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No. 37 Guatemala, marzo de 2012
No. 37
Guatemala, marzo de 2012

“¡BELICE ES NUESTRO!”

EL NACIONALISMO Y LAS PROTESTAS ESTUDIANTILES EN GUATEMALA, 1962

Y LAS PROTESTAS ESTUDIANTILES EN GUATEMALA, 1962 Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Sede

Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Sede Académica Guatemala, reconocida por el Decreto 96-87 del Congreso de la República, ratificado por el Ejecutivo en el instrumento de adhesión de fecha 29 de diciembre de 1987.

1987-2012, 25 AÑOS CON CIENCIA SOCIAL

I ntroducc I ón José Domingo Carrillo Padilla 1 El segundo objetivo es realizar un

Introducc I ón

José Domingo Carrillo Padilla 1

El segundo objetivo es realizar un diálogo crítico con los autores que han escrito sobre el tema y que ex- plican la desobediencia estudiantil de marzo y abril del año 1962 como una expresión más del descontento generalizado hacia la administración de Miguel Ramón Ydígoras Fuentes (1958-1963). 3 Si bien dicha interpre- tación coincide con los afanes cívi- cos de las protestas estudiantiles, se omite el origen y la reproducción del discurso oficial que hicieron los jó- venes de educación media y superior para transitar desde las demandas

primieron un matiz popular a los re- clamos que desde el Estado se hizo sobre aquel territorio. La presencia británica provocó y alentó el nacio- nalismo popular de los estudiantes guatemaltecos, quienes desde sus propias experiencias políticas –forja- das en la lucha contra las dictaduras de Manuel Estrada Cabrera (1898- 1920) y Jorge Ubico (1931-1944)– se sirvieron de ellas para transitar y transformar el nacionalismo popular antibritánico, en un nacionalismo con tintes revolucionario que natu- ralmente desembocó en las filas de la insurgencia.

A su vez, estas interpretaciones han hecho hincapié en la naturaleza po- pular de las movilizaciones que ca- racterizaron estos años y que expre- saron el desencanto extendido entre los sectores medios urbanos tras el derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954, que involucraron a los estratos medios urbanos educados en las ideas antiimperialistas en boga desde las primeras décadas del siglo (externa- das en las obras de Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Juan José Arévalo y otros), 5 y hasta el año de 1991 cuando el gobierno de Guatemala reconoció la independencia de Belice. 6 Sin embargo, prescinden de consi- derar las expresiones de oposición interna de la sociedad beli- ceña 7 dirigidas contra los afanes anexionis- tas de Guatemala. Hipotéticamente podría proponerse que la reivindicación realizada por los es- tudiantes guatemal- tecos y las luchas del propio pueblo belice- ño tuviesen como te- lón de fondo la hábil política exterior de George Price, enton- ces primer ministro de Belice, quien buscó

un acercamiento con

Guatemala a finales de la década de los años cincuenta para contrarrestar la influencia británica.

E ste trabajo pretende sugerir hipótesis que expliquen cómo las protestas estudiantiles

transitaron de una reivindicación que invocó la unificación territorial como argumento de movilización social hacia una de naturaleza política que rebasó las peticiones estrictamente nacionalistas de la agenda estudian- til. Reinterpretar aquellos aconteci- mientos forma parte del esfuerzo por cono- cer a través de nuevas perspectivas la histo- ria reciente de Guate- mala, particularmente cuando aún se clama por la intervención del Estado Vaticano para resolver la con- troversia territorial. 2

El texto posee un doble propósito: el primero, ubicar las de- mostraciones de des- obediencia social en el marco que caracte- rizó a la década de los años sesenta, luego de los resultados de la elecciones realizadas en diciembre de 1961. Como antecedente de singular importancia para los aconteci-

mientos posteriores, fue la resonancia que dejó el levantamien- to armado de los militares del 13 de Noviembre de 1960, alzados en armas bajo el argumento de que la incompetencia demostrada por la ad- ministración conducía al país a una posible situación que lo haría presa fácil del comunismo. Esta coyuntura (1960-1962) puso en evidencia las consecuencias de la ruptura del or- den institucional provocado por los sucesos de junio de 1954, y estuvo impregnada por el nacionalismo de la sociedad guatemalteca cuya ex- presión que nos ocupa fue el reclamo sobre el territorio de Belice.

El general Ydígoras Fuentes, al extremo derecho, cuando recibió al señor George Price, de perfil
El general Ydígoras Fuentes, al extremo derecho, cuando recibió al señor George Price, de perfil al centro de la fotografía. Tam-
bién aparecen el licenciado Alfonso Alonzo Lima, primero a la izquierda, y sin especificar el orden, los licenciados Jesús Unda
Murillo ministro de Relaciones Exteriores y Francisco Linares Aranda, viceministro (foto: Lino Landy).

sobre la devolución de Belice hasta exigir el derrocamiento de Ydígoras Fuentes en medio de los primeros ex- perimentos guerrilleros dirigidos por militares y por comunistas. ¿Los estudiantes guatemaltecos de la década de los años sesenta se apro- piaron y participaron en la definición del nacionalismo guatemalteco? Sí, porque a través de la reivindicación de la soberanía sobre Belice le im-

3 Andrade Roca, Manuel, “Apuntes para la historia del movimiento estudiantil de edu- cación media”. En Jornadas patrióticas de marzo y abril: 15 años después, Voz Univer- sitaria Informativa, VI (3: 3), Guatemala, Universidad de San Carlos, 1977; Azmitia Ji- ménez, Rodolfo, “Desarrollo del movimiento estudiantil guatemalteco,” En Tricentenario Universidad de San Carlos de Guatemala, 1676-1976, Guatemala, Editorial Universita- ria, 1976; Melgar y Melgar, Hugo Rolando, “Jornadas de marzo y abril: Un movimiento popular”, En Jornadas patrióticas de marzo y abril: 15 años después. Voz Universitaria Informativa, VI (3: 3), Guatemala, Univer- sidad de San Carlos, 1977; Méndez, Factor, “Marzo y abril: Testimonio y ejemplo”, En Jornadas patrióticas de marzo y abril: 15 años después Voz Universitaria Informati- va, VI (3:3), Guatemala, Universidad de San Carlos, 1977.

Es menester señalar que la histo- riografía escrita sobre este episodio establece un vínculo ideológico en- tre las protestas sociales encabezadas por los estudiantes en marzo y abril de 1962 y el movimiento insurgen- te encabezado por jóvenes oficiales del ejército nacional, agrupados en la “Logia del niño Jesús”, y que el 13 de Noviembre 1960 accionaron sus armas para derrocar al gobierno ydigorista. Esta conspiración que se vio beneficiada con la realización del III Congreso del Partido Guate- malteco del Trabajo (PGT) –comu- nista– tomó entre sus resoluciones la opción por la vía armada como la estrategia para alcanzar el poder y garantizar el triunfo de la revolu- ción guatemalteca, aún y cuando no existía una integración popular en la guerra de guerrillas, lo que vino a de- mostrar al cabo de los años lo errado de aquella decisión. 4

4 Flores, Marco Antonio, Fortuny, un comu- nista guatemalteco, Guatemala, Editorial de la Universidad de San Carlos, 1994, pp. 256-

264.

5 Ignacio Sosa y Mario Contreras, Antología. Latinoamérica en el siglo XX, 1898-1945, México, UNAM, 1973, 272 p., (Lecturas universitarias, 19).

6 La prensa afirma que Guatemala todavía podría reclamar a Belice como territorio guatemalteco. Véase “Discrepancias por di- ferendo entre Guatemala y Belice”, en www. elperiódico.com.gt 26 de noviembre de 2007 (consultado el 26 de noviembre de 2007). El editorial de La Hora del 21 de noviembre de 2007 afirmó que “Guatemala no puede tole- rar nuevos afanes expansionistas de quienes se asentaron en el territorio del que nos des- pojó la Gran Bretaña”, en www.lahora.com. gt (consultado el 22 de noviembre de 2007). 7 La literatura admite obtener un relato de las manifestaciones populares, el proyecto de nación, las luchas internas de los grupos po- líticos beliceños y su posición frente a la dis- puta territorial entre Gran Bretaña y Guate- mala. Véase a Edgell, Zee, In times like these, London, Heinemann Press, 1991. Sobre las implicaciones teóricas y metodológicas que involucra el uso de la literatura en la histo- ria, véase a Molina Jiménez, Iván, “Narrativa histórica y narrativa literaria”, en Malavassi Aguilar, Ana Paulina, compiladora, Historia:

¿Ciencia social o práctica literaria?, San José de Costa Rica, Editorial Universidad de Costa Rica, 2006, pp. 3-11.

1 Coordinación de Ciencias Sociales y Hu- manidades, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I.

2 Reyes López, Juan Francisco, Belice es nuestro. www.lahora.com.gt 30 de noviem- bre de 2007. (Consultado el 5 de diciembre de 2007). Dicho autor afirma que: “La ge- neración a la que pertenezco inició su esco- laridad durante los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz Guzmán. Fuimos clara y determinantemente educados bajo el principio de que Belice es nuestro.”

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Guzmán. Fuimos clara y determinantemente educados bajo el principio de que Belice es nuestro.” 2 No.

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Dicha postura diplomática alentó la reivindicación de los estudiantes guatemaltecos, quienes obnubilados por las luchas

Dicha postura diplomática alentó la reivindicación de los estudiantes guatemaltecos, quienes obnubilados por las luchas antiimperialistas y con la nostalgia de la década democrática (1944-1954), no alcanzaron a perci- bir las sutilezas de la diplomacia. 8

BELICE Y GUATEMALA:

¿HISTORIA COMPARTIDA?

Belice geográficamente pertene- ce al istmo centroamericano, sin embargo, en cuanto a su evolución histórica fue, como señalan algunos autores, diferente y distante del res- to de la región, 9 al igual que Panamá fundada en 1519. 10 El primero, por la presencia inglesa desde el siglo XVII, y la segunda, por su adscrip- ción a la Nueva Granada. Guatemala formó de la Capitanía General de Guatemala y ésta a su vez de una división territorial y ad- ministrativa que correspondió al Vi- rreinato de la Nueva España fundado en 1521. Si bien Guatemala y sus provincias estuvieron adscritas al Vi- rreinato, en 1542, en las ordenanzas de Barcelona se estipuló la creación de Reales Audiencias y entre ellas se fundó la Audiencia de los Confines que comprendió los territorios in- cluidos entre el istmo de Tehuante- pec y el istmo de Darién. 11 En la década de los años sesenta del siglo XVI, la Audiencia de Gua- temala fue suprimida y fueron agre- gadas a la Audiencia de México las provincias de Chiapas, Soconusco, Guatemala, Yucatán –incluyendo el territorio de lo que hoy es Belice– y Verapaz; y a la de Panamá, las de Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

8 Paz Salinas, María Emilia, Belize, el des- pertar de una nación, México, Siglo XXI editores, 1979, pp. 127-131.

9 Fonseca, Elizabeth, Centroamérica: su historia, San José de Costa Rica, FLACSO- EDUCA, 2001. Cabezas, Horacio, Ayer y hoy. Compendio de historia de Centroaméri- ca, Guatemala, Editorial Piedra Santa, 1996. Pastor, Rodolfo, Historia de Centroamérica, Guatemala, Editorial Piedra Santa, 1990. Pé- rez Brignoli, Héctor, Breve historia de Cen- troamérica, Madrid, Alianza Editorial, 1985. 10 De Ita Rubio, Lourdes, “Los puertos no- vohispanos, su hinterland y su foreland du- rante el siglo XVI”, en Landavazo, Marco Antonio, compilador, Territorio, frontera y región en la historia de América. Siglos XVI al XX, México, coedición Editorial Porrúa e Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, pp. 10-12.

11 Contreras, Daniel, Breve historia de Gua- temala. Con 20 ilustraciones y un mapa de lugares arqueológicos, Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1951, (Biblioteca de Cultura Popular, 15), pp. 45- 47. Luján Muñoz, Jorge, Breve Historia de Guatemala, México, Fondo de Cultura Eco- nómica, 2000, pp. 35-36.

México, Fondo de Cultura Eco- nómica, 2000, pp. 35-36. Después del levantamiento del 13 noviembre, el

Después del levantamiento del 13 noviembre, el general Ydígoras, de pie en un carro de asalto, recorre las calles de la ciudad de Zacapa, al oriente de la República (foto: Lino Landy).

En el siglo XIX, cuando Guatemala alcanzó su independencia, en lo re- lativo a la definición de las nuevas fronteras, el principio que sustentó la solución de límites fue el de Uti possidetis juris –voz latina que signi- fica como posees, seguirás poseyen- do– del año de 1810, según el cual los nuevos países surgidos deberían respetar las fronteras que tenían en el momento del inicio del proceso inde- pendentista. 12 Sin embargo, para Musset (1997) las fronteras centroamericanas no responden a la época independiente, más bien, según dicho autor, aquéllas se gestaron desde la época colonial, aunque aclara que si las fronteras son antiguas no es el mismo caso para las naciones. Es decir, los nacientes estados independientes heredaron un territorio pero no una población homogénea, 13 y que por lo tanto no

12 Duque Muñoz, Lucia, “Límites de la Nue- va Granada en Centroamérica: la polémica con Gran Bretaña en torno a la posesión de la Costa de Mosquitos a mediados del siglo XIX”, en Boletín de la AFEHC, número 10, 4

de julio de 2005. Disponible en: http://afehc-

historia-centroamericana.org/362

do el 21 de octubre de 2007).

13 La diversidad étnica en Belice proviene de tres períodos: el primero, de la inicial colo- nización británica durante el siglo XVII; el segundo durante la guerra de castas en Yu - catán entre 1845 y 1855, y el tercero por el crecimiento natural de la población creole, garífuna y maya. Véase Bolland, Nigel, Co- lonialism and resistance in Belize. Essays in historical sociology, Benque Viejo del Car- men, Belize, Cubola Productions, 2003, pp.

(consulta-

206-207.

alcanzó a reconocerse en un ideal co- mún. 14 La delimitación de los territorios fue imprescindible para consolidar el proyecto nacional durante el siglo XIX e impedir la penetración inglesa hacia Petén y la Verapaz, y a la vez abrir una ruta comercial por medio de la navegación a vapor en los ríos Polochic y Motagua que comunica- ban a Guatemala con el Atlántico, para poder quebrar el monopolio comercial que ejercía la entonces colonia inglesa de Belice sobre el comercio centroamericano. 15 Por tal motivo, Guatemala no estimó conve- niente establecer límites internacio- nales con Belice porque realizar un acuerdo de esa naturaleza supondría el reconocimiento de una parte del territorio, considerado propio, pero sujeto en la realidad a una soberanía diferente. 16

14 Musset, Alain, “Las fronteras del istmo centroamericano: una geopolítica de larga duración”, en Estudios Fronterizos, núme- ro 40, julio-diciembre de 1997, Universidad Autónoma de Baja California, p. 160. Tarace- na Arriola, Arturo, “La construcción nacional del territorio de Guatemala, 1825-1934”, en Revista de Historia, número 45, enero-junio de 2002, Universidad Nacional, San José de Costa Rica, p. 23.

15 Pinto Soria, Julio César, Centroamérica, de la colonia al Estado Nacional (1800- 1840), Guatemala, Editorial de la Universi- dad de San Carlos, 1986, p. 59.

16 Taylor Hansen, Douglas Lawrence, “El concepto histórico de la frontera”, en Miguel Olmos Aguilera, compilador, Antropología de las fronteras. Alteridad, historia e identi- dad más allá de la línea, México, coedición El Colegio de la Frontera Norte y Miguel Po-

En el esfuerzo de construir el Es- tado-nación moderno, la definición

territorial y la demarcación de fron- teras rebasó el ámbito geográfico y cobró importancia diplomática entre Guatemala y México. Dicho proceso culminó, según Zavala (2005), hasta

el 27 de marzo de 1882 cuando se fir-

mó un tratado en Nueva York por el cual Guatemala abandonó sus recla- mos sobre los territorios de Chiapas

y Soconusco, 17 y mediante el Tratado

sobre Límites firmado en la ciudad de México el 1 de mayo de 1883, cuando se establecieron las fronte- ras existentes entre México y Guate- mala. 18 A pesar del acuerdo firmado entre ambos países, México reclamó la posesión de Belice bajo el prin- cipio jurídico legado por la colonia, en vista de que dicho territorio había formado parte de la Capitanía de Yu - catán. 19 Belice fue un territorio en disputa permanente por Gran Bretaña, cuyo reclamo se basó en los derechos de- rivados de los acuerdos establecidos entre la corona británica y la española desde el siglo XVII, que legalizaron la presencia inglesa en el continen- te americano. 20 México fundamentó sus reclamos en las demarcaciones establecidas por la corona española en la organización de sus posesio- nes coloniales. En tanto, Guatemala justificó su demanda por la soberanía que decía ejercer sobre el territorio de Belice, aún y cuando la sierra de las Minas y los Cuchumatanes hacia el sur señalaron desde la colonia una

frontera natural entre el Valle Central

y el Caribe, 21 que explica, en parte, la escasa presencia hispana primero

y guatemalteca después, en aquel te-

rritorio. Subsanar esa ausencia en los terri- torios que constituían una salida al Atlántico y afirmar con ello la sobe- ranía sobre Belice, fue de suma im- portancia para cimentar el emergen- te Estado nacional guatemalteco en su afán por construir la nación. Por tanto, se consideró prioritario incluir aquellos parajes y aquellas poblacio- nes aún a costa de la incorporación al

rrúa editor, p. 232. 17 Zavala, Silvio, Apuntes de historia nacio- nal 1808-1974, México, Fondo de Cultura Económica, p. 121. 18 Dardón S., Jacobo J. (coordinador), Carac- terización de la frontera Guatemala/México, Guatemala, FLACSO, 2002, p. 319.

19 Paz Salinas, op. cit., p. 90. 20 Toussaint, Mónica, compiladora, Belice, textos de su historia, 1670-1981, México, Instituto Mora, 2004, pp. 61-64 y 67.

21 Solano Muñoz, Edgar, “Las regiones no integradas de Centroamérica: el caso de la mosquitia”, en Revista de las sedes regiona- les de la Universidad de Costa Rica, v. VI, número 10, www.intersedes.ucr.ac.cr 2005, consultado 31 de octubre de 2007.

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de Costa Rica, v. VI, número 10, www.intersedes.ucr.ac.cr 2005, consultado 31 de octubre de 2007. No.

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El general Ydígoras, triunfante sobre el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960, recibe
El general Ydígoras, triunfante sobre el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960, recibe

El general Ydígoras, triunfante sobre el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960, recibe el saludo del obispo auxiliar de la Arquidiósesis de Zacapa (foto: Lino Lindy).

proyecto nacional de población mu- lata y negra que contravenía las ideas liberales de fomentar la inmigración europea y promover de esa manera el progreso social. Tal y como afirma Taracena Arrio- la (1997), a los ojos del Estado li- beral surgido de la revolución en- cabezada por Justo Rufino Barrios (1873-1885), el ladino como grupo cultural hegemónico incluyó en su representación a mestizos, blancos, mulatos y cualquier otro grupo que no fuera indígena en el imaginario de Guatemala, 22 cuya reproducción cartográfica incluyó hasta hace poco tiempo al territorio de Belice.

EL NACIONALISMO GUATEMALTECO ENTRE 1944 Y 1962

Heredero de la revolución de 1944 cuyo resultado fue la caída de Jorge Ubico (1931-1944), el nacionalis- mo en Guatemala se caracterizó por surgir como una reacción frente al colonialismo presente en áreas estra- tégicas de la economía, tales como la energía eléctrica y la línea férrea propiedad de la United Fruit Com- pany (UFCO). 23 De acuerdo con esa política nacionalista, los gobiernos de Juan José Arévalo (1945-1951) y de Jacobo Arbenz Guzmán (1951- 1954) se identificaron con la pro- moción de programas de gobierno

22 Taracena Arriola, Arturo, Invención crio- lla, sueño ladino, pesadilla indígena. Los Altos de Guatemala de región a Estado, 1740-1850, San José de Costa Rica, Editorial Porvenir, 1997, p. 408. 23 Compendio de historia de Guatemala 1944-2000, Guatemala, ASIES, 2004, p. 14.

cuyas intenciones estaban cifradas en el desarrollo del país reduciendo la presencia del capital norteameri- cano para hacer de Guatemala una nación independiente y capitalista. 24 Siguiendo esa política que buscó la independencia económica del país, la presencia británica en territorio beliceño fue considerada una figura colonialista que merecía ser recha- zada. Actuando en consecuencia, la administración arevalista incluyó en la Constitución de 1945, en su primer artículo, la consideración de que el territorio beliceño formaba parte de Guatemala. Los gobiernos sucesivos consideraron fundamental establecer la importancia de la rein- tegración de Belice bajo la soberanía guatemalteca, 25 incluso a través de una posible invasión. 26 Según Torres-Rivas (2004), la po- lítica exterior de Arévalo se carac- terizó por apoyar las banderas de- mocráticas y rechazar la injerencia norteamericana en los asuntos in- ternos de Guatemala, pero al mismo tiempo reclamar insistentemente sus derechos sobre Belice frente al Reino Unido. 27 Sin embargo, Torres-Rivas

24 Guerra Borges, Alfredo, “Semblanza de la Revolución Guatemalteca de 1944-1954”, en Historia General de Guatemala, Guatemala,

Asociación de Amigos del País y Fundación para la Cultura y el Desarrollo, CD/ROM,

1999.

25 Paz Salinas, op. cit. p. 125.

26 A history of Belize. Nation in the making, Benque Viejo del Carmen-Belize, Cubola Productions, 1995, p. 108. 27 Torres-Rivas, Edelberto, “Notas sobre la política exterior del gobierno de Arévalo” en Actas del Encuentro “Juan José Arévalo pre- sencia viva: 1904-2000”, Guatemala, Uni- versidad Rafael Landívar, 2004, (Colección Abrapalabra, 37), p. 92.

no expresa por qué el gobierno are- valista procuró acercarse a Estados Unidos para inclinarlo a su favor en la disputa con Gran Bretaña. Lo que explica por qué las quejas de Gran Bretaña contra el llamado comunis- mo guatemalteco fueron más fuertes durante la administración de Arévalo que en el periodo de Arbenz. 28 Dicha postura nacionalista continuó con los gobiernos que le sucedieron, quienes apelaron al nacionalismo para justi- ficar la invasión a Guatemala –apo- yada por los Estados Unidos– 29 en- cabezada por Carlos Castillo Armas (1954-1957) de ideología anticomu- nista. 30 Luego del magnicidio cometido contra Castillo Armas en 1957, dio principio la administración de Mi- guel Ramón Ydígoras Fuentes (1958- 1963) la cual se caracterizó por una política internacional nacionalista, por el apoyo a la industrialización de la economía nacional y en pro de la unidad centroamericana. 31 Sin em- bargo, también se distinguió por sus conflictivas relaciones con diversos sectores: con los empresarios por la política fiscal; 32 con los sectores populares por su progresiva actitud anticomunista, y con Estados Unidos porque no aceptó sus propuestas para la lucha contrainsurgente, las que posteriormente implantaría el coro- nel Enrique Peralta Azurdia (1963- 1966), quien también mantuvo el reclamo sobre Belice. 33 El desgaste del gobierno de Ydí- goras fue evidente. Hubo conflictos

28 Meers, I. Sharon, “Triangulo de las rela- ciones entre Gran Bretaña, Estados Unidos, Guatemala, 1945-1954”, en Historia General de Guatemala, op. cit.

29 Valdés Ugalde, José Luis, Estados Unidos. Intervención y poder mesiánico. La guerra fría en Guatemala, 1954, México, Univer- sidad Nacional Autónoma de México, 2004. 30 Putzeys Rojas, Guillermo, Así se hizo la liberación, Guatemala, Tipografía Nacional, 1976, p. 31.

31 Sabino, Carlos, Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Revolución y libera- ción, Guatemala, FCE, 2008, Tomo I, pp.285

32 Debido al impuesto sobre la renta creado bajo el decreto 1559. Cospín, Miguel Ángel, Ydígoras Fuentes ante la faz de sus contem- poráneos, México, Editorial Ley, 1970, p.

253.

33 Pinto Soria, Julio César, “El dilema de la democracia en Guatemala: ubicando a Ydígoras Fuentes: el caudillo malentendido (1944-1963)”, en Política y Sociedad, núme- ro 40, Revista de la Escuela de Ciencia Polí- tica de la Universidad San Carlos de Guate- mala, 2002, p. 106.

que condujeron al rechazo hacia el estilo de gobierno del presidente así como por las medidas que tomó para disuadir las protestas sociales. Por ejemplo, en el año de 1959, en medio de una huelga magisterial, ordenó a la Fuerza Aérea el ataque a lanchas pesqueras mexicanas en la costa del Océano Pacífico. Si bien logró que se redujeran las protestas al distraer la atención ciudadana ante la supuesta violación del mar territorial, se vivió una relación tensa con México que condujo a la ruptura de relaciones di- plomáticas, restauradas hasta el año de 1960. 34 Pero el acontecimiento que enfadó a las fuerzas armadas surgió precisa- mente en ese año cuando Ydígoras Fuentes autorizó la preparación de fuerzas paramilitares en la finca Hel- vetia localizada en el departamento de Retalhuleu, propiedad de Roberto Alejos, para realizar la fallida inva- sión a Cuba con el apoyo de Estados Unidos, bajo pretexto de que este país ayudaría a Guatemala en sus re- clamos de soberanía sobre Belice, 35 condonaría la deuda contraída bajo la administración de Carlos Castillo Armas (1954-1957) y aumentaría la cuota azucarera de Guatemala. 36 La presencia de fuerzas militares ex- tranjeras en territorio guatemalteco, excluyó al ejército nacional de los acontecimientos principales, lo que exacerbó el sentimiento nacionalista entre algunos de sus miembros lo que promovió entre las filas castrenses la conspiración para levantarse en ar- mas e intentar derrocar a Ydígoras. A pesar de las críticas realizadas al régimen ydigorista por facilitar el territorio nacional para el entrena- miento de las fuerzas anticastristas, es necesario recordar que no fue el único gobierno latinoamericano que se prestó para la agresión contra Cuba. El gobierno mexicano, bajo la administración de Adolfo López Mateos (1958-1964), colaboró con 50 mil galones de gasolina para los barcos y las lanchas en los cuales se transportaron las tropas que invadie-

34 Luján Muñoz, op. cit., p. 305. 35 Ydígoras Fuentes fue embajador de Gua- temala en Gran Bretaña durante la adminis- tración de Juan José Arévalo. Contreras, R. J. Daniel y Silvia Castro de Arriza, “Historia política (1954-1995),” en Historia General de Guatemala, op. cit. 36 Fonseca, Elizabeth, Centroamérica: su historia, San José de Costa Rica, FLACSO- EDUCA, 2000, pp. 256-257.

PROFESORES E INVESTIGADORES EMÉRITOS FLACSO-GUATEMALA Dr. Gabriel Aguilera - Lic. Edgar Balsells Conde - Dr. Santiago Bastos - Dr. Víctor Gálvez Borrell - Dr. Alfredo Guerra Borges - Lic. Mario Aníbal González - Dr. Jorge Solares

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Gálvez Borrell - Dr. Alfredo Guerra Borges - Lic. Mario Aníbal González - Dr. Jorge Solares

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ron Cuba en abril de 1961. 3 7 En esta coyuntura, con variables externas e
ron Cuba en abril de 1961. 3 7 En esta coyuntura, con variables externas e

ron Cuba en abril de 1961. 37 En esta coyuntura, con variables externas e internas, se desató la mo- vilización estudiantil que pasó a la historia de los movimientos sociales guatemaltecos como las Jornadas de Marzo y Abril de 1962. En los prime- ros días del movimiento, la petición de la Asociación de Estudiantes Uni- versitarios (AEU) fue por la forma irregular que adoptó el proceso elec- toral de diciembre de 1961 el cual favoreció a la coalición oficial inte- grada por el partido Redención y el Partido de Unificación Democrática (PUD). 38 El 16 de marzo de 1962 el diario El Imparcial citó en su primera plana que:

Después de escucharse por radio el anuncio de la Asociación de Es- tudiantes Universitarios –AEU– sobre que su objetivo es la huelga general para derrocar al gobierno constituido, se han registrado nue- vas alteraciones del orden en dife- rentes sectores de la ciudad. El mismo diario reprodujo un co- municado firmado por el presidente

37 “Traición mexicana a Cuba”, en El guar- dián, Puerto Vallarta, lunes 4 de febrero de 2008, p. 19.

38 Los detalles del proceso electoral los des- cribe Sabino, op. cit. p.299-300

Ydígoras que interpretó los desórdenes como una maniobra de la pe- netración comunista. Las páginas de la pren- sa se hicieron eco de los aires de la Guerra Fría. En el pronuncia- miento, Ydígoras se- ñaló que había acatado las disposiciones de los magistrados de la Cor- te Suprema de Justicia, quienes se habían he- cho eco de las protestas por los resultados de las jornadas electorales del 3 de diciembre de 1961. Ydígoras afirmó haber tomado en cuen- ta la recomendación emanada de la Corte en cuanto a la interpreta- ción del artículo 58 de la ley electoral, y que por tanto el “corolario de ello es que las cuatro curules que había gana- do el partido Redención se han adjudicado a los partidos de oposición, Democracia Cristina Guatemalteca y Partido Revolucionario.” El aviso de la presidencia de la República finalizó en los siguientes términos:

Pueblo de Guatemala invitó a la cordura a quienes están en la subver- sión pero en la inmensa mayoría de guatemaltecos también los invitó a prepararse a defender de un macabro futuro, sus vidas, sus bienes y sus li- bertades. Miguel Ydígoras Fuentes, presidente de Guatemala.” 39

COLOREANDO LA HISTORIA DE ROJO:

LAS JORNADAS DE MARZO Y ABRIL DE 1962

El vespertino La Hora del 28 de febrero de 1962 relata que una multi- tud estudiantil recorrió las calles del centro de la ciudad de Guatemala lle- vando consigo cartelones alusivos al sentimiento guatemalteco inclinado a la restitución de Belice al territo- rio nacional. Un cartel escrito con la leyenda “Belice es nuestro” fue colo- cado en el asta principal del edificio que ocupaba la embajada británica. La columna de estudiantes se dirigió

39 El Imparcial, Guatemala, 16 de marzo de 1962, pp. 9 y 16.

El Imparcial, Guatemala, 16 de marzo de 1962, pp. 9 y 16. posteriormente a la plaza

posteriormente a la plaza central en la cual varios oradores hicieron la fir- me promesa de rescatar a Belice de “las garras inglesas” con la sangre de los jóvenes guatemaltecos. Por su parte, Ydígoras Fuentes se empeñó desde marzo de 1960 en le- gitimar sus reclamos sobre Belice:

“Belice nos ha merecido la mayor atención y mantenemos ante los ojos del mundo una interrogación, para echar de su suelo al intruso invasor”. 40 Estas declaraciones se correspondían con el interés manifestado por la ad- ministración ydigorista para ganar la simpatía norteamericana a su favor en la disputa que mantenía con Gran Bretaña por el territorio beliceño, y

40 “Alocución del Presidente Miguel Ydígo- ras Fuentes al Congreso, en El Guatemalteco, Guatemala, 3 de marzo de 1960, p. 1.

para apaciguar los ánimos internos. Sin embargo, dos años después el mismo discurso fue recogido por los estudiantes cuando el 2 de marzo de 1962 lapidaron la sede de la embaja- da británica en la ciudad de Guate- mala, exigiendo la libertad del estu- diante Gustavo Rosado, capturado en la frontera entre Belice y Guatema- la, y clamando por la devolución de aquel territorio. La prensa reseñó el beneplácito del gobierno por el apo- yo de los estudiantes. 41 La prensa describió que los distur- bios se localizaron frente a la sede de la embajada británica y que la euforia subió de tono cuando un estudiante “Se subió al techo de la casa y colocó en el asta donde hasta hace unos mo-

41 Vid. El Imparcial, Guatemala, 3 de marzo de 1962, que reseña el conflicto.

hace unos mo- 4 1 Vid. El Imparcial, Guatemala, 3 de marzo de 1962, que reseña

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hace unos mo- 4 1 Vid. El Imparcial, Guatemala, 3 de marzo de 1962, que reseña

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Marzo de 2012 Frente a la cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas, un
Marzo de 2012 Frente a la cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas, un
Marzo de 2012
Frente a la cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas, un grupo de ciudadanas
y ciudadanos guatemaltecos decidimos constituirnos en un Comité para expresar
nuestra firme solidaridad con el pueblo y gobierno de Argentina en su reclamo
legítimo por la soberanía de dichas Islas y, además, para apoyar de forma decidida
su demanda de iniciar negociaciones encaminadas a resolver de manera pacífica la
controversia con el Reino Unido. Nos hemos reunido con el propósito de sumar-
nos al constante llamado organismos internacionales, tales como la Asamblea de
las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), el Comité
Especial de Descolonización y otros, instando a resolver esta disputa entre Argen-
tina y el Reino Unido a través del diálogo y la negociación.
No seguir este camino y oponerse a la solución pacífica, sería como retornar a
un pasado colonial que ya no tiene lugar en las relaciones entre los Estados y los
pueblos del presente y de cara al futuro. El colonialismo es rechazado de manera
generalizada en todo el mundo. Guatemala ha sufrido la política colonial británica
y por ello los guatemaltecos estamos sensibilizados frente a lo que ahora ocurre
en torno al archipiélago Malvinas, que con base histórica reclaman con justicia
los argentinos.
Asimismo, los miembros del Comité asumimos esta posición movidos por la in-
quietud producida por el eventual uso del territorio austral con finalidades bélicas.
Esta preocupación crece en diferentes países y foros a nivel mundial. De manera
más precisa, este Comité quiere expresar su rechazo a que las Malvinas se convier-
tan en una zona militarizada, y más aún, que se instalen en su territorio armas de
naturaleza atómica. Hacemos un llamado, como parte del pueblo latinoamericano,
a que las potencias se inhiban de cualquier proyecto militar en esta región, en
donde existe sin lugar a dudas un profundo anhelo de paz.
Los abajo firmantes aprovechamos el próximo aniversario del conflicto militar
del Dos de Abril de 1982 ocurrido entre Argentina y Gran Bretaña, para expresar
nuestra plena solidaridad con el pueblo argentino y recordar que el diálogo entre
las partes -como herramienta racional y civilizada- debe resolver de manera con-
veniente los intereses patrióticos de los argentinos.
Virgilio Álvarez Aragón - Sandino Asturias
Alezander Aizenstatd - Vinicio Cerezo Arévalo
Carolina Escobar Sarti - Anabella Giracca
Oscar Marroquín Godoy - Rigoberta Menchú
Marielos Monzón - Olinda Salguero
Edelberto Torres Rivas - Edmundo Urrutia
Sergio Valdés Pedroni

mentos se encontraba la bandera bri- tánica, un crespón negro, en señal de luto.” Los estudiantes pronunciaron fogosos discursos mediante los cua- les exigieron la devolución de Belice y la libertad del estudiante guatemal- teco capturado en la frontera. Pos- teriormente, los jóvenes apedrearon la sede diplomática y se dirigieron a la plaza central en donde efectuaron otra concentración en la que toma- ron la palabra, entre otros, Leonardo Castillo Johnson, quien era militante de la Juventud Patriótica del Trabajo JPT. El sábado 3 de marzo de 1962, el ministro de educación Luis González Batres llevó a cabo una reunión con los estudiantes de secundaria agru- pados en el Frente Unido del Estu- diantado Guatemalteco Organizado (FUEGO). El ministro amonestó de manera cortés a los estudiantes para que se abstuvieran de efectuar ma- nifestaciones callejeras, aún cuando tuviesen el fin patriótico de protestar contra Gran Bretaña por el diferendo sobre Belice. El ministro manifestó a la prensa que los jóvenes se compor- taron correctamente y prestado aten- ción a sus palabras. González Batres les comunicó que el Estado de sitio prevaleciente debido a los desórde- nes ocurridos por los resultados elec-

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a los desórde - nes ocurridos por los resultados elec- 6 No. 37 /Marzo 2011 torales,

No. 37 /Marzo 2011

torales, no permitía manifestaciones callejeras. El ministro agradeció a nombre del Gobierno el gesto pa- triótico de los estudiantes en la sede de la representación diplomática de Gran Bretaña y les advirtió que ya no lo hicieran. Los estudiantes, según la prensa, escucharon atentos, no res- pondieron ni una palabra y después se retiraron del despacho. 42 La narración fáctica a través de la prensa y de la bibliografía disponible reflejan también las inquietudes de la época originadas a partir de 1954. Este periodo, no sólo en Guatemala, sino en todo el ámbito latinoameri- cano, buscó la construcción de es- pacios políticos por medio de la vía armada bajo la influencia del triunfo de la Revolución Cubana en 1959. En el caso específico guatemalteco, el conflicto estudiantil de 1962 mar- có las desavenencias existentes entre el régimen y la sociedad civil que persiguió la democratización perdida de la década 1944-1954, empleando para recuperarla métodos violentos que proclamaron la liberación so- cial y económica de los desposeídos, pero que contrastaron con la ausen- cia de una postura que incluyese los derechos del pueblo beliceño a la au-

42 El Imparcial, Guatemala, 3 de marzo de 1962, p. 9.

todeterminación. Así se ilustra, por ejemplo, en el Manual de Historia de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), en el cual se afirma que los conservadores del siglo XIX regalaron el territorio de Belice a Inglaterra. 43 La bibliografía sobre este episodio

y el papel desempeñado por los es- tudiantes –mujeres y hombres– dra- matiza los acontecimientos al califi- carlos como un movimiento popular de grandes dimensiones y como una insurrección popular, 44 pero desco- noce, debido a la falta de consulta de documentos de la época, el papel jugado por el nacionalismo, que fue el marco en el cual los movimien- tos armados y populares intentaron construir un nuevo Estado para forjar la identidad de una nación moderna bajo dos modelos diferentes: uno, encabezado por las elites dominan-

tes, y sustentado en los grupos socia- les vinculados a la agroexportación,

y el otro, conducido por estratos me-

dios urbanos animados por el triunfo de la Revolución Cubana.

Ambos proyectos, cimentados en

la modernización del país, pero dife-

renciados por el sistema de domina- ción económica y cultural en el que se mantuvo a Guatemala, se enfren- taron provocando un cambio en la composición social e ideológica de los movimientos armados y popula- res surgidos después de la década de los años sesenta. Es ilustrativo de lo apuntado líneas arriba, la declaración de Arturo Chur del Cid, militar retirado, quien tuvo bajo su responsabilidad organizar el levantamiento del Cuartel General del Ejército el 13 de noviembre de 1960. Él declaró que aquella rebelión estuvo impregnada de un pensamien- to genuinamente nacionalista y sin vínculos con el comunismo:

Ydígoras dijo que era un movi- miento comunista, fue lo primero que dijo, hábilmente dijo que era un movimiento comunista, babo- sadas de comunismo, éste fue un movimiento sin ideología, era un movimiento eminentemente reivin- dicativo de la mayoría de oficiales jóvenes que no veíamos con buenos ojos las políticas del gobierno de Ydígoras Fuentes y desde luego te- níamos elementos civiles que sim- patizaban con nuestro movimiento a eso se reduce todo. No era una rebelión comunista ni anticomu-

43 Véase Manual de Historia de ORPA, sin fecha ni lugar de edición, p. 66. 44 Soriano Hernández, Silvia, Mujeres y gue- rra en Guatemala y Chiapas, México, Uni- versidad Nacional Autónoma de México, 2006, pp. 120-121.

nista, no. Queríamos cambiar el gobierno por uno representativo, democrático, trabajador, honrado, honesto, eficiente. Empero, considerar el nacionalis- mo revindicado por los estudiantes como un factor que contribuyó a des-

atar el descontento popular, desdibu- jaría la supuesta ideología revolucio- nara de los jóvenes de aquella época

y atentaría contra la imagen de la

juventud rebelde labrada por la his- toriografía tradicional citada ya en páginas anteriores. Como lo ilustra el siguiente fragmento de la entrevista realizada a Alba Estela Maldonado, quien participó en aquellas protestas:

El estudiantado tuvo un papel muy importante, ahí nace la lucha re- volucionaria además de lo que fue el movimiento trece de noviembre. El movimiento estudiantil tuvo un papel fundamental y las mujeres tuvimos una participación muy destacada que se involucró en la preinsurrección de ese momento. Yo decido vincularme en la juven- tud del partido en marzo y abril, participo con mi mamá en esa época. Un hermano fue primer presidente de la organización de jóvenes de secundaria y lo más destacado fue que hizo estallar la preinsurrección en Guatemala. La reconstrucción de las jornadas de marzo y abril ha privilegiado la

declaración testimonial con un tin- te ideológico proclive a identificar

la participación estudiantil vincula-

da a los programas revolucionarios

impulsados particularmente por el

Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), 45 que emprendió la lucha ar- mada contando con un contingente de la juventud comunista llama- do Movimiento 12 de Abril. Dicha interpretación oscurece el origen ideológico de la insurgencia armada surgida en 1962, cuyos líderes fue- ron militares nacionalistas, y desde

el punto de vista metodológico evi-

dencia un sesgo en el manejo de las fuentes documentales de la época. 46

Puede observarse en el siguiente

extracto de un panfleto fechado el 20 de febrero de 1962, y suscrito por

el Frente Nacional Civil 13 de No-

viembre, su rechazo a las acusacio-

45 El PGT afirmó que el viraje hacia la vía violenta arrancó en 1962. Véase Partido Gua- temalteco del Trabajo, El camino de la revo- lución guatemalteca, México, Ediciones de Cultura Popular, 1962, p. 63.

46 Rachel A. May omite también el origen na- cionalista de las movilizaciones estudiantiles. Véase “Surviving all changes is you destin- ity: Violence and popular movements in Gua- temala”, en Latin American Perspectives, v. 26, número 2, p.71.

nes de ser un movimiento agrupado bajo ideologías exóticas y ajenas a la idiosincrasia guatemalteca,

nes de ser un movimiento agrupado bajo ideologías exóticas y ajenas a la idiosincrasia guatemalteca, y reivin- dicando el papel del ejército nacional como el representante de los intere- ses nacionales:

Cuando en verdad los guerrille- ros encabezados por pundonoro- sos militares de nuestro Ejército, son los cruzados de la libertad, la democracia y la justicia social que con sentido nacional y Repu- blicano quieren salvar y salvaran

a

la Patria de tanto desbarajuste

y

desorganización, dando por tie-

rra con éste régimen impúdico en- cabezado por un histrión cínico y desvergonzado que para desgracia de Guatemala sigue estafando las aspiraciones nacionales y pone

en ridículo al País. POR LA DIG- NIDAD NACIONAL VENCER O MORIR. Soto Rosales (2002) señala que

las protestas estudiantiles de marzo

y abril fueron originadas por el in-

cremento al alza del pasaje urbano,

por el rechazo de los estudiantes ante

el nombramiento de Julia Quiñónez

en la cartera de educación y a favor del levantamiento armado de los

militares del 13 de Noviembre de 1960. 47 Figueroa Ibarra (1996), por su parte, afirma que los estudiantes reclamaron en marzo y abril de 1962 su oposición a los resultados de las elecciones de diputados realizadas en diciembre de 1961, la renuncia de Ydígoras Fuentes, la derogación de

la Constitución de 1956 y la restitu-

ción de la de 1945. 48 Habría que agregar el reclamo sobre Belice, porque como señala García Laguardia (1992), la Consti- tución de 1945, impregnada de “es-

píritu internacionalista […], recogió

la vieja pretensión nacional respecto

del territorio de Belice . 49 “Espíritu” que prevaleció en las constituciones

de 1956 y 1965, lo cual nos indica que más allá de la condición ideoló- gica de los regímenes políticos acae- cidos después de 1954, el reclamo sobre Belice fue una demanda que acompañó a los distintos gobiernos y

47 Soto Rosales, Carlos Rafael, El sueño en- cadenado. El proceso político guatemalteco (1944-1999), Guatemala, Tipografía Nacio- nal, 2002, p. 55.

48 Figueroa Ibarra, Carlos, “Violencia po- lítica e insurgencia armada en Guatemala (1954-1995)”, en Figueroa Ibarra, Carlos, compilador, América Latina. Violencia y miseria en el crepúsculo del siglo, México, coedición Benemérita Universidad Autóno- ma de Puebla y Asociación Latinoamericana de Sociología, 1996, p. 94. 49 García Laguardia, Jorge Mario, “El Cons- titucionalismo”, en Historia General de Gua- temala, op. cit.

se asoció con la identidad territorial y cultural de Guatemala. Por otro lado, el ambiente político de la época no reflejó un consenso frente a la renuncia de Ydígoras, si bien la comuna estudiantil de la ca- pital secundó la decisión del Conse- jo Superior Universitario y se lanzó a la huelga, otras municipalidades rechazaron la medida tomada por la entidad capitalina. Ello confirma la impresión que se deriva del estudio de la prensa de la época: la renuncia fue provocada por grupos de presión urbanos, ladinos de clase media. A su vez, no hubo un consenso entre los grupos de presión que se oponían al régimen; algunos sindicatos y muni- cipalidades del interior no creyeron que la ruptura del régimen constitu- cional pudiera convertirse en un área de oportunidad política para la cons- trucción de un régimen democrático. Los estudiantes contribuyeron, desde posturas nacionalistas, a escri- bir la historia por la que transitaría Guatemala, la de la guerra de guerri- llas pero como lo demostró la con- clusión del conflicto en diciembre de 1996, no definieron el resultado porque no se resolvieron las causas que originaron la guerra ni tampoco Guatemala alcanzó sus metas co- lonialistas de recuperar el territorio de Belice. ¿Fueron los estudiantes más nacionalistas que el gobierno de Ydígoras Fuentes? Tal vez, pero lo importante de subrayar es que su participación en las movilizaciones sociales de marzo y abril de 1962, contribuyó a crear un nacionalismo popular que desembocó en los movi- mientos revolucionarios que declara- ron la guerra al Estado. Al precipitarse la guerra de guerri- llas, vinieron como consecuencias el golpe de Estado de 1963 y la incor- poración del ejército nacional como factor de poder en las entrañas del Estado mismo, dando como resulta- do los conocidos regímenes milita- res que llegaron hasta el año 1985, cuando ya habían sido derrotadas las guerrillas surgidas después del año de 1966. A manera de conclusión podría plantearse la hipótesis siguiente. El nacionalismo guatemalteco, imbuido por aquellos años de la idea según la cual los ladinos conformaban la identidad de la nación guatemalteca, observó a Belice como una parte del territorio nacional que debería incor- porarse a Guatemala para sustraerse de la opresión colonial e integrar un país homogéneo. 50 Por esta razón, el

50 Gordillo Castillo, Enrique, “Hacia la for- mación del alma nacional: José Antonio Vi- llacorta Calderón y la historia de Guatemala (1915-1962)”, en Casaús Arzú Marta Elena y Oscar Guillermo Peláez Almengor (compi-

Marta Elena y Oscar Guillermo Peláez Almengor (compi - nacionalismo de la década revolucio - naria

nacionalismo de la década revolucio- naria (1944-1954) pretendió nulificar las diferencias sociales y étnicas ape- lando a un sentimiento y a un pasado compartido, y a partir de allí propuso ordenar e integrar cultural y política- mente a la sociedad guatemalteca. 51 El discurso oficial contenido en las constituciones, y que reafirmaba la soberanía de Guatemala sobre Be- lice, ¿fue continuado por los afanes revolucionarios de las guerrillas sur- gidas después de 1960? La documen- tación consultada no específica cuál era la postura de los movimientos armados respecto a la añeja disputa territorial. Sin embargo, es probable que en la década de los años ochen- ta, y debido a la beligerancia del go- bierno beliceño ganada a partir de los espacios abiertos en distintos foros internacionales, la guerrilla guate-

ladores), Historia intelectual de Guatemala, Guatemala, F&G editores, 2001, pp. 119-

156.

51 Torres Rivas, Edelberto y Julio César Pin- to, Problemas en la formación del Estado na- cional en Centroamérica, San José de Costa Rica, ICAP, 1983, p. 25.

malteca hubiese apoyado los pro- yectos de independencia de Belice por la simpatía que había generado su causa en el movimiento de países no alineados, entre los cuales se en- contraban las islas del Caribe con las cuales Belice guardaba una estrecha relación histórica y cultural. Los estudios posteriores que repro- dujeron los sucesos de la primavera de 1962 reforzaron las aspiraciones ladinas de una nación de la cual su- puestamente formaba parte el territo- rio beliceño, y que como afirmaban las consignas de la época, era “nues- tro”. En el vespertino El Imparcial del lunes 30 de abril de 1962 apare- ció un artículo firmado por Raúl Ca- rrillo Meza, quien reseñó la puesta en escena de la obra de teatro Antígona de Jean Anouilh. Carillo Meza sinte- tizó adecuadamente el estado de áni- mo de la sociedad guatemalteca que frente al recelo a la felicidad eligió la tragedia de la rebelión: “La rebe- lión es hermosa. Pero Anouilh ha consentido en levantar frente a ella el esfuerzo desesperado que teme a la felicidad”.

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Anouilh ha consentido en levantar frente a ella el esfuerzo desesperado que teme a la felicidad”.

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