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Moisés Herrerías Diego

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SEP-INDAUTOR: 03-2010-022309501400-14 4 .M.-10 A.

y definitivamente la más emocionante de todas. fumado permanecer mucho tiempo al lado de fumadores. emocionada y nerviosa al mismo tiempo. Todo ha de salir muy bien. quizá una o dos copitas al año. y si bien no soy precisamente una deportista. Estoy feliz. después de casi nueve meses de espera estoy a sólo unos días de tener en mis brazos a ese pequeño ser que me convertirá en madre por primera vez. ansiosa. bueno. Por fin. La espera. mi marido y yo tenemos la costumbre de dar largas 5 . tampoco bebo alcohol.-10 A. pues trabajo en una guardería desde hace más de ocho años. Me he cuidado desde antes de saberme embarazada. Por lo que trato de recordar lo que mamá y los médicos me han repetido constantemente. lo cual no es del todo difícil. Estoy segura de que ésta ha de ser una de las etapas más felices de mi vida. y después de la gran noticia no he dejado de prepararme Nunca he para el fabuloso y evito acontecimiento. e intento guardar la calma.M. Capítulo I.

El caso es que en la 6 . Con el proceso que esto implica. No sé cómo puede haber personas que se atreven a traer hijos al mundo sin desearlos verdaderamente. caminatas. a la muerte ya la encontraremos más tarde. y lo seguiremos haciendo aún después de nuestra muerte. Los dos hemos esperado y deseado este momento con todo nuestro corazón. pero ahora que lo voy a hacer padre se desborda en atenciones para conmigo. quienes desde el primer momento en que lo pensamos comenzamos a amarlo. Pero ¿Qué estoy pensando? En estos días lo que se avecina es la vida. Él me cuida mucho.M. una se imaginaría que todos los seres humanos somos fruto del amor y no del descuido o del azar. siempre lo ha hecho. Si no los van a amar. No dejaré que el sismo de esta mañana me altere más de lo debido. El bebé que llevo en mi vientre siempre tendrá el amor de sus padres. El temblor estuvo bastante fuerte. o por lo menos fue el que más he sentido en años.-10 A. más valdría que no los tuvieran. Quizás al estar a punto de ser madre me he vuelto más perceptiva o impresionable.

¿Quién sabe? Quizás también la Tierra está emocionada y ansiosa de conocer a su nuevo habitante. televisión dijeron que no hubo consecuencias graves. Sin duda alguna el ser vivo más amado y esperado en toda la faz de la Tierra: “mi hijo”.M. 7 . Tal vez la tierra tembló por la misma razón por la que no he dejado de hacerlo yo desde que supe que sería madre.-10 A. ciertos edificios presentaron algunas grietas. pero afortunadamente no se han reportado muertos o heridos. y no se diga mi marido. Nada debe manchar u oscurecer esta semana. Espero que todo permanezca así y no haya sorpresas desagradables. aunque sí algunas personas con crisis nerviosas.

lo único que sentí fue un dolor muy fuerte en el estómago y mi vista se nubló. No sé cómo pasó. Los expertos no le dieron mucha importancia. En fin. Eso parecía una película.M. Capítulo II. y eso me obliga a estar en ciertos lugares y horarios en los que la mayoría de las personas no quisieran estar ni con armadura. Cuando todo había pasado. Yo me encontraba en un hospital. me encontraba hospitalizado y “de milagro 8 . No era el primer tiroteo que me tocaba cubrir.-10 A. El periodista. pero sí mi primer fuego cruzado. el caso es que me vi en medio de un tiroteo entre dos grupos criminales y la policía. Soy reportero gráfico de un pequeño periódico urbano de no muy buena reputación. con la diferencia de que las balas no eran de salva. Pero fue el más fuerte que haya sentido en mi vida. porque dijeron que no había sido el peor en cuanto a magnitud y consecuencias. -ITodo empezó hace sólo unos días después de un terremoto. no precisamente de visita.

enchufado a una bolsa con suero. Ante el pánico. ¿Qué otra cosa podían hacer? No me encontraba precisamente en un pabellón en el que pudieran 9 . Por lo menos desde mi cama el techo. el suelo y las paredes lucían tranquilizadoramente iguales. por lo menos fue honesto y eso es algo que como reportero siempre he sabido agradecer. según el médico que me extrajo la bala. Eso sí. duró unos dos o tres minutos y realmente me sorprendió que el edificio no se hubiera caído.M.-10 A. todo aquello que colgaba y las cortinas que me separan de los demás pacientes no dejaban de moverse. en vez de sentirte apaleado. dijo el especialista. estarías embolsado esperando que tus familiares reconocieran tu cadáver”. En cuanto al temblor. Si bien el médico careció de tacto. incluso varios minutos después de haber terminado el sismo. vivo”. las enfermeras nos pedían que conserváramos la calma sin mucho éxito. y otra con antibiótico. “Por un centímetro de más. o mostrara algún daño en su estructura.

Sólo que a partir de ese momento ya nada fue lo mismo para nadie.-10 A. Todos estábamos muy nerviosos y la zozobra aumentaba en la medida en que escuchábamos los llantos y gritos de terror generalizados. Nunca supe de cuantos grados fue el siniestro. pero con suma avidez de mantenerse al tanto de lo que las demás supieran. evacuarnos con facilidad. era como armar un 10 . casi como si no quisieran que se les escuchara.M. Nada de lo que decían tenía sentido para mí. -IIAl principio todo era más bien un rumor entre las enfermeras. ya que a más de uno se nos podría haber ido la vida en el puro desalojo. ni su epicentro. Encontrar la lógica en los fragmentos de conversación que me tocaban oír. sólo para venir a morir aplastado en el hospital donde me acababan de salvar la vida. Incluso me cruzó por la cabeza lo irónico que sería sobrevivir a un balazo en el abdomen. quienes cuchicheaban incrédulas mientras me cambiaban el suero.

aunque el ultrasonido no daba indicio de qué algo pudiera estar saliendo mal con su hijo. y los médicos se rehusaban a subir la dosis por miedo de que resultara afectado el bebé que estaba por nacer. Sin embargo. aún proviniendo de la misma persona.M. comenzó a tener unos dolores muy fuertes en el vientre e intensos sangrados. de manera parcial pero permanente. mientras que el de la madre estaba a punto de detenerse. Al parecer. o le sobran piezas. Las enfermeras me mantenían informado del caso. El pequeño corazón del niño latía con fuerza. En unas siete horas la mujer se encontraba al borde de la muerte. 11 . una mujer que estaba a sólo unos días de entrar a quirófano para que se le aplicara una cesárea. las versiones del hecho distaban de ser las mismas. Sólo sabía que hablaban de algo relacionado con el pabellón de maternidad. lo que obligó a los médicos a suministrarles plasma y chequeos permanentes.-10 A. Los calmantes que le podían aplicar no parecían hacerle efecto. rompecabezas al que no sabes si le faltan.

Esta última alternativa se veía cada vez más remota al tiempo que las enfermeras comenzaron a mostrar más miedo y preocupación que curiosidad morbosa. me quitó el termómetro. Decían que la mujer tenía algún tipo de virus desconocido hasta ese momento. -IIIAl día siguiente. En silencio me dio el termómetro. revisó el suero. las medicinas. sólo querían burlarse de mí. la enfermera que llegó a tomarme la temperatura lucía realmente mal. esperó dos minutos sin dejar de voltear al techo y a las paredes. y después de que otra enfermera le hiciera señas por la pequeña 12 . Yo no sabía si todo eso estaba pasando realmente. e incluso llegué a escuchar que su extraño padecimiento era fruto de algún tipo de brujería o posesión demoníaca.M. o si conscientes de que las escuchaba y de que era periodista.-10 A. Debido a que la mujer del pabellón de maternidad ya no era el único caso reportado en el hospital. que era drogadicta y sus malos hábitos habían terminado por destruir por completo su organismo.

pero no por nada dicen que “la curiosidad mató al gato” y se debe tener mucho de gato para ser periodista. A sabiendas de que no estaba entendiendo absolutamente nada. se marchó casi temblando. hasta que alcancé a escuchar un murmullo muy tenue. pero ésta provenía de uno de mis solidarios compañeros de cuarto. me dispuse a aceptar mi derrota y a regresar sin presa a la cama. aquél que no dejaba de reírse de mí.-10 A. Yo me puse muy nervioso al ver semejante actitud. Descalzo. me aproximé muy lentamente a la puerta. Entonces traté de concentrarme en cualquier otro sonido que pudiera parecer una conversación. Hasta que mi vecino de enfrente. y de la manera más burda posible pegué lo más que pude mi oreja. tiene que ser algo más”. pues ella siempre se había portado muy amable y cortés con todos nosotros. ventana de la puerta. tomó uno de los vasos que nos dan para el agua y 13 . lo cual no fue fácil. Con cuidado me incorporé muy despacio.M. Mi primer pensamiento fue: “¿Tan mal estaré?” Seguido por un: “No. yo me siento bastante bien. Logré oí una que otra risa.

Al principio no entendí lo que me quería decir.M. pero una vez recibida la observación. Por supuesto que no me creyó. vaciándola por dentro? ¿Cómo decirle que unos minutos después de muerta. ¿Cómo hacerle saber que la mujer del pabellón de maternidad había muerto y que su bebé no? ¿Cómo explicarle que el recién nacido se había comido a su madre desde la matriz. pero no podía decirle lo que había escuchado.-10 A. pues quería saber qué era lo que había escuchado. El sonido no era mucho mejor. Mi vecino de la cama de enfrente me hacía señas. abrió sus ojos carentes de vida. me dispuse a acatar lo que mi nuevo maestro de espionaje me había enseñado y pegué la boca del vaso a la puerta y mi oreja a su base. pero yo no me atrevía a decirle nada y eso fue lo que le contesté. pero era lo suficientemente claro como para no poder dormir esa noche. colocó la base del mismo en su oreja. el corazón de la madre volvió a latir. mordió y devoró el rostro del médico que la estaba atendiendo y después deglutió a su propio bebé? 14 .

Sin importar lo adversas que pudieran estar las cosas. Capítulo III. pero aunque sé que todos en algún momento pudimos llegar a pensar en recurrir a él. Desde entonces cada quien ha hecho su vida y hasta el momento. a mis dos hermanos pequeños y a mí. pero sí sabré 15 . una mujer mucho más joven que mi madre. para “reiniciar su vida” con otra persona. El padre.M. Hubo tiempos difíciles. los cuatro nos prometimos nunca más hablar de él o buscarlo. El tiempo ha pasado desde entonces y con base en sacrificios y dedicación. después de treinta años de que se marchara. no creí que fuera a encontrármelo otra vez. ¡Cómo son las cosas! Tal vez nunca sepa qué fue de él en todo este tiempo. nunca hicimos el menor intento por buscarlo o saber qué fue de su destino. pero eso cambió hace un par de días.-10 A. -ICuando papá abandonó a mamá. juramos que siempre haríamos lo que fuera por sobrellevarlas nosotros solos. mi madre nos fue sacando adelante ella sola.

Éste es uno de los gajes que tiene ser el encargado de ventas y servicios del cementerio local. Tal vez yo también lo haría. y 16 .M. A mi madre no le pienso decir nada. Por otra parte. creo que es mejor que siga sin saber qué es lo que ha sido de él. Toda su nueva familia se ha reunido y le lloran con amargura. Tampoco les diré nada a mis hermanos. Después de todo. Pues bien. que sea ésta la que le llore ahora. profesionalmente tengo que estar ahí para vigilar que todo transcurra según lo acordado en el servicio. yo no puedo faltar al entierro. dónde habrán de terminar sus restos y quizás lo visite a diario. Al principio tuve mis dudas. pero poco a poco las fui despejando hasta que me hice a la idea. él nos dejó para formar otra familia. si es que no lo hubiera hecho por tantos años. tal vez un homónimo. No tiene caso desenterrar muertos que ya hemos olvidado. pensé que quizás se trataba de otra persona. Ayer lo velaron y hoy lo entierran a sólo unos pasos de mi oficina.-10 A.

