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J.C. Wilder - No Tientes Al Gato - Los Habitantes de Las Sombras III

El Club de las Excomulgadas

AAggrraaddeecciimmiieennttooss

AAll SSttaaffff EExxccoommuullggaaddoo:: NNeellllyy VVaanneessssaa ppoorr llaa TTrraadduucccciióónn,, AAlliiee ppoorr llaa CCoorrrreecccciióónn ddee llaa TTrraadduucccciióónn,, LLeelluullii yy MMaarrii ppoorr llaa CCoorrrreecccciióónn,, LLaaaavviicc ppoorr llaa DDiiaaggrraammaacciióónn yy CCaassssiiddyy ppoorr llaa LLeeccttuurraa FFiinnaall ddee eessttee LLiibbrroo ppaarraa EEll CClluubb DDee LLaass EExxccoommuullggaaddaass

AA llaass CChhiiccaass ddeell CClluubb ddee LLaass EExxccoommuullggaaddaass,, qquuee nnooss aaccoommppaaññaarroonn eenn ccaaddaa ccaappííttuulloo,, yy aa NNuueessttrraass LLeeccttoorraass qquuee nnooss aaccoommppaaññaarroonn yy nnooss aaccoommppaaññaann ssiieemmpprree AA TTooddaass

GGrraacciiaass!!!!!!

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J.C. Wilder - No Tientes Al Gato - Los Habitantes de Las Sombras III

El Club de las Excomulgadas

Argumento

Después de sobrevivir a un secuestro brutal, Erihn Spencer ha pasado los últimos dieciocho años viviendo en las sombras. Marcada tanto física como mentalmente, pasa sus días escribiendo novelas románticas que conciernen al tipo de relación que evita. Una noche antes de dirigirse a las montañas para comenzar su nueva novela, un extraño se acerca y sacude su mundo con un beso perfecto.

Un hombre que podría ser su salvador

Desde el momento en que Fayne la besa, el deseo de poseer a esa belleza tímida es irresistible. Lanzados juntos en una casa aislada en las montañas, está dividido entre su necesidad de ella y los secretos que están destinados a separarlos. Mientras Erihn lucha por liberarse de años de aislamiento autoimpuesto, descubre que es que ahora está atrapada por sus deseos, con su propia oscuridad.

Sus mundos chocan y viejos secretos llevan a un enemigo acérrimo a su puerta.

Advertencia: Este libro contiene were-gato, vampiros e inmortales, ¡por Dios! Junto con animales, tanto salvajes como domésticos, escalofriantes malos, salvaje sexo y abuso flagrante de hierba para gatos.

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El Club de las Excomulgadas

 
 

Capítulo Uno

Boulder, Colorado

¡Eres una mentirosa!

Erihn parpadeó ante la intrusión del tono estridente de Vivian. Levantó la vista del libro en su regazo a tiempo para ver a Jennifer negar con la cabeza oscura.

 

—Vivian, soy un verdadero fraude—Jennifer suspiró dramáticamente, mientras en las profundidades de sus ojos de color azul se reflejaba la diversión.

Vivian bufó:

 

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—Todas esas historias

—hizo un gesto con la mano doblada en dirección a

Erihn. —Pensé que ella era escritora de ficción. —luego señaló a Jennifer. —Tú eres periodista y tus historias deben estar basadas en hechos reales.

Fue periodista—Melanie levantó la copa de champagne al aire haciéndole señas a la camarera. —Renunció a su trabajo.

La frente perfecta de Vivian se arqueó.

¿En serio?

Jennifer asintió.

 

—Hace aproximadamente un mes. Decidí que era hora de un cambio.

—Oh, lo que haría por una vida de ocio—suspiró Melanie. —Nunca saldría de la cama, y contrataría una flota de hombres para atender mis necesidades.

¿Qué diría tu marido al respecto?—Vivian preguntó.

—Nada con cortesía, apostaría—sonrió Melanie.

—Eso fue algo rico proveniente de la pequeña Señorita Mi-última-película-que- recaudó setenta millones—dijo a Jennifer de regreso. — ¿Qué haces, trabajar sólo cuatro meses al año?

—Hago ejercicio todos los días para mantener esta figura—protestó Melanie. — ¡Es un trabajo duro!

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—Sí, con un entrenador personal, masajista, y un entorno lleno de asistentes,— Vivian bromeó. —Probablemente contratas a alguien para que te limpie el sudor.

Melanie miró a Vivian.

—Tú tienes a una asistente personal.

—Bueno, es tan difícil llegar a todas esas citas para el almuerzo, a los cocteles y a las citas secretas.

Jennifer le hizo un guiño a Erihn.

—Yo hago más que revolotear en torno a citas para comer y cocteles—Vivian frunció el ceño a Jennifer. —Hago cosas muy importantes en mi vida.

— ¿Cómo tus uñas?—Melanie rió.

—Creo que ustedes son parásitos, cada una de ustedes. —Erihn interrumpió con una sonrisa. —Yo soy la única aquí con un trabajo de verdad.

— ¿Escribir romance es un trabajo?—Vivian se echó a reír. — ¿No sólo te sientas y comes bombones todo el día mientras modelos de portada hacen cada una de tus órdenes?

—Tal vez tenga que añadir esa cláusula a mi contrato

Erihn resopló de risa.

—Melanie reflexionó.

—No, me siento inclinada sobre un ordenador durante horas hasta que me duele todo el cuerpo y me dan ganas de llorar. Tropiezo alrededor en una nube, porque los personajes están hablando en mi cabeza y no puedo concentrarme en

otra cosa. En cuanto a los bombones

tengo suerte de tener todo eso en la casa porque me olvido de ir a la tienda de comestibles. En las raras ocasiones cuando me las arreglo para salir por la puerta, por lo general me olvido de lo que fui a comprar.

—Ella sacudió la cabeza. —Hay días que

—Tú eres la que necesita a un asistente personal—dijo Jennifer.

—Nunca en la vida—declaro Erihn. — ¿Qué haría yo con un AP? Se aburrirían terriblemente con mi liso estilo de vida.

—Puedo darte algunas ideas

—Vivian arrastró las palabras.

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— ¡NO!—Las tres mujeres gritaron al unísono, provocando la mirada curiosa de los clientes de las mesas más cercanas.

—En realidad, —suspiró Vivian. Señaló con su dedo en dirección a Jennifer. — eso no te baja del gancho, jovencita. Mentirle a tus amigas y contar historias salvajes. —Negó con la cabeza de ébano. — ¿Es así como nos pagas los años de amistad eterna, las libras de chocolates suizos, y de escuchar tus dramas en el teléfono a las 03 a.m.?

—Nunca las he llamado a las 3 am—objetó Jennifer. —Esa es Melanie, no puede recordar en que horario de zona está.

Melanie asintió:

—Es verdad

Jennifer se apoyó en el brazo del sofá.

—No sabía cómo contarles sobre Mac—Se retorció fijando su mirada en la punta de sus sandalias. —Es complicado.

Melanie se inclinó y le dio unas palmaditas en la rodilla.

—Creo que es terriblemente romántica.

— ¿Ah, sí?—resopló Vivian haciendo ojos de disgusto.

Shai llegó y con energía cayó en el sofá entre Erihn y Jennifer.

— ¿A quién castigarán esta vez?—preguntó a Vivian.

—A Jennifer. Nos mintió acerca de sus amantes y al mismo tiempo estuvo languideciendo por un solo hombre.

Melanie se desmayó dramáticamente, agitando su mano frente a su cara como si estuviera sonrojada.

—Nunca vamos a ganar un Oscar con ese estilo de sobreactuación—Jennifer la fulminó con la mirada. —Prima Donna

—Domada—disparó Melanie de regreso.

—Creo que es romántico—interrumpió Erihn. —Y me alegro de que lo hubieras esperado.

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Vivian puso los ojos en blanco.

— ¿Qué tiene de romántico esperar a que un hombre venga y te aleje de todo

esto?—Ella agitó su mano vagamente para abarcar el interior de la cafetería. —Yo digo que hay que salir, agarrarlo rápido antes de que se seque y se marchite.

—Sabemos cómo se siente, Viv—Melanie se inclinó para recoger la botella de champán de la cubeta con hielo.

—Bueno, lo atrapé

al final de todos modos—contestó Jennifer con una

sonrisa secreta jugando a través de su boca.

—Diablos, lo hizo—se rió Shai.

Erihn se volvió para mirar a Shai con incredulidad. ¿Qué le había sucedido a su amiga tímida y retraída? Shai que vestía ropa holgada, agachaba la cabeza cuando alguien miraba en su dirección y ahora estaba vestida con un traje pegado al cuerpo color esmeralda de seda verde y una camisa de ébano puro con su normalmente rebelde pelo rojo atrapado en un moño complicado. Se veía elegante, sofisticada y segura. Ciertamente no se veía como el alhelí que había sido hace unos años.

—Has cambiado mucho, mi amiga.

— ¿Realmente?, ¿cómo es eso?—preguntó Shai, inclinándose para aceptar la botella de champán de Melanie.

—En la cena de cumpleaños hace unos años

—Erihn comenzó.

—Casi once años atrás—cantó Melanie.

— ¿Ha pasado tanto tiempo?—Jennifer negó con la cabeza oscura. —El tiempo

vuela.

—Me estoy volviendo vieja—suspiró con tristeza Vivian.

—Todavía te ves de 22—observó Jennifer.

—Oh, las maravillas de la cirugía plástica

—Melanie bromeó.

—No te has hecho ninguna cirugía plástica—negó Vivian en voz alta.

Erihn ignoraba las disputas que se formaban en la conversación de sus amigas favoritas.

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—Apenas podías mantener tu rubor cuando Vivian mencionaba la palabra sexo. —Ella sonrió a Erihn con cariño. —Pobre Shai la tímida.

 

Shai se rió y llenó el vaso vacío de Erihn hasta el tope.

 

—Diablos, era un pequeño ratón en ese entonces. —Sus ojos color verde brillaban intensamente. —Lo sé mejor ahora. —Le dio un cariñoso empuje a Erihn en el brazo. —Como si no lo supieras.

 

—Eso es tan cierto. —Vivian tomó la botella de Shai y llenó su vaso. —Creo que tenemos que hacer de Erihn nuestro siguiente pequeño proyecto. Mira qué bien resultó Shai. Sólo unos meses después de su cumpleaños, estaba con el hombre más rico de la ciudad y teniendo el mejor sexo de su vida.

Erihn negó.

 

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— ¡Oh, no no! Yo no quiero ser

 

—No fue difícil tener el mejor sexo de mi vida aunque era prácticamente virgen cuando me encontré con Val—Shai se echó a reír. —No tenía nada con que comparar.

Vivian le ofreció la botella a Jennifer.

 

—No hay más que echar un vistazo a Val para saber que es un supremo fo

 

— ¡Perfecto!—Melanie se inclinó para interceptar la botella. —Justo lo que necesitamos, un nuevo proyecto. Qué estupendo momento, ¡Ni siquiera estoy trabajando ahora mismo! Creo que tenemos que empezar con la ropa de Erihn.

Erihn frunció el ceño a Melanie.

 

— ¿Qué pasa con mi ropa?

 

Jennifer aceptó la botella de Melanie y sacudió la cabeza como si quisiera advertirle a Erihn que guardara silencio y lo hiciera con gracia.

—Si

tienes

que

preguntar

cuál

es

el

problema,

entonces

estás

mal,

mi

inconsciente-de-la-moda amiga.

 

Erihn agitó una mano al ceñido vestido rosa sin mangas de piel de Melanie y a sus zapatos a juego de tacón alto.

—No me puedo vestir así. Me vería tonta.

 
 

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—Podemos hacer algo divertido con tus cabellos. —Vivian se acercó y enganchó un mechón de pelo de Erihn, enrollándolo alrededor de su dedo. —Una sacudida tal vez.

Erihn miró a Vivian mientras jalaba su cabello lejos de las garras cuidadosas de su amiga.

—Creo que no—dijo.

— ¿Y si le cambiamos el color?—Melanie preguntó.

Erihn agarró su pelo con una mano. Bajó la mirada hacia el silencioso marrón, embotado por la tenue iluminación.

—De ninguna manera.

—No. —Jennifer sacudió la cabeza.

—Gracias, Jennifer—resopló Erihn. —Finalmente, la voz de la razón

—En capas, creo—reflexionó Jennifer.

— ¿¡¡¡¡¡Qué!!!!!?—Erihn chilló, atrayendo una mirada más curiosa. Se encogió

bajo su mirada, con la vergüenza calentando su piel. Odiaba llamar la atención sobre sí misma y trataba de evitar en la medida de lo posible. Sin embargo, cada vez

que sus amigas estaban involucradas, invariablemente causaban una escena, tarde o temprano. Suprimió un gemido.

Shai se rió y pasó un brazo alrededor de ella.

—Creo que estás perfecta tal y como estás—dijo con un abrazo. —Sin embargo, creo que un hombre estaría bien.

—Traidora—Erihn arrebató la copa de champán de la mesa baja delante de ella y le dio un saludable trago.

—No tienes idea de cómo podrías cambiar tu vida—le ofreció Melanie.

—Me gusta mi vida tal y como está, muchas gracias—Erihn negó. —Lo último que necesito es a un hombre alterándome.

—Si tuvieras un hombre en tu vida, podrías dejar de comprar todas las guías sexuales—señaló Vivian, aceptando la botella de champán de Jennifer.

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—Investigación—espetó Erihn.

—Sí, pero puedes probar con voluntario en el tema. —Jennifer sonrió.

—No necesito

Vivian inhaló, se inclinó para colmar el vaso de Erihn con la botella.

 

—Sí, lo necesitas. Confía en mí, cariño, no hay nada como un buen polvo para que tu cuerpo y mente estén de nuevo en funcionamiento.

Erihn blanqueó las palabras flagrantes de Vivian.

—No necesito un

un

eso—balbuceó.

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—Tienes miedo por lo que ese hombre te hizo—observó Melanie.

Erihn se tensó. Por supuesto que tenía miedo. Había buenas razones para estar aterrorizada por el sexo opuesto. Cuando había sido una adolescente, había sido secuestrada y retenida durante varios días por un loco brutal que la había utilizado de formas en que esas mujeres nunca podrían imaginar. ¿Quién no tendría miedo? El sexo opuesto nunca le había demostrado nada, sino dolor o brutalidad, o ¿debería ignorarlo por completo? Había aprendido bien sus lecciones; no iba a repetir el error del pasado.

Su mano temblaba mientras se llevaba el vaso a sus labios. Tomó un largo trago del líquido helado para darse tiempo de recoger sus errantes emociones.

—No tengo miedo—mintió. —Simplemente me gusta mi vida

—Tienes miedo, y está bien—interrumpió Jennifer. —Está bien tener miedo. Sólo tenemos que encontrar a un caballero agradable y refinado que te adore

—Aburrido—Vivian suspiró y Jennifer le lanzó una mirada oscura.

—Y que cuide de ti—Melanie levantó su copa en dirección a Erihn como si la saludara.

—Que te compre flores. —Shai sonrió.

—Que te compre joyas—agregó Vivian.

—Que te lleve a dar largos paseos románticos—suspiró Melanie. —Recuerdo los paseos románticos

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—Que sostenga tu mano bajo la lluvia—dijo Shai.

—Que te de besos largos, conmovedores que hagan que los dedos de tus pies se

—Jennifer levantó la mano a sus labios, con expresión soñadora.

doblen

—Y te folle hasta volarte la tapa de los sesos de vez en cuando—agregó Vivian secamente.

Erihn no pudo evitar la risa que se le escapó. Vivian tenía una mente de una sola pista, que estaba bien para ella.

Ella conseguía sus mejores materiales para sus novelas de fantasía de las conquistas de Vivian y de lo que le contaba. Los apetitos sexuales de Vivian eran legendarios entre las cinco amigas.

Shai la abrazó de nuevo.

—No te preocupes, cariño, lo tenemos todo bajo control y no te dolerá ni un poco.

—Si tienes suerte—susurró Vivian.

Shai puso los ojos en Vivian, luego se volvió hacia Erihn. Señaló el libro en el regazo de Erihn.

— ¿Cómo está tu regalo de cumpleaños?

Erihn puso su vaso en la mesa y frotó su mano sobre la unión del gastado cuero. Era una primera edición Cumbres Borrascosas de Emily Brönte. Nunca había imaginado tocar una copia, y mucho menos tener uno.

—Es encantador. No sé qué decir excepto que lo conservaré como a un tesoro por siempre.

—A Val le hizo gracia cuando lo encontró escondido en la parte de atrás de una polvorienta y pequeña librería de antigüedades en Hay-on-Wye, en Gales. En un estante del fondo detrás de una caja de jirones eróticos victorianos estaba esa pequeña joya. Estaba bastante sucia por el tiempo en que lo consiguió, y cuando entré en la habitación, él estaba sentado en el piso, sonriendo como un loco con ese libro en sus manos.

Erihn abrazó el libro contra su pecho, una pequeña emoción de posesión corrió a través de ella.

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—Tengo que llamarle y darle las gracias

—No es necesario. Estará aquí dentro de poco. —Jennifer tomó su copa de champán. —Él y Mac nos escoltarán a cenar esta noche.

— ¿Sólo ellos dos?—Melanie se echó a reír. — ¿Crees que podrán mantener el

ritmo?

Vivian le dirigió una sonrisa maliciosa a la rubia.

—No tengo ninguna duda de que podrán—Volvió la mirada hacia Erihn. —

Pero la pregunta es

allí y recitar un poema?—Ella asintió hacia el pequeño escenario al frente de la cafetería.

—Se inclinó, con los ojos brillantes de curiosidad. — ¿Vas a ir

Erihn miró al otro lado de la habitación llena de gente en el otro extremo. El Brew House era uno de los destinos más populares en Boulder. La mitad del edificio era un café, mientras la otra mitad una microcervecería. Bien vestidos, los clientes se sentaban en las mesas de la cafetería o se relajaban en grupos acogedores en los sofás y en los mullidos sillones. En el otro extremo se utilizaba un escenario para los artistas musicales o para las lecturas literarias, y el domingo por la noche era la noche del poeta aficionado.

Una variedad de luces de colores transformaban el escenario en un caleidoscopio de movimiento. Una pequeña mujer vestida con un arco iris de remolino de faldas estaba de pie en un foco estrecho de color blanco. La luz volvía su cabello rubio en blanco, dándole un aspecto angelical que contrastaba con la vibrante falda. Movía las caderas como si estuviera nadando.

—No así. —Erihn negó, disfrutando de la sensación de flotar causada por el champán. —Nunca así

—Ella está un poco

—Shai vaciló. — ¿Más allá del borde?

— ¡Poseidón—La mujer rubia gritó, con su cuerpo tenso como si hubiera sido

golpeado con una descarga de electricidad. Graciosamente, se dejó caer en el

escenario en un remolino de arco iris y lo golpeó con sus pulseras de plata.

