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TÍTULO EL SENTIDO DE LA VIDA Félix Martí Ibáñez

P R Ó L O G O:

Una filosofía de combate para una época de crisis y, por tanto, de esperanza
Félix Rodrigo Mora Karlos Luckas
Notas biográficas: Félix Martí Ibáñez (1911-1972), médico, pensador y escritor. Militante de CNT en su juventud, participó activamente en la lucha antifascista y revolucionaria durante la Guerra Civil española. Miembro destacado del grupo anarquista «Los Amigos de Durruti», del que fuera Primer Secretario, intervino en los sucesos de mayo, acaecidos en Barcelona, en el año 1937. Después de la derrota de la República, en 1939, abandonó el Estado español y, a través de Francia, emigró a los Estados Unidos, donde comenzó una nueva vida en actividades puramente profesionales. En 1934, con solamente 23 años, escribió el texto que publicamos, EL SENTIDO DE LA VIDA, obra de filosofía y de ética de gran valor reflexivo, literario, e incluso poético, destinada al debate interno del grupo al que pertenecía, la Asociación de Idealistas Prácticos. Se publicó en 1937, en plena Guerra Civil, con un fin claramente político, como dice textualmente Félix Martí, porque «Llegó el momento de vivir los Ideales».

Félix Rodrigo Mora, pensador autodidacta, comprometido desde joven en esfuerzos, metas y combates sociales, políticos, medioambientales, morales, epistemológicos, reflexivos y culturales. Es autor de diversos libros, Naturaleza, ruralidad y civilización (Madrid: Ed. Brulot, 2008), La democracia y el triunfo del Estado. Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora (Madrid: Ed. Manuscritos, 2010), Crisis y utopía en

2 el siglo XXI (Alicante: Ed. Maldecap, 2010), Borracheras NO: pasado, presente y futuro del rechazo a la alcoholización (Madrid: Aldarull Edicions, 2010), Seis estudios. Sobre política, historia, tecnología, universidad, ética y pedagogía (Madrid: Ed. Brulot, 2010), O atraso político do nacionalismo autonomista galego (El Ferrol, Unión Libertaria, 2010), El giro estatolátrico. Repudio experiencial del Estado del bienestar (Alicante: Ed. Maldecap, 2011), 15 M y otros textos (Madrid: Ed. Manuscritos, 2011) Revolución integral o decrecimiento. Controversia con Serge Latouche (Barcelona: El grillo libertario, 2012) y Tiempo, Historia y Sublimidad en el románico rural (Tenerife, Potlatch Ed., 2012). Recientemente ha publicado una obra conjunta con Prado Esteban, Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Volumen I: Recuperando la historia (Madrid: Aldarull Edicions, 2012). Karlos Luckas. Licenciado en Ciencias Políticas, interesado por el estudio de la filosofía, la historia, la política, el nacionalismo y la cultura. Vinculado a actividades políticas desde los momentos iniciales de la transición política en el Estado español.

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PRÓLOGO Hemos descubierto por fin el sentido de la vida.
Vivir es no renunciar a nada, más que a sí mismo en lo que a satisfacciones personales se refiere. El genuino sentido de la vida es olvidarse de uno para encontrar la felicidad en el servicio a la Humanidad oprimida. Pasarán barridos por el huracán de los años nuestras menudas pasiones y egoísmos. Solamente restará en pié desafiando al tiempo la realidad de la abnegación, del bien del servicio desinteresado a nuestros hermanos de Humanidad. Félix Martí Ibáñez1

El hombre heroico es lo que cuenta.
El hombre ahí, bajo la noche, y frente al misterio; con su tragedia a cuestas, con su verdadera tragedia. León Felipe2

La intención que nos anima a la publicación de este texto escrito por Félix Martí Ibáñez en 1934, y publicado en 1937, bajo el título El Sentido de la Vida, setenta y ocho años después, no es otra que dar a conocer a los actuales hombres y mujeres de buena voluntad, de voluntad transformadora y revolucionaria, un referente filosófico y ético de valor universal. El conjunto de pensamientos que nos ofrece Félix Martí es expresado desde lo más hondo de su espíritu, con las claves de lo mejor de la filosofía clásica y en una
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Félix Martí Ibáñez, «Pórtico», El Sentido de la Vida (Barcelona: Colección «Nueva Era», Ediciones y Reportajes, 1937).
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León Felipe, «La Insignia», Poetas en la España Leal (Madrid-Valencia: Ediciones Españolas, 1937).

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forma literaria cargada de poesía y pasión, conectada a las tradiciones más bellas, ascéticas y contundentes de la mística castellana y a la generación del 36, de Miguel Hernández, León Felipe, Juan Panero y otros, donde el amor humano contrasta, convive y se proyecta hacia el amor a la Humanidad. La obra, además de arte figurativo, como poema realista contiene – y es lo esencial – criterios éticos y morales para afrontar, no solamente la práctica política sino algo que es más profundo, la propia vida en toda su compleja dimensión y trágica integridad. Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de antes (Ap 2.17) Félix Martí Ibáñez era un hombre de su época, pero sobre todo un hombre sujeto, como todos, a la imperfección, al destino humano de ser uno y lo contrario a la vez. En su Comentario al Apocalipsis de San Juan, sobre este pensamiento, Beato de Liébana dice: Está claro, pues que enseña que hay en un mismo cuerpo dos partes, una que persevera, otra transgresora…3. Este principio se cumple de manera bastante abrumadora en la vida de Félix Martí, lo cual no resta, en absoluto, el valor universal de su pensamiento concretado en este texto que publicamos. Breve reseña biográfica4. Félix Martí Ibáñez tiene su origen social en la clase media valenciana, aunque nació circunstancialmente en Cartagena (Murcia), el 26 de diciembre de 1911, donde fue destinado su padre Félix Martí Alpera como docente. Falleció en Nueva York en 1972. Estudió medicina en la Facultad de Barcelona, graduándose a los 22 años, en 1933; presentó la tesis doctoral en 1934, en la Universidad Central de Madrid, con el trabajo de investigación titulado Ensayo sobre la historia de la Psicología y Fisiología místicas de la India. Al parecer, la influencia ejercida por su profesor de medicina legal Manuel Saforcada i Ademá lo indujeron directamente al interés profesional por la psicología y la psiquiatría, de hecho, Félix Martí siempre se definió a sí mismo como doctor o psiquiatra. Reconoció abierta y positivamente la influencia de Gregorio Marañón y Ortega y Gasset, tras su paso académico por Madrid.
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Beato de Liébana, «Tomo I», Obras Completas y complementarias, (Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 2004).
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Las referencias biográficas y bibliográficas están extraídas de Martí, José Vicente y Rey, Antonio (ed.), Antología de textos de Félix Martí Ibáñez (Valencia: Generalitat Valenciana, 2004).

