Está en la página 1de 125

El poder

de las redes

Manual ilustrado
para personas,
colectivos y empresas
abocados
al ciberactivismo

David de Ugarte
El poder de las redes
David de Ugarte
Índice

Información general sobre este libro
Qué puedes hacer con este libro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Qué no puedes hacer con este libro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Créditos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8

Sobre el autor
David de Ugarte, pescador de nombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Prólogo
Lógicas, ontología y disidencia de y en la blogsfera . . . . . . . 13

El poder de las redes
¿De qué habla este libro? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Observe las líneas de puntos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
Brevísima historia de las redes sociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
De la pluriarquía a la blogsfera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
Mumis y efectos red . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51
La primavera de las redes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
Ciberactivistas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
Épica y lírica en el relato de los blogs . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Ciberturbas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
Una definición y dos modelos de ciberactivismo . . . . . . . . . . 85
Ciberactivismo para activistas de la vida cotidiana . . . . . . . . . 87

5
Las empresas como caso particular . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
Contextopedias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
La Web 2.0: una verdad incómoda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Las oligarquías participativas de la Web 2.0 . . . . . . . . . . . . . 113
¿Hacia dónde apunta la Web 2.1? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
Pensando diferente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121

6
Información general
sobre este libro

Qué puedes hacer con este libro

Este libro ha sido escrito por David de Ugarte, quien hace
entrega de él al Dominio Público.
Puedes, sin permiso previo del autor, copiarlo en cual-
quier formato o medio, reproducir parcial o totalmente sus
contenidos, vender las copias, utilizar los contenidos para
realizar una obra derivada y, en general, hacer todo aque-
llo que podrías hacer con una obra de un autor que ha
pasado al dominio público.

Qué no puedes hacer con este libro

El paso de una obra al dominio público supone el fin de los
derechos económicos del autor sobre ella, pero no de los
derechos morales, que son inextinguibles. No puedes atri-
buirte su autoría total o parcial. Si citas el libro o utilizas
partes de él para realizar una nueva obra, debes citar
expresamente tanto al autor como el título y la edición. No
puedes utilizar este libro o partes de él para insultar, inju-

7
riar o cometer delitos contra el honor de las personas y en
general no puedes utilizarlo de manera que vulnere los
derechos morales del autor.

Créditos

La presentación del autor ha sido escrita por Pedro Martín
(http://diversiones-pmart.blogspot.com).
El prólogo ha sido escrito por Juan Urrutia
(http://juan.urrutiaelejalde.org).
El poder de las redes (del que existe un apéndice titu-
lado Breve historia del análisis de redes, accesible en
http://www.deugarte.com/gomi/historia_del_analisis_de_
redes_sociales.pdf) ha sido escrito por David de Ugarte
(http://deugarte.com).
Las ilustraciones de este libro están también bajo
dominio público. La primera fue realizada por Rodrigo
Araya (http://puntogov.blogia.com) a partir de un grafo
original de Paul Baran. La segunda es creación exclusiva
del mismo autor. Y la tercera es una fotografía realizada
por David de Ugarte en Madrid.
La corrección de este libro es obra de Yolanda Gamio
(http://algarabia.blogia.com).
La maqueta ha sido realizada por Teresa Dedéu.
La portada, también bajo dominio público, es obra de
Fernando Díaz (http://blog.fmdwebdesigner.com).

El isbn de la edición electrónica es 978-84-611-8873-4

8
Sobre el autor

David de Ugarte, pescador de nombres
por Pedro Martín

Cómo hablar de David, ahora que lo he reencontrado en
forma virtual después de algunos años, sin hablar de
recuerdos, sin parecer lo que soy en el fondo, alguien en
plena cuarentena que comienza a contar batallitas. Sin
recordar la foto, que creo que conservo, en la que sale en
compañía del comandante, o la de aquella legendaria
cubierta «F». O aquella llamada de teléfono preguntando
por su querido perro de aguas.
Qué decir de este personaje hecho a sí mismo, polié-
drico, sorprendente y al tiempo contradictorio. Hablaré,
pues, sólo de una parte, de David como «pescador de
nombres», algo siempre necesario en tiempos cambiantes.
Y para ello comenzaré hablando de mi referente natural, la
arquitectura.
En ¿Quién teme al Bauhaus feroz? (From Bauhaus to
Our House), acidísimo y muy recomendable, Wolfe se
refiere a Le Corbusier como constructor de conceptos,
más que de obras reales. Y es cierto que Le Corbusier
tiene una obra no demasiado amplia, frente a lo prolífico
de Wright, por ejemplo. Sí era capaz, sin embargo, de des-

9
tilar sus ideas en conferencias y exposiciones de una
manera que nunca el maestro californiano logró con sus
escritos. De hecho, Wolfe señalaba cómo Wright les decía
con ironía sus colaboradores: «Bueno, ahora que ha termi-
nado una casa, escribirá cuatro libros sobre ella».
Por supuesto, los conceptos arquitectónicos propues-
tos por Le Corbusier no eran necesariamente más profundos
o válidos que los de Wright, Mies o Aalto; correspondían
únicamente a su modo personal de entender la arquitectu-
ra. Sin embargo, Le Corbusier sí era especialmente brillante
en su manera de extraer la esencia de cada concepto y darle
«forma de palabra». Con ello, cada idea que flotaba por
entonces en la mente colectiva de la profesión tenía de re-
pente una palabra asociada, un término con el que referirse
a ella: maison domino, inmeubles-villa, «trazados regulado-
res», los cinco puntos (pilotis, toit-terrasse, plan libre, faça-
de libre y fenêtre-bandeau), modulor, unité d’habitation. Su
valor no radica necesariamente en el concepto, sino en la
palabra, la herramienta para referirse a él. Le Corbusier
era, ante todo, un «inventor de herramientas dialécticas».
David de Ugarte, en su dinámico y enriquecedor blog,
se muestra como un inquieto buscador de ideas, de nue-
vas conexiones, pero por encima de todo es un «pescador
de nombres», como lo era el arquitecto suizo; nos aporta
herramientas para que podamos hablar, compartir, relacio-
nar, construir. Las ideas que nos trae pueden haber sido
creadas recientemente o ser conceptos de hace tiempo;
no importa, la novedad es la palabra que los define, la
herramienta de cambio. Desde hace decenios existe la
mecanización asistida por ordenador, el CAM, capaz de
crear objetos con instrucciones sencillas. Pero no conocía-
mos la palabra fabbing, que nos trae David, y que anda
ahora en boca de todos. Spime, devolución, mumi, pala-
bras que existían, pero que pasan, gracias a David, a con-
cretarse y formar parte de nuestra blogsfera particular.

10
De ahí que resulte tan interesante su Contextopedia,
en la que se reúnen todos esos nombres, esas etiquetas,
con definiciones eternamente cambiantes. Me costó un
tiempito acostumbrarme a teki, ubuntu, ciberpunk o hac-
ker. Ahora, mientras sigue desarrollando ese inventillo
genial cuyo nombre suena a protagonista de Friends, sé
que sigue pescando o moldeando para nosotros las pala-
bras que nos servirán para hablar de la Web 2.1. David de
Ugarte, nuestro «pescador de nombres».

11
Prólogo

Lógicas, ontología y disidencia
de y en la blogsfera
por Juan Urrutia

De la generación de los videojuegos, usa la tecnología
digital como cualquiera de nosotros el lenguaje: piensa en
él, no sobre él, sino en su seno, en él. Economista por
estudios oficiales, aficionado al arte con estudios extra-
oficiales sobre su historia, quizá hubiera querido ser epi-
demiólogo, pero se ha convertido en un emprendedor
después de ser un devorador de ciencia-ficción y un
reportero de revoluciones. Es un habitante de la blogsfera
a la búsqueda de su sitio en ella que nos informa sobre su
desarrollo y que sólo de vez en cuando solidifica la fluidez
de su pensamiento en un libro que acaba disolviéndose
en una nueva corriente vivificadora de exploración de este
nuevo mundo.
Tengo la sensación de que esta vez tenía necesidad de
hacer un breve alto en el camino de la exploración y con-
tarse a sí mismo la línea principal de su pensamiento, una
línea que resulta diáfana. La arquitectura de la información
y la comunicación condiciona y determina la estructura del
poder político o económico, y este poder, de uno u otro

13
tipo, deja de serlo ante el empuje imparable de la prolife-
ración de redes y de su creciente densidad, que abocan a
un mundo nuevo en el que la lógica implacable de la esca-
sez, responsable de tanta miseria material e intelectual, se
transforma de manera radical, permitiéndonos vislumbrar
ese lugar diferente y nada tranquilizador que, sin embar-
go, nos atrae sin remisión.
Si se me permite una extraña recomendación, yo
empezaría la lectura por el apéndice disponible online1,
donde aparecen las referencias genéricas que animan el
discurso. Su contenido no es fácil de asir, pero difícilmen-
te se encontrará un resumen mejor de las mismas ni un
mejor estímulo para iniciar la lectura desde la página pri-
mera. La distinción de Baran entre las tres formas de red
es crucial. La centralizada y la descentralizada son árboles
con menor o mayor número de niveles jerárquicos, mien-
tras que la distribuida es como una enredadera. En las dos
primeras formas arquitectónicas sólo hay una manera de
unir dos nodos cualesquiera, mientras que en la distribui-
da con forma de enredadera o rizoma hay muchas formas
alternativas de hacerlo, lo que le dota de una resistencia
enorme a las tensiones de ruptura o a los ataques de cual-
quier naturaleza. Esta arquitectura distribuida conforma
una pluriarquía (o poliarquía), cuyo ejemplo más vívido es
la blogsfera o red de bitácoras, mientras que las otras dos
arquitecturas son dos ejemplos de jerarquía. En términos
de economista, estas dos últimas corresponden a una
economía centralizada o a un conjunto de monopolistas
rivales, respectivamente, y la primera, a la competencia
perfecta. En esta última habita el hacker y en aquellas el
dictador benevolente o los llamados enfáticamente capita-
nes de empresa.

1 http://www.deugarte.com/gomi/historia_del_analisis_de_redes_soci
ales.pdf

14
Quizá los párrafos más bellos de un libro que no deja de
ser analítico sean los dedicados al canto a ese avatar del
hacker que es el mumi. El hacker representa la superación
de las distinciones entre el trabajo y el ocio y entre retribu-
ción y reputación. En un mundo en el que la información y
el poder fluyen por una red distribuida, la abundancia es
más relevante que la escasez e impone sus figuras retóri-
cas. Lo importante no es ciertamente la remuneración, sino
la reputación de saber conducir sobre este terreno, y el ori-
gen del poder no está en el secreto, sino en su divulgación,
no en atesorar, sino en el regalo gratuito, en el potlach de
ideas. De ahí que el poder y las rentas inmerecidas que le
suelen acompañar sean muy volátiles, de forma que un
mumi puede ser sustituido mañana por otro más munifi-
cente y la forma en que esa sustitución tiene lugar es
mediante el incremento de enlaces entre nodos.
Es justamente esa dinámica de sustitución de mumis la
que va tejiendo la red distribuida al tiempo que se aprove-
cha de ella para proporcionar gratuitamente abundancia
de ideas. Es justamente esta proliferación imposible de
contener la responsable de que aparezca un recelo intui-
tivo hacia las redes sociales distribuidas. Se trata del refle-
jo censor que todo defensor del orden, paralizado por el
miedo, tiene y cultiva como aparente garantía de seguri-
dad. Y sin embargo hay una forma inteligente, aunque no
simple, de comunicar que la proliferación de conexiones
entre personas hace cada vez más cierta la ventaja episté-
mica de las redes distribuidas entendiéndolas como filtros
de ideas renovadoras.
Si comparamos un árbol con una enredadera, nos per-
catamos inmediatamente de que, en la primera figura, una
nueva idea que pugna por su aceptación ha de pasar,
antes de llegar al público en general, por varios filtros en
batería, desde la raíz hasta el nacimiento de la primera
rama y así sucesivamente, mientras que en la segunda de

15
esas figuras, las novedades pueden difundirse por cana-
les alternativos como si los filtros estuvieran en paralelo. Es
evidente que habrá una mayor cantidad de ideas flotando
en el aire en el segundo caso que en el primero, aunque
también es evidente que en este último también habrá una
mayor proporción de ideas malas, malas en cualquier sen-
tido. Si no hubiera sesgos cognitivos con sus correspon-
dientes errores de medición, y si la racionalidad no tuviera
límites, el árbol sería una óptima figura epistémica, pues
sólo dejaría pasar las ideas buenas. Pero como vivimos en
un mundo imperfecto, con sesgos cognitivos y con racio-
nalidad limitada, es perfectamente posible que la enreda-
dera sea la configuración epistémica mejor para obtener el
óptimo posible o de segundo orden. Tal como se muestra
en «La potencia semántica de la retórica», siguiendo a Sah
y Stiglitz (1984), esto ocurrirá, entre otras posibles contin-
gencias, cuanto mayor sea la proporción de ideas buenas
en el pool de ideas que están en el aire a la espera de ser
capturadas y cuanta mayor sea la diferencia o el rango
entre las mejores y las peores ideas. Como se me antoja
que en nuestro mundo ambas situaciones se van hacien-
do realidad, me atrevo a decir que aquí hay un argumen-
to sólido a favor de la proliferación de enlaces entre
personas que Internet hace posible.
Pero no sólo de la verdad vive el hombre, sino que tam-
bién necesita un poco de autoestima, algo que se puede
asociar a la individuación, es decir, a esa conversión desde
la identidad grupal o comunitaria a la identidad individual
o colectiva. Esta última, contrariamente a lo que suele pen-
sar la beatería ambiental, no es un dato, sino la conse-
cuencia deseable del movimiento civilizatorio, una
consecuencia que, sin embargo, no es fácil de alcanzar o
conseguir. Argüiré ahora en dos pasos que el elemento
primitivo del análisis es el grupo y que, siendo esto así, la
individuación es costosa.

16
Recordaré, como primer paso de mi argumentación, lo
que escribí en mi blog en relación con la ontología que
Lawson propone como metodología económica deseable
y que parece que estuviera especialmente pensada para
caracterizar la blogsfera. Decía allí al tratar de explicar la
idea central de Lawson que

the social domain is an emergent realm which
depends on us and is made up of social groups, social
rules and practices within these groups. This social
domain constitutes a closed system, intrinsically dyna-
mic and internally related in the sense that any indivi-
dual within the group is necessarily situated in relation
to others.

No puedo encontrar una caracterización abstracta de
la blogsfera más adecuada. Y además, ya en aquella
época era clara la conexión entre ontología y redes distri-
buidas. En efecto, continuaba diciendo que

it is not only a kind of sweet tolerance which allows
ontology to live. And a sneaky feeling starts creeping
in. What if this apparently backward move actually
was akin to one of the trendiest movements within
mainstream Economics?
I refer to Network Theory as a way of understan-
ding many phenomena which are not related to the
functioning of the market but rather to the emergen-
ce of this particular institution and, more generally, to
many interesting social facts which are not interme-
diated by markets.
Let us recall first what David de Ugarte said 2 two
or three days ago on the blogsphere. In his theses

2 http://www.deugarte.com/7-tesis-sobre-la-blogsfera

17
4/5/6 he argues that the real media is not one blog
but the blogsphere itself, that this blogsphere is divided
into different groups, non of which is going to be the
influential one forever, because these subgroups chan-
ge all the time, and that the structure of this collection
of blogs is distributed and not merely decentralized.

Una vez admitido que la blogsfera es un magnífico
ejemplo de red distribuida, me queda, como segundo
paso de mi argumentación, mostrar cómo puede, además,
ayudar a la individuación, algo que ya he intentado en otro
trabajo3 que se puede encontrar en mi página web. La
cuestión, expuesta sin ambages, es que, para dejar de ser
identificado por las características del grupo al que perte-
neces y pasar a ser reconocido por tus características úni-
cas como individuo, hay que pasar por un rito iniciático
que podemos llamar disidencia. Pero esta disidencia tiene
un coste conformado por la mala conciencia de la traición
al grupo y por la posible venganza de éste, incluyendo el
coste de la reinserción. Cuanto mayor sea este coste,
menos individuos brotan, pero los que sí consiguen hacer-
lo son más auténticos en sentido heideggeriano.
En este sentido, y usando la terminología de Ugarte,
cuanto más individuo, menos persona. Para ser tu propio
dueño has tenido que renunciar a las pautas de tu grupo,
las propias de la red a la que perteneces, y abandonarte
en la malla de otro, puesto que no hay, dada la ontología
presentada, un vacío de redes. Justamente de aquí surge
la riqueza de la dialéctica en el seno de la blogsfera. Las
TIC permiten la generación de una amplia red distribuida
que funciona autónomamente pero que, a diferencia de
otras identidades colectivas, permite la disidencia a bajo

3 http://juan.urrutiaelejalde.org/trabajos/individuacion_por_pertenen-
cia.pdf

18
coste con consecuencias interesantes para entender este
trabajo del hacker Ugarte.
La primera consecuencia es interpretativa. La distin-
ción entre lo lírico y lo heroico, una de las ideas mejor y
más brillantemente comunicadas en este libro, encuentra
su encaje analítico a través de esa idea del coste de la
independencia que está implícita en el aparato técnico del
artículo sobre identidad de Akerlof y Kranton.4 Para afron-
tar la disidencia cuando su coste es muy alto hay que ser
un héroe cruel, un dios impasible ante el sufrimiento ajeno,
un soldado ennoblecido, un emprendedor, diríamos hoy.
Pero para ser un disidente de poca monta, un disidente de
rebajas, diríamos, se puede ser un lírico dulce, un peque-
ño burgués simpático aunque fiero defensor de la justicia,
especialmente cuando se está involucrado. Esto es lo que
preferimos los liberales frente al gusto de los carlistas por
los estandartes y la fanfarria. El autor y yo venimos de fami-
lias que lucharon contra este carlismo y espero que se nos
note. Además, este lirismo encaja perfectamente con las
redes distribuidas porque, al ser muy tupidas, las distintas
identidades sociales de los subgrupos están muy cerca-
nas y cuesta poco pasarse de una a otra, llegando así a
entender a los demás.
La segunda consecuencia del abaratamiento de la disi-
dencia es más especulativa. Se trata de la sospecha de
que ese abaratamiento puede disipar la lealtad al grupo y
la confianza mutua entre los miembros del mismo.
Parecería que esa disipación dificultaría la posibilidad téc-
nica del compromiso (en el sentido de commitment) en un
mundo interpretado como blogsfera o, más generalmente,
como red distribuida. Ciertamente, el peligro existe y tiene
implicaciones curiosas.

4Akerlof, George A. and Rachel E. Kranton, “Economics and Identity,”
Quarterly Journal of Economics 105, 3 de agosto de 2000, págs. 715-753.

19
Por un lado, la formación de coaliciones estables es
poco probable, por lo que el núcleo de una economía, al
poder formarse casi cualquier coalición, será muy peque-
ño, de forma que la lógica individual en la que se basa el
comportamiento de los agentes de un modelo económico
nos lleva a algún lugar fácil de determinar y de defender
como de equilibrio, ya que no hay muchas otras solucio-
nes cooperativas empujadas por la lógica grupal. Por otro
lado, surge una extraña paradoja, ya que justo es esta falta
de lealtad del agente individual económico –y que podría-
mos identificar como el hacker– la que hace difícil la con-
vivencia por falta de confianza mutua. La paradoja radica
en que justo cuando parecen coincidir la lógica individual
y la grupal, topamos con un individuo en el que no se
puede confiar del todo y con el que la convivencia será
menos aburrida de lo que no pocos desearían.
Este último comentario no es una nota de pesimismo,
sino todo lo contrario. Es más bien un llamamiento a con-
tinuar examinando las ventajas e inconvenientes de vivir
en una red distribuida como la que ya nos arropa. Pues
bien, el libro que el lector va a leer es rico en ese examen
que reclamo y ofrece innumerables pistas para ello. Si la
facilidad de su escritura y el poder de seducción de su
autor le llegaran a hacer creer que lo ha entendido todo,
yo me atrevo a decirle que lo vuelva a leer con lupa y
mayor sosiego. Yo lo hice y descubrí que sus páginas
sobre ciberactivismo o sobre estrategia empresarial o
management no sólo son más profundas que las que cir-
culan por ahí y más profundas de lo que parecen, sino que
sobre todo revelan una notable percepción de «lo que
pasa» y un evidente espíritu revolucionario en el mejor
sentido de esta palabra.

20
El poder de las redes

21
¿De qué habla
este libro?

Que estamos en un tiempo de cambios y que esos cam-
bios tienen que ver de alguna manera con las «redes
sociales» es ya una idea común, extendida y repetida
hasta el cansancio. Sin embargo, nadie parece tener muy
claro qué son esas famosas redes y, sobre todo, qué tie-
nen de nuevo. A fin de cuentas, si de las redes de que
hablamos son las que forman las personas al relacionarse
unas con otras, la sociedad siempre ha sido una red. Y si
hablamos de movimientos de activistas también estuvie-
ron siempre ahí, relacionándose unos con otros en una
especie de universo hiperactivo y paralelo. Hay, sin embar-
go, dos elementos nuevos relacionados con esta cuestión
que todo el mundo entiende intuitivamente. Por un lado,
Internet y su consecuencia más directa: la eclosión de una
nueva esfera de relación social que pone en contacto a
millones de personas cada día. Por otro, la aparición en los
últimos años de una amplia literatura sobre redes aplicada
a todos los campos, desde la física o la biología hasta la
economía, con toda su inevitable secuela de libros de di-
vulgación, aplicaciones al marketing y juegos publicitarios.
Y luego hay toda una serie de movimientos que van
desde la revolución hasta la protesta cívica, pasando por

23
una nueva suerte de sofisticadas algaradas que nadie
sabe clasificar muy bien y que llenan páginas en los perió-
dicos. Saltaron a la luz pública cuando en el año 2001 una
multitud tomó las calles de Manila para pedir la dimisión
del presidente Estrada. Los medios destacaron entonces
la ausencia de convocantes y cómo las organizaciones
políticas y sindicales se vieron arrastradas a seguir a la
gente en vez de dirigirla. Pero aquello estaba lejos de
nuestra vieja Europa y tampoco le hicimos demasiado
caso, tan sólo el suficiente como para que muchos de los
miles de protagonistas de las movilizaciones del 13 de
marzo de 2004 en España supieran hasta qué punto po-
dían impulsar un cambio decisivo. Fue «la noche de los
teléfonos móviles» y, aunque todavía se discute en qué
medida pudo influir en el resultado electoral del día
siguiente, nadie puede negar que supuso un momento de
radical novedad en la historia española. En un librito publi-
cado en la red unos meses antes, el economista Juan
Urrutia había vaticinado la inminencia de este tipo de
movilizaciones y aportado las claves metodológicas para
entenderlas. Las bautizó también como «ciberturbas». Un
año y medio después, en noviembre de 2005, la policía
francesa confesaba su impotencia para contener la revuel-
ta de los arrabales aduciendo la velocidad a la que los
revoltosos adquirían técnicas y experiencias de verdadera
«guerrilla urbana». Algunos apuntan a la aparición de un
nuevo y misterioso sujeto colectivo. Howard Rheingold lo
llamó las «multitudes inteligentes». En este libro no nos
acercaremos a ellas como si formaran parte de un mismo
movimiento, con objetivos más o menos comunes, sino
como síntomas de una nueva forma de organización y
comunicación social que poco a poco va tomando fuerza
y con la que se pueden defender ideas muy diferentes,
cuando no opuestas. Movilizaciones informativas como las
que condujeron al «macrobotellón» de la primavera de

24
2006 o el descrédito popular de Dan Brown en España
entrarían también en este hit parade de ciberturbas que
revelan que algo está cambiando. Definir ese algo y cómo
las personas normales podemos ganar con ello indepen-
dencia y poder de comunicación es el objeto de este libro.
Se divide en tres partes. La primera parte contiene una
brevísima historia de cómo las redes sociales, el mapa de
relaciones a través del cual se mueven las ideas y la infor-
mación, han cambiado a lo largo del tiempo impulsadas
por las distintas tecnologías de comunicación. La segun-
da parte se centra en los nuevos movimientos políticos,
desde las Revoluciones de Colores en el Este de Europa
hasta las ciberturbas en distintos lugares del mundo, para
finalmente trazar los dos modelos fundamentales de cibe-
ractivismo que llevan a la difusión masiva de nuevos men-
sajes desde la propia red. Y en la tercera parte se extraen
conclusiones útiles para personas, empresas y colectivos
de todo tipo sobre cómo comunicar socialmente en un
mundo en red distribuido, un mundo en el que todos
somos potencialmente ciberactivistas.

25
Observe las líneas
de puntos

El presente libro contiene tan sólo tres ilustraciones. La
primera de ellas sostiene de alguna manera todo lo que
vendrá a continuación, así que lo ideal sería que el lector
la tuviera siempre presente. Fue creada por Paul Baran
para el dossier en el que describía la estructura de un pro-
yecto que más tarde se convertiría en Internet.

RED CENTRALIZADA RED DESCENTRALIZADA RED DISTRIBUIDA

27
Si observamos atentamente, los tres gráficos unen los
mismos puntos de diferente manera. Estas tres disposicio-
nes –técnicamente llamadas topologías– describen tres
formas completamente distintas de organizar una red:
centralizada, descentralizada y distribuida.
Cuando Paul Baran escribió su famoso informe, incluyó
esta ilustración para argumentar hasta qué punto una red
distribuida era algo completamente diferente, en su natu-
raleza, de una red descentralizada. Nosotros la incluimos
con el mismo objetivo, pero si él imaginaba ordenadores
en los puntos que unen los segmentos, nosotros imagina-
remos la mayor parte de las veces personas e institucio-
nes. Si Baran imaginaba las conexiones como líneas y
cables de teléfono, nosotros veremos en ellas relaciones
entre personas.
Rodrigo Araya, un especialista chileno en Historia de
los movimientos sociales que se ha dedicado a seguir por
el mundo el rastro de ciberturbas y revoluciones democrá-
ticas, ha añadido además una clave de color: azul para la
centralizada, rojo para la descentralizada y amarillo para la
distribuida. Esta clave nos permitirá en la siguiente ilustra-
ción que aparece en el libro, y que es obra suya, relacio-
nar distintos acontecimientos históricos y los temas de los
que hacían bandera con la topología de la red informativa
que los sostenía.
La idea central subyacente en el presente libro es que
la clave para poder explicar la gran mayoría de los nuevos
fenómenos sociales y políticos a los que nos enfrentamos
consiste en entender la diferencia entre un mundo en el
que la información se distribuye en una red descentraliza-
da y otro en el que lo hace en una red distribuida, por lo
que recomendaría que el lector marcara esta página y vol-
viera a ella cada cierto tiempo.

28
Brevísima historia
de las redes sociales

Tras toda arquitectura informacional se esconde
una estructura de poder.
ESLOGAN CIBERPUNK ESPAÑOL~1990

La tecnología, en especial la de comunicaciones, gene-
ra las condiciones de posibilidad de los cambios en la
estructura de poder. Daniel R. Headrick, en The Tools of
Empire, defiende la tesis de que el imperialismo decimo-
nónico europeo, que llegó a dominar tres cuartas partes
de la superficie terrestre, sólo fue posible cuando la tec-
nología de transportes y telecomunicaciones permitió que

las redes económicas se establecieran […]. A fin de
cuentas, antes de que una colonia pudiera conver-
tirse en valiosa y en un anexo de una economía
europea, se tenía que haber tendido una red de
comunicaciones y transporte.

La clave que hizo posible el reparto de África en Berlín
en 1885 fue la existencia previa de una primitiva red de
telecomunicaciones instantáneas: el telégrafo.
En noviembre de 1851 se abrió al público la primera
línea de telégrafo entre el Reino Unido y Francia. El primer

29
mensaje directo entre Londres y París llegaba pocos
meses más tarde. En 1858, el primer cable trasatlántico
unía Estados Unidos con la red europea. Eran los comien-
zos de lo que Tom Standage bautizó, en un estupendo
libro epopeya, como «Internet victoriana».
Aunque Standage se muestra irónico en su libro sobre
el efecto final del telégrafo en las relaciones diplomáticas,
en la medida en que modificó los asuntos militares, no
deja de ser interesante que los tres primeros protagonis-
tas de aquella red hayan formado un bloque hasta ahora.
Y es que el telégrafo no sólo unió las bolsas, sino que unió
y mestizó los intereses económicos de los tres países,
dando impulso tanto a la primera globalización como al
imperialismo. Y los impulsó con más potencia que la riva-
lidad generada por las fuerzas centrífugas de la compe-
tencia entre los tres países.
El nacimiento de las agencias de noticias (Associated
Press y Reuters), hijas directas del telégrafo, contribuyó
además a casar el «orden del día» del debate público entre
las tres potencias.
Es difícil entender hoy el cambio que supusieron las
agencias de noticias para la democracia. Al principio la
novedad consistió en que permitieron incorporar noticias
nacionales y globales a la prensa local en un momento en
que la alfabetización crecía tanto por necesidades produc-
tivas (las máquinas requerían cada vez más habilidades de
manejo de los obreros) como por la acción educativa del
propio movimiento sindical y asociativo.
Pero al incorporar la prensa popular (y no sólo la «bur-
guesa», inaccesible para la mayoría de las personas tanto
por sus costes como por su lenguaje), asuntos nacionales
e internacionales, hasta entonces reducto de las cancille-
rías y la elite, la política exterior y «de Estado» pasó a for-
mar parte de aquello sobre lo que cualquier ciudadano
medio, independientemente de su clase social, tenía una

30
opinión. Los argumentos del sufragio censitario se hacían
obsoletos porque la información y la opinión abarcaban
ahora al conjunto de la ciudadanía.
De hecho, el telégrafo también fue la clave del ascen-
so de nuevos sujetos con nuevos valores. Fue la clave que
permitió soñar con acciones sindicales coordinadas entre
Francia e Inglaterra. La convocatoria en 1864 de la con-
ferencia que daría pie a la fundación de la Primera In-
ternacional fue una consecuencia directa del tendido del
primer cable telegráfico bajo el Canal de la Mancha. Se
trataba de contrarrestar que los patrones enfrentaran las
huelgas a un lado y otro del canal trasladando la produc-
ción. Los sindicatos y los grupos obreros habían visto en
el telégrafo la posibilidad de coordinar sus reivindicacio-
nes. El internacionalismo obrero, que marcaría el final del
siglo XIX y el primer tercio del XX, fue, al igual que su
opuesto, el imperialismo, una posibilidad sólo abierta por
aquella primera red internacional de cables de cobre.
Pero la traducción política completa de las consecuen-
cias de la nueva estructura de la información llegaría con
la Segunda Internacional (1889). Su objetivo era fomentar
grandes organizaciones que coordinaran los movimientos
sociales a nivel nacional y llevaran los intereses de los tra-
bajadores a la agenda política y los Parlamentos.
Podemos decir que la socialdemocracia original y su
modelo, el SPD, son los hijos de aquella visión «descentra-
lizada» (que no distribuida) del mundo, desde su organi-
zación territorial hasta su concepción del Estado. El caso
del socialismo francés es anecdóticamente llamativo, ya
que su historia va ligada, por encima de París, a una
pequeña ciudad de provincias, Clermont Ferrand, cuya
centralidad reside en la estructura ferroviaria y telegráfica
francesa.
Hoy nos parece natural, por establecida, la concepción
descentralizada del poder, la articulación de las organiza-

31
ciones humanas (Estados, empresas, asociaciones, etc.)
en niveles jerárquicos correspondientes a espacios territo-
riales. Nos parece natural la estructura de representación
social y política que de ahí deriva y nos parece natural que
se produzca mediante progresivas fases de centralización
(local, regional, nacional, internacional, global, etc.) de
decisiones que en cada nivel se producen sobre un uni-
verso igual de temas.
Esto no era así antes del telégrafo, ni siquiera en las
organizaciones políticas más «avanzadas» surgidas de la
Revolución francesa. La concepción centralizada era tan
pura como el universo de temas era diferente en cada
nivel (cuando había varios). La tendencia era una réplica
del sistema de postas del Antiguo Régimen, el famoso
centralismo jacobino.
Originalmente, las estructuras descentralizadas son
producto de la interconexión efectiva de redes centraliza-
das, pero a largo plazo tendrán su propia lógica, generan-
do nuevos nodos superiores no nacionales, como las
agencias de noticias primero o las primeras multinaciona-
les después. Así, IBM demostró el vigor de la jerarquiza-
ción autónoma de sus nodos hasta el extremo
abasteciendo a ambos bandos durante la segunda guerra
mundial. Según algunos investigadores, la lógica, además,
era la de una organización descentralizada «pura», donde
una rama del árbol puede aislarse del resto. IBM, ante los
requerimientos de la cancillería nazi de obtener informa-
ción tecnológica aliada y del presidente Roosevelt de blo-
quear el sistema de gestión alemán, había dado un
ultimátum simétrico a ambos, parejo a una promesa de
impermeabilidad. Sólo el presidente fundador de IBM,
cúspide del árbol jerárquico descentralizado, disponía de
la información de ambos lados. Para hacerlo posible legal-
mente, la rama alemana de la multinacional se había vuel-
to completamente independiente desde 1941.

32
La primera revolución de las redes, la que configuró
nuestro mundo, supuso el paso de la tendencia a la orga-
nización centralizada y nacional propia del Estado moder-
no a la descentralizada e internacional de los siglos XIX y
XX. Pasamos de los estamentos locales a las clases nacio-
nales, de la guerra entre Estados a las guerras entre blo-
ques y alianzas, de la colonia al imperialismo, de los
partidos-club a los partidos de masas. Y todo ello fue
posible gracias a la primera gran revolución de las teleco-
municaciones.
En nuestra ilustración de referencia hemos pasado de
la primera topología a la segunda. Ahora demos un salto
en el tiempo.
Al final de la segunda guerra mundial el mundo había
desarrollado de forma completa la forma descentralizada
que subyacía como posibilidad en el telégrafo. De hecho
las comunicaciones serán ya mucho más que el telégrafo.
Las mismas necesidades de la guerra y de las empresas
para la gestión de un mundo globalmente descentralizado
llevarán al desarrollo de nuevas herramientas para el pro-
ceso de información.
En 1944, en Bletchley Park, el centro criptográfico bri-
tánico, Alan Turing anima la construcción de Colossus, el
primer ordenador. Nace la informática. Pero no nos con-
fundamos, en el viejo mundo los informáticos llevaban
bata blanca. Eran la más pura representación de la tecno-
cracia, encarnación del mito popular del científico nacido
de la gran guerra y cultivado por el pulp de los cincuenta.
Sus arquitecturas podían entenderse como una gran
metáfora del Estado socialista ideal. Un centro todopode-
roso y benevolente atendido por sacerdotes/científicos en
salas acondicionadas. Para los mortales, terminales tontos
en fósforo verde. No se exige etiqueta ni bata. Todos igua-
les, todos acceden, de manera limitada y acotada por la
autoridad central, a la información que se procesa en el

33
sanctasanctórum. Todos son iguales, menos los que no lo
son, los que también emiten.
«Creo que queríais desconectarme, pero me temo que
no puedo permitir que eso suceda», dice HAL, la super-
computadora inteligente de 2001: Una odisea en el espa-
cio. Cuando la novela de Arthur C. Clarke fue trasladada al
cine en 1968, el doctor Chandra, entrenador de HAL,
resultó ser un personaje muy creíble.
Antes de un año Estados Unidos enviaría los primeros
humanos a la Luna. Las macroinversiones necesarias para
este subproducto de la carrera armamentística permitirían
a los ordenadores ser más rápidos, más potentes, almace-
nar sistemas de memoria e interconectarse. En la borra-
chera del avance rápido muchos compartirían la fantasía
de la inteligencia artificial, de HAL, símil y proyecto de
todo un mundo de felices e incuestionables burócratas del
conocimiento que trabajaban en sitios como Bell Labs o
IBM. Arthur C. Clarke se permite una broma con el códi-
go ASCII que asocia caracteres a números en la naciente
cultura informática: H+1 = I; A+1 = B; L+1 = M; HAL+3
= IBM. En tres decenios más de carrera espacial IBM lan-
zaría computadores inteligentes.
Pensaban en la inteligencia artificial como un mero
desarrollo lineal, como un árbol que es más fuerte cuanto
más crece… hasta que las máquinas llegaran a pensar o,
cuando menos, a pasar el test de Turing, a hacerse indis-
tinguibles de un humano en una conversación a ciegas.
Pero en aquella época ya había signos de que el siste-
ma descentralizado global estaba cerca de su punto de
autocriticidad. El valor de la producción crece continua y
dramáticamente frente a su peso en toneladas. El porcen-
taje del valor debido al componente científico-técnico y
creativo en el total de la producción es cada vez más
determinante. Pero mientras el sistema necesita cada vez
más de la ciencia y la creatividad, el sistema de incentivos

34
del modelo de producción jerárquica descentralizada
parece ser más un freno que otra cosa.
Pronto aparecen las primeras respuestas culturales
cuajadas como fenómeno masivo en el movimiento estu-
diantil de 1968 en Estados Unidos. Ascienden nuevos
valores y nuevos sujetos. En los puntos de cruce de la
gran informática y la academia aparece un nuevo tipo de
personaje: el hacker. Su modelo de producción intelectual
y proceso de la información, nacido en los entornos de las
principales universidades norteamericanas, se parecerá al
de un bazar frente al de la empresa catedral, como relata
en su famoso libro Eric S. Raymond.
Las dos primeras escaramuzas de aquel entonces
mínimo círculo tendrán consecuencias globales. La prime-
ra, en 1969, la protagonizaría Whitfield Diffie, un joven
matemático que había recorrido Estados Unidos buscan-
do y ensamblando pistas sueltas sobre la evolución (se-
creta) de la criptografía desde el estallido de la guerra
mundial. Entrevistando a veteranos, peinando bibliotecas
y memorias, fue creando el mapa fragmentario de un
mundo oculto. Nadie le financiaba. Diffie lo hacía por puro
placer. Era un hacker de pura cepa. Seguramente el pri-
mer hacker de la sociedad de la información. Pronto llega-
ría más lejos de lo que ningún sistema de inteligencia
había llegado hasta la fecha: descubrió e implementó la
criptografía asimétrica, la base actual de todas las comu-
nicaciones seguras. Con él la criptografía saldría del
mundo del secreto (militar) y pasaría al de la privacidad,
saldría de la cerrada comunidad de inteligencia y se incor-
poraría a la de los hackers y los matemáticos aplicados,
para disgusto e infinitos pleitos de las agencias guberna-
mentales norteamericanas.
Cuando leemos el estupendo relato de esta epopeya
que hace Steven Levy en Crypto, no podemos dejar de
preguntarnos cómo pudo llegar a suceder. ¿Cómo quince

35
años antes de caer el muro de Berlín pudo escapársele al
sistema burocrático científico más paranoide de la historia
algo tan importante como la posibilidad del cifrado asimé-
trico seguro? ¿Cómo pudieron colárseles unos cuantos
hippies y desmontar el poder de las hasta entonces todo-
poderosas agencias? ¿Cómo se le escapó a IBM?
Lo que había pasado era sólo un anuncio del mundo
por venir. La respuesta es sencilla: la lógica del sistema de
incentivos. Como diría cualquier economista, simplemente
los incentivos que el viejo sistema cerrado podía producir
no se alineaban con los nuevos objetivos a conseguir. Era
cuestión de tiempo que apareciera un Diffie.
La segunda batalla aún se libra: su iniciador tal vez sea
el hacker más famoso de la historia, Richard Stallman,
quien, incapaz de comprender cómo se le impedía legal-
mente compartir o mejorar sus propios desarrollos, realizó
una crítica demoledora de la propiedad del software cuyas
consecuencias, la licencia GNU, GNU-Linux, etc., serán la
base de la primera gran estructura de propiedad libre en
desarrollo distribuido de la historia, el movimiento del soft-
ware libre.
Pero para la eclosión de todo este nuevo sistema alter-
nativo de producción de conocimientos serían necesarias
todavía dos cosas: la aparición de herramientas persona-
les de computación y una red global distribuida de comu-
nicaciones entre ellas. Es decir: el PC e Internet.
Estamos en 1975, en Los Altos, California. Una imagen
tópica. Dos hackers comparten taller en el garaje. Fabrican
y venden Blue Boxes, circuitos que conectados al teléfono
engañan a las centralitas de la Bell y permiten hablar sin
pagar. Se llaman Steve Jobs y Steve Wozniak. Wozniak
presenta el proyecto de construir un ordenador para uso
personal en el Homebrew Center, un club de hackers de
la electrónica. Jobs le ofrece un plan: venderá su camio-
neta si Wozniac vende su calculadora (entonces aún eran

36
caras), y juntos montan un taller de ensamblado en el
garaje. Pero Wozniak trabaja en HP. Su contrato le obliga
a ofrecer a la empresa cualquier desarrollo antes de
hacerlo por cuenta propia. Solicitan una reunión y plante-
an la idea. La respuesta es la esperada: los ordenadores
sirven para gestionar grandes procesos sociales, requie-
ren potencia, más de la que una pequeña máquina podría
ofrecer sin servir, además, para nada que la gente quiera
tener en casa; un ordenador personal sería como un bon-
sai con dificultades para arraigar. ¿Quién podría querer
algo así?
Y efectivamente, el Apple I no era un derroche de
potencia: 4 Kb ampliables a cuatro más y con almacena-
miento en cinta de casete opcional. Pero fue el primer
paso para desconectar a HAL. En abril de 1977 se presen-
ta Apple II y en 1979 Apple III, que ya tiene 48 Kb.
Nadie tiene que explicar ya qué es o para qué sirve un
ordenador personal. En las universidades la naciente
comunidad hacker sigue el ejemplo y monta ordenadores
por componentes. Un modelo que seguirá IBM al año
siguiente cuando diseñe su IBM PC. Un intento por lide-
rar los nuevos tiempos.
La idea no era mala. Suponía vender, ensamblar y dise-
ñar en arquitectura abierta un ordenador de componentes
baratos fabricados por otros. Utilizar todo el poder de
marca de IBM bastaría para merendarse al naciente mer-
cado doméstico y mantener en segmentos específicos a
los posibles licenciadores y fabricantes de clónicos.
Pero no fue así. Las cosas habían cambiado. IBM pen-
saba en sus máquinas como sustitutas relativamente autó-
nomas de los tradicionales terminales tontos. Pensaba en
el PC como en una pieza dentro de la vieja arquitectura
centralizada, ramas más gruesas para sus árboles. Al tener
un modelo universal de arquitectura abierta, los hackers
de la electrónica pudieron empezar a construir sus propias

37
máquinas compatibles por componentes e incluso a ven-
derlas luego mucho más baratas que los originales del
gigante azul. El sueño del hacker, vivir de ello, se hacía
realidad. Los hackers de la electrónica de los setenta aca-
baron montando PC por su cuenta en pequeños talleres,
tiendas y garajes. Sin valedores tekis, Apple desaparece-
ría hasta del underground, pero el PC se separaría progre-
sivamente de IBM.
Cuando tienes en casa más de un ordenador, aunque
sólo sea para montarlo para otros, es inevitable la tenta-
ción de comunicarlos y ponerlos en red. Cuando tus ami-
gos tienen módem y puedes dedicar un ordenador sólo a
compartir con ellos, es inevitable –sobre todo cuando las
llamadas locales son gratuitas– dejarlo conectado todo el
día para que entren cuando quieran. Cuanto más potentes
se volvían los PC, más potentes se volvían también las
arquitecturas de red de los hackers.
Como una enredadera que crece sobre un árbol, el uso
de un nuevo tipo de herramientas va extendiéndose y dife-
renciándose poco a poco a lo largo de los años ochenta.
Están naciendo las estructuras que darán forma al nuevo
mundo. Son los tiempos de las redes LAN caseras, de las
primeras BBS, del nacimiento de Usenet. La Internet libre
y masiva se acerca. Eran inventos diferentes, hechos por
gente diferente, con motivaciones diferentes. Era lo que
pedían los tiempos. Aunque ellos, los hackers de enton-
ces, ni siquiera lo sabían, expresaban no sólo su forma de
organizarse y representar la realidad, sino la arquitectura
completa de un nuevo mundo que debía representarse y
organizarse reticularmente para poder funcionar y dar
cabida a un nuevo tipo de incentivos. Pronto, una enreda-
dera cada vez más densa de pequeños ordenadores bon-
sai cubriría a HAL hasta desconectarlo para siempre…
En sólo unos párrafos hemos hecho un viaje fulguran-
te. La descentralización nacida como posibilidad con el

38
telégrafo había reordenado el mundo casi por completo al
final de la segunda guerra mundial. Pero un mundo global
descentralizado es un mundo con grandes necesidades
de gestión, un mundo que precisa de ordenadores e infor-
mación instantánea.
Información, tecnología y creatividad pesarán cada vez
más en el valor de la producción. Pero es difícil organizar
bajo una estructura jerárquica descentralizada tanto la
creatividad como el desarrollo científico. Como ironiza
Pekka Himanen en su libro La ética del hacker y el espíritu
de la era de la información:

¿Cómo podría Einstein haber llegado a la fórmula
E = mc2 si su actividad se hubiera dado en el caos
de grupos de investigadores autoorganizados?
¿Acaso no opera la ciencia con una jerarquía tajan-
te, liderada por un empresario en Ciencia, con direc-
tores de división para cada disciplina?

