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Derecho de autor

El derecho de autor (del francés droit d'auteur) es un conjunto de normas y principios que
regulan los derechos morales y patrimoniales que la ley concede a los autores (los derechos
de autor), por el solo hecho de la creación de una obra literaria, artística o científica, tanto
publicada o que todavía no se haya publicado.

En el Derecho anglosajón se utiliza la noción de copyright (traducido literalmente como


derecho de copia) que, por lo general, comprende la parte patrimonial de los derechos de
autor (derechos patrimoniales).

Una obra pasa al dominio público cuando los derechos patrimoniales han expirado. Esto
sucede habitualmente trascurrido un plazo desde la muerte del autor (post mortem
auctoris). Por ejemplo, en el derecho europeo, 70 años desde la muerte del autor. Dicha
obra entonces puede ser utilizada en forma libre, respetando los derechos morales.

El derecho de autor y copyright constituyen dos concepciones sobre la propiedad literaria


y artística. El primero proviene de la familia del Derecho continental, particularmente del
Derecho francés, mientras que el segundo proviene del Derecho anglosajón (o common
law).

El derecho de autor se basa en la idea de un derecho personal del autor, fundado en una
forma de identidad entre el autor y su creación. El derecho moral está constituido como
emanación de la persona del autor: reconoce que la obra es expresión de la persona del
autor y así se le protege. La protección del copyright se limita estrictamente a la obra, sin
considerar atributos morales del autor en relación con su obra, excepto la paternidad; no lo
considera como un autor propiamente tal, pero tiene derechos que determinan las
modalidades de utilización de una obra

Derechos de autor

Los escritos, las obras musicales, los diseños artísticos y otras obras de expresión artística
originales están protegidos bajo la ley federal de derechos de autor, la cual le otorga al autor
derechos exclusivos para utilizar las obras.

Aunque los derechos de un autor son automáticos cuando se crea una obra, suele ser una buena
idea incluir un aviso de derechos de autor porque le informa al público y a la competencia que la
obra está protegida.

Para incluir un aviso de derechos de autor, utilice la frase “derechos de autor” o el símbolo “©” e
indique el año de la primera publicación y el nombre del propietario de los derechos de autor.
Los derechos de autor se pueden registrar por medio de la Oficina del Derecho de Autor de la
Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Antes de iniciar un proceso de demanda por
violación de los derechos de autor ante un tribunal, los propietarios de obras estadounidenses
tienen que haber registrado los derechos de autor. Los derechos de autor siguen vigentes
durante setenta años después de la muerte del autor.

El área de más controversia hoy día en lo que se refiere a la ley de derechos de autor tiene que
ver con el material de la Internet. Al igual que con todo tipo de material, es importante obtener
permiso para utilizar fotografías, gráficas, canciones y artículos recientes que se hayan publicado
en páginas Web.

La DMCA (siglas de Digital Millennium Copyright Act – Ley Derechos de Autor del Milenio Digital)
está diseñada para proteger los derechos de autor sobre piezas musicales, software, artículos
periodísticos e historias que se encuentren en la Internet.

El presente documento es elaborado tomando en cuenta la importancia que tiene


el proteger los desarrollos tecnológicos e invenciones que surjan del Instituto de
Investigaciones Eléctricas (IIE), incluyendo software y obras autorales tales como
reportes, manuales, etc.

La misión del IIE es promover y apoyar la innovación tecnológica. También se


busca que los proyectos logren soluciones novedosas, mas allá del estado del arte
o de la técnica. Lo anterior implica la conveniencia del IIE de apropiarse
legalmente de los resultados, por medio de patentes, secretos industriales,
derechos de autor, etc., ya que si no lo hace, el patrimonio inmaterial del IIE que
representa esta tecnología novedosa podría caer involuntariamente al dominio
público o a terceros.

Este procedimiento tiene como objetivo que el personal del IIE conozca los
trámites a seguir para solicitar un registro de derechos de autor ante el Registro
Federal de Derechos de Autor (RFDA), la protección de los derechos del IIE, y el
reconocimiento para el Autor (es).

Conviene aclarar que el registro de derechos de autor es público y que sus efectos
son simplemente declarativos ya que el derecho de propiedad o exclusividad nace
con la obra misma, independientemente si esta registrada o no (art. 8 de la Ley
Federal de Derechos de Autor, LFDA). No obstante, para iniciar cualquier acción
civil o penal contra la copia sin autorización, es necesario contar con el registro.

La divulgación de una obra autoral, no afecta que siga considerándose original


aún sin registro.

Una obra Autoral para que sea registrable debe ser:

Original (art. 9 LFDA), lo que significa: Que la obra (Programa) haya sido
independientemente m.originada por el Autor, que no haya sido copiada, que no
sea igual o semejante en grado de m.confusión a otra obra autoral que ya sea del
conocimiento público. No necesita ser única, m.puede ser parecida a otra, siempre
que se haya originado independientemente y

Que este fija en un medio tangible (art. 7 LFDA), escrita en papel, disco, cinta,
película, etc. y que m.pueda ser recuperable.

Los Derechos de Autor dan facultades de exclusividad a los Autores en aspectos


tales como: publicación, reproducción, edición, ejecución, representación,
exhibición, adaptación, uso y explotación comercial, así mismo, oponerse a toda
deformación, mutilación o modificación de la obra y el derecho de que citen su
obra textualmente (art. 2, 3, 4, y 5 LFDA), también les otorga el reconocimiento a
su calidad de autores. Estos derechos son perpetuos, inalineables,
imprescriptibles e irrenunciables.

Los Derechos de Autor no protegen (art. 18 LFDA): La idea Per se, solo su
expresión; el aprovechamiento industrial de las ideas contenidas en las obras; la
publicación de obras de arte o de arquitectura que sean visibles desde lugares
públicos; la traducción o reproducción de breves fragmentos de obras científicas,
literarias, artísticas, con fines didácticos o científicos siempre que se indique su
fuente y sean textuales; la copia que sea para uso exclusivo de quien la haga; la
copia que para su uso exclusivo como archivo o respaldo realice quien adquiera la
reproducción autorizada de un programa de cómputo.

Las ramas de Registro de Derechos de Autor son (art. 7 LFDA): Literarias,


científicas, técnicas, jurídicas, pedagógicas y didácticas; musicales, con letra o sin
ella; danza, coreografía y pantomímica; pictóricas, de dibujo, grabado o litografía,
escultóricas y de carácter plástico; arquitectura; de fotografía, cinematografía,
audiovisuales, de radio y televisión; de programas de computación; todas las que
por analogía queden comprendidas en estos tipos genéricos.

El Registro de Software: Comprende el programa con todos sus efectos


periféricos, tales como: los programas ejecutables, fuente, objeto; el diagrama; el
programa en sus diversos lenguajes; el chip y/o la tarjeta (cuando sea aplicable);
el manual de instrucciones; el formato de "pantallas"; los dibujos del programa; el
sonido o música del programa; la letra de la trama o canciones; las
representaciones en pantalla.

La solicitud debe indicar el nombre y domicilio del autor (es) y del solicitante, la
nacionalidad de este último, la rama de la obra y demás datos que provengan de
la Ley y su reglamento.

DESCRIPCION DEL PROCEDIMIENTO PARA SOLICITAR Y OBTENER EL


REGISTRO DE DERECHOS DE AUTOR DE UN SOFTWARE, REPORTE,
MANUAL U OBRA AUTORAL SIMILAR
El procedimiento inicia cuando el investigador, con la asesoría del Área de
Propiedad Intelectual m.(API) de Transferencia de Tecnología (TT) reúne la
siguiente información:

Para el caso de un sistema (varios programas):

1. Original y dos copias firmadas de las 10 primeras y 10 últimas hojas del listado
del sistema.

2. Original y dos copias de la síntesis que explica las funciones que lleva a cabo el
sistema.

3. Original y copia del listado ascendente de los programas.

4. Duplicado del sistema completo grabado en diskette (o en cualquier otro tipo de


soporte) con programa fuente u objeto del sistema. (dos ejemplares).

5. Manifestación expresa de cada uno de los investigadores de que participaron en


el desarrollo del m.sistema como colaboradores remunerados recibiendo del IIE un
determinado salario mensual. De m.acuerdo con la Ley Federal de Derechos de
Autor, el titular es el IIE (art. 59).

6. Hoja del Registro Público del Derecho de Autor Formas DGDA-1 y DGDA-5 con
los datos m.correspondientes. En el anexo II se incluyen las formas e instructivo
para llenarse.

En el caso de cualquier otra obra autoral (reporte, manual, etc.) en lugar de los
números 1 al 4, dos ejemplares por obra.

El investigador entregar la información anterior al API de TT.

El API revisará la documentación, tomará nota y se procederá a su presentación


en el Registro m.Público del Derecho de Autor. El pago de los Mderechos se
cargan al proyecto m.correspondiente (actualmente son $131 pesos por programa,
este costo es vigente hasta el 30 m.de junio, de.acuerdo a la LFDA).

