Harold Pinter

Premio Nobel De Literatura 2005

El conserje
(The Caretaker) 1960

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El título de esta obra también se ha traducido como "El portero", "El cuidador", etc. En esta versión se ha respetado el título decidido por sus traductores.

A Vivien

Harold Pinter

El conserje

Índice
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El Conserje

Personajes Acto Primero Acto Segundo Acto Tercero

Textos complementarios

El ala británica del teatro del absurdo Harold Pinter, la comedia de la alusión

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Harold Pinter

El conserje

Personajes

MICK, un hombre de cerca de treinta años. ASTON, un hombre que acaba de cumplir los treinta años. DAVIES, un viejo.

La acción se desarrolla en una casa del oeste de Londres.

ACTO I: Una noche de invierno. ACTO II: Unos segundos más tarde. ACTO III: Dos semanas más tarde.

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Harold Pinter

El conserje

ACTO PRIMERO

Una habitación. Una ventana en la pared del fondo; la mitad inferior está cubierta por un saco. Una cama de hierro a lo largo de la pared izquierda. Encima, en un pequeño armario, botes de pintura, cajas que contienen tuercas, tornillos, etc. Al lado de la cama, más cajas y algunos jarrones. Puerta en el fondo derecha. A la derecha de la ventana, una alcobilla; en ella, un fregadero, una escalera de mano, un cubo para el carbón, una máquina de cortar hierba, una cesta con ruedecillas para la compra, cajas, cajones de armario y una cama de hierro. Delante de ella una cocina de gas. Sobre la cocina, una estatuilla de Buda. Primer término lateral derecha, un hogar. A su alrededor un par de maletas, una alfombra enrollada, un farol, una silla de madera caída, cajas, una serie de adornos, una percha, unas cuantas tablas de madera, una pequeña estufa eléctrica y una vieja tostadora también eléctrica. En el suelo, un montón de periódicos viejos. Bajo la cama de Aston, adosada a la pared izquierda, hay un aspirador eléctrico, invisible hasta que se usa. Un balde pende del techo. MICK está solo en la habitación, sentado en la cama. Lleva una chaqueta de cuero. Silencio. Lentamente pasea la mirada a su alrededor, fijándola en un objeto tras otro. La dirige al techo y se queda mirando fijamente el balde. Aparta los ojos de allí, y permanece sentado, inmóvil, sin ninguna expresión, la vista fija en el vacío. Silencio durante treinta segundos. Suena una puerta. Se oyen voces apagadas. MICK vuelve la cabeza. Se levanta, se dirige silenciosamente hacia la puerta, sale y cierra la puerta sin hacer ruido. Silencio. De nuevo se oyen voces. Van aproximándose y luego cesan. Se abre la puerta. Entran ASTON y DAVIES, primero ASTON, luego DAVIES; éste avanza con paso vacilante y respira con fatiga. ASTON lleva un viejo abrigo de «tweed» y debajo un delgado y ya lustroso traje de un azul oscuro con una fina rayita blanca, americana abierta, «pullover», una camisa muy usada y corbata. DAVIES lleva un viejo y harapiento abrigo de color castaño, pantalones deformados, chaleco, camiseta, ninguna camisa y sandalias. ASTON se pone la llave en el bolsillo y cierra la puerta. DAVIES mira a su alrededor.

ASTON.—Siéntese. DAVIES.—Gracias. (Sigue mirando a su alrededor.) ¿Eh?... ASTON.—Un momento. (ASTON busca una silla; ve una caída al lado de la alfombra enrollada, cerca del hogar, y empieza a sacarla de allí) DAVIES.—¿Siéntese? Ja... No me he sentado desde... Aquello que se dice sentarse, desde..., bueno; ya ni me acuerdo. ASTON.—(Depositando la silla.) Aquí tiene usted DAVIES.—Allí, donde trabajaba, tenía diez minutos, a media noche, para tomar el té, y no podía encontrar ninguna silla, ni una. Ellos, los griegos, los polacos, esos sí las tenían...; los griegos, los negros, todos ellos, todos los extranjeros, las tenían acaparadas. Y a mí me tenían para trabajar..., para trabajar a mí... (ASTON se sienta en la cama, saca una cajita de metal que contiene tabaco y papel de fumar y empieza a liarse un cigarrillo. DAVIES le
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mira.) Ellos, los negros, las tenían; negros, griegos, polacos, todos ellos; eso es lo que pasaba; me robaban el sitio, me trataban como si fuera un montón de basura. Cuando se me ha acercado esta noche, se lo he dicho. (Pausa.) ASTON.—Tome asiento. DAVIES.—Sí, pero antes lo que debo hacer, ¿sabe?, lo que debo hacer es calmarme un poco..., ¿comprende? Hubiesen acabado conmigo allá abajo. (DAVIES se expresa con voz fuerte, da un puñetazo en el vacío, vuelve la espalda a ASTON y se queda mirando la pared. Pausa. ASTON enciende el cigarrillo.) ASTON.—¿Quiere usted liarse uno de estos? DAVIES.—(Volviéndose.) ¿Qué? No, no, nunca fumo cigarrillos. (Pausa. Se adelanta.) Pero, mire, de todas formas, tomaré un poco de ese tabaco para mi pipa, si a usted no le importa. ASTON.—(Pasándole la cajita.) No, hágalo. Cójalo usted mismo de ahí. DAVIES.—Es usted muy amable, señor. Solo un poco para llenar mi pipa y basta. (Se saca una pipa del bolsillo y la llena.) Yo también tuve una cajita de esas, hace..., no hace mucho. Pero me la aplastaron. Me la aplastaron en la Gran Carretera del Oeste. (Alarga la cajita.) ¿Dónde quiere que la deje? ASTON.—Yo la guardo. DAVIES.—(Dándole la cajita.) Cuando se acercó a mí, esta noche, se lo dije, ¿verdad? Usted ha oído cómo se lo decía, ¿no? ASTON.—He visto que la emprendía con usted. DAVIES.—¿Emprenderla conmigo? Más que eso. Puerco asqueroso, un viejo como yo, que se ha codeado con lo mejorcito. (Pausa.) ASTON.—Sí, he visto que la emprendía con usted. DAVIES.—Todos ellos son una pandilla de harapientos, compadre, con modales de pocilga. He andado muchos años por esos caminos de Dios, pero yo le aseguro que soy un hombre limpio. Me cuido. Por eso abandoné a mi mujer. Quince días después de casados, no, ni siquiera los hacía; a la semana de casados, levanté la tapa de una olla, ¿y sabe usted lo que había dentro? Un montón de su ropa interior, sin lavar. Era la olla de las verduras. La olla de la verdura. Por eso la dejé y no he vuelto a verla desde entonces. (DAVIES se da la vuelta, pasea por la habitación y se encuentra de manos a boca con la estatua de Buda que está sobre la cocina de gas; la mira unos instantes y le vuelve la espalda.) He comido los mejores platos. Pero ya no soy joven. Recuerdo los tiempos en que era tan mañoso como ellos. Nadie se permitía libertades conmigo. Pero últimamente no me he sentido muy bien. He tenido unos cuantos ataques. (Pausa. Acercándose más.) ¿Vio usted lo que pasó con aquel? ASTON.—Solo vi el final. DAVIES.—Se me acerca, me pone delante un cubo de basura y me dice que lo eche fuera, en la parte de atrás. ¡Yo no estoy para sacar basura! Tienen un chico para eso. No me contrataron para sacar la basura. Lo mío es limpiar los suelos, quitar las mesas, fregar alguna que otra vez los cacharros de la cocina... y no sacar la basura. ¡A mí qué me cuentan! ASTON.—¡Ah!... (Se acerca a lateral derecha para coger la tostadora eléctrica.) DAVIES.—(Siguiéndole.) Sí, ¡y aun suponiendo que tuviera que hacerlo! ¡Aunque así fuera! Aunque fuese yo el encargado de sacar los cubos de la basura. ¿Quién es él para darme órdenes? Estamos en el mismo nivel. No es él mi jefe. No es mi superior. ASTON.—¿Qué era? ¿Griego? DAVIES.—No, no, escocés. Un escocés. (ASTON vuelve a la cama con la tostadora y empieza a destornillar el enchufe. DAVIES le sigue.) Usted lo ha visto, ¿verdad? ASTON.—Sí. DAVIES.—Le he dicho dónde debía meterse el cubo. ¿No? Usted lo ha oído. «Mira—le he

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DAVIES. con respeto. (Pausa...—Sí.—¡Hummmm!.. ¿eh? ASTON..—Me dejaré caer por allí algún día y lo recogeré todo. ASTON. ASTON.) No me importaría gran cosa. todo junto. nadie tiene más derechos que yo.—Y abajo. «Metes demasiada bulla».—Lo he sido siempre. DAVIES. DAVIES. pero no ha habido tu tía. soy un viejo —he dicho—. ASTON.. DAVIES.—¿Duerme usted aquí? ASTON. (ASTON vuelve a su cama y empieza a acoplar el enchufe a la tostadora.—Sí. nos educaron como es debido.. bulla! «Mire usted—le dije—. (Mira a su alrededor. (Pausa. ASTON.) DAVIES. (Pausa.) Ya ve usted qué clase de gente. si tuviera unos cuantos años menos te. Todo. Una noche le echaré mano.) DAVIES. ¿no? ASTON.) DAVIES. Con las prisas.) DAVIES. Algún día me las pagará.» Se lo he dicho..—Quiero decir ahí.—Claro. todo lo que tengo.—No.—Debe de estar bien resguardado.—¿Dónde? DAVIES.—Están inservibles.. (Pausa.—Debe de valer sus buenos chelines esto. en el rellano..) DAVIES. «Vamos a jugar limpio».. por haberme dejado descansar un poquito. en aquella habitación de atrás.. Más de una vez se me ha dejado por muerto.—¿Dónde? ¿Ahí? ASTON.» Fue cuando el dueño me dijo que me diera el piro.. me dijo. (Pausa.. (Pausa..—Tuve suerte que entrara usted en aquel café.—¿De veras? DAVIES.—Corrientes por todas partes. si no me hubiese dejado allí todo lo que tengo. unos minutos. Aunque haya sido un vagabundo. Cuando vaya por allí. Hasta el más repuñetero cachito de todos mis repuñeteros bártulos se ha quedado allí. a estas horas estaría en el hospital.. DAVIES. Apuesto a que en estos momentos está metiendo sus narices dentro.) ASTON.—Estará usted bien resguardado de las corrientes aquí. en el rellano ese. le he dicho. de haberle dejado.) Si usted no llega a pararle los pies al escocés ese.—No me diga. ¡Yo..—¡Ah! DAVIES..) ¿Es este su cuarto? ASTON..—Eso está condenado. ¿sabe? En una bolsa.—Sí. Hay que mirarlo. Otra cosa es cuando hay que dormir al relente.. (Se sienta en la silla. cuando era joven teníamos alguna idea de cómo tratar a los viejos. Me hubiera roto la cabeza contra el suelo.—De todas maneras.—Yo soy muy sensible a las corrientes. Página 6 de 53 . ASTON.. sí.—Tiene usted una buena cantidad de cosas. (Pausa. A estas horas aquel cabrito de escocés ya habría dado cuenta de mí.Harold Pinter El conserje dicho—. DAVIES.) Para dar y vender. yo tengo mis derechos... ASTON.. Los suelos. cuando el viento se levanta.) Tiene usted más cuartos. (Ligera pausa. ASTON.—Hay una buena cantidad de cosas. ya lo creo. ASTON. DAVIES.. le estoy agradecido por haberme dejado. señor. DAVIES.—Hay que hacer muchas cosas en ellos. no hace mucho viento.. te partiría la cara. ASTON. me ha dicho que me diera el piro.—Nada más que viento en el relente..—Sí. (ASTON se acerca a la caja de los enchufes y toma otro. eso es.—Sí.—Sí. ¿qué? ASTON..

—(Mirando debajo de la cama. DAVIES. ASTON.—Ahí vive una familia de indios. DAVIES.—Sí.) Vea si sirven estos. A mí no me gustan los cuartos desnudos. DAVIES.—Tengo un compadre en Shepherd's Bush.) Un par marrones. Al venir noté que las cortinas de la casa de al lado estaban corridas. Le dije a aquel fraile: «¡Eh!. ASTON.. cada vez que entraba allí.—¿Zapatos.—No puedo soportar los zapatos que no me sientan bien.) ¿Dónde? DAVIES. Tengo un compadre en Shepherd's Bush. oiga—le dije—. ASTON. Fue el que me llevó al convento. Tienen que tener el mejor jabón. (Pausa.—(Mostrándole los zapatos.) Me parece que son un poco pequeños. ¿eh? (Se levanta y se mueve por la escena.—Apenas los veo. ASTON.. En toda la calle vive gente. Bueno.—¿Qué pasó.—Esos cabritos del convento me han dejado en la estacada otra vez.) Pues sí.) LOS mejores. Noté que unas grandes y pesadas cortinas cerraban la ventana. (ASTON se reúne con DAVIES en el centro de la escena. Estaba encargado de los mejores urinarios del distrito. Se marchó. En los urinarios. en Luton.—Sí. oiga usted.—¿Qué? DAVIES. tiene usted aquí unos cuantos chismes.—(Yendo hacia su cama. no parece que sean de mi medida. entonces. al venir noté que las pesadas cortinas de la casa de al lado estaban corridas.) Que al venir noté.—¿Zapatos? (ASTON se dirige hacia el fondo derecha...—¿Tiene usted más negros por los alrededores? ASTON. Tuve que ir todo el camino hasta Luton con estos que llevo.—¿Qué? DAVIES.) DAVIES. sabe usted.—Tiene usted que tener un buen par de zapatos. DAVIES. ASTON. ¿No tendría usted por un casual un par de zapatos que le sobren? ASTON. sector anterior. (Pausa.) Al venir noté que en la casa de al lado vive alguien.—Ya irán cediendo.—Allá abajo. señor—abrió la puerta. DAVIES.Harold Pinter El conserje (Pausa.—¿Usted cree? DAVIES. ASTON..) Bueno. pues.—¿Sabe lo que me dijo aquel cabrito de fraile? (Mira los zapatos. DAVIES. DAVIES.) Sí..) DAVIES. DAVIES. ASTON.—(Gesticulando. Yo nunca estaba sin una pastilla de jabón cuando daba la casualidad de que me estaba pateando la zona de Shepherd's Bush. Había oído decir que daban zapatos. estaba en los urinarios.—No. una puerta Página 7 de 53 . ASTON.—¿Negros? ASTON.—Son los vecinos. (Observa a ASTON. No hay nada peor. ASTON.—La tengo a mi cargo. Exactamente al otro lado de Luton. ¿cuántos más negros tiene usted por los alrededores? ASTON. El convento de Luton.) ¿Sabe usted lo que me dijo el cabrito del fraile? (Pausa.—Entonces esta casa es de usted.—En Acton conocí una vez a un zapatero. ASTON. ¿no? (Se lleva la pipa a la boca y chupa de ella sin encenderla.) DAVIES.—Ahora ya no está.—Es usted el propietario. ¿no? (Pausa.—(Saliendo de debajo de la cama con los zapatos. dice? Cuestión de vida o muerte para mí.) Me parece que tengo un par.—Conque negros.. le digo a usted que sí. Pensé que allí debía de vivir alguien.) Voy a decirle algo. Esto. ASTON. cuando llegó allí? (Pausa.. Siempre me deslizaba un poco de jabón. Era un buen compadre.) ASTON. DAVIES. Un jabón muy bueno. compadre.

» «Váyase a hacer puñetas»..—Santa palabra. se me cayeron las suelas mientras iba andando. encuentre algo definitivo. ¿sabe usted?. No puedo ir de un sitio a otro. Sí. le dije—. apenas pasado Hendon. largo de aquí. ya le hemos dado su comida. a ver si encuentro algo.—Voy a ver si puedo encontrar algo para usted.» Uno de ellos. ASTON. pues no sé qué decirle. puede usted creerme. señor. no tiene usted un par de zapatos. oiga—le dije—. me ha costado tres días venir hasta aquí—le dije—. todo lo bueno que tenían.. Así no puedo seguir.» «¡Eh!. DAVIES. ¿sabe usted? ASTON. No hay nada como el cuero para el calzado. Yo tengo un pie muy ancho. Y yo he de estar siempre en movimiento. le voy a dar de patadas hasta la puerta. señor—le dije—. (Se los saca y los devuelve. ¿Quién cree que soy? ¿Un perro? ¿Nada más que un perro? ¿Quién cree que soy? ¿Una alimaña? Y qué hay de los zapatos que he venido a buscar desde tan lejos. no tiene derecho a hablarme así. Este cuero es resistente.) ¿Le gustaría. un gamberro irlandés. y le enseñé estos. ¿eh? Muy resistente. Espero que aclare el tiempo.. DAVIES. Atajé hacia Watford y allí pesqué un par. Buenos zapatos estos.—No. sí.—Pruébese estos.) Gracias de todas maneras.—¡Oh!. eso.» «¿Comida?—dije—. He oído decir que ustedes tienen aquí una partida de zapatos. ya nada. ¿sabe usted? ¡Menuda comida me dieron! Un pájaro.—¿Aquí? ¡Oh!. se saca las sandalias y se los pone. en cinco minutos queda hecho una porquería para toda la vida.Harold Pinter El conserje grande. la abrió y. no me importa quien sea usted. Quiero decir. ASTON. bueno. ¿sabe usted?. a hacer puñetas. me dijo.—Hasta que. «¡Eh!.—Puede usted dormir aquí.. ASTON. En la North Circular. Página 8 de 53 . oiga.) Son fuertes.) ASTON. Me di el bote. y cuando le hayan dado la comida. ASTON.—¡Hummmm!. que soy un viejo.—¿Adónde va a ir? DAVIES..—Estos son demasiado puntiagudos. tengo pensadas dos o tres cosas. El otro día un fulano quiso endosarme unos de ante. ahí a la vuelta. muchacho. los que llevo no son buenos. (Camina con ellos puestos por el aposento. oiga—le dije—. ASTON. ¿eh? Lo que voy a hacer es denunciarles a la madre superiora. ¿no?» «A la vuelta de la esquina están las cocinas—me dijo—. pero al menos son confortables. tres días sin probar bocado.) ¡Ah!..) ¿Para cuánto tiempo? ASTON. DAVIES. allí termino. vino derecho hacia mí. «Hala—me dijeron—.—¡Ah! DAVIES. un pajarillo chiquitín podía habérselo comido en menos de dos minutos.. he venido todo el camino hasta aquí. están casi liquidados—le dije —..—¿Aquí? ASTON. ¿no?.—Estupendo.—Me dejarían tullido en una semana. Ni hablar.—No están mal este par de zapatos.. si quiere. y me parece que tengo derecho a comer algo. pero están acabados. Así es que he tenido que seguir con estos. El ante se desgasta. DAVIES. DAVIES. No hay nada como el cuero. ASTON.—(Sigue reparando la tostadora eléctrica. No están nada mal. oiga usted. pero lo que quiero decir es que no me hacen daño. se ensucia.—(Sentándose. (Pausa. señor. que me han dicho que ustedes daban...) DAVIES. sólo para poder seguir andando.» «Si no se va usted a hacer puñetas—me dijo—. no sé por qué ha de tomarse libertades conmigo. oiga. conque largo de aquí.—Pero no me sientan bien. mire—le dije. un par de zapatos—dije—. (DAVIES toma los zapatos. Mire estos.» Fui a la cocina. que si no. todo lo que le pido es un par de zapatos. no sirven para nada. le gustaría dormir aquí? DAVIES. Menos mal que me había llevado envueltos los viejos. ya no me sirven para nada.—.—¿No? DAVIES. No son de buen ver. (Pausa. un momento.

DAVIES. Página 9 de 53 . ¿eh? ASTON.Harold Pinter El conserje ASTON. ¿eh? ASTON. unos cuantos.) DAVIES. ahora.) Pesa una tonelada. Vaya. ¿no? ASTON.—No. DAVIES. DAVIES.) Ahí. DAVIES. Me pareció bonita..—Nada.—¿No la utiliza nunca entonces? ASTON.—¡Oh!.—(Tomándola y examinándola.—Hasta que salga de apuros. La compré en. Tiene usted aquí muebles de sobra.. ahí no hay nada. están.. ¿qué? ASTON.) ¿Tiene césped? ASTON.) La escalera cabrá debajo de la cama.—Sí. ¿eh? (Se vuelve hacia la máquina cortadora de hierba. en el rellano de abajo.. ASTON. DAVIES.) Primero tengo que desbrozar el jardín. ¿no le parece? ASTON. DAVIES. Miran hacia el exterior. Y un lavabo.—Sí.—No.—Es esta la cama.—Esta cocina de gas funciona. Mira a uno y otro lado. Está muy bien hecho. (Aproximándose a la cama...) ¿Dónde? ASTON.—(Se levanta. de perilla.—¿Dónde va a poner el cobertizo? ASTON.—Conque carpintero. DAVIES.—Conque carpintería. (DAVIES se vuelve y fisgonea debajo de la fregadera. Y bien pronto. ASTON.) ¿Construye algo? ASTON.. trabajar con las manos..—¿Qué es esto? ASTON. ¿Qué opina usted de estos budas? DAVIES. sólo hasta que salga de apuros.—No me diga. estarían bien para usted.) Ahí hay una cama.—Sí.—¿Qué tiene usted ahí? ¿Peces? ASTON.—Quizá un cobertizo en la parte de atrás.. Ahí.—¿Qué es eso? ¿Un estanque? ASTON.) DAVIES...—Todo esto lo sacaremos de aquí. DAVIES. (Entre los dos levantan la fregadera.—(Permaneciendo en pie.. (ASTON levanta el saco que cubre la ventana. ¿no? ASTON.—Necesitará un tractor.—Demasiado crecido. ya veo.) Y esto.. DAVIES.—Aquí.—(Indicando la fregadera. DAVIES. (Se levanta.) DAVIES..—Ya me las arreglaré.) Me gusta. etcétera.—Eche una mirada.) DAVIES. detrás de todo eso.—Sí. (La colocan debajo de la cama. muchacho.—No. A mí me alegró poder conseguir este.) DAVIES. ASTON. (DAVIES toma la estatuilla de Buda.. ya me las compondré.. ¿Sabe qué? Podría quedarme.—Hombre. DAVIES. (Pausa. Señalando fondo derecha.—(Volviéndose. (Pausa.—Un poco espeso. Voy a ver si me la quito de encima. DAVIES. Vaya. Me gusta mucho. Pensé que podrían venir bien. hay un wáter..—Ahí debajo. están muy bien. (Ponen la escalera debajo de la cama.—¡Oh!.) ¿Dónde dormiría? ASTON.—Le echo una mano.—¡Oh!. Solo están aquí de momento.. pues ya ve. en una tienda.—Yo creo que también cabrá ahí debajo. que puede servir de fregadera. ¿no? ASTON. DAVIES.—¿Qué hace usted para una taza de té? ASTON. DAVIES.) Es Buda.. No sé por qué. Los otros cuartos no. inmóvil. (Observa las tablas..

