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INMUNIDAD Dr. Eric ANCELET

Nuevos artículos, resúmenes traducidos del libro:POUR EN FINIR AVEC PASTEUR Un siglo de mistificación científica del Dr. Eric ANCELET

INMUNIDAD

Etimológicamente INMUNIDAD significa “ exento de cargos” y a todos nos gustaría estar exentos de enfermedades por inviolabilidad de nuestro medio interno. Antes este privilegio se adquiría progresivamente gracias a la experiencia individual del contacto con el mundo, actualmente se ha convertido en un derecho y un deber colectivo gracias aparentemente a las vacunas que garantizan la seguridad sin esfuerzo ni contrapartida. Hemos perdido confianza en nuestras propias facultades de aprendizaje y de discriminación. Actualmente estar inmunizado es sinónimo de estar vacunado. Desgraciadamente este sistema de defensa que consiste en la “lucha sin piedad entre los buenos anticuerpos y los malos microbios ” es muy a menudo insuficiente, ya que tolera y favorece la circulación de informaciones microbianas. ¿No será que esta apertura al mundo es en realidad la función principal de la inmunidad? ¿Qué deseamos, combatir o compartir? ¿rechazar o asimilar? ¿La inmunidad es un sistema de defensa o un sistema de comunicación?

ELIMINAR : un sistema de defensa

¿Por qué elegimos la erradicación y no la asimilación? ¿no es sorprendente que la erradicación es el fundamento de todos los racismos, este verdadero cáncer del alma nacido del miedo, generando violencia e intolerancia? Si vivimos la vida como una perpetua lucha, entonces el sistema inmunitario también lo percibimos como un ejército destinado a protegernos de una multitud de enemigos que no cesa de atacar nuestro territorio. Pero con esta visión de guerra sin piedad entre los malos microbios y los buenos anticuerpos, los científicos (Pasteur y Koch) se hallan perdidos frente a otros elementos virtuales o invisibles que entran en juego, como son el sistema nervioso, sistema endocrino, sistema bacteriano, la vida espiritual, psíquica y emocional del individuo en cuestión, y mucho más allá frente a todos los seres que formamos la gran sociedad planetaria y todo el Universo visible e invisible ¡! Frente a todo esto el inmunólogo que ha sido formado programado y remunerado para conformarse a los dogmas, solo puede interpretar cueste lo que cueste, objetivamente, solamente lo que ve ante sus ojos. El drama de la Inmunologia es que apareció justo después de las vacunas y fue estudiada y analizada al servicio de las vacunas, sin tener en cuenta la fase cognitiva del sistema inmunitario que es la más importante y que fue ignorada o ocultada.

O ASIMILAR : un himno a la unidad?

Pero hay otras maneras de ver este fenómeno. El ser vivo es un sistema abierto, ávido de informaciones, creador de orden y dotado de múltiples memorias, que se construye y se destruye sin cesar, renovando los elementos que lo constituyen a fin de mantener su forma y desarrollar su conciencia. El ser vivo ES una memoria que comunica. Portador de informaciones innatas y específicas de su especie, recibe e integra las energías que lo rodean : emociones y vibraciones

quánticas, calor, luz, sonidos, los movimientos del aire y del agua, las sustancias nutritivas, las bacterias y los virus. En este conjunto el sistema inmunitario garantiza la progresión del proceso de individualización. Entonces el ser se adapta, transforma, elimina, rechaza, gracias a los distintos filtros que constituyen la inmunidad. Y la inmunidad ante todo es un sistema ultraperfeccionado de comunicación biosférica en el cual los microbios son los factores privilegiados. El antígeno ya no es un enemigo sino un “mensaje” para descodificar

y es muy probable que los microbios patógenos solamente intervengan en la fase de curación para restablecer las estructuras dañadas.

Vamos a proponer otra versión de INMUNIDAD como HIMNO A LA UNIDAD y viéndola asi, quizás podremos captar el sentido de otra palabra clave que es la tolerancia.

El niño, desde que nace hasta los siete años construye su individualidad, empezando por su cuerpo físico que será el vehículo de su vida emocional, mental y espiritual. Al principio de su vida, el niño no se diferencia y aún menos se opone a esta fusión total con su madre y con el universo. Para llegar a ser un individuo con la autonomía que lo caracteriza y que es la base de la libertad, debe aprender progresivamente a concebir los límites entre él y el resto del Universo. Estos límites los percibe gracias a la piel y a la activación sucesiva de sus órganos sensoriales durante la vida fetal, ya que son una zona de encuentro e intercambio. Concebir estos límites, implica vivir la separación que es el sufrimiento primal y la causa principal del miedo. Para llegar a ser un individuo autónomo debemos afrontar el miedo de la separación. La principal función del sistema inmunitario es permitir que se cumpla esta diferenciación y su maduración sigue las grandes fases del desarrollo del niño.

Etapas de la individualización :

- diferenciar , es decir, establecer una frontera entre el medio interno y el medio externo. Percibir el mundo exterior para poder separarse de él. Percepción y separación están íntimamente unidos y en relación con la antipatía que es el fundamento de la dualidad. ¿Qué hace un niño frente a un desconocido? Su primera reacción es la desconfianza o rechazo y va a refugiarse bajo las faldas de su madre o el pecho. ¿Esto quiere decir que el desconocido en cuestión es enemigo peligroso para él? De ninguna manera, esto solo es una etapa en su camino de diferenciación. Y veremos que el sistema inmunitario reacciona del misma modo.