El API enviará una copia de la constancia de solicitud de registro (fecha y


número de folio) al m.gerente involucrado.

El API continuará el trámite hasta el otorgamiento del registro y entregará una


copia del mismo al m.gerente correspondiente.

La información respecto al estado del trámite que guarda el registro desde su


solicitud hasta su m.otorgamiento y durante su vigencia, estará disponible en la
base de datos del Sistema de m.Consulta de la Propiedad Intelectual" (SICOPI)
administrada por el API y disponible en la red.
Fin del procedimiento.

MARCO JURÍDICO

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

Ley Federal de Derechos de Autor

Reglamento de la Ley Federal de Derechos de Autor

LEY FEDERAL DE DERECHOS DE AUTOR

Art. 1.

La presente ley, reglamentaria del artículo 28 constitucional, tiene por objeto la


salvaguarda y promoción del acervo cultural de la Nación; protección de los
derechos de los autores, de los artistas intérpretes o ejecutantes, así como de los
editores, de los productores y de los organismos de radiodifusión, en relación con
sus obras literarias o artísticas en todas sus manifestaciones, sus interpretaciones
o ejecuciones, sus ediciones, sus fonogramas o videogramas, sus emisiones, así
como de los otros derechos de propiedad intelectual.

Art. 2.

Las disposiciones de esta ley son de orden público, de interés social y de


observancia general en todo el territorio nacional. Su aplicación administrativa
corresponde al Ejecutivo Federal por conducto del Instituto Nacional del Derecho
de Autor y, en los casos previstos por esta ley, del Instituto Mexicano de la
Propiedad Industrial.

Para los efectos de esta ley se entenderá por Instituto, al Instituto Nacional del
Derecho de Autor.

Art. 3.

Las obras protegidas por esta ley son aquellas de creación original susceptibles de
ser dibulgadas o reproducidas en cualquier forma o medio.

Art. 4.
Las obras objeto de protección pueden ser:

A. Según su autor:

I. Conocido: Contiene la mención del nombre, signo o firma con que se identifica el
autor;

II. Anónimas: Sin mención del nombre, signo o firma que identifica al autor, bien
por voluntad del mismo, bien por no ser posible tal identificación, y III.
Seudónimas: Las divulgadas con un nombre, signo o firma que no revele la
identidad del autor.

B. Según su comunicación:

I. Divulgadas: Las que han sido hechas del conocimiento público por primera vez
en cualquier forma eo medio, bien en su totalidad, bien en parte, bien en lo
esencial de su contenido o, incluso, mediante euna descripción de la misma;

II. Inéditas: Las no divulgadas, y

III. Publicadas:

Las que han sido editadas, cualquiera que sea el modo de reproducción de los
m.ejemplares, siempre que la cantidad de éstos, puestos a disposición del público,
m.satisfaga razonablemente las necesidades de su explotación, estimadas de
acuerdo con m.la naturaleza de la obra.

Las que han sido puestas a disposición del público mediante su almacenamiento
por m.medios electrónicos que permitan al público obtener ejemplares tangibles de
la misma, m.cualquiera que sea la índole de estos ejemplares.

C. Según su origen:

I. Primigenias: Las que han sido creadas de origen sin estar basadas en otra
preexistente, o que estando basadas en otra, sus características permitan afirmar
su originalidad, y ;

II. Derivadas: Aquellas que resulten de la adaptación, traducción u otra


transformación de una obra primigenia;

D. Según los creadores que intervienen:

I. mIndividuales: Las que han sido creadas por una sola persona;

II. ..De colaboración: Las que han sido creadas por varios autores, y
III. Colectivas: Las creadas por la iniciativa de una persona física o moral que las
publica y divulga bajo su dirección y su nombre y en las cuales la contribución
personal de los diversos autores que han participado en su elaboración se funde
en el conjunto con vistas al cual ha sido concebida, sin que sea posible atribuir a
cada uno de ellos un derecho distinto e indiviso sobre el conjunto realizado.

Art. 5.

La protección que otorga esta ley se concede a las obras desde el momento en
que hayan sido fijadas en un soporte material, independientemente del mérito,
destino o modo de expresión.
El reconocimiento de los derechos de autor y de los derechos conexos no requiere
registro ni documento de ninguna especie ni quedará subordinado al cumplimiento
de formalidad alguna.

Art. 6.

Fijación es la incorporación de letras, números, signos, sonidos, imágenes y


demás elementos en que se haya expresado la obra, o de las representaciones
digitales de aquellos, que en cualquier forma o soporte material, incluyendo los
electrónicos, permita su percepción, reproducción u otra forma de comunicación.

Art. 7.

Los extranjeros autores o titulares de derechos y sus causahabientes gozarán de


los mismos derechos que los nacionales, en los términos de la presente ley y de
los tratados internacionales en materia de derechos de autor y derechos conexos
suscritos y aprobados por México.

Art. 8.

Los artistas intérpretes o ejecutantes, los editores, los productores de fonogramas


o videogramas y los organismos de radiodifusión que hayan realizado fuera del
territorio nacional, respectivamente, la primera fijación de sus interpretaciones o
ejecuciones, sus ediciones, la primera fijación de los sonidos de estas ejecuciones
o de las imágenes de sus videogramas o la comunicación de sus emisiones,
gozarán de la protección que otorgan la presente ley y los tratados internacionales
en materia de derechos de autor y derechos conexos suscritos y aprobados por
México.

Art. 9.

Todos los plazos establecidos para determinar la protección que otorga la presente
ley se computarán a partir del 1o. de enero del año siguiente al respectivo en que
se hubiera realizado el hecho utilizado para iniciar el cómputo, salvo que este
propio ordenamiento establezca una disposición en contrario.
Art. 10.

En lo no previsto en la presente ley, se aplicará la legislación mercantil, el Código


Civil para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República en
Materia Federal y la Ley Federal del Procedimiento Administrativo.

TITULO II
Del Derecho de Autor

Capítulo I

Reglas Generales

Art. 11.

El derecho de autor es el reconocimiento que hace el Estado en favor de todo


creador de obras literarias y artísticas previstas en el artículo 13 de esta Ley en
virtud de lo cual otorga su protección para que el autor goce prerrogativas y
privilegios exclusivos de carácter personal y patrimonial. Los primeros integran el
llamado derecho moral y los segundos, el patrimonial.

Art. 12.

Autor es la persona física que ha creado una obra literaria y artística.

Art. 13.

Clasificación de las obras:

Los derechos de autor a que se refiere esta Ley se reconocen respecto de las
obras de las siguientes ramas:

I. Literarias.

II. Musical con o sin letra.

III. Dramática.

IV. Danza.

V. Pictórica o de dibujo.

VI. Escultórica y de carácter plástico.

VII. Caricatura e historieta.


VIII. Arquitectónica.

IX. Cinematográfica y demás obras audiovisuales.

X. Programas de radio y televisión.

XI. Programas de computo.

XII. Fotográfica.

XIII. Obras de arte aplicado que incluyen el diseño gráfico o textil.

XIV. De compilación, integrada por las colecciones de obras, tales como las
enciclopedias, las antropologías, y de obras u otros elementos como las bases de
datos, siempre que dichas colecciones, por su selección o la disposición de su
contenido o materias, constituyan una creación intelectual.Las demás obras que
por analogía puedan considerarse obras literarias o artísticas se incluirán en la
rama que les sea más afín a su naturaleza.

Art. 14.

No son objeto de la protección como Derecho de Autor a que se refiere esta Ley:

I. ....Las ideas en sí mismas, las fórmulas, soluciones, conceptos, métodos,


sistemas, principios, descubrimientos, procesos e innovaciones de cualquier tipo;

II. .mEl aprovechamiento industrial o comercial de las ideas contenidas en las


obras;

III. mLos esquemas, planes o reglas para realizar actos mentales, juegos o
negocios;

IV. .Las letras, los dígitos o los colores aislados, a menos que su estilización sea
tal que las conviertan en dibujos originales;

V. mLos nombres y títulos o frases aislados;

VI. .Los simples formatos o formularios en blanco para ser llenados con cualquier
tipo de .información, así como sus instructivos;

VII. Las reproducciones o limitaciones, sin autorización, de escudos, banderas o


emblemas de cualquier país, estado, municipio o división política equivalente, ni
las denominaciones, siglas,.símbolos o emblemas de organizaciones
internacionales gubernamentales, no gubernamentales, o de cualquier otra
organización reconocida oficialmente, así como la designación verbal de los
mismos;

VIII. Los textos legislativos, reglamentarios, administrativos o judiciales, así como


sus traducciones oficiales. En caso de ser publicados, deberán apegarse al texto
oficial y no conferirán derecho exclusivo de edición; Sin embargo, serán objeto de
protección las concordancias, interpretaciones, estudios comparativos,
anotaciones, comentarios y demás trabajos similares que entrañen, por parte de
su autor, la creación de una obra original;

IX. mEl contenido informativo de las noticias, pero sí su forma de expresión, y;

X. La información de uso común tal como los refranes, dichos, leyendas, hechos,
calendarios y las escalas métricas.

Art. 15.