—¿Qué hacen sus papeles en Sidcup? DAVIES.—Hace un tiempo tan asqueroso..—Quiero decir que no comparte usted el wáter con esos negros. Aquí tengo una cédula de seguros. Libras he pagado.—Ahí tiene unas leandras. (ASTON se aproxima a la cama. (Se la saca del bolsillo. buena suerte. DAVIES. Bernard Jenkins. (ASTON se dirige a la maleta. saca de ella una sábana y una almohada y las pone en la cama. No he pagado peniques.) ASTON.—¿Sidcup? DAVIES. Cuatro.—¿Cómo está usted de dinero? DAVIES.—¿Por qué quiere ir a Sidcup? DAVIES.) ASTON. No es mi nombre verdadero. ASTON. al menos.) Bonita sábana.. ¿Ve usted? Bernard Jenkins. la abre.) ASTON. Hay cuatro sellos.) Con el nombre de Jenkins.—Sus ¿qué? DAVIES.. Pues. Pedí una Guinness. (Empieza a trasladar el cubo de carbón. no..) DAVIES.. No tengo derechos.—Mis papeles están allí.. Mire. escoge algunas y entrega a DAVIES cinco chelines. Las cosas claras.. Pero no me sirve de nada seguir utilizando ese nombre. DAVIES. (ASTON permanece erguido. DAVIES. ¿No se da cuenta? ¡Prueban quién soy yo! No puedo dar un paso sin ellos.) ASTON. Un poco escaso. ¡He estado andando por ahí con un nombre supuesto! Este no es mi nombre verdadero. no Página 10 de 53 . (ASTON toma destornillador y enchufe de encima de la cama y se pone a hurgar en el enchufe.—¿Ve usted una maleta azul? DAVIES.. Se los dejé a él. Cuatro sellos.—El otro día fui a una cervecería. se darían cuenta.) ASTON. he pagado libras. (Pausa.—No se preocupe por eso. no me dieron nada por todo ese trabajo que hice la semana pasada. Quiero decir.—¡Si al menos aclarara el tiempo! ¡Podría ir a Sidcup! ASTON. saca su tabaco y se pone a liar un cigarrillo. Se dirige a su cama y se sienta en ella.) Gracias. No puedo beber la Guinness en un «bok» grueso.—La manta tiene un poco de polvo. Daba la casualidad de que andaba algo escaso.—¿Qué? DAVIES.—No vienen aquí.—¿Maleta azul? Ahí debajo. el cesto de ruedecitas para la compra. ¿Cómo voy a ir a Sidcup con estos zapatos? ASTON.—Pues verá usted. Esta es la situación. ¿eh? (ASTON coloca un cajón contra la pared. Le dicen quién soy yo.—Un compadre los tiene. Tomé unos sorbos. la máquina de cortar hierba y los cajones a la pared derecha. verá usted: ¡cambio de nombre! Hace años.. ¿O sí? ASTON. ¿Sabe usted?. me echarían mano. sopla sobre ella para quitar el polvo y sacude una manta.) ASTON. pues. Me senté. Solo me gusta en un vaso delgado. pero no pude terminarla.—¿Por qué? DAVIES.—Viven ahí al lado. Pero con esto no puedo hacer nada.) No compartirá usted. pero no pude bebería. bueno.—¿Cuál es su nombre supuesto? DAVIES. ASTON.—Jenkins. si quiere que le diga la verdad. mire usted. Es el nombre por el que se me conoce.. gracias. ¿verdad? ASTON.—Mis papeles están allí.Harold Pinter El conserje Todos estos trastos podemos ponerlos ahí.—(Deteniéndose. Me la dieron en un «bok» grueso.—(Tomando las monedas.) DAVIES.. ¿sabe usted?. (ASTON saca unas monedas de su bolsillo. ¿Se da cuenta? Estoy pegado sin ellos. Junto a la alfombra. ASTON. así es.) Porque.—¡Ah!.. (Pausa. Mire. (Pausa. Ese es mi nombre.

(DAVIES mira el balde. ASTON.. DAVIES.—Conozco la casa donde vive. ASTON se abrocha los Página 11 de 53 .—¿Cuánto tiempo los ha tenido? DAVIES.—¿Qué? ASTON.—Ha de tenerlos. Tengo buena memoria para.—Sí.—¡Si al menos pudiera ir a Sidcup! He estado esperando que aclarara el tiempo..—Estoy reparando este enchufe... muchos. DAVIES. todos los tiene allí. ASTON. DAVIES. DAVIES. Las luces se apagan.—Está llegando hasta la raíz del mal. pues voy a probar su cama. pero no los han pegado. puede acostarse. ASTON. ASTON. Estoy un poco. ASTON.. Una buena cama. los granujas. ASTON. Tiene todos mis papeles ese compadre a quien se los dejé..) ASTON. Si les llevo la cédula me echan mano.. (Se da la vuelta y se echa encima el cobertor. ASTON se sienta y sigue hurgando en el enchufe..—Tiene suerte.) ¿No puede usted. DAVIES. No se preocupe por mí. ¿eh? ASTON. pues cerca de quince años. (Pausa. Se ilumina la escena. DAVIES. Va y se acuesta.. Aunque no recuerdo el número. puede usted creerme. ¿No se acuesta usted? ASTON. debe de hacer.—Davies.—Goteras. ¿cuál es su nombre verdadero? DAVIES. no puede usted sacar esto de aquí? ASTON.—Barrunto que sí. Estamos en la mañana siguiente.—(Quitándose el gabán.) DAVIES. sí.—Bueno.—Puede haberse mudado. (DAVIES cuelga gabán y pantalones en la percha. (Se quita los pantalones y los mantiene en la mano. (Se da cuenta de pronto de la presencia del balde colgado del techo y mira hacia allí rápidamente..—Entonces. yo creo que voy a acostarme.Harold Pinter El conserje peniques.—Una vez en la calle..) ¿Eh? Bueno..) ASTON. señor. Prueba la resistencia y longitud de la misma. no se preocupe por eso.—Un poco pesado. Podría probarlo todo. no está mal. Oscuridad.. Eso era antes que cambiara mi nombre.—¿Cómo quiere que vaya con estos zapatos? Es el tiempo..) No está mal. DAVIES..) DAVIES.—Veo que ahí arriba tiene un balde. DAVIES.. La luz es un poco deslumbrante.. era antes de la guerra.—¿Cuánto tiempo los ha tenido? DAVIES. llegaré en un santiamén. Una vez en Sidcup. podría ir allí con los ojos vendados.—Estaré al tanto del boletín meteorológico.—Sí. Tengo buena memoria.) ASTON. (DAVIES se mete en la cama. nunca he tenido tiempo de arreglar este asunto.) ASTON. DAVIES.—No se preocupe por eso.—Tendré que ponerle una pantalla a esa bombilla.. (Se dirige hacia su cama y se detiene junto a la cocina de gas. Ha habido más sellos..—¡Oh!.—Debían haberle puesto los sellos. (Pausa.) DAVIES.—Debería hacer todo lo posible para ir allí.—No habría servido de nada. (Pausa. Creo que voy a dormir aquí.—¿Qué le pasa? ASTON. (Pausa... un poco trabajado.—Cuando usted quiera. pues debe de hacer. ¿sabe usted? Si al menos aclarase el tiempo. ASTON.. DAVIES. ¿Para qué? Si este no es mi nombre verdadero.) ¿Los pongo ahí? ASTON.—No funciona.—Parece como si quisiera usted arreglar todo esto.—¿Los tendrá todavía? DAVIES. Mac Davies.

sí. yo tampoco. DAVIES.—¿Ha estado usted soñando o algo así? DAVIES..—Los que tiene usted ahí al lado. En mi vida he soñado. Tose.) No. Regresa al sitio de antes. DAVIES.—Usted. (ASTON deja el enchufe y va hacia la puerta.Harold Pinter El conserje pantalones. Quizá han sido los negros los que han hecho el ruido. DAVIES.) DAVIES. DAVIES. va al centro de la habitación y mira a DAVIES.) Entonces. solo un minuto.—Nada. Debía de estar como muerto.) Nadie me ha dicho nunca nada de eso.) Me toma usted por otro. DAVIES. (Pausa. (Pausa. Lleva calzoncillos largos.) ASTON. ASTON. Yo no hago ruidos por el solo hecho de dormir en una cama.—Yo no.) ¿Por qué había de farfullar? ASTON..—Estoy acostumbrado a toda clase de camas..—Esta cama no tiene nada de malo. hombre! Nadie me ha dicho nunca nada de eso.) DAVIES. en pie.—La falta de costumbre.—Quienes han hecho el ruido.—Espere. Farfullaba algo.—Gruñidos.) ¿Adonde va usted? ¿Sale? ASTON. (Pausa. ASTON. DAVIES. (Pausa. da la vuelta de nuevo.) Entonces espere un minuto. se pone la chaqueta. No he tenido ni un solo sueño en mi vida. (ASTON va hacia su cama.—¿Qué pasa? ASTON. ¿Qué quiere usted decir? ¿Qué clase de ruidos? ASTON.—Sí.—Yo no sueño. DAVIES.—¿Quién? ASTON.—Sí.—¡Yo qué voy a farfullar. DAVIES.—Esa es mi opinión. He creído que estaba usted soñando. (DAVIES salta de la cama. ASTON..—Usted... toma el enchufe y lo sacude. cerca de su cama.—¿Qué negros? DAVIES.—(Yendo hacia la cama con la tostadora. (DAVIES mira a su alrededor. ¿eh?. toma la tostadora y la examina. DAVIES.—¿Soñando? ASTON. (Pausa.—¡Ah!.—Sí.—¿Eh? ASTON. a lo mejor. ¿por qué me lo pregunta? ASTON.—Nada. Duermo en camas. (ASTON va hacia el sector anterior derecha.) ASTON. amigo..—No.) ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ASTON.? ¿Yo? ASTON.—(Cogiendo las sandalias. ASTON.—¿Que yo. Se vuelve. espere.) A lo mejor han sido los negros. Alisa la cama.—Hacía ruidos. ASTON. va hacia DAVIES y le mira. Me ha despertado.—¿Ha dormido bien? DAVIES.—¡Hummmm! DAVIES. vamos a ver. He dormido en muchas camas.—¿Qué? DAVIES. ASTON. Página 12 de 53 .—Pues no soñaba. ¿a qué viene eso? (Pausa.—No sé.—Sí. Estaba como muerto. DAVIES se incorpora bruscamente.) ASTON. DAVIES. DAVIES. DAVIES.—Quiero decir.—Quizá fuera la cama. subiéndose por las paredes.

. ASTON..—Son útiles. (Pequeña pausa..—Yo no sueño. creo.—Sí.—¡Ah! (Pausa.—¿Y qué me dice usted de una sierra para metales? ASTON.—¿Una sierra de vaivén.—Tengo un par de llaves. Sin saberlo. Y aprisa.—¡Ah!.—¿Para qué? DAVIES. ASTON se queda en pie.. ASTON.—Bueno. ¿sabe usted? (Pequeña pausa. DAVIES. DAVIES. DAVIES.. ¿es que no quiere que salga? ASTON..) Sí. A lo mejor era usted quien estaba soñando. El dueño tenía una sierra de vaivén el otro día. no son tan útiles como una sierra para metales.) ASTON.—Quiero decir.—No tiene usted por qué salir. (Pequeña pausa. A lo mejor era usted quien hacía todos esos ruidos de que me ha estado hablando...—Lo son.Harold Pinter El conserje ASTON. (Pausa.—¿Por qué? DAVIES. la verdad es que ya tengo una.—Bueno. ¿No quiere usted que me vaya. que tenga suerte.) DAVIES. ASTON..—Creo que voy a darme un paseo calle abajo.—Sí. muchas gracias. ASTON.—Pero limitadas.) Será mejor que vaya con usted.) Por otra parte.. eso.—Sí. DAVIES. ASTON.—(Volviéndose hacia él.. ¿Comprende lo que quiero decir? Oye toda clase de ruidos. Podría serme muy útil.) Página 13 de 53 .—Quiero decir. ASTON. compadre? ASTON.—¿Eh? DAVIES.. No tiene por qué salir sólo porque yo lo hago.. que son muy útiles.—¿No le importa que me quede aquí? ASTON.—(Poniéndose las sandalias. DAVIES. ¿sabe?. que puedo quedarme aquí? ASTON..) ¿No? ¿Por qué? DAVIES.—Gracias. DAVIES.. si usted sale.—¿Por qué? DAVIES.—Quiero decir que será mejor que salga con usted. si usted sale? ASTON. eso es.—¿Qué piensa usted hacer? DAVIES.) La de esta puerta y la de la calle. Con una sierra de vaivén pueden hacerse muchas cosas. sueña.. escuche. DAVIES.. Son muy útiles. ese taladro portátil se pueden hacer muchas cosas con ella. estaba pensando.—Pero ¡si es eso lo que quiero decir. (Pausa.. DAVIES. a lo mejor estaba usted soñando que oía ruidos. Me gustó su aspecto. por la experiencia que tengo de ellas. quiero decir. ¿comprende? Una vez unida a.. Pero es un accesorio. que sí.—¿Qué? DAVIES. (Pausa. (Va hacia una caja que está cerca de su cama y las busca. DAVIES.) ASTON. ¿comprende? Tiene que unirse a un taladro portátil. (Se las entrega a DAVIES.—Sí.—¿Una sierra de vaivén? Pues procede de la misma familia que la sierra de calados.—Son útiles..) ¿Qué es eso exactamente.. pues? (ASTON va hacia la ventana y mira al exterior. (Pausa.—Sí.) Eh. no hay vuelta de hoja.—Haga lo que quiera. mire. oiga. Una pequeña. Mucha gente..) DAVIES. sí. lo que trato de decirle! ¡Yo tampoco sueño! Por eso pensaba que a lo mejor había sido usted. (Pausa.) ASTON.. DAVIES. ASTON. ¿verdad? ASTON. no son. Mientras se sepan manejar.—¿Quiere usted decir que.—Sí.) También lo es la sierra de punto. una especie de tienda. Quiero decir que.—Ya lo sé que son útiles. ASTON.. lo digo solo por.

La estufa se irá calentando. DAVIES. mire: usted no se preocupe por esto...) ASTON.—¿Eh? ASTON. ASTON.—(Oscuramente. si quiere.) Bueno. su nombre. su nombre verdadero. comprende. ¿no?.—(Dando la vuelta. Ansiosamente.—A mí me han dicho lo mismo. a cambiar unas frases. Quiero decir.—¿Dónde nació? DAVIES. ASTON.—De acuerdo. Descuide.) Oiga. Esta pequeña estufa.—Jenkins..—¿También? DAVIES. bueno.. (Pequeña pausa... si la cocina puede tener algún escape. otra cosa.. ¿ve? Eso. charlando un poquito.—Davies. ASTON. lo que me preocupa es que está precisamente en la cabecera de mi cama.... DAVIES.) ¿Qué quiere decir? ASTON. ¿eh?. y de pronto puso su mano sobre la mía. así. yo me encargo de esto.—No me diga.—De acuerdo. Lo que voy a hacer es echar de cuando en cuando un vistazo a estas llaves.. Me pareció bastante raro.) ASTON.—No.. ASTON. Las había pasado en la costa... señor. así. tanto tiempo. he corrido mucho mundo... DAVIES. ASTON.—¿Cómo ha dicho que se llamaba? DAVIES..—Verá usted. eso es todo.—Tiene que funcionar.—Solo con enchufarlo aquí.—Bueno.) ASTON.. ¿sabe?. Salirme con esa..—No se preocupe usted. DAVIES.—No. ASTON. podría tocar una de estas llaves con el codo al levantarme.... Bueno..—Nací.. En fin....—Sólo tiene que enchufarlo. DAVIES.—¿Es galés? (Pausa..) DAVIES. Este es mi nombre de verdad.. (ASTON va hacia la puerta. ASTON. ¿ve? Tengo que tener cuidado en no darle codazos. Bernard Jenkins es mi nombre supuesto. DAVIES. ASTON. ¿cuál es? DAVIES. sobre sus vacaciones.. No sé de qué hablamos.—No está conectada....—¿Es usted galés? DAVIES. DAVIES. ¿me entiende? (Da la vuelta alrededor de la estufa y la examina.. DAVIES. sin más ni más....) ¿Qué debo hacer? ASTON..—¿Sabe qué le digo? Que no lo toco y ya está.—¿Mujeres? Muchas veces se me han acercado y me han hecho poco más o menos la misma pregunta. Hace tiempo...—Pero si no cuesta nada..—¡Eh! Iba a preguntarle si la cocina.. señor. basta. DAVIES. ¡uh!.) ¿Ve este enchufe? Puede usted enchufarlo aquí. ¿dónde nació usted? DAVIES. eso es.—¿Sabe? El otro día estaba sentado en un café. y me dijo: «¿Le gustaría que le echara un vistazo a su cuerpo?» DAVIES.....—Sí.Harold Pinter El conserje ASTON.. ¡oh!.. estábamos allí sentados.. es difícil recordar una cosa de hace tantos años. empezamos a. (Pausa.. señor.) ASTON. (Pausa. ¿No podría prestarme un par Página 14 de 53 .—No creo que. donde había estado. Mac Davies. ahora están cerradas. Dio la casualidad de que me senté en la misma mesa en que había una mujer. esta clase de chismes no me gustan mucho.—Pues sí. la memoria falla.—(Yendo hacia el hogar y agachándose. Pero no recuerdo el nombre. ¿Qué cree usted? ASTON. en mitad de aquella conversación.. en el Sur. (Volviéndose. usted ya sabe.. he dado muchas vueltas..—Pero..

Es verdad.. coge un jarrón y mira en su interior. Gracias. Estuve allí. de esto hará. mira hacia el balde del techo y hace una mueca. Oprime el cuero contra los dedos de sus pies. va hacia ellos y los examina. pero no del todo. ¿sabe? Quizá me den algún trabajillo. eso es. yo no soy de esa clase de tipos que se toman ciertas libertades. Mira por la habitación. luego va hacia la puerta.. Todos esos grandes campos de deportes. Da unos pasos y se da un golpe en el dedo gordo del pie con una caja. luego coge una caja y la sacude.) ¿Qué hará con todos esos periódicos? Vaya pila de papeles. se vuelve rápidamente. Eso es. Lo sostiene. eso es. ¡uh!. ¿Está seguro. una vez allí. Espera unos segundos. eso es lo que buscan. (Cruza hacia la derecha y coge el farol.) ¿Para qué querrá todos estos papeles? (DAVIES se sube sobre la alfombra enrollada y se acerca a la maleta Página 15 de 53 . de esto hará ya algún tiempo.—¡Hummmm! (ASTON va hacia la puerta.... prueba una. por allí. los hoteleros y cafeteros. quizá eche un vistazo al estadio. Lo había olvidado.) Si al menos pudiera ir allí. la abre. se pone la llave en el bolsillo y cierra la puerta silenciosamente. lo difícil en estos lugares es que encuentren la gente fetén. Se lo aseguro. ¿sabe?.) ¡Uf! Me lo ha hecho polvo. ¿sabe usted? Sé que les falta gente. cierra. La puerta se abre.—¡Hummmm! DAVIES. (Se queda en pie mirando. Entra MICK.Harold Pinter El conserje de chelines? Para una taza de té. (Toma el Buda y lo mira. señor.—¿Eh? ¡Oh!..—Algo más tarde quizá me llegue a Wembley. DAVIES.. Para todos los grandes partidos. Se oye girar una llave en la cerradura de la puerta. estaba pensando que. se inclina y saca un par de zapatos. Se me había ido completamente de la memoria.—¿Sabe?. ASTON. Se saca las sandalias y se calza los zapatos... la cierra. al estadio de Wembley. lo tengo todo planeado. se agarra el dedo y da media vuelta. puede usted quedarse. ¿no? ¡Oh!. prueba la otra. DAVIES se queda quieto. lo que piden a gritos. hasta luego. Examina el área en que se encuentra la cama de Aston. (Pausa. se queda en pie de espaldas a la puerta. Lo que hacen es salirse del paso con esos extranjeros. es de sentido común. muy suavemente la puerta se abre. (Se saca los zapatos y los pone debajo de la cama. ¡Puñetera caja! (Sus ojos se detienen en el montón de periódicos. entonces se acerca rápidamente a la cama de Aston. ¿comprende?. Un poco puntiagudos. ASTON.) ¡Quietos! ¡Quietos! (Sostiene el montón y recoge y arregla los pocos que se han caído. pues. eso es lo que voy a hacer. Pero.—Anoche le di unos cuantos. necesitan gente para cuidarse del terreno. (ASTON sale y cierra la puerta.. podría llegarme hasta Kennington Oval. suavemente.. mira al exterior.) No están mal estos zapatos.—¿Cuándo fue eso? DAVIES.. (Se acerca a ellos y los toca. claro. ¿sabe? ASTON.) ¡Tornillos! (Ve los botes de pintura colocados en la cabecera de la cama. no están nada mal..) Tendré que mirar eso.) Está lleno. Es cosa que salta a la vista.. No hay más que ver.. eso es lo que quieren. ASTON.—Por allí hay un cafetín. Escuche. Pone el Buda dentro de uno de los cajones y se frota el dedo. sacudiendo los pies y balanceando las piernas. bueno. entra otra vez. Deja escapar un grito.) Pintura.. El montón amenaza derrumbarse. se asoma al exterior.. eso fue.... ASTON. La puerta también se cierra. Se queda en la puerta y mira a DAVIES.—Sí. necesitan gente para cuidar del terreno. luego anda de arriba abajo.—¿Eh? Sí. la abre. quiero decir. busca las llaves por el bolsillo.) Aquí tiene un montón de cosas. ¿eh? DAVIES. ASTON.. DAVIES. ¿Qué querrá pintar? (Deja los botes de pintura. está usted completamente seguro de que no le importa que me quede a vivir aquí? Verá. También podría hacer otra cosa. cierra la puerta.—¡Hummmm! DAVIES. claro. Quizá necesiten personal.) Bueno. Tiene razón. va hacia el centro de la habitación.—No.