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Podemos situar la orientación libertaria de Félix Martí entre los 17 y los 23 años, tal como lo reconoce expresamente en el “Pórtico” de la obra que comentamos donde indica expresamente que la misma fue redactada en el año 19345. Con anterioridad ya participaba activamente en la publicación valenciana denominada Estudios. Revista Ecléctica (1928-1937)6, en la que desarrolló una intensa actividad, básicamente orientada a la divulgación de conocimientos relacionados con su especialidad médica (sexualidad, eugenesia, control de natalidad, enfermedades nerviosas y mentales, conflictos espirituales, entre otros temas). En esta revista también se abordaban temas relacionados con la sociología, la filosofía, la pedagogía y la divulgación científica, bajo el nombre Biblioteca de Estudios, tratando cuestiones que indudablemente tendrían influencia en la formación intelectual e ideológica de Félix Martí. Lo característico de este periodo, anterior a la guerra civil española (1936-1939), fue la dualidad en la actividad profesional e ideológica, repartiendo sus esfuerzos entre aquellas participaciones académicas, como su intervención, en 1935, en el X Congreso Internacional de Historia de la Medicina, presidido por Gregorio Marañón, y la creación, ese mismo año, de la Organización Sanitaria Obrera Catalana de CNT y las publicaciones de ideología libertaria, como Tiempos Nuevos, Solidaridad Obrera, Mi Revista, Ruta, Umbral, etc. En relación con ello, es relevante destacar su paso por el grupo de debate Asociación de Idealistas Prácticos, a cuyos miembros fue inicialmente destinado el texto El Sentido de la Vida. Grupo más de debate intelectual que de orientación política práctica, en el que se discutían temas relacionados con la filosofía, la espiritualidad, la ideología, etc., concurriendo en aquellos una tendencia común hacia el catalanismo y el anarquismo. El 18 de julio de 1936 sorprendió a Félix Martí justamente en el momento de la celebración de un mitin en Canet de Mar, organizado por Juventudes Libertarias. De regreso a Barcelona participó en las milicias libertarias que se enfrentaban al ejército sublevado. Fue en ese periodo de su vida en el que adquirió un mayor compromiso político, si bien las responsabilidades que asumió tuvieron un
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En ese capítulo se define el texto como «ensayo –modelado en barro literario de exposiciones verbales hechas por mí en junio de 1934- a mis amigos de la Asociación de Idealistas Prácticos a los cuales fue destinado».

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Ibídem, 23.

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marcado carácter y orientación profesional. A propuesta del consejero anarquista del gobierno de la Generalitat, García Birlán, ejerció el cargo de director general de Sanidad y Asistencia Social; incluso el de subsecretario de Sanidad, en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno central. Durante este período participó en los llamados «Hechos de mayo» de 1937, en Barcelona, en los cuales se produjo un conflicto, que culminó en forma de enfrentamiento armado entre comunistasestalinistas y fuerzas de la Generalitat, por un lado, y anarquistas (un sector de CNT) y marxistas del POUM, por otro. Martí Ibáñez tuvo una participación destacada en el segundo bando; disputa que finalmente se resolvió con la depuración de CNT-FAI en la participación institucional y la destitución, lógicamente, de Martí Ibáñez del cargo de director general. Agustín Guillamón, en su interesante artículo sobre estos acontecimientos y sobre el grupo denominado Los Amigos de Durruti7, afirma que Félix Martí tuvo un protagonismo relevante en el curso de los hechos. Es importante dedicar algunas líneas a estos sucesos, porque sitúan la esencia del conflicto en el concepto que se tenía del proceso político en curso. La cuestión de la revolución era para Los Amigos de Durruti el centro del debate, denunciando la que consideraban una política de naturaleza estatista y contrarrevolucionaria de la línea político-ideológica, defendida por la izquierda socialista-marxista estalinista y sus aliados nacionalistas republicanos, en defensa del poder del Estado. En definitiva, los Amigos de Durruti, pretendían defender una opción directamente revolucionaria y no meramente antifascista. Resumidamente, Los Amigos de Durruti, según A. Guillamón, eran militantes vinculados a la Columna Durruti, que se consideraban a sí mismos como anarquistas críticos con el colaboracionismo con el Estado, republicano o catalán. Surgió en 1937, del propio seno del movimiento libertario, con la intención de construir una vanguardia que no abandonara los «principios revolucionarios». Al parecer, la posición de Durruti (personalmente expresada a través de un discurso radiofónico) tuvo gran transcendencia entre los sectores obreros más politizados de Barcelona, y se concretó: en una clara oposición a la
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Agustín Guillamón, «La agrupación de los amigos de Durruti» (28-04-2008). Disponible en: http://es.scribd.com/doc/2675199/La-agrupacion-de-los-Amigos-deDurruti

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disolución de las Milicias Populares, mediante su militarización o su integración en el ejército republicano; en la denuncia de los avances contrarrevolucionarios; en una crítica a la burocratización de la CNT; abogando, al mismo tiempo, por un mayor compromiso y sacrificio de la retaguardia para ganar la guerra. En la lista de integrantes de Los Amigos de Durruti apareció Félix Martí Ibáñez como «Primer Secretario»; y además, se le definió como «psiquiatra y sexólogo» con gran audiencia en los medios ácratas. Según este sector, la muerte de Durruti, el 20 de noviembre de 1936, en el frente de Madrid, supuso el triunfo del anarquismo de Estado propugnado por el sector oficial de la CNT-FAI. Solidaridad Obrera, en un artículo publicado el 6 de diciembre de 1936, bajo el título: «El testamento de Durruti», ponía en boca del revolucionario anarquista la afirmación rotunda de que «los anarquistas exigimos que la Revolución tenga un carácter totalitario» (en el sentido de integridad y prioridad), marcando una clara línea divisoria entre quienes estaban por «ganar la guerra» y aquellos que escogían «hacer la revolución». Félix Martí estaba claramente por la segunda opción. Efectivamente, las crónicas sobre los acontecimientos de «Mayo de 1937» situaron en el centro de este conflicto a Félix Martí. Ya, desde algunos meses antes, se venían fraguando los dos polos en disputa. El 2 de marzo de 1937, se dieron a conocer los objetivos y características del grupo Los Amigos de Durruti, en el que Jaime Balius8 jugó un papel decisivo desde el periódico La Noche, del cual fue director. Se produjo una coincidencia táctica entre Andreu Nin (POUM) y Balius (Los Amigos de Durruti) que traería consecuencias bastante dramáticas en la lucha de líneas que se venía desarrollando en el seno de la izquierda. El 8 de abril Balius publicó en Ideas la primera advertencia: «si [Companys] tuviese a su disposición un contingente crecido de fuerzas armadas, amarraría de nuevo a la clase trabajadora al dogal capitalista». El 17 de marzo se constituyó formalmente el grupo Los Amigos de Durruti. El 14 de abril publicaron un manifiesto en contra de la celebración del aniversario de la proclamación de la República. El día 25 de abril apareció asesinado un dirigente de UGT; ya en los días sucesivos, 27 y 28 de abril, se produjo el enfrentamiento armado entre anarquistas y fuerzas de la Generalitat. Los Amigos de Durruti hicieron propaganda de su programa: «Todo el poder a la clase trabajadora. Todo el poder económico a los sindicatos. Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria». A partir del 1 de mayo, se sucedieron los
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Miguel Amorós, La revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti (Barcelona: Editorial Virus, 2003).

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acontecimientos que iban a enfrentar de forma antagónica a los bandos compuestos, de una parte, por CNT y POUM, y de otra, por la Generalitat, PSUC, ERC y Estat Català. El 4 de mayo, después de días de enfrentamientos armados, las noticias del momento sitúan a Martí Ibáñez en el Principal Palace de Las Ramblas, incautado por el POUM, analizando la situación con la plana mayor del POUM y la CNT. Una cuestión es clara, la posición adoptada por Los Amigos de Durruti supuso una ruptura en el seno de la CNT. En los días sucesivos distribuyeron un Manifiesto en el que se hacía un balance de las Jornadas de Mayo. En ese Manifiesto se hablaba de «la traición» de los dirigentes de la CNT9. Luego de estos acontecimientos su actividad militante y combativa no disminuyó, de tal forma que se incorporó al frente de batalla del sur del Ebro, donde fue herido en mayo de 193810. A partir del 1 de agosto de 1938 la vida de Félix Martí sufrió una serie de cambios que le alejarían definitivamente del mundo político y revolucionario para adentrarse plenamente en una vida de integración social de éxito. En esa fecha, partió para Nueva York, como delegado libertario, para participar en el Congreso Mundial de las Juventudes por la Paz. Viajó por parte de los Estados Unidos y Méjico, regresando a Cataluña en diciembre de 1938. A los pocos días cayó la República, y se vio obligado a abandonar Barcelona, comenzando un éxodo, a través de Francia, que le vuelve a situar en los Estados Unidos. Aunque los inicios de su carrera de naturaleza intelectual y profesional no fueron fáciles, trabajando inicialmente como traductor, sin embargo, las relaciones personales que había establecido durante su estancia en Estados Unidos, sobre todo con Herny Sigerist, historiador de la medicina, de la Johns Hopkins University, le facilitaron la posibilidad de introducirse en los ambientes profesionales adecuados para integrarse plenamente en ellos, con un éxito rotundo, convirtiéndose en un personaje público de notoriedad. Ocupó cargos importantes en los departamentos médicos de varios laboratorios farmacéuticos. Hizo extensas giras por toda Latinoamérica y otras partes del mundo, siendo recibido y agasajado
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En el libro de Heleno Saña, La revolución libertaria (Pamplona: Editorial Laetoli, 2010), en el apartado «Los sucesos de mayo», sin citar a Martí Ibáñez, se relatan tales acontecimientos, que son del todo coincidentes con los señalados por Agustí Guillamón. Por otra parte, existe una amplia bibliografía que los narra y, con independencia de la orientación ideológica, un consenso bastante generalizado sobre los polos de la controversia.
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Según la nota 54 del libro Antología de textos de Félix Martí Ibáñez, Martí, José Vicente y Rey, Antonio editores.