Melanie se retorció en su silla para mirar hacia el escenario. Su expresión se volvió confundida.

— ¿Es eso lo que ellos llaman el arte de actuación?

—Demencia sería un mejor nombre—comentó Shai.

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La camarera apareció con otra botella de champán en un cubo de hielo de cristal. Como broche de oro, lo dejó sobre la mesa baja.

—Aquí está, señoritas, con las felicitaciones del señor del bar.

Erihn miró por encima de la cabeza de Melanie a la otra mitad de la sala. El amante de Shai, Val, se inclinaba contra la barra. Al captar su mirada, sonrió y levantó su mano en un saludo rápido. El calor floreció en su pecho al verlo mientras una sonrisa de respuesta curvaba sus labios. Val era un hombre maravilloso, aunque un poco intimidante para mirar. Con poco más de seis pies de altura, con contextura muscular, fácilmente evocaba las fantasías más oscuras de una mujer. Era increíblemente guapo con su cabello negro y ojos azul oscuro, casi abrumadores en su intensidad.

En un primer momento, se había sentido incómoda con su descarada

masculinidad, pero se había curado pronto de eso. Él era un buen amigo, y adoraba

a Shai hasta la distracción. Su dedicación a su mejor amiga recorría un largo camino en que se sintiera a gusto con él.

—Acabas de conseguir el amor ese hombre—anunció Vivian mientras ella saludaba en dirección a Val.

—No, querida, tengo que amar a ese hombre. Sólo se te permite babear desde lejos—bromeó Shai. —Si te acercas demasiado, te cortaré las garras.

Erihn miró a Shai justo a tiempo para ver la sonrisa provocativa de su amante. Esperaba que Shai nunca se diera cuenta de que había modelado a su último héroe libremente por Val. Estaría mortificada si alguna vez se daba cuenta, y nunca podría ver a ninguno de ellos a los ojos de nuevo. Erihn sonrió. Val era material perfecto de héroe.

—Entonces Erihn—Jennifer le sacó de su meditación. —Cuéntenos acerca de

tu última versión. ¿De dónde sacaste esa idea fascinante para tu héroe?—Sus ojos

brillaban con alegría no disimulada, mientras se inclinaba para liberar la nueva

botella de champán del hielo.

—Ohhh—dijo efusivamente Melanie. —Simplemente amé ese libro. Brand es de ensueño y tan caliente. Mi marido y yo tomamos turnos para leernos varios pasajes el uno al otro.

Las mejillas de Erihn se calentaron.

—No era consciente de que estaba escribiendo un manual de sexo, Melanie.

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—La página ciento setenta y uno fue algo para dejar salir vapor ronroneó.

—Melanie

— ¿Actúas esas escenas?—Vivian le preguntó. —Me das su nombre, me encantaría conocer al héroe de tu investigación.

Shai se rió y se estiró perezosamente.

—No he tenido tiempo de leer Amante de terciopelo todavía. Díganme de qué se trata.

—Bueno, en realidad, me vino la idea de un libro de la biblioteca de Val. Todas saben que hice algunas investigaciones a principios del año pasado, y estaba buscando alguna información específica. Iba a hacer una historia basada en un harén turco, cuando me encontré con un pequeño libro sobre metalurgia escondido detrás de algunos tomos polvorientos—Erihn negó. —No estaba segura de si debía utilizar el libro, pero Val dijo que todo lo de la biblioteca estaba disponible, así que lo leí. Era un diario de tipo ficticio y fue fascinante.

— ¿Un qué?—Shai frunció el ceño con confusión.

—Un tomo pequeño sobre una criatura de ficción, que fue escrito como si el autor hubiera sido la criatura. Como una especie de monólogo de la vida diaria e información sobre el linaje. La mayoría de los que he leído son como un estéreo de instrucciones; fuera de orden y confusos.

—No recuerdo haber visto nada parecido en la biblioteca. Por supuesto, hay miles de libros allí y no he pasado por todos ellos. —Shai frunció el ceño. — ¿Qué clase de criatura era la del libro?

—Es una criatura fabulosa—dijo Melanie.

Vivian asintió, agitando el vaso peligrosamente.

—Impresionante, de verdad.

—Tanta resistencia

—Muy inventivo

—Melanie suspiró.

—Vivian sonrió.

—Un were-gato—bromeó Jennifer.

Shai parpadeó. A pesar de que ocultó su sorpresa, Erihn alcanzó a ver su expresión atónita antes de que se apresurara a enmascararla.

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—Erihn comenzó.

—Un cambia formas gato

Shai hizo un gesto con la mano.

—Sé lo que es un cambia formas gato. Tu nuevo héroe: uno del que todo el mundo habla, ¿Es un cambia formas gato?

—Bueno, más o menos—comenzó Erihn.

—Más o menos nada—interrumpió Melanie. —Es el héroe para acaba con todos los héroes.

—Es bastante espectacular—asintió Jennifer.

— ¿Un cambia formas gato?—Shai la miraba horrorizada.

— ¿Cuál es el problema?—Erihn puso una mano en el brazo de su amiga. —Val dijo que estaba bien que usara cualquier cosa de la biblioteca.

—Estoy segura de que está bien. Estoy un poco asustada. No sabía que existía ese libro. —La expresión de Shai se volvió pensativa. —Así que, dime acerca de ese cambia formas gato.

—Bueno, normalmente aparece en forma humana, tan normal como tú y como yo pero a medida que se acerca la luna llena, pasa más tiempo en su forma felina.

poderes—Erihn hizo una

Captan la energía de esa forma y eso les da ciertos pausa, insegura de cómo proceder.

Los ojos de Jennifer brillaban con risa contenida.

—Esa es una forma inventiva de describirlo.

Vivian inclinó una mirada de reojo a Erihn, con una expresión alentadora.

—Adelante.

Erihn con furia dio una mirada caliente y luego miró a Vivian, incapaz de hablar. Una cosa era escribir acerca de El Acto, otra cosa era hablar en realidad de él en público, incluso si estaba con sus amigas más queridas.

—Melanie hizo una pausa, con la tensión creciendo

a medida que esperaba hasta que todas se inclinaron para recuperar la siguiente

palabra. —Bien dotados.

—Son

Cómo lo dirías

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—Y algo más—sopló Vivian.

 

¿Energéticos?—Shai le consultó.

—Como conejos—dijo Vivian haciéndose énfasis en la “c” mientras le daba a Shai una mirada de complicidad.

 
 

Silencio.

Erihn se retorció mientras Vivian y Melanie rompían en carcajadas. Jennifer le lanzó una mirada cálida.

 

—Es un buen libro, pequeño ratón. Para ser una fantasía.

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¿No crees que existan los cambia formas gatos?—Shai le dio a Jennifer una mirada arqueada, una sonrisa curvó sus carnosos labios.

—Cariño—rompió Vivian. —Si los cambia formas gatos existieran, yo sería la primera en saberlo.

Erihn sonrió.

—Muchacho, eso es verdad.

La mirada de Jennifer estaba cerrada en Shai. Una energía extraña pasó entre ellas como si estuvieran teniendo una conversación silenciosa.

—Claro que existen. —La expresión de Jennifer fue petulante. —Creo que veo uno en la barra ahora. —Asintió en dirección a Val.

Erihn frunció el ceño y miró a un hombre de pie, de espaldas a ellas, mientras hablaba con Val. Todas podían ver el cabello marrón recogido en una coleta corta con algo de plata brillando mientras él movía la cabeza. Era grande y amplio, eclipsando a Val unos pocos centímetros. Su ropa de color negro le daba un aspecto enorme.

Amenazador.

Indomable.

Frío, un escalofrío agitó en su piel mientras una leve sensación de presagio se cernía sobre el borde de su conciencia.

¿Estás bien?—Jennifer le tocó la rodilla para llamar su atención.

 

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—Estoy bien—susurró Erihn. Ella se aclaró la garganta. —Creo que necesito más champán.

Vivian se inclinó y tomó la botella.

—Estoy con ustedes hermanas.

Ella se movía como un gato, delicada, con sus pies apenas tocando el suelo.

Fayne se apoyó en la barra, con su pinta de cerveza escocesa olvidada a su lado. A través de la puerta de entrada de la porción del café del Brew House, la miró mientras ella tejía su camino alrededor de las mesas llenas con los clientes platicando. Ella se dirigía hacia el escenario en el otro extremo de la habitación.

Tenía el cabello largo y suelto, terminando justo debajo de su trasero. El color oscuro era anodino por la baja iluminación. Suelto, ocultaba su perfil cuando se detuvo para hablar con el locutor. Señalando al escenario, asintió, y Fayne alcanzó a ver el pálido óvalo de su cara y ojos oscuros.

Vestida con una falda larga de color tierra y una camisa envolvente color crema, era tan diametral frente a las otras mujeres en sus desnudos vestidos de verano como la tiza era al queso. Cubierta de de pies a cabeza con ropa modesta, envolvente y el pelo largo y desgreñado, se veía como si estuviera tratando de ocultar algo. O a alguien.

Era un enigma.

Fayne sonrió. Le encantaban los rompecabezas. La curiosidad casi había matado a ese gato una vez o dos, pero eso no le impedía su pasatiempo favorito. Los rompecabezas lo volvían loco y las mujeres eran su acertijo favorito. Se deleitaba con su feminidad, con su aroma y su sensualidad. Disfrutaba de los misterios ocultos de sus bien formadas extremidades y secretos ojos. Con una sobredosis en sus voces, se envolvía en su belleza mientras se regocijaba de su fuerza.

En resumen, amaba a las mujeres.

Sus ojos se estrecharon cuando la mujer subió al escenario. Llegó a ajustar el micrófono, con sus dedos delgados enroscados alrededor de la base mientras lo elevaba al nivel correcto. Se apartó el pelo hacia atrás con la mano izquierda, lo que le permitió una visión de su perfil. Cejas oscuras, un pómulo y una pequeña, hermosa nariz. Miró a su izquierda y sonrió a sus amigas mientras se empujaban

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para ver mejor desde sus posiciones en el sofá bajo y las sillas. Una tímida sonrisa curvó su boca mientras un rubor suave pasaba por su piel. Agachó la cabeza como avergonzada.

Algo oscuro se agitó en él, empujando suavemente la correa de su fuerza de voluntad. La luna estaba creciente y el impulso de su compañera se estaba intensificando. Habían pasado más de diez meses desde la última vez que se había acoplado y las exigencias al acercarse la luna llena estaban cobrándole un peaje a la paz de su mente.

Después de la debacle con el vampiro Mikhail durante el solsticio de invierno del año pasado, la vida de Fayne se había visto alterada por la inclusión inesperada de un niño mortal de seis años. Sonrió al pensar en su hijo, Max.

la

satisfacción física y su propia criatura estando cómoda, pero su hijo era definitivamente una de ellas. Max era lo primero para él. Punto. Fin de la historia.

Pocas

cosas

eran

más

importantes

para

un

cambia

formas

gato

que

Pero, mientras amaba mucho a Max, sacrificaba cualquier cosa por él, en las próximas semanas Fayne sería libre de hacer lo que quisiera. Max se iría con Bliss a América del Sur a una excavación arqueológica y tendría el momento de su vida.

Con Max bien cuidado, Fayne tenía otros asuntos urgentes que atender. Pasarían sólo unos pocos días más, hasta que la luna llena y el tiempo se acortara. Miró a las mujeres sentadas con Shai y Jennifer.

A la derecha de Shai estaba sentada una morena impresionante con uñas de color rojo. Sus ojos se estrecharon. Era preciosa, pero había algo frágil en ella. Frente a ella estaba Melanie Reynolds, la actriz de cine. Llevaba apenas un vestido de cuero de color rosa que estaba en serio peligro de salírsele. Demasiado exagerada y muy casada, dos cosas que él evitaba.

Tenía algo que decir acerca de la sutileza. Tal como había merodeado a través de los años, se dio cuenta de que Fayne apreciaba a la mujer sutil. A la mujer que secaba a la ligera su perfume de la parte trasera de sus rodillas en lugar de bañarse en él. A la mujer que vestía camisas de cuello alto y sostenes de encaje recatados en lugar de menos bragas en la entrepierna y ligueros. Prefería mucho más a las mujeres que no gritaban su feminidad tanto como la acentuaban.

Las mujeres que la mayoría de los hombres pasarían por alto lo intrigaban. Las tímidas, que no estaban en el centro del escenario. Las que veían hacia otro lado en lugar de devolverle la mirada con su valentía. Todas tenían sus historias que contar, su oscuridad y su luz.

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Él vivía para descubrir sus secretos.

Fayne le devolvió la mirada a la mujer en el escenario. Esta pequeña y preciosa reinita estaba subestimando su sexualidad como algo completamente consciente. Lo había enterrado bajo capas de ropa mal ajustada y pelo largo y pesado. Él podría cambiar todo eso. Podía hacerla más consciente de su sexualidad, de lo que había alguna vez ha soñado.

Miró de nuevo a la rubia y a su frágil amiga exagerada. No, el había encontrado a su compañera. Sonrió mientras volvía su atención hacia la mujer en el escenario. Ella funcionaría perfectamente.

Ya era hora de que el gato saliera de caza.

Erihn soltó al micrófono. La cantidad de champán que había bebido hacía que la habitación estuviera borrosa e indistinta. Parpadeó. Vivian estaba en lo cierto. Era mucho más fácil llegar hasta ahí cuando no podías ver a más de un pie delante de ti. Sonrió y agachó la cabeza para evitar un resoplido indigno de risa.

El locutor hablaba.

—El nombre de nuestra poeta que sigue es Erihn, y su poema se titula El Gato.

Corteses aplausos estallaron mientras las luces se apagaban, dejando como centro de atención un puntito de color violeta pálido. La única otra luz de la sala venía de las velas en las mesas y de la iluminación de la pista a lo largo de las paredes de viejo ladrillo.

A través de la puerta, podía ver en la sección de la barra del Brew House. Una

figura alta y amplia descansaba en la barra junto a Val. Alcanzó a ver los ojos

oscuros en un rostro fuerte, cincelado antes de que un grito la sobresaltara, arrancando su mirada.

—Vamos Erihn—gritó Vivian.

Las mejillas de Erihn se calentaron y miró al suelo del escenario, evitando las miradas curiosas de los habitantes de la barra. Tomó una respiración profunda para no perder el equilibrio, exhalando lentamente, luego comenzó.

Luna llena que te levantas, que me esfuerzo con mis oídos por oír, Sonidos que alimentan la creciente hambre de mi miedo. Imágenes que hacen crecer la previsión en mi cabeza.

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Ella movió su mirada del escenario a la planta principal mientras hablaba. Inexorablemente, comenzó a trazar un camino hacia arriba por el estrecho pasillo que conducía a la barra, deslizándose sobre los zapatos y tobillos de sus dueños.

A través de las sombras oscuras, los ojos buscan para ver,

Los signos de entidad mística de leyenda.

Un par de botas negras se movieron hacia el centro de la puerta, interrumpiendo su viaje. Poco a poco, su mirada viajó desde la punta de las botas, a los pantalones vaqueros ajustados negros que cubrían un par de muslos fuertes y con amor ahuecaban sus musculosos muslos.

Al salir de la bóveda del sueño del tiempo, Una figura impresionante, difícil para mí cordura.

Su mirada pasó por sus caderas estrechas de una manera consciente para evitar su marcha y los misterios contenidos allí. Él llevaba una camisa de seda de vestir negra y la única palabra que le vino a la mente fue, grande, mientras veía la amplitud de sus hombros y el enorme pecho.

Merodeando suavemente sobre sus pies de gato,

Una garganta fuerte, curtida y una mandíbula cuadrada, labios gruesos que parecían increíblemente suaves y nariz afilada. Altos pómulos le daban a su cara esculpida un aire aristocrático. Pero no fue su cara tanto como sus ojos lo que le llamó la atención.

Estaban a la sombra más exótica de violeta que había visto y estaban mirando directamente a ella.

Ojos brillantes con un color violeta de intenso calor.

La respiración de Erihn se quedó atrapada en su garganta lo que la obligó a detenerse. Desvió la mirada de los ojos hipnóticos hasta las rodillas de sus pantalones. Aturdida, con las palabras brotando de sus labios, como si alguien les hubiera hablado.

Noche de luz que brilla en un cielo negro de niebla, Emite una llamada que no puedo resistir. Un hormigueo lento, de la conciencia comienza en mi estómago. Sentimientos en lo profundo empiezan a tomar el control, Una esencia dormida de mi alma oculta.

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Los pantalones vaqueros comenzaron a moverse hacia el escenario. Movimientos lentos y elegantes como los de un felino grande, cada uno con paso deliberado y cauteloso. Erihn mantuvo su mirada a la altura de sus rodillas a medida que avanzaba hacia ella, con las palabras cayendo de sus labios entumecidos.

Mis pasos me arrastran desde mi santuario, Para cruzar las fronteras de la banalidad. En el dominio de tu guarida salvaje, Tiemblo por el peligro en el aire.

Las botas llegaron al borde del escenario, luego se detuvieron, elevándose, colocándose en el borde justo a la derecha del micrófono. Su conciencia se desplegó y se extendió a través de sus miembros, calentando su sangre. Ella se estremeció con el ataque.

Nuestras figuras se encuentran, con tu presencia al mando,

Una gran mano se movió a su línea de visión, llegando a la suya. Ella se quedó sin aliento.

Mientras dedos de seda toman mi mano.

Ella se aflojó el puño, abriéndolo para aceptar su toque.

Oigo mis latidos tronando en mis oídos, La culminación de toda una vida de miedos.

Fuertes dedos, ligeramente encallecidos se juntaron con sus manos mientras escalofríos agitaban su brazo, luego se expandieron a través de su cuerpo.

Mi cuerpo se siente como si el fuego, me llenara hasta la erupción con un extraño deseo.

Él saltó al escenario, sorprendiéndola. Su mirada pasó de las botas a su hermoso rostro con sus insondables ojos. Era mucho más alto que ella, sin embargo, curiosamente, no sentía miedo. Él la hipnotizaba con su mirada violeta mientras le pasaba un brazo alrededor de la cintura, acercándola a él. Fue intensamente consciente de su calor cuando su cuerpo lo rozó. Liberando su muñeca, se apoderó de la parte de atrás de su cuello, inclinando su cabeza para besarla.

Sus labios se encontraron con los míos y estoy perdida

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Con mis inhibiciones volando.

Su cabeza se inclinó.

No hay vuelta atrás, no daré marcha atrás,

Las semillas de la pasión han sido sembradas.

Sus labios se rozaron, con el más débil de los toques.

Mi ser gira, mi sangre se congela, agarrando mi mente.

Sus labios se tocaron otra vez, y la mano izquierda de Erihn se levantó por propia voluntad con los puños de seda de su camisa. Una protesta suave se le escapó mientras se alejaba, su mirada se fijó en sus labios.

Abres un lugar secreto que pensé que nunca iba a encontrar.

