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EL USO DE LA SEXUALIDAD EN ESCRITORAS CRUCEÑA-BOLIVIANAS

Aruwiri, septiembre de 2006
Henos allí, corrido el velo de la apariencia en nuestras caras maquilladas… Giovanna Rivero en Las camaleonas

Acostumbrados como estamos en este lado del país a lecturas un tanto conservadoras con respecto a la sexualidad, puede decirse que un efecto de despabilo es inevitable cuando nos enfrentarnos a una literatura —que desde hace un tiempo y actualmente produce la parte oriental de Bolivia— que no escatima sus letras al mirar, acariciar y tocar un tema tan poco explorado por estos lares. Es en estos textos donde se afianza la diferencia entre Oriente y Occidente, cuya diferencia no radica sólo en el aspecto geográfico y climatológico, sino que esta diferencia se acrecienta al generar otras visiones de mundo, otras miradas sobre la realidad, sobre los valores, los prejuicios y los supuestos que hacen de la sexualidad todavía un taboo en la cotidianidad. A partir de esto puede tomarse en cuenta una serie de escrituras que a su manera revelan pero esconden o esconden pero revelan a un mismo tiempo. Esta convivencia puede permitirnos entender esta escritura bajo el umbral, en el punto medio, en el límite de las diferencias que se pueden establecer entre la realidad y la imaginación, la sensualidad y la insensibilidad, la necesidad de rebelarse pero tener que conformarse, una pugna entre la iniciativa y la pasividad, etc. Estos pares podrían extenderse, sin embargo, éstos bastan para entender el efecto de entretejido que se genera a partir de estos opuestos. Es decir, la sexualidad en estos escritos se halla confeccionada de remiendos, de una serie de fragmentos que conforman muchas veces un algo vago, pero que, sin embargo, se encuentra allí como existencia. Aquí puede hablarse de un erotismo de la palabra, puesto que este tejido de remiendos está confeccionado por la palabra, ésta llega a excederse a sí misma. Puede decirse que esto es lo que pasa en los textos que veremos más adelante. Es decir, se trata de escrituras que desbordan, como ya se dijo, que no escatiman nada para estimular nuestros sentidos. Tales palabras hacen algo en nosotros como lectores (no sólo comunican, que sería la función más básica de la palabra), nos tocan, nos seducen, nos provocan, en los oídos, en el tacto, en los ojos, en el gusto, en el olfato. Se trata de palabras que pueden hacernos experimentar, aunque de manera fugaz, vívidamente las sensaciones de sus

yo aprovecho de desprenderme los aretes. porque ¿acaso existe una identidad per se? ¿Acaso ella también no está hecha de remiendos? ¿Acaso la identidad no está entretejida por varios hilos. pornográfica. a una ópera de los sentidos. etc. allí también se desatan los sentidos. incluyendo el estímulo interno. hilos que para complicar más el asunto. Y entonces se activaban los diez mil diablos dormidos bajo mi piel. Ahí. las palabras: Llega lunes o martes. Siempre me asusta. más insinuante. digamos. cuando sabe que no hay nadie. Afirmación que puede traducirse como “yo. y me asalta de espaldas. quien inicia su novela Las camaleonas haciendo esta afirmación: Ésa de ahí no soy yo. Me invadía una alegría insana. sí. los aretes. con esa lengua recia y perfumada que sólo él tiene. cobra sentido cuando se inicia una búsqueda (y desde ya toda búsqueda supone un algo perdido. sus carencias. en suma. Se trata de textos que cuando narran la sexualidad.protagonistas: sus miedos. en la búsqueda de la identidad de la mujer. en el que la narración se da como una presentación de fotogramas ante nuestras retinas que encierran toda una vida. Como no podría ser de otra manera. sus deseos. con un rebalsar de las palabras estimulando los sentidos. un ansia por morder esa boca ancha y distraída. parecen cambiar constantemente? Para indagar en esta búsqueda de identidad. Y mientras sube mi falda. más osada. Entra sin tocar. por otro lado ¿qué es lo que podría esperarse de este entretejido desbordante? Una posible respuesta podría ser que tal entretejido. desnuda. Separados por una asimétrica mesa de madera. sin anunciarse. podría citarse a Giovanna Rivero Santa Cruz. todo trabajo supone conflicto. estoy perdida . se puede hallar estas sensaciones en «Réquiem para un invierno» de Liliana Colanzi: Fue un amor rodeado del olor a fritanga. sendos vasos de cerveza de por medio. complicación. un encuentro con el simple hecho de ver las palabras en otra faceta. cada una de esas letras haciéndose experiencia. de las pesadas moscas del atardecer. pero lo complicado supone también estímulo). ¿De qué? Quizás de nada más complicado que la identidad. Me los saco porque sé que a él le gusta chupar mis orejas. Otro tanto pasa con el cuento de Claudia Peña. «Morena». buscarlo supone trabajo. Así. Pero. lamerlas y explorarlas como más tarde explora mi sexo. se inaugura un conflicto. cuando estoy lavando mis sábanas. por dejar al descubierto ese abdomen increíblemente plano. lo hacen con una carga muy fuerte de erotismo. en esta cita se puede asistir. ese ombligo invisible. prácticamente todos ellos. que estoy aquí diciendo que ésa de ahí no soy yo. del amargo sabor de la cerveza. más descarnada. por ejemplo. se encuentran desplegados aquí. sus pasiones. o cuando limpio la mesa. A veces no lo escucho. más específicamente. nuestras rodillas rozaban y se restregaban mientras las yemas de nuestros dedos comenzaban a buscarse con estudiado descuido. aunque hecho de remiendos. casi de inicio.