La cultura hacker representará la forma de organiza-
ción alternativa propia del sistema de incentivos reclama-
do por esos grupos de investigadores autoorganizados.
Sistema de incentivos que cuestiona la llamada «propie-
dad intelectual» y la propia topología de la estructura de la
información. Para crear, para generar valor, los hackers
necesitarán libre acceso a las fuentes de información.
Cada nodo reclamará su derecho a conectarse con los
demás sin pasar por los filtros de los nodos «centrales».
Así, darán una forma nueva al desarrollo de las herramien-
tas tecnológicas heredadas. El PC e Internet son las for-
mas que, bajo una estructura distribuida, toman la
informática y la transmisión de datos.
Pero si hay algo poco inocente es la estructura de la
información. La topología aporta valores. Como bien ana-
liza Himanen, el movimiento hacker desarrollará una ética

39
del trabajo basada en el reconocimiento, y no en la remu-
neración, y una ética del tiempo en la que desaparece la
división calvinista entre el trabajo entendido como castigo
divino y el tiempo «libre» asociado al gozo. Esos valores se
incorporarán al diseño de las nuevas herramientas y a los
cambios culturales y políticos que provocarán.
Sí. Cambios políticos. Porque el cambio en la estructura
de la información que supondrá Internet abrirá la puerta a
una nueva distribución del poder. Con Internet conectan-
do millones de pequeños ordenadores jerárquicamente
iguales nace la era de las redes distribuidas, que abre la
posibilidad de pasar de un mundo de poder descentrali-
zado a otro de poder distribuido. El mundo que estamos
construyendo.

40
De la pluriarquía
a la blogsfera

En toda estructura descentralizada aparece necesaria-
mente la jerarquía. Cuanto más arriba estemos en la pirá-
mide informacional, menos dependeremos de otros para
recibir la información y más posibilidades de transmitirla
tendremos. La visión de un suceso dada por una noticia
de agencia de prensa mundial llegará al último rincón del
planeta, mientras que la de la prensa local –aunque sea de
ese mismo lugar– apenas cruzará las fronteras más cerca-
nas, así sean opuestas y la local esté mejor fundamentada.
Las declaraciones del secretario general de un partido lle-
garán a todos sus miembros a través de los canales inter-
nos, pero las del secretario de un pueblo no saldrán de los
límites de su ayuntamiento.
La capacidad para transmitir es la capacidad para unir
voluntades, para convocar, para actuar. La capacidad para
transmitir es una condición previa a la acción política Y en
toda estructura descentralizada, dicha capacidad se con-
centra, en realidad, en unos pocos nodos.
En las redes distribuidas, por definición, nadie depen-
de de nadie en exclusiva para poder llevar a cualquier otro
su mensaje. No hay filtros únicos. En ambos tipos de red
«todo conecta con todo», pero en las distribuidas la dife-
rencia radica en que un emisor cualquiera no tiene que

41
pasar necesariamente y siempre por los mismos nodos
para poder llegar a otros. El periódico local no tiene que
convencer de su punto de vista al periodista de la agencia
encargado de su zona y el secretario del partido de turno
en un pueblo no tiene que convencer a toda la ristra de
secretarios comarcales, provinciales y regionales para
poder llegar a sus compañeros en otros lugares.
Entonces, ¿las redes distribuidas no tienen formas polí-
ticas de organización? No, lo que ocurre es que estamos
tan acostumbrados a vivir en redes de poder descentrali-
zadas, que confundimos la organización de la representa-
ción con la organización de la acción colectiva. La
perversión de la descentralización ha llegado a tal punto
que «democracia» se ha convertido en sinónimo de elec-
ción de representantes, es decir de nodos filtro.
Lo que define a una red distribuida es, como dicen
Alexander Bard y Jan Söderqvist, que

todo actor individual decide sobre sí mismo, pero
carece de la capacidad y de la oportunidad para
decidir sobre cualquiera de los demás actores.

En este sentido, toda red distribuida es una red de
iguales, aunque haya nodos más conectados que otros.
Pero lo importante es que, en un sistema de este tipo, la
toma de decisiones no es binaria. No es «sí» o «no». Es «en
mayor o menor medida».
Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión
de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuer-
do que suscite la propuesta. Este sistema se llama pluriar-
quía y, según los mismos autores,

hace imposible mantener la noción fundamental de
democracia, donde la mayoría decide sobre la mino-
ría cuando se producen diferencias de opinión.

42
Aunque la mayoría no sólo no simpatizara con una
proposición, sino que se manifestara en contra de la
misma, no podría evitar su realización. La democracia es,
en este sentido, un sistema de escasez: la colectividad
tiene que elegir entre una cosa y otra, entre un filtro y
otro, entre un representante y otro.
Con un sistema pluriárquico se entiende por qué en
las redes no existe «dirección» en el sentido tradicional,
pero también por qué inevitablemente surgen en su inte-
rior grupos cuyo principal objetivo es conferir fluidez al
funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos espe-
cializados en proponer acciones de conjunto y facilitar-
las. No suelen estar orientados hacia fuera, sino hacia el
interior, aunque inevitablemente acaben siendo toma-
dos, desde fuera, por la representación del conjunto de
la red o, cuando menos, como la materialización de la
identidad que los define. Estos grupos son los netócra-
tas de cada red, sus líderes en un cierto sentido, ya que
no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayec-
toria, prestigio e identificación con los valores que aglu-
tinan la red o parte de ella a la hora de proponer
acciones comunes.
¿Qué sucede cuando una estructura distribuida se
enfrenta a una descentralizada? Pues que la distribuida
lleva las de ganar en capacidad de movilización y rapidez
de reflejos. No faltan ejemplos en los últimos años de go-
bernantes que han pensado que bastaría con controlar
los filtros tradicionales (prensa y TV) para condicionar a
los ciudadanos asegurándose de que sólo les llegara la
información conveniente. El trasfondo de las nuevas redes
informacionales distribuidas les enfrentaría, sin embargo,
a miles de ciudadanos en las calles. En algunos casos
(Filipinas, España, etc.) les llevó a abandonar el poder.
Pero lo importante no es tanto el resultado como el fondo
que sintomatizaron.

43
Se han llenado miles de páginas sólo para tratar de
entender en qué se basaban las cadenas de SMS, el
poder del «boca a boca» electrónico, pero en realidad no
es más que la punta del iceberg. Lo cierto es que estas
ciberturbas habrían sido impensables sin el nacimiento de
un nuevo medio de comunicación distribuido.
Cuando Himanen escribió La ética del hacker, su
modelo se basaba en las comunidades de desarrollo de
software libre. Unos años después, la misma lógica de la
información distribuida ha llegado al terreno de la informa-
ción general y construcción de opinión pública. La clave:
las bitácoras (blogs).
Los blogs son sistemas personales, automáticos y sen-
cillos de publicación que, al extenderse, han permitido el
nacimiento del primer gran medio de comunicación distri-
buido de la historia: la blogsfera, un entorno informativo en
el que se reproducen los presupuestos, las condiciones y
los resultados del mundo pluriárquico.
Los bloggers representan lo contrario del periodista.
Como los hackers de Himanen, rara vez se especializan,
escriben por igual sobre los avatares de su vida personal
que sobre temas de actualidad internacional o local. El
autor es a veces fuente directa, muchas veces analista de
otros bloggers y fuentes y casi siempre seleccionador de
terceras fuentes para sus lectores. En los blogs, la vida
personal del autor no está separada de la información
general y la opinión. Y esa no separación entre vida, tra-
bajo e ideas es una traducción directa de la ética hacker,
una negación práctica de la división del trabajo propia de
las redes jerárquicas descentralizadas.
El incentivo del blogger, además, es el prestigio, el
número de lectores, el de enlaces y citas publicadas por
otros bloggers como él. La blogsfera es un medio casi
totalmente desmonetarizado. El sistema de incentivos que
lo sostiene es similar al del software libre; es un entorno

44
pluriárquico basado en el prestigio, que evidentemente
generará netocracias más o menos volátiles para cada
subred identitaria.
En conjunto, la blogsfera tiende a eliminar la separa-
ción emisor/receptor (es una red distribuida donde todos
pueden publicar), característica de los medios de los
modelos centralizado (ensayado en los países que sufrie-
ron regímenes totalitarios como España) y descentralizado
(modelo mediático anglosajón democrático).
Su potencia reside en que desaparece, de hecho, la
capacidad de filtro: eliminar o filtrar un nodo o un conjun-
to de nodos no frenará el acceso a la información. Al con-
trario del sistema informativo descentralizado nacido del
telégrafo, es imposible «cortar puentes» y controlar la
información que llega a los nodos finales mediante el con-
trol de unos cuantos emisores.
Resumiendo, la gran red global de bitácoras (la «blogs-
fera») representa el primer medio global de comunicación
distribuida y reproduce todas las categorías de la «ética
hacker».
Respecto a la figura del blogger, los viejos medios de
comunicación le tildarán de «intruso» o aficionado sin cre-
dibilidad, igual que las grandes firmas de software privati-
vo tachaban de amateurs a los desarrolladores de
software libre (antes de adaptar la mayoría de ellas, con la
vieja IBM, Sun y Novell a la cabeza, sus modelos de nego-
cio a los nuevos sistemas de propiedad copyleft).
Y es que el blogger es la continuación, en la esfera
informativa, del hacker (el bricoleur). Un «antiprofesional».
Alguien irreducible a las viejas categorías gremiales naci-
das de la estructura descentralizada que colgaba de los
grandes nodos del poder mediático. La idea del ejercicio
del periodismo como actividad, como una habilidad espe-
cífica que precisaba de unos conocimientos propios y que
nace con la industria de la información, no es ninguna

45
novedad. Pulitzer vaticinaba en 1904 que, antes de que
terminara el siglo XX, las escuelas de periodismo serían
aceptadas como instituciones de enseñanza superior, a
semejanza de las facultades de Derecho o Medicina.
Cuando Pulitzer, un tycoon de la comunicación, dice
esto, está expresando las necesidades del entonces
naciente sistema informativo descentralizado, en contra-
posición a la estructura local y dispersa de los pioneros
del periodismo estadounidense.
Pulitzer piensa desde un modelo empresarial industrial
al que le hacen falta trabajadores especializados en redac-
tar noticias a la manera en que hacen falta ingenieros para
diseñar sistemas de amortiguación. Por eso pide al siste-
ma educativo que los forme. Se acababa el tiempo de los
Mark Twain, de los periodistas que eran al tiempo activis-
tas, como el inolvidable director de periódico local en El
hombre que mató a Liberty Valance.
La información del siglo XX seguía el patrón estructu-
ral descentralizado de las redes de telecomunicaciones
sobre las que se asentaba. La información sería un pro-
ducto comercializado en exclusiva por los ciudadanos
Kane y los Estados. Eran los tiempos del Ford T y el taylo-
rismo, se desvanecía el viejo concepto de «profesional»:
ahora «profesional» equivale sólo a especialización con
conocimientos técnicos o humanísticos superiores. Se
olvida la idea de la profesión como hecho político-moral
(de profesar) para igualarse a gremio cualificado.
Es la lógica del periódico como fábrica de noticias,
como mediación informativa insustituible y necesaria.
Genera sus propios mitos: el periodista ya no es un acti-
vista, sino un técnico, un mediador necesario que prota-
goniza la libertad de expresión y garantiza el derecho
colectivo a la información («El público tiene derecho a
saber»). Mitos que encubren una realidad: el sistema
informativo industrial. Un sistema descentralizado clásico

46
en el que para poder emitir opiniones o visiones de la rea-
lidad es necesario contar con un capital equivalente al
requerido para montar una fábrica, del mismo modo que
para editar un disco o publicar un libro todavía hacen fal-
tan una discográfica o una editorial, respectivamente.
En el modelo del ecosistema informativo descentraliza-
do, los medios eran los cancerberos de la información,
que extraían unos profesionales, llamados periodistas, de
la misma realidad, dándole su primera forma textual: la
noticia. Los periódicos eran, pues, el resultado de una acti-
vidad profesional especializada que se aderezaba con la
opinión de una serie de firmas, valiosas por su posición en
el árbol jerárquico y, se suponía, mejor informadas. La ma-
terialización mítica de la figura del periodista era el corres-
ponsal, un señor descontextualizado al que se enviaba
–con notables costes– a lugares apartados donde ocu-
rrían sucesos que se juzgaban dignos de ser relatados
como noticias. La mejora de los sistemas de comunicación
no ha mejorado ni cambiado la estructura de este sistema,
sólo ha aumentado su inmediatez hasta el límite: el perio-
dista empotrado de la guerra de Iraq.
En cambio, en la enredadera digital las fuentes apare-
cen de forma hipertextual y prácticamente en tiempo real,
siendo aportadas por los propios protagonistas. Por eso
en la nueva estructura reticular de la información el centro
del periodismo ya no está en la redacción, en la conver-
sión de la información de hecho a noticia, que era lo que
daba sentido a la figura del periodista, sino en la selección
de fuentes que están, de todas formas, inmediata y direc-
tamente disponibles para el lector. Esto es lo que hacen la
mayor parte de las bitácoras y, por definición, los press-
clippings. Lo que aportan es la selección de fuentes desde
una mirada propia. Y al igual que ya no tiene sentido
entender un periódico como un «fabricante de noticias», la
firma, la opinión, ya no se fundamenta en la mejor informa-

47
ción atribuida a una persona, ya que la red da acceso a
todo el mundo a las fuentes. Lo importante ahora es la
interpretación y el análisis. Es decir, el componente delibe-
rativo que señala la aparición de una verdadera esfera
pública ciudadana no mediada industrialmente.
Se trata de una vertiente más del resultado más carac-
terístico del desarrollo de la sociedad de redes distribui-
das: la expansión de nuestra autonomía personal respecto
a las instituciones establecidas. Ganamos autonomía, por
ejemplo, cuando podemos escribir en nuestra propia bitá-
cora y establecer con otros la relación de medio y de fuen-
te, siendo parte de ese periódico mural que hacemos
todos por las mañanas con las pestañas de nuestro nave-
gador. Es decir, la red nos permite actuar socialmente a
cierta escala sin tener que contar con la mediación de ins-
tituciones externas, nos permite actuar de hecho como
«instituciones individuales» y, en ese sentido, ser mucho
más libres, tener más opciones.
En la práctica, la emergencia de una esfera informativa
pluriárquica, que es lo que de forma primitiva representan
la blogsfera, los agregadores identitarios y los nuevos
press-clippings personales, supone un verdadero proceso
de reorganización del poder que tiende a una estructura
de información distribuida.
Vivimos los primeros días de un nuevo ecosistema
mediático que, por su misma arquitectura, asegura de
modo más robusto el acceso a la información. El 13-M,
cuando los periódicos modificaron titulares a petición del
presidente del Gobierno, se produjo un verdadero swar-
ming. Al romper por tanto la división entre emisores y
receptores, la nueva estructura de la información acaba
con el periodista como técnico especializado, haciendo a
cada uno periodista de su propio medio o, mejor dicho,
nodo del gran medio reticular y distribuido que sería la
blogsfera como un todo.

48
No hay que llorar la perspectiva de la muerte del perio-
dista como figura profesional diferenciada ni que temer el
fin de los media que hasta ahora monopolizaban la repre-
sentación de la realidad e instrumentalizaban la democra-
cia. Bajo la blogsfera actual late la potencialidad de una
redistribución del poder informativo entre la ciudadanía,
donde ningún nodo sea imprescindible ni determinante,
donde todos seamos igualmente relevantes en potencia.
Bajo los blogs late, por primera vez, la pluriarquía como
posibilidad social real.
Así como el software libre representa un nuevo tipo de
bien público no estatal, la blogsfera es un medio de
comunicación distribuido, público y gratuito transnacio-
nal, la primera esfera pública democrática real y práctica-
mente universal. Si los media y sobre todo la televisión
habían privatizado la vida pública y el debate político,
reduciendo el imaginario a un espectáculo totalitario pro-
ducido industrialmente según los mismos patrones de la
producción de las cosas, la blogsfera representa el co-
mienzo de una verdadera reconquista de la información y
el imaginario como creaciones colectivas y desmercantili-
zadas.
Sin embargo, como manifestación en la esfera informa-
tiva del fin de la división y la especialización propias de las
redes descentralizadas, la blogsfera no sólo pondrá en
jaque a los media. Toda estructura de información lleva
tras de sí una estructura de poder. Los cambios en la
estructura de la esfera informativa son jaques al sistema
de representación política. Si en la práctica la blogsfera
erosiona la representación mediática, ¿cómo iba a perma-
necer incólume la representación de los mediadores polí-
ticos profesionales?
Al fin, bajo la emergencia de las redes distribuidas se
dibuja una perspectiva social y política: un mundo de
fronteras difuminadas sin mediadores profesionalizados y

49
«necesarios», sin elites filtradoras «insustituibles». La
blogsfera adelanta características que lo serán de las
nuevas formas de organización política pluriárquica.