Ella soltó su camisa. Deslizando sus manos, dejándolas escapar a su cuello abierto y tomando con sus palmas todo el calor de su cuello. Suavemente, ella tiró de su boca hacia la suya.

Ahora el momento está a la mano y me entrego a esta necesidad

El calor pasó a través del cuerpo de ella mientras se levantaba a las puntas de sus pies, apretándose en su contra. Sus labios eran cálidos y suaves. Un suspiro se le escapó mientras él profundizaba el beso, con su lengua jugando en los labios de ella, persuadiéndola suavemente, luego exigiendo entrar. Sus labios se separaron y lo tomó con profundidad. El sabor de él, oscuramente erótico y pecador se disparó a través de ella. Un gemido se quedó atrapado en su garganta. Era la Eva para su Adán y ansió más de la fruta prohibida.

Estruendosos aplausos sorprendieron y sacaron a Erihn de la oscuridad sensual en que había entrado. Con un suspiro, rompió el beso, con su la mirada sorprendida reuniéndose con la caliente de él. Podía saborear su boca, sus labios, y su cuerpo clamaba por más.

—Erihn—gritó Vivian. — ¿Puedo tenerlo cuando hayas terminado?

Aturdida, Erihn se abrió paso fuera de sus brazos y se volvió para ver a sus amigas. Demasiado tarde se dio cuenta de su error. Una mano le soltó el cuello y le quitó el cabello de su mejilla. Un dedo trazó la cicatriz que salía de su cabello justo por encima de su oreja para recortar a lo largo de su mejilla hasta su mandíbula, y luego a lo largo de su mandíbula hasta la comisura de su boca.

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La firma de un loco.

Horrorizada, se sacudió de su tacto, con su aliento entrando agitado y superficial. Arriesgó una mirada al hermoso rostro del hombre que la había besado por completo. Ojos oscuros las miraban fijamente, con su expresión dura. Un gruñido bajo, casi salvaje sonó en sus labios perfectamente esculpidos.

Impresionada, bajó la vista y miró fijamente su garganta.

Un beso perfecto.

No podía mirarlo, no podía arriesgarse a encontrar repulsión y lástima en sus milagrosos ojos. El pánico se apoderó de ella, rompiendo su compostura. Se lanzó a la izquierda mientras el extraño llegaba a ella de nuevo y saltaba del escenario. Los susurros estallaron tras ella mientras corría por el pasillo y salía de la cafetería desesperada por escapar de su imperfección.

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Capítulo Dos

Avon, Colorado

—Entonces, ¿qué piensas de él?—Shai le preguntó.

Por el tono de voz, Erihn sabía que su amiga estaba sonriendo.

— ¿Quién?—Se pasó el teléfono a una posición más cómoda.

Shai resopló.

—Sabes muy bien de quién estoy hablando. Fayne, el pícaro buen mozo que te besó hasta dejarte sin zapatos anoche frente doscientos desconocidos.

—Estás exagerando.

— ¡No lo hago! Marchó directo ahí a la vista de todos en esa habitación y te tomó para reclamarte.

—Shai—chilló Erihn, con sus mejillas calientes de vergüenza. —No hizo nada

quedó atrapado en el

por el estilo. Creo que le gustó mi poema y sólo momento.

sólo

— ¡Ja! Estuvo más que atrapado en el momento, habrías sido bajada del escenario y te hubiera tomado en ese momento.

Ella se encogió de hombros mientras su cuerpo se calentaba con el recuerdo.

—Fue un poco intenso

—El amante de la discreción—Shai arrastró las palabras. —Has tenido suerte de escapar intacta, mi querida.

—Oh, por favor

—Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?

Erihn ahogó un suspiro de alivio por el cambio abrupto de tema.

—Bueno, voy a empezar a organizar mi investigación para mi siguiente libro.

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—No, no quise decir eso. —Shai la interrumpió. —Quiero decir, ¿qué vas a hacer respecto a Fayne?

Ella frunció el ceño.

— ¿De qué estás hablando? No tengo que hacer nada respecto a Fayne. No lo veré de nuevo.

— ¿Eso crees? Tengo la sensación de que podría hacer una aparición antes de lo que piensas. —Shai respondió con una voz cantarina.

Erihn jaló el teléfono lejos de su oreja y frunció el ceño antes de meterlo en su hombro de nuevo.

— ¿A dónde vas con esto? Ese amigo tuyo entró al Brew House y, por alguna

razón, posiblemente posesión demoníaca, se aventuró en una habitación llena de

gente y me besó. ¿Cuál es el gran problema?

—Suena como un deslizamiento de Fayne. Esto no es como él, para nada. Es

técnica. ¿Me está diciendo que el beso no fue gran

bien conocido por su

um

cosa?—Shai parecía dudosa.

—Es

está bien. —Erihn se retorció.

—No es suficiente, Erihn. Ten en cuenta que lo conozco. No bien, si te importa y mucho menos en el sentido bíblico, pero he escuchado muchas historias sobre él y la palabra bien nunca fue mencionada. Espectacular o estupendo está más en consonancia con sus habilidades particulares o al menos eso me han dicho.

—Bueno, tal vez era un poco mejor que bien

— ¿Cuánto mejor?—Shai se abalanzó.

Erihn negó, con una sonrisa curvando sus labios. Como una inquisidora, Shai era como un gato con el ratón. Sus víctimas o cedían o morían de agotamiento.

—Bueno, tal vez fue un poco mejor que sólo bien.

— ¡Estás tan desesperada!—Shai hizo una mueca de desagrado. —En una escala del uno al cinco, donde uno es ligeramente divertido por su técnica y cinco es querer tirarlo al piso y clavarlo, ¿dónde cae el beso de Fayne?

—No creo en besar y decir—respondió ella con recato.

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—No has sido debidamente besada antes. —La paciencia de Shai estaba llegando a su fin y daba voz a la tensión en su voz. —Ahora, ¡Suelta la sopa o iré a Avon y verteré champán en tu garganta hasta que lo admitas!

—Está bien, fue por lo menos un cuatro. —Agotada, Erihn se desplomó en el sofá.

— ¡Por fin!—Shai gritó y Erihn se estremeció, alejando el teléfono de su torturado tímpano. Con cautela, llevó el teléfono a su lugar.

— ¿Quieres callarte? ¡Val te escuchará!

—No tengo que gritar porque él está sentado aquí.

— ¿Qué?—Erihn se incorporó bruscamente, con la mortificación enviando

cintas de calor directamente a sus mejillas. — ¿No te atrevas a dejar que él sepa

—Dijo que besa como un bandido—Shai no estaba hablando en el receptor.

— ¡No!—Erihn gritó cuando oyó la risa gutural de Val. — ¡Caray, Shai!

—Ya se lo imagina. —Su voz sonaba petulante. —Supo que algo había pasando cuando saliste corriendo del Brew House de esa forma.

—Te voy a matar—Erihn se hundió en el sofá y gimió. —Nunca voy a poder mirar a Val a la cara de nuevo.

—Querida, no seas así—ronroneó Shai. —Val te adora y sólo quiere lo mejor para ti. Nunca pensaría en avergonzarte más por esto.

—A diferencia de algunas personas que conozco—se quejó Erihn.

—Te quiero, Erihn, y estoy encantada de que Fayne haya despertado a la mujer que dormía debajo de esa ropa horrible. Ahora, sólo tenemos que encontrar a un buen hombre que te entienda y te ame.

—Shai, nunca me dormí. —Erihn se lanzó a sus pies. —Estaba sólo

—Escondiéndote. Erihn, espera. Voy a espantar a Val de la sala para que podamos tener una charla franca de chicas. —Oyó a Shai alejarse del teléfono y decirle algo a Val. Retumbó una respuesta y luego, unos pocos segundos después, oyó el sonido de una puerta cerrándose.

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—Estoy de vuelta. Ahora bien, admítelo querida, te has estado escondido durante la mayor parte de los últimos dieciocho años.

—No entiendes. —Un dolor se retorció en el estómago de Erihn. Sus amigas no podían entender lo que era a estar a merced de un loco durante días y días. Mientras que el daño físico había sido insoportable, el daño mental que le había sido causado era mucho más devastador y difícil de curar.

—Tienes razón. No sé lo que es ser violada. Pero sé cómo es estar aterrorizada. También sé lo que es tratar de ocultarse del mundo. Llega un momento en que tienes que poner detrás la oscuridad y dar paso a la luz. Quiero que des un paso hacia la luz, cariño. Ha llegado el momento.

Las lágrimas picaron los ojos de Erihn.

—Hay quienes prefieren la oscuridad y yo soy una de ellas—dijo con rigidez. — No es necesario estar en la luz cuando estamos mejor adaptados a la oscuridad.

—Al demonio.

Ella apretó los labios para controlar su temblor, mientras las lágrimas se desbordaban. Se sentía como si estuviera tambaleándose al borde del precipicio con dos posibles destinos delante de ella. Uno era dar un paso atrás a la seguridad y a un terreno familiar, y el otro era dar un salto hacia lo desconocido y ver si podía volar. Mientras que una parte de ella quería dar un salto al abismo, una gran parte de su alma quería dar un paso atrás a la tierra firme y mantenerse allí, segura.

Cobarde.

— ¡Para nada! Eres la persona menos cobarde que conozco. —Erihn comenzó. Ni siquiera era consciente de que había hablado en voz alta. Se acercó al equipo de música, puso un CD en el reproductor y pulsó el botón de reproducción.

—Oh, Erihn, no tienes que saltar a nada—continuó Shai. —Quiero que pienses en eso. Piensa en tratar de salir con otras personas además de nosotras, tal vez en salir con un caballero muy agradable que entienda lo que has pasado. —Shai hizo una pausa, que suena un poco insegura. —Sólo quiero que seas feliz.

—Lo sé, Shai, lo sé. Pero quiero que sepas que soy feliz. —Erihn frunció el ceño cuando la apertura del Requiem de Mozart se vertió por los altavoces. Apretó el botón de de encendido para silenciar la melancólica música.

—Y sola—La interrumpió Shai. —Estás sola, incluso si no lo quieres admitir ante mí. Tú y yo lo sabemos.

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Erihn dio una risa débil.

— ¿Cómo puedo estar sola cuando mi cabeza está llena de extranjeros que claman para que yo escriba sus historias?

—Eso no es lo mismo y tú lo sabes. Necesitas interactuar con otras personas. Has estado sola demasiado tiempo. —Shai suspiró. —Erihn, sólo quiero que pienses en ampliar tus horizontes un poco. ¿Tal vez después de que termines este libro? Val y yo haremos una doble cita contigo o algo así.

Ella no pudo evitar la carcajada que escapó de sus labios. De alguna manera, no podía ver a Val sentado alrededor, hablando sobre chicos con un hombre reservado de cualquier tipo.

—No lo creo.

—Bueno, piénsalo. Conozco a un montón de hombres muy buenos

—Bueno, la conversación ha terminado. Lo último que necesito es una cita a ciegas—interrumpió Erihn. —En verdad, Shai, agradezco tu preocupación. No estoy segura de por qué un pequeño beso te llevó a esa tangente tuya.

—No fue el beso, Erihn, fue tu respuesta al mismo. Nunca habías respondido a un hombre como él—Shai señaló.

—Lo haces sonar como si manadas de hombres hubieran aparecido en mi puerta, y no es el caso en absoluto. No había tenido la oportunidad de salir. Sabes que he estado muy ocupada.

— ¿Durante los dieciocho años?

—Shai

—Nadie está tan ocupado.

— ¡Shai!

—Ni siquiera la Reina está tan ocupada

— ¡Shai!

—Por favor, sólo piensa en ello mientras estás trabajando con Jennifer.

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—Oh, mira, alguien llama a la puerta—Erihn mintió con frustración. —Creo que es el tipo de la pizza.

—Erihn, no hay ningún lugar de pizzas en el valle que entregue todo el camino hasta la montaña—murmuró Shai.

—Es un nuevo lugar—mintió Erihn rápidamente. —Me tengo que ir, ¡Te quiero!

Una mueca de dolor cuando oyó a Shai gruñir de desagradó, ella pulsó el botón de desconexión. Bendito silencio. Shai la regañaría después por haberle colgado de esa forma. Erihn suspiró mientras dejaba caer el teléfono en la base. Sentía como que habían pasado quince pesadas rondas en el teléfono.

Mental y físicamente agotada se acercó a las puertas francesas abriéndolas. El aire de la tarde todavía estaba caliente y el olor de los pinos y el ruido de las hojas de los álamos eran entrañables y familiares. Rodeada por exuberante vegetación y una vista que sorprendía a la imaginación, la bañera de hidromasaje le hacía señas. Un trino de anticipación la recorrió. Se subió a la terraza y al brillante sol de Colorado.

Recorrió los frondosos árboles y la densa maleza en busca de cualquier signo de movimiento.

No había vecinos por millas en los alrededores.

Estaba sola.

Realmente sola.

Sonriendo, Erihn se acercó a la bañera de hidromasaje y a su merienda, abandonados cuando el teléfono sonó. Una bandeja con una copa de vino y dos platos estaban envueltos en celofán en el borde de la bañera de hidromasaje. Un plato contenía cubitos de queso, trozos de salchichas, paté de aceitunas griegas mientras que el otro contenía una selección de pita en triángulos y galletas. Una botella de Chardonnay Kendall-Jackson estaba junto a la bandeja con la condensación formándose en la botella.

Mac, como el hombre querido que era, había dejado una nota de bienvenida en la nevera para invitarla a participar de la comida que había preparado para ella. La única parte confusa era que había dos de todo, dos filetes marinados con hierbas frescas, dos ensaladas preparadas y dos papas, lavadas y listas para hornear. ¿Tal vez había asumido que iba llevar a un amigo?

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Ese sería un excelente lugar para el encuentro con un amante. Una hermosa casa situada en las montañas.

No había vecinos en kilómetros para romper la soledad. Perfecta para dos amantes que querían tiempo lejos de todo el mundo.

Para ella, era el lugar perfecto para conseguir una escritura seria y buena. Su maletín, lleno de cuadernos y material de investigación, estaba a poca distancia de la bandeja. Ya era hora de ir a trabajar.

Miró el burbujeo del agua de vapor. Esa nueva diversión se había añadido desde la última vez había estado ahí y nunca había estado en una tina de agua caliente antes. Se arrimó y metió los dedos en el agua azul claro. El agua se envolvía alrededor de su mano como la caricia de un amante, con su piel suave y animándola a participar de su delicioso calor.

Mareada con anticipación, Erihn lanzó una mirada cautelosa alrededor de la terraza y al desierto circundante. Sin ver ningún movimiento, excepto la brisa de los árboles, se quitó su chaqueta y la puso sobre los hombros. Lanzando la prenda abultada a la silla más cercana, se desabrochó la camisa marfil de algodón. El sol calentaba su piel, casi en decadencia, mientras deslizaba la camisa de su cuerpo arrojándola sobre el suéter antes de llegar a la falda. Un botón y una cremallera más tarde salió de su ropa de mezclilla dejando que se deslizara en un montón en el suelo.

Vestida con ropa interior de algodón blanco y sujetador dio los pasos que conducían a la bañera de hidromasaje.

Dando una respiración profunda, ella la sostuvo mientras erguía los hombros y se quitaba la ropa interior. Desnuda y sintiéndose indefensa, trepó los pasos cortos hacia el cálido oasis. Exhaló con fuerza mientras el agua la rodeaba, dándole la bienvenida a las profundidades azules y cristalinas.

Se acomodó en el asiento más cercano a la bandeja con un gemido de placer. Volteándose, se sirvió una copa de vino de color dorado precioso brillando a la luz del sol. Levantando la copa en un brindis en silencio, tomó un sorbo del néctar. Eso era el paraíso. Sin lugar a dudas, lo primero que haría cuando llegara a casa sería comprar una tina de agua caliente. Tal vez podría meterlo en su pequeño porche si se deshacía de la parrilla y las descuidadas plantas.

El agua caliente seducía su piel desnuda como olas de seda con chorros moviéndose. Los únicos sonidos eran los pájaros y el susurro de las hojas, se apoyó en el respaldo para disfrutar de la vista.

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La casa de Jennifer estaba en lo alto de la Montaña Roja en el borde de un pico dentado. Su propiedad iba más allá de la terraza y del Valle Vail que estaba debajo. La diminuta cinta de la carretera interestatal 70 parecía insustancial desde esa distancia. El Rio del Águila pasaba por el valle como una cuerda íntima por un pequeño camino rural en su viaje desde el Río Colorado.

Nevados picos de las montañas se empujaban en el cielo azul cegador y ni una sola nube estaba a la vista. El verano en las Montañas Rocosas estaba tan cerca del cielo como uno podría estar aquí en la tierra.

Ella bostezó. Sumergirse en la tina caliente mientras veía la puesta de sol era sólo el boleto para su resaca. Eso era lo que le había pasado por haber bebido mucho champagne anoche. Esperaba que su nuevo amigo Kendall-Jackson se hiciera cargo del resto de su dolor de cabeza. De acuerdo con Vivian, la mejor cura para la resaca era tirar de los pelos del perro que te había mordido. Y si hubiera alguien que sabía una cura para la buena resaca, esa sería Vivian.

Erihn estaba más que lista para disfrutar de su mes de soledad antes de sumergirse en su nuevo libro, y había amado salir en su visita anual. Hacía varios años, Jennifer le había extendido una invitación abierta para utilizar la casa en cualquier momento que ella deseara. Ahora, se había convertido en una tradición, que con cada nuevo libro, ella iba mientras ponía sus pensamientos en orden.

Un mes de silencio era lo que necesitaba para organizar sus notas y la trama de su libro, y ese año no era diferente. Su última novela había sido publicada hacía casi dos meses, Amante de terciopelo todavía estaba en de la cima de las listas de ventas. Sus pequeños y amados cambia formas gatos eran un éxito.

¿Quién habría pensado que el mítico cambia formas gato, un hombre que se convertía en una pantera con la luna llena, atrapara los corazones y las fantasías de millones de lectores del romance?

Entonces, allí estaban sus tendencias nocturnas

Erihn se encogió al pensar en las escenas de amor llenando el vapor que había escrito. Las escenas gráficas la habían sorprendido incluso a ella. Amante de terciopelo era un cambio radical en su estilo habitual y sus lectores se lo estaban devorando.

La mayoría de ellos de todos modos.

Frunció el ceño. A alguien por ahí no le gustaban sus cambia formas gatos y no eran muy tímidos a la hora decírselo.

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Al principio las cartas habían sido inocuas al comentar su talento antes de sugerir que volviera a escribir acerca de sujetos normales. Pero, después de que saliera el comunicado de prensa informando que la secuela llamada Rapsodia de Terciopelo estaba cocinándose, las notas habían tomado un tono más siniestro. La última la acusaba de ser una pervertida y una pobre influencia moral sobre sus lectores.

 

En general, descartaba las cartas, después de todo no era como si el autor supiera donde vivía. Todas las cartas eran enviadas al correo de su editor y la información estaba en la parte posterior de sus libros.