aunque brevemente. es decir gracias a que fue capaz de imaginarse otra. En este acto voluntario de desolación constato que . Quizás por esto es que Azucena narra. frente a otro. la de la hermosura incipiente. aunque no llega a ser «Carolina de Mónaco». fue siendo otra y ella misma a la vez. Pues parece decir: Carolina. con el “de” incluido: Azucena de Portugal. en las fotos. Quizás es en ese contraste que se encuentra parte del sentido que busca. la manosea. Y repentinamente me sentí vulgar. gesticulando. indigencias todas que intentan llenarse en los cuerpos de otros. donde la palabra se torna en un medio de escape al vacío. en su psiquiatra. al menos llega a ser «Carolina de Portugal». llega a tener sentido en el momento de conjugarse con el nombre de Carolina. en todo y en todos. para tratar de llenar sus vacíos. pérdida. ¿Podría significar esto que la insuficiencia de uno se llena con la insuficiencia del otro? Sí pero no al mismo tiempo. como Azucena misma dice al expresar “Debo narrar mi envidia para no perecer en ella” (Rivero: 7). Podía decírselo. etc. hurga en ella. Lo cual. A partir de esto. la del roce involuntario de otros dedos. ¿Qué es lo que busca? Un sentido. que quisiera para mí. carencia. la de sus pezones. en otro pasaje puede observarse la visión de Azucena del modo más dramático: Desde alguna parte de la sala puedo verme. entonces llega a poseer. eso sin contar otra carencia más terrible. en el momento del contraste que Azucena toma existencia. el nombre: Carolina. también tiene carencias. Sentido que se traduce en ausencia. y lo hizo gracias a la ficción. Aquí es. en una opción a la indigencia. animadísima como si en esa charla de vericuetos. en algún momento incluso tiene que ser en otro nombre. siempre la del contraste. eso que desea: …el hombre que tenía frente a mí me preguntaba el nombre. por ejemplo. incompletud…. encontrara algún sentido. como puede observarse en la cita y más adelante en el libro. Azucena se buscará en todas partes. etc. alcanzar su completud a partir de otro. debe contar para existir. aquélla que la llevó a la muerte. de lo que no se tiene o se cree no tener. Carolina cuya vulgaridad me atrae. la transforma. tiene que crearse por medio de las palabras. en Carolina. en Judy Palas. como una provocación a una fiesta de dioses. en su marido.y quiero encontrarme”. provoca efectos en la realidad. Allí descubre que Carolina. Pero entonces emergió como un estallido de fuegos artificiales. en otra. el apellido de Claudio. Portugal. que no significaba nada para ella hasta ese momento. Carolina la del putismo irresistible. a pesar de tener los pechos más codiciables. de lo otro. le dije. (Rivero: 9) Allí fue vulgar. y condicionado por ese otro. existió. Azucena misma llegará a expresar: Yo. Pero es precisamente ahí.

