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CONOCIMIENTO DE SÍ Y LIBERTAD

Fecha Jueves, 18 octubre a las 23:36:37


Tema Opinión

Opinión

Michael A. Galascio Sánchez (*)

• El rasgo que identifica la libertad es la ausencia de necesidad interior en cuya


virtud es posible la elección, aunque esa opción no pueda traducirse en la realidad
elegida, o no se convierta por determinación del mismo sujeto que goza de libertad

A Sócrates le preguntaron por qué Alcibíades, que viajaba mucho, era


hombre tan poco feliz. Sócrates respondió: “Porque adondequiera que
vaya, lleva consigo a él mismo”. Por eso, justamente, todos tenemos
que soportar en el mundo mucho más de nosotros mismos que de
cualquier otra persona. De ahí, la importancia del lema “conocerse a sí
mismo”. [1]

En tiempos inmemoriales un filósofo griego, Tales, dijo: “para el hombre, lo más difícil
que hay en el mundo es conocerse a sí mismo”. Posteriormente, esta misma frase fue
acortada: “Conócete a ti mismo”. Y así estaba escrita, con letras de oro, en el templo de
Delfos [2]. Después de algún tiempo, se forjó una leyenda y se atribuyó esta inscripción
a Apolo, suponiéndose que él, la habría traído a este mundo. Más tarde, Cicerón aseguró
era tan profunda que por necesidad tenía que venir del Cielo; tan profunda, que no podía
haber sido concebida por un simple mortal. Para los griegos, pues, el carácter depende
del conocimiento de sí mismo. [3] Me comentaba un amigo profesor de historia, que las
palabras en el templo, también significaban, que si no te conocías a ti mismo, quizás no
deberías entrar a conocer otras cosas. Esto me hace reflexionar, que si había que
conocerse a sí mismo, tal vez, nadie debió haber entrado al templo, ya que ésta es una
de las grandes incógnitas del ser humano.

En nuestros tiempos, existe la presunción de que la Psicología, en general, ha realizado


grandes y asombrosos descubrimientos, poniendo al descubierto las profundidades del
alma. Sin embargo, no existe todavía una definición universalmente aceptada sobre la
personalidad, ni siquiera del Ser. Por lo tanto, me cuestiono si, ¿puede existir libertad
sin conocerse a sí mismo?

La libertad como condición existencial del hombre realizador de valores es un vocablo


peligroso. Es tan sugerente, rico y moldeable a los acontecimientos de cualquier época,
que ha sido musa de poetas, utilizado como grito en política y en la guerra, tentación
racional en la teología y motivo de la divagación en el campo de la especulación de
todas las grandes disciplinas. Sin embargo, la palabra “libertad”, posee una riqueza de
significados cuya agrupación llenaría voluminosos e interminables tratados que
seríamos incapaces de leer y mucho menos comprender.

Cualquier persona, con un razonable sentido común podría pensar que todo aquello que
se puede materialmente hacer, goza de libertad. Además, no es difícil comprender que la
libertad propiamente existe donde no hay coerción o necesidad interior. Esa libertad es
un impulso de la voluntad. Me refiero a la libertad que compete al hombre en cuanto
hombre. El hombre disfruta de libertad si no se siente forzado intrínsecamente a querer
lo que quiere. La libertad es la que le autoriza a poder decir en toda la plenitud de la
voz: “elijo”.

Suele describirse la libertad caracterizándola por la ausencia de determinación. No


obstante, la determinación no extingue la libertad, ni la indeterminación la sostiene. El
rasgo que identifica la libertad es la ausencia de necesidad interior en cuya virtud es
posible la elección, aunque esa opción no pueda traducirse en la realidad elegida, o no
se convierta por determinación del mismo sujeto que goza de libertad.

Pretender que la libertad esclarezca su sentido sin observar en el espíritu del mismo
hombre, es una empresa estéril. La gnosis, es la causa de la libertad, aunque no es el
razonamiento sino la voluntad donde la libertad tiene su asiento y su raíz. No es que la
voluntad posea entre sus propiedades “la libertad”; sino que la voluntad, por ser
voluntad del hombre en el hombre, descubre al hombre espiritual como ser libre. En este
sentido, el hombre es libre en el grado en que obra como hombre, como persona. Su
naturaleza es sobrepasar la misma transformando el anteproyecto “naturaleza” en
autoproyecto “libertad” por medio de su acción específicamente humana y, por lo tanto,
inteligente, cargada de razonamiento.

Por ello, el hombre se hace, se reedifica, determinándose libremente hacia el bien, por el
que se siente espontáneamente atraído. La libertad firma la espontaneidad y la confirma
con la libertad misma, en cuanto que la inteligencia del hombre eleva todos los actos del
hombre al dotarles de significación humana. [4] El hombre es, ¿por qué no?, su libertad.
Sin libertad el hombre no es hombre. Sin embargo, la libertad también puede ser
además de embriagadora, y según el significado que se le asigne terriblemente costosa y
arriesgada.

[1] Sheen, F.J.: (1963) La Vida Merece vivirse (Cuarta Serie) Capítulo primero. Páginas
9-10.

[2] Delphi. (n.d.). Britannica Concise Encyclopedia. Retrieved October 16, 2007, from
Answers.com Web site: http://www.answers.com/topic/delphi. Lugar del antiguo
templo y oráculo de Apolo en Grecia. Se consideraba el centro del mundo en la Antigua
religión griega. De acuerdo a la leyenda, El oráculo originalmente estaba consagrado a
la Diosa de la Tierra, Gea y Apolo lo adquirió matando a su hijo, la serpiente pitón.

[3] Sheen, F.J.: (1963) La Vida Merece vivirse (Cuarta Serie) Capítulo primero. Páginas
10-11.

[4] Legaz, después de aducir un texto de Conde, de evidente inspiración zubiriana,


escribe: «Por eso la libertad, que vive en un mundo de valores trascendentes, crea ella
valores y es un ser axiológico.» (Legaz: La obligatoriedad jurídica, en «Anuario de
Filosofía del Derecho», I, 1953, página 12.)

(*) Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Psicología de la Salud y Clínica