¡Qué bueno que no le 17 . Pero tampoco creo que sea la misma por la que dejara a mi madre hace tanto tiempo. ¿Me pregunto dónde estará la viuda? Veo a muchos hombres de saco y corbata. de hecho la más vieja de todas: “la muerte”. personalmente.M. incluso para mí. sobra decir que la más reciente. -IIEl servicio funerario ha terminado y en efecto. la haya tenido que abandonar por otra mucho más vieja que ella. De ser el caso. tal vez quiera cerciorarme de que esta vez esté realmente muerto. resultaría irónico que ahora que él mantenía una relación con esta jovencita. es muy joven para ser su esposa. La que va al frente del cortejo ha de ser su hija.-10 A. la mujer del cortejo no era su hija sino su esposa. que bien podría ser su hija o nieta. pero no logro ver a ninguna otra mujer. es demasiado joven. Tal vez mamá no fue la única mujer a la que dejó por “un modelo más reciente”. Tal vez no vino o quizás la que va al frente no sea necesariamente mi media hermana.

no sé nada de lo que ocurre afuera. Apenas son las doce y aún faltan varios entierros por celebrar esta tarde.M. Mi madre ya tiene bastantes preocupaciones con todos estos terremotos como para afligirla con una cosa como ésta. no me extraña que la tierra haya estado tan agitada en estos últimos días. avisé a nadie de mi familia sobre su entierro! De haber sido al revés. hace tiempo que habría tenido que cambiar mi residencia permanente 18 . Y por suerte esta oficina es como mi propia tumba. Una vez que se cierra la puerta. sería raro que no presentara algún tipo de indigestión. De hecho. Yo también tengo que darle vuelta a la página y seguir adelante con mi vida. Tal vez si no contara con unos buenos conductos de aire.-10 A. a mí tampoco me hubiera gustado que se me informara al respecto. Sin duda alguna la soledad es la mejor terapia para aclarar la mente y despejar las telarañas de la cabeza. Después de todos los muertos con los que le hemos llenado la barriga. ya que no tengo ventanas y la única entrada es como una losa maciza que me aísla del mundo.

Al menos creo que no tendría este conflicto interno. Sin embargo. quizás el mundo podría estarse viniendo abajo y yo no me daría cuenta de nada. Mis únicos vínculos con el exterior son el reloj de la pared. tenga que darles la oportunidad a los demás de 19 . Por un lado. Tal vez para sanar esta herida por completo. pero quizás la razón por la que no hay ventanas es porque en algún otro momento este lugar fuera una tumba. Si no fuera por ella. pero no dejo de pensar en lo distinto que habrían sido las cosas si mi padre no se hubiera ido de esa manera. o imprevisto que pudiera estar ocurriendo afuera. pienso que no ha concluido del todo.-10 A. siento como si se me hubiera arrebatado algo que no lo había considerado mío desde hace mucho tiempo. Pero también creo que esto concluye con una etapa dolorosa y aleccionadora de mi vida. el teléfono y la secretaria que me avisa de cualquier visita. Tengo el escritorio lleno y aún mucho por hacer. o algún tipo de bóveda para almacenar cadáveres. No me gusta pensar mucho en eso. inconveniente. a este lugar.M.

quizás sólo necesitan un poco más de tiempo para digerir por completo la noticia. ¡Qué inoportuno momento! Pero no me queda más remedio que volver a intentarlo más tarde. -IIIMis hermanos no tomaron las cosas tan mal como pensé. Tal vez esté en el baño o salió a comprar un refresco de la máquina expendedora de afuera.M. No sería justo. no tengo por 20 . No sé si con mamá habrá de ser diferente la historia. tengo que avisarles a mamá y mis hermanos que papá está muerto. pero sé que no me puedo guardar esto para mí solo. Ella siempre ha sido muy responsable y sé que no ha de tardar.-10 A. pero no responde. Estoy un poco cansado e intento comunicarme con mi secretaria para que llame a la casa de mi madre. hacerlo conmigo. Llamo a su casa pero el teléfono suena ocupado. mientras pienso cómo habré de decirle las cosas. En el fondo no quiero.

Cuelgo el auricular y en eso. suena el teléfono. Espero que esté bien y que ninguno de mis hermanos le haya hablado primero para darle la noticia. Del otro lado de la línea habla mi madre. 21 . por lo que le pido que respire profundamente y trate de hablar más despacio. –Mamá. ¡Diablos! Seguramente ya le informaron o se enteró por alguna amistad en común. me pregunta qué sé respecto a mi padre. Le explico que estaba hablando con mis hermanos… pero antes de que logre decir algo más. deja que te explique… –pero me vuelve a interrumpir para decir que encontró a papá merodeando por el vecindario.M. Escucho cómo toma aire y entonces me dice que ha estado tratando de comunicarse conmigo desde hace un buen rato. se le oye muy nerviosa y apenas logro entender lo que me dice. pero que mi teléfono siempre estuvo ocupado.-10 A. qué salir a pastorearla sólo por separarse de su escritorio un instante.

hasta que repentinamente se corta la llamada. tropezándose con todo. aunque apenas pude reconocerlo. Pero hace un momento me asomé por la ventana y logré ver que seguía deambulando por el jardín. estaba todo lleno de tierra como si se hubiera revolcado.-10 A. tenía la ropa desgarrada y caminaba como si no pudiera controlar bien sus movimientos. pero entonces noté que entre las manchas de tierra había sangre y sus manos estaban hechas pedazos. Todas las líneas están bloqueadas y el teléfono ha dejado de funcionar. pero es inútil. ¿De qué diablos estaba hablando mamá? En repetidas ocasiones intento volver a comunicarme con ella.M. –Lo vi. gimiendo y arrancándose pequeños trozos de su propia carne a mordiscos… –me dice. sólo para arrepentirme un segundo más tarde. te juro que era él. Frustrado. Yo temí que estuviera borracho y corrí a esconderme dentro de la casa. cojo el aparato y lo estrello contra la pared. Traté de acercármele. ¿Qué tal si ella trata de comunicarse de 22 .

Por todo el cementerio se repite la misma imagen y confusión.M. y una a una cada pregunta es contestada con una respuesta que jamás cruzó por mi cabeza. La gente corre y grita histéricamente: “¡Los muertos…! ¡Corran. 23 . ahí vienen! ¡Los muertos se están levantando!”. Tengo que ir con ella. Entonces abro la puerta de mi oficina.-10 A. nuevo? Tengo que saber qué pasa.

y ver si todo andaba bien con su familia. incluyéndome. pero nada me hubiera preparado para sobrellevar lo que estaría a punto de vivir. suplir de vez en cuando a alguna recepcionista o dar apoyo a cualquier enfermera superior que me lo pida. La enfermera. mi trabajo ha consistido en hacer listas de inventario. Soy enfermera en un hospital que está a las afueras de la ciudad. 24 . Todo marchaba en calma. Capítulo IV.-10 A. supliendo a una de nuestras compañeras que después del temblor pidió permiso para retirarse a su casa. hasta que la enfermera a cargo del pabellón de maternidad mandó a llamar a todo el personal que estuviera disponible. Pero como soy de recién ingreso. Yo me encontraba en recepción. O por lo menos eso era hasta hace unos cuantos días. ya que todas las líneas telefónicas se encontraban fuera de servicio o saturadas. Siempre tratando de presentar mi mejor disponibilidad y buen trato a los pacientes. No sabía qué estaba pasando.M.

Una mujer que estaba a sólo unos días de dar a luz a su primer hijo. La sangre que expulsaba era normal. Su curiosidad era molesta. El piso de la habitación era una constante mancha roja y maloliente. y lo más raro de todo era que según el ultrasonido. acompañada de vómitos de sangre. El trabajo se empezó a acumular y sólo las más capacitadas permanecieron al lado de la paciente. Se prepararon varias bolsas de plasma para su transfusión. pero siempre parecían insuficientes. Parecía que querían tener a la menor cantidad de gente. La única plática posible entre mis compañeras era “el caso del pabellón de maternidad”. los estudios no reportaban nada fuera de lo común. empezó a manifestar dolores anómalos en su vientre.M.-10 A. Muchas de mis compañeras dejaron de asistir los siguientes días. A mí se me asignaron otras tareas menores. sangrados intensos en el área vaginal y tos. el bebé parecía estar en perfectas condiciones. estábamos hablando de 25 . Después de todo. quizás por temor a que se divulgara la noticia. Pero era demasiado tarde. Los médicos estaban confundidos.

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una mujer que había acudido al hospital para dar a luz, y ahora se encontraba en el umbral de la muerte. Sin embargo, era inevitable hablar de lo poco que habíamos visto, incluso delante de otros pacientes. En poco tiempo el pabellón de maternidad comenzó a presentar más casos con mujeres embarazadas, que a sólo unos días de dar a luz empezaban a manifestar dolores anómalos en sus vientres. Al principio sólo era un dolorcito, un poco más fuerte que el de las típicas “pataditas”. Pero poco a poco y en cuestión de horas, experimentaban un malestar más agudo, acompañado de sangrado. Siempre era el mismo patrón y el comentario de algunas de las pacientes era también coincidente. Ante la pregunta obligada de “¿Qué es lo que siente?” La respuesta inmediata era: “Siento como si algo me estuviera desgarrando por dentro”. De las cincuenta mujeres internadas en el pabellón, la anomalía se había presentado en más de la mitad, pero el primer caso era el más grave, y el que había capturado la atención de todo el personal médico. 26

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El día que la mujer murió, yo me encontraba cambiándole la venda a un paciente, cuando la jefa de enfermeras entro gritando y bañada en sangre. Yo aparté de inmediato al interno, pensando que ella se encontraba herida. Luego se acercó un médico practicante a verla, mientras yo corría las cortinas de los demás enfermos. – ¡Lo mató, lo mató! –gritaba, mientras que con sus manos temblorosas se tocaba el rostro cubierto de sangre. Al rato llegó uno de los médicos del pabellón de maternidad, y se llevó consigo a la enfermera y al practicante. A mí sólo me miró muy serio y con la mano me indicó que me fuera a hacer lo mío. Nerviosa, acudí a realizar mis deberes. Pero no podía borrar de mi memoria la imagen de la enfermera bañada en sangre y sus palabras. Me encontraba tomándole la temperatura a un paciente, cuando una de mis compañeras me hizo una seña a través de la ventanilla de la puerta. Sin leer siquiera lo que marcaba el termómetro, lo guardé y salí sin decir una sola palabra. Afuera ya se 27

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habían reunido otras enfermeras. Entonces, mi compañera nos contó el horror que había ocurrido en el pabellón de maternidad. Ella había acudido a ese lugar en búsqueda de un médico que no atendía el llamado de su localizador. Pero al pasar por el cuarto de la mujer de la que todo el hospital hablaba, no pudo soportar la curiosidad y se asomó por la ventana de la puerta. La paciente yacía tendida, conectada a innumerables bolsas de plasma la y rodeada mujer de médicos. a

