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ANEXO SÉPTIMO SEMBLANZA DE UN PENTATHLETA DR.

NATIVIDAD VARELA SILVA “Bien predica, quien bien vive” (El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha). Dr. Jorge Hernández Ibarra. Anexo al Capítulo VIII, SECCIÓN DEPORTIVA- Páginas de la 180 a la 184. Allá en las cálidas tierras veracruzanas, ahí donde emerge la industrial ciudad de Orizaba, vive un digno miembro del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario:

Natividad, hombre sano y perspicaz, observador y activo, callado y sereno, fue pilar del Pentathlón al actuar y con su ejemplo, formar a legiones de pentathletas. Notable deportista que no fue únicamente fibra, energía y sudor; en él hay algo todavía muy superior: ESPÍRITU. Natividad no se distinguió por ocupar altos cargos sociales o políticos, no fue así; simplemente se distinguió por lo grandioso de su sencillez en la vida; supo triunfar en toda empresa que acometió, hecho que lo colocó sin duda alguna, en baluarte de la Institución. En charla que tuve con él, me comento: -“Nací el 24 de diciembre de 1927 en la comunidad rural llamada Balcones, perteneciente al municipio de Ciudad Acuña, del Estado de Coahuila. Por motivos económicos trabajé como aseador de calzado (bolero), vendedor de

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tacos, nevero y vendedor de gardenias de Fortín. Un día se me presentó la oportunidad de concursar para una beca de estudios, la que gané y así pude estudiar la secundaria en un internado en el Estado de Durango. Terminada la secundaria, las necesidades de la vida me llevaron a trabajar de albañil y más tarde, sin recursos económicos me traslade a la Ciudad de México, donde conocí de la existencia del Pentathlón, institución que al aceptarme me permitió estudiar Ciencias Biológicas en el Instituto Politécnico Nacional y más tarde, ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Logré cursar la carrera médica con el apoyo y entusiasmo que me brindaron mis compañeros del Internado Sección “A”, en especial los “Carolinos” de la Cuadra 8, cuadra que fue construida arriba de la Cuadra 6, para alojar a los internos del equipo de fútbol americano y que al desaparecer el equipo, alojó a los basquetbolistas. Recibimos el nombre de “Carolinos”, porque en ese tiempo había triunfado como reina de la primavera Carolina I del Pentathlón, que después se casaría con el también interno GONZALO GONZÁLEZ GAVALDÓN, la que mucho participó con el deporte del Pentathlón, amén de iniciar el Pentathlón Femenino. El servicio médico social lo inicié en Altamira, Tamaulipas, en los pozos petroleros, pero al mes, me enviaron a la selva chiapaneca, a un campamento de Pemex, donde únicamente se podía llegar por vía aérea. Me tropecé con todas las carencias imaginables en ese inhóspito lugar. El 2 de agosto de 1960 me titulé como Médico Cirujano y Partero e ingresé a la residencia del Hospital Colonia de los Ferrocarriles Nacionales de México. Terminada mi residencia, por dos años fui comisionado a la ciudad de Campeche. Ingresé al Instituto Mexicano del Seguro Social y en marzo de 1963, fui comisionado a PASO DEL MACHO, Ver., como médico y director de la clínica”.

Dos de los grandes dirigentes del Pentathlón, ambos buenos deportistas que impulsaron en ese terreno la Institución y además, destacaron como ejemplares jefes: Natividad Varela Silva y Jorge Gilling Cabrera, dignos miembros del Internado Sección “A”. Natividad fue seleccionado nacional por dos años en basquetbol, durante 4 años seleccionado para el tazón Azteca en futbol americano y en atletismo por un año, en la carrera de 400 metros.

