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Ciudad y Territorio: La ecuación imposible. Jordi Borja.

Primer Encuentro Latinoamericano de Preinversión

Buenos Aires, septiembre 2011

Introducción

El territorio urbanizado concentra actualmente el 90% de la población de los continentes europeo y americano. Un territorio que en los Estados de tamaño grande o mediano se organiza en regiones articuladas por un sistema de ciudades y en muchos casos polarizados por una ciudad centralizadora. Es al que nos referimos en este trabajo. Desde un punto de vista económico el ámbito territorial de aplicación de las políticas económicas, sean estatales o sub o supraestatales y el comportamiento de los actores económicos no públicos, es el citado ámbito urbano regional. La productividad media de

las actividades sociales, la integración social y el potencial de la demanda interna y la sostenibilidad de los recursos básicos y limitados se determina y expresa en este ámbito

y

según sea la oferta del mismo atraerá inversiones, recursos humanos y conexiones más

o

menos globales.

En un texto anterior sintetizamos los “Requisitos para el éxito urbano” por (Anexo 1). En resumen la atractividad del territorio es la calidad de lo oferta urbana de la ciudad y lo cual tiene que ver con:

1)El capital fijo físico instalado: (infraestructuras, actividades económicas viables, recursos energéticos).

2) El capital social: cualificación y diversificación de los recursos humanos, demanda solvente local y reducción de las desigualdades sociales.

3) La gestión sostenible de los recursos limitados.

4) La existencia de gobiernos eficientes, transparentes y previsibles

5) Cultura cívica y política productiva más que competitiva, antiespeculativa y orientada hacia la calidad de vida de la población, que priorice la integración social y la participación ciudadana y que resista a los efectos perversos de la globalización.

Apostamos en consecuencia por favorecer la integración en ámbitos globales y desarrollar la atractividad hacia el exterior a partir de la calidad urbana y el bienestar ciudadano.

Sin embargo las dinámicas generadas por la globalización financiera y la economía especulativa ha generado un tipo de urbanización del territorio y especialización de las ciudades centrales que dan lugar a efectos perversos económicos, sociales, ambientales, culturales y políticos.

Expondremos en una primera parte una breve reflexión sobre la llamada “revolución urbana” actual y hacia dónde van las ciudades actuales. En segundo lugar las dinámicas negativas y en tercer lugar las positivos. En la segunda parte nos centramos en la nueva economía y la ciudad del conocimiento como el aspecto más novedoso del rol económico de la ciudad.

Nota 1 para la intervención oral

Según el tiempo disponible y el interés que pueda tener para los asistentes se comentarán algunos casos que el autor conoce directamente. En todos ellos hubo: 1) Una intervención pública en el territorio como plan o proyecto ejecutivo o gestión política determinante. 2) En el proceso intervienen una diversidad de actores. 3) Se proponen actuaciones complejas en las que los objetivos económicos y sociales pesan tanto como los destinados a las infraestructuras y al habitat. 4) En todos estos casos se expresa una voluntad explícita de atraer inversiones y “públicos” (turismo, congresos, creadores, etc). 5)Todos los casos son recientes (finales del siglo pasado y inicios del presente) pero no incorporan el nuevo escenario de crisis.

Algunos casos que ofrecen interés (positivo o negativo):

1.Barcelona, la Seat y 22@. 2.Santo André y el ABC (Sao Paulo). 3. Bilbao y la Ría. 4.El Gran Paris y los arquitectos. 5.Monterrey y la renuncia a la oferta urbana. 6.Bogotá, el Plan Estratégico y El Tintal. 7. Rio (y BAires) y los JJ.OO. 8.Roma y el plan de las certezas.

PRIMERA PARTE

Las Ciudades del siglo XXI en cuestión.

Un libro clásico sobre las ciudades, escrito a finales del siglo XX se titula como este artículo. Se debe a Peter Hall (1), geógrafo urbano y uno de los mejores analistas de las ciudades actuales. Se trata curiosamente, siendo un libro que propone pensar sobre la ciudad futura, de un estudio histórico, sobre como se hizo la ciudad del siglo pasado. La ciudad futura solo se puede imaginar a partir de la ciudad presente, de sus tendencias y contradicciones, de las resistencias al cambio y de las ideas y actores emergentes. La ciudad de hoy nos anuncia la ciudad de mañana.

En este texto no vamos pues a exponer utopías urbanas, positivas o negativas. No vamos a hacer jugar la imaginación sobre la base de extrapolar alguna dimensión de la ciudad actual, como la influencia las tecnologías de comunicación. Ver los importantes trabajos de Manuel Castells (2). O los nuevos comportamientos urbanos que favorecen las operaciones especulativas: los miedos y el afán de distinción y de segregación que conducen a la disolución de la ciudad en territorios de urbanización difusa y

fragmentada. La urbanización suburbana no es ciudad, aunque pueda llegar a ser ciudad. Pero por ahora es la otra cara de la ciudad, es su negación como escribió en los años 90 Françoise Choay generalizando el discurso de Jane Jacobs. (3).

Los “modelos positivos” que se proponen sobre la ciudad informacional basada en el teletrabajo, la comunicación informática universal mediante las redes sociales y la dispersión de la población en núcleos pequeños o medianos acaban pareciéndose mucho a los “modelos negativos” que anuncian la desaparición de la ciudad densa y diversa substituida por una urbanización tribal que lleva al extremo la segregación social y funcional. La realidad futura tendrá algo de todo esto y algo más. Y como siempre no será ni blanco ni negro, sino resultado de muchas mezclas de colores, o más exactamente de grises.

Expondremos las dinámicas existentes que nos parecen más significativas y duraderas convencidos que no habrá un “modelo” de ciudad universal, o más o menos dominante. Más bien una combinación distinta resultante en cada caso de la confrontación entre las dinámicas existentes que pueden ser comunes en muchas ciudades pero no con la misma intensidad ni con las mismas combinaciones. Tampoco se pueden prever todos los nuevos factores que pueden aparecer: tecnológicos (por ejemplo que afecten a la movilidad), ambientales (como crisis energética), políticos (como aparición de nuevos tipos de liderazgo), catastróficos (por ejemplo explosión de centrales nucleares), etc. La ciudad, como muchos productos humanos, evoluciona entre el azar y la necesidad, lo cual hace que no solo los elementos de cada ciudad singular son relativamente distintos unos de otros, también las necesidades que aparecen y los factores imprevistos y a veces sorprendentes que inciden en su evolución, dan lugar a realidades urbanas diferentes.