ágilmente. MICK. DAVIES da media vuelta. Yo no hago ruidos. Le mira y luego se pone en pie y le mira desde lo alto.—Vamos a ver: ¿qué te traes entre manos? TELÓN Página 16 de 53 . encogido.) Nada.) Debe de haber algo dentro.) ¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhhhhh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Qué! ¡Uhhhhhhhh! (MICK. (Coge uno de los cajones del armario. he dormido bien. MICK se dirige al fondo silenciosamente. va hacia el perchero y coge los pantalones de Davies. le hace caer en el suelo. MICK se vuelve para mirar la habitación. MICK le sujeta el brazo. MICK se desliza a través de la habitación. va hacia la silla. DAVIES grita. MICK con un dedo le hace un signo de advertencia. (La deja en el suelo y va hacia el sector anterior del escenario. DAVIES retrocede. le hace un gesto para que se calle y luego con la otra mano le tapa la boca. Se lo diré. Silencio.) Podría cerrar esa ventana.) MICK. Examina los pantalones y los echa hacia atrás. Da la vuelta. quejándose y con los ojos desorbitados. lentamente. DAVIES se frota el brazo. MICK le coge el brazo y se lo retuerce hacia atrás. MICK le deja libre. vigilando a MICK. DAVIES sigue en el suelo. Finalmente. se sienta y mira a DAVIES sin ninguna expresión en su rostro. Va hacia la cama de Davies y aparta la ropa. Luego se agacha para mirar a DAVIES. haciendo visajes. DAVIES empieza a levantarse. (Mira a la ventana.) Cerrada. MICK le hace sentarse de nuevo en el suelo con el pie y se queda mirándole. le quita el pie de encima. (Cierra la maleta.) Aquí tiene una sábana y una funda de almohada a punto. Ese saco no va bien. ¿Qué es eso? (Coge otra maleta e intenta abrirla. DAVIES se calma. (Abre la maleta. registra el contenido.Harold Pinter El conserje azul. mientras DAVIES lucha por librarse. después lo deposita en el suelo.) A pesar de todo.

(Cae una gota en el balde. tú dirás.—Sí.) MICK. MICK vuelve a mirar a DAVIES. Se parecía a ti como una gota de agua a otra. (Pausa. nueces.) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES. MICK está sentado.—Sí. ni tocarlas..—Me alegro. Nunca sin su pasaporte. nunca he averiguado cómo llegó a ser hermano de mi tío.—¿Dormiste bien? DAVIES.) Espero que hayas dormido bien esta noche. Le gustaban las chicas.—Nada.—Sí. Un poco atlético.. A menudo he pensado si no sería al revés.—Jenkins.) Me recuerdas al hermano de mi tío. si mi tío no sería su hermano y él mi tío. (Cae una gota en el balde. (Pausa. Al día siguiente le expulsaron del Ejército de Salvación. A decir verdad. DAVIES está en el suelo. Solía hacernos exhibiciones en el cuarto de estar cuando se acercaba la Navidad. Un asunto curioso. pero nunca comía tarta de frutas.. MICK. ¿Quién es usted? (Pausa. MICK. Lo afanó en Hong Kong. MICK.—¡Oiga! ¿Quién es usted? MICK. En tratándose de cascajo nunca decía basta. Tenía un cronómetro estupendo.) MICK. Eso es lo que le pasaba. MICK. Cacahuetes. Esto era antes que le dieran la medalla de oro. Nada.—Jenkins. Se casó con un chino y se fue a Jamaica.—Oiga.. Siempre le he llamado Sid. Tenía la graciosa costumbre de llevar su violín a la espalda. Era un tipo parecido a ti. DAVIES levanta los ojos y lo mira.—¿Cómo? DAVIES.) MICK. encogido. nueces del Brasil. Quiero decir. Pero nunca le he llamado tío.—¿En qué cama has dormido? DAVIES. Silencio. nada. MICK. Los dos miran hacia arriba. DAVIES.. Era su debilidad. (Pausa..—¿Eh? Página 17 de 53 . kins. MICK. DAVIES.—Jen.—¡Jenkins! (Pausa.—Bueno. Siempre andaba por ahí. medio sentado. Creo que tenía algo de piel roja.—No le conozco.—¿Cómo te llamas? DAVIES.Harold Pinter El conserje ACTO SEGUNDO Unos segundos más tarde.—Jen. Como un papúa. vamos a ver. Tenía una debilidad por los cacahuetes...) ¿Cómo has dicho que te llamabas? DAVIES. Mi madre también le llamaba Sid.—¿Eh? DAVIES. Encantado de conocerte. kins. Era el número cuatro en las reservas de Beckenham. MICK.—¿Jenkins? DAVIES. Especialista en saltos de longitud.

.—Sí. solía dejar la bicicleta en su jardín.) MICK. a Highbury Corner.—¿Cómo te llamas? DAVIES. MICK.—¡No! MICK.—¿No en la otra? DAVIES. Yo estaba pasando unos días con un primo en Camden Town.) Caprichoso. Quedamente.—¡No! (Pausa.—¿Nacido y criado en las Islas Británicas? Página 18 de 53 .—No. Algo más grande la nariz.—¿En qué cama? DAVIES. MICK. MICK. ya vieja. casi levantándose. cuando iba a trabajar. Amable de nuevo..—¡Sí! MICK. MICK. Ese tipo tenía un cuartucho en Finsbury Park. MICK. No sé quién es usted.—He dormido.) ¡Bien! MICK. Su madre. Nunca le había visto.—Sí.—¿Qué? DAVIES.—¿No en la otra? DAVIES. DAVIES. tocando a la estación de los autobuses. (Pausa. Todos los autobuses pasaban por delante de su puerta. Sí.—(Cambiando de posición.) ¿Te gusta mi cuarto? DAVIES. y bajaba luego hasta la catedral de San Pablo. vivía en Aldgate.—Sí. oiga. también podía tomar un treinta y la llevaba.—¿Has tenido que levantarte por la noche? DAVIES. (Pausa. pero ¿sabes que tienes un parecido muy chocante con un tipo que conocí en Shoredich? En realidad.—¿Bien? DAVIES. la llevaban por la carretera de Essex hasta Dalston Junction en un momento. MICK. un poco antes de llegar a Nag's Head. MICK.—Caprichoso. supe que se había criado en Putney. Lo malo era que no había nacido en Putney.) MICK.) ¿Cómo has dormido? DAVIES.—Caprichoso. pero al final siempre la dejaba en Dalston Junction...—Esa.—¡Bueno. Podía tomar el treinta y ocho. Claro. Y si no en Putney..) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES. Era tu misma imagen. vía Upper Street. (DAVIES hace un rápido movimiento para levantarse.—(Golpeando el suelo.—Jen. kins.—Eres muy dueño de creerlo o no.—En esa.—Esta no es su habitación.—¿No has estado incómodo? DAVIES.—No. el treinta o el treinta A.Harold Pinter El conserje DAVIES.—¿Su cuarto? MICK.—(Gruñendo. el quinientos ochenta y uno. (Pausa.) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES.) ¿Qué tal has dormido en esa cama? DAVIES.—¿Dormiste bien? DAVIES.—¿Eres extranjero? DAVIES. Un violento empujón de MICK le hace caer de nuevo. (Pausa.) ¡Bueno. Yo. Esto no afectó en nada nuestras relaciones.. fue un asunto curioso.. oiga! MICK.! MICK..) ¡Bien! (MICK se pone en pie y se le acerca.—(Continuando a gran velocidad. sino que allí sólo se había criado. pero cosa de nada.. Cuando trabamos amistad. en Fulham. Después me enteré que había nacido en Caledonian Road.—¡Jenkins! MICK. vivía todavía en Angel. A voz en grito. MICK.. Conozco mucha gente que ha nacido en Putney.

MICK extiende una mano amenazadora.—¡Sí! MICK.—Bueno.—Que no.) ¿Te ha gustado mi cama? (Pausa. ¿qué? MICK. DAVIES se echa atrás. DAVIES. Escucha. Este es mi cuarto. me voy a Sidcup! (MICK le azota la cara con los pantalones varias veces.. MICK.—Oiga..—¿En la cama? MICK..—Esta es la cama de mi madre...—No tiene usted derecho a..) MICK.) Me parece que estoy llegando a la conclusión de que eres un viejo bribón... y nada más. ni empieces a tomarte libertades con mi vieja. a ver si tenemos más respeto. MICK. ¿eh? No me seas bellaco.. DAVIES forcejea para recuperarlos.) MICK.. DAVIES.—Escucha.—Embustero.. lo encontré en un café.—No te pases de la raya. (DAVIES mira con cautela a MICK. No te metas con mi madre. hijo.. DAVIES. MICK...) ¿Intentas quedarte aquí? DAVIES. me despidieron. Un viejo pícaro.. y ahora. no tienes nada que hacer en un piso sin muebles...—¿Sabes? Me recuerdas a un fulano que me encontré un día al otro lado del viaducto de Guilford... MICK.—Ya tengo respeto.—¿Decías? DAVIES.—Yo no. oiga.—Lo estás apestando todo. no hay quien me saque de ahí.—Y la otra.. no lo cuento.—¡Me han traído aquí! ¡Me han traído aquí! MICK.—¿Qué te enseñaron? (Pausa. yo trabajaba. MICK se vuelve rápidamente y se apodera de ellos..—¡Déme y me voy. ¿a que sí? Estás hablando con el dueño.. no seas bellaco. Eres un viejo ladrón. nene.—¡Déme mis puñeteros pantalones! MICK.—Déme mis pantalones...—No sé por qué me parece que eres un embustero nato. él lo sabe que yo.—¿Vas a quedarte aquí mucho tiempo? DAVIES.. Pausa. Eso es lo que tú eres.) Esa es mi cama. DAVIES.. si me diera la gana... MICK. podría sacar siete de los grandes por semana. De esto.. amigo.—(Aproximándosele. DAVIES. ¿no? (Pausa.—(Señalando la cama de Davies.) MICK.Harold Pinter El conserje DAVIES.. no encontrará a nadie que tenga más respeto que yo. que le da la espalda. el.. él. que yo a usted no le he visto en mi vida.. yo trabajaba allí.—Un hombre que vive aquí.. DAVIES. me trajo aquí..—¿Por qué? ¿Adonde quieres ir? DAVIES.—¡Me han traído aquí! (Pausa.. me trajo aquí directamente. DAVIES. Eres un viejo bárbaro. DAVIES.) Mira. arriba ese culo. Eres muy poca cosa para estar en un lugar tan decente como este. DAVIES...—Pues a ver si dejas de decir embustes. Estás en mi casa.) MICK. oiga. yo no he. un granuja. MICK. (Pausa. Apestas.—¿Que te han traído aquí? ¿Quién? DAVIES.. Hay que guardarse de las corrientes de aire.—Me trajo aquí anoche.—No. Te lo digo en serio.... Mañana mismo Página 19 de 53 .. DAVIES.—¡Pues anoche no estaba aquí! MICK. si no es por él.—Supongo que tampoco has visto nunca a mi madre.. que es del otro.) Esa es mi cama. DAVIES. MICK. (Pausa.. DAVIES corre hacia la percha y coge sus pantalones..

veinte por ciento de interés. dilo. amortización. compensación al cesar los pagos.—Del tejado. empezará de un día a otro. al amigo. Silencio. Cae una gota en el balde. si tanto te gusta.) ASTON.) DAVIES. DAVIES los recoge y se los pone.) ¿Cuál es tu Banco? (Se abre la puerta y entra ASTON. se sirve té a los clientes. ochocientas noventa.—¿Vas a embrearlas? ASTON. Tengo un hermano que es decorador de primera categoría. MICK. si prefieres hacerlo a base de préstamo hipotecario. disturbios sociales. después de echar una mirada a MICK y DAVIES. por saqueo premeditado.—¿Vas a embrear las grietas del tejado? ASTON. Aquí tienes. va hacia su cama y deposita en ella una bolsa que lleva en la mano.—Sí.) Todavía tienes esa gotera.Harold Pinter El conserje tendría un inquilino. cuarto de estar.—Servirá.—¡Hummmm! (Pausa. Quiero decir. examen anual de los archivos. por ladrón y por apestar la casa. ¿comprendes? ¿Cuál es tu Banco? (Pausa.—Las grietas. necesitaremos una declaración firmada por tu médico particular que nos asegure que tu estado de salud es lo suficiente satisfactorio para llevar a cabo estos planes. No hay problema. cuando ese balde está lleno? (Pausa. curva ascendente. conozco una compañía de seguros en West Ham que estará encantada de prestarte el dinero. DAVIES se retira a su rincón. Cuarto de baño. Y si quieres tener más espacio.) ¿Qué hace usted... Total. por el momento.—Vaciarlo. MICK. Silencio. Diría a mi hermano que lo pintara todo.) Voy a tener que embrearlas. por robo a plena luz del día. MICK. Página 20 de 53 . Trescientas cincuenta libras al año. MICK se vuelve y deja caer los pantalones.—Sí.) ¿Qué hace usted. En caso contrario. (Pausa. dormitorio y cuarto para los niños.? (Los otros dos lo miran. que está ahí fuera. MICK. amplia indemnización contra desórdenes públicos. O sea que ¿qué piensas hacer? Unas ochocientas por esta habitación o tres mil por todo el piso. (Pausa. reintegros. Este hermano de que te he hablado está a punto de empezar a decorar las otras habitaciones. Acepto cuatrocientas o la oferta que más se aproxime a esa cantidad. todo sujeto a revisión y unificación diarias. Por otra parte. ¿eh? ASTON. remisión de plazo por buen comportamiento. ¿eh? ¿Qué me dices? A no ser que lo quieras comprar. que de un momento a otro ibas a ponerte a decorar las otras habitaciones. truenos y tempestades. No hay trampa ni cartón.) MICK. hay otras cuatro habitaciones en este mismo rellano que también están en venta. subsidio familiar.—Sí. puedo llevarte en cinco minutos al cuartelillo más cercano con mi camioneta. no tengas miedo.. Este lo puedes utilizar como gabinete de trabajo. Muebles y todo lo demás. calefacción y luz vendrá a costarte alrededor de las cincuenta. (Pausa. (Pausa. finanzas saneadas. Agua. contra robos y saqueos. Claro.—¿Crees que servirá de algo? ASTON. MICK. venta de acciones. por mangante.—¿El qué? ASTON. Los tres levantan la vista. claro.—Sí. que si crees que esa cantidad está al alcance de tu bolsillo. historial impecable. conmociones políticas. ASTON.. Sí. —(Bruscamente. cincuenta por ciento de depósito.) MICK. Valor imponible noventa libras al año. seis meses de arriendo. Él te lo pintará todo. sin gastos. y ponerte en chirona por allanamiento de morada. participación en los beneficios. sistema de primas.) Viene del tejado. ASTON. MICK se sienta en la silla. Si te lo quedas diré a mi agente que te extienda un contrato. se sienta y empieza de nuevo a arreglar la tostadora. rayos.—Le estaba diciendo aquí.

—¡Démela! ASTON..—Tiene sentido del humor. Va hacia su cama y se sienta. un guasón de verdad.) Me es muy familiar..—(Levantándose..—¡Hummm!. es mi bolsa! MICK. No te pases de la raya.) ASTON. oiga! MICK.) No. Pausa.) ¿Qué bolsa? (A DAVIES. A DAVIES..—Es mía.. nene! Te equivocas de puerta. ASTON. Pausa. MICK se la arrebata. ya me he dado cuenta.) DAVIES.—Sí.—¡Es mía! MICK.) MICK.. DAVIES. Se la dieron. MICK se la da a DAVIES.—¿De quién? DAVIES.—Mi hermano. DAVIES se aleja con la bolsa.—Pues todavía no he ido. lo que se dice tener sentido del humor.) ¿Qué bolsa? DAVIES.Harold Pinter El conserje ASTON.) Vamos.—Sí. ¿verdad? ASTON. MICK intenta arrebatársela. se sienta y empieza a liarse un cigarrillo.—¡Devuélvamela.) ASTON.. DAVIES. Se le cae. tiende. el muchacho. DAVIES. Pausa. DAVIES la aprieta contra sí. (Pausa. DAVIES. MICK.—Sí. ASTON se la da a DAVIES.—Voy a coger.—¿Qué? ¿Qué tengo que darle? DAVIES. señor. La coge MICK. hijo. MICK..) ¿Adónde vas? DAVIES..) DAVIES.—Dásela.—¿Qué es esto? DAVIES.—Mía.) Esta bolsa la tengo vista.—¡Esa puñetera bolsa! MICK.) Un guasón de verdad. MICK.—¡Cuidado con lo que haces. mi puñetera.—¿Su hermano? Un poco guasón. Una gota cae en el balde. no he podido. ¿Qué tal en Wembley? DAVIES.—He tenido mala suerte con aquella sierra de vaivén. (MICK va hacia la puerta y sale. DAVIES recoge la bolsa.—(Esquivándole.—Es usted un ladrón.... Todos levantan los ojos.—Sí.—(Amenazándolo para que no se acerque.—(Ocultándola detrás de la cocina de gas..—Sí. Entras en un domicilio privado y te pones a fanfarronear y a meter mano a todo lo que puedes meter mano.—¿De dónde la has sacado? ASTON. (ASTON coge la bolsa. La coge ASTON..) ¡Oiga. DAVIES.—¿Es su bolsa? DAVIES. ASTON va hacia su cama. ya la habían vendido.—Tome. La coge DAVIES. MICK se la quita. acabad de una vez. La coge ASTON y se la da a MICK.) ¡Oh!.—¿Qué quiere usted decir? MICK. MICK se levanta y se la quita. (Pausa.—(Acercándose. Los otros dos lo miran.—¿Quién era ese tipo? ASTON. ¡Dígale que es mía! MICK. ASTON. Intenta cogerla DAVIES. ¿verdad? (DAVIES vuelve a su rincón con la bolsa. MICK se queda en pie inmóvil. Pausa. DAVIES. (Pausa. Cuando he llegado allí. salta a la vista. gracias. ¿no? Página 21 de 53 . (Pausa.. tiende a ver el lado cómico de las cosas. ASTON se la quita. La coge ASTON. déme la. DAVIES intenta cogerla. (Pausa. DAVIES. gracias. DAVIES. No vayas demasiado lejos. MICK se la quita a ASTON.. Pausa. eso es lo que es.—¡Oh! (Se acerca a él y la coge.. MICK mira a ASTON. un ladrón.) Aquí tengo su bolsa. (ASTON le alarga la bolsa a DAVIES.—(Encarándosele.

ASTON..) ¿No tiene usted un espejo por aquí? ASTON.—Bien...—No. no creo. Trabajos sencillos al principio.—Podría usted...) ASTON.—Sí. (ASTON se pone en pie.. DAVIES. creo que me he decidido por el tabique.) Claro..—Un batín.—Sí. si quisiera. DAVIES.—Sí.—Muy bien.—¿Qué. a la derecha.. ya se nota. ¿sabe?. una de un rojo vivo y otra verde. Antes no me había dado cuenta.) No está nada mal esta tela. Queda dividida en dos. Podría hacer eso o podría hacer un tabique. La mía era completamente distinta. levantándolas. ¿sabe? Camisas así no duran mucho en invierno.. Voy a ver qué tal me sienta.. Con uno de ellos la habitación queda dividida. DAVIES.) ¿Hay zapatos? (DAVIES saca dos camisas a cuadros.. cuidar de la casa. DAVIES. (Saca de la bolsa un batín de pana color granate... ¿sabe? Podría.. (Se lo prueba.. las escaleras de la puerta de la calle. ¿Qué tal estoy? ASTON.—(Levantándose. hay esos biombos. quiere decir.—¿Un batín? (Palpa el tejido.) ¡Ya decía yo! ASTON.—No. Ya sabe. orientales. piezas de ropa. Tiene camioneta propia.) No. ser el conserje de aquí. Debo pintarle todo este rellano. ya. ¿comprende?.—¡Eh!. DAVIES.) ASTON.—Sí. Eso es lo que quisiera. (Pausa. (Pausa.—Es del ramo de la construcción. con todo. Convertir todo esto en un piso.. podría trabajar la madera. montaré un taller. (ASTON coge el enchufe y lo examina.. (Pausa. Dentro hay unas cuantas.Harold Pinter El conserje ASTON.. ¿comprende? Tal vez podría ir haciendo algo para salir del paso.. me parece que.) Yo sé trabajar con mis manos. si tuviera un taller. estoy pensando en un tabique. una camisa buena y fuerte. . (Pausa. ¿sabe? Es una de las cosas que yo sé hacer..? ¿Quiere decir con eso que esta casa es suya? ASTON.) ¿Qué es esto? ASTON...—Estoy encargado de arreglarle la parte superior de la casa... ASTON. me he dado cuenta de que tenía una manera muy suya de ver las cosas. con rayas hacia abajo. vigilarlo todo.) Tan pronto le he puesto los ojos encima... DAVIES. me he hecho con esta en otro sitio. sacar el brillo a las campanillas. DAVIES.. ya ve.—Bueno.. Estoy pensando.) De todas formas.. también muy vivo. ya sé lo que pasa con esta clase de camisas. Me lo han dado todo muy barato.. bueno. a esto no digo que no. DAVIES.. si quisiera. Cuando construya el cobertizo allá fuera.—Pero no vive aquí. lo que ha pasado ha sido que alguien se ha largado con la suya. hay mucho que hacer en esta casa. esto sí que lo acepto..—(Abriendo la bolsa.—¡Oh!. (Va hacia la ventana.. DAVIES. buena madera. Podría hacer muchas cosas. no. ASTON. No.—Podría usted. ¿verdad? ASTON.. no me está mal del todo.—No. va hacia el cajón del armario.. Página 22 de 53 . en una de las habitaciones del rellano.. DAVIES. trabajos manuales. lo que necesito es esa clase de camisas a rayas..) Cuadros..) DAVIES.. DAVIES. ya sabe: las escaleras y el rellano. oiga. coge la estatuilla de Buda y la pone sobre la cocina de gas. Lo que han hecho es quedarse con mi bolsa y darle otra que no es la mía. no es mi bolsa.—¿Y él qué hace entonces? ASTON.. Pero. (Pausa. Creo que le irá bien.—Sí. Pero ahora puedo hacer toda clase de cosas con mis manos.. Lo sé por experiencia. DAVIES..—Una vez haya construido el cobertizo allá fuera.—¿Qué? ASTON. Las examina.—De todas maneras. estaré en condiciones de pensar en el piso.. ¿sabe? Ya sé lo que han hecho. que esta no es mi bolsa.

