REFLEXIONES ACERCA DE LA CONFIGURACIÓN DE UN CAMPO REPRESENTACIONAL DE LA PROSTITUCIÓN DE MUJERES Autores Ceccoli Pamela* Dreizik Matías** Puche Ivana*** La presente

reflexión se realiza desde el enfoque de las Representaciones Sociales, haciendo foco en un primer momento, en los contenidos hegemónicos que circulan y se entraman en lo social respecto al fenómeno de la prostitución de mujeres. Para esta deconstrucción de la esfera de la transsubjetividad (Jodelet, 2008) se utilizarán fuentes de información variadas, en tanto son soportes que “impactan histórica y contemporáneamente en la construcción de la representación social” al condensar, como dice Jodelet (1984), en una imagen cosificante historia, relaciones sociales y prejuicios. La configuración de un campo representacional de la prostitución de mujeres nos posibilita en un segundo momento, abrir visibilidad a algunas líneas de sentido emergentes de las narrativas de un grupo de mujeres asociadas a AMMAR Cba. donde se dilucidan contenidos emancipadores y polémicos a partir de la circulación y comunicación en lo social de este movimiento. Este acercamiento permitirá identificar modalidades de negociación/discusión de estos contenidos representacionales hegemónicos, en una esfera intersubjetiva donde se despliegan procesos de construcción, mediación y transformación de categorías sociales en torno al pensamiento del sentido común, como producción de identidades sociales y de subjetividades.
PALABRAS CLAVES: REPRESENTACIONES SOCIALES – PROSTITUCIÓN DE MUJERES – SUBJETIVIDAD – INTERSUBJETIVIDAD – TRANSUBJETIVIDAD.

REFLECTIONS ON THE SET OF A FIELD REPRESENTATIONAL PROSTITUTION OF WOMEN

This reflection is from the Social Representation approach, by focusing initially on the content hegemonic snapped circulated and socially on the phenomenon of prostitution of women. For this deconstruction of the field of trans-subjectivity (Jodelet, 2008) used various information sources, as are supports that "historical and contemporary impact on the construction of social representation" to condense, says Jodelet (1984), an image reifying history, social relations and prejudices. The configuration of a representational field of prostitution of women allows us a second time, open visibility to a few lines of meaning emerging from the narratives of a group of women associated with AMMAR Cba. elucidate where emancipatory and controversial content from the circulation and social communication in this movement. This approach will identify modalities of negotiation / discussion of these hegemonic representational content, in an intersubjective field where construction process unfold, mediation and transformation of social groups around the thought of common sense, as the production of social identities and subjectivities.
KEYWORDS: SOCIAL REPRESENTATIONS – PROSTITUTION OF WOMEN – SUBJECTIVITY – INTERSUBJECTIVITY – TRANSUBJECTIVITY.

Introducción El interés por la presente reflexión, desde el enfoque y la teoría de las Representaciones Sociales (RS), se produce en el marco de la Investigación que indaga sobre los sentidos acerca del trabajo y la educación en poblaciones problemáticas1.
Facultad de Psicología. Centro de Investigaciones Facultad de Filosofía y Humanidades “María Saleme de Burnichon”. pamela_ceccoli@hotmail.com ** Centro de Investigaciones Facultad de Filosofía y Humanidades “María Saleme de Burnichon”. matias_drei@hotmail.com *** Facultad de Psicología. Centro de Investigaciones Facultad de Filosofía y Humanidades “María Saleme de Burnichon”. ivanapuche@argentina.com
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Trabajo que pone en relieve la configuración de un campo representacional que permite visibilizar modalidades de negociación/discusión de contenidos representacionales (hegemónicos, emancipadores y polémicos). Los mismos, como señalan Duveen, G. y Lloyd B. (2003), se evocan en las interacciones sociales así como en los conflictos entre grupos, lo cual remite al carácter procesual de las RS. Incorporando para ello autores referenciales de la Teoría de las Representaciones Sociales como Moscovici (1961), Jodelet (1984), Markova (2003), Rodríguez Salazar (2007), Duveen y Lloyd (2003). En este sentido en una primera aproximación, se intenta deconstruir los contenidos hegemónicos que circulan en lo social -la difusión por los medios masivos de comunicación, los atravesamientos institucionales, las hegemonías ideológicas visibles en discursos del orden, etcéterarespecto al fenómeno de la prostitución de mujeres. Para ello se utilizarán fuentes de información variadas provenientes del cancionero popular, de documentos expedidos por miembros de la Iglesia Católica, de un artículo de Psicología Criminológica, así como del Código Penal Argentino y del Código de Faltas de Córdoba2. Ya que se considera que son soportes que impactan históricamente en la construcción de la representación social de la prostitución de mujeres al condensar, como dice Jodelet (1984), en una imagen cosificante: historia, relaciones sociales y prejuicios. Asimismo, se trabajará con el material relevado de una conversación grupal generada a los fines de esta reflexión3, en tanto se considera que aportará en la deconstrucción de esta forma de conocimiento social. Estas fuentes serán puestas en tensión con aquellos contenidos que polemizan con los mismos, retomando algunos discursos de mujeres asociadas a AMMAR-Cba. (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas), que puntúan en relación a “la prostitución” y el impacto en la producción de subjetividades, a partir de una trayectoria de trabajo de intervención e investigación con ellas desde el año 2005.

