SANTA MISA ESTACIONAL PARA LA INSTITUCIÓN DE NUEVOS LECTORES Presidida por su Excia. Rvdma. Mons. D.

Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo, Primado de España

EN EL DOMINGO LAETARE

La curación del ciego (1567), Dresde.

PARROQUIA DE SANTO TOMÉ
Domingo IV de Cuaresma

Toledo, 3 de abril de 2011

IV DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A

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SANTA MISA ESTACIONAL
PARA LA INSTITUCIÓN DE NUEVOS LECTORES

Los textos del presente misal han sido tomados de los siguientes libros litúrgicos oficiales:

Misal Romano Leccionario I (ciclo A) Ritual para Instituir Lectores y Acólitos Celebraciones de la Visita Pastoral, de la Misa estacional y de la entrada del nuevo párroco Graduale Romanum Cancionero Litúrgico Nacional

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CICLO A

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EL MINISTERIO DEL LECTORADO La Iglesia instituyó ya en tiempos antiquísimos algunos ministerios para dar debidamente a Dios el culto sagrado y para el servicio del Pueblo de Dios, según sus necesidades; con ellos se encomendaba a los fieles, para que las ejercieran, funciones litúrgico-religiosas y de caridad, en conformidad con las diversas circunstancias. Estos ministerios se conferían muchas veces con un rito especial mediante el cual el fiel, una vez obtenida la bendición de Dios, quedaba constituido dentro de una clase o grado para desempeñar una determinada función eclesiástica. Ya San Justino en el año 150 de la era cristiana, da testimonio de la institución oficial del ministerio de lector, que era “instituido cuando el obispo le entrega el libro” según nos dice la Traditio apostólica de San Hipólito.
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Las Constituciones apostólicas escritas en torno al año 380 nos transmiten una hermosa oración para instituir lectores: “Dios eterno, Tú, que en la antigüedad instruiste a Esdras, para que leyera tus preceptos a tu pueblo, instruye ahora, te lo suplicamos, a este siervo tuyo y concédele que cumpla de manera irreprochable el oficio que se le ha confiado. Por Cristo, a ti la gloria y la veneración, en el Espíritu Santo, por los siglos. Amén”. El Lector queda instituido para la función, que le es propia, de leer la palabra de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas; faltando el salmista, recitará el Salmo interleccional; proclamará las intenciones de la Oración Universal de los fieles, cuando no haya a disposición diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel; instruirá a los fieles para recibir dignamente los Sacramentos. También podrá, cuando sea necesario, encargarse de la preparación de otros fieles a quienes se encomiende temporalmente la lectura de la Sagrada Escritura en los actos litúrgicos. Para realizar mejor y más perfectamente estas funciones, medite con asiduidad la Sagrada Escritura. El Lector, consciente de la responsabilidad adquirida, procure con todo empeño y ponga los medios aptos para conseguir cada día más plenamente el suave y vivo amor, así como el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más perfecto discípulo del Señor.

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LA MISA ESTACIONAL Estación viene del latín “stare, statio”, estar de pie, detenerse. En los primeros siglos del cristianismo se llamaba así a la reunión de la comunidad los días de ayuno y oración: miércoles y viernes. Pero sobre todo se aplicó a las convocatorias comunitarias de Roma que, presididas por el Papa, se tenían en determinadas iglesias durante el tiempo de Cuaresma. Luego vino a aplicarse a toda reunión comunitaria presidida por el Obispo como la manifestación principal de la Iglesia local cuando, como gran sacerdote de su grey, celebra la Eucaristía rodeado de su presbiterio y ministros, con plena y activa participación de todo el pueblo santo de Dios. Esta misa estacional manifiesta la unidad de la Iglesia local y la diversidad de ministros en relación con el Obispo y la Sagrada Eucaristía. A esta Misa debe ser convocado el mayor número posible de fieles, los presbíteros han de concelebrar con el Obispo, y los diáconos, acólitos, lectores tienen que desempeñar su ministerio.
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RITOS INICIALES
Revestidos los ministros con los ornamentos sagrados y cuando todo esté dispuesto para comenzar la Santa Misa, los ministros saldrán en procesión hasta el altar al mismo tiempo que se interpreta el canto de entrada. Al llegar el Altar, el obispo lo venera y lo inciensa. El orden de la procesión será: turiferario, crucífero, los siete ceroferarios, otros acólitos, lectorandos, diácono, concelebrantes, obispo, maestro de ceremonias y ministros del báculo y la mitra.
CANTO DE ENTRADA

