Lima, 25 de marzo de 2013.

Estimado: ALBERTO MORENO ROJAS Presidente del Partido Comunista del Perú, Patria Roja Presente.Ingresé al Partido hace 26 años participando de una reunión que se realizó en el bosque de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fui responsable de célula, de comité y de la Comisión Nacional que concretó la refundación de la Juventud Comunista (JotaCé); fui también miembro del Comité Central y del Buró Político por más de 10 años. Por encargo del Partido ejercí la presidencia de la gloriosa Federación de Estudiantes del Perú (FEP) entre 1998 y el 2000, además, la vicepresidencia nacional del Movimiento Nueva Izquierda (MNI). En cada una de esas responsabilidades entregué todo lo que estuvo a mi alcance y más, pero, a pesar de eso, en el MNI me “suspendieron” distorsionando las normas estatutarias. Luché permanentemente por la Unidad, la Renovación y el Cambio al interior de la organización. Está lucha fue madurando y en algunos lugares –Cusco, v.gr.-, tuvo temprana expresión. En el último congreso partidario estas opiniones, sobre todo juveniles, se hicieron sentir. Las y los conservadores de siempre tergiversaron malintencionadamente los objetivos de la pelea y castigaron a varios de los protagonistas expulsándolos, excluyéndolos, calumniándolos (Arequipa, es tal vez, la base más golpeada). Incluso mi compañera fue maltratada y poco se hizo por su reivindicación. Debo reconocer, autocríticamente, que no obré lo suficiente cuando ellos y ellas fueron agraviados por el simple hecho de discrepar con firmeza. A pesar de los problemas y perjuicios - incluso personales- seguí militando disciplinadamente, asumiendo las orientaciones y respetando la institucionalidad. Vale la pena precisar que jamás fui procesado, investigado y menos sancionado en la estructura partidaria, por el contrario recibí siempre el apoyo y aprecio de la mayoría de la militancia en el país. A ellas y ellos, mi más grande reconocimiento y la seguridad de que seguiremos siendo siempre compañeros y camaradas. En los últimos tiempos, lamentablemente, mis lecturas de la realidad no coinciden con lo expresado por los actuales dirigentes. El proceso de revocación en Lima, por ejemplo, afirmó grandes diferencias; las recientes declaraciones de algunos líderes van en un sentido que definitivamente no comparto. Por tales motivos, luego de una larga y dificil reflexión considero responsable presentar mi renuncia a la militancia partidista y a lo que normativamente ello significa. Dejar el Partido, empero, no quiere decir abandonar el ideal: los sueños están más vigentes que nunca y siempre alentarán la conquista colectiva del Socialismo, la Unidad de las Izquierdas, la materialización de la Felicidad. Yomar Meléndez Rosas