La esfera de la Trans-subjetividad: Algunas consideraciones acerca de las imágenes, significados, categorías y teorías en los contenidos hegemónicos sobre la prostitución de mujeres: Para analizar las representaciones sociales de los individuos y de los grupos localizados en espacios concretos de vida y definir las “modalidades de una acción transformadora”, Jodelet (2008) propone el esquema siguiente que delimita las esferas o universos de pertenencia de las representaciones: la esfera de la subjetividad, de la intersubjetividad y de la trans-subjetividad. En la formación de las representaciones sociales, la esfera de la trans-subjetividad remite a todo lo que es común para los miembros de un mismo colectivo. En efecto, esta comunalidad puede tener distintos orígenes: Puede resultar del acceso a los recursos brindados por el aparato cultural para la interpretación, codificación y clasificación de la realidad, repertorios disponibles para construir significados compartidos. Puede depender también del juego de coacciones o imposiciones ligadas a las condiciones materiales de existencia, a la estructura de las relaciones sociales y de poder, a los sistemas de normas y valores, a los sistemas de representaciones que orientan las prácticas colectivas, asegurando el vínculo social y la identidad colectiva. Remite, igualmente, al espacio social y público donde circulan representaciones que atraviesan los espacios de vida locales, y son asumidas por los sujetos bajo el modo de la adhesión o de la sumisión. En este sentido, Jodelet (2008) señala que …un mismo objeto o acontecimiento, situado en horizontes diferentes, da lugar a intercambios de interpretación y a confrontaciones de posición mediante los cuales los individuos expresan una identidad y una pertenencia. Cada uno de los horizontes pone de relieve un significado central del objeto en función de sistemas de representaciones trans-subjetivas que son específicas de los espacios sociales o públicos dentro de los cuales se mueven los sujetos. Éstos se apropian de estas representaciones en razón de su adhesión y de su afiliación a esos espacios. Breakwell (2001), en cita de Tania Rodríguez Salazar (2007), aporta que en una RS hay contenidos hegemónicos, emancipados y polémicos-, y esto podría ser útil para comprender mejor la organización de los elementos que integran una RS como sistema holístico, para valorar su carácter central o periférico cualitativamente. Los contenidos hegemónicos son aquellos colectivamente compartidos, legítimos y menos susceptibles de discusión social. Se visibilizan en el discurso, en enunciados afirmativos y descriptivos
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que universalizan y naturalizan las determinaciones históricas y sociales: “Son creencias simbólicamente poderosas que se asumen como naturales, donde su carácter socialmente elaborado es invisible a los individuos o grupos sociales, y que se asumen con la fuerza simbólica de lo evidente”. (Rodríguez Salazar, 2007:178). Por su parte, los contenidos emancipados se refieren a creencias y valores legitimados, aceptados y sostenidos por grupos sociales específicos, donde hay una clara identificación de las fuentes y/o de la autoridad que los sustenta y exige. Mientras que los contenidos polémicos son aquellos que son discutidos dentro de un grupo social, y se asumen con cargas de relativismo o particularización de significados (Billig, 1991, citado por Rodríguez Salazar, 2007). Esta clase de contenidos tienden a socavar la validez universal de los contenidos hegemónicos, así como los contenidos normativos dentro del grupo social, para hacer valer nuevos contenidos de significación. Esta clasificación de contenidos indica grados decrecientes de divergencia grupal o individual, grados decrecientes de fuerza simbólica, aceptación y legitimidad social, así como grados decrecientes de centralidad. En expresión de la autora Rodríguez Salazar (2007:179): Se encuentran contenidos que parecen gozar de mayor legitimidad y que están construidos en términos factuales, contenidos normativos que se construyen mediante justificaciones de los puntos de vista del grupo y críticas de los ajenos, así como contenidos que abiertamente subvierten y particularizan sentidos dominantes o que expresan conflictos sociales en un mismo grupo social o entre grupos sociales. Jodelet en 1984, define a las representaciones sociales como imágenes que condensan un conjunto de significados, categorías que permiten clasificar las circunstancias, los fenómenos e individuos y teorías que permiten establecer explicaciones sobre ellos. En función de lo dicho, es que fuimos identificando en el análisis de los contenidos hegemónicos algunas imágenes, significados, categorías y teorías que subyacen y permiten deconstruir el campo representacional del fenómeno de la prostitución de mujeres. Para comenzar entonces a describir algunas de las formas en que se presenta a la prostitución de mujeres en estas fuentes revisadas podemos decir que las imágenes preponderantes son las que remiten a una mujer con poca vestimenta, que usa minifalda, medias de nylon, tacos altos, prominente escote, muy maquillada, y que revolea su cartera y contornea las caderas. También aparece acariciándose el pelo o alguna parte de su cuerpo. Generalmente esta parada en una esquina o en la puerta de un burdel bajo la luz roja, o camina las calles esperando el pasar de los autos o de clientes. Y diferentes categorías que la señalan como “loca”, “puta”, “puta fina”, “mujer de la noche”, “la perdida”, “mujer clandestina”, “inmoral”, “maestra”, “dama de compañía”, “roba maridos”, entre otras. Estas formas se hacen visibles en el discurso a través de sus enunciados afirmativos y descriptivos que explican significados sin dudar de su existencia y conveniencia universal. Se asumen como naturales, donde su carácter socialmente elaborado es invisible a los individuos o grupos sociales y se asumen con la fuerza simbólica de lo evidente. Bajo estas definiciones esenciales se desprenden los fundamentos, conocimientos, supuestos y modelos de pensamiento que se reciben y transmiten a través de la tradición, la educación y la comunicación social, y que dan coherencia a la configuración de las representaciones sociales. Así, las teorías que explican, prescribiendo o