Cf. Is 66, 10-11

1. Læatare, Ierusalem, et conventum 1. Festejad a Jerusalén, gozad con facite, omnes qui diligitis eam. ella todos los que la amáis. 2. Gaudete cum laetitia, qui in 2. Alegraos de su alegría, los que por tristitia fuistis. ella llevasteis luto 3. Ut exsultetis, et satiemini ab 3. Mamaréis a sus pechos y os uberibus consolationis vestrae. saciaréis de sus consuelos
Terminados la incensación del altar, el obispo comienza diciendo:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:

Amén.
SALUDO

El obispo, extendiendo las manos, saluda al pueblo:

La paz esté con vosotros.
El pueblo responde:

Y con tu espíritu.
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ACTO PENITENCIAL

El obispo invita a los fieles al arrepentimiento con estas palabras:

Hermanos:

Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Tras una breve pausa en silencio, hacen todos la confesión de sus pecados:

Yo confieso ante Dios todopoderoso, y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles y a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
El Obispo concluye con estas palabras:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:

Amén.
El Cantor: Kyrie, eléison. El Cantor: Christe, eléison. El Cantor: Kyrie eléison. Todos: Todos: Todos:

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ORACIÓN COLECTA

Acabado el canto de las invocaciones, el obispo con las manos juntas dice:

Oremos.
Y todos oran en silencio durante unos momentos. Después el obispo, con las manos extendidas, dice:

Señor, que reconcilias contigo a los hombres
por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. R/. Amén.

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LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

David es ungido rey sobre Israel

Lectura del primer libro de Samuel

16, 1 b. 6- 7. 10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «¡Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey». Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido». Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón». Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel, y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor. » Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos. » Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas». Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue». Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste». Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante. Palabra de Dios. alabamos, R/. Te alabamos, Señor.
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SALMO RESPONSORIAL

Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

El Señor es mi pastor, nada me falta. en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R. Me guía por sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan . R. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa. R. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor, por años sin término. R.
SEGUNDA LECTURA

Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

5, 8-14

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien
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denunciadlas. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz». Palabra de Dios. R/. Te alabamos, Señor.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

Yo soy la luz del mundo -dice el SeñorEl que me sigue tiene la luz de la vida.
Mientras se canta el versículo del Evangelio, los acólitos se acercan al obispo para que ponga el incienso. Después el diácono, inclinado ante el obispo, pide la bendición, diciendo en voz baja.

Padre, dame tu bendición.
El obispo en voz baja dice:

El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
El diácono responde:

Amén
Después el diácono va al ambón acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios. Ya en el ambón dice:

El Señor esté con vosotros.
El pueblo responde:

Y con tu espíritu.
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EVANGELIO

Fue, se lavó y volvió con vista

Lectura del santo evangelio de según san Juan 9,1.6-9.13-17.34-38
El pueblo responde:

Gloria a ti, Señor.
El diácono inciensa el libro y proclama el Evangelio.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: - «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: - «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo». Otros decían: - «No es él, pero se le parece». Él respondía: - «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: - «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: - «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: - «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

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- «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: - «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: - «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: - «¿ Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: - «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Él dijo: - «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Palabra del Señor. R/. Gloria y honor a ti, Señor Jesús.
Después el diácono lleva el libro al obispo, y éste lo besa, diciendo en secreto:

Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
A continuación se hace la presentación de los candidatos al ministerio de lector.

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INSTITUCIÓN DE LOS NUEVOS LECTORES
Leído el Evangelio, el Obispo se sienta en la sede y se pone la mitra. El párroco llama a los candidatos diciendo:

Acérquense los que van a ser instituidos en el ministerio
de lectores. Hermano Carlos María de San José R/. Presente. Hermano José Manuel María del Costado de Cristo R/. Presente.
Y haciendo una reverencia al Obispo, se sientan para la homilía.
HOMILÍA

El obispo exhorta a los fieles sobre la liturgia de este día. Terminada la homilía, todos se levantan. El Obispo, sin mitra, invita a los fieles a que oren, diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre que bendiga a
estos siervos suyos, destinados al oficio de lectores, para que cumpliendo fielmente el ministerio que se les confía, proclamen a Jesucristo ante los hombres y den gloria al Padre que está en el cielo.
Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el obispo prosigue:

¡Oh Dios, fuente de toda luz y origen de toda bondad!, que nos enviaste a tu Hijo único, Palabra de vida, para que revelara a los hombres el misterio escondido de tu amor; bendice a estos hermanos nuestros,
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elegidos para el ministerio de lectores; concédeles que, al meditar asiduamente tu palabra, se sientan penetrados y transformados por ella y sepan anunciarla, con toda fidelidad, a sus hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén.
Cada uno de los candidatos se acerca al Obispo que le entrega el libro de la Sagrada Escritura, diciendo:

Recibe el libro de la Sagrada Escritura
y transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea cada día más viva y eficaz en el corazón de los hombres. Lector: Amén.
Terminado el rito, la misa continúa con la recitación del Credo.