Pero una mujer con su historia no podía ser demasiado cuidadosa.

 

Erihn frunció el ceño y se hundió más en el agua hasta llegar a su barbilla. No quería pensar en eso.

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Espontáneamente,

su

nombre

apareció

en

su

mente.

Richard

Michael

Chapman.

A pesar de la calidez del agua, se estremeció. La oscuridad le hizo señas en el borde de su conciencia y ella la rechazó. De ninguna manera iba a volver allí, ni ahora ni nunca. La vista era preciosa, el agua estaba caliente, el vino era fresco y era hora de concentrarse en otras cosas.

¿Tal vez debería permitirse pensar sobre las aventuras de anoche?

 

Espontáneamente, una sonrisa curvó sus labios. El color quemó sus mejillas

mientras visiones fragmentadas del hermoso Fayne bailaban por su cabeza. Había

sido

algo más. ¡Meow! Una risita se le escapó antes de que pudiera evitarlo.

Sorprendida, Erihn se sentó y se llevó una mano a su boca. ¡Mírala, actuando como una colegiala vertiginosa! Tenía treinta y seis años, era demasiado mayor para que un pícaro atractivo fijara su mente en fuga.

Nunca me había sucedido con ninguna otra persona.

 

La mano de ella cayó al agua con una bofetada. Eso era cierto. Cuando había sido secuestrada, había tenido unos diecisiete años, joven, muy joven y muy ocupada para salir en citas. Después de eso, nunca había querido a un hombre cerca de ella, no que hubiera salido corriendo. No con una cara como la suya.

Había estado oscuro en el club ayer por la noche

 

Pero él la había tocado y trazado su cicatriz con los dedos. Espontáneamente, levantó la mano para seguir el camino de la cicatriz en su mejilla.

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Tal vez no le importara.

Erihn frunció el ceño y forzó su mano en su cara. A los hombres le gustaba que las mujeres fueran bellas, ingeniosas, y seguras de su sexualidad. Ella no era ninguna de esas cosas, y tenía suficiente bagaje emocional como para cargar un vuelo 747.

Todavía puedes soñar.

Sí, todavía podía hacerlo y lo hacía bien. Podía soñar con que su vida se iba por la borda. Había momentos en que todo lo que tenía eran sus sueños secretos, los que nunca lanzaba la luz del día.

Tomó un pequeño sorbo de su vaso. Dejándolo de nuevo en el borde de la bañera, eligió un trozo de cheddar fuerte y se lo metió a la boca. Apoyándose en el borde, cerró los ojos mientras una deliciosa languidez se extendía a través de sus miembros.

Fantasías. Todo el mundo las tenía y, como escritora romántica, eran sus acciones en el mercado.

Anoche había sido sin duda una fantasía, si no se hubiera hecho realidad. Erihn sonrió. Alto, moreno y malvado así había sido. Y con un nombre como Fayne, tal vez eso se añadía a la atracción. ¿Qué significaría Fayne? Tendría que buscarlo. Con los ojos todavía cerrados, llegó a la bandeja y buscó otro trozo de queso.

Y ese beso.

Mordió el bocado y lo masticó cuidadosamente, con los dedos de sus pies doblándose con el recuerdo del abrazo.

Inmediatamente una imagen de Fayne apareció. Oscuro y delgado, con sus movimientos sensuales depredadores, mientras se había acercado a ella. Había algo salvaje, indómito a su alrededor que era indescriptible. Los hombres de la barra se habían desvanecido en la oscuridad ya que su atención había sido atraída a él, sólo por él. Sus ojos de color violeta

Ojos de color violeta.

Nunca había oído hablar de alguien con los ojos violeta excepto por Elizabeth Taylor. Eran fascinantes. Tal vez su nuevo héroe podría tener ojos color violeta, y besos que podrían derretir la mantequilla y la resistencia de la heroína. Un hombre como Fayne era alguien con quien la mayoría de las mujeres sólo podían soñar:

oscuro, depredador y peligroso. Las mujeres deberían caer sobre él.

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Desde luego, no necesitaría a una mujer con cicatrices

Los ojos de Erihn se abrieron con el pensamiento intruso. Vacilante, miró su cuerpo, pero el agua ocultaba las imperfecciones. Un uff de aire se escapó. Si nadie veía las marcas, entonces podría hacer caso omiso de ellas, al menos por un rato.

Hasta que se durmió.

Se sacudió los pensamientos perturbadores. En este momento, tenía que trabajar en su libro, en su héroe en particular. Se volvió y apoyó un brazo en el borde de la bañera mientras tomaba el maletín y su portátil del interior. Abriendo la plataforma, la colocó en el lado de la bañera, segura fuera del agua, y escribió la fecha en la página.

Hasta ahora, había muy poco material sobre ese héroe. Lo único que sabía era su nombre, Tuomas, y lo había mencionado varias veces en el primer libro. Nunca se le había ocurrido que los lectores se adhirieran a su nombre y querrían leer su historia.

—El héroe debe ser rubio—dijo Erihn en voz alta.

Una vez más, las imágenes de Fayne invadieron su mente, su sonrisa burlona, sus misteriosos ojos. Ella gimió y arrojó la pluma sobre el cuaderno.

—Vete—murmuró.

Agarrando el borde de la bañera, apoyó la barbilla en sus brazos. Levantándose sobre sus pies, flotó sobre su estómago, con los dedos de los pies rozando el otro lado de la bañera. El agua caliente acariciaba su piel con el íntimo toque de un amante. Con cautela, abrió las piernas sólo lo más mínimo, permitiendo que el agua tibia acariciara su sensible carne.

A pesar de la calidez del agua, sus pezones se perlaron. Abrió más las piernas, con el movimiento haciendo que el agua besara sus labios inferiores. Otro suave resoplido de aire se le escapó y se entregó a la fantasía de que lo llamaba por su nombre.

Fayne se situó en el borde de la tina de agua caliente, con una toalla de color crema envuelta alrededor de sus estrechas caderas. La vio, con su mirada quemando su piel. —He estado esperándote.

Sin palabras, Erihn le tendió la mano, haciéndose señas de unirse a ella en el agua. Se quedó paralizada mientras él lanzaba la toalla, dejándola caer inconscientemente detrás de él en los escalones. La luz del sol brillaba en la piel dorada de sus hombros. El pelo oscuro

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formaba una T en su pecho, cubriéndolo de pezón a pezón, y al final por su vientre plano a las partes que rodeaban a su virilidad.

¡Eieda!

Erihn parpadeó cuando él entró en el agua. Su mano le tomó la barbilla, forzando su mirada a la suya mientras la tomaba en sus brazos. —He esperado tanto tiempo—ronroneó.

Ella suspiró mientras sus brazos la rodeaban, apretándose contra el cuerpo masculino. La cabeza de él bajo con sus labios acariciando su hombro, enviando escalofríos de deseo a través de ella. Sus pies sostuvieron los de ella, con su excitación presionando contra su estómago mientras abría la boca, besando a lo largo de su clavícula.

Ella puso las manos en su espalda, disfrutando del calor y la fuerza de él. Un dolor floreció entre sus muslos mientras su boca rozaba su cuello, lo que obligó a su cabeza hacia atrás. Ella se movió sin descanso contra él, le dio besos en su garganta, con sus manos tomando su espalda, presionando su erección creciente.

Un gemido escapó cuando ella cedió a la tentación de su cálido cuerpo. Se apartó de la sinfonía que su boca estaba creando en su piel y se movió hasta que pudo llegar a él. Le pasó la lengua por el pezón y se quedó inmóvil debajo de su boca. Encantada con su respuesta, ella lo lamió de nuevo, esta vez capturando la tierna carne entre sus dientes y acariciándoselo con la lengua.

El aliento silbó entre sus dientes. La soltó, deslizando sus manos por sus brazos mientras la alejaba de él. A regañadientes, ella soltó el pezón de su carne con un pop suave. Ella lo miró a los ojos oscuros.

—Esto es para ti, ángel. —La levantó con facilidad y la depositó en el borde plano de la bañera. Apoyó las manos detrás de ella para que se inclinara hacia atrás, en ángulo lejos de él. Era mucho más alto que ella, pero no sintió miedo cuando sus manos acariciaron sus hombros, luego fueron hacia abajo entre sus pechos, dejando una estela de fuego a su paso. Acariciando un círculo cerrado alrededor de su ombligo, él bajó la cabeza para jugar con su lengua.

Él se hundió en el agua, separando sus piernas. Colocando besos juguetones en la parte interna de su muslo; Erihn se tensó mientras levantaba sus piernas para equilibrar sus hombros. Asustada, colocó las manos en su cabeza para detener su diabólico plan.

Sin embargo, él se apoderó de su mano. Poniéndole un beso húmedo en la palma de su mano, la soltó.

—No tengas miedo, ángel.

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Ella lanzó un suspiro tembloroso que retomó un viaje placentero. Su boca cubrió la suya y ella gritó, apoyándose en él. Cintas de placer se enrollaron debajo de su piel mientras el deseo atrapaba su sangre. Un gemido se escapó mientras ella se balanceaba sin poder hacer nada contra su lengua mágica. La luz del sol bailaba en contra de sus párpados mientras Fayne trabajaba su magia en su cuerpo. La lujuria de su espiral subió más y más alto, en carrera hacia el pico. El precipicio le hizo señas.

Él se detuvo.

Ella abrió los ojos mientras él se deslizaba entre sus muslos. Levantándose, sus anchos hombros bloquearon la luz del sol. Capturando la parte trasera de sus rodillas, la extendió lo suficiente amplio como para aceptar sus caderas.

Presionándola íntimamente en su contra, ella anheló su invasión. Ella llegó a él, con sus manos tomando sus hombros cuando capturó su barbilla, forzando su mirada a encontrarse con la suya.

Sus labios se movieron

—Cariño, estoy en casa.

Fayne parpadeó. En un minuto, la vista Erihn descansando en el jacuzzi la saludo, y un segundo más tarde, ella había desaparecido bajo el agua. Él dejó caer su bolso y se dirigió a la bañera. El agua clara reveló a una Erihn desnuda, conteniendo el aliento, de cuclillas en un rincón, con los brazos envueltos alrededor de ella para protegerse.

Él sonrió.

Ciertamente, no podía quedarse allí para siempre.

Se quitó la chaqueta de cuero y la arrojó sobre una silla para reunirse con la ropa de ella. También él podría sentirse en su casa mientras esperaba a que ella volviera a aparecer. Él levantó su copa de vino y bebió un sorbo, el vino se agrio en su lengua. Seleccionando un trozo de queso, lo mordió, disfrutando del perfecto y viejo cheddar. Él volvió a llenar su vaso, y luego se apoyó en el borde de la bañera a la espera de su reaparición.

No tuvo que esperar mucho tiempo.

Con un toque, la cabeza y los hombros salieron del agua. El cabello castaño grueso cayó en sus ojos dejándola cegada. Jadeó por aire mientras agarraba la fibra de vidrio de la cornisa. Fayne dejó su copa prestada en la bandeja y la agarró de las manos mojadas. Ella se quedó helada.

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Él aseguró la mano de ella en el borde antes de liberarla. Llegando más cerca él le quitó el cabello de la cara.

Unos horrorizados ojos marrones se le quedaron mirando.

— ¿Qué estás haciendo aquí?—balbuceó.

Él sonrió.

—Yo vivo aquí.

Erihn se apartó de la orilla y con un grito de asombro, perdió el precario equilibrio en la parte inferior de la bañera. Con un toque, ella se hundió de nuevo. Él se abalanzó sobre ella, golpeándose las rodillas contra la madera al lado de la tina con un sonido envolvente. Doblándose, se apoderó de un resbaloso brazo. Él la agarró del brazo y tiró de ella otra vez a la superficie, sosteniéndola contra su pecho. Unos dedos delgados se aferraron a él mientras ella se apoyaba tosiendo agua a través de su camisa. Hizo una mueca con la sensación de humedad que se esparció por su hombro.

—No creo que seas una muy buena sirena. —Comentó disfrutando de la sensación de la humedad caliente de su piel a través de su ropa. Ella podía usar ropa abultada, pero no había nada malo con su cuerpo. Pechos llenos se apretaban contra su pecho con sus pezones erectos, mientras que sus bien formadas y largas piernas colgaban en el agua. Él no podía ver el resto de ella.

Qué lástima.

Fayne respiró hondo, y luego se puso tenso. Podía oler su excitación. Caliente y líquida, el olor de la tibia mujer lo rodeó. Su cuerpo respondió, y sus vaqueros se pusieron incómodamente apretados mientras una tensión familiar lo invadía por debajo de la cintura.

Ella se empujó de su pecho, lo que lo obligó a liberarla. Casi sonrió cuando se deslizó en el agua, cruzando los brazos sobre su pecho y lo miró, pero él tuvo la sensación de que podría ser un gran error. Ella no tomaría a la ligera si se riera. Era realmente una masa deliciosa de contradicciones. Lo fascinaba.

—Tú no vives aquí—lo acusó ella. —Me has seguido.

Fayne negó.

—Me he estado alojando aquí de vez en cuando desde el pasado mes de diciembre. Obviamente, Jennifer no te lo dijo.

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—N, N-no—Ella se veía tan confundida y consternada que luchó con el impulso de tomarla en sus brazos. En cambio, metió las manos en los bolsillos de sus jeans, luego ahogó un gemido, mientras sus pantalones se apretaban en su ingle. Retiró sus manos y obligó a sus brazos a ir a los costados.

—Ella debe haberlo olvidado—dijo él.

— ¿Podrías darte la vuelta?—le soltó.

Ella tenía un aspecto tan miserable de pie tratando de cubrir cada centímetro de su piel rosada y deliciosa, que decidió que apiadarse. Se volvió y tomó el jersey de debajo de la pila de ropa en la silla detrás de él. Sin mirar atrás, le ofreció la prenda sobre su hombro, sonriendo cuando se la arrebató de la mano. Trató de ignorar el susurro de la ropa mientras ella se ponía el suéter, al mismo tiempo que murmuraba en voz baja.

—No puedo creer esto que estar mintiendo.

Cómo pudo Jennifer

estoy muy molesta

Él tiene

Fayne se acercó a la barandilla mientras la oía salpicar saliendo de la bañera. Se inclinó contra el riel, viendo la impresionante vista del valle a sus pies. Varios picos de montañas más allá, nubes se reunían. Oscuras y amenazantes, venía una tormenta, e iba a ser grande.

—No estoy mintiendo. Llama a Jennifer y pregúntale—dijo él suavemente.

Él se sorprendió cuando Erihn apareció a su lado. Su cabello cubría la mayor parte de su rostro, pero sus oscuros ojos estaban lanzándole dardos a través de los regueros de humedad. Tenía un maletín aferrado a su pecho.

Levantando la barbilla, ella lo miró fijamente.

—Creo que lo haré—anunció. Se dio la vuelta sobre un talón y él la miró ir hacia las puertas que conducían a la sala de estar. Su chaqueta de punto apenas cubría su trasero bien formado y él silbó con reconocimiento.

Ella se puso rígida, sus pasos se tambalearon. Cuadrando los hombros marchó a la casa, cerrando la puerta detrás.

Fayne se rió entre dientes mientras se daba la vuelta para mirar la tormenta que se avecinaba. Sea cuales fueran sus defectos físicos, tenía un buen par de piernas y un trasero para matar. Se acercó de nuevo a la bañera, tomando su prestada copa de vino y ofreció un saludo en silencio a la tormenta que se avecinaba.

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— ¿Qué quieres decir, con que él se quedará aquí?—Erihn luchó por evitar el pánico en su voz.

—Cariño, siento tanto no habértelo dicho. Simplemente se me olvidó. Con la empacada de última hora y todo lo demás, se me fue de la cabeza—dijo Jennifer. —Además, Fayne es inofensivo para la mayor parte

—Para la mayor parte—susurró Erihn. — ¿Cómo podría eso ayudarme a mí?— Agarró el teléfono mientras se ponía de puntillas en la ventana.

El dormitorio principal daba a la terraza y la a bañera caliente abandonada. A través de las persianas, vio a Fayne tendido en un sillón. Había huido con su bandeja de aperitivos y estaba haciendo constantes incursiones en su contenido. ¡Granuja! No sólo había invadido su santuario, sino que se había quedado con su comida también. Sin previo aviso él se sentó y se quitó la camisa.

La boca de ella se le secó. La piel dorada y dura sobre músculos onduló, oscurecida sólo por una fina capa de pelo en el pecho. Una estrecha línea de cabello oscuro se desvanecía en la parte superior de sus pantalones, como si se tratara de una ruta hacía su virilidad, perfectamente delineada en su estómago plano.

Largas y musculosas piernas estaban encerradas en pantalones desgastados y él se quitó los zapatos. Era la imagen de un hombre relajado, mucho más guapo de lo que sus fantasías le habían permitido. Alargó la mano hacia un bocado cuando Erihn vio su brazo derecho.

—Tiene un tatuaje—chilló ella.

Fayne levantó la mirada, con sus ojos de gato aburridos a los suyos.

Asustada ella se apartó de la ventana y casi dejó caer el teléfono.

— ¿Lo tiene?—Jennifer le estaba diciendo. — ¿Qué es? Mejor aún, ¿dónde está?

—Se ve como un anillo de espinas en su brazo—susurró Erihn.

—Qué aburrido. Habría esperado un lugar más interesante en Fayne—comentó Jennifer. —Me pregunto si tiene alguno más.

—No es divertido—susurró Erihn. Se acercó de puntillas a su maleta, que estaba abierta sobre la enorme cama.

— ¿Por qué estás susurrando?—Jennifer le preguntó.

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—No quiero que me escuche. —Comenzó a patear a través de la maraña de ropa enredada hasta que encontró sus pantalones de pants negros.

 

¿Dónde está?—Jennifer se echó a reír. — ¿En ese lado de la puerta?

—En la terraza—Erihn se apoyó el teléfono en el hombro y luchó con los desgastados pantalones de algodón.

 

—No puede escucharte desde la terraza.

—Claro que puede. —Erihn gruñó mientras se ponía los pantalones encima de su húmeda piel.

¿Qué estás haciendo?—Jennifer exigió.

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—Vistiéndome. Me voy—le espetó ella.

—Erihn, no hay que apresurarse—dijo Jennifer. —He conocido a Fayne durante muchos años

¿Cuántos?

—Cientos.

Erihn frunció el ceño:

—Muy divertido, Jennifer. Realmente no creo que esto sea un asunto de risa. Esta es tu casa y tienes el derecho de invitar a alguien que te gusta. Me hubiese gustado que me hubieras dicho que él estaría aquí. Podría haber hecho otro acuerdo. —Tomó una sudadera de color rosa con un estampado de Mickey Mouse en la parte delantera.

—Erihn, por favor, escúchame. Lo dijo muy en serio cuando te digo que estás perfectamente a salvo con Fayne. Nunca te lastimaría, o a ninguna mujer en cualquier caso—dijo Jennifer. —Te ruego que no lo hagas. Se quedará en la habitación del sótano. Aparte de tropezar el uno con el otro en la cocina, ni siquiera tendrás que verlo.