Una aclaración autocrítica. El autor publicó a finales de los 90 un libro, Local y Global, conjuntamente con Manuel Castells, que ha tenido una difusión relativamente importante en España (se han hecho varias ediciones en tapa dura y de bolsillo y en América latina (se reeditó en México). También ha sido traducido al inglés e italiano y algunos de sus capítulos han sido publicado in extenso en revistas de distintos países. Creo que los primeros 4 capítulos que preparó Castells son de carácter analítico y ofrecen una visión equilibrada y neutra de los procesos urbanos actuales. Los siguientes, que corresponden al autor son más propositivos y se apoyan en una visión excesivamente optimista y unilateral sobre los mismos procesos urbanos. Actualmente no comparto esta posición por ser incompleta, poco dialéctica y generadora de ilusiones que la realidad luego disuelve. Como ocurre ahora, a partir de 2007, con la crisis.

¿Revolución o contrarrevolución urbana?

Vivimos un período iniciado en el último cuarto de siglo XX que puede considerarse una “nueva revolución urbana” (4) Una revolución tecnológica vinculada a la emergencia de la sociedad informacional y de los impactos sobre el territorio debidos a los nuevos medios de información y comunicación. Una revolución económica producida por la globalización y por el carácter dominante del capitalismo financiero. Una revolución espacial por el tipo de desarrollo urbano extensivo y fragmentado que genera territorios

urbanizados de una escala muy superior a las conocidas anteriormente. Una revolución socio-cultural por la multiplicación de colectivos humanos muy heterogéneos y por una individualización de los comportamientos. Y una frustrada revolución política por la inadecuación entre los territorios como espacios socio-económicos y los territorios institucionales.

Los nuevos territorios urbanos se analizan aún a partir de los ámbitos institucionales existentes, principalmente a partir de los tradicionales conceptos de ciudad (central) y área metropolitana. Nuestra intención es exponer las contradicciones de la revolución urbana en la ciudad strictu sensu y la diversidad de entornos metropolitanos, que existen a diversas escalas lo cual en realidad significa que el mismo concepto de área metropolitana pierde sentido específico.

Estas realidades contradictorias cuestionan la crisis de la ciudad como ámbito de ciudadanía. Pues consideramos que hay una relación entre el medio urbano y los derechos ciudadanos. Por una parte la revolución urbana dominada por el mercado, especialmente financiero, se convierte en contrarrevolución urbana, es decir niega las promesas de la revolución citada. Es lo que se expone en la primera parte del trabajo. Por otra parte la inexistencia o debilidad de las formas de gobierno de escala “metropolitana” o regional dificulta la eficacia de las políticas de “hacer ciudad” y por lo tanto conviene explicitar en que puede consistir el “derecho a la ciudad”. Un concepto acuñado a finales de los 60 por Henri Le Febvre (5) que se ha desarrollado en la última década como veremos más adelante.

Este breve diagnóstico nos permite a continuación desarrollar las dinámicas apuntadas en este punto. Las ciudades viven unos procesos contradictorios, con fuertes elementos negativos para los ciudadanos que cuestionan la misma existencia de las ciudades según modelos de los siglos XIX y XX. Pero también hay reacciones resistenciales y aparecen dinámicas de signo contrario. El futuro no está escrito en ninguna parte. A continuación exponemos dos lecturas distintas sobre la ciudad del mañana: una lectura crepuscular y una lectura sobre una nueva aurora urbana.

Tendencias negativas: El crepúsculo de la ciudad moderna (6)

1. La revolución urbana o la disolución de la ciudad. En el marco global de un capitalismo financiero desregulado y de un entorno político y económico que ha hecho de la urbanización especulativa su forma principal de acumulación, ha estimulado dinámicas disolutorias de la ciudad compacta creada por la sociedad industrial. El resultado han sido grandes regiones urbanizadas de geometría variable y límites confusos, espacios lacónicos que no transmiten sentido alguno, barrios cerrados o marginales, dispersión del habitat, atomización social, insostenibilidad ambiental. Es la urbanización difusa: en las regiones metropolitanas de Madrid y Barcelona el suelo urbanizado se ha duplicado en 10 años, es decir la urbanización reciente iguala a la realizada a lo largo de toda la historia. La ciudad se pierde y con ella la ciudadanía.

2. La ciudad central y los núcleos urbanos locales compactos con potencial de

centralidad tienden a especializarse como centros de servicios de población residente menguante o substituida por sectores acomodados (gentrification, término inglés usado internacionalmente). En sus márgenes se encuentran áreas de actividad y zonas de residencia popular. Sin embargo la población urbana respecto a la suburbana tiene a ser minoritaria. La “especialización” social y funcional de las áreas centrales tienden a la expulsión de sectores sociales enteros (pueden ser ricos o pobres, residentes o usuarios) y homogeneizan comercios y servicios. La ciudad pierde pulso y vitalidad, la cualidad ciudadana se degrada rápidamente.

3. Degeneración de la arquitectura. A la vez que se ensalza a los arquitectos

sufrimos un proceso de degradación de la arquitectura, en parte por su participación cómplice en estos procesos y en parte por el éxito de la figura del arquitecto de objetos singulares. En las áreas centrales o zonas privilegiadas por

el poder político o el económico aparecen objetos arquitectónicos ostentosos, aislados, que transmiten la imagen del poder. Se trata de una arquitectura excluyente, que los ciudadano no puede hacer suya, como el castillo del señor o la catedral del arzobispo. En las zonas periurbanas o suburbanas la arquitectura se homogeneiza, caricaturiza los objetos aislados mediante torres que generan espacios de nadie o, peor aun cerrados, invisibles, inaccesibles.

4. El territorio urbanizado es a la vez una expresión de la desigualdad social

y un factor de agravación de la misma. La ciudad ha sido históricamente integradora, mezcladora de poblaciones diferentes, reductora de desigualdades mediante los servicios públicos de carácter universal. Las regiones urbanizadas tienden a alejar a los sectores populares de las áreas centrales: el efecto distancia respecto a equipamiento y servicios así como la relativa invisibilidad

de estas poblaciones las hace más vulnerables, reduce su salario indirecto (los bienes y servicios urbanos), son víctimas de la exclusión territorial.

5. La crisis del capital fijo urbano y la dualización social. La ciudad moderna

se había desarrollado sobre una base económica, la de la sociedad industrial, que generó una gran diversidad de actividades productoras de bienes y servicios. La globalización financiera y de los mercados apoyada en la revolución informacional ha impuesto la dominación de capitales volantes y especulativos, la deslocalización de las actividades productivas y el abandono o devaluación de una parte importante del capital fijo (infraestructuras e industrias) y del capital social (las habilidades de la población trabajadora). Resultado: despilfarro de “trabajo acumulado”, precariedad y desocupación. Las ciudades centrales concentran una parte de las nuevas actividades pero solo promueven empleo para dos tipos de población: el que se vincula a la economía del conocimiento

(además del que corresponde a los servicios centrales) y el personal precario y poco calificado destinado a sectores como la construcción, el servicio doméstico o el turismo y ocio.