- asimilar, para ello hay que abrirse, aceptar el encuentro, el diálogo y el intercambio, lo

cual constituye un gesto de simpatía que es el fundamento de la unidad en la complementaridad. El niño es curioso por naturaleza, si el desconocido no es agresivo, si la madre sabe discernir y no ve enemigos por todas partes, el niño poco a poco va a tomar

confianza, buscar el contacto y cambiar su repulsión en atracción, porque son solamente estos intercambios los que enriquecerán su mundo interno.

El

sistema inmunitario hace lo mismo, sino no habría ninguna posibilidad de evolución.

Lo

que no se “digiere”, no se dice o no se gestiona físicamente o psíquicamente, antes o

después generara una patología.

Estas dos etapas son complementarias y son la manifestación unificada de la polaridad. El alma humana siempre está dividida entre el deseo de confundirse con lo que lo envuelve (fusión , simpatía) o el replegarse sobre si mismo (separación, rechazo, antipatía ).

Probablemente el papel del sistema inmunitario sea equilibrar estas dos tendencias durante la vida del individuo. “La actividad del sistema inmunitario es cognitiva, la percepción del extranjero y de mi mismo, es el mismo proceso : cuando percibo al extranjero fuera de mi, en mi interior se desarrolla una actividad que busca la otra parte de él en mi. Este Otro se busca en mi despertándome al conocimiento de mi mismo”. A cada encuentro con el Otro un aspecto de

mi es identificado y reconocido. A cada encuentro con el mundo de los microbios, el sistema

inmunitario activa el despertar y el aprendizaje de una nueva facultad. Es lo mismo que sucede en las enfermedades infantiles. De igual manera mi sistema inmunitario refleja perfectamente quien soy yo en cada instante y de que manera estoy en el mundo. Si no quiero percibir ni integrar al Otro, no puedo reconocerme ni diferenciarme yo mismo. La vacuna impide establecer esta relación y a partir de aquí, este mundo desconocido me sorprende y me irrita (alergias) e ignorándome a mismo tengo muchas posibilidades de autodestruirme ( enfermedades autoinmunes). Todo parece mostrar que la humanidad en su proceso colectivo de madurez aún no ha superado la primera etapa, la antipatía, lo que nos lleva a la lucha de opuestos irreconciliables ya que no son percibidos como complementarios. Y viéndolo de esta manera el mundo médico es el reflejo fiel del mundo social.

Dinámica de la inmunidad

“Los microbios no empiezan a trabajar hasta que nuestro organismo no les da la orden precisa, y esta viene del cerebro. Dr.R.G. Hamer”

La inmunidad es un extraordinario sistema de cooperación celular. Células, tejidos y

órganos que comunican entre ellos para acoger, filtrar, seleccionar, guardar o eliminar gran cantidad de información procedente del medio externo. Las células implicadas son los macrófagos, los linfocitos T y los linfocitos B, activados por un antígeno que normalmente está codificado por un ADN extranjero. La proteína actúa como una señal que atestigua la existencia de un mensaje inédito que habrá que descodificar.

Las células inmunitarias son móviles, engendradas, educadas y activadas en el Sistema Retículo Endotelial o SRE, que incluye la sustancia intersticial que es donde bañan las células, el bazo, los ganglios linfáticos, el timo y la médula ósea. Por su riqueza en silicio el SRE es un “verdadero cristal vivo e interiorizado”, y gracias a éste silicio el SRE está dotado de cualidades muy particulares tales como la percepción, la memoria, la decisión, el

pasar al acto, que evocan todas un proceso consciente. ¿Dónde esta el corazón de este sistema? Por todas partes y en ningún lugar. Por tanto vamos a ver que la base de la inmunidad se sitúa a nivel de las mucosas y particularmente la del intestino que constituye la mayor superficie de contacto físico del individuo con el Universo. El sistema inmunitario reacciona primero a nivel de las mucosas, después viene la inmunidad celular y finalmente la inmunidad humoral (de los líquidos). Y del buen funcionamiento de cada etapa dependerá el buen funcionamiento de las siguientes. La enfermedad infantil es el modelo ideal de cómo se desarrolla en tres fases una infección destinada a favorecer nuestra evolución, ya que en los niños menores de 7 años son los microbios que permiten la maduración de los tres grandes sistemas de regulación : nervioso, endocrino et inmunitario, reunidos en un sistema de “adaptación primal”. A estos tres sistemas de base les debemos añadir el sistema bacteriano constituido notablemente por floras simbióticas alojadas en las cavidades huecas que están tapizadas por mucosas. Estos sistemas están interconectados formando un conjunto perfectamente integrado y abierto a su

entorno. A partir de aquí lo que instruye a uno instruye a los otros tres, y lo que agrede a uno agrede a los otros tres. A modo de ejemplo, un antibiótico destruye la flora intestinal y al mismo tiempo perturba el psiquismo, la inmunidad y el equilibrio hormonal. Podemos razonar igualmente con las hormonoterapias intempestivas (píldora) con los tratamientos neurolépticos, con un estrés emocional o debido a una vacunación. Cada vez es todo el conjunto biológico que está afectado y que se desestabiliza, a menudo alterándose irremediablemente. La maduración de este conjunto del sistema de adaptación primal sigue las grandes etapas de aprendizaje del niño : sentado, gateando, de pie, la comunicación , la

socialización, las enfermedades infantiles, la pubertad,

permanecen inmaduros es el entorno y sobretodo la madre quien garantiza la inmunidad del niño. Al principio gracias a la placenta y a la leche materna, después a la educación que lo protege y acompaña en sus etapas de diferenciación. Si realmente los microbios son los grandes instructores del futuro ser, hay que controlar su acción rigurosamente desde la activación inicial a la desactivación final. Este es el papel del sistema inmunitario que es un mecanismo muy elaborado de modulación del trabajo microbiano.

mientras estos sistemas

Frente a una información antigénica procedente del medio externo, los tres filtros del sistema inmunitario deben franquearse sucesivamente y en un orden preciso del exterior hacia el interior.