50
Mumis y efectos red

Pero entonces, dirá el lector, ¿qué pasa con Google?
¿Desaparecerán los estándares? ¿Desaparecerán los
gigantes de Internet y todo cuanto conocemos en la red
será sustituido por nuevas formas distribuidas?
En realidad, no; es más, es posible que las redes distri-
buidas multipliquen este generoso nuevo tipo de monopo-
lista, pero vayamos por partes.
Imaginemos al tercer usuario de la red telefónica:
acceder a la red suponía para él poder hablar con dos
personas; para el cuarto, poder hacerlo con tres, y así
sucesivamente. Cuantos más miembros tiene la red de
usuarios, más valor tiene para un no miembro pertenecer
a ella. Aunque cada nuevo usuario aporta menos valor
extra a la red que el anterior, la cuestión es que el hecho
de consumirlo aporta valor al producto. A este fenómeno
se le llama «efecto red».
Los efectos red generan toda una serie de fenómenos
que han centrado la atención de los especialistas en eco-
nomía de la información.
En primer lugar incentivan la estandarización. Los cre-
adores de productos ligados al efecto red (desde el fax a
Skype) intentarán ocupar la mayor parte del nuevo merca-
do por ellos creado antes de que aparezcan competidores

51
con productos similares. Estarán interesados en convertir
su producto cuanto antes en un estándar y para ello se
mostrarán dispuestos a abrir o incluso liberar los formatos
que su producto utilice, renunciando a parte o a todos los
derechos legales de «propiedad intelectual».
Por otro lado, mientras la red crece se vive en lo que
los economistas llaman «subóptimo paretiano»: es posible
mejorar la situación de un individuo sin empeorar la del
resto.
A partir de cierto momento, cuando la red alcanza
determinado tamaño, al tratrase de un tipo de servicios en
los que el coste marginal (el producido por servir a un
cliente más o una unidad de producto más a un cliente) se
hace cero o muy cercano a cero, es posible que cada cual
tome cuanto necesite o quiera sin mermar oportunidades
de los demás. Es decir, entramos de nuevo, en una «lógi-
ca de la abundancia» como la que habíamos descubierto
en las redes distribuidas. Estamos de nuevo en una situa-
ción donde la plurarquía es posible, aunque ahora con un
único gran proveedor y distribuidor de abundancia, el
mumi. ¿Extraño nombre para Google? En realidad, es bas-
tante más antiguo.
Marvin Harris relata la institución de los mumis como
una de las bases de la organización social de los siuai de
Bougainville (islas Salomón). Aunque lo estudia como
parte de su investigación de la evolución social hacia la
jerarquización, la mera supervivencia de la figura del mumi
hasta la actualidad revela su potencia.
Los mumis son dinamizadores sociales, personas que
intensifican la producción y, posteriormente, la redistribu-
yen. El joven que aspira a ser reconocido como mumi tra-
baja sin descanso en la preparación de festines con los
que agasajar a la tribu. Con ello obtiene cada vez más
seguidores, que le proveerán de carne y cocos para nue-
vos festines, aún mayores. Si es capaz de ofrecer un ban-

52
quete mejor que el de los mumis establecidos, su renom-
bre aumentará, se ganará a los seguidores del hasta
entonces mumi y se convertirá en el líder de la tribu.
La clave de los mumis de Internet es que, al igual que
los melanesios, tienen muy difícil pasar a ser jefes y cobrar
por sus servicios volviendo a una economía de la escasez.
Cualquier aspirante a mumi podrá repetir la oferta a precio
cero. Si esto es así, superado cierto umbral, el efecto red
operará a su favor y el viejo mumi desaparecerá en el olvi-
do o será relegado a un mercado marginal.
Así fue como Google desbancó en el mercado de bus-
cadores a Altavista y Yahoo! o hizo pasar a la historia al
viejo Usenet, donde los grupos se formaban por decisión
democrática, al lanzar Google Groups, donde la formación
de grupos es libre y gratuita.
Los mumis representan la forma más rápida de acce-
der a la lógica de la abundancia. Los efectos de la apari-
ción de los mumis son similares a los de la extensión de
las redes distribuidas. De hecho, los mumis pueden apa-
recer como reacción de un nodo centralizador que gestio-
na una comunidad produciendo escasez ante la
posibilidad de que la red se haga distribuida.
Mi ejemplo favorito de cómo un mumi genera formas
de comunicación distribuida es del.icio.us, un servicio que
nos permite guardar con comentarios y etiquetar las pági-
nas que llaman nuestra atención. En principio del.icio.us
estaba planteado como una forma de ampliar nuestra
colección de favoritos y hacerla independiente del ordena-
dor desde el que navegásemos. Al incorporar etiquetas, el
sistema nos permitía ver también no sólo cuántos usuarios
más habían seleccionado ese enlace, sino qué páginas
eran más populares bajo cada etiqueta.
Pero entonces aparecieron una serie de sitios (reddit,
digg y sus clones en todo el mundo) en los que los usua-
rios podían proponer y votar noticias y entradas de blogs.

53
El sistema de estos servicios agrega todos los votos indi-
viduales y publica en portada un único listado con los
posts más votados. En su conjunto, todos estos grupos de
votación forman una red descentralizada en la que cada
uno de estos sitios se especializa en un idioma o un tema.
De alguna manera, como todos los nodos en una red
descentralizada, fabrican escasez. ¿Por qué votar entre
todos un único resultado? ¿No sería más lógico que cada
cual pudiera decirle al sistema qué resultados quiere obte-
ner, qué opiniones de otros usuarios quiere consultar?
Cuando los usuarios empezaron a plantear estas pre-
guntas e incluso a montar con software libre sistemas
similares para sus comunidades, del.icio.us vio su oportu-
nidad. Su sistema también podía servir, e incluso de mejor
forma, para compartir noticias y novedades entre usua-
rios. De hecho, muchos usuarios ya lo hacían. Utilizando
la RSS que del.icio.us genera para cada página de resul-
tados, publican de manera dinámica en sus blogs los
favoritos que van marcando al leer otros blogs y noticias
cada día.
Seguramente pocos iban a poner en su blog el resul-
tado mundial de agregar los favoritos de todos los usua-
rios de del.icio.us, pero desde luego sí que consultarían el
sistema para ver qué otras cosas marcan sus amigos,
compañeros y conocidos, las personas de su red con las
que comparten intereses y afinidades o por cuyos gustos
sienten, cuando menos, curiosidad.
Así que del.icio.us lanzó del.icio.us network, una posibi-
lidad de señalar a otros usuarios como parte de tu red y
tomar de sus cuentas en tiempo real los enlaces que mar-
can como interesantes durante su navegación por la red.
Por supuesto, que alguien te señale como parte de su red
no implica que aparezca en la tuya hasta que tú no le
agregaras. De ese modo, cada usuario puede obtener una
agregación diferente de las elecciones de los demás usua-

54
rios. Así, del.icio.us centraliza en su sistema para distribuir,
para generar tantas agregaciones distintas como produci-
ría una red distribuida y generando, de hecho, una red dis-
tribuida de información.
Entre los agregadores fue reddit el primero en oler el
peligro: mejor ser mumi, y dar a cada cual lo que pida, que
ser desplazado por una eclosión de sistemas de intercam-
bio de noticias comunitarios. Nacía reddit friends, una ver-
sión del servicio en la que cada usuario puede decir qué
votos son los que quiere agregar y de quién han de ser las
propuestas que se le planteen a votación. A diferencia del
sistema original, ahora no existe ya un único resultado
colectivo votado entre todos. Existen tantos resultados
distintos como usuarios, intereses y gustos, exactamente
igual que si el sistema de grandes nodos centralizadores
de votaciones se hubiera visto sustituido por una gran red
distribuida.
Los mumis fueron una de las primeras novedades que
la experiencia de Internet aportó a la economía de la infor-
mación. Al estudiarlos, el economista español Juan Urrutia
creó el concepto mismo de «lógica de la abundancia».
De forma general podríamos decir que existen dos
modelos generadores de lógica de la abundancia, el que
se produce por la extensión de una red distribuida y el que
se genera a partir de una red centralizada donde el centro
(el mumi) es muy volátil. Si la blogsfera es un ejemplo del
primero, del.icio.us, Google y muchos de sus productos lo
serían del segundo.
Al final, bajo una infraestructura de servicios u otra, lo
que se debilita es el viejo mundo de las redes descentra-
lizadas y los poderes basados en filtrar la información y lo
que avanza es la promesa abierta de la pluriarquía.

55
La primavera
de las redes

Como muy bien podemos observar en la siguiente ilustra-
ción, entre las «ciberturbas» de Filipinas, España y Francia
y los movimientos contestatarios descentralizados «tradi-
cionales» ha habido todo un periodo de transición, marca-
do por las revoluciones democráticas del Este europeo.
Estos movimientos –que tienen sus propios antece-
dentes– ya tenían elementos de un mundo y una estruc-
tura de la información que son, cada vez más, distribuidos.
Merece la pena, aunque sólo sea por eso, detenernos en
ellos.

57
Los ochenta se abrieron con movimientos espontáne-
os y masivos en Polonia frente a la dictadura comunista.
Entonces, el marco de los bloques, con el consiguiente
peso de la Iglesia católica como símbolo de identidad
nacionalista y la tradición de movilizaciones obreras con
los debates sobre el papel de Solidarność, restaron prota-
gonismo en el relato a las formas reticulares distribuidas y
al carácter autoorganizado y espontáneo del movimiento.
Pero fue el final de la década el que evidenció una con-
tinuidad indudable entre la experiencia polaca y los nue-
vos movimientos democráticos. Las referencias básicas las
dieron las manifestaciones de finales de 1989 en el Berlín
Este aún separado, la Revolución Cantarina que llevó a la
independencia de los países bálticos y, sobre todo, la
Revolución de Terciopelo checoslovaca.
El baño de sangre en el que acabó «la Golaniada»
rumana en 1990 cerró el ciclo, abriendo una etapa en la
que los viejos poderes de la época dictatorial se defende-
rían sanguinariamente en una brutal huida hacia delante y
en la que los aparatchiks croatas y serbios llegarían a gra-
dos de horror inimaginables en Europa tras la caída nazi.
Habría de ser precisamente en Serbia donde una
nueva oleada revolucionaria volvería a marcar el paso de
la historia de Europa. La palabra mágica: Otpor! («resis-
tencia»). Otpor! supuso una novedad y marcó una ten-
dencia que seguimos viendo hoy. Pronto le seguirían
Kmara en la Revolución de las Rosas en Georgia, Pora en
la Revolución Naranja de Ucrania, Kelkel en la Revolución
Tulipán (o de los Limoneros) en Kirguistán. Todavía están
fuertemente activas Zubr en Bielorrusia y MJAFT! en
Albania. Se trata de redes agitativas de casi imposible
reciclaje tras la revolución, pero que se constituyen para
crear la masa crítica y acercar el tipping point que lleve a
la explosión de las redes. Los albaneses lo mismo organi-
zan movilizaciones frente a la telefónica local que montan

58
media-buses. Ayudar a la formación de redes sociales
mediante campañas es la estrategia de los revoluciona-
rios del nuevo siglo.
Tras el movimiento serbio, que culminó con la caída de
Milosevic, el protagonista fue Filipinas, la primera gran
«ciberturba» en la que las movilizaciones ciudadanas es-
pontáneas autoorganizadas mediante SMS consiguieron
la dimisión del presidente Estrada, un movimiento que
parece estructuralmente gemelo al 13-M español y con
parecidos muy llamativos con las ciberturbas francesas de
noviembre de 2005, de las que hablaremos más adelante.
Las revoluciones ciudadanas en el Este europeo nos
enseñan el protagonismo político de las redes sociales
con o sin nodos de «enzimas» empujándolas, pero también
el papel que juegan las tecnologías en ellas: no sólo son
los SMS en Filipinas o España; Kelkel o Zubr son antes
que nada blogs, bitácoras agitativas que convocan y reali-
zan actos que favorecen la eclosión de las redes sociales
en la escena pública.
La importancia y amplitud de todos estos movimientos,
que tienen además consecuencias no sólo locales, sino
que modifican los equilibrios internacionales entre poten-
cias cambiando el mapa del mundo, no pueden ser des-
deñadas. Estamos viviendo una verdadera Primavera de
las Redes, desde Serbia hasta Ucrania, desde Kirguistán
hasta Bielorrusia, e incluso Kuwait.
Se trata de un movimiento global en el que países con
contextos muy diferentes, con trasfondos culturales y reli-
giosos de todo tipo, desarrollan movimientos ciudadanos
en red que convierten directamente a la ciudadanía en fis-
calizadora de los procesos democráticos, denunciando
fraudes electorales, corrupciones y excesos autoritarios
de los gobernantes. La Primavera de las Redes es la mate-
rialización histórica concreta de la globalización de la
democracia y las libertades.

59
Y tras toda esta experiencia, el blog debe ser visto,
también, no sólo como un medio de comunicación distri-
buido, sino como una nueva forma de organización políti-
ca que nace espontáneamente dentro de las redes de
información distribuida y en la que los individuos viven y
representan vidas no separadas, vidas donde lo político, lo
laboral, lo personal no está categorizado y compartimen-
tado. Vidas en pack.
Esta forma nueva, que parte de los modelos contempo-
ráneos de la resistencia civil no violenta, le debe su éxito a
la difusión y demostración de un estilo de vida basado en
el fortalecimiento colectivo e individual de las personas
frente al poder; un fortalecimiento que pasa por pequeños
gestos, por bromas, por carteles que, uno a uno, son insig-
nificantes pero que, agregados, minan los consensos implí-
citos que sostienen el poder. Risas, partidos de fútbol,
murales, carteles y rock & roll son las herramientas que,
transmitidas y elaboradas colectivamente en red, bloguea-
das cada día, cuajan en los núcleos activistas de las
Revoluciones de Colores, desde Serbia hasta Ucrania.
El blog resume el carácter de red de estos movimien-
tos revolucionarios. Si la web del nodo activista es un
auténtico repositorio de métodos de lucha individual, de
propuestas de carteles, eslóganes y pegatinas para des-
cargar y, cómo no, de ecos de las convocatorias que cada
grupo autónomo organizaba en las distintas ciudades, el
espíritu, el motor, residía en los blogs y las páginas de la
propia gente que se unía a la red. Blogs que, por supues-
to, mezclaban el análisis político con el relato personal.
El resultado agregado genera la imagen de que los
activistas serbios, como luego en Ucrania, estaban agru-
pados más por un espíritu que por otra cosa, por un fondo
de humor subversivo y rock & roll.
La imagen de las nuevas formas de organización se
representa mejor con una enredadera incrustable en el

60
propio blog, como feevy.com, que con un portal de con-
signas como los que solían mantener los partidos. Blogs
personales, nodos asociativos al estilo de blogaditas.com/
planet o usfbloggers.com (también hechos con feevy),
experimentos colectivos o individuales que se agrupan
automáticamente en un espacio que les permite compar-
tir lectores y crecer juntos mientras aumentan los debates
y las propuestas. Una representación pluriárquica de
unos activistas que se entienden a sí mismos como netó-
cratas y saben que pueden proponer y federar, no
comandar ni encuadrar; unos activistas que viven su
acción y la representan en los blogs como un todo, con
muchas dimensiones, no en un aburrido y limitado eje
ideológico clásico.
Sustituyendo las graves asambleas por blogs, agrega-
dores y enlaces, cambiando los mítines y las banderas por
conciertos rockeros y carteles autoimpresos con lemas
provocativos, la revolución se vive en primera persona
como algo gozoso, creativo, divertido y pleno, prefiguran-
do el modo de vida por el que se lucha y la libertad que se
anhela en el estilo de vida que se describe. La gente se
adhiere a una manera de vivir, a una apuesta por la vida.
Como decía al hacer balance el gran Srdja Popovic:

Ganamos porque amábamos más la vida. Decidimos
amar la vida y no puedes golpear eso. Y eso es jus-
tamente lo que Otpor hizo. Éramos un grupo de fans
de la vida y por eso ganamos.

El fondo, una vez más, es el poder que nos da la red
para crear (y demoler) mitos, para ganar el futuro contan-
do historias. Porque la revolución, las nuevas libertades,
son un cuento, un hermoso cuento de futuro que se hace
realidad cuando nos lo creemos, lo compartimos y empe-
zamos a vivir, hoy ya, en él.

61
Tan revelador como las formas y los lenguajes de la
«Primavera de las redes» fue la incapacidad del poder para
entender a qué se estaban enfrentando. Al carecer de una
estructura estrictamente jerárquica que supervise y comu-
nique, las viejas organizaciones sienten que sus antago-
nistas son cada vez más inaprensibles. La clave de las
redes distribuidas está en su identidad, en la existencia de
un espíritu común que los netócratas modulan a través de
mensajes públicos.

62
Ciberactivistas

Como vimos en las Revoluciones de Colores, nunca la tec-
nología había sido tan instrumental, tan poco protagonis-
ta por sí misma, como en los nuevos conflictos. Ya en los
años noventa escribían Arquilla y Ronsfeld en Swarming
and the Future of Conflict:

La revolución informacional está cambiando la forma
en que la gente lucha a lo largo de todo el espectro
del conflicto. Lo está haciendo fundamentalmente
mediante la mejora de la potencia y capacidad de
acción de pequeñas unidades, y favoreciendo la
emergencia de formas reticulares de organización,
doctrina y estrategia que hacen la vida cada vez más
difícil a las grandes y jerárquicas formas tradiciona-
les de organización. La tecnología importa, sí, pero
supeditada a la forma organizativa que se adopta o
desarrolla. Hoy la forma emergente de organización
es la red.

En este mundo reticular, con una multiplicidad de agen-
tes que actúan autónomamente, coordinándose espontá-
neamente en la red, el conflicto es «multicanal», se da
simultáneamente en muchos frentes, y del aparente caos

63
emerge un «orden espontáneo» (el swarming) que resulta
letal para los viejos elefantes organizativos. Esta coordina-
ción no requiere en la mayoría de los casos ni siquiera una
dirección consciente o una dirección centralizada. Al con-
trario, como señalaba el propio profesor Arquilla, en la
identidad de red, «la doctrina común es tan importante
como la tecnología».
La misma guerra en la sociedad red, la netwar, es una
guerra de corso en la que pequeñas unidades «ya saben lo
que tienen que hacer» y saben que «tienen que comunicar-
se entre sí no para preparar la acción, sino sólo a conse-
cuencia de ella y, sobre todo, a través de ella». En este tipo
de enfrentamiento la definición de los sujetos en conflicto,
lo implícito, es más importante que lo explícito (los planes
o estrategias basados en líneas causales acción-reacción).
El swarming es la forma del conflicto en la sociedad
red, la forma en que el poder es controlado en el nuevo
mundo y, al tiempo, la forma en que el nuevo mundo logra
su traducción de lo virtual a lo material.
¿Cómo organizar, pues, acciones en un mundo de
redes distribuidas? ¿Cómo se llega a un swarming civil? En
primer lugar, renunciando a organizar. Los movimientos
surgen por autoagregación espontánea, así que planificar
qué va a hacer quién y cuándo no tiene ningún sentido,
porque no sabremos el qué hasta que el quién haya
actuado.
El ciberactivismo hoy se basa en el desarrollo de tres
vías unidas por un mantra mil veces escuchado en los
movimientos de estos años: empowering people.

1. Discurso
El ciberactivismo con éxito tiene mucho de profecía
autocumplida. Cuando se alcanza un cierto umbral de
gente que no sólo quiere sino que cree poder cambiar
las cosas, el cambio se hace insoslayable. Por eso los

64
nuevos discursos parten del empowering people, de
relatos de individuos o pequeños grupos con causa
que transforman la realidad con voluntad, imaginación
e ingenio. Es decir, los nuevos discursos definen el acti-
vismo como una forma de «hacking social».
Son los nuevos mitos y, además, en un sentido
absolutamente posmoderno: no imponen una jerarquía
de valores estricta, un juego de valores y un credo, al
estilo de los socialistas utópicos o los randianos, sino
que proponen «rangos», cauces de una cierta manera
de mirar el mundo, de un cierto estilo de vida que será
el verdadero aglutinante de la red. Por eso, toda esta
lírica discursiva lleva implícito un fuerte componente
identitario que facilita a su vez la comunicación entre
pares desconocidos sin que sea necesaria la media-
ción de un «centro», es decir asegura el carácter distri-
buido de la red y, por tanto, su robustez de conjunto.

2. Herramientas
Es más importante el desarrollo de herramientas que
hagan claramente visible la posibilidad del hacking
social a los individuos que cualquier convocatoria que
podamos organizar. El ciberactivismo, como hijo de la
cultura hacker, se reitera en el mito del hágalo usted
mismo, de la potencia del individuo para generar con-
sensos y transmitir ideas en una red distribuida.
La idea es: desarrolla herramientas y ponlas a dis-
posición pública. Ya habrá quien sepa qué hacer con
ellas. Las herramientas no son neutrales. Desde archi-
vos descargables para hacer plantillas, volantes y cami-
setas hasta software libre para hacer y federar blogs,
pasando por manuales de resistencia civil no violenta
con mil y un pequeños gestos cotidianos que propa-
gar; todo esto lo hemos visto en Serbia primero y en
Ucrania y Kirguistán después. Y funciona.

65
3. Visibilidad
Las herramientas tienen que estar pensadas para que
la gente, mediante pequeños gestos, pueda recono-
cerse en otros como ellos. La visibilidad del disenso, la
ruptura de la pasividad es la culminación de la estrate-
gia de empowering people.
La visibilidad es algo por lo que hay que luchar per-
manentemente. Primero online (valga una vez más el
ejemplo de los agregadores) y luego offline. La visibili-
dad, y por tanto la autoconfianza del número, es la
clave para alcanzar tipping points, momentos en los que
se alcanza el umbral de rebeldía y la información y las
ideas se propagan por medio de un número de perso-
nas que crece exponencialmente. De ahí la importancia
simbólica y real de las ciberturbas, manifestaciones
espontáneas convocadas mediante el «pásalo», blog a
blog, boca a boca y SMS a SMS.

Un ciberactivista es alguien que utiliza Internet, y sobre
todo la blogsfera, para difundir un discurso y poner a dis-
posición pública herramientas que devuelvan a las perso-
nas el poder y la visibilidad que hoy monopolizan las
instituciones. Un ciberactivista es una enzima del proceso
por el que la sociedad pasa de organizarse en redes jerár-
quicas descentralizadas a ordenarse en redes distribuidas
básicamente igualitarias.
La potencia de las redes distribuidas sólo pueden
aprovecharla plenamente quienes creen en un mundo de
poder distribuido y, en un mundo así, el conflicto informa-
tivo adopta la forma de un swarming en el que los nodos
van sincronizando mensajes hasta acabar propiciando un
cambio en la agenda pública. Y en el límite, la movilización
espontánea y masiva en las calles: la ciberturba.

