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A Arlequín, el invisible

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1 LA LLEGADA DEL SEÑOR QUIN
Era la víspera de Año Nuevo. Los adultos que asistían a la fiesta de los Royston estaban reunidos en el gran salón. El señor Satterthwaite se alegró de que la chiquillería se hubiera acostado. Le desagradaban las manadas de niños. Los consideraba insulsos y toscos. Les faltaba sutileza y, en el transcurso de los años, cada vez sentía mayor atracción por esa cualidad. El señor Satterthwaite tenía sesenta y dos años: flaco y algo encorvado, tenía cara de duende fisgón y un intenso y desmesurado interés por las vidas ajenas. Toda su vida, por decirlo así, se había sentado cómodamente en la primera fila de butacas, para contemplar los diversos dramas humanos que se desarrollaban ante su vista. Su papel había sido siempre el de mero espectador. Solo ahora, al sentirse víctima de las implacables garras de la senectud, se había vuelto más exigente ante cualquier drama que se le presentara. Ahora ambicionaba algo que se saliera de lo corriente. No había duda de que poseía una verdadera sensibilidad para esta clase de asuntos. Conocía por instinto el momento en que se avecinaban los elementos de un drama. Olfateaba el rastro como un adiestrado sabueso. Desde su llegada a Royston aquella misma tarde, su extraña facultad interna se había despertado y le había puesto en alerta. Algo extraño sucedía o estaba a punto de suceder. La reunión familiar no era numerosa. Allí estaba Tom Evesham, su genial y divertido anfitrión con su esposa, taciturna y amante de la política, de soltera conocida con el nombre de lady Laura Keene. Estaba también sir Richard Conway, soldado, viajero y deportista, y otros seis o siete jóvenes cuyos nombres el señor Satterthwaite no había conseguido retener; y también estaban los Portal. Eran los Portal los que interesaban al señor Satterthwaite. Era la primera vez que veía a Alex Portal, pero lo sabía todo de él. Había conocido a su padre y a su abuelo. Alex Portal se parecía mucho a ellos. Era un hombre que frisaba los cuarenta, de cabellos rubios y ojos azules y como todos los Portal, amante del deporte, bueno en todos los juegos y carente de toda imaginación. No había nada especial en Alex Portal. Era el prototipo del inglés corriente. Pero su esposa era diferente. Ésta, como sabía el señor Satterthwaite, era australiana. Portal se había marchado a Australia dos años antes, la había conocido allí, se había casado con ella y con ella había regresado a su país natal. Su mujer no había estado nunca en Inglaterra antes de su boda. De todos modos, no se parecía a ninguna de las australianas que el señor Satterthwaite había conocido. La observó discretamente. Interesante mujer, ¡muy interesante! Tan

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serena y, sin embargo, tan llena de vida. ¡Eso! ¡Llena de vida! No era exactamente hermosa, no. No se la podía considerar una belleza, pero poseía una especie de encanto trágico que nadie podía dejar de advertir... que ningún hombre podía dejar de advertir. Lo que había de masculino en el señor Satterthwaite se manifestaba con fuerza ante aquella aparición, pero su lado femenino (pues el señor Satterthwaite poseía una fuerte dosis de feminidad) se interesaba igualmente por otra cuestión: ¿por qué la señora Portal se teñía el pelo? Pocos hombres hubieran notado esa circunstancia, pero el señor Satterthwaite lo sabía. Él entendía de esas cosas y le desconcertaba. Muchas mujeres morenas se tiñen el pelo de rubio, pero nunca se había encontrado con una rubia que se lo tiñera de negro. Todo en ella le intrigaba. Con misteriosa intuición, dedujo que aquella mujer forzosamente tenía que ser o bien muy feliz o muy desgraciada, pero no era capaz de discernir cuál de los dos estados era correcto y eso le molestaba. Estaba además el hecho de la extraña influencia que al parecer ejercía sobre su marido. Él la adora, se dijo el señor Satterthwaite, pero algunas veces parece como si la temiera. Esto es muy interesante, especialmente interesante. Portal bebía en exceso, saltaba a la vista. Y tenía un modo curioso de observar a su mujer cuando ésta no le miraba. Nervios, pensó el señor Satterthwaite. El tipo es un manojo de nervios. Y ella lo sabe; sin embargo, parece no importarle. Siguió experimentando una viva curiosidad por el matrimonio. Algo ocurría entre ambos que no alcanzaba a vislumbrar. Las campanadas del gran reloj de pared, colocado en una esquina del salón, lo sacaron de su ensimismamiento. —Las doce —dijo Evesham—. Año Nuevo. ¡Feliz Año Nuevo a todos! A decir verdad, este reloj adelanta cinco minutos. ¿Por qué los niños no están levantados y celebran la entrada del nuevo año? —Ni por un momento se me ha ocurrido que se hayan ido a la cama —contestó plácidamente su esposa—. Probablemente estarán entretenidos en meter cepillos y otros objetos por el estilo en nuestras camas. No sé qué diversión encontrarán en ello. En mis tiempos, no se les hubieran tolerado diabluras semejantes. —Autres temps, autres moeurs1 —dijo Conway con una sonrisa. Era un hombre alto y de aspecto marcial. Tanto él como Evesham parecían cortados por el mismo patrón: ambos honrados a carta cabal, amables y sin grandes pretensiones en cuanto a inteligencia. —En mis años mozos, juntábamos las manos formando un círculo y cantábamos el «Auld Lang Syne»2 —continuó lady Laura—. «Should
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«Otros tiempos, otras costumbres.» (N. del T.)
Old Lang Syne: «Memorias del pasado». (N. del T.)

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Auld acquaintance be forgot»1, ¡tan conmovedor! Por lo menos a mí me lo parecía. Evesham dio visibles muestras de inquietud. —¡Por favor, déjalo ya, Laura! —murmuró—. Aquí no. Atravesó el amplio salón en que se hallaban sentados y encendió otra lámpara. —¡Qué estúpida soy! —dijo Laura sotto voce—. Recuerdo, como es natural, al pobre señor Capel. Querida, ¿la chimenea está demasiado caliente para ti? Eleanor Portal hizo un movimiento brusco. —No importa, gracias. Apartaré un poco mi silla. Tenía una voz preciosa. Uno de esos suaves murmullos cuyos ecos perduran en nuestra memoria, pensó el señor Satterthwaite. Su cara quedaba oculta en la penumbra. ¡Qué lástima! Desde su posición en la penumbra, volvió a resonar su voz: —¿El señor... Capel? —Sí. El antiguo propietario de esta casa. Como usted sabe, se disparó un tiro. ¡Oh, sí, está bien, Tom, querido! No volveré a hablar de ello si no quieres. Fue un gran shock para Tom, por supuesto, porque ocurrió en su presencia. Y usted también estaba, ¿no es verdad, sir Richard? —Sí, lady Laura. Un antiguo reloj de pared situado en un rincón de la sala gimió y, tras un zumbido asmático preliminar, dejó oír las doce campanadas. —Feliz Año Nuevo, Tom —gruñó Conway en tono átono. Lady Laura recogió pausadamente su labor. —Bien, ya podemos decir que hemos visto llegar el nuevo año — observó, y a continuación añadió, dirigiéndose a la señora Portal—: ¿Qué quieres hacer, querida? Eleanor Portal se levantó con rapidez. —Por mi parte, acostarme —contestó esta con despreocupación. Está muy pálida, pensó el señor Satterthwaite, al tiempo que abandonaba como los demás su asiento y procedía a ocuparse de las velas. Normalmente no está tan pálida como ahora. Encendió una vela y se la ofreció a la señora Portal con una anticuada y ceremoniosa inclinación. Ella la aceptó con unas palabras de agradecimiento y procedió a subir lentamente la escalera. Repentinamente, el señor Satterthwaite sintió el imperioso impulso de ir tras ella, de seguirla, para tranquilizarla. Tenía el extraño presentimiento de que algún peligro la amenazaba. El impulso se disipó súbitamente y se sintió avergonzado. Los nervios parecían también haber hecho presa en él. Ella había empezado a subir las escaleras sin dignarse volver la vista en dirección a su marido, pero de pronto le lanzó por encima del
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«¿Debiéramos olvidar viejas amistades?» (N. del T.)

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hombro una inquisitiva mirada llena de una extraña intensidad que afectó al señor Satterthwaite de un modo peculiar. Se encontró dando las buenas noches a la señora de la casa con cierto aturdimiento. —Estoy segura de que el nuevo año nos traerá felicidad —decía lady Laura—. Aunque la situación política parece llena de graves incertidumbres. —Así es —contestó Satterthwaite en tono convencido—. Estoy seguro. —Yo solo deseo —continuó diciendo lady Laura sin el más leve cambio en su entonación— que el primer hombre que atraviese el umbral de mi puerta sea moreno. Creo que usted conoce esa superstición, ¿verdad, señor Satterthwaite? ¿No? Me sorprende. Para que la suerte entre en una casa, es preciso que el primer hombre que pise el umbral el día de Año Nuevo sea moreno. ¡Válgame Dios! ¡Espero que no me encuentre algo desagradable en mi cama! No me fío de los niños. ¡Son tan traviesos...! Meneando la cabeza como si tuviera un triste presentimiento, lady Laura se encaminó majestuosamente hacia la escalera. Con la partida de las mujeres, se produjo una reunión de sillas alrededor de los acogedores leños que ardían en la gran boca de la chimenea. —Ustedes ya me dirán basta —dijo hospitalariamente Evesham, mientras servía el whisky. Cuando todo el mundo estuvo servido, la conversación recayó de nuevo sobre el tema tabú de momentos antes. —Tú conocías a Derek Capel, ¿verdad, Satterthwaite? —preguntó Conway. —Superficialmente. —¿Y tú, Portal? —No, nunca lo conocí. Pronunció estas palabras con un tono tan agresivo y a la defensiva que Satterthwaite le miró sorprendido. —Me molesta cada vez que Laura trae a colación ese suceso —dijo lentamente Evesham—. Después de la tragedia, como ustedes saben, esta casa fue vendida a un rico fabricante. La abandonó un año más tarde alegando que no acababa de satisfacerle o algo por el estilo. Circularon después una sarta de disparatados rumores que sostenían que la casa estaba encantada, cosa que le dio una lamentable reputación. Después, Laura me pidió que me presentase a candidato por West Kidleby, lo cual, evidentemente, significaba tener que instalarnos en este distrito, donde no era fácil encontrar una casa adecuada. Royston estaba en venta a bajo precio y, en fin, acabé por comprarla. Los fantasmas no pasan de ser una mera superchería, pero es desagradable que le recuerden a uno que vive en una casa en la que se suicidó uno tus propios amigos. ¡Pobre Derek! Nunca llegaremos a saber por qué lo hizo. —No habrá sido el primero ni será tampoco el último que se suicida

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sin dar un motivo razonable —dijo Alex Portal con melancolía. Al decirlo, se levantó y se sirvió pródigamente más whisky. Hay algo equivocado detrás de todo esto, se dijo a sí mismo Satterthwaite. ¡Pero algo muy equivocado! Me gustaría conocer a fondo el asunto. —¡Escuchen el viento! —intervino Conway—. ¡Hace una noche terrible! —Una noche ideal para que se paseen los fantasmas —dijo Portal con una risa sarcástica—. Todos los diablos del infierno deben andar sueltos. —Según lady Laura, incluso el más negro de ellos traería la felicidad a esta casa —añadió Conway, acompañando las palabras con una carcajada—. ¡Escuchen! El viento silbó con otro estridente gemido y, al calmarse, se dejaron oír tres fuertes golpes en la claveteada puerta de entrada. Todo el mundo se sobresaltó. —¿Quién demonios podrá ser a estas horas de la noche? —exclamó Evesham. Se intercambiaron miradas interrogativas. —Yo abriré —dijo Evesham—. Los criados se han retirado a descansar. Se dirigió hacia la puerta, manipuló unos momentos los pesados cerrojos y la abrió de par en par. Una helada ráfaga de viento inundó el salón. En el marco de la puerta se dibujaba claramente la silueta de un hombre alto y delgado. A los ojos observadores de Satterthwaite, y por curioso efecto de la luz que se filtraba a través de un ventanal de cristales de colores, el hombre parecía vestido con todos los tonos del arco iris. Después, al entrar, se vio que se trataba de un hombre moreno y esbelto que vestía ropa de automovilista. —Debo presentar mis excusas por esta intromisión —dijo el extraño con voz agradable—. Mi coche ha sufrido una avería. Nada serio, que espero que mi chófer no tardará en reparar, pero no tardará menos de media hora, y como afuera el frío es tan intenso... Se detuvo y Evesham intervino con presteza: —¡Por supuesto! Entre usted y acepte una copa. ¿Hay algo con respecto al automóvil en que podamos ayudarle? —No, gracias. Mi chófer sabe lo que lleva entre manos. Y a propósito, me llamo Quin, Harley Quin. —Siéntese, señor Quin —dijo Evesham—. Sir Richard Conway, señor Satterthwaite. Y yo me llamo Evesham. El señor Quin correspondió a las presentaciones y se sentó en la silla que, con hospitalaria atención, Evesham había puesto a su alcance. Al sentarse, y por un curioso efecto del fuego que ardía en la chimenea, una sombra vertical se proyectó en su cara dándole un aspecto como de máscara. Evesham añadió un par de leños al fuego.

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—¿Un trago? —Gracias. Mientras Evesham se lo servía, le preguntó: —¿Conoce bien esta parte del mundo, señor Quin? —Pasé por aquí hace algunos años. —¿De veras? —Sí. Esta casa pertenecía entonces a un hombre llamado Capel. —En efecto —dijo Evesham—. ¡Pobre Derek Capel! ¿Lo conocía usted? —Sí, lo conocía. La actitud de Evesham experimentó un ligero cambio casi imperceptible para quien no hubiese estudiado a fondo el carácter inglés. La sutil reserva que en su principio manifestara había desaparecido por completo. El señor Quin había conocido a Derek Capel. Era, pues, el amigo de un amigo y, como tal, acreedor de su total estima. —Sorprendente caso el de Capel —comentó en tono confidencial—. Precisamente estábamos hablando de él. Puedo afirmar que no fue sin cierta repugnancia que nos decidimos a comprar esta casa. De haber encontrado alguna otra apropiada... Pero no la había. Yo estaba presente la noche en que se pegó un tiro. También estaba Conway y puedo asegurarle que siempre he esperado que un día u otro su fantasma vagara por aquí. —Un asunto verdaderamente inexplicable —comentó el señor Quin pausada y deliberadamente, y se detuvo con el aire de un actor que acaba de pronunciar una frase importante del papel. —Ya puede decir que fue inexplicable —intervino Conway—. Todo fue un oscuro misterio y siempre lo será. —Quizá —se limitó a decir displicentemente el señor Quin—. ¿Decía usted, sir Richard...? —Que fue una cosa sorprendente. Un hombre en la flor de la vida, alegre, sencillo y sin preocupaciones de ninguna clase, y en compañía de cinco o seis amigos. Lleno de optimismo y buen humor durante la comida y rebosante de planes para el futuro. Y, de repente, abandona la mesa, sube a su habitación, saca un revólver de un cajón y se pega un tiro. ¿Por qué? Nadie lo supo. Nadie lo sabrá jamás. —¿No cree usted que exagera un tanto su escepticismo, sir Richard? —preguntó el señor Quin sonriente. Conway lo miró fijamente. —¿Qué quiere usted dar a entender? No le comprendo. —Que un problema no es necesariamente insoluble solo porque aún no se haya solucionado. —¡Vamos, vamos! Si nada se pudo averiguar entonces, no es probable que se resuelva ahora. ¿Transcurridos diez años? El señor Quin meneó la cabeza suavemente. —Permítame que manifieste mi disconformidad. El testimonio de la historia está en su contra. El historiador contemporáneo no escribirá

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la historia con la misma veracidad que el historiador futuro. Se trata de tener una perspectiva correcta, de ver las cosas en proporción. Si quiere llamarlo de otro modo, podría decirse que, como muchas otras cosas, es una cuestión de relatividad. Alex Portal se inclinó hacia delante con el rostro contraído de dolor. —Sí, tiene usted razón, señor Quin —exclamó—, tiene usted razón. El tiempo no altera los hechos. Lo único que hace es presentarlos de nuevo bajo un aspecto diferente. Evesham sonreía con expresión de tolerancia. —Entonces lo que usted quiere decir, señor Quin, es que, si tuviéramos que hacer hoy una encuesta judicial, por decirlo así, basada en las circunstancias que rodearon la muerte de Derek Capel, tenemos tantas probabilidades de alcanzar la verdad como las tuvimos en su día. —Más probabilidades, señor Evesham. La subjetividad ha desaparecido casi por completo y podrá usted recordar los hechos tal cual fueron sin mixtificarlos con su propia interpretación. Evesham frunció el ceño en actitud de duda. —Debemos tener, como es natural, un punto de partida —añadió el señor Quin con su tranquilo tono de voz—. Un punto de partida es, generalmente, una teoría. Estoy seguro de que alguno de ustedes la tiene. ¿Usted, por ejemplo, sir Richard? Conway frunció el ceño con expresión pensativa. —Claro que —dijo en tono de disculpa— nosotros pensamos, todos pensamos, que una mujer andaba mezclada en ello. Eso o el dinero es lo más usual, ¿no es cierto? Como ciertamente no se trataba del dinero, no hay miedo a equivocarse, ¿a qué otra cosa podía achacarse? El señor Satterthwaite se sobresaltó. Se inclinó hacia delante con el objeto de hacer una pequeña observación, cuando sus ojos captaron la figura de una mujer agazapada contra los barrotes de la balaustrada que remataba la galería superior, invisible por su posición, a la mirada de cualquiera de los presentes con excepción de la suya. Evidentemente escuchaba con avidez cuanto abajo se decía. Tal era su inmovilidad que tentado estuvo de no dar crédito a sus propios ojos. Pero reconoció sin dificultad el estampado de su vestido, un rico brocado de diseño medieval. Era Eleanor Portal. Y de súbito, todos los acontecimientos de aquella noche parecieron encajar como las piezas de un rompecabezas. La misma llegada del señor Quin no era un mero accidente fortuito, sino la aparición de un nuevo personaje al que se había dado paso dentro del drama que se representaba en el gran salón de la mansión Royston, un drama no menos real, aunque uno de los actores hubiera muerto. Sin duda, Derek Capel también había tenido su papel. El señor Satterthwaite estaba seguro. Y, de repente, recibió una nueva iluminación. Esto era obra del señor

casi parecía como si otra mujer se hubiese interpuesto entre . Eso fue el año anterior. Como es natural. el que concedía los papeles a los actores. Estaba muy excitado con todo aquello. El señor Quin seguía tirando de los hilos. —Es verdad —replicó Evesham—. De alguna mujer que hubiera enviudado recientemente o que acabara de divorciarse. poniendo a sus marionetas en acción. pero nos dio a entender que todo iba a ir muy rápido. ¿No se mencionó a ninguna mujer durante el transcurso de aquella cena? —¡Claro que sí! —exclamó Evesham—. Esto era lo que le tenía tan entusiasmado.004 http://biblioteca. todos presumimos que se trataría de Marjorie. tratándose de Marjorie. pero no lo hizo y su silencio dio la sensación de una provocación. Bonita muchacha. Él era el director de la obra. —¿Qué otra persona hubiese podido ser? ¿Verdad. Si ese hubiese sido el caso. Sí.. Lo sabía.d2g. era raro que no anunciara el compromiso. Cómodamente apoyado en el respaldo de su silla y consciente de su importante papel de espectador. —Sí. ¿Qué es lo que dijo con exactitud? Algo acerca de la proximidad de su boda.. Ya me entendéis. Evesham? —No lo sé —contestó Tom Evesham pausadamente—. no habría podido anunciarse de inmediato. como es natural —dijo Conway—: Marjorie Dilke. De lo que sí me acuerdo es de que aseguró ser el hombre más afortunado de la tierra. Y hasta creo recordar que las relaciones entre ellos parecían haberse enfriado considerablemente. pero se detuvo. —murmuró pensativamente—. como es natural. —Es curioso —interpuso el señor Quin. Pareció que era al señor Quin a quien correspondía el turno de hablar. —Una mujer. Que quería que sus dos viejos amigos supiesen que al año siguiente a lo más tardar. Eran grandes amigos y se les veía juntos con mucha frecuencia. Lo sabía todo. en aquella época no se veía con Marjorie con la frecuencia que nosotros decimos. el señor Satterthwaite contempló las incidencias del drama que se desarrollaba ante sus ojos.. el compromiso. un reto a la veracidad de esta última declaración.. —Todos supusimos quién era la dama. —empezó a decir Conway. —Lo único que. se habría convertido en un casado feliz. Tuvo el efecto de poner a Conway en una posición defensiva. Dick? —Quiero decir que. Y ahora que recuerdo. en realidad. Dijo que no pensaba anunciarlo todavía. —¿Qué ibas a decir. que no podía decirnos el nombre de su novia hasta que esta no lo autorizara y que por eso aún no podía hacerlo público.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Anunció su compromiso. ¿Por qué tanto misterio? Más bien parecía que podía tratarse de una mujer casada. hasta la presencia de aquella mujer escondida tras la balaustrada de la galería.com Quin. sí. El que situado en el centro del misterio tiraba de los hilos haciendo trabajar a sus muñecos.

Capel estaba curiosamente excitado..d2g.. sin poder explicar lo que con esto quiero decir. —Como la del hombre que reta al destino —interpuso Alex Portal en tono sombrío. Podría jurar que en su imaginación no había nada de eso. sin embargo.004 http://biblioteca. sí! Ahora recuerdo: fue el correo. había respondido súbitamente a aquella fase de la historia que le había hecho recordar alguna preocupación. —Algo debió suceder durante aquellos diez minutos —exclamó—. Parecía ebrio de felicidad y. Esa era su actitud. Recordad que había algo obsceno en la hilaridad de Derek aquella noche. La interrupción pareció desconcertar a Evesham. En medio de la algazara. Evesham frunció el entrecejo para esforzar su memoria. —Cierto —contestó Conway—. ¡Indiscutiblemente! Pero ¿qué? Analicémoslo detenidamente. Una de las tormentas . —¿Por qué? —preguntó el señor Quin. Capel se levanta apresuradamente y abandona la habitación. Todos hablábamos a un tiempo. Su imaginación. —¡Por Júpiter! —exclamó Evesham—. El señor Satterthwaite levantó la vista. —¿Acumulando energías para llevar a cabo lo que su mente le pedía hacer? —sugirió Portal. ¿No recordáis el sonido de la campanilla en medio del bullicio y lo excitados que estábamos todos? Recordad que llevábamos tres días bloqueados por la nieve. diez minutos después. Todos permanecieron unos instantes en silencio. —No ocurrió nada importante en aquel momento. Sí. Conway tiene razón: era como un jugador que ha disparado un tiro al azar y no acaba de creer en su buena suerte. había también un extraño desafío en su actitud. —Ni pensarlo —contestó Evesham con acritud—. Inmóvil y helada como un cadáver. —Y sin embargo —dijo—.. —Otra mujer —dijo Conway pensativamente. se levantó y llenó nuevamente su vaso. Y como impulsado por una asociación de ideas. aquella era la impresión que daba Alex Portal: la de un hombre que desafiaba a su destino. Allí continuaba ella. —¿Decía usted? —Dije simplemente «¿por qué?» —replicó el señor Quin.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Podría describirlo como un hombre que hubiese apostado fuertemente y ganado por un pelo contra un sinnúmero de abrumadoras contrariedades. Evesham dejó caer pesadamente el puño sobre la mesa. Observando y escuchando. ¡Ah. embotada por el licor. Conway hizo un gesto de desaliento. ¿Era a Derek Capel o era a sí mismo a quien iban dirigidas aquellas palabras? El señor Satterthwaite lo miró y se inclinó por lo último.com ambos..

Lo reconocieron al instante. Capel salió para ver si había conseguido recibirse algo al fin y volvió cargado con un montón de periódicos y cartas. Claro que esa hubiera sido una solución natural. se hirió a finales de enero. absolutamente inexplicable. —¿Está usted seguro de que no llegó a abrir ni siquiera una de ellas? Pudo muy bien haberla destruido después de leerla. Abrió uno de los diarios en busca de noticias recientes y. a continuación.004 http://biblioteca. Tres minutos después oímos un disparo.. subió las escaleras acompañado de su fajo de cartas. El montón yacía intacto sobre una mesa. Inexplicable. hicimos un viaje. ninguna de las cartas había sido abierta. Acababa de llegar cuando sonó el disparo. Portal parecía profundamente abatido. No.. El muchacho debió recibir noticias inesperadas en una de las cartas. Ningún rastro de papel se encontró hecho pedazos o quemado. —¡Qué tormenta más horrible aquella! —repitió Conway. Fue por esta época del año. Sin periódicos. recordando—. ¿te acuerdas de Ned?. Yo diría que eso era obvio.com más grandes que se habían visto en muchísimos años. —En Royston no había teléfono en aquel entonces. —Nada inexplicable —se aventuró a decir Portal—. Por añadidura. —Fue un asunto muy desagradable —comentó Evesham con voz queda—. Uno de los perros. —Entonces fue a finales de enero. Pero Capel no había llegado a abrir una sola de sus cartas.d2g. Mi caballo Ned. el agente de la policía local se hallaba en aquel momento en la cocina. Recuerdo que. Yo lo hice poner cuando la compré. no estaba encendida la chimenea de su habitación. Portal sacudió la cabeza. poco tiempo después. —Creo que en febrero. y esto fue poco después de ocurrir el suceso. ¿no es verdad? A principios de enero. se había extraviado el día anterior. Conway y yo subimos al oír el tiro y lo encontramos. Un carretero que pasaba por allí lo encontró medio enterrado en un montón de nieve y lo llevaron a la comisaría de policía. —¡Oh! No creerá usted que habíamos pasado por alto algo tan obvio. —Estoy muy seguro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Estoy seguro de que fue en enero. Es curioso lo difícil que resulta . lo que nos salvó de una infinidad de molestias. Pero no. Fue una de las primeras preguntas que hizo el forense. afortunadamente. pues era uno de los perros por el que Capel sentía verdadero afecto. —Supongo que lo único que quedaba por hacer era telefonear a la policía —afirmó el señor Quin. Le puedo asegurar que me produjo un gran shock. —Extraordinario. Conway?. Los caminos estaban intransitables. Sin cartas. ¿te acuerdas del pobre Rover. y el propio agente se encargó de traerlo.

Estaba convencido de que cada palabra. la mente se concentra en cosas al parecer insignificantes. Puede tratarse de un detalle sin importancia. pero estaba convencido de quién era el verdadero dueño de la situación. La confusión de mi mente solo se debe al hecho de que mi cabeza estaba pensando en aquellos momentos en el pobre Derek que yacía arriba. También. vi el árbol que se erguía ante la ventana y la sombra que proyectaba sobre la nieve que cubría el jardín. En momentos de gran tribulación. que después se recuerdan con estricta fidelidad. Mientras usted hablaba. muerto en el suelo. señor Quin —dijo Conway—. pasada la cual Evesham volvió a . —Es una de las cosas más difíciles del mundo —comentó el señor Quin—. con toda claridad. Capel conocía a los Appleton y había residido en casa de éstos durante la primavera anterior. —Sí. ¿no es verdad? —preguntó el señor Quin. —Un fenómeno corriente pero muy curioso —observó el señor Quin—. una semana antes de su fallecimiento.004 http://biblioteca. A menos que se encuentre un punto de referencia en algún acontecimiento importante. acuérdate.d2g. ni siquiera me di cuenta de que los contemplaba. —¡Claro! ¡En efecto! —exclamó Conway—. El señor Satterthwaite le observaba intrigado. Recuerdo que una noche nos habló de lo tacaño que era.. El señor Quin asintió complacido. como el asesinato de un monarca o algún proceso sensacional. —¿No fue después? —No. no.. pero nunca más se olvida. —Hay algo extraordinario en sus palabras. y de lo desesperante que debía ser para una mujer joven y bonita como la señora Appleton estar atada a un hombre así. Hubo una pausa momentánea.. la nieve. la sombra del árbol. tienes razón! Recuerdo que leí un artículo del periódico que decía que se había dictado una orden de exhumación. cada inflexión en la voz del señor Quin.. obedecían a un determinado propósito.. —¡Por Júpiter. —Su habitación daba sobre el porche. como si hubieran sido impresas por la misma tensión mental que entonces nos dominaba. Y el árbol era una corpulenta haya que estaba en el ángulo mismo de la avenida de entrada. Fue poco antes de la vista del caso Appleton.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. No había sospechas de que ella hubiese podido tener participación alguna en dicha muerte.. me sentí repentinamente transportado a la habitación de Derek Capel y volví a verle tendido. Por Dios que podría dibujarlos y. Sí. Se dirigían a algo que el señor Satterthwaite no podía en aquellos momentos entrever. en aquel momento. la luz de la luna..com recordar fechas después de algunos años.. los veo de nuevo ahora mismo. Y esto debió ser aquel mismo día. como el dibujo del papel de la pared.

los ojos del señor Satterthwaite buscaron la figura arrodillada de arriba. Dicho en otras palabras: le acompañó la suerte. Evesham cortó en seco sus excusas. El hecho es que fue envenenado. Produjo una gran sensación. Lógicamente. Appleton había muerto envenenado. No sé qué me ha pasado. ¡Es extraño! Esto me trae otro nuevo recuerdo. burlona. señor Evesham —dijo—. sigue usted viviendo en el pasado. ¿No fue eso mismo lo que hizo la señora Appleton? ¿No rompió la botella de oporto? —Sí. . esta acción se prestó a muchos comentarios. Se halla usted todavía dominado por ideas preconcebidas. El viejo Appleton acostumbraba a tomar siempre una copa de oporto. Deslumbradoramente rubia.. —No tiene importancia. No tardarás en romperlo si no tienes cuidado y continúas apretando de esa manera. Todos sabían lo desgraciada que ella había sido con él.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Solo una cada noche.com insistir en el tema precedente. O no sé si a Australia. —Perdón. se le había caído la botella de las manos. Era una risa extraña. más por falta de pruebas materiales que por convicción en su inocencia. pues supongo que no había muchas dudas de que lo hizo ella. señor Quin? El señor Quin se echó a reír. mi querido amigo. Casi contra su voluntad. Se celebró la vista y la señora Appleton fue absuelta. Ella resultó absuelta. —Recuerdo ahora muy bien el caso Appleton. —Perdone. A Alex Portal. que le ofreció su casa. con estricnina. —Bien. o algo por el estilo. aunque no exenta de tristeza. Muy rubia. solo podía haberlo hecho una persona. El rumor se fue extendiendo hasta que al fin.d2g. Tenía allí un tío. uno de los criados vio que ella cogía el frasco y lo hacía trizas deliberadamente. Sería pura ilusión. Como es natural. Y tal como se supuso. ¿no es verdad? Bonita mujer. Fue con arsénico. El día siguiente a su muerte. al servirse el whisky. ¿Qué fue de ella después? —Creo que se marchó a Canadá. El señor Satterthwaite estaba como fascinado viendo la fuerza con que Alex Portal estrujaba el vaso entre sus dedos. Pero eso es lo de menos. Es lo mejor que pudo hacer dadas las circunstancias. tres meses después. ¿Sería también ilusión la mano que se deslizó sobre el mantel y después se detuvo? Siguió el estrépito que produce el cristal al estrellarse contra el suelo..004 http://biblioteca. algunos parientes decidieron solicitar una orden de exhumación. No hemos adelantado gran cosa en saber por qué se mató el pobre Derek —comentó—. caballeros. ¡Dios mío. pensó el señor Satterthwaite. que hizo saltar a todos de sus asientos. pero le pareció verla estremecerse como bajo la acción de un soplo de aire. ¿no es verdad? —No. Nuestro tribunal no ha tenido gran éxito ¿no le parece. y qué interesante es todo esto! Evesham se levantó y se sirvió otro vaso.

él amaba a esa mujer. asintió sorprendido. El aire era frío. como usted bien sabe. —¿No les ha chocado ese aspecto de la cuestión? Como ustedes saben. Gracias por su hospitalidad. se lo aseguro. Quin se volvió a Satterthwaite. —¡Dios santo! —exclamó Evesham sobresaltado—. —Pero fue absuelta —interpuso Evesham. cuando de pronto otra figura. pero merece nuestra atención. el forastero. De pronto. —Adiós. señor Satterthwaite. Me imagino. Pasó por debajo de la ventana y el señor Satterthwaite se sorprendió al contemplar la expresión de felicidad del rostro de la mujer. pero era demasiado artista para estropear un efecto como aquel. no vaciló en entregar su vida. que ella aún soporta las consecuencias. Espero haber hecho alguna cosa por mi amigo. Pero. —Porque no hubo pruebas suficientes contra ella. surgió de una de las puertas laterales y se le acercó corriendo. Parece estar usted muy interesado en los dramas. Todos lo vieron alejarse y desaparecer tragado por las tinieblas de la noche. . señor Evesham. ¿Qué ha sido eso? El señor Satterthwaite podía haberle dicho que se trataba de Eleanor Portal desde la galería de arriba. Hablaron unos instantes. los inmortales son siempre inmortales. Se movía como envuelta en un sueño venturoso. esta vez de mujer.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Tanto como para cometer un asesinato por ella. Cuando la justicia le alcanzó. —¡Eleanor! Alex Portal había salido a su encuentro.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite subió a cerrar la ventana de su habitación. Como antes. Portal se había desplomado en una de las sillas y se cubría la cara con las manos. y conste que no es más que una mera suposición. inconscientemente. Está un poco olvidada en nuestros días. pero. como equivocadamente creyó. ¿verdad? El señor Satterthwaite. un largo y tembloroso suspiro llenó el aire con sus ecos. —Le recomiendo el estudio de la comedia de Arlequín.com Pero yo. —¿Los hechos? —¡Sí! ¡Los hechos! El señor Satterthwaite había terminado con su parte del papel.d2g. Todos le miraron con mudo asombro. Su simbolismo es un tanto difícil de interpretar. el visitante de paso. La figura del señor Quin seguía avanzando a lo largo del paseo del jardín. pasados los cuales ella encaminó sus pasos de nuevo hacia la casa. dejó que una pobre mujer tuviese que afrontar las consecuencias. el filtro multicolor de la vidriera le dio un aspecto abigarrado y pintoresco. Les deseo a todos muy buenas noches. veo solo los hechos. El señor Quin sonreía. —Mi coche ya debe estar listo —dijo—.

. viéndote creer y sospechar a la vez. lo sé. El señor Satterthwaite tenía sumo interés en enterarse siempre de las vidas de los demás.. ese visitante casual. hay un infierno todavía mayor que éste: el que yo he vivido junto a ti.. esforzándote en borrar las propias dudas. Alex. lo sé. perdóname. me ha salvado.! . esta misma noche iba a quitarme la vida. pero. El de ver cómo tus dudas y tus temores emponzoñaban nuestro cariño. Me dijiste la verdad. pero asaltándote de nuevo.004 http://biblioteca. Alex.. juzgó prudente no dilatar el momento de cerrar las hojas de su ventana y así lo hizo. Esta noche.. pero yo. No podía soportarlo más.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sin embargo. no acababa de creerla. Alex. Y así pudo llegar a sus oídos la exquisita voz que decía: —Lo sé..d2g. Amando. como también era un caballero... aunque lo hizo con lentitud.. Yo también lo sufrí una vez..com —Eleanor. Ese hombre. ¡Dios me perdone!. Has vivido un infierno. ¡Oh. Lo sé. perdóname.

—Sí.004 http://biblioteca. la señora Staverton. —De Porter no hay nada que decir. como dice la canción. pobre niña. Lo sabe perfectamente y. Otro de esos cazadores africanos. que. No me dirá que no ha oído nunca hablar de él. El señor Satterthwaite sentía una curiosidad poco frecuente por las comedias y tragedias de la vida de sus semejantes. —No pretenda usted hacer ver que no me entiende. verdaderamente encantadora. cuyo nombre figuraba al pie de la lista de invitados.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la miró interrogante. ¡Vaya mezcla de gente han invitado! Su compañero. le dio un cariñoso golpe con un ejemplar de la última moda en sombrillas que descansaba cruzada sobre sus rodillas. Un tipo taciturno. facciones duras y una dosis considerable de maquillaje. —Me refiero a Richard Scott. Hay que admitir que él mismo es un enorme león. el propio señor Satterthwaite. Entre los invitados se encuentran lady Cynthia Drake. pero tan ingenua que solo tiene veinte años.com 2 LA SOMBRA EN EL CRISTAL —Escuche esto —decía lady Cynthia Drake. amigos de . —¿Por qué dice usted «pobre niña»? Lady Cynthia le lanzó una mirada de reproche y continuó tratando el tema a su manera. naturalmente. El señor Satterthwaite protestó calurosamente. lo que es más. y él. dama de mediana edad. Se decía que la presencia del señor Satterthwaite en la casa de algún nuevo rico era signo de una cocina excepcionalmente buena o de que en ella se desarrollaba algún drama humano. No tenía la más mínima idea de lo que le estaban hablando. en cambio. el señor y la señora Richard Scott. claro que sí. estoy convencida de que ha venido a propósito para estar en primera fila de los acontecimientos. etcétera». sin embargo. Lady Cynthia. el comandante Porter (Orden al Servicio Distinguido). los Unkerton tienen sumo placer en haber cazado. silenciosos y quemados por el sol. ¡Y la esposa! Una chiquilla encantadora. ¿No es el gran cazador a quien usted se refiere? —¡Exactamente! «Grandes osos y tigres. —Sí. Siempre el segundo y sombra de Richard Scott y.d2g. —La señora Scott parece encantadora —afirmó sosegadamente el señor Satterthwaite. el capitán Allenson y el señor Satterthwaite. cuenta como mínimo cuarenta y cinco.» —Quisiera saber —comentó lady Cynthia soltando el periódico— qué pretenden. quizá. Y leyó en voz alta el periódico que tenía entre las manos: —«El señor y la señora Unkerton celebran esta semana una fiesta en Greenways House.

Me sorprende el descaro de esa mujer al aceptar esta invitación. ¡eso no!. de unos treinta años. de sus viajes y hasta de su famoso libro. Hubo un tiempo en que los dos. No podía dejarlos solos ni un momento: «¡No hagan ustedes esto!».com toda la vida y todas esas cosas. ¡Hola.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El y lady Cynthia intercambiaron miradas significativas. lady Cynthia guardó un breve silencio.004 http://biblioteca. Y dejó la frase colgada con toda intención. pero prefiero que otro se encargue de esa tarea. —¡Pero. No tienen arreglo. . —He oído hablar de la señora Staverton —admitió. —Quizá ella no sabía que ellos vendrían —sugirió Satterthwaite.. —Solo a los Unkerton se les podía haber ocurrido una cosa así—se lamentó esta última—. «¡Mucho cuidado con aquello!» ¡Gracias a Dios que terminó! No es que nos peleáramos. Si me paro a pensar.. dientes blancos y sonrisa contagiosa. Como siempre he dicho.d2g. —O quizá sí. Y esto es lo más probable.. el señor Satterthwaite. ¡Qué muchacho más simpático! Me salvó la vida en Egipto el invierno pasado cuando estaba a punto de morirme de aburrimiento.».? —Es lo que podríamos llamar una mujer peligrosa de la que no es fácil librarse. y solo Dios sabe los sudores que me costó. ¡Caramba! Aquí está Jimmy Allenson. ¡Pero la gente como los Unkerton ni siquiera se dan cuenta de cuándo meten la pata! El año pasado me tocó la tarea de intentar inculcarles nuestra rutina social. Era un atractivo joven. —¿Qué viaje? —El viaje.. rumiando con desagrado la mezquindad de los Unkerton. —¿Y cree usted que su esposa no está enterada? —Estoy segura de que no. Pero supongo que algún amigo caritativo tarde o temprano le abrirá los ojos. Después de esta expresión algo críptica.. socialmente quiero decir. Jimmy! Ven aquí ahora mismo. No irá a decirme que no ha oído usted hablar nunca de la señora Staverton. pero no soporto la mezquindad. No me gustaría estar en el pellejo de Richard Scott este fin de semana.. —¿Usted cree. hombre. ¡Invitar a los dos al mismo tiempo! Es evidente que habían oído hablar de la señora Staverton y de su afición a los deportes. aunque no de buen grado. —¿Los dos? —preguntó el señor Satterthwaite. puedo soportar la vulgaridad... El capitán Allenson obedeció y fue a sentarse junto a ella en la hierba. les diría sin ambages: «No pueden ustedes invitar a la señora Staverton donde esté Richard Scott. creo que estuvieron juntos en aquel viaje. si es del dominio público! Aquella excursión al interior. El que organizó la señora Staverton. —Si aún siguiera ocupándome de ellos —continuó—.

—¿Una ventana? De momento. Lady Cynthia saludó a los recién llegados agitando su moderna sombrilla. cara impasible de esfinge y ojos grises y profundos. —Siéntense y no interrumpan —dijo—. —«Nunca te importe el porqué. de caras bronceadas por el sol y ojos penetrantes. Sería abominable hacer sufrir a una criatura como ésta. No debe permitirse que esta niña sufra el más mínimo daño. —Me encantan los cuentos de aparecidos —declaró Moira Scott. Y entre estos dos hombres caminaba Mona Scott. Eran dos hombres y. contento con el papel de segundón junto a su amigo. sino un Greenways.com —Me alegro de que alguien me necesite —observó—. Richard Scott. vistos de cerca. Su mirada. entre ellos. Los dos eran altos. que hasta hacía tres meses había sido Moira O'Connell. se dijo Satterthwaite.d2g. contemplaba a las tres personas que se acercaban procedentes de la casa. —¡Pobre Jimmy! —dijo lady Cynthia. cazador y explorador. —No es un Unkerton —interpuso el señor Satterthwaite—. John Porter. Jimmy Allenson levantó la vista con presteza. de haber tres. —¿Un fantasma Unkerton? —exclamó lady Cynthia—. era un hombre de una extraordinaria e intensa personalidad. ¿no es verdad? Es solo algo que se refiere a una ventana.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Había una semejanza superficial entre los dos caballeros. era un hombre de constitución hercúlea. Un hombre tranquilo.004 http://biblioteca. ¡Ahora lo recuerdo! Pero no es de los que arrastran cadenas. pero. dejándose caer sobre la hierba. Qué horripilante. Los Scott están jugando a los tórtolos. siempre sobra uno. —¡Claro! —añadió lady Cynthia—. por encima de la cabeza de Jimmy. el parecido desaparecía.» Me he escapado milagrosamente de tener que escuchar la tenebrosa historia del fantasma familiar. Sus maneras irradiaban un fuerte magnetismo. al que no le gustaba hacer mofa de sus anfitriones hasta después de haber abandonado la casa. su amigo y compañero de caza. Iba incluido con la casa. juego en el que. . que solo te importe poder volar. El señor Satterthwaite. como usted sabe. Porter está devorando el Field y yo he corrido el grave peligro de ser objeto de las atenciones de nuestra anfitriona. el señor Satterthwaite no contestó. Y se echó a reír coreado por lady Cynthia. morenos. algo chapado a la antigua. permaneció grave. la figura de una chica delgada. Era una mujer esbelta. El señor Satterthwaite nos está contando una historia de aparecidos. de grandes ojos pardos y soñadores y cabello de un rojo dorado que rodeaba su cabeza como el halo de las imágenes de los santos.

Se trata del Caballero Vigilante.) . no es realmente nada interesante —añadió. —¿Y por qué hicieron eso? Tenía entendido que el fantasma no camina. —La mayoría de ellos son un fraude. da la impresión de la cara de una persona mirando al exterior. al dirigir una última mirada a la casa. A continuación.com —¿El del fantasma de Greenways House? —preguntó Richard Scott. volviendo la vista hacia la casa. Pero el señor Satterthwaite parecía un poco reacio a seguir y le aseguró que carecía en absoluto de interés. Por favor. —En realidad.d2g. el señor Satterthwaite se vio obligado a hablar. Creo que la historia original gira alrededor de un caballero antepasado de la familia Elliot. 1 Nombre con el que. Yo creo que ha sido la fantasía popular la que ha dado alas a esta superstición. Lo encuentro interesante.004 http://biblioteca. (N. en realidad. —¡Ahora sí que la ha hecho usted buena. casi imperceptible desde cerca. Me gusta el nombre. Pero mientras corrían. en tono de disculpa—. —¿De qué ventana se trata? —preguntó Moira Scott. Satterthwaite! —exclamó Richard Scott en tono sardónico—. Le dicen a uno una serie de vaguedades sobre su pasado. siga. Da precisamente al otro lado. y con gran habilidad. para ser más preciso. pero se guardan en comprometerse respecto al futuro. desvió el curso de la conversación. Jimmy Allenson se lanzó a comentar y desacreditar las prácticas de los adivinadores de Egipto. —No se ve desde aquí —contestó el señor Satterthwaite—. Esta es la leyenda y la historia del aparecido se refiere solo al vidrio de la ventana de una habitación determinada en el que. En respuesta al clamor popular. ¿Lo conoce usted? Scott asintió. del T.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —El mismo. —Y así es —aseguró el señor Satterthwaite—. Esa misma reticencia ha acabado de despertar nuestra curiosidad. hay una mancha irregular. Unos cuarenta. Esto fue antes de que los Elliot se vieran obligados a vender la casa. —Acostumbraba a pasar largas temporadas aquí en los viejos tiempos —explicó—. pero debo advertir que fue tapiada por dentro con un disimulado entrepaño hace ya unos cuantos años. despectivamente. La esposa era amante de un «cabeza redonda1». ¿no es eso? —¡El Caballero Vigilante! —repitió Moira en voz baja—. —Pues yo siempre creí que era todo lo contrario —observó John Porter. se designaba en Inglaterra a los puritanos. vieron el rostro del marido que les observaba desde una ventana. El amante mató al marido en una de las habitaciones superiores y la culpable pareja huyó de la casa. pero que de lejos.

Richard! Hace siglos que no nos vemos. —Quizá viera algo tan espantoso que no se atrevió a decírmelo — aventuró Moira. pero a quien jamás había visto. Iris Staverton se sentó. con el cabello negro. —No se atormente con eso. Esta. una mujer de quien había oído hablar con frecuencia. —¡Hola. Una calidez ausente en los saludos anteriores. La respuesta de Moira fue adecuada aunque algo tímida. Una mujer con una voz suave y aterciopelada y una sonrisa repentina y deslumbrante. La primera era su anfitriona.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. John! El mismo tono desenvuelto.d2g. Moira persuadió en cierta ocasión a una gitana para que le dijese la buenaventura. La mirada apreciativa de la mujer mayor no tardó en desplazarse hacia otro viejo amigo. ¡Una mujer peligrosa! Muy rubia. pero el señor Satterthwaite no la escuchaba. una súbita sonrisa transformó por completo su semblante. Ambos hombres se alejaron por el prado. El señor Satterthwaite salió de su ensimismamiento al oír la voz del comandante Porter proponiéndole un pequeño paseo que aceptó gustoso.004 http://biblioteca. ¿Es ésta tu esposa? Estará usted aburrida de oír siempre las mismas historias en boca de los amigotes de su marido. Aquí unos amigos. masculló el señor Satterthwaite para sus adentros. pero a renglón seguido la mujer le devolvió el chelín diciendo que no podía comprometerse a decirle la verdad o algo por el estilo. el lugar que uno hubiera pensado que le pertenecía.com —Tengo entendido que en nuestro país es ilegal pronosticar el futuro —dijo Richard Scott—. Siento no haber podido asistir a tu boda. y la otra. levantó la vista. me niego a creer que a usted la amenace ninguna fatalidad. inapropiadamente vestida con un traje verde jade. Lady Cynthia había acertado por completo. . —Unos amigos que tienen la deplorable virtud de hablar siempre de las cosas más desagradables —murmuró lady Cynthia. Dos mujeres acababan de salir de la casa y se acercaban en aquella dirección. saludó: —¡Hola. muy desenvuelta y natural. —Señora Staverton —anunció la señora Unkerton con gran complacencia—. no obstante su poca inclinación a pasear. Luego. Una era gruesa y baja. alta y delgada con un vestido blanco marfil. «¡Quién sabe!». Yo. señora Scott —interpuso Allenson en tono ligero—. Natural e inevitablemente se convirtió en el centro del grupo. la señora Unkerton y la segunda. Observaba detenidamente a la señora Staverton. ojos azules y profundos —no los típicos de una sirena— cuya cara en reposo tenía una expresión mezcla de cansancio y ansiedad. por lo menos. pero con una sutil diferencia. «¡Quién sabe!» De pronto.

—¿Lo cree usted así? —preguntó. —Le enseñaré la ventana —contestó el señor Satterthwaite. enlosados senderos y bajos bancos de piedra primorosamente labrados. . como fácilmente podía observarse. al tapiar esta ventana. Parecía tan anodino. tuvieron que hacer otra — explicó—. y que parecía hacer honor a su nombre. Y sin embargo. la vista se deleitaba en la contemplación de unos encantadores y bien cuidados parterres florales.. casi cubierta por la yedra. al lado oeste de la casa. —Estamos demasiado cerca —añadió el señor Satterthwaite—. —Todo lo que veo es una especie de decoloración en uno de los cristales. —Como es natural. pues estaba totalmente rodeado de altos macizos de acebo que zigzagueaban hasta la entrada. Esta corría longitudinalmente de norte a sur. estaba tapiada con una gran plancha de madera por el interior. dando un rodeo. con tétricos cristales y que. cortando con su bastón los tallos de unas florecillas silvestres. de una personalidad tan poco importante. —Ahí la tiene —dijo el señor Satterthwaite.. Me imagino que los Scott son los que ocupan esa habitación.d2g. nunca debería haber venido. Frunció el ceño y añadió—: No debía haber venido. Lo condujo. Una vez dentro de él. Por eso juzgué prudente no seguir con el relato. Hay un claro en una de las arboledas de la colina desde donde podremos tener una buena vista. En la estrecha pared occidental se veía una solitaria ventana situada en el primer piso. Ella no debió haber venido. Al llegar al centro del jardín.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. donde había un pequeño y bien cuidado jardín conocido por el nombre de jardín de los Confidentes. —Muy interesante —añadió este último.com —Era muy interesante esta historia que acaba usted de contar —dijo el comandante. ya. sin reparar en la poca atención que su compañero prestaba a sus palabras. Quizá la señora Scott se hubiese puesto nerviosa al saber que dormía en lo que pudiéramos llamar la habitación encantada. —No —repitió Porter—. La nueva está orientada al sur y domina el césped donde hemos estado sentados. Porter estiró el cuello y miró en la dirección que le indicaban.004 http://biblioteca. el señor Satterthwaite se volvió y señaló la casa. era un oyente atento. Instintivamente el señor Satterthwaite supo que no se refería a la señora Scott.. El señor Satterthwaite le miró de pronto y advirtió que Porter ni siquiera se había dignado escucharle. nada más. entraron en los bosques. Una especie de afán exhibicionista le dominaba. —dijo Porter. La gente solía hablar de aquella forma al señor Satterthwaite. —Ya veo. torciendo bruscamente a la izquierda.. Salieron del jardín de los Confidentes y.

como para sí. —De nuevo el comandante Porter repitió algo.. Porter mostró cierto interés en lo que escuchaba. aunque esto último no cambia las cosas. Verdaderamente curioso. Ese cristal ha sido reemplazado. Alargó el brazo y exclamó: —¡Fíjese! La noche caía rápidamente. —Pero. —El invierno pasado en El Cairo. Pero ¿qué sucedería si. Por primera vez. Se prometieron a las tres semanas y se casaron a las seis. pegada a uno de los cristales. Y él la adora. sino gradualmente. —Ella parece una muchacha encantadora. —Yo también estaba en ese viaje —exclamó abruptamente—. —Muy curioso —dijo Porter—. Iris y yo. este detalle no se había escapado a la perspicacia del señor Satterthwaite. Fue una boda casi relámpago. —¿Cómo conoció Scott a la que es hoy su esposa? —preguntó. se divisaba claramente la silueta de una cabeza de hombre rematada por un ancho sombrero emplumado de caballero medieval. Experimentó un repentino y rápido estremecimiento. En aquel momento. Como usted comprenderá.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Por ignorancia —contestó. —Me refería a Scott —Hizo una breve pausa—. que yo sepa. destrozaran ese cristal? El señor Satterthwaite sonrió. La última vez. cuando el nuevo propietario de la casa decidió acabar de una vez con la leyenda. —Condenadas leyendas..d2g. hará unos doce años.. salieron a un alto a no mucha distancia de la casa. Los tres estuvimos: Scott. pero no creyó prudente mencionarlo. Debemos estar alerta. —Va a haber problemas —declaró el primero—. puesto que la decoloración tarda uno o dos meses en formarse. la señora Staverton. Quizá más. —Y lo es. La ventana aún se veía con perfecta claridad y.. Pero siempre ocurre lo mismo: por extraño que parezca. en realidad. y hacer lo que podamos. —Esa es precisamente una de las partes más interesantes de la historia. conjugando el verbo de manera que solo a una determinada persona podía hacer referencia—: ¡Al diablo con todo! Repito que ella no debería haber venido. algún día. no súbita. Y cuál fue el verdadero motivo de que se tapiara la ventana? . ya que su interlocutor pareció no haberse dado cuenta de él hasta el último momento. sin duda alguna. ¿Por qué la invitaron? —acabó con brusquedad. la mancha reaparece. En realidad. No vale la pena hacerles caso.com Porter meneó la cabeza como perdido en sus pensamientos. Es una mujer admirable y con una condenadamente buena puntería —Hizo una pausa—. por lo menos once veces.004 http://biblioteca. hemos de tener muy en cuenta a la señora Scott. El señor Satterthwaite se encogió de hombros. El señor Satterthwaite se sintió de nuevo poseído de su espíritu exhibicionista.

Son obra del Diablo y pueden llevarlo a uno hasta el crimen. sino a la moral. Al menos tendremos un cristal moderno. llegó hasta ellos la voz clara de Iris Staverton. no daba muestras de tensión alguna. rápida e inexorable. —Se olvida usted —dijo el señor Satterthwaite—. tuvieron que escuchar sin querer lo que alguien decía. ¡Ten cuidado. o quizá lo ignore. son los Scott los que la ocupan. Stanley y su mujer también la ocuparon y el marido no tardó en huir del lado de su esposa y escaparse con una corista. que la mancha acaba siempre por volver a salir. Porter enarcó las cejas. Bordeaban uno de los macizos de acebo cuando.. aquella misma noche sintió vergüenza por sus temores. El señor Satterthwaite recordó las palabras de lady Cynthia. dice que da a la casa cierta nota de distinción. El propio Richard Scott parecía lleno de la mayor jovialidad. con su natural desenvoltura. Iris Staverton. desde el fondo del jardín de los Confidentes. Sin embargo. Las dos mujeres parecían llevarse con la más perfecta armonía. limpio y desprovisto de historias desagradables. la amenaza no es a las vidas. La única persona que parecía preocupada de veras era la señora Unkerton. —Sea o no una tontería.d2g. Al caminar sin ruido por la blanda hierba.. Por primera vez cruzó por su mente la visión de una tragedia que.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Richard! ¡Por lo que más quieras. pensó el señor Satterthwaite para sí. —Por lo que veo. ¡Quién sabe si. que decía con tono airado: —¡Lamentarás esto! ¡Lo lamentarás! La voz baja y entrecortada de Scott contestó unas frases ininteligibles y. Y ahora. la voz de la mujer se alzó nuevamente y dejó oír unas palabras que ambos hombres recordarían posteriormente.004 http://biblioteca. hay algo que me pone los pelos de punta. pero si eso . ten cuidado! Y a continuación. alejándose a paso rápido. estuviera a punto de desencadenarse. me desagrada. Una mujer peligrosa. ella salió del jardín y dio la vuelta a la casa sin verles. Los Evesham estuvieron en ella y al poco tiempo se divorciaron. —Los celos son malos consejeros. Moira Scott continuaba siendo la encantadora y sencilla muchacha de siempre. que decidió confiarse al señor Satterthwaite. —¿Al cristalero? —Sí. cada uno absorbido en sus propios pensamientos. como temerosa de que alguien pudiera seguirla. Para colocar un nuevo cristal en esa ventana.! Emprendieron el regreso a la casa en silencio. francamente. de nuevo. Todo parecía sereno y normal. Sin que Ned lo sepa. A mí. Ned está orgulloso de ella.com —Pues que empezó a circular el rumor de que la habitación traía mala suerte. Se lo diré con franqueza. he decidido enviar a buscar al cristalero. —Puede que sea así —contestó la señora Unkerton—.

Murmuró para sí: No sé qué pensar. estaba interesado en la preocupación manifiesta de la señora Unkerton.) . —Y aunque así fuese —prosiguió la señora Unkerton. no hubiera venido. Pero también te aseguro. Recordó que dentro de una quincena. él mismo propuso un paseo antes de que anocheciera del todo. era innegable dadas las circunstancias. por descontado. que una vez aquí. puros nervios. por muy fantasma que fuera. El señor Satterthwaite estaba destinado a volver a oír otro fragmento de conversación que acabó de arrojar alguna luz sobre la situación. que llegó a tener sus dudas de que un caballero. 1 Balneario termal. en actitud de desafío—. pero nada más. (N. Ned y yo. Y meneó la cabeza de un lado a otro. Había visto derrumbarse tantas cosas bajo la acción demoledora del dinero. te digo que. El señor Satterthwaite no aceptó el desafío. querido John. pudiese entablar con probabilidades de éxito una lucha contra tan poderoso elemento. de haberlo sabido.004 http://biblioteca. Subía la escalinata hacia su habitación. como para no poder comprar un cristal cada mes o cada semana si fuese preciso. Sugirió al comandante Porter llegarse de nuevo hasta el claro del bosquecillo para comprobar si la señora Unkerton había cumplido su palabra y había hecho cambiar el cristal de la ventana. no estamos en situación económica tan precaria. Eso es lo que necesito: un poco de ejercicio. Ni aun ella podía sustraerse a la tensión que había en el ambiente y que pretendían atribuir más a la historia del fantasma que a la incompatibilidad de caracteres de los huéspedes presentes. Sus temores sobre una catástrofe inminente eran producto de los nervios. Había cierta tensión. Las personas acaban siempre por entenderse. o quizá del hígado. Sin embargo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Los dos hombres caminaron lentamente a través de la arboleda. Sin duda. cuando vio a John Porter y a la señora Staverton sentados en un rincón de la gran sala y oyó cómo esta última decía con su agradable voz alterada por un leve tono de irritación: —No tenía la más remota idea de que pudiese encontrarme aquí con los Scott y. ¿Qué habrá de verdad en lo que acaba de decir? ¿Lo sabía? ¿No? Veremos qué sale de todo esto. La clara luz de la mañana siguiente le hizo pensar que su imaginación le había impulsado a considerar los acontecimientos de la tarde anterior bajo una luz de excesivo dramatismo. tendría que admitir que se trata de algo sobrenatural. del T. querido John. El señor Satterthwaite se limitó a alzar las cejas sin contestar. Al atardecer. tenía que ir a Carlsbad1.com ocurriera. Se dijo a sí mismo: Ejercicio. El señor Satterthwaite siguió subiendo y se perdió el resto de la conversación.d2g. no pienso salir huyendo.

Nunca le habían gustado las cuestas. sino en los espesos matorrales que les rodeaban. como de costumbre. Me refiero a la idea que teníamos de que algo malo estaba a punto de ocurrir.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. no en la casa. —contestó lacónicamente Porter. —Unkerton ha debido intervenir —dijo con indiferencia—. moviendo con celeridad las piernas para poder seguir las descomunales zancadas de su compañero—. Que den un salto atrás o como quiera llamarlo. Porter se limitó a dirigir un vistazo fugaz. No hay en ella lo que pudiéramos llamar válvulas de seguridad. dominar sus propios sentimientos y todo lo demás. —¿Nunca se le ha ocurrido pensar —prosiguió— que la civilización es condenadamente peligrosa? —¿Peligrosa? Esta observación un tanto revolucionaria sorprendió vivamente al señor Satterthwaite. —He de confesar que no acabo de comprenderle —dijo el señor Satterthwaite. un peligro enorme.. Y añadió después de transcurridos un par de minutos—: Personas civilizadas. Se aproxima un peligro. La gente razonable. —Quizá crea usted que lo que voy a decirle es pura charlatanería. —No puedo por menos de creer —charló locuazmente el señor Satterthwaite— que estuvimos un tanto desacertados en nuestras elucubraciones de ayer. El señor Satterthwaite respiraba con cierta dificultad.. Se volvió rápidamente y ambos iniciaron el descenso por la misma ruta que habían tomado para subir.. —Sí. pero lo cierto es que así como hay gentes que pueden olfatear en el aire la proximidad de una tormenta. con la mirada fija. puede que. ¡En cualquier instante. más vívida que nunca. Miraron hacia la ventana. Porter lanzó una carcajada corta y desconcertante y miró al atildado caballero que le acompañaba.d2g. permaneció en silencio. Habían salido a la pequeña explanada tapizada de hierba.. Permaneció en silencio durante unos instantes. —Parece que nuestra anfitriona se ha arrepentido. Es de esos hombres que se sienten honrados con la presencia de un fantasma en el seno de la familia y que por nada del mundo renunciarían a él después de haber pagado dinero contante y sonante por su adquisición. cuando menos lo esperemos. Después de todo. las personas deben saber comportarse.! Se detuvo en seco. —Quizá. durante el breve y tenso instante de silencio que . los hay que pueden predecir con absoluta certeza la existencia de un grave peligro. La cara seguía allí. asiendo con fuerza el brazo del señor Satterthwaite y.004 http://biblioteca. señor Satterthwaite.com Porter. —¿Qué quiere usted decir? —Que no es infrecuente que las gentes que han vivido largo tiempo alejadas de la civilización retrocedan.

Iris! ¿Qué tienes en la mano? Ella bajó la vista sobre el objeto con una expresión entre sorprendida y una inconcebible indiferencia. cerca de uno de los bancos de piedra. mirándose mutuamente y a izquierda y derecha del jardín de los Confidentes. —¡Dios mío! —exclamó Porter—. Después del grito de desesperación. —Un tiro en la espalda —dijo lacónicamente— que la ha atravesado de lado a lado. el alarido angustioso de la voz de una mujer. La herida estaba en el pecho y la bala había quedado alojada en su interior. Richard Scott soltó un grito de horror. . Sus nervios de acero se hicieron evidentes en aquel momento de crisis. —Iris —gritó Porter—.. —Vamos a verlo —dijo Porter. El señor Satterthwaite miró por encima de su hombro. yacían exánimes uno junto al otro. y por el lado opuesto de la casa. Fue Richard Scott quien completó un ligero examen. —y añadió después de unos segundos que parecieron una eternidad—: La he recogido del suelo. Había tres personas en el jardín de los Confidentes. Al dar la vuelta al último recodo de la entrada. La policía debe ver las cosas tal cual están en este momento.com transcurrió. —¡La policía! —exclamó Richard Scott como si despertara. sosteniendo algo en su mano derecha. —Un médico —decía este último—. ha sonado por allí —dijo el señor Unkerton. Al mismo tiempo. Dos yacían sobre el césped.. señalando con una mano temblorosa. —Ha. a la que la gitana devolviera el chelín. Un hombre y una mujer. Hay que llamar enseguida a un médico. y se dirigió resueltamente al interior del cercado. aparecieron Richard Scott y el señor Unkerton. El señor Satterthwaite se dirigió al lugar en que Richard Scott y Unkerton permanecían arrodillados en el césped.004 http://biblioteca. estuvieron junto a los macizos que rodeaban el jardín de los Confidentes. pudieron oírse claramente dos detonaciones seguidas por un grito. que estaba de pie junto a ellos y los contemplaba con ojos enloquecidos por el horror. se detuvo de golpe. ¡Por el amor de Dios. y Moira Scott. —Una pistola. el hombre que se burlaba de los vaticinios sobre el futuro. ¡Ya ha ocurrido! Y se lanzó frenéticamente por el camino con el señor Satterthwaite tras él pisándole jadeante los talones.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que se detuvieron al verlos. —No debe tocarse nada —dijo con sequedad—. Pero era ya demasiado tarde para cualquier médico. Depositó tiernamente el cadáver de su esposa en el suelo. Después manipuló el cuerpo de Jimmy Allenson. Jimmy Allenson. John Porter se acercó a ellos. La tercera era la señora Staverton. En menos de un minuto. volvía a ser el mismo.

Sí. pobre niña! —Y ahora. Las miradas de los dos amigos se cruzaron como las aceradas hojas de dos espadachines. ¿por qué tiene esa pistola en la mano? De nuevo Iris Staverton volvió a contestar con voz apagada e inexpresiva: —La he recogido del suelo. Sus orejas sonrosadas. Alguien ha de permanecer aquí. con gran alivio por su parte. supuso que colgarían a Iris Staverton. que parecía aún bailarle en los labios. estaba finalizando sus investigaciones.. Había interrogado a la mayor parte de los huéspedes .. —Las señoras —trató de explicar—. humedeciendo sus labios resecos: —Entonces. aceptó el anfitrión.! Reflexionó unos momentos acerca de la maldad humana ¿No era acaso Richard Scott responsable en cierto modo de la muerte de su esposa? Aunque no le gustara la idea. que alguien se quede. A mi querida esposa y a lady Cynthia. Hay que llamar inmediatamente a la policía.. Estiró cuanto pudo el cuello hasta que consiguió ver que una perla colgaba del otro lóbulo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Porter meneó la cabeza en una lenta negativa.com Sus ojos brillaron con súbito fulgor y volvió la vista hacia la mujer que permanecía inmóvil junto al macizo de acebo. —No. Con su corrección habitual. La contempló con profunda piedad. se dijo a sí mismo. Su sonrisa constante. observando atentamente el cuerpo de la que en vida se llamaba Moira Scott. Había una pequeña mancha de sangre en uno de los lóbulos y su natural instinto detectivesco le hizo suponer que uno de los pendientes se habría desprendido por la fuerza de la caída. ¡Pobre niña. Richard Scott habló con dificultad..d2g. Y la muchacha. Richard —habló—. un fornido y avezado agente de la ley que frisaba los cuarenta años. cosa que. —La policía —dijo Unkerton incorporándose—. había pagado. Debo ser yo quien comunique la noticia a las señoras.. El señor Satterthwaite permaneció en el jardín de los Confidentes. la inocente. Sus finos y rubios cabellos. Usted mismo podría hacerlo. Quizá lo parezca. usted dirá —dijo el inspector Winkfield. Su carita angelical. El inspector.. ¡Pobre niña!. caballero. pero ¿a quién sino a Richard Scott podría atribuirse parte de la culpa? La maldad de los hombres. señor Scott.004 http://biblioteca. Dio un paso en su dirección. pero te aseguro que te equivocas. Se hallaban en la biblioteca. eso es. ¡Pobre niña. pero Porter se movió también para cortarle el paso. el señor Satterthwaite se ofreció a hacerlo. tan blanca y tan ansiosa de vivir.

ella disparó primero a la mujer que estaría sentada de espaldas en el banco. Dos minutos después se oyeron los tiros. escuchaba los relatos del señor Satterthwaite y del comandante Porter. debido a que los setos son impenetrables.d2g. aparecieron usted y el señor. eh. Al mismo tiempo. Tengo entendido que había habido. Si alguien hubiera salido de los jardines y se hubiera dirigido hacia la derecha. de haberse dirigido hacia la izquierda. Que entró. en dirección al jardín de los Confidentes.. se hubiese topado inevitablemente con el señor Unkerton o con el señor Scott y. y en dirección opuesta. en el momento mismo de doblar el último recodo.004 http://biblioteca. oyó los dos disparos. cierta relación entre ella y el señor Scott. —Esto lo completa todo —prosiguió el inspector—. —¿Cuál es su declaración? —preguntó el señor Satterthwaite. —Ustedes oyeron dos disparos y un grito agudo de una mujer. que da precisamente hacia ese césped. forzosamente tendría que haberlo hecho por la única entrada.. doblando la esquina de la casa.. estaban sentados en el césped. —Dice que fue al jardín de los Confidentes buscando solo un poco de reposo y tranquilidad y que. pero fue herido en el pecho cuando se dirigía hacia ella. Si alguien hubiese salido de él. junto con el señor Unkerton. El capitán Allenson trató de abalanzarse sobre la agresora. En mi opinión. no lo podría haber hecho sin ser visto por ustedes. ustedes habían salido con la sola idea de dar un paseo y volvían a la casa por el sendero que tuerce a la izquierda y sigue a lo largo de lo que llaman el jardín de los Confidentes. con excepción de las dos víctimas —El inspector hizo una .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. el señor Scott estaba en la sala del billar. desplomado en un sillón... inspector. ¿verdad? —Sí. El inspector meneó la cabeza sin contestar. —Según creo comprender —decía el inspector—. ¿Es eso? —Correcto. En esos momentos. muy lívido. La señora Staverton estaba allí con una pistola en la mano de la que se habían disparado dos tiros. se dirigió al mencionado jardín. salieron del bosquecillo y llegaron a la única entrada del mencionado jardín. ¿Es esto correcto? —Así es —dijo el comandante Porter. cruzó unas cuantas palabras con los que se hallaban allí sentados y se encaminó. Resumiendo: el señor y la señora Unkerton. —Después corrieron tanto como pudieron. —¡Eso es una condenada mentira! —exclamó Porter con voz estentórea y retadora. A las seis y diez la señora Staverton salió de la casa.. acompañados de lady Cynthia Drake. El señor Scott salió disparado de la casa y. miraba con ojos desorbitados a la pared de enfrente. Nadie se cruzó con ella ni a nadie vio en el jardín. eh.com y ya se había formado un criterio más o menos definido sobre el caso. Satterthwaite. El señor Unkerton.. que vio una pistola en el suelo y que la recogió.

tenemos tiempo de sobra para volver a tratar esa cuestión. la misteriosa facultad de mostrarle lúcidamente cuanto haya usted podido ver con sus propios ojos y escuchar con sus propios oídos. Es el hombre más sorprendente que pueda usted imaginar. Pero el señor Satterthwaite se había adelantado al escuchar el nombre. quien lanzó un fuerte resoplido y se puso a mirar displicentemente al techo. —Le dije al caballero que seguramente el señor no podría recibirlo — dijo Thompson—. un conocido mío. me veo obligado a cumplir con mi deber. insistió en hacer esta declaración. —No —contestó el señor Satterthwaite—. aunque la previne haciéndole saber que cuanto dijese podría ser utilizado en su contra. —¿Ha dicho usted señor Harley Quin? —preguntó sorprendido—. es que es la pura verdad. ¿me preguntaba usted si podía ayudarle? Pues bien. Mientras tanto. ¡Qué coincidencia! Señor Porter. Démosle al menos un bosquejo de cuanto ha ocurrido y escuchemos lo que tenga que decirnos.com pausa elocuente—. el primero le hizo una pequeña señal de aquiescencia a Thompson.004 http://biblioteca. y se acercó a su señor anunciándose con una tosecilla significativa. Recuerdo que tenía que verme acerca de la compra de un cuadro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Y usted? ¿No puede acaso ayudarnos? ¿No puede usted hacer nada en favor de esa pobre mujer? El señor Satterthwaite no pudo por menos que sentirse profundamente halagado al ver que alguien como Porter se dignaba solicitar la ayuda de él. Pero insistió en que tenía una cita importante y que era de la máxima urgencia. Este señor Quin es un amigo. —Bien. quien abandonó la habitación y volvió a los pocos . El señor Unkerton continuaba desplomado sobre el sillón sin participar en todo cuanto ocurría.. o mejor dicho. pero posee la facultad. no es de ese tipo de gente. Estaba a punto de articular una evasiva respuesta cuando Thompson. Con un brusco movimiento. el mayordomo. señor —contestó el inspector—. Unkerton tomó la tarjeta. Es verdad que quedamos en vernos. Después. entró con una bandeja sobre la que podía verse una tarjeta. —Supongo que será alguno de esos aficionados a resolver problemas policíacos —observó en tono jocoso el inspector. el más insignificante de los hombres. creo que puedo.. Porter se volvió hacia el señor Satterthwaite. Eso es lo que ella ha manifestado y. pero dadas las circunstancias. —Si ella lo ha dicho —interpuso el comandante Porter con la cara presa todavía de una mortal palidez—. Conozco a Iris Staverton. El señor Unkerton consultó con la mirada al inspector.d2g. —Señor Harley Quin —leyó—.

Pero yo reconstruyo la tragedia de un modo diferente. el señor Satterthwaite.d2g. tanto el señor Porter como yo. —¿Señor Unkerton? —saludó el extraño personaje. saltando como movido por un resorte—. Siento molestar en momentos tan intempestivos. estrechando la mano del dueño de la casa—. Eso es evidente y no trato. Solo tres personas estaban en aquel momento presentes en el jardín de los Confidentes.004 http://biblioteca. El señor Quin se sentó. estamos tratando de esclarecer un drama que acaba de tener lugar en esta casa y desearíamos. Pero el señor Quin se limitó a menear la cabeza. lo lógico hubiera sido que esperase el momento de encontrarse a solas con ella. Sucintamente el señor Satterthwaite expuso los aspectos principales de la tragedia.. Estamos sobre una pista falsa y creo tener la solución de lo ocurrido. Si el capitán Allenson hubiese vuelto él arma contra sí mismo. No me cabe la menor duda. Alguien oyó a la señora Staverton proferir amenazas graves contra el señor Richard Scott. —Tiene usted razón —exclamó Porter. Los celos o la posesión demoníaca. La ausencia de motivo aparente la hace muy intrigante. visiblemente emocionado—. oír su opinión sobre el mismo. dejando su rostro en la sombra como cubierto por una máscara. A lo que yo me refería era al asesinato del capitán Allenson.. alto y delgado. Celos. no al de la señora Scott. Eso es perfectamente lógico. ¿Tan enamorado como siempre de los dramas? Por un instante. acompañado de un desconocido. ¿Qué dice usted a esto. —Una aciaga historia —comentó—. Si Iris hubiese decidido matar a la señora Scott. Estaba mortalmente celosa de su mujer. inspector? Este meneó la cabeza. para escuchar las palabras del oráculo. Unkerton le miró con sorpresa. ¿verdad? La pistola se le escapa de las manos al caer y luego es recogida por Iris. según ella misma ha declarado. comandante Porter. de refutarlo. por lo tanto. —Creo que no lo ha entendido usted bien —añadió—. Quizá no me haya expresado con claridad. Supongamos que Jimmy Allenson dispara primero contra la señora Scott y luego vuelve el arma contra sí mismo. Dejaremos nuestra charla sobre ese cuadro para mejor ocasión. —Que es inadmisible. —Señor Quin —dijo el señor Satterthwaite. una ligera sonrisa se dibujó en los labios del recién llegado al pronunciar estas palabras. . Después se detuvo. ¡Ah! Mi amigo. —Estamos completamente de acuerdo sobre este particular — contestó Quin—. sus ropas mostrarían alguna señal. La pantalla coloreada de una de las lámparas arrojaba una luz brillante sobre el gabán a cuadros. casi sin aliento. como usted acaba de decir. Todo es lo mismo. Hay algo inconsistente en todo esto.com instantes. Una tragedia verdaderamente triste y espantosa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.

sí! Ahora recuerdo —dijo Unkerton con voz queda. Nuevamente guardó silencio. ¿Quiere usted retroceder en sus recuerdos. El momento que siempre recordaré será cuando me vi solo y arrodillado junto al cadáver de la señora Scott. a mi entender. —Podría haber perdido la cabeza repentinamente —murmuró Porter. El señor Satterthwaite clavó la mirada en el rostro del señor Quin como un niño a quien se le obliga a repetir una lección de la que no está muy seguro. . carecería absolutamente de motivo.004 http://biblioteca. Mas de pronto se irguió y preguntó en tono de reto: —¿Y bien. —No soy ningún mago. una cosa. —Ella yacía sobre el costado izquierdo —dijo Porter—. —¿Con qué fin? No es lógico. eso sí. Es más probable que haya sido roto por una bala. —No —contestó pausadamente—. Descansaba sobre un costado. una imagen que subsiste cuando las otras ya se han desvanecido. Pero le diré. Esta última afirmación le pareció improbable en el mismo momento que la decía. un pendiente no puede haberse hecho pedazos por la mera caída de un cuerpo sobre la hierba. y es que creo en el valor de las impresiones. sintió la impresión de que aquel detalle tan insignificante encerraba algo terrible y de gran trascendencia. hay siempre un momento que se destaca sobre los demás.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. por el amor de Dios. con el cabello desordenado y con una pequeña mancha de sangre en el lóbulo de una de sus orejas. inspector —exclamó Porter—. señor Satterthwaite. entre todos los presentes. mostrando un pequeño aro de oro. Además.com —Quizá mantuviera la pistola a cierta distancia del cuerpo. y decirnos con exactitud el instante que con más fuerza le impresionó? ¿Fue cuando oyeron los disparos? ¿Cuando vieron los cadáveres? ¿Cuando vio la pistola en manos de la señora Staverton? Borre de su mente toda idea preconcebida y cuéntenoslo. —No —replicó el señor Satterthwaite. No fue nada de todo eso. sin titubear—. Al acabar de pronunciar estas últimas palabras. El inspector tosió. El señor Satterthwaite habrá sido.d2g. —Uno de los pendientes debió haber saltado por el impacto de la caída —añadió el señor Satterthwaite. y supongo que será esa la oreja que usted menciona. quien menos se habrá dejado influir por ideas preconcebidas. —¿Sangre en la oreja? ¡Ah. señor Quin? Este último meneó la cabeza. —Pero. —Encontré esto en la hierba —concedió. En los momentos de crisis. Ni siquiera un criminalista. sin gran convicción. A la que yo me refería era precisamente a la oreja derecha.

observé que estaba usted profundamente pensativo y desearía conocer qué pensamiento era el que le obsesionaba.com —Así fue —dijo el señor Satterthwaite con repentina inspiración—. Fue una bala. Y si un disparo se llevó uno de los pendientes y otro le produjo la muerte. —¡Pero si apenas se conocían! —exclamó el señor Unkerton..? A menos que. —¿Eh? No le comprendo.004 http://biblioteca. ¿No era eso lo que quería decir usted? —completó el señor Quin con una sonrisa peculiar—. y estoy seguro de que solo servirá para provocar la hilaridad de los presentes. Quizá se conociesen más de lo que nosotros creemos. —No lo sé —dijo el señor Satterthwaite pensativo—. Y ahora que pienso. que. La idea parecía inadmisible. Una bala no pudo rozarle la oreja y herirla al propio tiempo por la espalda. ni tiene que ver con lo que aquí se está tratando. Pero. que este hubiese estado frente a ella. en fin.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. más bien parecían esquivarse el uno al otro. Este se levantó de su asiento. fue donde Richard Scott conoció a su esposa. ¿por qué no? Hubo un intercambio de miradas atónitas entre todos los presentes. No importa que no parezca guardar relación alguna con la tragedia ni que crea que es una mera superstición —Unkerton se sobresaltó ligeramente—. —En realidad no tiene importancia —empezó a decir Unkerton—. Como sorprendidos de las conclusiones a las que inesperadamente se había llegado. Pero no. Estaba deseando que mi mujer no hubiese tenido nunca la idea de cambiar el cristal de la ventana conocida en esta casa con el nombre de «la ventana encantada».. —Al entrar en esta casa. —Pero si no lo ha cambiado todavía —dijo al fin el señor . A menos que. Díganosla. muy cerca.d2g... Y usted —añadió volviéndose a Porter— me contó que. Debe de haber sido una bala. Lady Cynthia me dijo que Allenson la salvó de morirse de aburrimiento el invierno pasado en Egipto. ¿Allenson y la señora Scott? Imposible.. ni aun así... —Al contrario. no pudiendo dar crédito a esta suposición. allá va.. —¿Han visto ustedes la luz que la impresión del señor Satterthwaite ha arrojado sobre este asunto? —Y añadió volviéndose al señor Unkerton—: Ahora le toca a usted. ¿Quién nos dice que no intimaron allí también estos dos? —Apenas se les veía juntos —observó Unkerton. —Pero solo hubo dos disparos —aclaró el inspector—. en el invierno pasado y en El Cairo. —Que ella hubiese estado en sus brazos. Y bien. Se detuvo sorprendido al ver la fijeza con que dos personas le miraban. ¿cómo se explica el caso de Allenson... las miradas se concentraron nuevamente en el señor Quin. Tenía el presentimiento de que hacerlo acarrearía una maldición sobre nosotros.

¿Qué hace? Se le ocurre una idea. sino artesonada. atravesando la sala del billar. ¡Ah! Hubo un sonido seco y uno de los entrepaños se descorrió. Los contempla unos instantes. que Richard Scott estuvo un tiempo perdidamente enamorado de Iris Staverton.004 http://biblioteca. Sin más ánimo que el de distraerse. Su tiro es certero. El señor Quin empezó a hablar en un tono reflexivo. Esta vez la bala solo acierta a rozar una oreja de la infiel y llevarse uno de sus pendientes. y seguros de que nadie puede sorprender su secreto. Este asintió. Los demás le siguieron. ¿Por qué? ¿Por qué? —Creo conocer la razón —contestó el señor Quin—. corre escaleras abajo y sale a unirse con los demás. Fue lo primero que mandó hacer esta misma mañana. —¡Dios mío! —exclamó Poner—. Luego arroja la pistola al jardín. Porter se agachó y recogió algo del suelo. Ahora empiezo a comprender. Esa habitación no está empapelada.? Pero Porter ya había salido disparado de la habitación y se dirigía al dormitorio que ocupaban los Scott. Porter dio un paso hacia él. ¿verdad? —Así es. Se dirige al armario y se cubre la cabeza con un emplumado sombrero de anchas alas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Está anocheciendo y recuerda la historia de la mancha sobre el cristal. En él. —Tiene que haber un resorte en alguna parte. La cólera le ciega. No puede tener duda de la relación que existe entre ellos.. los celos siguen atormentándole.d2g. los sigue observando y. Hasta casi me atrevo a suponer que hubo un tiempo en que la misma Iris Staverton llegó a creer que . Tan perdidamente que aún. Pero ¿qué tiene eso que ver con. Un hombre que haya estado aquí hace años y que conoce el secreto del resorte en el artesonado.. Un costoso sombrero Ascot. y conste que esto es solo una mera suposición mía. abre un día la ventana y pasea su mirada sobre el jardín de los Confidentes.com Satterthwaite. Me imagino. en el momento en que ve que uno se echa en brazos del otro. loco de furia. Los ve caer y. —Imaginemos —dijo— a un hombre que por naturaleza sea intensamente celoso. están su mujer y un hombre. Porter empezó a palpar la madera que corría a lo largo de la pared oeste. dispara. fatal. —Sí. Era un fragmento de una pluma de avestruz. vuelve a disparar. Atravesó la habitación y se dirigió a un armario en el que había profusión de sombreros de la difunta y sacó uno de anchas alas y retorcidas plumas. —¿Y cómo permitió que acusaran a una inocente? —gritó—. Cualquiera que levante la vista en aquella dirección creerá estar viendo la sombra del Caballero Vigilante. después de largos años de separación. Después miró al señor Quin. Era un lindo dormitorio artesonado con artísticos entrepaños pintados de color crema con dos ventanas orientadas al mediodía. dejando ver la tétrica vidriera de la ventana encantada. Al amparo de su disfraz. Uno de los cristales era nuevo y limpio.

. —Lo haré —contestó Porter. —De un hombre mejor.. —-murmuró Porter..d2g.004 http://biblioteca. Se volvió y salió de la habitación. —Hizo una pequeña pausa y añadió—: En su lugar.com estaba enamorada de él.. como aturdido—. .? —Sí —dijo el señor Quin con plácida sonrisa—. yo no perdería el tiempo y correría a su lado..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero hubo una cacería a la cual fue con él y se enamoró de otro hombre mejor. ¿No se referirá usted a.. me refiero precisamente a usted.

este lugar. y comunicarle el motivo de nuestro retraso.004 http://biblioteca.. —contestó el dueño del garaje—: La hostería del bufón. Casi al final de la calle. señor —dijo Masters—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que así lo creía. —No podremos reanudar la marcha hasta dentro de unos tres cuartos de hora casi seguro y son ya más de las ocho. un garaje y una estafeta de correos en uno de los lados. su punto de destino. ¿por qué no la probamos? Podrían servirle algo de comer... Miró a su alrededor con desesperación. —Y tendremos suerte si no es más que eso —añadió Masters. —Parece que allí hay una posada —se aventuró a decir.. percibió algo que chirriaba y se movía a impulsos del viento. pero. —Sí. pues era bien sabido que el señor Satterthwaite estaba acostumbrado a la cocina de los mejores chefs continentales y tenía a su servicio a un cordón bleu a quien pagaba un fabuloso sueldo. Eran ya cerca de las ocho y aún les faltaban unas cuarenta millas para llegar a Marswick Manor. —Media hora por lo menos —fue el fallo inapelable del encargado de la reparación. complementado por tres tiendas indeterminadas en el otro. el chófer—. si puede saberse? —preguntó con impaciencia el señor Satterthwaite. finalmente. señor. El nombre no aclaró sus dudas y. El señor Satterthwaite. No será a lo que está usted habituado. Lo más probable será que le lleve unos tres cuartos de hora. mantuvo un silencio respetuoso. se paseaba arriba y abajo por delante del garaje del pueblo mientras su chófer discutía ásperamente con el mecánico del lugar. Masters.d2g. Iba a decir «agujero olvidado de la mano de Dios». . Podría usted telefonear a sir George Foster desde la posada. como un pajarito con el plumaje erizado. cuando un tercer pinchazo acabó por rematar el día. señor. Se detuvo. —¿Cómo se llama este. sin embargo. —Parece que lo tenga todo previsto. lo cual le hizo concebir ciertas esperanzas. se habían equivocado en un cruce y perdido en las intrincadas llanuras de Salisbury Plain. pero su caballerosa consideración por los sentimientos de los demás le contuvo y prefirió sustituirlo por el nombre de «lugar». señor. Kirtlington Mallet consistía en una única calle de casas dispersas. Masters —contestó el señor Satterthwaite secamente. El día había sido aciago. Habían salido tarde. —Si me permite una sugerencia. el nombre le sonó ligeramente familiar. como excusándose.com 3 EN LA HOSTERÍA DEL BUFÓN El señor Satterthwaite estaba enojado. ya habían tenido dos pinchazos en los neumáticos y. sin embargo. —Kirtlington Mallet.

pero aun hombres así no pueden sustraerse a los molestos aguijones del hambre. —La hostería del Bufón —dijo pensativamente—. Un trueno empezaba a retumbar en la lejanía. —Puedo hacerle un buen bistec con patatas. La definición. La hostería del Bufón podía ser un lugar de espera tan bueno como otro cualquiera. Estaba inclinado sobre la rueda y su voz sonó apagada y confusa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pase por aquí a la sala del café. Y. Ese menudo jefe suyo no parece ser de los que les guste viajar con rayos y truenos. —¿Gente extraña? —preguntó el señor Satterthwaite—. El señor Satterthwaite reflexionó que las gentes que frecuentan una posada acostumbran a ser casi siempre de las que «van y vienen». El señor William Jones. además. —Espero que le den un buen trato en la fonda —murmuró el chófer—. debía pasar de algún modo los tres cuartos de hora. Y con cuarenta millas todavía por delante. señor. —Gentes que van y vienen. —¿Quin? —preguntó excitadamente—. se alejó calle abajo. —Son gentes extrañas las que allí entran y salen —observó el mecánico de la localidad. Y con sus pequeños pasos característicos. —Ah. No podrán salir a la carretera hasta que haya escampado.com El señor Satterthwaite. de ese tipo —contestó vagamente. por eso no necesitamos darnos prisa —dijo el otro—.004 http://biblioteca. El mecánico levantó la vista y le dijo a Masters: —Se acerca una tormenta. Era un hombre que comía como un pajarito. pero estimuló su curiosidad. El señor Satterthwaite se quedó de una pieza. y un buen queso como no ha probado usted mejor en su vida. no tenemos más huésped que un caballero llamado Quin. —Billy Jones es una excelente persona —le informó el mecánico—. Hace rato que la estoy sintiendo en el aire. casi un epicúreo. ¿Ha dicho usted Quin? . un gran cocinero. Acaba de marcharse el último pescador y la casa ha quedado un poco vacía. Pero no tardará en volverse a llenar para la temporada de caza. no pudo por menos que mirar calle abajo. ¿Qué quiere usted decir con eso? El otro no pudo dar una contestación satisfactoria.d2g. En cualquier caso. dado su mal humor. un corpulento cincuentón dueño de la hostería del Bufón. —¡Joroba! —comentó Masters—. En la actualidad. a pesar de su ferviente deseo de no aceptar sugerencias que viniesen de persona alguna. Me acercaré también yo un momento a tomar un bocado. carecía de precisión. en dirección al chirriante letrero y sentir por el consejo una ligera y secreta aprobación interior. estaba en esos momentos tratando de congraciarse con nuestro diminuto señor Satterthwaite. por lo tanto. ¡Un extraño nombre para una hostería! No creo que lo haya oído antes.

pero se detuvo. es usted siempre. Alto. Debo este placer a una afortunada avería de mi coche.... caballeros. —Mala noche. en realidad. como en espera de noticias. —La palabra es demasiado ampulosa. Hasta el nombre de la hostería parecía acomodarse al carácter del personaje. ¡Ah! Aquí está el caballero. pero no puedo hacerlos sin su presencia. —En una noche como esta. . Eso es todo. ¿cómo diríamos.004 http://biblioteca. —¡Ah. ¿Se hospeda aquí? ¿Se quedará mucho tiempo? —Sólo esta noche. —¡Ah! —exclamó el señor Satterthwaite—. moreno. —Qué lástima —contestó el señor Satterthwaite un tanto decepcionado—..d2g.» No podía hacerse descripción más acertada de un hombre como el señor Quin. señor. —Entonces he tenido suerte. —¡Qué suerte tengo! —añadió el señor Satterthwaite—. señor Satterthwaite! Volvemos a encontrarnos de forma inesperada. —Encantado. señor. Pero no lo dudaba. iluminó la habitación un vivo resplandor seguido de un fuerte trueno. inspiración. —Y sin embargo. El señor Satterthwaite se sentó frente a su amigo con un pequeño suspiro de satisfacción y contempló la morena cara sonriente que tenía ante sí. Yo me limito a hacer de apuntador.. —Le aseguro —dijo— que no traigo ninguna pecera ni ningún conejo escondido en la manga. Me faltaría.. Esta es la sala del café. ¡Una coincidencia muy curiosa! ¡Encontrarnos en este lugar! ¿Se trata de Harley Quin? —El mismo. debo confesar que de usted siempre espero algo parecido.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ja.. Ja. como de un prestidigitador. Sí. —empezó a decir el señor Satterthwaite. Es que le veo como a una especie de mago. la familiar figura del señor Quin se levantó de la mesa a la que estaba sentado y dejó oír su conocida voz.?. El señor Quin meneó pausadamente la cabeza.. ¿Es amigo suyo? —¡Claro! ¡Un gran amigo! Temblando de excitación. El señor Satterthwaite estrechó su mano con efusión. En aquel momento llegó el posadero con pan y mantequilla. sonriente.com —Ese es su nombre. Al colocar las cosas sobre la mesa. La información dada por el encargado del garaje encajaba perfectamente con nuestro hombre en cuestión. el señor Satterthwaite apenas se daba cuenta de que podía haber por el mundo otras personas que respondiesen a aquel mismo nombre. El señor Quin meneó la cabeza sonriendo. el que hace los conjuros y no yo —replicó el señor Quin. «De esos que van y vienen. encantado.

Ahora recordaba por qué el nombre de Kirtlington Mallet le era tan familiar. Tres meses antes había leído todos los detalles de la sorprendente desaparición del capitán Richard Harwell. —¡Claro! —repitió—. Su voz sonó como una provocación en los oídos del señor Satterthwaite. —¡Ah! ¡Ahora caigo! —exclamó súbitamente el señor Satterthwaite.com —Que Dios me condene —exclamó el dueño de la hostería con cierta inconsciencia— si no eran esas las mismas palabras que yo pensaba emplear. Son muchas las veces que les he visto volver cabalgando a su casa a él y a la señorita Le Couteau. Vendió la casa y se marchó al extranjero porque no podía soportar que. ¡Oh! Le conocía muy bien. Tres meses. Había dado con ello. había también desarrollado sus propias teorías. . Mi opinión es que debió ser víctima de algún accidente. Era una joven dama hermosísima y muy bien considerada. la gente se parase a su paso y la señalase con el dedo. la víspera del día en que desapareció para siempre.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. sin culpa alguna por su parte. ¡Aquí hay un misterio muy profundo! Nunca sabremos lo que realmente pasó. se sintió intrigado por los detalles de la desaparición y. —repitió con retintín el señor Quin. y así fue. —Es una curiosa teoría la suya —-dijo el señor Satterthwaite—. En una noche como esta fue cuando el capitán Harwell trajo a su esposa a casa.. Meneó la cabeza y de repente recordó sus obligaciones y abandonó precipitadamente la habitación. Y a la gente del pueblo les dio por decir que muy pronto habría una boda. según creo.d2g. Como cualquier otro lector de periódicos de Reino Unido. Fue en Kirtlington Mallet donde ocurrió el suceso. Canadiense.. —Cuanto más tiempo ha transcurrido. el silencio reinó entre los dos. Pero a ella el suceso le rompió el corazón. —Un misterio insondable. Esto representa una gran diferencia. —¿Por qué no? Ha pasado algún tiempo. —¿Pretende usted decir que podemos solucionar un caso en el que Scotland Yard fracasó? —preguntó secamente. —No estoy muy seguro —rompió a hablar el señor Satterthwaite con cierta vacilación— de que recuerde hoy los hechos con claridad. Eso de que los hechos se ven con más claridad después de pasado algún tiempo. Se ve mejor la verdadera relación que guardan entre sí. Durante unos instantes. más cosas adquieren la adecuada proporción. Todo el mundo lo vio. —Paró en esta casa el invierno pasado durante la temporada de caza —añadió el posadero—. El otro hizo un gesto característico. —Yo creo que sí —contestó tranquilamente el señor Quin. ¡pobrecita! Un misterio y nada más que un misterio. Un joven apuesto y sin preocupaciones de ninguna clase.004 http://biblioteca. como otros muchos británicos.

»La boda se celebró tres meses después. hacia las veces de dueña. Eleanor Le Couteau era la única que llevaba las riendas de su propia fortuna. Al menos una docena de pretendientes sin un céntimo no la dejaban ni a sol ni a sombra. el señor Cyrus G. pero su corazón permanecía libre.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite hizo una pequeña pausa. Su papel en la vida había sido siempre el de oyente o mero espectador. Eleanor Le Couteau y Richard Harwell estaban prometidos. morena. Tanto es así que. El dueño de esta . sino con el mero objeto de recrear el ambiente. hasta la llegada del capitán Richard Harwell." El adagio se cumplió al menos en parte. Una tal Saint Clair. No le faltaron los cazadotes. señor Quin? "Feliz el cortejo que poco dura. Solo en presencia del señor Quin cambiaba su posición. La señorita Le Couteau era una canadiense de origen francés. el partido de mayor alcurnia del país. —Menciono esto —añadió en tono de disculpa— no porque en realidad guarde relación directa con lo fundamental de nuestro tema. no vaciló en pagar la respetable suma de setenta mil libras que ella pedía. solicitó su mano. —Fue hace poco más de un año —dijo— cuando Ashley Grange pasó a manos de la señorita Eleanor Le Couteau. La feliz pareja escogió el extranjero para pasar una luna de miel de quince días. de educación refinada.com Era todo el estímulo que el señor Satterthwaite necesitaba. Bradburn. —Así podremos hacernos una idea de nuestra protagonista —continuó el primero—. dama de intachable conducta y reputación social. cuando después de la tragedia decidió vender Ashley Grange con todo cuanto encerraba la mansión. Era a la vez coleccionista y compradora dotada de un exquisito gusto. Sin embargo. —El ambiente es importante tenerlo en cuenta —señaló. bien en las cacerías. y volvieron para instalarse en su residencia de Ashley Grange. Veintitrés años. Sus antepasados eran emigrés de la Revolución francesa y le habían dejado en herencia una colección de reliquias y antigüedades de un valor casi incalculable. ¿Recuerda usted el viejo dicho. Y rica. El señor Satterthwaite ocupaba el centro del escenario. Jamás pudo haber soñado tener una mejor propietaria. la atmósfera en la que vivió la señora Harwell.d2g. Un diablo arrogante y osado. hermosa. Se dice que el joven lord Leccan. A los dos meses de conocerse. Es decir. sin defecto alguno que hiciera desvirtuar sus méritos. El señor Quin asintió. no debemos olvidarnos de esto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. »El capitán Harwell reservó alojamiento en la hostería local para la temporada de caza. Era huérfana. millonario americano. Era un gran experto en monterías. que había sido descuidada y permanecido deshabitada durante muchos años. Allí era siempre el señor Quin el oyente. en los salones o en cuantas partes hiciese ella su aparición. Era una hermosa residencia antigua.

Supongo que la policía solo quiso demostrar que tenía interés en el asunto. se vio a Stephen Grant rondar por la vecindad de Ashley Grange sin que pudiese justificar su presencia en aquellos lugares. Es verdad que podía suponerse que guardaría algún resentimiento contra el capitán Harwell por el despido fulminante. serían las siete y media aproximadamente. ¿Quién era Richard Harwell? ¿De dónde venía? Había aparecido por decirlo así como llovido del cielo. Y además. sin embargo. —¿Está usted pensando en el joven Stephen Grant? —Así es —admitió el señor Satterthwaite—. ¿Qué era. Aquí tenemos un cuadro de felicidad y alegre despreocupación. vio al capitán Harwell paseando tranquilamente por el jardín. El señor Satterthwaite se detuvo. Hizo una pausa repentina como si le asaltase una duda. gratamente consciente del momento dramático. por lo que sabemos. ¿dónde está el cadáver? No es probable que lo hayan hecho desaparecer sin dejar el menor rastro. lo que se sabía del capitán Harwell? Cuando la policía empezó a informarse sobre sus antecedentes se encontró ante una escasez casi absoluta de datos. ¿Un presagio? ¿Quién puede decirlo? Fuese lo que fuese. La mañana del día de la vuelta del matrimonio. a la mañana siguiente temprano. desde ese instante. vuelvo a repetirle que Harwell no tenía un solo enemigo en el mundo. —¿Supongo que no habrán faltado teorías? —preguntó el señor Quin. a hora muy temprana. Stephen Grant.004 http://biblioteca. —Por lo menos que se supiera —observó el señor Quin reflexivamente. Pero. nadie ha vuelto a ver de nuevo al capitán Richard Harwell. y tuvieron que ponerlo al fin en libertad. El señor Satterthwaite asintió.com posada acaba de decirnos que la noche del día en que volvieron fue como esta. John Mathias. El señor Quin se inclinó hacia delante. pero este motivo era muy poco importante. Solo al día siguiente la aturdida esposa puso el hecho en conocimiento de la policía. Iba con la cabeza descubierta y silbando. como usted sabe.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Fue detenido por la policía como presunto culpable de la desaparición del capitán Harwell. en ese caso. después de todo. al parecer. lo cierto es que. Era un magnífico jinete y. Nada se le pudo probar.d2g. el capitán Harwell no tenía un solo enemigo en el mundo. uno de los jardineros. —¡Claro que no! Puede estar seguro. Nadie en Kirtlington . si mal no recuerdo. Teoría número uno: el capitán Harwell ha muerto asesinado. ¿dónde está el motivo? Por lo que se ha podido comprobar. La mirada admirativa que le dirigió el señor Quin le dio el tributo que necesitaba y prosiguió: —La desaparición fue notable e inexplicable. era el caballerizo de Harwell y había sido despedido por una falta insignificante. —A eso vamos precisamente. con una posición envidiable. Así pues. Y sin embargo. no han conseguido resolver este misterio. Hasta la fecha.

—Me lo figuro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. contaba con los servicios de una acreditada firma londinense de abogados que actuaba por ella... caballeros. Esta noche dicha teoría no me satisface. Pero ¿se trataría de un artista refinado en la materia? ¿Estaría urdiendo algún chantaje para el caso improbable de que la señorita Le Couteau decidiese casarse con otro? He de confesar que consideré esta teoría como la solución más probable. —¿No hay ninguna duda sobre este último detalle. ¡Ya! ¡Ya sé lo que está usted pensando en este momento! —¿Ah. ¿Hay en ello algo de particular? —Supongo que la policía no pasaría por alto a este personaje — comentó el señor Quin. pregunto yo? ¿Por qué? Y si así fue. Pero ¿por qué motivo. ¿Cómo se las compuso para desaparecer de forma tan rápida y completa. —Lo interrogaron repetidamente sin conseguir hacerle caer en ninguna contradicción. —Siento haberles hecho esperar. . Que medió tiempo suficiente para que Mathias hubiese podido asesinar a su señor. Las declaraciones de estos hicieron aún más profundo el misterio. pues. Se ha llegado a probar de modo concluyente que Harwell jamás dispuso de un solo céntimo del dinero de su esposa. de un estafador vulgar. Salió de la casa a las siete para ir a los invernaderos y volvió a las ocho menos veinte. La teoría de la policía sobre este punto fue expresada con entera claridad.d2g. La esposa corroboró las declaraciones de su marido. sí? —preguntó el señor Quin. y a unas horas de la mañana en que todos los jornaleros andaban de un lado para otro preparándose para las faenas? Y con la cabeza completamente descubierta. El señor Quin repitió inclinado hacia delante: —¿Esta noche? —Sí. hasta esta noche. Ella era dueña y señora de sí misma. El jardinero.com Mallet se había preocupado de hacer ulteriores averiguaciones. La fortuna de ella estaba absolutamente intacta. puesto que dicen que el jardinero lo vio? —Así es. Esto fija la hora en que debió salir el capitán Harwell. ¿dónde escondió el cadáver? En aquel momento llegó el hostelero con una gran bandeja en la mano. por añadidura. »No se trataba. La señorita Le Couteau no tenía padres ni tutores que hubiesen podido tener interés en investigar los antecedentes de su prometido. John Mathias.004 http://biblioteca. pues si bien es cierto que la señorita Le Couteau carecía de padre y tutores. ¡La eterna historia de la mujer rica y del cínico impostor! »Pero tampoco esto es absolutamente cierto. cosa que este se negó a aceptar puesto que afirmó que disponía de suficientes bienes de fortuna. Eleanor Le Couteau había ordenado el traspaso a nombre de su prometido de una considerable suma. Los sirvientes de la señorita Le Couteau aseguraron haber oído abrir y cerrarse la puerta de la finca a eso de las siete y cuarto.

William Jones meneó la cabeza. Se dijo que él había sido un gran jardinero en sus tiempos. —¿Qué clase de persona era ella? —volvió a preguntar el señor Satterthwaite con presteza. Al contrario. Ya me comprenden ustedes.d2g. —¿Y qué clase de hombre era ese Mathias? —preguntó. —No creo. La señorita Eleanor tenía buenos informes de ellos. que mostró su entusiasmo. que gastan un dineral en jardineros y se pasan el día arrodilladas en el suelo haciendo ver que hacen algo. El señor Satterthwaite sonrió. Muy bueno. un poco adusta en sus modales y sorda como una tapia. —¿Se sabe si había alguna mujer mezclada con el capitán Harwell? — preguntó. Yo apenas les conocía. —Un hombre de unos cuarenta años que debió ser un Hércules en sus buenos tiempos. —Esto tiene un aspecto excelente —exclamó—. Había muchos que lo miraban con cierta prevención. Ni un rumor. ¿Qué se hizo del jardinero Mathias? —Creo que se colocó en Essex. a lo cual el señor Satterthwaite no puso objeción alguna. Era un buen jardinero y su mujer ayudaba también en los quehaceres de la casa. Hemos estado hablando de la desaparición del capitán Harwell. Muchas veces tuvo que guardar cama y abandonar el trabajo. —Una mujer corriente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El resto del tiempo lo pasaba en Londres y en esos lugares de playa extranjeros donde se dice que las damiselas francesas no se mojan ni siquiera el dedo gordo del pie por temor a estropear sus trajes de baño. No es que yo crea que él tenga nada que ver con el asunto. También de mediana edad. La respuesta del posadero pareció decepcionarle.com Depositó en la mesa un enorme bistec y. El olorcillo de los manjares complació en grado sumo al señor Satterthwaite. ¡Tonterías. nuestro hombre seguía aferrado a ella. Aunque la primera teoría había sido ya rechazada. Al menos no como algunas de las señoras que hay aquí por estos alrededores. Por lo menos eso es lo que he oído decir. digo yo! La señorita Eleanor no venía por aquí sino los inviernos a pasar la temporada de caza. —Nada de eso.004 http://biblioteca. No tenía interés en quedarse aquí después de lo ocurrido. a su lado. pienso que fue por pura bondad que la señorita Eleanor lo siguió teniendo a su lado. —¿Era la señorita Le Couteau muy aficionada a la jardinería? — preguntó el señor Quin en voz baja. Lo que yo he dicho siempre: misterio y . pero que estaba medio tullido a consecuencia del reuma. Llevaban solo un mes en la casa cuando ocurrió aquello. un desbordante plato de patatas fritas. Por mi parte. El propietario parecía dispuesto a seguir pegando la hebra. Es cocinera y siempre dispuesta a echar una mano en lo que se le pidiera. El señor Satterthwaite y el señor Quin se sirvieron sendos pedazos de carne.