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por autoridades académicas, políticas y figuras del espectáculo. Murió en Nueva York en 1972. Para entender la naturaleza compleja de este hombre es muy apropiado hacer referencia a lo que dice Josep Lluis Barona Villar11, cuando afirma que «no se ha aclarado completamente las circunstancias biográficas que transformaron a aquel médico activista, divulgador del ideario libertario y entregado en cuerpo y alma a la revolución social en un hombre de éxito, un modélico triunfador en una sociedad competitiva como la norteamericana, tan ajena a los valores que antes había sustentado y sobrevivir sin temores a los zarpazos represivos del macartismo». Más adelante afirma que siendo un exiliado del franquismo, «en modo alguno se integró en el amplio movimiento internacional de los exiliados». De hecho, toda esta etapa, prácticamente la de mayor importancia cuantitativa de su vida, la definió Villar como «faceta oscura de su biografía», y ausencia de coherencia en esa «doble vida» de Félix Martí Ibáñez. Aún así, el valor universal de la obra que publicamos, El Sentido de la Vida, está fuera de toda duda, como también una parte esencial de su vida militante, entregada plena y generosamente a lo que consideraba «la causa de la revolución». Sin embargo, no dejó de ser un hombre de su tiempo, con sus influencias proletaristas, historicistas, de un monismo cientificista bastante burdo, que lo lleva a ser un seguidor entusiasta de Freud, Jung, y admirador de personajes tan dudosos como los ideólogos del franquismo, Ortega y Gasset o Gregorio Marañón, y –en cierta medida- del mismo filósofo del odio y de la modernidad, F. Nietzsche. Lo cierto es que de su obra, consistente en unos cien textos y folletos publicados, apenas cinco de ellos tienen naturaleza ideológica, desde un punto de vista de la filosofía política, todos publicados entre 1937 y 1938. También en este periodo produjo cosas completamente equivocadas, cuando no directamente horrendas, como el Psicoanálisis de la Revolución Social en España12, donde la aplicación mecanicista de las tesis de Freud a la revolución alcanza un grado de dislate tan mayúsculo que sólo se
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Martí, José Vicente y Rey, Antonio, editores, Antología de textos de Félix Martí Ibáñez, «Introducción: Félix Martín Ibáñez los dos rostros de un triunfador», (Valencia: Generalitat Valenciana, 2004).

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Félix Martí Ibáñez, Psicoanálisis de la Revolución Social en España (Barcelona: Ediciones Tierra y Libertad, 1937).

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explica por el intento de «ser moderno», ese inevitable complejo de inferioridad, propio de las clases medias hispanas de principios del siglo XX, y que aún permanece en las mentes progresistas posmodernas. Estudiemos lo que el Sentido de la Vida dice y cómo lo dice, como una obra en sí misma. También, y es lo más trascendente, evaluemos y reflexionemos sobre lo que ahora nos dice y nos motiva, con independencia de lo que antes o después hiciera el personaje histórico; como sabemos, los hombres pasan y las obras quedan; por lo tanto, éstas son de los hombres y no de quien las hace. Apreciemos los aspectos filosóficos, morales y políticos reflejados en ese texto, deteniéndonos en cada una de sus partes, como aportación válida a la imprescindible tarea de hoy, repensar la vital cuestión de la conciencia del sujeto, para recuperarla, en la medida de lo posible, a fin de que se pueda volver a coger la historia en las manos, en estos momentos tan catastróficos para todo lo «humano».

El sentido de la vida, su filosofía, sus valores y su política
Escrito a los 23 años, por alguien que no se consideraba filósofo sino doctor, tiene su mérito; por tanto, no se puede exigir que este texto sea considerado como un tratado de filosofía o ética; sin embargo, sorprende por cierta erudición y, lo que es más relevante, por la identificación con lo mejor de la filosofía clásica de Grecia y Roma, la moral y la ética de raíz socrática, estoica y cínica, e incluso con lo esencial y propio del primer cristianismo. Es un poema épico dirigido por el ideal del amor a la humanidad. Muy bien escrito, con un lenguaje claro y directo, con pasión e intención netamente revolucionaria, muy lejos de la verborrea elitista, pretendidamente confusa, utilitarista, irracionalista y epicureista de los filósofos de la modernidad tardía, la secta de adoradores de Nietzsche, desde Heidegger a Sartre, hasta los insufribles filósofos-funcionarios, maestros del pesimismo y del derrotismo, al servicio de las élites del Poder: Derrida, Foucault, Vattimo, etc., sin olvidarnos de los filósofos e historiadores neopositivistas de la escuela de Wittgenstein, Rorty y cía., auténticos sofistas especializados en hacer del pensamiento un trabalenguas o juegos de lenguaje13.
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Es recomendable para profundizar en estas cuestiones el texto de Heleno Saña Breve Tratado de ética “Una introducción a la teoría de la moral” (España: E. Almuzara, 2009). Sobre todo el capítulo XII «El pensamiento posmodernista», al cual califica abiertamente como anti-filosofía, destacando que en el plano de las ideas el

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La filosofía: La búsqueda descubrimiento de la virtud

de

la

verdad

como

Cuando Félix Martí decía que filosofar es escudriñar horizontes vitales no se estaba refiriendo a un mero ejercicio contemplativo, apuntaba a los problemas, a las preocupaciones y disyuntivas del hombre en la vida real. La cuestión era «tratar de discernir con certeza qué uso debo hacer de esa vida a la que se me lanzó sin previo aviso»; y en esa reflexión se culmina con la necesidad de relacionar los dos aspectos claves de la filosofía: la búsqueda de la verdad y la finalidad moral, en el sentido socrático más clásico14. Por lo tanto, da al concepto de verdad una orientación íntegramente ética, algo que va bastante más allá del conocimiento lógico, empírico o científico, sin cuyo halo espiritual quedaría convertido en mero ejercicio intelectualista y abstracto. Es justamente ahí donde encontramos en F. Martí su diferenciación con la elitista y antidemocrática voluntad de poder de Nietzsche, cuando antepone la razón y el conocimiento a esa voluntad de los filósofos energéticos de occidente15. Así vemos cómo, precisamente, su pensamiento filosófico no va orientado a la mera contemplación del mundo sino a su transformación radical. Dice, La vida, es pues, acción […] vida es actuar con el cuerpo y el espíritu16, y citando la Biblia plantea La vida del hombre es un combate17. Mantiene un equilibro coherente entre una diferenciación del voluntarismo elitista y el carácter decisionista de la Historia18, en la que prima el criterio de la elección de nuestras normas morales antes que cualquier variedad de determinismo
posmodernismo procede directamente de Nietzsche y Heidegger y a nivel técnico formal se amamanta de L. Wittgenstein. Otro texto recomendable es el de Nicolás González Varela, «Nietzsche y Kaliópolis», en Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872) (España: Intervención Cultural, 2010), en el que se aborda con profusa erudición argumental el carácter político de la filosofía de Nietzsche, calificándola claramente de antidemocrática y elitista, descubriendo su naturaleza reaccionaria con defensa de un platonismo político (lo peor de Platón) en lo concerniente al Derecho y al Estado (aristocracia de los sabios).
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Es bien conocida la tesis central del gran pensador Sócrates de que si un hombre busca el conocimiento y aprende lo que es realmente bueno, ese conocimiento genera comprensión, que lleva a la virtud y a la buena vida. Parte del principio de que la verdadera naturaleza del hombre es buena y que la verdadera felicidad reside, o se realiza, en la verdadera virtud, como búsqueda del bien y de la justicia.
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Félix Martí Ibáñez, «El drama de la juventud», El Sentido de la Vida. ibídem. ibíd.