«Se desvive por vivir» de Heide Zürcher puede considerarse más que una metáfora de ello. Quizás allí es cuando nos encontramos condenados a desvivir[nos/los] por vivir. En este cuento. de dar cuerpo. llega a unirse al otro: Siento. desentrañar las señales de cada uno de los objetos de mi sueño: tú. abuela. . despojarlo de su limitado ser para sumarlo al nuestro y paliar nuestra insuficiencia. Quizás lo que en el fondo de todo se dice es que todos estamos hechos de fragmentos. se cuestiona nociones más grandes como realidad. ni ella ni ninguna otra. (Rivero: 79) Poniendo en tensión la cuestión de la identidad. significado. posee. y no tanto de la mujer en sí. pero la incógnita permanece. comienza a revisar sus carencias. que te busco sin poder encontrarte. lo más natural sea vagar de cuerpo en cuerpo. en ese sentido. de esta como noción. la cercanía del cielo.los pedazos de nosotras se reconstruyen poco a poco. Desconocemos la sexualidad pero al mismo tiempo creemos poseerla. recostada en el diván. a duras penas. Quizás al narrar la sexualidad quiere hacernos ver al final de todo que es mejor ocultar su inefabilidad bajo la osadía de narrar el acto mismo. Se quiere alcanzar la completud por medio de ella. pero en la totalidad somos llanamente un Frankenstein. la protagonista —otra vez la palabra desnuda— literalmente trata de encontrar el sentido a su vida y lo hace cuando logra encontrar al otro. porque es ella sólo a partir del momento en que. existencia. que ella se pero jamás será completa. Posiblemente aquí es donde se despliega el juego de ocultamientos y develamientos del que hablamos al comienzo de este ensayo. Quiero darle un sentido a mi vida. la hamaca. Es en este momento que Azucena tiene razón al decir que ésa de ahí no es ella. Azucena no existía hasta el momento en que logra ver la paradoja de su existencia. que estamos hechos de endeblidades. como dice su psicólogo. y lo hace narrándolas. que también es incompleto. de casi literalmente añadir al otro sobre nosotros. Trato de recordar todos los detalles. Entonces. a perpetuar el acto de «restar» al otro para «sumarlo» a nosotros. a esos retazos que nos hacen falta y que sólo ese otro. Quizás el acto de narrar la sexualidad por medio de palabras que se encuentran al límite de lo descarnado quiere ocultar que estamos hechos de carencias. aunque para ello muchas veces tengamos que recurrir a los fragmentos del otro. quizás la tenemos pero también la desconocemos. de retazos que en algún momento tenemos la necesidad de dar forma. que es la promesa de sumarse. cuando después de cada sueño. recolectar algo de ellos para hallar un significado al nuestro. Quizás.

Pero es que ninguna de ellas precisa soñar un poco más para dar con la respuesta. a pesar de haber encontrado a Enrique. Tendría que soñar un poco más —dirá—. mantener el silencio. la mujer oriental y su escritura se erigen como pioneras. . para saber la respuesta. acércate —escuchará—. de generación en generación. (Extractos) Heide Zürcher: “Se desvive por vivir” en Fulgores (2005). después. Es que la protagonista. de placer. el acto de la unión carnal. En tal drama. Liliana Colanzi: “Réquiem para un invierno” Claudia Peña: “Morena” Giovanna Rivero Santa Cruz: Las camaleonas. Estos viajes se multiplicarán hasta el infinito. porque en el momento en que la palabra se dé. la protagonista conoce a alguien o llega a re-conocerlo. ya no quiero embrollar más mi vida muestran la inevitabilidad de siempre buscar al otro. un eterno viaje en bus. todo nos señalará. y luego la nieta de su nieta la que tratará de soñar un poco más para dar con el secreto. respuesta que se presenta en forma de cuerpo. Frases como Ven. haciéndonos inocentes y culpables a la vez en este juego en el que al tratar de ocultar se termina mostrando. tal búsqueda. pronto. por no decir las únicas. será su nieta la que sueñe con ella. Y la sexualidad es el canal por el que pasa ese juego. Quizás lo que este cuento hace es mostrar que tal fatalidad es inmanente e inherente a nuestra condición.Después de sueños como éstos. de amor… Éste es uno de los cuentos en el que más claramente se puede ver ese juego de ocultar pero mostrar y viceversa. esperanzada. te voy a enseñar muchas cosas que los muchachos no saben o Espero abuela haber entendido tu mensaje. cono los ojos abiertos. Quizás la única manera de mantenerse libre de todo esto es callar —como en «El secreto de la inocencia» de Beatriz Kuramoto—. carencias. —Niña. te voy a enseñar el secreto de la felicidad— Me acerco curiosa —repetirá—. llegará a conocer a otro durante esos giros que da la vida. pero en ese momento despertará. ellas mismas son la respuesta. y otros despojos que nos hacen hombres y mujeres. en este mundo que inútilmente se anhela completo y armónico. en el que mostrando se quiere esconder las más grandes miserias. de contacto.