Erihn hizo una pausa, con la garganta llena de miedo y las palmas de las manos sele humedecieron. No podía enfrentarlo otra vez. Nunca podría dormir en una casa con un hombre suelto y mucho menos uno tan potente como Fayne.

Nada.

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—Lo siento, Jennifer,—su voz se quebró.

—Oh, Er

La comunicación se cortó.

Ella frunció el ceño y golpeó el botón de encendido, pero no se prendió. Dejando el teléfono, miró por la ventana. Su sol radiante se había ido, borrado por las nubes negras altas las cuales nunca había visto. Los relámpagos iluminaban el cielo oscureciéndolo mientras el viento empezaba a soplar.

—Nooo. —Erihn fue afuera a la diminuta terraza que se extendía desde la puerta corrediza del dormitorio. Nubes de tormenta estaban empezando su lento descenso hacia el valle en dirección a ellos.

— ¿No es genial?

Ella bajó la mirada para ver a Fayne en la barandilla y su hermoso pelo color jengibre era azotado por los vientos fríos que la tormenta generaba.

—Grandioso no es la palabra que usaría para describirla—dijo Erihn, con los labios entumecidos mientras la desesperación se apoderaba de ella.

Estaba atrapada. Hasta que esa tormenta terminara, no había forma de bajar de la montaña.

Edward pasó un helado dedo sobre el guión que fluía de la página. Sabía las palabras de memoria, sin embargo, dejó que su mirada viajara sobre el quid de la letra.

Erihn Spencer está en posesión de una copia del diario de Elsabeth, robada de mí hace más de dos siglos. No me importa cómo lo hagas, pero espero que me devuelvas lo que es legítimamente mío.

Por lo tanto, Erihn estaba en posesión del diario de la esposa de Mikhail, muy interesante. Sabía que Elsabeth había llegado a ser íntima de la pre-naturales antes de su prematura muerte y que había grabado todo en su diario. Descubierto años más tarde, se habían hecho copias del original en descomposición con la esperanza de obtener y utilizar la información en algún momento en el tiempo.

En su lugar, se habían ido perdiendo, robados del hogar ancestral de Mikhail. Ahora, cientos de años más tarde, uno había por fin aparecido.

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Las consecuencias inmediatas serían devastadores para Mikhail y para sus secuaces. El diario podría muy fácilmente contener información para derribarlos a todos ellos en su intento de derrocar al actual Consejo de Ancianos, al cuerpo gobernante del inframundo preternatural. Su mirada se movió hacia abajo a la página.

No dejes testigos

Eso era ciertamente fácil. Edward sonrió. Primero sin embargo, estaba el pequeño asunto de Fayne.

Edward tomó una fotografía que se encontraba cerca de la carta. Era una foto de una de las más preciosas posesiones de Edward.

Max.

Los ojos de Edward se entrecerraron mientras examinaba la foto de Fayne persiguiendo a Max mientras jugaban fútbol. Max era suyo, y le pertenecía a él, no a esa criatura-were. En poco tiempo, reclamaría su propiedad.

Edward dejó caer la foto en la carta, y luego extendió la mano, arrancando una rosa de un vistoso arreglo sobre la mesa. Pasó la flor roja sobre sus labios, disfrutando de la sensación de los sedosos pétalos sobre su piel fría. El aroma de las rosas jugó en sus fosas nasales.

Alejó la flor a una pulgada de sus labios y sopló suavemente. Un aliento helado salió sus labios y se enroscó en torno a la rosa. En cuestión de segundos, estaba congelada. Edward admiró su obra antes de machacar la flor en sus manos. Fragmentos irregulares de pétalos rotos cayeron sobre la fotografía hasta que la imagen de Fayne fue eliminada.

Sus labios se movieron pero no ningún sonido se emitió.

Que así fuera.

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Capítulo Tres

La tormenta golpeó con fuerza.

Erihn se apresuró a cerrar la puerta corrediza del dormitorio, la lluvia fría picó en sus brazos. Captó una visión de Fayne luchando con la cubierta del jacuzzi. El viento pegó contra él cuando trató de cerrar la tapa poniéndola en su lugar. Trabando la cerradura de la puerta, salió corriendo de la habitación y bajó las escaleras. Las ventanas estaban envueltas en un velo de fuertes lluvias torrenciales mientras los vientos se estrellaban contra la casa.

Ella se deslizó sobre las baldosas brillantes del vestíbulo mientras daba la vuelta alrededor del poste y salía corriendo por el pasillo a la hundida sala de estar, en dirección a las puertas francesas y más allá de la terraza. Las puertas se movían con la brisa y, junto a ellas, estaban las ropas quitadas que Fayne debió haber arrojado. El viento la dejó sin aliento cuando se subió a la vorágine.

— ¿Qué diablos estás haciendo aquí?—le gritó Fayne.

—Ayudándote—gritó de nuevo.

Con la lluvia rozándola, llegó a la tina de agua caliente y agarró el borde de la cubierta acolchada. Juntos, la deslizaron en su lugar, y después la aseguraron.

—Entra a la casa. Tengo que bajar el paraguas. —Él señaló al paraguas de la mesa de picnic que estaba a punto de caer sobre el borde de la terraza. Erihn asintió. La terraza estaba fría debajo de sus pies descalzos mientras se dirigía a la barandilla. La gloriosa vista del Valle Vail estaba oculta por una pesada cortina de nubes y lluvia. El murmullo de los ríos y de las carreteras serpenteando estaba oculto, dejando la casa a solas con la tormenta. Ella se agarró del pasamanos, con una fuerte ráfaga de viento golpeándola. Tiraba de su ropa y revolvía su pelo en su rostro.

La alegría burbujeó en la garganta de ella mientras la furia de la tormenta se desataba a su alrededor. Truenos volaban y sintió su poder invadir su alma. Moviendo su cabeza hacia atrás, se echó a reír, mientras la lluvia golpeaba arriba de su cara.

Embelesada.

Cuando niña, había amado correr en las tormentas. Muchas veces, su madre había ido tras ella y la había jalado hacia el interior. Correr bajo la lluvia

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simplemente no se había hecho para su familia. Los Spencer eran rígidos en sus comportamientos sociales, correr y reír en la lluvia no era parte de su maquillaje.

Su madre había trabajado duro para quitarle a Erihn su vergonzosa vena salvaje.

Su madre no lo había logrado totalmente.

Erihn soltó la barandilla y se sujetó los brazos como para abrazar la tormenta. El viento azotaba su ropa empapada y la alegría cantaba, aunque por sus venas. Era una con la furia de la naturaleza y por primera vez en muchos años, dejó que la tormenta tomara el control.

Casi había olvidado la alegría de recibir la absolución de las fuerzas de la naturaleza. Qué triste que hubiera olvidado algo tan importante en la vida.

— ¿Estás loca?—Rudas manos la agarraron y ella chilló mientras el brazo de Fayne le rodeaba la cintura.

Él abrazó su cuerpo y la apartó de la barandilla hacia la puerta. Fueron por un camino tortuoso a través de la terraza y ella hizo el viaje sin incidentes hasta llegar a la puerta.

Los dedos de sus pies estaban entumecidos por el frío, por lo que la estrellaron contra la jamba de la puerta, sacándola fuera de balance. Dio un chillido cuando Fayne y ella cayeron por la puerta. Rápido como un gato, él cambió de posición por lo que ella terminó en la parte superior y él se llevó la peor parte de la caída. Erihn aterrizó en el pecho de él con un silbido y con su codo hundiéndose en su estómago.

El viento azotó la sala de la puerta abierta, pero Erihn que no hizo caso, con toda su intención sobre el hombre debajo de ella. Se desenredó del nudo, quedando en la parte superior de su pecho. Su brazo estaba torcido entre ellos, lo que dificultaba sus movimientos.

—Lo siento—murmuró ella tratando de levantarse. Sus manos la sujetaron por los hombros, deteniendo su huida.

Sorprendida miró sus ojos oscuros.

Estaba furioso.

— ¿Qué diablos estabas pensando?—gruñó él.

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—N-n-nada. Yo estaba disfrutando de la tormenta.

—Disfrutando de la ceño.

—Él mordió con el resto de su condena frunciéndole el

Oh, esa boca. Ella se estremeció mientras su mirada caía a sus labios.

Anhelando levantarse de su pecho mientras lo miraba tirado debajo de ella, un chorro de agua cayó sobre la alfombra de su ropa mojada. Quería probarlo, sólo una pequeña probadita

Erihn se apoyó en él, con su pelo cayendo en sus hombros y rodeándolos en una cortina empapada. Rozó sus labios contra los suyos.

Una vez.

Dos veces.

Un gruñido bajo sonó en el pecho de él apretando su agarre en sus hombros. Asustada ella se retiró alejándose.

¿Qué había hecho? Horrorizada, fijó su mirada en su barbilla. No podía mirarlo a los ojos.

—Yo-yo-lo siento.

Él le soltó los hombros. Suavemente acarició con sus manos sus brazos, y luego de nuevo antes de pasar a su espalda. La acarició, pasando de largo en una barrera sensual que hizo que ella apretara los dedos de los pies. Quiso ronronear bajo su agradable toque.

Ella se arriesgó a mirar su cara.

La expresión de él era caliente.

—Yo no me arrepiento en absoluto.

Sin previo aviso, la agarró por los brazos y tiró de ella hacia él hasta que sus labios estuvieron una vez más a la altura de su boca. Su aliento se mezcló con el de ella, acariciando su piel y jugando con sus sentidos. Sus ojos brillaban con un fuego interior, mientras sujetaban sus bocas. Ella se lamió los labios nerviosamente.

—Creo que voy a tener que mostrarte cómo se hace—ronroneó.

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Cálida y exigente, su boca cubrió la de ella, su lengua lamió la comisura de sus labios, exigiendo entrar. Un gemido nació cuando ella abrió su boca y su lengua se aventuró a enredarse con la suya.

Su gusto, a vino blanco y a hombre caliente, inflamó sus sentidos. Lamiéndola y retirándose, él jugó con sus sentidos hasta que ella se aferró a él, deseando más de su magia.

Cesando de moverse, ella trató de acercarse para calmar el dolor centrado en baja en su estómago. Su lengua se enredaba con la de ella y ella lo capturaba entre los dientes chupándolo suavemente. Él se puso tenso, con algo parecido a un ronroneo escapando de su pecho. Las vibraciones que eso produjo dieron un estremecimiento perverso de placer a través de ella.

Si este éxtasis estaba mal, ella nunca quería estar en lo correcto de nuevo.

Un

fuerte

chasquido

de

trueno

sacudió

la

casa

y

los

hizo

separarse.

Con ojos soñadores, Erihn miró al hombre debajo de ella. Su mirada oscura

quemaba su piel, sus labios se abrían mientras jadeaba por respirar.

—Nos mojaremos. —La voz de él sonaba ronca y áspera.

—Yo ya lo estoy—suspiró. Ella quería más de sus besos, más de lo que él estaba dispuesto a dar.

Él se echó a reír.

Erihn se congeló. ¿Qué había dicho? Mientras la implicación de sus palabras la golpeaban, la mortificación se envió a través de ella como una jarra de agua helada. ¿Cómo podía ser tan descarada con cualquier hombre, por no hablar de un completo extraño?

Avergonzada, Erihn se revolvió contra él y se tambaleó sobre sus pies. ¿Qué debía pensar de ella? Hacía unos minutos, no quería tener nada que ver con él y al día siguiente le caía encima como una hambrienta ninfómana de sexo.

—Lo siento mucho. —Se reunió con su mirada de frente y luchó por tener un tono tranquilo. —No debería haber hecho eso.

Él rodó a sus pies, con movimientos flexibles y elegantes. La empaló con su mirada y su corazón dio un tirón un poco raro.

—No hay nada que lamentar, Erihn. Quería besarte tanto como tú deseabas que lo hiciera.

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Apartó la mirada de sus inquietantes ojos, con su mirada moviéndose a la protuberancia en sus pantalones vaqueros. Él estaba excitado, muy excitado. Ella bajó la mirada para ver sus rodillas. Sus rodillas eran bastante inofensivas, ¿no?

—No puedo ocultar lo que me haces, Erihn. Tampoco quiero ocultarlo.

Ella empezó a temblar, y se apartó de él hacia la escalera.

—Esto nunca va a pasar otra vez.

—No hagas declaraciones imprudentes que no serás capaz de cumplir, gatita. Únicamente te avergonzarás más tarde.

Erihn lo miró fijamente a los ojos.

—Yo no hago declaraciones vacías—balbuceó ella mientras sus temblores comenzaban en serio. Su ropa fría y mojada minaba el calor de su cuerpo. Estaba helada.

—Sube las escaleras y cámbiate antes de que te mueras de frío. Podemos hablar después de haber entrado en calor.

Entumecida, sopesó sus opciones. Podría tomar el camino más fácil y escapar ahora, o podría obligarlo a hablar con ella y hacerle entender que lo que había ocurrido en el piso de la sala no volvería a suceder.

Optó por la opción más fácil, la primera. Sin perder tiempo se dio la vuelta y escapó por las escaleras al pasillo. Mientras se movía de su vista, echó a correr. El hambre finalmente la había llevado a su guarida.

Con cautela, Erihn abrió la puerta del dormitorio. El tic-tac del reloj del abuelo era el único sonido en el silencio opresivo. ¿Dónde estaría? ¿Habría bajado para irse a la cama? Las palmas de sus manos estaban húmedas con la transpiración en el momento en que entró en el santuario de su dormitorio. El débil olor de popurrí se levantó y el humo de leña jugó con su nariz.

Ella se detuvo en la parte superior de los escalones con el silencio asfixiante de la llamada de la casa en sus oídos.

Arrastrándose por las escaleras, la barandilla se sintió fresca bajo sus dedos, se movió con cautela, lista para volver arriba ante cualquier señal de Fayne. El crepitar de un fuego tenue llegó a sus oídos. ¿Estaría en la sala?

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Un sonido enorme de trueno la sobresaltó e hizo temblar la casa. Las luces parpadearon, una, dos, luego se apagaron.

Erihn agarró la barandilla y se quedó inmóvil, mientras la casa se quedaba a oscuras. El pánico se estrelló contra su pecho, robándole la respiración mientras la opresiva oscuridad caía alrededor de ella como un manto de lana. Su corazón latía con fuerza, con el sonido llenando sus oídos mientras un grito se encerraba en el fondo de su garganta. Sus rodillas cedieron en el camino y se agarró al eje de la barandilla, mientras se dejaba caer de las escaleras.

No lo podía soportar. Odiaba la oscuridad. Abrió sus ojos tensos y estalló sudando.

Trató de recordar lo que su terapeuta le había dicho que hiciera cuando se enfrentara a un ataque de pánico.

Respirar.

Manteniendo los ojos cerrados, se obligó a sentarse recta y relajar su control sobre la barandilla.

Inhalar por la nariz.

Exhalar por la boca.

Inhala

Exhala

Inhala

Pasos suaves sonaron en el pasillo de abajo. Ella se quedó sin aliento con un suspiro ahogado en su garganta congelada.

El susurro de ropa, el ruido metálico de metal contra el suelo llegó a sus oídos. Ella abrió los ojos. No podía ver nada delante, entonces se deslizó en el borde de la conciencia y luego se quedó inmóvil, esperando.

Una maldición suave, el ruido de llaves y el sonido de pasos avanzando hacia la escalera tensaron sus músculos. Iba a venir por ella. Un gemido escapó de su garganta helada y él detuvo sus pasos.

Silencio.

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— ¿Erihn?

No, no otra vez su mente gritaba. Deseaba huir por las escaleras, pero sus músculos permanecían congelados en su lugar.

—Erihn, ¿estás bien?

Con el crujido leve elevándose, el pasado chocó con el presente.

Ya sabes lo que me enoja cuando te intentas ocultar, perra.

Erihn se agachó en la parte superior de la escalera de madera. La puerta vieja deformada contra su espalda estaba clavada y cerrada desde el exterior. ¿Cuánto tiempo había estado encarcelada ahí en la oscuridad? ¿Unos pocos días? ¿Una semana? No tenía ni idea. Lo único que sabía era que tenía sólo una oportunidad de escapar.

Ella apretó el robusto clavo que había conseguido quitar de la madera de los podridos escalones. Recubierta en la sangre de su mano lastimada, el metal estaba resbaladizo y no quería tener la posibilidad de perderse en la cegadora oscuridad.

Debilitada por la falta de comida, lo tomó por sorpresa en el único camino posible para recuperar su libertad. Esa podría ser su última oportunidad.

Un gruñido sordo sonó entonces mientras su captor buscaba los límites de la antigua bodega donde la había encarcelado. La suerte estuvo con ella cuando apenas había logrado arreglárselas con la linterna en sus manos, rompiéndola. El suelo estaba húmedo y desigual en algunos puntos, por lo que era peligroso caminar en la oscuridad. Sonrió con amargura. Había tenido mucho tiempo para explorar su prisión con sus manos y rodillas, y conocía cada pulgada de memoria.

Un ruido le dijo que estaba a punto de llegar a la esquina de la bodega. Se movió un poco, con sus manos abiertas a una distancia exacta para que las cadenas de las esposas no sonaran y le pudiera indicar su posición a la distancia.

Sabía que iba a encontrarla, sólo era cuestión de tiempo.

El golpe de un pie que pateaba su plato de plástico de la cena marcó el lugar de su captor, mientras ella trabajaba en dirección a los escalones. Erihn se tensó. Con sus muslos con escamas de sangre seca, se esforzó por permanecer completamente inmóvil.

Su respiración era superficial al momento en que el monstruo llegó a la parte inferior de las escaleras.

Sé dónde estás y voy a por ti.

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Las escaleras crujieron mientras el monstruo avanzaba hacia ella. Tarareaba una melodía suave, desafinada, que le tensaba sus nervios, pero se negó a retroceder. Era ahora o nunca

Helados dedos rozaron sus tobillos y se cerraron a su alrededor, tirando de ella para que perdiera el equilibrio. Erihn dejó caer la manta que había estado sosteniendo en su cuerpo desnudo y sus pies fueron sacados de debajo de ella.

Su parte trasera aterrizó en la subida más grande, mientras su cabeza golpeaba la puerta con un chasquido. Aturdida, Erihn gritó mientras su torturador tiraba de ella hacia abajo con varios huesudos y discordantes pasos.

Ella pateó liberando un pie y dirigiéndose por donde creía que podría estar su entrepierna. Su pie golpeó algo esponjoso y suave y un soplido de aire se le escapó. Su agarre se debilitó y ella rodó hacia la izquierda, tratando de llegar al otro lado de la escalera.

Todo a la vez, doscientas libras de hombre enfurecido llegaron a ella. Un grito fue arrancado de sus labios cuando dedos fuertes tomaron su barbilla, golpeando su cabeza en la escalera. Estrellas explotaron en su visión mientras los dedos se movían a su garganta.