proscribiendo, el fenómeno de la prostitución de mujeres, analizadas aquí provienen de variados campos disciplinares: biología, medicina, psicología, sociología; así como de la religión cristiana y del Estado y sus instrumentación legal. En este sentido, a la mujer prostituta se la presenta como ligera, fácil, con mucha experiencia sexual, una “maestra en la cama” que disfruta y elige lo que hace: “Sos más fácil que respirar”, dice el cantante Arjona, desplazando el sentido hacia un acto involuntario, reflejo e instintivo. Así, la prostitución existe porque a la mujer le gusta hacerlo, porque es una ninfómana, pervertida, loca. Y en este sentido: “no eres el mejor partido”, vuelve a reclamar el cantante. Sin embargo, también se las considera como mujeres que sufren mucho, “con más espinas que una rosa”, golpeadas por la vida, desgraciadas, al realizar una actividad no deseada. Así por ejemplo lo canta Dalila: “bronca de no ser la mujer que soñaba ser cuando era pequeña”. Estos sentidos hegemónicos coexisten y son sustentados por explicaciones que asocian sancionando, el placer con la enfermedad psíquica (perversión, depresión) y con lo anormal, respecto a lo que las mujeres deben ser social y moralmente (que responde a la RS hegemónica de mujer:
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señoras, madres, damas). Y que en momentos se enlazan con aseveraciones que utilizan la estadística como recurso corroborador sin un marco específico de procedencia, y que refieren al abandono temprano por parte de la familia o el haber sido víctimas de algún abuso infantil: “del 50 al 90% de las prostitutas callejeras han sufrido abusos o abandono cuando eran niñas” (disponible en: www.zenit.org/article-26934). Desde una consideración psicológica individualista, se patologiza a la prostituta según fallas en su estructura psíquica, en tanto no ha podido reprimir y sublimar sus impulsos sexuales e incorporación de normas sociales. Así por ejemplo, la Dra. Marchiori en su Manual sobre Criminología (1999), describe que son esencialmente los determinantes psicológicos los causantes de la prostitución ya que la misma es una forma de auto-destrucción y auto-degradación, y esta forma de vida sexual es un mecanismo de defensa contra la desintegración del yo. Según este Manual (1999), es la falta de independencia, voluntad, falta de desarrollo del sentimiento social, insensibilidad, intensa vida emocional, propensión hacia estados histéricos, los determinantes de una conducta asocial y delictiva, siendo la prostitución una de ellas. Y se sostiene esto aún cuando en el marco legal argentino la prostitución no es considerada delito. Lo sentenció así la Justicia Federal de Buenos Aires en un fallo que señala que su ejercicio “constituye una acción privada carente de relevancia penal”. Es decir que si una prostituta trabaja por su cuenta y su voluntad, no es menor de edad, no escandaliza y no está explotada no existe violación al Código Penal. En relación a la actividad de la prostitución de mujeres, son recurrentes las aseveraciones que remiten a la venta del cuerpo por dinero. Se dice que es la opción más rápida y fácil, por lo cual ellas serían “unas vagas que van a lo fácil”, que están acostumbradas a vivir de esa manera, a trabajar toda la noche. Al respecto, la agrupación de cumbia “Los Pibes Chorros” cantan que “si pintan los tragos vos perdés el control, si pinta la guita nunca decís que no”. Lo cual señala a la mujer prostituta como una persona sin control ni moral, promiscua, que “no le importa si está mal o si está bien”. Asimismo, estas explicaciones sancionan a la mujer prostituta porque “podrían elegir trabajar en otros lugares”, se la culpabiliza, responsabiliza y condena por esa actividad: “para mí hay cuestiones psicológicas para caer en la prostitución, porque podrían trabajar de otra cosa”, dice una joven de 24 años durante la conversación grupal mantenida a los fines de esta reflexión. De este modo, se a-historian los modos de producción capitalistas, ocultando la desigualdad en la distribución de la riqueza y en el acceso e inserción al mercado laboral, aún fuertemente favorecido para los hombres; negando los procesos de exclusión social. De este modo, las condiciones materiales de existencia sostienen su victimización al “arrojar” a la mujer pobre a la prostitución como único e inmodificable destino. Y al mismo tiempo invisibiliza otras formas de prostitución como la esclavitud y la trata de personas; así como el ejercicio de la prostitución por parte de mujeres de otras clases sociales; y las relacionadas con las industrias asociadas al sexo (tales como el cine, las empresas gráficas, los clubes afines). Ello, como lo señala Foucault en Historia de la Sexualidad (1996), porque hay ámbitos legitimados o tolerados para el ejercicio del sexo y la sexualidad (sea para la función de reproducción: el cuarto matrimonial; sea para la obtención de placer: los burdeles y prostitutas), y como ilustra una joven en la misma conversación mencionada: “es una hipocresía porque vos para la sociedad tenés que ser una virgen, pero en la cama, una puta…”. Asimismo, muchos de estos contenidos ubican a la mujer como objeto sexual, para satisfacción de los instintos sexuales de los clientes: “para que el señor se quite las ganas” (Dalila). Así, se considera que es una actividad realizada sin amor, “sin alma”: “le ofrezco un amor bien fingido si usted me paga” (Dalila). En relación a esto, una de las explicaciones que emerge recurrente es la de la urgencia del instinto sexual que pulsa por ser saciado o el de la necesidad fisiológica, principalmente por parte del hombre. Esta justificación médica se apuntala en una visión biologicista que indica lo innato de este impulso. De este modo se declara la existencia del fenómeno social de la prostitución a partir de la demanda: “es el oficio más antiguo del mundo”, “siempre va a haber alguien que pague por ello”, lo cual dificulta hacer visible su construcción social. Otra de las explicaciones que se visualiza recurrente es la que liga la existencia de la prostitución con fallas en la socialización de la familia de origen: “La madre no la educó bien, en las buenas costumbres”. A saber: que la niña devenga en madre, y para esto debe encauzar su sexualidad únicamente a los fines de procreación -boda por medio-.