1/ Primer filtro : la piel y las mucosas son las únicas superficies operativas desde el nacimiento hasta los 7 años aproximadamente. Este filtro será el maestro de obra de la inmunidad iniciada en la infancia y activada más adelante al principio y durante la fase de incubación de la “enfermedad” infecciosa. Es la fase más importante del proceso inmunitario ya que es aquí donde se discrimina entre lo que puede enriquecer el medio interno, o lo que debe ser eliminado.

2/ Segundo filtro : la inmunidad celular con los linfocitos T se inicia en las mucosas y se activa en la fase eruptiva de la enfermedad, en el momento donde se efectúa el trabajo microbiano y la eventual reprogramación del ADN. Se acompaña de fiebre e inflamación que favorecen esta etapa, que es la primera considerada por la inmunología clásica.

3/ Tercer filtro : la inmunidad humoral con los linfocitos B productores de anticuerpos. Iniciada por los linfocitos T durante la fase terminal del encuentro. De lo que se trata es de limpiar el terreno del SER, eliminando los desechos y los gérmenes inútiles que aún están en circulación. Esta etapa final y facultativa es la única que se tiene en cuenta en la vacunología obsesionada por la producción de anticuerpos.

Si observamos rigurosamente la acción global del sistema inmunitario, lo podremos comparar con las tres fases del metabolismo bien perceptibles en los procesos nutritivos :

asimilación inmediata o almacenamiento de lo que nos es benéfico (linfocitos T-4), eliminación de desechos inútiles o perjudiciales (linfocitos T-8 y B), por lo tanto según la versión oficial se trata de las tres líneas de defensa comparables a las murallas sucesivas de un castillo, desde la piel al exterior hasta la célula y el ADN que se encuentra en su interior. Lo único que cuenta es rechazar o destruir lo que es extranjero, como en los casos de autismo y anorexia. Para nosotros estas murallas solo son filtros para recoger e interpretar la información antes de transmitirla al ADN. Es un proceso nutritivo con “buen apetito” durante el cual el sistema inmunitario recoge todas las informaciones (filtro 1), memoriza lo que es útil para la continuidad de la vida y de la evolución (filtro 2), elimina o destruye lo que es superfluo o que puede ser nefasto para el buen funcionamiento del conjunto (filtros 2 y 3). Cuando se activa un germen “patógeno” hay un control muy estricto, aunque esta versión no tiene nada que ver con la versión de la inmunología clásica y la vacunología, que ignoran completamente los aspectos benéficos de este encuentro durante las fases de asimilación y utilización de las informaciones, quedándose y favorizando solamente las fases de destrucción.

Primera línea El sistema de mucosas – Fase de incubación

Según la versión oficial : “naturalmente disponemos de murallas y de aliados preciosos que se oponen a las bacterias y a los virus y muy a menudo los eliminan: la piel, las mucosas y diversas secreciones como la saliva y las lágrimas constituyen auténticas barreras para las infecciones, como en una guerra de trincheras” (La carta del Institut Pasteur).

Según esta versión, la piel y las mucosas constituyen barreras mecánicas infranqueables para los gérmenes “patógenos”, hacia el medio interno. Esto no es falso pero a condición que el niño haya sido amamantado, y con una reserva importante : estas superficies de contacto no constituyen un obstáculo permanente sino una superficie de intercambio de cerca de 400 m2 cuyo papel es el de filtrar y transformar las informaciones del medio externo (No Yo) para volverlas inofensivas y comprensibles a los sistemas reguladores que progresivamente construyen al individuo (el YO).

Los bebes tienen el sistema inmunitario indiferenciado e inmaduro. Su construcción seguirá las grandes etapas del desarrollo, la conciencia de Si a los tres años, las enfermedades infantiles que van del destete a los siete años, y más tarde la pubertad y la madurez emocional y social. En el niño los filtros protectores están situados en la periferia de su

cuerpo, y su función es la de establecer límites objetivos de Si Mismo. La piel y las mucosas constituyen la primera línea de separación / identificación. Y en el momento del contacto con una información antigénica procedente del medio externo, se activan inmediatamente. La organización y el funcionamiento correcto de esta primera línea está condicionada por la lactancia materna y la educación. Y el buen funcionamiento de este primer filtro condiciona completamente la organización y el funcionamiento de los dos filtros siguientes. Estas nociones tan sencillas nos muestran que las vacunas durante el periodo primal son una agresión considerable para el sistema inmunitario. ¿Cómo puede captar y asimilar una información inmunitaria tan compleja inoculada directamente en su medio interno, un niño que no sabe ni andar, ni hablar? ¿Podríamos obligar a un niño de 1 año a correr los 100 metros libres, o a uno de 3 años a leer “La crítica de la razón pura”?.