Repentinamente,

comenzó

convulsionarse, hasta que de manera tan abrupta como había empezado, se detuvo. Uno de los médicos movió la cabeza en señal de que estaba muerta y no se podía hacer nada más por ella. Sin embargo, algo se movía por debajo de la sábana que cubría su abdomen. De entre la ropa empapada en sangre y órganos expuestos, se asomaba la cabeza de un bebé con el cordón umbilical cortado y restos de su madre cubriéndole el cuerpo. La jefa de enfermeras lo sujetó con cuidado y limpió, para después dárselo al 28

ella se volvió a asomar por la ventana. cuando un trozo muy pequeño de carne que se asomaba entre los labios del niño. Adentro. Cuando el trozo le fue retirado al pequeño. auxiliado por la jefa de enfermeras. palpó su temperatura y mandó al resto de los médicos por algo que mi compañera no alcanzó a escuchar. empezó a convulsionarse y el dispositivo que monitoreaba su frecuencia cardiaca volvió a marcar un leve. escuchó su corazón. médico responsable. pero constante latido. Ella abrió los ojos. De pronto. Entonces ella se arrinconó para no ser descubierta cuando los demás salieran. pero parecía más un pedazo de intestino que cualquier residuo de placenta.M. el médico a cargo seguía examinando al bebé. él gruñó y comenzó a dar gemidos. Mi compañera no estaba segura. la madre que hasta hace apenas unos minutos yacía inerte. La paciente se enderezó con 29 . El médico le entregó el bebé a la enfermera.-10 A. provocando que tanto él como la enfermera dieran un paso atrás. Él lo examinó. Una vez que ellos se alejaron. les llamó la atención. y los dos se aproximaron a la madre.

los ojos nublados y el vientre deshecho. sino que su indiscreción le costaría el trabajo. dando de gritos y bañada en sangre. Esperando la señal de aprobación del médico. y de varios mordiscos le arrancara el pómulo derecho y la nariz. Ella parecía sonreír mientras cargaba con ternura a su hijo. ya con la puerta completamente abierta.-10 A. cómo la madre devoraba dedito a dedito a su propio bebé. La jefa de enfermeras salió corriendo aterrada. sólo para que ella lo tomara del rostro. De su abdomen se desprendían trozos de carne. En un inicio no pensaba decirnos nada. la enfermera entregó al niño a su madre. Él se acercó. sangre y demás órganos. Pero algo que alcanzó a escuchar en la pequeña radio de la 30 . más sorprendido que temeroso. Se movía con dificultad pero muy lentamente alzó los brazos con dirección al bebé. Entonces. pensó que al contarnos no sólo la tacharíamos de loca.M. Cruzó la puerta tan deprisa que ni siquiera prestó atención a la compañera que seguía observando. la mujer extendió gentilmente su brazo izquierdo con dirección al médico.

Las mujeres del hospital no eran los únicos casos. recepción.-10 A. En la ciudad ya se habían reportado otros eventos que se contaban por cientos. le hizo cambiar de opinión.M. en el país por miles y en el mundo por millones… 31 .

ya les he informado y ahora les toca a ellas hacer lo que les parezca más conveniente. Capítulo V. Yo me largo de aquí. y no está en mis planes quedarme ni un minuto más en este lugar a esperar a que las autoridades se dignen a hacer algo. No importa si me creen o no. No sé si mis compañeras me han creído una sola palabra de lo que les he contado. el caso es que yo sé lo que vi. sin decir nada. y sólo se me quedan viendo como si aún no terminara de hablar. una de ellas me toma del hombro. 32 . Hace un rato que he terminado mi relato y siguen ahí. La madre. Antes quizás podría.M. Pero cuando estoy a punto de irme. –Tenemos que informarles a las demás. con la voz entrecortada. pero ahora no. o como si esperaran que les dijera qué deben hacer a continuación. así como a los pacientes –me dice. Muy bien.-10 A. simplemente de pie.

pero una parte de mí me dice que tiene razón. Cualquier mujer que esté embarazada en este momento es propensa a desarrollar los mismos síntomas. por lo que no me serviría de nada huir del hospital. Asimismo. Yo sólo la miro con ganas de decirle que se olvide de todo y se largue de ahí. Y yo no quiero terminar así. y algunos otros estuvieron a punto de morir por pura crisis nerviosa. Ya contamos con la experiencia del último temblor y sabemos que muchos de los enfermos empeoraron. es posible que no haya un sitio seguro en el mundo a donde pudiera ir. soy consciente de que no todos contarán con la salud suficiente para sobrellevar los hechos.-10 A. No sabemos si al tratar de huir muchos morirán en el mero tránsito a… quién sabe dónde. Además. Giro sobre mis pasos y con más miedo que esperanza sólo alcanzo a manifestarle mi silencio y dejo escapar un suspiro de conformidad. si es verdad lo que escuché en la radio.M. Sin embargo creo que es necesario que los pacientes lo sepan. 33 .

-10 A. el tiempo transcurre y se nos presentan más preguntas que respuestas. y el comunicador interno no parece funcionar. Sin mencionar el riesgo sanitario a que expondríamos a la ciudad entera con el sólo hecho de evacuar a un grupo tan numeroso de enfermos sin saber si alguno de ellos es portador de la misma enfermedad. y no hay un solo médico que nos haga más llevadera la tarea. Ya sea que pudiéramos salvar a la mayor cantidad de enfermos posible.M. o al menos ningún médico ha respondido. Mientras pensamos en todos los aspectos positivos y negativos de cada caso. Mi postura es la más pesimista de todas. La responsabilidad escapa a nuestras facultades cotidianas. ¿Qué se supone que haremos con ellos? ¿A dónde los llevamos para satisfacer sus necesidades médicas? Desde el terremoto las líneas telefónicas permanecen muertas. ¿Cómo podremos pedir ayuda y a quién? ¿Dónde están todos los médicos? ¿En qué estado de gravedad se encuentran las demás mujeres 34 .

y para empeorar las cosas ahora tampoco tiene electricidad. La prioridad cambia para casi 35 . Muchas de mis compañeras se sueltan a llorar. escuchamos una explosión en los generadores de energía. De igual modo. es comprensible que algunas arrojen al suelo sus gorros de enfermeras y salgan de ahí lo más rápido que pueden. tanto para los pacientes como para nosotras. y otro terremoto sacude el edificio con igual o más fuerza que el de hace unos días. El hospital se encuentra en una crisis sanitaria. Pero entonces ocurre lo que nos faltaba. Otras simplemente caen sobre sus rodillas. del pabellón de maternidad? La respuesta a todo eso es un signo de interrogación que me deja helada. pero tan pronto se detiene.-10 A. Varias son madres que temen por su familia. Todo se ha trastornado. lo cual no sólo es lógico.M. sino natural. La única esperanza que me queda es que alguna de mis compañeras en su camino a casa pueda pedir ayuda. temblando de miedo y con lágrimas que no se deciden a salir. No dura demasiado.

en verdad no estoy pensando en los pacientes o en mis compañeras. Lo que realmente me preocupa es el bebé que desde hace un poco más de dos meses crece y se desarrolla dentro de mi cuerpo. todas.M. ni siquiera en mi propia supervivencia. aunque algo hay de eso. Ahora es necesario acudir con los pacientes que necesitan estar conectados a un aparato para mantenerse con vida. Aún no lo sé con certeza. habremos de morir esta tarde. Sin embargo. 36 .-10 A. pero de alguna manera intuyo que de todas formas muchos de ellos y varias de nosotras. si no es que todas.

Nunca me ha gustado faltarle al respeto a nadie.M. pensé que a mí sólo me tocaría conocer los detalles una vez que todo hubiera terminado. o debieron haber sido atendidos en vida. le tapé el rostro con la sábana que lo cubría hasta el pecho. Después del ajetreo que se había estado dando en el pabellón de maternidad. Cuando me dijeron que llevara a la morgue al cadáver que fue donado a los estudiantes de medicina. pensé que todo sería como de costumbre. como siempre. y lo mínimo que esperaríamos es que sus cuerpos sean tratados con el mismo respeto con el que fueron. y me dirigí al elevador. El ascensor.-10 A. Todos hemos tenido alguno en nuestra existencia. en la que reposaba el cuerpo de aquel desconocido. Tomé la camilla. Capítulo VI. Por esa razón me tomo muy enserio el ser cuidadoso con todos los cadáveres que llevo a la morgue. aunque sepa que 37 . y mi relación con los muertos no es diferente.

-10 A. Mis compañeros de trabajo sabían dónde estaba y pensé que enviarían ayuda de un momento a 38 . como es mi costumbre. pero siempre existía una posibilidad. pero con la firme intención de no defraudarlas nunca. o al menos me serviría de terapia. empecé a platicar con el cadáver. terminarán destazados en las manos de los futuros médicos de este hospital. Una vez en el elevador. Descolgué el teléfono de emergencia. Traté de no perder la calma. por lo que le pedí que en caso de que se encontrara con ellas. Estábamos a sólo un piso de nuestro destino. Faltaba muy poco para llegar a la morgue pero ya no había electricidad y mi acompañante y yo nos encontrábamos varados en medio de los pisos. Sabía muy bien que este hombre no me escuchaba y no enviaría mi mensaje. y sin superar del todo su ausencia. les dijera que yo seguía aquí de camillero. pero no funcionaba.M. Le conté que hace unos tres años había perdido a mi hija y esposa en un accidente vehicular. cuando el elevador se sacudió con otro temblor semejante al de hacía unos días.

pero no cesaban del otro lado. Pero lo único que obtuve por respuesta fue el silencio. Pedí que dejaran de hacer eso. Pensé que quizás el hospital no había soportado este segundo embate. De momento. seguido por un golpeteo que tamboreaba el ascensor. Tenía oxígeno suficiente para mí. pero ahora del otro lado de la puerta. y de momento los gritos cesaron. Me preocupé mucho y empecé a culparme por estar pensando sólo en mí. y no creía que eso le importara a mi compañero de viaje. amplificados por el cubo del ascensor. o con heridas graves.-10 A. 39 . otro. Mil pensamientos recorrieron mi cabeza. Entonces golpeé con fuerza las paredes y le pedí a quién fuera que estuviera del otro lado que me ayudara a salir de ahí. se oían de los pisos de arriba. cuando era posible que allá afuera hubiera gente realmente en problemas.M. Pasaron los minutos y el silencio se volvió más insoportable que el ajetreo diario del hospital. comencé a escuchar gritos que. como provenientes del piso anterior. Hubo un minuto de silencio y entonces empecé a oír gemidos.

