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21 de febrero de 2013

Reportaje

La Ciudad de los Niños: pensar en pequeño, actuar a lo grande
• Un galardón de la ONU da el espaldarazo a La Ciudad de los Niños, un grupo de trabajo de Acción Educativa que lleva 14 años reivindicando que el ámbito urbano sea un espacio para los menores, y que en él tengan poder de decisión
SARAY MARQUÉS ¿Qué ciudad les vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Qué va a ser de ellos? Quizá haya que empezar por replantear estas preguntas, por pensar en los niños como ciudadanos con sus derechos y deberes, y no solo como proyectos de, y en construir un hábitat que todos podamos disfrutar desde ya, en lugar de teorizar sobre urbes del futuro. Eso al menos plantea el grupo La Ciudad de los Niños, que se inserta dentro de Acción Educativa, y que lleva más de 14 años concienciando de que una ciudad buena para los niños es, a la postre, buena para todos. Naciones Unidas acaba de reconocer su iniciativa, concediéndole el Premio Internacional de Dubái a las mejores prácticas para mejorar el entorno en que vivimos, junto a otras 11 propuestas de todo el mundo, entre las que hay desde iniciativas relacionadas con los derechos de la mujer (Kenia) o con una vivienda digna (Burkina Faso) a un plan de mejora sanitaria de los mercados rurales (Camboya) o de promoción de la actividad física y el deporte (Portugal). Las 12 prácticas reconocidas han sido elegidas entre 400 candidatas, 60 de ellas españolas, de las que cinco quedaron finalistas. Con motivo de este galardón, cinco representantes del grupo reciben a ESCUELA en la sede donde se reúnen todos los martes por la tarde, en el barrio de Usera de Madrid. Entre ellos, Fidel Revilla, catedrático de Geografía y coordinador, que explica cómo surgió la idea: “Fue en 1997, cuando el pedagogo –o casi podríamos decir niñólogo italiano– Francesco Tonucci presentó en Acción Educativa su libro La Ciudad de los Niños. Hasta entonces habíamos tenido un grupo de Sociales que había abordado distintos aspectos relacionados con la ciudad, con actuaciones como Madrid para los Niños o Madrid para la Escuela, pero Tonucci nos motivó a ir más allá: de la ciudad para los niños a la ciudad con los niños, de los niños; de la escuela al Ayuntamiento, a la gente…”. Fidel Revilla es hoy, junto con Jesús Martínez Burgos, el único miembro fundador que queda en La Ciudad de los Niños, que contó en sus orígenes con figuras como el teólogo Enrique Miret Magdalena o la editora y referente de la literatura infantil y juvenil, Felicidad Orquín. La composición del grupo ha ido mutando, y hoy lo conforman 12 voluntarios entre los que hay profesores universitarios como Ramón Lara (del área de Educación Ambiental en la Universidad Complutense), maestras jubiladas como Consuelo Uceda (directora además

del Colegio La Navata), educadoras sociales como Diana Ponce, maestras como Ana Merino; pero también biólogos, ingenieros forestales, profesores de Secundaria… Con un rango de edades muy amplio, algunos tratan con niños día a día, pero aún ni se plantean ser padres, otros sí lo son, otros son ya abuelos… Las tres patas sobre las que se asienta su iniciativa son las experiencias en entornos concretos, los encuentros bienales para llamar a la sociedad a reflexionar sobre la relación infanciaciudad y generar documentación, y la participación infantil, con propuestas como los Consejos de Niños. Dentro de la primera, pueden firmarse convenios con ayuntamientos, como ha ocurrido con el de Galapagar, que se ganó el título de Ciudad de los Niños, o con el de Madrid, dentro de la iniciativa específica Madrid a Pie, camino seguro al cole, que promueve que los niños cubran solos, con la colaboración del entorno, este trayecto. Pero la mayor parte de las veces no hay contratos de por medio y la labor del grupo es de sensibilización: muestran a las instituciones otra forma de hacer ciudad y les dejan autonomía. “Nuestro modelo es contaminador, y aunque trabajamos directamente en la Comunidad de Madrid, se informa a todo el que esté interesado; así se producen sinergias, retroalimentación; pero no somos imprescindibles, les dejamos andar solos”, explica Revilla. Este papel de impulsores se aprecia bien comprobando cómo a las primeras ciudades que se adhirieron a sus propuestas (Galapagar, Madrid, Móstoles, Leganés, Rivas, Fuenlabrada…) se han ido sumando

