUAS

Pregunta: Nos habéis dicho cierta vez, que existían en el Astral algunas colonias, cuyos
habitantes conservan sus costumbres antiguas, por ser espíritus demasiado conservadores. ¿Qué
ideas debemos tener de esas colonias?
Atanagildo: Os recuerdo, que son comunidades de existencias transitorias, destinadas solamente
al perfeccionamiento de sus habitantes desencarnados, que son excesivamente tradicionalistas, por
tal motivo, todo está dispuesto para alcanzar finalidades educativas. Entre sus pobladores se
encuentran caracteres espirituales en todos los matices, principalmente, los espíritus nuevos, los
acostumbrados a los conventos y los conservadores, aún aferrados a tradiciones antiguas, pero que
merecen el ingreso en las comunidades astrales ordenadas, porque son pacíficos y espiritualmente
inofensivos. Con el fin de activarles el progreso, fijados por las tradiciones del pasado, los espíritus de
mayor capacidad intelectual y dinámica psíquica, se mezclan con esos letárgicos moradores del Más
Allá, para auxiliarlos en la Ascensión sideral.
La arquitectura de esas colonias es arcaica y parecida a las desiertas civilizaciones, ya
extinguidas. Hay ocasiones, en que los mentores espirituales auspician ciertas edificaciones antiguas
con toda urgencia, a fin de atender a ciertos grupos de desencarnados, tan apegados al
conservadorismo de las cosas materiales, que se sentirían inadecuadamente colocados en un
ambiente modernizado. He reparado, en otras oportunidades, que en algunas regiones situadas entre
nuestra metrópoli y la corteza terrestre, se edifican grandes campamentos y hospitales de
emergencia, en vísperas de producirse alguna tragedia colectiva en aquellas zonas geográficas de la
Tierra, tales como guerras, revoluciones o catástrofes causadas por convulsiones de la Naturaleza.
Pregunta: ¿Tuvisteis ocasión de observar desde el plano astral, el desarrollo de algunas de esas
catástrofes colectivas?
Atanagildo: Pude apreciar los efectos dantescos de cierta revolución ocurrida en la América del
Sur, entre hombres del mismo país; los muertos llegaban a formar montones y se encontraban en una
desesperante situación espiritual. Se les observaba en el aura de color escarlata brillante, bastante
manchada, de donde se desprendían llamas de fuego generadas por el odio que les ganaba el
corazón. Relámpagos fulgurantes, de color sangre, surcábanles la envoltura del aura conturbada
después se les podía ver algunos filetes formados por las repulsivas toxinas, que se deslizaban por el
periespíritu agitado, parecidas a hilos de lodo, deslizándose sobre tejidos vítreos
De vez en cuando, en medio de aquellos espíritus alucinados —que eran recogidos rápidamente
por los espíritus enfermeros y encargados de esa tarea desencarnatoria— se percibía en algunos,
cierta claridad espiritual. Entonces, podía descubrir, que se trataba de espíritus caritativos, que
habían desencarnado con el fragor de la metralla debido a un extremado servicio de socorro hacia los
beligerantes y no por interés partidario. En otra oportunidad, observé algunos grupos de almas
tranquilas, que se unían aparte, bajo la ley de afinidad espiritual. Eran seres que habían sido
obligados a compartir la lucha fratricida, pero estaban exceptuados del odio, porque preferían morir
antes de matar a su adversario.
Éstos, poco a poco se engalanaban con una suave luz y eran sustentados por otros grupos de
espíritus auxiliares, rápidamente, bajo un mismo diapasón de júbilo se elevaron como plumas al
viento y sus figuras, sin angustias ni pesares, se fundieron en un aura luminosa, dirigiéndose hacia
sus planos venturosos.
Pregunta: Pensamos, que después de la muerte del cuerpo físico, los espíritus debían modificar
su visión psíquica, comprendiendo, que las formas del mundo terreno significan estacionamientos
provisorios, de rápido aprendizaje espiritual. ¿De ser así, no se justificaría la existencia de esas
comunidades antiguas, en el Astral, no es verdad?
Atanagildo: Eso no puede ser, porque la muerte del cuerpo no es una fuente de omnisciencia, ni
diploma de santidad; el espíritu desencarnado es acreedor a sus propias creaciones mentales, en
conformidad al contacto que haya tenido con los elementos buenos o malos de la vida educativa del
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

mundo terreno. Es por eso, que existen agrupaciones astrales que permanecen aferradas a los
sistemas medioevales, en donde los castillos, los puentes rústicos, el transporte mular, de camellos,
bovinos y las moradas pintorescas, recuerdan al paisaje de las narraciones románticas y las
aventuras de capa y espada, del pasado.
De esa forma, esas colonias sirven para determinadas cantidades de espíritus excesivamente
conservadores, que se instalan allí, aferrándose vigorosamente a su pasado, sintiéndose incapaces
para equilibrarse dentro de los ambientes modernos y de cultivar relaciones, que son demasiado
dinámicas para su psiquismo retardado. Sé muy bien que estas descripciones os parecerán incon-
gruentes y producto de un cerebro fantasioso; mientras tanto, en vuestro propio mundo material,
podéis comprobar, que en un mismo lugar y ambiente, viven espíritus de completo antagonismo
mental. El avaro, por ejemplo, ¿no es un desajustado con el progreso cotidiano? Sí, pues vive
completamente aferrado al anacronismo de una vida primitiva, al tratar de esconder su fortuna y
aislarlo de todas las innovaciones o cosas que puedan inducirlo a tener gastos inesperados. Al
desencarnar, ese avaro no lograría equilibrarse en un lugar de aspecto avanzado, para lo cual no se
preparó, ni tampoco sería lo justo, para aquel que se encuentra apresado a sus recelos de las
pérdidas y a las preocupaciones exclusivamente utilitaristas Cuando desencarna el avaro transfiere
hacia el Más Allá su mundo íntimo, lleno de desconfianzas y de usura, quedando impedido de vivir tan
amplia y desahogadamente como viven los otros espíritus que no tienen restricciones para el medio
que habitan.
Pregunta: A través de esa comparación, queréis decir, que las criaturas virtuosas, aunque sean
mentalmente atrasadas, siempre se ajustarán a las comunidades adelantadas. ¿Debemos inter-
pretarlo así?
Atanagildo: Las virtudes superiores, como la bondad, la humildad, la tolerancia y la renuncia, que
encaminan a las almas hacia las comunidades como las del Gran Corazón, no siempre consiguen
liberar al individuo de las formas arcaicas que aún pueden dominar la mente de ciertos
desencarnados. Cuántas mujeres terrenas que son buenísimas y serviciales, resisten valerosamente
las innovaciones de la cocina moderna, prefiriendo el fuego común de leña, desdeñando la cocina de
gas o electricidad. En realidad, lo que sienten es miedo por las cosas nuevas, pues son esclavas a
las tradiciones y a las cosas viejas o a las únicas que les son familiares, porque vivieron mucho
tiempo en contacto con ellas. Les duele en el alma ese cambio de simpatía por las cosas nuevas y
"extrañas", faltándoles el ánimo necesario para vencer el condicionamiento psicológico, producido por
el trato demorado con los objetos familiares.
¿No existen acaso, ciertas criaturas, que en la Tierra, viven exclamando continuamente contra
cualquier innovación y descubrimientos científicos, augurándoles las peores consecuencias, por el
solo hecho de no tener afinidad con esos eventos, que les perturban la rutina común y les quebrantan
la tranquilidad tradicional de los espíritus conservadores? Sin lugar a dudas, que en el mundo astral,
tales seres también han de ser atraídos hacia lugares y panoramas que vibren en perfecta sintonía
con sus costumbres y comodidades.
Pregunta: A través de nuestro raciocinio, pensábamos hasta ahora, que bastaría desarrollar
ciertas virtudes para evitar cualquier preocupación con respecto al tipo formal de ambientes astrales.
¿Nos podríais dar mejores detalles de esa situación, para que comprendamos mejor?
Atanagildo: Para conseguirlo es muy necesario, no olvidar la edad de las criaturas, factor éste,
que es muy importante en el caso de los espíritus desencarnados. Vosotros acostumbráis dar los
mismos entretenimientos al anciano, y al niño y le exigís las mismas restricciones psicológicas, por el
solo hecho, de que ambos posean las mismas virtudes. Si pudieseis examinar todos los tipo de
espíritus que se mueven a través de la inmensa "escala de Jacob" en la evolución sideral,
encontraríais almas, que siendo dignas de habitar en un cielo, aún están presas fanáticamente en las
tradiciones de los mundos materiales. Y, en correspondencia a la Bondad de Dios, los mentores
espirituales atienden a esas almas en sus preferencias anticuadas, pero inofensivas, hasta que se
sientan fortalecidas y se encuadren en el ritmo evolutivo, liberándose de las realizaciones decrépitas.
Esas almas sólo durarían muy poco tiempo en las zonas de avanzada dinámica espiritual, pues
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

en breve plazo se agotarían, por la imposibilidad de armonizarse con las creaciones de mayor
progreso de sus compañeros más evolucionados. El fenómeno os será más comprensible, si
imagináis al campesino tranquilo, que fuera sacado de su aldea y colocado súbitamente en el
torbellino de una ruidosa metrópoli, para cuya vida y relación aún no estuviera preparado. Al poco
tiempo se sentiría extraño al medio y profundamente agotado.
Como la sustancia etéreo-astral es fácilmente amoldable a la acción de los pensamientos de los
espíritus desencarnados, esas colonias antiguas también concretan el producto del pensamiento
anticuado de sus habitantes. Ellos renuevan continuamente, entre sí, el paisaje exterior, pero ignoran
que la rigidez y la conservación de sus construcciones deben ser combatidas y sustituidas por nuevos
padrones progresistas y más livianos astralmente.
Pregunta: ¿Los mentores siderales no podrían enseñarles a modificar la mentalidad, para que
pudieran ajustarse a las comunidades superiores?
Atanagildo: Esos espíritus se benefician con la formación arcaica de su morada astral, porque
escuchan los gustos y caprichos conservadores que hacen su verdadero mundo, alimentado por la
energía resultante de sus pensamientos. Como criaturas espirituales, aun ignoran y subestiman el
glorioso poder de la mente, dejándose influenciar emotivamente, por la naturaleza de un paisaje que
permanece "fuera de sí". Aunque los técnicos los eduquen con insistencia para que despierten del
letargo mental y renueven el medio en que viven, se quejan de la incapacidad para desarrollar el
dinamismo característico, de las almas decididas. En consecuencia, permanecen largo tiempo en su
panorama medieval y primitivo, formando colonias de aspectos antiquísimos y se revelan como almas
estacionadas en el tiempo. Algunas de ellas se dejan vencer por la apatía y letárgica mental, pero la
mayoría son víctimas de su propia decepción, pues creían encontrar allí la soñada beatitud y el eterno
responso celestial. Entonces, esas almas quedan reducidas a su impulso creador y en la renovación
de sus raciocinios, dejan de luchar por el progreso, convencidas de que merecen un ambiente de
inextinguible ociosidad espiritual.
Aunque sean dotados de tendencias buenas e inofensivas, aún son almas inmaduras e
indiferentes y como no se encuentran en el paraíso prometido, por los sacerdotes del mundo terreno,
se sienten fastidiados, y son presa de las evocaciones emotivas del pasado y encadenados a
prejuicios, preconceptos y formas del mundo que dejaron. Prosiguen estimando las futilidades
aristocráticas y las tradiciones tontas de la materia, y por eso, se ajustan perfectamente al ambiente
astral que pertenece vibratoriamente a su psiquismo arrasado, como copia fiel del mundo que domina
el pensamiento retardado.
Pero los maestros corrigen sabiamente esas situaciones, disciplinando a esos espíritus,
gradualmente, en departamentos educativos, tolerando en cierta forma sus creaciones infantiles y sin
violentarles las configuraciones pintorescas.
Sabéis que en los "Jardines de infantes" terrenos, aunque queráis explicar ciertas cosas a los
niños de mayor progreso, tendréis primero que adaptarlos, ya que se encuentran poblados de
fantasías y candidez. ¿Comprendéis ahora esa situación en el astral?
Pregunta: Naturalmente, pero aún encontramos ciertas dificultad para comprender con éxito y
buen sentido, ese modo de vida astral tan primitivo. A nuestro entender, el Más Allá debiera ser el
camino de vida, íntimamente espiritual, o en último hipótesis, un panorama mucho más evolucionado
que el de la Tierra. ¿Nos cuesta comprender que los desencarnados en el siglo XX aún tengan que
convivir en un panorama astral que es copia fiel del siglo XV?... ¿Estamos equivocados?
Atanagildo: No debéis generalizar el asunto, pues, circundando el astral del globo terráqueo,
existen muchas colectividades espirituales, cuyo padrón de vida se adelanta en algunos milenios a
vuestro estado actual. Todo es cuestión de equilibrio vibra- torio y, cuánto más se utilizan y
espiritualizan los espíritus, tanto más se apartan "interiormente" de la sustancia material. Así
como en el astral se agrupan almas medioevales, en la Tierra existen criaturas que aunque
conforman el padrón social, artístico, científico o técnico del siglo actual, ya son mentalmente
adelantados en algunas decenas de años terrestres, pues en su intimidad espiritual, consiguen
alcanzar un padrón vibratorio que sólo existe en las metrópolis astrales más avanzadas. Sienten
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

con bastante anticipación, un concepto de la vida, que sólo en el futuro será transferido o
"descendido" desde lo Alto hacia el plano de la materia.
Tenemos el ejemplo de Jesús, que es la entidad que alcanzó el más alto padrón estético de vida
en el planeta y que además se pueda concebir en la vida terrena. Aunque existen colonias astrales
que reflejan fielmente los padrones graníticos y arquitectónicos de la Edad Media, habitadas por
espíritus que se revisten hasta de armaduras y se mueven en una atmósfera de recordaciones
sombrías, en las altas esferas palpitan otras colectividades, que se mueven en el seno de
edificaciones recortadas en el éter refulgente, en donde los colores, los perfumes y las luces, en
divina simbiosis, componen los más sorprendentes efectos sinfónicos y forman indescriptibles
bordados vivos y melódicos, que no sólo embellecen el ambiente, sino, que predisponen el alma para
ingresar en las "corrientes cósmicas" y sentir la pulsación creadora de la vida eterna.
En el ambiente astral de las edificaciones anacrónicas, las almas tradicionalistas y conservadoras
se mueven esclavizadas por el pasado, llegando hasta utilizar animales para su transporte, mientras
que las agrupaciones más elevadas, se mueven por medio de la volición, o sea la fuerza mental, con
la cual impulsan sus periespíritus llenos de diáfana luminosidad, que se mueven como si fueran
paños de seda al contacto de una suave brisa.
El mismo poder mental que cristaliza los ambientes anticuados entre las almas letárgicas, cuando
es utilizado por los espíritus superiores, en su más alta dinamización, crean panoramas que aún
deberán pasar algunos milenios para ser alcanzados por vosotros.
Pregunta: Cuando se desencarna, ¿no sería lógico que inmediatamente desapareciesen las
ideas viejas del pasado, substituyéndolas por conceptos más avanzados? Encontramos algo antigua
esa estratificación de ideas en los espíritus desencarnados que se obstinan en conservar
agrupaciones tan retardadas, cuando en la Tierra debieran haber conocido el automóvil, el avión y las
estructuras modernas de los edificios. ¿Todo eso no os parece algo contradictorio?
Atanagildo: Exageráis en vuestras apreciaciones y dudas, pues aunque exista en vuestra patria
esa estructura moderna en los edificios y se haga uso de vehículos rápidos, aviones a chorro,
radiofonía, televisión, cocinas eléctricas, heladeras, ropa confortable, liviana y funcional, aún
subsisten los países en donde vegetan los reyes coronados, los cortesanos seculares y los hidalgos
conservadores, aferrados a los blasones de latas, condecoraciones de metal, insignias y galardones
dorados, que las polillas continúan picando en los baúles envejecidos y las armaduras medioevales
que el herrumbre carcome.
La propia Iglesia Romana, que tanto trabajó para divulgar el mensaje del Cristianismo, como
doctrina libertadora de todos los tabúes y prejuicios terrenos, no se agota en su complicado y
fatigante ritual, mientras que el Vaticano se rodea de una pomposa guardia revestida de armaduras
bélicas.
¿Esa guardia no es una demostración cabal, de ciertos hombres que aceptaron el encargue de
ejemplificar a través de un alto tenor espiritual, liberado de fórmulas mundanas y sin embargo, no
pudieron librarse de las tradiciones anacrónicas de los siglos empolvados?
Es suficiente observar, en vuestro mundo, cómo criaturas llamadas para servir en puestos de
responsabilidad en la administración pública o en el seno de las iglesias religiosas, más tarde ?e
asemejan a viejos museos ambulantes, llenos de joyas carísimas, cubiertos de mantos lujosos,
moviéndose con exagerada pomposidad por los palacios seculares o por los templos suntuosos, se-
mejándose a autómatas que se exhiben en vidrieras de modas.
Pregunta: ¿Después que esos espíritus ingresan en el mundo Astral no pueden reajustarse a la
realidad del medio y desligarse de las tradiciones, que sólo se justifican como obligaciones comunes
a las responsabilidades oficiales de la Tierra?
Atanagildo: Sabéis muy bien, que la Tierra no deja de ser un mundo en constante progreso, que
alcanza a todas sus órbitas de acción y trabajo y de esa manera, también podrían despertar a esas
criaturas. Sin embargo, no dejan de ser almas deliberadamente conservadoras y estratificadas a los
atavismos tontos tradicionales; viven totalmente encadenadas a atavismos tontos y a preconceptos

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

envejecidos, porque su índole psicológica les impone esa resistencia decidida contra el dinamismo
común de la vida. Entre ellos, se encuentran aquellos que cruzan las calles de las capitales modernas
con vestimentas excesivamente lujosas, como también los que agotan las reservas de los cofres
públicos, haciéndose transportar en vehículos arrastrados por fogosos corceles, con vistosos
cocheros trajeados, sin notar que esas costumbres tienen un sello característico secular. Mientras
esas criaturas reproducen las viejas costumbres del pasado, en las mismas calles se mueven y
circulan velozmente automóviles fabricados aerodinámicamente, cuyos conductores en manga de
camisa gozan de las delicias del Sol benefactor o las mujeres cuyos vestidos son una invitación
primaveral del siglo XX.
Mientras millares de criaturas de vuestro mundo se entregan al dinamismo avanzado de la vida
humana, dominadas por el júbilo, apegadas a las risas felices y despojadas de las convenciones
inteligentes, otras, se esclavizan con el orgullo de los blasones, de las condecoraciones y
aparatosidades sofocantes, como si fueran viejos actores de la tragedia shakespeareana. Esas
criaturas, no viven, vegetan bajo una fuerte disciplina protocolar hasta su último suspiro, cuando la
muerte del cuerpo los llame hacia la realidad espiritual.
Por eso mismo, después que ingresan en las colectividades astrales, distantes de esos
convencionalismos ridículos y aristocráticos de la Tierra, no logran equilibrarse en las esferas avanza-
das, porque les falta la espontaneidad de los cariños, la felicidad de conquistar relaciones amigas,
que en el Más Allá no se consiguen a través de ceremoniales fatigosas o a cambio de fingidas
etiquetas sociales.
Pregunta: ¿Podría darse el caso, en que esas almas se esclavicen a las convenciones sociales y
al protocolo agotador, porque en realidad, provienen de alguna estirpe espiritual?
Atanagildo: Cuántas veces las realidades de la vida humana, se encargan de desmentir, la
pretensión de ser un descendiente aristocrático espiritual de mucha jerarquía y no pasa de ser un
detalle de un ambiente delicado. Cuántas veces las revoluciones populares, las caídas de los
regímenes políticos, el fracaso financiero o el desastre económico, arrojan a ciertas criaturas dema-
siado apegadas a la vida fácil hacia las encrucijadas que les depara la vida de la pobreza, y en donde
individuos de "alta estirpe" terminan lavando lozas, vendiendo diversos artículos, o dedicándose al
corretaje en profesiones modestísimas. Cuántas transformaciones violentas revolucionan a los países
carcomidos por el vampiro de la aristocracia ociosa. Es entonces, cuando los condes, duques,
barones y las princesas se ven obligados a trabajar en el banco del modesto operario, en los lugares
húmedos de las excavaciones, dirigiendo vehículos de transportes, o como costureras pobres, como
sucedió con el fastuoso imperio ruso.
Pregunta: ¿Cuál es la medicina más apropiada a aplicarse a esos espíritus conservadores y
tradicionalistas, para que se modifiquen en su medieval ambiente del astral?
Atanagildo: Es la Bondad del Creador el que instituye esa transformación de clases, fortunas y
poderes, de la que os hablé, cuando las almas endurecidas, esclavas a las tradiciones y sin adelanto
espiritual, son arrojadas de pedestales de barro y expulsadas de su aristocracia vanidosa. Gracias al
nuevo rumbo, que en forma violenta se les impone en la corriente común de la vida humana, o
regresando más tarde, en una nueva encarnación en medio de una pobreza extrema, esos espíritus
demasiados rutinarios, pierden el excesivo orgullo de casta y la obstinada idea de superioridad social,
para volver a formar filas con sus hermanos de evolución espiritual, abandonando definitivamente el
protocolo agotador de las existencias artificiales.
Como las ciudades y poblaciones astrales son comunidades de carácter provisorio, que sirven
para atender a las más variadas graduaciones de espíritus en constante ascensión, no será entonces,
el ambiente medieval de ciertas colonias el que ha de modificarse, sino, que la transformación será
en sus moradores, transferidos definitivamente hacia otras más evolucionadas: muchos espíritus que
siguen la marcha a la retaguardia, todavía precisarán de tales ambientes anacrónicos para sus
estacionamientos astrales.
Pregunta: ¿El actual padrón evolutivo de la Tierra, dista mucho de esos tipos de colonias
antiguas, que aún existen en el plano astral?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: El orbe terráqueo, en verdad, se sitúa en la actualidad entre dos tipos espirituales
extremos; de un lado tenéis al tipo tradicionalista, conservador y apegado drásticamente al pasado
de las formas envejecidas, angustiándose continuamente, al pensar que han de dejar al mundo físico;
del otro lado, se encuentra el tipo idealista, valeroso, heroico, que es censurado y combatido en sus
trabajos avanzados, pero que es responsable de los nuevos padrones evolutivos del mundo, pues
combate los horizontes sombríos y abre nuevas brechas para el avance de las masas humanas.
Siempre se mueve al frente de las masas retardadas, que en la melancólica marcha requieren el
aguijón constante del dolor y de las vicisitudes humanas, para poder sacudir el polvo que les oprime
la mente conservadora. El idealista constituye el grupo menor y se dispersan, solícitos por todos
los caminos de la vida terrena, porque no consiguen adaptarse a las fórmulas estratificadas y no se
satisfacen con las convenciones y conceptos demasiado inteligentes de la sociedad. Ellos procuran
alcanzar la Verdad como ideal de la Ciencia; el Bien como ideal de la Moral; la Belleza como ideal del
Arte, y el Amor como ideal de la Religión. Son conocidos en la Música como un Beethoven, Wagner,
Mozart o Verdi; en la Pintura como Tiziano, Da Vinci o Cézanne; en la Literatura como Flaubert,
Cervantes, Dickens o Zola y en la Fe y en la Verdad, como Krisna, Buda o Jesús. Ellos marchan al
frente de la caravana dominada por las supersticiones del pasado, por los prejuicios sociales o por las
tradiciones de la vanidosa aristocracia del mundo.
Pregunta: Por lo que manifestáis, deducimos, que en el mundo astral las razas terrenas se
reúnen de nuevo. ¿Es en realidad así?
Atanagildo: En el Más Allá, los espíritus no sólo se reúnen bajo la misma tendencia y naturaleza
espiritual, sino, que se agrupan por la afinidad de raza, sentido psicológico y concepción filosófica,
resultando un padrón armonioso y familiar, que favorece mucho al trabajo realizado en conjunto. Así
es que en el mundo astral, aún se puede encontrar colonias formadas fundamentalmente por latinos,
eslavos, germanos, sajones, árabes, indianos o chinos, los cuales conservan sus costumbres
tradicionales.
Aunque las almas desencarnadas puedan reunirse por los vínculos de las razas terrenas, lo
mismo pueden constituir civilizaciones muy avanzadas para vuestros días, como crear agrupaciones
que son esclavas a las tradiciones del pasado. La esfera astral, alrededor del globo terráqueo, es la
región en donde se agrupan todos los desencarnados terrenos, por lo tanto, es natural, que en esa
región se produzcan actividades como si se tratara de otra Tierra semejante, pero mucho más rica en
oportunidades espirituales, en base a su esencia sutilísima que amplía los recursos de sus
habitantes. Por esa causa, también podréis encontrar, en el Más Allá, todas las diferencias
pintorescas y las contradicciones muy comunes aún en el mundo material.
Pregunta: Perdura aún en nuestra mente, la idea, que la desencarnación debiera bastar para
abolir la mayor parte de esas ilusiones que los espíritus aún cultivan y que son propias a las
colectividades de nuestro mundo terreno. Nos parece a nosotros, que así los ateos debieran
convencerse de su inmortalidad, después de muertos, esas otras almas, rutinarias y tradicionalistas
también han de tener que ajustarse a la espontaneidad de la confraternización universal, eliminando
el espíritu racial. ¿Qué nos decís al respecto?
Atanagildo: Es necesario tener presente, las condiciones mentales de los espíritus
desencarnados, así como tenéis en cuenta, en la pedagogía infantil, las creaciones imaginativas que
abundan en el cerebro de los niños. No se puede exigir a la niña, que finge ser madre, cuando
envuelve a las muñecas, la misma responsabilidad en la concepción de los hijos, que compete a la
mujer adulta. Sería absurdo, que exigieseis al niño que se distrae con sus "juegos" de armar casas
con pedacitos de madera, la misma responsabilidad que se atribuye al ingeniero en la construcción
de un "rascacielos".
Así como en vuestro orbe material y en la misma área geográfica tenéis un ejemplo, de cómo
difieren los estados del alma de los individuos, pues, mientras Einstein aleccionaba sobre la ley de la
relatividad, Toscanini dirigía una magnífica orquesta sinfónica y el culto orador magnetizaba al público
con la genialidad de su palabra y a pocos metros de distancia algunos espíritus se debatían en el
ambiente enfermizo de los cuartos infectados de los hospicios. Sin duda, que poco se adelantaría

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

colocando a los locos, en el ambiente festivo de un hotel de lujo o llevarlos a que gocen de la poesía
del paisaje campestre, pues ellos seguirán siendo infelices en su intimidad enferma y perturbada por
el vacío de la razón.
Mientras algunas criaturas se aficionan al dinamismo de la vida moderna y derrumban paredes
encastilladas, asean antiguos salones, modifican el estilo petrificado de las residencias faraónicas,
edifican ambientes modernos, llenos de luz y de aire, otros seres prefieren crear la atmósfera
opresiva en los castillos medioevales en donde la polilla y los parásitos sobreviven protegidos por los
muebles seculares y por lo gruesos tapetes de adorno.
Esos espíritus no precisarán desencarnar para comprobar que hay gran cantidad de criaturas,
adversas a tales costumbres tradicionales; su simpatía por las cosas que desean que les sean
propicias los acompañan hasta después de la muerte corporal y los incitarán a los invencibles
recuerdos de la vida terrena.
Pregunta: ¿El advenimiento de la máquina, no creó una extraordinaria revolución en las
costumbres humanas? Creemos que en esas colonias antiguas, existentes en el astral, se podrían
efectuar grandes transformaciones mentales, siempre que se acompañen con algunos progresos,
como sucedió con la mecanización admirable en la vida física. ¿Cuál es vuestro parecer?
Atanagildo: Sin querer contrariar a vuestras justas apreciaciones, algunos pueblos europeos y
asiáticos de la Tierra, son esencialmente afectos al tradicionalismo del pasado, por cuyo motivo
resisten deliberadamente a la infiltración avanzada de las máquinas modernas. En las márgenes del
Ganges, del Nilo y del Eufrates, campesinos y pensadores inteligentes, se obstinan y rechazan los
utensilios, instrumentos agrícolas y embarcaciones que harían subir la sangre de espanto a vuestros
bisabuelos...
Ciertos principados, sultanes o jefes de tribus emancipadas, repelen los simples trajes de la vida
moderna, porque aprecian las pompas, el ceremonial y las etiquetas reales, sintiéndose vo-
luptuosamente felices cuando pueden ostentar insignias, galardones, vestuarios brillantes de pedrería
y condecoraciones del tiempo de los imperios, los cuales, son mal protegidos del polvo y el recuerdo.
El mundo moderno, lleno de actividades renovadoras y de un cientificismo que va demoliendo
superficialidades y aproximando todos los extremos de la vida humana, aún no consiguió modificar la
intimidad de esas criaturas llenas de ideas anticuadas v que creen poseer una genial sapiencia...
Es obvio, por lo tanto, que después de la desencarnación, esas criaturas se dejarán dominar por
las imágenes mentales regresivas, sometiéndose únicamente a las reglas conocidas y a las
tradiciones que les son simpáticas. Como la vida después de la tumba, depende fundamentalmente
de la fuerza mental que posee el espíritu desencarnado, en donde funciona el pensamiento como su
potencial de relaciones y progreso, ningún advenimiento progresista, semejante al que ocurrió con las
máquinas en la Tierra, podrá romper las cristalizaciones mentales de esas almas esclavas a las
reglas envejecidas.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

COLONIAS DEL ASTRAL


Razas y Nacionalismos

Pregunta: ¿Las colonias, agrupaciones o ciudades astrales que existen alrededor de la Tierra,
conservan siempre las características de las razas o de las ciudades terrenas, situadas en sus
proximidades?
Atanagildo: Alrededor de Brasil, por ejemplo, hay grandes cantidades de puestos, departamentos,
comunidades, colonias, organizaciones y metrópolis astrales de todos los matices evolutivos y con
denominaciones de cierta poesía sideral; sus poblaciones varían de acuerdo con la mayor o menor
aproximación de sus núcleos, en la superficie del globo terráqueo. Son comunidades laboriosas, en
constante actividad e intercambio con vosotros, que asisten y protegen a todos los trabajos evolutivos
y también, armonizan las relaciones entre los "vivos" y los "muertos" del Brasil.
Lo mismo sucede en otras esferas; sobre cada país de Europa, Asia, África y las Américas hay
comunidades astrales que conservan las características peculiares a cada pueblo o raza de las zonas
geográficas que ellas supervisan desde el mundo invisible, en conformidad con las directrices que les
son trazadas por la Administración más Alta y responsable por la dirección del globo terráqueo. Entre
la gran cantidad de espíritus situados en el astral, os aseguro, que diez billones aún carecen de
encarnaciones en la corteza terrestre de vuestro planeta o de otros más inferiores, que sin lugar a
dudas, tomarán cuerpo, después de la gran selección profética, que ya se efectúa en este siglo.
Pregunta: ¿Junto a esos países o ciudades terrenas, también hay colonias de espíritus
diabólicos, que siguen las costumbres de la región física conque simpatizan?
Atanagildo: En las regiones situadas en el astral inferior de cada país terreno viven colectividades
sombrías, dirigidas por entidades tenebrosas, que aún conservan costumbres parecidas a las que
tenían en la materia y que luchan por alcanzar el dominio del mundo físico y son adiestradísimas en
las prácticas de la venganza y en la prepotencia diabólica. Son las que incentivan en los encarnados,
la ambición, la lujuria o la crueldad y al mismo tiempo se vengan en los infelices espíritus que se en-
cuentran afectados por sus culpas, remordimientos y envilecimientos. Sin embargo, esas
comunidades negras ayudan a esas almas delincuentes, que parten hacia allí, endeudadas con el
mundo terreno, pues aunque ejerzan la venganza y les impongan atroces sufrimientos a sus víctimas,
a su vez, les proporcionan el pago de sus deudas y las condiciones vibratorias para retornar a la
práctica del Bien.
En esas regiones dantescas, en donde no se conoce la piedad o la tolerancia para los que
deformaron su carácter en los pecados del mundo, el padecimiento es obligatorio, a semejanza de las
intervenciones quirúrgicas, destinadas a la extracción de tumores malignos, refractarios al tratamiento
clínico. Esos espíritus entregados a las pasiones animales, sólo en esas colonias podrían corregirse,
lo que sería imposible en las esferas sutilísimas de las vibraciones superiores; además, esas almas
precipítense en los abismos tenebrosos del astral inferior, forzadas por el peso específico de los
fluidos lodosos que se adhieren a la superficie del periespíritu, perturbando la libre circulación del
magnetismo benefactor.
Pregunta: Hay quiénes afirman, basándose en las comunicaciones mediúmnicas, que las razas
se reúnen en el Espacio, afinadas por un mismo sentimiento patriótico-racial. En una ocasión
manifestasteis, que esas agrupaciones astrales eran el producto de las cualidades morales de los
espíritus y no de su disposición afectiva de raza. ¿Podríais aclararnos ese punto?
Atanagildo: El problema es más completo de lo que imagináis; por ejemplo: las almas que hayan
consolidado en sí la virtud de la sinceridad, pueden formar en el astral, una sola colectividad, creando
entonces, la colonia de espíritus sinceros, importando poco que éstos provengan de África, Europa,
Asia o de las Américas, pues la virtud de la sinceridad es la que realmente servirá de diapasón para
indicar el derecho de morada en la comunidad.
Es obvio que tal confraternización sólo será realizable en esferas elevadas, en donde ha
desaparecido el sentimiento racial, por el conocimiento de la existencia de la familia universal.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Bajo una orientación semejante, la metrópoli del Gran Corazón realiza un trabajo especial sobre
determinada región geográfica y astral del Brasil, seleccionando a los espíritus descarnados que
presentan el padrón espiritual exigido por el ambiente.
Pregunta: ¿Podríamos conocer algunos detalles de ese padrón espiritual exigido por la metrópoli
del Gran Corazón a los desencarnados brasileños?
Atanagildo: Los candidatos a la vida en nuestra metrópoli son los que manifiestan cuando están
encarnados, las virtudes que marca el padrón de nuestra vida astral, como ser la devoción al estudio
de la espiritualidad, desapego a las formas ilusorias de la materia y la liberación completa de
exclusivismos religiosos y doctrinarios. Lo que más dificulta el libre ingreso en la metrópoli del Gran
Corazón, es el espíritu sectario y divisionista que poseen la mayoría, y a su vez motivo de grandes
desentendimientos y separación entre los hombres.
Pregunta: Por lo que manifestáis, deducimos que la metrópoli del Gran Corazón es también, una
colectividad con característica racial, pues sólo atiende a los brasileños...
Atanagildo: Es razonable que os sorprendáis con ese aparente "nacionalismo" de nuestra
comunidad astral, porque hasta los brasileños que desencarnan en otros países también son encami-
nados hacia las colonias astrales que circundan al Brasil. Eso sucede, no por cuestión de
nacionalismo, sino, obedeciendo a los planes organizados muchos antes de sus encarnaciones en
Brasil y porque son espíritus afiliados a nuestra metrópoli, cuyo protección y educación en la Tierra
quedó a cargo de nuestros departamentos astrales. Del mismo modo, cuando vienen espíritus de
otras razas, determinados por orden superior para hacer una especie de estacionamiento en nuestra
metrópoli, antes de nacer en Brasil, también quedan bajo la dependencia de estos departamentos,
una vez que son responsables por los programas y aprendizaje espirituales en la zona brasileña de
su jurisdicción espiritual.
Que esos espíritus desencarnen en Brasil o en cualquier país en donde hayan tenido que residir
o visitar, son encaminados hacia nuestra comunidad, desde el momento que presentan condiciones
vibratorias favorables al ambiente a que están afiliados.
Pregunta: ¡Creíamos hasta ahora, que la separación de razas y los nacionalismos patrios, eran
exclusividad de la Tierra!
Atanagildo: Aquí no se cultiva ningún nacionalismo patrio, en el sentido de separar a los
desencarnantes, eso es secundario, pues nuestros actuales conocimientos son más que suficientes
para reconocer, que los países, en la Tierra, significan agrupaciones de almas creadas por Dios y
destinadas a la misma ventura espiritual. La situación racial es cosa provisoria y de ínfima im-
portancia para la eternidad del alma, ya se encuentre ella en el mundo físico o en el plano astral. Los
conjuntos raciales son necesarios en vuestro mundo, porque en su comienzo, ayudan a la educación
y al progreso de los espíritus aún inmaduros de conciencia, que son favorecidos con lo preliminar del
conocimiento, gracias a la formación de grupos simpáticos y a la facilidad de relaciones, para el
intercambio natural entre las mismas costumbres y tradiciones patrias.
Peor sería, si ese espíritu patrio, conservador o defensivo fuese mantenido exclusivamente en el
seno de la familia, entre la parentela consanguínea, como sucedía en el pasado, cuando se genera-
ban sangrientos conflictos entre las tribus originarias de la misma región patria.
Pregunta: ¿No sería más práctico que el espíritu hiciese su ascensión espiritual en el seno de
una sola raza o que pudiera acelerar sus conocimientos, en base a la familiaridad constante del
medio en que reencarna?
Atanagildo: En cada país existen factores tradicionales y clima psicológico diferente, que ayuda
mucho a los espíritus en sus variadas encarnaciones, para que pueda desarrollar ciertas cualidades,
que han de ir modelando poco a poco la configuración de su conciencia en el Tiempo y en el Espacio.
Como simple ejemplo, os recuerdo a vosotros, que el clima festivo e iluminado de Italia favorece la
inclinación de las criaturas hacia el canto o la música, mientras que en otros países europeos —cuya
atmósfera es melancólica y de naturaleza severa— se desenvuelve mejor el espíritu científico e
investigador y también organizador. Mientras que el ambiente bullicioso y fatigante de Occidente,

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

conduce a sus habitantes a la neurosis, por el excesivo dinamismo psíquico; en ciertas regiones de
Oriente la encarnación significa la dádiva de la "pausa mística", que permite al alma cansada
proseguir con su aprendizaje espiritual bajo el confort del reposo contemplativo.
Aunque las colonias astrales más cercanas a las corteza terrestre coordinen sus actividades de
un modo aparentemente racial, no es su objetivo fundamental, ni lo hacen por cuestiones de
nacionalismo o separatividad, sólo se realiza para una mejor supervisión y administración de sus
afiliados, que se agrupan en un pueblo o país terreno.
Pregunta: ¿Esos espíritus al reencarnarse, interrumpen alguna tarea en sus colonias astrales,
para volver a retomarlas a su regreso de la vida material?
Atanagildo: Algunas tareas comenzadas en la metrópoli pueden quedar interrumpidas, cuando los
responsables precisan reencarnarse con el fin de saldar sus débitos pasados en la Tierra.
Pero, también es cierto, que después de la desencarnación, por muy distantes que esos espíritus
se encuentren, deberán regresar a su morada astral, en donde pueden haber dejado tareas per-
sonales a terminar, como pueden encontrar facilidades para prestar ayuda y asistencia a sus
descendientes y familiares aún encarnados.
Estos servicios son comunes a todas las colectividades espirituales que están situadas sobre
cada país o pueblo terráqueo, que aceptaron la responsabilidad de asistir y proteger a los "nacidos" y
"fallecidos" en la región o territorio de su jurisdicción.
Pregunta: Suponíamos que la finalidad de esas ciudades astrales serían habitadas
exclusivamente por espíritus provenientes de una sola raza terrena, para estimular entre ellos un
nuevo sentido patrio o nacionalismo separativista, aunque de un orden más elevado.
Atanagildo: Eso podría ser en un clima psíquico de regiones inferiores, en donde predomina el
egoísmo feroz y el orgullo insano. El espíritu que merece habitar nuestra metrópoli es escogido por su
elevada cualidad espiritual y no por su nacionalidad. Aun en vuestro orbe terráqueo y en el seno de
las razas más egocéntricas, podréis encontrar hombres completamente despegados del fanatismo
patrio y entre los cuales, hay quienes trabajan enérgicamente por la confraternización de todos los
pueblos y de todas las razas. Actualmente, tiene muy buena acogida en la Tierra la idea del
"Ciudadano del Mundo" y se fundan "fraternidades" en un trabajo que se podría denominar, casi de
equipo, procurando la fusión de todas las naciones en un solo "todo", regido por un gobierno de Paz y
Justicia.
El hombre que se liberó del círculo de hierro de las reivindicaciones de los derechos de raza y de
patria, poco le importa que lo sitúen en esta o aquella comunidad astral, pues es inmune a esa pasión
enfermiza, que aun divide tanto a los hombres terrenos y los conduce a las masacres sin glorias, en
las guerras fratricidas.
Pregunta: Reflexionando sobre la existencia de esas agrupaciones astrales, formadas por
espíritus provenientes de un mismo país (como en el caso de la metrópoli del Gran Corazón, formada
por una agrupación de brasileños), nos viene a la mente, que en los planos más altos deben existir
otras comunidades astrales superiores, responsables por la administración y el progreso de las
ciudades de desencarnados situadas más abajo. ¿Estamos errados?
Atanagildo: A medida que los espíritus se elevan hacia las regiones más "puras" o más "altas" o
como mejor quisierais conceptuarlas, es obvio que ingresan en colectividades de mayor
responsabilidad administrativa del planeta terráqueo; su supervisión alcanza a países enteros, razas y
también a continentes. En la misma faja vibratoria del astral que se sitúa la metrópoli del Gran
Corazón, viven otras comunidades astrales, con igual responsabilidad, pero, controlan ciertas zonas
geográficas de países europeos, africanos, asiáticos y americanos.
Por encima de esa región superior se encuentran las "naciones astrales" de cada raza o pueblo
terreno, gobernadas por espíritus responsables, por la cohesión y progreso de las cinco razas
principales que pueblan los cinco continentes notables de la Tierra. Nos explican los espíritus más
sabios, que la esfera "más alta" o "más íntima" de todo el astral terráqueo es tan quintaesenciada o
tan sutilísima, que se desvanece como franja luminosa alrededor del globo terrestre y su aura alcanza
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

más de la mitad de la distancia entre vuestro planeta y la Luna. A través de la esencia de esa alta
región astral, que se asemeja a una eterizada cabellera de luz en torno a la Tierra, también se
procesa a intercomunicación con las esferas astrales de los otros planetas de la constelación solar.
Justamente, en esta última esfera tan quintaesenciada es donde trabaja la comunidad angélica
directora del planeta Tierra, y donde se encuentra el sublime reino del Magnánimo Jesús.
Pregunta: Si esa es la organización administrativa en el astral, pensamos que nuestra patria
también debe ser administrada por una comunidad especial. ¿No es verdad?
Atanagildo: En la metrópoli del Gran Corazón algunos millares de almas, de índole universalista,
ayudan al desenvolvimiento artístico, para reformar costumbres y actividades de determinadas zonas
geográficas brasileña, y nuestra ciudad también es administrada por otra comunidad astral, más
elevada y más amplia, que si quisierais la podríais denominar también de "Brasil". Ésta, a su vez, está
bajo la jurisdicción del continente astral "Sudamericano", y así sucesivamente, hasta terminar en la
jerarquía responsable de todo el planeta Tierra. Conforme me informaron en la dirección de nuestra
metrópoli, más allá de la esfera astral, en donde está situado el gobierno de Jesús, se encuentra la
administración espiritual constelatoria, que es la responsable de la vida y el progreso de nuestro
sistema solar.
Pregunta: ¿Cuáles son los tipos de espíritus que pueden habitar esa comunidad más elevada,
que denominaremos de "Nación Astral del Brasil"?
Atanagildo: A pesar de esa apariencia de nacionalismo o racismo que atribuís a nuestra metrópoli
espiritual, lo que realmente se confiere es el derecho de habitarla, por su tono vibratorio sideral y no
por la raza o nacionalidad terrena a que pertenezca. Más bajo que nuestra metrópoli, en planos más
inferiores, hay otras colonias y agrupaciones de espíritus también brasileños, cuyo padrón espiritual
es más bajo porque viven seriamente preocupados con el tradicionalismo de razas y diferencias
emotivas de patria. Por eso es de lamentar que entre los propios brasileños encarnados se originen
subdivisiones de orden político, económico, religioso o social. Durante los períodos de grandes
transformaciones políticas, elecciones para cargos legislativos, nombramientos administrativos o
substitución de gobiernos, acreciéntense los odios entre los hijos del mismo Brasil y se acusan
mutuamente de infamias, enlodándose de un modo terrible, en procura de la codicia por las
situaciones fáciles o privilegios públicos. En el campo religioso, otra clase de brasileños también se
hostilizan, debido a la naturaleza de creencias y doctrinas; trabajadores espiritas y católicos,
sacerdotes y adoctrinadores atacan a sus hermanos que divergen en sus puntos de vista o creencias,
usando los pulpitos o las tribunas o editando revistas, diarios o panfletos deplorables. También es
dado observar durante algunas tradicionales confraternizaciones deportivas, cómo sube el odio a los
corazones de los brasileños cuando las criaturas ignorantes se insultan o se agreden públicamente
debido a las preferencias por ésta o aquélla asociación predilecta.
Es lógico, que tales brasileños, al desencarnar, no estarán en condiciones de alcanzar la
metrópoli del Gran Corazón y mucho menos la "Nación Astral del Brasil", para cuya conquista no
hicieron méritos, pues ni siquiera han conseguido adaptarse a su propio territorio patrio. Allí no se
admiten espíritus que trabajan aislados y rodeados por sus exclusivos intereses, egoísmos y codicias,
extraños al Bien común, cual quistes que surgen en la sociedad. Los encarnados, ya sea en Brasil, en
Francia, en China, en Egipto o en Groenlandia, aun se adhieren fanáticamente a sus intereses
partidarios, credos exclusivistas o regímenes particulares, incrementando sus separaciones y
formando grupos adversarios, que tanto contrarían la armonía del todo nacional, como el de los
mundos superiores.
Pregunta: ¿Es condenable que cultivemos ciertas simpatías o preferencias personales en
nuestras relaciones humanas, ya sea en las luchas políticas o en nuestros juicios, sobre nuestros se-
mejantes?
Atanagildo: En donde existen preferencias personales hay conflicto en todo. Cuando grupos de
individuos luchan y entran en competición debido a las simpatías o intereses políticos particulares —
aunque eso se juzgue como un derecho humano, de pensar y accionar— no hay duda que se está
fomentando la separatividad. Los espíritus que desencarnan en conflicto con su propia patria, pueden
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

no merecer censuras por sus simpatías o preferencias personales, pero es evidente, que aun no
merecen habitar comunidades espirituales en donde se terminaron las conflictos de razas, cuando
más los de la patria. De acuerdo con la "ley de los semejantes", serán inmediatamente atraídos hacia
grupos de espíritus que vibran en las mismas disposiciones egocéntricas y separativistas. Aquí, en el
Más Allá no faltan grupos de brasileños "separados" y compatriotas viciados en las discusiones
estériles, devotos a la ambición y a la politiquería.
Muchos de ellos, que abusaron del admirable don de la palabra, desperdiciándola con el exceso
de promesas no cumplidas y discusiones infecundas, cuando puedan reencarnarse nuevamente
tendrán que hacerlo como mudos, quedando impedidos de conturbar nuevamente a la colectividad
nacional, que tanto mancillaron.
Pregunta: ¿Según vuestras consideraciones, queréis decir, que sólo los brasileños podrán habitar
la alta comunidad espiritual del "Brasil" no es así?
Atanagildo: La colonia astral o la comunidad responsable por toda la vida física y espiritual en el
Brasil, no se habitaba exclusivamente por los "grandes brasileños", si lo clasificáis así, con el deseo
de exaltar su alto prestigio público. Allí se encuentran brasileños, que en servicios de renuncia
personal, mucho dieron de sí en favor de la Paz y del Bien colectivo de la patria. No fueron
prepotentes políticos, ni alimentaron diferencias religiosas, cuando fueron llamados a ocupar cargos
en la administración pública, ni se apoderaron de los bienes de la Nación, para el goce y el lujo de
sus familiares o amigos privilegiados. Fueron honestos, pacíficos y cooperadores de todas las ins-
tituciones asistenciales, insuflando vida y ánimo a todo servicio que beneficiase a la comunidad;
olvidaron sus propios intereses a favor de su país y muchos de ellos atravesaron la vida bajo el más
severo anonimato.
A esos les cabe el derecho de supervisar y hasta corregir a ciertos brasileños astutos e
interesados, tales como los políticos venales, que llenan sus arcas con el patrimonio ajeno y ciertos
sacerdotes furibundos, que provocan dentro de sus templos o a través de las publicaciones,
procurando separar a los ciudadanos por medio del odio pregonado en nombre de Dios. Esos
grandes brasileños, a que me refiero, consideran a sus compatriotas encarnados como un todo
electivo, por encima de sus caprichos, intereses u opiniones personales. Pueden participar de la gran
comunidad astral que dirige a Brasil, porque ésta, no diferencia individuos, clases o posiciones
políticas, pues sólo admite en su seno a los ciudadanos brasileños, que al partir de la Tierra, ya
conducían en su alma la insignia del "ciudadano del mundo".
Les interesa amparar a los hombres, liberados de las doctrinas filosóficas separativistas, sin
intereses de proselitismos religiosos y alejados de la astucia política, inmunes a la corrupción ad-
ministrativa y que, en lugar de las nociones rígidas de la patria o la raza, posean en sus corazones,
las cualidades fraternas del ciudadano que reconoce a su país, como si fuera un trozo del propio
Universo.
Pregunta: ¿Queréis decir entonces, que la morada en las comunidades superiores, situadas más
allá de la nación astral del "Brasil" también exige un padrón de sentimientos que traspasa las
fronteras afectivas del sentimiento patrio; no es verdad?
Atanagildo: Evidentemente, los espíritus que residen en las comunidades astrales
sudamericanas, europeas, norteamericanas, asiáticas y africanas son entidades cuyo afecto y
entendimiento se prolonga más allá de las fronteras convencionales de la patria, para alcanzar el
contenido afectivo de un continente. Simpatizan con todos los pueblos y razas y su capacidad de
amor es tan profundo, que no tienen noción sobre la nacionalidad. Cuando estos seres encarnan en
la Tierra o en otros mundos físicos, el sentido de patria sólo les parece un accidente sin importancia,
porque siempre ejercieron su actividad en obras de naturaleza y objetivos universalistas. En su
afecto, abrazan a toda la colectividad humana del globo terráqueo y además se han liberado de los
credos, doctrinas o filosofías, y están fuertemente inspirados por el amor a Jesús, que es el
Gobernador Espiritual del orbe y que está situado en la más elevada esfera astral.
Pregunta: ¿Por qué motivo no reconocemos en la Tierra, esa unidad espiritual o unificación
universal de todos los seres, que nos ayudarían mucho a eliminar nuestras comunes nociones sepa-
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

rativistas de patria y de razas humanas?