. ¿eh? ASTON..—Podría enseñarle cómo funciona el aspirador... el escocés..... DAVIES.. verá......—Podría facilitarle un paño para quitar el polvo. Muchas gracias.—¿Campanillas? ASTON. esto me guardaría del polvo muy bien.—Verá..—Bueno... ya sé.—Conserje.—Verá..... lo que podríamos hacer. ASTON.—Bueno.. (Pausa... encima de su cama... DAVIES. no sé. DAVIES. DAVIES.. lo que yo quiero decir. ¿Comprende lo que quiero decir? ASTON. quiero decir.) Sí. ASTON....—Bueno. ¿Y quién está allí? ¡Cualquiera sabe! A lo mejor. (Pausa. también necesitaría unos cuantos cepillos... es bonito.. a lo mejor ese tío. es. ya.—Eso es.. quiero decir... no sé. Podrían desvalijarme en un abrir y cerrar de ojos. abro la puerta. — Necesitaría instrumentos.. Sería cuestión de tener una escoba. si usted.. también... DAVIES... ¿no? Tengo que estar al tanto.. tendrá que limpiar las escaleras. yo podría decírselo....... mire..—Bueno.. ASTON. me gustaría saber.) ASTON.. Y usted podría contestar a cualquier llamada. (ASTON toma un guardapolvo blanco colgado de un clavo. ASTON... con un letrerito que dijera «Conserje». señor.—Cuando llegue el momento. DAVIES..—¡Ah!.... y.) ASTON. eso es exactamente lo que estaba pensando.. yo nunca he sido conserje. lo que quiero decir es que. viene a por mí. a lo que iba es a.Harold Pinter El conserje DAVIES... DAVIES.—¡Oh!.. ASTON..—Bueno.. en cuanto a eso.—Le guardaría del polvo. no tiene inconveniente. lo que quiero decir es que nunca se sabe quién va a llamar a la puerta... eso sería.. unos cuantos instrumentos de calidad. a eso iba. DAVIES. (Pausa.. ¿comprende?.—Lo que yo quiero decir es que tengo que.. podría poner una campanilla abajo. De perilla..—¿Por qué? ¿Le sigue alguien los pasos? DAVIES. podríamos.. al lado de la puerta. ¿eh? ASTON. nunca.—¿Los pasos? Bueno..... DAVIES.—Sí.—(Poniéndoselo. me voy abajo...—Bueno.. DAVIES. ¿No cree?.... ASTON. qué clase de.—Voy a poner unas cuantas en la puerta de la calle.... ASTON. claro..—Más o menos exactamente que… DAVIES.. ¿sabe?.. aquí estoy solo con cuatro Página 23 de 53 .. ¿qué clase de trabajos?. yo..—Pero sería cuestión de. nunca he sido conserje antes... ¿no? ASTON.....—Sí. por la parte de fuera... y lo muestra a DAVIES.—Creo que podré hacerme con una sin ninguna dificultad.. pero ¿cree usted que podría arreglármelas sin una.. en fin. De metal. ya sabe...... lo que quiero decir es...—¿Qué le parece a usted la idea? DAVIES.) ASTON. ¿no se da cuenta? O cualquiera que estuviera detrás de mi cartilla. que tengo que...—Quiero decir... ¿no? ¿Y qué hago yo? Oigo la campanilla..—Podría ponerse esto.... ASTON. y las.—Eso. ¿ve?.—Bueno. ASTON.. DAVIES. eso es.. yo calculo... DAVIES..—Tendría que tener una escoba.. si le gustara. DAVIES.—Qué clase de..) ASTON. usted ya sabe. DAVIES.—Bueno. sin una escoba?. Bueno.—¿Por qué no? DAVIES. campanillas..

¿Quién eres? (Se mueve. ah. tropieza. (Silencio... (Pausa. Silencio. MICK está en pie sobre la cama. solo una cantidad nominal. ¿qué es esto? Necesito una luz. Es falso. guiándolo de un lado a otro. ¿comprende? Es otro. una vez cada quince días. mire.) ¿Qué hacer? (Avanza. MICK. acabo de llegar hace un momento..) MICK. quiero decir.) ¿Qué le parece cómo ha quedado? Le he dado un buen repaso.—Estaba haciendo una limpieza a fondo. Pero ahora no funciona. y no voy a ser yo quien se lo diga. cuchillo en mano. (Guarda el aspirador debajo de la cama de Aston. Se levanta. huye y cae presa del terror. ah. ¿comprende? El nombre al que respondo ahora no es mi nombre verdadero.. (Pausa. ¿no es cierto? No puedo evitar sentirme orgulloso de ser el dueño. DAVIES se aplasta contra la pared de la derecha. estoy. Al no encenderse esta. sujetando todavía el enchufe. si te pones intransigente. ¿cuánto tiempo piensas quedarte aquí? La verdad es que iba a proponer que pagaras una renta más baja.) ¡Aaaah! No me digas que esa condenada bombilla se ha fundido ahora.) ¿Dónde está mi caja? Estaba aquí en el suelo. MICK. ah. en el invitado de mi hermano. de espaldas. (Pausa.) Antes había un enchufe en la pared para este aspirador. He trabajado hasta tarde esta noche. La escena se ilumina. saca una caja y enciende una. La sombra salta sobre la cama de Aston. le vigila.) ¿Qué haces con esto en la mano? DAVIES. ni uno más.) ¡Aaah! ¿Dónde está? (Agachándose. Pero también estaba pensando en ti.) En fin. hasta que encuentres trabajo. ¿sabes? Quiero decir. eso es lo que harían. ¿verdad? Página 24 de 53 . Anda. hacen sonar la campanilla del «Conserje» y me echan mano. el cual salta. De pronto el aspirador empieza a zumbar. Se oye un portazo. A propósito. No.—No se acerque. ah.) ¿Quién está aquí? (Pausa. La boca del aspirador se arrastra ahora por el suelo. (Salta de la cama. es todo lo que tengo. DAVIES lanza una leve queja.. ¿no le parece? Porque entonces caerían en la cuenta de que ando por ahí con un nombre falso. (Se acerca a DAVIES señalando el cuchillo. No veo ni gota. Claro. ¿no te parece? No queremos que el polvo se te meta en las narices. yo soy el responsable de la conservación de esta finca urbana. Lo hacemos por turno..) ¿Qué hago? Ahora se ha fundido la condenada bombilla. aquí está. Tú no eres un tipo violento. ven. Entonces una tenue luz se filtra por la ventana.) ¡Ah!.) ¿Qué pasa? (Abre y cierra. puesto que es mi turno. estoy preparado! ¡Estoy.—Siento haberte dado un susto. abre el interruptor de la luz. (DAVIES se dirige lentamente hacia su cama. Le cae la caja. tropieza. DAVIES se sienta. Le damos a todo esto un buen repaso. ah! ¡Vete. eso no quiere decir que yo viva aquí.) En realidad.Harold Pinter El conserje sellos en la cartilla. tengo muchas otras cartillas por ahí. Pero he pensado que sería mejor ponerme manos a la obra. sin escapatoria posible. cuatro sellos. respirando ruidosamente. todos los que tengo. persiguiendo a DAVIES. veteeee! (El aspirador cesa de funcionar. mi hermano y yo. Pero.. estoy aquí! (La sombra desenchufa el aspirador del casquillo que pende del techo y vuelve a colocar la bombilla.) ¿Qué es eso? ¿Qué? ¿Quién es? ¿Qué es eso? (Pausa. pero no lo saben. He tenido que enchufarlo en el casquillo de la bombilla. ¿eh? Estoy preparado.) ¡Ah. después de todo. Dios. Solo nominal. Vivo en otro sitio.) Tengo un cuchillo. DAVIES avanza. Entra DAVIES. Hay que tener en cuenta tu comodidad. Las luces se van apagando hasta oscurecerse la escena completamente. tendré que revisar de nuevo todo el asunto. Alguien mete la llave en la cerradura de la habitación. pues.) ¡Anda. Murmurando.) Vamos. desde luego. ¿Quién es? ¿Quién ha cogido mi caja de cerillas? (Pausa. Un cuerpo se mueve juntamente con el aparato.) ¿Qué le ocurre a esta maldita luz? (Abre y cierra.) ¿Eh? No estarás pensando en atacarme. ¿Quién es? ¿Quién la ha hecho correr? (Silencio. cae y da un grito. Espera un momento (Busca en sus bolsillos las cerillas.. abre y cierra el interruptor varias veces. (Pausa. eso es todo. ven. cierra la puerta. con el cuchillo en la mano. La cerilla se apaga.) ¡Muy bien! (Se pone en pie.) ¿Dónde debe de estar esa puñetera caja? (Alguien da una patada a la caja.

gracias. lo que se dice un amigo mío.. (Pausa... (Pausa. MICK.) Toma uno de estos.. ¿Puedo pedirte un consejo sobre algo? DAVIES. ya comprendo lo que quiere decir.—No le veo el quid.. DAVIES. ya sabe lo que le espera. Nunca he dicho que no lo fuera.—(Buscando por el bolsillo. DAVIES. a mí no me ha hecho ninguna trastada. DAVIES.. DAVIES. Pero si alguien se mete conmigo... me gustaría creer que así es. DAVIES. Usted ha estado jugando conmigo..—(Sacando un bocadillo del bolsillo.. vale.) He olvidado la pimienta. (Muerde el bocadillo. Creo que nos comprendemos. yo no diría tanto.. quien se mete conmigo. MICK. ¿sabe? No sé por qué...—Sí. DAVIES.—Gracias...—Lo creo. ¿Puedo pedirte un consejo? Quiero decir. lo creo.—¡Uh! Bueno. DAVIES. lo es..Harold Pinter El conserje DAVIES. Porque tú eres amigo de mi hermano..—Adelante. Ahí está. No puedo dejar de interesarme por los amigos de mi hermano. no vaya a creer. MICK.. Quiero decir.—No más allá.—Bueno..—Lo es.—Nada.—No. DAVIES..—Queso. (MICK se sienta en la cabecera de la cama de Davies.) ¿Sal? DAVIES. La habré perdido. yo no diría que somos lo que se dice amigos. lo que pasa es que.—(Sacando un salero del bolsillo.. MICK. yo..—¿No se comporta él como un amigo o qué? DAVIES.—¿Su hermano? MICK.. pero. compadre. por desgracia. ¿no? MICK. MICK.—¿Qué trama ahora? MICK. Página 25 de 53 . todavía no me comprendes. He corrido mucho mundo. señor.—Me alegro..—Siento que me digas que mi hermano no es amable contigo..—Hasta aquí podíamos llegar.) ¡Humm!.—(Vehemente. de veras. ¿Sabe lo que ha pasado? Que empezamos con mal pie. ¿no? DAVIES.) Solo que no acabo..—Toma.) Sí.) ¿Qué hace? MICK. MICK. De qué es ese bocadillo.—Entonces sabe de qué estoy hablando.) Yo no me meto con nadie. DAVIES mastica el bocadillo. MICK. no acabo de entenderle. eso es lo que pasa. MICK. DAVIES. MICK le mira comer. DAVIES. ha sido muy impresionante. DAVIES. empezamos mal. qué quiere que le diga. ¿sabe? ¿Comprende lo que quiero decir? Un poquito de broma de cuando en cuando. Me.—No. la aguanto. tú eres un hombre de mundo.—Sí... me ha impresionado mucho lo que acaba de decirme. sólo quería decirle que. estoy un poco preocupado con mi hermano... Después se levanta y se pasea por la parte anterior de la escena.—Bueno...—Que estoy muy impresionado por lo que acaba de decir. estoy.... Escucha.—¿Quieres un bocadillo? DAVIES.—Bueno.. Yo nunca le he hecho ningún daño.. MICK.—¿Qué? MICK. MICK. pero cualquiera podría decirle que. ya verás. MICK. DAVIES. ¿eh? MICK. se trata.—Eso es.—Sí. verás... pero yo no diría que es...) Que estoy impresionado..—No. vaya.—Sí... (Pausa.—¿Eh? MICK.. MICK.—Por algún lado tenía un poco de remolacha en vinagre. DAVIES.—Bueno. lo sé.

(Pausa..—¿Conoces el tipo? DAVIES. DAVIES.) MICK. MICK...—Mire.. DAVIES.—Bueno.—¿Qué? MICK.. eso es lo que le pasa.—Conozco esa clase de gente.—Tiene que hacerme un trabajito. Ves...) Vamos.—(Levantándose. MICK. DAVIES..—Decía que. muy avergonzado.—¿Qué es lo que tiene de chusco? (Pausa.—Así parece...—No. ¿no? DAVIES.—Es terrible tener que decir esto de un hermano.—Conoces el tipo. Es lo que yo digo. va hacia la parte anterior. ¿eh? No jorobes. Me he topado con tipos así.—¿De veras? MICK. pero. MICK. MICK.. (Pausa. lo que yo quiero es que las cosas le vayan bien. MICK. (Pausa.—El que no le guste trabajar. un comerciante... DAVIES. terrible.—¿Yo? Ya lo creo. Estoy pensando que lo Página 26 de 53 . cállate ya. ¡ea! MICK.—Anda. DAVIES. MICK. dígalo. yo soy un trabajador.) DAVIES... No puedo tenerle mano sobre mano. DAVIES.. MICK..—¡Continúe! MICK. no sé. lo que uno quiere es ver que se abre camino..—No. que es un poco chusco su hermano. he llegado a la conclusión de que es un trabajador muy lento. (MICK lo mira fijamente. MICK. es chusco. DAVIES. lo que uno quiere es empujarle hacia adelante.—Sí.—No le gusta trabajar.—Pues.—Él se siente avergonzado de ello.—Nada. MICK.—Esto me tiene trastornado. DAVIES..—A eso no lo llamo yo chusco. conozco tipos así. MICK. MICK.—No le gusta trabajar.—Conozco esa clase de tipos. lo que yo quería decir era. MICK. no está bien que diga esto.) ¿Qué me aconsejas? DAVIES..—Pero él no se dobla al trabajo.. (MICK le mira. DAVIES.) ¡Mira! Voy a hacerte una proposición. DAVIES. claro..—Yo tampoco.—Me he topado con ellos. DAVIES..—Sí. pero..) DAVIES. Lo tengo aquí para que me haga un trabajito.—¡Ah!. yo solo quería. es un tío chusco su hermano.—¿Chusco? ¿Por qué? DAVIES. no era esa mi intención. de ninguna manera.) MICK.—Le avergüenza trabajar. DAVIES.—Es natural.—Bueno. lo que yo quería decir. MICK..—¡Basta! (Vivamente..—Si uno tiene un hermano mayor.. Tengo camioneta propia. no le gusta trabajar.. no.—No vayas a meterte a criticar ahora. MICK.—¿Qué tiene eso de chusco? DAVIES.—¿Qué? DAVIES. eso no hace más que perjudicarle.. sí. siga. DAVIES.) MICK.—Quiero decir..Harold Pinter El conserje DAVIES.—¿De veras? MICK.

eso es. DAVIES. no solo me haría con mis referencias... Solo una cosa. estoy esperando que cambie el tiempo. DAVIES. Tengo muchas ideas. voy a serte franco. sino también todos mis papeles. ¿comprendes? Creo que se le podría sacar un partido mucho mayor.—¡Ah!. muchos planes. oiga. (Mira a DAVIES intensamente.—Tengo una gran cantidad de referencias.. Yo estaría mucho más descansado sabiendo que un hombre como tú estaba por aquí vigilándolo todo. estoy copado. ya le digo.—Sí. hombre. MICK.—¡Ah! DAVIES. ¿quién es el dueño aquí. No puedo ir a ninguna parte sin un buen par de Página 27 de 53 . MICK.—No importa..—Oiga. si he pasado allí la mitad de mi vida..) ¿Te gustaría quedarte a vivir aquí como conserje? DAVIES.. DAVIES.—Sidcup. en mis buenos tiempos me habían hecho muchas ofertas.—Bueno. MICK.—Naturalmente... Exactamente el hombre que necesito.—Yo. Si me llegara allí. pero estoy.. Yo. qué va..—¿Qué? MICK. soldado. tendremos que llegar a un pequeño acuerdo financiero que redunde en beneficio de ambos..—¡Oh!.—¿Para qué? MICK.. Se ve a la legua. Quería ir hoy. DAVIES... Tengo documentos para probarlo. MICK. Yo nunca he sido conserje antes. usted o él? MICK. sino también con todos mis papeles.—Mira.. DAVIES. DAVIES.—Me llegaré allí cualquier día. Pero.—¿Qué cosa? MICK. ¿No podría usted encontrarme un buen par de zapatos? Necesito un buen par de zapatos como el pan que me como.—Solo para que mi agente legal no tuerza el gesto.. ya me he dado cuenta antes.. cuando has sacado ese cuchillo. Allí tengo todas las referencias que usted quiera. bueno. tú has hecho el servicio. ¿sabe?.Harold Pinter El conserje mejor será que me ponga al frente de esta casa. DAVIES.—Quiero decir.) Bueno.—¿Eh? MICK.—Allí estuve. sí. ¿verdad? DAVIES. ¿sabe? De eso puede estar seguro. mire.—Para conserje.—Eso es. no me disgusta ser conserje y vigilarle la casa.—Claro que lo soy.—Gracias. Conozco aquello como la palma de mi mano..—En las colonias.. Lo único que he de hacer es llegarme a Sidcup mañana.... De todas maneras. espere un momento.—¿Puede darme referencias? DAVIES. MICK. que no eres de los que se dejan tomar el pelo fácilmente. DAVIES. Ultramar.—Que has hecho el servicio. tendré que llegarme.. ¿eh? DAVIES.. MICK. (Con resolución.. No solo tienen allí todas mis referencias.....—¿El qué? MICK.—Eso lo dejo en sus manos.. MICK. verá. MICK. Uno de los primeros. de lo contrario.. Si te lo pido es porque me parece que eres la persona adecuada para esta clase de trabajo..—A mí no me toma el pelo nadie.—¿Dónde está eso? DAVIES. DAVIES. arréglelo como quiera..—O sea que cuando queramos podremos hacernos con esas referencias.—Sí. ¿comprende? Tengo que ir o. DAVIES.. El dueño soy yo. DAVIES. MICK. Quiero decir. MICK. mire: en realidad. como.

. DAVIES se incorpora sobresaltado.—Yo he dormido pésimamente. DAVIES. DAVIES.—Podría cerrarse. Esa maldita lluvia..—Yo.) DAVIES.—Sí. ya se ve. mire. (Pausa. Toda mi vida he vivido al aire libre.) Oiga. quiero decir. ¿se da cuenta?.—Sí.—Me dijo usted que le despertara.—No.. ¿pues qué le parece entonces? La lluvia entra y me cae sobre la cabeza. qué me dice usted de mi situación? ASTON. ¿lo ve? Mire ese tejado por donde entra el aire. ASTON. Hace una ligera mueca. muchacho. La coloca de nuevo en su sitio. es la ventana. el chaleco y la camiseta. oiga. el techo está en malas condiciones.) DAVIES. DAVIES. ahora llueve.—¿Para qué? ASTON.) ASTON. me he acostumbrado a dormir de esta manera.) ASTON. Lo que yo decía era que.—¡Ay!. sí.—¡Ay!. DAVIES. ASTON. (Pausa.) ASTON. No soy yo quien debe cambiar. Mire. eso no puedo hacerlo.—Bueno.—Se vicia mucho la atmósfera si la ventana no está abierta. ASTON. Tenía un banco de carpintero. se acerca a DAVIES y le despierta.—¿Qué diferencia habría? ASTON. ASTON se sube los pantalones sobre sus calzoncillos largos. (Va hacia su cama.. ya. Puedo pescar un resfriado y diñarla con esa corriente que pasa. Cierre esa ventana y nadie va a pescar ningún resfriado.Harold Pinter El conserje zapatos. ¿verdad? ASTON. lleva los pantalones puestos. El techo está en malas condiciones. (Pausa.. Caía sobre mi cabeza. pero y yo. entonces eso echa por tierra mis planes. Me pareció que estaba en muy buenas Página 28 de 53 . eso es todo. Todo lo que me diga sobre el aire lo sé de sobra.—No. DAVIES. cae directamente sobre mi cabeza.. ¿no? ASTON. (ASTON se dirige de nuevo hacia su cama con el madero. (Pausa.—La lluvia no le caería sobre la cabeza.) DAVIES. toma una toalla del toallero y la agita.) ASTON. Ha llovido un poco esta noche. Es todo lo que digo. Me estropea la noche. DAVIES. me da en la cabeza una corriente de aire. apoya la madera en ella y continúa frotándola. (Pausa. ASTON.—Creo que voy a darme una vuelta hasta Goldhawk Road. entra por esa ventana una corriente de aire demasiado fuerte.) DAVIES. Me encontré allí con un hombre y hablamos.—Es lo que pensaba. ¿qué? ¿Qué.—Decía usted.. (DAVIES salta de la cama. bueno.—(Poniéndose las sandalias. Esta se ilumina nuevamente.—¿Qué quiere usted decir? ASTON. sería estupendo que pudiera llegarme allí. Por eso el viento entra acanalado. (ASTON va hacia la silla. DAVIES.—¿Por qué no duerme usted al revés? DAVIES. Busca en la cabecera de su cama. Ahora entra.—Duerma con los pies cerca de la ventana.) Quiero decir. toma un trozo de madera y empieza a frotarla con papel de lija.—Sólo un poco. Es de día.. ¿no podría usted cerrar la ventana? ASTON.—Necesito un poco de aire. yo he vuelto a dormir bastante mal esta noche. pero.) Además..—Sí. cuando estoy durmiendo.—No podría dormir aquí sin esa ventana abierta. DAVIES. Mire el tejado. eso no.) A pesar del saco. ¿comprende? ¿Tiene usted probabilidades de encontrarme un buen par? (Las luces se van apagando hasta oscurecerse totalmente la escena..—Pésimamente.—Dijo que pensaba ir a Sidcup. no entiende lo que quiero decirle. DAVIES.—El tiempo no está muy seguro. Entra por ahí. Ve. (Pausa corta.