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elitista nietzscheano o historicista-economicista, de la escuela hegeliano-marxista. Queda en evidencia en su pensamiento, la prevalencia de la reflexión a la acción, como la decisión de realizar, lo cual requiere, con carácter previo, que medie un proceso de entendimiento, de búsqueda de verdad y necesidad para guiar la acción al margen de cualquier culto a lo espontáneo o determinación pragmática y oportunista19. Otro aspecto importante de sus concepciones filosóficas lo constituye el humanismo, el compromiso con el ideal de emancipación de la humanidad, como finalidad. A ello le dedica el capítulo titulado «Intermedio Místico». Una de las crisis fundamentales hoy, más grave y profunda que la propia crisis económica, es la que se refiere al hecho de enfrentarnos a un proceso planificado y casi irreversible de desintegración de la condición humana20. Aunque bastante limitado en su conocimiento histórico y en su evaluación político-ideológica, la posición de Martí Ibáñez, frente a los movimientos de emancipación de la humanidad, en un sentido favorable es encomiable, como fue el primer cristianismo, cuando vislumbra el futuro necesario de una humanidad: «viejísimo Evangelio laico de la fraternidad humana, que orientó la vida de los viejos maestros orientales y revolucionarios idealistas»21. Félix Martí se refiere a determinados sentimientos negativos que inducen a la negación de tal disposición revolucionaria de la acción humana, como el «escepticismo y la duda, la hermana menor del pesimismo». Justamente hoy, realmente en todo el siglo XX, las corrientes filosóficas más fomentadas por las élites dominantes se centran en denostar lo humano, así como todo proyecto que contenga alguna ilusión humanista. Veamos esto.

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En el sentido planteado por Kierkegaard, citado por Alasdair MacIntyre, Historia de la ética, (Madrid: Paidós, 2010) (233).
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Esta idea se reitera en varias ocasiones, dejando constancia de la importancia que Félix Martí le atribuye. Por ejemplo en «Desgraciadamente, la despreocupación que sentimos hacia nuestro destino nos hace dudar en todo momento de la vida y la Vida debe ser, ante todo, decisión». ( El Sentido de la vida, Capítulo «Goethe buscando el amor»).
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En el sentido que plantea Félix R. Mora, «Las crisis fundamentales hoy», como «destrucción planeada del entendimiento, la sensibilidad, la voluntad y la sociabilidad que tiene lugar hoy y que puede culminar, haciéndose quizá irreversible en una o dos generaciones, equivale a la aniquilación de la condición humana en su esencia». Crisis y utopía en el siglo XXI, (Alicante: Maldecap, 2010).
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F. Martí, «La nueva aurora» El Sentido de la Vida.

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La discutida pero probada admiración de Nietzsche, furibundo anticristiano y antisocialista22, por Max Stirner, representante más radical del hedonismo contemporáneo23, exige que nos detengamos un poco en poner en evidencia la naturaleza profundamente reaccionaria de cierta moda en filosofía, o más bien de una moda de filosofía. Filosofía que mata la ética a favor de la estética24, en términos de Kierkegaard, que sitúa al hombre, o bien, del lado de los valores morales humanos o, al contrario, del lado del puro individualismo solipsista. Deudor del idealismo racionalista radical de Kant y de Heine es Schopenhauer25, quien sienta las bases de una filosofía en la que ni la vida ni el ser humano tienen valor. Su visión del universo es un «sin sentido», el mundo sólo es «dolor y destrucción». La religión es comprendida como mera expresión humana de «vano deseo de permanecer» y de «existir», aunque sea en «otro mundo». Por lo tanto, si no existe «destino salvífico», exclusivamente nos queda la «Voluntad». No hay filosofía moral aquí posible. Únicamente Voluntad, personal e individual, para sí. El interés egoísta y la lucha del más «capacitado», a caballo entre A. Smith, T. Hobbes y Ch. Darwin. Pero es Nietzsche, «el profeta del odio», el que concreta ese tono antihumano, irracional y elitista, elevando la Voluntad de Schopenhauer a acción, como Voluntad de poder. Bajo la excusa racionalista de la muerte de Dios, como tradición moral de los esclavos, esconde una visión autoritaria, antidemocrática y elitista de las relaciones entre los hombres26, que encuentra la salida práctica en el Superhombre. Heidegger27 continúa en esta línea y profundiza, desde una engañosa ambigüedad y una
22

González Varela, «Cultura auténtica y geistigen Aristokratie», en Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872), 167.
23

Heleno Saña, Breve tratado de ética, 115.

24

Kierkegaard, Søren, O lo uno o lo otro. Trad. Sáez Tajafuerce, Begonya y González, Darío ( Madrid: Editorial Trotta, 2006)
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«El mundo como voluntad y representación», obra emblemática de Schopenhauer, que muchos autores consideran bajo influencia del espiritualismo idealista hindú, como fundamento de su huida del eurocentrismo, de aprecio por una «verdad o norma eterna e inmutable» (en palabras de Sanatana Dharma), o una suerte de philosophia perennis (síntesis de todas las grandes direcciones filosóficas) como pretendía éste. Esta «fuente primaria», calificada, con razón, por Marx en La dominación británica en la India, de «contradictoria y degradante para el ser humano», es justamente la «fuente» de donde han bebido todos los idealismos pesimistas de el siglo XIX hasta hoy, tan nefastos y reaccionarios, desde Freud, Nietzsche, hasta Heidegger, Sartre, Wittgenstein hasta los escépticos antihumanistas del tipo de Sloterdijk.
26

F. Nietzsche, El ocaso de los ídolos, Labata Lacasa, José Luis, (tr.) (Madrid: Jorge A. Mestas. Ediciones Escolares, 2008) dice: «La meta humana fundamental no es la felicidad sino la voluntad de poder».