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En Paso del Macho, Natividad pronto se percató del abandono de la juventud, fácil presa para vicios por acudir frecuentemente a billares y bares, por lo que se dio a la tarea de organizar a los vecinos y a gente responsable, e hicieron conciencia de la necesidad de tener una escuela secundaria, pues lo único que había era la escuela primaria. Los médicos de la clínica, los ingenieros del ingenio y todo el pueblo en general, se dieron a la tarea de construir la escuela. Obtuvieron el reconocimiento de la Secretaría de Educación del Gobierno Federal y no estoy muy seguro, pero creo que le llamaron Escuela Secundaria Miguel Hidalgo. Al Dr. Varela Silva le tocó convivir con dos generaciones de egresados. Me comentó que cuando termino la primera generación, lo festejaron con un baile, pero les cayó fuerte aguacero y con esa “mojada” pensaron en crear un centro cubierto, para ese tipo de eventos y deportivos, y así nació en un terreno de 50 por 60 metros, que les fue donado por el gobierno del Estado de Veracruz, apoyados por las autoridades municipales, lo que llamarían el Auditorio Municipal, en cuya construcción intervino todo el pueblo. Varela pugno por que no se colocara ninguna placa alusiva, ya que era imposible señalar los nombres de todo el pueblo; pero me comenta jocosamente que en 1977, que llevó a sus hijos para que conocieran donde habían nacido, se encontró con la tradicional placa con los nombres de otros personajes: ironías del destino. En 1967 se le designo a una clínica de la ciudad de Orizaba donde ejerció hasta su jubilación. Fue profesor en la Universidad Veracruzana durante 32 años, y al ser jubilado se le distinguió con el grado del Mérito Académico.

De pié y de izq. a derecha: “La Chula” que es ingeniero químico, “El Viruta”, al tercero no recordamos su nombre, Mario Ruiz, el entrenador Filiberto Manzo Hernández, el Dr. Natividad Varela Silva, Juan Domínguez “El Cavernario”, y David Lizarraga. En cuclillas: Felipe Manzo, al de en medio no recordamos su nombre y el ahora licenciado Joaquín Rodríguez Lugo “El Pájaro”.

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Equipo de basquetbol de la Escuela Secundaria de Paso del Macho, Veracruz, con el Dr. Natividad Varela Silva, su entrenador.

LA VIDA NO PUEDE DAR MEJORES REGALOS, QUE UNA FAMILIA UNIDA. Dr. Natividad Varela Silva.

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MEMORIAS DE UN INTERNO DE LA SECCIÓN “A” DEL PENTATHLÓN DEPORTIVO MILITARIZADO UNIVERSITARIO Dr. OCTAVIO ALBERTO ORELLANA WIARCO Narra Octavio Alberto que nació el 8 de mayo de 1935 en la ciudad de Acámbaro, Guanajuato. Hijo de ALBERTO ORELLANA MARTÍNEZ que trabajó en los Ferrocarriles Nacionales de México hasta su jubilación y de GUADALUPE WIARCO RUBIO, ama de casa. Es el mayor de otros tres hermanos, todos ellos profesionistas. Sus estudios de primaria, secundaria y preparatoria los realizó en Acámbaro y para estudiar una carrera había que trasladarse a otra ciudad, por lo que todos ellos decidieron estudiar en la Ciudad de México. Hubo un problema: Los ingresos económicos de la jubilación de su padre eran exiguos e insuficientes para pagar su alojamiento y alimentación en la ciudad capital. El “Medias” ESCOBEDO, también hijo de un ferrocarrilero, estudiaba en México la carrera de medicina y era miembro del Internado Sección “A” del Pentathlón, que por cierto, destacaba como jugador del equipo de fútbol americano por su combatividad, y él nos ayudó para que mi hermano MIGUEL y yo ingresáramos al Pentathlón. Miguel concluiría sus estudios de preparatoria y yo iniciaría la licenciatura en Derecho. Siempre fui conciente de que al ingresar al Pentathlón, asumía dos compromisos: Uno como estudiante, aprobar todas las materias de la carrera elegida, y el otro, ser un buen miembro de esa institución militarizada. Desde un principio y por toda mi vida e adoptado el Ideario del Pentathlón, con su Pentalogo y su lema de “Patria, Honor y Fuerza”. El ser un pentathleta entraña una gran responsabilidad, mi nueva vida giraba alrededor de decisiones cotidianas autónomas fuera del alero del hogar, en cumplimiento de obligaciones militares, en donde mi condición de cadete era de obediencia a quienes jerárquicamente eran superiores, así como hábitos de orden, higiene, limpieza personal y el desarrollo de camaradería de quienes éramos miembros del internado; lidiar con muy diversas formas de ser y pensar, sobre todo, de los que éramos compañeros de la “cuadra” o dormitorio, donde la convivencia era mayor. El tiempo nos fue moldeando como pentathletas, al grado tal que en el primer año, y después otro poco, cuando llegaban las vacaciones en cada año escolar y teníamos la oportunidad de cumplir el anhelo de regresar unos días a nuestra tierra, al lado de nuestros padres, hermanos y amigos y tal vez de la novia, fechas muy esperadas con verdaderas ansias; pero al poco tiempo se añoraba volver a la cuadra, a esas altas y desnudas paredes del patio del internado, donde jugábamos partidos informales o formales de basquetbol. Añorábamos la camaradería de aquellos que eran nuestro círculo más cercano. Además, a medida que avanzaba en mis estudios, con la obligación de mayores trabajos y tareas de la profesión elegida, había mayores impedimentos para volver a nuestros lugares de origen. Cuando ingresé al Internado, provisionalmente se me ubicó en la Cuadra Tres. Al fondo de ella había un letrero que era más o menos así: “UNAM: 43, POLI: 0”, que recordaba la histórica paliza que la Universidad infligió al Politécnico en el tradicional juego de fútbol americano que cada año ocurría, y que éste había sido en noviembre de 1952, unos meses antes de mi arribo al Penta. Recién llegado conocí de “lejos” a los jugadores de fútbol americano: Al “Lodo” (EMILIO DUARTE), el “Mamut”, al “Cavernas” (JUAN DOMÍNGUEZ), al “Negro Varela” (NATIVIDAD VARELA), a JORGE GILLING, y a otros cuyos nombres o apodos ya no recuerdo, los que en su mayoría eran internos de la Cuadra Ocho “La Carolina”, 5-A-VII

llamada así en honor a la reina de la primavera del Pentathlón, a la que no conocí, pero que había sido, según parece, también madrina del equipo de fútbol americano. Los jugadores a mi me impresionaron, me parecían gigantescos, algunos mal encarados como el “Lodo”; pero los admiraba, aunque no conviví con ellos, pues no se levantaban a “marchar” a las cinco o seis de la mañana los martes y jueves, ni cumplían con sus obligaciones militares los domingos. En el comedor, ellos recibían alimentación especial; eran una élite ajena al común y corriente de los demás mortales del internado. Fui buen estudiante y gracias a ello pasé a la Cuadra Cuatro, llamada “El Reformatorio”, después a la Cuadra Ocho, “La Carolina” y pasado poco tiempo, a la Cuadra Dos Chica. Entre los internos, había unos pocos que tomaban al pié de la letra la disciplina militar y querían un cumplimiento absoluto del comportamiento castrense o algo así. A ellos nos referíamos diciendo en tono de mofa: “Firmes, no se mueva, no parpadee, no respire” y si no se obedecía de inmediato, la sanción era: 30 “lagartijas”, 25 “sentadillas”, etc. A ellos les decíamos “Los Calientes”, porque vestían frecuentemente el uniforme y se comportaban como si estuvieran en el ejército, inclusive fuera de las horas o días en que nos desempeñábamos de “cuarteleros”, o para desfiles, ceremonias o ejercicios dominicales. Algunos “calientes” llegaron a descuidar sus estudios por dedicarle más pasión a la milicia que al estudio. Recuerdo una anécdota de los “calientes”: En una ocasión el comandante REBOLLOSO, jefe de la Cuadra Cuatro, que usaba el uniforme a todas horas, llegó al dormitorio y los “Oaxacos” FIDENCIO PÉREZ y JOAQUÍN DE LA LLAVE, se encontraban barriendo y trapeando el dormitorio, porque ese día les tocaba hacerlo, cuando Rebolloso, enojado les reclamó: “¿De quién es esa colilla de cigarro?”, refiriéndose a una colilla en el piso, pues estaba prohibido fumar en la “cuadra. De inmediato Joaquín de la Llave, que era muy ocurrente, le dijo: “Es de usted, mi comandante”, -¿Cómo que mía?repuso enojado; -Sí mi comandante, la colilla es del primero que la vea”. Muchos otros sucesos vienen a mi mente que salpicaron mi vida en el internado del Penta: El ejemplo en todo del Dr. JORGE JIMÉNEZ CANTÚ, el “OSO”, con mayúsculas, del Dr. ISAURO MARTÍNEZ GÁLVEZ director del Internado Sección “A”, de NATIVIDAD VARELA, jefe de la Cuadra Ocho, el “Big Brother”, como yo lo bauticé, porque siempre estuvo vigilante como un hermano mayor de todos y cada uno de nosotros. Era un ejemplo a seguir en todas sus actividades del Pentathlón. En mi paso por el internado, cumplí con las dos metas que ya mencioné; tuve el honor de ser designado jefe de la biblioteca del internado, y en ese puesto, organicé varios eventos culturales, un concurso de oratoria, se entregaron medallas alusivas a los más destacados estudiantes del internado, en las áreas de biología, ciencias sociales y ciencias matemáticas, todas ellas independientes de la medalla que el Pentathlón otorga al mejor estudiante de la Institución. En el año de 1957 fui distinguido con el diploma suscrito por el comandante general Dr. JORGE HERNÁNDEZ IBARRA, así como la medalla al “Mejor estudiante del Pentathlón”. Mi padre con su habilidad en la carpintería, le confeccionó un marco especial que a la fecha conservo. Al iniciar mi vida profesional, me retiré del internado y al despedirme del Ing. JORGE GILLING CABRERA, comandante en jefe del Pentathlón, quien fue muy cálido hacia mi persona, me preguntó qué grado tenía en esa fecha, a lo que contesté que era cadete, pero que me había yo puesto de sargento segundo y sargento primero, para no tener que hacer “cola” con los cadetes para ingresar al comedor. Se rió y me entregó un oficio 6-A-VII