.. ¡Oh!. ¿Eh? ¿Qué le parece si ahora cerrara la ventana? Aún está entrando.... ASTON.. Creo que.—Madera.. Fue lo que dijo... Quiero decir. DAVIES. solo me moja la cabeza.) ASTON. Todo iba bien. Hacia el final de dicho monólogo. comprendían lo que les decía.—No. ASTON. DAVIES.. en pie. no era fácil.. todo.—Todavía no ha dado usted con ese par de zapatos que me dijo que buscaría. Me llamó a su despacho.—Ya. pero quizá estaba equivocado. yo les hablaba. Y esa mentira fue pasando de boca en boca.. Pero todo parecía marchar bien.—¿Qué es aquello que hay allí fuera..—Ciérrela por el momento.... En fin.Harold Pinter El conserje condiciones. el jefe. (DAVIES da vueltas por la habitación...... DAVIES. ¿no? Todavía sería peor. estará empapada como una esponja.......—¿Qué quiere usted decir? ASTON.. que yo tenía algo que decir.... Todos eran. yo lo dije. todo muy quieto.. algo mayores que yo. solamente ASTON es visible con claridad. yo lo dije. sobre muchas cosas... (Pausa. ASTON. En fin..) Pero me mojaría los pies... con mucha claridad. me dijo que yo tenía algo.) DAVIES. Dijo que habían terminado su reconocimiento. doctor. o en las horas de descanso. Me gustaba aquel lugar..) DAVIES. distinguido.—Con los pies cerca de la ventana.) ¿Oye cómo llueve? Me ha aguado el viaje a Sidcup.. salíamos a rondar juntos algunas veces. con algunos de estos hombres.. Y. Tal como estoy ahora. cuando quisieron saberlo. todo se quedaba silencioso. de eso hace ya muchos años. DAVIES. (Pausa. Esto lo hacía antes de irme... Me metieron dentro y empezaron a hacerme toda clase de preguntas... (Durante el monólogo de ASTON la habitación va oscureciéndose. era..... quieto. Pero.. DAVIES..... No eran alucinaciones. En ese café.. supongo. Yo no sabía nada. a pesar de que no estaba seguro de eso entonces. yo les acompañaba algunas noches. ¿eh? ASTON. era. ASTON.—No puedo salir con estos. tal vez. A él no creo que le sea de mucha utilidad. alguien debió de decir algo. Veré si hoy le puedo encontrar un par. aquel hombre..... antes. debajo de ese toldo? ASTON. Pero solían escucharme siempre. Pero ya no voy.. todo se..—¡Oh! No.—Tal vez.. un día. Y me mostró un Página 29 de 53 . ya.) Creo que me voy a ir andando hasta allí... Y ellos me escuchaban siempre que.. Empecé a creer que la gente se portaba de un modo extraño. DAVIES.. en la fábrica. Entonces.—Para construir el cobertizo. ¿ve? Mañana por la mañana esa almohada estará. Sí. un día me llevaron allí..—Solía ir allí muchas veces.... quieto. Bien. Quiero decir. El viento le da de lleno.—Debería usted dormir al revés.. Lo mismo en la fábrica. Pasaba mucho tiempo allí.. DAVIES y todos los objetos de la habitación quedan sumidos en la oscuridad. (DAVIES se sienta en su cama. todo esto... Lo malo era que yo tenía una especie de alucinaciones. Creía que.. Yo no quería ir..—La lluvia no le mojaría la cabeza. No podía comprenderlo... era un hombre muy. era tan claro. Intenté escaparme varias veces...—¿Para qué? ASTON..—No le veo la diferencia.—Hay un café unas puertas más allá. sino que pronto caerá sobre la almohada. (DAVIES cierra la ventana y mira al exterior. Hablaba demasiado.. ¿no? Me subiría por todo el cuerpo. lo que yo pensaba.. me daba la sensación de que podía ver las cosas. cuando se me preguntaba. ¿no le parece? Ni siquiera para tomar una taza de té. Ese fue mi error. y… esa claridad con que veía. se ponían en corro a mi alrededor.... Allí.. DAVIES. Dijo. yo solía hablarles. ¡Hummmm! Entonces. los que iban al café. aquel sitio tuvo mucho que ver con todo lo que me pasó después. una especie de mentira debió de circular. ¿comprende? Lo que yo quiero decir acerca de esta ventana es que no solo me cae la lluvia sobre la cabeza. Allí me hicieron muchas preguntas....

Lo tenía todo sincronizado. empezaron a venir y me hicieron aquello en el cerebro. ¿comprende?.. ¿Comprende? Si por lo menos me acordara de lo que se trataba.. Entonces fui a consultar a mucha gente. quiero decir.. Pero él sólo repitió lo que ya había dicho antes... Venían y lo iban haciendo a uno tras otro.. eché a uno por el suelo y al otro le tenía cogido por el cuello. ¡uhhh!.. Pues bien: aquella noche intenté escaparme. en mi habitación. ordenarlos. tuvo un ataque. y pendían de ellas unos alambres. no podía.. después de algún tiempo... aquella noche. Nunca más he tenido esas alucinaciones.. Pero no podía andar muy bien. ningún sitio. en fin. no sé lo que eran... porque si volvía la cabeza. ¿sabe? No podía escribir ni siquiera mi nombre. y el doctor jefe sólo apretaba esas mordazas en la cabeza del hombre y las mantenía así. Pero ella había firmado ya. lo hizo. ¿comprende?.... hacía algo. Lo peor era que no podía oír lo que la gente decía.. de todas formas. porque si hacían eso mientras estaba en pie podrían romperme el espinazo. Una semana más tarde o algo así.. Después las sacaba. Me dijeron que me metiera en la cama. Se quedaban allí tendidos. eso. pero no puedo recordar exactamente. No. Era más joven que yo. Podrá usted salir y vivir como todo el mundo.. Y tenía unos dolores de cabeza. Y coloqué todas las cosas que sabía que me pertenecían. el doctor jefe..Harold Pinter El conserje montón de papeles y dijo que yo tenía algo. He intentado recordarlo. pero yo no quería ingresar en. las ajustaba a ambos lados de la cabeza del hombre.. Algunos de ellos se resistían.. Y pude ver con toda claridad lo que hacían a los demás. Y entonces. ahora no recuerdo si apretaba un interruptor o daba la vuelta a algo... Tenían que hacérnoslo a todos en aquella sala. era mucho más fuerte de lo que soy ahora.. y por eso yo... una especie de auriculares. Sabía que tenía que pedir permiso a mi madre... alguna enfermedad. me caía. Esa enfermedad. porque no.. Venían con estos. del todo...» Dijo... dije yo.. pero la mayoría no. Me sentaba en mi habitación.... y yo sabía que tenían que meterme en la cama.. un hombre tuvo... ajustaba las tenazas. No creo que le pasara nada al espinazo. Pero ellos querían hacerme ingresar. tenía que mirar siempre hacia delante. y no lo tocaban hasta más tarde. Era eléctrica. cómo lo dijo. después me tocó a mí.... ¿comprende? «Tiene usted.. Dijo.. Y entonces. tendrá que quedarse aquí toda su vida. era muy fuerte.. Uno cada noche. y la noche que se acercaron me levanté y me quedé en pie contra la pared.. se habían vuelto muy lentos. y empecé a hacer cosas con mis Página 30 de 53 . y entonces. ordenar.. Sujetaban al hombre. yo no era tonto. No podía. O sea que le escribí y le dije lo que intentaban hacer conmigo. lo que pensaba. Lo más curioso es que no recuerdo muy bien. O sea que no podía trabajar. parecían unas tenazas muy grandes... Bueno. Eso fue cuando vivía con mi madre.. no podía. me puse mejor... yo era joven entonces. Todo estaba oscuro.. bueno... Bueno.. antes que me metieran allí dentro. mis pensamientos. Tapaban al hombre... y hacía. dándoles permiso. Sabía que era menor de edad... Y mi hermano. Me pasé cinco horas limando uno de los barrotes de la ventana de mi sala. Esto lo sé porque él me mostró su firma. No podía mirar ni a derecha ni a izquierda.. cuando yo la saqué a relucir. y ese jefe. justamente a mi lado. Acostumbraban encarar una pila de mano sobre las camas cada media hora. solo dijo eso. Y nunca más he hablado con nadie. O sea que yo me quedé en pie y entonces uno o dos de ellos se me acercaron.... Había un hombre que sostenía la máquina.. Y me pescaron.... no podía escribir.: «Si no lo hacemos. bien ordenadas. el médico jefe me colocó las tenazas en la cabeza.. cuando casi estaba terminando... dijo: «Vamos a hacer algo en su cerebro...... El espinazo estaba perfectamente.. Fui uno de los últimos.. O sea que pude salir.... Supongo que era eso. pero si lo hacemos.» «Qué le quieren hacer a mi cerebro». mis pensamientos.. y yo sabía que no podía hacerme eso mientras estuviese en pie. Lo malo era que. No podía pensar. Y hemos decidido—dijo—que solo hay una cosa que podemos hacer para curarle.» Dijo. Sabía que no podían hacerme nada sin antes pedir permiso. No podía. era cuestión solo de abrir la corriente.. pero no me morí. de repente. a pesar de todo. tiene usted probabilidades. lo que decía. los alambres los conectaban a una pequeña máquina..

vine aquí. Me mantengo alejado de sitios como ese café. porque mi hermano compró esta casa. así. Pero primero quiero hacer algo. Ahora me encuentro mucho mejor. Pero no hablo con nadie ahora. TELÓN Página 31 de 53 . o sea que me vine a esta habitación.Harold Pinter El conserje manos. y por eso quería probar a pintársela. Muchas veces pienso en volver allí e intentar descubrir al hombre que me hizo eso.. No hablo con nadie. Nunca entro en ellos ahora. de esto hace ya casi dos años.. Quiero levantar ese cobertizo allá fuera. tal vez. en el jardín. empecé a recoger madera para mi cobertizo y todos estos cacharros que creía podrían ser de utilidad para el piso o para algún rincón de la casa. y entonces.

Página 32 de 53 . ese balde era peligroso..—Y esta cocina de gas. hace un par de semanas.—¿Qué? MICK. pero en todo este tiempo ni una sola gota ha caído en el balde.Harold Pinter El conserje ACTO TERCERO Dos semanas más tarde. Hace un par de semanas.—Ya sé lo que tú quieres. negras. (Pausa. Pero él. todo el retrete estaba negro. (Pausa.) A lo mejor ha puesto ya la brea ahí arriba.. lo que yo quiero.. mirando al techo. con la pipa en las manos.) DAVIES. DAVIES. Pero estando ahí sentado le dio sin parar. Desde entonces apenas ha dicho media docena de palabras.) ¿Cómo quiere que me corte una rebanada de pan sin cuchillo? (Pausa. MICK está echado en el suelo.—Tengo un cuchillo.. (Enciende una cerilla.) Pero parece como si no hiciera ningún caso de lo que le digo. No sé lo que le pasaba. No. Pero ¿cómo quiere usted que me corte una buena rebanada de pan con ese cuchillo? No es un cuchillo para cortar pan. Y no sé si lo ha vaciado aún.) Vea: la semana pasada llovió mucho.. ¿no? Pues no dijo nada. ¿Y cómo sé yo si está conectada o no? Ahí estoy. explota y me hace daño.) Pero tengo la impresión de que ha embreado todo esto de ahí arriba. ni una sola palabra. no hablaba conmigo. a él le importa todo un pepino. Pero ¿qué hizo? Se supone que él es el encargado aquí. sentado ahí. lo del tejado.—Que ya tienes un cuchillo. acostado en mi cama.) Es imposible. No me habla. sin poder apartar la vista de él. la acerca a su pipa y enciende. empezó a hablar y no paró en una hora.) Quiero decir. Cualquier día podía caerme en la cabeza. Quiero decir. ¿no es cierto? Podríamos poner en marcha todo esto... usted viene y me pide consejo. no hay manera de conversar entre nosotros. (Pausa. claro que tengo un cuchillo. usted y yo. todas las barandillas están sucias. Me toca casi a la cara.. ¿no? DAVIES. (Pausa. (Pausa... A mí no me ha dicho ni media palabra del asunto. le hablé de los negros. durmiendo casi encima de ella. Quiero decir.. delante de mis narices. (Pausa.. que entran y usan el retrete. (Pausa.) La otra noche alguien estuvo andando por el tejado.) MICK. Lo encontré no sé dónde. a lo mejor estoy ahí. todo marcharía como sobre ruedas.) ¡No me da ni un cuchillo! (Pausa.—Tengo la sensación de que ha hecho algo con las goteras. él no haría nunca nada de eso. no me miraba. (Pausa. en cualquier momento. tenemos planes con respecto a esta casa. Raja que te raja. de los negros que viven al lado.) No me contesta cuando le hablo.) Quiero decir. y allí está el horno.) No me da ni un cuchillo para cortar el pan.. DAVIES está sentado en la silla. vamos a ver. (Pausa... Vaya usted a saber dónde había estado. El otro día. Silencio. en el sector anterior izquierda. DAVIES se levanta y se acerca a la cocina de gas. yo sería el conserje. MICK. ¡Se hablaba a sí mismo! Es lo único que le preocupaba. Lleva puesto el batín. No tiene nada que ver con el pan. a él tanto se le da si marcha o no..—Tú ya tienes un cuchillo... (Pausa.. me despierto a medianoche. ¿qué? El dice que no está conectada. yo no contaba para nada. en el momento en que yo estuviera debajo. y qué sé yo.. DAVIES. no creo. Primeras horas de la tarde. nosotros. ¿sabe?. (Pausa. a él. Debía de ser él.. Se lo dije. su cabeza apoyada en la alfombra enrollada.

(Pausa.—Pero ¡con él la mayoría de las veces no sabe uno lo que está pensando! MICK.Harold Pinter El conserje ¿comprende? No se puede vivir en la misma habitación con alguien con quien. y otro en el rincón con estantes giratorios. mas él es distinto..—Pero. ¿Qué es un dormitorio? Un refugio. un aparador con cajones negro mate. No hay manera. Mi hermano y yo. El suelo de corcho. ¿no? Sí. (MICK lo mira.. (Pausa. Es un lugar para gozar de descanso y de paz. hombre. pura chatarra. nunca podrá venderlo.) DAVIES.) Pero a él no parece interesarle lo que yo tengo en la cabeza. una mesa de. (Pausa. la coqueta con una tapa que al levantarse deja al descubierto una bandeja de plástico para cosméticos. cortinas azul y blanco mate. Alfombra de azul celeste intenso.. Uno no sabe nunca a qué tenerse con él. lamparita de mesa de rafia blanca. MICK.—(Pensativamente.. ese es el problema..—Vives con él en la misma habitación.—Eso es. El rellano podríamos convertirlo en comedor. Sí.—(Con voz queda. cualquiera se da cuenta de eso. a base de mosaico blanco. Pondría..—Pero él no lo es mío.—Sí. Dimensiones adecuadas. de teca muy veteada. Quiero decir.. Y una tupida alfombra de lino de un blanco desvaído.—No es mi amigo. se necesita un decorado suave.—¿Yo? MICK. MICK.) Podría convertir todo esto en un ático.) Quiero decir. DAVIES. (Pausa. Persianas venecianas. No nos faltarían armarios.. A veces tiene usted sus salidas..) La verdad es que no acabo de entenderle. ¿comprende? Quiero decir.. (Pausa. de caoba y palo rosa. Tú eres su amigo. con un tipo como usted. tienes toda la razón.. lo que tiene usted es que es.) Esto no sería un piso. Además. Estos mismos colores los pondría en las paredes de forma que entonaran.—Sincero. por lo menos con usted.. Por tanto. ¿Por qué no hablas con él y procuras que se interese? DAVIES. para que pueda saber Página 33 de 53 . ¿no? DAVIES. DAVIES.—Un palacio.—Yo. sillas almohadilladas de formas curvadas. ¿qué? MICK. MICK.—Sí.—¡Hummmm! DAVIES. sofá de madera de haya con tapicería verde-mar. (Se yergue en su silla. no digo que no la tenga. sillones con tapicería color avena. No son más que chatarra.) Todos estos cachivaches que hay aquí no sirven para nada. MICK. sería un palacio. Basura.) Sí. MICK.) Mire: ¡lo que yo necesito es un reloj! ¡Necesito un reloj que me diga la hora! ¿Cómo voy a saber la hora que es sin reloj? ¡No puedo! Yo le dije.—¡No tiene sentimientos! (Pausa. (Pausa. persianas venecianas en la ventana. con quien no hay manera de conversar. DAVIES. Los muebles. usted es sincero.) Usted y yo podríamos poner en marcha todo esto.. A las instalaciones de cocina les daría un acabado de color gris plomo. no le darían ni dos peniques por todo. Podríamos poner un pequeño armario de pared. Por ejemplo….) Cachivaches.. Se le podría sacar mucho partido a esta casa. DAVIES. Con esto no hay quien amueble una casa. pero eso nos pasa a todos. Iluminación funcional.. DAVIES. pondría en el suelo cuadrados de linóleo de color azul plomo y cobre.—Y yo.—¿Quién viviría aquí? MICK. uno sabe siempre el terreno que pisa. Hay mucho espacio para armarios donde poner la vajilla. cuadrados de corcho. Luego el dormitorio. ya lo creo que sería un palacio. Trastos viejos. una colcha estampada con pequeñas flores azules sobre un fondo blanco. una mesita para el café con la superficie blanca y a prueba de calor. una bonita ventana por donde entra el sol. usted tiene su manera de ser. se lo dije: «Oiga. ¿y si pusiera usted un reloj en esta habitación. Esta habitación podría ser la cocina. esta habitación. después otro grande.

