l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

L A REpública purépecha socavada
Carlos García Mora

1

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

2

configur ación pur épech a

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

3

La rEpública purépecha socavada

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

4

configur ación pur épech a

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

5

La

república purépecha soc avada

Carlos García Mora
Instituto Nacional de Antropología e Historia Dirección de Etnohistoria

TS I M A R H U Estudio de etnólogos

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

6

configur ación pur épech a

García Mora, Carlos: La república purépecha socavada, México, Tsimarhu Estudio de Etnólogos, 2013, 56 pp. en formato electrónico pdf para la Internet (http://tsimarhu-tsimarhu.blogspot.mx/)

Portada y frontispicio: Procesión con la imagen de san Antonio de Padua llegando al templo, en Charapan, Mich.
(Foto: Carlos García Mora 1973)

Este fascículo forma parte del libro El baluarte purépecha, en el que está incluído como capítulo 11º y en el cual pueden consultarse las fichas completas de las referencias bibliográficas aquí citadas. Escrito con resultados de investigación llevada a cabo en la Dirección de Etnohistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia

México 2013 © Carlos García Mora wantakwa@gmail.com

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

7

— — — — — ♦ — — — — —

que la forma adoptada por el pueblo purépecha fue la de un conjunto de repúblicas de naturales. Con esa nació, se consolidó y prosperó más de una vez. En el siglo xviii, éstas aún vivieron su último apogeo: el de la despedida, ya que, en la segunda mitad de ese siglo, se inició el final al desatarse un nuevo asalto español, que las empezó a despojar de sus atribuciones y del control de sus tierras de comunidad. Ese proceso culminaría en el siglo xix con las reformas liberales y, es dado decirlo, sigue hasta la fecha en un proceso aún sin desenlace.
inguna duda cabe

N

*

*

*

A lo largo del primer siglo citado, los gobiernos de los naturales se vieron obligados a tolerar una mayor vigilancia española, que disminuyó su autonomía y sus funciones políticas, lo cual menguó el manejo de sus tierras y demás recursos comunales.1 En consecuencia, se encontraron atrapados en un largo proceso de reformas impulsadas en el Imperio Español, para llevar a cabo una transformación estructural de la provincia de Michoacán, iniciadas en 1766 y ampliada y profundizada en 1786. Justo en este último año se proclamó en España una Real ordenanza de intendentes de 1786, mediante la cual se procuró centralizar el gobierno y uniformizar a los poblados. Luego se decretarían las reformas constitucionalistas españolas entre 1812 y 1825.2 Por esas llamadas reformas borbónicas, el pueblo purépecha tuvo que acatar, entre otras medidas para modernizar la economía del imperio español, aquellas que buscaban reducir su autonomía. De manera que sus repúblicas se vieron obligadas a ceder al subdelegado español la facultad de redistribuir sus tierras y demás recursos incluyendo la administración del capital de sus cajas de comunidad. Para colmo, terminaron desposeídas de fondos monetarios y obligadas a exponer sus tierras y ganados comunales en el mercado del arriendo de pastos. Eso último debió producirles un aumento de los ingresos a la caja de su comunidad, mediante el arrendamiento a españoles de te-

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

8

configur ación pur épech a

rrenos charapanenses para el cultivo agrícola, la cría de ganado u otras actividades productivas.3 Entre 1789 y 1802, en dicha caja ingresaron 40 pesos anuales —excepto el último año que fueron 50— por la renta de parte de sus pastos a ganaderos españoles, equivalente al 80% —poco más o menos— de las contribuciones obligatorias de los tributarios de la república purépecha, lo cual muestra la importancia del ingreso por arriendo. La caja de la comunidad también tuvo ingresos por las contribuciones de real y medio, que cada tributario tenía obligadación de dar a la república para instituir en España el Banco de San Carlos.4 A cambio, tenía que pagarle a dicho banco por la administración de su depósito obligado.Tbl. 21 No obstante, a pesar del aumento de los ingresos, la república quedó incapacitada para disponer de ellos. A partir de esa disposición, ésta tuvo que trocarlos por recursos constantes en efectivo y, luego, en la práctica le fueron embargados por la corona española y sus consorcios y empresas militares, la hacienda pública y la leprosería de la ciudad de México en el hospital de San Lázaro.5 La antes aparente prosperidad de los gobiernos de las repúblicas purépechas menguó rápido. La parte que la autoridad española consideró sobrante de los ingresos de su caja de comunidad —por dinero no gastado, arriendos de tierras pastales y otros—, que antes utilizaba en varios rubros, se les prohibió gastarla en adelante y se las obligó a que la entregaran a las cajas reales de las intendencias, so pretexto de fomentar fines útiles y evitar que permaneciera ociosa.6 Si los supuestos sobrantes de los ingresos de la caja de la república charapanense —secuestrados por la Real Hacienda— habían ascendido a 207 pesos y fracción en 1789, al año siguiente tuvo una baja aparatosa: poco más de 25 y luego 11 en 1791, recuperándose apenas en 1792 con poco más de 14 pesos. Esto es, la nueva política de la hacienda pública provocó la disminución de sobrantes, que no eran tales, al deprimir su vida económica. Lo que se mantuvo firme fue la contribución anual obligatoria del real y medio, de cada uno de los miembros de la república, a su caja de comunidad sumando la cantidad fija de 48 pesos y 3 reales.7 Por cierto, esto supone que en Charapan había unos 387 comuneros, con todo y que, en su nueva cuenta, estaban matriculados sólo 258 tributarios, de los cuales 62 pagaban nada más medio tributo.8 Es decir, la contribución total les fue tasada con exceso.9 Al perder el control de los ingresos de la caja de comunidad, ésta quedó expuesta a los manejos del alcalde mayor en Jiquilpan, Pablo López Ginori, quien se hizo cargo de ésta antes de que se sustituyera, en Xiquilpan, el cargo de alcalde mayor por el de subdelegado. En consecuencia, él se ocupó del cobro de la contribución del real y medio, por cada tributario de la república, y del arrendamiento de los

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

9

21. E x t r a c t o En

d e l a s c u e n ta s d e b i e n e s d e l a c o m u n i d a d a g r a r i a d e

(1789-1802)*

C h a r á pa n i

caja e ingresos

D ata 4
Contribución del real y medio3 Número de tributarios Renta de pastos Subtotal 2 % por enterado5 Para el hospital San Lázaro6 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 0.4.0 Escuela Reservado Subtotal Sobrante7 para el año siguiente 72.0.0 74. 1.6 74. 2.0 32. 2.0 44. 2.0 26. 4.0 24.0.0 48.0.0 122. 3.9 122. 3.10.35 72.0.0 72.0.0 72.0.0 72.0.0 72.0.0 117. 2.1 146. 2.8 110. 2.8 146. 6.4 146.50 25. 4.1.8 11. 1.6 14. 1.0 56. 1.0 56. 0.6 73. 6.3.3 1/2 2. 1.0 0. 6.6.35 1/2 24. 6.5. 1/2 19. 0.11 18. 4.4 57. 5.10 40. 0.7.66 1/2 31.41

Año

Reserva� dos de la cuenta anterior1

Utilidades del Banco Nacional2

1789 1790 1791 1792 1793
agn 1806 (en amt) y coms. orales de Catalina Rodríguez Lazcano y Marta Terán.

14.5.7 de 1788

45.3.0 45.3.0 48.3.0 48.3.0

242 242 258 258 258 258 258 258 258 258 282 299 300 300

40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 40.0.0 50.0.0

100.0.7.8 88.3.0 88.3.0 100.2.6 100.2.3. 1/2 88.3.0 123.2.3.3 147.2.3.35 1/2 136.3.0 164.7.0 168.0.6 186.6.6.11.? 178.1.1

2. 0.6 1. 5.6 1. 6.0 1. 6.0 1. 6.0 2. 0.0 1. 6.0 1. 7.9 7.10.35 1. 6.1 1. 6.8 1. 6.8 2. 2.4

72.0.0 72.0.0 72.0.0 30.0.0 42.0.0 24.0.0 60.0.0 72.0.0 72.0.0 43.0.0 72.0.0 36.0.0 72.0.0 72.0.0

11.7. 6 de 1791 11.7.3.3.1/2 de 1792 24.0.0 48.0.0 48.0.0 72.0.0 72.0.0 72.0.0 72.0.0 9.2.11.? de 1797+ 9.2.11.? de 179? 10.7. 3 de 1793 10.7.35 1/2 de 1794

48.3.0 48.3.0 48.3.0 48.3.0 48.3.0 48.3.0 52.7.0 56.0.6 56.1.1 56.1.1

1794 1795 1796 1797 1798 1799 1800 1801 1802

2.10

* En pesos, reales y fracciones. Por ejemplo, en 1789 el sobrante fue de 25 pesos, 4 reales, 1 tomín y 8 granos. Con 2 o 4 reales se adquiría una docena de huevos de gallina. 1 Cantidades que las repúblicas de los naturales purépechas lograron reservarse para cumplir sus compromisos (pues antes les retiraban todo), mientras volvían a recuperar su capital. 2 Utilidades resultantes de la contribución del capital aportado para instituir en 1782 el Banco San Carlos (en España). 3 Contribución obligatoria de cada tributario de Charápani a la caja de su comunidad. El número calculado de tributarios correspondiente se pone en la siguiente columna. Considérese este cálculo como aproximado en algunos casos y tómese en cuenta que hubo “medios tributarios” (viudas u otros), cada uno de los cuales era sumado como mitad por lo que, en realidad, pudo ser mayor el número total de personas que pagaban tributo completo o parcial. 4 Conjunto de partidas de descargo (salidas). 5 Cantidad que se le cobraba a la comunidad agraria de la república purépecha por administrar su dinero y hacerle su estado de cuenta. 6 Contribución obligatoria y forzada de la república purépecha para el Hospital de San Lázaro en México. 7 Cuando los sobrantes disminuían significaba que se había gastado más en el poblado de la república.

pastos comunales para rebaños de ovejas asumiendo funciones de los ministros de la república purépecha.10 Apenas es necesario decir lo que eso significó, ya que la autonomía y las capacidades de éstos sufrió una seria merma, al verse despojados del control de sus tierras y de la administración de sus ingresos.Tbl. 21

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

10

configur ación pur épech a

Entre los pocos gastos que la república tenía permitido hacer en su poblado, con los caudales de la comunidad, estuvo el mantenimiento de su escuela. Entre 1789 y 1802 se le destinó a ésta un promedio de 58 pesos anuales: 72 en los mejores años y 36 en el peor.11 Ello implicó la injerencia adicional de españoles, en este caso radicados en el lugar, pues uno de ellos es quien se desempeñaba como maestro de escuela, como ocurrió en 1809 cuando lo fue el español viudo Tomás Martí Veria, quien allí vivía.12 El gobierno charapanense se vio restringido por el centralismo del gobierno virreinal, la estrecha vigilancia a que fue sometido y la disminución de sus funciones. Por ejemplo, en adelante, el alcalde mayor español y, cuando éste desapareció, el subdelegado o su teniente respectivo presidió las elecciones internas y dejó de tener restricciones legales para interferir en el gobierno purépecha. Ello empeoró la situación pues, desde antes, el alcalde mayor se tomaba la ilegal iniciativa de entrometerse favoreciendo a oficiales fieles a él.13 Con posterioridad, los subdelegados españoles lograron favorecer, en las elecciones de las repúblicas, a los habitantes purépechas allegados a ellos. Asimismo, éstas tuvieron que aceptar medidas complementarias de las autoridades españolas, como la ya mencionada de establecer escuela, poner cárcel en el poblado y remozar su casa real, que dejó de ser oficina de su gobierno.14 En lo étnico y lo social, la igualación jurídica —implantada por las reformas— afectó a los habitantes pues se eliminaron los supuestos privilegios que gozaban como naturales y disminuyó la distancia social interna entre sus principales y los campesinos.15 En parte, eso ocurrió pronto o a la larga gracias al estímulo oficial para que los poblados dejaran de ser de repúblicas purépechas y se transmutaran en vecindarios, ya que los naturales empezaron a ser considerados “vecinos”, calificativo propio de pobladores españoles. Desde el siglo xvi hasta aquellos años, república de naturales, comunidad agraria y poblado fueron una misma cosa. En ésta estaban integrados los purépechas charapanenses, sin contar las pocas familias españolas avecindadas que debieron estar asimiladas; éstas carecían de representación formal alguna pues ni siquiera era legal que vivieran en el poblado. Eso cambió, ya que a los españoles se les levantó la prohibición de vivir en poblados de naturales, lo cual facilitó su establecimiento y su acceso a tierras supuestamente sobrantes, por lo que consiguieron arraigarse y cobrar carta de naturalización. La modernización borbónica pretendió someter a todos los poblados al mismo régimen político, fueran de naturales o de españoles, lo que dio paso a la dilución paulatina de los aparentes privilegios que tenían otorgados las repúblicas purépechas, al parecer con la intención de suprimirlas a la

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

11

larga. En consecuencia, para homogeneizar a los poblados, se eliminó el uso y la costumbre locales y se igualó el trato a los naturales con el dado a los españoles y los castizos avecindados en ellos o en sus alrededores. Ya considerados “vecinos” por la administración española, los pobladores purépechas fueron perdiendo su autonomía y la exclusividad de sus recintos cuyos predios, calles y régimen políticose vieron obligados a compartir cada vez más con otros habitantes de origen foráneo.16 El casco del poblado de Charápani había albergado algunos españoles avecindados pues se los recibía con la venia del gobierno purépecha, pero, tras las reformas borbónicas, éstos dejaron de necesitar permiso alguno para establecerse. Otorgada esa libertad, la república purépecha empezó a escapársele de las manos el asentamiento mismo donde vivían sus miembros. * * *

Con todo, la representación agraria y política siguió en manos del gobierno purépecha. A mayor abundamiento, a raíz de las nuevas disposiciones y, a pesar que el manejo de las tierras fue limitado o intervenido por funcionarios españoles, la república tenía a su favor el que los forzados arrendamientos —de tierras pastales “sobrantes” de sus comunidades agrarias— tenían condiciones legales que cumplir. A Charápani le ayudaba la categoría que había alcanzado en la comarca, lo cual se reflejaba en detalles como el de su escribano de república, Francisco Gallardo, quien poseía una caligrafía segura, a diferencia del de Úkumichu con capacitación humilde.17 Luego de un avalúo para establecer el precio del arriendo de sus tierras pastales, en el año 1790, las autoridades de las repúblicas de P’atámpani, Úkumichu y Charápani, recibieron billetes con citatorios para presentarse en el poblado del primero, donde debían atestiguar el inicio de los pregones para ofrecer dichos pastos en arrendamiento. Después, el gobierno de Charápani recibió otro citatorio para el remate en su propio poblado. Nada raro sería que todo el procedimiento fuera amañado, para simular un remate real cuando que, según lo que parece haber ocurrido, fue un arreglo previo entre los involucrados —o parte de ellos— en beneficio sobre todo del arrendador español, quizás en contubernio con alguno o algunos oficiales del propio cabildo charapanense y la alcaldía mayor de Xiquilpan, que ese año abarcaba también a San Juan Períwani y al agregado de Tinkwíntini.18 En el transcurso de una ceremonia, el remate se hacía según procedimiento establecido, aunque a veces sólo se daba por hecho en

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

12

configur ación pur épech a

un documento enviado a Valladolid. Pero por más que sólo se fingiera en el papel, el remate mostró la naturaleza corporativa de la sociedad local y su engarce a la estructura sociopolítica de la comarca. Lo mostró el ceremonial seguido, en el que se apreciaba la articulación del gobierno charapanense con la alcaldía mayor española, la interferencia de ésta en la administración agraria, el aval dado por el gobierno de la república purépecha a la infiltración de estancieros españoles, la coordinación con el ritmo religioso y la participación de múltiples individuos e intereses. Véamos: Para iniciar el acto, ante la supuesta presencia de muchas personas, se decía en altas voces:
—¡No hay más tiempo para poner postura en ésta, que el que durante la plegaria de las doce, porque concluido el toque de la campana mayor de esta parroquia, quedará hecho el remate en el mayor postor!19