— ¡Perra! ¿Crees que me puedes dejar? Te diré que cuando me dejes

Unos dedos se hundieron en su garganta mientras hablaba, cortando su suministro de aire. En cuestión de segundos, la oscuridad vaciló y el parpadeo de chispas blancas apareció. Iba a estrangularla y ella tenía sólo unos segundos para hacer su movimiento. Reuniendo la última parte de su energía, Erihn agarró el clavo y abrió su brazo, conectando con su hombro. Su verdugo emitió un bramido y sus dedos perdieron el control sobre su garganta. Con falta de aire, Erihn se movió de nuevo, esta vez conectando con la parte carnosa de su cuerpo. Él aulló, tratando de alejarse de ella, gritando de dolor. Ella le clavo sus uñas y luchó por liberarse de donde él sostenía su cuerpo clavado en las escaleras. Él cambió de posición y, de repente, ella estuvo libre. Trató de deslizarse hacia debajo de las escaleras, pero sus dedos enredados en su pelo, deteniendo su progreso y haciendo que sus ojos se llenaran de lágrimas, mientras le daba un tirón levantándola.

— ¿A dónde vas tan rápido, niña?—se burló. —No hemos terminado de jugar por el

momento. —Él se levantó, obligándola a arrodillarse en la escalinata. —Pero primero, tengo que darte esto, y quiero que grites para mí. Te acuerdas de lo mucho que me gusta eso, ¿no?

Un golpe rápido a sus costillas le causó colapsar en los escalones, con su jadeo irregular como un fuerte sonido anormal en la quietud de la bodega.

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—No

intentes

nunca

eso

otra vez

—El marcó cada palabra con una patada a

su cuerpo.

Erihn se aferró al borde de las escaleras, con su cabeza girando mientras deseaba perder el conocimiento. Sabía que tenía sangre en los labios cuando se los mordió a sí misma para impedirse gritar. Mientras tuviera fuerza en su cuerpo, no quería darle la satisfacción de oír sus gritos de misericordia.

 

Él se agachó junto a ella.

 

—Y antes que se me olvide—puso su mano en la parte baja de su espalda. —Esto es por tentar mi paciencia. —Con un empujón, la envió a caer del lado de los escalones en el abismo.

 

Fayne pensó que su corazón se rompía cuando Erihn se quedó inerte debajo de él. La tigresa que lo había atacado en la escalera estaba sometida con temblores corriendo por su cuerpo mientras gemía suavemente, con su cara pegada a la alfombra.

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Él contuvo la respiración mientras trataba de captar lo que estaba diciendo.

luz,

luz, luz, luz, luz, luz, luz

 

—Erihn, voy a conseguir una vela. ¿Puedes esperar un minuto?

Ella no respondió. Él se levantó de su cuerpo, sosteniéndolo en el caso Erihn decidió volar hacia él.

Ella no se movía. Su extraño mantra, amortiguado por la alfombra, continuaba. Su visión nocturna aguda pasó sobre su cuerpo inmóvil. No parecía estar herida. ¿Tal vez era sonámbula?

Cada vez más alarmado por el momento, la levantó en sus brazos y ella detuvo el mantra.

Irguiéndose, se la llevó por las escaleras al dormitorio principal que acababa de dejar.

—Voy a dejarte en la cama, Erihn. Después iré a poner una vela.

Él la dejó en la cama y ella inmediatamente rodó a su lado, acomodándose en posición fetal. ¿Qué en el diablo estaba mal con ella?

Echando un vistazo por la habitación, vio una gran variedad de velas en el hogar de la chimenea. Murmurando un gracias en voz baja, eligió la vela más

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grande y encontró una caja de cerillas. La encendió antes de llevarla para acercarse a la cama.

Él dejó escapar un suspiro de alivio cuando el resplandor dorado despertó a Erihn de su estupor. Se dio la vuelta hacia la luz, con su pálido rostro como de cera mientras miraba paralizada el resplandor del fuego. Ella llegó por él, pero él se detuvo antes de que ella metiera la mano en el fuego y se quemara. Ella siguió mirando paralizada la luz hasta que, poco a poco, se dio cuenta de él. Se volvió, con sus ojos oscuros encantados y vacíos.

— ¿Más?—Su voz era un susurro delgado.

— ¿Quieres otra vela?

Ella asintió de una manera desigual, con falta de coordinación antes de volver su mirada extasiada a la única llama.

Fayne puso la vela en la mesita de noche antes de tomar más velas. Las encendió y colocó estratégicamente alrededor de la habitación hasta que cada rincón estuvo iluminado.

Volviéndose, la miró. Erihn estaba sentada en la cama, mirando fijamente sus manos, sosteniéndolas hacia fuera como si estuvieran pegajosas o sucias. Lo miró y vio el rechazo y la confusión en su mirada. Dio un paso adelante y se sorprendió cuando ella sacudió la cabeza como para que dejara de acercarse.

—Tengo que lavarme—susurró. Cuidado de mantener sus manos lejos de la ropa blanca de cama, salió de la cama y entró al cuarto de baño. Él oyó el agua, tomó una vela y salió a la puerta para asegurarse de que estaba bien. Erihn estaba inclinada sobre el lavabo, enjabonándose las manos frenéticamente. Levantó la cabeza mientras él entraba y ponía la vela en la repisa. Le llamó la atención la desesperación en sus ojos.

—No va a salirse—susurró.

Fayne miró sus manos mojadas. Parecían suficientemente limpias para él.

— ¿Qué tenías en ellas, Erihn?

— ¿No lo ves?—Su expresión era desesperada, aterrorizada.

Él negó, todavía está tratando de conseguir un control sobre lo que estaba pasando.

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Ella bajó la mirada, vio una piedra pómez la tomó y empezó a frotarse de nuevo.

—Traté de luchar contra él

No le dejaría

él siguió tocándome

y no pude

no

—Lloró bastante

no pude

iba a llorar

en las últimas palabras.

la satisfacción

No lo dejaría salir

Aturdido, Fayne trató de comprender el horror de lo que ella le estaba diciendo. ¿Qué diablos le había pasado? La rabia golpeó sus sienes y un gruñido salvaje amenazó con estallar en su pecho.

Había habido veces en su larga vida en que había estado enojado lo suficiente como para matar a un hombre, pero nunca había dado ese paso final e irrevocable. Nunca había estado enojado lo suficiente como para dar rienda suelta a su bestia sobre otro humano. Pero, en ese momento, más que nada en el mundo, deseó hacer eso.

Obligando a calmarse, se movió detrás de ella. Llegando a su alrededor, calmó su lavado frenético y quitó la piedra de sus dedos. La colocó sobre la repisa.

—Tus manos están limpias, Erihn. —Hablaba en voz baja, esperando que su voz rompiera su manía. Sus manos se quedaron quietas, mientras él las tomaba, volteándolas a la luz de las velas para que pudiera ver la piel enrojecida por el abuso de la piedra pómez. —Mira, no hay nada.

Un escalofrío le atravesó su cuerpo mientras un lamento salía de sus labios. Sus piernas se doblaron y Fayne se vio obligado a reforzar su control para evitar que cayera al suelo. Envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, la atrajo hacia él y la sostuvo. Sollozos se acumularon en su cuerpo y él la tomó en brazos.

Sus manos se hicieron puño en su suéter mientras él la llevaba al dormitorio. La puso en la cama antes de estirarse a su lado. Deslizó sus brazos alrededor de ella, abrazándola con fuerza. Ella se acurrucó contra él, llorando en silencio. Sus piernas se entrelazaron alrededor de la suya como si estuviera tratando de arrastrarse en su interior y esconderse de sus demonios. Sabía muy bien lo inútil que era una persecución.

—No puedo seguir con esto—le susurró contra la lana humedecida. —No puedo, simplemente no puedo enfrentarlo más.

Fayne enredó los dedos en la espesa melena de su pelo.

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—Sí, puedes, gatita. ¿Qué otra opción hay? ¿Renunciar? Si renuncias, él gana, final del juego. ¿Quieres darle a alguien tanto poder sobre ti?

Ella sacudió la cabeza y sorbió con sus lágrimas deteniéndose.

—Tienes la respuesta. Tendrás que continuar como has estado, seguirás teniendo éxito y lograrás tus metas.

Ella permaneció en silencio durante unos momentos antes de volver a hablar.

—Eres un buen hombre—murmuró.

Fayne sonrió. Había sido llamado muchas cosas en su vida, pero no podía recordar que una simple declaración significara más para él que la que ella había hecho. Su suave admisión había tocado algo frágil en él hacia mucho tiempo enterrado.

Él bajó la mirada hacia la cabeza oscura acurrucada contra su pecho. Había algo en esa mujer, algo especial, único. Era delicada, pero fuerte como el acero. Era tímida, pero lo había besado sin pensarlo dos veces, y respondía a sus caricias, era como el sueño de todo hombre. Era realmente inocente.

Él pasó la mano por su espalda y luego la subió de nuevo. Ella escondió su cuerpo glorioso debajo de sus mal ajustadas prendas de vestir y pelo largo, una mezcla seductora de mujer y niña. De acuerdo con Jennifer, escribía calientes novelas de amor y tenía más de un millón de fans, pero no sabía cómo besar a un hombre correctamente. Era una contradicción, y lo intrigaba.

Fayne apoyó la mejilla contra la corona de su cabeza cuando se dio cuenta que se había quedado dormida. En sueños, era tan confiada como una niña, con sus piernas fuertes en contra de la de él. La sala se puso más fría y él continuó sosteniéndola, preguntándose si no le había entregado una pieza que anteriormente había permanecido fuera de su corazón a la mujer en sus brazos.

*****

Él era tan hermoso y la aterraba de una manera que nunca había sentido antes.

Erihn estaba en el arco que daba a la sala, viendo a Fayne. Se parecía a una estatua, sentado al estilo indio en medio de una pila de almohadas. Las llamas mostraban su perfil cincelado con perfección, como si estuviera tallado en un bloque de mármol.

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Ella tragó. No tenía miedo de él físicamente, pero sin duda tenía miedo de él emocionalmente.

Con sus palabras suaves y relajantes acciones unas pocas horas antes había llegado a su alma y robado un pedazo de él mismo. Ella sabía que había peligro pasando más tiempo con este hombre. Si se atrevía a hacerlo, ¿Qué tipo de daño podría infligirle a su corazón?

Cuando había despertado, al principio no sabía dónde estaba. Poco a poco, partes y piezas de los últimos años se habían filtrado a través de su mente. Cansada, había querido nada más que cerrar los ojos y caer en los acogedores brazos de Morfeo una vez más, pero su estómago vacío no se lo permitió. Ahora se quedó congelada en la puerta, desgarrada entre el deseo de hablar y salir corriendo.

—Pensé que podrías estar fuera de combate esta noche. —Su voz era un murmullo silencioso.

Ella dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

—Tengo hambre—Se encogió y atrapó la suave carne interior de sus labios entre los dientes.

Una débil sonrisa curvó su boca, y se levantó de su cómoda posición. Avanzando hacia ella, sus pies descalzos no hicieron sonido en la alfombra, ella no pudo evitar estar impresionada por su gracia. Aquí estaba un hombre en perfecta sintonía con su cuerpo, con su naturaleza animal, y su entorno. Se quedó sin aliento cuando él se detuvo en la base de los escalones en la sala de estar y la miró con esos misteriosos ojos color violeta. Le tendió la mano.

— ¿Te unirás a mí para una cena tardía?

Erihn se rompió. Por un lado, estaba aterrada de entrar a la luz que era Fayne. Al mismo tiempo, estaba aterrada de no hacerlo. Su mano no vaciló y esperó pacientemente, con los ojos oscurecidos y su expresión neutra. Fue su falta de expresión lo que la hizo tomar su decisión. Eso si incluso él quería estar cerca de ella después de la locura de la que había sido testigo como un milagro. Por primera vez en su vida, aquí estaba un amable y generoso hombre con la mano hacia ella. ¿Sería tan tonta para no tomarla?

Reuniendo su coraje, Erihn deslizó su mano en la suya. A medida que sus dedos calientes se entrelazaban alrededor de los suyos, Erihn tuvo la sensación de que nada volvería a ser lo mismo otra vez.

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Fayne soltó el aliento que había estado conteniendo, cuando se metieron en la cocina. La madera del piso de la cocina fresco bajo sus pies. En una casa de ese tamaño con la electricidad fuera, hacía frío y rápidamente. Puesto que la electricidad se iba bastante en el invierno, Jennifer tenía un pequeño generador en el sótano, pero él dudaba que Erihn supiera de su existencia. No deberías tomar ventaja de la pobre chica de esa forma.

Él se sacudió el pensamiento alejándolo. Erihn no se enteraría, y este era el momento perfecto para convencerla de que se quedara con él. Él había sabido que iba a tratar de correr cuando se enteraba de que él estaba ahí, y le había tomado un montón convencer a Jennifer para permitirle incluso quedarse en la casa con ella.

Eran tan protectores con ella, como si fuera de porcelana. Poco sabían que el corazón de una guerrera corría por debajo de su piel.

Abrió la nevera y tomó el plato de carnes y las apiló en un pequeño recipiente con mantequilla y una bolsa de panecillos crujientes en la parte superior. Tomó el plato de queso y salchichas entonces enganchando un dedo en torno a una botella de vino. Cerrando la puerta, se dirigió hacia la sala de estar. Hizo una pausa en la puerta para ver a Erihn discretamente. Ella estaba sentada en una almohada grande, con los ojos cerrados mientras se peinaba con los dedos. La luz del fuego parpadeaba sobre los largos filamentos oscuros, convirtiéndolo en un río de color rojo y oro. No era la simplicidad de sus movimientos, sino una intemporalidad lo que lo había atraído.

Cuando él entró en la habitación, sus movimientos se detuvieron. Sus ojos se abrieron y vio cómo se le acercaba, con su mirada incierta y cuidadosa.

— ¿Cómo te gusta el bistec?—Él dejó todo en el hogar planteado.

—Crudo.

Fayne sonrió.

—Mi tipo de mujer. —Llegó a la parrilla que había situado anteriormente en el garaje. Se apoyó sobre las llamas y puso sus largas piernas, en cuclillas como una araña. Agarró la plancha y perfectamente volteó los filetes en la parrilla.

—Hace frío aquí. —Erihn sonó preocupada.

—Yo no me preocuparía. Tenemos suficiente madera para un largo período. — Tomó el atizador de la chimenea y cavó alrededor de las patatas que había

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enterrado envolviéndolas antes en las brasas. —Traje madera suficiente como para durar toda la noche.

—Tenemos suerte de tener tanta madera disponible.

—Mac disfruta de cortar leña. Dice que le da la oportunidad de doblar sus músculos y eso vuelve a Jennifer loca. —Él reemplazó el atizador, después recogió el tenedor para asar y empujó los filetes antes de volverse hacia ella sonriéndole. — Tenemos suficiente comida y madera para el día, y estimulante maravillosa compañía para mantenernos divertidos.

Él se sorprendió cuando una débil sonrisa tocó los labios de ella. Se había dejado el pelo suelto por lo que caía sobre sus hombros, ocultando sus mejillas con cicatrices. Se había equivocado acerca de ella. No era una pequeña ratona color marrón en absoluto. Era encantadora. Ella se aclaró la garganta.

—Entonces, ¿cómo conociste a Jennifer?

Fayne no pudo evitar que una risa escapara de él.

—Esa es una historia bastante tranquila. —Se acomodó a sí mismo en el acogedor nido de almohadas, aún al alcance de los filetes. Su rodilla rozó la de Erihn y, mientras que ella se puso tensa, él estuvo satisfecho de que no se apartara. Cuanto más pronto se acostumbrara a que él estuviera cerca, mejor estaría. —Jennifer y yo nos conocimos hace muchos años en una pequeña tienda en Londres. Los dos estábamos buscando un raro pedazo de cristal. Aunque no encontré el cristal que estaba buscando, encontré a una de las grandes amigas que alguna vez he tenido en mi vida.

— ¿Y Mac?—Ella seleccionó un trozo de queso y se lo metió a la boca.

—Mac es otra historia que no estoy seguro que me gustaría decir en compañía mixta. —Él sonrió con tristeza y tomó la botella de vino.

Erihn lo miró con su ceja levantada.

— ¿Te das cuenta, por supuesto, de que escribo novelas románticas y nada puede impresionarme?

Lo dudaba mucho. Podría escribir novelas calientes, pero seguía siendo una inocente con hombres y en el arte de hacer el amor. Él tomó una de las copas de vino que había llevado anteriormente.

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—Te das cuenta de que me lo tomaré como un reto. —Él se sirvió un vaso de vino y se lo ofreció con una reverencia.

Los ojos de ella se abrieron, pero no respondió. Podría haber jurado que había visto la luz de algún daño antes de tomar el vaso y desviar la mirada. Él ahogó una sonrisa cuando ella murmuró su agradecimiento.

—Mac y yo nos conocemos desde hace muchos años. —El llenó su vaso.

— ¿Cuántos?—Preguntó ella.

—Cientos.

— ¿Qué?

Fayne levantó la cabeza y captó su mirada sorprendida. Ella no sabía la verdad

—Como una forma de hablar, —mintió sin problemas. —Nos conocemos desde tanto tiempo que a veces parece por siempre.

Él tomó el tenedor y hábilmente volteó los filetes.

— ¿Cuántos años tienes?—Preguntó ella seleccionando un panecillo.

Él sabía que no debía responder a eso con verdad.

— ¿Cuántos años crees que tengo?—Dejó el tenedor en el plato y tomó el vaso, centrando su atención en ella.

La vio poner el cuchillo en el pan. Lo había cortado tan bien que se preguntó si había contrabandeado un cuadrado en la habitación mientras él no estaba mirando. Metódicamente, ella aplicó una capa de mantequilla en una mitad. Comenzando por el centro, lo alisó completamente hasta el borde, continuando hasta que la superficie estuvo impecable.

Erihn dejó la mantequilla y alzó los ojos hacia él, con su mirada oscura pasando por su cara cuando se dio cuenta.

—Tal vez treinta años como máximo.

Fayne estaba a punto de decirle que estaba cerca por varios cientos de años.

—Lo suficientemente cerca.

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Satisfecha, asintió y volvió su atención a su pan.

 

—Entonces, ¿qué haces para ganarte la vida?

Claramente, ella mordió un borde con una mordida pequeña y precisa. Fayne se endureció al verla lamer la mantequilla de sus labios.

Se aclaró la garganta.

—Antigüedades y textiles. —Él se movió cuando su cremallera se metió en su erección.

¿Textiles?—Se metió el resto del pan en su boca, con sus ojos medio cerrados

como si estuviera en éxtasis. Una fina capa de mantequilla cubría su boca y él

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ahogó un gemido. Lo que no daría por ser capaz de lamerle los labios sin permiso. Se aclaró la garganta otra vez.

—Importo telas para los minoristas del país, entre otras cosas. —La observó mientras ella tomaba la otra mitad del panecillo y lo untaba con la mantequilla. Una vez más, alisó mantequilla sobre la parte superior, tomándose tiempo para ajustar aquí y añadir más allí. Lo sostuvo, lo inspeccionó, frunció el ceño y después comenzó a suavizarlo de nuevo.

¿Te vas a comer eso o a hacer una foto?—Le preguntó él divertido.

Erihn lo miró y sonrió. Volteó su pan para que él pudiera verlo mejor.

¿No es perfecto?

—No estaba al tanto de que uno deba esforzarse por la perfección en tu comida. ¿Es demasiado perfecto para comerlo?

—Por supuesto que lo voy a comer, tonto. Sólo quería que fuera perfecto— explicó con paciencia como si él fuera un niño torpe.

Fayne frunció el ceño.

¿Por qué tiene que ser perfecto?—Se estiro y cogió un pan. Lo rompió en

medio, metió un trozo en el recipiente derretido de mantequilla. Se lo llevó a la

boca y dijo —Esto es más o menos lo mismo y lo hice en la mitad de tiempo.

¿Qué tiene que ver el tiempo con eso? Las prisas no siempre son una virtud.

Fayne atrapó su mirada, subiendo el pan a su boca.

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—No me apresuro con todo. —Sacó la lengua para lamer una mancha de mantequilla de un lado de su pan antes de darle una mordida. Gozó de la forma en que ella miró su boca mientras el rubor manchaba sus mejillas. Ella apartó la mirada. —Me gusta la perfección.

 

Fayne tragó.

—La perfección puede ser tediosa.

Ella frunció el ceño.

— ¿Cómo es eso?

— ¿Cuál es la atracción de la perfección?

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—Hay gran belleza en la simetría.

—En los edificios, tal vez. En la comida, posiblemente. En las personas, nunca.

— ¿Cómo es eso?—Ella jugueteó con su pan con sus movimientos agitados traicionando su descontento con el tema.

—La gente no se supone que sea perfecta, esa es la belleza del ser humano. Cometer errores, come demasiado pastel de queso, tiene fallas y da malos pasos. Hay perfección en la imperfección.

Ella frunció el ceño otra vez.

Fayne abandonó su rol a favor de rescatar su cena del fuego.

—Para que las personas sean interesantes, tienen que vivir sus vidas. ¿Dónde está el desafío si siempre toman las decisiones correctas, no cometen ni un error y nunca toman el camino menos transitado? ¿Qué es lo divertido?—Le ofreció un plato con carne asada y papas al horno. —Eso se llama renunciar.

—Al tomar las decisiones correctas y buscar la perfección, tu vida puede ser más fácil.

¿Quién dijo que la vida se supone que es fácil?—Fayne tomó su cuchillo y

cortó la carne cocida al vapor. —La única cosa en la vida que debe ser perfecta es la

carne, cruda. —Hundió la carne en su boca y gruñó—Perfecta.

Erihn inclinó la cabeza sobre el plato y se concentró en su cena. Él la miraba desde la esquina de sus ojos mientras cortaba trozos pequeños, cada uno con igual

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punto de partida. Comieron en un silencio sociable y después de varios minutos, ella habló.

— ¿Pero no todos los hombres quieren a la mujer perfecta?—El tono de Erihn era perplejo.

Fayne negó.

—No lo creo. He tenido muchas de las llamadas mujeres perfectas que sólo fueron maquillaje en el exterior y vacío por dentro. ¿Dónde está la belleza en eso? Deseo a una mujer que tenga sustancia y alma. Tampoco quiero que una mujer sea perfecta para mí. Quiero que sea perfecta para sí misma.

La mirada de ella era distante, mientras tocaba su mejilla llena de cicatrices. Dedos ágiles se movieron por la cresta angosta antes de que su expresión se volviera dura. Dejó caer la mano de su cara. Ahora en silencio volvió su atención a su carne con expresión inestable.

—La perfección es difícil de alcanzar, Erihn—le ofreció él en voz baja. —Si eso es lo que buscas, encontrarás nada más que vacío y decepción extendiéndose ante ti. —Fayne resistió la tentación de tomarla en sus brazos y besar la mirada perdida en su cara.

Ella lo miró, con la confusión escrita en cada línea de su rostro. Si ella supiera que sus sueños se reflejaban en sus ojos. Él se llenó de un súbito deseo de ser el que hiciera algunos de esos sueños realidad.

Las luces parpadearon. La luz brillante de las dos lámparas de pie desterraron la oscuridad dejándolos expuestos.

Un malestar se deslizó en su mirada y ella abandonó su comida con un ruido de cubiertos. Bruscamente se levantó.

—Me temo que no estoy tan hambrienta como pensé primero. Voy a llevar esto a la cocina y te daré las buenas noches.

—No te preocupes, yo limpiaré.

Fayne captó un brillo tenue de lágrimas en sus ojos. No podía dejarla ir así. Se levantó de la almohada para seguirla a través del cuarto. Su espalda estaba tiesa como si temiera que él fuera a atacarla.

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Se detuvo en la parte inferior de la escalera principal girando hacia él. Atrás habían quedado las lágrimas y ante él estaba la mujer que sólo mostraba una máscara al mundo a su alrededor.

Poco a poco, con el fin de darle tiempo a irse, él levantó la mano localizando la cicatriz de su mejilla, a lo largo de su mandíbula, terminando cuando rozó su labio inferior.

—Ves esta cicatriz como una falta de perfección. Yo la veo como una marca de gran fuerza, un símbolo de valor. Si te das cuenta o no, Erihn, eres una guerrera.

Shock, después incredulidad colorearon su rostro mientras ella se abría a él. La duda luchó con el miedo en sus ojos antes de darse vuelta y correr escaleras arriba con los pies sonando muy poco mientras escapaba.

La lluvia lo retrasó.

*****

Ivan Daniels parqueo su coche delante de la casa de campo en Vail. Eran mucho después de las 02 a.m. y el aire del lugar era claro y frío cómo sólo el aire de montaña podía ser. Apretó los dientes al pensar en las horas perdidas pasadas en Silverthorne. No importaba ahora, por fin había llegado al Valle Vail, y pronto tendría su esperada conversación con Erihn Spencer acerca de sus novelas románticas inmorales. Tan pronto como tuvieran su charla, Erihn entendería por qué tenía que escribir el libro que él buscaba.

El libro que traería a su amada Mary de regreso.

Ivan suspiró al pensar en su esposa desaparecida. Habían sido felices juntos desde hacía casi diez años, hasta que había leído ese abominable libro Amante de terciopelo. Entonces, todo parecía haber ido terriblemente mal. Ahora tenía la oportunidad de cambiar sus circunstancias y traer a su esposa de vuelta a donde pertenecía, a sus brazos.

Hasta entonces, había logrado llegar hasta su casa y, después de dormir una buena noche, se concentraría en encontrar a Erihn y en hacerle ver la luz.

Alisándose el delgado cabello en su lugar, llegó a la cerradura de la puerta.

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Capítulo Cuatro

¿Cuándo Jennifer había conseguido un gato?

Desorientada, Erihn abrió los ojos. Algo grande y caliente estaba a lo largo de su espalda, y estaba ronroneando.

Definitivamente un gato.

Erihn se agitó y el ronroneo se detuvo. El animal se movió contra ella como si estuviera molesto por haber sido alterado antes de calmarse y volver a ronronear. Sin duda, era muy agradable despertar con algo que no fuera un despertador y una cama vacía. Se frotó los ojos, haciendo una mueca a la forma arenosa en que se sentían.

Entre las tormentas, su pequeño episodio en la escalera, y las palabras con voz suave de Fayne, ella se había tirado y volteado en parte de la noche. Sólo cuando el amanecer había iluminado el cielo del este ella se las había arreglado para ir a la deriva del sueño.

Erihn echó un vistazo a los números parpadeando en la cara del reloj digital, y se sintió aliviada al ver que todavía había la electricidad. Al menos no tendría que tomar una ducha fría. Un sonido sospechosamente como de ronquido vino del gato que ronroneaba, después un tic. Con cautela, Erihn volvió la cabeza para echar un vistazo a su invitado nocturno. Por encima del hombro, lo único que veía era una pata color marrón rojizo levantada hacia arriba en el aire.

Una enorme pata color marrón rojizo.

Ningún gato doméstico podría ser de ese tamaño. La adrenalina golpeó la su sistema y aceleró los latidos de su corazón. ¿Podría algún animal salvaje haberse metido en la casa? Avanzó lejos de la criatura hasta que aferró al borde de la cama. Deslizando sus pies sobre el borde, se deslizó hasta que sus rodillas se pusieron en contacto con el suelo.

Sólo entonces se dio la vuelta para poder ver a su visitante nocturno.

Un enorme puma estaba sobre su espalda en medio de la ropa de cama blanca como la nieve, con su cara cubierta por un delicado encaje de almohadas, mientras su cola colgaba a los pies de la cama. La gruesa capa parecía lujosa y suave como la seda a la luz del mediodía. Otro ronquido sonó y el gato contrajo, los cantos

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gruesos de sus músculos ondulando debajo del exuberante pelo. Sus patas delanteras se estremecieron como si fuera presa del acoso en su sueño.

Era posiblemente una de las cosas más hermosas que había visto en su vida. Por supuesto, hubiera preferido al gato en su hábitat natural, no en la cama. Miró hacia la puerta que conducía al pasillo y luego de vuelta al animal dormido, tratando de determinar si podría salir de la habitación antes de que despertara.

No era probable.

Luego él se dio la vuelta.

Erihn contuvo el aliento cuando su cabeza salió de debajo de la almohada. Los ojos de oro líquido se quedaron mirándola, fijos con intensidad. Ella tenía miedo de moverse, de respirar, paralizada por el miedo y una medida igual de impresión.

El gato estiró la pata, suavemente colocando su mano encima de donde ella agarraba la ropa de cama. Se tensó, esperando que garras afiladas profundizaran en su vulnerable piel.

La pata se dobló y las almohadillas ásperas acariciaron su mano. Se quedó sin aliento cuando su cabeza cayó, con su nariz húmeda rozando su muñeca. Los bigotes le hicieron cosquillas. El gato sacó su garra y su lengua salió y sorbió el dorso de su mano. Estaba caliente y áspera igual que la de un gato doméstico, sólo que mucho más grande. El gato dio un codazo a su mano como si estuviera pidiéndole que lo acariciara.

Tentativamente, Erihn volteó su mano y tocó la piel gruesa de su boca. Se sentía como seda debajo de sus dedos. Suavemente, le alborotó el pelo debajo de la barbilla. La cabeza de inmediato se acercó y los ojos se cerraron en un éxtasis dorado, mientras se tensaba con más de lo mismo.

Erihn se rió entre dientes.

— ¿No eres un gran bebé?—Le rascó la barbilla y luego trabajó en torno a acariciar la parte posterior de su cuello y la base de sus orejas. Al llegar a la piel caliente de su oreja izquierda, las garras se extendieron y se engancharon en su ropa mientras el gato gruñía con completa sumisión.

Ella se detuvo.

—Hey, Jennifer me va a matar si destruimos las sábanas.

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Con ojos inteligentes y abiertos, como si entendieran sus palabras, el gato

retractó sus garras. Se inclinó hacia delante para lamer su mejilla, sorprendiéndola

y

sacándole una risa.

Ella pasó los dedos por el rico pelo en torno a su cuello.

—Bueno, me gustas, también. —Le acarició bajo la barbilla del puma otra vez,

y

estrecha banda de amatistas en el cuello del gato. Las piedras brillaban con gusto,

recordándole los ojos oscuros de Fayne.

sus dedos chocaron con algo duro. Ella frunció el ceño mientras encontraba una

—Así que estás domesticado, mi amigo. Me lo imaginaba. —Ella se rió cuando el gato metió su cabeza y rodó sobre su espalda, dejando al descubierto su vientre. —Y en mal estado, también.

Ella le frotó el vientre, disfrutando de la sensación de su piel caliente debajo de su mano. El gato ronroneaba en voz alta, agitando las cuatro patas en el aire.

—Qué buen

——hizo una pausa para comprobar su género—niño que eres.

Rasgados ojos dorados brillaban como si el gato se divirtiera.

—Así que, ¿a quién perteneces?—Ella dibujó una figura perezosa de ocho en un lado de la caja torácica del animal. — ¿A uno de los vecinos? ¿Tal vez eres de un artista pícaro de circo? ¿O perteneces a Fayne? Él me parece como una persona de gatos.

Al oír el nombre de Fayne, el gato levantó la cabeza y la miró a los ojos.

—Ah, misterio resuelto. Debes pertenecer a Fayne—Erihn frunció el ceño. —Se ajusta, supongo. Sin duda no lo veo teniendo a un perro como mascota.

El gato hizo un sonido como si estuviera de acuerdo y Erihn rió con deleite.

—El

gato le dio una mirada torva, antes de cerrar sus ojos una y otra vez. —Tengo que

tomar una ducha.

—Bueno, ahora que he determinado que eres un gatito domesticado

Dándole un masaje rápido detrás de la oreja, se levantó y entró al cuarto de baño. Las grandes ventanas que dominaban el valle rodeaban la tina con amplio jardín. Jennifer poseía la mayor parte de la superficie a poca distancia de la casa, y por lo tanto no sentía la necesidad de tener cortinas de su cuarto de baño. Mientras Erihn subía los escalones de la bañera, una brisa pasó por sus piernas. Sorprendiéndola, el gato corrió por los escalones a la bañera. Con delicadeza,

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caminó por el borde, colocando los pies con cuidado para asegurarse de no tirar las botellas de aceite de baño, cristales y conchas.

— ¿Vas a tomar un baño conmigo?—El gato dio un grosero resoplido y Erihn sonrió. —Supongo que no.

Ella alcanzo los controles de agua y los abrió, ajustándolos hasta que llegaron a la temperatura correcta, antes de abrir la ducha. En el momento en que se alejó de los mandos, una pata grande se extendió y metió el émbolo de drenaje, tapando la bañera y cerrando la ducha. El agua inundó la bañera en su lugar.

Erihn frunció el ceño ante el gato sólo para ver que no estaba prestándole atención. Oliendo las botellas de aceite, se movió por la fila hasta que seleccionó uno. Desenvainando una garra, enganchó el corcho de la botella y la arrojó a un lado. Con el movimiento de una pata, golpeó la botella en el agua.

— ¡Hey, ya!—Erihn sacó la botella, antes de rescatar el contenido inundado de

la bañera. —Ese es aceite suficiente para bañar a una docena—sentenció ella. Encontró el corcho y sustituyó la botella en el borde de la bañera. —Entonces, creo

que tomaré un baño, ¿ahora?

El gato se acomodó en el borde soleado de un rincón, y, si Erihn no lo supiera, podría jurar que le había sonreído. Sacudió la cabeza. Sin lugar a dudas, estaba sobrecargada e imaginaba cosas.

Se dirigió a la repisa dónde una colección de horquillas y pasadores residía en un recipiente de vidrio. Seleccionó uno, agarró su pesada mata de pelo y se la recortó en la parte superior de la cabeza con una brillante pinza de cocodrilo de color rosa. Apilado sobre su cabeza, su pelo se sentía absurdamente pesado. Tal vez debería pensar en recortarlo un poco.

Sus manos se quedaron quietas. Estaba en sus treintas y su peinado no había cambiado desde el ataque. Largo y sin estructura, diligentemente había recortado las puntas una vez al año y eso había sido todo. ¿Sería extraño mantener su pelo largo y pesado? ¿No le había dicho Mel eso, que mientras las mujeres se hacían mayores, debería usarse más corto?

Erihn miró la cara en el espejo y sintió que estaba mirando a una extraña. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que realmente había hecho un balance de su cara, de su cuerpo? No usaba más el espejo de lo que le tomaba hidratar su cara y eso era todo. Habían pasado años desde que realmente se había mirado.

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Ojos oscuros, como la sombra de una noche agitada, le devolvían la mirada. Se desabrochó la sencilla camisa de algodón, dejando al descubierto más de su pálida piel. Frunció el ceño. Tal vez debería estar en el sol mientras estaba ahí.

Por lo general evitaba broncearse ya que tenía tendencia a sufrir quemaduras. Por lo tanto, era tan blanca como el vientre de un pescado durante todo el año. Dejó caer la camisa para contemplar su cuerpo desnudo por primera vez en muchos años.

Hubo un tiempo en que había sabido que era hermosa, todo el mundo se lo decía. Sus padres se habían separado y su madre y ella se habían mudado a Nueva York. Dejada la mayoría de los días, había comenzado a hacer rondas por las agencias de modelos y después de unos meses estaba trabajando como modelo de pasarela. Había sido en uno de esos programas que Serena Del Toro, una gran diseñadora que la había visto trabajar. Capturada por las piernas juguetonas y huesos finos de Erihn, Serena la había hecho la primera modelo de Del Toro. Desde ese día Erihn había trabajado en exclusiva para la casa Del Toro hasta que había sido secuestrada en una locación en Central Park.

Toda su vida había sido destrozada en ese instante.

La mano de Erihn fue a la cicatriz que comenzaba justo debajo de su esternón. Ahora había perdido su brillo plateado, con la estrecha línea abriéndose camino a través de su piel a la curva debajo de su pecho izquierdo. Movió la mano hacia abajo a su estómago, donde otra cicatriz iba desde justo su ombligo. Con dedos temblorosos, siguió el camino de la cicatriz curvándose a través de su abdomen y terminando en su cadera.

Él la había dado por muerta.

Nunca había entendido por qué la había elegido como su última víctima. La policía no había determinado el perfil de la víctima a partir de ninguna de las mujeres que había secuestrado. Al parecer, la edad, el color, el tamaño o el origen étnico no le habían importado, muy inusual para un sociópata. Dado que Chapman había decidido que la muerte era preferible a ser capturado con vida, nunca había recibido las respuestas que había buscado. Con la policía golpeando la puerta del sótano, le habían volado los sesos a menos de tres pies de distancia de ella después de que hubiera intentado matarla.

Las lágrimas le quemaron los ojos y los cerró, dejando fuera la imagen de su imperfección. Fayne pensaba que la deseaba, pero si veía que era un producto dañado, habría corrido tan lejos y tan rápido como hubiera podido, igual que

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cualquier otro hombre. Ella abrió los ojos, evitando su reflejo. Era la única mujer que había sobrevivido a la pesadilla de Chapman para contarlo. ¿Por qué ella?

Se volvió para encontrar el gato viéndola. Tendido en el borde de la bañera, sus ojos dorados pasaron sobre su cuerpo y Erihn sintió un momento de auto conciencia. Sus ojos parecían tan inteligentes, casi humanos. Tuvo que esforzarse para no cubrir su desnudez frente al gato. Sonrió. Como si él se hubiera encogido con sus cicatrices.

Subió los escalones y entró a la bañera, bajándose a sí misma en el agua. El calor la rodeó y el olor a rosa de geranio jugó en su nariz mientras se instalaba debajo de la nube de burbujas.

Llegando con sus dedos de los pies cerró el agua. El gato se levantó y caminó alrededor de la repisa acomodándose detrás de ella, su vientre cálido se apoyó en la parte de atrás de su cabeza.

Ella se rió cuando el gato le acarició la garganta.

—Eso hace cosquillas. —El gato acarició con los bigotes en contra de su hombro y ella recogió agua caliente en su mano y se la arrojó a él. El gato movió su cabeza lejos para no mojarse y después se volteó, esta vez deslizando una lengua áspera a través de la parte de atrás de su cuello.

Erihn salpicó más agua al gato. Él retrocedió y fijó su mirada como ofendido.

—Lo siento, su alteza—bromeó ella. Le quitó las gotitas de agua de los bigotes. Su lengua se echó sobre su palma, sorprendiéndola. Ella sonrió y el gato reanudó su antigua posición.

Poniendo la cabeza en su cálido vientre, el silencio sólo era roto por la respiración del gato. Con un ronroneo satisfecho, Erihn cerró los ojos.

Había algo muy sensual y relajante en tomar un baño.

Desafortunadamente, con su auto impuesta bañera, tomar un placentero baño era una novedad.

agitada

agenda

y

minúscula

Tomó una toalla y una gran barra de jabón con aroma a rosas de un plato. Después tomó una tela, agregó jabón y trabajó en la espuma, disfrutando de su rico aroma floral. Pasó el paño con jabón por su garganta, y fue plenamente consciente de la sensualidad del movimiento.

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El sonido del empapado algodón en movimiento sobre su piel, las burbujas suaves, la fragancia de los aceites de baño, y el ronroneo arrullado por el gato detrás de ella la tranquilizó de una manera que nunca había experimentado.

Pasando la tela a fondo desde su garganta hasta el pecho, dudó y después la deslizó bajo el agua.

Rozó ligeramente el paño sobre la punta de su pecho, consciente como nunca antes de su cuerpo y de sus reacciones.

Se tomó un pecho, sintiendo su peso impulsado por el agua. Pasando el pulgar sobre la creciente punta, su aliento silbó entre dientes cuando una chispa de placer se encendió. Le dio a su pezón un tirón experimental y el gato se agitó, acariciándola con su hocico en su hombro, como si alentara sus exploraciones.

Permitiendo que su mano cubierta con el paño fuera más abajo, suaves rizos cedieron y ella tomó su montículo. Un estremecimiento de malicia fluyó a través de sus miembros. Abriendo sus muslos, violó los pliegues suaves y pasó un dedo por sus delicados labios interiores, abriéndolos. Un estremecimiento de placer se precipitó a través de su cuerpo cuando la punta de sus dedos rozó su clítoris. Nunca se había entregado a esos sensuales juegos, había sido demasiado reservada, su educación demasiado estricta y su secuestro traumático también para siquiera pensar en tal cosa.

¿Sus lectores se sorprenderían al saber que ella nunca había experimentado un orgasmo?

Erihn puso sus rodillas cerca de su cuerpo y separó más los muslos. Olas de sensaciones ondularon a través de su sistema nervioso y se instalaron en una caricia lenta y rítmica. Sus caderas se sacudieron con cada estocada, con su respiración volviéndose profunda mientras se imaginaba las manos Fayne en su cuerpo, acariciándola hasta llenarla.

¿Fayne?

Aturdida, detuvo su sensual movimiento y sus ojos se abrieron de golpe. ¿En qué estaba pensando?

Erihn levantó una mano temblorosa a su cara. Su piel estaba caliente, ajena debajo de su tacto. ¿Cómo podría haberse comportado de una manera tan descarada? Una cosa era escribir acerca de un juego sexual en sus libros, cuando era otra la que representaba una fantasía sin sentido en la vida real. ¿Qué se había apoderado de ella?

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Erihn se revolvió saliendo de la bañera, le temblaron las manos cuando llegó a la pila de coloridas toallas. Al ver su rostro en el espejo, se quedó sorprendida por lo optimista y vibrante que su piel se veía. Con los ojos brillantes y las mejillas encendidas, tenía el aspecto de una mujer excitada.

El gato la sorprendió empujando su mano para ganar su atención. Estaba a su lado, mirándola con sus profundos ojos dorados.

—Estoy tan confundida—susurró ella.

La Erihn tranquila y andrógina que había conocido durante los últimos diecisiete años ya no existía. En su lugar estaba una forastera, poco a poco siendo consumida por una embarazosa y no deseada vorágine de deseo físico. Tragó. Era desconcertante hacerle frente a esta imprudente mujer en el espejo.

El gato le frotó la palma de la mano. Su cuerpo caliente se apoyó en la pierna como para asegurarle que no estaba sola.

Hundiendo sus talones, sus brazos fueron alrededor del animal, teniendo comodidad en su calor y fuerza.

Pasaron varios minutos y el gato se mantuvo pasivo en su contra. Entonces se detuvo y el ronroneo de sus músculos se tensó. Erihn levantó la cabeza, con su mirada tras el gato a la puerta que conducía al dormitorio. ¿Sería Fayne? ¿Estaría subiendo las escaleras? Ella soltó al gato y, antes de que pudiera levantarse, él dio un salto lejos. Saliendo por la puerta, atravesó el dormitorio. Ella oyó las patas grandes del gato sordas por las escaleras.

Luchando con sus pies, se sacó el clip del pelo, permitiendo que el peso se derrumbara sobre su espalda. De puntillas en el dormitorio, buscó en la sala y no vio nada fuera de lugar. Su maleta abierta estaba en la silla, y comenzó a buscar algo cómodo para llevar las tres horas en el viaje de regreso a Denver.

La depresión hizo sus piernas de plomo mientras sacaba una falda gris de cachemira. Las yemas de sus dedos acariciaron la textura gruesa y sensual de la ropa y tuvo la extraña idea de que su cuerpo se sentía más vivo y consciente que nunca antes. Al ponerse la falda, se deleitó con la sensación pecaminosa del suave tejido de punto en contra de su desnudo trasero. Alcanzando su ropa interior de algodón, vaciló. Nadie sabría si no se ponía ninguna, ¿no? No era como si su falda fuera transparente, ni nada. Y, quizás podría renunciar a su sostén también

Encontrando un suéter de angora negro, se lo puso, disfrutando del tejido blando en contra de sus desnudos pechos.

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Recortados y flexibles botines de gamuza de encaje hasta el tobillo completaron su conjunto.

Nunca en su vida se había sentido más juguetona, más descarada.

La casa estaba en silencio cuando salió de la habitación, con el tenue aroma de humo de la madera en el aire.

Bajó las escaleras para mirar en la sala de estar. El montículo de almohadas se mantenía en el piso ante las brasas de la chimenea. Apartó la mirada, sin querer recordar su tiempo juntos frente a ese fuego.

Un peculiar sonido sordo proveniente de la parte delantera de la casa llegó a sus oídos. Rumbo a la puerta principal, la abrió de golpe y un grito de espanto se le escapó al ver lo que estaba ante sus ojos.

A mitad de camino había un montón de árboles de pino macizos, con sus raíces arañando el aire. Sus hombros se desplomaron.

No había manera de que consiguiera sacar un coche fuera de la calzada en algún momento pronto.

Fayne supo el momento en que Erihn abrió la puerta principal. Los pelos de su nuca le picaron mientras sentía su mirada barrer su piel. Se puso de pie entre las ramas de los árboles al otro lado de la calzada, con un hacha en su mano mientras metódicamente podaba las ramas antes de tirarlas en un montón grande.

Sin camisa en el aire fresco de la mañana, estaba cubierto de sudor y de pinos. No era exactamente un escenario propicio para la seducción.

Las botas de ella crujieron en la grava a medida que avanzaba hacia él. Él golpeó con el hacha el árbol de nuevo. Su aliento dejó sus pulmones en un apuro.

La falda de punto se aferraba como una segunda piel a sus largas piernas, a sus muslos fuertes y delineaba sus curvilíneas caderas.

Sus pechos se balanceaban con cada movimiento debajo de su jersey negro, con sus pezones claramente definidos.

Su largo pelo negro estaba suelto y pesaba sobre sus hombros como una gruesa piel de color marrón. Él se preguntó si ella sabía exactamente lo mucho que su ropa revelaba a sus ojos. Apretó los dientes cuando una oleada de deseo llegó con éxito a su ingle. Ese no era el momento para tener una erección. Sus pantalones podían ser holgados, pero no podrían ocultar su madera por la mañana.

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Ella se detuvo a unos metros escasos de él.

 

—Ese era un hermoso árbol.

—Este hermoso árbol te impide escapar—dijo él en un tono irónico.

Ella se ruborizó y después se sorprendió al encontrarse con su mirada.

—Probablemente pienses que soy una tonta.

Fayne se apoyó contra el tronco del árbol, sacudiendo la cabeza mientras hablaba.

—No creo que seas tonta, Erihn. Creo que tus experiencias te han hecho desconfiar de los hombres y eso es comprensible. Si sólo aprendieras una cosa sobre mí, quiero que sepas que los hombres no son todos iguales.

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Ella retrocedió, con el shock escrito en su cara. Su mano se agitó, para luego detenerse en el centro de su pecho.

Él vio el deseo de creer parpadear en sus ojos. Sabía que estaba al borde de un nuevo mundo. Todo lo que tenía que hacer era convencerla en dar el salto de fe que todos los humanos enfrentaban tarde o temprano.

 

—No creo

—Sí, sí, Erihn. Crees que todos los hombres pueden y te harán daño y no es así. Si quieres mentirme y decirme que no crees que todos los hombres sean capaces de eso, entonces está bien. Miénteme. Pero no te engañes.

¿Por qué me haces esto?—Susurró ella con labios temblorosos, como si fuera a llorar.

Una fiebre leve de pánico revoloteó en el intestino de Fayne. Odiaba cuando una mujer gritaba. Nunca sabía muy bien qué hacer cuando eso sucedía. Pero si él no la presionaba, ella se retiraría otra vez y no podía tener eso.

¿Por qué estas luchando conmigo, Erihn?

—Porque me asustas—murmuró ella, incluso cuando empezó a retroceder alejándose.

La frustración surgió y Fayne se apartó del árbol. Moviéndose hacia delante, agarró su muñeca.

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Su pulso latía con fuerza debajo de su pulgar, y olió el deseo en su piel. Desde el momento en que había puesto los ojos en ella, él había alternado entre la emoción y el terror. Erihn era la más fascinante mujer reprimida que había conocido, pero hoy había algo diferente en ella. Algo en lo que no podía poner el dedo. Él la tomó en brazos, con sus dedos hundiéndose en el pelo grueso de la base de su cráneo.

—Bienvenida al club—susurró él antes de reclamar su boca.

El sabor hizo explosión a través de su cuerpo. La esencia de menta y de una mujer cálida rasgó a través de su resistencia, poniendo su pene en alerta máxima. Tirando de su cuerpo a la curva del suyo, disfrutó de la sensación de sus miembros flexibles, de la seda pesada de su cabello y de la esencia floral que se pegaba a su piel.

Nunca había deseado tanto a una mujer como quería a ésta.

Quiso gritar de alegría cuando sus manos se movieron a su lado antes de que sus brazos se detuvieran alrededor de su cuello. Sus dedos se extendieron hacia afuera a través de su columna y ella se inclinó hacia él. Su suave lengua se enredó con la suya, tentativa, tímida en sus movimientos. Con paciencia, él le enseñó cómo darle un beso, cómo jugar, tentar, seducir, y cómo llevarlo a la orilla de la locura. En unos momentos, se enteró de que ella era una estudiante rápida cuando tomó su lengua y suavemente la chupó, imitando sus movimientos.

Un gruñido salvaje brotó de su pecho y una oleada de lujuria animal se estrelló contra él. En cuestión de segundos, estuvo duro como una roca, martillado por la necesidad. Él pasó su mano por su espalda, desesperado por sentir su piel. Deslizando una mano debajo de su jersey, encontrando el centro de su espalda.

Fue recompensado con un suspiro ahogado cuando ella se abalanzó contra él, enviándolo de nuevo a tropezar con el tronco del árbol. Sus pechos se apretaron contra él, sintiéndose como el cielo. Acariciando el lado de su mano, pasó por su caja torácica para tomar su pecho, con su pulgar jugando con su tensa punta.

Tragándose su respuesta con un gemido, le tomó un pecho con la palma de su mano. Tenía que probar su piel, su calor. Rompió el beso, con su aliento gritando a todo pulmón mientras observaba sus párpados pestañear.

Con sus labios hinchados y los ojos dilatados por la pasión, ella lo miró con expresión confundida.

Él quería que ella viera lo que estaba a punto de hacer.

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Poco a poco, para que ella pudiera seguir cada movimiento, le levantó el jersey, dejando al descubierto su pecho a los elementos y a su mirada. La areola era de un marrón pálido, con sus pezones duros en el aire fresco, llegando a él como pidiendo por su tacto. Su piel estaba tan justa que podía rastrear sus delicadas venas y sólo mirarlas le hacía agua la boca.

Manteniendo su mirada cruzada con la suya, bajó la cabeza y lamió la punta. Se estremeció en sus brazos mientras un chillido suave brotaba de ella. Lamiendo alrededor del borde de la areola, en estrechos golpes pequeños, estuvo contento cuando sus dedos se cerraron sobre su espalda. Ella enroscó los dedos en su pelo como si fuera a guiarlo, pero él se negó a ser llevado. Algunas cosas en la vida se entendían que debían ser disfrutadas, y la adoración del cuerpo de la mujer era uno de ellos.

El olor de su baño de aceite nubló sus sentidos mientras la mordía y besaba el montículo de su pecho, haciendo una pausa de vez en cuando para darle la vuelta a su pezón.

—Por favor—Su voz estaba sin aliento, suplicante.

Una oleada de triunfo corrió a través de él, y bajó la cabeza y luego lo tomaba en su boca. Sus dedos se apretaron en su pelo mientras él la mamaba, dejando su pezón, rodándolo entre su lengua y al techo de su boca. Él deslizó las manos hasta las caderas, tomándoselas, apretándola contra su pene.

Al soltar el suculento bocado, presionó besos por la pendiente de su pecho, bajo la urgencia cabalgando en su vientre. Husmeando en su jersey a un lado, acarició la carne recién revelada. Sus labios rozaron durante un borde duro y estrecho de carne y se detuvo. Alejándose, su mirada se fijó en la cicatriz que iba desde el centro de su pecho, bajo su pecho izquierdo.

Erihn se congeló en sus brazos.

Consciente de su inmovilidad, le dio un beso a la punta de su cicatriz, con su lengua robándose el sabor de la cresta. Rápido como un gato, ella se arrancó de sus brazos. Él alcanzó a ver su destrozada expresión antes de que girara y corriera hacia la casa.

La frustración zumbó a través de su sangre, Fayne pasó la mano por su pelo. Cada vez que pensaba que estaba haciendo progresos, algo pasaba que le cerraba la puerta. Su aliento salió hacia fuera mientras veía su figura en retirada desaparecer detrás de la pesada puerta.

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La dejaría ir. En este momento.

Es casi hora.

*****

Max se quedó inmóvil, apretando los dedos alrededor del mango de la pala. ¿Quién decía eso? Él miró alrededor, al no ver cerca a nadie excepto a Bliss y a Stuart, el capataz de la excavación, enfrascados en una conversación a muchos metros de distancia.

Metió la pala en la rica tierra antes de soltar el mango. Mentalmente, tiró hacia adentro y formó una pregunta para ofrecérsela al universo.

¿Tiempo de qué?

Un cálido aliento de viento se precipitó de la nada, revolviendo el polvo fino delante de él y causando que parpadeara rápidamente cuando la voz volvió de nuevo.

Prepárate

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Capítulo Cinco

Erihn salió de la penumbra de la biblioteca apretando sus trabajos de investigación y libros contra su pecho. El sol de la tarde golpeó su cara al entrar a la sala de estar y ella chilló con molestia.

Girando la cabeza lejos del reflejo, una visión desconocida llamó su atención. Una lechera vieja de florero adornaba el centro de la mesa de café, lleno de Indian Paintbrush, colombinas y salvia fresca.

No habían estado allí cuando ella se había ido a la biblioteca un par de horas antes.

—Me preguntaba cuándo ibas a despertar.

Ella parpadeó como una lechuza, tratando de borrar el sueño de sus ojos. Fayne estaba a los pies del sillón con todo su glorioso torso desnudo. Pantalones vaqueros de cintura baja se aferraban a sus estrechas caderas, y una mano yacía sobre su corazón, rascándose con pereza como si le gustara la sensación de sus uñas en la piel ligera de su pecho. Era hermoso.

Un estremecimiento de deliciosa conciencia y temor bailó a lo largo de sus nervios. Quiso pasar sus dedos por su pelo, para qué él la mirara con pasión en sus ojos como lo había hecho antes. También quería huir y evitarlo durante los próximos diez años.

Él frunció el ceño.

— ¿Estás bien? Tienes una mirada extraña en tu cara.

Erihn asintió.

—Estoy bien. —Dio un gran rodeo y se tropezó con la mesa de café para depositar su carga. Un libro se deslizó, soltando algunos papeles y el diario cambia formas gato de sus brazos. Ella y Fayne se agacharon por el diario chocando sus manos al agarrar el cuero gastado. —Lo siento—murmuró ella cuando él soltó el libro.

—Es un libro muy antiguo—observó él.

—De mediados del siglo XVIII. Está en muy buenas condiciones. —Erihn aseguró el libro en una estrecha caja de madera forrada de terciopelo antes de dejarlo caer en su voluminoso bolso que estaba junto a la mesa de café.

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—Es un diario que estoy usando para la investigación de mi próximo libro.

— ¿En serio? Jennifer dijo que eras su novelista favorita. ¿Cuántos libros has escrito?

Ella se ruborizó.

—Ella sólo es amable. En el que estoy trabajando ahora será el número veinte.

Fayne silbó.

—Bastante impresionante. ¿Asumo que Jennifer tiene copias de tus libros?—El recogió el ordenador portátil y algunos papeles del piso, entregándoselos a ella sin siquiera echar un vistazo a su ordenada escritura a mano.

Ella asintió hacia los estantes.

—Están en el estante, junto al reproductor de CD.

Erihn se sentó en el sofá poniendo sus notas en orden mientras él se dirigía a las estanterías. Al verlo con la esquina de su ojo ella vio que examinaba los títulos que llevaban su nombre.

— ¿Cuál es tu último título?

—Amante de terciopelo. —Ella puso las páginas de sus notas en sus correspondientes carpetas luego se levantó a tiempo para verlo sacar el libro de la estantería. — ¿Qué estás haciendo?

Él se volvió, mirando el libro de bolsillo en su gran mano.

—Quiero leerlo.

Erihn se ruborizó y sacudió la cabeza.

—Realmente no es necesario

—Claro que sí. No todos los días llego a conocer a una escritora famosa.

Ella se rió.

—Casi famosa

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