Atanagildo: Esa unidad espiritual es tan notable en su acción de armonizar a las criaturas, que en
la Tierra se hace sentir, a pesar de la separatividad causada por principios políticos, religiosos,
sociales o filosóficos. Notad, que delante del peligro de una posible guerra o de una catástrofe que
amenaza a la colectividad, virtualmente separada por esas tontas preferencias y principios
antagónicos, se unen amigos y adversarios, se suspenden las hostilidades particulares, a fin de
conseguir la fuerza general y protectora del ambiente. Suponiendo que la Tierra estuviera amenaza
por una invasión de fuerzas belicosas de otro planeta, ¿qué sucedería? Sin lugar a dudas, que
negros, blancos, rojos y amarillos, católicos, espiritas, protestantes y musulmanes, hombres de
cualquier latitud geográfica y de obstinada política religiosa o doctrinaria, se unirían apresuradamente,
con el fin de formar el potencial defensivo de vuestro planeta. En realidad es el sentido de la
unificación, el que despierta.
Pregunta: ¿No podría suponerse, que esa unión de los adversarios para la ofensiva contra la
invasión interplanetaria, se debiera al interés y a la angustia de sobrevivir, más que la comprensión de
la unidad espiritual?
Atanagildo: Aún así, quedaría comprobado, que hay en nuestra intimidad un "eslabón divino",
indestructible y permanente, capaz de aniquilar las situaciones de la vanidad, el orgullo y el
utilitarismo y desconfianza entre los hombres, y hermanarlos en un solo objetivo común. No importa si
lo hicieran por interés o instinto de conservación, lo que interesa, es saber que la unidad espiritual
interior nivela todas las personalidades egocéntricas y divididas por los más contradictorios motivos,
para confirmar que existe en lo íntimo de todas las criaturas.
Pregunta: ¿Un espíritu que desencarna en Francia, más tarde en Italia y después en la India, no
retornará a las colonias astrales respectivas apegado a su nacionalismo patrio? ¿No representaría
esto un círculo vicioso, en donde se cambia de ambiente, pero que no se termina el sentimiento
racista? ¿Cómo se ablanda ese sentido del nacionalismo terreno?
Atanagildo: El sentimiento de amor a la patria se altera en cada nueva reencarnación, a medida
que el espíritu cambia de raza o de país, por eso, se registra entre vosotros acontecimientos
contradictorios. ¡Cuántos alemanes odian a Francia, sin saber que en la última encarnación fueron
franceses que odiaban a Alemania! ¡Cuántos hombres blancos de la América del Norte, , odian a los
negros, ignorando que en el pasado formaban parte I de la misma raza que ahora persiguen! En
verdad que eso no pasa de ser una tonta transferencia de odios, de un lugar hacia otro, por parte del
espíritu y no de la raza o país. Esas almas, después de la muerte del cuerpo físico, sufren los más
pavorosos dolores y remordimientos, avergonzados de sí mismos, al recordar su odio racial.
Lo mismo puede suceder con las almas exageradamente patriotas, cuando regresan de una
existencia terrena, fanatizadas por la última patria en que reencarnaron. Mas la fuerza del espíritu
inmortal trabaja en su interior, pues de tanto cambiar de trajes carnales, vistiendo el ropaje del judío,
del hindú, del polaco, del egipcio, alemán, peruano o brasileño, esas almas terminan incorporando a
sí mismas un poco de cada raza y forman una simpática mezcla de fraternidad, que va en camino de
volverse "ciudadano del mundo". Y, como tendrán que someterse también a las reglas de las
comunidades astrales en que estacionan entre cada encarnación terrena, se va debilitando sus
tradiciones nacionalistas y el orgullo de raza del mundo terráqueo.
Si así no fuera, resultaría que los desencarnados proseguirían aquí con sus conflictos emotivos
de raza y patria, y seguramente, tendríamos que enfrentar también, los problemas de guerras, luchas
y revoluciones fraticidas, con otras agrupaciones de nuestra morada espiritual...
Pregunta: ¿Podríais darnos un ejemplo para poder comprender mejor a ese espíritu de
nacionalidad que cultivamos en la Tierra, con el cual somos diferentes en el Más Allá?
Atanagildo: Podréis tener una idea de lo que sucede en las colectividades astrales, en donde se
unen espíritus provenientes de varias naciones para ejercer un trabajo en común; si recordáis lo que
sucede en la Tierra, cuando diversos individuos se congregan para conseguir un mismo objetivo, sin
perturbarse por diferencias sociales, jerárquicas o profesionales.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Les basta hermanarse en un principio, una doctrina u objetivo filantrópico, para lograr la deseada
confraternidad entre todos. Si queréis un ejemplo, recordaos lo que sucede en el Espiritismo. ¿No se
agrupan médicos, trabajadores manuales, profesores, peluqueros, generales, mujeres, jóvenes,
viejos, ricos, pobres, sabios y analfabetos para prestar un mismo servicio desinteresado, para el
beneficio de la colectividad? Es evidente que existe entre ellos un eslabón indestructible, que los une
fraternalmente, así como el cemento une a las piedras. En el ejemplo dado, la dedicación de todos
hacia la doctrina espirita se transforma en un denominador común, que derrumba los paredones del
personalismo humano y aparta los intereses personales, para que surja un solo conjunto humano,
unido por el mismo ideal.
Las colonias y metrópolis astrales que se interesan por los objetivos superiores, aunque sean
formadas e influenciadas por las tradiciones de la patria y de la raza terrena, se armonizan
permanentemente para el servicio del Bien y en procura de la Felicidad. Bajo tal aspecto, el
nacionalismo cultivado en la Tierra se vuelve un sentimiento sin importancia en el Más Allá, {jorque
los intereses espirituales, que en definitiva ligan a todos os espíritus a su comunidad, sobrepujan en
importancia los conceptos anticuados de la patria terrena. Es obvio, que un hindú, un brasileño, un
ruso, un árabe o un africano que posea sus credenciales de bondad y tolerancia, vale mucho más en
jerarquía espiritual superior, que en su capacidad intelectual o prestigio acreditado en el país donde
desencarnó.
Pregunta: ¿Si en vuestra última encamación fuisteis brasileño y ahora os encontráis en una
metrópoli habitada principalmente por brasileños, no os sirve de incentivo para que tengáis aún viva,
vuestra última nacionalidad?
Atanagildo: Os aseguro que no, por una razón muy simple; cuando yo estaba encarnado en
Brasil, cultivaba sentimientos universalistas, pues en virtud de mis estudios y meditaciones es-
pirituales, estaba capacitado para saber por qué vivía y para qué vivía en la Tierra y que además,
esto resultaba un simple accidente en la vida del espíritu, sin fuerza para perjudicar su identidad
universal. La Tierra significaba, para mí, una admirable sastrería, con el grave encargo de atender la
necesidad de los trajes carnales, que solicitaban los espíritus interesados para peregrinar por la
materia. No me interesaba el discutir los motivos de esas encarnaciones en ése u otro país, si bien
me parecía que algunos espíritus bajaban por mero turismo, atraídos por el paisaje físico, mientras
que otros atendían a su necesidad urgente de cura purgatorial, lavándose en el tanque de las
lágrimas y enjugándose en la toalla del sufrimiento.
Detrás de todas las fisonomías, tipos carnales y personalidades humanas, siempre identificaba al
espíritu inmortal dentro de su vestuario de huesos, nervios y músculos. Para mí, era siempre un
compañero eterno, era la ventana carnal, por la cual apreciaba los problemas del mundo terreno. No
me preocupaba inventariar las razas de acuerdo a costumbres y tradiciones, como tampoco dedicaba
mayor atención a las criaturas oriundas de las naciones privilegiadas, ni subestimaba aquellos que
provenían de razas inferiores. Consideraba a todos como espíritus que intentaban encontrar la misma
ventura que yo también me propusiera. Una gran tolerancia sentía hacia aquellos que aún se dejaban
dominar por la avaricia, la ambición, el celo o la envidia, o aquellos que se afligían por tener oropeles
y privilegios de un mundo transitorio. Los comparaba, a veces, con esos niños que suelen pelear por
un juguete o que se angustian por tener un caballito de madera...
Aun delante del proceder de Anastasio, que fue mi acreedor hostil en el pasado, me esforcé para
no ser dominado por la expresión dramática y humillante del acontecimiento; a veces, lo veía
apartarse de mí y en otras ocasiones me hacía frente públicamente, manifestando ampliamente su
odio, pero mi corazón, en un aire de censura traviesa, me decía que debía reconocer en aquel
hombre, no al adversario indeseable, pero sí, al hermano en espíritu, que sólo estaba pisando su
propia felicidad.
Pregunta: ¿Quiere decir entonces, que vuestro ingreso en la comunidad del Gran Corazón
dependió del modo como encarabais las razas y nacionalidades terrenas?
Atanagildo: Siempre consideré a la Tierra como un amplío hogar en donde el habitante de cada
país es un pariente próximo, mantenido por el presupuesto del Creador, motivo por el cual, quería
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

bien a todas las criaturas que ella cobijaba. Las patrias, las familias y los hogares de todos los
hombres, los consideraba como una prolongación de mi hogar, como si yo viviese al mismo tiempo en
varios climas sentimentales, compartiendo los sueños de todas las razas.
Ha de llegar el tiempo en que esa gran familia espiritual terrena, cuyos miembros se encuentran
dispersos por los más variados climas geográficos del planeta, se congregarán en un solo núcleo de
trabajo y alegría, para usufructuar así, la Paz inmortal, que vive distanciada de los condenables
sentimientos, muy comunes entre los hombres separativistas. Ese sentimiento de fraternidad que yo
mantenía con todos los seres, sin diferenciar razas o condiciones sociales y morales, se desarrolló
aún más en mí, en el mundo astral, y ahora me es dado verificar, sin equívoco posible, que yo
actuaba absolutamente seguro al mantener aquella actitud incondicional de afecto, que es la base
fundamental para que los espíritus ingresen en la metrópoli del Gran Corazón.
Pregunta: ¿No os sentíais a veces, dominado por cierta nostalgia al evocar vuestra vida pasada
en el Brasil, tal como les sucede a los extranjeros que son obligados a ingresar en este astral y
evocan el paisaje, costumbres y tradiciones de la patria lejana?
Atanagildo: Si me ganara la nostalgia por el hecho de haber vivido en Brasil, mayor nostalgia
tendría y hasta me perturbaría, al evocar la vida que pasé en otros países en donde me reencarné
mayor número de veces. En ese caso, mucho antes de evocar la vida en Brasil, evocaría la
ciudadanía de Marte, que es el planeta de origen de mi conciencia individual y del cual fui exilado
hacia la Tierra. Si yo me preocupase por evocar la patria en donde vivió mi espíritu, antes de pensar
en Brasil, debiera recordar a la Atlántida, el Egipto, la Arabia, la Hebrea y principalmente la Grecia o la
India, en donde mi espíritu se demoró más tiempo encarnado. He ahí la gran ilusión de los hombres
terrenos, que al ser mal informados por los sacerdotes, instructores religiosos, filósofos puramente
intelectivos restringen su felicidad presente y futura, en la tentativa tonta de trazar fronteras sobre el
suelo de un mundo provisorio, buscando separarse por la diferencia accidental de color, raza, patria y
religión.
En la intimidad de mi alma, bastante fortalecida por la convivencia con todas las razas, tanto vibra
la pasión de vivir del atlante, como vibra la voluntad del egipcio faraónico, la fuerza indomable del
árabe nómade, el misticismo del hindú contemplativo, la cautela del hebreo desconfiado o la
irreverencia del griego atildado. Y, por cierto, ya palpitaba también en mí algo del ímpetu inquieto y
bullicioso de los brasileños, entre los cuales sufrí la intensidad psicológica de mi última encarnación.
Pregunta: ¿En la metrópoli del Gran Corazón, solo pueden ingresar espíritus exclusivamente del
Brasil?
Atanagildo: No estamos cercados por fronteras raciales o segregaciones nacionalistas, peculiares
a los países terrenos y sí, agrupados por la sintonía de ciertas cualidades espirituales, aunque existen
algunas diferencias personales o intelectuales entre sus componentes. El ingreso de los
desencarnados en nuestra morada astral no depende de que sean brasileños, pero sí, afiliados a la
misma y que posean el tono vibratorio sideral exigido por el ambiente o determinación de lo Alto,
cuando se trata de estacionamientos y aclimatación, para las futuras encarnaciones en el Brasil.
Es verdad que la metrópoli del Gran Corazón ejerce sus actividades exclusivamente en relación a
los espíritus encarnados en Brasil, por cuyo motivo se necesitaba cultivar ciertas costumbres
brasileñas, para lograr un mejor éxito en la ambientación de sus habitantes, así se favorece el
intercambio espiritual entre ellos, debido a la afinidad con la patria.
Pregunta: ¿Por qué motivo la metrópoli del Gran Corazón no amplía su jurisdicción hacia otros
pueblos, pues resultaría una mayor comprensión espiritual, debido a la menor aproximación entre las
razas?
Atanagildo: Los mentores de la metrópoli del Gran Corazón no pueden extender su área de
trabajo y protección a mayor número de almas, de las ya clasificadas y previstas en su comunidad;
para eso, precisarían crear y educar nuevos equipos de trabajadores, destinados a las tareas
sacrifícales junto a la Tierra y a las regiones del astral inferior, y así lograrían que la tarea asistencial y
educativa tan voluminosa y exhaustiva, para su conjunto actual, en poco tiempo se desorganizara,
debido a la insuficiencia técnica del servicio y a la imposibilidad de la renovación panorámica y
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

educativa de la metrópoli. Por ese motivo, las actividades están circunscriptas a los brasileños que
desencarnan en las regiones progresistas del país.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

COLONIAS DEL ASTRAL


Migraciones

Pregunta: ¿La trasmigración de espíritus de una comunidad astral hacia otra, puede realizarse sin
perjudicar a la unidad afectiva de las colonias a las cuales son transferidos?
Atanagildo: En otra oportunidad os hablé sobre los espíritus que debían reencarnarse en países
diferentes a los que vivieron, debiendo anteriormente, realizar un estacionamiento preliminar en la
colonia astral que rodea a la región geográfica en donde encarnarán. Por ejemplo, un espíritu que
haya desencarnado en Europa y debe reencarnarse en Brasil, en la región controlada por nuestra
metrópoli, permanecerá mucho tiempo en nuestro ambiente astral de adaptación, sino presenta el
padrón vibratorio espiritual exigido. El sentido inverso se dará, para el espíritu del brasileño en que el
futuro ha de reencarnar en Europa, el que tendrá que someterse al conveniente proceso que le
preparan en la comunidad astral que dirige al país en donde deberá nacer, a fin de ajustar las
energías psíquicas a su nuevo clima geográfico.
Esa saludable prevención ayuda al futuro reencarnante a conocer mejor sus ascendientes
biológicos y lo predispone para el necesario ajuste periespiritual, que lo ayudará mejor en las cos-
tumbres y temperamento del nuevo pueblo que le servirá de compatriota físico. Es común que cada
raza manifieste un condicionamiento psicológico y un temperamento especial, desarrollados en el
pasado, aunque los espíritus que la compongan conserven en su organización psíquica, sus propias
características individuales.
Notad que el alemán es de índole marcadamente científica, el francés es más inclinado al estudio
especulativo de la filosofía, el italiano profundamente ligado al arte lírico y el hindú esencialmente
contemplativo. Esas características, que son productos de las experimentaciones milenarias y del
magnetismo peculiar de cada ambiente, cuando pueden ser estudiadas con anticipación por los
futuros reencarnantes, reducen bastante las probables y futuras perturbaciones psíquicas, que en
algunos espíritus se traducen en misantropía, desencanto, melancolía e indiferencia, en recuerdos
inexplicables, tal las almas que se sienten totalmente extrañas en el medio que encarnan por primar
vez.
Pregunta: ¿Podemos suponer que puedan ocurrir verdaderas inadaptaciones en esas
encarnaciones migratorias de una raza hacia otra, hasta llegar a encuadrarse en el rol de las
enfermedades psíquicas?
Atanagildo: Algunos complejos freudianos tienen su origen en esas "inadaptaciones" por parte de
los espíritus que cambian hacia ambientes psíquicos opuestos a su índole v condicionamiento
milenario. No será preciso recordaros lo diferente que es el clima geográfico y el medio psicológico en
que vive el hindú místico, si lo comparáis con el existente en determinadas metrópolis occidentales,
con el aire saturado por el combustible maloliente de los vehículos y de mil vicisitudes cotidianas más
que torturan a los hombres tornándolos neurasténicos, afligidos y turbulentos. El alma introspectiva,
habituada a la sencillez y a la tranquila filosofía de la Naturaleza, se siente profundamente aturdida al
encarnarse en el seno de la vida tumultuosa y excesivamente mecanizada, que exige toda especie de
fórmulas v regularizaciones drásticas, envuelta en un círculo de actividades en donde sólo
predominan los intereses materiales y se descuida la gloria del espíritu inmortal.
Pregunta: A través de la experiencia humana, hemos verificado que la mayoría de los emigrantes
que atraviesan el océano V vienen a residir en nuestro país, no sólo consigue adaptarse
inmediatamente al medio brasileño, sino que al poco tiempo se integra a la comunidad antes ajena
por completo. Por lo tanto, ¿hay más dificultad cuando se trata de migraciones espirituales?
Atanagildo: Conviene que no generalicéis todo lo que os voy exponiendo, pues la Ley y sus
excepciones, existe esencialmente en el Todo, que es Dios. Es más fácil que os adaptéis a un medio
inhóspito o extraño, cuando estéis encarnados, porque vuestros principales medios de subsistencia
se reducen al pan, vestido y techo. Resta apenas solucionar el problema sentimental, porque la
recordación de la patria puede dificultad el reajustamiento al nuevo ambiente. El grado de ese
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

sentimiento nacionalista depende de vuestra naturaleza espiritual, más o menos exclusivista, pues el
alma de trayectoria universalista se aúna a la fraternidad humana y muy pronto se asimila a las
costumbres de las patrias extrañas.
La migración física de un país hacia otro, ofrece mejores probabilidades de adaptación a los
encarnados, ya sea a causa de cierta semejanza entre las costumbres y objetivos humanos común a
todos los pueblos, ya sea porque el emigrado se reúne con otras almas compatriotas, que aún
cultivan determinadas tradiciones patrias de origen, que le alivian los recuerdos sobre su lejano país.
Mientras tanto, cuando el espíritu se encarna y cambia de ambiente geográfico y de lenguaje carnal y
al que deberá acostumbrarse, enfrenta el grave problema de adaptarse a un nuevo cuerpo físico, que
puede ser de ascendientes y tradiciones biopsíquicas opuestos a sus costumbres e índole espiritual.
Aunque conduzca consigo su bagaje psíquico y milenario, ha de tener que enfrentar un nuevo campo
de fuerzas específicas con las que no está esencialmente identificado, asemejándose al pescado que
encuentra serias dificultades cuando es retirado de un lago tranquilo y arrojado al río tumultuoso.
Pregunta: ¿Podríais darnos algún ejemplo para que podamos reflexionar mejor sobre esas
diferencias de naturaleza reencarnatoria?
Atanagildo: Un espíritu que se ha cultivado a través de muchas existencias místicas,
contemplativas, ha de encontrar dificultades de adaptación y ajuste a cualquier organismo que
descienda de un linaje carnal turbulento y de un clima psíquico y dinámico, como es el de Occidente.
El periespíritu que sobrevive después de cada encarnación es la sede del psiquismo, mientras que
cada cuerpo físico es un aglutinamiento de moléculas sometidas a un principio director y el
encarnante, tendrá que sobreponerse a la tendencia hereditaria y al psiquismo de los nuevos
ancestrales a que se somete. Esa atmósfera psíquica, que proviene de la continuidad secular de todo
linaje humano, presenta fuertes diferencias entre una y otra familia, así como hay una fuerte
diferencia entre el ambiente psíquico de una iglesia con el de una taberna.
En mi opinión personal, el linaje carnal de cada familia exhala un "olor psíquico" particular, así
como perdura el perfume en una sala, después que se ha retirado la esencia, o cuando se ha
consumido el fuego de la hornalla y queda tibio el ambiente. Mi propia experiencia alcanzó
significativa dificultad, cuando me desligué definitivamente de los peregrinajes reencarnatorios del
Oriente para renacer en los organismos de carne Occidental.
En el primer caso, el clima oriental me predisponía el alma a la búsqueda de mi identidad eterna y
espiritual, en un permanente influjo para mi sensibilidad intuitiva; en el segundo caso, la atmósfera
occidental, sobrecargada de exagerado cientificismo objetivo y desconfianza por las cosas del
espíritu, además del mórbido sectarismo de los núcleos religiosos conservadores, me imponían un
campo magnético opresivo que me hacía retrotraer la expansividad natural del pasado.
Pregunta: ¿De dónde proviene el constante aumento de la población en la Tierra? ¿Los espíritus
que reencarnan provienen de otros mundos?
Atanagildo: Alrededor de la Tierra, en el plano astral, existe elevado número de espíritus
candidatos a la reencarnación y que llegarían a poblar satisfactoriamente, todo el globo terráqueo. A
medida que se generan nuevos cuerpos, ellos también se irán ajustando a las providencias de su
renacimiento. También en el Espacio sucede la migración de espíritus de una agrupación astral hacia
otra y un incesante intercambio entre las comunidades desencarnadas de otros planetas.
Muchos espíritus que desencarnan en la Tierra emigran hacia otros mundos y nuevos
contingentes de almas, provenientes de otros orbes, también se encaminan para su reencarnación en
el globo terrestre. A fin de evitar la sobrecarga asfixiante y la saturación de espíritus rebeldes, que
dificultan en los mundos la ascensión moral de los bien intencionados, tenemos entonces, la llamada
faz del "juicio final", en que los planetas de inmadurez espiritual, como la Tierra, ciertas catástrofes
reducen la carga de encarnados, haciendo emigrar a los perturbadores hacia los mundos inferiores,
en donde tendrán que reiniciar el curso evolutivo, a través de nuevos sufrimientos disciplinadores.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

COLONIAS DEL ASTRAL


Su Influencia sobre el Progreso

Pregunta: ¿Podéis darnos un ejemplo sobre el actual trabajo de vuestra metrópoli, que pueda
modificar en el futuro, el padrón de nuestra vida material, ya que vivís ahí, con sistemas adelantados
y lleváis a cabo realizaciones que mal se esbozan en la Tierra?
Atanagildo: Os aseguro que el ejemplo, ya lo tuvisteis en la esfera de la música y os será
demostrado reiteradas veces, en el mundo astral podemos crear con bastante anterioridad, todo
aquello, que más tarde, vuestro mundo "descubre" bajo el vehemente entusiasmo científico. Hace
muy poco tiempo que la ciencia terrena reconoció en la música, un recurso, que puede aplicarse con
éxito en la cura de ciertas enfermedades nerviosas y mentales, como también puede transformarse
en un valioso estímulo para el trabajo. Sin embargo, desde el siglo XVIII esa terapia era empleada en
las ciudades astrales situadas en las proximidades de la Tierra, utilizando melodías para activar las
energías del periespíritu y también como recurso sedativo sobre los desencarnados víctimas de
agitaciones psíquicas.
Sólo a mediados del siglo XX los científicos y educadores terrenos aceptaron "oficialmente" la
influencia de la música en la terapia humana, introduciéndola lentamente en los establecimientos de
trabajo, hospitales, instituciones educativas y correccionales, mientras que la metrópoli del Gran
Corazón ya usaba, casi dos siglos antes, como auxilio común para la cura de los necesitados, en su
comunidad astral. Y así, lo que ha sucedido en la esfera de la música, también sucede en otros
sectores de la actividad espiritual, ya que se utilizan en el mundo invisible, con mucha anticipación a
las conquistas científicas y artísticas, mal esbozadas en la Tierra.
Pregunta: ¿Cuando esas realizaciones anticipadas del mundo astral sean conocidas por la
humanidad terrena, nosotros también las aprovecharemos con la misma inteligencia conque se
aprovecha en el mundo astral?
Atanagildo: Infelizmente, todos los mensajes e inspiraciones de orden superior, transmitidas
desde las comunidades hacia la superficie terrestre, sufren primero, el impacto del interés, de los
sofismas o de la violencia, tan común al ciudadano terreno. La electricidad, la pólvora, el avión, la
energía atómica, en fin, todos los descubrimientos e invenciones que "descienden" del Más Allá, para
beneficio de la vida humana, han sido utilizados primeramente con fines destructivos o bajo un
execrable espíritu mercantilista. Sólo después que los hombres se encuentran agotados,
decepcionados y maltratados por el abuso de las realizaciones, que desde lo Alto les inspiraron para
el uso pacífico, se encaminan hacia su aprovechamiento útil y con finalidad constructiva.
Así ocurrirá con la música, a pesar de los excelentes resultados que ella produce, con sus
aplicaciones benefactoras. El ciudadano terreno, sediento de ganancias, ha de querer extraer el
máximo de provecho personal con el descubrimiento de la "meloterapia", importándole poco los
sacrificios o los perjuicios que sufran los seres menos favorecidos por la inteligencia.
Pregunta: ¿Nos podríais dar un ejemplo bastante objetivo, de ese espíritu interesado del hombre,
con respecto a todo aquello que le inspiran desde el Espacio?
Atanagildo: Ajustándome a la esfera de la música, ejemplifico: Cuando aparecieren en la Tierra
las noticias científicas, con respecto a la excelente influencia de la música para el progreso de la
producción terrena, con excelso aprovechamiento en el reino animal, los hombres más audaces han
de organizar tablas musicales de alto espíritu de utilidad comercial, por medio de las cuales, se podrá
intensificar el rendimiento de la leche en la vaca, el crecimiento de la lana en los carneros o el
aumento de la grasa en los porcinos. Sin duda, que andarán buscando afanosamente, los ritmos y
melodías que mejor se ajusten a cada objetivo deseado. Os aseguro, que no tardarán mucho en
servirse de los ritmos dinámicos, bien brasileños, para que las vacas produzcan una admirable
manteca en base a la agitación de la leche; mientras que los gansos, serán criados bajo la incesante
audición de la "Sinfonía Patética" de Tchaikovski, a fin de volverlos melancólicos e hipocondríacos,
con el hígado irregularmente desarrollado, así se podrá lograr el famoso "Paté de foie gras" enlatado
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

y obtenido gracias a esa música mórbida e introspectiva.


Con respecto a las demás explicaciones de sentido utilitario, no debéis tener dudas algunas, pues
innumerables industriales, comerciantes y empresarios no disimulan el júbilo mercantilista, al afirmar,
que el efecto de la música es notable, pues los hombres producen más, bajo la influencia de las
melodías psicológicamente ajustadas a sus tareas. Así es que, muy pronto el genio humano habrá
creado los siguientes y hábiles recursos inspirados en la "meloterapia": los carteros abreviarán la
entrega de las correspondencias, gracias al incentivo de las festivas marchas militares que les
apresurará el paso; las mujeres podrán tejer velozmente, bajo los ritmos sincopados; los campesinos
han de superar la zafra tradicional, esparciendo las simientes de los cereales, controlados por los
movimientos alegres de los valses europeos.
Después de tanta utilidad encontrada en la aplicación de la música para los intereses materiales,
¿qué le importará al hombre, el mensaje angélico de la melodía, que influye en la disposición afectiva
del alma?

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

LAS RELACIONES ENTRE LOS VIVOS Y LOS MUERTOS

Pregunta: ¿Qué opinión tenéis sobre nuestra manera de encarar la muerte del cuerpo físico, y del
intercambio que mantenemos con los desencarnados?
Atanagildo: En la Tierra aún son muy comunes los juicios extremistas con respecto al
"fallecimiento" de la criatura humana, como hay una gran confusión sobre vuestro parecer en lo refe-
rente a la situación que se crean los desencarnados en la llamada travesía más allá de la tumba.
Según enseñan los teólogos sentenciosos del Catolicismo Romano, el alma desencarnada debe tener
un excelente sitio en el paraíso o de lo contrario ingresará en el purgatorio, para transformarse en un
apetitoso asado, en el brasero satánico del Infierno. El protestantismo es aún más severo, al afirmar
que no hay purgatorio, pues el alma o se va directamente al cielo o de lo contrario al infierno, en
donde permanecerá por toda la eternidad. No faltan también, las corrientes espiritualistas demasiado
complejas que extinguen nuestros aspectos humanos y desorientan a los estudiosos, cuando
presentan al "plano astral" como un escenario poblado de autómatas, que viven entre sombras e
imágenes raras.
Mientras tanto, aunque sean verídicas las situaciones aterradoras que muchos espíritus han de
sufrir en las tinieblas de los abismos dantescos, aunque no eternamente; aquí, en el Más Allá, vivimos
de un modo racional y rápidamente asimilable por los desencarnados. Pero, también es cierto, que
sólo usufructuamos el resultado exacto de nuestras acciones alcanzadas en la intimidad de nuestra
alma; gozamos de las alegrías y atractivos o pasamos por vicisitudes dolorosas, conforme a la buena
o mala aplicación que en la Tierra habíamos dado a los dones de la vida espiritual. Por eso, aún
somos criaturas que alentamos sueños o sufrimos decepciones, encontramos alegrías o cosechamos
tristezas, de un modo profundamente humano y lejos de los extremismos o de las opiniones que
comúnmente se formulan, sobre aquellos que "murieron". Además, entre los mismos espiritas —que
tienen una idea más sensata a nuestro respecto— existen los que nos reciben compungidamente en
sus sesiones, entre suspiros y temores, convencidos que bajamos de los "páramos celestiales" o
como dicen, a los "pies de Dios", mientras que nos cubren de continuas "gracias".
Los más pesimistas, nos consideran terriblemente sensatos y severos, seguros de que sólo nos
preocupamos en excomulgar el pecado de los hombres y deseamos toda suerte de castigos para la
Tierra diabólica, a pesar de haber sido creada por Dios.
Pregunta: Tenemos la impresión que la muerte del cuerpo físico elimina en las almas, el gusto por
las diversiones y el humorismo, tan comunes en la Tierra. ¿No es verdad?
Atanagildo: Creo que la convicción de la inmortalidad del espíritu y la seguridad para el futuro, es
una bendecida oportunidad para la recuperación espiritual y hasta las almas más degradadas,
podrían regocijarse delante de las mayores vicisitudes de la vida. Mientras tanto muchos
espiritualistas y hasta espiritas convencidos de la inmortalidad del alma, viven en el mundo con la
fisonomía ceñuda y aire solemne, esparciendo alrededor suyo injustificable y enfermizo pesimismo.
Esos seres nos imaginan como espíritus desposeídos de la gracia común y natural hacia la vida
placentera, en la creencia, que por el hecho de haber perdido el esqueleto, nos hemos transformado
en sabios o santos sentenciosos, cuyas dignas inclinaciones requieren un ambiente de seriedad.
Mientras tanto, ¿qué somos nosotros los desencarnados? Apenas almas recién llegadas de la Tierra,
que aún conservan los últimos reflejos de sus vidas atribuladas, entremezcladas de tristezas y
alegrías, bajeza y sublimidad, locura y sensatez, irascibilidad y ternura, pecado y santidad,
inteligencia e ignorancia.
Y no es raro, que el fenómeno se invierta, cuando hombres y mujeres que durante el día se
divertían con los "dichos" maliciosos, anécdotas irreverentes, conceptos crueles y pensamientos
equivocados y mordaces contra el prójimo, se reúnen por la noche, en "concentración especial",
estableciendo el intercambio mediúmnico con nosotros. Bajo la implacable aguja del reloj, nos
escuchan durante una hora, con los ojos cerrados, con profundo aire de sensatez y reverencia, con
sus cabezas inclinadas, mientras que el pensamiento se eleva rápidamente, a fin de lograr un

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ambiente severo y respetuoso, con un puñado de vibraciones contradictorias... Los hombres ignoran,
que de ningún modo podrán elevar su pensamiento a última hora, si lo tuvieran maniatado durante el
día en las cosas triviales y en los objetivos avaros e innobles del mundo; del mismo modo, no saben
que los rostros lúgubres y cerrados, durante algunos minutos de espasmódica concentración, no
podrán compensar nunca la irreverencia con las leyes de Dios, practicadas durante el día.
Pregunta: ¿Cuáles son vuestras sensaciones como desencarnado, comparándolas con las
emociones que teníais en el mundo físico?
Atanagildo: Queréis saber cómo me siento, en este momento, en relación con lo que sentía en el
mundo que habitáis vosotros, ¿no es así? Bien, en este momento, en que el médium traduce mi
pensamiento en forma de letras, no me considero un fantasma configurado de blanco, ni me apercibo
de las tradicionales y pesadas cadenas, amarradas a mis pies, como las de los citados fantasmas
londinenses, que aún tienen el pésimo hábito de arrastrar por los salones de los castillos medievales
de Inglaterra. Me ausculto con atención y valor, me palpo, ¿y qué siento? Me siento más vivo, más
sutilizado en mis pensamientos y completamente desahogado de mis aflicciones físicas.
Compruebo, que si me aplico el coeficiente de ternura, de alegría, de paz y de espontaneidad que
poseía en la Tierra, me alejo del pésimo sistema de hipocresía humana y me despreocupo de la
opinión pública a mi respecto. Os aseguro, que ese goce inefable, que a veces me arrebata el alma
como en un "éxtasis" es parecido al tradicional "samadhi" de los místicos hindúes y es parte de aquel
estado sublime que Jesús reveló a los hombres, cuando decía, que sólo veríamos el Reino de los
Cielos después que nos transformásemos en criaturitas.
Por lo menos, en la esfera que yo me encuentro, el júbilo nos llega al alma y nos sentiríamos
grandemente culpables delante de nuestra conciencia espiritual, si pretendiésemos esconder a los
demás compañeros, la menor partícula de nuestros pensamientos e intenciones. Vivimos realmente
en paz y exponemos sin titubeos todo lo que sentimos y pensamos, sin premeditación e intención
oculta. Nuestro estado eufórico y desprovisto de simulaciones, nos recuerda a las criaturas instintivas,
traviesas, pero sinceras y espontánea, que actúan como piensan.
Pregunta: Es evidente, que ese comportamiento distinto, que nos relatáis, es el producto del
medio en que os encontráis, ¿no es verdad?
Atanagildo: ¡Oh! ¡No! Es el resultado exacto de aquello que realicé en mí mismo, a través de los
milenios transcurridos, adiestrando a mi conciencia; soy el verdadero edificador de este júbilo y de
esta paz que me domina en la intimidad, aunque debo reverenciar la magnanimidad de Dios, que
tanto me dio la vida y el entendimiento. No os equivoquéis con respecto a la implacable transitoriedad
de los ambientes que os rodean en la Tierra, como en el Más Allá, pues en verdad nuestra ventura o
desgracia es el resultado de nuestras íntimas realizaciones, más que la ocasionada por los
panoramas exteriores o por la influencia del medio.
Las "salvaciones" y las "gracias" a última hora, sin el mérito espiritual, sólo puede concebirse
entre los religiosos aun inmaduros de espíritu, que se dejan gobernar por los sacerdotes o
instructores que aún creen en los mismos absurdos.
Es evidente, que esos religiosos no pueden abandonar esa creencia insensata y que son
portadores de conciencias infantiles, por cuyo motivo, creen piadosamente en las historietas
sagradas, sin alcanzar a comprender que sus fundamentos no tienen lógica.
Pregunta: ¿Cuáles fueron los factores que más contribuyeron, para alcanzar esa liberación
espiritual y ese júbilo que gozáis ahora en el Más Allá?
Atanagildo: En mi última encarnación, emprendí hercúleos esfuerzos para liberarme
definitivamente de las fórmulas, vicios, prejuicios y convenciones, que no sólo oprimen y dramatizan
la vida humana, sino, que encadenan al espíritu después de la desencarnación.
Cuando me desembaracé del cuerpo físico, fui atraído hacia el ambiente vibratorio en que vivo
actualmente, en donde pasé a manifestar con plenitud natural, los sentimientos que ya cultivaba
cuando era encarnado.
Atravesé la vida física atento y despierto, muy interesado en emprender la tarea de liberarme de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

la forma terrena y eliminar los placeres mediocres de las sensaciones provisorias de la carne. Es
evidente, que para liberarnos de la esclavitud del mundo ilusorio de la materia, no basta que la
criatura se aísle en un falso puritanismo o se transforme en un monje de cualquier ermita secular; en
realidad, se puede vivir en la plenitud de la existencia humana y participar de todas las luchas y
sufrimientos ajenos, viviendo entre los ambiciosos, los egoístas y avaros, pero sin igualarse a ellos.
Es participar en la batalla, pero "no ser guerrero", como enseñan los aforismos orientales; es vivir
tanto como viven los otros, pero sin competir, sin desear y sin esclavizarse en las seducciones de la
forma.
Es tener vida espontánea, por amor a la obra; es hacer donación incesante de su propia luz, para
dar lugar a la mayor cuota de Luz Eterna del Creador.
Pregunta: ¿Y cómo os sentís actualmente, cuando comparáis vuestro cuerpo actual, al cuerpo
material que dejasteis en la tumba terrestre?
Atanagildo: Cuando estaba encarnado, poseía 65 kilos de carne, nervios y huesos transportados
por las calles bulliciosas de la capital paulista, fardo ése, que constituía mi cuerpo físico, siempre
lleno de exigencias y vulnerabilidades con el medio. Casi todos los días urgía higienizarlo y vestirlo,
proveyéndole el alimento necesario, que siempre consumía con visible satisfacción animal, y
deseando siempre alguna cosa mejor... Es preciso, a pesar de eso, ser agradecido con la materia,
pues ella siempre se muestra benévola en cualquier circunstancia de la vida humana, trabajando para
conseguir la pronta liquidación del peso kármico que traemos del pasado.
Mis pecaditos menores, que sobraban del pasado, os aseguro que los pagué kármicamente en el
sillón del dentista, y los que restaban, los eliminé sudando por todos los poros en los días
ecuatoriales o tiritando las mandíbulas bajo el frío de la garúa paulista. Durante el día, estaba
obligado a entrar a mi cuerpo en toda especie de vehículos circulantes, a fin de llevarlo a la zona de
trabajo, haciendo oídos sordos a las quejas de los conductores y cobradores irascibles; por la noche,
traerlo de vuelta, para el necesario reposo en el lecho modesto del hogar suburbano.
Normalmente, era candidato al suicidio entre las calles del turbulento San Pablo, haciendo las
más peligrosas acrobacias entre ómnibus, colectivos, automóviles y bicicletas, afanándome por
alcanzar los lugares de protección, imitando a alguien que tuviese que atravesar la selva virgen bajo
la persecución de cantidad de animales feroces.
Sin embargo, si queréis saber cómo vivo en la actualidad, bien lo sabréis en seguida. Basta que
piense poderosamente en un punto dado de vuestro globo o en cualquier zona del astral que circunda
la Tierra, para trasladarme hacia allí con la velocidad del pensamiento, como acostumbráis a decir ahí
en la materia. Ese trayecto lo realizo mucho más rápido que lo invertido por el último avión a chorro
que haya producido la ciencia de vuestro mundo, pues alcanzo el objetivo deseado en seguida, es
decir, después de manifestada mi intención. Todo eso lo puedo realizar sin los sudores ocasionados
por el calor terrestre y sin la agitación respiratoria del cuerpo físico y, por otro lado, estoy exceptuado
de los desastres y peligros terribles que ocasionan los transportes terrenos.
Pregunta: Nos agrada mucho el modo franco y sencillo con que nos manifestáis cosas; eso nos
ayuda a comprender mejor las relaciones existentes entre los "vivos" y "los muertos".
Atanagildo: Es indudable que la culpa por la deficiencia de las relaciones espirituales con
nosotros es de los encarnados, pues de nuestra parte hemos hecho todo lo posible para eliminar los
obstáculos tradicionales en el intercambio provechoso con nuestro lado. Ya tuve ocasión de deciros
que no somos fantasmas que amedrentan a las criaturas, ni santos de miradas estáticas hacia las
nubes, para no estremecerse aterrados al mirar el ambiente "impuro" del mundo material.
Es evidente que si Dios vive inmanente en todo aquello que creó, ha de palpitar en el ambiente
"impuro" de la materia, salvo si existiera otro Dios, que yo no conozco. El desorden y la impureza no
dejan de ser estacionamientos evolutivos que contribuyen a la formación de la conciencia individual
del espíritu, aún inmaduro en sus facultades racionales. He ahí por qué encuentro mucho mejor evitar
reverencias y pragmáticas en vuestras relaciones con el Más Allá de la tumba, eliminando la idea de
castas siderales, para lograr ayudarnos mutuamente y alcanzar nuestra felicidad futura.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Hay un proverbio popular que dice: "Tanto aquí como allá, muchas cosas suceden", y bien que
puede aplicarse a nuestra vida astral cuando ciertos fenómenos parecen invertirse y situarse dentro
del prosaísmo de la vida humana. Cuando os sentís sobrecargados de fluidos malos por causa de los
espíritus atrasados, mal llegáis a saber que aquí ocurre la misma cosa, pues algunos espíritus nos
ruegan la caridad de un "pase" benefactor, a fin de poder eliminar los fluidos pesados que se les
adhieren a la epidermis etérica, por haber ido a escuchar o entrometerse en ciertas conversaciones
de los encargados...
Esa es la causa del por qué os digo con espontaneidad y franqueza las cosas, pues nuestros
defectos y virtudes cultivados en el mundo también pueden merodear alrededor nuestro, aunque nos
encontremos aureolados por las luces del entendimiento espiritual.
Pregunta: Suponemos que la creencia en la inmortalidad del alma y la familiaridad con las
comunicaciones mediúmnicas con los espíritus desencarnados, han contribuido bastante a la mejoría
de las relaciones entre los "vivos" y los "muertos". ¿No es así?
Atanagildo: Por lo que tengo observado en este lado, esas relaciones parecen ser bastante
precarias y alejadas de la espontaneidad, comprensión y lógica tan deseada por los desencarnados
sensatos. En la Tierra aún persiste el tabú de que el espíritu desencarnado es el fantasma de las
histéricos o de los individuos verdaderamente sádicos, ardiendo en deseos de atormentar a la familia
terrena. He oído reproches por parte de los bondadosos viejitos desencarnados, que se lamentaban
porque al ser vistos o percibidos por sus hijos o nietos encarnados, tuvieron el mal gusto de
colocarlos en boca de todo el mundo, diciendo que salían de sus casas para volver a sus sepulturas
silenciosas.
A Claudionor, paulista y amigo mío, mucho costó conformarlo por lo que le sucedió dentro del que
fue su hogar terreno, cuando pretendió visitarlo para matar la recordación de sus parientes terrenos.
Su familia encarnada es católica y no cree en la supervivencia del alma, al "modo espirita", y donde el
espíritu desencarnado continúa con sus modos e inclinaciones humanas. Ella sólo admite una cosa: o
el visitante es santo, debiendo presentarse en divino éxtasis, nimbado de luces, con voz suave y
rostro angelical, o puede ser el diablo que finge ser un pariente. Ardiendo en recuerdos Claudionor
abrazó efusivamente a su hija menor, y ésta —que ignora su facultad, es un médium en potencia y de
un futuro desarrollo—, ¡cuando fue tomada, por la gran emoción de ver al padre desencarnado
instintivamente exudó algo de ectoplasma que alcanzó incontroladamente a un rico vaso de
porcelana y se rompió estrepitosamente en el suelo, casi desintegrado! La esposa de Claudionor, de
mirar instintivo, vio esto y exclamó que allí estaba el espíritu del marido, que venía a cometer
tropelías, lo que puso a toda la familia en polvorosa, para espanto y angustia de mi querido amigo
paulista!... Todavía se mantenía acongojado y lacrimoso por el acontecimiento, cuando entró
apresuradamente en la casa el vicario local para sacarlo a fuerza de agua bendita y excomulgaciones
intempestivas!...
He ahí el gran melodrama de la muerte; nuestros parientes gritan enloquecidos sobre nuestro
cajón mortuorio y después huyen despavoridos cuando intentamos comprobarles que estamos vivos
y que aún los amamos como siempre. Jesús tenía mucha razón, cuando se quejaba amargamente:
"Vine hacia los míos y los míos no me recibieron".
Pregunta: Sucede que cuando nos comunicamos con ciertos espíritus sabios, de cierta elevación,
tememos ser irrespetuosos y a su vez quedamos en dudas con respecto a su verdadera simpatía
hacia nosotros.
Atanagildo: Es tiempo ya de enfrentar la realidad espiritual, cuya falta de conocimiento
lamentamos desde este lado, después que dejamos el cuerpo carnal. Si somos oriundos de la misma
Fuente Creadora y vamos en procura de la misma Verdad —así como recorremos el mismo camino y
soñamos con la Ventura Eterna—, conviene que mutuamente nos informemos de la naturaleza del
camino o de la existencia de algunos atajos provechosos, como así también razonar en conjunto
sobre las recomendaciones y advertencias que nos hacen los amigos que siguen al frente de la
caravana. Disponéis de muchas cortesías hacia nosotros y no somos más que peregrinos ligados por
los mismos intereses, y es necesario que evitemos sembrar ortigas en el camino que nos hieran en la
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

competición colectiva para alcanzar el mismo objetivo, que es de todos.


Aunque somos desencarnados, nuestra vida tiene algo de parecido con muchas cosas de la
Tierra, pues aún no decantamos todo el lodo de nuestro periespíritu, ni podemos abandonar rá-
pidamente el cortejo común de nuestras adquisiciones humanas. Siempre que nos mantengamos
unidos por eslabones eternos del corazón, podremos dispensarnos de las convenciones provisorias,
las que constituyen gruesos paredones que impiden el flujo natural de nuestra bondad y de amor
latente en lo íntimo de nuestras almas.
Pregunta: A nuestro débil entender, creemos que la madurez espiritual trae aparejada la seriedad,
la circunspección o las actitudes ponderadas y severas de los hombres de valor. ¿No es verdad?
Atanagildo: Tomad por ejemplo lo que sucede con vosotros mismos: ¿por ventura apreciáis más
el ambiente pesado, las voces sentenciosas, constrictivas y la desconfianza de la etiqueta con-
vencional del mundo, o preferís la alegría espontánea, la risa leal, sincera y sin intención alguna? En
nuestras comunidades astrales, la risa y la alegría son señales de una vida sin remordimientos y
alejada de todo prejuicio sentencioso del mundo pesimista.
Nos reímos a gusto y tenemos gratos momentos de humorismo acerca de nuestras existencias
pasadas, tal como acostumbráis ahí en la Tierra cuando hacéis relatos sobre vuestros sustos y
situaciones peligrosas. Muchos desencarnados, aunque sepan que viven en el mundo astral, no han
perdido su airecito de vanidad y son bromeados fraternalmente por haber sido en la Tierra mar-
queses, ministros de Estado o emperadores, que precisarán volver a la superficie terrestre como
limpiadores de calles, lavadores de platos o cuidadores de baños... ¡Podéis imaginar, entonces, cuál
ha de ser la sorpresa de la mujer que pasó por vuestro mundo temiendo enfrentar la mirada infeliz de
la mujer caída, y que al retornar al plano astral comprueba que su pasado también fue un rosario de
vidas licenciosas!
Pregunta: ¿Podéis relatarnos otros casos que sean de vuestro conocimiento personal, que nos
sirvan de lección y de utilidad espiritual?
Atanagildo: Está reservado para vosotros, oportunamente, una serie de comunicaciones y de
cuentos de la "vida real", basados en hechos reales, que os darán excelentes motivos para refle-
xionar, ayudándoos también para solucionar algunos problemas de orden espiritual y terreno. No
puedo extenderme en esta obra más allá del espacio marcado por los mentores y que, por otra parte,
debo ceder el lugar al hermano Ramatís, que deberá completar la segunda parte de este trabajo, que
es de apreciaciones más filosóficas. En estas comunicaciones fueron intercalados muchos dictados
directos del hermano Ramatís, pues confieso que me ayudó pródigamente con su experiencia para
poder desarrollar los temas sobre las preguntas que me formulasteis.
Pregunta: Sin desear interrumpir la secuencia natural de vuestros relatos y como todo nos sirve
de aprendizaje espiritual, queremos preguntarnos: ¿Por qué motivo decís hermano Ramatís y no "Sri
Swami Rama-tys", que sabemos es la costumbre con que se designa o se le distingue en la jerarquía
a que pertenece?
Atanagildo: El tratamiento de "Sri" se relaciona más con el ambiente hindú, cuando se procura
distinguir al "gurú" o sea al guía que es capaz de conducir al discípulo a la realización de su ideal
espiritual; en cuanto al vocablo "swami", en realidad, está relacionado con la conocida "Orden de los
Swamis"; son un tipo de monjes que hacen voto de pobreza, castidad y obediencia incondicional. En
la India, cuando se desea atribuir un trato más respetuoso y afectivo al Swami, es muy común agre-
garle a ese nombre el sufijo "ji", de donde nace la designación "swamiji". En realidad, se trata de
designaciones que tienen relación terrena, pues en el mundo de los espíritus, consciente de la
realidad espiritual, como Ramatís, acostumbran a desinteresarse de esos conceptos después de la
desencarnación.
Vuestras preocupaciones con tales tratamientos en el mundo astral ocurren por el gran valor que
atribuís a las consagraciones humanas, pues nuestros nombres o títulos consagrados en Tierra, en el
mundo de los espíritus son etiquetas sin importancia, dado que valemos por nuestro contenido moral
e integridad espiritual. Nosotros nos despreocupamos por la significación de los títulos nobiliarios,
referencias lisonjeras, deferencias académicas, distinciones jerárquicas militares, sociales o
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

religiosas. ¿Cuál es entonces nuestro verdadero nombre espiritual? ¡En las "fichas kármicas", bajo el
control del Arcángel que dio comienzo al despertar de nuestra conciencia individual, sólo somos un
minúsculo número sideral!
Nos distinguimos por una vibración madre y original, que permanece inalterable y fundamenta la
incesante transformación de nuestro carácter y conciencia en constante progreso. La decepción es
muy grande aquí para los desencarnados que se aferran con uñas y dientes a las trincheras terrenas
y humanas. ¡Delante de la realidad espiritual eterna que se vislumbra para nosotros, estamos
obligados a subestimar los recuerdos y las ceremonias infantiles con que los hombres se regocijan en
la Tierra cuando colocan pedazos de hierro pulido y cintas de colores en los pechos sobresalientes!
Todas esas cosas, que nosotros cultivamos tan reverentemente en el mundo carnal, al recordarlas,
nos despiertan el sentido del humor, pues nosotros aseguramos que mientras los hombres se
reverencian y endiosan en el cuerpo perecible olvidan que el verdadero tributo es el entendimiento en
la intimidad del espíritu eterno.
Pregunta: Esos atributos de gratitud y homenaje sirven de estímulo y logran mantener una ética
elevada entre los hombres. ¿No lo creéis así?
Atanagildo: Ahí en la Tierra, para "los de ese lado de la pala" se levanta una estatua, se ofrece un
ramillete de flores, se entrega una meritoria distinción o se organiza un ruidoso banquete, regado con
champaña y whisky, carísimo y, a su vez, protocolar-mente se devoran los restos cadavéricos de los
inocentes animales. Y esa reunión solemne, sujeta a reglas sociales, cuántas veces pierde su aplomo
tradicional; es suficiente un pequeño descuido en la bebida tomada en alta rueda para que los
comensales hidalgos terminen volviendo a sus hogares con la camisa arrugada y el frac manchado,
mientras que la lapicera usada para firmar queda impregnada con el desagradable olor a vinagre y
cebolla. Cuando no, el rigor exigido en el primer momento, tan tradicional en las reuniones de alta
estirpe social, se rompe en forma humillante cuando el mayordomo, somnoliento, es obligado a
violentar el protocolo y toma por el cuello del frac al elegante borracho, para arrojarlo a la calle.
Pregunta: Esas contradicciones sociales, ¿no serán causa de otros errores espirituales?
Atanagildo: Ellas provienen del excesivo artificialísimo en las relaciones de la criatura humana y
se fundamenta en las contradicciones existentes en lo íntimo del espíritu artificializado, pues cuando
el santo y el sabio son simples, tiernos y desapegados a los blasones o costumbres protocolares, el
hombre común es ceremonioso, exigente y lleno de preconceptos inapropiados.
El ciudadano terreno, comúnmente, es una pobre víctima de sus propias contradicciones, ya sean
sociales o espirituales, por ignorar profundamente la realidad de su inmortalidad. Inestable en sus
emociones e inseguro en sus amistades, oscila entre dos extremos peligrosos; a veces se deja
dominar por la emotividad dramática e irreflexiva, adornando estatuas, engalanando calles, plazas y
edificios, a fin de recibir la visita de un gobernante o un diplomático vecino, para poner en evidencia
su aprecio, meses más tarde nada le cuesta romper las relaciones, resultando que esos agrados se
transforman en balas de cañón o bombas incendiarias.
En tiempo de guerra esas contradicciones se hacen más evidentes; en un país, un grupo de
hombres exigentes, con uniformes engalanados, seleccionan rigurosamente a otros hombres para
que sean absolutamente sanos, haciéndolos entrenar con bayonetas y armas modernas, para
después lanzarlos contra otros hombres que también fueron seleccionados entre los más sanos v
perfectos de su patria. Días más tarde, otros hombres, vistiendo guardapolvos blancos con olor a
formol y munidos de instrumentos quirúrgicos, luchan desesperadamente para salvar a los sanos que
se destrozaron en la primera refriega belicosa que tuvieron. En este caso, la contradicción v la ironía
del mundo son chocantes, pues mientras el poder militar del mundo escoge exclusivamente a los
hombres sanos para arrojarlos a los mataderos de las guerras fratricidas, la ciencia, en un esfuerzo
heroico, moviliza a otros hombres para salvar de la muerte a los mismos individuos que eran
perfectos.
¿De qué valen, pues, las condecoraciones, las insignias, la posición, el título académico o la
petulancia sobresaliente de vuestro mundo? Nosotros preferimos quedarnos con el sencillo y suave
reino pregonado por el amigo Nazareno, en donde la obtención de las condecoraciones valiosas y la
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

selección de los soldados del amor depende del oro puro que hay en el corazón magnánimo.
Felizmente, la muerte del cuerpo se encarga de terminar definitivamente con las etiquetas y los
protocolos del mundo material, porque arranca a sus portadores los títulos honoríficos y los privilegios
efímeros, para sólo permitirles el último homenaje de las coronas de flores y las condecoraciones de
cintas violetas, que forman el tributo social que aún pueden ofrecerle aquellos que se entretienen en
las condecoraciones ceremoniosas y el acompañamiento pomposo sobre un montón de carne, que va
camino de deteriorarse.
Pregunta: Creemos que el Espiritismo ha sido de bastante utilidad para aclarar ese
acontecimiento, pues ha puesto en evidencia el tabú "sagrado" que tanto desfiguraba la realidad espi-
ritual. ¿No es verdad?
Atanagildo: Sin duda que el Espiritismo ha roto muchos eslabones de la esclavitud religiosa,
aclarando sensatamente a la humana terrena sobre los dogmas infantiles y supersticiones absurdas,
que tanto han desfigurado a la figura heroica y espiritual de Jesús. Es preciso, además, que los
espíritus se esfuercen continuamente para abandonar la preocupación enfermiza de querer "salvar" a
la doctrina, si al mismo tiempo permanecen distantes de las prácticas cotidianas de sus postulados
evangélicos. También hay que liberar a los "centros" de su herencia idólatra, debiendo entregarse a
los trabajos de alto nivel, pero siempre huyendo a la peligrosa tentación de endiosar a los espíritus y
fabricar a los "santos" sin coronas, para lo cual se dejan dominar muchos adeptos esclavos del
"guiísmo" (o sea, la sumisión ante los espíritus atrasados que se titulan "guías"), olvidando que la
experimentación individual es lección necesaria para la vida de todos los hombres.
La historia religiosa os cuenta los grandes fracasos acaecidos con respecto a la idea espiritual,
transmitida desde lo Alto: que ha quedado sujeta a las interpretaciones contradictorias de los
hombres. El Cristianismo sencillo de Jesús se transformó, por eso, en la organización fastuosa de
hoy, de poco provecho para el hombre espíritu, pues crearon distintas jerarquías demasiado humanas
entre sus trabajadores, hasta entonces ligados por la misma responsabilidad a la idea crística.
Después se establecieron las ceremonias de adoración a los "santos", que no hicieron más que
cumplir con sus deberes particulares y se libraron de las responsabilidades para su propia conciencia,
asumidas en el pasado. Finalmente, se firmaron contratos interesados con los poderes públicos y
acuerdos políticos con el mundo profano, los que de por sí bastan para matar cualquier tipo de idea
de paz, dignidad y renuncia espiritual. Más tarde se crearon los rituales y liturgias para impresionar a
los "fieles" y eleváronse templos que absorben las economías de la comunidad pública y religiosa,
entronizándose al Jesús pobre, con las características de un rico millonario, en un recinto lujoso, tan
diferente a la humilde casita en que naciera y de la modesta vivienda de Bethania, donde él
acostumbraba a descansar de sus fatigas.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

LA DESENCARNACIÓN Y SUS ASPECTOS CRÍTICOS

Pregunta: ¿En el momento de descarnarnos aparecen junto a nosotros espíritus amigos o de


parientes, que nos asisten en esa hora crítica?
Atanagildo: De eso no os quepa la menor duda. Tomando a vosotros mismos como ejemplo, ¿qué
haríais si ya estuvieseis desencarnados y supierais que determinado hijo, amigo o ente muy querido
se encontrara en el umbral de la puerta del astral?
Cuando lleguéis aquí habréis de notar que son muchos los tropiezos y dificultades que se
anteponen a la mayoría de los desencarnados, principalmente a causa de las celadas peligrosas y a
las influencias maléficas que los espíritus diabólicos siembran en el camino del Más Allá y que
amenazan a los recién llegados de la Tierra. Como tampoco podemos prever con exactitud cuáles
serán las reacciones psíquicas de nuestros parientes en la hora delicada que les toque dejar su
cuerpo físico, a veces estamos obligados a solicitar la presencia de las entidades más elevadas, con
el fin de que nos ayuden a proteger a nuestros seres queridos en la travesía desde la tumba hacia
aquí.
Pregunta: ¿Entonces siempre queda asegurada la protección y la seguridad de aquellos que
parten desde la Tierra, a través de esa asistencia benefactora que los parientes y amigos del Más Allá
prestan a sus familiares desencarnados recientemente?
Atanagildo: Esa defensa depende mucho del caudal de virtudes que posea el espíritu
desencarnante y del modo como haya vivido en la materia, porque, en general, los encarnados
obedecen más a los instintos de las pasiones animales que a la razón espiritual; poco a poco se
dejan envolver por las sugestiones maléficas de los malhechores de las sombras, que desde el Más
Allá les preparan anticipadamente el periespíritu para que se sintonicen mejor a sus vibraciones
maléficas después de la llamada muerte del cuerpo físico. Son pocas las almas que en la existencia
física- se esfuerzan por vivir las enseñanzas salvadoras del Evangelio, en la creencia que los
sacrificios y las vicisitudes soportadas en la materia les ha de garantir la liberación espiritual en el
reino del Más Allá de la Tumba.
Vosotros sabéis bien que, aun estando en la Tierra, vuestra seguridad y protección depende
mucho del tipo de amistades que escogéis. No podríais contar con una amistad sincera si os ligáis a
un grupo de malhechores, pues es obvio que si son hombres egoístas y rencorosos, que aún no han
podido siquiera conseguir su propia seguridad, de modo alguno podrán ofrecerle a otros. Los
encarnados que descuidan su responsabilidad también cultivan afecciones menos dignas, desde este
lado, impermeabilizándose para poder recibir los incesantes llamados de sus "guías" o "ángeles de la
guarda". Es indudable que tales criaturas después de la muerte corporal tendrán que ser recibidas en
el astral por la sombría comisión de las tinieblas, que exigirán los derechos de propiedad que ya
poseían sobre tales espíritus cuando éstos aún se encontraban en el mundo material.
Siendo así, la protección tan necesaria y deseada, una vez salido de la desencarnación,
dependerá fundamentalmente del padrón espiritual que hubiereis cultivado en vosotros mismos; cada
ser se eleva accionado por su propio dinamismo angélico, aunque reciba el amparo justo y merecedor
de amigos y parientes, que mucho lo ayudan a encontrar su plano favorable en el Más Allá.
Pregunta: ¿El espíritu consigue abandonar con facilidad su cuerpo físico después que se
considere "muerto" aquí en la Tierra?
Atanagildo: Hay dos factores muy importantes que no sólo perturban a los encarnados en la
última hora, sino que aun les imponen serias dificultades debido a que los retienen más tiempo del
debido junto al cadáver, después de haberse considerado "muertos" en base al certificado de
defunción. Uno de ellos es el proverbial "miedo" a la muerte, que es muy común entre los pueblos
occidentales, por desgracia bastante ignorantes de la realidad espiritual y de la inmortalidad del alma:
el otro factor proviene de los clamores de los familiares, que en su desesperación e ignorancia
terminan por imantar fuertemente al moribundo a su lecho de dolor, dificultándole la liberación rápida
del espíritu.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