Se haya hecho esto en realidad o no, el caso de Charápani concluyó con la adjudicación del arriendo por cinco años a un español avecindado en P’atámpani, José Miguel Ruiz y Escobar, avalado por el comerciante Francisco Victorino Jaso del vecindario español de Tangancícuaro. Ruiz y Escobar tenía relaciones y acuerdos con ministros charapanenses pues, entre 1791 y 1792, él representó al principal purépecha José Miguel Victorino en un pleito por bienes familiares. En estas circunstancias, cabe suponer complicidad entre ministros de los naturales, funcionarios y vecinos españoles de la comarca. Todo con el concurso de Vicente Ventura Ruiz y Masiel, lugarteniente español de P’atámpani. En Morelia, el promotor del Real Fisco no se conformó con el documento que le mandaron, ya que exigió que el perito valuador fuera nombrado por la citada república. Pero como el gobierno de ésta debió estar involucrado en el negocio, hizo el nombramiento, se repitieron los pregones y el remate y… todo resultó igual, no quedándole al promotor fiscal más remedio que aceptar. El suceso exhibió una extensa red de relaciones regionales.20 ¿Hasta qué punto los gobiernos de las repúblicas de los naturales aún mantenían la sierra bajo el gobierno del pueblo purépecha, con autonomía relativa, o sólo eran intermediarios del control español? De hecho, aparte de las autoridades novohispanas, algunos acaudalados españoles tuvieron alguna influencia política regional específica. Un ejemplo fue el citado español criollo Francisco Victorino Jaso, riquísimo y famoso comerciante y empresario avecindado en Tangancícuaro, enclave comercial de españoles abajo de la frontera norte de la sierra, del cual se escribió en 1789:

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

13

Hay en este pueblo 70 vecinos españoles, cuyo principal giro es el de la arriería y el de conducir a Chihuahua y otros parajes de tierra adentro: azúcar, colambres, zapatos, sillas, frenos y otros efectos regularmente habilitados de don Victorino Jaso, comerciante en él de muy grueso caudal y de un comercio extraordinariamente grande, así por lo respectivo a géneros de Europa como de mulada, partidas de ganado y demás producciones del reino. Se cuentan, dentro del pueblo, más de ochenta atajos de mulas que incesantemente andan viajando y, por consiguiente, este ramo proporciona a los vecinos españoles —como dueños— y a los indios y castas —por la segura ocupación— decente y nada acongojada subsistencia. A más de la tienda o almacén de don Victorino, que es —por las crecidísimas existencias— de la mayor consideración, hay también cuatro tiendas mestizas y cuatro pulperas… El continuo  movimiento de la arriería trae en retornos trigo, maíz, frijol, lana y porción de mulas…21 En 1791, Victorino Jaso era considerado un “sujeto de notorio abono” en quien concurrían las circunstancias para asegurar bienes; es decir, para fungir como fiador de arrendatarios de pastos comunales.22 Para más señas, Jaso era propietario de 35 ranchos en la jurisdicción de Zamora, de la hacienda Los Tocumbres en la tierra caliente apatzinguense y de la recién adquirida Santa Rosa Guaracha. Como entre sus ranchos estuvo uno llamado Los Pastores, Jaso mismo es posible que fuera ovejero.23 Este importante comerciante, con ligas comerciales y sociales en varios poblados serranos, fue compadre de José Miguel Victorino, el ya citado principal charapanense a quien le apadrinó un hijo.24 Para mayor abundamiento, el presbítero José Benito Jaso, propietario del rancho Nopalita, quiza fue pariente suyo.25 El Victorino de José Miguel pudo ser coincidencia con el del comerciante español Francisco Victorino Jaso, o bien fue un rasgo derivado de su relación de compadres y socios comerciales. ¿Qué peso político tuvieron Jaso y otros españoles de la comarca y de las grandes ciudades capitales de Valladolid y México, en los gobiernos purépechas y en el control de la comarca novohispana? Al menos, ellos tuvieron relaciones comprometidas con los principales serranos, lo cual permitió un asalto de gran proporción por parte de los ovejeros españoles, los que integraron un grupo de arrendatarios en cuyo control quedaron extensas franjas de territorio, conformadas por la unión de las tierras pastales arrendadas a las repúblicas purépechas en la sierra y en sus regiones vecinas. En la práctica, el dominio de ese territorio incluyó el de sus pastos y aguas, el ganado que en ellos transitaba y otros recursos, parte del comercio, los trabajadores y

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

14

configur ación pur épech a

los empleados a sus órdenes —vaqueros, administradores y otros— y los mismos pobladores humanos de esa franja territorial. Esto fue facilitado por una red de relaciones políticas y comerciales, que asoció autoridades españolas y purépechas, ganaderos, hacendados y comerciantes de la comarca, cabeceras y ciudades importantes; tanto como por haber quedado la administración de los bienes comunales en manos del subdelegado español. Por ejemplo, desde 1790, el español José Domingo Paz —de quien se volverá hablar más adelante— consiguió arrendar pastos de San Felipe de Los Herreros, vecino de Charápani. En 1797, renovó el arriendo con el aval nada menos que del licenciado Isidro Huarte, gran comerciante e influyente miembro del ayuntamiento de Valladolid y de la oligarquía vallisoletana, una de las más importantes de toda la Nueva España. ¿Se va dando cuenta el lector de lo que tiene entre manos? ¿Se percata de la integración de un territorio purépecha usufructuado por la aristocracia? Por lo visto, en ese contexto, la autonomía de la sierra de Michoacán era, más que una realidad, una figuración enmascarada legalmente. No obstante, los oficiales de república, que debían intervenir en los trámites para sacar en postura pública el arriendo forzado de sus tierras representando a las comunidades agrarias de sus repúblicas, procuraron, a veces, como los de San Felipe de Los Herreros, defender lo que pudieron insistiendo en que se ofrecían sólo los pastos excluyendo bosques y pastizales para uso de su comunidad. En el caso de Charápani es improbable que les tomaran en cuenta su parecer, dado que la república purépecha fue hecha a un lado por las autoridades y los arrendatarios españoles, quienes tomaron el proceso en sus manos fingiendo llevarlo a cabo con toda legalidad. El gobierno de las repúblicas purépechas era sólo un pobre reflejo de lo que fue. Tal lo sugieren los detalles de la renovación del arriendo de los pastos de Úkumichu y Charápani en un proceso iniciado en 1801 y concluido al año siguiente. Como parte del procedimiento para poner en postura el nuevo arriendo quinquenal, el gobierno del vecino Úkumichu, que se suponía nombró como valuador a José Cayetano Cárdenas, resultó que designó a un español vecino de Los Reyes en tierra caliente, lugar donde se llevó a cabo el proceso y donde la Real Justicia lo nombró como valuador oficial. Úkumichu, que carecía de gobernador pero disponía de un alcalde analfabeta y sus oficiales de república, de viejos principales y de escribano, usó como valuador a un vecino español, tal como era norma, quien solía hacer ese trabajo arreglado de antemano en favor de los intereses ganaderos de los arrendatarios españoles. Siguiendo un formato casi idéntico para cada poblado y con el objeto de evitar un aumento en el precio, el valuador dictaminaba, a veces, que el valor de los pastos

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

15

era el que estaba pagando el arrendatario anterior, dado que no les era posible disminuirlo como hubieran querido.26 Esto se advirtió al vencerse el último arriendo de los españoles en Charápani. Sus autoridades charapanenses, obligadas a presentarse en Los Reyes donde se llevó a cabo el proceso de arriendo forzoso en noviembre de 1801, tuvieron que aparentar que eligieron con libertad al mismo valuador. A estos dos casos, agréguense las anomalías que se presentaron en el arriendo de los pastos de San Francisco Períwani, Atápani, P’atámpani, Tarhékwatu, Tinkwíntini y el vecino P’ámatakwarhu, descubiertas por funcionarios españoles en la ciudad de Valladolid.27 Las autoridades españolas comarcanas conociendo mejor el procedimiento, procuraron seguir las formalidades debidas para evitar las trabas que les pusieran los funcionarios fiscales y los encargados de la protección de los naturales en Valladolid. Eso se hizo con los pastos de Charápani, cuyo arriendo había enfrentado problemas con dichos funcionarios; después de todo, estaban en juego tierras donde al menos cuatro mil ovejas se introducirían durante medio año. Para comenzar con el procedimiento, en el mes de enero de 1802, se mandaron fijar rotulones en todo el partido ofreciendo las tierras, las cuales fueron sacadas al pregón diario todo el mes de enero, desde el día 5, en las puertas del juzgado de Los Reyes, por el personero público Benito González, quien —a son de caja— gritó hasta completar 30 pregones:
—¿Hay quién quiera hacer postura a las tierras pastales sobrantes del pueblo de San Antonio Charápani, pertenecientes a la comunidad de “indios” de dicho pueblo, que en virtud de estar cumplido y pasado el arrendamiento anterior, salen en el mejor postor por término de 5 años? La persona o personas que quisieren hacer postura a dichas tierras sobrantes, por el precio de un avalúo que ha sido de 50 pesos, parezca ante mí y en este juzgado [de los Reyes] que se le admitirá la que hiciere con papel de abono correspondiente, dentro del término de 30 días en que han de continuar los pregones, de los cuales es el presente el primero.28

Si, como es de esperar, el pregón se gritó en español pues al fin y al cabo iba dirigido a los estancieros españoles de la comarca, sólo los purépechas bilingües habrían entendido esa perorata voceada bastante lejos de Charápani. Con posterioridad, el 10 de febrero de 1802, en presencia del subdelegado de Xiquilpan quien en aquel poblado estaba despachando, se repitió esto por última vez a las puertas del juzgado de Los Reyes. Se hubieran hecho o no dichos pregones y distribuido en verdad por todo el partido los rotulones con el aviso, el

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

16

configur ación pur épech a

caso es que, otra vez a son de caja, se proclamó en la plaza pública a la vista de la gente que estaba en el lugar, que ningún postor se había presentado, lo cual hacia más obvio el arreglo previo. Tiempo después, el gobernador, los alcaldes y los demás oficiales de la república purépecha charapanense, con su respectivo escribano Aparicio Estrada, recibieron citatorio para presentarse, dos días después, al remate del arriendo que se llevaría a cabo en dicha localidad tierracalentana, junto a las puertas principales del juzgado. El día del remate, el subdelegado —acompañado por los de su asistencia— hizo llevar a pregón durante dos horas, en voces que debían ser altas e inteligibles —para quienes hablaran español— las tantas veces citadas tierras pastales “sobrantes” advirtiendo que debían quedar rematadas ese mismo día. Como 12 años antes lo habían hecho los oficiales purépechas de Úkumichu, el gobierno charapanense presenció cómo, a la vista de la gente que estaba presente, se repitió por dos horas más, entre las 10 de la mañana y el mediodía, que se había acabado el tiempo para presentar postura; que ya sólo se esperaría lo que durara la plegaria de las 12 y que, cuando se diera el toque de la campana mayor de la ayuda de parroquia, quedaría hecho el remate del arriendo de sus pastos al que hubiera presentado la mejor postura. Cubiertas todas estas formalidades, las autoridades de la república purépecha de Charápani vieron cómo quedó fincado el remate en el que fue el único postor, según dijo la autoridad española: el ya conocido José Domingo Paz, quien había ofrecido 50 pesos de renta anual. Este español era el mismo que ya había tenido arrendados los pastos charapanenses, el que rentó también los de Úkumichu y el mismo español mencionado más arriba, porque desde 1790 consiguió arrendar los pastos de San Felipe de Los Herreros, lo cual renovó en 1797. Para mayor detalle, éste era era mayordomo de la hacienda volante o itinerante de ganado ovejuno del español Francisco Antonio Villaverde —el verdadero arrendatario— y el mismo que consiguió el arriendo de los pastos de Úkumichu y Charápani, renovado en 1802 con el aval del español Francisco de Cabrera —hacendado y capitán de dragones provinciales de la jurisdicción de Xiquilpan y dueño de la hacienda El Salitre en el partido de Los Reyes—.29 Por si eso fuera poco, el mismo mayordomo que prestaba su nombre y quien con el mismo aval obtuvo los pastos de San Juan Períwani, San Francisco Períwani, Sikwíchu, P’ámatakwarhu, Tarhékwatu, Tinkwíntíni y Atápani; es decir, el que obtuvo para su patrón un control territorial supracomunal enorme. Una franja larguísima de pastos que atravesaba toda la sierra. Los avales antes mencionados supusieron intercambio de favores, relaciones comerciales, ganaderas y similares, con sus respectivas implicaciones políticas.30 Por fortuna, no logró ocultar todas las anomalías pues algunas fueron descubiertas en Valladolid.31

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

17

Las repúblicas purépechas y su gobierno quedaron muy limitados en su fuerza real, vistos los personajes involucrados de importancia regional y suprarregional, a la vez que las cada vez más grandes extensiones de tierra que caían bajo el control de ganaderos españoles. Coartadas sus funciones, secuestrados sus ingresos, interferidos por el subdelegado y bajo dominación agropecuaria y económica de la aristocracia michoacana, el gobierno de la república de los purépechas quedó reducido a un modesto papel. * * *

Aun con un cabildo debilitado, los ministros “de vara” seguían funcionando, como Manuel Antonio, por lo cual su presencia en el poblado siguió acompañado de ese y otros signos de autoridad.32 Otro rasgo de la posición social de dichos oficiales fue el de ser purépechas capaces de entender y hablar español, aun cuando fueran analfabetas, como en 1791 lo fue el alcalde del barrio San Bartolomé, Manuel Mateo, y el ex regidor del mismo barrio, don Juan Miguel Victorino. La conducta, la posición social y los recursos de los principales se conoce a partir del caso de este último.33 Él usaba el tratamiento de “don” y era considerado señor principal y cacique de Charápani por haber sido regidor y gobernador, esto último en 1778, amén de pertenecer al poderío local. Casado con Juana María, del mismo barrio San Bartolomé, procreó dos hijas y un hijo.34 Al contraer una grave enfermedad, de la que a la postre se salvó, dictó testamento en 1788, estando presentes el gobernador, los alcaldes, los principales y el escribano y firmando a su nombre el cura, lo que mostraba la posición social y política del agonizante. Dispuso que, al morir, fuera vestido con el hábito de san Francisco de Asís que guardaba y sepultado con misa y vigilia de cuerpo presente como bienhechor de la iglesia de Charápani, al lado de la epístola, uno de los ambones a la derecha del altar mayor del templo, donde el cura leía pasajes de las epístolas de los apóstoles de Jesús. De igual forma, dispuso que se entregara dinero, mulas y una yegua aparejada en Valladolid, al convento de las capuchinas de Nuestra Señora de Cosamaluapan, un poblado veracruzano de una región azucarera.35 Este ceremonial y las mencionadas disposiciones marcaron bien su distanciamiento con los purépechas comunes, su categoría social y sus amplias relaciones sociales. En ese tiempo, él poseía bienes con un valor de 1 695 pesos para ser precisos, de los cuales 288 los adeudaba a su compadre de Tangancícuaro y 100 le serían cobrados por el alcalde mayor y evaluadores en la diligencia en que se estimaron dichos bienes, como parte

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

18

configur ación pur épech a

del proceso de una demanda. También enviaba arrieros a sus órdenes con atajos de mulas para Apatzingán, traficaba plátano pasado, arroz, piloncillo y algodón, y tenía tratos en este giro con su compadre, el ya mencionado y acaudalado Victorino Jaso de Tangancícuaro. Para sus tráficos de arriería poseía tres atajos de mulas aparejadas, 28 mulas con sobornales, 40 reses, 15 yeguas y 10 caballos, y cuatro atajos de plátano pasado, arroz y piloncillo. Inclusive se hacía cargo del abasto real de cigarros en Charápani. Poseía una vieja casa principal y al menos otra más, prestada a su hijo Pedro José Victorino para que viviera con su nuera y sus nietos, en cuyas piezas mandaba como en la suya, inclusive a la esposa de su hijo, y en ambas encerraba su maíz y cuanto se le ofrecía, estuviera o no su vástago. En 1791 se dio el lujo de mantenerse un tiempo en la ciudad de Valladolid, para atender un pleito, dejando a un apoderado suyo en Charápani, en cuyas inmediaciones tenía un rancho. Su hijo Pedro José era ahijado de Victorino Jaso cuyo padrinazgo debió ser de importancia secundaria pero importante, pues cuando sus padres Juan Miguel y Juana María lo llevaron a bautizar, en octubre de 1756, iba sólo una madrina, María Clara, purépecha del barrio San Bartolomé, que era casada pero acudió representando al matrimonio sin la compañía de su esposo.36 O sea que, por ventura, Victorino Jaso le apadrinó su matrimonio. Pedro José, considerado cacique por igual, recibió de su padre — cuando se separó de él al casarse en 1782— una buena dotación: un atajo de 30 mulas aparejadas, 4 mulas en pelo, 5 mulas de silla y capital para que estableciera su propio negocio de arriería, aparte de fiarle 6 mancuernas de mulas. Con eso, el hijo se dedicó a llevar arroz a Zacatecas y a comprar algodón y otros productos en la Costa Grande y Tierra Caliente, para comerciarlos en la villa de León, Irapuato y otros lugares. Le fue bien pues obtuvo buenas ganancias, a semejanza de su padre y de otros moradores de Charápani y poblados dedicados a la arriería:
[…] le rendían, en este modo, las ganancias lucrosas sobredichas, que con este respecto y el de el común  ejemplar del mismo su padre y otros de aquellos moradores y pueblos circunvecinos de igual profesión.37