La placenta pertenece al bebe y lo separa de su madre (diferenciación). La placenta manipula la fisiología de la madre para asegurar el buen desarrollo del feto. Filtra las informaciones y separa lo que será digerido de lo que será rechazado. Al nacer, al cortar el cordón, perdemos este “gemelo uterino”y salimos hacia el mundo de los microbios. El intestino del recién nacido es completamente permeable y virgen de toda flora simbiótica, no tiene ninguna estructura inmunitaria. Si no se controlaran los microbios del ambiente podrían invadir su cuerpo inmaduro provocando fenómenos perjudiciales para el futuro o daños irremediables. Es la leche materna que lo protege tomando el relevo del filtro placentario. La primera leche o calostro no es realmente un alimento, es un concentrado de células y moléculas inmunitarias fabricadas por la madre, y sobretodo de anticuerpos especiales llamados inmunoglobulinas A, (Ig A), que tapizan las mucosas. La mucosa intestinal de la madre fabricara los linfocitos necesarios según los microbios del ambiente, programando la síntesis de Ig A correspondientes. Desde el intestino estos linfocitos- memoria migran por las vías linfática y sanguínea hacia la glándula mamaria donde se produce la síntesis de estos anticuerpos “secretores” (unos 20 gr por litro de leche). En el momento de la primera toma, que debería producirse en la primera hora de vida, estos anticuerpos de superficie recubrirán la mucosa intestinal del bebe, después emigran por vía linfática y sanguínea para tapizar todas las mucosas y sobretodo la frágil mucosa respiratoria. Esta primera toma impide instantáneamente la penetración intempestiva de antígenos extranjeros alimentarios o microbianos a través de las mucosas del bebe. Estas Ig A también llamadas antígenos “reflejos” se adaptan perfectamente a los microbios que rodean a la madre y al niño. El niño no precisa ninguna vacuna porque está totalmente protegido por la leche materna. El calostro contiene también sustancias que impermeabilizan la mucosa intestinal y permiten la puesta en marcha de una flora láctica, la cual interviene en la maduración de la inmunidad propia del niño. El conjunto de este proceso muestra hasta que punto la lactancia materna es la mejor garantía de la protección del bebe, y el primer paso para instalar solidamente la inmunidad después del destete. Los venenos alimenticios o medicamentosos siguen el mismo camino a partir de la mucosa intestinal, por eso no es extraño que las disfunciones digestivas provoquen alteraciones respiratorias, cutáneas, urogenitales, articulares y mentales por difusión de toxinas.

La iniciación de la inmunidad en el niño nos permite entrever la función de la piel y sobretodo de las mucosas con sus floras simbióticas y sus estructuras linfoides.

La mucosa intestinal es fundamental y durante toda la vida sigue siendo la base del sistema inmunitario. El sistema de mucosas tapiza todas las cavidades huecas del organismo que están en contacto con el medio externo (intestino, vejiga, bronquios y vagina), estos órganos huecos albergan una flora simbiótica muy abundante cuya actividad metabólica global es

equivalente a la del hígado, a la actividad endocrina e igual a la del cerebro. Estos microbios domésticos tienen un gran poder inmunitario, una parte de ellos controla rigurosamente todo

el conjunto de gérmenes llamados “patógenos”, que siempre están presentes aunque

inactivos mientras no haya un estrés y que el cerebro no les pida su activación, su proliferación y su acción reguladora. También aseguran la iniciación y la maduración de estructuras linfoides asociadas a las mucosas, que representan el 50% de los linfocitos, y que tomarán el relevo en la transferencia de la información. Nuestra salud depende de estos minúsculos comensales y la mínima perturbación de su ecosistema conlleva un desorden generalizado, inmunitario, nervioso, endocrino y psíquico. El estrés en todas sus formas, los

miedos, la ansiedad crónica, la alimentación industrial (pesticidas, conservantes, colorantes,

metales pesados, cocción en el microondas,

vermífugos químicos, antiinflamatorios, corticoides, floras asociadas a ellas.

),

la quimioterapia (vacunas, antibióticos,

) perturban realmente las frágiles

Versión oficial “una vez atravesadas las barreras, distintas legiones celulares intervienen. En primera línea los cohortes de macrófagos y de polinucleares (glóbulos blancos) que van a atrapar a los agentes infecciosos y a eliminarlos (fagocitosis)” Carta del Institut Pasteur.

A nivel de las mucosas existen puertas de entrada para los antígenos extranjeros. En el

intestino delgado son las placas de Peyer constituidas por grupos de células inmunitarias que esperan, ávidas de información. Estas células, macrófagos y linfocitos, están situadas aquí para acoger, memorizar y sobretodo controlar los “limpiadores” y los agentes de reprogramación que son las bacterias y virus “patógenos”. A nivel de las placas de Peyer y bajo la acción de los linfocitos, la mucosa intestinal se vuelve permeable, el epitelio se diferencia en “células M” cuya función es calificada de “misteriosa” por los inmunólogos. ¿Por qué misteriosa? Sencillamente porque su manera de actuar no corresponde con el dogma en vigor: las células M transportan los antígenos extranjeros de la luz intestinal al interior del organismo ! ¿Y eso para qué? Si la impermeabilidad de las mucosas garantiza un medio interno inexpugnable, ¿para que se van a abrir en el intestino delgado alrededor de 200 puertas que dejan pasar los agentes infecciosos digestivos (como los virus de la polio y del sida, el vibrión colérico o las salmonelas? Su objetivo sería alertar al sistema inmunitario. Que incoherencia !! El enemigo está al pié del castillo cuyos muros son infranqueables y se le abren las puertas para que el enemigo pueda prevenir a la guardia. Y para colmo, esto no siempre provoca una alerta inmunitaria ni la destrucción de los gérmenes. Pero todo se vuelve coherente si lo observamos como un sistema cognitivo, donde la respuesta depende de las características de la información. La función de la placas de Peyer, que aumentan en número en caso de infección, es la de transmitir ciertas informaciones del medio externo (Non-Yo) para la futura diferenciación y evolución de Si mismo ( Yo). El sistema inmunitario solo deja pasar lo que el organismo precisa y es el intestino delgado quien decide que información transmitir y de que manera.