Sin luz. como si me llamaran. Empecé a escuchar la voz de mi esposa y la risa de mi hija. Nunca le he tenido miedo a la muerte. con cada vez menos oxígeno y encerrado en un pequeño espacio. mi cerebro comenzó a jugarme bromas pesadas. Los susurros se volvieron cada vez más confusos y envolventes. asediado por múltiples manos que golpeaban sin descanso mi única salida posible.-10 A. – ¡Ya estuvo bien! –grité con todas mis fuerzas. Como camillero he bajado cadáveres a la morgue en muchas ocasiones. a la vez que la falta de aire me fue adormeciendo. sino de la propia morgue. Quizás así debí haber permanecido.M. Algo que nunca contemplé ni en la más absurda de mis pesadillas se exhibía ante mí. pero no. Mis sentidos se tornaron más torpes por el ruido que retumbaba. haciéndome más difícil mantener los ojos abiertos. en las cuales he visto 40 . – ¡Basta! –pero no se detenían y ahora no sólo eran del piso anterior. pero jamás pasó por mi cabeza morir de esta manera.

pero lo que estaba viendo en ese momento era completamente diferente.M. El hombre se me quedó viendo fijamente. empezó a mover sus brazos. los golpeteos del exterior cesaron. y se enderezó frente a mí. En ese momento deseé que mis ojos no se hubieran habituado a la oscuridad de mi entorno. hasta he oído cómo los gases encerrados se liberan. como quien se levanta de un largo sueño. y el ruido que producía no era fácil de ignorar. desde cómo los músculos de los muertos se tensan y provocan algunos movimientos de pies. Justo cuando pensé que mi táctica me había dado unos minutos de seguridad. Pensé que con tal exaltación no 41 . Yo traté de no hacer ningún ruido y me arrinconé muy despacio en un extremo del elevador. y entonces me di cuenta de que mi respiración estaba tan agitada como si hubiera corrido en un maratón. manos y cabeza.-10 A. Mi compañero de ascensor comenzó a gemir como un animal herido. produciendo en ocasiones que se escuche como si el muerto respirara.

me detuve y le hice saber que no había nada de qué temer. Mi corazón latía cada vez más aprisa. había forma de que aquel hombre o lo que fuera ignorara mi presencia. Sentí que me volvía el alma al cuerpo y me incorporé. Mentí. aunque con un poco de dificultad. pero que pronto nos sacarían de ahí. pero no era el único que lo hacía. Con cada paso que daba hacia él. Sin embargo. Muy lentamente me aproximé a aquel sujeto. me parecía tres veces más grande.-10 A. Le expliqué que estábamos atrapados en el ascensor de un hospital.M. 42 . pero qué otra cosa podía hacer. Sorprendido me di cuenta de que aquel hombre también latía con fuerza. su corazón latía más fuerte y a mayor velocidad. Le pregunté si se sentía bien y me acerqué un poco más. Entonces creí que quizás se habían equivocado los médicos y él no estaba realmente muerto. Con miedo de ser yo el que le provocara un paro cardiaco. Él giró la cabeza hacia donde yo estaba y volvió a gemir lastimeramente. tan despacio que el ascensor que apenas rebasa los dos metros cuadrados.

El hombre estaba sentado frente a mí con la sábana con que lo había cubierto en su cintura y su pecho expuesto. no era de su pecho. pero una cosa era segura. el hombre no respondió nada y su corazón siguió latiendo cada vez más y más de prisa.-10 A. Por fin. sólo para ver cómo los muertos de la morgue habían despedazado a todos los médicos forenses. y en el lugar en donde tendría que estar su corazón había un espacio vacío. con mis dedos ensangrentados pude abrirlas un poco. Prácticamente a un paso de la camilla me percaté. Eran como veinte o más. ya demasiado tarde. Justo en medio de su tórax pude ver una herida profunda sin cerrar. No sé que era o de dónde provenía ese latido que escuché. y deambulaban con sus quijadas sangrantes por toda la habitación. que mi compañero de ascensor había estado muerto desde un inicio. caminaban torpemente pero no dejaban de masticar cualquier 43 . Con todas mis fuerzas intenté una y otra vez abrir las puertas del elevador mientras aquel hombre se aproximaba muy lentamente hacia mí.M.

incluyendo la propia.-10 A. Di un último respiro y dejé que el ascensor cerrara sus puertas para siempre. Algunos se habían abierto las entrañas y con toda tranquilidad introducían sus manos para llevarse a la boca sus propios órganos palpitantes. trozo de carne que pareciera fresca. 44 . El piso estaba lleno de sangre.M. vísceras y demás fluidos corporales. Ya no seguí viendo. ni pensé seguir luchando más.

Aunque de nada me hubiera servido. alguno que otro traficante menor. Pero en esta ocasión en verdad no tenía ni idea de contra quién estaba lidiando. cuando una llamada de la delegación nos reportó un disturbio ocurrido en un hospital cercano. Llevo quince años como policía y nunca había visto o escuchado algo igual. 45 . que a la primera provocación me salían con: “tú no sabes con quién te estás metiendo”. golpeadores.M. sólo nos dijeron que había un médico muerto y el asesino permanecía en el mismo lugar donde se había dado el acontecimiento. No nos dieron muchos datos. antes que acudir al llamado de emergencia de aquél hospital. porque tarde o temprano la horrible realidad hubiera dado conmigo. Me encontraba patrullando en las afueras de la ciudad con mi compañero de guardia. e incluso diputados borrachos. Capítulo VII. Estaba acostumbrado a lidiar con ladrones. porque de saberlo hubiera preferido que me corrieran del trabajo. La ley.-10 A.

sino una “ella”. el ministerio público y la prensa. tendríamos todo controlado para antes de que llegaran los refuerzos.M.-10 A. lo que nos hizo suponer que era un crimen pasional y que con un poco de “persuasión agresiva”. examinar la situación y actuar. o esperar a los refuerzos que ya iban en camino. Ellos nos informaron que el asesino no era un “él”. Lo único que nos extrañó un poco fue la última frase que escuchamos de la comandancia: “Es el noveno hospital que nos reporta una emergencia en los últimos treinta minutos”. Nuestro trabajo era simple. si es que lo creíamos conveniente. No nos detuvimos mucho a pensarlo y acudimos al lugar. Todo sin disparar 46 . o si todo permanecía tal y como nos lo habían reportado. nos presentamos ante el personal de seguridad para saber si había alguna novedad. Una vez ahí. Pero en ese momento. sólo pensamos que los otros ocho reportes se debían al segundo temblor que había sacudido la ciudad en menos de una semana.

le hice una seña a mi compañero para que se preparara para entrar. Pero la respuesta nunca llegó. Nos llevaron al lugar específico. y realicé la última advertencia a la mujer. una sola bala. Sin más. pero los “valientes” guardias se detuvieron unos diez metros antes. Mi mayor temor era que la mujer estuviera armada y reaccionara instintivamente si entrábamos con lujo 47 . Despacio y sin más aspavientos. y sólo nos indicaron con la mano la habitación donde se encontraban. De nuevo le gritamos que saliera con las manos en alto y sin poner resistencia o nos veríamos obligados a entrar por ella. Pero no obtuvimos respuesta. Con sigilo preparamos nuestras armas. y desde afuera del cuarto le hicimos saber a la agresora que éramos la policía y que no le convenía complicar más las cosas. tanto el médico muerto como la responsable.M. entramos. Pero sólo nos respondió el silencio.-10 A. y sin que nadie más pudiera resultar lastimado.

por lo que tuvimos que conformarnos con una tenue luz que se colaba por entre los pliegues de la gruesa cortina. 48 . pero ya estábamos en la habitación y no era seguro volver atrás. el olor a muerte era tan insoportable que estuvimos a punto de volver el estómago. Al principio sólo logramos ver una cama ensangrentada y algunos restos humanos esparcidos por el suelo. porque no sólo había matado a ese hombre. lograríamos armar un cuerpo entero. sino que lo despedazó o algo peor. porque no estaba seguro de que al unir todos los restos encontrados ahí. quizás hasta devoró. Si bien la poca luz no nos brindaba una mejor imagen de las cosas. En ese momento pensé que quizás debíamos de haber esperado a los demás.M. La cortina de la habitación cubría la ventana y las lámparas no respondían al interruptor. La habitación estaba llena de pedacitos de carne y huesos que no hacían sino crujir a cada paso que dábamos. No queríamos más muertos y menos aún que éstos fuéramos nosotros. Esa mujer debía ser una loca. de violencia.-10 A.

en un rincón junto a la ventana y detrás de un estante. Con la mano le hice entender a mi compañero que descorriera la cortina muy lentamente. La mujer tenía los labios descarnados.-10 A.M. que aún agitaba lo que en algún momento fueron sus extremidades. dado que la mujer sostenía entre sus brazos el tronco y media cabeza de un bebé. acto más que justificable. mi pareja se acercó a la ventana y con mucho cuidado la fue develando. nos encontramos con una mujer en ropa de hospital que estaba sentada en el piso y nos daba la espalda. terminó por volver el estómago y dañar por completo la maltrecha escena del crimen. varias heridas y algunos pedazos arrancados que palpitaban en el piso. Siguiendo la indicación. mientras yo apuntaba con el arma a la mujer. y pese a su profesionalismo. El horror y asco de mi compañero llegó al límite. Parecía sostener algo entre sus brazos. como si ella misma se los hubiera desgarrado con sus uñas y dientes. Por fin. Sus ojos 49 . muñecas y brazos. Se podía notar entre sus dedos.

ni pupilas. Pero lo más grotesco de todo era la enorme herida en su vientre. Le grité que no diera un paso más o dispararía. Ella giró la cabeza y pareció mirarme. la cual dejaba ver algunos trozos de carne colgando entre sus costillas rotas. apreciación que supimos errónea cuando una falange se le escapó de entre los dientes.-10 A. pero sin tropiezos. como si estuviera viendo con atención algo. pero ella sólo movía la cabeza como si no entendiera nada de lo que le dijera. mi compañero la sujetó del hombro derecho y apuntó a 50 . o no se hubiera percatado de nuestra presencia. pero no parecía tener nada en la boca. que no dejaba de mover su abdomen como si respirara. Sólo después de eso pareció notar que estábamos ahí. ¿Cómo saberlo ante esos ojos en blanco? Sin soltar lo que quedaba del cuerpo del bebé. Quizás un poco confundido por lo que habíamos visto. la mujer se fue incorporando despacio. La mujer tenía la cabeza fija. Movía suavemente su mandíbula. eran tan pálidos que parecían no tener iris.M.

Mi arma temblaba en la mano. La bala atravesó la cabeza de la mujer y sus sesos se esparcieron por igual entre el suelo y mi chaqueta. le disparé todo lo que tenía hasta quedarme sin balas. Su lenta y pesada marcha no se detenía – ¡Al Diablo! –grité. Cada impacto dio en su objetivo atravesándola de un lado a otro. Miré a mi compañero. pero mientras yo acudía a auxiliar a mi compañero.M. Sin que pudiera hacer nada al respecto la mujer giró la cabeza y de un mordisco le arrancó a mi pareja tanto el dedo meñique como el anular. pero aceleraba su ritmo a medida de que la mujer se nos acercaba. Entonces él disparó por reflejo. y de momento la sentí tan pesada que apenas conseguí apuntar a aquél monstruo. los dos vimos aterrorizados cómo la mujer se volvió a incorporar frente a nosotros. Sacando fuerzas de no sé dónde. que apenas conseguía mantenerse de pie por el dolor de la mordida. lo 51 . Ella cayó. Mi corazón latía como nunca. pero ella reaccionó como si le hubiera arrojado rosetas de maíz.-10 A. y le arrojé el arma. la nuca con su arma.

Los guardias ya no nos estaban esperando en el pasillo. Mi compañero sangraba profusamente. Tarde me di cuenta de que hubiéramos estado mejor en la habitación con aquella “cosa”. mi compañero y yo estábamos haciendo lo mismo al abandonar la asignación para tratar de salir vivos de ese lugar. y desde la patrulla (ya en marcha y con dirección a la comandancia) daríamos nuestro reporte y advertencia a nuestros demás compañeros. pese al improvisado torniquete que le apliqué a su mano. Mis rodillas flaqueaban no tanto por el cansancio sino por el miedo que sentía con cada paso que daba. En todos mis años de servicio nunca había experimentado algo semejante y nada me hubiera preparado para algo así.-10 A. Ya pronto estaríamos afuera de ese endemoniado lugar. todo lo vivido en aquel lugar era tan sólo el principio de algo mucho más grande.M. apoyé en mi hombro y salimos de la habitación sin voltear a ver si esa cosa seguía tras nosotros. Pero estaba en un error. Pero no los culpo. Ya todo habría terminado para nosotros. tal vez 52 .

vimos cómo de todas las habitaciones salían más mujeres con su mirada en blanco.-10 A.M. grandes heridas sangrantes en sus vientres y cargando entre sus brazos trozos palpitantes de bebés. ahí habríamos tenido más oportunidades de salir vivos. 53 . labios descarnados. Porque tan pronto bajamos las escaleras.