Las obras literarias y artísticas publicadas en periódicos o revistas o transmitidas


por radio, televisión u otros medios de difusión no pierden por ese hecho la
protección legal.

Art. 16.

La obra podrá hacerse del conocimiento público mediante los actos que se
describen a..continuación:

I. Divulgación: El acto de hacer accesible una obra literaria y artística por cualquier
medio al público, por primera vez, con lo cual deja de ser inédita;

II. Publicación: La reproducción de la obra en forma tangible y su puesta a


disposición del público mediante ejemplares, o su almacenamiento permanente o
provisionales por medios electrónicos, que permitan al público leerla o conocerla
visual, táctil o auditivamente;

III. Comunicación pública: actos mediante el cual la obra se pone al alcance


general, por medio o procedimiento que la difunda y que no consista en la
distribución de ejemplares;

IV. Ejecución o representación pública: Presentación de una obra, por cualquier


medio, a oyentes o espectadores sin restringirla a un grupo privado o círculo
familiar. No se considera pública la ejecución o representación que se hace de la
obra dentro del círculo de una escuela o una institución de asistencia pública o
privada, siempre y cuando no se realice con fines de lucro;

V. Distribución al público: Puesta a disposición del público del original o copia de la


obra mediante venta, arrendamiento y, en general, cualquier otra forma, y
VI. Reproducción: La realización de uno o varios ejemplares de una obra, de un
fonograma o de un videograma, en cualquier forma tangible, incluyendo cualquier
almacenamiento permanente o temporal por medios electrónicos, aunque se trate
de la realización bidimencional de una obra tridimensional o viceversa.

Art. 17.

Las obras protegidas por esta ley que se publiquen, deberán ostentar la expresión
"Derechos Reservados", o su abreviatura "D.R", seguida del símbolo C, el nombre
completo y dirección del titular del derecho de autor y el año de la primera
publicación. Estas menciones deberán aparecer en sitio visibles. La omisión de
estos requisitos no implica la pérdida de los derechos de autor, pero sujeta al
licenciatario o editor responsable a las sanciones establecidas en la Ley.

Capítulo II

De los Derechos Morales

Art. 18.

El autor es el único primigenio y perpetuo titular de los derechos morales sobre las
obras de su creación.

Art. 19.

El derecho moral se considera unido al autor y es inalienable, imprescriptible,


irrenunciable e inembargable.

Art. 20.

Corresponde el ejercicio del derecho moral, al propio creador de la obra y a sus


herederos. En ausencia de éstos, o bien en caso de obras del dominio público,
anónimas o de las protegidas por el título VII de la presente ley. el Estado los
ejercerá conforme al artículo siguiente, siempre y cuando se trate de obras de
interés para el patrimonio cultural nacional.

Art. 21.

Los titulares de los derechos morales podrán en todo tiempo:

I. mDeterminar si su obra a de ser divulgada y en qué forma, o la de mantenerla


inédita;
II. ..Exigir el reconocimiento de su calidad de autor respecto de la obra por él
creada y la de disponer m...que su divulgación se efectúe como obra anónima o
seudónima;

III.. Exigir respeto a la obra, oponiéndose a cualquier deformación, mutilación u


otra modificación de m..ella, así como a toda acción o atentado a la misma que
cause demérito de ella o perjuicio a la m..reputación de su autor;

IV. Modificar su obra;

V. Retirar su obra del comercio, y

VI. Oponerse a que se le atribuya al autor una obra que no es de su creación.


Cualquier persona a mmquien se pretenda atribuir una obra que no sea de su
creación podrá ejercer la facultad a que se mmrefiere esta fracción. Los herederos
sólo podrán ejercer las facultades establecidas en las mmfracciones I, II, III, y VI
del presente artículo y el Estado, en su caso, sólo podrá hacerlo, respecto mmde
las establecidas en las fracciones III y VI del presente artículo. De los Derechos
Patrimoniales.

Capítulo III

De los Derechos Patrimoniales

Art. 24.

En virtud del derecho patrimonial, corresponde al autor el derecho de explotar de


manera exclusiva sus obras, o de autorizar a otros su explotación, en cualquier
forma, dentro de los.límites establece la presente Ley y sin menoscabo de la
titularidad de los derechos morales a.que se refiere el artículo 21 de la misma.

Art. 25.

El titular del derecho patrimonial el autor, heredero o el adquirente por cualquier


título.

Art. 26.

El autor es el titular originario del derecho patrimonial y sus herederos o


causahabientes por cualquier título serán considerados titulares derivados.

Art. 27.

Los titulares de los derechos patrimoniales podrán autorizar o prohibir:


I. La reproducción, publicación, edición o fijación material de una obra en copias o
ejemplares, efectuada por cualquier medio ya sea impreso, fonográfico, gráfico,
plástico, audiovisual, electrónico u otro similar.

II. La comunicación pública de su obra a través de cualquiera de las siguientes


maneras:

La representación y ejecución pública en el caso de las obras literarias y


artísticas;
La exhibición pública por cualquier medio o procedimiento, en el caso de obras
m.literarias y artísticas, y;
El acceso público por medio de la telecomunicación;

III. La transmisión pública o radiodifusión de sus obras, en cualquier modalidad,


incluyendo la transmisión de las obras por:

Cable;
Fibra óptica;
Microondas;
Vía satélite;
Cualquier otro medio análogo.

IV. La distribución de la obra, incluyendo la venta u otras formas de transmisión de


la propiedad de los soportes materiales que la contengan, así como cualquier
forma de transmisión de uso o explotación. Cuando la distribución se lleva a cabo
mediante venta, este derecho de oposición se entenderá agotado efectuada la
primera venta, salvo en el caso expresamente contemplado en el artículo 104 de
esta Ley;

V. ...La importación al territorio nacional de copias de la obra hechas sin su


autorización;

VI. ..La divulgación de obras derivadas, en cualquiera de sus modalidades, tales


como la traducción, adaptación, paráfrasis, arreglos y transformaciones, y;

VII. Cualquier utilización pública de la obra salvo en los casos expresamente


establecidos en esta Ley.

Art. 28.

Las facultades a las que se refiere el artículo anterior, son independientes entre sí
y .cada una de las modalidades de explotación también lo son.

Art. 29.
Los derechos patrimoniales estarán vigentes durante:

I. La vida del autor y, a partir de su muerte, setenta y cinco años más Cuando la
obra le pertenezca a varios coautores los setenta años se contarán a partir de la
muerte del último, y;

II. Setenta y cinco años después de divulgadas;

Las obras póstumas, siempre y cuando la divulgación se realice dentro del


período de m.protección a que se refiere la fracción I, y ;

Las obras hechas al servicio oficial de la Federación, las entidades federativas o


los m.municipios.

Si el titular del derecho patrimonial distinto del autor muere sin herederos la
facultad de explotar o autorizar la explotación de la obra corresponderá al autor y,
a falta de éste, corresponderá al Estado por conducto del Instituto, quien respetará
los derechos adquiridos por terceros con anterioridad. Pasados los términos
previstos en las fracciones de este artículo, la obra pasará al dominio público.

TITULO III

De la Transmisión de los Derechos Patrimoniales

Capítulo I

Disposiciones Generales

Art. 30.

El titular de los derechos patrimoniales puede, libremente, conforme a lo


establecido por esta Ley, transferir sus derechos patrimoniales u otorgar licencias
de uso exclusivas o no exclusivas. Toda transmisión de derechos patrimoniales de
autor será onerosa y temporal. En ausencia de acuerdo sobre el monto de la
remuneración o del procedimiento para fijarla, así como sobre los términos para su
pago, la determinarán los tribunales competentes. Los actos, convenios y
contratos por los cuales se transmitan derechos patrimoniales y las.licencias de
uso deberán celebrarse, invariablemente, por escrito, de lo contrario serán
nulos.de pleno derecho.

Art.32.
Los actos, convenios y contratos por los cuales se transmitan derechos
patrimoniales deberán inscribirse en el Registro Público del Derecho de Autor para
que surtan efectos.contra terceros.

Art. 40.

Los titulares de los derechos patrimoniales de autor y de los derechos conexos


podrán exigir una remuneración compensatoria por la realización de cualquier
copia o reproducción hecha sin su autorización y sin estar amparada por alguna
de las limitaciones previstas en los.artículos 148 y 151 de la presente Ley.

Art. 52.

