MARTES 29 DE ENERO DEL 2013POR: FERNANDO VIVAS PERIODISTA

La antipolítica y el Apra
Circulan decenas de explicaciones sobre por qué el Apra se ha zambullido en el oleaje revocador, sobre por qué está participando tanto en el fondo de inversión de Marco Tulio que ya le quitó a este la vocería. La teoría que más me convence es la del encono histórico. El aprismo y la izquierda que encarna Susana Villarán llevan algunas generaciones disputando el mismo espacio vital en el movimiento popular y estudiantil. El odio entre vecinos discrepantes puede ser más visceral que entre opuestos ideológicos. Si no, miren con qué facilidad se ha suscrito el “Compromiso por Lima” planteado por el PPC a Villarán (ojo: el primer punto enarbolado por el conservador presidente del PPC, Raúl Castro, habla de “familia y los valores”, lo que implica que Villarán abandonará su agenda liberal feminista y pro derechos sexuales). Volvamos a la bomba del encono aprista. Necesitaba detonantes, si no el partido del pueblo no se lanzaba a la riesgosa aventura de montarse sobre la antipolítica popular. ¿Por qué ese término? Porque en la masiva onda revocadora (60% según GFK) no manda un plan político del tipo “yo no voté por X y ahora la saco para que entre mi candidato Y”, o del tipo “X no va a cumplir mi agenda ABC y por eso la boto”. Aunque algo de esto pueda haber, lo que está mandando en la emoción revocadora es una repulsa genérica a la política como manifestación de una costosa y farragosa formalidad que podría alterar la armonía informal de la urbe. El sentimiento antipolítico no va a perderse la dorada oportunidad de hacer de la democracia un carnaval, de subvertir el orden dentro de la norma de tal manera que „votar‟ resulte sinónimo de „botar‟. Susana, yo te voto y te boto. El derecho a tacha convertido en cruel juego de verano a costa de la autoridad. En Año Nuevo tuvimos un anticipo: el muñeco de la alcaldesa fue uno de los más vendidos. Esto no es aprismo, ni castañedismo, ni siquiera antiizquierdismo; es antipolítica pura y dura y ni el Apra ni nadie sabe a ciencia cierta adónde nos conducirá. He oído a más de un dirigente aprista decir que quieren “sintonizar” con un sentimiento masivo. O sea, ni liderar ni dar alternativa a la ciudadanía revocadora, simplemente “sintonizar” con ella. Ah, la política dejándose llevar por la antipolítica, que es algo así como que Alan se ponga a ladrar con el perro del hortelano y a gruñir a la autoridad elegida. Y el móvil de la peligrosa aventura es lo mal que les cae la izquierda. Hago una pregunta abierta a apristas que respeto como Mauricio Mulder y Javier Velásquez Quesquén: ¿tienen algún plan para traducir la antipolítica en política? Por supuesto, Villarán pudo evitar que el Apra se metiera en el lío y que aumentara el porcentaje revocador. Pero el encono es mutuo e, incluso, ha sido rociado con el combustible racial y clasista, como lo delata Mulder constantemente: la izquierda caviar desprecia, segmenta y separa, dice él, y cita como ejemplo la metida de pata de Claudia Dammert. Y no le falta razón. En esa diatriba contra los “horrorosos nuevos ricos”, la vocera inconsciente parecía estar incluyendo a los voceros del Sí. No la derecha sino la izquierda “choleando” al Apra, mire usted qué complejo es el Perú. En bien de la salud emocional de los limeños, el No tiene que contrarrestar esta campaña de victimización racial y clasista del Sí con una contundente afirmación de vocación igualitaria. Si no, es darle la razón a la sinrazón antipolítica.

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