En las placas de Peyer, los primeros que actúan son los macrófagos. Su función es efectuar una primera selección entre la multitud de gérmenes que se encuentran en las puertas del medio interno. Actúan por endocitosis o fagocitosis, es decir por ingestión y digestión de todos los desechos e impurezas, pero también de microbios portadores de ácidos nucléicos (el mensaje) y de proteinas (el antígeno señal, que es el documento de identidad del microbio). Transmiten informaciones “interesantes” a los linfocitos T, por el mecanismo de “presentación del antígeno”. De esta manera almacenamos o rechazamos cada día, gran cantidad de informaciones y cuando el medio interno precisa de un intenso trabajo microbiano, este se acompaña de un conjunto de síntomas llamado “infección aguda”. Los macrófagos emiten la interleukina 1, citokina que actúa a nivel de los centros termorreguladores del hipotálamo, provocando la fiebre y la inflamación para apoyar el trabajo de vigilancia de los linfocitos.

LA FIEBRE

La fiebre es nuestro mejor aliado para controlar la integración de las informaciones microbianas. Eje de la defensa natural, testigo de una reacción orgánica sana del niño aún inmaduro, es una manifestación propia de este periodo de individualización y debemos perder el miedo visceral y los prejuicios que nos impulsan sistemáticamente a combatirla. Muy a menudo los niños “equilibrados” presentan una “falsa fiebre” les aumenta la temperatura sin consecuencias y siguen jugando, bebiendo y durmiendo como si nada. La dieta, los baños 2º por debajo de la temperatura rectal y la presencia permanente de la madre (sobretodo por la noche) es suficiente para que baje. La verdadera fiebre es un síndrome impresionante con hipertermia, manifestaciones inflamatorias, escalofríos, sudores, contracturas musculares. Entonces hay que saber controlarla en su intensidad y en su duración. Alrededor de 38º y 38,5º la fiebre favorece el desarrollo microbiano. ¿Con que finalidad? Si el microbio es un enemigo entonces hay que combatir la fiebre por todos los medios. Pero si al contrario el microbio es una información, esta facilitación tiene sentido ya que es una amplificación para “ver mejor de que se trata” antes de una posible integración. De 39º a 39,5º la fiebre es bacteriostática, para la multiplicación microbiana. El mensaje es recibido, la información es integrada o juzgada sin importancia. De 40º a 40,5º la fiebre es bactericida, destruye los microbios suplementarios que no tienen ningún interés. Pero la fiebre tiene otras funciones. Aumenta el metabolismo de base favoreciendo las síntesis (crecimiento, anabolismo) y la eliminación de toxinas (catabolismo). Acelera los ritmos cardíacos y respiratorio, la filtración hepática aumentando su acción antitóxica. Estimula las funciones metabólicas del hígado, inmaduras hasta los 4 años, lo que nos deja entrever los daños considerables ocasionados por la quimioterapia masiva y rutinaria para “bajar la fiebre y destruir los microbios”. ¿Qué significa “respetar la fiebre”? Primero hay que captar el sentido de la enfermedad infantil. Lo podemos comparar a una prueba iniciática que permite “limpiar la herencia” metamorfosear el cuerpo físico, elaborar el psiquismo, eliminar la predisposición natural a la neurosis regresiva o el retorno fusional a la madre. Pasar una “buena rubéola” o unas “buenas paperas” nos permite de hacer piel nueva y esta muda es una conquista que va acompañada de una metamorfosis profunda tanto de la fisionomía como de la psique. Al salir de la enfermedad el niño ha cambiado, su cuerpo en parte liberado de las “escorias” del pasado familiar, tribal o social para que pueda abrirse en él su individualidad psico-