. DAVIES. (Pausa..—He estado en muchos sitios. Se quita el abrigo. vea usted: si no me encuentro bien y me tumbo un rato. tengo que situarme.) DAVIES.. (Se oye un portazo. Tengo que moverme. ¿Comprende lo que quiero decir? ¿Sabe lo que tengo que hacer ahora? Cuando me estoy dando un garbeo por ahí.—Sí.) ¡Escuche! ¡Me despierto por la mañana. si uno no sabe la hora en que vive. mirándome y sonriendo! Yo le veo. ¡Me levanto por la mañana y estoy muerto de fatiga! Tengo que atender a mis negocios.) NO..) Sale. tengo que encontrar un empleo. tengo un pequeño piso. Entra ASTON. DAVIES. cuando me despierto. y no sé adónde va. DAVIES se pone en pie. Pero cuando me despierto por la mañana no tengo fuerzas para nada. DAVIES.. ¡No lo sabe! No sabe que yo puedo verle. que tenemos grandes planes referentes a esta casa. Y para colmo. y entonces sabré a qué atenerme.—Zapatos. Inclinándose cerca de MICK. Página 34 de 53 . ¿comprende? Lo tengo. mira hacia mi cama. lo que debe hacer es hablar con él. está perdido.. le veo desde detrás de la manta. lo que necesito es un reloj. Pero no me sirve de nada. adónde va no me lo dice nunca. tomaremos unas copas y escucharemos un poco de música. se da la vuelta. tal vez lo haga. para recordarla después. ¡cuando no tengo ni la menor idea de la hora que es! (Pausa... DAVIES. Pero él no quiere darme ninguno. Antes charlábamos un poquito.—¿Adónde va usted? ¡Ese es él! (Silencio. (Pausa. no tengo reloj. Se pone la chaqueta. me despierto por la mañana y me sonríe! ¡Se queda en pie ahí. aquí. en mitad de la noche.) MICK. MICK. quiero decir. Nunca le veo. ¡no sé si es la hora de ir a tomar el té! ¿Comprende?. podríamos levantarla.) No.—Eso es terrible.) O si no. lo que debe usted hacer. No está mal. mientras estoy durmiendo. Todo instalado. ¡y en su cara hay una sonrisa! ¿A quién diablos está sonriendo? Lo que él no sabe es que yo le estoy vigilando desde detrás de esa manta.—¡No me deja dormir! ¡Me despierta! MICK. se cree que estoy durmiendo. MICK. usted es su hermano.Harold Pinter El conserje la hora que es? Quiero decir. entonces..—(Levantándose y moviéndose. cuando regreso a casa. es esencial.—Tiene usted razón. tengo que estar al tanto a ver si veo un reloj y atornillarme en la cabeza la hora que es.—Dormir es esencial. ¿comprende?. mire: usted es la persona indicada para hablar con él. Lleva una bolsa de papel. podríamos ponerla en marcha. ¡Se me ha olvidado la hora que era! (DAVIES se pasea por la habitación. Usted debe decirle.. entre los dos. porque puedo ver el reloj de la esquina. MICK.—Ya. la cosa no es tan grave cuando regreso a casa. pero no sabe que yo estoy viendo lo que hace! (Pausa. Siempre me han dejado dormir.) Bueno. abre la bolsa y saca un par de zapatos. pero yo no le pierdo de vista ni un momento desde detrás de mi manta.. sale y no vuelve hasta muy tarde. ¿y dónde vive usted ahora? MICK. MICK se levanta.—No. (Pausa. en el momento de entrar sé la hora que es.—¿No le deja dormir? DAVIES. Aquí. Siempre lo he dicho. podría ayudarle a pintarla. va hacia la ventana y mira al exterior. a los cinco minutos de estar aquí ya se me ha olvidado. va hacia la puerta y sale. ¿comprende? Pero ¡él no lo sabe! ¡El sólo me mira y sonríe. quiero decir. Mire. cualquier día voy a soltarle cuatro frescas... Ven a verme un día. no..—¿Yo? ¡Oh!.. A uno le dejan dormir en todo el mundo. lo tengo todo planeado. y lo único que sabe hacer entonces es darme achuchones. en esta habitación. yo podría pintársela.) ASTON. Pero ¿y cuando me quedo en casa? Es cuando me quedo en casa. ahora no. (DAVIES se sienta en la silla.) ¡Y me despierta! ¡Me despierta en plena noche! ¡Me dice que hago ruidos! Se lo digo de veras.

llegué hasta aquí. Una tenue claridad entra por la ventana.... DAVIES.) Bueno.—¿Zapatos? ¿De qué clase? ASTON. quiere ver mis referencias. no me están bien.Harold Pinter El conserje DAVIES.—¿No le están bien? DAVIES. Allí están.) ASTON. Pruébeselos. he ido tirando. si no tienen cordones. moviendo los pies.—Bueno. (Pausa. DAVIES. Ese es mi problema. hasta que me haga con otros..—Sólo he podido comprar los zapatos.) Quizá me lleven a Sidcup mañana. no puedo llevar los zapatos sin estar sujetos con los cordones. Me lo ha ofrecido un tipo que tiene.. La última vez que estuve allí fue.. pues usted mismo comprenderá.—Me he hecho con este par. tuve suerte de no dejar el pellejo en esa carretera.—Estos zapatos son negros. he ido tirando. (Se vuelve y mira por la habitación.—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasa? ASTON.—(Dando la vuelta.. ¿sabe?. silenciosamente. ¿comprende? Pues.—No puedo llevarlos sin cordones. valen. De todas formas. señor. ASTON.—¡Hummm! (Pausa. Lo difícil es llegar hasta allí. enciende la luz. bueno.) DAVIES. Tengo que ir a Sidcup. buscar al hombre ese. se quita las sandalias y se prueba los zapatos. Hice el camino a la inversa. cállese.—A lo mejor le sirven. Buen porvenir. (DAVIES se acerca a la parte anterior del escenario. qué le vamos a hacer. (DAVIES se sienta en la silla y empieza a colocar los cordones en los zapatos. es apretando el pie. sale de la habitación.) ASTON.—Está usted haciendo ruido. ASTON y DAVIES están en la cama. ASTON. la última vez... sí. hacerme con ellas. (Pausa.) DAVIES. DAVIES. He estado allí antes. ASTON. DAVIES. Pero quiere ver mis papeles. lo que debo hacer es volver allí. mire: a lo mejor me apaño con ellos.. estoy salvado. Puedo tener un derrame.) ¿Qué? ASTON. ¿no? ¿Qué quiere que haga? ¿Que deje de respirar? ASTON.. Con unos zapatos bien sujetos hay menos probabilidades de que tenga un derrame. hasta que me encuentre usted otros. DAVIES.—¡Eh!.—Soy un hombre viejo. (ASTON.—No hay cordones.—Son de color castaño. esto es más bien malo para los pies.—Estaba haciendo ruidos. hace ya mucho tiempo..—No.—Puede que tenga unos en un sitio u otro. anda un poco. la carretera era mala..) ASTON.. llovía a mares. DAVIES. DAVIES. pero no..—Aquí están. (Se los da a DAVIES..—¿Qué quiere que haga? ¿Que deje de respirar? (ASTON se acerca a su cama y se Página 35 de 53 ... ¿comprende? Andar con los pies encogidos. ASTON se incorpora.) ¿Dónde están los cordones? ASTON. ASTON. Quiero decir. Es de noche. no puedo seguir así.) Me han ofrecido un buen empleo. ¿no? Esto no es ninguna solución. salta de la cama..) DAVIES.—Bueno. (ASTON no le contesta. he ido tirando por ahora.) ¡Dios! Ese bellaco ni siquiera me escucha! (Oscuridad completa. DAVIES.—¿Comprende lo que quiero decir? (Pausa.. (ASTON se acerca a la cabecera de su cama y busca en el estante que hay sobre ella.. no es mi número.—No.—Es lo único que tengo. se inclina y aprieta el cuero. ¿quiere? No me deja dormir. DAVIES ronca y gruñe. Es una carretera muy mala. La única manera de que no se caigan los zapatos.) No sé si estos zapatos me servirán de mucho. Si puedo llegarme hasta allí. sí. El tiempo me está haciendo la puñeta. se acerca a DAVIES y le mueve. tiene muchas ideas..

hombre. escaleras arriba y abajo.—¿Que me busque otro sitio? ASTON. De usted lo sabe todo. No crea que me chupo el dedo. sale. vigile que no le metan otra vez. ¡Tratarme como si fuera un montón de basura! En primer lugar.—¿Yo? ¿Está usted hablando conmigo? ¡No.Harold Pinter El conserje pone los pantalones. DAVIES. ASTON. DAVIES saca el cuchillo de su bolsillo. ¡Usted está medio tarumba. (Una pausa.—¿Qué? Página 36 de 53 . quiere ponerla decente. si iba usted a tratarme de esta manera? Si cree que es usted mejor que yo. Lleva camiseta. Aquí tengo esto. No se acerque. creo que ya es hora de que se busque usted otro sitio. La mitad del tiempo no sabe usted lo que se hace. ¿eh? Siempre se escurre usted como una anguila.) ¡Ojo al cristo. muchacho. su hermano está hasta la coronilla de usted. ¡Sólo con que cambie el tiempo. yo no haría ruido! ¿Cómo quiere que duerma tranquilo. compadre. A mí no me han encerrado nunca en un lugar de esos. al pelo. ahora entra.—¿Qué quiere usted que haga? ¿Quiere que le diga la verdad..) No se me acerque. total para poder dormir en este asqueroso agujero todas las noches? Ni hablar. se equivoca de medio a medio. Si ya le metieron antes en un sitio de esos. si me está dando achuchones todo el tiempo? ¿Qué quiere usted que haga? ¿Que deje de respirar? (Aparta la ropa y se levanta de la cama. A mí no me ha pasado nunca lo que a usted. ¡Despertar así a un pobre viejo en medio de la noche! ¡Usted debe de estar majareta perdido! Tengo pesadillas. Solo con que guarde las distancias. nadie sabe lo que se trae entre manos! Pues mire usted: a mí no hay quien me haga la barba por mucho tiempo. ¡Su hermano está hasta la coronilla de usted! ¡No vayan a ponerle otra vez en la cabeza esas tenazas de que hablaba! No me extrañaría que se las pusieran otra vez.) Y paso tanto frío. hombre! ¡Está como una regadera! ¡Si con la jeta paga! Quién ha visto nunca que me diera usted unas cuantas perras.—Voy a tomar el aire. Quiere hacer algo con esta casa. Pero aquí tengo que hacerlo.) ASTON. En él sí que tengo un amigo. muchacho. ¡Y todo porque a usted no le da la gana de poner una puñetera estufa! Estoy ya harto de que ande dándome achuchones. podré hacerme con más referencias que las que ha visto usted en su vida! ¡Tratarme como si fuera una bestia! ¡Yo aún no he estado nunca en una jaula! (ASTON hace un leve movimiento hacia él. Porque.—Creo. un amigo de verdad. vaya.—Sí. Creo que no nos entendemos. No debían haberle soltado nunca. compadre? Pues no me extraña que le metieran allí dentro. ¡Yo estoy en mis cabales! O sea que no me achuche más. ¡Con que alguien dé el soplo! Y se lo llevarán. descuide. entra. DAVIES. que he de meterme en la cama con los pantalones puestos. Cualquier día. que es de plata! (Pausa. no vaya a creer.. Su hermano está hasta la coronilla. En mi vida había hecho cosa semejante.) ASTON.) ¡Cuidado con lo que hace!. chaleco y pantalones.. ¡Nadie sabe lo que se trae usted entre manos. ¿Quién tiene la culpa de que tenga pesadillas? ¡Si no me estuviera usted dando achuchones. compadre. Y a ver si le entra en los cascos una cosa: y es que tengo tantos derechos como usted. ¿por qué me invitó a venir aquí. ¡digo! ¡Vendrán a buscarle y se lo llevarán y le meterán otra vez allí! ¡No habrá tu tía! ¡Le pondrán las tenazas en la cabeza y no habrá tu tía! Echarán un vistazo a toda esta porquería con la que tengo que dormir y se darán cuenta en seguida de que está usted como una cabra. ¿eh? (Pausa. ahora sale. No es cosa de juego. ahí está. voy a decirle una cosa: su hermano. ¿Qué se figura? ¿Que voy a ser yo quien le haga los trabajos más sucios? ¡Jaaaaaa! ¡A otro perro con este hueso! ¿Que sea yo quien haga los trabajos más sucios. ¿eh? No es cosa de juego. Todo irá como una seda mientras sepa usted guardar las distancias. Se miran fijamente. DAVIES. No para usted. no! ¡Usted! Usted es el que tiene que buscarse otro sitio.

No creo que le guste quedarse aquí.) El que apesta es usted.) Es limpio.—No sirvo. DAVIES se mueve de un lado a otro.—Sí. (Abre la puerta..Harold Pinter El conserje DAVIES.. Al anochecer. DAVIES...) DAVIES.) Se arrepentirá de haberme llamado eso. y yo me quedo con él.—¡Ande ya! ¡Construya primero su cobertizo! ¡Unos cuantos chelines! ¡Cuando puedo ganarme aquí un sueldo fijo! ¡Primero constrúyase su apestoso cobertizo! ¡No faltaba más! (ASTON le mira fijamente.—Ha estado apestando todo esto.) Se arrepentirá de haberme llamado eso. Voy a ser su conserje.. ¿se entera?. DAVIES..—¡Ese cobertizo no es apestoso! (Silencio. (Coge la bolsa y se dirige hacia la puerta.. ¿Y se atreve usted a decirme que soy un apestoso? ASTON....—Y se atreve usted. ¿eh? ¡Me larga un par de zapatos hechos una mierda y a la calle! ¡Usted no sabe por dónde se anda.—¡Qué! ASTON. o sea que.. Conque quería.. ASTON.). para que se entere. Todo madera buena.. DAVIES..—¡Cristo! ¡Y se atreve usted. (DAVIES sale.) Muy bien. le pondrá las peras a cuarto.—¡Usted! ¡Usted es el que va a tener que buscarse otro sitio! ASTON...) Ahora ya sé en quién he de confiar..... No nos entendemos.....—Él es quien va a quedarse aquí. va a cambiarlo todo. coge la bolsa y empieza a poner dentro de ella algunas cosas pertenecientes a Davies.—¡Me gusta. Este no se mueve. Se me ha ofrecido un empleo aquí.—Será mejor que se vaya. espere y verá.. él es quien me lo ha dicho. Conque quería echarme a la calle. que es mío! (DAVIES le arrebata la bolsa y aprieta todo lo que el otro había metido en ella. DAVIES esconde el cuchillo en el pecho. me ha dicho que el empleo es para mí. no tiene usted derecho. pero no creo que sirva usted. Oscuro..—¡No se acerque demasiado! ASTON. la cosa no termina aquí. No hay cuidado... DAVIES. DAVIES. bueno. ¡Deje eso. Y ya se lo he dicho: yo me quedo.. aquí se me ha ofrecido un trabajo..—¿Mi hermano? DAVIES. MICK está sentado en la silla. ASTON va hacia la cama de Davies. va a poner en marcha todo esto.—Yo vivo aquí. ¡Me quedo como conserje! ¿Estamos? Su hermano. ¡Mío! O sea que aquí estoy. que se vaya. (Entre resuellos. (Se pone el batín. DAVIES.. muchacho! ASTON.. El brazo de DAVIES se paraliza. pues voy a decirle una cosa: hay alguien aquí que cree que sirvo.—Será mejor. DAVIES. (Pausa... nadie se ha atrevido a llamarme eso. Usted no.... (DAVIES apunta con el cuchillo..—Mire. unos cuantos chelines.) ASTON. podría ir a Sidcup.. Lo levantaré. ¿eh? Bueno.. Se quedan los dos inmóviles. ¡no va a haber ninguna habitación para usted! ASTON..—¡A ti sí que te voy a hacer apestar yo! (Levanta un brazo tembloroso.) ASTON..) ¡A ti sí que te voy a hacer apestar!. DAVIES.—¡Apestoso! ¡Ha oído bien! ¡A mí! Le he contado todo lo que me dijo.) DAVIES.! ASTON. llamarme eso. Se ilumina nuevamente la escena. su hermano.. (Se pone el abrigo. ASTON. DAVIES.—Desde hace días.—¿Que yo no? Bueno. apuntando con el cuchillo al estómago de ASTON.. espere y verá.. ¿no es Página 37 de 53 .—Yo vivo aquí..—Recoja sus cosas...—No puede. ASTON se queda en pie. ya lo creo que me gusta! ¡Lo que no me gusta es que me esté usted haciendo la barba durante todo el tiempo! ASTON. pues yo vivo aquí. Si le doy. Silencio. DAVIES.—No tiene usted ningún motivo para llamar apestoso a ese cobertizo. en pie. llamarme eso a mí. Esa es una de las razones por las que no puedo dormir...—¡Ya veremos hasta cuándo! Sé lo que me digo... ASTON le mira..

tal como están las cosas..—¡Así se habla! MICK. Levantándose bruscamente. no como usted.. Yo soy su conserje. él sí que sabe dónde tiene la mano derecha.Harold Pinter El conserje verdad? ¡Apestoso! ¡Ha oído bien! ¡Eso es lo que me dijo! MICK. él no tiene ningún derecho a mandarme.. ¿comprendes lo que es eso? Se trata de una cuestión técnica. ¿comprende? Quiero decir. excepto las camas.. los dos sabemos perfectamente cómo es. todos estos muebles son suyos.. Decorador de interiores.—¡Más valdría que se fuera otra vez donde estaba! MICK... ha dicho algo como. ha dicho. se lo dije. MICK... claro..—Sí.—A veces te pasas de la raya. La compré barata. MICK. DAVIES. vas a acordarte de mí!» Le dije: «Y no se olvide de su hermano. Por otra parte.. MICK.. no lo entiendo.—¿Eh? MICK. que él vive aquí.—¿Qué quieres decir con «un qué»? Decorador. y le dejo vivir aquí.» Le dije que usted vendría a ponerle las peras a cuarto...—Es lo que estoy diciendo. DAVIES.—Sí... vendrá..—Eso es lo que me dijo. MICK... Página 38 de 53 .... No sabe en qué lío se ha metido haciendo eso.. Le dije: «¡La cosa no termina aquí.. usted no me trata como si fuera un montón de basura.. el dueño soy yo. no tengo inconveniente. DAVIES. DAVIES.—Tú no apestas... ¿no? DAVIES. tse. DAVIES.» MICK. eso es. ahí está.—Se lo dije..—Ha dicho.—Entonces. Quiero decir.—¿Qué quieres decir? DAVIES..—Bueno.. quiero decir.. todo eso de pintar y decorar. depende de si se considera amueblada o sin amueblar. Quiero decir. señor! MICK.—Tse.—¿Y dónde estaba? DAVIES. Haciéndome eso a mí. todo eso. ¿qué ha dicho cuando le has contado que yo te había ofrecido el empleo de conserje? DAVIES.. MICK. de todas formas. Yo recibo las órdenes de usted.. él. (Pausa. usted tiene consideraciones conmigo. MICK.) Bueno..—¿Qué? Lo que yo estoy diciendo es que usted tiene ideas respecto a esta casa... ¿ves?.. (Se vuelve para mirar a DAVIES. ¿no? ¡Usted le deja vivir aquí! MICK.) ¿Donde estaba? DAVIES.—Sí. Depende de cómo se considere esta habitación. yo sería el primero en decírtelo.—(Volviéndose para mirarle. él.) DAVIES. Tengo que avisarle con anticipación.—Si apestaras. DAVIES..—¿Estás diciendo que mi hermano no sabe dónde tiene la mano derecha? DAVIES. tú dices que eres un decorador de interiores. (Pausa... le dije: «Vendrá su hermano..—No. Se lo dije.) Pero más valdrá que seas lo bueno que andas diciendo.. los dos. ¿no te parece? (Pausa. no tengo inconveniente en empezar a arreglar todo esto.—¡No... supongo que podría decirle que se fuera.—¿Un qué? MICK.) MICK. tse. DAVIES. ¿Comprendes lo que quiero decir? DAVIES..—¿Qué quiere usted decir? MICK. él es el inquilino... O sea que se trata de una delicada cuestión legal.—¿En el clavo? Pero esta casa es de usted..—No..—Bueno.—Todos estos muebles. Más valdrá que lo hagas como nadie..—Sí. es mi casa.. en eso ha dado en el clavo.

MICK. Y lo demás. Nada de lo que dices tiene el más insignificante valor.. eso ha sido un poquito impertinente por tu parte.. Repite lo mismo.—(Da una vuelta lentamente alrededor de DAVIES. He tenido muchas cosas que hacer. Yo iba a echarle una mano y nada más a cambio de un pequeño. nunca dije nada de que fuera decorador. y te he hecho partícipe porque creía que eras un decorador de interiores y exteriores de primera categoría. mirándole... no empiece otra vez con eso.... pero he tenido siempre mucha maña para todo... Cada palabra que pronuncias se presta a un sinfín de interpretaciones Página 39 de 53 . mire.? MICK. confiesa: ¿por qué me has engañado diciéndome que eras un decorador de interiores? DAVIES.? DAVIES. Eres el único a quien he confiado mis sueños. yo no.—Bueno. vamos a ver.. mis deseos más íntimos. Él sería quien se lo dijo.—¿Ni serías capaz de decorarlo con una mesa de teca muy veteada. Ha debido de ser su hermano quien se lo ha dicho..—No. oiga.. MICK.—Bueno..—¿Cuándo? MICK. DAVIES.—¡Yo nunca he dicho eso! MICK. está chalado.) Fue él quien se lo dijo. MICK.. déme usted..—¿Y te haces pasar por..—¿Qué le has llamado a mi hermano? DAVIES. ¿Cuál es tu verdadero nombre? DAVIES.. un pequeño salario..—¿Cómo te llamas? DAVIES. Desde que entraste en esta casa todo han sido trifulcas.—¡Atiza! ¡Entonces di que tenía de ti un concepto totalmente equivocado! DAVIES. MICK. ¿de dónde ha sacado. Creía que tú lo eras.. DAVIES. Yo no soy un decorador de interiores.—¡Yo nunca he dicho eso! MICK. ¿qué? ¿Eh? Vamos. pero yo nunca he sido eso..—Nada de ponerte al corriente. He estado demasiado ocupado.—¡Yo no he dicho nada de eso! ¿Es que no oye lo que estoy diciendo? (Pausa.—Pero ¡si él mismo lo dice! MICK.) MICK..—Mi verdadero nombre es Davies. (MICK avanza lentamente hacia él...—No.—¿Yo? Vamos a ver.—Eres un repuñetero impostor.—¿Chalado? ¿Quién está chalado? (Pausa.—No debería usted decirme eso... ¿no crees? DAVIES..) Qué hombre más extraño eres.Harold Pinter El conserje DAVIES.. MICK. Eso ha sido. amiguito..—¿Nunca has sido qué? DAVIES.. eres muy extraño. ni aplicar esos mismos colores en las paredes para que entonen? DAVIES. déme usted un poco de tiempo y me pondré al corriente. ¿A que sí? Francamente.—¿Cómo quieres que te tome por otro? Tú eres el único con quien he hablado.—¡Jenkins! MICK.—Tienes dos nombres.) ¿Has dicho que mi hermano es un chalado? Mi hermano.. ¿sabe? Pero.—No. MICK.—Yo. un sillón con tapicería color avena y un sofá de madera de haya con tapicería verde-mar? DAVIES. bueno.. y empieza a llamarme cosas. Me contrató como conserje. hombre. tú eres el único a quien he hecho partícipe de todo eso... DAVIES.—¿Que es qué? DAVIES. usted me toma por otro..—¿O sea que no sabes colocar cuadrados de linóleo de color azul plomo y cobre. vamos a poner las cosas en claro. Lo que yo quiero es un decorador de interiores de primera categoría y con mucha experiencia.. MICK.—¿Yo? ¿Qué quiere usted decir? Alguna chapuza todo lo más. no da una.. MICK. En serio.. ¡Como que es un lila! Le diría cualquier cosa por celos...