6. Dependencia del exterior y competencia urbana. Los actores privados y los

públicos dependen del financiamiento externo para promover inversiones y para mantenerse y prestar servicios. El financiamiento procedente del Estado no cubre el coste de las funciones y servicios de los gobiernos locales, en especial si quieren responder a las demandas sociales, deben endeudarse en el ámbito

nacional e internacional. El sector privado, sean “productores” o “consumidores”, requieren aportaciones de capital y créditos externos. El resultado es la atracción de capitales y actividades, para inversiones, créditos, subvenciones, etc. como sea. Se impone la ideología de la atractividad a toda costa, de la competitividad entre los territorios. En la práctica ha significado la urbanización salvaje difusa ya citada, opciones políticas que pueden ser efímeras o precarias como el turismo y abandono de actividades productivas estables por las especulativas o las que podrían denominarse de “dumping local” (como la permisividad ambiental o respecto a las obligaciones sociales o fiscales).

7. El gobierno del territorio en cuestión. En los ámbitos locales y regionales se

da la paradoja de un exceso de instituciones y entidades y una debilidad de gobierno. Pseudoconceptos como gobernabilidad o gobernanza solo sirven a crear confusión y a legitimar la confusión político-administrativa sobre el territorio. La permisividad urbanística va unida a la generación de ingresos públicos y privados, a la opacidad política y a la hipertrofia institucional. La conjunción entre complejidad oscura de las instituciones y la fragmentación urbana y su corolario la atomización social genera la asimetría de los conflictos:

las instituciones próximas no pueden dar respuesta y las poblaciones atomizadas tienden más a expresar su malestar que en agregar sus demandas en forma de reivindicaciones colectivas. Los suburbanos, excepto los sectores más acomodados, están desprotegidos, son colectivos sociales muy vulnerables.

8. Multicultaridad, inmigración y exclusiones. Las ciudades siempre han sido

receptores de poblaciones ajenas y en un mundo globalizado es lógico que puedan atraer poblaciones de todas las regiones del mundo. Hoy son multiculturales, en ellas pueden convivir en muchos casos un centenar de nacionalidades y decenas de grupos lingüísticos. También ha distinguido históricamente a las ciudades, desde la Edad Media en el mundo occidental, en considerar a todos sus habitantes “ciudadanos libres e iguales”. En la práctica habían pobres y marginales, ejército de reserva de mano de obra y lumpen, residentes en la ciudad formal y otros en la informal pero en teoría “todos

ciudadanos”. En la ciudad actual, como en la de la Edad Antigua, hay habitantes no considerados ciudadanos, trabajadores con escasos derechos sociales, residentes de años a los que se les considera inmigrantes y no se les permite reunir a su familia. Con lo cual se legitima el racismo y la xenofobia y se crean las condiciones para futuros “progroms” y reacciones violentas de la segunda o tercera generación.

9. Juventud sin futuro y sin ciudad. El modelo económico vigente, denominado “neoliberal” que en la realidad concreta significa “capitalista especulativo” ha conseguido algo que hacía muchas generaciones que no sucedía: los jóvenes, la mayoría, no tienen trabajo, no pueden independizarse de los padres, no encuentran como ejercer una actividad que corresponda a su formación, no pueden esperar un futuro esperanzador, solo pueden estar seguros de que vivirán peor que sus padres. De poco les sirve haber tenido más acceso a los estudios y haber viajado. Malviven en la ciudad, no pueden adquirir o alquilar una vivienda y su presencia en el espacio público es con frecuencia criminalizada (véanse las lamentables ordenanzas de civismo). Muchos viven en las periferias suburbanas, otros irán a vivir allá para conseguir así vivienda. Es decir su presente y su futuro urbanos supone la expulsión de la ciudad. Se pierde así gran parte de la savia innovadora.

10. Ideología hipersecuritaria y la política del miedo. La ciudad es una

combinación de miedos y de deseos escribió Calvino (6). Los deseos han envejecido en nuestras sociedades pusilánimes. Los miedos se han multiplicado, a pesar de que nunca hubo lugares más seguros en la historia de la humanidad que las ciudades del mundo desarrollado. Y los miedos son peligrosos, estimulan los peores instintos de una humanidad sin ilusiones de futuro pero aferrada a sus pequeños privilegios. La ideología securitaria, alianza impía entre poderes políticos y mediáticos, encuentra un amplio apoyo en una ciudadanía en la que se han distendido los lazos solidarios, individualista y conservadora. Se crean las condiciones para la represión de los que se rebelan contra el “desorden establecido”. Los jóvenes son sus principales víctimas.

11. La degradación de los servicios públicos. Uno de los componentes de la

ciudadanía es el acceso universal a los servicios básicos para ejercer de ciudadano: transportes y comunicación, escuela y cultura, sanidad y empleo, programas sociales de acción positiva y renta básica, etc. La costosa hiperburocratización de los Estados y la insuficiencia de los ingresos fiscales que privilegian a los más ricos ha dado lugar a un desmontaje gradual del “welfare

state” (estado del bienestar). Se tiende a constituir una doble red: una para sectores altos y medios acomodados una red privada con subvenciones públicas y otra para sectores populares totalmente pública pero de calidad que tiende a

degradarse rápidamente. Es decir se crean dos clases de ciudadanos, unos con derechos reales y otros con derechos disminuidos.

12. La ciudadanía en cuestión. El predominio de estas tendencias cuestiona la misma existencia de la ciudad y también del ciudadano. Si los derechos teóricos no corresponden a los reales, si se consolidan ciudadanos con plenitud de derechos, otros con derechos capiti disminuidos y otras prácticamente sin derechos, la ciudadanía desaparece y con ella la democracia. El porvenir de la democracia y los principios de libertad, igualdad y solidaridad están vinculados a la ciudad, a sociedades que integren por medio de derechos básicos compartidos, de marcos conflictuales simétricos que permitan exigir y conseguir que estos derechos sean reales para todos y a un entorno físico que haga visible la existencia de la ciudadanía y la creación colectiva y cotidiana de la ciudad.

