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Respirar Día 1. Aquí no hay escépticos, todos le ven como a un ser especial.

Victor Truviano es para ellos como un extraterrestre olvidado en la tierra, como un astronauta sin traje en el espacio o la punta brillante de una antena infinita al universo. Un imposible pero real porque existe. En el peor de los casos, otro barrilete cósmico argentino. El cielo de esta media tarde de enero ofrece la sombra de una única nube inmóvil a los que arriban y acomodan sus bolsos sobre el pasto para esperar que baje. Llegaron de a poco desde Colombia, Uruguay, Cordoba, Rosario y Buenos Aires para verlo y tal vez lograr tocarle. El retiro se difundió por más de un año en internet con el nombre “Cuerpo pránico, Mente pránica”: consiste en un proceso de 11 días de ayuno supervisado por este hombre que aparece y desaparece sin sonidos y casi sin tocar el piso. El prána es la energía vital del universo. Ser pránico es recurrir solo a esa fuente de alimentación para nutrirse, por ende no comer absolutamente nada nunca. Las 23 personas que acudieron al proceso están completamente convencidas y disfrutan de bajar la guardia entre entendidos. Cuentan la resistencia del entorno, el miedo de la familia al despedirse. Aquí no escucharán las burlas, muchas, que recibieron de otros amigos y conocidos. En este primer día todavía se puede comer y beber. No es mucho lo que hay para compartir pero disfrutan cada bocado como el último: hay zanahoria cruda rallada, zapallito crudo rallado, lechuga y tomate en ensalada, algo de aceite y aceto, sal. Se siente alegría en esta última cena: ansiedad y miedos se canalizan en charlas y risas francas; la lengua ablanda las miradas y un sentimiento de pertenencia empieza a aflorar. Compartir una experiencia que supone cierta dificultad crea lazos rápidamente: saben que tendrán que compartir casi dos semanas en esta burbuja y que probablemente necesiten unos de otros para llegar hasta el final. Día 2; El retiro sucede en una quinta de vacaciones de menos de media hectárea en Pilar, a 50 kilómetros de Buenos Aires. Una arboleda tupida y salvaje delimita todo el perímetro y curva el cielo sobre una casa grande. En el único cuarto del primer piso, una habitación doble en suite con terraza, se aloja Victor mientras el resto de las habitación es repartido entre las personas que no trajeron carpa. Por la escalera baja y sube solo él; en silencio, cuando quiere, cuando lo desea. La casa es una de esas típicas construcciones de los 80: ladrillos a la vista, techo chalet y una mecedora triple para hamacarse en una amplia galería de baldosas; tiene ese estilo sin gusto que no agrada ni desagrada; sencillo y refinado a la vez. Una pileta obvia para ese tipo de casas completa un cuadro simple y armonioso; suficiente. El grupo amaneció feliz con un entusiasmo más sereno. Victor dio las indicaciones en un primer encuentro grupal que dejó a todos satisfechos. Abrazar al hombre ya parecía justificar para cada uno el retiro. Esa charla inicial se centró exclusivamente en el proceso y su modalidad. Victor, como todos los pránicos del mundo, tiene varios dones derivados de su estado de conciencia. El libro “Vivir de luz” de la autora australiana Jasmuheen enumera cualidades tales como precognición, telepatía, bilocación, clarividencia y otros sobre los que los participantes deseaban preguntar. Antes de un retiro en Perú en el año 2012, Victor sufrió una grave caída en parapente. Sobre ese accidente y la reconstitución milagrosa de las diversas fracturas de piernas y cadera que sufrió entonces o su sorprendente buen estado de salud actual eran las preguntas que se plantearon hacer a la tarde algunos participantes. Incluso, una duda sobre si ese había sido otro intentó de quitarle

la vida como especularon algunos. Victor sin embargo rechazó las preguntas que no fueran específicamente prácticas. “No voy a contestar nada personal. El proceso es algo muy matemático dijo, nada violento y resulta suave para el cuerpo: se empieza con dos días de jugos; manzana luego pera; primero en un 75 por ciento de fruta y reduciendo progresivamente para llegar al final de segundo día ingiriendo solo agua. Siguen tres días secos para luego recorrer el camino a la inversa con los jugos hasta llegar al día once con la posibilidad de comer para el que lo sienta de ese modo.” Día 3. “Sus primeras vacaciones serán” prometió Victor. “Nada tendrán que hacer”; lo dijo varias veces para que suene a imposición. Cuesta dejar los días vacíos, siempre se está con la cabeza ocupada o pensando en cómo ocuparla. Veintitrés personas liberadas de obligaciones y diversión deambulan solitarias por el parque; van sin prisa, se acuestan o se sumergen despacio en la pileta sin otro objetivo que dejar pasar el tiempo alargando los gestos. Los