—¿Asustarme a mí los truenos? No. ¿usted cree que desapareció por su propia voluntad? —¿Y por qué no? Sería más lógico suponer eso que no que un infeliz como Stephen Grant pudiese haberlo asesinado.. ¿Qué provecho podía sacar de matarlo? Me gustaría saberlo. Stephen bebió un día un poco más de la cuenta.. —¿Le asustan los truenos quizá? —preguntó el señor Satterthwaite con afabilidad. Mala noche. no me cabe la menor duda. Abandonó la sala llevándose los platos vacíos. no creen en la culpabilidad de Stephen.com nada más que misterio. Empieza mi padre diciendo: «Esto me recuerda la noche en que el pobre capitán Harwell. no se lo podría decir. En realidad.. le habló en forma poco respetuosa y fue despedido. Mary —dijo el señor Quin—. morena y con una tosca arrogancia que debía serle peculiar. pero por quién. Se volvió de pronto para encararse con el señor Quin. —Pues no sé qué pensar.. etcétera. etcétera. Mi idea es que fue asesinado. Hay pocas cosas que me asusten. Pero la tormenta trae todo ese hablar y hablar de una misma cosa. ¿Y qué? Después encontró otro trabajo mejor si cabe. Un vivo resplandor seguido de un violento estampido hizo saltar al señor Satterthwaite de su asiento y. todos se quedan como si vieran entrar a un fantasma. ¿verdad? ¿Y quiere usted decirme qué sentido tiene? ¿Es que no podríamos olvidar las cosas pasadas? —Las cosas pertenecen al pasado solo cuando han sido resueltas — dijo el señor Quin. —Buenas noches.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.». Su parecido con el dueño de la hostería del Bufón no dejaba duda alguna de que era su hija.d2g. antes de que los últimos ecos del trueno se hubiesen perdido en la lejanía. apareció una muchacha llevando en sus manos el anunciado queso.. —¿Lo que yo pienso? —Sí. Y ahora voy a traerles el queso. —Entonces.004 http://biblioteca.. La tormenta que momentos antes parecía haberse calmado estalló de nuevo con redoblada furia. ¿Hay en todo esto motivo para asesinar a sangre fría? —Pero la policía —interpuso el señor Satterthwaite— ¿no quedó plenamente convencida de su inocencia? —¡La policía! ¡Qué importa la policía! Cuando el pobre Stephen entra por la noche en el bar. una y otra vez como cotorras. —Ya se lo ha oído usted contar. —Odio estas noches de tormenta —murmuró. pero . Era una joven alta. —Pero ¿es que esto no está ya resuelto? Supongamos que el capitán hubiese decidido quitarse de en medio. Ella asintió. —¿Y cuál es su teoría? ¿Qué piensa usted de todo esto? —insistió el señor Satterthwaite. Estos caballeros tan finos a veces hacen estas cosas.

es muy cruel! —estalló con desesperación—..d2g. La muchacha se volvió súbitamente hacia él. que es incapaz de hacer daño a una mosca! Toda la vida habrá gente que pensará que lo hizo él. —La vida ha pasado por mi lado —contestó el señor Satterthwaite con un acento impregnado de amargura. —¡Una gran muchacha! ¡Un caso lamentable! —murmuró el señor Satterthwaite con pena—... Más que la inmensa mayoría de los hombres. Soy un gran observador. —Solo la verdad puede ayudarle —exclamó con decisión—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. inviable. sacudida por la violencia de su resentimiento. Se detuvo de nuevo con la mirada fija en la cara del señor Quin. Usted ve donde otros nada consiguen ver. ¿Por qué mi propio padre se opone a que nos casemos Stephen y yo? «Puedes llevar tus cerdos a venderlos a un mercado mejor. —Es cierto —confirmó el señor Satterthwaite—.. —¿No podríamos hacer algo? —agregó con gran interés el señor Satterthwaite. ¿verdad?» Se detuvo jadeante.. —¡Es cruel. ¡A Stephen. Esto le está volviendo hosco y amargado.. Su corazón generoso se sentía mortificado. Si hubiese modo de encontrar al capitán Harwell. La misma vaguedad e inconsistencia de las pruebas presentadas contra Stephen dificultaban la tarea de poder refutar la acusación. Si llegasen a saberse las verdaderas razones de su desaparición.. Se sentía auténticamente afectado. nunca se sabe. bueno. Bonita vida para un hombre: ver cómo todos se apartan de él como si fuera alguien diferente de los demás. Si volviese a reaparecer un día. ¿Y cómo no había de ser así? Y cuanto más se vuelve así. No tengo nada contra Stephen. Su momento de amargura desapareció como . Se esponjó complacido. —Pero eso ha agudizado su visión de las cosas. —¿Cree usted que podemos llegar a la verdad hablando simplemente en la forma en que lo estamos haciendo? —Usted tiene una gran experiencia de la vida —afirmó gravemente el señor Quin—. Me gustaría. Cortó sus palabras algo que parecía un sollozo y abandonó apresuradamente la habitación. como si hubiese en ella algo de particular. más cree la gente que algo ha tenido que ver en ello. desearía con toda el alma poder hacer algo por ella. La cosa era.. El señor Satterthwaite le miró con curiosidad... tal cual él la veía. Disponemos todavía de media hora antes de que esté arreglado su coche.com tampoco parecen estar seguros de lo contrario y se limitan a mirarle de reojo y a evitar cuanto pueden su conversación. —Estamos haciendo cuanto podemos —agregó el señor Quin—.004 http://biblioteca... pero.

en este caso. la palabra ambiente. O el resultado.com por encanto. Puesto que. Digamos.d2g. pero la idea sigue siendo absurda. Hay que desmenuzarlo todo debidamente. como también pudiéramos llamarlo.. Podemos ahora pasar. —Yo lo veo así —empezó a decir pasados unos dos minutos—: para llegar a la causa de una cosa.. que el señor Cyrus Bradburn ha podido llevar a cabo la compra de Ashley Grange y todo cuanto en ella había por. ¿Por qué? —Usted empleó.. no —interpuso sonriente el señor Quin—. vemos surgir la siniestra figura de Richard Harwell. Cree en el pasado más que en el presente. hacemos retroceder nuestros recuerdos. El señor Satterthwaite le miró con una expresión de duda. El señor Quin le interrumpió. Por todo esto no podemos llegar a la sospecha de que «alguien en Essex».. o el propio señor Cyrus Bradburn. sin poderse casar de nuevo.? y que alguien en Essex ha logrado contratar los servicios de Mathias como jardinero. planteemos el asunto en forma contraria. —Eso sí —dijo el señor Quin—. no hace mucho. —Pero está usted conforme con lo que digo. —El efecto. La desaparición digamos que ha tenido lugar esta misma mañana. pudiesen haber maquinado la desaparición del capitán Harwell. —Estoy conforme —dijo el señor Quin—. es que la señorita Le Couteau. venido de ninguna parte. —Aún no hemos tocado el resultado desde su punto de vista estrictamente material. con un misterioso pasado. es preciso estudiar el efecto.. Digamos que la desaparición del capitán Harwell tuvo lugar cien años atrás y que. El señor Satterthwaite le dirigió una significativa mirada. Lo que nadie puede dejar de ver: la figura sospechosa del capitán Harwell. —No. quiero decir la señora Harwell. No hay .. No es libre. ¿no eran sesenta mil libras..004 http://biblioteca.. Las palabras parecían querer modificar ligeramente el cuadro que ante su vista se estaba presentando. por lo menos con la imaginación. Pero lo que usted acaba de decirme es lo que automáticamente salta a la vista. podemos actuar sobre el tiempo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. y no puede volverse a casar. —Muy bien —dijo el señor Quin en tono de aprobación. nosotros en el año 2025. —Es usted un hombre verdaderamente extraño —dijo con voz pausada el señor Satterthwaite—. entonces. ¿Qué sigue? —Imaginemos por un momento que volvemos al día de autos. después de haber sopesado la insinuación unos instantes—. se encuentra con que no está hoy ni soltera ni casada. —Tiene usted razón —dijo el señor Satterthwaite. —Es usted sarcástico —comentó el señor Quin. —Hemos estudiado el efecto —añadió—. que el resultado de la tragedia fue que la señora Harwell es una esposa y no es una esposa. Y si analizamos detenidamente esta cuestión.

. —Es usted muy amable —contestó. Se produjo una especie de pausa significativa. Hay muchas formas de hacerlo: disparando una pistola. Nuevamente la cuestión del ambiente.d2g. ¿Y en qué estriba el mérito de un truco? —En que la velocidad de la mano engañe a la vista —acotó locuazmente el señor Satterthwaite. Eran una madre. sino más bien el anterior. De pronto desaparecieron misteriosamente de los escenarios. —«Donde las damas francesas no osan mojarse el dedo gordo del pie». El señor Satterthwaite hizo una ligera inclinación. con otros medios. no internacionalmente. agitando un pañuelo . Siga usted ahora por mí ya que tiene usted el don de encontrar siempre la frase oportuna. —Quizá tenga usted razón —contestó el señor Satterthwaite con aire pensativo—. Fue algo casi como un truco de prestidigitación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Una vez tuve ocasión de asistir a una de sus representaciones. Es increíble. los Clondini. debo confesar que no estoy muy seguro —contestó el señor Satterthwaite—. —Precisamente.004 http://biblioteca. Pero nos hemos apartado del tema que nos ocupa. —No tanto como usted cree —añadió el señor Quin—. El objeto es engañar a la vista. Sencillamente magistrales. —Sí —corroboró el señor Quin—. Imagino que querrá usted decir nacionalmente hablando. el llamado Ladrón Gato obtuvo grandes ganancias en el continente. —Tomemos como base no el presente año. A veces con la ligereza de la mano y. según la versión de nuestro distinguido mesonero —completó el señor Satterthwaite con una gran carcajada. Se emplearon las tretas más inconcebibles para lograr acceso a los edificios.. un hijo y una hija. —¿Por qué desaparecería el capitán? ¿Por qué? —rompió a hablar el señor Satterthwaite—. ¿No recuerda usted la serie de robos famosos en los castillos franceses? Es sabido que un hombre solo no hubiera podido acometer robos de tal envergadura. —Hace cien años era la edad de la pólvora y de las chapuzas —dijo—. —Una palabra muy acertada —asintió el señor Quin. Es verdad. Solo al otro lado del Canal. —En lo que se refiere a los enredos. Creo que esa es la palabra que con más exactitud describe el hecho.com ambiente en el presente. El presente está demasiado próximo. a veces. ¿Podemos decir que en 1924 fue la época de los grandes enredos y de los ladrones de alto copete? —Muy bien —aprobó el señor Quin—. Hubo la teoría de que tenía que tratarse de un grupo de acróbatas. El señor Satterthwaite se quedó pensativo durante unos instantes. Como un truco de magia. puesto que solo nos acarrearía dificultades. pero por lo que respecta a los grandes ladrones. Quería ser digno de su reputación. irónico y sonriente.

sí —prosiguió—. por lo tanto. Pero. El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante con los ojos brillantes. como corresponde a una pobre viuda desconsolada. si quitamos ésta. ¿Qué más natural que una desconsolada esposa. la venta hubiese dado lugar a infinidad de comentarios. que nada significa en último término. ¿Fue el disparo el que desvió la atención del truco de magia del que estamos hablando? ¿Cuál es el momento que llama más su atención? El señor Satterthwaite respiró con fuerza y prosiguió: —La desaparición. —Sí. Un cúmulo de ideas parecían agolparse en su cerebro. hacer averiguación alguna acerca de ella..004 http://biblioteca. Esa supuesta herencia podría estar compuesta en su mayor parte por piezas robadas de los castillos franceses. La boda.. que ella acepta sin vacilar. Ella compra la casa probablemente por una bicoca. El plan general ha sido ya concebido de antemano. Hace una razonable oferta. de difícil venta.com encarnado. Hubiera habido gran interés por conocer la valía de las riquezas que la finca encerraba y. ¿qué nos queda? Nada.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. abandona majestuosamente estos lugares. La . no cabe duda. algunas de ellas de mucho valor artístico y. —¿Se refiere a la señorita Le Couteau deseando vender Ashley Grange al señor Bradburn y esfumarse después sin motivo justificado alguno? —Sí. —¿Nada? Supongamos que las cosas siguiesen su curso aún prescindiendo de ese gesto dramático. Y prosiguió lentamente: —El tiro de pistola. La exagerada especulación acerca del capitán Harwell ha dado lugar a que la figura de ella quedase casi completamente ignorada. ¡espere! Hubo un minuto de silencio. —Hay algo en lo que acaba usted de decir. —¿Y por qué no? Tiene usted razón. quizá por ser en este caso la parte perjudicada. ¿Sería en realidad franco-canadiense como aseguraba? ¿Provendrían todos aquellos cuantiosos bienes de una legítima herencia? Creo que tenía usted razón al decir hace un momento que solo el Canal nos separaba de nuestro verdadero objetivo. Antes. Los objetos son genuinos y excelentes. ¡La señorita Le Couteau! Todo el mundo preguntando: «¿Quién es el capitán Harwell?». algunos de ellos de valor incalculable. Entonces llega él. quiera vender todo aquello que le recuerda la felicidad pasada? El americano es un connaisseur. Se establece en ella y paga una fuerte suma para conseguir los servicios de una irreprochable señora inglesa que le haga las veces de dama de compañía. los quince días de luna de miel y luego la desaparición. «¿de dónde ha venido?». La atención se desvía del objeto principal y es atraída por el acto espectacular. algo que dé la sensación de ser importante sin serlo en realidad. Y a nadie se le ha ocurrido. El gran coup se ha realizado.d2g. con el corazón destrozado. Luego.

—Mathias sufría un reumatismo agudo. —Y me imagino que más de una vez —se limitó a contestar el señor Quin. él y su mujer hicieron circular la noticia de que iban a instalarse en Essex. —¿La casita de Mathias? —exclamó—. —A no ser por usted.com vista del espectador ha sido engañada por la rapidez de la mano y por la espectacular naturaleza del truco. A menudo dice uno cosas sin comprender su verdadero alcance. Durante ese tiempo.. Él era Mathias. —musitó—. —Si esta pandilla fuese en realidad la de los Clondini —comentó tentativamente—. ¿no es verdad? —insinuó inocentemente el señor Quin. Veamos. —Efectivamente. Un hombre inteligente podría haber interpretado con facilidad los papeles de Harwell y Mathias.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. jamás hubiese conseguido discernir los hechos como hoy los veo —declaró con una repentina humildad—. Usted ejerce un curioso efecto sobre mí. —¿Mathias. ? —se preguntó el señor Satterthwaite frunciendo el ceño.. pero usted siempre tiene la habilidad de mostrar su verdadero significado.. Sin ella.. Se oyó una pequeña llamada en la puerta de la sala del café y. Era fácil de arreglar. Cuando Harwell estaba en Kirtlington Mallet. tendrían que ser tres. Hubiera sido lo más sencillo haberse ocultado en la finca. alguien hubiese podido entrar en la casita y sospechar la verdad. también soy de la opinión de que no estaba lejos de la casa —dijo el señor Quin. y Ashley Grange fue vendido. Harwell y Eleanor estuvieron quince días ausentes disfrutando de la luna de miel. El señor Satterthwaite se detuvo unos instantes con el rostro arrebolado por la satisfacción del triunfo. Mathias quedaba recluido en la cama atacado de reumatismo. Pero hay algo que no acierto todavía a comprender con claridad y es cómo pudo Harwell desaparecer con tanta facilidad cuando toda la policía de Inglaterra estaba buscándolo. Pero en ese caso.. Harwell estaba escondido en casa de Mathias. El señor Satterthwaite le miró con los ojos muy abiertos. supuestamente en la ciudad. Mathias estuvo en la casa un mes. Como usted dice. —¡Ah! ¡Ya lo tengo! —exclamó dándose cuenta el señor Satterthwaite—. con la señora Mathias a su lado para mantener la farsa. la madre.004 http://biblioteca. y los quince que precedieron a estos. Desaparición de Mathias y su señora para siempre.d2g. Los dos jóvenes serían Harwell y Eleanor Le Couteau y la señora Mathias. Pero la policía no habrá dejado de registrarla. a .. El papel de esta última era imprescindible. Pero ¿es posible? Quizá sí lo es. —Y la señora Mathias —añadió el señor Quin. Cuando el plan estuvo a punto. La significación de la mirada que acompañó a estas palabras no pasó inadvertida al señor Satterthwaite.

pero. bien sazonados. es un misterio. Creo que me ha dicho usted que se va mañana. Lo siento por el señor Bradburn. le pondré al corriente de mi nueva teoría —afirmó con decisión. a ser posible. entró Masters. —Quizá lo haga esta misma noche. Un oscuro misterio. El señor Satterthwaite extendió la mano en señal de despedida. señor —dijo. Vio a la joven Mary salir a la puerta y detenerse en el umbral. llegó a sus oídos la voz del dueño de la fonda que decía sonora y complaciente: —Créame. El señor Satterthwaite se recostó cómodamente en el asiento trasero de su lujosa limusina. cosa que asimismo hizo el señor Quin. El señor Satterthwaite se calzó los guantes. El señor William Jones era un hombre que sabía distinguir a la gente y escogía siempre el vocablo que más se ajustaba a las exigencias de la concurrencia.. —Qué ajena está la muchacha —musitó el señor Satterthwaite para sí— de lo que no tardaré en hacer por ella. .. —La semana que viene ceno con el comisario jefe de policía y. La de esta noche gustaba de los adjetivos gordos y.. El señor Satterthwaite se levantó. El señor Satterthwaite recordó haber oído aquellas mismas palabras a primera hora de la tarde. y se dirigió a la ventana para descorrer las cortinas. En realidad no utilizó «oscuro». ¿Sería una coincidencia? Salió a reunirse con su vehículo y con Masters. —La tormenta ha pasado —dijo el señor Quin.d2g. No tengo palabras con que expresar la satisfacción que me ha producido nuestro inesperado encuentro. La palabra que nuestro hostelero empleó tenía un color distinto.com continuación. —Adiós —dijo—. El cartel de la hostería del Bufón seguía chirriando al ser mecido suavemente por el viento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. Un plateado haz de rayos lunares penetró en la habitación. —Exactamente —replicó el señor Satterthwaite—. Una comparación entre los objetos que hay en Ashley Grange y los que aparecen en la lista facilitada por la policía francesa.004 http://biblioteca. ¡qué le vamos a hacer! —Es rico y podrá afrontar la pérdida —añadió el señor Quin. —El coche espera en la puerta. Mi trabajo aquí ha terminado y yo soy de los que van y vienen. —Será fácil de comprobar —añadió el señor Quin—. Su pecho rebosaba de satisfacción por el triunfo. como es natural. Al pasar frente a la abierta puerta del bar.

Han visto ustedes la carta escrita al procesado por la propia Vivien Barnaby en la mañana del día de autos. la joven esposa de sir George Barnaby.com 4 UNA SEÑAL EN EL CIELO El juez estaba terminando de hacer sus recomendaciones al jurado. por un descuido incomprensible. su veredicto debe ser el de culpabilidad. Todos ellos han estado de acuerdo. Si por otra parte. Repasaba en su memoria cuanto acababa de oír mientras caminaba .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. entonces. el acusado había dejado olvidada tras de sí. más tarde y ante las abrumadoras pruebas presentadas por la policía.004 http://biblioteca. hubo de admitirlo. caballeros. su deber es formular el veredicto de no culpabilidad. una de sus amistades. El veredicto que proclamaron fue el que todo el mundo parecía haber anticipado: el veredicto de «culpable». Su temperamento excesivamente delicado no encontraba interés alguno en los sórdidos detalles de un crimen vulgar. les quedase todavía cualquier duda razonable. viernes trece de septiembre. Este no es un caso de evidencia directa y son ustedes. Han oído ustedes cómo el acusado intentó primero negar haber estado en Deering Hill y que. El jurado estuvo ausente durante algo menos de media hora. quienes han de sacar sus conclusiones sobre los motivos. de que fue el acusado quien en el día de autos. después de haber sido abandonado por el acusado. señores. Una vista por asesinato no era un asunto que le atrajera. les suplico se retiren a deliberar y me informen tan pronto como hayan llegado a una conclusión. Si ustedes no dan crédito a las alegaciones del procesado y están convencidos. caballeros. he terminado mi exposición. Han oído ustedes también la versión del procesado sobre los motivos que le hicieron tardar media hora en llegar hasta su casa. El señor Satterthwaite abandonó la sala después de oírlo con una cara que mostraba el entrecejo fruncido por sus pensamientos. por lo tanto. Deben considerar si este caso se presenta claramente contra este hombre y les permite afirmar que es culpable del asesinato de Vivien Barnaby. Han oído ustedes el testimonio de los criados en cuanto al momento en que se efectuó el disparo. y disparó sobre Vivien Barnaby con el arma que. viernes trece de septiembre. y la víctima. una carta que la propia defensa no ha juzgado oportuno negar. fuera de toda duda razonable. El joven Martin Wylde era lo que podría llamarse un caballero en toda la acepción de la palabra. Pero el caso Wylde era diferente. La réplica de la defensa afirma que una persona desconocida entró en el salón de música. A ustedes corresponde establecer las conclusiones que puedan derivarse de esta negativa. Ahora. —Ahora. los medios y la oportunidad que concurrieron en el crimen. disparó casi a quemarropa a la cabeza de Vivien Barnaby con el decidido intento de matar.d2g.

experimentaba la ilusión de convertirse en actor. No era ninguno de esos restaurantes baratos. el maitre se retiró con una leve sonrisa de aprobación en los labios y uno de los camareros se encargó de servir lo pedido. El jurado tardó solo media hora en llegar a esa conclusión. cuando un movimiento del extraño personaje dejó ver una cara que reconoció. que poseía la cualidad de hacer ver a uno las cosas bajo una luz totalmente distinta de la habitual.com hacia Holborn. Al instante el señor Satterthwaite se sintió presa de una viva y agradable excitación. era de ser extremadamente caro. con camareros silenciosos que aparecían provistos de relucientes bandejas de plata con el aire de estar participando en algún rito sagrado. —¿Le declararon culpable? —Sí.d2g.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite estaba dispuesto a retirarse. Un respetuoso maitre surgió de las sombras y se acercó a la mesa. torciendo después para introducirse en unas tortuosas callejuelas que conducían al Soho. Era un lugar más bien oscuro. El señor Satterthwaite. al parecer morena. que sentía debilidad por las frases anticuadas—. —¡Dios bendiga mi alma! —exclamó éste. que se filtraba a través de un coloreado ventanal. Unos minutos después. Mal asunto. el señor Satterthwaite entró en el restaurante y se dirigió a su mesa favorita. El señor Quin inclinó la cabeza. todavía no he empezado a comer. —Es una agradable sorpresa —dijo iluminando su reseca y diminuta cara con una beatífica sonrisa—. El restaurante se llamaba Arlecchino. Debido a la media luz que reinaba en la sala. en compañía del señor Quin. como un hombre de paladar delicado. a veces. puesto que en él solo se confeccionaban platos reservados al paladar de un privilegiado gourmet. La luz. concentró su atención en la tarea de escoger los manjares. entre los que se encontraba el señor Satterthwaite. daba a su ropaje un aspecto polícromo y original. Aún enfrascado en sus pensamientos. Como usted ve. conocido por pocos. Y no pocas veces en actor principal.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. permanecía oculta en la penumbra. Un extraño personaje este señor Quin. situada en un recatado rincón. Pero. En una de ellas había un pequeño restaurante. —Acabo de salir del Old Bailey —empezó—. . Era tranquilo y no se permitía que las estridencias de las bandas de jazz turbasen la placidez del ambiente. Al contrario. si de algo pecaba. Su papel en la vida acostumbraba a ser siempre el de mero espectador y lo sabía. El señor Satterthwaite se dirigió al señor Quin. ¡Pero si es el señor Quin! Ya se lo había encontrado tres veces y siempre el resultado del encuentro se había salido de lo corriente. no fue sino al llegar junto a ella cuando se percató de que estaba ya ocupada por un hombre alto cuya cara. ¿Tiene algún inconveniente en que le haga compañía? —Nada podría complacerme más —contestó el señor Quin—.

—Bien. —balbuceó vacilante el señor Satterthwaite—. —Demasiados para Martin Wylde. Un artista cuyo único medio de expresión fuese la palabra.. Tentado estuvo de mostrarse conscientemente dramático. pero no por eso menos precisa. no puede ser otro que el señor Satterthwaite —murmuró. ¿No era eso lo que iba usted a decir? —Supongo que sí. de esos en los que un hombre busca el modo de desembarazarse de una mujer para poder casarse con otra. pero la impresión que de ella tuvo fue imborrable. Sir George Barnaby. —Y sin embargo. El señor Quin se encargó de completar su pensamiento. Aquí su descripción fue más comedida. Conmigo podrá usted penetrar de lleno en la escena. ella le odiaba. La lisonja le animó a superarse. así fue como la describió. se sentía pura y simplemente un artista. que pagaba personalmente a sus empleados todos los martes por la mañana y que cada noche comprobaba que los cerrojos de la puerta de entrada estuviesen debidamente corridos. con una docena escasa de vigorosas pinceladas. —¿Cómo decía usted? —exclamó el señor Satterthwaite con cierto sobresalto. un hombre entrado en años. Una muchacha provocativa y lastimosamente joven.. —Como comprenderá. Volvió a resurgir la confianza que en sí mismo tenía el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite asió la mesa con ambas manos. En aquel momento. —Perdone —interrumpió rápidamente el señor Quin—. Conozco a los Barnaby y las peculiares circunstancias que han concurrido. Se casó con él sin darse ni . La verá desde dentro.. —empezó a decir el señor Satterthwaite. Martin Wylde es un excelente muchacho del que nadie puede creer algo así. obeso y orgulloso de su riqueza y posición social. Rápidamente.004 http://biblioteca. Un hombre que daba cuerda a sus relojes todos los viernes por la tarde.. Me temo que no he seguido con el suficiente detalle el proceso. describió el cuadro de la vida en Deering Hill. de todos modos.. Solo la había visto una vez. Las pruebas. sus simpatías están con el acusado. Desde el principio ha habido la tendencia a considerar este caso como uno de tantos crímenes del mismo tipo. —Si hay un hombre capaz de hacer lo que me acaba de asegurar. De sir George pasó a lady Barnaby. si se tienen en cuenta las pruebas —comentó.com —Resultado inevitable. El señor Quin se inclinó hacia delante con una alentadora sonrisa. —Y sin embargo. son tantos los excelentes muchachos que han resultado ser últimamente unos asesinos de un tipo particularmente repelente y de sangre fría! —Demasiados —corroboró el señor Quin en tono bajo. Un hombre cuidadoso..d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¡Pero. Una muchacha atrapada. —Permítame que le ponga al corriente. perpetuamente preocupado por las menores nimiedades de la vida. Sintió una repentina sensación de poder. pero se detuvo.

a las seis en punto de la tarde: «Dejaré la puerta lateral abierta para que nadie pueda enterarse de que has estado aquí. cosa que ella no hizo. pero he oído hablar mucho de él. Vagando de aquí para allá. Confesó al fin haber ido a ver a lady Barnaby y haber tenido con ella un violento altercado. El señor Satterthwaite se detuvo por unos instantes. en la prensa diaria. Se dedicaba a la agricultura. Así lo admitió además. Quizá la haya visto usted en la sala. pero que había conseguido apaciguarla antes de salir. La envió a mano. Vivía a cosa de una milla de distancia de la casa ocupada por los Barnaby. Pero muy reposada. día trece de septiembre. Si me pregunta mi opinión. Dulce.com siquiera cuenta de lo que hacía. En especial esto último: leal. era todavía una promesa. Sin dinero propio dependía enteramente de su viejo marido. La definición del señor Satterthwaite sobre este punto era terminante. otra mujer que también vivía en Deering Vale y era hija de un médico de la localidad. le contestaría que más bien lo hacía ver. cosa por la que ella pareció cobrar también cierto interés. Pero ¿qué digo? Ahora me acuerdo que ha dicho que no estaba usted presente. La muchacha estaba desesperada. y terminaba rogando a Martin Wylde que no dejara de ir a Deering Hill aquel mismo día. Estaré en la sala de música».004 http://biblioteca. pudo comprobarse la inconsistencia de sus manifestaciones. Su declaración fue que había cogido la escopeta y se había ido a disparar unos cuantos tiros al bosque. se desprendía que empezaba a enfriarse un tanto. Escrita precisamente en la mañana del viernes.. o así al menos lo hizo ver. Se la describiré. por lo visto. según tengo entendido. —Usted recordará que. —Nunca conocí a Martin Wylde —continuó el señor Satterthwaite—. muy rubia. no solo en la madera de la puerta lateral. Martin Wylde negó haber ido a la casa el día de autos. Él las conservó. Su provocación era solo un ansioso afán de querer disfrutar de la vida. Habían encontrado sus huellas dactilares. Quizá un tanto bobalicona. sino también en uno de los dos vasos de cóctel que estaban en la mesa de la sala de música. Estaba llena de desesperados reproches y veladas amenazas. por lo que el señor Satterthwaite continuó: —Usted habrá leído su última carta. como usted recuerda. al ser arrestado. Y leal.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.d2g. Había. Y luego. esas fueron sus palabras. Pero cuando la policía presentó sus pruebas. más que realidad. Era una criatura acorralada. y por el texto de las de ella. El final de todo aquello era fácil de prever como después se supo por el contenido de las cartas leídas durante la vista. Creo que vio en él su única vía de escape y se asió a ella con la tenacidad de un náufrago. Es rubia. ignorante de sus propias fuerzas y con una belleza que.. Y estaba ansiosa. Se detuvo mirando al señor Quin en espera de un estímulo para proseguir y este le obsequió con una sonrisa apreciativa. Juró haber dejado fuera su escopeta de caza apoyada contra el muro que hay junto a la puerta y . Apareció.

medio enfermo y desesperado.. a fin de evitar que pudiesen desparramarse los perdigones. sin acordarse de la escopeta que había dejado apoyada junto a la puerta. Afirmó haberse dirigido después a su casa. pero su testimonio fue prácticamente una repetición del de los demás. El fiscal ridiculizó la suposición. acompañando sus . Después se marchó a Canadá. El señor Satterthwaite tuvo la curiosa sensación de hallarse a la defensiva. el mayordomo. el ama de llaves y la propia doncella de lady Barnaby. se sienten mejor después de haber dado rienda suelta a sus arrebatos. El mayordomo llegó al salón solo uno o dos segundos antes que los demás. Se detuvo de nuevo. —Sí. pero que.d2g. su ayudante. penetraron en el cerebro.004 http://biblioteca. pero que cabe dentro de lo posible —agregó lentamente el señor Satterthwaite—. porque lo que sigue es ya. como he dicho ya. todos prestaron declaración —insistió intencionadamente el señor Quin—. el cocinero. Les sirven de válvulas de seguridad que calman sus nervios y regulan su presión interior. Una sensación de duda y malestar pareció flotar en el tranquilo restaurante. desgraciadamente. ¿No hubo ninguna excepción? —Ahora que recuerdo —dijo el señor Satterthwaite— el ama de llaves declaró solamente en la encuesta preliminar. especialmente entre los del tipo moreno y nervioso como el de Martin Wylde. Dos de ellos. —¿Supongo que todos los criados habrán prestado declaración? El señor Satterthwaite asintió. Las mujeres. pero se aportaron testimonios de que no llegó a ella sino a las siete menos cuarto y. que se descomponen con facilidad ante escenas de corte emocional. —¿Y por qué lo haría? —contestó el señor Quin.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. soportan fácilmente escenas como esta y. de ordinario. pero para mí que estaba en un error. —¿Por qué no habría de marcharse? —sugirió abruptamente. momento que aprovechó el señor Quin para hacer una pregunta fortuita. Permaneció silencioso durante unos instantes y luego prosiguió: —No es que sea muy importante. Declaró haberse olvidado completamente de la escopeta.. —. He conocido a muchos jóvenes. está a menos de una milla de distancia. —¡Ah! —se limitó a exclamar el señor Quin. casi pegada a la nuca. cosa un tanto inverosímil. Todos los criados lo oyeron. de una claridad meridiana.com que lady Barnaby estaba viva y sana cuando él se despidió uno o dos minutos después de dar las seis y cuarto en el reloj de la sala. —Siga —insistió el señor Quin. El arma había sido descargada.. Encontraron el cuerpo de su señora desplomado sobre el brazo de uno de los sillones. por el contrario.. según creo. —Así pues. por lo menos. Fue exactamente a las seis y veinte cuando sonó el disparo. Siguió un corto silencio. Acudieron precipitadamente a la sala de música. Me parece estar viendo al pobre Martin Wylde salir de la casa con la cabeza hecha un torbellino.

pero aquel día estaba en Londres y precisamente asistía a una reunión de negocios en el momento en que se cometió el crimen. cosa que el señor Satterthwaite interpretó en el sentido de que su respuesta no había sido del todo satisfactoria. No. aumentado. Nadie se decidía a tomar la iniciativa y pasaron varios minutos antes de que a alguien se le ocurriera dar cuenta del hecho a la policía. se encontraron con que la línea estaba cortada. ¿Los criados? ¿Qué motivo podía tener cualquiera de ellos? Por otra parte. todos aparecieron casi simultáneamente en el lugar del suceso. Los criados. —Supongamos que ese joven es. Le van a colgar. después de todo. no hay duda alguna acerca de ello. Salió de ella a las seis y media en punto y se encontró en la puerta de la verja con un criado que venía a comunicarle la fatal noticia. —¡Caramba! —exclamó el señor Quin—. y el señor Satterthwaite. tuvo que ser Martin Wylde. Soltó de pronto tenedor y cuchillo que sonaron contra la mesa. Eso la deja libre de toda sospecha. solo tres minutos habían transcurrido entre su partida y la detonación. Pero el silencio estaba cargado con la creciente insatisfacción de Satterthwaite. pero que parecía imposible que tuviera nada que ver con un crimen semejante. El último rubber terminó exactamente a las seis y media. inocente. había dicho todo lo que tenía que decir. en realidad. Empezaron a almorzar. De algún modo. ¿Qué otro pudo haber disparado? Sir George estaba jugando al bridge en una casa vecina. La muerte sobrevino casi instantáneamente. Y tenemos finalmente a Sylvia Dale. Como es natural pudo haber sido deliberado. . El señor Quin no parecía sentirse muy comunicativo. Dijo esto último con una nota de insatisfacción en la voz.com palabras con un ligero encogimiento de hombros. sin embargo. que hacía esfuerzos por pisar un terreno más familiar.004 http://biblioteca. quien.d2g. pero no se ve cuál podría ser la finalidad. Tenemos además a Henry Thompson. Aun basándose en la propia declaración de éste. la pregunta fastidiaba al señor Satterthwaite. Al intentar hacerlo. —Lo estaba —contestó el señor Satterthwaite. —No parecía haber grandes dudas sobre la identidad de la persona que hizo el disparo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que la aquiescencia de su compañero había. Nada objetó a ello el señor Quin. dieron todos muestras de haber perdido la cabeza en aquella ocasión. —No había nadie en absoluto de quien sospechar a excepción del joven Wylde —prosiguió—. De modo que la línea estaba cortada. podía tener un buen motivo. que de pronto se sintió asaltado por la idea de que algo de gran importancia acababa de escapársele de los labios—. por su parte. Se encontraba en la estación de Deering Vale despidiendo a una amiga que salía en el tren de las seis y veintiocho. secretario de sir George. de algún modo.

—exclamó patéticamente. No es que yo tenga el corazón de piedra.. —Es un país muy interesante. —Yo pensaba ir a la Riviera la semana próxima. el señor Quin seguía sin decir nada. su voz tenía un inconfundible acento de súplica. Usted ha desempeñado siempre el papel de mero espectador en los dramas que aquejan a la humanidad. señor Satterthwaite. dijo: —Usted es. ? —empezó a decir el señor Satterthwaite.com A pesar de su evidente angustia. con la vida o la muerte pendiente de sus manos? El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante nuevamente presa de la emoción. —Ni siquiera sé a qué parte de Canadá ha ido —prosiguió el señor Satterthwaite con tono agrio..004 http://biblioteca. Yo creo que ellos lo sabrán. según creo. pero sí un hombre que puede permitirse un capricho sin reparar en gastos. —¿No ha estado nunca en Canadá? —Nunca. envuelto entre azuladas espirales de humo. ¿qué es lo que se conseguiría al fin y al cabo? ¿No le parece todo esto algo fantástico? Aunque yo llegara a averiguar el paradero exacto de esa mujer en Canadá. —¿No podría usted averiguarlo? —sugirió el otro. El señor Satterthwaite le miró indeciso. El señor Satterthwaite se sentía seriamente trastornado. Ya comprendo lo que quiere usted decir. el secretario. Que es cuestión de vida o muerte. —¿No es cierto que es como si se.d2g.. La mirada que dirigió al señor Quin parecía querer decir «¡Conmigo no cuente!». ¿No se le ha ocurrido nunca saltar a escena y tomar parte? ¿No se ha sentido usted por un instante árbitro absoluto de los destinos de los demás. —Supongo que sí. Volvió a detenerse.. le diré también que sí. O posiblemente Thompson. —¿Quiere usted decir que si yo me decidiese a ir a Canadá para .. —¿Cree usted sinceramente que debería ir? El señor Quin se dejó caer contra el respaldo de la silla. No un millonario.. pero. pero se contuvo y terminó a continuación con otra pregunta incongruente—: ¿Y por qué no habría de irse esa mujer a Canadá? El señor Quin meneó lentamente la cabeza. lo que pudiéramos llamar un hombre rico. Y esa pobre muchacha. me temo que yo mismo tendría que hacer el viaje. encendió un cigarrillo y. Al reanudar la conversación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El mayordomo lo sabrá. —¿No le parece como si todo esto estuviera relacionado conmigo de algún modo? —¿Que un hombre vaya a ser ahorcado en el plazo de dos o tres semanas? —Si lo plantea usted de ese modo.

—¿Puede usted darme su dirección actual? El mayordomo temía que sus informaciones no fuesen altamente satisfactorias. suave y deferente.. —Si usted lo cree así. Si esa Louisa Bullard estaba aún allí. pero seguro de que algo importante se encerraba en aquellas al parecer insignificantes palabras—. Si usted también lo frecuenta. —Hay algo en usted que no comprendo y que quizá jamás logre comprender.. —La víspera de San Juan. El señor Satterthwaite se sintió sobrecogido. si no me equivoco. pero no había escrito ni dado su dirección a nadie. Cuando vuelva de Canadá —prosiguió arrastrando torpemente las palabras—. no cabe duda de que no tardaremos en encontrarnos aquí..? El señor Quin sonrió. Su espíritu aventurero bullía con fuerza en su pecho. sí! Banff.. contestó a su llamada. Así se llamaba.. Se fue directamente a la agencia Cook y allí se informó de la salida de los barcos. —Lamento no poder darle una dirección fija en estos momentos — contestó pesaroso el señor Quin—. El señor Satterthwaite sintió una viva agitación. Cada vez que se ha cruzado usted en mi camino. no tardaría en encontrarla. ¡Ah. una oficina de abogados. eh.. Salió hace seis meses para Canadá. Solo recordaba que el lugar era un pueblo enclavado en las montañas con un nombre escocés. —¿Fue la víspera de San Juan? —preguntó confundido. señor.com realizar esa absurda cacería. Algunas de las jóvenes sirvientas esperaban tener noticias. —Pero usted no puede dejarme de esta forma en la estacada — añadió el señor Satterthwaite con vehemencia—.004 http://biblioteca.. El señor Satterthwaite le dio las gracias y colgó de nuevo el auricular.. —Sí. —Siga. —¿Se refiere usted a Louisa. La voz del mayordomo. Pero vengo a menudo a este sitio.. Quisiera que me diera algunas referencias con respecto a una joven que servía recientemente en esa casa. —Me llamo Satterthwaite y hablo en nombre de...Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero no nos detengamos en ese detalle sin importancia. como si estas palabras encerrasen una clave que de momento se sintiese incapaz de descifrar. Iría a Banff. —La idea de ir a Canadá ha sido suya y no mía —dijo en tono ligero. Después telefoneó a Deering Hill. Estaba decidido. Se separaron cordialmente.. señor? ¿A Louisa Bullard? —Esa misma —respondió el señor Satterthwaite. La última vez que nos encontramos. complacido de que le hubiera facilitado el nombre de la interesada. . con deferencia. me gustaría verle de nuevo. —Siento decirle que ya no está en el país. —admitió el señor Satterthwaite.d2g.

Pero ellos no conocían al señor Quin. Era una mujer de unos treinta y cinco años.d2g. disfrutó enormemente de la travesía. ¿No sabes. Su aspecto. que esto es señal de que algo malo va a ocurrir? Acababa de preguntármelo cuando antes de un minuto oí el disparo. tuvo el placer de entrevistarse con ella. No le dejaba en paz ni un momento. los dos han recibido su castigo. Pasaba un tren en aquel momento y el humo blanco que salía de la chimenea se elevó en el aire y. —A ver. Ya ha ocurrido. Lo notaba en mis huesos desde aquella mañana. Sus lugares favoritos eran siempre la Riviera. Pareció acoger sin reservas la idea del señor Satterthwaite de recopilar ciertos datos sobre la tragedia ocurrida en Deering Hill. Doce horas después de su llegada. y ocurrió. Hacía muchos años que no hacía ningún largo viaje por mar. consiguió fácilmente su objetivo. ¡Viernes y trece! ¿Qué otra cosa podía esperarse? Continuó con una sarta de divagaciones que el señor Satterthwaite . Una enorme mano blanca sobre el rosado fondo del cielo. pensó.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. respiraba simpleza. me pregunté a mí misma. En mi opinión. —Leí en los periódicos que habían condenado a muerte al señor Martin Wylde. Me acuerdo de una frase que solía ver de niña en algunos cuadros que colgaban de las paredes y que decía: «A Dios no se le puede engañar». pero estoy segura de que fue lady Barnaby la que tuvo la culpa de todo. algo rizado. No parecía. me dije. me dio un vuelco el corazón. tener duda alguna sobre su culpabilidad. Yo sabía que algo terrible iba a ocurrir aquella tarde. Su pelo era de un color castaño claro. pero provista de fuerte complexión.. Los dedos estaban contraídos como en ademán de querer coger alguna cosa. —Estaba en mi cuarto cambiándome de ropa cuando se me ocurrió mirar afuera por la ventana. es una verdadera pena. —Uno de tantos buenos muchachos que se descarrían. Deauville y Escocia. En Banff. ¡Aquello era horrible! No pude hacer otra cosa y le conté a sir George lo de la señal que yo había visto en el cielo. formó en el aire la figura de una mano gigantesca. pensarían muchos de sus conocidos si llegasen a sospechar los verdaderos motivos de su desinteresada pesquisa. aunque usted no me crea. No me gusta hablar mal de los muertos. Era una gran verdad. No sé por qué. sin embargo. a ver. Bien. pero este no pareció prestar atención a mi relato. y juntos entramos en la sala de música. Le Touquet. muerta y bañada en sangre. Louisa Bullard estaba empleada en el gran hotel de la villa.004 http://biblioteca.. y allí estaba. de aspecto anémico. La idea de haberse lanzado a una empresa poco menos que imposible añadía un secreto incentivo a su misión. y sus ojos pardos y de franca expresión. Le digo que fue un día fatal. Qué necio. y salí disparada escaleras abajo para unirme a Carrie y a los demás que estaban en el vestíbulo. Explíquese —preguntó el señor Satterthwaite. pero también honradez.com Con gran sorpresa suya.

por razones personales de sir George. La cantidad a que ascendía el sueldo. aun cuando una de las cláusulas del contrato era la de abandonar Inglaterra sin perder un solo instante. En uno de sus frecuentes viajes a Londres éste se encontró a Thompson. El señor Satterthwaite no parecía compartir la idea de que se tratara de una complicación «usual». al día siguiente de su llegada dirigió sus pasos hacia el Arlecchino. El puesto de trabajo se lo había facilitado el señor Thompson. Un tal Denman era quien se había encargado en Canadá de llevar a cabo todos los trámites necesarios y quien le aconsejó que no volviese a escribir a sus ex compañeros de servicio «porque esto podría acarrearle serios disgustos con la oficina de inmigración». me imagino —dijo el señor Denman. —Las complicaciones usuales. Apenas se atrevía a albergar esperanzas de tener éxito la primera vez.004 http://biblioteca. de que la muchacha saliese de Inglaterra. una buena muchacha. de un modo u otro. éste estaba ansioso. pero que utilizaba el nombre de su jefe? Todavía cavilando en estas cuestiones.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Estaba seguro de que Louisa Bullard no encajaba en el marco de los supuestos devaneos de sir George Barnaby. ante su satisfacción. ¿Podría encontrarle una ocupación? Una fuerte suma acompañaba la carta para elevar su salario hasta una buena cifra. sin embargo. Había descubierto. el secretario de sir George. Estaba mustio y abatido. Debió haber otra razón para considerar tan imperiosa la necesidad de que Louisa Bullard saliese tan precipitadamente de Inglaterra. recostándose indolentemente en el respaldo del sillón—. pero. No le costó gran trabajo inducir a éste a que le contara cuanto supiese sobre el particular. era tan elevada que no dejó de sorprender al señor Satterthwaite. mencionada casualmente durante el curso de la conversación. Sus pesquisas habían sido infructuosas.com escuchó con paciencia de santo. pero su intento resultó vano. quien en cierta ocasión le había hecho un señaladísimo favor. Abrumado por el fracaso. el señor Satterthwaite emprendió su viaje de regreso. el sueldo era tan exorbitante que Louisa aceptó como es lógico. cosa que ella aceptó sin recelos. El secretario le había escrito una carta en el mes de septiembre diciéndole que. la familiar . un detalle que merecía ser considerado de suma importancia. Una y otra vez trató de llevarla al tema del crimen con un afán de obtener algo que arrojara luz sobre el asunto. Pero ¿cuál? ¿Quién estaba detrás del asunto? ¿Era acaso sir George el que actuaba por mediación de Thompson? ¿O era Thompson por propia iniciativa. no obstante.d2g. Asimismo. Parece. quien después de algunas vacilaciones decidió entrevistarse personalmente con el señor Denman. Louisa Bullard había dicho cuanto sabía y al fin tuvo que reconocer con tristeza su fracaso.

pero nada campestre. —Fuera de quien fuese. Baños y lavabos. Lo dejó un poco en la sombra..004 http://biblioteca. han intervenido en este caso. Siguió un silencio. Me envió a una bien absurda cacería. con agua caliente y fría en todos los dormitorios. de un modo u otro. pero puedo asegurarle que le obligué a repetir su historia una y otra vez. —¿El lugar. Y a continuación. No muy grande. —De todos modos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Permítame que le diga que la idea fue enteramente suya. El señor Quin escuchaba con gran atención. —¿Está usted seguro —preguntó el señor Quin con intención— de que no lo ha conseguido? El señor Satterthwaite levantó la vista sorprendido y se encontró con la mirada escrutadora y burlona que le era tan familiar. imprimiendo un acento de provocación a sus palabras. Se parecen a las suites. Construida indiscutiblemente para la gente acomodada.. —¿Que yo le envié? —objetó—. El señor Satterthwaite se sintió halagado.? Es uno de tantos edificios actuales de ladrillo con amplios ventanales. El señor Quin escuchaba en silencio.d2g. —El otro día me hizo usted una descripción maravillosa de todos los personajes que. El hombrecillo sacudió la cabeza en pleno desconcierto. el señor Satterthwaite expuso un sucinto relato de todos los detalles de la conversación habida con la muchacha. El señor Satterthwaite se sonrojó ligeramente. —¡Vaya! —empezó a decir el señor Satterthwaite sirviéndose una porción de mantequilla—. .com figura estaba sentada a su mesa. así como de la sostenida con el señor Denman. No fue culpa mía que no pudiera obtener el resultado que deseábamos... y profusión de artísticas lámparas eléctricas doradas por todas partes. Ahora quisiera que me describiese usted también el lugar de la acción. ¿Por qué? No acierto a verlo. consiguió usted darles un maravilloso realce. pero muy confortable en su interior. —¿No? —se limitó a contestar el señor Quin. no ha tenido éxito: Louisa Bullard no tenía nada que contar. como casi todas las casas que le rodean. pasado el cual volvió a hablar el señor Quin con un tono ya completamente distinto. El rostro moreno del señor Quin se distendió en una sonrisa de bienvenida. Con pocas palabras. El señor Quin arqueó las cejas. Muy confortable. Bastante feo visto desde fuera. Tenga en cuenta que Deering Hill está solo a unas diecinueve millas de Londres.? ¿Deering Hill. La disposición de sus habitaciones recuerda la de un hotel. Unos dos acres de terreno. —Quizá crea usted que me faltó habilidad en el interrogatorio. estaba justificado el viaje —prosiguió el señor Satterthwaite—. Louisa Bullard fue quitada de en medio premeditadamente.

d2g. según la declaración de todos. ¿Qué hubiese podido decir de haberse visto legalmente obligada a declarar en la vista? —Lo que ella vio —contestó el señor Quin. —¡Qué tonto soy! —exclamó el señor Quin con acento de fastidio—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que pasan siempre por Deering Hill cada hora y veintiocho minutos. Estos pasan cada hora menos diez minutos. La señorita Dale se despidió de una amiga precisamente a las seis y veintiocho de aquella tarde. Su interlocutor había quedado completamente desconcertado ante la seriedad de su entonación. Planteada así la cuestión. aun cuando los trenes solo salen cada hora y cuarenta y ocho minutos de la estación de Waterloo. Debía haberlo recordado. —¿De un tren que se iba o que venía? —murmuró el señor Quin. Es muy cómodo para ir a la ciudad. parecía un tanto complicada. el servicio de trenes es bastante deficiente — observó. —¡Tonterías! —dijo—.com —Según he oído. Es imposible que un tren . —¿Cuánto tardan en llegar a Deering Hill? —Exactamente unos tres cuartos de hora. Ella dijo que la detonación fue casi simultánea con el paso del tren y. Debió de ser uno que venía. Sus pensamientos se concentraron de nuevo en el problema que había quedado sin resolver. hasta el último. El señor Satterthwaite le miró fijamente. —Pero ¿qué es lo que me dijo? —preguntó el señor Satterthwaite tratando de argumentar—. pero el señor Quin contestó sin vacilar. —¿Y qué es lo que vio? —Una señal en el cielo. ¿no es así? El señor Satterthwaite tardó uno o dos minutos en contestar. Para hacerlo. —Difícilmente podría tratarse de un tren que iba. O sea. animado con el tema—. Pero tampoco. Según nuestros conocimientos. que es a las diez y cuarenta y ocho.004 http://biblioteca. Pasé unos días allí el último verano. Al fin y al cabo. tuvo que haber alguna razón muy poderosa. el disparo se realizó a las seis y veinte. Ella misma confesó que se trataba del humo del tren. Pues esa razón debe encontrarse. pudo muy bien haber sido la mano del Todopoderoso. El de las seis y veintiocho. acaba usted de confesarme que Louisa Bullard fue deliberadamente sacada del país. —¿Se refiere usted a esa majadería? ¿A esa superstición de creer que pudo haber sido obra de la mano de Dios? —Quizá. —Me refería a que quizá fuese usted demasiado exigente. —Quisiera que me explicase qué es lo que quiso usted decirme hace un momento cuando me preguntó si estaba seguro de no haber logrado mi objetivo. —No sé nada al respecto —contestó el señor Satterthwaite. sin duda. en lo que le dijo a usted.

?. Pero ¿y lo del teléfono? ¡Ah. —La única cuestión ahora es. entró con ella y la mató de un tiro por la espalda. La verdadera hora a la que él salió de la casa fue la de las seis y veinticinco minutos. —Como no fuera un tren de mercancías.. casi sin voz y espantado por el descubrimiento que acababa de hacer—.. ahora lo veo todo. sin duda. a las siete menos cuarto. La historia de Wylde adquiere verosimilitud ahora. —murmuró—.. El señor Satterthwaite se sonrojó por el éxito.. Pero si se tratara de éste. Louisa.. —El de las seis y veintiocho —dijo recalcando lentamente las palabras—. —¿Todos? —exclamó el señor Satterthwaite dubitativo—. como tratando de justificar su aserto. —Le mencioné ya —dijo— que me parecía un tanto. —Y menos en una línea como esa —corroboró el señor Quin. con su locuacidad y sus supersticiones.004 http://biblioteca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. . constituía un verdadero peligro. pues ellos. —. ¿cómo diría.. —¿Viernes? —Si no recuerdo mal. encontró la escopeta de Martin apoyada junto a la puerta. habrían anotado cuidadosamente la hora exacta de la llamada.. ¿cómo es que todos afirman haberlo oído diez minutos antes? —La razón es clara como la luz. como dijo. Habría tenido conocimiento de la nota que su esposa iba a mandar aquella misma mañana a Martin Wylde y debió encontrar el modo de enterarse de su contenido.. y caminando despacio llegaría a la suya. estoy de acuerdo —añadió el señor Quin completando su pensamiento. Dejó la partida de bridge minutos antes de las seis y media. arrojó la escopeta al matorral en que más tarde fue encontrada y simuló llegar de la casa vecina al tiempo que alguno de sus criados se dirigían en su busca. Sí. sí! Ahora lo comprendo. —Y los retrasó diez minutos —añadió el señor Satterthwaite.. El señor Satterthwaite le miró como fascinado. aproximadamente. Alguien no tardaría en comprender el alcance del detalle del tren y entonces. y el disparo fue hecho a esa hora.d2g. Sí. A continuación volvió a salir. ¿cuál es el próximo paso? —Yo sugeriría Sylvia Dale —contestó el señor Quin. me dijo usted que era precisamente los viernes por la tarde cuando sir George acostumbraba a poner en hora sus relojes —dijo el señor Quin.. ¿No le parece a usted que sería una coincidencia un tanto extraña? —No pensaba en ello como mera coincidencia. Después se marchó a jugar al bridge.. no habría sido necesario sacarla de Inglaterra.com pudiese llevar un adelanto así.. El señor Satterthwaite pareció dudar. Pero de haber sido así. Pensaba en que era viernes. Lo desconectó con objeto de que no pudiera avisarse a la policía de ese modo. ¡adiós la excelente coartada! —¡Maravilloso! —comentó el señor Quin. Los relojes debían andar mal — afirmó el señor Quin. no cabe duda.

—Imposible. se puso de pie de un salto. .004 http://biblioteca. mejor que yo. cuando hubo terminado. entregándoselo—. No pudo reprimir un estremecimiento y el señor Satterthwaite le dio unos cariñosos golpecitos en la mano. Usted. —Eso es cierto —asintió el señor Satterthwaite. —¡La ha firmado! —repitió el señor Satterthwaite sin salir de su asombro. Le dije que el juego había terminado y él se ha derrumbado. —Necesito un taxi inmediatamente —añadió. Le añadí que la policía tardaría aún una hora en efectuar su arresto. El señor Satterthwaite la recibió con preocupada solicitud.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite hubo de esperar en el coche mientras ella se dirigía a las oficinas que sir George tenía en la ciudad. Sus palabras no consiguieron hacer mella alguna en la decisión tomada por Sylvia Dale. Permítame que yo. la vio salir de nuevo. —He vencido —murmuró. —Le dije que Louisa Bullard había estado en la jefatura de policía para contar su historia. Estaba tan aterrado que no sabía bien lo que hacía. explicándole el resultado de sus investigaciones. No tardó en encontrarse sentado junto a la chica. —Tómela —añadió.. Yo también lo soy —añadió después a modo de conclusión—. dejándose caer sobre el respaldo del asiento y cerrando lánguidamente los ojos. La escribió y firmó sin darse cuenta siquiera de lo que había hecho.d2g. ¿Cómo lo ha conseguido usted? ¿Qué es lo que le ha dicho? La muchacha se incorporó un tanto. sabe lo que hay que hacer para que pongan a Martin inmediatamente en libertad. pero que si no lo hacía. aliviado. Que la policía había hecho sus indagaciones y que se había comprobado que lo habían visto entrar y salir de su casa pocos minutos después de las seis y media. ¿qué va usted a hacer? —Ir a ver a sir George Barnaby. Sylvia le escuchó atentamente y. Parecía agotada como una flor que dobla su tallo por falta de agua. y la ofuscación nos lleva a hacer cosas de las que luego hemos de arrepentimos. Mostró el papel que llevaba entre las manos.. —¿Qué? —exclamó sorprendido el señor Satterthwaite—. pero se mostró sorda a todos sus recomendaciones. Le autorizó a que le acompañase en el taxi. que aún estaba a tiempo de escaparse y que nada haría yo por impedirlo. —Es algo estúpido —dijo Sylvia—. —Pero tiene padres y hermanos que podrán dar los pasos necesarios. Eso sería lo más desacertado.com estúpida. Media hora después. —Pero. querida niña. Nos ofuscamos. Por eso me hago cargo de las estupideces que a veces cometemos los demás. gritaría y lo proclamaría a todo el edificio. siempre y cuando firmase allí mismo una declaración reconociéndose único culpable de la muerte de Vivien.

004 http://biblioteca. Simplemente. Cerca de aquí está uno de mis rincones favoritos. —¿Ocurre algo? —preguntó. El Arlecchino. Sylvia Dale vio la contrariedad que se reflejó en su semblante. nada —contestó el señor Satterthwaite—. ¿Ha estado usted alguna vez en él? Sylvia meneó la cabeza. . Se dirigió a la mesa del rincón con el corazón henchido de satisfacción.. La mesa estaba vacía..d2g. El señor Satterthwaite paró un taxi y llevó a la joven al pequeño restaurante. Pero no importa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que esperaba encontrar aquí a un amigo. Quizá algún día volvamos a vernos.com —Lo que usted necesita en este instante es algo que la reanime —dijo ese último—. —No.

El señor Satterthwaite era un fervoroso estudiante de ese tenebroso drama al que llaman vida.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Le parecían una muchedumbre superficial y mal vestida. Se hallaba en este punto de sus reflexiones cuando observó que la condesa Czarnova venía en dirección a él. Quedaban unas pocas. Vienen aquí ahora gentes que antes jamás hubiesen podido hacerlo. Salía de la ciudad después de terminado el encuentro entre Eton y Harrow. y a los grandes duques y príncipes de las casas reales. Pero echaba de menos el fermento acostumbrado de la élite: su propia gente. con amigos de extracción hebraica.com 5 EL ALMA DEL CRUPIER El señor Satterthwaite gozaba del calor del sol en una terraza de Montecarlo. se dijo tristemente el señor Satterthwaite. Mayo y junio los pasaba en Londres. pero la gente le desagradaba. y no se sabía de año alguno en que se perdiera las carreras de Ascot. una delicia. de un barón austríaco y. Será el cambio. Además. En la mañana que nos ocupa. Los jardines.004 http://biblioteca. pues constituían el necesario fondo del cuadro. Y echaba de menos también las hermosas y elegantes damas. su entrecejo estaba fruncido. Hacía muchas temporadas que el señor Satterthwaite veía a la condesa en Montecarlo. Eran estos los únicos a quienes el señor Satterthwaite toleraba. el señor Satterthwaite abandonaba Inglaterra para trasladarse a la Riviera. de rostros cetrinos y largas y . y se dirigía al campo a visitar a sus innumerables amistades antes de trasladarse a Deauville y Le Touquet. La primera vez acompañada de un gran duque. los de la nueva generación. Era más puntual que cualquier golondrina. El único príncipe que hasta ahora había visto trabajaba como ascensorista en uno de los grandes hoteles. Conocía a todo el mundo y no era tampoco aventurado afirmar que todos lo conocían a él. como es natural. pero no tantas como las que estaba acostumbrado a ver antaño. como siempre. Sentía que el desencanto se había ido apoderando poco a poco de él. almas condenadas que no podían mantenerse alejados de las mesas de juego. Los jóvenes. El azul del mar era admirable. Los valores cambiaban y él era demasiado viejo para cambiar. me voy haciendo viejo. y solía rematar el año con otros dos meses en la ciudad. Algunos. eran jugadores impenitentes. El segundo domingo de enero de cada año con regularidad. Partidas de caza ocupaban la mayor parte de su tiempo durante los meses de septiembre y octubre. pero le gustaba un material de gran colorido. como es natural. las siguientes. la segunda. Echaba también de menos a los atildados barones y condes de la diplomacia extranjera. prefieren las montañas de Suiza.d2g. En el mes de abril regresaba a Inglaterra.

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curvadas narices, cargados siempre de deslumbrantes joyas. En los últimos años sus gustos parecían haber cambiado y sus escoltas se componían casi exclusivamente de jóvenes, muchos de ellos casi niños todavía. El que en aquel momento le acompañaba era uno de esos tantos muchachos imberbes a quien el señor Satterthwaite tenía la fortuna de conocer y por el que sentía una profunda conmiseración. Franklin Rudge era un joven norteamericano, típico exponente de los estados del Medio Oeste amantes de la emoción: rústico pero adorable, una mezcla curiosa de idealismo y sagacidad. Estaba en Montecarlo con un grupo de jóvenes de ambos sexos, norteamericanos como él, y más o menos del mismo tipo y condición. Era su primera visita al Viejo Mundo y se desbordaban en críticas y alabanzas por todo cuanto veían. En general no simpatizaban con los ingleses ni, al parecer, tampoco éstos con ellos. El señor Satterthwaite, que se preciaba de ser un espíritu cosmopolita, más bien se inclinaba a su favor. Le encantaban su franqueza y sinceridad, aun cuando sus ocasionales solecismos le hiciesen estremecerse a menudo. Pensó que la condesa Czarnova era la compañía menos apropiada para su joven amigo Franklin Rudge. Se quitó cortésmente el sombrero cuando la pareja pasó junto a él y la condesa le obsequió con una leve inclinación y una sonrisa. Era una mujer alta, de formas esculturales. Cabello, ojos, pestañas y cejas de un negro tan profundo que a la propia naturaleza le hubiera costado trabajo igualar. El señor Satterthwaite, que conocía los secretos de las mujeres más de lo conveniente para cualquier hombre, no pudo por menos que admirar el arte que la condesa desplegaba en hacer resaltar sus encantos femeninos. Su tez, sin mácula, era de un uniforme blanco marfil. El ligero sombreado de sus ojos daba a estos una expresión extraordinaria. Su boca no era carmínea ni de un vivo color escarlata, sino de un leve tono de color vino. Vestía un atrevido modelo en negro y blanco, y llevaba una sombrilla de un color rosa subido que favorecía mucho el color de su piel. Franklin Rudge se sentía importante y feliz. Ahí va un pobre loco, se dijo para sí el señor Satterthwaite. Pero no es asunto de mi incumbencia, ni creo que él se decidiera a escucharme. Bien, así adquirí experiencia yo mismo a su edad. Se sentía, no obstante, preocupado, porque había una atractiva muchacha americana en el grupo, a quien estaba seguro que la amistad de Franklin con la condesa no le gustaba. Iba a decidir retirarse en dirección opuesta cuando, por una de las veredas que conducían a la terraza y en dirección hacia él, vio venir a la muchacha en cuestión. Vestía un traje sastre con una blusa de muselina que le sentaba de maravilla, unos cómodos zapatos de

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paseo y llevaba una guía en la mano. Hay norteamericanas que, al pasar por París, acostumbran a salir ataviadas cual modernas reinas de Saba, pero Elizabeth Martin no pertenecía a este grupo. Ella era de las que «hacía Europa» con espíritu decidido y consciente. Tenía elevados conocimientos de cultura y arte, y ansiaba sacar el mejor partido posible de los escasos fondos de que disponía. No es probable que el señor Satterthwaite pensara en ella en relación con sus dotes artísticas o culturales. Lo que llamó su atención fue su extremada juventud. —Buenos días, señor Satterthwaite —dijo Elizabeth al llegar junto a él—. ¿Ha visto usted a Franklin... quiero decir, al señor Rudge, por aquí? —Sí, lo vi hace unos minutos. —Supongo que con su amiga la condesa —añadió con sequedad. —Pues... sí, me parece que con la condesa —admitió el señor Satterthwaite. —Esa condesa me hace a mí pero que muy poca gracia —dijo con voz alterada por la rabia—. Franklin está loco por ella. ¿Por qué? No lo entiendo. —Tiene, según tengo entendido, una conversación muy agradable — expuso el señor Satterthwaite con cautela. —¿La conoce usted? —Superficialmente. —Estoy muy preocupada por Franklin —declaró la señorita Martin—. Ese muchacho suele ser muy sensato y nunca me hubiera imaginado que pudiera enamorarse de una sirena vulgar como esa. Pero no quiere oír ni una sola palabra y se pone como una fiera cada vez que intentamos hablarle sobre el particular. Dígame, ¿es cierto que es condesa? —No me gustaría tener que confirmarlo —contestó el señor Satterthwaite—. Quizá lo sea. —Una elegante forma inglesa de esquivar una respuesta —dijo Elizabeth con desilusión—. Lo que sí puedo decirle es que en Sargon Springs, nuestro pueblo natal, señor Satterthwaite, a esa mujer la tomarían por un pajarraco. El señor Satterthwaite hubo de admitir para sí tal posibilidad, pero se abstuvo de recordarle que no se hallaban en Sargon Springs, sino en el principado de Mónaco, donde la condesa parecía sincronizar con su ambiente con más acierto que la señorita Martin. Al no obtener respuesta, Elizabeth decidió proseguir su camino en dirección al casino. El señor Satterthwaite volvió a sentarse al sol y, no tardó en ser abordado por el propio Franklin Rudge. Venía lleno de entusiasmo. —Me estoy divirtiendo de lo lindo —anunció con ingenuo entusiasmo—. ¡Sí señor! ¡Me estoy divirtiendo! ¡Esto es lo que yo llamo vivir, una forma de vida bastante diferente de la que tenemos

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en Estados Unidos! El señor Satterthwaite le dirigió una profunda mirada. —La vida es la misma en todas partes —dijo con expresión de hastío—. Se viste con diferentes ropajes, eso es todo. Franklin le miró con fijeza. —No le entiendo. —¿No? —prosiguió—. Eso es porque le queda todavía un gran trecho por recorrer. Pero le ruego que acepte mis excusas. Ningún viejo debería permitirse la mala costumbre de predicar. —¡Oh, no importa! —rió el señor Rudge mostrando la espléndida dentadura de todos sus compatriotas—. Pero no crea usted que me ha entusiasmado mucho el casino. Tenía la idea de que el juego sería distinto, algo mucho más emocionante, y más bien me ha parecido una cosa triste y sórdida. —El juego es cuestión de vida o muerte para el jugador, pero sin gran valor para el espectador. Produce más impresión leído que visto. El joven asintió en conformidad. —Usted debe ser de esos cucos que conocen bien esta sociedad, ¿verdad? —preguntó con un candor que hacía imposible ofenderse—. Quiero decir que conocerá usted a todas las condesas y duquesas. —A muchas de ellas —contestó el señor Satterthwaite—. Y también a judíos, portugueses, griegos y argentinos. —¿Eh? —Trataba de explicar que sigo moviéndome dentro de lo que pudiéramos llamar nuestra sociedad inglesa. Franklin Rudge se quedó unos momentos pensativo. —Usted conoce a la condesa Czarnova, ¿verdad? —dijo finalmente. —Superficialmente —contestó el señor Satterthwaite, tratando de dar la misma respuesta que diera a Elizabeth. —Es una mujer a quien me ha resultado muy interesante conocer. Uno está inclinado a creer que, en la actualidad, la aristocracia europea es inútil y está fuera de lugar. Puede ser cierto por lo que respecta a los hombres, pero las mujeres son distintas. ¿No cree usted que es un placer encontrarse con una criatura tan exquisita como la condesa Czarnova? Ingeniosa, encantadora, inteligente, con generaciones de civilización tras de sí y aristócrata hasta la médula. —¿Ah, sí? —exclamó el señor Satterthwaite. —¿Acaso no lo es? ¿Conoce usted a su familia? —No —replicó el señor Satterthwaite—. Me temo que sé muy poco acerca de ella. —Era una Radzynski —explicó Franklin Rudge—. Una de las familias de más rancio abolengo de Hungría. Su vida ha sido de lo más extraordinaria. ¿Ha visto usted el magnífico collar de perlas que luce? El señor Satterthwaite asintió. —Se las dio el rey de Bosnia por haber sacado de contrabando unos papeles secretos del reino. —He oído decir que las perlas fueron un regalo que le hizo el rey de

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Bosnia —apuntó el señor Satterthwaite. Esto era un hecho ya del dominio público, como también lo era que la condesa había sido, en tiempos pasados, una chere amie de Su Majestad. —Ahora le diré algo más. El señor Satterthwaite le escuchó complacido y, cuanto más lo hacía, más se convencía de la fértil imaginación de la condesa Czarnova. No era una «vulgar sirena» (como precipitadamente la había calificado Elizabeth Martin). El joven inocente e idealista lo hubiera notado. No, la condesa se movía austeramente en un laberinto de intrigas diplomáticas. Tenía enemigos, detractores, ¡naturalmente! Todo aquello era un vislumbre, o así por lo menos se lo había hecho creer al joven norteamericano, de la vida en el viejo régimen, con la condesa como figura central, aristocrática amiga de consejeros y príncipes, una personalidad capaz de inspirar una romántica devoción. —Y ha tenido que luchar constantemente contra toda suerte de contrariedades —terminó diciendo el joven con pasión—. Es algo extraordinario, pero nunca encontró una mujer que fuera una auténtica amiga. Por el contrario, éstas fueron siempre sus más encarnizadas adversarias toda su vida. —Probablemente —dijo el señor Satterthwaite. —¿Y no cree que esto es escandaloso? —preguntó Rudge muy acalorado. —No —contestó reflexivamente el señor Satterthwaite—. Yo no me atrevería a calificarlo de ese modo. Las mujeres, como usted sabe, tienen sus propias normas. No es conveniente que nos mezclemos en sus asuntos. Hay que dejar que ellas solas se las arreglen. —No estoy de acuerdo —interpuso Rudge apasionadamente—. Una de las cosas peores que hoy aquejan al mundo es esa falta de solidaridad entre las mujeres. ¿Conoce usted a Elizabeth Martin? Está de acuerdo con mi teoría absolutamente. Lo hemos discutido los dos con frecuencia. Es solo una niña, pero sus ideas son muy claras. Pero, al tener que ponerlas en práctica, es tan perversa como cualquiera de ellas. Está en contra de la condesa, aunque no sabe ni jota de ella y no me escucha cuando intento aclararle las cosas. Es injusto, señor Satterthwaite. Yo creo en la democracia y ¿qué es la democracia sino una verdadera fraternidad tanto entre hombres como entre mujeres? Se detuvo. El señor Satterthwaite intentó en vano pensar en alguna circunstancia que hiciera crecer un sentimiento de hermandad entre la condesa y Elizabeth Martin, y fracasó. —La condesa, por su parte —prosiguió Rudge—, siente una inmensa admiración por Elizabeth y la considera encantadora en todos los aspectos. ¿Qué demuestra eso? —Demuestra —contestó secamente el señor Satterthwaite— que la condesa ha vivido un tiempo considerablemente más largo que la señorita Martin.

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Franklin Rudge salió inesperadamente por la tangente. —¿Qué edad cree usted que tiene? Yo la sé. Ella misma me lo confesó deportivamente. Yo le hubiese puesto unos veintinueve, pero reconoció haber cumplido ya los treinta y cinco. ¿Verdad que no los aparenta? El señor Satterthwaite, cuyo propio cálculo acerca de la edad de la dama era de unos cuarenta y cinco a cuarenta y nueve años, se limitó a enarcar las cejas. —Me permito aconsejarle que no dé usted mucho crédito a lo que se dice por Montecarlo —murmuró. Tenía suficiente experiencia para comprender lo inútil que hubiese resultado tratar de argüir con el muchacho. Franklin Rudge, en la cumbre de sus especulaciones románticas, no hubiese creído nada que no viese corroborado por las pruebas más fehacientes. —Ahí está la condesa —dijo el joven levantándose. Ésta se acercó con el lánguido abandono que tanto realzaba su seducción y se sentaron los tres juntos. Se mostró amabilísima con el señor Satterthwaite, aunque guardando siempre cierta reserva. Con frecuencia se dirigía a él preguntando su opinión y tratándole como una gran autoridad en la Riviera. Todo fue muy inteligentemente manejado. Solo habían transcurrido unos minutos cuando Franklin Rudge fue graciosamente requerido para ausentarse unos momentos, y el señor Satterthwaite y la condesa se quedaron en un tête-a-tête. Esta empezó a describir círculos en la arena con la punta de su sombrilla. —Parece usted interesarse mucho por ese joven americano, ¿verdad, señor Satterthwaite? Su voz queda sonaba con un timbre dulce y acariciador. —Es un muchacho muy simpático —contestó el señor Satterthwaite en tono indiferente. —También me lo parece a mí —dijo la condesa, pareciendo reflexionar—. Le he puesto al corriente de gran parte de mi vida. —¿De veras? —Detalles que he confiado a muy pocos —continuó, en tono soñador—. Mi vida ha sido extraordinaria, señor Satterthwaite. Pocos creerían las cosas asombrosas que me han ocurrido. El señor Satterthwaite era lo suficientemente astuto para penetrar en el sentido de estas palabras. Después de todo, las historias que ella le habría contado pudieran muy bien haber sido verdaderas. No eran muy probables, con el grado más alto de improbabilidad, pero cabían dentro de lo posible. Nadie podría afirmar categóricamente: «Eso no es cierto...». No contestó y la condesa paseó una ensoñadora mirada por los contornos de la bahía. De pronto, el concepto que el señor Satterthwaite tenía de ella cambió. Ya no la veía como una arpía, sino como una mujer

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desesperada y acorralada que luchaba con uñas y dientes. La miró furtivamente unos instantes. La sombrilla yacía a un lado y podía ver unas arrugas delatoras en el rabillo de sus ojos y el latido de una vena sobre la sien. Sintió la creciente convicción de estar en lo cierto. Era una criatura desesperada y agotada. Sería despiadada con cualquiera que se interpusiera entre ella y Franklin Rudge. Sin embargo, aún no acertaba a ver claramente la situación. En apariencia le sobraba el dinero. Vestía con ostentación y sus joyas eran maravillosas. No había, pues, urgencia por este lado. ¿Estaba enamorada? No era infrecuente que mujeres de su edad se enamorasen de simples jovencitos. Pudiera ser. Tuvo la sensación de que había algo fuera de lo común en su situación. El tête-a-tête con él simbolizaba el lanzamiento de un guante al señalarle como a su principal enemigo. Estaba seguro de que confiaba en evitar que hablara de ella con Franklin Rudge. El señor Satterthwaite sonrió para sus adentros. Tenía más conchas que un galápago y conocía perfectamente cuándo tenía que morderse la lengua. Aquella noche, en el Cercle Privé, mientras la condesa probaba su fortuna en la ruleta, continuó observándola. Una y otra vez apostaba e, invariablemente, su dinero desaparecía. Soportaba sus pérdidas con la estoica sang froid de un viejo habitué. Apostó en plein una o dos veces, puso el máximo al rojo y ganó algo en la media docena para volverlo a perder, para finalmente jugar al manque seis veces y perderlas todas. Luego, con un ligero encogimiento de hombros, se alejó indiferente de la mesa. Estaba excepcionalmente hermosa embutida en su vistoso traje de tisú dorado con viso de color verde y lucía, orlando su cuello, las famosas perlas de Bosnia y unos largos pendientes con perlas colgaban de sus orejas. El señor Satterthwaite escuchó el comentario apreciativo de dos hombres. —La Czarnova —dijo uno de ellos— se conserva bien, ¿no te parece? Las joyas de la corona de Bosnia parecen ganar en hermosura sobre su persona. El otro caballero, un hombre de pequeña estatura y perfil inconfundiblemente judío, la inspeccionó con curiosidad. —Así pues, ¿esas son las famosas perlas de Bosnia? —preguntó—. En vérité. Es extraño. Y soltó unas risitas. El señor Satterthwaite no pudo oír nada más, pues en el momento de volver la cabeza en otra dirección había experimentado la alegría de reconocer a un viejo amigo. —¡Mi querido señor Quin! —dijo estrechando calurosamente su mano—. Este es el último lugar del mundo en que habría soñado encontrarlo.

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El señor Quin sonrió con su oscuro rostro iluminado por la satisfacción. —No debería sorprenderle —exclamó—. Es Carnaval y estos días suelo pasarlos aquí. —¿De veras? Pues es un gran placer para mí. ¿Tiene usted algún interés especial en quedarse en las salas de juego? Yo las encuentro excesivamente calurosas. —Creo que estaremos mejor fuera —asintió su acompañante—. Podemos pasear por los jardines. En el exterior el aire era fresco, pero no frío. Ambos aspiraron con fuerza. —Esto está mejor —dijo el señor Satterthwaite. —Mucho mejor —volvió a asentir el señor Quin—. Además, podemos hablar con entera libertad. Supongo que tendrá usted algo que contarme. —Naturalmente. En breves palabras, le puso al corriente de sus perplejidades. Como de costumbre, se enorgullecía de su habilidad para saber recrear el ambiente. La condesa, el joven Franklin, la inocente Elizabeth... a todos los describió con su maravilloso toque. —Ha cambiado usted mucho desde la primera vez que nos vimos — dijo el señor Quin cuando aquel hubo acabado su relato. —¿En qué sentido? —Antes se contentaba usted con ser un mero espectador de los dramas que la vida ofrecía. Ahora parece interesado en tomar parte activa en ellos. —Es verdad —hubo de confesar el señor Satterthwaite—. Pero en este caso me encuentro con que no sé qué hacer. Estoy perplejo. Quizá... quizá usted pueda ayudarme. —¡Encantado! —replicó el señor Quin—. Veremos qué es lo que se puede hacer. El señor Satterthwaite experimentó una gran sensación de alivio. Al día siguiente presentó a Franklin Rudge y a Elizabeth Martin a su amigo el señor Harley Quin. Le complació grandemente ver que la corriente de afecto entre los jóvenes se mantenía en pie. No se mencionó a la condesa, pero a la hora del almuerzo se oyeron noticias que despertaron su curiosidad. —Mirabelle llega a Montecarlo esta noche —confió excitadamente al oído del señor Quin. —¿La estrella favorita de los escenarios de París? —Sí. Me atrevería a decir que usted también lo sabe, pues es ya del dominio público, que es la última locura del rey de Bosnia. Según creo, la ha cubierto de alhajas y de ella se dice que es la mujer más codiciada y más extravagante que corre por París. —Será interesante presenciar esta noche el encuentro entre ella y la condesa Czarnova. —Eso mismo estaba yo pensando.

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Mirabelle era una criatura alta y esbelta, de cabeza majestuosa y pelo rubio teñido. Su tez era de un pálido color malva, con los labios pintados de carmín. Era extraordinariamente chic. Vestía un traje que le daba el aspecto de una exótica ave del paraíso y lucía profusión de cadenas que le colgaban por su desnuda espalda. Un pesado brazalete con incrustaciones de brillantes adornaba su tobillo izquierdo. Su entrada en el casino causó verdadera sensación. —Su amiga la condesa se verá en un apuro si trata de superar esto — murmuró el señor Quin al oído del señor Satterthwaite. Este último asintió. Tenía curiosidad por saber si la condesa aceptaría el desafío. Esta llegó un poco tarde y un murmullo sordo corrió de boca en boca al verla pasar y dirigirse displicentemente a la mesa central de ruletas. Vestía de blanco, con un sencillo traje de marocain como el que llevaría una debutante en sociedad, y su nítido cuello y sus brazos no lucían ni el más insignificante de los adornos. —Es inteligente —exclamó el señor Satterthwaite con aprobación—. Desdeña la rivalidad y entrega todas sus armas al adversario. Se acercó también a la mesa y se situó a su lado. De vez en cuando, se recreaba en hacer una apuesta. Tan pronto ganaba como perdía. Se dio una racha seguida de números altos. Los números 31 y 34 salían una y otra vez. Grandes sumas se volcaban sobre la mesa. Con una sonrisa, el señor Satterthwaite se decidió a hacer su última apuesta y jugó el máximo al número 5. La condesa, a su vez, se inclinó hacia delante y colocó otra suma igual sobre el número 6. —Faites vos jeux —gritó el crupier—. Rien ne va plus. Plus rien. La bola empezó a girar y el señor Satterthwaite pensó para sí: Esto tiene un significado totalmente distinto para cada uno de nosotros. Para unos hastío y pasatiempo ocioso; para otros esperanza y desesperación, vida o muerte. ¡Clic! El crupier se inclinó para cerciorarse. —Numero cinq, rouge, impair et manque —gritó. ¡El señor Satterthwaite había ganado! El crupier, después de haber recogido las apuestas desafortunadas, empujó hacia el señor Satterthwaite el producto de su ganancia. Éste extendió su mano para recogerla. Simultáneamente, la condesa hizo el mismo gesto. El crupier miró a ambos y vaciló. —Á madame —dijo finalmente con brusquedad. La condesa recogió el dinero. El señor Satterthwaite hizo un gesto de retroceso. Era un caballero. La condesa le miró fijamente y él le devolvió la mirada. Uno o dos de los presentes trataron de hacer ver al crupier su equivocación, pero este se limitó a menear impaciente la cabeza. La decisión estaba tomada. Resonó de nuevo su áspera

La condesa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Y qué ocurre si no acepta? —preguntó.004 http://biblioteca. —Bien. Fue un momento tenso. pero son cosas que ocurren con alguna frecuencia. El señor Satterthwaite tuvo la fortuna de dar con Elizabeth Martin y la reclamó como su pareja para aquella noche. Escogemos el punto de reunión. no humorísticas. —Debe usted agotar todos los recursos de su fuerza persuasiva.d2g. en cambio. moreno. —Somos los primeros —dijo el señor Satterthwaite—. el lamentable error. Describió su situación y cada cual partió por su lado. supo hacer los honores. El señor Quin hizo las presentaciones con naturalidad y sencillez. ¿Y dónde nos reunimos? —En un café de bohemios donde se admiten los más extraños huéspedes. sino serias. una cena excelente. bajo palabra de honor. —Desagradable —exclamó al terminar aquel—. se encargaba de ir sirviendo el vino a los comensales. Con Franklin había aparecido la condesa. Llegaron a Le Caveau y descendieron a una especie de bodega donde encontraron una mesa ya dispuesta y alumbrada por caprichosas velas montadas sobre anticuados candelabros. como mujer de mundo. La acompañaron unos vinos de gran calidad. Bajo su impecable comedimiento. lo reconoció. aunque la condesa y Elizabeth permanecían silenciosas. Los tres se reunieron a medianoche y el señor Quin esbozó su plan.com cantinela: —Faites vos jeux. El señor Satterthwaite volvió a reunirse con el señor Quin. Franklin Rudge se volvió locuaz. al parecer. Pasado un momento. —Será lo que pudiéramos denominar una cena sorpresa —explicó—. A Franklin Rudge le regocijó la idea. Contó varias historias. ceremoniosa y asiduamente. cosa que ella aceptó encantada. —Permítame que le presente a nuestros acompañantes. ¡Ah! Aquí llega Franklin. Se llama Le Caveau. Era el mismo crupier que horas antes en la sala de juego había cometido. El señor Quin escuchó benévolamente su relato. añadió: —Hemos de encontrarnos con su amigo Franklin Rudge. y el señor Quin. a invitar a la primera persona con quien se encuentre. Se sirvió la cena. El último en llegar fue el señor Quin. La frialdad del ambiente pareció diluirse. Y a continuación. Le acompañaba un hombre de baja estatura. Elizabeth no pudo reprimir un gesto de desagrado. bullía de indignación. correctamente vestido y cuya cara le era familiar al señor Satterthwaite. después nos separamos y cada uno se compromete. . monsieur Pierre Vaucher —dijo el señor Quin. Se detuvo un momento. Voy a dar una pequeña cena íntima. messieurs et mesdames. El hombrecillo parecía confuso.

—Él la amaba. es asimismo una historia verdadera. Es la historia de un hombre que en vez de ir a más. ¿qué creen ustedes que ocurrió? Cierta mañana se tropieza con una muchacha. Ahora tengo mis dudas sobre si fue verdad. pero desde los comienzos ella pareció no tener otro entretenimiento que el de enloquecerle. Pero. o al menos eso es lo que le hizo creer. Era virtuosa. Así se lo hizo saber a ella. Jeanne. señores. lo que había sacrificado por ella. Pero como la de usted. comprendió la verdad. Todos decían que tenía un brillante porvenir ante sí. Era mucho. y es verdadera. la historia de un hombre que consiguió triunfar —dijo Franklin Rudge en tono solemne. el joven la creyó. Y se casó con ella. no dejaba de mostrar su predilección por el champán. al fin y al cabo. Aquella mujer no le había querido nunca. Se casó con. se lo ruego —le pidió Satterthwaite.004 http://biblioteca. También había hecho los debidos honores al champán. Ella luchaba desesperadamente por encontrar trabajo. —¿Por qué no habría de ser cierto? Ha habido muchas en el mundo como ella. Se inclinó hacia delante. como digo. Se oyó la voz de la condesa desde la penumbra en que se hallaba. —Yo también deseo contarles una historia —dijo sombríamente—. quizá con más extensión de la que correspondía y. sí. no volvió a dirigirle la palabra. Al decir su última palabra. —Cuéntenosla. Pues. —Es en París donde empieza mi relato. Tan pronto se mostraba apasionada como fría e indiferente. —Bien. Había allí un modesto joyero. Se había unido a él solo por mero instinto de conservación. herida en sus sentimientos más vivos. pareció despertar de su ensimismamiento. y fue una loable acción. Relató su historia. que estaba sentado frente a él. Se sintió herido en lo más profundo de su corazón.d2g. Y de pronto. Pierre Vaucher se dejó caer hacia atrás en la silla y clavó la mirada en el techo. —Un encantador comienzo para la pobre niña —observó sarcásticamente la condesa. pensando que se lo habría de agradecer. Un miserable manojo de huesos. Pierre Vaucher. Era joven y alegre.com —Voy a contarles. Una ventajosa boda se había concertado para él. Para ser un hombre venido del país de la prohibición. La novia era guapa y la dote nada despreciable.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero intentó que sus . ¡Qué locura! Su familia. para este hombre la muchacha tenía un encanto mágico al que no pudo resistir. descendió por la pendiente. ¿Hermosa? ¿Quién sabe? Quizá lo fuera si no estuviera medio muerta de hambre. como ocurre con otras muchas historias verdaderas. profundamente enamorado de su profesión. Tenía arrebatos diarios. La mía es la de un hombre que desgraciadamente no consiguió hacer fortuna. resultó inferior a la ficción. llamémosle de momento. Al fin.

trabajando en su pequeña tienda. "¿Qué desea la señora?". Después vino la guerra. ¿Pueden ustedes concebir. volvió al mundo convertido de nuevo en un hombre. »Esto la molestó. Fingió indiferencia: "Soy un cristiano y procuro ceñirme a los mandatos de la Iglesia". »De pronto un día ella entró en la tienda donde él seguía trabajando.. »Sabía que le estaba tendiendo una trampa.com sentimientos no traslucieran.004 http://biblioteca. Mon Dieu. ¡Ah!. si lo hubieses hecho. los hombres adolecen de una ceguera estúpida. tanta maldad.. Pierre Vaucher pareció no prestar la menor atención a estas palabras y prosiguió. no hizo nada de eso. señores. Durante dos años permaneció solo. sin noticia alguna de ella y con un solo amigo: la absenta. la humillaré hasta hacerle hincar las rodillas en el suelo. "¿Quieres que te perdone?". pero fue suficientemente inteligente como para no hacerlo. dijo. Pensé que esto te haría estrecharme entre tus brazos y. lo dijo con voz dulcísima. dijo. Ni creo que haya nadie. pensó. La tiendecita pasó a nuevas manos y ya no paró hasta caer enfangado en el arroyo. si derribarla o pisotearla. Riñeron. entonces. El negocio no prosperó mucho. que volviera con el solo objeto de atormentarle? —No —dijo la condesa—. "¿Quieres que vuelva a aceptarte? ¿Estás sinceramente arrepentida?" "¿Me aceptarías de nuevo en tu casa?". Iba elegantemente vestida y lucía costosos anillos en los dedos. sí. En realidad se moría de ganas de estrecharla entre sus brazos.. No se lo esperaba. Su corazón volvió a latirle con violencia. sin saber qué determinación tomar. seguía creyendo que merecía gratitud y sumisión a sus deseos. No sabía si abofetearla o estrecharla entre sus brazos. echó la cabeza hacia atrás y lanzó una diabólica carcajada. se limitó a decir con seriedad. Sufrió frío y el temor a la muerte. Afortunadamente. Cogió sus útiles de trabajo y continuó su trabajo habitual.d2g. Pierre". ¿acaso tenía algo que reprocharle? »Ya sospecharán ustedes el final." El dejó sobre la mesa sus herramientas y la miró. Sin embargo. ¡Bendita guerra! Sacó a aquel hombre de la cloaca y le enseñó a no ser ya más un bruto. se volvió bruscamente y abandonó la tienda. Él se la quedó mirando. "Pierre". »Pero Jeanne. Ella le reprochó algunas cosas. Pero no murió y. "Me estaba burlando de ti. —Y así el joven de mi historia siguió hundiéndose cada día más y más. "he vuelto. ¿no es así? Lo que ya se veía venir. entonces. la humillaré.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. "Mira estos vestidos y estas joyas. o caer postrado a sus pies. ¡te hubiese escupido a la cara y te hubiera dicho cuánto te odiaba!" »Y después de esto. Pero por lo visto. Ella le abandonó. capaz de concebir una cosa así. dijo. al terminar la guerra. Continuó bebiendo absenta. murmuró ella. Oh. . Vine solo para que los vieras. a menos que sea un loco. continuaremos llamándola así..

no! ¿Acaso no había sido yo joyero en mi juventud? Hacía tiempo ya que las auténticas habían desaparecido. cuando se vino al sur. digo. La bola rueda. ¡Bah!. No me pregunten cómo lo supe.com »Fue entonces. —¿Por qué? —gritó con voz entrecortada—. Ni yo mismo podría decirlo.. A su lado. Son cosas que se sienten. ¿Por qué hizo usted eso? Hubo una larga pausa que parecía interminable y en la que ambos se miraban cara a cara a través de la mesa. Eso es lo que quiero saber. Otros quizá no llegarán a creerlo. La condesa se había acercado de un salto a la mesa y barrido con una mano las copas que había ante sí. volvió a ver a la mujer que había sido la causa de la ruina de su vida..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sus pulmones habían resultado afectados por los gases tóxicos y le aconsejaron que buscase trabajo en lugares más templados. Por fin. señores.. llega el final. esta mujer ya pasa de los cincuenta y nosotros queremos carne joven por nuestro dinero. se dirían. Llegó una noche en que se vio obligada a apurar sobre el tapete su última apuesta. —Comprendo. Pero si lo hiciera ¿qué hubiera sido entonces de su crédito? ¿Sus alhajas? ¡Ah. en el casino. ¿por qué no empeñarlos?. Pero. Un escalofriante suspiro partió de la ventana en que se apoyaba la condesa.. Ella no le reconoció. »Sus ojos se encuentran con los míos. Ella seguía llevando vestidos costosos. igual que en un duelo. que se estrellaron con estrépito contra el suelo. —Madame —contestó—..d2g. se dicen. Perder y perder sin cesar. —Sí. un milord inglés jugó también el máximo al número inmediato al suyo.. Lo coloca todo a un solo número. y le entrego a ella el dinero.. Durante dos noches consecutivas la veo perder.. Levantó sus manos. ha perdido de nuevo. Sonrió con calma. ¿Qué hacer? Me juego el puesto en el casino y me decido a robar al milord. pero él sí a ella. Siguió una fuerte conmoción. Volvía a ser la mujer de siempre. No quiero cansarlos con el relato de todo cuanto hizo. "Á madame". Básteles saber que acabó por ser un crupier y que allí. llega el gran momento.004 http://biblioteca. monsieur Vaucher.! Ella se dejó caer en el asiento. Las perlas de un rey se venden de una en una y son reemplazadas paulatinamente por otras falsas. todavía existe en el mundo un sentimiento que se llama piedad. Aparentaba ser rica y no carecer de nada. el momento ha llegado. Los hombres acaudalados la han visto durante años pasearse por las salas del casino. Pero entretanto hay que comer y pagar las cuentas del hotel. —Una historia verdaderamente interesante. Una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Pierre Vaucher. hay detalles que no se escapan a los ojos de un crupier. señores.. —¡Ah. ¿Me permite que le encienda el cigarrillo? ..

com Improvisó hábilmente una pajuela con un papel que extrajo del bolso. ¿Y qué ha querido decir. pero lo contuvo una imprecación que salió de la boca del francés. al fin y al cabo. ¡El orgullo. A continuación. —Mon Dieu! —exclamó—. monsieur —dijo en tono mecánico. El señor Quin recogió el cambio y miró al señor Satterthwaite. Sí. No acabo de comprender a estos extranjeros. —Créeme que da gusto contemplar a una norteamericana cien por cien como tú —exclamó con un plañidero tono infantil—. ¡Por favor! No es preciso que nadie me acompañe.d2g. El señor Quin y el señor Satterthwaite se habían levantado a su vez.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. . Debo marcharme. creo que tiene usted razón. que parecía esponjado como un ave que peina satisfecha su plumaje. Lo único que le queda en el mundo. no obstante. A continuación. se levantó con un movimiento brusco. Una cristalera iluminada compuesta de vidrios de distintos colores imprimió momentáneamente a su persona una apariencia polícroma. —¿A cuál de las dos se refiere usted? —preguntó el señor Quin. —¡Oh! —dijo el señor Satterthwaite sintiendo que había pasado algo por alto—. —¡Por mil bombas! Contemplaba los restos de la pajuela que la condesa había dejado caer sobre la mesa antes de partir. —Ahora. Pareció dudar. —Bien —dijo este—. bueno. Como es natural. —La note. señores. Un billete de cincuenta mil francos. abandonó precipitadamente la habitación. Y lo empleó para encender mi cigarrillo porque es demasiado orgullosa para aceptar la compasión de nadie. con esa historia? Se quedó mirándola como embelesado. El señor Quin se apoderó rápidamente de ella.004 http://biblioteca. La desenrolló. —Me encuentro muy solo. ese orgullo satánico que siempre la ha dominado! ¡Es única! ¡Es admirable! Se levantó de un salto y corrió en su busca. El señor Satterthwaite estaba decidido a salir tras ella. El señor Quin sonrió. les ruego a todos ustedes que me excusen. Parece que todo ha salido a pedir de boca. Elizabeth —observó Franklin Rudge—. ¿Lo comprenden? Sus ganancias de esta noche. Nuestra pareja de tórtolos estará en estos momentos a sus anchas. la encendió en uno de los candelabros y la acercó al cigarrillo que el señor Vaucher sujetaba entre los labios. hay que admitir el punto de vista latino sobre este particular. El camarero se acercó a Franklin Rudge. ¡Estos extranjeros son tan raros! Dieron las gracias al señor Quin y se alejaron juntos en la noche.

Pero. —Creo —contestó el señor Satterthwaite— que puede hacerse cómodamente el viaje por ruta aérea. Desde Antibes. Era la hija de un duque y la esposa de otro. El señor Satterthwaite se sintió delicadamente lisonjeado. A pesar de que su papel no pasaba de ser el de un mero mensajero. Se lo he dicho muy claro. duquesa. Manuelli se ha comportado como un desvergonzado.com 6 EL FIN DEL MUNDO El señor Satterthwaite había venido a Córcega por causa de la duquesa. —Lo más probable es que nos cueste un ojo de la cara. Y he oído decir que es extremadamente barato. Escándalo.d2g. amable y anticuado caballero era todo un esnob. pero extremadamente tacaña cuando se trataba de sumas insignificantes. tanto como la comodidad. era una vieja un tanto desaliñada y amiga de adornar sus trajes con abalorios negros. Satterthwaite —dijo con firmeza—. ¡delicioso! —Es muy pintoresco.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Se decía que su sistema de engalanarse era permanecer de pie en el centro de la habitación mientras su doncella colocaba a capricho sus broches y chucherías.. En la Riviera estaba seguro de encontrar cuantas comodidades pudiese desear y la comodidad significaba mucho para él. Bandidos y toda esa serie de cosas. A su manera. —Tiene que venir conmigo. Le gustaba la gente más distinguida y la duquesa de Leith era una auténtica aristócrata. estamos a cubierto de toda murmuración y escándalo. Esta mañana. Hay que poner en su lugar a estos dueños de hoteles. le gustaban las duquesas. ¿Quiere usted hacerme el favor de enterarse del precio? —Con mucho gusto. Cannes le aburría y el precio de las habitaciones de sus hoteles había sido no pocas veces causa de acaloradas discusiones entre ella y los propietarios. No pueden pretender que la gente distinguida acuda a sus establecimientos si se comportan de esta manera.004 http://biblioteca. y los lucía igual que su madre acostumbraba a hacerlo: sujetos de cualquier manera sobre los vestidos. Entre sus antepasados no había ni un solo charcutero de Chicago. Supongo que. y con una duquesa.. El lugar no estaba en su itinerario. usted lo sabe bien —dijo la duquesa—. . el inofensivo. Nunca habían relacionado su nombre con ningún escándalo. Por lo demás. Poseía un montón de diamantes con prehistóricos engarces. Era una generosa contribuyente a las tómbolas de caridad y atenta siempre con todos sus inquilinos y dependientes.. Era demasiado insignificante. dada nuestra edad. La duquesa sentía una verdadera chifladura por Córcega.. Solicitaba constantemente pequeños favores de sus amigos y hacía sus compras en tienduchas de saldos.

lo cual proporcionó al señor Satterthwaite el tormento de tener que soportar diez horas de verdadera incomodidad. Saludó con entusiasmo la vista de la costa con sus palmeras a la luz del sol naciente y a la entera población que parecía haberse congregado en el puerto para ver la llegada de la embarcación. —On dirait —dijo un corpulento francés que estaba al lado de ellos—. Para empezar. Un grito de triunfo acompañó la correcta colocación de la pasarela. No solo no fue así. a lo que parecía. al 1 «Cualquiera diría que nunca han hecho esta maniobra. Esa chica no sirve para nada. Cuando comprobamos que no nos daban de cenar. supuso que habría cena a bordo. —No se creerá esa gente que yo voy a pagar ese exorbitante precio para ir en uno de esos peligrosísimos artefactos.» (N.com el señor Satterthwaite se sentía profundamente halagado. en cambio. Las clases inferiores siempre arman un alboroto si les falta alguna de sus comidas. Al señor Satterthwaite. La duquesa. Satterthwaite —dijo la duquesa—. —Una lastimosa pérdida de comida —insistió la duquesa en tono recriminador.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Ah.d2g. pero ¿consiguió comida? —preguntó el señor Satterthwaite plañidero. Tomó el baño esperando que el agua fuera caliente. la duquesa lo rechazó de inmediato. la multitud estalló en gritos de entusiasmo y ademanes hacia todas direcciones. El señor Satterthwaite sonrió muy pálido. Lo mismo pensó el señor Satterthwaite. —Vamos. más muerto que vivo. le di la mayor parte. por el contrario.) . aunque tampoco esta vez le acompañó un éxito completo.004 http://biblioteca. Un coro de bandoleros asaltaron la cubierta y arrebataron el equipaje a los pasajeros a viva fuerza. estoy deseando tomar un baño caliente y una buena taza de café. y dado que el barco salía a las siete de la tarde. estaba más fresca que una lechuga ya que las incomodidades no la molestaban en absoluto siempre que significaran un ahorro de dinero. El señor Satterthwaite desembarcó en Ajaccio a primeras horas de la mañana. Fueron recibidos en el hotel por un director que. que jamáis avant on n'afait cette manoeuvre la!1 —Esa doncella mía ha estado mareada toda la noche —comentó la duquesa—. les condujo a sus habitaciones. —Traje algunas pastas y una barrita de chocolate —explicó la duquesa—. pertenecía a la habitación de alguna otra persona. le indicaron un cuarto de baño que. del T. sino que la embarcación era pequeña y el mar estaba agitado. detalle éste que. después de deshacerse en reverencias. La de la duquesa tenía un baño adjunto. Así es que decidieron hacerlo por mar. Cuando bajaron la pasarela. Al volver con el informe del precio de un pasaje de avión.

llamó la atención hacia el paisaje. Más tarde. Señaló a una muchacha solitaria que ocupaba una mesita situada junto a una de las ventanas. Al menos es así como se llama a sí misma. se durmió casi de inmediato. No recuerdo muy bien cuánto le echaron. A finales de enero pillé una fuerte gripe y los médicos insistieron en que fuera a Egipto. constituía a aquella hora de la mañana una pretensión absurda. ¡Caramba! Allí veo a Naomi CarltonSmith.com parecer. quien tenía la rara habilidad de colocar a las personas en su justo lugar. 1 «Ajaccio. súbitamente. la duquesa apareció radiante de satisfacción. como es natural. Su vestido parecía hecho de una especie de tela de saco y llevaba el pelo negro peinado descuidadamente. Pobre como una rata de iglesia.) . Le hará olvidar esas pequeñas chifladuras que usted tiene.» (N. —Ha sido siempre la más encarnizada enemiga de sí misma — explicó—. del T. A la hora del déjeuner. abiertas de par en par. —Esto es justo lo que necesita.004 http://biblioteca. Creo que cinco años.d2g. propias de una vieja solterona —Se caló unos impertinentes y dirigió una rápida ojeada a lo largo y ancho del salón—. Las ventanas de su habitación. Una chica inteligente. —Ajaccio —anunció en tono solemne—. Al contemplar el profundo azul de la bahía con las montañas nevadas al fondo. Acabó el café y. ¿pertenece a la familia de los Knowlton? La duquesa hizo un movimiento afirmativo. y que nadie lee. tomó un café intensamente negro servido en una especie de pote con tapa. más que sentada.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. estaba hundida en el asiento. daban paso libre a la entrada del aire fresco y fragante de un maravilloso día azul y verde. Ocurrió el invierno pasado. le plus beau port du monde. Sabía que vagabundeaba por alguno de estos rincones del globo. Me perdí un montón de cosas. —¿Una artista? —preguntó el señor Satterthwaite. el puerto más bello del mundo. —Acertó —contestó la duquesa—. Una chica de espaldas redondeadas que. se marchó. orgullosa como Lucifer y le falta un tornillo como a casi todos los Carlton-Smith. —El pasado invierno estuve en Egipto —explicó el señor Satterthwaite—. el señor Satterthwaite casi estuvo de acuerdo con el camarero. Uno de esos de Chelsea que se dedica a escribir poemas o algo por el estilo. Tiene usted que acordarse. tendiéndose en la cama.1 Y. El camarero. —Entonces. Se la ha visto con frecuencia acompañada por un joven poco recomendable. Un día robó unas joyas y fue procesado. Satterthwaite —dijo—. con un ademán florido. Su madre era prima carnal mía.

Se divertía. ni el mar tampoco. ¡Gracias a Dios. ha hecho usted el mejor elogio del cuadro. Naomi. Sin saberlo. —Muy bien. El señor Satterthwaite acercó su silla. —Ni siquiera acierto a ver cómo han de mirarse estas cosas —dijo con disgusto—. —Así es como yo los veo —replicó plácidamente Naomi. Naomi —dijo la duquesa en tono brusco—. —¿Pintas? —Un poco. Tenía una cara muy particular. fue francamente antipática. —Ese era precisamente el efecto que yo buscaba —dijo Naomi—. se detuvo junto a Naomi Carlton y le dio unos ligeros golpecitos en el hombro. bajo el sol. La duquesa. Una cara inteligente e infeliz a la que solo le faltaba ser hermosa. Al minuto su interés creció. de mirada triste y penetrante. Se dejó caer indolentemente en una de las sillas y estiró las piernas sin pizca de gracia. Fue al hotel y volvió cargada con una carpeta. que el cielo no tiene nunca este color.com En su voz latía un auténtico sentimiento de pesar. Como todos los Carlton-Smith. duquesa. Al salir. Barbilla bien torneada y prominente y unos ojos grises claros. por supuesto. —¡Qué modales! —dijo la duquesa al señor Satterthwaite contándole la breve entrevista—. Era un curioso estudio impresionista de una chumbera. —¡Uf! —exclamó la duquesa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Matar el tiempo.d2g. pero temí que fuera usted quien no quisiera reconocerme. —Sí. No herirá mis sentimientos. Éste me da escalofríos. No puedo dejarlo así. ¿No te acuerdas de mí? Esta se levantó al parecer de muy mala gana. —Bien. observando otro de los lienzos—. Tomaron el café fuera. duquesa —le advirtió—. Emita su juicio con entera libertad. La vi entrar. muchacha. ¿Qué es lo que haces ahora? —No lo sé exactamente. —Enséñame tus trabajos. No habían transcurrido seis minutos cuando vieron salir del hotel a Naomi y encaminarse en su dirección. Las palabras brotaban perezosamente de sus labios y sus modales eran de una absoluta indiferencia. —La muchacha parece estar poco menos que en la indigencia —dijo la duquesa. en cambio. alzando de nuevo los impertinentes—. interesado. —Hola. —No le gustarán. Naomi sonrió nada impresionada por la vieja autócrata. Y bostezó. —Cuando hayas terminado de almorzar —ordenó la duquesa— ven a verme a la terraza.004 http://biblioteca. Un efecto verde gris con manchones de un color . fácilmente reconocible como tal.

. A diferencia de la duquesa. agradables y suaves. si quisiera. —Una buena porción cada vez —continuó la duquesa—. Unos manchones y ya está. Se limitan a coger un poco de pintura. Las formas oblongas erizadas de púas de las palas de la chumbera predominaban en el motivo del conjunto. El señor Satterthwaite se hallaba todavía examinando los esbozos. porque tiene fuerza. Las cosas excelsas son brillantes. con no sé qué. vemos la parte inferior de las cosas. se decidió por el del estudio de la chumbera y el áloe.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. Levantó la vista hacia la chica. —¿Por qué no? —preguntó la duquesa—. seguro que no. Se enfrenta directamente a la vida y sube a la cumbre. —Puede quedarse con el que guste por cinco guineas —contestó la muchacha con indiferencia. destacaba el escarlata de la flor de áloe. señorita Carlton-Smith? — solicitó. Yo la respeto.. Sus ojos se encontraron con los de Naomi. no con un pincel. para los artistas las cosas resultan muy fáciles — observó en tono arrogante—. Estaba sorprendido y entusiasmado. Es bestial. —Ya lo sé —dijo ella—. Dedicó una leve reverencia a la muchacha. —¿Quiere usted venderme uno de ellos. Algún día. que parecía materialmente querer desprenderse del cuadro. como los de Edwin Landseer.. En primer término. El señor Satterthwaite se estremeció y apartó la vista del cuadro. al fin.. La duquesa la miró con los ojos muy abiertos. A mí déme.. La duquesa carraspeó. Es como debe ser y usted es como debe ser. Luego la gente exclama: «¡Maravilloso!».. señorita Carlton-Smith. ¿Qué tienes que decir de Landseer? —Nada —contestó Naomi—. —Un bonito cuadro de un perro y un caballo. —No tengo la más mínima idea de lo que estás hablando —declaró. Y esto también resulta interesante de algún modo. Creo que he hecho una buena adquisición. El señor Satterthwaite titubeó unos minutos y. Pero yo no tengo paciencia con una cosa así. duquesa.d2g. Pero la gente de abajo. podré vender este boceto con una buena ganancia. comprendía la perfección de la técnica que se ocultaba tras aquel estilo. El conjunto era como una masa repugnante e infecta que atraía con la morbosidad y la fuerza de un torbellino. Nadie intenta copiar nada. sobre el fondo de un vivido amarillo mimosa. —Con una paleta —la interrumpió Naomi sonriendo ampliamente una vez más.004 http://biblioteca.com violento en el que los frutos brillaban como gemas. —Me alegro de haber podido tener la oportunidad de quedarme con este. —En la actualidad.

d2g. El señor Tomlinson me estaba explicando una interesantísima historia y ¿a que no sabe usted qué es lo que me ha propuesto? Pues llevarnos de excursión mañana por la mañana en su automóvil. el señor Satterthwaite vio a la duquesa resplandeciente con un elegante traje de terciopelo negro y envuelta en el policromo fulgor de los innumerables brillantes que llevaba encima. —Bueno. Voy a estar pocos días aquí y lo que quiero es ver la isla. Hablaba animadamente con el propietario del automóvil de cuatro asientos. Temí que fuese ictericia.com La chica se inclinó hacia delante para ver con cuál se había quedado. porque no lo es. —Venga usted.004 http://biblioteca. y podrá terminar lo que me estaba contando. pero supongo que no pretenderá convencerme de que todo esto es arte. —Ha escogido usted el mejor —dijo—. Por primera vez se había dado cuenta de su existencia y brilló un destello de respeto en la rápida mirada que le dirigió. al bajar a cenar. —Una excelente persona —falló la duquesa más tarde. —Solo tiene dos asientos. Creo que es un juez retirado de la India. Aquella mañana había estado observando el estado de las carreteras corsas. Creo que tienes un coche. —Eso explica lo del color —dijo la duquesa—. ¿verdad.. señor Tomlinson. Entonces podremos hacer una excursión mañana.. Lo compré de segunda mano por una bicoca y está medio destartalado. El señor Satterthwaite la contempló con admiración. Hablaré con él. Le hizo señas imperiosas de que se aproximara a ellos. verdad Satterthwaite? Un estremecido suspiro se escapó del pecho de este último. —¿Alquilar un automóvil? —exclamó la duquesa escandalizada—. —Excelente —dijo la duquesa—. Aquella noche. ¿Supongo que no le importa ir detrás. Naomi le miraba pensativa. Parece una buena persona. A duras penas puede subirme a mí a la colina sin protestar. pero no creo que aguante más pasajeros. supongo que usted sabrá lo que hace —dijo la duquesa—. ¡Vaya una idea! ¿Quién es aquel hombre tan elegante y un tanto amarillento que se detuvo esta mañana frente al hotel con un coche de cuatro asientos? —Me parece que se refiere usted al señor Tomlinson. Él vio una nueva expresión en los ojos de la muchacha. A lo mejor tiene razón. Dicen que es usted un entendido en materia de cuadros. Naomi? La muchacha asintió. —Con un no menos excelente coche —completó el señor . Hay un buen garaje en la villa. —No creo que mi coche les convenga —dijo—. no hablemos más. —Da igual. —La cena nos espera —dijo la duquesa—. Mejor será que alquile uno.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. En fin. Siéntese con nosotros. Me. me alegro. señor Satterthwaite.

—Naomi vendrá también con nosotros. además. Dice que prefiere ir sola. —Irá usted más cómodo en la parte de atrás del otro coche. . —¿Y a qué obedece esa ansia de acompañarme. pero sí hasta el punto de ser totalmente indiferente a todo y a todos. que hacía ya seis meses que estaba en la isla.. no sea usted exagerado —dijo la duquesa—.. ¿No lo cree usted así? —Creo que eso no es posible —dijo lentamente el señor Satterthwaite—. A la mañana siguiente.com Satterthwaite. la obsesión es siempre peligrosa. Pero. llevándose el almuerzo consigo. —¿Está usted segura. El señor Satterthwaite se acercó a ella cuando se disponía a arrancar su desmembrado coche. Sin embargo. comparto su opinión. Es una criatura despegada completamente de la vida y esto es peligroso. las subidas. pero en su coche —prosiguió la duquesa—. —Solo lo dije para salvarle de ir detrás.d2g.. serviría de guía. de que no puedo ir con usted? —preguntó con intención el señor Satterthwaite. Hay. no puedo evitarlo. El señor Satterthwaite se limitó a escuchar. ella no es de este tipo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la vieja es una buena deportista y me gusta. como es natural.. Me parece un tanto egoísta. No es interesada.004 http://biblioteca. Quiero decir con esto que el interés de cualquiera tiene que concentrarse en algo. La duquesa podría haber alquilado perfectamente un coche.. pero volvió a mover negativamente la cabeza. Naomi. —¿Peligroso? ¿Qué quiere usted decir? —Que está obsesionada por algo y. personas que giran constantemente alrededor de sí mismas. Los asientos son más mullidos. —Satterthwaite. —¿Puedo entonces ir con usted? —insistió esperanzado el señor Satterthwaite. algo debe de absorber su atención. —Travieso —le regañó la duquesa golpeándolo en los nudillos con el abanico negro que siempre llevaba. y menos con respecto a su persona. Ella le miró con curiosidad. Esto no es más que una carraca y saldría usted por los aires al tropezar con los baches. pero es la mujer más tacaña de Inglaterra. si puede saberse? —¿Y usted me lo pregunta? —insinuó galantemente el señor Satterthwaite haciendo una cómica reverencia. Sin embargo. Escuchar constituía la mayor parte de su papel en la vida. —Y. Creí al principio que sería su arte.. No es totalmente egocéntrica. como usted bien sabe. Naomi se echó a reír. y dado su fuerte carácter. Ella movió la cabeza negativamente. salieron temprano. Naomi sonrió. El señor Satterthwaite hizo una mueca de dolor. pero no lo es. Escúcheme: mañana.