Al menos, él fue patrón del arriador José Santiago, el aviador purépecha José Santiago Reyes del barrio San Andrés —instruido en el castellano pero analfabeta, quien le sirvió de cargador— e incluso del español don Vicente Mendoza, vecino del poblado San José, quien alguna vez se refirió a Pedro José como “su amo que fue”. Al mismo tiempo, tuvo dos criados oriundos de Charápani: uno analfabeta pero capaz de hablar español y, hay que destacarlo, otro español criollo analfabeta. Al menos dos españoles al servicio de un principal purépecha.38

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

19

En el pasado, había sido regidor y sirvió como mayordomo del hospital de los naturales. Dado que poseía un trabuco y una corsa de soldado con sus armas, tenía alguna responsabilidad o deber militar eventual; o bien eso portaba y vestía si era capitán de la danza de moros o de alguna comparsa. Respecto del desempeño que de sus cargos hicieron Juan Manuel Victorino y su hijo Pedro, el primero declaró alguna vez que le provocó gasto en dinero, por lo cual debieron desempeñarlos más bien por prestigio social e interés político. Según él, requirió 160 pesos “para salir del cargo de regidor” y a lo mejor exagerando, añadió que “sólo en el hospital erogó mil pesos, que es [lo] común a todos los mayordomos de aquel pueblo [de Charápani]”.39 Para mayor ilustración, sepa el lector que él y su mujer purépecha —de Sikwíchu— vestían buena ropa que los distinguía de la gente del común. Él tenía unas mangas de montar a caballo de sayal morado, forradas en raso de lana, galoneadas y ribeteadas de esterilla y con galón de Milán como encaje de sus bocas —con valor de 40 pesos—; un par de calzones de terciopelo azul galoneados y bordados de antesuela con 18 botones de plata —con valor de 30 pesos— y otro par de terciopelo negro galoneados de plata con 28 botones también de plata.40 En el lugar donde tenía su habitación, en el barrio San Bartolomé, tuvo un troje grande con dos cuartos, uno chico “de buena consistencia” y uno viejo, a más de una cocina de “palos”, evaluado todo esto en 80 pesos.41 Aparte de dinero y cosas diversas, allí tenía animales y sus aparejos de trabajo, mercancía, alimentos secos y productos para consumo de la casa, ropa, menaje casero, joyas, armas y “santos”; en conjunto valuado en 2 760 pesos en reales: • 1 atajo de mulas de unas 37 o 39 cabezas (la mayoría aparejadas de lazo y reata), 2 caballos, 2 sillas de montar, 1 freno, 7 vaquetas y una carga de lazos. • 30 costales de Esmiquilpa, una fanega de tlazole, una jarra o cantimplora y 6 “soacales” (huacales). • 32 cargas de algodón (con valor de más de 1 800 pesos). • Ciertas cantidades de frijol, chile y arroz, 1 tercio de sal, 1 cajón de chile y 5 pesos de queso. • Hilo teñido. • Una libra de cera de castilla y 2 libras de cera americana. • Calzones y mangas, ropa de hombre y ropa de mujer  (a saber: rebozos, naguas de Jilotepec, delantales de Bretaña, camisas, casaquitas, huipiles y soguillas). • 26 platos y 10 pozuelos de  China, 6 tazas calderas, 2 jícaras de Uruápani, 4 bateas, 2 ollas de P’atámpani, varias ollas chicas y trastes de cocina. • 1 tercio de cucharas, 5 chiquihuites, 7 tecomates y unas servilletas.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

20

configur ación pur épech a

• 1 cobijón y 1 colchón. • 1 collar de perlas, alhajas de oro, un peine guarnecido de plata (de su esposa) y 2 kanákwecha. • 2 sables, 1 trabuco y una corsa de soldado y sus armas. • 5 imágenes de santos y 3 campanas.42 Encima, guardaba en empeño objetos de personas de los barrios San Andrés y en particular San Bartolomé, inclusive de su alcalde, y de otros pignorantes de los poblados de Kurhúpu y Uruápani pues les prestaba o les fiaba dinero, mercancía y animales. Pero la fortuna dejó de sonreírle al sobrevenirle una muerte prematura en 1791. En aquellos días, su padre Juan Miguel Victorino de 60 años, acosó con un pleito persistente a su viuda —tributaria y principal de Charápani pero nacida en Sikwíchu— por la posesión de la casa, el dinero y las pertenencias del fallecido. El suegro lo reclamó todo, con el argumento que, como dicha casa era de su propiedad, parte de esas pertenencias eran suyas pues estaban revueltas con las de su hijo, ya que compartían ese espacio. En la madrugada de un sábado de ese año, Juan Miguel Victorino llegó borracho acompañado de un compadre, un sobrino y un tío suyo —purépechas analfabetas pero ladinos en castellano— a casa de la nuera, quien dormía en la cocina recuperándose del parto de su último hijo. Entró a escondidas, descerrajó el cajón de la mesa para sacar todo el dinero y se lo llevó junto con 8 aparejos y 5 cueros de tigre. Otro día, con engaños, despachó a su nuera de regreso a su tierra con todo y cría recogiéndole la llave de la casa. Cuando ella quiso regresar, su suegro se negó a devolvérsela y la amenazó de muerte. Él, su hija y “los del pueblo”, léase autoridades del barrio San Bartolomé, se pusieron en contra suya teniendo que pedir abrigo para ella y sus tres hijos en la parroquia, donde la recibieron gracias a que el vicario y su familia tenían mala relación con don Juan Miguel.43 Otro día haciendo uso de su posición, Juan Miguel alebrestó contra ella a la gente del poblado o, para mayor más precisión, a la del barrio San Bartolomé e hizo venir al teniente real de P’atámpani y a su asistente, apoderado del propio don Juan Miguel. Con ellos, aprovechando que la viuda estaba guarecida en la parroquia y para evitar la intervención del vicario que la protegía, se hicieron diligencias mediante las cuales extrajeron otras pertenencias de la casa de la viuda. Juan Miguel se hizo acompañar por el gobernador charapanense don José Antonio Galván, alcaldes y varios naturales adictos. La calidad de acreedora de al menos ocho personas, que ella tenía por deudas contraídas con su difunto esposo, fue otro interés económico en juego.44 Luego, el cacique la despojó de sus hijos. Ella lo acusó afirmando que “lo que yo veo aquí [en Charápani…] es que los alcaldes

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

21

mayores y sus tenientes[…] son más que el soberano [español] pues hacen y consienten semejantes cosas”. El escribano de la república, José Miguel Jerónimo, bilingüe instruido en purépecha y en castellano, casado y de 30 años, al parecer del mismo barrio San Bartolomé, se lavó las manos, fuera por evitarle daño a la viuda o por no verse involucrado en el pleito, aunque tiempo después se vio obligado a fungir como intérprete de ella. Pero fue en balde tomar distancia pues Juan Miguel Victorino lo buscó después, con su apoderado y director de P’atámpani, para amenazarlo con cortarle la mano y enviarlo a un presidio por haber firmado un documento comprometedor. De paso, eso mostró que el gobierno purépecha no era un bloque monolítico. Aun si el defensor de la viuda exageró afirmando “que todos los de su pueblo lo tienen [a Juan Miguel, el cacique,] como si fuera el dios de ellos”, lo cierto es que era un hombre importante pues su compadre Jaso accedió a salir como fiador de los bienes de su ahijado difunto, los cuales le correspondían a sus hijos menores de edad, que quedaron huérfanos de padre.45 Aun si la actitud prepotente y el alcoholismo de este charapanense hubiera sido excepcional, permite conocer algunos pormenores del sector gobernante constituido por los principales. Para empezar, dejó ver la desaparición de la solidaridad comunitaria y, por lo tanto, una república donde ya sólo había ricos y pobres.46 El pleito involucró a gente principal, tanto purépecha como española, pues la nuera presentó su caso ante el alcalde mayor, quien nombró como su defensor de oficio de la Real Justicia al español instruido Vicente Echavarría, vasco originario del valle de Araimayona en el señorío de Vizcaya, avecindado en Charápani y al año siguiente en Xiquilpan, quien hizo de amanuense en una ocasión, durante las diligencias legales del pleito, y luego fue nombrado curador por su defendida. Echeverría fue calificado por el cacique charapanense de europeo pobre, con intenciones de casarse con la viuda por su interés en la herencia disputada.47 La acusación pudo ser sólo un artilugio pues, en un padrón de 1792, fue registrado viviendo ya con una mujer purépecha: María Antonia Vega, a menos que ésta haya sido una sirvienta suya.48 A la vez se nombró, como curador de los hijos menores de edad de la mujer y herederos por derecho, a José Manuel de Gámez, español casado y cabeza de familia vecino de Charápani. Él intervino en algunas ocasiones —cuando se realizaron unas diligencias en P’atámpani— como asistencia del teniente del alcalde mayor Juan Trinidad Valencia y Gutiérrez, luego sustituido por Nicolás Vaquero.49 Juan Miguel Victorino, por su parte, acudió con José Miguel Ruiz de Escobar, asistencia del teniente de P’atámpani y quizá vecino de Charápani en 1791, para que fuera su apoderado. Sin embargo, en 1792, habiéndose mudado de Charápani,50 fue recusado como tal

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

22

configur ación pur épech a

por estar enfrentando dos juicios; y el mismo Victorino lo acusó de malversar su dinero. Fue sustituido después por don José de Alcocer, vecino de P’atámpani y, al pasar a ventilarse el caso en Valladolid, por José Francisco Roja, vecino de esa ciudad. También requirió al acaudalado Victorino Jaso, su compadre de Tangancícuaro, para que le sirviera de fiador. Por lo que hace a otros menesteres, el alcalde mayor llegó a usar por un tiempo al español don José Ignacio Carrillo, vecino de Charápani, para entregar en éste notificaciones relacionadas con el pleito. Por cierto, el español y alcalde mayor de la jurisdicción de Xiquilpan estableció, en el ínterin, relaciones de compadrazgo con… la viuda. Ello reveló de parte de quién estaba y los conflictos entre principales charapanenses y dicho alcalde mayor. Como intérpretes se hizo uso de los servicios de la mulata viuda María Juana Sandoval —cabeza de familia—51 y del español don José Rafael Gámez, ambos vecinos de Charápani e instruidos en el idioma purépecha. En una ocasión, al estar ausente el apoderado de Juan Manuel Victorino, se nombró por única vez al español de Charápani José Antonio Galván para que atestiguara un juramento de Victorino. Cuando el pleito pasó a Valladolid, Victorino fue obligado a nombrar curador ad litem pues —por ser “indios”— a él y a su nuera se les negó el derecho que se habían tomado de tener apoderados. Haciendo gala de su capacidad para moverse, el cacique nombró curador a don Manuel José Baca, coronel procurador de la curia eclesiástica de Valladolid; entre tanto, María Isabel nombró a don José María Campusano, vecino de la misma ciudad. Sería grato informar al lector en qué terminó el pleito, pero se ignora. En 1795, había tres marías isabeles casadas y sin hijos adolescentes: una con Manuel Salvador, otra con Manuel Antonio y una más con Miguel Lorenzo;52 por lo cual, o la de este relato se volvió a casar con un purépecha charapanense —desistiendo de su boda con el vasco que la defendió— o se regresó a Sikwíchu… Ahora que, en un padrón de 1809, aparece una María Isabel del barrio San Miguel casada con… ¡Miguel Victorino! Si es la misma Maria Isabel, terminó casándose con su suegro, que tanto daño le había hecho, o con otro hijo de él.53 En fin, pleito de relativa menor monta, pero que expuso a una gama de protagonistas de diversas localidades, posición política y filiación étnica, que mostraron cómo el tejido social charapanense estaba inserto en el de la comarca xiquilpense y la provincia michoacana y cómo la estratificación social interna había separado a sus caciques y principales del común de la gente. * * *

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

23

En 1793, el alcalde mayor de la jurisdicción de Xiquilpan, Pablo de López y Ginori, quien estuvo involucrado en aquel pleito de principales charapanenses antes relatado, dejó el cargo cuando la alcaldía mayor se convirtió en una subdelegación tomando su puesto el subdelegado Juan Vicente Fortuni. Ello hubiera sido lo de menos, pero el alcalde mayor salió sin darle cuentas a Charápani de los dineros de su caja de comunidad y sin dejar libro alguno de éstas al subdelegado. Como estaba establecido, la caja de la comunidad tenía tres cerraduras cuyas llaves debían guardar el gobernador charapanense, su cura y el justicia territorial, en este caso, el mencionado alcalde mayor. Ello se acataba sin cumplirse pues ninguno tenía llave alguna y para colmo ni siquiera la caja misma estaba en el poblado. El alcalde la había hecho llevar a Xiquilpan donde exigía para ésta el obligatorio real y medio por tributario y recibía las rentas por el alquiler de los pastos comunales para rebaños de ovejas. Al desaparecer Ginori del escenario, el gobierno de los naturales reclamó cuentas claras —con justa razón— mediante reclamo elaborado por Miguel de Aparicio Estrada, quien sustituyó a José Miguel Jerónimo como escribano de república. Llama la atención en este caso, el aumento del uso de apellidos españoles entre los principales purépechas de Charápani.54 El reclamo fue contraproducente pues al año siguiente, en las cuentas que, a raíz de éste, se ordenó hacer a la Contaduría Principal de la Real Hacienda de Valladolid, la república purépecha de Charápani resultó deudora. El saldo a favor de la comunidad fue de 269 pesos y fracciones, pero tras revisar su expediente, el promotor fiscal de Valladolid determinó que debía reintegrar 6 pesos por contribuciones incompletas en los años de 1790 y 1791. De Ginori no se supo más y, para que otra vez no anduvieran reclamando, Charápani fue, a la vez, víctima despojada y contribuyente deudor.55 La supervisión religiosa continuó siendo característica notable de la república. Todavía en 1795 se levantó padrón detallado de cada grupo doméstico, para registrar a quienes cumplieron con el precepto de comulgar al menos una vez cada año, a lo cual por cierto se presentaron sólo una tercera parte de los 705 hombres y mujeres purépechas en edad de hacerlo; el resto estaba ausente o evadió esta carga pues implicaba un gasto, por pequeño que fuera.56 Ello hace sospechar una reducción de la fuerza del cura sobre los purépechas. Diferente a como debió ser en el siglo xvi. A pesar de eso, tanto el que los 154 muchachos y muchachas del poblado fueran considerados “de doctrina” y el hecho mismo de pasar lista a todos los habitantes, mostró la persistencia de la vigilancia eclesiástica. Como en Charápani estaba la sede parroquial, que tenía bajo su custodia a las repúblicas purépechas de San Felipe de Los Herreros y San Francisco Kurhúpu, se registró en el mismo padrón a sus pobladores y a quienes

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

24

configur ación pur épech a

comulgaron. En total, de enero a junio de ese año, el cura y su vicario llevaron a cabo, en los tres poblados, 103 bautizos, 17 casamientos y 59 entierros religiosos.57 Baste conocer estas cifras para constatar la presencia del cura y de su vicario, a pesar de la disminución de su fuerza coercitiva y las, a veces, malas relaciones del cura con algunos principales y con los naturales en general.58 Por lo demás, el gobierno de la república purépecha era una carga cada vez menos tolerable para los comuneros, si bien —entre los años de 1789 y 1802— el número de tributarios tuvo un crecimiento moderado pero constante en Charápani.Tbl. 21 Debido al modo en que la ordenanza de intendencias —una de las reformas borbónicas— impuso el manejo de los recursos de su comunidad agraria, a ésta se le dificultó aprovechar sus rentas y productos. Como acaso la clase baja carecía de tierras propias para usufructo familiar, buena parte de su trabajo en las comunidades agrarias produjo riqueza, secuestrada en la práctica por el fisco.59 Entre octubre y diciembre de 1810 se produjo un levantamiento popular insurgente en Valladolid y otros poblados de Michoacán. Paracho en la sierra y abajo de ella Zamora y Xiquilpan se vieron involucrados.60 Independentistas armados cayeron sobre Tangancícuaro donde incendiaron las casas del ausente Victorino Jaso. El odio a este personaje se entiende más por su riqueza, basada en la explotación inmoderada, que por representar a los españoles dominantes pues él era un español criollo. Luego lo sorprendieron a él mismo en su hacienda de Guaracha, donde mataron a su hijo y lo hirieron de muerte a él y a su probable pariente, el presbítero José Benito Jaso.61 Con ello, el emporio agroganadero y comercial de este empresario se vino abajo, junto con los principales purépechas de la sierra que estan en asociación comercial con él. Vaya el lector a saber la posición que habrán tomado peones, comuneros, principales purépechas, españoles y sacerdotes en Charápani con respecto del movimiento y quiénes fueron los que se involucraron en éste si acaso algunos participaron. Como fuera, los acontecimientos tuvieron algún efecto. Por supuesto, la economía de los españoles avecindados y la de los señores principales —cuya prosperidad dependió de la arriería— fue perturbada por la guerra. Aun suponiendo que el frustrado movimiento armado independentista haya cambiado un tiempo la situación política en la sierra y el gobierno charapanense hubiese aprovechado para recuperar el control de sus tierras, en manos de los grandes ovejeros españoles, la ventaja debió perderse al restablecerse el control militar español. Tal fue el caso de Yawátsini —otra república purépecha de la sierra— que, luego del levantamiento, había recuperado una hacienda suya disfrutada en arrendamiento por un español, pero luego se vio obligado a otorgársela

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

25

otra vez en arriendo por disposición de las triunfantes autoridades españolas.62 * * *

En algo, el rezago de las repúblicas purépechas fue responsabilidad de sus gobernantes, quienes buscaban preservar sus intereses familiares manteniéndo relativa autonomía agraria, política y cultural. Esta es una explicación política de la supervivencia del renombrado p’intékwa o ‘el costumbre’ y la jakájkukwa o ‘la creencia’ purépechas, instrumentos para mantener en cada poblado una normatividad y una justificación, que permitían la continuidad de la corporación a cuyas expensas vivían los achátiicha o viejos principales.63 Considérese que los cabildos debían sumisión, en última instancia, al gobierno colonial novohispano, lo cual los limitaba en los poblados que, a la vez, representaban y de los cuales se beneficiaban. De hecho, esa doble faceta de sumisión externa y administración interna los caracterizó. Es cierto que ellos sirvieron a la resistencia purépecha, pero con organización productiva y política en el seno de una sociedad colonial, lo cual favoreció su reproducción y la de la Nueva España y el Imperio Español.64 Aparte de ser fuente de tributación permanente, las repúblicas de los naturales en Michoacán y su comunidad agraria fueron células económicas y entes políticos; lo primero sirvió para generar riqueza y proporcionar fuerza de trabajo para la corona española, el gobierno virreinal, el clero y los españoles avecindados, en la agricultura, la ganadería, la minería, el servicio doméstico y la construcción de caminos y edificios civiles y religiosos. También proveían de productos alimenticios y manufacturas necesarias, y proporcionaban maestros carpinteros, canteros y otros; por lo que las repúblicas subsistieron dada su importancia en la economía y en la política.65 Con todo y su aparente autonomía, las comunidades formaron conjuntos de integración política comarcal. Cada una tenía establecidas relaciones externas y estaba integrada a un sistema productivo, una red comercial, una estructura política y una jurisdicción episcopal. Estos y otros rasgos semejantes caracterizaron a las repúblicas de los naturales, nada que ver con “comunidades cerradas”.66 A pesar de ello, el corporativismo hacía agua por todos lados. En verdad, la sociedad comunitaria en el país purépecha fue todo menos una organización democrática. Más bien, era como los grupos domésticos purépechas de Charápani se articularon en una república de naturales, con su gobierno autónomo pero autoritario, y en una comunidad agraria que les permitía subsistir y cumplir con el pago de sus

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

26

configur ación pur épech a

tributos. Es una paradoja que el propio régimen imperial fuera el que, al acelerar la pérdida de la autonomía purépecha, minara el cimiento mismo del edificio colonial novohispano en Michoacán. Un síntoma del cambio lo registró el privilegiado cura de Charápani, quien otrora contaba con la coerción civil para obtener de los purépechas su sostén, cuando tuvo que enfrentar la resistencia creciente de las propias autoridades de república a seguir solventándolo. En un esfuerzo desesperado por reinstalar “el costumbre”, gravoso y cada vez más ignorado, el propio cura —bachiller Francisco Fernández Rincón— empezó en 1806 a trasladar el viejo pindecuario franciscano ayudado por su conocimiento del uso y la costumbre, para restaurar por escrito ese documento con el cual esperaba que los ministros de república y los naturales se vieran obligados a cumplir con sus anteriores obligaciones. Inútil. A fines de la colonia novohispana, el 21 de abril de 1819 con una mezcla de rencor y amargura, se quejó y exigió de su puño y letra:
Con toda verdad digo yo, el cura juez eclesiástico del partido, que la experiencia de treinta y tantos años de administración entre indios de tasación, me he enseñado a sufrir muchas drogas que hacen, negando mucha y considerable cantidad de obvenciones, de las mismas que expresan los pindecuarios que he notado, para que, si en algún tiempo viniere el ilustrísimo señor [obispo] o algún señor visitador, ponga remedio en esto exhortando a rigor de justicia a los indios que cumplan para con su párroco.67

En vano ese desahogo. No mucho tiempo después, nunca más al cura tendría la facultad de mandar al fiscal que, con su disciplina, azotase al mismísimo gobernador por incumplimiento de supuestos deberes para con la iglesia. El propio cabildo purépecha estaba por terminar su vigencia y ningún gobernador más habría para ser castigado. Con todo, un hecho contingente es que, al llegar al final del régimen colonial, la república y la lengua purépechas hubieran alcanzado a ser los de prestigio en la sierra, si así lo percibieron la población mayoritaria y una parte del pueblo español criollo avecindado. Si esto ocurrió sería porque la tradición purépecha era la que tenía el arraigo más antiguo a la tierra, amén que la portaba un pueblo con un alto sentido de la jerarquía y la dignidad personal y familiar. No en balde, todavía a fines del siglo xx, la purépecha era una sociedad honorífica.68 * * *

Lo que vino después, en la primera mitad del siglo xix, fue la extinción del gobierno purépecha y la instauración de un régimen municipal. Tras

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

27

consumarse la segunda guerra independentista, que separó a la Nueva España del Imperio Español o la Monarquía Universal española, se aceleró la desintegración del orden colonial novohispano en las repúblicas purépechas. Continuaron los cambios en su normatividad y funcionamiento, que habían experimentado desde las reformas borbónicas. Al instaurarse un gobierno nacional, un mayor viraje fue casi inmediato: la corporación comunitaria misma fue abolida, pero como entidad agraria pervivió algún tiempo más. La autonomía purépecha llegó a su fin dando paso a la paulatina sustitución de su hegemonía novohispana, por la de los avecindados españoles criollos y amestizados. Los sucesos posteriores siguieron formando parte de la historia de la república, en tanto deben referirse para comprenderla por completo, ya que, así como su base tarasca antigua explicó buena parte de su especificidad, sus secuelas muestran que no todo terminó en 1821, que la historia continuó y que ésta mostró rasgos duraderos que permiten comprender mejor lo que fue durante su vigencia plena. Como la hoja de un árbol al caer, cuya caída tiene sentido si se conoce tanto el desarrollo del árbol que le dio la vida, como el de la hoja misma y, luego, a partir del momento en que se desprende de una rama, el principio de su final hasta que de ella no queda ni el polvo sobre la tierra. Siguiendo ese derrotero, es posible atisbar la complejidad implicada en esa simple hoja que cae mecida por el viento. Vaya que se trata de una caída. Al autónomo Charápani, que en 1793 había albergado alrededor de 1 180 habitantes, en 1822 sólo le quedaban unos 480.69 ¿Qué pasó? Aun cuando el lugar parece haber escapado de acciones militares, éstas afectaron los sectores económicos de los cuales dependió su prosperidad; en particular, la arriería —negocio de varios principales acaudalados— se desarticuló viniendo a menos. En 1823 se lamentó que:
el comercio, en que seguramente se giraban más de trescientos mil pesos en esta jurisdicción [del partido de Xiquilpan al cual perteneció Charapan], muchos deseáramos que llegar pudiese ahora a la décima parte.70

Una verdadera catástrofe comercial. Esta actividad estaba asociada a los comerciantes españoles de Tangancícuaro, que corrieron mala suerte al transcurrir la lucha independentista, como fue el caso de Francisco Victorino Jaso, ultimado por sus tropelías y abusos, cuya justa desaparición implicó la del emporio comercial tejido en torno suyo y la quiebra de los negocios charapanenses que tenía asociados.71 El oscuro periodo entre la guerra y el resto de la primera mitad del siglo xix parece haber puesto a Charápani en una posición desastrosa. A la orgullosa y próspera república purépecha de antaño le fue impo-

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

28

configur ación pur épech a

sible siquiera instaurar ayuntamiento en su población y evitar que fuera rebajada de categoría política cuando se desconoció su gobierno. Para colmo, disminuyeron sus armas jurídicas para defender sus tierras. Aunque las hubiera reivindicado al instaurarse el gobierno nacional en la Nueva España independizada, le fueron reasignadas como dotación para “pueblo”, entonces sinónimo de vecindario, en vez de reintegrárserlas a su comunidad agraria. Entre 1825 y 1827, el Congreso del Estado de Michoacán procuró revertir el daño causado por las reformas borbónicas expidiendo decretos para restituir tierras y aguas a los campesinos, incluso regresándoles a sus manos las que fueron objeto de una injusta enajenación por venta, empeño, cesión, arrendamiento u otra manera. Pero una vez recuperadas, las comunidades de las ex repúblicas de los naturales recibieron órdenes de llevar a cabo un reparto individual de las mismas entre sus parcioneros. En un principio, el Congreso consideró los bienes de las comunidades, propiedad exclusiva de los descendientes de las viejas familias de cada localidad agraria disponiendo la reintegración del conjunto de las tierras a los poblados y el reparto en parcelas entre sus pobladores; pero incluyó aquellos que habían residido en los poblados, por lo menos una década, considerando sujetos de reparto tanto a éstos como a la población original. Ello quedó estipulado en un decreto estatal de 1827 para llevar a cabo un reparto agrario, en el cual se enfatizó la importancia social, económica y cultural de la propiedad de la tierra y el disfrute campesino de sus productos. El 30 de enero de ese año, el Congreso del Estado de Michoacán expidió la Ley sobre el reparto de bienes comunales para devolver a sus “primitivos propietarios” las tierras en parcelas familiares y en partes iguales.72 Al año siguiente se redactó el respectivo Reglamento para la partición de las tierras de comunidades. Con ello se estipuló que “los bienes conocidos con el nombre de comunidad son exclusivamente de los descendientes de las primeras familias y de ningún modo pertenecen a los fondos municipales”. Asimismo se dispuso que “el gobierno dispondrá se entreguen las tierras, que han estado bajo su inspección, a las comunidades a las que pertenezcan, para que procedan a su repartimiento individual en posesión y propiedad”.73 Por otra parte, desde 1822, Charápani empezó a asumirse, así fuera sólo en lo administrativo, como un “pueblo” del partido de Jiquilpan;74 esto es, un poblado que, en la práctica, experimentó una refundación política dando paso al nacimiento de la sociedad pueblerina que sustituyó a la comunitaria. Sólo piénsese en ello. Las consecuencias sociales, políticas y culturales fueron de gran profundidad.75 La sociedad serrana mantuvo rasgos estructurales y formales, que sólo fueron rotos hasta las reformas liberales a mitad del siglo xix, pero desde antes, el desconocimiento del gobierno de los naturales tuvo

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

29

importantes repercusiones como, por ejemplo, la pérdida de su posición legal que sufrieron los señores purépechas principales, al verse igualados tanto con los avecindados españoles criollos y amestizados, como con los campesinos purépechas del común, encima de los cuales antes habían estado. Sobre todo, extinguidas en la legislación las diferencias étnicas, los españoles criollos arraigados adquirieron derecho tanto a la tierra, en el ámbito antes comunitario, como a formar parte del gobierno de los poblados de las otrora repúblicas. Dada la carga que representaba el gobierno corporativo para los naturales, cabe preguntarse si éstos habrían apoyado la defensa de los intereses de los principales purépechas, o con más probabilidad, la intención de los vecinos criollos y amestizados de sustituirlos pues con los nuevos señores se libraron a la vez de sus mandones y del régimen tributario, es decir, de la sujeción y explotación coloniales. El común de los purépechas acaso pensó que era preciso romper con la estructura interna, para lograr una emancipación social generalizada. Una expectativa como ésta hubiera sido demasiado optimista, como se sabe, pues con todo y que, al terminar el régimen novohispano, el fin de la república de los naturales y de su gobierno implicó el de los principales, quienes manejaban los asuntos de la comunidad a costa del común, a la larga el nuevo gobierno local excluyó a los purépechas en general. El gobierno local fue cambiado por uno que representó a todos los pobladores, no sólo a los purépechas. El “pueblo”, como se le llamó al poblado poliétnico, con una organización social renegociada y dotado de sus tierras distribuidas en parcelas familiares, pasó a ser la nueva unidad sociopolítica de la comarca, en sustitución de las repúblicas de los purépechas y sus comunidades agrarias. En toda la Nueva España independizada, reconvertida en la Nación Mexicana primero y los Estados Unidos Mexicanos después, las unidades de población de los pueblos de origen americano antiguo quedaron abolidas como tales y se prohibió la diferenciación racial y las instituciones relacionadas con ella. Si acaso vivían españoles peninsulares en Charápani y si allí se aplicaron las disposiciones gubernamentales, ellos debieron salir del poblado, excepto aquellos que tuvieran décadas de estar viviendo en el lugar, hubieran colaborado con el movimiento independentista, logrado alguna conversión camaleónica u obtenido un acuerdo local. El 9 de noviembre de 1827, el Congreso del Estado de Michoacán aprobó un decreto dando un plazo de 30 días a los españoles peninsulares, solteros y casados sin vida marital, para abandonar el territorio michoacano dejando libres a mayores de 60 años o residentes con más de 35 años de antigüedad y quienes hubieran prestado servicio en favor de la independencia política de la Nueva España.76 De nuevo, en 1829, a raíz del frustrado intento español de reconquista de México, se volvieron a tomar medidas en Michoacán para expulsar otros grupos