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PROFESIÓN DE FE

Puestos en pie, el Obispo invita al pueblo a confesar la fe.

Profesemos con los labios
la fe que llevamos en el corazón

Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan:

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

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ORACIÓN UNIVERSAL

El obispo invita a la oración diciendo:

Hermanos:

Dirijamos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que se quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Las preces son leídas por el diácono.

1. Por la Santa Iglesia de Dios, para que se digne custodiarla y defenderla, roguemos al Señor. R/. Te rogamos, óyenos. 2. Por los pueblos de toda la tierra, para vivan en concordia y paz verdadera, roguemos al Señor. R/. Te rogamos, óyenos. 3. Por los que viven angustiados por distintas necesidades, para que encuentren ayuda en Dios, roguemos al Señor. R/. Te rogamos, óyenos. 4. Por nosotros mismos para que el Señor nos acepte como ofrenda agradable, roguemos al Señor. R/. Te rogamos, óyenos.
El obispo concluye diciendo:

Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones
de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. R/. Amén.

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LITURGIA EUCARÍSTICA
Acabada la Liturgia de la palabra, los ministros colocan en el altar el corporal, el purificador, el cáliz y el misal; mientras tanto el coro interpretara el canto.

CANTO DEL OFERTORIO

O Iesu Christe
JACHET VAN BERCHEM (A.1580)

O Jesu Christe, miserere mei Quum dolore langueo. Quum dolore langueo. Domine, Domine, Domine, tu es spes mea. Clamavi, clamavi ad te: miserere mei, miserere mei.

Oh Jesucristo, ten piedad de mí; Aun cuando desfallezco de dolor, Aun cuando desfallezco de dolor. Señor, Señor, Señor, Tú eres mi esperanza. Clamé, clamé a ti. Te piedad, ten piedad de mi.

Al la señal del ceremoniero, el obispo se acerca al altar, toma la patena con el pan y, manteniéndola un poco elevada sobre el altar, dice en secreto:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Después deja la patena con el pan sobre el corporal. El diácono echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:

El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.
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Después el obispo toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en secreto:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo el hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja el cáliz sobre el corporal. A continuación, el obispo, inclinado, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Luego inciensa las ofrendas y el altar. A continuación el diácono acompañado de un ministro inciensa al obispo, a los sacerdotes concelebrantes y al pueblo. Mientras tanto, el obispo, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.
Después, de pie en el centro del altar y de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice una de las siguientes fórmulas:

Orad, hermanos,
para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:

El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
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ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Y a continuación recita la oración:

ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa de este domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes a celebrar estos santos misterios con fe verdadera y a saber ofrecértelos por la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén.

Al

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PREFACIO

El obispo comienza la plegaria eucarística con el prefacio –canto de acción de gracias- al que invita al pueblo a unirse diciendo:

El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Que se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino en las tinieblas, al esplendor de la fe, y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos. Por eso, Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra, te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:

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SANCTUS Coro

Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli et terra gloria tua.
Todos

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Coro

Benedictus qui venit in nómine, in nomine Domini.
Todos

Bendito el que viene en nombre, en nombre del Señor.

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PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El obispo con las manos extendidas dice:
Celebrante

Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso;
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas dice:

Concele brantes

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

de manera que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos

que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Porque él mismo,
la noche en que iba a ser entregado
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan, dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
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CICLO A

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión. Después prosigue

Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue

Tomó el cáliz, y, dando gracias te bendijo y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión. Luego dice:
Celebrante

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Después el obispo y los concelebrantes con las manos extendidas, dicen:
Concele brantes

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Concele brante primero

Que él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, (san N.: Santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

Concele brante segundo

Te pedimos, Padre,
que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.
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Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.

Por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, elevándolos, dice:
Concele brantes

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:

Amén.

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RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que el obispo ha dejado el cáliz y la patena, dice:

Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El obispo, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor
y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración aclamando:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
El obispo, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
'La paz os dejo, mi paz os doy',
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CICLO A

no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:

Amén.
El obispo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:

Y con tu espíritu.
Luego, si se estima oportuno, el diácono añade:

Daos fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz. El obispo deja caer en el cáliz una parte del pan consagrado, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

AGNUS DEI Juan José Montero Coro

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Agnus Dei qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem..

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz

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El obispo reza en secreto la oración para la comunión:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permita que me separe de ti.
O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
El obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo eleva y lo muestra al pueblo, diciendo:

Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El obispo dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el cáliz y dice en secreto:

La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
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Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo. A continuación comulgan los concelebrantes. El obispo se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, que sostiene un poco elevado, diciendo a cada uno de ellos:

El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde: Amén. Y comulga. Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en su lugar. Cuando el obispo comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión. ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cf. Jn 9, 11

El Señor me untó los ojos, fui, me lavé y empecé a ver y a creer en Dios

1.Dominus illuminatio mea et salus 1.El Señor es mi luz y mi salvación, *¿a mea:* quem timebo? Dominus protector quién temeré? El Señor es la defensa de vitæ meæ:* a quo trepidabo? mi vida,* ¿quién me hará temblar? 2. Unam petii a Domino, hanc requiram, + 2. Una cosa pido al Señor, eso buscaré:+ ut inhabitem in domo Domini* omnibus habitar en la casa del Señor*por los días diebus vitæ meæ. Ut videam voluptatem de mi vida. Gozar de la dulzura del Domini,* et visitem templum ejus. Señor,* contemplando su templo. 3.Exaudi, Domine, vocem meam, qua 3.Escúchame, Señor, que te llamo; * ten clamavi ad te;* miserere mei, et exaudi piedad respóndeme. Oigo en mi corazón: me.Tibi dixit cor meum: Exquisivit te «Buscad mi rostro». *Tu rostro buscaré, 36 facies mea;* faciem tuam, Domine, Señor, no me escondas tu rostro. requiram.

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2. No quiero contentos, mi Jesús 3. Ven Dueño querido, Rey de mis ausente, que todo es tormento a quien amores, que ya han florecido del esto siente. Sólo me sustente tu amor huerto las flores. Ya de mil colores y deseo. Véante mis ojos, muérame yo guirnaldas han hecho. Véante mis luego. ojos, muérame yo luego.

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IV DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A

Acabada la comunión, el diácono purifica la patena sobre el cáliz y también el mismo cáliz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Terminada la purificación de los vasos sagrados y tras unos momentos de silencio, el obispo desde la sede dice:

Oremos.
Y todos oran en silencio durante unos momentos. Después el obispo, con las manos extendidas, dice:

Señor Dios, luz que alumbras a todo hombre
que viene a este mundo, ilumina nuestro espíritu con la claridad de tu gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.
El pueblo responde:

Amén.

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SANTA MISA ESTACIONAL PARA LA INSTITUCIÓN DE NUEVOS LECTORES

RITO DE CONCLUSIÓN
Después el obispo, con las manos extendidas, dice:

El Señor esté con vosotros.
El pueblo responde:

Y con tu espíritu.
El diácono se dirige al pueblo diciendo:

Inclinaos para recibir la bendición:
Y todos se inclinan.

V/. Bendito sea el nombre del Señor. R/. Ahora y por todos los siglos V/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor. R/. Que hizo el cielo y la tierra.
El obispo bendice al pueblo, diciendo:

V/. La bendición de Dios todopoderoso, Pa dre, Hi jo, y Espíritu descienda sobre vosotros. R/. Amén.
Luego el diácono despide al pueblo cantado:

Santo

Podéis ir en paz.
El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.
Hechas las debidas reverencias, los ministros si dirigen en procesión al altar de la Santísima Virgen donde los nuevos lectores consagran su ministerio con el canto de la Salve.

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IV DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A

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SALVE REGINA
Llegados al altar de la Virgen, el obispo inciensa la imagen.

Si se considera oportuno, el diácono canta:

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
El pueblo responde:

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo
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IV DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A

Y el obispo con las manos juntas canta una de las siguientes oraciones: I

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:

Amén.
II

Oh Dios, cuyo Hijo al expirar en la cruz quiso que su madre, la Virgen María, fuese en adelante nuestra Madre, concédenos a quienes recurrimos a su protección ser confortados por la invocación de su santo nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:

Amén.
III

Perdona, Señor, los pecados de tus hijos y, ya que nuestras obras no pueden complacerte, concédenos la salvación por medio de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:

Amén.
IV

Dios de misericordia, fortalece nuestra débil condición y, al recordar a la Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, vernos libres de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:

Amén.
Terminada la oración o el canto –si aquella se omite- los ministros continúan en procesión hacia la sacristía.

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Hermanos de la Fraternidad
Cristo Sacerdote
A s o c i a c i ó n P

de y Santa María Reina
ú43b l i c a C l e r i c a l

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