? —Soltó una extraña y repentina carcajada. refulgiendo bajo la acción de los dorados rayos solares. Suspiró por un cómodo sillón y el confortable fuego del hotel.004 http://biblioteca. Naomi se encogió de hombros. esto parecía ser el fin.. se veía el fuerte azul de la bahía y. Después empezó la ascensión por un tortuoso camino salpicado de numerosas y escalofriantes curvas. Siguió caminando unos cuantos pasos y el señor Satterthwaite se le incorporó.. El señor Satterthwaite pensó: «Otro día. Delante de ellos. Miraron en dirección a los picos cubiertos con sus blancos sudarios. Empezó a refrescar bajo el influjo del aire procedente de los vecinos picos nevados. De pronto. la antesala del más allá.... Como había dicho bien Naomi.» La comitiva se puso en marcha. Un pomposo nombre aparecía escrito con grandes caracteres sobre un rótulo: COTÍ CHIAVEERI. y delante. No creo que hayamos escogido el día más apropiado para hacer esta excursión. Parecían haber llegado a la cima del mundo. muy lejos allá abajo.. A un lado y a otro. Es curioso. Siguieron subiendo siempre al borde del precipicio. ya veremos. atravesaron un río y volvieron a salir a la costa con sus centenares de pequeñas calas arenosas. ¿quizá otro día? —sugirió el señor Satterthwaite cortésmente. al menos hoy. se veían montes más bajos que a su vez dominaban colinas que acababan esfumándose en las profundidades de los valles. Ajaccio aún se veía bañado por la luz. pero no puede usted acompañarme. El señor Satterthwaite cesó de admirar el grandioso panorama. Pasaron el grupo de casas y llegaron al final de la carretera.com —Ese no es el motivo —añadió pensativa—. y cada vez más abajo. Atravesaron el pueblo y siguieron a lo largo de la amplia curva que formaba la bahía.. pero a aquella altura grisácea. El señor Satterthwaite empezó a sentir vértigo y ligeros mareos. Tras ellos. —Entonces. el coche de Naomi se detuvo y ésta miró hacia atrás. —¿Otro día. el pintoresco pueblo de Ajaccio. el comienzo de lo ignoto. únicamente el mar. —Hemos llegado —dijo— al fin del mundo. pero yo prefiero llamarle el fin del mundo. al otro lado de la misma. Habían llegado a una pequeña aldea compuesta por media docena de casuchas de piedra. la blanca estela del camino. algunas nubes ocultaban frecuentemente el astro solar. Luego se metieron tierra adentro. el cochecito de Naomi seguía impávido escalando las alturas. unas veces a la derecha y otras a la izquierda. Les azotó un aire cortante como el filo de una navaja. Todos se apearon. nada. El señor Satterthwaite se subió el cuello del abrigo y se lo abrochó hasta el último botón. A un lado.. . El frío empezó a ser intenso. Lejos. —Ese es el nombre oficial.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. La carretera era estrecha y seguían subiendo. Bueno.

¿no le parece? El señor Quin movió la cabeza lenta y afirmativamente repetidas veces. El señor Satterthwaite tembló. De pronto.. nada. Aquí no. Siempre aparece en los momentos más cruciales. —Y éste precisamente no lo es. Se interrumpió con la sensación de haber dicho algo extremadamente importante pero incapaz de recordarlo aunque en ello le fuera la vida. Se paró al ver frente a sí a un hombre sentado en un peñasco y con la cara vuelta hacia el mar.d2g. —El señor Satterthwaite se volvió hacia el señor Quin y añadió—: La señorita Carlton-Smith llama a este sitio el fin del mundo.. Creo que vale la pena buscarlo — asintió Naomi. Naomi había estrechado la mano del señor Quin con su habitual forma brusca.. En aquel momento el personaje volvió la cara y el señor Satterthwaite le reconoció—. —Éste es un lugar extraordinario. —En la vida tenemos casi siempre el recurso de elegir. se estremeció y empezó a retroceder en dirección al resto del grupo. Los dos hombres la siguieron y el señor Quin continuó hablando. —Naturalmente. —¿Y usted misma lo conduce? Hace falta mucha pericia y serenidad para guiar un automóvil por estos caminos. —¿Qué quiere usted decir? —preguntó Naomi con brusquedad.004 http://biblioteca. Delante. —Hemos venido de excursión —dijo—. . un hombre fuera de lo común. Detrás suyo está el camino. —Es un nombre muy sugestivo —contestó—. un lugar donde es imposible seguir adelante.. ¡Pero si es el señor Quin! ¡Qué extraordinario! Señorita Carlton. un fallo de uno cualquiera de los frenos y... señorita Carlton-Smith? —Sí.. aunque el tono de su voz ya era el de una conversación normal. Le da a uno la impresión de que pueda ocurrir algo inesperado. Un momento de distracción. allá va el vehículo monte abajo hasta el fondo del precipicio. tengo el gusto de presentarle a mi amigo el señor Quin. —¡Yo diría que. Naomi lo miró fijamente. Creo que uno no viene a un lugar como este sino una vez en su vida.com El señor Satterthwaite inspiró con fuerza.. Un nombre apropiado. Las curvas son temibles. —¿Ese coche es suyo.! —empezó a decir el señor Satterthwaite.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Ir hacia delante o hacia atrás. Parecía haber brotado del panorama que les rodeaba. pero tengo la impresión de que antes nos quedaremos congelados. El señor Quin se volvió hacia ella. Hacia la derecha o hacia la izquierda. de que uno pudiera encontrarse. —Quizá —dijo sin gran seguridad— deberíamos buscar un lugar un poco más abrigado. No se habían percatado de su presencia hasta ese momento y su repentina aparición tenía algo de truco mágico.

muchas. Le conozco hace ya algunos años. Era la de Naomi. La mujer que se sentaba a la cabecera parecía una duquesa. los recién llegados vieron que otros. Vestía unos suaves ropajes grises que le caían formando artísticos pliegues. no le escuchaba. Para la observadora mirada del señor Satterthwaite había algo irreal en la escena y. —Sabe muchas cosas —dijo—. —Tengo miedo —murmuró ella. a su resplandor. a su lado. —¿Miedo del señor Quin? —Tengo miedo de sus ojos. Había un pequeño caserón de piedra al final de la hilera de casas y todos se dirigieron a él en desbandada. Mediante un gran esfuerzo. Apoyaba su barbilla en una blanca . Algo frío y húmedo cayó sobre la mejilla del señor Satterthwaite. Decía solamente banalidades y. la muchacha. antes que ellos. ¿Qué podían hacer? Se desencadenó una verdadera Babel de sugerencias. Era la grande dame ideal para un escenario. Parecen leer el pensamiento. Se interrumpió. Una vieja corsa estaba echando un montón de ramas al fuego. pero de uno de los extremos surgían oleadas de un agradable calorcillo. pues la única ventana que había no dejaba pasar suficiente luz para iluminarlo. —Ustedes han traído sus provisiones —dijo el señor Quin— y aquí probablemente podrán hacerles una taza de café. se parecía más al concepto que generalmente se tiene de una duquesa. había logrado controlarse. apenas lo sé —contestó—. aún más.004 http://biblioteca. Ardieron vivamente y. Levantó la vista. nos hemos cruzado repetidas veces. y las manos pegadas a ambos lados del cuerpo. El señor Satterthwaite la contempló con asombro. —¡Está nevando! —exclamó con sorpresa. Permanecía con la cabeza gacha.. el señor Quin hizo una proposición que fue aceptada por unanimidad. pero no puedo decirle que le conozca realmente. —¡Vaya un día que hemos escogido para la excursión! —exclamó Naomi. La nieve caía cada vez más rápida y espesa.com Habían llegado junto a los demás y el señor Satterthwaite hizo las correspondientes presentaciones. Sintió después que una mano tiraba de su brazo. Al fin. sin comprender la tormenta que al parecer rugía en su interior. Era un lugar pequeño y un tanto oscuro. habían ocupado la habitación. con los puños apretados y la cabeza baja. en los personajes que en ella tomaban parte. ¿Cómo las sabe? El señor Satterthwaite no supo qué responder. Se limitó a mirarla como atontado..d2g. Su aristocrática cabeza permanecía erguida luciendo un pelo blanco como la nieve y exquisitamente peinado. que le alejó un tanto de los demás. —¿Quién es ese hombre? —preguntó con fiereza. —Bueno.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Tres personas se sentaban al extremo de una desnuda mesa de madera. es decir.

podría olvidarla. ¿Hijos? —¡Por Dios. memorable. de exquisita melancolía. nadie hubiera vuelto a preocuparse de su persona. Obras teatrales. —Hace ya una semana que estamos aquí. Hizo un breve aparte. El retirado juez de la India miraba al señor Vyse con visibles muestras de disgusto. ante la sorpresa del señor Satterthwaite. Al llegar a ella. . Hace mucho calor aquí dentro. Yo acabo de llegar esta mañana. empujando a un lado al señor Tomlinson. Supongo que les habrá atrapado igual que a nosotros. El señor Satterthwaite dio un pequeño respingo. dirigiéndose al señor Tomlinson. A la izquierda de la dama de los plateados cabellos. lo más lejos posible de los demás. aunque solo fuese una vez. se decidió a obedecer. —El hombre de las gafas es el señor Vyse. la muchacha. Iba espléndidamente ataviado. ¿verdad? —dijo adelantándose con desenfado y dibujando una encantadora sonrisa que tan buenos resultados le había dado en sus actividades filantrópicas y demás comités del mismo estilo—. Su eco resonó entre aquellas cuatro paredes de piedra cargado de emoción.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Voy a salir —interrumpió Naomi—.com y delicada mano. como en actitud de declamar a guisa de actor. Hubo un momento de vacilación que rompió la duquesa (la auténtica).d2g. después de titubear unos momentos. no! —contestó el señor Satterthwaite. Después de haberlo mirado una vez.004 http://biblioteca. que la duquesa aceptó con una graciosa reverencia. estaba un hombrecillo de aspecto chusco y cabeza lisa y lustrosa como una bola de billar. que le interceptaba el paso. Su voz fuerte y áspera sobresaltó al señor Satterthwaite. —¿Y qué es lo que produce? —preguntó—. El hombre del pelo negro se levantó y le cedió su asiento. tenía la cabeza echada hacia atrás y su brazo izquierdo estaba extendido. y con la otra sostenía un emparedado de paté de foie gras. Le pareció que había dicho algo maravilloso. Se sentó al final de la mesa. A su derecha había un hombre de cara extremadamente pálida. lleno de significación. Un productor bastante conocido. Su voz era autoritaria y. La dama de los cabellos de plata habló. —Vuelva donde estaba y siéntese —dijo éste. pelo negro como el azabache y unas descomunales gafas con montura de concha. Nadie que hubiese oído aquella voz. se encontró cara a cara con la figura del señor Quin. —Esta tormenta es terrible. ¿no es así? Pero Córcega es siempre una isla francamente maravillosa. Se dirigió al parecer casi ciega hacia la puerta. En aquel momento. Algo que surgía del fondo del corazón. escandalizado ante la sola idea de mencionar algo tan crudo en relación con un hombre como el señor Vyse—.

—La trata como si fuese un perro —murmuró la melancólica voz del señor Vyse al oído del señor Satterthwaite—. ¡Rosina Nunn! La actriz dramática más grande del Reino Unido. Podía haber una excusa en su incapacidad de reconocerla.004 http://biblioteca. su cabello se convirtió en negro como un ala de cuervo y se dedicó a cultivar seriamente la tragedia. Por lo visto. Este efecto de «marquesa francesa» era la última de sus extravagancias. Eran miles los ingleses que se habían sentido subyugados por el tono de aquella voz cargada de emoción. Se dirigió a su esposa. —No sé si se acordará de mí —empezó a decir—.com El señor Satterthwaite se adelantó y puso cerco al productor. De vez en cuando. querida? El último que te he preparado no ha sido de tu gusto. Rosina Nunn entregó el emparedado que aún tenía en la mano y murmuró con frivolidad: —Henry piensa en los platos más exquisitos. Rosina Nunn había tenido ya varios maridos. el marido de la señorita Nunn —dijo el señor Vyse presentando al hombrecillo de la calva. Mi nombre es Satterthwaite. Supongo que conoce usted a la señorita Nunn. fiambre y queso gruyere y que fue distribuido entre todos los de la mesa. el señor Judd era el de turno. se oían fragmentos de la grave y melancólica voz de la actriz. —¡Claro que le recuerdo! —El señor Vyse extendió una larga y huesuda mano con la que envolvió la del señor Satterthwaite con terrible presión—. Era natural que aquella voz le fuese familiar. Nadie como ella para interpretar un papel y para dar intención a una frase. La duquesa y la señorita Nunn conversaban animadamente en tono confidencial. ¡Extrañas criaturas las mujeres! El señor Satterthwaite y el señor Quin desenvolvieron a su vez el refrigerio preparado en el hotel. —Y a propósito. ¿No es cierto? El señor Satterthwaite se sobresaltó. que se componía de huevos duros. Mi querido amigo —prosiguió—. —Hay que alimentar a la fiera —dijo el señor Judd riéndose de la gracia y dando un fuerte manotazo en el hombro de su esposa. Por eso dejo a su cuidado el servicio de intendencia. El propio señor Satterthwaite no había podido sustraerse a sus encantos. —¿Un poco más de paté.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el señor Judd. —El pan debe estar ligeramente tostado. El señor Judd estaba ocupado en desenvolver paquetes que había en un canasto situado a su lado. ¿me comprendes? Luego se añade una capa muy fina de mermelada y se pone al horno durante .d2g. Estaba convencido que se trataba de una artista intelectual que sabía introducirse en el alma del personaje. Durante veinticinco años había sido rubia. Después de una gira por Estados Unidos. Se dedica a alimentarla. Rosina Nunn era mudable en sus gustos. Es raro encontrarle a usted por estos lugares.

¿eh? También a mí me gusta una buena obra. —Cuéntenos la historia. carraspeó dando a entender su intento de tomar parte en la conversación.com un minuto justo. todavía ni siquiera he visto el caviar. Al fin se me ocurrió decirle que pensara en un plato de crema de menta por la que sabía sentía una verdadera debilidad y el resultado fue inmediato. Henry? Gracias. El señor Satterthwaite permaneció silencioso. ¡Es delicioso! —Esta mujer solo piensa en comer —murmuró el señor Vyse—. al señor Satterthwaite le parecía estar tomando parte activa en una obra de teatro. sentado al otro lado de la mesa. Lo dejaste detrás tuyo en la silla. —Henry es maravilloso. También él parecía recordar. No fueron pocas las llamadas telegráficas y telefónicas que tuve que hacer aquel día. Es sencillamente maravilloso. Dígaselo usted a su cocinero. Se trataba de un sueño en el que todos tenían su papel. Después dirigió una resplandeciente mirada a su alrededor. No podía conseguir de ella el efecto que yo deseaba. No como mi ópalo. Sabrán ustedes que me lo robaron y que nunca más volví a recuperarlo. —¡Por Dios! —se limitó a decir el señor Vyse. estando en compañía del señor Quin. Un espasmo de exquisito sentimentalismo pareció recorrer todo su cuerpo y sus facciones. El señor Tomlinson. Obtuve lo que quería: una mirada saturada de reminiscencias y ensueño. por lo que el ópalo es mi piedra de la suerte. —Estás a punto de sentarte precisamente encima de él —replicó festivamente el señor Judd—. —Bien. mi ópalo. Jim el pendolista. y las palabras «mi ópalo» formaban parte de su propia intervención. —Y un diente de ajo —decía en aquel momento la señorita Nunn a la duquesa—. ¡Soy tan distraída! Nunca sé dónde dejo las cosas. señorita Nunn? —¿Tienes la mantequilla. Vive lo que se dice para comer. —Así que usted es productor de teatro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sí. Por eso quise tener uno verdaderamente hermoso.004 http://biblioteca.d2g. —Henry —dijo quejumbrosamente—. la impresión era especialmente intensa. —Como el día que se te ocurrió guardar las perlas en tu frasquito de esponjas —dijo Henry en tono jocoso— y te lo olvidaste en el hotel. por favor —pidió el señor Satterthwaite. La recuerdo en Jinetes del mar. Dio un gran suspiro de satisfacción y se volvió hacia su esposo. Se inclinó hacia adelante. En aquellos momentos. por ejemplo. Yo nací en octubre. —¿Su ópalo. Tuve que esperar largo tiempo antes de conseguirlo. Eran ya varias las veces que. estremeciéndose de pies a cabeza. Rosina Nunn se apresuró a retirarlo. —Estaban aseguradas —respondió la señorita Nunn como hablando de un lejano sueño—. Me dijeron que era uno de .

d2g. dijo que debió habérselo metido distraídamente en el bolsillo. Prosiguió. —¡Oh. pero yo. —¿Y la llegó a producir usted? —preguntó el señor Tomlinson. las razones que adujo en su favor carecían en absoluto de consistencia. Movió la cabeza con abatimiento. no! —dijo el señor Vyse. Como ven ustedes. pero nada podía ya impedir que la señorita Nunn continuase con su relato. pobre chico. Debió ser entonces cuando debió deslizarlo en su bolsillo. —Encontraron el estuche vacío en sus habitaciones —continuó la actriz—. Podía habérsele ocurrido una excusa mejor. No tuve más remedio que asistir a la vista y prestar declaración. Se supo. Me obsequió con mi dulce favorito: una crema de menta. La cara de la actriz resplandeció. Vino a hablar conmigo al teatro acerca del particular. del tamaño de una moneda de dos chelines.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero puedo asegurarle que no me faltaron deseos de hacerlo. hubiese preferido recuperar mi ópalo. —Sí. Se dedicaba a escribir obras teatrales.004 http://biblioteca. que afirmó que era una gran publicidad. ¿Lo recuerda? Se había vuelto en dirección al señor Vyse. y las exquisitas inflexiones de su voz daban a su historia los hondos matices de una triste leyenda. Mi retrato apareció en todos los periódicos con gran satisfacción de mi agente. además. —Y muy buenas por cierto —interpuso el señor Vyse con el acento de quien conoce a fondo la materia—. aunque no había personaje alguno en la obra que respondiese a este nombre. —¿Dónde está? —Acabo de dártela. Quiso explicarlo diciendo que un amigo suyo había apostado por él en las carreras de caballos pero no hubo modo de localizar a dicho amigo. lo recuerdo —contestó éste con un gruñido.com los más perfectos que se habían visto. sin embargo. pues noté su falta tan pronto como abandonó mi camerino. Era bien parecido y muy tímido. En cuanto al estuche. Recuerdo que tuve una en mi poder durante más de seis meses. No era muy grande. —Yo tenía en ella un importante papel —explicó la señorita Nunn—. Había estado en Australia y parecía saber algo acerca de esta clase de piedras. Pero ¡qué color. pero al día siguiente mismo ingresó una fuerte suma de dinero en el banco. . El señor Satterthwaite observó que la duquesa daba muestras de inquietud. que andaba muy escaso de fondos. —¿Por qué no abres la lata de piña? —sugirió Judd. sorprendido ante tal suposición—. Me gustaba. Hice lo que cualquier otro hubiese hecho en mi lugar: notificarlo a la policía. Lo cogió y lo observó detenidamente a la luz. —Fue robado por un joven que se llamaba Alec Gerard. señores! ¡Y qué fuego! Lanzó un profundo suspiro. El ópalo estaba sobre mi tocador. Se llamaba Los hijos de Raquel.

d2g. pero apuesto a que no ha visto usted otra igual en su vida.com Rosina Nunn dirigió una mirada a su alrededor. —Ahora. La volvió a abrir. —¿Por qué dijo usted que eran ingeniosas? —preguntó intrigado. Son muy ingeniosas. ¿puede alguien de ustedes darme un objeto cualquiera con tal de que no sea muy grande? Aquí tenemos un pedazo de queso. Después. —¿Supongo que no habrá necesidad de que yo les muestre su secreto? La señorita Nunn seguía con la misma expresión. Esto servirá exactamente igual para el experimento que voy a hacer. y por fin. Esta lo miró sin comprender. me lo regaló. —Quizá no sea bonita —dijo el señor Tomlinson con una sonrisita—. —¡Eureka! —murmuró en voz baja el señor Satterthwaite.004 http://biblioteca. —¿Qué secreto? —preguntó el señor Judd. La manipuló unos instantes. Estaba vacía. medio cruasán. —También fue un regalo —dijo la señora Nunn—.. una madeja de lana. El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante. dos pañuelos. una barrita para los labios. una oscura cajita de madera. Lo coloco dentro.. La abrió. Hace tiempo que la tengo y acostumbro a ponerla siempre sobre el tocador de mi camerino. un espejo. Salió una borla de polvos. un pequeño joyero. ¿verdad? La caja era de madera negra sin adornos. como ustedes ven. . un pequeño pañuelo de crepé de china color malva. cierro la caja. nada. Se abría por un lado y en la tapa tenía dos aletas de madera giratorias. —Pero ¿es posible que no lo sepa usted? Miró a su alrededor y solo vio la cara de curiosidad de todos los presentes. otra borla. —¿Acaso no lo es? El juez hizo esta pregunta dirigiéndose a la señorita Nunn. La cogió y empezó a vaciar lentamente su contenido sobre la mesa. la codiciada lata de piña. cinco cartas. —se apresuró a replicar el señor Satterthwaite. vean. una nuez. —Ahora.? —No. una caja de bombones de chocolate. un cortapapeles de esmalte. Tuvo algo así como un extraño presentimiento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Y añadió—: ¡Qué cortapapeles tan bonito! —¿Verdad que sí? Alguien que en este momento no recuerdo. —¿Decía usted.. —Esa es una caja india —observó el señor Tomlinson—. vio su gran bolso de seda gris y una bolsa de seda púrpura que reposaba a su lado en el suelo.. con gran interés del señor Satterthwaite. Pero no es muy bonita. una cinta... —¡Qué raro! ¿Puedo coger la caja un momento? Gracias.

La señorita Nunn seguía penosamente su proceso mental. Rosina Nunn se llevó las manos al pecho.. —Sí. El señor Quin estaba de pie junto a ella.. Transcurrieron dos minutos antes de que acabara de darse cuenta. Naomi estaba sentada sobre un bajo muro de piedra con un bloc de apuntes en la mano y varios lápices de colores desparramados a su alrededor. . ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Henry Judd tragó saliva repetidas veces. Mira lo que pasó hoy con el caviar. en el teatro. Rosy.? —La señorita Carlton-Smith —contestó la duquesa— estaba prometida al señor Gerard. Alguien se levantó súbitamente y abandonó bruscamente la habitación.. —¡Mi ópalo! Estas palabras sonaron como la aguda nota de un clarín.. ¿Cómo lo ha hecho? —Muy fácilmente. tratando de buscar una justificación al hecho— que acostumbras a jugar siempre con las cosas. lo metí en la caja sin darme cuenta y entonces supongo que le di la vuelta y realicé el truco por accidente —Por fin cayó en la cuenta—. El señor Quin salió tras ella. —Pero ¿cuándo? —tartamudeó Rosina Nunn—. pero con algo genial. manteniendo cerrada la de la izquierda y con la caja siempre en posición invertida y. Entonces. Había cesado de nevar. qué espantoso! —Bien —dijo el señor Vyse—. Ofreció el bloc al señor Satterthwaite. Una especie de danza calidoscópica de copos de nieve con una figura en el centro. ¿no fue Alec Gerard quien lo robó.004 http://biblioteca. —¡Mi ópalo! —repitió—. —Creo.. ¿Quieres decir que. ¿Quieren ustedes que el queso vuelva a aparecer? No hay sino revertir la operación anterior.. —¡Muy bueno! —dijo el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite escurrió el bulto y salió silenciosamente a la calle. eso puede arreglarse ahora. Para ella fue un golpe muy fuerte.. Hay que volver la caja boca abajo.com —¡Es asombroso! —exclamó el señor Judd—.? —Un ronco gemido salió de su garganta—: ¡Oh. que nadie sino tú pudo haberlo puesto ahí. mi querida Rosy. ¡ya está! La caja se abrió de nuevo y un grito de asombro salió de las gargantas de todos los presentes..? El señor Satterthwaite observó cómo la verdad iba abriéndose paso en su cerebro. Era un boceto hecho deprisa y corriendo.. Dar media vuelta a la aleta de la derecha. hacer girar media vuelta la aleta de la izquierda y luego cerrar la de la derecha.. —¡Pero si lleva un año en prisión! —y con un sobresalto preguntó a la duquesa—: ¿Quién es esa muchacha? ¿Esa muchacha que acaba de salir.. —Quiere decir que esto ocurrió aquella noche.. Era Naomi Carlton-Smith.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero asimismo estaba un objeto redondo que bajo la luz resplandeció con todos los colores del arco iris. El queso estaba allí. —Ya sabes —dijo Henry.d2g.

no creo que exista ahora temor alguno de que pueda ocurrir un accidente. —El señor Satterthwaite puede volver conmigo si quiere.. Empezó a alejarse. Usted misma llamó a esto el fin del mundo —añadió devolviéndole el bloc de apuntes—. —Parece que ha pasado la tormenta —dijo—. —Supongo que al sitio de donde vino —contestó Naomi con acento muy peculiar. —Porque es así como lo veo —contestó Naomi Carlton-Smith. ¿por qué le ha pintado usted con ese vestido tan curioso? Sus miradas se cruzaron unos instantes. Estas palabras le revelaron el verdadero estado de desesperación en que había estado sumida.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Una sonrisa que era todo un poema. . pero vamos. —Pero si por ahí no se va a ninguna parte —advirtió el señor Satterthwaite al ver que el señor Quin se dirigía al borde mismo del precipicio en que lo encontraron al llegar—. Se volvió hacia éste y sonrió..d2g. Adiós.com El señor Quin levantó los ojos al cielo. —No habrá ningún accidente —contestó Naomi. —Bien —dijo el señor Quin—. Creo que ha llegado el momento de separarnos. Es un boceto muy bueno. Su voz era firme y encerraba un significado que el señor Satterthwaite no alcanzó de momento a comprender. Y con un gran parecido.004 http://biblioteca. Los caminos estarán quizá un tanto resbaladizos. pero. —Pero ¿adonde va? —preguntó el señor Satterthwaite haciendo ademán de seguirle.

que estaba al corriente de todo. Lanzó un suspiro y se quedó pensativa. Volvió a casa a toda prisa. Pero nunca podía una fiarse de Rudolf. que yo haría todo lo posible.d2g. frente al nombre de lady Stranleigh tendría forzosamente que aparecer la siguiente anotación: aficiones: casamientos. —Tener una hija ya mayor le hace a una sentirse terriblemente vieja. con una ligera reverencia.com 7 LA VOZ EN LAS SOMBRAS I —Estoy un poco preocupada por Margery —dijo lady Stranleigh—. ¿cómo las llaman? Creo que estratagemas conyugales. etcétera. —¡Adulador! —replicó distraída lady Stranleigh con la mente en otro lugar. ¿Qué ocurre? Lady Stranleigh fijó en él sus hermosos ojos azules. A cierta distancia. A los seis meses de casada. Ella representaba el triunfo máximo del arte sobre la naturaleza. sabía que era posible que ya tuviese nietos mayorcitos. Gracias a Dios. pero los resultados eran sorprendentes. su efecto juvenil era extraordinario.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ya sabe —añadió. Era tan temperamental. verdad? Es la hija de Charles —añadió esperanzada. El señor Satterthwaite contempló con admiración aquella esbelta figura vestida de blanco. —¡Por Dios! —dijo el señor Satterthwaite—. estas cosas son más sencillas. podría entenderse —prosiguió lady Stranleigh—. En fin. pidiéndole que regresase. y murmuró: —Sí. salió al paso con su proverbial galantería. Se había pasado la vida cambiando de marido. ¿Se acuerda usted de Rudolf? Era un hombre muy temperamental. Difícilmente hubiera podido adivinarse su verdadera edad. —Si hubiese sido la hija de Rudolf. Mi hija. El sol de Cannes era penetrante e indiscreto. embutidas en finísimas medias de seda. ya me vi obligada a recurrir a esas cosas raras. Recuerdo que tuve que escribirle la carta más tonta que pueda usted figurarse y que mi abogado tuvo que dictarme. precisamente lo . —¿Usted no la conoce. que era a quien iban dirigidas estas confidencias. en realidad estoy preocupada por Margery. cruzó sus bien torneadas piernas. Su cutis también. Había enriquecido a un sinfín de salones de belleza.. usted ya me entiende. Tres cambios por divorcio y uno por defunción. en la actualidad. pero lady Stranleigh parecía superar la prueba. Pero para el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite. Su cuerpo era una maravilla.. Si en los comentarios del libro Quién es quién solo se hiciera constar la verdad.004 http://biblioteca. —Nadie lo creería posible —declaró. Lady Stranleigh encendió un cigarrillo.

Tienen la virtud de aburrirme y de hacerme sentir muy mal en su presencia. —Estaba pensando —continuó lady Stranleigh. —¡Imposible! —murmuró el señor Satterthwaite. Una de sus debilidades era conocer a todo el mundo. —Y mucho —insistió lady Stranleigh—. volviendo discretamente al tema de la conversación. No le preocupan los bailes. Me refiero a fantasmas y a ridiculeces por el estilo. Las hijas tienen la virtud de ejercer sobre mí un efecto deprimente. me figure que nuestra casa de Abbot's Mede pueda estar encantada.. . Volvió. —¿Yo? —Sí.com peor que podía hacer.. a ver —dijo el señor Satterthwaite—. siempre lo ha sido. —A ver. porque sé que conoce usted a todo el mundo. Yo no congenio con esa clase de gentes. no puedo decir que le insistiera mucho. pero no lo consiguió. así es —admitió cautamente el señor Satterthwaite. ni los cócteles. ¿Dice usted que no quiere venir con usted? —Bueno. Nunca creí que Margery pudiese tener tanta imaginación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite tosió. Lady Stranleigh continuó envolviéndolo en otra de sus más brillantes sonrisas. La dama suspiró. —No puedo aceptar que Margery no esté en sus cabales —continuó la madre en tono jovial—. El señor Satterthwaite sonrió un tanto. No acababa de comprender el motivo de todas estas confidencias. No es que.004 http://biblioteca. mostrando un confuso intento de la galantería. —¿Y lo de Margery? —sugirió el señor Satterthwaite. pero también es. Es una hija muy querida para mí. justo lo contrario de lo que yo y los abogados esperábamos de él. —No puede ser más sencillo —prosiguió ella—. Me han dicho que oír voces es un mal síntoma. es tan horrible y vulgar que no creo que haya un fantasma con el estómago suficiente para escogerlo como residencia. —Y conoce usted a toda esa gente que se dedica a investigaciones psíquicas. Usted regresa mañana a Inglaterra. con largas barbas y que siempre llevan gafas. dibujando la más encantadora de sus sonrisas— que quizá usted podría ayudarme. —Ahora mismo iba a volver sobre ese punto. una especie de cháteau estilo reina Victoria. El señor Satterthwaite se sintió acorralado. ¿O acaso creía usted que me había olvidado? Margery ha estado viendo y oyendo cosas recientemente. ¿no es así? —Sí. ni por un momento. El señor Satterthwaite trató de imaginarse a lady Stranleigh acompañada de una hija seria y formal. ni nada de esas cosas que deberían interesar a una joven. Prefiere quedarse en casa en vez de venir aquí conmigo.d2g. No me diga que no. Un incendio destruyó el viejo edificio hasta los cimientos en 1836. sosa. y el nuevo. Son en general hombres serios.

se acercó.d2g. Naturalmente que si Margery está en realidad perdiendo la razón. —He estado buscándote por todas partes. Lady Stranleigh se levantó. ¡Ah! Aquí viene Bimbo. Volvió la cabeza por encima del hombro y le murmuró al señor Satterthwaite con armoniosa voz: —Ha sido maravilloso poder contar con su ayuda. —¿Qué tal el partido de tenis? —Aburridísimo. El señor Satterthwaite se quedó mirando cómo la pareja se alejaba. me apresuraré a volver. Babs —dijo. Usted irá a Abbot's Mede a ver a Margery y tomará todas las disposiciones que crea conveniente. Su sonrisa pasó de ser brillante a deslumbradora. Nunca lo olvidaré. .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Un joven ataviado con un conjunto de tenis.004 http://biblioteca. Le quedaré eternamente agradecida. —Me pregunto —musitó para sí— si ese Bimbo acabará por ocupar el número cinco de la lista.com —Así que todo arreglado ¿verdad? —determinó en tono alegre—. Tendría aproximadamente unos veinticinco años y era en extremo atractivo.

Al terminar su vivido relato. el otro levantó la vista y vio unas conocidas facciones que. y por un momento pareció envuelto en una especie de resplandor rojizo. sonrientes.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ocurriera un grave accidente en la línea. —Como es costumbre en mí. casi como por arte de magia.com II El encargado del vagón de lujo señalaba al señor Satterthwaite el lugar en que. —¡Mi querido señor Quin! —exclamó el señor Satterthwaite. el señor Quin y el señor Satterthwaite estaban instalados. —¡Qué coincidencia que los dos volvamos a Inglaterra y en el mismo tren! ¿Supongo que es allí adonde usted se dirige? —Sí —contestó el señor Quin—. Posiblemente conozca usted a lady Stranleigh. Su pequeña y arrugada faz brilló con inusitada alegría. Tuvo la sensación de una anticipada emoción placentera. —Yo también vuelvo a Inglaterra con una misión que cumplir en Inglaterra —exclamó sonriendo ampliamente ante la coincidencia—. en una pequeña mesa del coche restaurante. —Un antiguo título —prosiguió—. Sintió que un ligero escalofrío le corría a lo largo de la espina dorsal. El señor Quin asintió comprensivamente. Quizá podamos arreglarlo para sentarnos juntos. que nos abandonó usted sin previo aviso. Al dar las seis y media. Una romántica historia. Al contrario. pocos años atrás. Me lleva un asunto de bastante importancia. ¿Se sienta usted en el primer turno de la cena? —Así lo hago siempre. Un camarero atravesó el compartimiento llevando en volandas y depositando frente a ellos. sin embargo. Estas palabras parecieron despertar el eco de un recuerdo en la mente del señor Satterthwaite. Claro que la hora es absurda (las seis y media). —No nos habíamos visto desde. ahora recuerdo. desde Córcega. le miraban por encima del encargado. Por cierto. Antiquísimo..004 http://biblioteca. unos tazones llenos de sopa. El señor Quin examinaba atentamente la etiqueta de una botella de vino tinto que tenía entre las manos. Es baronesa por derecho propio. El señor Quin se encogió de hombros.. La sensación. El señor Quin se arrellanó cómodamente en su asiento. uno frente al otro. —Yo también. El señor Satterthwaite prestaba la debida atención a la lista de vinos y después la dirigió hacia su compañero. El señor Quin hizo un movimiento con la cabeza. sí!. ¡Ah. Uno de los pocos que pueden recaer en descendencia femenina. La botella estaba entre él y una de las luces. El señor Satterthwaite experimentó de nuevo el cosquilleo de una extraña excitación. El señor Quin tomó unos cuantos sorbos y murmuró a continuación: . pero así hay mejor servicio en lo que se refiere a la cocina. no fue desagradable. Soy un hombre que va y viene.

Beatrice y Barbara. Tres muertes repentinas: dos hermanos del viejo lord y un sobrino. Por la razón que fuese. mirando fijamente al señor Quin. Se detuvo. Las conocí de niñas tanto a ella como a su hermana Beatrice. tendré sumo placer en verle. ¿Sería posible? —Me temo que no puedo —contestó el señor Quin—. La vida de lady Stranleigh está salpicada de episodios románticos.. —Cosa de una semana o diez días. Ha tenido ya cuatro maridos y no tardará en tener el quinto.com —Iba usted a hacerme una de sus portentosas descripciones. —En realidad. completamente insensible y muy pagada de su persona. Sexagenaria por lo menos.004 http://biblioteca. espere. Creía que era conveniente hacer algo sobre este asunto. Pero. Desde entonces ha vivido exclusivamente para sí. —Pensaba ir a Abbot's Mede a visitar a la chica —explicó—. ¿Recuerda aquella pequeña hostería. el señor Satterthwaite se sintió profundamente aliviado con esta esperanza. así se llamaba la mayor de las dos. Beatrice se ahogó.. Continuó describiendo la misión que le había sido encomendada por lady Stranleigh. Si se da una vuelta por allí. Varias personas se interponían entre ellas y el título. Es imposible imaginar a lady Stranleigh como el prototipo de una madre normal. ¿Parará usted allí? El señor Quin asintió. entre los que figuraba el viejo lord Stranleigh. Sin un céntimo. ¡qué sé yo! Solo le diré que yo mismo era un jovenzuelo en aquellos tiempos —El señor Satterthwaite suspiró—. Las hermanas Barron se hallaban a bordo. ¿no es así? El señor Satterthwaite resplandeció de gozo ante la lisonja. Hermosa. . la hostería del Bufón? —¡Naturalmente! —contestó el señor Satterthwaite—.. ¿No está acaso Abbot's Mede en Wiltshire? El señor Satterthwaite asintió. Se las designaba con el nombre de «las chicas Barron». Siempre la misma. ¿Recuerda usted el naufragio del Uralia? Se hundió frente a las costas de Nueva Zelanda. un primo carnal y el primero que debía desaparecer. Seis meses más tarde murió el viejo Stranleigh y pasó a heredar el título.d2g. Barbara se encontraba ente los pocos supervivientes. es una mujer maravillosa —dijo—. —Me gustaría que me acompañara —dijo el señor Satterthwaite con anhelo—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. así como también una cuantiosa fortuna. —Me lo imaginaba y da la circunstancia que donde yo voy no está lejos del lugar que me acaba de mencionar —sonrió—.. sin escrúpulos. Después vino lo del Uralia. pero bonitas ambas. Hace de esto.

—¿Cuáles eran? —Devuelve lo que no es tuyo. El señor Satterthwaite tosió significativamente. El señor Satterthwaite. parecía rebosante de salud. Es de esas mujeres que llevan su fanatismo hasta el final.. familiarmente hablando. era materialmente imposible que la oyera. la doncella de mi madre.004 http://biblioteca. Margery —decía el señor Satterthwaite—. Fue ella quien me aconsejó que me hiciese ver por un médico. le aseguro que no tengo la menor intención de reírme de usted. Si Clayton estaba como supongo profundamente dormida. Devuelve lo que has robado. sin embargo. Llegué a ponerme tan nerviosa que supliqué a Clayton. La joven rió con un visible dejo de amargura. El señor Satterthwaite se quedó pensativo durante unos instantes. El primero de los. una familia de hidalgos campesinos que se pasaban la vida a caballo. antes bien.. Cada vez que esto ocurría. Unas veces era como un leve susurro. Y lo que más me aterrorizó fue que Clayton no consiguiese oírla.com III —Mi querida señorita. en particular. pero haber heredado a la vez el desquiciamiento nervioso que caracterizaba a la madre. —Permítame que me asegure de los hechos. eran el vivo retrato de los miembros masculinos de la línea paterna. —¿Qué ocurrió anoche? —Nadie lo sabe todavía. me apresuraba a encender la luz. hasta la propia Clayton hubo de creer en ese misterio —añadió. eran frecuentes los casos de inestabilidad mental. otras una voz precisa y clara. No había nadie en la habitación. fuerte o suave? —Casi un murmullo —admitió Margery—. —¿Y la voz siguió sonando? —Sí. se agitó un tanto en la silla y añadió con el tono grave de un jurista. que durmiera en un sofá junto a mi habitación. Margery Gale era una muchacha alta y fornida. —Pero desde anoche. Margery frunció ligeramente el entrecejo. pero las palabras eran siempre las mismas.d2g. ¿cómo fue la voz.. Ambos estaban sentados en el confortable salón de Abbot's Mede. llamémosle fenómenos. pero iba a contárselo en este preciso momento. con facciones que no guardaban semejanza alguna con las de su madre. Llegué rendida y al poco dormía muy profundamente. —Esta última noche. Margery pudiera muy bien haber heredado la apariencia física paterna.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ocurrió hace dos meses. —Quisiera —decía Margery— perder de vista a esa dichosa señora Casson. No creo en el espiritismo ni me hace las más mínima gracia.. ¿no es verdad? —Poco más o menos —confirmó la muchacha—. no pudo impedir recordar que en los Barron. No cesa de atosigarme con la idea de traer una médium a esta casa. El día de ayer lo pasé cazando e hicimos una buena tirada. Además. Tuve una .

Observó su cuello y vio un pequeño cuadrado de esparadrapo adherido a la parte izquierda de la garganta. no fue solo imaginación por mi parte. Sentí claramente que algo me rozaba en la oscuridad y puedo asegurarle que fuera lo que fuese no era humano. El señor Satterthwaite intentó otra línea de ataque. y mis manos se debatieron en el vacío. pero no encontré nada. Me dijo haber sentido algo que le rozó en la oscuridad pero que.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Algo duro y afilado me pinchaba a un lado del cuello al tiempo que una voz murmuraba en mi oído: «Tú has robado lo que es mío. hubiese seguido creyendo que se trataba de imaginaciones de la señorita Margery. Esto es la muerte». —Como usted ve —dijo—. Sirvió a mamá y a tía Beatrice cuando estas eran todavía unas niñas. Supongo que esa sería la razón del interés que mostró mi madre en conservarla a su lado. manifestó deseos de entrevistarse con Clayton.com pesadilla horrible. Para serle sincera. El señor Satterthwaite la contempló fijamente. Soñé que caía sobre una verja y que una de sus puntas se clavaba lentamente en mi garganta.d2g. con el pelo gris cuidadosamente partido en dos bandas y aspecto de suprema respetabilidad. Marcia Keane ha pasado conmigo una gran parte de ese tiempo. Luego está la herida en el cuello de la señorita Margery. Es mi mejor amiga y tan aficionada como yo a montar a caballo. ¿no es así? —Muchísimos —afirmó Margery—. »Lancé un grito —continuó—. no debía tener nada humano. donde al poco rato se les unió Clayton. El señor Satterthwaite hizo un gesto de asentimiento y. Jamás he oído decir que esta casa estuviese encantada. señor —dijo. Le condujo al piso superior. El señor Satterthwaite intercaló una pregunta en tono de disculpa por lo melodramática que sonaba. no obstante el hecho de tener otra doncella francesa a su servicio. También ha estado bastante tiempo mi primo Roley Vavasour. fuera lo que fuese. —Hace muchos años que está con usted. Ella pareció darse cuenta de la inspección y asintió. —No. Vaya una idea. No me dirá . No cabía duda de que la muchacha se hallaba aún bajo los efectos de una viva agitación. —¿Sabe de alguien —preguntó— que tenga algún motivo de resentimiento contra usted? —¡Claro que no! —contestó Margery—. —¿Qué visitantes ha tenido durante los dos últimos meses? —Supongo que se referirá usted a los que vienen a pasar aquí los fines de semana. Clayton me oyó chillar desde la habitación contigua donde dormía. señor. a continuación. contestando a una pregunta del señor Satterthwaite—. Acudió rápidamente. la doncella. Era una vieja alta y delgada. Desperté sobresaltada y me encontré con que el sueño era una realidad.004 http://biblioteca. de no haber sido por lo ocurrido anoche. Clayton se dedica a coser y a otras tareas menudas.

y la herida se la produjo un gran leño que se le vino encima. —¿Qué es lo que usted piensa en realidad. ¿Cabría en lo posible que Margery hubiese podido infligirse ella misma aquella herida? Había oído contar casos raros en que muchachas sanas y al parecer bien equilibradas como Margery habían llegado a cometer los actos más absurdos. La cosa era mucho más siniestra de lo que parecía. Sería conveniente saber algo más acerca de estos dos. Clayton? —dijo el señor Satterthwaite—. evidentemente. Y precisamente en ocasión de hallarse Marcia Keane y Roley Vavasour presentes. De pronto. El correo acababa de llegar y Margery se entretuvo en abrir y leer su correspondencia. Era algo muy propio de lady Stranleigh: Querida Margery: No sabes la alegría que tengo al saber que estás en compañía de nuestro apreciado amigo el señor . como la cicatriz que yo me hice. Pero sus palabras alertaron al señor Satterthwaite.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Señaló una que cruzaba su frente. era grave y sus turbios ojos azules se clavaron con insistencia en los de su interlocutor. señorita. El señor Satterthwaite comprendió que era la respuesta que correspondía a la reserva de una bien adiestrada sirvienta. ¿Qué opina del ataque contra la señorita Margery? —No sabría qué decir. —Hace ya cuarenta años que esto sucedió. —Sanará pronto —añadió Clayton—. Cabía en lo posible que se tratase de alguna broma. Así fue. —Creo que alguna grave injusticia ha debido cometerse en esta casa y que no habrá paz en ella hasta que no se haya hecho la correspondiente reparación. Le alargó la carta al señor Satterthwaite. Pero el señor Satterthwaite no estaba satisfecho: los fenómenos habían tenido lugar solo durante los dos últimos meses. —Fue a raíz del hundimiento del Uralia —intervino Margery—. Pero meneó la cabeza insatisfecho con esta solución. Su voz. ni con mucho. Clayton. Lea usted. No es. señor. al hablar.004 http://biblioteca. ¿no es así. mantenía el punto de vista ortodoxo de una persecución deliberada y sobrenatural a consecuencia de una mala acción llevada a cabo en el pasado. y todavía llevo la señal. El señor Satterthwaite descendió de nuevo al piso inferior. señor.d2g. —Mamá es exageradísima —dijo—. —¿Y usted qué cree. pobre criatura. Clayton? —Sí. lanzó una pequeña exclamación. Clayton? —insistió persuasivamente el señor Satterthwaite.com usted que fue ella misma quien se la hizo. un tanto decepcionado del resultado del careo.

¡Oh! Aquí está Roley. de quien poco antes le hablara Margery. querida. El señor Satterthwaite se quedó serio. Se daba cuenta de que el inconmovible espíritu conservador de la hija debía resultar un tanto insoportable para una mujer como lady Stranleigh. Me parece una tontería. El señor Satterthwaite sonrió ligeramente. Margery no había relacionado las dos cosas. Te agradezco mucho los chocolates que me has enviado. No lo hice. Marcia! He venido con refuerzos. Debe de haber sido otra persona. Que te diviertas mucho con la caza de los fantasmas familiares. Margery? —gritó—. —¿Qué tal. Margery meneó la cabeza. El señor Satterthwaite reconoció en la primera de las dos a la señora Casson. amor mío. Estoy segura de que te lo pasarás muy bien y solo me entristece la idea de no poder estar a tu lado. Aparentemente. ¿Habría alguna relación? Él se inclinaba a pensar que sí. que hablaba arrastrando las palabras y acompañándolas con . BARBARA —Mamá se empeña en que la llame Barbara —dijo Margery—. Debes contárselo todo y dejar que investigue lo que quiera. Entró una muchacha alta y morena y se unió a ellos. sin embargo. Es listísimo y conoce a todas esas gentes que se tratan con los fantasmas. Los hoteles son muy descuidados con las comidas que nos dan. querida Margery. Sonrió con aire jovial y exclamó: —¿Ha venido usted a ahuyentar a ese fantasma que persigue a Margery? —preguntó con un tono de voz lánguido—. Estamos todos preocupadísimos con ese fantasma. por esta intrusión —dijo aquella. me he encontrado muy mal. —No —añadió—. Fue presentada al señor Satterthwaite como Marcia Keane. Dos cosas le parecieron muy importantes: lady Stranleigh había recibido una caja de bombones y sufría de un agudo ataque de envenenamiento. Me dice Bimbo que estoy haciendo grandes progresos en el tenis. ¿no te parece? Los que hay por aquí son una verdadera maravilla. Se volvió para señalar a las dos mujeres que tras él entraron en el vestíbulo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El doctor dice que se trata de un ligero envenenamiento. El contenido de la carta le chocó en un punto que al parecer había pasado inadvertido para Margery. —¿Le envió una caja de bombones a su madre? —preguntó.com Satterthwaite. Tuya. Hace unos días que no me encuentro nada bien. —Debes perdonarnos. Un coche acababa de detenerse frente a la puerta y de él descendió un joven de pelo rubio y maneras de adolescente. ¡Hola. Adiós. Yo. pero eso es un poco estúpido. Un millón de besos.004 http://biblioteca.d2g.

—¿Por qué Clayton? —preguntó. Su vestimenta era un tanto recargada y de moda indefinida. no parecía muy propicia a secundar la idea. y a contestar breve y circunspecta a las preguntas que de cuando en cuando le hacia Margery.d2g. como no pudo por menos que observar al señor Satterthwaite. y solo la natural curiosidad y el alborozo de sus huéspedes la reconcilió con el experimento. La señora Lloyd murmuró unas poco modestas palabras de protesta. —No te gusta Clayton. Margery Gale. ¿verdad? —preguntó Margery con lentitud. que evidentemente era ducha en aquella materia. —Soy yo el que no le gusto a ella —dijo Roley con ridícula . Lucía un collar de piedras de la luna y profusión de sortijas. —¿Verdad que es admirable? —exclamó embelesada en voz baja.com una amplia sonrisa—. La mejor médium que jamás haya conocido. terminado lo cual la médium anunció estar dispuesta a dar principio a la sesión. Corrió las cortinas y dispuso las sillas en círculo. Los preparativos preliminares corrieron a cargo de la señora Casson. El señor Satterthwaite vio la sombra de desagrado que cubrió las facciones plácidas de Roley Vavasour. ¿Tiene usted algo de fruta para la señora Lloyd? No acostumbra a tomar nada sólido antes de las sesiones. como siguió observando el señor Satterthwaite. echó la cabeza atrás y olfateó el aire. se inclinó y volvió a quedarse inmóvil con las manos cruzadas sobre el pecho. Era una mujer con cara muy sonrosada y aspecto vulgar. Siempre he obtenido los mejores resultados con círculos de siete. No es adecuado. —Bien —añadió la señora Casson—. Indicó a su compañera con un leve gesto de la mano. —La señora Lloyd —anunció presentándola con aire de triunfo—. —Creo que el almuerzo está preparado —dijo Margery. La séance tuvo lugar en la biblioteca. Lo percibo. Un momento antes de levantarse. —Dejemos que venga Clayton —dijo Margery. En este caso. Se dirigieron todos al comedor. celebraremos la séance inmediatamente después. Deberíamos ser número impar. Roley se encogió de hombros. —Uno de los criados —sugirió Roley levantándose—. La médium se limitó a comer dos plátanos y una manzana.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la señora Casson. no parecía complacida por aquella intrusión. Siete es el ideal. Lanzó una colérica mirada a Roley Vavasour. Voy a buscar al mayordomo.004 http://biblioteca. —Indudablemente —contestó el señor Satterthwaite con sequedad. —Hay algo maléfico en esta casa. Fue idea suya que viniese acompañada de la señora Lloyd. El señor Vavasour nos indicó que sería muy adecuado. La dueña de la casa. quien pareció no darse cuenta del trastorno producido por su indiscreción. —¿Seis personas? —dijo mirando a su alrededor—.

Hubo unos momentos de silencio interrumpidos solo por las acostumbradas toses y movimientos de sillas y pies. que dijo quedamente: —¿Está Margery aquí? Roley Vavasour se creyó obligado a responder.! Pero ¿eres en realidad tía Beatrice? —Sí. Una pausa y una nueva voz... al señor Satterthwaite se le ocurrió hacer una pequeña prueba. ¿Cómo puede usted dudarlo? A los espíritus no les gustan estas cosas. —¿Beatrice? ¿Qué Beatrice? Con gran disgusto de muchos. Ayudar a los que todavía estar en la Tierra. Todos trabajar mucho.. De pronto. ¿Quién habla? —Soy Beatrice. —¡Claro que lo es! —añadió la señora Casson en tono de reproche—. —Sí —dijo—. El espíritu dice cosa él querer decir. —Bien.com expresión—.. La voz le temblaba al hablar. Recuerdo el Uralia. la que se ahogó en el Uralia? —preguntó.. Tener muchas ganas de dar mensaje para joven señorita.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. (N. —La misma.004 http://biblioteca. Se acabó de completar el círculo. —No comprendo —dijo Margery con desmayo—.. para esta casa: «Devolved lo que no es vuestro». pero Margery siguió inconmovible. Yo marchar. soy tu tía. El señor Satterthwaite quedó como aturdido.d2g. El señor Satterthwaite inclinó el cuerpo hacia delante. Yo. El resultado de la 1 «Botevolcado». Que venga pues. —Indio bravo decir buenas tardes a todos. esta vez de mujer. Se oyó una risita reprimida. De pronto. Tengo un mensaje. Estaba muy excitado. —¿Qué Beatrice? —Beatrice Barron. Esperó unos instantes. —¿Se acuerda usted del señor Botticetti? —preguntó.. señoras y caballeros.. juego de palabras. —¡Ese pobre Boatupsetty1. Otra pausa y de nuevo la voz de mujer que decía: —Habla Beatrice. —Yo tener mensaje para todos vosotros. Alguien aquí tener muchas ganas de hablar.! —se oyó—. se oyeron una sucesión de golpes y luego la voz del espíritu contactado por la médium. Está. volvió a oírse la voz del piel roja Cherokee. Huye de mí como de la peste. ¡oh. Claro que me acuerdo.) . —¿Beatrice Barron. Vida aquí ser hermosa y brillante. del T. un indio piel roja llamado Cherokee.

Me temo que nada más podamos obtener de ella por ahora. pero ¿está usted acaso comprometida con algún otro? Vio que sus mejillas se teñían de vivo carmín. Quisiera que viera usted a Noel montando a caballo. —Lo estoy —dijo. Pensó que quizá estuviese justificado. circunstancia que aprovechó Beatrice Barron para designarlo en lo sucesivo con el ocurrente nombre de Boatupsetty. La palidez del rostro de Margery dio a conocer al señor Satterthwaite el estado de su ánimo. Un joven italiano. —La creo. Dos de los presentes daban muestras de estar muy aterrorizados. volvió a iluminarse con la clara luz del día. ¿Por qué. —Mamá llega mañana —dijo—. . El señor Satterthwaite asintió con un gesto. —Quisiera hacerle a usted un par de preguntas.004 http://biblioteca. Preferiría mil veces que se quedase donde está. quisiera yo saber? Hay curas y curas. hija mía —contestó sonriendo el señor Satterthwaite—. —Parece que ha estado aquí con frecuencia durante este último invierno. creo que regresaré a Londres. Problemas a la vista.com prueba había sido por demás satisfactorio. Si usted y su madre muriesen. La médium se agitó y dejó escapar una especie de gruñido. solicitó hablar en privado con ella. Mi respuesta fue negativa. —Perdóneme la curiosidad. La creo. La sala. Parecía imposible que con excepción de él alguien de los presentes conociera el incidente. —En ese caso —murmuró—. El señor Satterthwaite no hizo comentario alguno sobre este sentimiento filial. Había hecho referencia a un incidente ocurrido cuarenta años atrás en ocasión de encontrarse él y las hermanas Barron en una de las playas de moda. señorita Margery. Voy a casarme con Noel Barton. amigo de ellas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.d2g. ¿quién heredaría el título y los bienes? —Supongo que Roley Vavasour. Entró un sirviente con un telegrama sobre una bandeja. ¿no es así? —preguntó con naturalidad—. había salido a dar un paseo en bote y había volcado. Tan pronto como se hubieron despedido la señora Casson y la médium. poniendo un extraño énfasis en sus palabras—. Margery lo abrió. Mi madre se ríe y dice que es absurdo casarse con un pastor de la Iglesia. —Está volviendo en sí —dijo la señora Casson—. ¿Sería indiscreto preguntarle si la ha cortejado? —Me preguntó hace tres semanas si estaría dispuesta a casarme con él —contestó Margery con sencillez—. llena de gente. Su madre y la mía eran primas hermanas.

un desvanecimiento y. Pero al señor Satterthwaite no le satisfizo esta explicación. sino a una pequeña posada situada a unas quince millas de aquel lugar y cuya puerta ostentaba un cartel con el extraño nombre de la hostería del Bufón.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Como usted ve —terminó—.004 http://biblioteca. Se enteró de él al verlo impreso en las páginas de los diarios de la mañana. La mirada de simpatía que le dirigió el señor Quin le animó a . se lo diré. El último acontecimiento fue de tal gravedad que le cogió totalmente por sorpresa. diez minutos después. —Pero es usted quien debe resolver el problema y no yo —dijo el señor Quin—.. debe de haber alguna explicación. Llamó a su ayuda de cámara. Lady Stranleigh había sido hallada muerta en su bañera y había muerto ahogada.. al parecer. Estuvo elocuente. en fin. no se dirigió a Abbot's Mede. Le miró con esa expresión de esperanza con que el perro mira al amo. se arregló con menos aliño que de ordinario y. —expuso el señor Quin sonriendo. pero no era menos cierto que la última palabra acerca del misterio de Abbot's Mede no había sido dicha aún. —Conocí a las hermanas Barron hace cuarenta años —exclamó el señor Satterthwaite con orgullo.d2g. —Si es usted tan amable de contarme de qué se trata. decía el Daily Megaphone. Era cierto que la llegada de lady Stranleigh le relevaba de su responsabilidad. sutil y meticuloso en los detalles. en este estado.com IV El señor Satterthwaite no estaba satisfecho de sí mismo. «Baronesa encontrada muerta en su propio cuarto de baño». El señor Satterthwaite le lanzó una mirada de reproche. como siempre. Sentía que el problema encomendado a su persona había quedado sin resolver. pero el hecho no dejaba de ser el mismo. Pero por extraño que parezca. Usted sí. —Estoy seguro de que lo sabe tan bien como yo. Un minuto después. Los otros periódicos empleaban un lenguaje menos crudo. pero. Le estrechó la mano y arrancó a hablar presa de gran agitación. —Estoy terriblemente preocupado —dijo— y vengo a solicitar su ayuda. Tuvo una gran satisfacción al saber que el señor Harley Quin seguía hospedado allí. se deslizó su cuerpo y quedó su cabeza sumergida bajo el agua. se hallaba cara a cara con su amigo. el señor Quin mostró un profundo interés en escuchar su narración. Tengo el horrible presentimiento de que quizá sea demasiado tarde y de que la vida de una pobre niña inocente corra un gravísimo peligro. salía de Londres a toda velocidad arrellanado en los cómodos asientos de su potente Rolls-Royce. En breves palabras le expuso lo acaecido en Abbot's Mede y. Había sufrido. Yo no conozco a esa gente.

con los ojos enjutos. Iba a llamar en este . Recuerdo también que un día la abracé y la besé en uno de los pasillos del hotel y estuve a punto de ser sorprendido por una de las niñas. lejanos pasajes de la vida. miró al señor Quin. quienquiera que fuese el que cometió el crimen. Clayton me vio firmar a mí y luego ha firmado ella. un testamento hay que firmarlo ante dos testigos. señor Satterthwaite. —¡Qué días aquellos en Brighton! Botticetti-Boatupsetty. y muy ingenua. Todo esto se lo dejo a Noel. —Tiene usted razón —afirmó el señor Satterthwaite—. ¿No podría persuadirlo para que me acompañase? El señor Quin hizo un gesto negativo. Fue asesinada y.com recordar. Mi trabajo aquí ha terminado y partiré dentro de muy poco. Se llamaba Alice. Está también la fortuna particular de mi padre.d2g. completamente segura. frente a una mesita del gabinete sobre la que se hallaban esparcidos unos papeles.. Después. de que mamá no se ahogó sola. De Roley no me fío.004 http://biblioteca. Dios mío! Meneó la cabeza y lanzó un profundo suspiro. Sé que es bueno y que sabrá administrarlo piadosamente. ¡Cuánto tiempo hace ya de esto. Yo en su lugar no perdería tiempo e iría inmediatamente a Abbot's Mede. Recuerdo a la doncella que las acompañaba. —En otras ocasiones ha logrado usted el éxito gracias a sus propios esfuerzos —dijo el señor Quin con seriedad—. Ésta es la razón —indicó señalando el documento que tenía ante sí— de que me decidiese a hacer testamento —explicó—. pero cómo nos reíamos en aquella época! Dios mío. un gran deseo de verlo. sino que alguien la forzó a permanecer bajo el agua. Estoy segura. De esto no me cabe la menor duda. Una cantidad considerable de dinero. Al llegar a Abbot's Mede. Sin embargo. Era. —No creo que eso importe gran cosa —declaró Margery—. —¿Decididamente. el señor Satterthwaite fue conducido inmediatamente a la presencia de Margery Gale. —No —dijo—. quiere matarme a mí también. los cuales deben firmar a la vez. Y creo que esta vez sucederá lo mismo. ¿Quiere usted firmar como testigo? —Mi querida jovencita —contestó el señor Satterthwaite—. en realidad. así como unas cuantas propiedades. al parecer.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Es solo un cazador de dotes. no van anexas al título. no puede usted ayudarme? —añadió especulativamente—. en otras ocasiones. Margery desestimó con un gesto el consejo legal. como si de un sueño se tratase. El accidente. Una cosa menudita y pizpireta. claro que yo también era joven como todos. Algo en su saludo le conmovió. Tenía. —Roley y Marcia acababan de marcharse. lo que me proponía hacer. Hacíamos un montón de tonterías. no ha ocurrido tal como pretenden hacerlo creer los médicos. ¡Qué tontería.. Estaba sentada.

Alice Clayton. Sí. A la muerte de su tío sería la heredera de todo y a su madre no le hubiese correspondido nada. oyó la voz de Margery que le preguntaba con ansiedad: —¿Se encuentra mal? ¿Qué le pasa? ¿Está usted enfermo? Volvía a ser el mismo de siempre. El señor Satterthwaite renunció a seguir arguyendo. ¿quién es ella? —No puedo estar equivocado. debe haber acabado por perturbarla.004 http://biblioteca. Las personas cambian. cuando se contuvo súbitamente. Una cosa menudita y pizpireta. quiere usted decir —Margery completó la frase con amargura—. —Querida mía. pero no tanto! Además. y su madre aprovechó la circunstancia para.com instante al mayordomo. sino como su doncella. pero la lesión producida en el cerebro con el golpe que recibió hace años. Podemos imaginar que no hace mucho que su memoria debe haber empezado de nuevo a aclararse. ¡Ah.. Algo que tenía que ver con el señor Quin y se relacionaba con él. sacó su pluma y. Margery le miraba con ojos desorbitados. aceptó pasivamente el papel de Alice Clayton que le habían encomendado. pero creo que usted servirá. La auténtica Alice Clayton se ahogó en el Uralia. Esto le impulsó a reconocerla no como su hermana. le hizo evocar de pronto un confuso tropel de recuerdos.. ¿Recuerda usted haberme dicho que se hirió en la cabeza con un gran leño? He de deducir que el golpe debió hacerle perder la memoria. La mujer a quien usted llama Clayton no es otra sino Beatrice Barron. La cogió fuertemente de las manos.. no es Clayton. . pero sin recuperar la memoria. ¡sí. la hermana de su madre. pero ella era así.. Repuesta después del golpe. El nombre que aparecía en la casilla superior a la designada para él. ahora lo comprendo todo. Hubo de buscar el apoyo de una silla para no caer y. ya lo tenía! Fue precisamente sobre Alice Clayton. Los objetos empezaron a girar vertiginosamente a su alrededor. Algo luchaba por abrirse paso en su cerebro ¡Alice Clayton! Había alguna extraña significación en aquel nombre.d2g. Margery le contemplaba con ojos enloquecidos por el terror. —Beatrice era la mayor de las dos hermanas —continuó el señor Satterthwaite—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. como quiso también matarme a mí — dijo casi sin aliento. como procedente de una gran distancia.. —Para apoderarse del título. —dijo—. la creo capaz de eso. Algo que él mismo dijera al señor Quin muy poco tiempo antes. Es doloroso tener que reconocerlo ahora que ya está muerta. estaba ya a punto de estampar su firma. la Alice Clayton que él conoció tenía los ojos pardos.. Debe usted prepararse para recibir una fuerte impresión. La mujer que se halla arriba y a la que usted llama Clayton. —Y por eso mató a mi madre. —Entonces.

y la rubia esplendorosa que él viera tomando el sol en Cannes. Se volvió a Margery y dijo cariñosamente: —Será mejor que subamos a verla. Quizá haya sido mejor así.004 http://biblioteca.com —Así parece —prosiguió el señor Satterthwaite—. El señor Satterthwaite permaneció en silencio sumido en los recuerdos. ¿Podían ser hermanas? Recordaba a las hermanas Barron.d2g. y su parecido era sorprendente.. Ni siquiera volvió la cabeza al sentir el ruido que hizo la puerta al abrirse. Encontraron a Clayton sentada en la pequeña habitación donde cosía.. . Solo una idea parecía obsesionarla: la de que su herencia había sido robada y que usted y su madre se habían quedado con ella.? Meneó la cabeza como bajo el peso de una obsesión y no pudo reprimir un compasivo gesto hacia estas incongruencias de la vida... Vio la imagen de aquella anciana de cabellos grises y aspecto marchito.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite no tardó en darse cuenta del porqué. —Pero si Clayton es tan vieja. ¿Solo porque hubiesen tomado distintos derroteros en la vida. —Un ataque al corazón —murmuró al tocar sus rígidos y helados hombros—.

Era un inveterado enemigo de la soledad y gustaba de llenar el palco con lo más selecto de la sociedad a la que pertenecía y con la aristocracia del mundo artístico. He venido solo. era una excelente madre. además de hermosa e inteligente. verdadero autor de la existencia de aquellas criaturas y del título que adornaba a la madre y que era lo que podía muy bien llamarse una nulidad. . El marido. La razón de su soledad obedecía a que una condesa se había visto obligada a faltar a la cita. el señor Satterthwaite sentía una particular devoción por la buena música y era un asiduo abonado a las temporadas del Covent Garden.004 http://biblioteca. Así pues. llegó a tiempo de presenciar la agonía de Santuzza y de poder dirigir con ojos expertos una mirada por toda la sala antes de caer el telón y de que la gente abandonara sus asientos para tomar algún café o limonada y hacer el acostumbrado visiteo. —Entonces no hay más que hablar —declaró el señor Satterthwaite con un suspiro de satisfacción.com 8 LA CARA DE HELENA I El señor Satterthwaite era el único ocupante de un amplio palco del primer piso del teatro de la ópera. como militar avezado en lides guerreras. Nada le aburría tanto como la música.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Plan sin embargo que no logró llevar a cabo. ¿O es que ha venido con alguien? —No —respondió el señor Quin con una sonrisa—. La condesa. como temeroso de que pudiera desvanecerse de un momento a otro en el aire. El señor Satterthwaite se encaró sus gemelos y. En la puerta podía verse una tarjeta que llevaba su nombre. entre la cual se sentía como pez en el agua. aprovechó esta oportunidad para poder escapar. Pero rara vez se le veía solo. dirigió una mirada pausada por todo el auditorio como en busca de un punto vulnerable en el que poder concentrar sus tiros. el señor Satterthwaite se vio condenado a asistir solo a la representación. —Espero que aceptará usted un asiento en mi palco —dijo con determinación—. Siendo un gran amante y connoisseur de todas las artes. pues precisamente en el palco de al lado vio la inconfundible figura de un amigo que le llenó de alborozo y satisfacción.d2g. Estrechó la mano de su amigo con fuerza. no llamándole poderosamente la atención la primera. Se ponía en escena aquella noche Cavalleria Rusticana y Pagliacci y. donde tenía reservado un palco para los jueves y viernes de toda la temporada. Sus hijos habían sido atacados por la vulgar y fastidiosa enfermedad de las paperas y había tenido que quedarse en casa en lacrimosa confabulación con dos tiesas y exquisitamente almidonadas enfermeras. —¡Señor Quin! —exclamó.

—Es usted muy amable —replicó aquel. Fue. albanés. sentados en la primera fila del palco. Las composiciones abundaban en extraños semitonos que algunos espectadores de gusto ultramoderno no vacilaron en calificar de «simplemente maravillosos». Era una muchacha de la que no distinguían la cara y solo podían ver el dorado de sus cabellos. Acababa de pronunciar estas palabras cuando las luces titilaron y debilitaron su brillo. Hay una probabilidad contra mil. observaron el trasiego de las gentes que volvían a ocupar sus respectivos asientos. sin embargo. estoy seguro. antes de decidirse a emitir juicio definitivo alguno. Todo con espontánea imparcialidad. —Es usted muy observador —respondió el señor Quin. cantaba aquella noche. magiar y búlgaro. Es sorprendente comprobar que son pocas las personas en las que el color de los cabellos armonice con el resto. Con los gemelos señalaba un punto del patio de butacas situado casi al pie del lugar que ellos ocupaban. casi reverentemente—.004 http://biblioteca. se oyó el golpear de la batuta sobre el atril y dio comienzo la función. Un nuevo tenor.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. checo. Es cuestión simplemente de mirar. cosa fácil de ver hoy por los cortes de pelo predominantes. aunque. habría encontrado difícil de explicar por qué había usado esta expresión—.d2g. asintiendo con aire de entendido. No sabía que fuese usted aficionado a la música.com Para otro que no fuese el señor Quin. —Una hermosa cabeza —observó de pronto el señor Satterthwaite. —Claro. los modales del señor Satterthwaite hubiesen parecido un tanto extravagantes. esa cabeza atrajo inmediatamente mi atención. un programa consistente en cantos folclóricos de sus montañas natales y con una orquesta especialmente seleccionada e instrumentada para dicho fin. claro —dijo el señor Satterthwaite. al decir de muchos. Tarde o temprano hemos de ver su cara y apuesto a que no armonizarán. un gran alivio para muchos saber que aquella noche cantaría en simple italiano con todos los sollozos y . de haber sido preguntado. aunque músicos reconocidos se abstuvieron de hacerlo. comprendiendo la conveniencia de una reeducación y adaptación del oído a estas nuevas normas musicales. —Nada de eso —objetó el señor Satterthwaite—. —Al contrario. Genuinamente griega. Es natural. un segundo Caruso. Había dado un concierto extraordinario en el Albert Hall. recogidos bajo una especie de casquete del que se escapaban rebeldes unos cuantos rizos que bordeaban artísticamente su níveo cuello. Había sido presentado por la prensa como yugoslavo. Volvieron al palco tan pronto como oyeron el timbre de aviso y. Es un placer. —Hay razones particularísimas que me hacen sentir devoción por Pagliacci. En este caso. —Una cabeza griega —añadió el señor Satterthwaite.

es magnífica. La pareja que ellos buscaban se hallaba sentada en un canapé a medio camino de la escalinata de entrada. sí? Yo no pude ir. Pocas caras como aquella se podrían encontrar en el mundo. Belleza pura. el contorno de la barbilla. se oyó el estruendo de una prolongada ovación. Esta se levantó. —¿Se refiere a. se ajustó un fino chal alrededor del cuello y se volvió. El señor Satterthwaite observó que la gente se detenía para verla pasar y no pocos eran los que la seguían furtivamente con la mirada. no creyó necesario añadir comentario alguno a su juicio anterior.. ni ninguna de esas otras cualidades que con tanta volubilidad acostumbramos a mezclar con su concepto. Todavía existe algo así. ni la atracción. El óvalo de la cara. —¿Lo cree usted así? —Una voz tan bien timbrada como la de Caruso. Miró al señor Quin y..004 http://biblioteca.? —Las Helenas. La sala se iluminó de nuevo y la gente empezó a desfilar.d2g. Cleopatras y Marías Estuardo.com estremecimientos tradicionales de la obra. Habrá muchos que no lo reconozcan así por cierta imperfección en su técnica y falta de seguridad en el ataque. pudo el señor . Yoaschbim hubo de reaparecer tres veces en el escenario. La muchacha se dirigió al pasillo seguida de su joven acompañante. Y añadió como en un susurro: «La cara que lanzó mil naves a la conquista de Troya». no le quepa duda. ni el magnetismo. Como crítico podía considerársele casi infalible. Muy curioso. Una cara que por sí sola podría llenar una página entera en la historia. Por primera vez. El señor Satterthwaite se inclinó sobre el antepecho para observar a la muchacha de los cabellos de oro. al observar su expresión de aquiescencia. El señor Quin meneó la cabeza pensativamente. Y por primera vez se dio cuenta del significado de aquella frase. —Siempre me ha intrigado saber —añadió— cómo son estas mujeres en realidad. —Lo leí —contestó el señor Satterthwaite—. la línea de las cejas. —Si vamos fuera —sugirió—. Salieron juntos y el resultado de su pesquisa dio óptimo fruto. sonriendo y saludando. ¡Qué belleza!. —¿Ah.. Supuso que este esperaría su opinión y esto le hizo ahuecarse como un pavo. —Yo fui a oír su concierto en el Albert Hall —dijo el señor Quin.. Movió la cabeza de arriba abajo con lentitud. Después de todo estaba convencido de no ser un lego en la materia. Al caer el telón cuando finalizó el primer acto. quizá podamos saberlo. El estribillo termina siempre con una nota aguda que oscila entre el do natural y el re bemol. —Causó sensación con El canto del pastor. —Es un gran cantante —afirmó. se dijo a sí mismo. Pero la voz. El señor Satterthwaite contuvo el aliento. El señor Satterthwaite se volvió al señor Quin. Aquí no se menciona el encanto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.

.. No lo tengo. Su llegada parecía haber creado cierta tensión. dibujando su peculiar sonrisa—. asintió gravemente y comprensivo. El joven vestía de rigurosa etiqueta con aire de estar incómodo con lo puesto. —Entonces. Pero el señor Quin meneó la cabeza. sería a usted a quien . que no fuese así! La belleza. si algo llegase a suceder.. —Es usted extremadamente amable. barbilla ligeramente desviada y ojos fulgurantes. pero con sinceridad. —Aunque quizá —continuó nuestro hombrecillo— disponga usted de su propio vehículo. Era un joven moreno. Se detuvo. pómulos salientes. Más bien tenían el aspecto de gente del mundo artístico.. Lo que siempre ha sido y siempre será. Jugaba nerviosamente con su corbata y se hallaba como cortado ante la severa mirada de la muchacha. De haber dicho «conducirle a casa». —La eterna historia —murmuró quedamente el señor Quin al pasar frente a ellos.. Al terminar la representación. El joven estaba inclinado hacia delante y hablaba con calor. Dirigió una mirada al señor Quin. Regresaron a sus asientos poco antes de levantarse el telón para el segundo acto. La muchacha se limitaba a escuchar. Una cara interesante. —Hace mucho relente fuera y mi coche no está lejos de aquí. quien. ocultos en la penumbra que proyectaban sus salientes y espesas cejas.. Nuestros dos amigos pasaron repetidas veces ante ellos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. si no guapo. la frase hubiese trascendido a algo así como a curiosidad. pensó el señor Satterthwaite. sin embargo. donde quiera? Estas dos últimas palabras manifestaron la delicadeza del señor Satterthwaite. dotado al menos de un extraño fuego que parecía arder constantemente en sus pupilas. El señor Quin había sido siempre un tanto reticente y era extraordinario lo poco que el señor Satterthwaite sabía acerca de él. Era rubio. El primer acompañante le observaba con gesto torvo. ¿Me permite usted que le lleve a. prefiero volver con mis propios medios. Ninguno de los dos parecía pertenecer al mundo del señor Satterthwaite.com Satterthwaite tener una clara visión del acompañante. Lo inevitable. A la cuarta se encontraron con que otro joven se había incorporado al grupo.d2g. El gruñido de dos perros disputándose un mismo hueso. No encontraba nunca palabras para poder describirla. como si leyese su pensamiento. verde. el señor Satterthwaite se volvió a su amigo. Una cara llena de extraños ángulos. de seda barata y unos zapatos de raso blanco algo sucios. —No —dijo el señor Quin—. Además —añadió. Digna de estudio. —Sí —contestó en el mismo tono el señor Satterthwaite—. La muchacha llevaba un vestido socorrido. con aspecto de oficinista.004 http://biblioteca. Para el señor Satterthwaite la belleza era algo simplemente maravilloso. ¡Cuánto mejor sería.

Buenas noches.com correspondería actuar. casi al instante de reconocerlos. Si usted me lo permite.d2g. —Este es mi coche. .? —preguntó indecisa. pero la sosegada compostura del señor Satterthwaite pareció impresionarla favorablemente. Primero el rugido de la voz de un hombre. al pie de cuya puerta abierta aguardaba respetuosamente el chófer Masters. De inmediato el sonido de otra voz masculina en tono de protesta. Dio una dirección de Chelsea en respuesta a una pregunta del señor Satterthwaite. Una vez más hemos visto un drama juntos. en un instante. —Permítame —dijo—. amigos lo deseara. tenía el hábito de esperarle en una callejuela vecina. que se había dejado caer apoyada con desmayo contra el muro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Delante de él vio a un hombre y a una mujer y. A su señor no le gustaban las largas esperas frente al teatro causadas por el riguroso turno que debía observar el tránsito. El señor Satterthwaite meneó la cabeza. —Gracias —dijo. Al cabo de algunos momentos. Se sintió asaltado por una súbita duda. golpes. Se detuvo. se sentó a su lado. a continuación. —En nada la beneficiaría verse mezclada en este asunto. No creo que ninguno de sus. frases entrecortadas. Probablemente la obligarían a que les acompañase a la comisaría. más golpes. No debe usted permanecer aquí ni un solo instante. ¿A qué drama quiso referirse? ¿A Pagliacci o algún otro? Masters. La naturalidad con que pronunció estas palabras tuvo el efecto de soltar la lengua de su compañera que parecía necesitar confiar en alguien. Todo sucedió en un instante. y entró resueltamente en el vehículo. la figura majestuosa de un policía surgido de la nada como por arte de encantamiento y.. quien. fue ella quien se decidió a romper el silencio: —¡Desearía que la gente no fuera tan estúpida! —¡Es muy molesto! —asintió el señor Satterthwaite. y el señor Satterthwaite tuvo el tacto de no intentar penetrar en sus pensamientos.. el chófer del señor Satterthwaite. tendré sumo placer en acompañarla a su casa. La muchacha le miró como escudriñando sus intenciones.. Solo una vez se detuvo la muchacha para volver la vista hacia atrás.. —¿No tendría que. La cogió del brazo y la condujo apresuradamente calle abajo. Desapareció tan rápidamente que el señor Satterthwaite no tuvo tiempo material para protestar. Esta vez. como en ocasiones previas. Luego la lucha. La muchacha parecía alterada y con pocas ganas de hablar. torció por la primera bocacalle y se dirigió rápidamente al lugar donde sabía le esperaría su fiel Masters. un tercer personaje se unió a ellos.004 http://biblioteca. el señor Satterthwaite se encontraba al lado de la muchacha.

Ella le dio de nuevo las gracias. el señor Burns siempre se ha mostrado agradable y de temperamento tranquilo. experimentara cierta satisfacción al ver a dos hombres pelearse por ella. —Sí —añadió—. no pareció sentarle bien su intromisión. yo me encargaré de enterarme de lo ocurrido y se lo comunicaré. Y en apoyo de su juicio.. Este es un país libre. —¿Tiene usted teléfono? —preguntó él. y añadió modestamente: —Mi nombre es Gillian West. volvió a acercarse a nosotros. —Es usted muy amable. gracias.. El señor Eastney y yo hemos sido amigos desde hace mucho tiempo.! Pero cumplió su promesa. así como el número de su teléfono. El coche se detuvo. —De manera que eso es todo —pensó—. pero me temo que esto habrá de producirle muchas molestias. ¿no es así? Ella asintió. si así lo desea.d2g. Fue idea de él traerme al teatro esta noche. puede decirse que desde que llegué a Londres. Sin embargo. prácticamente. Y justo cuando íbamos hacia el metro. Eso es lo que quise decir y me gustaría saberlo. aun cuando sé que el pobre no anda muy sobrado de dinero.004 http://biblioteca. el señor Satterthwaite creyó que el verdadero fondo de su preocupación yacía en las palabras que pronunció a continuación y obtuvo una pista cuando al cabo de un instante ella hizo una observación inconsecuente: —Espero que no le haya hecho mucho daño. ¡Estas cosas no me gustan! —¿De veras? —preguntó el señor Satterthwaite con dulzura.. Por otra parte.. una curiosa sonrisa se dibujó en los labios del señor Satterthwaite. aún cuando sería natural que. —De ninguna manera. cuantas relaciones tengo en la actualidad.com —No creí nunca que llegaran a las manos —dijo—. Ella se sonrojó ligeramente En ella no había nada de una sirena consciente. que el señor Eastney no le haya hecho mucho daño al señor Burns.. se preguntó mentalmente el señor Satterthwaite sonriendo para sí en la penumbra.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Sí. —Entonces. Se ha preocupado constantemente por mi voz y a él le debo. . vamos. Después llegó el señor Burns y nos habló con toda corrección. ¡El óvalo de una cara. pero a Phil (el señor Eastney). y apenas había articulado dos palabras cuando Philip se lanzó sobre él como una fiera. añadió: —Usted espera que. el perfil de una barbilla. Mientras se alejaba por la calle. La música le apasiona. El rostro de la muchacha se iluminó. no sé por qué. ¿A quién se referirá ese «le»?. al ser mujer..

El señor Satterthwaite se olvidó del discurso que había preparado y se apresuró a buscar algunas frases de aprecio y simpatía en algún rincón de su mente. Esto. El señor Satterthwaite se sintió complacido e interesado por la pareja. Un minuto después les estrechaba las manos con su característico saludo ceremonioso y aceptaba la un tanto tímida invitación para que tomara el té con ellos.d2g. unas veces a admirar las campánulas y otras. Así fue el romance del señor Satterthwaite. Eran Gillian West y su rubio cortejador quienes parecieron reconocerle al instante. La joven cesó en sus alabanzas y le confió repentinamente (como a un excelente amigo) su amor por otro hombre. cuando de pronto reconoció a una pareja sentada frente a una de las mesas instaladas en el césped. se hallaba de vuelta de su tradicional visita y pasaba junto a los establecimientos de té. Los dos pertenecían a una clase muy desconocida para él. el señor Satterthwaite sabía hacerse simpático. Estaba tratando de coordinarlas al tiempo que correspondía distraídamente a las manifestaciones de júbilo que ante aquel sinnúmero de flores mostraba su compañera.com II En la tarde del siguiente domingo. adonde con frecuencia acudía. lo que de algún modo le hacía disfrutar de un romanticismo a la antigua usanza. Tenía un buen sueldo. pero que le dejó en el corazón cierta romántica atracción por Kew Gardens. que le llevaban a suspirar y a ponerse algo sentimental. se había preparado mentalmente para lo que iba a decir y las palabras precisas que utilizaría para pedirle su mano a la joven. un tanto a la usanza victoriana. para admirar unas campánulas azules. le brindaba la oportunidad de asomarse a un mundo que apenas conocía. Esta tarde en concreto. A su manera un tanto seca. Observó que el señor Burns se había convertido en Charlie. a admirar los no menos famosos rododendros. Durante el trayecto. el señor Satterthwaite acudió a Kew Gardens para admirar los rododendros. —A decir verdad —prosiguió el joven Burns con ingenuidad—. Su candor y sinceridad le conmovían. —Es verdad —añadió la muchacha—.004 http://biblioteca. Ella me lo contó todo. Vio a la joven sonrojarse y hablar apresuradamente a su compañero. Hacía mucho tiempo (un inconcebible número de años para el señor Satterthwaite) que había paseado por estos jardines. cuando le llegó el golpe. lo hemos decidido esta misma tarde. acompañado de una encantadora joven. unos cuantos ahorrillos y el propósito de . No tardó en ser el confidente de todas sus cuitas. al propio tiempo. ¿verdad.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. cuando su permanencia en el extranjero se prolongaba más de lo debido. y no le cogió desprevenido que le comunicaran su compromiso. Gill? Burns estaba empleado como oficinista en una compañía naviera. Fue muy amable por su parte. —No sé cómo expresarle mi agradecimiento —dijo el señor Burns— por cuidar de Gillian la otra noche.

honrado.. pensó. Se detuvo como pesarosa ante la perspectiva de los peligros que vagamente presentía....? —añadió en voz alta. —¿Y el señor Eastney. y yo también le quiero. las violencias de un cierto forastero (¡que no debían haber sido precisamente balsámicas!). parecía temerosa.com casarse cuanto antes. Joven. Un joven como los demás. Nada extraordinario en su persona que haga ver en él a un aventurero.. La cara de Charlie Burns se ensombreció y Gillian se agitó inquieta. —Phil es muy bueno —dijo con voz reposada—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite escuchó complacido el relato y les felicitó por su decisión. es muy guapa y.. —Ha hecho mucho por mí —continuó—. Como es natural. —Y mi opinión es —terminó diciendo— que este Eastney está también un poco desequilibrado. No sé cómo le sentará lo mío con Charlie. —También has tenido tus disgustos con él —interpuso Burns—. que mi voz no era realmente buena. bueno.. la extraña conducta del gerente de un banco (¡un hombre casado!). Mucho me temo que...d2g. le ha acarreado a Gill serios contratiempos. Sus palabras iban dirigidas al señor Satterthwaite como si conociese por instinto que este comprendería cosas que no llegaban al alcance de su novio.. Ésta tenía la mirada puesta en el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite escuchó el relato de las cosas que Burns calificaba de «serios contratiempos»: un joven que se había suicidado. Se detuvo. Él fue quien me animó a que me dedicara al canto y me ayudó en cuanto pudo. sin embargo. bueno. —No me gusta —dijo en voz baja. de lo más corriente. señor Satterthwaite. y buena presencia. Me quiere.. con ideas propias y una buena opinión de sí mismo sin llegar a la vanidad. Gillian hubiese acabado mal de no haberme encontrado a mí para cuidarla. Se detuvo intencionadamente porque esperaba una reacción para la que estaba ya preparado. La risa con que acompañó estas palabras sonó un tanto fatua en los oídos del señor Satterthwaite y ningún signo de aprobación se dibujó en las facciones de la muchacha. Pero siempre he sabido. pensó para sí. todo esto me ligaba un tanto. recitadas por Charlie Burns en el tono más natural del mundo. —Si está en mi mano ayudarla —dijo el señor Satterthwaite—. sin llegar a ser demasiado guapo. Un reguero de violencia y tragedias señalaban el paso de Gillian por la vida. Y la chica le quiere.. Como usted mismo puede observar. a una muchacha esto le causa serios contratiempos.004 http://biblioteca. el desordenado comportamiento de un artista de edad avanzada. pero nada más. No es de primera clase... Una muchacha necesita siempre alguien que vele por ella y esto. no . Más que inquieta. lo sé.

sino que me quedase en casa escuchando el programa de la radio. pero no tanto como para no experimentar una sensación de placer ante una cara bonita. Tuvo la sensación de que a Burns no le había sentado bien su ofrecimiento. En cambio. pero sabía muy bien que no pasaba de ser una . Parecía más feliz.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. defraudado. Una cara que… Meneó la cabeza con un gesto de indefinible presentimiento. quizá muy poco. sin duda. el señor Satterthwaite sentía una cierta excitación anticipada. pero Gillian se apresuró a decir: —Muchísimas gracias. El señor Satterthwaite se despidió de sus amigos no sin antes prometer que tomaría el té con Gillian el jueves siguiente. Le pidió a Gillian que cantara y esta accedió gustosa. cabida alguna en un mundo moderno.com vacile en pedírmelo.d2g. Gillian. el señor Satterthwaite se sintió un poco. Le dijo que su voz era admirable. Lo sabía. ¿Verdad que es un detalle? Lo era. Hoy es el aniversario de nuestro primer encuentro. Como si se hubiese liberado de un enorme peso.004 http://biblioteca. Gillian asintió. Se enfadó. pero esperaba cosas mejores del resto de los mortales. lo admitió inmediatamente: —Tenía un miedo horrible de contarle a Phil lo de Charlie —explicó—. Burns no tardaría en llegar. El señor Satterthwaite hizo un gesto de aprobación. evidentemente. Él era un sentimental. Pensó: Soy un viejo. en especial por venir de un hombre en sus circunstancias. último modelo. pero no dejó de chocarle la petición. Me dijo que cada vez que escuchara un concierto me acordarse también un poco de él. Se trataba de una preciosa radio de cuatro válvulas. Mire usted lo que ha mandado esta mañana: un regalo de boda. Cuando llegó el jueves. Fue realmente cariñoso. pero nadie habría sido más comprensivo. ¡Claro que lo haré! ¡Hemos sido tan buenos amigos! —Debe usted sentirse orgullosa de su amigo —dijo cariñosamente el señor Satterthwaite—. ¡Tonta de mí! Debí conocer a Phil mejor. Le prometí que lo haría muy conmovida y añadí que pensaría en él con verdadera gratitud y afecto. creía que aquello encajaba en la personalidad del desengañado amante. Unas delicadas lágrimas se deslizaron a lo largo de sus mejillas. por lo tanto. Rara vez se equivocaba en la deducción del carácter y jamás hubiese esperado de Philip Eastney un sentimentalismo así. El sentimentalismo era propio de su edad y no tenía. Quizá fuese de un tipo más banal de lo que en Un principio había supuesto. —¡Nos gusta tanto la música a los dos! —exclamó—. Me pidió que no saliese esta noche con Charlie. ¡qué duda cabe!. De hecho. —Me pidió que hiciera una cosa por él. Gillian estaba sola. Parece haber encajado el golpe como un deportista.

pues. —¡Es precioso! —dijo el señor Satterthwaite con reverencia—. Usualmente. ¡Secretos inescrutables del universo! Al señor Satterthwaite se le ocurrió pensar que. Fue en este momento cuando le llamó la atención un ornamento que había sobre la repisa de la chimenea y que se destacaba entre otras chucherías. experimentando al propio tiempo una repentina sensación de exaltación. la muchacha de rostro maravilloso estaba enamorada del insignificante Charlie Burns. Estaba metido en ello. ¿verdad? Trabaja en una fábrica de cristal. un importante papel. se había dedicado a su fabricación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. alguien más. según afirmación del mismo. acudía con frecuencia. Ahora comprendió el significado de las palabras del señor Quin la noche de la ópera. para el señor Satterthwaite. el señor Satterthwaite se mostró alentadoramente dispuesto a escuchar. Eastney poseía un inagotable caudal de conocimientos sobre estos. Eastney parecía ansioso de hablar con alguien y. Es bonito. la velada con el señor Quin no había dado los frutos esperados.004 http://biblioteca. Cualquier éxito que hubiera conseguido en su vida profesional no hubiese sido gracias a la voz sino a su rostro. El señor . Un joven muy interesante. salir airoso del papel que le correspondía. Había sin embargo. por lo que se levantó para despedirse. Hablaron de la guerra. fuera lo que fuese. El señor Satterthwaite recorrió inútilmente todas sus salas. durante la mayor parte de la guerra. No le fue difícil entablar conversación. cada aparición de este misterioso personaje provocaba un suceso extraño e inesperado. No estaba especialmente deseoso de ver al joven Burns otra vez. pensó. Era su deber. debido quizá a la gran belleza de Gillian West. El restaurante estaba atestado. Fue la esperanza de volverlo a encontrar lo que decidió al señor Satterthwaite a encaminarse en dirección al restaurante Arlecchino. como siempre.com discreta medianía. puesto que. Sentado ante una pequeña mesa y solitario se encontraba Philip Eastney. Y sin embargo. —Eso es un regalo extra de Phil. de los explosivos. Se sentó frente a Philip Eastney dispuesto a afrontar lo inevitable. Había un drama en marcha y en él había un papel. Allí no había rastro alguno de la morena y sonriente cara del señor Quin. de los gases venenosos. Gillian se fijó en lo absorto de su contemplación.d2g. así que el señor Satterthwaite se decidió a escoger una silla vacante que había delante del joven. Los artífices del cristal de Murano hubieran estado orgullosos de él. Se marchó sintiendo un curioso aumento de su interés por Philip Eastney. como si su determinación obedeciera a un misterioso plan en cuyo desarrollo le correspondiera desempeñar un importante papel. Era una especie de copa de cristal de color verde sobre un pie largo y elegante y paredes curvadas sobre cuya boca se apoyaba una gran bola que por su iridiscencia recordaba una gigantesca pompa de jabón. donde ya un día le viera y donde.

—Estoy avergonzado por haberle hecho perder el tiempo de esta manera —dijo—.d2g. La noche era templada y. Brillante. mientras se alejaba lentamente a lo largo de la calle. La de no hallarse solo. Pero genio. Es totalmente factible. Eastney le miró con expresión de disculpa. —Ha sido para mí un verdadero placer —se apresuró a contestar el señor Satterthwaite—. Su cara estaba encendida y sus ojos despedían un extraño fulgor. El tema parecía fascinarle y el señor Satterthwaite observó que poseía un conocimiento profundo de cuanto decía. El anciano comprendió que se hallaba ante un cerebro excepcional. A continuación. De pronto se dio cuenta de lo avanzado de la hora y pidió su cuenta al camarero. La cara de Eastney pareció iluminarse. Se preguntó qué era lo que le hacía pensar con tal fuerza y claridad en la figura . invisible. Alguien a quien no le era posible ver caminaba a su lado por la oscura y tranquila calle. al fin. que no había llegado a probarse. Había un gas. ¡Esta noche necesitaba hablar con alguien! Terminó su perorata con una corta y peculiar risita. Entró en una explicación de detalles técnicos. sintió una extraña sensación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. indeciso en cuanto a la orientación definitiva que al fin había de tomar. Habló con la pasión y el abandono de un verdadero amante de este bello arte. La sensación persistía. Se habían puesto grandes esperanzas en su efectividad. errático. Sus ojos echaban chispas bajo la acción quizá de una reprimida excitación. En vano intentó convencerse de que se trataba solo de un delirio de su imaginación.com Satterthwaite encontró en él un conversador altamente interesante. Ambos convinieron en que nada en la tierra podía superar a una buena voz de tenor. caminaba a su lado. —¿Sabía que podía cantar ante un vaso de cristal y hacerlo añicos? — dijo. un cerebro al que podía describirse como el de un genio. contó Eastney. Hablaba de él con verdadero entusiasmo. Es una simple cuestión de resonancia.004 http://biblioteca. Y pensó a continuación en Charlie Burns y en Gillian West. Algo trágico parecía emanar de toda su persona. Discutieron acerca de los méritos de Yoaschbim y el joven se mostró entusiasmado. Eastney había oído cantar de niño a Caruso y nunca lo había olvidado. Pero fue la casualidad la que le puso en mi camino. —No. Una insignificante inhalación era mortal. El armisticio llegó demasiado pronto. Habiéndose roto el hielo. Su conversación ha sido por demás interesante e instructiva para mí. hizo su cómica y correcta reverencia habitual y salió del restaurante. La de que alguien. —Siempre había creído que se trataba de una mera fábula —contestó sonriente el señor Satterthwaite. el señor Satterthwaite desvió hábilmente el curso de la conversación y la hizo recaer sobre la música. Es tan cierto como el Evangelio.

d2g. ¡Los hilos! ¿Hilos de qué? Analizó fría y cuidadosamente sus propias impresiones. pensó. el señor Satterthwaite había sido consciente? Hizo retroceder sus recuerdos. Debía de haber algo en la conversación de Eastney. etc. uno de los diarios de la tarde. Aquello significaba algo.. trató de acercarse cuanto pudo a la imagen mental de aquel hombre misterioso. Cerrando los ojos. «Los hilos están todos en su mano. a continuación.004 http://biblioteca. Ojeó rápidamente la página en que se anunciaba el programa de Radio Londres. Sola. De nuevo sus pensamientos se agitaron con furia.. Si solo pudiese hacerle una pregunta al señor Quin. Algo tenía que hacer y hacerlo rápidamente. de Caruso. El pez. La voz de Yoaschbim era casi igual a la de Caruso. Quizá hasta. El conocimiento exacto de la música que en aquellos momentos estaría escuchando Gillian parecía hacerle recordar la figura de ésta con mayor claridad. un opresivo presagio de una calamidad. una selección de piezas folclóricas como El canto del pastor. Un hombre peligroso. Era inútil preguntarle nada al señor Quin. un hombre peligroso. El cuadro de Gillian West sentada sola en su apartamento escuchando el programa de radio. Tan fuerte era la sensación que el señor Satterthwaite resolvió cesar de luchar en su contra. eso sería lo que acostumbraba a decirle el señor Quin. más que pedirle. ¡Caruso! Los pensamientos del señor Satterthwaite parecieron saltar atropelladamente. alguna pista.com del señor Quin. un cuadro apareció ante sus ojos. No correspondía al hombre en absoluto. Era como si el misterioso acompañante fuera su amigo en persona. Algo malo estaba en marcha y estaba en sus manos evitarlo. Comprobó con interés que hacían una retransmisión de Yoaschbim. había dicho.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. De lo contrario. «Los hilos están todos en su mano». Un ruego un tanto extraño tratándose de un hombre como Philip Eastney. En él no había el menor sentimentalismo.» El encuentro con Philip Eastney aquella misma noche. ¿a quién amenazaba? ¿A quién? De pronto.. Pero en el mismo momento que surgió el pensamiento en su mente supo que estaba equivocado. sino que estaba solo. . ¿Fue una casualidad? ¿O era solo un eslabón del misterioso entramado de acontecimientos de los que un par de veces. La sensación de la presencia del señor Quin persistía junto con algo más: una urgencia de algún tipo. y solo tenía que utilizar sus ojos para asegurarse de que esto no era así. aquella noche.. El señor Satterthwaite estrujó el periódico entre sus manos. ¿por qué sentía aquella extraña sensación de apremio? ¿De qué habló? Del canto. El señor Satterthwaite dejó caer un penique en la faja de un vendedor de periódicos y le arrebató. El cervatillo. sino más bien era un hombre de violentos sentimientos. Cantaba Salve Dimora de Fausto y. Una afortunada coincidencia.. sentada frente al aparato. de industrias de guerra. Aquel vago presentimiento de peligro.

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Gillian estaría escuchando cómo sonaba, timbrada y potente, haciendo estremecerse las paredes y vibrar los cristales... Contuvo el aliento. ¡Vibración de cristales! Caruso cantando frente a una copa de vino y esta desmoronándose bajo la acción de una simple ley física. Yoaschbim cantando en los estudios de Londres y, en un cuarto, a una milla de distancia, el tintineo que produce un objeto quebradizo al romperse, el de una especie de copa verde con una brillante esfera de cristal que quizá no estuviera vacía... Fue en este momento cuando, a juicio de varios transeúntes, el señor Satterthwaite perdió de repente la razón. Desarrugó de nuevo el periódico, repasó ávidamente el anuncio del programa y salió calle abajo como una exhalación. Al final de ella encontró un taxi, entró de un salto en él y aulló una dirección al conductor con la advertencia de que de su rapidez dependería la vida o la muerte de una persona. El chófer, juzgándole mentalmente desequilibrado pero rico, hizo cuanto pudo por complacerle. El señor Satterthwaite se dejó caer sobre el respaldo del asiento con la cabeza llena de pensamientos fragmentarios, de retazos de ciencia aprendidos en la escuela, de frases empleadas por Eastney en el curso de la conversación de aquella noche. Resonancia, el período de resonancia propio, si el período de una vibración coincide con el período de resonancia propio, algo también acerca de la suspensión de un puente y de soldados que marchan sobre él haciendo coincidir sus pasos con los períodos de resonancia propios del puente. Eastney había estudiado el tema. Sabía lo que decía. Era un genio. A las 22.45 la retransmisión de Yoaschbim. En aquel momento ya era la hora. Pero primero venía Fausto. Era El canto del pastor, con su agudo alarido final, el que podría... podría... ¿hacer qué? Las ideas volvieron a girar en su mente como un torbellino. No entendía gran cosa de esta jerga, pero Eastney sí. ¡Quisiera el cielo que llegase a tiempo! El taxi se detuvo. El señor Satterthwaite se apeó con celeridad y, como lo hubiese hecho un joven atleta, subió de dos en dos las escaleras de piedra que le condujeron al piso segundo. La puerta del piso estaba entreabierta. La empujó y una voz de tenor pareció acoger su llegada. Las palabras de El canto del pastor le eran familiares y recordó al punto el pasaje. Pastor, las crines de tu caballo al viento... Había llegado a tiempo. Abrió de un empujón la puerta que comunicaba con el gabinete. Sentada junto a la chimenea estaba Gillian. La hija de Mischa se casa hoy; en su boda he de estar presente.

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Lo más probable era que le tomase por un loco, pero no había instante que perder. La asió de los brazos y, mascullando palabras incoherentes, la arrastró hacia el descansillo de la escalera. En su boda he de estar presente. Ya-ha! Con la última sílaba se oyó una nota aguda, precisa, bien timbrada y potente que hubiese hecho enrojecer de envidia a más de un afamado tenor. Y con ella el sonido que hace un cristal al romperse. Un gato, sin duda extraviado, entró en el apartamento de Gillian a través de la puerta que, con la precipitación, había quedado abierta de par en par. Gillian intentó seguirlo, pero el señor Satterthwaite se lo impidió enérgicamente. —¡No, no! —le dijo en un medio balbuceo—. Es mortal. No respire. Una inhalación y todo habría terminado. Nadie sabe lo mortal que puede llegar a ser. No tiene comparación con nada que haya sido utilizado anteriormente. Estaba repitiendo las palabras que Philip Eastney le había dicho mientras cenaban. Gillian le miró sin entender nada.

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III
Philip Eastney sacó el reloj y miró la hora. Eran exactamente las once y media. Durante los últimos cuarenta y cinco minutos había estado paseando a lo largo del Embankment. Contempló unos instantes las aguas del Támesis y se volvió para encontrarse frente a frente con quien poco más de una hora antes había sido su compañero de mesa. —Es curioso —exclamo riéndose—. Parece cosa del destino que hayamos de encontrarnos de nuevo esta noche. —Si quiere usted llamarle destino... —contestó el señor Satterthwaite. Eastney le miró con fijeza y su rostro cambió de expresión. —¿Y bien...? —dijo reposadamente. El señor Satterthwaite era enemigo de circunloquios y abordó directamente la cuestión. —Acabo de estar en el piso de la señorita West. —¿Sí? La misma voz imperturbable. —Hemos encontrado un gato muerto en él. Hubo un breve silencio. A continuación Eastney dijo: —¿Quién es usted? El señor Satterthwaite habló por algún tiempo relatando las diferentes fases de la aventura. —Como ve, conseguí llegar a tiempo. —acabó diciendo. Se detuvo y añadió recalcando suavemente las palabras—: ¿Tiene usted algo que decir en su favor? Esperaba un estallido. Una violenta justificación de su acto. Pero no fue así. —No —dijo Philip Eastney, y girando sobre sus talones, se alejó. El señor Satterthwaite le siguió con la mirada hasta verle desaparecer confundido entre las sombras. A su pesar, sentía atracción por aquel hombre. La atracción que el artista siente por su igual. Del sentimental por el verdadero amante, del hombre corriente por el genial. Al fin se decidió a volver en sí y se encaminó en la misma dirección seguida por Philip Eastney. Una densa niebla empezaba a caer sobre la ciudad. Se encontró con un policía que se detuvo mirándole con suspicacia. —¿No ha oído usted algo como un chapuzón? —preguntó el agente de la autoridad. —No —contestó el señor Satterthwaite. El policía escudriñó unos instantes el río. —No me extrañaría que se tratara de algún suicidio —añadió—. Eso lo explicaría. —Supongo que sus razones tendrá —comentó el señor Satterthwaite. —Sí. El dinero, por lo general. Aunque a veces se trata de una mujer —comentó haciendo gesto de marcharse—. Y la culpa no es siempre

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suya, pero algunas mujeres causan un montón de problemas. —Algunas mujeres —asintió el señor Satterthwaite, hablando para sí. Cuando el policía se hubo alejado, se sentó en el pretil confundido en la niebla y pensó en Helena de Troya: ¿No sería esta acaso una excelente mujer como tantas otras solo que dotada para bien o para mal con un rostro maravilloso?

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9 EL CADÁVER DE ARLEQUÍN
El señor Satterthwaite se paseaba lentamente por Bond Street, disfrutando de las caricias del astro solar. Como siempre, vestía atildada e impecablemente y se dirigía a las Harchester Galleries donde había una exposición de cuadros de un tal Frank Bristow, artista novel y desconocido hasta aquel momento, pero que mostraba señales de causar sensación. El señor Satterthwaite era un decidido patrocinador del arte. Al entrar en las galerías, fue saludado de inmediato con una sonrisa de complacido reconocimiento. —Buenos días, señor Satterthwaite. Sabía que no tardaríamos en verle por aquí. ¿Conoce usted las obras de Bristow? Estupendas, únicas en su clase. El señor Satterthwaite se proveyó de un catálogo y cruzó la amplia arcada que conducía a un largo salón, de cuyas paredes colgaban los cuadros del nuevo artista. Eran acuarelas ejecutadas con una técnica y un acabado extraordinarios que les daban el aspecto de aguafuertes. El señor Satterthwaite los recorrió uno por uno con gestos de aprobación. A su juicio, el joven pintor merecía llegar lejos. Poseía una visión original y una técnica de lo más perfecta. También tenía, como era de esperar, ciertos fallos, pero aun éstos revelaban la genialidad del autor. El señor Satterthwaite se detuvo ante una diminuta pero verdadera obra de arte que representaba el Westminster Bridge con sus interminables hileras de autobuses, tranvías y presurosos peatones. Era una miniatura, pero maravillosamente perfecta. Observó su título. Se llamaba El hormiguero. Siguió su inspección. De pronto se detuvo ante algo que le atrajo con fuerza y le hizo contener súbitamente el aliento. El cuadro se titulaba El cadáver de Arlequín. El primer término representaba un suelo entarimado con baldosas de mármol blancas y negras. En su centro yacía la figura de Arlequín, boca arriba, con los brazos extendidos en cruz y enfundado en su vistoso traje negro y rojo. En el fondo una ventana y, tras ella, contemplando el espectáculo, otra figura idéntica a la anterior recortada sobre el fondo rojo de un sol naciente. El cuadro llamó la atención del señor Satterthwaite por dos razones. La primera, por reconocer o creer reconocer en él al hombre de la pintura. Tenía un notable parecido con el señor Quin, un amigo a quien había encontrado en varias ocasiones en circunstancias verdaderamente extraordinarias. —No puedo estar equivocado —murmuró—. Y si no lo estoy, ¿qué quiere decir todo esto? Por las experiencias que el señor Satterthwaite había tenido, las apariciones del señor Quin aportaban siempre una determinada

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significación. Había también, como ya hemos mencionado, un segundo motivo en el interés del señor Satterthwaite, y era el de haber reconocido el lugar de la escena del cuadro. —El Salón de la Terraza de Charnley —dijo—. ¡Curioso! ¡Muy curioso! Observó con más atención la pintura y trató de penetrar en la mente del autor. Un Arlequín muerto en el suelo y otro Arlequín mirando por la ventana. ¿O se trataría acaso del mismo Arlequín? Continuó contemplando el resto de los cuadros mirando sin ver, totalmente abstraído con el recuerdo de lo que acababa de ver. Se sentía excitado. La vida que en las primeras horas de aquella mañana le había parecido un tanto insípida, volvió a cobrar animación. Tenía casi la certeza de encontrarse en el umbral de excitantes e interesantes acontecimientos. Se dirigió a la mesa que ocupaba el señor Cobb, uno de los propietarios de las Harchester Galleries y a quien conocía de muchos años. —Tengo el capricho de comprar el cuadro número treinta y nueve — dijo—, si no está ya vendido. El señor Cobb consultó un catálogo. —La gema de la colección —murmuró—. Es una verdadera joya. No, no está vendido. —Mencionó un precio y añadió—: Es una buena inversión, señor Satterthwaite. Ese cuadro triplicará su valor dentro de un año. —Eso siempre se dice en estas ocasiones —comentó sonriendo el aludido. —Bien, ¿y no tengo siempre razón? —añadió el señor Cobb—. De decidirse usted a vender su colección, no creo que ni un solo cuadro se vendiera por menos de lo que pagó por él. —Me quedo con el cuadro. Le pagaré con un cheque ahora —decidió el señor Satterthwaite. —No le pesará. Tenemos grandes esperanzas en Bristow. —¿Es muy joven? —Creo que tiene unos veintisiete o veintiocho años. —Me gustaría conocerlo —dijo el señor Satterthwaite—. Quizá querría acompañarme a cenar una de estas noches. —Puedo darle sus señas y estoy seguro de que saltará de alegría al saberlo. El nombre de usted se cotiza muy alto en el mundo artístico. —Favor inmerecido que usted me hace —respondió el señor Satterthwaite. Hizo ademán de retirarse pero el señor Cobb le detuvo. —Precisamente ahí viene. Se lo presentaré. Abandonó la mesa ante la cual estaba sentado en compañía del señor Satterthwaite hasta el lugar donde, apoyado contra el muro, había un joven corpulento y un tanto desaliñado que parecía escudriñar el mundo tras la barricada de unas cejas ferozmente fruncidas. El señor Cobb hizo la presentación de rigor, a la que contestó el señor Satterthwaite con breves y escogidas palabras.

