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ALYSSA BROOKS

ALYSSA BROOKS MADI EN EL MEDIO

MADI EN EL MEDIO

Alyssa Brooks

Madi en el medio

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MADI EN EL MEDIO

Argumento:

Él la amaba lo suficiente como para dejarla ir

Intimidada por la perspectiva de enfrentarse al hombre que años atrás le había roto el corazón, el hombre al que no puede dejar de amar, Madison Porter trama un plan con su antiguo compañero de piso, para que la acompañe a su casa. Para que la ayude a poner celoso a su ex.

Michaels tuvo un flechazo

con Madi desde el primer día. ¿Ahora ella quiere que la tome de la mano, que la bese en público? Para él no va a ser nada fingido, y esta

es la oportunidad perfecta para seducirla. Empezando con algunas sesiones prácticas de enrollarse

¿Fingir

que

la

quiere? Brady

Hay un sólo fallo

El plan de Madi funciona demasiado bien.

Ahora Will quiere que ella regrese. Determinado a que Madi no se

alejara de perseguir sus sueños, Will Ryder pudo haberla dejado, pero

su amor por ella nunca cambió

Ella es la única.

el

corazón, o a Brady, el que lo curó? Si el felices para siempre viniera en

un paquete

Ahora Madi

debe

elegir. ¿A Will,

el

hombre

que le

rompió

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Prólogo

Este era, indiscutiblemente, el mejor día de la vida de Madison Porter. No, no el mejor, el primero. Hoy comenzaba una nueva vida. Una mucho, mucho mejor.

—¡Will! ¡Will!— clavando frenos para detenerse frente a la sucia entrada, aparcó de golpe en el sitio y saltó de su viejo y destartalado coche, dejando la chirriante puerta entreabierta mientras corría hacia el establo, agitando el gran sobre en su mano y gritando—. ¡Will, entré! ¡Entré!

¡Adiós, Nueva Jersey! ¡Aloha, Hawai!

Se asomó a la abertura sombría del granero, la paja brillaba como oro bajo sus pies al cálido sol primaveral. Allí estaba, bronceado como un dios, lo que quedaba de sus pantalones vaqueros y camiseta blanca se aferraban a sus esculpidos músculos ganados con mucho esfuerzo, cubierto de polvo y paja y esos ojos oscuros insondables e ilegibles. Sin mostrar emoción.

En silencio, estoicamente, se quedó allí, y ella patinó hasta detenerse frente a él, confundida.

—¿Will? ¿Qué pasa?

Él se pasó la mano por pelo corto, casi negro, los labios gruesos que ella amaba besar retorciéndose por algo aún no dicho.

—Madi, escucha

¡Oh, Dios mío. Oh Dios, no!

Ella no se atrevía a preguntar directamente. Todos sus planes, el resto de sus vidas dependían de que ellos dos fueran aceptados.

—¿Has mirado el correo?

—Todavía no.

—¡Bueno, vamos entonces! ¿Qué, estás nervioso, tonto? — ¡Seguramente el mismo gran sobre blanco lo esperaba! Madi atrapó su enorme mano entre las suyas, dándole un tirón—. ¡Vamos a verlo!

—Madi, para —Sin moverse, tiró de su mano, liberándola—. No va a haber ningún sobre. Ni hoy, ni nunca.

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—Pero ella sabía que él lo había solicitado. Habían

diligenciado juntos sus solicitudes y luego habían ido de copas para celebrarlo. Su palpitante emoción brotaba en pánico, temblando sobre su piel—. ¿Qué

quieres decir? Por supuesto que hay

—¿No habrá sobre?

Tenía que haber.

—Oh, Madi

—Levantando la mano, tomo un mechón de su cabello

rubio pálido, y le dio vueltas entre los dedos. —Mi Cornsilk 1 ángel.

Su apodo para ella. Cornsilk. Una imagen de él apoyado en su viejo y destartalado camión, tamborileando con los dedos mientras esperaba a que ella saliera de la escuela - ella ya llevaba un par de años detrás de él cuando empezaron a salir - atravesó su mente. Hola, Cornsilk, decía. La luz del sol no consigue brillar como tú. Y Madi sabia que ningún otro hombre jamás la haría sentirse tan especial como este agricultor con los pies en la tierra lo hacía.

Ahora admiraba su cabello como si fuera la última vez que lo vería, o volvería a tocarlo.

—Es lo mejor.

¿De qué diablos estaba hablando?

—No. Will, no.

Ella golpeó su mano, el pánico convirtiéndose en terror absoluto. Algo

Dos largos años de

iba mal, muy mal. Después de toda su planificación ahorro después de la escuela secundaria.

—Dime qué ha sucedido, —exigió—. ¿Qué va mal?

—Yo debería habértelo dicho antes —Miró hacia el suelo tratando de ocultar sus ojos bajo sus negras y espesas pestañas, como si tuviera miedo de enfrentarla—. Nunca hice la solicitud, Madi. Tiré los papeles. Simplemente no podía enviarlos por correo.

¿Qué?

—¿Por qué? —Todo el tiempo su mente gritaba ¡No, no, no! Pero conocía a Will. Se dio cuenta de la horrible verdad.

—Ya sabes por qué, Cornsilk. No puedo abandonar a mi padre aquí solo. Simplemente no puedo. Él ha ido suicidándose paulatinamente con la bebida

desde el accidente y ya ha perdido a un hijo

—La voz de Will se quebró ante

1 CORNSILK = cabello sedoso del color del maíz

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la mención de su hermano gemelo - el verdadero granjero de la familia - que murió a los once años en un accidente de la cosechadora, lo que hacía que la muerte de su madre - por una hemorragia, cuando decidió traer a ambos muchachos de manera natural, - pareciera tener más sentido—. ¿Cómo puedo abandonar a papá? Si me voy la granja se irá a pique. O peor aún. De todas las personas, tú deberías entenderlo.

De todas las personas, ella no quería entender. Su propio padre había muerto de envenenamiento por alcohol cuando tenía cuatro años, dejando a su madre sola para criarla, rompiéndose la espalda en las fábricas para poder subsistir. Odiando su vida y asegurándose que Madi y - todos los demás a su alrededor - fueran plenamente conscientes de ello. Cada segundo de cada día.

Madi sabía dos cosas - unos principios que creía que ella y Will tenían en común - ella jamás bebería. Y nunca trabajaría en un empleo que odiara.

No había nada en este mundo que deseara más que al océano y sus habitantes, los delfines y ballenas, caballitos de mar y tiburones. Desde “La Sirenita” la vida bajo el agua era absolutamente mágica para ella. ¿Y aquellos calurosos días de verano cuando ella y Will se escapaban a Quarry, y conducían un viaje de una hora a la playa más cercana para disfrutar del sol y chapotear en el mar? Un pedacito de cielo. Desde entonces ella había comenzado a informarse en las universidades, lo único que quería era asistir al prestigioso Instituto de Biología Marina de Hawai en Coconut Island. Para adquirir su doctorado en oceanografía y vivir de lo que le gustaba.

—Madi tragó la emoción,

esta granja no era lo que él mas amaba. Amaba a las

estrellas. Podía nombrar todas las constelaciones que se habían encontrado y algunas sólo suyas. Y se suponía que él debía estar a su lado, asistiendo a la Universidad de Hawai, especializándose en astronomía—. ¿Te estás condenando a esta vida que odias? Will, ya hablamos de esto, ¿recuerdas? — Todas las noches durante años. Se habían tumbado en la parte trasera de su camioneta, junto al río, mirando el cielo de la noche, hablando y haciendo planes. Grandes planes, juntos—. ¿Qué pasa con tus sueños?

porque esta granja

—Entonces simplemente vas a quedarte

¿Los de ella? ¿Los de ambos?

¿Cómo podría vivir sin él? ¿Cómo podría él esperar que ella no se fuera? Sin duda, su corazón se estaba dividiendo en pedazos.

Él no dijo nada. De pie, mirando a lo lejos, inamovible.

A ella, las lágrimas de confusión le resbalaron por la cara. Un agujero

quemó en su pecho, aumentando con cada segundo que pasaba.

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—Will, por favor.

—Lo siento, Madi, pero se acabó —Su voz no se rompió, si no que se mantuvo firme, suave y seguro.

—¿Se acabó? ¿Estás rompiendo conmigo? —Madi no podía creer lo que estaba oyendo. Se negaba a aceptarlo—. No, no, no puede ser. Nos amamos. Queremos casarnos algún día —se le acercó, sintiendo como si se estuviese agarrando a clavos ardiendo, pero él retrocedió—. Podemos arreglarlo, —ella insistió—. Todo lo que esté mal

—No se puede arreglar lo no existe —Por fin levantó su mirada, sus ojos muertos. Su voz sonaba como acero. Más frío de lo que nunca lo había oído hablar—. Mira, Madi. Lo que teníamos era un amor adolescente. Nosotros no éramos más que un par de chicos de instituto y ya es hora de que crezcamos. Lo superarás. Yo ya lo he superado. Ya no estoy por ti, esa es la razón real por la que no hice la solicitud. Así que no te hagas ideas de permanencia. De cualquier forma, nosotros hemos terminado.

Con

eso

le

dio la espalda, tomó una horquilla y desapareció en las

profundidades del granero.

Capítulo 1

Siete años más tarde

Rechazada. De nuevo.

¿Tenía un cartel en la espalda o algo así? ¿Era incapaz de retener a un hombre?

Sabiendo con exactitud a dónde iba - a su coche, a conducir hasta la playa - Madi se apresuró a través del mercado de Manoa, pasando los puestos de frutas y verduras donde los agricultores se apresuraban a levantar las lonas con las que rápidamente los habían cubierto para protegerlos de la repentina lluvia de la tarde que había caído - no había una día en este valle que no lloviera, ya fuera poco o mucho. Como consecuencia, la exuberante vegetación

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y las flores exóticas prosperaban y el arco iris aparecía con frecuencia, como ahora, los hermosos colores cruzando el cielo azul pálido. Como predicando las cosas bellas.

Había estado lloviendo torrencialmente mientras Dan rompía con ella, en una tienda de bocadillos locales donde habían ido a almorzar. No había tocado un mordisco. Él se había engullido dos de atún con pan de centeno. Habían estado saliendo durante tres meses.

—No eres tú —le había afirmado entre bocado y bocado—, soy yo.

Infame frase. Para ser honesta, era ella, y su siguiente explicación se lo demostró.

—Yo soy de la clase de los necesitados, —le había explicado—. Ambos estamos ocupados, Madi. Somos demasiado iguales. Necesito encontrar una novia que esté más disponible.

Y Madi no lo estaba. De hecho, en palabras del último hombre con el que había salido: —Estás casada con tus peces, Madi —Y sin importar con quien salía, no la inspiraban lo suficiente como para darles cualquier clase de prioridad. Se dio cuenta de su carencia de sentimientos.

Quizá sólo debería dejar por completo a los hombres. Seguir con la variedad sin branquias.

Sabiendo que no podía pasar hambre si deseaba tener energía para desahogar su frustración nadando, Madi se detuvo en un puesto ambulante, pago un dólar por un plátano, no quiso el racimo ni el cambio del dinero, lo peló y continuó deprisa su caminata hacia su convertible del 84, - que, como todos los coches viejos que había poseído, estaba muy desgastado, pero disfrutaba del viento en el pelo y lo seguiría haciendo hasta que por fin obtuviese su Master la próxima primavera, después de un total de ocho largos años. Tarde o temprano, le seguiría su doctorado - se negaba a renunciar a

aquél sueño - pero probablemente iría igual de despacio. Mantenerse sola en la

en numerosas ocasiones había tenido que

abandonar un semestre sólo para ponerse al día económicamente.

universidad había sido un coñazo

Madi dio un mordisco al plátano. Dios, ¿cómo llegó a esta ruptura? pensó. No estaba dolida por haber sido rechazada, hacía mucho tiempo que había llegado a la conclusión de que después de Will, ningún hombre jamás podría lastimarla otra vez. No se puede romper un corazón que ya está en pedazos. Pero estaba enfadada. Muy cabreada. Había contado con la compañía de Dan para este fin de semana. Ahora, en menos de dos días, tendría que afrontar el viaje de ida a casa - y a Will - sola.

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Ese pensamiento formó un nudo en su garganta, atragantándose, y tosió antes de que se acabara ahogando. Tiró el resto de la fruta una vez que llegó a su coche. Insertó la llave, abrió la puerta chirriante y se lanzó al asiento. Dos segundos más tarde el motor aceleró y se apresuró hacia el consuelo, nunca lo había necesitado más.

No podía, ni quería, regresar sola a la ciudad. Otra vez no, no con casi

especialmente después de la última vez, todo

el mundo en Quarry sabía que Will salía con una camarera pelirroja. En tres ocasiones se había encontrado con él en el restaurante, forzándose a vivir la espantosa verdad. Verlo ligar era un infierno. Estar frente a él, era demasiado incómodo, incluso después de todo este tiempo.

veintiocho años. Era patética

Pero no había visto a su madre desde Pascua, cuando Madi le pagó su vuelo a Manoa, en lugar de regresar a Nueva Jersey, como lo había hecho antes, en Navidad y Acción de Gracias. Ahora mamá tenía la intención de casarse con el hombre con quien había estado saliendo los últimos meses y Madi le había prometido - de corazón y bajo juramento - que regresaría a casa un largo fin de semana y asistiría a la boda en el juzgado.

Con ese pensamiento, fue impactada por una visión de la pelirroja tirándose el pelo hacia atrás y riéndose de algo que Will había dicho.

La mano Madi tamborileaba el volante y ella cambió a cuarta, saltándose el límite de velocidad. Aquello era ridículo. Ciertamente, él ya la había olvidado. ¿Por qué no lo apartaba de su corazón?

Sin embargo, la pelirroja se reía. Reía y reía y reía, burlándose de ella.

Y repentinamente, la comprensión golpeó a Madi con fuerza, sabía exactamente qué hacer, clavó los frenos, giró una vuelta en U y se dirigió a su

apartamento. ¡Tenía algo mejor que Dan

propio pelirrojo - bajo la forma de su sexy compañero de piso y buen amigo Brady. Después de todo, él se había lamentado de que lo abandonara todo el fin de semana, jurando que probablemente tendría una arteria obstruida en el

momento en que regresara a casa, por cocinar para él solo. La única manera que conozco de que una comida salga comestible es con 7 centímetros de aceite.

El perdedor! Se llevaría a casa a su

Y era verdad, cuando se trataba de pasta y aceite el hombre era un profesional. Pero la salud de su corazón no era el motivo por el cual se quejaba de que Madi lo abandonaba. Su otro compañero de apartamento se había mudado recientemente, y si había algo que Brady detestaba, era quedarse solo.

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Ahora ya no tendría que ser así.

Brady. ¡Ah, era perfecto! Era un hombre alto y fornido, lucía un montón de músculos y un sexy acento sureño. Bronceado por el sol de Hawai, con un hermoso cabello castaño y risueños ojos color avellana. Súper inteligente y estaba terminando su doctorado. Un buen partido. En realidad, ella habría

salido con él hacía mucho tiempo – él se lo había pedido un par de veces - salvo por un pequeño fallo. Igual que Will, él amaba las estrellas, y estaba

estudiando astronomía

eso era simplemente demasiado extraño en su libro.

Sin embargo, eso era exactamente lo que necesitaba para despertar los celos de Will. No es que ésa fuera su intención. Simplemente necesitaba a alguien llamativo. Ahora bien, si pudiera lograr que él estuviera de acuerdo.

*****

¿Fingir que la quiero? ¿Fingirlo?

¿Estaba alucinando o soñando? Tras una larga noche en el observatorio, estudiando una joven estrella que recientemente había encontrado en los telescopios infrarrojos, Brady acababa de despertarse hacía pocos minutos. ¿cierto?

Con una cuchara en una mano y la bebida en la otra, observaba boquiabierto a la sexy mujer que acababa de irrumpir en el apartamento,

sentada sobre el viejo sillón marrón, batiendo sus rubias pestañas, y diciendo

que necesitaba un "pequeñito

bueno, tal vez enorme favor". Con esa

fascinante y melodiosa voz, le preguntó si podía hacerse pasar por su novio.

Sostenerle la mano. Coquetear. Besarla en público.

Sólo por unos días.

—ella

oración, sus ojos de un vívido azul de ultramar brillando necesitados. Por él.

—Porfavorporfavorporfavor

le

rogaba,

las

manos

unidas

en

El calor corrió a lo largo de su polla con ese pensamiento y dejó caer la cuchara en el tazón de copos escarchados en la mesa de café y se sentó.

—Diablos, sí —Maldición

sonó demasiado ansioso, imbécil.

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—¿En serio? —Gritó ella, por suerte no se dio cuenta de su exceso de

entusiasmo—. Porque significaría mucho para mí, no tener que enfrentarme

sola a Will. Quiero decir

no quiero que te sientas mal ni nada.

Como si fuera a decirle “no” cuando había querido estar de ese lado siempre. No tendría que fingir nada. No importaba que le estuviera pidiendo esencialmente poner celoso a la competencia.

Dios, sólo verla de rodillas junto a él en el sofá, con su sedoso cabello rubio pálido, colgando sobre sus hombros, capturando los destellos de luz que brillaban a través de la ventana abierta detrás de ellos. Los ojos más azules que había visto nunca, ojos que podrían capturar el alma de un hombre si los mirabas demasiado tiempo, Brady lo sabía, porque estaba preso de su encanto. Rasgos delicados, una estructura ósea casi frágil para su alta figura de modelo.

Hacía un par de años que compartían piso, con un flujo constante de estudiantes de UH que ocupaban la habitación disponible - y él la había deseado durante todo ese tiempo. Ella era el sol para él. Una estrella por derecho propio. Cálida y brillante. Pero después de tres intentos de conseguirla y, tres posteriores rechazos, se había imaginado que estaba fuera de combate.

Estaba claro dónde descansaba el corazón de Madi. Roto a los pies de Will. Demasiado malo era que también fuera guapa e inteligente, pero Brady se había resignado y estaba simplemente agradecido de tenerla como compañera de cuarto. No mucha gente podía soportarle y lo sabía.

—Te pagaré el billete de avión. Diablos, te pagaré si quieres divagaba—. ¿O eso haría las cosas más extrañas? —Alzó un dedo—. Yo sé

—ella

—No, cariño, —le cortó —, es genial. Voy a hacerlo, sin costo alguno. Va ser divertido de verdad.

Brady se forzó a sí mismo a serenarse, tomando un trago de refresco. Otro beneficio añadido - como si necesitara uno -, al menos no tendría que pasar cuatro días arañando las paredes y acosando a sus amigos para que le hicieran compañía. Aún a su edad - al borde de los treinta, y después de once años de lo que su padre etiquetaba como un "estudiante profesional", Brady pensaba que era encontrarse consigo mismo -, a pesar del largo camino, todavía odiaba pasar un segundo a solas.

Cómo hijo único, Brady había pasado más de un día desterrado en su cuarto por unos padres excesivamente estrictos, y su único consuelo era el telescopio que había recibido por su sexto cumpleaños. A altas horas de la

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noche, divisaba las estrellas a través de una grieta en las cortinas, anhelando el día en que estaría libre de la soledad.