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especial afición al uso de la sopa de letras, en su aversión a lo humano, planteando abiertamente la pregunta de si es necesario seguir manteniendo la palabra «humanismo»28. Hoy, el irracionalismo elitista antihumanista es sostenido esencialmente por P. Sloterdijk29, al que se le acusa con bastante fundamento de realizar un frívolo flirteo con las fantasías eugenésicas de Nietzsche y Platón30. Cuestión que no es para nada descabellada, si observamos algunas de sus frases extravagantes dedicadas al «escándalo», como cuando, siguiendo a Nietzsche en el debate sobre pastores y ganados, plantea la disputa entre los criadores del hombre en dirección a lo pequeño (el cristianismo y el socialismo, ¿quizás?), y los criadores hacia lo grande (el superhombre, o el sabio platónico, se supone). Cuando la humanidad es tratada como «ganado a domesticar», y además se sugiere una suerte de antropotécnica, bajo el poder de una inevitable corporatocracia, tan presente hoy con la nefasta alianza entre las corporaciones de desarrollo tecnológico, la industria de la salud y el Estado, no podemos por menos que empezar a temblar31. Esta idea elitista parte de la intención que subyace en la propuesta de Sloterdijk de convertir al hombre (actual e histórico) en un ser humano verdadero o real32. La cual tiene un antecedente histórico en Platón, quien como Nietzsche, considera al ser humano en sí como el hombre «viejo», o «ganado sujeto a domesticación». Sloterdijk opina que hasta la modernidad ya el cristianismo o el marxismo habían realizado esta «domesticación», pero que debe ser
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Es interesante el punto de vista expresado por el valioso filosofo Heleno Saña, cuando se refiere a aquellos que «imitan a su maestro Heidegger y sus juegos malabares con las palabras, que sobre todo en el Heidegger tardío reemplazan una y otra vez a los conceptos rigurosos». Pierre Bourdieu también acusa al filósofo del «doble juego» de valerse de una «alquimia filológico-filosófica» (L´ontologie politique de Martin Heidegger), donde «El producto final del discurso de Heidegger y de sus discípulos es un galimatías abstracto y desligado totalmente de los problemas, preocupaciones y retos de la vida real».
28

Martin Heidegger, Carta sobre el humanismo, trad. Leyte Coello, Arturo y Cortés Gabaudan, Helena (Madrid: Alianza Editorial, 2000).
29

Ver, en particular, Peter Sloterdijk, Normas para el parque humano Una respuesta a la Carta sobre el humanismo de Heidegger, Teresa Rocha Barco trad. (Madrid: Ediciones Siruela, SA, 2008).
30

Muy acertada la calificación del filósofo Manfred Frank. Die Zeit. 1999.

31

P. Sloterdijk, Normas para el parque humano, 91, se afirma: «Allí pregunto si a la larga sería posible como una planificación explícita de las características para todo el género humano y si el nacimiento opcional (junto con la otra cara de la moneda de la selección prenatal) podría convertirse, para todo el género humano en un nuevo hábitat reproductor».
32

Ibídem., 35

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superado por «otro» «verdadero» ser humano impuesto por una aristocracia de sabios superhombres33, se supone. Realmente lo que detesta es el «Monopolio de la cría –de curas y profesores»34 procedente de las ideologías utopistas espiritualistas o materialistas. Cierto, pues lo que verdaderamente se planea es, más que superar la cosmovisión de los antiguos «criadores», un burdo «quítate tú, para ponerme yo». Una especie de mera suplantación oligárquicoaristocrática. Si esto no se parece al nazismo, está muy cerca. La actitud de Félix Martí es bien distinta a todo esto. Parte del principio de la filosofía de Sócrates: «la única realidad eterna e inmortal es la aspiración al bien, el ascenso hacia la Verdad y la Justicia por la ruta del amor». No parte del ser de la humanidad, en un sentido fatalista y despectivo, sino desde una perspectiva optimista y revolucionaria, del deber ser, de la humanidad. Así dice: «Por eso, en vez de preguntarnos si la Humanidad va a alguna parte y si toda la malla multicolor que integra la vida tiene sentido, desde el perfume del jazmín hasta los afanes del sabio o el fulgor de las estrellas, debemos aspirar a que su finalidad sea el bien universal»35. No obstante, Félix Martí era un hombre de su tiempo, ya lo hemos dicho. Joven, con ímpetu y con influencia de cierta filosofía «vitalista». Conocía la experiencia nazi, ciertamente, pero no su capacidad de maldad; tampoco los flirteos intelectuales de ciertos filósofos posteriores al nazismo (como Heidegger). Por ello resulta contradictorio, aunque comprensible, la coexistencia en su discurso, entre lo correcto y lo erróneo, con la adhesión a algunas posiciones de Nietzsche y Schopenhauer36. Aún así, sustancialmente lo que observamos en Félix Martí es una suerte de filosofía del sacrificio, nobleza, generosidad y servicio a los demás. Lo vemos cuando menciona el futuro posible «Nosotros no veremos esa fiesta, no danzaremos en ella ni contemplaremos el fulgor de las luces que la iluminarán» 37; la idea de amor como guía en
33

Ibíd., 64 Ibíd., 64 F. Martí, «El momento actual», El Sentido de la vida. Ver Félix R. Mora, La democracia y el triunfo del Estado, 500-501.

34

35

36

37

Aquí se refiere Félix Martí Ibáñez a «fiesta» como futuro posible, a una sociedad nueva construida por el sacrificio de los «de ahora», en el sentido del poema de Mao (1962) «Oda a la flor del ciruelo», según la estrofa. «Llena de gracia, no pretende para sí la primavera y le alegra no ser sino su anunciadora.

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la vida y como parte de la concreción del bien y la verdad «Únicamente cuando nos percatemos de que estamos en lucha por el ideal del amor es cuando oiremos sonar los clarines de la esperanza»; y el esfuerzo desinteresado «El concepto del apostolado es, pues, un poco amplio y a veces es el auténtico apóstol el que, como Bakounine, predica a veces sacrificando sus íntimos anhelos». Otro aspecto que merece ser mencionado en el texto de Martí Ibáñez es el que se refiere a «El valor del silencio» 38. Es importante, por lo que supone de premonición ante la estresante «jaula de grillos» en que se ha convertido la comunicación en nuestra época, dominada por «el ruido», físico e intelectual. Desde la incontinencia verbal producto del áspero individualismo reinante, hasta la adicción a las redes tecnológicas, que no dejan espacio alguno para sí ni para una relación con los demás, de calidad. Donde prima una democracia de la estupidez, en la que «todo el mundo puede hablar», aunque lo que se diga apenas tenga interés y en la que, sobre todo, nadie escuche. En ello coincide Ibáñez con el abate Dinouart39, que planteaba cosas tan sensatas como: «El primer grado de la sabiduría es saber callar»; «El hombre no es más dueño de sí que en el silencio»; «Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio». A modo de conclusión habrá que considerar que, salvo que se viva permanentemente en la caverna de Platón, existen determinadas condiciones materiales que forman parte esencial de lo real, por su propia naturaleza, como «conocimiento», no como opinión40, que no requiere de mayor deducción lógica. Ciertamente, con Schopenhauer la vida es dolor y sufrimiento, pero no sólo eso. Con Nietzsche y su certificación de la muerte de dios, en sí mismo, tampoco se aporta nada sustantivo, salvo las consecuencias que para
Cuando todas las flores de la montaña se abran, ella sonreirá en medio de las otras».
38

Del capítulo «Los rincones secretos de la vida», El Sentido de la vida. En éste, cita Martí al poeta Maeterlinck, con una frase preciosa: sólo el silencio tiene el poder de dejar a las almas hablar, entenderse y crear lazos indestructibles de amor y sinceridad.
39

Abate Dinouart, El arte de callar, (Madrid: Siruela, 2007). Este ensayo fue escrito en París en el año 1771.
40

Tema no exento de complejidad, ciertamente, pues nos podemos mover entre la subjetividad absoluta de negar la realidad de la «vida como un sueño» (Calderón), a la verificación de esa realidad por las matemáticas, de René Descartes. Lo cierto es que, soñando o despiertos, dos y dos son cuatro, o en términos cartesianos, los ángulos de un triángulo suman dos rectos siempre.

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éste supone, como despotismo ilustrado, en forma de «voluntad de poder». Con Heidegger tampoco se descubre nada nuevo, con su fatal destino del hombre como «ser-hacia-la muerte»41, realmente sentencia de condena, no ya de dios, sino del propio hombre. Pero también la historia de la humanidad ha puesto en evidencia que es posible optar por una salida no destructiva (o autodestructiva) de la condición humana y de la civilización; que es posible, en sentido contrario, una acción constructiva, desde la solidaridad entre los iguales, el apoyo mutuo, el afecto. En síntesis, una filosofía de vida que tome, como lo hizo el cristianismo42, el amor al prójimo como eje de la acción humana justa y virtuosa. En última instancia, una existencia que se inspire en aquel tipo de filosofía fatalista significa sencillamente optar por tirar la vida por el retrete.

Los valores: La ética estoica y cínica
El estudio de los valores ha de constituir, por sí mismo, una reflexión necesaria para llevar una vida digna. Pero mucho más para aquellos que deciden dar un sentido a la vida orientado hacia la creación de una sociedad cualitativamente mejor. Los más grandes pensadores clásicos insisten en la idea de que se vence por virtud, que cuando el objetivo consiste en transformar una sociedad enferma y agónica como la nuestra, la calidad de los sujetos constituye la cuestión esencial. Por tanto, solamente sujetos de calidad podrán llevar a cabo las tareas más elevadas y duras. En unos momentos en que el economicismo y el politicismo ramplón nos empuja a una defensa pueril del pasado inmediato de sociedad granja es cuando más hay que reivindicar las grandiosas palabras de Plutarco43: «Alejandro vence por virtud», adecuándolas al siglo XXI. Por lo tanto, si el sujeto de hoy no se reconstruye, no se refunda, con soporte en
41

Heleno Saña, en «Las tinieblas de la vida. El hombre y la nada», en Tratado del hombre: una valiosa guía para descifrar los arcanos de la condición humana desde el sólido apoyo de la antropología y la reflexión filosófica (Córdoba: Almuzara, 2010), se sostiene una crítica acertada a esta posición nihilista afirmando que Heidegger «no tiene en cuenta la fuerza motórica o instinto vital que empuja al hombre a ofrecer resistencia a las distintas formas de la nada que surgen dentro y fuera de él […] Heidegger no quiere decir otra cosa que la vida carece de sentido».
42

El Evangelio de Juan, es el que seguramente recoge mejor esta idea tan propia de ese cristianismo originario. En la «Ampliación del discurso de despedida», se aportan –en cierto sentido– como fundamento del testamento de Jesús, sentencias esenciales que toma al amor a los semejantes como base de esta filosofía, cuando dice «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado», 15:12 y en 15:13: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Nuevo testamento (Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 2011)
43

Plutarco, «Sobre la fortuna o virtud de Alejandro» Obras morales y de costumbres. García Valdés, Manuela (ed. lit.) (Madrid: Akal, 1987).

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unos valores adecuados a una espiritualidad que se base en la verdad y en la humanidad, no será posible avanzar ni un solo paso. Una espiritualidad que sea lo opuesto a los principios morales que se promueven y dominan: egolatría, codicia, cobardía y barbarie. Una espiritualidad que signifique «desprendimiento, generosidad, grandeza de alma y amor al bien»44. Esto tendrá que significar la derrota del código esencial de los valores dominantes: como la idea del éxito con base en la acumulación de riqueza; la defensa borreguil y garantista de la supervivencia personal por medio del Estado asistencial; la idea misma de «felicidad» eudemonista impuesta por el Estado y los ideólogos del liberalismo y el proletarismo, a la par; la obsesiva pretensión de «vivir» en estado permanente de «placer», herencia del hedonismo embrutecedor de siempre; y la obsesión por alcanzar la meta de la realización personal, de corte psicoanalítico y protestante, tan postmoderno y anglosajón, mediante el medro profesional, sobre todo en las organizaciones jerarquizadas del Estado. Finalmente, no podemos olvidarnos de la pesadilla tecnológica, cuyo fundamento básico es militar, que fortalece continuamente al Estado y al Capitalismo, incrementando el control sobre el trabajo y sobre las personas, haciendo de éstas seres inútiles para algo creativo45 a los que se obliga a vivir en un mundo artificial46, donde «todo» es producto de la industria, de la publicidad y de la «política» (propaganda programada de mentiras) con destino a la configuración de un ser infrahumano, auténtico neo-siervo dedicado plenamente a la diabólica rutina del trabajo-consumo, hoy en caída libre. En oposición a esta idea, Martí Ibáñez parte de una ética teleológica, esencialmente altruista basada en la moral estoica y cínica. La cual se plasma en dar un sentido a la existencia, conseguir un objetivo, merecer un fin de dignidad. Es en el Intermedio místico donde plantea abiertamente sus convicciones éticas. Por una parte, una valoración aceptablemente
44

Heleno Saña, Antropomanía: en defensa de lo humano (Córdoba: Almuzara, 2006).
45

Nicholas Carr lo dice directamente, con todo fundamento, que se nos hace seres «superficiales», cuando responde a esta pregunta en el mismo título del libro en ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales (Madrid: Taurus, 2011).
46

El magnífico libro de José Luís Molinuelo, La vida en tiempo real. La crisis de las utopías digitales (Madrid: Biblioteca Nueva, 2006), nos sitúa los pies en el suelo ante la fantasía infantil de tales utopías.

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correcta de la experiencia histórica del primer cristianismo como ideología claramente revolucionaria; y en segundo lugar, lo esencial de la autosuficiencia y la indiferencia ante el sufrimiento y el dolor propias del estoicismo y cinismo. Respecto de la primera cuestión, Félix Martí destaca el valor del primer cristianismo como ideología mística-revolucionaria que fue capaz de cristalizar y proclamar dos ideas radicales: el triunfo sobre la muerte, con una vida después de la muerte; y en segundo lugar, la igualdad de todos los seres humanos, reivindicando los derechos de los oprimidos, como exaltación del pobre y guerra a la riqueza y el despotismo. Con ello pone en un lugar relevante las necesidades espirituales de los seres humanos, mostrando que no es posible afrontar duras tareas, metas elevadas, sin estar previamente dotados de una espiritualidad, de una conciencia autoconstruida como sujetos no adoctrinados. En Vivir en plenitud plantea la necesidad de la autoconstrucción del sujeto como condición para desarrollar una vida íntegra. Pregunta cómo podremos edificarnos correctamente nuestra vida, concluyendo en la necesidad de dotarnos de metas elevadas (dinamismo del pensamiento y renovación de inquietudes), como elementos sustantivos que reúnen las características de los grandes hombres. Lo que ahora está por determinar es precisamente esa posición filosófica que nos auto-construye como seres autosuficientes y capaces de actuar47. Félix Martí la concreta en la posición estoica y cínica, frente a la vida y el dolor, en contraposición con la que han defendido, y continúan haciéndolo hoy, las élites dominantes, liberales o de izquierda: el hedonismo y eudemonismo epicureista48. Ciertamente, este es un aspecto determinante en el desarrollo de una consciencia capaz de afrontar «grandes retos» y un «futuro quizás posible». La cuestión se concreta en cómo comprender y asumir la esencia misma de la vida humana. Ante ello se presentan dos posiciones radicalmente opuestas: el epicureísmo, que plantea la «huida del dolor»; o el estoicismo y cinismo que plantean «la indiferencia». Frente a esta disyuntiva se posicionan las filosofías políticas desde siempre. Debate que nace en la Grecia clásica y que
47

Para profundizar en este tema, consultar Félix R. Mora, «Sobre la condición del elemento agente de la historia», en La democracia y el triunfo del Estado, 477.
48

Para profundizar en esta tema, consultar Félix R. Mora, «Dominación ideológica: Crítica a la noción de felicidad y repudio del hedonismo. Elogio del esfuerzo», en Seis estudios (Madrid: Editorial Brulot, 2010).