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—Acabo de tener el placer de adquirir uno de sus cuadros. El cadáver de Arlequín. —¡Oh, no perderá dinero con él! —contestó Bristow, con cierta malapata—. Es un cuadro condenadamente bueno, aunque lo diga yo. —Puedo verlo —replicó el señor Satterthwaite—. Su trabajo me interesa mucho, señor Bristow. Lo encuentro de una extraordinaria madurez para un joven como usted. Sería para mí un placer que cenara conmigo una noche de éstas. ¿Tiene usted algún compromiso para hoy? —Si le he de decir la verdad, no —dijo Bristow, sin hacer todavía grandes esfuerzos en aparentar amabilidad. —Entonces, ¿digamos sobre las ocho? Aquí tiene usted una tarjeta con mis señas. —Muy bien. —se limitó a decir Bristow, y añadió secamente tras una tardía reflexión—: Gracias. Un joven con una pobre opinión de sí mismo y temeroso de que el mundo pueda compartirla. Éstas fueron las conclusiones que estableció el señor Satterthwaite mientras salía a disfrutar de nuevo del esplendoroso sol que inundaba Bond Street. El señor Satterthwaite rara vez se equivocaba en sus juicios acerca de los demás. Frank Bristow llegó a la cita cinco minutos después de la hora fijada y vio que su anfitrión y un tercer invitado ya le esperaban. Este fue presentado como el coronel Monckton. Se sentaron a cenar casi de inmediato. Había un cuarto servicio dispuesto en la mesa oval de caoba y el señor Satterthwaite se apresuró a pronunciar unas palabras explicatorias. —Existe la posibilidad de que un buen amigo mío se presente inesperadamente. ¿No sé si conoce usted al señor Harley Quin? —No conozco a nadie —gruñó Bristow. El coronel Monckton miró al artista con la misma curiosidad que hubiese mostrado en la contemplación de una rara variedad zoológica. El señor Satterthwaite hizo cuanto pudo para que la conversación se mantuviera dentro de los límites de la más estricta cordialidad. —Me interesó especialmente su cuadro porque me pareció ver en él que el argumento se desarrollaba en el salón de la Terraza de Charnley, ¿me equivoco? —Al percibir un gesto de asentimiento del artista, prosiguió—: Es interesantísimo ese detalle. Recuerdo haber pasado algunas temporadas en Charnley. Quizá conozca usted a algunos de la familia. —¡No! —contestó Bristow—. A esa familia no le interesa gente como yo. Fui allí en un charabán1. —¡Dios mío! —exclamó el coronel Monckton por decir algo—. ¡En un charabán!
1

Coche descubierto con dos filas de asientos. (N. del T.)

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Frank Bristow le miró frunciendo el ceño. —¿Por qué no? —preguntó con una especie de aullido. El pobre coronel Monckton se quedó sin habla. Miró con aire de reproche al señor Satterthwaite como queriendo decir: «Estas formas primitivas de vida quizá interesen a un naturalista como usted, pero no a mí». —Los charabanes son detestables —añadió en voz alta—. Sale uno molido de ellos con los baches. —Pues no hay más remedio que utilizarlos cuando no se puede comprar un Rolls-Royce —dijo Bristow agresivamente. El coronel Monckton le miró con enojo. El señor Satterthwaite pensó: A menos que consiga relajar a este joven, la velada será un desastre. —Charnley me ha fascinado siempre —dijo—. He estado allí solo una vez después de la tragedia. Es una casa tétrica... y embrujada, por añadidura. —Es verdad —contesto Bristow. —En realidad, no tiene más que dos fantasmas auténticos —aclaró Monckton—. El de Carlos I que se pasea con la cabeza debajo del brazo, he olvidado por qué, y el de la Dama Llorosa con el aguamanil de plata que siempre es vista después del fallecimiento de uno de los Charnley. —¡Cuentos! —exclamó Bristow con burla. —Ha sido una familia muy desgraciada —se apresuró a decir el señor Satterthwaite—. Cuatro detentadores del título han fallecido de muerte violenta y el último lord Charnley se suicidó. —Una horrible historia —añadió Monckton con gravedad—. Yo estaba presente cuando ocurrió. —Debe hacer de eso unos catorce años —comentó el señor Satterthwaite—. Desde entonces, la casa ha permanecido cerrada. —No me extraña —contestó Monckton—. Debió de ser un golpe terrible para la joven lady. Llevaban casados cosa de un mes y acababan de regresar de su luna de miel. Dieron un gran baile de disfraces para celebrar su vuelta. Empezaban a llegar los invitados, cuando lord Charnley se encerró de pronto en el salón de Roble y se pegó un tiro. Estas cosas no son frecuentes. ¿Decía usted? Había vuelto súbitamente la cabeza en dirección a su izquierda y luego miró al señor Satterthwaite con una sonrisa que parecía querer expresar una disculpa. —Debo empezar a tener delirios, Satterthwaite. He creído por un momento que había alguien sentado en esta silla vacía y que quería decirme algo. Sí —prosiguió después de un minuto de silencio—. Debió de ser un rudo golpe para la pobre Alix Charnley. Era una de las muchachas más bonitas que he conocido y llena de eso que la gente llama alegría de vivir, y hoy creo que es solo una sombra de lo que fue. Hace años que no la veo. Dicen que pasa la mayor parte de su tiempo en el extranjero. —¿Y el hijo?

Precisamente una de las aficiones del señor Satterthwaite era la fotografía. Un color extraordinario. Se levantó. ¡Lástima que en la fotografía no muestre su colorido! —La recuerdo —contestó Bristow—. y al decir de la tradición. El coronel Monckton le miró con fría aversión.d2g. como digo. —Quizá sí —contestó pensativamente Bristow—. Tradición y ambiente son cosas intangibles. De todos modos. sin embargo. —Esta es una fotografía que tomé del salón de la Terraza el año pasado —dijo alargándosela a Bristow—. De ser así. —¡Pero calla. Tardan siglos en formarse y. Estropea todo el efecto. —El salón de Roble —intercaló Monckton—. Resplandecía como un ascua. y el mismo libro mostraba una inclinación del señor Satterthwaite por el esnobismo mucho mayor de la que le correspondía. Tomó la fotografía de manos de Bristow.004 http://biblioteca. Ese es precisamente el cuarto encantado. desentonaba del conjunto y no era tampoco del tamaño requerido para una sala así de grande embaldosada en blanco y negro. ¡Una alfombra que vale al menos un par de miles de libras esterlinas! La última vez que estuve allí estaba en el salón de Roble. Es su verdadero lugar. Tengo allí algunas fotografías de Charnley que me gustaría enseñarles. —¿Quizá fuese esto último lo que le dio a usted la idea de pintar el cuadro? —preguntó el señor Satterthwaite. Los amigos en cuestión habían sido exageradamente glorificados. no hubiera usted pintado su cuadro. —Pasemos al salón de fumar —dijo—. Es la única de la habitación. El señor Satterthwaite miraba la silla vacía que había colocado junto a . Parecía más bien una gigantesca mancha de sangre. En él ocurrieron también dos muertes debidas a otros tantos duelos.! ¡Si esta es la famosa alfombra de Bokhara! —exclamó sorprendido—. —¡Oh! No creo que piense usted en serio eso —interpuso el señor Satterthwaite—.. es aproximadamente el mismo ángulo que usted empleó en la pintura de su cuadro.. En ella se ve la famosa alfombra. difícilmente se consigue rehacerlos. ¿Qué hará cuando llegue a su mayoría de edad? No lo sé.com —El hijo estudia en Eton. donde Reggie Charnley se pegó el tiro. que se decida a abrir de nuevo el viejo caserón. Era asimismo el orgulloso autor de un libro titulado Las casas de mis amigos. Hay una especie de hornacina giratoria oculta tras uno de los entrepaños y en la que cierta vez. —Podrían convertirlo en un parque de atracciones —intercaló Bristow. Su sola presencia parece traerle a uno el recuerdo de alguna tragedia que hubiese tenido lugar en la pequeña sala adjunta. una vez destruidos. Como usted puede ver. No creo. Queda ridícula sobre esas losas de mármol. y fue allí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. hubo de esconderse el propio Carlos I.

no se olvide de que estaba yo presente en la casa. —Quisiera saber cuándo se cambió —murmuró pensativo.d2g.com la suya. diría que esa cacareada teoría de Einstein es solo una pura patraña. Es cuestión de proporción. La casa estaba llena de amigos venidos expresamente para tomar parte en el gran baile. —¡Tonterías! —explotó Monckton—. y así podremos conocerlo nosotros también. algo inesperado —empezó diciendo—.004 http://biblioteca. —Claro que fue un suicidio —dijo—. Había abandonado su talante agresivo. El coronel le miró sorprendido. —La casa se cerró inmediatamente después de ocurrida la tragedia — prosiguió aquel— y todo se dejó tal cual estaba. recalcando las palabras— que fue un suicidio. el coronel se arrellanó cómodamente en su asiento. —¿Por qué se suicidó lord Charnley? —preguntó. verdaderamente. —Nadie lo supo nunca —contestó vagamente. ¿no es verdad? Y aun quizá de algo más que de proporción. Bristow intervino en la conversación con una pregunta. —Ha debido ser recientemente —contestó Monckton—. El señor Satterthwaite volvió a mirar en dirección a la silla vacía que había a su lado y. El coronel Monckton se agitó en su silla con muestras de desasosiego. De eso que llaman relatividad. Con una especie de amansado gruñido. ¿No acabo de decir que prácticamente lo vi yo con mis propios ojos? —Cuéntenos lo que pasó —interpuso el señor Satterthwaite—. Querido amigo. —El suceso fue.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Sé lo que quiere usted decir —dijo el artista—. Charnley parecía hallarse completamente normal. y hasta casi me atrevo a afirmar que no le falta razón. —Supongo —interpuso el señor Satterthwaite. ¡Y de las gordas! ¿Cómo es posible una cosa así cuando las ideas han perdido toda precisión y son solo una masa confusa en nuestra mente? El refuerzo llegó de donde el señor Satterthwaite menos se lo esperaba. Igual que esos espiritistas que hablan con nuestras abuelas —Dirigió una mirada feroz a su auditorio—. —Si me lo permite —respondió Monckton—. El señor Satterthwaite meneó la cabeza. sonriéndose como si hubiese escuchado una broma que a los otros no les hubiese sido permitido oír. ¡Claro que fue suicidio! —prosiguió—. ¡Claro! Todavía recuerdo una conversación que sostuvimos acerca de ella el mismo día de la tragedia. Nadie hubiese sospechado que fuera a quitarse la vida en . Charnley decía que su verdadero sitio era una vitrina. murmuró quedamente: —A veces ocurre que uno ve las cosas con mayor claridad mucho después de haber ocurrido el suceso.

.. crédito alguno a sus palabras. —Exacto —asintió Monckton—. puesto que ella no podía distinguir bien sus facciones desde donde estábamos. que cerró con un portazo... y una o dos personas más.». Impropio de Charnley. Las dos estaban cerradas por dentro. podría hacerles un croquis del lugar. si no recuerdo mal. —Imposible. Si tuviera papel y lápiz. Tuvimos que echarla abajo. Una da al vestíbulo y la otra al salón de la Terraza. Él no prestó atención y entró en el salón de Roble. —Tenga presente —añadió el coronel—. la señora desea saber si. Pero no puede ser asesinato sin un asesino. . Recuerdo claramente haberle oído decir en voz alta: «Lord Charnley. Intentamos abrirla.d2g.004 http://biblioteca. Algie Darcy y. La joven Ostrander dijo después que tenía la mirada vaga y la cara cubierta por una mortal palidez. —¿Y aun así fue suicidio? —Sí. Charnley cruzó el salón precisamente por el vestíbulo y se dirigió al salón de Roble. que fue una de las damas de compañía de alguna de las señoras presentes. oímos el disparo. —El asesino pudo muy bien haberse escapado —sugirió el señor Satterthwaite. Éramos tres o cuatro los que estábamos en el descansillo superior de la escalinata: yo mismo. —Por supuesto —hubo de admitir Monckton—. Pero sí que caminaba muy encorvado como si el peso del mundo gravitara sobre sus espaldas. Hay otra puerta en el salón de Roble que da al salón de la Terraza. con las llaves puestas en las cerraduras. pero no dimos.. »Bajamos corriendo en dirección al lugar de donde procedía la detonación.. Una de las jóvenes le llamó por su nombre. Charnley yacía muerto en el suelo con una pistola cerca de su mano derecha. —Impropio —añadió el señor Satterthwaite. a quien lady Charnley había tenido la amabilidad de incluir en la reunión y que buscaba a Charnley con objeto de darle un recado. pero también estaba cerrada. Espero que estará de acuerdo. Creo. Un minuto más tarde. que aunque hace un momento me burlaba de los espiritistas. —Hubiese sido de mejor gusto esperar al menos a que se hubiesen marchado —comentó el señor Satterthwaite. Y lo repito. Siguió una pausa. supongo. Fue de muy mal gusto hacer una cosa así.com el preciso momento en que empezaban a llegar los invitados.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la joven Ostrander. no tengo inconveniente en admitir que había algo diabólico en el ambiente de aquella casa. ¿Qué otra cosa podía haber sido sino suicidio? ¿Un accidente? ¡No me diga! Solo cabe otra posibilidad: asesinato. como es natural. —Y eso es todo —terminó el coronel Monckton en tono triunfal. —¿La ventana? —Cerrada también y con los postigos echados. Oímos cómo la llave giraba en la cerradura. Hay solo dos puertas en el salón de Roble. —Así parece —contestó el señor Satterthwaite con tristeza.

a pesar de haber sido cambiado el parquet repetidas veces.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Es extremadamente difícil saber dónde tiene uno exactamente el corazón. —¿Útil? Me parece una palabra inadecuada. no he visto nada. —Lo interesante —añadió Monckton— es que jamás llegaremos a saber el misterio que se oculta tras esa tragedia. Pero estoy seguro de que no habrá un solo criado de la casa que no jure lo contrario. —¿No ha visto nunca a la Dama Llorosa con el aguamanil de plata? —No.d2g. ¿No cree que. —Superstición. En el corazón. sin sentido.. Nadie salió beneficiado con la muerte de ese hombre. —No es una novela de misterio —dijo Bristow—. El señor Satterthwaite meneó la cabeza visiblemente preocupado. feliz. —Nadie. por fortuna.. —Bien. —Muy poca. joven. espero que se haya convencido.. Según palabras del doctor. El coronel Monckton continuó: —Charnley es un lugar tenebroso. la superstición pude resultar útil? Bristow le miró con sorpresa. Todavía existen vestigios de ella.com especialmente en aquella sala en particular.. personalmente. en el preciso día en el que celebra el regreso de su luna de miel. está ya a punto de desaparecer. por lo visto. «curiosamente poca». muy satisfecho. —Y frunció el entrecejo.. Ya sabe cómo es la gente. Naturalmente. que un hombre recién casado. circularon rumores de todas clases. rico. Había esperado llegar a alguna solución. . —¿Dónde se pegó el tiro? ¿En la cabeza? —No. —Pero lo cierto es que nadie sabe nada en concreto —dijo pensativamente el señor Satterthwaite. pero ni él mismo sabía cuál. con excepción de un hijo que todavía no había llegado a nacer —interpuso el señor Satterthwaite. nunca la he visto —contestó enfáticamente el coronel—.. Al menos. La de la sangre del pobre Charnley. Satterthwaite —añadió el coronel. —No es el modo más fácil de suicidarse —interpuso Bristow—. aunque.004 http://biblioteca. —La superstición fue una de las plagas de la Edad Media —dijo Bristow—. —¿Había mucha sangre? —preguntó el señor Satterthwaite. sí —contestó este—. —repitió en voz baja—: Los hechos.. —Oh. Supongo que ahora existirá otra mancha. —musitó el señor Satterthwaite con la mirada fija en la silla vacante—. pero admito que hay que rendirse ante la evidencia de los hechos. aunque yo. No estaba. a mí no se me hubiera ocurrido nunca hacerlo de esa forma. Hay en sus entrepaños varios orificios de bala como resultado de los duelos que en él han tenido lugar y una extraña mancha de sangre en el suelo que siempre reaparece.. en ocasiones. Pero encuentro muy extraño.

Teníamos todo el compartimiento para nosotros dos. —¡Pobre muchacha! —contestó Monckton—. solo para descubrir que.004 http://biblioteca. algo tan terrible que fuera casi inimaginable.Solo he conocido una mujer que fuera. Un tren es un sitio tan bueno como otro cualquiera. ya no sería capaz de volver a salir de él? . Otro hombre u otra mujer. pero es así. —Hay que reconocer que esto último fue un golpe para el pobre Hugo Charnley —comentó—. ni exhaló una queja. bien.. Debe haber sido una de las dos cosas. Después de todo —añadió en actitud de reto— ¿qué tiene de particular que un hombre y una mujer se encuentren en un tren? —Nada. Mandó cerrar la casa poco después del suceso y no ha sido vuelta a abrir desde entonces.. Se imaginaba claramente la escena ocurrida entre el positivo y realista Bristow y la etérea sombra. No vertió una lágrima. pero empezamos a hablar. —¿Quedó la viuda muy desconsolada? —preguntó Bristow. —Supongo que si algo terrible le sucediera a uno. En todo se meten.. seguimos en las tinieblas en lo que respecta al motivo. —Pero no en el sentido que usted quiere dar a la frase.. En un tren.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. No sé por qué. que saltó: —Puede usted sonreír. interesante. —Aunque el hecho de que la viuda no se haya vuelto a casar — prosiguió aquel— hace pensar en la posible existencia de una mujer. No parecía muy real. Tan pronto como supo la noticia de que un heredero estaba a punto de venir al mundo.com Monckton reprimió una irónica sonrisa. No sé su nombre. una desgracia —Se detuvo como buscando palabras con que expresar con claridad sus pensamientos—... —Yo venía del norte. —Así pues —dijo Bristow..d2g. refugiarse en su propio mundo interior. El señor Satterthwaite asintió benévolamente. pasado el tiempo. Fue una ansiosa espera también para sus acreedores. una visión. Odio a las mujeres —dijo desapasionadamente. Nunca la podré olvidar. ¿verdad? —Eso parece —se limitó a contestar el señor Satterthwaite. Todo lo embrollan. Al final fue un niño y un gran desengaño para todos ellos. Interfieren en el trabajo de uno. acompañando sus palabras con una discreta risita—. —Siempre imaginé que habría al menos una —replicó el señor Satterthwaite. ni creo que volvamos a vernos. Podría ser. como la llamó. Ni estoy seguro de desearlo. nada —contestó el señor Satterthwaite en tono conciliador—. sino como una visión. Como una mujer salida de aquellas montañas de las leyendas gaélicas. El encuentro fue casual. se vio obligado a esperar a ver si sería niño o niña. El señor Satterthwaite dibujó una enigmática sonrisa advertida por Bristow. se volvería uno así. huyendo de la realidad. Quedó como petrificada por el dolor. ¿Podría uno acaso. Son.

Su postura le hacía dominar la habitación. Su visita a una hora tan intempestiva no dejó de intrigarle. Alta. Su personalidad. No la conocía personalmente. es simplemente que. pero sí que me alegro de haber encontrado esta noche la excusa. Es la señorita Aspasia Glen. cara a cara con la mujer. como el chal de una humilde obrera de fábrica o el tocado de una muchacha de campo y un centenar de personajes y. Cuando quiero algo. no puedo esperar. En cuanto al motivo de mi visita —se rió—. no dominar. La señorita Glen ocupaba el centro de la habitación. como vulgarmente se dice. metiéndose. morena. Era indudablemente una hermosa mujer y era evidente que confiaba en ello. Con unas breves palabras de excusa. —Es verdad —dijo el señor Satterthwaite—. Esperaba escuchar algún anuncio de importancia. sentada en un elegante sofá tapizado de oro y brocado. esta visita tan intempestiva — dijo con voz muy bien modulada. señor Satterthwaite. cuando deseo una cosa. abandonó la sala en la que se hallaba con sus amigos y se dirigió al gabinete. Tan pronto le servía para imitar la cofia de una monja. Con la ayuda de un pañuelo había interpretado con brillantez los más variados personajes. pero las palabras del mayordomo le defraudaron. La perspicaz mirada del señor Satterthwaite observó al punto que el deseo de aquella mujer era dominar desde el principio la situación. al público de Londres en el bolsillo. Aspasia Glen se mostraba totalmente distinta. dio una serie de matinés individuales.004 http://biblioteca. Es el único modo de poder llegar a una conclusión. Como artista. Nada me dijo y por tanto es una mera suposición mía. rondaría los treinta y cinco años de edad. Pero en aquel momento. ¿Quién no lo conocía en Londres? Anunciada primeramente como «la mujer del pañuelo». había sido siempre atrayente y simpática.d2g. Había sido un sincero admirador del arte de Aspasia Glen. dulce y llena de seductores matices—. Es preciso imaginar un poco. en todos ellos. Por extraño que pudiese parecer. El señor Satterthwaite se levantó asombrado.com —¿Es eso lo que le ocurrió a ella? —preguntó el señor Satterthwaite con curiosidad. —Sea cual sea la razón que haya traído hasta esta casa a una mujer . —Ha venido una señora que desea verle con urgencia. llegada a él a través del fulgor de las luces de las candilejas. No necesito decir que desde hace tiempo acariciaba la idea de conocerlo —añadió—. —No lo sé —dijo Bristow—. había merecido por parte del señor Satterthwaite las más fervorosas muestras de admiración. Había algo duro y caprichoso en su aspecto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. tengo que conseguirlo. —Debe perdonar. la primera sensación fue la de repulsión. Levantó la vista con rapidez al oír abrirse la puerta. Conocía bien el nombre de Aspasia Glen. Su objetivo en escena era agradar. sin embargo. la impresión fue totalmente diferente.

ir directamente al asunto. Pero el señor Satterthwaite. pocos serían los que se negarían a complacerla.. el señor Satterthwaite descolgó el auricular. Se trata de un regalo. dibujando la más encantadora de las sonrisas. Verá.. permítame que aproveche esta oportunidad para darle las gracias por los agradables momentos que me ha hecho usted pasar sentado en mi butaca. —¿Tendría la bondad de decirme si puedo hablar con el señor Satterthwaite? —Al habla el mismo Satterthwaite. no tal cual pretendían aparecer ante él. . Ella se inclinó sonriente. aunque me esté mal el decirlo. —Entonces.d2g.. pero no era así.. quería conseguir su deseo. —Permítame ahora —dijo—. ¿me va a ceder el cuadro? El señor Satterthwaite meneó la cabeza con lentitud y la expresión de lamentarlo mucho. Deberían gustarle. —Oh. Traigo conmigo mi talonario —Dirigió al señor Satterthwaite una mirada henchida de esperanzas—... Aspasia Glen había cometido la grave equivocación de considerarle como uno de tantos viejos verdes extremadamente sensibles a la lisonja de una mujer bella. Así que aquel era el método de Aspasia Glen. tras sus galante maneras. Todos me han hablado de su proverbial amabilidad —continuó diciendo— y.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. cueste lo que cueste. El timbre del teléfono que había en una mesa contigua sonó estridentemente y. de ser posible —dijo—. la gente acostumbra a ser amable conmigo.. lo quiero.. Querido señor Satterthwaite. Estuve hoy en las Harchester Galleries y vi un cuadro cuyo solo recuerdo me quita el sueño. —Es usted muy amable conmigo —dijo Aspasia Glen. Pero el señor Satterthwaite era refractario al fingido capricho infantil y a los alardes de feminidad. murmurando unas palabras de excusa.com hermosa como usted. —Me temo que eso es imposible. Y Aspasia Glen no lograría su objetivo porque no estaba dispuesto a cederle el cuadro de El cadáver de Arlequín.004 http://biblioteca. —Apreciada señorita. que parecía llegar de una gran distancia. le habló. Puso a trabajar rápidamente a su cerebro.—e hizo una pausa—.. —Estoy seguro que. por razones que todavía no se le alcanzaban. simplemente he de conseguirlo. sino a la egoísta sin sentimientos que.. buscando el modo de salir lo más airosamente posible de la situación sin descortesía. merece mi más completa aprobación —contestó el señor Satterthwaite con galantería un tanto anticuada. escondía un cerebro crítico y astuto. —hizo una pausa—. el cuadro lo compré para una dama. Veía a las personas tal cual eran. Una voz fría y fina. pero de todos modos. Así pues. Quise comprarlo y me dijeron que no podía ser porque había sido adquirido por usted. Y lo que en esos momentos veía ante sí no era la mujer hermosa que implora una extravagancia.

—¿Sería usted tan amable de acompañarme al otro salón? Me gustaría presentarle a unos amigos. Siguió un breve silencio.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Bristow. lo atravesaron y entraron en el salón de fumar. —Lo que sea. En su fuero interno. La señora a quien precisamente va destinado llegará a esta casa dentro de breves instantes. Sé que le fue vendido a usted. querida señora. se había convertido de pronto en uno de los personajes principales. Se volvió a su visitante. —Si se digna usted aceptarlo como un regalo. —oyó una corta exclamación tras él y se apresuró a remachar el clavo—: Lo compré pensando en usted. El señor Satterthwaite colgó el auricular y se volvió a la señorita Glen. Se veía en medio de un misterioso drama que poco a poco parecía irse desarrollando y acercándose a su fin.com —Yo soy lady Charnley. pero tengo un gran interés en poseer esa pintura —Se detuvo breves instantes—. se la oyó decir con voz queda: —Iré ahora mismo. Le abrió la puerta que conducía al vestíbulo. Esta preguntó con rapidez y en un tono que delataba a las claras su contrariedad: —¿Era el cuadro de que antes hablábamos? —Sí —contestó el señor Satterthwaite—. por razones que solo a mí me conciernen. mero espectador. la cara de Aspasia Glen se deshizo de nuevo en sonrisas. Se alegró en extremo de que Aspasia Glen no pudiera escuchar sino una parte de la conversación.d2g. querida Alix. Hace años que nos conocimos. pasado el cual. —Hay algo que deseo pedirle.004 http://biblioteca. señor Satterthwaite. se lo aseguro. —Mi querida Alix. ¿Sería usted tan amable de vendérmelo? El señor Satterthwaite pensó: Esto es un verdadero milagro. —Señorita Glen —dijo—. Alix Charnley. Ahora quiero a mi vez suplicarle un favor. permítame que le presente a un antiguo amigo mío. Señor Satterthwaite. Claro que la recuerdo. el coronel Monckton. De pronto. Estuve hoy en las Harchester Galleries visitando una exposición de cuadros y había uno titulado El cadáver de Arlequín que debió llamar su atención puesto que la acción se desarrolla en el salón de la Terraza de nuestra casa de Charnley. deseó vivamente adquirir ese cuadro. el señor Satterthwaite se sentía extrañamente agitado. ¡Le estoy tan agradecida! Él prosiguió: —Quiero que venga usted a mi casa sin perder un instante. Él. autor del cuadro . me hará usted el más feliz de los mortales. —¿Va usted a darme la oportunidad de intentar persuadirla de que me ceda el cuadro? —Le daré la oportunidad de persuadirla. No sé si todavía se acordará de mí.

mirando recelosamente al señor Quin. Aspasia Glen se volvió a Frank Bristow.. Un gran parecido — Miraba fijamente al señor Quin—. El problema es que nunca nos contentamos solo con ver las cosas. Sería quizá una ilusión óptica. Se estremeció al ver que una tercera figura se levantaba de la silla que él mismo había dejado vacía unos minutos antes. ha hecho trabajos deductivos verdaderamente extraordinarios. —El señor Satterthwaite es un poco dado a la exageración —dijo reposadamente—. Debo añadirles que mi amigo el señor Quin. pero le pareció ver que la mujer se estremecía visiblemente y que una extraña expresión cubría sus facciones..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Es usted un médium acaso. sino que generalmente nos empeñamos en darles una interpretación errónea. me he tomado la libertad de presentarme yo mismo a sus amigos. En una o dos ocasiones en que ha estado conmigo.. De pronto. —Quisiera saber. —Ya les dije que esperaba a alguien —habló el señor Satterthwaite con aire de triunfo—.. —Nada de eso —se dispuso a explicar el señor Quin—. Hay un parecido. —Todo eso me suena a algo enormemente complicado —dijo el coronel. —¡Ya lo tengo! —exclamó.d2g. ¿qué le dio la idea de querer pintar ese cuadro? . yo. En su ausencia. Es usted quien en realidad me hace ver las cosas que constantemente están ante mí. El señor Harley Quin. ¿No lo ve? —prosiguió. Su gran parecido con el Arlequín de mi cuadro.. caballero? —preguntó el coronel Monckton. —¿Qué? —Lo que tanto me intrigaba. Esta vez no fue ilusión. —Permítame hacer las presentaciones —dijo seguidamente—. volviéndose al señor Satterthwaite—. Oyó claramente cómo Aspasia Glen contenía el aliento y hasta la vio retroceder un paso. —Mi querido amigo —empezó a hablar el señor Satterthwaite—. Este sonrió y meneó la cabeza.com que tanto admira. no —interpuso excitadamente el señor Satterthwaite—. Se contuvo al observar la sardónica mirada que brotó de las oscuras pupilas del señor Quin. Bristow rompió a hablar estrepitosamente.004 http://biblioteca. —No. es un hombre extraordinario. pero de las que jamás me hubiera dado cuenta a no ser por usted. Tiene el poder de desentrañar cualquier misterio. Eso no es cierto. —Creo que me esperaba usted esta noche —dijo el señor Quin—. —dijo nerviosamente—. Debe de ser su modestia. No sé por qué me atribuye el mérito a mí.. La señorita Aspasia Glen. yo he hecho cuanto he podido. aquí presente. El hombre que mira por la ventana. pero. Puede hacerles ver las cosas tal cual son.

Había algo irreal en toda su persona.. La puerta se abrió y el mayordomo anunció la llegada de lady Charnley.004 http://biblioteca. contemplar su propio cadáver y enterarse de todo. junto a la ventana y. Luego carraspeó como para aclarar su garganta y empezó a hablar con cierto nerviosismo. no lo sé. lady Charnley —contestó aquella. desde allí. Qué situación más curiosa. como un delicado copo de nieve que oscila suavemente bajo la caricia del viento. Nos conocimos en un tren. La condujo donde estaban reunidos los demás. Supongamos por un momento que está usted muerta. Su voz había adquirido de pronto un ligero acento del otro lado del océano.. la terraza fuera. pero que su alma sigue viviendo. Este es el señor Bristow. me refiero a Charnley. —No es corriente —empezó a decir— ver en mi casa una reunión así. se apoderó de mi imaginación. Tan fría. verlo. El señor Satterthwaite vio que un ligero carmín teñía de pronto sus mejillas. La que ahora se presentó ante sus ojos era una estatua de hielo. —Al coronel Monckton —prosiguió el señor Satterthwaite— ya lo conoce. . Acercó una silla para la recién llegada y todos volvieron a acomodarse en sus asientos. —Tampoco es la primera vez que veo al señor Bristow —dijo sonriendo levemente—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.com Bristow se encogió de hombros. lady Charnley. —Ha sido usted muy amable al venir —dijo el señor Satterthwaite. No la había vuelto a ver desde hacía casi trece años. —No sabría decírselo —confesó—.. Al señor Satterthwaite le recordó el empleado en alguna de sus tantas interpretaciones escénicas.. muy rubia. muy pálida. Lady Charnley inició un gesto de reconocimiento al ver a Aspasia Glen. pero me pareció haberla visto ya en alguna otra parte. que podríamos llegar a aclarar las cosas. Todo parece haberse concentrado en este cuadro y creo. pero se contuvo al no observar correspondencia por parte de esta. ¿verdad? Podría usted permanecer en espíritu. —Quizá en escena —dijo el señor Satterthwaite—... las historias de fantasmas. —Perdóneme —murmuró—. Acababa de oír hablar del suicidio de lord Charnley. Algo en relación con el lugar. El señor Satterthwaite se levantó para salir a su encuentro... La recordaba como lo que un día fue: joven y esplendorosa.d2g. Tan distinta de cuando la conoció. —Encantada de conocerla. si así lo deseamos. Le presento a la señorita Aspasia Glen. pero esta vez no hizo gesto alguno de reconocimiento. Andaba con más aire de deslizarse que de moverse. —Y el señor Harley Quin. —Enterarse de lo que había ocurrido. La gran sala vacía. Le estuvo observando detenidamente. —¿Qué quiere usted decir con enterarse de todo? —preguntó Aspasia Glen.

Mi hijo Dick quiere que reabramos la casa y vivamos en ella. como hipnotizada.com —¿Supongo que no tratará de meternos en una séance espiritista? — protestó el coronel Monckton—. Después. —No —contestó Alix Charnley—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Lady Charnley lo sabe —estalló súbitamente Frank Bristow. Parecía como si aquel exabrupto hubiese tenido el don de hacerle soltar la lengua. Me hace recordar a la Dama Llorosa con el aguamanil de plata. Como una mujer salida de aquellas montañas de las leyendas gaélicas». —Tiene usted razón. una imagen reflejo de algo. Nada hay que pueda dolerme ya. —¿Al pasado? —dijo lady Charnley. —Se lo diré si tanto lo desean. —Una carta de una pobre muchacha. ¿Por qué razón? Nadie lo sabe. —Tonterías —dijo el coronel Monckton. así la había llamado. acercándonos. y comparto su creencia. —¿Qué carta? —preguntó el señor Quin. Lord Charnley se pegó un tiro. —No —contestó el señor Satterthwaite—. Lo sé.004 http://biblioteca. —Me refiero al suicidio de su marido.. pero yo le digo que no puede ser. Separada de nosotros por catorce largos años.. «Una visión». No se trata precisamente de una séance. Pero. ¿Dónde. pues. pero pensó: Parece que nos vamos acercando por momentos. Ésta miraba fijamente al artista. donde se rompió con estrépito. Ese es el motivo por el que nunca más podré volver a Charnley. Sé que el tema debe dolerle. Le encuentro un tanto raro esta noche.. ¡Tras! La taza de café que había sobre la mesita al lado del codo de Aspasia Glen cayó al suelo. uno puede ver las cosas tal cual fueron y no como parecieron en un principio.d2g. ¿a qué? —Volvamos con la imaginación a aquella noche de hace catorce años —dijo—. No me duele. Era directora de esa Sociedad . que volviendo la vista al pasado. Pero aquí mi amigo el señor Quin cree. —¿Puede usted decirnos el motivo. Asintió con la cabeza y empezó a hablar con voz que empezó a recordar un copo de nieve por lo aterciopelada y fría.. estaba la verdadera Alix? Su mente no tardó en responder: En el pasado. Lady Charnley se agitó ligeramente en su silla.. pero se detuvo mirando a lady Charnley con el ceño fruncido. me asusta usted. habló con el comedimiento y la naturalidad de un niño. Alix. Encontré una carta entre sus papeles y la destruí. Una sombra. lady Charnley? —dijo el señor Quin. Ella le miró. Una visión.. y el nombre la describía con exactitud. —Querida mía —dijo—. El señor Satterthwaite se acordó en aquel momento de las palabras de Bristow: «No tenía nada de terrenal. El señor Satterthwaite no permitió que se excusara. No creo que importe ya que se sepa.

—No —le interrumpió el señor Satterthwaite—. Imagino que lo que ustedes vieron fue un hombre con un disfraz. ¿cómo es que vimos a Charnley entrar por la puerta del salón de Roble? —preguntó Monckton. sino el de la Terraza. —Exactamente. Eso es lo que he querido decir. Él le.. Nos hemos reunido esta noche a causa de él. De haber estado donde dice.com Protectora de la Infancia. Debió recibirlo.d2g. Pero no explica por qué pintó el señor Bristow ese cuadro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El coronel Monckton se sonó con un pañuelo. solo . como una colegiala que acaba de recitar una lección por ella sobradamente sabida. cuando entramos unos minutos más tarde.. —¿La nefasta influencia del salón de Roble. Esto fue lo que le impulsó a quitarse la vida. Y ella también iba a tener un niño.? —empezó a decir el coronel. ¿Así que era eso? —dijo—. No del salón de Roble. Estoy convencido de que les va a sonar a algo así como a locura lo que voy a decir. Esto explica ciertas cosas. —Y además porque. Ese cuadro tenía que ser pintado. —¿No me dijo que no les fue posible verle la cara? —preguntó el señor Satterthwaite—. pero ese cuadro es el verdadero foco de todo. puesto que el cuerpo apareció tendido precisamente en el salón de Roble. —¿Ah. —Supongamos que no estuviese allí —argumentó el señor Satterthwaite—. —Y en ese caso. puesto que prosiguió: —Sí. Escribió diciéndoselo así y que iba a ponerlo en mi conocimiento. que se dirigió al salón de Roble. como la venganza. sí? —exclamó el señor Satterthwaite—. —Lo cual es del todo imposible —añadió el coronel—. —Un hombre con un traje de brocado y una peluca —acabó Monckton. Dirigió una mirada triste y soñadora a su alrededor.004 http://biblioteca. ¿cómo es que nosotros lo encontramos en el salón de Roble? —Alguien pudo haberlo transportado allí —contestó el señor Satterthwaite. Y ustedes creyeron que se trataba de lord Charnley al oír que una de las muchachas le llamaba por su nombre. —Dios santo. Supongamos por un momento que estuviese realmente en el sitio en que el señor Bristow lo vio (quiero decir lo imaginó) tendido sobre las blancas y negras baldosas y frente a la ventana del salón.. ¡Ahí es donde está la verdadera clave! El espíritu del difunto de pie junto a la ventana del salón y contemplando desde la misma su propio cadáver.. —Está diciendo tonterías —objetó el coronel Monckton—. —¿Qué quiere decir? El señor Satterthwaite miró al señor Quin como implorándole un gesto de aprobación y aliento. le había hecho la corte justo antes de que nos casáramos.

Él prosigue su camino sin volver la vista. Pasemos ahora al segundo capítulo. pero que parece servir de eslabón al encadenamiento de los hechos.004 http://biblioteca. le llama por el nombre desde uno de los descansillos de la escalinata. que ese hombre es un canalla. —Todo lo que acaba de decir es una sarta de disparates —dijo Monckton—. Nadie se detiene a considerar otra hipótesis. —Una carta encontrada después —replicó el señor Satterthwaite—. No puede prescindir de esto. arrastrara su cadáver hasta el salón de Roble y allí lo dejara con una pistola a corta distancia de su mano derecha.. —No —contestó este con desaliento—. Parece evidente que lord Charnley se ha suicidado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Monckton. Una carta llena de malicia y falsedad y escrita por una no menos astuta. Olvida que Charnley tuvo un verdadero motivo para suicidarse. Como ustedes recordarán. Todo ha de indicar que la muerte de lord Charnley se debe a un suicidio. —¿Recuerda usted el nombre de la mujer que escribió aquella carta? —Mónica Ford —contestó sin vacilar aquella. y ayudado por una tercera persona. Las puertas son tiradas abajo y la gente irrumpe en la habitación. Pensó que aquel era el único medio seguro de entrar en posesión del título. Supongamos que. Se esconde después tranquilamente en la cámara secreta. quizá sea solo una idea. —¿A qué se refiere? —A la muchacha confabulada con Hugo Charnley —dijo el señor Satterthwaite—. Todo el mundo sabe y usted también. un tanto sorprendido. Que lo matara en el salón de la Terraza.com encontramos el cadáver de lord Charnley. Un hombre vestido de brocado y con una peluca en la cabeza pasa a lo largo del vestíbulo en dirección al salón de Roble y una de las muchachas. Se encaró súbitamente con lady Charnley. —¿No han dicho ustedes que había una especie de escondite secreto en esa habitación? —acertó a aclarar Bristow.d2g. cierra la puerta con llave y dispara un tiro contra la madera de uno de los entrepaños de la habitación. ambiciosa y consumada actriz. Alzó un dedo a la altura de la boca como imponiendo silencio y sepultó unos instantes la frente en la palma de una de sus manos.. a menos que hubiese algún escondrijo. Monckton. Después. para dar mayor veracidad a la farsa. Supongamos que alguien dispara sobre lord Charnley. quien llamó a lord Charnley desde el descansillo de la escalera? . Creo que pudo hacerse sin dificultad. Después habló lenta y vacilante: —Tengo una idea. Satterthwaite.. —¿No fue Mónica Ford.. entra en el salón. No. existían ya otros orificios de bala y la presencia de uno más hubiera pasado completamente inadvertida. que soñó con ser lady Charnley ella misma. —¡Ah! —exclamó con un grito de triunfo el señor Satterthwaite—.

—Hay algo que todavía no nos ha aclarado usted —intervino Bristow—. Tembló usted cuando vio el cuadro. —Mónica Ford —dijo sin aliento—. Pero. pero fue aquella noche cuando interpretó usted su primer papel importante haciendo de «la Dama Llorosa con un aguamanil de plata». Pero cuando levanté los ojos. —Yo estoy seguro de todo lo contrario —expresó con calma—. Si en vez de mencionar a una mujer con un jarro y una palangana hubiese dicho «la Dama Llorosa con un aguamanil de plata». Pensó que alguien conocía su secreto. ¡Le llaman a usted ahora «la mujer del pañuelo». Era usted quien desde la ventana presenció todo lo ocurrido en aquella habitación y vio lo que hicimos Hugo y yo. pero no creo que pudiera fingir todo el tiempo. —Ése fue su papel aquella noche. pero en cambio hicieron algo para lo que solo se precisaban unos cuantos segundos. No finja más.d2g. —Eso es imposible —intervino lady Charnley—. Creo que entre sus innumerables facetas se contaba la de ser una consumada actriz. ahora te reconozco. sabía que alguien nos observaba.004 http://biblioteca. ¡Alguien más conocía mi secreto! No. no vi a nadie. quizá me hubiese acercado más a la realidad de lo que sucedió allí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Qué se hizo de éstas? No era fácil hacerlas desaparecer en el corto tiempo de que dispusieron. Nadie recuerda haber visto la alfombra de Bokhara en el salón de la Terraza con anterioridad a aquella noche. no me han engañado ustedes con esta comedia de hacer ver que iban desenvolviendo la madeja. —Señaló al señor Quin y añadió—: Usted estaba allí. ¿cómo se las arreglaron para limpiarlas después? —A medianoche —explicó el señor Satterthwaite—. Apartó al señor Satterthwaite con un violento empujón y se encaró temblorosamente con el señor Quin. Lady Charnley extendió una mano acusadora. Una mujer con un jarro y una palangana podía bajar a aquella hora a lavar las manchas sin ningún temor a ser molestada.com —Ahora que se habla de ello. —No —admitió el señor Satterthwaite—. Yo presentí que alguien nos miraba. ¿verdad? —dijo—. El señor Satterthwaite miró a Aspasia Glen al otro lado de la estancia. Solo la vi una vez más. Por eso derribó la taza de café que tenía delante. de todos modos. creo recordar que así fue. Cubrirlas con la Bokhara. —Tenía yo razón. Yo misma hablé con ella más tarde y me contó que era cierto todo lo ocurrido. —¿Y en el supuesto de que alguien pudiese verla? —¿Y qué? —respondió el señor Satterthwaite—. Se levantó de pronto y se encaminó adonde estaba Aspasia Glen. Me pareció vislumbrar una cara . Sin embargo. Fíjese que hablo de las cosas tal cual debieron ser. Lo sentí todo el tiempo. —Creo que tiene razón —dijo Monckton—. Forzosamente tendría que haber manchas de sangre en el suelo. Aspasia Glen saltó como un resorte de su asiento con un grito.

Quise a Hugo y fui su cómplice en aquel repugnante asunto. Usted. pues como ha dicho bien ese viejo apergaminado soy una buena actriz y ha de costarles gran trabajo encontrarme. Gracias. pero murió el año pasado. —Querido amigo —dijo el señor Satterthwaite—. Su recuerdo me ha torturado todos estos años. si me permites que te acompañe hasta tu casa. Alix. No me gusta ir donde no me llaman. Pueden ustedes si gustan poner a toda la policía tras de mí. Mal me lo pagó. —Hagan ustedes lo que quieran. —Ahí es el artista quien habla —observó el señor Satterthwaite. aparte de ser un genio. —¡Reggie! —exclamó dolorosamente lady Charnley al encontrarse sola de nuevo entre sus amigos—. no lo es —respondió Bristow—.d2g. El señor Satterthwaite los vio marcharse en silencio. ¡Reggie! Las lágrimas corrían por sus mejillas. —¡Oh. creo que ganaría en conocimientos y en felicidad. si dejara usted de pensar tanto en la impresión que produce sobre las gentes. —A pesar de todo. hija mía. me gustaría que habláramos allí detenidamente sobre este particular. ¿Por qué ha roto su silencio? ¡Quisiera saberlo! —Quizá para dejar que los muertos descansen en paz —respondió el señor Quin. —¡Es tan increíble poder decir que se vive después de haber estado tantos años muerta! Sí. Supongo que no conseguiría nada más que una fría acogida si me dejara caer por Charnley. pero ya no tan interesante como era —concluyó sombrío. Sé que son muchos los testigos de cuanto he dicho. —Hay que pensar seriamente en lo que se debe hacer —dijo el coronel Monckton—. pero no me importa. Un gruñido de Frank Bristow le sacó de su abstracción y se volvió rápidamente hacia él. se dirigió rectamente al señor Satterthwaite y. Cerró la puerta con estrépito y unos segundos más tarde oyeron la puerta de salida que se cerraba del mismo modo. rodeando su cuello con sus brazos. querido señor Satterthwaite.004 http://biblioteca. Lady Charnley se levantó. era como estar muerta. Tampoco estaría de más que se desprendiera usted de ciertas nociones anticuadas como la de que el nacimiento significa algo en nuestra moderna sociedad. Salió de la habitación seguida del coronel Monckton. —Es una criatura admirable —dijo Bristow con melancolía—. esposo querido! Ahora sí puedo volver a Charnley y vivir allí con mi Dick. le besó con cariño. Ahora podré decirle que su padre era el hombre más bueno y más caballeroso del mundo. Aspasia Glen giró sobre sus talones y se lanzó corriendo hacia la puerta mascullando frases desafiantes por encima de los hombros.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. es uno de esos hombres altos y . De pronto.com pegada a la ventana.

Repítase esto cada noche diez veces antes de acostarse y dentro de tres meses llame a la puerta de Lady Charnley. Ahora debo irme. y mi gratitud será eterna.004 http://biblioteca. Miró a su alrededor como tratando de buscar a alguien de quien deseara despedirse. —Entonces es invisible como Arlequín —replicó Frank Bristow. —Ha sido usted inconmensurablemente bueno conmigo —dijo estrujando la mano del señor Satterthwaite con un potente apretón—. Gracias por una de las noches más extraordinarias que he pasado en mi vida. Acepte el consejo de un viejo que posee una gran experiencia del mundo. La de entrar y salir sin que le vean.d2g. . riéndose de su propia ocurrencia. Una sonrisa encantadora se extendió por la cara del pintor. ¡No le he visto salir! Es un pájaro un poco raro ¿no? —Va y viene cuando menos se lo espera uno —manifestó el señor Satterthwaite—.com proporcionados a quien las mujeres consideran atractivos. Es una de sus características.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Parece que su amigo se ha marchado —exclamó con sorpresa—.

pero en Londres se estaba mejor. Le consolaba la idea de que dentro de pocas horas se encontraría viajando en dirección a Londres. Sí. —¿Era N o M? ¡Vaya..d2g. I.! ¿Es quizá para el señor Satterthwaite? Dice «Sí». ¿Para mí? ¿Para John? ¿Para Sarah? ¿Para Evelyn? ¿No? Pues no hay nadie más. John. Londres era el lugar más apropiado para él. Luego un sobresalto que le desveló por completo. El señor Satterthwaite se sentó frente al fuego en un cómodo sillón. ¿Es eso lo que has querido decir? Ha dado un solo golpe que significa «Sí». se había erguido en el sillón con los ojos brillantes.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. L. Z. Londres era el mejor lugar.. Se alegraba de no haber aceptado. Otro sueñecito del señor Satterthwaite. Madge era una criatura encantadora. No encontraba placer alguno en el monótono recuento del orden alfabético de las letras y de las ininteligibles combinaciones de ellas que frecuentemente solían resultar. —Si no les causo ninguna molestia. media hora antes. pero rehusó. U. sin duda. Le invitaron a que los acompañase. B. —No puede ser P. A. disponían de calefacción apropiada. se va a casar con una linda muchacha llamada Gladys Bun dentro de muy poco. ¿Tienes algún mensaje para alguien de los presentes? Sí. señor Satterthwaite. Cuatro de ellos acababan de entrar en la biblioteca a celebrar una sesión de velador mágico. de vez en cuando. tendremos que contar otra vez! ¡ Ah! De ningún modo. Los párpados se le cerraron y cayó en una especie de duermevela en el que oía. El señor Satterthwaite tiritó de nuevo y recordó que el fuego de la biblioteca solía ser muy reconfortante. estás empujando. ¡Ah. Abrió la puerta y se adelantó cautamente en la oscuridad. Creo que es un nuevo espíritu el que ha venido. Una vez cumplidos los sesenta.. ¿No sabe usted que han sucedido cosas extraordinarias? El espíritu dice que su nombre es Ada Spiers y que John. . Temblaba.. Pocas casas campestres. Llovía copiosamente. Se sentía un tanto viejo y patético. pensó. N. aquí presente. a menos que sea un ruso. Quin. La mesa osciló y una de las muchachas contó los golpes de la pata. —Q.com 10 EL PÁJARO CON EL ALA ROTA El señor Satterthwaite estaba mirando por la ventana. Es un mensaje para usted. —¿Qué dice? El señor Satterthwaite completamente despierto. señor Satterthwaite. Te he visto. fragmentos de conversación.004 http://biblioteca. La mayor parte de los asistentes a aquella fiesta casera eran jóvenes. la invitación telefónica que Madge Keeley le había hecho para pasar unos días en Laidell.

—Dinos algo más.. La mesa se ha quedado quieta. —Parece que no tiene más que decir —dijo uno—. No es tan urgente como yo creía mi vuelta a la ciudad. llegaré antes de la hora de cenar. acostumbraban a ocurrir cosas! ¿Qué habría sucedido o qué es lo que estaría a punto de suceder en Laidell? Fuese lo que fuere había una misión para él. Laidell era un enorme caserón y su propietario. No creo que sea ninguna tontería. I.. Los criados pasaban de largo con las verduras y muchos de sus huéspedes se olvidaban a menudo de emplear con él las más elementales reglas de la cortesía. Eso no quiere decir nada. y otra L. no irradiaba magnetismo ni vigor físico. Una joven respetabilísima llena de vida y dinamismo. Su hija Madge era ya diferente. A. si me lo permites. No hay ninguna palabra que empiece por L. Corría el satírico rumor de que David Keeley era en realidad «un hombre invisible». después de todo. No puede ser. El señor Satterthwaite empezó a contar con los dedos las veces que se había encontrado con aquel hombre misterioso. sana. con frecuencia... David Keeley.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Sigan —dijo el señor Satterthwaite con voz tan incisiva e imperiosa que le obedecieron sin titubear. uno de esos hombres callados cuya insignificante personalidad hacía que. El señor Quin.. para el señor Satterthwaite. De una forma u otra tendría un activo papel que desempeñar. sí. —¿Puedo hablar con la señorita Keeley? ¡Ah! ¿Eres tú. se levantó y abandonó la sala. —¡Qué amable ha sido usted. al venir! —La amabilidad ha sido tuya al permitirme que cambiase de opinión.. Pero como otras tantas inteligencias privilegiadas.d2g. el enigmático señor Harley Quin. Había tomado una súbita determinación. Se encaminó directamente al teléfono. por favor. Cumplida. Parece que se ha detenido. David Keeley era un matemático brillantísimo y había escrito un libro completamente incomprensible para el noventa y nueve por ciento de la humanidad. te encuentro cada día mejor. —Sigan. ¡Qué tontería! —No —contestó pensativamente el señor Satterthwaite—. Y ante el asombro general. Madge querida? Quiero cambiar de opinión. le tomaran por una de las muchas piezas del mobiliario.com —L. Colgó el auricular con las mejillas arreboladas. Fue esta quien recibió al señor Satterthwaite a su llegada. —LAIDEL. A. Su falta de personalidad nada tenía que ver con la potencia de su cerebro. . I. Una pausa.004 http://biblioteca. ¡Cuando el señor Quin aparecía. Estaba seguro de ello. Querida Madge. Sí. normal y extraordinariamente bonita. que cumplir. y aceptar tu amable invitación.

—¿Cómo está usted. aunque un tanto incisiva. y su cara era franca y muy bella. Pero en mi larga experiencia he llegado a la conclusión de que es imposible que nadie pueda saberlo todo con respecto a los demás. —Es usted terrible.com —Oh. Al señor Satterthwaite lo colocaron entre su joven anfitriona y una muchacha . querida? ¿Algo de particular? Ella se echó a reír. —Así parece —contestó ella—. El señor Satterthwaite dio un respingo. Entraron. Siempre adivina las cosas. y juntos subieron a sus habitaciones para arreglarse antes de bajar a cenar. Es un secreto pero no me importa que usted lo sepa. Es un taimado este señor Satterthwaite. —¡Oh! ¿Cómo está usted. Forma parte del interés y del encanto de la vida. La mesa era de caoba y de forma oval. Satterthwaite? —oyó decir al señor Keeley. —¿Esas tenemos? ¿Al fin ha llegado el gentil caballero de los cuentos de hadas? La frase era un tanto anticuada.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. señor Satterthwaite. pensó Madge. —¿No debo preguntar quién es el afortunado? Entonces lo único que puedo decir es que espero que sea merecedor del honor que tú le dispensas. —¡Oh! Creo que nos llevaremos muy bien —dijo—. pero a Madge pareció gustarle. No le había visto. pero no me refería precisamente a eso. Me muero de hambre. Rompió la marcha al lado de una señora alta y de cabellos grises. ¡Ha sido usted siempre tan bueno y cariñoso conmigo! El señor Satterthwaite era de los hombres que gozaban con el romance de los demás. Tenemos los mismos gustos en todo y esto es tremendamente importante ¿verdad? Tenemos mucho en común y hace tiempo que nos conocemos. Estás en plena floración. —Ya lo veo. Pero se supone que nadie lo sabe todavía. —Nadie lo hace —contestó el aludido con tristeza. Tenía una voz bien timbrada. El señor Satterthwaite se retrasó. sonrojándose ligeramente. Al bajar se encontró con que todos estaban ya reunidos y Madge le recibió al estilo más moderno: —¡Oh! Aquí está ya el señor Satterthwaite. No había traído consigo a su ayuda de cámara y ver que su ropa era manejada por un extraño le causaba cierta turbación. Pasemos al comedor. ¿no le parece? —Indudablemente —replicó el señor Satterthwaite—. me encuentro muy bien.004 http://biblioteca. señor Keeley? —dijo—. Él le tomó la mano.d2g. señor Satterthwaite. Una señora de una sorprendente personalidad. esa es la palabra que estaba pensando. No son de ayer nuestras relaciones y esto produce siempre una sensación de seguridad. —Correré ese riesgo —dijo Madge riendo. Le encantaban los modales y las galanterías anticuadas del señor Satterthwaite. Un victoriano sentimental. ¿Y ha sucedido algo.

No lograba describirla exactamente. se volvió en dirección a Madge. —¿Quién es la dama que se sienta al lado de su padre? —preguntó en voz baja. cuyo parecido con la dama del cabello gris delataba el parentesco materno-filial que los unía. A Mabelle. algo diferente. una chica campechana de voz estentórea y risa cantarina que. Su nombre era Doris y era en conjunto el tipo de mujer que más desagradaba al señor Satterthwaite. ¿No la conoce? Mabelle Annesley. Tenía la cualidad de encantar. ligeramente arqueada hacia el señor Keeley. Hizo un leve gesto con ojos y cabeza señalando a su . El señor Satterthwaite contuvo el aliento. La mano de Madge tocó la suya por debajo de la mesa.. Era como algo inmaterial en comparación con los demás que se hallaban sentados alrededor de la mesa oval. al mismo tiempo. De pronto levantó la vista y sus ojos se encontraron con los del señor Satterthwaite durante un segundo. ¿De la desgraciada familia de los Clydesley? Los recordaba. A su juicio. y sin saber por qué.. volvió a pensar en las demás muchachas con la esperanza de que Doris no hubiese notado su abstracción. Pero. A su lado. Sus pensamientos se truncaron de súbito. Uno de los hermanos se suicidó. De la desgraciada familia de los Clydesley. Quedó asombrado. —¿La señora Graham? ¡Ah.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. incluso más que hermosa. era hermosa. se dijo para sí el señor Satterthwaite. Buscó una frase y la encontró. Podría haber sido tomada por una de esas criaturas semihumanas que habitan en las colinas Hollow. Satisfecho.d2g. Al otro lado de Madge había un hombre como de unos treinta años. despertaba la piedad.004 http://biblioteca. Cuando esta se volvió a contestar a una pregunta que le hizo el hombre que había a su lado (un hombre que hasta aquel momento había escapado a la observación del señor Satterthwaite).com baja y morena. no tenía justificación artística alguna su existencia. Ésta debía ser la más joven de todos. No podía llamársele una belleza. Hacía resaltar la excesiva realidad de todos los demás. parecía afanosa por dar la sensación de alegría a toda costa. Un pájaro con el ala rota... Su propia figura. más que alegre. Escuchaba atentamente la pesada perorata de sobremesa del señor Keeley con la cabeza un poco inclinada en dirección a éste. Era. La palabra que buscaba brotó espontáneamente en el cerebro de este: Enchantment! Eso era. Algo más exquisito e intangible que la propia belleza. no! ¡Usted se refiere a la otra. Los demás estaban distraídos con la conversación.. otra hermana murió ahogada y la otra pereció en un terremoto.. Parecía como si su semidivinidad la perjudicase. Una extraña familia predestinada. Es una Clydesley. Al señor Satterthwaite le pareció que estaba allí pero que podía desaparecer de un momento a otro.

—De ningún modo. De todos modos. aunque un tanto prosaico. Algo hay de eso. al mirar al pasar. —Ése es —murmuró sin más ceremonia. Ella llevaba un vestido de terciopelo azul oscuro. pensé en lo agradable que sería permanecer unos . Su juicio acerca del hombre quedó confirmado. inclinado el cuerpo hacia un lado y punteando suavemente las cuerdas de un ukelele. pero había algo en él que le dio la impresión de no corresponder con el tipo. —Me hicieron venir a buscar mi ukelele —explicó— y. Ella siguió canturreando. El señor Satterthwaite movió la cabeza dando a entender que había comprendido. me gustaría saber de qué se trata.004 http://biblioteca. sin tonterías. hubo de subir a por ellas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. paso a paso. ¿Era entonces el joven Graham el elegido de su corazón? No podía haber escogido mejor en cuanto a apariencia. No era un ritmo de jazz lo que tocaba. Lo hizo junto a ella sobre una reluciente silla de roble.d2g. como si su mente vagase por otros lugares. —Esta noche parece tener un mágico encanto. con frunces y pliegues de tal modo que parecían un trasunto de las plumas de un pájaro. Siéntese. El señor Satterthwaite tenía la costumbre de tomar un par de píldoras digestivas después de cada comida. El señor Satterthwaite penetró en la salita lentamente. sin que al parecer le causase sorpresa alguna su presencia. Inclinada sobre el instrumento. pensó acertadamente el señor Satterthwaite. —Espero no importunarla —empezó excusándose Satterthwaite. Su puerta estaba abierta y. y el señor Satterthwaite era exigente en sus gustos. sino algo mucho más antiguo.com izquierda. Habiéndolas dejado olvidadas en su habitación. Los rayos de la luna penetraban en la habitación a través de la celosía que remataba la ventana. ella levantó la vista. el señor Satterthwaite se detuvo. al pasar junto a esta habitación. Una figura estaba sentada en el bajo antepecho. Harían una buena pareja. dibujando en el suelo caprichosos efectos de luz y sombra. Un trepidar de corceles cabalgando sobre colinas legendarias. Al llegar a su lado. una pareja típica sanamente sociable. Estaba distraído. El señor Satterthwaite se acercó a Graham y entabló conversación con él. Me inclino a creer que no tendrá la importancia que él supone. El señor Satterthwaite se quedó fascinado. ¿No cree? —Sí. pasó por un largo corredor de la planta baja en medio del cual había un gabinete conocido por el nombre de cuarto de la terraza. canturreaba una melodía. Su mano tembló al depositar el vaso sobre la mesa. Algo le bulle en el cerebro. Las damas fueron las primeras en abandonar el comedor. Un joven simpático. Al dirigirse al lugar. Laidell seguía el rito de sus antiguas costumbres.

El señor Satterthwaite hizo ademán de levantarse. Es precisamente todo lo contrario. como un espectro. Trató de iniciar una conversación. Hubo una pausa. —En ese caso. aparece ante tus ojos el país de tus sueños.com instantes en esta soledad con la luna como única confidente. significaba un éxtasis vívido e intenso. pero ella le detuvo. pero sus palabras tuvieron la virtud de hacer estremecer al señor Satterthwaite. le daban el aspecto polícromo de un Arlequín. pero así es.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. —Ha sido una velada muy especial para mí —dijo ella—. no lo soy todavía. en que uno se siente desdichado. Usted encaja también en el cuadro. para Mabelle Annesley. —Creo que lo conozco —dijo el señor Satterthwaite. —Hay veces en especial.. Se echó ligeramente hacia atrás. repentinamente alerta. Alto. Felicidad.. un bosque que nunca te permitirá que salgas de él y. —¿Ah. El sol estaba a punto de ponerse y sus rayos. —¿Feliz? —Tremendamente feliz. Se volvió a sentar. filtrándose a través del espeso ramaje.. . —No me había dado cuenta —dijo torpemente. pero de pronto exclamó—: Ya sé lo que quiere usted decir. moreno. de pronto. —¡Ah! —El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante. Buscaba la soledad porque soy feliz. Salí a última hora de esta tarde a dar un paseo por el bosque y me encontré con un hombre. ¿verdad? —Muchísimo. Sintió como la necesidad de hacer algo. más que humano. ¿Sabe usted lo que es estar en un inmenso bosque de árboles y de sombras espesas que te rodean. un hombre que se salía de lo vulgar. —¡Claro que no! No es que en realidad sea feliz. brillante y hermoso? Solo hay que salir del bosque y de la oscuridad y ya lo has encontrado.004 http://biblioteca. desea huir. pero esta vez se equivoca. algo que. —Es verdad. lo que fuera guardaría relación con esta muchacha. El señor Satterthwaite estaba perplejo. Lo dijo con voz suave y tranquila. —Quise hablarle porque me pareció notablemente semejante a alguien que yo conocía. Con toda seguridad. No pude hacerlo porque desapareció entre los árboles. pero sin saber el qué. Lo que esta extraña muchacha llamaba felicidad no podía ser en modo alguno lo mismo a que Madge Keeley se refiriera momentos antes. sí? Es un hombre interesante. Es extraño. pero no tardaré en serlo —Se inclinó hacia delante—. fuese sobrehumano.d2g. —No se vaya. —contestó ella.

Hubiera dado cualquier cosa porque cesase toda aquella algarabía. que se hayan podido escribir tantas canciones idiotas acerca del amor? Pero tuvo que admitir que aquellos ritmos sincopados no dejaban de tener interés. Como si adivinase su pensamiento. La música prosiguió. pensó el señor Satterthwaite. —Mabelle. pudo observar por encima del hombro la expresión del marido. Claro que muy poco en comparación con el que en él despertaba el anticuado vals. Al atravesar el señor Satterthwaite el umbral. pensó el señor Satterthwaite. —Te están esperando. Ella se sentó en un taburete.d2g. Se cruzaron las obligadas «buenas noches» entre unos y otros y se dirigieron en tropel hacia la puerta de salida hablando todos a la vez. con expresión estúpida en la cara.com —¡Tantas cosas nos parecen hermosas antes de lograrlas! —replicó el señor Satterthwaite—. —Ya voy. Madge y Doris Coles se deshicieron en reproches. Gerard —contestó—. Gerard Annesley se separó del grupo y se . Su voz adquirió un tono calmado y sin entonación. ¿Es posible.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. También él siente sus efectos. hace un siglo que te estamos esperando. Se oyó un rumor de pasos. templó de nuevo el instrumento y se puso a cantar. bichejo. Muchas cosas feas del mundo se nos presentan de la forma más bella. Mabelle Annesley le miró sonriente desde el otro extremo de la habitación y se puso a cantar una balada de Grieg. Era de muy profunda y evidente desesperación. Encantamiento. se detuvo frente a la puerta. «¡Oh. la reunión se deshizo. Madge ofreció bebidas mientras su padre recogía el abandonado ukelele y se ponía a rasguearlo distraídamente.004 http://biblioteca. pensó el señor Satterthwaite. La atmósfera se llenó de humo. Estaba hablando con el señor Satterthwaite. No hay conversación. Era el mismo en quien el señor Satterthwaite no puso atención durante la comida. Ésta se levantó. No hay buena música. Un hombre rubio. Todos la corearon. No hay paz. El señor Satterthwaite volvió la cabeza. Salió de la habitación seguida de cerca por este. ¡Pobre muchacho! La sala estaba iluminada. Mabelle —dijo. Le gustaba la nota de ingenua sorpresa que había al final. «¡Fuiste solo un cisne! ¡Solo un cisne!» Al terminar. cisne de mis sueños!» Era una de las favoritas del señor Satterthwaite. Toda emoción parecía haberse borrado de su cara.

. Eso parecía..004 http://biblioteca. Su anfitrión comprendió la pregunta apenas tartamudeada. que seguía con paso más reposado entretenido en apagar una a una cuantas luces encontraba a su paso. te olvidarás de él. si era posible.. Ya me chocó a mí aquel Canto del cisne. señor Satterthwaite! —invitó Doris cogiéndole del brazo—. ¡Pero. Se detuvieron en el extremo en espera de David Keeley... Había olvidado que le gustan las tragedias humanas.. salió disparado escaleras abajo. —Sí. Madge le cogió por el otro y los tres se dirigieron a lo largo del corredor seguidos por las escandalosas carcajadas de Doris.. es horrible! Se deshizo en sollozos y lágrimas. que era lo primero que debía hacerse. —El canto del cisne. ¿Se acuerda? Era ella la que parecía un verdadero cisne negro.com escurrió sin ser visto por los demás. que era por la que momentos antes les había precedido Gerard Annesley.. Acaba de examinar el. Madge no acertaba a articular las palabras.». Una junto a la sala y otra al final de un largo corredor. —¿Qué. Mañana has de levantarte temprano y. el señor Satterthwaite se preparaba para bajar al comedor a desayunar. Parece que lo tenía muy grabado en la imaginación. —Recoge tu ukelele. Creo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Mabelle —dijo Madge—. sí. cuando oyó que alguien llamaba suavemente a su puerta y entró Madge.. —¡Vamos.. Titubeó un instante y preguntó si podía ver. ¡Oh. —He telefoneado ya a la policía. . —Si usted quiere. el señor Satterthwaite se despidió ceremoniosamente de la señora Graham. señor Satterthwaite! —¡Muchacha! ¿Qué ocurre? —Y le tomó de la mano. Mabelle Annesley.d2g. Dios mío. según me dijo el doctor. si esto no puede ser! Debió estar desesperada al hacerlo en la forma que lo hizo..... —repitió Keeley—. Fuera ya de la sala... —Mabelle. ¿Ahorcada? ¡Imposible! ¡Incomprensible! Procuró calmarla con unas tiernas palabras de consuelo de otros tiempos y. —¡Oh.. En la misma puerta de su cuarto. Los cuatro hicieron juntos la ascensión. La señora Graham y su hijo subieron por la otra. Ya sabe usted el refrán: «Al que temprano se acuesta.... Estaba blanca como el papel y un temblor convulsivo agitaba todo su cuerpo.. a continuación. con las prisas.. Satterthwaite —dijo—.? Algo terrible debía de haber ocurrido. Había dos escaleras. A la mañana siguiente. Lo sabía. Fue esta última la que el señor Satterthwaite tomó para dirigirse a sus habitaciones. —Sí. Encontró a David Keeley con su mirada perpleja e incompetente. —Se ahorcó ayer noche.

. Doris Coles estaba asustada y deprimida. De la puerta. Keeley entró seguido por Satterthwaite. Casi junto al arranque de las escaleras estaba el cuarto ocupado por Roger Graham y. El señor Satterthwaite permaneció unos segundos mirando aquella figura envuelta en un desarreglado montón de vaporosa gasa y observó que el vestido plisado le daba el aspecto del plumaje de un pájaro. con su fúnebre pedazo de cuerda. en un tabique. De vez en cuando. el de su madre. —Increíble —murmuró el señor Satterthwaite.. como de costumbre. Descendieron y se encontraron con que el inspector de policía acababa de llegar. David Keeley. ¿verdad? ¿Oyó algún ruido? —Dice que ninguno. Una repentina sorpresa invadió la mente del señor Satterthwaite. Otra puerta. —¿Estaba abierta? —Creo que sí. compuesta como siempre. Las persianas y cortinas cerradas daban un aspecto fúnebre a la estancia. —¿Dónde está? —¿Quién? ¿Annesley? Creo que abajo. se acercaba un pañuelo a los ojos. Nunca había imaginado que la señora Graham fumase a hora tan temprana. —Annesley dormía allí. Volvió la vista de nuevo en dirección a la figura que yacía sobre la cama. se mantenía en segundo término. pidió que todos los presentes en la casa se reunieran en el salón. con el médico. La tragedia parecía haber afectado a su hijo con más intensidad que a los demás. Continuaron a lo largo del corredor hasta llegar a la penúltima puerta. Estaba materialmente deshecho aquella mañana.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. un antiguo conocido suyo. al otro lado del pasillo. Madge se mostraba alerta y con gesto de determinación. El cuarto no era muy grande y daba señales de estar ocupado por un hombre. unos minutos después. Después de echar un vistazo fugaz a su cara. Por lo menos eso es lo que dijo la sirvienta.004 http://biblioteca. tenía la idea de que no fumaba.com Keeley le condujo por la amplia escalinata hasta el piso superior. La señora Graham. Sobre la cama. La puerta de esta última estaba entreabierta y por la rendija se escapaban unas leves y azuladas espirales de humo. Había en su cara la expresión de aturdimiento del que no acaba de convencerse de la realidad de los hechos. El inspector subió escaleras arriba con el médico y. . Es más. daba acceso a una segunda habitación y de ella pendía sujeto a un clavo un pedazo de cuerda recién cortada. no quiso detenerse en contemplar sus facciones. El desconsolado marido se sentaba solo y un tanto separado de los demás. El señor Satterthwaite quedó agradablemente sorprendido al ver que se trataba del inspector Winkfield. Sus sentimientos parecían estar totalmente dominados. tenía la cara grave e impasible. pasó su mirada a aquella por la cual había hecho su entrada.d2g. frente a él.

Yo me dormí casi enseguida y no recuerdo haber oído ningún ruido. pero las circunstancias que rodean al hecho me obligan a hacer unas cuantas preguntas a cada uno de los presentes y espero que nadie ponga objeción alguna. —¿Y ya no volvió usted a ver a su esposa? ¿No le dio ella las buenas noches antes de acostarse? —Estaba dormido cuando ella entró.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. lo más brevemente que le sea posible. Fuese lo que fuere lo que el inspector pensara. El inspector asintió.. creo que no —contestó Annesley.. Yo me adelanté y les dejé hablando en el vestíbulo. —No había subido aún media hora más tarde —insistió tercamente Annesley. Perdone mi curiosidad. Su voz se le quebró en la garganta. —y añadió volviéndose hacia donde estaba David Keeley—: ¿No es eso lo que usted me dijo? Éste asintió con un gesto. —¿Quiere usted describirme. ¿cuándo fue la última vez que vio usted a su esposa anoche? —Abajo. y cerró la puerta detrás suyo.d2g. por dentro bullía de excitación ante la importancia del caso y de la empresa que habría de acometer. Todos abandonamos la sala juntos. Es suficiente. pero volvió a cerrarla casi de inmediato. caballero. Su voz era tan indecisa y su acento tan peculiar que todos le dirigieron una mirada de reojo. Ahora bien. nada. seguido del doctor Morris.. Que yo sepa. no.. los sucesos de anoche? —Nos fuimos todos a la cama. Carraspeó unos instantes y empezó a hablar: —Es para mí un penoso deber —dijo—. estoy seguro. —No. Procedió a atacar su segundo punto. por ejemplo? —No. ¿había algún motivo para creer que estuviese desesperada? —No. El grito de la doncella me despertó esta mañana. pero ¿querría decirme si oyó alguna vez mencionar a su esposa su deseo de quitarse la vida? El señor Satterthwaite abrió impulsivamente la boca. Empezaré por el señor Annesley.004 http://biblioteca. .com El señor Satterthwaite. —¿No está seguro? —Sí.. no dijo nada. sereno por fuera. —¡Ah! Y. seguro de que no. Había todavía mucho tiempo por delante y no convenía precipitar los acontecimientos. Corrí al cuarto de mi esposa y la encontré tal. —Pero ella subió solo unos minutos después que usted. —¿No le dijo nada. —Comprendido. como que estuviera deprimida. —¿Abajo? —Sí. Entró el inspector Winkfield..

—Es curioso —dijo el inspector. Él mismo se sintió presa de una irrefrenable nerviosidad y las palabras brotaban como desarticuladas de sus labios. en realidad. Yo subí directamente a mi cuarto y cerré la puerta.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Había. Debe de haber alguna buena razón para decir lo que dice. Pero mi esposa pudo haber entrado por la otra puerta que da al corredor. incapaz de contenerse por más tiempo. La señora Annesley no se suicidó.d2g. Fue asesinada. No eran las palabras propias de una mujer que está a punto de quitarse la vida. El señor Satterthwaite se devanaba los sesos buscando una solución más plausible. —Y añadió. Añadió: —Volvió al salón a buscar el ukelele para no olvidarlo esta mañana. que sí. Pero ¿qué valor tendría este ante los ojos de un inspector de policía? Ninguno. . señor. Perdone mi intromisión. —No. pero le pareció que ésta pensaba unos instantes antes de decidirse a hablar con su acostumbrada compostura. Sí. Todos le miraron sorprendidos.004 http://biblioteca. —Ayer noche estuvimos hablando los dos y me dijo que se sentía feliz. señora? Sería ilusión del señor Satterthwaite. —No —admitió el inspector—. Me parece que sí —dijo—. que debe de ser algo más que eso. Se sentía triunfante. caballero —prosiguió volviendo a fijar su atención en Annesley—. Creo que lo llevaba bajo el brazo. ¿cómo es que está ahora aquí? —exclamó Madge señalando dramáticamente el ukelele que había sobre la mesa.. —Sí. Recuerdo haberla visto con él en la escalera en el momento en que yo apagaba una de las luces. es solo una mera sensación. Estamos siguiendo una pista falsa. ¿verdad? —Creo.com La mirada del inspector se posó en la señora Graham. —Perdone. No oí nada. —Pero habremos de convenir. inspector. —Entonces. —¡No! Esta vez fue el señor Satterthwaite quien. Siguió un profundo silencio que rompió el inspector con voz reposada.. tremendamente feliz. roces.. —¿Se detuvo quizá algún momento en su cuarto para hablar con usted. que usted estaba dormido y que tampoco oyó nada? La puerta de comunicación estaba abierta. repiqueteo de tacones en la puerta. Estoy seguro. volviéndose hacia David Keeley—: ¿Se acuerda usted de si llevaba consigo el ukelele al subir? El matemático intentó recordar. no dejaría de haber habido ciertos ruidos. una razón de peso: el misterioso mensaje del señor Quin. Absolutamente falsa. No tenía el aspecto de estar a punto de suicidarse. habló. —¿Qué es lo que le hace suponerlo? —Yo.. pero creo que es mi deber hablar. Quizá no. —Aun admitiendo eso. sí.. —¿Y dice usted.. Un íntimo convencimiento.

a primera hora de la mañana. ¿Había Gerard Annesley matado en realidad a su esposa? El señor . Y era verdad. señor Satterthwaite. pero sin olvidar que nadie puede abandonar la casa sin mi permiso. dejando una señal como si se tratara de algo cortante. el señor Satterthwaite empezó a hablar nerviosamente.com Cruzó la habitación y tocó un timbre.. Recuerdo el caso de la señora Strangeways. Esta llegó y fue precisa en las respuestas. Se había incrustado en la carne. Lo primero que conviene saber es si se llevaban bien o no.. que no le dio las buenas noches a su esposa y que nada oyó? Si es él. no tardaremos mucho en descubrirlo. Averigüe la clase de relaciones que existían entre ambos. y aquí es. Fue estrangulada y después colgada para dar la sensación de suicidio. —Había varias cosas que preocupaban al doctor Morris —Al decirlo miró al doctor.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Hicimos un examen detenido del cadáver. Tiene usted un olfato especial para cierta clase de asuntos.004 http://biblioteca. Esta debió haber sido una mucho más fina y de una contextura parecida a la del alambre.. ¿lo sabía usted? —exclamó el señor Satterthwaite con desencanto. inspector. Tan pronto como cerró la puerta tras el último de ellos. El inspector cortó su perorata con un significativo gesto de la mano y dijo: —Tiene usted toda la razón. La cuerda que aparecía alrededor del cuello no era la misma con la que había sido estrangulada. —No sería el primer crimen que usted nos hubiese ayudado a descifrar. Solo que fue algo así como un fuerte presentimiento y. señor Satterthwaite. quien también se había quedado en la sala y que confirmó esta declaración con un movimiento de cabeza—. ¿El marido que dormía en la habitación inmediata. —empezó a decir el señor Satterthwaite. ¿Quién? Ese es el problema.. Añadió quedamente: —Haré lo que pueda.. de que tiene usted una perfecta idea del caso. a limpiar el polvo. Sírvanse dejarnos solos unos momentos. Esa señora ha sido asesinada. —Entonces. —No me gusta mucho. Verdaderamente un olfato especial. —Pero ¿quién. inspector. donde usted podría sernos de gran utilidad.. La impresión que dejó la cuerda estaba simplemente superpuesta. —Estoy seguro.d2g. Usted tiene aquí acceso a todas partes y puede hacer lo que a nosotros no nos es posible.. Tenía olfato. Una orden concisa envió al mayordomo en busca de la sirvienta encargada de atender las habitaciones. Perfecto.? —¡Eso! —contestó el inspector—. El ukelele ya estaba sobre la mesa en el momento en que ella se dispuso.. El inspector Winkfield la despidió y luego añadió: —Deseo hablar a solas con el señor Satterthwaite.

había unos fragmentos de cartas a medio quemar. ¿Qué le dirás cuando le veas en Laidell. Sin embargo. Estaba vacía.... como de éxtasis salvaje.. Se encaminó a la puerta. señora Graham.. sino irracional. aunque Madge no era un prodigio de perspicacia. no cabía duda. ¡Humo! Un recuerdo hirió pronto su memoria.. y he encontrado un montón de cartas no del todo quemadas. Su impresión fue tal que se quedó unos momentos sin saber qué determinación tomar. no una felicidad racional. Había unas cuantas cenizas. Pero había algo más. . toda mi vida fue como un sueño hasta que te conocí. Roger. la abrió y se quedó mudo de sorpresa al encontrarse cara a cara con la señora Graham. Fragmentos poco coherentes.. El de las leves espirales de humo que salían de la habitación de la señora Graham. Seguro que Madge se hubiese dado cuenta. Subió las escaleras y se introdujo en su habitación. Lo siento de veras: pero ¿qué puedo hacer yo? Para mí ni existe en el mundo nadie más que tu. Pero no hay humo sin fuego. Había otras dos habitaciones ocupadas en la misma ala de la casa. —Cartas de la señora Annesley a su hijo.. pero no escapó a su observación. Muy cuidadosamente. algún otro factor. La vida puede ser un paraíso. Una sensación de alarma pareció retratarse en sus facciones.d2g.. —He estado registrando su cuarto.. Muy animado. Pero este y Madge.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. Tuvo suerte.. querido Roger. Mabelle no había llegado a su cuarto sino media hora después que su esposo. Mabelle hablaba de sí misma como si acabase de salir de una intrincada selva y estuviera ante la expectativa de la felicidad ansiada. Su hijo. Pronto nos reuniremos para no volvernos a separar. David Keeley la había visto subir aquellas escaleras. Ella titubeó unos instantes y luego habló sin mostrar la más ligera emoción. Cerró la puerta tras él y giró la llave.. Obró por impulso. En el centro mismo. hurgó con los dedos entre ellas... el señor Satterthwaite colocó todos los fragmentos en un sobre que encontró en un pequeño escritorio. La de la señora Graham y la de su hijo. Se dirigió al emparrillado de la chimenea. Sufría porque la amaba y el excesivo sufrimiento podía impulsar a un hombre a cometer los actos más reprobables. Nunca lo supe. pero no temo que... Roger. Si Gerard Annesley había dicho la verdad. La amaba. pero que resultaban de un valor inestimable. .. Roger? Hay algo extraño en tus cartas.. Yo creo. Al fin se decidió a hacer lo mejor: afrontar la situación con absoluta sinceridad. Duró solo un segundo.com Satterthwaite recordaba aquel aire de dolor de su semblante la noche anterior. y Gerard lo sabe.

—¡Asesinato! Observó que la señora Graham palidecía intensamente y prosiguió: —Anoche usted oyó a la señora Annesley entrar en el cuarto de su hijo. no sé cómo decírselo. La quiero desde el primer día que la vi. —Usted encontró estas cartas en el cuarto de su hijo. Cuando Roger hubo cerrado la puerta. —¡Esto es una mentira! Estaban tan absortos en su duelo de palabras que no oyeron el rumor de unos pasos que se acercaban. —Era como una locura. Usted cree que yo maté a Mabelle. y que más tarde. señor Satterthwaite. sí? Creí que habrían quedado totalmente quemadas. Esas cartas. —Las cartas las pudo muy bien quemar su propio hijo..d2g. cuando todos dormían en la casa. por asesinato. Ahora comprendo lo que significa dejarse atrapar en las redes . no duran.. Quiero (de esto sí estoy seguro) a Madge. —Pero este era un caso desesperado. La señora Graham no hizo ademán alguno de seguirles. ¿Quiere usted venir un momento a mi habitación. Que la estrangulé aquí. Riñeron y él. Eso es algo que ni aun ahora podría explicar. Pero era imposible. La figura de Roger Graham surgió tras ellos sin que ninguno de los dos se hubiese dado cuenta de su presencia. en esta habitación. la llevé a la suya y la colgué. Ese tipo de cosas que. no lo creo. el señor Satterthwaite contestó sin pestañear: —No.. Pero Mabelle era diferente. Yo la amaba.004 http://biblioteca. —¿Y por qué razón? —La de que mi hijo va a casarse en breve.. No te preocupes.. las trajo al suyo y las quemó.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. —¿Desesperado? —Su hijo corría el peligro de ser arrestado. ¿No es así? Con gran sorpresa de este. —Escuche. Casi le diré que hubo un momento en que llegó a inspirarme temor.com —¿Ah. Mi afecto por Mabelle era.. Yo no podía haber matado a Mabelle. se volvió al señor Satterthwaite.. de haberse hecho públicas con motivo del suicidio de la pobre chica. como una especie de arrebato pasional. —No acostumbró a tener miedo. mamá. ¿Le había comunicado él su actual compromiso? Ya veo que no. El señor Satterthwaite asintió. —Alabado sea Dios. ¡Es tan buena persona! ¡Nos compenetrarnos mucho! Parecemos haber nacido el uno para el otro. Como una especie de encantamiento. ¿o no? No lo sé. No hubiera salido bien. señor Satterthwaite. ¿Por qué? Tenía usted miedo. Se lo dijo entonces a ella. —Está bien. hubieran causado un grave trastorno y dolor. No supo de momento qué responder y el señor Satterthwaite no desperdició la oportunidad que esto le brindaba para proseguir. señor Satterthwaite? El señor Satterthwaite le siguió.

d2g. —¿Es el ukelele de la pobre Mabelle? Su visible condenación hizo que el señor Satterthwaite se sintiera más obstinado que nunca. Es un la. Satterthwaite volvió a recoger el ukelele. recalcando sus palabras—.com de un hechizo. —¡Qué raro! Ah. En la biblioteca se encontró con David Keeley. —Mire —dijo. Le juro. Es natural que se rompa al intentar afinarla.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El acento con que pronunció la frase hizo que Doris le mirara con extrañeza. —¿Qué es esto? —¿No lo ve usted? Una cuerda rota del ukelele. —Yo. falto de interés para un artista y connaisseur de la vida como el señor Satterthwaite. Se levantó. quería dejarlo. Doris Coles entró y le asestó una mirada de reproche. Pero le había vuelto la espalda y preferido la sensata seguridad de lo que sabía que «saldría bien». El ukelele de Mabelle yacía sobre un taburete situado al lado de la ventana. como tal. —¿Quiere usted afinarlo por mí? Si es que puede.. Pudo haber huido de ella. Es demasiado gruesa. La presión excesivamente violenta hizo que saltara. Nada sabía del arte de tocar dicho instrumento. —¿Y no lo hizo? —No. pero no matarla. La sala estaba vacía. Lo cogió. pudo ser algo así —dijo el señor Satterthwaite pensativo. puso una de las cuerdas y apretó la clavija. abandonando el sueño intangible que no sabía adonde le conduciría. Era un joven sensato y. Pero ¡qué tonta es a veces la gente! —Sí —respondió el señor Satterthwaite. —Sí. desmontó la cuerda que había saltado y salió de la habitación llevándosela en la mano. Miedo de su primitiva seducción. Incluso aquellos que pretenden ser muy listos. Roger Graham no era el asesino de Mabelle Annesley. Enseñó la cuerda. pero ¡qué extraordinario! No es la cuerda apropiada. Le tenía miedo. —Se detuvo unos instantes y luego preguntó—: ¿Qué hizo usted con la otra? —¿Qué otra? . Lo cogió y empezó a pulsarlo distraídamente. —¡Claro que puedo! —contestó Doris. que no volví a verla después de darle las buenas noches abajo. Hizo girar hábilmente una de las clavijas. señor Satterthwaite.. que Keeley tomó.004 http://biblioteca. Pensaba decírselo a Mabelle ayer noche. herida en lo más hondo ante la mera sospecha de cualquier incompetencia por su parte. ya veo. Qué estupidez haberla puesto aquí. —Le creo —declaró el señor Satterthwaite. de dejarse arrastrar por su encantamiento. no lo hice —respondió Graham con lentitud—. pero su fino oído le reveló que no estaba debidamente afinado. Dejó a Roger Graham en su alcoba y se dirigió escaleras abajo.

. —¿Está usted seguro? —No conseguí salvarla.. El señor Satterthwaite acogió con alivio la llegada del inspector Winkfield. que le trajeron a la memoria el revuelto plumaje de un pájaro. y miró al señor Satterthwaite con ojos en los que se reflejaba la locura. de un pájaro con el ala rota.004 http://biblioteca. Mabelle volvió a esta habitación en busca de su ukelele.. Una cosa realmente estúpida.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. Más tarde. En nombre de Dios. El señor Satterthwaite se puso a recordar: Madge y Roger. —¡Mi querido señor Quin! —El mismo. ¿y ella? Aquella criatura dotada de un extraño encanto. —Pero ¿descubrió la verdad? —Sí.. bajó y dispuso del cadáver.. Nadie acostumbra a fijarse en mí.. el señor Satterthwaite se despertó de una cabezada y se encontró con que un hombre alto y moreno ocupaba el asiento que había frente a él en el compartimiento del tren. Uno u otro de aquellos jóvenes podía haber sido acusado o quizá declarado culpable.com —La cuerda con la que usted la estranguló. pero del tipo equivocado. ¿verdad? Y rápido. —¿Es la muerte lo peor que puede pasarle a alguien? —Yo. ¿por qué? David Keeley se rió con una risita estridente que hizo estremecer al señor Satterthwaite. Recordó las fruncidas gasas de su vestido. Una vez hecho.d2g. quizá. con su serena felicidad ultraterrena.. —No —admitió al fin—. Veinticuatro horas después. —Su voz se quebró... Su presencia no le causó sorpresa. Estoy avergonzado de mí mismo.. Fue usted quien quitó la cuerda mientras aparentaba jugar con él unos momentos antes y quien la estranguló rodeando con ella su cuello. Nadie nota nunca lo que hago y pensé que me reiría ahora de todos ellos. Así pues... no sé. Hubo una larga pausa. cerró la puerta con llave y se unió de nuevo a nosotros. Muy ingenioso. subiéndolo a su cuarto y dejándolo colgado de la puerta de su habitación... camino ya de Londres. El señor Satterthwaite dijo con lentitud: —No sé cómo puedo mirarle cara a cara.. —¿Por qué lo hizo? —preguntó el señor Satterthwaite—. . He fracasado. Todo se hizo mientras nosotros charlábamos y reíamos en el vestíbulo. —Porque se trataba de algo sumamente fácil —replicó— . Estalló de nuevo en aquella risita sarcástica y convulsiva. La cara de Mabelle a la luz de la luna. y al amparo de la noche. Eso sí. No creo que la muerte sea lo peor.. El señor Quin le miró. Y fue usted quien puso otra cuerda en el ukelele. Pero. puedo decir al menos que he salvado la vida de un hombre. salió..

No tenía probablemente un gran mérito artístico.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero tenía algo especial. . y el señor Satterthwaite era un perfecto connaisseur. El señor Quin había desaparecido.004 http://biblioteca. había una piedra de un color azul pálido sobre la que había grabada toscamente la imagen de un ave. Sobre el asiento. Pero había dejado algo tras él.d2g. Tenía como la vaga cualidad de un encantamiento. vio que estaba de nuevo solo.com Al levantar la vista. Esto pensó el señor Satterthwaite.

! ¿Satterthwaite? Sí. Pero eran tan agradables los términos en que estaba redactada. que el señor Satterthwaite juzgó prudente pasar por alto el hecho anterior. es bastante viejo. Al llegar a este punto en sus meditaciones. sin lazos humanos. ¿Qué era él después de todo? Un viejecito un tanto apergaminado sin hijos o afectos. de no haber sido por esto. ¿Cuál es esa isla que merece su atención? ¿Barata? Este año Cannotti ha subido exageradamente los precios y no pienso volver más a la Riviera. Sesenta y nueve años era una edad interesante. Cualquier lugar que usted . Tranquilidad y comodidad ante todo.d2g. que de haber llegado a tener una esposa. hubiera sido encontrarse en uno de esos estados mentales de desaliento. se aseguró a sí mismo con firmeza. si su informe es favorable. Este último pensamiento le hizo recordar una carta que había recibido aquella misma mañana.com 11 EL HOMBRE DEL MAR El señor Satterthwaite se sentía viejo. Empezaremos diciendo que era de una duquesa y que al señor Satterthwaite le complacía tener noticias de duquesas. si no cien. no se consideraba viejo. Esto no era de extrañar ya que. Se amonestó a sí mismo: aquellos eran pensamientos morbosos y desechables. En su opinión. A nadie le importaba el hecho de que viviese o dejase de vivir. sí. con solo una valiosa colección de arte que en aquellos momentos le parecía poco satisfactoria. Pero sentirse viejo era algo muy distinto. Lo cual era aún peor. Sabía perfectamente. se detuvo. Por lo visto ha abandonado usted la Riviera. sin embargo. una edad de infinitas posibilidades en la que la experiencia adquirida a través de largos años empezaba a dar su fruto. y habrían absorbido su tiempo y su afecto de un modo que hubiera resultado extremadamente molesto. pues ya tenía sesenta y nueve. aun cuando me horroriza realizar un viaje de cinco días por mar. Jóvenes irreflexivos solían comentar a sus compañeros: «¿Quién? ¿El viejo Satterthwaite? Debe de tener. por lo menos ochenta años». en la opinión de mucha gente. en el que el hombre acostumbra a hacerse preguntas depresivas.. Es verdad que la carta comenzaba solicitando una fuerte suma de dinero como contribución a una obra de caridad y que. los hijos hubieran sido motivo constante de preocupación y ansiedad. esa era la cuestión. lo era. quién mejor que él. Me gustaría probar su isla el año que viene. La sacó de uno de los bolsillos y la releyó saboreando con deleite su contenido. es probable que la duquesa no se hubiese tomado la molestia de escribirle. Debe tener sesenta».Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2..004 http://biblioteca. quizá hubiera acabado odiándole o a la inversa odiándola él a ella. Y aún la muchacha más compasiva exclamaba al hablar de él: «¡Ah.

escrita por una joven cantante por quien el señor Satterthwaite se había interesado vivamente. Mientras doblaba la carta. cantantes y escritores. el señor Satterthwaite se alejó del hotel y se dirigió al desordenado puertecito de la parte baja.. decididamente la muchacha no tenía el espíritu. Sacó otra carta.004 http://biblioteca. Con un profundo suspiro. Un perro callejero bostezaba indolentemente acostado al sol en medio del camino.com me recomiende será muy confortable.. Empezó a canturrear para sí: «No oses mandarle. su lengua cáustica. dentro de pocos días. Isolda».. en el cerebro del señor Satterthwaite se reflejó la clara visión de la duquesa. su indomable espíritu. cantaré Isolda. ¡Espíritu! Esto era lo que el mundo necesitaba. pero carente de temperamento artístico. Lo mando yo. Esta isla le deprimía. De todos modos. su inesperada y alarmante amabilidad. El camino bajaba bordeado por espesas buganvillas. un vivo macizo de intenso escarlata que le hacía sentir más viejo y grisáceo que nunca. Nadie parecía comprender que allí estaba él. Después se levantó. estoy segura.. tenaz y con una hermosa voz.. el señor Satterthwaite. Tras proceder a desperezarse hasta los límites del éxtasis. la voluntad indomable que había que expresar en ese final: «Ich. el amigo de condesas. Era una carta llena de frases de cariñoso agradecimiento: ¿Cómo podré agradecerle lo que ha hecho usted por mí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Isolde». se sentó y se dedicó a un buen rascado del cuerpo. se sacudió y miró a su alrededor en busca de cualquier otra cosa buena que la vida pudiera ofrecerle. Satterthwaite: ese desordenado interés en los asuntos de los demás. sobre la que había un sello alemán. Sus agradables maneras. Sólo le salva una cosa. No. Era una pena que tuviese que hacer su debut en el papel de Isolda. Nadie en la isla tenía la menor importancia social ni artística. —Me estoy haciendo viejo. duquesas. La mayor parte de la gente había estado allí siete. Acabará usted por ser uno de esos hombres que sólo viven para su propio mimo y solo piensan en su confort.. Te ruego lo comprendas. catorce o veinte años sin más importancia que la que ellos mismos se concedían.d2g. ¿Por qué había abandonado la Riviera que tan bien conocía y donde todos le conocían a él? Aquí nadie se tomaba interés por su presencia. Se sintió aliviado al dejar atrás aquellas buganvillas y entrar en la blanca calle del pueblo que terminaba en el azul del mar. Me estoy volviendo cansado y viejo — murmuró. señor Satterthwaite? Me parece todavía un sueño pensar que. Olga era una criatura admirable. estaba contento de haber podido hacer algo por alguien. .

siempre atento. sin duda. muy abajo. saludaba a los visitantes y. y subió al fin por la empinada senda que conducía a la cima del acantilado. Estaba muerto. no le había engañado su delicado olfato. Qué expresión de desencanto había en la última mirada de aquel pobre perro que parecía querer decir: «¡Oh. ¡El mundo. fijando en el señor Satterthwaite una triste mirada llena de un vago reproche y se derrumbó. mundo! ¡Mundo maravilloso en quien yo inocentemente confié! ¿Por qué me has hecho esto?». Manuel. pero jamás había entrado en la villa. En este momento y sin previa advertencia. se tumbó de espaldas y se revolcó frenéticamente entre aquellas deliciosas inmundicias. el profundo azul del mar. con su morena tez arrugada por las sonrisas.004 http://biblioteca. Estuvo muchas veces tentado de preguntar a . Era blanca. Continuó su camino pensando en la inconsistencia y crueldad de la vida. un coche destartalado apareció a toda marcha por una de las esquinas. era un paraíso para los perros! Cansado al fin. Un descuidado pero hermoso jardín y una avenida de cipreses conducían a una especie de plataforma que había junto al borde del acantilado. Se la imaginaba saliendo de la casa y paseándose silenciosamente por entre las flores. ¡Un agradable olor a podrido que sobrepasaba todas sus esperanzas! Lo husmeó unos instantes con creciente satisfacción. Era cierto. en un tiempo famosa por su gran hermosura. el lugar de destino del señor Satterthwaite. se levantó y fue a tenderse de nuevo en medio de la calle.d2g. abandonándose a sí mismo. le pasó por encima de pleno y se alejó sin prestarle la más mínima atención.com Había un montón de basura en uno de los lados y a él se dirigió relamiéndose con anticipada complacencia. El señor Satterthwaite siguió andando. obsequiaba con un ramo a las señoras y con una simple flor para el ojal a los caballeros. Pasó de largo la playa de negra lava entre cuyas rugientes olas perdiera años atrás la vida un conocido nadador inglés. las aguas tranquilas entre rocas donde niños y ancianas retozaban haciéndose la ilusión de que se bañaban.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Al borde mismo había una casa designada con el apropiado nombre de La Paz. La casa siempre parecía estar deshabitada. el jardinero español. Se había encariñado con la contemplación de los jardines de La Paz. Dejó atrás los caminos bordeados de palmeras y las dispersas casitas blancas del pueblo. Su favorita era la de que se trataba de una bailarina española. El perro consiguió ponerse de nuevo de pie. aquella mañana. El señor Satterthwaite se acercó y se inclinó sobre él. pero luego. Se quedó unos instantes inmóvil. con verdes postigos herméticamente cerrados y un tanto descoloridos por la acción del tiempo. Era este. escondida ahí para que el mundo ignorase siempre que había dejado de ser bella. y desde donde podía contemplarse abajo. A veces el señor Satterthwaite forjaba sus propias historias acerca de la propietaria de la casa.

Pero en la isla no había cosa alguna sobre la que poder disparar. Nada. eso es todo. Se sentía solo. jugando al polo. aterido. ni juegos.. la reina henchida de odio y de amor. con el aspecto de un hombre que no se ha privado jamás de placer o satisfacción material alguno.d2g. al tenis o al golf. viejo. ¿Qué había logrado de su paso por la vida? Nada. Hubo un inesperado ruido que le hizo salir de su ensimismamiento. artistas atraídos por la hermosura del paisaje. que siguen dando la impresión de cachorros aun después de su completo desarrollo. Le ocurría lo que a muchos perros. —¡Maldita sea! Se volvió y se encontró cara a cara con un joven que le miraba con unos ojos en los que se reflejaba la sorpresa y la contrariedad. un pequeño bigote y cara arrebolada. y lo más aproximado a una mujer bonita estaba representado por la anciana señorita Baba Kindersley. Pero indudablemente pasaría de los cuarenta y no sería tampoco muy arriesgado suponer que andaría rondando el medio siglo. la Isolda de Cornualles. (No. el calificativo de joven le sentaba de maravilla. y a pesar de esto. Prefería sus fantasías. con el acantilado a sus pies. Había un no sé qué de falta de madurez en su aspecto. la pequeña Olga jamás podría interpretar el papel de Isolda. El señor Satterthwaite pensó: Este muchacho no ha llegado a madurar debidamente. Era delicado en sus modales. ojos castaños casi redondos. con excepción del croquet. así que la primera noción que tuvo de la presencia de alguien fue una rotunda y significativa expresión inglesa.) Se estremeció. El señor Satterthwaite solía ser muy certero en estas apreciaciones. El señor Satterthwaite lo reconoció al punto como al viajero que había llegado el día anterior y que le había más o menos intrigado. Sin embargo. pero resistió la tentación. pero el señor Satterthwaite estaba seguro de que nuestro hombre no . Podía imaginárselo cazando fieras. No había oído el rumor de los pasos que se acercaban a lo largo del paseo. Esto le trajo a la memoria los personajes de Tristán e Isolda.. Ni siquiera tanto como aquel perro callejero. Después de cambiar unas palabras con el jardinero y aceptar complacido el capullo de una rosa de té. casi regordete.004 http://biblioteca. pelo rubio tirando a gris. y haciendo la corte a mujeres bonitas. Había. como es natural. Sin embargo...Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el señor Satterthwaite se internó por el paseo de cipreses que conducía al mar. aquella solitaria espera: la llegada de Isolda desde el mar y la muerte de Tristán entre sus brazos. Era realmente maravilloso poder contemplarlo sentado en el borde del vacío. el comienzo del tercer acto con Tristán y Kurwenal. Lo que intrigaba al señor Satterthwaite era la razón que había podido tener para ir a la isla. no había nada de particular en ese hombre PeterPannish. El señor Satterthwaite le llamaba joven.com Manuel sobre la verdad del caso. pues en realidad lo era si se le comparaba con el grupo de inmortales que se hospedaban en el hotel.

A decir verdad. Mientras barajaba todas estas ideas en su mente. Jamás imaginé encontrar a persona alguna en este lugar. Había tenido muy poco tiempo para poder apreciar a la luz del día la belleza de la villa y. después de cenar. No. ¿Dónde había visto. Probablemente de algún hotel vecino. sí? Creí que a esa hora la verja estaría cerrada. —Estuve aquí anoche. pues llevaba impresas en su rostro las señales inequívocas del filisteo1. Disimuladamente. después de anochecer. Su mente poseía la rapidez de un sabueso y recordó que su compañero había llegado al hotel solo la tarde anterior. nuestro hombre añadió: —Salté el muro. del T. no había hablado con nadie. con las puertas y las ventanas cerradas herméticamente. Hubo una pequeña pausa. —¿Ah. Siempre parece haber alguien aquí. Llevaba puesto un disfraz. quizá? No. amistosa. el señor Satterthwaite se volvió a contemplar la casa que. me he sorprendido. Había un ligero tinte de resentimiento en su voz que no escapó a la perspicacia del señor Satterthwaite. hasta aquel momento.004 http://biblioteca.com pertenecía a esta clase. posó una escrutadora mirada sobre su nuevo compañero. Sin embargo. —Le ruego me perdone usted —dijo con cierto embarazo—. hacía no mucho. el otro habló. Su sonrisa desarmaba. como siempre. atrayente. —¿Un disfraz? —Sí. mientras le cedía cortésmente parte del espacio del banco. no era eso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la solución del misterio no estaba allí. —¿Y dice usted que encontró a alguien aquí ayer? El otro asintió. Era encantadora. Algo así como un traje de Arlequín. El otro parecía sentir el efluvio de un alma gemela. aquella particular expresión? ¿Aquella especie de desconcertante resentimiento? —¿Ya ha estado usted aquí con anterioridad? —preguntó el señor Satterthwaite más por decir algo que por otra cosa. se había dirigido directamente a La Paz. ¿Por qué esa insistencia en la soledad? ¿Una cita. El otro aceptó la muda invitación y se sentó a su lado. 1 Persona que solo se interesa por las cosas materiales. ¿Por qué? Casi involuntariamente. —Verdaderamente es un rincón solitario —convino el señor Satterthwaite. —Sí —añadió—. —No estoy muy de acuerdo con lo de solitario —dijo—.d2g.) . permanecía tan muda y sin vida como siempre. pasada la cual y casi sombríamente. (N. quizá comprendiendo que su corta imprecación pudiese haber sido equívocamente interpretada. El señor Satterthwaite le observó desde este momento con suma atención.

—El tipo surgió de repente. Después dijo vagamente: —¡Ah! Sí... el señor Satterthwaite encontró la semejanza que tanto había buscado. Y sin embargo. el . extrañas revelaciones salen a la luz y se hacen sorprendentes descubrimientos. Este hombre tenía la misma expresión que mostró el perro después de ser atropellado. pues donde él se encuentra. ¿Sabe usted algo acerca de la catálisis? El joven lo miró con sorpresa. La misma despreocupación. Sus ojos y los del joven estaban llenos de la misma pregunta y del mismo reproche patético: «¡Oh. —Eso es una tontería. —El sitio ideal para un asesinato —comentó el señor Satterthwaite en tono jocoso. claro. golpeando distraídamente el suelo con la punta de su bastón. —¡Ah! —se limitó a contestar su compañero. —Tengo un amigo. Un paso hacia delante y todo se acabaría para siempre. Su presencia es signo de que algo va a ocurrir. pero esa fue la sensación que percibí. Con lo suficiente para poder vivir holgadamente en cada momento. La misma ausencia de esfuerzo intelectual. Y es evidente que aquí ni siquiera hay sitio para una mosca —añadió asomándose al borde del precipicio—. el mismo alegre abandono a los placeres que brinda la vida. claro. Un corte perfectamente limpio. Siguió sentado con el ceño fruncido. —Debe usted perdonar mi excitación. Tengo la impresión de que fue a mi amigo a quien usted vio anoche aquí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Luego prosiguió. El otro le miró como si no acabara de comprender sus palabras. Su compañero se volvió y le miró con sorpresa. mundo en quien inocentemente confié! ¿Por qué me has hecho esto?». ¡Un instante antes no estaba y al siguiente estaba! Como si hubiera surgido del mar.004 http://biblioteca. Siguió encontrando nuevos puntos de contacto entre ambos. su nombre es el señor Quin. a quien solo puede describírsele en términos catalíticos.d2g. claro. Se detuvo sin aliento. Claro. Me dio un susto mayúsculo.com —¿Cómo? La pregunta brotó como un estallido de los labios del señor Satterthwaite. —Nunca he oído esa palabra. —¡Oh. El señor Satterthwaite dirigió una escrutadora mirada por la pequeña meseta y hacia el fondo del acantilado. —Supongo que habría un baile de máscaras en alguno de los hoteles. claro —dijo el otro—. De pronto.. él mismo no toma parte directa en ello.. ¿Qué significa? El señor Satterthwaite acotó con seriedad: —«Una reacción química cuyo éxito depende de la presencia de una cierta sustancia que en sí permanece inalterable». eso debió ser! —se apresuró a contestar el señor Satterthwaite—.

¿Qué sucedió después? Un coche atropello al perro. Le hablaron de cuidados especiales. un gran número de amistades. un montón de cosas agradables de las que disfrutar y suficientes mujeres.. Ya lo creo que las hay. El señor Satterthwaite tenía una faceta acentuadamente femenina en su naturaleza y era la de saber escuchar tan bien como una mujer y encontrar siempre el momento de intercalar la frase oportuna. el mar e incluso un discreto montón de basura.d2g. plantar un árbol y tener un hijo. y lo sustituye por sensaciones. se había vuelto a despertar con inusitada agudeza. Finalmente había llegado al punto crucial aunque vaga e incoherentemente. Su curiosidad. La clase de vida que en general hace inhibir el pensamiento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. acompañando sus palabras con una risita en tono de disculpa: —He oído un aforismo que dice que todo hombre debería.004 http://biblioteca. aquello. pero no pudieron ocultar la evidencia. No era un portento como narrador. ¿Qué habría atropellado a aquel hombre? El motivo de sus divagaciones le interrumpió al llegar a este punto al exclamar más bien para sí que para el señor Satterthwaite: —Uno se pregunta si acaso vale la pena vivir. al menos.. No se había dado cuenta de ello. construir una casa. una gran afición por los deportes. al parecer. pero nunca en serio. había tenido una vida muy parecida a como el señor Satterthwaite había imaginado. Pero hay cosas infinitamente peores que las que acabo de oír. El señor Satterthwaite se agitó ligeramente.com mundo parecía un lugar perfecto. Anthony Cosdon. En aquel momento empezó a oír la historia entera. Hablando francamente: una vida completamente animal. pensó el señor Satterthwaite desde lo más profundo del pozo de su experiencia. un lugar de delicias carnales. Le . la increíble verdad. Y. Se había quejado alguna vez porque todo el mundo lo hacía. pero el señor Satterthwaite sabía rellenar fácilmente los huecos que pudiese encontrar en su historia. unos ingresos normales. que insiste en considerar cada manifestación de la vida como un designio expreso para su deleite o su tormento. Habían intentado en vano ocultársela. que le dejó ligeramente anonadado. ese era el nombre del forastero. el cielo. de la necesidad de llevar una vida tranquila. Una existencia corriente. No era extraño. Después. Para Anthony Cosdon. una temporada en el ejército. aquel interés siempre presente en él por inmiscuirse en los asuntos ajenos y del que la duquesa le acusara en su carta. de repente. —Se detuvo unos instantes y luego añadió—: Creo que lo que yo planté un día fue un alcornoque. Palabras familiares que casi siempre tenían la virtud de traer una sonrisa a los labios del señor Satterthwaite por la inconsciente evidencia del innato egoísmo humano. Habló con su médico y este le persuadió de que debía consultar el caso con uno de los especialistas de Harley Street. el mundo había sido un excelente lugar. el sol. No contestó y el forastero añadió.

Qué hacer con el tiempo. Aquí el señor Satterthwaite le interrumpió para preguntarle con toda la discreción posible si no había mezclado en todo ello el nombre de alguna mujer. Seis meses. Algo delicado e intangible que flotaba dentro de todo aquel intrincado misterio. algo que intentaba eludirle. continuar viviendo como hasta aquel momento. Siendo todavía muy joven. Le parecía un sarcasmo tener que enfrentarse con la muerte en el momento en que menos lo deseaba. —Sí —admitió casi involuntariamente—. pero no al menos de aquel tipo. Son ya dos las veces que su vida ha sido salvada. —Puede usted decirlo así. Trata usted de disuadirme. Por eso decidió marcharse solo al extranjero. Era difícil resolverlo todo en tan corto tiempo. y añadió mirando en dirección al mar—: ¡La antesala de la eternidad. Había que admitir que el golpe era rudo. —continuó.d2g. con la condenada espera hasta el final. —¿Y vino usted a estas islas? ¿Se puede saber por qué ha venido? El señor Satterthwaite iba a la caza de algo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. no. hace años. Las había. quizá? —añadió. Aparentemente. por supuesto. aun estando convencido de que tuviera una . —Recuerdo este lugar. —¿Había estado aquí antes. pensó. Hubiera sido embarazoso para todo el mundo. dirigió una mirada por encima del hombro en dirección a la casa. De los que le dejaban a uno sin saber qué hacer. —Eso es pura palabrería —contestó el señor Satterthwaite en tono átono. Esta tarde me encuentra usted a mí. —Y esa es la razón por la que vino aquí ayer noche —dijo el señor Satterthwaite con calma.! —protestó. no la había. —Anoche encontró usted a alguien aquí.. Volvió hacia el señor Satterthwaite sus confusos ojos castaños. No sentía síntoma alarmante alguno aunque el especialista auguró que no tardarían en presentarse. —Claro que comprendo su punto de vista —admitió generosamente Anthony Cosdon—. como yo mismo lo haría con un amigo.com daban seis meses. casi inconscientemente. Eso era todo lo que le daban. No había querido hacer ante ellos el papel de un cadáver viviente. en realidad. Y de repente. Lo mejor sería. Tengo derecho a hacer con ella lo que me venga en gana. No deseaba que se convirtieran en un séquito fúnebre. pero que me condene si no es mi vida. prosiguió explicando Anthony Cosdon.. Su círculo de amistades era de un tipo muy alegre. —¡Oh. Pero algo no había funcionado. pero que estaba seguro de que se encontraba allí. El señor Satterthwaite asintió con un movimiento grave y comprensivo. Anthony Cosdon le lanzó una mirada desmayada.

—Mire usted mis cabellos. de todos modos. Al fin y al cabo.. Pero. ¿Quién le dice que esos seis meses no van a ser los más largos y de más variada experiencia de toda su vida? Cosdon le miró muy poco convencido. Un final rápido es más sensato que una agonía prolongada. El señor Satterthwaite le interrumpió. directamente o de segunda mano. que solo causa trastornos.. Y en segundo lugar. —Usted aún no ha empezado a vivir. Le habría gustado enormemente tener un hijo. De cualquier modo. Hace falta coraje para llevar a cabo un acto como ése y yo no soy en absoluto un individuo valiente. pero. —No lo sé. porque dudo que tuviese el valor. —¡Y eso qué tiene que ver! La vida se compone de un cúmulo de experiencias físicas y mentales. He conocido. señaló. había tenido cuanto pudiera desear. decía.d2g.. —En mi lugar —dijo—. . que estuviese todavía en estado larvario. casi todas las experiencias que la vida puede ofrecer. he cumplido los sesenta y nueve años. Y usted sabe que yo la tengo. por ejemplo. Nadie. Con su incurable romanticismo.. —No —añadió con sencillez—.. —El tiempo. Usted es como un hombre que quisiera explicar las estaciones del año sin haber visto más que la nieve y el hielo. Son grises ya...004 http://biblioteca. Con excepción de un hijo. eso era todo. ? —interpuso vivamente el señor Satterthwaite. Cosdon aspiró el aire con fuerza. usted haría lo mismo. Era una pena tenerla que abandonar tan pronto. Está todavía empezando. le serían completamente desconocidas y ni siquiera sabría de su existencia. El señor Satterthwaite le observó con curiosidad.com poderosa razón.. podía presumir de conocer nada de la vida.. Fuera de esto. le sugirió que en algún rincón de su corazón. Pero Cosdon lo negó. En primer lugar. había tenido una buena vida. No tenía motivo alguno de queja. insistió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. como todas las cosas. Tengo cuarenta años y. sería lo mejor. La paciencia del señor Satterthwaite se agotó en ese instante. la languidez de los días estivales. procuró explicar su significado con mayor claridad. Las flores de la primavera. había una mujer. alguien que hubiese sido como una prolongación de sí mismo. la caída de las hojas en otoño. En general había tenido una buena vida. y tengo en realidad esa edad. gastos y pesadumbres a los demás. es relativo —insistió el señor Satterthwaite—. Se detuvo bruscamente. aun en este caso. no hay nadie en el mundo que me pertenezca.. ¿Y va usted a renunciar voluntariamente a la oportunidad de conocerlas? —Parece olvidar —dijo Cosdon. El señor Satterthwaite meneó la cabeza. no tengo. Yo. Ya que las palabras estado larvario no parecieron tener sentido para Cosdon. —¿Y si lo hubiese. con hosquedad— que solo me quedan seis meses de vida.

le vino a la memoria la incógnita de la persona que un día la ocupara y de las escenas que hubiesen podido ocurrir entre sus plácidos muros. Quizá le veré más tarde. Permaneció unos instantes en pie junto al borde del acantilado.d2g. Pero tengo la satisfacción haberlo frustrado al menos por hoy. —Así es —contestó el señor Satterthwaite con firmeza. Trató de explicarle que estaba desolado y avergonzado.. y pidió que la signora . Con gran sorpresa vio que estos se entreabrían a su presión. Cosdon se levantó y soltó una carcajada. se preguntó a sí mismo. Me pregunto. Apenas entiendo muy bien por qué. Me vuelvo al hotel.com —¿Diga? —Porque siempre tengo curiosidad por saber lo que nos traerá el mañana. ¿cuál habrá de ser el próximo paso? Ha de haber alguno. Se levantó. como siempre. —Y mañana. pero de todos modos así ha sido. Se quedó contemplando la silenciosa casa y. Se detuvo unos instantes como indeciso. remontó los pocos y desvencijados escalones de piedra que le separaban de una de las ventanas y oprimió una mano contra los deslustrados postigos verdes. Vestía de luto y tocaba su cabeza con una negra mantilla de encaje. ¿tendré que dejar las cosas tal cual están? ¿No podré hacer ninguna sugerencia de un suicidio? —Eso dependerá de usted. no puedo andar pegado a usted como la proverbial lapa. —Bien.004 http://biblioteca. Y ahora. cuando se hable de un accidente. Olvídelo. Tras el marco había una figura de mujer que se le quedó mirando de hito en hito. contemplando las aguas que danzaban a sus pies. Tarde o temprano acabará por darme el esquinazo y consumar su propósito.. He hablado demasiado. Y si insiste en quedarse aquí... pero al fin se decidió y los abrió de par en par. El señor Satterthwaite trató apresuradamente de excusarse empleando una mezcolanza de italiano y alemán que en su atolondramiento consideró como más próximas al español. Me complace que comprenda una cosa: que usted no puede impedírmelo. pues no le creo capaz de suicidarse dejándome con el posible cargo de que fui yo quien en realidad lo empujó al abismo. No encontrando en ellas inspiración alguna. se volvió lentamente por el largo paseo de cipreses en dirección al tranquilo jardín. Tengo que reconocer que ha sido usted muy amable al escucharme. —Tiene usted razón —dijo Cosdon—. —En ese caso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. tendré que posponer mi plan hasta encontrar una ocasión más propicia. Cosdon lanzó una humorística carcajada. Llevado por un súbito impulso. —Mi querido joven —dijo el señor Satterthwaite con placidez—. Un instante después retrocedió con una exclamación de disgusto. El señor Satterthwaite se quedó solo sumido en la contemplación del ancho mar.

Me lo figuré. Obedeció como un perro. me hubiese expresado mejor. el afán de conocer lo que esta encantadora casa pudiese encerrar. pero con tal acento de autoridad. pero pudo ver un mobiliario escaso y viejo. La primera impresión que recibió fue la de sentirse más arrugado y viejo que nunca ante el contraste con aquella vigorosa personalidad. —Si me hubiese imaginado por un momento que usted pudiese ser inglesa —acertó a decir—. que el señor Satterthwaite se volvió rápidamente y se acercó al trote a la ventana antes de que se le ocurriera sentir el menor resentimiento. esta le inspeccionó detenidamente de pies a cabeza. Ella se rió. atractiva aunque ya no joven y su presencia iluminaba el lugar con un brillo que desaparecía al ausentarse. Ella le precedió y él la siguió a través de largos pasillos a una espaciosa habitación del lado opuesto de la casa. Sus muebles.d2g. —Aquí no —dijo—. Unas gruesas. —Tomará usted el té conmigo —dijo como para reafirmar la sinceridad de su acogida—. como la que pudiera haber sido dirigida a un perro. Es un té excelente y está hecho. Le presento mis más sinceras disculpas por haber abierto los postigos. Retrocedió apresuradamente sin que la mujer hubiera dicho ni una palabra. Salió un instante a la puerta y dio unas cuantas órdenes en español.com le perdonase. además.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Usted es inglés —dijo—. el señor Satterthwaite pudo fijarse en su apariencia. Nada puedo alegar a mi favor. eran pobres pero limpios. si bien un tanto deterioradas alfombras. La mujer seguía inmóvil en el centro del marco. con agua hirviendo. presa de una viva emoción. Después volvió y se sentó en un sofá frente a su invitado. y de ella emanaba una curiosa calidez y viveza que en aquellos momentos empezaba a embargar al señor Satterthwaite. Jamás utilizo esta parte del edificio. mostraban restos de un pasado esplendor. Aquí las ventanas daban al mar. bronceada por el sol. a la inglesa. . y gran profusión de macetas y flores. y una espesa capa de polvo por todas partes. Se hallaba ya a mitad de camino de la verja. sino que me guió la curiosidad. Por primera vez. Su risa era fresca y rica en matices. —¡Vuelva aquí! Era la orden concisa y clara. creo que lo mejor será que entre.004 http://biblioteca. —Si desea realmente verla —añadió—. El señor Satterthwaite intentó iniciar una segunda tanda de excusas. y el sol inundaba la estancia. cuando hirieron sus oídos dos palabras que resonaron secas como el restallido de un látigo. El interior estaba oscuro por hallarse cerrados los postigos de las demás ventanas. Era una mujer alta. al igual que los que había en la entrada. Había también un biombo de cuero español. Al llegar frente a ella. Se apartó y el señor Satterthwaite penetró en el recinto.

Ella asintió. El señor Satterthwaite comentó tontamente (o al menos así se lo pareció): —Un largo tiempo. Sabe cómo sentimos. que todavía le sobra para repartirla sobre los demás.. La vida reparte sus dones de forma bien equivocada. —Me alegro de que haya usted venido —dijo—. —¿Y hace mucho que ocupa la casa? —La casa ha sido de mi propiedad estos últimos veintidós años y viví además otro año en ella antes de adquirirla.. cómo pensamos y las extravagancias que somos capaces de cometer las mujeres. le observaba con la barbilla apoyada en la palma de una de sus manos. —Usted lo ha dicho: depende. se sentía en aquellos momentos un tanto acobardado. Y pensó: Tiene tanta vitalidad.. De China. Son dos períodos distintos y nada tienen que ver el uno con el otro. Al fin hizo un gesto como de haber llegado a una determinación. lo que he oído decir. Solo uso estas habitaciones. —Me refiero a que la gente le hable de cosas.004 http://biblioteca. deseó que ojalá su protegida. sí.. —Paso aquí una gran parte de mi tiempo. Y a usted creo que le gusta la idea también. Necesitaba desesperadamente alguien con quien hablar esta tarde.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.d2g. Ya sabe lo que quiero decir. por un instante. seguro que aquella mujer no estaba dotada de la más mínima voz para cantar. por otra parte. es posible. sin duda. ¿Cuál de ellos es el largo y cuál el . ella prosiguió: —Se le puede contar a usted cualquier cosa. Ella. Calló de pronto. —No la comprendo. por lo menos. ¿no es así? Eso es. Sin tener en cuenta lo que el señor Satterthwaite hubiese querido decir. Recordó el acento autoritario de su voz al obligarle a detenerse en el jardín y. Era un delicioso té. No le gustaban las mujeres dominantes. De todos modos. La casa está generalmente cerrada. —¿Vive usted aquí? —preguntó por decir algo. ¡Qué Isolda sería! Sin embargo. poseyera algo de aquella fuerza. El té fue servido por una sonriente y corpulenta criada española. —Pero no por completo.com que se reanimaba por momentos con la fruición del que extiende sus manos ateridas ante un confortante fuego. Contestó con gravedad: —Eso depende. Porque tiene usted alma femenina. —¿El año o los veinte años? El interés del señor Satterthwaite se acrecentó. Olga. —Sí. El señor Satterthwaite lo saboreó con deleite. Más de lo que muchos se figuran. ¿Por qué negarlo? —Pues bien.

alguien le hablará del nadador inglés que se ahogó al pie de esas rocas. casada solo un año antes.. algo trágica. —Si permanece usted aquí el tiempo suficiente —dijo—. —Curiosa comparación. No puedo ni siquiera imaginarme lo que debe uno sentir cuando se es un mero espectador.d2g. —No. Debe de ser difícil intentar ocultarle nada a usted. El señor Satterthwaite sonrió. A usted han debido ocurrirle muchas cosas en la vida y posiblemente continúan ocurriéndole. Me trajo aquí cuando apenas contaba yo dieciocho años y un año después murió arrastrado por las olas hacia las rocas. —¡Pues está usted equivocado! —exclamó—. y acabaría por dar con la verdad.. No puede usted imaginárselo. El señor Satterthwaite no pudo reprimir una dolorosa exclamación. —Tengo sesenta y nueve años —dijo—. Usted se acercó a mis postigos y los abrió con el afán de curiosear. gracias a eso.. Su tono era de extrañeza. fornido y atractivo que era. y todo cuanto sé de la vida lo debo a experiencias ajenas. —Usted me habló hace un momento de tragedias. destrozado hasta morir. ¿Concibe usted alguna más horrible que esto? ¿La de una joven esposa. A veces. me parece. Hay todavía una cosa . sin embargo. Luego añadió con una breve sonrisa: —¡Hace tanto tiempo que no hablo con nadie. Permaneció unos instantes pensativa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. he oído ya toda esa historia. De repente. si se lo permiten. y perderlo de un modo horrible? —¡Terrible! —dijo el señor Satterthwaite vivamente emocionado—.. La vida es muy peculiar. a pensar. No creo que pueda concebirse nada más espantoso. ¿Me equivoco? La dama entornó los párpados y miró con fijeza al señor Satterthwaite. —Pero no por eso menos cierta. Le dirán lo joven. Alguna de ellas.004 http://biblioteca. ¿no es así? Apartar el postigo y mirar por la ventana la vida real de la gente. —Sí. Ella se inclinó hacia delante y continuó mirándolo con ojos que brillaban como ascuas.. Es lo que siempre hace.. Ella asintió pensativamente. A veces no le dejan. Se pondría usted a pensar. Y le dirán también que su joven esposa presenció su agonía asomada todo el tiempo al borde del acantilado. he aprendido mucho. que ha de asistir impotente a la lucha por su vida del hombre que ama. Ésta era su villa. ella soltó la carcajada con la cabeza echada hacia atrás. Su puesto está en el centro de la escena y su papel ha de ser siempre el de una prima donna. El señor Satterthwaite sintió un peculiar impulso de mostrarse sincero. —Lo sé. —Ese hombre era mi marido.com corto? Ni yo misma podría decírselo en este momento.. me resulta muy amargo y.. tanto tiempo! No pretendo disculparme.

pero no fue así.com más terrible.d2g... en su poder.. El señor Satterthwaite extendió una de sus apergaminadas manos. creí que todo aquello había sido un sueño. Guardó silencio durante uno o dos minutos y después prosiguió muy suavemente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. No es preciso que se las explique. Son experiencias propias para gente madura que está en edad de poder resistir los accesos. Los criados españoles creían que rezaba por su salvación. deseándosela. nació muerto. Rezaba para que Dios acudiese en mi ayuda. no permitas que desee su muerte!». pero su vanidad pudo más que él. —¡Pero Dios mío! —exclamó el señor Satterthwaite—.. y recé.. Algunas jóvenes que se hospedaban en el hotel picaron su amor propio.. lo digo. Y yo le vi ahogarse.. Fui terriblemente feliz cuando supe que había muerto y qué no volvería ya nunca más a atormentarme.. —Era demasiado joven para que me ocurriera una cosa así. quería lucirse. hasta que al fin mi deseo se convirtió en realidad. Continuaba deseándola. Así fue como ocurrió. Creo que fue Dios quien permitió que las cosas sucediesen de ese modo. ¡Pobre hijo mío! Por poco no le seguí yo también. no permitas que desee su muerte! ¡Dios mío. Esto era lo que más le divertía.. y me alegré. al borde del acantilado. Adivinó cómo debió haber sido a los diecinueve años. y la crueldad se convirtió en su entretenimiento favorito —Sus ojos se ensombrecieron y su voz se tornó ronca—.004 http://biblioteca. de bestialidad. —¡Hija mía! —exclamó emocionado el señor Satterthwaite. aunque me esforzara al máximo.. Me arrodillé allí. Yo estaba sola aquí. Yo era el blanco de su irritación. nada de lo que hacía le complacía. —Después llegó mi liberación en la forma que ya le he relatado. —Sí. —Al principio.. Iba a tener un bebé que.. en un cambio radical del tono de voz: —Es terrible. cosas espantosas. Después empezó a zaherirme y especialmente a aterrorizarme. Una y otra vez brotaba de mis labios la misma súplica: «¡Dios mío. Pero era en vano. Pero las cosas no tardaron en estropearse. ¿no es verdad? Es de esas cosas que no pueden olvidarse jamás. ¡Ojalá hubiera sido así! El señor Satterthwaite intentó hablar.. Utilizaba toda clase de medios. y es esa misma joven esposa que desea con fervor que su marido no salga con vida del mar. La casa era . Nadie conocía su verdadero carácter. mucho más terrible. por culpa de algunas cosas que me hacía. Supongo que no querrá usted decir. Lo peor fue lo de mi bebé. pero solo salieron de su boca unos sonidos inarticulados. que ella estrechó con efusión casi infantil. Todos los españoles le dijeron que era una locura intentar desafiar el mar en aquel punto. Yo misma le creí un perfecto caballero el día que le conocí y me sentí orgullosa y feliz cuando pidió mi mano. Ahora creo que debía estar loco.. La madurez parecía haber desaparecido de su rostro y sus facciones adquirieron unos instantes la tersura de la juventud. Eso fue lo que ocurrió en realidad..

pero conseguía hacerse entender. Esto simplificaba las cosas. pero dulce y apasionado al propio tiempo. La veía quizá con más claridad que ella se viera a sí misma: una pobre muchacha sola. aquello era el paraíso. Me hizo gracia la equivocación y continué la farsa. —Es difícil explicar lo que vino después. No sólo como hijo. entró en el jardín. Un día. Le sugerí que probáramos a entrar por una ventana con postigos. ¡Si por lo menos tuviera a mi hijo!. ¿verdad? Pero era así. El señor Satterthwaite asintió. No era real. Seguimos la comedia. de una aventura. Hizo una larga pausa. Entramos en una habitación un tanto descuidada y cubierta de polvo. se detuvo y dirigió una suplicante mirada al señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite preguntó: —¿Y después? —Supongo que es condición de los humanos no estar nunca satisfechos con lo que tenemos. llena de miedo. sin la angustia de lo que podía ocurrirme a continuación. se interesaría en saber qué había sido de mí. empecé a encontrarme sola. Fue excitante y maravilloso. convencida de que nada malo iba a ocurrirle por tratarse de algo que no era real. y me pareció el paraíso.com mía y podía vivir en ella sin temor a que nadie volviera a hacerme daño. por lo tanto.. Le dije que la villa pertenecía a una señora inglesa que se encontraba de viaje y que era ella quien me había enseñado el poco inglés que sabía.. bastó la libertad. Lo hablé mal a propósito ¡Fue tan divertido todo aquello! Empezó a cortejarme y convinimos en hacernos la ilusión de que la casa era nuestro hogar. ni volveré a serlo.. Su español era muy malo. pensé. Hacíamos ver que era nuestra casa. —¿Comprende usted bien lo que quiero decir? Seguimos aparentando . sino como algo con qué entretenerme.. bueno. —Lo comprendo —asintió gravemente el señor Satterthwaite. Despertarme sólo para ver que no pasaba nada. sin parientes cercanos de ninguna clase. —Todo aquello era tan encantador. como un cuento de hadas. Yo vestía un traje típico del país y me tomó por una española. sin duda. Nos dejamos llevar por lo incitante de la aventura. Al principio. —Era un hombre como tantos que iba en busca. y nadie. Lo necesitaba. precisamente la que usted escogió esta tarde. Estaba abierta. Admitamos simplemente que sucedió porque tenía que suceder. Volvió a mirar fijamente al señor Satterthwaite.004 http://biblioteca.d2g. sin dolor.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. Y lo curioso del caso para mí es que nada de aquello era verdad.. Yo era huérfana. que acabábamos de casarnos y pensábamos quedarnos a vivir en ella. Suena un poco infantil. De pronto.. en esta villa. Sí. sin terrores. Después. Volví a pensar en la muerte de mi bebé. Nunca fui tan feliz como entonces. Seguí viviendo aquí. por equivocación. Un joven inglés estaba hospedado en el hotel.

Tiene veinte años y estudia la carrera de ingeniero de minas. Ojalá pudiera verle usted. Se lo habría puesto al niño. Me había pedido volver a verme y yo le había dicho que sí.004 http://biblioteca. Mi hijo nació nueve meses después y mi felicidad entonces llegó a ser completa. Era agradable que alguien se preocupara por mí. —¿Le bastó el consuelo del niño durante todo ese tiempo? Ella se le quedó mirando. en realidad. Así es que creí que el niño se parecería a mí. —¡Suelen suceder cosas tan raras! —murmuró—. en realidad. Hizo una nueva pausa.. Faltaba algo. Una curiosa historia. —Una maravilla. Tuve que decirle que su padre había muerto antes de su nacimiento. Parecía ingratitud no hacerlo así.. Siguió paseándose por el jardín con aire preocupado..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sus ojos parecían haber dulcificado su expresión. Volvió a detenerse. volvió a la villa. Me había dado lo que yo más ansiaba en el mundo y ni siquiera llegaría a enterarse de su existencia. ¡Ser madre sin complicaciones y sin nadie a mi lado que pudiese herirme o hacerme sentir miserable! Me hubiese gustado conocer su nombre de pila. Pero me engañé. qué era el amor. pero incompleta. ¿quien sabe? Yo no amaba al padre de John. Es más. Ha sido para su madre el mejor hijo y el más amoroso que pueda usted concebir.. —¿Y el niño? —preguntó el señor Satterthwaite. Le puse el nombre de John. ¿No ha acariciado usted nunca la idea de volverse a casar? Como contestación hizo un gesto negativo con la cabeza. abandonó el pueblo y nunca más he vuelto a saber de él. Seguía creyéndome una sencilla muchacha española del campo y no cesaba de mirar a su alrededor como buscando a alguien. que me he fabricado un ideal. Creo que pensaba en mí. Amo al hombre real.. Tanto es así que creo que a través del hijo aprendí a conocer a aquel hombre. No se imaginaba ni siquiera que yo pudiese estar dentro..com que. la idea de que quizá él no lo vería de ese modo y que saberlo solo le preocuparía y molestaría. Le vi a través de las persianas de mi cuarto. —Al día siguiente. Yo no debía haber sido más que un mero pasatiempo para él. ¡Tan raras que difícilmente llegaría usted a creerlas! Por más que. su verdadera . Usted podría decir que es mi imaginación. No sabía. —Veinte años son muchos años —dijo reflexivamente—. pero. le querré siempre. no era sincera. Un vivo rubor se extendió lentamente por sus broncíneas mejillas. es igual que su padre. no se parece a nadie más que a su padre. Algo que indudablemente ella no había querido decir. Me consolaba. Hoy le quiero. Podría muy bien haber pasado por el hijo de cualquier otra. pero no es así.d2g. Al menos en aquel entonces. Era muy simpático. En cambio. El señor Satterthwaite se quedó contemplándola. sin embargo. —A la mañana siguiente.

hija mía! —exclamó cariñosamente el señor Satterthwaite. Pero no se lo digo y la razón es sólo que es mejor para usted que no lo sepa. este sondeo constante de la verdad.. Sintió como si caminase a tientas por los oscuros rincones de aquel corazón. ese regocijo que conduce a la meta deseada. —¿Cree usted acaso que estoy loca por decir estas cosas extrañas? —¡Por Dios. Le quiero con el amor que una mujer pueda llegar a sentir por un hombre.d2g. aunque hayan pasado veinte años desde que nos vimos. Si uso bien la lógica. Le reconocería al instante si le volviese a ver mañana. —Sí. que le dio a entender que se encontraba sobre la verdadera pista. —¿Usted me comprende? —Del todo. Ella tenía un carácter dominante y despiadado. ¿Mejor para mí? Me . algo ha debido ocurrir de repente después de estos años. —El muchacho.. —Algo va mal —volvió a repetir—. este continuo recopilar datos. —Dice usted que es mejor que yo no lo sepa. apoderándose de nuevo de una de sus manos. Sintió cómo se erguía desafiante a medida que se acercaba más y más a la solución del enigma. Pero hay algo más. no tardaré en conocerlo. Éste se dijo para sí: Ésta es la prueba. La lucha entre dos voluntades.com humanidad. Ha sido usted astuto en adivinarlo. He vivido queriéndole durante veinte años y moriré queriéndole. Y él contaba con la certeza inspirada por el Cielo de estar haciendo lo que debía. Hubo un silencio que el señor Satterthwaite rompió. donde yacía enterrado el secreto que vanamente trataba de ocultar. Usted no se preocuparía por ninguna otra cosa. Su misma obstinación en ocultarle la verdad le sería de ayuda. hay algo más.004 http://biblioteca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Vio un ligero estremecimiento en los párpados de ella. ¿verdad? Algo que aún no me ha dicho. Oyó el leve suspiro que se escapó de su pecho revelándole que había acertado. Es algo relacionado con él. Sentía en aquel momento un olímpico desdén por aquellos cuya única misión consistía en la vulgaridad de descifrar los detalles de un crimen normal. Era cruel lo que hacía. sostuvo serenamente la mirada que el señor Satterthwaite le dirigió. No me engañé al figurarme que era usted de esos hombres a quienes difícilmente se les puede ocultar nada. Esta habilidad detectivesca de su mente. hablando con lentitud: —Algo va mal. pero él también lo tenía. mirando retadoramente a su interlocutor. Amarle me ha transformado en una mujer. La clave del enigma está en mi mano y solo a mí me corresponde la tarea de descifrarlo. Se detuvo de súbito y se volvió. pero absolutamente necesario. Al decirlo.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. desean informarse. Hasta hoy la conservé. pero ¿qué se adelanta con saber cómo debería ser? Lo único que sé es que es como es y que el conocimiento de la verdad destrozará su corazón. creo innecesario seguir guardando el secreto. Debí suponerme que acabaría usted por saber demasiado. —¿Cómo lo sabe usted? —¿Por qué. Es por mi hijo. —Pero. Pero la última vez que estuvo en casa. al no encontrar nada en ellos. Un poco de valor. —No discuta —dijo volviéndose repentinamente contra él—. —¡Entonces es eso! ¿Está usted pensando en quitarse la vida? Ella lanzó un leve grito. Me ha anunciado su vuelta para pronto y desea saber más detalles acerca de su padre.004 http://biblioteca. Un crimen contra su propia persona. Si algún día llegara a enterarse de que es un hijo ilegítimo. No acepto argumentos convencionales. enormemente feliz. Yo he sido tan feliz. Ya sé lo que dirá usted. Un crimen de especie única. ¡tremendamente orgulloso! Me he enterado. Quiere una compañera y en .. pregunto yo? No me dirá que está cansada de la vida. ¿Cómo entrar en cierta clase de detalles? Los padres de la chica.. por John. de que hay una muchacha de por medio. me convertiría usted en su cómplice antes de consumar el hecho. y el precio a pagar será muy pequeño. Pero jamás sospecharía la verdad. la felicidad tiene su precio. Mi vida es mía. Eso suena a algo así como un crimen... ¿verdad? De contarme la verdad. Cuando descubra la verdad. echando hacia atrás.d2g. una rebelde guedeja que le caía sobre la frente. Es cierto. Ella se levantó y se dirigió a la ventana. ¡Fantástico! No puedo asociar un crimen con usted. Ya no la necesita. un pequeño salto. Pero si antes de su llegada ocurriese un accidente.. quizá todo se disolvería con el llanto por mi recuerdo. —Puesto que ha logrado usted adivinar tanto. Mi equivocación fue haberle dejado entrar esta tarde. pues jamás vi una mujer menos cansada y tan radiantemente viva como usted. Tenía usted razón en la causa. Es la mejor solución.com sorprende. ni de las que vacilan en poner a un extraño en un grave aprieto.. se limitaría a sentirse un tanto molesto contra mí por haberle contado tan poco. Instintivamente ella bajó los ojos y el señor Satterthwaite se inclinó hacia ella y la cogió por las muñecas. además. Que sería un loco y un testarudo si se tomase las cosas así. habló fingida y trágicamente de lo ocurrido a un amigo suyo y sus palabras me revelaron su modo de pensar. se le rompería el corazón.. querida mía.. Él no sabe nada. Es más que eso. con un brusco gesto de cabeza... y quizá unos breves momentos de angustia. Como todas las cosas. Rebuscaría en los papeles y.. romperá con ella y su vida se arruinará. Es orgulloso.. naturalmente. No es usted una mujer que acostumbre a guardar grandes consideraciones a los demás. Es de esa especie de personas.

com ella concentrará sus afectos cuando yo ya no me encuentre aquí. pero de lo acertado y oportuno de su intervención pudiese depender el éxito o el fracaso de otro actor. —¿Qué quiere usted que haga? —dijo con sencillez. pues.. El segundo hombre ha salvado la vida del primero. Él volvió a interrumpirla.d2g.. Usted se quita hoy la vida y quizá cinco. ¿Quién puede afirmar que aquel niño no podría haberse convertido en un gran músico o en el descubridor de la vacuna contra el cáncer? O algo menos melodramático: podría convertirse en una persona feliz y normal. ¿pero osaría usted ignorar la posibilidad de que estuviese usted tomando parte en un gigantesco drama dirigido por el dedo de la Providencia? Quizá el papel que a usted le corresponde desempeñar no sea hasta el final de la obra.. otra persona la perderá o caminará hacia el desastre por la simple razón de no haberse encontrado usted allí. Pudiera tratarse de un caballo desbocado que se desvía bruscamente ante su presencia. a la vida.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero usted. —¿Está usted segura? La gravedad con que el señor Satterthwaite pronunció estas palabras la sorprendió y contestó: —Mi vida es ya del todo inútil y. —Es usted un hombre extraño. en vista del contratiempo. Dice usted cosas en las que jamás se me ocurrió pensar. no porque le fuera necesaria su presencia. puede no significar nada para nadie en el mundo. Le expondré un caso. Pero da la casualidad de que allí encuentra a otro hombre y.. El momento del triunfo había llegado para el señor Satterthwaite. Procedió a dar órdenes. —Dice usted que su vida es suya —prosiguió el señor Satterthwaite—. el derecho a hacer de mi vida lo que mejor me plazca. sino meramente por el hecho físico de haberse encontrado en un determinado lugar y a una hora también determinada. decide renunciar de momento a sus planes y volver. ni porque ocupase un lugar prominente en su vida. evitando así que caiga sobre un pobre niño que juega inadvertidamente junto a la acera. —Quiero que al menos me prometa una cosa. individualmente hablando. —¿Qué quiere usted decir? —Escuche. Que no tomará usted . como persona presente en un determinado lugar. solo de figurante. Ella le miró con fijeza. digamos que a cometer un suicidio. Usted.. Mi vida es inútil pero mi muerte será de provecho para él. Ella se sentó sin dejar de mirarle..004 http://biblioteca. nadie como yo para juzgar este asunto. puede ser de importancia inimaginable. seis o siete años después. Un hombre llega a cierto lugar. un papel poco importante. El edificio entero de la vida es un auténtico entramado.. —No necesariamente. Me asiste..

Estaba excitado y con el corazón que parecía saltársele del pecho..004 http://biblioteca. Era ya casi de noche cuando llegó al hotel..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la conjetura y la especulación! No es difícil. —¿Ha estado usted todo este tiempo allí? El señor Satterthwaite hizo un gesto afirmativo. La puerta giratoria se abrió para dar paso a alguien y un haz de luz alumbró las facciones de Cosdon. —No acostumbro a meterme donde no me llaman —dijo como queriendo quitarle importancia a lo que en realidad era en aquellos momentos la única finalidad de su existencia. Cosdon habló súbitamente con voz ronca. Hacia ella se encaminó. El señor Satterthwaite se irguió como si intentara desperezarse. Sentada en la terraza. había una solitaria figura. consciente de lo que no tardaría en ocurrir—. El señor Satterthwaite pensó para sí: Sufre más de lo que yo hubiera sufrido en su caso. no vuelva a inmiscuirse en mis asuntos! Yo sé que lo hace usted con la mejor intención. Dios la bendiga. ¡Por lo que usted más quiera. Un movimiento en falso y. Pero el sufrimiento ciego e instintivo de un animal debe ser algo terrible. Tenía el convencimiento de que la solución de la partida estaba ahora en sus manos.d2g. pero fue interrumpido de nuevo por el señor Satterthwaite. Usted sabe lo que quiero decir. Llegué a perder la noción del tiempo sentado junto al acantilado. —Usted dirá. pero créame: es completamente inútil todo cuanto intente hacer. —Voy a dar un paseo después de cenar.. iluminando claramente las huellas de su mudo sufrimiento y su angustiosa espera. pero asintió. —Sé lo que piensa usted. Lo miró sorprendida. La fornida sirvienta española le salió al encuentro en el pasillo y le abrió una puerta lateral después de mirarle con curiosidad todo el rato. Se retiró con cierto embarazo. si se quiere. Intentó proseguir. A la tercera va la vencida.. poner coto a la expansión del dolor. —Y ahora —dijo el señor Satterthwaite. —Deje usted descorrido el pestillo de la ventana por la que he entrado y monte usted guardia en ella esta noche. querida mía. . —¡Hermosa noche! —observó—. Trató. creo que debo marcharme. sin embargo.com ninguna determinación al menos durante un plazo de veinticuatro horas. de ocultar su emoción y hacerse el encontradizo con Anthony Cosdon. ¡Lo que puede la imaginación. —Deseo además pedirle un favor. Permaneció en silencio unos momentos y al fin contestó: —Se lo prometo.

pongo por caso. sí? —dijo Cosdon. Y hablando ahora de cosas más agradables. —El pensamiento. como tenía por costumbre.. confiaba en haber recitado sus líneas correctamente. es privativo de uno solo —continuó su compañero—. —Lo sabré mañana por la mañana —dijo el señor Satterthwaite.. como si se sintiera impulsada por una triunfal exaltación. ¿Habría sido todo ello un sueño? Pero en aquel momento. Tan apacible.d2g.com —Siento mucho no poder participar de su opinión —dijo—. Nadie puede tampoco alterar ni influir en el uso que pueda usted hacer de él.... Después se encaminó hacia la casa y se quedó frente a ella contemplando sus blancos muros. Debían de ser ya las diez de la mañana cuando el señor Satterthwaite entró de nuevo en el jardín de La Paz. No pude contener un irresistible impulso. El imborrable recuerdo de algo que hizo palpitar su corazón veinte años atrás le hizo volver al mismo lugar.? —estalló más que dijo Cosdon—. Ese mismo recuerdo le impulsaría a acercarse a la ventana. A su paso en dirección al acantilado. Después. —No —contestó el señor Satterthwaite con intención—. vacilación o temblor. como es natural. No terminó la frase. Eran unas líneas de importancia capital.004 http://biblioteca. dirigiéndose. Empleando su favorita metáfora teatral. —Quizá sea como usted dice —hubo de admitir Cosdon. como remachando el clavo—: La tercera ventana empezando por el final. —¿Cómo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero al reflexionar de nuevo. No estaba en la naturaleza humana resistir semejante tentación. Se encaminó hacia él con un paso vivo y eufórico. Estaría cerrada. que el señor Satterthwaite se apresuró a colocarse en el ojal de la solapa. de esa vieja villa. No mostraba la más mínima duda. guardando solo Dios sabe qué impenetrable misterio. Ésa fue precisamente. Intenté abrir uno de sus postigos. Tan solitaria. Tiene un encanto peculiar. —¿Ah. Quizá puedan imaginárselo. Cosdon no podría resistir la tentación de abrir aquella ventana. aun persistiendo en la duda. Pero el señor Satterthwaite había visto la luz que flameó un instante en sus pupilas y se levantó satisfecho. Quedaba todavía un asomo de duda y ansiedad en su interior.. una de las ventanas se abrió y la dama que absorbía los pensamientos del señor Satterthwaite salió de la casa. a cambiarse para la cena. Al llegar junto al señor . tan apartada del mundo. su apreciación artística quedó satisfecha. Manuel le recibió con su acostumbrada sonrisa. Todo tan silencioso. sus floridas enredaderas y sus descoloridas y mudas persianas. Nadie puede saber lo que otra persona piensa. ¡Le brillaban los ojos y cubría sus mejillas un vivo arrebol! Parecía como una de esas alegorías del gozo que se encuentran esculpidas en los frisos.. ¡Es curioso! ¡Estaba abierta! —Y añadió misteriosamente. volviendo súbitamente la cabeza—. pero la mayoría de las veces se equivocarán. su ceremonioso «buenos días» y su consabido capullo de rosa..

Luz. Le conozco. tan feliz! Como olas que rompen embravecidas el muro que las contiene. no creo que le deje.. así fue como recordó después la caricia. ¡Qué belleza! ¡Qué fuerza! ¡Qué vitalidad! ¡Qué indomable energía! Él mismo sabía que muchos médicos se habían equivocado. ¡Oh! ¡Soy tan feliz. le echó los brazos al cuello y le besó. gorjeo de aves. se alejó a lo largo del paseo de cipreses en dirección al lugar desde donde podía dominarse el mar. El señor Quin se levantó y estrechó su mano. —Hoy mismo iremos a ver al cónsul y nos casaremos sin pérdida de tiempo. Calor. No sabemos nunca la importancia que puede tener en la vida el factor personal. con los ojos muy abiertos. mirando confidencialmente a los ojos del señor Satterthwaite—: ¿No le parece extraño que las cosas puedan resolverse al fin de un modo tan maravilloso? Esta pregunta acabó por completar la visión que hasta aquí tuviera de aquella mujer. Una niña. Encontró sentado en él precisamente a la persona que esperaba ver. . envolviendo con su cálida y alborozada corriente al propio señor Satterthwaite. —Y añadió. Seguía siendo el mismo de siempre: alto. Y añadió con dulzura: —Si usted consigue que ese hombre sea feliz durante estos últimos meses.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¡Oh! —contestó—. habrá hecho una gran obra. sino repetidas veces. ¿verdad? He conocido a muchos desahuciados por los médicos que hoy están llenos de vida. no una. Con la ilusión de creer en los finales de los cuentos de hadas en que los personajes principales acaban siempre «viviendo felices para siempre jamás». Y sin mediar más palabras. —¡Si usted supiera lo feliz que soy! —murmuró—. Un manojo de grandes rosas frescas y aterciopeladas. Se detuvo como sofocada por la inmensa emoción que sentía en aquellos momentos. —¡Es tan maravilloso que Anthony haya sabido que tiene un hijo! Jamás me figuré que este hecho hubiera de producirle tanta emoción. querida mía. aún una niña. melancólico y sonriente. moreno.d2g. Cuando John venga. primavera. esa era la atmósfera en que se sintió envuelto. así se desbordaba la dicha de aquella mujer. ¿Morir? ¡Por supuesto que no va a morir! Se la quedó mirando unos instantes.004 http://biblioteca. No hará preguntas. Ella le miró sorprendida.com Satterthwaite. encontrará a su padre aquí. satisfacción. con un deje de burla y regocijo: —No creerá usted que voy a dejarle morir ahora. No supondrá usted que voy a dejarle morir cuando vuelve a mí después de tan largos años de separación. Pero ¿cómo se enteró usted? Es usted como uno de esos bondadosos magos de que nos hablan los cuentos de hadas. Le diremos que hubo un malentendido entre nosotros en el pasado. ¿verdad? —No —contestó al fin con convencimiento el señor Satterthwaite—. Ella volvió a repetir. De algún modo. inusitado vigor..

El señor Satterthwaite le miró con expresión de reproche. aquel hombre amara a su joven esposa. El señor Quin señaló con un largo y huesudo dedo en dirección al abismo que había a sus pies.com —¿Me esperaba usted? —preguntó. ¿no es verdad? ¿Quién le dice a usted que no sean las mismas ansias. y esto con mayor frecuencia. —Y habrá usted visto también. —Sí —admitió el señor Satterthwaite—.d2g. y eso le enloqueció. los que persistan en nosotros en el Más Allá? Si el deseo es suficientemente fuerte y sincero.004 http://biblioteca. He visto casos semejantes. Pero no veo. pero en este caso la muerte se adelantó. tengo la impresión de que ha estado usted desempeñando de nuevo el papel de la Providencia —se adelantó a decir el señor Quin. que existe algo que llamamos remordimiento que impulsa a veces.. —¡Ah! Eso. —¿De los muertos? —dijo el señor Satterthwaite un tanto desconcertado—. acometido por un temblor. eso. le esperaba —respondió el señor Satterthwaite.. pero él no encontró en ella la correspondencia que esperaba. Muy pocos.! —Tenía una misión que cumplir. —¿Para quién? —Usted me ha calificado a veces con el pintoresco nombre de intercesor de los muertos.. La voz se apagó en su garganta. Lo sabe usted tan bien como yo. —Sí. Llegó a torturarla precisamente porque la amaba. a pesar de todo. por fortuna.. Usted cree en la prolongación eterna de nuestras vidas. ¿por qué estaba usted aquí anteayer por la noche? — contraatacó el señor Satterthwaite. —Tengo que regresar al hotel —dijo—. —¡Sí. El señor Satterthwaite se levantó. Son cosas que ocurren. No lo entiendo. El amor puede hacer de los hombres ángeles o demonios..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2... . el mensajero encargado de cumplirlo no dejará de acudir. —¡La muerte! —interrumpió el señor Quin con un ligero deje de desdén en su voz—. Pocos. y a toda costa. —A juzgar por la expresión de su cara. —¡Como si usted no lo supiera de antemano! —Siempre me acusa usted de omnisciente —dijo sonriendo el señor Quin. a hacer las debidas reparaciones. Ella sentía por él nada más que una infantil adoración. —Si nada sabía. —Hace veinte años se ahogó allí un hombre. ¿Va usted por el mismo camino? El señor Quin hizo un movimiento negativo.. los mismos deseos. —Lo sé. Se sentaron uno junto al otro. —Sí. —Supongamos por un momento que.

com —No —contestó—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.d2g. Debo volver al lugar de donde procedo. vio a su amigo encaminarse en dirección al borde del acantilado.004 http://biblioteca. Cuando el señor Satterthwaite se volvió para mirar por encima del hombro. .

le intrigaba.004 http://biblioteca. Era la verdadera causa de que volviera a esta casa una y . de los más aburridos. John Denman había estado en Rusia al comienzo de la primera guerra europea. se había casado con ella. había vuelto una y otra vez. Pero esto no era suficiente motivo para que el señor Satterthwaite pudiera acusar a los Denman de falta de gusto. una refugiada sin dinero. había luchado en el ejército ruso. John Denman era un hombre de unos cuarenta años y una figura sólidamente establecida y respetada en el mundo comercial. Nunca había conocido a una mujer tan absolutamente inexpresiva. —¿Por qué? —Ésa era la pregunta que se hacía en ese 21 de junio mientras se alejaba de Londres en su Rolls-Royce. La habitación de la señora Denman no tenía nada de particular. puesto que a juicio del señor Satterthwaite. a pesar de morirse de aburrimiento en su compañía. aun entre estos. crema y rosa pálido que cualquier museo se hubiera enorgullecido de poseer. Eran simplemente unos filisteos y. —¿Por qué lo hago? —El señor Satterthwaite volvió a repetirse la pregunta y la única contestación que obtuvo fue tan vaga y absurda que casi estuvo a punto de rechazarla: porque la única razón que se le ocurría era que una de las habitaciones de la casa (una casa cómoda y lujosamente amueblada) despertaba su curiosidad. Estaba fuera de lugar en aquel ambiente genuinamente inglés. Era un hombre inteligente en su profesión.com 12 EL SENDERO DE ARLEQUÍN El señor Satterthwaite nunca supo a ciencia cierta cuál fue la razón que le impulsó a permanecer en casa de los Denman. A pesar de la fuerte desaprobación de sus padres. había escapado por poco con vida al estallar la revolución y había vuelto con una joven rusa. Estaba lujosa y sólidamente amueblada con piezas Hepplewhite. por trivial que pudiese parecer. había aceptado su invitación de pasar unos días con ellos y. Hubiese sido la nota destacada de la habitación de haber armonizado con el conjunto. no lo tenía. Era digno de un coleccionista por lo raro y lo magnífico.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El resto de la casa podía considerarse como irreprochable. pero desprovisto enteramente de imaginación. En primer lugar no eran de su clase. Tenía entendido que era rusa de nacimiento. de un aspecto más bien masculino que femenino. Es decir. Pero en él había un objeto incongruente: un biombo chino lacado de tonos amarillos. Esa habitación era precisamente el propio gabinete de la señora Denman. El objeto. Meneó la cabeza.d2g. El señor Satterthwaite los había conocido en Biarritz. Difícilmente podría expresar éste el carácter de la persona que lo ocupaba. no pertenecían ni al gran mundo ni a los no menos interesantes círculos artísticos. Sus amigos no eran ciertamente los amigos del señor Satterthwaite y sus ideas lo eran menos aún.

O al menos. Y también recordaba otro nombre. Ocupaba una extensión de cinco acres en Milton Heath. Recordaba el rótulo: ASHMEAD. Llegado al punto de destino. Le anunció que el señor y la señora Denman habían salido para un ensayo.. El señor Satterthwaite miró a derecha e izquierda.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Le sorprende? —No —dijo lentamente el señor Satterthwaite—. —Me pertenece —completó el señor Quin. compuesta por gentes de condición acomodada. —Solo el tiempo necesario —contestó gravemente el señor Quin. de duras facciones y que hablaba inglés con tal corrección que nadie hubiese sospechado que se trataba de una extranjera. Un nombre que le han dado en la localidad: el sendero de los . No estaba cerrada. —Este sendero. el local..com otra vez. se dirigió al jardín. Caminaron en silencio durante algunos minutos. lleno de sombra y de verdor. —Sí —contestó el señor Quin—. Por más que creo entender que tiene otro nombre. pero sí después. Un sendero fascinante. un sendero que serpenteaba grácilmente al viejo estilo. se encaminó a lo largo de un sombreado paseo y al poco rato dio con una puerta que había adosada al muro.. Después de echar un ligero vistazo a los arriates floridos. Me pregunto si.. SENDERO DE ARLEQUÍN. El mayordomo recibió al señor Satterthwaite con su acostumbrada suavidad. El nombre de la casa de los Denman era Ashmead. —¡El sendero de Arlequín.d2g.. —Me lo supuse —añadió el señor Satterthwaite—. Pasó a través de ella y se encontró frente a un estrecho sendero.. pero se detuvo. una solución que no le satisfacía al pensar en la señora Denman. se extrañó de no haber manifestado sorpresa al encontrarse con su elusivo amigo señor Quin. —empezó a decir el señor Satterthwaite. Los dos hombres se dieron un fuerte apretón de manos. haciendo uso del ofrecimiento. Quizá se debía únicamente a la fantasía de la mujer. se apeó bulléndole todavía en la cabeza la idea del biombo chino. una señora reposada. debería ser así. —¿De veras? —Sí. —Así que está usted por aquí —dijo el señor Satterthwaite. Dio la vuelta a un recodo. No en aquel momento.. —Comprendo —dijo el señor Satterthwaite. bordeado con altos setos. Paro en la misma casa que usted.. pero que habían dejado el encargo de que el señor Satterthwaite dispusiera a su antojo de la casa hasta su vuelta. El señor Satterthwaite asintió y. no es su costumbre permanecer largo tiempo en un mismo sitio. y cuya población está.004 http://biblioteca. en su mayor parte. Solo que. que está solo a unas treinta millas de Londres y se eleva a unos cien pies sobre el nivel del mar.! —murmuró en voz queda para sí—. que la señora Denman le había explicado un día.

y recordó a continuación algo que le vino a la memoria—: «Tráeme las dos cosas más hermosas de la ciudad. probablemente —añadió con amabilidad—. zapatos viejos. exhalando un pequeño suspiro. se abría una profunda sima. hay un sendero de los Enamorados en cada población. señor Quin. —Pero. —¿Dónde acaba este sendero? —exclamó de pronto. —dijo el señor Satterthwaite. lo sé. Creo que los Denman vivieron ahí a raíz de su casamiento.. La casa se vino abajo al iniciarse los trabajos de explotación de una cantera. —Es lo más probable.. Éste era el efecto que le producía el señor Quin.».com Enamorados. —Supongo que sí —contestó el señor Satterthwaite. que hizo una profunda inspiración con indignación. —Lo sé. —¡Enamorados! Es mucho lo que siempre ha hecho usted por ellos. Se cambiaron a la gran residencia poco después de morir los viejos dueños.d2g. el residuo marchito y seco de lo que un día fue un hombre. —Acaba. El sendero terminaba en una pequeña parcela de tierra agreste donde. Acababan de dar la vuelta al último recodo. aquí —contestó el señor Quin. El señor Quin asintió.004 http://biblioteca. —Algunas veces se encuentran cosas maravillosas entre las basuras —interpuso el señor Quin. ¿Lo sabía usted? El señor Quin asintió con un gesto. Volvió a repetir la palabra pensativo y sin ese embarazo propio de los ingleses. fragmentos de periódicos y otra gran variedad de artículos.. —Un panorama poco agradable para aquella casa —observó fijando su mirada en ella.. Se sintió de pronto viejo y descentrado. dijo Dios. —No creo que esto fuese un vertedero de basuras en aquellos tiempos —dijo el señor Quin—. Supongo que sabe usted lo que sigue. —Un vertedero de basura —exclamó el señor Satterthwaite. y casi a sus pies.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. A cada lado se alzaban los setos con su insultante verdor. A continuación. pero como puede ver no se llegó a hacer gran cosa en ese sentido. se volvieron y desandaron lo andado. El señor Satterthwaite levantó la vista hacia las ruinas de una pequeña casita de campo. todos ellos completamente inservibles. —Supongo —dijo el señor Satterthwaite sonriendo— que muchas parejas se pasearán a lo largo de este sendero en estas calurosas noches de verano. posada sobre el borde mismo del muro de contención que remataba el acantilado. —¡Enamorados! —murmuró el señor Satterthwaite con un suspiro. . En su fondo había latas que lanzaban vivos reflejos al ser heridas por el sol y otras demasiado oxidadas para brillar.

consideraba su métier conocer a todo el mundo. El señor Satterthwaite se estremeció. Encontraron a Claude Wickam tomando el té con los Denman. —Los ha salvado usted frecuentemente del dolor y de algo peor que el dolor: de la muerte. Era Molly Stanwell. aquel que tenía una bonita voz de tenor? Ese será el Pierrot y yo haré de Pierrette. Ha sido usted un abogado defensor de los mismos muertos. Estaba enterado de las aspiraciones geniales de Claude Wickam y sabía que lady Roscheimer era una judía entrada en carnes y con gran penchant por la juventud de inclinaciones artísticas. De Claude Wickam. hablando con su acostumbrada vivacidad y moviendo sus blancas manos de forma tan aparatosa que . de lo que usted ha hecho. sin importarle. La tarde. —John y Anna acaban de marcharse —exclamó—. El señor Satterthwaite la reconoció.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Esa especie de mascarada. llenándose la boca de forma indiscriminada con todo aquello que estuviese al alcance de su mano. Su voz había adquirido un nuevo y extraño matiz. no sé exactamente cómo la llamaría usted. no toma parte directa en las cosas. Suponían que habría usted llegado. —Es lo mismo —insistió el señor Satterthwaite—. pensó. El señor Satterthwaite asintió. También conocía a sir Leopold Roscheimer. pues como ya hemos mencionado anteriormente. no sé si le conocerá usted. Ella agitó una mano en señal de bienvenida. pero comprobó que el sol brillaba en el cielo con todo su esplendor. no de mí. el medio que esta empleara para conseguirlo.d2g. —Está usted hablando de sí mismo. debía estar refrescando ya. Hay un poco de canto y de baile y una infinidad de cosas más.com Éste inclinó la cabeza sin replicar. Y hay además un buen coro de muchachas. y no entona con nada. Lady Roscheimer se dedica con tanta habilidad a enseñar a cantar a las chicas del pueblo… Se lo ha tomado muy en serio. a quien gustaba ver feliz a su esposa. —A veces lo hago —dijo el señor Quin. aunque quizá demasiado moderna. pero no tuvieron más remedio que acudir al ensayo. y lucía un lindo vestido de algodón color rosa. Por razones que todavía no se me alcanzan. En aquel momento una muchacha apareció por el recodo que había frente a ellos. Y usted lo sabe muy bien —añadió sin que el otro replicara—. Era bonita. Vienen dos bailarines profesionales para desempeñar los papeles de Arlequín y Colombina. cosa un tanto rara en un marido. a la que había conocido en visitas anteriores. de ojos azules y rubios cabellos. Usted ha actuado a través de mí.004 http://biblioteca. —¿El ensayo de qué? —preguntó el señor Satterthwaite. La música es bastante bonita. ¿Recuerda usted al señor Manly.

—Hablando de vidas —dijo el señor Satterthwaite cuando aquel hubo . Según le pareció al señor Satterthwaite.. el cabello negro simétricamente partido en el medio y una piel en que ya empezaba a notarse la acción devastadora del tiempo. muy lejos de ninguna tendencia a la esbeltez.. Sus ojos cortos de vista. La pregunta era evidentemente el preludio del punto importante: lo que en realidad Claude Wickam pensaba del ballet ruso.. Anna Denman estaba sentada tras un servicio de té.. Con vidas. y poco amiga por lo visto del uso de cosméticos. Recordando de pronto a la señora de la casa. ? —Se la quedó mirando con la boca abierta—... Una especie de muñequita holandesa de madera. el músico le estaba haciendo partícipe de sus diversas opiniones. Una mujer amante del sol y del aire.. La voz de la señora Denman siguió sonando acompasada e inexpresiva. empezó a repetir su perorata. pero experimentan. —Nunca lo he visto —contesto ella. John Denman...com daban la sensación de hallarse desarticuladas de los brazos... —Se tome unas largas vacaciones —completó su marido. Conozco todos sus trucos y ya no me interesa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. un emparedado entero en la boca y rellenó el espacio que le quedaba disponible con un pedazo de una barra de chocolate que agitaba con la otra mano. sin vida y. pues. muy delgada. Y lo cierto es que no hay nada. —¡Oh! Claude tardó solo un momento en recuperar su aplomo y continuó la interrumpida charla.. Alta. No querrá usted decir que. —Tome usted. —Antes de mi boda yo fui bailarina. con la piel tirante sobre sus pómulos salientes. a quien le gustaba oír el sonido de su propia voz. La respuesta concisa de ella le cogió completamente desprevenido. de pie. —¡Rusia! —dijo—.! —ella se encogió de hombros—. No es. si usted quiere.. sin embargo. es muy raro! Se volvió de pronto a Claude Wickam y dijo: —Perdone. se volvió a ella y le preguntó su opinión sobre el ballet ruso.d2g. el ballet ruso. con la boca llena—. ¡Oh. sin ceremonia alguna. ¿decía usted? Claude Wickam. ¡Ése es el único país que hoy tiene interés en el mundo! Saben experimentar.004 http://biblioteca. —¿Qué. por ejemplo —siguió diciendo. miraban a través de unas descomunales gafas con montura de concha. de extrañar que ahora. escuchaba con aire aburrido. El señor Satterthwaite le lanzó una furtiva mirada. Pensó: Algo tiene que haber tras esa pretendida indiferencia. tan quieta e inexpresiva como siempre. ¡Esto es lo raro! ¡Sí. —¡El baile. eso es magnífico! Se metió..

Destruida. Siempre suele ser muy peligroso —Se volvió hacia el señor Quin—. Da una impresión de tal fragilidad que no parece sino que podría romperse con la uña del pulgar. La recuerdo muy bien. —También yo la vi —añadió Claude Wickam—. la única Kharsanova! ¿La vio usted bailar alguna vez? —Tres veces —contestó el señor Satterthwaite—. Es una verdadera maravilla. —Sin duda alguna. —Yo estudié con la Kharsanova —dijo la señora Denman—. ¿No está de acuerdo conmigo? —Usted siempre tiene razón —contestó aquel. —Subamos a mi gabinete —dijo la señora Denman—. Claude se volvió rápidamente hacia él. La Kharsanova. La he visto haciendo de Colombina y de Ninfa en El cisne. —Ya sé lo que usted me va a decir —dijo precipitadamente—. —¿No es verdad que era admirable? —insistió en preguntar el señor Satterthwaite. —Hay una estatuilla de ella en el museo de Berlín —explicó el señor Satterthwaite—. despiadada y estúpidamente. a pesar de todo. Claude Wickam se despidió y John Denman lanzó un profundo suspiro de satisfacción que fue coreado por una sonora carcajada de su esposa. Dos en París y una en Londres. la nación rusa hizo un experimento muy costoso. Tenía entonces diez años..? —Quiero decir que el éxito se ha presentado prematuramente. Lanzó un buñuelo con fuerza contra un macizo de flores. en los primeros días de la revolución. El tiempo que durará es otra cosa. Se está muy bien allí. Hablaba con voz casi reverente. —Sí —contestó con voz queda la señora Denman—. Pasarán muchos años antes que vuelva a nacer una como ella. —¿Quiere usted decir que. John Denman le miró con curiosidad. Subió la escalera. El señor Satterthwaite asintió.004 http://biblioteca.. —¡Locos! ¡Salvajes! ¡Gorilas! —aulló Wickam ahogando su voz con un sorbo de té. y eso es peligroso.—dijo Denman. Al señor Satterthwaite se le cortó la respiración al encontrarse frente al biombo chino. que la música que ese muchacho escribe es música.. ¡Oh! Jamás podré olvidarla. Nunca la olvidaré. seguida de los demás.com acabado su perorata— y de los experimentos que con ellas han hecho.d2g. —Me figuro lo que piensa —dijo—.. Era joven. además. ¡La inmortal. —Si usted lo dice. ¡Era genial! —prosiguió meneando la cabeza—. Era admirable.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Levantó la vista y se encontró con que los ojos de la señora Denman estaban . pero hemos de admitir. Un tío mío me llevó a ver la representación.

ni chucherías. porque era hermoso y único. por menos de la décima parte de su valor. ni flores. Se inclinó hacia delante y por un momento su aspecto adquirió un matiz muy poco inglés. Salvo por ese factor incongruente del biombo chino. No había retratos. la deslumbradora belleza del biombo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Compramos ese biombo con algo más que con dinero. Esas otras piezas chinas de las que acababa de hablar mi marido.. se le había vuelto a escapar. no las habríamos conseguido con nada de nosotros mismos. ¿Creerá. Pero no me negarás que desentona en este ambiente tan inglés. prescindimos de otras cosas que necesitábamos. el señor Satterthwaite se sintió provocado y vencido. no podíamos comprarlo. —Inglés genuino. y que pueden lograrse solo con dinero. Miró a su alrededor y por primera vez se dio cuenta de la ausencia de todo detalle personal. —Escuche —dijo. Lo recuerdo. que es hermoso. —Sea como tú quieras —dijo aunque con un deje de irritación en su voz—. No.. Ella asintió. Había una expresión curiosa en su cara. El señor Satterthwaite la miró. Todos estos muebles son buenos y sólidos. nos dejó renqueando cerca de un año. No parecía la habitación de una mujer. Por amor a él. Un ordinario... Su marido rió. que mi esposa no quiso ni siquiera oír hablar de ello? —Me gusta esta habitación tal como está —dijo la señora Denman. Pero aun así. Vio que la señora Denman le miraba sonriente. Creyó adivinar un significado tras estas palabras. —Usted que es un hombre que siempre tiene razón —dijo moviendo la cabeza lentamente de arriba abajo en señal de aprobación—. marcadamente extranjero. Anna? —Sí —contestó la señora Denman—. Todo chino. Lo compramos en nuestros primeros tiempos de casados. ¿Te acuerdas. único. señor Satterthwaite. Podríamos quitar todo los demás.d2g. Justo lo que necesitaríamos para hacer perfecta esta habitación. con amor.com fijos en él. Hepplewhite. pudiera muy bien habérsele tomado por la sala de exposición de un fabricante de muebles. pero de un gusto mediocre. Precisamente el otro día había un montón de lacados en venta en Christie's. De nuevo.004 http://biblioteca. ¿qué me dice de mi biombo? El señor Satterthwaite sintió como si estas palabras envolviesen un reto y respondió tartamudeando: —Que. —Me encontré con la señorita Stanwell en el sendero —habló en tono . sólido y fuerte —murmuró suavemente. El salón inglés. —Tiene usted razón —era la voz de Denman la que sonó tras él—. —En realidad. Más que hermoso. —Le hablo porque sé que usted sabrá comprenderme —prosiguió—. Hoy hubiese sido diferente. aunque moderno.

—Tonterías —contestó su marido—.d2g. pero ha sufrido golpes y no estará en condiciones de bailar esta noche. y no me extraña siendo Sergius Ivanovitch quien conducía. Satterthwaite. —Tiene algo torpes los pies —interpuso Anna. Había desaparecido de su cara aquella expresión de muñeca holandesa. No pueden tolerar que se alabe a otra del mismo sexo. La muchacha no está malherida. Se rió con una risa que tenía algo de triunfal.. —Eso recuerdo.com convencional—. —Sí —dijo Denman—. Al señor Satterthwaite le pareció que la noticia no era acogida muy favorablemente por John Denman. —Así pues.004 http://biblioteca. —Ha habido un accidente —dijo—. Detuvo al señor Satterthwaite con un gesto cuando este se decidía a seguir el ejemplo de los dos anteriores. no lo niego.? ¿Qué? ¡Oh. Veo que no ha cambiado nada durante estos últimos años. El príncipe Oranoff es quien se encargará de traerlos en su coche. pero vuelvo a repetir que sus pies no tienen ligereza. Todas las mujeres adolecen del mismo defecto. es usted! Aquí Anna Denman al habla. El hombre ha sufrido la fractura de un brazo. John Denman habló ásperamente. —¿Crees que te reconocerá? —Estoy segura de que sí. querida!¡Qué horrible! Escuchó unos instantes más y a continuación colgó el auricular. al parecer ligeramente sorprendida—. Exclusivamente para el ballet. Luego se volvió y abandonó la habitación. —¿Lo conoces? —Lo conocí. y además lo hace muy bien. Movió la cabeza con expresión de convencimiento y volvió a mirar a su esposo. Solo Sergius Ivanovitch resultó ileso. El señor Quin siguió tras él. es Sergius quien traerá a los dos bailarines. —¿Puedo hablar con lady Roscheimer? ¡Ah. —Tengo entendido que vienen dos bailarines profesionales. Y no me contradigas porque yo sé lo que es el baile. —¿Sergius Oranoff? La pregunta surgió de los labios de Anna Denman. ¿verdad? —Sí. —Hablo solo del baile —dijo la señora Denman.. y me dijo que iba a hacer de Pierrette en la función de esta noche. Veo que el diablo protege a sus compinches. ¿Ha llegado ya el príncipe Oranoff? ¿Qué. —¿Y qué pasará entonces con la representación? . volviéndose al señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite intervino en la conversación con sumo tacto. Molly es una muchacha preciosa y esta es la razón de que sea el blanco del odio de toda mujer... Siempre ha sido muy aficionado al baile. en Rusia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Es muy bonita. La señora Denman se dirigió al teléfono y marcó un número.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Habrá que tomar una resolución. pues. a tener que imaginar a cierta persona. —Continúe —dijo con interés el señor Satterthwaite sumamente interesado.. pensativa.. Supongamos. Parecía que las palabras se le habían quedado pegadas en el fondo de la garganta. tan poco.. que para continuar uno. Después habló sin mirarle y con voz suave y acariciadora. Se levantó y abandonó la habitación. Creo que no.. —Por mi parte. Pero si de pronto un día. —¿Cómo llegó usted a conocer al señor Quin? —Viene a menudo por aquí —contestó ella lentamente—. Creo que usted le conoce mejor que yo —terminó diciendo. —Hizo una pausa. amigo mío. Tan poco. Hay algo.... Esto es solo una suposición.. señor Satterthwaite. entiéndame bien. Al poco rato. Aquella mujer perturbaba la ecuanimidad de su alma. a forzarle a decir con palabras más cosas de las que la discreción le permitía en aquellos momentos. —Era extraño que fuera incapaz de articular frase alguna.. —¿Yo? —¿Me equivoco? El señor Satterthwaite se sintió confundido. así pareció darme a entender esta tarde — dijo el señor Satterthwaite.. —¡La fantasía se torna realidad! La cosa que una imaginó. señor Satterthwaite —dijo—.. —¿Qué es lo que puede uno llegar a saber? —preguntó—. —Usted sabe. Ella asintió en silencio. pero por una vez dejó de surtir el efecto apetecido. o cree usted también que es posible? —Yo. sin embargo. Movió la cabeza en señal de insólita humildad. Desvaríos.. señora Denman. volvió a levantar la vista. No sé entretener a mis invitados. O al menos.d2g. ¿no se reiría usted? No. Tuvo la sensación de que pretendía presionarle más allá de lo que estaba dispuesto a llegar. —Así parece. a pretender ser alguien que no existe.. lo que no podía ser ¡era real! ¿Es esto una locura? Contésteme usted. Creo que usted sabe más de lo que pretende —dijo. —Diga. le aseguro que no es necesario. —se detuvo un instante—. Esto era ya incienso. nada más que eso. —Es. —Soy una mala anfitriona. que quisiera saber. ¿Es una locura. Creo que tiene algunas propiedades en este rincón del mundo.. dejando al señor Satterthwaite .. La señora Denman se sentó..com —Exactamente. —Supongamos que yo fuera a contarle algo.004 http://biblioteca... Su mirada se encontró con la del señor Satterthwaite—. lo imposible. —Insensateces —exclamó Anna Denman—. en su profesión tuviese que recurrir a fantasías.

Oranoff expresó un gran pesar por el accidente. la dueña de nuestros destinos. El señor Satterthwaite pensó: ¡Qué cosa más extraordinaria es una voz! ¡Lo que llega a decir y aun a insinuar sin decirlo! ¡Cuánto daría . No olvides que ésta fue mi profesión.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. John Denman. —Príncipe Oranoff. Fue la fatalidad —dijo encogiéndose de hombros—. El señor Satterthwaite miró a los tres hombres. Empezaron a brotar conjeturas en su cerebro. incomodidad alguna.004 http://biblioteca. confundido!. —¿Tú? ¡Está asombrado. Sergius Ivanovitch —dijo Anna Denman. Yo. no es necesario suspenderlo. ¿Iba a ser allí? ¿Aquellos tres venerables personajes bordeaban la tragedia? Se sintió decepcionado. encontró a la señora Denman atendiendo a un señor alto y moreno que frisaba en los cuarenta años. El señor Satterthwaite tuvo la impresión de haber interrumpido una conversación que por lo visto no había de reanudarse. ¿Cuál era? ¡Ah. Había esperado algo mejor. Los dos hombres se inclinaron ceremoniosamente. uno tras otro. —Es verdad que no hay mascarada posible sin un Arlequín y una Colombina —admitió Anna Denman con sequedad—. —No fue culpa mía. El ruso hablaba con fluidez y naturalidad de cosas por las que el señor Satterthwaite sentía verdadera predilección. morenos. De que donde quiera que el señor Quin hiciese su aparición forzosamente había un drama. John. pensó el señor Satterthwaite. Anna Mikalovna —respondió rápidamente el príncipe. Un recuerdo le vino a la mente. sí! ¡Ya lo tenía! El primer acto de Las valquirias. Anna? —preguntó Denman—. El señor Satterthwaite. Siegmund y Sieglinde. y el extranjero Hunding. John. delgados y curiosamente parecidos. Es verdad que me gusta correr pero soy un buen conductor. Cuando bajó a cenar. sin embargo. —¿Has dispuesto algo. —Ahora habla el ruso que hay en ti. retraído. John Denman se les unió e inició el tema del accidente. ¿Era acaso este el motivo de la presencia del señor Quin? De una sola cosa estaba seguro. inglés. ambos tan parecidos. y los otros dos.com sin poder confesar su fe. Habrá una Colombina. Era un hombre de refinado gusto artístico y pronto advirtieron que contaban con numerosas amistades en común. —No temas. —No.d2g. —Pero nada se puede hacer sin el ballet. Te oí telefonear a los Roscheimer. Supongo que no habrá más remedio que suspender el festival. Ninguno de los dos mostró. No te defraudaré. Ella movió la cabeza. rubio.. pero no te preocupes. Ella asintió con expresión tranquila.. —Y encuentra por lo visto eco en ti.

¿Acaso entiende usted de esto? Nunca me lo hubiese imaginado. —Yo tengo un disfraz de Arlequín —contestó el ruso. —Yo tendré que ponerme el consabido traje de Pierrot —dijo John Denman lúgubremente—. Sonrió a este y el hombrecillo no pudo por menos de murmurar: —Sí. La muchacha rebosaba de entusiasmo y de emoción ante la perspectiva de la representación. pero al señor Satterthwaite le pareció que durante unos instantes la atmósfera se tornaba tensa.d2g..004 http://biblioteca. y estaba realmente encantadora con él. tampoco yo creo que te quepa —dijo su esposa. Miró el reloj. El señor Satterthwaite lo respalda. —Una profesión interesante —añadió el señor Quin—. ¿Y usted? Y miró a Oranoff. hace un poco de fresco y no me molestará. —Estoy poniéndome cada vez más nerviosa —anunció mientras . Pero en aquel momento fue anunciada la muchacha. —No. Este movió la cabeza de un lado a otro. —Un experto en la materia responde por el señor Quin —dijo su esposa—. Yo también tengo otro antiguo traje de Arlequín que mi esposa me encargó a poco de casarnos con motivo de no sé qué festival.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Ya está: soy un viejo camarero que ha pasado ya sus mejores años. Se aprende mucho en ella. Tendremos que vestirlo. Y se echó a reír. Sería quizá solo una ilusión... De todos modos. Quin! —exclamó John Denman—. Llevaba ya su vestido de Pierrette en verde y blanco..! —Bien —contestó John Denman con visible disgusto—. —Se detuvo para contemplar la amplitud de la pechera de su camisa y añadió—: No creo que ahora me vaya bien. Respondo por el señor Quin. John Denman desvió el curso de la conversación. sí. ¿Y la otra mitad? ¿La del Arlequín? —Lo he encontrado. Al menos así lo apreció el señor Satterthwaite. Satterthwaite. Cogió una servilleta y se la colgó bajo el brazo—.com por saber. De nuevo su voz pareció adquirir una extraña significación. —Mis años me excusan —De repente se le ocurrió una brillante idea. posando unos instantes su mirada en el rostro de la anfitriona. —¡Por el amor de Dios. —Entonces cabría la posibilidad de que fuésemos tres los Arlequines —comentó Denman con una carcajada—. —Si Molly no viene pronto. ¡allí! Hizo un gesto en dirección a una puerta que acababa de abrirse y en cuyo marco apareció la esbelta figura del señor Quin. —¿Saben ustedes que al festival le sigue un baile de disfraces? Una complicación. mejor será que no esperemos. Éste contestó el gesto con una alegre sonrisa que tenía algo de asentimiento. Eso resuelve la mitad del problema.

El señor Satterthwaite asintió vigorosamente.d2g. Esto es lo que sonaba esta noche constantemente en mi cabeza mientras observaba a esos dos. como una sombra. Quiero decir que no creo que sea fácil equivocarse con los pies.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Ahora lo mejor será que vayamos a casa de los Roscheimer. el señor Satterthwaite hizo calurosos gestos de aprobación. —¿Acaso soy tan misterioso? —sonrió el señor Quin. en cambio. ¿No lo cree usted así? Fue a Anna a quien le hizo la pregunta. Y a un tercero. ¿qué es lo que ves? ¿Qué es lo que ves. —La señora Denman tiene razón. no me preocuparía lo más mínimo.004 http://biblioteca. —Indudablemente. que es el que me hace sufrir. lo que ves en el fuego? Veo al doncel que me ama y al doncel que me abandona. —Tu voz es admirable.. Cante usted así. —Exacto —asintió John Denman—. Lo otro.com tomaban el café después de la cena—. ¿No cree usted que hay algo misterioso en esas palabras? Y donde quiera que haya misterio pienso precisamente en usted. Molly —dijo Anna—. Molly. trigueña Sheila. Continuó cantando todas las estrofas de la balada. Su voz. ¿No ha notado usted el gran cambio que se ha producido en ella esta noche? Parecía como si una ventana se hubiese abierto y mostrara una gran luz en su interior. pero es exquisitamente natural y con esa inequívoca nota de juventud que tanto la realza. Su voz es deliciosa. Sé que saldrá bien. Al acabar. Sé que me temblará la voz y que me olvidaré del texto. decidieron hacer el camino a pie hasta la otra casa distante sólo unos cientos de yardas. —No lo puedo remediar. tarareando el motivo amoroso de Las valquirias—. —¿De veras? —comentó el señor Quin. entonó una vieja balada irlandesa: Sheila. —Escuche esto —dijo el señor Satterthwaite.. —¿A qué dos? —Al príncipe Oranoff y a la señora Denman. pero lo cierto es que esa canción me hizo pensar en usted: «Y a un tercero como una sombra. . —No sé cómo explicármelo —empezó diciendo—. pero ésta se limitó a decir: —¿Quieres cantarle algo al señor Satterthwaite? Verás como él también te animará a que deseches todas esas preocupaciones. y no se deje dominar por el miedo escénico. Quizá no esté todavía lo suficientemente educada. Hasta esta noche no hubiera imaginado que fuera usted un bailarín profesional. Si estuviera en tu lugar. Se separaron para proveerse de capas y. como hacía una noche hermosa. no me da miedo. Me refiero al baile. Molly se sentó al piano. El señor Satterthwaite se encontró sin darse cuenta junto a su amigo. fresca y bien timbrada.».

—Sin embargo. cruzara.. si bien poco educada. —No niego nada. Alguien más. Por un momento creyó. Se encontró de pronto pronunciando palabras que intentaron ser de consuelo. aún podía ser de utilidad para alguien. dejando al señor Satterthwaite intranquilo. Alguien cuyos ojos también habían visto.004 http://biblioteca. Resulta imaginable lo que pasó. mimado por la fortuna. —¿Será posible que haya usted aprendido tan poco de la vida? — preguntó como en un suspiro. sumido en una meditación tan profunda que. Ella sólo habló una vez.com —Sí. —La eterna historia dramática. Se alejó. pero que . Pero hoy. El sendero estaba iluminado por los plateados rayos de la luna y desde el umbral se percató de la presencia en él de dos figuras fuertemente entrelazadas. Una sola mirada a la cara de aquella mujer le bastó para convencerse de lo erróneo de sus suposiciones. perdiéndose en las sombras de la noche. ¡Oh! No se atreva a negar nada de lo que hasta aquí he dicho. La voz del primero llegó a su oído áspera y anhelante. Todo ello.d2g.. —No puedo vivir sin ti. Pertenecen a un mismo mundo y piensan. Esos dos han nacido el uno para el otro. Un prototipo de inglés corriente y honrado. en la mera selección de una bufanda con que proteger su cuello. Sus melancólicos ojos oscuros buscaron los del señor Satterthwaite. Salió al jardín y se dirigió a la misma puerta que distraídamente. una figura romántica. sueñan y quieren de un modo idéntico. Y sin embargo. Y salvó su vida. deslumbrante.. pero que nada lograron ante la intensidad del dolor que creyó adivinar. Después de todo. perfectamente natural. ¿qué? El señor Quin se inclinó hacia delante. Observo que tiene usted siempre razón. Aquella angustiada mano le obligó a permanecer en el mismo sitio que ocupara hasta que las dos figuras hubieron desaparecido por el sendero. Tan inglés y tan corriente como esa linda muchacha inglesa de voz fresca y armoniosa. pero nada más que mediocre. ¿Qué vamos a hacer? El señor Satterthwaite quiso retroceder por donde había venido. pero una mano le detuvo. tardó el tiempo suficiente para que sus compañeros se hubiesen alejado..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. estaba a su lado. Siguió diciendo cosas que nada significaban. —¡Por favor! ¡No me deje usted! La súplica le llegó al alma. Hace diez años John Denman debió de ser un joven arrogante. Después se convenció: eran John Denman y Molly Stanwell.. al contrario. Algo parecido al mobiliario Hepplewhite de las habitaciones de arriba. Quizá sea como usted dice. ¿no le parece a usted? —prosiguió el señor Satterthwaite—.. alguien a quien hasta entonces no había visto. ¿qué es a fin de cuentas? Un buen hombre. y solo pocas horas antes..

danza de muchachas del pueblo. luego oscuridad. El señor Satterthwaite pareció despertar de sus sueños.. Su cuerpo se trasladó muy lejos del salón de lady Roscheimer. . El señor Satterthwaite se vio atrapado por lady Roscheimer. pero sabía escribir música. Es Pierrot.. ante la estatua de una inmortal Colombina. Sólo la retiró al llegar al punto de destino. Nada de baile —Anna Denman es la que baila—. siguiendo el ritmo clásico de la leyenda. pero un momento antes Colombina ha mirado hacia atrás y ha escuchado la canción de un humano corazón.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. pero desprovista todavía del divino toque del inmortal genio.com eran siempre. Los dos inmortales se desvanecen. Molly como Pierrette. Los prados de la villa. Estaba en el museo de Berlín. —¡Ahora —dijo— bailaré! No tema usted por mí. mejores que el silencio. Claude Wickam se encargó de hacerle coro: —¡Esto es una catástrofe! ¡Una catástrofe completa! ¡Solo a mí me ocurren estas cosas! ¡Esta serie de calabacines campesinos que se empeñan en creer que saben bailar! ¡Si al menos me hubiesen consultado! Así continuo indefinidamente. Y una nívea Colombina grácil y vaporosa como una visión.. Había encontrado el más bondadoso de los oyentes. El mundo parecía pequeño bajo sus pies. Dos figuras se movían ligeras. Y se entregó a una verdadera orgía de autocompasión. El crítico estaba nuevamente alerta. además. Wickam sería un asno. Arlequín y Colombina seguían bailando.. No podía ser. y una voz que se extingue en la lejanía.004 http://biblioteca. Había vivido aquello con anterioridad. Un chorro plateado de luz y una figura humana que vaga por la arboleda. con efectos de luz que prestaban la adecuada atmósfera de irrealidad.. Se quedó muy erguida. Lady Roscheimer jamás escatimaba gasto alguno cuando se trataba de ayudar a sus protegidos. que apareció cargada de diamantes y de lamentos. y más en aquellos momentos. ¡Bailaré! Se alejó bruscamente. Representaba un prado de la Arcadia. Se dirigieron a la casa de los Roscheimer. El esbelto Arlequín. un oyente que. Pierrots y Pierrettes. con la cabeza alta.. indicando con ligeros estremecimientos de sus dedos la alegría que le producía verse acompañada. sabía. con sus facciones ocultas bajo el típico antifaz y haciendo brotar estrellas de la luna al conjuro de su mágica varilla. El escenario era magnífico. cantando al astro de la noche. Pierrot vagando por el bosque.. sino que con una voz fresca y timbrada canta su canción: «Pierrette baila en el prado». una música delicada y vaporosa como la túnica de un hada. Pierrot que ha visto a Colombina y ha dejado de conocer el descanso. El señor Satterthwaite se irguió. Solo terminó al oírse los primeros acordes de la orquesta.d2g.. amigo mío. Una mano se posó confidencialmente sobre uno de sus hombros..

pero lady Roscheimer era irresistible en su filantropía. pero ella los aparta. pálida. Ya no escucha a Pierrot. A través de la ventana entran a torrentes los plateados rayos de la luna y.. Ha despertado al fin y vuelve a recordar.. Música suave. Wickam no podía por menos que componer bien. se humilla. con ellos. ansiosa. Arlequín trata inútilmente de hacerle señas para que se aleje. sin dejar de bailar.. Solo está Pierrot que. Vuelve a retumbar el trueno y desaparece Colombina por la puerta.. La música de Arlequín y Colombina. Las muchachas del pueblo le exasperaban. Está agitada. La música es dulce. Pierrot no puede verle. triste y fatigado. el motivo de la ya olvidada balada de Pierrot.. De pronto despierta y ve a Colombina. No se aparta de su pensamiento. Termina cayendo en sus brazos y cae lentamente el telón. . Rasgan las tinieblas los ecos de las notas del canto de Pierrette. Incitan a Pierrot a tomar parte en el baile.004 http://biblioteca.d2g. Pierrette se despierta incómoda. Se oye a lo lejos el retumbar del trueno.com Bonita balada. El segundo acto representa la choza de Pierrot.. se sientan junto al fuego en dos sillones. Escucha. La puerta se abre y Colombina entra bailando. Es su propia música la que parece sonar en el aire. si a ello le obligaban las circunstancias. El señor Satterthwaite movió la cabeza con signos de aprobación.. Y termina la obra con un súbito discorde. Colombina y Arlequín están en el exterior. El lugar queda solitario.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. Colombina y Arlequín siguen bailando a la intemperie. se alejan hasta perderse de vista. Está embebida escuchando a Pierrot. La tarde se oscurece. Pierrot y Pierrette. Colombina está sentada junto al hogar. el canto de amor que nuevamente vierte en sus oídos. suplica.. Arlequín y Colombina bailan a su alrededor. Estalla el rayo y las paredes se derrumban. Pero ¿qué? Pierrot sigue cantándole sus trovas. que ríe y salta de gozo. Vuelve a hacerse lentamente la luz. triste. se dirige a la ventana y corre las cortinas. Ésta queda unos instantes indecisa. pero apagada. sobre los que ya ha caído la nieve de los años. Crepita un leño. de hadas.. Entran unos niños corriendo. Éste se niega y continúa vagando tras su quimérico ideal. Y vuelve a aparecer la choza. ruega.. Colombina abandona su rueca. Empieza a caer la noche. Se inclina sobre el dormido cuerpo de Pierrot y deposita un beso en sus labios. abismada. acaba durmiéndose profundamente sobre un herboso talud. Arlequín y Colombina siguen bailando mezclados entre la inconsciente muchedumbre. Pero ella ya no le ve.. Le declara en vano su amor. pero sí Colombina. En el centro de la escena está la ventana iluminada a través de la cual se ven las figuras de Arlequín y Colombina que. Pierrette cabecea en su silla. ¡Otro trueno estalla! La figura de Arlequín se destaca en el marco de la puerta. Él se agita en su silla.

—¿Y mi esposa? ¿Dónde está mi esposa? —Creo que salió al jardín. Nadie que la hubiese visto podría olvidarla. Luego levantó la voz y habló. —Comprendo —contestó el señor Satterthwaite—. —Espérame al final del sendero dentro de diez minutos —dijo Anna—.004 http://biblioteca. Pero... —Hace diez años lloré la muerte de Anna Kharsanova —dijo con sencillez—.? Habló con perfecta naturalidad. Hoy la he encontrado de nuevo y nunca más volveremos a separarnos. Al fin se levantó y decidió abandonar la sala. Por haberlo hecho con el corazón alegre. —¿Para haber hecho ese sacrificio? —Y se echó a reír. el señor Satterthwaite quien la encontró sentada en un banco que había al pie de un ciprés. sí. —¿Eres tú. —No. Quizá tenga usted razón. no hubiera podido pertenecer enteramente a hombre alguno. —Usted es un hombre de mundo y sabrá comprenderme. Vio también a John Denman abriéndose paso a través de la muchedumbre y una extraña expresión en la mirada. sin embargo. Lo era todo para mí.. ¿por qué? ¿Por qué? —¿Qué otra cosa hubiese podido hacer? —¿Qué quiere usted decir. El rostro de ella adquirió una expresión de extrema gravedad. Molly se dirigió hacia él. —Debió usted amarle mucho —dijo el señor Satterthwaite con dulzura. Al llegar junto a ella. acalorada y jadeante. —Entonces. ¿Cree usted que he bailado bien? —Ha bailado usted como siempre. . pero éste la apartó con brusquedad inconsciente. Pero una esposa es diferente. A él no le gustaba lo primero. como Kharsanova.d2g. Una gran bailarina puede tener cuantos amantes quiera. —¡Ah! —dijo ella—. Sergius Ivanovitch? La figura del príncipe Oranoff se destacó de entre las sombras. Tomó la mano que ella le tendía y sonrió al señor Satterthwaite. Ella ahogó un grito. que. —¿Y ahora? —preguntó el señor Satterthwaite. ¿Y renunció usted a la gloria? Ella asintió con un movimiento de cabeza. ¿me ha reconocido usted? —Hay solo una Kharsanova en el mundo. Volvía a ser la de siempre. dirigiéndose a uno oscuros matorrales. recibía las felicitaciones de los asistentes. En el camino se tropezó con Molly Stanwell.com El señor Satterthwaite permaneció inmóvil en medio del aplauso y la algarabía consiguientes.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. madame Kharsanova. Fue.. hizo algo muy particular. —¿Ahora? —Se detuvo.. Quería que le perteneciese y. —Ah. Se arrodilló y le besó con toda reverencia las manos. No era pues a ella a quien buscaba.

ésta le parecía la única y posible solución. se encaminó en una determinada dirección. Al llegar al sendero. ¿La mágica influencia del astro de la noche? Vio a dos figuras que se acercaban en dirección a él. Pero no hay terceros caminos en el amor. Aquel cuerpo. Comprendo que es ley natural la de ir siempre en pos del perfecto. —Se detuvo bruscamente. Y Arlequín es solo un mito.. Oranoff. pero su voz seguía firme. creyó perder la noción de la realidad de las cosas. en realidad.. quizá sí. —Lo sé. Nunca supo cuánto tiempo permaneció sentado en aquel banco... la que él hubiese deseado. solo podía pertenecer a una persona: al señor Quin. —A menos que su verdadero nombre no sea precisamente el de Arlequín. se dijo el señor Satterthwaite. fino y cimbreante.. Solo que. —Durante diez años he vivido con el hombre a quien amo —declaró Anna Kharsanova—. Muerte. Se le habían agotado todos los razonamientos.. Oranoff se inclinó y desapareció en dirección a la casa.004 http://biblioteca.. amigo mío? —¿Sabe usted —dijo abruptamente el señor Satterthwaite— que su marido la anda buscando? Vio que sus facciones se contraían con un ligero temblor. pero eso es todo.. Mas. Impelido por una fuerza misteriosa. Le durará quizá una hora.... de risas y de ensueño. a menos que. ¿no hay nada más que pueda añadir? Se sintió viejo y sin fuerzas. se dio cuenta de su equivocación. —Concluya.d2g. —Sí —dijo gravemente—. Una de ellas vestía el inconfundible traje de Arlequín. Además. son mortales. Una hora en que volverán a surgir en su memoria el recuerdo de otras horas felices llenas de música. El señor Satterthwaite se estremeció. porque todos los amantes. —Vi la expresión de sus ojos y. De pronto.. se levantó con el presentimiento de que había estado perdiendo el tiempo. Ahora volveré al lado del hombre que durante diez años me amó a mí. un ser invisible. de pronto. Ella se alejaba y desapareció engullida por las sombras del jardín.. amigo mío. casi a despecho de sí mismo.. del soñado y eterno amante.com No faltaré.... La pareja se dirigió rápidamente a lo largo del sendero con pies que ... —No ha quedado satisfecho. Es la música de Arlequín la que subyuga nuestras almas. lo sé. Pero no hay amor que satisfaga. Ella seguía en perfecta calma.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿verdad... al fin y al cabo.. no era ésta. y al pasar por su lado. El señor Satterthwaite nada dijo. —Entonces. La bailarina se volvió hacia el señor Satterthwaite con una sonrisa que le bailaba en los labios. Sintió que una mano se posaba en su hombro. sino el de. —Es posible.

Ahora eran las facciones de un extraño. —Estaba aquí y la vi pasar —añadió.. Ella reía felizmente en sus brazos. de afán. sola. Todo parecía como un sueño. —¡Deprisa! —decía sin cesar—. Siempre que bailaba lo hacía con el pensamiento fijo en un Arlequín ideal. Rasgos de impaciencia. —Sí. El señor Satterthwaite experimentó una sacudida. —No hay tiempo que perder —dijo—. sola? La doncella abrió desmesuradamente los ojos. ¡Cómo bailó esta noche! Ese amigo suyo. ¡Hemos de llegar a tiempo! Torcieron el último recodo y llegaron frente al borde de la profunda sima.. No era ya la misma cara del señor Quin.. ¿quién es? Es maravilloso. y no ha venido todavía. El ruso no cesaba de proferir frases que no guardaban ilación alguna. Corrieron apresuradamente sendero abajo. —Es una criatura admirable. de solo unos momentos antes. Cuando ella bailaba.. Era el mismo Arlequín que bailaba con ella. a un tiempo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. sí!. único. Los siguió con la mirada y a lo lejos distinguió las luces vacilantes de una pequeña choza. Mordroff. Una mano que se posó en su hombro le devolvió crudamente a la realidad.. Me lo dijo una vez. con los brazos tendidos en cruz y la cabeza echada hacia atrás. Esperaba allí su vuelta con uno de sus abrigos. El hombre estaba pálido e inquieto. la Colombina de Rimsky Korsakoff jamás pudo encontrar el Arlequín perfecto. Me prometió. El señor Quin volvió un instante la cabeza hacia atrás.004 http://biblioteca. ¿Acaso no la vio usted también? El señor Satterthwaite asió con fuerza un brazo de Oranoff. un hombre que no existía.. ninguno logró satisfacerle. Me temo. de juventud. ¡ah.d2g. Se volvió bruscamente y se encontró cara a cara con Sergius Oranoff.. de ingenuidad y de pasión.. El señor Satterthwaite asentía. Era su fantasía la que lograba una Colombina tan maravillosa. hace años. El señor Satterthwaite le preguntó con voz entrecortada por una súbita sospecha: —¿Sola? ¿Dice usted que iba. —Madame acaba de pasar por el sendero. En el fondo de la misma. de aventura. La voz de la doncella de la señora Denman había hablado desde la oscuridad de la puerta. Eran. En su cabeza latía un único pensamiento.com más parecían deslizarse en el aire. vieron algo que con seguridad no había estado allí momentos antes: el cuerpo tendido de una mujer en una posición llena de armonía. las que John Denman hubiese muy bien podido tener antes de que la vida le colmara con sus dones.. Kassnine. Antes de que sea demasiado tarde. —¿Dónde está? ¿Dónde está? —preguntó el príncipe con la cara desencajada—. señor —contestó—.... Una cara y un cuerpo a los que ni aun la ... Tampoco podía calificarlas así.

d2g. cuando señaló con un dedo la ruinosa casita que se dibujaba en lo alto. en realidad. —Quizá la choza de sus sueños.. El recuerdo de unas palabras volvió súbitamente a la memoria del señor Satterthwaite: «A veces se encuentran cosas maravillosas entre estas montañas de desperdicios. —La quise. —¿Cómo lo sabe usted? —repitió impávido el señor Satterthwaite—. —Pertenecíamos a un mismo mundo y pensábamos. Luego se echó a temblar como un azogado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Cómo lo sabe usted. —Pero yo sí. ve cosas que los otros no ven. Y la gente pasa por él. Todos los amantes creen y dicen lo mismo. Solo existe un amor. . ¿Qué lugar es este? —Se lo dije ya antes. Su voz era muy dulce.. El señor Satterthwaite le miró sin comprender un minuto o dos. —Y al final de él. o quizá solo un montón de escombros.. Las lágrimas corrían abundantemente por sus mejillas. El señor Satterthwaite lo asió por un brazo y se lo llevó aparte con gran agitación. Siempre la he querido. fue usted.? El ruso se le quedó mirando fijamente. ante la displicente impertinencia del tono con que el señor Satterthwaite pronunció estas palabras. quien hace unos momentos se encontraba con ella. defraudado. Oranoff murmuraba frases entrecortadas. —¿Qué lugar es este? —susurró—.. ¿Quién sabe? El señor Satterthwaite le miró con estupor. —La mayoría.. ¿qué es lo que encuentran? El señor Quin sonrió.». Se volvió y a los pocos pasos se dio casi de bruces con el señor Quin. como resultado del precio que usted ha pagado.. tarde o temprano. si lo desea —contestó suavemente. Es mi sendero. —Pero ¿y yo? —preguntó con voz entrecortada por la emoción—. —¿Y la doncella no le vio? —La doncella no me vio. —Fue usted —dijo—. Empleó después las mismas palabras que solo horas antes se le ocurrieran también al señor Satterthwaite.004 http://biblioteca..com muerte había logrado desproveer de su natural hermosura. Ahora comprendía su sentido. ¿verdad? —Podría decirse así... Yo nunca tuve la dicha de pasar por ese sendero.. La hubiese amado el resto de mi vida. Se sintió engañado. soñábamos y queríamos de un modo idéntico. Se sintió invadido por la ira. —Un sendero de enamorados —murmuró el señor Satterthwaite—. ¿Por qué? —Quizá.

Fue usted mismo quien lo dijo. Y el alma candorosa del señor Satterthwaite se sintió dominada por un repentino espanto.004 http://biblioteca.. Había algo siniestro en él.com —¿Y lo lamenta? El señor Satterthwaite se sintió abatido. pareció reaccionar. —No —balbuceó el señor Satterthwaite—. Mas. —¿Y lo lamenta? —volvió a repetir el señor Quin. de pronto. El señor Quin pareció adquirir de pronto las descomunales proporciones de algo terrible y amenazador: felicidad.. Quizá haya sido un mero espectador en la vida. Pero el señor Quin se había desvanecido. —Pero veo las cosas —dijo con desesperación—. señor Quin. desesperación.d2g. No.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. . pero veo las cosas como ningún otro ser las ve. tristeza.

004 http://biblioteca.com INDICE LA LLEGADA DEL SEÑOR QUIN LA SOMBRA EN EL CRISTAL EN LA HOSTERÍA DEL BUFÓN UNA SEÑAL EN EL CIELO EL ALMA DEL CRUPIER EL FIN DEL MUNDO LA VOZ EN LAS SOMBRAS LA CARA DE HELENA EL CADÁVER DE ARLEQUÍN EL PÁJARO CON EL ALA ROTA EL HOMBRE DEL MAR EL SENDERO DE ARLEQUÍN A Arlequín.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el invisible .d2g.

tenía cara de duende fisgón y un intenso y desmesurado interés por las vidas ajenas. Era un hombre que frisaba los cuarenta. ¡muy interesante! Tan . taciturna y amante de la política. Su mujer no había estado nunca en Inglaterra antes de su boda. de cabellos rubios y ojos azules y como todos los Portal. El señor Satterthwaite se alegró de que la chiquillería se hubiera acostado. Era el prototipo del inglés corriente. Los consideraba insulsos y toscos.com 1 LA LLEGADA DEL SEÑOR QUIN Era la víspera de Año Nuevo. Olfateaba el rastro como un adiestrado sabueso. Desde su llegada a Royston aquella misma tarde. Les faltaba sutileza y. viajero y deportista. La reunión familiar no era numerosa. Eran los Portal los que interesaban al señor Satterthwaite. No había nada especial en Alex Portal. y otros seis o siete jóvenes cuyos nombres el señor Satterthwaite no había conseguido retener. Solo ahora. para contemplar los diversos dramas humanos que se desarrollaban ante su vista. al sentirse víctima de las implacables garras de la senectud. El señor Satterthwaite tenía sesenta y dos años: flaco y algo encorvado. su genial y divertido anfitrión con su esposa. como sabía el señor Satterthwaite. Era la primera vez que veía a Alex Portal. se había casado con ella y con ella había regresado a su país natal. se había vuelto más exigente ante cualquier drama que se le presentara. no se parecía a ninguna de las australianas que el señor Satterthwaite había conocido. Algo extraño sucedía o estaba a punto de suceder. Ahora ambicionaba algo que se saliera de lo corriente. de soltera conocida con el nombre de lady Laura Keene.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Portal se había marchado a Australia dos años antes.d2g. Toda su vida. su extraña facultad interna se había despertado y le había puesto en alerta. Ésta.004 http://biblioteca. cada vez sentía mayor atracción por esa cualidad. soldado. Los adultos que asistían a la fiesta de los Royston estaban reunidos en el gran salón. por decirlo así. De todos modos. amante del deporte. en el transcurso de los años. Allí estaba Tom Evesham. bueno en todos los juegos y carente de toda imaginación. pero lo sabía todo de él. era australiana. la había conocido allí. Su papel había sido siempre el de mero espectador. Estaba también sir Richard Conway. Alex Portal se parecía mucho a ellos. No había duda de que poseía una verdadera sensibilidad para esta clase de asuntos. La observó discretamente. Conocía por instinto el momento en que se avecinaban los elementos de un drama. y también estaban los Portal. Le desagradaban las manadas de niños. Pero su esposa era diferente. Había conocido a su padre y a su abuelo. Interesante mujer. se había sentado cómodamente en la primera fila de butacas.

sin embargo. Portal bebía en exceso. Siguió experimentando una viva curiosidad por el matrimonio. dedujo que aquella mujer forzosamente tenía que ser o bien muy feliz o muy desgraciada. Las campanadas del gran reloj de pared. que ningún hombre podía dejar de advertir. ¡Feliz Año Nuevo a todos! A decir verdad. «Should 1 «Otros tiempos. El tipo es un manojo de nervios. especialmente interesante.. Con misteriosa intuición. tan llena de vida. Era un hombre alto y de aspecto marcial.. Lo que había de masculino en el señor Satterthwaite se manifestaba con fuerza ante aquella aparición.) 2 . pero no era capaz de discernir cuál de los dos estados era correcto y eso le molestaba. Estaba además el hecho de la extraña influencia que al parecer ejercía sobre su marido. Nervios.com serena y. sin embargo. no se les hubieran tolerado diabluras semejantes. del T. parece no importarle. pero nunca se había encontrado con una rubia que se lo tiñera de negro. Él entendía de esas cosas y le desconcertaba. No sé qué diversión encontrarán en ello. no. otras costumbres. Y ella lo sabe. pensó el señor Satterthwaite. este reloj adelanta cinco minutos. —Las doce —dijo Evesham—. —En mis años mozos. amables y sin grandes pretensiones en cuanto a inteligencia.» (N. pero su lado femenino (pues el señor Satterthwaite poseía una fuerte dosis de feminidad) se interesaba igualmente por otra cuestión: ¿por qué la señora Portal se teñía el pelo? Pocos hombres hubieran notado esa circunstancia. —Autres temps. En mis tiempos. Esto es muy interesante. Año Nuevo.) Old Lang Syne: «Memorias del pasado». Algo ocurría entre ambos que no alcanzaba a vislumbrar.d2g. Y tenía un modo curioso de observar a su mujer cuando ésta no le miraba.004 http://biblioteca. Probablemente estarán entretenidos en meter cepillos y otros objetos por el estilo en nuestras camas. pero el señor Satterthwaite lo sabía.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. del T. ¿Por qué los niños no están levantados y celebran la entrada del nuevo año? —Ni por un momento se me ha ocurrido que se hayan ido a la cama —contestó plácidamente su esposa—. se dijo el señor Satterthwaite. colocado en una esquina del salón. lo sacaron de su ensimismamiento. autres moeurs1 —dijo Conway con una sonrisa. Todo en ella le intrigaba. Muchas mujeres morenas se tiñen el pelo de rubio. Él la adora. Tanto él como Evesham parecían cortados por el mismo patrón: ambos honrados a carta cabal. juntábamos las manos formando un círculo y cantábamos el «Auld Lang Syne»2 —continuó lady Laura—. No se la podía considerar una belleza. pero poseía una especie de encanto trágico que nadie podía dejar de advertir. pero algunas veces parece como si la temiera. ¡Eso! ¡Llena de vida! No era exactamente hermosa. (N. saltaba a la vista.

d2g.) . volvió a resonar su voz: —¿El señor. querida? Eleanor Portal se levantó con rapidez. sir Richard? —Sí..com Auld acquaintance be forgot»1. Ella había empezado a subir las escaleras sin dignarse volver la vista en dirección a su marido. Querida. ¿no es verdad. Y usted también estaba. y a continuación añadió. Un antiguo reloj de pared situado en un rincón de la sala gimió y. Normalmente no está tan pálida como ahora. está bien. de seguirla. Tenía el extraño presentimiento de que algún peligro la amenazaba. pero de pronto le lanzó por encima del 1 «¿Debiéramos olvidar viejas amistades?» (N. Uno de esos suaves murmullos cuyos ecos perduran en nuestra memoria. acostarme —contestó esta con despreocupación. porque ocurrió en su presencia. Está muy pálida. al tiempo que abandonaba como los demás su asiento y procedía a ocuparse de las velas. Repentinamente. El antiguo propietario de esta casa. del T. dirigiéndose a la señora Portal—: ¿Qué quieres hacer. Tenía una voz preciosa. Fue un gran shock para Tom. ¿la chimenea está demasiado caliente para ti? Eleanor Portal hizo un movimiento brusco.. como es natural. por supuesto. Evesham dio visibles muestras de inquietud. Recuerdo. al pobre señor Capel. Ella la aceptó con unas palabras de agradecimiento y procedió a subir lentamente la escalera. pensó el señor Satterthwaite. Laura! —murmuró—. déjalo ya. ya podemos decir que hemos visto llegar el nuevo año — observó. —Bien. sí. lady Laura. Los nervios parecían también haber hecho presa en él.004 http://biblioteca. tras un zumbido asmático preliminar. dejó oír las doce campanadas. Encendió una vela y se la ofreció a la señora Portal con una anticuada y ceremoniosa inclinación. —Feliz Año Nuevo. el señor Satterthwaite sintió el imperioso impulso de ir tras ella. Su cara quedaba oculta en la penumbra. Atravesó el amplio salón en que se hallaban sentados y encendió otra lámpara. Lady Laura recogió pausadamente su labor. gracias. Aquí no. Como usted sabe. ¡Qué lástima! Desde su posición en la penumbra. El impulso se disipó súbitamente y se sintió avergonzado. —No importa. ¡tan conmovedor! Por lo menos a mí me lo parecía. ¡Oh. querido! No volveré a hablar de ello si no quieres. pensó el señor Satterthwaite. Tom.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¡Por favor. Tom —gruñó Conway en tono átono. para tranquilizarla. Apartaré un poco mi silla. Capel? —Sí. se disparó un tiro. —¡Qué estúpida soy! —dijo Laura sotto voce—. —Por mi parte.

acabé por comprarla. nunca lo conocí. lo cual. Circularon después una sarta de disparatados rumores que sostenían que la casa estaba encantada. Satterthwaite? —preguntó Conway. como ustedes saben. lady Laura se encaminó majestuosamente hacia la escalera. la conversación recayó de nuevo sobre el tema tabú de momentos antes. señor Satterthwaite? ¿No? Me sorprende. La abandonó un año más tarde alegando que no acababa de satisfacerle o algo por el estilo. ¡Pobre Derek! Nunca llegaremos a saber por qué lo hizo. ¿verdad. Después de la tragedia. Laura me pidió que me presentase a candidato por West Kidleby. Royston estaba en venta a bajo precio y. Aunque la situación política parece llena de graves incertidumbres. ¡Válgame Dios! ¡Espero que no me encuentre algo desagradable en mi cama! No me fío de los niños. —Yo solo deseo —continuó diciendo lady Laura sin el más leve cambio en su entonación— que el primer hombre que atraviese el umbral de mi puerta sea moreno. Estoy seguro. mientras servía el whisky.d2g.! Meneando la cabeza como si tuviera un triste presentimiento. —Ustedes ya me dirán basta —dijo hospitalariamente Evesham. Se encontró dando las buenas noches a la señora de la casa con cierto aturdimiento. Creo que usted conoce esa superstición. pero es desagradable que le recuerden a uno que vive en una casa en la que se suicidó uno tus propios amigos. Cuando todo el mundo estuvo servido. —Me molesta cada vez que Laura trae a colación ese suceso —dijo lentamente Evesham—. ¡Son tan traviesos. Para que la suerte entre en una casa. —Estoy segura de que el nuevo año nos traerá felicidad —decía lady Laura—. esta casa fue vendida a un rico fabricante. ¿verdad. Pronunció estas palabras con un tono tan agresivo y a la defensiva que Satterthwaite le miró sorprendido. en fin. —Así es —contestó Satterthwaite en tono convencido—. donde no era fácil encontrar una casa adecuada. es preciso que el primer hombre que pise el umbral el día de Año Nuevo sea moreno. Los fantasmas no pasan de ser una mera superchería. Portal? —No. —No habrá sido el primero ni será tampoco el último que se suicida . evidentemente. Con la partida de las mujeres. Después. se produjo una reunión de sillas alrededor de los acogedores leños que ardían en la gran boca de la chimenea. —Superficialmente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. —Tú conocías a Derek Capel. cosa que le dio una lamentable reputación. significaba tener que instalarnos en este distrito.. —¿Y tú..com hombro una inquisitiva mirada llena de una extraña intensidad que afectó al señor Satterthwaite de un modo peculiar.

Después. Mi coche ha sufrido una avería. Y a propósito. y por curioso efecto de la luz que se filtraba a través de un ventanal de cristales de colores. En el marco de la puerta se dibujaba claramente la silueta de un hombre alto y delgado. acompañando las palabras con una carcajada—. Todos los diablos del infierno deben andar sueltos. Evesham añadió un par de leños al fuego. —Debo presentar mis excusas por esta intromisión —dijo el extraño con voz agradable—. el hombre parecía vestido con todos los tonos del arco iris. que espero que mi chófer no tardará en reparar..004 http://biblioteca. —Según lady Laura. señor Quin —dijo Evesham—. Mi chófer sabe lo que lleva entre manos. Evesham había puesto a su alcance. señor Satterthwaite. . manipuló unos momentos los pesados cerrojos y la abrió de par en par. Al sentarse. A los ojos observadores de Satterthwaite. y como afuera el frío es tan intenso. pero no tardará menos de media hora. —¡Escuchen el viento! —intervino Conway—. ¡Hace una noche terrible! —Una noche ideal para que se paseen los fantasmas —dijo Portal con una risa sarcástica—. Harley Quin. con hospitalaria atención. al calmarse. Una helada ráfaga de viento inundó el salón. Se detuvo y Evesham intervino con presteza: —¡Por supuesto! Entre usted y acepte una copa. —Siéntese. gracias. Se intercambiaron miradas interrogativas. ¡Escuchen! El viento silbó con otro estridente gemido y. incluso el más negro de ellos traería la felicidad a esta casa —añadió Conway.. y por un curioso efecto del fuego que ardía en la chimenea.com sin dar un motivo razonable —dijo Alex Portal con melancolía. Los criados se han retirado a descansar. Y yo me llamo Evesham. se dijo a sí mismo Satterthwaite. Sir Richard Conway. Hay algo equivocado detrás de todo esto. una sombra vertical se proyectó en su cara dándole un aspecto como de máscara. El señor Quin correspondió a las presentaciones y se sentó en la silla que. Se dirigió hacia la puerta.d2g. ¡Pero algo muy equivocado! Me gustaría conocer a fondo el asunto. —Yo abriré —dijo Evesham—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. se dejaron oír tres fuertes golpes en la claveteada puerta de entrada. —¿Quién demonios podrá ser a estas horas de la noche? —exclamó Evesham. Todo el mundo se sobresaltó. Nada serio. al entrar. Al decirlo. ¿Hay algo con respecto al automóvil en que podamos ayudarle? —No. se levantó y se sirvió pródigamente más whisky. se vio que se trataba de un hombre moreno y esbelto que vestía ropa de automovilista. me llamo Quin.

d2g. Nadie lo sabrá jamás. El historiador contemporáneo no escribirá .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. señor Quin? —Pasé por aquí hace algunos años.. como tal. ¿Transcurridos diez años? El señor Quin meneó la cabeza suavemente. —Sorprendente caso el de Capel —comentó en tono confidencial—. Y. La sutil reserva que en su principio manifestara había desaparecido por completo. De haber encontrado alguna otra apropiada. saca un revólver de un cajón y se pega un tiro.? —Que fue una cosa sorprendente. de repente.. Lleno de optimismo y buen humor durante la comida y rebosante de planes para el futuro. —Ya puede decir que fue inexplicable —intervino Conway—.. alegre. Pero no la había. El testimonio de la historia está en su contra. pues. Mientras Evesham se lo servía. También estaba Conway y puedo asegurarle que siempre he esperado que un día u otro su fantasma vagara por aquí. Un hombre en la flor de la vida. Precisamente estábamos hablando de él. Todo fue un oscuro misterio y siempre lo será. no es probable que se resuelva ahora. ¿Decía usted. —¿De veras? —Sí. Era.004 http://biblioteca. sube a su habitación. —Un asunto verdaderamente inexplicable —comentó el señor Quin pausada y deliberadamente. ¡Pobre Derek Capel! ¿Lo conocía usted? —Sí. —Quizá —se limitó a decir displicentemente el señor Quin—. acreedor de su total estima. y en compañía de cinco o seis amigos. sir Richard? —preguntó el señor Quin sonriente. —¡Vamos. La actitud de Evesham experimentó un ligero cambio casi imperceptible para quien no hubiese estudiado a fondo el carácter inglés. —¿Qué quiere usted dar a entender? No le comprendo. abandona la mesa. Esta casa pertenecía entonces a un hombre llamado Capel. sencillo y sin preocupaciones de ninguna clase. —¿No cree usted que exagera un tanto su escepticismo. sir Richard. —Que un problema no es necesariamente insoluble solo porque aún no se haya solucionado. le preguntó: —¿Conoce bien esta parte del mundo. vamos! Si nada se pudo averiguar entonces. lo conocía.. el amigo de un amigo y. —Permítame que manifieste mi disconformidad. Yo estaba presente la noche en que se pegó un tiro. Conway lo miró fijamente. y se detuvo con el aire de un actor que acaba de pronunciar una frase importante del papel. Puedo afirmar que no fue sin cierta repugnancia que nos decidimos a comprar esta casa. ¿Por qué? Nadie lo supo. El señor Quin había conocido a Derek Capel. —En efecto —dijo Evesham—.com —¿Un trago? —Gracias.