espiritual. Los rasgos se afirman, el niño crece, el lenguaje es mas elaborado. Se vuelve más resistente para poder afrontar los futuros conflictos, madurando su sistema inmunitario. “La fuerza de la metamorfosis al atravesar una enfermedad infantil, nos dura toda la vida”, y parece que las subidas de fiebre de la infancia, juegan un papel protector frente a las enfermedades tumorales. La enfermedad infantil es una auténtica curación y los agentes de esa curación son los microbios. El término de “enfermedad” solo debería utilizarse en caso de complicaciones. Estas dificultades a franquear los pasos de la evolución, los encontramos en distintos niveles : una fragilidad relacionada con la pesada herencia psíquica de la humanidad (las diatesis innatas de los homeópatas), al “proyecto inconsciente de los padres”, a los traumatismos de la vida fetal, del nacimiento y de la infancia, a la carencia afectiva, a menudo a manipulaciones médicas intempestivas relacionadas con el miedo. La mayoría de los padres están aterrorizados por el espectro de las convulsiones y del delirio febril en relación con sus propios terrores infantiles (las angustias de sus propios padres) y el sometimiento a los dogmas médicas en vigor, un miedo irracional mantenido y amplificado por algunos médicos que son incapaces de comprender la naturaleza profunda de estos procesos vitales. La propaganda vacunalista se basa en el miedo de las complicaciones y muy a menudo es la misma vacuna que provoca estas consecuencias. Las enfermedades infantiles tienen siempre un gran componente emocional, como todos los grandes momentos de nuestra vida. El niño desde su etapa pre-verbal hasta alrededor de los 3 años, está completamente abierto a las influencias externas. Imita a los “mayores” para construirse, y esto se puede comparar al contagio. Igual que intenta reconstruir cada palabra y cada gesto en sus juegos secretos, de la misma manera puede manifestar físicamente a través de una erupción cutánea, una bronquitis, una diarrea, un estreñimiento, o convulsiones (venganza dirigida contra la madre !) el ambiente emocional en el que vive. ¿Qué modelo humano damos a nuestros niños? De todas las emociones el miedo es la más contagiosa, es la mayor enfermedad de nuestro siglo. La ansiedad de la madre, subjetiva, puede generar por resonancia una agravación ,objetiva, y a veces dramática de los síntomas en el niño. Cuanto más inquieta está la madre, más riesgo hay de agravar la enfermedad, aunque esto parezca un poco duro, pero a veces el miedo obsesivo de las convulsiones en los padres o en el médico, es suficiente para generar convulsiones en el niño. Si tenéis miedo de caer, la manera más sencilla de eliminar este miedo es justo caerse ! ¿Cuándo vamos a entender que la salud de nuestros hijos es un reflejo fiel de nuestros estados de ánimo? Cuando llega la crisis evolutiva, hay que rodear al niño de una atmósfera serena, positiva, Animándolo y admirando este misterio que se produce. Hay que acompañarlo en su esfuerzo de curación, armar al guerrero para su combate y no evitárselo ya que “las enfermedades son los obreros del divino” (Paracelso).

No se previenen las enfermedades con las vacunas mortales, sino con amor que da vida. “Respetar la fiebre” es en primer lugar confortar al niño con una actitud serena y tranquilizadora, acompañar su esfuerzo de crecimiento con una dieta adaptada, reposo y utilizar remedios no tóxicos que impidan que la fiebre suba o dure demasiado. Por encima de 40º y mas de cuatro días, el individuo debe ayudarse con homeopatía, aromaterapia y oligoelementos catalíticos. Excepcionalmente podremos recurrir a la quimioterapia, pero si

captamos el sentido de la enfermedad infantil, si evitamos el pánico y si queremos que nuestros hijos estén sanos, en muy raras ocasiones los tendríamos que utilizar.

Segunda línea Inmunidad de mediación celular- Fase de estado

Versión oficial: “otros cuerpos de tropas celulares, compuestos de diversos glóbulos blancos guerreros capaces de reconocer al enemigo (o de colaborar en su identificación), de cooperar eficazmente gracias a diversos medios de transmisión y de entrar en combate” (La carta del Institut Pasteur).

Esta fase empieza en las puertas abiertas situadas en las mucosas. Las floras simbióticas transfieren las nuevas informaciones, originales o complejas Hacia los macrófagos de las placas de Peyer. Los macrófagos las van a integrar, a digerir y

finalmente a presentar éstos peptidos antigénicos, a estos especialistas que son los linfocitos

T.

Los recién nacidos poseen linfocitos, pero también son linfocitos recién nacidos !! aún no están educados y no saben como comunicar correctamente con las palabras químicas que más adelante constituirán su lenguaje. Los promotores de la vacunación infantil precoz, múltiple, sistemática y obligatoria, parece que no hayan captado este aspecto elemental de la biología. El bebe de menos de 12 meses tiene una boca, una lengua, laringe y cuerdas vocales, y a pesar de todo no sabe hablar. Progresivamente elaborará el lenguaje por imitación y a partir de las informaciones que reciba de su entorno. Del mismo modo un niño de menos de 2 años, tiene médula ósea, un timo, un bazo y ganglios linfáticos, macrófagos y linfocitos, pero estas células aún no pueden fabricar citokinas, dicho de otro modo no saben hablar y no pueden comunicar. Para los que prefieren comparar a las células inmunitarias con un ejército, sería un ejército de jóvenes reclutas aislados unos de otros, sin jefes ni comunicación por radio, lo que no les permite establecer ningún tipo de estrategia eficaz, de regular una fina respuesta inmunitaria según el tipo de información recibido. La capacidad de regulación debuta hacia los dos años (cuando el niño empieza a hablar) y llega a su madurez hacia los 10 – 12 años. A partir de aquí, ¿Qué efecto pueden tener las múltiples vacunas inyectadas a los bebes?.

Los linfocitos nacidos en la médula ósea, educados en el timo, concentrados en las placas de Peyer, los ganglios y el bazo, circulan por el organismo, para informarse en las mucosas de lo que pasa en los límites del “reinado”. Siempre intervienen después que los macrófagos hayan realizado la fagocitosis. Los antígenos que les son presentados constituyen un “documento de identidad” y un “salvo conducto” de las informaciones microbianas. Los linfocitos no pueden comprender las informaciones que no han sido filtradas por las mucosas. Ya hemos visto que para coordinar sus acciones las células inmunitarias deben permanecer constantemente en comunicación, los intercambios se efectúan por intermediario de moléculas como los interferon y las interleukinas, que están casi ausentes en los niños. Estas palabras químicas permiten estimular, atenuar o interrumpir tal o cual aspecto de la respuesta inmunitaria a fin de amplificar, modular o prohibir la reprogramación del microbio. Los linfocitos T, y sobre todo los T4 o CD4 se consideran

como el “polo de conciencia” del sistema inmunitario, los maestros de obra de la inmunidad específica. El cerebro biológico controla y ordena todos los procesos de enfermedad y de curación a través de señales nerviosas o endocrinas, y los linfocitos T4 son los ingenieros y aparejadores que supervisan el trabajo de los obreros microbios. El sistema nervioso es el terminal de todas nuestras percepciones sensoriales y extrasensoriales que engendran o reactivan pulsiones, deseos, emociones, sentimientos, actos y pasiones, atracciones y repulsiones, pensamientos, ideas, conceptos, creaciones imaginarias y recuerdos. En el cerebro se imprimen todos nuestros conflictos concientes e inconscientes. Todo está unido, y nuestras emociones positivas o negativas influyen en nuestra inmunidad, inhiben o favorizan el trabajo microbiano de la misma manera que el estado de nuestra flora intestinal influye sobre nuestro estado de ánimo.

La inmunologia oficial empieza aquí con la intervención de los linfocitos T que recogen y memorizan las informaciones transmitidas por los macrófagos. El microbio se encuentra en el medio interno y para los especialistas se trata de un enemigo al que hay que destruir lo más rapidamente posible gracias a la activación de los linfocitos T8 citotóxicos y de los linfocitos B productores de anticuerpos. Una vez más nos encontramos frente a una evidente paradoja. Para empezar, esta reacción celular de neutralización o de rechazo es facultativa y además es tardía ya que aparece varios días después del primer contacto en las fronteras. ¿Qué sucedió durante este tiempo, sabiendo que un virus puede llegar a su objetivo en algunos minutos? Y por otro lado la participación del sistema inmunitario a menudo aparece como esencial para el desarrollo de numerosas “enfermedades infecciosas”. A veces lo que pasa es que hay una tolerancia, incluso una facilitación que permite a los gérmenes de penetrar y recorrer todo el organismo para encontrar su objetivo y realizar allí trabajos de renovación. La tolerancia inmunitaria favoriza la expresión de la enfermedad infecciosa si ella es necesaria:la interleukina 1 arranca la fiebre que activa el desarrollo microbiano, del mismo modo que la adrenalina y el cortisol secretado por las glándulas suprarrenales activan los linfocitos supresores que inhiben la reacción inmunitaria y favorecen la infección en caso de estrés.

Otra paradoja : la inmunologia describe infecciones intracelulares (es el caso de los virus) y extracelulares, lo que significa que el sistema inmunitario solo interviene cuando el enemigo ya ha penetrado en su objetivo. ¿porqué espera tanto? Respuesta oficial : “el germen es capaz de eludir incluso de desviar a su favor la respuesta celular que es el primer acto de la respuesta inmunitaria”. Esto es un tremendo contrasentido!! De hecho el sistema inmunitario autoriza el proceso infeccioso cuando éste es útil, pero lo controla rigurosamente y lo termina cuando alcanzó su objetivo – la curación -. Esto es lo que se produce, considerando que linfocitos T4 fueron sorprendidos en pleno delito de transmisión de virus de célula a célula, fuera del alcance de eventuales anticuerpos neutralizadores. Es así que ciertos virus pueden atravesar las mucosas y llegar a nuestro ADN en unos minutos, para incluirse a nuestros cromosomas, sin dar ningún signo patológico ni ninguna reacción inmunitaria. Pero el número de células implicadas esta estrictamente controlado por los linfocitos según el objetivo que se requiera.

Lo que describe la inmunología clásica es un fenómeno tardío, posterior a las fases de asimilación e integración de las informaciones. La destrucción de los microbios por los

linfocitos ocurre después de la enfermedad, cuando se limpia el terreno, se reprograma el ADN y el conflicto ya está resuelto. El papel de los linfocitos T4 al principio, es dejar que se cumpla la transferencia de información, o sea la “enfermedad”, inhibiendo los procesos puramente destructores de la tercera fase. Cuando termina este trabajo, la fiebre aumenta para frenar y luego parar la actividad microbiana. Los linfocitos T4 inician entonces la tercera fase, que consiste en la eliminación de desechos por activación de los macrófagos armados, de linfocitos T8 citotóxicos y eventualmente de linfocitos B productores de anticuerpos.

Tercera línea Inmunidad humoral Fase terminal y convalecencia

Versión oficial :”varios tipos de linfocitos entran en juego: los linfocitos B que producen los anticuerpos y constituyen verdaderas fábricas de armas biológicas; los linfocitos asesinos que librarán una lucha cuerpo a cuerpo con las células infectadas para destruirlas, los linfocitos consejeros militares que regularan los movimientos de las tropas, y otros ”

linfocitos que envenenarán a sus enemigos liberando citokinas Pasteur.

La carta del Institut

El estudio de esta fase terminal del proceso inmunitario se debe centrar en el ciclo de producción, utilización y eliminación de estas proteinas llamadas anticuerpos , inmunoglobulinas o gammaglobulinas. Son sintetizadas por los linfocitos B, y ello es la base de toda la teoría de vacunación pasteuriana, sistematizada en la prima infancia, aunque estas células no sean realmente funcionales que hacia la edad de 4 a 5 años, según el dogma, estar bien vacunado, o sea bien inmunizado, quiere decir tener anticuerpos circulantes en sangre.