Cuando era más joven, tenia mucha inclinación por las fiestas. Ahora por fin había sentado cabeza y se concentraba en su objetivo, pero aún así, cuantas más personas - y telescopios - tuviera a su alrededor, más feliz estaba. Nunca iba a su casa si podía evitarlo, y nunca cerraba sus cortinas o puertas por privacidad - tal vez por eso muchos de sus compañeros de piso se mudaron. Al parecer, su mierda apestaba y ella fue la única que nunca se quejó, simplemente se echó a reír cuando lo sorprendió en cuclillas en el baño, leyendo un libro de texto.

—¿En serio? —le preguntó de nuevo, con voz emocionada.

—Claro, así puedo probar un poco de ese jugoso pollo que me has contado que hace tu mamá en las barbacoas —Y la oportunidad de mostrarle lo "jugoso" que podría ser entre ellos. Besarla, probarla. Encenderla

Eso, y golpear al bastardo que la había lastimado.

Al mismo instante en que Madi chilló con alegría y le echó los brazos al cuello, en un abrazo apretado, Brady flexionó el puño, abollando la lata con la idea de hacer sudar y sangrar a Will.

—¡Oh, Brady, eres el mejor! ¡Absolutamente el mejor!

Eso es lo que él intentaba demostrarle.

—Me alegra poder ayudarte.

Brady dejó caer la lata vacía, y le apretó la espalda, disfrutando de la sensación de sus pechos suaves y flexibles aplastados contra la dura extensión de su pecho. La forma en que olía como una brisa del mar. Cómo la estructura de su femenino cuerpo contra su musculoso pecho aceleraba algo primitivo en él y lo único que quería era poseerla.

—En verdad, gracias —ella comenzó a apartarse, pero él la encerró en su abrazo.

—Uh-uh, espera, —murmuró a su oído. Cada partícula de su ser le picaba por probarla, por tocarla, por tenerla—. Tal vez debamos practicar. Ponernos en sintonía.

—¿Practicar? —ella ladeó la cabeza, examinando su rostro con esos ojos

brillantes, con incertidumbre—. Quieres decir

como

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—Sí, claro —frío, frío, mantente frío. Aunque era imposible hacerlo mientras el calor inundaba su polla - cuánto la deseabaAhora, no en dos días. No para fingir—. No podemos darnos nuestro primer beso delante de él, ¿verdad? si deseas que se vea real. Cuanto más practiquemos, mejor lo haremos.

— No sé

—¿Qué hay que saber? —Manteniendo un brazo de forma segura en la parte baja de la espalda, llevó la mano libre hacia su rostro, acariciando su mejilla suave y bronceada—. Puedes confiar en mí, Madi. Somos amigos, pero tenemos que ser creíbles

—Correcto. Amigos. Esto es solo para que parezca real —Contuvo el aliento, su cabello rubio flotaba cuando sacudió la cabeza—. Está bien. Hazlo.

—Bien. De acuerdo —En su interior, se estremecía de emoción. Su polla hormigueaba y se tensó dentro del pantalón del pijama moteado de estrellas - que Dios lo ayudara si ella bajaba la vista—. Voy a darte un beso, eso es todo. Así que relájate.

Le ahuecó la barbilla, acercó su boca a la suya y algo innombrable paso

a través de él estremeciéndolo.

—Madi —Luego aplastó sus labios contra los suyos, cortando su

sorprendido jadeo. Su lengua se abalanzó a lo largo de los dientes, animándola

a abrirse para él, y con un gemido gutural, ella lo hizo. Cálida y dispuesta, se fundió en su beso, su lengua burlona agitando a un lado a otro, bailando con él.

La besó cada vez más profundo, sujetándola contra el sofá, sabiendo que esto no podría ser más real, más maravilloso, la fogosa sensación de sus bocas enredadas, le incitó a tocar su pecho, moldeando la carne suave y provocando en ella un grito de necesidad.

Rápidamente se dominó - las caricias estaban yendo demasiado lejos. Por ahora

Quería más que esto - un beso con falsos pretextos. Su cuerpo, su pasión, su amor. Dulce, dulce rayo de luz, cuyo corazón pertenecía a Will. Cuyo beso era sólo para practicar. Con ella, él nunca se sentía solo.

El pensamiento casi le hizo perder el control - le hizo anhelar aplastarla contra los gastados cojines de su viejo sofá, tomarla por completo antes de

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que pudiera cambiar de opinión sobre su aventura. Hacer vibrar a su cuerpo, marcarla con su toque.

En cambio, Brady se obligó a terminar el beso, liberándola con un

gruñido de decepción. Por unos instantes simplemente se quedaron allí sentados, mirándose y respirando con dificultad. No era extraño, al menos

para él, solo había sido

increíble.

Brady fue el primero en hablar. beso. Tengo esa cosa de tocar.

—Lamento lo de la mano. Es cómo yo

—abrió un poco la boca y toco con sus dedos los labios,

jugando sobre la piel con sus uñas de color rosa, con una sonrisa en las comisuras de su boca—. Así que supongo que es mejor que me vaya acostumbrando a eso.

—Oh. Claro

—Estoy seguro de que volveré a hacerlo. Para eso son los ensayos, ¿no? —Y maldita sea, que no podía esperar por su próxima sesión. ¿Pero es que ella no lo veía? Si podían besarse así, si él podía encenderla de esta forma, ¿por qué no salir con él? ¿Por qué seguía preocupándose por Will? — Madi

Sin previo aviso, ella saltó sobre sus pies. —Sabes, no vamos a decir

nada más ahora mismo ¿de acuerdo? —Dando vueltas como un torbellino, prácticamente saltó hacia la puerta y se lanzó con sus sandalias—. Creo que

—puso una mano en la perilla y la

otra en la frente—. Tengo que pensar, ¿de acuerdo?

voy a tomar algo de aire fresco. Yo, eh

Al que ningún hombre se podría comparar.

Los celos bombardearon en su pecho, pero luchó contra la emoción inútil,

sabiendo que nunca podría cambiar la realidad de que ella amaba a Will. Pero

podía cambiar sus sentimientos por él pudiera serenarse, jugar bien sus cartas.

ya tenían una ventaja en eso. Si

Apostaba que sobre Will

— Dime, —le preguntó—, ¿qué estrella?

le

dice

el chico

estrella

a

la

chica

Inclinando su cabeza, ella se encogió de hombros, lo miraba como si hubiera perdido la cabeza.

—Realmente ilumino por ti, —él respondió con un guiño—. Iré haciendo las maletas, así tendremos mucho tiempo para practicar cuando regreses. Ahora disfruta de tu baño.

—¡Oh Brady! Ahogando una sonrisa, ella se fue.

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*****

El sol era inclemente, quemando su piel sin protección. La arena se colaba entre los dedos de sus pies, el agua del océano cristalino lamiéndolos, formando espuma alrededor de sus talones, y Madi contemplaba el brillante atardecer en el horizonte, pensando en su casa y en sus viajes al mar con Will. Cómo le gustaba estar ahí, totalmente desorientada por la belleza y la maravilla que iba más allá de su existencia protegida.

¿Su vida en Hawai? Era genial. Mejor que nunca, incluso sin Will. ¿Y el momento íntimo que acaba de compartir con Brady?

Inclusive después de media hora, sus labios aún hormigueaban, y no se lo había esperado. No se había esperado su beso, su mano acunando su pecho, el deseo eléctrico que había golpeado a su cuerpo como una ola.

Tampoco contaba con que Brady la deseara - tomando su "favor" como una luz verde, obviamente, dispuesto a seducirla.

una o dos veces, cuando se

conocieron, pero se habían convertido en buenos amigos desde entonces. Por

amor de Dios, él, descaradamente, iba al baño delante de ella.

Claro, que la había invitado

a

salir

Ahora, su intención estaba escrita en sus palabras, en su beso, por no hablar de la tienda de campaña en los pantalones del pijama. Así tendremos mucho tiempo para practicar cuando regreses.

Poco hizo la idea de fingir una muesca en su conciencia.

bueno, un engaño total. Y eso había hecho

A ella le gustaba Brady lo suficiente. Utilizarlo para darle celos a Will, porque esa era la verdad, ahora le parecía mal. Entonces, ¿qué hacer? ¿seguir adelante con este extraño - e intrigante - plan de practicar besos y fingir que se amaban? ¿o cancelar que la acompañara?, ¿qué era lo correcto?

Una desgarradora visión de la pelirroja riéndose, inclinó la balanza, el desaliento conduciéndola más dentro del océano. Vadeando hasta las rodillas, pateó y chapoteó, sabiendo que no podría enfrentarse otra vez a Will, no sola. No podía.

Pensó en Brady. Su beso hormigueante. La forma en que había sabido que vendría aquí, sin que se lo dijera. Pensó que tal vez no estaría simulando, después de todo. Entonces pensó en Will otra vez. Esos besos seductores en la parte trasera de su camioneta, bajo las estrellas.

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¡Brady! Él realmente la quería. Su amistad la hacía sentirse segura, sus besos la hacían sentirse deseada.

Sin embargo Will. Allí estaba él, siempre una espina clavada en su corazón.

¡Brady!

Will.

¡Brady!

Will.

Vestida y todo, Madi se zambulló en una ola, disfrutando del ímpetu de la corriente de agua y las burbujas que la envolvían. Burbujeando a su alrededor, seduciendo todo su cuerpo con un hormigueo, recordándole que tenía un tercer amante. Con el que ni Will ni Brady podían competir. Porque el mar nunca la defraudaría. Ni la traicionaría. Ni dejaría de amarla. Sus hermosas aguas azules no tenían ningún peligro, al menos no para su lastimado corazón.

Madi salió

a la superficie, sus brazos bombearon con una furiosa

emoción. Nunca más iba a amar a nada ni a nadie.

Y eso la hizo sentir fuerte. Segura, excepto por una duda que la roía - en realidad palpitaba en su cabeza - estaba dejando su océano atrás, y se dirigía a Quarry, con un dilema.

Capítulo 2

—No

es mucho, lo

sé. Pero

es mi hogar,

eso

creo

—Nada de que

avergonzarse ¿cierto? —Mamá estará en el trabajo hasta después de las diez.

Tiene el segundo turno. Entonces vendrá a saludarnos.

Madi giró su llave en la cerradura, abriendo la mullida puerta del frente. Desde el patio, Zoey aulló en bienvenida.

—Confía en mí cuando te digo que el dinero no puede comprar la felicidad. Una buena educación, si. Felicidad, no —A su espalda, Brady acarreó

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sin ningún esfuerzo las maletas –él insistió- subiendo las podridas escaleras del porche—. Además estoy seguro de que es adorable.

—No lo es. En realidad no. Pero el hogar es el hogar —como si necesitara demostrarlo, Madi encendió las luces, iluminando la pequeña sala que tenía un sofá que rivalizaba con el suyo y largas filas de cajas apiladas cerradas con cinta adhesiva. Para su asombro, la habitación había sido pintada con una ligera capa de color crema y el pelo de Zoey había sido aspirado de la harapienta alfombra, posiblemente para complementar el cartel de “Se alquila” situado fuera.

—Mamá se mudará con Chuck —le explicó. Toda su ropa ya estaba allí, también su cepillo de dientes, y después de este fin de semana, todo lo demás que importara también lo estaría, incluyendo a las mascotas—. Otro motivo por el cual tenía que venir, para vaciar lo que queda en mi habitación antes de que mamá encuentre a un inquilino.

—Bueno, estoy a tu disposición —Pese a cargar con el equipaje, Brady flexionó los brazos, mostrando sus músculos—. Todos tuyos, cariño.

Hombres.

Pero el pensar que Brady mirara su habitación, sin mencionar la visión de sus duros bíceps y ese cuerpo de rechupete, la ruborizó.

Demonios. Hasta ahora, estuvo tan mentalmente enfocada en encarar a Will y físicamente distraída por las “practicas” de besos con Brady, que casi no había pensado en otra cosa, ciertamente no en la pequeña y diminuta casa en

la que creció. Ni que estaba presentándole a Brady una parte de ella que pocas

personas en Hawai conocían, su antigua habitación cubierta con pósters de delfines y lleno de recordatorios de su amor por Will en forma de corazón. Mamá y su ira contra el mundo. Los vecinos que peleaban tan estrepitosamente, que en ocasiones estuvo segura que sus gritos estremecían los cimientos de la casa.

Dios, debió reservar un hotel. Brady podría estar evitando a sus padres

a cualquier oportunidad, - les llamaba HDP y El Señor sabía que ella había

desviado una buena cantidad de sus llamadas – pero al final, el provenía de la

riqueza. Conocía las cosas finas. Definitivamente venían de lados opuestos de

la valla, un tren pasaba y sacudía su casa cada mañana y cada noche a las 6

en punto, literalmente.

En ese preciso momento, la casa empezó a temblar y chirriar, amenazando con despegar las tablas que su madre había fijado hacía tiempo al

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suelo. Las paredes se estremecían y crujían y como un relojito, Zoey comenzó a gruñir y ladrar.

—Lo lamento, sólo tarda un minuto o dos —le gritó sobre el ruido. —No dirás que es acogedora mañana por la mañana.

—Sólo le agrega encanto —le replicó, paseándose y luciendo inmutable mientras bajaba sus maletas. —Muy hogareño, sólo espero que el perro no muerda.

—¿Zoey? Únicamente si tienes comida en la mano. La dejaré entrar una vez que nos instalemos —sonó un ruido familiar y varias fotografías cayeron de sus ganchos en la pared—. Hacía tiempo que el vidrio en los marcos se hacía pedazos — Madi gimió, apresurándose a recogerlo. —No sé por qué insiste en mantenerlas colgadas —Justo entonces, el ruido cesó, todo volvió a la normalidad y colocó nuevamente las viejas fotos familiares de sus abuelos y de su padre en las puntillas. Dios, ahí estaba su padre, tan joven, luciendo esa famosa sonrisa ladeada que podía sacar líquido de una roca y hacer que una monja se quitara las bragas, como solía decir su madre. Y eso era todo lo que sabía de él, que era un bebedor y un mujeriego a carta cabal, pero aún así, su madre lo amó. Mucho. Y hasta que conoció a Chuck no lo había superado. Su corazón se estrujó ante ese pensamiento y rápidamente volvió su atención hacia Brady. —¿Estas seguro que no quieres que te lleve a un hotel?

—Créeme nena. Pisos desnudos y paredes vacías no me espantan. Es parecido a donde crecí —Madi se dio cuenta que no lo llamo “hogar”, nunca lo había escuchado referirse a la morada de sus padres en Georgia como “casa”—. Esto está más que bien para mí.

—Si estas seguro…

—Claro que sí. Me gusta estar conociéndote y si es de donde vienes, mejor —le señaló una de las fotografías—. ¿Es ese tu padre?

Madi no miró atrás. —Eso me han dicho. Obviamente tengo su cabello.

—Y sus ojos. No hablas mucho sobre él.

—¿Qué podría decir? A excepción de lo que me han contado, nada de ello positivo, es un extraño para mí.

—Mmm —Brady tomó el retrato—. Bueno al menos sabemos que hizo una cosa buena en su vida.

—¿Qué es? —porque ella no había escuchado nada al respecto. Por otra parte, sí que había oído del tiempo que estuvo detenido por conducta

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indecorosa, bronceándose desnudo -y borracho- sobre el tejado. O la otra ocasión en la que fue encontrado inconsciente, aplastando los arbustos de rosas del vecino y mamá lo trajo a casa cubierto de espinas. O…

—No seas tan incrédula —la regañó Brady, acariciándola en el hombro. Su mirada apreciativa vagando a la deriva, como si pudiera observarla todo el día sin cansarse—. Te hizo a ti, bella, y qué huella ha dejado en el mundo. Tendré que estrechar su mano cuando llegue al cielo.

Madi se burló. —Dudo que esté allí —Aun así tuvo que admitir que su cumplido le sentó muy bien. Calentándola de los pies a la cabeza. Nunca antes había tenido alguna razón para apreciar a su padre. Y jamás se sintió tan atesorada como en ese instante —Pero… gracias. De veras.

—A tu padre es a quien debemos de agradecérselo —le dijo, guiñándola un ojo.

Justo entonces, por la esquina se asomó la pequeña Puny, la más pequeña de la camada con su tono blanco-anaranjado, y Brady se acuclilló, chasqueando la lengua y ofreciéndole la mano.

—Aquí, gatita, gatita.

Así que le gustaban los gatos. Otra señal positiva de ser un hombre con corazón noble. Como si ella no hubiera llegado a esa conclusión muchos años antes.

—A ella no le gustan los extraños.

No obstante, Puny se acercó sin dudarlo, frotando sus bigotes contra la mano, pero repentinamente cambió de parecer, escabulléndose debajo del mueble con la cola entre el rabo.

—Ah, la tendré comiendo de mi mano y me habré ganado su confianza para el final de mi visita —le prometió. Mirándola fijamente, se levantó a su altura completa nuevamente, sus ojos color avellana chispeando con promesas no dichas –Puny no era la única a la cual trataba de conquistar—. Estoy hambriento, acomodemos las maletas y busquemos algo para comer.

—Mi habitación… umm, te enseñaré la tuya —Ugh, no había pasado

nada.

Madi lo llevó por el corto pasillo hacia su habitación ubicada a la derecha. Abrieron la puerta para hallar un colchón y un somier, sin la estructura de la cama, sobre el suelo y cubierto por un edredón que le habían regalado unas Navidades. La escena de un océano se extendía por toda la ropa

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de cama hasta la parte inferior, para luego desvanecerse en el azul. Tanques de peces vacíos cubrían la parte superior de su largo armario y cada pulgada de las paredes estaban revestidas con muestras de lo que amaba, incluyendo a Will. Fotos de él. De ellos. Pequeños corazones que alguna vez garabateó con sus nombres.

Excepto la suave esencia del suavizante y las sabanas que su madre mencionó haber lavado, estaba exactamente como ella la había dejado, desafortunadamente. Ni pregunten por qué nunca quería regresar a casa – su propia habitación era una tortura. Un altar de su pasado juntos.

Sintiéndose como una idiota, Madi le echó un vistazo a Brady, notando el brillo en sus ojos mientras lo asimilaba todo. Dios, tenía que sentirse herido, cuan injusta era, usándolo como un simple peón.

—Lo lamento. Yo…

—No, cariño —la tranquilizó con ese acento sureño suave y seductor—. Estoy aquí por un motivo y soy consciente de ello —levantó una ceja castaño- rojiza con diversión mientras tocaba un corazón pintado con lápiz de labios rosa en el espejo—. De hecho, es tierno. Siempre estas tan circunspecta. No tenía ni idea de que fueras tan romántica.

—No lo soy. ¡Dios! ¿Por qué, por qué no tire estas tonterías hace tiempo? —Pero conocía la respuesta: una parte desesperada de su corazón siempre tuvo la esperanza de…

Estúpida. Absolutamente estúpida.

No era más que una ilusa y necesitaba aprender a desechar las cosas, especialmente las de su corazón.

—Lo amas. Mucho. Lo comprendo. —su mentón vislumbraba una barba castaña como de tres días por el largo viaje y su amplia boca se curvó en una sonrisa ladeada y picara, muy propia de él—. Umm creo que sé cómo podemos manejar esto.

—¿Sí?

—Ajá —Fue hacia el armario, rebuscó en el kit de cosméticos de Madi, escogió una barra de lápiz de labios rojo y la abrió.

Crimson Candy. Lo compró por capricho para su baile en octavo grado e hizo un desastre con su maquillaje -en confabulación con Leah- quedando como un payaso. Claro que en ese momento no lo consideró así. La doble capa de coloretes en tonos sandía y el bote de laca que gastó en su cabeza tampoco

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fueron de ayuda. A su novio de ese entonces le tomó sólo una mirada para echarse a reír y descartarla. Solo otro más en la larga lista de idiotas.

A excepción de Brady.

—¿El famoso Crimson Candy? —le preguntó, demostrando no sólo que la escuchaba sino que recordaba sus historias.

—El mismo.

—No podría ser más perfecto —con

eso, atacó

la

foto de Will

en

el

vestidor, dibujándole cuernos y nariz de cerdo—. ¿Te interesa unirte?

—Oh Brady —su carcajada reverberó en el aire—. ¡Mucho!

Tomando el neceser, cogió el primer pintalabios que se encontró, lo destapó y asaltó la foto de Will que colgaba en la pared. Nada se sentía tan bien como garabatear colmillos y bigotes sobre él. Y se rió otra vez cuando vio el resultado. Toma esa Will, el cerdo malvado.

Brady siguió con los corazones del espejo, escribiendo con el rojo brillante Brady, sobre los Wills rosas. Trazando nuevos corazones más grandes que decían Brady & Madi por siempre, que la robaron el aliento.

—¿Qué tal? —le preguntó.

—Esto… —Madi no sabía qué responder, mientras le dirigía una sonrisa feliz porque, Dios lo amara, sabía como levantarle el ánimo. Hacerla sentir mucho mejor. Siempre—. Gracias Brady. Por ser tan genial, por apoyarme. No sé qué haría sin ti.

No es que pensara que él no tenía sus propias motivaciones, pero aún teniéndolas, podía contar con que estaría ahí para ella. Sin importar para que.

—Ey, es un placer —su mirada se enfocó a la derecha, más allá de ella —. Pero ¿sabes qué estoy pensando?

—¿Me arriesgo a preguntar?

—Creo que toda esta cosa con Will… quizás no has tenido el incentivo apropiado.

—¿Incentivo? ¿Qué quieres decir?

—Piensa, por ejemplo, en Dan The Man 2 . ¿Qué pasó con él? ¿Alguna vez dormiste con él?

2 Dan The Man : Dan El Hombre, juego de palabras por su sonido fonético en inglés.

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Dan The Man, el apodo en burla que le puso Brady a su cita las siete veces que apareció por el apartamento, y que en cada ocasión, Brady le había palmeado la espalda, advirtiéndole juguetonamente al tipo para que cuidara sus modales. Que mantuviera las manos para si mismo. Que la trajera a casa a las diez. Ella pensó que estaba siendo protector como un hermano. Ahora que lo pensaba, actuó protector… pero de una manera totalmente distinta.

—Por supuesto que no. Y lo sabes

—Porque me lo dijiste. El hecho es que nunca me has contado que hayas dormido con alguien más aparte de con Will. Corrígeme si me equivoco, pero jamás te has besuqueado con otro que no haya sido Will.

Él hizo una pausa ahí, dándole la oportunidad de corregirlo. Pero no había nada que rectificar. Siempre había sido Will, no podía intimar con alguien sólo por diversión.

—Como has dicho, tal vez no he tenido el estímulo adecuado.

—¡Exactamente! No es que me gustara, pero estuviste saliendo tres meses con Dan y nada. Tres meses Madi —Descolgó una fotografía de ella y Will en la playa, él cargándola en la espalda. Frunció el ceño y la devolvió intacta—. ¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Cuándo superarás a este sinvergüenza, Madi?

¿Siendo honesta? —Cuando las estrellas dejen de brillar — Probablemente era lo peor que le pudo haber dicho al hombre amante de la astronomía que acababa de dibujar su nombre en el espejo, pero con Brady no sentía la necesidad de mentir.

—Pues no podemos dejar que pase eso ¿verdad? Tampoco podemos permitir que vivas tu vida en el pasado. Tienes que seguir adelante — nuevamente su mirada divagó y se concentró en un lugar. —Incentivos. Si, tal vez deba darte algunos. Justo ahora.

—¿Ah si? ¿Incentivos, eh? —¿Por qué tenía el presentimiento de que esto iba a acabar en otra sesión de “práctica”? La cual, por la manera de besar, era indiscutiblemente emocionante. Pero luego cayó en la cuenta de qué era lo que él estaba observando.

La cama. Y lo que significaba “Incentivo”.

—De un cuerpo. Va a quedarnos muy apretada —con un guiñó, dio un paso adelante—. Pero soy especialista en acurrucarme y envolver los brazos alrededor de mi mujer.

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Su corazón repiqueteó sin control.

—¿“Mi mujer”? ¿Desde cuándo me llamas así?

—Desde que entramos en los limites de tu pueblo. Esa fue la razón por la cual vinimos a Quarry ¿no? —lanzándola una mirada pecaminosa, su lengua jugueteó, lamiéndose el labio inferior mientras su mirada retornaba a la cama —Esperemos que los muelles no chirríen mucho.

—¿Chirriar? ¡Chirriar! —Besarse era una cosa, pero hacer crujir los muelles era otra muy distinta. Sólo con pensarlo su estomago revoloteó, temblores bailaron por su piel y se encontró a si misma dando un paso atrás, intentando evadirlo a medida que él daba un paso hacia adelante. En qué desastre se había metido por este ridículo plan—. Yo no… nosotros no…

Era demasiado… era muy pronto. Y definitivamente era muy rápido. ¿Cómo podía confiar en él? Will era la única persona a la que se había entregado y mira como terminaron las cosas. Mal, mal, mal.

Ella y Brady no estaban siquiera saliendo, técnicamente. ¿No aún? Pero sus ojos decían otra cosa. Y las mariposas aleteando y calentando en su interior también. Así como el dolor en su pecho que la hacía anhelar…

Dios sus sentimientos por él estaban creciendo velozmente desde que la había besado. Cierto, lo deseaba. Mucho. Pero no estaba segura de poder manejarlo si las cosas salían mal.

—Demos un paso a la vez.

—De acuerdo —él se rió entre dientes, haciéndola dar otro pequeño paso atrás—. ¿No estarás pensando en sentenciarme a dormir en el sofá?

—En realidad ni yo puedo dormir allí — le contestó, manteniendo su posición. Farfullando como una tonta, como una adolescente asustadilla en vez de la mujer con deseos que era: Eres muy grande. Digo, alto. Debes dormir en la cama.

—No servirá Sunshine 3 . En absoluto —Estaba de pie frente a ella. Cerniéndose sobre ella con toda su altura, su virilidad. Esa manera de hacerla sentir pequeña, indefensa, completamente a su merced, cada vez que se abalanzaba a un beso de práctica—. Traes a casa a un novio formal para que conozca a tu gente y ¿él dormirá en el sofá? Vamos Madi ¿Quién nos creerá?

Quizás algunos padres que desean lo mejor para sus hijos y no eran los cínicos e hipócritas más grandes del mundo. Pero…

3 Sunshine: Rayo de Sol … apodo cariñoso

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—Ok, tal vez mi madre no —admitió—. Sin embargo, esto no es sobre

ella.

Atrapando un mechón de cabello, Brady lo enroscó en su dedo. — Tampoco Will se lo creerá.

Con cada giro, lo enroscaba más, atrapando su cabello, acercándola a él, como asegurándose de tener la sartén por el mango. La cual no tenía.

—No importa. Ya te dije que mi madre se ha mudado con Chuck. Y no es como si pensara invitar a Will a pasar la noche.

Eso sería un desastre interesante. Sólo imaginarse en la cama con Brady, y Will ahí cerca, sabiéndolo y escuchándolo todo. ¡Ja!

Pero en realidad se engañaba a si misma al pensar siquiera que a él le importaría.

—Aun así —con su mano libre la acarició en el brazo, provocándole un hormigueo—, considero que es mejor que practiquemos—. Antes de que pudiera protestar, capturó su boca, su lengua sumergiéndose profundamente a medida que la empujaba hacia la cama, de forma que ni se dio cuenta de cuando la acostó.

El peso de su cuerpo musculoso la inmovilizó debajo de él, trabando su boca con la suya, besándola de esa forma tan abrasadora mientras liberaba su cabello del dedo y comenzaba a recorrerla lentamente, en contraste con la furia de su lengua.

Su toque vagó a lo largó de su cuello, por el borde de su clavícula, barriendo por su suéter, haciéndola estremecer. Frotando el material fibroso contra la piel hipersensibilizada, le abrió las piernas con las rodillas, anidándose entre sus muslos y ella gimoteó al percibir la longitud de su polla presionándose contra su coño, con solo la ropa como barrera.

Latió caliente y húmeda, su cuerpo gritando de necesidad. Necesitaba más, necesitaba lo que él le ofrecía, ese “incentivo”, con su largo y duro eje incluido.

Respirando con dificultad, liberó su boca. —Brady

Pero no sabía que decir.

¿No?

¿O Sí?

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¿Detenerlo?

¿O Rogar por más?

Por instinto, se retorció contra él, invitándolo a lo que su cuerpo imploraba. Su coño se apretó con un anhelo vacío y febril. Había pasado tanto tiempo desde que experimentó las manos de Will y este hombre… Brady ya era especial para ella.

No obstante, solo el pensar en Will la hizo dudar nuevamente. Temblando interiormente y fragmentada respecto a lo que quería. Eso fue lo que la hizo murmurar: —Maldita sea, más.

Porque esto era correcto. Brady era el indicado. Y después de todo este tiempo ¿Sus sentimientos por Will eran…? Erróneos. Erróneos, erróneos, erróneos.

—Te deseo Brady. De verdad.

estaba

miserablemente a su pasado. Cansada de sentir miedo.

Lo

deseaba.

Y

cansada

de

estar

en

el

limbo,

amarrada

—Me tienes, Sunshine —alentado por su entusiasmo, Brady dejó un reguero de besos por su clavícula, bajando por su cuello, empujando con las manos el suéter, metiéndolas por debajo del sostén, para tomarle los pezones entre sus dedos. Masajeándolos fuerte, pellizcándolos, girándolos, llevándola a la locura.

Locura, porque alguna parte cuerda de su ser seguía luchando, aferrándose a los recuerdos de Will – su boca, su toque, sus dedos en sus senos – mientras que la otra parte cantaba con la magnífica seducción de Brady.

—Oh Dios.

Su otra mano fue hacia abajo, para abrir presurosa el botón de sus vaqueros y deslizar su grueso y suave dedo dentro de sus bragas, a través de sus rizos y adentrándose en su cavidad húmeda, engatusándola para que alzara las caderas.

—¡Espera! —no pudo evitar la protesta involuntaria que brotó de ella. El pánico puro y descorazonador—. No puedo hacerlo. Lo deseo y pensé que podía pero…

—Madi… —gruñó con decepción pero rehusó desistir—. No te tomaré, no si no quieres que lo haga. —Y como para demostrarle que ella sí lo deseaba,

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tomó su clítoris entre el dedo pulgar y el índice, masajeándolo y haciéndola jadear con placer—. Pero déjame demostrarte lo bien que puedo hacerte sentir. Déjame terminar esto.

¿Cómo podía decirle que no? Él estaba estrujando, retorciendo su capullo de nervios y sus palabras eran una suplica desesperada.

—Por favor. Simplemente no se si podré…

Físicamente, tenía muchas ganas de dejarse ir.

¿Mentalmente? Estaba bloqueada.

—No consideraré un “no” como respuesta —le advirtió, pellizcándola fuerte. Espoleándola a jadear.

—¡Brady!

Y eso fue todo. Fue el final de sus protestas porque no pudo razonar

más. Ni sentir más que sus dedos adentrándose en su mojado e ignorado túnel, estirándola para acomodarlos, retirarlos e introducirlos profundamente otra vez. Llevándola a gritar a medida que su pulgar cabalgaba su clítoris y su

otra mano continuaba agarrada a su camisa, tirando de su pezón, ordeñando fricciones asombrosas a través de su cuerpo sobrecargado.

—Oh Dios —Madi arqueó la espalda. Cerrando sus ojos mientras grititos de placer escapaban de sus labios—. Brady…

—Eso es —la animó, incrementando sus esfuerzos, doblando el ritmo y la furia con la que su mano se impulsaba dentro de ella—. Está bien Sunshine . Entrégate a mí.

Parecía que conociese sus deseos mejor que ella. Cómo y dónde tocarla. La velocidad adecuada. Jugaba con ella como un maestro con su esclava, casi ordenándola toscamente a gozar, lo quisiera o no.

—Quiero que te corras para mi, nena —insistió, y justo cuando Madi pensó que no podría subir más alto, esos dedos pulsantes se enterraron más hondo, enganchándose en su interior y acariciando su carne más sensible. Extrayendo más placer de adentro—. Córrete para mí. Bonito, fuerte y alto.

Y su cuerpo obedeció. De repente, su ser explotó. Gritando y perdiendo

el control, un estallido resplandeciente mientras su coño convulsionaba alrededor de los dedos en una serie de contracciones de éxtasis controlado.

Will nunca le había provocado esto, por lo menos no con su mano.

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Will.

Oh Dios ¿Cómo podía pensar en él ahora? Sintiéndose lánguida, se hundió en el colchón en tanto Brady sacaba los dedos de su cuerpo y le plantaba un tierno y amoroso beso en su frente que la hizo derretir.

—¿No ves lo bueno que podría ser Madi, si me lo permitieses?

¿Acaso no lo había hecho, de alguna manera?

Brady estaba en lo cierto. Podría ser, era, bueno y correcto. En ese momento, casi, casi lo invita a terminar lo que inició. A tomarla completamente y con su polla, y llevarla a ese maravilloso lugar donde los recuerdos de Will serían condenados.

Pero antes de que abriera la boca, el teléfono en la mesita de noche comenzó a sonar.

¿Sería el destino interrumpiendo?

—Déjalo sonar —le murmuró, rodando a un lado y deslizándole una mano detrás del cuello para acercarla—. Solo quiero sostenerte o abrazarte.

Por el pasillo, llegó el sonido del contestador automático activándose y escuchó la alegre voz de su mejor amiga en la secundaria, parloteando.

—Hola Madi, soy Leah. Intenté llamarte al móvil pero no contestas. Así que, mira, sé que acabas de llegar a la ciudad esta noche y que probablemente estés cansada del vuelo. Pero algunos amigos han pasado a saludar y hemos organizado una cena improvisada en mi casa y tú estarás aquí solo por unos cuantos días, así que si te interesa, porfavorporfavorporfavor, ven. No estuviste aquí para mi boda, así que me lo debes. La comida del General Tso’s, es tu favorita, amiga. Sabes que te encanta… y no voy a parar de molestarte hasta que nos reencontremos… porfavorporfavorporfavor… —El contestador interrumpió a Leah antes de que pudiera terminar.

Leah dijo que algunos amigos han pasado a saludar. Y el corazón de Madi saltó con el posible significado de esas palabras. Will estaría ahí. Era el mejor amigo del reciente esposo de Leah, que fue el motivo por el cual no vino a su boda.

mano a través del cabello

desordenado, luego la apartó, dejando que el pelo cayera sobre su rostro, escondiéndose detrás de su velo. ¿El destino interrumpiendo? Quizás.

—Umm… —Madi se

sentó, se pasó una

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—¿Quieres ir? —le preguntó Brady, acostándose sobre su espalda con los brazos extendidos, su tono difícil de discernir. —Depende de ti. Estoy aquí para lo que sea.

Si, sí tenía en cuenta el duro bulto en sus vaqueros, él estaba más que dispuesto para una cosa en particular: ella. Dos minutos antes, estaba pensando en entregarse a él. Ahora, todo lo que anhelaba era correr directa hacia el hombre que la había destrozado.

Sintiéndose como una completa zorra, se mordió el labio inferior y se escondió detrás de su cabello, sin tener idea de qué hacer… pero Dios la ayudara, no podía luchar contra la atracción.

—Bueno… tú estás hambriento —en más de un sentido, se recordó a si misma.

No obstante, tal vez era mejor así. No estaba destinado a ser.

—Vayamos entonces. —acordó él, pero sin moverse.

Dios, tendría que estar decepcionado. Quizá debería reflexionar o repensar esto. En cambio, se inclinó hacía él, y le dio un beso de agradecimiento en la mejilla.

—Sólo iremos por un rato. Eres el mejor.

Capítulo 3

—Ahora podría estar volando de regreso a Hawai y saquear nuestro refrigerador.

—Ah, ¿pero no lo recuerdas? —le dijo a través de la puerta del baño—. No tendrías nada decente que comer sin mí. Creo que dijiste que mi viaje era, y te cito textualmente, “malo para tu corazón”.

En formas que ella no tenía idea. —Touché.

Ya hacía rato que estaba listo para salir, sólo le tomó un rápido enjuague, una pasada de desodorante y ropa limpia… como máximo seis minutos. Ahora caminaba por el pasillo, demasiado ansioso para sentarse. Se

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sentía encerrado. Sofocado. Al menos en Hawai podía abrir las ventanas. Las puertas. Obtener algo de aire fresco. Pero el clima en New Jersey era malditamente frío para tales acciones.

Quería estar de regreso en Hawai. Con ella. A su vida agradable, normal y sencilla. Sanos y salvos. Sin preocupaciones por Will.

Pero entonces no estaría con ella.

La espera lo estaba enloqueciendo. ¿Su impresión de esta fiesta? Por primera vez en su vida, la idea de salir, socializar, le hacia sentir más agitado que la de quedarse en casa.

¿Qué estaba haciendo Madi allí adentro? ¿Vestirse para un baile? ¿Para

Will?

Brady miró su reloj. Veintitrés minutos… esperando y preguntándose qué pasaría esta noche. Qué sería lo siguiente para ellos.

Tan cerca. Estuvieron tan condenadamente cerca. Por la manera en que ella gimoteó y llegó al clímax, él podría jurar que era suya, que la tenía. Pero una simple llamada y…

¡Diablos! ¿Por qué tardaba tanto?

—Te esperaré en el porche. ¿De acuerdo, Sunshine ? —Incapaz de tolerar estar encerrado por más tiempo, Brady tomó su chaqueta y huyó de la casa, bajando las escaleras de dos en dos y deteniéndose en la acera agrietada, para contemplar el cielo nocturno. Wow, absolutamente maravilloso.

Con

esa visión, expulsó

el

aire

de

su

pecho.

Instantáneamente, el estrés se desvaneció.

El peso

se aligeró.

Como un milagro increíble, cada estrella centelleaba, como si el cielo se hubiera abierto para dar una mejor vista y la luna creciente colgando en lo alto. Un clima como este, tan claro y perfecto era inusual. Una verdadera bendición.

Como lo era un ángel como Madi. Y cuanto más se implicaba en esta farsa con ella, menos podía resistir el pensamiento de perderla alguna vez. Sentiría completamente vacía su vida, su apartamento, sin ella alrededor o cerca. Solo el pensarlo le erizaba la piel. La soledad y el vacío lo desgarraban por dentro.

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De una manera u otra, tenía que asegurarse de que permaneciera con

él.

Podía hacerlo, se animó. Dejaría que Madi montara su espectáculo, que hiciera lo que necesitase para expulsar a Will de su sistema.

Mientras tanto, el haría su camino hacia su vida.

—Ey

—Madi

interrumpió

sus

pensamientos,

la

puerta

se

cerró

silenciosamente detrás de ella—. Estoy lista.

Una parte oscura de él quería farfullar sobre la demora. Pero se mordió la lengua, sabiendo que sólo hablarían sus celos. Así que se vistió para Will, no para él, y probablemente para matar, considerando el tiempo que gastó. ¿Y qué? No permitiría que eso lo superara. Siempre había sabido el terreno que pisaba, pero también sabía que Madi lo necesitaba, su amistad. Mucho más de

lo

que necesitaba a ese pelmazo cualquier día.

También requería lo que había pasado entre ellos hacía unos momentos,

y

mucho. Con un poco de paciencia y mucho estimulo –físico y emocional- el

agarre de Will se liberaría. Su amor por él, desaparecería. Mira la forma en que respondía a sus besos. A su toque. Madi sí que lo deseaba, amara o no a Will.

Y pronto, siendo optimista, ya no lo amaría.

La quería por ella, no simplemente por los sentimientos que le inspiraba. Después de todo este tiempo, Madi se merecía superar definitivamente al bastardo, de una vez por todas.

Efectivamente, se volteó para encontrarla en un vestido quita-aliento, que se ajustaba a cada curva de su cuerpo, acentuado por un suéter en los hombros. La luz del porche no le hacía justicia, pero una vez dentro, Brady sabía que esos ojos resplandecientes reflejarían el color de su atuendo, reluciendo, como lo haría su magnifico cabello rubio tan listo y brillante, recogido en un lado con una pinza decorativa.

Totalmente bella. Así era como lucía. No sexual. No artificial. Simplemente, tan malditamente hermosa. Dulce e inocente pese a lo que Will le había hecho, usarla, como Brady estaba seguro que había actuado, y sólo por eso el bastardo merecía el cuchillo que había clavado en la espalda de Madi, enterrado en su pecho.

En ese mismo momento, Brady decidió que Will no la lastimaría, nunca más. Le daría vuelta a las tornas.

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—¿Deseas conducir? —le preguntó ella, tirando de la puerta mal ajustada para cerrarla—. ¿O conduzco yo, ya que se dónde es?

Frotándose la palma de la mano sobre su barba de tres días –mierda, debía de haberse tomado más tiempo… y afeitarse, maldita sea- le preguntó:

—Depende. ¿Cómo de lejos queda ese lugar?

Las llaves tintinearon con su risa mientras bajaba los escalones

—¿Soy tan mala conduciendo?

—Golpeaste de costado aquella palmera cuando sintonizabas la radio. Casi me rompes la cabeza. Lograste que lanzara un gritito de niña. Y también golpeaste mi coche en nuestro propio garaje. Prácticamente, echaste el parachoques dentro de la camioneta —reclamándole las llaves, cubrió su pequeña mano con la suya, entrelazando los dedos—. Pero te aseguro que no es por eso. ¿Es muy lejos?

—Dijiste que me habías perdonado —ella hizo un mohín—. Y son solo unas cuantas manzanas.

Con la mano libre, él le acunó la suave mejilla, inclinándose hasta que sus frentes se tocaron.

—Te perdoné, Sunshine . Nada de lo que hagas me hará guardarte rencor. Eres condenadamente demasiado guapa —y él la necesitaba muchísimo. Dándole un prolongado beso en los labios, memorizó su sabor… el del lápiz de labios –que jamás usaba- mezclado con Madi. Y antes de que llegaran junto a Leah –o quizás cuando llegasen- tenía la intención de quitárselo todo a besos—. Está esplendido afuera, hace un poquito de frío, pero yo te mantendré caliente. Caminemos bajo la luz de la luna ¿De acuerdo?

Cuanto más tardasen en llegar, menos tiempo tendría para preocuparse por Will y más la tendría para él.

Soltando su mano, le deslizo un brazo por la espalda, acurrucándola cerca, y como le prometió, a salvo del frío. Sus caderas se frotaban al unísono, mientras ella lo dirigía por la acera desigual, y durante varios minutos caminaron en silencio, disfrutando únicamente de la brisa del otoño que soplaba a su alrededor. De las luces encendidas en viejas casas pintorescas. Avanzando más cerca de la residencia de Leah.

Así que ya estaba. Su estúpido pequeño plan, finalmente en acción.

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La mera idea de atravesar la puerta de Leah, la tenía con los nervios de punta. Fijar sus ojos en él, bronceado por el sol, musculoso por el trabajo duro. Tan alto, oscuro y atractivo.

Él era la irresistible perdición de su existencia.

Su corazón latía súper acelerado, ralentizó su paso. El dolor asumió el mando. Pero el paso de Brady la impulsaba.

—Así que… —le planteó finalmente, dejando varios segundos dilatarse antes de formular la pregunta—. Asumo que Will estará presente esta noche. ¿Es esa la razón por la cual asistimos?

—Es obvio, ¿eh? —no, Madi desearía poder declarar que no le importaba un pito Will. Sus insondables ojos casi negros. Esos labios llenos que tantas veces besó. Estuviese allí o no.

Sin embargo Brady lo sabía, y la siguiente respuesta lo demostró. —Te has pintado los labios.

Cuando lo que debería estar haciendo era quedarse en cama con Brady, sintiéndose bien – no, no bien, espléndidamente. Tan correcto en sus brazos. En cambio, estaba aquí, con un sapo alojado en la garganta, sintiendo como si fuera a entrar a la casa de los espantos en vez de a la de su mejor amiga.

—Si, supongo —mordiéndose los labios, trató de quitarse la mayor cantidad posible. Las hojas caían en el cemento y ellas las pateaba fuera del camino, odiando estar tan obsesionada – y que él lo supiera—. Pero espero ver a mis viejos amigos. En realidad, he estado evitándolos, con Will alrededor y ya sabes. Los extraño.

Sus brazos se tensaron ligeramente.

—Sabes que cuentas conmigo.

—Cierto. Sin dudarlo. —Percatándose de que estaban casi allí, Madi se detuvo bajo un gran árbol de roble y se giró hacia Brady—. No tienes ni idea de cuanto aprecio que hayas venido corriendo conmigo. ¿Y sabes algo? Espera un segundo… —pillándole el pañuelo que sabía tenía metido en el bolsillo izquierdo del pantalón, se quitó el pintalabios que nunca debió usar—. Ya esta —inhalando un profundo aliento, lo miró, deseando una única cosa en ese momento—. Bésame.

Su perezosa sonrisa ladeada asomó en sus mejillas, a medida que se agachaba, murmurando. —Y hablando de “correr”. Aprecio que hayas “corrido” antes.

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MADI EN EL MEDIO

Ella se rió entre dientes. —Qué romántico.

—Solo estoy siendo franco. Además estás sonriendo ¿no? —Y entonces sus labios estuvieron sobre los de ella, demoliendo cualquier rastro de Midnight Mauve que pudiera haber quedado. Devorándola, su lengua barriendo la suya. Besándola hambrienta y apasionadamente y su deseo se disparó, ruborizando todo su cuerpo a medida que él mimaba y reclamaba su boca.

Regresa, le gritaba la mente de Madi. ¡Vuelve a casa!

Brady lo dijo por ella, mascullando entre la succión de sus labios.

—Olvida a Will…

Sí.

Debió decir la palabra en voz alta. Gritarla. En cambio lloriqueó sin poder hacer nada más y los dedos de Brady la recorrían hormigueando a lo largo de su columna. Le devolvió el beso con todo su ser. Lo beso, lo deseó. A Brady. No a esta fiesta. No a Will.

Era mejor olvidarlo. ¿Poner celoso a Will? Era una idea estúpida de cualquier manera.

Pero luego un motor retumbó y sin darle una mirada, Madi supo a quien pertenecía el chisporroteo del viejo camión.

Una parte de ella se disolvió. Perdió la pasión. Perdió la concentración. Perdió a Brady.

Percibiendo su distracción, Brady la soltó.

—Dios, podría comerte entera… —por varios minutos la contempló, tratando de dilucidar sus pensamientos, y Madi se ruborizó, instalándose sobre sus pies, avergonzada de no poder dejar que esto ocurriera—. Pero está bien, entremos.

La puerta de un auto se cerró ruidosamente en la tranquilidad de la noche, y Madi tragó saliva, concentrándose en afrontar lo que se propuso. Will. Su corazón cesó su rápido batir, llegando a detenerse completamente. El aliento se atascó en su garganta.

Vistiendo solo un pantalón vaquero azul y una camisa negra con botones que complementaban su piel broceada y su cabello azabache, hacía juegos malabares con una lata de soda de veinte onzas entre sus manos –que como ella, no bebería- y se pavoneaba por el sendero iluminado. Sus zancadas largas y laxas. Totalmente cómodo.

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MADI EN EL MEDIO

Estaba solo y no pudo evitar notarlo. Ninguna pelirroja. Ninguna cita.

¿Por qué eso casi la decepcionó?

Aun después de tanto tiempo, verlo no era más fácil y, Dios la ayudara, lo contempló fijamente. Totalmente idiotizada, aliviada al menos de que no la detectara ahí de pie con su falso – o no- novio. Confusa de lo reconfortante que era la mano de Brady en su espalda.

Maldito fuera, su ex se veía bien. Lucía genial. Cada vez que lo veía parecía más maduro y curtido… y si pensaba en ello, había celebrado su trigésimo cumpleaños hacía apenas dos semanas. Dios, como volaba el tiempo. Parecía más un hombre y menos el chico del cual se enamoró. De alguna manera, eso incrementó más su atractivo, porque estaba viendo al hombre con el que ahora estaría y habría pasado el resto de sus días. Si solo…

El vacío en su alma se hizo más amplio, oscureciendo toda razón cuando la puerta principal se abrió y unas mujeres le saludaron “¡Hola Will!” como si fuera la persona más fabulosa de la tierra, y fue convidado al calor y a la cháchara de los amigos de toda la vida.

—¿Estas bien? —Brady apoyó la cabeza sobre el hombro de ella, acariciando su oreja, y nunca nada se había sentido más dulce. Más relajante.

Sacudiendo la devastación que siempre conllevaba el hecho de ver a Will, inhaló estridentemente, muy necesaria esa bocanada de aire.

—Si —exhaló. Como si el agudo dolor en el pecho fuera totalmente normal. Totalmente aceptable. No lo era… pero se estaba desvaneciendo ahora, eliminado por el toque de Brady—. Estoy bien. Vamos.

Lo que necesitaba hacer era enfrentar a Will con la cabeza en alto, decidió. Llegar a un final. Mirarlo a los ojos por última vez –con Brady a su lado- y terminar con el pasado de una vez por todas. Hacerle saber a Will, alto y claro, que lo había superado. No detenerse más a pensar en lo que pudo ser, en el amor no recíproco. No necesitaba a Will, ni este dolor o esta herida. Tenía a Brady.

Otro vehículo paró en el atestado camino, justo cuando llegó a esa conclusión, y Leah se bajó del auto, saludándola como loca.

—¡Madi! ¡Oh mi Dios! ¡Viniste! —chillando corrió alrededor del auto y tres segundos después asfixiaba a Madi en un abrazo, aplastándola con sus brazos, que obviamente la extrañaron. Considerablemente. —¡Ha sido un maldito largo tiempo! ¡Las llamadas telefónicas no son suficientes!

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—Lo sé, lo siento —Madi le devolvió el abrazo, pensando en cuánto le había costado su ruptura con Will, sus amigos especialmente. Pues, ya no más —. Pero desde ahora, vendré más seguido a casa. Lo prometo —dando un paso atrás, le señaló a Brady—. Has escuchado todo sobre él. Incluso has destrozado sus oídos una o diez veces cuando no he estado en casa.

—Oh mi Dios. ¡Oh mi Dios, oh mi Dios! — Leah abrió los ojos y la boca —. ¿Trajiste a Brady? —sin esperar una respuesta, ignoró su mano extendida y chillando mientras casi lo tumbaba al piso, le dio un abrazo de oso.

—Wow, eh —Brady se rió entre dientes entusiasmo—. Eres justo como pensé.

pero la

abrazó con igual

—¿Y qué pensaste? —batiendo inocentemente las pestañas como si dijera “¿Quién, yo?”, Leah retrocedió, esperando—. ¿Bien?

—Puro fuego.

—Me has pillado. Pero wow —Leah levantó las manos como si no pudiera creerlo—. ¡Es tan condenadamente bueno conocerte en persona! Aún no me puedo creer que Madi te haya invitado.

Miró a Madi, como preguntándole los motivos. Exigiendo una respuesta.

—¿Bueno y por qué no iba a traer a su novio? —Brady arrastró las palabras tan sexy, tan impasible, como si no hubiese nada que pretender, y su reclamo provocó pequeños temblores en la espalda de Madi.

—¿Novio? —la barbilla de Leah prácticamente llegó a la acerca por la sorpresa—. ¿En serio? ¿Desde cuándo? —luego aplaudió y señaló a Madi—. ¡La comida para llevar! Casi lo olvido… está en mi coche y enfriándose. Madi tienes que ayudarme a llevarlo adentro. Y preparar la mesa.

—También puedo ayudar —se ofreció Brady, como si Leah fuera a aceptar.

—No, no —lo despidió—. Tú entra, relaciónate con los muchachos. Ponte cómodo. Le diré a Steve que te presente a todos y nosotras estaremos ahí en un minuto.

—Pero… —Madi quería protestar, sin embargo una Leah muy decidida, le pasó un brazo por la espalda y se la llevó.

—Pero nada, él estará bien —Insistió, caminando aceleradamente—. ¿Cierto, Brady?

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—Simplemente excelente —les contestó—. Aunque quiero un rollito de primavera extra.

—¿Ves? Brady es una persona sociable. Para nada es un tipo tímido, así que no te preocupes. Y realmente necesito tu ayuda en la cocina Madi.

Tan pronto como estuvieron fuera del alcance de su oído, Leah alzó los brazos llenos de comida china y ordenó.

—Empieza. Ahora.

*****

—Maldición, no puedo sobreponerme a este hermoso anochecer. Echa un vistazo —Atenuando audazmente las luces, el extraño abrió las puertas francesas como si estuviera corriendo las cortinas de un escenario, revelando la noche luminosa a medida que se abría—. Es increíble en esta zona, no puedo imaginar que vean esto frecuentemente. Nada que ver con la contaminación de las ciudades de la Costa Este. Cada estrella está brillando en el cielo.

Will no lo había notado. Nunca más volvería a apreciar el cielo nocturno. La luna. Las estrellas. Ni una sola vez en siete años, desde que decidió quedarse, había mirado hacia arriba. No podía obligarse a hacerlo, a encarar sus viejos sueños. Los recuerdos de Madi. Las consecuencias de haberla perdido.

Y no estimaba el recordatorio ahora. Ni el frío aire que se filtraba en la

cálida casa de su mejor amigo.

Él se quedó. Aunque su padre se mató, de todas formas.

—Mira —el pelirrojo repetía con asombro, ganando audiencia entre los invitados, con la pasión jugando en su acento sureño—. No es la mejor noche para estar lejos del observatorio. Quiero decir, no hay ni una nube. Ni una. Un millón de diamantes brillando, como si el cielo hubiese abierto sus puertas para un espectáculo.

Que poético.

Era una distracción bienvenida, el recién esposo de Leah se detuvo frente a la ventana, ofreciendo su mano.

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—Mi nombre es Steve. Mi esposa mencionó que estabas aquí, pero no nos han presentado oficialmente.

Los dos hombres se dieron la mano.

—Brady Michaels. Un placer estar aquí —luego sus ojos vagaron hacia afuera con una sonrisa afectada—. Aunque me lo estoy perdiendo. Sí tuviera mi telescopio… De cualquier modo, espero no te importe que entre un poco el aire fresco.

Brady intentó cerrar las puertas-ventanas pero Steve lo detuvo. —No, no te preocupes hombre. Honestamente, a veces creo que Leah trata secretamente de cocinarnos.

—Lo he notado —Brady se pasó un dedo por el cuello—. Por un segundo me he sentido un poco sofocado allí dentro.

—Sí —Tyler habló desde su puesto en el sofá, vestido apropiadamente con solo una camiseta—. Todos te lo agradecemos, hombre. Solo no dejemos que Leah nos oiga.

Will tendría que morderse la lengua para impedirse llamarla.

En cualquier caso ¿Con quién venía este tipo? ¿Sherri? ¿Jen? Aunque ¿No estaban ambas en relaciones estables? Si. Tyler y Tim, esos eran sus novios. Y Leah –la mejor amiga de Madi desde la secundaria- estaba definitivamente fuera del mercado desde hacía tres semanas. ¿Stephanie? No, Will no podía imaginar a ninguna de las chicas de su círculo cercano de amigos saliendo con este tipo, excepto Meg, quien estaba sentada en el sofá, con la cerveza en la mano, sin hacer ningún tipo de contacto.

La curiosidad era algo muy propio de Will no se pudo resistir a unirse al grupo y ofrecerle la mano.

—Will, Will Ryder. ¿Deduzco que estás involucrado en la astronomía? — ¿tanto que no puedes callar esa mierda?

Por la mirada mordaz que recibió, se preguntó si lo dijo en voz alta.

—Tanto como respirar —medio murmuró Brady, dándole la mano con un poco de dureza, para luego voltear la cara—. Me estoy documentando para mi tesis, la formación de una estrella joven que descubrí recientemente. Esta noche habría sido perfecta.

La respuesta hizo

que la garganta de Will se apretará.

suponía iba a ser

él.

Pero

Era como si

su

estuviera hablando con quien se

a pesar

de

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molestia –y la obvia aversión de Brady hacia él- estaba innegablemente interesado en el tema de las estrellas. Incluso después de tantos años evitando el tópico, no lo pudo evitar. Estaba a punto de preguntar por la investigación cuando Meg interrumpió.

—¿Así que sabes de constelaciones y esas cosas, Brian? —preguntó, descartando cualquier asociación. Era rubia por dentro y por fuera - ese cabello le recordaba mucho al de Madi - pero si estuviera saliendo con el tipo, al menos sabría su nombre. Eso esperaba—. ¿La Osa Mayor? ¿Qué hay sobre la Estrella del Norte?

—Me llamo Brady —la corrigió el forastero—. Y claro. Es muy fácil. Desde aquí las puedes ver claramente como si estuvieras a la luz del día.

—¿Dónde? —levantándose del sofá, se deslizó frente a las puertas abiertas—. Me debes enseñar porque siempre me he preguntado como encontrar a la Estrella del Norte.

—Justo allí… no, un poquito a tu izquierda —ladeándola la cabeza, Brady le señaló, dirigiéndola la mirada hacia la posición correcta—. ¿Ves el cuenco de la Osa Mayor, un poco hacia abajo? Ahí señala hacia la Estrella del Norte, ¿Lo ves?

—Ohhhh

—¿Lo ves?

—Eso creo… pero…

—Leah ya ha terminado de quejarse por la cena. ¡Podemos comer! —una dolorosa voz familiar los llamó, paralizando a Will. E instantáneamente supo con quién había venido Brady. Con su Cornsilk. Suya, para siempre en su corazón, que latía dolorosamente ahora.

Había venido a casa para la boda de su madre. Acompañada. Lo que significaba que iba en serio.

Y peor aún, el tipo amaba las estrellas. Y estaba tomando clases en la UH, conjeturó Will. ¿Y qué pasaba con eso? Ella lo había reemplazado, completa e íntegramente, eso pasaba.

La realidad se arremolinaba. Se sentía enfermo. Y justo cuando pensó que el golpe no podría ser más duro, observó a Brady apartarse de la ventana.

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—Y he allí a la estrella más bella de todas —dijo el bastardo, dominando la habitación con su reclamo sobre Madi. Tomándola en sus brazos y dándola un beso en la mejilla—. ¿Esta noche te he dicho lo espléndida que estás?

Y lo estaba, bastante bronceada por el sol de Hawai, su cabello más

rubio que antes, casi blanco, cada curva y recoveco de su ligero y alto cuerpo

expuesto en un vestido azul ajustado al cuerpo que acentuaba sus ojos, ojos que lo miraron glacialmente cuando lo vio y le sonrió.

—Oh hola, Will. Casi no te había visto ahí —como si él fuera nada.

Y no era nada. Por elección propia. Siempre supo que este día llegaría

alguna vez.

Sus amigos abrieron el camino hacia el cenador y no tuvo más remedio que seguirlos.

¿Qué estaba pensando Madi? ¿Qué sentía?

Si tuviera un millón de dólares, daría hasta el último centavo con tal de

saber qué pasaba por su cabeza.

Más bella que el sol, casi fulgurando en sus brazos, Madi deslumbró con una amplia sonrisa cuando atravesaron la gran casa colonial hacia el cenador, bajo el disfraz de una feliz pareja.

Nunca había apreciado más una casa llena de puertas como en esta ocasión –él quien odiaba los espacios cerrados. Brady cerró de una patada la puerta del comedor, simulando no saber que Will venía detrás de él – que mal que Will la atrapó antes que le golpeara en la cara.

—¡Oye, tío! Qué diablos…

—¿Qué? —despistada, Madi les lanzó una mirada interrogante, pero Brady ni siquiera le dio importancia a la jugarreta.

—Caray. Lo siento.

No lo sentía. Pero tenía derecho a algo de diversión, ¿cierto? Cualquier cosa para distraerse del hecho de que Will era un hombre bien parecido, alto, oscuro y atractivo, como dirían las damas. No es que él se sintiera atraído, mierda, no, no bateaba de ese lado, pero vamos, podía ser franco.

Will era guapo. Madi lo quería.

Y Brady jamás había odiado tanto su cabello rojizo y sus pecas dispersas como ahora. Malditos fueran sus padres por los genes irlandeses.

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Gracias a Dios que al menos podía decir que superaba en altura al bastardo en unos tres o seis centímetros. Sin mencionar que Madi estaba en sus brazos.

Porque no pudo evitar notar que las manos de Will estaban vacías. No trajo ninguna chica… y una cosa estaba clara, el hombre a sus espaldas, prácticamente humeaba por los celos. Solo tenías que mirarle a esos ojos oscuros y ver el filo. Ni siquiera estaba intentando parecer relajado, y después de todo el dolor que el bastado le había generado a Madi, Brady esperaba que su pequeña farsa - que tenía la esperanza que pasara a ser real - le hiriera profundamente.

Demonios, esperaba que la camarera le hubiese partido el corazón en pedazos.

Todos se ubicaron alrededor de la larga y decorada mesa. E inmediatamente fue obvio por qué Madi dijo que Leah se quejaba sobre sacar la comida. Bastante hogareña, Leah repartió la comida de los envases a domicilio y las sirvió en elegantes cuencos. Cada puesto fue arreglado con piezas finas de una vajilla china, como si fuera una comida festiva y no una simple cena improvisada.

—Te has superado a ti misma otra vez, Marta —Steve se dejó caer en la silla, en la cabecera de la mesa, murmullos de risa hacían eco de su broma—. Debemos conseguirle su propio show Sra. Stewart.

Rodando una silla, Brady sentó a Madi, dándole un lento beso en la mejilla. —¿Qué tal? ¿Así esta bien?

—Es perfecto. Gracias.

La besó nuevamente y se sentó a su lado, moviendo la silla ligeramente más cerca a ella y entrelazando sus dedos, así sus manos descansaban juntas en medio de sus platos.

—¿Viste eso? Qué caballero —Leah le dio a su esposo un empujoncito con el tenedor en los bíceps—. ¡Nunca me ayudas a sentarme!

—¡Ay!

Madi le apretó la mano y lo miró cariñosamente, como si fuera el único hombre sobre la tierra. Cómo lo anhelaba. —Oh, Brady sabe como tratar a una dama.

—Y como tratar a una mujer, espero —su amiga le guiñó un ojo, como si estuvieran compartiendo un gran secreto.

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—Ese no es un tema apropiado para la cena —Pero el brillo en los ojos de Madi cuando le devolvió el guiño, respondió por ella. Brady solo esperaba como el infierno que no fuera una actuación, sino que estuviera recordando lo sucedido más temprano. El placer que le provocó—. Solo te diré que Brady me hace muy feliz.

Ahora era él quien pensaba en su interludio. Dios, cuan suave y receptiva estuvo debajo suyo, estremeciéndose con su toque, tensándose y gimiendo cuando su húmedo túnel se apretó alrededor de…

Como si los demás pudiesen leer sus pensamientos, una de las otras chicas dijo: —¡Para morirte!

Para morirse. Eso era correcto. Pero aun así intentó alejar las imágenes antes de mortificarse con una erección inútil.

Mientras tanto Will simplemente fulminó con la mirada a su plato vacío.

—Mujeres —sacudiendo la cabeza, Steve tomó un cuenco con pollo glaseado y vertió un poco en su plato, luego se lo pasó a su esposa—. Me ganaré otro pinchazo con el tenedor si digo algo más, así que… —recibió otro pinchazo, de todas formas—. ¡Ay!

por todos los

comensales, los ojos verdes gatuno de Leah, se fijaron en él como si fuera una

presa—. ¿Cuándo la sacaras del mercado?

—Dime

Brady…

—una

vez

que

la

comida

circuló

—¡Leah! —farfulló Madi, con una cuchara con arroz a medio camino.

—Digo, parece que habéis tenido la luna de miel hace un rato.

—¡Leah! —esta vez fue su esposo quien protestó, obviamente sorprendido por el tema de conversación de su “Marta Stewart”. Improvisado de hecho.

Pero Brady solo se rió entre dientes y le aseguró: —Nuestra vida entera es una luna de miel. Vivimos en Hawai después de todo… —Era demasiado obvio, por la sonrisa maliciosa que asomó a los labios de Leah, que sabía lo que estaba pasando. Madi debió haberle dicho la verdad, y estaba echándole más candela al fuego. Disfrutando ver a Will quemarse en la hoguera.

Agradable mujer. Le gustaba.

—prosiguió, lanzando llamas al mirar a

Madi como si fuera el mundo entero. Y para él, lo era—. No me gustaría dañar

la sorpresa ¿o sí?

—Ahora, respecto a cuándo

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—Ohhhh… espero que sea pronto —Leah estaba extasiada—. ¡Quiero una excusa para volar a Hawai!

El resto de la cena, continuó así, con Leah asegurándose que el tema girara en torno a ellos, centrando la conversación en su falso-casi-compromiso. Arrasando sobre su inexistente-súper-genial vida sexual y adulándole de cuan maravilloso era.

También sexy, en un punto, Madi y Leah incluso tuvieron una corta conversación respecto a lo caliente que lo hacía su cabello rojizo. Brady rebosaba de alegría, reflexionando sobre su inseguridad al inicio, pensando que no tenía nada de que preocuparse. Que podría hacer realidad esto. Con cabello oscuro o no, guapo o no, el que tomó su virginidad o no, Will sería historia para Madi. Verdaderamente le pertenecería.

Hasta entonces, él sería lo que fuera que ella necesitara que fuera.

que no sentía un aguijón cuando ella

eventualmente volteaba hacia su ex, quien no había dicho una palabra ni comido un bocado, y educadamente le preguntó: — Will ¿Hay algún problema? ¿Hay algo que te moleste?

Pero

eso

no

implicaba

Porque a pesar de todos sus besos y sus risas, la preocupación de Madi por Will – si podía llamarla “preocupación” - era real. Ella quería que Will se sintiera incomodo lo que significaba simplemente que todavía lo quería.

Sin decir una palabra, él se puso en pie, tiró la servilleta y se marchó, dejando a Brady para sostener la mano de Madi y apretarla. Él estaba aquí para ella. Will no.

Capítulo 4

Practicar lo había hecho perfecto.

Practicar hizo que el brazo de Brady sobre su hombro se viera real. Que la sensación que le dejaban sus besos fuera real. Hacía dos días su relación era simplemente platónica. Ahora, de buena gana, ansiaba su mano en la espalda, los apasionados besos que le daba repentinamente en cualquier momento.

Añorando más del placer que él le daba.

Oh sí, se sentía muy real, para nada una pantomima, flirtear con él durante la cena, simular estar enamorados. Se sintió bien.

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Pero entonces ella se giró y miró a Will. El dolor en su pecho jamás había sido más grande que cuando se encontró con esos insoldables ojos negros. Invitó a Brady porque pensó que su compañía haría más fácil enfrentar a Will. Y estaba claro, que una parte de ella quería ponerlo celoso.

Sin embargo, Will no comió. Ni habló. Will tiró su servilleta sobre la mesa, volcando la silla prácticamente al abandonar el cenador cuando ella le preguntó qué estaba mal.

¿Qué pasaba con eso? ¿ Y por qué tenía que doler tanto?

Las risas y la conversación zumbaban a su alrededor pero ella estaba inmersa en sus pensamientos. Ya sin ánimos para continuar su juego. Sólo deseaba salir de ahí.

—Oye, Madi… Tierra llamando a Madi —intervino Leah—. ¿Estás ahí?

Madi trató

de aclarar

su mente

lo

cual era más fácil decirlo que

hacerlo. ¿Will podía ligar con una camarera pero ella no podía traer un chico a casa?

—Sí, estoy bien —aunque estaba ganándose un dolor de cabeza que haría juego con su mal de amor.

Leah estrechó su mirada, doblando el cuello. —No te he preguntado si estás bien. Lo que significa que no lo estás.

—Te ves un poco pálida —Brady le asió la mano que le sostenía y ella le devolvió el apretón, necesitando mucho de su consuelo, de su carácter divertido y de esa forma que tenía para distraerla. Él se inclinó más cerca, preguntándole en voz baja—. ¿Estas disgustada?

—No, no —Madi se frotó la frente—. Lo siento. Yo… creo que estoy lista para volver a casa. A la cama —¿Con Brady? Dios… ¿De donde salió ese pensamiento? Estaba hecha un lío—. Ha sido un largo día.

—Sí, claro. Lo entiendo —pero la mirada en los felinos ojos de Leah, le dijo que no creía la excusa de su amiga, ni un poquito.

Se despidieron de todos y cinco minutos después bajaron las escaleras, templados por el frío aire que se había tornado borrascoso en las últimas horas. Pasando un brazo sobre su hombro, Brady la cobijó con su calor.

—Ha sido difícil para ti ¿verdad? —Sus dedos trazaban círculos en su hombro sobre el suéter—. ¿Quieres hablar de ello?

Mierda, Brady era demasiado bueno brindándole apoyo.

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—Realmente, no ha sido difícil. Ha sido divertido —admitió. Como lo fue besarle. Tomarse de las manos. Así que, ¿por qué se torturaba, viviendo constantemente en el pasado?—. Por un momento me he olvidado de que todo era una farsa. Bueno, la mayor parte.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—Cuando lo he mirado… —sólo recordarlo hacía que el pecho le apretara dolorosamente. Cada músculo de su cuerpo se tensionó—. ¿Sabes qué? No quiero hablar de él. Me odio por seguir amándolo.

—No te odies —Brady se puso delante de ella, bloqueándola el paso y tomando su rostro entre sus manos. A la luz de la farola se veía la preocupación en sus ojos—. Eres humana, Madi. No puedes cambiar tus sentimientos con un solo chasquido.

Pese a sostener con ternura su mentón y hablarle suavemente, había fuerza en sus acciones. La manera en que se interesaba y la comprendía. Había cierta potencia masculina que irradiaba de su toque. Brady la hacía sentir protegida, segura. Amada, sin importar nada más.

—Pero tú sí puedes cambiar lo que siento —se dio cuenta y lo expresó en voz alta—. Y deseo que lo hagas.

—¿Cómo, Madi? —la aflicción en su voz le transmitió cuanto deseaba lograrlo —Simplemente dime como.

—Bésame —susurró, cerrando sus ojos al tirón emocional que su petición le generó, como si le estuviese dando la espalda a su propio corazón. Superaría su amor por Will. En los brazos de Brady—. Bésame y luego llévame a casa y dame todo el incentivo que puedas.

—Dios, sí —la boca de Brady aplastó a la suya, arrasándola en un furioso beso. Sus labios se retorcían sobre los suyos con avidez. Sumergió su lengua y ella respondió a su necesidad casi alocada con su propio fervor. La inmediata excitación que despertó era como fuegos artificiales, provocando hormigueos por todo su cuerpo, y como presagiaba, su mano errante le agarró un seno, estrujándolo, mientras la otra mano fue a su culo, y apretó el firme músculo, como si estuviera declarando mía.

Su pasión era intensa, contundente. No tanto sutil pero abrasadora. Era todo lo que ella necesitaba. Lo que deseaba. Ser suya. Sentirse así y no dividida en dos.

Will nunca la había tocado así…

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Will. ¡Fuera de mi cabeza!

—Más —lloriqueó, despegando su boca para rogarle a Brady—. Más fuerte. Más, necesito más —le necesitaba para borrar a Will, las imágenes de la forma lenta y seductora con la que le hacía el amor… sobre la hierba alta, cerca del arroyo en una cálida noche de verano. En la cabina de su antigua camioneta. Montando su regazo en las gélidas noches de invierno. En la cama de esa camioneta después de ver las estrellas.

Una y otra y otra vez los recuerdos apasionados zumbaron como una molesta mosca y mentalmente Madi les dio un manotazo para espantarlas.

—Oh Dios, Madi —Brady gimió, inhalando aire por un segundo antes de reclamarla nuevamente en otro intenso beso que trabó sus labios. La mano que reposaba en sus nalgas, empujo sus dedos con tela y todo entre su hendidura, presionándola posesivamente y Madi chilló con sorpresa al descubrir cuánto la encendía eso. Cómo se apretaba su ano, su clítoris palpitando. Lo mojada que estaba, cómo le encantaba su otra mano pellizcándole el pezón mientras ella se derretía en su abrazo. Estaba completamente a su merced.

—Más —gimoteó—. Más.

En

el

fondo, quería

que la lastimara,

que castigara

sus ridículos

sentimientos por Will. Que la azotara. Que la atara y la hiciera gritar.

Era ridículo, lo sabía. ¿Qué persona normal desearía esas cosas? Siempre pensó que era demasiado tímida o mansa para el sexo picante. Nunca había deseado esto… ni se lo había admitido ni siquiera a si misma. No a la luz del día.

Pero lo hacía ahora, ferozmente. Justo ahí, en medio de la calle, bajo la luz de la farola, gimió para que la tomase. Si sólo hubiese alguna forma de hacerle saber, de transmitirle lo que anhelaba.

Con un gruñido, Brady liberó su boca.

—Dime que podemos escaparnos de ver a tu madre —soltando su seno, agarró su otra nalga y la levantó del piso, aparentemente sabiendo con exactitud lo que ella ansiaba. Aspereza. Obscenidad. Todo menos algo dulce, todo menos Will.

—No podemos entrar por la ventana. Mamá la aseguró con clavos cuando yo tenía dieciséis años para que no me escapase a tener sexo —que ironía, ahora quería colarse dentro para tener sexo. Sexo picante. Con una

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sonrisilla, le envolvió las piernas alrededor de su cintura, dejando un reguero de besos por su barbilla, chupándole el cuello—. Pero no saldrá del trabajo hasta dentro de un ratito, ¡Así que date prisa!

—¡Madi, espera! ¡Tengo que hablar contigo!

¿Will?

*****

Maldita sea ¿En qué estaba pensando? ¿Ver a Madi enamorada le hizo perder el juicio? Debía de ser eso. El corte en su pecho era lo suficientemente grande como para enloquecer completamente a un hombre.

A pesar de todo, sabía que no debía merodear afuera después de haber abandonado la cena, discutiendo consigo mismo sobre regresar o no y hablar con ella antes de que fuese demasiado tarde. De ninguna manera debió seguirlos. Nunca debió pararse ahí y observar a la mujer que amaba, besuquearse con otro tipo –que la manoseaba completamente- y era absolutamente inaceptable que su polla estuviese dura por verlos.

Hablando de masoquistas.

Sin embargo, nunca había visto a esa Madi, tan lujuriosa y sexualmente agresiva. La forma en que le besaba, con la misma dureza que estaba siendo besada, la forma en que rogaba por más, aparentemente disfrutando de ser tratada rudamente. Podía significar solo una cosa.

Que ella realmente amaba a Brady Michaels. Lo que implicaba que a él había dejado de amarlo.

—¿Will? —Le inquirió, soltándose del abrazo de su amante y girándose a mirarlo con ojos salvajes. Ojos tan azules como el mar de Hawai que ella tanto adoraba. Con la piel tan bronceada como cualquier nativa, ruborizada por la pasión. Resplandecía su Cornsilk. —¿Qué?

—Mira, Will, —Brady se adelanto, apretando la mandíbula—. ¿No crees que ya has herido a Madi lo suficiente para una vida? Jesús, hombre, tenla en consideración. Déjala ser feliz.

¿Realmente había sido tan malo con ella? Una y otra vez se dijo que cuando ella llegase a Hawai, lo olvidaría totalmente. Tendría sus estudios y haría nuevos amigos. Tendría novios y la playa. Pero las lágrimas brillando en

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sus ojos le contaban otra historia, un triste y largo cuento que le hacía querer suplicarle

—Madi, por favor, necesito conversar contigo —Porque esos ojos le decían que ella todavía le amaba, no importaba que sus labios estuviesen hinchados por haber besado a otro hombre. Ni que pudiera oler su pasión, aun a varios metros de distancia—. De verdad, es importante.

—Umm… —por un momento juró que le diría que pintara un bosque y se perdiera, pero lo contempló y asintió con la cabeza, provocando que Brady jurara por lo bajo—. De acuerdo, pero que sea rápido.

—En privado —agregó Will—. Sólo dame un minuto a solas, por favor.

—¡Joder! —Brady protestó en voz alta, agarrándola posesivamente—. Madi, no te hagas esto a ti misma.

—Está bien. En serio, Brady, gracias pera estoy bien —Girando hacia él, forzó una sonrisa, pero la mano con la que frotó su pecho, sobre su corazón, le dijo mucho—. Estoy bien. Adelántate a la casa. Will puede caminar conmigo el resto del camino.

Por

un

instante, tuvo la certeza de que recibiría

un puñetazo. O

estrellado contra el pavimento. O lanzado frente a un carro en movimiento.

Pero después de varios momentos llenos de tensión y miradas asesinas, Brady finalmente se dio la vuelta y se alejó caminando. Lentamente. Mirando hacia atrás cada a paso del camino.

Will lo observó hasta que dobló la esquina y Madi suspiró, cerrando brevemente los ojos anegados con lágrimas.

—¿Qué quieres, Will?

—Uh… —No había planeado qué iba a decirle, ni siquiera tenía idea de por qué necesitaba hablar con ella. Sólo necesitaba estar cerca de ella. No podía soportar verla con otra persona. Con Brady, especialmente—. Con que a él le gustan las estrellas.

Quizá si no existiera ese detalle, Will podría digerir un poco mejor esto. Pero que ella estuviese saliendo con el hombre que se suponía que él iba a ser, picaba. Ardía como una daga en la espalda.

—¿Eso es todo? A muchas personas les gustan las estrellas. Créeme es una coincidencia.

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MADI EN EL MEDIO

Ella se giró para marcharse, envuelta en deseo y de regreso a Brady, y él tenía que detenerla –iba a casa para follar con el bastardo, mierda. Ella no podía.

No puedes.

—¿Ah? —murmuró sobre su hombro, continuando su camino

—Yo, umm… supongo que te enteraste de que mi padre murió —dijo bruscamente.

—Oh Will —ella detuvo su marcha y se giró—. No, no lo sabía. Fue por

el…

—Si, umm, se mató a si mismo —su voz se quebró, la emoción lo barrió en un estremecimiento. Su madre, su hermano y ahora su padre. No tenía a nadie más. Excepto a esa maldita granja, que ni siquiera apreciaba. Necesitando su toque, se adelantó y tomó su mano. Por algún milagro, ella le permitió abrigar sus pequeños dedos en su asimiento. Esos dedos que acariciaban la polla de Brady—. Bebió hasta dormirse y jamás despertó. Así de simple, se fue. Pude evitar que condujera borracho pero no que parara de beber.

—¿Cuánto hace? —le preguntó con aflicción en su tono, mostrándole su pesar. Madi no se interesaba mucho ni daba nada por su padre, pero seguía siendo como parte de su familia.

—Hace un par de meses. A finales de agosto.

—Mi madre no me lo contó. Hubiese venido a casa —para su asombro, ella lo abrazó, apretándolo fuertemente—. Lo lamento mucho.

Él hociqueó su nariz en su cabello, ignorando el persistente aroma de su excitación e inhalando su esencia natural –esa que olía como a rayo de sol, a playa, como se imaginaba a Hawai. Donde estaba su hogar ahora. Qué agridulce era sostenerla, sabiendo que pertenecía a otro. No podía soportar el pensamiento de dejarla ir. Y mucho menos para que regresara con Brady.

No obstante, ella lo alejó, tomando su mano nuevamente. —Mejor comencemos a caminar. Brady empezará a preocuparse.

Brady. Hijo de puta.

Aún así, caminar por la calle, cogidos de la mano, se sintió tan natural. Como en los viejos tiempos. Con la excepción que todo en lo que pudo pensar fue en ella, en los brazos de Brady, embelesada.

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—¿Qué harás ahora? —le preguntó—. ¿Tienes algún plan?

—Supongo que venderé la granja. Por fin seguiré mis sueños —Conocer

a Brady le había hecho percatarse de la importancia de eso—. Mi prima y su

nuevo esposo la quieren, así quedaría en la familia. Les daré más que un precio justo.

Las hojas se arremolinaban a sus pies y ella tembló por el viento frío.

—Bien. Espero que encuentres algo que te haga feliz.

—Estas helada. Toma mi abrigo, es más caliente —Comenzó a quitárselo y fue un error porque retiró su mano de la de ella y Madi se negó a aceptarlo.

—No, no puedo.

—Vamos.—él lo sostuvo—. Acéptalo, yo no tengo frío.

No, Will —ella suspiró en esa forma tan suya de “es suficiente”, y Will supo que la ternura que habían compartido, había llegado a su final—. Escucha estoy muy apenada por lo de tu padre, pero Brady me esta esperando. ¿Hay algo más que quieras decirme?

Demonios siiii. Quería exigirle: No lo hagas. Se moría por gritar: Tú eres

mía.

Pero él era el tonto que la había apartado años atrás. Por su propio bien

y haciendo lo correcto. No podía permitir que ella se quedase, entreteniéndola

con un futuro juntos cuando no tenía ni idea de si alguna vez dejaría Quarry y

si ella tendría deseos de permanecer aquí.

Ahora todo había cambiado, incluso ella.

No se podía explicar por qué no le decía todo eso, excepto que temía enfadarla. Tenía miedo de que fuera demasiado tarde. Brady, maldito seas.

Necesitándola más que nunca, Will tomó su mano, sosteniéndola a pesar de la resistencia que puso esta vez. —Eh ¿Seguimos siendo amigos, cierto? Sé que las cosas salieron mal entre nosotros pero todavía me preocupo por ti. Mucho.

Por la forma en que arqueó las cejas, ella estaba dudosa. —¿Y?

—Y ese tipo. Brady —no tenía la intensión de decir su nombre como sí fuera veneno, pero demonios, no quería las manos de ese individuo manoseando a su mujer. Ni su lengua en su boca—. No creo que sea bueno para ti.

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—¿Qué? —con una mirada que podría cortar, retiró su mano—. ¿Cómo te atreves?

Se encontró atrapado, desesperado por convencerla. —He visto la forma en que te ha maltratado, Madi. No está bien que te trate como un pedazo de carne. Mucho menos afuera a la vista de todos.

—¿Se te ha ocurrido pensar por un segundo que quizás yo lo deseaba

así?

Con esas palabras cortantes, se dio la vuelta y se alejó, dejándolo atrás desesperado por alcanzarla.

—Madi, conozco a los hombres. Conozco a los de su clase. Es un salido. No es bueno para ti.

—¡Bastardo! Así que tú puedes salir con otras mujeres, ¿Pero se supone que yo debo quedarme soltera para siempre? Tú me rechazaste, ¿Recuerdas?

—Sólo digo… vamos, Madi. A él le gustan las estrellas y ¿se supone que eso es una coincidencia?

Ella se giró para mirarlo, ahora reluciendo por la furia. Nunca había visto tanta ira en sus ojos, normalmente de sereno azul profundo.

—¿Qué se supone que significa eso? ¿Qué es lo que crees? ¿Qué he ligado con un reemplazo tuyo? ¿Eres así de inolvidable? Por favor.

Maldito fuera por no saber mantener la boca cerrada. —Mira…

—¡No! ¡Para tu información, él me trata mucho mejor de lo que alguna vez hiciste!

Una visión de esas manos estrechando su dulce culo, enterrándose en ella, espoleando dentro de ella, quemó en su mente.

—¡He visto como te trata! ¡Yo nunca te haría algo así!

—¡Ugh! ¡Precisamente! ¡Nosotros tuvimos un amor adolescente! Brady me trata como a una mujer —Incrementó el paso, doblando el ritmo, prácticamente en una carrera—. ¡Basta! No me sigas. No digas una palabra más —Y con eso, se marchó.

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Capítulo 5

Increíble. Será hijo de puta. ¿De que manicomio se había escapado? ¿Quién se creía que era? ¿Su dueño?

Will ni siquiera la quería – él mismo lo admitió. Nunca olvidaría esas gélidas palabras con las que terminó su relación hacía siete años. Es sólo un amor adolescente, le había dicho. Ya te he olvidado.

Aparte de los saludos superficiales que habían intercambiado en el transcurso de los años, no había conversado con ella desde la ruptura. No, en cambio había flirteado con cada pelirroja que encontraba a su paso. ¿Y ahora resulta que se preocupaba por ella? ¿No aprobaba a su novio?

Ese asqueroso hijo de…

Madi levantó la cabeza al escuchar el sonido de una risa -la risa de su madre- proviniendo de su pequeña casa, seguida del profundo retumbar de la de Brady al preguntar

—¿Quieres escuchar otra?

Estaban sentados debajo de la luz del porche, uno junto al otro en un escalón, su madre tenía una cerveza en la mano. Una extraña sonrisa se extendía su rostro.

—¿Otra qué? —¿Cómo había conseguido este hombre que su madre estuviera buen humor después de su turno en el trabajo? Otra prueba más de que Brady era asombroso.

Él se puso en pie. —¡Madi!

—Hola mamá —hizo su mejor esfuerzo para aparentar alegría—. Brady.

Bajó las escaleras y la agarró por los brazos, indagando en sus ojos.

—Nena hola. ¿Está todo bien?

Dios, era tan comprensivo. Todo un apoyo.

—Oh si, tranquilo. —le mintió, inhalando hondo, para no decir nada con su madre cerca, a quien nunca le había gustado Will porque decía que sólo

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quería entrar en los pantalones de su hija. Y estuvo en lo cierto —¿Qué estáis contando?

Con una mano en su espalda, Brady la guió a las escaleras.

—Sólo

astronomía.

estaba

rompiendo

el

hielo.

Contando

—Ah. Los chistes cursis de Brady. ¿Cuál?

malos

chistes

de

—El del nuevo restaurante en la luna —le contestó su madre.

Madi lo había escuchado cientos de veces.

—Comida estupenda, ninguna atmósfera —con una sonrisa, se acercó a

su madre y la abrazó, quien, además de la cerveza que sostenía en la mano,

lucía distinta de la mujer que la crió. Por fin se había teñido las canas de un

saludable tono café oscuro y había perdido algo de peso —Te ves genial. Debe ser el nuevo novio.

Mamá irradió.

—Oh —sacudió la mano, desestimando el cumplido—. Chuck es un dolor

en

el culo. Es afortunado de que todavía quiera casarme con él, pero ya que es

mi

jefe…

—Ah me preguntaba por qué la prisa para ponerte la soga al cuello. Ligando con el jefe.

—Eso es decirlo decentemente. Es más como…

—Uh-uh. Guárdate los detalles. —con una sonrisa, Madi se deslizó en medio de los dos y envolvió los brazos en sus rodillas—. Entonces ¿lo tienes todo listo para la boda? ¿Cómo es tu vestido?

—¿Vestido? No para mí —Negó su madre—. Chuck se reiría sin descanso hasta el día del juicio final… ¡o hasta que las vacas vuelen!

Vacas. No era el recordatorio que necesitaba en estos momentos. Madi tragó decidida a mantener la conversación en un tono ligero, fresco y enfocado

en su madre, a cualquier coste, así no se derrumbaría.

—Entonces ¿Qué vestirás? ¿Una falda? ¿Pantalones?

Mamá tiró su botella vacía de cerveza en el porche.

—Vestiré mis viejos y cómodos jeans azules y él también.

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—¡Los jeans! —Madi tuvo que reír. Eso era tan propio de su madre. Sin adornos, ni volantes, simplemente una mujer cien por cien trabajadora y tenaz —. Dime que por lo menos vestirás una blusa.

—Infiernos, no. Los dos nos hemos comprado camisas tipo Harley. Tiene una moto, y tan pronto estemos casados, recorreremos el país. Dos semanas en la carretera… libres por fin. —Hizo un dramático movimiento con la mano—. Es la primera vez que me tomaré vacaciones para descansar y no para cubrir un despido. Pero Chuck me ha asegurado que gana lo suficiente y no tengo que preocuparme. Sin embargo, seguiré trabajando. Me mantendré independiente. Y para que te quedes tranquila, me arreglaré el cabello en una linda trenza, aunque el casco la estropeará de cualquier manera. Y también me pintaré las uñas.

—Es fantástico mamá. Realmente estupendo —Y lo era, regresar a casa y ver a su madre con el animo tan elevado. Verdaderamente, la llenó de esperanza, después de atestiguar durante toda su vida la amargura y el dolor de su madre. Que aún después de lo que su padre le hizo pasar, ella pudiera amar nuevamente…

Estuvieron un rato sentados allí, conversando sobre la boda, el viaje en motocicleta, poniéndose al día de lo que parecía una eternidad.

Pero por mucho que disfrutara de la conversación, Madi no podía dejar de pensar en las palabras de Will. ¿Brady no era bueno para ella? ¿Él conocía a los hombres como Brady? Maldito fuera, ¿Acaso no era suficiente que la hubiera arruinado la vida? ¿Ahora también tenía que arruinar la mejor charla que había tenido con su madre en toda su vida?

Constantemente, aunque se riese, Madi se encontraba luchando contra la ola de emociones que la amenazaba. Luchando por serenarse. Con los nervios a flor de piel y la emoción arremolinándose en su interior. Mantener la mascara fue de las cosas más duras que había hecho nunca.

Vamos, Madi. A él le gustan las estrellas y ¿se supone que eso es una coincidencia?

Maldito fuera, ¿Quién se creía que era?

Como un reflejo de su ánimo, el cielo empezó a nublarse. La noche se hizo más fría, oscura y amenazadora, y cuando Brady se preocupó por la tormenta, todos se despidieron y su madre entró en su vieja camioneta, para conducir hasta casa de Chuck, donde dormía actualmente, y asegurándoles que una cerveza no excedería el límite legal permitido.

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Apenas su madre se marchó arrancando la transmisión del auto, Madi se retiró, le costó llegar a su habitación antes de perder el control, derrumbándose al entrar.

Encendiendo la luz justo a tiempo, Brady la sostuvo mientras ella colapsaba en el suelo, llorando.

Si no fuera por la suave y sollozante mujer en sus brazos, Brady hubiese golpeado una brecha en la pared.

—Ese hijo de puta, ¿Te ha hecho daño? ¿Qué te ha hecho? ¿Qué te ha

dicho?

Maldito Will. Brady tenía en mente salir disparado detrás de él y arreglar que no volviera a mirar a Madi nuevamente.

—Nada, nada —respondió, sorbiendo por la nariz y palmoteándose las mejillas—. Estoy bien.

—Sí, claro. Por nada es que estás hecha un mar de lágrimas. Ni siquiera te puedes sostener en pie—. Mientras la llevaba a la cama, Brady luchó contra la rabia, odiando que ella sufriera de este modo, acostándose a su lado, la acurrucó cerca. Lentamente, con un dedo le limpió las lágrimas calientes—. Oh Sunshine , lo siento. Nunca debí dejarte con él. Debí saberlo.

Madi hipó. —Creo que estaba celoso. Celoso. ¿Puedes creerlo?

—¿Acaso no era ese tu plan?

ha

comportado. Sin cenar. Cogiéndome de la mano. Diciéndome que tú eres malo para mí. Es casi como si tuviera sentimientos por mí.

—Yo

sólo…

sólo…

oh

Dios…

—gimió—.

La

forma

en

que

se

—¿Qué él qué? —el brazo que Brady tenía bajo su cuello se tensionó y le levantó la cara para que lo mirase, contemplándola a los ojos anegados en lágrimas. Maldición ¿Cuándo será suficiente? —¿Por qué te obligas a soportar esta tortura?

Jesús, estaba a medio paso de maldecir haber venido con ella a Quarry, haber estado de acuerdo en esta estúpida farsa en vez de seducirla de la forma adecuada.

—Me ha dicho que me estabas maltratando. Que conocía a los de tu

clase.

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—¿Y es así? —preguntó arrastrando las palabras, deslizando una mano a su pecho, apretándolo en su agarre—. Dime que no te gusta, dímelo y no volveré a tocarte nunca más.

—Me gusta… ¡oh! —ella gimoteó cuando él le dio un golpecito con el pulgar al pezón endurecido—. Sí.

—Escúchame ahora —habló lentamente, mirándola a lo ojos y puntualizando cada palabra—. Yo sí conozco a los hombres como Will. Él solo quiere lo que no puede tener. Todo es sobre él mismo. No le importa lo que te está haciendo. Nunca le ha importado, Madi. Nunca le importará. Es probable que ahora esté por ahí, encamando a esa pelirroja que mencionaste y sabes que es cierto.

—Nunca le importará —Nunca Will. Cerrando de golpe las húmedas y pálidas pestañas, recompuso su rostro y asintió, su voz era compungida—. Termina lo que has iniciado antes, Brady. Hazme olvidarle.

Él. Siempre él.

—¿Es realmente lo que quieres? —Enfadado, Brady se colocó sobre ella, con una mano a cada lado de su cara—. Mírame, maldita sea. Dime que me deseas —La tomó por la barbilla—. ¿Y bien, Madi?

—Sí —abrió sus ojos azules brillantes, que seguían húmedos por la emoción, y lo miró—. Manoséame. Lo deseo.

No era la respuesta que buscaba.

—No soy “lo”, Madi —Brady movió la mano de su cara a su pecho, pellizcándole el pezón a través del vestido en un agarre implacable—. Y basta de usar sus palabras. Usa las tuyas. Dime que me deseas. Dime cómo.

—Oh Dios —gimió, arqueando su espalda de la cama, a medida que él empujaba hacia arriba la tela que cubría el duro guijarro, estirando la carne tirante—. Te deseo Brady. ¡Tómame! ¡Duro! Como solo tú puedes.

—¿De cualquier forma que quiera? —Para mostrarle como sería, retorció los dedos, estrujando el pezón—. ¿Eres mía de la forma que quiera?

—¡Sí! ¡Toda tuya! —jadeó, su ansioso cuerpo tenso y levantado sobre la cama, retorciéndose en deseo, mientras agregaba—. Lo quiero de esa manera. Simplemente, me quiero perder en ti.

Soltándola el pezón, Brady se puso de rodillas.

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Ella no tenía idea de en qué se había metido. Porque Brady tenía toda la intención de sacar a Will de su mente de una vez por todas.

—Dime una cosa, Madi. ¿Estás pensando en él?

Con eso, la tomó por un hombro y la tiró boca abajo, haciéndola gritar por la sorpresa y responder honestamente.

—Sólo un poco.

Tal como él pensaba. Pero después de esta noche, ningún otro hombre. Sólo a él.

Madi no querría a

Lo supiera ella o no, el no tomaría su cuerpo únicamente, el tomaría su corazón. Y había sólo una manera y un cómo –atormentarla, tentarla y torturarla hacia la sumisión total. Posiblemente, le llevaría toda la noche. Pero por la tirantez en sus pantalones, estaba definitivamente listo para el reto.

Tocando la cremallera, la bajó y tiró de su vestido para quitárselo, tirándolo al suelo. Lo siguiente fueron sus bragas de raso color crema, exponiendo su insolente culo enloquecedor. ¿Cuántas veces la había admirado en bikini? Era pequeño, firme –podía moldear cada nalga con sus grandes manos- y ahora era suyo.

Separándole las piernas para abrirlas más ampliamente, frotó suavemente, un dedo a lo largo de su coño, probado su buena disposición – estaba agradable y lista para él- luego deslizó el meñique húmedo por encima de su hendidura, rodeando su ano. Frotando el tenso nudo fruncido mientras ella resoplaba asombrada.

—¿Alguna vez te tomó por aquí?

Su voz tembló cuando respondió—. No.

—Mmm… bien —tentado como estaba de deslizar ese dedo profundamente, era muy pronto para este orificio virgen. Ella debía ser buena y ganárselo, primero—. Porque yo lo tomaré, Sunshine , puedes contar con ello.

Su delicado cuerpo tembló con sus palabras, pero no protestó. Queriendo ver su cara mientras la excitaba, retiró el dedo y le desabrochó el sujetador, tomándola por las piernas, la tumbó de espaldas.

Tiró el sujetador al aire, acostándose sobre el de ella, apoyado en un codo, con cuidado de no aplastarla. Era tan delicada, tan frágil óseamente comparada con su voluminoso cuerpo. Un ángel tan inocente, incluso cuando

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otro hombre la amó – ese idiota no sabía lo que hacía. Ahora le correspondía a él introducirla lentamente a los placeres reales que un hombre le podía proporcionar a una mujer.

—Si hago algo que no te guste, simplemente dímelo. —por lo demás, excedería todos los límites.

—Por favor, Brady, apúrate. Estoy en llamas.

Nada de eso. Aún no había empezado.

—No va a haber ninguna prisa aquí. Eres mía toda la noche.

—Oh Dios.

Con una risita, su boca abarcó el pequeño seno, tomando y succionando más que el pezón. Suave al principio, chasqueando la lengua. Luego duro, ordeñando y tirando de la carne, más y más, hasta cerrar los dientes alrededor del guijarro. Mordiendo y haciéndola maullar en deleite. Débil por el placer, estaba seguro. Débil por él.

Arrastrando los dientes sobre el pezón, Brady deslizó los labios por su abdomen, su lengua atormentando el ombligo, el cual halló adorable. Ella se rió, doblándose, pero rápidamente con su antebrazo aplanó las piernas sobre la cama para luego sumergirse entre ellas, buscando su clítoris. Agobió la protuberancia bajo la presión que aplicó, frotándolo circularmente una y otra vez, a medida que deslizaba su boca más hacia el sur, rodeando el borde exterior de sus rizos dorados recortados prolijamente, excavando con sus dientes aquí y allá cuando ella se atrevía a mover las piernas o a corcovear, sólo para recordarle quien estaba al mando.

Finalmente, se anidó entre sus piernas, extendiéndolas ampliamente y poniendo su boca sobre su suculento coño. La besó tiernamente, atormentándola con cortas lamidas, mientras exploraba su hendidura, hundiendo al tiempo dos dedos.

—¡Oh! —el coño de Madi rebotó contra su cara y él se zambulló otra vez, tomando su clítoris y mamándolo—. ¡Oh Dios, Will!

Bueno, joder, Brady no podía creer lo que había escuchado.

—¡¿Qué?!

El placer difuminó los límites de la realidad. Todo lo que Madi sabía era que se sentía al borde del orgasmo más intenso que hubiese experimentado.

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Con un quejido, se impulsó contra él, queriendo más. La mano de Brady moviéndose contra ella. Su polla.

—¿Qué? —reclamó por segunda vez, con los dedos aún dentro de ella, pero su boca no estaba donde pertenecía –succionando su clítoris—. ¡Maldita sea, Madi!

—No te detengas. —rogó. Su coño se cerraba a su alrededor, prendido en llamas—. Por favor, Will… —Oh mierda. Ella no podía haber dicho eso—. Oh Dios, Brady, lo lamento. No ha sido mi intención… no me he dado cuenta.

Madi temblaba internamente por el terrible error que había cometido. ¿Qué estaba mal en ella? ¿Finalmente decidía expulsar a Will de su corazón de una vez por todas y luego gritaba el nombre del bastardo cuando el hombre que realmente le importaba estaba a punto de provocarle un orgasmo?

¿Por qué incluso pensaba en Will? ¿Por qué, maldición?

—Brady, lo siento tanto.

Él hizo un sonido gutural, algo como un gruñido.

—Es muy tarde para disculparse ahora.

¡No!

Se levantó de la cama, alejándose, pero en lugar de marcharse y abandonarla como se merecía, fue hacia la maleta, la abrió, buscó una caja grande de condones y regresó, los tiró sobre la cama, luego la asió por la parte superior del brazo y del muslo, arrojándola toscamente sobre su estomago.

—De una forma u otra, Madi voy a llegar a ti y voy a conseguirte.

—¿Qué haces? —jadeó cuando la agarró por las rodillas y las juntó a la fuerza, su mano golpeándola duro, quemándole la nalga izquierda con la respuesta que le dio.

—Castigándote.

¡Plas, plas, plas! Su palma no mostró misericordia, marcándola por el terrible error que había cometido.

Sobresaltada, se alejó pero él la capturó, arrastrando su espalda de vuelta a su posición.

—Enseñarte una lección. Y no te atrevas a moverte o será peor.

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—¿Qué no me mueva? —¿Qué lo haría peor? ¿Quién se creía que era? ¿Su dueño?—. Vete a la mierda.

—No es la respuesta que quiero. — ¡Plas, plas, plas! Los músculos de su culo se tensaron con ardor. Sus manos temblaban para sostenerse.

Pero permaneció ahí, con las rodillas temblorosas mientras luchaba y forcejeaba con el pensamiento de no escabullirse, de quedarse en esa posición, totalmente expuesta a él, como nunca lo había estado ante otro hombre.

Y dejarle, oh Dios, la estaba azotando. Y pese a que había fantaseado al

respecto antes, no lo imaginó así. No siendo castigada como una niña maleducada. Cada ión de su lado feminista se enfurecía y se revelaba.

Se dijo a sí misma, que no corría porque de cualquier forma la atraparía. Porque no quería enfadarlo más. Porque después de llamarle Will, se lo debía. Pero la verdad era algo más, algo profundo en su interior. Oh cuanto dolía…

—Has dicho que lo querías rudo, ¿No es cierto, Madi? —¡Plas, plas, plas! —. Tengo que obligarte a olvidarlo ¿No es así? —¡Plas, plas, plas!

—¡Por favor! —el dolor latió en espiral por sus piernas, el calor llenó su culo –y su entrepierna- la prueba de su deseo goteaba por la cara interna de sus muslos ¿Cómo, cómo podía seguir deseando a Brady tanto?

—¿Piensas en él ahora? —¡Plas, plas, plas! —. ¿Maldición, piensas en él?

—No, en lo absoluto, ¡lo juro! —y lo decía de verdad. Hasta que Brady lo había vuelto a nombrar, Will había abandonado completamente su mente. Incluso ahora no sentía nada al mencionar su nombre –toda su atención estaba en Brady y en sus azotes. Como debía ser.

—¡Lo siento!

—Entonces, compórtate. —¡Plas!—. Si sigues deseando mi polla, levanta el culo y pídeme más.

¿Qué hiciera qué? No podía… no lo haría…

Pero lo hizo. Porque era correcto. Era lo que merecía.

Y era, lo que de alguna forma extraña, deseaba.

—¡Por favor, Brady, lo lamento! —arqueó el culo en el aire como él le había exigido—. Castígame más, más duro. Lo merezco.

—Condenadamente cierto.

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Su coño se apretó en el vacío, caliente y necesitado, y para su sorpresa, mientras golpeaba tres veces más la nalga derecha, su excitación no disminuyó, no se desvaneció en lo más mínimo, al contrario, aumentó.

¿Realmente era necesario esto, qué él fuese tan brusco para llegar a

ella?

—¡Lo siento! —imploró nuevamente—. Azótame como merezco.

¡Plas, plas, plas! y él lo hizo.

Ella lloriqueó. Gritó. Y por alguna razón desconocida, suspiró por más.

Más de lo que él le daba, de esta forma brusca. ¡Plas, plas!

Entonces, cuando deseó que jamás terminara, este pensamiento alucinante, esta experiencia que reducía la intensidad de la realidad, él se detuvo, sus dedos la presionaron en la nalga derecha mientras buscaba un condón y se lo ponía.

su

camino hacia adentro, llenándola con su longitud y amplitud. Arraigándose

hondo.

Su polla empujó

en su coño, alineándose en su entrada,

e hizo

Siénteme, Madi. Soy el hombre que te ama.

No tenía que preguntarlo dos veces.

—Eres el hombre que deseo. En verdad, Brady, te quiero.

Sólo que también amaba a Will. Sin importar qué, él era un agujero negro en su corazón. Y en ese tierno momento de unión entre ellos, Madi lo quería lejos, de cualquier manera.

Corcoveando contra Brady, ella rogó. tuya. Toda tuya.

—Tómame rudo, Brady. Hazme

había prometido

previamente, aquello de tomarla analmente. Y aunque eso la asustaba un poco, encontró excitante el pensamiento. Y sí eso era lo que se necesitaba…

Madi sabía

lo

que eso

implicaba –lo

que

él

le

—Hazlo —se animó, demasiado tímida para decirlo en voz alta.

Pero como siempre, Brady sabía lo que necesitaba. Retirándose y aporreando en su interior, colocó el pulgar en su ano, montando el inacostumbrado anillo cuando comenzó a bombear furiosamente sus caderas.

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Casi como si estuviera calentándola, probándola. Su ano se apretó y frunció, dando su consenso como diciendo sí.

Y entonces ella gritó. —¡Dios sí, hazlo!

Con la otra mano, cogió una botella de la caja de condones y echó un chorro de algo cálido y pegajoso entre sus nalgas, frotando el espeso liquido en medio de ellas. Instantáneamente, el área se calentó.

—¡Sí! Por favor, por favor —se encontró rogando y arqueando el culo en el aire, mientras le indicaba que se diera prisa—. Por favor, Brady.

Deseaba más. Deseaba que la follara, quería su pulgar más hondo, quería que la azotará otra vez.

—Lo sé nena, lo sé —Más duro, más rápido machacó su polla en ella, penetrándola hasta la empuñadura a medida que su pulgar se deslizaba cada vez más profundo, retorciéndolo y aplicando presión, abriéndola—. Simplemente relájate y te daré lo que necesitas —le prometió—. Todo lo que necesitas.

Con eso, le dio un manotazo a la nalga derecha y ella jadeó en deleite.

Se le hizo un nudo en la boca del estomago, seguido de una extraña clase de fiebre mientras entraba y retiraba su dedo y luego le agregó otro más. Dos dedos la acariciaron profundamente, provocando chispazos hormigueantes en su piel. Su clítoris latió, sintiéndose hinchado, y se impulsó hacia atrás, necesitando aún más.

¿Pero cómo? Estaba llena al máximo, incapaz de comprender que su ano acomodara algo más hasta que añadió un tercer dedo a la exploración, estrujando escasamente la punta, seguido por un pellizco de dolor cuando palmoteó su culo y el mundo explotó en pedazos. Llegó al clímax violentamente, mientras la azotaba como lo había hecho momentos antes, con el abrasador Plas, plas, plas, por el que había implorado. Las paredes de su coño convulsionaron salvajemente, aferrándole la polla, sin reducir el ritmo mientras se corría y se corría.

Sólo cuando sus muslos decayeron por agotamiento él se detuvo, retirándose de su coño pero no de su culo. Sus dedos seguían impulsándose adentro y afuera, trabajando su interior.

—Acuéstate —le ordenó—. Descansa un minuto. Vamos a asegurarnos de hacer esto bien.

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No tenía que decirle más. Madi se fundió sobre su abdomen, abrazando el colchón. Estaba tan agotada, su mente era una confusión total y su respiración era fatigosa. Pero cuando se acostó boca abajo, con el culo lleno de sus dedos juguetones, Brady retiró el tercero, el que no encajaba, explorando lentamente y expandiéndola a su más honda intimidad –con tanto amor- tuvo un despertar como ningún otro. No podía estar más expuesta o íntimamente relacionada que en este momento con este hombre. Lo que había entre ellos era básico, primitivo. Real.

Su cuerpo se encendió nuevamente y lloriqueó cuando introdujo los dos dedos profundamente en su interior, casi fragmentándola, ampliando gentilmente el estrecho canal –su culo, por Dios santo. No podía sentirse más excitada. A pesar de todo, mira cómo la deseaba. Cómo la saboreaba. Cada minúscula particular de su cuerpo estaba encendida.

—Prepárate, Sunshine nuevo.

—le advirtió tiernamente—. Va el tercero de

Madi sólo pudo amortiguar su asentimiento con el colchón.

Echando otro chorro del líquido pegajoso, incitó el tercer dedo, exigiendo entrar, exigiéndole que se abriera más ampliamente para esos gruesos dedos, el dolor mezclándose con el placer que pulsaba desde su clítoris.

—Ábrete para mí, relájate —la alentó, manteniendo inmóviles parcialmente los tres dedos en su interior. Con la otra mano, se deslizó entre los pliegues de su coño, encontrando su clítoris, pellizcándolo y rodándolo—. Tienes que tomar primero mis dedos, si en verdad deseas mi polla ahí dentro. Vamos, nena, te necesito bien y dispuesta. Te deseo —lo dijo casi gruñendo.

Debido a la sobrecarga sensorial, Madi apretó los dientes, atrapando intencionalmente la sabana en su boca y mordiendo el algodón fabricado.

—¿No me deseas?

Con los ojos apretados, asintió un furioso.

—Entonces relájate. Estás muy tensa. Eres virgen analmente. Pero tienes que abrirte más —Pellizco el nudo de nervios retorciéndolo, avanzando en su entrada lenta y cuidadosa. Un pequeño milímetro cada vez ganaba terreno y a Madi le parecía que su polla nunca le cabría, que nunca podría tomarle de esta manera. Todo la sobrepasaba. El vivo y ardiente placer quemando su cuerpo. El dolor tirante que se entremezclaba, dándole a sus sentidos un borde afilado.

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¿Más? ¡Imposible! ¿Relájate? ¿Cómo?

Brady preparó su cuerpo, instruyéndola pacientemente para que aceptase sus dedos. Sólo cuando ella estuvo completamente cómoda con su ensanche, casi jodiendo su mano, tan excitada, sacó los dedos y le llenó el ano con su polla. La cabeza pasó el estrecho anillo de músculos con facilidad y reclamó su virginidad anal. No dudó –se había asegurado condenadamente bien que ella estuviese lista- se deslizó a sus receptivas profundidades, degustando su cálido y abrigado canal.

Enhebrando los dedos en su vello púbico, masajeó el botón mágico y acarició lo más hondo de su apretado guante, con un ritmo constante.

—Ah, Madi, mía. Toda mía.

Reclamó su cuerpo tan fuerte y minuciosamente, que no había manera de fantasear con nadie más. Ni ahora ni por la mañana.

Sus músculos se tensaron con el reclamo, apretando su vara como señal de aceptación.

Contrayéndose más y más con cada profunda estocada, su cuerpo se convirtió en una cuerda tensa debajo de él, mientras maullaba con deleite, y él supo que ella estaba cerca del clímax nuevamente. Su Madi. Su Sunshine estallando por él.

Dios, ese simple pensamiento tenía a su polla a punto de reventar.

Sabiendo que podía correrse en cualquier momento –y posiblemente no sería capaz de evitarlo- rodó su clítoris rápidamente, apremiándola.

—Eso es. Córrete, nena. Córrete fuerte para mí.

Su obediencia como amante era alucinante. Se corrió en una serie de gemidos y pequeñas contracciones musculares que lanzaron a Brady sobre el borde. Su culo ordenó a su polla herméticamente a medida que su semen se disparó, explotando dentro del condón, y su mundo se tambaleó. Las estrellas centellearon, su visión se nubló. Estaba ciego por el éxtasis tan puro, fue como si hubiera despegado o volado a otro mundo.

Plegándose sobre su cuerpo, aún enterrado profundamente en su interior, hizo a un lado el sedoso cabello y le susurró al oído.

—No pensaste en él ni un minuto ¿Cierto?

—Mmm… —se quejó, metiendo la cara en el colchón y murmurando—. Y no quiero pensar en él ahora.

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lado los

mechones rubios, tomando la deliciosa piel de su cuello en la boca—. Mía, Madi.

—Eso es porque ahora

eres mía,

Madi —Brady echó

a

un

—Mmm, si…

Capítulo 6

Cometió un grave error. Gigante… y estúpido.

Al ver a Madi enfadada, dirigiéndose a los brazos de otro hombre –el hombre que él debería ser- Will se dio cuenta de su error con una certeza lacerante y dolorosa.

Fue incapaz de volver a su casa, enfrentarse a esa granja vieja y vacía, que tenía el infortunio de llamar suya. Los suelos inclinados, las escaleras chirriantes no significaban nada –nada más que una constante espina en su costado- y todo ello implicaba que algo se había… ido.

En su lugar, se encontró vagando sin rumbo en la fría y mortecina noche, y lo siguiente que supo fue que iba por el arroyo que traspasaba sus campos, donde él y Madi solían aparcar su camioneta y tumbarse a contemplar la noche, planeando un “para siempre”.

Allí en la alta hierba, se hundió sobre la húmeda y fría tierra, con el viento silbando a su alrededor, mientras observaba el cielo nocturno, maldiciendo a las nubes, que le ocultaban la vista después de siete años de no atreverse a mirar hacia arriba.

Está bien. Se decidió a mirar hacia arriba, a las nubes. Pero hacía un rato, cada estrella en el firmamento había brillado para Brady.

El hombre lo tenía todo. Y Will apostaba a que el tipo ni siquiera era consciente de ello. Mierda.

Y se acostó ahí, en la humedad y el frío, aunque todavía no titiritaba. Demasiado perdido en sus pensamientos como para preocuparse, de alguna forma reconfortado por estar en el lugar que era de ellos.

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Dos veces en la vida había perdido su otra mitad –primero su hermano y luego Madi- y ahora vestía la soledad como una segunda piel. Cuando Wayne murió, Will quedó con un dolor, un agujero negro, y por un tiempo estar con Madi lo había completado. Haciéndole más fácil el dolor. Ahora, con cada año que pasaba, la soledad en su interior se hacia más grande y profunda. Por el bien de ella, lo había lidiado por un tiempo, pero verla con este tipo lo estaba consumiendo.

Madi sosteniéndole la mano, besándole tiernamente en la mejilla…

Nunca debió alejarla ni abandonar sus sueños. Nunca. Sólo ahora se daba cuenta de lo mucho que significaban. Los necesitaba de vuelta ferozmente. Eran suyos.

¿Quién era Brady, para venir y robárselos?

La visión de ese hombre besándola, casi tomándola ahí en la calle, lo torturaba. La mano de Brady moldeando la suave curva de su seno, pellizcando el pezón a través de la tela. Su palma manoteando su trasero, excavando posesivamente en el delicado culo…

Querido Dios ¿Qué estaba mal con él?

Cerró el puño a su costado, combatiendo el calor que subía por su polla. Suya, golpeó la fría tierra. ¡Su Cornsilk, no de Brady! ¡Esa apasionada y sexy mujer que vio rogando por más era suya!

Cuan

hinchados

tenía

los

labios

cuando

hablaron.

La

besó

exhaustivamente. Irradiaba tanta excitación… que fue capaz de olerla.

Y ella lo tocó. Tomó su mano. Lo abrazó.

¡No! Respirando por la nariz, sacudió las imágenes. Dios ¿Dónde estaban las estrellas?

Como si le respondieran, una solitaria estrella asomó por la esquina de una nube negra y, respirando con dificultad, Will se concentró en ella y en su belleza. En la belleza de Madi, embelesando su mente permanentemente. En su amplia sonrisa. En sus ojos zafiros brillando con vida. En su cantarina forma de reír, gorjeando felicidad. Mientras más contemplaba al cielo, con una estrella tras otra apareciendo, más estaba Madi presente. Iluminando su vida, una luz que jamás se apagaría.

El cuchillo en su pecho se retorció dolorosamente. Precisamente, era el motivo por el cual estuvo siete años mirando a sus pies.

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Dios, que tonto había sido. ¿Altruista, cierto? Se quedó por su padre. Por la granja. ¿Y Madi? La descartó –gélida y férreamente- pero por su propio bien. Ella no estaría agradecida… pero sería libre de seguir sus sueños, de abrir sus alas, incluso de enamorarse nuevamente. Todo en nombre de hacer lo correcto. Para todo el mundo, menos para él.

Su ropa se mojó con el rocío, su piel tomó un tono azulado, y justo ahora –por primera vez en su vida- estaba enfermo de hacer lo que era mejor para los demás. Se crujió los dedos por la frustración, tronando cada nudillo sin compasión. ¿No podía ser egoísta, sólo un poco? Lo único que quería era su vida de regreso. Lo que era legítimamente suyo, Madi incluida.

Pensó en la universidad. En Hawai. En las estrellas. En Madi y la forma en que lo abrazó, su suave mano entre las suyas. En su olor.

Decidió que no era demasiado tarde. No la dejaría ir.

Para cuando la negra noche

aclaró más y más,

con

la

luz del

sol

brillando en la penumbra, Will ya había planeado qué hacer.

*****

—Mmm, sí… —La arena arañaba su culo desnudo, raspando sus híper sensibilizados nervios, mientras la lengua de Will se enredaba con la suya, besándola profundamente, ferozmente, ambas manos apretando rudamente sus pechos, esparciendo arena en sus pezones, raspando la suave carne mientras la pellizcaba fuertemente, incitándola a gritar. Manoseándola… como Brady.

Brady, quien le besaba el cuello, pasando sus dedos entre sus nalgas, presionando dentro del ya lubricado capullo, mientras la mano de Will se perdía entre sus pliegues. Y después cada hombre sostenía un seno en cada mano, compartiendo los duros tirones que le daban mientras saqueaban su zona inferior, enloqueciéndola.

Madi serpenteó y rogó, tan cerca… pero aún no era suficiente.

Cuánto los deseaba a los dos, sus pollas enterradas profundamente. Llenándola por completo. Y el dolor que abrasaba sus nervios, sobrepasó su mente. Incesantemente…

Ellos tocándola, atormentándola, torturándola.

Voló más y más alto, se tensó mucho más. Pero ellos no le darían lo que quería. Los dos, sus pollas impulsándose al unísono, complaciéndola, amándola…

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Como ella los amaba.

—¡Por favor! —rogó—. ¡Por favor, no puedo soportarlo!

—Por favor, por favor… —Madi sacudía la cabeza de un lado al otro, retorciendo su cuerpo—. ¡Por favor!

Al

mismo

tiempo,

la

casa

comenzó

a

sacudirse,

traqueteando

y

moviéndose, acompañada por un ¡bang, bang, bang!

El tren de las seis a.m. bramó con un ruido sordo palpitando por toda la casa ¿Quizá como cuando algo es zarandeado y golpeado? Y Brady agarró por los hombros a la inquieta mujer que dormía entre sus brazos, sacudiéndola para despertarla.

—¡Madi! Madi, estas soñando. ¡Es sólo el tren! ¡Despierta!

—Por favor… —farfulló una última vez, abrió los ojos y lo observó como si hubiese visto a un fantasma mientras la cama se movía violentamente. Mejor ni preguntar por qué la maldita cosa no tenía estructura—. ¿Oh Dios, Brady? —Como si esperase encontrar a alguien más, miró alrededor frenéticamente—. ¿Qué…?

Para el desespero de Brady, una lágrima bajó por la mejilla de Madi mientras se acurrucaba debajo de él y susurró. —No.

Durante todo el tiempo que habían compartido piso, jamás notó que ella tuviese inclinación por las pesadillas. Claro, que dormían en cuartos separados, pero aún así, ambos tenían la costumbre de acostarse ocasionalmente en el sofá después de una noche de películas.

—¿Qué es tan terrible? —le beso la humedad, aliviado de que el tren al fin hubiera pasado, perdiéndose en la distancia—. ¿Qué estabas soñando, cariño?

Pero ahí estaba nuevamente. ¡bang, bang, bang!

Sin embargo, no era el tren sino la puerta. Brady hizo una mueca ante la inoportuna interrupción, tentado de gritar “¡Largo!” excepto que no era su casa.

Madi se paso los dedos por los ojos y se pellizcó el puente de su fina

nariz.

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—Mamá está en casa de Chuck. Es mejor que veamos quién es —Se zafó de su agarre rápidamente, se apresuró a levantarse y se puso un albornoz de paño rosa que colgaba detrás de la puerta—. ¡Ya voy!

—¿Estás segura de que estás bien? —Pero no se necesitaba ser vidente para ver a través de la forzada sonrisa.

—Si, segura. —le respondió, mostrando los dientes, los ojos mintiendo —. Estoy bien —se dio la vuelta ágilmente, saliendo de la habitación—. ¡He dicho que ya voy!

Vaya mierda. ¿Bien? No tenía ni idea de qué había soñado pero esa había sido una mentira descarada. Lo que podía significar una única cosa: le estaba escondiendo algo. Y tenía la fuerte sospecha de que sabía precisamente qué era. O quién, en este caso.

Ha soñado con Will, joder. ¿Acaso no podía ganar cuando se trataba del maldito bastardo? Y hablando del diablo.

—¿Will? —la sorpresa de Madi hizo eco en toda la casa—. ¿Qué haces

aquí?

—Tengo que hablar contigo, ahora. —declaró el hijo de puta, como si tuviera algún derecho de venir a irrumpir—. ¿Hay algún lugar donde podamos hacerlo a solas?

—¡Joder! —Brady se levantó, saltó de la cama y prácticamente brincó a sus boxers. Bramando por el corredor, gritó otra vez—. !Y una mierda, si crees que te voy a dejar a solas con ella una segunda vez! —Brady siempre había sido pacifista, no tenía idea de qué animal lo había poseído, haciéndole llamear. Empuñó las manos. Will no la haría llorar nuevamente. No bajo su cuidado—. ¡Lárgate!

Brady —Madi se colocó delante de él, levantando las manos para interrumpir su paso—. Detente, por favor. Cálmate.

—Vamos, hombre —se burló Will, como si fuese él quien tuviese que ser expulsado. Su penetrante mirada llena de desafío—. Encárgate de tus propios asuntos.

—Madi, es asunto mío. ¡Así que, piérdete! —Su asunto, quien vestía únicamente un albornoz. Si no fuese porque le estaba bloqueando el camino, Brady ya hubiese agarrado al idiota por el cuello y arrojado fuera sobre su desaliñado trasero—. Madi, hazte a un lado. Ya es hora de que reciba una dosis de su propia medicina. Dolor.

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Will siseó entre dientes, todo orgullo masculino.

—Déjalo pasar —le retó—. Obviamente la polla con la que andas, necesita que le enseñen modales. ¿Por qué no vas a ponerte algo de ropa? La dama te ha dicho detente. Ella quiere hablar conmigo. A solas.

—¡Oh, no lo harás! ¡Ninguno de los dos! —ella maniobró los avances de Brady, sin dejarle seguir—. Es en serio, Brady. Por favor detente. Puedo encargarme de esto.

¿Como lo hizo anoche, colapsando en el suelo entre lágrimas? Se le entrecortó la respiración.

—Esta vez no.

—Sí —Levantando las manos, ella gesticuló nuevamente para detenerle e implorarle con su mirada centelleante—. Necesito encargarme de esto, sola. Puedes quedarte, simplemente cálmate.

—Sabes a donde va esto, Madi —El corazón de Brady latía a un ritmo desigual y luchó para controlar la rabia que bullía en su interior. El miedo. Aunque no fuera algo que admitiría en voz alta, pero esa pesadilla le hizo temer; por ella, por ellos. ¿Qué pasaba si lo de anoche, sin importar lo alucinante que fue, no había sido suficiente? ¿Qué pasaba si nada lo sería? ¿Qué pasaba si… él no lo era?

—Sé a donde le permitiré llegar. Confía en mí.

Dios, ya lucía tan triste, al borde de las lágrimas. ¿Cómo podía permitir que el bastardo volviese a hundirle el cuchillo profundamente? ¿Cómo lo haría ella?

Pero Madi insistió.

—Lo digo en serio. Soy una mujer adulta, puedo

tomar mis propias decisiones. De modo que o te calmas o te vas.

¿Irse?

Por

el tono

de

su voz,

no

cambiaría de

parecer. Sin otra

alternativa, se forzó a inhalar hondo y a serenarse.

Ella estaba en lo cierto. Por mucho que él quisiera encargarse de Will de una vez por todas, era elección de Madi.

—No pongas tus manos sobre ella —Le advirtió, cruzándose de brazos en actitud defensiva. Por el rabillo del ojo, tomó nota de la apariencia de Will. El tipo lucia desaliñado, como si hubiese dormido en un granero. Los vaqueros sucios y empapados, la barba de un día. El cabello despeinado.

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—Gracias —dijo Madi suspirando, dándole la espalda, encaró a Will. Para la paz momentánea de Brady, ella le informó inmediatamente—. Mira, a este punto no sé que nos queda por decir. Pienso que es mejor que te vayas —Madi le indicó la puerta abierta—. Hace frío fuera y estás dejando que salga el calor.

Will no cedió, al contrario, cerró la puerta de un puntapié. decir lo que he venido a expresar.

—¿Qué es?

—Déjame

—Yo, umm —Will comenzó a acercarse, pero debió pensarlo dos veces cuando captó la mirada feroz que emanaba de Brady. Mi Madi, le gritó mentalmente. ¡Manos fuera!—. He venido a disculparme.

Sencillamente genial. Como si eso sirviese de algo.

Brady rabió con desesperación cuando Madi reconoció sus palabras con un seco movimiento de su rubia cabellera, abrazándose a si misma.

—Sí, fuiste un soberano imbécil ayer.

—Lo fui —Will bajó la voz y dio un paso adelante—. Lo he sido por mucho tiempo. Te herí, Madi, y lo siento. Lo lamento más de lo que puedas imaginar. Fue el error más estúpido que he cometido y me arrepiento desde entonces.

Como si temiese preguntar en voz alta, Madi susurró. —¿Por qué lo dices ahora?

¿Por qué? Brady sintió que su mundo lentamente se tambaleaba bajo sus pies, girando fuera de control, y todo lo que quería era detenerlo antes de que fuese demasiado tarde. Antes de que Madi saliese nuevamente herida. O la perdiese.

Pero no podía hacer ni una maldita cosa excepto quedarse ahí parado y escucharlo. Si no quería enojar a Madi.

—Quiero hablar a solas contigo.

De nuevo Will intentó acercarse, pero Brady se inclinó hacia adelante, haciéndole saber que no lo iba a permitir.

—Will se aclaró la garganta, en lugar de pasar los

dedos por el corto y desordenado cabello negro—. Me voy a aventurar aquí…

pero, Madi, te quiero de regreso. Te deseo tanto.

—Así que, umm

—¿Qué? —ladró Brady, el miedo explotando en su interior. ¡Joder, no!

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—¿Qué? —Madi hizo eco, lanzándole una mirada que gritaba, Cálmate, ¡Mantente al margen!—. ¿De modo que me ves con otro hombre y repentinamente me quieres de vuelta?

—Nunca dejé de quererte, Madi. Tienes que creerme. Nunca. Y no puedo permitir que otro se case contigo.

Ah, hombre, esto no estaba pasando.

—Durante siete años ella ha estado regresando aquí. Siete años, tío… tuviste tu oportunidad. Regresa con tu camarera pelirroja.

—¿Camarera pelirroja? ¿Te refieres a Trish? ¿Mi prima?

—Tío, eso es enfermo.

Will lo miró como si fuera demente. —¿Qué es enfermo? ¿Que hable con

mi

prima? Madi, conoces a Trish. La conociste cuando teníamos catorce años

en

una reunión familiar en Pensilvana, ¿Recuerdas? ¿Enana y llena de pecas?

Se

mudó a Quarry hace un año para esconderse, después de una fea ruptura.

Ella y su nuevo esposo son los que van a comprarme la granja.

—Me… me olvidé de ella —tartamudeó, visiblemente consternada—. Leah y Steve me dijeron que habías encontrado a alguien. Y te vi hablando con ella… riendo con ella.

Mierda, ¿El tipo ni siquiera había salido con alguien seriamente? ¿Todas

las bases de Madi para que viniese a acompañarla, las prácticas de besos y su

farsa, quedaban ahora nulas y sin efecto?

—No, Madi, no —Will empuñaba y abría las manos, como queriendo agarrarla, atraerla a él y no soltarla nunca. Con cada palabra que pronunciaba, sus movimientos enfatizaban esa necesidad, con exactitud—. Escúchame, Steve y Leah sólo pretendían que siguieras adelante. Pero no ha habido nadie. Nadie aparte de ti. Sí, lo intenté saliendo con algunas chicas, principalmente citas a ciegas arregladas por amigos. Pero todo el tiempo pensaba en ti. Todo

lo que hacía, a cualquier lugar a donde iba, había un recuerdo tuyo

aguardando para torturarme.

—¿De qué estas hablando? —susurró Madi, como si no pudiera creerlo.

Y Will respondió demasiado bien, despejando cualquier duda. —De cómo cantabas villancicos, sonabas como un ángel cantando, no como una cotorra chillando. De cómo durante el verano vivías para correr por el muelle y zambullirte como una bala de cañón en el estanque, tú no eras de sentarte y meter un pie, temerosa de algunos pececillos. Y de cómo durante la primavera

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ibas y ayudabas con la siembra. Nunca tuviste miedo del trabajo duro. Y de cómo un Halloween, tuvimos una pelea de tripas de calabaza. O de cómo adoptabas cualquier animal que encontraras, sin encogerte porque estuviesen mugrientos. O de cómo cortas tu bistec en pequeños pedazos, para no masticar tanto. De que eres la única mujer sobre la faz de la tierra a la que no le gustan las fresas, lo mismo que yo, y que tampoco bebe, porque sabes cuan importante es la sobriedad para mí. Créeme, Madi, no importa con quien saliera, la estación, lo solo que me sentí, nadie se comparaba a ti. Nadie era tan divertida. Tan bonita. Tan perfecta como .

Madi sofocó un pequeño sollozo en la garganta. —Will…

—No he terminado aún. Ni estoy cerca.

—Yo digo que sí —porque, mierda, esto solo empeoraba. Sintiendo que su terreno se desquebrajaba cada vez más, Brady avanzó, listo para arrojar al tipo por la puerta –lo que fuera por callar el discursito entrañable –pero la exclamación de Madi lo detuvo en seco.

—¡Te he dicho que te mantuvieras al margen de esto! —Las lágrimas reprimidas ahora relucían por sus mejillas y se abalanzó hacia adelante, empujando a Will—. ¡Dijiste: Es sólo un amor adolescente! ¡Dijiste: Ya te he olvidado! ¡Me heriste, tanto!

Will trastabilló mientras Madi tiró de nuevo para abofetearlo, pero la agarró de la muñeca y la atrajo hacia él. —Escúchame. Tuve que hacerlo, por tu bien. Pensé… pensé que era lo mejor.

—¿Pensaste que hacer trizas mi corazón era lo mejor? —Madi zafó su mano, alejándose unos pasos—. ¿Piensas que esto es lo mejor? ¡Yo estaba lográndolo Will! ¡Finalmente, estaba siguiendo con mi vida y enamorándome de alguien! ¿Y ahora qué? ¿Qué? ¿Se supone que debo saltar a tus brazos y olvidarme de Brady? ¡Pudiste haberme dicho todo esto hace años!

Will abrió la boca, el desespero le quebró la voz. —No,

pensé

yo…

yo

sólo

Las miradas de Will y Brady se enlazaron y, Dios lo ayudara, pero Brady tenía que saber.

—¿Cómo romperle el corazón pudo ser lo mejor?

—Porque sabía que yo nunca abandonaría Quarry. Mi padre estaba verdaderamente enfermo, y tenía que quedarme, cuidarlo, y no quise que Madi abandonase la universidad o sus sueños por mí. Pensé que ambos

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continuaríamos con nuestras vidas y… y… —la mirada de Will se conectó con la de Madi, la verdad indiscutible relucía en esas oscuras profundidades—. Madi, solo quise que fueras feliz. Que conocieras a alguien y siguieras adelante.

Vaya, mierda.

Maldición, Brady casi podría respetarlo por la difícil decisión que tomó. Por el bien de Madi. Parecía que después de todo, Will no era tan mal tipo. Y con cada palabra que pronunciaba, Brady sabía que el tío la amaba con todo su corazón. ¿Y ahora qué? ¿Dónde lo dejaba esto?

—Y lo hizo —le señaló. Pero eso no era del todo cierto –y era una verdad que Brady sabía en el fondo de su ser. Madi podía haber conocido a alguien pero nunca había olvidado a Will. Incluso después de todo lo que habían compartido, de todas las práctica de besos y de la pasión, sin mencionar la noche anterior, ¿Estaba a punto de perderla? Una parte de él siempre supo que ocupaba un lugar secundario en su corazón, sin importar cuanto intentase lograr el primer puesto.

—Sí —Will apretó la mandíbula, pero sus ojos nunca abandonaron los de ella, ni siquiera ante su admisión—. Ella siguió adelante. Mira, tío, sé que la amas y todo…

—Sí, la amo.

—No sé que decir —Madi se atragantó, tragó saliva, se llevó la mano a la frente de esa manera tan suya cuando estaba estresada o insegura—. Umm…

—Sé que lo arruiné todo —continuó Will desesperado, tomando a Madi por la parte superior del brazo - y, Dios le ayudara, Brady no lo detuvo, porque ya no sabía si Madi era suya para protegerla. O de Will—. Sé que te lastimé y lo siento, pero estás a punto de casarte con este tipo y siento que tengo una oportunidad. Soy libre ahora, Cornsilk. Papá ya no está, he vendido la granja. Si aún sientes algo de amor por mi, quédate conmigo. Iré a Hawai, yo… —Will calló, contorsionando el rostro en dolor—. Madison

Madi apretó los ojos y retrocedió, sacudiendo la cabeza y Brady tomó eso como una señal para dar un paso al frente, reclamándola desde atrás, envolviéndole los brazos en la cintura, abrazándola fuerte.

¿Podría ser? ¿Estaría en verdad escogiéndolo sobre Will? Después de todo, acababa de salir de los brazos de Will –incluso después de su declaración de amor- para entrar en su abrazo.

Tenía que asegurarse, tenía que escucharla decirlo en voz alta. —¿Madi?

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Cuando habló, su voz sonó ronca por la emoción. —No sé.

Mierda. Por mucho que Brady la amara, por mucho que la deseara, sabía que no podría retenerla, no si su corazón estaba en otro lado. Tal como lo hizo Will hacía varios años, él también tenía que dejarla ir. Hacer lo que fuera mejor para ella.

Sólo había una cosa que necesita escuchar –y luego sí estaría seguro.

—Madi, ¿de qué trataba tu pesadilla? —ella no respondió enseguida, inhaló aire y se tensó en sus brazos—. Dímelo, Madi —le insistió—. Has soñado con él, ¿verdad?

—No. Digo, sí. —ahí iba su mano otra vez, a frotar su frente—. En cierta forma, pero tú… umm…

Su respuesta fue tan confusa, que le dio la vuelta y acunó la frágil línea de su barbilla, obligándola a mirarlo.

—Simplemente dilo.

—Yo, uh… —su

voz fue

tan bajita, que

apenas la

susurrando—. He soñado con los dos.

podía escuchar

—¿Qué ha sido lo que has soñado con los dos? —le preguntó Will a su espalda.

Madi bajo la mirada, no respondió, sólo se puso roja como la grana con la verdad que golpeó fuerte a Brady. Sexo. Sexo.

Por favor, por favor… imploraba. Estaba soñando con un trío entre ellos.

Esa era la guinda del pastel. Ahora Brady no sabía qué pensar, qué deducir del estado de los sentimientos de ella. Cada vez que la sujetaba, Madi lo golpeaba directo al corazón.

—Bien, acabemos con esto. ¿Will o yo? —exigió—. ¿A cuál de los