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hoy se mantiene en su total vigencia. Si bien es cierto que las tesis pesimistas y eudemonistas dominan sobre las estoicas de forma abrumadora, es incontrovertible, como dice Heleno Saña «A la vida humana pertenece intrínseca e irremisiblemente la experiencia del dolor»49; es más, añade que «toda concepción del mundo que pretenda prescindir de esta dimensión o relativizarla, es pues charlatanería edificante, sea religiosa o agnóstica». El Sentido de la Vida dedica todo un capítulo a este asunto: «El deber de sufrir y la aceptación del dolor». Antes de ello, en Vida y Acción, se plantea una preciosa parábola «El falso paraíso y la Eva fracasada», en la que mantiene una posición esencialmente correcta y en la cual se refleja nítidamente esta idea: que desde la visión hedonista de la vida como paraíso romántico y placentero (hacer del placer un sistema de vida) no se vive nada auténtico, no se crea nada, es la atonía y la muerte del espíritu humano, que desde siempre ha estado en lucha constante con el mundo y consigo mismo, porque la realidad no es un sueño placentero sino una cruda y sufrida existencia para casi todo el mundo. Por lo tanto, en el terreno del pensamiento y la acción, lo real es adecuarse uno para afrontar el combate inevitable de la existencia. Esta idea está muy bien expresada por Félix Martí, cuando dice «El ser absolutamente feliz sería estéril en cuanto a creación biológica, porque su misma felicidad le haría vegetar indiferente; asentado en su propio goce y falto de todo estimulo doloroso, su vida sería un apático resbalar de su ser por el tiempo». Para concluir afirmando algo tan específicamente cínico como, Sin dolor no hay creación. La filosofía clásica desde muy pronto se planteaba qué respuesta dar a temas tan trascendentes para todo ser humano como el dolor y la muerte, sosteniendo una posición sobre estas cuestiones como estimadas esenciales para una conducta humana buena. El verso XV de Pitágoras50 dice «recuerda que morir es el destino de todos» y en los XVII y XVIII: «Respecto a los sufrimientos que los mortales reciben mediante los destinos divinos, soporta con paciencia lo que te toca en suerte, sea lo que sea, y nunca te quejes e indignes». Sócrates también se refiere a ello, en varias ocasiones 51, cuando dice: «Pero no es difícil, atenienses, evitar la muerte, es mucho más difícil evitar la maldad; en efecto, corre más deprisa que
49

Heleno Saña, Tratado del hombre, (2010), 213.

50

Pitágoras, Los versos de oro, trad. Rosa Benzaquén (Buenos Aires: Troquel, 1997). Escritos hacia el año 580 a.C.
51

Platón, Apología de Sócrates, trad. Calonge Ruiz, Julio (Madrid, E. Gredos, 2010).

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la muerte». Añadiendo un sentido moral a este realismo, colocando el dolor y el temor en un orden inferior de prioridades vitales, le importa más la lucha contra la injusticia que la propia supervivencia, dice: «si no resulta un poco rudo decirlo, me importa un bledo (la muerte), pero que, en cambio, me preocupa absolutamente no realizar nada injusto e impío». Ciertamente existen corrientes filosóficas, como el epicureísmo y el hedonismo, que han tenido su origen en la filosofía clásica y que hoy son dominantes, que también se enfrentaron a otras que fueron continuadoras, en cierto sentido, de lo que hemos señalado de Pitágoras o Sócrates, es decir, el cinismo y el estoicismo. La posición que mantiene Félix Martí se identifica con éstas últimas, cuando dice: «El dolor —y nuestro mayor dolor actual es la inquietud sobre nuestra misión en la Vida— no debe ser enmascarado por el placer, sino desterrado por la felicidad dinámica». En realidad, los estoicos y cínicos no «buscan» el dolor o el sufrimiento, las carencias o necesidades, ni por masoquismo ni como ejercicio artificioso de fortaleza, sino que predican mantenerse indiferentes a éstos por razón de su inevitabilidad. Ello requiere ineludiblemente ejercitarse reflexiva y físicamente para la autoconstrucción de seres capaces. Por tanto, como plantea correctamente Jean-Joël Duhot52, para esta corriente de pensamiento el sufrimiento no es un mal en sí mismo, «aparece en la superficie de lo real»; es lo inevitable. Lo es y de nada sirve apenarse. Pero lo que sí depende de cada uno de nosotros es la adopción de una actitud moral correcta, tal y como insistía Sócrates, en su contrario reside el único mal auténtico, el mal moral. Este pensamiento se relaciona con otro de vital importancia, la libertad. El hombre es libre cuando deja de necesitar, cuando el dolor o la indigencia o cualquier otra eventualidad de la vida le sitúa ante una situación de penalidad, es más, justamente es libre cuando tales situaciones dejan de manipular su acción. Lo mismo vale para lo contrario. Los deseos, ambiciones, vanidades y placeres son igualmente no deseables porque manipulan la voluntad de hacer el bien y se debe mostrar ante ellos la misma indiferencia; porque lo realmente importante es poder atravesar todas las situaciones con la serena posición de que somos responsables de lo que depende de nosotros; respecto a lo que se sitúa «fuera» del alcance de nuestra voluntad y condiciones reales, sólo podemos ser indiferentes53.
52

Jean-Joël Duhot, Epicteto y la sabiduría estoica, traductor Jordi Quingles Fontcuberta (Palma de Mallorca, José J. De Olañeta, 2003), 48.
53

Epicteto insiste mucho en esta idea en el conocido Manual de Vida, cuando define el concepto de «vida buena». Epicteto, Lebell, Sharon, Un manual de vida, trad.

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Estos planteamientos han tenido un gran arraigo y proyección en el ideario del primer cristianismo54, hasta la imposición de Constantino55 y en otras épocas históricas, como sucedió en el monacato revolucionario de la sociedad alto medieval hispana56. Lo refleja también, claramente, Félix Martí en sus referencias al contenido y valoración del primer cristianismo57 y es muy correcto lo que dice. Por otra parte, las referencias históricas que ubican al cristianismo bajo una directa influencia del estoicismo y el cinismo son muy conocidas; es más, recientes investigaciones sitúan al personaje (histórico o mítico) en el mundo del cinismo, corroboran y

Folch Permanyer, Francesc Borja (Palma de Mallorca, José J. De Olañeta, 2004).
54

Cuando hablamos genéricamente de «primer cristianismo» nos estamos refiriendo a todos sus momentos históricos en que no es arma ideología y política del poder y del Estado; en particular, hasta el Concilio de Nicea de 325, en el que Constantino I, emperador de Roma, lo eleva a ideología de Estado, y otros momentos posteriores de la historia en que la lucha entre una corriente cristiana auténtica se enfrenta al cristianismo de Estado, como lo fue la Alta Edad Media Hispana.
55

Paul Veyne, El sueño de Constantino: el fin del imperio pagano y el nacimiento del mundo cristiano, trad. María José Furio Sancho (Barcelona: Paidós Ibérica, 2008).
56

Sobre la influencia del monacato revolucionario en la sociedad alto medieval hispana existen múltiples referencias en Félix R. Mora, Tiempo, Historia y sublimidad en el románico rural. El régimen concejil. Los trabajos y los meses. El románico amoroso (Tenerife: Editorial Potlatch, 2012). Para el conjunto de la Alta Edad Media consultar Chris Wickham, Una historia nueva de la Alta Edad Media: Europa y el mundo mediterráneo, 400-800, trad. Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar Barrena (Barcelona: Crítica, 2008).
57

Geza Vermes, El auténtico evangelio de Jesús, trad. Pardo Gella, Fernando (Barcelona: Libre de Marzo, 2003), afirma que lo que sabemos hoy del cristianismo primitivo, documentalmente, se concreta en las interpretaciones que podamos realizar de los Manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en Qumran entre 19471956, localidad no lejos de Jericó y cerca del Mar Muerto, fechados entre los siglos III a.C. y I d.C. (ésta última época contemporánea a Jesús) y en los que se aprecian muchas similitudes con el Nuevo Testamento; los testimonios de autores judíos, también contemporáneos, como Flavio Josefo (37- 100 d-C.) y Filón de Alejandría (20 a.C. - 50 d.C.), hasta llegar a los primeros documentos en los que se recoge el Nuevo Testamento, en forma de fragmentos de papiro (125-150 d.C.) También se han consultado, Manuel Sotomayor y José Fernández Ubiña, coordinadores, Historia del Cristianismo. Tomo I. El Mundo Antiguo y Emilio Mitre Fernández, Coordinador, Historia del cristianismo. Tomo II. El Mundo Medieval (Madrid: Trotta, Universidad de Granada, 2004 y 2005, respectivamente).

