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RESUMEN DEL PRIMER CAPITULO DE RAFAEL DEL AGUILA

LA POLÍTICA.

Política es la actividad a través de la cual los grupos humanos toman decisiones colectivas.

El lugar central de la actividad política al que nos referiremos y del que trataremos será el Estado, entendido como aquella institución que recaba para sí, con éxito, el monopolio de la violencia legítima dentro de un territorio.

En el contexto de la definición sería posible hablar tanto de política democrática como de política autoritaria o totalitaria. Igualmente dentro de esa definición caben comprensiones más aristotélicas (y cooperativas) o más maquiavélicas (y conflictivas) de la política.

Según las primeras, la política es la actividad que nos convierte en seres humanos al hacernos usar la palabra y la persuasión en la deliberación en común de lo que a todos afecta. Sin embargo no es hoy la dominante.

En efecto, las definiciones maquiavélicas de lo político señalan que esta actividad (la política) es esencialmente algo conflictivo y transgresor cuando no directamente inmoral.

La ciencia de la política se convierte aquí en la ciencia del poder.

Pues bien, en democracia ambas concepciones conviven la una con la otra. De hecho, la democracia liberal es un sistema que intenta solucionar algunos de los problemas derivados de esas diferentes concepciones y que trata igualmente de establecer un marco de entendimiento del poder y la legitimidad que haga justicia a lo que pueda haber de verdad en cada una de ellas.

EL PODER

1.- El poder no es una cosa que uno tiene, el poder es el resultado de una relación en el que unos obedecen y otros mandan.

2.- El poder está estrechamente vinculado no sólo ni prioritariamente con la fuerza o la violencia, sino con ideas, creencias y valores que ayudan a la obtención de obediencia y dotan de autoridad y legitimidad al que manda.

3.- Así, un cuando el miedo al castigo es un componente de todo poder, no es su componente fundamental.

4.- Los ciudadanos no consideran del mismo modo: a) pagar impuestos. B) ser asaltado por un ladrón que nos exige dinero. La diferencia esta en que los que ordenan en el primer caso son considerados autoridades legitimadas para exigirnos la obediencia.

5.- Para apreciar cómo se ordena, se concentra o se dispersa el poder en un sistema político concreto no es suficiente el estudio de sus leyes.

3 TEORIAS ESTRATÉGICAS DEL PODER.

Weber define la acción estratégica como aquella en la que el actor: 1) define el fin que quiere o le interesa alcanzar y 2) combina e instrumenta los medios que son necesarios o eficientes en la consecución de aquel fin.

Weber define el poder como la posibilidad de que un actor en una relación esté en disposición de llevar a cabo su propia voluntad, pese a la resistencia de los otros, y sin que importe por el momento en qué descansa esa posibilidad.

Existen tres grandes formas de contemplar este tema:

1.- El enfoque unidimensional. Aquí A tiene poder sobre B en la medida en que puede hacer a B realizar algo que, de otro modo, B no haría. Para hablar de la presencia del poder es, pues, necesario que sobre las cuestiones en disputa exista una oposición real y directa de intereses.

2.- Para el enfoque bidimensional la concepción anterior es insuficiente. Necesitamos analizar también cualquier forma de control efectivo de A sobre B. Desde esta perspectiva donde se manifiesta el poder es en la movilización de influencias que opera tanto en la resolución de conflictos efectivos como en la manipulación de ciertos conflictos y la supresión de otros.

3.- Para el enfoque tridimensional es necesario desechar la reducción del poder al proceso concreto de toma de decisiones y hay que centrarse en el control global que el poder puede ejercer sobre la agenda política. No se trata ahora de buscar conflictos efectivos y observables, sino de considerar oposiciones reales de intereses.

En las tres variantes aquí analizadas no hay diferencia en el concepto de poder propiamente dicho.

4. PODER, AUTORIDAD Y LEGITIMIDAD.

Max Weber distinguía entre poder y autoridad:

Autoridad sería el ejercicio institucionalizado del poder y conduciría a una diferenciación, entre gobernantes y gobernados. La institucionalización de la dicotomía poder-obediencia, así, se produce como consecuencia de la estabilización en las relaciones sociales de determinados roles (papeles sociales) y status.

Así la autoridad implica una serie de supuestos:

- Una relación de supra -subordinación entre dos individuos o grupos.

- La expectativa del grupo supraordinado de controlar el comportamiento del subordinado.

- La vinculación de tal expectativa a posiciones sociales relativamente independientes del carácter de sus ocupantes.

- La posibilidad de obtención de obediencia se limita a un contenido específico y no supone un control absoluto sobre el obediente.

- La desobediencia es sancionada según un sistema de reglas vinculada a un sistema jurídico o a un sistema de control social extrajurídico.

La obediencia se obtiene sin recurso a la fuerza cuando el mandato hace referencia a algún valor o creencia comúnmente aceptado y que forma parte del consenso del grupo.

Weber distingue tres tipos de legitimidad:

- La legitimidad tradicional, que apela a la creencia en la santidad o corrección de las tradiciones inmemoriales de una comunidad como fundamento del poder y la autoridad y que señala como gobiernos legítimos a aquellos que se ejercen bajo el influjo de esos valores tradicionales.

- La legitimidad carismática, que apela a la creencia en las excepcionales cualidades de heroísmo o de carácter de una persona individual y del orden normativo revelado u ordenado por ella, considerando como dignos de obediencia los mandatos procedentes de esa persona o ese orden.

- La legitimidad legal-racional, que apela a la creencia en la legalidad y los procedimientos racionales como justificación del orden político y considera dignos de obediencia aquellos que han sido elevados a la autoridad de acuerdo con esas reglas y leyes.

En todos estos casos la legitimidad está vinculada a la creencia en la legitimidad, es decir, es legítimo aquel poder que es tenido por legítimo.

5 PODER Y LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICAS

El concepto alternativo de poder y legitimidad se fundamenta en la idea de acción comunicativa o concertada.

El concepto de acción comunicativa responde a la idea aristotélica de que existen acciones que se realizan por sí mismas sin que sean meros medios para la obtención de un fin distinto.

H. Arendt, rompe con la idea del poder como un mecanismo que responde al esquema medios/fines y lo define como “la capacidad humana no sólo de actuar, sino de actuar en común, concertadamente”. Cuando decimos que alguien está en el poder queremos hacer referencia a que es apoderado de cierto número de gente para que actúe en su nombre. Es, entonces, el apoyo del pueblo lo que otorga poder a las instituciones de un país y este apoyo no es sino la continuación del consentimiento que dotó de existencia a las leyes.

Bajo las condiciones de un sistema democrático-representativo se supone que los ciudadanos “dirigen” a los que gobiernan.

Desde esta perspectiva se disocia al poder de la relación mandato-obediencia, de la coerción del conflicto y del dominio. El poder es consensual y es inherente a la existencia misma de comunidades políticas.

El poder por lo tanto no es la instrumentalización de la voluntad de otro, sino la formación de la voluntad común dirigida al logro de un acuerdo.

Dice que hay leyes que no son imperativas, que no urgen a la obediencia, sino directivas, que funcionan como reglas del juego que nos dotan de un marco de referencia dentro del cual se desarrolla el juego y sin el cual no podría tener lugar. Y el motivo por el que deben aceptarse tales reglas del juego es que dado que los hombres viven, actúan y existen en pluralidad, el deseo de intervenir en el juego es idéntico al deseo de vivir.

Cuando estamos en presencia de la imposición de una voluntad a otra, eso no cabe denominarlo poder sino violencia. El poder es siempre no violento, no manipulativo, no coercitivo. Poder y violencia son opuestos, la violencia aparece allí donde el poder peligra, pero dejada a su propio curso acabará con todo poder.

En definitiva, Arendt nos ofrece un concepto de poder que puede utilizarse normativamente a favor de un democratismo radical y en contra de la erosión de la esfera pública en las democracias de masas contemporáneas.

Jürgen Habermas propone, una distinción entre el ejercicio del poder y la generación del poder.

Los grupos políticos en conflicto tratan de obtener poder, pero no lo crean. Esta es, según Harmas, la impotencia de los poderosos: tienen que tomar prestado su poder de aquellos que lo producen. En estas condiciones, la violencia puede aparecer como fuerza que bloquea la comunicación, la deliberación y el consenso necesarios para lograr generar el poder que el sistema requiere.

Necesitamos determinar cuándo el poder surge deliberadamente y cuándo es un producto manipulado que unos cuantos utilizan en detrimento del colectivo. Para ello inevitablemente debemos referirnos al tema de la legitimidad y de la justificación colectiva de normas práctico-políticas mediante la especificación de ciertas condiciones formales o procedimientos mínimos que nos hagan capaces de distinguir una deliberación conjunta basada en la razón y el interés general de otra basada en la fuerza, la manipulación o el engaño.

-Primero, libertad de las partes para hablar y exponer sus distintos puntos de vista sin limitación alguna que pudiera bloquear la descripción y argumentación en torno a lo que debe hacerse.

ej. Un caso en el que puede existir libertad de las partes es que los trabajadores están blindados por el representante de los propios trabajadores.

-Segundo, igualdad de las partes de modo que sus concepciones y argumentos tengan el mismo peso en el proceso de discusión.

ej. Un ejemplo sería el en el caso de un empresario y un trabajador en el que como sabemos no se encuentran al mismo nivel y para que estén en el mismo nivel el trabajador tiene el Derecho constitucional a la huelga.

-La tercera condición se refiere a la estructura misma de la deliberación en común: lo que debe imponerse en la discusión es la fuerza del mejor argumento sin que sea posible acudir a la coacción o ala violencia como elemento integrante de la misma.

Ahora bien, parece que esta idea de legitimidad ligada a procedimientos, deliberaciones conjuntas y acuerdos racionales favorece los valores liberal-democráticos en detrimento de otros.

Así pues, dentro del paradigma arendtiano del poder y de la legitimidad procedimental habermasiana, consideremos una acción, una norma o una institución como legítima si fuera susceptible de ser justificada como tal dentro de un proceso deliberativo. Y este proceso deliberativo deberá regirse por reglas tales como la libertad y la igualdad de las partes, y deberá igualmente estar guiado por el principio del mejor argumento y la exclusión de la coacción.