El nuevo amanecer ciudadano

1. Revalorización social de la ciudad. Subsiste una literatura negativa sobre la ciudad que amplifica el malestar urbano propio de cada época. En la medida que a partir de la revolución industrial las ciudades han tendido a concentrar gran parte de la población y de las actividades también han concentrado los problemas. El malestar urbano y la visión de la ciudad “como el infierno (“the hell is the city” titulaba hace unos años The Economist) no es sino la expresión visible de diversas formas de crisis, económica, social, cultural, etc. Estos factores causales se traducen en el territorio y en la convivencia pero que no son en general consecuencia de la forma urbana, aunque ésta puede agravar o reducir los problemas. Actualmente y pensando en el mañana el problema no es “la ciudad” sino la disolución de la misma, como se ha expuesto anteriormente. Y así lo han percibido no solo los sectores intelectuales y profesionales, también numerosos colectivos ciudadanos que reclaman más ciudad, más espacio público, más acceso a las centralidades, más mezcla de poblaciones y funciones, más participación ciudadana. Se han revalorizado las obras que exaltan la ciudad compacta, heterogénea, que integra la historia en el presente y en los proyectos de futuro. Por ejemplo la obra de Jane Jacobs y de autores ya citados como Henri Le Febvre o David Harvey a la vez que es numerosa la bibliografía reciente reivindicativa de la ciudad (8). Una confirmación social de la atracción de la ciudad y que indica una tendencia de futuro es la resistencia que oponen sectores populares y medios a proyectos urbanísticos que implican o temen que signifiquen un desplazamiento a las periferias y el retorno a la ciudad compacta de sectores adultos relativamente jóvenes que habían elegido diez o más años antes vivir en urbanizaciones periféricas. Otro dato: las corrientes inmigratorias siempre que pueden tienden a concentrarse en zonas centrales de la ciudad pues por degradadas que estén ofrecen un acceso mucho mayor a bienes y servicios. Lo cual es positivo: favorece la

mezcla socio-cultural y la integración ciudadana y consolida la diversidad de las áreas centrales amenazadas por la homogeneización.

2. El valor ciudadano del espacio público. El espacio público se ha convertido en un

test de la calidad de la ciudad. Progresivamente el espacio de uso colectivo, la expresión más visual de la ciudadanía, se ha ido empobreciendo a lo largo del siglo XX, reducido en muchos casos al espacio viario ocupado por el transporte mecánico. A mediados del siglo pasado se inició la “reconquista de la ciudad” como espacio público pero si bien esta tendencia empezó a dar frutos en la reconstrucción de la ciudad europea a partir de los años 50 y 60 al mismo tiempo proliferaban en las periferias las urbanizaciones de torres y barras y crecía exponencialmente el uso del automóvil privado en la ciudad. Barcelona y otras ciudades españolas levantaron de nuevo la bandera del espacio público a partir de los años 80 y las operaciones urbanas en la ciudad compacta fueron exitosas. Pero ha sido a inicios del siglo XXI cuando la cuestión del espacio público ha pasado a ser central en el debate ciudadano, se ha hecho una cuestión política. El malestar ciudadano hace públicos, es decir colectivos, espacios urbanos que se habían empobrecido, ocupados por la circulación, o desocupados por los miedos, o privatizados de facto. La lucha de clases ha derivado hacia la lucha por las plazas. “La calle es nuestra… de todos” ha sido el título de una exposición creada en Paris (2007) y que ha recorrido grandes ciudades de Europa, América y Asia. La vida de la ciudad, su calidad democrática y su supervivencia incluso, se decidirá en el espacio público. El espacio público como espacio colectivo, accesible y polivalente, integrador y conflictivo, generador de sentido y que marca simbólicamente al territorio es el antídoto del laconismo de los territorios y de la atomización de los habitantes. El espacio público de hoy determinará la calidad del futuro de la ciudad de mañana. (9)

3. La ciudad compacta condición de la innovación y de la convivencia. La forma de la

ciudad, o en sentido amplio de la urbanización, obstaculiza o fomenta la relación entre los ciudadanos. La ciudad compacta, heterogénea de población y en la que se entremezclan actividades y funciones diversas genera múltiples intercambios, socializa pautas de comportamiento comunes o conocidas por la gran mayoría y multiplica no solo los contactos previsibles, también los imprevistos. La innovación nace muchas veces de estos intercambios. Y la convivencia es más posible cuando las gentes diferentes se encuentran, se frotan e intercambian algo que no cuando viven atomizadas o segregadas, lo cual consolida los estereotipos diferenciales y los prejuicios negativos. El urbanismo actual, por lo menos por parte de los profesionales e intelectuales más reconocidos y los políticos y líderes sociales más responsables opta, por lo menos en teoría, por la ciudad compacta. Es un signo esperanzador, a pesar de que las dinámicas de los mercados y muchos gestores públicos promueven un urbanismo difuso.

4. Las resistencias sociales frente a la crisis financiera. La crisis ha servido para

revelar ante la opinión pública la perversidad de unos modelos económicos injustos, insostenibles y a la larga empobrecedores y ha demostrado que el efímero y aparente

enriquecimiento ha contribuido muy poco a la felicidad de la gran mayoría de

ciudadanos. En especial los jóvenes, los protagonistas de la ciudad del mañana, han reaccionado frente a los procesos urbanizadores vinculados al despilfarro de recursos, a la corrupción, a la segregación social, al individualismo insolidario y la mala calidad de vida. Parece poco probable que se pueda volver al boom inmobiliario, al crédito fácil, a los proyectos faraónicos. Emerge en nuestras sociedades una demanda de vida más sosegada, de más convivencia y comunicación, de garantizar los bienes y servicios básicos, de más austeridad pública y de poder ejercer realmente la condición de ciudadanos.

5. Regiones metropolitanas y economía productiva. Los procesos de urbanización difusa en las regiones metropolitanas especialmente ha ido vinculada a la substitución progresiva del capital productivo local por el capital especulativo global. La transición del capitalismo industrial al capitalismo financiero ha usado la urbanización (infraestructuras de movilidad y servicios básicos, boom inmbobiliario y especulación del suelo) en favor de unos procesos de acumulación y concentración de capital cuyos beneficios (privados) se volatibizan mientras que los costes (sociales) se multiplicaban. Uno de estos costes ha sido el desmantelamiento de la economía productiva local. La crisis financiera ya revalorizado social y culturalmente esta economía, el capital fijo (físico) a que va asociada y el tejido de pequeñas y medianas empresas que generan empleo y requieren un tejido urbano articulado y relativamente compacto y una sociedad compleja como la ciudadana. La sociedad industrial no desaparece, convive con la postindustrial.

6. Nueva economía y ciudad. La difusión urbana y la atomización social que parecía un

corolario inevitable de la revolución informacional ha demostrado muy pronto sus límites. La economía del conocimiento por muy vinculada que esté a las tecnologías de la información requiere también la proximidad y el intercambio entre gentes muy diversas. Las ciudades centrales tienden a concentrar gran parte de la llamada “nueva economía” y las poblaciones vinculadas a ésta a su vez expresan demandas variadas de servicios personales. La concentración urbana, aunque sea en regiones policéntricas, es decir no dependientes de un único centro, es hoy una tendencia real de las sociedades postindustriales.