ascendiéndome a tercer oficial, y al día siguiente que volví a encontrármelo en el internado, me llamó y me otorgó, hecho inusual, el oficio de mi ascenso a segundo oficial. Yo me sentí honrado y reconocido por su gesto; si bien, nunca ejercí esos nombramientos, porque la vida me absorbió en mis actividades profesionales. El Pentathlón Universitario fue para mí, un segundo hogar, tan entrañable como el de mis padres, me forjó el espíritu, me templó el carácter, me permitió realizarme como profesionista y ser en la vida un hombre de bien y ejemplo para mis hijos, mis alumnos; reconocido por mis pares y conciudadanos como un profesional preparado, honesto y eficiente. Muy satisfactorio es que gozo del amor y afecto de mi esposa. El Dr. Hernández Ibarra me encareció que indicara a ustedes algo de mi vida profesional, por lo que les comunico que: En 1974 fui fundador y primer director de la Escuela Normal Superior de Gómez Palacio, Dgo. En 1975 fundador y jefe del Laboratorio de Criminalística de la Facultad de Derecho de la Universidad de Coahuila. En el año de 1999 se me distinguió al entregarme la medalla “Rafael Ramírez” por 30 años de servicio como maestro de historia, de la Secretaría de Educación Pública y en el año 2002 se me otorgó la medalla y diploma como “Ciudadano Distinguido” por el Ayuntamiento de Torreón, Coah. En el año 2005, recibí la medalla “Alfonso Quiroz Cuarón” como criminólogo distinguido por la Sociedad Mexicana de Criminología. Fui Director del Instituto Superior de Estudios de Seguridad Pública del Estado de Coahuila del año 2000 al 2006 y Fiscal Especial para la atención de delitos cometidos contra periodistas, de la Procuraduría General de la República del 2007 al 2010. En el año 2008 se me otorgó el grado “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Continente Americano del Estado de Guanajuato. He sido abogado asesor del Banco Nacional de Crédito Agrícola y asesor de otras instituciones de crédito, juez penal en Torreón, Coah., y por más de 40 años catedrático de la Universidad Autónoma de Coahuila, profesor por más de 20 años de la Universidad Iberoamericana, Plantel Torreón, así como de otras universidades a nivel licenciatura, maestría y doctorado. La Editorial Porrúa me ha editado nueve libros sobre Derecho Penal, Procesal Penal, Criminología y Criminalística, destacándose los que corresponden a la primera obra publicada por un mexicano sobre Criminología, o sea, el “Manual de Criminología” (1978), a la “Teoría del Delito. Sistemas Causalista, Finalista y Funcionalista” (1994), al de “Criminología Moderna y Contemporánea” (2012), así como múltiples artículos y estudios sobre derecho penal, criminología y criminalística. A la fecha me desempeño como catedrático a nivel Maestría y Doctorado en materia penal y criminología. Dr. Octavio Alberto Orellana Wiarco 7-A-VII