—Claro que —dijo en tono de disculpa— nosotros pensamos. señor Quin. cuando sus ojos captaron la figura de una mujer agazapada contra los barrotes de la balaustrada que remataba la galería superior. ¿a qué otra cosa podía achacarse? El señor Satterthwaite se sobresaltó. Se trata de tener una perspectiva correcta.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. La subjetividad ha desaparecido casi por completo y podrá usted recordar los hechos tal cual fueron sin mixtificarlos con su propia interpretación. —Sí. por decirlo así. —Más probabilidades. un punto de partida —añadió el señor Quin con su tranquilo tono de voz—. es una cuestión de relatividad. Evesham sonreía con expresión de tolerancia. señor Quin —exclamó—. Alex Portal se inclinó hacia delante con el rostro contraído de dolor. un drama no menos real. de ver las cosas en proporción.004 http://biblioteca. Eso o el dinero es lo más usual. La misma llegada del señor Quin no era un mero accidente fortuito. invisible por su posición. Era Eleanor Portal. una teoría. sir Richard? Conway frunció el ceño con expresión pensativa.com la historia con la misma veracidad que el historiador futuro. Tal era su inmovilidad que tentado estuvo de no dar crédito a sus propios ojos. Evidentemente escuchaba con avidez cuanto abajo se decía. Si quiere llamarlo de otro modo. Estoy seguro de que alguno de ustedes la tiene. Pero reconoció sin dificultad el estampado de su vestido. un rico brocado de diseño medieval. basada en las circunstancias que rodearon la muerte de Derek Capel. todos los acontecimientos de aquella noche parecieron encajar como las piezas de un rompecabezas. —Entonces lo que usted quiere decir. que una mujer andaba mezclada en ello. ¿Usted. ¿no es cierto? Como ciertamente no se trataba del dinero. señor Evesham. tiene usted razón. generalmente.d2g. Y. de repente. Derek Capel también había tenido su papel. tiene usted razón. El señor Satterthwaite estaba seguro. Lo único que hace es presentarlos de nuevo bajo un aspecto diferente. sino la aparición de un nuevo personaje al que se había dado paso dentro del drama que se representaba en el gran salón de la mansión Royston. Y de súbito. Un punto de partida es. si tuviéramos que hacer hoy una encuesta judicial. Esto era obra del señor . todos pensamos. por ejemplo. recibió una nueva iluminación. como es natural. tenemos tantas probabilidades de alcanzar la verdad como las tuvimos en su día. como muchas otras cosas. El tiempo no altera los hechos. aunque uno de los actores hubiera muerto. a la mirada de cualquiera de los presentes con excepción de la suya. es que. Evesham frunció el ceño en actitud de duda. podría decirse que. Se inclinó hacia delante con el objeto de hacer una pequeña observación. Sin duda. no hay miedo a equivocarse. —Debemos tener.

—Lo único que. Cómodamente apoyado en el respaldo de su silla y consciente de su importante papel de espectador.. —Todos supusimos quién era la dama. que no podía decirnos el nombre de su novia hasta que esta no lo autorizara y que por eso aún no podía hacerlo público. —Sí. Eran grandes amigos y se les veía juntos con mucha frecuencia. Sí. De lo que sí me acuerdo es de que aseguró ser el hombre más afortunado de la tierra. tratándose de Marjorie. —Es verdad —replicó Evesham—. pero se detuvo. en realidad. Si ese hubiese sido el caso. todos presumimos que se trataría de Marjorie. Él era el director de la obra. era raro que no anunciara el compromiso. Tuvo el efecto de poner a Conway en una posición defensiva. Y ahora que recuerdo. Evesham? —No lo sé —contestó Tom Evesham pausadamente—. De alguna mujer que hubiera enviudado recientemente o que acabara de divorciarse. Bonita muchacha. no habría podido anunciarse de inmediato. ¿No se mencionó a ninguna mujer durante el transcurso de aquella cena? —¡Claro que sí! —exclamó Evesham—. Dick? —Quiero decir que.com Quin. Pareció que era al señor Quin a quien correspondía el turno de hablar. —empezó a decir Conway. —Una mujer. Que quería que sus dos viejos amigos supiesen que al año siguiente a lo más tardar. se habría convertido en un casado feliz.. como es natural —dijo Conway—: Marjorie Dilke. Lo sabía. Lo sabía todo. El que situado en el centro del misterio tiraba de los hilos haciendo trabajar a sus muñecos. Esto era lo que le tenía tan entusiasmado. Eso fue el año anterior. hasta la presencia de aquella mujer escondida tras la balaustrada de la galería. como es natural. Como es natural. el señor Satterthwaite contempló las incidencias del drama que se desarrollaba ante sus ojos. ¿Por qué tanto misterio? Más bien parecía que podía tratarse de una mujer casada. —¿Qué ibas a decir. un reto a la veracidad de esta última declaración.004 http://biblioteca. Anunció su compromiso. Dijo que no pensaba anunciarlo todavía. sí. el compromiso. Estaba muy excitado con todo aquello.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Qué es lo que dijo con exactitud? Algo acerca de la proximidad de su boda. en aquella época no se veía con Marjorie con la frecuencia que nosotros decimos. pero nos dio a entender que todo iba a ir muy rápido.. —murmuró pensativamente—. Ya me entendéis.d2g.. pero no lo hizo y su silencio dio la sensación de una provocación. poniendo a sus marionetas en acción. casi parecía como si otra mujer se hubiese interpuesto entre . El señor Quin seguía tirando de los hilos. Y hasta creo recordar que las relaciones entre ellos parecían haberse enfriado considerablemente. —Es curioso —interpuso el señor Quin. el que concedía los papeles a los actores. —¿Qué otra persona hubiese podido ser? ¿Verdad.

¡Ah. Todos permanecieron unos instantes en silencio. Todos hablábamos a un tiempo. embotada por el licor. sí! Ahora recuerdo: fue el correo. Observando y escuchando. había también un extraño desafío en su actitud.. La interrupción pareció desconcertar a Evesham. Capel estaba curiosamente excitado. Inmóvil y helada como un cadáver. Esa era su actitud. se levantó y llenó nuevamente su vaso. —Cierto —contestó Conway—. Capel se levanta apresuradamente y abandona la habitación. ¿Era a Derek Capel o era a sí mismo a quien iban dirigidas aquellas palabras? El señor Satterthwaite lo miró y se inclinó por lo último.d2g. aquella era la impresión que daba Alex Portal: la de un hombre que desafiaba a su destino. —¡Por Júpiter! —exclamó Evesham—. —Y sin embargo —dijo—.com ambos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Acumulando energías para llevar a cabo lo que su mente le pedía hacer? —sugirió Portal. ¿No recordáis el sonido de la campanilla en medio del bullicio y lo excitados que estábamos todos? Recordad que llevábamos tres días bloqueados por la nieve. El señor Satterthwaite levantó la vista. había respondido súbitamente a aquella fase de la historia que le había hecho recordar alguna preocupación. Allí continuaba ella. En medio de la algazara. —¿Decía usted? —Dije simplemente «¿por qué?» —replicó el señor Quin. Podría jurar que en su imaginación no había nada de eso. Podría describirlo como un hombre que hubiese apostado fuertemente y ganado por un pelo contra un sinnúmero de abrumadoras contrariedades. diez minutos después. Conway hizo un gesto de desaliento. —Otra mujer —dijo Conway pensativamente. Sí. —Ni pensarlo —contestó Evesham con acritud—. Conway tiene razón: era como un jugador que ha disparado un tiro al azar y no acaba de creer en su buena suerte. —¿Por qué? —preguntó el señor Quin.004 http://biblioteca. —No ocurrió nada importante en aquel momento. Su imaginación. Evesham frunció el entrecejo para esforzar su memoria. sin poder explicar lo que con esto quiero decir. —Algo debió suceder durante aquellos diez minutos —exclamó—.. Y como impulsado por una asociación de ideas. Evesham dejó caer pesadamente el puño sobre la mesa.. sin embargo. Recordad que había algo obsceno en la hilaridad de Derek aquella noche. Parecía ebrio de felicidad y. ¡Indiscutiblemente! Pero ¿qué? Analicémoslo detenidamente.. —Como la del hombre que reta al destino —interpuso Alex Portal en tono sombrío. Una de las tormentas .

no estaba encendida la chimenea de su habitación.004 http://biblioteca. ninguna de las cartas había sido abierta. —Estoy seguro de que fue en enero. afortunadamente. Capel salió para ver si había conseguido recibirse algo al fin y volvió cargado con un montón de periódicos y cartas. ¿no es verdad? A principios de enero. Recuerdo que. Los caminos estaban intransitables. —¡Oh! No creerá usted que habíamos pasado por alto algo tan obvio. Pero Capel no había llegado a abrir una sola de sus cartas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Acababa de llegar cuando sonó el disparo. pues era uno de los perros por el que Capel sentía verdadero afecto. lo que nos salvó de una infinidad de molestias. recordando—. Conway y yo subimos al oír el tiro y lo encontramos. poco tiempo después. —Fue un asunto muy desagradable —comentó Evesham con voz queda—. Lo reconocieron al instante. ¿te acuerdas del pobre Rover. Claro que esa hubiera sido una solución natural. Ningún rastro de papel se encontró hecho pedazos o quemado. y el propio agente se encargó de traerlo. Tres minutos después oímos un disparo. Yo diría que eso era obvio. Por añadidura. el agente de la policía local se hallaba en aquel momento en la cocina. Sin periódicos. Portal sacudió la cabeza. Portal parecía profundamente abatido. subió las escaleras acompañado de su fajo de cartas. Conway?. Yo lo hice poner cuando la compré. Pero no. Un carretero que pasaba por allí lo encontró medio enterrado en un montón de nieve y lo llevaron a la comisaría de policía. hicimos un viaje.com más grandes que se habían visto en muchísimos años. —Creo que en febrero. —Entonces fue a finales de enero. y esto fue poco después de ocurrir el suceso. se había extraviado el día anterior. El montón yacía intacto sobre una mesa. Inexplicable..d2g. Mi caballo Ned.. Fue por esta época del año. —Extraordinario. —¿Está usted seguro de que no llegó a abrir ni siquiera una de ellas? Pudo muy bien haberla destruido después de leerla. —Nada inexplicable —se aventuró a decir Portal—. Le puedo asegurar que me produjo un gran shock. Uno de los perros. —En Royston no había teléfono en aquel entonces. Es curioso lo difícil que resulta . a continuación. No. Fue una de las primeras preguntas que hizo el forense. —Supongo que lo único que quedaba por hacer era telefonear a la policía —afirmó el señor Quin. —Estoy muy seguro. —¡Qué tormenta más horrible aquella! —repitió Conway. absolutamente inexplicable. Sin cartas. El muchacho debió recibir noticias inesperadas en una de las cartas. ¿te acuerdas de Ned?. Abrió uno de los diarios en busca de noticias recientes y. se hirió a finales de enero.

Puede tratarse de un detalle sin importancia. Por Dios que podría dibujarlos y. Sí. la sombra del árbol. como el dibujo del papel de la pared. los veo de nuevo ahora mismo. pero nunca más se olvida. Recuerdo que una noche nos habló de lo tacaño que era.. una semana antes de su fallecimiento. tienes razón! Recuerdo que leí un artículo del periódico que decía que se había dictado una orden de exhumación. —Un fenómeno corriente pero muy curioso —observó el señor Quin—. —¡Por Júpiter. El señor Quin asintió complacido. cada inflexión en la voz del señor Quin. pero estaba convencido de quién era el verdadero dueño de la situación. —Sí. Hubo una pausa momentánea. la nieve.. —Hay algo extraordinario en sus palabras. señor Quin —dijo Conway—.004 http://biblioteca.. Estaba convencido de que cada palabra. obedecían a un determinado propósito. —¡Claro! ¡En efecto! —exclamó Conway—. pasada la cual Evesham volvió a . ni siquiera me di cuenta de que los contemplaba. no. Mientras usted hablaba. ¿no es verdad? —preguntó el señor Quin. También.. como el asesinato de un monarca o algún proceso sensacional. me sentí repentinamente transportado a la habitación de Derek Capel y volví a verle tendido. la luz de la luna.. —Su habitación daba sobre el porche. acuérdate.. El señor Satterthwaite le observaba intrigado. —¿No fue después? —No. Se dirigían a algo que el señor Satterthwaite no podía en aquellos momentos entrever. —Es una de las cosas más difíciles del mundo —comentó el señor Quin—. y de lo desesperante que debía ser para una mujer joven y bonita como la señora Appleton estar atada a un hombre así. Capel conocía a los Appleton y había residido en casa de éstos durante la primavera anterior. La confusión de mi mente solo se debe al hecho de que mi cabeza estaba pensando en aquellos momentos en el pobre Derek que yacía arriba. con toda claridad. como si hubieran sido impresas por la misma tensión mental que entonces nos dominaba. No había sospechas de que ella hubiese podido tener participación alguna en dicha muerte. Y el árbol era una corpulenta haya que estaba en el ángulo mismo de la avenida de entrada. Y esto debió ser aquel mismo día.d2g.. en aquel momento. Fue poco antes de la vista del caso Appleton.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. la mente se concentra en cosas al parecer insignificantes. vi el árbol que se erguía ante la ventana y la sombra que proyectaba sobre la nieve que cubría el jardín. En momentos de gran tribulación. muerto en el suelo.com recordar fechas después de algunos años. que después se recuerdan con estricta fidelidad. A menos que se encuentre un punto de referencia en algún acontecimiento importante..

pero le pareció verla estremecerse como bajo la acción de un soplo de aire. ¿no es verdad? —No. y qué interesante es todo esto! Evesham se levantó y se sirvió otro vaso. aunque no exenta de tristeza. No tardarás en romperlo si no tienes cuidado y continúas apretando de esa manera. Muy rubia. al servirse el whisky. Todos sabían lo desgraciada que ella había sido con él. Evesham cortó en seco sus excusas. El hecho es que fue envenenado. con estricnina. —Bien.. El señor Satterthwaite estaba como fascinado viendo la fuerza con que Alex Portal estrujaba el vaso entre sus dedos. uno de los criados vio que ella cogía el frasco y lo hacía trizas deliberadamente. No hemos adelantado gran cosa en saber por qué se mató el pobre Derek —comentó—. —Recuerdo ahora muy bien el caso Appleton. Es lo mejor que pudo hacer dadas las circunstancias. más por falta de pruebas materiales que por convicción en su inocencia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero eso es lo de menos. señor Evesham —dijo—. El rumor se fue extendiendo hasta que al fin. A Alex Portal. ¡Es extraño! Esto me trae otro nuevo recuerdo. los ojos del señor Satterthwaite buscaron la figura arrodillada de arriba. Casi contra su voluntad. algunos parientes decidieron solicitar una orden de exhumación.004 http://biblioteca. tres meses después. ¿Sería también ilusión la mano que se deslizó sobre el mantel y después se detuvo? Siguió el estrépito que produce el cristal al estrellarse contra el suelo. Se halla usted todavía dominado por ideas preconcebidas. ¿Qué fue de ella después? —Creo que se marchó a Canadá. Fue con arsénico. Lógicamente. El viejo Appleton acostumbraba a tomar siempre una copa de oporto. Y tal como se supuso. solo podía haberlo hecho una persona. Solo una cada noche. —No tiene importancia. Deslumbradoramente rubia. se le había caído la botella de las manos. Tenía allí un tío. Nuestro tribunal no ha tenido gran éxito ¿no le parece.. O no sé si a Australia. esta acción se prestó a muchos comentarios. Se celebró la vista y la señora Appleton fue absuelta. que le ofreció su casa. Sería pura ilusión. señor Quin? El señor Quin se echó a reír. que hizo saltar a todos de sus asientos. ¿no es verdad? Bonita mujer. caballeros. No sé qué me ha pasado. burlona. sigue usted viviendo en el pasado. . El día siguiente a su muerte. —Perdón. mi querido amigo. Como es natural. ¿No fue eso mismo lo que hizo la señora Appleton? ¿No rompió la botella de oporto? —Sí. Ella resultó absuelta. pues supongo que no había muchas dudas de que lo hizo ella. Produjo una gran sensación. Appleton había muerto envenenado. ¡Dios mío. —Perdone.com insistir en el tema precedente. pensó el señor Satterthwaite.d2g. o algo por el estilo. Dicho en otras palabras: le acompañó la suerte. Era una risa extraña.

un largo y tembloroso suspiro llenó el aire con sus ecos. Está un poco olvidada en nuestros días.d2g. el visitante de paso. . El señor Satterthwaite subió a cerrar la ventana de su habitación. —Mi coche ya debe estar listo —dijo—. Parece estar usted muy interesado en los dramas. Su simbolismo es un tanto difícil de interpretar. inconscientemente. cuando de pronto otra figura. dejó que una pobre mujer tuviese que afrontar las consecuencias. ¿verdad? El señor Satterthwaite.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el forastero. como equivocadamente creyó. Me imagino. El aire era frío. asintió sorprendido. no vaciló en entregar su vida. —¡Eleanor! Alex Portal había salido a su encuentro. que ella aún soporta las consecuencias. señor Evesham. y conste que no es más que una mera suposición.004 http://biblioteca. pasados los cuales ella encaminó sus pasos de nuevo hacia la casa. —Porque no hubo pruebas suficientes contra ella. Quin se volvió a Satterthwaite. Todos lo vieron alejarse y desaparecer tragado por las tinieblas de la noche. pero. —¡Dios santo! —exclamó Evesham sobresaltado—. —¿Los hechos? —¡Sí! ¡Los hechos! El señor Satterthwaite había terminado con su parte del papel. Espero haber hecho alguna cosa por mi amigo. se lo aseguro. Tanto como para cometer un asesinato por ella.com Pero yo. Como antes. pero era demasiado artista para estropear un efecto como aquel. De pronto. los inmortales son siempre inmortales. ¿Qué ha sido eso? El señor Satterthwaite podía haberle dicho que se trataba de Eleanor Portal desde la galería de arriba. Portal se había desplomado en una de las sillas y se cubría la cara con las manos. —¿No les ha chocado ese aspecto de la cuestión? Como ustedes saben. veo solo los hechos. esta vez de mujer. Todos le miraron con mudo asombro. El señor Quin sonreía. Cuando la justicia le alcanzó. Pero. Se movía como envuelta en un sueño venturoso. señor Satterthwaite. Gracias por su hospitalidad. —Adiós. el filtro multicolor de la vidriera le dio un aspecto abigarrado y pintoresco. él amaba a esa mujer. Les deseo a todos muy buenas noches. La figura del señor Quin seguía avanzando a lo largo del paseo del jardín. Pasó por debajo de la ventana y el señor Satterthwaite se sorprendió al contemplar la expresión de felicidad del rostro de la mujer. —Pero fue absuelta —interpuso Evesham. pero merece nuestra atención. como usted bien sabe. surgió de una de las puertas laterales y se le acercó corriendo. Hablaron unos instantes. —Le recomiendo el estudio de la comedia de Arlequín.

¡Dios me perdone!. hay un infierno todavía mayor que éste: el que yo he vivido junto a ti..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. lo sé. Alex.! . me ha salvado. juzgó prudente no dilatar el momento de cerrar las hojas de su ventana y así lo hizo. ese visitante casual. esforzándote en borrar las propias dudas.. como también era un caballero.. Me dijiste la verdad. perdóname. Has vivido un infierno. Yo también lo sufrí una vez. Ese hombre. No podía soportarlo más. pero yo. Sin embargo. aunque lo hizo con lentitud. lo sé. no acababa de creerla.com —Eleanor. Alex. viéndote creer y sospechar a la vez. ¡Oh.. El de ver cómo tus dudas y tus temores emponzoñaban nuestro cariño.d2g... Lo sé. Esta noche.. Alex. pero asaltándote de nuevo.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite tenía sumo interés en enterarse siempre de las vidas de los demás. esta misma noche iba a quitarme la vida.. pero... perdóname. Y así pudo llegar a sus oídos la exquisita voz que decía: —Lo sé. Amando.

que. los Unkerton tienen sumo placer en haber cazado. silenciosos y quemados por el sol. cuenta como mínimo cuarenta y cinco. le dio un cariñoso golpe con un ejemplar de la última moda en sombrillas que descansaba cruzada sobre sus rodillas. pero tan ingenua que solo tiene veinte años. —Me refiero a Richard Scott. el capitán Allenson y el señor Satterthwaite. la miró interrogante. No tenía la más mínima idea de lo que le estaban hablando. y él. —No pretenda usted hacer ver que no me entiende. lo que es más. estoy convencida de que ha venido a propósito para estar en primera fila de los acontecimientos.d2g. cuyo nombre figuraba al pie de la lista de invitados. Hay que admitir que él mismo es un enorme león. la señora Staverton. Siempre el segundo y sombra de Richard Scott y. El señor Satterthwaite sentía una curiosidad poco frecuente por las comedias y tragedias de la vida de sus semejantes. ¡Y la esposa! Una chiquilla encantadora. Un tipo taciturno. El señor Satterthwaite protestó calurosamente. como dice la canción. Entre los invitados se encuentran lady Cynthia Drake.» —Quisiera saber —comentó lady Cynthia soltando el periódico— qué pretenden. claro que sí. Lo sabe perfectamente y. —¿Por qué dice usted «pobre niña»? Lady Cynthia le lanzó una mirada de reproche y continuó tratando el tema a su manera. ¡Vaya mezcla de gente han invitado! Su compañero. verdaderamente encantadora. No me dirá que no ha oído nunca hablar de él. Y leyó en voz alta el periódico que tenía entre las manos: —«El señor y la señora Unkerton celebran esta semana una fiesta en Greenways House. sin embargo. el señor y la señora Richard Scott. —Sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. etcétera». —Sí. Se decía que la presencia del señor Satterthwaite en la casa de algún nuevo rico era signo de una cocina excepcionalmente buena o de que en ella se desarrollaba algún drama humano. quizá.004 http://biblioteca. amigos de . —La señora Scott parece encantadora —afirmó sosegadamente el señor Satterthwaite. Otro de esos cazadores africanos. el propio señor Satterthwaite. facciones duras y una dosis considerable de maquillaje. ¿No es el gran cazador a quien usted se refiere? —¡Exactamente! «Grandes osos y tigres. naturalmente. el comandante Porter (Orden al Servicio Distinguido). pobre niña.com 2 LA SOMBRA EN EL CRISTAL —Escuche esto —decía lady Cynthia Drake. Lady Cynthia. en cambio. —De Porter no hay nada que decir. dama de mediana edad.

Era un atractivo joven. No podía dejarlos solos ni un momento: «¡No hagan ustedes esto!».. de sus viajes y hasta de su famoso libro. Después de esta expresión algo críptica. —He oído hablar de la señora Staverton —admitió. lady Cynthia guardó un breve silencio.. ¡Caramba! Aquí está Jimmy Allenson. —O quizá sí. No tienen arreglo. aunque no de buen grado. dientes blancos y sonrisa contagiosa. Me sorprende el descaro de esa mujer al aceptar esta invitación.? —Es lo que podríamos llamar una mujer peligrosa de la que no es fácil librarse. —¡Pero..d2g. ¡Pero la gente como los Unkerton ni siquiera se dan cuenta de cuándo meten la pata! El año pasado me tocó la tarea de intentar inculcarles nuestra rutina social. socialmente quiero decir. Como siempre he dicho. ¡Qué muchacho más simpático! Me salvó la vida en Egipto el invierno pasado cuando estaba a punto de morirme de aburrimiento. puedo soportar la vulgaridad. Y esto es lo más probable. —Solo a los Unkerton se les podía haber ocurrido una cosa así—se lamentó esta última—. rumiando con desagrado la mezquindad de los Unkerton. —Si aún siguiera ocupándome de ellos —continuó—.. —¿Qué viaje? —El viaje.com toda la vida y todas esas cosas.. Si me paro a pensar. ¡Invitar a los dos al mismo tiempo! Es evidente que habían oído hablar de la señora Staverton y de su afición a los deportes. el señor Satterthwaite. —¿Usted cree. «¡Mucho cuidado con aquello!» ¡Gracias a Dios que terminó! No es que nos peleáramos. si es del dominio público! Aquella excursión al interior. de unos treinta años. Hubo un tiempo en que los dos. . les diría sin ambages: «No pueden ustedes invitar a la señora Staverton donde esté Richard Scott. Jimmy! Ven aquí ahora mismo. ¡eso no!. No irá a decirme que no ha oído usted hablar nunca de la señora Staverton..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Los dos? —preguntó el señor Satterthwaite.004 http://biblioteca. ¡Hola. El capitán Allenson obedeció y fue a sentarse junto a ella en la hierba. Pero supongo que algún amigo caritativo tarde o temprano le abrirá los ojos. pero prefiero que otro se encargue de esa tarea. —Quizá ella no sabía que ellos vendrían —sugirió Satterthwaite. creo que estuvieron juntos en aquel viaje. El que organizó la señora Staverton. No me gustaría estar en el pellejo de Richard Scott este fin de semana. y solo Dios sabe los sudores que me costó. pero no soporto la mezquindad.». El y lady Cynthia intercambiaron miradas significativas.. Y dejó la frase colgada con toda intención. hombre.. —¿Y cree usted que su esposa no está enterada? —Estoy segura de que no.

al que no le gustaba hacer mofa de sus anfitriones hasta después de haber abandonado la casa. pero. cazador y explorador. Jimmy Allenson levantó la vista con presteza. El señor Satterthwaite nos está contando una historia de aparecidos. Qué horripilante.d2g. —¡Claro! —añadió lady Cynthia—.» Me he escapado milagrosamente de tener que escuchar la tenebrosa historia del fantasma familiar. entre ellos. . Porter está devorando el Field y yo he corrido el grave peligro de ser objeto de las atenciones de nuestra anfitriona. como usted sabe. algo chapado a la antigua. que solo te importe poder volar. siempre sobra uno. que hasta hacía tres meses había sido Moira O'Connell. vistos de cerca. sino un Greenways. el parecido desaparecía. —Siéntense y no interrumpan —dijo—. Sus maneras irradiaban un fuerte magnetismo. permaneció grave. de grandes ojos pardos y soñadores y cabello de un rojo dorado que rodeaba su cabeza como el halo de las imágenes de los santos.com —Me alegro de que alguien me necesite —observó—. Los dos eran altos. era un hombre de constitución hercúlea. de haber tres. Lady Cynthia saludó a los recién llegados agitando su moderna sombrilla.004 http://biblioteca. por encima de la cabeza de Jimmy. Era una mujer esbelta. El señor Satterthwaite. —¡Pobre Jimmy! —dijo lady Cynthia. Había una semejanza superficial entre los dos caballeros. juego en el que. Un hombre tranquilo. —Me encantan los cuentos de aparecidos —declaró Moira Scott. Sería abominable hacer sufrir a una criatura como ésta. —No es un Unkerton —interpuso el señor Satterthwaite—. el señor Satterthwaite no contestó. Y entre estos dos hombres caminaba Mona Scott. —¿Una ventana? De momento. Su mirada. se dijo Satterthwaite. ¿no es verdad? Es solo algo que se refiere a una ventana. contento con el papel de segundón junto a su amigo. cara impasible de esfinge y ojos grises y profundos. John Porter. morenos. Richard Scott. —«Nunca te importe el porqué. No debe permitirse que esta niña sufra el más mínimo daño. contemplaba a las tres personas que se acercaban procedentes de la casa. de caras bronceadas por el sol y ojos penetrantes. —¿Un fantasma Unkerton? —exclamó lady Cynthia—. Eran dos hombres y. ¡Ahora lo recuerdo! Pero no es de los que arrastran cadenas. Los Scott están jugando a los tórtolos. Iba incluido con la casa. Y se echó a reír coreado por lady Cynthia. era un hombre de una extraordinaria e intensa personalidad.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. dejándose caer sobre la hierba. su amigo y compañero de caza. la figura de una chica delgada.

desvió el curso de la conversación. pero que de lejos. siga. Da precisamente al otro lado. Satterthwaite! —exclamó Richard Scott en tono sardónico—. en tono de disculpa—. vieron el rostro del marido que les observaba desde una ventana. —¿De qué ventana se trata? —preguntó Moira Scott.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. (N. La esposa era amante de un «cabeza redonda1». del T. Lo encuentro interesante. 1 Nombre con el que. —Y así es —aseguró el señor Satterthwaite—. Jimmy Allenson se lanzó a comentar y desacreditar las prácticas de los adivinadores de Egipto. —Pues yo siempre creí que era todo lo contrario —observó John Porter. se designaba en Inglaterra a los puritanos. ¿Lo conoce usted? Scott asintió. volviendo la vista hacia la casa. pero debo advertir que fue tapiada por dentro con un disimulado entrepaño hace ya unos cuantos años. pero se guardan en comprometerse respecto al futuro. y con gran habilidad. Se trata del Caballero Vigilante. —No se ve desde aquí —contestó el señor Satterthwaite—. no es realmente nada interesante —añadió. da la impresión de la cara de una persona mirando al exterior. hay una mancha irregular. Le dicen a uno una serie de vaguedades sobre su pasado. En respuesta al clamor popular.004 http://biblioteca. Pero el señor Satterthwaite parecía un poco reacio a seguir y le aseguró que carecía en absoluto de interés. Creo que la historia original gira alrededor de un caballero antepasado de la familia Elliot.) . casi imperceptible desde cerca. el señor Satterthwaite se vio obligado a hablar. Unos cuarenta. —El mismo. Esta es la leyenda y la historia del aparecido se refiere solo al vidrio de la ventana de una habitación determinada en el que. Esa misma reticencia ha acabado de despertar nuestra curiosidad. —Acostumbraba a pasar largas temporadas aquí en los viejos tiempos —explicó—. Esto fue antes de que los Elliot se vieran obligados a vender la casa. Me gusta el nombre. Pero mientras corrían. —¿Y por qué hicieron eso? Tenía entendido que el fantasma no camina. ¿no es eso? —¡El Caballero Vigilante! —repitió Moira en voz baja—. A continuación.d2g. —La mayoría de ellos son un fraude. Yo creo que ha sido la fantasía popular la que ha dado alas a esta superstición. Por favor. El amante mató al marido en una de las habitaciones superiores y la culpable pareja huyó de la casa. —¡Ahora sí que la ha hecho usted buena.com —¿El del fantasma de Greenways House? —preguntó Richard Scott. en realidad. despectivamente. para ser más preciso. —En realidad. al dirigir una última mirada a la casa.

inapropiadamente vestida con un traje verde jade.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. La mirada apreciativa de la mujer mayor no tardó en desplazarse hacia otro viejo amigo. la señora Unkerton y la segunda. Iris Staverton se sentó. por lo menos. pero a quien jamás había visto. masculló el señor Satterthwaite para sus adentros. Luego. levantó la vista. Una calidez ausente en los saludos anteriores. Aquí unos amigos. Moira persuadió en cierta ocasión a una gitana para que le dijese la buenaventura. Ambos hombres se alejaron por el prado. pero el señor Satterthwaite no la escuchaba. pero con una sutil diferencia. ¡Una mujer peligrosa! Muy rubia. Observaba detenidamente a la señora Staverton. La primera era su anfitriona. una mujer de quien había oído hablar con frecuencia. El señor Satterthwaite salió de su ensimismamiento al oír la voz del comandante Porter proponiéndole un pequeño paseo que aceptó gustoso. —¡Hola. con el cabello negro. Siento no haber podido asistir a tu boda. pero a renglón seguido la mujer le devolvió el chelín diciendo que no podía comprometerse a decirle la verdad o algo por el estilo. saludó: —¡Hola. Yo. muy desenvuelta y natural. Esta. —Señora Staverton —anunció la señora Unkerton con gran complacencia—. Una mujer con una voz suave y aterciopelada y una sonrisa repentina y deslumbrante. ¿Es ésta tu esposa? Estará usted aburrida de oír siempre las mismas historias en boca de los amigotes de su marido. una súbita sonrisa transformó por completo su semblante. —No se atormente con eso. no obstante su poca inclinación a pasear. Natural e inevitablemente se convirtió en el centro del grupo. el lugar que uno hubiera pensado que le pertenecía. «¡Quién sabe!».004 http://biblioteca. . John! El mismo tono desenvuelto. Dos mujeres acababan de salir de la casa y se acercaban en aquella dirección. alta y delgada con un vestido blanco marfil. Richard! Hace siglos que no nos vemos. Una era gruesa y baja. —Quizá viera algo tan espantoso que no se atrevió a decírmelo — aventuró Moira. —Unos amigos que tienen la deplorable virtud de hablar siempre de las cosas más desagradables —murmuró lady Cynthia. señora Scott —interpuso Allenson en tono ligero—. «¡Quién sabe!» De pronto.com —Tengo entendido que en nuestro país es ilegal pronosticar el futuro —dijo Richard Scott—. me niego a creer que a usted la amenace ninguna fatalidad.d2g. y la otra. La respuesta de Moira fue adecuada aunque algo tímida. ojos azules y profundos —no los típicos de una sirena— cuya cara en reposo tenía una expresión mezcla de cansancio y ansiedad. Lady Cynthia había acertado por completo.

. —Ya veo. En la estrecha pared occidental se veía una solitaria ventana situada en el primer piso. el señor Satterthwaite se volvió y señaló la casa. Frunció el ceño y añadió—: No debía haber venido. —dijo Porter. tuvieron que hacer otra — explicó—. de una personalidad tan poco importante. El señor Satterthwaite le miró de pronto y advirtió que Porter ni siquiera se había dignado escucharle. —Todo lo que veo es una especie de decoloración en uno de los cristales. Instintivamente el señor Satterthwaite supo que no se refería a la señora Scott.d2g. Y sin embargo.. nunca debería haber venido. Una vez dentro de él. enlosados senderos y bajos bancos de piedra primorosamente labrados. dando un rodeo. Salieron del jardín de los Confidentes y. Esta corría longitudinalmente de norte a sur. cortando con su bastón los tallos de unas florecillas silvestres. Hay un claro en una de las arboledas de la colina desde donde podremos tener una buena vista. Lo condujo.004 http://biblioteca. con tétricos cristales y que. . Al llegar al centro del jardín. —Muy interesante —añadió este último. Parecía tan anodino. la vista se deleitaba en la contemplación de unos encantadores y bien cuidados parterres florales. Porter estiró el cuello y miró en la dirección que le indicaban. —Ahí la tiene —dijo el señor Satterthwaite. La nueva está orientada al sur y domina el césped donde hemos estado sentados. pues estaba totalmente rodeado de altos macizos de acebo que zigzagueaban hasta la entrada. al tapiar esta ventana. —Estamos demasiado cerca —añadió el señor Satterthwaite—. Ella no debió haber venido. casi cubierta por la yedra. —No —repitió Porter—. sin reparar en la poca atención que su compañero prestaba a sus palabras. Una especie de afán exhibicionista le dominaba. torciendo bruscamente a la izquierda. estaba tapiada con una gran plancha de madera por el interior. nada más.. —Le enseñaré la ventana —contestó el señor Satterthwaite. —Como es natural. Por eso juzgué prudente no seguir con el relato. como fácilmente podía observarse.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Me imagino que los Scott son los que ocupan esa habitación. ya. era un oyente atento. al lado oeste de la casa.. La gente solía hablar de aquella forma al señor Satterthwaite. entraron en los bosques. —¿Lo cree usted así? —preguntó. y que parecía hacer honor a su nombre. Quizá la señora Scott se hubiese puesto nerviosa al saber que dormía en lo que pudiéramos llamar la habitación encantada.com —Era muy interesante esta historia que acaba usted de contar —dijo el comandante. donde había un pequeño y bien cuidado jardín conocido por el nombre de jardín de los Confidentes.

El señor Satterthwaite se sintió de nuevo poseído de su espíritu exhibicionista. —Me refería a Scott —Hizo una breve pausa—. pegada a uno de los cristales. ya que su interlocutor pareció no haberse dado cuenta de él hasta el último momento. salieron a un alto a no mucha distancia de la casa. cuando el nuevo propietario de la casa decidió acabar de una vez con la leyenda. aunque esto último no cambia las cosas. La última vez.. se divisaba claramente la silueta de una cabeza de hombre rematada por un ancho sombrero emplumado de caballero medieval. —Pero. —¿Cómo conoció Scott a la que es hoy su esposa? —preguntó. sin duda alguna. La ventana aún se veía con perfecta claridad y.004 http://biblioteca. ¿Por qué la invitaron? —acabó con brusquedad.. —Ella parece una muchacha encantadora.com Porter meneó la cabeza como perdido en sus pensamientos. sino gradualmente. y hacer lo que podamos. la mancha reaparece. —Condenadas leyendas. —Por ignorancia —contestó. no súbita. En realidad. como para sí. —Muy curioso —dijo Porter—. Es una mujer admirable y con una condenadamente buena puntería —Hizo una pausa—. Y él la adora. Fue una boda casi relámpago. Iris y yo. Experimentó un repentino y rápido estremecimiento. puesto que la decoloración tarda uno o dos meses en formarse. por lo menos once veces. —De nuevo el comandante Porter repitió algo.d2g. Ese cristal ha sido reemplazado.. Quizá más. en realidad. Verdaderamente curioso. este detalle no se había escapado a la perspicacia del señor Satterthwaite. —Esa es precisamente una de las partes más interesantes de la historia. conjugando el verbo de manera que solo a una determinada persona podía hacer referencia—: ¡Al diablo con todo! Repito que ella no debería haber venido. —Yo también estaba en ese viaje —exclamó abruptamente—. Pero siempre ocurre lo mismo: por extraño que parezca. Se prometieron a las tres semanas y se casaron a las seis. que yo sepa. Los tres estuvimos: Scott. hemos de tener muy en cuenta a la señora Scott. En aquel momento. El señor Satterthwaite se encogió de hombros. Alargó el brazo y exclamó: —¡Fíjese! La noche caía rápidamente. Debemos estar alerta.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. hará unos doce años.. Y cuál fue el verdadero motivo de que se tapiara la ventana? . —Y lo es. —Va a haber problemas —declaró el primero—. Pero ¿qué sucedería si. Porter mostró cierto interés en lo que escuchaba. la señora Staverton. —El invierno pasado en El Cairo. pero no creyó prudente mencionarlo. Como usted comprenderá. destrozaran ese cristal? El señor Satterthwaite sonrió. No vale la pena hacerles caso. Por primera vez. algún día.

Moira Scott continuaba siendo la encantadora y sencilla muchacha de siempre. con su natural desenvoltura. —Sea o no una tontería. Las dos mujeres parecían llevarse con la más perfecta armonía. —Puede que sea así —contestó la señora Unkerton—. la voz de la mujer se alzó nuevamente y dejó oír unas palabras que ambos hombres recordarían posteriormente. he decidido enviar a buscar al cristalero. como temerosa de que alguien pudiera seguirla.. de nuevo. Porter enarcó las cejas. Bordeaban uno de los macizos de acebo cuando. —Los celos son malos consejeros. Todo parecía sereno y normal. hay algo que me pone los pelos de punta. El señor Satterthwaite recordó las palabras de lady Cynthia. llegó hasta ellos la voz clara de Iris Staverton. Son obra del Diablo y pueden llevarlo a uno hasta el crimen. Y ahora. desde el fondo del jardín de los Confidentes. pero si eso . ella salió del jardín y dio la vuelta a la casa sin verles. estuviera a punto de desencadenarse. dice que da a la casa cierta nota de distinción. que decidió confiarse al señor Satterthwaite.! Emprendieron el regreso a la casa en silencio. Se lo diré con franqueza. —Se olvida usted —dijo el señor Satterthwaite—. —¿Al cristalero? —Sí. Una mujer peligrosa. A mí. francamente.. Stanley y su mujer también la ocuparon y el marido no tardó en huir del lado de su esposa y escaparse con una corista. ten cuidado! Y a continuación. Para colocar un nuevo cristal en esa ventana. ¡Ten cuidado. Los Evesham estuvieron en ella y al poco tiempo se divorciaron. Iris Staverton. sino a la moral.d2g.004 http://biblioteca. Ned está orgulloso de ella. alejándose a paso rápido. Al caminar sin ruido por la blanda hierba. El propio Richard Scott parecía lleno de la mayor jovialidad. me desagrada.com —Pues que empezó a circular el rumor de que la habitación traía mala suerte. no daba muestras de tensión alguna. Sin embargo. limpio y desprovisto de historias desagradables. ¡Quién sabe si. aquella misma noche sintió vergüenza por sus temores. Sin que Ned lo sepa. —Por lo que veo. pensó el señor Satterthwaite para sí. Por primera vez cruzó por su mente la visión de una tragedia que. Al menos tendremos un cristal moderno. cada uno absorbido en sus propios pensamientos. que la mancha acaba siempre por volver a salir. Richard! ¡Por lo que más quieras. rápida e inexorable.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. La única persona que parecía preocupada de veras era la señora Unkerton. que decía con tono airado: —¡Lamentarás esto! ¡Lo lamentarás! La voz baja y entrecortada de Scott contestó unas frases ininteligibles y. son los Scott los que la ocupan. la amenaza no es a las vidas. o quizá lo ignore. tuvieron que escuchar sin querer lo que alguien decía.

Sugirió al comandante Porter llegarse de nuevo hasta el claro del bosquecillo para comprobar si la señora Unkerton había cumplido su palabra y había hecho cambiar el cristal de la ventana. cuando vio a John Porter y a la señora Staverton sentados en un rincón de la gran sala y oyó cómo esta última decía con su agradable voz alterada por un leve tono de irritación: —No tenía la más remota idea de que pudiese encontrarme aquí con los Scott y. no hubiera venido. te digo que. tendría que admitir que se trata de algo sobrenatural. tenía que ir a Carlsbad1. —Y aunque así fuese —prosiguió la señora Unkerton. El señor Satterthwaite estaba destinado a volver a oír otro fragmento de conversación que acabó de arrojar alguna luz sobre la situación. Pero también te aseguro. (N. El señor Satterthwaite no aceptó el desafío.) . por muy fantasma que fuera. El señor Satterthwaite siguió subiendo y se perdió el resto de la conversación. del T. Ned y yo. querido John. no pienso salir huyendo.d2g. Subía la escalinata hacia su habitación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. estaba interesado en la preocupación manifiesta de la señora Unkerton. Eso es lo que necesito: un poco de ejercicio. por descontado. Había cierta tensión. él mismo propuso un paseo antes de que anocheciera del todo. de haberlo sabido. pudiese entablar con probabilidades de éxito una lucha contra tan poderoso elemento. ¿Qué habrá de verdad en lo que acaba de decir? ¿Lo sabía? ¿No? Veremos qué sale de todo esto. no estamos en situación económica tan precaria. Recordó que dentro de una quincena. Sus temores sobre una catástrofe inminente eran producto de los nervios. como para no poder comprar un cristal cada mes o cada semana si fuese preciso. pero nada más. puros nervios. Los dos hombres caminaron lentamente a través de la arboleda. La clara luz de la mañana siguiente le hizo pensar que su imaginación le había impulsado a considerar los acontecimientos de la tarde anterior bajo una luz de excesivo dramatismo. Había visto derrumbarse tantas cosas bajo la acción demoledora del dinero. querido John. 1 Balneario termal. El señor Satterthwaite se limitó a alzar las cejas sin contestar. era innegable dadas las circunstancias. Las personas acaban siempre por entenderse. o quizá del hígado. Sin embargo. que una vez aquí. Sin duda. en actitud de desafío—.004 http://biblioteca.com ocurriera. Murmuró para sí: No sé qué pensar. que llegó a tener sus dudas de que un caballero. Al atardecer. Se dijo a sí mismo: Ejercicio. Y meneó la cabeza de un lado a otro. Ni aun ella podía sustraerse a la tensión que había en el ambiente y que pretendían atribuir más a la historia del fantasma que a la incompatibilidad de caracteres de los huéspedes presentes.

—Sí. un peligro enorme. sino en los espesos matorrales que les rodeaban.004 http://biblioteca. señor Satterthwaite.. Habían salido a la pequeña explanada tapizada de hierba. Es de esos hombres que se sienten honrados con la presencia de un fantasma en el seno de la familia y que por nada del mundo renunciarían a él después de haber pagado dinero contante y sonante por su adquisición. —He de confesar que no acabo de comprenderle —dijo el señor Satterthwaite. pero lo cierto es que así como hay gentes que pueden olfatear en el aire la proximidad de una tormenta. El señor Satterthwaite respiraba con cierta dificultad. Permaneció en silencio durante unos instantes.! Se detuvo en seco.d2g.com Porter. Me refiero a la idea que teníamos de que algo malo estaba a punto de ocurrir. no en la casa. dominar sus propios sentimientos y todo lo demás. Y añadió después de transcurridos un par de minutos—: Personas civilizadas. —Quizá crea usted que lo que voy a decirle es pura charlatanería. —¿Qué quiere usted decir? —Que no es infrecuente que las gentes que han vivido largo tiempo alejadas de la civilización retrocedan. —Unkerton ha debido intervenir —dijo con indiferencia—. asiendo con fuerza el brazo del señor Satterthwaite y. ¡En cualquier instante. más vívida que nunca. Que den un salto atrás o como quiera llamarlo. moviendo con celeridad las piernas para poder seguir las descomunales zancadas de su compañero—. Nunca le habían gustado las cuestas. permaneció en silencio. las personas deben saber comportarse.. Porter se limitó a dirigir un vistazo fugaz. Se aproxima un peligro. —Quizá.. Se volvió rápidamente y ambos iniciaron el descenso por la misma ruta que habían tomado para subir. La cara seguía allí. los hay que pueden predecir con absoluta certeza la existencia de un grave peligro. como de costumbre. puede que. Después de todo. —¿Nunca se le ha ocurrido pensar —prosiguió— que la civilización es condenadamente peligrosa? —¿Peligrosa? Esta observación un tanto revolucionaria sorprendió vivamente al señor Satterthwaite. —contestó lacónicamente Porter. durante el breve y tenso instante de silencio que . cuando menos lo esperemos. Miraron hacia la ventana. —No puedo por menos de creer —charló locuazmente el señor Satterthwaite— que estuvimos un tanto desacertados en nuestras elucubraciones de ayer.. No hay en ella lo que pudiéramos llamar válvulas de seguridad. La gente razonable. con la mirada fija. Porter lanzó una carcajada corta y desconcertante y miró al atildado caballero que le acompañaba. —Parece que nuestra anfitriona se ha arrepentido.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.

—Ha. y por el lado opuesto de la casa.. El señor Satterthwaite se dirigió al lugar en que Richard Scott y Unkerton permanecían arrodillados en el césped. Sus nervios de acero se hicieron evidentes en aquel momento de crisis.d2g. a la que la gitana devolviera el chelín. pudieron oírse claramente dos detonaciones seguidas por un grito. y Moira Scott. yacían exánimes uno junto al otro. —y añadió después de unos segundos que parecieron una eternidad—: La he recogido del suelo. cerca de uno de los bancos de piedra. Un hombre y una mujer. Al mismo tiempo. sosteniendo algo en su mano derecha. La herida estaba en el pecho y la bala había quedado alojada en su interior. el alarido angustioso de la voz de una mujer.com transcurrió. estuvieron junto a los macizos que rodeaban el jardín de los Confidentes. Había tres personas en el jardín de los Confidentes. Después manipuló el cuerpo de Jimmy Allenson. Jimmy Allenson. La tercera era la señora Staverton. Después del grito de desesperación. —¡La policía! —exclamó Richard Scott como si despertara. Al dar la vuelta al último recodo de la entrada. —Un tiro en la espalda —dijo lacónicamente— que la ha atravesado de lado a lado. Hay que llamar enseguida a un médico. volvía a ser el mismo. Fue Richard Scott quien completó un ligero examen. La policía debe ver las cosas tal cual están en este momento. se detuvo de golpe. ha sonado por allí —dijo el señor Unkerton. —No debe tocarse nada —dijo con sequedad—. En menos de un minuto. señalando con una mano temblorosa. que se detuvieron al verlos. aparecieron Richard Scott y el señor Unkerton.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Vamos a verlo —dijo Porter. Pero era ya demasiado tarde para cualquier médico. .004 http://biblioteca. el hombre que se burlaba de los vaticinios sobre el futuro. que estaba de pie junto a ellos y los contemplaba con ojos enloquecidos por el horror. Iris! ¿Qué tienes en la mano? Ella bajó la vista sobre el objeto con una expresión entre sorprendida y una inconcebible indiferencia. Richard Scott soltó un grito de horror. —¡Dios mío! —exclamó Porter—. —Una pistola. —Iris —gritó Porter—. ¡Por el amor de Dios. John Porter se acercó a ellos. y se dirigió resueltamente al interior del cercado. —Un médico —decía este último—. El señor Satterthwaite miró por encima de su hombro. mirándose mutuamente y a izquierda y derecha del jardín de los Confidentes.. Dos yacían sobre el césped. Depositó tiernamente el cadáver de su esposa en el suelo. ¡Ya ha ocurrido! Y se lanzó frenéticamente por el camino con el señor Satterthwaite tras él pisándole jadeante los talones.

¿por qué tiene esa pistola en la mano? De nuevo Iris Staverton volvió a contestar con voz apagada e inexpresiva: —La he recogido del suelo. —La policía —dijo Unkerton incorporándose—. Su sonrisa constante. Había una pequeña mancha de sangre en uno de los lóbulos y su natural instinto detectivesco le hizo suponer que uno de los pendientes se habría desprendido por la fuerza de la caída. humedeciendo sus labios resecos: —Entonces. la inocente.. Su carita angelical. pero ¿a quién sino a Richard Scott podría atribuirse parte de la culpa? La maldad de los hombres. que parecía aún bailarle en los labios.004 http://biblioteca. Alguien ha de permanecer aquí.! Reflexionó unos momentos acerca de la maldad humana ¿No era acaso Richard Scott responsable en cierto modo de la muerte de su esposa? Aunque no le gustara la idea. Se hallaban en la biblioteca.. —Las señoras —trató de explicar—. ¡Pobre niña. usted dirá —dijo el inspector Winkfield. observando atentamente el cuerpo de la que en vida se llamaba Moira Scott. el señor Satterthwaite se ofreció a hacerlo. ¡Pobre niña. ¡Pobre niña!. pobre niña! —Y ahora. Richard —habló—. caballero.. Debo ser yo quien comunique la noticia a las señoras.. había pagado. —No. cosa que. supuso que colgarían a Iris Staverton. eso es. aceptó el anfitrión. Usted mismo podría hacerlo. Porter meneó la cabeza en una lenta negativa. Dio un paso en su dirección. La contempló con profunda piedad. Estiró cuanto pudo el cuello hasta que consiguió ver que una perla colgaba del otro lóbulo. Sí. con gran alivio por su parte. tan blanca y tan ansiosa de vivir. pero Porter se movió también para cortarle el paso. Había interrogado a la mayor parte de los huéspedes .. Quizá lo parezca. El inspector. se dijo a sí mismo. estaba finalizando sus investigaciones. Sus finos y rubios cabellos. Las miradas de los dos amigos se cruzaron como las aceradas hojas de dos espadachines. pero te aseguro que te equivocas. Richard Scott habló con dificultad. A mi querida esposa y a lady Cynthia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.com Sus ojos brillaron con súbito fulgor y volvió la vista hacia la mujer que permanecía inmóvil junto al macizo de acebo. que alguien se quede.d2g. Con su corrección habitual. Y la muchacha. El señor Satterthwaite permaneció en el jardín de los Confidentes.. un fornido y avezado agente de la ley que frisaba los cuarenta años. señor Scott. Hay que llamar inmediatamente a la policía. Sus orejas sonrosadas.

. —Ustedes oyeron dos disparos y un grito agudo de una mujer. El señor Scott salió disparado de la casa y. junto con el señor Unkerton.. debido a que los setos son impenetrables. estaban sentados en el césped.. Al mismo tiempo. ustedes habían salido con la sola idea de dar un paseo y volvían a la casa por el sendero que tuerce a la izquierda y sigue a lo largo de lo que llaman el jardín de los Confidentes. En mi opinión. El inspector meneó la cabeza sin contestar. eh. Nadie se cruzó con ella ni a nadie vio en el jardín. con excepción de las dos víctimas —El inspector hizo una . de haberse dirigido hacia la izquierda.. inspector. se dirigió al mencionado jardín. aparecieron usted y el señor. A las seis y diez la señora Staverton salió de la casa. oyó los dos disparos. ¿Es esto correcto? —Así es —dijo el comandante Porter.004 http://biblioteca. que da precisamente hacia ese césped. El capitán Allenson trató de abalanzarse sobre la agresora. miraba con ojos desorbitados a la pared de enfrente. no lo podría haber hecho sin ser visto por ustedes. Dos minutos después se oyeron los tiros. ella disparó primero a la mujer que estaría sentada de espaldas en el banco. desplomado en un sillón. escuchaba los relatos del señor Satterthwaite y del comandante Porter. en dirección al jardín de los Confidentes. doblando la esquina de la casa. —Dice que fue al jardín de los Confidentes buscando solo un poco de reposo y tranquilidad y que. cierta relación entre ella y el señor Scott. Si alguien hubiera salido de los jardines y se hubiera dirigido hacia la derecha. Tengo entendido que había habido. Que entró. ¿Es eso? —Correcto. Satterthwaite. —Después corrieron tanto como pudieron... el señor Scott estaba en la sala del billar. Si alguien hubiese salido de él. La señora Staverton estaba allí con una pistola en la mano de la que se habían disparado dos tiros. eh.com y ya se había formado un criterio más o menos definido sobre el caso. en el momento mismo de doblar el último recodo. —¡Eso es una condenada mentira! —exclamó Porter con voz estentórea y retadora.. forzosamente tendría que haberlo hecho por la única entrada. En esos momentos. cruzó unas cuantas palabras con los que se hallaban allí sentados y se encaminó. pero fue herido en el pecho cuando se dirigía hacia ella. Resumiendo: el señor y la señora Unkerton. acompañados de lady Cynthia Drake. —Esto lo completa todo —prosiguió el inspector—. ¿verdad? —Sí. El señor Unkerton.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. muy lívido.d2g. y en dirección opuesta. se hubiese topado inevitablemente con el señor Unkerton o con el señor Scott y.. —¿Cuál es su declaración? —preguntó el señor Satterthwaite. salieron del bosquecillo y llegaron a la única entrada del mencionado jardín. que vio una pistola en el suelo y que la recogió. —Según creo comprender —decía el inspector—.

pero posee la facultad.004 http://biblioteca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Unkerton consultó con la mirada al inspector. no es de ese tipo de gente. el primero le hizo una pequeña señal de aquiescencia a Thompson. entró con una bandeja sobre la que podía verse una tarjeta. insistió en hacer esta declaración. el mayordomo. —No —contestó el señor Satterthwaite—. el más insignificante de los hombres. Porter se volvió hacia el señor Satterthwaite. Este señor Quin es un amigo. Unkerton tomó la tarjeta. tenemos tiempo de sobra para volver a tratar esa cuestión. —Supongo que será alguno de esos aficionados a resolver problemas policíacos —observó en tono jocoso el inspector. un conocido mío. Después. pero dadas las circunstancias. Recuerdo que tenía que verme acerca de la compra de un cuadro. Estaba a punto de articular una evasiva respuesta cuando Thompson. Conozco a Iris Staverton. —Le dije al caballero que seguramente el señor no podría recibirlo — dijo Thompson—. Pero insistió en que tenía una cita importante y que era de la máxima urgencia.com pausa elocuente—. quien abandonó la habitación y volvió a los pocos . la misteriosa facultad de mostrarle lúcidamente cuanto haya usted podido ver con sus propios ojos y escuchar con sus propios oídos. Démosle al menos un bosquejo de cuanto ha ocurrido y escuchemos lo que tenga que decirnos. o mejor dicho. y se acercó a su señor anunciándose con una tosecilla significativa. ¿me preguntaba usted si podía ayudarle? Pues bien. —Señor Harley Quin —leyó—. —¿Y usted? ¿No puede acaso ayudarnos? ¿No puede usted hacer nada en favor de esa pobre mujer? El señor Satterthwaite no pudo por menos que sentirse profundamente halagado al ver que alguien como Porter se dignaba solicitar la ayuda de él. ¡Qué coincidencia! Señor Porter... quien lanzó un fuerte resoplido y se puso a mirar displicentemente al techo. —Bien. señor —contestó el inspector—. El señor Unkerton continuaba desplomado sobre el sillón sin participar en todo cuanto ocurría. Con un brusco movimiento. creo que puedo. —Si ella lo ha dicho —interpuso el comandante Porter con la cara presa todavía de una mortal palidez—. es que es la pura verdad.d2g. Es verdad que quedamos en vernos. Pero el señor Satterthwaite se había adelantado al escuchar el nombre. Es el hombre más sorprendente que pueda usted imaginar. Eso es lo que ella ha manifestado y. Mientras tanto. aunque la previne haciéndole saber que cuanto dijese podría ser utilizado en su contra. —¿Ha dicho usted señor Harley Quin? —preguntó sorprendido—. me veo obligado a cumplir con mi deber.

estamos tratando de esclarecer un drama que acaba de tener lugar en esta casa y desearíamos. como usted acaba de decir. lo lógico hubiera sido que esperase el momento de encontrarse a solas con ella. sus ropas mostrarían alguna señal. Hay algo inconsistente en todo esto. A lo que yo me refería era al asesinato del capitán Allenson.d2g. —Creo que no lo ha entendido usted bien —añadió—. visiblemente emocionado—. para escuchar las palabras del oráculo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. una ligera sonrisa se dibujó en los labios del recién llegado al pronunciar estas palabras. Si el capitán Allenson hubiese vuelto él arma contra sí mismo. Estamos sobre una pista falsa y creo tener la solución de lo ocurrido. ¿Qué dice usted a esto. saltando como movido por un resorte—. . —Una aciaga historia —comentó—.com instantes. acompañado de un desconocido. Solo tres personas estaban en aquel momento presentes en el jardín de los Confidentes. Todo es lo mismo. Siento molestar en momentos tan intempestivos. Dejaremos nuestra charla sobre ese cuadro para mejor ocasión.. comandante Porter. Eso es evidente y no trato. ¿verdad? La pistola se le escapa de las manos al caer y luego es recogida por Iris. Celos. Después se detuvo.. La ausencia de motivo aparente la hace muy intrigante. oír su opinión sobre el mismo. casi sin aliento. Supongamos que Jimmy Allenson dispara primero contra la señora Scott y luego vuelve el arma contra sí mismo. no al de la señora Scott. Unkerton le miró con sorpresa. —Que es inadmisible.004 http://biblioteca. Pero el señor Quin se limitó a menear la cabeza. el señor Satterthwaite. por lo tanto. Los celos o la posesión demoníaca. Una tragedia verdaderamente triste y espantosa. Alguien oyó a la señora Staverton proferir amenazas graves contra el señor Richard Scott. —¿Señor Unkerton? —saludó el extraño personaje. Quizá no me haya expresado con claridad. de refutarlo. ¡Ah! Mi amigo. dejando su rostro en la sombra como cubierto por una máscara. según ella misma ha declarado. alto y delgado. Si Iris hubiese decidido matar a la señora Scott. Pero yo reconstruyo la tragedia de un modo diferente. El señor Quin se sentó. ¿Tan enamorado como siempre de los dramas? Por un instante. tanto el señor Porter como yo. Eso es perfectamente lógico. —Estamos completamente de acuerdo sobre este particular — contestó Quin—. —Tiene usted razón —exclamó Porter. Estaba mortalmente celosa de su mujer. No me cabe la menor duda. La pantalla coloreada de una de las lámparas arrojaba una luz brillante sobre el gabán a cuadros. —Señor Quin —dijo el señor Satterthwaite. Sucintamente el señor Satterthwaite expuso los aspectos principales de la tragedia. inspector? Este meneó la cabeza. estrechando la mano del dueño de la casa—.

—Encontré esto en la hierba —concedió. A la que yo me refería era precisamente a la oreja derecha. —No soy ningún mago. quien menos se habrá dejado influir por ideas preconcebidas.d2g.004 http://biblioteca. En los momentos de crisis.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Esta última afirmación le pareció improbable en el mismo momento que la decía. con el cabello desordenado y con una pequeña mancha de sangre en el lóbulo de una de sus orejas. Ni siquiera un criminalista. Mas de pronto se irguió y preguntó en tono de reto: —¿Y bien. . y decirnos con exactitud el instante que con más fuerza le impresionó? ¿Fue cuando oyeron los disparos? ¿Cuando vieron los cadáveres? ¿Cuando vio la pistola en manos de la señora Staverton? Borre de su mente toda idea preconcebida y cuéntenoslo. —No —contestó pausadamente—. una imagen que subsiste cuando las otras ya se han desvanecido. Es más probable que haya sido roto por una bala. —¿Con qué fin? No es lógico. —Pero. sin gran convicción. señor Satterthwaite. El momento que siempre recordaré será cuando me vi solo y arrodillado junto al cadáver de la señora Scott. entre todos los presentes. El inspector tosió. un pendiente no puede haberse hecho pedazos por la mera caída de un cuerpo sobre la hierba. a mi entender. —No —replicó el señor Satterthwaite. ¿Quiere usted retroceder en sus recuerdos. Descansaba sobre un costado. señor Quin? Este último meneó la cabeza. Pero le diré. Nuevamente guardó silencio. No fue nada de todo eso. y supongo que será esa la oreja que usted menciona. El señor Satterthwaite clavó la mirada en el rostro del señor Quin como un niño a quien se le obliga a repetir una lección de la que no está muy seguro. Además. carecería absolutamente de motivo. sin titubear—. —Ella yacía sobre el costado izquierdo —dijo Porter—. mostrando un pequeño aro de oro.com —Quizá mantuviera la pistola a cierta distancia del cuerpo. —Uno de los pendientes debió haber saltado por el impacto de la caída —añadió el señor Satterthwaite. por el amor de Dios. sintió la impresión de que aquel detalle tan insignificante encerraba algo terrible y de gran trascendencia. Al acabar de pronunciar estas últimas palabras. eso sí. una cosa. y es que creo en el valor de las impresiones. sí! Ahora recuerdo —dijo Unkerton con voz queda. —¿Sangre en la oreja? ¡Ah. hay siempre un momento que se destaca sobre los demás. —Podría haber perdido la cabeza repentinamente —murmuró Porter. inspector —exclamó Porter—. El señor Satterthwaite habrá sido.

—Al entrar en esta casa. —Pero si no lo ha cambiado todavía —dijo al fin el señor . Debe de haber sido una bala. ¿No era eso lo que quería decir usted? —completó el señor Quin con una sonrisa peculiar—. ¿por qué no? Hubo un intercambio de miradas atónitas entre todos los presentes. que este hubiese estado frente a ella. Una bala no pudo rozarle la oreja y herirla al propio tiempo por la espalda. —¿Han visto ustedes la luz que la impresión del señor Satterthwaite ha arrojado sobre este asunto? —Y añadió volviéndose al señor Unkerton—: Ahora le toca a usted. muy cerca. Y bien. ni tiene que ver con lo que aquí se está tratando.. Lady Cynthia me dijo que Allenson la salvó de morirse de aburrimiento el invierno pasado en Egipto. fue donde Richard Scott conoció a su esposa. Y ahora que pienso. A menos que. —No lo sé —dijo el señor Satterthwaite pensativo—. —¿Eh? No le comprendo.d2g. ni aun así. Se detuvo sorprendido al ver la fijeza con que dos personas le miraban. Y usted —añadió volviéndose a Porter— me contó que. Este se levantó de su asiento. que. ¿Allenson y la señora Scott? Imposible. —Al contrario. Fue una bala... Quizá se conociesen más de lo que nosotros creemos. en fin. —Que ella hubiese estado en sus brazos. las miradas se concentraron nuevamente en el señor Quin. La idea parecía inadmisible. —Pero solo hubo dos disparos —aclaró el inspector—. Estaba deseando que mi mujer no hubiese tenido nunca la idea de cambiar el cristal de la ventana conocida en esta casa con el nombre de «la ventana encantada». no pudiendo dar crédito a esta suposición. Pero. —En realidad no tiene importancia —empezó a decir Unkerton—. más bien parecían esquivarse el uno al otro. allá va.. No importa que no parezca guardar relación alguna con la tragedia ni que crea que es una mera superstición —Unkerton se sobresaltó ligeramente—.? A menos que. observé que estaba usted profundamente pensativo y desearía conocer qué pensamiento era el que le obsesionaba. en el invierno pasado y en El Cairo. Tenía el presentimiento de que hacerlo acarrearía una maldición sobre nosotros.... Pero no. ¿Quién nos dice que no intimaron allí también estos dos? —Apenas se les veía juntos —observó Unkerton.. Como sorprendidos de las conclusiones a las que inesperadamente se había llegado.. y estoy seguro de que solo servirá para provocar la hilaridad de los presentes. —¡Pero si apenas se conocían! —exclamó el señor Unkerton. ¿cómo se explica el caso de Allenson.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.com —Así fue —dijo el señor Satterthwaite con repentina inspiración—. Y si un disparo se llevó uno de los pendientes y otro le produjo la muerte.004 http://biblioteca. Díganosla..

¿Qué hace? Se le ocurre una idea. están su mujer y un hombre. Tan perdidamente que aún. —Imaginemos —dijo— a un hombre que por naturaleza sea intensamente celoso. Los demás le siguieron. —Sí.com Satterthwaite. Era un lindo dormitorio artesonado con artísticos entrepaños pintados de color crema con dos ventanas orientadas al mediodía. Al amparo de su disfraz. No puede tener duda de la relación que existe entre ellos. Fue lo primero que mandó hacer esta misma mañana. Era un fragmento de una pluma de avestruz.004 http://biblioteca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que Richard Scott estuvo un tiempo perdidamente enamorado de Iris Staverton. En él. Hasta casi me atrevo a suponer que hubo un tiempo en que la misma Iris Staverton llegó a creer que . dispara. después de largos años de separación. Esa habitación no está empapelada. —¡Dios mío! —exclamó Poner—. —¿Y cómo permitió que acusaran a una inocente? —gritó—. La cólera le ciega. Porter empezó a palpar la madera que corría a lo largo de la pared oeste. Los contempla unos instantes. y conste que esto es solo una mera suposición mía. Cualquiera que levante la vista en aquella dirección creerá estar viendo la sombra del Caballero Vigilante.. Un costoso sombrero Ascot. los sigue observando y.d2g. y seguros de que nadie puede sorprender su secreto. Su tiro es certero.. Ahora empiezo a comprender. Atravesó la habitación y se dirigió a un armario en el que había profusión de sombreros de la difunta y sacó uno de anchas alas y retorcidas plumas. en el momento en que ve que uno se echa en brazos del otro.? Pero Porter ya había salido disparado de la habitación y se dirigía al dormitorio que ocupaban los Scott. Esta vez la bala solo acierta a rozar una oreja de la infiel y llevarse uno de sus pendientes. abre un día la ventana y pasea su mirada sobre el jardín de los Confidentes. dejando ver la tétrica vidriera de la ventana encantada. Los ve caer y. Un hombre que haya estado aquí hace años y que conoce el secreto del resorte en el artesonado. El señor Quin empezó a hablar en un tono reflexivo. Sin más ánimo que el de distraerse. Pero ¿qué tiene eso que ver con. Este asintió. Porter dio un paso hacia él. Está anocheciendo y recuerda la historia de la mancha sobre el cristal. sino artesonada. Luego arroja la pistola al jardín. vuelve a disparar. —Tiene que haber un resorte en alguna parte. Me imagino. loco de furia. fatal. atravesando la sala del billar. ¿verdad? —Así es. ¿Por qué? ¿Por qué? —Creo conocer la razón —contestó el señor Quin—. Se dirige al armario y se cubre la cabeza con un emplumado sombrero de anchas alas. los celos siguen atormentándole. Porter se agachó y recogió algo del suelo. corre escaleras abajo y sale a unirse con los demás. Uno de los cristales era nuevo y limpio. Después miró al señor Quin. ¡Ah! Hubo un sonido seco y uno de los entrepaños se descorrió.

como aturdido—.com estaba enamorada de él..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿No se referirá usted a. Pero hubo una cacería a la cual fue con él y se enamoró de otro hombre mejor. me refiero precisamente a usted...d2g. —Lo haré —contestó Porter. —De un hombre mejor.. —-murmuró Porter. Se volvió y salió de la habitación.. yo no perdería el tiempo y correría a su lado. .? —Sí —dijo el señor Quin con plácida sonrisa—..004 http://biblioteca. —Hizo una pequeña pausa y añadió—: En su lugar.

Miró a su alrededor con desesperación.. como un pajarito con el plumaje erizado. . —Sí. Masters —contestó el señor Satterthwaite secamente. como excusándose. pero su caballerosa consideración por los sentimientos de los demás le contuvo y prefirió sustituirlo por el nombre de «lugar». El nombre no aclaró sus dudas y. pues era bien sabido que el señor Satterthwaite estaba acostumbrado a la cocina de los mejores chefs continentales y tenía a su servicio a un cordón bleu a quien pagaba un fabuloso sueldo. ¿por qué no la probamos? Podrían servirle algo de comer. mantuvo un silencio respetuoso. ya habían tenido dos pinchazos en los neumáticos y. percibió algo que chirriaba y se movía a impulsos del viento. —Media hora por lo menos —fue el fallo inapelable del encargado de la reparación. Habían salido tarde. señor.d2g. El día había sido aciago. Casi al final de la calle. se habían equivocado en un cruce y perdido en las intrincadas llanuras de Salisbury Plain. No será a lo que está usted habituado. Iba a decir «agujero olvidado de la mano de Dios». —¿Cómo se llama este. lo cual le hizo concebir ciertas esperanzas. el nombre le sonó ligeramente familiar. Lo más probable será que le lleve unos tres cuartos de hora. señor —dijo Masters—. señor. que así lo creía. —Y tendremos suerte si no es más que eso —añadió Masters. —Parece que lo tenga todo previsto. cuando un tercer pinchazo acabó por rematar el día. —No podremos reanudar la marcha hasta dentro de unos tres cuartos de hora casi seguro y son ya más de las ocho.com 3 EN LA HOSTERÍA DEL BUFÓN El señor Satterthwaite estaba enojado. Se detuvo.. y comunicarle el motivo de nuestro retraso.. un garaje y una estafeta de correos en uno de los lados. pero. complementado por tres tiendas indeterminadas en el otro. Kirtlington Mallet consistía en una única calle de casas dispersas. sin embargo. —Parece que allí hay una posada —se aventuró a decir. se paseaba arriba y abajo por delante del garaje del pueblo mientras su chófer discutía ásperamente con el mecánico del lugar. finalmente. —Kirtlington Mallet. Masters.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. si puede saberse? —preguntó con impaciencia el señor Satterthwaite. el chófer—. Eran ya cerca de las ocho y aún les faltaban unas cuarenta millas para llegar a Marswick Manor. señor. —contestó el dueño del garaje—: La hostería del bufón. este lugar. sin embargo. Podría usted telefonear a sir George Foster desde la posada.004 http://biblioteca. su punto de destino. —Si me permite una sugerencia. El señor Satterthwaite.

004 http://biblioteca.com El señor Satterthwaite. —¿Quin? —preguntó excitadamente—. —Gentes que van y vienen. —¿Gente extraña? —preguntó el señor Satterthwaite—. se alejó calle abajo. además. —¡Joroba! —comentó Masters—. un corpulento cincuentón dueño de la hostería del Bufón. El señor Satterthwaite reflexionó que las gentes que frecuentan una posada acostumbran a ser casi siempre de las que «van y vienen». señor. pero aun hombres así no pueden sustraerse a los molestos aguijones del hambre. Acaba de marcharse el último pescador y la casa ha quedado un poco vacía. —Ah. Y con cuarenta millas todavía por delante. Ese menudo jefe suyo no parece ser de los que les guste viajar con rayos y truenos. ¡Un extraño nombre para una hostería! No creo que lo haya oído antes. —Son gentes extrañas las que allí entran y salen —observó el mecánico de la localidad. no pudo por menos que mirar calle abajo. un gran cocinero. por lo tanto. por eso no necesitamos darnos prisa —dijo el otro—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Y con sus pequeños pasos característicos. Y. de ese tipo —contestó vagamente. En la actualidad. Estaba inclinado sobre la rueda y su voz sonó apagada y confusa. Me acercaré también yo un momento a tomar un bocado. ¿Qué quiere usted decir con eso? El otro no pudo dar una contestación satisfactoria. pero estimuló su curiosidad. Hace rato que la estoy sintiendo en el aire. Pero no tardará en volverse a llenar para la temporada de caza. Era un hombre que comía como un pajarito. estaba en esos momentos tratando de congraciarse con nuestro diminuto señor Satterthwaite. No podrán salir a la carretera hasta que haya escampado. —Puedo hacerle un buen bistec con patatas. en dirección al chirriante letrero y sentir por el consejo una ligera y secreta aprobación interior. a pesar de su ferviente deseo de no aceptar sugerencias que viniesen de persona alguna. El señor William Jones. —La hostería del Bufón —dijo pensativamente—. El señor Satterthwaite se quedó de una pieza. El mecánico levantó la vista y le dijo a Masters: —Se acerca una tormenta. casi un epicúreo. En cualquier caso. Un trueno empezaba a retumbar en la lejanía. y un buen queso como no ha probado usted mejor en su vida. La hostería del Bufón podía ser un lugar de espera tan bueno como otro cualquiera. —Espero que le den un buen trato en la fonda —murmuró el chófer—. carecía de precisión. ¿Ha dicho usted Quin? . —Billy Jones es una excelente persona —le informó el mecánico—. dado su mal humor. Pase por aquí a la sala del café. debía pasar de algún modo los tres cuartos de hora. no tenemos más huésped que un caballero llamado Quin. La definición.d2g.

—empezó a decir el señor Satterthwaite..» No podía hacerse descripción más acertada de un hombre como el señor Quin. Debo este placer a una afortunada avería de mi coche. ja. —¡Ah! —exclamó el señor Satterthwaite—.. como de un prestidigitador. señor.d2g. caballeros. —La palabra es demasiado ampulosa. ¿Se hospeda aquí? ¿Se quedará mucho tiempo? —Sólo esta noche. moreno. señor Satterthwaite! Volvemos a encontrarnos de forma inesperada. debo confesar que de usted siempre espero algo parecido. como en espera de noticias.. Esta es la sala del café. En aquel momento llegó el posadero con pan y mantequilla. —En una noche como esta. El señor Satterthwaite se sentó frente a su amigo con un pequeño suspiro de satisfacción y contempló la morena cara sonriente que tenía ante sí. Es que le veo como a una especie de mago.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero no lo dudaba. Yo me limito a hacer de apuntador.. —Mala noche. Me faltaría. El señor Quin meneó la cabeza sonriendo. ¡Una coincidencia muy curiosa! ¡Encontrarnos en este lugar! ¿Se trata de Harley Quin? —El mismo. el que hace los conjuros y no yo —replicó el señor Quin. Eso es todo.. pero se detuvo. el señor Satterthwaite apenas se daba cuenta de que podía haber por el mundo otras personas que respondiesen a aquel mismo nombre. señor. Ja. es usted siempre.. —Entonces he tenido suerte. Alto. ¡Ah! Aquí está el caballero. Al colocar las cosas sobre la mesa. «De esos que van y vienen. El señor Satterthwaite estrechó su mano con efusión. iluminó la habitación un vivo resplandor seguido de un fuerte trueno.. —Encantado. —Qué lástima —contestó el señor Satterthwaite un tanto decepcionado—. —¡Ah. encantado.. la familiar figura del señor Quin se levantó de la mesa a la que estaba sentado y dejó oír su conocida voz. La información dada por el encargado del garaje encajaba perfectamente con nuestro hombre en cuestión. en realidad. Hasta el nombre de la hostería parecía acomodarse al carácter del personaje. ¿Es amigo suyo? —¡Claro! ¡Un gran amigo! Temblando de excitación. .004 http://biblioteca. —¡Qué suerte tengo! —añadió el señor Satterthwaite—. Sí. El señor Quin meneó pausadamente la cabeza.?. inspiración. pero no puedo hacerlos sin su presencia. —Le aseguro —dijo— que no traigo ninguna pecera ni ningún conejo escondido en la manga. —Y sin embargo. sonriente. ¿cómo diríamos.com —Ese es su nombre.

. Tres meses. Un joven apuesto y sin preocupaciones de ninguna clase. Había dado con ello. —repitió con retintín el señor Quin. —¿Por qué no? Ha pasado algún tiempo. Mi opinión es que debió ser víctima de algún accidente. —¡Ah! ¡Ahora caigo! —exclamó súbitamente el señor Satterthwaite. Vendió la casa y se marchó al extranjero porque no podía soportar que. Durante unos instantes. ¡pobrecita! Un misterio y nada más que un misterio. ¡Oh! Le conocía muy bien. sin culpa alguna por su parte. Eso de que los hechos se ven con más claridad después de pasado algún tiempo. —Cuanto más tiempo ha transcurrido. —Es una curiosa teoría la suya —-dijo el señor Satterthwaite—. Ahora recordaba por qué el nombre de Kirtlington Mallet le era tan familiar. Su voz sonó como una provocación en los oídos del señor Satterthwaite. El otro hizo un gesto característico. como otros muchos británicos. —¡Claro! —repitió—. Canadiense. la víspera del día en que desapareció para siempre.. Son muchas las veces que les he visto volver cabalgando a su casa a él y a la señorita Le Couteau. Esto representa una gran diferencia. ¡Aquí hay un misterio muy profundo! Nunca sabremos lo que realmente pasó. . Todo el mundo lo vio. Fue en Kirtlington Mallet donde ocurrió el suceso. Tres meses antes había leído todos los detalles de la sorprendente desaparición del capitán Richard Harwell. En una noche como esta fue cuando el capitán Harwell trajo a su esposa a casa. Como cualquier otro lector de periódicos de Reino Unido. el silencio reinó entre los dos.d2g. Era una joven dama hermosísima y muy bien considerada. —Paró en esta casa el invierno pasado durante la temporada de caza —añadió el posadero—. según creo. —Yo creo que sí —contestó tranquilamente el señor Quin. la gente se parase a su paso y la señalase con el dedo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Meneó la cabeza y de repente recordó sus obligaciones y abandonó precipitadamente la habitación. Pero a ella el suceso le rompió el corazón. Se ve mejor la verdadera relación que guardan entre sí. había también desarrollado sus propias teorías. se sintió intrigado por los detalles de la desaparición y. —No estoy muy seguro —rompió a hablar el señor Satterthwaite con cierta vacilación— de que recuerde hoy los hechos con claridad.com —Que Dios me condene —exclamó el dueño de la hostería con cierta inconsciencia— si no eran esas las mismas palabras que yo pensaba emplear. más cosas adquieren la adecuada proporción. y así fue. —Un misterio insondable. Y a la gente del pueblo les dio por decir que muy pronto habría una boda.004 http://biblioteca. —¿Pretende usted decir que podemos solucionar un caso en el que Scotland Yard fracasó? —preguntó secamente.

Al menos una docena de pretendientes sin un céntimo no la dejaban ni a sol ni a sombra. Y rica. millonario americano. Tanto es así que. El señor Quin asintió. cuando después de la tragedia decidió vender Ashley Grange con todo cuanto encerraba la mansión. sino con el mero objeto de recrear el ambiente. bien en las cacerías. y volvieron para instalarse en su residencia de Ashley Grange. El dueño de esta . hacia las veces de dueña. pero su corazón permanecía libre.com Era todo el estímulo que el señor Satterthwaite necesitaba. morena. Era huérfana. en los salones o en cuantas partes hiciese ella su aparición. »La boda se celebró tres meses después. Bradburn.d2g. de educación refinada. Es decir. no vaciló en pagar la respetable suma de setenta mil libras que ella pedía. —Así podremos hacernos una idea de nuestra protagonista —continuó el primero—. hasta la llegada del capitán Richard Harwell. Era una hermosa residencia antigua.004 http://biblioteca." El adagio se cumplió al menos en parte. La feliz pareja escogió el extranjero para pasar una luna de miel de quince días. Eleanor Le Couteau y Richard Harwell estaban prometidos. el señor Cyrus G. Jamás pudo haber soñado tener una mejor propietaria. Solo en presencia del señor Quin cambiaba su posición. solicitó su mano. Allí era siempre el señor Quin el oyente. la atmósfera en la que vivió la señora Harwell. No le faltaron los cazadotes. —Menciono esto —añadió en tono de disculpa— no porque en realidad guarde relación directa con lo fundamental de nuestro tema. Era a la vez coleccionista y compradora dotada de un exquisito gusto. que había sido descuidada y permanecido deshabitada durante muchos años. El señor Satterthwaite ocupaba el centro del escenario. —El ambiente es importante tenerlo en cuenta —señaló. sin defecto alguno que hiciera desvirtuar sus méritos. »El capitán Harwell reservó alojamiento en la hostería local para la temporada de caza. Veintitrés años. Una tal Saint Clair. La señorita Le Couteau era una canadiense de origen francés. señor Quin? "Feliz el cortejo que poco dura. Era un gran experto en monterías.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. dama de intachable conducta y reputación social. A los dos meses de conocerse. —Fue hace poco más de un año —dijo— cuando Ashley Grange pasó a manos de la señorita Eleanor Le Couteau. El señor Satterthwaite hizo una pequeña pausa. el partido de mayor alcurnia del país. Sin embargo. Se dice que el joven lord Leccan. ¿Recuerda usted el viejo dicho. Eleanor Le Couteau era la única que llevaba las riendas de su propia fortuna. Su papel en la vida había sido siempre el de oyente o mero espectador. Un diablo arrogante y osado. hermosa. no debemos olvidarnos de esto. Sus antepasados eran emigrés de la Revolución francesa y le habían dejado en herencia una colección de reliquias y antigüedades de un valor casi incalculable.

¿Un presagio? ¿Quién puede decirlo? Fuese lo que fuese. por lo que sabemos. El señor Quin se inclinó hacia delante. sin embargo. Así pues. Hizo una pausa repentina como si le asaltase una duda. con una posición envidiable. Y además. lo cierto es que. ¿dónde está el motivo? Por lo que se ha podido comprobar. al parecer. ¿Qué era. si mal no recuerdo.d2g. después de todo. Stephen Grant. Hasta la fecha. pero este motivo era muy poco importante. lo que se sabía del capitán Harwell? Cuando la policía empezó a informarse sobre sus antecedentes se encontró ante una escasez casi absoluta de datos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿dónde está el cadáver? No es probable que lo hayan hecho desaparecer sin dejar el menor rastro. Era un magnífico jinete y. Nada se le pudo probar. uno de los jardineros. —¿Supongo que no habrán faltado teorías? —preguntó el señor Quin. La mirada admirativa que le dirigió el señor Quin le dio el tributo que necesitaba y prosiguió: —La desaparición fue notable e inexplicable. a la mañana siguiente temprano. Aquí tenemos un cuadro de felicidad y alegre despreocupación. a hora muy temprana. Y sin embargo. vuelvo a repetirle que Harwell no tenía un solo enemigo en el mundo.com posada acaba de decirnos que la noche del día en que volvieron fue como esta.004 http://biblioteca. —Por lo menos que se supiera —observó el señor Quin reflexivamente. —¿Está usted pensando en el joven Stephen Grant? —Así es —admitió el señor Satterthwaite—. vio al capitán Harwell paseando tranquilamente por el jardín. Supongo que la policía solo quiso demostrar que tenía interés en el asunto. Iba con la cabeza descubierta y silbando. Teoría número uno: el capitán Harwell ha muerto asesinado. como usted sabe. —¡Claro que no! Puede estar seguro. La mañana del día de la vuelta del matrimonio. El señor Satterthwaite asintió. desde ese instante. era el caballerizo de Harwell y había sido despedido por una falta insignificante. gratamente consciente del momento dramático. nadie ha vuelto a ver de nuevo al capitán Richard Harwell. Nadie en Kirtlington . y tuvieron que ponerlo al fin en libertad. El señor Satterthwaite se detuvo. no han conseguido resolver este misterio. —A eso vamos precisamente. serían las siete y media aproximadamente. John Mathias. Fue detenido por la policía como presunto culpable de la desaparición del capitán Harwell. el capitán Harwell no tenía un solo enemigo en el mundo. Es verdad que podía suponerse que guardaría algún resentimiento contra el capitán Harwell por el despido fulminante. en ese caso. Pero. se vio a Stephen Grant rondar por la vecindad de Ashley Grange sin que pudiese justificar su presencia en aquellos lugares. Solo al día siguiente la aturdida esposa puso el hecho en conocimiento de la policía. ¿Quién era Richard Harwell? ¿De dónde venía? Había aparecido por decirlo así como llovido del cielo.

»No se trataba.004 http://biblioteca.com Mallet se había preocupado de hacer ulteriores averiguaciones. Pero ¿se trataría de un artista refinado en la materia? ¿Estaría urdiendo algún chantaje para el caso improbable de que la señorita Le Couteau decidiese casarse con otro? He de confesar que consideré esta teoría como la solución más probable. pregunto yo? ¿Por qué? Y si así fue. Ella era dueña y señora de sí misma. ¿Hay en ello algo de particular? —Supongo que la policía no pasaría por alto a este personaje — comentó el señor Quin. sí? —preguntó el señor Quin. ¿Cómo se las compuso para desaparecer de forma tan rápida y completa. ¡Ya! ¡Ya sé lo que está usted pensando en este momento! —¿Ah..d2g. La fortuna de ella estaba absolutamente intacta.. Pero ¿por qué motivo. puesto que dicen que el jardinero lo vio? —Así es. Las declaraciones de estos hicieron aún más profundo el misterio. contaba con los servicios de una acreditada firma londinense de abogados que actuaba por ella. cosa que este se negó a aceptar puesto que afirmó que disponía de suficientes bienes de fortuna. Salió de la casa a las siete para ir a los invernaderos y volvió a las ocho menos veinte. pues si bien es cierto que la señorita Le Couteau carecía de padre y tutores. —Me lo figuro. Esta noche dicha teoría no me satisface. El señor Quin repitió inclinado hacia delante: —¿Esta noche? —Sí. por añadidura. pues. El jardinero. . —Lo interrogaron repetidamente sin conseguir hacerle caer en ninguna contradicción.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Eleanor Le Couteau había ordenado el traspaso a nombre de su prometido de una considerable suma. caballeros. —Siento haberles hecho esperar. Esto fija la hora en que debió salir el capitán Harwell. ¡La eterna historia de la mujer rica y del cínico impostor! »Pero tampoco esto es absolutamente cierto. Se ha llegado a probar de modo concluyente que Harwell jamás dispuso de un solo céntimo del dinero de su esposa. —¿No hay ninguna duda sobre este último detalle. Los sirvientes de la señorita Le Couteau aseguraron haber oído abrir y cerrarse la puerta de la finca a eso de las siete y cuarto. hasta esta noche. La teoría de la policía sobre este punto fue expresada con entera claridad. La señorita Le Couteau no tenía padres ni tutores que hubiesen podido tener interés en investigar los antecedentes de su prometido. y a unas horas de la mañana en que todos los jornaleros andaban de un lado para otro preparándose para las faenas? Y con la cabeza completamente descubierta. Que medió tiempo suficiente para que Mathias hubiese podido asesinar a su señor. John Mathias. ¿dónde escondió el cadáver? En aquel momento llegó el hostelero con una gran bandeja en la mano. de un estafador vulgar. La esposa corroboró las declaraciones de su marido.

com Depositó en la mesa un enorme bistec y. —Nada de eso. El señor Satterthwaite sonrió. Muy bueno. nuestro hombre seguía aferrado a ella. Es cocinera y siempre dispuesta a echar una mano en lo que se le pidiera. También de mediana edad. —Un hombre de unos cuarenta años que debió ser un Hércules en sus buenos tiempos. Hemos estado hablando de la desaparición del capitán Harwell. a lo cual el señor Satterthwaite no puso objeción alguna. La señorita Eleanor tenía buenos informes de ellos. Llevaban solo un mes en la casa cuando ocurrió aquello. Por mi parte. Muchas veces tuvo que guardar cama y abandonar el trabajo. —Una mujer corriente. que mostró su entusiasmo. No tenía interés en quedarse aquí después de lo ocurrido. Ya me comprenden ustedes. No es que yo crea que él tenga nada que ver con el asunto.004 http://biblioteca. —¿Se sabe si había alguna mujer mezclada con el capitán Harwell? — preguntó. —Esto tiene un aspecto excelente —exclamó—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. un poco adusta en sus modales y sorda como una tapia.d2g. pienso que fue por pura bondad que la señorita Eleanor lo siguió teniendo a su lado. La respuesta del posadero pareció decepcionarle. —¿Era la señorita Le Couteau muy aficionada a la jardinería? — preguntó el señor Quin en voz baja. Ni un rumor. a su lado. digo yo! La señorita Eleanor no venía por aquí sino los inviernos a pasar la temporada de caza. Al contrario. Al menos no como algunas de las señoras que hay aquí por estos alrededores. que gastan un dineral en jardineros y se pasan el día arrodilladas en el suelo haciendo ver que hacen algo. Se dijo que él había sido un gran jardinero en sus tiempos. El propietario parecía dispuesto a seguir pegando la hebra. Aunque la primera teoría había sido ya rechazada. El resto del tiempo lo pasaba en Londres y en esos lugares de playa extranjeros donde se dice que las damiselas francesas no se mojan ni siquiera el dedo gordo del pie por temor a estropear sus trajes de baño. Por lo menos eso es lo que he oído decir. Lo que yo he dicho siempre: misterio y . un desbordante plato de patatas fritas. —¿Y qué clase de hombre era ese Mathias? —preguntó. Había muchos que lo miraban con cierta prevención. —¿Qué clase de persona era ella? —volvió a preguntar el señor Satterthwaite con presteza. ¿Qué se hizo del jardinero Mathias? —Creo que se colocó en Essex. —No creo. William Jones meneó la cabeza. ¡Tonterías. El olorcillo de los manjares complació en grado sumo al señor Satterthwaite. pero que estaba medio tullido a consecuencia del reuma. El señor Satterthwaite y el señor Quin se sirvieron sendos pedazos de carne. Yo apenas les conocía. Era un buen jardinero y su mujer ayudaba también en los quehaceres de la casa.

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nada más que misterio. —¿Y cuál es su teoría? ¿Qué piensa usted de todo esto? —insistió el señor Satterthwaite. —¿Lo que yo pienso? —Sí. —Pues no sé qué pensar. Mi idea es que fue asesinado, no me cabe la menor duda, pero por quién, no se lo podría decir. Y ahora voy a traerles el queso. Abandonó la sala llevándose los platos vacíos. La tormenta que momentos antes parecía haberse calmado estalló de nuevo con redoblada furia. Un vivo resplandor seguido de un violento estampido hizo saltar al señor Satterthwaite de su asiento y, antes de que los últimos ecos del trueno se hubiesen perdido en la lejanía, apareció una muchacha llevando en sus manos el anunciado queso. Era una joven alta, morena y con una tosca arrogancia que debía serle peculiar. Su parecido con el dueño de la hostería del Bufón no dejaba duda alguna de que era su hija. —Buenas noches, Mary —dijo el señor Quin—. Mala noche. Ella asintió. —Odio estas noches de tormenta —murmuró. —¿Le asustan los truenos quizá? —preguntó el señor Satterthwaite con afabilidad. —¿Asustarme a mí los truenos? No. Hay pocas cosas que me asusten. Pero la tormenta trae todo ese hablar y hablar de una misma cosa, una y otra vez como cotorras. Empieza mi padre diciendo: «Esto me recuerda la noche en que el pobre capitán Harwell... etcétera... etcétera...». Se volvió de pronto para encararse con el señor Quin. —Ya se lo ha oído usted contar, ¿verdad? ¿Y quiere usted decirme qué sentido tiene? ¿Es que no podríamos olvidar las cosas pasadas? —Las cosas pertenecen al pasado solo cuando han sido resueltas — dijo el señor Quin. —Pero ¿es que esto no está ya resuelto? Supongamos que el capitán hubiese decidido quitarse de en medio. Estos caballeros tan finos a veces hacen estas cosas. —Entonces, ¿usted cree que desapareció por su propia voluntad? —¿Y por qué no? Sería más lógico suponer eso que no que un infeliz como Stephen Grant pudiese haberlo asesinado. ¿Qué provecho podía sacar de matarlo? Me gustaría saberlo. Stephen bebió un día un poco más de la cuenta, le habló en forma poco respetuosa y fue despedido. ¿Y qué? Después encontró otro trabajo mejor si cabe. ¿Hay en todo esto motivo para asesinar a sangre fría? —Pero la policía —interpuso el señor Satterthwaite— ¿no quedó plenamente convencida de su inocencia? —¡La policía! ¡Qué importa la policía! Cuando el pobre Stephen entra por la noche en el bar, todos se quedan como si vieran entrar a un fantasma. En realidad, no creen en la culpabilidad de Stephen, pero

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tampoco parecen estar seguros de lo contrario y se limitan a mirarle de reojo y a evitar cuanto pueden su conversación. Bonita vida para un hombre: ver cómo todos se apartan de él como si fuera alguien diferente de los demás. ¿Por qué mi propio padre se opone a que nos casemos Stephen y yo? «Puedes llevar tus cerdos a venderlos a un mercado mejor. No tengo nada contra Stephen, pero... bueno... nunca se sabe, ¿verdad?» Se detuvo jadeante, sacudida por la violencia de su resentimiento. —¡Es cruel, es muy cruel! —estalló con desesperación—. ¡A Stephen, que es incapaz de hacer daño a una mosca! Toda la vida habrá gente que pensará que lo hizo él. Esto le está volviendo hosco y amargado. ¿Y cómo no había de ser así? Y cuanto más se vuelve así, más cree la gente que algo ha tenido que ver en ello. Se detuvo de nuevo con la mirada fija en la cara del señor Quin, como si hubiese en ella algo de particular. —¿No podríamos hacer algo? —agregó con gran interés el señor Satterthwaite. Se sentía auténticamente afectado. La cosa era, tal cual él la veía, inviable. La misma vaguedad e inconsistencia de las pruebas presentadas contra Stephen dificultaban la tarea de poder refutar la acusación. La muchacha se volvió súbitamente hacia él. —Solo la verdad puede ayudarle —exclamó con decisión—. Si hubiese modo de encontrar al capitán Harwell... Si volviese a reaparecer un día... Si llegasen a saberse las verdaderas razones de su desaparición... Cortó sus palabras algo que parecía un sollozo y abandonó apresuradamente la habitación. —¡Una gran muchacha! ¡Un caso lamentable! —murmuró el señor Satterthwaite con pena—. Me gustaría... desearía con toda el alma poder hacer algo por ella. Su corazón generoso se sentía mortificado. —Estamos haciendo cuanto podemos —agregó el señor Quin—. Disponemos todavía de media hora antes de que esté arreglado su coche. El señor Satterthwaite le miró con curiosidad. —¿Cree usted que podemos llegar a la verdad hablando simplemente en la forma en que lo estamos haciendo? —Usted tiene una gran experiencia de la vida —afirmó gravemente el señor Quin—. Más que la inmensa mayoría de los hombres. —La vida ha pasado por mi lado —contestó el señor Satterthwaite con un acento impregnado de amargura. —Pero eso ha agudizado su visión de las cosas. Usted ve donde otros nada consiguen ver. —Es cierto —confirmó el señor Satterthwaite—. Soy un gran observador. Se esponjó complacido. Su momento de amargura desapareció como

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por encanto. —Yo lo veo así —empezó a decir pasados unos dos minutos—: para llegar a la causa de una cosa, es preciso estudiar el efecto. —Muy bien —dijo el señor Quin en tono de aprobación. —El efecto, en este caso, es que la señorita Le Couteau... quiero decir la señora Harwell, se encuentra con que no está hoy ni soltera ni casada. No es libre, y no puede volverse a casar. Y si analizamos detenidamente esta cuestión, vemos surgir la siniestra figura de Richard Harwell, venido de ninguna parte, con un misterioso pasado. —Estoy conforme —dijo el señor Quin—. Pero lo que usted acaba de decirme es lo que automáticamente salta a la vista. Lo que nadie puede dejar de ver: la figura sospechosa del capitán Harwell. El señor Satterthwaite le miró con una expresión de duda. Las palabras parecían querer modificar ligeramente el cuadro que ante su vista se estaba presentando. —Hemos estudiado el efecto —añadió—. O el resultado, como también pudiéramos llamarlo. Podemos ahora pasar... El señor Quin le interrumpió. —Aún no hemos tocado el resultado desde su punto de vista estrictamente material. —Tiene usted razón —dijo el señor Satterthwaite, después de haber sopesado la insinuación unos instantes—. Hay que desmenuzarlo todo debidamente. Digamos, entonces, que el resultado de la tragedia fue que la señora Harwell es una esposa y no es una esposa, sin poderse casar de nuevo; que el señor Cyrus Bradburn ha podido llevar a cabo la compra de Ashley Grange y todo cuanto en ella había por... ¿no eran sesenta mil libras...? y que alguien en Essex ha logrado contratar los servicios de Mathias como jardinero. Por todo esto no podemos llegar a la sospecha de que «alguien en Essex», o el propio señor Cyrus Bradburn, pudiesen haber maquinado la desaparición del capitán Harwell. —Es usted sarcástico —comentó el señor Quin. El señor Satterthwaite le dirigió una significativa mirada. —Pero está usted conforme con lo que digo. —Eso sí —dijo el señor Quin—, pero la idea sigue siendo absurda. ¿Qué sigue? —Imaginemos por un momento que volvemos al día de autos. La desaparición digamos que ha tenido lugar esta misma mañana. —No, no —interpuso sonriente el señor Quin—. Puesto que, por lo menos con la imaginación, podemos actuar sobre el tiempo, planteemos el asunto en forma contraria. Digamos que la desaparición del capitán Harwell tuvo lugar cien años atrás y que, nosotros en el año 2025, hacemos retroceder nuestros recuerdos. —Es usted un hombre verdaderamente extraño —dijo con voz pausada el señor Satterthwaite—. Cree en el pasado más que en el presente. ¿Por qué? —Usted empleó, no hace mucho, la palabra ambiente. No hay

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ambiente en el presente. —Quizá tenga usted razón —contestó el señor Satterthwaite con aire pensativo—. Es verdad. El presente está demasiado próximo. —Una palabra muy acertada —asintió el señor Quin. El señor Satterthwaite hizo una ligera inclinación. —Es usted muy amable —contestó. —Tomemos como base no el presente año, puesto que solo nos acarrearía dificultades, sino más bien el anterior. Siga usted ahora por mí ya que tiene usted el don de encontrar siempre la frase oportuna. El señor Satterthwaite se quedó pensativo durante unos instantes. Quería ser digno de su reputación. —Hace cien años era la edad de la pólvora y de las chapuzas —dijo—. ¿Podemos decir que en 1924 fue la época de los grandes enredos y de los ladrones de alto copete? —Muy bien —aprobó el señor Quin—. Imagino que querrá usted decir nacionalmente hablando, no internacionalmente. —En lo que se refiere a los enredos, debo confesar que no estoy muy seguro —contestó el señor Satterthwaite—; pero por lo que respecta a los grandes ladrones, el llamado Ladrón Gato obtuvo grandes ganancias en el continente. ¿No recuerda usted la serie de robos famosos en los castillos franceses? Es sabido que un hombre solo no hubiera podido acometer robos de tal envergadura. Se emplearon las tretas más inconcebibles para lograr acceso a los edificios. Hubo la teoría de que tenía que tratarse de un grupo de acróbatas, los Clondini. Una vez tuve ocasión de asistir a una de sus representaciones. Sencillamente magistrales. Eran una madre, un hijo y una hija. De pronto desaparecieron misteriosamente de los escenarios. Pero nos hemos apartado del tema que nos ocupa. —No tanto como usted cree —añadió el señor Quin—. Solo al otro lado del Canal. —«Donde las damas francesas no osan mojarse el dedo gordo del pie», según la versión de nuestro distinguido mesonero —completó el señor Satterthwaite con una gran carcajada. Se produjo una especie de pausa significativa. —¿Por qué desaparecería el capitán? ¿Por qué? —rompió a hablar el señor Satterthwaite—. Es increíble. Fue algo casi como un truco de prestidigitación. —Sí —corroboró el señor Quin—. Como un truco de magia. Creo que esa es la palabra que con más exactitud describe el hecho. Nuevamente la cuestión del ambiente. ¿Y en qué estriba el mérito de un truco? —En que la velocidad de la mano engañe a la vista —acotó locuazmente el señor Satterthwaite, irónico y sonriente. —Precisamente. El objeto es engañar a la vista. A veces con la ligereza de la mano y, a veces... con otros medios. Hay muchas formas de hacerlo: disparando una pistola, agitando un pañuelo

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encarnado, algo que dé la sensación de ser importante sin serlo en realidad. La atención se desvía del objeto principal y es atraída por el acto espectacular, que nada significa en último término. El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante con los ojos brillantes. —Hay algo en lo que acaba usted de decir. Y prosiguió lentamente: —El tiro de pistola. ¿Fue el disparo el que desvió la atención del truco de magia del que estamos hablando? ¿Cuál es el momento que llama más su atención? El señor Satterthwaite respiró con fuerza y prosiguió: —La desaparición, no cabe duda. Pero, si quitamos ésta, ¿qué nos queda? Nada. —¿Nada? Supongamos que las cosas siguiesen su curso aún prescindiendo de ese gesto dramático. —¿Se refiere a la señorita Le Couteau deseando vender Ashley Grange al señor Bradburn y esfumarse después sin motivo justificado alguno? —Sí. —¿Y por qué no? Tiene usted razón. Antes, la venta hubiese dado lugar a infinidad de comentarios. Hubiera habido gran interés por conocer la valía de las riquezas que la finca encerraba y... ¡espere! Hubo un minuto de silencio. Un cúmulo de ideas parecían agolparse en su cerebro. —Sí, sí —prosiguió—. La exagerada especulación acerca del capitán Harwell ha dado lugar a que la figura de ella quedase casi completamente ignorada. ¡La señorita Le Couteau! Todo el mundo preguntando: «¿Quién es el capitán Harwell?», «¿de dónde ha venido?». Y a nadie se le ha ocurrido, quizá por ser en este caso la parte perjudicada, hacer averiguación alguna acerca de ella. ¿Sería en realidad franco-canadiense como aseguraba? ¿Provendrían todos aquellos cuantiosos bienes de una legítima herencia? Creo que tenía usted razón al decir hace un momento que solo el Canal nos separaba de nuestro verdadero objetivo. Esa supuesta herencia podría estar compuesta en su mayor parte por piezas robadas de los castillos franceses, algunas de ellas de mucho valor artístico y, por lo tanto, de difícil venta. Ella compra la casa probablemente por una bicoca. Se establece en ella y paga una fuerte suma para conseguir los servicios de una irreprochable señora inglesa que le haga las veces de dama de compañía. Entonces llega él. El plan general ha sido ya concebido de antemano. La boda, los quince días de luna de miel y luego la desaparición. ¿Qué más natural que una desconsolada esposa, con el corazón destrozado, quiera vender todo aquello que le recuerda la felicidad pasada? El americano es un connaisseur. Los objetos son genuinos y excelentes, algunos de ellos de valor incalculable. Hace una razonable oferta, que ella acepta sin vacilar. Luego, como corresponde a una pobre viuda desconsolada, abandona majestuosamente estos lugares. El gran coup se ha realizado. La

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vista del espectador ha sido engañada por la rapidez de la mano y por la espectacular naturaleza del truco. El señor Satterthwaite se detuvo unos instantes con el rostro arrebolado por la satisfacción del triunfo. —A no ser por usted, jamás hubiese conseguido discernir los hechos como hoy los veo —declaró con una repentina humildad—. Usted ejerce un curioso efecto sobre mí. A menudo dice uno cosas sin comprender su verdadero alcance, pero usted siempre tiene la habilidad de mostrar su verdadero significado. Pero hay algo que no acierto todavía a comprender con claridad y es cómo pudo Harwell desaparecer con tanta facilidad cuando toda la policía de Inglaterra estaba buscándolo. Hubiera sido lo más sencillo haberse ocultado en la finca... —musitó—. Era fácil de arreglar. —Efectivamente, también soy de la opinión de que no estaba lejos de la casa —dijo el señor Quin. La significación de la mirada que acompañó a estas palabras no pasó inadvertida al señor Satterthwaite. —¿La casita de Mathias? —exclamó—. Pero la policía no habrá dejado de registrarla. —Y me imagino que más de una vez —se limitó a contestar el señor Quin. —¿Mathias... ? —se preguntó el señor Satterthwaite frunciendo el ceño. —Y la señora Mathias —añadió el señor Quin. El señor Satterthwaite le miró con los ojos muy abiertos. —Si esta pandilla fuese en realidad la de los Clondini —comentó tentativamente—, tendrían que ser tres. Los dos jóvenes serían Harwell y Eleanor Le Couteau y la señora Mathias, la madre. Pero en ese caso... —Mathias sufría un reumatismo agudo, ¿no es verdad? —insinuó inocentemente el señor Quin. —¡Ah! ¡Ya lo tengo! —exclamó dándose cuenta el señor Satterthwaite—. Pero ¿es posible? Quizá sí lo es. Veamos. Mathias estuvo en la casa un mes. Durante ese tiempo, Harwell y Eleanor estuvieron quince días ausentes disfrutando de la luna de miel, y los quince que precedieron a estos, supuestamente en la ciudad. Un hombre inteligente podría haber interpretado con facilidad los papeles de Harwell y Mathias. Cuando Harwell estaba en Kirtlington Mallet, Mathias quedaba recluido en la cama atacado de reumatismo, con la señora Mathias a su lado para mantener la farsa. El papel de esta última era imprescindible. Sin ella, alguien hubiese podido entrar en la casita y sospechar la verdad. Como usted dice, Harwell estaba escondido en casa de Mathias. Él era Mathias. Cuando el plan estuvo a punto, y Ashley Grange fue vendido, él y su mujer hicieron circular la noticia de que iban a instalarse en Essex. Desaparición de Mathias y su señora para siempre. Se oyó una pequeña llamada en la puerta de la sala del café y, a

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continuación, entró Masters. —El coche espera en la puerta, señor —dijo. El señor Satterthwaite se levantó, cosa que asimismo hizo el señor Quin, y se dirigió a la ventana para descorrer las cortinas. Un plateado haz de rayos lunares penetró en la habitación. —La tormenta ha pasado —dijo el señor Quin. El señor Satterthwaite se calzó los guantes. —La semana que viene ceno con el comisario jefe de policía y, como es natural, le pondré al corriente de mi nueva teoría —afirmó con decisión. —Será fácil de comprobar —añadió el señor Quin—. Una comparación entre los objetos que hay en Ashley Grange y los que aparecen en la lista facilitada por la policía francesa... —Exactamente —replicó el señor Satterthwaite—. Lo siento por el señor Bradburn, pero... ¡qué le vamos a hacer! —Es rico y podrá afrontar la pérdida —añadió el señor Quin. El señor Satterthwaite extendió la mano en señal de despedida. —Adiós —dijo—. No tengo palabras con que expresar la satisfacción que me ha producido nuestro inesperado encuentro. Creo que me ha dicho usted que se va mañana. —Quizá lo haga esta misma noche. Mi trabajo aquí ha terminado y yo soy de los que van y vienen. El señor Satterthwaite recordó haber oído aquellas mismas palabras a primera hora de la tarde. ¿Sería una coincidencia? Salió a reunirse con su vehículo y con Masters. Al pasar frente a la abierta puerta del bar, llegó a sus oídos la voz del dueño de la fonda que decía sonora y complaciente: —Créame, es un misterio. Un oscuro misterio. En realidad no utilizó «oscuro». La palabra que nuestro hostelero empleó tenía un color distinto. El señor William Jones era un hombre que sabía distinguir a la gente y escogía siempre el vocablo que más se ajustaba a las exigencias de la concurrencia. La de esta noche gustaba de los adjetivos gordos y, a ser posible, bien sazonados. El señor Satterthwaite se recostó cómodamente en el asiento trasero de su lujosa limusina. Su pecho rebosaba de satisfacción por el triunfo. Vio a la joven Mary salir a la puerta y detenerse en el umbral. —Qué ajena está la muchacha —musitó el señor Satterthwaite para sí— de lo que no tardaré en hacer por ella. El cartel de la hostería del Bufón seguía chirriando al ser mecido suavemente por el viento.

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4 UNA SEÑAL EN EL CIELO
El juez estaba terminando de hacer sus recomendaciones al jurado. —Ahora, caballeros, he terminado mi exposición. Deben considerar si este caso se presenta claramente contra este hombre y les permite afirmar que es culpable del asesinato de Vivien Barnaby. Han oído ustedes el testimonio de los criados en cuanto al momento en que se efectuó el disparo. Todos ellos han estado de acuerdo. Han visto ustedes la carta escrita al procesado por la propia Vivien Barnaby en la mañana del día de autos, viernes trece de septiembre, una carta que la propia defensa no ha juzgado oportuno negar. Han oído ustedes cómo el acusado intentó primero negar haber estado en Deering Hill y que, más tarde y ante las abrumadoras pruebas presentadas por la policía, hubo de admitirlo. A ustedes corresponde establecer las conclusiones que puedan derivarse de esta negativa. Este no es un caso de evidencia directa y son ustedes, por lo tanto, quienes han de sacar sus conclusiones sobre los motivos, los medios y la oportunidad que concurrieron en el crimen. La réplica de la defensa afirma que una persona desconocida entró en el salón de música, después de haber sido abandonado por el acusado, y disparó sobre Vivien Barnaby con el arma que, por un descuido incomprensible, el acusado había dejado olvidada tras de sí. Han oído ustedes también la versión del procesado sobre los motivos que le hicieron tardar media hora en llegar hasta su casa. Si ustedes no dan crédito a las alegaciones del procesado y están convencidos, fuera de toda duda razonable, de que fue el acusado quien en el día de autos, viernes trece de septiembre, disparó casi a quemarropa a la cabeza de Vivien Barnaby con el decidido intento de matar, entonces, caballeros, su veredicto debe ser el de culpabilidad. Si por otra parte, les quedase todavía cualquier duda razonable, su deber es formular el veredicto de no culpabilidad. Ahora, señores, les suplico se retiren a deliberar y me informen tan pronto como hayan llegado a una conclusión. El jurado estuvo ausente durante algo menos de media hora. El veredicto que proclamaron fue el que todo el mundo parecía haber anticipado: el veredicto de «culpable». El señor Satterthwaite abandonó la sala después de oírlo con una cara que mostraba el entrecejo fruncido por sus pensamientos. Una vista por asesinato no era un asunto que le atrajera. Su temperamento excesivamente delicado no encontraba interés alguno en los sórdidos detalles de un crimen vulgar. Pero el caso Wylde era diferente. El joven Martin Wylde era lo que podría llamarse un caballero en toda la acepción de la palabra, y la víctima, la joven esposa de sir George Barnaby, una de sus amistades. Repasaba en su memoria cuanto acababa de oír mientras caminaba

004 http://biblioteca. Un respetuoso maitre surgió de las sombras y se acercó a la mesa. a veces. —Es una agradable sorpresa —dijo iluminando su reseca y diminuta cara con una beatífica sonrisa—. al parecer morena.d2g. El señor Satterthwaite. Al contrario. en compañía del señor Quin. Era un lugar más bien oscuro. situada en un recatado rincón. Mal asunto. La luz. que sentía debilidad por las frases anticuadas—. conocido por pocos. permanecía oculta en la penumbra. El señor Satterthwaite se dirigió al señor Quin. puesto que en él solo se confeccionaban platos reservados al paladar de un privilegiado gourmet. El señor Satterthwaite estaba dispuesto a retirarse. Pero. No era ninguno de esos restaurantes baratos. como un hombre de paladar delicado. El señor Quin inclinó la cabeza. En una de ellas había un pequeño restaurante. Y no pocas veces en actor principal. Al instante el señor Satterthwaite se sintió presa de una viva y agradable excitación. —¡Dios bendiga mi alma! —exclamó éste. el señor Satterthwaite entró en el restaurante y se dirigió a su mesa favorita. el maitre se retiró con una leve sonrisa de aprobación en los labios y uno de los camareros se encargó de servir lo pedido. Debido a la media luz que reinaba en la sala. entre los que se encontraba el señor Satterthwaite. Era tranquilo y no se permitía que las estridencias de las bandas de jazz turbasen la placidez del ambiente. El restaurante se llamaba Arlecchino. torciendo después para introducirse en unas tortuosas callejuelas que conducían al Soho. todavía no he empezado a comer. . si de algo pecaba. Unos minutos después. cuando un movimiento del extraño personaje dejó ver una cara que reconoció. —¿Le declararon culpable? —Sí. ¡Pero si es el señor Quin! Ya se lo había encontrado tres veces y siempre el resultado del encuentro se había salido de lo corriente. Su papel en la vida acostumbraba a ser siempre el de mero espectador y lo sabía. que se filtraba a través de un coloreado ventanal.com hacia Holborn. Como usted ve. concentró su atención en la tarea de escoger los manjares. El jurado tardó solo media hora en llegar a esa conclusión. no fue sino al llegar junto a ella cuando se percató de que estaba ya ocupada por un hombre alto cuya cara. daba a su ropaje un aspecto polícromo y original.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Tiene algún inconveniente en que le haga compañía? —Nada podría complacerme más —contestó el señor Quin—. experimentaba la ilusión de convertirse en actor. era de ser extremadamente caro. —Acabo de salir del Old Bailey —empezó—. Un extraño personaje este señor Quin. que poseía la cualidad de hacer ver a uno las cosas bajo una luz totalmente distinta de la habitual. Aún enfrascado en sus pensamientos. con camareros silenciosos que aparecían provistos de relucientes bandejas de plata con el aire de estar participando en algún rito sagrado.

con una docena escasa de vigorosas pinceladas. El señor Satterthwaite asió la mesa con ambas manos. Sintió una repentina sensación de poder. pero se detuvo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sir George Barnaby. Martin Wylde es un excelente muchacho del que nadie puede creer algo así. —Bien. ¿No era eso lo que iba usted a decir? —Supongo que sí. de todos modos. se sentía pura y simplemente un artista. obeso y orgulloso de su riqueza y posición social. pero la impresión que de ella tuvo fue imborrable. así fue como la describió. Conmigo podrá usted penetrar de lleno en la escena.d2g. pero no por eso menos precisa. —empezó a decir el señor Satterthwaite. Me temo que no he seguido con el suficiente detalle el proceso. Conozco a los Barnaby y las peculiares circunstancias que han concurrido. sus simpatías están con el acusado. En aquel momento. Solo la había visto una vez... —Si hay un hombre capaz de hacer lo que me acaba de asegurar. —Demasiados para Martin Wylde. de esos en los que un hombre busca el modo de desembarazarse de una mujer para poder casarse con otra. El señor Quin se inclinó hacia delante con una alentadora sonrisa. Volvió a resurgir la confianza que en sí mismo tenía el señor Satterthwaite. ¡Pero.com —Resultado inevitable. no puede ser otro que el señor Satterthwaite —murmuró. La verá desde dentro. perpetuamente preocupado por las menores nimiedades de la vida. —Como comprenderá.. son tantos los excelentes muchachos que han resultado ser últimamente unos asesinos de un tipo particularmente repelente y de sangre fría! —Demasiados —corroboró el señor Quin en tono bajo. Desde el principio ha habido la tendencia a considerar este caso como uno de tantos crímenes del mismo tipo. un hombre entrado en años. Una muchacha atrapada. De sir George pasó a lady Barnaby. —¿Cómo decía usted? —exclamó el señor Satterthwaite con cierto sobresalto. El señor Quin se encargó de completar su pensamiento. Se casó con él sin darse ni . Aquí su descripción fue más comedida. —Perdone —interrumpió rápidamente el señor Quin—. La lisonja le animó a superarse. Un artista cuyo único medio de expresión fuese la palabra. que pagaba personalmente a sus empleados todos los martes por la mañana y que cada noche comprobaba que los cerrojos de la puerta de entrada estuviesen debidamente corridos. Un hombre cuidadoso. Una muchacha provocativa y lastimosamente joven. —Y sin embargo. —Permítame que le ponga al corriente. Tentado estuvo de mostrarse conscientemente dramático..004 http://biblioteca. Rápidamente. si se tienen en cuenta las pruebas —comentó. describió el cuadro de la vida en Deering Hill. —balbuceó vacilante el señor Satterthwaite—.. —Y sin embargo. ella le odiaba.. Un hombre que daba cuerda a sus relojes todos los viernes por la tarde. Las pruebas.

Apareció. Y leal. La muchacha estaba desesperada. por lo que el señor Satterthwaite continuó: —Usted habrá leído su última carta. Y luego. no solo en la madera de la puerta lateral. al ser arrestado.004 http://biblioteca. como usted recuerda. Estaré en la sala de música». Pero muy reposada. pudo comprobarse la inconsistencia de sus manifestaciones. La definición del señor Satterthwaite sobre este punto era terminante. sino también en uno de los dos vasos de cóctel que estaban en la mesa de la sala de música. Vivía a cosa de una milla de distancia de la casa ocupada por los Barnaby. —Usted recordará que. Se detuvo mirando al señor Quin en espera de un estímulo para proseguir y este le obsequió con una sonrisa apreciativa. Martin Wylde negó haber ido a la casa el día de autos. En especial esto último: leal.. Así lo admitió además.. Se dedicaba a la agricultura. —Nunca conocí a Martin Wylde —continuó el señor Satterthwaite—. cosa por la que ella pareció cobrar también cierto interés. El final de todo aquello era fácil de prever como después se supo por el contenido de las cartas leídas durante la vista. Sin dinero propio dependía enteramente de su viejo marido. Creo que vio en él su única vía de escape y se asió a ella con la tenacidad de un náufrago. más que realidad. o así al menos lo hizo ver. Se la describiré. y por el texto de las de ella. esas fueron sus palabras. en la prensa diaria. El señor Satterthwaite se detuvo por unos instantes. Vagando de aquí para allá. Estaba llena de desesperados reproches y veladas amenazas. le contestaría que más bien lo hacía ver. pero que había conseguido apaciguarla antes de salir. Quizá un tanto bobalicona. ignorante de sus propias fuerzas y con una belleza que. según tengo entendido. Su declaración fue que había cogido la escopeta y se había ido a disparar unos cuantos tiros al bosque. Su provocación era solo un ansioso afán de querer disfrutar de la vida. otra mujer que también vivía en Deering Vale y era hija de un médico de la localidad. pero he oído hablar mucho de él. Él las conservó.d2g. Pero ¿qué digo? Ahora me acuerdo que ha dicho que no estaba usted presente. Confesó al fin haber ido a ver a lady Barnaby y haber tenido con ella un violento altercado. Es rubia. día trece de septiembre. Pero cuando la policía presentó sus pruebas. Juró haber dejado fuera su escopeta de caza apoyada contra el muro que hay junto a la puerta y . La envió a mano. era todavía una promesa. Quizá la haya visto usted en la sala. cosa que ella no hizo. Era una criatura acorralada.com siquiera cuenta de lo que hacía. Había. Y estaba ansiosa. por lo visto. se desprendía que empezaba a enfriarse un tanto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Si me pregunta mi opinión. Dulce. muy rubia. Escrita precisamente en la mañana del viernes. y terminaba rogando a Martin Wylde que no dejara de ir a Deering Hill aquel mismo día. a las seis en punto de la tarde: «Dejaré la puerta lateral abierta para que nadie pueda enterarse de que has estado aquí. Habían encontrado sus huellas dactilares.

todos prestaron declaración —insistió intencionadamente el señor Quin—. —. Afirmó haberse dirigido después a su casa. se sienten mejor después de haber dado rienda suelta a sus arrebatos. —¿Supongo que todos los criados habrán prestado declaración? El señor Satterthwaite asintió. casi pegada a la nuca. —Siga —insistió el señor Quin. Siguió un corto silencio. —Así pues. Todos los criados lo oyeron. El mayordomo llegó al salón solo uno o dos segundos antes que los demás. —Sí. Después se marchó a Canadá. de una claridad meridiana. Declaró haberse olvidado completamente de la escopeta. momento que aprovechó el señor Quin para hacer una pregunta fortuita. ¿No hubo ninguna excepción? —Ahora que recuerdo —dijo el señor Satterthwaite— el ama de llaves declaró solamente en la encuesta preliminar. está a menos de una milla de distancia.. pero que. Fue exactamente a las seis y veinte cuando sonó el disparo. desgraciadamente. Permaneció silencioso durante unos instantes y luego prosiguió: —No es que sea muy importante. porque lo que sigue es ya. que se descomponen con facilidad ante escenas de corte emocional. penetraron en el cerebro. El señor Satterthwaite tuvo la curiosa sensación de hallarse a la defensiva.. medio enfermo y desesperado.com que lady Barnaby estaba viva y sana cuando él se despidió uno o dos minutos después de dar las seis y cuarto en el reloj de la sala. especialmente entre los del tipo moreno y nervioso como el de Martin Wylde. su ayudante. —¡Ah! —se limitó a exclamar el señor Quin. —¿Y por qué lo haría? —contestó el señor Quin. He conocido a muchos jóvenes. Acudieron precipitadamente a la sala de música. como he dicho ya. El fiscal ridiculizó la suposición.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero su testimonio fue prácticamente una repetición del de los demás. el mayordomo. el cocinero. según creo. el ama de llaves y la propia doncella de lady Barnaby. Las mujeres. Me parece estar viendo al pobre Martin Wylde salir de la casa con la cabeza hecha un torbellino.004 http://biblioteca. sin acordarse de la escopeta que había dejado apoyada junto a la puerta. a fin de evitar que pudiesen desparramarse los perdigones. por lo menos. cosa un tanto inverosímil. soportan fácilmente escenas como esta y. Dos de ellos.d2g.. de ordinario. pero se aportaron testimonios de que no llegó a ella sino a las siete menos cuarto y. pero que cabe dentro de lo posible —agregó lentamente el señor Satterthwaite—. pero para mí que estaba en un error. acompañando sus . —¿Por qué no habría de marcharse? —sugirió abruptamente. Una sensación de duda y malestar pareció flotar en el tranquilo restaurante. Se detuvo de nuevo. por el contrario. El arma había sido descargada.. Les sirven de válvulas de seguridad que calman sus nervios y regulan su presión interior. Encontraron el cuerpo de su señora desplomado sobre el brazo de uno de los sillones.

—No parecía haber grandes dudas sobre la identidad de la persona que hizo el disparo. inocente. no hay duda alguna acerca de ello. por su parte. —Supongamos que ese joven es. Salió de ella a las seis y media en punto y se encontró en la puerta de la verja con un criado que venía a comunicarle la fatal noticia. pero que parecía imposible que tuviera nada que ver con un crimen semejante. Nadie se decidía a tomar la iniciativa y pasaron varios minutos antes de que a alguien se le ocurriera dar cuenta del hecho a la policía.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. solo tres minutos habían transcurrido entre su partida y la detonación. que de pronto se sintió asaltado por la idea de que algo de gran importancia acababa de escapársele de los labios—.d2g. que la aquiescencia de su compañero había. Soltó de pronto tenedor y cuchillo que sonaron contra la mesa. El señor Quin no parecía sentirse muy comunicativo. —No había nadie en absoluto de quien sospechar a excepción del joven Wylde —prosiguió—. Al intentar hacerlo. pero aquel día estaba en Londres y precisamente asistía a una reunión de negocios en el momento en que se cometió el crimen. Empezaron a almorzar. secretario de sir George. podía tener un buen motivo.com palabras con un ligero encogimiento de hombros. en realidad. de algún modo. aumentado.004 http://biblioteca. Se encontraba en la estación de Deering Vale despidiendo a una amiga que salía en el tren de las seis y veintiocho. pero no se ve cuál podría ser la finalidad. . Y tenemos finalmente a Sylvia Dale. Nada objetó a ello el señor Quin. Eso la deja libre de toda sospecha. La muerte sobrevino casi instantáneamente. tuvo que ser Martin Wylde. ¿Los criados? ¿Qué motivo podía tener cualquiera de ellos? Por otra parte. —Lo estaba —contestó el señor Satterthwaite. Le van a colgar. se encontraron con que la línea estaba cortada. Aun basándose en la propia declaración de éste. De algún modo. había dicho todo lo que tenía que decir. No. que hacía esfuerzos por pisar un terreno más familiar. la pregunta fastidiaba al señor Satterthwaite. Como es natural pudo haber sido deliberado. y el señor Satterthwaite. Dijo esto último con una nota de insatisfacción en la voz. cosa que el señor Satterthwaite interpretó en el sentido de que su respuesta no había sido del todo satisfactoria. —¡Caramba! —exclamó el señor Quin—. después de todo. El último rubber terminó exactamente a las seis y media. Pero el silencio estaba cargado con la creciente insatisfacción de Satterthwaite. Los criados. dieron todos muestras de haber perdido la cabeza en aquella ocasión. ¿Qué otro pudo haber disparado? Sir George estaba jugando al bridge en una casa vecina. quien. sin embargo. Tenemos además a Henry Thompson. De modo que la línea estaba cortada. todos aparecieron casi simultáneamente en el lugar del suceso.

Usted ha desempeñado siempre el papel de mero espectador en los dramas que aquejan a la humanidad. el señor Quin seguía sin decir nada.com A pesar de su evidente angustia.004 http://biblioteca. O posiblemente Thompson. envuelto entre azuladas espirales de humo.. con la vida o la muerte pendiente de sus manos? El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante nuevamente presa de la emoción. pero sí un hombre que puede permitirse un capricho sin reparar en gastos. Ya comprendo lo que quiere usted decir.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. según creo. No un millonario. ¿No se le ha ocurrido nunca saltar a escena y tomar parte? ¿No se ha sentido usted por un instante árbitro absoluto de los destinos de los demás. Y esa pobre muchacha. —Supongo que sí. su voz tenía un inconfundible acento de súplica. El señor Satterthwaite le miró indeciso. —¿Cree usted sinceramente que debería ir? El señor Quin se dejó caer contra el respaldo de la silla. le diré también que sí. Yo creo que ellos lo sabrán. —¿Quiere usted decir que si yo me decidiese a ir a Canadá para . —¿No le parece como si todo esto estuviera relacionado conmigo de algún modo? —¿Que un hombre vaya a ser ahorcado en el plazo de dos o tres semanas? —Si lo plantea usted de ese modo. pero se contuvo y terminó a continuación con otra pregunta incongruente—: ¿Y por qué no habría de irse esa mujer a Canadá? El señor Quin meneó lentamente la cabeza. ¿qué es lo que se conseguiría al fin y al cabo? ¿No le parece todo esto algo fantástico? Aunque yo llegara a averiguar el paradero exacto de esa mujer en Canadá. —Es un país muy interesante. La mirada que dirigió al señor Quin parecía querer decir «¡Conmigo no cuente!». —exclamó patéticamente. —Ni siquiera sé a qué parte de Canadá ha ido —prosiguió el señor Satterthwaite con tono agrio.. lo que pudiéramos llamar un hombre rico. —¿No es cierto que es como si se. Volvió a detenerse. ? —empezó a decir el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite se sentía seriamente trastornado.. —¿No podría usted averiguarlo? —sugirió el otro. dijo: —Usted es.d2g. No es que yo tenga el corazón de piedra. pero. encendió un cigarrillo y.. el secretario... Que es cuestión de vida o muerte. —¿No ha estado nunca en Canadá? —Nunca. Al reanudar la conversación. me temo que yo mismo tendría que hacer el viaje. El mayordomo lo sabrá. —Yo pensaba ir a la Riviera la semana próxima. señor Satterthwaite.

una oficina de abogados. Cuando vuelva de Canadá —prosiguió arrastrando torpemente las palabras—. Si esa Louisa Bullard estaba aún allí.d2g. —Sí. Se fue directamente a la agencia Cook y allí se informó de la salida de los barcos. —Si usted lo cree así. Se separaron cordialmente. Solo recordaba que el lugar era un pueblo enclavado en las montañas con un nombre escocés. —La idea de ir a Canadá ha sido suya y no mía —dijo en tono ligero. —Lamento no poder darle una dirección fija en estos momentos — contestó pesaroso el señor Quin—. señor.. Estaba decidido. Si usted también lo frecuenta... —Me llamo Satterthwaite y hablo en nombre de. Pero no nos detengamos en ese detalle sin importancia. Después telefoneó a Deering Hill. no cabe duda de que no tardaremos en encontrarnos aquí.004 http://biblioteca.com realizar esa absurda cacería. Algunas de las jóvenes sirvientas esperaban tener noticias. —Siga. Pero vengo a menudo a este sitio.. Cada vez que se ha cruzado usted en mi camino. El señor Satterthwaite se sintió sobrecogido. El señor Satterthwaite sintió una viva agitación. —Siento decirle que ya no está en el país. El señor Satterthwaite le dio las gracias y colgó de nuevo el auricular. Salió hace seis meses para Canadá. contestó a su llamada... complacido de que le hubiera facilitado el nombre de la interesada. Iría a Banff. La voz del mayordomo. —¿Fue la víspera de San Juan? —preguntó confundido. sí! Banff. eh. pero seguro de que algo importante se encerraba en aquellas al parecer insignificantes palabras—. La última vez que nos encontramos. —¿Se refiere usted a Louisa.? El señor Quin sonrió. señor? ¿A Louisa Bullard? —Esa misma —respondió el señor Satterthwaite.. —¿Puede usted darme su dirección actual? El mayordomo temía que sus informaciones no fuesen altamente satisfactorias.. —Hay algo en usted que no comprendo y que quizá jamás logre comprender. —La víspera de San Juan... no tardaría en encontrarla. si no me equivoco... —Pero usted no puede dejarme de esta forma en la estacada — añadió el señor Satterthwaite con vehemencia—. Así se llamaba. pero no había escrito ni dado su dirección a nadie. me gustaría verle de nuevo. ¡Ah. Quisiera que me diera algunas referencias con respecto a una joven que servía recientemente en esa casa. —admitió el señor Satterthwaite. . Su espíritu aventurero bullía con fuerza en su pecho. como si estas palabras encerrasen una clave que de momento se sintiese incapaz de descifrar. con deferencia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. suave y deferente.

me dije. pero también honradez. pero provista de fuerte complexión. Era una mujer de unos treinta y cinco años. Lo notaba en mis huesos desde aquella mañana. pero estoy segura de que fue lady Barnaby la que tuvo la culpa de todo. Su pelo era de un color castaño claro. Le digo que fue un día fatal. Le Touquet. algo rizado. Su aspecto. me pregunté a mí misma. tuvo el placer de entrevistarse con ella. No me gusta hablar mal de los muertos.. disfrutó enormemente de la travesía. —Estaba en mi cuarto cambiándome de ropa cuando se me ocurrió mirar afuera por la ventana. de aspecto anémico. y salí disparada escaleras abajo para unirme a Carrie y a los demás que estaban en el vestíbulo. y allí estaba. Yo sabía que algo terrible iba a ocurrir aquella tarde. Ya ha ocurrido. es una verdadera pena. —Leí en los periódicos que habían condenado a muerte al señor Martin Wylde. No sé por qué. Era una gran verdad. y sus ojos pardos y de franca expresión. Deauville y Escocia. Los dedos estaban contraídos como en ademán de querer coger alguna cosa. En Banff. Pero ellos no conocían al señor Quin. En mi opinión. Sus lugares favoritos eran siempre la Riviera.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. Qué necio. ¡Aquello era horrible! No pude hacer otra cosa y le conté a sir George lo de la señal que yo había visto en el cielo. Bien. Pasaba un tren en aquel momento y el humo blanco que salía de la chimenea se elevó en el aire y. pero este no pareció prestar atención a mi relato. Hacía muchos años que no hacía ningún largo viaje por mar. muerta y bañada en sangre. ¡Viernes y trece! ¿Qué otra cosa podía esperarse? Continuó con una sarta de divagaciones que el señor Satterthwaite . pensarían muchos de sus conocidos si llegasen a sospechar los verdaderos motivos de su desinteresada pesquisa. La idea de haberse lanzado a una empresa poco menos que imposible añadía un secreto incentivo a su misión. me dio un vuelco el corazón. respiraba simpleza.com Con gran sorpresa suya.d2g. y juntos entramos en la sala de música. —Uno de tantos buenos muchachos que se descarrían. No le dejaba en paz ni un momento. ¿No sabes. y ocurrió. Pareció acoger sin reservas la idea del señor Satterthwaite de recopilar ciertos datos sobre la tragedia ocurrida en Deering Hill. formó en el aire la figura de una mano gigantesca. Louisa Bullard estaba empleada en el gran hotel de la villa. Explíquese —preguntó el señor Satterthwaite. a ver. que esto es señal de que algo malo va a ocurrir? Acababa de preguntármelo cuando antes de un minuto oí el disparo. pensó. No parecía. consiguió fácilmente su objetivo. Una enorme mano blanca sobre el rosado fondo del cielo.. Me acuerdo de una frase que solía ver de niña en algunos cuadros que colgaban de las paredes y que decía: «A Dios no se le puede engañar». Doce horas después de su llegada. tener duda alguna sobre su culpabilidad. los dos han recibido su castigo. aunque usted no me crea. —A ver. sin embargo.

quien en cierta ocasión le había hecho un señaladísimo favor. Sus pesquisas habían sido infructuosas. mencionada casualmente durante el curso de la conversación. Abrumado por el fracaso. Un tal Denman era quien se había encargado en Canadá de llevar a cabo todos los trámites necesarios y quien le aconsejó que no volviese a escribir a sus ex compañeros de servicio «porque esto podría acarrearle serios disgustos con la oficina de inmigración». Louisa Bullard había dicho cuanto sabía y al fin tuvo que reconocer con tristeza su fracaso. la familiar . El secretario le había escrito una carta en el mes de septiembre diciéndole que. de que la muchacha saliese de Inglaterra. Había descubierto. por razones personales de sir George.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite no parecía compartir la idea de que se tratara de una complicación «usual». Pero ¿cuál? ¿Quién estaba detrás del asunto? ¿Era acaso sir George el que actuaba por mediación de Thompson? ¿O era Thompson por propia iniciativa. el secretario de sir George. sin embargo. no obstante. de un modo u otro. éste estaba ansioso. quien después de algunas vacilaciones decidió entrevistarse personalmente con el señor Denman. Parece. Asimismo. al día siguiente de su llegada dirigió sus pasos hacia el Arlecchino.com escuchó con paciencia de santo. recostándose indolentemente en el respaldo del sillón—. Estaba seguro de que Louisa Bullard no encajaba en el marco de los supuestos devaneos de sir George Barnaby. Una y otra vez trató de llevarla al tema del crimen con un afán de obtener algo que arrojara luz sobre el asunto. En uno de sus frecuentes viajes a Londres éste se encontró a Thompson. El puesto de trabajo se lo había facilitado el señor Thompson. ¿Podría encontrarle una ocupación? Una fuerte suma acompañaba la carta para elevar su salario hasta una buena cifra. pero su intento resultó vano. una buena muchacha. el sueldo era tan exorbitante que Louisa aceptó como es lógico. el señor Satterthwaite emprendió su viaje de regreso. aun cuando una de las cláusulas del contrato era la de abandonar Inglaterra sin perder un solo instante. La cantidad a que ascendía el sueldo. un detalle que merecía ser considerado de suma importancia. me imagino —dijo el señor Denman.d2g. Apenas se atrevía a albergar esperanzas de tener éxito la primera vez. Debió haber otra razón para considerar tan imperiosa la necesidad de que Louisa Bullard saliese tan precipitadamente de Inglaterra. No le costó gran trabajo inducir a éste a que le contara cuanto supiese sobre el particular. cosa que ella aceptó sin recelos. era tan elevada que no dejó de sorprender al señor Satterthwaite. pero que utilizaba el nombre de su jefe? Todavía cavilando en estas cuestiones.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Las complicaciones usuales. ante su satisfacción. Estaba mustio y abatido. pero.

El señor Quin escuchaba en silencio. —¿No? —se limitó a contestar el señor Quin. como casi todas las casas que le rodean.? Es uno de tantos edificios actuales de ladrillo con amplios ventanales. pero muy confortable en su interior.. pasado el cual volvió a hablar el señor Quin con un tono ya completamente distinto. . Y a continuación. —¿El lugar. con agua caliente y fría en todos los dormitorios. La disposición de sus habitaciones recuerda la de un hotel. El señor Satterthwaite se sonrojó ligeramente. No muy grande. Se parecen a las suites.. —El otro día me hizo usted una descripción maravillosa de todos los personajes que. —De todos modos. Louisa Bullard fue quitada de en medio premeditadamente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.? ¿Deering Hill. Siguió un silencio. estaba justificado el viaje —prosiguió el señor Satterthwaite—. Construida indiscutiblemente para la gente acomodada. de un modo u otro. ¿Por qué? No acierto a verlo. y profusión de artísticas lámparas eléctricas doradas por todas partes. Tenga en cuenta que Deering Hill está solo a unas diecinueve millas de Londres. imprimiendo un acento de provocación a sus palabras. No fue culpa mía que no pudiera obtener el resultado que deseábamos. El señor Quin escuchaba con gran atención. Bastante feo visto desde fuera. El señor Satterthwaite se sintió halagado.. —¡Vaya! —empezó a decir el señor Satterthwaite sirviéndose una porción de mantequilla—.d2g. El hombrecillo sacudió la cabeza en pleno desconcierto. Permítame que le diga que la idea fue enteramente suya. así como de la sostenida con el señor Denman. han intervenido en este caso. Ahora quisiera que me describiese usted también el lugar de la acción. consiguió usted darles un maravilloso realce.004 http://biblioteca. El señor Quin arqueó las cejas. pero puedo asegurarle que le obligué a repetir su historia una y otra vez. pero nada campestre. —Fuera de quien fuese. —Quizá crea usted que me faltó habilidad en el interrogatorio. Con pocas palabras. El rostro moreno del señor Quin se distendió en una sonrisa de bienvenida. Muy confortable. Unos dos acres de terreno.com figura estaba sentada a su mesa. Baños y lavabos. —¿Que yo le envié? —objetó—.. Me envió a una bien absurda cacería. —¿Está usted seguro —preguntó el señor Quin con intención— de que no lo ha conseguido? El señor Satterthwaite levantó la vista sorprendido y se encontró con la mirada escrutadora y burlona que le era tan familiar. no ha tenido éxito: Louisa Bullard no tenía nada que contar. Lo dejó un poco en la sombra. el señor Satterthwaite expuso un sucinto relato de todos los detalles de la conversación habida con la muchacha.

com —Según he oído. sin duda. Su interlocutor había quedado completamente desconcertado ante la seriedad de su entonación.d2g. —¿De un tren que se iba o que venía? —murmuró el señor Quin. —Pero ¿qué es lo que me dijo? —preguntó el señor Satterthwaite tratando de argumentar—. parecía un tanto complicada. ¿no es así? El señor Satterthwaite tardó uno o dos minutos en contestar. Sus pensamientos se concentraron de nuevo en el problema que había quedado sin resolver. —Me refería a que quizá fuese usted demasiado exigente. ¿Qué hubiese podido decir de haberse visto legalmente obligada a declarar en la vista? —Lo que ella vio —contestó el señor Quin. Planteada así la cuestión. Para hacerlo. acaba usted de confesarme que Louisa Bullard fue deliberadamente sacada del país.004 http://biblioteca. según la declaración de todos. Pues esa razón debe encontrarse. El señor Satterthwaite le miró fijamente. —No sé nada al respecto —contestó el señor Satterthwaite. pudo muy bien haber sido la mano del Todopoderoso. pero el señor Quin contestó sin vacilar. Al fin y al cabo. hasta el último. Es muy cómodo para ir a la ciudad. La señorita Dale se despidió de una amiga precisamente a las seis y veintiocho de aquella tarde. Es imposible que un tren . —¡Qué tonto soy! —exclamó el señor Quin con acento de fastidio—. O sea.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Se refiere usted a esa majadería? ¿A esa superstición de creer que pudo haber sido obra de la mano de Dios? —Quizá. Pero tampoco. Debía haberlo recordado. que pasan siempre por Deering Hill cada hora y veintiocho minutos. Estos pasan cada hora menos diez minutos. Pasé unos días allí el último verano. el disparo se realizó a las seis y veinte. el servicio de trenes es bastante deficiente — observó. —¿Cuánto tardan en llegar a Deering Hill? —Exactamente unos tres cuartos de hora. Debió de ser uno que venía. El de las seis y veintiocho. —¿Y qué es lo que vio? —Una señal en el cielo. Ella misma confesó que se trataba del humo del tren. aun cuando los trenes solo salen cada hora y cuarenta y ocho minutos de la estación de Waterloo. animado con el tema—. Según nuestros conocimientos. —Difícilmente podría tratarse de un tren que iba. Ella dijo que la detonación fue casi simultánea con el paso del tren y. tuvo que haber alguna razón muy poderosa. —¡Tonterías! —dijo—. —Quisiera que me explicase qué es lo que quiso usted decirme hace un momento cuando me preguntó si estaba seguro de no haber logrado mi objetivo. en lo que le dijo a usted. que es a las diez y cuarenta y ocho.

Habría tenido conocimiento de la nota que su esposa iba a mandar aquella misma mañana a Martin Wylde y debió encontrar el modo de enterarse de su contenido. La historia de Wylde adquiere verosimilitud ahora.. —El de las seis y veintiocho —dijo recalcando lentamente las palabras—. constituía un verdadero peligro. casi sin voz y espantado por el descubrimiento que acababa de hacer—. El señor Satterthwaite se sonrojó por el éxito.. Después se marchó a jugar al bridge. Pero si se tratara de éste. Dejó la partida de bridge minutos antes de las seis y media. ¡adiós la excelente coartada! —¡Maravilloso! —comentó el señor Quin. habrían anotado cuidadosamente la hora exacta de la llamada. ¿cómo diría. Alguien no tardaría en comprender el alcance del detalle del tren y entonces. ¿cuál es el próximo paso? —Yo sugeriría Sylvia Dale —contestó el señor Quin.. —Y los retrasó diez minutos —añadió el señor Satterthwaite. estoy de acuerdo —añadió el señor Quin completando su pensamiento. arrojó la escopeta al matorral en que más tarde fue encontrada y simuló llegar de la casa vecina al tiempo que alguno de sus criados se dirigían en su busca.. entró con ella y la mató de un tiro por la espalda..com pudiese llevar un adelanto así. —murmuró—. —La única cuestión ahora es.?. Louisa.. El señor Satterthwaite pareció dudar. —¿Viernes? —Si no recuerdo mal. Sí. sí! Ahora lo comprendo. con su locuacidad y sus supersticiones. —Y menos en una línea como esa —corroboró el señor Quin. Los relojes debían andar mal — afirmó el señor Quin.. como tratando de justificar su aserto. ¿No le parece a usted que sería una coincidencia un tanto extraña? —No pensaba en ello como mera coincidencia. me dijo usted que era precisamente los viernes por la tarde cuando sir George acostumbraba a poner en hora sus relojes —dijo el señor Quin. A continuación volvió a salir. Pero ¿y lo del teléfono? ¡Ah. pues ellos. —Como no fuera un tren de mercancías. Lo desconectó con objeto de que no pudiera avisarse a la policía de ese modo. y caminando despacio llegaría a la suya. —¿Todos? —exclamó el señor Satterthwaite dubitativo—. —. —Le mencioné ya —dijo— que me parecía un tanto. no cabe duda..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. aproximadamente. El señor Satterthwaite le miró como fascinado.004 http://biblioteca. ¿cómo es que todos afirman haberlo oído diez minutos antes? —La razón es clara como la luz.. a las siete menos cuarto. encontró la escopeta de Martin apoyada junto a la puerta. ahora lo veo todo. La verdadera hora a la que él salió de la casa fue la de las seis y veinticinco minutos. sin duda.d2g. no habría sido necesario sacarla de Inglaterra. Pero de haber sido así.. como dijo.. . Sí. y el disparo fue hecho a esa hora. Pensaba en que era viernes.

Le dije que el juego había terminado y él se ha derrumbado. Usted. ¿Cómo lo ha conseguido usted? ¿Qué es lo que le ha dicho? La muchacha se incorporó un tanto. que aún estaba a tiempo de escaparse y que nada haría yo por impedirlo. —Pero. pero se mostró sorda a todos sus recomendaciones. No pudo reprimir un estremecimiento y el señor Satterthwaite le dio unos cariñosos golpecitos en la mano. la vio salir de nuevo. Por eso me hago cargo de las estupideces que a veces cometemos los demás. —¡La ha firmado! —repitió el señor Satterthwaite sin salir de su asombro. —Necesito un taxi inmediatamente —añadió. aliviado. querida niña. —Pero tiene padres y hermanos que podrán dar los pasos necesarios. Sus palabras no consiguieron hacer mella alguna en la decisión tomada por Sylvia Dale.d2g. Sylvia le escuchó atentamente y.com estúpida. —Le dije que Louisa Bullard había estado en la jefatura de policía para contar su historia. Le añadí que la policía tardaría aún una hora en efectuar su arresto. —Es algo estúpido —dijo Sylvia—. Mostró el papel que llevaba entre las manos. Yo también lo soy —añadió después a modo de conclusión—. El señor Satterthwaite hubo de esperar en el coche mientras ella se dirigía a las oficinas que sir George tenía en la ciudad.004 http://biblioteca. Le autorizó a que le acompañase en el taxi. mejor que yo. dejándose caer sobre el respaldo del asiento y cerrando lánguidamente los ojos. Estaba tan aterrado que no sabía bien lo que hacía. Parecía agotada como una flor que dobla su tallo por falta de agua. Media hora después. ¿qué va usted a hacer? —Ir a ver a sir George Barnaby. Que la policía había hecho sus indagaciones y que se había comprobado que lo habían visto entrar y salir de su casa pocos minutos después de las seis y media. entregándoselo—. Nos ofuscamos. sabe lo que hay que hacer para que pongan a Martin inmediatamente en libertad. Eso sería lo más desacertado. pero que si no lo hacía.. cuando hubo terminado. No tardó en encontrarse sentado junto a la chica. —He vencido —murmuró. La escribió y firmó sin darse cuenta siquiera de lo que había hecho. —Imposible. Permítame que yo. gritaría y lo proclamaría a todo el edificio.. y la ofuscación nos lleva a hacer cosas de las que luego hemos de arrepentimos. —¿Qué? —exclamó sorprendido el señor Satterthwaite—. —Tómela —añadió. explicándole el resultado de sus investigaciones. —Eso es cierto —asintió el señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite la recibió con preocupada solicitud. siempre y cuando firmase allí mismo una declaración reconociéndose único culpable de la muerte de Vivien. se puso de pie de un salto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. .

Sylvia Dale vio la contrariedad que se reflejó en su semblante. La mesa estaba vacía. Se dirigió a la mesa del rincón con el corazón henchido de satisfacción. ¿Ha estado usted alguna vez en él? Sylvia meneó la cabeza. —No. El Arlecchino.. El señor Satterthwaite paró un taxi y llevó a la joven al pequeño restaurante. Simplemente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Pero no importa. que esperaba encontrar aquí a un amigo..004 http://biblioteca. Quizá algún día volvamos a vernos.d2g. . —¿Ocurre algo? —preguntó. Cerca de aquí está uno de mis rincones favoritos.com —Lo que usted necesita en este instante es algo que la reanime —dijo ese último—. nada —contestó el señor Satterthwaite—.

Eran estos los únicos a quienes el señor Satterthwaite toleraba. pero no tantas como las que estaba acostumbrado a ver antaño. prefieren las montañas de Suiza. y a los grandes duques y príncipes de las casas reales. La primera vez acompañada de un gran duque. Pero echaba de menos el fermento acostumbrado de la élite: su propia gente. eran jugadores impenitentes. Hacía muchas temporadas que el señor Satterthwaite veía a la condesa en Montecarlo. como es natural. pues constituían el necesario fondo del cuadro. Partidas de caza ocupaban la mayor parte de su tiempo durante los meses de septiembre y octubre.d2g. Salía de la ciudad después de terminado el encuentro entre Eton y Harrow. Echaba también de menos a los atildados barones y condes de la diplomacia extranjera. Conocía a todo el mundo y no era tampoco aventurado afirmar que todos lo conocían a él. Los jóvenes. Mayo y junio los pasaba en Londres. En la mañana que nos ocupa. Será el cambio. El señor Satterthwaite era un fervoroso estudiante de ese tenebroso drama al que llaman vida. Y echaba de menos también las hermosas y elegantes damas. como siempre. las siguientes. Los jardines. y solía rematar el año con otros dos meses en la ciudad. Quedaban unas pocas. Sentía que el desencanto se había ido apoderando poco a poco de él. El segundo domingo de enero de cada año con regularidad.com 5 EL ALMA DEL CRUPIER El señor Satterthwaite gozaba del calor del sol en una terraza de Montecarlo. Además.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. de rostros cetrinos y largas y . de un barón austríaco y. y no se sabía de año alguno en que se perdiera las carreras de Ascot. con amigos de extracción hebraica. como es natural. Vienen aquí ahora gentes que antes jamás hubiesen podido hacerlo. los de la nueva generación. El único príncipe que hasta ahora había visto trabajaba como ascensorista en uno de los grandes hoteles. Algunos. Le parecían una muchedumbre superficial y mal vestida. En el mes de abril regresaba a Inglaterra. y se dirigía al campo a visitar a sus innumerables amistades antes de trasladarse a Deauville y Le Touquet. El azul del mar era admirable. su entrecejo estaba fruncido. la segunda. almas condenadas que no podían mantenerse alejados de las mesas de juego. Los valores cambiaban y él era demasiado viejo para cambiar. Se hallaba en este punto de sus reflexiones cuando observó que la condesa Czarnova venía en dirección a él. pero la gente le desagradaba. me voy haciendo viejo. una delicia. se dijo tristemente el señor Satterthwaite. el señor Satterthwaite abandonaba Inglaterra para trasladarse a la Riviera. Era más puntual que cualquier golondrina.004 http://biblioteca. pero le gustaba un material de gran colorido.

ojos. pestañas y cejas de un negro tan profundo que a la propia naturaleza le hubiera costado trabajo igualar. El que en aquel momento le acompañaba era uno de esos tantos muchachos imberbes a quien el señor Satterthwaite tenía la fortuna de conocer y por el que sentía una profunda conmiseración. no pudo por menos que admirar el arte que la condesa desplegaba en hacer resaltar sus encantos femeninos. Estaba en Montecarlo con un grupo de jóvenes de ambos sexos. Su tez. era de un uniforme blanco marfil. más bien se inclinaba a su favor. Iba a decidir retirarse en dirección opuesta cuando. Cabello. En general no simpatizaban con los ingleses ni. vio venir a la muchacha en cuestión. Se quitó cortésmente el sombrero cuando la pareja pasó junto a él y la condesa le obsequió con una leve inclinación y una sonrisa. se dijo para sí el señor Satterthwaite. Ahí va un pobre loco. Bien. Su boca no era carmínea ni de un vivo color escarlata.com curvadas narices. preocupado. Era una mujer alta. al parecer. no obstante. tampoco éstos con ellos. sino de un leve tono de color vino.d2g. Franklin Rudge era un joven norteamericano. Se sentía. Era su primera visita al Viejo Mundo y se desbordaban en críticas y alabanzas por todo cuanto veían. y más o menos del mismo tipo y condición. una mezcla curiosa de idealismo y sagacidad. a quien estaba seguro que la amistad de Franklin con la condesa no le gustaba.004 http://biblioteca. Vestía un traje sastre con una blusa de muselina que le sentaba de maravilla. Pensó que la condesa Czarnova era la compañía menos apropiada para su joven amigo Franklin Rudge. aun cuando sus ocasionales solecismos le hiciesen estremecerse a menudo. de formas esculturales. norteamericanos como él. El señor Satterthwaite. En los últimos años sus gustos parecían haber cambiado y sus escoltas se componían casi exclusivamente de jóvenes. Vestía un atrevido modelo en negro y blanco. muchos de ellos casi niños todavía. que se preciaba de ser un espíritu cosmopolita. El ligero sombreado de sus ojos daba a estos una expresión extraordinaria. porque había una atractiva muchacha americana en el grupo. sin mácula. Pero no es asunto de mi incumbencia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Le encantaban su franqueza y sinceridad. El señor Satterthwaite. por una de las veredas que conducían a la terraza y en dirección hacia él. ni creo que él se decidiera a escucharme. típico exponente de los estados del Medio Oeste amantes de la emoción: rústico pero adorable. y llevaba una sombrilla de un color rosa subido que favorecía mucho el color de su piel. que conocía los secretos de las mujeres más de lo conveniente para cualquier hombre. unos cómodos zapatos de . Franklin Rudge se sentía importante y feliz. así adquirí experiencia yo mismo a su edad. cargados siempre de deslumbrantes joyas.

Dígame.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Por qué? No lo entiendo. —Una elegante forma inglesa de esquivar una respuesta —dijo Elizabeth con desilusión—. a esa mujer la tomarían por un pajarraco.. —Supongo que con su amiga la condesa —añadió con sequedad.. Lo que sí puedo decirle es que en Sargon Springs. lo vi hace unos minutos. —Tiene. nuestro pueblo natal. por aquí? —Sí. Tenía elevados conocimientos de cultura y arte. —¿La conoce usted? —Superficialmente. —Esa condesa me hace a mí pero que muy poca gracia —dijo con voz alterada por la rabia—. No es probable que el señor Satterthwaite pensara en ella en relación con sus dotes artísticas o culturales. me parece que con la condesa —admitió el señor Satterthwaite. Quizá lo sea. sino en el principado de Mónaco. pero se abstuvo de recordarle que no se hallaban en Sargon Springs. Venía lleno de entusiasmo. Franklin está loco por ella.. pero Elizabeth Martin no pertenecía a este grupo.d2g. señor Satterthwaite —dijo Elizabeth al llegar junto a él—. sí. ¿es cierto que es condesa? —No me gustaría tener que confirmarlo —contestó el señor Satterthwaite—. —Buenos días. una conversación muy agradable — expuso el señor Satterthwaite con cautela.004 http://biblioteca. Ese muchacho suele ser muy sensato y nunca me hubiera imaginado que pudiera enamorarse de una sirena vulgar como esa. una forma de vida bastante diferente de la que tenemos . donde la condesa parecía sincronizar con su ambiente con más acierto que la señorita Martin. Lo que llamó su atención fue su extremada juventud. —Estoy muy preocupada por Franklin —declaró la señorita Martin—. ¡Sí señor! ¡Me estoy divirtiendo! ¡Esto es lo que yo llamo vivir. Elizabeth decidió proseguir su camino en dirección al casino. al pasar por París. acostumbran a salir ataviadas cual modernas reinas de Saba.. Pero no quiere oír ni una sola palabra y se pone como una fiera cada vez que intentamos hablarle sobre el particular.com paseo y llevaba una guía en la mano. ¿Ha visto usted a Franklin. no tardó en ser abordado por el propio Franklin Rudge. quiero decir. —Me estoy divirtiendo de lo lindo —anunció con ingenuo entusiasmo—. y ansiaba sacar el mejor partido posible de los escasos fondos de que disponía. señor Satterthwaite. Al no obtener respuesta. al señor Rudge. El señor Satterthwaite hubo de admitir para sí tal posibilidad. El señor Satterthwaite volvió a sentarse al sol y. Hay norteamericanas que. Ella era de las que «hacía Europa» con espíritu decidido y consciente. —Pues. según tengo entendido.

¿verdad? —dijo finalmente. Franklin le miró con fijeza. —¡Oh. —Usted conoce a la condesa Czarnova. tratando de dar la misma respuesta que diera a Elizabeth. la aristocracia europea es inútil y está fuera de lugar. ¿verdad? —preguntó con un candor que hacía imposible ofenderse—.d2g. —He oído decir que las perlas fueron un regalo que le hizo el rey de . Una de las familias de más rancio abolengo de Hungría. algo mucho más emocionante. —No le entiendo. Puede ser cierto por lo que respecta a los hombres. y más bien me ha parecido una cosa triste y sórdida. griegos y argentinos. Y también a judíos. Pero no crea usted que me ha entusiasmado mucho el casino. —Era una Radzynski —explicó Franklin Rudge—. inteligente. portugueses. —La vida es la misma en todas partes —dijo con expresión de hastío—. eso es todo. —Se las dio el rey de Bosnia por haber sacado de contrabando unos papeles secretos del reino. Ningún viejo debería permitirse la mala costumbre de predicar. en la actualidad. Uno está inclinado a creer que. —Es una mujer a quien me ha resultado muy interesante conocer. —El juego es cuestión de vida o muerte para el jugador.004 http://biblioteca. Se viste con diferentes ropajes.com en Estados Unidos! El señor Satterthwaite le dirigió una profunda mirada. Su vida ha sido de lo más extraordinaria. Eso es porque le queda todavía un gran trecho por recorrer. con generaciones de civilización tras de sí y aristócrata hasta la médula. El joven asintió en conformidad. —¿Eh? —Trataba de explicar que sigo moviéndome dentro de lo que pudiéramos llamar nuestra sociedad inglesa. Me temo que sé muy poco acerca de ella. —¿No? —prosiguió—. —Superficialmente —contestó el señor Satterthwaite. —A muchas de ellas —contestó el señor Satterthwaite—. Franklin Rudge se quedó unos momentos pensativo. —¿Ah. sí? —exclamó el señor Satterthwaite. encantadora. Tenía la idea de que el juego sería distinto. pero las mujeres son distintas. —Usted debe ser de esos cucos que conocen bien esta sociedad. ¿No cree usted que es un placer encontrarse con una criatura tan exquisita como la condesa Czarnova? Ingeniosa. Pero le ruego que acepte mis excusas. no importa! —rió el señor Rudge mostrando la espléndida dentadura de todos sus compatriotas—. —¿Acaso no lo es? ¿Conoce usted a su familia? —No —replicó el señor Satterthwaite—. Quiero decir que conocerá usted a todas las condesas y duquesas. ¿Ha visto usted el magnífico collar de perlas que luce? El señor Satterthwaite asintió. pero sin gran valor para el espectador. Produce más impresión leído que visto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.

¿Qué demuestra eso? —Demuestra —contestó secamente el señor Satterthwaite— que la condesa ha vivido un tiempo considerablemente más largo que la señorita Martin. como también lo era que la condesa había sido. . Lo hemos discutido los dos con frecuencia. —Ahora le diré algo más. Las mujeres. al tener que ponerlas en práctica. —Probablemente —dijo el señor Satterthwaite. Esto era un hecho ya del dominio público.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. siente una inmensa admiración por Elizabeth y la considera encantadora en todos los aspectos.d2g. detractores. pero sus ideas son muy claras. Yo no me atrevería a calificarlo de ese modo. es tan perversa como cualquiera de ellas. El señor Satterthwaite intentó en vano pensar en alguna circunstancia que hiciera crecer un sentimiento de hermandad entre la condesa y Elizabeth Martin. Tenía enemigos. o así por lo menos se lo había hecho creer al joven norteamericano.com Bosnia —apuntó el señor Satterthwaite. una chere amie de Su Majestad. ¿Conoce usted a Elizabeth Martin? Está de acuerdo con mi teoría absolutamente. cuanto más lo hacía. tienen sus propias normas. más se convencía de la fértil imaginación de la condesa Czarnova. No era una «vulgar sirena» (como precipitadamente la había calificado Elizabeth Martin). —La condesa. Yo creo en la democracia y ¿qué es la democracia sino una verdadera fraternidad tanto entre hombres como entre mujeres? Se detuvo. Es injusto. Pero. —Y ha tenido que luchar constantemente contra toda suerte de contrariedades —terminó diciendo el joven con pasión—. Está en contra de la condesa. —No estoy de acuerdo —interpuso Rudge apasionadamente—. No. El señor Satterthwaite le escuchó complacido y. en tiempos pasados. señor Satterthwaite. El joven inocente e idealista lo hubiera notado. éstas fueron siempre sus más encarnizadas adversarias toda su vida. como usted sabe. Es algo extraordinario. pero nunca encontró una mujer que fuera una auténtica amiga.004 http://biblioteca. No es conveniente que nos mezclemos en sus asuntos. la condesa se movía austeramente en un laberinto de intrigas diplomáticas. Por el contrario. Hay que dejar que ellas solas se las arreglen. una personalidad capaz de inspirar una romántica devoción. ¡naturalmente! Todo aquello era un vislumbre. Una de las cosas peores que hoy aquejan al mundo es esa falta de solidaridad entre las mujeres. —No —contestó reflexivamente el señor Satterthwaite—. —¿Y no cree que esto es escandaloso? —preguntó Rudge muy acalorado. de la vida en el viejo régimen. Es solo una niña. con la condesa como figura central. y fracasó. aunque no sabe ni jota de ella y no me escucha cuando intento aclararle las cosas. aristocrática amiga de consejeros y príncipes. por su parte —prosiguió Rudge—.

pero reconoció haber cumplido ya los treinta y cinco. se limitó a enarcar las cejas. Pocos creerían las cosas asombrosas que me han ocurrido. señor Satterthwaite? Su voz queda sonaba con un timbre dulce y acariciador. No eran muy probables. las historias que ella le habría contado pudieran muy bien haber sido verdaderas.. aunque guardando siempre cierta reserva. en tono soñador—. Le he puesto al corriente de gran parte de mi vida. no hubiese creído nada que no viese corroborado por las pruebas más fehacientes. con el grado más alto de improbabilidad. Mi vida ha sido extraordinaria. pero cabían dentro de lo posible. —Me permito aconsejarle que no dé usted mucho crédito a lo que se dice por Montecarlo —murmuró. Franklin Rudge. De pronto. ¿Verdad que no los aparenta? El señor Satterthwaite. Ya no la veía como una arpía. —También me lo parece a mí —dijo la condesa.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite era lo suficientemente astuto para penetrar en el sentido de estas palabras. señor Satterthwaite. —Parece usted interesarse mucho por ese joven americano. Esta empezó a describir círculos en la arena con la punta de su sombrilla.. Yo le hubiese puesto unos veintinueve. Después de todo. —Es un muchacho muy simpático —contestó el señor Satterthwaite en tono indiferente. Ésta se acercó con el lánguido abandono que tanto realzaba su seducción y se sentaron los tres juntos.com Franklin Rudge salió inesperadamente por la tangente. Tenía suficiente experiencia para comprender lo inútil que hubiese resultado tratar de argüir con el muchacho.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¿Qué edad cree usted que tiene? Yo la sé. —¿De veras? —Detalles que he confiado a muy pocos —continuó. en la cumbre de sus especulaciones románticas. ¿verdad. sino como una mujer .d2g. Todo fue muy inteligentemente manejado. —Ahí está la condesa —dijo el joven levantándose. Nadie podría afirmar categóricamente: «Eso no es cierto. No contestó y la condesa paseó una ensoñadora mirada por los contornos de la bahía. y el señor Satterthwaite y la condesa se quedaron en un tête-a-tête. Se mostró amabilísima con el señor Satterthwaite. Con frecuencia se dirigía a él preguntando su opinión y tratándole como una gran autoridad en la Riviera. pareciendo reflexionar—. Solo habían transcurrido unos minutos cuando Franklin Rudge fue graciosamente requerido para ausentarse unos momentos. cuyo propio cálculo acerca de la edad de la dama era de unos cuarenta y cinco a cuarenta y nueve años.». el concepto que el señor Satterthwaite tenía de ella cambió. Ella misma me lo confesó deportivamente.

Aquella noche. para finalmente jugar al manque seis veces y perderlas todas.d2g. El señor Satterthwaite sonrió para sus adentros. Luego. la inspeccionó con curiosidad. un hombre de pequeña estatura y perfil inconfundiblemente judío. Sintió la creciente convicción de estar en lo cierto. Soportaba sus pérdidas con la estoica sang froid de un viejo habitué. No había.004 http://biblioteca.com desesperada y acorralada que luchaba con uñas y dientes. urgencia por este lado. mientras la condesa probaba su fortuna en la ruleta. El tête-a-tête con él simbolizaba el lanzamiento de un guante al señalarle como a su principal enemigo. pues. ¿Estaba enamorada? No era infrecuente que mujeres de su edad se enamorasen de simples jovencitos. Tuvo la sensación de que había algo fuera de lo común en su situación. Estaba seguro de que confiaba en evitar que hablara de ella con Franklin Rudge. Tenía más conchas que un galápago y conocía perfectamente cuándo tenía que morderse la lengua. continuó observándola. El señor Satterthwaite escuchó el comentario apreciativo de dos hombres. las famosas perlas de Bosnia y unos largos pendientes con perlas colgaban de sus orejas. se alejó indiferente de la mesa. invariablemente. en el Cercle Privé. puso el máximo al rojo y ganó algo en la media docena para volverlo a perder. Sería despiadada con cualquiera que se interpusiera entre ella y Franklin Rudge. aún no acertaba a ver claramente la situación. En apariencia le sobraba el dinero. ¿no te parece? Las joyas de la corona de Bosnia parecen ganar en hermosura sobre su persona. Es extraño. —¡Mi querido señor Quin! —dijo estrechando calurosamente su mano—. Este es el último lugar del mundo en que habría soñado encontrarlo. El otro caballero. Una y otra vez apostaba e. con un ligero encogimiento de hombros. pues en el momento de volver la cabeza en otra dirección había experimentado la alegría de reconocer a un viejo amigo. —Así pues. —La Czarnova —dijo uno de ellos— se conserva bien. ¿esas son las famosas perlas de Bosnia? —preguntó—. Estaba excepcionalmente hermosa embutida en su vistoso traje de tisú dorado con viso de color verde y lucía. La miró furtivamente unos instantes. La sombrilla yacía a un lado y podía ver unas arrugas delatoras en el rabillo de sus ojos y el latido de una vena sobre la sien. Era una criatura desesperada y agotada. Sin embargo. orlando su cuello. su dinero desaparecía. Pudiera ser. Y soltó unas risitas. Apostó en plein una o dos veces. En vérité.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite no pudo oír nada más. . Vestía con ostentación y sus joyas eran maravillosas.

. Ambos aspiraron con fuerza. La condesa. —¡Encantado! —replicó el señor Quin—. Ahora parece interesado en tomar parte activa en ellos. se enorgullecía de su habilidad para saber recrear el ambiente.004 http://biblioteca. En el exterior el aire era fresco. . —No debería sorprenderle —exclamó—. —Mirabelle llega a Montecarlo esta noche —confió excitadamente al oído del señor Quin. —Esto está mejor —dijo el señor Satterthwaite. —Ha cambiado usted mucho desde la primera vez que nos vimos — dijo el señor Quin cuando aquel hubo acabado su relato. —Es verdad —hubo de confesar el señor Satterthwaite—.d2g. quizá usted pueda ayudarme. ¿Tiene usted algún interés especial en quedarse en las salas de juego? Yo las encuentro excesivamente calurosas. Como de costumbre. —Creo que estaremos mejor fuera —asintió su acompañante—. —¿La estrella favorita de los escenarios de París? —Sí. —Será interesante presenciar esta noche el encuentro entre ella y la condesa Czarnova. a todos los describió con su maravilloso toque. la inocente Elizabeth.. —Mucho mejor —volvió a asentir el señor Quin—. El señor Satterthwaite experimentó una gran sensación de alivio. —¿De veras? Pues es un gran placer para mí. Estoy perplejo. En breves palabras. le puso al corriente de sus perplejidades.. Según creo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero a la hora del almuerzo se oyeron noticias que despertaron su curiosidad. Al día siguiente presentó a Franklin Rudge y a Elizabeth Martin a su amigo el señor Harley Quin.com El señor Quin sonrió con su oscuro rostro iluminado por la satisfacción. Le complació grandemente ver que la corriente de afecto entre los jóvenes se mantenía en pie. —Naturalmente. Quizá. Es Carnaval y estos días suelo pasarlos aquí. el joven Franklin. —Eso mismo estaba yo pensando. No se mencionó a la condesa. la ha cubierto de alhajas y de ella se dice que es la mujer más codiciada y más extravagante que corre por París. que es la última locura del rey de Bosnia. Además.. Veremos qué es lo que se puede hacer. pero no frío. —¿En qué sentido? —Antes se contentaba usted con ser un mero espectador de los dramas que la vida ofrecía. Supongo que tendrá usted algo que contarme. pues es ya del dominio público. Me atrevería a decir que usted también lo sabe. Pero en este caso me encuentro con que no sé qué hacer. Podemos pasear por los jardines. podemos hablar con entera libertad.

a su vez. y su nítido cuello y sus brazos no lucían ni el más insignificante de los adornos. de cabeza majestuosa y pelo rubio teñido. impair et manque —gritó. La condesa recogió el dinero. se recreaba en hacer una apuesta. Para unos hastío y pasatiempo ocioso. Rien ne va plus. Esta llegó un poco tarde y un murmullo sordo corrió de boca en boca al verla pasar y dirigirse displicentemente a la mesa central de ruletas. Plus rien.d2g. Era extraordinariamente chic. con un sencillo traje de marocain como el que llevaría una debutante en sociedad. Tenía curiosidad por saber si la condesa aceptaría el desafío. Vestía un traje que le daba el aspecto de una exótica ave del paraíso y lucía profusión de cadenas que le colgaban por su desnuda espalda. —Numero cinq. Simultáneamente. Un pesado brazalete con incrustaciones de brillantes adornaba su tobillo izquierdo. vida o muerte. —Es inteligente —exclamó el señor Satterthwaite con aprobación—. El señor Satterthwaite hizo un gesto de retroceso. La condesa le miró fijamente y él le devolvió la mirada. con los labios pintados de carmín. El crupier miró a ambos y vaciló. Se acercó también a la mesa y se situó a su lado. la condesa hizo el mismo gesto. Era un caballero. Vestía de blanco.com Mirabelle era una criatura alta y esbelta. el señor Satterthwaite se decidió a hacer su última apuesta y jugó el máximo al número 5. empujó hacia el señor Satterthwaite el producto de su ganancia. Su entrada en el casino causó verdadera sensación. ¡El señor Satterthwaite había ganado! El crupier. Éste extendió su mano para recogerla. Este último asintió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Tan pronto ganaba como perdía. La condesa. se inclinó hacia delante y colocó otra suma igual sobre el número 6. Los números 31 y 34 salían una y otra vez. Con una sonrisa. —Su amiga la condesa se verá en un apuro si trata de superar esto — murmuró el señor Quin al oído del señor Satterthwaite. Se dio una racha seguida de números altos. Resonó de nuevo su áspera . Grandes sumas se volcaban sobre la mesa. De vez en cuando. La bola empezó a girar y el señor Satterthwaite pensó para sí: Esto tiene un significado totalmente distinto para cada uno de nosotros. después de haber recogido las apuestas desafortunadas. Su tez era de un pálido color malva. —Faites vos jeux —gritó el crupier—. para otros esperanza y desesperación. pero este se limitó a menear impaciente la cabeza. —Á madame —dijo finalmente con brusquedad.004 http://biblioteca. Uno o dos de los presentes trataron de hacer ver al crupier su equivocación. rouge. La decisión estaba tomada. Desdeña la rivalidad y entrega todas sus armas al adversario. ¡Clic! El crupier se inclinó para cerciorarse.

La condesa.d2g. —Bien. añadió: —Hemos de encontrarnos con su amigo Franklin Rudge. El señor Quin escuchó benévolamente su relato. a invitar a la primera persona con quien se encuentre. como mujer de mundo. —Debe usted agotar todos los recursos de su fuerza persuasiva. pero son cosas que ocurren con alguna frecuencia. Se detuvo un momento. Con Franklin había aparecido la condesa. Escogemos el punto de reunión. —Será lo que pudiéramos denominar una cena sorpresa —explicó—. Fue un momento tenso. El señor Satterthwaite tuvo la fortuna de dar con Elizabeth Martin y la reclamó como su pareja para aquella noche. Llegaron a Le Caveau y descendieron a una especie de bodega donde encontraron una mesa ya dispuesta y alumbrada por caprichosas velas montadas sobre anticuados candelabros. se encargaba de ir sirviendo el vino a los comensales. . después nos separamos y cada uno se compromete.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ceremoniosa y asiduamente. Franklin Rudge se volvió locuaz. una cena excelente. correctamente vestido y cuya cara le era familiar al señor Satterthwaite. Describió su situación y cada cual partió por su lado. La acompañaron unos vinos de gran calidad. Le acompañaba un hombre de baja estatura. cosa que ella aceptó encantada. monsieur Pierre Vaucher —dijo el señor Quin. Se llama Le Caveau. El último en llegar fue el señor Quin. no humorísticas. El señor Quin hizo las presentaciones con naturalidad y sencillez. Elizabeth no pudo reprimir un gesto de desagrado. sino serias. aunque la condesa y Elizabeth permanecían silenciosas. ¡Ah! Aquí llega Franklin.004 http://biblioteca. lo reconoció. Se sirvió la cena. Pasado un momento. y el señor Quin. bajo palabra de honor. —¿Y qué ocurre si no acepta? —preguntó. El hombrecillo parecía confuso. supo hacer los honores. Y a continuación. en cambio. bullía de indignación. Voy a dar una pequeña cena íntima. —Permítame que le presente a nuestros acompañantes. —Somos los primeros —dijo el señor Satterthwaite—. messieurs et mesdames. el lamentable error.com cantinela: —Faites vos jeux. A Franklin Rudge le regocijó la idea. —Desagradable —exclamó al terminar aquel—. La frialdad del ambiente pareció diluirse. moreno. ¿Y dónde nos reunimos? —En un café de bohemios donde se admiten los más extraños huéspedes. El señor Satterthwaite volvió a reunirse con el señor Quin. Contó varias historias. Los tres se reunieron a medianoche y el señor Quin esbozó su plan. Era el mismo crupier que horas antes en la sala de juego había cometido. Bajo su impecable comedimiento. al parecer.

—Es en París donde empieza mi relato. Relató su historia. También había hecho los debidos honores al champán. Se casó con. Ella luchaba desesperadamente por encontrar trabajo. Para ser un hombre venido del país de la prohibición. Había allí un modesto joyero. sí. Un miserable manojo de huesos. no volvió a dirigirle la palabra. Era virtuosa. Pues. lo que había sacrificado por ella. —Bien. y fue una loable acción. que estaba sentado frente a él. se lo ruego —le pidió Satterthwaite. llamémosle de momento. quizá con más extensión de la que correspondía y. no dejaba de mostrar su predilección por el champán. Todos decían que tenía un brillante porvenir ante sí. Tan pronto se mostraba apasionada como fría e indiferente. —Él la amaba. Así se lo hizo saber a ella. Pierre Vaucher se dejó caer hacia atrás en la silla y clavó la mirada en el techo. Pero. resultó inferior a la ficción. como digo. herida en sus sentimientos más vivos. Al decir su última palabra. y es verdadera. Y se casó con ella. pensando que se lo habría de agradecer. o al menos eso es lo que le hizo creer. Se oyó la voz de la condesa desde la penumbra en que se hallaba.com —Voy a contarles. Una ventajosa boda se había concertado para él. Tenía arrebatos diarios. para este hombre la muchacha tenía un encanto mágico al que no pudo resistir. Se inclinó hacia delante. Se había unido a él solo por mero instinto de conservación. Era joven y alegre. pareció despertar de su ensimismamiento. —¿Por qué no habría de ser cierto? Ha habido muchas en el mundo como ella. ¡Qué locura! Su familia.004 http://biblioteca. ¿Hermosa? ¿Quién sabe? Quizá lo fuera si no estuviera medio muerta de hambre. La mía es la de un hombre que desgraciadamente no consiguió hacer fortuna. señores. profundamente enamorado de su profesión.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el joven la creyó. comprendió la verdad. Era mucho. Pero como la de usted. Se sintió herido en lo más profundo de su corazón. descendió por la pendiente. —Yo también deseo contarles una historia —dijo sombríamente—. al fin y al cabo. ¿qué creen ustedes que ocurrió? Cierta mañana se tropieza con una muchacha. Y de pronto. pero desde los comienzos ella pareció no tener otro entretenimiento que el de enloquecerle. pero intentó que sus . —Cuéntenosla. —Un encantador comienzo para la pobre niña —observó sarcásticamente la condesa. La novia era guapa y la dote nada despreciable. Pierre Vaucher. Ahora tengo mis dudas sobre si fue verdad. Jeanne.d2g. la historia de un hombre que consiguió triunfar —dijo Franklin Rudge en tono solemne. es asimismo una historia verdadera. Al fin. Es la historia de un hombre que en vez de ir a más. como ocurre con otras muchas historias verdaderas. Aquella mujer no le había querido nunca.

Oh. que volviera con el solo objeto de atormentarle? —No —dijo la condesa—. si derribarla o pisotearla.com sentimientos no traslucieran. tanta maldad. señores. se volvió bruscamente y abandonó la tienda. »De pronto un día ella entró en la tienda donde él seguía trabajando. echó la cabeza hacia atrás y lanzó una diabólica carcajada. capaz de concebir una cosa así. volvió al mundo convertido de nuevo en un hombre. dijo. Fingió indiferencia: "Soy un cristiano y procuro ceñirme a los mandatos de la Iglesia". seguía creyendo que merecía gratitud y sumisión a sus deseos.. No se lo esperaba. lo dijo con voz dulcísima. ¿acaso tenía algo que reprocharle? »Ya sospecharán ustedes el final. o caer postrado a sus pies. . murmuró ella.. Afortunadamente. trabajando en su pequeña tienda. Mon Dieu. la humillaré hasta hacerle hincar las rodillas en el suelo. Pierre". Pero por lo visto. Durante dos años permaneció solo. continuaremos llamándola así. al terminar la guerra. Pierre Vaucher pareció no prestar la menor atención a estas palabras y prosiguió. a menos que sea un loco. ¿Pueden ustedes concebir. En realidad se moría de ganas de estrecharla entre sus brazos. si lo hubieses hecho.004 http://biblioteca. "Me estaba burlando de ti. Su corazón volvió a latirle con violencia. ¡Bendita guerra! Sacó a aquel hombre de la cloaca y le enseñó a no ser ya más un bruto. sin saber qué determinación tomar. entonces. ¡te hubiese escupido a la cara y te hubiera dicho cuánto te odiaba!" »Y después de esto. sin noticia alguna de ella y con un solo amigo: la absenta. "¿Quieres que vuelva a aceptarte? ¿Estás sinceramente arrepentida?" "¿Me aceptarías de nuevo en tu casa?". "¿Quieres que te perdone?". »Sabía que le estaba tendiendo una trampa." El dejó sobre la mesa sus herramientas y la miró. Ni creo que haya nadie. »Pero Jeanne.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Continuó bebiendo absenta. dijo. La tiendecita pasó a nuevas manos y ya no paró hasta caer enfangado en el arroyo. Iba elegantemente vestida y lucía costosos anillos en los dedos. entonces. ¡Ah!. "Mira estos vestidos y estas joyas. "he vuelto. ¿no es así? Lo que ya se veía venir.. los hombres adolecen de una ceguera estúpida. pero fue suficientemente inteligente como para no hacerlo. El negocio no prosperó mucho. Sufrió frío y el temor a la muerte.. sí. la humillaré. Él se la quedó mirando. Vine solo para que los vieras. Riñeron. Ella le reprochó algunas cosas. "Pierre". se limitó a decir con seriedad. dijo. "¿Qué desea la señora?". Cogió sus útiles de trabajo y continuó su trabajo habitual. Sin embargo. Pensé que esto te haría estrecharme entre tus brazos y. pensó. no hizo nada de eso. No sabía si abofetearla o estrecharla entre sus brazos. Ella le abandonó. Después vino la guerra.d2g. Pero no murió y. »Esto la molestó. —Y así el joven de mi historia siguió hundiéndose cada día más y más.

llega el final. La bola rueda. llega el gran momento. cuando se vino al sur. Las perlas de un rey se venden de una en una y son reemplazadas paulatinamente por otras falsas. Otros quizá no llegarán a creerlo. —Una historia verdaderamente interesante.d2g. se dirían.. —¿Por qué? —gritó con voz entrecortada—. monsieur Vaucher. Ni yo mismo podría decirlo. Pero. —Madame —contestó—. digo.! Ella se dejó caer en el asiento. Ella no le reconoció. "Á madame". que se estrellaron con estrépito contra el suelo. Una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Pierre Vaucher. A su lado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. todavía existe en el mundo un sentimiento que se llama piedad. Los hombres acaudalados la han visto durante años pasearse por las salas del casino.. La condesa se había acercado de un salto a la mesa y barrido con una mano las copas que había ante sí. Pero si lo hiciera ¿qué hubiera sido entonces de su crédito? ¿Sus alhajas? ¡Ah.. no! ¿Acaso no había sido yo joyero en mi juventud? Hacía tiempo ya que las auténticas habían desaparecido. Sonrió con calma. el momento ha llegado. Un escalofriante suspiro partió de la ventana en que se apoyaba la condesa. Básteles saber que acabó por ser un crupier y que allí. en el casino. se dicen. »Sus ojos se encuentran con los míos.. Durante dos noches consecutivas la veo perder..com »Fue entonces. Por fin. esta mujer ya pasa de los cincuenta y nosotros queremos carne joven por nuestro dinero.. señores. un milord inglés jugó también el máximo al número inmediato al suyo. No quiero cansarlos con el relato de todo cuanto hizo. ¿Me permite que le encienda el cigarrillo? .004 http://biblioteca. Llegó una noche en que se vio obligada a apurar sobre el tapete su última apuesta. Pero entretanto hay que comer y pagar las cuentas del hotel. volvió a ver a la mujer que había sido la causa de la ruina de su vida. Eso es lo que quiero saber... Aparentaba ser rica y no carecer de nada. Perder y perder sin cesar. y le entrego a ella el dinero. pero él sí a ella. igual que en un duelo. Son cosas que se sienten. ha perdido de nuevo. hay detalles que no se escapan a los ojos de un crupier. Sus pulmones habían resultado afectados por los gases tóxicos y le aconsejaron que buscase trabajo en lugares más templados. Ella seguía llevando vestidos costosos.. —Comprendo. ¡Bah!.. ¿por qué no empeñarlos?. Lo coloca todo a un solo número. Levantó sus manos. ¿Qué hacer? Me juego el puesto en el casino y me decido a robar al milord. —¡Ah. señores. No me pregunten cómo lo supe. Volvía a ser la mujer de siempre. ¿Por qué hizo usted eso? Hubo una larga pausa que parecía interminable y en la que ambos se miraban cara a cara a través de la mesa. —Sí. Siguió una fuerte conmoción.

El señor Satterthwaite estaba decidido a salir tras ella. —Ahora.004 http://biblioteca. no obstante.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. A continuación. ¡El orgullo. Y lo empleó para encender mi cigarrillo porque es demasiado orgullosa para aceptar la compasión de nadie. al fin y al cabo. Sí. ¿Lo comprenden? Sus ganancias de esta noche. Debo marcharme. —Bien —dijo este—. El señor Quin se apoderó rápidamente de ella. creo que tiene usted razón.d2g. les ruego a todos ustedes que me excusen. —Mon Dieu! —exclamó—. hay que admitir el punto de vista latino sobre este particular. —Me encuentro muy solo. ese orgullo satánico que siempre la ha dominado! ¡Es única! ¡Es admirable! Se levantó de un salto y corrió en su busca. —¡Por mil bombas! Contemplaba los restos de la pajuela que la condesa había dejado caer sobre la mesa antes de partir. se levantó con un movimiento brusco. Parece que todo ha salido a pedir de boca. El señor Quin y el señor Satterthwaite se habían levantado a su vez. ¿Y qué ha querido decir. monsieur —dijo en tono mecánico. La desenrolló. —¡Oh! —dijo el señor Satterthwaite sintiendo que había pasado algo por alto—. Elizabeth —observó Franklin Rudge—. El señor Quin recogió el cambio y miró al señor Satterthwaite. ¡Estos extranjeros son tan raros! Dieron las gracias al señor Quin y se alejaron juntos en la noche. ¡Por favor! No es preciso que nadie me acompañe. abandonó precipitadamente la habitación. señores. Pareció dudar. pero lo contuvo una imprecación que salió de la boca del francés. bueno. —Créeme que da gusto contemplar a una norteamericana cien por cien como tú —exclamó con un plañidero tono infantil—. —¿A cuál de las dos se refiere usted? —preguntó el señor Quin. con esa historia? Se quedó mirándola como embelesado. Un billete de cincuenta mil francos.com Improvisó hábilmente una pajuela con un papel que extrajo del bolso. Lo único que le queda en el mundo. No acabo de comprender a estos extranjeros. la encendió en uno de los candelabros y la acercó al cigarrillo que el señor Vaucher sujetaba entre los labios. El señor Quin sonrió. El camarero se acercó a Franklin Rudge. A continuación. Nuestra pareja de tórtolos estará en estos momentos a sus anchas. que parecía esponjado como un ave que peina satisfecha su plumaje. Una cristalera iluminada compuesta de vidrios de distintos colores imprimió momentáneamente a su persona una apariencia polícroma. . Como es natural. —La note.

Bandidos y toda esa serie de cosas.. .. era una vieja un tanto desaliñada y amiga de adornar sus trajes con abalorios negros. Pero.com 6 EL FIN DEL MUNDO El señor Satterthwaite había venido a Córcega por causa de la duquesa. Era una generosa contribuyente a las tómbolas de caridad y atenta siempre con todos sus inquilinos y dependientes. Esta mañana.. La duquesa sentía una verdadera chifladura por Córcega. Se lo he dicho muy claro. Era demasiado insignificante. usted lo sabe bien —dijo la duquesa—. duquesa. Escándalo. tanto como la comodidad. —Lo más probable es que nos cueste un ojo de la cara. y con una duquesa.d2g. estamos a cubierto de toda murmuración y escándalo. el inofensivo. dada nuestra edad. Satterthwaite —dijo con firmeza—. Se decía que su sistema de engalanarse era permanecer de pie en el centro de la habitación mientras su doncella colocaba a capricho sus broches y chucherías. —Tiene que venir conmigo. amable y anticuado caballero era todo un esnob. El señor Satterthwaite se sintió delicadamente lisonjeado. ¿Quiere usted hacerme el favor de enterarse del precio? —Con mucho gusto.004 http://biblioteca. Nunca habían relacionado su nombre con ningún escándalo. Manuelli se ha comportado como un desvergonzado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¡delicioso! —Es muy pintoresco. y los lucía igual que su madre acostumbraba a hacerlo: sujetos de cualquier manera sobre los vestidos. Entre sus antepasados no había ni un solo charcutero de Chicago. El lugar no estaba en su itinerario. Supongo que. le gustaban las duquesas. Y he oído decir que es extremadamente barato. No pueden pretender que la gente distinguida acuda a sus establecimientos si se comportan de esta manera. En la Riviera estaba seguro de encontrar cuantas comodidades pudiese desear y la comodidad significaba mucho para él.. Era la hija de un duque y la esposa de otro. Le gustaba la gente más distinguida y la duquesa de Leith era una auténtica aristócrata. Por lo demás. Cannes le aburría y el precio de las habitaciones de sus hoteles había sido no pocas veces causa de acaloradas discusiones entre ella y los propietarios. Poseía un montón de diamantes con prehistóricos engarces. Solicitaba constantemente pequeños favores de sus amigos y hacía sus compras en tienduchas de saldos. Desde Antibes. pero extremadamente tacaña cuando se trataba de sumas insignificantes. A pesar de que su papel no pasaba de ser el de un mero mensajero. —Creo —contestó el señor Satterthwaite— que puede hacerse cómodamente el viaje por ruta aérea. A su manera. Hay que poner en su lugar a estos dueños de hoteles.

La de la duquesa tenía un baño adjunto. estoy deseando tomar un baño caliente y una buena taza de café. estaba más fresca que una lechuga ya que las incomodidades no la molestaban en absoluto siempre que significaran un ahorro de dinero.) . que jamáis avant on n'afait cette manoeuvre la!1 —Esa doncella mía ha estado mareada toda la noche —comentó la duquesa—. Saludó con entusiasmo la vista de la costa con sus palmeras a la luz del sol naciente y a la entera población que parecía haberse congregado en el puerto para ver la llegada de la embarcación. —Vamos. Así es que decidieron hacerlo por mar. —On dirait —dijo un corpulento francés que estaba al lado de ellos—. al 1 «Cualquiera diría que nunca han hecho esta maniobra. y dado que el barco salía a las siete de la tarde. Fueron recibidos en el hotel por un director que. le indicaron un cuarto de baño que. Lo mismo pensó el señor Satterthwaite. pero ¿consiguió comida? —preguntó el señor Satterthwaite plañidero. Al volver con el informe del precio de un pasaje de avión. —Ah. La duquesa. —Una lastimosa pérdida de comida —insistió la duquesa en tono recriminador. Para empezar. Cuando comprobamos que no nos daban de cenar. Al señor Satterthwaite. pertenecía a la habitación de alguna otra persona. Un grito de triunfo acompañó la correcta colocación de la pasarela. Tomó el baño esperando que el agua fuera caliente. les condujo a sus habitaciones. Un coro de bandoleros asaltaron la cubierta y arrebataron el equipaje a los pasajeros a viva fuerza. a lo que parecía.com el señor Satterthwaite se sentía profundamente halagado. Cuando bajaron la pasarela. —No se creerá esa gente que yo voy a pagar ese exorbitante precio para ir en uno de esos peligrosísimos artefactos. le di la mayor parte.» (N. por el contrario.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite desembarcó en Ajaccio a primeras horas de la mañana. del T. en cambio. supuso que habría cena a bordo. aunque tampoco esta vez le acompañó un éxito completo. más muerto que vivo.d2g. —Traje algunas pastas y una barrita de chocolate —explicó la duquesa—. lo cual proporcionó al señor Satterthwaite el tormento de tener que soportar diez horas de verdadera incomodidad. después de deshacerse en reverencias. la duquesa lo rechazó de inmediato.004 http://biblioteca. Esa chica no sirve para nada. Las clases inferiores siempre arman un alboroto si les falta alguna de sus comidas. Satterthwaite —dijo la duquesa—. El señor Satterthwaite sonrió muy pálido. detalle éste que. sino que la embarcación era pequeña y el mar estaba agitado. No solo no fue así. la multitud estalló en gritos de entusiasmo y ademanes hacia todas direcciones.

quien tenía la rara habilidad de colocar a las personas en su justo lugar. Una chica inteligente. El camarero. Su vestido parecía hecho de una especie de tela de saco y llevaba el pelo negro peinado descuidadamente. y que nadie lee. —Esto es justo lo que necesita. orgullosa como Lucifer y le falta un tornillo como a casi todos los Carlton-Smith. Le hará olvidar esas pequeñas chifladuras que usted tiene. Ocurrió el invierno pasado. Acabó el café y. —Ha sido siempre la más encarnizada enemiga de sí misma — explicó—. ¿pertenece a la familia de los Knowlton? La duquesa hizo un movimiento afirmativo. —El pasado invierno estuve en Egipto —explicó el señor Satterthwaite—. más que sentada. Me perdí un montón de cosas. Sabía que vagabundeaba por alguno de estos rincones del globo. ¡Caramba! Allí veo a Naomi CarltonSmith. súbitamente. Un día robó unas joyas y fue procesado. con un ademán florido. abiertas de par en par. No recuerdo muy bien cuánto le echaron. le plus beau port du monde. Al menos es así como se llama a sí misma. Al contemplar el profundo azul de la bahía con las montañas nevadas al fondo.004 http://biblioteca. Las ventanas de su habitación. el señor Satterthwaite casi estuvo de acuerdo con el camarero. —¿Una artista? —preguntó el señor Satterthwaite. 1 «Ajaccio. el puerto más bello del mundo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.) . del T. Pobre como una rata de iglesia.» (N. —Ajaccio —anunció en tono solemne—. Más tarde. Uno de esos de Chelsea que se dedica a escribir poemas o algo por el estilo. Su madre era prima carnal mía. se durmió casi de inmediato. Satterthwaite —dijo—.1 Y. la duquesa apareció radiante de satisfacción. A la hora del déjeuner. Creo que cinco años. tendiéndose en la cama. A finales de enero pillé una fuerte gripe y los médicos insistieron en que fuera a Egipto. como es natural. Señaló a una muchacha solitaria que ocupaba una mesita situada junto a una de las ventanas. llamó la atención hacia el paisaje. propias de una vieja solterona —Se caló unos impertinentes y dirigió una rápida ojeada a lo largo y ancho del salón—. Se la ha visto con frecuencia acompañada por un joven poco recomendable.d2g. —Acertó —contestó la duquesa—. estaba hundida en el asiento.com parecer. Tiene usted que acordarse. Una chica de espaldas redondeadas que. daban paso libre a la entrada del aire fresco y fragante de un maravilloso día azul y verde. tomó un café intensamente negro servido en una especie de pote con tapa. —Entonces. se marchó. constituía a aquella hora de la mañana una pretensión absurda.

Era un curioso estudio impresionista de una chumbera. —Muy bien. No herirá mis sentimientos. Tenía una cara muy particular. se detuvo junto a Naomi Carlton y le dio unos ligeros golpecitos en el hombro. ¿Qué es lo que haces ahora? —No lo sé exactamente. por supuesto. —Hola. —Ese era precisamente el efecto que yo buscaba —dijo Naomi—. ¡Gracias a Dios.com En su voz latía un auténtico sentimiento de pesar. alzando de nuevo los impertinentes—. —¡Qué modales! —dijo la duquesa al señor Satterthwaite contándole la breve entrevista—. muchacha. bajo el sol.004 http://biblioteca. ni el mar tampoco. Naomi —dijo la duquesa en tono brusco—. —No le gustarán. pero temí que fuera usted quien no quisiera reconocerme. —Sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿No te acuerdas de mí? Esta se levantó al parecer de muy mala gana. —La muchacha parece estar poco menos que en la indigencia —dijo la duquesa. Tomaron el café fuera. fue francamente antipática. Fue al hotel y volvió cargada con una carpeta. de mirada triste y penetrante. Éste me da escalofríos. Como todos los Carlton-Smith. —Bien. —Así es como yo los veo —replicó plácidamente Naomi. No puedo dejarlo así. duquesa. Matar el tiempo. —Enséñame tus trabajos.d2g. La duquesa. Barbilla bien torneada y prominente y unos ojos grises claros. Al minuto su interés creció. —¿Pintas? —Un poco. Un efecto verde gris con manchones de un color . Se divertía. La vi entrar. Se dejó caer indolentemente en una de las sillas y estiró las piernas sin pizca de gracia. No habían transcurrido seis minutos cuando vieron salir del hotel a Naomi y encaminarse en su dirección. Sin saberlo. observando otro de los lienzos—. Naomi sonrió nada impresionada por la vieja autócrata. Al salir. Emita su juicio con entera libertad. —Ni siquiera acierto a ver cómo han de mirarse estas cosas —dijo con disgusto—. interesado. El señor Satterthwaite acercó su silla. que el cielo no tiene nunca este color. Las palabras brotaban perezosamente de sus labios y sus modales eran de una absoluta indiferencia. duquesa —le advirtió—. ha hecho usted el mejor elogio del cuadro. Naomi. fácilmente reconocible como tal. en cambio. —¡Uf! —exclamó la duquesa. Una cara inteligente e infeliz a la que solo le faltaba ser hermosa. Y bostezó. —Cuando hayas terminado de almorzar —ordenó la duquesa— ven a verme a la terraza.

señorita Carlton-Smith.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Ya lo sé —dijo ella—.d2g. Es bestial. que parecía materialmente querer desprenderse del cuadro. El señor Satterthwaite se estremeció y apartó la vista del cuadro. Levantó la vista hacia la chica.004 http://biblioteca. Luego la gente exclama: «¡Maravilloso!». —¿Por qué no? —preguntó la duquesa—. sobre el fondo de un vivido amarillo mimosa. —Me alegro de haber podido tener la oportunidad de quedarme con este. Las formas oblongas erizadas de púas de las palas de la chumbera predominaban en el motivo del conjunto. no con un pincel.. duquesa. —En la actualidad. Nadie intenta copiar nada. —Una buena porción cada vez —continuó la duquesa—. Estaba sorprendido y entusiasmado. Se enfrenta directamente a la vida y sube a la cumbre. podré vender este boceto con una buena ganancia. —Puede quedarse con el que guste por cinco guineas —contestó la muchacha con indiferencia. —Un bonito cuadro de un perro y un caballo. agradables y suaves. —¿Quiere usted venderme uno de ellos. comprendía la perfección de la técnica que se ocultaba tras aquel estilo. vemos la parte inferior de las cosas.. La duquesa la miró con los ojos muy abiertos. Sus ojos se encontraron con los de Naomi. —Con una paleta —la interrumpió Naomi sonriendo ampliamente una vez más. señorita Carlton-Smith? — solicitó. . Creo que he hecho una buena adquisición. Pero yo no tengo paciencia con una cosa así. se decidió por el del estudio de la chumbera y el áloe. A mí déme. En primer término. Algún día. Dedicó una leve reverencia a la muchacha.... con no sé qué. destacaba el escarlata de la flor de áloe. Es como debe ser y usted es como debe ser. porque tiene fuerza. Pero la gente de abajo. como los de Edwin Landseer. Se limitan a coger un poco de pintura. El señor Satterthwaite se hallaba todavía examinando los esbozos. ¿Qué tienes que decir de Landseer? —Nada —contestó Naomi—.com violento en el que los frutos brillaban como gemas. para los artistas las cosas resultan muy fáciles — observó en tono arrogante—.. Unos manchones y ya está. Las cosas excelsas son brillantes. —No tengo la más mínima idea de lo que estás hablando —declaró. seguro que no. Y esto también resulta interesante de algún modo. Yo la respeto. al fin. La duquesa carraspeó. A diferencia de la duquesa. si quisiera. El señor Satterthwaite titubeó unos minutos y. El conjunto era como una masa repugnante e infecta que atraía con la morbosidad y la fuerza de un torbellino.

Me. —Solo tiene dos asientos. Dicen que es usted un entendido en materia de cuadros. Naomi le miraba pensativa. —Eso explica lo del color —dijo la duquesa—. no hablemos más. Aquella noche. verdad Satterthwaite? Un estremecido suspiro se escapó del pecho de este último.. Voy a estar pocos días aquí y lo que quiero es ver la isla. Hablaba animadamente con el propietario del automóvil de cuatro asientos. pero no creo que aguante más pasajeros. Creo que tienes un coche. señor Tomlinson. Hay un buen garaje en la villa. —Ha escogido usted el mejor —dijo—. pero supongo que no pretenderá convencerme de que todo esto es arte. Entonces podremos hacer una excursión mañana. —Con un no menos excelente coche —completó el señor . —Da igual. y podrá terminar lo que me estaba contando.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. me alegro. Hablaré con él. —Una excelente persona —falló la duquesa más tarde. A duras penas puede subirme a mí a la colina sin protestar. —Bueno. ¡Vaya una idea! ¿Quién es aquel hombre tan elegante y un tanto amarillento que se detuvo esta mañana frente al hotel con un coche de cuatro asientos? —Me parece que se refiere usted al señor Tomlinson. Siéntese con nosotros. —¿Alquilar un automóvil? —exclamó la duquesa escandalizada—. porque no lo es. A lo mejor tiene razón. —Excelente —dijo la duquesa—. Naomi? La muchacha asintió. Por primera vez se había dado cuenta de su existencia y brilló un destello de respeto en la rápida mirada que le dirigió. Parece una buena persona. Creo que es un juez retirado de la India.com La chica se inclinó hacia delante para ver con cuál se había quedado. ¿Supongo que no le importa ir detrás. Lo compré de segunda mano por una bicoca y está medio destartalado. —La cena nos espera —dijo la duquesa—. ¿verdad. Aquella mañana había estado observando el estado de las carreteras corsas.004 http://biblioteca. al bajar a cenar. Temí que fuese ictericia. el señor Satterthwaite vio a la duquesa resplandeciente con un elegante traje de terciopelo negro y envuelta en el policromo fulgor de los innumerables brillantes que llevaba encima. El señor Satterthwaite la contempló con admiración. Le hizo señas imperiosas de que se aproximara a ellos. En fin. supongo que usted sabrá lo que hace —dijo la duquesa—. —No creo que mi coche les convenga —dijo—. —Venga usted. señor Satterthwaite. Mejor será que alquile uno. Él vio una nueva expresión en los ojos de la muchacha. El señor Tomlinson me estaba explicando una interesantísima historia y ¿a que no sabe usted qué es lo que me ha propuesto? Pues llevarnos de excursión mañana por la mañana en su automóvil.d2g.

. y menos con respecto a su persona. La duquesa podría haber alquilado perfectamente un coche. comparto su opinión. Esto no es más que una carraca y saldría usted por los aires al tropezar con los baches. salieron temprano. de que no puedo ir con usted? —preguntó con intención el señor Satterthwaite. además.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Escúcheme: mañana.com Satterthwaite. Sin embargo. serviría de guía. si puede saberse? —¿Y usted me lo pregunta? —insinuó galantemente el señor Satterthwaite haciendo una cómica reverencia. como usted bien sabe. llevándose el almuerzo consigo. .. Quiero decir con esto que el interés de cualquiera tiene que concentrarse en algo. Es una criatura despegada completamente de la vida y esto es peligroso. algo debe de absorber su atención. Escuchar constituía la mayor parte de su papel en la vida. El señor Satterthwaite hizo una mueca de dolor. pero es la mujer más tacaña de Inglaterra. —¿Y a qué obedece esa ansia de acompañarme. y dado su fuerte carácter. no puedo evitarlo. —Travieso —le regañó la duquesa golpeándolo en los nudillos con el abanico negro que siempre llevaba. Ella le miró con curiosidad.004 http://biblioteca. —Satterthwaite. —¿Puedo entonces ir con usted? —insistió esperanzado el señor Satterthwaite. que hacía ya seis meses que estaba en la isla. —Irá usted más cómodo en la parte de atrás del otro coche. —¿Está usted segura. la vieja es una buena deportista y me gusta. Creí al principio que sería su arte. la obsesión es siempre peligrosa. ¿No lo cree usted así? —Creo que eso no es posible —dijo lentamente el señor Satterthwaite—. No es totalmente egocéntrica. Ella movió la cabeza negativamente. El señor Satterthwaite se limitó a escuchar. pero en su coche —prosiguió la duquesa—. Sin embargo. Naomi. —¿Peligroso? ¿Qué quiere usted decir? —Que está obsesionada por algo y. personas que giran constantemente alrededor de sí mismas. pero sí hasta el punto de ser totalmente indiferente a todo y a todos. pero volvió a mover negativamente la cabeza. las subidas. Naomi sonrió. Naomi se echó a reír. No es interesada. Hay. —Naomi vendrá también con nosotros. ella no es de este tipo. Pero. A la mañana siguiente. —Solo lo dije para salvarle de ir detrás.. —Y.. El señor Satterthwaite se acercó a ella cuando se disponía a arrancar su desmembrado coche.. Me parece un tanto egoísta. no sea usted exagerado —dijo la duquesa—. Dice que prefiere ir sola.d2g. como es natural. pero no lo es. Los asientos son más mullidos..

Como había dicho bien Naomi. Tras ellos. Lejos. el comienzo de lo ignoto.. —Entonces. Habían llegado a una pequeña aldea compuesta por media docena de casuchas de piedra. . algunas nubes ocultaban frecuentemente el astro solar. nada. refulgiendo bajo la acción de los dorados rayos solares. muy lejos allá abajo. Suspiró por un cómodo sillón y el confortable fuego del hotel. El señor Satterthwaite cesó de admirar el grandioso panorama. Es curioso. pero yo prefiero llamarle el fin del mundo. Atravesaron el pueblo y siguieron a lo largo de la amplia curva que formaba la bahía.. Ajaccio aún se veía bañado por la luz. se veía el fuerte azul de la bahía y. La carretera era estrecha y seguían subiendo. atravesaron un río y volvieron a salir a la costa con sus centenares de pequeñas calas arenosas. pero no puede usted acompañarme.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. pero a aquella altura grisácea. El frío empezó a ser intenso.. y cada vez más abajo. Bueno. ¿quizá otro día? —sugirió el señor Satterthwaite cortésmente. el coche de Naomi se detuvo y ésta miró hacia atrás. se veían montes más bajos que a su vez dominaban colinas que acababan esfumándose en las profundidades de los valles. Todos se apearon. A un lado y a otro. Un pomposo nombre aparecía escrito con grandes caracteres sobre un rótulo: COTÍ CHIAVEERI. ya veremos. Siguió caminando unos cuantos pasos y el señor Satterthwaite se le incorporó. Les azotó un aire cortante como el filo de una navaja. Luego se metieron tierra adentro. No creo que hayamos escogido el día más apropiado para hacer esta excursión. A un lado.» La comitiva se puso en marcha. Pasaron el grupo de casas y llegaron al final de la carretera. Después empezó la ascensión por un tortuoso camino salpicado de numerosas y escalofriantes curvas. Empezó a refrescar bajo el influjo del aire procedente de los vecinos picos nevados.d2g. Naomi se encogió de hombros. Siguieron subiendo siempre al borde del precipicio. el cochecito de Naomi seguía impávido escalando las alturas. la blanca estela del camino. únicamente el mar.. al menos hoy.. —¿Otro día. —Ese es el nombre oficial. esto parecía ser el fin.004 http://biblioteca. Delante de ellos.. El señor Satterthwaite se subió el cuello del abrigo y se lo abrochó hasta el último botón. El señor Satterthwaite empezó a sentir vértigo y ligeros mareos. y delante.com —Ese no es el motivo —añadió pensativa—. ? —Soltó una extraña y repentina carcajada. Parecían haber llegado a la cima del mundo. unas veces a la derecha y otras a la izquierda... El señor Satterthwaite pensó: «Otro día. al otro lado de la misma. la antesala del más allá. —Hemos llegado —dijo— al fin del mundo. el pintoresco pueblo de Ajaccio. De pronto. Miraron en dirección a los picos cubiertos con sus blancos sudarios.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Naomi lo miró fijamente. allá va el vehículo monte abajo hasta el fondo del precipicio.. —¿Y usted misma lo conduce? Hace falta mucha pericia y serenidad para guiar un automóvil por estos caminos.d2g. Detrás suyo está el camino. aunque el tono de su voz ya era el de una conversación normal. —Naturalmente. tengo el gusto de presentarle a mi amigo el señor Quin. Un nombre apropiado. —El señor Satterthwaite se volvió hacia el señor Quin y añadió—: La señorita Carlton-Smith llama a este sitio el fin del mundo. Se paró al ver frente a sí a un hombre sentado en un peñasco y con la cara vuelta hacia el mar. nada.. Ir hacia delante o hacia atrás. un fallo de uno cualquiera de los frenos y. ¡Pero si es el señor Quin! ¡Qué extraordinario! Señorita Carlton.004 http://biblioteca. pero tengo la impresión de que antes nos quedaremos congelados.. Las curvas son temibles. —Éste es un lugar extraordinario. Se interrumpió con la sensación de haber dicho algo extremadamente importante pero incapaz de recordarlo aunque en ello le fuera la vida. Aquí no. Creo que uno no viene a un lugar como este sino una vez en su vida. —En la vida tenemos casi siempre el recurso de elegir. Siempre aparece en los momentos más cruciales. —Quizá —dijo sin gran seguridad— deberíamos buscar un lugar un poco más abrigado. —¡Yo diría que.. No se habían percatado de su presencia hasta ese momento y su repentina aparición tenía algo de truco mágico. Le da a uno la impresión de que pueda ocurrir algo inesperado. un lugar donde es imposible seguir adelante. —¿Ese coche es suyo. De pronto. . Delante. El señor Satterthwaite tembló. Los dos hombres la siguieron y el señor Quin continuó hablando. de que uno pudiera encontrarse.. Naomi había estrechado la mano del señor Quin con su habitual forma brusca. —Y éste precisamente no lo es.com El señor Satterthwaite inspiró con fuerza. —Hemos venido de excursión —dijo—. —¿Qué quiere usted decir? —preguntó Naomi con brusquedad. Parecía haber brotado del panorama que les rodeaba.. —Es un nombre muy sugestivo —contestó—. ¿no le parece? El señor Quin movió la cabeza lenta y afirmativamente repetidas veces. El señor Quin se volvió hacia ella.. En aquel momento el personaje volvió la cara y el señor Satterthwaite le reconoció—. Un momento de distracción. Creo que vale la pena buscarlo — asintió Naomi. Hacia la derecha o hacia la izquierda. se estremeció y empezó a retroceder en dirección al resto del grupo.. señorita Carlton-Smith? —Sí.! —empezó a decir el señor Satterthwaite. un hombre fuera de lo común.

Su aristocrática cabeza permanecía erguida luciendo un pelo blanco como la nieve y exquisitamente peinado. ¿Qué podían hacer? Se desencadenó una verdadera Babel de sugerencias. —¡Vaya un día que hemos escogido para la excursión! —exclamó Naomi. —Ustedes han traído sus provisiones —dijo el señor Quin— y aquí probablemente podrán hacerles una taza de café. apenas lo sé —contestó—. en los personajes que en ella tomaban parte. —Bueno. había logrado controlarse. habían ocupado la habitación. Mediante un gran esfuerzo. los recién llegados vieron que otros. —¿Miedo del señor Quin? —Tengo miedo de sus ojos. La nieve caía cada vez más rápida y espesa. con los puños apretados y la cabeza baja. Era un lugar pequeño y un tanto oscuro. y las manos pegadas a ambos lados del cuerpo. se parecía más al concepto que generalmente se tiene de una duquesa. —Tengo miedo —murmuró ella. a su resplandor.. Se interrumpió. Decía solamente banalidades y. Para la observadora mirada del señor Satterthwaite había algo irreal en la escena y. Sintió después que una mano tiraba de su brazo. Levantó la vista.004 http://biblioteca. Vestía unos suaves ropajes grises que le caían formando artísticos pliegues. Había un pequeño caserón de piedra al final de la hilera de casas y todos se dirigieron a él en desbandada. ¿Cómo las sabe? El señor Satterthwaite no supo qué responder.d2g. aún más. no le escuchaba.. La mujer que se sentaba a la cabecera parecía una duquesa. Apoyaba su barbilla en una blanca . Al fin. Le conozco hace ya algunos años.com Habían llegado junto a los demás y el señor Satterthwaite hizo las correspondientes presentaciones. pues la única ventana que había no dejaba pasar suficiente luz para iluminarlo. Permanecía con la cabeza gacha. Era la grande dame ideal para un escenario. pero de uno de los extremos surgían oleadas de un agradable calorcillo. Se limitó a mirarla como atontado. Una vieja corsa estaba echando un montón de ramas al fuego. la muchacha. es decir. pero no puedo decirle que le conozca realmente. Ardieron vivamente y. a su lado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Sabe muchas cosas —dijo—. —¡Está nevando! —exclamó con sorpresa. Era la de Naomi. Algo frío y húmedo cayó sobre la mejilla del señor Satterthwaite. que le alejó un tanto de los demás. el señor Quin hizo una proposición que fue aceptada por unanimidad. muchas. antes que ellos. El señor Satterthwaite la contempló con asombro. sin comprender la tormenta que al parecer rugía en su interior. Tres personas se sentaban al extremo de una desnuda mesa de madera. nos hemos cruzado repetidas veces. Parecen leer el pensamiento. —¿Quién es ese hombre? —preguntó con fiereza.

¿verdad? —dijo adelantándose con desenfado y dibujando una encantadora sonrisa que tan buenos resultados le había dado en sus actividades filantrópicas y demás comités del mismo estilo—. Hubo un momento de vacilación que rompió la duquesa (la auténtica). El señor Satterthwaite dio un pequeño respingo. Al llegar a ella. lleno de significación. ¿Hijos? —¡Por Dios. La dama de los cabellos de plata habló. Yo acabo de llegar esta mañana.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. se decidió a obedecer. Nadie que hubiese oído aquella voz. —El hombre de las gafas es el señor Vyse. que la duquesa aceptó con una graciosa reverencia. Se sentó al final de la mesa. En aquel momento. Iba espléndidamente ataviado. ¿no es así? Pero Córcega es siempre una isla francamente maravillosa. y con la otra sostenía un emparedado de paté de foie gras. como en actitud de declamar a guisa de actor. Algo que surgía del fondo del corazón. A su derecha había un hombre de cara extremadamente pálida. aunque solo fuese una vez. Supongo que les habrá atrapado igual que a nosotros.004 http://biblioteca. después de titubear unos momentos. —Voy a salir —interrumpió Naomi—. estaba un hombrecillo de aspecto chusco y cabeza lisa y lustrosa como una bola de billar. que le interceptaba el paso. ante la sorpresa del señor Satterthwaite. tenía la cabeza echada hacia atrás y su brazo izquierdo estaba extendido. escandalizado ante la sola idea de mencionar algo tan crudo en relación con un hombre como el señor Vyse—. Su voz era autoritaria y. Se dirigió al parecer casi ciega hacia la puerta. —Hace ya una semana que estamos aquí. Su eco resonó entre aquellas cuatro paredes de piedra cargado de emoción. . no! —contestó el señor Satterthwaite. podría olvidarla. El retirado juez de la India miraba al señor Vyse con visibles muestras de disgusto. Le pareció que había dicho algo maravilloso. de exquisita melancolía. Su voz fuerte y áspera sobresaltó al señor Satterthwaite. se encontró cara a cara con la figura del señor Quin. Después de haberlo mirado una vez. empujando a un lado al señor Tomlinson. Obras teatrales. pelo negro como el azabache y unas descomunales gafas con montura de concha. —Esta tormenta es terrible. Un productor bastante conocido. —Vuelva donde estaba y siéntese —dijo éste.com y delicada mano. Hizo un breve aparte. lo más lejos posible de los demás.d2g. Hace mucho calor aquí dentro. memorable. dirigiéndose al señor Tomlinson. —¿Y qué es lo que produce? —preguntó—. A la izquierda de la dama de los plateados cabellos. El hombre del pelo negro se levantó y le cedió su asiento. la muchacha. nadie hubiera vuelto a preocuparse de su persona.

La duquesa y la señorita Nunn conversaban animadamente en tono confidencial. Podía haber una excusa en su incapacidad de reconocerla. Estaba convencido que se trataba de una artista intelectual que sabía introducirse en el alma del personaje. Rosina Nunn entregó el emparedado que aún tenía en la mano y murmuró con frivolidad: —Henry piensa en los platos más exquisitos. el marido de la señorita Nunn —dijo el señor Vyse presentando al hombrecillo de la calva.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Por eso dejo a su cuidado el servicio de intendencia. De vez en cuando. Es raro encontrarle a usted por estos lugares. que se componía de huevos duros. Era natural que aquella voz le fuese familiar. El señor Judd estaba ocupado en desenvolver paquetes que había en un canasto situado a su lado. ¡Rosina Nunn! La actriz dramática más grande del Reino Unido. Después de una gira por Estados Unidos. Se dedica a alimentarla. Durante veinticinco años había sido rubia. Supongo que conoce usted a la señorita Nunn. el señor Judd era el de turno. —Hay que alimentar a la fiera —dijo el señor Judd riéndose de la gracia y dando un fuerte manotazo en el hombro de su esposa. —No sé si se acordará de mí —empezó a decir—. ¿No es cierto? El señor Satterthwaite se sobresaltó. —La trata como si fuese un perro —murmuró la melancólica voz del señor Vyse al oído del señor Satterthwaite—. su cabello se convirtió en negro como un ala de cuervo y se dedicó a cultivar seriamente la tragedia.com El señor Satterthwaite se adelantó y puso cerco al productor. Este efecto de «marquesa francesa» era la última de sus extravagancias. Rosina Nunn había tenido ya varios maridos. Se dirigió a su esposa.004 http://biblioteca. Rosina Nunn era mudable en sus gustos. querida? El último que te he preparado no ha sido de tu gusto. se oían fragmentos de la grave y melancólica voz de la actriz. Eran miles los ingleses que se habían sentido subyugados por el tono de aquella voz cargada de emoción.d2g. —¡Claro que le recuerdo! —El señor Vyse extendió una larga y huesuda mano con la que envolvió la del señor Satterthwaite con terrible presión—. Mi querido amigo —prosiguió—. —El pan debe estar ligeramente tostado. —Y a propósito. Nadie como ella para interpretar un papel y para dar intención a una frase. Por lo visto. el señor Judd. —¿Un poco más de paté. fiambre y queso gruyere y que fue distribuido entre todos los de la mesa. El propio señor Satterthwaite no había podido sustraerse a sus encantos. ¡Extrañas criaturas las mujeres! El señor Satterthwaite y el señor Quin desenvolvieron a su vez el refrigerio preparado en el hotel. Mi nombre es Satterthwaite. ¿me comprendes? Luego se añade una capa muy fina de mermelada y se pone al horno durante .

Henry? Gracias. por favor —pidió el señor Satterthwaite. estremeciéndose de pies a cabeza. Dio un gran suspiro de satisfacción y se volvió hacia su esposo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. ¿eh? También a mí me gusta una buena obra. Dígaselo usted a su cocinero. —Henry —dijo quejumbrosamente—. Rosina Nunn se apresuró a retirarlo. estando en compañía del señor Quin. —Estaban aseguradas —respondió la señorita Nunn como hablando de un lejano sueño—. Se trataba de un sueño en el que todos tenían su papel. Se inclinó hacia adelante. El señor Tomlinson. Al fin se me ocurrió decirle que pensara en un plato de crema de menta por la que sabía sentía una verdadera debilidad y el resultado fue inmediato. —Así que usted es productor de teatro. Por eso quise tener uno verdaderamente hermoso. Me dijeron que era uno de .d2g. En aquellos momentos. Vive lo que se dice para comer. Jim el pendolista. la impresión era especialmente intensa. —Y un diente de ajo —decía en aquel momento la señorita Nunn a la duquesa—. carraspeó dando a entender su intento de tomar parte en la conversación. —Estás a punto de sentarte precisamente encima de él —replicó festivamente el señor Judd—. por ejemplo. ¡Es delicioso! —Esta mujer solo piensa en comer —murmuró el señor Vyse—. sentado al otro lado de la mesa. —Henry es maravilloso. Obtuve lo que quería: una mirada saturada de reminiscencias y ensueño. También él parecía recordar. Eran ya varias las veces que. todavía ni siquiera he visto el caviar. Después dirigió una resplandeciente mirada a su alrededor. La recuerdo en Jinetes del mar. ¡Soy tan distraída! Nunca sé dónde dejo las cosas. —Bien. No fueron pocas las llamadas telegráficas y telefónicas que tuve que hacer aquel día. Yo nací en octubre. Un espasmo de exquisito sentimentalismo pareció recorrer todo su cuerpo y sus facciones. Sí. No podía conseguir de ella el efecto que yo deseaba. mi ópalo. No como mi ópalo. y las palabras «mi ópalo» formaban parte de su propia intervención.com un minuto justo. —¡Por Dios! —se limitó a decir el señor Vyse. Tuve que esperar largo tiempo antes de conseguirlo. Es sencillamente maravilloso. —Cuéntenos la historia. Sabrán ustedes que me lo robaron y que nunca más volví a recuperarlo. —Como el día que se te ocurrió guardar las perlas en tu frasquito de esponjas —dijo Henry en tono jocoso— y te lo olvidaste en el hotel. por lo que el ópalo es mi piedra de la suerte. al señor Satterthwaite le parecía estar tomando parte activa en una obra de teatro. —¿Su ópalo. Lo dejaste detrás tuyo en la silla. El señor Satterthwaite permaneció silencioso. señorita Nunn? —¿Tienes la mantequilla.