No basta que los hombres hayan sido educados brillantemente en famosas academias o que
posean adelantada cultura científica, acumulada a través de muchos años de estudio, ya que general-
mente valorizan por demás el escenario del mundo material y confunden el verdadero sentido de la
vida del espíritu inmortal con los efectos transitorios de la existencia física. Cuando se enfrentan con
el terrible momento de la "muerte", en donde la vida corporal se escapa sin posibilidad alguna de
retención en base a los recursos humanos, el miedo les gana el cerebro y se apegan
desesperadamente a los últimos resquicios de vitalidad, demandando más tiempo para desatar los
últimos lazos de la existencia terrena.
Pregunta: ¿Todo eso no podría sucederles también a las almas benefactoras que hayan sido
devotas a las prácticas religiosas?
Atanagildo: Asimismo algunas almas benefactoras —aunque no se hayan esclavizado totalmente
a las sensaciones de la carne-pueden prolongar más el tiempo necesario para la muerte del cuerpo
físico, pues su tremendo temor a la muerte y a la desconformidad con la cesación de la vida carnal
termina por encarcelarlos en el cuerpo en agonía.
En sentido opuesto se encuentran aquellos que sin ser benefactores no sienten ningún temor por
la muerte y llegan hasta enfrentarla con desdén; sin embargo, demoran en liberarse del cuerpo,
porque si consiguen romper las cadenas creadas por el miedo, no pueden lograr el mismo éxito con
los fuertes eslabones de las sensaciones y pasiones inferiores, a las que tanto se encadenaron en la
materia. Con ese miedo a la muerte y el apego condenable a las satisfacciones provisorias de la
carne, la criatura copia a la figura del molusco, recogido de miedo en su concha, pues no quiere
abandonar su cuerpo en estado precario de vida, mientras se impermeabiliza a las vibraciones de la
vida superior y deja de ayudar a aquellos que deben desatarle los lazos que la atan a la materia.
Cuando reconoce que ha sonado la última hora de su vida física, en vez de afirmar la mente hacia la
invitación liberadora del espíritu, prefiere atender al apego incisivo del instinto animal, que lucha
encarnizadamente para impedir que la centella espiritual le huya de la acción opresiva y dominadora.
Pregunta: ¿Cómo debemos entender esa opresión ejercida por los parientes del moribundo en la
hora de la desencarnación, obligándolo a luchar contra la muerte del cuerpo?
Atanagildo: La aflicción, la desesperación y al desconformidad de la familia y amigos que rodean
al agonizante producen filamentos de magnetismo denso que imanta al espíritu desencarnante a su
cuerpo material como si fuesen gruesas cuerdas vivas que sostienen al alma en agonía. Conforme lo
podréis comprobar por la extensa literatura, hay casos en que los espíritus asistentes de los
desencarnantes procuran neutralizar esos efectos perniciosos echando mano a la estratagema de
restaurarle las fuerzas magnéticas del agonizante y haciendo que su organismo obtenga visible
recuperación de vida. Ante la mejoría rápida —que es muy común en los fenómenos de agonía— se
calman los temores de los familiares y cesa la angustia que retenía al espíritu en el cuerpo carnal; se
ablandan o debilitan entonces los hilos magnéticos que imantan al moribundo a la carne, porque la
mente de los presentes también deja de producir esas fuerzas magnéticas negativas y opresoras que
son el resultado de la gran ignorancia espiritual de los encarnados con respecto al fenómeno de la
muerte corporal y de la inmortalidad del espíritu. Esa rápida convalecencia en la hora de la agonía,
muy comentada en la Tierra, es la que dio lugar al viejo refrán: "mejoría del moribundo, visita de la
muerte".
Pregunta: ¿No es justo que los amigos y parientes del enfermo se angustien ante la partida
definitiva de aquel que les era tan querido? ¿Hay algún perjuicio espiritual en esa imantación de la
familia hacia su ser querido en el momento de las convulsiones agónicas?
Atanagildo: Todo depende de como encaremos esas cosas de la vida común, o sea, desde el
punto de vista que sean miradas. Es conveniente reflexionar que si para los encarnados la muerte de
su familia significa una tragedia insuperable y a su vez un drama doloroso, el mismo acontecimiento
para sus parientes ya desencarnados y desembarazados de la angustia material se transforma en un
hecho jubiloso, pues en realidad se trata de retorno de un ser querido a su verdadero hogar en el Más
Allá. Entonces se invierten los papeles, pues el angustiado en el mundo físico pasa a ser motivo de
alegrías en el mundo astral. Mientras los Moradores de vuestro orbe ignoran la verdadera finalidad
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

que encierra la vida humana y la inmortalidad del espíritu, aún han de llorar innumerables veces, tal
como lo han hecho en otras existencias.
Cuántas veces lloraron por vuestra causa en otras encarnaciones, cuando vuestro espíritu tuvo
que abandonar su cuerpo físico. Fuisteis llorados bajo los cuerpos egipcios, hebreos, griegos,
hindúes o europeos; en otras ocasiones, obedeciendo a determinados rituales fúnebres, usados por
ciertas razas exóticas, al colocar alimentos y objetos en vuestros cajones mortuorios o sobre las lozas
de la tumba de vuestro cadáver; otras veces, apenas si colocaron algunas florecillas para adornar las
cruces solitarias de vuestra sepultura. En vidas más ricas, vuestro cadáver transitó por las calles en
un lujoso cajón forrado con sedas riquísimas y adornado con franjas doradas, sumergido en el fausto
de las flores exóticas, hospedándose definitivamente en un mausoleo suntuoso; en otras ocasiones,
algunas almas amigas tuvieron que cargar vuestro cuerpo inerte, semidesnudo, cubierto con
repulsivos trapos que mal lograban cubrir vuestras carnes frías. En otras existencias, la tierra fría os
dio la sepultura amiga, y también hubo veces en que los animales hambrientos y feroces o los
urubúes se encargaron de devoraros el cuerpo tumbado en el suelo, en medio de la selva virgen.
Cuántos milenios hace que en el círculo de vuestra familia espiritual, compuesta hasta de
vuestros adversarios de otras encarnaciones, son obligados a tomar parte en vuestra propia parentela
consanguínea y han cultivado mutuamente el lloro y el sufrimiento angustioso, debido a la paradoja
de una muerte que es inmortal.
Pregunta: En nuestro estado actual de comprensión espiritual la muerte significa para nosotros un
acontecimiento tétrico y desesperante por no saber qué destino tendrán nuestros seres queridos que
parten desde aquí, siendo muy justo entonces que nos desesperemos. ¿Nuestras dudas y angustias
no serán productos naturales de nuestra evolución, aún precaria?
Atanagildo: Si; pues en los planteos más avanzados la muerte corporal de sus familiares se
considera un acontecimiento feliz, mucho más que el nacimiento de un hijo o de un nieto. Eso es así
porque el alma que encarna tiene que afrontar la grave responsabilidad de su rectificación espiritual,
sin que ninguno le pueda predecir con seguridad de qué modo ha de comportarse en la nueva y
severa experimentación física. ¡Cantas veces el bebé querido, que sonríe en la cuna material, no
pasa de ser el envoltorio disfrazado de Nerón, Torquemada o Calígula! Quién podrá negar que en el
cuerpo tierno y rosado, que llena el hogar de nuevas alegrías, se pueda encontrar el alma perjura del
pasado o vuestro verdugo implacable que en el pasado os destruyó la ventura humana.
¿Cuáles son los padres que podrán confiar, sin recelos, que después del crecimiento del
organismo tierno y adorado de su criaturita querida le retribuirá el cariño y los cuidados que le fueron
dispensados, como un tributo sagrado del hijo amoroso hacia sus progenitores que tanto se
sacrificaron por él? ¿Quién podrá adivinar, al comienzo, que en una cuna llena de encajes reposa una
entidad degenerada, cruel o prostituta, en lugar del espíritu angelical tan deseado para formar parte
del hogar?
Mientras tanto, en la hora de la desencarnación, aunque se despida al amigo y deje inconsolable
amargura en los corazones afectivos, tuvisteis la oportunidad de conocer su carácter y valorar los
frutos de su existencia terrena, porque retorna después de una tarea buena o mala, pero terminada.
Lo más sensato, en realidad, es no llorar ante el ente querido que parte, pero sí tener serias
preocupaciones por aquel que llega... Las lágrimas humanas sólo debieran derramarse por el muerto
a causa de la conducta indisciplinada que hubiese vivido, pues la muerte, en su forma material, es
cosa bastante secundaria en la eternidad de la vida del espíritu.
Pregunta: No contradecimos vuestras consideraciones, pero encontramos que es muy difícil
dominar el dolor en esa hora crucial, cuando nos separamos definitivamente de aquel que hiciera
parte de nuestros momentos más felices y angustiosos en el mundo físico.
Atanagildo: Ese vocablo "definitivamente" os dice muy bien el alto grado de distancia en que os
encontráis de la realidad espiritual, con respecto a la muerte del cuerpo físico. No hay separación
absoluta; lo que realmente existe es que el espíritu devuelve a la tierra su vestimenta carnal, usada e
inservible, que le fuera prestada para el rápido aprendizaje a través de algunos lustros terrenos. Los
clamores, por intensos que sean por parte de sus familiares desesperados, son inútiles para retener
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

al espíritu desencarnante a través de ese violento recurso aflictivo. Por lo que pude observar durante
mi propia desencarnación, los gritos, las angustias y los sufrimientos atroces de mis parientes,
inclinados sobre mi cuerpo inerte, no lograron salvarme de la muerte, ni consiguieron aliviarme de la
aflicción de la agonía. En verdad, sólo sirvió para agravar mis aflicciones desencarnatorias.
Al retornar al Más Allá, comprobé que ese drama desesperante, descontrolado, delante del
agonizante, sólo consigue dificultarle la liberación carnal y a su vez lo oprime y animaliza con la
captación mórbida de las escenas dramáticas que se desarrollan a su alrededor. He observado que
algunos moribundos se mantienen en un estado de angustia inenarrable, pues cuando se
encontraban en camino de liberación definitiva, satisfechos con el alivio de atroces sufrimientos
físicos, sus familiares los encadenaban nuevamente por los invisibles filamentos magnéticos de
imantación, producidos por clamores y súplicas arrebatadas.
Entonces, al estar presos en las mallas esclavizantes de la poderosa red magnética, se ven
obligados a presenciar los lamentos, los gritos y desesperaciones que vibran alrededor de sí, en la
más cruciente inmovilidad de sus cuerpos inertes e indeseable agudizamiento de la audición psíquica.
Por la forma que aún los occidentales encaran el fenómeno de "nacer" y el acontecimiento de "morir",
es contraproducente comparado con los chinos y ciertos salvajes ignorantes y exceptuados de la
cultura civilizada. Estos últimos demuestran ser más comprensibles que los civilizados, pues lloran
amargamente cuando les nacen los hijos y festejan ruidosamente la muerte de sus seres queridos.
Aunque eso os parezca bastante chocante, tienen los chinos y los salvajes un profundo sentido de
sabiduría instintiva al reconocer que nacer es más trágico que morir.
Pregunta: Bajo cualquier hipótesis, ¿la desesperación de los parientes siempre es perjudicial para
el espíritu en la hora de su muerte?
Atanagildo: Es tan perjudicial para el desencarnante esa unión afectiva, establecida a través de
los lazos magnéticos opresivos de sus familiares, que en ciertos casos algunos espíritus de
reconocida estirpe espiritual llegan a combinar para que su desencarnación se produzca durante el
sueño o alejados de la familia, Con el fin de que los individuos puedan "morir" sosegados. De ahí las
grandes sorpresas a última hora, cuando se producen los desenlaces súbitos ocurridos fuera del
hogar, en donde la desesperación de los parientes no les puede afectar el espíritu, que ya está
liberado de los lazos que le ataban a la vida física.
Pregunta: Cuando comprobamos que un pariente o un amigo se encuentra moribundo,
¿debemos desinteresarnos por cualquier providencia, así no le retenemos más tiempo entre
nosotros? ¿Debemos dejar que sucumba el enfermo sin el auxilio de la medicina terrena?
Atanagildo: No hay que afectar en absoluto el tratamiento médico que providencia todos los
recursos viables para salvar al moribundo, pues, generalmente, es él mismo quien desea sobrevivir.
Lo que se censura altamente es que el melodrama de la muerte no siempre identifica el contenido
emocional sincero hacia el que desencarna. No es raro observar que los parientes que demuestran
más aflicción y empeño por curar las molestias "incurables" de su familia son los que más lo
bombardean con los rayos de hostilidad durante el llamado "último momento de vida", sin poder
ocultar el deseo vivo de hacerlo descender a la tumba lo más rápido posible. Así como algunos
parientes y amigos emiten esos hilos de magnetismo opresor, dificultándole el desligamiento definitivo
del cuerpo, otros le arrojan flechas envenenadas, aunque sus caras se encuentren bañadas de
lágrimas y sus gritos sean los más estridentes. El hombre que posee muchos patrimonios materiales
raramente consigue partir de la Tierra bajo el unánime sentimiento de pesar y el llanto sincero de su
parentela carnal. Los motivos son muy razonables para evidenciar esa contradicción, pues la familia
terrena generalmente se compone de espíritus adversarios, que mal se soportan bajo las mismas
actitudes mentales y los sentimientos divergentes que se manifiestan violentamente junto al lecho del
moribundo, cuando sus patrimonios materiales pueden encenderlos más condenables deseos de
codicia entre sus familiares, al entrever la división de la herencia.
De modo alguno puedo daros consejos para que abandonéis vuestros dolientes enfermos sin la
ayuda de médico, porque percibierais prematuramente su muerte irremediable. Lejos estoy de asumir
esa responsabilidad ante vosotros o interferir simple o violentamente en vuestros sentimientos.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Cuántas veces un poco de agua cedida de buena voluntad ha resucitado a muchos moribundos
desengañados; cuántas veces la sala de operaciones, equipada con los mejores instrumentos del
mundo, fracasó ante un simple caso de apendicitis. Indudablemente, podréis continuar socorriendo a
vuestros familiares enfermos en casos como los manifestados, aunque éstos se encuentren
desengañados sobre su real situación, pero es obvio que eso no os hará ganar el cielo, ni os llevará
al infierno, si la Ley del Karma ya lo tuviera señalado para la muerte...
Resumiendo: la desencarnación tiene características muy particulares; cada uno recoge aquello
que siembra, en el tiempo exacto y previsto por lo Ley.
Pregunta: ¿Queréis decir entonces que en forma independiente de nuestra ayuda el enfermo
puede salvarse si eso fuera determinado por lo Alto?
Atariagildo: Si el moribundo debe continuar su existencia terrena y el susto de la muerte le debe
servir de lección para que abandone ciertos desarreglos que ha cometido en el mundo material, no
tengáis la menor duda que ha de salvarse aunque medie solamente en su cura un modesto té de
manzanilla. Si realmente hubiera llegado el momento de abandonar su vestuario de carne en el
campo de la experimentación de la Tierra, desencarnará, aunque lo transforméis en un colador a
causa de las inyecciones aplicadas o que le suministréis sueros o transfusiones de sangre ajena.
Aunque lo coloquéis en una carpa de oxígeno o le hagáis ingerir píldoras de vitaminas concentradas,
si le hubiere llegado la hora kármica, dejará de respirar en contra la vuestra fe y la esperanza
depositada en la Providencia Divina. Eso sucede porque la Providencia Divina durante largos milenios
disciplina y controla la conciencia del ser por la Ley Kármica, que nunca puede ser subestimada o
perturbada.
Sólo después de finalizado el trabajo de los espíritus desencarnadores —que el mundo terreno
simboliza en la figura de la temida "Parca" que corta el hilo de la vida— es cuando recién os acordáis
de la Providencia Divina y decís: "Dios así lo quiso". La Ley del Karma no toma conocimiento de los
pedidos y apegos que contrarían el programa establecido antes de encarnar. Sólo aquellos que huyen
de la vida por la puerta del suicidio o son expulsados de la carne debido a los excesos pantagruélicos
y abuso de las sensaciones inferiores, ingresan nuevamente en el astral antes del tiempo marcado
por el servicio espiritual, causando sorpresas y preocupaciones a parientes desencarnados.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

INFLUENCIA DEL "VELORIO" SOBRE EL ESPÍRITU

Pregunta: ¿Qué fundamento hay cuando se dice que el carácter de las conversaciones
mantenidas durante el "velatorio" por los amigos o demás conocidos del "muerto" pueden influir favo-
rable o desfavorablemente sobre el espíritu?
Atanagildo: Después de mi desencarnación —acordaos del proceso que os explicaré
anteriormente— y de haber alcanzado el reposo espiritual en la metrópoli del Gran Corazón, aún fui
víctima de las vibraciones agresivas provenientes de los comentarios insidiosos que Anastasio emitía
a mi respecto. Imaginad ahora el terrible efecto de vuestras conversaciones junto a un cajón
mortuorio, si hieren o no la susceptibilidad del espíritu desencarnante que, generalmente, se
encuentra ligado en cierta forma al cuerpo en un estado de semiconciencia, sumándole las
condiciones aflictivas que también ayudan a perturbarle las vibraciones psíquicas.
Como aun son raras las criaturas que desencarnan lo suficientemente preparadas y fortalecidas
para inmunizarse contra todas las ondas de maledicencia y vibraciones adversas, imaginad la
angustia que durante el velatorio podréis causar a los seres que fueron tan queridos en el mundo
físico si no contraes vuestros pensamientos junto al cadáver.
En base a la providencial maledicencia humana, el velatorio terráqueo se asemeja mucho a la
sala de anatomía, pues los más contradictorios intereses, opiniones y sentimientos se transforman en
herramientas agudas con las cuales se autopsia la moral del difunto. Evocando las imprudencias de
su vida, recordando las diversas aventuras amorosas que lo envolvieron, aunque no haya pruebas;
exponiendo sus dificultades financieras o discutiendo la distribución de sus bienes entre sus
familiares, todos esos juicios y otros factores más contribuyen y complementan los elementos para la
citada operación. Normalmente se hace un censo de todas las adversidades por las que pasó el
fallecido, como así también los actos ofensivos y poco conocidos por él practicados. Todo eso casi
siempre se debe a la imprudencia del amigo confidente, que desvía la conversación dicha noche,
resultado el punto de atracción de los presentes.
Se reacciona siempre con buen humor al recordar los equívocos del hermano que se ausenta del
mundo físico, pues así como evocan sus franquezas y purezas, también recuerdan sus probables
astucias en los negocios materiales. Se discuten sus puntos de vista religiosos y se hace constar sus
contradicciones y preferencias doctrinarias. También están aquellos que gustan hacer suposiciones
equivocadas sobre la suerte que ha de tener en el Más Allá, tomando por base sus deslices, mientras
que los más afectuosos le auguran moradas prematuras en el cielo, aunque no crean en sus
afirmaciones y alabanzas hacia los muertos.
Junto al cadáver, casi siempre, se reúnen los amigos compungidos, que a media voz,
discretamente y sin demostrar malicia o curiosidad, exhuman toda la vida íntima del muerto. Breves
alusiones al difunto, fragmentos de palabras y preguntas hechas al acaso, bajo el poder de una
extraña magia, se van encadenando hasta degenerar en una inconveniente conversación para un
momento como ése.
Pregunta: ¿Cuáles son las causas por las cuales esas conversaciones pueden mortificar tanto a
los espíritus desencarnantes durante el velatorio?
Atanagildo: Pocos seres saben que todos los cuadros mentales que se forman en esas
conversaciones se proyectan en la mente de los desencarnados que pasan por el proceso del
velatorio, causándoles perturbaciones tan fuertes y angustiosas como los propósitos e intenciones de
aquellos que los producen. Vosotros os encontráis protegidos por el biombo del cuerpo físico y podéis
neutralizar los impactos vibratorios de las imágenes adversas que chocan contra la organización
delicada del periespíritu, pero, durante la desencarnación el espíritu semeja al convaleciente, que mal
puede ensayar los primeros pasos y atender su respiración dificultosa. Es obvio que el espíritu, en
idénticas condiciones, ha de ser sacrificado inmensamente si le obligan a evocar mentalmente todas
sus luchas, equivocaciones, y emociones del pasado olvidado.
¿Cuál sería vuestro estado mental si después de encontraros agotados por un extenso y fatigante
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

examen intelectual, que os consumiera las reservas de fosfato, os obligasen a recapitular todos los
problemas y lecciones recibidas desde el curso primario hasta la graduación universitaria? De tal
forma procede la mayoría de los "vivos" en la cámara mortuoria del "fallecido", cuando lo obligan a
evocar todo su pasado, ventilar equivocaciones y revivir los asuntos agradables y contrarios que le
despiertan resentimientos naturales del mundo que abandona. No le basta la rememorización
cinematográfica y retroactiva, que es común a todos los espíritus que abandonan su cuerpo, para que
los presentes lo castiguen con los recuerdos póstumos de sus equivocaciones y productos naturales
de la ignorancia espiritual de todos los hombres.
Pregunta: ¿Qué nos aconsejáis que realicemos en el momento del velatorio, cuando cumplimos
con el piadoso deber de comparecer junto al cadáver del amigo o del pariente fallecido?
Atanagildo: Creo que es innecesario cualquier consejo al respecto, pues el relato de mi
desencarnación y las diversas comunicaciones mediúmnicas de los espíritus acreditados sobre este
asunto, debe bastar para enseñaros cuál es la mejor conducta a adoptar en esos casos delicados.
Mientras tanto, no puedo eludir el deber de deciros que la mejor actitud que podéis adoptar en el
velatorio es recordaros la sublime recomendación de Jesús, que dice así: "Haréis a los otros lo que
quisierais que os hagan".
Pregunta: Agradecemos vuestra respuesta, pero aún desearíamos conocer vuestro parecer sobre
la forma en que debemos conducirnos en el velatorio. ¿Podéis contestarnos?
Atanagildo: Estoy seguro que cuando en el futuro se produzcan vuestras desencarnaciones,
desearíais la paz y la influencia de fluidos balsámicos junto a vuestro cuerpo, si aún estuvierais ligado
a él, y por lógica sabréis perfectamente sobre vuestra decisión para comportaros junto a cualquier
cadáver o en cualquier ocasión, guardando hacia el fallecido todo sentimiento de ternura y tolerancia,
sublimada por la oración afectiva en favor del espíritu desencarnante. Entonces procuraréis reajustar
las palabras tontas o perjudiciales y coordinaréis los pensamientos imprudentes para formar un clima
de serenidad espiritual a través del intercambio con asuntos más elevados. De esta manera
prestaréis un gran auxilio mental y moral al hermano que está luchando por su definitiva liberación de
las garras de la armadura física. Haréis lo posible para no permitir que se evoquen las escenas
ofensivas y las equivocaciones humanas de vuestro amigo o pariente, evitando también que se
propague, en el ambiente el anecdotario inconveniente, tan explotado por la mayoría de los espe-
cialistas ingeniosos en enredos innobles. El velatorio debe ser un ambiente digno de sacrificio por
parte de todos los amigos y parientes del "muerto"; es el último homenaje que se le presta y debe
alcanzarse la sintonía con la vibración elevada y espiritual, para lograr atraer a las fuerzas angélicas
que lo ayudarán en su liberación definitiva de la carne. No se puede ayudar al espíritu aflorando
ocurrencias despreciables, ni asociando recursos dolorosos y opresores que afectan al alma del
desfallecido por el fenómeno de la muerte corporal, así como el respeto y la cortesía social siempre
exige que ciertos asuntos indiscretos no se traten delante del culpado. La muerte del cuerpo físico
que parte casi siempre es tomado o alcanzado por la red que teje la ignorancia de las personas que
quedan. De un lado, el sentimentalismo perjudicial de la familia, que encarcela al periespíritu del
desencarnante a su organismo físico sin vida; por otro lado, los asistentes que lo hacen danzar sobre
las olas que forman parte de la tempestad de la vida.
¿Queréis saber cuál debe ser el comportamiento del que asiste a un velatorio? En mi opinión de
espíritu desencarnado, lo considero una reunión de carácter muy delicado, que exige el silencio
afectivo y la meditación de alta espiritualidad, que requiere la súplica, la oración piadosa balsámica
para el alma que se despide. Por lo tanto, jamás deberá interpretarse como una oportunidad para
fomentar animadas palestras o maliciosos humorismos, y mucho menos el punto convergente para
tratar la vida particular del "muerto".

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

LA EUTANASIA Y LAS RESPONSABILIDADES KÁRMICAS

Pregunta: ¿Es aconsejable la práctica de la eutanasia en los casos de dolencias incurables?


Desearíamos conocer vuestra opinión sobre este asunto tan delicado, que ha provocado las más
diversas controversias. Algunos afirman que se debe terminar con la vida del que sufre atrozmente,
siempre que no tenga posibilidades de cura; otros defienden calurosamente la necesidad de la agonía
del moribundo hasta su último espasmo de vida, aunque se manifieste del modo más crucial.
Atanagildo: Guardaos bien de pedir mis consejos, que de modo alguno trato de daros al respecto.
Manifiesto esto porque no estoy autorizado a dictar reglas sobre asuntos tan delicados, que están
sujetos a la jerarquía espiritual más elevada. Además, no pretendo asumir responsabilidad en la
materia, que se encuentra muy subestimada por la imprudente interpretación humana. A través del
médium que transfiere mi pensamiento sobre el papel, apenas soy un espíritu afín y de muy buena
voluntad, que viene a visitaros desde el "otro mundo" para poder conversar con vosotros como si lo
hicieseis con uno de los entrometidos fantasmas que aún bostezan tediosos en los viejos caserones
londinenses.
No debéis olvidar que siempre manifiesto únicamente mi opinión personal y no represento a
ninguna autoridad en misión reveladora junto a la superficie terrestre; tampoco debéis transformar
cualquier concepto u opinión personal que os haya transmitido, en padrones definitivos que os
permitan abdicar del sagrado derecho de pensar y opinar. Aún no gozo de las credenciales de un
mensajero enviado de lo Alto, para poder dictaros soluciones espirituales definitivas. Es muy
conveniente que no os dejéis contaminar por el pésimo ejemplo de ciertos espiritas que, en su
precaria mentalidad, pretenden transformarnos en oráculos infalibles; aceptad, por lo tanto, mi
sencilla opinión, del mismo modo que acostumbro a encarar las cosas de la vida espiritual después
de la muerte del cuerpo físico.
Pregunta: ¿Qué pensáis de la eutanasia?
Atanagildo: Para mí la cuestión de eliminar al enfermo algunas horas de vida antes que lo haga el
proceso de la "muerte" o dejarlo en el pulimento de su sufrimiento, para que se desintoxique su
periespíritu hasta el último segundo, está subordinada a la necesidad de saber, primeramente, a
quién pertenece el cuerpo que se extingue y a quién se le debe el derecho de la Vida... Es obvio que
el cuerpo físico no deja de ser un empréstito a plazo limitado concedido por el "atelier" de la Tierra al
espíritu encarnante y que fatalmente deberá devolver después del plazo estipulado. En cuanto a la
vida, pertenece a Dios, que la ofrece para que podamos adquirir la noción de existir y nos reconoz-
camos como conciencia individual, pero sin desligaros del Todo. A través del flujo bendecido de las
existencias físicas, terminamos aprendiendo que no somos árboles, estrellas, piedras, riachos,
aunque esas cosas, con el tiempo, también se afinan de tal modo con nosotros, que en el futuro
podemos incorporarlas al área de nuestra conciencia espiritual.
De este modo, no somos nosotros los que construimos "personalmente" nuestro cuerpo físico, es
la Ley de la Evolución que durante milenios encarga cariñosamente de formarlo para nuestro uso
provisorio. No llegamos siquiera a crear los minerales que componen nuestras uñas, las vitaminas
para nuestra nutrición, los líquidos para las corrientes sanguíneas y linfáticas; hasta tomamos el
magnetismo solar y la radiación lunar para activar nuestro sistema vital para relaciones energéticas
con el medio. De ese modo, muchas y graves reflexiones se imponen a nuestras responsabilidades
antes que a nuestra satisfacción de pretender interferir a la Ley y practicar la eutanasia, decidiendo
sobre la vida corporal del prójimo o sobre nuestro propio cuerpo agotado.
Es muy importante que os recuerde que no precisamos intervenir para que el bebé recién nacido
cumpla con su tarea de crecer; para eso sólo basta que le demos leche líquida o en polvo para
transformarlo en un adulto de ojos azules o pardos, de cabellos negros como el azabache o dorados
como el rayo del sol matutino. Poco a poco se desarrollan los labios carminados, las manos y los
piececitos llenos de vida misteriosa, se plasman los movimientos graciosos y aparecen los aires de
inteligencia, remarcados por la risa cristalina que embebe y fascina a los padres soñadores. Es lógico
entonces que no tenemos el derecho de intervenir en la vida de ese cuerpo y apresurarle la muerte,
114
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

pues la Ley reza claramente y nos prueba que ese derecho pertenece a Dios, el Divino Donador de la
Vida.
Pregunta: Es muy sabido que nuestro espíritu, durante las encarnaciones de que se sirve del
cuerpo físico, también lo perfecciona gradualmente, conforme se comprueba por el progreso orgánica
que existe desde el hombre prehistórico hasta el actual ciudadano del siglo. ¿No es verdad? ¿Todo
esto no le confiere cierto derecho para practicar la eutanasia?
Atanagildo: ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Si examinamos con imparcialidad lo que
decís, comprobaremos que deseáis la mejor parte en los negocios que hacéis con la Divinidad, pues
el progreso del cuerpo durante los milenios transcurridos se realiza gracias a los cuidados incesantes
de la Evolución. Dios nos provee la sustancia carnal y el fluido vital agrupados genialmente, y en
forma dinámica construyen el organismo, que permite cosechar las benditas experiencias de la vida
planetaria. A cambio de tan grande concesión, hecha a través de millares de siglos, apenas estamos
obligados a servir en lo futuro a otros hermanos menores ni bien hayamos alcanzado los bienes que
actualmente deseamos. Sin embargo, raramente respetamos ese acuerdo con la Divinidad, porque
además de lesionar el patrimonio carnal, que nos ofrece de gracia, lo usamos para fines brutales en
las sensaciones corrompidas, y nos revelamos cuando la Ley nos impone la multa acostumbrada por
nuestra infracción contractual. Abusamos desatinadamente de esa donación ofrecida para nuestra
ventura espiritual, pero es evidente que más tarde deberemos atender a las necesarias
rectificaciones, bajo el proceso doloroso del sufrimiento y en el mismo escenario del mundo que
subestimamos.
Aunque el alma no sea consciente del ajuste, se demore en la rebeldía o en los desatinos por
largo tiempo, llegará el día en que tendrá que aceptar el programa sacrificial de su recuperación y
entregarse al cumplimiento integral de las cláusulas del contrato sideral que subestimó. Entonces se
ve obligada a aceptar una nueva encarnación en la vida física, para sensibilizar el psiquismo y
depurar al espíritu en el crisol del sufrimiento benefactor. ¿Y qué sucede entonces? He aquí que los
parientes mundanales o la ciencia de los hombres, creyendo que ese sufrimiento atroz y de
recuperación espiritual deriva de algún equívoco del Creador, resuelve intervenir en el caso particular
del espíritu en débito con el contrato sideral y liquidarlo por medio de la eutanasia. Todo eso se hace
antes del plazo determinado por la técnica sideral, con el fin de atender a los "bondadosos senti-
mientos" del corazón humano y poder corregir con tiempo los descuidos y contradicciones de Dios.
Esa gloriosa sabiduría humana ignora que transfiere para otra vida futura, la misma suma de
dolores y sufrimientos que fueron reducidos por la eutanasia, acto discutible hasta por la razón
humana y que de ningún modo soluciona los problemas delicadísimos del espíritu, que es eterno.
Pregunta: ¿Tendrán consecuencias perjudiciales aquellos que matan por "piedad"? Convendría
recordar que es cruel dejar que una criatura sufra atroces padecimientos, sin cura alguna y que
conmovieran hasta el corazón de una hiena.
Atanagildo: Toda intervención indebida implica una punición; eso también es ley en vuestro
mundo material. Es peligroso adoptar la eutanasia, pues, cuantas veces ese matar "por piedad" que
se anida en el subjetivismo del alma, y por la sinceridad de Freud, no podrá confundirse con la
exaltación de matar por "comodidad". El contenido subjetivo de nuestra alma, además de ver
complejo en su riqueza de valores acumulados a través de los tiempos, obedece a directrices
sumamente sabias, establecidas por un plano elevado que escapa a vuestros juicios superficiales y al
raciocinio de la vida física.
No conviene dejarse tomar por el primer impulso emotivo, que erradamente consideramos,
dictado por un sentimiento piadoso, pero, que en las profundidades de nuestro ser, puede tener otro
origen desconocido. A mi ver, nosotros no conocemos con claridad y confianza aquello que nuestro
espíritu pretende realizar cuando se encuentra en el cuerpo de la carne. Ignoramos las razones
subjetivas que nos dictan las acciones y las preferencias que surgen a la luz de nuestra conciencia en
vigilia. Y si así no fuera, es obvio que hace mucho tiempo que no estaríais obligados a las
encarnaciones físicas por haber resuelto el milenario desafío del "conócete a ti mismo".
Son muy raros los espíritus encarnados que recuerdan el pasado y que comprueban las
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

verdaderas causas que originan los efectos que sufren en el presente. Por eso estáis llenos de
impulsos y sugestiones ocultas, buenas y malas, que os prueban la fuerza de una conciencia que
estáis desarrollando hace milenios, a través de vuestras vidas físicas en el mundo de las formas. Si
desconocemos las intuiciones de nuestro psiquismo milenario —pues ignoramos hasta los objetivos
que nos dictan ciertos impulsos inconscientes— existe también el peligro, al practicar la eutanasia, de
caer en la suposición de que cumplimos con un acto "piadoso" como acostumbráis decir, cuando en
realidad puede tratarse de un acto "cómodo", que nos interesa más a nosotros mismos que al propio
doliente.
No es difícil que se invierta ese sentimiento de piedad de nuestra concepción particular, pues
nuestro propio sentimentalismo puede sentir un estado desagradable, al ver al sufriente sin
posibilidad de alivio o salvación y que nuestras fuerzas no logren apartar de nuestra visión, el cuadro
atroz del dolor ajeno, que por otro lado, nos perturba el sosiego... De la misma forma que nos
angustiamos al ver el sufrimiento acerco de nuestro ser querido, es muy posible que nos
mantuviéramos totalmente calmos, si eso mismo le pasara al vecino o al peor de nuestros enemigos.
De ahí entonces, que no conozcamos en absoluto, cuál es la realidad del impulso interior que nos
aconseja la eutanasia en los casos atroces, pues tanto podemos ejecutarlo como un acto "piadoso"
en favor del moribundo, como un acto "cómodo" bajo la hipótesis de una piedad que disfraza una
solución sentimental de nuestro propio interés.
Pregunta: ¿Nos podéis dar un ejemplo más objetivo, así comprendemos con más exactitud esa
concepción vuestra?
Atanagildo: Hay familias que por ignorar las finalidades rectificadores de la Ley del Karma,
cuando se ven apresadas al lecho del pariente o amigo sufriente, imposibilitado de salvarse, subliman
ese acontecimiento tan incómodo y sin solución práctica, con la ingenua concepción que mejor "sería
su muerte antes que sufrir tanto". Y, si son incapaces de hacerse un examen de "auto-crítica", aún se
alaban diciendo, que proceden así, obedeciendo a un impulso de caridad hacia los demás...
En realidad, al estar cansados por la excesiva esclavitud junto al lecho del doliente incurable,
además de la impresión mala y angustiosa que les causa su enfermedad y que por otro lado altera el
presupuesto de la familia, puede nacer en el subjetivismo de ciertas almas, la idea "piadosa" de que
sería mejor que "Dios se lo llevara" antes de hacerlo sufrir tanto. Mientras tanto, ignoran el sentido de
aquel dicho de Jesús que dice así: "... ni siquiera los más simples pajaritos mueren sin que sea la
voluntad de Dios, así que todo lo que sucede en vuestras vidas, obedece siempre a un sentido de
sabiduría y justicia superior".
Examinando a ciertos enfermos incurables a la luz de su responsabilidad kármica, se comprueba,
que muchos de ellos no pasan de ser antiguos promotores de tropelías, rapiñajes o ejecutores de
planes maquiavélicos, que en encarnaciones anteriores beneficiaban a los mismos familiares, con los
que hoy la Ley unió por misma sangre terrena y que ahora, rodean afligidos y desesperados en un
lecho de sufrimientos.
Bajo mi débil entendimiento, matar por "piedad" es lo mismo que matar por "ignorancia", delito
que su "piadoso" sentir no dejará de rectificar en el futuro. En base del coeficiente moral del actual
ciudadano terreno, sólo los dolores muy acerbos podrán hacerle comprender el valor de la vida
humana, porque lo ayuda a su más eficiente y pronta recuperación de los bienes desperdiciados en el
pasado.
Pregunta: ¿Los médicos que practican la eutanasia, en la creencia de que terminan con el dolor
del paciente incurable, también quedarán comprometidos ante la Ley Kármica?
Atanagildo: Cortar el hilo de la vida no es atribución de los médicos ni de los "piadosos" que se
alaban de interrumpir el curso de la enfermedad benefactora. Todo aquél que corta una vida se coloca
en débito con la Ley Kármica, que es el divino proceso de vigilancia y reglamentación para el mejor
aprovechamiento de la "onda de vida" a través de las cosas y de los seres. Los médicos no tienen el
derecho de actuar discrecionalmente contra los designios divinos que aún desconocen; en ningún
caso les cabe practicar la eutanasia, aunque ignoren que las agonías prolongadas significan la
oportunidad rectificadora para el espíritu. Aunque se realice a pedido del enfermo, la eutanasia es una
116
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

violencia contra el patrimonio espiritual, sea cuál fuere el motivo invocado por parte del que lo solicita.
¿Qué sabe la ciencia de los hombres sobre los objetivos insondables de Dios?
Pregunta: ¿Nos podríais aclarar aún más, sobre esa citada necesidad de la agonía crucial hasta
el último segundo de vida?
Atanagildo: Hay espíritus que se deciden a expiar de una sola vez todas las malezas acumuladas
en su periespíritu; entonces, en lugar de someterse a dos o tres encarnaciones terrenas, para sufrir la
expurgación gradual de los tóxicos en forma más suave, prefieren intentar la prueba decisiva en una
sola existencia, agotando la carga tóxica definitivamente, de su organización peri-espiritual a través
del proceso cáustico de las horas sufrientes de la agonía.
Durante esas pruebas tan acerbas, el espíritu queda obligadamente dominado y entregado a su
dolor, volviéndose hacia sí mismo y centraliza toda su fuerza dinámica, a fin de soportar el sufrimiento
en sus entrañas orgánicas. Se somete así, a la intensa "concentración psíquica" y a la poderosa
introspección mental, desinteresándose a la vez que se desliga de la fenomenología del mundo
material. En esa fase aguda de convergencia espiritual obligatoria sobre sí mismo, las toxinas
adheridas a la circulación etérica del periespíritu a consecuencia de las culpas pasadas, tienden a
desagregarse por la energía del psiquismo dinamizado en el interior del enfermo. A medida que se
sutiliza su envoltorio periespiritual, la luz interior que existe en todas las almas, se proyecta cada vez
con más expansión, carbonizando y desintegrando las toxinas, miasmas y virus atraídos del astral
inferior.
Me dice el hermano Ramatís, que se encuentra a mi lado, que la fase "dolor" es concentración de
energías y penetración de luz en el interior del espíritu, por cuyo motivo aumenta el poder
desintegrador de las impurezas existentes en el periespíritu y de las emanaciones virulentas que
fluctúan en el aura humana.
Pregunta: ¿Cómo debemos entender ese fenómeno de concentración de energías, que aumenta
al espíritu, el poder para desintegrar las toxinas?
Atanagildo: Podéis imaginar ese fenómeno, comparándolo al de la lente que hace converger los
rayos solares hacia determinado punto, centuplicando el poder desintegrador en la materia. Es
preciso que el alma, cuando está sometida a los sufrimientos atroces, aproveche toda su
concentración psíquica hasta el último segundo, pues, durante ese fenómeno doloroso se realiza la
drenaje tóxico del periespíritu, y el cuerpo físico se transforma en una especie de "secante"
absorbedor del veneno vertido por el psiquismo enfermizo. Cuanto más tiempo perdure la enferme-
dad, mayor será la cantidad de toxinas que se materializarán en el organismo carnal, que más tarde
se disolverán en el seno de la sepultura terrena. Si fuera cortado el hilo de la vida, antes de ultimar el
proceso drenatorio, previsto antes de la encarnación del espíritu, éste retornaría al astral impregnado
aun por sus residuos tóxicos, que les exigirán una nueva experiencia carnal futura, aunque se realice
en un plazo menor, a fin de completar la expurgación interrumpida por la imprudencia de la eutanasia.
Por lo tanto, debéis tener presente la gran responsabilidad de aquél que practica la eutanasia,
porque además de comprometerse con la Ley Kármica, que no autoriza la reducción de la cuota de
vida antes del tiempo previsto por la técnica desencarnatoria; el homicida "piadoso" quedará
comprometido, en el futuro, con el espíritu que ayudó a liberarse antes de tiempo estipulado por el
programa de rectificación kármica.
Pregunta: Suponiendo que tuvieseis que reencarnar nuevamente en la Tierra, para purgar faltas
cometidas, y tuvierais que hacerlo a través del sufrimiento atroz, pero, que vuestra familia fuera
partidaria de usar la eutanasia para evitar la agonía cruel, ¿qué providencias tomaríais para que la
familia no evitara el proceso desintoxicante?
Atanagildo: Os narraré lo que sucedió conmigo en el siglo XIV cuando resolví liberarme
definitivamente de una cuenta kármica aflictiva, fruto de mil faltas pasadas. Valerosamente, acepté
una nueva reencarnación de atroces sufrimientos para los últimos días de mi vida terrena, a fin de
purgar en una sola existencia el tóxico psíquico del periespíritu, en vez de hacerlo en dos o más
existencias, bajo un pago kármico de menos horas cruciales. Opté por una encarnación más
dolorosa, pero sabía que sería la más eficiente para al cura o ajuste de mis impurezas pasadas. ,
117
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Después que se hicieron los análisis mentales para conocer la naturaleza psíquica de los
miembros que formarían mi familia carnal, se comprobó que serían favorables a la eutanasia, en el
caso en que tuviese que enfrentar terribles padecimientos incurables. Eran espíritus pacíficos, pero
ignorantes de la verdadera realidad de la vida espiritual y, por lo tanto, fácilmente vulnerables a las
insidiosas sugestiones de los espíritus dedicados al mal, que harían todo lo posible para perjudicarme
en la hora de la purgación dolorosa, como realmente lo hicieron, intentando hacerme desencarnar por
la eutanasia.
Sin embargo, los mentores de mi destino habían garantido el éxito de mi purgación kármica
conforme había sido planeada, asegurándome que disponían de los recursos eficientes en la hora
dolorosa, para que yo pudiese sobrevivir hasta el plazo marcado. Reencarné en el seno de una
familia, que debido a los sentimientos piadosos y exagerados, eran simpáticos a la práctica de la
eutanasia. Viví allí hasta los 41 años de edad, como uno de los hombres más ricos del lugar. Gozaba
de una salud relativa, pero en lo íntimo de mi alma, sentía la eclosión de una enfermedad insidiosa
que comenzaba a hacer estragos, preanunciando grandes sufrimientos. En aquel tiempo, los
recaudos médicos eran mínimos; tres años después, alcanzaba la fase crítica que fuera prevista
antes de reencarnarme y que hacía parte de mi plan en las pruebas terrenas.
En la inconsciencia de la carne e ignorando el bien aportado por la enfermedad, intenté el alivio y
la cura con las tisanas y as infusiones sedativas, resultando insuficientes como productos medicinales
de la época. Una terrible inflamación me tomó los intestinos y el hígado, sin esperanzas de cura,
agravándose mi sufrimiento por una fuerte compresión que sentía en la región del duodeno,
dificultándose la nutrición, que tan necesaria era para atender al cuerpo en continua decadencia.
Hubo momentos que de buen grado hubiera ingerido algún tóxico violento, si algún alma piadosa
me lo hubiera ofrecido. Mi rostro quedó macilento, la circulación peligraba y mis pulmones se
agitaban día y noche, mientras sofocaba los gemidos colocando entre mis dientes una almohadita de
seda, que mis familiares sumergían incesantemente en una vasija llena de un líquido amargo, que
muy poco me aliviaba. Con los ojos desmesuradamente abiertos, fijos en el revestimiento del
aposento lujoso, los dedos crispados, intentando tomar los relieves del rico lecho de caoba, luchaba
con los primeros vómitos, por los cuales la medicina moderna habría reconocido algunos fragmentos
del tejido hepático en lenta descomposición. Vivía un momento mórbido y desesperante, capaz de
hacer sufrir a los corazones más endurecidos. No tardé en comprobar, por el mirar angustioso de mi
esposa, hijos, nuera, yerno y otros parientes, el gran sufrimiento y la inmensa piedad que les llegaba
al alma.
Cuando mis padecimientos alcanzaron el "clímax" de la tolerancia humana, ocasión esa en que el
curandero de la época sentenció que me encontraba irremediablemente perdido, percibí que entre
todos mis familiares se había entablado un entendimiento firme y decisivo, para dar término a mis
dolores pungentes. Comprendí que estaba condenado a muerte, gracias a la piedad excesiva de mis
parientes, que no habían podido descubrir la razón de tanto sufrimiento, que consideraban injusto
para aquel jefe de familia tan amoroso. Preferían entonces, liberarme de aquella angustia y de una
vida inútil que ya estaba completamente perdida, íntimamente no escondí cierta satisfacción mórbida
al presentir que habían decidido la aplicación de la eutanasia, pues mis gemidos ya llegaban hasta la
parte exterior de la habitación, inquietando a los jardineros. Sin poder recordar el programa que yo
mismo aceptara en el Espacio, deseaba librarme de aquel infierno de dolores, entonces debilité mis
energías y me dejé abandonar completamente a la angustia acerca del sufrimiento terrible.
Mis amigos del Más Allá velaban por el éxito de la prueba dolorosa, para mi exclusivo beneficio
espiritual. Después que desencarné pude valorar la eficiencia de la asistencia que me fuera
proporcionada por esos espíritus amigos, que paso a paso, observaban mi "vía crucis", haciendo todo
lo posible por neutralizar las sugestiones de los espíritus de las tinieblas y ayudarme a completar la
expurgación de las toxinas agresivas, con la consecuente purificación de mi periespíritu.
Cuando mis apiadados parientes decidieron suministrarme una fuerte dosis de arsénico, aún me
faltaban cincuenta y seis horas de dolores cruciantes para terminar mi purgación prevista en mi
programa reencarnatorio. Entonces desde lo Alto, a través de recursos indirectos, entró en acción a

118
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

tiempo y a gusto; uno de mis hijos llegó con la magnífica noticia, que en las colinas de San Martini,
cerca de los bosques de Slovena, había un monje curandero que había realizado los más
asombrosos milagros, habiendo curado a cierto conde de la región, que sufriera de una enfermedad
muy parecida a la mía. Se sabía, que la región en donde residía el monje, estaba infestada de
forajidos y bandoleros que asaltaban a los viajeros desprevenidos; con todo eso, mi hijo mayor en
compañía de dos criados y el cochero, iniciaron el camino que llegaba hasta donde vivía el monje.
Cuando llegábamos a las inmediaciones del lugar, fue necesario dejar el carruaje al pie de una
colina, por no poder subir el camino abrupto. Mi hijo y los dos criados, improvisaron una camilla con
palos y vegetales encontrados en el bosque y me transportaron hacia la cima.
Pocos minutos después, al atravesar una selva, cayeron sobre nosotros, de improviso, una banda
de forajidos con palos y pistolas, inmovilizándonos en pocos minutos. Nos fue propuesto entonces, el
pago de cierta cantidad de dinero para dejarnos libres y que pudiésemos proseguir el camino. Mi hijo
tuvo que volver velozmente, a fin de conseguir la fabulosa suma del rescate, mientras los dos criados
y yo éramos conservados como rehenes, y a riesgo de ser eliminados ante la primera comprobación
de aviso a la justicia del lugar.
Los asaltantes estaban obligados a cambiar de lugar repetidas veces, eludiendo las batidas
acostumbradas de las fuerzas legales, que andaban en su busca; los criados y yo fuimos llevados
hacia un lugar distante, en compañía de los asaltantes, para que los criados pudiesen indicar a mi
hijo, cuando éste regresaba con el dinero, el lugar que nos hallábamos escondidos.
Mientras tanto, la policía estaba cerrando el cerco a los bandidos, a pesar, que ningún aviso
había sido dado por mi hijo, pero, que obligaba a los asaltantes a fugar rápidamente del lugar. En-
tonces decidieron matarme antes de abandonarme en el bosque, pues estaban cansados de
transportarme de un lado hacia otro, durante las apresuradas fugas, las cuales, además de sacudirme
el cuerpo, me causaban horribles dolores, causándome vómitos violentos, mezclados con vestigios
biliares.
Entonces, sentí como si una tierna voz me hablara al oído, sugiriéndome valor y resignación y
garantizándome el beneficio de la prueba final, que cada vez se manifestaba más torturante. Y la Ley
Kármica se cumplió y mi programa doloroso se efectuó en toda su planificación espiritual. Sufrí
hambre, sed y frío, vertí sudores biliosos, mientras que despedía fibras duodenales y pedazos de
hígado.
Tenía la perfecta sensación de tener un genio del mal que me ataba el cuerpo con un alambre de
púa, haciéndome sangrar las carnes y después de introducía un filoso puñal en el vientre, haciéndolo
subir lenta y sádicamente por todo el trayecto intestinal, hasta romper el duodeno, para ulcerar el
hígado, excavarlo y extraer pequeñas porciones que se acumulaban en mi estómago y que después
arrojaba en los vómitos.
Había perdido todas las esperanzas de que alguien me ayudara, cuando rápidamente sentí un
inexplicable alivio en todo mi organismo a la vez que se aclaraba mi vista; entonces vi delante de mí a
mis hijos y criados, inclinados sobre mí con los ojos llenos de lágrimas, intentando levantarme la
cabeza manchada con repugnantes residuos de la propia carne. Nada les pude decir, apenas
esbozaba una sonrisa, se me escapó el último aliento de vida y me desprendí definitivamente hacia el
Más Allá. Más tarde supe, que había transcurrido exactamente 56 horas de padecimientos atroces,
que faltaban para completar mi prueba kármica, cuando las fuerzas del Bien intervinieron para evitar
la eutanasia y demoler los proyectos sombríos del astral inferior. Allí, en el mismo lugar que
desencarné por el sufrimiento escogido antes de nacer, mi hijo arrojó la porción de arsénico que
debía liberarme antes de los terribles padecimientos.
Debo a la incesante asistencia espiritual de mis amigos desencarnados, el beneficio de haber
completado esa existencia y agotado, en el siglo XVI de la Tierra, una de las más fuertes cargas
tóxicas nocivas para mi indumentaria espiritual
Pregunta: ¿Conocéis algún caso, en donde el paciente haya huido de las pruebas y haya
continuado su vida, sin cumplir con el destino kármico previsto?

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: De ningún modo puede suceder esto. Son muy variadas las formas y recursos que
los espíritus encargados de tales eventos pueden utilizar, a fin de que los encarnados no huyan al
cumplimiento integral de sus pruebas kármicas y aunque alguno piense eliminarla por la eutanasia o
el suicidio, tampoco escapará a la Ley.
Hay casos, en donde el paciente es apartado bruscamente del hogar para soportar pruebas
atroces en lugares inaccesibles, a través de accidentes fatales y difíciles de localizar, como desastres
de trenes o de aviones, en zonas inhóspitas, sin recursos médicos o cualquier probabilidad de
salvación. Otros desencarnan después de terribles quemaduras, infecciones o roturas de tejidos, que
les hace vivir padeciendo indescriptiblemente. Y, para espanto de muchos, hay casos, que en medio
de la catástrofe, sobrevive alguna criatura que se salva a última hora, sin recibir un arañón siquiera,
porque su muerte no formaba parte del programa del sufrimiento "colectivo" en donde diversas almas
están ligadas por deudas semejantes, y por lo tanto, incluidas en un mismo plano de dolorosas
deudas finales.
Algunas veces, la lujosa aeronave explota en el aire, destruyendo a todos sus tripulantes y
pasajeros, que a su vez es una copia fiel, aunque moderna, del antiguo y temido barco pirata, que
conduce a los mismos personajes del pasado, rumbo al pago doloroso, determinado por la Ley del
Karma.
Pregunta: ¿Cuál es la mejor actitud que debemos adoptar, delante de aquéllos que se encuentran
padeciendo crucialmente y nos sentimos realmente conmovidos, aunque sepamos que no podamos
aliviarlos?
Atanagildo: Ya os manifesté, que durante mi desencarnación, las energías que más me
confortaron y ayudaron en el delicado viaje de vuelta, fueron las vibraciones tiernas y sutiles traídas
en alas de la oración. Las preces en favor del moribundo, son el mejor recurso balsámico y
benefactor, pues además de colocarlo bajo un manto de vibraciones sedativas para su psiquismo
perturbado, sirve para aquietar la desesperación y la emotividad de aquéllos eme claman por el
auxilio alrededor de su lecho de muerte. Durante las preces, se produce una divina absorción de las
emergías provenientes de aquél que ora y a su vez, son dinamizadas por las dulcísimas proyecciones
dirigidas por las entidades angélicas de las esferas superiores, que entonces, hermanan todos los
sentimientos en la misma frecuencia amorosa. Es como un generoso y refrescante baño para el
agonizante y alivia al periespíritu cansado, ayudándolo a partir de la Tierra para encontrar el reposo
amigo.
Delante de la muerte del cuerpo, ayudad al espíritu a liberarse mansamente; no desesperéis
delante de esa separación inevitable, pero no definitiva; vuestros gritos y desesperos íntimos no
pueden evitar un desenlace, que es decisión irrevocable tomada por la Ley Kármica. Por eso, recurrir
a las preces y no a los clamores desesperados, seguros que ayudaréis rápidamente al espíritu en su
desligamiento del capullo de la carne.
Sobre vuestros dramas terrenos, permanece la Sabiduría y la Bondad de Dios, que siempre sabe
lo que hace.
Pregunta: ¿La oración de los encarnados puede ayudar a los técnicos de la desencarnación,
junto al moribundo?
Atanagildo: ¡Sin duda alguna! Los espíritus asistentes a la desencarnación pueden actuar con
mayor éxito y reducir grandemente la cuota de enfriamientos del agonizante cuando no hay en el
recinto, fluidos imantadores de los parientes desesperados, y les favorece cuando el ambiente se
encuentra armonizado por las preces. Si fuera necesario prolongar la vida del moribundo, se haría
mucho más fácil, en un ambiente calmo y envuelto por la ternura de las oraciones y no perturbado por
fuerzas negativas, emanadas por la angustia y disconformidad de los parientes.
La oración aquieta el alma y eleva su padrón vibratorio y el instinto animal es superado por la
sintonía del espíritu hacia los planos superiores. Promueve un estado de serenidad íntima, que se
engrandece, cuando se conjuga al de otras almas, sinceramente ligadas por los mismos propósitos
espirituales. Ayudada por las preces, el alma del moribundo se recompone y se desprende más
fácilmente de los centros vitales del cuerpo físico, para poder ingresar en el plano astral, bajo una
120
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

tranquila emotividad espiritual.


Después que desencarna, es muy común lamentarse de dramas junto al lecho de muerte;
entonces, nos sentimos avergonzados por nuestra gran ignorancia espiritual, al respecto aún tan mal
interpretado por parte de los encarnados. Sólo testimoniaremos confianza absoluta en los propósitos
insondables de Dios, cuando los tomamos en forma pacífica, humilde y respetuosa y aceptaremos los
dolores del cuerpo, como la separación provisoria de nuestros familiares.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ESPÍRITUS ASISTENTES A LAS DESENCARNACIONES

Pregunta: ¿Podríamos saber, en base a nuestra ignorancia espiritual, por estar encarnados, si
somos perjudicados en todas las desencarnaciones? Otros dicen, que desencarnar es más difícil que
reencarnar. ¿Nos podéis instruir al respecto?
Atanagildo: De acuerdo a mis observaciones y basándome en mi desencarnación, creo que es
mucho más fácil "fallecer" que "nacer" en la carne. Durante el tiempo de la gestación física, se
registra una enorme concurrencia de fuerzas valiosas, que precisan aglutinarse para formar el cuerpo
del espíritu que desciende a la materia; pero también, surgen problemas imprevistos, que requieren la
intervención de los técnicos responsables, para atender al espíritu que encarna, aunque el espíritu
posea discernimiento que le permita operar conscientemente en los fluidos densos de la materia.
Además de ciertas dificultades de orden técnico e interferencias inesperadas de energías ocultas que
pueden perjudicar al proceso final de la gestación, hay que considerar, la ignorancia de ciertas
madres, al descuidar el proceso gestativo en su integridad "psico-física" o se exponen peligrosamente
a los bombardeos psíquicos de los ambientes perturbadores y a los acontecimientos emotivos.
Nacer, por lo tanto, significa un exhaustivo trabajo para lograr reducir y aprisionar al espíritu en la
matriz de la futura madre, obligando incesantemente al espíritu a que "abandone vibratoriamente" su
ambiente electo; mientras tanto, morir significa exactamente lo opuesto, pues el alma se libera de la
complejidad de la materia y retorna a su plano familiar, de donde partiera antes de encarnar. Bajo un
grosero ejemplo comparativo; os recordamos a vosotros, que la fase más incómoda, para el buzo,
consiste en vestir la pesada escafandra de caucho y después soportarla en el fondo del mar, mientras
que todo es más fácil, cuando debe abandonar el medio líquido y liberarse de la vestimenta
asfixiante.
En cuanto a los perjuicios que pueda ocasionarle el Alma durante su desencarnación, depende
principalmente, de su carácter espiritual y si es retenido por mucho tiempo en las mallas de las
fuerzas magnéticas, que acostumbran arrojar en los momentos de desesperación dramática por parte
de los parientes terrenales.
Pregunta: ¿Todas las desencarnaciones se demoran, a causa del desconocimiento espiritual, tan
común en la mayoría de los terrenos?
Atanagildo: Así como algunos se retardan debido a las grandes dificultades, quedando
encadenados por largo tiempo a los espasmos vitales del cuerpo físico; otros espíritus, a la simple
premonición de su desencarnación, vienen a nuestro encuentro en el mundo astral, demostrando
poca preocupación por haber dejado el mundo material, porque nada les ataba a la vida humana.
Esos espíritus se han esmerado en servir a la humanidad y habiendo realizado hercúleos esfuerzos
para liberarse de los vicios y de las pasiones esclavizantes, cuando alcanzan la hora de su muerte
física, se encuentran desprendidos de las cadenas de las sensaciones inferiores de la carne. Es
evidente que este tipo de alma, aunque se encuentre aprisionada por los lazos de la materia, vive la
vida del cielo anticipadamente y no se impresiona con la muerte del cuerpo y atiende confiada, la
convocación espiritual del Señor.
Son criaturas, que aún en la vida física, trabajan para desatar los eslabones del sentimentalismo
exagerado y egoísta que los amarra a los parientes mundanos, reconociendo que la verdadera familia
es la comunidad espiritual universal, provenientes del mismo Padre. Se desprenden de las
atracciones prosaicas de la vida humana, así como las criaturas abandonan sus juegos, cuando
alcanzan la juventud.
Tuve oportunidad de presenciar algunas desencarnaciones, en donde el mismo espíritu
desencarnantes, era el más atareado por liberarse de los lazos vitales que lo ataban al cuerpo físico.
En otras ocasiones, comprobé que las almas valerosas llegan hasta hacer "bromas" en base de su
propia muerte física, ante la seguridad con que se sometían al proceso a través de vidas pasadas No
creo que la más poderosa red de hilos magnéticos —que durante la muerte pueda tejerse por las
aflicciones de los parientes desesperados— pueda perturbar esos espíritus tan emancipados de las

