zarabanda palabra andante

nostalgia ii

REVISTA LITERARIA Año 03 Núm. 15 Dic. 2012 Enero 2013

zarabanda
Dirección Andrea Mejía Rojas palabra.andante@hotmail.com Corrección Begoña Maafs Noriega
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Imagen de portada y Arte DLM Edición y diseño ANME Consejo editorial Karina Rodríguez Sosa Diana Leyva M.

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Año 3 Núm. 15 Diciembre 2012 Enero 2013 ZARABANDA-PALABRA ANDANTE. Es una publicación bimestral, queda prohibida toda reproducción total o parcial de su contenido, imágenes y/o fotografías, sin previa autorización por escrito. CERTIFICADO Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2012-061214213100-102 ZARABANDA PALABRA ANDANTE. Publicada y distribuida por ZARABANDA, todos los derechos reservados son propiedad de ZARABANDA. Editora GLORIA ANDREA MEJIA ROJAS. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y se prohíbe toda reproducción total o parcial sin previa autorización.

cadaver editor
¡SILENCIO! INSOPORTABLE EVITANDO HACER LO QUE HACES A VECES DIGO COSAS QUE TE HARTAN MÁS SILENCIO dramas sin sientido, buscando razones SÓLO SOY YO, EXTRAÑANDOTE NECESITABA UNA COMPLICE NO UN VERDUGO SOLEDAD SIN ALAS DEJANDO CRECER, TOMANDO AIRE OLVIDANDO QUE TE OLVIDAS DE MI ME RECONSTRUYO SIENDO, SIGO; SIGO SIENDO ARREPENTIRSE DEL ARREPENTIMIENTO MIENTRAS TE ESCONDE LA NOCHE ESTE ERROR DE VIVIR DEMASIADO Y YO NI SIGO, NI SIENDO

EN OTRO MOMENTO LUEGO, ENTONCES...

indice
INVEROSIMIL
NOSTALGIA Luz Reyes RESPONSORIO Mónica González SUEÑO Alberto Aarón Martínez ¿UN REFLEJO? Rodrigo E. Torres ELLA Y EL GATO Ingrid Bodet SUSANA Magdalena López Hernández LA BALADA DEL VIEJO NAVEGANTE Andres Galindo ÓSCULO DESCAFEINADO José Guerrero de la Torre UN HOMBRE VIEJO HACE LO QUE PUEDE Nestor Robles 4 7 9 9 10 11 13 14 15

FOTO POESIA

Alexis Rendón

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LUGARES COMUNES
NOSTALGIA Marco Antonio Diaz NOSTALGIA ESTÓLIDA Ricardo DJ Rodriguez LA TRISTEZA ES AZUL Valeria R.S. BALADA PARA UN CORAZÓN SOLO Alejandro Aparicio Morales POSTAL Néstor Ramírez DEL PRINCICIPIO - 3620 NOSTALGIA Andrea Díaz Martínez AUSENCIA Ana Paula Rumualdo SUBLIMACIÓN Alexis Rendón MOAI Begoña Maafs Noriega PIEZA SUELTA Andrea Mejía Rojas 21 22 23 24 25

Gustavo Cuando

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nostalgia

Luz Reyes

A café y tabaco olía el ambiente, el tiempo flotaba en el aire de esa mañana, el sol brillaba sólo para lastimar la vista, el viento transportaba la depresión colectiva de la raza humana, era otro día más. El hombre que siempre era la burla del destino ya se encontraba en el sillón con su libro en mano, como desde hace años no tenía ningún plan para ese día; su único propósito era esperar impacientemente el grito de la tetera para intentar mover rápidamente sus lentas y pesadas piernas en dirección a la cocina. Así lo hizo. Su vista iba puesta en dirección a la estufa, buscó la taza astillada de siempre, se sirvió la cantidad de café cotidiana, y estaba dispuesto a regresar a su asiento para continuar leyendo hasta quedarse dormido, pero una pequeña distracción lo hizo tropezar con una caja negra, una caja negra que llamó su atención. Sus manos temblaban al intentar quitarle el polvo de encima, sus ojos se expandieron y comenzó a respirar trabajosamente. “¿Será posible? yo… puedo jurar que lo había guardado con las demás cosas, yo…” al abrir la caja, que en realidad era un estuche, su corazón dio un vuelco y sus entrañas se revolvieron; ahí estaba apacible, bello, viejo y un tanto oxidado, su Saxofón de antaño. Quedó paralizado sin saber qué hacer, hasta que se decidió tomarlo. “Justo como pensé, cálido, tibio” se colocó en posición para tocar, pero tardó mucho tiempo mirando la boquilla, pues al tener contacto ese calor lo poseyó, lo sintió subir a su cabeza y revivir sus pensamientos, recordó aquel día en el que su pasión por ese instrumento nació, cuánto había esperado para poder comprarlo y cómo lo observaba por horas en su infancia. Recordó el primer contacto y su primera nota... [...] 4