Pero ¡qué color. dijo que debió habérselo metido distraídamente en el bolsillo. pero nada podía ya impedir que la señorita Nunn continuase con su relato. sin embargo.com los más perfectos que se habían visto. Se llamaba Los hijos de Raquel. . —¿Por qué no abres la lata de piña? —sugirió Judd. El señor Satterthwaite observó que la duquesa daba muestras de inquietud.004 http://biblioteca. y las exquisitas inflexiones de su voz daban a su historia los hondos matices de una triste leyenda. El ópalo estaba sobre mi tocador. —Y muy buenas por cierto —interpuso el señor Vyse con el acento de quien conoce a fondo la materia—. Lo cogió y lo observó detenidamente a la luz. Había estado en Australia y parecía saber algo acerca de esta clase de piedras. Podía habérsele ocurrido una excusa mejor. —¿Dónde está? —Acabo de dártela. —Fue robado por un joven que se llamaba Alec Gerard. pero al día siguiente mismo ingresó una fuerte suma de dinero en el banco. Prosiguió. señores! ¡Y qué fuego! Lanzó un profundo suspiro. Como ven ustedes. —Sí. No tuve más remedio que asistir a la vista y prestar declaración. Recuerdo que tuve una en mi poder durante más de seis meses. que andaba muy escaso de fondos. Se supo. Se dedicaba a escribir obras teatrales.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. La cara de la actriz resplandeció. Pero puedo asegurarle que no me faltaron deseos de hacerlo. Vino a hablar conmigo al teatro acerca del particular. —¿Y la llegó a producir usted? —preguntó el señor Tomlinson. que afirmó que era una gran publicidad. —Yo tenía en ella un importante papel —explicó la señorita Nunn—. Quiso explicarlo diciendo que un amigo suyo había apostado por él en las carreras de caballos pero no hubo modo de localizar a dicho amigo. En cuanto al estuche. no! —dijo el señor Vyse. Era bien parecido y muy tímido. Me gustaba. Hice lo que cualquier otro hubiese hecho en mi lugar: notificarlo a la policía. del tamaño de una moneda de dos chelines. pero yo. lo recuerdo —contestó éste con un gruñido. pues noté su falta tan pronto como abandonó mi camerino. —Encontraron el estuche vacío en sus habitaciones —continuó la actriz—. pobre chico. las razones que adujo en su favor carecían en absoluto de consistencia. Me obsequió con mi dulce favorito: una crema de menta. sorprendido ante tal suposición—. Movió la cabeza con abatimiento. Debió ser entonces cuando debió deslizarlo en su bolsillo. además. Mi retrato apareció en todos los periódicos con gran satisfacción de mi agente. hubiese preferido recuperar mi ópalo. —¡Oh.d2g. No era muy grande. ¿Lo recuerda? Se había vuelto en dirección al señor Vyse. aunque no había personaje alguno en la obra que respondiese a este nombre.

Después. otra borla. Estaba vacía. —Esa es una caja india —observó el señor Tomlinson—. La abrió. —Ahora. una caja de bombones de chocolate. —¿Qué secreto? —preguntó el señor Judd. —También fue un regalo —dijo la señora Nunn—.d2g. cinco cartas. La manipuló unos instantes. y por fin. pero apuesto a que no ha visto usted otra igual en su vida. una nuez. con gran interés del señor Satterthwaite. un cortapapeles de esmalte. Hace tiempo que la tengo y acostumbro a ponerla siempre sobre el tocador de mi camerino. medio cruasán. un espejo. —Pero ¿es posible que no lo sepa usted? Miró a su alrededor y solo vio la cara de curiosidad de todos los presentes. un pequeño pañuelo de crepé de china color malva. La volvió a abrir. Esta lo miró sin comprender. La cogió y empezó a vaciar lentamente su contenido sobre la mesa. —¿Acaso no lo es? El juez hizo esta pregunta dirigiéndose a la señorita Nunn. —¡Qué raro! ¿Puedo coger la caja un momento? Gracias. ¿verdad? La caja era de madera negra sin adornos. Lo coloco dentro. un pequeño joyero. Y añadió—: ¡Qué cortapapeles tan bonito! —¿Verdad que sí? Alguien que en este momento no recuerdo. Salió una borla de polvos. cierro la caja. ¿puede alguien de ustedes darme un objeto cualquiera con tal de que no sea muy grande? Aquí tenemos un pedazo de queso.. Pero no es muy bonita. El señor Satterthwaite se inclinó hacia delante..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Ahora. vean. me lo regaló. —Quizá no sea bonita —dijo el señor Tomlinson con una sonrisita—. —¿Decía usted..004 http://biblioteca. la codiciada lata de piña. Se abría por un lado y en la tapa tenía dos aletas de madera giratorias. —¿Por qué dijo usted que eran ingeniosas? —preguntó intrigado. —se apresuró a replicar el señor Satterthwaite. como ustedes ven. —¡Eureka! —murmuró en voz baja el señor Satterthwaite. .. Son muy ingeniosas. una oscura cajita de madera. Esto servirá exactamente igual para el experimento que voy a hacer.. —¿Supongo que no habrá necesidad de que yo les muestre su secreto? La señorita Nunn seguía con la misma expresión.com Rosina Nunn dirigió una mirada a su alrededor. Tuvo algo así como un extraño presentimiento. vio su gran bolso de seda gris y una bolsa de seda púrpura que reposaba a su lado en el suelo. una barrita para los labios..? —No. una cinta. nada. dos pañuelos. una madeja de lana.

—¡Mi ópalo! Estas palabras sonaron como la aguda nota de un clarín. tratando de buscar una justificación al hecho— que acostumbras a jugar siempre con las cosas. Mira lo que pasó hoy con el caviar. —¡Muy bueno! —dijo el señor Satterthwaite. Rosy. Hay que volver la caja boca abajo. Naomi estaba sentada sobre un bajo muro de piedra con un bloc de apuntes en la mano y varios lápices de colores desparramados a su alrededor... mi querida Rosy. Una especie de danza calidoscópica de copos de nieve con una figura en el centro. que nadie sino tú pudo haberlo puesto ahí.? —Un ronco gemido salió de su garganta—: ¡Oh. pero asimismo estaba un objeto redondo que bajo la luz resplandeció con todos los colores del arco iris... El queso estaba allí. —Pero ¿cuándo? —tartamudeó Rosina Nunn—. en el teatro. Era un boceto hecho deprisa y corriendo.. —Creo. Transcurrieron dos minutos antes de que acabara de darse cuenta. Entonces. Había cesado de nevar. —Quiere decir que esto ocurrió aquella noche. manteniendo cerrada la de la izquierda y con la caja siempre en posición invertida y. ¿Cómo lo ha hecho? —Muy fácilmente. Para ella fue un golpe muy fuerte.. lo metí en la caja sin darme cuenta y entonces supongo que le di la vuelta y realicé el truco por accidente —Por fin cayó en la cuenta—. El señor Quin salió tras ella. Dar media vuelta a la aleta de la derecha. .. ¿Quieren ustedes que el queso vuelva a aparecer? No hay sino revertir la operación anterior.? El señor Satterthwaite observó cómo la verdad iba abriéndose paso en su cerebro. Ofreció el bloc al señor Satterthwaite. La señorita Nunn seguía penosamente su proceso mental.d2g..? —La señorita Carlton-Smith —contestó la duquesa— estaba prometida al señor Gerard. ¿no fue Alec Gerard quien lo robó. El señor Quin estaba de pie junto a ella. ¿Quieres decir que. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Henry Judd tragó saliva repetidas veces. —Ya sabes —dijo Henry. Alguien se levantó súbitamente y abandonó bruscamente la habitación. qué espantoso! —Bien —dijo el señor Vyse—. Rosina Nunn se llevó las manos al pecho. hacer girar media vuelta la aleta de la izquierda y luego cerrar la de la derecha. eso puede arreglarse ahora.com —¡Es asombroso! —exclamó el señor Judd—. —¡Mi ópalo! —repitió—. Era Naomi Carlton-Smith... El señor Satterthwaite escurrió el bulto y salió silenciosamente a la calle..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —Sí.004 http://biblioteca. —¡Pero si lleva un año en prisión! —y con un sobresalto preguntó a la duquesa—: ¿Quién es esa muchacha? ¿Esa muchacha que acaba de salir.. pero con algo genial. ¡ya está! La caja se abrió de nuevo y un grito de asombro salió de las gargantas de todos los presentes.

Su voz era firme y encerraba un significado que el señor Satterthwaite no alcanzó de momento a comprender. —El señor Satterthwaite puede volver conmigo si quiere. pero vamos.d2g. Creo que ha llegado el momento de separarnos. Es un boceto muy bueno.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Empezó a alejarse. Se volvió hacia éste y sonrió. Estas palabras le revelaron el verdadero estado de desesperación en que había estado sumida. —Supongo que al sitio de donde vino —contestó Naomi con acento muy peculiar. Adiós.. ¿por qué le ha pintado usted con ese vestido tan curioso? Sus miradas se cruzaron unos instantes. —Pero ¿adonde va? —preguntó el señor Satterthwaite haciendo ademán de seguirle. Los caminos estarán quizá un tanto resbaladizos. —No habrá ningún accidente —contestó Naomi. —Porque es así como lo veo —contestó Naomi Carlton-Smith. pero. Y con un gran parecido. —Parece que ha pasado la tormenta —dijo—.004 http://biblioteca. Una sonrisa que era todo un poema. no creo que exista ahora temor alguno de que pueda ocurrir un accidente..com El señor Quin levantó los ojos al cielo. —Pero si por ahí no se va a ninguna parte —advirtió el señor Satterthwaite al ver que el señor Quin se dirigía al borde mismo del precipicio en que lo encontraron al llegar—. —Bien —dijo el señor Quin—. Usted misma llamó a esto el fin del mundo —añadió devolviéndole el bloc de apuntes—. .

su efecto juvenil era extraordinario. salió al paso con su proverbial galantería. Era tan temperamental.. embutidas en finísimas medias de seda. Gracias a Dios. Difícilmente hubiera podido adivinarse su verdadera edad.004 http://biblioteca. sabía que era posible que ya tuviese nietos mayorcitos. Si en los comentarios del libro Quién es quién solo se hiciera constar la verdad. cruzó sus bien torneadas piernas. ¿Se acuerda usted de Rudolf? Era un hombre muy temperamental. en la actualidad. Pero para el señor Satterthwaite. Había enriquecido a un sinfín de salones de belleza.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que era a quien iban dirigidas estas confidencias. verdad? Es la hija de Charles —añadió esperanzada. Volvió a casa a toda prisa. usted ya me entiende. Recuerdo que tuve que escribirle la carta más tonta que pueda usted figurarse y que mi abogado tuvo que dictarme. ¿cómo las llaman? Creo que estratagemas conyugales. —¡Por Dios! —dijo el señor Satterthwaite—. —Tener una hija ya mayor le hace a una sentirse terriblemente vieja. ya sabe —añadió. El señor Satterthwaite. Se había pasado la vida cambiando de marido.. podría entenderse —prosiguió lady Stranleigh—. Tres cambios por divorcio y uno por defunción. estas cosas son más sencillas. pero los resultados eran sorprendentes. ¿Qué ocurre? Lady Stranleigh fijó en él sus hermosos ojos azules. El sol de Cannes era penetrante e indiscreto. que estaba al corriente de todo. Lanzó un suspiro y se quedó pensativa. El señor Satterthwaite contempló con admiración aquella esbelta figura vestida de blanco. Su cuerpo era una maravilla. —Si hubiese sido la hija de Rudolf. con una ligera reverencia. Su cutis también. A cierta distancia. frente al nombre de lady Stranleigh tendría forzosamente que aparecer la siguiente anotación: aficiones: casamientos.com 7 LA VOZ EN LAS SOMBRAS I —Estoy un poco preocupada por Margery —dijo lady Stranleigh—. precisamente lo . A los seis meses de casada. pidiéndole que regresase. ya me vi obligada a recurrir a esas cosas raras.d2g. Ella representaba el triunfo máximo del arte sobre la naturaleza. En fin. —Nadie lo creería posible —declaró. en realidad estoy preocupada por Margery. Pero nunca podía una fiarse de Rudolf. Mi hija. pero lady Stranleigh parecía superar la prueba. —¡Adulador! —replicó distraída lady Stranleigh con la mente en otro lugar. etcétera. y murmuró: —Sí. —¿Usted no la conoce. Lady Stranleigh encendió un cigarrillo. que yo haría todo lo posible.

Lady Stranleigh continuó envolviéndolo en otra de sus más brillantes sonrisas. ni nada de esas cosas que deberían interesar a una joven. es tan horrible y vulgar que no creo que haya un fantasma con el estómago suficiente para escogerlo como residencia. Una de sus debilidades era conocer a todo el mundo. Son en general hombres serios. —Y conoce usted a toda esa gente que se dedica a investigaciones psíquicas. —¡Imposible! —murmuró el señor Satterthwaite. —No puede ser más sencillo —prosiguió ella—. me figure que nuestra casa de Abbot's Mede pueda estar encantada. ni los cócteles.004 http://biblioteca. Volvió. Prefiere quedarse en casa en vez de venir aquí conmigo. y el nuevo.. así es —admitió cautamente el señor Satterthwaite. dibujando la más encantadora de sus sonrisas— que quizá usted podría ayudarme.d2g. con largas barbas y que siempre llevan gafas. El señor Satterthwaite tosió. Usted regresa mañana a Inglaterra. —Ahora mismo iba a volver sobre ese punto. —A ver. Nunca creí que Margery pudiese tener tanta imaginación. —No puedo aceptar que Margery no esté en sus cabales —continuó la madre en tono jovial—. —Estaba pensando —continuó lady Stranleigh. sosa. ¿O acaso creía usted que me había olvidado? Margery ha estado viendo y oyendo cosas recientemente. —¿Yo? —Sí. ¿Dice usted que no quiere venir con usted? —Bueno. Las hijas tienen la virtud de ejercer sobre mí un efecto deprimente. Un incendio destruyó el viejo edificio hasta los cimientos en 1836. No me diga que no. Tienen la virtud de aburrirme y de hacerme sentir muy mal en su presencia. siempre lo ha sido. Es una hija muy querida para mí. El señor Satterthwaite se sintió acorralado. ¿no es así? —Sí.com peor que podía hacer. pero no lo consiguió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. ni por un momento. —¿Y lo de Margery? —sugirió el señor Satterthwaite. justo lo contrario de lo que yo y los abogados esperábamos de él. La dama suspiró. volviendo discretamente al tema de la conversación. El señor Satterthwaite trató de imaginarse a lady Stranleigh acompañada de una hija seria y formal. una especie de cháteau estilo reina Victoria. a ver —dijo el señor Satterthwaite—. . El señor Satterthwaite sonrió un tanto. No acababa de comprender el motivo de todas estas confidencias. mostrando un confuso intento de la galantería. no puedo decir que le insistiera mucho. porque sé que conoce usted a todo el mundo. Me refiero a fantasmas y a ridiculeces por el estilo. Yo no congenio con esa clase de gentes. —Y mucho —insistió lady Stranleigh—. No es que. pero también es. Me han dicho que oír voces es un mal síntoma. No le preocupan los bailes.

—He estado buscándote por todas partes. Un joven ataviado con un conjunto de tenis. Nunca lo olvidaré. El señor Satterthwaite se quedó mirando cómo la pareja se alejaba.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. me apresuraré a volver. Babs —dijo. Lady Stranleigh se levantó. —¿Qué tal el partido de tenis? —Aburridísimo.d2g. ¡Ah! Aquí viene Bimbo. Su sonrisa pasó de ser brillante a deslumbradora. Tendría aproximadamente unos veinticinco años y era en extremo atractivo. Usted irá a Abbot's Mede a ver a Margery y tomará todas las disposiciones que crea conveniente.com —Así que todo arreglado ¿verdad? —determinó en tono alegre—. Volvió la cabeza por encima del hombro y le murmuró al señor Satterthwaite con armoniosa voz: —Ha sido maravilloso poder contar con su ayuda.004 http://biblioteca. se acercó. —Me pregunto —musitó para sí— si ese Bimbo acabará por ocupar el número cinco de la lista. Le quedaré eternamente agradecida. . Naturalmente que si Margery está en realidad perdiendo la razón.

Claro que la hora es absurda (las seis y media).Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Un camarero atravesó el compartimiento llevando en volandas y depositando frente a ellos. —No nos habíamos visto desde. Soy un hombre que va y viene. el otro levantó la vista y vio unas conocidas facciones que. Me lleva un asunto de bastante importancia. —¡Qué coincidencia que los dos volvamos a Inglaterra y en el mismo tren! ¿Supongo que es allí adonde usted se dirige? —Sí —contestó el señor Quin—. El señor Quin tomó unos cuantos sorbos y murmuró a continuación: . Su pequeña y arrugada faz brilló con inusitada alegría. —Yo también. Uno de los pocos que pueden recaer en descendencia femenina. ocurriera un grave accidente en la línea. pero así hay mejor servicio en lo que se refiere a la cocina. desde Córcega.com II El encargado del vagón de lujo señalaba al señor Satterthwaite el lugar en que. le miraban por encima del encargado. pocos años atrás. La sensación. El señor Quin se encogió de hombros. no fue desagradable. ahora recuerdo. Una romántica historia. sí!. El señor Quin examinaba atentamente la etiqueta de una botella de vino tinto que tenía entre las manos. Al contrario. Sintió que un ligero escalofrío le corría a lo largo de la espina dorsal.. ¿Se sienta usted en el primer turno de la cena? —Así lo hago siempre. que nos abandonó usted sin previo aviso. Quizá podamos arreglarlo para sentarnos juntos. en una pequeña mesa del coche restaurante. —Yo también vuelvo a Inglaterra con una misión que cumplir en Inglaterra —exclamó sonriendo ampliamente ante la coincidencia—. el señor Quin y el señor Satterthwaite estaban instalados. uno frente al otro. La botella estaba entre él y una de las luces. —Como es costumbre en mí. El señor Quin se arrellanó cómodamente en su asiento. Estas palabras parecieron despertar el eco de un recuerdo en la mente del señor Satterthwaite. El señor Satterthwaite experimentó de nuevo el cosquilleo de una extraña excitación. —¡Mi querido señor Quin! —exclamó el señor Satterthwaite. Tuvo la sensación de una anticipada emoción placentera. El señor Satterthwaite prestaba la debida atención a la lista de vinos y después la dirigió hacia su compañero. Al terminar su vivido relato. ¡Ah. —Un antiguo título —prosiguió—. Por cierto. Posiblemente conozca usted a lady Stranleigh. El señor Quin asintió comprensivamente. Antiquísimo. y por un momento pareció envuelto en una especie de resplandor rojizo. sin embargo.004 http://biblioteca.. El señor Quin hizo un movimiento con la cabeza. casi como por arte de magia. Es baronesa por derecho propio. sonrientes. unos tazones llenos de sopa. Al dar las seis y media.d2g.

—Me lo imaginaba y da la circunstancia que donde yo voy no está lejos del lugar que me acaba de mencionar —sonrió—.. Si se da una vuelta por allí. Se detuvo. Desde entonces ha vivido exclusivamente para sí. Ha tenido ya cuatro maridos y no tardará en tener el quinto. Se las designaba con el nombre de «las chicas Barron». La vida de lady Stranleigh está salpicada de episodios románticos. la hostería del Bufón? —¡Naturalmente! —contestó el señor Satterthwaite—. entre los que figuraba el viejo lord Stranleigh. mirando fijamente al señor Quin. Sin un céntimo. sin escrúpulos. —Cosa de una semana o diez días. Seis meses más tarde murió el viejo Stranleigh y pasó a heredar el título. Es imposible imaginar a lady Stranleigh como el prototipo de una madre normal. ¿no es así? El señor Satterthwaite resplandeció de gozo ante la lisonja. Por la razón que fuese. Continuó describiendo la misión que le había sido encomendada por lady Stranleigh. un primo carnal y el primero que debía desaparecer. el señor Satterthwaite se sintió profundamente aliviado con esta esperanza.. Hermosa. Barbara se encontraba ente los pocos supervivientes.004 http://biblioteca. . —Me gustaría que me acompañara —dijo el señor Satterthwaite con anhelo—. Sexagenaria por lo menos. Creía que era conveniente hacer algo sobre este asunto. así se llamaba la mayor de las dos. Después vino lo del Uralia. ¿Parará usted allí? El señor Quin asintió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. espere. Las hermanas Barron se hallaban a bordo. Pero. tendré sumo placer en verle. Varias personas se interponían entre ellas y el título. Beatrice se ahogó. ¡qué sé yo! Solo le diré que yo mismo era un jovenzuelo en aquellos tiempos —El señor Satterthwaite suspiró—. Hace de esto. —Pensaba ir a Abbot's Mede a visitar a la chica —explicó—. —En realidad. Siempre la misma. ¿Sería posible? —Me temo que no puedo —contestó el señor Quin—.. ¿Recuerda usted el naufragio del Uralia? Se hundió frente a las costas de Nueva Zelanda. Beatrice y Barbara. pero bonitas ambas. completamente insensible y muy pagada de su persona.com —Iba usted a hacerme una de sus portentosas descripciones. Tres muertes repentinas: dos hermanos del viejo lord y un sobrino. ¿No está acaso Abbot's Mede en Wiltshire? El señor Satterthwaite asintió. así como también una cuantiosa fortuna. Las conocí de niñas tanto a ella como a su hermana Beatrice. es una mujer maravillosa —dijo—. ¿Recuerda aquella pequeña hostería.d2g.

El señor Satterthwaite tosió significativamente. Devuelve lo que has robado. —¿Qué ocurrió anoche? —Nadie lo sabe todavía. hasta la propia Clayton hubo de creer en ese misterio —añadió. pero las palabras eran siempre las mismas. que durmiera en un sofá junto a mi habitación. —Permítame que me asegure de los hechos. ocurrió hace dos meses.. no pudo impedir recordar que en los Barron. eran el vivo retrato de los miembros masculinos de la línea paterna. pero iba a contárselo en este preciso momento.. Ambos estaban sentados en el confortable salón de Abbot's Mede. en particular. Llegué rendida y al poco dormía muy profundamente. familiarmente hablando. —Esta última noche. era materialmente imposible que la oyera. No cesa de atosigarme con la idea de traer una médium a esta casa.d2g. eran frecuentes los casos de inestabilidad mental. Si Clayton estaba como supongo profundamente dormida. ¿no es verdad? —Poco más o menos —confirmó la muchacha—. No había nadie en la habitación. la doncella de mi madre. La joven rió con un visible dejo de amargura. Margery —decía el señor Satterthwaite—.. Margery Gale era una muchacha alta y fornida. otras una voz precisa y clara. Llegué a ponerme tan nerviosa que supliqué a Clayton. —¿Y la voz siguió sonando? —Sí. —¿Cuáles eran? —Devuelve lo que no es tuyo. Además.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite se quedó pensativo durante unos instantes. antes bien.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Y lo que más me aterrorizó fue que Clayton no consiguiese oírla. llamémosle fenómenos. sin embargo. ¿cómo fue la voz. Fue ella quien me aconsejó que me hiciese ver por un médico.com III —Mi querida señorita. —Quisiera —decía Margery— perder de vista a esa dichosa señora Casson. con facciones que no guardaban semejanza alguna con las de su madre. —Pero desde anoche. Cada vez que esto ocurría. El señor Satterthwaite. me apresuraba a encender la luz. No creo en el espiritismo ni me hace las más mínima gracia. Margery pudiera muy bien haber heredado la apariencia física paterna. El día de ayer lo pasé cazando e hicimos una buena tirada. una familia de hidalgos campesinos que se pasaban la vida a caballo. fuerte o suave? —Casi un murmullo —admitió Margery—. le aseguro que no tengo la menor intención de reírme de usted. El primero de los. parecía rebosante de salud. Tuve una . Margery frunció ligeramente el entrecejo.. se agitó un tanto en la silla y añadió con el tono grave de un jurista. Unas veces era como un leve susurro. pero haber heredado a la vez el desquiciamiento nervioso que caracterizaba a la madre. Es de esas mujeres que llevan su fanatismo hasta el final.

—¿Sabe de alguien —preguntó— que tenga algún motivo de resentimiento contra usted? —¡Claro que no! —contestó Margery—. con el pelo gris cuidadosamente partido en dos bandas y aspecto de suprema respetabilidad. a continuación. —Como usted ve —dijo—. Observó su cuello y vio un pequeño cuadrado de esparadrapo adherido a la parte izquierda de la garganta. Vaya una idea. la doncella. —¿Qué visitantes ha tenido durante los dos últimos meses? —Supongo que se referirá usted a los que vienen a pasar aquí los fines de semana. señor. Clayton me oyó chillar desde la habitación contigua donde dormía. manifestó deseos de entrevistarse con Clayton. no fue solo imaginación por mi parte. Soñé que caía sobre una verja y que una de sus puntas se clavaba lentamente en mi garganta. Supongo que esa sería la razón del interés que mostró mi madre en conservarla a su lado. Acudió rápidamente. Sentí claramente que algo me rozaba en la oscuridad y puedo asegurarle que fuera lo que fuese no era humano. —Hace muchos años que está con usted. donde al poco rato se les unió Clayton. Jamás he oído decir que esta casa estuviese encantada. El señor Satterthwaite intentó otra línea de ataque. Era una vieja alta y delgada. Me dijo haber sentido algo que le rozó en la oscuridad pero que.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. de no haber sido por lo ocurrido anoche. contestando a una pregunta del señor Satterthwaite—. señor —dijo. El señor Satterthwaite la contempló fijamente. Clayton se dedica a coser y a otras tareas menudas. Esto es la muerte». »Lancé un grito —continuó—. El señor Satterthwaite intercaló una pregunta en tono de disculpa por lo melodramática que sonaba. ¿no es así? —Muchísimos —afirmó Margery—. Le condujo al piso superior.d2g. Para serle sincera. No me dirá . —No. no obstante el hecho de tener otra doncella francesa a su servicio. También ha estado bastante tiempo mi primo Roley Vavasour.004 http://biblioteca. no debía tener nada humano. y mis manos se debatieron en el vacío. No cabía duda de que la muchacha se hallaba aún bajo los efectos de una viva agitación.com pesadilla horrible. Desperté sobresaltada y me encontré con que el sueño era una realidad. Algo duro y afilado me pinchaba a un lado del cuello al tiempo que una voz murmuraba en mi oído: «Tú has robado lo que es mío. hubiese seguido creyendo que se trataba de imaginaciones de la señorita Margery. Luego está la herida en el cuello de la señorita Margery. Marcia Keane ha pasado conmigo una gran parte de ese tiempo. Ella pareció darse cuenta de la inspección y asintió. pero no encontré nada. Sirvió a mamá y a tía Beatrice cuando estas eran todavía unas niñas. Es mi mejor amiga y tan aficionada como yo a montar a caballo. El señor Satterthwaite hizo un gesto de asentimiento y. fuera lo que fuese.

—Fue a raíz del hundimiento del Uralia —intervino Margery—. era grave y sus turbios ojos azules se clavaron con insistencia en los de su interlocutor. —Creo que alguna grave injusticia ha debido cometerse en esta casa y que no habrá paz en ella hasta que no se haya hecho la correspondiente reparación. Clayton? —dijo el señor Satterthwaite—. ¿no es así.com usted que fue ella misma quien se la hizo. señor. Clayton. Cabía en lo posible que se tratase de alguna broma. señorita. pobre criatura. La cosa era mucho más siniestra de lo que parecía. Su voz. evidentemente. Era algo muy propio de lady Stranleigh: Querida Margery: No sabes la alegría que tengo al saber que estás en compañía de nuestro apreciado amigo el señor . —Mamá es exageradísima —dijo—. —Sanará pronto —añadió Clayton—. Clayton? —Sí. señor. como la cicatriz que yo me hice.004 http://biblioteca. —¿Y usted qué cree.d2g. —Hace ya cuarenta años que esto sucedió. El señor Satterthwaite descendió de nuevo al piso inferior. ni con mucho. El correo acababa de llegar y Margery se entretuvo en abrir y leer su correspondencia. y la herida se la produjo un gran leño que se le vino encima. al hablar. Señaló una que cruzaba su frente. ¿Qué opina del ataque contra la señorita Margery? —No sabría qué decir. Pero sus palabras alertaron al señor Satterthwaite. Así fue. De pronto. mantenía el punto de vista ortodoxo de una persecución deliberada y sobrenatural a consecuencia de una mala acción llevada a cabo en el pasado. Pero meneó la cabeza insatisfecho con esta solución. —¿Qué es lo que usted piensa en realidad. El señor Satterthwaite comprendió que era la respuesta que correspondía a la reserva de una bien adiestrada sirvienta. No es. un tanto decepcionado del resultado del careo. Sería conveniente saber algo más acerca de estos dos. ¿Cabría en lo posible que Margery hubiese podido infligirse ella misma aquella herida? Había oído contar casos raros en que muchachas sanas y al parecer bien equilibradas como Margery habían llegado a cometer los actos más absurdos. Y precisamente en ocasión de hallarse Marcia Keane y Roley Vavasour presentes. Clayton? —insistió persuasivamente el señor Satterthwaite.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Lea usted. Le alargó la carta al señor Satterthwaite. y todavía llevo la señal. Pero el señor Satterthwaite no estaba satisfecho: los fenómenos habían tenido lugar solo durante los dos últimos meses. lanzó una pequeña exclamación.

Debe de haber sido otra persona. Margery meneó la cabeza. por esta intrusión —dijo aquella. Te agradezco mucho los chocolates que me has enviado. El señor Satterthwaite se quedó serio. de quien poco antes le hablara Margery. ¡Oh! Aquí está Roley. Me parece una tontería. que hablaba arrastrando las palabras y acompañándolas con . Un millón de besos. me he encontrado muy mal. Se volvió para señalar a las dos mujeres que tras él entraron en el vestíbulo. Aparentemente. El contenido de la carta le chocó en un punto que al parecer había pasado inadvertido para Margery. Estamos todos preocupadísimos con ese fantasma. querida Margery. ¿no te parece? Los que hay por aquí son una verdadera maravilla.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Estoy segura de que te lo pasarás muy bien y solo me entristece la idea de no poder estar a tu lado. Debes contárselo todo y dejar que investigue lo que quiera. Me dice Bimbo que estoy haciendo grandes progresos en el tenis. Tuya. Un coche acababa de detenerse frente a la puerta y de él descendió un joven de pelo rubio y maneras de adolescente. El señor Satterthwaite reconoció en la primera de las dos a la señora Casson. pero eso es un poco estúpido. —¿Le envió una caja de bombones a su madre? —preguntó. BARBARA —Mamá se empeña en que la llame Barbara —dijo Margery—.com Satterthwaite.d2g. Los hoteles son muy descuidados con las comidas que nos dan. Es listísimo y conoce a todas esas gentes que se tratan con los fantasmas. querida. Adiós. —Debes perdonarnos. ¿Habría alguna relación? Él se inclinaba a pensar que sí. Se daba cuenta de que el inconmovible espíritu conservador de la hija debía resultar un tanto insoportable para una mujer como lady Stranleigh. Yo. —¿Qué tal. Marcia! He venido con refuerzos. Dos cosas le parecieron muy importantes: lady Stranleigh había recibido una caja de bombones y sufría de un agudo ataque de envenenamiento. Hace unos días que no me encuentro nada bien. Margery no había relacionado las dos cosas. No lo hice. amor mío. Margery? —gritó—.004 http://biblioteca. Entró una muchacha alta y morena y se unió a ellos. Que te diviertas mucho con la caza de los fantasmas familiares. sin embargo. ¡Hola. El señor Satterthwaite sonrió ligeramente. Sonrió con aire jovial y exclamó: —¿Ha venido usted a ahuyentar a ese fantasma que persigue a Margery? —preguntó con un tono de voz lánguido—. El doctor dice que se trata de un ligero envenenamiento. Fue presentada al señor Satterthwaite como Marcia Keane. —No —añadió—.

echó la cabeza atrás y olfateó el aire. Fue idea suya que viniese acompañada de la señora Lloyd. La dueña de la casa. El señor Satterthwaite vio la sombra de desagrado que cubrió las facciones plácidas de Roley Vavasour. No es adecuado. Lanzó una colérica mirada a Roley Vavasour. como no pudo por menos que observar al señor Satterthwaite. La mejor médium que jamás haya conocido. —Bien —añadió la señora Casson—. —Indudablemente —contestó el señor Satterthwaite con sequedad. La médium se limitó a comer dos plátanos y una manzana. ¿verdad? —preguntó Margery con lentitud. terminado lo cual la médium anunció estar dispuesta a dar principio a la sesión. —La señora Lloyd —anunció presentándola con aire de triunfo—. y a contestar breve y circunspecta a las preguntas que de cuando en cuando le hacia Margery. se inclinó y volvió a quedarse inmóvil con las manos cruzadas sobre el pecho. —Dejemos que venga Clayton —dijo Margery. Indicó a su compañera con un leve gesto de la mano.d2g. —¿Verdad que es admirable? —exclamó embelesada en voz baja. Roley se encogió de hombros. no parecía complacida por aquella intrusión. —¿Por qué Clayton? —preguntó. La señora Lloyd murmuró unas poco modestas palabras de protesta.004 http://biblioteca. quien pareció no darse cuenta del trastorno producido por su indiscreción. la señora Casson. —No te gusta Clayton. —Uno de los criados —sugirió Roley levantándose—. Siempre he obtenido los mejores resultados con círculos de siete. Su vestimenta era un tanto recargada y de moda indefinida. Margery Gale. celebraremos la séance inmediatamente después. Un momento antes de levantarse. El señor Vavasour nos indicó que sería muy adecuado.com una amplia sonrisa—. —Hay algo maléfico en esta casa. Siete es el ideal. Corrió las cortinas y dispuso las sillas en círculo. —Creo que el almuerzo está preparado —dijo Margery. Lucía un collar de piedras de la luna y profusión de sortijas. no parecía muy propicia a secundar la idea. que evidentemente era ducha en aquella materia. Lo percibo. La séance tuvo lugar en la biblioteca. Era una mujer con cara muy sonrosada y aspecto vulgar. ¿Tiene usted algo de fruta para la señora Lloyd? No acostumbra a tomar nada sólido antes de las sesiones. Se dirigieron todos al comedor. —Soy yo el que no le gusto a ella —dijo Roley con ridícula . y solo la natural curiosidad y el alborozo de sus huéspedes la reconcilió con el experimento. —¿Seis personas? —dijo mirando a su alrededor—. como siguió observando el señor Satterthwaite. Voy a buscar al mayordomo. Los preparativos preliminares corrieron a cargo de la señora Casson. Deberíamos ser número impar. En este caso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.

Recuerdo el Uralia. para esta casa: «Devolved lo que no es vuestro». —¿Beatrice? ¿Qué Beatrice? Con gran disgusto de muchos. La voz le temblaba al hablar. ¿Cómo puede usted dudarlo? A los espíritus no les gustan estas cosas.com expresión—.d2g. Alguien aquí tener muchas ganas de hablar. Todos trabajar mucho. De pronto. pero Margery siguió inconmovible. al señor Satterthwaite se le ocurrió hacer una pequeña prueba. Que venga pues. Esperó unos instantes.. la que se ahogó en el Uralia? —preguntó. —La misma. soy tu tía. Una pausa y una nueva voz. Claro que me acuerdo. —Indio bravo decir buenas tardes a todos. Huye de mí como de la peste. —No comprendo —dijo Margery con desmayo—. De pronto.! —se oyó—. señoras y caballeros. El señor Satterthwaite inclinó el cuerpo hacia delante. —¿Qué Beatrice? —Beatrice Barron. Estaba muy excitado.. Se acabó de completar el círculo. Se oyó una risita reprimida. Yo marchar.. se oyeron una sucesión de golpes y luego la voz del espíritu contactado por la médium..! Pero ¿eres en realidad tía Beatrice? —Sí.. volvió a oírse la voz del piel roja Cherokee. que dijo quedamente: —¿Está Margery aquí? Roley Vavasour se creyó obligado a responder. Otra pausa y de nuevo la voz de mujer que decía: —Habla Beatrice. —¡Ese pobre Boatupsetty1. un indio piel roja llamado Cherokee. Hubo unos momentos de silencio interrumpidos solo por las acostumbradas toses y movimientos de sillas y pies. (N. juego de palabras. —¿Se acuerda usted del señor Botticetti? —preguntó. El resultado de la 1 «Botevolcado». esta vez de mujer. Ayudar a los que todavía estar en la Tierra.. —¡Claro que lo es! —añadió la señora Casson en tono de reproche—. Tener muchas ganas de dar mensaje para joven señorita. Tengo un mensaje. Vida aquí ser hermosa y brillante. El señor Satterthwaite quedó como aturdido. —Sí —dijo—. —Yo tener mensaje para todos vosotros. El espíritu dice cosa él querer decir. ¿Quién habla? —Soy Beatrice.) . Está. Yo. —Bien.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¡oh. del T.004 http://biblioteca... —¿Beatrice Barron.

Dos de los presentes daban muestras de estar muy aterrorizados. ¿Por qué. ¿no es así? —preguntó con naturalidad—. Mi madre se ríe y dice que es absurdo casarse con un pastor de la Iglesia.com prueba había sido por demás satisfactorio. Preferiría mil veces que se quedase donde está. —Quisiera hacerle a usted un par de preguntas. —Mamá llega mañana —dijo—. circunstancia que aprovechó Beatrice Barron para designarlo en lo sucesivo con el ocurrente nombre de Boatupsetty. solicitó hablar en privado con ella. señorita Margery. Pensó que quizá estuviese justificado. —Parece que ha estado aquí con frecuencia durante este último invierno. La sala. había salido a dar un paseo en bote y había volcado. El señor Satterthwaite asintió con un gesto. Había hecho referencia a un incidente ocurrido cuarenta años atrás en ocasión de encontrarse él y las hermanas Barron en una de las playas de moda. Un joven italiano. La palidez del rostro de Margery dio a conocer al señor Satterthwaite el estado de su ánimo. El señor Satterthwaite no hizo comentario alguno sobre este sentimiento filial. Tan pronto como se hubieron despedido la señora Casson y la médium.d2g. quisiera yo saber? Hay curas y curas. Margery lo abrió. Problemas a la vista.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Mi respuesta fue negativa. ¿Sería indiscreto preguntarle si la ha cortejado? —Me preguntó hace tres semanas si estaría dispuesta a casarme con él —contestó Margery con sencillez—. Quisiera que viera usted a Noel montando a caballo. ¿quién heredaría el título y los bienes? —Supongo que Roley Vavasour. volvió a iluminarse con la clara luz del día. Parecía imposible que con excepción de él alguien de los presentes conociera el incidente. —La creo. . Voy a casarme con Noel Barton. —Lo estoy —dijo. Si usted y su madre muriesen. La médium se agitó y dejó escapar una especie de gruñido. —Perdóneme la curiosidad. creo que regresaré a Londres. Me temo que nada más podamos obtener de ella por ahora. llena de gente. Entró un sirviente con un telegrama sobre una bandeja.004 http://biblioteca. La creo. amigo de ellas. pero ¿está usted acaso comprometida con algún otro? Vio que sus mejillas se teñían de vivo carmín. —Está volviendo en sí —dijo la señora Casson—. —En ese caso —murmuró—. hija mía —contestó sonriendo el señor Satterthwaite—. poniendo un extraño énfasis en sus palabras—. Su madre y la mía eran primas hermanas.

en fin. el señor Quin mostró un profundo interés en escuchar su narración. pero no era menos cierto que la última palabra acerca del misterio de Abbot's Mede no había sido dicha aún. Sentía que el problema encomendado a su persona había quedado sin resolver. Había sufrido. al parecer.com IV El señor Satterthwaite no estaba satisfecho de sí mismo. La mirada de simpatía que le dirigió el señor Quin le animó a . sutil y meticuloso en los detalles. Pero al señor Satterthwaite no le satisfizo esta explicación. «Baronesa encontrada muerta en su propio cuarto de baño». como siempre. se arregló con menos aliño que de ordinario y. Pero por extraño que parezca. se hallaba cara a cara con su amigo.. Los otros periódicos empleaban un lenguaje menos crudo. Usted sí. Llamó a su ayuda de cámara. en este estado. Era cierto que la llegada de lady Stranleigh le relevaba de su responsabilidad. pero. Un minuto después. decía el Daily Megaphone. —expuso el señor Quin sonriendo. pero el hecho no dejaba de ser el mismo.004 http://biblioteca. El señor Satterthwaite le lanzó una mirada de reproche. —Si es usted tan amable de contarme de qué se trata. Se enteró de él al verlo impreso en las páginas de los diarios de la mañana. sino a una pequeña posada situada a unas quince millas de aquel lugar y cuya puerta ostentaba un cartel con el extraño nombre de la hostería del Bufón. Lady Stranleigh había sido hallada muerta en su bañera y había muerto ahogada. salía de Londres a toda velocidad arrellanado en los cómodos asientos de su potente Rolls-Royce. Le estrechó la mano y arrancó a hablar presa de gran agitación. El último acontecimiento fue de tal gravedad que le cogió totalmente por sorpresa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. En breves palabras le expuso lo acaecido en Abbot's Mede y. se lo diré.. —Conocí a las hermanas Barron hace cuarenta años —exclamó el señor Satterthwaite con orgullo. Le miró con esa expresión de esperanza con que el perro mira al amo. se deslizó su cuerpo y quedó su cabeza sumergida bajo el agua. —Estoy seguro de que lo sabe tan bien como yo. no se dirigió a Abbot's Mede.d2g. diez minutos después. —Como usted ve —terminó—. Tuvo una gran satisfacción al saber que el señor Harley Quin seguía hospedado allí. un desvanecimiento y. Tengo el horrible presentimiento de que quizá sea demasiado tarde y de que la vida de una pobre niña inocente corra un gravísimo peligro. —Estoy terriblemente preocupado —dijo— y vengo a solicitar su ayuda. debe de haber alguna explicación. Yo no conozco a esa gente. —Pero es usted quien debe resolver el problema y no yo —dijo el señor Quin—. Estuvo elocuente.

Al llegar a Abbot's Mede. Una cantidad considerable de dinero. Todo esto se lo dejo a Noel. lo que me proponía hacer. El accidente. no van anexas al título. Se llamaba Alice. pero cómo nos reíamos en aquella época! Dios mío. de que mamá no se ahogó sola. con los ojos enjutos. ¡Qué tontería.com recordar. Mi trabajo aquí ha terminado y partiré dentro de muy poco. como si de un sueño se tratase. Clayton me vio firmar a mí y luego ha firmado ella. —No —dijo—. los cuales deben firmar a la vez. y muy ingenua. —No creo que eso importe gran cosa —declaró Margery—. Era. De Roley no me fío.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.d2g. miró al señor Quin. no puede usted ayudarme? —añadió especulativamente—. ¿No podría persuadirlo para que me acompañase? El señor Quin hizo un gesto negativo. en otras ocasiones. lejanos pasajes de la vida. Una cosa menudita y pizpireta. así como unas cuantas propiedades. Está también la fortuna particular de mi padre.004 http://biblioteca. Margery desestimó con un gesto el consejo legal. Algo en su saludo le conmovió. claro que yo también era joven como todos. Estoy segura. quiere matarme a mí también. Dios mío! Meneó la cabeza y lanzó un profundo suspiro. Ésta es la razón —indicó señalando el documento que tenía ante sí— de que me decidiese a hacer testamento —explicó—. completamente segura. Y creo que esta vez sucederá lo mismo. —Roley y Marcia acababan de marcharse. en realidad.. Después. Yo en su lugar no perdería tiempo e iría inmediatamente a Abbot's Mede. Hacíamos un montón de tonterías. señor Satterthwaite. frente a una mesita del gabinete sobre la que se hallaban esparcidos unos papeles. quienquiera que fuese el que cometió el crimen. —En otras ocasiones ha logrado usted el éxito gracias a sus propios esfuerzos —dijo el señor Quin con seriedad—. Tenía. —¿Decididamente. Es solo un cazador de dotes. Sé que es bueno y que sabrá administrarlo piadosamente.. Sin embargo. Fue asesinada y. ¿Quiere usted firmar como testigo? —Mi querida jovencita —contestó el señor Satterthwaite—. De esto no me cabe la menor duda. Iba a llamar en este . Recuerdo también que un día la abracé y la besé en uno de los pasillos del hotel y estuve a punto de ser sorprendido por una de las niñas. un testamento hay que firmarlo ante dos testigos. —¡Qué días aquellos en Brighton! Botticetti-Boatupsetty. Estaba sentada. no ha ocurrido tal como pretenden hacerlo creer los médicos. al parecer. Recuerdo a la doncella que las acompañaba. un gran deseo de verlo. sino que alguien la forzó a permanecer bajo el agua. —Tiene usted razón —afirmó el señor Satterthwaite—. el señor Satterthwaite fue conducido inmediatamente a la presencia de Margery Gale. ¡Cuánto tiempo hace ya de esto.

debe haber acabado por perturbarla. Repuesta después del golpe. . Es doloroso tener que reconocerlo ahora que ya está muerta. La auténtica Alice Clayton se ahogó en el Uralia. Una cosa menudita y pizpireta. Algo luchaba por abrirse paso en su cerebro ¡Alice Clayton! Había alguna extraña significación en aquel nombre. La mujer a quien usted llama Clayton no es otra sino Beatrice Barron.. ¿Recuerda usted haberme dicho que se hirió en la cabeza con un gran leño? He de deducir que el golpe debió hacerle perder la memoria.. Algo que tenía que ver con el señor Quin y se relacionaba con él. pero la lesión producida en el cerebro con el golpe que recibió hace años. Esto le impulsó a reconocerla no como su hermana.com instante al mayordomo. como procedente de una gran distancia. sino como su doncella. —Beatrice era la mayor de las dos hermanas —continuó el señor Satterthwaite—.d2g. Sí. —Querida mía. la creo capaz de eso. ¡Ah. El nombre que aparecía en la casilla superior a la designada para él. aceptó pasivamente el papel de Alice Clayton que le habían encomendado. —Y por eso mató a mi madre. La cogió fuertemente de las manos. y su madre aprovechó la circunstancia para. A la muerte de su tío sería la heredera de todo y a su madre no le hubiese correspondido nada. Algo que él mismo dijera al señor Quin muy poco tiempo antes. pero sin recuperar la memoria. —dijo—. Los objetos empezaron a girar vertiginosamente a su alrededor. —Entonces.004 http://biblioteca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ya lo tenía! Fue precisamente sobre Alice Clayton. la hermana de su madre. La mujer que se halla arriba y a la que usted llama Clayton. pero no tanto! Además. Las personas cambian. sacó su pluma y. ¿quién es ella? —No puedo estar equivocado. Hubo de buscar el apoyo de una silla para no caer y. pero ella era así. Margery le contemplaba con ojos enloquecidos por el terror. —Para apoderarse del título. quiere usted decir —Margery completó la frase con amargura—.. El señor Satterthwaite renunció a seguir arguyendo. Debe usted prepararse para recibir una fuerte impresión. Podemos imaginar que no hace mucho que su memoria debe haber empezado de nuevo a aclararse.. le hizo evocar de pronto un confuso tropel de recuerdos. ¡sí. oyó la voz de Margery que le preguntaba con ansiedad: —¿Se encuentra mal? ¿Qué le pasa? ¿Está usted enfermo? Volvía a ser el mismo de siempre. como quiso también matarme a mí — dijo casi sin aliento. pero creo que usted servirá. no es Clayton.. Alice Clayton. Margery le miraba con ojos desorbitados. ahora lo comprendo todo. la Alice Clayton que él conoció tenía los ojos pardos. cuando se contuvo súbitamente.. estaba ya a punto de estampar su firma.

y la rubia esplendorosa que él viera tomando el sol en Cannes. .? Meneó la cabeza como bajo el peso de una obsesión y no pudo reprimir un compasivo gesto hacia estas incongruencias de la vida. Ni siquiera volvió la cabeza al sentir el ruido que hizo la puerta al abrirse. y su parecido era sorprendente. Se volvió a Margery y dijo cariñosamente: —Será mejor que subamos a verla.d2g. —Pero si Clayton es tan vieja. ¿Podían ser hermanas? Recordaba a las hermanas Barron. Quizá haya sido mejor así.. El señor Satterthwaite permaneció en silencio sumido en los recuerdos.com —Así parece —prosiguió el señor Satterthwaite—. Encontraron a Clayton sentada en la pequeña habitación donde cosía.004 http://biblioteca. ¿Solo porque hubiesen tomado distintos derroteros en la vida.. Vio la imagen de aquella anciana de cabellos grises y aspecto marchito. —Un ataque al corazón —murmuró al tocar sus rígidos y helados hombros—.. Solo una idea parecía obsesionarla: la de que su herencia había sido robada y que usted y su madre se habían quedado con ella..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. El señor Satterthwaite no tardó en darse cuenta del porqué.

Estrechó la mano de su amigo con fuerza. el señor Satterthwaite se vio condenado a asistir solo a la representación. pues precisamente en el palco de al lado vio la inconfundible figura de un amigo que le llenó de alborozo y satisfacción. donde tenía reservado un palco para los jueves y viernes de toda la temporada. verdadero autor de la existencia de aquellas criaturas y del título que adornaba a la madre y que era lo que podía muy bien llamarse una nulidad. era una excelente madre. además de hermosa e inteligente. —¡Señor Quin! —exclamó. Siendo un gran amante y connoisseur de todas las artes. como militar avezado en lides guerreras. Era un inveterado enemigo de la soledad y gustaba de llenar el palco con lo más selecto de la sociedad a la que pertenecía y con la aristocracia del mundo artístico. entre la cual se sentía como pez en el agua. Sus hijos habían sido atacados por la vulgar y fastidiosa enfermedad de las paperas y había tenido que quedarse en casa en lacrimosa confabulación con dos tiesas y exquisitamente almidonadas enfermeras.com 8 LA CARA DE HELENA I El señor Satterthwaite era el único ocupante de un amplio palco del primer piso del teatro de la ópera. —Espero que aceptará usted un asiento en mi palco —dijo con determinación—. Pero rara vez se le veía solo. El señor Satterthwaite se encaró sus gemelos y. ¿O es que ha venido con alguien? —No —respondió el señor Quin con una sonrisa—. . aprovechó esta oportunidad para poder escapar. como temeroso de que pudiera desvanecerse de un momento a otro en el aire. En la puerta podía verse una tarjeta que llevaba su nombre. Nada le aburría tanto como la música. Así pues. —Entonces no hay más que hablar —declaró el señor Satterthwaite con un suspiro de satisfacción. He venido solo. Se ponía en escena aquella noche Cavalleria Rusticana y Pagliacci y.004 http://biblioteca. Plan sin embargo que no logró llevar a cabo. El marido. el señor Satterthwaite sentía una particular devoción por la buena música y era un asiduo abonado a las temporadas del Covent Garden. La razón de su soledad obedecía a que una condesa se había visto obligada a faltar a la cita.d2g. La condesa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. dirigió una mirada pausada por todo el auditorio como en busca de un punto vulnerable en el que poder concentrar sus tiros. no llamándole poderosamente la atención la primera. llegó a tiempo de presenciar la agonía de Santuzza y de poder dirigir con ojos expertos una mirada por toda la sala antes de caer el telón y de que la gente abandonara sus asientos para tomar algún café o limonada y hacer el acostumbrado visiteo.

Es un placer. En este caso. Tarde o temprano hemos de ver su cara y apuesto a que no armonizarán. Era una muchacha de la que no distinguían la cara y solo podían ver el dorado de sus cabellos. magiar y búlgaro. sin embargo. —Nada de eso —objetó el señor Satterthwaite—. albanés. Genuinamente griega. checo. se oyó el golpear de la batuta sobre el atril y dio comienzo la función. —Una hermosa cabeza —observó de pronto el señor Satterthwaite. un segundo Caruso. asintiendo con aire de entendido. —Es usted muy observador —respondió el señor Quin. —Al contrario.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Es cuestión simplemente de mirar. los modales del señor Satterthwaite hubiesen parecido un tanto extravagantes. Un nuevo tenor. Las composiciones abundaban en extraños semitonos que algunos espectadores de gusto ultramoderno no vacilaron en calificar de «simplemente maravillosos». esa cabeza atrajo inmediatamente mi atención. Había dado un concierto extraordinario en el Albert Hall. aunque. —Claro.com Para otro que no fuese el señor Quin. cantaba aquella noche. antes de decidirse a emitir juicio definitivo alguno. sentados en la primera fila del palco. Había sido presentado por la prensa como yugoslavo. Es sorprendente comprobar que son pocas las personas en las que el color de los cabellos armonice con el resto. habría encontrado difícil de explicar por qué había usado esta expresión—. Todo con espontánea imparcialidad. un gran alivio para muchos saber que aquella noche cantaría en simple italiano con todos los sollozos y . —Hay razones particularísimas que me hacen sentir devoción por Pagliacci. aunque músicos reconocidos se abstuvieron de hacerlo. un programa consistente en cantos folclóricos de sus montañas natales y con una orquesta especialmente seleccionada e instrumentada para dicho fin. observaron el trasiego de las gentes que volvían a ocupar sus respectivos asientos. comprendiendo la conveniencia de una reeducación y adaptación del oído a estas nuevas normas musicales. estoy seguro. No sabía que fuese usted aficionado a la música. —Es usted muy amable —replicó aquel. Acababa de pronunciar estas palabras cuando las luces titilaron y debilitaron su brillo. Volvieron al palco tan pronto como oyeron el timbre de aviso y. claro —dijo el señor Satterthwaite. casi reverentemente—. de haber sido preguntado. al decir de muchos. cosa fácil de ver hoy por los cortes de pelo predominantes. —Una cabeza griega —añadió el señor Satterthwaite. recogidos bajo una especie de casquete del que se escapaban rebeldes unos cuantos rizos que bordeaban artísticamente su níveo cuello. Es natural.004 http://biblioteca. Hay una probabilidad contra mil. Fue. Con los gemelos señalaba un punto del patio de butacas situado casi al pie del lugar que ellos ocupaban.

ni el magnetismo. la línea de las cejas.. quizá podamos saberlo. Después de todo estaba convencido de no ser un lego en la materia. Aquí no se menciona el encanto. —Causó sensación con El canto del pastor. Pocas caras como aquella se podrían encontrar en el mundo. Yoaschbim hubo de reaparecer tres veces en el escenario. Todavía existe algo así. el contorno de la barbilla. —Si vamos fuera —sugirió—. Esta se levantó. se oyó el estruendo de una prolongada ovación.com estremecimientos tradicionales de la obra. no creyó necesario añadir comentario alguno a su juicio anterior. Al caer el telón cuando finalizó el primer acto. —Siempre me ha intrigado saber —añadió— cómo son estas mujeres en realidad. ni la atracción. —Lo leí —contestó el señor Satterthwaite—. ¡Qué belleza!. sí? Yo no pude ir. —Yo fui a oír su concierto en el Albert Hall —dijo el señor Quin. Una cara que por sí sola podría llenar una página entera en la historia. La pareja que ellos buscaban se hallaba sentada en un canapé a medio camino de la escalinata de entrada. Cleopatras y Marías Estuardo.? —Las Helenas. es magnífica. El señor Satterthwaite se volvió al señor Quin. Salieron juntos y el resultado de su pesquisa dio óptimo fruto. —¿Se refiere a. no le quepa duda. pudo el señor . El señor Satterthwaite se inclinó sobre el antepecho para observar a la muchacha de los cabellos de oro.. al observar su expresión de aquiescencia. La muchacha se dirigió al pasillo seguida de su joven acompañante. Muy curioso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. se ajustó un fino chal alrededor del cuello y se volvió. Pero la voz. —¿Ah. La sala se iluminó de nuevo y la gente empezó a desfilar.d2g. se dijo a sí mismo... El señor Satterthwaite contuvo el aliento. Habrá muchos que no lo reconozcan así por cierta imperfección en su técnica y falta de seguridad en el ataque. El señor Satterthwaite observó que la gente se detenía para verla pasar y no pocos eran los que la seguían furtivamente con la mirada. El óvalo de la cara. Supuso que este esperaría su opinión y esto le hizo ahuecarse como un pavo. —¿Lo cree usted así? —Una voz tan bien timbrada como la de Caruso. sonriendo y saludando. Belleza pura.004 http://biblioteca. Y por primera vez se dio cuenta del significado de aquella frase. El estribillo termina siempre con una nota aguda que oscila entre el do natural y el re bemol. Y añadió como en un susurro: «La cara que lanzó mil naves a la conquista de Troya». El señor Quin meneó la cabeza pensativamente. Movió la cabeza de arriba abajo con lentitud. Como crítico podía considerársele casi infalible. Miró al señor Quin y. Por primera vez. —Es un gran cantante —afirmó. ni ninguna de esas otras cualidades que con tanta volubilidad acostumbramos a mezclar con su concepto.

Además —añadió. El primer acompañante le observaba con gesto torvo. sería a usted a quien . dotado al menos de un extraño fuego que parecía arder constantemente en sus pupilas. pómulos salientes. Dirigió una mirada al señor Quin.. El señor Quin había sido siempre un tanto reticente y era extraordinario lo poco que el señor Satterthwaite sabía acerca de él. verde.004 http://biblioteca. Su llegada parecía haber creado cierta tensión. —Entonces. dibujando su peculiar sonrisa—. Se detuvo. Pero el señor Quin meneó la cabeza. asintió gravemente y comprensivo.. donde quiera? Estas dos últimas palabras manifestaron la delicadeza del señor Satterthwaite. ¡Cuánto mejor sería. De haber dicho «conducirle a casa». —Es usted extremadamente amable. si algo llegase a suceder. con aspecto de oficinista. El joven vestía de rigurosa etiqueta con aire de estar incómodo con lo puesto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. como si leyese su pensamiento. No lo tengo. Nuestros dos amigos pasaron repetidas veces ante ellos. prefiero volver con mis propios medios. —Hace mucho relente fuera y mi coche no está lejos de aquí. ¿Me permite usted que le lleve a. Era un joven moreno. sin embargo. Era rubio.com Satterthwaite tener una clara visión del acompañante. No encontraba nunca palabras para poder describirla. Para el señor Satterthwaite la belleza era algo simplemente maravilloso. El joven estaba inclinado hacia delante y hablaba con calor. —Sí —contestó en el mismo tono el señor Satterthwaite—. pero con sinceridad. Digna de estudio. Jugaba nerviosamente con su corbata y se hallaba como cortado ante la severa mirada de la muchacha. Una cara llena de extraños ángulos. —La eterna historia —murmuró quedamente el señor Quin al pasar frente a ellos. La muchacha se limitaba a escuchar. quien... barbilla ligeramente desviada y ojos fulgurantes. El gruñido de dos perros disputándose un mismo hueso. A la cuarta se encontraron con que otro joven se había incorporado al grupo. ocultos en la penumbra que proyectaban sus salientes y espesas cejas. que no fuese así! La belleza. —No —dijo el señor Quin—.. Al terminar la representación. el señor Satterthwaite se volvió a su amigo. de seda barata y unos zapatos de raso blanco algo sucios. Una cara interesante. la frase hubiese trascendido a algo así como a curiosidad. Regresaron a sus asientos poco antes de levantarse el telón para el segundo acto. Más bien tenían el aspecto de gente del mundo artístico. —Aunque quizá —continuó nuestro hombrecillo— disponga usted de su propio vehículo. si no guapo. pensó el señor Satterthwaite. La muchacha llevaba un vestido socorrido. Lo que siempre ha sido y siempre será. Ninguno de los dos parecía pertenecer al mundo del señor Satterthwaite. Lo inevitable.d2g.

No debe usted permanecer aquí ni un solo instante. quien. La muchacha le miró como escudriñando sus intenciones. Desapareció tan rápidamente que el señor Satterthwaite no tuvo tiempo material para protestar. —Este es mi coche. —En nada la beneficiaría verse mezclada en este asunto. Buenas noches. La naturalidad con que pronunció estas palabras tuvo el efecto de soltar la lengua de su compañera que parecía necesitar confiar en alguien. tendré sumo placer en acompañarla a su casa. El señor Satterthwaite meneó la cabeza. Dio una dirección de Chelsea en respuesta a una pregunta del señor Satterthwaite. torció por la primera bocacalle y se dirigió rápidamente al lugar donde sabía le esperaría su fiel Masters. casi al instante de reconocerlos.. La muchacha parecía alterada y con pocas ganas de hablar.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. la figura majestuosa de un policía surgido de la nada como por arte de encantamiento y. Todo sucedió en un instante.com correspondería actuar. Una vez más hemos visto un drama juntos. pero la sosegada compostura del señor Satterthwaite pareció impresionarla favorablemente. La cogió del brazo y la condujo apresuradamente calle abajo.? —preguntó indecisa. Primero el rugido de la voz de un hombre. y el señor Satterthwaite tuvo el tacto de no intentar penetrar en sus pensamientos. No creo que ninguno de sus. frases entrecortadas. . un tercer personaje se unió a ellos. Luego la lucha.. Se detuvo. A su señor no le gustaban las largas esperas frente al teatro causadas por el riguroso turno que debía observar el tránsito. golpes. Delante de él vio a un hombre y a una mujer y. el señor Satterthwaite se encontraba al lado de la muchacha. más golpes. Solo una vez se detuvo la muchacha para volver la vista hacia atrás. —Gracias —dijo. a continuación. ¿A qué drama quiso referirse? ¿A Pagliacci o algún otro? Masters. amigos lo deseara. Si usted me lo permite. que se había dejado caer apoyada con desmayo contra el muro. Se sintió asaltado por una súbita duda. en un instante. Probablemente la obligarían a que les acompañase a la comisaría. —¿No tendría que. Al cabo de algunos momentos. Esta vez. tenía el hábito de esperarle en una callejuela vecina. el chófer del señor Satterthwaite. fue ella quien se decidió a romper el silencio: —¡Desearía que la gente no fuera tan estúpida! —¡Es muy molesto! —asintió el señor Satterthwaite. como en ocasiones previas. De inmediato el sonido de otra voz masculina en tono de protesta.004 http://biblioteca. al pie de cuya puerta abierta aguardaba respetuosamente el chófer Masters. —Permítame —dijo—.. y entró resueltamente en el vehículo. se sentó a su lado.d2g.

com —No creí nunca que llegaran a las manos —dijo—. vamos. Después llegó el señor Burns y nos habló con toda corrección. no pareció sentarle bien su intromisión. aun cuando sé que el pobre no anda muy sobrado de dinero. —Es usted muy amable. Se ha preocupado constantemente por mi voz y a él le debo. El rostro de la muchacha se iluminó.. se preguntó mentalmente el señor Satterthwaite sonriendo para sí en la penumbra. Por otra parte. experimentara cierta satisfacción al ver a dos hombres pelearse por ella. ¡Estas cosas no me gustan! —¿De veras? —preguntó el señor Satterthwaite con dulzura. puede decirse que desde que llegué a Londres. Ella le dio de nuevo las gracias. cuantas relaciones tengo en la actualidad. pero me temo que esto habrá de producirle muchas molestias.! Pero cumplió su promesa. añadió: —Usted espera que. —De ninguna manera.004 http://biblioteca. —Sí —añadió—. . Fue idea de él traerme al teatro esta noche.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el perfil de una barbilla. Y justo cuando íbamos hacia el metro. así como el número de su teléfono. aún cuando sería natural que. yo me encargaré de enterarme de lo ocurrido y se lo comunicaré. La música le apasiona. si así lo desea.. y añadió modestamente: —Mi nombre es Gillian West. —¿Tiene usted teléfono? —preguntó él. —Sí. una curiosa sonrisa se dibujó en los labios del señor Satterthwaite. ¿no es así? Ella asintió. Ella se sonrojó ligeramente En ella no había nada de una sirena consciente. El coche se detuvo. —Entonces. pero a Phil (el señor Eastney). Mientras se alejaba por la calle. gracias. prácticamente... —De manera que eso es todo —pensó—. y apenas había articulado dos palabras cuando Philip se lanzó sobre él como una fiera..d2g. el señor Satterthwaite creyó que el verdadero fondo de su preocupación yacía en las palabras que pronunció a continuación y obtuvo una pista cuando al cabo de un instante ella hizo una observación inconsecuente: —Espero que no le haya hecho mucho daño. no sé por qué.. el señor Burns siempre se ha mostrado agradable y de temperamento tranquilo. Sin embargo. El señor Eastney y yo hemos sido amigos desde hace mucho tiempo. ¿A quién se referirá ese «le»?. Eso es lo que quise decir y me gustaría saberlo. ¡El óvalo de una cara. Y en apoyo de su juicio. al ser mujer. Este es un país libre. que el señor Eastney no le haya hecho mucho daño al señor Burns. volvió a acercarse a nosotros.

com II En la tarde del siguiente domingo. al propio tiempo. para admirar unas campánulas azules. Tenía un buen sueldo. un tanto a la usanza victoriana. lo hemos decidido esta misma tarde. Eran Gillian West y su rubio cortejador quienes parecieron reconocerle al instante. —No sé cómo expresarle mi agradecimiento —dijo el señor Burns— por cuidar de Gillian la otra noche. A su manera un tanto seca. el señor Satterthwaite sabía hacerse simpático. El señor Satterthwaite se sintió complacido e interesado por la pareja. adonde con frecuencia acudía. Estaba tratando de coordinarlas al tiempo que correspondía distraídamente a las manifestaciones de júbilo que ante aquel sinnúmero de flores mostraba su compañera. No tardó en ser el confidente de todas sus cuitas. Esta tarde en concreto. —Es verdad —añadió la muchacha—. le brindaba la oportunidad de asomarse a un mundo que apenas conocía. lo que de algún modo le hacía disfrutar de un romanticismo a la antigua usanza. y no le cogió desprevenido que le comunicaran su compromiso. ¿verdad. El señor Satterthwaite se olvidó del discurso que había preparado y se apresuró a buscar algunas frases de aprecio y simpatía en algún rincón de su mente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. que le llevaban a suspirar y a ponerse algo sentimental. cuando de pronto reconoció a una pareja sentada frente a una de las mesas instaladas en el césped. Observó que el señor Burns se había convertido en Charlie. acompañado de una encantadora joven. Los dos pertenecían a una clase muy desconocida para él. Hacía mucho tiempo (un inconcebible número de años para el señor Satterthwaite) que había paseado por estos jardines. La joven cesó en sus alabanzas y le confió repentinamente (como a un excelente amigo) su amor por otro hombre. Esto. Un minuto después les estrechaba las manos con su característico saludo ceremonioso y aceptaba la un tanto tímida invitación para que tomara el té con ellos. Vio a la joven sonrojarse y hablar apresuradamente a su compañero. Fue muy amable por su parte. se había preparado mentalmente para lo que iba a decir y las palabras precisas que utilizaría para pedirle su mano a la joven. el señor Satterthwaite acudió a Kew Gardens para admirar los rododendros. Durante el trayecto.d2g. cuando su permanencia en el extranjero se prolongaba más de lo debido. unas veces a admirar las campánulas y otras. se hallaba de vuelta de su tradicional visita y pasaba junto a los establecimientos de té. Gill? Burns estaba empleado como oficinista en una compañía naviera. a admirar los no menos famosos rododendros. Así fue el romance del señor Satterthwaite. cuando le llegó el golpe. —A decir verdad —prosiguió el joven Burns con ingenuidad—. pero que le dejó en el corazón cierta romántica atracción por Kew Gardens. Su candor y sinceridad le conmovían. Ella me lo contó todo. unos cuantos ahorrillos y el propósito de .004 http://biblioteca.

sin embargo. Sus palabras iban dirigidas al señor Satterthwaite como si conociese por instinto que este comprendería cosas que no llegaban al alcance de su novio. de lo más corriente. pero nada más. todo esto me ligaba un tanto.. Se detuvo. Más que inquieta. Mucho me temo que. No es de primera clase. El señor Satterthwaite escuchó el relato de las cosas que Burns calificaba de «serios contratiempos»: un joven que se había suicidado. pensó. Una muchacha necesita siempre alguien que vele por ella y esto... y yo también le quiero.. señor Satterthwaite. —¿Y el señor Eastney... recitadas por Charlie Burns en el tono más natural del mundo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.. la extraña conducta del gerente de un banco (¡un hombre casado!). con ideas propias y una buena opinión de sí mismo sin llegar a la vanidad. Se detuvo intencionadamente porque esperaba una reacción para la que estaba ya preparado.004 http://biblioteca. —Phil es muy bueno —dijo con voz reposada—. —También has tenido tus disgustos con él —interpuso Burns—. Pero siempre he sabido.. Como usted mismo puede observar. Un joven como los demás. Ésta tenía la mirada puesta en el señor Satterthwaite. honrado. Me quiere. le ha acarreado a Gill serios contratiempos. el desordenado comportamiento de un artista de edad avanzada. a una muchacha esto le causa serios contratiempos. —Y mi opinión es —terminó diciendo— que este Eastney está también un poco desequilibrado. —No me gusta —dijo en voz baja. —Si está en mi mano ayudarla —dijo el señor Satterthwaite—.. que mi voz no era realmente buena. La cara de Charlie Burns se ensombreció y Gillian se agitó inquieta. La risa con que acompañó estas palabras sonó un tanto fatua en los oídos del señor Satterthwaite y ningún signo de aprobación se dibujó en las facciones de la muchacha. y buena presencia.. —Ha hecho mucho por mí —continuó—.. Él fue quien me animó a que me dedicara al canto y me ayudó en cuanto pudo.com casarse cuanto antes. bueno.? —añadió en voz alta. Un reguero de violencia y tragedias señalaban el paso de Gillian por la vida. es muy guapa y.. no . No sé cómo le sentará lo mío con Charlie. lo sé. Y la chica le quiere. Se detuvo como pesarosa ante la perspectiva de los peligros que vagamente presentía..d2g. pensó para sí. sin llegar a ser demasiado guapo. Nada extraordinario en su persona que haga ver en él a un aventurero. parecía temerosa. las violencias de un cierto forastero (¡que no debían haber sido precisamente balsámicas!). Como es natural. bueno.. Gillian hubiese acabado mal de no haberme encontrado a mí para cuidarla. El señor Satterthwaite escuchó complacido el relato y les felicitó por su decisión. Joven.

Una cara que… Meneó la cabeza con un gesto de indefinible presentimiento. defraudado.d2g. Hoy es el aniversario de nuestro primer encuentro. Rara vez se equivocaba en la deducción del carácter y jamás hubiese esperado de Philip Eastney un sentimentalismo así. pero Gillian se apresuró a decir: —Muchísimas gracias.com vacile en pedírmelo. Unas delicadas lágrimas se deslizaron a lo largo de sus mejillas. Fue realmente cariñoso. Le prometí que lo haría muy conmovida y añadí que pensaría en él con verdadera gratitud y afecto. El sentimentalismo era propio de su edad y no tenía. Parece haber encajado el golpe como un deportista. Parecía más feliz. Quizá fuese de un tipo más banal de lo que en Un principio había supuesto. El señor Satterthwaite hizo un gesto de aprobación. Tuvo la sensación de que a Burns no le había sentado bien su ofrecimiento. Se trataba de una preciosa radio de cuatro válvulas. Me pidió que no saliese esta noche con Charlie. ¡Claro que lo haré! ¡Hemos sido tan buenos amigos! —Debe usted sentirse orgullosa de su amigo —dijo cariñosamente el señor Satterthwaite—. Cuando llegó el jueves. evidentemente. De hecho. Le dijo que su voz era admirable. el señor Satterthwaite se sintió un poco. sin duda. pero sabía muy bien que no pasaba de ser una . pero esperaba cosas mejores del resto de los mortales. ¿Verdad que es un detalle? Lo era. ¡qué duda cabe!. lo admitió inmediatamente: —Tenía un miedo horrible de contarle a Phil lo de Charlie —explicó—. Se enfadó. —¡Nos gusta tanto la música a los dos! —exclamó—. Él era un sentimental. Gillian asintió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca. Lo sabía. Pensó: Soy un viejo. ¡Tonta de mí! Debí conocer a Phil mejor. sino que me quedase en casa escuchando el programa de la radio. por lo tanto. Le pidió a Gillian que cantara y esta accedió gustosa. Me dijo que cada vez que escuchara un concierto me acordarse también un poco de él. Gillian. Como si se hubiese liberado de un enorme peso. Mire usted lo que ha mandado esta mañana: un regalo de boda. El señor Satterthwaite se despidió de sus amigos no sin antes prometer que tomaría el té con Gillian el jueves siguiente. el señor Satterthwaite sentía una cierta excitación anticipada. creía que aquello encajaba en la personalidad del desengañado amante. —Me pidió que hiciera una cosa por él. Burns no tardaría en llegar. último modelo. En cambio. quizá muy poco. Gillian estaba sola. en especial por venir de un hombre en sus circunstancias. pero no dejó de chocarle la petición. pero no tanto como para no experimentar una sensación de placer ante una cara bonita. pero nadie habría sido más comprensivo. cabida alguna en un mundo moderno.

para el señor Satterthwaite. pues. se había dedicado a su fabricación. Gillian se fijó en lo absorto de su contemplación. debido quizá a la gran belleza de Gillian West. Era una especie de copa de cristal de color verde sobre un pie largo y elegante y paredes curvadas sobre cuya boca se apoyaba una gran bola que por su iridiscencia recordaba una gigantesca pompa de jabón. de los gases venenosos. de los explosivos. experimentando al propio tiempo una repentina sensación de exaltación. la velada con el señor Quin no había dado los frutos esperados.d2g. El señor . El señor Satterthwaite recorrió inútilmente todas sus salas. El restaurante estaba atestado. Fue en este momento cuando le llamó la atención un ornamento que había sobre la repisa de la chimenea y que se destacaba entre otras chucherías. Se sentó frente a Philip Eastney dispuesto a afrontar lo inevitable. No estaba especialmente deseoso de ver al joven Burns otra vez. Es bonito. donde ya un día le viera y donde. pensó. según afirmación del mismo. salir airoso del papel que le correspondía. ¡Secretos inescrutables del universo! Al señor Satterthwaite se le ocurrió pensar que. puesto que. así que el señor Satterthwaite se decidió a escoger una silla vacante que había delante del joven. Cualquier éxito que hubiera conseguido en su vida profesional no hubiese sido gracias a la voz sino a su rostro. Eastney poseía un inagotable caudal de conocimientos sobre estos. Había un drama en marcha y en él había un papel. durante la mayor parte de la guerra. Un joven muy interesante. cada aparición de este misterioso personaje provocaba un suceso extraño e inesperado. Eastney parecía ansioso de hablar con alguien y. No le fue difícil entablar conversación. Allí no había rastro alguno de la morena y sonriente cara del señor Quin. Usualmente. como siempre. Se marchó sintiendo un curioso aumento de su interés por Philip Eastney. Era su deber. Fue la esperanza de volverlo a encontrar lo que decidió al señor Satterthwaite a encaminarse en dirección al restaurante Arlecchino. fuera lo que fuese. Sentado ante una pequeña mesa y solitario se encontraba Philip Eastney. un importante papel.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. el señor Satterthwaite se mostró alentadoramente dispuesto a escuchar. —Eso es un regalo extra de Phil. Y sin embargo. Hablaron de la guerra. Los artífices del cristal de Murano hubieran estado orgullosos de él. como si su determinación obedeciera a un misterioso plan en cuyo desarrollo le correspondiera desempeñar un importante papel. Estaba metido en ello.004 http://biblioteca. Había sin embargo. acudía con frecuencia. alguien más. —¡Es precioso! —dijo el señor Satterthwaite con reverencia—. Ahora comprendió el significado de las palabras del señor Quin la noche de la ópera.com discreta medianía. por lo que se levantó para despedirse. ¿verdad? Trabaja en una fábrica de cristal. la muchacha de rostro maravilloso estaba enamorada del insignificante Charlie Burns.

caminaba a su lado. indeciso en cuanto a la orientación definitiva que al fin había de tomar. De pronto se dio cuenta de lo avanzado de la hora y pidió su cuenta al camarero. Entró en una explicación de detalles técnicos.d2g. Ambos convinieron en que nada en la tierra podía superar a una buena voz de tenor. el señor Satterthwaite desvió hábilmente el curso de la conversación y la hizo recaer sobre la música. Se preguntó qué era lo que le hacía pensar con tal fuerza y claridad en la figura . —Ha sido para mí un verdadero placer —se apresuró a contestar el señor Satterthwaite—. Una insignificante inhalación era mortal. El anciano comprendió que se hallaba ante un cerebro excepcional. que no había llegado a probarse. El tema parecía fascinarle y el señor Satterthwaite observó que poseía un conocimiento profundo de cuanto decía. —Siempre había creído que se trataba de una mera fábula —contestó sonriente el señor Satterthwaite. Es totalmente factible. —Estoy avergonzado por haberle hecho perder el tiempo de esta manera —dijo—. Sus ojos echaban chispas bajo la acción quizá de una reprimida excitación. Es una simple cuestión de resonancia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Hablaba de él con verdadero entusiasmo. —No. Se habían puesto grandes esperanzas en su efectividad. un cerebro al que podía describirse como el de un genio. Y pensó a continuación en Charlie Burns y en Gillian West. Eastney había oído cantar de niño a Caruso y nunca lo había olvidado. errático. invisible. Pero genio. Algo trágico parecía emanar de toda su persona. ¡Esta noche necesitaba hablar con alguien! Terminó su perorata con una corta y peculiar risita. La de que alguien. —¿Sabía que podía cantar ante un vaso de cristal y hacerlo añicos? — dijo. La de no hallarse solo. Alguien a quien no le era posible ver caminaba a su lado por la oscura y tranquila calle. Pero fue la casualidad la que le puso en mi camino. El armisticio llegó demasiado pronto. hizo su cómica y correcta reverencia habitual y salió del restaurante.004 http://biblioteca. al fin. Había un gas. sintió una extraña sensación. Su cara estaba encendida y sus ojos despedían un extraño fulgor. Habló con la pasión y el abandono de un verdadero amante de este bello arte. A continuación. mientras se alejaba lentamente a lo largo de la calle. Eastney le miró con expresión de disculpa. En vano intentó convencerse de que se trataba solo de un delirio de su imaginación. Es tan cierto como el Evangelio. La noche era templada y. Discutieron acerca de los méritos de Yoaschbim y el joven se mostró entusiasmado.com Satterthwaite encontró en él un conversador altamente interesante. La sensación persistía. Habiéndose roto el hielo. La cara de Eastney pareció iluminarse. Brillante. contó Eastney. Su conversación ha sido por demás interesante e instructiva para mí.

sino más bien era un hombre de violentos sentimientos. alguna pista. un cuadro apareció ante sus ojos. el señor Satterthwaite había sido consciente? Hizo retroceder sus recuerdos. y solo tenía que utilizar sus ojos para asegurarse de que esto no era así. Si solo pudiese hacerle una pregunta al señor Quin. a continuación. El cuadro de Gillian West sentada sola en su apartamento escuchando el programa de radio. aquella noche. «Los hilos están todos en su mano. un opresivo presagio de una calamidad. etc.d2g. uno de los diarios de la tarde. de industrias de guerra. un hombre peligroso. ¡Los hilos! ¿Hilos de qué? Analizó fría y cuidadosamente sus propias impresiones.004 http://biblioteca. pensó. Tan fuerte era la sensación que el señor Satterthwaite resolvió cesar de luchar en su contra. de Caruso. Cerrando los ojos. Debía de haber algo en la conversación de Eastney. ¡Caruso! Los pensamientos del señor Satterthwaite parecieron saltar atropelladamente. Un hombre peligroso. Era inútil preguntarle nada al señor Quin. Sola. Aquel vago presentimiento de peligro. Algo tenía que hacer y hacerlo rápidamente. Un ruego un tanto extraño tratándose de un hombre como Philip Eastney. De lo contrario. ¿Fue una casualidad? ¿O era solo un eslabón del misterioso entramado de acontecimientos de los que un par de veces. . sentada frente al aparato.. sino que estaba solo. trató de acercarse cuanto pudo a la imagen mental de aquel hombre misterioso. Quizá hasta.com del señor Quin.» El encuentro con Philip Eastney aquella misma noche. Era como si el misterioso acompañante fuera su amigo en persona. La voz de Yoaschbim era casi igual a la de Caruso. Algo malo estaba en marcha y estaba en sus manos evitarlo. El cervatillo. Pero en el mismo momento que surgió el pensamiento en su mente supo que estaba equivocado. ¿a quién amenazaba? ¿A quién? De pronto. Una afortunada coincidencia.. Ojeó rápidamente la página en que se anunciaba el programa de Radio Londres. Aquello significaba algo.. El conocimiento exacto de la música que en aquellos momentos estaría escuchando Gillian parecía hacerle recordar la figura de ésta con mayor claridad.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. eso sería lo que acostumbraba a decirle el señor Quin. «Los hilos están todos en su mano». De nuevo sus pensamientos se agitaron con furia. más que pedirle. En él no había el menor sentimentalismo. No correspondía al hombre en absoluto. había dicho. Cantaba Salve Dimora de Fausto y. ¿por qué sentía aquella extraña sensación de apremio? ¿De qué habló? Del canto. El pez.. una selección de piezas folclóricas como El canto del pastor. Comprobó con interés que hacían una retransmisión de Yoaschbim.. El señor Satterthwaite dejó caer un penique en la faja de un vendedor de periódicos y le arrebató. El señor Satterthwaite estrujó el periódico entre sus manos.. La sensación de la presencia del señor Quin persistía junto con algo más: una urgencia de algún tipo.

las crines de tu caballo al viento. Al final de ella encontró un taxi..d2g. No entendía gran cosa de esta jerga. . de frases empleadas por Eastney en el curso de la conversación de aquella noche. entró de un salto en él y aulló una dirección al conductor con la advertencia de que de su rapidez dependería la vida o la muerte de una persona.45 la retransmisión de Yoaschbim.com Gillian estaría escuchando cómo sonaba. Había llegado a tiempo. con su agudo alarido final.. hizo cuanto pudo por complacerle. el de una especie de copa verde con una brillante esfera de cristal que quizá no estuviera vacía. La empujó y una voz de tenor pareció acoger su llegada. a una milla de distancia. Pastor. el período de resonancia propio. haciendo estremecerse las paredes y vibrar los cristales. Sabía lo que decía. Contuvo el aliento.. timbrada y potente. ¡Vibración de cristales! Caruso cantando frente a una copa de vino y esta desmoronándose bajo la acción de una simple ley física. A las 22. El chófer. Las palabras de El canto del pastor le eran familiares y recordó al punto el pasaje. a juicio de varios transeúntes. en un cuarto. El señor Satterthwaite se dejó caer sobre el respaldo del asiento con la cabeza llena de pensamientos fragmentarios. Desarrugó de nuevo el periódico.. subió de dos en dos las escaleras de piedra que le condujeron al piso segundo. de retazos de ciencia aprendidos en la escuela.. algo también acerca de la suspensión de un puente y de soldados que marchan sobre él haciendo coincidir sus pasos con los períodos de resonancia propios del puente. Fue en este momento cuando. Yoaschbim cantando en los estudios de Londres y. podría. como lo hubiese hecho un joven atleta. si el período de una vibración coincide con el período de resonancia propio. Era El canto del pastor. el tintineo que produce un objeto quebradizo al romperse. juzgándole mentalmente desequilibrado pero rico. Eastney había estudiado el tema. Pero primero venía Fausto.004 http://biblioteca. el señor Satterthwaite perdió de repente la razón. Abrió de un empujón la puerta que comunicaba con el gabinete. Era un genio. ¿hacer qué? Las ideas volvieron a girar en su mente como un torbellino.. el que podría. ¡Quisiera el cielo que llegase a tiempo! El taxi se detuvo. El señor Satterthwaite se apeó con celeridad y. en su boda he de estar presente.. La hija de Mischa se casa hoy.. repasó ávidamente el anuncio del programa y salió calle abajo como una exhalación. pero Eastney sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Sentada junto a la chimenea estaba Gillian. Resonancia. La puerta del piso estaba entreabierta. En aquel momento ya era la hora...

la arrastró hacia el descansillo de la escalera. Estaba repitiendo las palabras que Philip Eastney le había dicho mientras cenaban. no! —le dijo en un medio balbuceo—.d2g. . sin duda extraviado. No respire. mascullando palabras incoherentes. Un gato. Una inhalación y todo habría terminado. La asió de los brazos y. precisa. bien timbrada y potente que hubiese hecho enrojecer de envidia a más de un afamado tenor. Y con ella el sonido que hace un cristal al romperse.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¡No.004 http://biblioteca. con la precipitación. Gillian intentó seguirlo. entró en el apartamento de Gillian a través de la puerta que. En su boda he de estar presente. Es mortal. pero no había instante que perder. pero el señor Satterthwaite se lo impidió enérgicamente. Ya-ha! Con la última sílaba se oyó una nota aguda. había quedado abierta de par en par. Nadie sabe lo mortal que puede llegar a ser. No tiene comparación con nada que haya sido utilizado anteriormente. Gillian le miró sin entender nada.com Lo más probable era que le tomase por un loco.

Parece cosa del destino que hayamos de encontrarnos de nuevo esta noche. La atracción que el artista siente por su igual.d2g. del hombre corriente por el genial. por lo general. Una violenta justificación de su acto. —Si quiere usted llamarle destino... se alejó.. —Acabo de estar en el piso de la señorita West. —Supongo que sus razones tendrá —comentó el señor Satterthwaite. —No me extrañaría que se tratara de algún suicidio —añadió—. Hubo un breve silencio. —acabó diciendo.. —contestó el señor Satterthwaite. Eastney le miró con fijeza y su rostro cambió de expresión.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. Del sentimental por el verdadero amante. El dinero. —No —contestó el señor Satterthwaite. —Como ve. Pero no fue así. Se detuvo y añadió recalcando suavemente las palabras—: ¿Tiene usted algo que decir en su favor? Esperaba un estallido. Se encontró con un policía que se detuvo mirándole con suspicacia. El señor Satterthwaite era enemigo de circunloquios y abordó directamente la cuestión.com III Philip Eastney sacó el reloj y miró la hora. Aunque a veces se trata de una mujer —comentó haciendo gesto de marcharse—. —¿Y bien. A su pesar. Contempló unos instantes las aguas del Támesis y se volvió para encontrarse frente a frente con quien poco más de una hora antes había sido su compañero de mesa. El policía escudriñó unos instantes el río. conseguí llegar a tiempo. Durante los últimos cuarenta y cinco minutos había estado paseando a lo largo del Embankment. El señor Satterthwaite le siguió con la mirada hasta verle desaparecer confundido entre las sombras. —Hemos encontrado un gato muerto en él. —Sí.? —dijo reposadamente. sentía atracción por aquel hombre. —¿Sí? La misma voz imperturbable. Eran exactamente las once y media.004 http://biblioteca. —Es curioso —exclamo riéndose—. —No —dijo Philip Eastney. y girando sobre sus talones. Eso lo explicaría. Al fin se decidió a volver en sí y se encaminó en la misma dirección seguida por Philip Eastney. Y la culpa no es siempre . A continuación Eastney dijo: —¿Quién es usted? El señor Satterthwaite habló por algún tiempo relatando las diferentes fases de la aventura. —¿No ha oído usted algo como un chapuzón? —preguntó el agente de la autoridad. Una densa niebla empezaba a caer sobre la ciudad.

hablando para sí. pero algunas mujeres causan un montón de problemas. —Algunas mujeres —asintió el señor Satterthwaite. se sentó en el pretil confundido en la niebla y pensó en Helena de Troya: ¿No sería esta acaso una excelente mujer como tantas otras solo que dotada para bien o para mal con un rostro maravilloso? .com suya. Cuando el policía se hubo alejado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2.004 http://biblioteca.d2g.

por reconocer o creer reconocer en él al hombre de la pintura. ¿Conoce usted las obras de Bristow? Estupendas. un amigo a quien había encontrado en varias ocasiones en circunstancias verdaderamente extraordinarias. tras ella. Al entrar en las galerías. pero maravillosamente perfecta. otra figura idéntica a la anterior recortada sobre el fondo rojo de un sol naciente. ciertos fallos. Siguió su inspección. Observó su título. Sabía que no tardaríamos en verle por aquí.004 http://biblioteca. tranvías y presurosos peatones. Se llamaba El hormiguero. El cuadro se titulaba El cadáver de Arlequín. Como siempre. De pronto se detuvo ante algo que le atrajo con fuerza y le hizo contener súbitamente el aliento. —Buenos días. El cuadro llamó la atención del señor Satterthwaite por dos razones. El señor Satterthwaite se proveyó de un catálogo y cruzó la amplia arcada que conducía a un largo salón. El primer término representaba un suelo entarimado con baldosas de mármol blancas y negras. Tenía un notable parecido con el señor Quin. contemplando el espectáculo. Poseía una visión original y una técnica de lo más perfecta. Era una miniatura. las apariciones del señor Quin aportaban siempre una determinada . ¿qué quiere decir todo esto? Por las experiencias que el señor Satterthwaite había tenido. vestía atildada e impecablemente y se dirigía a las Harchester Galleries donde había una exposición de cuadros de un tal Frank Bristow. El señor Satterthwaite era un decidido patrocinador del arte. En el fondo una ventana y. La primera. pero aun éstos revelaban la genialidad del autor. con los brazos extendidos en cruz y enfundado en su vistoso traje negro y rojo.com 9 EL CADÁVER DE ARLEQUÍN El señor Satterthwaite se paseaba lentamente por Bond Street. señor Satterthwaite.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. como era de esperar. de cuyas paredes colgaban los cuadros del nuevo artista. El señor Satterthwaite se detuvo ante una diminuta pero verdadera obra de arte que representaba el Westminster Bridge con sus interminables hileras de autobuses. pero que mostraba señales de causar sensación. fue saludado de inmediato con una sonrisa de complacido reconocimiento. El señor Satterthwaite los recorrió uno por uno con gestos de aprobación. disfrutando de las caricias del astro solar. Eran acuarelas ejecutadas con una técnica y un acabado extraordinarios que les daban el aspecto de aguafuertes. artista novel y desconocido hasta aquel momento. En su centro yacía la figura de Arlequín. únicas en su clase. A su juicio. Y si no lo estoy. boca arriba. —No puedo estar equivocado —murmuró—. También tenía.d2g. el joven pintor merecía llegar lejos.

Un Arlequín muerto en el suelo y otro Arlequín mirando por la ventana.004 http://biblioteca. —No le pesará. El nombre de usted se cotiza muy alto en el mundo artístico. totalmente abstraído con el recuerdo de lo que acababa de ver. —Precisamente ahí viene. a la que contestó el señor Satterthwaite con breves y escogidas palabras. El señor Cobb consultó un catálogo. —Tengo el capricho de comprar el cuadro número treinta y nueve — dijo—. Se dirigió a la mesa que ocupaba el señor Cobb. ¿O se trataría acaso del mismo Arlequín? Continuó contemplando el resto de los cuadros mirando sin ver. —Eso siempre se dice en estas ocasiones —comentó sonriendo el aludido. un segundo motivo en el interés del señor Satterthwaite. no está vendido. El señor Cobb hizo la presentación de rigor. . había un joven corpulento y un tanto desaliñado que parecía escudriñar el mundo tras la barricada de unas cejas ferozmente fruncidas. Tenía casi la certeza de encontrarse en el umbral de excitantes e interesantes acontecimientos. Ese cuadro triplicará su valor dentro de un año. —Mencionó un precio y añadió—: Es una buena inversión. volvió a cobrar animación. como ya hemos mencionado. De decidirse usted a vender su colección. —Favor inmerecido que usted me hace —respondió el señor Satterthwaite. Había también. —Puedo darle sus señas y estoy seguro de que saltará de alegría al saberlo. —¿Es muy joven? —Creo que tiene unos veintisiete o veintiocho años. Le pagaré con un cheque ahora —decidió el señor Satterthwaite. —Me quedo con el cuadro.d2g. apoyado contra el muro. Se sentía excitado. ¡Curioso! ¡Muy curioso! Observó con más atención la pintura y trató de penetrar en la mente del autor. ¿y no tengo siempre razón? —añadió el señor Cobb—. —Me gustaría conocerlo —dijo el señor Satterthwaite—. La vida que en las primeras horas de aquella mañana le había parecido un tanto insípida. —El Salón de la Terraza de Charnley —dijo—. —Bien. Quizá querría acompañarme a cenar una de estas noches. Tenemos grandes esperanzas en Bristow. Se lo presentaré. Abandonó la mesa ante la cual estaba sentado en compañía del señor Satterthwaite hasta el lugar donde.com significación. Es una verdadera joya. señor Satterthwaite. no creo que ni un solo cuadro se vendiera por menos de lo que pagó por él.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. si no está ya vendido. —La gema de la colección —murmuró—. No. y era el de haber reconocido el lugar de la escena del cuadro. uno de los propietarios de las Harchester Galleries y a quien conocía de muchos años. Hizo ademán de retirarse pero el señor Cobb le detuvo.

—Muy bien. Es un cuadro condenadamente bueno. Lo encuentro de una extraordinaria madurez para un joven como usted. Quizá conozca usted a algunos de la familia.com —Acabo de tener el placer de adquirir uno de sus cuadros. del T.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. —¡No! —contestó Bristow—. —¡Oh. (N. ¿digamos sobre las ocho? Aquí tiene usted una tarjeta con mis señas. —Puedo verlo —replicó el señor Satterthwaite—. Se sentaron a cenar casi de inmediato. y añadió secamente tras una tardía reflexión—: Gracias. sin hacer todavía grandes esfuerzos en aparentar amabilidad. prosiguió—: Es interesantísimo ese detalle.) . Había un cuarto servicio dispuesto en la mesa oval de caoba y el señor Satterthwaite se apresuró a pronunciar unas palabras explicatorias. ¿No sé si conoce usted al señor Harley Quin? —No conozco a nadie —gruñó Bristow. Un joven con una pobre opinión de sí mismo y temeroso de que el mundo pueda compartirla. con cierta malapata—.d2g. El señor Satterthwaite hizo cuanto pudo para que la conversación se mantuviera dentro de los límites de la más estricta cordialidad. El coronel Monckton miró al artista con la misma curiosidad que hubiese mostrado en la contemplación de una rara variedad zoológica. Recuerdo haber pasado algunas temporadas en Charnley. Éstas fueron las conclusiones que estableció el señor Satterthwaite mientras salía a disfrutar de nuevo del esplendoroso sol que inundaba Bond Street. ¡En un charabán! 1 Coche descubierto con dos filas de asientos. Fui allí en un charabán1. —¡Dios mío! —exclamó el coronel Monckton por decir algo—. Este fue presentado como el coronel Monckton. Sería para mí un placer que cenara conmigo una noche de éstas. —Me interesó especialmente su cuadro porque me pareció ver en él que el argumento se desarrollaba en el salón de la Terraza de Charnley. El señor Satterthwaite rara vez se equivocaba en sus juicios acerca de los demás. aunque lo diga yo. A esa familia no le interesa gente como yo. Frank Bristow llegó a la cita cinco minutos después de la hora fijada y vio que su anfitrión y un tercer invitado ya le esperaban. no —dijo Bristow. no perderá dinero con él! —contestó Bristow. Su trabajo me interesa mucho. —Existe la posibilidad de que un buen amigo mío se presente inesperadamente. ¿Tiene usted algún compromiso para hoy? —Si le he de decir la verdad. señor Bristow. —Entonces. —se limitó a decir Bristow. El cadáver de Arlequín.004 http://biblioteca. ¿me equivoco? —Al percibir un gesto de asentimiento del artista.

Empezaban a llegar los invitados. Satterthwaite. Cuatro detentadores del título han fallecido de muerte violenta y el último lord Charnley se suicidó. —Ha sido una familia muy desgraciada —se apresuró a decir el señor Satterthwaite—. El señor Satterthwaite pensó: A menos que consiga relajar a este joven. —¿Y el hijo? . Debió de ser un rudo golpe para la pobre Alix Charnley. —Debe hacer de eso unos catorce años —comentó el señor Satterthwaite—.. Sale uno molido de ellos con los baches. Es una casa tétrica. —Es verdad —contesto Bristow. he olvidado por qué.004 http://biblioteca. Sí —prosiguió después de un minuto de silencio—.d2g. no tiene más que dos fantasmas auténticos —aclaró Monckton—. la casa ha permanecido cerrada. He estado allí solo una vez después de la tragedia. Dieron un gran baile de disfraces para celebrar su vuelta.. por añadidura. —En realidad. Hace años que no la veo. —¿Por qué no? —preguntó con una especie de aullido. El coronel Monckton le miró con enojo. y embrujada. —Pues no hay más remedio que utilizarlos cuando no se puede comprar un Rolls-Royce —dijo Bristow agresivamente. —¡Cuentos! —exclamó Bristow con burla. —Charnley me ha fascinado siempre —dijo—. Yo estaba presente cuando ocurrió. Miró con aire de reproche al señor Satterthwaite como queriendo decir: «Estas formas primitivas de vida quizá interesen a un naturalista como usted. y el de la Dama Llorosa con el aguamanil de plata que siempre es vista después del fallecimiento de uno de los Charnley. Estas cosas no son frecuentes. pero no a mí». Era una de las muchachas más bonitas que he conocido y llena de eso que la gente llama alegría de vivir. —Una horrible historia —añadió Monckton con gravedad—. la velada será un desastre. El de Carlos I que se pasea con la cabeza debajo del brazo. Desde entonces. He creído por un momento que había alguien sentado en esta silla vacía y que quería decirme algo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en septiembre de 2. ¿Decía usted? Había vuelto súbitamente la cabeza en dirección a su izquierda y luego miró al señor Satterthwaite con una sonrisa que parecía querer expresar una disculpa. Debió de ser un golpe terrible para la joven lady. —No me extraña —contestó Monckton—. —Los charabanes son detestables —añadió en voz alta—. Llevaban casados cosa de un mes y acababan de regresar de su luna de miel.com Frank Bristow le miró frunciendo el ceño. y hoy creo que es solo una sombra de lo que fue. —Debo empezar a tener delirios. El pobre coronel Monckton se quedó sin habla. Dicen que pasa la mayor parte de su tiempo en el extranjero. cuando lord Charnley se encerró de pronto en el salón de Roble y se pegó un tiro.

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—El hijo estudia en Eton. ¿Qué hará cuando llegue a su mayoría de edad? No lo sé. No creo, sin embargo, que se decida a abrir de nuevo el viejo caserón. —Podrían convertirlo en un parque de atracciones —intercaló Bristow. El coronel Monckton le miró con fría aversión. —¡Oh! No creo que piense usted en serio eso —interpuso el señor Satterthwaite—. De ser así, no hubiera usted pintado su cuadro. Tradición y ambiente son cosas intangibles. Tardan siglos en formarse y, una vez destruidos, difícilmente se consigue rehacerlos. Se levantó. —Pasemos al salón de fumar —dijo—. Tengo allí algunas fotografías de Charnley que me gustaría enseñarles. Precisamente una de las aficiones del señor Satterthwaite era la fotografía. Era asimismo el orgulloso autor de un libro titulado Las casas de mis amigos. Los amigos en cuestión habían sido exageradamente glorificados, y el mismo libro mostraba una inclinación del señor Satterthwaite por el esnobismo mucho mayor de la que le correspondía. —Esta es una fotografía que tomé del salón de la Terraza el año pasado —dijo alargándosela a Bristow—. Como usted puede ver, es aproximadamente el mismo ángulo que usted empleó en la pintura de su cuadro. En ella se ve la famosa alfombra. ¡Lástima que en la fotografía no muestre su colorido! —La recuerdo —contestó Bristow—. Un color extraordinario. Resplandecía como un ascua. De todos modos, desentonaba del conjunto y no era tampoco del tamaño requerido para una sala así de grande embaldosada en blanco y negro. Es la única de la habitación. Estropea todo el efecto. Parecía más bien una gigantesca mancha de sangre. —¿Quizá fuese esto último lo que le dio a usted la idea de pintar el cuadro? —preguntó el señor Satterthwaite. —Quizá sí —contestó pensativamente Bristow—. Su sola presencia parece traerle a uno el recuerdo de alguna tragedia que hubiese tenido lugar en la pequeña sala adjunta. —El salón de Roble —intercaló Monckton—. Ese es precisamente el cuarto encantado. Hay una especie de hornacina giratoria oculta tras uno de los entrepaños y en la que cierta vez, y al decir de la tradición, hubo de esconderse el propio Carlos I. En él ocurrieron también dos muertes debidas a otros tantos duelos, y fue allí, como digo, donde Reggie Charnley se pegó el tiro. Tomó la fotografía de manos de Bristow. —¡Pero calla...! ¡Si esta es la famosa alfombra de Bokhara! —exclamó sorprendido—. ¡Una alfombra que vale al menos un par de miles de libras esterlinas! La última vez que estuve allí estaba en el salón de Roble. Es su verdadero lugar. Queda ridícula sobre esas losas de mármol. El señor Satterthwaite miraba la silla vacía que había colocado junto a

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la suya. —Quisiera saber cuándo se cambió —murmuró pensativo. —Ha debido ser recientemente —contestó Monckton—. ¡Claro! Todavía recuerdo una conversación que sostuvimos acerca de ella el mismo día de la tragedia. Charnley decía que su verdadero sitio era una vitrina. El señor Satterthwaite meneó la cabeza. —La casa se cerró inmediatamente después de ocurrida la tragedia — prosiguió aquel— y todo se dejó tal cual estaba. Bristow intervino en la conversación con una pregunta. Había abandonado su talante agresivo. —¿Por qué se suicidó lord Charnley? —preguntó. El coronel Monckton se agitó en su silla con muestras de desasosiego. —Nadie lo supo nunca —contestó vagamente. —Supongo —interpuso el señor Satterthwaite, recalcando las palabras— que fue un suicidio. El coronel le miró sorprendido. —Claro que fue un suicidio —dijo—. Querido amigo, no se olvide de que estaba yo presente en la casa. El señor Satterthwaite volvió a mirar en dirección a la silla vacía que había a su lado y, sonriéndose como si hubiese escuchado una broma que a los otros no les hubiese sido permitido oír, murmuró quedamente: —A veces ocurre que uno ve las cosas con mayor claridad mucho después de haber ocurrido el suceso. —¡Tonterías! —explotó Monckton—. ¡Y de las gordas! ¿Cómo es posible una cosa así cuando las ideas han perdido toda precisión y son solo una masa confusa en nuestra mente? El refuerzo llegó de donde el señor Satterthwaite menos se lo esperaba. —Sé lo que quiere usted decir —dijo el artista—, y hasta casi me atrevo a afirmar que no le falta razón. Es cuestión de proporción, ¿no es verdad? Y aun quizá de algo más que de proporción. De eso que llaman relatividad. —Si me lo permite —respondió Monckton—, diría que esa cacareada teoría de Einstein es solo una pura patraña. Igual que esos espiritistas que hablan con nuestras abuelas —Dirigió una mirada feroz a su auditorio—. ¡Claro que fue suicidio! —prosiguió—. ¿No acabo de decir que prácticamente lo vi yo con mis propios ojos? —Cuéntenos lo que pasó —interpuso el señor Satterthwaite—, y así podremos conocerlo nosotros también. Con una especie de amansado gruñido, el coronel se arrellanó cómodamente en su asiento. —El suceso fue, verdaderamente, algo inesperado —empezó diciendo—. Charnley parecía hallarse completamente normal. La casa estaba llena de amigos venidos expresamente para tomar parte en el gran baile. Nadie hubiese sospechado que fuera a quitarse la vida en

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el preciso momento en que empezaban a llegar los invitados. —Hubiese sido de mejor gusto esperar al menos a que se hubiesen marchado —comentó el señor Satterthwaite. —Por supuesto —hubo de admitir Monckton—. Fue de muy mal gusto hacer una cosa así. —Impropio —añadió el señor Satterthwaite. —Exacto —asintió Monckton—. Impropio de Charnley. —¿Y aun así fue suicidio? —Sí. Y lo repito. Éramos tres o cuatro los que estábamos en el descansillo superior de la escalinata: yo mismo, la joven Ostrander, Algie Darcy y... y una o dos personas más. Charnley cruzó el salón precisamente por el vestíbulo y se dirigió al salón de Roble. La joven Ostrander dijo después que tenía la mirada vaga y la cara cubierta por una mortal palidez, pero no dimos, como es natural, crédito alguno a sus palabras, puesto que ella no podía distinguir bien sus facciones desde donde estábamos. Pero sí que caminaba muy encorvado como si el peso del mundo gravitara sobre sus espaldas. Una de las jóvenes le llamó por su nombre. Creo, si no recuerdo mal, que fue una de las damas de compañía de alguna de las señoras presentes, a quien lady Charnley había tenido la amabilidad de incluir en la reunión y que buscaba a Charnley con objeto de darle un recado. Recuerdo claramente haberle oído decir en voz alta: «Lord Charnley, la señora desea saber si...». Él no prestó atención y entró en el salón de Roble, que cerró con un portazo. Oímos cómo la llave giraba en la cerradura. Un minuto más tarde, oímos el disparo. »Bajamos corriendo en dirección al lugar de donde procedía la detonación. Hay otra puerta en el salón de Roble que da al salón de la Terraza. Intentamos abrirla, pero también estaba cerrada. Tuvimos que echarla abajo. Charnley yacía muerto en el suelo con una pistola cerca de su mano derecha. ¿Qué otra cosa podía haber sido sino suicidio? ¿Un accidente? ¡No me diga! Solo cabe otra posibilidad: asesinato. Pero no puede ser asesinato sin un asesino. Espero que estará de acuerdo, supongo... —El asesino pudo muy bien haberse escapado —sugirió el señor Satterthwaite. —Imposible. Si tuviera papel y lápiz, podría hacerles un croquis del lugar. Hay solo dos puertas en el salón de Roble. Una da al vestíbulo y la otra al salón de la Terraza. Las dos estaban cerradas por dentro, con las llaves puestas en las cerraduras. —¿La ventana? —Cerrada también y con los postigos echados. Siguió una pausa. —Y eso es todo —terminó el coronel Monckton en tono triunfal. —Así parece —contestó el señor Satterthwaite con tristeza. —Tenga presente —añadió el coronel—, que aunque hace un momento me burlaba de los espiritistas, no tengo inconveniente en admitir que había algo diabólico en el ambiente de aquella casa,

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especialmente en aquella sala en particular. Hay en sus entrepaños varios orificios de bala como resultado de los duelos que en él han tenido lugar y una extraña mancha de sangre en el suelo que siempre reaparece, a pesar de haber sido cambiado el parquet repetidas veces. Supongo que ahora existirá otra mancha. La de la sangre del pobre Charnley. —¿Había mucha sangre? —preguntó el señor Satterthwaite. —Muy poca. Según palabras del doctor, «curiosamente poca». —¿Dónde se pegó el tiro? ¿En la cabeza? —No. En el corazón. —No es el modo más fácil de suicidarse —interpuso Bristow—. Es extremadamente difícil saber dónde tiene uno exactamente el corazón. Al menos, a mí no se me hubiera ocurrido nunca hacerlo de esa forma. El señor Satterthwaite meneó la cabeza visiblemente preocupado. No estaba, por lo visto, muy satisfecho. Había esperado llegar a alguna solución, pero ni él mismo sabía cuál. El coronel Monckton continuó: —Charnley es un lugar tenebroso, aunque yo, personalmente, no he visto nada. —¿No ha visto nunca a la Dama Llorosa con el aguamanil de plata? —No, nunca la he visto —contestó enfáticamente el coronel—. Pero estoy seguro de que no habrá un solo criado de la casa que no jure lo contrario. —La superstición fue una de las plagas de la Edad Media —dijo Bristow—. Todavía existen vestigios de ella, aunque, por fortuna, está ya a punto de desaparecer. —Superstición... —musitó el señor Satterthwaite con la mirada fija en la silla vacante—. ¿No cree que, en ocasiones, la superstición pude resultar útil? Bristow le miró con sorpresa. —¿Útil? Me parece una palabra inadecuada. —Bien, espero que se haya convencido, Satterthwaite —añadió el coronel. —Oh, sí —contestó este—. Pero encuentro muy extraño... sin sentido, que un hombre recién casado, joven, rico, feliz, en el preciso día en el que celebra el regreso de su luna de miel... pero admito que hay que rendirse ante la evidencia de los hechos. —repitió en voz baja—: Los hechos... —Y frunció el entrecejo. —Lo interesante —añadió Monckton— es que jamás llegaremos a saber el misterio que se oculta tras esa tragedia. Naturalmente, circularon rumores de todas clases. Ya sabe cómo es la gente. —Pero lo cierto es que nadie sabe nada en concreto —dijo pensativamente el señor Satterthwaite. —No es una novela de misterio —dijo Bristow—. Nadie salió beneficiado con la muerte de ese hombre. —Nadie, con excepción de un hijo que todavía no