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Esto es apoyado por la visión moral religiosa que sostiene que las costumbres en lo referente a la sexualidad humana han "progresado sin cause”, descontrol y anomia propia de la modernidad, debido a una deficiencia en la constitución universal de la familia monógama. Un documento eclesiástico, que postula por la no regulación de la prostitución como trabajo, afirma que: “…está comprobado que cuando costumbres irregulares se toleran o incluso se protegen, se crean las condiciones ideales para que crezca (…) el número de personas que se prostituyen…”, otorgando así una condición endémica a la prostitución de mujeres, o bien, como caldo de cultivo de epidemias como el sida: “…Si la familia monógama hubiera sido un logro universal, el virus VIH seguiría probablemente recluido a unas aldeas africanas, y por lo tanto desconocido…” (disponible en: www.iglesia.org). Lo que veíamos en la mayoría de estos textos religiosos es que homogenizan las diferencias que existen al interior del fenómeno obstaculizando la reflexión acerca del mismo. Se desplazan sentidos, se asocian sin discriminar la prostitución voluntaria e involuntaria, las epidemias, la explotación y tráfico de mujeres, el proxenetismo, el turismo sexual, la industria del sexo, y la diversidad en la opción sexual y el disfrute sexual: “Aquí se incluye lo mencionado respecto al sexo. Emplearlo únicamente para obtener placeres rebaja mucho la dignidad de la sexualidad, despreciando el gran don de traer hijos al mundo (…) Usar el tiempo principalmente para la diversión deteriora la dignidad operativa del hombre que deja de hacer obras buenas. La capacidad humana de hacer el bien se desprecia...”. O bien: “Las prostitutas hacen algo que es fundamentalmente deshumanizante para dar acomodo a instintos que en un verdadero ‘mundo mejor’ serían canalizados a relaciones más fructíferas y dignas (…) Vender tu cuerpo no es un comportamiento del que se pueda estar orgulloso, puesto que como humanos nos construimos psicológicamente, el sentido de respeto propio de una mujer está invariablemente ligado a su comportamiento sexual” (Kay, citado en el mencionado documento, disponible en www.iglesia.org). De esta manera, los sentidos que circulan desde el ámbito religioso abonan a la construcción del campo representacional al señalar que la prostituta no sería digna ni humana. Se señala que la enseñanza de la Iglesia sobre la prostitución es clara: “El Catecismo de la Iglesia Católica observa que quienes se implican en proporcionar tales servicios hieren su dignidad, puesto que se reducen a meros instrumentos de placer sexual”, siendo culpables de un pecado mortal y siendo la prostitución una violación grave de la dignidad humana: “El documento del Concilio Vaticano II «Gaudium et Spes» hace una lista de ofensas contra la vida y la integridad de la persona humana, entre ellas la prostitución. Estas ofensas «envenenan la sociedad humana», comentaba el concilio (No. 27) (…) En su encíclica «Veritatis Splendor», el Papa Juan Pablo II mencionaba la lista por su naturaleza «intrínsecamente malos», y por tanto siempre gravemente erróneos (No. 80)”. Continúan: “Como grupo también es probable que sufran de falta de hogar, desempleo y pobreza. Su vulnerabilidad y su baja autoestima suelen hacer que muchas de estas jóvenes sean explotadas por quienes las llevan a la prostitución”. Encima lo agravan diciendo: “Sólo un 5% de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen voluntariamente, aunque la frontera entre lo voluntario o involuntario, ¿dónde está?, ante la atracción de dinero fácil…”. O esta otra cita que señala: “Los medios algunas veces presentan una visión de la prostitución llena de glamour, pero según Matthews: ‘Detrás de la fachada de independencia y autonomía hay un gran número de mujeres desilusionadas, cuyo sentido de autoestima está continuamente erosionándose. Un problema que se vuelve más penoso conforme las mujeres envejecen y empeora su aspecto’…” (disponible en: www.zenit.org). Al respecto, entendemos que se está minimizando o hasta negando la capacidad decisoria de las mujeres que ejercen esta actividad apelando a diferentes descalificativos tales como sumisa, inferior, como un producto con vencimiento. Esta mezcla de sentidos apuntalan la descontextualización, la a-historización y sostienen la esencialización e individualización de la prostitución (es un mal, entonces las mujeres prostitutas encarnan ese mal yendo en contra de los valores de la familia cristiana). Al respecto proclama uno de estos documentos: “…que la sociedad recupere la capacidad de indignación, pues en nombre de la libertad sexual y de la modernidad se han dado llena de glamour” (disponible en: www.iglesia.org).

En este sentido, se explica la dignidad como atributo natural humano otorgado por el Creador, pero que debe ser conservada a través del ejercicio de la espiritualidad y el seguimiento de los mandamientos, para “llegar al Cielo junto a Él”: “El hombre posee gran dignidad por motivos
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principalmente espirituales (de ahí que un ateo dispone de menos razones para respetar al ser humano)”, disponible en: www.ideasrapidas.org/dignidad.htm.
Por lo tanto, siguiendo este planteamiento, las mujeres prostitutas son indignas, no sólo por ejercer la prostitución (pecado mortal) sino además porque son mujeres (inferiores espiritualmente respecto al hombre), a menos que se confiese (pues, al decir de uno de los documentos eclesiásticos: “…ante todo es importante evitar los pecados. Y si se han cometido, conviene confesarse pronto para recuperar la gracia y con ella la dignidad de hijos de Dios). Y para ello debe abandonar la actividad, pues, como ratifica el cantante Arjona: “dama es la que se detiene”. Para finalizar, el señalamiento sancionador de la práctica por parte de la sociedad, al ubicarlas como personas en “un mal camino”, o bien, en “un triste lugar”, provoca humillación, vergüenza, bronca. Ello muchas veces lleva a ocultar la actividad, lo cual opera como forma de control social al asociarse determinados actos y a los sujetos productores de los mismos con imágenes sociales de deseabilidad e indeseabilidad (Tomasini, 2008). Así, como la actividad se ejerce en la clandestinidad, las mujeres pasan a ser “mujeres clandestinas”, y por lo tanto, ocultas, negadas. “La amenaza del estigma de “puta” actúa como un látigo que mantiene a la humanidad femenina en pura subordinación ya que la desaprobación social se convierte en un castigo muy efectivo para ellas y una amenaza en potencia para el resto” (Arella, C.; Fernández Bessa, C.; Gemma N.; Vartabedian, J., 1993). Esta invisibilidad despoja de subjetividad y libertad a las mujeres. Se generan procesos de exclusión que es además sostenido por un sistema legal que no reglamenta claramente esta actividad. No es sancionado como delito pero tampoco las reconoce como sujetas de derecho, sino que son consideradas como personas que atentan contra el bien común y las buenas costumbres (según el Código de Faltas de Córdoba); dando lugar a numerosas violentaciones institucionales.