Esta manera de verlo es incoherente, al menos por tres razones:

- ¿porqué se busca la seropositividad con las vacunas, cuando se considera la

seropositividad natural de mal pronostico (sida, hepatitis,

- Un nivel bajo de anticuerpos se considera fisiológico, en revancha las

hipergammaglobulinemias (cantidades importantes de anticuerpos en el suero sanguíneo) siempre son patológicas. En los enfermos graves de sida afectados también de otras enfermedades “oportunistas” los niveles de anticuerpos son enormes, pudiendo llegar a 75%, en lugar de 15 a 17% en un individuo sano! Los anticuerpos no son protectores y su producción masiva más bien muestra un descontrol y un fallo del sistema inmunitario que se

ha vuelto incapaz de controlar la situación. Este desarreglo mortal solo se produce en casos desesperados y veremos que es lo que pasa con las vacunas. Fue asi que los intentos preliminares de una vacuna anti-sida administrada a seropositivos asintomáticos (sin trastornos visibles) provocaron todos una agravación muy rápida y una muerte prematura.

- Durante una enfermedad contraída naturalmente, los anticuerpos aparecen tres semanas

después durante la fase de convalecencia, para estabilizarse luego a un nivel muy bajo. ¿En qué nos protegen si la enfermedad ya se terminó? Si realmente estamos en peligro en los casos de enfermedad infecciosa aguda, ¿qué es lo que nos protege durante todo el tiempo

)?

necesario para fabricar los anticuerpos? Si nada no controlara la acción microbiana durante este lapso de tiempo, estaríamos todos muertos de infección y eso mucho antes de la invención de las vacunas.

En el primer contacto con el antígeno, la producción de inmunoglobulinas es inútil ya que los anticuerpos no tienen ninguna relación con la verdadera inmunidad, que concierne principalmente a los filtros de las mucosas y a los reguladores celulares. La inmunidad por mediación celular es un proceso perfectamente controlado por los linfocitos bien disciplinados que supervisan una intensa cooperación celular. Los T4 guardan la memoria de todo lo que estuvo en contacto con las placas de Peyer, de todo lo que penetró en el medio interno, y de todo lo que integró el genoma. Según los acontecimientos de la biografía de cada cual, el sistema inmunitario autorizará la activación de una enfermedad infecciosa una sola o varias veces. En la inmensa mayoría de los casos, las enfermedades infantiles, como el conjunto de enfermedades virales, solo se producen una sola vez. La inmunidad naturalmente adquirida es sólida y casi siempre definitiva y los gérmenes implicados serán mas tarde rechazados a nivel de las mucosas.

¿Cuál es el papel de los anticuerpos? Al mismo tiempo que favorecen la integración de informaciones microbianas susceptibles de enriquecer al individuo, los linfocitos T4 preparan la fase final para frenar y luego parar la actividad infecciosa. Gracias a las linfokinas, “arman” a los macrófagos y ponen en alerta a los linfocitos T8 cititóxicos y a los linfocitos B productores de anticuerpos. Pero lo que es seguro que no hacen es una superproducción de inmunoglobulinas! Ellas se mantienen muy discretas durante toda la fase aguda de la enfermedad. Después en la fase de convalecencia, los anticuerpos se fabrican con parsimonia para limpiar el terreno. Toda curación implica destrucción y reconstrucción, lo que se traduce por eliminación. Muchas veces se forma pus para limpiar bien una herida, está constituido por macrófagos y linfocitos cargados de desechos y toxinas. Los anticuerpos eliminan del medio interno los envoltorios víricos, las células muertas y los gérmenes inútiles. La inmunidad de mediación humoral solo es un sistema de limpieza. Valorar la inmunidad según la cantidad de anticuerpos producidos sería como juzgar el éxito de un encuentro importante según la cantidad de barrenderos que hay en la sala cuando ya no queda nadie. Practicar la vacunación con el único objetivo de fabricar anticuerpos es una aberración y es además peligroso para el equilibrio del medio interno.

Hay una destrucción del envoltorio del virus pero no del mensaje. Cuando recibimos un correo tiramos el sobre y leemos la carta. El sistema inmunitario hace lo mismo. ¿Entonces para que vacunar? El dogma actual dice que toda información es subversiva, que todo correo recibido es terriblemente nocivo y hay que destruirlo antes de abrirlo y de esta manera engañar al sistema inmunitario, forzando al organismo a producir anticuerpos contra una multitud de enemigos hipotéticos, invisibles, virtuales. Es la paranoia total!! Siguiendo la analogía entre el comportamiento del sistema inmunitario y nuestro comportamiento frente al correo, cada día recibimos multitud de correo publicitario, echamos una ojeada más o menos atenta según nuestros intereses del momento y enseguida nuestras “defensas naturales” eliminan gran cantidad de información, (floras intestinales y macrófagos). Aunque a veces algunos sobres nos llaman particularmente la atención ya que parecen

contener informaciones nuevas, enriquecedoras o esconder un posible peligro para nuestro

equilibrio interno (facturas, multas, etc

linfocitos T) las vamos a memorizar y a clasificar en nuestros archivos personales (linfocitos memoria, inclusión en el ADN) después de haber eliminado los soportes, los sobres y los embalajes (linfocitos T8 citotóxicos, anticuerpos). ¿Qué hacemos si recibimos cada día la misma información por centenares de ejemplares? Vamos a bloquear nuestro buzón para no recibirla más (sistema de filtración de las mucosas) asi esta información va directamente a la papelera o al incinerador (anticuerpos neutralizantes). Estar “inmunizado” quiere decir que nuestra memoria indica que tal información ya está clasificada, inútil, repetida, dañina, y así nuestros anticuerpos mentales intervienen inmediatamente. Así funciona el sistema inmunitario frente a los microbios.

)

estas las vamos a leer atentamente (macrófagos,

Última modificación ( 10-11-2004 )