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

30

configur ación pur épech a

de españoles peninsulares avecindados.77 Con ello se buscó eliminar el estamento que ellos integraban y que detentaba la mayor riqueza y el control político y militar. De esta manera, las familias españolas criollas arraigadas fueron las que salieron beneficiadas, las cuales —junto con los desterrados— habían formado parte constitutiva del sector mal llamado “de razón”.78 Cabe aquí esbozar un aspecto de la ideología que en la nueva nación sirvió a esta causa. Una vez depurada de españoles peninsulares, la gente “de razón” restante en cada región arraigó, en su ideología y en la de los demás, un apego al terruño —“la patria chica”— desarrollando su regionalismo, para sustituir con éste las ideas corporativas de las repúblicas de los naturales cerradas en un sistema de castas raciales. O para decirlo con otras palabras: introdujeron la crianza y la vecindad —más que “la raza”— como determinantes de su sentimiento de pertenencia a una región. De esa forma, después de la abolición del régimen colonial novohispano, evitaron tener que ponerse de acuerdo con las otras castas acerca de las características de los poblados donde convivían y con las que tenían relaciones económicas y políticas.79 Por tanto, eludieron discutir acerca de las cuestiones del desigual desarrollo de las clases sociales y la estratificación étnica. Con ese proceder, lograron que el resto de la sociedad aceptara mantener la estructura clasista prevaleciente, pero en adelante con una concepción social y regional. Regresando a Charápani, la república y su comunidad de naturales fue sustituida, en la mentalidad dominante, por el poblado rural policlasista y poliétnico del siglo xix, habitado por pueblerinos cuyo lugar de nacimiento, con independencia de su filiación étnica, determinó su pertenencia al “pueblo de Charapan”, pero manteniendo una minoría selecta: “los vecinos” —que antes eran “los de razón”— cuyo apego al terruño los benefició tanto a ellos como a purépechas y negros. Si la república de los naturales purépechas y sus respectivas comunidades agrarias fueron un producto novohispano, el “pueblo” o vecindario rural y sus tierras fraccionadas fueron un producto de la sociedad nacional. Al instaurarse una administración civil no corporativa, los pobladores no requirieron, ni en lo jurídico ni en lo ideológico, pertenecer, depender o sujetarse a una república de naturales purépechas, sino al poblado de Charapan. Más que comuneros, fueron vecinos pueblerinos; más que purépechas de Charápani, charapanenses. Con todo y que purépechas y comuneros siguieron habitando el poblado, la nueva mentalidad facilitó: • Incluir como “hijos del pueblo” a descendientes de europeos y negros y a todos los avecindados que fueron engrosando el vecindario.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

31

• Justificar la introducción y el mantenimiento de “los de razón” en la minoría rectora, la cual ya le fue permitido hablar a nombre de todos los habitantes, es decir, de “el pueblo de Charapan” y no sólo de su casta. En la práctica, esa nueva idea convivió con la estratificación étnica real e imaginaria, persistente de alguna u otra manera hasta el siglo xxi. Eso no impidió que, de todos modos, hubiera un cambio real en las ideas y en las instituciones sociopolíticas. Por otra parte, a cada legislatura estatal le correspondió decidir qué cabeceras recibirían la categoría de municipalidades con ayuntamiento. A la de Michoacán le pareció que Charapan carecía de méritos para ello y lo sometió a otra cabecera, quizá Paracho. Además de prescindir de purépechas, los ayuntamientos administraron las tierras comunales que fueron quedando. Ello facilitó los reclamos sobre ellas de los españoles criollos, que las habían estado arrendando y que pasaron a ser avecindados con derechos. Con esa táctica se revirtió la recuperación temporal lograda por las comunidades agrarias, en tanto duró la guerra independentista y la liberación de sus excedentes expropiados por el imperio español.80 En 1841, había cesado la prolongada dependencia de Charápani a Xiquilpan pues había pasado —como “pueblo”— al distrito de Zamora en el partido de Los Reyes.81 Más avanzado el siglo volvería a ser parte del que ya era distrito de Jiquilpan. Charapan era tenencia del municipio de Paracho en 1855, cuando los poblados con esa categoría fueron administrados por “alcaldes”, término que se asoció al régimen municipal, ya no al gobierno de república.82 En toda esa época, el cambio constante de categorías políticas acompañó las frecuentes reorganizaciones territoriales y administrativas. Desde el citado año de 1841, los campesinos purépechas fueron considerados “labradores”, dejaron de tener personalidad legal como comuneros, para convertirse en parcioneros conforme las tierras les fueron repartidas. También había jornaleros; esto es, campesinos sin tierra dedicados a veces a tareas manuales asalariadas.83 La integridad relativa del conjunto de las tierras charapanenses se recuperó o, al menos, se mantuvo, pero la comunidad agraria dejó de tener reconocimiento legal, con las respectivas consecuencias en la representación política y el gobierno local. Los funcionarios del anterior cabildo civil de la república purépecha fueron desapareciendo con todo y que, por un tiempo, algunos oficiales continuaron, como fue el caso del escribano. Una parte de los “cabildos” con algunas de sus funciones agrarias y religiosas lograron persistir. De los demás sólo fue quedando su recuerdo en la tradición oral.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

32

configur ación pur épech a

Al menos hasta la mitad de siglo, pese a que la comunidad agraria charapanense fue despojada de su autonomía, es posible que conservara sus tierras o una parte de ellas, tal como sucedió con otras comunidades agrarias michoacanas. Pero los ex comuneros tuvieron que enfrentar luego un nuevo embate: el liberal. El 13 de diciembre de 1851, el Congreso de Michoacán promulgó una nueva ley de reparto para volver a presionar a las comunidades supervivientes a que se disolvieran.84 Cualquiera que haya sido la suerte de las tierras comunales charapanenses en la primera mitad del siglo xix, cuando fueron o no repartidas, la comunidad mantenía aún al menos parte de sus montes en 1892, como más adelante se verá. * * *

Charapan sufrió degradación política, pero en lo eclesiástico se mantuvo como curato o cabecera parroquial, lo cual implicaba una relativa importancia; por lo que extraña que haya perdido su categoría administrativa. Acaso su drástica reducción demográfica impidió alcanzar el reconocimiento como cabecera municipal, ya que la ley estableció un mínimo de población para ello. Otra posibilidad es que, a diferencia de Paracho donde hubo sectores que apoyaron el movimiento independentista, si en Charápani las familias principales (purépechas y españolas) se opusieran a éste, eso fue causa de que se les castigara con su degradación política. Mientras tanto, la pura fuerza de la tradición o, con mayor probabilidad, la decisión eclesiástica de mantenerle su categoría de parroquia al poblado, por ser éste uno de sus seguidores ideológicos más fieles; de haber sido así, fue el inicio de una larga oposición clerical a los gobiernos nacional y estatal, en particular a los liberales. En las disputas del clero católico con los gobiernos liberales, las familias purépechas tuvieron que tomar alguna posición. Si apoyaron al clero, las familias purépechas tradicionales se habrán opuesto a las familias españolas criollas y amestizadas que se hubieran afiliado al movimiento político liberal. Si algunas familias purépechas se incorporaron al movimiento liberal, debieron romper con lo que quedara de la vieja república purépecha y sus achéecha. Es de presumirse que ellas se contaron entre las que consiguieron después la instalación del primer ayuntamiento charapanense. Asimismo, los intereses del cabildo religioso comunitario entraron en contradicción con los del clero pues, en cierto sentido, el primero mantenía en algunos aspectos la misma autoridad que el cura, una herencia de la autonomía purépecha. Motivo por el cual, a lo largo del siglo xix, a la vez que el gobierno civil del estado procuró acabar con los restos de la corporación purépecha y repartir sus tierras, la iglesia fue la

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

33

más interesada en desmantelar la administración religiosa comunitaria. El obispado se esforzó poco a poco para que que el cura sustituyera lo que quedaba del cabildo, en todas sus funciones religiosas, morales y culturales.85 Tras larga subordinación, el poblado recibió por fin el rango de municipio con el nombre de “Charapa”, dentro del distrito de Paracho, el 20 de noviembre de 1861.86 A pesar de que su destino había sido el de convertirse en un “lugar muy miserable”, ese o el siguiente año —habiendo estando en la jurisdicción de la prefectura de Paracho— contaba con ayuntamiento y tenía sujetas las tenencias de San Felipe de Los Herreros, Corupo y Cocucho.87 Con todo y su pobreza, recuperó su perdida categoría política. El gusto duró poco, puede que sólo meses o menos pues luego de ser ocupado Michoacán por fuerzas francobelgas, de instaurarse un dominio imperial en el país y un gobierno conservador en el estado (1863), éste fue dividido en departamentos, en uno de los cuales Charapan quedó comprendido, sin que fuera considerado municipio.88 Si quienes tramitaron la primer erección municipal, ocurrida en 1861, fueron liberales influyentes, Charapan parece haber sido despojado de su categoría de municipio debido a esa afiliación política de su ayuntamiento, contrario a la imposición del imperio de Maximiliano. A raíz de eso, pasó al partido del conservador y clerical Zamora, fuera de la anterior jurisdicción del enclave liberal de Paracho.89 Cabe aquí mencionar una tradición oral charapanense, según la cual el mismísimo Maximiliano pernoctó en Charapan en un buen troje, aún de pie en la actualidad, cuando recorrió Michoacán. De ser haber sido cierto, es de suponerse una división interna entre los conservadores que lo acogieron y los liberales locales. ¿Estaría involucrado en el bando conservador lo que quedaba de la vieja república? Esas constantes modificaciones de las divisiones territoriales tuvieron sentidos políticos. Dos ajustes debieron producirse: primero, el de la imposición de un gobierno conservador y, luego, el del restablecimiento de uno liberal. Ello debió afectar a Charapan al recomponerse, una y otra vez, el grupo dominante. En junio de 1865, durante la guerra de resistencia contra la invasión militar francobelga y cuando el ejército republicano recuperó al liberal y castigado Uruapan, se levantó en Paracho un contingente de 300 hombres para apoyar la causa republicana. Este poblado, uno de los más importantes de la sierra de Michoacán, contaba con familias de larga tradición liberal. Razón por la cual, a pesar que la población purépecha parece haber evitado adscribirse a ningún bando, los republicanos contaron con ese lugar como punto de apoyo en la sierra, de difícil acceso en aquella época.90

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

34

configur ación pur épech a

Las familias españolas criollas y las purépechas principales quedaron bajo el influjo de dos fuerzas opuestas: la del conservadurismo de Zamora y la del liberalismo de Uruapan y Paracho. Si, como en otros lugares, las familias purépechas conservadoras vieron una oportunidad de recuperar su posición perdida y apoyaron —junto con el cura— al imperio de Maximiliano, jugaron en el bando equivocado con la desastrosa consecuencia que, en vez de recuperar fueros, terminaron por ser arrinconadas —tras el triunfo del gobierno republicano— quedando excluidas del gobierno local. Indicio de esa toma de posición de alguna familia o del cura fue que éste enseñó la lengua purépecha a un belga, miembro de uno de los ejércitos invasores, para facilitar su casamiento con una mujer del lugar y hacer allí su vida fundando una familia que, en el siglo xx, llevaba el apellido Hinojosa.91 Reinstaurada la república, Charapan pasó como tenencia a una jurisdicción otra vez en manos del partido liberal: el distrito de Uruapan, ciudad sede de uno los más influyentes grupos políticos michoacanos de esa tendencia política.92 A fines de 1868, el gobierno estatal insistió por enésima vez en proseguir con el reparto de tierras comunales y apoyó a quienes teniendo parte de ellas arrendadas, solicitaran su adjudicación a despecho de los opositores: …[a los comuneros] se les hará entender así mismo, que toda resistencia al cumplimiento del decreto de que me ocupo, sólo servirá para privarlos de los beneficios que proporciona a los que de buena voluntad se presten a secundarlo, porque el reparto siempre deberá tener lugar…93 Como remate, las 166 comunidades que, pese a todo, se mantenían con vida, tuvieron que afrontar el aumento de las contribuciones que debían pagar, medida adicional de presión que sobre ellas ejerció el gobierno michoacano en 1869. La de Charapan debió estar incluida entre las 32 del distrito de Uruapan, el segundo con más comunidades después del de Pátzcuaro que tenía 47.94 En 1872, el vecino Sebastián García ocupaba el cargo de alcalde propietario en Charapan. Debió ser la autoridad máxima de la tenencia, la categoría que aún tenía el poblado.95 Tras diez años de haberse restablecido el régimen republicano, los vecinos Antonio García, Gerardo Martínez, Antonio Rosas Galván, Crescencio Rodríguez y Francisco Sosa, solicitaron y consiguieron volver a erigir el municipio de Charapan el 7 de diciembre de 1877. La administración quedó justo en manos de Antonio Rosas Galván, nombrado primer alcalde o regidor propietario del ayuntamiento restablecido por la prefectura de Uruapan.96 El nuevo municipio comprendió otra vez las tenencias San Felipe de los Herreros, Corupo y Cocucho;

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

35

sumándose Pamatácuaro, Sicuicho, Zacán, Sirio y otras. Luego de una larga degradación, resurgía Charapan fortalecido pues consiguió la mayor jurisdicción política nunca antes ni después alcanzada.97 Es posible conjeturar que eso ocurrió por la filiación liberal de las familias promotoras y a buenas y estrechas relaciones con grupos políticos regionales.98 Después de todo, díjose que el mismísimo Eduardo Ruiz, famoso escritor y político liberal de Uruapan, fue quien dio posesión al nuevo ayuntamiento, o bien, a uno posterior. Ruiz, oriundo de Paracho, era miembro del grupo aglutinado en el Partido de la Montaña con sede en Uruapan, un enclave liberal que contaba en su seno con políticos de la sierra.99 Como en vez de ser el resultado de un proceso electoral interno, la elección del funcionario charapanense debe haberse decidido en una negociación política en Uruapan, con cuyos políticos debieron estar vinculados los influyentes charapanenses liberales. Dados los orígenes de sus apellidos, propios de familias españolas novohispanas, las purépechas principales —integrantes del gobierno charapanense en el viejo régimen— fueron sustituidas por descendientes de españoles criollos y amestizados arraigados. También es posible que éstas y algunas familias purépechas acomodadas hayan establecido el nuevo grupo dominante del poblado, mediante una recomposición de alianzas sociales. En efecto, el indicio de los apellidos es dable pensar que se deba a lo primero, pero como ha quedado dicho, algunas familias de purépechas principales adoptaron apellidos españoles. Con todo, al menos algunas de las familias españolas criollas —de primera o posteriores generaciones— lograron acumular riqueza y poder político; las más encumbradas fueron éstas, quedando en segundo lugar las de los purépechas acomodados descendientes o no de los principales de la república purépecha.100 En tanto la reinstauración municipal fue resultado de la gestión de ese grupo de vecinos influyentes, el campesinado, que otrora formó la república purépecha ya desconocida en las leyes, es de presumirse que fuera ajeno a este movimiento de municipalización liberal, el cual, a la larga, quedaría en manos de la nueva minoría que controló la política local. Algún tipo de continuidad entre la primera y la segunda erección municipal es de esperarse, o bien, un proceso diferente si acaso los actores fueron otros. Tendrían que pasar muchas décadas y una revolución nacional para que el Charápani purépecha recuperara algo del gobierno. Ello no ocurrió sino hasta la segunda mitad del siglo xx, cuando los descendientes de los agraristas revolucionarios participaron y ganaron elecciones municipales. Por todo ello, el año de 1877 fue un hito local: el de la consumación de la toma política del poblado por parte de “los vecinos”.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

36

configur ación pur épech a

Ellos, quienes habían perdido la categoría de cabecera municipal obtenida para su Charapan, por fin lograron recuperarla. Ese año marcó el triunfo de sus reivindicaciones de “los vecinos”, esto es, del Charapan de ascendencia española, al tiempo que fue el de la consumación de la derrota histórica del Charápani purépecha. * * *

En aquellos avanzados años del siglo xix, el viejo gobierno de la república de los purépechas era casi un recuerdo, ya que sólo algunos de sus cargos perduraron. En todo caso, había perdido en definitiva la iniciativa, incluso para instituir un moderno gobierno municipal elegido mediante la votación ciudadana que, en aquel tiempo, ha de haber estado restringido a solo una parte de los habitantes masculinos. Las características de la estructura corporativa novohispana hicieron difícil que, en la era nacional, el gobierno de la república de los purépechas fuera reemplazado por un ayuntamiento civil y laico pues esto no fue algo que tenía que ocurrir, aunque en otras regiones de Michoacán sí logró producirse.101 Por igual contó el debilitamiento en que se sumió el poblado tras la guerra independentista, el cual afectó a la elite purépecha, a tal punto que, por lo visto, acabó por estrechar más la alianza establecida con los principales españoles; sólo que éstos terminaron ganándoles la partida. Debido a eso, la iniciativa quedó por muchos años en manos de fuereños arraigados y luego en las de empresarios no residentes. Siguieron presentes “señores” purépechas pero cada vez más subordinados. Fue como si hubieran pensado que, en las nuevas condiciones, su única oportunidad de mantenerse la tenían dando por terminada la vigencia del gobierno y la comunidad purépechas reconociendo al gobierno poliétnico y estableciendo una nueva alianza en la que, otra vez, hicieran el papel de aliados sumisos encargados de mantener en orden al pueblo purépecha. Para salvar su vida, a la larga sin éxito, el antiguo irécha de Ts’intsúntsa entregó la confederación tarasca al imperio español en el siglo xvi. Con el mismo propósito, los achátiicha del siglo xix entregaron sus repúblicas purépechas a “los vecinos” y a los políticos y los empresarios michoacanos. Así, en 1880, Raymundo Hinojosa llegó a ser alcalde primero propietario de la municipalidad. Como se va viendo, por los apellidos de los mencionados en estas páginas, el poder se reconcentró en ciertas familias, cuyo monopolio político fue tanto de grupo como personal pues el arriba mencionado Antonio Rosas Galván, ocupó de nuevo el cargo de alcalde primero en 1886.102 Los nuevos señores de ascendencia española tenían su propia visión de cómo hacer las cosas. En el año de 1890, el ayuntamiento llevó