Son obligaciones del autor o del titular del Derecho Patrimonial:

I. Entregar al editor la obra en los términos y condiciones contenidos en el


contrato, y;

II. Responder ante el editor de la autoría y originalidd de la obra, así como el


ejercicio pacífico de los derechos que le hubiera transmitido.

Art. 59.

Son causas de rescisión, sin responsabiliad para el autor o el titular del derecho
patrimonial:

I. Que el editor no haya iniciado la divulgación de la obra dentro del término


señalado en el contrato;

II. Que el editor incumpla su obligación de difundir la obra en cualquier tiempo sin
causa justificada, y;

III. Que la obra materia del contrato no haya producido beneficios económicos a
las partes en el término de tres años, caso en el que tampoco habrá
responsabilidad para el editor.

Art. 83.

Salvo pacto en contrario, la persona física o moral que comisione la producción de


una obra o que la produzca con la colaboración remunerada de otras, gozará de la
titularidad de los derechos patrimoniales sobre la misma y le corresponderán las
facultades relativas a la divulgación, integridad de la obra y de colección sobre
este tipo de creaciones. La persona que participe en la realización de la obra, en
forma remunerada, tendrá el derecho a que se le mencione expresamente su
calidad de autor, artista, intérprete o ejecutante sobre la parte o partes en cuya
creación haya participado.
Art. 84.

Cuando se trate de una obra realizada como consecuencia de una relación laboral
establecida a través de un contrato individual de trabajo que conste por escrito, a
falta de pacto en contrario, se presumirá que los derechos patrimoniales se dividen
por partes iguales entre el empleador y el empleado. El empleador podrá divulgar
la obra sin autorización del empleado, pero no al contrario. A falta de contrato
individual de trabajo por escrito, los derechos patrimoniales corresponderán al
empleado. De los Programas de Computación y las Bases de Datos.

Capítulo IV

De los Programas de Computación y las Bases de Datos

Art. 101.

Se entiende por programa de computación la expresión original en cualquier


forma, lenguaje o código, de un conjunto de instrucciones que, con una secuencia,
estructura y organización determinada, tiene como propósito que una
computadora o dispositivo realice una tarea o función específica.

Art. 102.

Los programas de computación se protegen en los mismos términos que las obras
literarias. Dicha protección se extiende tanto a los programas operativos como a
los programas aplicativos, ya sea en forma de código objeto. Se exceptúan
aquellos programas de cómputo que tengan por objeto causar efectos nocivos a
otros programas o equipos.

Art. 103.

Salvo pacto en contrario, los derechos patrimoniales sobre un programa de


computación y su documentación, cuando hayan sido creados por uno o varios
empleados en el ejercicio de sus funciones o siguiendo las instrucciones del
empleador, corresponden a éste. Como excepción a lo previsto por el artículo 33
de la presente Ley, el plazo de la cesión de derechos en materia de programas de
computación no está sujeto a limitación alguna.

Art. 104.

Como excepción a lo previsto en el artículo 27 fracción IV, el titular de los derechos


de autor sobre un programa de computación o sobre una base de datos
conservará, aún después de la venta de ejemplares de los mismos, el derecho de
autorizar o prohibir el arrendamiento de dichos ejemplares. Este precepto no se
aplicará cuando el ejemplar del programa de computación no constituya en si
mismo un objeto esencial de la licencia de uso.

Art. 105.

El usuario legítimo de un programa de computación podrá realizar el número de


copias que le autorice la licencia concedida por el titular de los derechos de autor,
o una sola copia de dicho programas siempre y cuando:

I. .Sea indispensable para la utilización del programa, o;

II. Sea destinada exclusivamente como resguardo para sustituir la copia legítima
adquirida, cuando ésta no pueda utilizarse por daño o pérdida. La copia de
respaldo deberá ser destruida cuando cese el derecho del usuario para utilizar el
programa de computación.

Art. 106.

El derecho patrimonial sobre un programa de computación comprende la facultad


de autorizar o prohibir:

I. La reproducción permanente o provisional del programa en todo o en parte, por


cualquier medio y .forma;

II. La traducción, la adaptación, el arreglo o cualquier otra modificación de un


programa y la m.reproducción del programa resultante;

III. Cualquier forma de distribución del programa o de una copia del mismo,
incluido el alquiler, y IV.

La de compilación, los procesos para revertir la ingeniería de un programa de


computación y el desensamblaje.

Art. 107.

Las bases de datos o de otros materiales legibles por medio de máquinas o en


otra forma, que por razones de selección y disposición de su contenido
constituyan creaciones intelectuales, quedarán protegidas como compilaciones.
Dicha protección se extenderá a los datos y materiales en sí mismos.

Art. 108.

Las bases de datos que no sean originales quedan, sin embargo, protegidas en su
uso exclusivo por quien las haya elaborado, durante un lapso de 5 años.
Art. 110.

El titular del derecho patrimonial sobre una base de datos tendrá el derecho
exclusivo, respecto de la forma de expresión de la estructura de dicha base, de
autorizar o prohibir:

I. Su reproducción permanente o temporal, total o parcial, por cualquier medio y de


cualquier forma;

II. Su traducción, adaptación, reordenación y cualquier otra modificación;

III. La distribución del original o copias de la base de datos;

IV. La comunicación al público, y

V. La reproducción, distribución o comunicación pública de los resultados de las


operaciones mencionadas en la fracción II del presente artículo.

Art. 112.

Queda prohibida la importación, fabricación, distribución y utilización de aparatos o


la prestación de servicios destinados a eliminar la protección técnica de los
programas de cómputo, de las transmisiones a través del espectro
electromagnético y de redes de telecomunicaciones y de los programas de
elementos electrónicos señalados en el artículo anterior.

Art. 113.

Las obras e interpretaciones o ejecuciones transmitidas por medio electrónicos a


través del espectro electromagnético y de redes de telecomunicaciones y el
resultado que se obtenga de esta transmisión estarán protegidas por esta Ley.

Art. 114.

La transmisión de obras protegidas por esta ley mediante cable, ondas


radioeléctricas, satélite u otras similares, deberán adecuarse, en lo conducente, a
la legislación mexicana y respetar en todo caso y en todo tiempo las disposiciones
sobre la materia.

Capítulo II

De la Limitación a los Derechos Patrimoniales


Art. 148.

Las obras literarias y artísticas ya divulgadas, podrán utilizarse, siempre que no se


afecte la explotación normal de la obra, sin autorización del titular del derecho
patrimonial y sin remuneración, citando invariablemente la fuente y si alterar la
obra, sólo en los siguientes casos:

Siempre que la cantidad tomada no pueda considerarse como una reproducción


m.simulada y sustancial del contenido de la obra;

Reproducción de artículos, fotografías, ilustraciones y comentarios referentes a


m.acontecimientos de actualidad, publicados por la prensa o difundidos por la
radio o la m.televisión, o por cualquier otro medio de difusión si este no hubiere
sido expresamente m.prohibido por el titular del derecho.

Reproducción de partes de la obra, para la crítica e investigación científica,


literaria o m.artística.

Reproducción por una sola vez, y en una solo ejemplar, de una obra literaria o
artística, m.para uso personal y privado de quien la hace y sin fines de lucro. Las
personas Morales m.no podrán valerse de lo dispuesto en esta fracción salvo que
se trate de una institución m.educativa, de investigación, o que no esté dedicada a
actividades mercantiles.

Reproducción de una sola copia, por parte de una archivo o biblioteca, por
razones de m.seguridad y preservación, y que se encuentre agotada,
descatalogada y en peligro de m.desaparecer.

Reproducción para constancia en un procedimiento judicial o administrativo, y;

Reproducción, comunicación y distribución por medio de dibujos, pinturas,


fotografías m.y.procedimientos audiovisuales de las obras que sean visibles desde
lugares públicos.

Capítulo III

Del Dominio Público

Art. 152.

Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier
persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los
respectivos autores.
Art. 153.

Es libre el uso de la obra de un autor anónimo mientras el mismo no se dé a


conocer o no exista un titular de derechos patrimoniales identificado.

DE LAS INFRACCIONES EN MATERIA DE DERECHOS DE AUTOR

Art. 229.

Son infracciones en materia de derechos de autor:

I. Celebrar el editor, empresario, productor, empleador, organismo de radiodifusión


o licenciatario un contrato que tenga por objeto la transmisión de derechos de
autor en contravención a lo dispuesto por la presente Ley;

II. Infringir el licenciatario los términos de la licencia obligatoria que se hubiese


declarado conforme al art. 146 de la presente Ley;

III. Ostentarse como sociedad de gestión colectiva sin haber obtenido el registro
correspondiente ante el instituto;

IV. .No proporcionar, sin causa justificada, al instituto, siendo administrador de una
sociedad de gestión colectiva los informes y documentos a que se refieren los
artículos 204 fracción IV y 207 de la presente Ley;

V. No insertar en una obra publicada las menciones a que se refiere el artículo 17


de la presente Ley;

VI. Omitir o insertar con falsedad en una edición los datos a que se refiere el
artículo 53 de la presente Ley;

VII. Omitir o insertar con falsedad las mencionadas a que se refiere el artículo 54
de la presente Ley;

VIII. .No insertar en un fonograma las menciones a que se refiere el artículo 132
de la presente Ley;

IX. .Publicar una obra, estando autorizado para ello, sin mencionar en los
ejemplares de ella el nombre del autor, traductor, compilador, adaptador o
arreglista;

X. Publicar una obra, estando autorizado para ello, con menoscabo de la


reputación del autor como tal y, en su caso, del traductor, compilador, arreglista o
adaptador;
XI. Publicar antes que la federación, los Estados, Municipios y sin autorización las
obras hechas en el servicio oficial;

XII. Emplear dolosamente en una obra un título que induzca a confusión con otra
publicada con anterioridad;

XIII. Fijar, representar, publicar, efectuar alguna comunicación o utilizar en


cualquier forma una obra literaria y artística, protegida conforme al capítulo III, del
título VII, de la presente Ley, sin mencionar la comunidad o etnia, o en su caso la
región de la República Mexicana de la que es propia, y

XIV. Las demás que se deriven de la interpretación de la presente Ley y sus


reglamentos.

Art. 230

Las infracciones en materia de derechos de autor serán sancionadas por el


Instituto con arreglo a lo dispuesto por la Ley Federal de Procedimiento
Administrativo con multa:

I. De cinco mil hasta quince mil días de salario mínimo en los casos previstos en
las fracciones I, II, III, IV, XI, XII, XIII y XIV del artículo anterior, y

II. De mil hasta cinco mil días de salario mínimo por día, a quien persista en la
infracción

DE LAS INFRACCIONES EN MATERIA DE COMERCIO

Art. 231.

Constituyen infracciones en materia de comercio las siguientes conductas cuando


sean.realizadas con fines de lucro directo o indirecto:

I. Comunicar o utilizar públicamente una obra protegida por cualquier medio, y de


cualquier forma sin la autorización previa y expresa del autor, de sus legítimos
herederos o del titular del derecho patrimonial de autor;

II. Utilizar la imagen de una persona sin su autorización o la de sus


causahabientes;

III. Producir, fabricar, almacenar, distribuir, transportar o comercializar, copias


ilícitas de obras protegidas por esta Ley;
IV. Ofrecer en venta, almacenar, transportar o poner en circulación obras
protegidas por esta Ley que hayan sido deformadas, modificadas o mutiladas sin
autorización del titular del derecho de autor;

V. Imponer, vender, arrendar o realizar cualquier acto que permita tener un


dispositivo o sistema cuya finalidad sea desactivar los dispositivos electrónicos de
protección de un programa de computación;

VI. Retransmitir, fijar, reproducir y difundir al público emisiones de organismos de


radiodifusión y sin la autorización debida;

VII. Usar, reproducir o explotar una reserva de derechos protegida o un programa


de cómputo sin el consentimiento del titular;

VIII. Usar o explotar un nombre, título, denominación, características físicas o


psicológicas, o características de operación de tal forma que induzcan a error o
confusión con una reserva de derechos protegida;

IX. Utilizar las obras literarias y artísticas protegidas por el capítulo III, del Título VII
de la presente Ley;

X. Las demás infracciones a las disposiciones de la Ley que impliquen conducta a


escala comercial o industrial relacionada con obras protegidas por esta Ley.

Art. 232

Las infracciones en materia de comercio previstos en la presente Ley serán


sancionados por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial con multa:

I. .De cinco mil hasta diez mil días de salario mínimo en los casos previstos en las
fracciones I, III, IV, V, VII, VIII y IX del artículo anterior.

II. .De mil hasta cinco mil días de salario mínimo en los casos previstos en las
fracciones II y VI del artículo anterior, y ;

III. De quinientos hasta mil días de salario mínimo en los demás casos a que se
refiere la fracción X. Se aplicará multa de hasta quinientos días de salario mínimo
general vigente por día, a quien persista en la infracción.

____________________________________________°°°°°°°°____________________________
_

EJEMPLO DE DERECHO DE AUTOR/ SEGURIDAD-


SCRIPT PARA EVITAR COPIADO O FALSIFICACION DE WEB PAGE:

<script language="Javascript">

<!-- Begin

function disableselect(e){

return false

function reEnable(){

return true

document.onselectstart=new Function ("return false")

if (window.sidebar){

document.onmousedown=disableselect

document.onclick=reEnable

// End -->

</script>

____________________________________________°°°°°°°°____________________________
_

El acuerdo de los derechos de autor

El sistema de los derechos de autor funciona otorgando privilegios y, por lo tanto,


beneficios tanto a editores como a autores; aunque no lo hace para su beneficio. Más bien
lo hace para modificar su conducta: para ofrecer un incentivo para que los autores escriban
más y publiquen más. En consecuencia, el gobierno utiliza los derechos naturales
inherentes al público, en su nombre, como parte de un trato para suministrar más obras
publicadas. Los juristas denominan a esta práctica «acuerdo de los derechos de autor». Es
como si la Administración adquiriese una autopista o un avión gastando dinero de los
contribuyentes, con la diferencia que, lo que gasta es nuestra libertad en vez de nuestro
dinero.

¿Pero es este acuerdo tal y como está planteado, es un buen acuerdo para el público en
general? Muchos más acuerdos alternativos son posibles; ¿cuál es el mejor? Cualquier
parte de la normativa que regula los derechos de autor hace parte de esta cuestión. Si no
interpretamos correctamente la naturaleza de esta cuestión, tenderemos a decidir
losasuntos erróneamente.

La Constitución concede a los autores todo el poder de explotación sobre los derechos de
autor. En la práctica los autores suelen cederlos a los editores; son normalmente éstos, y
no los autores, quienes hacen uso de estos poderes y obtienen la mayoría de los beneficios,
aunque los autores pueden recibir una pequeña parte. De este modo, normalmente son los
editores quienes presionan para incrementar el poder de los derechos de autor. Para
reflejar más fielmente la realidad de los derechos de autor en comparación con su vertiente
de mito, este artículo se refiere a los editores en vez de los autores, como los verdaderos
titulares de los poderes de los derechos de autor. Además, se refiere a los usuarios de las
obras con derechos de autor como «los lectores», incluso cuando usarlos no significa
leerlos, ya que «los usuarios» este otro término es más lejano y abstracto.

El primer error: «ajustando un equilibrio»

El acuerdo de los derechos de autor sitúa al público en primer lugar: las ventajas para el los
lectores son un fin en sí mismo; las ventajas (si las hubiese) para los editores son
simplemente un mecanismo hacia este fin. Los intereses de los lectores y de los editores
son cualitativamente dispares en prioridad. El primer paso en la mala interpretación de la
naturaleza de los derechos de autor es la de equiparar y situar al mismo nivel la
importancia a los editores y a los lectores.

Aquellos que manifiestan esta interpretación la presentan como una reafirmación de su


significado original declarado en la Constitución; en otras palabras, se supone que es
equivalente a la acuerdo de los derechos de autor.
Pero estas dos interpretaciones están lejos de ser equivalentes; son conceptualmente
diferentes y también diferentes en sus implicaciones. Este concepto de equilibrio asume
que el interés de lectores y de editores se diferencia en su importancia solo
cuantitativamente, en cuanta «importancia»debemos atribuirles, y qué roles pueden
desempeñar. El término «interesado» se utiliza con frecuencia para circunscribir el asunto
en esta dirección; se asume que cualquier interés existente, en la administración de toma
de decisiones, es igual a cualquier otro. Este punto de vista rechaza la distinción cualitativa
entre intereses de los lectores y de los editores, los cuales se sitúan en el origen de la
participación del gobierno en el acuerdo de los derechos de autor.

Las consecuencias de esta modificación se encuentran muy extendidas, debido a que la


gran protección del público en el acuerdo de los derechos de autor (la idea de que los
privilegios de los derechos de autor se justifican únicamente en nombre de los lectores,
nunca en el de los editores) se abandona y se sustituye por el anteriormente citado
«equilibrar».Dado que el interés de los editores se considera como un fin en si mismo, éste
puede justificar el privilegio de los derechos de autor; en otras palabras, el concepto
«equilibrar» afirma que los privilegios se pueden justificar en nombre de alguien que no
sea el público.

Como algo practico, la consecuencia del concepto de «equilibrar» invierte el sentido de


quien carga con la responsabilidad de llevar a cabo cambios en la regulación de los
derechos de autor. El acuerdo en los derechos de autor sitúa en el lado de los editores la
tarea de convencer a los lectores para que cedan ciertas libertades. El concepto de
equilibrio, literalmente, invierte esta carga. Por lo tanto y a no ser que se demuestre el
daño que sufren los lectores, los editores se beneficiarán de un privilegio adicional, sin
ningún género de dudas. Si no se demuestra el hecho de que con ello se perjudica a los
lectores, como mínimo sobre valorando este privilegio, se llega a la conclusión de que los
editores pueden adjudicarse casi cualquier privilegio que soliciten.

Ya que la idea de «ajustar equivalencias» entre editores y lectores niega a estos el derecho
a reclamar lo que en justicia les pertenece, debemos rechazarla.

¿Equilibrando qué?

Cuando el gobierno adquiere bienes para el pueblo, el gobierno actúa en nombre del
pueblo; su responsabilidad es pues la de obtener el contrato mas beneficioso; entiéndase
para el pueblo, no para la otra parte en el acuerdo.
Por ejemplo, cuando firma los contratos con las empresas que construyen una autopista, el
gobierno intentará gastar la menor cantidad posible del dinero de los contribuyentes. Para
ajustar el coste, la administración utiliza el sistema de licitación pública de obras y
servicios.

Como es lógico, el coste no puede ser cero, ya que ningún constructor estaría dispuesto a
hacerlo sin cobrar. Aunque la Administración «per se» no disfruta de un trato diferente, si
dispone, al igual que los ciudadanos de una sociedad libre, del derecho a rechazar ofertas
poco o nada ventajosas; incluso el presupuesto mas pequeño, podría ser lo suficientemente
alto para que el constructor gane algo de dinero. Aquí se muestra, sin lugar a dudas, un
tipo de equilibrio o ajuste. Aún así, no es un equilibrio forzado entre las dos partes
intentando cada una de ellas hacer valer un trato preferencial para sí mismas. Se trata de
un ajuste entre un fin público y la ley de la oferta y la demanda. La administración intenta
conseguir para los usuarios el contrato más satisfactorio que pueda obtener dentro del
ámbito de una sociedad libre y de libre mercado.

En el acuerdo de los derechos de autor, el Gobierno usa nuestra libertad en vez de nuestro
dinero. La libertad es más valiosa que el dinero. Por lo tanto la responsabilidad del
gobierno en hacer uso austera y sabiamente es aún mayor que su responsabilidad al gastar
nuestro dinero. Los gobernantes nunca deben situar al mismo nivel el interés de
loseditores con la libertad de sus ciudadanos.

No «equilibrio» sino «contraprestación»

La idea de equilibrar el interés de los lectores al de los editores, es la manera equivocada de


juzgar la normativa de los derechos de autor, aunque de hecho hay dos intereses a tener en
cuenta: dos intereses de los lectores. Los lectores tienen el interés de su propia libertad
al utilizar trabajos publicados; dependiendo de las circunstancias, también podrían tener
interés en apoyar dicha publicación a través de algún tipo de sistema de incentivos.

El término «equilibrio», en el ámbito de los derechos de autor, es el empleado muy


resumidamente cuando se quiere decir «ajustar un equilibrio» entre los lectores y los
editores. Por consiguiente, utilizar la palabra «equilibrio» al referirse a los dos intereses de
los lectores podría interpretarse erróneamente; necesitamos un término diferente.

En general, cuando una parte tiene dos objetivos en conflicto y no va a conseguir ambos, lo
denominamos «contraprestación». Por lo tanto, más que hablar de «ajustar el equilibrio
adecuado» entre las partes, debiésemos hablar de «hallar el equilibrio adecuado» entre
gastar nuestra libertad y conservarla.

El segundo error: maximizando la producción

El segundo error en la regulación de los derechos de autor es tener como objetivo el


maximizar, no solamente incrementar, el número de trabajos publicados. El concepto
erróneo de «ajustar el equilibrio» elevó a los editores al nivel de los lectores; este segundo
error los sitúa muy por encima de estos últimos.

Cuando realizamos una compra, generalmente no adquirimos todas las existencias de ese
bien, ni el artículo más caro. En vez de eso conservamos parte de nuestro dinero para otras
compras, adquiriendo solamente lo que necesitamos, y escogiendo algo de calidad
suficiente, en vez de lo más caro. El principio económico de los rendimientos decrecientes
sugiere que gastar todo nuestro dinero en un único articulo, se considera como una gestión
de recursos ineficaz; generalmente decidimos guardar parte de nuestro dinero para otros
usos.

El principio económico de los rendimientos decrecientes se aplica a los derechos de autor,


como a cualquier otra adquisición. Las primeras libertades que debemos poner a salvo de
su «comercialización», son aquellas que perderíamos en último lugar, a la vez que
brindamos todo nuestro apoyo a la publicación. A medida que incluimos en el intercambio
comercial, libertades que como usuarios domésticos nos afectan, nos encontramos con que
cada nuevo trato o acuerdo nos supone un sacrificio mayor que el anterior, al tiempo que
se disminuye el incremento de la actividad creativa. Antes que este incremento llegue a ser
cero, bien podríamos decir que no merece la pena este aumento sucesivo en el precio. Se
debe establecer, por lo tanto, un acuerdo que en términos generales de como resultado una
cantidad mayor de trabajos publicados, pero sin alcanzar nunca su máximo posible.

Si se asume como meta la maximización de las obras editadas, se descarta de aquí en


adelante, la utilización de la totalidad de estos acertados y provechosos acuerdos. Con ello
se obliga a aceptar a los usuarios la cesión de casi todas sus libertades a la hora de utilizar
trabajos publicados, a cambio de un pequeño aumento en la publicación.

La retórica de la maximización
En la practica, el objetivo de maximizar la publicación a costa de la libertad, se apoya en
una retórica ampliamente difundida, la cual asevera que las copias de trabajos hechas por
el público son ilegítimas, injustas y básicamente inmorales. Por ejemplo, los editores
denominan a la gente que copia «piratas», un calificativo que aparte de intentar destruir su
reputación, va encaminado a equiparar a los que intercambian información con el prójimo,
que a los que atacan un navío (este calificativo peyorativo lo utilizaban con regularidad los
autores para referirse a los editores que hallaron resquicios legales para publicar ediciones
no autorizadas; el uso moderno por parte de los editores es casi lo contrario). Esta retórica
rechaza de pleno la base constitucional [en los EE.UU.] de los derechos de autor, a la vez
que se erige como representante de la incuestionable tradición del sistema legal
norteamericano.

La retórica «pirata» normalmente se acepta porque todos los medios de comunicación la


usan y, por lo tanto, poca gente se da cuenta de su naturaleza radical. Es efectiva porque si
el hecho de copiar por el público es fundamentalmente ilegítimo, no podemos negar a los
editores su demanda de ceder nuestra libertad para hacerlo. En otras palabras, cuando al
público se le reta a que demuestre por qué a los editores no se les deben otorgar más
poderes, la razón más importante de todas, «queremos copiar», queda descartada por
adelantado.

Esto no deja lugar a la argumentación en contra de los crecientes poderes de los derechos
de autor, excepto usando cuestiones secundarias. Por este motivo la oposición al
fortalecimiento del poder de los derechos de autor, hoy en día, cita casi exclusivamente
cuestiones secundarias; nunca se osa manifestar que el hecho de distribución de copias es
un valor público legítimo.

En la práctica, el objetivo de la maximización habilita a los editores a esgrimir como


argumento que «una práctica, la que sea, está disminuyendo nuestras ventas, o podría
hacerlo, y creemos por ello que la cantidad de publicaciones se va a reducir en una
cantidad aún desconocida, y por lo tanto, se debe prohibir».

El tercer error: maximizando el poder de los editores

Cuando los editores consigan el beneplácito que tiene como objetivo principal la
maximización en la edición y publicación de obras a cualquier precio, el siguiente paso es
el hacer ver que debido a esta circunstancia es necesario disponer de poderes aún mayores;
haciendo así que los derechos de autor cubran cualquier aspecto imaginable del uso de una
obra, o permitiendo aplicar a estas herramientas legales como las licencias tipo
«envoltorio» o de efectos equivalentes. Este objetivo, el cual impondría la abolición de un
«uso legítimo» y el «derecho a primera venta», se intenta imponer a todos los niveles de la
administración que van desde cada estado de los EE.UU a organismos internacionales.

Este paso es erróneo, ya que la estricta normativa que regula los derechos de autor, impide
la creación de nuevas y útiles obras. Por ejemplo, Shakespeare tomó prestadas algunas de
las tramas utilizadas en sus obras, de otras publicadas algunas décadas atrás y, por lo
tanto, si a éstas se les hubiese aplicado la normativa de los derechos de autor existente, hoy
en día, las obras de Shakespeare podrían haber sido ilegales.

Incluso si quisiéramos alcanzar la máxima tasa de publicación, a costa de los usuarios,


engrandecer los poderes de los editores no es el modo adecuado de conseguirlo. Desde la
perspectiva de promover el progreso, es una acción auto-derrotista.

El resultado de los tres errores

La tendencia actual en la normativa reguladora de los derechos de autor es favorecer a los


editores con mayores poderes y durante periodos de tiempo más largos. La base en la que
se apoyan los derechos de autor, como se desprende de forma distorsionada de las
anteriores series de errores, rara vez encuentra sustento para un posible no, a lo anterior.
Nuestros legisladores hacen así un flaco favor a la idea de que los derechos de autor están
al servicio del público, a la vez que conceden a los editores cualquier cosa que pidan.

A modo de ejemplo, aquí tenemos lo que el senador Hatch dijo cuando presentó el
proyecto de ley S.483, una propuesta de 1995 para incrementar la validez de los derechos
de autor durante 20 años más:

Creo que nos encontramos en el momento adecuado de preguntarnos si es suficiente el


lapso de tiempo con el que la normativa de los derechos de autor cuenta a la hora de
proteger los intereses de los autores, y por ende, si a su vez proporciona un incentivo
suficiente para la aparición de nuevas obras creativas.

Esta proyecto de ley extendió los derechos de autor a trabajos ya escritos y publicados
desde 1920. Este cambio supuso una preferencia hacia los editores sin posibilidad de que el
público en general pudiera beneficiarse de ella, debido principalmente a que es imposible,
con carácter retroactivo, aumentar el número de obras publicadas desde entonces. Esto le
supone al público un coste en libertad hoy en día, la libertad de redistribuir las obras desde
aquella época.

El mismo proyecto de ley también extendió los derechos de autor de los trabajos todavía no
elaborados. Para obras realizadas para alquilar, los derechos de autor podrían perdurar
hasta 95 años en vez de los actuales 75. Teóricamente, esto podría aumentar el incentivo
para elaborar nuevos trabajos; aunque ningún editor que demande la necesidad de este
incentivo extra, debiera sostenerlo basándose en supuestas hojas contables del año 2075.

No hace falta decir, que el Congreso no se detuvo a cuestionar las razones de los editores:
en 1998 comenzó a aplicarse una ley extendiendo los derechos de autor. Se denominó
Sonny Bono Copyright Term Extention Act (Ley de extensión de vigencia de los derechos
de autor Sonny Bono), y obtuvo su nombre después de que uno de sus promotores
falleciera ese año. Su viuda, quien le sustituyó el resto del mandato, hizo la siguiente
declaración:

De hecho, Sonny quiso que los derechos de autor perduraran eternamente. Mis asistentes
me han informado de que dicha pretensión podría vulnerar la Constitución. Les invito a
todos ustedes a trabajar junto a mí en el fortalecimiento de nuestras leyes relativas a los
derechos de autor, en todos los ámbitos en los que nos sea posible. Como todos ustedes
saben, existe la propuesta de Jack Valenti consistente en hacer perdurar los derechos de
autor para siempre menos un día. Quizás, el comité deba detenerse sobre este punto en su
próxima reunión.

El tribunal supremo accedió a celebrar la vista que buscaba el invalidar esta ley desde sus
cimientos basándose en que el carácter retroactivo no servía el objetivo de la Constitución
de promover el progreso.

Otra de estas leyes, de 1996, consiguió que se considerara el hecho de realizar un número
determinado de copias de cualquier trabajo publicado como un acto criminal muy grave,
incluso aunque el motivo fuese el regalar dichas copias a los amigos como detalle. Con
anterioridad a dicha ley, no era de ningún modo un acto criminal en los EE.UU.

Una ley incluso peor, la Digital Millennium Copyright Act (DMCA) se diseñó para
implementar la protección contra la copia (la que los usuarios de ordenador tanto
detestan) consiguiendo que el saltarse dicha protección contra la copia, o incluso el hecho
de publicar como hacerlo, constituya un delito. Esta ley debería haberse llamado «ley de
dominación de corporaciones de medios de comunicación», ya que efectivamente ofrece a
los editores la posibilidad de redactar su propia ley de derechos de autor. En ella se dice
que pueden imponer cualquier tipo de restricción en el uso de una obra, adquiriendo estas
restricciones carácter legal si se les dota de mecanismos de cifrado o licencias de uso, para
su cumplimiento.

Uno de los argumentos que ofrece esta ley es el de que podría implementar un reciente
acuerdo encaminado a incrementar los poderes de los derechos de autor. El acuerdo fue
promulgado por la organización mundial de la propiedad intelectual (OMPI), una
organización dominada por intereses provenientes de holdings de las patentes y de los
derechos de autor; que cuenta con la ayuda de la presión ejercida por la administración
Clinton; debido a que solamente incrementa el poder de los derechos de autor, si eso sirve
al interés publico en cualquier país es muy dudoso. En cualquier caso, esta ley fue mas allá
de lo estipulado en el tratado.

Las bibliotecas fueron un factor clave de oposición a esta ley, especialmente en lo relativo
al bloqueo hacia los modos de copiado que se consideran «legítimos». ¿Cómo
respondieron a esto los editores?. Uno de sus anteriores representantes, Pat Schroeder,
ahora también parte del lobby Asociación de Editores de América (AAP), manifestó que los
editores «no podrían vivir con lo que las bibliotecas solicitaban». Dado que las bibliotecas
solamente pedían era preservar parte de su estatus quo, uno podría responder
preguntándose cómo los editores habían sobrevivido hasta nuestros días.

El congresista Barney Frank, en una reunión conmigo y otros que se opusieron a esa ley,
nos mostró cuanto se había ignorado la visión sobre los derechos de autor de la
Constitución de los Estados Unidos de América. Manifestó que era necesario y urgente
establecer nuevos poderes, respaldados por castigos de índole criminal, ya que «la
industria cinematográfica y otro tipo de industrias están preocupadas». Yo le pregunté,
«Esto que sugiere ¿es por el bien o por el interés público?». Su respuesta fue: «¿Por qué
menciona el interés publico? ¡Este colectivo de gente creativa, a los cuales tienen
trabajando para ellos, no tiene que ceder sus derechos hacia el interés público!». La
«industria» ya está asociada al término «colectivo creativo», los derechos de autor se
consideran como propios, y la Constitución está totalmente del revés.

La DMCA fue instaurada en 1998. Sostiene, teóricamente, que el uso legítimo sigue siendo
válido, pero permite a los editores prohibir cualquier tipo de aplicación informática o
dispositivo que pueda utilizarse para su reproducción. A la práctica se prohíbe el uso
legítimo.

Basándose en esta ley, la industria cinematográfica ha censurado al software libre a la hora


de leer y reproducir DVDs, incluso la información relativa a como hacerlo. En abril de
2001, el profesor Edward Felten de la Universidad de Princeton, fue amenazado con
querellas desde la RIAA (Asociación de empresas de discográficas de América) para que
retirase un estudio científico en el que describía lo que había aprendido acerca de un
sistema de cifrado propuesto para restringir el acceso a música grabada.

Empezamos a ver libros electrónicos que nos privan de muchas de nuestras libertades
tradicionales. Por ejemplo, la libertad de prestar un libro a un amigo tuyo, a venderlo a una
tienda de libros usados, a tomarlo prestado de una biblioteca, a comprarlo sin añadir tu
nombre a un banco de datos e incluso la libertad de leerlo una segunda vez. Los libros
electrónicos con dispositivos de cifrado, generalmente imposibilitan todas estas
actividades; puedes leerlos únicamente mediante aplicaciones informáticas especiales y
secretas diseñadas para restringirte.

Nunca adquiriré uno de estos libros electrónicos cifrados y con restricciones, y espero que
usted también los rechace. Si un libro en formato electrónico no le brinda las mismas
libertades que uno en formato tradicional de papel, ¡no lo acepte!

Cualquiera que independientemente libere aplicaciones informáticas que permitan leer


libros electrónicos restringidos, se arriesga a una denuncia. Un programador ruso, Dimitry
Sklyarov, fue arrestado en el año 2001 durante su visita a los Estados Unidos de América
para disertar en una conferencia acerca de una aplicación que escribió en Rusia, donde si
estaba permitido su uso. Ahora Rusia, también prepara una ley para prohibirlo, y la Unión
Europea adoptó una similar recientemente.

La comercialización a gran escala de los libros electrónicos ha fallado hasta ahora, pero no
porque los usuarios potenciales decidieran defender su libertad; fueron otros los motivos,
como por ejemplo que las pantallas de los dispositivos para leerlos, no facilitaban
adecuadamente su lectura. No podemos confiar en este feliz accidente para estar
protegidos a largo plazo; el próximo intento para relanzar los libros en formato electrónico
utilizaran «papel electrónico»; objetos similares a libros pero donde se pueden descargar
libros electrónicos restringidos y cifrados. Si esta vez, la superficie de la pantalla, de
apariencia similar al papel, se nos hace más atractiva y cómoda de usar que las pantallas
actuales, tendremos que defender nuestra libertad para conservarla. Mientras tanto, los
libros electrónicos continúan con su invasión hostil hecha a medida: la Universidad de
Nueva York, así como otras escuelas, exigen a sus estudiantes la compra de sus libros de
texto en formato de libro electrónico.

Las empresas de medios de comunicación todavía no estaban satisfechas. En el año 2001,


el senador, patrocinado por Disney, Hollings propuso una ley llamada «Ley de certificación
y estandarización de sistemas de seguridad (SSSCA)» [1] la cual exigía que todos los
ordenadores (y cualquier otro dispositivo de reproducción y grabación digital) dispusieran,
por orden gubernamental, de sistemas de restricción de copia. Esta sería su meta final,
pero su primer paso en la agenda es el de prohibir el uso de cualquier dispositivo capaz de
sintonizar emisiones digitales (HDTV) a no ser que se diseñen con el objetivo de
imposibilitar al publico su manipulación (esto es, modificación para utilización propia).
Sabiendo que el Software Libre son aplicaciones informáticas que el usuario puede
modificar, nos enfrentamos por primera vez a una ley que explícitamente prohíbe el
Software Libre para una determinada tarea. Seguramente a esta le seguirán otro tipo de
prohibiciones. Si la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) adopta esta norma, el
actual Software Libre, como GNU Radio, podría ser censurado.

Para oponerse a estas leyes y normas se requiere adoptar medidas de carácter político [2].

Encontrando el acuerdo adecuado

¿Cuál es la manera correcta de decidir la normativa de los derechos de autor? Si los


derechos de autor son un acuerdo hecho en nombre del público, debiera servir, por encima
de todo, al interés de éste. La tarea del gobierno a la hora de vender la libertad del publico
es vender únicamente lo estrictamente necesario y venderlo tan caro como sea posible.
Como mínimo, disminuir gradualmente la extensión de los derechos de autor tanto como
sea posible, al tiempo que mantenemos un nivel de publicación similar.

Toda vez que no podemos encontrar este precio mínimo de libertad mediante un sistema
de ajuste de precios, tal como hacemos con proyectos para edificaciones, ¿cómo lo
encontraremos?.

Un método posible es reducir los privilegios de los derechos de autor en etapas, y observar
los resultados. Prestando atención a en qué modo y cuando tiene lugar la moderada
disminución de las publicaciones, aprendemos cuanto poder necesitan realmente los
derechos de autor para alcanzar los propósitos del publico. Estaremos obligados a juzgar
este hecho por nosotros mismos, no por lo que los editores digan que va a ocurrir, ya que
aprovecharán cada incentivo para augurar exageradamente su ruina si sus poderes se
recortan de cualquier modo.

Las políticas de derechos de autor incluyen varias dimensiones independientes, las cuales
se pueden ajustar por separado. Después de que encontremos el mínimo necesario para la
dimensión de una política, todavía puede ser posible reducir otras dimensiones de los
derechos de autor mientras se mantenga el nivel de publicación deseado.

Uno de estos importantes aspectos de los derechos de autor es su duración, la cual es


actualmente del orden de unos cien años. Reducir el monopolio de copia a diez años,
comenzando desde la fecha en la que la obra se publica, sería un buen primer paso. Otro de
los aspectos de los derechos de autor, el que se ocupa de las obras derivadas de trabajos
realizados, podría alargarse por más tiempo.

¿Por que comenzar a contar desde la fecha de publicación? Porque los derechos de autor
sobre obras no publicadas no limitan directamente la libertad de los lectores; el hecho de
tener la libertad de copiar una obra es irrelevante si no tenemos copias de ella. Por lo tanto,
conceder a los autores un período de tiempo más largo para estar en posesión de la obra,
no daña directamente la libertad de los lectores. Los autores (quienes generalmente son
dueños de los derechos de autor previamente a su publicación) rara vez escogerán no
publicar una obra con el objeto de retrasar el período de vigencia de dichos derechos.

¿Por que diez años? Porque se trata de una proposición segura; podemos confiar con
argumentos prácticos, que esta reducción tendría muy poco impacto sobre su viabilidad al
aplicarse mediante las políticas actuales de edición de hoy en día. En la gran mayoría de
tipos y medios de comunicación, las obras de éxito recogen beneficios solamente unos
pocos años, e incluso estas obras exitosas se dejan de imprimir mucho antes de los diez
años. Para las conocidas como obras o trabajos de referencia, cuya vida útil serían muchas
décadas, la vigencia de diez años en los derechos de autor, debería bastar: las ediciones
actualizadas se editan con regularidad y muchos lectores adquirirán la nueva edición con
sus derechos de autor también actualizados, en vez de copiar una versión publica de hace
diez años.

Diez años podrían ser incluso más tiempo del necesario; una vez que esto se establezca así,
se puede intentar una reducción aún mayor para sintonizar correctamente el sistema. En
un debate celebrado en una convención literaria acerca de los derechos de autor, donde
proponía el plazo de diez años, un famoso autor de novela de ficción sentado junto a mi, se
opuso a ello con vehemencia manifestando que cualquier plazo mayor de cinco años sería
algo inadmisible.

Pero tampoco tenemos que aplicar el mismo lapso de tiempo a todos los tipos de obras.
Mantener una extrema uniformidad en la aplicación de la normativa de los derechos de
autor, no es vital para el interés del público en general, y las leyes que rigen los derechos de
autor ya tienen muchas excepciones para usos y medios específicos. Sería unainsensatez
pagar por cada proyecto de una autopista los precios necesarios para los proyectos más
complicados en las zonas más caras del país. Sería igualmente una insensatez el «pagar»
para todas las clases de trabajos artísticos el coste más alto en libertad que lo que
consideremos necesario para cualquiera de los otros tipos.

Quizás por ello las novelas, diccionarios, programas de ordenador, canciones, obras
sinfónicas y películas debieran disfrutar de una duración diferente en sus respectivos
derechos de autor; y por lo tanto, podemos reducir su duración a lo necesario, para cada
tipo de obra que se vayan a editar. Quizás también las películas de más de una hora de
duración podrían disfrutar de una vigencia de sus derechos de autor de veinte años, debido
al elevado presupuesto necesario para su producción. En mi campo, como programador
informático, tres años bastarían, ya que los ciclos en este tipo de productos son aún más
reducidos.

Otro aspecto de la normativa de los derechos de autor es la prolongación de su uso


legítimo: algunos modos de reproducción parcial o total de una obra publicada, permitidos
legalmente aunque tenga derechos de autor. Un primer paso natural para reducir la
dimensión del poder de los derechos de autor sería permitir de modo ocasional acciones de
copiado y distribución de manera privada y no comercial en pequeñas cantidades, entre
particulares. Esto eliminaría la intrusión, provocada por los derechos de autor, en el
ámbito de la vida privada del publico; a la vez que tendría un efecto negativo muy pequeño
sobre las ventas de obras publicadas (sería necesario implementar algunas medidas legales
para asegurar que algunos de los tipos de licencias creativas, encapsuladas dentro de obras,
no pudieran usarse como sustituto de los derechos de autor, impidiendo la copia). La
experiencia de Napster nos demuestra que también debiéramos permitir la distribución
literal sin ánimo de lucro, al público en general. Esto último debido a que precisamente el
público desea copiar y compartir, encontrándolo tan útil, que solamente medidas
draconianas podrían detenerlo, además de tener en cuenta que, el público merece obtener
lo que quiere.

Para las novelas y, en general, para obras utilizadas para el entretenimiento, la


redistribución literal sin ánimo de lucro sería una libertad suficiente para los lectores. Los
programas de ordenador, usados con un fin digamos funcional (realización de trabajos),
requieren libertades adicionales mas allá de esto último; incluyendo la libertad de publicar
una versión mejorada. Lea la «definición de software libre», en este libro, para una
explicación acerca de las libertades que los usuarios de aplicaciones informáticas deben
tener. También sería un compromiso aceptable, para estas libertades, el que estuviesen
universalmente disponibles solamente después de un retraso de dos o tres años desde la
publicación del programa.

Cambios de este tipo pueden acercar a los derechos de autor al deseo del público de utilizar
tecnología digital para la realización de copias. Los editores no dudarían en calificar estas
propuestas como «desequilibradas»; podrían sentirse amenazados y desaparecer de
escena, pero no lo harán ya que su juego todavía es rentable y es el único al que jugar.

Al tiempo que tenemos en cuenta recortes en el poder de los derechos de autor, debemos
asegurarnos de que las compañías de medios de comunicación no sustituyen lo anterior
con acuerdos de licencias de usuario final. Sería necesario prohibir el uso de contratos que
apliquen restricciones de copia que vayan más allá de lo que marcan los derechos de autor.
Dichas restricciones podrían requerir contratos no negociables dirigidos hacia el mercado
de masas, los cuales constituyen como un estándar, parte del sistema legal