PENTATHLÓN ZONA ESTADO DE MÉXICO UN QUIMÉRICO SUEÑO “LA PLAZA PENTATHLÓNICA” EN LA SUBZONA NAUCALPAN. Dr. Jorge Hernández Ibarra Con la información y fotografías proporcionadas por 2° Of. de Inf. Biol. NOÉ LUCIO CONTRERAS Jefe de la Sección de Investigación y Estadística de la Zona XI. Anexo al Capítulo IX – Las Zonas del Pentathlón – Página 218. La Subzona de Naucalpan del Pentathlón Zona Estado de México, fue fundada el 16 de abril de 1966 por el tercer oficial de Inf. ALFONSO ROJAS GARCÍA, e iniciaron sus actividades deportivas y militares en las inmediaciones del hoy Palacio Municipal de Naucalpan de Juárez, Estado de México. En el sexenio 1975-1981, es gobernador constitucional del Estado un pentathleta: el Dr. JORGE JIMENEZ CANTÚ y la presidencia municipal de Naucalpan es regida por otro buen pentathlónico: el profesor ALFREDO MORENO RUIZ (1976-1978). Ambos apoyan e inician un acariciado proyecto, el de construir un complejo deportivo para el beneficio de 350,000 habitantes de Naucalpan, obviamente incluido el Pentathlón. En 1976, en lo que era extenso basurero en la zona federal de líneas de alta tensión, que cruzan las colonias Lomas de Occipaco y México 68, se planeo erigir “La Plaza Pentathlónica” en cinco niveles o terrazas para simbolizar los puntos de la disciplina del Pentathlón, la que sería coronada por un monumental escudo del Pentathlón, y que está asentado en el pequeño cerro nominado del Águila. En esa elevación montañosa de escasos metros, en su parte oriental fue construido de concreto armado y una vez terminado, había la idea de aplicarle pintura reflejante, de tal manera que cuando el sol tendiera sobre él sus cálidos rayos, fuera muy notorio desde diferentes y distantes sitios. Se tuvo la colaboración de los integrantes del Ejército del Trabajo constituido por ciudadanos voluntarios que apoyaban al gobierno del Estado y sociedad, fundamentalmente con mano de obra. Se alcanzó a construir el monumental escudo, pero ya no las tres canchas de basquetbol, la de fútbol, ni la alberca que se deseaba anexar, así como un pequeño edificio para oficinas administrativas, todo ello en los niveles inferiores del cerro del Águila, integrados a espacios con áreas verdes, bancas y juegos infantiles. ¿Por qué se suspendieron las obras?, se han propalado varias hipótesis, pero la verdadera razón se ignora, pues quienes nos podrían aclarar la interrogante, Jiménez Cantú o Moreno Ruiz, ya no están con nosotros, como tampoco está el que proyectó los planos del complejo deportivo y su monumental escudo, el Ing. CARLOS HUACUJA Y HERMOSILLO, distinguido miembro de la Hermandad Pentathlónica, que había construido importante carretera que une a Chihuahua con el Pacífico.

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El Pentathlón ha formado su cuadro militar y al fondo, del lado izquierdo, el pequeño cerro del Águila, y en su cima las torres de los cables de alta tensión. Se alcanza a percibir el escudo del Pentathlón, en la ladera del cerro.

El Pentathlón Subzona Naucalpan muestra la habilidad de sus integrantes en la práctica del tumbling, y al fondo el monumental escudo del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario.