La esfera de la Inter-subjetividad: Algunas consideraciones acerca de los sentidos que las mujeres asociadas a AMMAR tienen sobre la prostitución de mujeres: Para comprender los contenidos polémicos y emancipados que dan sentido y emergen de la interacción entre estas mujeres, retomamos la conceptualización que hace Jodelet (2008) acerca de la esfera de la inter-subjetividad. La autora explica que esta esfera: remite a situaciones que, en un contexto determinado, contribuyen a establecer representaciones elaboradas en la interacción entre sujetos, especialmente las elaboraciones negociadas y producidas en común a través de la comunicación verbal directa. En estos espacios de interlocución, también se ha recurrido a un universo ya constituido, en el plano personal o social, de representaciones. Éstas intervienen como medios de comprensión y como instrumentos de interpretación y de construcción de significados compartidos en torno de un objeto de interés común o de acuerdo negociado. Un contexto histórico de vulnerabilización, con inseguridad, incertidumbre y sensaciones recurrentes de amenaza, temores ante las situaciones de hostigamiento y violencia diaria -acentuado por ser mujeres, pobres y prostitutas-, configura el marco de emergencia de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR), en Córdoba. En efecto, el objetivo puntual que persiguen desde sus comienzos está dirigido a denunciar el maltrato policial y las detenciones arbitrarias en comisarías. A medida que esta Organización se empieza a consolidar se amplían sus horizontes y objetivos de acción, siendo uno de sus principales focos la lucha a través del debate público por la consolidación de la figura de “trabajadoras sexuales”, en tanto las posiciona como sujetas de derechos. Según el análisis de las entrevistas y grupos focales mantenidos con algunas de las mujeres asociadas y no asociadas4, se dilucidó un cambio fundamental en la percepción que tienen las mujeres trabajadoras sexuales a partir de nuclearse en AMMAR. De este modo por ejemplo, se diferenciaba el trabajo realizado respecto a las formas arraigadas en el sentido común como actividad delictiva. Ello implicaba a su vez transformaciones en sus modos relacionales con los distintos actores que comparten su cotidianeidad: clientes, policías, familiares, e incluso con sus pares. A partir de estos cambios que se producen en los contenidos de la actividad trabajo en su relación con la organización, se posibilita la incorporación y transferencia de otros o nuevos aprendizajes sociales y perfilar otras construcciones identitarias.
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Desde el año 2000, la organización en Córdoba comienza a intervenir en las relaciones Policía Trabajadoras Sexuales, dado que una de las tareas principales es brindar información y realizar talleres acerca de sus Derechos como ciudadanas, ofreciéndoles además, un apoyo legal mediante abogados que atienden los casos de mujeres detenidas. En tal sentido expresan que lo más importante es el acompañamiento que realizan desde la organización en todo momento: la presencia de compañeras y personas con entidad jurídica en los lugares de detención ha dado lugar a transformaciones en dicha relación, aunque no excluye el riesgo. Así lo expresa una de estas mujeres: “Bueno pero a lo que llegamos con todas estas reuniones es que los de Protección, Seguridad, no salieron más, ¡no salió más! Hasta el día de hoy, no salió más, no se levantó más chicas. Levantan la CAP, a la seccional que pertenecen, pero son pocas ahora las detenciones. Son muy pocas ahora las detenciones. Eso es a lo que llegó, el logro de AMMAR, con tantos procesos, tanto de lucha, pelear…”. Sabiendo que desde los comienzos, la policía intentó intimar a las mujeres para que no participen en esta Organización, amenazando para impartirles miedo y que de esta manera no pudieran aunar fuerzas. Ante lo cual AMMAR ofrecía indicaciones y generaba protecciones mediante decisiones colectivas para evitar el daño contra la persecución ideológica y la manipulación: “Una vez fuimos a la 1ª y les decían: ‘Si nosotros…’, -porque les habían encontrado un teléfono y un folleto de la CTA-, “si nosotros encontramos ésto, y le encontramos preservativos”, nos querían dar más días. Que le iban a dar… Nos hacían tener miedo, que “ellos iban a las reuniones, que ellos iban a saber quién estaba en las reuniones”. Bueno, después fui amenazada yo viste, que me avisaran que los días que no se iban a comer las otras me los iba a comer yo”, expresaba una de estas mujeres durante las conversaciones mantenidas. En efecto, la policía utiliza con las mujeres trabajadoras sexuales una serie de presiones, extorsiones y manipulaciones (morales) para el control ideológico de la organización y del dominio que ésta pueda tener sobre las mujeres. Asimismo, desde la defensa del derecho a la salud y a una sexualidad sin riesgos AMMAR Córdoba comienza a relacionarse con otras entidades (nacionales e internacionales) conformando una amplia red de intercambio, a la cual acude en la actualidad cualquier trabajadora que lo necesite: AMMAR Nacional, Red TrabSex, Hospital Rawson y Municipalidad de la ciudad de Córdoba, y diversas organizaciones no gubernamentales. AMMAR está nucleada en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), funcionando en el edificio que ésta posee en Córdoba, y en la actualidad cuenta con 500 afiliadas, organizadas con una Comisión Directiva conformada por 6 integrantes, y la Asamblea. Además cuentan con el soporte técnico de una Trabajadora Social. La historia que ellas relatan del surgimiento de la organización en Córdoba comienza con investigaciones y charlas realizadas por Adoratrices y la Policía Juvenil, para indagar en relación con su actividad. Es justamente en una reunión de esas características, en el año 2000, que se encuentran con que también estaban presentes mujeres de AMMAR (Buenos Aires) que habían irrumpido en la misma con el objetivo de plantear otra visión del fenómeno de la prostitución, más ligado a los derechos que poseen las trabajadoras, en contraposición a la visión delictiva o de control que sostenían tanto la Iglesia como la Policía. A raíz de este encuentro las mujeres de Córdoba quedan en contacto con sus pares de Buenos Aires, que ya tenían experiencia en cuestiones ligadas a la organización, por lo que las mujeres cordobesas comenzaron a interesarse y sobre todo informarse acerca de sus derechos. Las primeras reuniones de este grupo de mujeres de AMMAR Córdoba, sin presencia ya de las mujeres de Buenos Aires, siguieron realizándose en la sede de las Adoratrices. Luego invitaron al secretario de la CTA, quien les ofreció que realicen sus reuniones en la sede del CISPREN (Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba.), propuesta que fue aceptada por las mujeres. Para luego comenzar a funcionar directamente en la sede de la CTA. Al principio recibían, desde AMMAR Nacional, preservativos y folletería, para distribuir entre las trabajadoras sexuales y tenían cierta dependencia organizativa. Luego de algún tiempo ya tendrían sus propias producciones y sus ejes particulares, como así también su desarrollo en distintas áreas, como es la creación de una escuela primaria para las mujeres trabajadoras sexuales, la realización de talleres de formación de promotoras en salud, el asesoramiento legal, la guardería, etc.