7. La cuestión de la sostenibilidad en las grandes ciudades y regiones metropolitanas.

La conciencia ambiental que se ha desarrollado lentamente en las últimas décadas se ha visto estimulada por la crisis y además se ha ampliado a lo urbano. La ciudad compacta es mucho más sostenible, ahorra suelo, energía, agua. Hay conciencia creciente de que el automóvil particular, primer factor contaminante, no es compatible con la ciudad. Los grandes proyectos urbanos ostentosos no son sostenibles, además de difícilmente viables

económicamente, como no lo son las hipertorres aisladas que además generan “tierras de nadie” en su entorno. Aunque solo fueran por criterios de

sostenibilidad la urbanización difusa periurbana, verdadera negación de la ciudad, es hoy el gran pecado del urbanismo.

8. Gobiernos locales, identidades sociales y participación ciudadana. Los gobiernos

locales por su historia, su adecuación a identidades colectivas y su proximidad a los ciudadanos gozan de una relativa legitimidad. Pero la relación institución-ciudadanos es positiva en la medida que el gobierno local promueve y gestiona políticas públicas que corresponden no solo a sus competencias, también a las demandas y expectativas de la ciudadanía. Lo cual ahora sufre serias limitaciones de tres tipos. Primero: las demandas ciudadanas requieren recursos en general muy superiores a los que dispone el gobierno local. Lo cual produce un efecto colateral: el gobierno local se endeuda y se hace cómplice de los procesos especulativos para generar ingresos. Segundo: como consecuencia de lo anterior en la gestión local se actúa con opacidad, a veces mediante la corrupción, en nombre de la atractividad promueve proyectos aparatosos, prioriza sus “clientelas”, etc. Lo cual genera una pérdida de confianza por parte de la población. Tercero: el ámbito del gobierno local no se adecua a la ciudad real que muchas veces es plurimunicipal. Es la cuestión clave pues impide casi siempre desarrollar políticas públicas potentes, redistribuir ingresos, obtener beneficios de aglomeración, etc. A pesar de estas limitaciones la adhesión ciudadana a la institución política más próxima es muy fuerte y es posible transferir esta adhesión a un nivel supramunicipal si se articula la gestión descentralizada y la participación ciudadana con la reestructuración de las instituciones locales. En una época de cambio de modelos económicos y políticos como exige la respuesta a la crisis es urgente y posible crear estructuras municipales renovadas, más eficientes y participativas y más adecuadas al siglo XXI.

9. Movilidad, centralidades y redes comunicacionales. Sea cual sea la evolución de las

ciudades actuales una cuestión clave será la gestión de la movilidad a partir de dos criterios: la sostenibilidad y por lo tanto la gestión de los recursos (tratada en un punto

anterior) y la accesibilidad entendida del derecho de todos los habitantes a la movilidad en el ámbito de la ciudad metropolitana o región urbana. La movilidad va estrechamente vinculada a las centralidades o zonas más compactas y diversificadas que ofrecen a la vez más empleos diversificados y la máxima oferta de servicios. Por otra parte las posibilidades comunicaciones que ofrece la tecnología informacional exige superar las “fracturas digitales”. La ciudad de hoy para mañana deberá ofrecer la posibilidad de maximizar las redes comunicacionales para todos sus habitantes. La movilidad física y la virtual están estrechamente vinculadas: el mayor acceso de una favorece el uso de la otra.

10. Rechazo de la segregación y de la exclusión: contra los espacios lacónicos. La actual segregación que emerge en las regiones urbanas actuales genera una reacción social que tenderá a crecer. En Europa son frecuentes las urbanizaciones aislados como ya lo son los enclaves tipo parques tecnológicos o empresariales, los grandes centros

comerciales solo accesibles en automóvil, etc. Esta tendencia a crear productos “off city” es uno de los factores clave de disolución de la ciudad. Especial importancia merecen los barrios cerrados puesto que llevan la segregación al grado máximo. En Estados Unidos se ha producido una progresiva crítica cultural a estos productos anticiudadanos, como son los “edge cities” (“ciudades en los bordes”) así como en América latina. Algunas ciudades, como Rosario (Argentina) a partir de un iniciativa popular se han prohibido estos barrios o countries o “edge cities”. Por ahora continúan creciendo en Europa donde había más reticencias pero que la difusión de los miedos y el afán de distinción estimula su creación. Sin embargo los costes económicos y de sostenibilidad y la revalorización de la ciudad compacta hace previsible que esta tendencia encuentre crecientes resistencias sociales y políticas.

11. Valoración de la especificidad de los paisajes físicos y sociales y de las identidades de lugares y poblaciones. La urbanización dominante en las última décadas del siglo XX y principios del siglo XXI ha creado paisajes físicos lacónicos, banales, la “urbanalización” según Francisco Muñoz (10). Pero la reacción no se hizo esperar. El urbanismo ha integrado el paisaje en el urbanismo, primero mediante la relación del medio físico transformado por la acción y la mirada humana con el entorno urbano. Luego se ha incorporado a la noción de paisaje el espacio público, la percepción colectiva de lo construido, el patrimonio histórico cultural (incluye el correspondiente a la sociedad industrial: fábricas, puertos, estaciones, etc.), la memoria histórica y el tejido social presentes en las tramas urbanas, los elementos identitarios de los colectivos humanos. Se trata de que cada ciudad, sus barrios y sus arquitecturas, sus lugares significativos, sus gentes, sean autóctonos o recién llegados, marquen la diferencia. No nos referimos a una identidad “esencial” que se mantiene incólume a lo largo del tiempo. La identidad de cada lugar se construye en el presente y cada sociedad urbana es diferente. Se trata de que también lo sea la imagen del territorio. Las ciudades, sus políticos y sus profesionales más honestos inteligentes y sus líderes ciudadanos han entendido que desarrollar su identidad específica es también fortalecer su cohesión y su atractividad.