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En la ladera de la colina, podemos observar una de las barras de nuestro escudo.

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Nos encontramos sobre la zona del cuerpo del escudo que son líneas de concreto muy gruesas, entre la hierba del cerro del Águila.

Fácilmente podemos apreciar la estructura del escusón y de las barras en la parte superior del escudo del Pentathlón. 11-A-VII

Aquí se observa la figura completa de lo que hoy queda de aquel proyecto, que alguna vez fue un sueño del Pentathlón Subzona de Naucalpan.

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PENTATHLÓN ZONA BAJA CALIFORNIA SUR La Zona Pentathlón Baja California Sur con sede en la Ciudad de la Paz, fue fundada en febrero de 1981 por varios pentathletas de corazón, provenientes del Pentathlón de la Ciudad de México. De entre ellos destaco a LUIS CAMALICH, al Ing. ANGEL FREGOSO LÓPEZ, y a los hermanos MURILLO. Su intenso Trabajo apegado a los principios de la Institución, pronto dio buenos resultados y a la fecha han formado subzonas como la de los Cabos, San José del Cabo y Comundu. Actualmente la Zona dirigida por el comandante ANDRÉS MURILLO ESTRADA, desarrolla importante labor con la juventud sudcaliforniana. Impulsan en forma sobresaliente, las actividades deportivas con su escuela de Lucha Olímpica y Grecorromana, la práctica del tiro con arco en la Escuela de Arquería, el tiro deportivo en la Escuela de Tiro Olímpico y el Tae Kwon do, entre otros deportes. Para mí ha sido muy significativo que la Zona de Baja California Sur, al igual que otras zonas, verbigracia La Subzona de Paso del Macho de Veracruz, se preocupen sobremanera en la COMUNICACIÓN. Sus programas de INFORMACION a toda la comunidad pentathlónica, señalando lo que hacen, lo que piensan, lo que proyectan, son sin lugar a duda, factores relevantes para la Institución. Me estoy refiriendo, en el caso de la Zona de Baja California Sur a su boletín ÁGUILAS EN ASCENSO, que periódicamente es publicado con la valiosa información nacional. Enhorabuena hermanos de esa prometedora Zona, por su labor de encomio.

El Pentathlón Zona Baja California Sur, le rinde honores a nuestro Lábaro Patrio, en el momento de ser izado.

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En el Campeonato Nacional Abierto de Tiro con Arco, celebrado en el año 2008, el pentathleta sudcaliforniano OLIVER MURILLO SEPÚLVEDA, triunfó obteniendo el galardón de cuatro medallas de oro

En el Pentathlón Baja California Sur se le manifiesta pleitesía a nuestra insignia patria y a la guía de la Institución. 14-A-VII

FOTOGRAFIAS DEL ARCHIVO

EL PENTATHLÓN EN EL PALO “ENSEBADO” Año de 1963 El palo ensebado o cucaña como se le llama en otros países como España y en Sudamérica, es un juego que consiste en trepar por un poste de unos cinco o seis metros de longitud el cual ha sido untado de grasa, muy común de sebo, clavado en la tierra, colocado verticalmente y por él hay que trepar ayudado únicamente por los brazos y piernas, hasta llegar al la punta en la cual hay uno o varios premios. Se cree que se originó en Nápoles, Italia, sobre el siglo XVI y de ahí se difundió a otros países. En las fotografías nos encontramos con un pentathleta, Natividad Varela Silva que en la de la derecha, está poniendo el sebo al palo; pero en la de la izquierda, está sufriendo por alcanzar la punta, ayudado por otros dos: “La unión hace la fuerza”.

Fotografías cortesía del Dr. Varela Silva.

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PENTATHLÓN ZONA ESTADO DE MÉXICO SUBZONA TEPOTZOTLAN

(Año de 1978)

Los buenos pentathlónicos se inician a temprana edad: Miguel A. Sevilla Trujillo (q.e.p.d.), Enrique Baltazar Hernández y el Instructor Juan Luis González Millán. (Fotografía colaboración del Comte. Rubén Zaragoza Valencia)

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