66
Épica y lírica
en el
relato de los blogs

Llegado a este punto quisiera hacer una pequeña pausa
para plantearles una distinción sobre la forma de relatar
que ya avanzábamos con la cita de Popovic y la caracteri-
zación del discurso ciberactivista típico como una lírica.
La lírica, entendida como la forma de proyectar opcio-
nes de futuro desde lo que se vive, se siente, se disfruta y
se hace en el presente, no es sino la representación en
relato de un ethos particular, de una manera de vivir que
se plantea como opción entre otras, que no busca anular
el campo a las otras ni negarlas. La lírica invita a sumarse
sin diluirse, busca la conversación, no la adhesión. Se trata
de una opción ética frente a la dimensión excluyente,
sacrificial y de confrontación que irremediablemente plan-
tea la épica.
Es cierto que esta distinción no es novedosa en abso-
luto, salvo tal vez en su traducción al blogging, a ese quie-
ro hacer un hermoso blog como parte de una hermosa
vida tan querido de los ciberpunks y los sionistas digitales.
Merece la pena, en cualquier caso, retomar el debate lite-
rario.

67
En Sobre el amor y la muerte, Patrick Süskind confron-
ta al lírico Orfeo –humano y creador mítico de las primeras
canciones– con el épico Jesús de Nazaret.

[Orfeo] había perdido a su joven mujer mordida por
una serpiente venenosa. Y está tan desconsolado
por la pérdida que hace algo que puede parecernos
demente, pero también completamente comprensi-
ble. Quiere devolver a la vida a su amada muerta. No
es que de por sí pusiera en duda el poder de la
muerte ni el hecho de que le correspondiera la últi-
ma palabra; y mucho menos trata de vencer a la
muerte de una forma representativa, en beneficio de
toda la Humanidad o de una vida eterna. No, sólo
quiere que le devuelvan a ella, a su amada Eurídice,
y no para siempre y eternamente, sino por la dura-
ción normal de una vida humana, a fin de ser feliz
con ella en la Tierra. Por eso, el descenso de Orfeo
al Submundo no debe interpretarse en modo algu-
no como una empresa suicida, sino como una
empresa sin duda arriesgada, pero totalmente orien-
tada a la vida y que incluso lucha desesperadamen-
te por la vida […]
Hay que reconocer que el discurso de Orfeo se
diferencia de forma agradable del rudo tono de
mando de Jesús de Nazaret. Jesús era un predica-
dor fanático, que no quería convencer sino que
reclamaba un vasallaje sin condiciones. Sus manifes-
taciones están salpicadas de órdenes, amenazas y el
reiterante y apodíctico «pero yo os digo». Así hablan
en todos los tiempos los que no aman ni quieren sal-
var a un solo hombre sino a toda la Humanidad.
Orfeo, sin embargo, sólo ama a una y sólo a ella
quiere salvar: Eurídice. Y por eso su tono es más
conciliador, más amable […]

68
El nazareno nunca comete errores. E incluso
cuando parece cometerlos –por ejemplo al admitir a
un traidor en su propio grupo–, el error está calcu-
lado y forma parte del plan de salvación. Orfeo, sin
embargo, es un hombre sin planes ni habilidades
sobrehumanas y, como tal, capaz en cualquier
momento de cometer un gran error, una horrible
estupidez, lo que hace que nos resulte otra vez sim-
pático. Se alegra traviesamente –¿quién podría
tomárselo a mal?– de su éxito. Ha conseguido algo
que, antes de él, nadie había logrado.

Seguramente muchos cristianos se sentirán excluidos
de la visión de Jesús que utiliza Süskind. No importa, no
es lo relevante en esta larga cita. Cambien a Jesús por el
Che o por cualquier líder salvífico, por cualquiera que ha-
ga de la épica, del sacrificio último, del deseo de morir por
otros, la base de su relato de futuro.
La clave que acertadamente señala el autor alemán es
que lo épico va indisolublemente ligado al amor a los
demás como algo abstracto. Por eso la solución que apor-
ta el héroe es necesariamente totalizadora y pasa por
encima de cada uno como forma de resolver el todo. La
épica es definitivamente monoteísta en el sentido en que
lo son las grandes máquinas teóricas de la modernidad.
Orfeo, la lírica al fin, parte de la humildad del uno entre
muchos, del amor y lo concreto, de la persona –que no del
individuo–, asumiéndose y proyectándose hacia todos
desde el reconocimiento de la diferencia propia y la de
cada uno de los demás. Orfeo ofrece e innova sin intentar
elevar ni hacer aceptar a los demás una verdad global
única. Por eso su relato se hace aceptable desde la pos-
modernidad, porque su acción y su relato no pretenden
ser el cierre de nada, sino parte de la gran fiesta de su
propia vida. Una fiesta con las puertas abiertas. Por eso la

69
lírica abre una conversación. A partir de ella caben tanto
la inclusión como un irónico distanciamiento, pero no la
excomunión.
En la épica, en cambio, sólo cabe la adhesión o la ex-
clusión, pues sólo habla el héroe, hijo del Dios de un logos
(razón y palabra) que no reconoce otra verdad que la suya
propia.
No hace mucho Desmond Morris dedicó un curioso
ensayo a la felicidad: La naturaleza de la felicidad. La defi-
nía como el súbito trance de placer que se siente cuando
algo mejora y la fundamentaba como un logro evolutivo de
nuestra especie, como el premio genético que recibimos
las criaturas de una especie que se hizo curiosa, básica-
mente pacífica, cooperativa y competitiva para poder
adaptarse y superarse en un medio diverso y cambiante.
Morris argumenta que si la felicidad es pasajera es
porque está ligada al cambio. Así, el muy reiterado lema
de Juan Urrutia «dejarse arrebatar por el cambio» resumi-
ría como ninguno el atractivo irrenunciable de la lírica de
la innovación y su perspectiva gozosa del futuro.
La lírica de las redes es un canto del goce, de la felici-
dad provocada por el cambio. Es una lírica rebelde en
tanto que la rebeldía se incorpora a la teoría de las redes
sociales: al cantar la felicidad producida por el cambio, por
la innovación, al aumentar la expectativa del premio a reci-
bir por quien se una, invita a reducir el umbral de rebeldía
del oyente impulsando la extensión de los nuevos com-
portamientos y, precisamente por ello, la cohesión social.
En este marco, la lírica entendida como el relato de la
felicidad, desde la felicidad o en su expectativa, supone
una invitación al cambio desde la ejemplaridad del explora-
dor, del cartógrafo que reduce los riesgos experimentan-
do a su propia costa para hacer públicos los resultados.
Frente a la épica del conquistador, del combatiente, que
prefigura una sociedad de sacrificio y conquista, de indivi-

70
duos sufrientes en pos de un plus ultra, de una victoria
final que dé sentido a la Pasión sufrida, la lírica de la inno-
vación social se parece más bien al apasionado relato del
naturalista que vive un descubrimiento permanente y pro-
gresivo, que sabe el más allá infinito y valora lo recorrido
en sí mismo, como una obra completa, como una reinven-
ción permanente, una Resurrección gozosa.
La épica se adapta mal a las redes, al menos a las de
las culturas meridionales, porque es cosa de individuos,
de soledades. Prometeo cumple aislado su castigo. El
Jesús épico, el del martirio, es un Jesús solitario («Padre,
¿por qué me has abandonado? »). El Cristo de la Re-
surrección vuelve para relacionarse con otros, visita a los
amigos y a su madre, reconstruye la red rota por el agota-
miento producido por su propio sufrimiento en quienes le
amaban, devolviendo la fe agotada y antecediendo el gran
milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra para
cada uno de los miembros del cluster original.
Es difícil expresar hasta qué punto, desde la mirada y la
práctica de las redes, el individuo es una abstracción abe-
rrante. No somos individuos, somos personas definidas no
sólo por un ser, sino por un conjunto de relaciones, de con-
versaciones y expectativas que configuran una existencia.
Lo que vale para el individuo no vale para la persona.
No está en el enemigo nuestro espejo cuando uno no es
uno sino varios. El esfuerzo épico es el esfuerzo por obte-
ner una identidad coherente basada en la confrontación,
por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno.
Por eso la épica simplifica y homogeneiza. Pero la lírica nos
dice que nuestra identidad no reside en lo que es, sino en
lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguien-
te cambio, de la siguiente mejora posible. Nos invita, pues,
a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera
cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino,
cada cual el suyo, no a aceptar un único destino.

71
Por ello la épica ve lo colectivo como organización,
como molde, como ejército, como resultado de un plan o
una voluntad trágica. El Che cuenta Bolivia como un Cristo
sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata
lo colectivo desde lo común, como la magia (cuya inven-
ción, por cierto, atribuían los griegos a Orfeo), como la
imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de expe-
rimentos, de juegos. Nada más lejos de la chejiná cabalís-
tica y mesiánica que culmina en el Nuevo Jerusalén que el
derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que ofrece
el contrapunto subversivo y lírico al orden moderno de la
Constitución estadounidense.
Y éste es el marco desde el que el poder se define en
ambas formas de relato como algo realmente opuesto. En
la épica, el poder emerge como resultado de la batalla.
Tras ella queda el vacío o un nuevo ciclo fractal de guerra
a nueva escala. Tras la Ilíada, la Orestíada. Del sacrificio de
Ifigenia a la persecución de Orestes por su propia madre,
media el triunfo de Agamenón: la Troya engañada, vejada
y arrasada.
Del relato lírico el poder emerge como consenso, como
resultante colectivo de un experimento testado por
muchos, de un camino que descubre un hito por el que
pasa, para muchos, la forma de construir una existencia
arrebatada por el cambio. El poder del lírico emerge de su
capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar
nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos
en una red entiendan como mejora, como fuente de felici-
dad para cada uno.
Construir un hermoso blog como bitácora de una her-
mosa vida. Construir y cantar lo construido. Porque, al fin,
¿puede haber mayor triunfo que el de construir la felicidad
desde lo pequeño?

72
Ciberturbas

Todos tenemos una idea intuitiva de las ciberturbas. Una
definición no problemática podría ser:

La culminación en la movilización en la calle de un
proceso de discusión social llevado a cabo por
medios electrónicos de comunicación y publicación
personales en el que se rompe la división entre cibe-
ractivistas y movilizados.

La idea central es que es la red social en su conjunto
la que practica y hace crecer el ciberactivismo, a dife-
rencia de otros procesos, como las Revoluciones de
Colores, donde la permanencia de estructuras descen-
tralizadas junto con las distribuidas llevó al mantenimien-
to de la división ciberactivistas/base social de una forma
clara. Como hemos visto, existían «organizaciones con-
vocantes», aunque sólo fueran, a su vez, pequeñas sub-
redes sociales de activistas más que organizaciones
tradicionales.
Una de las características definitorias de las cibertur-
bas es que es imposible encontrar en ellas un «organiza-

73
dor», un «grupo dinamizador» responsable y estable. En
todo caso, encontraremos «propositores» originales que
en el curso de la movilización tienden a disolverse en el
propio movimiento. Entre otras cosas porque las cibertur-
bas nacen en la periferia de las redes informativas, no en
su centro.
El problema con movimientos tan nuevos y que influyen
tanto en la agenda política, como los que hemos caracte-
rizado como ciberturbas, es que resulta sumamente difícil
discutir sobre ellos o analizarlos sin que la percepción y
valoración del receptor estén mediadas por sus conse-
cuencias o por su posición en los debates políticos que
abren.
En España ha sido obvio con las movilizaciones de la
noche del 13 de marzo de 2004. En Filipinas había pasado
antes. Podría parecer que hubiera muchas más oportuni-
dades para el análisis desapasionado en el caso francés, al
ser el movimiento tan pobre propositivamente y causar una
repulsa tan generalizada. Sin embargo, al haberse confun-
dido mediáticamente con el debate sobre la inmigración, e
incluso con el miedo al terrorismo yihadista, tampoco está
libre de condicionamientos partidarios.
Cuando nos acercamos a ellos, lo primero que nos
llama la atención es la existencia de una división clara
entre una fase deliberativa –de debate– y otra de convo-
catoria y movilización en la calle. La primera es relativa-
mente amplia, aunque subterránea en la medida en que
no se ve reflejada en los medios tradicionales. De hecho,
es constatable como en los tres casos más recientes los
blogs tuvieron un papel fundamental como herramienta,
aunque lógicamente, la «conversación» armada por cada
uno de ellos involucrara áreas distintas de la blogsfera. De
hecho, parece que la tendencia es a que la web tenga un
peso cada vez mayor en esta fase, paralelo a la expansión
de las tecnologías de publicación personal.

74
Pasamos de las radios locales y los foros online filipinos
del año 2001 a la combinación de medios digitales alter-
nativos, foros y blogs relativamente centrales e ideologiza-
dos en el periodo del 11-12 de marzo de 2004 en España,
para finalmente llegar a la llamada «blogsfera periférica» en
el noviembre francés de 2005 y el macrobotellón español
de 2006.
En cada caso no sólo el número de emisores aumenta
con respecto al anterior, sino también el número total de
personas involucradas en la comunicación. En este caso el
ejemplo francés es especialmente interesante, en la medi-
da en que ese entorno deliberativo se crea sobre la mar-
cha, de forma relativamente espontánea a partir de un par
de «páginas de homenaje» creadas en un servicio gratuito
de blogs ligados a una emisora de música, Skyrock.
A los pocos días de comenzar las revueltas la policía
francesa ya era consciente de que no se enfrentaba a una
explosión irracional de los barrios, sino a una forma con-
temporánea de violencia urbana organizada, la guerrilla en
red surgida espontáneamente a partir de la repercusión
de las primeras algaradas. Así lo declaraba la televisión
pública francesa:

Des policiers évoquent aussi l’«émulation» entre
groupes, via des «blogs», une compétition entre quar-
tiers voisins ou la recherche d’une exposition média-
tique.

Trece días después, tres bloggers fueron detenidos por
su papel en las revueltas francesas. Según el diario Li-
beration:

Ces blogs, intitulés «Nike la France» et «Nique l’État»
ou encore «Sarkodead» et «Hardcore», incitaient à
participer aux violences dans les banlieues et à s’en

75
prendre aux policiers. Ils ont été désactivés par Sky-
rock le week-end dernier. L’information a été ouverte
pour «provocation à une dégradation volontaire dan-
gereuse pour les personnes par le biais d’internet».
Les trois jeunes gens, dont deux de Seine-Saint-
Denis (Noisy-le-Sec et Bondy), âgés de 16 et 18 ans
et un autre, 14 ans, des Bouches-du-Rhône, avaient
été arrêtés lundi matin […]. Les trois jeunes qui «ne
se connaissent pas entre eux», avaient «pris comme
support» le site internet de la radio Skyrock. […].

Dado el aspecto de los blogs mientras estuvieron
abiertos, los tres chicos parecían poco más que lammers,
usuarios muy poco avanzados que normalmente harían un
uso lúdico de la red y poco más y que, como escribía en
esos días Alejandro Rivero, «lo que pretendían hacer era
una página de homenaje y les pilló de sorpresa el que se
empleara para pegar convocatorias».
Esto lo confirmaría el hecho de que alojaran sus blogs
en Skyblog, un servicio de blogs gratuitos que es el equi-
valente francés del MSN-Spaces en el mundo hispano,
con un perfil de usuario muy similar. Pura «blogsfera perifé-
rica», pero masiva. De hecho, se calcula que en el caso his-
panoparlante agrupa a más de dos millones de personas.
Además, la información señala que «no se conocían
entre sí». De hecho, lo más probable es que percibieran a
los otros, si habían dado con ellos en la red, como compe-
tidores. La competencia, en las redes distribuidas y sobre
todo en el marco de un naciente swarming, se convierte
en cooperación. Pero evidentemente esto iría más allá de
los tres nodos originales. Como señalaba el blogger
Alejandro Rivero,

a lo largo de la semana han aprendido sobre la mar-
cha, autocitándose y linkando unas páginas con otras

76
para evitar tanto los cierres como las sobrecargas
técnicas ¡al pasar de 2^14 comentarios!

La multiplicación de nodos (blogs) fácilmente interco-
nectados entre sí (a través de los comentarios) generó un
medio de comunicación específico y distribuido, una sub-
blogsfera alojada en Skyblog que en muy poco tiempo se
convirtió en todo un ecosistema informativo, a pesar de
haber aparecido, como hemos visto, muy toscamente. Se
trataba de un subsistema donde emulación y competencia
generaron como resultado un óptimo acumulativo (de
conocimiento), al permitir muy rápidamente alcanzar la
masa crítica de blogs nuevos e implicados, y que por tanto
sentó las bases de una cierta forma de cooperación social.
Lo verdaderamente fascinante de esta experiencia es
esta convivencia de elementos estructuralmente muy
avanzados, muy contemporáneos, propios del swarming
(blogs, móviles, acumulación rápida de conocimiento téc-
nico por mera interconexión espontánea de los nodos)
con la tosquedad de las intenciones, la ausencia casi total
de discurso y estrategia de poder (no se reivindicaba nada
más allá de que Sarkozy se disculpara, aunque se expre-
sara mucho).
Seguramente por eso, y debido más que nada a las
carencias de base generadas por el sistema educativo, la
fase deliberativa en el caso francés fue sumamente breve
y evolucionó hacia la acumulación técnica de conocimien-
tos en formas de guerrilla urbana, superponiéndose a la
coordinación y convocatoria realizada sobre todo median-
te teléfonos móviles.
Durante aquellos días los medios de media Europa
insistieron en trazar un paralelismo con las revueltas
raciales de Los Ángeles en 1994. Pero lo interesante son
las diferencias, no sólo en las bajas producidas (53 muer-
tos en LA frente a uno en todos los enfrentamientos calle-

77
jeros franceses), sino sobre todo en la evolución y la
forma. En Los Ángeles las noches y los días fueron igual-
mente peligrosos y los saqueos fueron constantes.
Aunque ambos movimientos acabaron por una mezcla de
represión y agotamiento interno (producto de su ausen-
cia de contenido reivindicativo claro), el ciclo (día/noche
y entre días) fue radicalmente diferente. En Francia vimos
cómo de la violencia espontánea y localizada emergía una
conciencia de acción colectiva, de juego/ataque/compe-
tencia grupal no sólo en los barrios, sino entre ellos y
entre las ciudades. Y como resultado vimos un crescen-
do tanto en extensión como en capacidad de organiza-
ción técnica de las algaradas; todo ello sin alejarse más
de unas manzanas de casa.
Las revueltas francesas llegaron a convertirse en un
swarming nacional para finalmente desinflarse. Se desin-
flaron porque sus protagonistas adolecían, ya de partida,
de una falta de empoderamiento básico: la capacidad para
expresar y articular sus necesidades en forma de pro-
puestas. Sin embargo, demostraron una capacidad asom-
brosa e incomparable con el caso estadounidense para
desarrollar conocimientos «técnicos» de guerrilla urbana a
base de compartir experiencias. Era asombroso ver los
vídeos grabados con teléfonos móviles de los despliegues
nocturnos de la policía y cómo eran comentados en los
blogs por la mañana.
Esto es característico también de las ciberturbas: la
división de los medios empleados en cada fase del movi-
miento (radios locales, blogs y foros para la fase delibera-
tiva anterior y –en el caso francés y el 13-M– también
contemporánea al desarrollo de las movilizaciones).
Aunque quizá lo más llamativo para los media fue la capa-
cidad de convocatoria, algo que, dada la capacidad y
extensión de los medios técnicos empleados, en principio
no debería sorprendernos.

78
En el mundo de la comunicación SMS funciona plena-
mente la lógica de las «epidemias»5. El ejemplo más cer-
cano, el macrobotellón español, ofrecía unas cifras
bastante representativas.
En 2006 había en España 40.773.000 de usuarios de
móviles. El 94% era menor de 35 años y, en principio, sus-
ceptible de ser «infectado». Si en ese momento había en el
país 14.286.049 millones de personas entre 14 y 35 años,
podemos asumir que, a efectos prácticos, todos los jóve-
nes susceptibles de recibir el mensaje y «contagiarse»
tenían móvil.
Sabemos que el 17 de marzo de 2006 en Sevilla acu-
dieron 5.000 personas a la primera convocatoria local que
dio lugar al movimiento. Como, según el INE, había en la
ciudad 214.325 personas dentro de ese rango de edad,
la participación ascendería al 2,33% de los jóvenes. Esto,
en nuestro modelo, sería el equivalente a la población
«inoculada» por una bacteria o virus al principio de una
epidemia.
A partir de aquí podemos calcular la evolución de la
«epidemia botellonera». Por otras cadenas de SMS, como
las navideñas, sabemos que el parámetro R, que mide el
número de terminales no inmunes –excluyendo por tanto
los receptores mayores de 35 y los ya infectados– a los
que cada individuo va a mandar un mensaje «de éxito»
está entre 7 y 10. El número es relativamente bajo debido
a la estructura de la red social española, formada por
redes –clusters– relativamente aisladas aunque amplias,
algo que, por cierto, los mensajes SMS y la blogsfera
están contribuyendo a cambiar.