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En función de los objetivos de la organización, antes mencionados, distinguimos (a fines analíticos) tres áreas de trabajo: Salud, Educación y la Defensa de sus derechos. Como estrategias de construcción y funcionamiento de la organización, las actividades más destacadas que realizan son: • Con relación a la problemática de Salud, AMMAR organiza: talleres sobre prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), como así también sobre prevención de VIH, Sida, brindados por especialistas en la temática, que a su vez capacitan a muchas de las mujeres miembros de AMMAR, para que estas se transformen en facilitadoras para ampliar el radio de alcance, y así poder atender la preocupación. También se gestionan y organizan turnos en los Hospitales para controles varios, a los cuales pueden acudir gratuitamente las afiliadas presentando solo el carnet de AMMAR. Además desde la Organización se implementan campañas de vacunación gratuita, las cuales tienen gran alcance, ya que no solo las beneficiarias son las afiliadas, sino también sus familiares. Se distribuyen preservativos y folletería relacionada al tema de prevención, no sólo a las mujeres afiliadas, sino a toda trabajadora sexual que esté al alcance, incluso en las llamadas Casas de Trabajo, lo cual fue muy difícil de conseguir en su momento. • Con relación a la Educación, desde la Organización se creó una Escuela primaria (C.E.N.P.A.-AMMAR), que funciona en el local de CTA, donde participan en la actualidad 18 alumnos. Cabe destacar que no solo asisten afiliados a AMMAR, sino que también familiares y gente que no tiene acceso a otras escuelas. Se ha impulsado también la creación de talleres artesanales y de teatro. • En cuanto a la defensa y difusión de sus Derechos, se brindan talleres sobre Derechos Humanos, asesorando y defendiendo legalmente a las afiliadas ante casos de abuso policial y otros. En el marco de este contexto social y simbólico, emergen contenidos que desde la lucha reivindicatoria por los derechos y la intersubjetividad puesta en juego, dinamizan las representaciones sociales al explicitar, intercambiar y negociar la construcción del sentido común respecto a la actividad en el espacio público. Así lo ilustra la Secretaria General de AMMAR-Cba., María Eugenia Aravena en el libro “Diálogo: Prostitución y Trabajo Sexual” (2007): “…sentimos que éste es el trabajo que tenemos, y por el cual sostenemos a nuestras familias (…) desde la organización reivindicamos tener un sindicato, con el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo y poder acceder a los mismos derechos que tiene cualquier trabajador…”. Continúa más adelante: “…la mayor reivindicación que nosotras tenemos es que el Estado nos reconozca como trabajadoras sexuales (…) queremos tener los derechos que tiene cualquier trabajador (…) pensamos que todas las mujeres tenemos que tener los mismos derechos. Con respecto a la sexualidad, quería agregar, todas las personas trabajamos con nuestro cuerpo, con nuestro intelecto, con nuestras manos o con nuestros pies. El tabú es el sexo. El que no nos reconozcan como trabajadoras sexuales porque trabajamos con nuestros genitales, ese es el gran tabú, el gran prejuicio…”. Y es esta posición en el espacio público y la coexistencia de estos múltiples sentidos las que posibilitan que estos contenidos hegemónicos se vayan erosionando: “…también lo que hacemos en la organización es empoderarnos y hablar por nosotras mismas. Creo que esto no le gusta a mucha gente, que las putas tengamos voz propia y que digan: ésto es lo que queremos. (…) Nosotras conocíamos nuestros derechos pero no lo ejercíamos por el miedo (…) sacarse el miedo al uniforme no es poca cosa (…) pero todavía el miedo persiste. Son muchos años de golpes, de decirnos que no valíamos nada, que somos la peor mierda del tarro. Cuando a una le dicen tanto terminas convencida. Deconstruir todo esto no es poca cosa, hay que trabajar (…) y si una compañera se droga hay que escucharla y no juzgarla, no nos olvidemos que los ricos también se drogan. A la mujer rica también le pegan, pero no viene con los ojos morados. En las mujeres pobres se nota más la violencia. La droga atraviesa a todas las clases sociales porque también es un factor de dominación (…) en algunas cosas coincidimos, no queremos que ninguna chica esté en la esquina por necesidad, queremos que lo haga por decisión. Como también que no haya pobres, queremos distribución de la riqueza, eso es lo ideal” (Elena Reynaga, Secretaria General de AMMAR Nacional y Secretaria Regional de la Red Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras Sexuales).