ha sido un compañero para mí. MICK se acerca a la cocina de gas y toma la estatuilla de Buda. usted duerme.) DAVIES. hágalo. Eres un bárbaro. No se mueven. no hay mucha diferencia entre ellas. MICK empieza a hablar. Me muevo.. se para. apestas a mierda y a sobaco que no hay más que pedir..) Usted. Silencio. entra en la habitación y se queda frente a frente con MICK.—¿La ha encontrado? DAVIES. errático.. DAVIES se queda inmóvil. ¿sabe?. Creía que le hacía un favor dejándole vivir aquí... Eres violento. persevera.... la corriente me daba de lleno cuando dormía. ¿comprende?.) He vuelto para recoger mi pipa.. ¿no? O sea que usted toma la mía y yo la suya y Página 40 de 53 ... a mitad camino me. DAVIES. ¿qué? (Silencio.. A ver si te das cuenta: llegas aquí y dices que eres un decorador de interiores. no eres más que un animal salvaje.) Cualquiera diría que esta casa es lo único que me preocupa. (Se busca por el bolsillo. siempre.. Siempre me estoy moviendo. sí.) ¿Verdad? Usted ha sido un buen amigo para mí. si. Me acogió. de pronto. MICK no le mira. me hacía hacer ruidos sin que yo lo supiera. Es cosa de mi hermano. ASTON. Entra ASTON. Yo me lavo las manos...... que la pinte. ¿sí? DAVIES. va hacia la puerta y sale. écheme.) ¿Ese no es el mismo enchufe que. ASTON.—¡Ah!. si usted me diera su cama y usted durmiera en la mía. Que la arregle. ¿Ese que. son de la misma clase. se quita el abrigo. no hay vuelta de hoja. pero.. he pensado que podría entrar y cogerla.. ¿verdad?. o sea que he pensado. ¿no? Tengo que pensar en extenderlo. Tengo que pensar en el futuro. Yo no me quedo quieto. He estado pensando que. Cierra la puerta.) DAVIES. Casi todo lo que dices son mentiras. que me había olvidado la pipa. Por eso.—Sí.. ¿y qué pasa? Yo no he visto que dieras un solo paso para ir a Sidcup a buscarlas. ha sido por culpa de esa corriente de aire.? ASTON.. Se oye un portazo. Ambos sonríen levemente.. De todas formas. cruza por detrás de DAVIES. ASTON. la cual se hace añicos.—Bueno.. lenta. saca media corona y la echa a los pies de DAVIES. no quería decírmelo. Tengo que levantar mi propio negocio.) Muy bien. me dio una cama. quiero decir que..—Me he ido y. cavilosamente. Y para colmo.... Por eso he vuelto. Esta casa no me preocupa. en realidad. ¿eh? ASTON.. Hablando para sí. (Pausa. ve el Buda roto y mira los trozos por un momento. si yo tuviera la suya.. si no.) Oiga. Bien mirado. si he estado haciendo todos esos ruidos. No me interesa.—Yo no entiendo mucho de enchufes. espero que llegue a solucionarlo.. Tengo otras muchas cosas que me preocupan. pues..—Y yo. Él tiene sus propias ideas. (Pausa.—¡Eso es lo que quiero! (Arroja contra la cocina de gas la estatuilla de Buda. Escuche.. MICK. Entonces va hacia su cama. (Pausa. Se miran. yo creo que se saldrá con la suya.. se sienta. ya la tengo. Muchas. ASTON deja la puerta abierta. A mí me tiene sin cuidado. Tengo otros muchos intereses... usted duerme en cualquier cama. Me acogió.. Voy a pagarte por el tiempo que has hecho de conserje.) DAVIES.Harold Pinter El conserje distintas.—Todavía no ha hecho carrera con él.. en todas las direcciones.—Creo que ya sé poco más o menos lo que le pasa.. (DAVIES avanza hasta el centro de la habitación. eso de que apesto. me he dado cuenta. saca el destornillador y el enchufe y empieza a hurgar en él. (Pausa.. medio dólar.—Hay algo que no marcha.. no me preguntó nada. Todo esto es muy lamentable. Que las tenga..) DAVIES. si es lo que usted quiere. Toma.... eres completamente imprevisible. (Pausa. que haga lo que le dé la gana. me veo obligado a despedirte. podría darle una orientación.? ¿Verdad?.—Sí. ¿sabe?. (DAVIES se le acerca un poco más.. Es lo que intento averiguar. yo te admito inmediatamente ¿y qué pasa? Me espetas un discurso larguísimo diciéndome que tienes todas tus referencias en Sidcup.—(Lentamente.

y cuidaré de la casa. habiendo estado allí dentro todo aquel tiempo. (Pausa.—Pero ¡usted no comprende lo que quiero decir! ASTON... (ASTON se vuelve de nuevo de cara a la ventana..) ASTON.—Pero. (Pausa. una sola palabra.. Es la única donde puedo dormir. no tiene más que decir una palabra.—Además... se la limpiaría.—No.) ¿Qué haré? (Pausa. o sea que yo supongo que esto sería la mejor solución. llegarme a..) ASTON.. los zapatos esos que me dio.. quiero decir... todo cerrado.. (Pausa. DAVIES..) ¿Qué le parece lo que le estoy diciendo? (Pausa. DAVIES. mire. voy a estar muy ocupado. puedo hacerlo yo solo. siempre hace demasiado calor allí dentro. me iré. no para. quizá poniendo un trozo de saco más fuerte en la ventana. Yo le vigilaría la casa. quedaré a resguardo de la corriente..—Pero ¡usted no comprende lo que quiero decir! ASTON. para usted. me van muy bien.. DAVIES. con todo lo que le hicieron..) ¿Es que no comprende a lo que voy? ¡Le echaré una mano! ¡Construiremos ese cobertizo los dos! ¿Comprende? ¿Comprende lo que le estoy diciendo? (Pausa. ¿comprende?. Si no lo hago ahora no podré hacerlo nunca. delante de la ventana... escuche un momento. ¿sabe?. para el otro no. Escuche. y se la vigilaré. hombre. ya sé cómo son esos sitios.. no puedo hacer nada. le ayudaré a construir su cobertizo..) Si quiere usted que me vaya.Harold Pinter El conserje estamos al cabo de la calle. (ASTON sigue inmóvil.) ASTON..—Le echaré una mano. DAVIES.. estaré aquí.—Pero ¡puñeta! ¿No le he dicho que cambiemos de camas? ¡Cristo! ¡Cambiemos de camas y ya está! ¿Es que no ve el sentido de lo que le estoy diciendo? (ASTON permanece en la ventana.. Página 41 de 53 . cambiamos de camas y entonces podríamos poner manos a la obra y hacer lo que teníamos pensado. dando la espalda a DAVIES..—Siempre que se queda aquí.) Voy a decirle una cosa...) ¿Quiere usted decir que me echa? No puede hacerme eso. Tal vez podría. DAVIES. verá. si pudiera. demasiado calor.. pero.—No.... en cambio. Yo no estaría expuesto a la corriente de aire.—Pero ¡su hermano se ha ido! ¡Se ha ido! (Pausa.—No.. escuche. (Pausa. y me hiciera con mis. Podríamos construir su cobertizo. haremos eso.) ¿Dónde voy a ir? (Pausa.. Escuche. todo... no le molesta.... DAVIES. no me importa. lo haría por usted.) Además.. me gusta dormir en esa cama. dándole la espalda..) Oiga. le ayudaré. me llegara allá abajo.. y. una vez pude echar un vistazo a un sitio de esos.—No duermo bien por las noches.. No tiene más que decírmelo. si me llegara allá abajo. por poco me asfixio. ¿comprende?.. No puedo cambiar de cama..: los zapatos esos. ¿qué le parece? ¿Seguimos como antes? (Pausa... al mismo tiempo..) Podría quedarme aquí. escuche: no me importa... Esta es mi cama..) ASTON.. ¿comprende? A usted.. (Un silencio prolongado. si.) ¿Qué voy a hacer? (Pausa..—Pero escuche... DAVIES. ¡Eso es lo que haré! (Pausa... Tengo que construir ese cobertizo.—¿Su hermano? ASTON... seré su conserje.. me quedaré. no? (ASTON se vuelve y le mira. hombre.. me dejaría usted.. con todos los doctores esos.—¿Por qué. la otra es la cama de mi hermano.—No.—(Levantándose y yendo hacia la ventana.) ASTON.. Hasta que no esté construido. su hermano. no me importa. me dejaría.—Hace usted demasiado ruido.. para él no. me van estupendamente.. mire: si no quiere cambiar de cama seguiremos como antes... Yo estoy con usted... hacerme con mis papeles. estaría a su servicio. además... me quedaré en la misma cama. DAVIES. DAVIES..—¿Por qué no? ASTON. lo haremos juntos... querría. DAVIES.. usted necesita un poco de aire.) ASTON..—No. lo comprendo.

Harold Pinter El conserje Telón.) FIN DE «EL CONSERJE» Página 42 de 53 .

. la más descabellada fantasía de un niño o la más absurda ocurrencia de un demente o un beodo. F. la palabra realismo. la tautológica realidad ontológica. más normalizantes. Lorda Alaiz Del libro "La joven dramaturgia británica (desde 1956)" (Artículo publicado en 1962 en la revista PRIMER ACTO) De entre la veintena de dramaturgos ingleses que se han dado a conocer en el curso de los últimos cinco años hay algunos que forman no sólo un grupo aparte. no significa nada. Si nos ponemos a alambicar. realidad objetiva y subjetiva. Lo que pasa es que ciertos aspectos de la realidad nos son más familiares. A partir de ahí empezamos a andar a tientas. de la que nos habla Novalis. Simpson Por F. de amplitud. fenomenológica. El intento frenético de moverse en esa zona de penumbra en la que los atisbos resultan desconcertantes. con mayor ceñimiento mediante la designación de realismo exasperado. Hasta aquí nos movemos como Pedro por su casa.Harold Pinter El conserje Rido quia absurdum est El ala británica del teatro del absurdo Harold Pinter Ann Jellicoe N. realidad física y metafísica. No es cuestión de estimativa. realidad poética. cuando no pavorosos. de la Gran Bretaña. en este caso. M. de puro omnímoda. sensorial. Tan realidad es un protón como el universo entero. por supuesto. es lo que pretende expresar el realismo exasperado. sino. Aunque las obras respectivas de estos jóvenes ingleses difieren notablemente entre sí y ostentan unas marcadas características propias. tienen algo de común que les confiere singularidad entre la producción dramatúrgica británica actual. sino un fenómeno dramatúrgico nuevo. la super-realidad. más fijos y constantes. tan realidad es la superficie de la mesa donde trabajo como el sueño más dislocado. que otros.. la realidad es algo irreductible a grados. Por otra parte. ergo son reales. La Página 43 de 53 . ¿Qué tipo de realidad designa? Pero ¿por qué damos por sentado que hay varios tipos de realidad? Será porque hemos oído hablar de ellos: realidad perceptible. Tal vez lo que tienen de común se exprese. a mi juicio. porque. realidad de creencia. Lo cual es ya la carabina de Ambrosio. Nos referimos. Son cosas que existen. el que penetramos y deducimos con el intelecto. sino de existencia. que no es privativo. No es cuestión de grados. ni siquiera ha sido este país su cuna. en efecto. si bien se mira. Se nos habla incluso de surrealismo. al tipo de teatro cuyo germen se halle acaso en Joyce y Kafka y que fragua como tal en Beckett y Eugenio Ionesco. Luego. a pesar de que uno de sus precursores —Joyce— y uno de sus exponentes máximos —Samuel Beckett— sean anglófonos. El aspecto de la realidad que nos es más familiar y normal es el que percibimos con los sentidos y experimentamos en la vida cotidiana.

por tanto. algo habría entendido ya. en su presencia escueta. «comedia de amenaza» o «teatro non sequitur». Transcribiendo la realidad con una precisión despiadada. al pronto. sino que no ve. en que el hombre. frustraciones. ilógicas. se quedan perplejos. casi sórdida. a mi modo de ver. hace un esfuerzo y aventura interpretaciones e inventa nuevas etiquetas. el de las realidades alucinantes y obsesivas. se ve amenazado por todas partes y. clara y distinta. Una especie de prodigio. inmanente. aparte de N. como individuo. sino de un modo fragmentario. Para los críticos. claro. Y son éstos los que. que también se mueve en esta zona. consiguientemente. Y a Kafka. porque. Naturalmente. y el crítico. lo único que debería hacer sería levantar acta. ensueños. si bien se mira. avasallante e insustituible. Y se obtiene. ha ido creando sus propias leyes —aunque en modo alguno es gratuito. «no hay verdadera contradicción entre una reproducción meticulosa de la realidad y la literatura del absurdo. no puede reconstruirse más que de una manera problemática e inarticulada. Simpson y Jellicoe no interesa la trama. es un fenómeno dislocado. aunque de un modo distinto y merece una atención especial— deben mucho a Samuel Beckett.Harold Pinter El conserje exasperación ante la impenetrabilidad de un mundo que solamente se intuye o presiente y que. todo lo desconocido entraña una amenaza. por lo tanto. al crearse. El crítico. permanecen luego en nuestro Página 44 de 53 . ante un mundo artístico que no ofrece sino lo que se ve y al paso que se ve y que. pero. el dramaturgo llega al desintegrado lenguaje del absurdo. F. directa. quienes la califican de «realismo trascendental» y advierten en la obra de estos jóvenes un esfuerzo por ahondar en el entresijo de la condición humana en una época como la nuestra. debatiéndose contra su mundo interior —dolores. que estos jóvenes dramaturgos ingleses que adscribimos al realismo exasperado —Harold Pinter y Ann Jellicoe son los más significativos e importantes. Mal llamado porque nada hay más concreto ni de más nítidos contornos objetivos que un cuadro de Mondrian. a fin de cuentas. produce una especie de paroxismo en el que rigen leyes propias apenas comunicables. el público. Simpson y Jellicoe es. sino más lógico y hondo y revelador que el aparentemente lógico y racional—. como escribe Martin Esslin en "The Theatre of Absurd". locución latina ésta que viene a querer decir. En un mundo caído en el absurdo es suficiente transcribir la realidad con minuciosa solicitud para crear la impresión de una extravagante irrealidad». Dicho en un nombre: Samuel Beckett. sino los personajes. pues —si prescindimos de su denominación más amplia y. más superficial y casi frívola de «teatro del absurdo»—. la dramaturgia de Pinter. que es lo único que cabe hacer ante los hechos. en la que no puede permanecer porque profesionalmente le está vedado. que opera a base de puntos de referencia. Es el diálogo estrictamente lógico del drama racionalmente construido lo que es irreal y altamente estilizado. El resultado es una realidad que puede ser no sólo familiar. casi literalmente. apenas existente. Hay una clara concomitancia entre esta manera de concebir un drama y el mal llamado arte abstracto. por ejemplo. Esa concomitancia estriba en la inmanencia del objeto artístico. sino incluso ordinaria. que es receloso. del absurdo. En puridad. Claro. Huelga decir. al menos en apariencia. tras su estupefacción inicial. y todo lo que no se ve en su estructuración global. En rigor. Una presencia per se. si es que no montan en cólera. una paradoja sólo a sobre haz. cuando no tosco. como se verá. incoherentes. túrgida de misterio. anda metido en un laberinto inextricable. al mismo tiempo. En Pinter. al borde. Simpson. En cuanto al público. la ilusión teatral de una realidad única. antes lo contrario: la mayor parte de las conversaciones reales son. atentatorias contra la Gramática y elípticas. anhelos—. «el disloque». Más acertados están. si fuera capaz de advertir que lo que le pasa no es que no entiende. en tanto que colectividad.

no menos que a mí. cuyo marido. a su angustia. Rosa no está segura del lugar que ocupa la habitación en la estructura de las cosas.. sienten miedo por lo que haya en el exterior de la habitación. Este cuarto. incongruente. Las tinieblas del exterior están erizadas de amenazas. mejor aún. o. HAROLD PINTER De entre estos jóvenes dramaturgos británicos. son barreras que se levantan mutuamente—. por consiguiente. La habitación se convierte. Y cuando Rosa la Página 45 de 53 . El título de la obra —The room («El cuarto» o «La habitación»)— es ya toda una declaración de principios. No en su interrelación con los demás. en una imagen de la reducida área de luz y calidez que nuestra consciencia. estrenada en la Universidad de Bristol en mayo de 1957. silenciosamente ávida. elíptico. el único lugar seguro en un mundo hostil. Una puerta. del que emergemos gradualmente después de nuestro nacimiento y en el que nos hundimos de nuevo al morir. el que ha causado más amplio y hondo impacto en el público y la crítica ha sido Harold Pinter. tanto en lo que se refiere a la temática —el hombre solitario y a la defensiva. una anciana sencilla y maternal. pero basados en ese parloteo más que coloquial vulgar. o al menos ensimismado (el hombre de la mirada hostil sartriano)— como en lo que atañe a la exposición—: un estilo e idioma peculiares. cuál es su engarce en el plano del edificio. Esta pieza es ya como el embrión de todo el teatro de este autor. monologante. contiene. Aquel es conductor de camión y realiza un servicio nocturno. un viejo ya decrépito y titubeante. Lo pregunta a Mr. un retorno a los elementos verdaderamente básicos del drama. no pueden ser más imprecisas. Tras ella. Bert. a pesar de que aquélla le trata con abrumadora solicitud. no le dirige nunca la palabra. La puerta. Dice que sentiría mucho tener que mudarse. aislados. El marido de Rosa y Mr. el hecho de existir. asediado por el terror. rutinario. «Dos personas en una habitación —ha dicho el propio Pinter—. se oprime con furia la amenaza. Se levanta el telón y yo veo la escena como formulándome una pregunta sumamente imperiosa: ¿Qué va a sucederles a estas dos personas que están en la habitación? ¿Va a abrirse la puerta y va a entrar alguien?» El punto de partida de este teatro es. El aposento pertenece a una casa muy grande. abre en el inmenso océano de la nada. la expectación creada por los ingredientes elementales de un teatro puro. más que puentes. Pinter se dio a conocer con la obra en un acto The room. Kidd se marchan. es exactamente lo que desea. Es la morada de Rosa. Kidd. anterior a toda literatura: una escena. pero que acaso no sea más que un apoderado. en su angustia. se dice a sí misma. pues. Rosa se queda sola. sino solos. un mundo aterrador.. una imagen poética que suscita en nuestro ánimo un temor y un «suspense» indefinidos. abandonados a su soledad. La mayor parte del tiempo no hago sino darle vueltas a esta imagen de dos personas en una habitación. dos personas.» El telón se levanta. casi todo el programa que ha de desarrollar en los años sucesivos. La habitación. que en un mundo absurdo produce la impresión de una extravagante irracionalidad. pues apenas son capaces de comunicarse —sus palabras. Las contestaciones de éste. Rosa ve el cuarto como su único refugio. el invierno y la noche. Habla del aposento con una mezcla de afecto y ansiedad.Harold Pinter El conserje recuerdo. Estoy seguro que a usted también le aterra. al que toma por el propietario. Y por nada del mundo se trasladaría al sótano. en potencia. que es oscuro y húmedo. Un recinto cerrado. una puerta. Al preguntarle un crítico qué era lo que temían esas dos personas. replegados en su soledad. Pinter explicó: «Evidentemente. En el exterior de la habitación hay un mundo que les acecha. En el exterior.

Desciende. Los dos hombres descubren un megáfono junto al torno. Nuevamente. Pero desde un principio se adivina repleto de contenido y suscita un cúmulo de preguntas. en el portal. hay un hombre que desea ver a Rosa. que viene a conducir a la anciana a la casa de su padre? ¿Representa el marido silencioso la imposibilidad de comunicación incluso con los seres más queridos y próximos? Todas estas preguntas y otras muchas brotan constantemente. De pronto. platos más y más complicados. Mr. en último término. los dos pistoleros. ciego. los tipos y las acotaciones de tiempo y espacio son acendradamente reales. ¿Es el oscuro sótano la muerte? ¿Es el aposento. Despojado de la chaqueta. pues. una llave. para sacar la basura. aunque el diálogo. Dos pudins de sagú. en el Hampstead Theatre Club. una habitación con dos personas dentro. Es Gus. De lo que pasa luego no tienen la más ligera idea. Dos tés sin azúcar». explica Rosa. El marido regresa y ataca brutalmente al negro. Kidd sale. hay allí dos personas en pie. Cierto. Entra Mr. Al fin se abre y entra un negro de gran corpulencia. En la pared posterior de la estancia se abre una especie de torno con un pequeño ascensor que comunica con el piso superior —«el camarero mudo»—. Rosa se queda ciega. está situada en los bajos de una casa. Ben y Gus. Página 46 de 53 . de Londres. Y la puerta. una torta. Tarde o temprano llega la víctima. están muy nerviosos. Gus sale del aposento para ir a buscar un vaso de agua. recortándose sus siluetas sobre el fondo oscuro del exterior. la pieza debió ser un día la cocina de un restaurante. Nos hallamos ante una mera situación. ven que hay allí un papelito escrito. un espeluzno de terror nos recorre el cuerpo. Como a Rosa.. el chaleco. Kidd. Experimentamos un sobresalto. Tras ésta. como hemos apuntado anteriormente. pero no tienen la moneda para introducir en el fogón automático de gas. por fin. y las dos personas que la ocupan son dos asesinos a sueldo que se hallan al servicio de una organización misteriosa. Buscan febrilmente en todos sus bolsillos y al fin envían arriba un paquete de té. Dice que trae un mensaje a la anciana del padre de ésta. un cucurucho de patatas fritas. Los dos pistoleros. lo toman y leen: «Dos bistecs con patatas fritas. pidiendo más cosas. ante una atmósfera y. se entregan afanosamente a la tarea de cumplir. Harold Pinter escribió otras dos piezas: The Dumb Waiter y The birthday party. ante unos hechos que de un modo extraño nos afectan profundamente. todo esto no significa gran cosa de una manera inmediata. Esto es todo lo que cabe decir acerca de la trama de esta pieza. a lo que parece. En su ausencia. un símbolo de nuestra breve e incierta permanencia en este mundo? ¿Es el negro ciego el mensajero de un mundo distinto. pero no se nos da ninguna contestación. especialidades chinas y griegas. Pero el «camarero mudo» desciende de nuevo. Gus se convierte en la nueva víctima. que se llama Riley.. la matan y se van. Quieren hacerse té. ¿Qué habitación? La número siete. el ascensor empieza a moverse. Sin embargo. la corbata y la pistola. Ben y Gus se aproximan. el misterioso encargo procedente de arriba. y se les dice que esperen nuevas instrucciones. Se les da unas señas. Abajo. En el mismo año —1957—. De nuevo se convierte la puerta en la frágil barrera que retiene precariamente la constante e insaciable amenaza del exterior. despavoridos ante la posibilidad de que se les descubra. lo desconocido. La habitación. como sea. «Pero si el número siete es nuestra habitación y no queremos mudarnos». Ha estado allí días enteros. Ben establece contacto con los poderes de arriba. una barrita de chocolate.Harold Pinter El conserje abre. Ben recibe. quienes le echan una severa reprimenda. Tienen que matar a la primera persona que entre en la estancia. se trata simplemente de una joven pareja que busca aposento y se les ha dicho que hay uno vacante en la casa. destartalada y sucia. esperando que se fuera el marido de Rosa. desde el punto de vista realista. La pareja se marcha. a través del megáfono. las instrucciones definitivas. La primera no se estrenó hasta el 21 de enero de 1960.