Capítulo VIII. para tratar de calmarlos y explicarles que se había presentado un contratiempo en el hospital. Después de que escuchamos los primeros disparos. y sentí que todo el pesimismo que les dejé ver a mis compañeras de trabajo se esfumaba rápidamente. Casi inconscientemente me llevé las manos al vientre y le dije al bebé que llevo conmigo que todo habría de salir bien. pero que todo estaba bajo control. La huida. o simplemente no termino de ver el lado positivo a todo esto.-10 A. Quizás hablé antes de tiempo. -IHace unos veinte minutos escuché la sirena de una patrulla. Lamentablemente el pánico provocado por el segundo temblor ya había causado el deceso de 54 .M. mis compañeras y yo acudimos a ver a la mayor cantidad de pacientes que pudimos. No sabíamos si lo que decíamos era cierto. pero desde lo más profundo de nuestro corazón esperábamos que fuera de esa manera.

varios de ellos en algunas de las habitaciones a las que acudimos. víctimas del mal estado de sus corazones. Ella me devolvió el abrazo y dijo lo mismo que posiblemente yo le diría a cualquiera de ellas en una situación semejante. Inertes. era más fuerte que la noción de que no se podía haber hecho nada para prevenir lo ocurrido. En el trabajo me había tenido que acostumbrar a lidiar todos los días con la muerte. pero no podía dejar de pensar que debido a mi falta de acción se habían perdido vidas que quizás pudimos haber salvado. pero no de esta manera. 55 . abracé a una de mis compañeras y no pude contener más el llanto. varios internos yacían muertos en sus camas con el rostro llenó de angustia. Con la moral por los suelos e impotencia en las manos.-10 A. sólo para fallarles de la manera más rotunda. La culpa por no haber hecho algo antes.M. Sentía mis manos manchadas por la sangre de aquellos pacientes que depositaron su vida en nosotras.

Cerré con fuerza mis manos y corrí hacia donde estaba ella. Afuera de la habitación. Pero esa apreciación no modificó en lo absoluto mi decisión de abandonarlo todo y largarme de una buena vez de ahí. mientras el viento helado secaba mis lágrimas. Lo único que detuvo mi marcha fue el grito que mi compañera dejó escapar desde la habitación.-10 A. Tomé aliento y sin mediar palabra con mi compañera. emprendí mi caminó hacia la escalera principal. No podía pensar en otra cosa que no fuera salir de ese lugar lo más rápido que pudiera.M. Yo no podía dejarla sola. –Soy una cobarde –dije. soplando de lleno en mi rostro. Aunque en ningún momento se apartó de mi mente la posibilidad de que no hubiera lugar hacia donde correr. para mí misma. Solté a mi compañera y salí corriendo lo más rápido que pude. ni refugio en el cual pudiera esconderme. que seguía esperándome en el cuarto. A pocos 56 . la tarde rojiza cedía su lugar a la noche.

pero para no correr riesgos le pregunté cómo es que habían sucedido las cosas.-10 A. ella se acercó a cada uno de los cadáveres para darles su respeto y 57 . Yo no huí inmediatamente. Si su herida no era atendida de inmediato podría perder más sangre. No teníamos tiempo que perder y sólo le lavé la herida con un poco de agua y un desinfectante. y se vino abajo. entré con mi amiga en una de los dispensarios del hospital. Nunca volteamos la mirada para ver si nos seguían. sin olvidar una posible infección. El daño no era profundo. metros de mi objetivo mi amiga salió con una herida en el brazo derecho y gritando. mi compañera me contó que pocos segundos después de que salí del cuarto. Un poco antes de salir del pabellón. – ¡Los muertos despertaron! ¡Vete de aquí! – dijo. Mientras le colocaba una gasa y un poco de venda. sólo escuchábamos los quejidos que provenían de todas las habitaciones.M. Mis rodillas temblaban y mi cabeza me daba vueltas pero me aferré a ella y corrimos juntas hacia las escaleras.

En cada pabellón y piso que cruzábamos. Ella reaccionó rápidamente y logró salvar su rostro. Para poderlo escuchar. Estaba rezando en silencio. pero no pudo evitar ser mordida en el brazo derecho. dejando ver un vacío absoluto en la mirada. mientras que le buscaba el pulso en el cuello. De todos los cuartos salían pacientes muertos que gemían y 58 .-10 A. como si quisiera decir algo. disculparse con ellos. aún así movió su cabeza y sus labios. abrió sus ojos. ella se acercó un poco más y se inclinó hacia su rostro. la misma escena se repetía una y otra vez. cuando le pareció escuchar que uno de ellos se movía. amoratado y carente de pulso. Rogando por que nos hubiéramos equivocado al declarar la muerte de aquel paciente. le quitó la sábana del rostro y le sujetó la mano. En ese momento aquel sujeto comenzó a latir como si su cuerpo entero palpitara. corrió hacia él. Su herida ya no sangraba y la prioridad seguía siendo salir del hospital lo más rápido posible. y trató de morderle la cara.M. Aquel sujeto estaba frío.

por lo que seguimos caminando lo más rápido que pudimos hasta llegar a la planta baja. Estábamos rodeadas. no subestimábamos su peligrosidad. No abusamos de nuestra suerte y corrimos lo más rápido que 59 . más bien nos olían. Pese al andar lento de esas… “cosas”. Las paredes. Entonces ya no pudimos avanzar más. quizás olíamos demasiado a carne muerta. No nos observaban. caminaban pesadamente hacia donde estuviéramos nosotras. ventanas y el techo estaban cubiertos de carne y salpicaduras de sangre. que escurrían hasta llegar al suelo. Toda el área estaba infestada de muertos caminantes que habían hecho pedazos a los guardias. o tal vez había trozos humanos más suculentos a su alcance. No se podía ver hacía ninguna dirección sin encontrar órganos palpitantes esparcidos por el piso.-10 A.M. pero ellos no hacían el menor intento por acercarse. Los muertos desgarraban los cuerpos que yacían tendidos por todos lados y devoraban con violencia toda la carne fresca que estuviera a su alcance.

pero nos volvimos nuevamente apetecibles. 60 . Yo tropecé con una losa suelta. Ya faltaba muy poco para llegar a la salida.M. justo del otro lado de la barda del hospital. Yo aún no sabía que ése sería el último consejo que ella recibiría en su vida. ni volteara a ver atrás. De un momento a otro todos los muertos que no estuvieran masticando o desgarrando algo. Aunque tal vez nos hubiera convenido más caminar. se incorporaron y comenzaron a seguirnos con suma lentitud.-10 A. pero no por ello menos intimidantes. porque no sé si fue nuestro sudor o la adrenalina de la que hicimos uso para correr sin parar. y desde el sitio en donde nos encontrábamos podíamos ver el resplandor de algunas patrullas. Parecía como si fuera la nariz la que los guiara. pero mi amiga no se dio por enterada y siguió corriendo justo como le pedí que hiciera. Le pedí a mi compañera que no flaqueara. puesto que su mirada no parecía enfocar hacía ninguna parte. pudimos de ahí.

así como nuestra última plática. mi bebé no habría de morir en ese lugar. pero prefería morir buscándolo que simplemente perecer sin haber hecho nada. y por un segundo preferí morir ahí que enfrentar la realidad de un mundo que prefiere disparar primero y preguntar más tarde.M. escuché nuevamente disparos y miré por última vez hacía atrás. Ella yacía tendida en el suelo con su cuerpo destrozado y cubierto de sangre. Pero no podía pensar sólo en mí. Tal vez sólo seguían órdenes.-10 A. hacía el estacionamiento de las ambulancias. Observé cómo en el lugar donde había caído mi compañera. Tal vez no quedaba ningún sitio seguro en el mundo. Yo sentí que le había fallado a alguien más. sino para mantenernos adentro. Ellos no estaban ahí para rescatarnos. Mientras me alejaba por otro camino. Porque al tiempo que intentaba ponerme de pie. alcancé a ver cómo ella cruzaba el portal sólo para ser acribillada por la policía. pero no creo que aquél que se las dio supiera realmente a qué se estaba enfrentando. sólo permanecía un enorme charco 61 .

pero siguieron disparando hasta que no tuvieron parque y sus intestinos terminaron esparcidos por todo el lugar. Ellos no tenían suficientes balas para destrozar a todos los muertos que salían por decenas del hospital. Los disparos la atravesaban de un lado a otro. Tal como pasó con la mujer de maternidad. Las balas le arrancaban pequeños trozos de carne y huesos. No sé por qué pero no podía dejar de mirar. porque del interior del hospital empezaron a salir más y más muertos. pero ya no era la misma.M. Fueron tantos que ella cayó al suelo con el tronco destrozado. mi compañera había vuelto a la vida como una de esas cosas. me pasaron de largo y enfocaron su hambre en aquellos hombres armados. pero a arrastras seguía aproximándose a los policías. Pero muy pronto ella se convirtió en el menor de sus problemas.-10 A. pero ella seguía avanzando hacia sus agresores. que tal vez atraídos por el ruido. Ella había despertado. de sangre. Quizás quería ver cómo terminaban destrozados los policías que asesinaron a mi amiga. Tal vez después 62 .

con la esperanza de que ya no quedara ningún policía que me usara de blanco. No podía permanecer ahí o mis gritos y quejidos formarían parte del concierto nocturno. ya sea como presa de aquellas criaturas. o sólo contemplaba mi destino. Tenía que regresar a la puerta principal. Un pequeño dolor en mi vientre me regresó de aquel trance de carne y sangre en el que me encontraba. o como una de ellas.M. La noche caía y en el hospital no se oían más que quejidos y alguno que otro grito de los que no pudieron salir o encontrar un escondite eficaz para seguir con vida. y que los 63 . Yo sólo esperaba que en el trayecto hacia mi destino no me topara con alguna de esas cosas o más policías. El estacionamiento estaba vacío y sólo encontré algunas ambulancias que necesitaban reparaciones mayores. Aún tenía que llegar al estacionamiento y hallar un vehículo que me sacara de ese lugar. antes de que la noche me impidiera ver más allá de mi nariz.-10 A. de haber visto tanto horror me había desensibilizado.

Ya no corrí. aunque sólo fuera de una. No logré 64 . Pero no podía renunciar en ese momento. Sólo esperaba que toda esa incomodidad valiera la pena. Caminé con calma hasta llegar a la entrada. tenía que ser el aroma a carne muerta que nuestra piel y ropa absorbió mientras huíamos. Por lo que decidí regresar a la recepción y untarme de cuanta sangre y carne en descomposición me encontrara esparcida por el lugar. Tenía ganas de vomitar por el olor a muerte y putrefacción. Tampoco era agradable el contacto de esos trozos de carne que palpitaban sin parar sobre mi piel.M. no quise arruinar mi oloroso disfraz con mi propio aroma. muertos se hubieran alejado lo suficiente de las patrullas. Sabía que la única razón por la que los muertos no nos habían atacado cuando tuvieron su oportunidad. No alcancé a escuchar ningún disparo y los muertos seguían devorando la carne fresca de los policías caídos.-10 A. Mi “Plan B” no había resultado mejor que el anterior y no podía seguir arriesgándome.

cuando el cielo se iluminó con un fuerte relámpago y empezó a llover. pero sabía que la pesadilla aún no había terminado. la suerte estuvo a punto de abandonarme. Quizás había conseguido huir del hospital. reconocer a mi amiga. y creo que fue mejor de esa forma. no podía darme el lujo de salir a buscar entre los trozos de los policías la llave correcta. Quería reír de satisfacción. A sólo unos pasos de mi objetivo. pero mi risa se tornó amarga por las lágrimas que terminaron por deslavar la sangre que la lluvia no quitó. delatando mi presencia. No me detuve ni un instante y caminé hasta encontrar una patrulla que no estuviera destrozada o invadida por los no muertos. y no sé cómo hacer arrancar un automóvil sólo con los cables de mando.M. Apenas logré entrar al vehículo antes de que el agua lavara el olor a muerte de mi cuerpo y ropa. 65 . Por fortuna las llaves de la unidad permanecían pegadas. Sin perder la calma. sin importar cuantas veces lo haya visto en las películas y lo fácil que lo hagan parecer. arranqué el motor y me fui.-10 A.