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profundizan esta tesis58, en la que se presenta la figura de «Jesús» como un «sabio de la escuela cínica».

La política: la revolución como criterio principal.
Comentamos con anterioridad que el interés del libro El Sentido de la Vida va mucho mas allá del hecho concreto de lo que dice. Se trata más bien de lo que aporta, lo que tiene de valor para el momento presente. Por lo tanto, sus posicionamientos políticos concretos son secundarios. Obedecen en todo caso a la coyuntura política, como su concepto limitado de revolución, y están mediados por una experiencia histórica concreta, hoy lejana. Lo que más debemos valorar es su actitud frente a la vida y la lucha. Toda práctica revolucionaria se compone de dos elementos: el programa político de transformaciones y la disposición a la lucha. Detengámoslos esencialmente en esto último. Los apartados que abren y cierran el libro constituyen la muestra más evidente de lo que afirmamos, su voluntad de revolución. Como ya tuvimos la ocasión de comprobar en la parte dedicada a su biografía, cuando las circunstancias históricas hicieron de la acción política una obligación, luego del golpe militar franquista de 1936, Félix Martí decide publicar este texto, después de tres años de su redacción con una finalidad bien diferenciada. Se trataba de preparar la conciencia del sujeto capaz de enfrentar la ardua tarea de intervenir en un proceso revolucionario: «capacitarse mentalmente para la acción, de forjar convicciones en la fragua de la meditación, machacando incesantemente el hierro al rojo del pensamiento». Con ello está dando una muestra de agudeza política muy clarividente, al partir de que no es posible hacer nada grande sin esa disposición del ánimo, del espíritu, de la conciencia y del pensamiento. Sin embargo, de una actitud de entrega y sacrificio, de cierto espíritu estoico, también hicieron gala muchos militares y fascistas que pelearon junto al General Franco59, y eso no resta esencia a su maldad. Se exige algo
58

En Burton L. Mack, El evangelio perdido (Barcelona: Martínez Roca, 1994), sobre los orígenes del cristianismo, se afirma, con cierta base de credibilidad, que la figura de «Jesús» responde básicamente a las características del sabio de la escuela cínica. Realmente lo que hace esta investigación es, partiendo de un análisis del contexto histórico del siglo I y del análisis del contenido filosófico de los «dichos de Jesús», extraer la naturaleza esencialmente cínica del pensamiento de «Jesús», tomando sus dichos como expresiones comunes a todos los evangelios y textos relacionados y separando, en la medida de lo posible, los añadidos incorporados.
59

De entre los muchos testimonios es interesante el caso narrado en primera persona por Amaro Izquierdo en el libro autobiográfico, en forma de «diario de

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más. Junto a la actitud heroica se requiere claridad y bondad del fin. Generosidad y servicio a los demás por encima del interés particular: «servicio desinteresado a nuestros hermanos de humanidad»60. Ejemplares son las palabras finales del Pórtico: «Peleasteis ayer en el palenque cultural, hacedlo hoy en todos los terrenos. El fusil, la pala, la pluma, son instrumentos nobles de superación individual cuando se empuñan por una noble causa. ¡Actuad!». Por si ello no ha quedado suficientemente claro, Martí Ibáñez profundiza en el ideario revolucionario más genuino, sintetizando toda la experiencia histórica que nos han dejado personajes que ya forman parte del mito de lo mejor en la conciencia colectiva de la humanidad, como ejemplos de generosidad, nobleza, templanza, bondad, solidaridad y entrega al servicio de los demás, de personajes de la altura de Sócrates, Jesucristo, Espartaco, Durruti o el Che Guevara. Cuando revisamos nuestra historia contemporánea y evaluamos qué sucedió en la llamada «guerra civil» de 1936-1939, sabiendo lo que sabemos, de cómo venció, en última instancia, la Reacción frente a la Revolución. Cómo, efectivamente, en el proyecto histórico-estratégico perdió el Pueblo y la Revolución y ganó la Reacción y el Estado opresor (en el que no existió -en lo esencial- diferencia alguna entre franquistas, falangistas, liberales burgueses socialistas y estalinistas). Por lo que no podemos por menos que preguntarnos hoy qué hubiera sucedido si la actitud ética defendida por Félix Martí hubiera definitivamente triunfado en el seno del movimiento obrero y revolucionario. En el año 1937 el concepto que se tiene de la revolución no deja de ser una herencia, nefasta por cierto, de la revolución liberalburguesa francesa de 1789, actualizada por la proletarista-marxista de 191761. Una idea dominada limitadamente por lo político. Visión utilitarista y positivista del cambio social. Sin embargo, la lucha del pueblo por la revolución no es un tipo cualquiera de lucha y sobre todo no busca, como principio y fin, el ejercicio del poder. Por lo
guerra», Belchite a sangre y fuego (Tarragona: Editorial Acervo, 2004).
60

Aunque hubieron bastantes en el lado «republicano» es justo recordar aquí auténticas actitudes heroicas, que además sostenían una guerra justa, como las narradas por Mika Etchebèhére, única mujer que alcanza el grado de capitana con mando en tropa en la guerra de 1936-1939, narrado en Mi guerra de España. Testimonio de una miliciana al mando de una columna del POUM (Barcelona: Alikornio, 2003).
61

Para profundizar en esta idea, consultar Félix R. Mora, «La revolución bolchevique de 1917, copia empeorada de la revolución francesa», en La democracia y el triunfo del Estado, (289).

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tanto, las palabras finales del texto de Martí Ibáñez son muy adecuadas, cuando comprende que el concepto de revolución va mucho más allá que una mera estrategia de toma del poder, al señalar que la revolución es una escuela, no solamente de heroísmo sino también de espiritualidad y humanismo. Justamente las metas que olvidaron los liberales y proletaristas de todo cuño. Éstos, al pensar la revolución como un mero cambio social (económico básicamente) se olvidaron de lo más importante, del hombre, del sujeto. Por ello, los procesos revolucionarios en la historia degeneran inmediatamente en cuanto el rojo de la forja se enfría; es entonces el momento en que la disposición de la personas decae irremisiblemente ante la inercia del interés personal en el ámbito acomodaticio del Estado62. En definitiva, la meta de la revolución no puede ser la toma del poder sino la construcción de una sociedad libre, plural y con auténtica libertad de conciencia, libertad política y libertad civil, sin aparatos coercitivos ni poder delegado alguno. Una sociedad autogobernada y autogestionada por asambleas omnisoberanas. Esta idea marca claramente la diferencia cualitativa respecto del pasado. Se ha de pensar en el concepto de revolución, no como fin o meta sino como proceso, como suma de transformaciones, en que lo esencial será siempre la lucha por la verdad y la conciencia como forma de verdad. Ciertamente, la revolución, como un «mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones», mejor, más justo y racional, puede ser posible o puede no serlo, dado que no existe nada determinado de antemano en la vida humana; al contrario de lo que suponía el utopismo proletarista, buen defensor del determinismo historicista. Lo que sí podemos cambiar es al sujeto, para lo cual se hace imprescindible cambiar el actual sistema de valores, afrontando desde ahora mismo la lucha por conquistar nuestras necesidades espirituales, de libertad de conciencia, de convivencia, de afecto, de servicio desinteresado entre los iguales, y de auto sacrificio por el bien común. Finalizamos esta introducción citando aquella frase de Félix Martí Ibáñez que termina su obra, y que en sí misma constituye un auténtico poema a la actitud genuina y auténticamente revolucionaria, modelo de comportamiento sobre el que debemos reflexionar en el aciago momento presente:
A la Revolución —escuela de heroísmo, espiritualidad y humanismo — debemos darlo todo.

62

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