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ilusiones del mundo, y que ya se encontraban anticipadamente liberados de las penas de la vida
espiritual. La mayoría de las almas terrenas, se embarazan de tal forma en las mallas hipnotizadoras
e instintivas de la vida humana, que en la hora de la muerte, parecen moscas cansadas que no logran
desprenderse de los hilos de la poderosa red, tejida por las arañas.
Pregunta: En base a vuestras referencias sobre los espíritus que prestan ayuda a las personas
en vía de desencarnar; ¿podríamos saber si existe una organización disciplinada en el Más Allá que
se dedique exclusivamente a esa clase de ayuda?
Atanagildo: Así es en realidad. En nuestra metrópoli, por lo menos, existen cursos disciplinados,
dirigidos por espíritus elevados, que no sólo enseñan la ciencia a eme está subordinada la muerte
corporal, sino, que enseñan la técnica práctica para el mejor éxito de las operaciones
desencarnatorias terrenas. La complejidad y delicadeza de las operaciones cine se producen u ori-
ginan en el mundo astral, bajo la responsabilidad de los organizadores del Bien, exige más
conocimientos v cuidados que las operaciones rutinarias en la Tierra. En el mundo material, las
formas que lo componen, se encuentran en continua liberación de energías, esas mismas energías
pasan hacia este lado, revitalizándose en su fuente natural, a la cual fueron atraídas.
De la misma forma, que para los encarnados la muerte significa la extinción de la vida material,
aquí el fenómeno se invierte, pues el espíritu se libera de la materia densa, para ingresar en su
verdadero mundo, compuesto de energías sutilísimas.
Por esa causa se necesita la formación y adiestramiento de equipos de espíritus que deben
atender a las desencarnaciones, siempre que los cuidados de lo Alto, reconozcan el merecimiento de
la asistencia y protección de alguien, en la hora delicada del fallecimiento. En base a las diferencias
de evolución y diferentes situaciones particulares, que se verifican en las diversas desencarnaciones,
os sería posible valorar la necesidad e importancia de los conocimientos especiales, por parte de los
espíritus asistentes a las desencarnaciones, que de ningún otro modo podrían cumplir con éxito
tareas tan delicadas. "Esos espíritus técnicos" en desencarnaciones, son los que dieron motivo a la
vieja leyenda, en donde la muerte se representa con la figura de una calavera que lleva en la mano
una guadaña, cuya tarea tenebrosa es la de cortar el "hilo" de la vida humana...
No existe nada de lúgubre en ese acontecimiento tan común, que es la desencarnación;
normalmente, esos espíritus asistentes son de fisonomías afables, dotados de buenísimos corazones
y sano optimismo, que en nada justifica, entre vosotros, esos temblores de frío en la epidermis tan
sensible.
Pregunta: ¿Los espíritus asistentes a las desencarnaciones actúan exclusivamente en la hora
exacta del acontecimiento o precisan prepararse con cierta anterioridad, a fin de desligar
gradualmente los lazos que unen las almas a sus cuerpos físicos?
Atanagildo: Cuando consideréis el proceso de la desencarnación o de la encarnación, es
conveniente que evitéis todo tipo de generalización sobre el asunto, pues no se puede ajustar con
exactitud un caso con otro. Cada alma es un mundo aparte, que presenta reacciones psíquicas o
psicológicas bastante diferentes entre sí. El bagaje milenario de cada ser espiritual, como un todo
específico y aislado también ofrece considerables diferencias de un desencarnante a último
momento, para ultimar las operaciones del desligamiento. Eso sucede, porque se trata de almas
evolucionadas y ligadas a familiares conocedores de la vida espiritual, que en vez de encadenar
emotivamente al espíritu eme parte, se vuelven eficientes cooperadores en la hora de la des-
encarnación.
Mientras tanto, si el desencarnante es de los que estuvieran sujetos a los parientes, es de prever
que se entregará a las emociones contradictorias y desesperadas, se precisa preparar el ambiente
vibratorio con la debida anterioridad, para establecer un buen círculo magnético protector alrededor
del lecho del moribundo. Por eso, las operaciones desencarnatorias tienen que realizarse
gradualmente y los espíritus asistentes auscultan las emociones de los presentes, experimentan las
reacciones psíquicas, al mismo tiempo que observan las condiciones vitales y orgánicas del enfermo.
Varían, pues, los métodos desencarnatorios y las medidas preliminares en cada caso, las que
dependen también, del tipo de enfermedad que ha de provocar el desenlace, pues el espíritu en vías
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

de desencarnar por una trombosis o síncope cardíaco exige un tratamiento preliminar de urgencia,
muy diferente al que se aplica al enfermo postrado hace mucho tiempo, cuya dolencia le agota las
fuerzas de modo casi milimétrico.
Pregunta: ¿Esos espíritus asistentes poseen algún aspecto distinto o tienen vestimentas
especiales que los distinga de los demás que les confiera responsabilidad en los procedimientos
desencarnatorios?
Atanagildo: No os preocupéis por las insignias o emblemas, que son de gran importancia en la
Tierra, pero innecesarios para hacer distinción entre los desencarnados, en el mundo astral, cuyo
valor y elevación se conoce a la luz que fluye de sus espíritus, dotados de ternura y sabiduría. En la
metrópoli del Gran Corazón se interpreta mejor aquel concepto de Sócrates que dice: "cuanto más
sabe el hombre, más se da cuenta que menos sabe". Por eso, ningún espíritu de nuestra comunidad,
por más evolucionado que sea, agasaja las presunciones de sabiduría o hace exhibiciones de
adelanto espiritual. La sencillez y la ternura son las cualidades más destacadas de los espíritus de-
dicados al Bien, inspirados en el ejemplo del Sublime Guía Espiritual del orbe, el Maestro Jesús, que
demostró su grandeza en la humanidad, al lavar los pies de los apóstoles.
He ahí el motivo por el cual los espíritus que asisten a los desencarnantes no se diferencian de
los demás siervos del Señor; por lo menos, yo no les he notado otras condecoraciones o símbolos
que no sean la sonrisa benevolente y la invariable dedicación al servicio de ayuda al prójimo.
Pregunta: ¿Habiendo vivido otras vidas y desencarnado muchas veces, no sería razonable que
ya nos hubiésemos liberado de esos momentos angustiosos delante de la "Muerte", que la leyenda
ha pintado de un modo tan tenebroso?
Atanagildo: Sé muy bien que aún es difícil eliminar del subconsciente humano, la vieja idea de la
"Muerte", a través de esa mujer cadavérica vistiendo una lúgubre mortaja, mientras mueve una
afilada guadaña haciendo gestos histéricos y tomando actitudes asustadoras. Sin embargo, ¿qué es
la vida, sino la propia muerte a préstamos? A medida que el cuerpo envejece y se consume poco a
poco, ¿no camináis implacablemente, minuto a minuto, hacia la cueva del cementerio? Desde el
primer gemido lanzado desde la cuna hasta el último suspiro de la agonía, el hombre no es más que
un viajero en el camino obligatorio hacia la sepultura. ¿Por qué temerla?; la muerte corporal es sólo
un "acto" o un "hecho" muy común, que representa una inefable bendición, destinada a liberar al
espíritu de la carne y conducirlo a su destino venturoso.
Cuando logré despertar en el Más Allá, tuve la agradable sorpresa de verme ante dos espíritus
buenísimos, que a pesar de intentar reducir la irradiación de su luz zafiro-azulada proveniente del
tórax, la formaban un suave halo luminoso alrededor de sus cabezas jóvenes. Esta seguro que eran
excelsos enviados de la jerarquía superior, para salvar a mi alma pecadora y me sorprendí
extraordinariamente al saber que eran los dos espíritus técnicos que me habían ayudado a
desligarme del cuerpo físico. Indudablemente, que yo me encontraba delante de la legendaria
"Muerte", esa entidad tan temida que en la Tierra causa escalofríos a su más simple enunciación.
Aquellos dos espíritus que estaban delante de mí desmentían claramente la existencia tétrica de la
mujer esquelética, embozada en su fúnebre mortaja, y blandiendo la siniestra guadaña... Felizmente,
podía vislumbrar aquellas fisonomías iluminadas, afables y sonrientes, que se encontraban a mi lado,
en un formal desmentido a la leyenda mitológica de la "Parca" que ha inspirado historias terribles.
Esos dos espíritus, leyeron en mi pensamiento, con cierto aire travieso, mientras que mi cerebro
se espantaba, después me volvieron a mirar con profunda bondad e interés, y sin que yo tampoco me
pudiese contener, reímos francamente; fue una risa abundante y sonora, que inundó el ambiente de
vibraciones alegres y festivas. Reímos delante de la farsa de la "muerte" tan lúgubre y aterrorizante
para el ciudadano terreno, que vive aferrado a sus tesoros efímeros y a sus pasiones avasallantes.
Justamente, por invertir el exacto sentido de la vida, es que el hombre terráqueo tanto teme a la
muerte del cuerpo.
Pregunta: ¿Por qué motivo, en ciertos casos, ha sido posible identificar algunas señales de la
proximidad de la muerte del cuerpo físico? ¿Son los espíritus asistentes a las desencarnaciones que
previenen, a veces, el desenlace a producirse?
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Atanagildo: Sabéis, que la criatura terrena considera la muerte del cuerpo como un
acontecimiento lúgubre e inevitable, pone un sentido fúnebre a todo aquello que pueda recordarla. A
pesar de eso, en ciertas ocasiones ocurren hechos que bien podrían denunciar la presencia de los
asistentes que se aproximan para desempeñar sus tareas caritativas, pero, la ignorancia humana los
hace pasar por visitantes indeseables, confundiendo con un mal presagio sus señales benefactoras,
que indican la feliz liberación del alma enclaustrada en la materia densa.
Pregunta: Dadnos un ejemplo práctico, de cómo ciertas personas pueden percibir la aproximación
de esos espíritus, que muchos vaticinan, y se conoce por el aullido del perro, cuando alguien está
próximo a desencarnar. ¿Eso tiene algún fundamento?
Atanagildo: Algunas veces sí. Como la visión de los animales puede alcanzar una faja vibratoria
más penetrante en el astral e inaccesible a la visión o percepción humana, ciertos perros, pueden
presentir cuando los técnicos espirituales se encuentran ocupados en las tareas desencarnatorias por
los alrededores, por cuyo motivo aúllan; por eso, el pueblo acostumbra a decir, que el "aullido de un
cachorro es de mal augurio".
Cuando debe "quemarse" un karma colectivo, en donde deben perecer los pasajeros y tripulantes
de alguna embarcación, en cuyos cuerpos carnales se esconden espíritus de viejos criminales,
piratas o antiguos invasores bárbaros, los grandes equipos de espíritus protectores o asistentes a las
desencarnaciones, se sitúan en la embarcación con anticipación a la catástrofe determinada por la
Ley Kármica, a fin de providenciar lo necesario para el control y protección, que es necesario en las
operaciones desencarnatorias. En esas ocasiones suele suceder un hecho muy interesante; como la
visión de las ratas es bastante más sensible en el plano de la sustancia astral densa, presienten que
se avecina un desastre, y como en esos animales aún es poderosa la sabiduría milenaria e instintiva,
las ratas en ciertos casos se arrojan al mar, buscando una salvación prematura. Ese es el funda-
mento de la leyenda que dice: "cuando las ratas acostumbran a abandonar los navíos, se está en
vísperas de un naufragio".
Las aves, los reptiles y diversos animales, en su lenguaje ininteligible y en su inquietud
incomprendida por el hombre, casi siempre denuncian fenómenos insólitos que perciben alrededor, y
que tienen origen en el mundo astral denso.
Pregunta: Creemos, que el motivo principal de nuestro temor a la "muerte" no es por su aspecto
trágico, sino, por la perspectiva de enfrentarnos con lo desconocido, pues si permanecemos en el
mundo físico, estamos amparados por un paisaje familiar que nos rodea y por el efecto de los
parientes cosan-guineos, de los que nos tendremos que separar sin que tengamos pruebas de una
futura felicidad, desconocida. ¿No es lógico nuestro razonamiento?
Atanagildo: La verdad no es ésa; si el hombre teme la muerte del cuerpo físico, es por que
deposita toda su fe y ventura en los tesoros efímeros de la materia y se dedica al culto exagerado de
las pasiones animales, que lo vuelven cada vez más insatisfecho y esclavizan definitivamente al goce
animal. Como ignora el amor excelso y la paz sublime que reina en las esferas espirituales
superiores, que podría alcanzar por la renuncia definitiva de los bienes provisorios de la Tierra, mal
sabe que la desencarnación es una generosa dádiva de Dios para la verdadera vida.
Mientras que algunos científicos inquietos, intentan prolongar la vida física de los hombres,
preocupados por alcanzar el "elixir de la vida" o en descubrir las hormonas que le garanticen más
éxitos en las sensaciones animales transitorias; los espíritus piadosos, intentan inspirar a la criatura
terrena para que no corra de la temida muerte y que tampoco se atrofie en el culto decepcionante de
los sentidos físicos. Por eso, muchas criaturas sienten escalofríos en la espina dorsal cuando oyen
hablar de la muerte, como si no la hubiesen enfrentado nunca, en el transcurso de los milenios
pasados. Cuántas veces la muerte amiga os fue proporcionada por la técnica de esos espíritus
especializados, que os cortaron el "hilo de la vida" para que os pudieseis liberar de las cadenas del
sufrimiento humano. En la Atlántida, en Egipto, en la Galia, en la Hititia, en Grecia, India o Europa,
cuántos cuerpos de carne habéis consumido para la rectificación de vuestro espíritu. Gracias a esas
continuas interrupciones de vida corporal, es que habéis podido realizar sucesivas experiencias
humanas y activar el progreso de vuestros espíritus.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Cuáles son las primeras providencias que toman los espíritus asistentes a las
desencarnaciones, cuando deben liberar a los moribundos?
Atanagildo: Ya os dije, anteriormente, que no se registra una sola reencarnación o
desencarnación, que sea idéntica a las otras; comúnmente, los técnicos desenvuelven sus trabajos y
coordinan el proceso desencarnatorio a medida que se manifiestan las reacciones y acontecimientos
a medida de la naturaleza "psico-física" del desencarnante. Cuando se trata de un alma afiliada a
cualquier comunidad superior o que se ha decidido al servicio del amor al prójimo, las primeras
providencias de los técnicos se circunscriben a crear una defensa alrededor de su lecho de dolor.
Esos espíritus crean una red de fluidos magnéticos que disuelven las vibraciones mentales y los
impactos emotivos causados por los parientes en estado de desesperación y protegen al
desencarnante contra cualquier intervención indebida del astral inferior.
Aunque no siempre se obtenga un éxito completo, debido a la poderosa imantación por la
angustia manifestada por los parientes vivos, por lo menos ese círculo de magnetismo neutraliza gran
parte de la carga nociva, que perturba el trabajo desencarnatorio. Hay enfermos, que sin tener que
sufrir una purgación kármica, también suelen agonizar hilo a hilo, durante largas horas, porque
quedan retenidos en la carne por los lazos opresivos del magnetismo denso que emiten sus
familiares desesperados, que pretenden salvarlo a cualquier precio, aunque reconozcan que el
moribundo no tiene remedio.
Basándonos en que los desencarnados se desorientan mucho delante de la muerte física,
promoviendo una fuerte gritería o blasfemando contra Dios, es muy común la presencia de sus ami-
gos desencarnados que se manifiestan junto al agonizante para formar un círculo y formar oraciones,
que lo ayudan, para que alcance con éxito el traspaso hacia el plano astral. Normalmente, esas son
las primeras providencias que se toman junto al desencarnante, cuando es merecedor de ser asistido,
siendo beneficiado con la fluidificación sedativa del ambiente, la formación de una red de magnetismo
protector alrededor del lecho y el cariño espiritual, a través de las preces elevadas por los espíritus
amigos.
Pregunta: ¿Después de todo eso, suponemos que el paso inmediato es el proceso de desligar los
lazos que atan al espíritu a la materia, no es verdad?
Atanagildo: La operación del desligamiento final, depende mucho de la psicología del
desencarnante, pues, aunque merezca la asistencia espiritual, puede ser inmaduro de razón o
psíquicamente inseguro de la felicidad en la parte final de la muerte física. En este caso, los espíritus
asistentes promueven el adormecimiento de su cerebro, para que se desligue de la carne in-
consciente del proceso desencarnatorio, permaneciendo bajo la acción de un incontrolable sueño que
le impide interferir directa-mente en el proceso con su fuerza mental, que dificultaría su liberación
espiritual.
También existen otros espíritus, que debido a su emancipación y elevado grado de conciencia
despierta, durante su desencarnación, merecen otra especie de atención preliminar para liberarse del
cuerpo físico; ésta consiste en la actuación de su conciencia espiritual y la sugerencia de la oración
afectiva antes de desencarnar.
He ahí el por qué, los trabajadores del Señor y ciertas criaturas bien espiritualizadas desencarnan
perfectamente, lúcidas y en calma, a punto de llegar a invitar a los presentes a la oración y hasta
llegan a determinar ciertas providencias relativas a su traspaso. Sus cuerpos son abandonados con
envidiable tranquilidad espiritual, en vez de desesperarse como aquéllos, que no viven preparados
para saber morir. En el trabajo desencarnatorio de esas almas emancipadas y conscientes, casi
siempre, los técnicos hacen converger todas las fuerzas vitales y magnéticas hacia la región
infracraneana a la altura del cerebelo, en donde se acumulan las fuerzas regeneradas que activan al
espíritu y le agudiza la percepción mental del fenómeno desencarnatorio.
Pregunta: ¿Podríais describirnos minuciosamente el proceso gradual de la desencarnación, así lo
conocemos en su aspecto científico?
Atanagildo: En las desencarnaciones comunes, al comienzo, casi siempre se solicita la presencia
de un espíritu que posea magnetismo semejante al del agonizante, para poder ayudarlo en la
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

desencarnación. Le coloca las manos sobre la frente, en un proceso de revigorizamiento magnético


en los lóbulos frontales y acelera el "chakra" coronario, en donde está la verdadera dirección del
sistema de fuerzas del doble etérico, que relaciona al periespíritu con el cuerpo físico. En seguida el
técnico desencarnador inicia sobre la organización etérica del periespíritu, un trabajo de
magnetización a lo largo del cuerpo carnal: es una operación muy compleja, porque el operador
deberá detenerse con perfecto conocimiento de la técnica, que exige, a la altura de cada "chakra
etérico" o centro de fuerzas, ayudando a las funciones y movimientos en un ritmo armónico y en toda
la extensión del periespíritu. Su misión es regular el "chakra esplénico", que recepciona la vitalidad
del medio ambiente, para que se equilibre correctamente con el funcionamiento del centro cardíaco,
que es la sede de los sentimientos y a su vez, ejercer el control del "chakra laríngeo", para evitar la
pronunciación de palabras.
El llamado "doble etérico", que sirve de intermediario entre el cuerpo físico y el periespíritu y que
más tarde se disolverá en el éter-ambiente, se torna más sensible durante esa operación, en un
incesante intercambio de energías con el medio y a su vez la devuelve, en forma de combustible
gastado y que debe ser eliminado.
La distribución del magnetismo se hace sobre el tejido periespiritual, ajustando y fortaleciéndolo
en un admirable trabajo de captación y aprovechamiento de la energía disponible del desencarnante.
En ese momento tan delicado, en que el espíritu debe abandonar su capullo de carne para elevarse a
las regiones edénicas o por el contrario— debido a su peso de magnetismo inferior— caer o
precipitarse en las regiones de las tinieblas, es cuando realmente se comprende el valor grande que
tiene la enseñanza de Jesús al respecto, cuando decía: "¡Los humildes serán ensalzados y los
ensalzados de la Tierra serán humillados!"
La vida humilde y benévola en la Tierra, produce un continuo refinamiento y acumualción de
energías superiores, mientras que la exaltación por el orgullo, por la cólera o cualquier tipo de pasión
o violencia, es un peligroso desgaste de energías, que fortifica el campo de las fuerzas inferiores del
periespíritu, haciendo que el alma penetre bastante debilitada en el plano astral.
Esa distribución de energías que los técnicos hacen a lo largo del cuerpo del moribundo —que en
terapéutica magnética es muy conocida como "pases longitudinales"— tiene por función, aislar todo el
sistema nervioso simpático, mientras que otras aplicaciones condensativas de magnetismo,
insensibilizan el vago y desentrañan de las vísceras, sus respectivas contrapartes etéricas. Esa
operación que insensibiliza y suprime gradualmente la acción del sistema nervioso, hace converger y
deslizar el magnetismo de los "chakras" que actúan a la altura de cada "plexo nervioso", por cuyo
motivo se termina también la posibilidad de los movimientos físicos por parte del agonizante, aunque
los técnicos puedan aumentar la percepción mental y la auscultación psíquica, si fuera de interés
mantenerlo deliberadamente despierto.
He ahí porque los espíritus asistentes a las desencarnaciones acostumbran a frenar
intencionalmente el "centro laríngeo" que es el control de la voz, para evitar un verbalismo debilitante
para el desencarnante y contraproducente para los familiares que lo rodean, en el transcurso de su
memoria demasiado agudizada. Eso mismo, es lo que me sucedió en la última desencarnación, pues
se me agudizó de tal modo el psiquismo, que podía presentir, por vía telepática o intuitiva, todos los
pensamientos emitidos por aquellos que me rodeaban. La anulación del sistema nervioso, que me
paralizó los movimientos físicos, hacía refluir la vida interior de mi espíritu, activándome
enérgicamente la audición psíquica, colocándome en situación angustiosa, pues deseaba decir a los
presentes que yo estaba vivo y amenazado de la lúgubre posibilidad de ser enterrado vivo.
Pregunta: ¿Después de esa intervención que describisteis, el espíritu abandona el cuerpo físico?
Atanagildo; La desencarnación demanda aún otras operaciones complejas, pues la intimidad que
se estableció entre el periespíritu y el cuerpo físico durante algunos años de vida humana, no puede
deshacerse en pocos minutos, por la intervención técnica de los seres de este lado. Salvo en los
casos de desastres o muertes violentas, en donde la intervención de los técnicos asistentes se
registra después de la muerte del cuerpo; las demás desencarnaciones deben subordinarse
gradualmente a varios procesos liberatorios, como he observado en varias oportunidades que me
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

permitieron apreciar el fenómeno.


El hombre presenta, fisiológicamente, tres centros orgánicos que deben merecer la mayor
atención durante la desencarnación, cuando se trata de seres que merecen la asistencia espiritual: el
centro "físico" por donde se manifiesta el instinto como reacción, placer, dolor o movimiento, cuya
zona de sensación está situada en el vientre, que es el campo de las manifestaciones fisiológicas; el
centro "astral" por el que se manifiesta la intuición, en armonía con el sentimiento, conocido como la
zona de los deseos y emociones, situado en el tórax y finalmente, el centro "psíquico mental",
localizado en el cerebro, que es el más importante de los tres, porque revela la idea y también tiene
relación con el sentimiento. Esa es la organización principal, por la cual el alma percibe los valores de
la verdad y el error y puede también, valorar el grado de su propia conciencia espiritual en relación
con el medio físico. Conforme la naturaleza, favorable o desfavorable, conque utiliza el alma, cada
uno de esos centros "etéreo-astrales", que sirve de unión al espíritu con la carne, también varía el
tiempo de su desligamiento y la intensidad de ciertas operaciones, que los asistentes presentes
realizan aparte. El cuerpo humano es la materialización carnal de los sentimientos, ideas y deseos del
espíritu, que al deslizarse de él, también revelan cuál fue su mayor o menor preferencia por el campo
de la acción física, emotiva y mental en el mundo de las formas, como el músico que se aficiona
particularmente a un determinado instrumento. Por todo eso, es que los espíritus asistentes a las
desencarnaciones se dedican con más cuidado y atención a las zonas vitales del cuerpo, por medio
de las cuales el espíritu se demora más tiempo en el intercambio con el mundo exterior.
La desencarnación tiene una íntima relación con los objetivos elevados o perjudiciales que fueron
alentados en cada uno de los tres centros principales de actividad del espíritu en la materia, de lo cual
resulta el éxito o la dificultad en la liberación del moribundo. Por lo tanto, para que el espíritu pueda
partir libremente hacia el espacio, no es suficiente que cesen las funciones fisiológicas del cuerpo
físico, como ser los movimientos o reacciones de sensibilidad orgánica; es preciso que los lazos
vitales logren desatarse lenta y gradualmente, exigiendo una técnica muy delicada, que me hace
recordar a los cuidados, precauciones y exigencias de la alta cirugía de vuestro mundo. Después del
proceso magnético que os describí, los técnicos espirituales acostumbran a trabajar sobre las zonas
del "plexo solar" o plexo abdominal, como es conocido en la técnica médica; allí es realmente en
donde se localizan las últimas cadenas del espíritu, constituidas por las fuerzas físicas, pues, ni bien
son desatados esos ligamentos finales, emana un contenido lechoso —visible para nosotros— a la
altura del ombligo, que pasa hacia el lado de afuera del cuerpo físico, el que es aprovechado
automáticamente por el periespíritu, que en ese instante, se encuentra en la fase final de su
desencarnación. He notado siempre, que después del fenómeno, bastante curioso de la emanación
de aquella sustancia gaseosa, de apariencia lechosa, se enfría rápidamente el cuerpo material,
comenzando por los miembros inferiores. Ese es el momento exacto, en que la familia del moribundo
más se desespera, acudiendo apresuradamente a la bolsa de agua caliente para colocarla en los pies
helados. Desde el momento que los técnicos activan, su intervención desencarnatoria, es suficiente
que apliquen algunos pases magnéticos en el centro astral, a la altura de la región cordial del cuerpo
físico, para que disminuya el ritmo funcional del corazón y se precipite la agonía.
Pregunta: ¿Qué cuadro clínico presenta para nosotros, los encarnados, el agonizante en el
momento que se libera de aquel contenido lechoso a que hicisteis referencia?
Atanagildo: No debéis olvidar, que describí esa sustancia lechosa, invisible para los ojos de la
carne, conforme se me presentó a mi visión espiritual, pues aunque sea una sustancia fluídica, a mí
se me figuraba bastante parecida a un gas pastoso y de aspecto lechoso. Algunos médiums videntes,
de la Tierra, cuando logran verla en su exudación durante la desencarnación, la describen como si
fuera un cono con muchas franjas, parecido al tradicional pino de Navidad. Es una sustancia que sale
por encima del ombligo y que al llegar al nivel del periespíritu, tiende a alcanzar la garganta, en un
esfuerzo de proyección triangular, y que después es exudada, se elimina toda posibilidad de pro-
longar la vida del moribundo. Algunos médiums experimentados, al ver astralmente ese contenido
lechoso a la altura del vientre del enfermo, saben perfectamente que desaparece toda posibilidad de
salvarlo.
Después de exudada totalmente la sustancia a que me refería, es absorbida por una llama que se
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

encuentra en el centro craneano, cuya luminosidad no tiene analogía con la luz física: está
compuesta por un quimismo muy alto, producto de la condensación de la energía del plano mental
superior; su color oscila entre el lila y el violeta, variando en sus matices y fulguraciones doradas. Esa
admirable llama, representa el último y más importante trabajo del "centro psíquico" o "mental" en la
fase desencarnatoria, cuando absorbe la energía intermedia, proveniente del "centro físico" situado
en el vientre, pasando rápidamente a formar y sustentar la configuración definitiva del periespíritu,
que se manifiesta con visor en el mundo astral. En el momento que emana el contenido lechoso de la
zona abdominal y se eleva hacia la mente para consubstanciar al periespíritu desencarnado, es
justamente la fase más aflictiva, que para la visión física, es agonizante presenta los síntomas
conocidos por la falta de aire o llamada "oran disnea" en terminología médica, haciendo
desesperados esfuerzos para sobrevivir en el mundo físico. Entonces, se trataba un desesperado
combate entre el espíritu que lucha para desprenderse del capullo de la carne y el cuerno, que intenta
sobrevivir a través de todos los recursos adquiridos por la sabiduría instintiva del animal milenario.
Recrudeciendo los efectos de las medidas liberatorias, aparece el TRADICIONAL "amorotamiento",
muy conocido popularmente cuando se TERMINAN todas las esperanzas de salvación corporal para el
ENFERMO que va caminando hacia el estado de coma. El desencarnante hace heroicos esfuerzos para
hablar, mientras que su mente bastante agudizada lucha para mantener la dirección física que se le
ESCAPA. La inmovilidad del centro etérico de la LARINGE neutralizado en su función intermediaria entre el
periespíritu y el cuerpo físico sólo le permitirá producir estertores, que angustian a los presentes.
Es verdad que la desesperación v la aflicción en la hora de la muerte depende fundamentalmente
del grado de evolución espiritual del PACIENTE; hay almas que desencarnan con tal serenidad espiritual
que vosotros las comparáis con la muerte de los pájaros mientras que otros, atraviesan ese momento
en la más terrible lucha para coordinar el raciocinio y hacer esfuerzos verbales intentando sustentar
con eso el organismo que se agota en su vitalidad. El cuerpo físico batalla heroicamente v prepara
todas sus energías instintivas, antes de rendirse definitivamente a las fuerzas que paralizan la vida en
el mundo material. La motricidad orgánica vibra y pulsa en su última tentativa de superar la ausencia
de los estímulos cardíacos, que disminuyen gradualmente. Los dos mundos luchan en un esfuerzo
hercúleo, más la victoria pertenece a los técnicos del Más Allá, porque después de la liberación del
contenido lechoso, a que me referí, ninguna fuerza humana conseguirá que el desencarnante retorne
a su centro de vitalidad animal.
Pregunta: ¿Es en esa ocasión, según lo explican algunos compendios espiritualistas, cuando se
corta el último hilo de la vida?
Atanagildo: El proceso de la desencarnación, como ya lo describí, sucede por etapas que se van
sustituyendo gradualmente y se inicia normalmente con la acción magnética a la altura del sistema
nervioso, actuando sobre todos sus ganglios y plexos nerviosos, se acentúa después en el vientre, en
donde se localiza el centro vegetativo o la sensación instintiva; prosigue en la región torácica y
provoca la defunción cardíaca, con intervención en el centro del sentimiento, para concluir en el
campo de la idea, en el centro psíquico o mental, situado en el cerebro. En este último órgano es
donde realmente reside la dirección del espíritu, cuando dirige su organismo físico y es también allí,
donde se encuentran todas las energías, después que han sido liberadas de todas las regiones del
cuerpo, al igual que un ejército disciplinado, delante de la derrota implacable, se concentra alrededor
de su comando y aguarda, en la más dolorosa expectativa, las últimas órdenes de vivir o morir.
Así como el gran simpático es el nervio que sirve de verdadero apoyo físico al cuerpo astral, el
cerebro es el basamento del vehículo mental, y como tal, debe ser el último en liberarse de la
vestimenta que dirigió durante la vida material. El mismo poder creador de la mente, que sabe
aglutinar la sustancia física para formar el cuerpo carnal y hacerlo renacer en la Tierra, luego que
toma posesión de aquel contenido lechoso del que hemos hablado —impregnado de vitalidad y usado
como sustentación de la vida humana, desata también la configuración definitiva del periespíritu
liberado del cuerpo físico y entonces, aquél se vuelve un nuevo centro coercitivo de la colectividad
atómica del mundo astral.
Pregunta: ¿En la zona cerebral es donde los técnicos cortan el último lazo de unión del espíritu

129
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

con el cuerpo físico?


Atanagildo: Cuando hablé de mi desencarnación, os dije, que en el momento exacto en que los
técnicos debían estar trabajando en mi región craneana, para desligarme definitivamente de los
últimos contactos con el cuerpo material, sentí como si me hubieran sumergido en medio de un
violento trueno, que hizo estremecer mi individualidad espiritual. En realidad, me habían cortado el
llamado "cordón plateado" cuya citación, encontraréis en las obras esotéricas terrenas (Citado
también en la Biblia: Eclesiastés 12-6. 248), que significa el último lazo para cortar la técnica sideral,
a fin de que el espíritu se libere definitivamente del cuerpo carnal, pero, el momento exacto para
romperse este lazo citado, varía de un espíritu hacia otro, pues, he observado en muchos casos, que
esa operación sólo se realiza en el momento de salir el féretro hacia el cementerio. Existen infelices
almas pecadoras, que debido a su desequilibrio psíquico no favorecen la intervención de la asistencia
espiritual en la desencarnación y tienen que soportar la fragmentación natural de ese "cordón
plateado", que se rompe algún tiempo después en la tumba, haciéndoles sentir todos los fenómenos
horrendos de su propia descomposición cadavérica.
Pregunta: Esa demora en romper el "cordón plateado" en el cuerpo inerte, ¿presta algún
beneficio al desencarnado? ¿No es inútil esa ligazón entre el alma y el cadáver?
Atanagildo: A veces no conviene la liberación rápida, para que el alma no entre súbitamente en el
mundo astral, pues ese mundo es demasiado sutil y plástico a las emisiones del pensamiento, que
amplifica y superexcita todos los cuadros mentales que aún se mantienen desordenados en el
periespíritu del desencarnado. La permanencia demorada junto al cadáver favorece al periespíritu en
su intercambio energético con el vitalismo natural del medio físico que fluye de la carne densa y se
disocia en el conocido fenómeno de la radiación dispersiva, tan común en ciertos minerales, aunque
sus moléculas de hierro, sodio, magnesio, flúor, calcio y otros se aglutinen en la sangre por procesos
diferentes.
Sabiendo que la materia es energía condensada —y este es un conocimiento que está en
posesión de la ciencia de vuestro mundo—, ni bien comienza la disolución del cuerpo físico esa
energía hasta entonces acumulada tiende a liberarse rápidamente y entonces el periespíritu —centro
energético que actúa en un plano vibratorio más sutil— aprovecha automáticamente el magnetismo
energético que se irradia del cadáver, que fue su instrumento vivo en el mundo físico. Esa irradiación
energética ese producto natural del campo mineral del cuerpo físico en vías de disolución en el medio
terrestre y puede aprovecharse hábilmente a través del sutil "cordón plateado" que aún obliga al
espíritu a focalizar su atención mental en el mundo físico, activando y vitalizando las imágenes que se
le presentan en la tela de la memoria etérica, sin conducirlo a desatinos y haciendo que sólo sea un
espectador de sí mismo.
De modo contrario, la libertad inmediata del espíritu, en el astral, haría recrudecer violentamente
sus evocaciones mentales sin la ayuda del cuerpo físico para atenuarla a causa de su sensibilidad
psíquica. Es obvio que el espíritu benefactor y el alma cristianizada puede dispensar de esos
cuidados y de la fase de adaptación gradual en el mundo astral, porque cuando eran encarnados ya
estaban ligados a las regiones superiores de Paz y Ventura, a las cuales se reincorporan
definitivamente después de la muerte física. Son almas que por ser bendecidas fuentes de luz y
energía superiores disuelven los mantos de las tinieblas por donde transitan.
Pregunta: ¿El periespíritu sólo aprovecha las emanaciones radiactivas que absorbe el cuerpo
físico? ¿O éste también recibe alguna cosa del organismo periespiritual?
Atanagildo: En verdad, el periespíritu usufructúa las energías magnéticas que emanan del cuerpo
físico, pero también sustenta a este último por la devolución rítmica de las fuerzas del mundo inferior;
son dos organizaciones disciplinadas que se ayudan mutuamente hasta la separación definitiva.
Comúnmente hay en el periespíritu ciertas adherencias nocivas que son productos de sustancias
astrales que más tarde pesan al efectuarse la liberación definitiva del desencarnante, por eso
conviene que sean absorbidas por el cadáver, que en este caso funciona como un condensador o
conductor de impurezas que luego se disolverán en la tierra. Si no existiera ese proceso profiláctico
para las almas que se encuentran sumergidas en las tinieblas de la rebeldía o ligadas al torbellino de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

las pasiones degradantes, serían figuras y condensadores repulsivos vivos que portarían hacia el
astral toda la escoria que se les adhirió al periespíritu.
Después que se corta el último lazo fluídico que liga al periespíritu a la materia densa del cuerpo
físico, comienza su definitiva descomposición. ¿Cuántas veces teméis que se dé sepultura a ciertos
cadáveres a la hora de conducirlos al cementerio porque se les nota un halo de vitalidad o de calor?
Pero no sabéis que, ni bien cerráis el cajón, las colectividades famélicas de los gérmenes
destructores se manifiestan, comenzando la descomposición del cadáver, comprobando una vez más
que el "cordón plateado" había sido seccionado a último instante por conveniencia técnica de los
asistentes desencarnadores.
Preguntas: Sin embargo, nos habéis dicho anteriormente que ciertas almas se liberan de su
cadáver después que ese "cordón plateado" se rompe en la tumba, por cuyo motivo sienten todos los
efectos de la descomposición del cuerpo. ¿No hay contradicción, en este caso, cuando decís que la
descomposición del cuerpo se inicia después del corte del cordón fluídico?
Atanagildo: Es evidente que en los casos de explosión o incendio —suponiendo que el cuerpo del
accidentado se desintegre por causa de los gases o las llamas— la liberación del periespíritu se hace
de modo rápido y por consecuencia el "cordón plateado" se rompe al expeler los residuos vitales que
se intercambian del periespíritu hacia el cuerpo físico. Pero existe un plazo limitado para mantener
esa relación vital entre el periespíritu y el cadáver, después que comienza la desintegración natural
por falta de cohesión molecular y debido a la función microbiana— que a manera de ejércitos
famélicos rompen el cerco de una ciudad y se entregan a toda suerte de torpezas y destrucciones,
atacando al cadáver para devorarlo. Cuando el último lazo se rompe por la intervención de los
espíritus asistentes a las desencarnaciones o en los casos de accidentes, explosiones, incineraciones
que desintegran al cuerpo inmediatamente, el espíritu pasa a vivir los horrores de su descomposición
carnal, sintiéndose devorado por la insaciabilidad de los voraces gusanos, hasta la exterminación
completa del cadáver.
Pregunta: ¿Por qué causa se ha observado que los cuerpos de ciertos humanos quedan días y
hasta meses y también años sin descomponerse?
Atanagildo: Hay criaturas, realmente santificadas, que se liberan de sus cuerpos con tal
naturalidad y rapidez, que las energías poderosas que aún circulan por el "doble etérico" son
absorbidas en su plenitud vital por el cuerpo cadavérico, manteniéndose por largo tiempo intacto y
coherso en su red atómica, hasta que se agote la vitalidad en reserva, que sólo fluye lentamente.
Algunos iniciados yogas consiguen realizar esa operación de un modo consciente, ajustando su
esfuerzo mental, poderoso, a la dinámica de su elevación espiritual, y ciertos espíritus transfieren en
un solo impacto todas sus fuerzas en reserva, que contiene el "doble etérico" en disolución, hacia el
cadáver aún sensible.
El fenómeno que indagáis se explica con suma facilidad, pues el alma cuanto más distanciada se
encuentra de las pasiones y de los intereses mundanos, tanto más liberada se halla de la carne,
viviendo anticipadamente gran parte de la vibración espiritual superior, en donde ha de integrarse
después de la muerte del cuerpo físico. Cuando llega la hora del "fallecimiento" el espíritu abandona
el vestuario carnal rápidamente y deja en el cuerpo la poderosa energía que debiera utilizar en el
retarda-miento desencarnatorio, muy común a los demás espíritus. Su cuerpo, haciendo las veces de
un "secante", absorbe la vitalidad que abunda en el periespíritu, con la que se mantendrá coherso por
algún tiempo.
Pregunta: ¿Hay algún beneficio para que se prolongue de ese modo la cohesión del cadáver,
después que el espíritu se liberó de él? ¿No es de poca importancia el cuerpo físico después que el
espíritu parte hacia el plano astral?
Atanagildo: No es el espíritu el que prolonga la cohesión del cuerpo que abandonó. Sucede, para
demostrar a los encarnados que la santidad del alma es energía creadora de vida, pues consigue
mantener establece el cadáver por cierto tiempo. Para el espíritu purificado poco importa que el
cuerpo se desintegre o no; es la ley de correspondencia vibratoria y de aprovechamiento cósmico que
actúa, haciendo que las energías puras de aquellos que vivieron dedicados a la Vida y a la Verdad,
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

sean resguardadas en el cofre de su organismo de carne y purifique hasta el mismo medio en donde
se depositan. Bajo un campo magnético elevado, las colectividades microbianas inferiores no pueden
progresar, porque esas fuerzas de vida se mantienen bajo la energética de la luz creadora.
Pregunta: Teniendo en cuenta la prolongación de vitalidad en el cuerpo cadavérico, ¿el espíritu
desencarnado no sufrirá algún día los efectos de la futura descomposición orgánica?
Atanagildo: ¡Oh, no! Si fuera así, todos los cadáveres embalsamados tenderían a aprisionar al
espíritu desencarnado. En el caso que estamos tratando, el cadáver no se mantiene íntegro porque el
espíritu se encuentre encadenado a través del último cordón fluídico, sino debido a la gran
concentración de las energías etéricas que les transfiere el doble etérico de aquel que partió, que por
efecto de su voluntad altamente purificada, bajo la imposición de la Ley de compensación sideral. La
desencarnación entre seres de mucha elevación es instantánea, porque las fuerzas purificadas que
los envuelven son intrínsecas del plano espiritual y pasarán a habitar después de su completa
liberación. ¿No acostumbráis a decir que ciertas criaturas después de "muertas" presentan una
fisonomía serena y con una hermosa iluminación, como si estuvieran descansando? Es que,
realmente, sus cadáveres están rodeados de esas fuerzas superiores que irradian de su cuerpo una
energía poderosa, como si fuera un centro profiláctico de protección y cohesión atómica.
Pregunta: ¿Por qué causa, en otros casos, los espíritus quedan encadenados al cuerpo físico,
debiendo sufrir todas las sensaciones de la descomposición?
Atanagildo: En esos casos se trata de almas pervertidas que han empleado energías
degradantes; que vivieron continuamente en el reino de las pasiones ignominiosas y de los crímenes
contra la integridad espiritual. Sus cuerpos se transforman en cadáveres aplomados a las energías
del astral inferior, que en su reciprocidad circulatoria condensa y fortifica el "cordón plateado" que liga
al periespíritu al cuerpo saturado de magnetismo repulsivo. En vez de colocarse en un campo de
energías dúctiles, delicadas y liberadoras, como en el caso de las almas santificadas, se centralizan
en un poderoso núcleo de fuerzas primarias, esclavizantes y profundamente atractivas hacia el
mundo inferior animal. El periespíritu, entonces, queda encadenado al cadáver, del que sólo consigue
liberarse después de su completa descomposición, hasta ese momento, el alma se ve obligada a
presenciar los cuadros pavorosos de los gusanos que devoran el cuerpo que ellos mismos
degradaron, pues ese cuerpo no deja de ser un condensador de fuerzas deletéreas, que se disocian
en detestable frecuencia vibratoria del astral inferior.
El santo, el yoga o el hombre evangelizado desencarnan sumergidos en un agua de fluidos
balsámicos y paradisíacos, como criaturas que abandonan un ambiente inestable para ingresar
rápidamente en un jardín de perfumadas flores primaverales; mas el espíritu del delincuente, el alma
perversa o viciada, respira los gases mefíticos hasta que se elimine la fuente que los produce.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

MORIR
Juan de Dios

¡No más dolor intenso y desmedido


en el momento angustioso de morir,
Ni el llanto pungente por verse!...

La muerte es un sueño dulce; basta creer


en la paz del Cielo, en la Tierra apetecida,
para encontrar el Amor, la Luz y la Vida,
donde hay tregua a la tristeza y al padecer.

Venturosa región del espacio Allá


donde brilla la Verdad y en donde el Bien
es el farol reluciente que conduce

a la Mansión de claridad y pulcritud,


donde los buenos que adoran la Virtud
gozan del afecto extremo de Jesús.

(Extraído del "Parnaso de Más Allá de la Sepultura" 3* Edición,


de la Librería de la Federación Espirita Brasileña.)

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

NOCIONES GENERALES SOBRE EL ASTRAL INFERIOR

Pregunta: ¿Qué son las regiones abismales o más conocidas como el "astral inferior", cuyos
conocimientos hemos recibido por algunas comunicaciones mediúmnicas?
Atanagildo: Son zonas o regiones en donde se acumulan fluidos deletéreos bastante densos y
mórbidos, formando enormes depósitos de sustancias producidas por la escoria de todo lo que la
Humanidad terrena produce por su mente irregular, así como se forman montones de residuos a
causa de los intercambios de energía por el metabolismo natural de los seres y de la vida planetaria.
Bajo la ley de correspondencia vibratoria, los fluidos puros y diáfanos tienden a expandirse y a
diseminarse en las regiones más altas del astral, fijándose en forma de energías sublimadas. De
acuerdo a la misma ley, el magnetismo opresivo y vil propende a bajar hacia los niveles inferiores que
circundan al orbe terráqueo formando la carga residual, densa y letárgica, que ha de merecer la
denominación de "zonas abismales" o "astral inferior".
Es conveniente recordaros que en el Más Allá se modifican todas las escalas y padrones de las
medidas conocidas en el mundo físico; así que cuando nos referimos a las zonas "bajas" o "altas", es
nuestro deseo dar a conocer con más exactitud las zonas interiores o exteriores, que se distinguen
entre sí conforme a la naturaleza de sus fluidos. Algunas regiones astrales se asemejan a la emulsión
sensible de las placas fotográficas, con la propiedad de fijar todas las emanaciones perturbadas de la
mente humana, como ser el miedo, la tristeza, la cólera, la envidia, la angustia, el celo, la lujuria, la
avaricia y todas las demás consecuencias de la insatisfecha y contradictoria conducta de la
Humanidad. Las demás capas fluídicas que allí se acumulan semejan una monstruosa tela de
magnetismo que se refleja en un torbellino de imágenes deformadas.
Pregunta: Hemos leído diversas obras mediúmnicas en donde los espíritus manifiestan que en el
astral inferior hay tempestades. ¿No podéis aclarar algo al respecto?
Atanagildo: En el astral inferior existen espesas sombras que se mueven constantemente, bajo
una fantástica dinamización, a consecuencia de los impulsos degradantes y agresivos de las almas
culpables que allí se sitúan. Ciertas veces, cuando la agitación de los desencarnados es excesiva,
dan lugar a las llamadas repercusiones mentales, las que se unifican a la de los encarnados, des-
atando terribles casos de odio y crueldad, como si fueran enormes avalanchas proyectadas por
pasiones degradadas que forman en el astral inferior verdaderos tifones y remolinos de sustancia
tenebrosa, que se expanden en torbellinos sofocantes, como si fuera una violenta tempestad de
arena negra y viscosa. Esas regiones perturbadas están muy próximas a la superficie de la Tierra por
cuyo motivo los espíritus benefactores que la visitan en servicios asistenciales a veces son
perjudicados durante los casos de tempestades violentas, pues esa materia degradada les lastima el
delicado cuerpo periespiritual.
Pregunta: ¿Se pueden registrar en el medio astral accidentes geográficos semejantes a los
ocurridos en la Tierra? ¿No se tratará apenas de situaciones provisorias creadas por el vigor de la
mente desencarnada?
Atanagildo: ¿Por qué no? Aunque nos encontremos en un plano vibratorio diferente al de la
materia sólida, la relatividad entre el medio y el agente es semejante a lo que sucede con el vuestro
en la Tierra. Así como en la superficie terrestre se forman surcos, valles, océanos, campiñas,
montañas y vegetación variada, también en el astral se configuran formas con sus contrastes y
puntos de apoyo, necesario para las relaciones del alma con el medio, aunque se regulen por leyes
diferentes a las del plano físico.
Las regiones inferiores del astral se nos presentan como si fueran de una solidez casi
impenetrable y tienen forma de abismos, desfiladeros, malezas inhóspitas, ríos, lagos y caminos peli-
grosos, de naturaleza atemorizante y deformada, sin la gracia del paisaje terreno. En la metrópoli del
Gran Corazón los ríos y riachos que bañan a la ciudad son fuentes de agua cristalina y de fragancia
bienhechora; en las regiones inferiores, las corrientes de agua son oscuras, cálidas y sucias, exhalan
un olor fétido y emanan vapores sulfurosos.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

De ahí el sufrimientos dantesco que padecen las almas que son atraídas y "caen" a esas zonas
sin poder orientarse para salir de ellas, siendo víctimas de los más engañadores fenómenos en sus
relaciones con el medio. Sumergidos en las sombras aterradoras y sofocados en los inmundos
desperdicios aeriformes, se ven atraídas por las más simples necesidades fisiológicas de su
periespíritu. Entonces claman por alimentos, agua, sueño, reposo y abrigo, mientras que sus
despiadados adversarios, entrenados en las sombras, agotan todas las reservas de coraje,
esperanza y alivio, vampirizándolos bajo el más humillante estado de sufrimiento moral y espiritual.
Pregunta: ¿No sería lógico que los espíritus que viven en el astral inferior pudiesen visitar las
comunidades más elevadas, así conocen el júbilo de la vida superior que les sirve de incentivo para
su renovación espiritual?
Atanagildo: A pesar de los grandes sacrificios a que nos sometemos cuando vamos en misión de
tarea sacrificial o de entrenamiento espiritual, descendemos a los planos bastante inferiores del
astral, a pesar de que nos es más fácil descender al seno de las sombras, que a los espíritus
tenebrosos o sufrientes subir a las regiones elevadas, en donde se encuentran las regiones angé-
licas. Entre ellos hay espíritus diabólicos, que en cantidades amenazadoras acostumbran atacar los
puestos y agrupaciones de ayuda que se sitúan en las inmediaciones de las zonas sombrías, pero no
consiguen su intento, porque son rechazados por aparatos defensivos a base de emisiones electro-
magnéticas. Para bajar a las regiones inferiores tenemos que revestir a nuestro periespíritu con una
verdadera escafandra de fluidos densos que nos coloquen en sintonía con el medio compacto, al
mismo tiempo que nos esforzamos por esconder nuestra procedencia y despojarnos de todas las
apariencias credenciales superiores que nos puedan identificar delante de las multitudes y de los
administradores de las ciudades subvertidas.
En la suposición de que tales espíritus inferiores pudieran subir hasta nuestra metrópoli, el
fenómeno se invertiría, pues ellos tendrían que despojarse completamente de su manto de tinieblas
para lograr alcanzar la extrema liviandad periespiritual y poder ascender a las esferas paradisíacas.
Eso lo conseguirían con sólo substituir la crueldad por la ternura, el egoísmo por el altruismo, el
orgullo por la humildad y la lujuria por la castidad, por ser el único proceso que les permitiría
equilibrarse en el ambiente sutil y purificado de las metrópolis celestiales.
Si ellos pudiesen hacer eso, hace mucho tiempo estarían completamente renovados, elevándose
por sí mismos, sin necesidad de estímulos o incentivos superiores. La madurez espiritual no se
consigue con toques de magia; es una realización paulatina y comúnmente conseguida bajo el
aprendizaje del dolor y el sufrimiento, por haber violado la Ley Kármica. Mientras tanto, nuestro
descenso al astral inferior es un acontecimiento perfectamente viable y comprensible, porque se
realiza por el auto-sacrificio y por la reducción de nuestra frecuencia vibratoria familiar. Bajo el
potencial de nuestra voluntad concentramos las fuerzas internas del espíritu, en un esfuerzo reductor,
para lograr hacernos cada vez más "pequeñitos" y poder ir al encuentro de nuestros hermanos que
han faltado a la Ley Divina. Con todo eso, no podemos dejar de reconocer cuan diminutos somos
ante la inmensidad de la Vida Cósmica.
La convicción sincera y humilde que tenemos de la grande/a de Dios y del Infinito, ya que en
realidad, no dejamos de ser un inexpresivo grano de arena sideral, y esto mucho nos ayuda para
alcanzar el éxito de esa aproximación vibratoria hacia los espíritus aun impermeabilizados contra el
flujo de la luz eterna que, sin embargo, late en lo íntimo de sus almas.
Pregunta: Los espíritus superiores que transitan por el astral inferior, ¿tienen conocimientos de
las sorpresas y fenómenos que ocurren en la región?
Atanagildo: Aun para los espíritus bastante entrenados en esas excursiones sombrías o para los
que se dirigen en procura de aprendizaje, las sorpresas que les esperan son aterrorizantes, pues no
conocen las miserias de la vida rara que oculta en las profundidades del astral inferior de la Tierra.
Todas las sensaciones de júbilo y de poesía sideral, muy común en las agrupaciones superiores y en
las ciudades elevadas, desaparecen a medida que sus moradores descienden hacia las regiones
inferiores, en donde el panorama se reviste de un fondo tétrico y de una vida que amedrenta y
repugna, en donde se enfrentan con las formas vivas más inconcebibles para la imaginación humana.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Son cuadros de torturas y excentricidades que sobrepasan a todo lo que se podría suponer y conocer
a través de la más fecunda literatura de leyendas y fantasías mórbidas.
Pregunta: ¿Cuál es vuestra sensación o estado espiritual al penetrar en esas regiones inferiores?
Atanagildo: Cuando penetro en esas regiones me siento en un mundo extraño y mórbido,
dominado por una atmósfera silenciosa y anormal que preanuncia algún acontecimiento terrible. Ese
espantoso y atemorizante silencio es quebrado súbitamente por clamores, aullidos, blasfemias y
carcajadas siniestras, produciendo agitaciones y revueltas que mueven todo el paisaje y el
ambiente, super excitándolo todo, dándole una misteriosa sensación de terror.
Su vegetación es tristona, imitando perfectamente al paisaje de fondo de las viejas historietas de
brujas, duendes y fantasmas horripilantes, algunos árboles están cubiertos de hojas, las que se
agitan y revolotean, dando la sensación de agresividad; otros no tienen hojas y elevan sus ramas,
cual brazos en resignada tortura vegetal, como si fueran adornos fúnebres en medio de un paisaje de
hollín gaseoso. A pesar del aspecto repulsivo y amedrentador de esa vegetación, se percibe la fuerza
de una vida poderosa y oculta, que parece angustiada y oprimida en una vigorosa eclosión
vegetativa, proveniente del gran potencial que nutre a los reinos inferiores de la existencia planetaria.
Desde la sutil hierba y el más diminuto insecto hasta el vegetal más prodigioso y el animal más
gigantesco, todo se presenta amenazador y siniestro. Cierta vez, después de algún tiempo de
cuidadosa observación, me sorprendí al comprobar que detrás de aquellos aspectos agresivos había
una sensación misteriosa de miedo, como si todos percibieran una extraña amenaza en la atmósfera
triste y lúgubre.
Yo no puede comparar fielmente estos acontecimientos del astral inferior con fenómenos
semejantes que acaecen en la superficie de la Tierra, pero debo deciros que, en base al silencio mór-
bido y absoluto de ciertas zonas que visité, me sentía influenciado por una extraña sensación de
"peligro a la vida", aunque ignorase su origen y razón. Algunas veces comparé lo que precede a las
grandes tempestades cuando la quietud y la calma momentánea es violentamente interferida por la
cólera de la naturaleza, en donde el suelo es barrido por la fuerza del tifón y el paisaje es fustigado
por la tormenta impresionante. A pesar de la familiaridad con que afronté todas las sorpresas del
mundo astral, aún no puedo dejar de impresionarme con ese misterioso silencio que preludia al torbe-
llino de una vida avasallante y agresiva en el astral inferior. La vegetación, los animales y las aves
que viven en esa región oscura del astral, llena de formas tenebrosas e inestables, parecen mantener
entre sí una actitud extraña, como si se protegieran de una cosa que les causa mucho miedo y
angustia. Entonces procuran vencer el miedo producido por el ambiente misterioso que los rodea, por
medio de otro miedo mutuo que encubre una actitud defensiva.
Pregunta: ¿A qué atribuía esa sensación de angustia y al mismo tiempo de miedo que notasteis
en el ambiente astral inferior?
Atanagildo: Es conveniente que no olvidéis que os estoy dando mis impresiones personales
sobre la naturaleza del mundo astral inferior, dentro de mi conocimiento y de mis actuales reacciones
psicológicas. Es evidente que otros espíritus que fueron sometidos a las mismas experimentaciones
os podrían ofrecer consideraciones y relatos mucho más lógicos, en base a conocimientos muy
avanzados y más allá de mi simple concepción particular. No guardo la presunción de poseer mejores
conocimientos que otras ramas de la metrópoli del Gran Corazón, como tampoco quiero sugeriros
que soy demasiado sensible e impresionable por los fenómenos relatados. Pero os aseguro que el
pavor, la angustia y al mismo tiempo la misteriosa amenaza que existe en toda la región del astral
sombrío y que se extiende aparentemente a todos sus habitantes excéntricos, debe tener su origen
en las emanaciones mentales inferiores, de perversidad, celos, desesperación, odio, envidia y demás
pasiones tenebrosas que provienen de la mayor parte de la humanidad allí existente.
En cambio, la vegetación, las aves, los animales y las cosas que existen en las colonias y
ciudades elevadas, están saturados de vida, son tiernos y comunicativos y se nutren por los esplen-
dores de la luz que los envuelve continuamente; en el astral sombrío, la falta de luminosidad interior
produce el ambiente infectado y oprime el libre influjo de la savia creadora, resultando el aspecto
torturante y asustador que domina a todas las cosas existentes.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Si la luz en nuestra metrópoli renueva y purifica nuestras relaciones con el medio y los seres,
tornándolos en admirable prolongación comunicativa de nosotros mismos, es de imaginar entonces
que la falta de luz en las regiones infelices incentiva al máximo el egoísmo y la impiedad,
exceptuando las condiciones apropiadas para proteger su personalidad inferior y a su vez para que
puedan sobrevivir en un medio tan hostil para la vida misma.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

NOCIONES SOBRE LAS CIUDADES DEL ASTRAL INFERIOR

Pregunta: Nos gustaría que nos dierais conocimientos, lo más detallado posible, para comprender
mejor de qué modo se localizan o se establecen en el astral inferior las grandes cantidades de
espíritus que diariamente son transferidos desde Tierra hacia allí. Como sabemos, la Tierra recibe
también gran cantidad de espíritus malévolos, pero todos están distribuidos por las ciudades terrenas,
viviendo en común con los espíritus encarnados de cierta elevación. Si en las ciudades del astral
superior sólo ingresan espíritus elevados, creemos que en el astral inferior también existen ciudades
en donde viven los retardados en su evolución espiritual. ¿No es verdad?
Atanagildo: Justamente; la mayoría de esas ciudades inferiores están relativamente organizadas,
aunque se congreguen allí los peores malhechores, crueles verdugos y espíritus que se degeneran al
extremo en el mundo de la carne; muchos de ellos son representantes de las más destacadas
profesiones humanas y egresados de las más famosas academias de la Tierra. Existe desde el
médico que en el mundo material hizo del dolor humano un excesivo negocio, el ingeniero
deshonesto que se enriqueció con los negociados fraudulentos y sembró la miseria entre los infelices,
el político que engañó a sus electores, el abogado embrollón, el militar que practicó injusticias a la
sombra de las fuerzas armadas, el administrador que dilapidó los cofres del patrimonio público y
hasta la mujer hermosa que erigió un trono de joyas y bienes sobre el perjuicio ajeno.
También se puede encontrar en esas ciudades dantescas al sacerdote que manchó la santidad
de su iglesia, el ocultista que abusó de sus poderes para su exclusivo favorecimiento, el médium
espirita inescrupuloso que cambió los bienes de lo Alto por los placeres peligrosos del mundo, el
pastor puritano que se hizo avaro y cruel y el "macumbeiro", que a través de la amistad del viejo
negro y del ingenuo indio instaló un negocio deshonesto en el "despacho" de campaña.
En base a espíritus de todos los matices y profesiones que allí se congregan, víctimas de delitos
execrables, muchos de raciocinios geniales pero duros de corazón, se alían en recíprocos esfuerzos
de interés común para lograr mayor éxito en sus objetivos diabólicos. Su extremo egoísmo y su
ambición los organiza para preparar a los seres delincuentes en provecho propio, usufructuando el
máximo de satisfacciones y dominio en la atmósfera deletérea. Cuando examiné los sectores
administrativos de una de esas ciudades en las comunidades del astral inferior, no pude dejar de
reconocer el toque de competencia del ingeniero en cierta construcción de los palacios y plazas
públicas destinados a los más felices, aunque llevaran exagerada suntuosidad infantil y confort
medieval; percibí algunas imitaciones de los dispensarios médicos, que eran exclusivamente para los
fieles prosélitos y señores de la comunidad inferior.
Identifiqué también un servicio algo eficiente de iluminación, de aspecto mortecino, proveniente
de una usina que funcionaba a base de elementos electromagnéticos, muy común en el medio astral.
Esa energía la usaban para beneficio de la colectividad para fines de dominio sobre las zonas
desamparadas y contra la penetración de las masas sufrientes que venían de los extremos de los
suburbios. Aunque no penetré en la intimidad de aquel pueblo egocéntrico, después de muchas
reflexiones y observaciones sobre lo que se me presentaba ante la visión comprobé que la ciudad se
parecía a un gigantesco rombo en cuyas puntas existían sórdidos suburbios, los cuales se extendían
por muchos kilómetros sobre las grandes zonas abismales, saturadas de criaturas en un pavoroso
caos de dolores y sufrimientos, como si fuesen prisioneros provenientes de los campos de
concentración de la última guerra terrena.
A ninguno de esos infelices les era permitido entrar en el suntuoso perímetro de los edificios
públicos de importancia y a las viviendas ostentosas de los privilegiados de la extraña metrópoli.
Constantemente la turba de impíos policías contratados por la dirección de la ciudad bajo, el más
sádico barbarismo, expulsaban a latigazos a esos infelices, que desesperadamente intentaban
penetrar por las callejuelas para alcanzar el perímetro aristocrático. Era un espectáculo de terrible
crueldad; azotábanse a mujeres y hombres, aunque se encontrasen en la más negra miseria y
desequilibrio psíquico, a la vez que recibían una lluvia de improperios que terminaban por atontarlos.
Pregunta: ¿De dónde proviene esa multitud de criaturas miserables que se encuentra
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

amontonada en los suburbios de la ciudad?


Atanagildo: Cierta parte fue confinada allí después de haber servido de banquete deletéreo en
procedimientos infames, que aún es prematuro revelar; otra parte es la reserva mórbida recién
llegada, que dirigirán los "fieles", después de auscultarla, hacia el servicio diabólico de la obsesión
metodizada. Aquellos que ya fueron agotados bajo nefastos propósitos, los abandonan y expulsan
hacia los lugares tenebrosos llenos de reptiles y gusanos que pululan en los matorrales del astral
inhóspito; mientras tanto, nuevas cantidades de seres compensan la carga agotada, destinadas a los
abominables procesos de vampirización y nutrición vital, en los trabajos de ataque a los encarnados.
Después de avanzados trabajos de magia, los técnicos de las sombras siguen a los espiritas
sufrientes recién llegados, que en la Tierra fueron obsesados y convenientes a la comunidad astral.
Esos infelices desencarnados quedan unidos a la organización periespiritual de los terrenos,
desempeñando la tenebrosa tarea He transmitir o filtrar hacia el cuerpo de las víctimas encarnadas
las miasmas de su propia molestia y que sufrieron cuando estaban encarnados. Es por esa causa
que la medicina terrena es impotente ante las extrañas enfermedades incurables y los cuadros
patológicos desanimadores, pues la causa principal siempre existe en esa "yuxtaposición
periespiritual" entre un desencarnado enfermo y un encarnado sano, y se debe al descuido moral y
evangélico de este último. Cuando los malhechores de las sombras envuelven a la criatura humana
con su negligencia espiritual y esclavitud a las pasiones aniquilantes, sólo las fuerzas íntimas de la
oración y la renovación inmediata es la que le proporcionará la liberación de la obsesión o del
vampirismo, que de modo alguno se conseguirá con inyecciones, grageas o intervenciones quirúr-
gicas rápidas.
Pregunta: ¿Qué idea aproximada podríamos tener de ese perímetro en donde se encuentran los
conjuntos de edificaciones más aristocráticas de la ciudad?
Atanagildo: Podéis imaginar una cuadra urbana de una metrópoli terrena, en cuya área, bastante
grande, habitan los administradores, jueces, artistas, científicos, cortesanos y ejecutores judiciales,
que imitan bastante el fausto libertino de las cortes sensualistas orientales. El aspecto general de la
ciudad es de abandono, pues se aprovechan indiscriminada e impíamente todas las energías de las
criaturas esclavas, que deben servir a las más repugnantes satisfacciones mórbidas y son utilizadas
comúnmente como instrumentos vivos para toda especie de obsesiones y venganzas en contra de los
encarnados. A través de las informaciones recibidas por parte de las entidades benefactores, que se
encuentran disfrazadas, me enteré de la existencia de una organización al servicio de la obsesión en
contra de los terrenos, que tiene un dominio execrable y completo sobre muchos grupos de encarna-
dos, que se transforman para ello en objetivos vivos al corresponder a las abominables sensaciones
de los malhechores desencarnados.
Pregunta: ¿Qué forma tienen esos palacios o edificios públicos?
Atanagildo: Estoy describiendo la naturaleza del astral inferior que más he visitado en mis
excursiones de socorro. Cuando por vez primera obtuve permiso para penetrar en su interior con la
ayuda de un espíritu benefactor que se encontraba disfrazado como habitante cooperador del servicio
público, me encontré con grandes palacios y edificaciones exóticas separadas por extensos grupos
de residencias aristocráticas que formaban prolongadas calles y plazas, decoradas a veces con cierto
gusto, pero con una espesa vegetación verde oscura, dura y muy parecida a las fibras de la palmera
brasileña.
Los canteros estaban bien cuidados por el brazo del esclavo y llenos de flores extrañas,
haciéndome recordar ciertos especimenes florales del Brasil que tienen la propiedad de atraer a los
insectos, por su perfume selvático, para devorarlos más tarde, aprisionados por sus corolas.
Me sorprendió también la gran cantidad de cactus que formaban vigorosos círculos protectores
alrededor de los canteros, los que presentaban prodigiosas flores, unas de colores rojos vivos y otras
amarillas como la yema del huevo, que pendían de unas arboledas bajas y que parecían oprimir la
atmósfera contra e] suelo duro y granulado; de esta arboleda colgaban numerosas especies
parasitarias que exhalaban un perfume atrayente pero muy perturbador.
Más tarde, en nuevas excursiones, pude observar con más detenimiento los lugares en donde se
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

encontraba aquella prodigalidad de flores, compenetradas en la atmósfera silenciosa que proveía la


arboleda baja v gruesa, que más se asemejaba a pequeños bosques que a jardines floridos. Allí todo
tenía el matiz, el vigor y la ostentosidad de una naturaleza salvaje, cuya vida en alto potencial parecía
explotar en todo momento; el tipo grosero de las flores parasitarias, la rudeza del aspecto de los
cactus, que decoraban el escenario, de un calor verde oscuro con pinceladas vivas de rojo llameante,
enmarcado por el amarillo exótico, era la prueba evidente de la fuerza vigorosa del astral inferior que
fluía en formas decorativas, creando una belleza brutal y fugitivamente amenazadora.
Pregunta: ¿Sobre la higiene que existe en esas ciudades que visitasteis nos podéis decir algo?
Atanagildo: Existen ciertos gustos y cuidados higiénicos; lo que impresiona mal es el gusto por
los colores chillones y principalmente la acentuada predilección por el rojo, que aun en la Tierra
misma es símbolo de fuerza instintiva inferior, y el color de la sangre, que recuerda a las tragedias
sanguinarias. Alrededor de las creaciones que existen, siempre se manifestaba cierta austeridad muv
apropiada de los pueblos conservadores, orgullosos y tradicionalistas.
Observé eme los moradores no sentían la opresión v la angustia que a mí me afectaban el
periespíritu y que provenían de la atmósfera ambiente, demasiado densa. En Brasil se acostumbra a
denominar "sofocante" esa atmósfera opresiva y fatigante que se registra muchas veces antes de las
tempestades. El aire denso, que abunda por demás en esas ciudades, dificulta la filtración de la luz
solar, pues el astro-rey parecía ser un disco sanguíneo y oprimido en medio de un cielo tórrido. A la
noche, debido a la débil luz proporcionada por el aparato de la usina electromagnética e insuficiente
para toda la ciudad, se ayuda con otra luz artificial, que se consigue por el proceso primitivo de la
quema de las energías astralinas, aprisionadas en tubos de vidrio, parecidos a las lámparas de
kerosén de las ciudades coloniales.
En algunos puntos más oscuros y en los lugares sombríos de las calles observé hachones
grandes que distribuían una luminosidad fogueada, pero sin resina o humo.
Al apartarme del centro principal, en donde se encontraba el caserío aristocrático y las
instituciones administrativas, la iluminación de la ciudad me parecía un gran incendio, observado a
distancia y en una noche neblinosa.
Pregunta: ¿Cuáles son los tipos característicos de transeúntes en esa zona aristocrática?
Atanagildo: Cuando estuve allí noté los más exóticos y discrepantes aspectos de trajes; algunos
vestían casacas azules o de un rojizo llameante, en excéntrica combinación con calzones amarillos,
azul índigo y rojos, y esa indumentaria extravagante se completaba con zapatos de un tejido muy
parecido a la cabritilla blanca, encimados por grandes borlas de una especie de seda escarlata.
Observé que otros vestían trajes de los más variados tipos de nacionalidades terrenas, pues
había desde el esclavo del siglo XVIII al francés monárquico y hasta los de túnicas griegas anteriores
a Cristo.
En el medio exótico de aquellas criaturas y trajes colorirlos, que revelan la atracción bastante
infantil de los moradores de la ciudad, por los vestidos vivos y romanescos, se destacaban ciertos
grupos de hombres de capas negras, brillantes y escarlatas por dentro, ostentando sombreros largos
y de una especie de gamuza amarilla viva, inclinados sobre los ojos y con amplias plumas de un
rojizo subido. De ojos siniestros, pasos largos y un balanceo del cuerpo al andar, que recuerda a los
viejos lobos de mar, estos seres caminaban apoyando sus manos enguantadas sobre sus espadas
sujetas al cinto adornado de piedras preciosas. Sus aspectos eran amenazadores y los transeúntes
más osados no disimulaban su malestar al enfrentarse con esos hombres, que en grupos de seis a
doce recorrían las calles ostentando placenteramente un aire de maligna provocación.
Los esclavos, empleados en tareas degradantes o empujando vehículos pesados, me hacían
recordar los sudorosos "coolíes" de la China, temblaban como varas verdes y huían apresurados de
la trayectoria de ese tipo humano de aire tenebroso. En un rápido mirar, no pude huir a un instintiva
impresión de temor; eran ojos siniestros, con fulgor de acero y encajados en un rostro feroz como el
del lobo; tenían en su cara la palidez terrosa, la nariz aguileña y la cabellera de un castaño subido
que les salía por debajo del sombrero y les caía formando franjas, como si fueran viejas hilachas

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

caídas sobre los hombros angulares.


Más tarde vine a saber que esas criaturas eran secuaces avanzados del "poder ejecutivo" de la
ciudad, y conocidos como los "fieles", porque además de estar dotados de la más grande crueldad y
ambición, hace muchos siglos que cumplen fielmente la voluntad del gobierno oculto de la
comunidad. A primera vista me parecían copias exactas de las caricaturas de los mosqueteros de
Dumas, vivían siempre a la caza de almas infelices, arrebatándolas, como los demonios de la
leyenda, para después esclavizarlas a la rueda infamante de la esclavitud astral, además de haber
sido los autores de las más diabólicas empresas obsesivas y del dominio cruel en el mundo inferior.
Procuré sondear en sus almas y comprobé que se trataba de entidades excesivamente perversas, en
cuya faz de hienas se estereotipaba la síntesis de todas las maldades, villanías, torpezas y
libertinajes, multiplicados al máximo.
Pregunta: ¿Qué idea podríamos hacernos de ese "gobierno oculto" o de la organización del
"poder ejecutivo" en esa ciudad del astral inferior?
Atanagildo: No puedo extenderme en detalles sobre ese asunto porque no recibí autorización
superior para efectuar revelaciones que aún se consideran prematuras y que harían al médium
demasiado visible para aquellos, de este lado, que desean mantener a los encarnados en la más
crasa ignorancia de sus tramas maquiavélicas.
Pero puedo informaros que además del poder ejecutivo o poder "visible" de la ciudad, hay otro
más fuerte y satánico que actúa sobre los seres más poderosos. Es un comando maligno y milenario,
que controla y administra a todas las colectividades diabólicas de las sombras y que siempre soñó en
volverse el gobierno oculto del psiquismo y de la sustancia material del planeta Tierra. En los planos
de los desencarnados he oído a los espíritus superiores mencionar algo sobré una conciencia
diabólica pensante, que trama los planes subversivos del planeta y que se denomina el "mayoral", en
un sentido algo degradante.
Su influencia —dicen los entendidos— se ejerce antes de la inmersión de la Atlántida. Cuando
me enfrenté con aquellos espíritus diabólicos, imitación exótica de aquellos personajes de los
romances de capa y espada, constaté que sus líneas fisonómicas no se ajustaban al tipo común de
los nombres terrenos, pues tenían un "algo" que los particularizaba. Tal vez por eso usufructuaban el
sádico concepto de ser las garras avanzadas de ese gobierno oculto y diabólico, que aún intenta la
hipnosis matrera del orbe y que actúa interiormente a fin de bestializar a la humanidad y hacerla dócil
a su definitivo juego satánico.
Presentí en todas esas comunidades inferiores una disciplinada organización del mal, en elevado
potencial, que actúa ocultamente para lograr sustraer al orbe terráqueo de la influencia de Jesús, su
verdadero y magnánimo Gobernador Espiritual.
Pregunta: De acuerdo a vuestras descripciones, esa comunidad inferior posee calles, edificios,
jardines y servicios públicos y deberá poseer vehículos adecuados a sus necesidades. ¿No es
verdad?
Atanagildo: Cuando estuve allí me encontré con muchos vehículos tirados por muías, otros por
infelices esclavos que eran azotados con un chicote de finísimas puntas de color, manejados por
figuras patibulares. Noté también la existencia de algunas sillas circulantes sobre el lomo de los
animales, otras con adornos de colores, dominando siempre el amarillo y el rojo, y por último observé
algo muy parecido a las antiguas literas coloniales, cuyas varas, en vez de aprisionar al caballo, se
apoyaban en los hombros de los esclavos jadeantes. Todo eso me hacía recordar el antiguo Brasil
colonial, pero el lujo de aquellas criaturas era exagerado y profundamente tonto ante la prodigalidad
del uso de galones, blasones y adornos, percibiéndose fácilmente el fanatismo infantil de las
competiciones de superioridad jerárquica entre los señores.
Por las extensas avenidas del perímetro central, totalmente liberadas de la presencia de los
infelices llegados —verifiqué que algunos alcanzaban hasta cinco kilómetros de largo—, transitaban
multitudes de seres. Sus quehaceres e intenciones eran perfectamente controlados por grupos de
policías siniestros que obedecían respetuosamente a los "fieles" mosqueteros que cité anteriormente.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Esos policías, brutalizados y secos en su trato personal, eran fuertes, pero inclinados hacia
adelante, de finosomía fuerte y simiesca, sin la agudeza del mirar de los "fieles"; sobre la cabeza
usaban bonetes rojos, de visera cuadrada de color amarillo vivo; el cabello estaba cortado a la moda
de los salvajes brasileños; vestían blusones sueltos, de un rojo irritante, con fajas rosas y en el pecho
se les veía un rombo amarillo con el emblema de un dragón o lagartija negra vomitando fuego. El
traje se completaba con un calzón corto, azul oscuro y estaban descalzos, mostrando las piernas
torcidas y peludas. Sus brazos eran largos, como si fueran ganchos vivos, llevaban un bastón corto,
negro, que debió haber sido sometido a algún proceso electromagnético, pues cuando golpeaban a
los transeúntes que les desobedecían éstos entontecían y buscaban algún lugar de protección para
apoyarse jadeantes, dando muestras de flaqueza y desvitalización. Se movían en grupos de tres a
seis individuos y se les veía en el rostro la falta de escrúpulos y piedad, aliada a una fidelidad canina
hacia sus superiores.
Dos tercios de la población estaban esclavizados y la libertad anulada por un poder oculto,
infernal, excepto el tercio de privilegiados que ejercían terrible tutela sobre los demás.
Pregunta: ¿Qué analogías habéis notado entre las ciudades del astral inferior y los núcleos
civilizados de la superficie de nuestro globo?
Atanagildo: Desconozco otros tipos de comunidades, en el género, que existan en otras regiones
astralinas; las impresiones que estoy dando están basadas sobre las comunidades del astral, de las
cuales la metrópoli del Gran Corazón tiene especial interés en rescatar espíritus sufrientes bajo su
jurisdicción espiritual. Como esas comunidades funcionan hace mucho tiempo en el astral inferior y
evolucionaron de simples agrupaciones rústicas, de espíritus de hombres primitivos, no presentan
posibilidades de grandes realizaciones en materia de modernismo, pues muchos de sus
administradores aún no se familiarizaron con las últimas realizaciones científicas y artísticas de
vuestro orbe.
Algunos de sus dirigentes son almas rebeldes y egresadas de civilizaciones letárgicas y
atrasadas de Oriente; otros, cuando estaban encarnados, atravesaron el océano Atlántico con las
primeras expediciones después de Colón, remitidos hacia Brasil como la peor escoria de Europa;
muchos desencarnaron en las costas brasileñas en sangrientos combates de piratería, quedando
adheridos al astral del Brasil.
No faltan criaturas de inteligencia y cultura avanzada, pero son almas que aún están retrasadas
en su progreso espiritual, a semejanza de ciertas tribus de Asia, que recorren a caballo o en
ataviados camellos las mismas carreteras que surcan los veloces automóviles modernos.
Por eso, esas ciudades presentan aspectos familiares con la arquitectura colonial de Portugal y
con la de Brasil de los primeros siglos de su descubrimiento. Muchos de sus jefes, que emiten sus
decretos llenos de torpeza y venganza indescriptibles, no son vistos ni conocidos en la ciudad, pues
viven en tenebrosas fortalezas de aire medieval, haciendo estremecer con sus nombres muy
conocidos en la Tierra a todos sus infelices subalternos. Cuando la Ley resuelve encaminarlos hacia
una nueva encarnación en la superficie terrena, casi siempre siembran incontables desgracias en
vuestro mundo, manchando de sangre las ciudades, saqueando pueblos o torturando a multitudes,
dejando tras de sí estigmas crueles y gritos de desesperación. Sus nombres temerosos las guarda la
historia como el de Gengis Khan, Tamerlán, Borgia, Nerón, Calígula, Torquemada o Rasputín,
mientras que la prensa moderna los señala como Hitler, Himmler, Mussolini o Tojo. Entre ellos
mismos, cuando están encarnados, no cesa la competición feroz, por consecuencia del exceso de
ambición en todas sus actividades diabólicas, por cuyo motivo permanecen bajo el yugo constante de
los celos, la envidia, el odio y la traición. Cuando ostentan los poderes, no sólo dilapidan las rentas
públicas en negocios deshonestos, sino que practican crueles expurgaciones entre ellos mismos,
dominados por ese estigma de envidia, desconfianza y delación recíproca, que a veces alcanza el
límite de la impiedad.
Viven en alta tensión nerviosa y aunque sean poderosos no gozan de la paz tan deseada, pues
sin duda alguna que esa paz no puede alcanzarse bajo el dominio de la violencia. Entonces se
acechan como perros de presa, vigilándose continuamente, buscando alcanzar nuevos lucros y
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

poderes más amplios, a fin de colocarse a salvo de las ambiciones de sus propios amigos.
Pregunta: ¿Cuál es la forma de Gobierno en las comunidades del astral inferior?
Atanagildo: Es una verdadera oligarquía aliada a las tradiciones del orgullo, vanidad y
prepotencia, que se extiende a través de los siglos, celosamente defendida y conservada por la mis-
ma grey de almas y "sangre negra", tal como la conocen los mentores siderales. Su leyenda es
contundente y hostil, pues dicen que es mucho más glorioso ser rey de una banda de demonios que
ser esclavo de una corte de ángeles. Se sienten humillados ante la sugestión de los poderes del Bien,
que los encuentran aniquilantes y ridículos y detestan incondicionalmente. Ejercen dominio sobre
millares de esclavos que provienen de todas las esferas de la vida carnal que se desviaron del
camino sensato de la vida cristiana; ejercen influencia sobre gran cantidad de encarnados
imprudentes, que viven aferrados a los vicios y pasiones animales, con el fin de extraerles el máximo
de "humus-vital", que tanto precisan para aumentar las sensaciones pervertidas.
Sus ideas son una mezcla de sofismas y simulación, simbolizando al diablo vestido de ángel, y
cuando los más hábiles y cultos se encargan de la materia, se vuelven filósofos que glorifican la falta
de pudor, lanzando al mundo doctrinas que valorizan las pasiones de la carne y critican la candidez
del alma. Luchan desesperadamente para mezclar la pureza y la santidad del Evangelio de Jesús,
infiltrándose en todas las instituciones en donde puedan contradecir sus divinas máximas, así
favorecen inmediatamente el credo, la secta o a la institución que pregona el amor de Cristo con el
interés del César. El Espiritismo, como uno de los movimientos de mayor popularidad en estos breves
tiempos, está siendo una de las doctrinas más bombardeada por esos comandos de las sombras que
a toda costa traman entregarlo al ridículo, a la contradicción y crear el desamor entre sus adeptos
para subvertir las bases santificadas de la codificación.
Pregunta: ¿Esas ciudades o comunidades fueron fundadas y organizadas por los mismos
espíritus que las administran actualmente? ¿Podrían desaparecer o desorganizarse, en la suposición
de que tales almas se renovasen y abandonasen su dirección gubernamental?
Atanagildo: No desaparecerían porque tras de toda esa megalomanía y administración infernal
existen otros poderes que no estoy autorizado a revelar. Los más crueles espíritus del astral inferior,
que administran tales colectividades sombrías, no dejan de ser "puentes vivos" o "puntas de alanza"
de otros seres que tienen proyectos diabólicos y que lo intentan hace más de 60.000 años para lograr
el dominio completo de nuestro orbe. Más adelante, los mentores siderales os harán revelaciones
graduales y más avanzadas, para que así podáis valorar mejor la profundidad del asunto, que yo no
puedo esclareceros en este momento. Entonces podréis comprobar la dramaticidad compensadora, o
sea, el verdadero metabolismo que elabora la conciencia espiritual y la conduce a su feliz desarrollo
angélico.
Pregunta: ¿Qué goce sienten esos espíritus tenebrosos, que los lleva a gobernar y convivir
satánicamente en esas ciudades opresivas del astral inferior?
Atanagildo: ¿Indagáis vosotros por qué ciertos gobernadores y administradores públicos
terráqueos también quieren eternizarse en el poder, aunque les haya llegado la hora de abdicar en
sus cargos que el pueblo les confió? Sin duda, cuando no se está ligado a ningún interés personal o a
la necesidad de atender la ambición famélica de parientes carnales, está ligado a la voluptuosidad de
poder, la vanidad de la dirección o al deseo de desquitarse políticamente.
Muchos de esos hombres prefieren ser aclamados por la hipocresía de aquellos que sólo ven la
posibilidad de su propio bien, a gozar de los beneficios que concede la afección pura, o recibir la
reverencia respetuosa de aquellos que son sinceros pero que no los lisonjean. Es evidente entonces
que los espíritus tenebrosos, que permanecen aferrados a la dirección del astral inferior, son los
mismos hombres que prevaricaron en el mundo carnal y que adoran la lisonja y el poder político. Y
como no les queda otro imperio sino el que les confiere el mando de las sombras y la corona del
orgullo, es muy lógico que se presten y peleen por asumir el mando de las Tinieblas para continuar
gobernando.
Como los placeres y los deseos del alma se vuelven cada vez más groseros e insaciables cuando
el espíritu se pone en contacto con el campo vibratorio de la vida inferior, podéis imaginar qué
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ambición diabólica llegan a alcanzar las almas pervertidas y crueles en su desesperación para
satisfacer los placeres más abyectos y los poderes más infernales.
De ahí nace la leyenda de Satanás, con la ambición y la crueldad que fluye por los ojos de felino.
Y como también somos egresados del mismo estado satánico y hemos provocado el amargor de la
hiel de la crueldad y de la torpeza espiritual, nos cabe ahora cooperar, sin desánimo y sin descanso,
para convertir a esos hermanos satánicos y avivarles la llama angélica en lo íntimo de sus corazones,
cubiertos de tinieblas.
Pregunta: ¿Cuáles fueron vuestras impresiones al penetrar por primera vez en una de esas
ciudades del astral inferior, en donde viven criaturas esclavizadas por las organizaciones del mal?
Atanagildo: Aunque no me considere un espíritu de elevado grado, me sofocó de tal modo el
ambiente de la ciudad, que casi llegué al punto de pedir socorro a las falanges amigas. La respiración
se hizo jadeante y por el interior de mis pulmones penetraban fluidos pegajosos que pesaban en mi
indumentaria peri-espiritual, haciéndose tan opresiva como si estuviese vestido con un traje de acero.
Me sentí casi agotado en mis fuerzas magnéticas acostumbradas, como si un invisible vampiro
hubiese chupado toda la vitalidad de mi periespíritu. Con respecto al caminar, tuve la sensación de
estar moviéndome en medio de un barco viscoso. Sólo más tarde pude valorar el poder absorbente
del periespíritu en esas regiones, en donde precisamos estar alertas y tener imperiosa voluntad, no
sólo para regular el metabolismo en relación al magnetismo energético del medio, sino adaptarlo
también inteligentemente para la defensa del plano asfixiante.
Pregunta: ¿Por qué no pudisteis reaccionar concentrando energías más poderosas o disolviendo
el magnetismo exterior tan opresivo?
Atanagildo: Si así lo hiciera no podría hacerme visible en la ciudad y terminaría perdiendo el
aprendizaje socorrista que en la actualidad tanto me beneficia al espíritu, pues si estuviese sometido
a mi frecuencia vibratoria común no podría actuar o relacionarme prácticamente en ambiente tan
denso.
Los sentidos psíquicos de aquel tipo de alma subvertida están circunscriptos a una faja vibratoria
bastante reducida, por cuyo motivo se les escapa cualquier contacto positivo y directo con los
espíritus que se afinan a los padrones astrales por encima de las fronteras de las sombras. Noté que
después de la absorción de las energías opresivas y de la inhalación del fluido denso del medio
inferior, me hice visible a ciertos grupos de individuos que transitaban por el suburbio, bajo cuya
intensa neblina plomiza pude efectuar mi materialización rápida, sin provocar desconfianza o
curiosidad.
Pregunta: ¿Cuál fue la sensación que experimentasteis en ese medio opresivo y con el
periespíritu tan denso?
Atanagildo: En comparación con mi libertad en el ambiente de la metrópoli del Gran Corazón, me
sentí como inhibido en casi todos mis movimientos, como si estuviese actuando en un organismo de
carne terrena, perturbado por una parálisis. Algo parecido a un hollín húmedo se filtraba a mi cuerpo
etéreo que oprimía todos los movimientos. Bajo inauditos esfuerzos, para someterme a ese heroico
curso de auxiliar de las zonas sombrías, dinámico mi voluntad casi extinguida, a fin de impulsar con
éxito a mi vehículo periespiritual a través de las calles suburbanas, cuajadas de desperdicios y
criaturas en las más penosas situaciones, mezclándose los tipos de seres con aspecto bovino y re-
pugnante, con otros de rostros de hiena y buitre.
Pregunta: ¿Qué sensación tendríamos nosotros, como terráqueos, si fuésemos sometidos a esa
condición tan opresiva, como sucedió al hermano?
Atanagildo: Sería lo mismo que cayeseis a un pantano nauseabundo y fueseis obligados a
soportar por cierto tiempo, el lodo repugnante alrededor de vuestro cuerpo físico, ensuciando las
narices, los labios y oprimiendo vuestros movimientos.
Pregunta: ¿Cuál sería la idea más precisa que podríamos tener de la vida en común, ea las
ciudades inferiores?
Atanagildo: En general, aunque se note cierto orden administrativo en la zona central, no dejan
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

de ser comunidades des-prolijas, con medios de vida extravagantes, porque sus administradores
viven dedicados al placer y a la ociosidad.
Sin embargo, pude identificar en una de esas ciudades que visité, algunos componentes de
nuestra metrópoli, en tareas sacrificiales, las cuales, después se dieron a conocer a nuestro equipo
por señas particulares, prosiguiendo su camino simulando ser habitantes comunes de la ciudad,
como si estuvieran desempeñando tareas particulares. Más tarde, vine a saber, que esas comunida-
des ociosas y rebeldes, en donde se sitúan los infelices padecedores de los mayores horrores jamás
imaginados por el cerebro humano, también son atendidos y socorridos por las entidades de las me-
trópolis superiores, qué procuran recuperar a los espíritus menos culpables y hacerlos emigrar hacia
las zonas de asistencia espiritual, junto a la superficie terrestre.
Con esfuerzo, había alcanzado el límite suburbano de la ciudad, cuando se me presentó un
aterrador espectáculo, pareciéndome que esa tenebrosa metrópoli fuera escogida por Dante Alighieri
al describir su visión del Infierno. Caminaba hacia el caserío sucio y mal oliente, cuando resolví subir
a una regular elevación del terreno, para orientarme mejor entre los callejones oscuros e inundados
de inmundicias.
Entonces, la escena que descubrí fue horrorosa, pues alrededor del suburbio había multitudes de
criaturas estropeadas y adheridas al suelo pegajoso, como si fuesen reptiles y gusanos repugnantes.
Desde lejos se percibía el mal olor que exhalaba la materia pútrida de aquellos individuos llagados.
Aunque estaba profundamente contrariado, resolví descender y penetrar callejuela adentro para
asistir al espectáculo horripilante, que me pareció el más degradante que yo haya contemplado. Eran
seres mutilados, que parecían verdaderas llagas vivas, que además hacían cruciales movimientos;
otros, alienados de caras tenebrosas, reían siniestramente, mezclándose entre hombres de cataduras
feroces, perversos sarcásticos e insolentes, que no podían esconder los extraños estigmas que
marcaban sus actos brutales, identificándolos perfectamente angustiado, comprendí que me
encontraba en un enorme depósito —si cabe el término— de almas carcomidas y retardadas en el
camino evolutivo de la espiritualidad, que se amontonaban sin respeto alguno y se entregaban a toda
suerte de villanías y sufrimientos. Allí no había orden, ni ley, no se oía el canto jubiloso de la mujer
joven o la risa abundante y cristalina de la criatura inquieta, ni las voces alegres de los hombres
reviviendo las existencias aventurescas del pasado. No se veía señal alguna de trabajos benéficos o
iniciativa de higiene, corroborándolo la inmundicia de los suburbios. En el aire latían las irradiaciones
identificadoras de la más crasa brutalidad, avaricia, ambición, libinosidad y la terrible sensación de
envidia mezclada al más feroz egoísmo, como prueba evidente de la lucha y la competición
subversiva muy común entre los malhechores.
A medida que avanzaba entre las calles tortuosas y oscuras, que hacían evocar en mi
pensamiento, las callejuelas de la Edad Media, mermaba entonces la pesada niebla que me
envolviera a mi llegada, a la vez que percibía a la distancia un claro, débil y fogueado que despuntaba
en el horizonte neblinoso. El horrendo espectáculo de las escorias vivas aún no terminaba, pues
continuamente surgían otros infelices que presentaban repulsivas deformaciones en sus periespíritus,
muchos de ellos estaban como doblados sobre sí mismos mostrando úlceras extrañas, atrofias ex-
travagantes y padecimientos que no podrían describirse ni por la pluma del más trágico y mórbido de
los poetas, tocado de piedad humana.
Pregunta: ¿Esa ciudad es el producto de un estancamiento humano incontrolado, o posee calles
trazadas convenientemente, con instalaciones indispensables para llevar una vida en común?
Atanagildo: Más tarde, vine a conocer toda la topografía de la ciudad y comprobé cierto sentido
directivo de la colectividad; pero, también verifiqué que aquella comunidad había parado en el tiempo,
pues su metrópoli es copia exacta de los hábitos y sistemas urbanos completamente en desuso en
las ciudades modernas de la Tierra. Su arquitectura y costumbres de naturaleza conservadora y
empobrecida, me recuerda a las realizaciones de algunos pueblos asiáticos de los siglos XVI y XVII,
de los cuales aún hay vestigios en ciertas regiones de Asia. El atraso me pareció tan contradictorio
con la evolución actual, como si algunos de los pueblos de la Tierra, se obstinase en manejar
pesados instrumentos agrícolas, primitivos y propio de las épocas olvidadas, aunque pocos pasos

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

más adelante, otras criaturas manejaran modernos instrumentos agrarios mecanizados.


En esas ciudades anacrónicas y subvertidas del astral inferior, existen ciertos planos y proyectos
severos en desenvolvimiento, organizados por la fuerza de las circunstancias y del aumento macabro
de las turbas sufrientes que convergen hacia allí, debido a la cualidad magnética de sus periespíritus
envenenados. El despiadado egoísmo de sus dirigentes embrutecidos por la excesiva animalidad,
apenas protege y desenvuelve el núcleo central de la ciudad, en donde residen, mientras que los
suburbios se transforman en dantescos depósitos vivos de indescriptibles escorias y miserias que no
se podrían imaginar en el mundo terreno.
Encontré algunos callejones tan llenos de infelices devorados por las llagas y tomados por la más
atroz parálisis periespiritual, que me recordaron los cuadros pavorosos de los campos de con-
centración construidos por los nazis en la última contienda mundial, donde millares de cuerpos
esqueléticos aún con señales de vida, eran atacados por las ratas en medio de pilas de huesos y
carnes putrefactas. Una vez, desiste de proseguir cierto camino, pues en lugar de encontrar el final de
la callejuela que transitaba, noté que me encontraba dentro de un túnel inmundo, como si un cruel y
sarcástico genio del mal, se complaciera en revestir las paredes con los cuerpos astrales de las
criaturas fugitivas de los hospitales para cancerosos y leprosarios terrenos, reproduciendo los
aspectos más repulsivos y escuchando los gemidos más lastimeros.
Los venenos del psiquismo enfermo emanaban por sus llagas repulsivas, mientras que sus
clamores aterradores herían mis sensibilizados oídos. Pero, también comprendí, que sólo ese
procese hediondo v bárbaro era el indicado para expurgar los tóxicos que se habían acumulado, a
causa de los desenfrenos de sus espíritus en el cultivo excesivo de la vanidad, del orgullo, de la pre-
potencia o de la crueldad.
Pregunta: ¿Esas criaturas permanecerán definitivamente desamparadas en esa ciudad
tenebrosa, o más tarde serán recogidas por algún establecimiento hospitalario? ¿Aunque sea una
comunidad de naturaleza inferior, no se realiza algún esfuerzo en el sentido de profilaxia o asistencia
higienizadora, para que sobrevivan los restantes moradores?
Atanagildo: Al principio no observé ningún servicio organizado que solucionara ese aspecto;
además me convencí que no había ninguna probabilidad de éxito en ese sentido, pues debieran
crearse primero, cantidad de tareas asistenciales. Por otro lado, sus administradores sólo cuidan de
sus intereses y de sus "adeptos" conocidos, tal como los políticos sobre la Tierra. La solución
acertada, será aún por mucho tiempo, la drenación natural y espontánea de las toxinas contenidas en
los periespíritus de los infelices estropeados, hasta que los merecedores puedan moverse hacia
zonas en donde existen puestos de auxilio espiritual o serán recogidos por los enfermeros
benefactores, que trabajan en las adyacencias de las sombras, en busca de almas sufrientes.
Más tarde, tuve la oportunidad de penetrar en el interior de la ciudad, vi a centenas de andrajosas
figuras humanas, agotadas de tanto caminar en busca de sedativos y esperanzas; penetraban en
edificios bajos, de aspectos y colores repulsivos, que se parecían a ciertas habitaciones árabes, con
una sola puerta, baja y rectangular.
Otros seres gemían y lloraban, intentando arrastrarse hacia adentro de esas casuchas de piso
sucio, pantanoso y verdoso, pero, eran expulsados a gritos y golpes; en su interior se hallaban
amontonados mujeres y hombres, en la más execrable promiscuidad y completo desapego por el
pudor humano.
En las calles, se encontraban seres echados boca arriba, con los labios sucios, parecidos a los
borrachos de la Tierra, que comúnmente se encuentran tirados en las veredas; otras, no eran más
que pobres trapos vivos, agotados hasta la última gota de vitalidad, víctimas del vampirismo que
considero prematuro y horroroso para darlo a conocer.
El camino que me propuse seguir para alcanzar el sector central, me obligaba a mantener una
cuidadosa atención, pues me sentía tan apiadado de aquellos seres infelices, que procuraba no
pisarles los cuerpos llagados que vertían un líquido negro y pegajoso.
Comprendí, entonces, que en aquel ambiente pestilente e inundado de sofocantes emanaciones

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

gaseosas, ni mi voluntad o la fuerza mental más vigorosa conseguirían ayudar a desplazarme como
acostumbraba hacerlo en las regiones exceptuadas de esos fluidos densos. En aquel caos de
impurezas cáusticas, no me era posible elevar a mi periespíritu para marchar sobre la ciudad
impregnada de elementos nocivos y de magnetismo tan opresivo.
Si desmaterializaba el traje de fluidos densos, que elaborara y absorbiera para hacer más
compacto a mi periespíritu, terminaría perdiendo el contacto con el medio ambiente, y en
consecuencia, sería atraído hacia mi plano vibratorio más sutil de la metrópoli del Gran Corazón.
Entonces me armé de toda buena voluntad y energía mental, para lograr pasar cuidadosamente entre
aquella masa humana, que calculé, serían varios millares de seres abatidos y diseminados por el
suelo, como el ganado en el matadero.
Pregunta: ¿Encontrasteis aves o animales en esas ciudades de espíritus rebeldes?
Atanagildo: Me enfrenté con grandes cantidades de animales de forma reducida y bastante
excéntricas; algunos parecían ratas de color indefinido y con cola de escorpión, decenas de otros
tipos, se asemejaban a ciertos reptiles, algunos con aletas móviles y otros con pequeñas trompas
movedizas con las cuales vampirizaban a los infelices caídos. Se multiplicaban las más absurdas
especies aladas, extremadamente repelentes en sus configuraciones, colores y movimientos, ante las
cuales, el feo murciélago terrestre se vuelve un pájaro cautivante.
Había un tipo de cuervo bravío, saltón y osado, muy hambriento y despidado que causaba
terribles torturas a esos infelices, porque en su delirio por devorar las emanaciones deletéreas,
especie de "carne mental", arrojábase famélico sobre los más debilitados, hiriéndoles profundamente
y éstos se limitaban a reaccionar con algunos gemidos lastimeros. Miré alrededor y reconocí la
imposibilidad de resolver tan dantesco problema, pues me enfrentaba con un pavoroso e
indescriptible cuadro de sufrimientos, pero absolutamente necesario para que esas almas se
despojasen de sus ternezas y degradaciones, conforme a las leyes de la química trascendental.
Los venenos generados por las degradaciones mentales, se iban materializando en forma de
líquidos viscosos, nauseabundos y cáusticos OUP atrofiaban los órganos v producían llagas, mientras
que la Providencia del Creador socorría a esas criaturas con la terapia voraz de los insectos, aves y
animales que constituyen una fauna demoníaca. Eran horrendos, ávidos y destructores, pero también
instrumentos benéficos que en forma de macabros transformadores vivos, consumían larvas y todas
las creaciones deletéreas producidas constantemente por el psiquismo enfermo de aquellos espíritus
pervertidos, por el mal uso que habían hecho de los bienes santificados de la vida humana.
Pregunta: ¿En base a los acontecimientos tenebrosos que nos describís, no podrá haber una
cruzada por parte de la Ley Divina, que curase a los infractores con métodos menos atroces, sin
llegar a ese extremo que para nosotros resulta inconcebible?
Atanagildo: No son casos de puniciones deliberadamente aplicadas por Dios a sus hijos
pervertidos o enfermos de espíritu, es el resultado del efecto común de las leyes trascendentales, de
naturaleza "químico-astro-mental" que actúan sin propósitos punitivos, sirviéndose de formas vivas y
asquerosas para consumir el veneno peligroso de aquellos que lo generan en sí mismos.
Así como creó el urubú terrestre, que goza de fama por ser el mayor higienizador del mundo, la
Providencia Divina creó esas especies repugnantes en las regiones astralinas apestadas por la mente
humana, las cuales se vuelven benefactoras porque limpian el ambiente corrompido de esos
suburbios, llenos de las más extremas miserias que el psiquismo humano envenenado puede ge-
nerar. Si esto no fuera así, hasta los abnegados espíritus benefactores no podrían permanecer en
esos lugares por mucho tiempo, para socorrer a las almas que ya hubiesen purgado sus imperfec-
ciones, lavadas en el tanque de lágrimas creado por el sufrimiento purificador.
Así como las colectividades microbianas destruyen los tejidos putrefactos, en el seno de la tierra
amiga de los cementerios del orbe; esas especies astralinas deformadas y voraces que se alimentan
de las emanaciones del psiquismo enfermo, impiden que se petrifique indefinidamente ese mundo
pavoroso en el Más Allá.
El incesante aumento de materia mental deletérea, ocasiona en el mundo astral, las mismas

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

consecuencias producidas por lavas volcánicas, que forman una corteza resistente, aún para las más
perfeccionadas herramientas.
Después que volví de mi primera visita a la región astral inferior v rememoraba mentalmente los
suburbios habitados por los espíritus impuros, no pude dejar de reconocer aquellas pequeñitas fieras,
aladas y reptiles hambrientos, que se saciaban sobre los "muertos-vivos" que despedían venenos y
sustancias repugnantes. Atendiendo al providencial servicio en favor del alma humana, tales aves
ingerían las larvas, miasmas y desechos mentales ennegrecidos, que después de transformados
devolvían a la circulación como energías, que habiendo sido mal aprovechadas se liberan para el
consumo común. Mientras se sometían a la terapéutica de aquellos derrames tóxicos benignos,
muchos de aquellos infelices degenerados se estarían acusando íntimamente, y tal vez, recibiendo
las bendiciones del remordimiento y del arrepentimiento.
Pregunta: ¿No hay en esa mórbida ciudad, algunos transeúntes suficientemente piadosos que
auxilien de vez en cuando a esos infelices torturados por los animales, cuervos y aves astrales?
Atanagildo: ¿Habéis valorado alguna vez, el grado de nobleza, piedad y renuncia de los
presidiarios afinados por la ferocidad de las mismas pasiones degradantes, y encadenados entre sí
por crímenes semejantes, cuando se pelean por comunes intereses egocéntricos?
Los que transitan por las calles inmundas, entre esos harapos humanos, también son moradores
de esa ciudad dantesca, y después de haber decantado el veneno de su psiquismo subvertido
prefieren afiliarse a las huestes malignas y obsesoras de encarnados, en vez de emprender la
marcha redentora hacia el Bien.
Algunos son rebeldes que vagan sin rumbo fijo, se divierten al ver en los otros lo que les sucedió
primero a ellos. Entonces, en vez de arrepentirse, forman grupos de sarcásticos, malhechores y
perversos que comúnmente se entretienen en aumentar los sufrimientos de los infelices caídos, en el
juego macabro de descubrir detrás de aquellas máscaras humanas, las mismas criaturas que
brillaban en los salones festivos; las hermosas mujeres, las cortesanas peligrosas, los políticos
venales, los ricos avarientos y las autoridades que abusaron de su poder, después de haber reinado
en el mundo ilusorio de las vanidades y codicias.
Observé escenas abominables, en donde criaturas subvertidas, pero hijas del mismo Padre, se
entretenían en dilatar los padecimientos y las humillaciones de sus propios hermanos en espíritu,
entonces, no pude dejar de recordar antiguos óleos de la Iglesia Romana, en donde pintaban las
figuras de las almas pecadoras, frenéticamente torturadas por entidades demoníacas con ojos en-
cendidos por la voluptuosidad y el más brutal sadismo. Efectivamente, delante de mí se degradaban
las más nobles cualidades del ser humano, al comprobar que otros miserables egresados del mismo
lodazal de vicios y degeneraciones usufructuaban del abominable placer de apretar las llagas de las
víctimas caídas a sus pies, que inútilmente les pedían piedad.
Después de saciados sus impulsos homicidas y terminadas sus explosiones de odio gratuito,
aquellos crueles seres se esfuman por la densa niebla en grupos satánicos, lanzando siniestras
carcajadas.
Algunos espíritus auxiliadores provenientes de lo Alto, caminaban por las calles contaminadas
con la intención de acudir en ayuda de esos infelices, pero, no podían hacerlo espontáneamente,
para no despertar sospechas; por eso, muchas veces fingían ignorar lo que sucedía a su alrededor
hasta que se les presentara una oportunidad propicia de ser útiles. El principal papel que ellos
desempeñan, no es impedir el proceso natural de la purgación psíquica e inevitable y tan necesaria
para los infelices, pero sí, examinar a todos aquellos que presentan condiciones para ser internados
en establecimientos de auxilio en las ciudades astrales benefactoras.
Pregunta: ¿A través de nuestras reflexiones, se nos ocurre en estos momentos, si estos relatos
mediúmnicos cuando sean publicados para todos los públicos espiritualistas, no causarán per-
turbaciones y temores, torturando la imaginación de muchos seres?
Atanagildo: ¿Conseguiréis resolver esa angustiosa situación del Más Allá, tratando de ignorarla?
El avestruz cree que se libera del peligro porque al ser amenazado, se cobija con el recurso tonto de

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

esconder la cabeza bajo la tierra. En vez de proseguir con esa ignorancia como aconsejable, ante
este asunto tan grave, es mucho mejor que se manifieste toda la verdad, con toda su crudeza y
repugnancia, para que más tarde, desde este lado, los desencarnados no se justifiquen, quejándose
de su profundo desconocimiento de las consecuencias pavorosas por el desprecio a las virtudes del
alma. Lamento que la pobreza del lenguaje humano y la insuficiencia del médium que interpreta, me
impida describiros la exacta realidad con todos sus pormenores de barbarismo, degradación y
satanismo común a las almas desviadas de la ruta benefactora y de la vida educativa espiritual.
Ni a causa de las invasiones bárbaras o por la piratería de los mares del siglo XVII, cuando a la
vida se le daba menos valor que a la más ínfima moneda, se presentaron cuadros tan angustiosos y
dolores tan vivos como los que he observado en el mundo enfermizo y subterráneo del astral inferior
donde las almas desesperadas y criminales, se debaten en las más indescriptibles orgías de
padecimientos y torpezas morales.
Atendiendo a las solicitudes más elevadas, intenté describiros algunos aspectos de los cuadros
torturantes y pavorosos de las regiones inferiores, donde las almas delincuentes se adhieren a los
valores execrables y abomínales, que por su poca vigilancia, rebeldía y desestimación, ponen en
circulación contra el sentido creador y benéfico de la vida humana.
Ojalá que estas sencillas descripciones, realmente, puedan causar sinceros temores y alertar a
los espíritus imprudentes, permitiendo que se renueven a través del tiempo, abandonando los
despojos provisorios que roban a la miseria humana, y que además de ablandar sus corazones
endurecidos, apartándose de la ambición, la avaricia, el egoísmo y demás pasiones aniquiladoras.
Mientras tanto, como conozco bastante bien el alma humana, comprendo que ese temor ha de ser
provisorio e insuficiente para lograr las modificaciones espirituales tan deseadas, hecho éste, que ni
la voz sublime del Cristo, infelizmente logró.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ORGANIZACIONES DEL MAL

Pregunta: ¿Los espíritus malhechores que habitan en las zonas tenebrosas del Astral, viven en
comunidades organizadas y trabajan disciplinadamente?
Atanagildo: En las regiones tenebrosas existen varias agrupaciones diabólicas, disciplinadas, que
se dedican a tareas sombrías y buscan dirigir a todas las almas que se encuentran desamparadas en
su viaje de retorno, después de la muerte; actúan impíamente y son eximios en aplicar la hipnosis
malévola contra los encarnados incautos.
Se sitúan en las zonas de sustancia astral, que mejor les favorece, practicando torturas y
puniciones indescriptibles en contra de las almas desamparadas y perturbadas por sus
imperfecciones traídas de la vida humana. En la dirección de esas organizaciones sombrías se
encuentran los cerebros más experimentados en las mayores torpezas y crueldades, pues calculan
toda índole de empresas para alcanzar el dominio completo del astral inferior del mundo terráqueo.
Dicen nuestros Mayores, que desde los comienzos de la Atlántida muchas de esas colectividades
negras intentan asumir la dirección psíquica de la Tierra y expulsar definitivamente a las huestes del
Cordero Jesús de su campo de acción benéfica.
Proclaman que el "reino de los cielos" debe pertenecer a los ángeles, pero el "reino de la Tierra",
es el imperio de los hombres. Consideran a las entidades angélicas como intrusas porque intervienen
en sus vidas sombrías, entonces, las hostilizan porque consideran que son almas privilegiadas y
elegidas de un Dios por el que fueron desheredados de los bienes espirituales.
A fin de alcanzar la realización máxima en sus programas de acción contra la influencia de lo Alto,
esos mayores de las tinieblas no tienen respeto, ni admiten contemporización alguna con los espíritus
orientados por el Cordero Jesús. Echan mano a todos sus recursos, ya sean crueldades o
hipocresías para tener éxito en sus ideas maquiavélicas, que a pesar de sus fracasos, siempre
renacen más fuertes y con mayores esperanzas para el futuro. Incalculables multitudes de rebeldes,
desesperados, se mueven activamente en las regiones sombrías del astral formando innumerables
agrupaciones, que se oponen decididamente a las comunidades de espíritus superiores e intentan
impedirles adoctrinamientos y ayuda para sus víctimas.
Aunque se trate de organizaciones disciplinadas, no dejan de ser nidos de malhechores
dominados por feroces ambiciones, deseos de venganza y envidia recíproca, incrementando los
conflictos entre sí por la cupidez que reina entre ellos. De ahí el motivo razonable, porque el Mal,
aunque sea debidamente organizado, no alcanza éxitos en sus intenciones subversivas. La Paz y el
Bien sólo pueden existir entre aquellos que renunciaron a las pasiones y a los tesoros tontos de la
vanidad y del orgullo humano.
Pregunta: ¿Podríais explicarnos mejor, sobre esa organización dedicada al Mal?
Atanagildo: Son poderosas organizaciones malignas, que sólo tendrán una vida temporaria,
aunque algunas de ellas se encuentran en actividad desde los comienzos de vuestro actual civiliza-
ción. Las grandes y trágicas modificaciones del "fin de los tiempos" que se aproxima aceleradamente,
modificarán a la Tierra en su vida común, higienizándola también en su aura "etéreo-astral", por la
selección espiritual a la "derecha" del Cristo, que representará uno de los más profundos golpes de lo
Alto hacia las organizaciones diabólicas del astral inferior, pues, serán desalojadas de sus fortalezas y
de su clima favorable en el astral de la Tierra, terminando atontadas y desamparadas en las ruinas de
sus planos inaccesibles contra la Ley Superior.
Por lo tanto, esa empresa rebelde obedece a un extenso y metódico programa elaborado hace
muchos siglos, por los más poderosos genios galvanizados por el Mal.
Esos espíritus os acechan continuamente, en el mundo físico, intentando anular todos los
esfuerzos de los espíritus benefactores en defensa y en la inspiración superior de los encarnados.
Por eso, en estos mismos momentos en que os dicto estas palabras, hay un círculo de protección
alrededor mío y del médium, a fin de que os pueda narrar, sin peligro, ciertas cosas que de modo
alguno convendría que en la Tierra supiesen...
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Mientras las puntas de sus hilos magnéticos os rodean, como si fueran tentáculos, aguardando el
menor descuido evangélico para enlazaros en la hipnosis de la sugestión maléfica, los magos negros
se mueven en el reino de las sombras como si fueran peces en su medio de agua lodosa.
Pregunta: ¿Cuando habláis de una "organización" entre esos espíritus tenebrosos, queréis decir
que existe, realmente, un plan eficiente y disciplinado en sus actividades malignas?
Atanagildo: Además de un programa inteligente previamente establecido, mantienen cierta
disciplina, que a veces se vuelve bastante férrea entre sus propios secuaces. En las regiones infe-
riores hay escuelas que estudian y explican el mecanismo psicológico del alma encarnada, con
mucha más precisión y profundidad que las programas por el más ponderado psicólogo terreno.
Eximios científicos subvertidos para el mal emprenden cuidadosa auscultación psíquica sobre las
criaturas encarnadas, a fin de clasificar sus flaquezas para apoderarse fácilmente de sus cuerpos
astrales, ni bien abandonen la sepultura terrena. Entregados a la codicia por los tesoros fugaces del
mundo terreno, muchos encamados, nada saben sobre su mal proceder. No comprenden a través de
sus deseos corrompidos, que terminan negociando sus almas con los profesores de las tinieblas que
en cambio, les suministran lecciones de dominio, de prepotencia, lujuria o crueldad.
Esos seres profesionales se interesan mucho por las personas esclavizadas a los vicios
mundanos, así como preparan a los verdugos de la Tierra para aumentar la cantidad de almas, que
en el astral inferior son utilizadas en los servicios más repulsivos y en las tareas más atroces,
fortificando la sistemática rebeldía contra la Administración Sideral del Cristo sobre vuestro mundo.
La vieja leyenda del hombre que vendió su alma al Diablo, expresa muy bien lo que pasa en
vuestro mundo, pues no es pequeño el número de desencarnados que salen de las tumbas como
"propiedad" de algún señor de las tinieblas o que son reclamados inmediatamente por las falanges
negras, que alegan haberlos ayudado en la Tierra. Si el Mal no estuviese tan bien organizado en las
regiones del Astral inferior, hace mucho tiempo que no habría necesidad de empresas socorristas de
espíritus benefactores, que en forma permanente luchan valerosamente para mantener la seguridad
y el progreso espiritual en vuestro mundo.
Pregunta: ¿Entonces, existen espíritus malignos con el privilegio de poder vengarse y dominar
almas incautas y desgraciadas, sin que les sea impuesta la rectificación por la Ley del Karma, para
reeducarlos espiritualmente? ¿Todo esto no justifica la versión del "Diablo" con poderes
discrecionales?
Atanagildo: No olvidéis lo que os dije anteriormente; todo eso no deja de ser una situación
temporaria. En la Tierra, el criminal novato, no es más que una víctima de sus impulsos incontrolados
y emotivos, o es un instrumento tonto bajo la dirección de malhechores más experimentados, que se
sirven de él para concretar sus hazañas y venganzas. Con el correr del tiempo, ese delincuente
primario termina asumiendo la dirección de sus propios actos y transforma su delincuencia pasiva o
accidental en un motivo de rebeldía contra la sociedad y las leyes organizadas. A medida que la
justicia humana lo persigue y apresa, se vuelve más feroz y se degenera aún más en el crimen,
odiando a todos aquellos que le hacen cumplir las penalidades determinadas por la Ley, se origina el
caudillo común, el bandolero-jefe o el mentor maquiavélico que piensa, organiza y dirige hasta el día
en que puedan encarcelarlo o sea abatido en el entrechoque de las mismas pasiones detestables que
sembró.
A los planos del astral inferior se adaptan fácilmente los espíritus de corazones endurecidos, que
terminan aficionándose definitivamente al medio deletéreo, en donde fueron primeramente
degradados para el sufrimiento rectificador. Se acostumbran con tanta facilidad a las sombras, como
los batracios se aficionan a los pantanos nauseabundos: entonces reaccionan con violencia a
cualquier solicitud de lo Alto que les demanda esfuerzos para la renovación espiritual. No desean
ajustarse voluntariamente al mecanismo de la reencarnación y debido a su mente poderosa,
consiguen substraerse por largos períodos al descenso a la carne, pues esto les ocasionaría
humillaciones y sufrimientos a través del necesario reajuste por los dolores humanos. Se consideran
desheredados de los bienes divinos y castigados por ser antipáticos a la causa divina. De ahí parte su
deliberada y feroz resistencia contra las fuerzas del Bien, pues por haber purgado en los charcos gran
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

parte de sus torpezas milenarias, se sienten extremadamente heridos en su orgullo porque la Ley los
alcanzó por el propio efecto de su magnetismo nocivo.
Pregunta: Esos espíritus tenebrosos eluden, entonces, la acción del Karma, acontecimiento éste
que nos parece inadecuado, pues parecería haber una deficiencia en la rectificación espiritual
obligatoria.
Atanagildo: No hay tal cosa, pues son almas endurecidas que desde tiempos inmemoriales, por
su orgullo y rebeldía sistemática contra la Luz, simbolizan a la figura de Lucifer, pues prefieren "caer"
satánicamente en el reino de las tinieblas del astral inferior, a realizar cualquier esfuerzo pacífico o
sacrificial con las Luces del Señor. Es el amor propio de la vieja figura humana del "Ángel Caído" que
se rebela contra su Magnánimo Creador, engrosando las filas de esas comunidades en donde
también cayeron víctimas y sufrieron la perversidad de otros impíos hermanos rebeldes.
Pregunta: ¿Si concebimos la idea que el Diablo y el Infierno son estados de rebeldía espiritual
provisoria, no habrá llegado el momento de redención espiritual para esas almas rebeldes?
Atanagildo: Sin lugar a dudas, que es así. Todos los esfuerzos de las huestes del Bien que
circundan a la Tierra, siempre han tratado de redimir a las almas rebeldes y salvarlas de las tinieblas
de sus propias iniquidades. Pero, no es sensato violentar su naturaleza agresiva y cruel, y por la
misma causa no debéis coger el fruto inmaduro. Hay que aguardar el momento psicológico de los
sufrimientos impuestos por la Ley del Karma, que induce a pedir socorro y da momentos favorables
para su conversión.
Pretender arrancar de las sombras a esas almas antes de presentar las condiciones espirituales
exigidas para habitar en las agrupaciones astrales más elevadas, sería lo mismo que intentar
elevarse en un globo que aún no arrojó el lastre que lo retiene al suelo, o liberar a un grupo de fieras
en medio de un jardín, en donde juegan criaturas que no tienen protección. Esas almas purgan entre
sí, sus desatinos del pasado, viviendo personalmente las experiencias crueles que crearon; sólo
después de recurrir a sus impulsos agresivos e instintos perversos, es cuando se pueden entrever
nuevas disposiciones de espíritu para la vida superior. Aún aquellos que se desligan de los charcos
purificadores, a través del período de su drenación tóxica, se sitúan en la frontera de los dos caminos;
la ansiedad de renovarse espiritualmente en el servicio cristiano hacia el prójimo, o, entonces, la
deliberación infeliz de ingresar en las corrientes malhechoras de la sombra. Después de eso, las
comunidades superiores pueden socorrer a aquellos que se manifiestan sinceramente, deseosos de
trabajar junto a las huestes de los trabajadores del Cristo, pues, respetando el libre albedrío que la
Voluntad del Padre nos concede, ni aunque sea para el Bien, se puede violentar a aquel que no la
puede cultivar a gusto.
Pregunta: ¿Cuál es el motivo principal que lleva a los espíritus tenebrosos a organizarse con éxito
en las regiones del astral inferior, a tal punto, de edificar ciudades y crear instituciones poderosas
para el servicio del Mal?
Atanagildo: Muchos espíritus que parten de vuestro mundo dominados por los vicios o que
practicaron crímenes espantosos, toman por base de vida su propia miseria espiritual; no admiten la
posibilidad de una vida diferente y más feliz en planos más elevados y encuentran, que la única y
apreciada ventura, reside en la prolongación de los vicios y placeres terrenos. Aseguran, que el tan
pregonado "cielo" de las religiones dogmáticas no ofrece atracción para la felicidad humana y no deja
de ser un ambiente compungido y de oraciones, bajo la férrea prohibición para la más pequeña
iniciativa, tan apreciada por el hombre.
Es por eso que se desinteresan por el Paraíso de los "elegidos" y de la irritante "Contemplación
del rostro de Dios", puesto que los santificados, de ostensiva aristocracia espiritual, están bastante
alejados de los parias humanos, que no pueden pasar el límite del astral inferior. Entonces, sólo les
resta el consuelo de una vida llena de rebeldía e insania, para refrescar el recuerdo del mundo
terreno que perdieron.
Atendiendo al imperativo natural de sobrevivir y al mismo tiempo, la explotación de los débiles por
los más fuertes, se forman las comunidades de las tinieblas y se organizan agrupaciones de
"señores" y "esclavos", en donde sobran los genios intelectualizados de la Tierra, formando la corte
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

de rebeldes, subvertidos en la esfera del sufrimiento.