La patrulla ya no me iba a servir de nada.-10 A. Algunos disparaban desde las ventanas de los pocos edificios que permanecían en pie. La ciudad estaba en ruinas y ardía en llamas.M. pero no me animé a salir y seguir mi camino a pie. Un poco más adelante encontré las calles bloqueadas por centenares de automóviles abandonados. chocados. algunos envueltos en llamas y aún con personas que se agitaban y retorcían en su interior. pues los muertos seguían avanzando. pero era inútil. 66 . en medio de una tormenta eléctrica que pintaba de rojo y humo el cielo que cubría más allá de lo que mi vista alcanzaba a distinguir. Mientras dejaba atrás el letrero de “Bienvenidos”. -IIMis peores miedos se fueron confirmando cuando a sólo unos kilómetros pude contemplar un horizonte de fuego. mi corazón se contrajo al ver cómo los pocos sobrevivientes trataban de defenderse de las oleadas de muertos vivientes que los atacaban.

inundando a la ciudad entera con el mismo hedor que traía en el pelo. 67 . La sangre y el lodo recorrían las calles. aún no sé qué cosa. piel y ropa.-10 A. Por lo que permanecí adentro a esperar.M. el aroma de la muerte.

-10 A.M.
Capítulo IX. La última salida.

-I¿Quién se lo hubiera imaginado? Yo, que siempre soy el primero en salir de la oficina, ahora me encuentro encerrado en ella, sujetando entre las manos las llaves de mi celda. Parece que todos se han vuelto locos allá afuera. Hace unos minutos pude ver desde mi ventana cómo el edificio de enfrente se desplomó tras el último sismo. No era para tanto, pero se vino abajo como si una fuerza invisible lo jalara hacia dentro. Se podían oír los gritos de pánico y angustia tanto de víctimas como de testigos. Sin excepción, todos corrimos a salvar nuestras vidas. La lógica era muy simple, si aquel edificio que era más nuevo que éste se cayó como un castillo de naipes frente a un ventarrón, qué podíamos esperar nosotros. Al intentar evacuar el inmueble, no nos importó correr, empujarnos en las escaleras, o pasar

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-10 A.M.
por encima de quien fuera, con tal de ser los primeros en salir y ponernos a salvo. Afuera todos actuábamos como cucarachas sorprendidas por la luz. Aunque también pude ver algunas personas que sacrificando su integridad física, corrían al auxilio de los posibles

sobrevivientes del edificio colapsado. Unos movían los escombros con las manos desnudas hasta hacerse sangrar los dedos, otros con varillas y tubos. Todo con el fin de ayudar al otro sin importar quién fuera éste. Ver eso me hizo sentir vergüenza de mí mismo, por no haber pensado en nadie más, con tal de salvar mi pellejo. No sólo el saco, el pantalón y los zapatos traían manchas de sangre, sino también mis manos y conciencia, y esas no se podrían quitar ni con el mejor de los detergentes. Entonces pensé que tal vez no podía hacer nada por todos aquellos que dejé atrás, pero aún podría ayudar a alguien en aquel edificio

derrumbado.

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-10 A.M.
Corrí hacia allá, pero no había dado más de unos cuantos pasos cuando uno de los rescatistas gritó con todas sus fuerzas: “¡Encontré a uno! ¡Parece que sigue con vida!” Todos acudimos a ayudarle a desenterrar al sobreviviente. Yo estaba feliz de que al menos se hubiera podido encontrar a uno, pero mi alegría se hizo mayor cuando los demás voluntarios dieron con más personas con vida. Dentro de lo que cabía, todo marchaba mejor de lo que cualquiera podía haber esperado. Por lo que era imposible entender lo que pasó a continuación. Los gritos de júbilo y emoción se tornaron rápidamente en lamentos, cuando las personas rescatadas empezaron a atacar a sus salvadores. Yo no podía entender qué era lo que estaba pasando. ¿Por qué los sobrevivientes atacaban a los rescatistas? Tal vez algunos podrían estar

confundidos o en shock. Pero ¿por qué todos estaban reaccionando de esa manera? ¿Por qué estaban 70

Las escaleras estaban cubiertas por restos humanos palpitantes. manifestando tanta agresividad. individuos que se impulsaban con las manos. pero preferí subir por encima 71 . En el interior. sólo corrí con todas mis fuerzas al interior del edificio del que hacía sólo unos minutos había salido como un niño al recreo. piernas y torsos que se agitaban y latían como si fueran un solo organismo. ante la presencia de una pregunta mayor: “¿Qué diablos es eso?” De entre los escombros empezaron a emerger restos humanos y personas que no podían estar con vida. Era como una danza de brazos.M. pero no podía pensar en un mejor lugar para esconderme. como si en vez de dolor o angustia tuvieran rabia o algo parecido? Las preguntas revoloteaban en mi cabeza.-10 A. No me quedé a esperar que me respondieran. aún sin ser respondidas. Cuerpos sin cabeza o piernas. No quise saber más. el olor a sangre y muerte no era menor que afuera. pero se esfumaron de golpe. o en su defecto se arrastraban como serpientes hacia nosotros.

Afuera puedo oír quejidos. después de haber subido un sin número de escalones. No me costaría nada ponerme de pie y salir de este rincón para abrirles 72 . No se podía distinguir el suelo de la carne molida. Por fin. vomitado unas cuantas veces y resbalado en más de una ocasión. el único lugar donde podría esconderme mientras todo volvía a la normalidad. El olor era nauseabundo. Las escaleras parecían alfombradas por una masa roja. gritos de dolor y voces aterradas que suplican que los deje entrar. en frente tenía a la oficina. No podía creer todo el horror que había atestiguado.M. ni darme el lujo de detenerme a descansar. de ellos que arriesgarme a descubrir qué era eso que golpeaba con tanto esmero desde el interior del elevador. Y aquí sigo. pero el terror era mayor.-10 A. encerrado en mi propio despacho y con las llaves en la mano. amorfa y viscosa que chapoteaba. por que en cada piso podía escuchar cómo los restos destrozados crujían y palpitaban con mi presencia.

las puertas. No me queda más que arrinconarme y hacer como si no escuchara los lamentos. el terror me tiene paralizado.-10 A. Pero no sirve de nada cubrirme los oídos. ¿Cuánto tiempo más durará antes de hacerse pedazos? ¿Cuánto más les tomará ingresar a este lugar y destrozar la delgada puerta de madera de mi privado? Sólo es cuestión de tiempo y nada más. pues no dejo de escuchar los gritos y golpeteos en la puerta de cristal templado. Pero no puedo. Trato de pensar que quizás ellos hubieran hecho lo mismo de estar en mi lugar.M. Me cuesta trabajo respirar. No sé si la rompieron. -IILa puerta principal ha cedido. pero debo tranquilizarme para pensar un poco mejor. o sólo la sacaron de los rieles que la soportaban. No dejaré que me destrocen como 73 . No tardarán mucho en dar conmigo. El caso es que puedo escucharlos adentro. Quizás deba abrirles para que esta pesadilla termine de una buena vez… no… eso sería demasiado fácil.

Me incorporo y me despojo del espantoso saco gris. No puedo hacer nada. Parece que éste ha sido el único edificio que sigue en pie. Abro la ventana y no veo más que desolación. Mi corazón palpita como nunca antes y no sé si tengo más miedo de mi decisión o de estar ahí. En todos estos años no he sido libre de escoger ni el color de mis sacos. que me vistiera por tantos años.-10 A. al menos seré yo quien decida cómo terminar con mi propia vida. Los demás yacen en el suelo o en llamas. Pero no voy a dejar que sean ellos los que determinen mi muerte. Tal vez deba hacerles frente… pero… ¿cuánto tiempo podría durar contra esa horda de…? Ni siquiera sé qué diablos son. salvo esperar el final. y de la corbata negra. Hay tanto ruido afuera que es imposible distinguir los gritos de ayuda de los gemidos de esas 74 . El humo llega hasta el cielo y va más allá de lo que alcanza mi mirada. lo hicieron con esos pobres infelices de allá afuera.M.

sentado sobre el borde de la ventana. mas no logro mover ni un solo músculo. lo último que quisiera es sobrevivir a la caída y terminar con la espina destrozada o alguna pierna rota. pero ahora envidio la suerte de aquellos que se quedaron en el camino. No se ve muy alto. No pensé que fuera a ser tan difícil.-10 A. pero sé perfectamente qué es lo que tengo que hacer ahora. 75 .M. No tengo tiempo que perder y la elección está tomada. Espero que los cálculos no me fallen. Me tiemblan las piernas. no van a tardar mucho en pasarle por encima. Permanezco estático. Ya están golpeando la puerta. Lo único inconfundible es ese palpitar endemoniado que parece provenir de todas partes. Esta opción en ningún momento es deseable. pero terminar desvalido en medio de esas cosas sería peor que la muerte. pero quizás sea lo suficiente para morir al instante. Si tan sólo el edificio se viniera abajo… Hace un rato no me importó pasar por encima de cualquiera con tal de no morir sepultado por estas paredes. cosas.

aunque realmente nunca lo hubo. sólo me dejo caer. pero ya no puedo hacer nada al respecto. Ya no hay nada qué pensar.M. pero tampoco la busqué. sólo me interesaba encontrar la salida y ponerme a salvo. No salto.-10 A. Mi cuerpo golpea en repetidas ocasiones las paredes exteriores. Siento como si el tiempo se detuviera hasta que… Un golpe… Me duele todo… 76 . Ahora no estoy tan seguro de que esto hubiera sido una buena idea. Me resulta sorprendente seguir consciente a pesar del dolor que siento. La puerta ha cedido. salvo seguir cayendo y esperar que el dolor termine una vez que impacte contra el suelo. ¿Qué habrá sido de esa secretaria tan guapa que siempre endulzaba de más el café? No recuerdo haberla visto allá abajo.

M. justo antes de quedarme en penumbras… Ya no siento dolor.-10 A. pero logro ver un poco de mi cerebro regado por la acera. La vista se me nubla. o qué va a ocurrir conmigo… Debería estar muerto… pero no lo estoy… No sé… cómo me llamo… No sé… quién soy… Me cuesta trabajo… hilar… mis… ideas… pero aún escucho… latir… mi… corazón… y tengo hambre… tengo mucha hambre… 77 . ni nada… No sé qué me pasa.

La junta. pero quién le dice “eso” al presidente. Mientras tanto. Las noticias no son halagüeñas y no parece que las cosas se pongan mejor. “por lo que luego veré cómo compenso lo de tu día libre”. dijo el infeliz. Bien podría haberle dicho que “no”. que hace sólo una semana saliera del hospital. el presidente sigue reunido con su gabinete y algunos miembros del senado. después de haber sufrido un infarto que por 78 . no sé qué podría estar haciendo allá afuera. “el señor” no podía prescindir de mis servicios. “Tengo una junta muy importante”. pero a mi jefe lo único que parece importarle es que no le sirva demasiado caliente su café. pero no. Capítulo X. incluyendo al decano.M. Yo no debería estar aquí. Las llamadas telefónicas están restringidas y yo no sé ni siquiera si mi departamento resistió el embate del último sismo. se supone que hoy era mi día libre. agregó con una sonrisa que deseé poder borrar de un bofetón. -IEl mundo se está resquebrajando. Por otro lado.-10 A.