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De este modo, la emergencia de estos contenidos representacionales que estos grupos minoritarios sostienen en sus luchas, polemizan la red simbólica del universo de significaciones instituidas sobre el ser mujer. Se deslegitiman los consensos sociales asumidos como naturales, redistribuyendo poderes. Y en este juego de negociaciones emergen las diversidades existentes en lo social y se hace posible la visibilización de las opresiones internalizadas e inscriptas en los cuerpos. Con los cuestionamientos al orden social se posibilita la deconstrucción de estas formas que esencializan la identidad de estas mujeres. Así continúa relatando la delegada de AMMAR Nacional, Elena Reynaga: “…una vez un periodista despectivamente me dijo: ‘qué hacen ustedes por la prostitución infantil’. ‘Por qué? Qué hacés vos?’ le contesté. ‘Yo no tengo la culpa que haya niños y niñas en la calle, por lo menos vos tenés un poder que yo no tengo, el poder de la comunicación, el poder de denunciar’. Pero parece ser que siempre nos adjudican culpas. La culpa es algo que nos identifica a las mujeres, no solamente la tenemos nosotras. Si un chico anda en la droga, la culpa es de la mamá porque no lo educó, siempre la culpa es de nosotras. A nosotras nos echaron más culpas, hablo de las culpas de las buenas y de las malas. Las malas somos nosotras, las “roba maridos”, y muchas más estupideces que nos dicen. Yo no me hago cargo, yo les cobro a los maridos de las otras, no se los robo…”. Y más adelante prosigue diciendo: “…En relación al trabajo sexual, quizás se cree que porque una trabaja en la calle no tiene valores, no tiene principios, por lo tanto nuestra familia es un desastre, para mi no es así. Los valores y principios los transmiten los padres. El hecho que yo me haya parado 27 años en una esquina no significa que los haya perdido.”

Reflexiones finales Recapitulando, los sentidos, lógicas, discursos, teorías y explicaciones analizadas remiten a contenidos hegemónicos de la representación social respecto a la prostitución de mujeres: las prostitutas son indignas, inmorales, locas, pervertidas, “marginadas en el amor”, delincuentes. Y, estas significaciones explicarán, a partir de un mecanismo de condensación que generaliza la naturaleza del fenómeno de la prostitución, su origen ya sea en una enfermedad psíquica, o porque hay demanda, o porque hay falencias en las familias (abandonos, abusos o malas educadoras), o porque hay “tolerancias” respecto a su ejercicio. Esta característica de universalización no sólo quita al fenómeno su complejidad, sino que además atribuye aislando y culpabilizando a la mujer que realiza esta actividad. En definitiva, los contenidos hegemónicos son mayoritariamente valoraciones negativas, que estigmatizan descalificando y sancionando moralmente esta práctica, encarnándose, limitando las capacidades de elección de estas mujeres, y oprimiendo su autonomía. Se las clausura, invisibiliza y por lo tanto se las niega como existentes sociales, despojándolas de derechos: Ridiculización, coacción moral, sospecha, la intimidación, la condenación de la sexualidad, la desvalorización cotidiana de la mujer como persona, de su personalidad y sus trazos psicológicos, de su cuerpo, de sus capacidades intelectuales, de su trabajo, de su valor moral. Esta circulación por lo social genera violencia moral (violencia psicológica), que en términos de Segato (2003:107-109): denomina el conjunto de mecanismos legitimados por la costumbre para garantizar el mantenimiento de los estatus relativos entre los términos de género. Estos mecanismos de preservación de sistemas de estatus operan también en el control de la permanencia de jerarquías en otros órdenes, como el racial, el étnico, el de clase, el regional y el nacional (…) La vulnerabilidad a la violencia moral y al maltrato psicológico por parte de los subordinados en un sistema de estatus… pasó a ser asociada con el menoscabo del ejercicio independiente de la voluntad y con la libertad de elección. Esta violencia psicológica es el mecanismo de control social y de reproducción de las desigualdades más efectivo, al configurar el horizonte constante de las escenas cotidianas de sociabilidad. Esta eficacia para el control de las categorías sociales subordinadas, es alcanzada por su sutileza, su carácter difuso y por sobre todo su omnipresencia. También constituye el método más eficiente en la subordinación en las relaciones de género.
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Los procesos de asociatividad e intersubjetividad por los cuales atraviesan estas mujeres nucleadas en AMMAR, favorecen la apropiación y construcción de las representaciones acerca del fenómeno de la prostitución al generar otros contenidos. Desde este punto de vista es que Jodelet (2998) distingue “las representaciones que el sujeto elabora activamente de las que el mismo integra pasivamente, en el marco de las rutinas de vida o bajo la presión de la tradición o de la influencia social”, posibilitando estados de resistencia y posicionamientos de mayor autonomía. Agrega la autora que: la participación en el mundo y en la intersubjetividad pasa por el cuerpo: no existe pensamiento desencarnado flotando en el aire. Esto nos lleva a integrar en el análisis de las representaciones los factores emocionales e identitarios, juntamente con las tomas de posición ligadas al lugar social (Doise, 1990), y las connotaciones que van a caracterizar, en función de la pertenencia social, la estructura de las representaciones (Abric, 1994). Es así que la participación en el espacio público y la articulación con otros sectores les ha permitido abrir visibilidad de sus derechos, que junto a la difusión de los mismos hacia sus pares, facilita el poder romper con la naturalización del abuso de autoridad y de otras violentaciones cotidianas. Lechner (1991) aporta una hipótesis interesante desde la perspectiva de Derechos Humanos, que nos permite comprender los sentidos de la construcción de la trama de la vida cotidiana en modelos de pensamiento y acción autoritarios. Asumir tal perspectiva analítica no es solamente sostener una denuncia de la violación de los derechos sino trabajar en la actitud política para la construcción del sentido de las acciones en sus contextos sociales, culturales y políticos. Al respecto, afirma Lechner (1991:90): “la cultura del miedo es no solo el producto del autoritarismo, sino simultáneamente la condición de su perpetuación”. Es en este sentido que entendemos que las mujeres, a partir de su historia de participación y lucha en la organización, problematizan la asignación e internalización de la categoría identitaria “delincuentes”, para posicionarse en la trama social desde la legitimidad que brinda el reconocerse como mujeres trabajadoras. Para finalizar el presente trabajo, queremos remarcar que el carácter abierto de la teoría de las representaciones sociales y los aportes de autores que la actualizan, nos permite complejizar el análisis de los procesos de objetivación y anclaje de categorías sociales y los procesos de construcción, mediación y transformación en torno al pensamiento del sentido común. Observando cómo esta circulación y comunicación en lo social colabora en la producción de identidades sociales.

