Está en la página 1de 144
Juan Manuel de Rosas IV Ciclo de Historia Argentina (Afio 1981) a cargo del Dr. Federico Ibarguren A partir del 3 de Julio, todos los Viernes a las 19 horas. I — 1834: el programa politico dela ‘Hacienda de Figueroa” (carta del 20/12). Con- secuencias del asesinato de Quiroga. La Suma del Poder Publico. El Plebiscito de 1835. Rosas en el poder. Su concepto del federalismo eriollo. Centralizacién politica y autonomias provinciales. El proteccionismo economico: la ley de Aduanas de 1835, Rosas y los gobernadores provinciales de la Confederacion. La intriga unita- ria intervencionista. Alberdi y Lavalle con Francia. 1840: el tratado Mackau- Arana La politica interna de Rosas. La Tierra Publica. El sistema financiero, El Na- cionalismo de Rosas, 1847: el atraco chileno en Magallanes. La cuestién Orien- tal y la Soberanja defendida sin “‘pacifismos' La Dictadura Tradicionalista contra la disgregacién y el desorden. La “‘quinta columna”’ antiargentina en Montevideo. Urquiza y él Brasil. La cultura en la época de Rosas Nota: La bibliografia pertinente sobre cada uno de los temas del programa la sumi- nistrard el Dr. Ibarguren durante el desarrollo de sus clases. Centro de Estudios Nuestra Sertiora de la Merced Talcahuano 893, 3er. P. Editorial A opinién publica esta suficientemente informada acerca de los acontecimien- tos registrados én Chile en tomno ala de- tencién y posterior enjuiciamiento de dos oti- ciales argentinos en el territorio vecino y no creemos necesario pormenorizar sobre ellos. ST interesa, en cambio la reaccién de nuestro pais, mas concretamente de su gobierno y, con més certeza aun, del Ejército. La Nacion ha dejado atrés a esa especie de atonja, maldita atonia, que la paralizaba ante las. provoca- ciones y fastidios con que la “hermana’” re- publica occidental suele integrar su politica externa respecto de la Argentina. Este primer paso; casi inédito en la actual administracion militar, equivale a un acto inaugural en el enfrentamiento més que centenario. Chile no hizo hasta ahora —antes y después dela mediacién papal, sino crear este tipo de incidentes, especulando con la pasivi- dad argentina. Pasividad que reaparecia una y otra ver después de cada provoca- ion. Por supuesto —y esto lo demuestra la_memoria historica— Chile no se. apa- ciguaba' mi siquiera con el triunfo. diplo- matico —nunca militar— y, con una ima- ginaci6n ciclica, la cancillerfa transandina (0 mas probablemente, los estados mayores de sus Fuerzas Armadas) tormaba a forzar un nuevo enfrentamiento, por fugaz o Tatil que fuera, Siempre se contaba'con un canciller de tumo, décil y eficaz, munido del debido dni- mo pacitista, que le permitiera a los “halco- nes” de Santiago anotarse otro punto a su fa- vor. Cuando no se tuvo a tiro a un personaje asi se dispuso de algun Cardenal 0 de.algin Nun- cio que empantanara la reaccién argentina ‘0 diluyera nuestra indignacion. Lo cierto es que la Argentina siempre tropez6 con una expresa debilidad interna para responder y para ubicar- se frente a Chile. Pero. nuestros jefes militares, algunos de entre ellos, han adquirido conciencia histérica ¥.no parecen dispuestos a prolongar esta pasi- vidad cada vez:mds notoria, cada vez mds complice y-cada vez mas suicida. Uno de ellos es'el Comandante en Jefe del Ejézcito que, en forma casi publica, ha decidido asumir, ante el ‘pais todo, la responsabilidad de detener a Chi- Te. i Esta respuesta fue tan enérgica como medi- a, tan inmediata como necesaria. No podia esperarse de ella un resultado satisfactorio automatico pero, en cambio, le proporcioné a ‘nuestra politica exterior una fuerza y una ini- ciativa de las que, por cierto, careci6 hasta e5- fe momento. ae La reaccién del teniente general. Galtier’ produjo un efecto desencadenante en los de- mds centros de poder en que se Eongone ya ‘descompone el Proceso (hasta llegar a hacerse inextricable). La espada, una‘ vez mds, le mar ¢6 el camino al politico y al técnica. El Poder. Fiecutivo no pudo menos que acompasar sus movimientos al ritmo que le imponia el Ejérci- to, erigido no sélo en custodio de Jas fronteras — sino en disefiador del comportamiento. na- ional cuando se estaba a punto de someter al pais, una vez mds, a una humillacién exaspe~ rante e injusta De esta manera, el fjército argentino deses- timé los melindres y-las falsas prudencias'y los pudibundos llamamientos a la paz; se sobré- ‘puso a los enemigos interiores. —encarnados en Jos recitadores escolares de discursos, invo-. caciones y convocatorias de una amistad des- mentida paso a paso por la historia— y, en fin, se liber del complicado tejido de intereses “creados que asfixiaba el corazén del pais, asestando la respuesta conveniente y propor: Gionada a Ia injuria. Pero este gesto no debe quedar aqui, Debe prolongarse en el futuro como el recurso ido- neo para dar fin a la audacia y.a la astucia araucanas, que se erizan y exacerban en pro- porcién inversa a la incuria argentina, Esta res- puesta, multiplicada y actualizada cada ver que sea necesario, impondrd tun giro coperni- cano al “conflicto pendiente’’ y hard madurar, simulténeamente y para bien de todos, 2 am- bos paises. Chile asi sabra que sus atropellos no quedaran' més impunes y que tendran res- puestas condignas que no consistiran ya en e) © silencio o la indiferencia 0 el desconcierto. ¥ a Argentina aprenderd, por su parte, lo que. ella misma es capaz de hacer a poco que el po- det militar la arranque de su medianta y le pro- ponga actitudes menos conciliadoras y mas realistas, ©