¡Qué locura! No sé qué pueda estar pasando en realidad. Como sea. poco lo mata. sólo cruzamos miradas y sonrisas fingidas. Todos están trabajando en la sala de juntas. Al menos a mí me extrañó mucho verlo por acá. ésas son las órdenes. “Trabajando” buena broma.M. o de esas “cosas” que están invadiendo las calles. además de que todo un batallón resguarda el acceso. yo diría “escondidos” de los medios de comunicación. Las bardas son altas y las rejas están reforzadas. pero la 79 . “Nadie entra y nadie sale”. En la radio hablan de “vándalos”. “drogadictos”. lucía tan decaído que no me sorprendería que saliera en camilla y ambulancia del recinto.-10 A. no me gusta estar encerrada. pero quizás hasta debería sentirme agradecida de estar en este lugar. o “desquiciados”. reunidos desde el último temblor. Todos estamos más o menos igual. pero lo último que alcancé a oír fue mucho más perturbador: “muertos vivientes”.

demasiados como para tratarse de una falsa alarma.M. Pero muchos de los aquí presentes tienen familia. como si no nos estuviera estallando la verdad en la cara. Mis padres viven muy lejos de la ciudad. pero aún no sabemos nada de ellos. Todo lo guardan tan herméticamente. además de que han ordenado cerrar las rejas interiores. no tengo hijos. El presidente ya mandó al ejército a controlar las cosas en las calles. de por sí incómodo. ni siquiera he tenido tiempo de relacionarme afectivamente con nadie. Todos estamos en alerta y el silencio existente. Las estaciones de radio y las televisoras están fuera del aire. y con lo asfixiante de mi trabajo. y se ve que se mueren de ganas de salir a averiguar qué ha sido de ellas. Estamos completamente aislados y los disparos no 80 .-10 A. -IIHace un instante empecé a escuchar disparos en la entrada externa. y tampoco hay servicio de Internet. incertidumbre es algo que no podemos ocultar. se ha tornado insoportable. no estoy casada.

Ni siquiera el día de la Independencia escuché tantas detonaciones. No son gritos. las cuales están despedazando a todo el personal de seguridad. sólo para ser testigo de una masacre. que no se detiene. 81 . de hecho no sé qué puedan ser… se escuchan como gemidos y… un… ¿palpitar? No aguanto más la curiosidad y desobedezco la orden de no asomarme por las ventanas. sino aterrada. conformada por miles de brazos y cabezas. cesan allá afuera. Las manos me sudan y… justo ahora han cesado los disparos.M. Son como una masa sanguinolenta. Ahora. no sólo estoy preocupada. Las inmediaciones están invadidas por esas cosas.-10 A. Respiro profundo y el silencio me parece la más dulce melodía. Las rejas ya no me parecen tan fuertes… No soporto más y me echo a llorar. hasta que otro sonido se apodera del ambiente. que ni siquiera parecen humanas.

pareciera que todos están… muertos. ahora prefiero escucharlos y quisiera que no se detuvieran nunca… pero cesan.M. pero del interior de la sala de juntas. Nadie sale de la sala. Ya no sólo viene de afuera… y vuelvo a escuchar disparos y gritos. No hay gritos. No debí haberme asomado. Los guardias desenfundan sus armas y entran cortando cartucho. pero ya es tarde para pensar eso.-10 A. Entonces el Infierno que atestigüé hace unos minutos. grito y salgo corriendo. se vuelve el canto predominante… y lo escucho cada vez más cerca. ni voces. Mientras tanto el latido que hasta hace un instante era como un mero mormullo entre el mar de gemidos. se repite ante los ojos de todos. Otra secretaria trata de consolarme. pero tan pronto siento el rose de sus dedos. hasta que vuelve ese endemoniado latido. 82 . Entonces vuelven los disparos. Las detonaciones se han detenido. pero los gritos no.

-10 A.M. porque esas cosas que salen de la sala y avanzan hacia el lugar donde nos encontramos. no pueden estar vivas… y tal parece que pronto tampoco lo estaremos nosotros. 83 . Ese asunto de los “muertos vivientes” ha dejado de sonarme tan descabellado.

pero no voy a detenerme ahora.M. No. o ignorar aquellos detalles que hacen de la vida un milagro. Pero yo decidí quedarme en casa. Además. pero no me importa. como si todo lo que estaba ocurriendo fuera un fenómeno exclusivo de las grandes urbes. que verlo sufrir a él. porque ni yo mismo estoy convencido de estar haciendo lo correcto. no porque buscara 84 . La mayoría de los que no murieron por los efectos del terremoto. Capítulo XI. igual que mi esposa. no estoy haciendo lo correcto. o en manos de los no muertos. El hijo. mas no sé si habrán llegado con bien a su destino.-10 A. huyeron de las ciudades y corrieron a esconderse en pueblos cada vez más pequeños o poco poblados. -IDudo que alguien pueda entenderme. lo sé. cuántas veces hacer “lo correcto” ha implicado dejar de realizar lo que uno realmente quiere. como la contaminación. porque prefiero vivir con esto en mi consciencia. Mis vecinos huyeron.

comer. o salir a trabajar. sin darme la oportunidad de despedirme. yo lo vi como una nueva oportunidad que me brindaba la vida. había sido atropellado y agonizaba en el hospital. antes de que el mundo entero se quedara en silencio.-10 A. decían que 85 . Hace unos días. cuando aún no ocurría esta locura y los muertos se resignaban a permanecer “así”. para poder recuperar a mi hijo. mientras el resto del mundo pensaba que esto sería el “Final”. sino por la mera posibilidad de recuperar lo más preciado que llegué a tener en mi vida. En ese momento el mundo se me vino abajo. careció de sentido. de sólo siete años. Por eso. la muerte. Poco después murió. Mi pequeño. recibí la peor noticia que un padre podría imaginarse. Me negaba a aceptar el hecho. aunque absolutamente todo me gritaba que mi pequeño nunca más habría de regresar a mi lado. cuando los muertos volvieron a caminar sobre la faz de la Tierra.M. hablar. Las últimas noticias que los medios de comunicación alcanzaron a transmitir.

yo no hice caso y esperé el arribo de mi niño.M. La casa no era un lugar seguro para aguardar por él. Además. y no habrían de distinguir entre nosotros y un trozo más de carne fresca. armado únicamente con el bate de béisbol de mi hijo. donde acostumbraba jugar mi pequeño. Sin embargo. “ellos” ya no lo eran. aunque las hordas de muertos fueran capaces de derribar murallas. un enorme y frondoso árbol. permaneciéramos alertas y no nos fiáramos de nadie. pero había resistido muy bien los temblores. ya que sin importar que los cadáveres fueran los de nuestros seres queridos. Por tres días fui testigo de un ir y venir de hordas de muertos vivientes que se reunían alrededor 86 . unas cuerdas. Tal vez no era un sitio cubierto. Afirmaban que no prestáramos atención a nuestros sentimientos. Entonces emprendí el dificultoso ascenso.-10 A. pero yo contaba con otro sitio para emprender mi temeraria espera. y un garrafón de agua. de a uno por uno no eran más fuertes que una persona común. por lo que no tendrían por qué ser un problema si alguno intentaba subir por mí.

Para él yo no era su padre. grácil y decididamente por el tronco. Al principio me sobresalté. cuando reconocí a mi pequeño escalando. Yo estaba aterrado. por si alguna de esas “cosas” se hubiera animado a subir por mí. mas nunca hicieron el menor intento de trepar. quizás no sabrían cómo hacerlo. sino su cena. me dolía verlo de esa manera.-10 A. Su piel estaba deteriorada y de aquel trajecito con el que lo sepultamos sólo quedaban jirones. mi corazón se llenó de felicidad. pero era él… aunque sus ojos vacíos y gestos no parecieran reconocerme. Entonces solté el bate y dejé que se acercara. No parecía que pudieran verme. pero sabían que estaba ahí. 87 . pero nada habría de hacerme cambiar de opinión. pero me hubiera dolido mucho más no volver a verlo nunca. tomé el viejo bate y me puse en guardia. Su andar era pausado y su mirada perdida.M. una mañana escuché que alguien trepaba por el árbol. del árbol. pues estaba confiado de que mi hijo regresaría algún día. A punto de desfallecer. Pero aunque mis ojos no daban crédito de lo que veían.

posiblemente en pos de todos aquellos que habían huido unos días antes. Ahí todo estaba desordenado. pero opté por distraer mi atención en aquello que consideraba más importante: “mi hijo”. Mi pequeño y yo estábamos a salvo.M. y los no muertos que asediaban el árbol se esfumaron. -IIA partir de ese día mi vida cambió por completo. lo encerré en su habitación. Por un instante temí por la seguridad de mi esposa. y lo até con las cuerdas. Ya no me haría daño. Por lo que desaté a mi hijo. ella se había ido por su propia voluntad.-10 A. Después de todo. era 88 . Tan pronto estuvo a sólo unos pasos. Desde afuera. se abalanzó sobre mí. y antes de que él pudiera intentar hacer cualquier otra cosa. por lo que bajamos del árbol y volvimos a casa. ni se lastimaría él mismo al intentarlo. pero seguía siendo habitable. pero yo logré dominarlo con facilidad. yo podía escuchar cómo mi niño se azotaba contra las paredes y gemía.

y el hecho de que a diferencia de los demás muertos él hubiera tenido la iniciativa de trepar por el árbol. Entonces supe que no me lastimaría y lo tomé entre mis brazos. pero aún albergaba algunos recuerdos en su memoria. Sin duda estaba muerto. hasta que él hizo lo mismo. Esa actitud.M. Yo estaba feliz de haberlo recuperado. a lo cual ya no opondría resistencia. tan pronto mi hijo me vio entrar en su recámara. sin temor alguno. se arrinconó tras un estante. demasiado doloroso atestiguar eso. Por supuesto que eso me estremeció y dejé caer mi improvisada arma contra el suelo. pensando que quizás entonces mi niño intentaría satisfacer su hambre conmigo. como si me tuviera miedo. pero no lo hizo. Para mi sorpresa. mi pequeño sufría por no poder saciar un hambre que no habría de complacer conmigo. por lo que con todo el pesar de mi corazón.-10 A. me dieron a entender que mi hijo no era como “ellos”. pero preexistía un problema. me armé nuevamente con el bate y abrí la puerta de su cuarto. 89 .

pues ambos parecemos un par de muertos andantes más. pero hasta entonces lo tendré conmigo y 90 . como nosotros. y su descomposición no habrá de detenerse hasta que su cuerpecito desaparezca por completo. habría de ser yo el que le consiguiera su alimento. o a otro ser humano. y cada vez son menores las opciones que se nos presentan. que se unen a las hordas de cadáveres que transitan en búsqueda de alimento.-10 A. Soy consciente de que mi hijo cada día se deteriora más.M. en medio de lo que queda de nuestra mancillada civilización. de la que no estoy orgulloso. No hay mucho en el menú. Por lo que tomé una decisión. de los pocos que han sobrevivido a esta carnicería. De hecho ya no hay mucha diferencia entre mi niño y yo. -IIIPor eso ahora estoy aquí. deambulando con mi hijo de la mano. No me importa si hay que matar a un animal. pero no tenía otra alternativa.