otras muchas, ampliando el área de influencia: Villamayor (Salamanca), Tarancón (Cuenca), Talavera de la Reina (Toledo), L’Hospitalet y Súria (ambas en Barcelona), diversos municipios asturianos, alguno portugués… Poblaciones que, aunque Revilla insista en que no es lo prioritario, quizá algún día conformen una red ibérica de La Ciudad de los Niños, al estilo de la italiana o la argentina. NIÑOS CON GAFAS DE ADULTOS De momento, cada una de ellas intenta contrarrestar la corriente de opinión dominante. “La mentalidad urbana es contagiosa, y se convierte en obsesión. Además, no es solo propia de las grandes ciudades. Nos encontramos con localidades de 10.000 habitantes en que los padres llevan a sus hijos a clase en coche o de la mano. No confían en su capacidad de autoprotección y así se lo transmiten al niño”, plantea Revilla. Desde luego, este efecto contagio se aprecia en algunas de las respuestas de esos chavales cuando se les pregunta cómo les gustaría que fuera la ciudad. La mayoría, incluso en los pueblos más pequeños, quieren tener un centro comercial grande. ¿Fruto del afán consumista que les han inculcado sus mayores? “Sí, pero si ahondas un poco más, te dicen que no tienen ningún lugar de reunión, que allí se está calentito… que es seguro, porque hay seguratas, no como el parque, donde van los macarras…”, relata Diana Ponce. Mito adulto número uno:“La ciudad es un lugar peligroso”. Consuelo Uceda habla de cómo las otras abuelas no quieren ni oír hablar de que sus

nietos vayan solos al cole… porque “a los niños los raptan”. “Y aquí gran parte de culpa la tienen los medios de comunicación (protagonistas del VII Encuentro de La Ciudad de los Niños, celebrado en marzo pasado en La Casa Encendida), bastante sensacionalistas al abordar la temática infantil, poco vendible si no es para hablar de accidentes, secuestros… que, entonces sí, se tratan hasta la extenuación, rozando el sensacionalismo”. Son también los medios los que tildan de catástrofe la obesidad infantil, al tiempo que emitían hasta no hace mucho un anuncio que a Revilla le ponía los pelos de punta: aquel en que un grupo de niñas espera a sus padres a la salida del colegio. Entre ellas, una parece un poco desplazada con respecto al resto… hasta que llega su padre, o el coche de su padre, a buscarla. Es el más grande de todos. La niña ha ganado. Ramón Lara habla de esos niños que ven el mundo desde las ventanas del coche de su padre o de su madre, sin necesidad.“Ya no estamos hablando de grandes ciudades donde existen alternativas como el transporte público, sino de pueblos en los que andas siete minutos en una misma dirección y estás en el campo… Incluso allí los padres llevan a su hijo en coche, lo que perjudica la salud del menor, al medio ambiente y a la economía familiar, pero es una cuestión de estatus, un tic de nuevos ricos”, asevera. Las investigaciones lo corroboran: en las clases sociales más altas la autonomía del menor decae. Así es como las ciudades han especializado sus espacios, con zonas exclusivamente residenciales, especí-

ficamente comerciales… lo que para Lara supone un derroche de recursos y el fin de la ciudad como lugar de convivencia, transformada en un lugar de paso. “De paso y a menudo bastante inhóspito, pues cuando paseo con mis nietos por su urbanización veo muchos letreros de Seguridad 24 horas, pero es seguridad para quienes están dentro de sus casas; yo no me siento segura. Me pregunto quién me auxiliará si nos pasa algo…”, confiesa Uceda. Frente a esto, Lara parafrasea a Sabina, reivindicando: “Que no te quiten el bar de la esquina…”. Porque, en realidad, no es la niña del anuncio la que ha ganado, sino el coche de su padre. La niña ha perdido la oportunidad de ir hablando de sus problemas con sus compañeros camino al cole, de ir ganando autonomía y haciendo frente a posibles peligros poco a poco, de tener que ir a pedir ayuda en un comercio si se siente en apuros o necesita un vaso de agua, de disfrutar del olor delicioso de esa panadería que queda de paso… “El niño que va andando a clase no llega dormido. Algo tan simple como esta acción no solo transforma la ciudad, sino la mente del menor”, asegura Revilla. Pero, para ello, insisten en el grupo, no solo hace falta la implicación de los agentes externos (Ayuntamiento, policía, comercios colaboradores…) sino que es clave que el profesorado y la familia quieran. En total, desde 2007, 21 centros se han adherido a Madrid a Pie, beneficiando no solo a aquellos que van solos, sino a los padres de los niños que van en coche, al acabar en muchos casos con las aglomeraciones asociadas a la entrada al colegio.

FOTO: TERESA RODRÍGUEZ

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reportaje
fico, cómo remodelar una plaza, cómo arreglar el barrio… Así, por ejemplo, contribuyeron con sus ideas a mejorar la nueva Plaza de la Constitución de Galapagar.“Es divertido, pero no es un juego. Hay que plantear muchas propuestas para que al menos se tenga en cuenta alguna, hacer maquetas, convocar al concejal de Urbanismo, bajar a la plaza si es necesario, elaborar las actas… “, enumera Uceda. Con frecuencia, los niños se quejan de lo mismo: de que los cruces no están bien señalizados, de que las aglomeraciones de adultos a la entrada de los colegios les dificultan la visibilidad, de que no hay fuentes para beber, de que están desapareciendo los bancos, de que sus colegios son muy grises… A veces sus sugerencias de cambio prosperan, como en el entorno del Colegio Ignacio Zuloaga de Madrid. A ellos hay que agradecer que la acera sea más ancha ahora o que haya pasos de peatones elevados y bancos. Además, aparte de la señal de tráfico que alerta de que se trata de una zona escolar, distintas marcas de colores en el suelo indican el camino al cole desde distintos puntos. En otros casos, como en el del Colegio Rufino Blanco del barrio de Chamberí de Madrid, donde los niños aspiran a poder ir al cole en bici, se consiguen mejoras, pero no se logra el objetivo completo.“Querrían un carril bici, y que los semáforos duraran más tiempo en verde, pero se encuentran muy condicionados por su entorno, una zona con importantes arterias comerciales, y sus intereses chocan de bruces con otros que se tienen más en consideración”, describe Ana Merino. “En cualquier caso, les hace sentir bien probar que pueden hacer cosas solos, con sus amigos, y en su toma de decisiones no son nada egoístas; piensan no solo en lo que es bueno para ellos, sino en lo que es bueno para los adultos también”, remacha Diana. “Y si han participado, respetarán más la obra resultante. Yo lo veo en Albacete, donde los presupuestos son participativos y son los vecinos los que deciden dónde va un parque, y no el alcalde. Es notable el grado de conservación con respecto a los de otras ciudades de España. Todos lo sienten como algo suyo…”, agrega Ramón Lara. “¡El 6 de marzo!”, exclama Ana. Mientras realizamos esta entrevista, un mensaje confirma la fecha de entrega en Dubái del premio de la ONU. En principio, irán a recoger el galardón, dotado con 30.000 dólares, Fidel y Gabriel Rosa, pero se plantean que vaya también alguna chica. A la vuelta, empezarán a trabajar en el próximo encuentro, previsto para 2014… siempre con el foco en los niños, que hoy no han asistido porque están en clase, pero que también acuden a los encuentros para aportar sus puntos de vista. Las investigaciones aseguran que en los últimos 25 años los chavales han perdido tres años de libertad (ya no juegan en las calles, ya no van a hacer los recados, ya no van solos a clase…), y La Ciudad de los Niños pretende que se revierta esta tendencia. Con su participación. No hay ni un segundo que perder.

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Son iniciativas que los propios niños piden. “Recuerdo un chico de Segovia (donde funciona De mi escuela para mi ciudad) que decía que prefería ir solo, entre otras cosas, porque llegaba a la hora, mientras que si iba en el coche con su madre se tenía que pintar, olvidaba las llaves… y siempre acababa llegando tarde”, bromea Revilla. Más allá de la puntualidad, los niños piden autonomía. Con límites, pero autonomía. En esto se diferencian estos caminos al cole de otras propuestas igualmente elogiables, como el Pedibus (en marcha en San Sebastián y diversas ciudades de Cataluña), en que un grupo de niños va a pie a clase acompañado por un adulto: se pretende ir un paso más allá. AUTÓNOMOS Y PARTÍCIPES “Les gusta ser escuchados, que se les haga caso en parte de sus propuestas, pero como criticaban en el Segundo Encuentro de Consejos de Participación Infantil y Adolescente celebrado en Málaga el pasado noviembre, algunos alcaldes les usan solo para hacerse la foto”, relata Ana Merino. Formados en la mayor parte de los casos por alumnos de 5º y 6º de Primaria (de 10 a 12 años), pero abarcando en algunos casos incluso desde 3º, los Consejos de Niños son el órgano participativo por excelencia con que cuentan los menores. Con reuniones periódicas (una hora al mes en el peor de los casos, una hora y media cada 15 días en el mejor), abordan aquello que les preocupa: cómo aliviar el trá-