Es evidente que se guarda de un mundo hostil. bastante bien acorazada de respetable prestigio. La interpretación más superficial que se ha querido dar al simbolismo de esta pieza es que subraya. Los dos hombres se lo llevan en un automóvil grande y negro. como preso. Pero luego. hombre de unos treinta y pico de años. aunque zozobrante de momento por efecto de los torpedos que habían lanzado contra ella las firmas pontificantes de la crítica teatral. lo que realmente desea es seguir guarecido en la pensión y acogido a los cuidados. Pero el protagonista del drama es Stanley. Obtuvo un gran éxito. Bert. Es inútil: los preparativos se prosiguen y la fiesta se celebra. en la primavera de 1959. presa de una crisis de histeria. Luego se hizo de nuevo a la mar abierta. lo cual le permite a Stanley prolongar abusivamente su estancia en la pensión. haciéndola saltar la crítica de la cartelera como un dinamitero hace saltar un puente. además de éste. es casi tan silencioso como el marido de Rosa. La dueña. pero muy pronto se echa de ver que van en busca de Stanley. una vez más. la lucha entre la sociedad —el mundo exterior— y el individuo. pero a buen seguro no es todo. seduce a la muchacha rubia y medio tonta que vive en la casa vecina. Acaso haya algo de eso. sino que reemprendió su curso por derroteros menos expuestos al tiro de los grandes «destructores». ajena a lo que está ocurriendo. pero sin la brutalidad de éste. Todo esto va produciendo un vértigo creciente en Stanley. está pálido y se mantiene silencioso y se deja hacer como si fuera un guiñapo. En todo Página 47 de 53 .Harold Pinter El conserje The birthday party se estrenó. tal fue la carga de indignación que generó en el ánimo de los críticos londinenses. Goldberg y McCann. lleva un cuello limpio con la correspondiente corbata. Poco se sabe del pasado de éste. Personalmente presencié la excelente interpretación que dieron a esta obra los «Tavistock Players» en el Tower Theatre. La puerta se abre. en ocasión de su segundo concierto. Meg siente por él una debilidad. Dos siniestros visitantes. quien insiste en que él no cumple años aquel día. ¿Por qué? ¿Para qué? Organizan una fiesta de cumpleaños en honor de Stanley. atrabiliario e indolente. preguntan si hay habitaciones libres. que por lo visto tiene. maternal. no naufragó. mujer de edad avanzada. por muy irritantes que le resulten a veces. Goldberg y McCann se apoderan de él y lo conducen al piso superior. pantalón a rayas. La acción se desarrolla en una pensión familiar de una población marítima. en el Lyric. a Stanley. quien al fin. ni siquiera lo principal. aparte de que en cierta ocasión —según él mismo cuenta. McCann bebe y vigila a Stanley. Meg sigue soñando en la espléndida fiesta de la noche anterior y ni por asomo cae en la cuenta de lo que ha sucedido. No obstante. el marido de Meg. hecha de sentimiento maternal y sexualidad. y todo induce a creer que no es verdad— dio un recital de piano en Lower Edmond. éste viste ahora chaqué negro. dejando una estela de sorpresa y aplauso entre los públicos minoritarios. Petey. de Hammersmith. Meg. llevando en medio. este de Londres. que le prodiga Meg. Meg. recuerda a la Rosa de The room. Aunque Stanley sueña en hacer una gira mundial. Goldberg. Al iniciarse el tercer acto vemos que Goldberg y McCann descienden por las mismas escaleras. se adaptó a la televisión y acabó por obtener la atención de un amplio sector del público y la beligerancia y grave consideración de la crítica. coquetea grotescamente. fue víctima de una conspiración anónima que le hundió en el descrédito. cuyas gafas le ha arrancado de la cara y ha hecho añicos y el jolgorio culmina en un alucinante juego a la gallina ciega. intenta estrangular a Meg. En el curso de la misma. cubre su cabeza con sombrero hongo y en una de sus manos sostiene las gafas rotas. Los dos pistoleros de The dumb waiter reaparecen bajo la forma de dos siniestros visitantes: un irlandés taciturno y brutal y un judío lleno de falsa campechanía y de sospechoso savoir faire mundano. el mismo año en que fue compuesta la obra. una multitud de nombres.

cala mucho más hondo en la condición del hombre actual. sosteniendo su bandeja de madera. A Slight Ache —«Un dolorcillo»—. a destiempo. ante «ese momento vivo. está investido. rigurosamente reconstruidos y hábilmente quintaesenciados en el crisol de la poesía dramática. registra distraídamente su rumor y luego vuelve a soterrarse. mas sembrando siempre en nosotros el germen de la cavilación de hondura. surge la réplica o una alusión a lo que ha dicho hace ya rato el interlocutor. se sienten desazonados ante la misteriosa presencia de un vendedor de cerillas callejero. Eludió el servicio militar. con el terror de lo desconocido. Con este nombre recorrió Irlanda. Un matrimonio ya viejo. si es que realmente de simbolismo se trata. De los tres personajes que tiene la pieza sólo dos hablan. Como actor se ha presentado siempre ante el público bajo el seudónimo de «David Baron». el simbolismo crudo y el misterio fácil nos hacen torcer el gesto. Siente una verdadera pasión por Samuel Beckett. contingente. que nació en Londres en 1931. incorporado a una compañía dedicada al teatro de Shakespeare. Y es que. por lo menos. por supuesto. Tras «La fiesta de cumpleaños». en el soliloquio del otro. se trata de un soliloquio que alguna que otra vez halla un eco fugaz. algo que ocurre en aquellos instantes y que en lo que dice la escena y dicen los personajes se halla toda explicación y todo significado». En realidad. si se da la causalidad de que la otra corriente ha abandonado también por un momento su cauce interior. una de ellas. como una corriente subterránea que muy de cuando en cuando aflora a la superficie y. En realidad. arrastrados mecánicamente por el hábito y la rutina. al ras del suelo. apostado junto a la entrada de la verja posterior de su casa. son tipos y actos de nuestro mundo. Pinter. The Birthday Party no es todavía Harold Pinter en su mejor forma. pero decididamente inquietante. otras. En efecto. A Pinter le gustan los «papeles tenebrosos». todo ello se nos sirve con un admirable sentido del teatro y a través de un diálogo nada literario. Como en sus piezas anteriores. porque en ocasiones. quebrado. está en los antípodas de la alegoría obvia y casi tosca del «Rinoceronte». A slight ache lo transmitió por primera vez el Tercer Programa de la BBC el 29 de julio de 1959. Ocurren cosas. El viejo Página 48 de 53 . A los veinte años inició una carrera de actor. aunque en ésta en una medida ya mucho menor. realzado con frecuencia su relieve expresivo mediante silencios henchidos del discurrir interior de los personajes. algunos pasajes en que se roza el melodrama. lleno de sorpresas clamorosamente hilarantes. Estudió en la Escuela Central de Drama y Declamación. El simbolismo. Edward y Flora. Ha actuado también en teatros de provincias. Allí está desde hace días. aunque de una manera imprecisa. entran y salen: algunas veces. Algo muy recóndito se remueve en nosotros. los personajes se agitan. aduciendo que su conciencia no le permitía prestarlo —conscientious objector—. donde tienen una sastrería. de una manera aparentemente arbitraria. en uno de los cuales conoció a la que hoy es su mujer: la actriz Viven Merchant. Harold Pinter escribió la letra de algunos fragmentos de revista musical y dos piezas de radio-teatro. No acaba de ser un diálogo entre sordos. judíos que viven en el East End de Londres. de Ionesco. El tercero. al que no se oye en absoluto. lleva escribiendo desde su adolescencia —empezó publicando poemas sueltos en diversas revistas literarias y sigue siendo fundamentalmente un poeta trasplantado al teatro—. muy celebrada cuando la transmitió la BBC.Harold Pinter El conserje caso. lo cual le obligó a debatirse una temporada con los tribunales. En todo ello halló Pinter un gran apoyo en sus padres. en el momento más inesperado. en definitiva. de todas maneras. a pesar del fondo trágico del drama. sin vender nunca nada. pero nos hallamos ya. establece un ligero contacto con ella y. por lo tanto.

pueda recobrar su cama. repelida por el viejo vagabundo. según ella. De esta manera. El drama termina instalando Flora en la casa a Bernabé y despachando a Edward: «¡Edward! ¡Aquí tienes la bandeja!» El vagabundo sustituye al marido. experimenta un desplome de su personalidad. Pero todo lo que hacen y dicen para que hable resulta inútil. al poner por encima de Página 49 de 53 . Harold Pinter hace alarde de su maestría en el uso del idioma de la vida real para poner de relieve lo absurdo y fútil de la condición humana. Al regresar a su casa por la mañana se encuentra a su madre viva. se encuentra con que sus dos ancianas tías han alquilado a otro su habitación. encuentra a la muchacha. al regresar de la cárcel. Albert Stokes. Solto.Harold Pinter El conserje vendedor ejerce sobre ellos tal fascinación que. maestra. Se le acusa de haber abusado de una de las chicas. regresa a casa. le gusta. A night out —«Una noche de francachela»—. donde su rival en la oficina le pone en situaciones embarazosas. se precipita a la calle. espantoso individuo. al fin.» Edward se siente terriblemente celoso. y te voy a llamar Bernabé. pero en realidad lo está. que sabe ahora que Walter quería desenmascararla. Ahora le toca la vez a Flora. Aunque existen muchas probabilidades de que logre trabar amistad con ella y. En su segunda pieza de radio-teatro. transmitida por primera vez el 1 de marzo de 1960 por el Tercer Programa de la BBC y en abril del mismo año. y sale al jardín para respirar un poco de aire fresco. al que su madre ha retenido pegado a sus faldas con un afán de posesión semejante al de Meg para con Stanley y al de Flora para con el enigmático vendedor de cerillas. Walter echa de ver en seguida que en realidad la chica trabaja en un club nocturno. y en la escrita especialmente para la televisión. creyendo que la ha matado. un refoulé. «Te voy a retener —le dice en un momento determinado—. la cual inunda al silencioso visitante de recuerdos y confesiones. seduciéndola o incluso tomándola en matrimonio. aborda el problema de la verificación y de la identidad. pero le regaña también porque ha dejado caer un poco de ceniza de su cigarrillo en la alfombra. Walter pide a un negociante de dudosa moral. Como si esta obstinada ausencia de toda reacción fuera una especie de desafío. Albert ha sido invitado a una fiesta organizada por sus compañeros de oficina. Sally. ¿Ha logrado Albert Stokes escapar de sí mismo? La pieza para la televisión Night School. el negociante. se marcha. Al ir a buscar algunas de sus cosas a la habitación. al paso que retorna al tema típico de Pinter. y que sale mucho de noche porque sigue un curso de idiomas extranjeros en una escuela nocturna. arroja contra ésta un objeto y. Se desprende de su madre y va a la fiesta. La primera narra las aventuras de un empleado. transmitida por primera vez el 21 de julio de 1960 por la Associated Rediffusion TV. amigo de sus tías. deciden hacerle entrar en casa. concibe la esperanza de seducirla y. Pero Sally. que averigüe cuál es el establecimiento donde trabaja Sally. Edward empieza a contar al extraño vendedor de cerillas la historia de su vida. sintiéndose evidentemente atraída y. en versión televisada. Insiste en que no está asustado. Night School — «Escuela nocturna»—. pero como tampoco consigue suscitar en éste la más mínima reacción. su madre le regaña. Walter. Nuevamente aborda a Bernabé. te voy a retener. Albert experimenta un nuevo estallido de cólera y se va. Le habla incluso de cuestiones sexuales. pierde los estribos. Walter. por la Televisión ABC. sin darse cuenta. Siente un verdadero terror al enterarse de que quien ocupa ahora la habitación es una muchacha. aunque algo maltrecha. de considerar la habitación como símbolo del lugar que ocupamos en el mundo. haciendo que las muchachas le ataquen los puntos flacos de sus represiones. Una prostituta le lleva a su cuarto. donde ha cumplido condena por falsificar unos cheques. desaparece. al mismo tiempo. revela que ha sido Walter quien le ha enviado a espiarla.

Lo que queda es un drama que versa sobre personas de carne y hueso. pierde la oportunidad de ganar a la muchacha. que cualquiera de las tres cosas puede significar la palabra inglesa— representa un gran paso hacia adelante en la evolución artística de Pinter. Como en sus anteriores. Los símbolos se han retirado. conserje o encargado». pero la intensidad de tales síntomas es mucho menor. cuya individualidad ha sido difuminada mediante una operación de cerebro—. que podía haberle proporcionado un verdadero lugar en el mundo. El drama que ha consagrado a Harold Pinter como una de las más grandes y fundadas promesas de la dramaturgia británica actual es The Caretaker. The Caretaker —«El portero. a un fondo más recóndito.Harold Pinter El conserje todo su deseo de recobrar su habitáculo. aún se advierten en esta pieza síntomas de paranoia—uno de los personajes es un tipo medio tarumba. Página 50 de 53 . estrenado el 27 de abril de 1960 en el Arts Theatre y trasladado el 30 de mayo del mismo año al Duchess Theatre. ni tampoco la truculencia. el melodrama no asoma por ninguna parte. por lo demás.

precisamente porque el público lo reconoce: ya ha oído antes este tipo de conversación. THE BIRTHDAY PARTY (La fiesta de cumpleaños). El papel de Pinter es el de un observador desapasionado. El conflicto sobreviene cuando alguna fuerza exterior irrumpe en la habitación y pulveriza la artificial seguridad de sus ocupantes. Pinter posee un sentido particularmente agudo de las situaciones escénicas. Es una especie de matriz en que uno puede considerarse seguro. pero temen dar en el blanco. así como de una gran habilidad para la creación de "suspense" mediante una serie de conflictos sostenidos sólo momentáneamente. THE CARETAKER (El portero). Ionesco hace lo mismo con un lenguaje corriente en LA CANTANTE CALVA. después de entrar en una habitación donde había dos personas sentadas. pero si Ionesco prolonga el efecto hasta convertirlo en caricatura. Pinter quiso observar qué podía suceder con dos personas en una habitación. En todos sus dramas. Pinter sabe siempre dónde debe parar: precisamente en el punto en que se detiene el lenguaje ordinario. en el interior todo es calor y luz. por muy estáticos e incomprensibles que parezcan. después de mirar al interior de una habitación donde había dos personas de pie. Fuera están las fuerzas extrañas. Las obras de Pinter dan siempre la impresión de una ciencia ecléctica.Harold Pinter El conserje HAROLD PINTER La comedia de la alusión De "Teatro de protesta y paradoja". una percepción notable de lo que "quedará bien" en escena. y gran parte de la aparente dificultad de sus obras deriva del hecho de que escribe como si estuviera auscultando mentalmente a sus personajes y transcribiendo hasta sus pensamientos más incoherentes. Para conseguirlo suele elegir como imagen central una habitación —una habitación ordinaria— y la hace servir de microcosmos representativo del mundo. Dentro de la habitación los personajes se sienten a salvo. evitando trabar la lucha. Página 51 de 53 . especialmente— pero no la fuente primaria y principal: Antonin Artaud. Él mismo ha explicado que tres de sus dramas más importantes nacieron como un simple experimento. Pinter es el único exponente importante. de la técnica vanguardista en la producción dramática. Pinter utiliza el diálogo humano como un combate de entrenamiento en que ambos boxeadores se limitan a fintar y parar. El propio Pinter ha indicado que su objetivo es observar lo que le ocurre a la gente. Sus personajes no están encerrados en cáscaras cerradas y separadas. como los de Ionesco y Adamov: viven convencidos —igual que la gente corriente— de que pueden alcanzarse mutuamente con sus golpes verbales. Ionesco y Genet. Wellwarth (1964) Nada podría demostrar con más claridad el hecho de que el movimiento de vanguardia en teatro es esencialmente un movimiento francés que un estudio de la obra de Harold Pinter. Es como si hubiera leído todas las fuentes secundarias —Beckett. El diálogo de Pinter fascina por su misma monotonía y reiteración. THE ROOM (La habitación) surgió después de entrar en una habitación donde había una persona de pie y una sentada. más que la de un impulso creativo. en Inglaterra. de George E. Pinter hace gala de un oído realmente extraordinario para captar las pautas de lenguaje de la gente ordinaria.

viene a ser un lugar donde puede. Pinter abandona el humor macabro y brutal que caracterizara sus anteriores dramas y nos ofrece una obra casi beckettiana en la que tres hombres esperan algo que nunca llega. un viejo vagabundo a quien ha salvado de una paliza. Tiene goteras. Davies suplica en vano a Aston "otra oportunidad". su primer gran éxito. su vida es un compás de espera. cuando Mick le descubre. se sostienen con la esperanza de un ideal imposible de realizar. Para tranquilizarse juega con una clavija de la instalación eléctrica que está reparando: algo parecido al hábito de Nick en "Big Two-Hearted River". La habitación es grande y desordenada y está en el último piso de un edificio. Para Aston la habitación es un refugio. Poco a poco parece convencerse de que está haciéndole un favor a Aston. Aston trae consigo a Davies. Mick y Davies— están esperando algo que el espectador comprende que no ocurrirá nunca. EL PORTERO admite diversas interpretaciones. Davies no puede resistir la tentación de enemistar a los dos hermanos. Como los dos protagonistas de ESPERANDO A GODOT. y de que la insistencia de Aston en conservar la habitación tal como está es una afrenta personal. pero para los tres hombres representa un asilo donde se ocultan del mundo. Para Davies. Pero es también. Davies empieza a comportarse como si fuera el dueño. al fin. Davies resulta ser una de esas personas dominantes y agresivas que creen tener derecho a todo. No vive en ella. Su existencia es un intento deliberado y meticuloso de olvidar todo lo que no sea el cumplimiento preciso de las acciones rutinarias. la historia de la habitación donde se desarrollan los acontecimientos. su hermano mayor. Lo único que consigue con sus intrigas es acercar aún más el uno al otro a los dos hermanos. La cama donde duerme Davies es la suya. Nada de eso se llevará a cabo. Los tres hombres —Aston. es la tragedia de su incapacidad para ganarse un sitio en este paraíso a causa de su invencible maldad innata. desordenada e inhospitalaria. Aston continúa tratándole benévolamente y le ofrece el cargo de celador por una temporada. el gas no funciona y las condiciones sanitarias son mínimas. La casa pertenece a Mick. que vive en la habitación. que está decorando. 1960). Y Mick piensa convertir la vieja mansión en una suntuosa residencia. La obsesión de Aston es llegar a construir el cobertizo en el jardín: el símbolo de su cordura recobrada. ya que no ha sido capaz de abrirse camino en el mundo exterior. trata de reintegrarse a la estima de Aston. Para Mick. Incluso le confiesa que una vez recibió tratamiento de electro-shock en una institución mental. El sueño de Davies es volver a Sidcup y recuperar los documentos que prueban su identidad. como todos los dramas vistos hasta ahora. Apenas Aston le ha ofrecido su habitación para que se quede en ella durante algún tiempo —el que necesite para resolver su apurada situación—. Superficialmente es la historia de dos hermanos que han enfriado sus relaciones y que se unen de nuevo gracias a la intervención de un vagabundo que ha conocido uno de ellos.Harold Pinter El conserje (…) En (…) THE CARETAKER (El portero. Una vez más los personajes se encuentran en una habitación que representa la seguridad. Nick pesca para apartar de su mente las ideas desagradables. pero quiere conservarla para un caso de necesidad. Mientras permanezca en la habitación. Como todos los dramas de vanguardia. y en cuanto la obra es una tragedia. y su antagonismo hacia el vagabundo —en una ocasión lo persigue blandiendo el aspirador— se debe a su temor de verse desposeído. pero ellos Página 52 de 53 . La habitación es sucia. A pesar de la insolencia de Davies. el hermano menor. y luego. y se encarga de ella Aston. Al final. se encuentra a salvo del sanatorio mental y de los tratamientos de electro-shock. por lo demás deshabitado. ocupado tan sólo en las necesidades de la casa. de Hemingway. primero intenta convencer a Mick de que Aston es aún un desequilibrado y de que debiera ser internado de nuevo. la habitación es un refugio de emergencia. establecerse. el vagabundo sin hogar.

Libros Tauro http://www.Harold Pinter El conserje seguirán soñando. aunque todas adolecen de un defecto: son demasiado específicas. con el consentimiento tácito de Aston. la expulsión de Davies toma proporciones similares a las cósmicas de "la expulsión de Adán del Paraíso Terrenal". Le brindan una débil esperanza para poder aniquilarlo más completamente al final. Bernard Dukore ve a Aston como el ex-rebelde social reducido a la impotencia por la simbólica operación de cerebro. y esto les proporcionará la ilusión de que sus vidas tienen una finalidad y un significado. J. R. para librarse de Davies y poder seguir así rehabilitando a su hermano. Taylor ve toda la acción como un plan deliberado de Mick. THE CARETAKER ha sido interpretado de muchas maneras.LibrosTauro. Ruby Cohn sugiere que Mick y Aston representan al Sistema que aplasta a Davies.com.ar Página 53 de 53 .

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