inver osimil

Sus dedos al principio fueron torpes, pero así como los recuerdos fluían a borbotones, la habilidad de éstos renacía. Ahora se encontraba un hombre tocando en medio de la habitación donde desde hace tiempo sólo reinaba el silencio. Al escuchar las notas revivía momentos de su vida, recordó la primera vez que se enamoró, las tardes en familia, las bromas con amigos, recordó todo mientras tocaba, y se apresuraba a marcar las notas pues así capturaba los momentos que veía y los volvía a sentir, tocaba más rápido porque sólo así, viendo tanto de él mismo, recordaba que estaba vivo, recordó la emoción de su primer beso, recordó los juegos por las tardes con amigos, recordó la risa más larga que tuvo en años; se encontraba extasiado, pero de pronto cesó el ruido abruptamente y se encontró él jadeante, en medio de la habitación. -Escucho tus pasos- dijo él con una risa burlona, las manos le empezaron a temblar. -¿Sigues atormentándote con eso, cariño?-le dijo una áspera y seca voz proveniente de una mujer horripilante, su rostro era oscuro y escamoso; sus dientes eran abundantes, maltrechos y podridos; sus cabellos eran escasos, largos y descuidados; su figura era totalmente grotesca. La mujer pasó por las espaldas del hombre soplándole su hedor cerca del oído y continuó caminando en dirección a la puerta. -Espera por favor un momento- dijo él desesperadamente al ver que la mujer se alejaba, guardó lo más rápido que pudo el saxofón y se acomodó la camisa- Llevo sesenta años de mi vida esperándote, adelante, podemos irnos- dijo con una súplica y desolación infinitas al ver que la mujer continuaba la trayectoria de sus pasos. Ella al reconocer el tono de su voz volteó a verlo, le sonrió tristemente y lo observó unos minutos. El hombre creyó que se estaba burlando de él, hasta que vio realmente esos ojos saltones y amarillos, lo miraban tristemente. “No, no es tristeza con la que me ve, es… es… lástima” Sólo entonces miró a su alrededor, miró qué tan descuidada se encontraba la casa; observó la ventana rota de la sala, se encontraba así porque él nunca más volteó a ver hacia esa dirección después de que viera por esa ventana al amor de su vida alejándose de él; observó al estante y vio el espacio vacío en la segunda repisa, lugar que ocupaba una guitarra pero que ahora se encontraba arrumbada, más bien escondida debido al recuerdo que le traía de su padre; observó el suelo y vio todos los libros tirados, leyó rápidamente algunos títulos y se dio cuenta de que había dejado de leer cosas que realmente le interesaban para no encontrarse en debates mentales consigo mismo; observó la puerta y vio lo podrido que estaba el cerrojo, pues no le había abierto a nadie desde hace años por miedo a que lo hicieran sonreír; observó el sofá y miró todas las cartas apiladas y sin destinatario que había escrito para personas que quería pero que nunca se atrevió a entregar; [...]
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observó la mesa del comedor y notó las pestilentes flores amarillas que aún se encontraban ahí pues su madre se las había dado en un cumpleaños y fue para él imposible tirarlas; observó cada mueble y vio todos los portarretratos que él mismo había puesto bocabajo por el miedo de ver al rostro de su amigo, y que el resquemor de haberlo abandonado lo lastimara; observó que muchas cosas no se encontraban en su sitio pues él las había arrinconado en una habitación de arriba por miedo a verlas diariamente; observó todo a su alrededor y vio que la mayoría de las cosas estaban cubiertas por una gruesa capa de polvo, ya que él no tocaba nada para que los recuerdos no se escaparan; se observó a sí mismo, su vida estaba impregnada de nostalgia. Sólo entonces se dio cuenta de todo, esa mujer no podía ayudarlo, la había esperado durante tanto tiempo pero realmente no podía llevarlo a ninguna parte, pues él, ya estaba muerto desde hace tiempo.

EVA EN EL PARAISO TERRENAL
Mónica González

RESPONSORIO:

Para todos nosotros caerá la noche y llegará la diligencia. Disfruto la brisa que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla, y no me interrogo más ni busco.

Bernardo Soares

Hoy desperté con una tibia sensación de tristeza. Todo cuanto busqué en la tierra, se ha instalado en este cuerpo. La belleza es algo que desconozco. Cae la noche, avanzo cual bestia caprichosa que no entiende de utopías, ni de consuelo en el sosiego de este paraíso que habito. Puedo ser la manzana que se asfixie en su propio regocijo, la serpiente que se meza en los labios de la luna, pero soy la rencarnación de Lillith. El bullicio de las aves no me clarifica el pensamiento, el agua de los ríos no me conforta, el verde de los valles no me parece sublime ¿Qué es esto que me aguardo en las entrañas? Miro la perfección de los miembros que me forman, uno el conjunto y camino en círculos, miro la sombra que reflejo: sé que soy perfecta como la que buscó refugió en el Mar Rojo; con el índice compruebo la resistencia de mi arcilla, la sensación que no digiere la entraña. Antes de ser expulsada del paraíso terrenal, debo pedirte que dibujes tus labios en mi espalda y que al hacerlo, guardes el espacio justo para la envergadura de mis alas, porque no voy a permanecer en este reino al amanecer. Este cuerpo que me alberga es geografía desconocida para los instintos que recorren la desnudez que me avergüenza. Nuevas formas estallan en la cúpula azul que me rodea, pueden ser las señales del destino que me aguarda. [...]
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Comí, bebí, bailé y amé todo lo que me rodeaba, cien mil soles representan mi existencia y ahora muero junto con los ríos que me vieron nacer. El agua que reflejó mi rostro, tal vez encuentre consuelo en el canto del cisne, el croar de la rana, el zumbido de la cigarra. Uno las puntas del cielo estrellado, fósforos incandescentes iluminan la impronta de mi sombra en los caminos. Golondrina de alas rotas, no vuela pero danza la canción desconocida del colibrí. Dejo a todas las bestias que habitaron mi paraíso, las palabras que ya no pronunciará mi boca:

