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Es difícil poder hablar de Salamanca y que no se nos pasen por la cabeza dos palabras: Universidad y fiesta.

Éstas dos tienen mucha relación entre sí. Todos los años en los medios de comunicación podemos ver cómo nos informan de la famosa “Nochevieja universitaria” que nació de una idea espontánea de un grupo de estudiantes que por circunstancias de la vida coincidieron en Salamanca y que querían despedir el año entre compañeros y amigos a mediados de Diciembre antes de volver a sus respectivos hogares. Estos universitarios eligieron como punto de referencia la plaza mayor de Salamanca puesto que es el sitio donde habitualmente se despide el año con las campanadas, pero con dos diferencias: una de ellas era la fecha y la otra que en vez de tomar las típicas uvas tomaron gominolas. Lo que empezó siendo una cosa espontanea y natural se convirtió en una tradición que incluso llego a calar en otras ciudades como Zamora, que el año pasado organizo su propia “Nochevieja Universitaria”. Estos acontecimientos fueron retransmitidos en telediarios nacionales de varios medios de comunicación en los que se hablaba fundamentalmente del número de asistentes y de las ganas de fiesta de los universitarios por despedir el año juntos. Seguramente si nos ponemos a pensar en lo que nos contaron nos acordaríamos de esto pero no nos daríamos cuenta de la información que los medios de comunicación obviaron, como que el Ayuntamiento de Zamora acogiera la multitudinaria concentración después de que el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, se negara a destinar recursos públicos a la seguridad o la limpieza de la ciudad. El alcalde llego a decir que “Salamanca no es un gran vomitorio, sino una Ciudad Patrimonio que hay que cuidar” y asegura que mientras él sea regidor “no habrá este evento” pero asume que si es una convocatoria espontanea él no puede hacer nada. Como dijimos anteriormente la Universidad y la fiesta son dos palabras que al menos en Salamanca están muy unidas. En la fachada de la universidad nos encontramos con la famosa rana. Dicen que encontrarla da suerte y es sin duda uno de los recuerdos más populares entre los turistas que visitan la ciudad. El origen de la rana a día de hoy aún es un misterio y quizás de ahí provenga su encanto. Unas de las hipótesis dice que es parte de la simbología bíblica y que representa la lujuria. Esta teoría es muy plausible tratándose de la fachada de la universidad, donde las fiestas, la vida alegre y el alcohol no eran un mito sino que eran una realidad entre la población estudiantil. Al igual que a la “Nochevieja Universitaria” a la rana también le salieron duros competidores como el astronauta que se añadió a la Catedral nueva en 1994 con motivo de la celebración de Las Edades del Hombre. Éste astronauta también tiene símbolos relacionados con la vida estudiantil como el dragón comiendo un helado de tres bolas que sonríe al visitante. En alguna ocasión vemos como centenares de turistas se agolpan enfrente del monumento buscando la rana y a veces se fijan más en eso que en la belleza arquitectónica del emplazamiento. Lo más curioso de toda esta historia y que seguramente no hayamos visto en los medios de comunicación es que la rana no es realmente una rana, sino que es un sapo, que en el ideario religioso es un símbolo femenino que representa el pecado.