M. aunque eso implique hacerlo con mi propia carne. saciaré su hambre.-10 A. 91 .

y me extraña aún más seguir con vida. Es demasiado fuerte el olor a muerte que emana de la tierra como para sentirse atraídos. En cuanto a los residentes permanentes. No es “la gran cosa” pero es mejor que el hospital. aquí los muertos no se acercan.M. mientras yo me refugio en este viejo cementerio. Me sorprende todo el tiempo que ha pasado. aluminio y madera. no me parece tan malo. sólo puedo escuchar que rasguñan desesperadamente desde el interior de sus prisiones de tierra. Alimento que dista mucho de ser nutritivo. pero dadas las circunstancias. Seis meses es mucho tiempo para vivir escondida en un 92 . o recomendable para una mujer con siete meses de embarazo. cemento. Capítulo XII. -IDesde hace más de seis meses los muertos vagan libres por las calles. Todo este tiempo me he alimentado de lo que he podido saquear de las máquinas expendedoras del velatorio.-10 A. pese a que mi salud se ha ido deteriorando con rapidez. Muerte.

Aunque de antemano sabía que no habría de conocer a su padre. la misma mirada vacía de la mujer del pabellón de maternidad poco antes de morir. es triste saber que esa mujer que marcó mi vida para siempre carezca de un nombre para mí. Quizás me aguarda lo mismo.M. Mi rostro no luce mejor y cada vez que alcanzo a ver mi imagen en cualquier superficie. y mi cuerpo lo refleja fielmente. Después de todo lo que ha pasado en el mundo y de lo que hemos perdido. cementerio. ni a su madre.-10 A. virtudes y defectos se pierdan en el olvido. no puedo evitar sentir una profunda tristeza al ver en mis ojos hundidos. Es sólo cuestión de tiempo para que toda mi historia. 93 . proyectos. anhelos. Mis brazos y piernas ya no son lo que eran y ahora presentan sólo una delgada piel que cubre mis huesos. Es probable que mi bebé no conozca un solo amanecer. Cuando le informé al susodicho la buena nueva. él estaba tan alarmado por el futuro de su carrera que me preguntó: “¿por qué?” y “¿cómo era posible?”.

Y aunque sepa que llevarlo conmigo me costará la vida. seguida por un rodillazo en sus testículos que lo dejó de rodillas y mudo.-10 A. lo que realmente me aterra es que yo sea quien le cueste la suya a él. Por supuesto que él no se mancharía las manos. Desde entonces y hasta ahora mi bebé ha sido lo más importante para mí. -IIHace unos días me empezó a doler el vientre y he secretado un poco de sangre en la orina. pero le respondí contundentemente con una bofetada que me dejó temblando la mano. Recuerdo que me sugirió que no dijera nada y que lo mejor para el futuro de ambos sería abortarlo. pero ¿quién sabe? Tal vez mi mala condición física haya acelerado el proceso o mi 94 . pero conocía a alguien que podía arreglarlo todo… en fin. Yo no dije nada. Como si tuviera que ser yo quien le explicara a un ginecólogo cómo es que nacen los niños.M. Después me alejé de él para siempre. Aún me faltan casi dos meses para entrar en labor de parto y esperar a la muerte.

Sin olvidar aquellos amaneceres y atardeceres que me perdí por mantener fija la mirada en el reloj. sólo porque llevaba prisa. Todas esas personas a las que no les dije que amaba.M. por el sólo hecho de existir.-10 A. con mucha sal y azúcar en las venas. me sorprende lo absurdos y ridículos que pueden ser los problemas que me agobiaban día a día en el pasado. Frente a todo lo que he pasado. bebé se cansó de comer sólo pastelillos y frituras. Es impresionante el tiempo que perdí tratando de ser “alguien” como si de entrada no lo fuera. Aunque dudo que lo encuentre. Siempre intentando agradar a los demás aunque ellos no me agradaran. por lo que busca en mí algo más sustancioso y nutritivo. que ya no podré ni acercarme. pues ahora luzco más bien como un esqueleto con barriga. Me pongo a pensar en toda esa gente que traté mal. o no traté en absoluto. 95 . o que jamás agradecí por lo poco o mucho que hubieran hecho por mí. y sin saber si yo misma era grata para mí. Todos esos proyectos que soñé alcanzar al lado de mi bebé.

y crucé el portal que separaba mi mundo del de ellos.-10 A. Mis piernas apenas podían sostenerme por la anemia y el miedo que tenía de encontrarme con alguna de esas cosas. buscando alimento para saciar un hambre que no se satisface nunca. me daba igual si era cerca o lejos de la ciudad. No sé por qué. pudriéndose a cada paso y sin poder morir de una buena vez. Mi futuro nuevamente se me presentaba y sentí pena. La simple idea de pasar la vida de esa forma. por lo que me armé con el poco valor que conservaba. Los muertos deambulaban por todas partes buscando alimento. pero mi hambre era aún mayor. sino también 96 . Mi temor era muy grande. pero ahora no sólo por mí. me hacía estremecer. -IIIAyer salí de mi refugio para ver si encontraba un poco de comida en otra parte.M. y el coraje que me infundía mi bebé para mantenerme con vida. pero repentinamente dejé de tener miedo y empecé a sentir compasión por ellos. incluso debajo de las paredes de los edificios derrumbados.

Parecía como si les pasara completamente inadvertida. No pude evitar pensar en mi amiga. hurgando entre los restos de lo que fuera una gran ciudad. Después de varias cuadras.-10 A. Es curioso que fuera de esa manera.M. hallé una destartalada tienda de abarrotes. hasta que todo esto termine algún día. Probablemente por mi aroma. si es que eso llega a ocurrir. Yo misma me sentía cada vez más cercana a ellos. Para mi sorpresa los muertos no hicieron el menor esfuerzo por atacarme. el sólo hecho de verlos ahí. Y si bien no podía concertar una cita para tomar un café y platicar un poco con ninguno de mis nuevos compañeros. Ahí no encontré 97 . la compañera con la que traté de escapar aquel día y que vi cómo era deshecha por las balas de la policía. por su lastimera existencia. que a lo que era antes. ¿Qué será de ella ahora? Tal vez siga arrastrándose sin descanso con su cuerpo partido por la mitad. definitivamente me creaba un vínculo muy estrecho con ellos. pero por primera vez en seis meses no me sentí sola con mi bebé.

pero no podía llevármelas todas. y dejarían de pasarme por alto. 98 . Pero evidentemente no fue así. Recuerdo que pensé que era posible que yo durara mucho menos tiempo que eso. Era sorprendente cómo las acciones más mundanas de la vida se me presentaban tan extraordinarias en un momento como ése. mucho.M. o una cajera gruñona que no hallara el momento de despachar a toda su clientela para poder largarse de ahí. Era posible que mis nuevos y hediondos compañeros pudieran empezar a sospechar que yo no estaba tan muerta como aparentaba estarlo. pero lo hallado era mejor que lo que había estado comiendo en los últimos meses.-10 A. agregándome de inmediato a su menú. Por lo que cogí un carrito de compras y por un instante recordé la cotidianidad de aquel hecho. con dos o tres años más de caducidad. Había varias latas de conservas. y atesoré algo que antes me parecía de lo más molesto e insoportable. y venir todos los días a comer ahí me resultaría demasiado riesgoso. Casi deseaba que hubiera fila en la caja.

no sé por qué. pero es que nunca la comida enlatada me había parecido tan buena y apetitosa. tampoco tuve pesadillas.M. y el único que encontré carece de la manecilla de las horas y sólo conserva el minutero. ni sentí ningún dolor en el vientre. Por lo que sólo marca las menos diez a. esta mañana salí nuevamente de mi escondite. pero sentí que era posible que no regresara con vida de una nueva incursión a la ciudad. Por último tomé unos garrafones de agua y un abrelatas. puesto que mi reloj de pulsera se estropeó hace un par de meses.-10 A. Esa noche no hubo sangrado. No supe realmente que hora era. Procuré no excederme. -IVTemprano. Por eso 99 . Por primera vez en mucho tiempo me sentí feliz de estar ahí. viva y con mi bebé dentro de mí. Después de lo que viví el día anterior. Esa noche me regalé una cena que tenía demasiado tiempo que no me daba.m.

M. Nadie se pasea por las calles. recordé cómo era sentirse aseada otra vez. No hay servicio de agua potable. Pero he aprendido a captar agua de lluvia. Apenas sopla un poco de viento que tímidamente mece mi pelo. dándome la excusa perfecta para alborotarlo yo misma con las manos. la ciudad está vacía. El sol apenas se asomaba por el horizonte y yo quería verme guapa para recibir su calor. y salí por última vez del que había sido mi hogar por tantos meses. Tomé un par de mudas de ropa limpia que encontré en la patrulla. vivos o muertos. No sé dónde se han metido todos. Cierro los ojos y me detengo a oír el silbido del viento que corre a varios metros arriba de mi 100 . por lo que con ayuda de un paño húmedo y un poco de jabón que hallé en uno de los baños. por lo que la sola idea de tomar un baño me pareció lejanísima.-10 A. decidí salir lo más arreglada posible a lo que tal vez fuera mi último paseo. El sol brilla en lo alto. quizá por última vez. y el cielo rojizo me regala una postal que no veía desde hace varios años.

-10 A. y abro los ojos para compartir con la vista lo que me regala el oído. cabeza. Yo no puedo más que sonreírle a la vida y contemplar su eterna belleza. Sin pensarlo demasiado. casi como si la naturaleza me estuviera reconociendo o buscara recuerdos de mí en su atormentada memoria. o si los muertos sólo se marcharon a otra parte en busca de 101 . Vuelvo mi mirada al suelo y con mis manos acaricio el vientre en que se gesta mi hijo. También esto me provoca una sonrisa que se humedece con dos lágrimas de alegría. No sé si todo ha terminado ya. Le digo que todo va a salir bien. le hablo a mi bebé. aunque tampoco tengo ninguna certeza sobre la cual pueda sustentar mi promesa.M. quien sigue guardadito dentro de mí. Sobre mi cabeza veo a una parvada de aves que sobrevuela la ciudad. Siento el aire frío y suave que toca mi cara. de un lado a otro y regresan con más bríos. A lo lejos oigo algo que no creí volver a escuchar nunca. y por primera vez pienso que no me estoy mintiendo a mí misma.

por lo menos para mí: “mi hijo”.-10 A. -FIN- 102 . alimento. el ser vivo más amado y esperado en todo el planeta. o ambas cosas. quizás sólo se estén pudriendo en algún agujero. pero frente a mí tengo la razón más importante por la que nunca me he de dar por vencida. No sé si este nuevo escenario que me regala la vida significa que tanto mi bebé como yo estaremos bien. Sin duda alguna.M. Tal vez estén por ahí escondidos tras las ruinas urbanas. Sé que me va a costar mucho tiempo asimilarlo todo. o sólo se me está dando una calurosa despedida.

. . . . . . . Índice Capítulo I. . . . . 45 Capítulo VIII.-10 A. . . 32 Capítulo VI. . . . . . 37 Capítulo VII. . . El periodista. . Muerte. . . . . . . . . . . . . . .5 Capítulo II. . . 8 Capítulo III. La ley. . . . . . . . . . . . . . . . . . 92 103 . El hijo. 15 Capítulo IV. . . . . . . La huida. . . La junta. . . . . La enfermera. . . . . . . 68 Capítulo X. .M. . . 54 Capítulo IX. 78 Capítulo XI. . El padre. . . . La espera. . . . . . . . . . . . . . . . El ascensor. . . . 84 Capítulo XII. . . La madre. . . . . . La última salida. . . . 24 Capítulo V. . . . . . . . .

M. 104 .-10 A.

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