El hombre asciende las ruinas de su cuerpo cuando la piedra es un cometa iracundo. Los milagros podrán suceder si las ventiscas no se llevan las arenas hacia el Sur; a las grutas escarpadas donde la piedra es pan y el agua vino, donde las manos se agrietan, donde el tiempo transcurre en el cuchicheo de los ancianos. Las piedras gritan los nombres de los que ya se han ido, de los que rastrean las sombras de cuerpos ajenos, de los que no descienden. Algún infortunio les habla, algo queda por hacer, aquí la palabra versa y versa; allá el silencio duerme el quebranto. Algo queda por decir.
Ahora me voy al destierro, con la osadía de un perro en celo y el olor de tu sexo entre los dedos.

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sueño

Alberto Aarón Martínez

Mi papá soñaba cuando era niño que podía volar, estiraba los brazos y sentía como su cuerpo en movimiento cortaba el aire por donde se dibujaba la ruta del vuelo... en el sueño nunca tocaba el suelo con los pies, prefería permanecer en el aire, ahí donde nada ni nadie le impidiera ser tan pleno como una nueva especie de ave.

¿Un reflejo?

Rodrigo E. Torres

Al principio creyó que era su reflejo y le saludó sonriente. Se enamoró de esa figura y pensó que era Narciso. Entonces la figura habló con una voz distinta a la del reflejado. Le miró atentamente, fijándose en los pequeños detalles. No eran iguales. Descubrieron que esos detalles no eran tan pequeños y que en ellos eran exactamente inversos: convexo en lo cóncavo y cóncavo en lo convexo. Eran un molde de espejos donde el otro embonaba por completo. Eran Ella y Él parte de un mismo todo. Eran Él y Ella, ¿o más bien uno sólo? No, eran dos. Porque cuando la distancia los separó de nuevo, la barrera epidérmica que les contenía la esencia impidió a sus almas salir volando al infinito. Si es cierto que en la muerte el alma se libera, volverán a unirse cuando terminen sus días carnales. Por si no es así, él la sigue buscando noche a noche, porque desde que la conoció su soledad tiene voz y rostro.
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ella y el gato

Ingrid Bodet

Ella esperaba la salida del tren en el cuarto de un motel cercano donde una noche antes había llorado la pérdida de Casucas, el último gato de su padre. Sostenida por los barrotes del pequeño balcón vio llegar el tren con la precipitación de un nubarrón que ya se aproximaba. Antes de tomar su maleta echó un vistazo hacia atrás, hacia la lámpara que dejaba encendida como un fuego fatuo que llamaba a Casucas desde la lejanía. Afuera, el cielo había oscurecido las calles y ella apuró sus pasos hasta encontrar la silueta de Casucas, el mismo que, salido de su imaginación, se acercaba a paso lento y sigiloso por los bordes de una barda. Ella soltó la maleta, se paró de puntas y alzó los brazos, pero el gato había desaparecido. Cerró los ojos, sacó un pañuelo, se sonó la nariz y siguió el camino hacia la estación. No anduvo ni cuatro pasos cuando en la lejanía volvió a distinguir la silueta de Casucas, era ahora un vagabundo con orejas y cola de gato persa que pelaba una cebolla. Ella soltó la maleta y alargó los brazos mientras maullaba. Casucas no respondió y desapareció entre bolsas negras. El tren exhaló su mecánico gemido al tiempo que azotaba el primer huracán y ella corría bajo un cartel de productos ergonómicos. Casucas estaba ahí, en medio de la calle convertido en un camión de pasajeros que transitaba a lo lejos. Lo había visto irse igual que cuando le exprimió el cuello. Un último pitido y las ruedas del tren sonaron a lo lejos. Casucas era un paraguas que le sonreía con un letrero “El banco del milenio”. Casucas a lo lejos. Casucas en la barda, en las bolsas de basura, comiendo una cebolla, con el cuello entre las manos, los ojos de ella en el espacio de su padre. Casucas inerte con el último maullido en los bigotes y ella en el tren. Por la ventana se escucha el golpe de un gato lanzado desde arriba.

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susana

Magdalena López Hernández

The spirits of the dead, who stood in life before thee, are again in death around thee, and their will shall overshadow thee; be still —Spirits of the dead, Edgar Allan Poe
Almas idénticas. No hay otra manera de decirlo. Éramos iguales física y sentimentalmente. Hijos de una sola madre y un mismo día. Sí, Susana era mi hermana y poseedora de una belleza tan magnificente que un intento de descripción sería un insulto a su hermosura. Sin embargo, no temo aceptar que siento por ella un amor tan intenso que incluso el verbo amar resulta insignificante. Susan a y yo crecimos juntos en una cabaña al lado del río sin recuerdo de la mujer que nos dio la vida ni del hombre que contribuyó a ella. En nuestro mundo no había nada ni nadie más que nosotros. Éramos para el otro la prueba de que en verdad existíamos. Simbolizábamos pasado, presente... y para mí la perfección que bañaba el cuerpo de Susana era razón de vida y yo sólo había nacido para protegerla, pero, lamentablemente, la vida siempre nos obliga a herir lo que con tanto afán hemos protegido, pues una noche, sin pensarlo, le grité que la amaba. Mi naturaleza de hombre la sometió. La obligó a saciar mis instintos y atenuar mis pasiones. Ella no hacía nada más que entregarse a su suerte mientras lloraba y maldecía su vida en silencio. A la mañana siguiente encontré el cuerpo desnudo de mi adorada Susana flotando sobre el río, mostrándome con esos ojos que ya no volverían a mirarme la magnitud de mi salvajismo. Mi hermana, mi compañera, mi amante; todas las mujeres de mi vida se fundían en el perfecto cuerpo de Susana, que se dirigía a un lugar que nunca seré digno de conocer. [...]
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Los días que sobrevinieron a su muerte estuvieron repletos de lágrimas, dolor y silencio. Sólo me quedaba el recuerdo del pasado y los sueños que pudieron haber sido, hasta que un día, entre llanto y sollozos, volvió a aparecer frente a mí. El corazón me latió con fuerza, y cuando desapareció, me vi de pie frente al espejo admirado por mi belleza, amándome por encontrar en mi reflejo las bellas facciones del rostro de mi hermana. Recorrí la fría superficie con mis manos. Era imposible. No podía ser yo. Ese fantasma que se alzaba frente a mí tenía que ser ella. Susana, mi adorada Susana. Así pasaron los días. Despertando sólo para caminar y perderme en el reflejo que entre súplicas silenciosas decía “Ámame”, e inmediatamente me encargaba de encontrar en los labios del reflejo el sabor único de los besos de Susana. No obstante, después de un tiempo los días dejaron de ser suficientes, por lo que descolgué el espejo para colocarlo sobre la cama vacía de mi hermana. Después de un tiempo, mis sueños me trajeron el recuerdo de Susana, que me decía con su dulce voz “Ámame”, y, al verla ahí, tan cerca, tan dispuesta, no podía hacer nada más que amarla por completo, recorrer con las manos y la lengua su cuerpo mientras le susurraba “Te amo”. Ella me rodeó el cuello, y en cuanto sus manos acariciaron mi espalda, un escalofrío me recorrió el cuerpo, haciéndome sentir sobre la piel desnuda la fría corriente del río.

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La balada del viejo navegante Galindo Andres
“God save thee, ancient mariner! From the fiends, that plague thee thus! – Why lookst thou so?” – With my crossbow I shot the albatross.
–Samuel Taylor Coleridge. Tengo un pequeño y viejo espejo en el que me miro todos los días. Cualquier persona que se asome verá las facciones, agrietadas por el tiempo, de mi rostro. Yo veo un demonio que, incansable, me llama. Con el tiempo nos hemos hecho buenos amigos, compañeros de dolor y soledad. Yo le digo: “amigo, viejo amigo, ¿hasta cuándo seguirá palpitando este duro corazón que llevo dentro?, ¿alcanzas a ver que de tanto exponerse al viento y la tormenta ya está tan gastado como mapa de viejo navegante?”. ¿O es que acaso seré yo ese viejo navegante que un día, de regreso a Ítaca, fui hechizado por una vieja bruja mala? En tal caso pregunto ¿cuánto tiempo durará este hechizo que condena mi sombra penitente? ¿o es que me engaño y realmente sigo enamorado de ese amor maldito que, justo hace diez años, me dejó el corazón ajado? De un año a estas fechas, algunos incautos me llaman poeta. Yo niego, y seguiré negando hasta el final de mis días, tan infamante acusación. Sólo estoy vomitando solo. Solo, asqueado y aburrido; regodeándome con mis demonios, aceptando mis derrotas. No sé si esto que escribo es un poema, un cuento o, apenas, un ensayo para el olvido. Lo que sé es que estoy enterrándote, Ariadna, Norma, Perséfone, Delia, Lilit, Penélope, María de Magdala… Lo que sé es que estoy enterrándote y enterrándome en este cementerio de minotauros muertos. Sé que cuando todo esto termine, al fin regresaré a casa; no sano y salvo. Regresaré con la voz quebrada y los pasos lentos. Regresaré con varios tatuajes sobre mi pecho y un dolor en la espalda; con la túnica rota, la talega vacía y la ensangrentada espada ya inservible. Pero regresaré, sé que regresaré. Aún con la voz quebrada y los pasos lentos, no me daré por vencido. Nunca me daré por vencido. No suelo ser de esos malditos cobardes que mienten para pretender ser lo que yo soy: una voluta de polvo en el infinito, un gusano en el limo, una letra capital. Ni me tiro al abismo ni me cuelgo la soga. Aún seguirá rugiendo mi corazón batiente dentro de mi pecho. Y cuando los vivos vean a lo lejos mi pequeña barca arribar al puerto ¿quién lanzará flores al viento? ¿qué joven voz gastará su aliento diciendo mi nombre?
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ósculo descafeinado

Jorge Guerrero de la Torre

Aunque te bese con las mismas ansias, inclinado siempre sobre tu lecho, hoy no podría despertarte como antes. Ya no yaces soñando, rodeada por un reino de profundos durmientes, ni sigues pinchada por mohosas ruecas infestadas de soporíferas esporas. Y yo no me atrevo ni a mirarte, flácido, acabado y gris, aplastado por las monótonas y aburridas décadas transcurridas desde aquel día cuando era, todavía, un bello futuro monarca. 14

un hombre viejo hace lo que puede Robles Nestor
I’m a dirty old man I do what I can to try to make a living I’m a dirty old man
Neil Young

Te lo cuento a grosso modo –porque ya voy tarde y no creo que tú tengas tiempo como para escucharme: pero bueno, ahora que estás aquí, aprovecho–: Ayer me recorté el pelo largo y me rebajé la barba para la cita, por eso no me reconocías. Y es que Rocío regresó a la ciudad, después de cuarenta años de encierro con su difunto marido, ¿te acuerdas del cabrón aquél que se la ganó con bolsas de piel y diamantes? Y yo que le di un libro queriendo conquistarla y me lo regresó antes de irse a su luna de miel para no volver. Pero me dejó un guiño en la última página: ¿Fin? Yo no me casé por esperarla, fíjate. Sí, tuve mis aventuras, pero no la olvidé, buscaba reemplazo: veía su cara en las de ellas y juraba que serían los mismos gestos, los mismos gemidos que Rocío haría. La sigo viendo ahorita, mientras te cuento. No me creas loco si de repente siento el impulso de besarte, pero es que, ya ves: el-amor-el-amor-el-pinche-amor. Total que escogí mi mejor traje y saqué a pasear el Mustang 72, porque ya sabes lo que dicen: el óxido nunca duerme. Manejaba y zigzagueaba entre las estaciones del estéreo y después de maldecir mil de ellas por sus canciones sosas y populacheras, me topé con una buena rola de Buffalo Springfield. Me la aventé toda: I think it’s time we stop, children, what’s that sound? Everybody look what’s going down. En un alto me miré en el espejo retrovisor. Y de repente me pegó: Soy un hombre viejo con un auto viejo: mi pelo es un mar de canas, mi cara un panteón de arrugas, mi

vehículo un clásico.

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En un alto me miré en el espejo retrovisor. Y de repente me pegó: Soy un hombre viejo con un auto viejo: mi pelo es un mar de canas, mi cara un panteón de arrugas, mi vehículo un clásico. Yo, que siempre celebraba frases como “Espero morirme antes de envejecer”, de repente me sentía más vivo que nunca. Luego pensé: ¿cómo estará Rocío? ¿Igual de flaca y curvilínea? ¿Le gustaré? ¿Me seguirá gustando? Entonces llegué al malecón, donde quedamos de vernos, y ahí estaba, de espaldas: más mujer, más madura, más vieja. Me detuve, no supe qué hacer. Estuve a punto de dar media vuelta y darme un balazo por collón. Pero me acerqué a pasos lentos. Pude oler su perfume: Chanel 5, el mismo que le aspiré la primera vez, antes de que se fuera. Rocío, le dije –¿o le grité?–, Rocío, querida, ya estoy aquí, te estaba esperando desde hace siglos, ¿por qué no volteas, Rocío? ¿Ya te arrepentiste, Rocío? Mírate, nada más: míranos: viejos, rancios. ¿Qué vamos a hacer Rocío? Rocío: Mi bella Rocío. ¡Qué sonrisa, Rocío! La misma de siempe. ¿Por qué regresaste? ¿Me tuviste en tu mente como yo siempre te tuve a ti? ¿Anhelaste mi cuerpo como yo al tuyo? ¿Por qué lloras, Rocío? ¿Por mi barriga mi fofa piel mi pelo blanco? Vente, vámonos, te perdono, vámonos a dar una vuelta, vámonos por ahí, a perdernos un rato o una eternidad, ¿qué dices? Ándale mujer, que el tiempo no espera a nadie. Sí, soy un hombre viejo, pero hago lo que puedo para seguir viviendo: ahora que te tengo de regreso, a ver qué más me invento: ¿no es suficiente el mantenerte contenta? Esa noche dormimos juntos, abrazados. Dijo poco, casi nada. Y cuando te mueras, ¿qué sigue?, le pregunté… ¿Qué sigue?, te pregunto a ti, que te dignaste a escucharme: ¿qué sigue? Yo no sé, honestamente no sé, me vale madre: esta mañana que encontré a Rocío colgada del armario, lengua de fuera, ya no sé qué sigue. Ya no. Ya…

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Cuzamá, Yucatán: llegamos a este mundo con nada como posesión y con nada nos iremos algún día. Nada permanece, todo cambia. La hoja al viento, la idea de un pensador, la tentación de un amante y así, la huella de hombre en la tierra. La historia así, se escribe sin cesar escribiendo al hombre y el hombre escribiendo la historia. Inefable abismo en donde caen los recuerdos.

Impermanencia;

Alexis Rendón zarabanda 17

Alexis Rendón

Los olvidados; Oaxaca, Oaxaca: son los olvidados
de la tierra, son los agachados que surgen como una estadística en los índices de pobreza, en los números de la pena y la desdicha. Son la nostalgia de un país que añora llegar a primer mundo, a ser como sus hermanos mayores, ricos y bonitos. Promesa perpetuada por siempre. Son también la vergüenza del estado fallido que prefiere darles la espalda y esperar a que mueran pronto. Y al contrario, en ésta fotografía perdura el recuerdo de la inexorable noche de la sociedad humana, que pierde a los hombres y a las almas en su camino. Es la muerte moral.

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Alexis Rendón

Ángel exterminador;

Chan Santa Cruz, Yucatán: La muerte es un imposible, es un abrir y cerrar de ojos, no se sabe cuando nos alcanzará. Ella no se vende ni perdona. La muerte no es vanidosa, no promete el paraíso ya perdido para la humanidad, tan prometido por los charlatanes de las religiones, por los carroñeros de la mercadotecnia y por los depredadores que gobiernan el mundo. La muerte es la condición de la vida.

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Great gig in the Sky

Misol-Ha, Chiapas: Lo que nos traspasa, lo que se escapa a todas las aprehensiones, como las palabras que llegaron para irse. El mundo está pleno de experiencias insondables más allá de las palabras. Esta es la escritura de lo no presente. Es un trazo del no-ser en donde el mundo, es siempre otro. Alexis Rendón

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Nostalgia
Montañas peregrinas, que giran entorno a mi recuerdo, que husmean en mi propia alma; y que nunca dejan vacío el poema.

Marco Antonio Díaz

Montañas ligeras, ¿Será que algún día, quizá lejano, podré quitármelas de encima, para escribir sobre el mar que nunca tuve?
lugares com unes

Montañas armoniosas vamos hablando de otro tema vamos imaginando el río que te fermenta o el viento que nunca doma tu tallo.

Hablemos del caballo, montaña seductora, recorriendo tus entrañas y galopando hacia el cielo de tus propias copas.

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Nostalgia estólida
No es tristeza de quien hablo cuando en mí no encuentro culpas. Acepto la necesidad de atinar al criminal si escucho sus pasos en el reloj tintinear. Ese sonido que me acorrala: NO ME DEJA AVANZAR. ABRAZA ESTORBA Me trae a mi memoria otras épocas de las cuales la vestimenta era lo más preciado: Calzando en puentes confianza. Cubriendo piel desnuda de miradas obscenas al unir nuestras manos cual plegaria en deuda. Era otro tiempo sin duda así era. Hoy el Tiempo se encaja como espada… Justo a él le atribuyo toda condena que me pesa. Todo crimen queda sellado, conciencia secreta… Ya solo recuerdo, pues estando tú ya lejos el tiempo no-separara.

Ricardo DJ Rodriguez

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La tristeza es azul

Valeria RS

Porque la tristeza siempre encuentra una canción de blues, Porque tus ojos se mancharon de mar cuando partiste, Porque el avión donde regresé no cruzó el cielo de Madrid y no pude verte desde mi lugar. Porque mi vestido de zafiro no se deslizó por mi cuerpo en tu presencia, porque la media noche sigue siendo azul aunque no estés aquí para mirarla. Porque tus ojos de mar caribeño no se posan más sobre mí Porque el crepúsculo púrpura perdió el rojo y se quedó sólo con el cielo azul. Porque de añil pinta el invierno La Gare d’Austerlitz Entra por sus sombrías ventanas Despojando de felicidad la partida Porque no hay garantía de tu regreso.
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Balada para un corazón solo
He venido a mirarte invisible delirio he venido obstinado por espejos a recordarte. La noche vestida de almendra sacude con movimientos de aves la memoria. Esta vez navegábamos mujer la humedad deshacía tu cuerpo. Me segaban los andrajos del silencio. Sonámbula volvías a formar tu cuerpo como quimeras diurnas. Éramos residuos de estrellas devorando el mar. He vuelto a la orilla te levantabas de la humedad y sabías tristemente de aquel primer horizonte regido por fatigadas lágrimas. En esta noche la memoria ha vuelto al sitio atraída por la espuma.

Alejandro Aparicio Morales

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POSTAL
Ya muchas cosas han pasado y miles de estrellas han girado. Ya muchas, a lo largo, las he dejado por un día, por cariño, haberte guiado. Aún recuerdo lo feliz que era pero no eran más que falacias. Me sorprende lo ciego que era puesto que me engañabas con paronomasias. Quisiera hoy decir ya no más, poder pensar que todo acaba. Sólo unas lagrimillas más, mas eso no significa que todo terminaría. Quisiera hoy poder ver una nueva luz, pero aquella fantasía aun no aparece. “Ni modo” en silencio yo solo digo a ése que frágilmente está parado sobre esa cruz. Y hoy es un día de gozo y hoy es día de vivir ya no estamos en ese pozo y hoy volvemos a sentir. Sé que ella aun no llega o quizás no la veo por ceguera. Yo aún la amo con locura y es por eso que ya he perdido la cordura. Sé que no tiene mucha coherencia, quisiera esta la tuviera, pero así es esto de la paciencia… la cuál ojalá sucediera... Veo aquellos ojos en esas fotos, y también veo aquellas sonrisas, pero detrás de aquellos pétalos no se esconden más que mentiras.

Néstor Ramírez

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Del principio

Gustavo Cuando

Rompo con todo, a esta hora en el sitio distante en el que no me acuerdo de mí estando dentro de mi mismo, me burlo de las sombras que dejo en el andar cansado de los días que han pasado como recuerdos, se atragantan en mi boca todos los nombres, hago un mapa de caras y cuerpos, me dedico a buscarte todavía, pues albergo alguna no existencia de ti. Es necesario reinventar el mundo día con día, caminar sobre las palabras que uno va escupiendo en su silencio, ser de carne y de papel, de la rama del árbol y de la fruta caída, imaginar vientos de mas de noventa nudos cuando uno cierra la puerta y salir con la marejada aunque no se tenga paraguas.

“3620”
Cuando uno piensa en la vida “ es necesario dejarlo todo en ese instante, solo para ser un eterno recuerdo.

Gustavo Cuando
“ Para toda

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NOSTALGIA

Andrea Díaz Martínez

Sabes que estás porque el aire esculpe en tu pelo aves enrizadas y ciertas verdades porque sorbes la sopa con la boca fría y se coagula el caldo de la vida sin apenas entender texturas o ingredientes. Sabes que estás por la zozobra azotando la zona cero, triángulo de puntas hacia dentro que traga cualquier señal de vida más alláUno de esos días observas dos puntos que se alejan y arañas la distancia que los une. Sabes que estás porque eres carne y ocupas espacios increíbles entre el ser y el estar. Cada día como un planeta. Cada Andrea como una pulga de planeta en planeta, tomando aliento, ensanchando la vena, brincando una órbita de locos. Un día un nombre aparece tallado en la piedra antigua que sólo voces más viejas pueden pronunciar. [...]
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Otro día se bebe del charco que deja el aceite en los garajes y cualquiera se atreve a mancharse contigo. Después te quedas solo sin contenido. Los días son zancadas sin zancos, sin zuecos que cansan, sí, que cansan. No sabré si hoy recitaré runas que invoquen la belleza, o será un planeta sucio, (como de estos días) de hombres en la acera riendo sin risa, de niños masticando lo que sus padres pudieron, sí, pudieron Y no pudo ser.

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ausencia

Ana Paula Rumualdo

Las estaciones se desean unas a otras, como los hombres y las mujeres, para poder curarse de sus excesos. Clive Barker

Primavera
Los días calurosos comienzan y con ello el ardor de los cuerpos. Las tardes espléndidas de abril y el viento cálido de mayo barren con los abrigos: la piel se descubre. La lujuria se presenta en la tersura de los besos y en las ganas de tocarse, que no cesan. Al caer la noche la temperatura no cede. Sólo retozar con el otro aviva y alivia el calor que se presenta a oscuras. El amanecer llega con una brisa suave a través de las ventanas. El cielo claro invita a vivir, mientras los amantes se regocijan creyendo su amor infinito. [...]

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Verano
La temperatura abrasa los cuerpos recién entrada la mañana. Un haz de luz reverbera sobre las sábanas relucientes. El mero contacto del agua con la piel se convierte en placer exacerbado por las caricias de unas manos que la recorren con ansiedad. Las primeras sombras del atardecer prometen convertirse en un refugio para el calor sofocante. Los amantes jadean y se sofocan, olvidándose de la brisa quemante que se cuela por las puertas. [...]

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Otoño
Tibios colores pintan el alba. Un soplo de viento frío da la bienvenida a las lluvias: la piel se cubre. Los amantes caminan en silencio dejando el rastro de sus pasos sobre las hojas secas. Por la noche apenas se miran: uno se distrae con la imagen de los árboles que se refleja en las ventanas; el otro ha cerrado los ojos. [...]

zarabanda

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Invierno
Las lluvias cesan pero las ventanas permanecen cerradas. El frío ha entrado en la cama. Uno de los amantes desliza su brazo por debajo de las cobijas buscando asir al otro. Sólo se ha quedado el aire.

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sublimación

Alexis Rendón

He de confesar aquí y ahora mi delirio, o corro el peligro de volverme loco. ayer te alucine al intentar dormir tu recuerdo, anteayer te soñé al conocerte y hoy te deslizas en el pasadizo de mi eterno espíritu mezclando tu dulce esencia evaporando las explosiones en la tierra... Entre luces te vi.... Ayer, cuando te alucinaba, supe que una constelación entera, se había posado al costado de mi cosmos siniestro, lado fausto. Anteayer que te soñaba vi tus tristezas, la guerra de un país lejano descansaba sobre tus parpados semejantes a la cortina que extienden las constelaciones, coloridas, Dime cómo es que alguien ha sido capaz de hacerte soñar con los parpados enfebrecidos? Hoy vienes del pasado anunciando tragedia, pero ¿Qué a caso no es cierto que la comedia es comadrona de la tragedia? Lo vi, me procede un desierto que se refleja en tus besos, labios comiendo muerte... He de renunciar a la vida y cuando lo hago, un desierto de colores aparece a tu alrededor, nadie más a la vista, ausencia de figuras mundanas. Renuncio también a mis anhelos mortales Renuncio a las mañanas sin ti y a los viajes por todo el mundo. Renuncio a la montaña, la selva, el océano pero no a tu seno, a tu culo y a la sombra de tu alma. Algún sortilegio ha causado conmoción en mi razón, haciendo metáfora de tu dulce figura, es que no me interesa más la realidad si no es para morir lentamente en tu poesía .
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MOAI
Hilos de un tejido absurdo tan insípido y tan absurdo como aquel que hoy se posa ante mí -pelo graso, frente prominente y grasa, abdomen graso, mirada vacía e insípida. Voz que no es ni eco es, sólo sonidos vacíos e insípidos persistentes. A mi derecha en la búsqueda, a mi izquierda en el logro, delante por aquello de guiar y atrás para no descuidar la espalda. Un anhelo de un encuentro TODO menos graso absurdo vacío o insípido como los hilos de pensamiento que tejo en el vacío de la noche en el eco de tu recámara vacía. Un mensaje que quizá sea absurdo e insípido pero vacío no; lleva con él un lamento de alba de agosto un ruego, una súplica quizá un reclamo que no escucharás o quizá sí...

Begoña Maafs Noriega

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-Y a pesar de la resistencia: fluiste fluí fluimos subestimando los meses del año que asomaban los años del siglo que faltan o las vidas que ni sobran ni faltan¿Sobra o falta vida? ... o ambas. Faltar, no de falta si no de espera espero que sí. Y espero que esperes ... y espero. Espero a que pase la tormenta terrible, como un vacío que no es insípido; sabe a hiel, a ratos a café a tabaco, mucho a cacao, otro poco a que no estás y a que tanto medio falso no es garantía. Absurdo. Mejor astral, a tu recámara amarilla o un clavado a la bomba azul que llevas en tu pecho. Bomba de sangre a tu carne y también un juego contra el tiempo. Y yo. Solo. Espero. Sola.

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pieza suelta

Andrea Mejía Rojas

Estoy buscando las raciones de arena que me lleven, que me alcancen a ese ser que se diluye frente al espejo; una sombra que entre gritos señala al cielo, ahuyentando el viento y se deja llevar. Estoy perdiendo la razón, las razones y el espacio para dibujar emociones, podría llenarte de responsabilidad, pero no eres responsable de este sueño, mal sueño en el que apareces sin querer. Estoy descubriendo la pieza que me falta y me faltas y me faltan, solo habría querido una cómplice y me encontré con un montón de reclamos. Estoy buscando ese sueño sagrado, si con él viene la muerte, aprenderé a luchar contra mis pendejadas si con él viene la reconciliación, aprenderé a hacerlo. Estoy buscando en un rompecabezas una luna que llene de sonrisas las noches, mis noches, en las que te busco, en las que me busco, las que he perdido en el tiempo este tiempo que pasa y pesa.

[...]

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Estoy buscando me encantaría que fuese por buscar y solo por ello, un espacio para que desde lo profundo de mi garganta hueca y roja, se treparan las palabras que me comí para no aullar. Voy a dejar de buscar, de buscarte, de buscarlas de estar con esta sin razón que me obliga a sentir el filo de los pliegues.

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“Yo quisiera saber, continuaba diciendo en voz muy baja, voz de misterio, si hay alguien capaz de explicarme por qué se experimenta aquí, en este sitio, esta nostalgia, nostalgia que he sentido todos los días de mi vida y que se insinúa en el pecho de todos los moradores de la isla. Yo quisiera saber si alguno ha comprendido que esta languidez proviene, simplemente, de que la isla entera es una mariposa que suspira por sus alas...” Selma Lagerlof

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palabra andante

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