12. El derecho a la ciudad y las políticas urbanas. El concepto de derecho a la ciudad es de uso reciente en el debate actual sobre la ciudad y su futuro. El término, en su forma actual o con palabras similares, se había empleado a veces como “ampliación” del derecho a la vivienda, a lo que se añadían los servicios básicos vinculados a aquélla como la red de saneamiento, electricidad, etc. y otros servicios de naturaleza universal (necesarios para todos) como transporte, escuela, puesto sanitario, etc. Actualmente, a inicios del siglo XXI, el “derecho a la ciudad” no se limita a reivindicar elementos básicos para sobrevivir en el entorno urbano. Propone un concepto de ciudadanía para la ciudad de hoy y de mañana. Entiende la ciudadanía como igualdad de derechos sociales, políticos, económicos y culturales y los concreta en su relación con la ciudad como marco físico en el que se ofrecen mediante las políticas públicas un conjunto de bienes y servicios. El derecho a la ciudad incluye un conjunto de derechos que podríamos llamar

específicamente “urbanos” como vivienda, espacio público y equipamientos de igual calidad, centralidad, movilidad, visibilidad, integración en el tejido urbano, a residir en el lugar que se ha elegido y a mantenerse en él, calidad ambiental, etc. Y también derechos de naturaleza cultural, socio-económicos o políticos que condicionan o hacen reales los anteriores: conocimiento de la lengua y cultura del lugar, mantenimiento de la identidad cultural originaria, empleo, formación continuada, renta básico o salario ciudadano, participación en la elaboración y ejecución de las políticas públicas, igualdad político-jurídica de todos los residentes en un mismo territorio, etc. Se parte del principio que este conjunto de derechos forman un todo, si no se tienen todos a la vez aquéllos que se consiguieron dejan de ser derechos reales. La vivienda sin movilidad, o sin empleo o sin conocimiento de la lengua y la cultura del lugar, no permite ejercer como ciudadano. (11)

SEGUNDA PARTE

La ciudad atractiva, creativa y emprendedora versus la ciudad integrada, sostenible y productiva.

Supongamos que existe la ciudad del conocimiento, de la nueva economía y de la creatividad. Es, en todo caso, una dimensión de la ciudad, o mejor de las regiones urbano-metropolitanas. Una dimensión en la que se dan a la vez las dinámicas positivas y negativas expuestas. Vamos a ser positivos y a priorizar las condiciones objetivas que facilitan la atractividad de la ciudad sin que ello supongan efectos colaterales y perversos sobre integración ciudadana, la sostenibilidad ambiental y el capital fijo como base de la productividad.

Es interesante abordar la cuestión de la ciudad del conocimiento y de la nueva economía pues tanto los análisis empíricos como los teóricos nos demuestran que el territorio más atractivo para atraer inversiones, desarrollar la creatividad y favorecer las iniciativas económicas innovadoras es el territorio densamente urbanizado y en especial las ciudades densas, compactas, heterogéneas, con niveles de calidad de vida altos y de desigualdad social bajos.

La nueva economía es el resultado por una parte de la internacionalización de la actividad económica y por otra por la difusión de las nuevas tecnologías de comunicación. Paralelamente los cambios en los comportamientos sociales y en la gestión económica han comportado la emergencia de nuevos sectores de la actividad o que algunos que en el pasado tenían relativamente poco peso en la producción hoy generen una parte importante del producto y del empleo. Nos referimos a cambios como la mayor autonomía de los individuos, las exigencias de calidad de vida tanto en servicios a las personas como en relación al medio ambiental, la externalización de muchas funciones que antes se realizaban en el seno de las empresas industriales o comerciales, la importancia adquirida por las industrias culturales, audiovisuales y del ocio, así como por los sectores vinculados a la educación y a la salud, y también a los servicios financieros, el auge del turismo y la importancia vital que han adquirido las comunicaciones, etc. Sin hablar de sectores

específicos de la nueva economía como todo lo que se refiere a contenidos y a la tecnología propios de la “galaxia Internet” (12).

La nueva economía aparentemente podría localizarse en cualquier parte puesto que el progreso de las comunicaciones, la posibilidad de estar siempre conectado con el resto del mundo y relacionarse en tiempo real, el hecho que las decisiones y los documentos se pueden transmitir a distancia con costes nulos o mínimos de tiempo y dinero, que sea posible mantener teleconferencias con diversidad de interlocutores y evitar los desplazamientos, que se pueda conseguir la información navegando por internet en vez de atravesar los océanos, etc. todo ello nos llevaría a concluir que la difusión de la urbanización, es decir de las personas y las actividades es la consecuencia lógica para evitar los problemas que conllevan las altas densidades. Sin embargo es lo contrario que ocurre. O mejor dicho las grandes ciudades y áreas metropolitanas, y en especial los ciudades con mayor densidad cultural son las que tienden a concentrar la actividad principal de la nueva economía. Es la ciudad del conocimiento.

La ciudad del conocimiento es la que concentra recursos humanos cualificados y hace de la producción de capital humano eje principal de su proyecto económico. Y ello por una razón sencilla: las actividades de la nueva economía requieren personal cualificado, abierto a la formación continuada, polivalente, creativo. Este tipo de población requiere un medio bien comunicado y productor de información, demanda un ambiente cultural tolerante que facilite el intercambio, aprecia la calidad de vida del entorno.

Una ciudad densa, en la que no solo viviendas y actividades puedan convivir, también donde se concentren todo tipo de equipamientos y actividades culturales, educativas y de ocio. A pesar de las dinámicas del mercado que empujan a la difusión urbana, siguiendo los intereses de la renta urbana y de los promotores inmobiliarios que responden a intereses especulativos y a las demandas expresadas por sociedades muy desiguales, la opción más funcional hoy es a favor de la ciudad compacta. Una ciudad que en las regiones metropolitanas es necesariamente policéntrica, que se ha convertido en el espacio económico significativo, la otra cara de los espacios globales y de las uniones supraestatales, espacio económico significativo que hoy no es en igual medida que ayer el espacio “nacional”.

La ciudad del conocimiento, sea ciudad de un solo centro o sea policéntrica, es hoy el espacio de las sinergias.

Las estrategias territoriales para desarrollar la ciudad del conocimiento pueden ser genéricas o específicas.

En el primer caso están todas aquéllas destinadas a mejorar las “condiciones generales de producción como infraestructuras de transportes y de comunicaciones, centros logísticos, ciudades aeroportuarias, centros universitarios, de formación profesional y de investigación y desarrollo, etc. También se pueden incluir en este tipo las que hacen la ciudad más atractiva para la celebración de congresos y conferencias, la oferta cultural y educativa general, los equipamientos de ocio y hoteleros, el ambiente urbano, la seguridad ciudadana, etc. como ya hemos expuesto en los puntos anteriores.

Las estrategias específicas son aquéllas destinadas directamente a favorecer la producción de conocimiento, su conexión con el tejido productivo y la difusión del uso de tecnologías avanzadas en el conjunto de la actividad económica. Un tipo de acción especialmente significativa es la transformación de ciertas áreas urbanas, en general con un pasado industrial en áreas de economía del conocimiento y creatividad.