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JODELET, D. (1991). Representaciones sociales: un área en expansión. En PÁEZ, D. y otros (eds.): Sida. Imagen y Prevención. Fundamentos: Caracas. ------------ (1984). La representación social: fenómenos, conceptos y teoría. En MOSCOVICI, S. (1984). Psicología Social II. Paidós: Buenos Aires. ------------ (2003). Apercu sur les méthodologies qualitatives. En S. MOSCOVICI y F. BUSCHINI (2003). Les méthodes des sciences humanines. PUF: París, Francia. Traducción: Ana María Correa. ------------ (2008). El movimiento de retorno al sujeto y el enfoque de las representaciones sociales. En: Cultura y representaciones sociales. Un espacio para el dialogo transdisciplinario. Revista electrónica de ciencias sociales. Año 3, número 5, septiembre de 2008. México, D.F. Disponible en: www.culturayrs.org.mx/revista/num5/jODELEt.html FERNÁNDEZ, A. M. (1994). La mujer de la Ilusión. Paidós: Bs. As. --------------------(1999). Cap. XVII: Las violencias cotidianas también son violencia política. En Instituciones Estalladas. Eudeba: Buenos Aires. --------------------(2006). Cap. XI: Lógicas colectivas de la multiplicidad: cuerpos, pasiones y políticas. En Política y Subjetividad: asambleas barriales y fábricas recuperadas. Tinta Limón: Buenos Aires. FERNÁNDEZ, A. M. y GIBERTI, E. (Comp.). (1988). La mujer y la violencia invisible. Editorial Sudamericana: Buenos Aires. LECHNER, Norbert. (1991). Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y política. Ed. Fondo de Cultura Económica: Chile. LUHMANN (1996). La modernidad contingente. En GIDDENS, BAUMAN, LUHMANN Y BECK (1996) Las consecuencias perversas de la modernidad. Ed. Anthorpos: Barcelona. MAFUD, Julio. (1986). Psicología de la viveza criolla. Ed. Distal: Buenos Aires. MARCHIORI, H. (1999). Introducción. Manual de Criminología. Marcos Lerner: Córdoba. SEGATO, Rita Laura. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Ed. Universidad Nacional de Quilmes: Buenos Aires. TOMASINI, M. (2008). Intersubjetividad y relaciones de género: procesos de interacción en la socialización temprana. Tesis Doctoral. Facultad de Psicología. Universidad Nacional Córdoba. Código de Faltas de la Provincia de Córdoba (2003). Ed. La Cañada: Córdoba. Código Penal de la República Argentina (2002). Ed. La Ley: Córdoba.

Notas Proyecto de Investigación: “Sentidos sobre el Trabajo y la Educación en poblaciones problemáticas: Estudio sobre Representaciones sociales y Subjetividad”. (2008). Dir.: Ana Correa. Co-Dir.: Alicia Acin. Secyt. UNC. 2 Fuentes del Cancionero Popular Revisadas: “Mujer de la noche” y “Mujeres de la noche”, autor: Carlos “La mona” Jiménez; “Tu reputación”, autor: Ricardo Arjona; “Roxanne”, autor: The pólice; “Mujer de la noche”, autor: Damián Córdoba; “Andrea”, autor: Los pibes chorros; “Un cuerpo sin alma”, autora: Dalila. Documentos de la Iglesia disponibles en: www.ideasrapidas.org/dignidad.htm; www.iglesia.org.; y www.zenit.org/article26934?l=spanish. Asimismo, se revisó el Código de Faltas de la Provincia de Córdoba y el Código Penal de la República Argentina. Y Marchiori, H. (1999). Introducción. Manual de Criminología. Córdoba: Marcos Lerner. 3 Reconstrucción de la conversación grupal con jóvenes, conformado por varones y mujeres, acerca de la prostitución. Día 16 de octubre de 2008. (Discusión grupal): Pregunta: ¿Qué opinión tienen acerca de la prostitución? Respuestas: -es una mierda, -es la opción más rápida y fácil para obtener dinero, -es un empleo, una actividad que se hace para obtener dinero… porque es una actividad terciaria, donde se prestan servicios (¿qué servicios? – el placer) -una humillación, no les queda otra, -son objeto sexual, son sometidas, violadas, -no, es una elección de vida… a veces si, a veces no, -son vagas y se van a lo fácil, por necesidad económica, 11
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-siempre va a haber alguien que pague, porque es una necesidad fisiológica, -se vende… -no, se alquila… te ofreces como cosa, como objeto, -está la prostituta, la puta fina, la dama de compañía… -el valor de las minas es diferente en relación a su clase social y a los usuarios, -la puta no cobra, la prostituta si, -la puta no tiene restricciones, es promiscua, se acuesta con muchos tipos, -la puta da amor por deporte, -la puta fina es como una dama de compañía, son minas que tienen departamentos… -no está bien visto (¿por qué?), porque es un tabú, va en contra de los roles de la mujer, porque tiene que estar en la casa y ser de un solo hombre, -pero es porque es una hipocresía porque vos para la sociedad tenés que ser una virgen, pero en la cama, una puta, Pregunta: ¿De dónde piensan vienen estas ideas? Respuestas: -de una creencia patriarcal, -viene de la religión, -estas mujeres no valoran el cuerpo, porque para la religión el cuerpo es sagrado, -uno elige el tipo de trabajo, para mí hay cuestiones psicológicas para caer en la prostitución, porque podrían trabajar de otra cosa, -es una forma de vida, unos lo pueden tomar como un trabajo y otros como un estilo de vida, hacerlo todo el día. 4 Dreizik, M. y Roveres, F. (2007). Trabajo Final de Licenciatura: Contenidos y significados respecto del presente y futuro de mujeres, nucleadas en AMMAR, en situación de trabajo sexual. Facultad de Psicología. Universidad Nacional Córdoba.

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