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

37

a cabo “mejoras” arquitectónicas y urbanas reponiendo el tejado en el edificio donde tenían su sede y reformando el pavimento de la cárcel para hombres, ambas sufragadas por ellos, que contaban con recursos propios y tenían interés en mejorar el aspecto de su sede política y en disponer de una cárcel en condiciones de ser usada. Por añadidura, dispusieron ensanchar y nivelar la plaza del poblado con faenas colectivas de trabajo voluntario de “vecinos” y peones. A su costa, los vecinos abrieron un callejón en la orilla del poblado, construyeron dos puentes de madera en dos caminos y pagaron la apertura de una calzada empedrada, tanto para facilitar la circulación como para el transporte de mercancía. Con esas obras atendieron más los intereses de los comerciantes mayores, que el de los pequeños comerciantes al menudeo.103 Era evidente que la iniciativa estaba en manos de “los vecinos”, como los nuevos propietarios se referían a sí mismos y como eran nombrados por los funcionarios del gobierno estatal. Las labores municipales que emprendían se hacían atendiendo sus particulares intereses de clase. De hecho, los vecinos se diferenciaban de “los peones” charapanenses, como si los primeros tuvieran una categoría de la que carecían los segundos. Había una clara continuidad entre los conceptos de “gente de razón o vecinos” novohispanos y “vecinos” propietarios del siglo xix. Lo primero tenía un mayor significado étnico y lo segundo tenía un sentido más clasista. El énfasis en un aspecto u otro dependió de la ideología dominante en cada época. Como sea, fueron patentes las referencias étnicas —incluso racistas— y clasistas de las denominaciones que se fue dando la minoría dominante, por oposición a las de la mayoría de los naturales, campesinos del común y desposeídos en general. El ayuntamiento siguió usando la vieja tradición comunitaria de trabajo colectivo, por el provecho que de ello sacaban. Todavía en los años cuarenta del siglo xx, en Charapan se seguirían practicando “fainas”: jornadas de trabajo comunal para llevar a cabo obras de beneficio colectivo, como construcción de caminos, limpieza de pozos, etc., o dedicadas al culto católico, como levantamiento de monumentos o imágenes, reparación del templo, etc. Las rondas de vigilancia nocturna también se siguieron haciendo. Aun en los años sesenta de ese mismo siglo, perduraba en la sierra el recuerdo del tánjatsikuni o trabajo comunal.104 En la segunda mitad del siglo xix, la vieja comunidad agraria agonizaba. Al parecer, el reparto de sus tierras se hizo en parcelas personales manteniendo por algún tiempo en comunidad al menos los montes. Por tanto, los responsables de esos bienes fueron parte de la estructura política local, aunque no del ayuntamiento pues lo agrario afectaba la vida general del poblado. A pesar de tal cuidado, en 1892

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

38

configur ación pur épech a

se repartieron las tierras que aún se consideraban comunales y se levantaron las correspondientes actas de adjudicación individual a los parcioneros charapanenses. Con su división definitiva desapareció lo que quedaba de la comunidad.105 Tan fue así que, en 1898, representantes de la extinguida comunidad solicitaron al gobernador del estado su exclusión en el catastro del impuesto que tenían asignado:
en virtud de no existir ya tal comunidad y que la mayor parte de los indígenas vendieron a personas particulares las fracciones que se les señaló en el reparto y no se presentaron como antes para juntar y cooperar para el pago de contribuciones en cada trimestre.106

La extinción de lo que quedaba de la comunidad tenía poco tiempo de haber ocurrido. Nada raro, ya que el régimen porfirista en el estado estaba enfrascado en anular, de una vez por todas, a cuanta comunidad se hubiera librado del reparto, para lo cual se enfatizó su inexistencia jurídica. El proceso culminó en 1902 con la promulgación del Reglamento a la ley sobre reparto de bienes de las extinguidas comunidades de indígenas de los ejidos y fundos legales de los pueblos.107 Por lo que se ve, una vez repartidas las tierras, los purépechas tendieron a venderlas. ¿A quiénes? Los avecindados criollos con recursos son los principales sospechosos. Tras 80 años de la nación mexicana, el desplazamiento de la otrora autonomía comunitaria era contundente y el Congreso del Estado consideró su extinción como la de “una personalidad que no puede tener representación alguna”.108 Debido a ello, los cargos del gobierno purépecha, que aún quedaban, dejaron de tener sentido aunque sólo fueran honoríficos. La importancia del acontecimiento y la irreversibilidad de sus consecuencias fue bien percibida en Charapan, donde se le hizo “funeral” a su república de naturales.109 En aquellas circunstancias, tal ceremonia fue como la despedida final y simbólica que los achátiicha le dieron a su vieja y autónoma república purépecha. * * *

El orden porfiriano alcanzó de lleno a Charapan, sin el corporativismo novohispano ni la representación comunitaria, pero con una organización política que aprovechó el sentido jerárquico purépecha para mantener bajo control a todos los sectores sociales. A pesar de que había escuela, el gobierno local y el clero daban la impresión de no desear el aprendizaje de los campesinos.110 La afirmación parece exagerada considerando el interés social que tenía el obispado de Zamora, para mantener la calidad de vida entre las clases trabajadoras, y el

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

39

ideológico del moderado gobierno liberal, para promover la visión laica de la historia y la cultura; pero reflejaba una sociedad cuya “crema” estaba preocupada por mantener a cada sector social en el lugar que se le había asignado, lo cual era propiciado mejor con la continuidad de “el costumbre” purépecha. El grupo gobernante en Charapan estaba bien articulado a la estructura política regional y a los intereses empresariales. Una anécdota ilustra el aserto. El 13 de octubre de 1904, Luis Córdoba, prefecto político de Uruapan bajo cuya jurisdicción seguía perteneciendo Charapan, visitó el aserradero que en el legendario Xantúmpani tenía Marcos V. Méndez, quien en el futuro encabezaría un levantamiento regional maderista. Éste lo recibió con esplendidez matando un carnero para preparar carne al pastor y comida para unas 80 a 100 personas, que llegaron a felicitar al prefecto con música marcial desde Charapan, a 4 leguas del lugar:
Como esta ovación fueron muchas las que recibió el señor prefecto, por lo bien querido que es entre los pueblos, debido especialmente a la gran seguridad que les ha proporcionado, a la benevolencia de su trato y a los beneficios que les ha hecho con sabias disposiciones sobre el corte y la venta de los árboles.111

El corte de madera era una importante actividad de varios capitalistas, por lo que esas palabras hacían apología de dicho negocio en apogeo, como a la política de los funcionarios para remover el estorbo que representaban los resabios comunitarios para los empresarios madereros.112 A fines del periodo porfirista, el ayuntamiento local tenía algún tipo de injerencia en el control de las tierras de Charápani pues Pedro Rosas, quien tal vez fue presidente municipal, se desempeñó —con legalidad o sin ella, con legítimidad o sin ella— como representante del barrio Santiago con el propósito de vender sus tierras boscosas a un inversionista foráneo.113 Este barrio había perdido toda fuerza política o sus representantes habían caído en contubernio con familias pudientes locales o fuereñas, ya que fue incapaz de oponerse al despojo de su patrimonio siendo de todos los barrios charapanenses el único que sufrió una pérdida de tal magnitud. En el gobierno local, Santiago debió ser nada más que un cero a la izquierda. Desde el siglo xviii, había dejado de participar en la rotación del gobernador charapanense, pese a que fue uno de los primitivos núcleos fundadores. Intrigan las razones de ello, pero el hecho es que desde entonces el barrio “de abajo” lo fue tanto física como socialmente. En 1910, el ayuntamiento charapanense tomó medidas —por disposición del gobierno estatal— para prever una crisis maicera pues

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

40

configur ación pur épech a

Charapan había sufrido hambrunas en carne propia. Ese año, el gobierno michoacano dispuso la constitución, en todo el estado, de juntas encargadas de asegurar la existencia de semillas suficientes para el consumo anual evitando el alza de precios y procurando garantizar las ganancias de agricultores y comerciantes y, si fuera necesario, levantando depósitos públicos en donde, a partir de julio, se vendiera a precio moderado, el cual sería fijado garantizando la ganancia respectiva. Por lo que el ayuntamiento tenía, además de sus responsabilidades formales, otras de diversa índole como ésta.114 Pese a todo, los anteriores encargados de asuntos religiosos de la república purépecha habían logrado seguir cumpliendo con sus deberes así fueran simplificados. El pindecuario se siguió llevando un tiempo en el Charápani purépecha, del cual se mandó hacer una copia en 1852.115 Al parecer, en éste se agregaban las efemérides, cada fin de año, amén de contener algún relato acerca de la fundación del poblado. El último escribano que lo hizo fue Ramón Rivera. Su hijo Liberato siguió guardando los libros del hospital de los naturales, junto con el “ceremoniero” Matías Bonaparte.116 El hecho mismo que Charápani haya mantenido en pie las capillas de sus barrios y la del hospital, aun si éste dejó de funcionar desde alguna época indefinida, demuestra que al menos parte de los anteriores “cabildos” se hicieron cargo de ellas, de su culto y de sus respectivas fiestas anuales manteniendo una influencia social y moral.117 Los comisionados de capillas, cofradías, fiestas y demás asuntos de la vida religiosa no clerical, siguieron funcionando como una especie de “cabildo” religioso. La transformación de dichos cargos, que en su origen eran parte del cabildo purépecha, en patronazgos familiares de las fiestas “a los santos” culminó hacia 1850 —en todas las tierras altas del país— con la instauración de encargadurías modernas que, retomando el proceso que se inició desde el siglo anterior, se adaptaron a los nuevos tiempos de ese siglo y de la primera mitad del xx.118 En algo debió influir que, con las reformas liberales, la iglesia quedó sin sus tierras y sin derecho a poseerlas, por lo que los “cabildos” tuvieron libertad de hacerse cargo de los bienes de culto. Del viejo cabildo de los naturales sólo perduró esa fracción involucrada con la organización religiosa, luego de perder sus atribuciones civiles. Ésta asumió la representación moral de los barrios, como ocurrió en Santiago donde tatá Lucio, Naranjo y otros, fueron “cabildos” religiosos.119 Ello sucedió a pesar de que la desaparición de los funcionarios civiles del gobierno de república no dejó acéfalo al poblado, ya que fue sustituido por otro tipo de funcionarios, ayudantes y subalternos hasta que los “vecinos” lograron instituir un ayuntamiento.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

41

Ya que los purépechas como tales dejaron de tener representantes, el cabildo religioso cumplió en parte esa función. Después de todo, en la práctica, la única representación civil resultó ser la de los propietarios descendientes de los arraigados españoles criollos y amestizados aprovechando el igualitarismo liberal, que encubrió la negación de los derechos de los naturales a la tierra comunitaria. En ese entendido, como los purépechas sólo amestizándose y abandonando su arraigo cultural podían ser “iguales” a los vecinos, el cabildo religioso fue el último reducto de la vieja clase purépecha gobernante de antaño. Lo cual siguió siendo cierto a pesar de la infiltración de españoles en éste, ya que el mismo tuvo como fundamento su origen y su tradición purépechas. Si embargo, al final del periodo decimonónico, en vez de ser una representación purépecha popular, estuvo eslabonado como parte constituyente de la estructura del dominio regional porfirista, en la medida en que terminó de sustento social e ideológico del gobierno de “los vecinos”. Tanto que, en la primera mitad del siglo xx, los t’arhépeticha de Charapan adoptaron las posiciones del bando de los grandes propietarios, cuando los santiaguenses y otros desposeídos se levantaron para reclamar sus tierras perdidas. Que dicho “cabildo” formó parte de un orden sociopolítico opresivo se vio en el nombramiento de sus cargueros. Éste recaía en los t’arhépeticha, quienes advertían a los que elegían que debían aceptar la responsabilidad pues de lo contrario los castigaría “el san Antonio”.120 Ellos basaban su autoridad moral en la posesión de sus tierras familiares y en el conocimiento general, que les era privativo, de la historia, la cultura y los demás asuntos del Charapan purépecha. Cualquiera de ellos podía decir: “Yo soy antigua [sic], yo sé lo que pasó antes, yo sé tomar decisiones”. Gracias al papel que desempeñaban, los conocimientos étnicos y comunitarios lograron ser transmitidos, aunque de una manera selectiva y cerrada.121 De tal suerte que, en la década de los años cincuenta del siglo xx, cuando los ex comuneros de Santiago lograron, al fin, recuperar sus tierras y les fue preciso deslindarlas, al acudir a los viejos para que los llevaran a conocer los límites de las tierras charapanenses, ellos no quisieron acompañarlos ni decirles siquiera cuáles eran. Ello y el que no hubiera viejos con ese conocimiento entre los comuneros, deja entrever una separación social que incluyó en un solo bando a la vieja organización purépecha, heredera de la novohispana y adaptada a la sociedad oligárquica. Después de todo, pese a la función de preservación cultural que supuso, el cabildo religioso no dejó de ser un modo de recreación conservadora de la vieja alianza entre los principales purépechas con los españoles.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

42

configur ación pur épech a

Pese a sus virtudes inherentes, el cabildo purépecha novohispano y su recreación religiosa decimonónica necesitaban ser eliminados por el movimiento social debido a su carácter clasista y antidemocrático. Después de todo, el autónomo cabildo religioso purépecha era incluyente en las obligaciones religiosas familiares, pero excluyente social en la toma de decisiones y en la transmisión cultural. La vida religiosa organizada estaba en manos de una minoría de vieja estirpe marginando a las familias pobres y a los peones, quienes permanecieron ignorantes de esa organización y de sus significados sociales e ideológicos. Esta impresión daban los viejos agraristas y comuneros quienes, en la década de los años setenta del siglo xx, poca información tenían acerca de dicho organismo, a diferencia de los viejos del sector conservador de los pequeño propietarios de origen purépecha. En cambio, las familias descendientes de las españolas criollas fueron involucrándose e infiltrándose en éste. Algunos señores de esas familias eran parte de los achátiicha, lo que quiere decir que, en efecto, un estamento dominante fue reconstituido con viejas familias purépechas principales y españolas criollas, tal vez llegando a celebrar matrimonios mixtos; sólo que el gobierno ya no lo tuvieron los gobernadores purépechas sino los alcaldes españoles, ya fueran criollos o amestizados. Esto hizo en extremo complicado deslindar al pueblo purépecha, de los otros pueblos infiltrados en el Charapan de la época municipal. Sin embargo, el que esto sea difícil de hacer no niega el proceso que aquí se trata de revelar. El caldo de cultivo de esa separación política fue una nueva bonanza comercial charapanense, que creó riqueza acaparada por las familias purépechas acomodadas y las descendientes de españoles criollos asociadas en una misma alianza dominante. Charapan vivió una época de prosperidad, derivada del comercio establecido y arrieril y el de ferias y tianguis, reflejado en las grandes tiendas del centro de Charapan, casi todas en manos de comerciantes tangancicuarenses. A ello habría que agregar las actividades agroganaderas y madereras de los grandes propietarios fuereños y locales.122 En el orden político, el pueblo purépecha se modernizó adoptando el régimen municipal y a su ayuntamiento, lo cual lo eslabonó a la estructura del régimen oligárquico porfirista. Justo en ello residió la parte sustancial de los conflictos sociales del siglo xx. Los movimientos sociales en el país purépecha ya no lucharon contra atavismos novohispanos, desaparecidos hacía muchas generaciones, sino contra la estructura, el orden y la cultura dominante a las cuales se integró su organización. En Charapan, la vara de justicia de la república de los naturales dejó de regir, para dar paso a los bandos proclamados por el ayuntamiento poliétnico de dominio español

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

43

criollo y amestizado. En consecuencia, la organización purépecha que legó el siglo xix al xx fue la de una sociedad integrada al orden porfirista. * * *

Con los cambios impulsados por los movimientos sociales que detonó el movimiento maderista y su levantamiento armado de 1910 y prolongados por tres décadas, parte del campesinado charapanense se volvió contra la organización política dominada por los grandes intereses económicos y políticos en la región. La oligarquía porfirista vino a menos y tras una lucha que consumió unas cuatro décadas, el campesinado purépecha retomó la iniciativa.123 La forma que readoptó el gobierno local fue la municipal, pero sin sujeción al distrito de Uruapan y su jefe político, los cuales fueron eliminados por haber sido instrumentos del dominio porfirista para disminuir la libertad de los municipios. En el centro del poblado se mantuvo un edificio para la presidencia municipal y se eligió con intermitencia a su respectivo presidente, por lo general ligado a un grupo o partido político estatal o nacional. El 22 de mayo de 1916, el gobernador y comandante militar del estado de Michoacán acordó pasar las tenencias de Sicuicho y Pamatácuaro a la municipalidad de Charapan, accediendo a la solicitud presentada por los representantes de la segunda tenencia mencionada, el día 11 del mismo mes, y al apoyo del propio ayuntamiento charapanense desde el 27 de abril. El municipio de Los Reyes con cabecera en tierra caliente —al cual había pertenecido Pamatácuaro— se opuso porque “no todos los pamatacuarenses estaban de acuerdo con la anexión”.124 La administración territorial siguió siendo disputada entre diversos grupos. Por consiguiente, los cambios administrativos continuaron mostrando situaciones políticas de diversa índole, las cuales conducían a la anexión o la disgregación de tenencias. De ahí que nada raro sea que Pamatácuaro se haya separado después del municipio charapanense pues, en 1936, éste sólo incluía la cabecera de Charapan, los pueblos de Corupo y San Felipe, los aserraderos de Los Alpes, El Pirul y Tiríndu, la ranchería de La Palma y Rancho Nuevo.125 En 1949, el ayuntamiento charapanense estaba constituido por diez regidores: cinco propietarios y cinco suplentes. Los primeros eran el presidente municipal, el secretario, el tesorero, el síndico o agente del ministerio público y el juez menor, elegidos por un periodo de dos años sin posibilidad de reelegirse. Por falta de coordinación en

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

44

configur ación pur épech a

los períodos de su funcionamiento, en las elecciones bianuales sólo se cambiaban algunos de los encargados. A partir de 1950 se aumentó a tres años la duración de los cargos y se sincronizaron para cambiarlos todos al mismo tiempo. El ayuntamiento se regía por la libertad del municipio, la elección directa de los representantes, la libre administración de su hacienda y la resolución de sus problemas, para lo cual estaba investido de personalidad jurídica que le permitía tramitar asuntos legales. Cada regidor y su respectivo suplente representaban a una de las cinco “secciones” políticas: dos incluían las tenencias y tres ciertas divisiones urbanas arbitrarias, esto último contrariando las viejas representaciones barriales. Las secciones electorales comprendían varios barrios; la primera, casi todos los barrios San Miguel y San Bartolomé; la segunda, casi todo San Andrés; y la tercera y más pequeña, Santiago. O sea que sólo éste último estaba bien representado, mientras San Andrés lo estaba en buena medida pero no del todo; y los otros dos debían conformarse con un sólo representante para ambos. Era patente la deliberada ignorancia de la estructura urbana origal de Charapan, el poblado de la desaparecida república purépecha, tal parecía que quería borrarse todo rastro de la misma.126 La elección se hacía mediante el voto secreto de los hombres adultos, ya que las mujeres carecían del derecho al voto, el primer domingo del mes de diciembre, bajo supervisión de una mesa directiva nombrada por el ayuntamiento, la cual contaba los votos y vigilaba la honradez del proceso.127 Los ayuntamientos designaban a su vez a los jefes de las tenencias a solicitud de éstas mismas. Además se disponía de un escribiente del registro civil y de dos gendarmes. Continuaba funcionando la ronda nocturna a cargo de los hombres del poblado, quienes sin paga estaban obligados a prestar el servicio, como era vieja costumbre. Toda esta burocracia funcionaba con irregularidades diversas:
Lo que hemos descrito, respecto a los cargos públicos, es una mera  fórmula teórica pues en la realidad existen en su función, por los actuantes que tuvimos oportunidad de conocer, una serie de irregularidades derivadas de múltiples razones. La gente asegura que son deshonestos y parciales, acusación que desde luego nosotros no podemos sostener. Pero es indudable que no tienen una autoridad suficiente, por la falta de apoyo de elementos armados y que gran parte de sus fallas se deben al desconocimiento exacto de las obligaciones de sus cargos.128

Las presidencias municipales se venían intercambiando —con aval clerical— entre las familias propietarias descendientes de españoles criollos y amestizados, que suplieron al viejo cabildo purépecha:

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

45

Por lo que respecta a detalles particulares, el gobierno local está muy lejos de ser democrático. Desde el principio de este siglo, el ayuntamiento siempre ha recaído en tres familias mestizas. Los que quisieron rivalizar con ellas pagaron con sus vidas y no lograron sus propósitos. En los últimos diez años, los funcionarios, en vez de administrar constitucionalmente, lo han venido haciendo de acuerdo con lo que el sacerdote católico de la localidad sugiere, quien a su vez está sujeto al obispado de Zamora.129

Esa relación entre la autoridad civil y la religiosa tuvo un carácter diferente al que tenía en la época de la república purépecha. En aquella, era parte de un corporativismo excluyente; en la época municipal se trató de una alianza ideológica y clasista. Con posterioridad, el campesinado logró recuperar el gobierno charapanense y poner —en la década de los años setenta— un presidente municipal oriundo del antes relegado barrio Santiago. Ello no significó que el pueblo purépecha recuperara el gobierno del poblado pues parte de sus familias apoyaron a los propietarios de ascendencia española. Esto es, el viejo Charápani estaba presente en uno y otro bando pero, en verdad, las clases populares —constituidas por familias purépechas, pero no sólo por ellas— retomaron la iniciativa por un tiempo. Los descendientes del movimiento agrarista —antes afiliados al partido político gubernamental— se incorporaron al movimiento neocardenista y al Partido de la Revolución Democrática consiguiendo ganar de nuevo —en la década de los años noventa— la presidencia municipal con apoyo de los votos obtenidos en los poblados pertenecientes al municipio charapanense. O para decirlo de otra manera: hubo gobierno purépecha policlasista cuando representó a la república de los naturales en la Nueva España. Después, cuando la elite purépecha se alió con españoles criollos en un cogobierno local, su pueblo quedó disperso entre las clases sociales regionales sin representación étnica específica. En la época municipal, ya fue imposible el resurgimiento de un gobierno de específicidad purépecha pues los naturales se hallaban dispersos en clases y bandos políticos diferentes. Con todo, al lograr ganar elecciones municipales, los descendientes de los antiguos desposeídos lograron desplazar a quienes descendían de los españoles criollos arraigados. En 1973, la presidencia municipal era administrada y atendida por su presidente, un síndico, un secretario, un tesorero, un delegado del Registro Nacional de Electores, un juez menor, un comandante con tres policías, dos regidores y un jardinero, todos oriundos de Charapan, así como un secretario del juzgado —nacido en Paracho— y tres regidores, uno de cada tenencia. Pero el ayuntamiento trabajaba con recursos limitados a pesar de este cuerpo de autoridades. Esa mala situación

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

46

configur ación pur épech a

persistía en 1985, debido a lo precario de los impuestos municipales recaudados, los cuales apenas daban para mal pagar al personal.130 Por otra parte, el crónico faccionalismo político siguió siendo señal inequívoca de la desaparición de la estructura y los valores comunitarios.131 La división política del pueblo purépecha en Charapan, que en la época de su república fue más bien social, tanto por los conflictos internos como por la ausencia de una administración propia que lo representara, había sido uno de los resultados de la extinción del gobierno purépecha. En aquella época de la república de los naturales, debieron producirse diferencias políticas en su seno, pero sin dejar de mantener un gobierno propio al cual estaban atenidos los españoles criollos y amestizados, que se avecindaban en el poblado. En cambio, los resabios de la organización comunitaria fueron derribados después, tanto por los sectores emergentes de los descendientes de españoles como, justo es decirlo, por los desposeídos que rechazaron su carácter antidemocrático.132 A fines del siglo xx, la reivindicación política más importante ya no fue sólo la libertad jurídica del municipio, sino su autonomía política. Esto último es un tema que amerita líneas propias, pero tiene interés en relación con lo aquí referido. Se trata de los gobiernos municipales ganados por el nuevo cardenismo y el Partido de la Revolución Democrática (prd) en la sierra, los cuales desplazaron a los gobiernos afiliados al oficial Partido Revolucionario Institucional (pri). En el pasado, los diferentes bandos se peleaban el gobierno municipal en el seno del propio pri, hasta que los descendientes de los viejos agraristas y otros sectores decidieron separarse y apoyar a un nuevo partido político que heredó la tradición cardenista (el prd). Luego, la defensa de la autonomía de los municipios purépechas en la sierra de Michoacán fue estimulada por el levantamiento neozapatista en Chiapas en el año de 1994.133 Interesante evolución de la política serrana. En su origen, gobiernos purépechas preservando la autonomía de la república de los naturales. A fines del siglo xx, ayuntamientos municipales exigiendo la autonomía poliétnica en su realidad demográfica, pero purépecha en su identidad histórica y cultural. * * *

El recorrido para conocer el orden corporativo de la autonomía purépecha y las secuelas de su desaparición ha sido largo. El fin temporal del viaje amerita una recapitulación con algunas acotaciones empezando, otra vez, por el principio.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

47

Una trama tarasca muy jerarquizada incluyó hasta el más mínimo conjunto social en la antigüedad, regida por clanes que tenían en la guerra uno de sus motores. La organización de esa sociedad fue por ello la de una sociedad guerrera. Ésta contaba con señorías como unidades políticas y es improbable que hubieran comunidades agrarias de la clase purépecha. Cuando la confederación tarasca se desintegró, lejos de quedar el territorio sin autoridades, éstas fueron sustituidas por una organización jerarquizada, que no tuvo por fin la guerra expansionista como lo tuvo la anterior. Primero, la antigua Confederación aprovechó su disposición militar para participar en las campañas conquistadoras de sus aliados españoles y, luego, usó su control político para reconformar una sociedad en extremo organizada y supervisada que, con el tiempo, fue desmilitarizándose pero manteniendo el recuerdo de la antigüedad guerrera en uno de sus más expresivos símbolos teatrales: la danza de moros. En el siglo xvi, un Charápani fue fundado con supervisión hispano purépecha según un proyecto colectivista franciscano, no tanto utópico sino modernista en su época, guiado por ideales adecuados a la empresa colonialista de la Corona hispana y dependiente de la supervisión española civil y religiosa. La eficiente organización colectiva, que se adoptó e implantó, incluyó un gobierno en manos de mandones naturales, por lo que ninguna sociedad comunitaria funcionó a plenitud, ya que todos o algunos de esos mandones fueron miembros de los clanes antiguos, pero permitió integrar las comunidades agrarias de los naturales purépechas y sus respectivos gobiernos autónomos. La constitución sin precedente de comunidades agrarias fue de la mayor importancia. Éstas desempeñaron un papel estelar en la posconquista española de la sierra pues, sobre bases tarascas antiguas y con el estamento social y cultural purépecha, se configuraron dotadas de tierras comunales propias. Una diferencia agraria esencial con el pasado. Es por eso que aquí se ha insistido en hablar de una verdadera fundación de un pueblo nuevo en el siglo xvi: el purépecha, un pueblo de comuneros. Así fueron cimentadas las repúblicas de los naturales del país purépecha, las cuales fueron el nicho de ese pueblo. Éste siguió portando y transmitiendo cierta herencia tarasca presente —entre otros aspectos básicos— en su lengua distintiva y, más que nada, en el omnipresente ciclo de la agricultura del maíz que lo englobó y lo impregnó todo, aun la economía española. Este pueblo fue producto y realidad neocolonial, sujeta al dominio novohispano, cristianizado, agrupado en repúblicas de naturales, dotado con sus tierras de comunidad, cultivador de maíz y gobernado con autonomía por autoridades internas en sus poblados. Fue así que el pueblo purépecha debió su supervivencia a la constitución de sus gobiernos autónomos cimentados en la or-

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

48

configur ación pur épech a

ganización familiar y parental de sus grupos domésticos y en el conjunto de valores y con normas que rigieron la conducta en esta organización, encargada —entre otras cosas— de supervisar y vigilar que sus miembros las guardaran. Aparte de otorgarle a cada una de sus mujeres y de sus hombres una posición en la comunidad. Sin exagerar, la existencia y la cohesión característica del pueblo purépecha recayó en esta organización reguladora del ciclo de vida de cada uno. Junto con la posesión comunal de la tierra y el entramado parental, la agricultura cíclica del maíz, la cosmovisión mixta (nativa y cristiana), la organización social con sus normas y el culto, envolvieron la república de los naturales purépechas. Ésta fue tanto una unidad social, agraria, tributaria y política, como una corporación religiosa; su autonomía en la sierra de Michoacán estuvo asociada a estos factores, junto a las necesidades estructurales novohispanas y los requerimientos del Imperio Español. La ideología de la autonomía comunitaria fue sustentada por quienes dominaron a la población en las repúblicas de los naturales o se beneficiaron de ellas. Pero a la vez, a pesar de la heterogeneidad étnica y social de Charápani y con independencia de su origen, en ocasiones todos compartieron un sentimiento de pertenencia a una república purépecha y su comunidad agraria. En todo caso, el gobierno local usó la ideología que sirviera mejor a los intereses del sector social de quienes lo ejercieron. Los poco menos de tres siglos, que duró el régimen de dominio colonial español, modificaron en mucho el proyecto ideal original, hasta que el dominio de mandones locales, en colusión con la clase española dominante, se convirtió en uno de sus rasgos característicos. Luego, en la época municipal, el gobierno mismo de los naturales fue desmontado y las tierras de su comunidad agraria repartidas entre las familias purépechas y los vecinos españoles. En lugar de la vida comunitaria anterior, el poblado como unidad de asentamiento de propietarios individuales españoles y purépechas se convirtió en el nuevo proyecto modernizador. Sin embargo, tras que terratenientes, fuereños y propietarios locales acapararon recursos, un movimiento agrarista del siglo xx revivió un proyecto de comunidad agraria, aunque sólo incluyó a una parte de los campesinos. Ello sembró una separación social interna, fuente permanente de conflictos. Sólo a campesinos desposeídos les fueron otorgadas en propiedad comunal las tierras despojadas por un terrateniente de Tangancícuaro. El resto de los campesinos charapanenses continuaron en su calidad de pequeños propietarios individuales; en cambio, una minoría conservó tierras en cantidad algo mayor al promedio general.134

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

49

Ello supuso la recreación radical de Charapan, como un escenario que requirió una reconstrucción social sobre bases heterogéneas. División clasista la hubo siempre, pero la diferencia del tipo de unidades agrarias en su seno, exigió otras maneras de tomar las decisiones en un poblado, que no fue más un recinto urbano de comuneros, sino un asentamiento heterogéneo con sectores agrarios diferentes. Entroncada con la historia tarasca antigua, la del pueblo purépecha en Charápani fue una de poco más de 460 años, desde sus orígenes en el siglo xvi pasando por la cúspide de su desarrollo —alcanzado con probabilidad en la segunda mitad del siglo xviii— y el inicio del asalto organizado y a largo plazo de otra nueva conquista de la sierra, ahora silenciosa, iniciada a fines de ese mismo siglo con las reformas borbónicas. Éstas fueron seguidas por las liberales decimonónicas, atenuadas por un tiempo con la agraria populista del xx y, de nuevo, reemprendidas con la agresiva derogación de los derechos campesinos a fines del mismo.135 Todo forma un todo. Pero luego de la conquista española de la sierra, lo que le da sentido a esta historia es la constitución de un campesinado organizado en repúblicas de naturales purépechas y apurepechados con sus respectivas comunidades agrarias, su recinto urbano y su gobierno con relativa autónomía. Éste funcionó con el principio de rotación de cargos de diferente jerarquía, que permitió establecer un equilibrio político y que organizó al conjunto de las familias extensas. La existencia misma de esas repúblicas creó al país purépecha. En éste y en sus inmediaciones, el pueblo originario convivió con el español en una continua y dispar competencia que, al final, el purépecha perdió.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