Pregunta: ¿Son agrupaciones establecidas en sus bases, o éstas se modifican incesantemente?
Atanagildo: Esas organizaciones sombrías, que existen desde los principios de vuestra
civilización, reciben incesante estímulo a causa de nuevos contingentes de espíritus desencarnados,
esclavos de las pasiones avasalladoras de la carne, o que son rebeldes al Bien. No tardan en
alcanzar el gobierno de las ciudades astrales, poseyendo sus edificaciones particulares y públicas,
departamentos responsables de todos los planes subversivos y asociaciones epicúreas que se
dedican al máximo cultivo del placer y de las sensaciones inferiores, en donde los poderosos danzan
sobre las almas infelices que caen indefensas, para servir de nutrición viciosa y alimento pervertido.
Aunque os cause espanto la revelación, pude identificar algunas especies de conservatorios o
imitaciones de academias, en donde se estudia la música, la pintura y otras artes; pero, en sus
realizaciones hay un sentido de crueldad y sadismo, en un disfrazado libertinaje, que es un poderoso
estimulante psíquico para evadir los sentidos inferiores de los encarnados, y propagar en la corteza
astralina la atmósfera perniciosa que subvierte a las más puras expresiones de la belleza y moral
humana. Esas criaturas viven en el astral, la degeneración de los harenes, y las viviendas, se
parecen a la de los sultanes pervertidos de Oriente.
Existe un lujo relajante y un culto exageradamente ofensivo de las nobles formas de la vida
humana y se defiende la libertad absoluta, para que el alma viva del modo apetecible. Esos espíritus
sostienen un sistema de libertad puramente existencialista, sin ninguna preocupación por el futuro del
alma, y afirman, que el "ser" debe existir liberado de cualquier tipo de limitaciones. Se mantienen en
constante actividad subversiva contra los principios angélicos del Cristo y se consideran
definitivamente integrados a su sistema de vida, que es más espontáneo y alejado de cualquier
compromiso espiritual.
Pregunta: ¿Cuál es el factor que favorece a ese ajuste de temperamentos y caracteres diabólicos
tan feroces, al punto de organizarse en colectividades disciplinadas?
Atariagildo: Se trata de un factor que no debería ser extraño a vuestro raciocinio común, pues
nace de la mutua necesidad de protección y ayuda para obtener con más facilidad los elementos y
condiciones favorables a sus pasiones insaciables. Muchos espíritus, explotados por mucho tiempo
por el cruel poder de los verdugos y crueles jefes de esas ciudades, se degradan a tal punto, que
luego pasan a reforzar las filas de las hordas enemigas que actúan en contra del orden y la
renovación espiritual. Permanecen aferrados a sus regiones sombrías y acondicionados a una vida
rebelde y degradante, sin poder vencer la hipnosis de los sentidos adormecidos por el vicio y el
crimen, impermeabilizándose contra la ayuda que les brindan las falanges de espíritus benefactores,
terminando por odiar a la luz salvadora. Los más débiles de voluntad permanecen por mucho tiempo
sujetos al servilismo diabólico, sin coraje para abandonar a los verdugos que los torturan, pero que
los alimentan; otros, más expertos y astutos, emancípanse del medio deletéreo, asumiendo tareas
infamantes y aceptan la función de "vengadores" profesionales, así como en la Tierra existen
secuaces o asesinos asalariados que efectúan el asesinato contratado. Y, como sucede comúnmente
en vuestro mundo, esos parias degradados que se emancipan en medio de esas organizaciones, de
sus señores crueles, aún se vuelven más perversos y malvados que sus antiguos verdugos, azotando
a sus compañeros de infortunio. La historia de vuestro mundo os prueba que los más crueles
verdugos y jugadores despiadados, que eran utilizados para hacer cumplir la Ley, salían del medio de
los oprimidos. ¿No ocurría en medio de los soldados (comúnmente llamados de carrera) y aún entre
los propios esclavos del Brasil colonial? Sin duda alguna, el mundo astral aún consagra el viejo
concepto de que la "peor cuña, es la que sale de la misma madera".
Muchas de las víctimas que son vilmente explotadas en el astral inferior, cuando consiguen
alcanzar las posiciones de mando en esas organizaciones tenebrosas, se exceden en torturas y per-
secuciones odiosas contra sus compañeros infelices y recién llegados, que caen desamparados en
las regiones inferiores. Recordando un concepto muy conocido en vuestro mundo, puedo deciros, que
en el astral también se comprueba que el "hombre explota al propio hombre" en la ignominiosa
esclavitud de las pasiones degradadas.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Suponiendo que esos espíritus de las sombras, pudiesen conocer la realidad
venturosa de los planos superiores, no se decidirían a abandonar esas comunidades diabólicas?
¿Delante del encanto que ofrece la beatitud y vislumbrando su futura felicidad, no serían capaces de
convertirse al Bien?
Atanagildo: Si los propios encarnados —que en los intervalos de las reencarnaciones tuvieron las
primicias del Paraíso y reconocen que el Evangelio del Cristo es la única salvación para el hombre—
aún persisten en los vicios y en las pasiones destructoras, enfrentándose en combates sangrientos
por una Paz levantada en base a homicidios, no creo que la inesperada revelación del cielo pueda
convertir hacia el Bien a las orgullosas comunidades de las tinieblas. Las tinieblas, en realidad, se
originan principalmente, en la intimidad del espíritu subvertido, y sólo después del proceso
compulsorio del dolor y sufrimiento purificador, rompen los eslabones de la animalidad inferior y
favorecen la eclosión de la luz, como divino combustible que alimenta la ascensión angélica.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

DEPÓSITOS DE FLUIDOS NOCIVOS EN EL ASTRAL INFERIOR

Pregunta: En vuestras comunicaciones acostumbráis a manifestar frecuentemente, que los


fluidos perniciosos y las emanaciones mentales de la humanidad terrena, forman la atmósfera
opresiva en el astral. ¿Cómo asimilaremos esa concepción dentro de nuestra precaria capacidad
terrena y humana?
Atanagildo: Muchas personas no podrán creer las revelaciones que expongo en el texto de este
libro, pero me resta la esperanza, que llegará la hora en donde tendrán que descender a la tumba
silenciosa del cementerio, y podrán verificar la realidad de esas revelaciones y la sinceridad con que
fueron expuestas. Es sólo cuestión de tiempo y de paciencia, pues los que desencarnan y hayan
leído estas comunicaciones mediúmnicas, comprobarán que las cosas aquí son más complejas y
espeluznantes en comparación con los ejemplos que escojo para describirlo a través del médium
desconfiado...
Aquí comprobamos que son muy diferentes los efectos que ocurren a través de las condiciones
mentales perniciosas que dominan a los encarnados y desencarnados, a través del examen de los
colores que las auras presentan en halos de luz pálida, cerca de la región mental, o condensados a la
altura de la zona cordial.
Cuando los espíritus vibran en afinidad con ciertas regiones del astral inferior, en una frecuencia
profundamente degradante, semejan usinas vivas que generan un fluido deprimente, que aves y
animales de esos lugares devoran y transforman en sus vientres famélicos, volviendo a liberar las
energías que los humanos utilizaban para fines innobles o violentos.
Las emanaciones mentales a que hicisteis referencia en vuestra pregunta, están formadas por
figuras o manchas vivas, de aspecto gelatinoso; a veces, semejan una especie de parafina bastante
viscosa, de color oscuro sucio, que se agita bajo el impulso de la mente que la origina. Poseen
movimientos rápidos, larvales u ofídicos cual si fuesen agitadas por diferentes corrientes de aire; unas
veces toman formas grotescas, como si fueran minúsculos murciélagos o pulpos pequeñitos de
tentáculos muy finos y con movimientos de gusanos. Una vez creados por la mente enfermiza,
procuran alcanzar los polos simpáticos, intentando fijarse definitivamente en las condiciones de vida
parasitaria. Siguiendo el proceso, no tardan en ser atraídas por otras criaturas que "piensan" en la
misma faja vibratoria degradada, entonces se incorporan, toman nueva vida y se ajustan al halo
mental de los seres imprudentes que las atraen, para volver en seguida a producir una nueva
cantidad de sustancia igual, de las cuales procuran nutrirse para continuar una vida efímera y
execrable.
En ciertas oportunidades, pude estudiar el halo mental de algunas criaturas degradadas y a
través de mi poder psíquico visual, tuve la misma impresión que tendría un investigador de
laboratorio, que utilizase para analizar, a través del microscopio, la gota de agua tomada del pantano.
Allí se movían las más indescriptibles formas de larvas, pececillos, elementales o amebas fluídicas
que habían creado los pensamientos impuros y los detestables sentimientos de las almas
delincuentes.
Pregunta: ¿Nos podéis aclarar mejor, qué motivo esencial tienen esos depósitos de sustancia
mental deletérea, para atraer a las aves, animales y reptiles del astral inferior?
Atanagildo: Son zonas densas hacia donde se canalizan con rapidez las energías subversivas en
formas elementales y de gran vitalidad.
Al tomar formas repelentes, llegan a provocar la voracidad de las fieras y de las aves astrales.
Aunque la naturaleza del bajo astral guarde semejanza general entre sí, usamos cierta nomenclatura
en nuestros estudios, para distinguirlos mejor, y poder hacer algunas diferencias de importancias
entre las mismas; por ejemplo: así como vosotros decís valles, grutas, cuestas, cuchillas, mesetas y
desfiladeros, que aun siendo cosas distintas, pertenecen a configuraciones del mismo suelo. En esos
depósitos se recogen los residuos mentales y emotivos que sobran en la atmósfera terrena, pues en
base a la baja vibración del medio, los productos del pensamiento y de las pasiones degradantes se
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

precipitan en esos valles sombríos y densos.


Alrededor de las regiones donde se aglomeran los habitantes de un país, ciudad o pueblo,
también se forman "zonas atractivas" del astral inferior, congregándose sustancias consumidas con el
uso y abuso de las pasiones y de los pensamientos deplorables, que se transforman en depósitos
astralinos o en charcos pestilentes. Y, conforme a la pasión predominante en la comunidad, esos
depósitos semejan a las aguas estancadas donde proliferan gérmenes nocivos y se crean formas
parasitarias, grotescas y movedizas, que se alimentan de las energías degradadas y emanadas de la
mentalidad humana. Todo eso provoca la aproximación de tipos especiales de aves, animales,
reptiles u otros seres astralinos que buscan la sustancia afín a su tipo y metabolismo, como sucede
con el mórbido clima del organismo físico que produce el bacilo de Kock, de Hansen o las
espiroquetas de Schaudin, la tuberculosis, lepra y sífilis respectivamente. Es la ley de atracción que
funciona equitativamente en su ritmo y simpatía. Si el agua corrompida de los pantanos atrae a las
bacterias infecciosas, ¡es obvio que el rosal en flor sea el nido de mariposas y picaflores!
Pregunta: También habéis hecho referencias sobre "colores" y "halos" de los espíritus, al tratar de
las emanaciones mentales nocivas. ¿Podéis elucidarnos mejor ese aspecto?
Atanagildo: Hay que distinguir entre colores luminosos y turbios, claros y oscuros. Si os fuese
posible conocer el halo mental de un espíritu de la magnitud de un Francisco de Asís o de Buda,
notaríais que su luz poderosa es capaz de destruir y carbonizar cualquier expresión deletérea o
"pensamiento forma" inferior, que intentase infiltrarse en sus mentes, buscando alimento mórbido o
vida parasitaria. Por eso, los espíritus del mal, del astral inferior, quedan aterrados delante de la
deslumbrante luz de los espíritus angélicos, pues esa luz, pone al descubierto su epidermis
encrespada por adherencias y sustancias nocivas que fueron petrificadas bajo el descontrol mental y
perversión emotiva.
La leyenda siempre configura a Satanás acobardado delante de la luz de Miguel Arcángel, porque
es fulgurante y descubre todos los pensamientos deletéreos del espíritu inferior. La idea del infierno
tiene su origen en la purificación por la Luz, que significa la purificación por el fuego y debió nacer de
los sufrimientos periódicos que son provocados por los Técnicos Siderales, cuando lanzan llamas
etéricas sobre valles y abismos purgatoriales, a fin de proceder a la desintegración profiláctica de las
sustancias venenosas que vuelven el ambiente pestilente y entorpecen el progreso de la vida astral.
Tal vez vosotros, aún guardéis en la retina espiritual el cuadro horroroso de esa purgación
dolorosa, de cuando fuisteis sometidos en otras épocas y engrosabais las filas de los rebeldes que
actuaban en contra de los principios del Bien.
He ahí, pues, el gran significado del fondo luminoso en los halos mentales y en las auras de los
grandes espíritus. No puedo describiros la infinidad de matices eme existen sobre los colores, desde
un extremo a otro, en la escala cromática sideral, ni tampoco puedo explicar todos los colores que se
producen por emanaciones deletéreas, originadas por pasiones y pensamientos degradados por el
cerebro humano, porque no encuentro vocablos posibles para conformar al cerebro del médium que
me sirve de intérprete.
Pregunta: ¿Por qué no intentáis describirnos, aunque sea de un modo general, los principales
colores, producidos por las faltas cometidas o por los llamados "pecados comunes" de la humanidad?
Atanagildo: Ya que insistís, intentaré daros una rápida noción sobre lo que indagáis, describiendo
solamente, las principales tonalidades del aura humana, tomando por base los colores que vosotros
conocéis. La mayoría de los prevaricadores religiosos que traicionan sus votos y se desvían de sus
responsabilidades espirituales, poseen en el aura un fondo azul sucio; la maldad v la crueldad cuando
alcanzan los límites de la impiedad, acostumbran a distinguirse por enormes manchas negruzcas,
salpicadas de rojo-sangre; la licenciosidad, la lujuria o el desvío sexual, hacen brotar en el aura del
individuo, matices de sangre sucia, por momentos de color carmín o rosa oscuro, tiznado por un hollín
violáceo, que los teósofos conocen como la característica de la pasión amorosa degradada. Siempre
identifiqué a la avaricia, por un color verde-pizarra y el egoísmo por matices pardos, mientras que la
cólera, la ira, el odio, se proyectan en tonos escarlatas como si fuera un vivísimo incendio que a la
distancia resalta sobre un negro penetrante.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Los sentimientos pesimistas también se revelan en colores mórbidos; cuando el miedo alcanza el
aura humana, es de un amarillo cadavérico, la melancolía y la tristeza producen manchas violáceas,
con tonos oscuros.
Os estoy ofreciendo apenas un rápido bosquejo del asunto, pues la mayoría de los colores
clasificados en el astral no poseen matices equivalentes en la ciencia y visión terrena. Sin embargo,
recuerdo que en mi última existencia física había compulsado obras espiritualistas, esotéricas y
yogas, que me ayudaron bastante para lograr comprender mi situación actual como desencarnado
liberado en el plano astral. Os confieso, que muchas obras destacadas que había leído en la Tierra,
se ajustaban satisfactoriamente a la realidad de la mayoría de los acontecimientos que enfrenté
después de la muerte corporal.
De ahí, pues, mi pequeña contribución para orientaros en ciertos asuntos, porque estoy seguro
que a medida que os apartéis de las estrecheces de las sectas y acondicionamientos separativistas,
habréis de encontrar fácilmente todas las enseñanzas y obras que sirven para ayudaros a entender la
sabiduría ilimitada del espíritu y la técnica de la vida cósmica.
No penséis que la dogmatización doctrinaria y el pesimismo en contra de otros movimientos
espirituales, fuera de vuestro ambiente simpático, os colocan en condiciones de mayor sabiduría
sobre las almas y sus vidas futuras. Sólo el cómputo de todas las principales corrientes
reencarnacionistas, es la que os habilitará para conocer mejor, lo que es el espíritu y su trayectoria
hacia el Infinito.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

LOS CHARCOS DEL ASTRAL INFERIOR

Pregunta: En vuestras revelaciones sobre la vida de los espíritus en el astral, os habéis referido a
los "charcos" que existen en algunas regiones. ¿Desearíamos saber si dais esa denominación a las
ambientes comunes de fluidos pesados y agresivos, o se trata de lugares preparados a propósito
para expiación de espíritus rebeldes?
Atanagildo: Hasta hoy no me consta que los técnicos espirituales hayan creado lugares
especiales para mortificar a las almas degradadas, lo que he comprobado, es la existencia de zonas
fluídicas aproximadas a la Tierra, que sufren con más violencia el efecto de los pensamientos
perniciosos de los encarnados. En esas zonas se acumulan energías astrales inferiores
profundamente absorbentes, que con mi vista espiritual juzgo como densos lagos cenicientos,
lodosos y móviles, con un aspecto de extraña irascibilidad.
Los infelices que se encuentran en esas regiones no fueron enviados por orden superior, se debe
a una atracción natural, justa y hasta muy útil, pues esos valles de lodo astral están compuestos de
sustancias corrosivas y repugnantes que se vuelven verdaderos "estacionamientos terapéuticos" y de
profundo beneficio para almas corrompidas. Después, supe, que el lodo nauseabundo e insoportable
que provoca pavorosos sufrimientos a los espíritus delincuentes, también posee la loable cualidad de
absorber los venenos más compactos que se le incrustan en el periespíritu, y que fueron generados
por la poca vigilancia y el descuido de los principios saludables del Evangelio de Jesús.
Pregunta: ¿Podéis hacer comparaciones con la terapéutica usada en la Tierra, para lograr
comprender mejor ese asunto?
Atanagildo: Puedo comparar la propiedad curativa de esos pantanos o charcos con ciertos
recursos, no siempre agradables que usáis en la Tierra para la cura de las enfermedades graves o el
auxilio de emergencia. Cuántas veces debéis soportar incómodos sudores para desintoxicar y
conseguir el equilibrio térmico del cuerpo, otras veces, debéis ingerir purgantes desagradables o
recibir cauterizaciones y choques eléctricos, para recuperar la salud y el debido reajuste del sistema
nervioso. En el astral, la enfermedad del alma también necesita curas e intervenciones, a veces
dolorosas y hasta impiadosas, más se trata de la única manera práctica y científica de poder remover
la causa maligna de la enfermedad espiritual, bajo el régimen de la ley de correspondencia vibratoria
en donde "los semejantes atraen a los semejantes".
Pregunta: ¿Suponiendo que esas almas no puedan someterse a la acción de esos pantanos,
cuáles serían sus probables consecuencias?
Atanagildo: Les sucedería lo mismo a vosotros si tuvierais tumores dolorosos en vuestro cuerpo,
cuyo alivio necesitaría de la urgente intervención quirúrgica, para drenar la carga tóxica y ésta os
fuese negada. Sin duda, que tendríais que sufrir incesantemente, y tarde o temprano, tendríais que
someteros a la implacable intervención médica. Lo más sensato, por lo tanto, sería aplicar la
intervención dolorosa y no la prolongación indefinida del sufrimiento.
Si los espíritus intoxicados por los venenos deletéreos, producidos por la mente indisciplinada
quedasen exceptuados de esos pantanos curativos, tendrían que vagar como enloquecidos por
decenas o centenas de años, sin miras de tener alivio o progreso. Las toxinas que se producen por el
ejercicio del psiquismo degradado circulan continuamente por la organización periespiritual, como si
fuera fuego líquido que recorriera las venas humanas.
Los charcos del astral inferior son utilísimas cámaras de agotamiento de sustancias deletéreas,
pues absorben del periespíritu todo su terrible tóxico, que es el producto de la experiencia del espíritu
con los mundos físicos.
Pregunta: ¿Esos espíritus delincuentes son encaminados directamente hacia las zonas de los
charcos, a semejanza de lo que sucede con nosotros en el mundo físico, o necesitan ser hospitali-
zados prematuramente?
Atanagildo: Sucede lo contrario, pues son atraídos naturalmente hacia esas zonas abismales y
pantanosas, obedeciendo al principio muy conocido en vuestro mundo como la ley de los Pesos
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Específicos... No hay necesidad de un servicio técnico especial para transportar esas almas
subvertidas a las regiones, ya que ellas mismas se sintonizan por efecto natural de la simpatía
magnética de sus periespíritus, tal como sucede con la atracción de las limaduras con el imán.
Cuando los espíritus encarnados prefieren atontarse en las pasiones y en los vicios degradantes,
entonces, son futuros inquilinos de los charcos astrales, pues el cuerpo físico es apenas la barrera
provisoria que los protege, mas no puede neutralizar el eslabón de la simpatía magnética existente
hacia la región inferior.
Bajo la misma ley vibratoria, aquellos que en la vida en la Tierra se convierten en un himno de
belleza y ternura, también se encuentran ligados íntimamente por el magnetismo elevado y sutil que
les impide sintonizarse con los charcos nauseabundos, afinándolos a las regiones de alta
espiritualidad.
Pregunta: ¿Qué idea podríamos tener de esas toxinas o cargas infecciosas que existen en el
periespíritu de aquellos que se degeneran en el mundo físico?
Atanagildo: El hombre común ignora que su envoltorio de carne es la materialización grosera de
su propio molde periespiritual, que preexiste al nacimiento físico. Aunque es de una materia más sutil
y plástica, es el verdadero sistema de energía que realmente obedece a la dirección del espíritu.
Usando un ejemplo muy simple, os recuerdo a la figura clásica y muy conocida en magia, en donde el
coche, el caballo y el conductor simbolizan respectivamente, al espíritu, la energía y la materia', en
otros términos, el cochero representa al espíritu, el caballo la energía o periespíritu y el coche, el
cuerpo físico.
Cuando el cochero pretende mover el coche, no chicotea a éste para ponerlo en movimiento, sólo
castiga al caballo, que en realidad es el que mueve el vehículo. De la misma forma, cuando el espíritu
desea mover su cuerpo, no lo hace directamente en su sistema nervioso cerebral o muscular, actúa
primero en el periespíritu que es el intermediario energético o mediador entre los dos planos, el cual,
al recibir el impacto directo del pensamiento o de la voluntad del alma, reproduce esa orden,
moviendo el conjunto de carne y nervios.
El espíritu proyecta su orden mental directamente sobre su vehículo más próximo, que en este
caso, es el periespíritu interpuesto entre él y el cuerpo físico; el pensamiento, como creación
dinámica, encuentra en el periespíritu a su fiel transmisor del organismo carnal. Éste, a su vez, en un
enorme agregado de entidades microscópicas, vivas, que se mueven activamente bajo el influjo de la
mente, que las sustenta. El alma vive saturada de elementos electromagnéticos, que ella misma
produce, los que varían tanto en peso como en intensidad, pudiendo volverse beneficiosos o
maléficos, conforme sean sentimientos y pensamientos producidos por la naturaleza del espíritu
director. En consecuencia, el espíritu siempre es un mundo en incesante intercambio de fuerzas
imponderables; atrae y repele fuerzas maléficas y benéficas, alimenta o aniquila creaciones mentales
de otros seres; acelera su campo mental elevándolo al nivel de las inteligencias superiores o lo baja
vibratoriamente, alcanzando los caminos escabrosos de las almas enfermas y esclavizadas al
magnetismo denso de sus pensamientos dañinos y tenebrosos.
La armonía mental y el equilibrio evangélico alimenta a las energías benéficas que circulan por el
periespíritu, aumentando la luz y la vitalidad, las cuales, por fuerza de su alta vibración, también
fluyen hacia el medio exterior después de ser utilizadas en ese nivel mental superior. Cuando el alma
se degrada en prácticas repugnantes y dinamiza sus fuerzas para alimentar la violencia o la crueldad,
se produce una declinación vibratoria tan nefasta, que se podría describir, como si fuera una especie
de "carbonización" de las energías astrales alrededor de su cuerpo fluídico. Habiendo armonía, las
energías circulantes representan el "maná" que nutre al espíritu en su dinámica acción angélica; mas,
el desequilibrio perturba a las fuerzas concurrentes, y entonces, se producen los residuos cáusticos,
que después se depositan en la delicada circulación del periespíritu formando una corteza ácida,
movediza y viscosa que corroe, sofoca y alucina. Esas son las toxinas que más tarde absorben los
pantanos en el servicio drástico de cura espiritual y cuyo proceso resulta un atroz sufrimiento para el
alma, así, como las intervenciones quirúrgicas de vuestro mundo, donde el dolor está presente sin ser
un castigo para el enfermo.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Existen regiones especiales para cada tipo de sufrimiento?


Atanagildo: Aunque el alma desencarnada se puede servir de las energías y de la ayuda que
proviene desde el exterior, su verdadero mundo, es el producto exacto de sus pensamientos,
sentimientos y deseos. En el seno de la vida cósmica todo se rige por la maravillosa ley de atracción,
pues la afinidad, aún es el secreto de la mecánica celeste, pues aquella que es amor entre los seres
se vuelve cohesión entre los astros. De ahí el motivo, el porqué las criaturas se reúnen entre sí por
simpatía, tanto para la felicidad y el sufrimiento como para la maldad. Los charcos pestilenciales del
astral inferior son zonas de "absorbencia" curativa que limpian al periespíritu de la suciedad tóxica
que se les adhiere debido a la malignidad psíquica. El espíritu víctima de esas sustancias deletéreas,
además de los dolores atroces y de los espasmos dantescos, que incesantemente los acicatea, aún
pueden quedar privados de la facultad de moverse. Entonces es necesaria la continua drenación de
esa escoria acumulada por demás, producida por la combustión de las pasiones degradantes, del
mismo modo que el pájaro afligido deberá limpiar sus alas pesadas por el barro, para poder volar.
Después de la desencarnación verificamos sorprendidos, que la más sutil impresión mental del
espíritu, en la carne, siempre gasta un "quantum" de energía que se transfiere hacia la conciencia en
vigilia en el mundo físico, y por eso, la sutilización o condensación del periespíritu depende del uso
superior o inferior de esa energía.
Las almas se agrupan en el astral inferior por afinidad de sentimiento, nos recuerdan por eso, la
afinidad existente entre los malhechores del mismo tipo, tan común en el mundo material, que forman
grupos especializados para las prácticas de determinados crímenes. Como hay un padrón semejante
en la disposición psicológica entre esos espíritus delincuentes, están obligados a reunirse por
afinidad, entonces podréis considerar a las regiones inferiores como si estuvieran divididas en valles,
y en cada jurisdicción purgan los suicidas, los envidiosos, los avaros, los calumniadores, los
hipócritas, los lujuriosos, los celosos y crueles. Esos espíritus, además de purgar sus males,
evolucionan a través de ese proceso profiláctico porque, además de la acción del medio absorbente
que los purifica, el Karma los obliga a friccionarse entre sí para cosechar lo mismo que sembraron.
Pregunta: ¿Podríais describirnos, por ejemplo, el sufrimiento de los avaros en esos charcos del
astral inferior?
Atanagildo: La masa fluídica muy densa de esos valles, a semejanza de una pantalla
cinematográfica, materializa con facilidad los cuadros mentales proyectados por sus infelices morado-
res, fenómeno que los hace más infortunados. De ese modo, los avaros se debaten en crueles
sufrimientos porque revén en la pantalla del Medio en que actúan, las imágenes alucinadas de su
ambición y avaricia. El oro, las monedas, las joyas y los valores en títulos del mundo se transfiguran
en un lodo nauseabundo o en desechos repugnantes que los rodean. Entonces, esos espíritus
torturados se debaten furiosamente en el lodo repulsivo en un estado aproximado a la locura, como
aves recién enjauladas ante la desesperación de haber sido despojados de sus tesoros, revividos en
la locura astral que los mantienen en una crucial pesadilla. Después que pasan esas crisis, muy
parecidas a los espejismos engañadores del desierto calcinante, sobrevienen atroces desengaños
por el espejismo de las cosas vanas y terminan cayendo en la realidad, verificando aterrados, que las
monedas relucientes y las joyas codiciadas, se transforman en lodo viscoso y repugnante, común a
los valles en donde se revuelven desesperados.
Pregunta: ¿Podemos suponer, que después de la desencarnación, nuestra vista podría distinguir
a algunas criaturas conocidas, que estuvieran padeciendo en esos valles?
Atanagildo: No sólo podréis identificarlas en su personalidad humana, sino, que veréis sus más
acerbas aflicciones, y también correréis el riesgo de captar las emanaciones pestilentes de sus auras
profundamente intoxicadas... Sin duda, existe profunda diferencia entre las emanaciones perfumadas
provenientes de la fragante rosa y los olores repugnantes de la carne putrefacta.
Por lo que he observado, os aseguro que ningún heroísmo o renuncia en el mundo físico,
consigue suplantar la abnegación y el esfuerzo incesante de esos espíritus benefactores, que desde
este plano bajan periódicamente a los charcos, a fin de liberar almas, víctimas de las celadas
diabólicas y merecedoras del auxilio bendecido, o para aliviar el espantoso sufrimiento de los más
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

degradados.
Pregunta: ¿No será indiscreción indagaros sobre cuál fue el valle de mayor sufrimiento que más
os impresionó en el mundo astral, después de vuestra desencarnación?
Atanagildo: Aunque la piedad ya merodea en vuestros corazones, sólo en el Más Allá
comprenderéis la realidad benefactora que encierran los sufrimientos dantescos en la expiación del
alma. En el mundo físico la ignorancia por la vida espiritual nos hace excesivamente sentimentalistas,
pues desesperamos delante de ciertas tragedias, infelicidades o catástrofes, que fundamentalmente
son procesos eficientes de cura y restitución para el espíritu enfermo.
Debo aclarar que las regiones pantanosas del astral inferior aunque varíen de aspecto,
sufrimiento e intensidad dramática en cada valle de expiación, en los acontecimientos dolorosos en
su esencia, siempre convergen los recursos para la cura psíquica y no corporal. Se benefician tanto
los avaros, bajo el sufrimiento y las alucinaciones en busca de sus tesoros perdidos, como los
egoístas, aislados en el más indescriptible silencio. En lo íntimo de todas esas almas la dolorosa
rectificación obligatoria es un acelerado proceso que sólo tiende hacia el objetivo de la cura del
espíritu. El servicio de socorro a que nos entregamos espontáneamente en favor de esos hermanos
infelices y víctimas de su propia ignorancia espiritual, nos condiciona psicológicamente a la realidad
benefactora, en esos acontecimientos dantescos, tal como se acostumbra el cirujano terreno, con el
tiempo, a su trabajo profesional y lo ejecuta con calma y seguridad al saber que, a pesar del
sufrimiento inevitable, el paciente ha de ser beneficiado. Para mejor éxito en nuestros trabajos,
estamos obligados a prestar servicios a esos infelices que vagan por las regiones turbulentas, de
modo tal que no nos debemos dejar dominar por llantos perjudiciales. Aunque podamos apiadarnos
ante sufrimientos pavorosos, sabemos que la rectificación exige urgencia, pues la índole malhechora
de esos sufrimientos les tomaría nuevamente el corazón, llevándolos a practicar nuevos desatinos y
generarían peores sufrimientos para el futuro.
Pregunta: Bajo vuestra opinión actual, ¿cuáles serían los delitos humanos que podrían causar
mayores perjuicios al espíritu en su desencarnación y a su vez le crearan situaciones atroces para su
debida rectificación espiritual?
Atanagildo: Es probable que mi experiencia personal no sea la más acreditada para tasar valores
del mundo astral, pero dos situaciones horrorosas, en los charcos, me impresionaron fuertemente,
debido a los estigmas que se graban en el periespíritu de los desencarnados: la del suicida y el de la
nefasta profesión de los "destructores de ángeles", o sea, la de los abortadores profesionales. Son
crímenes que general las más pavorosas situaciones en el mundo astral inferior y que estigman
terriblemente al periespíritu para las encarnaciones futuras, pues en ambos casos se trata de
crímenes contra la vida.
El suicida interrumpe su existencia que debía aprovechar hasta el último segundo de su vitalidad,
porque se valió de una oportunidad benefactora para encarnar, que podría haber aprovechado otro
espíritu, también necesitado de nacer en la carne.
Aquel que se suicida revive en el astral las escenas que precipitó sobre sí mismo en la hora de la
tragedia, al romper los canales de vitalidad que lo mantenían ligado a la vida del cuerpo físico,
debiendo sufrir de un modo bárbaro hasta el instante exacto en que deberá expirar en forma natural
en la materia, de acuerdo con el plazo previsto por los ascendientes vitales de su cuerpo físico.
Los abortadores profesionales son los mayores enemigos de la vida y los peores verdugos de las
almas que se afligen para reencarnar. Es inimaginable la tortura del ser que pierde la bendición de un
cuerpo que le destinaban para su progreso en la materia, y olvidar en parte el remordimiento de sus
culpas anteriores. Los infelices "especialistas" del aborto mal saben que están depositando sobre sus
hombros un peso de las más horribles consecuencias después que la muerte los libere de su cuerpo
físico. Separados del biombo de la carne que aún los protegía contra la embestida directa de sus
víctimas, éstas caerán sobre su alma aterrada, formando la turba de almas que fue impedida de
renacer debido a la práctica nefasta del aborto profesional.
No encuentro vocablos para describiros el pavoroso destino de esos desgraciados en el Más Allá
después de la muerte de su cuerpo físico. Ninguna fuerza consigue protegerlos y sólo sus verdugos
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

les proporcionarán toda suerte de torturas y pavores que los dejarán estropeados, como trapos vivos,
en la figura de personajes de la más horripilante novela jamás creada por la imaginación enferma de
un Hoffman. No deseo torturar la mente del médium ni impresionaros con la descripción de otros
cuadros pavorosos que pasan a vivir en el astral inferior de esos desviados de la vida espiritual
después que pasan por la Tierra como tenebrosas parcas ignorantes o diplomadas, que por un
miserable puñado de monedas cortan la vida en la gestación materna.
Los abortadores profesionales exterminan vidas que fueron creadas por otros, por cuyo motivo el
plazo de su expiación nadie la puede determinar, y es por esto que dependen del tiempo que sus
adversarios resuelvan torturarlos en el Más Allá, hasta darse por bien vengados.
Pregunta: ¿Esos espíritus sufren como los otros en los charcos del astral inferior o son torturados
solamente por sus adversarios vengativos?
Atanagildo: Sería invertir demasiado tiempo el poder explicar el proceso de pruebas y
recuperaciones de los desencarnados cuando están comprometidos por delitos contra la integridad
espiritual, pues hay que saber que varía inmensamente la reacción de cada uno y el grado de
sensibilidad durante el sufrimiento. Hay espíritus, por ejemplo, que son culpables por los crímenes
cometidos en la Tierra y atraen hacia ellos muchas almas vengativas que los esperan a la salida de la
tumba para aplicarles tal magnitud" de torturas, aunque terminen abandonándolos por no conseguir
usufructuar la voluptuosidad de la venganza de ser "sentidos" o "comprendidos" por sus víctimas
desencarnadas. Son almas que desencarnan tan intoxicadas por causa de sus maldades y torpezas,
que demoran bastante tiempo para despertar la conciencia de relación con el mundo exterior. Aunque
son torturadas por sus verdugos, se encuentran petrificadas en su mundo interior y sufren
padecimientos atroces, mayores aún de los que hubieran querido imponerles sus propios adversarios.
Éstos, ardiendo de odio y deseos de aplicar otros castigos más satanizados, abandonan sus víctimas
en los valles pantanosos, aguardando el momento en que se vuelven visibles al exterior para ejercer
nuevamente su venganza diabólica.
Muchos de esos verdugos crueles y completamente galvanizados en el mal gozan en grado sumo
cuando notan que sus víctimas despiertan poco a poco y se encuentran con la terrible realidad del
medio repugnante que habitan y se sienten torturadas entre las manos de sus crueles verdugos. El
lenguaje humano no conseguiría describir lo que realmente les sucede a esos espíritus infelices, que
después de haber curtido su psiquismo en el charco purgatorial por los crímenes cometidos en la vida
carnal, aun deben enfrentarse con las pavorosas y amenazadoras cataduras de aquellos que les
vigilan los más mínimos actos y los controlan en sus más ínfimos pensamientos, prontos a caerles
encima. Ningún socorro o resto de luz los alcanza debido a la naturaleza del lodo que posee la
delicada contextura periespiritual y se precipitan, naturalmente, en las regiones impregnadas del
mismo magnetismo que ellos fueron portadores. Aun la luz que la voluntad angélica les proyectase
desde las regiones superiores les sería insuficiente, en base a la sustancia degradada que se les
adhiere al cuerpo astral.
Pregunta: ¿Qué tipo de sufrimiento soportan esos "destructores de ángeles" o profesionales del
aborto cuando se sitúan en los charcos purgatoriales?
Atanagildo: Yo los he visto en el más horrible estado de miseria y estigma espiritual, a la que
fueron condenados por sus tareas nefastas de eliminar vidas humanas en la fase embrionaria. Son
adversarios de la vida que pasaron por el mundo físico en la figura de médicos, enfermeros, parteras
o charlatanes que destruían tiernos cuerpos, concepcionados para la encarnación de almas afligidas
en el Espacio. Tales espíritus asumen en el astral aspectos inexpresivos y deformados, una especie
de masa gelatinosa y teratológica que arrastran por el suelo negro y viscoso, dejando surcos cada
vez que se mueven dificultosamente en forma de larvas humanas. Apenas se les percibe por su mirar
apagado y en los esfuerzos espasmódicos para moverse, un resto de vida, de la misma que ellos
tanto subestimaron. Excepto la fisionomía torturada, que les da un aspecto bovino e imbecilizado, el
resto de sus cuerpos no tiene forma humana conocida, parecen más bien gusanos gigantescos que
se arrastran por el suelo con indescriptible esfuerzo, intentando liberarse de la viscosa envoltura que
los ata. El mirar capacitado de un obstétrico terreno verificaría aterrado, que esas infelices criaturas

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

estigmatizadas por el horroroso oficio de destruir vidas en gestación, reproducen en el astral inferior
la forma viva y ampliada de un gigantesco feto que en su parte superior ostenta una cabeza humana
deformada.
Pregunta: Cuando esos espíritus reencarnen nuevamente en la Tierra, ¿presentarán estigmas
deformantes en sus formas físicas?
Atanagildo: Ellos no podrán sustraerse a la posibilidad de reproducir en la materia terrestre algo
de sus deformaciones estereotipadas en el astral por el poder de la mente subvertida y degradada
por la práctica innoble a que se entregaron. Nacerán en cuerpos de carnes deformes y gelatinosas,
como verdaderos trapos vivos, con un sistema nervioso completamente atrofiado por la fuerza
negativa de la mente, que tanto hizo por combatir la vida en gestación de otros seres. Pasarán la
existencia recluidos en cestos, cajones o en cunas ricas; con el rostro marcado por la imbecilidad
parecerán retratos inacabados, faltos del último impulso de vida en el momento de tomar la forma
humana. Cuántas veces los encontráis amontonados, como fardos vivos, que tanta piedad despiertan
en vosotros, y también cierta repulsión instintiva, pues se presiente que en el pasado empleó todos
sus esfuerzos y conocimientos para desempeñar el trabajo nefasto de cortar el flujo de vidas
humanas.
Preguntas: En ciertos momentos habéis hablado de "lodo", "charcos" y "depósitos deletéreos".
¿Podéis decirnos si todo eso es una misma cosa?
Atanagildo. La sustancia astral inferior tiene la propiedad de depositarse en forma de residuos,
creando extensos valles o charcos de suelo pantanoso y repelente. Cuando hay cierta cantidad de
residuos astrales se crean esas zonas debido a la excesiva densidad de sus fluidos, los cuales no
pueden ser renovados ni volatilizados como sucede con el agua en vuestro mundo, que es
vaporizada por el sol, llegando hasta a secar los pantanos.
Esos inmensos valles de sustancia inferior son bastante sólidos para los desencarnados. A
vuestros sentidos físicos parecerían voluminosas masas magnéticas, que también rodean e
interpenetran a la Tierra en todos los sentidos en una frecuencia vibratoria que les da una vitalidad
salvaje y absorbente.
Sumando esa masa voluminosa, los malos pensamientos y la eclosión de pasiones de la
humanidad encarnada, influye poderosamente para activar y bajar el tenor vibratorio de ese
magnetismo denso, que fluctúa sobre la superficie de la corteza terrestre, convergiendo cada vez más
compacto y virulento hacia el centro del globo terrestre.
Pregunta: ¿Podéis darnos un ejemplo para poder valorar mejor el asunto?
Atanagildo: Suponed que en vez de masas de magnetismo denso sean nubes de azufre gaseoso
que se expanden alrededor de la Tierra y que penetran en forma invisible en el interior del orbe. Por
hipótesis, considerad que pensamientos violentos o degradados de las criaturas encarnadas atraigan
a esas nubes gaseosas, volviéndolas cada vez más bajas, y que pensamientos más elevados las
modifiquen, eliminando el poder sofocante y tóxico. Con este ejemplo os será más fácil comprender
que cuanto mayor sea la fuerza de los conflictos creados por la envidia, ambición, irascibilidad, odio o
por la desencarnación de las guerras, ya sea entre encarnados o desencarnados, tanto más intenso y
tóxico será el contenido de esas masas magnéticas que constituyen el mundo astral inferior que
interpenetran al globo terráqueo. Se condensan por la fuerza mental venenosa y agresiva de la mente
humana o se afinan bajo los pensamientos sublimes tanto de encarnados o desencarnados.
Cuando los espíritus desencarnan, debido a sus defectos y pasiones poseen en sí mismos los
residuos del magnetismo inferior que cultivan diariamente —por cuyo motivo vibran en la frecuencia
de esas masas astrales condensadas y virulentas—, y cuando se liberan del cuerpo carnal, los atrae
naturalmente como el imán atrae a las limaduras de hierro. Debido a sus pesos magnéticos
específicos, esos espíritus "caen" automáticamente en las regiones inferiores, a las cuales se afinan
naturalmente y que son muestras vivas, aunque sean encarnados, pues cultivan en el mundo
pasiones y degradaciones que consumen las energías de frecuencia vibratoria inferior de los charcos
del astral. En esos valles abismales y purificadores que dieron origen al nombre de "Purgatorio", de la
tradición católica-romana, los desencarnados ingresan víctimas de su propia afinidad con el medio y
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

no por causa de penalidades aplicadas por un juez divino. El peso que cargan es lo que les impide la
ascensión hacia las regiones superiores. Es necesario, entonces, que el alma primero abandone el
lastre pernicioso en zonas adecuadas, para después elevarse hacia las esferas de magnetismo
sublimado.
Pregunta: ¿Qué diferencia existe entre el "lodo" y los "desechos" que mencionáis a veces? ¿No
es la misma cosa?
Atanagildo: El lodo de los charcos formados por los residuos astrales inferiores y comunes a cada
valle o zona abismal ennegrecida y densa, es sustancia natural del propio medio. Los desechos,
mientras tanto, son productos eliminados por el periespíritu de las criaturas que los arroja fuera de su
organización.
Siendo el periespíritu el más importante vehículo que se encuentra entre el espíritu y el cuerpo
carnal, debéis comprender que es el verdadero sistema de trabajo y recepción de las energías del
medio ambiente astral y físico, cumpliendo con la gran responsabilidad de absorber, retener y drenar
los tóxicos, miasmas, gases, residuos o cualquier resto de combustible que sea consumido para vivir
en el medio.
En las esferas angélicas el periespíritu pulsa suavemente, accionado por la energía atraída de la
luz sideral; en los planos del astral inferior precisa centuplicar su metabolismo y consumir valiosas
energías, a fin de sobrevivir en los ambientes perniciosos que los colocó su alma equivocada. Mucho
antes de poder efectuar su nutrición energética para sustentarse en el medio, se ve obligado a
realizar agotadoras operaciones de química trascendental para lograr transformar y purificar las
sustancias peligrosas que adhiere constantemente en su organización delicadísima. Sólo después
que se efectúa el proceso profiláctico y la selección de las energías magnéticas adecuadas a su
metabolismo orgánico, es cuando consigue mantenerse en equilibrio y protegerse contra las
combustiones químicas deletéreas. Es necesario reflexionar sobre los heroicos esfuerzos que realiza
el cuerpo carnal cuando lucha por sobrevivir entre los gases violentos o las emanaciones
nauseabundas de los pantanos, para poder valorar el metabolismo defensivo, la dinámica laboriosa y
delicada del periespíritu, cuando se sumerge en los charcos infecciosos, debiendo protegerse contra
los venenos provenientes de las mentes sub-espíritu, cuando se sumerge en los charcos infecciosos,
debiendo Intentando superar la doble agresión, o sea el veneno proyectado por las mentes de los
espíritus degradados y los tóxicos de los pantanos, el periespíritu acelera su dinamismo y su acción
fisiológica, promoviendo activa limpieza interna, resultando una excesiva expulsión de escoria o
sustancias carbonizadas que sobran, debido al quimismo acentuado y que debe desviarse de la cir-
culación periespiritual para lograr la debida sobrevivencia en la región inferior.
Esas sustancias escoriales, depositadas en los niveles inferiores de la vida astral, sólo puede
expulsarlas el periespíritu a través del procedimiento de alta combustión de la química trascendental.
Entonces se transforma en residuos insoportables y repulsivos, que al ser drenados quiebran el
temperamento más resistente y anulan los esfuerzos más heroicos. Aunque a muchos les parezca un
acontecimiento cruel y punitivo, es el efecto de la técnica bendecida del Creador que determina la
operación curativa en el medio ambiente, para que las almas se despojen de la carga inferior en los
depósitos astrales. Las fuertes emanaciones repulsivas del medio y el olor de los elementos expur-
gados por el periespíritu obligan a los espíritus sufrientes allí situados a expulsar su carga nociva
hacia el exterior.
En suma: los espíritus enfermos se purgan porque se saturan de sus propias emanaciones,
sintiéndose atacados por violentos e incesantes vómitos que los hacen sufrir bárbaramente, sirviendo
de proceso terapéutico para acelerar la expurgación periespiritual de todas las materias y
adherencias venenosas incrustadas por la degradación de las energías mentales que emplearon
indignamente en la vida física. ¡Cuántas veces el organismo carnal, a fin de no sucumbir
prematuramente, expulsa peligrosos venenos en forma de urticaria, vómitos y flujos!
Es la inteligente terapéutica ejercida por el círculo vicioso de absorción y expulsión de las
energías deletéreas, que se efectúa de un modo cruento, pero de eficiente compensación para la
integridad del periespíritu. Los desechos repugnantes expulsados por el espíritu sufriente vuelven a
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

causarles nuevas náuseas y vómitos, en cuyo proceso se apresura la operación de limpieza


periespiritual.
Pregunta: Por lo que nos informáis, la avaricia, la lujuria, la crueldad y demás vicios del espíritu
producen sustancias residuales específicas en el periespíritu, por cuyo motivo podemos considerar
ese proceso de expulsión repugnante, como algo parecido a los "períodos" de cura. ¿No es así? Pero
también creemos que muchos lectores de vuestras comunicaciones han de considerarlas como
excesiva imaginación del médium. ¿No es verdad?
Atanagildo: El periespíritu es un mundo de energías vivísimas y en incesante actividad, ya se
encuentre el espíritu encarnado o desencarnado. Aun cuando nos encontramos presos al cuerpo
carnal, la llama viva que es el espíritu primero crea el pensamiento en el plano mental, después lo
dinamiza con la sustancia astral, a través del campo energético del periespíritu, y sólo después lo
proyecta hacia el mundo material.
Sucede lo mismo con el acumulador de un dínamo terrestre, cada vez que el alma piensa o se
emociona hace un gasto de energía mental y periespiritual que termina en un residuo inútil y que
debe reponerse nuevamente. La vida real, entonces, es el pensamiento; cuando realizáis vuestros
actos a través de los cuerpos astral y físico, apenas confirmáis objetivamente aquello que ya existe
mentalmente en vosotros mismos. Sin duda, permanece el automatismo propio de la ascendencia
biológica del cuerpo carnal, conocido como la sabiduría del instinto animal, acumulada a través de las
especies inferiores en el transcurso de los milenios pasados y que es el responsable por la sobrevi-
vencia de la organización física. Aun así, esos mismos estímulos instintivos primero se dirigen a
vuestra mente, que los controla a gusto o se deja arrastrar por ellos, ya sea practicando actos de
importancia en defensa instintiva de la vida o sufriendo perjuicios por dejarse explotar por las
pasiones ocultas en su psiquismo.
Quiero, por lo tanto, recordaros nuevamente que en todos esos impulsos o actos provenientes del
instinto o de la emoción siempre se efectúa un gasto de energía equivalente a la acción realizada. Por
ejemplo: yo no podría dictaros estas palabras o servirme del médium si antes no las formulase en mi
mente, creando en seguida el deseo de transmitirlas. Así como yo formulo esa intención, mi
periespíritu lanza enérgicamente las ideas o despierta deseos en el espíritu del médium que me
interpreta; éste, a su vez, sirviéndose de su propio periespíritu termina accionando sus manos y
escribe lo que yo pienso, o que antes existía en mi mundo mental, invisible para vuestros sentidos
físicos.
Aunque no podemos acompañar visiblemente esa operación en todo su desarrollo gradual, la
verdad es que si usó cierta suma de energía, después de haberla consumido o carbonizado mental-
mente se volatilizará en el medio astral o se adherirá a nuestro periespíritu en forma de residuos
nocivos. Como la tonalidad de nuestro pensar es la que gradúa el tipo de energías que usamos, toda
idea o pensamiento digno, constructivo o elevado también utiliza energías más sutiles a fin de
hacerse perceptible a los sentidos humanos; mientras que las ideas o los deseos torpes y odiosos
requieren fuerzas de un nivel más grosero, enmalezco y violento que al tener densidad o peso
magnético, luego de usada se transforma en residuos bastante perniciosos que se adhiere al
organismo del periespíritu.
No os será difícil comprender eso, pues se trata de una relatividad magnética constante en todos
los actos de la vida creada por Dios; mientras precisáis de la fuerza poderosa de la dinamita para
romper las enormes piedras, basta un pequeño soplo de aire para mover un trozo de algodón.
Entonces, los pensamientos egocéntricos y agresivos exigen una energía de naturaleza primitiva y
fuertemente instintiva para atender la operación mental en el plano inferior.
Si yo —supongamos— estuviese dictando ahora alguna obra de carácter repugnante, perversa o
indecorosa, necesitaría usar esas fuerzas tan brutas y animalizadas, entonces sería quemada y
consumida por mi mente una frecuencia magnética muy inferior, porque mi espíritu tendría que
graduarse en una tonalidad más "baja" para sintonizarse con eficiencia en el plano grosero en que yo
me demoré con el pensamiento degradado. En ese caso podéis comprobar una vez más la realidad y
prontitud con que actúa la ley de correspondencia vibratoria, en donde "los semejantes atraen a los
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

semejantes". Esa sustancia residual usada permanecería fluctuando en el aura de todos nosotros
durante el tiempo de mayor o menor interés por el asunto tratado, hasta que pudiésemos absorberla
en nuestro metabolismo psíquico, pues debido a su fuerte densidad magnética no podría volatilizarse
más en el medio astral, pero sí incorporarse instintivamente al periespíritu en la ley de atracción
común.
El vapor de agua puede disolverse instantáneamente en la atmósfera reinante, porque su
vibración sutil, muy intensa, permite que tal cosa suceda, mas el fenómeno en forma de líquido no
sería posible y sólo habría precipitación hacia el suelo, el cual lo absorbería. Conforme a las leyes del
mundo astral, esos residuos que se incrustan en el periespíritu son los que causan enfermedades,
exigiendo su expulsión hacia el medio ambiente en perfecta afinidad con el tipo enfermizo de la
energía degradada.
Las almas que son víctimas de sus deseos impuros, pensamientos torpes y pasiones
degradantes, permanecerán en un sufrimiento tan prolongado y acerbo según sea el tiempo y el
esfuerzo necesario invertido para drenar la energía repugnante que se les adhirió al periespíritu. Una
cuarta parte podría ser expurgada en los charcos y en las regiones abismales inferiores, como ya os
expliqué, y la otra parte podrá aliviarse por la intervención de los técnicos benefactores, si el alma
fuera merecedora de esa asistencia espiritual.
Innumerables establecimientos hospitalarios y núcleos de socorro que existen en las adyacencias
de las regiones astralinas inferiores sirven devotamente a todo espíritu que desee renovarse e
ingresar en las huestes de los servidores del Bien. Algunas almas, aunque no se han liberado
totalmente de sus adherencias periespirituales, aceptan tareas sacrificiales de ayuda hacia sus
compañeros que están en peores situaciones, de cuyo esfuerzo y abnegación les ha de ser más
propicio el alivio y la asistencia del plano más elevado.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

AVES Y ANIMALES DEL ASTRAL INFERIOR

Pregunta: Cuando describisteis el panorama del astral inferior hicisteis una ligera referencia sobre
la vida de aves y animales. Tratándose de un asunto que nos parece sumamente importante,
gustaríamos que nos explicaseis la forma que poseen esas aves y animales. ¿Podréis hacerlo?
Atanagildo: Conforme os dije, debido a la necesidad de mantener y defender esas regiones tan
aterradoras predominan ciertos tipos de aves y animales de gran porte, muchos de los cuales nos
hacen recordar las formas grotescas y brutales de los animales prehistóricos, cuyas características
vosotros conocéis.
Uno de los tipos de aves que más me impresionó en el astral inhóspito es muy parecido al cuervo
europeo, de plumas negras y de una tonalidad parecida a la tierra negra y húmeda; difiere de la
especie de urubú que conocí en Brasil, porque es un tipo de ave que emite gritos tan estridentes que
parece un enorme gigante que levanta una enorme maza de hierro para dejarla caer sobre enormes
trozos de acero suspendidos sobre la región sombría. Son gritos salvajes y penetrantes, y se tendría
una pálida idea si se pudiese centuplicar el grito de la araponga (Ave brasileña de la familia de los
cotingídeos (Chasmarhyncus nudicollis), cuyo canto, metálico, imita los sonidos de la maza en la
bigornia. Es decir, de un gritar muy estridente), muy conocida en la floresta brasileña por su original
canto metálico. Ciertas veces se parece al graznido del cuervo, que elevado en potencial es de tan
chocante disonancia que es capaz de herir los oídos menos sensibles. Además de esa ave de
aspecto tenebroso que descubrí en grandes bandadas en la región astral inferior, adyacente al Brasil,
observé otro tipo de ave milenaria que conocí en otras vidas pasadas en Alejandría y Menfis.
Se trata de una especie alada que era muy reverenciada como ave sagrada, comúnmente
momificada y conservada en vasos riquísimos sobre las tumbas de los sacerdotes y faraones
egipcios. Es un ave de extremidades largas, como la cigüeña, de pico largo y curvo, que se encuentra
clasificada por los especializados terrestres como "ibis aethiopica".
La diferencia principal entre la "ibis" sagrada de los egipcios y el tipo que generalmente encuentro
en las regiones sombrías del astral brasileño, es que el ave habitante de las márgenes del Nilo, en el
tiempo que yo la conocí, era blanca de plumaje y tenía las patas y las puntas de las alas negras,
mientras que la especie astralina es de forma gigantesca, brutal y completamente negra, con el pico
de color brillante, que despierta una temerosa impresión al volar, y al planear se parece al vampiro
sangri-sediento, relatado en las leyendas infernales. Cuando esas aves hienden el cielo se oye un
murmullo agudo y tétrico en los gajos secos de los árboles y en los follajes empobrecidos, mientras
que los insectos y animales pequeños se mueven apresuradamente para ocultarse en los accidentes
del terreno.
Pregunta: Existen otras especies de aves además de los tipos que mencionasteis?
Atanagildo: Según he verificado en las instituciones astrográficas de nuestra metrópoli, en donde
se estudia la fauna y la flora del astral inferior, existen otros innumerables tipos de aves que están
siendo clasificados por los estudiosos y que mejor se aprecian por medio de un televisor de control
remoto, es decir, por medio de un aparato electromagnético dotado de esferas de dos o tres pulgadas
de diámetro, controladas a la distancia, que se mueven en medio de los reinos inferiores,
transmitiendo los detalles más íntimos del paisaje a través del "écran" (especie de pantalla esférica) y
de sustancia lechosa que hay en nuestra metrópoli.
Los mentores de nuestra metrópoli pretenden transmitir en el futuro hacia la Tierra algo de los
estudios astrográficos que están siendo preparados por diversos técnicos, con el fin de preparar
mejor a los encarnados en el conocimiento de las formas exactas del mundo astral, aunque se
encuentren en el mundo material. Aunque sean paisajes inhóspitos y que infunden temor, es
necesario que el hombre encarnado conozca ese mundo astral en vez de acondicionarse
exclusivamente a la lectura fantasiosa de los escritores de ficción, que aunque se aproximen a la
realidad impresionante no saben trazar caminos benéficos ni sembrar esperanzas para las almas
desesperadas.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Cuál es el tipo más común que habéis encontrado en esas regiones inferiores?
Atanagildo: En muchas excursiones que he realizado a las regiones subterráqueas, no sólo del
Brasil sino en Asia y parte del África, el tipo de animal que más me llamó la atención fue una especie
de caprino gigante —un tipo de cabra montesa muy común en los Alpes suizos y muy conocida en las
montañas asiáticas y africanas—, cuyas extremidades delanteras son más cortas que las traseras,
los cuernos son largos y acentuadamente curvados hacia atrás.
Vi a esos animales en pequeños grupos, con aspecto terriblemente amenazador y que tenía en
sus ojos oscuros un mirar siniestro y hasta diabólico. Eran monstruos peludos, de color sepia y tenían
largas barbas hasta las quijadas, como un gran montón de estopa deshilachada de color de barro.
Agitan el aire a su alrededor cuando se mueven a saltos bruscos, dejando una sensación de temor a
las restantes especies de los alrededores. Exhalan un olor sofocante que repugna y da náuseas,
exigiendo hercúleos esfuerzos para que cualquier criatura pueda mantenerse por algún tiempo
aproximado a tales animales de aura tan repulsiva. No pude comprobar el motivo por el cual delante
de esos caprinos horribles sentí en mi organismo la impresión de un brutal cinismo y relajamiento.
Para los desencarnados que aún desconocen la composición y la plasticidad de la sustancia
astral inferior, es muy fácil confundir a esos caprinos con cierta falange de espíritus malhechores y
degradados de las sombras, que se aprovechan de la debilidad ideoplástica de los religiosos
"fallecidos" que temen al Infierno y a Satanás, para crear escenas de tanta angustia, que no me es
permitido revelar, por orden superior, en estas comunicaciones.
Además, nos informaron los mentores de nuestra metrópoli que la degradación máxima del sexo
siempre favorece la conformación en las criaturas de estigmas muy semejantes a las de esos
caprinos, cuyos movimientos crean mórbidas y detestables expresiones obscenas.
Finalmente, pude comprobar que las leyendas o fantasías más absurdas creadas en el mundo
físico se fundamentan en esas figuras horrendas, que después de desencarnadas encontramos
palpitantes de vida en las regiones del astral inferior. Tal vez dominado por tales impresiones
dantescas es que el hombre terreno acostumbra a pintar al diablo con pies de cabra y cuernos de
carnero.
Pregunta: ¿Se justifica la existencia de esas especies siniestras en el astral inferior?
Atanagildo: Sería necesario indagar, también, por qué motivo existieron las especies
antediluvianas o los monstruosos dragones, de los cuales el cocodrilo es apagada reminiscencia, o
por qué existen las moscas, los mosquitos o los microbios. Para mí, que no tengo la preocupación de
resolver los problemas creados por Dios y que escapan a mi visión común, las formas exteriores son
de poca importancia, pues lo que nos debe interesar más son los objetivos a que nos conduce la
inteligencia espiritual que nos impulsa desde el interior.
Sólo en el mundo espiritual es donde logramos entender el esfuerzo técnico de la espiritualidad
cuando efectúa incesantes ensayos, algunos hasta como en el caso de los animales prehistóricos,
cuya finalidad es el origen de especies menores cada vez más progresistas. En el Más Allá existen
formas excéntricas que aún esperan la época apropiada para materializarse en la corteza terrestre o
en otros orbes más primitivos, como también hay otros tipos raros que los entendidos consideran
extinguidos en la Tierra.
Si intentáis examinar todas las especies animales de la Tierra y quisierais justificar su existencia,
tendríais que preguntar con qué objeto existen el yacaré, el rinoceronte, el hipopótamo o la víbora.
Aparentemente, no se justifica la existencia de esos animales porque el hombre sólo considera útil
aquel que le brinda un buen bife, un churrasco al asador o el cuero para las carteras, zapatos u otros
objetos de uso personal.
La tortuga no parecía tener ninguna utilidad para la humanidad terrena, pero el hombre descubrió
que tenía óptimas cualidades, que más tarde terminaron elevándola a la categoría de cosas
excelentes creadas por Dios, dado que provee los huevos y también una apreciada sopa en los
restaurantes más elegantes de la ciudad. El cocodrilo, que hasta el siglo pasado no pasaba de ser un
feroz saurio, se rehabilitó últimamente cuando se comprobó la importancia que tenía su cuero para la

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

feliz combinación de la cartera con el zapato y otras exigencias de epicúreo capricho femenino.
Aún existen muchos animales que son tenidos por inútiles y feroces, tales como el tigre, el león o
el lobo, que el hombre destruye a hierro y fuego porque no poseen carne apropiada para el delicado
paladar humano. Las aves del mundo astral, que también parecen inútiles e innobles para vuestra
comprensión humana, obviamente atienden a los saludables objetivos dictados por Dios y que
nosotros ignoramos.
Pregunta: ¿Entonces se les podrá atribuir alguna función útil a esas aves monstruosas del astral
inferior?
Atanagildo: Aquí la Ley es la misma que rige los fenómenos del "descenso" de la energía y su
consecuente materialización en vuestro mundo físico. Aunque varíen los planos vibratorios, la Ley
permanece inmutable y original en su determinismo creador. Las cosas se transforman, perfeccionan
y evolucionan o se petrifican y estacionan a través del tiempo. El astral inferior es inmensurable crisol
de fuerzas y formas agresivas en continua evolución renovadora, y se asemeja a un rústico y
vigoroso laboratorio situado exactamente en el límite de la vida física y de la existencia angélica.
Ese mundo salvaje y saturado de fuerzas prepara los elementos y las formas originales que
descendieron a la cuna primaria de la vida terrena, así después drena y purifica los tóxicos mentales
y psíquicos de los desencarnados enfermos, ayudándolos a elevarse hacia las esferas más
hermosas. Es también el taller que construye las formas carnales para los espíritus que descienden a
la materia, y en su retorno desencarnatorio funciona como un tanque que lava y recibe sus trajes
sucios. Algunas situaciones demasiado pavorosas, de rectificaciones espirituales, nos recuerdan el
mismo efecto que hace el nitrato de plata cuando se usa para cauterizar las llagas físicas.
Esas especies gigantescas que merodean siniestramente entre la vegetación sombría del astral
inferior cumplen con la tétrica tarea de ser "transformadores vivos" de las energías deletéreas de ese
medio tan nocivo.
Aquello que los espíritus del Señor tendrían que ejecutar bajo el más lúgubre y heroico sacrificio,
esas monstruosas aves y otros tipos de animales extravagantes realizan a gusto, deglutiendo todas
las formas de elementales peligrosos y dañinos que producen las mentes enfermas y diabólicas.
En el mundo físico, la lombriz, el sapo, la lagartija y principalmente el urubú, son valiosos
cooperadores del campesino, propagando la simiente y destruyendo las sustancias corrompidas, y
sanean el ambiente de la vida humana.
El astral inferior que rodea la atmósfera terráquea, como ya os recordé, es un vasto depósito de
desechos mentales creados por el descuido de la humanidad encarnada, en peligrosa simbiosis con
los genios de las tinieblas. Gracias a las aves y a los monstruos que viven en esa tormentosa
morada, esas creaciones mentales nocivas son incesantemente devoradas, pudiendo mantener el
equilibrio necesario para proseguir la vida astralina y manutención vital e instintiva de la vida física.
Pregunta: Cuando penetrasteis en el astral inferior, ¿ya sabíais cuáles eran las funciones de esas
aves tenebrosas? ¿Podríamos conocer cuáles fueron vuestras primeras impresiones delante de ese
acontecimiento?
Atanagildo: Al principio, me estremecí sorprendido delante de esos monstruos cuyo vuelo
vampiresco es capaz de aterrar al hombre más valeroso y desafiaría a la más dura visión humana.
Indagué por mis propios medios los motivos de la existencia de esas aves y la razón de sus horribles
formas, que bien podían imitar a todos los cuadros más terribles de la Tierra. Yo no tenía dudas que
eran aves destinadas a un ambiente infernal, cuya espantosa voracidad hacía desaparecer
instantáneamente todo lo que caía cerca. Pero aún ignoraba su benéfica función de gigantescos
transformadores de vida nociva inferior, cuando devoran las creaciones delictuosas que provienen del
caos de las pasiones desenfrenadas de la mayor parte de la humanidad terrena.
Esas aves devoran y transforman en los hornos crematorios de sus abultados estómagos, las
larvas, los elementales, los duendes peligrosos, los desperdicios y los combustibles repelantes que
se producen, se agregan e incorporan por efecto de la proyección degradada de la mente humana en
la sustancia astral.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Existe alguna función especializada para cada tipo o variedad de aves o animales del
astral inferior, para la desintegración de las fuerzas y sustancias peligrosas producidas por la mente
de los hombres?
Atanagildo: El espíritu observador no tarda en identificar la sabiduría y la armonía del Creador,
que mantiene el equilibrio de la vida por medio de las formas y energías opuestas.
La poesía y la utilidad caminan juntas al servicio benefactor de la creación; mientras el picaflor
chupa el néctar de las flores, que es su manjar predilecto, el urubú hambriento se sirve de la carne
putrefacta y se vuelve eficiente higienizador del ambiente apestado. Por eso, los seres dantescos del
mundo mórbido del astral también varían su preferencia nutritiva por las formas deletéreas que se
producen por causa de pensamientos y pasiones degradadas del hombre. El apetito de ciertas aves
del astral se satisface con sustancias de un tono pardo terroso y de viscosidad violácea, producidas
por la codicia, celos o ambición; otras, prefieren alimentarse con porciones repugnantes de formas
negras y entremezcladas con fulgores chispeantes, que se crean por las expresiones violentas del
odio, de la cólera y de la irascibilidad de los encarnados.
También noté un tipo alado muy parecido al urubú terrestre, de cabeza pelada y de aspecto
chocante a primera vista, que además de su mórbida alimentación se entregaba a un mover febril de
alas, quedando luego en una actitud de ave enferma. Cuando estudiaba las aves del astral inferior,
los preceptores me informaron que aquel tipo de ave lenta, de mirar fijo y enfermo, sólo devoraba las
configuraciones mentales producidas por las almas encarnadas o desencarnadas que son enfermas,
melancólicas y sin esperanzas, que especialmente mantienen la idea fija del suicidio.
En aquellas cuevas y grutas aterradoras del astral inferior, delante de las expresiones más
horrendas que la imaginación humana pueda crear, la madre Tierra actúa en favor de sus hijos para
que lleguen lo más rápido posible a la perfección. Sirviéndose de aquellos repulsivos
"transformadores vivos", los hace trabajar bajo el control de la ley benefactora para higienizar el me-
dio e impedir el desarrollo de las formas perniciosas y ofensivas de sus propios creadores humanos.
Pregunta: ¿Hay zonas preferidas por los animales o aves del astral inferior, como sucede con las
especies de la Tierra; por ejemplo, el oso blanco que gusta del polo, el león, que ama la selva o el
buitre que vive entre los picos más altos de la cordillera?
Atanagildo: Las especies de la fauna astral inferior en obediencia a la ley específica del
magnetismo afín a sus tipos se conservan en las regiones o zonas en que se depositan sustancias
mentales perniciosas de su preferencia nutritiva. Hay tantas variedades y animales, reptiles y aves
astralinas, acordes a la producción de los más variados tipos de sustancias degradadas provenientes
de las mentes humanas. De acuerdo a la psicología de los pueblos terrenos, cada raza presenta en
particular una tendencia colectiva más elevada o más nociva, todo depende de la pasión o de la virtud
predominante en su seno. Hay pueblos cuya índole fundamental es la ociosidad, en otros, la furia
belicosa, y existen aquellos en que predomina la sensualidad, la hipocresía, la inescrupulosidad, la
ambición o la venganza, como si fuesen criaturas dominadas por una sola pasión.
Pregunta: ¿Cuáles son las formas elementales repulsivas preferidas por aquellos caprinos que
mencionasteis hace poco?
Atanagildo: Cierta vez me fue dado encontrar a esos repelentes caprinos aglomerados
exactamente en lugares o zonas astrales de vuestro país (Brasil) en donde más se practicaban orgías
lúbricas, festividades licenciosas y se promovían los vicios que más deprimen la conducta sexual
humana. Esos animales devoraban dantescamente ciertas emanaciones larvales de unos fuertes
colores rosa-oscuro, bastante salpicados de tonos rojizos, que formaban manchas violáceas sobre un
fondo de sangre impura. Eran formas exóticas que fluían incesantemente, parecidas a pesados
nubarrones de humo, que asumían formas arácnidas, que se movían de modo grotesco y
fragmentándose continuamente, curvándose en la periferia como si fueran ganchos amenazadores y
retorcidos. Algunas veces me parecía que eran gigantescas amebas munidas de pies que se
retorcían en movimientos espasmódicos, enroscándose sobre sí mismas para después estirarse bajo
invisible comando de perversa sensualidad que fluía de las mentes humanas hacia la intimidad del
mundo astral. Bajo el dinamismo activado por las ondas del pensamiento y deseos torpes de los
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

desencarnados, surgían otras formas gelatinosas que se volvían excelente alimento para esos
caprinos astrales, pues su alimentación preferida se basaba en las emanaciones psíquicas mentales
de lujuria y perversión de las funciones creadoras de la humanidad.

171
Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

ACLARACIONES DE RAMATÍS

LA OBSESIÓN - SUS CAUSAS Y EFECTOS

Pregunta: ¿Sería exagerado afirmar que los alienados mentales son criaturas obsesionadas por
espíritus malignos?
Ramatís: Una de las cuestiones más dolorosas y de difícil solución para los espíritus
benefactores es la referente a la obsesión, pues no hay una cantidad suficiente de espíritus adies-
trados para solucionar a gusto ese problema tan complejo. La humanidad terrena, a su vez, aumenta
pavorosamente sus oportunidades delictuosas, que superan la execrable actividad obsesora de las
entidades tenebrosas sobre la Tierra.
No se exagera cuando se afirma que el mayor porcentaje de alienaciones en el mundo terreno es
el fruto de las fuerzas destructivas y obsesoras, muy favorecidas por el descuido evangélico del
mismo hombre. Fuera de los casos naturales por lesiones cerebrales, todas las alienaciones de orden
mental se originan directamente por el desequilibrio del alma. Toda alma desequilibrada se vuelve un
blanco fácil para los desencarnados viciosos y vengativos que actúan astutamente desde el astral
inferior.
Los obsesores tanto actúan por cuenta propia ejerciendo sus venganzas y explotando a los
incautos terrenos, como desempeñan encargos y "misiones" vengativas para el servicio ajeno, acep-
tando la función nefasta de ser instrumentos y verdugos de otros. Esos espíritus malhechores se
ayudan entre sí en sus crueldades y venganza en forma organizada e incesante que ejercen desde el
Más Allá sobre los encarnados, contra los cuales traman las más hábiles artimañas diabólicas a
través de la orientación técnica y experiencia de los veteranos.
Pregunta: ¿Por qué causa escasean los espíritus capacitados para atender a las obsesiones?
Sería muy lógico y necesario que en el astral existiera algún curso especializado o preparación
técnica para obtener mayor éxito en las obsesiones.
Ramatís: Si las propias organizaciones diabólicas del astral inferior disciplinan su acción nefasta y
poseen cursos que suministran enseñanzas astutas, en donde preparan a los espíritus sagaces con
el fin de dominar y explotar a las criaturas débiles de voluntad y esclavas de pasiones animales,
¿entonces por qué el servicio del Bien, que es más completo y dedicado, no posee instituciones
adecuadas para obtener un mejor éxito en su acción?
Pregunta: ¿Esos cursos supervisados por espíritus benefactores son parecidos a los usados en
las escuelas terrestres? ¿Podéis darnos algún conocimiento al respecto?
Ramatís: Son cursos de estudios inteligentísimos y en constante progreso, basados en los
conocimientos avanzados de anatomía, fisiología del cuerpo humano y en base a las más sutiles
manifestaciones del sistema nervioso y endocrino, con el fin de conocer todas las vulnerabilidades y
efectos orgánicos que resulten de las víctimas de los obsesores. Los espíritus que se dedican a la
cura de los obsesos necesitan conocer la naturaleza de las emisiones magnéticas que puedan
beneficiar a las víctimas de la obsesión y también las energías venenosas producidas por ese pro-
ceso vil que surge durante el mórbido entrelazamiento del cerebro periespiritual y el cerebro físico.
Esos cursos, esquematizados por geniales científicos siderales, requieren almas valerosas y de
voluntad bastante desenvuelta que alíen a estas cualidades excepcionales los más elevados sen-
timientos de bondad, tolerancia y pureza de intenciones. En base a esas exigencias fundamentales
se hace dificilísimo conseguir un número suficiente de equipos especializados para neutralizar defi-
nitivamente la nefasta acción de los Espíritus vengativos sobre los encarnados. En un servicio de
envergadura que desanima a las criaturas que no poseen heroísmo y la perseverancia de las almas
benefactoras de las comunidades superiores. Casi nada se puede hacer cuando los encarnados o los
desencarnados se enredan peligrosamente en las mallas de las pasiones degradantes, padeciendo
durante siglos en la venganza mutua, maniatados entre sí por la expiación obsesiva, atravesando
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

existencia tras existencia en dolorosa y execrable flagelación. Y así el detestable círculo vicioso
prosigue a gusto de sus interesados. Los que asumen la figura de verdugos y vengadores explotan a
sus víctimas, seguros de sus desquites, creyendo compensarse cuando sustraen hasta la última gota
de fuerza vital y psíquica de sus desafectos del pasado.
Pregunta: Si hubiese un número suficiente de técnicos o de servidores para atender los casos de
obsesiones, ¿se solucionaría inmediatamente ese problema tan doloroso en el Más Allá?
Ramatís: La solución no sería tan rápida, porque muchas de las víctimas y de los verdugos que
se encuentran mutua y obsesivamente enredados por lazos de odio y de venganza requieren todavía
algunos lustros para que se efectúe su liberación espiritual. Aunque la Ley Kármica disciplina todas
las acciones de causas y efectos para la Ventura Espiritual y posea una técnica y un proceso
inflexible para su ejecución, son las almas culpables las que marcan realmente su tiempo para la
debida rectificación psíquica. La Ley Sideral enseña que aquello que fue atado en la Tierra, también
en ella deberá desatarse.
Los mentores y técnicos espirituales no podrán intervenir o violentar drásticamente ese círculo
vicioso de mutua obsesión entre los terráqueos que aún son incapaces de cultivar la humildad y el
perdón, que además refuerzan con la vanidad, el orgullo, el odio, la crueldad y la venganza,
distanciados como están de la terapéutica evangélica creada por Jesús. Considerando que el obsesor
y el obseso son dos enfermos que se debaten mutuamente en terribles crisis de amargura, generada
por el odio o la venganza, es obvio que el tratamiento más eficaz es drenar los tóxicos que corroen la
intimidad psíquica para que más tarde se puedan sustituir por el bálsamo bendecido que proviene del
amor y el perdón.
Pregunta: Hemos comprobado algunas curas de obsesiones gracias a los trabajos realizados por
grupos de salvajes africanos que emplean un sistema algo fuerte y decididamente correctivo. En
algunos casos, con la aplicación de dos o tres de esos tratamientos fueron apartados los obsesores
obstinados que hacía años desafiaban los recursos comunes de los adoctrinadores. ¿La aplicación
de esa especie de "tropa de choque" en el Más Allá no podría resolver la mayor parte de los casos de
obsesiones, reduciendo la cantidad de tan angustiosos y complejos problemas?
Ramatís: Es prematura cualquier intervención compulsoria en el mecanismo de la obsesión sin
que antes no se haya iniciado la reforma íntima del espíritu, ya sea del obsesor o del obseso, pues
sería lo mismo que intentar apartar las moscas de un plato de miel. El retiro obligatorio del espíritu
obsesor de la víctima no resuelve los problemas oscuros, cuyas raíces pueden provenir de hace
muchos siglos, de un pasado lleno de tropelías y crueldades recíprocas. Ese proceso se asemeja al
efecto que produce la inyección calmante en el cuerpo físico, que puede atenuar el dolor pero no
soluciona la causa oculta de la enfermedad. ¡En todas las comunidades del Más Allá que se dedican
a las tareas benefactoras de cura y tratamientos antiobsesivos sólo se emplea una "técnica espiritual"
que es el de despertar incondicional del amor!
Siguiendo los pasos v el ejemplo de Jesús que se entregó en holocausto en la cruz torturante,
también cuidamos de curar todos los sufrimientos cruciales de las almas embrutecidas aplicándoles la
misma terapéutica del amor incondicional, que es capaz de conquistar los corazones más
empedernidos. El amor no se impone por el palabrerío rebuscado, ni por el gesto compungido; para
ser profundo ha de sentirse v ofrecerse vivamente por la angustia de servir, de no ser así se
desintegra contra la caparazón de los corazones duros.
Pregunta: Bajo vuestra opinión personal, ¿cuál sería el proceso más eficiente para tratar los
casos de obsesión?
Ramatís: Los mentores espirituales de alta experimentación sideral encuentran que existe una
sola, lógica y sensata solución para esa angustia; convertir simultáneamente al obsesor y al obseso a
los postulados amorosos de Cristo. Como manifesté anteriormente, poco se adelanta apartando a los
espíritus perseguidores e impedirles que se aproximen a sus víctimas, pues ese proceso violento no
soluciona la ejecución de la lev de "causa y efecto"; la solución del problema queda suspendida y sin
ella la "enfermedad" espiritual volverá nuevamente a su curso, como vuelven las moscas a las
heridas cuando se descubren. Al poco tiempo, el obseso y el obsesor volverán a unirse por los viejos
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

lazos del odio insatisfecho y superexcitado por el desencarnado, mientras que el perseguido también
vibrará contra su verdugo de la sombra. La cura requiere que sean desligadas espontáneamente las
cadenas que los atan hace tanto tiempo, y eso sólo será posible por la fuerza del perdón y de la
humildad.
Pregunta: ¿Cuáles son los tipos de instituciones que conocéis en el Espacio como responsables
por el aprendizaje y preparación de los espíritus destinados para atender los casos de obsesiones?
Ramatís: Los cursos especializados para atender los casos graves de obsesión y fascinación de
los encarnados funcionan casi siempre en los departamentos de auxilio espiritual, localizados en el
seno de instituciones reencarnatorias. En el futuro, los psiquíatras de la Tierra podrán aplicar gran
parte de los tratamientos espirituales administrados en el Espacio, cuando se convenzan que los
principales fundamentos de la cura psíquica son las enseñanzas evangélicas de Jesús que, en
realidad, es el verdadero Médico del Alma.
Los establecimientos de tratamiento psicopático situados en la Tierra fallan considerablemente en
sus comprobaciones clásicas porque pretenden solucionar problemas emotivos —que se enraízan en
lo profundo del corazón y se encadenan a las fuerzas del espíritu— usando los recursos violentos de
la terapéutica a base de electricidad o de hormonas. Es cierto que los choques eléctricos o las
intervenciones medicamentosas violentas consiguen a veces variar la marcha de la locura o mantener
algo despierto al enfermo, pues este procedimiento superactiva temporariamente las células
cansadas. Pero el problema secular o milenario de la enfermedad espiritual ha de continuar
desafiando esos recursos, pues sólo se contemporiza y no se soluciona la situación. La aplicación de
los choques consigue proporcionar algunos momentos de razón al obseso o prorrogar la crisis fatal
debido al despertar súbito de las células cerebrales y a la trepidación del sistema nervioso, que se
libera brevemente de la acción obsesiva del perseguidor oculto en las sombras del Más Allá. Pero eso
no conseguirá impedir más tarde o en la próxima encarnación que el espíritu enfermo pase a
manifestar los mismos síntomas o efectos mórbidos. El asilo de locos en la Tierra aún desconoce que
por encima de la terapéutica química o técnica del mundo material hay un tratamiento más eficiente y
milagroso, que es la transfusión del amor.
Por eso en los cursos de cura para obsesiones que funcionan en las comunidades astrales,
aunque los alumnos se dediquen al avanzado conocimiento psicológico espiritual y científicamente
trascendental, primero cuidan de todos los anhelos superiores y sentimientos del espíritu inmortal
para que el éxito de la cura sobre las enfermedades psíquicas se alcance por la terapia elevada del
Amor.
Pregunta: Es evidente que el más obstinado en mantener ese círculo vicioso es el obsesor
liberado en el astral. ¿No es verdad? ¿No le tocaría ceder primero, una vez que es consciente de la
inmortalidad del alma y de las futuras consecuencias de sus actos?
Ramatís: No todos los obsesores tienen conciencia de sus actos nefastos o venganzas crueles;
muchos de ellos no pasan de ser locos o desesperados que se aferran poderosamente a víctimas
indefensas, como se adhiere el parásito al tallo de la planta en crecimiento, atendiendo al sagrado
derecho de vivir. A esos espíritus es mejor darles el tratamiento del amor y ternura espiritual, aliviando
sus dolores acerbos y las torturas psíquicas mucho antes de pretender alejarlos de sus víctimas
encarnadas que los atraen continuamente con sus propios vicios y ociosidad espiritual. Verdugo y
víctima, ambos enfermos, piden la misma medicina que el Sublime Jesús recetó sin rodeos: "Haced a
los otros lo que queréis que os hagan".
Pregunta: Deseamos tener un mayor conocimiento sobre esas escuelas de estudios, establecidas
por los científicos siderales en el Más Allá, con el objeto de curar los casos de obsesiones en nuestro
medio.
Ramatís: Sus cuadros didácticos, con sus complejas experimentaciones, escapan aún a lecturas
comunes y exigirían un agotador compendio para vuestro conocimiento y que, por otra parte, ultra-
pasaría el objetivo y el tiempo de estas simples comunicaciones. En la Tierra hay literatura
mediúmnica que ofrece aclaraciones al respecto e indica las medidas preliminares a tomar, y que
también son bastante eficientes para solucionar esos problemas. Por eso no deseamos parafrasear o
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

repetir aquello que ya fue dictado mediúmnicamente con más eficiencia y claridad en la exposición.
Los espiritualistas encarnados que pretenden alcanzar éxitos en las soluciones de los casos de
obsesión, precisan conocer mejor los principales sistemas orgánicos que constituyen el cuerpo físico
y especializarse en el conocimiento de la compleja fisiología del periespíritu. Es necesario que se
investiguen con atención todos los fenómenos que durante las obsesiones provocan la desarmonía
entre el vehículo físico y el periespíritu. Es una posesión completa, en donde el verdugo y la víctima
se entrelazan a través de la insoluble red fluídica que constituye el puente o eslabón responsable por
el cambio recíproco de sentimientos, emociones, pensamientos e impulsos psicológicos; no basta
localizar el acontecimiento en el cuadro patológico de la obsesión ya conocida, es preciso que se
identifiquen perfectamente las innumerables sutilezas y diferencias psíquicas personales que varían
de un caso a otro, aunque aparentemente se asemejen entre sí.
Cada proceso de obsesión presenta un conjunto de manifestaciones individuales distintas,
porque cada alma es un mundo aparte que ofrece reacciones diferentes entre todos los espíritus. De
ahí, pues, la necesidad de unificar el sentimiento amoroso que es fundamental, y el conocimiento
científico, aunque en la cura espiritual el "saber" o la "técnica en el actuar" son factores secundarios
al "sentir" que en realidad encierra la técnica del amar y servir.
Pregunta: Con el fin de comprobar lo que encierran algunas lecturas mediúmnicas y valiéndonos
de los estudios que hemos realizado sobre este asunto, gustaríamos saber si el estudio científico de
la obsesión en el mundo astral presenta mejor resultado cuando es ejecutado por espíritus que fueron
médicos sobre la Tierra.
Ramatís: Evidentemente, los mejores trabajadores que en el mundo astral se dedican al
tratamiento de la obsesión son aquellos que aun consiguen unir a sus elevados sentimientos el cono-
cimiento médico sensato que cultivaron cuando eran encarnados. En base a sus conocimientos
avanzados de anatomía y fisiología carnal encuentran mayor facilidad para estudiar las "contrapartes"
etéricas del periespíritu y de las matrices astrales del cuerpo humano. El cerebro de carne, que dirige
las funciones del organismo físico, no deja de ser una copia bastante empobrecida del cerebro del
periespíritu, que es el verdadero responsable del admirable mecanismo de las operaciones mentales.
Aunque el "doble", o sea, el duplicado periespiritual del cerebro físico funciona en un campo
vibratorio más sutilísimo del mundo astral de los desencarnados, posee contornos y detalles aún más
perfectos y precisos que los del cerebro del hombre encarnado. Por eso el médico o el hombre que
conoce satisfactoriamente la anatomía y fisiología del cuerpo humano se integra con más facilidad en
los cursos de anatomía periespiritual, haciéndose más competente para trabajar y servir en el campo
de las obsesiones.
El cerebro del periespíritu estructurado con sustancias sutiles, también se presenta en forma de
dos hemisferios característicos, surcados por las circunvoluciones tradicionales, configurado por los
lóbulos, convenientemente separados por las aberturas de la masa encefálica. También su
mecanismo orgánico en el plano "etéreo astral", guarda una gran relación con la función de los
centros motores, descripta en los tratados humanos en lo tocante al cerebro físico. La supremacía
excepcional del cerebro del periespíritu consiste en que semeja un complejo aparato eléctrico, jamás
conocido por los ojos humanos que se transforma en una verdadera usina de fuerza radiante, que
controla las más complejas operaciones ejercidas por el espíritu y emite señales luminosas que
varían de una zona hacia otra, es decir, de un lóbulo hacia otro.
Son muy grandes las diferencias de potencial radiante en las criaturas humanas; pues, mientras
las almas mentalmente evolucionadas emiten fulgores luminosos en los lóbulos frontales, las
desprovistas de conocimientos espirituales se tiñen de sombras alrededor de su región frontal. A
través de su cerebro maravilloso estructurado en la sustancia astral y mucho más compleja y eficiente
que el de su forma física, el espíritu dirige y controla a su periespíritu, armonizando su funcionamiento
de acuerdo a la calidad de sus pensamientos. Cuando éstos son elevados reavivan la luminosidad de
los centros creadores mentales, pero, cuando se degradan o irritan, sumergen la frente diáfana en la
niebla sombría de las energías animalizadas. El cerebro del periespíritu nos recuerda también, el
automatismo que posee el cerebro físico al dirigir todas las operaciones instintivas que se subordinan
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

a las actividades del subconsciente y son productos del esfuerzo milenario de la evolución del
hombre.
En base a su complejidad y por el hecho de sobrevivir a la disolución del cerebro de carne,
resulta siempre, el instrumento más lesionado por cualquier acontecimiento psíquico dañino, por cuyo
motivo exige que se le estudie en cursos disciplinados en el mundo astral, para poder dar soluciones
inteligentes y definitivas al proceso obsesivo que sufren las víctimas. Esos cursos se asemejan un
poco a los exigidos a los especialistas en las instituciones médicas de la Tierra, que solo aceptan a
los miembros acreditados en cursos especiales, variando solamente, en la exigencia de los más
elevados sentimientos evangélicos como base de la terapéutica principal para la cura de los obsesos
y la conversión de los obsesores.
Pregunta: Nos gustaría recibir algunas explicaciones más sobre la verdadera naturaleza del
cerebro periespiritual, pues estamos habituados a la idea, que es suficiente tener un cerebro bastante
sano para poder gozar de las facultades mentales perfectas. ¿Estamos equivocados?
Ramatís: Es evidente que ya debíais haber comprendido a través de los estudios espiritas, que el
cuerpo físico es el "efecto" y no la "causa" de la vida psíquica; tomad este ejemplo: comparadlo a un
"secante", que es capaz de absorber todas las sustancias exhaladas por el psiquismo del espíritu
encarnado. Del mismo modo, la naturaleza de las manifestaciones del cuerpo carnal depende
fundamentalmente de las funciones del periespíritu, pues es el verdadero molde, el que plasma la
configuración del organismo físico.
En verdad, el periespíritu soporta simultáneamente la carga de la vida humana en los dos planos
diferentes; el físico y el astral, aunque ambos se encuentren profundamente interpenetrados, tanto en
su origen como en la manifestación de sus fenómenos. Es el vehículo preexistente al nacimiento y
que por el hecho de sobrevivir a la muerte del cuerpo físico, está dotado de una energía y vitalidad
mucho más intensa, que se disciplina bajo su inteligente automatismo milenario. Es el equipo más
completo y valioso del ser humano, que simboliza su vestido indestructible y su archivo inalterable en
donde se conserva toda la memoria del alma acumulada en el pretérito.
Las células nerviosas del cuerpo físico además de sus propiedades y manifestaciones objetivas,
son núcleos sobrecargados de electricidad inteligentemente almacenada por el periespíritu. Las
neuronas no sirven únicamente para atender el curso de sensaciones exteriores, pues son también
responsables por los mensajes que las neuronas espirituales les transmiten como fruto de las
impresiones internas, enviadas por la conciencia del espíritu. Si los elementos físicos clasificados por
la ciencia son complejos, en donde el cerebro carnal funciona a semejanza de interruptores, fusibles,
conductores, condensadores u osciladores, constituidos por los "plexos", agrupaciones de ganglios
nerviosos y filamentos neurocerebrales en el área del sistema nervioso; mucho más importantes y
complejos son aquéllos que se refieren al cerebro del periespíritu. Simboliza una admirable estación
radiofónica sometida al servicio de la mente y activada por un indestructible potencial de energías,
ondas y emisiones de la más alta frecuencia vibratoria, que en el presente, aún es inaccesible para la
más avanzada instrumentación científica.
Es una central eléctrica que funciona entre el plano invisible y el material, atendiendo todos los
mensajes que son captados en el campo de la vida física y expidiendo las sugestiones provenientes
del mundo interno del espíritu. De ahí los múltiples, dolorosos y complejos problemas que ofrecen los
interminables casos de obsesiones y fascinación, pues durante la nefasta función obsesiva y en el
intercambio de las poderosas energías magnéticas subversivas, queda lesionado el maravilloso
patrimonio del cerebro periespiritual volviéndose un degradante depósito de venenos, producidos por
la mente satanizada y por el odioso deseo de venganza.
Esa es la causa del porqué en las instituciones astrales dedicadas al servicio de curar la
obsesión, se estudia el asunto desde la más diminuta interferencia mental, que varía potencialmente
en cada obsesor cuando actúa sobre la región cerebro-nerviosa de sus víctimas. En realidad, el
cerebro del obsesor se une al cerebro de la víctima bajo el efecto degradante de la simbiosis, y por
eso, el tiempo de cura varía para cada caso en particular conforme a la intensidad vibratoria de la
influencia maligna producida por el entrelazamiento obsesivo de los periespíritus del verdugo y del
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

obseso.
Pregunta: Como nos habéis informado que los espíritus dedicados a las tareas de tratar la
obsesión, deben conocer satisfactoriamente los secretos de la psicología humana, preguntamos: ¿No
basta poseer el conocimiento técnico del periespíritu, para dispensar de los conocimientos
psicológicos?
Ramatís: Si hasta los espíritus malhechores del astral inferior forman cursos de psicología
humana, para lograr eximios identificadores con respecto a las vulnerabilidades de los encarnados,
sería bastante incoherente que los benefactores espirituales despreciaran tal recurso, optando solo
por la técnica y el cientificismo de las relaciones periespirituales con el cuerpo físico. Se trata de un
valioso y elevado estudio, imprescindible para el trabajo desobsesivo, para apresurar los síntomas
psicológicos negativos afines a las manifestaciones de la ociosidad, ambición, vanidad, orgullo,
avaricia, lujuria, celos, crueldad o hipocresía que aún se conjugan peligrosamente al caudal del vicio,
que completa la esclavitud del ser humano atado al carro de su propia desgracia.
Sirviéndose de ese potencial de fuerza magnética del hombre encarnado, los perseguidores de
las sombras trabajan con éxito y forman los eslabones favorables que servirán para formar las
cadenas desde el mundo invisible sobre el carnal. Normalmente, el hombre obseso es la criatura que
amplia sus defectos o vicios, que dormían potencialmente en su intimidad psíquica y que emanan
voluptuosamente bajo la invitación de los deseos degradados del comando mefistofélico de los
espíritus obsesores.
El vocablo "obseso" encierra una definición de sentido más amplio, pues también abarca a todos
aquéllos que se encuentran dominados por un deseo fuerte, una idea fija o son víctimas de impulsos
violentos y descontrolados. El estado obsesivo puede provenir de la angustia implacable del hombre
para obtener a toda costa un cargo público, un puesto de figuración en las esferas sociales o
artísticas, de la ambición insufrible por el prestigio político, la ceguera por la fortuna fácil o el ser
esclavo de una determinada pasión. El descontrol psíquico, la obstinación incesante para lograr algo
a cualquier precio, también crea los estados de obsesión, difiriendo apenas de la obsesión espiritual,
por mundanas o desagradables que se toman por entidades obsesoras, mundanas o desagradables
se toman como entidades obsesoras, hasta que por fin se forma el basamento tan deseado para la
eficiente y esperada embestida de los perseguidores y gozadores de las sombras.
Pregunta: ¿Podréis darnos algunas aclaraciones más objetivas sobre este asunto?
Ramatís: ¿El fumador veterano, no es obsesado por el humo; el alcoholista por el alcohol y el
desequilibrado por los estupefacientes? Hay mujeres que agotan las rentas copiosas de sus esposos
para el culto exagerado y obsesivo del lujo y la vanidad personal; ciertos hombres terminan sus
fortunas obsesados por el amor propio o por el deseo de ganar alguna acción judicial impetrada por
cualquier circunstancia ofensiva a sus convicciones de honradez y tradición para la familia. Criaturas
fuertes, sanas y liberadas de preocupaciones, aceptan el juego obsesivo de la ociosidad, olvidando
emprender los movimientos que dinamizan el alma, sin acercar la ayuda a los más desdichados;
hombres sensuales se rodean de bienes y colocan su fortuna a disposición del placer genésico,
olvidando, que si solo atienden las exigencias del cuerpo, atrofian la vitalidad psíquica.
Qué es todo eso, sino las más variadas formas de auto-obsesión, que ofrecen óptimos caminos
para que los malhechores de las tinieblas trabajen con éxito sobre los infelices que ya perdieron su
libertad y pasan a encadenarse en sus propias creaciones mentales fascinantes.
Pregunta: ¿No podría dispensarse en los cursos de aura obsesiva mantenidos en el Espacio, de
ese estudio psicológico que decís y que es tan necesario para los espíritus que se dedican,
considerando, que todo deben ser capaces de leer los pensamientos de los obsesos y de los
obsesores, conforme lo dicen ciertas obras mediúmnicas que son de excelente origen?
Ramatís: Si realmente fuese así, no habría necesidad de que los espíritus diabólicos de las
sombras cursaran estudios de psicología humana con el fin de descubrir las válvulas de las debilida-
des espirituales de las futuras víctimas, para lograr imponer sus torpezas y vampirismos.
Innumerables contradicciones y sutilidades psíquicas que escapan a la percepción del espíritu encar-
nado, son explotadas solapadamente, por los astutos de las tinieblas que después de desencarnados
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

consiguen valorar ese trabajo con indecible espanto. Son estados íntimos, tan disimulados en el
receso del psiquismo humano, que no los ignora el hombre dotado de un profundo sentido de
autocrítica muy avanzada.
El hombre terráqueo, debido a su gran ignorancia espiritual es muy influenciado por el medio en
que habita y al que se apega con excesivo perjuicio, retardando más tiempo su futura liberación. Vive
en el escenario de la Tierra algo hipnotizado por sus intereses egocéntricos y pasiones violentas, se
encarcela entre las rejas de las prisiones económicas para rodearse de los bienes que tendrá que
abandonar a la puerta de la tumba, y al mismo tiempo se encadena al sentimentalismo egoísta de los
parientes consanguíneos. Son raras las criaturas que se deciden por el reino del Cristo, intentando
liberarse de las formas del mundo material y que reconozcan, por la verdadera familia está formada
por la humanidad entera.
Y, como el hombre terráqueo posee en su estructura psíquica fragmentos de todos los vicios y
vulnerabilidades peligrosas, provenientes de su herencia animal, frágilmente reprimida por las leyes
sociales, se vuelve un débil instrumento, que hábilmente explotado puede materializar en la tierra, la
voluntad pervertida de los espíritus inferiores.
Pregunta: ¿Cuál sería la idea aproximada que podríamos tener de esos "cursos" de psicología
humana, frecuentados por los espíritus inferiores de las sombras?
Ramatís: Los comandos de las tinieblas realizan estudios minuciosos sobre todas las tendencias
perjudiciales humanas, investigando las voluntades débiles y procurando alcanzar a los esclavos de
los preconceptos y convenciones humanas, para después vampirizarlos en su vitalidad psíquica.
Muchas veces, organizan cuidadosos relatos sobre las probables víctimas que han de ser obsesadas,
examinan todas sus reacciones en los campos de su manifestación física y la naturaleza moral de sus
reflexiones interiores. Por lo tanto, no les cuesta mucho descubrir un deseo fuerte o imprudente, que
les pueda servir como un "detonador psíquico" procurando alcanzar sus objetivos sombríos. Ese
deseo, muchas veces palpita como un ideal oculto en lo íntimo de la futura víctima, pudiendo ser una
ansiedad constante con algún objetivo de auto-exaltación peligrosa en la esfera social, política o en la
dirección de su vida, disfrazando tal vez, una vanidad acentuada o un orgullo implacable.
Es algo persistente que domina poco a poco la criatura y supera a todos los deseos y objetivos
accidentales, se desarrolla cautelosamente, rebelándose a su propio portador. Cuántos tiranos,
caudillos, magnates deshonestos y demás desequilibrados de la historia, se vieron rápidamente
elevados a posiciones más peligrosas o prestigiosas del mundo, porque descubrieron su fuerza y
deseo poderoso, oculto en el subjetivismo del alma y los estimularon a medida que se formaba el
clima favorable para su eclosión definitiva.
Pregunta: ¿De qué modo actúan los obsesores, para que el individuo alcance ese deseo
fundamental que ha de nacerlo víctima de su atención malévola?
Ramatís: Los magos de las sombras procuran conocer el tipo predominante del deseo de cada
criatura y la probabilidad de servirles como un punto de apoyo para sus maquinaciones diabólicas o
desquites crueles; examinan y distinguen, poco a poco, todos los pensamientos que
inconscientemente pueden reproducirse por ese deseo oculto y aún ignorado por la víctima. Las
auscultan a través de todas las empresas y relaciones, como también les proporcionan toda suerte de
oportunidades y contactos con otras criaturas que puedan actuar en su faja vibratoria y superexcitar
aquel deseo oculto, hasta conseguir su eclosión en el mundo exterior.
La víctima va despertando lentamente al tomar conocimiento objetivo de su excitación íntima, que
aun siendo algo vaga, es una fuerza conductora que intenta orientar sus pasos hacia algún ideal,
realización o programa absolutamente afín a su índole. Muchas veces, el pasado influye
poderosamente en la fijación del "deseo central", pues vive en su intimidad el eco de las glorias
pasadas, la fuerza ardiente de las pasiones calurosas o entonces, un cierto goce, que es una
prolongación de la prepotencia y dirección tiránica de otrora sobre los hombres. Cuando el espíritu
posee mejores propósitos en la actual existencia, aún es blanco de los intereses de las sombras para
que no repudie con vehemencia a su "deseo central", que puede chocar con la moral acondicionada a
sus proyectos, entonces los obesores buscan debilitar sus defensas, creando caminos de goces y
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

felicidades, que al comienzo no dejan de ser atracciones algo inofensivas y cuando mucho, son
pequeños pecaditos, muy comunes a la humanidad...
Así forman una peligrosa tentación para su sentido psicológico común, abriéndole brechas cada
vez mayores y que la criatura subestima, porque la sutileza y la capacidad del invisible no le deja
aquilatar la proporción del perjuicio ético y la degradación moral que pesa sobre sus actos
hipnotizados. Es el caso de ciertas criaturas que comienzan con inocentes juegos en el hogar, sin
intereses utilitaristas o intención subversiva, pero que gradualmente se van condicionando al vicio sin
apercibirse. De una simple "pasatiempo" inofensivo y encuadrado en la moral de las criaturas, nace
la pasión viciosa por la ilusión de las cartas, que poco a poco les roba el sentido de la dirección
consciente y produce la superexcitación de la fiebre por el juego, capaz de llevarlo a los peores
desatinos. Pero, la caída debe ser de un modo milimétrico y desapercibida, para que las víctimas de
la pasión por el juego no pesen el metraje que ayer recorrieron hacia el abismo que los separa de la
ética moral, que les servía de garantía espiritual y sensata para el mundo. Muchos aún se molestan,
si alguien les advierte del extremismo peligroso en que se encuentran, corroborando el viejo dictado
de que "no hay peor ciego, que el que no quiere ver".
Igual proceso se efectúa bajo la dirección de los espíritus malhechores, sobre aquéllos que
pretenden fascinar, para alcanzar sus realizaciones diabólicas; les activan el "deseo central" que latía
en lo íntimo del encarnado, dándole fuerza y excitándole la imaginación, en un proceso gradual e
incesante, que mucho nos recuerda a la marcha progresiva de la hipnosis. Entonces, ese "deseo
central" va aflorando a la conciencia despierta de la víctima, pintándole cuadros de realizaciones
agradables y posibilidades grandiosas y que a su vez, le aviva el campo emotivo bajo un peligroso
narcisismo, hasta que el trabajo de las tinieblas consigue alimentar en el terreno del alma, la gran
pasión oculta, que será devorante por el motivo de esa fanática seducción. Esa pasión será el "centro
hipnótico" o el "punto hipnótico" maligno que absorberá toda la atención del obseso y cuando los
obeso-res se apoderen de su sistema nervioso y coordinen su campo intuitivo, les servirá de
instrumento vivo para sus maquinaciones peligrosas. En verdad, los tenebrosos, no hacían más que
explotar cualquier pasión, vicio o capciosidad oculta de la criatura, que en forma de un "deseo central"
predominante, era lo más indicado para el cultivo en la forma de pasión incontrolable.
Pregunta: En base a la complejidad del asunto, rogamos una vez más, algunas aclaraciones
sobre la naturaleza de ese "deseo central", que sirve de base tan sólida para el éxito de las obse-
siones.
Ramatís: Ese deseo corresponde a una fuerza pasional oculta, de fuerte exaltación psíquica,
resultante de todas las energías consecuentes de la experimentación milenaria de la conciencia. Es
una conquista que funde en un solo campo de fuerzas, todo lo que el alma experimentó y absorbió
con el contacto energético del mundo exterior. Figura en lo íntimo de la conciencia como su finalidad
más importante, que supera todos los restantes deseos y acciones que no vibran con ese "deseo
central". Puede ser el fruto de malas raíces que la conciencia espiritual lanzó hacia el fondo de su
psiquismo, como puede ser también, un océano de energías contenidas, que al romper sus
compuertas, puede ascender a las más sublimes luces mesiánicas en favor de la humanidad.
En el subjetivismo del ser, ese deseo va haciendo sus embestidas lentas, pero tenaces, porque
no es fuerza estable, pero sí, una fuerza inquieta en procura de expansión y dominio. En algunos
seres, su eclosión puede terminar cuando alcanzó el máximo de vanidad personal a consecuencia de
las posesiones económicas o sociales comunes a la vida epicúrea, quizás en el orgullo personal de
los cargos y glorias políticas, aunque sin grandes expansiones notorias. En otros es fuerza peligrosa,
que al explotar, transforma a las instituciones clásicas del mundo y subvierte las leyes tradicionales,
imponiendo programas tiránicos o fastuosos, o el rapiñaje que sacrifica al género humano.
En el alma superior, el "deseo central", aunque se encuentre indefinido, se expande como un
potencial de reservas bendecidas y produce las grandes renuncias por parte de los iluminados guías
de la humanidad. San Francisco de Asís cuando sintió aflorar la fuerza íntima de su "deseo central",
se consumió en el desempeño del servicio amoroso a los infelices; Jesús, dominado por el mismo
impulso oculto, se transformó en un vibrante instrumento vivo del heroísmo y amor, cuyo potencial

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

energético exudó alrededor de la cruz del martirio a favor de la felicidad del hombre. El "deseo
central" de esos sublimes seres recibió el aliento de las jerarquías angélicas, mientras que los
grandes tiranos o flageladores de la humanidad, recibieron el aliento del poder de las tinieblas.
Pregunta: ¿Sería posible darnos algunos ejemplos objetivos sobre lo que decís?
Ramatís: ¿Cuáles serían los "deseos centrales" que palpitaban en lo íntimo del modesto obrero
llamado Benito Mussolini y del pobre ayudante de cocina denominado Adolfo Hitler, cuando no
pasaban de ser criaturas desconocidas del mundo? Aunque ignorasen, en el subjetivismo, la
existencia de su "deseo central" predominante sobre los demás deseos y manifestaciones menores
del alma, indiscutiblemente, que era el de conquistar y dominar al mundo, que los obsesionó
definitivamente. Los espíritus diabólicos que procuraban almas simpáticas a fin de llevar la guerra al
mundo terreno y mantenerlo sumiso a sus influencias, creando un campo subversivo para el alimento
degradado, fijaron, protegieron y estimularon el peligroso "deseo central" de Hitler, Mussolini y otros,
consiguiendo transformar a esas criaturas en turbulentos instrumentos de la última hecatombe
mundial-
Es probable, que durante su juventud, los planes de prepotencia de esos hombres no fuese más
allá de invadir la propiedad de sus vecinos, cosa que ya identificaba su "deseo central", pero los
genios de las sombras pudieron ampliar el área de acción de esos súbditos simpáticos, consiguiendo
lanzarlos a la estrategia y al rapiñaje sobre las tierras de los países vecinos. A medida que los
espíritus malhechores creaban en ellos el clima favorable para la preponderancia de su "deseo
central", también disimulaban su resistencia moral condicionada en el mundo, hasta cegarlos por su
pasión de conquista, haciéndolos émulos de los grandes asaltantes de la historia. Conseguido eso,
les fue fácil terminar con sus últimos escrúpulos, pues al poco tiempo, invertían los conceptos del
Derecho humano y de las leyes pacíficas, sustituyéndolas por una legislación a base de cañones y
bombas homicidas.
Y, cuando la fuerza oculta que modelaba todos sus gestos y planes, se sintonizó a gusto,
rompiendo todas las barreras de la ética y de la bondad, el modesto cabo del ejército alemán se
transformó en "Führer" y el inquieto trabajador se convirtió en "Duce". En realidad, era el "deseo
central" que adquiría personalidad y se materializaba a la luz del ambiente material. Los comandos de
las sombras pudieron regocijarse de la astuta realización y por el éxito alcanzado, exhumando el
"deseo central" subversivo de aquellas marionetas vivas, que ofrecieron la brecha principal y dieron
cabida a la lucha sangrienta, que también pasó a ser explotadas por otras almas que vibraban en
simpatía con las tinieblas. Alcanzados los fines de muerte, desesperación, miseria y luto, los "jefes
negros" del Más Allá" abandonaron a sus tontos y belicosos "médiums" a merced de la justicia de la
Ley del Karma, retirándoles todo el apoyo y dejándolos morir estúpidamente y sin ninguna gloria,
cosechando los resultados de su "deseo central" pervertido.
Hace mucho tiempo, el "deseo central" despertado violentamente en un joven militar de
Macedonia, lo transformó en Alejandro Magno; posteriormente, retornó el mismo espíritu a la materia
y el "deseo central" lo condujo a la figura de César, otro general; por última vez, se manifestó como
Napoleón Bonaparte, para que se pudiese levantar sobre la Tierra un imperio de vanidad humana. Sin
embargo, ese mismo "deseo central" operando de manera inversa, primero plasmó a Samuel, el pro-
feta puro, retornó el mismo espíritu a la Tierra y se materializó en Juan Evangelista, que una vez más,
volvió a iluminar la superficie del globo terráqueo como Francisco de Asís, que invadiendo los
corazones humanos, también levantó un imperio, pero de amor y glorias espirituales.
Pregunta: ¿Podéis explicarnos con mayor propiedad, que debe interpretarse por un "centro
hipnótico", al que habéis aludido como base principal de éxito de los obsesores sobre los obsesos?
Ramatís: Debéis tener presente, que os equivocáis cuando hacéis la pregunta, pues no es el
"centro hipnótico" el que sirve fundamentalmente a los obsesores para dirigir a sus víctimas. Los
obsesores aprovechan la ocasión cuando sus víctimas crean ese "centro hipnótico", que ofrece la
vanidad, un vicio peligroso, una tentación o pecado, dejando un campo abierto para ser obsesionados
fácilmente y poder actuar, no en el "centro hipnótico" que ellos crearon, sino en el periespíritu de la
víctima escogida.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Es como si una mujer se demorase en la puerta de su casa, entretenida en una conversación con
alguien, sobre asuntos triviales, y los gatos penetraran por la ventana, robándole los peces que iba a
cocinar para el almuerzo...
En la hipnosis común, el hipnotizador procura conducir al "sujeto" para que fije toda su atención
en un determinado objeto, en un punto, o en una evocación subjetiva, procurando distraerlo al
máximo con el fin de crearle el "manto hipnótico" o lo que es igual, el "centro hipnótico", que debe ser
el tema convergente en la mente del hipnotizado. Poco a poco, el paciente se entrega al sueño
hipnótico influenciado por la incesante sugestión de su hipnotizador o bien, por cualquier olor
característico, ruido monótono, música adormecedora o sometimiento voluntario a su acción y
voluntad.
El hipnotizador encadena la conciencia objetiva y la coloca en la cárcel construida por la incisiva
sugestión mental, pero deja en libertad la dirección motora y psíquica de las actividades sub-
conscientes del cuerpo, que reside en la zona instintiva, situada en la región cerebral. Entonces se
posesiona de la región provisoriamente deshabitada del "sujeto", al cual Freud clasificó hábilmente
como una parte de la individualidad". A través de esa región sumisa actúa la voluntad del hipnotizador
que desliga el mecanismo "psico-físico", produciéndose los fenómenos térmicos, las reacciones
instintivas, los lloros y las risas, al simple cambio de las sugestiones mentales, escenas éstas, que
comúnmente se ven en los teatros terrenales y que sirven para alegría de un público ignorante de la
verdad espiritual. Debido a que todos los acontecimientos sucedidos en el pasado se encuentran nor-
malmente registrados en su "memoria etérica", que es su bagaje de experiencias del pasado, los
hipnotizadores consiguen que se reproduzcan las risas, los placeres, actitudes y reacciones emotivas
que sus pacientes tuvieron en su infancia lejana, y que reproducidas a través de un cuerpo adulto, se
vuelven caricaturas ridículas que divierten al público festivo.
Ni bien el paciente despierta y su espíritu retoma nuevamente la región del "corte cerebral" motor,
en la zona intermedia del cerebro, se ajusta al comando de sus centros sensoriales y se coloca otra
vez en la figura habitual, común al medio presente, en verdad, su espíritu no se apartó de la dirección
cerebral, solamente se "distrajo" atraído por el "centro hipnótico", tal como sucede con la mujer de
nuestro ejemplo, que por distraerse en la puerta de la casa, no se dio cuenta del robo en la cocina...
He ahí la función importante del "centro hipnótico" o "punto hipnótico" que sirve para distraer y desviar
la atención del dueño del cuerpo físico, mientras el hipnotizador se sirve a voluntad del equipo neuro-
cerebral con su cortejo del pasado y los automatismos instintivos.
Pregunta: ¿Ahora, podríais explicarnos como se crea ese "centro hipnótico" por los
hipnotizadores de la Tierra, para lograr dominar al "sujeto" en las experiencias de hipnotismo?
Ramatís: No olvidéis, que a semejanza de un médico especialista, estamos dando algunos
ejemplos, como el caso de espíritus obsesores, que además de dirigir la operación obsesora, explo-
tan a los pacientes a través de sus conocimientos psicológicos.
Sin embargo, para satisfacer vuestros deseos, os recordamos, que algunos hipnotizadores
investigan cierta intimidad de sus pacientes y procuran crearles el "punto hipnótico", para después
hacerlos dormir rápidamente, incentivándolos a través de cualquier punto vulnerable de agrado o de
ciertas preferencias. Mientras que algunos pacientes se adormecen fácilmente bajo la ejecución de su
melodía predilecta, otros entontecen por la descripción de escenas agradables, como ser, la fijación
mental de una estrella, de una rosa o de un punto brillante en el recinto. Durante el sueño hipnótico,
algunos pacientes son convencidos por sus hipnotizadores, que al estar en vigía y escuchar la voz
que los dirige, deben caer inmediatamente en trance o adormecer. Entre los Hipnólogos, esa técnica
se conoce como "llave hipnótica" o creación de un clisé mental que cierra las puertas del consciente
del paciente, cayendo en hipnosis en cualquier lugar y momento que se pronuncie las palabras
combinadas y dentro de un plazo determinado.
Los odontólogos que se dedican a la hipnodontología acostumbran a combinar esas llaves con
sus pacientes más sensibles, y las renuevan intermitentemente con el fin de evitar gastos de tiempo y
energía psíquica, que sería preciso para recomenzar la hipnosis destinada para el tratamiento
dentario. Basta esa forma de actuar, para que adormezcan instantáneamente cuando se encuentran
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

bajo el tratamiento combinado.


Por lo expuesto, no os será difícil percibir cual es el proceso de obsesión empleado por los
espíritus maquiavélicos del Más Allá, y podría decirse hipotéticamente, que un hipnotizador terreno es
como una especie de obsesor, interesado en fascinar a un cliente a través de un "punto hipnótico"
previamente auscultado.
Pregunta: ¿Cuáles son los factores más comunes que los obsesores descubren para producir
ese punto "hipnótico", que tanto asegura las obsesiones?
Ramatís: Debido a sus profundos conocimientos de los defectos humanos, los espíritus
obsesores cuando son conscientes, logran fijar el "deseo central" oculto en el alma de la víctima, que
ya expusimos con ciertos detalles. Ciertas veces, ese "deseo central" puede originarse en un reflejo
suicida de una vida pasada, como en una base emotiva de desesperación, que casi siempre no se
vislumbra el tono ni el hecho, ni aun el motivo del gesto cometido en el pasado que pudo haber sido
el orgullo realzado, el amor propio, la excesiva avaricia, la lujuria, la codicia o el remordimiento.
También, puede llegar por una fuerte disposición hacia el vicio o un estímulo psíquico degradado que
se mantenía oculto a toda costa bajo la censura de la conciencia; todo eso, sirve de pretexto
fundamental para que los obsesores inicien la oportunidad favorable para crear un "punto hipnótico"
en el individuo.
En el psiquismo del ser humano, casi siempre hay un "tema fundamental" predominante y que
siendo vulnerable a las sugestiones mefistofélicas del Más Allá, puede servir de motivo básico para
formar ese "centro" o "punto hipnótico" necesario para el éxito de la obsesión. Es por eso, que
comúnmente se dice que nuestros mayores adversarios están en el seno de nuestra alma y deben
combatirse en nuestra propia intimidad, pues en verdad, nuestros defectos y vicios son los
basamentos peligrosos en donde los malhechores desencarnados se afirman para imponernos su
comando obsesivo. Desde hace muchísimos años la voz amiga del Más Allá advierte al hombre, que
el secreto de su seguridad espiritual proviene del "conócete a ti mismo".
Los obsesores se dedican maquiavélicamente a explotar ese "deseo central" predominante, casi
siempre ignorado por su portador, y si la víctima no tuviera conciencia exacta de su situación, o
despreciara la fiel observación que le brinda el Evangelio del Cristo, es casi seguro, que no tardará en
someterse al comando y a los deseos torpes del astral inferior. Así como el hipnotizador encarnado
consigue crear el deseado "punto hipnótico" en su paciente, el obsesor procura transportar hacia la
conciencia en vigilia del encarnado, su "deseo fundamental", que tanto puede ser una vanidad
reprimida, un gran orgullo, un deseo cruel, como también, una mal disimulada lujuria, sensualismo o
la propensión hacia estupefacientes o alcoholes.
El obsesado, ignorante de los verdaderos objetivos del obsesor, pero responsable por el
descontrol de emociones y pensamientos, es conducido dócilmente para crearle un "centro hipnótico"
o de fascinación, que poco a poco constituye su atracción psíquica, volviéndose un "clisé mental" o
"idea fija". Todo eso se transforma en una poderosa fuerza que le dirige la zona cerebral, en donde se
localiza su bagaje subconsciente y el control de los instintos animales del pretérito; solapadamente
los genios de las tinieblas se imponen a través de aquella "distracción" fija, pasando a dirigir el
sistema nervioso y excitando cada vez más las emociones y deseos de sus víctimas.
La criatura es obsesionada porque se distrajo con la seducción de su "punto hipnótico"; se debilita
la vigilancia alrededor de su habitación carnal, porque está orientada exclusivamente hacia un
objetivo que le domina irremediablemente. Una vez alcanzado esto, los espíritus dañinos procuran
favorecer los deseos y realizaciones peligrosas de la criatura, prolongando el trance seductor y
afirmando cada vez más el "punto hipnótico" que les permitirá mayor acceso hacia el equipo físico de
la víctima.
Pregunta: ¿Podéis darnos algunos ejemplos de otro tipo de hipnosis que pueda ser útil para los
obsesores?
Ramatís: Muchos artistas, escritores, líderes, deportistas, taumaturgos o criaturas prodigiosas
que consiguieron una visible posición en el mundo material, se dejan fascinar a veces, tan peli-
grosamente por su condición o por sus glorias recién alcanzadas, que caen de sus pedestales de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

barro víctimas de su propia vanidad, que es hábilmente explotada por los espíritus del astral inferior.
Algunos pregonadores religiosos aeuroleados de misioneros o salvadores de la humanidad,
adoctrinadores entusiastas, críticos inteligentes de su trabajo hacia el prójimo y médiums de brillante
fenomenología, se pierden porque los domina la vanidad o el orgullo, y les falta el bendecido sentido
crítico del "conócete a ti mismo". Cierran los oídos a las más sensatas advertencias que reciben y
cometen las mayores tonterías, como si fuesen manifestaciones de genial espiritualidad. Entonces se
encierran en su vanidad y auto fascinación convencidos de su paradójica modestia, ignorando que el
viejo y delictuoso "deseo central" del pasado, puede estar surgiendo lentamente explotado por la
astucia y la capacidad de los entes de las tinieblas. Llega el momento en que no tardan en caer,
desmoronados por fuerzas destructoras que se alimentaron de ellos, quedando relegados a la
oscuridad y al anonimato sin gloria, cuando no, una suerte peor los lanza al desvarío o a la alienación
mental.
En verdad, esas criaturas se dejan ilusionar por la presunción de ser almas de alta estirpe
espiritual, incapaces de equivocarse y que permanentemente actúan bajo la dirección de jerarquía
superiores; al poco tiempo se vuelve un excelente factor para aflorar su vanidad y potencial de orgullo
adormecido en lo recóndito de su ser, con la inevitable convergencia para crearle un "centro de
fascinación" que es ideal para la operación perversa de las entidades de las sombras. Muchas veces,
la vanidad le grita tan alto a esas criaturas, que toman el maquiavelismo de sus obsesores como
grandes casos de revelación espiritual. Entonces, no tardan en pregonar el ridículo a cuenta de la
sabiduría, los dichos comunes como preceptos doctrinarios y transforman la irascibilidad o los
envanecimientos íntimos en posturas mesiánicas; "se distraen" a través de sus propias fascinaciones,
mientras que desde lo invisible les guían los pensamientos y las emociones. Mientras cultivan
fanáticamente su "deseo central" y se desorientan satisfactoriamente en el trono de su vanidad pre-
suntuosa, resultan fortalezas inexpugnables y hostiles a cualquier advertencia benefactora; la
ceguera hipnótica los lleva gradualmente al ridículo, a la decepción y al equívoco, maquiavélicamente
planeado por los seres de las tinieblas.
Pregunta: Creemos que no debe ser tan fácil la intervención de los obsesores sobre los
encarnados, en base a las grandes diferencias vibratorias que existen entre el plano material y el
astral; ¿no es verdad?
Ramatís: Evidentemente, hay gran dificultad para que los desencarnados ejerzan su comando
sobre los encarnados, pero no cuando éstos son los que dan lugar y ayudan muchísimo el trabajo de
los obsesores y, paradójicamente desfavorecen la protección y la asistencia de los espíritus
benefactores, porque se rodean de fluidos perniciosos que atraen por su proverbial indiferencia hacia
las enseñanzas evangélicas. En consecuencia, dificultan grandemente el servicio de socorro y
orientación superior, que es posible gracias al heroísmo y al sacrificio de los abnegados "guías" y
tradicionales "ángeles de la guarda".
A medida que los encarnados se rebajan por sus desatinos emotivos y desajustes mentales,
poniéndose en contacto más íntimo y peligroso con las fajas vibratorias del astral inferior, es obvio
que también aumenta el imperio de las sombras sobre la Tierra. Impidiendo la sanidad psíquica, que
limpia el aura humana y capta las vibraciones de alta frecuencia y las inspiraciones más elevadas: la
degradación humana se transforma en un alimento que consolida el repugnante "puente vital" y
permite a los malhechores desencarnados actuar en las márgenes de la vida física y estimula toda
suerte de vilezas y preliminares del trabajo obsesivo.
Pregunta: ¿Esa hipnosis y persecución sistemática que los espíritus malhechores ejercen sobre
los encarnados, se circunscriben únicamente a los desquites o venganzas contra los adversarios del
pasado, o tienen otros objetivos subversivos?
Ramatís: Las almas tenebrosas, además de crueles y vengativas, viven llenas de deseos
carnales inferiores que no pudieron satisfacer por causa de su muerte corporal. Eso se acrecienta
más, debido a las condiciones vibratorias sutilísimas del mundo astral que acentúa las sensaciones
del periespíritu, que es la sede de los deseos del alma; esos deseos recrudecen y se vuelven más
violentos al no poder saciarse por intermedio del cuerpo físico destruido, al cual estaban
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

condicionados. El alcoholista, por ejemplo, tiene la mente conturbada por el deseo irrefrenable que
vibra en su periespíritu, cuando posee el cuerpo carnal se sacia en parte debido a las reacciones
físicas producidas por el corrosivo y que más tarde repercuten en el mundo astral de los deseos. Sin
embargo, cuando pierde el cuerpo carnal, en verdad desmantela su alambique vivo, pues una vez
desencarnado se ve obligado a servirse de otro cuerpo vivo para poder absorber la mayor cantidad
posible de alcohol que le garantice la satisfacción mórbida de poder aspirar la sustancia astral
volatizada por el corrosivo y vertida por el aura.
Este es uno de los motivos por los cuales los espíritus degradados realizan tenaces esfuerzos
para conseguir los necesarios "muñecos vivos" que en la Tierra les puedan transferir y volatilizar la
mayor cantidad posible de bebidas alcohólicas, destinadas a calmarle la insaciabilidad viciosa y súper
excitada en el mundo astral. He ahí por qué los desencarnados del astral inferior no se conforman
exclusivamente con el desquite contra sus adversarios encarnados, pues, además de vengarse,
realizan todos los esfuerzos para conducir a sus víctimas, hasta hacerlas intermediarias de sus vicios
y deseos torpes que traen desde la vida material. Esos espíritus infelices forman verdaderas
agremiaciones delictuosas, se ayudan mutuamente en sus empresas vengativas, trabajando en
equipos que actúan astutamente sobre los encarnados a fin de transformarlos en "alimentos vivos" de
sus insaciabilidades viciosas.
Se ponen furiosos y aumentan su odio contra las huestes angélicas, cuando perciben, que por
liquidación kármica o protección superior, sus víctimas son amparadas en el campo vibratorio del
periespíritu e inmunizadas contra la acción deletérea del mundo astral inferior. Les irrita saber que
más de un "plato vivo" les huya vibratoriamente de su acción indigna, después de haberles costado
inmenso trabajo para adecuarlo a gusto de su voracidad satánica. He ahí porqué, prefieren
desarrollar sus operaciones obsesivas sobre los desencarnados, los deseos y vicios latentes del
pasado, para fascinarlos con más facilidad. La venganza, casi siempre, es el pretexto con que
intentan justificar sus acciones sombrías del mundo tenebroso, pero en verdad, lo que más les
interesa es el culto de los objetivos torpes y la búsqueda de las satisfacciones viciosas que los
acicatea como el fuego ardiente e inconsumible.
Pregunta: Siempre creíamos que el cuerpo físico era una protección contra las embestidas de las
tinieblas. Reconocemos que los obsesores operan por vía interna de nuestro espíritu, pero también
es lógico que nosotros podamos dominar con facilidad a nuestro cuerpo físico, en vez de atender a
las astutas infiltraciones que puedan conducirnos a la obsesión. ¿Cuál es el motivo de esa gran
facilidad con que los malhechores desencarnados dominan gran parte de los encarnados?
Ramatís: Es preciso no olvidar, que entre vuestro espíritu y el cuerpo físico se interpone el
periespíritu, que es el verdadero vehículo o eslabón de las relaciones buenas o malas a que os
entregáis con el mundo invisible. El dominio del cuerpo físico no ejerce por una acción energética que
es un producto exclusivo de la materia, ni es una entidad extraña controlada por un proceso especial
y aislado de vuestro pensamiento; la carne materializa en su configuración todos los atributos y
conquistas milenarias del periespíritu, que es el sobreviviente absoluto de todas las transformaciones
físicas.
El periespíritu es un conjunto de naturaleza vital poderosísima y de intensa actividad en su plano
electivo del astral, es una organización livianísima y de tan asombrosa plasticidad, que reacciona
inmediatamente a la más sutil indicación mental del espíritu, por cuyo motivo, es extraordinariamente
influenciable por la naturaleza de los pensamientos buenos o malos de las entidades desencarnadas.
Durante la encarnación, el periespíritu "desciende" vibratoriamente a fin de aglutinar la materia carnal
del mundo físico, pero siempre lo hace con su poderosa influencia magnética y con su psiquismo
elaborado por milenios pasados; entonces, se somete a las leyes de la vida física y sufre la acción de
tendencias hereditarias del cuerpo material en contra de sus principios milenarios. El organismo
físico, a pesar de sus ascendentes biológicos que parecen darle una autonomía especial y un valor
exclusivo de su linaje hereditario carnal, apenas es el revelador objetivo del alma a la luz del
ambiente del mundo material.
En el período de gestación del cuerpo carnal, el periespíritu recapitula rápidamente todas las

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

lecciones vividas en la escala animal que le fueron proporcionadas en los variados contactos
anteriores con el mundo material, para después servirse de una nueva oportunidad de vida física, y
poder ampliar y consolidar sus propias realizaciones anteriores.
Aunque creáis que el "biombo de carne" deba volverse un protector poderoso contra las
tentativas obsesivas de los malhechores desencarnados, conviene reflexionar que el comando de
vuestro espíritu sobre la carne no se hace directamente por el cerebro físico, sino, a través del
cerebro del periespíritu, que es su matriz etéreo-astral, o sea, el maravilloso aparato que semeja a la
poderosa y divina usina al servicio de la vida superior.
El cerebro periespiritual es el valioso órgano responsable por el pensamiento humano,
desempeñando las admirables funciones de transmisor de la voluntad y de la inteligencia del alma,
como un productor de ondas, luces y energías de todos los matices, haciendo centellear sus altísimas
emisiones desde el encéfalo hasta las fuerzas y los elementos que se agrupan en la región de los
lóbulos frontales, que será el campo avanzado de las actividades del hombre del futuro. El cuerpo
físico aunque sirva, como decís, de escafandra o de muralla de carne protectora para el espíritu, en el
mundo exterior es el agente responsable por los fenómenos que provienen de las relaciones del
espíritu con el medio ambiente. Su verdadero dominio se produce en su mundo interno y a través del
control delicadísimo del periespíritu.
El verdadero control del organismo carnal se realiza por vía interna, a través del periespíritu, es
decir, exactamente donde tanto pueden actuar los espíritus benefactores como los malhechores, eso
depende sin duda, de la naturaleza elevada o inferior de vuestras simpatías psíquicas.
Pregunta: ¿Aunque nos habéis atendido, dándonos algunas nociones sobre el periespíritu y su
estructura, podríais darnos alguna aclaración más sobre el mismo asunto?
Ramatís: A semejanza de lo que sucede con los transmisores y receptores de ondas de vuestro
mundo, sólo es posible la sintonía superior entre el cerebro material y el periespiritual cuando ambos
funcionan bajo la misma frecuencia de ondas y se encuadran fielmente en la misma faja de alta
vibración espiritual. Cuando las corrientes espirituales fluyen libremente por la recíproca realización
del servicio del bien entre encarnados y desencarnados, sois inmensamente favorecidos, debido a
ese benéfico intercambio espiritual, y tanto se eleva vuestro potencial creador, bajo la dirección de las
jerarquías angélicas, que éstas no permiten que se lesione el admirable patrimonio del periespíritu.
Mientras tanto, si os entregáis a las funciones degradantes de la vida animal inferior, vuestro
cerebro periespiritual se parecerá a un puente que une las dos márgenes lodosas, el de la vida física
y la del astral inferior. Sobreviene entonces, el cambio de energías deletéreas y lesivas para ambos
patrimonios, el psíquico y el físico.
El cuerpo físico, que en la materia significa la prolongación viva del periespíritu, es accionado a
través de la sensibilidad de su sistema nervioso, reaccionando inmediatamente bajo cualquier acción
emotiva violenta, o bajo el producto de las sustancias mentales benéficas o nocivas, por cuyo motivo,
el mal uso que el alma hiciera del cerebro periespiritual, también lo amoldará a las energías opresivas
del astral inferior. De ese modo, los obsesores encuentran su campo propicio y favorable para
intervenir en el delicado equipo periespiritual humano, avivando las pasiones y los desajustes
mentales que producen las sombras favorables para las operaciones obsesivas. Mientras tanto, los
propósitos diabólicos se anulan, cuando se enfrentan con un periespíritu estimulado por las energías
de alto potencial angélico, pues astas, en forma de luces brillantes disuelven todas las sombras y
productos repulsivos adheridos a su delicado tejido inmortal.
El periespíritu es patrimonio admirable y producto de indiscutibles trabajos y adaptaciones
efectuadas a través del tiempo, que el ritmo divino y creador desarrolló desde el reino mineral hasta la
forma erecta del hombre, por cuyo motivo guarda en su intimidad gloriosa, la síntesis de todos los
eventos de la propia evolución de la naturaleza. Sirviéndose de la sustancia energética y vital del
magnetismo de la Tierra, poco a poco, la Sabiduría Divina lo orientó hacia un inteligente automatismo,
para que pudiese organizarse desde las escalas primitivas y transitorias, consolidándose desde el
impulso e irritabilidad, sensación e instinto, hasta la conquista de la razón humana, camino de la
conciencia angélica. En consecuencia, es el más valioso vehículo que el hombre puede usar para el
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

bien como para el mal, mientras que el cuerpo físico, es el agente que lo representa en la carga y
acción en el medio ambiente material, como un reflejo carnal provisorio, y no como una defensa
absoluta, como vosotros suponéis.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

LAS RELACIONES KÁRMICAS ENTRE PADRES E HIJOS

Pregunta: Cuando un espíritu reencarna con una prueba dolorosa desde la cuna, sus padres
también indirectamente sufren. ¿Qué causa justifica ese penar de los padres?
Ramatís: No hay injusticia ni punición inmerecida cuando tal cosa sucede, pues tanto los padres
como el reencarnante están ligados por las mismas culpas y débitos asumidos en el pasado. La Ley
Kármica es muy justa y en su ecuanimidad sólo reúne en pruebas rectificadoras semejantes, aquellos
que son culpables de alguna insania espiritual. ¡Cuántas veces los padres de hoy son los
responsables por los crímenes cometidos en el pasado, sobre aquellos que después reencarnan
como sus hijos! Entonces deben cumplir severa obligación de elevarlos moral y espiritual-mente,
amparándolos para que alcancen condiciones superiores. De la misma forma, innumerables hijos
participan de las pruebas dolorosas de sus padres y se encuentran vinculados por débitos
semejantes. En los hogares terrenos es muy común que los verdugos y las víctimas se ajusten
espiritualmente, adheridos a los mismos intereses y necesidades. Las viejas cadenas de odio atadas
en el pasado comienzan a desatarse bajo la unión consanguínea de la familia terrena.
Pregunta: ¿Y en los casos en dónde los hijos desencarnan prematuramente, no causan dolores
injustos a sus padres?
Ramatís: Cuando el espíritu regresa prematuramente al astral, no es para que los padres sufran
dolores calculados por la Ley del Karma; sucede por un acuerdo espiritual en donde se establece,
que el alma deberá desencarnar temprano en la Tierra; por eso nace en el hogar de aquellos, que por
deudas pasadas deberán perder el hijo en tierna edad, ya sea por desencarnación prematura o
porque fueron responsables de situaciones semejantes.
Pregunta: ¿Actuando de esa manera, la Ley del Karma representa punición, perfectamente
encuadrada en el concepto del "ojo por ojo y diente por diente"; no es verdad?
Ramatís: Hay equívocos en vuestra interpretación, porque el principal motivo del sufrimiento o
pago kármico de las criaturas terrenas, siempre es por falta de Amor y porque aún predomina la
dureza en sus corazones. El papel de la Ley Kármica en su principal función, no es la de punir los
delitos de los espíritus, por encima de todo, es desarrollar el sentimiento del amor que se encuentra
en forma embrionaria en la mayoría de los hombres. El sentido rectificador de la Ley del Karma es de
naturaleza moral y no penal.
Los padres que sufren el dolor de perder a sus hijos en edad infantil, se explica, que sean
castigados por haber sido negligentes con otros descendientes en el pasado; en verdad, se encuen-
tran comprometidos y se someten a un proceso de técnica sideral que les rectifica los impulsos
psíquicos destructores, avivando el sentimiento amoroso adormecido en el seno de su alma. En ese
caso, la implacabilidad de la Ley actúa bajo el concepto que "cada uno ha de recoger conforme a lo
que siembra", en vez de aplicar el concepto draconiano del "ojo por ojo y diente por diente". Se
rectifica el "motivo" que generó el pecado en la existencia pasada por falta de amor. Gracias a esa
terapéutica dolo-rosa, desencarnan prematuramente los hijos de padres culpables en el pasado y se
activa en éstos, espontáneamente, la razón de un nuevo amor que aun teniendo comienzo en un
efecto egoísta se ha de enternecer bajo los dolores agudos de la recordación de los seres queridos
que parten más tempranamente.
Pregunta: ¿Aquéllos que sufren el dolor inconsolable de perder a sus hijos en tierna edad, son
aquéllos que deliberadamente los destruyeron en otras vidas, debiendo soportar ahora esas pruebas
atroces?
Ramatís: No todos los que pierden sus hijos en temprana edad destruyeron a otros
descendientes en el pasado. Esas pruebas dolorosas y rectificadoras del espíritu, se subordinan al
grado de sentimiento amoroso que precisa desarrollarse en los padres de acuerdo a su mayor o
menor sentimiento egocéntrico. Es un proceso que activa y apura en el receso del alma, el amor
hacia los hijos y que en el pasado fuera muy descuidado. Varían las formas de los delitos y en
consecuencia, también varían las pruebas futuras en lo tocante a la pérdida prematura de los hijos.
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: ¿Nos podéis explicar algunas de esas formas de delitos, a que os referisteis?
Ramatís: Os explicaremos; pero insistiremos en deciros nuevamente que si tales delitos
sentencian kármicamente a los culpables a futuras pérdidas de hijos, eso no indica que haya deter-
minación punitiva por parte de la Ley del Karma, sólo es un proceso técnico espiritual y rápidamente
eficiente que hace manifestar en el espíritu indiferente el sentimiento de amor que aún le falta.
Esos delitos pueden consumarse por diversas causas, entre ellas, el aborto voluntario, los
operaciones quirúrgicas provocadas para huir a la responsabilidad de procrear, la despreocupación
odiosa en la enfermedad de los hijos detestados, la crueldad en el castigo excesivo, la donación
innecesaria de los hijos por indiferencia, por comodidad o preconceptos sociales por negligencia al
dejarlos sucumbir por falta de asistencia o amparo. Sin duda, que el mayor delito es el de matar al
hijo a propósito, como sucede entre muchas mujeres infelices, algunas de las cuales lo hacen por
miedo de enfrentar la maledicencia del mundo y otras, por una invencible aversión kármica hacia el
espíritu adversario del pasado que se amparó en sus entrañas.
Indiscutiblemente, todos los delitos que enunciamos, identifican y comprueban que se cometen
por falta de amor de sus autores, pues si hubiesen tenido despierto ese sentimiento sublime, ninguno
de esos delitos se habría consumado aunque exigiese la vida propia el realizarlos.
Es suficiente un rápido examen para verificar, que si hubiese comprensión amorosa del sentido
que su vida en la carne también se la deben a otros seres que los precedieron en el camino, pero que
fueron dominados por la tierra disposición de crear. Si hubieran pensado así no sólo habrían evitado
las terribles expiaciones en el Más Allá de la tumba, sino, que aún se librarían de las terribles
amarguras que les espera en vidas futuras, cuando se inclinen sobre el cajón mortuorio del hijo
amado que parte prematuramente.
Pregunta: Se nos ocurre reflexionar, que esos delitos mencionados parecen referirse
exclusivamente a la responsabilidad materna. ¿Entonces, cuál es la culpa del padre, cuando está
sometido a pruebas tan dolorosas como la pérdida prematura de sus hijos?
Ramatís: Dentro del mecanismo perfecto de la Ley del Karma, el esposo que es sometido a la
prueba angustiosa de la pérdida prematura de los hijos, obviamente responde por motivos que
pueden encuadrarse en los siguientes delitos del pasado: que indujo a su compañera al aborto, al
infanticidio o a la operación "anticonceptiva"; abandonó a la familia y a los hijos, librándose de la
responsabilidad paterna o los torturó cruelmente por haber presentido que encarnó algún adversario
espiritual. Es justo, por lo tanto, que un padre en tales condiciones deba someterse en lo futuro a la
prueba dolorosa de verse privado de sus descendientes, los que desearía crear y al no verse
correspondido despertará el sentimiento del amor y sensibilizará también el corazón.
Pregunta: ¿El sufrimiento de los padres pecaminosos, en las existencias futuras, se iguala a la
naturaleza de sus delitos practicados en las vidas anteriores?
Ramatís: No podemos detallar todos los recursos de que se sirve la Ley del Karma en su
aplicación metódica para elevar el padrón espiritual de los seres; pero podemos afirmar, que la
"siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria". El proceso kármico de rectificación espiritual, es
severo y siempre se desarrolla atendiendo a la justa necesidad de renovación espiritual, y no como
una venganza o cólera de Dios que castiga a los culpables.
Vosotros sabéis perfectamente, que un hombre bueno, en un momento de cólera impensada
comete un homicidio, la Ley lo trata con más indulgencia que al hombre malo o asesino profesional.
El primero requiere un proceso compulsorio más doloroso, para que la sensibilidad de su conciencia
le permita meditar sobre el crimen y purgarse con el hierro candente del remordimiento. En el
segundo caso, está curtido por los crímenes y es incapaz de ejercer la "autocrítica" acusadora o
poseer el remordimiento purificador, y ha de exigir un plano de dolores más atroces para lograr
despertar las fibras de su corazón endurecido.
De la misma forma, los delitos cometidos en el pasado por los padres culpables, aunque a veces
sean iguales en su origen y acción, pueden variar las condiciones del pago futuro. La madre que mata
al hijo en un momento de locura por no poder eludir la miseria insidiosa, de modo alguno será tratada

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

por la Ley Kármica, que es justa y sabia, de la misma forma a la mujer que mata al fruto de su carne
porque teme a la maledicencia, el sacrificio social del nombre o porque no desea abdicar de los
placeres del mundo.
Pregunta: ¿Cuándo los progenitores culpables son sometidos a la prueba dolorosa de perder a
sus hijos queridos, de qué modo se les desenvolverá el amor que no tenían en el pasado?
Ramatís: Despertar el potencial de amor en los padres delincuentes de otrora, se produce en la
esfera principal del psiquismo, pues el dolor producido por la pérdida del hijo querido se transforma
en una divina fuerza centrípeta, que concentra v apura todas las vibraciones dolorosas en el crisol
depurador del espíritu. Bajo la envoltura de los cuerpos físicos permanece el alma inmortal, cuya
memoria etérica se engrandece v se sublima por el amor v el heroísmo en las vidas humanas. Todas
las equivocaciones del pasado se rectifican bajo el estilete del sufrimiento dirigido por la pedagogía
sideral.
En cada existencia, el espíritu es abatido por las inclemencias de las vicisitudes morales y los
sufrimientos físicos; más la renovación sidérea interior no siempre resulta conforme a los acon-
tecimientos trágicos ocurridos en el escenario físico. El castigo corporal, la aislación en la cárcel y el
comentario acerbo de la prensa diaria, no consiguen abatir el cinismo v despertar el sufrimiento moral
en el delincuente empedernido; la más simple duda de honradez sobre un hombre justo, lo hace sufrir
desesperadamente. Lo mismo sucede con el efecto de las pruebas kármicas de los padres culpables
en el pasado; para algunos, la simple imposibilidad de concebir un hijo ansiado significa una profunda
tortura; para otros, la tragedia dantesca que se cierne sobre el hogar y destruye hasta la familia que
de modo alguno les conmueve en su dureza, ni activa el amor que aún está petrificado por el pasado
de ignominia.
He ahí porqué la Técnica Sideral acostumbra a emplear métodos de la más alta eficiencia
correctiva y conforme a la psicología y al grado de sensibilidad psíquica de los espíritus culpables,
provocando exclusivamente la eclosión del sentimiento amoroso que les falta y no de acuerdo al
delito cometido en el pasado, Si no fuera así, podríais acusar a la Divinidad de crueldad con sus hijos,
pues estaré actuando bajo la Ley del "ojo por ojo y diente por diente".En ese caso, sería punida la
cantidad del crimen y sacrificada la cualidad del sentimiento de amor que debería existir en el alma
delincuente.
De ahí emana el hecho, que un mismo tipo de crimen puede revelar psicologías criminales
diferentes y hasta opuestas, aunque dos crímenes se parezcan en su forma, pudiendo variar la apli-
cación del proceso de rectificación espiritual. Mientras la montaña de piedra requiere una poderosa
carga de dinamita para quebrarse, para hacer la estatua es suficiente el trabajo lento e incisivo del
cincel. Así relativamente, la Ley del Karma también actúa sobre las almas culpables por los delitos
semejantes, encaminándolos hacia sufrimientos cruciales pues aún se encuentran petrificados por la
impiedad, necesitando una terapéutica rectificadora más acerba, pero también impone un programa
doloroso, aunque más suave a los corazones sensibles que fueron víctimas de su emotividad
traicionera.
Por lo tanto, la madre criminal que mató por piedad, desesperación o miseria, aunque pueda
sufrir en lo futuro la prueba de los hijos enfermos, los verá sobrevivir sin el dolor de perderlos
prematuramente; mientras tanto, aquélla que los mata por odio o por huir de la responsabilidad
materna, aunque sea una falta semejante, requiere en el futuro la rectificación por el dolor, causada
por la separación del hijo querido.
Pregunta: Apreciaríamos que nos diéseis un ejemplo más concreto, para valorar mejor, cómo se
desenvuelve ese amor en los padres que son probados por haber matado o abandonado a sus hijos
en vidas pasadas.
Ramatís: Para mayor claridad del asunto, reduzcamos los delitos a una sola forma y veamos
cuáles son sus probables consecuencias kármicas futuras. Supongamos el caso de un padre, que en
vidas pasadas repudió a su hijo porque era feísimo, deformado, enfermizo o de raciocinio perturbado.
Delante de la Ley Kármica, ese padre demostró que estaba incapacitado al punto de despreciar al
alma atribulada que vino a suplicar amparo en su hogar terrestre, para soportar su más terrible
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

prueba de humillación física. Si en su corazón existiese la más diminuta forma de afecto o piedad, es
evidente que se hubiera apiadado del infeliz descendiente, prodigándole el cariño y las atenciones
más exigibles porque era víctima de una lesión corporal.
Bajo las directrices de la Ley Kármica de rectificación espiritual, ese padre delincuente es un
necesitado de cuidados espirituales; no sólo por haber repudiado a su hijo infeliz, sino, porque aún no
sabe amar. Y si el principal objetivo de su vida espiritual es desenvolver el amor adormecido en el
receso de su alma, la Ley establece el plan del fallecimiento prematuro del futuro hijo sano y
hermoso, que por tener esa cualidad, ha de ser egoístamente amado en la próxima existencia.
Pregunta: ¿Cómo será inducido ese padre para que ame a su hijo futuro, si en su alma persiste la
misma falta de amor que padecía en el pasado?
Ramatís: La Técnica Espiritual sabe actuar con extrema sabiduría y aprovecha el potencial
adormecido en las almas culpables, sirviéndose de recursos eficientes, aunque dolorosos, que actúan
como verdaderos "excitantes" o "multiplicadores" de frecuencia amorosa aún deficiente. En base de
haber pecado por el desprecio y repudio hacia el hijo indeseable, feo, deforme, enfermo o débil
mental, la Ley lo ajusta con otro hijo sano, bello o sumamente inteligente —con una corta encarnación
— que se vuelve su incesante motivo de pasión y goce egoísta. Feliz y envanecido por ser el blanco
de la admiración ajena, pero ignorante de las futuras pruebas dolorosas que lo esperan, se deja
fanatizar por la adoración incontrolada.
Algunos padres viven casi exclusivamente alrededor de su diocecito del mundo. Todo eso no deja
de ser pasión egocéntrica y vanidosa, generada por la imagen agradable de la carne que tuvo forma
feliz; poco a poco se han de ir cambiando las emociones en los corazones de los padres en falta; la
Ley los somete a los climas más emotivos y contradictorios, intercalándoles fases de alegría y de
angustia, ventura y miedo. La simple premonición de cualquier enfermedad en su querido
descendiente, es bastante para entristecer sus almas; las enfermedades constitucionales de la
infancia acumulan dolores y preocupaciones. Entonces, el hijo adorado de aquel hombre de nuestro
ejemplo, nacido hace poco tiempo, bello, sano o inteligente, se vuelve el motivo de incesante
tranquilidad y sirve para apurar la sensibilidad amorosa que comienza a despertarse en el padre v
también empieza a vivir escenas, exactamente opuestas a las del pasado. Antes se alegraba por la
simple idea, que un accidente trágico o una enfermedad irreparable pudiese aniquilar a su hijo
repudiado, por haber nacido feo, enfermo, débil o deformado. La esperanza que sustentaba en el
pasado de ver morir pronto a su hijo perturbado, porque significa una profunda humillación para los
esposos, delante de otros progenitores felices, se transforma en esta existencia, en un ardiente
deseo, para que sobreviva a cualquier costo el descendiente perfecto y gloria de la familia.
Sometiendo a las almas delincuentes del pasado a procesos de profundidad espiritual, la Ley
Kármica, de causa y efecto, consigue extraer de la veta del corazón, el precioso mineral, que es el
amor. Al comienzo, el filón del amor será explotado por la vanidad, interés y egoísmo, después se
sublima en la ternura, en el sacrificio y en la renuncia, demostrando que la Divinidad posee recursos
para lograr el objetivo deseado. Los padres culpables invierten el sentido de sus pasiones reprimidas
en el pasado por el despecho de la deformidad de los hijos, para terminar interiormente fascinados
por sus descendientes, que más tarde exaltan las tradiciones de la familia o provocan la admiración
ajena. Se abandonan efusivamente a un amor delirante, mezclando la vanidad con los extremos de
ternura y orgullo con la adoración. Sucede justamente, el reverso de lo que le sucedía en el pasado
cuando se encontraba delante del hijo lesionado por el destino, y hacía todo lo posible por molestarlo
y expulsarlo de su presencia, terminando por apartarlo en al frialdad de los orfanatos, la impiedad de
los tutores sádicos o de las madrinas histéricas.
Pregunta: ¿Podemos suponer, que después de ese experimento rectificador, proporcionado por la
Ley, los corazones de esos progenitores se encontrarán suficientemente desarrollados, para que más
tarde amen a otros hijos menos agraciados por la naturaleza?
Ramatís: A pesar de tanto júbilo y emotividad a flor de piel hacia los hijos, no es posible decir que
consiguieran la debida compensación en la falta de amor que los hizo delinquir en el pasado.
Es verdad, que aún siendo una pasión activa por la configuración carnal y las dotes
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

excepcionales del feliz bebé, va se comprueba que germina el sentimiento, que en el futuro hará
surgir el amor en sus corazones recalcitrantes. Mientras tanto, no tienen derecho al goce completo en
la existencia rectificadora, porque sería un flagrante error por parte de la Ley, como si ella premiase a
los culpables, y la muerte extendiera sus alas lúgubres y cortara la vida del hijo adorado, casi
siempre, cuando el júbilo de la familia es más intenso. Es obvio describiros el dolor intenso v el
sufrimiento atroz que padecen esos corazones, heridos por la supuesta impiedad de Dios, que les
roba el hijo querido
Su muerte, puede provocar acerbas blasfemias contra el Creador; tal vez calle por largo tiempo la
alegría de la madre herida en lo íntimo del corazón, mientras que el padre se deja dominar por la
rebeldía sistemática contra todos los dictámenes de la vida religiosa o revelaciones espirituales. Pero
la Ley Kármica, en su infinita sabiduría, siempre logra el éxito de sensibilizar los corazones
indiferentes en el pasado, preparándolos con rigor, para convertirlos en tiernos v amorosos para otros
efectos futuros. La recordación que aún los envuelve, causada por la partida del ente querido,
continuará manteniéndoles viva la imagen del hijo que contribuyó como un verdadero "detonador" del
amor, que se encontraba adormecido en la frialdad de las almas que lo adoraban.
Pregunta: ¿Ese amor, sólo puede despertarse a través de los hijos bellos, sanos e inteligentes,
que más tarde desencarnan para avivar los sentimientos paternales adormecidos?
Ramatís: No debéis olvidar, que no estamos ajustando al ejemplo de un padre, que debido al
abandono de su hijo deformado, débil mental o adversario espiritual, requería la terapéutica
rectificadora de perder prematuramente otro hijo, bello, sano o inteligente. La ley dispone de diversos
recursos para incentivar a los padres delictuosos y despertar el amor latente en sus almas, sin
necesidad de someterlos exclusivamente a la prueba de perder los hijos bellos o sanos. El espacio
exiguo de esta obra no nos permite analizar la multiplicidad de acciones y reacciones de "causa y
efecto", que se aplican bajo la visión sabia de los Mentores Siderales cuando precisan promover la
rectificación espiritual de los diversos delitos de padres comprometidos con los hijos en
encarnaciones anteriores.
Pregunta: Inspirándonos en el proceso de la Ley Kármica, que regula la "causa" y el "efecto" en la
rectificación de los equívocos de las criaturas, encontramos que los hijos deformados, malos,
imbéciles o repulsivos, que son repudiados por los padres crueles, deben merecer tal hostilidad,
suponiendo que en el pasado también pudieron repudiar los afectos Datemos y despreciar inclusive a
sus progenitores. ¿La Ley no debería colocarlos bajo tutela de los padres adversarios?
Ramatís: Evidentemente, muchas veces sucede así en la lógica justísima del proceso kármico.
Generalmente, los espíritus que subestimaron a sus progenitores en una encarnación, no
merecen en futuros renacimientos el techo afectuoso y amigo, debiendo renacer entre padres indi-
ferentes, impiadosos y despejados de ternura alguna.
Esos padres, además de poseer frialdad, cuando presienten en el hijo antipático al adversario
detestado del pasado, se dejan tomar por una invencible repulsión, llegando a expulsar al infeliz
descendiente y a veces, el despecho, el odio o la crueldad, los lleva a aniquilarlo despiadadamente,
conforme lo anuncia la prensa terrena que es pródiga en esas noticias.
Los espíritus bastante agravados por los delitos del pasado, que intentan renacer para la debida
reconciliación con los adversarios de otrora, necesitan nacer deformes o retardados mentales, y sus
oportunidades para encarnar son muy reducidas, pues la acogida es poco favorable en la familia
terrena. Aquellos que se benefician al asomar el remordimiento en sus conciencias degradadas se
someten amargados a la tentativa —de poco éxito-de sobrevivir en el hogar de sus enemigos
pasados, a los cuales se ligan por lazos del odio insatisfecho. Dominados por indescriptible angustia,
sólo les importa ajustarse a un cuerpo de carne para poder borrar el incesante recuerdo de sus
crímenes, pues en su memoria etérica liberada en el mundo astral, los segundos vividos les parecen
siglos de horror y desesperación.
Entonces, aceptan cualquier encarnación deforme de la carne para renacer en la materia, o entre
los padres más odiosos de la Tierra; necesitan el bálsamo del olvido ante las vilezas cometidas en el
pasado y concedida en la forma de un cuerpo físico. Debido a la impiedad u hostilidad criminal de los
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

progenitores adversos, a veces los devuelven nuevamente hacia las miserias del mundo astral
inferior, expulsándolos del cuerpo de la carne tan implorado para la redención espiritual, y aún son
bastante raros los espíritus que se conforman con ese acontecimiento odioso. Sintiendo recrudecer el
odio mal disimulado bajo las cenizas del propio interés, se vuelven almas desatinadas y se arrojan
rabiosamente sobre sus ex progenitores, persiguiéndolos implacablemente hasta la hora de su
desencarnación, esperándolos en la puerta del Más Allá como enfurecidos demonios sin el menor
indicio de piedad.
Pregunta: Estamos seguros que una gran parte de los padres terrenos no tienen muy en cuenta
esa responsabilidad, pues si la tuvieran, los asilos y los orfanatos estarían vacíos.
Ramatís: Esos padres precisan saber, que ninguno de los más trágicos y emotivos escritores de
vuestro mundo podría describir el pavor y la alucinación que se apodera de los padres infelices,
cuando están dominados por el odio, llegando a repudiar o matar a sus hijos en la Tierra. Cuando
retornan al Más Allá se transforman en verdaderos "trapos vivos" en manos de los exacerbados
verdugos y adversarios, que imprudentemente eliminaron de sus hogares terrenos. Las mujeres que
se dejan dominar por sentimientos súbitos de repulsión y rebelión hacia sus hijos, y recurren a los
tradicionales enemigos de la vida o "destructores de ángeles" para expulsarlos a través del aborto
premeditado, ignoran, que un pavoroso infierno de sufrimientos les espera después de la
desencarnación, cuando caen desamparadas bajo la opresión de espíritus tenebrosos que les
negaron un cuerpo que estaba en gestación.
No es posible imaginar la cólera, el resentimiento, la rebeldía y el odio que se apodera de esos
espíritus, cuando reaccionan contra la criatura que les impidió la gestación del cuerpo amigo y tan
necesario para olvidar el pasado acusador, que les molesta incesantemente en su memoria
subvertida. Después de esa desilusión, sólo les mueve un deseo feroz: fomentar todas las humi-
llaciones y enfermedades cruentas posible a quienes les negaron el beneficio de un cuerpo físico,
apresurándoles la desencarnación a fin de hacerlas víctimas de sus más crueles venganzas en el
menor tiempo posible.
Por eso, si muchos hijos deformados, imbéciles, crueles o retardados mentales merecieran la
prueba kármica de nacer en hogares de padres adversos, los progenitores deben conformarse con
esa situación desfavorable, pues están cogiendo en la prole antipática el fruto de las simientes
hostiles que sembraron en las encarnaciones pasadas.
Pregunta: ¿Si por Ley Kármica, los espíritus que repudiaron o menospreciaron a sus padres
deben renacer en el seno de familias adversas con probabilidades de ser repudiadas v hasta
eliminarlos prematuramente, los padres que los abandonan o maltratan, no estarán contribuyendo
para otros objetivos rectificadores de la Ley contra los que han cometido falta? ¿No será un motivo
para equilibrar las pruebas futuras, una vez que dieron cumplimiento al objetivo que estaba
determinado?
Ramatís: La Ley del Karma, a pesar de ser justa e implacable, no origina la predestinación para el
crimen, ni permite el desquite por parte de nadie. Ella es el efecto de una causa creada por el hombre
en el pasado.
Con respecto al modo más seguro de actuar en este caso, es Jesús quien lo indica en las
siguientes recomendaciones.: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", y "Haced a los otros lo que
quisierais que os hagan a vosotros" o "Cuando te quiten el manto, dale también la túnica"; "Si tu
adversario te obliga a caminar una milla, anda una más con él". No importa constatar si las culpas
requieren puniciones o si los delitos exigen reparaciones al pie de la letra, pues el objetivo más
importante es liberar las cadenas del odio, celos o crueldad, que liga a las almas adversarias y
endeudadas al mundo material. El círculo vicioso de las venganzas y tormentos recíprocos indica el
estado de profunda ignorancia del espíritu, puesto que esto lo ata aun más a la rueda de las
reencarnaciones.
La reparación recíproca impuesta por preceptos kármicos y obligatorios para el espíritu, tiene por
finalidad evitar que se perturbe el orden y la armonía del mecanismo de la evolución y que ocurran
negligencias en la línea moral del perfeccionamiento del alma. Desde el momento que los adversarios
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

resuelvan desatar los grillos que los esclavizan mutuamente a través de las venganzas, ellos mismos
habrán conseguido los efectos benefactores para sus futuras reencarnaciones, cada vez más
reducidas en las amarguras y más amplias con respecto a la oportunidad educativa.
Los padres que son adversos a los hijos porque nacieron deformados, imbéciles o son enemigos
del pasado, aunque pudiesen comprobar que esos espíritus no tienen derecho a un hogar amigo, no
tienen tampoco la facultad de eliminarlos, pues una acción criminal crea un "efecto" bajo igual culpa.
En consecuencia, esos padres son candidatos a los dolores atroces por las pérdidas de sus hijos en
el futuro y también deberán renacer en el seno de la familia antipática, contando con mayores
probabilidades de ser abandonados y con pocas perspectivas de permanecer en el hogar. La criatura
humana, en vez de discutir la procedencia de los actos resultantes de la acción implacable de la Ley
del Karma —que es un proceso educativo obligatorio para la disciplina del mundo físico—, debe
aceptar incondicionalmente las disposiciones de la Ley del Evangelio, que son liberadoras y
conducen a la vida en los cielos.
Pregunta: En el caso en que los padres repudien al hijo detestado, ¿no es la Ley la que los lleva
inconscientemente a ejecutar ese acto para que se cumpla el precepto kármico y disciplinador?
Ramatís: Aunque los padres, en ese caso, estén dando, sin saber, cumplimiento a la Ley del
Karma, lo hacen bajo influencia de la crueldad como una acción predispuesta, que los coloca delante
de la infracción de la ley de "quien con hierro hiere con hierro será herido", o bien esta otra: "la
cosecha ha de ser conforme a la siembra", como premisas fundamentales para las futuras
rectificaciones. Si esos padres prefiriesen seguir el derrotero indicado por la Ley del Evangelio,
tratarían a sus hijos bajo la inspiración del Amor, y entonces entre los adversarios del pasado y los
encarnados en el mismo hogar serían desatadas las cadenas que obligan a las correcciones
kármicas, pues es de ley que "ha de ser desatado en la Tierra lo que en la Tierra fuera atado".
En cuanto al Karma —aunque justo en su acción disciplina-dora— reajuste el efecto a su causa
para atender a las necesidades educativas del mundo material, el Evangelio se vuelve el sublime
recurso que libera al espíritu, porque no lo encadena a las obligaciones reparadoras de las
equivocaciones del alma, porque inspira y orienta la ascensión espiritual. Los padres rebeldes pueden
destruir a los herederos de sí mismos por no querer aceptarlos en la forma que la Ley se los envía;
mientras tanto, en el futuro, la misma Ley volverá a enviarles los hijos conforme a sus deseos, pero
no les permitirá criarlos, debido a sus deseos anteriores que sólo eran de orden físico y no de
ampararlos hasta el fin de la existencia.
Sirviéndonos de una expresión familiar entre vosotros, diríamos que esos padres no son
merecedores de esos hijos exclusivamente atrayentes, porque aún no saben aliar lo "útil a lo agra-
dable". Mientras tanto, si desearan un tratamiento amoroso y la protección de otros padres en futuras
encarnaciones, sólo les resta una actitud hacia sus enemigos renacidos en su hogar, que es la
fórmula preceptuada por Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" y "Haced a los otros lo que
quisierais que os hagan".
Pregunta: Por lo que habéis expuesto, estamos inclinados a creer que todos los hijos que nacen
deformados, imbéciles, enfermos, feos o tontos, son almas delincuentes, mientras que todos los
bellos, sanos y sabios son espíritus superiores. ¿No es así?
Ramatís: Tampoco en el Más Allá hay reglas sin excepción, pues muchas criaturas hermosísimas
y fascinantes han sido en encarnaciones pasadas terribles criminales, perdularios, prostitutas,
facinerosos, envenenadores crueles, parricidas y matricidas. La belleza física no es regla absoluta
para comprobar la presencia de un espíritu superior en el mundo, pues Lucrecia Borgia y la
emperatriz Teodora eran de una belleza atrayente; la primera fue despiadada envenenadora y la
segunda una reina cruel. Muchas veces el adelanto y la sabiduría pueden esconderse en las criaturas
feas, humilladas y de apariencia insignificante. La carne es el instrumento del espíritu, de la que se
sirve muchas veces para experimentar su poder y su voluntad, estructurando su conciencia bajo la ley
del libre albedrío y la conducta para la Ley del Karma, que ajusta vías peligrosas y le providencia las
oportunidades para elevarse moralmente.
La belleza o fealdad, la riqueza o pobreza, la gloria o humillación en el mundo físico son parte de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

los pertrechos provisorios con que el espíritu se sirve para intentar su progreso y ampliar su
conciencia sideral. Pero no representa su identidad espiritual específica, ni tampoco son conquistas
definitivas. Esa es la causa por la que puede encontrarse entre los más afortunados y de
configuración bellísima, los genios como los tontos, los buenos y los malos, y también los más
imprudentes y atontados por las ilusiones de algunos instantes de goce, que imitan a las mariposas
cuando se ciegan por el exceso de luz.
Aunque la criatura angélica del futuro deba ser hermosa, buenísima y sabia, de la cual Jesús era
uno de los tipos más ideales, muchísimos filósofos que consumieron sus existencias en favor de un
derrotero moral superior en la Tierra nacieron sin credenciales físicas, como Sócrates, por ejemplo.
La historia terrena señala a los bellos especimenes humanos, cuyos cuerpos apolíneos escondían
almas diabólicas que sembraron el dolor, la desilusión y la degradación moral.
Hay que tener presente que la forma humana es provisoria y el camino de las expresiones es aún
desconocido en la Tierra, siendo el espíritu el factor más importante, aunque invisible para los ojos
carnales; realmente, es la expresión definitiva y sobreviviente al organismo físico, que sólo sirve para
la experimentación humana. La vestimenta de la carne y el ambiente privilegiado poco interesa
cuando el espíritu es sabio y bueno. Casi siempre, las almas que en el pasado pecaron por exceso de
belleza, que abusaron de las posiciones seductoras o fueron favorecidas con la fortuna, prefieren
renacer feas y pobres, con el fin de vivir en situaciones humildes que mejor les apura la bondad y se
liberan de tentaciones peligrosas que provocan la belleza, la fortuna y el prestigio.
Pregunta: En el mundo astral, la belleza de la forma en los seres que habitan ese plano, ¿no los
identifican como almas superiores?
Ramatís: En la Tierra, el cuerpo físico se conforma según sean los experimentos que ha de
intentar el espíritu encarnado; en el mundo astral el periespíritu revela en esa sustancia quinta
esenciada el contenido de su psiquismo. Son muy comunes las terribles decepciones después de la
muerte del cuerpo físico, cuando muchas criaturas ven aflorar a la superficie de sí mismas las
expresiones y contornos más grotescos y monstruosos después que se han desligado de los cuerpos
bellos y atrayentes. Las falsas virtudes, el barniz de la ética social o la hipocresía religiosa se
pulverizan bajo el pase milagroso de magia, cuando el espíritu degradado se revela en el escenario
del Más Allá, exponiendo al desnudo su conciencia y sufriendo la tremenda decepción de haberse
engañado a sí misma. El cuerpo físico puede resultar agradable debido a su linaje ancestral biológico;
en el Más Allá, lo bello es el sello de las almas bondadosas y sabias, porque es la forma real
proyectada desde su intimidad espiritual. En la misma forma, las figuras teratológicas que pueblan el
astral inferior y desafían al más osado Dante en su descripción, son los resultados exactos de la
suversión espiritual, que muchas veces se oculta en la Tierra bajo el disfraz de un cuerpo hermoso y
tentador. Muchos hombres encumbrados y mujeres seductoras penetran en el Más Allá de la
sepultura conformando siniestras figuras de horrendos brujos, que se asustan de sí mismos.
Pregunta: ¿Cuál es entonces el aspecto común de los hijos terrenales cuando son acreditados
como espíritus superiores? ¿Serán siempre bellos o también feos?
Ramatís: En los hogares terrenos tanto pueden nacer hijos bellos y ser portadores de almas
diabólicas, como hijos feos de almas angélicas. De la misma forma, no todas las precocidades
infantiles confirman la sabiduría espiritual, porque la vivacidad y la ligereza de observación que puede
exaltar a la criatura terrena subliman algunas veces la astucia y el sofisma, que son las
características del astral inferior. Pero, no hay dudas con respecto a lo siguiente: el hijo bueno
siempre es de cualidad espiritual superior, mientras que el hijo malvado es la imagen de su alma
detestable, tanto en el mundo físico como en el Espacio. Sobre este asunto no precisáis tener dudas,
porque el sello principal que identifica el grado de elevación espiritual es la virtud que deriva del amor,
y la bondad es uno de los más simpáticos aspectos de ese amor que, por otra parte, es el distintivo
indiscutible del alma superior.
La bondad es una prolongación tierna del Amor, y éste es la marca divina con que Dios señaló la
esencia de su obra. El espíritu bondadoso, rico o pobre, ignorante o sabio, es una flor amorosa en el
jardín de la vida humana; siempre santifica el ambiente en donde vive y todos aquellos que lo
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

hostilizan reciben un poco de su ternura y también su generoso perfume espiritual. Cuando nada
parece salvar al hombre, lo salva la bondad, la benevolencia o el Amor. Como las sabiduría espiritual
representa la razón divina, y el amor incondicional el sentimiento de los cielos, aquel que posee tales
cualidades, realmente, es el ángel vencedor de todas las batallas y el sobreviviente de todas las
metamorfosis de la vida humana.
Pregunta: Cuando los padres sufren la pérdida prematura de sus hijos bellos y sanos, al ser
heridos violentamente en su amor egocéntrico por esa transición brusca de la alegría a la terrible
desesperación, ¿no contribuye a agravar la proverbial falta de amor, resultando una franca rebeldía o
aversión a la finalidad divina de procrear?
Ramatís: Sólo el dolor en su intensa manifestación consigue influenciar a los corazones
indiferentes o a las almas atrofiadas por el exceso de goce o bienestar. La pasión egocéntrica
expuesta en potencial, que se interpone por la pérdida del hijo querido, no se pierde en los padres,
porque la ley de la vida les impone una incesante superación a todos los fracasos, sufrimientos o
vicisitudes humanas. Aun cuando las almas se entreguen a la degradación completa, viven
procurando alcanzar compensaciones venturosas; realmente, les falta capacidad para adquirir la
posición perdida, aquella que los impulsaba a cometer peligrosos desatinos contra sí mismas,
mientras poseen la ilusión enfermiza que de esa forma se desagravian en público!... En lo íntimo de
cada ser se activa el deseo ardiente de poder recuperarse y renovar las esperanzas frustradas.
Por eso, los padres endeudados con la Ley que pierden al hijo adorado —como no pueden
eliminar la pasión o el sentimiento nuevo originado— ven renacer las esperanzas en la única tera-
péutica capaz de aminorarles el dolor acerbo, que será el advenimiento de otro hijo. Sus aspiraciones
convergen hacia la imagen de otro ser que pueda sustituir al desaparecido y, a su vez, que les
proporcione las mismas alegrías y admiraciones desvanecidas anteriormente. Debilitadas las
recordaciones dramáticas de la desencarnación prematura del primer hijo, la sugestión superior se
encargará de despertar en los padres desconsolados el deseo de un nuevo descendiente.
Todo eso contribuye para que el nuevo descendiente encuentre ambiente más propicio para sus
manifestaciones, aunque no revele las credenciales del primer hijo. Aunque no posea la belleza o la
inteligencia del anterior, siempre ha de ser un huésped bienvenido, porque en la intimidad de los
corazones lacerados de los padres permanece la ansiedad de cualquier compensación que pueda
aminorarles el dolor inconsolable.
Aquellos que no logran la gracia de otro hijo para amenguar los recuerdos, se conforman con
extender su afecto a otros hijos ajenos, buscándolos en los orfanatos en una amorosa compensación.
Pregunta: Ese hijo bello e inteligente que desencarnó prematuramente, ¿no podría ser el hijo feo,
deformado o imbécil que fuera repudiado otras veces?
Ramatís: Los padres que sufren la prueba kármica de perder prematuramente a sus hijos, no
indica el que hayan sido esposos en otras encarnaciones. La ley puede haberlos reunido a causa de
delitos y pruebas kármicas semejantes. El padre que repudió al hijo, que por su culpa terminó
rápidamente su existencia carnal entre la miseria del mundo, en otra encarnación pudo ser el esposo
de otra mujer, que por haber practicado el infanticidio debe sufrir la prueba de perder uno o más hijos.
Pero aquellos que en el pasado fueron amantes o esposos responsables por la muerte del hijo
deformado, enfermizo o imbécil, no precisan ser probados por medio del mismo espíritu que
expulsaron anteriormente.
Conforme ya os aclaramos, puede nacer de esos padres otra entidad sana, bella o sabia, que
desencarnando a tierna edad los empuje aún más al amor y la recordación debido a su cuerpo carnal
más atrayente; lo que importa a la Ley del Karma es la acción y el resultado rectificador, no la
naturaleza de los agentes que provocan ese despertar amoroso.
Pregunta: ¿Qué obstáculo puede haber para que el espíritu repudiado anteriormente retorne al
mundo en otra existencia y sirva como instrumento de ajuste kármico para los padres culpables?
Ramatís: El mismo aforismo que dice: "la naturaleza no da saltos", podría aplicarse al proceso de
ascensión espiritual, pues ésta tampoco se efectúa a saltos improvisados. Aunque hayamos dicho

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

que no siempre la criatura pobre, simple y humilde es un alma inferior, conviene saber que aquel que
nace deformado o imbécil está soportando la prueba severa de una rectificación espiritual, maniatado
por la Ley que subvirtió en el pasado. Casi siempre es el adversario más feroz de los padres que
viene a rogarles hospedaje carnal; en su interior, las pasiones y la agresividad pueden estar
amordazadas en el andrajoso de carnes enfermas, en las formas del imbécil o en el descontrolado
por la alienación mental. En general, si se le concediese completa libertad a tal espíritu para dirigir
incondicionalmente un organismo atrayente y sano, debido a su inmadurez psíquica no tardaría en
cometer los mismos desatinos, crueldades y torpezas del pasado.
Bajo tales condiciones sería demasiado inmadura la reencarnación en situación de ser bello,
sabio o tener libertad de acción, contrario a lo que la Ley buscaba como rectificación para asegurar el
éxito de la prueba espiritual posterior de los padres culpables. Tampoco le sería posible al alma
delincuente efectuar a corto plazo una renovación espiritual tan milagrosa, en una segunda prueba
kármica con aspecto angélico, pues la ascensión sideral se hace por etapas distintas y con lentas
modificaciones que no violenten el padrón psíquico. Comúnmente el alma invierte más de un milenio
para sólo apurar una virtud loable, como la resignación, la honestidad o la simplicidad. Dentro del
concepto popular de que el "vaso ruin no se quiebra", el espíritu que desencarna prematuramente,
exceptuando accidentes técnicos del astral o de la Tierra, es una entidad elevada y con vida breve en
la carne, mientras el que enfrenta una larga existencia, en general, es portador de los defectos
comunes de la humanidad.
Pregunta: ¿Se ha comprobado que ciertos padres culpables son probados con la pérdida de sus
hijos, pero es posible que algunos espíritus acepten el sacrificio de morir en la infancia para ser
instrumentos de esa prueba?
Ramatís: ¡Volvemos a advertiros que la Ley Kármica ajusta pero no castiga! Tampoco crea
hechos delictuosos o acontecimientos deliberadamente odiosos para que se rectifiquen las almas de-
lincuentes. Sería un profundo desmentido a la Sabiduría y Justicia de Dios, si para realizar la prueba
del sufrimiento kármico hubiera necesidad de preparar instrumentos de prueba, así como en vuestro
mundo se preparan las personas para provocar los escándalos públicos. No se justificaría que en el
mundo espiritual, de la más alta sabiduría de la vida, se decidiera que la responsabilidad exclusiva de
las almas culpables dependiese de los sacrificios ajenos para su efectivación. La Ley Kármica actúa
dentro de un ritmo irreductible, en donde una "acción" produce igual "reacción", o sea, una
determinada causa tiene idéntico efecto. El espíritu que debe desencarnar prematuramente como hijo
de padres culpables, con el fin de despertarles con más vehemencia el amor aún acrisolado en lo
íntimo del corazón, casi siempre es una entidad de inteligencia precoz, bondadosa y de sabiduría
innata o capaz de desarrollar genes de los ascendientes hereditarios para un físico bello y atrayente.
Cuántas veces la sabiduría popular identifica al ser angélico bajo el dicho que dice: "criatura que
no se cría, no es de este mundo". No siempre la profecía es verídica, pues algunas criaturas
presienten que esos hermosos, tiernos y sabios espíritus evolucionados, cuya reencarnación es un
recurso más de la técnica astral, necesitan un plazo corto de vida humana para descargar en la carne
instintiva los últimos tóxicos de magnetismo inferior que aún les pesa en la contextura de sus túnicas
resplandecientes. Son espíritus que descienden a la materia en un rápido vuelo, como si fueran
aeronautas siderales que completan sus horas en el cuerpo físico, con el fin de promoverse al
comando superior en los páramos de luz y felicidad eterna.
La Ley del Karma, en su inteligente mecanismo benefactor espiritual, los aprovecha y se sirve de
su belleza, sabiduría y bondad angelical como recursos para despertar la ternura o una pasión
preliminar que pueda sensibilizar el corazón de los padres que pecaron por falta de amor. Más tarde,
los padres culpables y sensibilizados por la partida prematura del hijo querido procrean un nuevo
cuerpo y retoman nuevas esperanzas amorosas, y la Ley se encarga de reponerles en ese clima más
favorable del hogar el viejo adversario que fue repudiado en el pasado. Aunque retorne con la mente
anormal y la configuración menos bella— haciendo sentir a sus progenitores la dolorosa diferencia
con el hijo excepcional que partió prematuramente—, encontrará cabida definitiva, porque existe un
vacío profundo en los corazones de los padres, que claman por cualquier substituto cordial.

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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

Pregunta: Creemos, según vuestras consideraciones, que todos los hijos bellos, sanos, buenos y
sabios debieran desencarnar prematuramente porque vienen a este mundo para el sufrimiento de sus
padres —culpables en el pasado— y por ser espíritus que cumplen con su última encarnación.
¿Hemos comprendido bien?
Ramatís: Nuestras consideraciones no son absolutas, como no hay reglas sin excepción. No
todas las criaturas bellas, buenas, sanas y sabias son espíritus que descienden a la materia para su
última encarnación, como no todos los padres de criaturas hermosas e inteligentes están sometidos a
la prueba de sufrir la pérdida prematura de los hijos queridos. ¡Jesús fue bello, sabio y bueno, mas
sobrevivió hasta los treinta y tres años, y no se encarnó en el mundo físico para descargar cualquier
tipo de saldo de magnetismo inferior! María de Nazareth y Lucrecia Borgia deslumbraron al mundo
desde la infancia por al hermosura de sus semblantes; sin embargo, sin que nadie sospechase de
esos destinos tan diferentes, la primera fue la madre del salvador de los hombres, y la segunda el
pote de pasión que sembraba veneno.
Sucede que en edad temprana tanto desencarnan las criaturas bellas como las feas, las
inteligentes o las retardadas, las amorosas y las crueles, pues la muerte es como una espada de
Damocles suspendida sobre vuestras cabezas que os amenaza desde el primer gemido en la vida
física. Es una condición permanente del mundo en que vivís, como factor necesario para la
transformación del medio material, en donde las fuerzas más brutas amenazan continuamente la
existencia de las cosas más frágiles.
Los seres vivos permanecen en continuo desgaste, ya sea por un proceso de enfermedad u otro
cualquiera, y el fenómeno de la muerte es una "transformación" que acaece con las energías del
mundo físico. La muerte, analizada desde la Tierra, os parece un caso tétrico y desesperante, que
interrumpe el goce insulso de las cosas materiales y rompe los lazos egocéntricos de la familia.
Mientras tanto, ese mismo acontecimiento cuando se examina desde aquí, modifica completamente
su forma lúgubre, porque representa la "divina puerta" que la Bondad del Padre entreabre para que el
alma regrese a su casa amiga, a su verdadero hogar espiritual, donde realmente se trabaja por la
Ventura definitiva.
He ahí el porqué de la desencarnación de los hijos y del sufrimiento de los padres, que no debe
encararse en forma tan desesperada, ya que la muerte no termina con el espíritu, pero lo libera de la
materia a la que se encontraba incómodamente ligado. Lo que importa, en realidad, es la
modificación que debe acaecer en su contenido espiritual, aunque los hijos desencarnen prema-
turamente o permanezcan encarnados hasta la vejez. Para la Ley del Karma la muerte no es un
recurso punitivo, es un proceso técnico, usado como un sistema de perfeccionamiento espiritual.
Mientras que algunos padres mejoran su psiquismo por haber desarrollado el sentimiento del amor
que les faltaba en el pasado y gozan con la sobrevivencia de los hijos adversarios hasta la madurez
física, otros sólo consiguen esa mejoría sufriendo la muerte prematura de los hijos queridos. Pero es
innegable que la desencarnación funciona como simple recurso de control en el tiempo y en el
espacio de las existencias humanas, bastante alejado de cualquier tipo de expresión que se le quiera
atribuir definitivamente.
Pregunta: Aun delante de vuestras amplias aclaraciones, no podemos apartar la idea de una
acción inexorable y algo punitiva por parte de la Ley Kármica, con relación a los procesos redentores
de los padres en falta.
Ramatís: Es probable que so suceda debido a que suponéis que la Ley del Karma es un
mecanismo inexorable de "culpa" y "pago". Desde un principio es necesario comprender que el mun-
do terreno es un admirable laboratorio para los ensayos de la química espiritual, en donde se respeta
la voluntad y el libre albedrío de las criaturas a pesar de sus contradicciones con el orden evolutivo de
la vida espiritual manifestada en la materia. Conviene que no generalicéis el asunto tratado, pues
existen situaciones sacrificiales y expiatorias aparentemente idénticas, pero son de origen
completamente opuesto.
Hay casos en que los esposos se ven en el duro trance de los hijos teratológicos, porque también
fueron responsables de sus crueles desgracias, tocándole soportar ahora la terrible prueba de
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Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura

reparación kármica. Sin embargo, en esas mismas condiciones de infelicidad pueden encontrarse
almas buenísimas y abnegadas, sin culpas en el pasado, pero que en voluntaria misión de amor y
sacrificio concuerdan en hacerse padres de espíritus delincuentes, con la intuición de ampararlos
piadosamente en sus pruebas dolorosas, evitando que se sumerjan definitivamente en las tinieblas de
las abyecciones y rebeldías. En el primer caso, se trata de una rectificación espiritual impuesta
compulsivamente por la ley de la "cosecha obligatoria"; en el segundo, es el sacrificio espontáneo
aceptado por almas en flor, que se dejan inspirar por el divino concepto del "amaos los unos a los
otros" del sublime Jesús.
De la misma forma, no todos los espíritus superiores se encarnan para una muere prematura y
consecuente prueba de los padres, como no todos los desheredados de la suerte sucumben
prematuramente. De igual forma, no todas las desencarnaciones prematuras son expiaciones
deliberadamente kármicas para sus progenitores, pues antes de la reencarnación ciertas almas
aceptan la incumbencia dolorosa de generar un cuerpo físico, destinado a un espíritu amigo, que
necesita poco tiempo de vida física para completar el término de sus reencarnaciones. Es evidente
que esos padres han de sufrir intenso dolor por la ausencia del hijo querido, muerto prematuramente,
sin que por eso pague culpas pasadas. Si estuviesen absolutamente seguros del acuerdo espiritual
"preencarnatorio" no sufrirían tan acerbadamente y aceptarían la muerte física como una breve
ausencia del espíritu, que fuera su hijo carnal.
En el futuro, cuando el terráqueo sea merecedor de la benevolencia y la dádiva sideral, la vida
humana será considerada como un estacionamiento, tan común en la Tierra, como se consideran las
"becas" de estudio en el extranjero. La mayoría entonces se despedirá de la vida física como si fuera
un viajante que finaliza su recorrido y tiene que tomar el tren que lo llevará a su punto de partida.
He ahí por qué no debéis generalizar lo que decimos, pero hay que comprender que siempre hay
un motivo justo y lógico que puede explicar todos los acontecimientos raros o dolorosos de la vida
humana, sin que se desmienta la implacable justicia de Dios.
Pregunta: Creemos, debido a la enseñanza de las religiones dogmáticas, que el dolor y el
sufrimiento son los castigos generados por los pecados cometidos en este "valle de lágrim