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LA INSERCIÓN SOCIAL NO LABORAL

Una revisión de las dificultades de la práctica y


líneas de actuación para abordarlas.

El Club Social de Sarriá –Sant Gervasi comenzó a funcionar en el año


2001 mediante una subvención de “La Caixa”. Los comienzos fueron precarios
en cuanto a dotación económica y profesional. En el 2003 se recibe el
reconocimiento del Club por parte del “Departament de Benestar i Familia” con
la consiguiente inversión económica que dotará al Club de un equipo propio.

Como iniciativa del CHM Les Corts, el Club Social nace con la intención de
aglutinar un proyecto más amplio cuyo objetivo seria el de la inserción
comunitaria.

FUNCIONAMIENTO GENERAL DEL CLUB SOCIAL

Filosofía de trabajo

Desde el comienzo, nos planteamos como filosofía de trabajo el dar el


mayor protagonismo a los usuarios a la hora de decidir sobre las actividades
que se iban a llevar a cabo. Para ello intentamos recoger, a lo largo de
diferentes momentos, cuales son sus intereses y preferencias: desde la
entrevista de acogida, en los seguimientos individualizados, en las
intervenciones grupales y en las valoraciones que se realizan tras llevar a cabo
alguna actividad. En todo momento hemos considerado la importancia del
protagonismo de cada uno de los participantes siempre acompañados del
seguimiento y la orientación del equipo de profesionales del Club Social.

Horario de funcionamiento

La actividad de Club se lleva a cabo en horario de tarde y fines de


semana. De esta forma no se solapa con las actividades del Servicio de
Rehabilitación, facilita la separación entre ambos recursos y permite la
asistencia a usuarios que siguen tratamiento en el SR o que realizan otras
actividades (trabajo, estudios, cursos, etc…).

Organización de las actividades

Las actividades se organizan a partir de una reunión semanal en la que


están presenten los profesionales del club junto con los usuarios. La dinámica
se basa en la participación y la aportación de propuestas por ambas partes con
el fin de organizar las actividades que se llevarán a cabo esa semana. Desde el
principio establecimos un pequeño espacio de intermedio que permite el
encuentro entre los asistentes, la conversación, el intercambio de impresiones
y plantea de forma ineludible un intercambio personal al que la persona ha de
responder y se ha de enfrentar.

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En estas reuniones nos centramos especialmente en el trabajo de la
toma de decisiones, la escucha, el respeto hacia las opiniones y puntos de
vista del otro, etc. En muchas ocasiones han de trabajarse las habilidades
sociales básicas para poder llevar a cabo esta tarea.
Se intentan dar cabida a todas las intervenciones, planteándonos como objetivo
el poder recoger todas las propuestas y poder llevar a la práctica el máximo de
ellas.
En este punto hay que destacar la influencia de la cohesión del grupo a la hora
de crear un espacio de confianza en el que los asistentes se sientan
mínimamente cómodos como para participar.
En referencia a esto, hemos podido observar la evolución del grupo desde la
artificialidad de los inicios hasta el momento actual en el que existe un núcleo
principal de usuarios que se han consolidado como participantes en el club y
que se identifican de forma natural con este rol. Se podría decir que han
existido dos fases: una primera más dirigida por profesionales y una segunda,
de adquisición de mayor autonomía por parte del grupo.

Actividades del Club Social.

A lo largo de la semana, las actividades se van sucediendo


diferenciándose entre aquellas que se realizan en la propia sede del club, las
que se llevan a cabo fuera y las que son dirigidas por un profesional o tallerista
especializado y las que son realizadas por los propios usuarios del club.

Algunas de las actividades que llevamos a cabo en el Club son:

- Reunión informativa o punto de encuentro.


- Cibercafe.
- Talleres de fotografía, ajedrez, pintura sobre madera, música,
informática, tai-xi...etc.
- Salidas culturales a diferentes lugares de la ciudad
- Encuentros con los participantes de otros clubes para la celebración
de diferentes actos: carnaval, verbena de San Juan...
- Excursiones de un día a algún lugar próximo a la ciudad.
- Vacaciones: anualmente llevamos a cabo dos salidas (una de verano
y otra de invierno). Valencia y La Molina.
- Salidas al cine y a la Filmoteca.
- Video- Forum en el Club.
- Café -Tertulia (Juegos de mesa, lectura de diarios…)
- Celebración de cumpleaños.
- Montaje de exposiciones (de obras realizadas por los propios
usuarios).
- Utilización de sala polivalente del Centro Cívico.
- Salidas de fin de semana.
- Asistencia a Jornadas, conferencias…
- Conciertos en Fnac
- Etc, etc….

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Espacios reales versus espacios simbólicos. Las consecuencias
prácticas de la diferenciación de espacios.

Como hemos dicho anteriormente, las actividades de Club se realizan en


un horario diferente al del SR. Sin embargo, se comparten infraestructuras con
el fin de amortizar espacios polivalentes del servicio (sala taller, aula de
informática, aula audiovisuales…).
Surge, en muchas ocasiones la necesidad de una separación real de dichos
espacios. Los asistentes al Club agradecen la diferenciación de espacios y de
alguna manera la reclaman a la vez que desarrollan su identidad como
elementos integrantes del grupo. Con el tiempo, han constituido como propio
un espacio resultaba aséptico.

La diferenciación entre espacios reales y simbólicos nos ha llevado a las


siguientes reflexiones prácticas.

1.- En algunos casos hemos podido comprobar como la vinculación a Club es


mejor aceptada y vivida desde un punto de vista más positivo por parte de
algunos usuarios debido a las propias características del recurso en si:

- menor exigencia en cuanto a asistencia.


- el abordaje terapéutico es menos estructurado.
- el trabajo se realiza en grupo (no tanto a nivel individual).
- se tiene más en cuenta el punto de vista del usuario.

2.- El Club no es un espacio dónde la terapia se sitúe en primer orden lo cuál


permite al usuario un mayor margen de acción.

3.- La utilización de espacios propios y la presencia de profesionales diferentes


entre recursos facilita la ubicación de los usuarios y evita confusiones sobre
todo en aquellos usuarios poco familiarizados con la red de salud mental.

Trabajar la autonomía

La consecución de la autonomía es uno de los pilares básicos en


rehabilitación. Potenciar la autonomía de los enfermos a partir de un recurso
como el Club Social puede parecer en principio algo contradictorio. La
presencia de profesionales y la infraestructura asistencial debería de
minimizarse al máximo con el paso del tiempo para que la organización del
tiempo y la toma de decisiones por su parte pudiese ser algo totalmente
autogestionado. Sin embargo, sabemos que en la práctica existen numerosas
dificultades a la hora de que esto sea así por lo que se hace necesaria la
intervención manteniendo el objetivo de la autonomía a largo plazo teniendo en
cuenta la variedad de casos con los que nos encontramos en la práctica y la
necesidad de cada una de estas personas de una mayor o menor intervención.

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Desde el primer día nos planteamos como imprescindible el poder contar
con las propuestas de los usuarios participantes en el Club a la hora de
poner en marcha las actividades. Esta tarea venía precedida de las entrevistas
individuales de acogida a Club en las que nos habíamos acercado a los gustos,
a los intereses y a las preferencias que esa persona a la hora de ocupar su
tiempo libre. En algunos casos el acercamiento nos conducía a la nada, al
vacío de días enteros de inactividad o a la inexistencia de otros con los que
poder compartir el tiempo.
Los campos evaluados en las primeras entrevistas pasan fundamentalmente
por explorar aspectos en relación a su nivel de sociabilidad y las capacidades o
recursos propios con los que cuenta para establecer contactos sociales:

- Núcleo de convivencia.
- Relaciones sociales.
- Actividad diaria habitual.

Fomentar el criterio de los participantes puede traer consigo situaciones


complicadas que se han de ir manejando. Al principio, la dificultad se encuentra
básicamente, en la falta de iniciativa:

- Mostrada a través de una marcada pasividad, ausencia de expresividad,


introversión, fobia social…

- Debida en gran parte a síntomas propios de la enfermedad: apatía,


bloqueo o incongruencia en la respuesta emocional…

- Aumentada por la pasividad propia que producen los neurolépticos.

- Reforzada por un contexto social que puede resultar poco estimulante.

Con esta perspectiva es difícil comenzar a trabajar para que sean ellos
mismos lo que puedan proponer la actividad a llevar a cabo. En esos
momentos tanto usuarios como profesionales han de enfrentarse, los primeros
al reto de tomar decisiones y los segundos el de aceptarlas. Eso si, en este
proceso es fundamental el acompañamiento (ej: ir a buscar información sobre
actividades, indicaciones para hacer llamadas telefónicas, consulta de páginas
web…). De esta forma la implicación en el proceso es mayor. El soporte en las
gestiones será una cuestión a valorar en cada caso (para algunos será más
necesaria o más adecuada que para otros).

En ocasiones la dificultad no viene dada por la escasez de iniciativas


sino por la idoneidad de las mismas. No se trata de censurar, algo
incompatible con lo anteriormente dicho, sino de reconducir propuestas que en
muchos casos se hacen con la única intención de llenar espacios vacíos. En
una ocasión un usuario del Club nos planteaba el poder organizar un fin de
semana en un balneario. La idea no era mala, desde luego, sin embargo dicha
propuesta debía hacerse encajar con el grupo, con las posibilidades
económicas de la mayoría, ha de ser factible a nivel de trasporte…etc., etc. Le

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propusimos que pudiera estudiar por su cuenta todo lo que entrañaba la
propuesta de cara a proponerlo al grupo.

Otro aspecto a destacar en cuanto a la autonomía, es la incidencia que


en la consecución de dicho objetivo tiene la propia actitud del profesional. Es
innegable que la forma en la que este actúe y la consideración que tenga
acerca del tema va a marcar el desarrollo o no de dicha actitud en el grupo.
Cómo trabajadores del ámbito social en general, debemos ser conscientes del
poder del que disponemos frente a las personas a las que atendemos, nuestra
influencia en sus acciones y en la manera en la que llevan a cabo sus
decisiones. La autonomía del usuario ha de ser fomentada y además aceptada.
Debemos creer realmente en las posibilidades de esa persona para llevar a
cabo actividades (en este caso lúdicas) sin nuestra supervisión. En alguna
ocasión nos hemos sorprendido positivamente con usuarios que, por error,
habíamos “encasillado” en un principio como poco autónomos.
Existirán casos en los que es el propio usuario el que busca alianzas con el
profesional debido a diferentes razones: afinidad, edad, búsqueda de
protagonismo...En esos casos se ha de dirigir la intervención hacia la actividad
autónoma y reconvertir esa dependencia en una búsqueda de apoyo en el
grupo de iguales.

En otros casos, es la actitud de la familia la que puede marcar el nivel de


autonomía que esa persona muestre y ese factor, a pesar de no existir desde el
Club una intervención directa con las familias, es siempre considerado (familias
boicoteadoras de las actividades, sobreprotectoras…)

La relación entre profesional y usuario.

Con respecto a la vinculación del usuario a Club, ésta ha de ser


consensuada entre profesional y usuario y por tanto ha de ser individualizada.
En nuestro caso, la asistencia a las actividades es abierta y no existe una pauta
de carácter terapéutico como podría darse en el Centro de Día. El Club permite
al usuario moverse en un espacio de menor exigencia y más fácilmente
aceptable en algunos casos. Si que planteamos en las entrevistas de
vinculación la necesidad de un mínimo compromiso con el recurso para no dar
pie a situaciones en las que el usuario deja, sin mas, de asistir. También es
éste un buen momento para acordar aspectos prácticos que asienten las bases
de una utilización autónoma del recurso. Uno de estos aspectos consiste en
establecer como rutinaria la costumbre de que sea el propio usuario el que se
interese por la actividad programada ese día (llamando, pasándose a
informarse, preguntar a un compañero…). En algunos casos, y sobre todo al
principio, se ha de reforzar esa acción. En otros, no será posible hasta que la
vinculación esté fuertemente establecida debido a las propias dificultades que
presenta la persona.

Con el tiempo, han crecido el número de derivaciones y de vinculaciones


Al Club Social. Esto en la práctica se ha traducido en incorporaciones nuevas
de personas que han ido llegando a un grupo cada vez más consolidado. En
este sentido se ha puesto especial cuidado en la fase de acogida para poder

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favorecer la entrada de nuevos usuarios. El proceso de derivación al Club va
precedido de la coordinación entre el profesional derivante y el receptor. Es
importante que el derivante conozca bien el recurso para que la indicación de
asistencia sea adecuada. Las coordinaciones que realizamos son:

- Coordinación con el CSMA de referencia.


- Con el profesional referente en el SR (si existe)
- Coordinación con otros recursos.
- Coordinación con Recursos Sociales (centros cívicos, bibliotecas…)

Para el profesional, el Club es un recurso en el que la relación con el


usuario se hace más flexible que nunca. El tipo de situaciones vividas en el
Club marca el acercamiento y los límites se difuminan. Ese contacto es por un
lado, extremadamente enriquecedor, por otro, hará que debamos mantenernos
más atentos a los límites que en muchos momentos también será necesario
establecer. El profesional es aquí un facilitador de las relaciones, el que puede
ayudar a establecer ese clima de confianza o de mínimo compañerismo para
que el grupo pueda después continuar su rodaje como tal mediante la inercia
adquirida al principio.

El profesional en el Club se enfrenta así a las siguientes circunstancias:

- La relación que existe con el usuario es de carácter flexible.


- La actividad se desarrolla en un ambiente lúdico que no facilita el
establecimiento de roles definidos.
- Lo profesionales adquieren en ocasiones un carácter “polivalente” lo que
les obliga a tener una gran capacidad de adaptación a situaciones muy
variadas.

En el Club hemos visto como personas, que apenas tenían contacto con
otros mas allá del círculo familiar, han establecido relaciones, las han podido
desarrollar y consolidar en el tiempo.
En un comienzo, el canal de comunicación entre los usuarios era el propio
centro. Sin embargo, con el tiempo ese canal se ha encauzado hasta que ellos
mismos han creado su propia red de comunicación. Incluso hemos podido
observar cómo estos contactos no sólo se han centrado en aspectos de ocio
sino que han servido de amortiguadoras en momentos de mayor estrés.

También hemos podido ver cómo en algunos casos el vínculo con el Club no se
ha llegado a consolidar y la persona ha dejado de venir debido a varias
razones:

- El usuario no encuentra motivantes las actividades que ofrecemos.


- El Club no concuerda con las expectativas que tenía acerca del servicio.
- La indicación de Club no era la adecuada para esa persona.

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Las actividades

En las actividades que se realizan en el club podemos distinguir entre


aquellas que están organizadas por el propio club y las que son organizadas
por recursos externos. En ambos casos se intenta que estas actividades
llevadas a cabo tengan un carácter normalizador, es decir, actividades que
querría o podría hacer cualquier persona de una edad similar, empleando para
ello, siempre en la medida de lo posible, espacios utilizados por el resto de la
población. Asimismo, no perdemos nunca de vista la posibilidad de fomentar
actividades (directa o indirectamente) que cualquier persona puede realizar de
forma privada y que también forma parte del tiempo de ocio: lectura, cine…
Otro aspecto ideológico a la hora de elegir o diseñar las actividades sería el de
introducir en ellas una perspectiva alejada del estereotipo clásico de lo que un
enfermo mental puede o quiere hacer en sus horas de ocio y en el que muchos
profesionales caen, bien por seguir criterios equivocados o por la inercia de la
monotonía de años de trabajo.

Sobre actividades organizadas por el propio club encontramos todas las


reuniones, encuentros, fiestas, talleres…etc., realizadas en las mismas
instalaciones del club con la participación exclusiva de usuarios del club u otros
clubes. Ejemplos de ello son las celebraciones que anualmente se van llevando
a cabo en fechas señaladas: fiesta de Sant Joan, celebración de la castañada,
comida de navidad, comida de carnaval…fiestas todas ellas celebradas por el
grueso de la población de la población y cuyo formato desde el Club, intenta no
alejarse del que podría llevar a cabo cualquier otro ciudadano.

En cuanto a actividades externas hablaríamos de la utilización de otros


recursos como Bibliotecas, Centros Cívicos, salas de exposiciones…Espacios
de los que nos beneficiamos por su contenido y cuya utilización nos sirve
indirectamente en la sensibilización pública. Ejemplos de ello sería la
participación en talleres de informática dirigidos al público en general,
exposiciones guiadas, participación en conferencias…

Las actividades han de combinar las que suponen un alto grado de


interacción entre los participantes y las que permiten un mayor aislamiento de
la persona que asiste. Partiendo del respeto hacia la posición que el individuo
quiera adoptar, es cierto que en ocasiones será bueno fomentar actividades
donde haya un cierto grado de obligatoriedad en la expresión personal. No es
lo mismo ir al cine, que participar en una charla-debate, que hacer un taller de
postres o que ir en grupo a tomar algo.
A nivel externo también hay que destacar la participación de los usuarios del
Club en acciones de voluntariado llevadas a cabo en el entorno más cercano:
el distrito. Ejemplos de ello son la participación en el montaje de actividades, el
acompañamiento en actividades infantiles…etc. Mediante estas acciones se
trabaja la implicación de la persona y su nivel de compromiso con los demás a
un nivel próximo y directo y paralelamente permite el descubrimiento de las
capacidades de las personas con enfermedad mental por parte de la sociedad.

MUCHAS GRACIAS.