5 Para ampliar la relación entre epidemias y propagación de mensa-
jes en las redes sociales, véase el apéndice online de este libro:
http://www.deugarte.com/gomi/historia_del_analisis_de_redes_socia-
les.pdf

79
Pero no nos engañemos, con un R así una epidemia
crece muy rápidamente. Para hacer una comparativa con
las epidemias «de verdad», R en el sida tiene un valor, por
ejemplo, de 2 a 5, en la viruela entre 3 y 5 y en el saram-
pión entre 12 y 18 según épocas y lugares.
Por otro lado, la amplitud temporal de la «incubación», el
tiempo transcurrido entre que empezaron las cadenas y el
día de la convocatoria, prácticamente nos aseguraba una
semana antes de la fecha elegida que la cadena había
prendido e iba a alcanzar la masa crítica antes del día 17 de
marzo. Así nos lo aseguró la prensa, según la cual ya en
esos días había convocatorias en marcha en las 10 prin-
cipales ciudades españolas.
Otra medida alternativa al R, seguramente más intere-
sante desde el punto de vista de las epidemias SMS, es el
porcentaje de reiteración. Respondería a la pregunta: Si
reenvío un mensaje que he recibido a toda mi agenda,
¿cuántos de ellos lo recibirán de mí por primera vez?
Evidentemente se relaciona con R, pero tiene dos ventajas
que la hacen más descriptiva: es dinámica –el porcentaje
es más pequeño conforme la epidemia avanza– y tiene
una relación lineal con el grado de clustering de la socie-
dad española, seguramente la variable más perseguida y
estimada por todos los que nos dedicamos al análisis de
redes sociales.
Los presupuestos de estos modelos derivados del clá-
sico SIR son muy poco realistas cuando se aplican a las
redes sociales, ya que parten de que los contactos entre
las personas se producen al azar, algo que sería asumible
en enfermedades de transmisión aérea como la gripe, pero
que difícilmente funciona o describe con precisión la trans-
misión de información que opera en las redes sociales. Sin
embargo, conforme mayor sea la extensión, más similares
serán los resultados y, por otro lado, tenemos –o podemos
derivar– todos los datos que nos pide cualquier simulación.

80
Jugando con los datos y las hipótesis de infecciosidad
a partir de los primeros resultados empíricos (los primeros
botellones nacidos de la convocatoria), en su día estima-
mos que, sólo mediante SMS, se habrían enviado antes
del día 17 unos 12 millones de mensajes, que habrían lle-
gado aproximadamente a un millón y medio de personas
diferentes. Eso sin contar con el efecto de los foros, los
media y las cadenas de e-mails.
El resultado final fue una movilización generalizada, en
parte frustrada por la lluvia, de casi un centenar de miles
de personas y un cambio en la percepción social del bote-
llón que hizo que el Ayuntamiento de Granada habilitara
zonas destinadas a este tipo de encuentros.
Por cierto, en esto también se aprecia una novedad
radical con respecto a movimientos anteriores. Al no exis-
tir una institución –partido, sindicato, colectivo, etc.– que
convoque las movilizaciones, no se puede escenificar un
acuerdo o una negociación.
Como señalaba Manuel Castells en un excelente docu-
mental sobre la ciberturba del 13-M firmado por Manuel
Campo Vidal, estos movimientos tienen el carácter de una
«revuelta ética», no existe siquiera un programa mínimo,
sino la expresión de unas peticiones muy sencillas ligadas
a la naturaleza reactiva del movimiento.
En el caso filipino fueron las pruebas de corrupción del
presidente Estrada. En el 13-M el «¿Quién ha sido?» fue
una reacción frente a la percepción de manipulación infor-
mativa gubernamental en la atribución de la autoría del
11-M. En los disturbios franceses, la exigencia de discul-
pas al ministro del Interior a raíz de sus declaraciones tras
la muerte de dos chavales del arrabal en un encuentro con
la policía. En el macrobotellón español, la reivindicación
lúdica del espacio público tradicional en nuestra cultura
frente a las leyes cada vez más restrictivas de las adminis-
traciones.

81
Este carácter genérico de lo vindicado, unido a la
imposibilidad de personificar el movimiento en una orga-
nización o un líder, da pie a infinitas teorías conspiranoicas
más o menos del gusto de los medios.
La tendencia, sin embargo, no es hacia una «cristaliza-
ción» organizativa de este tipo de movimientos. Al contra-
rio, el papel determinante en todos ellos es la red de
teléfonos móviles, que es prácticamente un calco de la red
social real y de la «blogsfera periférica», que sigue en su
expansión un camino parecido.
Al origen deliberativo de estos movimientos se le pue-
den aplicar las conclusiones de la crítica que el físico y
teórico de redes Duncan Watts6 hizo del estructuralismo
estático y basado en el concepto de centralidad que se
enseña en nuestras universidades:

Implícita en la aproximación [a las redes desde el
concepto de centralidad] está la asunción de que las
redes que parecen ser distribuidas no lo son real-
mente. […] Pero, ¿qué pasa si no hay un centro?
¿Qué pasa si hay muchos «centros» no necesaria-
mente coordinados ni incluso del «mismo lado»?
¿Qué pasa si las innovaciones importantes no se
generan en el núcleo sino en la periferia, a donde los
capos gestores de la información están demasiado
ocupados para mirar? ¿Qué pasa si pequeños suce-
sos repercuten a través de oscuros lugares por
casualidad y merced a encuentros fortuitos desen-
cadenan una multitud de decisiones individuales,
cada una de ellas tomada sin una planificación pre-
via, que se convierten por agregación en un suceso
no anticipable por nadie, ni siquiera por los propios
actores?

6 Duncan Watts, Six degrees, W. W. Norton & Company, 2003.

82
En estos casos, la centralidad en la red de los
individuos o cualquier centralidad de cualquier tipo
nos dirá poco sobre el resultado, porque el centro
emerge como consecuencia del propio suceso.

Eso es exactamente una ciberturba, la culminación en
una movilización en la calle de un proceso de discusión
social llevado a cabo por medios electrónicos de comuni-
cación y publicación personales en el que se rompe la divi-
sión entre ciberactivistas y movilizados. Es la red social en
su conjunto la que practica y hace crecer el ciberactivis-
mo, desde la periferia hacia el centro.
No tiene sentido buscar el origen y la autoría de las
convocatorias en una persona o en un grupo. Constan-
temente hay miles de ellos en la blogsfera proponiendo
temas y soluciones para el debate con la esperanza de
que cristalicen en una movilización social generalizada. La
blogsfera, ese nuevo gran medio de comunicación distri-
buida, es el autor y el origen de todas estas movilizaciones
de los últimos años.
Por eso si definimos «influencia» como la capacidad de
un medio, un grupo o un individuo para modificar por sí
mismo la agenda pública en un determinado ámbito, hay
que remarcar que ningún blog es un medio, la blogsfera
es el medio.
Un blog concreto, a diferencia de un gran periódico, no
puede modificar la agenda pública. La blogsfera, la gran
red social de personas que se comunican a través de bitá-
coras y otras herramientas de publicación electrónica per-
sonal, sí, como demuestran, en el límite, las ciberturbas.

83
Una definición
y dos modelos
de ciberactivismo

De todo nuestro recorrido hasta ahora podemos ya desti-
lar una definición de qué es realmente el ciberactivismo y
sobre qué modelos puede operar.
Podríamos definir «ciberactivismo» como toda estrate-
gia que persigue el cambio de la agenda pública, la inclu-
sión de un nuevo tema en el orden del día de la gran
discusión social, mediante la difusión de un determinado
mensaje y su propagación a través del «boca a boca» mul-
tiplicado por los medios de comunicación y publicación
electrónica personal.
El ciberactivismo no es una técnica, sino una estrate-
gia. Hacemos ciberactivismo cuando publicamos en la red
–en un blog o en un foro– buscando que los que lo leen
avisen a otros –enlazando en sus propios blogs o reco-
mendándoles la lectura por otros medios– o cuando
enviamos un e-mail o un SMS a otras personas con la
esperanza de que lo reenvíen a su lista de contactos.
Por eso todos estamos abocados al ciberactivismo. Lo
está un escritor que quiere promocionar su libro, un acti-
vista social que quiere convertir un problema invisible en

85
un debate social, la pequeña empresa con un producto
innovador que no puede llegar a su clientela o el militante
político que quiere defender sus ideas.
De lo que llevamos visto en este capítulo podemos
extraer una conclusión: hay dos modelos básicos, dos for-
mas de estrategia. La primera es la lógica de campaña:
construir un centro, proponer acciones y difundir la idea.
La segunda es iniciar un swarming, un gran debate social
distribuido con consecuencias, de entrada, imprevisibles.
Como demostraron las «sentadas por la vivienda» de
mayo de 2006 en España, no hay un camino intermedio
que conduzca al éxito. Ambas estrategias requieren for-
mas de comunicación muy diferenciadas. En la primera se
propone, a la manera del activismo tradicional, un tema, un
antagonista, unas medidas a defender y una forma de
movilizarse. Se invita a la gente a adherirse, no a diseñar
la campaña.
En la segunda se inicia un tema y se espera a que «se
caliente» en el proceso deliberativo hasta desembocar
espontáneamente en una ciberturba o en un nuevo con-
senso social. Existe una renuncia de partida al control de
las formas que en cada fase vaya a adoptar el proceso y a
la posibilidad incluso de abortarlo, porque si intentamos
centralizar lo distribuido, si pretendemos quedar como
tutores del proceso de debate que abrimos, únicamente
conseguiremos inhibirlo y al final no tendremos propues-
tas claras a las que la gente pueda adherirse.
Si hasta ahora hemos visto las formas políticas que
adoptan ambas estrategias, en las páginas siguientes es-
bozaremos el tipo de comunicación que requieren ambas
y sus posibles formas en otros ámbitos, desde la empresa
hasta la promoción de actividades asociativas.

86
Ciberactivismo
para activistas
de la vida cotidiana

En el capítulo anterior habíamos enunciado lo que debe-
ría de ser, en general, el mantra del ciberactivista: discur-
so, herramientas y visibilidad.
Estos tres conceptos son los que debemos tener pre-
sentes cada vez que queramos comunicar en una red dis-
tribuida, originar un proceso abierto –de los que pueden
acabar en ciberturba– o simplemente organizar una con-
vocatoria, una propuesta de adhesión.
La diferencia fundamental entre los dos modelos es la
existencia o no de un nodo dinamizador a lo largo de todo
el proceso.
Si sólo queremos iniciar, prender, un proceso de deba-
te, tendremos que argumentar, señalar, escribir y promo-
cionar lo escrito. Si es posible, celebrar actos presenciales
y relatar los que hacen otros, animando a quien podamos
a escribir y opinar sobre el tema.
No es fácil iniciar un proceso así. La pequeña historia
de las ciberturbas nos demuestra que surgen como res-
puesta a hechos traumáticos mal gestionados informativa
o socialmente por las autoridades, cuando no provocados

87
por ellas mismas. Son reactivas. Cuanto menos universal
sea la percepción de que el motor es un hecho de alguna
manera «indignante», más lento será el proceso y menos
probable será que surja espontáneamente, por mucho
que lo estemos animando.
Por eso el modelo de ciberactivismo más frecuente es
el que busca la adhesión a una campaña cuyos objetivos
y medios han sido diseñados estratégicamente a priori por
un nodo organizador.
En general, en este tipo de procesos la claridad y la
accesibilidad de la información serán fundamentales.
Hace falta ante todo un por qué, un qué y un a quién: por
qué hay que movilizarse, qué hay que vindicar en respues-
ta y frente a quién hay que hacerlo.
Esto, a su vez, obliga a cuidar una serie de elementos
de la información:

n Documentación. Debemos partir de una información
exhaustiva, recoger todos los argumentos a favor y en
contra de nuestra postura y ponerlos a disposición
pública.

n Discurso. Debemos resumir en dos líneas por qué
una persona normal debería movilizarse. En muchos
casos vamos a dirigirnos a la gente para pedirles que
reaccionen ante algo que posiblemente no conocen,
pero que si conocieran posiblemente tampoco tendría
mucho interés para ellos. Tendremos poco tiempo
y pocas oportunidades para convencerles, lo que sig-
nifica que tendremos que ser muy claros en todos
nuestros mensajes, maximizar la transferencia de infor-
mación. Es necesario que sean evidentes los objetivos,
los medios y las causas. Si los receptores no tienen
claro de qué va el mensaje, no podrán pasarlo ni expli-
cárselo a otros aunque quieran.

88
Tendremos que conseguir que, aun siendo corto y
claro, esté lo suficientemente matizado como para que
no sea ni un panfleto ni una proclama del fin del
mundo.
El mensaje apocalíptico es una falsa tentación. Si se
articula bien, puede alarmar lo suficiente a los demás
como para que se impliquen, pero ¿y si, por ejemplo,
nos enfrentamos a un proyecto de ley y finalmente sale
adelante? Es probable que no vivamos de una forma
evidente en un 1984 orwelliano al día siguiente de su
aplicación, pero seguramente las cosas serán más difí-
ciles para los objetivos que perseguimos y nos hará
falta más que nunca crear opinión y movilizar gente. Si
vendimos que la alternativa era la retirada del proyecto
o el fin del mundo, indefectiblemente perderemos lo
más valioso, el ánimo de los que participaron, su con-
fianza en las perspectivas abiertas por sus propias
acciones.

n Elegir los destinatarios últimos de la acción.
¿Qué institución tiene la responsabilidad de lo que rei-
vindica una campaña? ¿A quién mostrarán los adhe-
rentes su descontento? ¿A quién trataremos de
convencer con nuestros argumentos? ¿Qué pretende-
mos de aquel o aquellos a los que nos dirigimos?
Esto es importante porque se trata de plantearnos
siempre objetivos alcanzables. Pedir lo imposible sería
burlarse del esfuerzo de quienes se movilicen y abriría
el camino de la desmoralización posterior.
Puede que tan sólo persigamos la transmisión del
mensaje, la conversión de una historia o un eslogan en
meme. No habría antagonista en una campaña de este
tipo. Estaríamos ante una campaña de «marketing
viral», donde lo que se pretende es simplemente que el
receptor retransmita. Pero incluso en estas campañas

89
es muy probable que le pidamos algo más: que parti-
cipe en el debate de un libro –y, por tanto, que lo lea y
tal vez incluso lo compre», que envíe una carta de pro-
testa a una institución o se manifieste frente a ella, que
pruebe un producto o que investigue por su cuenta
sobre el cambio climático. Da igual, debemos pedirle
que haga algo asequible para él, explicándole clara-
mente por qué si son muchos los que se suman puede
cambiar algo contextualmente.

n Diseño de herramientas. Las herramientas son fun-
damentales y hay que facilitar que cada persona que
entre en relación con la campaña pueda reproducir-
la en su cluster, en su red social, sin mediación de
nadie.
Se trata en primer lugar de informar, de hacer una
pequeña selección de enlaces sobre «qué es» y «por
qué nos afecta». Esto puede ampliarse a e-mails y SMS
tipo, carteles en formato electrónico que la gente pueda
imprimir y fotocopiar, banners que puedan incorporar a
su blog, etc.
Es importante que los logos y demás materiales
sean de la campaña, no del grupo, la empresa o el blog
desde el que lo lancemos. De este modo favorecemos
que otros nodos asuman la campaña como propia sim-
plemente copiando y pegando los materiales en su
blog o web, sin tener que darnos una sola referencia.
Si de verdad queremos propagar una idea, no debería
contrariarnos en absoluto que esto suceda; al contra-
rio, no hay mejor síntoma de que una campaña distri-
buida se está haciendo bien. Es más, los motivos
deberían poder copiarse con facilidad y personalizarse
de acuerdo con los intereses de cada cual; por ejem-
plo, para ponerle el logo de su colectivo de estudian-
tes, sindicato, asociación vecinal o club rolero. De

90
entrada, todos los nodos, todas las subredes interesan;
no temamos que la campaña sea co-firmada por
muchos. Cuanto más personalizada sea la comunica-
ción, más fiable será.

n Visibilidad. El primer elemento para obtener visibili-
dad ya lo tenemos. Añadiríamos, además, la posibilidad
de un «contador», un sitio donde de alguna manera se
recoja un censo de adherentes o un diario de la expan-
sión de la campaña. Un blog suele ser una buena solu-
ción. No hay nada que genere más ánimo que ver la
campaña crecer desde abajo.
Por otro lado, hay nodos en la red que están a
caballo entre la propia red y la comunicación en broad-
cast: radios comunitarias y emisoras online, periódicos
electrónicos, periodistas con blog, etc. Enviarles un e-
mail con un pequeño dossier y documentación puede
convertirlos en un nodo muy activo que abra terrenos
y redes para la campaña.
En esta misma línea, hay que hacer un llamamiento
para que todo aquel que pueda y se anime mande artí-
culos de opinión y cartas al director a la prensa, espe-
cialmente a la local, la más leída en nuestro país (y en
casi todos). Se pueden enviar dossieres como el que
preparemos para la prensa electrónica (básicamente
un e-mail con enlaces y una explicación clara de la
campaña) a columnistas regulares de medios locales
de quienes sabemos que están particularmente sensi-
bilizados con estos temas.
En una campaña «clásica» el centro «tiraría de base
de datos» y organizaría un mailing bastante impersonal
que enviaría a personas con este perfil. En la red se
trata de que sean los propios adherentes, los agentes
activos de la campaña, los que «pasen» la información
a sus contactos y conocidos cercanos. Seguro que hay

91
muchos de ellos en situación de enviar artículos a la
prensa local o hacer una intervención en la radio local.
Se trata de que cada nodo aporte algo para mejo-
rar la visibilidad de la campaña, descubriendo que su
agenda, sus contactos, su red social personal, al agre-
garse a la de los demás, forma un potente medio de
comunicación y un formidable instrumento de acción
colectiva sin mediaciones.

92
Las empresas como
caso particular

Las empresas han tenido un aterrizaje incómodo en su
relación con la blogsfera como medio. De hecho, cuando
desde la Sociedad de las Indias Electrónicas comenzamos
la Bitácora de las Indias, éramos el único blog empresarial
mundial. Durante el año 2002 empezamos a acumular una
cierta experiencia sobre la entonces naciente blogsfera y
veíamos la intersección empresa/blogs con una mezcla de
optimismo y mirada retadora. Natalia Fernández, socia
fundadora de las Indias, aseguraba en aquel momento
que

la clave del éxito está en no dar enlaces aburridos ni
comentar noticias irrelevantes, escribir con claridad
y explicar el punto de vista de los expertos de modo
que al acabar la lectura te lo hayas pasado bien y
tengas conciencia de que te aportó algo útil.

Tras escuchar a Natalia, surge inevitablemente una
pregunta maliciosa: si los blogs son un efectivo sistema de
promoción al que se lanzan los expertos norteamericanos,
¿por qué no hacen lo mismo los e-directivos españoles?
¿Temen no interesar al público?

93
La pregunta, a día de hoy, sigue en el aire. El prota-
gonista de la blogsfera empresarial, ahora que existe, es
de hecho el emprendedor, no el directivo. Nuestra idea
entonces era que los blogs podían servir para establecer
una comunidad entre empresa, producto y usuarios que
generase un entorno de innovación comunitaria y con-
fianza entre las partes. Hoy, casi cuatro años después,
autores reconocidos como Susannah Gardner conside-
ran que las principales ventajas que un blog ofrece a un
proyecto empresarial son las derivadas de «mantener
una conversación abierta entre empresa y consumido-
res».
Pero la cuestión clave sigue siendo quién escribe el
blog. En la Bitácora de las Indias, al ser los propios socios
de la empresa junto con algún colaborador los que escri-
bíamos los posts, el blog sirvió indudablemente para
demostrar competencia y posicionarnos como referencia
en un campo, el ligado a las redes sociales, en el que
hemos sido pioneros. Pero, ¿es un modelo universaliza-
ble? ¿Qué ocurre cuando los socios o directivos de una
empresa quieren utilizar los blogs para su proyecto sin
convertirse ellos mismos en bloggers?
En la práctica, ha surgido una demanda de creadores
y dinamizadores de blogs institucionales específicos, la
mayoría ligados a eventos. Nosotros mismos hemos pro-
bado este modelo con resultados que nos permiten hacer
una crítica suficientemente documentada:

1. La temporalidad y normalmente la falta de tiempo de
«calentamiento» previo al evento son un handicap para
esta forma de comunicación. Los blogs son catalizado-
res de un proceso de generación de confianza alrede-
dor de una identidad, necesitan su tiempo –como
cualquier tipo de relación basada en la confianza– y
una perspectiva de continuidad, no un plazo. El blog de

94
evento se ve limitado a canal informativo, perdiendo la
potencia generadora de red del blog como medio.

2. Algo parecido ocurre en los blogs institucionales, es
decir, aquellos en que los posts no son «de autor», como
por ejemplo ciberpunk.info. Aquí, aunque la permanen-
cia está garantizada por la misma institución, se produce
una pérdida de la relación personal. El blog institucional,
sea de empresa o de asociación, es en realidad un
canal de noticias y campañas, una herramienta útil y por
lo general muy necesaria, pero limitada.

Como nos enseñó el papel de los blogs en las
Revoluciones de Colores, la potencia de los blogs nace de
generar relatos materializados de un estilo de vida, donde
el proyecto, como decíamos en el capítulo anterior, se vive
en primera persona como algo gozoso, creativo, divertido
y pleno, prefigurando el modo de vida por el que se lucha
y la libertad que se anhela en el estilo de vida que se des-
cribe. La gente se adhiere a una manera de vivir, a una
apuesta por la vida.
Un blog es un proyecto vital que se gana nuestra con-
fianza no sólo por lo que dice, sino también porque nos
relata el contexto de quien lo dice, confiriéndole humani-
dad y lógica a una evolución en la que la confianza se
deposita por ambas partes, lectores y bloggers, por lo que
lo biográfico es un componente esencial de los blogs.
Por esta razón pasamos de un modelo centralizado, la
Bitácora de las Indias, a un modelo descentralizado de
bitácoras de socios que federan en común sólo los posts
de una determinada categoría, pero dejan en abierto las
claves, día a día, de su propia evolución, el relato de su
vida cotidiana, en su blog personal.
Pero ¿cómo puede aprovechar una gran empresa esta
experiencia? Uno de los ejemplos más interesantes segu-

95
ramente sea el que se generó a partir del fichaje del blog
de Robert Scoble por Microsoft. La multinacional de
Seattle encontró en Scoble un teki amigo, algo muy valio-
so para un gigante siempre denostado por los que habrí-
an de ser sus prescriptores naturales.
Al pagar e incorporar al blogger y su bitácora personal
a su estrategia de comunicación, los de Redmon conse-
guían algo más que un nodo. Si el modelo hasta entonces
había sido el del «blog de emprendedor» y su paradigma
para Microsoft el del dueño de los Mavericks, el objetivo
del fichaje era adquirir conocimiento corporativo sobre el
arte del blogging con la idea de crear un nuevo modelo: el
de red de blogs de trabajadores de la empresa. Esta red
estaba pensada no sólo para la promoción a través de la
transparencia, sino como una especie de intranet pública
que más tarde demostró favorecer la comunicación infor-
mal y el conocimiento social de la propia organización.
Es este tipo de planteamientos el que nos llevó a des-
arrollar feevy, un agregador automático de blogs que hoy
usan miles de blogs en todo el mundo y centenares de
portales comunitarios como el de los bloggers gaditanos7
o el de los estudiantes y profesores con bitácoras perso-
nales de la Universidad de San Francisco8.
A día de hoy éste es el modelo que consideramos más
avanzado para la proyección de una organización en la
blogsfera: una red de blogs personales de sus socios,
colaboradores e incluso clientes, a través de los cuales la
empresa y sus proyectos van apareciendo como resultado
del encuentro de una serie de vidas, caracteres, persona-
lidades y sueños.
En este marco, el blog corporativo, de campañas,
puede desempeñar un papel de ancla, de referencia

7 http://blogaditas.com/planet
8 http://usfbloggers.com

96
común para una red temática mucho más amplia. Por
supuesto, restringir los posts que se federan automática-
mente a los de una categoría puede aportar, además, un
compromiso de «relevancia» para con el lector que, a su
vez, aporte identidad. El mensaje sería que en mi blog
comparto mi vida y mi evolución, pero a través del feevy
que aparece en él y del portal de bloggers de mi empre-
sa, una parte se pone en común con los miembros de esa
comunidad.
Pero este modelo –se puede pensar– es un modelo
corporativo, pensado a largo plazo, que no puede satisfa-
cer lo que demandan las organizaciones que quieren
entrar en la blogsfera para comunicar un evento o una
campaña concreta. No ofrece una solución a las limitacio-
nes del blog de evento porque no puede sustituirle. ¿Qué
hacer cuando tus propios trabajadores y socios no pue-
den o no quieren crear una red de blogs?
Si en la Sociedad de las Indias queremos promocionar
o comunicar un producto o evento en la blogsfera desde
la lógica del marketing de red, que no es en realidad sino
una forma de ciberactivismo, planteamos un modelo como
el siguiente:

1. Identificamos los blogs ligados a las identidades obje-
tivo del producto. Si la campaña es a medio plazo,
incluimos a los agentes no bloggers generadores de
opinión en esos entornos identitarios: comentaristas
habituales, foreros, etc.

2. Analizamos las redes de influencia: la aplicación del
análisis de redes nos permite saber y predecir cómo se
van a transmitir y difundir los mensajes y la imagen
dentro de una red social, un elemento clave para poder
«afinar» las campañas en la blogsfera y anticipar su
alcance.

97
3. Incorporamos a las Relaciones Públicas del proyecto
los nodos analizados. Es básico invitar a los bloggers
interesantes para nuestro posicionamiento de produc-
to a las presentaciones, ruedas de prensa, demostra-
ciones, etc. y enviarles pruebas del producto, dossieres
de información, ofertas, etc.

4. Diseñamos campañas específicas pensadas desde la
lógica ciberactivista.

Si algo hemos aprendido en estos años es que no exis-
ten modelos definitivos. Cada vez el rango de conocimien-
to necesario para plantear seriamente una campaña de
marketing de red es más completo, incorporando análisis
de redes, relaciones públicas, comunicación. Pero en nin-
gún caso debemos olvidar algo que ya decíamos en nues-
tro primer post sobre este tema allá por 2002:

El fenómeno blogger […] ha supuesto toda una
recuperación cívica del espacio electrónico tras una
infructuosa época de saturación comercial. Por otro
lado, ha revelado los intereses a largo plazo de la
parte más estable de los cibernavegantes: buenos
contenidos, texto fresco y comunicación personal,
justamente aquello que no ofrecen los sitios corpo-
rativos.

Más allá del buen análisis y del uso a pleno potencial o
no de las herramientas de colaboración social disponibles,
las empresas tendrán posibilidades de hacer triunfar las
campañas y estrategias que refuercen esos ejes. Actuar
en la blogsfera, también para las empresas, pasa por
aprender a pensar de un modo diferente.
El anterior modelo proyecta la empresa y su entorno
inmediato como un mosaico de blogs, de discursos y per-

98
sonas. Le atribuye una imagen, un lugar y un espacio pro-
pios para la conversación social. Se trata de un modelo
basado en la institucionalización de los trabajadores y
colaboradores de la empresa: a cada uno su blog perso-
nal, de cada uno su contribución al discurso común de la
marca.
La pregunta obvia es: ¿Cómo se construye una imagen
de marca en la red desde la diversidad de los blogs per-
sonales y sin políticas internas de comunicación que inhi-
ban a los propios trabajadores de implicarse al cien por
cien en su propio desarrollo en la blogsfera?
Los blogs son creadores de discurso personal.
Descubren de forma dinámica la identidad de su autor,
que aparece como aquello que se adivina, que se entrevé
bajo el relato de una reflexión y un aprendizaje continuo.
Pero en la medida en que escribimos justamente sobre
aquello que aprendemos –es decir, lo que todavía no
sabemos realmente–, la identidad personal aparece en su
dimensión flujo, no en la de stock.
Y lo que interesa a la empresa es precisamente hacer
emerger ese stock de conocimientos con claridad, porque
ése es su verdadero núcleo identitario. En El capitalismo
que viene,9 Juan Urrutia redefine la empresa contemporá-
nea cada vez más como un contexto en el que accionis-
tas, consumidores y trabajadores interactúan con una
división de papeles cada vez menos nítida. Los consumi-
dores cada vez juegan un rol productivo más importante,
los accionistas son cada vez más share holders que stock
holders y los trabajadores y su talento cada vez cambian
de empresa/entorno con más facilidad.
¿Qué queda de la empresa? ¿Qué identidad común
puede esperarse de algo que cada vez parece más volátil,

9 El capitalismo que viene (2004-2006), próximamente en papel, disponi-
ble en formato electrónico en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo/

99
que parece cada vez más un entorno y cada vez menos
una institución? Pues lo que emerge es precisamente la
empresa como background, como un conjunto de contex-
tos y referencias, en una palabra, como identidad. La gran
oportunidad que brinda este nuevo marco, este capitalis-
mo que viene a la nueva empresa, es ligar a sus colabora-
dores (trabajadores, accionistas y consumidores) de un
modo nuevo, un modo que es más profundo y permanen-
te, más explícito, más sólido y generador de confianza que
el mero discurso o cultura empresarial.
Partamos del modelo anterior. Tenemos una empresa
bloguizada. Sus bloggers, en su mayoría trabajadores de
la propia empresa, son los dueños de sus dominios, de
sus blogs. Aumentan el entorno social de la empresa, el
ámbito de su conversación, en la medida en que proyec-
tan su discurso. La empresa les confiere, por tanto, más
valor conforme más potente es esa proyección personal
del blogger corporativo. Sabe que no puede poner en
cuestión la propiedad del blog si no quiere desanimar o
inhibir la potencialidad comunicativa de su autor, pero
teme el efecto de su marcha, que, tarde o temprano, será
inevitable. ¿Qué hacer? Construir en paralelo una pieza
más en la blogsfera, una pieza que materialice la identidad
y ligue, como una amalgama invisible, toda la red que
hemos formado.
Y para eso la gran caja de herramientas de la blogsfe-
ra guarda un tesoro paralelo al blog: las contextopedias,
diccionarios enciclopédicos ligados a los blogs o a una
empresa.
Pero antes de explicar el nacimiento de las contextope-
dias, preguntémonos: ¿Qué es la empresa para su entor-
no? En el marco del capitalismo que viene, cada vez más
un contexto, un conjunto de conceptos y conocimientos,
de experiencia establecida. Justamente aquello que expli-
citamos con una contextopedia.

100
Si los blogs de los colaboradores de la empresa repre-
sentan la caballería que expande su discurso y abre la
conversación, la contextopedia corporativa (creada colec-
tivamente por todos los que trabajan en ella) representa-
ría su identidad, el marco común conceptual en el que se
desarrollan su misión, su discurso y su conversación.
Este modelo mixto de blogs personales y contextope-
dia colectiva tiene una ventaja adicional: si los bloggers se
marchan a otra empresa, es muy posible que sigan enla-
zando aquellas definiciones que contribuyeron a crear o
tal vez las citen en su nuevo destino.
Tejerán así no sólo la red de la empresa, sino un codi-
ciado grial: el liderazgo.

101
Contextopedias

Wiki, que quiere decir «rápido» en hawaiano, es el nombre
que recibe toda una familia de programas y servicios utili-
zados para escribir libros de forma colaborativa e incluso
abierta a las aportaciones de los lectores. El nombre deri-
va del primer programa libre que servía a este efecto:
MediaWiki, con el que se hace la famosa Wikipedia.
En 2006, a raíz de una campaña lanzada por el diputa-
do granadino Rafael Estrella en la que proponía duplicar el
número de entradas en la Wikipedia española, fueron
muchos los bloggers que se introdujeron al tiempo en esta
comunidad y aprendieron a manejar un software hasta
entonces muy conocido pero poco extendido.
Al saltar de pronto de un sistema distribuido y plu-
riárquico como la blogsfera a un sistema descentralizado y
democrático como la Wikipedia, el choque cultural no se
hizo esperar.
El activista y blogger Enrique Gómez, escribía resu-
miendo el debate:

La campaña de Rafa Estrella para multiplicar por dos
el número de artículos de la Wikipedia pudo haber
sido una gran iniciativa. Y digo pudo haber sido por-

103
que ya no lo es. Han bastado unos pocos intentos
de participación en el proyecto, siguiendo la pro-
puesta de Rafa, para darnos cuenta de cómo funcio-
na realmente la Wikipedia y de paso todas las
herramientas electrónicas creadas con mentalidad
democrática y no netocrática.
Como escribía Daniel Bellón hoy en un mensaje
de correo electrónico, del que me permito reprodu-
cir un extracto: «El tema, como siempre y desde
siempre, es el poder: si alguien tiene poder, más o
menos descentralizado o democrático o como sea,
tenderá a utilizarlo, y si no lo utiliza, alguien lo utiliza-
rá, y es muy posible que acabe siendo utilizado por
el más inescrupuloso del grupo. Esto es una ley físi-
ca que siempre ocurre. Por eso se trata de crear
estructuras donde el poder esté lo más distribuido
posible, donde las posibilidades de cortocircuitar
sean las mínimas posibles. En la Wikipedia una serie
de personas tienen poder de cortocircuitar; es/era
cuestión de tiempo que alguien llegara y lo utilizara
arbitrariamente».
¡Claro! Estas frases lo resumen todo. La demo-
cracia no es el mejor sistema de gobierno posible.
Funciona más o menos bien en medios donde hay
escasez, porque permite un cierto control sobre los
que intentan abusar del poder. Y a pesar de ese
control estamos rodeados de gente demócrata que
abusa constantemente de su posición. Pero la red es
otro medio, un lugar muy diferente a un Estado o un
ayuntamiento, y aquí no tenemos por qué aplicar las
mismas formas de gobierno porque ya no son nece-
sarias y en nuestro espacio se han quedado obsole-
tas. En la red no necesitamos la democracia porque
la plurarquía, una especie de anarquía, funciona, y
funciona muy bien.

104
Y precisamente lo hace porque hay una abun-
dancia de recursos que tiende al infinito. Podemos
crear tantos blogs, agregadores, entornos colabora-
tivos, wikis o foros como queramos. Entonces, ¿qué
sentido tiene someternos a los deseos y los dictados
de unos cuantos usuarios que controlan una comu-
nidad virtual? [...]
Al final, la puesta en marcha de esta campaña
puede suponer que el tiro salga por la culata.
Incluso es posible que acabe siendo contraprodu-
cente y en vez de lograr sus loables objetivos finales
acabe frustrando expectativas de personas partici-
pativas. Pero ¿habrá sido perjudicial para todos? No.
Para algunos internautas este proceso ha sido muy
positivo porque por el camino hemos descubierto
las contextopedias

Este debate se inició más o menos simultáneamente en
Estados Unidos y en Europa, de la mano de Jaron Lanier
en el mundo anglosajón y de Enrique Gómez y yo mismo
en el de habla hispana. Como se ve en la cita, en ambas
esferas lingüísticas el debate sobrepasó rápidamente la
crítica de la gestión para convertirse en una crítica de la
topología de red subyacente al proyecto y en un llama-
miento para distribuir aquello que hasta entonces centra-
lizaba la Wikipedia: la definición contextual.
El antecedente directo de las contextopedias está en
aquellos blogs que, como Climate Change, habían comen-
zado ya a publicar listados de definiciones y conclusiones
de su trabajo en la portada o en glosarios anexos al blog.
El objetivo era definir la identidad y los puntos de partida
de aquello que se investigaba o de lo que se informaba
con el objetivo de no mantener abiertos permanentemen-
te con los nuevos lectores debates que se consideraban
ya zanjados.

105
Una contextopedia es, por tanto, un espacio personal
o corporativo dedicado a definir términos habituales en el
blog, conclusiones que se consideran ya alcanzadas y
debates cerrados.
Si las contextopedias recogen aquello que no está en
discusión es precisamente porque las definiciones contex-
tuales son las que definen la identidad. Dos personas
podrán estar en desacuerdo en todo, pero mientras com-
partan las definiciones de los contextos compartirán una
identidad común y entenderán que el debate se produce
en el marco de una comprensión similar del mundo, no de
un antagonismo.
La red formada por las contextopedias en todos sus
formatos sería, pues, una expresión identitaria, un mapa
de identidades y una forma de enciclopedia distribuida al
mismo tiempo. Esa red en germen sería el alma, el fondo
de la blogsfera.
Se suele criticar de la lógica que prefiere muchas con-
textopedias a una sola (generalmente la Wikipedia) la difi-
cultad o el coste que genera a los usuarios encontrar algo
cuando hay más de un sitio donde buscarlo.
Es cierto que este coste es mucho menor desde que
existen herramientas como Google Coop. Hoy es fácil
construir un minigoogle que sólo busque en los sitios que
le indiquemos (por ejemplo, en un determinado rango de
contextopedias o blogs cercanos). Y aunque sean peque-
ños, es evidente que la diversidad tiene costes, pero lo
cierto es que merecen la pena socialmente.
Mi ejemplo favorito lo daba hace poco el conocido
ensayista pulp Malcom Gladwell, cuando presentaba en
New Yorker la historia de Howard Moskowitz. Moskowitz
había hecho su tesis doctoral en Harvard sobre psicología
de los sentidos, una especialidad con una clara orienta-
ción industrial: encontrar los sabores óptimos para el mer-
cado de productos comestibles elaborados.

106
En los años setenta, su primer cliente fue Pepsi. Se tra-
taba de encontrar el nivel de dulzor perfecto para la nueva
Pepsi Diet. Moskowitz desarrollo todo tipo de tests y prue-
bas por Estados Unidos en focus groups de todos los per-
files imaginables. Los resultados eran un tremendo lío. No
existía una pauta de gustos única, unos valores de edul-
corante que dejaran satisfechos a la gran mayoría de posi-
bles consumidores.
Moskowitz concluyó que lo que ocurría es que no
había una Pepsi Diet perfecta, sino muchas. Y si esto
pasaba en el mundo de las bebidas de cola, posiblemen-
te sucedería también en otras tantas industrias de alimen-
tación. Pero la industria tardó años en escucharle.

Puede ser difícil hoy, quince años más tarde –cuan-
do cada marca se presenta en múltiples variedades–
apreciar hasta qué punto esto representaba una
ruptura. En aquellos años, la gente de la industria ali-
mentaria tenía en mente la noción de una receta pla-
tónica, la versión de un plato que pareciera y supiera
absolutamente bien.

Del mismo modo, quienes hoy defienden la Wikipedia
no como una contextopedia más, sino como la enciclope-
dia, tienen en mente el horizonte de una enciclopedia
ideal, lo más perfecta posible. El problema es que algo así
no existe. No es posible definir una enciclopedia perfecta
o un resumen de noticias perfecto, como no es posible
definir una salsa de carne o una salsa de spaghetti perfec-
ta, simplemente porque hay diversidad de patrones de
gustos y valores. La mitología ilustrada de una razón única,
heredera de la divinidad, a la que puede llegarse median-
te el debate, simplemente no funciona. No hay un lugar,
un gusto, un conjunto de valores común y único al que
nos acerquemos de forma natural conforme más sabe-

107
mos. Somos distintos unos de otros. La diversidad existe y
siempre estará ahí para recordarnos que nunca existirán,
ni como límites, los universales platónicos.
El primer cliente a quien Moskowitz convenció fue sal-
sas Campbell. Se trataba de adaptar sus salsas de spa-
ghetti. Aquí la epistemología se traducía en cuotas de
mercado. Moskowitz revolucionó la industria, los estantes
de los supermercados y sobre todo las ventas. Prego, la sal-
sa de spaghetti de Campbell, se presenta hoy en 23 com-
binaciones.

Habían estado buscando la salsa platónica de spag-
hetti –escribe Gladwell– y la salsa platónica de
spaghetti era ligera y homogénea porque así pensa-
ban que se hacía en Italia. La cocina industrial esta-
ba constreñida a la búsqueda de los universales
humanos. Una vez comienzas a buscar las fuentes
de la diversidad humana, la vieja ortodoxia sale por
la ventana. Howard Moskowitz quitó de en medio a
los platónicos y dijo que no existen universales.

108
La Web 2.0:
una verdad incómoda

A estas alturas todo el mundo conoce el concepto de
Web 2.0 enunciado por Tim O’Reily. O’Reily venía a reco-
ger bajo la forma de un eslogan lo que los economistas
habían estadoteorizando a partir de las propias tendencias
de la web: el fin de la vieja división productor/consumidor
y la reconceptualización de la empresa que eso implica-
ba10.
El concepto Web 2.0 articula una respuesta a la pre-
gunta ¿quién hace los contenidos? Y es cierto que en ese
sentido la Web 2.0 representa una alternativa al proyecto
de web corporativizada y basada en portales de la época
del boom de las puntocom. Sin embargo, la web, como
todo espacio social, no se articula sobre la producción de
información, sino sobre la distribución, o mejor dicho,
sobre el poder para establecer filtros en la selección de
información. Bajo toda arquitectura informacional se
esconde una estructura de poder.
En la web de las puntocoms el poder para elegir qué
se producía y qué se seleccionaba era básicamente el
mismo y las decisiones las tomaban los mismos sujetos. El

10 Véase Juan Urrutia, El capitalismo que viene.

109
autor corporativo, el macroportal, seleccionaba y producía
sus propios contenidos de una forma muy similar a la del
viejo sistema mediático de broadcasting descentralizado.
La Web 2.0 representa la separación entre producción
y distribución de la información. La producción se atomiza
y pasa a los usuarios. Pero la cuestión central –el poder de
filtro– sigue abierta, y bajo la etiqueta 2.0 se ocultan distri-
buciones de poder, modelos sociales antagónicos.
La aparición de la blogsfera supuso la muerte definiti-
va del sistema puntocom de portales y grandes proveedo-
res de contenido que replicaba, en versión electrónica, el
ecosistema mediático descentralizado del siglo XX. La
estructura distribuida de la blogsfera imposibilitaba en la
práctica la aparición de filtros externos. La determinación
de la agenda pública se abría y las consecuencias para las
formas tradicionales del poder se hacían evidentes.
En el modelo social de la blogsfera, el poder de filtro
está en el usuario. La estructura distribuida de la red per-
mite a cada usuario «subir lo que quiera», dado que es el
propietario y garante de su nodo. De ese modo, garantiza
que cualquiera pueda también seleccionar cuanto quiera.
Una variación interesante sobre esta lógica de la abun-
dancia es la representada por los mumis. El mumi de la
web, como Flickr o YouTube, presta gratuitamente las
herramientas a los usuarios y genera en sus propios servi-
dores un espacio social similar al generado por una red
distribuida. Al renunciar, en principio, a seleccionar, permi-
te que cualquiera suba cualquier cosa y, lo que es más
importante, que cualquiera acceda a cualquier cosa, por lo
que la soberanía de la selección reside en el usuario.
En esencia, los mumis generan grandes repositorios a
partir de lo que los propios usuarios aportan y cada uno
de ellos realiza su propia selección. El sistema genera un
número de outputs en principio tan grande como el núme-
ro de usuarios.

110
Sin embargo, bajo el concepto de Web 2.0 se escon-
den toda una serie de aplicaciones y servicios cuya lógica
es justamente la opuesta. En vez de generar abundancia
(más outputs que inputs a escala masiva), generan esca-
sez mediante la formación de un único output igual para
todos los usuarios a partir de los muchos inputs que éstos
incluyen.
La lógica es que cualquiera puede subir cualquier
cosa, pero el resultado que se ofrece es único e igual para
todos. Los ejemplos clásicos serían la Wikipedia o digg y
sus clones (como meneame).
Pero ¿por qué sólo un output? Del.icio.us, reddit friends
o rojo demuestran que la selección colectiva puede ser
tan abundante y diversa como la personal si se permite a
los usuarios elegir su propio grupo de selección, crear su
propia comunidad para hacer el trabajo.
Es decir, parece lógico que me interese la selección de
noticias del día de algunos de mis amigos más que el
resultado global de la votación de los que pasaron por –o
viven apostados en– digg o, al consultar la Wikipedia, ver
cómo quedaron los artículos de un tema tras el control de
determinados grupos de expertos, instituciones o simple-
mente amigos en cuya opinión sobre ciertos temas confío.
Tendría mi Wikipedia con lo que es relevante para mí
garantizado por aquellos en cuya opinión confío y no por
un grupo cuya visión no tengo por qué compartir. O
podría tenerlo todo y seleccionar personalmente entre las
distintas aportaciones.
Otra forma de entender esta oposición entre los mode-
los que se esconden bajo el concepto de Web 2.0 es aten-
der a los relatos a los que responden.
El modelo moderno y democrático de la Wikipedia o
digg genera un único output para todos utilizando siste-
mas de decisión más o menos complejos. Están buscando
un universal platónico: un único output, una única verdad,

111
un único resultado a partir de todos y para todos. La Wi-
kipedia no se presenta como el producto de una comuni-
dad que está escribiendo una enciclopedia, sino como la
enciclopedia del siglo. Digg no ofrece sus resultados
como el resultado de la votación y los gustos de su comu-
nidad de usuarios, sino como el agregado que representa
los gustos de la red.
El que la Wikipedia o digg y sus clones lleguen a un
único resultado agregado mediante un sistema deliberati-
vo o un sistema de votación mejor o peor, no cambia nada.
El sistema de poder no reside en el cómo, sino en el para
qué, y si el para qué es dar lugar a un único resultado
social, un único resultado igual para todos, no será el pro-
pio usuario quien ponga y/o elija los filtros que generen el
contenido que él lee, no será el quien defina su comuni-
dad, sino la comunidad gestora la que defina lo que se le
invita a leer y lo que no.
Por contra, el modelo posmoderno y pluriárquico de los
mumis y las redes distribuidas genera un número de out-
puts en principio igual al de los usuarios. Para cada usua-
rio, un resultado que él mismo escoge o elige cómo
generar a partir de las elecciones de quien él quiere. No
hay pretensión alguna de representar a todos los usuarios
y, por tanto, tampoco de suplantar o subsumir en la agre-
gación mirada alguna.
Y al final, la misma pregunta: ¿Quién elige la informa-
ción que me llega? Una respuesta que el concepto Web
2.0 no sabe –o no quiere saber– cómo responder, proba-
blemente porque para algunos sigue siendo una verdad
incómoda.

112
Las oligarquías
participativas de
la Web 2.0

Uno de los fenómenos más frustrantes de la experiencia
de la Web 2.0 es el choque de los nuevos usuarios, atraí-
dos por el discurso participativo, con redes de poder for-
madas por otros usuarios. Durante 2006 y 2007 han sido
comunes las denuncias contra grupos de este tipo en la
Wikipedia (los famosos burócratas o bibliotecarios) o digg,
donde incluso parece que usuarios influyentes en la co-
munidad empezaron a ofrecer a empresas de marketing
poner a su servicio su poder decisorio para promocionar
noticias o sitios web.
Este fenómeno ha sido tratado con profusión en la
blogsfera, generando discusiones interminables y argu-
mentaciones morales igualmente interminables.
Sin embargo, la formación de oligarquías participativas
es un producto inevitable y necesario de la conjunción de
efectos red y lógica 2.0.
Normalmente, el ejemplo típico de efecto red es el te-
léfono o el fax. Siempre se cuenta que, para el tercer
usuario de la red telefónica, acceder a la red suponía po-
der hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder

113
hacerlo con tres, y así sucesivamente. El efecto red hace
que cuantos más miembros tenga la red de usuarios,
más valor tenga para un no miembro pertenecer a ella, y
por otro lado menos aporte al valor de la red si se suma
a ella.
En las redes de comunicación como el teléfono o el fax
esto no afectará, en principio, a mi forma de participar en
la red: porque haya más usuarios de fax no decidiré sim-
plemente recibir faxes y me dará pereza enviarlos. Esto
sucede en todas las redes generadas por tecnologías de
comunicación uno a uno.
Unámosle ahora al efecto red la lógica 2.0. Una forma
de entender la Wikipedia o digg es que se trata de cons-
truir colectivamente un repositorio finito común a todos los
usuarios. ¿Cómo operan los efectos red sobre los incenti-
vos de los individuos.
Pongamos como ejemplo 11870, un repositorio común
de restaurantes y pequeñas empresas. Hace tiempo que
lo utilizo, pero no acabo de registrarme como usuario. Su
utilidad principal para mí es poder mandar mapas y teléfo-
nos de los restaurantes donde propongo quedar para
comer a mis amigos y clientes.
Usuarios como yo sólo estaremos motivados a in-
corporar contenidos cuando nuestros restaurantes ha-
bituales o favoritos no aparezcan. Pero conforme la
comunidad activa vaya incorporando los suyos, es más
probable que cualquier restaurante en el que quiera citar
a mis amigos ya esté incorporado. Por tanto, cuantos
más contenidos estén ya registrados en el repositorio,
menos incentivos tendré para unirme a los creadores de
contenido.
Dicho de un modo genérico: el efecto red tiende a
incrementar más que proporcionalmente el porcentaje de
usuarios pasivos conforme crece el valor de la comunidad
y el servicio. O lo que es lo mismo, la lógica de los incen-

114
tivos en la Web 2.0 inevitablemente llevará a la formación
de oligarquías participativas relativamente estables.
En un repositorio de restaurantes el sesgo que esto
pueda generar no tiene por qué ser dramático. Tal vez la
oligarquía participativa de 11870 tenga preferencia por la
nueva cocina o valore más cualquier carta que incorpore
sushi, pero no será relevante para mí ni para la mayoría de
usuarios, que lo que buscamos es en realidad una agen-
da de teléfonos y direcciones geoposicionada.
Pero ¿qué ocurre cuando el servicio es fundamental-
mente ideológico, cuando hablamos de jerarquizar valores
y relatos –como en una enciclopedia– o seleccionar las
noticias más importantes del día?
Es ahí donde la Web 2.0 hace aguas completamente.
No sólo se invita al público a aceptar un filtro pretendida-
mente democrático independientemente de sus preferen-
cias, sino que ese filtro necesariamente tendrá los sesgos
propios de la identidad del pequeño grupo de usuarios
más influyentes, de la oligarquía participativa que irreme-
diablemente aparecerá como consecuencia de la lógica
del servicio. Y tarde o temprano los nuevos usuarios que
intenten aportar contenidos al repositorio común se darán
cuenta de que se les impone lo que de facto es una línea
editorial y por tanto una forma de control ideológico.

115
¿Hacia dónde apunta
la Web 2.1?

Desde mediados de 2006 ha aparecido un nuevo tipo de
servicios web –y, en consecuencia, de interrelación en
la blogsfera– que empieza a perfilarse como una supera-
ción de las ambigüedades de la llamada Web 2.0.
Básicamente se trata de un fortalecimiento de los ser-
vicios distribuidos desarrollados en el periodo anterior
mediante servicios y software que permiten su agregación
por parte del usuario, su transformación, su redistribución
a través de sus redes personales y su difusión mediante la
integración en su propio blog.
La Web 2.1 es la web del bricoleur, una red de usua-
rios que crean y publican reciclando una y otra vez los
materiales de su red.
El origen de esta tendencia está en la aparición de ser-
vicios como Jumpcut o Picnik. De hecho, la comparativa
entre Youtube y Jumpcut, o entre manejar Flickr y Picasa
Web Albums desde su propio interfaz y hacerlo desde
Picnic, permite apreciar claramente el cambio de tenden-
cia en la lógica de la red.
Mientras Youtube genera una red para compartir con-
tenidos audiovisuales, Jumpcut genera una red y presta

117
herramientas para crear dichos contenidos; mientras Flickr
y Picasa Web Albums sirven tan sólo para compartir fotos,
Picnik convierte el repositorio público en un recurso para
las creaciones del usuario.
Jumpcut presta a cada usuario un interfaz para editar
vídeo online, al que se pueden subir fotos, música y cor-
tes de película de hasta 100 Mbs para hacer clips; Picnik,
un interfaz de retoque y montaje fotográfico que se nutre
de los dos grandes repositorios.
Igualmente, en Jumpcut no sólo se pueden ver los
vídeos de los demás usuarios, se pueden editar, cortar,
utilizar su banda sonora. Cada usuario, desde el mismo
interfaz, puede utilizar materiales de otros para hacer su
propio vídeo.
Pero la Web 2.1 no sólo se limita a la creación audiovi-
sual. También aparecen nuevos servicios para federar con-
tenidos en los blogs, como feevy o mugshot, que

1. Agregan los servicios distribuidos de la Web 2.0.
En el caso de feevy, el usuario agrega los blogs, enla-
ces en delicious, twitters, fotos y películas de las perso-
nas o redes que quiere añadir. En mugshot agrega a
otros usuarios y, al hacerlo, agrega las actualizaciones
de éstos en cada uno de los servicios en que el usua-
rio agregado se haya dado de alta (si uno de mis ami-
gos escucha una nueva canción en lastfm, aparecerá
en mi mugshot, aunque a mi su vida musical no me
interese demasiado).

2. Ayudan a hacer más distribuida la red. Ambos
servicios generan abundancia; cada usuario escoge lo
que recibirá. Además, ambos invitan al usuario a hacer
público ese resultado en su blog o, en el caso de
mugshot, en su página de usuario. De este modo, los
blogs van dejando de estar centrados en el propio

118
blogger y sus obras y van representando a éste inser-
to en una red social que él mismo define y enlaza. Del
blog-egoisla pasamos al blog nodo de red, que distri-
buye información de su entorno social virtual.

3. Utilizan RSS y Atom como tecnología base. El
XML se configura definitivamente como la sangre digi-
tal de la red, la tecnología básica para compartir e inte-
grar todo tipo de contenidos en el flujo informativo
general de la blogsfera.

A primera vista mugshot es un hijo directo de los wid-
gets de escritorio y un hermanastro mayor de Twitter.
Básicamente agrega los cambios que el usuario realiza en
los servicios distribuidos más comunes (los favoritos que
agrega a su del.icio.us, los posts que escribe en su blog,
las últimas canciones que escucha en lastfm, los álbumes
que crea en Picasa o Flickr), dando noticia de cada actua-
lización a su red por tres vías: su propia página de usua-
rio en mugshot (como Twitter), los widgets de escritorio
que los miembros de su red tengan instalados en su orde-
nador (como Google Desktop Gadgets) y mediante un
widget en su propio blog (como feevy).
Mugshot ha sido desarrollado por Red Hat y feevy por
la Sociedad de las Indias, dos empresas que no tienen
nada que ver entre sí, salvo por su apuesta por el softwa-
re libre. No se trata de que el software de ambas utilice
licencias libres y/o abiertas, que dado el coste de mante-
ner estos sistemas es casi anecdótico porque probable-
mente serán pocos los que se animen a instalar un
servidor feevy o mugshot en sus máquinas, pero no deja
de ser significativo. ¿Por qué? Porque en la próxima etapa
lo que veremos será puro bricolaje digital. Y en un entor-
no semejante, los que proceden de la cultura del bricoleur
llevarán ventaja.

119
De hecho, lo interesante de estos servicios es que
convierten los principios de la ética hacker –la lógica y la
práctica del bricolaje digital– en el sustento de un entorno
colaborativo en el que todos los usuarios comparten y
transforman contenidos propios y ajenos. Por eso son
generadores de abundancia: cada usuario realiza su pro-
pia síntesis, su propio bricolaje para obtener un output
personalizado al que él mismo aporta. Y por eso también
requieren formas de propiedad intelectual no restrictivas,
cuando no directamente el dominio público.
El mundo que empieza, el de la Web 2.1, es definitiva-
mente un mundo en el que todo lo descrito en este libro
se materializará en más y más potencia para las personas
y las redes de las que formen parte.
Eso sí, es muy probable que, en un primer momento,
estas herramientas sólo sean utilizadas a fondo por una
netocracia de bricoleurs. De hecho, algunos servicios,
como Picnik, corren sobre los servicios 2.0 previos. Otros,
como Jumpcut, sólo serán atractivos para los autores de
vídeos, para los que suben sus propios materiales, no para
los que los graban de la televisión, por ejemplo.
En la próxima transición de la red, los activistas, los
netócratas, serán 2.1, mientras una importante bolsa –a la
que Alexander Bard llamaba consumariado– seguirá en la
2.0 con todas sus ambigüedades.

120
Pensando diferente

De todo lo que hemos argumentado hasta ahora conven-
dría remarcar, una vez más, media docena de ideas. Tal vez
parezca reiterativo o demasiadas ideas para un libro tan
corto, pero su relevancia no puede pasar inadvertida:

1. Impulsado por el cambio tecnológico, la forma de la
red en la que se transmite la información, está transfor-
mándose.

2. Si la estructura de la información –y por tanto del
poder– adoptaba hasta ahora una forma «descentrali-
zada» –con poderes «jerárquicos» e instituciones y per-
sonas con «poder de filtro»–, las tecnologías como
Internet la impulsan a asumir cada vez más una forma
«distribuida» en la que cualquiera puede, potencial-
mente, encontrar, reconocer y comunicar con cual-
quiera.

3. Este mundo distribuido está dando a luz un medio de
comunicación a su imagen y semejanza: la blogsfera, el
conjunto de herramientas online de publicación y
comunicación personal.

121
4. En conjunto, este medio de comunicación puede, en
partes cada vez mayores del globo y no precisamente
de forma más espectacular en los países más desarro-
llados, cambiar la agenda pública, elevar a tema de
debate social cuestiones que los medios tradicionales
no abordan o filtran. Un blog no es un medio, pero el
conjunto de blogs sí lo es.

5. El ciberactivismo es una estrategia para formar coali-
ciones temporales de personas que, utilizando herra-
mientas de esa red, generen la masa crítica suficiente
de información y debate para que este debate tras-
cienda la blogsfera y salga a la calle o se modifique de
forma perceptible el comportamiento de un número
amplio de personas.

6. En un mundo así, todos –empresas, activistas sociales
y, en general, cualquiera que quiera difundir una idea
lo más ampliamente posible– están abocados al cibe-
ractivismo, es decir, a comunicar pensando en la forma
en que otros retransmitirán su idea a otros que, a su
vez, harán lo mismo con otros en una cadena lo más
amplia posible.

Todo esto implica pensar en las relaciones sociales, en
la dialéctica de la interlocución con otros, de una manera
completamente nueva, una manera en la que hay un
número indeterminado de agentes activos, de posiciones,
de identidades. Vivir y comunicar en red supone previa-
mente aceptar y vivir en diversidad.
De alguna manera llegar a la red es ser exploradores
en un nuevo mundo, un nuevo mundo al que no cabe
aproximarse desde la lógica de conquista, la explotación o
la ocupación. Por eso, mi mito favorito de todos los crea-

122
dos por Hakim Bey es el de Croatan. En su libro más influ-
yente, Zonas Temporalmente Autónomas, escribía:

En el colegio nos enseñaron que los primeros asen-
tamientos en Roanoke no fructificaron; los colonos
desaparecieron, dejando sólo tras de sí el críptico
mensaje «nos vamos a Croatan». Informes posterio-
res acerca de «indios de ojos grises» fueron des-
acreditados como leyenda. Lo que realmente
ocurrió, según el libro de texto, fue que los indios
masacraron a los indefensos colonos. Sin embargo
«Croatan» no era una especie de El Dorado; era el
nombre de una tribu vecina de indios amistosos.
Aparentemente el asentamiento fue simplemente
trasladado de la costa a los pantanos de Great
Dismal y absorbido por la tribu. Así que los indios de
ojos grises eran reales; aún están allí, y aún se lla-
man a sí mismos Croatans.
Por tanto, la primera colonia del Nuevo Mundo
decidió escindir su contrato con Prospero (Dee/
Raleigh/el imperio) y pasarse a los salvajes con
Caliban. Se descolgaron. Se convirtieron en «indios»,
se hicieron «nativos», optaron por el caos sobre las
roñosas miserias de la servidumbre a plutócratas e
intelectuales de Londres.

La potencia del mito radica en la profunda subversión
que realiza sobre el nosotros, sobre el concepto mismo de
sujeto en el que hemos sido definidos. El indio en el rela-
to de la colonización y conquista de América representa la
objetividad del otro, lo humano carente de propósito, fren-
te al nosotros blanco, europeo, que llega para algo, algo
contenido en palabras como conquistar, ocupar y obtener.
Conquista y ocupación del territorio para obtener
riquezas naturales en la colonización. Conquista de la

123
mujer, que pasa a estar ocupada cuando el hombre con-
sigue obtener sexo de ella en el relato machista de la rela-
ción heterosexual. Y también en el relato de la acción de
los media, ocupando espacios sociales, obteniendo exclu-
sivas. O en el de los negocios: conquistando mercados,
ocupando nichos, capturando clientes, obteniendo bene-
ficios. Sujeto empresa, público objetivo.
Siempre un lenguaje que remite a lo privativo, a lo pro-
pietario, al sujeto (yo-nosotros) como amo de una relación
sádica en la que el triunfo perseguido consiste en que el
otro pida justamente aquello que se quiere obtener de él
y de lo que simbólica o efectivamente se le priva: territo-
rio, naturaleza, sexualidad, información/fuente, deseo…
Conquista, épica; al fin, negación del otro convertido
en cosa. El mito de Croatan es tan subversivo, tan evoca-
dor, nos llama tan profundamente, porque remite al goce,
el canto y la felicidad. Recuerda Bey:

Volverse salvaje es siempre un acto erótico, un acto
de desnudez.

Lo que resuena bajo el relato aparentemente erudito
de Bey es una promesa de liberación. Nos fascina el cuen-
to porque intuimos que conceptualizar al otro como obje-
to es la fuente de nuestra propia constricción, de nuestra
propia negación, del vacío que habita bajo la cáscara del
definidísimo yo identitario. Pero por lo mismo, la perdida
de la ilusión propietaria, exclusiva, también nos hace sen-
tir cercano el vértigo inherente al cuestionamiento más
íntimo: aparecen el caos, la mezcla, la pérdida de un ori-
gen claro, el fin de un mundo ordenado por objetivos.
El propósito ya no preexiste a nuestra propia existen-
cia, ya no está definido, no es el criterio de verdad de la
acción social. Porque un mundo croatanico, un mundo en
el que las fronteras entre el sujeto y el objeto se tornan

124
porosas, donde no hay un otro sino que, desprovistos de
las ropas de la subjetividad prefabricada del conquistador,
desnudos de nuevo, todos somos otros, es un mundo en
el que el propósito desaparece como criterio ordenador
de la acción.
Y es un mundo donde aparece indomeñable la abun-
dancia de la mano de la economía del regalo, del gesto
gratuito, del amor a la belleza. Traspasada la épica, es fácil
definir Croatan desde la ética ubuntu, aun sin negar sus
conflictos, sin soñarla, ni mucho menos, como el Nuevo
Jerusalén. Es fácil pasar de la competencia por privar a
otros a la competencia por empoderarles; de la épica del
caudillo a la lírica del mumi. Porque como decía una pinta-
da que encontré en Madrid:

No piensen esto utopía comunitarista, es simplemente
una consecuencia del capitalismo que viene, un mundo en
el que las fronteras entre sujetos y objetos, entre produc-
tores y consumidores, entre empresas y audiencias se tor-

125
nan confusas, en el que los propósitos se vuelven vagos,
se diluyen. Y con ellos el mundo de los certeros conquis-
tadores deja paso a un futuro de cartógrafos de lo move-
dizo.

126