50

configur ación pur épech a

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a
1

51

Not as Yasumura (1994: 3-5). 2 Terán (1995: 7-9). 3 Acerca de este aspecto de las reformas borbónicas y sus consecuencias en Michoacán, consúltese Terán (1995) y Yasumura (1994: 13 y 14). 4 agn (1806). 5 Terán (1995: 453-4). 6 Terán (1995: 65-6). 7 ahmm (1793-9). 8 agn (1789 a: pág. 16 del doc.). 9 Véanse implicaciones financieras de las reformas borbónicas en las comunidades agrarias michoacanas, en Terán (1995). 10 ahmm 1793 y 1793-[9]. 11 agn (1806: passim) y agn, cit. en Terán (1995: 501-2 y mp. 5, frente p. 311). Véase Tbl. 21. 12 ahmcm (1809: f. 1 r.). 13 Consúltese Yasumura (1994: 3-5) y Terán (1995: passim). 14 Consúltese Terán (1995). 15 Véanse Yasumura (1994: 3-5) y Terán (1995: passim). 16 Terán (1995: 7-9). 17 ahmm (1790-1: ff. 1 r.- 15 r.). 18 Tinkwíntini estaba agregado a la alcaldía mayor en 1778 (agn 1778 a: f. 140 r.). 19 ahmm (1790-1: f. 16 v.). 20 ahmm 1790-1: ff. 20 v.-34 r. 21 Frag. de “Tanganciquaro” (copia certificada del doc. firmado al parecer por Juan Antonio de Riaño, Valladolid, 17 de noviembre de 1789), en agn (1789-93: f. 3 r. y v. del doc.). Ortografía y puntuación modernizadas. 22 ahmm (1791-2: f. 96 v.). 23 Más acerca de este comerciante y hacendado en Moreno García (1980: 92-7 y 103-4). 24 ahmm (1791-2: ff. 57 r.-58 r.). 25 Según datos del llamado Censo de Revillagigedo, cit. en Echenique March (1982: 147, 151 y 158). 26 ahmm (1801-2: ff. 1 r. y 2 r.-4 r.). 27 ahmm (1801-3). 28 ahmm (1801-3: f. 4 r. y v.). Puntuación, ortografía y presentación actualizadas. 29 ahmm (1797: ff. 11 v., 12 r., 13 r., 16 r. y 17 r.; 1801-2: ff. 12 r., 13 r. y 15 r.; y 1801-3: ff. 11 r.-12 v.) y datos del Censo de Revillagigedo, cit. en Echenique March (1982: 162). V. Costa Aranda (1977), quien estudió este último. 30 Marta Terán (1997, com. oral). 31 ahmm (1801-3). 32 ahmm (1791-2: ff. 64 r.-65 v. y 81 v.-82 r.). 33 Conocido por un pleito legal con su nuera, en ahmm (1791-2). 34 agn (1778 b: f. 38). El nombre de su esposa se registró en un padrón de 1770 y en otro de 1782 donde ella es enumerada como parte del barrio San Bartolomé (ahmcm [1770: f. 2 v., 3ª col.] y [1782 b: f. 2 v., 2ª col.]). 35 ahmm (1791-2). 36 npch (1754-99). 37 ahmm (1791-2: f. 70 r.). 38 ahmm (1791-2). 39 ahmm (1791-2: ff. 18 r. y 61 r.). 40 Inventarios de sus bienes, en ahmm (1791-2: ff. 92 r. y v. y 127 r.). 41 La identificación del barrio se hizo en un padrón de 1792, donde aparece —entre las familias de San Bartolomé— su esposa Isabel, quien para entonces había enviudado (ahmcm 1792: f. 1 v., 1ª. col.). 42 ahmm (1791-2: ff. 127 r. ss.). Por otro doc. del mismo exp. se sabe que, al morir, Pedro José dejó por bienes en su casa: 600 pesos en reales, 2 caballos mansos, 2 pares de calzones de terciopelo negro con 30 botones de plata, 2 mangas de montar a caballo, 25 y media cargas de algodón costeño, 7 vaquetas curtidas para aparejos, 4 cueros de tigre, 2 sombreros de castor, 2 500 pesos en plata dentro del cajón de la mesa y 40 onzas de oro, 1 par de trabucos poblanos, 2 sables y menaje de casa. 43 ahmm (1791-2: f. 1). 44 ahmm (1791-2: f. 37 v.). 45 ahmm (1791-2: ff. 1 v. y 4 r., 99 r. y 102 r.). 46 Felipe Castro Gutiérrez (1998, com. oral). 47 ahmm (1791-2: f. 109 r.).

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

52


48 49 50

configur ación pur épech a
ahmcm (1792: f. 1 r., 1ª col.).

ahmm (1791-2: ff. 130 v. y 135 r.). Joseph Manuel de Gámez aparece registrado en un padrón de 1792 (ahmcm 1792: f. 1 r., 1ª col.). Ya que no fue registrado en el padrón entre los “de razón” (ahmcm 1792: f. 1 r., 1ª. col.). 51 ahmm (1791-2: f. 82 r.) y ahmcm (1792: f. 1 r., 1ª col.). 52 ahmcm (1795 a: ff. 2 r., 1ª col. y 3 v., 2ª y 3ª cols.). 53 ahmcm (1809). 54 ahmm (1793-9). 55 ahmm (1793-9). 56 ahmcm (1795 a). Aparte había seis grupos domésticos de personas “de razón”; entre ellos uno del cura y otro de su sacerdote ayudante, con una muchacha de doctrina cada uno (ib.: f. 6 r). Cf. ahmcm (1795 b). 57 ahmcm (1795 a). 58 Véanse las quejas del cura por la resistencia de autoridades y naturales para sufragar fiestas religiosas y para pagar obvenciones parroquiales, al final de la época de la república purépecha (amsr 1806-19). 59 Acerca de las repercusiones de las reformas borbónicas en Michoacán, los rasgos de éstas y cómo se llevaron a cabo, léase Terán (1995). 60 Terán (1985: 437). 61 Varios autores (1977-82), cit. en Moreno García (1980: 96). 62 agn (1817-20: f. 35), cit. en Terán (1995: 239). 63 Según lo describió por 1813 el obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo (1813: 50-1) refiriéndose a los poblados michoacanos en general, cit. en González y González (1984: 69). 64 Consúltese Reina (1988: 530). 65 Gutiérrez M. (1984: 23-4). 66 Lomnitz Adler (1988: 233-4). 67 amsr (1806-19: f. 24 v.). 68 Esta última frase, según juicio de Luis Vásquez León (com. oral). 69 1 184 habitantes en 1793 (según agn [Historia, vol. 72, exp. 1], cit. en Palacios López [1950: 13]; pero, al parecer, se trata más bien de agn [1793-4]) y 487 habitantes en 1822 (según Martínez de Lejarza [1974: 153]). 70 Martínez de Lejarza (1974: 155). 71 Véanse detalles acerca de la suerte de Victorino Jaso, su familia y sus haciendas y empresas, en Moreno García (1980: 92-7 y ss.). 72 Acevedo Valerio (1994: 92-4, 89-90 y 85). Cf. Terán (1995: 445-7). 73 Art. 1o del “Decreto 23. Enero 18 de 1827”, en Coromina (1886, 2: 61-2), cit. en Gutiérrez M. (1989: 44). Puntuación corregida. 74 Martínez de Lejarza (1974: 152). 75 Acerca de la hostilidad anticampesina de los primeros gobiernos nacionales y michoacanos que impulsaron la privatización de las tierras comunales, consúltese Gutiérrez M. (1989). 76 Consúltese Coromina (1886, iii: 13), cit. en Sánchez Díaz (1989 a: 12). 77 Sánchez Díaz (1989 a: 15-6). 78 En Charápani, ese sector está bien identificado en los padrones de comulgantes del siglo xviii (ahmcm). 79 Consúltese Lomnitz Adler (1993: 357-8). 80 Terán (1995: 443). Consúltese Gerhard (1975: 575-6) y Terán (1995: 458). 81 Doroteo Hernández, en ahmcm (1841-5: f. 2). 82 Charapan aparece en dicha jurisdicción, con esa categoría, en la Ley territorial del 13 de diciembre de 1855, cit. en Varios autores (1988 b: 103, 1ª col.). 83 Hernández (1841: 2, en ahmcm 1841). 84 Cit. en Gutiérrez M. (1989: 45). 85 Entrev. a Lorenzo Murguía Ángeles (Uruapan, 18 de mayo de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: f. 1 r.). 86 Galván Ramírez (1988: 103, 1ª col.). 87 Romero (1972: 99, 2ª col.). 88 Galván Ramírez (1988: 103, 1ª col.) y Galván M. (1954). 89 Anónimo: Plano del Estado de Michoacán 1863, en Romero (1972: entre pp. 32 y 33). 90 Ruiz Álvarez (1975, cap. xxvii). 91 Tradición oral, según entrev. a Oralia Rincón (Charapan, 28 de julio de 1973), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 2: f. 51 r.). La crónica de Ruiz (1975) es la mejor fuente acerca de la invasión francobelga y la guerra de resistencia en Michoacán; consúltese introd. gral. al tema en García Mora (1989). Ambos textos tratan la posición contradictoria de comuneros y liberales durante los hechos. 92 Galván M. (1954) y Talavera Ibarra (1985).

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a
93 94

53

“Circular 90 del 9 de diciembre de 1868”, en Coromina (1886, ii: 61-2), cit. en Gutiérrez (1989: 46).  “Sección de contribuciones de la Tesorería General del Estado”, en González (1869), cit. en Gutiérrez (1989: 46). 95 alma (1867). 96 Nombramiento dirigido a: “C. Antonio Rosas Galván; Charapan, Mich.; a propósito de esta prefectura el gobierno del Estado tuvo a bien nombrarlo a usted regidor propietario del H. Ayuntamiento que ha instalarse en esa nueva municipalidad.- Lo que tengo el honor de comunicar a usted para su inteligencia, esperando que aceptará gustoso y rendirá la protesta de ley ante la autoridad que corresponda.- Libertad en la Constitución.- Uruapan, diciembre 27 de 1877; Rafael Arellano; rubricado” (doc. conservado por su hijo Juan Rosas García, trans. en Galván M. [1954]). 97 El Congreso del Estado decretó la anexión de Corupo y Sicuicho poco después de la erección del municipio. La erección y la anexión están registrados en el ahcem (1892), cit. en Calderón y Zavala (1996: 19 r. y v. y 25 v.). Por un error, cometido en alguna ocasión y luego repetido una y otra vez, en la tradición se da, como fecha oficial de la fundación del primer ayuntamiento municipal, la de su restablecimiento (Galván M. [1954]). 98 Aparte del hecho mismo de conformar ayuntamiento en la época liberal porfirista, la presunción del liberalismo de los nuevos funcionarios se apoya en dos indicios: uno, la tradición oral acerca de la pertenencia del nuevo grupo gobernante a un grupo masón de Tangancícuaro; y otro, un acta de arrepentimiento de un ex funcionario por haber jurado la Constitución para ejercer un cargo público, con la cual solicitó volver “de nuevo” a la iglesia católica en 1899 (npch [1899]). 99 Tradición oral, en entrev. a Lorenzo Murguía Ángeles (Uruapan, 10 de junio de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: ff. 41 v.-42 r.). La cronología biográfica de esta personalidad sugiere más bien que, de haber estado presente en Charapan, pudo haber sido para presidir la toma de posesión de una nueva autoridad municipal posterior, no la que tomó posesión en 1877. Acerca de este personaje y el grupo político liberal de Uruapan, consúltese el estudio de Talavera Ibarra (1985) y la crónica de Ruiz Álvarez (1975). 100 Según lo que se intuye, deduce y sabe de la historia oral local. 101 Consúltese a Guzmán Pérez (1997). 102 alma (1867), Galván M. (1954) y agn-Morelia (1887: ff. 86-7). 103 Pérez Gil (1892: 44-5). 104 Palacios López (1950: 104 y 138) y Murguía Ángeles (1969 f). 105 Tradiciones orales, en García Mora (1975: 97) y Murguía Ángeles (1969 f). 106 agdaac (1952). 107 Gutiérrez M. (1989: 49). 108 ¿Congreso del Edo. de Mich.? (1902: 11), cit. en Gutiérrez (1989: 49, n. 28). 109 Tradición oral, según entrev. con Lorenzo Murguía Ángeles (Uruapan, 18 de mayo de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: f. 5 v.). Esta tradición es del siglo xix, o sea de los primeros años de la época municipal o de cuando se hizo el reparto agrario definitivo de las tierras, que dio por terminada la existencia de la comunidad agraria, sustento del ex gobierno purépecha. 110 Entrev. a Rubén Rosas Galván (Charapan, 20 de mayo de 1973), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 1: f. 51 v.). 111 Altamirano (1996: 244, 1ª col.). 112 Acerca de la explotación maderera y las compañías forestales, consúltese Guzmán Ávila (1982) y (1985); en el cap. iv del primero se menciona lo que afectó a Charapan (p. 124). 113 “Testimonio de la escritura de venta de unos terrenos otorgada por los Sres. Pedro y Bernardo Rosas, en favor del Sr. D. Esteban García[,] vecino de Tangancícuaro”, en agdaac (1893). 114 Moreno García (1983: 84 y 87). 115 Firmada el 15 de julio de 1852 por el Br. Cristóbal de Lázaro, cura encargado de la parroquia de San Antonio Charápani, conservada en amsr (1856). 116 Entrev. a Lorenzo Murguía Ángeles (Uruapan, 18 de mayo de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: f. 1 v.). 117 Hernández (1841: 3), en ahmcm (1841). 118 Cf. Chance y Taylor (1987: 2, 16 y 19). Éstos autores creyeron por error que se trató de un fenómeno decimonónico. 119 Entrev. con Nabor Hernández (Charapan, 16 de junio de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: f. 70 r.). 120 Entrev. a Lorenzo Murguía Ángeles (Uruapan, 19 de mayo de 1974), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 4: f. 22 v.). 121 La cita fue trasmitida por el charapanense Eliseo Martínez Rosas (1994, com. oral, México). 122 Testimonios y tradiciones charapanenses acerca del final del período decimonónico bajo el gobierno nacional de Porfirio Díaz. 123 Véanse relatos en letras cursivas al principio de cada parte de esta obra y, para mayor detalle, García Mora (1981). 124 ahpeem (1916: ff. 1, 4, 5 y 8-9). 125 Foglio Miramontes (1936, i: 43). 126 Palacios López (1950: 132-3). 127 Palacios López (1950: 132 y 136) y Velásquez Gallardo (1949: 8). Según el segundo autor, la descripción de Beals (1946: 104-11) acerca de la elección del ayuntamiento y su funcionamiento en el serrano poblado de Cherán, era semejante a la que podía hacerse del municipio charapanense. 128 Palacios López (1950: 138; funciones de cada cargo en pp. 136-8). 129 Velásquez Gallardo (1949: 8).

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

54


130

configur ación pur épech a

Entrev. al presidente municipal Agustín Ruiz Gómez (Charapan, 15 de marzo de 1973), en acrl-cgm (1973-4, lbta. 1: f. 4 r.) y Medina y otros (1986: 36). 131 Cf. Espín Díaz (1986: 120). 132 Consúltese García Mora (1975 y 1981). 133 Consúltese la prensa purépecha, por ejemplo Anónimo (1998 a y 1998 b). Ambos temas requieren estudios aparte. 134 Consúltese García Mora (1975 y 1981). 135 La última referencia alude al cambio del Art. 127 de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, impulsado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

55

El fascículo La república purépecha minada se terminó de editar el martes 16 de abril de 2013 en las afueras del pueblo de Tlalpan en la cuenca de México

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

56

configur ación pur épech a

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

l a r e p ú b l i c a s o c av a d a

57

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

58

configur ación pur épech a

http://carlosgarciamoraetnologo.blogspot.mx/

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful