HUELLAS

Antonio Martínez i Ferrer

1

Mi ritrovai per una selva oscura.

Si no fueras eterna preguntaría por tus labios preclaros y tu cadera luminosa tan semejante a las mareas embriagadas de octubre. Mujer de amor, corola de flor nueva, hazme lugar en ti que voy marchito. José Viñals

2

Rasco en los días de andar contigo y mi voz descubre, para ti, el estremecimiento de los largos encuentros. El autor

3

Decía Oliverio Girondo: "Un libro -y sobre todo un libro de poemas- debe justificarse por sí mismo, sin prólogos que lo defiendan o expliquen". Tal vez por eso no me siento cómodo cuando debo prologar una obra. La poesía es algo que trasciende al propio autor y que no puede explicarse, pues cada lector establecerá a partir de ella, en relación a sus propias vivencias existenciales, un abanico de nuevos ecos que caminan en todas las direcciones, multiplicando el sentido inicial que el poeta quiso darle a sus palabras cuando escribió el libro. El poeta establece un diálogo con lo inmediato para caminar después por un espacio intermedio entre el cielo y la tierra, la realidad y el deseo, mientras siente el vapuleo al que lo somete la intemperie del destino. Asciende en el globo aerostático del verso y va soltando lastre hasta volverse etéreo, transparente, hasta convertir la realidad en una sorprendente novedad tejida con los hilos del espíritu. La poesía es resistencia y también un triunfo ante la sumisión. Cualquier texto poético que pretenda gozar

4

de calidad debe resultar crítico, subversivo, creativo, debe proceder de una honda y doliente sensibilidad que humaniza tanto al autor como al lector, debe ser un canto o un llanto a la libertad. Todo texto poético que se precie de tal implica una batalla, el éxtasis de un compromiso, una entrega, un experimento de descubrimiento. Y la poesía de Antonio Martínez I Ferrer asume todos esos retos y constituye, además, un canto de liberación, porque él entiende la poética de esa forma, como una manera de gritar el dolor propio y el ajeno. Hacer participes a los demás le ayuda soportar las horas de agonía que supone abrir los ojos y mirar, mirar más allá de lo convencional, situarse más allá de la sangre de la estatua. Antonio, al escribir, rompe los barrotes que intentan mantenerlo encarcelado o enterrarlo en la fosa común del olvido, pues sabe que sólo eso puede conmutar la condena a la prisión de silencio que le fue impuesta por este mundo cada vez más desbordado de víctimas, de injusticia, de insolidaridad. Sabe, porque lo ha hecho, que es preciso haber vivido una temporada en el infierno y ubicarse ante la misma conciencia de la nada, para trascenderse a uno mismo y viajar libre en las alas de la palabra. Así le pide al lector

5

"No detengas la mirada. / Escribe lentamente en las lágrimas", pero le advierte "Cuidado con el torrente". Sus poemas guardan cierto sabor a Haiku porque es consciente de que la poesía es decir mucho con muy pocas palabras. Son un viaje al núcleo, a la molécula del lenguaje. Es un ángel desterrado que reinventa el nombre de las cosas y recupera la memoria de la existencia o, como señaló Antonio Orihuela en el libro que le prologó: "Los versos del poeta no apagarán las llamas, pero seguirán cavando un hondo pozo fresco en mitad del desierto de la memoria". Decía Wittgensten: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" y Antonio no quiere verse atrapado en esas fronteras por lo que obliga a las palabras a que estallen y cobren nuevos significados, consciente de una realidad en la que sólo vivimos para la muerte, en medio de la crueldad. "El ser sólo se salva en el lenguaje de la poesía", que decía Heidegger, él lo lleva a extremos insospechados, al sugerirnos lo que muchas otras personas no pueden o no se atreven a expresar. Es la luz verde de un semáforo que nos proyecta hacia la vida a través del recuerdo, de las huellas que ha dejado en su memoria la experiencia vital, despertando al lector del sopor que le impide

6

soñar, razonar, intuir. Su poética es una brisa fresca, un todo en el que interrelacionan significados sensoriales, afectivos, éticos y sociales, y que nos enfrenta a nosotros mismos y nos obliga a asumirnos. "¡Qué se atrevan a vivir la poesía!", dijo Bretón. Y Antonio lo hace, es algo que se revela en la sinceridad ardiente con la que intenta desvelar el enigma de la existencia humana y con la que manifiesta las percepciones y vivencias de su mundo interior y exterior. Y aunque lo haga desde la soledad como cuando escribe "Te comunico que estoy muriendo solo", en este libro nos muestra las huellas del amor que todavía late en su corazón, como si fueran pinceladas escritas con sus pasos en la arena de una playa. "En la estructura del nido / nace un romance / con voz de alameda / sembrada de fantasías. / Tú. Fernando Luis Pérez Poza Diciembre 2011.Pontevedra

7

Cosas

8

No detengas la mirada. Escribe lentamente en las lágrimas. Cuidado con el torrente.

9

En la mañana el fuego. No entres por la ventana, está puesta, la cornisa del deseo.

10

¿Arrancando el blanco a la luna llena? Qué atrevidas las manos de tu sueño.

11

En el rincón, leo silencios. Vestido de huidas grito por la senda de escarcha negra.

12

Sin olor en el refugio del olvido: destierro.

13

En las raíces de tu imagen, escribo para poder respirar. La pena es que nunca supe leer en tu mirada.

14

¿Cómo recogerán mis manos la cosecha? Te comunico que estoy muriendo solo.

15

En el temblor. Tu palabra, escribe en rojo despedidas en la almohada. ¿Me has mirado?

16

Las aguas recortan la ciudadela de tu patio. Te descubriré en las transparencias.

17

Trazos

18

Orilla de los universos. Tu azul enseñorea la intención del beso, nacido tras la mirada larga.

19

En la estructura del nido nace un romance con voz de alameda sembrada de fantasías. Tú.

20

Árbol de los abrazos dulces. Baile de luciérnagas en el viento de tus palabras. Acento, rubores, escondidos en el oasis de la miel que fecunda tus labios.

21

Locura de trasparencias vítreas. Cristales enloquecidos en el misterio de tu penumbra. Estallido derramando brillos de navaja en túneles incrustados por la media luz de tu alcoba.

22

Iris del bosque coralino. Golpe de mar cercano donde ahogar la espera. Ansias, que cabalgan en olas amigas. Resplandores, que bailan entre riscos de locura.

23

Amazona de las venganzas dulces. Tormenta despiadada grito y ausencias. Soledad.

24

En tus poemas de furia escarbas en la estancia de mis deseos con uñas de felino oscuro. En la confusión muerdes la atmósfera de mis pasos y a dentelladas rodeas mi pulso. Malherido me abandonas en el hueco del sufrimiento. Mírame.

25

Manantial de voces de hielo, frescura de horas jóvenes esparcidas en el remanso de las cien orillas. Piel de manos abiertas donde me recojo en los otoños del deseo. Tímida mariposa que vigila el sueño con alas de silencio.

26

Fiesta de las delicias. De olor a romero, los círculos de tu cintura. ¿Que pensará el viento cuando sonríes?

27

Soga danzarina para los encuentros, musgo para el camino en los viajes hacia la piel. Cruce de los verdes nocturnos. Te espero.

28

Duende de las soledades, en tus distancias, el manifiesto de las llegadas se viste con harapos de viento De olor, son los caminos.

29

Espacio y encuentro, noche de mañanas ausentes con aliento de eternidad. Esperaré.

30

Cuando distraigas la mirada, en esa ausencia, nazco enclaustrado en tus axilas; Atado a los vapores, donde el pájaro describe los encuentros dejaré pintada mi presencia y tú beberás su rastro coloreado sin conocerme.

31

Pasión con voz de roble viejo. ¿Crees que me he ido?, por que el verso edificó un muro; ¿no adivinas el artificio? Mi huella se ha pegado a tu quejido nocturno.

32

Noria planetaria sin frenos. Era de los temblores. La rabia bostezaba, calor en los tiempos del grito. No importa, detrás de la puerta he dejado un paso que me sobra. Entraré Por la rendija fresca. Sin que me veas.

33

Tiempo de cornisas celestes. Ingrávidos los azulejos de tu iris. ¿En dónde el brillo? ¿Cúando la cosecha?

34

En los equinoccios de sabores inconclusos, los veranos de tu aliento recitan solemnes las humedades. De tu verbo, la fragua y el hielo.

35

Alba de los olores de fuego. Tempestad de sabores entre paisajes de oscuridad salina. Turbadora estancia.

36

La luciérnaga de los besos tristes, reposa. Despacio, despacio desata la tristeza. Mis dedos, sí mis dedos están en tu deseo.

37

Encuadres

38

Sobre tus rodillas siento el pálpito de los muslos recitando amaneceres. La mirada extraviada en lejanías no recuerda la voz de los preámbulos o las ausencias. Cualquier aviso, se agarraba a todos los sabores del humedal.

39

Los silencios perdían sus restos de voz en el rumor del encuentro, deshojando las ramas del tono la música de mis dedos llenaron el fuelle bailarín de tu piel

40

El estallido, que no sabía acomodarse, estaba solo en la espera del grito. La sombra de las pisadas tenía que salir del murmullo. No sentí la llamada ni supe si estaba en el sueño, me cegaban las vidrieras de tu mirada.

41

Torpe soy yendo y viniendo por el rocío de tu aliento, aquel sueño de manos extraviadas, aquellas fuentes de almíbar con sabor desconocido. Tenía que penetrar en el recinto de las extrañas historias, emociones escritas con viento en las letras.

42

Ya puedo darte un poco de mi mirada vieja, sentarte en mi sueño de aceras y reírnos con acentos de ayer. Te pasearé por las raíces, aquellas que escaparon enamoradas de la oscuridad, y para el almuerzo un sabor de amarguras, que se han tornado dulces por añejas. Pero mejor te propongo mezclar los dedos y sorber con ahínco todas los deseos en un solo encuentro.

43

¿Me llamas?

44

Huellas de estambres, coitos níveos, escondidos acantilados, encuentros. ¿llamas? estoy pasa, destilo los vientos espera, he de airear la senda.

45

Ven con el vuelo del gorrión enjaulado en tu garganta. Estoy, no pases de largo. En la claridad te espero.

46

I Pasa, ahoga el deseo con la huella de los dedos imposibles, no pienses. ¿Me escondo? Pasa, mujer, pasa. II Todos los fragmentos te esperarán, pasa mujer pasa. He ido a componer la cama. No busques en la mirada música, es el primer deseo que canta.

47

Desnúdate por dentro en la lejanía cercana de tus deseos. Desnúdate, no temas, he de ahogarme en las aguas oceánicas de tus sabores.

48

Déjame bucear entre las esporas de tu saliva. No estés en el juego de las ausencias. Yo estoy en tu costado de nieve arrancando los brotes del día.

49

I Pasa mujer pasa a la selva de los destellos verdes. Estoy en todas las esperas de mañana, en todas las paradas de tu viaje eterno en las de hoy, las que pasaron, las olvidadas. II Pasa mujer Pasa. En razón, despierto sin horizontes en la piel, con la saliva de tormentas navegando entre tus dedos.

50

Distancias-encuentros.

51

La palabra se ha convertido en ventana, la ventana en queja. Por los adoquines, unas rodillas de hilo entonan miradas de espaldas y regresan por el bosque de las dunas negras al vientre de los olores.

52

Palabra grito espera encuentro camino voz llamada manos caderas olor tientos uñas juego temblor ausencia llegada.

53

Mañana te has ido. Ayer perdí tus recuerdos. Hoy desayuno tus miradas de fuego.

54

El patio no está solo. De rodillas la inquietud murmura en los desagües. Tienes en la mano el códice del grito, tu palabra araña.

55

Las esquinas de cántaros ardientes afirman el punto y seguido en las tormentas del grito. La herida recita soledad.

56

Entretenido el silencio se enrolla en los pilares de tu mirada. Paseando, la ausencia se eriza en mi piel y quema.

57

Escasa es la tarde; el aliento de mi llegada quiere flotar en tus hombros. Espérame, solo no existo.

58

Cruza tu presencia la huella, el tiesto azul crece en soledad. Mi voz tiembla en la búsqueda de los círculos de piel húmeda. Guarda un instante, los pasos de la furia y mírame.

59

Cómo acompañar la lluvia si se entretiene el sueño en las laderas de la rabia. Cierra el grito, ten a mano el rocío del beso. Estoy en la esquina de los encuentros. Te espero.

60

Los capiteles del trueno han callado en el abrazo. En el patio un solo estremecimiento.

61

Reencuentros

62

Has bajado desde la herida, entre el dolor y tu me desangro.

Tendré que envolver tu aliento. Los incierto momentos regresan desde la alcoba del abandono.

Miramé.

63

Me quedé a un paso de tu mirada, después la huella del pie marcó la noche aullando.

Yo aligeré el paso sobre la niebla de la distancia silenciosa no pude recorrer la voz, el espacio se había ausentado.

Soledades.

64

Tú palabra desnuda entró en la soledad del sueño, En la mañana, el aliento escapa húmedo.

Desde las fantasías escritas en la noche, miraba las transparencias del verso. De tus dedos, un lazo de agua resbaló tímido.

Torrentes.

65

Como un torrente caigo desde tu frente a las axilas del fuego. Me conocerás por los temblores.

No percibí el espacio entre el beso y el suicidio. Siento el vacío de los olores, escondido en las arrugas.

Regreso.

66

Desde tu cuerpo regresa un sorbo, estremecido, de tu presencia. Un paseo, transparente, con mi locura de orillas invisibles hacia el encuentro.

Ya ves, siento el fuego recorrer la estancia que la noche ha levantado entre tu y mis manos.

Remolinos.

67

Deshojando remolinos. -Luna llena de hilo arriba, abajo-. Ingrávida la mano pasea en la nieve madura buscando el estremecimiento.

¿Entiendes por qué de escarcha dulce presume el beso?, Se hace intemporal la mirada resbalando entre las mágicas vibraciones de tu piel.

Destellos.

68

Todas las esquinas de tu mirada se disimulan entre destellos con voz de pájaro. Déjame recorrer tus rutas saladas con los temblores de un niño enamorado.

Desde que presentí tu presencia recito ríos de sujetar mañanas. De sus meandros gastados te guardare la intención del sueño.

Espacios, espacio.

69

tu mirada revolotea racimos de luz jugando al escondite con mis sentimientos alas de purpurina varadas en el arrecife de mi hoguera espacios del beso la lagrima pasea -conocida del sueñoen recitales de océano

70

71

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful