Está en la página 1de 4

detaLLe de La torre del reloj, en venecia,

con las horas en numeración romana.

54

h i sto r i a

y

v i da

números

La guerra 

de Los 

números

¿Cómo destronaron las cifras hindúes a las romanas en el sistema numérico del mundo occidental?

Antoni JAner torrens, filólogo

H  ace seis siglos, Oriente ganó una importante batalla inte- lectual a Occidente: los ára- bes consiguieron imponer los números hindúes a los roma-

nos. No fue una victoria fácil. Las nuevas

cifras suponían una democratización de las matemáticas. El poder establecido, sin embargo, luchó por mantener los nú- meros romanos, que, pese a su inoperan- cia, hacían inaccesibles las finanzas a la mayoría de la población. En la actuali- dad, las cifras romanas se utilizan pun-

tualmente en algunos relojes, en la enu- meración de siglos y capítulos de libros o para designar a reyes y papas. Son los restos de una batalla perdida. Los tiempos gloriosos de estos números se remontan al siglo vi a. C. Los romanos, por influencia de los etruscos, sus veci- nos del norte, adoptaron un sistema de numeración alfabética de siete cifras. En esta ocasión, las letras, a diferencia de los siete numerales utilizados inicialmente por los griegos, no hacían referencia a la inicial de ninguna palabra. El 1 era una I;

h i sto r i a

y

v i da

55

el 5, una V; el 10, una X; el 50, una L; el 100, una C; el 500, una D; y el 1.000, una

M. Algunas de estas grafías podrían ser

un vestigio de la manera de contar con los dedos que se utilizó desde tiempos antiguos (las cifras todavía son conoci- das como “dígitos”). Así, según algunos

estudiosos, el 1, el 2 y el 3 corresponde- rían a uno, dos y tres dedos levantados, respectivamente; la mano abierta con el pulgar estirado significaría 5, y las dos manos abiertas y cruzadas a la altura de la muñeca expresarían el 10. La combinación de las letras numéricas dio lugar a los diferentes valores. Se po- día repetir el mismo signo hasta cuatro veces, posteriormente solo hasta tres (una prueba del antiguo método es que, en muchos relojes de sol, el cuatro se si- gue representando con cuatro palos). Si el signo aparecía delante de un valor de- terminado, restaba; si iba detrás, suma-

ba. Además, una línea horizontal encima

indicaba miles (V = 5.000); dos, millo- nes. Este sistema resultaba del todo ino- perativo, dado que solo servía para dejar

constancia de los números (operaciones como la suma de XLIV y XXIX resultaban enormemente complicadas). Esto, curio- samente, contrastaba con una civiliza-

operAciones como lA sumA de xliv y xxix erAn muy compleJAs, Así que los romAnos recurrieron Al ábAco

ción que llegó a alcanzar un gran nivel técnico. Así lo constatan los portentosos puentes, acueductos, carreteras o edifi- cios de época romana. Los romanos, en cualquier caso, salieron

airosos de sus operaciones gracias al ába-

co. Este instrumento, ya utilizado por los

antiguos chinos, se considera la primera calculadora de la historia. Consistía en un tablero que en un principio, de acuer- do con su etimología semítica (abaq sig- nifica “polvo”), se dibujaba en el suelo, sobre la tierra. Constaba de varias líneas virtuales sobre las cuales se colocaban

piedras que ayudaban a contar. La dispo- sición de cada línea correspondía a un

56

h i sto r i a

y

v i da

línea correspondía a un 56   h i sto r i a y v i da

lugar decimal, y las operaciones se reali- zaban moviendo unas piedras en rela- ción con otras. En latín, las piedrecillas se llamaban calculi; de aquí que nuestro verbo “calcular” significara antiguamen- te “hacer operaciones con piedrecillas”. Con el tiempo, este tipo de pizarra sobre arena cambiaría de soporte, y las líneas pasarían a hacerse de alambre. A través del uso del ábaco, los romanos llegaron a popularizar el concepto de matemáticas. El término ya había sido acuñado en el siglo vi a. C. por el griego Pitágoras de Samos a partir del verbo he- leno mantháno, que significa “aprender”. Aun así, fueron los latinos los primeros

muerte del matemático arquímedes (sentado con un ábaco). réplica de un mosaico romano.

en utilizar la palabra “matemático” para referirse a la persona estudiosa de los nú- meros. Antes, a los matemáticos se les conocía con la palabra de origen persa “magos”, puesto que el verdadero cono- cimiento se consideraba una forma de magia, un saber sobrenatural.

La revolución oriental

Mientras Roma intentaba progresar co- mo podía con sus rudimentarios núme- ros, en Oriente las matemáticas conti-

nuaban dando pasos de gigante. Miles de años atrás, los chinos ya habían he- cho un descubrimiento revolucionario:

habían sustituido el método aditivo por

el de notación posicional decimal, que es

la base de nuestro actual sistema de cómputo. Con este método ya no se con-

taban líneas de manera infinita, sino que se empleaba la posición para indicar si las marcas que funcionaban como nú- meros eran unidades, decenas, centenas

o millares. Así, nuestra cifra 924 se re-

presentaba poniendo cuatro líneas en la columna de las unidades, dos en la de las decenas y nueve en la de las cente- nas. Por primera vez en la historia, una

misma cifra podía tener valores diferen- tes según la posición que ocupara. El método de notación posicional decimal también fue conocido por los babilonios, pero fue otro pueblo de Mesopotamia, el de los sumerios, el primero que lo puso por escrito, hace 5.000 años (los chinos, que conocieron la escritura más tarde, so- lo utilizaron el método de manera ma- nual, con varillas de bambú). La expe- riencia sumeria apunta a que la escritura nació a partir de los números, primer asunto sobre el que se tendría que escri- bir. La escritura permitía registrar las mercancías que entraban y salían de unas ciudades cada vez más concurridas.

números

h i sto r i a

y

v i da

57

no todo en este mundo es decimal

otros sistemas numériCos en la historia y lo que nos han legado

el vigesimal Este sistema es fruto del hábito de contar no solo con los dedos

el vigesimal

Este sistema es fruto del hábito de contar no solo con los dedos de las ma- nos –lo que originó el de- cimal–, sino también con los de los pies. Los ma- yas fueron el primer pue- blo en utilizarlo. Hoy quedan residuos en algu- nas culturas de Occiden- te. En francés, 80 es quatre-vingts, que quiere decir cuatro veces veinte. Y en euskera, a partir del hogei (20) se forma el berrogei (40), es decir, dos veces veinte.

el duodecimal

El dedo gordo de la mano izquierda

servía para contar las falanges de la misma mano (o sea, los huesos que conforman los demás dedos), que son 12. Como herencia de los anti- guos babilonios, tenemos las 12 ho- ras del día, las otras 12 de la noche

y los 12 signos del zodíaco (dcha.). Los romanos, aunque adoptaron el sistema decimal, continuaron esta

tradición, fijando un calendario de 12 meses. Todavía hay muchas cosas

que compra-

mos por docenas, y no por decenas.

(cubiertos, huevos

)

el sexagesimal Deriva del duodecimal. Cada vez que se contabilizaba una docena con la mano
el sexagesimal
Deriva del duodecimal. Cada vez que
se contabilizaba una docena con la
mano izquierda, con la mano derecha
se estiraba un dedo, cosa que puede
hacerse cinco veces. Por tanto, el re-
cuento total que podía indicarse con
las manos era de 5 x 12 = 60. El único
pueblo de la Antigüedad que empleó
el sistema sexagesimal fue el sumerio,
que después lo abandonó por el deci-
mal. Por influencia suya, los minutos
y los segundos van de 60 en 60 y un
círculo completo se divide en 360 gra-
dos, que es la suma de seis veces 60.

Los números escritos terminaron siendo un instrumento mucho más eficaz y du- radero que cualquiera de las cosas que hasta entonces había utilizado el hom- bre para hacer cuentas, de garrotes a piedras, semillas o marcas en las pare- des o en los huesos. Los sumerios, con su contribución gráfica, perfeccionaron una práctica, la de contar, que, junto con la conquista del fuego, había marca- do el despertar intelectual de la huma- nidad. De hecho, según algunas teorías, hace 35.000 años el hombre de Cro- Magnon ya sintió la necesidad de llevar un cómputo de los días, las lunas llenas

y las estaciones con el fin de controlar

mejor su actividad agrícola y ganadera, lo que originaría los primeros calenda-

rios. Pero también habría tenido que re- currir a la aritmética para conocer el número de piezas que cazaba.

A pesar de su proximidad geográfica, ni

los fenicios ni los egipcios –los padres de

la geometría– utilizaron el método de no-

tación posicional de los sumerios, aunque emplearon un sistema de numeración de diez dígitos. En el siglo v d. C., el método

de notación posicional se vería renovado con las cifras hindúes. Eran totalmente convencionales, es decir, a diferencia de

las que se habían utilizado hasta enton- ces, no estaban relacionadas con ninguna letra ni incorporaban ninguna marca pic- tográfica. A la larga, estos dígitos, consi- derados una de las mayores innovaciones de todos los tiempos, cambiaron de as- pecto hasta adquirir la forma actual. En el siglo vii d. C., para terminar de re- matar el sistema, el sabio Brahmagupta incorporó el cero, conocido en hindú co- mo shunya (“vacío”). La aparición de esta cifra representó un punto de inflexión en las matemáticas. Ahora ya no se confun- dirían números como el 507 y el 57, has- ta entonces precariamente distinguidos

58

h i sto r i a

y

v i da

Cómo Contar con los dedos del 1 al 20.000. miniatura de la escuela carolingia, siglo ix d. C.

números

h i sto r i a

y

v i da

59

eL matemátiCo leonardo de pisa, llamado fibonacci. estatua de giovanni paganucci, 1863.
eL matemátiCo leonardo de pisa, llamado
fibonacci. estatua de giovanni paganucci, 1863.

(dejando un espacio en medio en el caso del primero). Con los hindúes, el cero, en origen relacionado con conceptos como la nada y la eternidad, se adaptó al cálcu- lo. El cero terminó de completar una serie que, con tan solo diez dígitos, permitía crear números astronómicamente largos de una forma increíblemente eficaz.

Conflicto numérico

El ingenioso invento enseguida se ex- tendió por todo el Imperio árabe. En el año 773 llegaba a Bagdad una carava- na procedente de India con suntuosos regalos para el califa Almanzor, entre ellos, el manuscrito Siddhanta, que con- tenía un tratado de astronomía con las diez cifras hindúes. Los sabios árabes pronto cayeron rendidos ante la versa- tilidad del nuevo sistema. Al apropiár- selo, tradujeron shunya (“vacío”) como sifr. Después, los latinos lo denomina- rían zephirum, voz que dio lugar a nues- tro “cero”, mientras que el sifr árabe originaría el término “cifra”. En el siglo ix, el encargado de traducir al árabe el manuscrito Siddhanta hindú fue el matemático Mohammed ibn Musa al- Jwarizmi. Cuando un siglo más tarde es- ta traducción llegó a Europa, se atribu- yó todo el sistema de enumeración a Al-Jwarizmi. Su nombre, latinizado co- mo Alchorismus, terminó dando lugar a dos palabras: “guarismo” (cada uno de los signos con los que se representan los números) y “algoritmo” (conjunto or-

60

h i sto r i a

y

v i da

números

denado de las operaciones que permi- ten encontrar la solución de un proble- ma). Pero la contribución de Al-Jwariz-

 

los numerales hindúes a escondidas. Fue así como la palabra “cifra” adquirió el significado de signo secreto. En cualquier

mi

a la terminología no acabó aquí. Una

caso, finalmente prevaleció el sentido co-

obra suya fue conocida con el título abre-

 

mún. A partir del siglo xv, con la propa-

viado de Al-jabr (“restauración”), de

gación de la imprenta en Europa, el nue-

donde deriva nuestra palabra “álgebra”, la rama de las matemáticas que explica el funcionamiento de los números.

vo sistema numérico se extendió por el continente, y los viejos números roma- nos fueron desapareciendo poco a poco.

En

Europa, el descubrimiento de la nue-

La ingente tarea matemática llevada a

va

serie numeral se produjo en el siglo

cabo en el mundo islámico con los dígi-

xiii con la obra Liber Abaci que Leonardo

 

tos hindúes la continuaron aquí perso-

de

redactó a raíz de sus viajes por los países

Pisa, más conocido como Fibonacci,

najes como Copérnico, Kepler, Galileo, Descartes, Leibniz o Newton.

árabes. En el libro, este matemático ita-

A

pesar de los avances que se siguieron

liano se deshacía en elogios hacia el siste-

ma hindú frente a los ineficaces números

romanos, herencia de un imperio ya des- aparecido. A pesar de sus encomiásticas palabras, todavía quedaba mucho cami-

no por recorrer al respecto en Occidente.

El primer obstáculo que superar fue la

disputa que mantuvieron los abaquistas, usuarios de los ábacos y partidarios de

los números romanos tradicionales, y los

los AbAquistAs, que erAn profesionAles, no queríAn perder todos los privilegios AsociAdos A su oficio

algoristas, defensores del nuevo sistema. Detrás de este conflicto había razones

de tipo social. La llegada de la serie hin-

dú, mucho más sencilla, suponía la de- mocratización del cálculo, y los abaquis- tas, que eran calculadores profesionales,

no querían perder la situación de privi-

legio que les otorgaba su oficio. Por otro

lado, el poder establecido estaba inte- resado en mantener un lenguaje esoté- rico, inaccesible para la mayoría de los ciudadanos, sobre todo en un asunto tan sensible para los financieros como el conocimiento de su contabilidad. Se re- producía así la misma lucha que siglos

atrás, con la aparición del alfabeto semí- tico y su reducida cantidad de signos, había vivido el mundo de las letras.

En un principio, los algoristas, dado el

veto que sufrieron en ciudades como Flo- rencia o Fráncfort, tuvieron que utilizar

eL triunfo de La numeraCión hindú sobre el

cálculo con ábaco. ilustración renacentista, 1508.

haciendo, una adopción tan tardía de los numerales hindúes, y en especial del ce- ro, tuvo consecuencias importantes. En el siglo vi, a la hora de calcular la fecha de Pascua, el monje Dionisio el Exiguo em- pezó a contar a partir del 1, pensando que el nacimiento de Cristo se tenía que fechar como año 1. Este error fue la base de la era cristiana, es decir, de la nomen-

clatura del antes y después de Cristo uti- lizada en la cronología histórica. Estaba tan enraizada en la población que no se modificó en el siglo xv, cuando se genera- lizó el uso del cero. De esta manera, nues- tras centurias van del año 1 y al 100, y no del 0 al 99, como debería haber sido. Así pues, Occidente todavía tiene una asignatura pendiente con lo que se ha convertido en el lenguaje más universal que existe en la actualidad. No en vano, los diez dígitos hindúes son los mismos en prácticamente todas las lenguas. La excepción más curiosa la encontramos, precisamente, en el mundo árabe, don- de los países orientales mantienen una grafía numérica diferente a la que nos han legado. En cualquier caso, gracias a

la labor de transmisión del pueblo islá-

mico, el planeta sigue girando en torno

las matemáticas con la siempre asom- brosa agilidad del número hindú.

a

con la siempre asom- brosa agilidad del número hindú. a Para saber más ensayo guedJ, denis. El imperio

Para saber más

ensayo

guedJ, denis. El imperio de las cifras y los números. Barcelona: Ediciones B, 1998. ifrah, georges. Historia universal de las cifras. Madrid: Espasa, 1997. segura, santiago. Libro de los números. Bilbao: Universidad de Deusto, 2010.

h i sto r i a

y

v i da

61