segundos, los minutos, las horas abundan a ese ritmo de aburrimiento total. Hay cómo un aire a Gran Hermano en esa imagen detenida: la pileta y el jardín cerrado con pequeños grupos de personas en mallas que empiezan charlas que terminan siempre en silencios compartidos y prolongados. Vencidos por las inactividad pasaran varias horas durmiendo, tumbados ahí nomás donde otra vez la vigilia se dejó ganar por el ensueño. Los cuerpos empiezan a amainar pero no comer parece ser solo un detalle para estas personas privadas de ocupaciones; sin televisión, computadora, teléfono ni reloj, aisladas del mundo y privadas de la posibilidad de salir. Con el tiempo impuesto y un silencio predominante, lidian cada uno contra si mismo. Piensa en encierros y algunos se preguntan en secreto cuanto tiempo van a durar. Día 4. “Para los desmayos y las caídas prevenir, sugiero pararse despacio y levantar la cabeza solo al final. Evitar los buches, no usar dentífrico ni shampú pero tomar dos duchas calientes por día como mínimo para hidratar la piel; no hablar y dormir también con la boca cerrada para no secarse”. Victor enumera ante una audiencia absorta. Empiezan las cosas serias, desde las 12 de la noche y la última campanita, aquel que tome un vaso de agua se tiene que ir. Los días secos son el punto culmine del proceso y todos querían que lleguen pronto. Para liquidarlos se escuchó decir medio en broma. Un calor inusual aplasta aún mas los cuerpos y aumenta los dolores de cabeza y la apatía. Cada tanto alguno se pone de pie y emprende alguna caminata hasta la pileta para oxigenar la cabeza y despertar los músculos. Cada paso demanda segundos y exprime la voluntad pero ese movimiento limpia un poco la bruma mental y hace mas tangible algo que ya no parece real sino una película de los 70 o un western en el Gran Canyon. El panorama es de heroinómanos desparramados por el campo que se saludan desde el piso de un gesto leve antes de caer nuevamente. Día 5. “Tienes que convivir con eso, es parte del proceso” contesta Victor cuando le preguntan por algún alivio para los dolores de estomago y de cabeza. Rezan todos juntos a Mamaíta y Papaíto por la paz en el mundo antes de despedirse. Hubo algunas lagrimas en esta ronda diaria alrededor de Victor. Una preparación previa podía atenuar los miedos pero las carencias afectiva al estar lejos de las

familias se avivan en estos días duros. “Llámalos con tu móvil desde el bosquecito”, contesta sin embargo Victor temiendo el efecto domino. La comida es alimento, sentido, espiritualidad o cultura pero también es una referencia del tiempo: acomoda las horas y ordena el día. Comer es el momento del goce pero que la cena dure unos minutos o varias horas, se piensa antes lo que se va a preparar, luego se debe conseguir los ingredientes, cocinar, preparar la mesa, limpiar... El día entero puede girar en torno a desayuno, almuerzo, merienda y cena. Sin esos tiempos intermedios, el día se convierte en un largo nada o un “no algo” como dice Victor. Muchos sueñan con comida y piden perdón por ello. Los menús más descabellados en esta comunidad mayormente constituida de veganos: asado, ravioles, brownies con café, sandwiches de jamón y queso, chocolate... pena capital de lo prohibido entre gente que lleva cinco días sin morder una fruta. Día 6. “Comparto esto que recibí de transmisiones, se llama atomización particular y reprogramación neuro-celular” cuenta Victor antes de empezar una sesión de conciencia dirigida: una especie de hipnosis para enseñar métodos de respiración y de eliminación de momentos “inconfortabilizantes” del pasado. El objetivo del retiro no es dejar de comer sino entrar en un estado de conciencia espiritual mayor. El volante digital prometía cambios importantes en cuanto a sentimientos que todos esperan ver aparecer interiormente en cualquier momento. El hambre desapareció por completo pero la sed es un tormento constante que llevó a dos personas a abandonar. Decidieron cada uno por su cuenta irse a la mañana, acompañados de pocos para no dejarse tentar. Es el última día de seco, la recta final de este enfrentamiento interno contra el elemento. Parecen estar nadando hacía una isla y darse cuenta en medio del mar lo mucho que les falta. Piensan: no llego, no llego... Quieren esperar las 12 para el brindis con agua mas memorable de sus vidas y poder disfrutar de esos primeros sorbos de alivio más que de triunfo. El día sin embargo no acaba y se estira. El sol permanece inmóvil y acostado es lo único que se ve. Día 7. “Recuerda que hay mucho tiempo”. Esa frase de Victor que funciona como un mantra empieza poco a poco a anclarse en la cabeza de los participantes. Pasada la ola, con el agua adentro, volvió la calma y la paz en cada uno. Las gotas que componen el 75 por ciento del cuerpo humano son sangre, carne, tejidos y vida; al pasar tres días sin ingerir liquido pero evacuando a través del pis kilos de materia, el mundo interno parecía también reducirse. Hay una satisfacción enorme en haber logrado ese primer objetivo y un sereno optimismo alegre se empieza a instalar. Ya no duelen las horas que se alivian con charlas entretenidas e intercambios entre gente erudita en los dioses hindúes, la presencia oculta de los extraterrestres, el proyecto HAARP o la metafísica y lo paranormal. La diversidad de los cuerpos, tan notable al principio, es cada vez menos evidente con el paso de los días. Figuras de todas las edades y tamaños disfrutan de repente de una vitalidad juvenil inusual. Uno sólo viste ropa blanca y naranja con estampados originales de la India; los demás usan prendas simples o ropa deportiva de marca. Escasos tatuajes y pieles plásticas de color veraniego denotan cierto nivel de tranquilidad económica. Sus trabajos de psicólogo, arquitecto, asesor de imagen, kinesiterapeuta, instructor de ski o yoga ahorra el esfuerzo constante de la lucha económica más

básica. La mayoría parecen estar exentos de esa preocupación por sobrevivir que concentran todas las fuerzas físicas y mentales y que muy a menudo impide bregar por otra cosa que la propia paz. El karma no puede esperar; la vidas pasadas están dentro de uno y marcan el camino pero el tiempo ahora es este, y con Victor es mucho. El equilibrio ya se instaló en esta micro-sociedad donde cada uno se encuentra cómodo en el rol asignado. Aparecen las promesas de reencuentros después del proceso, eso sí, para comer, dicen todos. Día 8. “Tu vientre se va a secar y las paredes de tu estomago se van a descascarar para luego eliminarse con la primera materia fecal” había anticipado Victor. “El agua será como mercurio para tu vacío estomago” avisó también. Durante la mañana, otro participante se marchó en silencio. Se calzó la gorra con la visera para atrás, cargó la mochila y salió por la tranquera que permanece abierta día y noche hacia la antigua calle Mercedes, hoy Kirchner, nombre aparentemente mas adecuado al alto transito de camiones que la circulan. Resaca cósmica solo atino a decir antes de partir. Por primera vez hoy se vuelve a probar algo diferente a la manzana y Victor dejó preparados como cada día las veinte botellas de vidrio con jugo. El color y el aroma de la sandía es la mejor bienvenida para las papilas gustativas adormecidas. No se sabrá si la sensación de maltrato que sintieron algunos estos días era necesaria al proceso o solamente desatención. El lugar irradia un color definitivamente diferente que en los días anteriores. El clima no ha cambiado y el buen tiempo sigue pero es la percepción del espacio que de a poco se hace más presente. Empiezan a sentirse a gusto aquí, retirados, incomunicados, buscando pájaros arriba de los arboles o sorprendidos en confundir un tronco con una pata de elefante. Día 9. “No importa el resultado, no hay donde llegar, solo vive el momento.” Tiene la voz que su cuerpo necesita: suave y aérea. Todo en él sigue esa delgada cuerda vibrante que lo sostiene al mundo. Todavía tiene las manos del violinista que oficiaba de primer instrumento en la gran orquesta de Lanús. Los pies también apoyan en dedos que siguen ese patrón rebelde para tal cuerpo: demasiados largos y antiguos; desproporcionados con el conjunto; como si no acataran las ordenes de reducir su evolución mientras el resto se mantiene en sus dimensiones o incluso se retracta. Su cara de niña alcanza apenas para una sonrisa permanente que le achica los ojos y le estira la nariz. Ropa cuidada y abierta dejan ver siempre un cuerpo entero, sano y trasparente. Definitivamente hay algo de alíen en este ser. El final del proceso se acerca y Victor mantiene esa misma calma expresiva de cada día. Nada parece perturbar esa felicidad natural que irradia en cada frente. No es atento ni esfuerza la amabilidad, solo sucede sin buscar. Antes concurridos por 4 o 5 personas, se incrementó constantemente el número de participantes en todos los últimos retiros. Victor acaba de llegar del Bolsón y seguirá así todo el año. Viaja a todos los continentes del planeta pero casi no conoce los países donde estuvo; solo sale a comprar la verdura antes de regresar a preparar los jugos y permanece en el lugar. Contesta los mails desde su Iphone 89 (¿?) y responde preguntas por Skype si el tiempo se lo permite. Sabe que pronto pasará unos días con Elli, su esposa, en la casa que tienen en Finlandia aunque no sabe con exactitud cuando. En esta gira tiene fechas en Polonia, Francia, España, Gran Canaria, Mexico, Venezuela, Canada... pero anticipa que esta será la última aquí, un poco cansado del maltrato que recibe en Argentina. A ciencia cierta, los doctores son los únicos que se muestra terminante en el caso Victor Truviano.

Fuera de clínicas y hospitales, el enigma sigue abierto y despierta todo tipo de opiniones: nadie sabe si come o bebe a escondidas, si es diferente, chanta o gurú. Hay otros pránicos vivenciando su respiracionismo por el mundo y gozando de los mismos poderes: Oberom en Brasil, Jericho Sunfire de Africa, Akahi Ricardo Salas de Ecuador y Camila Castillo de Estados Unidos (una pareja con hijo pránico) o Hira Ratan Manek de la India para dar solo algunos ejemplos. Todos son blanco de burlas, cuestionamientos y ataques en igual proporción que asombro, creencia y admiración. Jasmuheen, una señora joven australiana siempre a la moda y una de las principales exponentes del tema en el mundo intentó en su último libro un esbozo de explicación del fenómeno: para ella, la conciencia de masas del yo-mi-mío que mantiene las vibraciones del cerebro en un patrón de onda Beta de entre 14 y 30 ciclos por segundos tiene que ser elevado a Theta o Delta, el de la conciencia unificada, satisfecha o de servicio que reduce las vibración a 4 y 7 ciclos por segundos y que permitiría al ser lo que ella llama la nutrición divina, alimentación pránica o vivir de luz. Día 10. “Ayuno de palabras hoy será; hasta las 12 de la noche buscaremos el silencio de la mente” sentenció Victor. Sonó un poco a penitencia dentro del grupo que venía organizando juegos y actividades comunes y ruidosas. El proceso no es para dejar de comer se cansa de decir Victor en las entrevistas; el aporte espiritual del retiro es un componente importante, con esta medida imprevista quiere obligar a cada uno a encontrarse con su dialogo interior. El estomago alberga casi tantas neuronas como el cerebro, de hecho vehicula las emociones con mas honestidad que la cabeza y cuando reflexiona no lo hace sino de formo visceral. La segunda virginidad ofrecida a este campo reflexivo promete la cosecha de un siembra en tierra ahora fértil. Diez días sin comida, horarios, televisión, películas, computadora, facebook, diario, trabajo, peleas...sin deseos, sin erección, sin sexo, sin ganas, termina de acostumbrar a cualquier persona al ascetismo y convencerlo del camino limpio. Algunos dirán haberse reconciliado mentalmente con enemigos y colegas molestos, haber despedido a los padres muertos o enviado fuerza a los amigos a la distancia. Recuerdos insospechados resurgieron para ser sanados con paciencia y amor. Lo imposible para ellos esta vez se hizo realidad y sienten como entra el aire de otra manera por sus cuerpos. El proceso llevó el físico a un extremo para romper con patrones de la mente que no te permiten creer que una persona pueda vivir sin comer, curarse a si mismo, usar la mente para comunicarse o simplemente ser feliz. Nadie puede anticipar su regreso; cómo encontrá y lo encontrará su vuelta al mundo. Pero diferente será. Día 11 . Las frases de Victor ya fueron silenciadas por los teléfonos, los intercambios de mails y de tarjetas profesionales. Su aliento se transmite ahora por contacto y vibración. “Que gusto conocerlos” podría haber dicho durante el desayuno de frutas y jugos, todos hubieran festejado el chiste fácil. O algo así como: “hasta pronto, cuidénse, sigan amándome...”.Con la mochila al hombro, solo dijo chau como lo dicen a veces los pibes de barrio de zona sur de la provincia de Buenos Aires y se fue. Después de desarmar las carpas, todos seguirán su camino. 07/02/2013 - Cooperativa Sub Quinta entrega del ensayo COMER: http://www.sub.coop/es/historias/comer-es

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