FRANCESCO TONUCCI. PSICOPEDAGOGO

“Espero mucho de la crisis”
Francesco Tonucci (Fano, 1941), miembro del Consejo Nacional de Investigación italiano, motivó el nacimiento del grupo La Ciudad de los Niños, inspirado en La Città dei Bambini que él había puesto en marcha en su ciudad natal en 1991. Aparte de la obra que ahonda en esta experiencia, ha escrito Cuando los niños dicen: ¡basta! o Frato, 40 años con ojos de niño (Graó). Precisamente el acrónimo Frato es con el que lleva desde 1968 dibujando viñetas con una gran capacidad profética, aunque lamenta que esas realidades sigan vigentes hoy. Una de ellas ha sido el motivo elegido por la plataforma de Madrid en Defensa de la Educación 0-6 para las camisetas que han lucido en sus reivindicaciones. Niños que van en carrito hasta los 5 años y en el coche de papá o mamá hasta la universidad… ¿A qué aberraciones nos enfrentamos hoy en la relación de los niños con la ciudad? Muy fácil: los niños han desaparecido de la ciudad, que ha considerado correcto que las categorías más débiles no estén presente en su vida pública. Y no son ciudades tan grandes. Hoy tenemos localidades pequeñas en las que es difícil ver a un niño de 6, 8 o 9 años paseando. Tampoco hay espacio para las personas en silla de ruedas o muy viejas. Yo considero que es un efecto del desarrollo en las últimas décadas, remontándonos a la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces se pensó no en todos, sino en un ciudadano fuerte, un hombre adulto trabajador, y se estableció el dominio de los coches en la ciudad, pues son el juguete preferido de ese ser. Como consecuencia, las ciudades están hoy más al servicio de los coches que de las personas. Por otra parte, las condiciones sociales no han cambiado mucho en los últimos 30 años, no hay más delitos, los accidentes de tráfico van reduciéndose poco a poco… El peligro baja, pero el miedo crece. Y esto tiene efectos fatales, pues impide vivir a los niños experiencias fundamentales para su salud física y su desarrollo mental, como son ir descubriendo el mundo poco a poco, maravillándose con lo que se encuentran en torno a su casa, y les priva esos riesgos al vivir siempre frente a los adultos, vigilados por los adultos, con lo que acumulan un enorme deseo de transgresión. ¿La culpa de todo la tiene la sobreprotección? Lo decía el periodista Carles Capdevila y comparto su análisis. El problema es de la siesta que se echan los padres. Los primeros años, están muy preocupados por si sus hijos duermen, si dejan la teta, si empiezan a andar, a hablar, si dejan el pañal… Están todo el tiempo esperando que ocurran cosas. Pero al concluir esta primera etapa dejan de interesarse hasta llegar a la adolescencia. Entonces quieren que vuelvan a la hora, saber si fuman, qué hacen con sus amigos… Yo creo que la preocupación debería ser un poco todos los días, para no sufrir demasiado después. De la sobreprotección me inquieta sobre todo el conflicto familia-escuela, que por primera vez en la historia los padres hayan dejado de ser aliados y hayan pasado a estar en contra. Pero esta sobreprotección, esta pérdida de autonomía de los menores, quizá no es tan alarmante en países como Italia o España… Está a punto de presentarse una investigación, liderada por el británico Hillman, al respecto. Lleva 40 años analizando la evolución de la autonomía de los menores. Y ha obtenido como resultado que la autonomía de un niño de Primaria en los 70 en Reino Unido era del 80%. En los 90, del 30%, y hoy, del 26%. En Alemania, por ejemplo, aun hoy es del 70%... pero en Italia, ¡del 7%! No sé cómo estará España, pero me temo que próxima a Italia… Le ocurre a los países que llegan tarde. La voluntad del recién convertido es muy fuerte. Así, en Italia menos de la mitad de chicos de 12 a 14 años van solos a la escuela. Y esto es fatal, porque al año siguiente tendrán moto… sin una experiencia previa de bici. La primera causa de muerte hasta los 26 años en Italia son los accidentes de moto. ¿Cómo trabajan para revertir esta situación? Con iniciativas como Madrid a Pie, que fomentan la autonomía, y están alcanzando un alto grado de adhesión. En Italia, las escuelas que lo implantan como programa están logrando que más de la mitad de los alumnos de Primaria vayan solos, mientras que otros proyectos como el Pedibus solo logran un 20% de adhesión. La relación con el grupo español es de gran amistad y confianza, y nos llena de orgullo el premio que acaban de recibir. Me gustaría que algún día se creara una red española de ciudades, como se ha logrado en Argentina, en la provincia de Santa Fe, con más de 40 ciudades y un laboratorio latinoamericano. En total, las Ciudades de los Niños son unas 200: la mitad en Italia, una veintena en España y el resto en Latinoamérica. Es difícil, porque la fuerza y la debilidad de este proyecto es que confía en la política, y la política es frágil, pero creemos que para lograr el cambio hay que convertir a los que

tienen poder y recursos para el cambio. Es cierto que a veces varía el signo del partido del poder y el proyecto se va al garete, pero en Buenos Aires el gobierno de izquierdas dio paso al de derechas y La Ciudad de los Niños se mantuvo e incluso se fortaleció. En la ciudad de Fano, donde surgió la iniciativa, lleva en pie más de 20 años… Y la crisis, de algún modo, ¿puede ayudar? Espero mucho de ella, porque la ciudad que los niños piden cuesta mucho menos. Ellos no quieren parques temáticos, sino salir de casa y jugar en la ciudad, crecer en ella y que ella crezca con ellos. Dice que este premio lo siente como suyo, pero además ha habido otros… Sí, en 2004 la ONU reconoció a Rosario como la ciudad latinoamericana mejor gobernada por su Administración, su sistema de salud pública y su proyecto La ciudad de los niños. Fano también ha recibido varios premios. En otras ocasiones se me ha reconocido a mí como representante de La Città dei Bambini.

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