No se trata de promover nuevos “polos de desarrollo” del tipo de parques tecnológicos o empresariales, o de servicios a las empresas, nombres pomposos que frecuentemente disimulan que se trata de meros conjuntos de oficinas con un centro comercial o de industrias banales cuando no son simples galpones de montaje o de depósito que se benefician de condiciones especiales merced al nombre del lugar. Estas operaciones segregadas de la ciudad compacta contribuyen a la disolución de la misma. Las áreas de “nueva economía” o “distritos tecnológicos” que pretenden conseguir a la vez una fuerte densidad de ocupación (uso intensivo del suelo e importancia en cualidad y en cantidad de los recursos humanos) y alta densidad de conocimientos. Y para ello no solo están integradas en la ciudad compacta, contribuyen a la calidad de la oferta global, mediante una oferta que va mucho más allá de la especificidad de la “nueva economía”.

Las áreas de nueva economía, propicias a la creatividad, son aquéllas que se caracterizan por incluir todos o la gran mayoría de elementos que a continuación reseñamos:

-Localización en el tejido urbano, frecuentemente en un área con tradición industrial, en el que se da mixtura de actividades (comercio, vivienda, servicios varios) y buena comunicación con un centro urbano de cualidad.

-Área con un potencial susceptible de adquirir cualidades de nueva centralidad metropolitana, capaz de desarrollar una importante una oferta cultural y de ocio (tanto dirigida a la población local como turística).

-Presencia o proximidad de centros universitarios y de investigación y de los entornos demandados por esta población (librerías, equipamientos culturales, terrazas y cafés, etc.).

-Espacio público animado y seguro, ejes y lugares atractivos de densidad de usos diversos, existencia de elementos físicos y sociales identitarios

-Mantenimiento de una cuota importante de vivienda y de mixtura social

incluyendo

abastecimiento

energético, etc.

-Flexibilidad morfológica previa o determinada por el planeamiento para permitir usos muy distintos.

-Instalación de actividades que generan una cuota significativa de valor añadido, con un uso importante de las tics y la informática y de actividades emergentes como el diseño en general, la edición y las industrias multimedias, las industrias culturales, las consultorías y estudios profesionales, servicios ambientales, etc.

-Accesibilidad

interna

y

externa,

telecomunicaciones,

-Imagen potente y específica que le proporcione visibilidad tanto en el entorno local como, en ciudades o regiones metropolitanas, global.

-Capacidad de gestión del proceso de renovación por parte del sector público que debe asumir que el tiempo del proceso va más allá del timing electoral y que se requieren formas de gestión flexibles y compartidas con una gran diversidad de actores sociales.

Estos criterios son los que se tuvieron en cuenta cuando se hizo el planteamiento de la renovación de la vieja zona industrial barcelonesa, el Poble Nou, operación en proceso de desarrollo bautizada como 22@. (13) La cuestión es la siguiente: plantearse “hacer ciudad”, no un segmente especializado de ésta.

Nota conclusiva: La revalorización de la ciudad

Sennett en una de sus primeras obras (14) ya alertaba contra los efectos perversos del urbanismo funcionalista y reclamaba una ciudad que fuera lugar de encuentros múltiples entre gentes diferentes. Y el director de urbanismo de la City de Londres exponía en un encuentro internacional que los “pubs” eran el lugar más idóneo para la innovación económica y cultural pues los encuentros informales eran muchas veces los más

productivos.(15)

El urbanismo una cuestión “política”. Las dinámicas mercantiles actuales tienden atomizar la ciudad, a segregar grupos sociales y actividades, a reducir los intercambios entre ciudadanos, substituidos por relaciones entre servicios y usuarios, equipamientos y clientes. Pero la sociedad actual y también su economía precisan de un urbanismo ciudadano, abierto al cambio, densificador de relaciones sociales.

El concepto de derecho a la ciudad nos proporciona la reflexión básica sobre la ciudad del mañana. Esta ciudad será según como se confronten las dinámicas negativas y positivas que acabamos de exponer. Pero el factor principal que determinará el resultante de esta confrontación corresponderá a los actores de las políticas públicas y a la fuerza de las demandas ciudadanas. El derecho a la ciudad nos sirve a la vez de concepto analítico para evaluar la evolución de las ciudades de hoy y la calidad democrática de las políticas públicas y también como concepto movilizador para promover la crítica y las propuestas alternativas en la medida que las políticas públicas no creen las condiciones para hacer realidad el derecho a la ciudad.

En el siglo XXI las sociedades humanas serán urbanas, pero no necesariamente la mayoría vivirá en ciudades. Actualmente, y acepten la simplificación, un tercio de la población vive aún en zonas rurales, otro en ciudades y otra en áreas suburbanas. Las tendencias negativas tienden a desarrollar la suburbanización lo cual crea un déficit de ciudadanía. Las tendencias positivas tienden por el contrario a considerar el futuro como un mundo de ciudades y de ciudadanos. Es decir a materializar la aspiración a una democracia real.

Nota 2 para la intervención oral

Con el mismo criterio que en la nota anterior nos reservamos la posibilidad de plantear al final una reflexiones específicas sobre la ciudad latinoamericana. El autor elaboró un estudio sobre La gestión de la Urbanización en América latina por encargo del Programa Urb-Al de la Unión Europea que fue presentado en la constitución de la Red de ciudades en Rosario en el año 2001. En el anexo 2 se incluyen 10 puntos sobre los desafíos urbanos de América latina. En nuestros posibles comentarios tendremos en cuenta el reciente Informe de CEPAL “La hora de la igualdad” y los recientes trabajos del economista y exdirectivo del Banco Mundial Michael Cohen.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS (TEXTOS CITADOS EN EL ARTÍCULO)

1.

Peter Hall,Ciudades del mañana, Ed del Serbal, 1996

2.

Manuel Castells, La sociología urbana de Manuel Castells, selección de textos a cargo de Ida Susser, Alianza Editorial, 2001

3.

Françoise Choay, El reino de lo urbano y la muerte de la ciudad, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Ediciones Electa, 1994

4.

Ver los textos de Jordi Borja, Revolución y contrarrevolución en la ciudad global, Introducción a Capital financiero, propiedad inmobiliaria y cultura, de David Harvey

Neil Smith, Macba, 2005 y de François Ascher, Nuevos principios del urbanismo, Alianza Editorial 2004

y

5.

Henri Lefebvre, El derecho a la ciudad, Ediciones Península, 1968

6.

Jordi Borja, La ciudad conquistada, Alianza Editorial, 2003, 2010

7.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Edhasa, 1983

8.

Jane Jacobs, autora de un libro clásico, Vida y muerte de las grandes ciudades norteamericanas, Ediciones Península 1967, reeditado recientemente. El autor cita una abundante bibliografía en la obra ya citada La ciudad conquistada. Entre otras cita como referencia las obras de Louis Wirth y Richard Sennett entre los cientistas sociales y de Oriol Bohigas y Josep Maria Montaner entre los arquitectos.

9.

El

autor ha dedicado varios trabajos al tema del espacio público en especial Espacio

público: ciudad y ciudadanía, Ediciones Electa 2003, en op.cit. La Ciudad conquistada. Ver también un artículo más reciente, Espacio público y derecho a la ciudad, editado por DESC, Barcelona 2001. Una versión más reducida la ha publicado Viento Sur, Madrid, 2011.

10.

Francisco Muñoz, La urbanalización, Paisajes comunes, lugares globales, Editorial Gustavo Gili,Barcelona 2008

11. David Harvey, El derecho a la ciudad, New Left Review, nº 53, 2008; Habitat International Coalition, Ciudades para todos, edición a cargo de Ana Sugranyes y Charlotte Mathivet, Santiago de Chile 2010. Del autor, además de las obras citadas veáse El derecho a la ciudad y los derechos ciudadanos, Fundación Alternativas, doc 51, 2006.

12. La Galaxia Internet, Manuel Castells, Areté, 2001

13. El plan de renovación del Poble Nou se bautizó como 22@ debido a que la zona estaba

calificada urbanísticamente como industrial (código 22). Se le añadió @ para expresar la

voluntad de mantener la función económica tradicional pero renovada.

14. The uses of disorder: Personal Identity and City Life, New York 1970 (versión

castellana, Ediciones Península, 1975).

15. La cita del director de urbanismo del Distrito de la City de Londres se refiere a una

intervención en el Seminario de Grandes Ciudades, Centro Cultural San Martín,

posteriormente publicado por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires (1997).

Anexo 1. REQUISITOS PARA EL ÉXITO URBANO

Esta nota corresponde a un box del libro La Ciudad Conquistada, autor Jordi Borja, Alianza Editorial, Madrid 2005

Entre los requisitos que los principales autores consideran necesarios para la productividad de las áreas urbanas, nos encontramos con:

a) Ciudad en red, accesible, abierta: Articulación del territorio urbano-regional mediante un buen sistema de infraestructuras de transportes, comunicaciones y servicios básicos (agua, energía, saneamiento, etc.) Accesibilidad externa e inserción en sistemas globales de comunicación. Diversidad de centralidades. Acceso universal a las TICS

b) Infraestructura en tecnología productiva que dé sustento a un tejido económico regional sobre todo de pequeñas y medianas empresas, pues sólo una fracción de la actividad económica está globalizada. La inversión en esta infraestructura sólo puede ser rentable si apunta también a la economía local o regional que es la generadora de empleo. Empresas globales localizadas y locales globalizadas

“No hay que temer a la globalización”, siempre que se priorice la demanda interna, lo cual requiere invertir en el binomio capital fijo / empleo, como dicen O. Lafontaine y C. Muller 1 .

c) Recursos humanos calificados en una gran diversidad de sectores y niveles. Formación continuada, articulación universidades-empresas, inversión flexible y mixta en I+D, etc. Espíritu empresarial y capacidad de adaptación a los cambios de los entornos.

d) Densidad de actividades económicas que genere un entorno favorable para la el desarrollo y atracción tanto de nuevas actividades como de las tradicionales.

e) Diversidad de actividades y poblaciones: heterogeneidad funcional, social y económica. Ampliación del ecosistema urbano.

f) Calidad de la oferta urbana e Imagen positiva de la ciudad. Centralidades atractivas. Ofertas culturales y lúdicas. Seguridad urbana. Calidad ambiental.

g) Instituciones políticas representativas con eficiencia y transparencia en los procedimientos administrativos. Programas públicos confiables que reduzcan los márgenes de incertidumbre.

1 Lafontaine, O. y Muller, C. No hay que temer a la globalización. Biblioteca Nueva 1998.

h) Cohesión social. Reducción progresiva de las desigualdades sociales. Reglas tácitas y pautas de comportamiento que garanticen una relativa seguridad en las relaciones económicas y sociales. Civismo.

i) Cualificación del capital humano y social: promoción del desarrollo de redes sociales a través del fortalecimiento y apoyo a asociaciones civiles, organismos no gubernamentales, grupos autogestionados, etc. que fortalezcan el entramado social y fomenten la participación colectiva.

j) Políticas públicas de proyección exterior e interior. Acciones que conciban la ciudad como un producto complejo en múltiples relaciones, que permitan su desarrollo tanto hacia sí misma como en su relación con el entorno, buscando una eficaz combinación entre lo local y lo global.

k) Sostenibilidad del desarrollo que permita hacer previsiones a medio y largo plazo. Estructura física del espacio urbano-regional que reduzca los desequilibrios y los despilfarros y que asegure a la vez capacidad de integración y de evolución 2 .

Como se percibe fácilmente, estos requerimientos van más allá de los clásicos de las economías de la aglomeración y de las sinergias (que continúan siendo muy importantes) y son mucho más integrales que aquellos que consideran la inserción en la globalización con un reduccionismo informacional-financiero. Estos requisitos por otra parte exigen una política urbana potente que no se puede basar exclusivamente en el planeamiento territorial clásico, pero tampoco en las actuaciones puntuales o los programas sectoriales.

2 La sostenibilidad de las áreas urbanas es obviamente uno de los grandes retos actuales. Las pautas actuales de consumo energético y de agua, los impactos ambientales del uso intensivo del automóvil, las formas de desarrollo urbano que acentúan la congestión en áreas centrales y el despilfarro de suelo en las áreas de baja densidad, la creciente dificultad para controlar, eliminar o reciclar los residuos, etc. son problemáticas ampliamente estudiadas y debatidas. En este trabajo no nos proponemos tratar las temáticas económicas y ambientales, sino los desafíos políticos, sociales y culturales del urbanismo. Sobre la sostenibilidad urbana, entre la abundante y reciente bibliografía, pueden citarse, el catálogo de la exposición: La ciutat sostenible / The Sustainable City (Centre de Cultura Contemporánea, de Barcelona 1997), y los libros GIRADET, Hebert Creando ciudades sostenibles. Valencia: Ed. Tilde, colección Gorgona, 2001; BETTINI, Virginio Elementos de ecología urbana. Madrid: Ed. Trotta. Serie Medio ambiente, 1998; RUEDA, Salvador Ecologia urbana. Barcelona: Beta Ed. 1995. La revista Ecología política Nº17, sobre movilidad en las ciudades, sostenibilidad urbana. Barcelona: Ed. Icaria, 1999.